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lunes, 16 de febrero de 2026

Los principales monumentos (Fortaleza Almohade, Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, antes de Santiago, Iglesia de la Purísima Concepción, y Ermita de San Blas) de la localidad de Montemolín, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Fortaleza Almohade, Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, antes de Santiago, Iglesia de la Purísima Concepción, y Ermita de San Blas) de la localidad de Montemolín, en la provincia de Badajoz.
     Se localiza en el levante del Partido Judicial de Zafra, ocupando un espacio que a través de Sierra Prieta, establece la división con la Campiña de Llerena. En el aspecto geográfico, el terreno resulta alomado y cubierto de dehesa y monte bajo o desnudo de vegetación.
     El núcleo fue un importante enclave árabe estratégicamente situado en el límite fronterizo entre Andalucía y Extremadura, contando para su defensa con una poderosa alcazaba.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 322,4 Km2
     Altitud: 755 m.
     Distancia Capital: 120 Km.
     Partido Judicial: Zafra
     Comarca: Tentudía
     Gentilicio: Monesteriense
Ayuntamiento de Montemolín
     plaza de la Constitución, 1
     06291 Montemolín (Badajoz)
     Teléfono: 924510001
     Fax: 924510024
     Correo-e: ayuntamiento@montemolin.es - secretaria-intervencion@montemolin.es
     Web: www.montemolin.es
Historia.-
     Montemolín es un pueblo de historia antigua. se situaba en la frontera de lusitanos, beturios y tartesos, por lo que recibió influencia de todos estos pueblos.
     Se localiza en el levante del Partido Judicial, ocupando un espacio que a través de Sierra Prieta, establece la división con la Campiña de Llerena. En el aspecto geográfico, el terreno resulta alomado y cubierto de dehesa y monte bajo o desnudo de vegetación.
     El núcleo fue un importante enclave árabe estratégicamente situado en el límite fronterizo entre Andalucía y Extremadura, contando para su defensa con una poderosa alcazaba.
     Tras su ocupación por los cristianos en el siglo XIII, quedó integrada en la Orden de Santiagocon categoría de Encomienda, cediendo a Llerena el papel de foco más señalado de la zona, que junto con Reina, había desempeñado antes. En 1.608 fue enajenada por Felipe III, bajo el título de Marquesado de Montemolín, a unos banqueros genoveses, como pago de las deudas contraídas con ellos por la corona. En 1.779 la villa recuperó mediante compra su propia jurisdicción, independizándose de los italianos. En 1.819 Fernando VII la enajenó de nuevo, ahora a su hermano Carlos, de cuyo dominio fue eximida definitivamente poco después.
     El de Conde de Montemolín fue el título adoptado sin embargo, por Carlos de Borbón y Braganza, hijo de Carlos María Isidro, el hermano de Fernando VII, cuando pretendía el Trono bajo el nombre de Carlos VI entre 1.845 y 1.861 (Diputación Provincial de Badajoz).
     A Montemolín, se llega a través de un paisaje que se vuelve cada vez más agreste.
     El pueblo, en el que no faltan edificios blasonados, se agrupa al pie de la vieja fortaleza almohade (siglo XII) que los caballeros santiaguistas del maestre Pelay Pérez Correa, una especie de Cid extremeño, reconstru­yeron y que hoy se halla en estado ruinoso. Junto a ella se alza la iglesia de Santiago, en cuyo ábside se conservan restos de una mezquita árabe. En el centro de la localidad, la iglesia de la Concepción, obra gótica del siglo XVI con añadidos posteriores, presenta como elementos destacables la portada neoclásica de los pies y una interesante muestra de azulejería sevillana en el interior, así como un cuadro de la Virgen de Guadalupe pintado en México por Francisco Vallejo. A las afueras, la ermita de San Blas, frente a hermosas panorámicas de la serranía, es otro punto a tener en cuenta (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 
Monumentos.-
     En la actualidad, constituye un núcleo marcadamente rural en el que se conserva poco alterada su fisonomía tradicional, ofreciendo acusado valor ambiental pleno de apacible sosiego. Se asienta al abrigo de un cerro en cuya cima se erige la fortaleza que representa el hito más señalado del lugar. Erigida inicialmente por los árabes con adobe y ladrillo, la obra fue reconstruida después en piedra por los cristianos. Configura un recinto de grandes proporciones, con numerosas torres y estructura irregular para adaptarse a la crestería del cerro.
