Páginas

▼
▼

jueves, 1 de octubre de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de la Anunciación, Castillo-Palacio, y Ermita de San Gregorio) de la localidad de La Calahorra, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Anunciación, Castillo-Palacio, y Ermita de San Gregorio) de la localidad de La Calahorra, en la provincia de Granada.
     La Calahorra fue la capital del señorío de don Rodrigo de Mendoza, marqués del Zenete, de quien deriva el nombre de toda la zona. Desde aquí no sólo controlaba la totalidad de su territorio, sino también el paso hacia la Alpujarra y la costa mediterránea a través del Puerto de La Ragua. Para ello mandó construir un palacio a semejanza de los italianos que él tanto admiraba, fortificándolo en su exterior bajo la forma de un típico castillo tardomedieval que es hoy el edificio de mayor interés histórico y artístico de la comarca.
     La Calahorra sirve de entrada septentrional al Puerto de La Ragua y a su estación de esquí de fondo, en el paso entre las dos laderas de Sierra Nevada. Es un municipio que cuenta con coloridas tradiciones e interesante patrimonio. Un paseo por sus bellas calles permitirá al visitante contemplar notables edificaciones e impregnarse de su cultura.
     Región: Geoparque de Granada
     Código Postal: 18512
     Distancia desde Granada: 73 Km
     Gentilicio: Calahorreños
     Acceder a su website: www.lacalahorra.es (Diputación Provincial de Granada).
     Su localización controlaba de un modo directo el camino de la Ragua, protegido por una fortaleza mu­sulmana. Convertida en capital del Marquesado, a inicios del siglo XVI, será elegida por Don Rodrigo de Mendoza para construir en ella su castillo-palacio, uno de los ejemplos más tempranos del Renacimiento que se edificarán en España (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Calahorra está situada en el pasillo transversal que une el Surco Intrabético con el litoral almeriense a través de su continuidad por Fiñana y la rambla de Gérgal, este núcleo de población se emplaza sobre un cerro aislado, reducto del frente de los mantos de corrimiento Béticos. Situada en la carretera nacional Granada-Almería, concretamente en una derivación a la derecha de ésta, dibuja un hermoso paisaje urbano dominado por su espectacular castillo. El núcleo, que adopta un asentamiento de carácter defensivo, se ha desarrollado al pie del cerro de El Castillo a través de un conjunto de calles que siguen las curvas de nivel y que son cortadas transversalmente por otras de carácter empinado, trazando manzanas de formas irregulares.
     El municipio de La Calahorra pertenece a la Demarcación Paisajística de Hoyas de Guadix, Baza y Los Vélez (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
     Histórica localidad, cabecera del marquesado del Zenete y punto de control del camino que lleva al puerto de la Ragua, situada en un paraje de singulares atractivos.
Historia
     Poblado el término desde los tiempo de la cultura argárica, La Calahorra es, sin embargo, de origen islámico. Entregada Guadix a los Reyes Católicos en 1489, todo el territorio cayó en manos de los cristianos, siendo cedida la comarca del Zenete al cardenal don Pedro González de Mendoza, cuyo hijo primogénito, don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza convertiría La Calahorra en capital del señorío fundado por su padre, que acabaría siendo el marquesado del Zenete. Hombre del Renacimiento, belicoso y culto a un tiempo, poseedor de una importante biblioteca, don Rodrigo hizo construir el primer castillo-palacio renacentista que se edificó en España.
     La rebelión de los moriscos en 1568 produjo la práctica destrucción del caserío, así como una drástica disminución de la población, que se compensaría con la repoblación con campesinos cristianos.
     El siglo XX, hasta los años sesenta, constituye un periodo de desarrollo, gracias a la explotación de las minas de hierro de Alquife. Al día de hoy, la actividad económica se centra en la agricultura, a la que se viene uniendo el turismo en los último años.
