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viernes, 26 de septiembre de 2025

La pintura "Santos Cosme y Damián", en la Sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Santos Cosme y Damián", en la Sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.          
     Hoy, 26 de septiembre, San Cosme y San Damián, mártires, que, según la tradición, ejercieron la medicina en Ciro, ciudad de Augusta Eufratense, en la actual Siria, sin pedir nunca recompensa y sanando a muchos con sus servicios gratuitos (c. s. III) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "Santos Cosme y Damián", en la Sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
     El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
        En la sala III del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses podemos contemplar la pintura "Santos Cosme y Damián", anónima, siendo un óleo sobre lienzo en estilo barroco de escuela sevillana, pintada en la segunda mitad del siglo XVII, con unas medidas de 2,21 x 1,70 mts., y procedente del Hospital de las Cinco Llagas, y a su vez del Hospital de los Inocentes.
     Estos dos santos mártires, originarios de Arabia, son considerados patronos de médicos, cirujanos y farmacéuticos. Por ello eran habituales las representaciones de éstos dentro de los centros hospitalarios. No en vano, la Diputación posee otra pintura que representa a estos santos doctores (N.º R.º 2113) que procede del Hospital de las Bubas y se encuentra depositada en la Fundación Cajasol. Estos dos médicos del siglo III, con fama de piadosos entre sus coetáneos, prestaban sus servicios desinteresadamente. Habrían sido decapitados durante la persecución de Diocleciano, de ahí la presencia de sendas coronas de flores sobre las cabezas.
     La composición repite los esquemas consagrados por la tradición al vestir de doctores a los santos mártires, práctica medieval consagrada por las estampas flamencas y francesas de calendarios y santorales. Recordemos la sencilla estampa de Callot editada por Israel Henriette entre 1632 y 1636 (Rijkmuseum RP-P-OB-20.774).
     Es evidente el paralelismo de esta obra con la iconografía y composición de las esculturas de bulto redondo que había encargado en 1656 el médico italiano Tiberio Damián, cirujano mayor del Hospital del Cardenal, al escultor Juan Pérez Crespo (Lorca 1627 - Sevilla 1659) para la iglesia de la Anunciación de Sevilla, destinadas al altar que le había sido concedido como enterramiento. Todavía se conservan dichas tallas en su ubicación original, si bien desprovistas de retablo y de las pinturas que lo decoraban. Si comparamos ambas obras vemos que nuestro pintor mantiene las posturas, rostros, cabellos, perillas, gestualidad... así como la rica policromía de las vestimentas de aquellas esculturas, obra de Alonso de Zamora y Toro. Por último, señalar la presencia de mucetas amarillas -correspondientes a la profesión médica-, así como sendos birretes doctorales, dispuestos sobre el "bufetillo" que aparece en la zona central. Estos últimos, si bien no se han conservado en el grupo escultórico, aparecen citados expresamente en el contrato de ejecución, suponiendo una evidente prueba de la vinculación existente entre las esculturas jesuíticas y la pintura que ahora se estudia.