     De sus antiguos componentes se conservan la puerta en recodo, algunos aljibes, mazmorras y otros restos que patentizan su antigua grandeza. En su interior existió una iglesia dedicada a Santo Domingo, hoy destruida por completo.
     Otras dos iglesias de grandes proporciones se alzan en la población. La Iglesia de Ntra. Sra. de la Granada, antes de Santiago, Patrón de la localidad, fue la parroquia primitiva, situándose en el extremo más alto del caserío, próxima al castillo, al que mira su fachada principal. En el presente tiene consideración de ermita. Es obra del siglo XIV con numerosas actuaciones posteriores. Tiene nave única con capillas entre estribos y cabecera de mayor altura, resaltando al exterior la torre fachada con estructura de espadaña ejecutada en ladrillo y sus portadas gótico-mudéjar. Entre sus contenidos llama la atención el retablo barroco y la azulejería sevillana de estética renacentista que decora la capilla mayor.
     El desarrollo de la población a sus espaldas quedó a esta iglesia aislada en un extremo del caserío, por lo que en el siglo XIV se construyó un nuevo templo en situación más céntrica bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Concepción, de proporciones mayores aún que la anterior, y a diferencia de ésta, con la nave más alta que la cabecera. Al frente se eleva una torre fachada con atrio porticado en el cuerpo bajo, en el que se aloja una portada neoclasicista coronada por el escudo de Carlos IV. Otra de estilo renacentista con la cruz de Santiago, fechada en 1.573, se sitúa en el lado del Evangelio. Al interior destaca el retablo mayor, obra de sabor barroco iniciada en 1.624 y concluida en 1.677 por los llerenenses Diego de Dueñas y Diego Pérez. Realización singular es el palco de madera labrada con artesonado, erigido a mediados del XVIII como soporte del órgano, hoy desaparecido, fabricado en Fuente de Cantos. Notables resultan igualmente la mayoría de los catorce altares laterales, entre los que se distinguen el altar de la Virgen de Guadalupe de México, con pinturas de Francisco Antonio Vallejo, y el que contiene las obras de Zurbarán.
     Numerosas ermitas, hoy en diferente estado existieron en el pasado en la localidad, siendo de recordar las ermitas de los Mártires San Fabián y San Sebastián, de origen mudéjar; y la ermita del Espíritu Santo, que contó con hospital anejo y hoy es utilizada como bar. La ermita de San Benito es obra del XVII con cúpula decorada con atractivas pinturas populares.
     Especial mención requiere la ermita de San Blas, situada a las afueras, por su inusual arquería interior longitudinal. Exteriormente ofrece destacado valor morfológico y ambiental, dominándose desde ella hermosas vistas del pueblo. En su ámbito se sitúa un crucero de ladrillo de atractivo plasticismo. Otros cruceros de interés son los del Santo Cristo y La Zapatera.
     En el lugar de Gallicanta se halla un puente medieval, aún practicable, de buena factura. También resultan de interés las fuente Grande y de la Bejarana. Numerosos escudos nobiliarios blasonando viejas casas solariegas testimonian el pasado abolengo de la población (Diputación Provincial de Badajoz).

Fortaleza Almohade.-
     En el margen occidental de la localidad e integrándose en ella, emplazada sobre una colina de la falda noroccidental de Sierra Morena y al este del Río Viar, se levanta el “Castillo de Montemolín”, como es conocido por sus habitantes.