Gastronomía
     Los productos del campo constituyen la base de la casi totalidad de sus platos. Entre estos, cabe señalar el sustento, un guiso de patatas con costillas; las migas de papas cocías, hechas con patata y harina de trigo y maíz; la sopa de papas fritas; y el pimentón, un guiso que tiene por base las sardinas. Para el postre, los boladillos de calabaza, fritos de una masa de calabaza, harina y huevos, y los falsos huevos, que viene a ser un pastel de bizcocho, chocolate, melocotón en almíbar, flan y nata.
Fiestas
     El 17 de enero, San Antón. San Marcos, el 25 de abril. En torno al 9 de mayo se celebra al patrón, San Gregorio y hacia el 15 de agosto al Santísimo Cristo de las Penas.
VISITA
     El monumento más importante no sólo del pueblo sino de toda la comarca es el castillo que mandara construir don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, nieto del célebre marqués de Santillana, cuenta la leyenda que para su segunda y quinceañera esposa, a la que raptó de un convento. Solitario, como un fantástico vestigio del pasado, se encuentra en un altozano a las afueras del pueblo, dominando el paisaje y con el telón de fondo de las montañas de Sierra Nevada. Cuenta con la declaración de Monumento Nacional.
     Al exterior, presenta un claro aspecto militar, con sus cuatro torres cilíndricas en las esquinas unidas por firme muralla. El interior, en cambio, reúne todo el refinamiento y la exquisitez de los palacios renacentistas de gusto italiano. Un imponente claustro constituye el espacio central alrededor del cual se distribuyen las estancias. Es la parte más noble de la edificación. Se compone de dos plantas, con galerías formadas por arcadas de medio punto sobre columnas corintias. Una monumental escalera une ambas plantas. Excelente es la decoración tanto del patio como de la portada y ventanas de las distintas dependencias, una decoración de carácter humanista que, a partir de aquí, se extendería por la práctica totalidad de las construcciones civiles y religiosas de la provincia granadina.
     En el pueblo, en la plaza del Ayuntamiento, sobre los tejados rojos del caserío sobresale la iglesia parroquial de la Anunciación, templo de considerables dimensiones construido hacia la mitad del siglo XVI. Al exterior destaca la potente torre, de base cuadrada y fábrica de ladrillo. El interior tiene una sola nave con armadura de carácter mudéjar, coro alto a los pies y capilla mayor añadida en el siglo XVIII, cubierta con una bóveda oval decorada con trampantojo que simulan arquitecturas (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Granada. Anaya Touring. Madrid, 2009).
Historia.-
     Los orígenes de este municipio se remontan a la prehistoria, como atestiguan los restos arqueológicos hallados en la zona. Fue ocupado por los fenicios y quedó englobado en la antigua provincia Bastetana, siendo una de sus poblaciones la llamada Arcilacis, que posteriormente derivó en Alcala Horra o Castillo de las Peñas. También los visigodos ocuparon estas tierras y más tarde los musulmanes.
     En 1489 fue entregada a los Reyes Católicos, aunque posteriormente, en 1568, apoyó la insurrección de los moriscos contra la Corona. La sublevación fue brutalmente reprimida y tras ser sofocada fueron expulsados del municipio. Posteriormente fue repoblada por colonos de otras regiones.
     Tras la reconquista, las tierras fueron concedidas al marqués del Zenete, Rodrígo Díaz de Vivar y Mendoza, quien fue el primogénito del Gran Cardenal Mendoza. Curiosamente, la Reina Isabel, tan estricta en cuestiones de moral, consintió los deslices del cardenal. El nombre de Rodrigo obedece al empeño de su padre por emparentarse con El Cid. De hecho heredó el Condado del Cid en Jadraque (Guadalajara). El primer marqués de Zenete tenía fama de casquivano y violento. Se casó una vez y enviudó, enamorándose perdidamente de una muchacha de quince años que raptó de un convento y con la que se casó. A pesar de los impedimentos, Rodrigo hizo construir para su amada el castillo-palacio de La Calahorra.