     Procede del antiguo Hospital de San Cosme y San Damián (vulgo de los Inocentes) situado junto al noviciado jesuita de San Luis. Era el cuadro principal de un retablo lateral de la iglesia hospitalaria. A finales del siglo XIX, según Collantes, se hallaba ya en el Hospital de la Sangre, siendo fotografiado el 6 de noviembre de 1934 (Fototeca de la Universidad de Sevilla, 3-2228). En el inventario de 1936 se localizaba en la séptima capilla del templo de Hernán Ruiz y se catalogaba como obra del siglo XVII, mientras que en 1975 se describía como anónimo seguidor de Pacheco, colocado como cuadro central del retablo de la capilla tercera del lado del evangelio (Enrique Muñoz Nieto, en Patrimonio Histórico de la Diputación de Sevilla 1500-1900. Arte y Beneficencia. Diputación de Sevilla. Sevilla, 2025).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de los Santos Cosme y Damián, mártires;
LEYENDA

     Hermanos gemelos (gemelli, gemini) de origen árabe que ejercían gratuitamente la medicina en una ciudad de Cilicia para convertir a sus pacientes a la fe cristiana. De ahí el mote griego de anargiros (que no aceptan dinero), en oposición a sus colegas filargiros, que se hacían pagar las consultas. "En la Edad Media se los llamaba los dos socorristas gratuitos. Ello no les impidió -observa el caústico bolandista Peeters- ser elegidos como patrones de la profesión médica (Paul Peeters, Le tréfonds oriental de l'hagiographie byzantine, Bruselas, 1951. No obstante, la leyenda informa que Damián despreciaba menos el dinero que su hermano Cosme. Aquél habría aceptado honorarios de la familia de una paciente después de una cura. Por esa razón Cosme, que desaprobaba esa debilidad, habría expresado el deseo de ser enterrado aparte. Pero un camello dotado de voz humana declaró que los cinco hermanos debían ser enterrados juntos. Anargiro, que es un epíteto, se confundió con el nombre propio de un santo. En Delfos había una capilla dedicada a San Anargiro)." Habrían muerto en 287, durante el reinado de Diocleciano.
     Los hagiógrafos los convirtieron en médicos mártires (martyri medici). Se les atribuía poder curar con igual éxito a humanos y animales. Así como liberaban a un segador de una serpiente que se le introdujera en la boca mientras dormía, curaban la pata de un camello herido.
     La Pasión de este dúo es del todo legendaria, una trama de tópicos hagiográficos. Denunciados como cristianos, los gemelos se negaron a ofrecer sacrificios a los ídolos. Por ello el procónsul Lisias ordenó que se les azotara con vergajos. Como ese primer suplicio no tuvo efecto alguno, los arrojaron al mar encadenados, pero un ángel rompió sus ligaduras y los condujo sanos y salvos a la orilla. Lisias no se dio por vencido. Los hizo atar a postes junto a sus otros tres hermanos y quemar vivos. Los mártires oraron en medio de las llamas, y éstas se volvieron contra los verdugos. Acusados de magia, fueron condenados a lapidación y luego acribillados a flechazos. Las piedras se volvían contra quienes las arrojaban, los arqueros fueron heridos por sus propias flechas que se curvaban y cambiaban de dirección antes de alcanzar los blancos. Como último recurso, al no saber cómo terminar con sus víctimas, recalcitrantes, el juez ordenó que los decapitasen, al igual que a sus tres hermanos.
     Además, se atribuían a los gemelos milagros póstumos, sobre todo el del reemplazo de una pierna enferma. El sacristán de la iglesia de los Santos Cosme y Damián, en Roma, tenía una pierna afectada de gangrena. Los dos santos cortaron la pierna sana de un negro que acababa de ser enterrado, y la sustituyeron por la pierna podrida del enfermo, quien, después del trasplante, recuperó la salud sin otra consecuencia que el tener una pierna negra y otra blanca. Este milagro se asemeja al de San Eloy que cortó la pata de un caballo para herrarlo.
CULTO
     Los mitologistas alemanes (Lucius, Deubner) sostienen que los santos gemelos Cosme y Damián no son sólo los equivalentes, sino las duplicaciones cristianas de los Dióscuros Cástor y Pólux. Aunque esta identificación sea discutible, en cualquier caso lo cierto es que la Iglesia se ha servido de ellos como sustitutos, para rechazar y suplantar a los héroes curadores del paganismo. Las iglesias que se han puesto bajo su advocación reemplazaron a los templos de Esculapio.
1. Lugares de culto
     La basílica puesta bajo su advocación en Constantinopla estaba día y noche rodeada de enfermos que practicaban el rito de la incubatio, igual que en los templos de Esculapio.
     El culto de estos santos, nacido en Oriente y patrocinado por el emperador Justiniano, quien les dedicó numerosos santuarios, pasó a Occidente en el siglo VI, sobre todo a Roma, donde un templo junto al Foro se convirtió en iglesia de los Santos Cosme y Damián.