     Se trata de una fortaleza almohade (o Ḥiṣn) que, junto con la de Alange, Hornachos y Reina, fueron puntos estratégicos e importantes en cuanto al control de la vía de comunicación entre Córdoba, Sevilla y Mérida.
     Aunque no existe constancia, la obra pudo ser erigida hacia el siglo XII, paralelamente a los restos de la mezquita que pudieron ser incorporados a la ermita de la Granada. Las primeras noticias de la fortaleza de las que se tiene constancia, se remontan al periodo en que era maestre de la Orden de Santiago, D. Pelay Pérez Correa (1242-1275) que «ganó para la Orden la villa y fortaleza de Cantillana, que después cambió con el arzobispo e iglesia de Sevilla, por la villa y fortaleza de Montemolín que ahora tiene y posee dicha orden, y que fue primero de la iglesia de Sevilla».
     Fortaleza notable por sus grandes dimensiones y solidez, es un recinto más o menos rectangular, con orientación este-oeste, cuyos frentes largos son el norte y el sur, de unos 130 metros por 50 metros de ancho. Constaba de un recinto rodeado por una barrera con un baluarte ante la puerta principal, de los cuales ya no quedan ni vestigios, quedando actualmente los restos del recinto principal: «siete cubos macizos, dos cubiertos y los otros cinco exentos, y dos torres, la de Miramontes y la del Homenaje».
     El frente este mira a la población, formado por una barbacana tras la que se encuentra la entrada a la fortaleza. Se halla precedida por un primer recinto en línea oblicua que obliga a subir volviendo hacia la derecha. La puerta estaba defendida por dos grandes torres de mucha salida y achaflanadas u ochavadas, de perfil octogonal entre las cuales se perfilaba la entrada en arco de ladrillo de un espesor de algo más de tres metros. De las torres, una de piedra y mayor que las otras, de tapial, tienen idéntica planta casi cuadrada y con casi nueve metros en su eje mayor. Las cortinas de muralla que cierran en la línea de la puerta arrancan de las dos torres de ángulo, de las que partían las cortinas laterales en ángulo recto, de la que mira al oriente, y obtuso la de poniente. Tres torres más en cada lado, desiguales, completan la defensa. Al oeste se encuentra la principal torre de la fortaleza, La Torre del Homenaje, de planta rectangular, sólida, con cámara en la planta superior y con un vano mirando al frente, que cerraba y dominaba el recinto. 
     Respecto a los materiales y técnicas utilizadas en su construcción, pueden observarse dos técnicas claramente diferenciadas relativas a los dos periodos históricos del lugar:
     1.Tapial de argamasa o mezcla heterogénea de barro, cal prieta, trozos de cerámica y cascotes de piedra, dispuestos en superficies encajonadas con armazones de madera que se retiraban a medida que la composición fraguaba. Estos materiales se corresponde con la fase islámica (hasta 1246-1248) y del cual se conserva la mayor parte del recinto y torres.
     2.Ladrillo y sillares pétreos regulares, como útil sistema de refuerzo en las esquinas. Estos materiales se corresponde con la fase post-reconquista y dominación del lugar por parte de la Orden de Santiago (a partir de 1248) momento a partir del cual se reedifico las dependencias anteriores adaptándolas a las nuevas necesidades. A este periodo pertenecen los restos de la Torre del Homenaje, la puerta de entrada y una torre semicircular en el frente sur (a la que la población denomina como el “Plato de la Reina”).
     Durante el dominio de la zona por la Orden de Santiago se han realizado varias obras de mantenimiento, restauración y adecuación de la fortaleza, según se desprende de visitas realizadas por la Orden a la Villa o por pleitos que originan ciertas obras en este emplazamiento. Así se tiene constancia de varias obras de diversa índole y al progresivo deterioro que presenta la fortaleza, que ya en 1550 el visitador de la Orden argumenta: «...solía haber una sala muy buena y ahora está toda caída… y en la delantera esta una bodega todo maltratada… y del dicho corredor se entra a una casa muy vieja y caída…», «...no halló el visitador alcaide alguno sino que estaba como casa yerma y sin dueño…». A partir de dicha fecha y tras el devenir histórico de la Villa, se desconoce si se realizaron algún tipo de obra en la fortaleza, aunque el estado de deterioro ha ido acusándose hasta llegar a finales del siglo XX.