     Tuvo una educación refinada y se dice que poseía una fabulosa biblioteca. Su hija Mencía, también destacó por su cultura y siempre fue vigilada por la Inquisición, pues se comentaba que propagaba el erasmismo por la zona (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de la Anunciación.-

     En 1550 apenas estaba construida hasta la mi­tad, sobre trazas y condiciones que Francisco Centeno había dado en 1546, siendo el maestro albañil Baltasar de la Hoya. En 1626 presentaba problemas en los tejados, que fueron subsanados en 1636 por Jacinto Villalba.
     Su interior se organiza con una sola nave, capilla mayor, coro a los pies y capillas laterales. La nave se cubre con una armadura de limas dobles y el almizate apeinazado en el cabo y tirantes dobles sobre canes. La capilla mayor, a la que se accede a través de un arco toral, fue añadida en el siglo XVIII, cubierta con una cúpula clasicista y decorada con pinturas neoclásicas de arquitecturas fingidas. A un lado y otro se abren capillas, como las barrocas del lado del Evangelio, y en la actualidad repintadas, o la de la Epístola, en la que se puede ver un interesante retablo neoclásico de mármoles de distintos colores.
     En el exterior se abren dos portadas de ladri­llo, una a los pies de la iglesia y otra en el late­ral que da a la plaza, ambas con arcos de medio punto entre pilastras y hornacina sobre el entablamento. Su torre, realizada en ladrillo, es uno de los mejores ejemplos que podemos encontrar en la zona, junto a la de Cogollos de Guadix, realizada en ladrillo siguiendo la tradición de los tipos mudéjares (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Diseñada por el arquitecto Francisco Antero y construida en 1546, es un edificio de planta rectangular, de una sola nave con cabecero y capillas laterales y coro a los pies. La nave central está cubierta con un artesonado mudéjar de típicos dibujos geométricos y estrellados. La torre está coronada por una linterna cubierta con chapitel metálico (Diputación Provincial de Granada).

Castillo-Palacio.-
     Construido sobre una antigua fortaleza mu­sulmana, que controlaba el tránsito que desde la vecina Alpujarra y la ciudad de Almería circula­ba por la región, fue encargado por Rodrigo de Mendoza en 1509 y concluido en 1512, convirtiéndose en uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura renacentista del siglo XVI en España. Su construcción iba en contra de la tendencia impuesta en la época por el poder real, que necesitaba destruir las fortalezas existentes para consolidar su poder sobre todos los súbditos, incluida la vieja nobleza feudal. En este sentido, el intento de don Rodrigo era un anacronismo que sólo los intereses políticos y estratégicos de la Corona, que todavía creía necesitar a la vieja casa feudal y militar, pueden explicar.
     El exterior del edificio, de carácter cerrado y militar, se contrapone al interior, refinado y cortesano, reflejo de los ideales humanistas italianos. El espíritu renacentista se manifiesta en el patio con galerías desarrollado en dos alturas, con cinco arcos sobre columnas corintias en cada nivel. Las superiores descansan sobre pedestales, y las galerías se cierran con una balaustrada de mármol. La escalera monumen­tal que ocupa el centro del lateral oeste condiciona por su amplitud el resto de los espacios, un modelo que siguió una gran parte de las construcciones renacentistas españolas.
     En el aspecto decorativo destacan las portadas, las ventanas y los frisos, en los que se desarrolla un rico programa escultórico. Las inscripciones latinas referentes al mecenas y su esposa alternan con esculturas inspiradas en la mitología grecorromana, y obligan a una lectura en clave humanista del edificio. Los techos de madera de las distintas habitaciones anuncian los trabajos lignarios que a partir de ahora se encontraran en otras construcciones de carácter civil y reli­gioso en el ámbito granadino.
