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viernes, 10 de abril de 2026

La Arriería, en Constantina, Las Navas de la Concepción, y La Puebla de los Infantes (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Arriería, en Constantina, Las Navas de la Concepción, y La Puebla de los Infantes (Sevilla).
     El oficio de la arriería consiste en trajinar cargas con el empleo de animales. El arriero es la persona encargada de esta actividad, así como del cuidado de los animales de carga. El término arriero es de origen onomatopéyico, en cuanto proviene de la expresión "arre" utilizada para estimular el anda de las cabalgaduras. 
     El oficio del arriero, antes ampliamente extendido por toda Andalucía, remite tanto a los transportistas que, con recuas de bestias, que se encargaban del trasporte de cargas desde un lugar a otro, en el marco de actividades agrícolas o forestales, como a los vendedores ambulantes que se dedicaban al comercio de los productos más diversos entre los pueblos y cuya actividad marcó el trazado de muchos caminos. Mientras que los últimos desparecieron con la difusión de la motorización y la llegada del ferrocarril a mediados del siglo XIX, los primeros siguen ejerciendo el oficio, si bien en número considerablemente reducido, en los territorios donde la accidentada topografía impide la motorización del transporte.
     Es el caso de arrieros que se localizan en las localidades de Las Navas de la Concepción, La Puebla de los Infantes y Constantina, dedicados al trasporte del corcho tras la en el verano, de la aceituna entre noviembre y febrero o de personas en contextos rituales como Cruces de Mayo, romerías y fiestas locales que también responden a una estacionalidad específica. 
     En la comarca Sierra Norte el oficio del arriero fue muy extendido hasta la mitad del siglo pasado, cuando la motorización del transporte, primero, y el progresivo abandono de las actividades agrícolas redujeron drásticamente el empleo de animales de carga en las labores del campo. Tal y como nos cuenta un informante, "antes no se paraba nunca", habiendo trabajo durante todo el año: en verano se transportaba el corcho, en otoño la uva primero y la aceituna después, en invierno la leña, en primavera el carbón y durante todo el año materiales de construcción para los albañiles. El oficio del arriero era en ese entonces una actividad bastante rentable, siendo considerado el mulero, en la cultura popular, "un buen partido para casarse", como se recoge en la canción popular andaluza "Los cuatro muleros". 
     En la actualidad, si bien no quedan muchos arrieros, las tareas agrícolas y forestales predominantes en la dehesa serrana, como lo son la saca del corcho y la cosecha de la aceituna, así como la montería, siguen necesitando de bestias de carga para el transporte de los productos, contribuyendo de tal manera a mantener vivo el oficio en la casi totalidad de los municipios de la comarca.
     El arriero generalmente posee una recua o harria de animales de carga, comúnmente denominados bestias, cuyo número puede variar. 
     Los animales que se emplean para el transporte pueden ser burros o mulos, apreciados ambos por sus distintas características; el burro es más dócil, mientras que el mulo es más fuerte. El arriero debe conocer muy bien cada animal, para poderlo entrenar para el trabajo. 
     Cada animal tiene su propio nombre con el cual se le llama para que siga las órdenes. "Cada bestia tiene una cabeza distinta, por eso hay que ir probando y enseñarle, son muy nobles, algunos tienen mejor cabeza que muchos de nosotros. Hay animales que desde que salen de la puerta de la casa ya saben donde van." El arriero se hace cargo de las tareas necesarias a mantener las bestias en buenas condiciones alimentándolas, estrillándolas con la almohaza, cepillo de hierro, herrándolas y pelándolas durante el verano. En algunos casos el arriero puede también dominar las técnicas de la talabartería, fabricando él mismo los aparejos para las bestias.
     Una vez preparadas las bestias, la recua es llevada al lugar de la faena. Las bestias van en cordón y el animal que va primero generalmente es el que mejor conoce el camino y se denomina "liviano". Al liviano se le coloca una cencerra para que el sonido que produce al andar vaya guiando a los otros animales. El segundo se denomina "seguior" y el tercero "guardaseguior". El arriero va adelante, al mando de la recua. 
     Una vez llegados al lugar de la faena, las bestias aguardan hasta el momento de la carga. En la faena, generalmente, hay un arriero por cada pareja de mulas que se encarga de cargarlas y guiarlas. Para cargar "se pone al burro de culo y te colocas detrás para ir cargando", teniendo cuidado de mantener equilibrado el peso de los tercios (fardos de carga laterales del garabato) "porque si no se le pueden hacer muchas heridas". El peso de cada carga equivale aproximadamente a cuatro o cinco quintales. Una vez terminada la carga, se ata con cuerda al dorso de los animales, los cuales son guiados hasta el lugar de la descarga por el arriero que lleva siempre "una varilla para darle en el culo al que se entretiene y no anda". 
     Durante las faenas de varios días las bestias duermen en campo para que no cansen demasiado, teniendo cuidado el arriero de dejarles suficiente comida y agua.
     Luego, la tarea que consiste en colocarles los distintos aparejos. El conjunto de aparejos de denomina hato o hierro y está compuestos por:  albarda, pieza de lona, con paja de centeno en su interior, que se pone sobre el lomo del animal sujetándola por debajo del vientre del animal con una correa de cuero denominada cincha; jarma y sobre jarma, almohadilla y cubre almohadilla adornada, que no se suele colocar para las labores en el campo; atajarre, correa que pasando por el cuarto trasero recoge la cola y evita que la albarda se mueva hacia delante; boquera y jáquima, piezas para la cabeza con anteojeras; ramal, soga de unos dos metros que se ata a la boquera para guiar al animal; garabato, soporte construido con varillas metálicas, que antiguamente eran de palos, que se coloca sobre el aparejo y se utiliza para cargar corcho y leña. Cuando se le pone el aparejo al principio no le gusta, por eso hay que ir acostumbrando el animal desde pequeño. Es muy importante que el aparejo sea de buena calidad, para garantizar una buena faena sin perjudicar al animal (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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Más sobre la localidad de Constantina (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

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