     Durante los primeros años del siglo XXI, mediante el Proyecto Alba Plata, promovido por la Junta de Extremadura, Proyecto Patrimonial, cultural turístico y de desarrollo económico, se realizó una serie de actuaciones sobre la fortaleza que conllevó a la consolidación y freno al deterioro de tan magna obra: documentación, consolidación, restauración, limpieza, dotación de accesos y señalización, excavaciones arqueológicas,...
     Actualmente los restos consolidados de la fortaleza pueden ser visitados, siendo de gran interés la mazmorra, el aljibe y la Torre del Homenaje (convertida en mirador) (Ayuntamiento de Montemolín).

Iglesia de la Purísima Concepción.-
     Debido al crecimiento de la población a espaldas de la anterior Iglesia Parroquial  de Santiago Apóstol y actual ermita de la Granada, se tomó la decisión de trasladar la parroquia hacia el centro de la población, edificando para ello la nueva iglesia —"con la Advocación de la Concepción de Nuestra Señora"—y abandonando la primitiva parroquia.
     En el lugar elegido se asentaba un antiguo hospital u hospedería que servía de refugio para peregrinos que hacían el camino de Santiago desde el sur, o para pobres e indigentes, aunque en aquella época “ya no se acogían en él pobres y no tenía rentas salvo las limosnas”. Así, en el año 1523, el monarca Carlos I otorgó un privilegio a la Villa y Concejo de Montemolín para que pudiesen trasladar la parroquia a la Plaza Mayor.
     La Iglesia fue edificada según las trazas del maestro Juan García y en 1553 las obras estaban muy avanzadas gracias a una provisión real de Carlos I en las que el gobernador de Montemolín obtuvo carretas, piedra y madera para acabar el templo. En 1595, los fondos económicos con los que contaba el Concejo para la obra fueron utilizados para otras necesidades, por lo que se debió arrendar la hierba y bellotas de las dehesas de Gallicanta y Garrapito para “para hacer una portada, torre y campanario”.
     El edificio perteneció a la Orden de Santiago, según archivos; fue propuesta al tribunal especial de las órdenes militares como perteneciente a esta orden. Puede observarse por las conchas y cruces que sirven de remates y adornos tanto en el exterior como en el interior del templo.
     Se trata de un edificio de realización Gótico-Renacentista de planta rectangular, alargada y de nave única fabricada con mampostería y piedra sin encalar. Sus medidas exteriores son 70 metros de largo por 32 metros de ancho y 18 metros de altura. Es un edificio sólido, pesado y sombrío en su parte exterior; pero ligero, esbelto y bien iluminado en su interior.
     Del exterior hay que destacar la portada sur —de los Pies— situada en el cuerpo saliente que configura la torre donde se colocó el reloj de la villa; de traza neoclásica (s. XVIII) ejecutada en mármol, flanqueada con dos columnas jónicas y en cuya parte superior ostenta el escudo real con  inscripción alusiva a Carlos I.
     La portada occidental—del Evangelio—de estilo Renacentista, está realizada con perfectas piezas de cantería, moldurada a través de un entablamento con inscripción “1573” y cruz santiaguista entre veneras que arrancan desde un airoso arco de medio punto.