     En la construcción de este edificio intervinieron numerosos artistas españoles e italianos. Entre los primeros destaca Lorenzo Vázquez, conocido arquitecto de los Mendoza, y entre los segundos Michele Carlone, que dirigió los trabajos, pri­mero desde Génova y después desde el propio palacio. En Génova, Carlone supervisó el corte y la talla de los mármoles de Carrara, que eran enviados por barco hasta el puerto de Almería. Una vez en La Calahorra, el arquitecto italiano se ocupó de que el diseño de los materiales utilizados, por locales que fueran, estuviera relacionado con el mundo de la Antigüedad clásica que el Renacimiento trataba de recuperar (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Por su situación estratégica que domina gran parte del Marquesado y por la extensión de los restos que afloran en el cerro, este castillo debió tener una gran superficie. Las partes de los muros y torres que se conservan se concentran en la zona noroeste y norte, saliendo los restos de las laderas del monte. 
     En esta última dirección, en el extremo de la plataforma, se encuentra la base de lo que parece ser un gran bastión, quizás el correspondiente a la torre del homenaje, con unas dimensiones de 9,35 metros en su cara Norte y hasta 5,95 metros en la Este, ya que se pierde en el relleno del cerro. 
     Todo está construido de hormigón de cal muy sólido, observándose los agujeros de los mechinales en la gran torre norte. 
     Es posible que se trate de los cimientos sobre los que luego se elevan los muros de tapial.
     En el centro y al oeste aparecen dos pequeñas albercas con muros de hormigón de cal, posiblemente posteriores. 
     Delante del extremo suroeste del castillo renacentista y formando ángulo, se observan los restos de un muro de mampostería enrasado en el suelo, quizás correspondiente a los cimientos del cierre del castillo árabe por esta zona.
     Muy posiblemente existiese una población en el interior de la fortaleza, dada la gran cantidad de restos de tejas y mortero de cal de las viviendas que se encuentran, sobre todo en la zona Norte. Hay una gran cantidad de cerámica en superficie argárica y medieval.
     Los restos que se conservan de este castillo están totalmente abandonados y prácticamente desconocidos ante la importancia arquitectónica de la mole renacentista que se construyó sobre él.
     Dada la gran cantidad de material de relleno que cubre la cima del cerro, deben ser muchos los restos de la antigua fortaleza que aún queden debajo. Por otra parte, es lógico pensar que para la construcción del castillo- palacio renacentista, se reutilizase la mayor cantidad posible de material de la fortaleza medieval, sobre todo lo concerniente a mampuestos y a tejas.
     El Castillo de La Calahorra se ubica en la parte más elevada de un cerro amesetado, lugar privilegiado para controlar las tierras del Marquesado y sus comunicaciones y formando parte de un paisaje singular en las estribaciones de Sierra Nevada.
     La fortaleza es de planta cuadrangular, con unas dimensiones aproximadas de 46,5 x 32 metros, estando orientados los lados mayores en sentido norte-sur. En la fachada oeste se adosa otro cuerpo rectangular de 26 x 15 metros dotado de un cubete artillero y en cuyo interior se dispone la escalera. El castillo está compuesto por muros de mampostería y sillarejo, localizándose en cada uno de sus ángulos una torre cilíndrica cubierta mediante cúpula, de 10 metros de diámetro las del muro sur, y 13 metros las del norte. Un adarve recorre la parte superior de las murallas, estando semicubierto para proteger a la guardia del clima. El inmueble cuenta con una única puerta de acceso al interior situada en el ángulo noreste y que mantiene todavía los materiales originales: la madera de los portones y postigo blindada con lamas de hierro superpuestas y remachadas, así como su alamud, cerrojos y armellas. La portada de acceso se remata con el escudo de los Fonseca, familia a la que pertenecía la segunda esposa de don Rodrigo y sobre la que se labró una inscripción en latín hoy prácticamente ilegible que decía: «Dicha fortaleza se labró para guarda de los caballeros a quien los reyes quisieron agraviar».