     En Toscana, los santos médicos fueron adoptados como patrones por la ilustre familia Médicis de Florencia, que antes de enriquecerse en la banca pertenecía a la corporación (Arte) de los médicos y boticarios. Resulta muy curioso, por no decir paradójico, que unos banqueros se pongan bajo la protección de dos santos "anargiros" que despreciaban el dinero hasta el punto de atender gratis a todos sus numerosos pacientes. Sea como fuere, el nombre de pila Cosme, patrón de los médicos, se convirtió en hereditario en la dinastía de los Médicis.
     En Francia eran igualmente populares. Juan de Beaumont, señor de Luzarches, trajo en 1170 las reliquias de ambos santos desde Jerusalén, en cuyo honor fundó una colegiata y una iglesia parroquial en Luzaarches, dedicadas una a San Cosme y la otra a San Damián. En la calle de L'École de Médecine, en París, había una iglesia de los Santos Cosme y Damián (Saints Côme et Damien), que fue demolida en 1836. Y había iglesias puestas bajo su advocación en Montpellier, Ambert y Vézelise. Cerca de Tours existía un priorato de Saint Côme, que Ronsard hizo célebre, y el Hospital de Issoudun los había adoptado como patrones. Su culto se había implantado hasta en Loctudy, Bretaña (Finisterre). La iglesia romana de Brageac en Auvernia, habría recibido sus cabezas traídas de la primera cruzada. En Saint Nic, Cornualles, hay una capilla de peregrinación dedicada a los santos Cosme y Damián, y en la misma región, el nombre de la colina mirador de Menez Ham (antiguamente Menez Kom) se interpreta desde la filología celta como Montaña de San Cosme.
     En España, en el siglo IX, se fundó un monasterio de los Santos Cosme y Damián en León, y tenían también iglesias consagradas en Oviedo, Burgos y Valencia.
     Bremen y Bamberg, en Alemania, pretendían poseer las reliquias de ambos santos, que fueron reunidas en la iglesia de San Miguel de Munich. En Colonia hay un monasterio fundado en el siglo IX que se puso bajo la advocación de tres santos médicos: Cosme, Damián y Pantaleón. Eran particularmente venerados en las abadías de Essen, Renania; Liesborn, Westfalia y Kaufbeuren, Suabia.
     Su culto se propagó hasta en los países eslavos. En la iglesia de Nuestra Señora de Cravovia tenían una capilla dedicada.    
       A causa de una etimología popular, San Cosme, cuyo nombre en ruso Kuzma se parece a la palabra herrero (kusnets), se volvió en Rusia patrón de los herreros y herradores.
       Por último, señalemos los frescos del siglo XIV en Mistra, en el Peloponeso.
2. Patronazgos

     La popularidad de los Santos Cosme y Damián, probada por el número y la dispersión de sus lugares de culto, estaba basada en su fama de santos curadores. Patrones de los médicos, de los cirujanos, de los boticarios y barberos, se los invocaba contra la peste, junto a los santos antipestosos Sebastián y Roque; y más especialmente contra el muermo, la inflamación de las glándulas, la tiña, las afecciones renales, los cálculos, las inflamaciones de vientre y la incontinencia urinaria infantil. La Cofradía de San Cosme era para los médicos lo que la Cofradía de San Lucas para los pintores.
     Por su condición de santos curadores protegían no sólo a los médicos sino también a sus clientes, a veces sus víctimas. Por ello se convirtieron en patronos de los hospitales.
   Las Charités (Caridades), cofradías piadosas y caritativas muy difundidas en Normandía, contribuyeron mucho a la difusión del culto de los santos médicos Cosme y Damián.
ICONOGRAFÍA
     En su calidad de patrones de los médicos y boticarios, están representados en túnica forrada, tocados con caperuza o gorro cilíndrico de doctor, para impresionar a los pacientes. En la mano tienen los instrumentos de su profesión: un maletín de cirugía, un mortero de farmacia, una caja de ungüentos, una lanceta, una espátula para untar las pomadas o bálsamos, un orinal (la uroscopia o examen de la orina tenía un importante papel en la medicina medieval).
     A título de patrones de los barberos y peinadores se les da como atributos un peine y una tijera (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000). 
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