     También en el exterior se puede encontrar, haciendo las veces de canalón para desagüe del tejado, las gárgolas. Se tratan de representaciones antropomórficas que representan los siete pecados capitales, así como otros temas relacionados con seres mitológicos o fantásticos, extraídos de los bestiarios medievales. Entre ellos destacan por su calidad las representaciones de la Pereza, la Lujuria, la Gula,…
     El interior presenta unas medidas de 40 metros de fondo por 12 metros de ancho. Se compone de un atrio cuadrangular bajo la torre, cuerpo de dos tramos bien iluminados gracias a dos filas de vidrieras gótico-renacentistas (s. XVI) que recorren el largo del cuerpo y cabecera con ábside de tres planos, todo ello con cubierta de bóvedas de crucería; unas estrelladas, otras de terceletes y otras sexpartitas sobre pilares cilíndricos adosados a los muros. A medida que avanzamos desde los pies hasta el Altar Mayor—sobre elevado por medio de gradas—el asiento se va haciendo más complejo y rico, multiplicándose las nervaduras y claves.
     El atrio cuadrangular se encuentra flanqueado por dos capillas de sección cuadrada dedicadas a San Pedro—a la derecha—y a Ntra. Sra. De Fátima—a la izquierda—que preside un altar con tablas pictóricas con alusiones al Antiguo Testamento y donde se encuentra la Pila Bautismal.
     A la derecha del primer tramo del cuerpo, se abren paso las escaleras de acceso al Coro y a un palco amensulado de madera y estilo barroco, en el que se encuentra un hermoso facistol. En la misma ala —la de la Epístola— se abre una antigua capilla correspondiente al 1614, momento en el que Alonso Pizarro Navarro, Vicario de Caravaca (Murcia), la mandó  realizar en agradecimiento a Santa Lucía y que fue rematada con la colocación, en una de sus paredes exteriores, del escudo de armas del ilustre mecenas. En la actualidad en dicha capilla se ubica el Sagrario, con paredes decoradas con óleos de traza contemporánea. Preside el retablo principal del Sagrario, Nuestra Señora de la Soledad.
     A la derecha del segundo tramo del cuerpo y cabecera, se encuentra el acceso a una dilatada Sacristía, al igual que en el resto de construcciones parroquiales.
     Con respecto al mobiliario artístico, la Parroquia cuenta con imágenes religiosas y otros elementos eucarísticos, así como con 14 altares con sus respectivos retablos—la mayoría barrocos, salomónicos y de espejos del siglo XVII y XVIII. Este abigarramiento decorativo se debe a que buena parte del mobiliario fue traído desde las ermitas de Espíritu Santo y de San Benito, una vez que éstas fueron cerradas al culto. Además, la Hermandad Sacramental posee un antiguo y rico monumento de madera que se expone en la parroquia durante Semana Santa y que es copia de otro existente en la capital sevillana y único entre las poblaciones vecinas.
     Cabe destacar el retablo del Altar Mayor, cuya pintura y dorado fueron encargadas por el Concejo a Diego de Dueñas y su yerno Diego Pérez por el precio de 8.400 reales, aunque la obra final ascendió a 16.800 reales. La obra se comenzó a pintar en febrero de 1625 y no se concluyó hasta 1677, según reza la inscripción de la calle lateral derecha del cuerpo superior: “acabose en primero de maio del año 1677”. Esta inscripción hace pareja con la de la calle lateral izquierda, que reza: “Reinando D. Felipe IV la Villa mandó hacer este retablo”.
     La iconografía del retablo la fijó el Concejo de Montemolín: en los bancos se representan paisajes en el inferior y al apostolado en el superior; en los lienzos de las calles laterales se pintan los cuatros doctores de la iglesia occidental (el Papa San Gregorio I el Grande, San Ambrosio, San Agustín y San Jerónimo). En la calle central, a ambos lados de la hornacina del primer cuerpo con la imagen de la Purísima Concepción, se colocan los lienzos que representan a los diáconos Esteban (izda.) y Lorenzo (dcha.). En el cuerpo superior se representa la escena de la Adoración de los Reyes y en el ático la Coronación de María y coronado por una cartela heráldica. El cuerpo inferior presenta columnas jónicas de fuste acanalado seguidas de pedestales y otras tantas columnas corintias de fuste igualmente acanalado y en las entrecalles superiores dos pequeños lienzos con las caras de San Pedro y San Pablo (Ayuntamiento de Montemolín).

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