     El eje vertebrador de las dependencias interiores es un cortile o patio cuadrado de 20 x 20 metros, rodeado de dos plantas de galerías superpuestas de cinco arcos sobre columnas de orden corintio. Las galerías se cubren mediante bóvedas de arista que descansan hacia el muro interior en ménsulas de piedra negra italiana, utilizando tirantes de hierro fundido en Valencia para contrarrestar el empuje, elemento empleado aquí por primera vez en la arquitectura española y que es la mejor prueba de italianismo. El cuerpo inferior de la galería presenta arcos de medio punto sobre columnas con elevados capiteles corintios, con un suplemento bajo el astrágalo con un anillo decorativo, siendo el creador de este tipo de capitel el arquitecto e ingeniero Biagio Rossetti. Igualmente los arcos adornan su intradós con flores y guirnaldas de alternante diseño, anillos y roscas son destacados mediante molduras, y en las enjutas de los arcos se representan relieves con los escudos heráldicos de los Mendoza y Fonseca.
     La galería inferior está realizada con piedra caliza de la zona, y en origen contaba con una inscripción latina en la que se leía: «El primer marqués, don Rodrigo de Mendoza, en el año 1510 y suyo 37.º, mandó construir esta casa, más no por solaz suyo, sino obligado a injusto ocio, con ocasión de huir de nuestra infeliz Hesperia, entonces, acogido en este cerro, gustó un poco de vagar así alejado, mientras no fuese lícito ni aún pensar en pretender otra cosa», en referencia al acoso que la monarquía ejercía sobre la antigua nobleza feudal con el fin de acabar definitivamente con sus privilegios, algo que también justifica el ajustado plazo en el que fueron ejecutadas las obras de la fortaleza.
     En la galería superior, apoyada sobre arcos de medio punto sensiblemente rebajados, las columnas de esbelto fuste descansan sobre pedestales unidos por una balaustrada de mármol de Carrara. En esta galería la decoración se centra en las armas de los Fonseca, los escudos del marqués y de la familia Mendoza, decorándose el intradós de los arcos con casetones de piedra negra de Italia. En las enjutas de los arcos de esta galería alta del patio, junto al escudo de armas de la familia Fonseca, aparecen cartelas que dicen: «UXORIS MUNUS». Finalmente, en el entablamento, inscripciones latinas con textos de los salmos bíblicos que, junto a las referencias mitológicas grecorromanas presentes en la decoración del patio y estancias interiores, ofrecen una lectura humanista del edificio.
     Destaca la decoración de las portadas de las dependencias interiores, que se relacionan directamente con el carácter de la estancia. Entre las más relevantes están las de la Sala de la Justicia, el Salón de Occidente y el Salón de los Marqueses. La de acceso al Oratorio se encuentra en la actualidad en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Entre los motivos ornamentales aparecen animales, seres fantásticos, motivos vegetales, frutales y florales.
     La portada de la Sala de Justicia sobresale por la presencia de columnas decoradas mediante fajas temáticas, guirnaldas en el primer tramo y cabezas de angelotes en el segundo. Las jambas ofrecen una profusa decoración soportando un entablamento con frontón curvo de casetones con motivos florales y frutales. El dintel cuenta con seres marinos enlazados entre sí y recipientes con frutos. Este programa decorativo se completa con copas entre pájaros en el dintel y grutescos en las jambas. 
     El conocido como Salón de Occidente posee una ornamentación basada en el claroscuro y en el horror vacui, con numerosos animales ágilmente articulados sobre motivos de candelieri. Aparece un amplio espectro de animales y seres híbridos como águilas, delfines, sátiros y sirenas.
     Por último, la portada del Salón de los Marqueses se resuelve a modo de arco de triunfo romano, sobresaliendo su programa iconográfico basado en la mitología clásica y con una fuerte influencia de los dibujos del Códex Escurialensis. 
     En las pilastras laterales, están tallados cuatro nichos con relieves de Hércules Farnesio, dios Apolo, la diosa de la Fortuna, que aparece con los ojos vendados, y la Abundancia. En los pedestales, sendas representaciones sobre los trabajos de Hércules: la batalla contra hidra de Lerma y la captura del toro de Creta. El friso superior reproduce el frente de un sarcófago donde se sitúan relieves de las diosas marinas y tritones, y en las jambas dos bustos de emperadores romanos. En la parte derecha del friso tenemos a Dionisio barbudo sobre un tigre, y en la parte izquierda a Aquiles joven sobre el centauro Quirón.
     La amplia escalera monumental, colocada en el eje de la composición y ubicada en el ala oeste del patio, muestra reminiscencias genovesas en cuanto a concepción, simetría y perspectiva. Compuesta de tres grandes tramos, su construcción obligó a ampliar el perímetro de la fortaleza, anulando buena parte de sus capacidades defensivas pero demostrando que el carácter netamente militar del castillo-palacio había pasado a un segundo plano.
     En los vanos localizados a sendos lados de la embocadura de la escalera se encuentra desarrollado un programa iconográfico. En el de la parte izquierda, con antepechos de balaustres, se representan, sobre los estípites que los enmarcan, las Tres Gracias, reservándose referencias a esfinges en el basamento y resolviéndose la concreta figuración de los pedestales con dos figuras femeninas, la Fortaleza y Vesta. En el vano de la derecha se repiten los esquemas del anterior con las Tres Gracias en los estípites y esfinges en el basamento. En cambio, sobre los pedestales, se representa a Ceres, diosa de la abundancia identificada por un cuerno alusivo a sus dádivas, y en su opuesto encontramos a Apolo Belvedere con sus correspondientes atributos.
     El castillo fue habitado por Rodrigo de Mendoza y María de Fonseca tan solo durante ocho años tras concluirse las obras, y sería tomado en heredad por sus hijas. Recobrará un importante protagonismo durante la Rebelión de las Alpujarras o Guerra de los Moriscos (1568-1571), especialmente violenta en el Marquesado del Zenete, sirviendo de refugio de los proclamados cristianos viejos y acuartelamiento del marqués de Mondéjar.
     En cuanto a los restos documentados de la fortaleza árabe de época anterior se conservan muros de torres y de un bastión, así como dos pequeñas albercas y parte de una muralla. Debido a la concentración de teja y mortero de cal en el interior del primitivo recinto, es muy probable que la fortaleza albergara una pequeña población.
     Las excavaciones arqueológicas constatan que precediendo a la fortaleza renacentista existía otra de época andalusí. La actual se erige a principios del siglo XVI por el hijo ilegítimo del cardenal Mendoza, que fundó en esta comarca un mayorazgo a favor de su heredero, don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, primer Marqués del Zenete y Conde del Cid, título último relacionado con su posesión de la fortaleza del mítico Cid Campeador en Jadraque, personaje del que se declararía sucesor y del que adopta sus apellidos. Don Rodrigo Mendoza erige su castillo-palacio en el sur de la meseta, desde donde se obtiene el mejor control visual del territorio circundante.
     El proyecto de La Calahorra debió gestarse durante el viaje que don Rodrigo realiza a Italia entre 1506 y 1508, durante el cual debió encargar y obtener los primeros planos y diseños para la decoración de su castillo. Por otro lado, del inventario realizado por el gobernador de Valencia de la biblioteca de don Rodrigo Díaz de Vivar, heredada en buena parte de su padre el cardenal Mendoza, se desprende la sobresaliente formación humanista de la familia, hecho que también quedaría reflejado en el programa decorativo del interior del castillo. Con 632 volúmenes, la biblioteca contaba con una importante colección de textos clásicos grecolatinos, así como literatura, tratados de arquitectura y filosofía de autores del renacimiento italiano. En consecuencia, la cultura humanista de los Mendoza enlazaba con la idea de prestigio nobiliario que en aquellos momentos detentaba el diseño renacentista.
     El edificio fue pionero en la introducción del estilo renacentista en la arquitectura civil española. Sobria mole de carácter militar al exterior, ofrece una equivocada imagen de la distinguida decoración de su interior. Construido en un breve plazo (la decoración se completa en el periodo 1509-1512), para su ejecución se aprovecha parte de la cantería de la fortaleza árabe que se asentaba previamente en el cerro y, para su ornato, se importan de Italia materiales, técnicas y artistas. 
     Desconociéndose en la actualidad la traza original del edificio, la dirección de obras se encarga en un principio al arquitecto segoviano Lorenzo Vázquez que, por desavenencias con el Marqués del Zenete, se traslada al genovés Michele Carlone. Éste trabajaría primero en su taller de Génova, desde donde enviaría los mármoles de Carrara ya labrados al puerto de Almería, para posteriormente ejercer la dirección en el propio castillo para inspeccionar el montaje y el trabajo con materiales locales. 
     La Calahorra es considerada la primera obra de envergadura en la que se documenta el trabajo de artistas italianos en nuestro país, si bien el diferente origen de los autores que labran sus piezas (lombardos, genoveses y carraresis), explica las diferencias estilísticas en la decoración del inmueble, que no obstante exhibe una sorprendente unidad a diferencia del paralelo ejemplo en el Castillo de Vélez-Blanco.
     Don Manuel Gómez Moreno documenta la intervención de Lorenzo Vázquez en La Calahorra, aunque no sabemos con exactitud quién fue el autor del proyecto de remodelación, aunque parece apuntar al mismo Lorenzo Vázquez, reservando al italiano Michele Carlone, que aparece en La Calahorra en 1509 según constan en los documentos relativos a la construcción del palacio hallados en los archivos del Estado de Génova, la dirección del diseño del patio y la ejecución de la escultura ornamental enviando, paralelamente, dibujos a Génova donde eran elaborados en mármol de Carrara (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Levantado sobre la única colina que al pie de Sierra Nevada domina el extenso llano del Marquesado del Zenete, el castillo-palacio de La Calahorra constituyó una revolución en la arquitectura española de su época, al ser la primera obra edificada en la Península Ibérica en estilo renacentista
El estilo renacentista por entonces ya se imponía en Italia y marcó el abandono de la estética gótica imperante en casi toda Europa. Fue construido en tan solo tres años, entre 1509 y 1512.
     Su exterior muestra un edificio de planta rectangular, flanqueado en cada uno de sus ángulos por cuatro torres cilíndricas rematadas por cúpulas. El macizo y austero exterior contrasta, sin embargo, con su magnífico y elegante patio interior renacentista de dos pisos, con doble galería de delicados arcos, bellas balaustradas de mármol de Carrara y una escalera claustral de gran valor artístico. Las espaciosas dependencias interiores están cubiertas con diversos artesonados.
     El espectacular conjunto que suman el castillo y su entorno ha atraído a la industria del cine y la televisión, que lo ha utilizado como escenario de producciones como 'El viento y el león' (protagonizada por Sean Connery), 'La casa del dragón' (precuela de 'Juego de Tronos') y 'Assassin's creed'. En los alrededores también se filmaron escenas de 'Doctor Zhivago' y 'El bueno, el feo y el malo'.
     Visitas guiadas: viernes, sábados y domingos, previa reserva en web (Diputación Provincial de Granada).

Ermita de San Gregorio.-
     Durante las fiestas de San Antón, la ermita de San Gregorio es escenario de una de las manifestaciones populares más curiosas de la provincia, la llamada Carrera de las nueve vueltas, una carrera de mulos alrededor del pequeño templo (Diputación Provincial de Granada).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Anunciación, Castillo-Palacio, y Ermita de San Gregorio) de la localidad de La Calahorra, en la provincia de Granada. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia granadina.

Más sobre la provincia de Granada, en ExplicArte Sevilla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario