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martes, 7 de enero de 2020

El relicario de San Juan de Ribera, anónimo, en la Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro), de la Catedral de Santa María de la Sede


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el relicario de San Juan de Ribera, en la Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro), de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla
  Hoy, 7 de enero (en la Archidiócesis de Sevilla, ya que en las restantes diócesis se celebra el 6 de enero) Memoria, en la ciudad de Valencia, en España, de San Juan de Ribera, obispo, que ejerció también funciones de virrey. Fue muy devoto de la Santísima Eucaristía, defendió la verdad católica y educó al pueblo con sus sólidas enseñanzas (1611) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte el relicario de San Juan de Ribera, en la Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro) de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
   En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro) [nº 093 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Esta sala, acabada en 1581, ha sido denominada, sin cambiar de función hasta mediados del siglo XIX, "Casa de Cuentas" y "Contaduría Mayor"; por su uso posterior, desde 1922 al menos, y hasta 1992 se le ha denominado "Sala de Ornamentos". En la actualidad, y desde 1993, es el lugar donde se expone una fracción del "Tesoro" de la catedral (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).  
   En el Tesoro (Contaduría Baja) de la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar el Relicario de San Juan de Ribera, pieza de plata y vidrio, de 51 x 14 cms, cincelada y repujada realizada en estilo neoclásico en el siglo XIX, desconociéndose su autoría. Sobre una base de planta circular con decoración vegetal, perlas a modo decontario, se levanta el vástago o astil con nudo que repite la misma decoración. La caja que contiene la reliquia es de forma de templete alargado con astil, decorado con acantos neoclásicos y flores, quedando cerrado mediante un cristal. Como remate, un sol que posee un cáliz entre llamas, libro y tiara, y culminando en una cruz. Posee sello de lacre de un cardenal, dando como auténtica la reliquia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de San Juan de Ribera;
     San Juan de Ribera, (Sevilla, c. 1532 – Valencia, 6 de enero de 1611). Santo, patriarca de Antioquía, obispo de Badajoz, arzobispo de Valencia, teólogo, canonista y virrey de Valencia.
     Juan Enríquez de los Pinelos nació en Sevilla, a finales del año 1532, hijo natural de Pedro Enríquez y Afán de Ribera y Portocarrero, marqués de Tarifa, duque de Alcalá, virrey de Cataluña (1554-1558) y de Nápoles (1558-1571), y de la dama Teresa de los Pinelos, perteneciente a una rica familia de comerciantes.
     Muy pronto perdió a su madre, por lo que pasó a residir en el domicilio paterno (el palacio conocido como Casa de Pilatos), donde recibió su primera formación.
     Tuvo tres hermanas, Catalina, Inés y María, nacidas de otras madres.
     Destinado al estado clerical, en 1536 obtuvo su padre la dispensa del defecto de nacimiento para que pudiera acceder a las órdenes sagradas. El 22 de mayo de 1543 recibió la tonsura en la sevillana iglesia de San Esteban y en 1544 fue enviado a estudiar Cánones en la Universidad de Salamanca. Una vez concluidos dichos estudios, cursó Teología, materia que oyó de eximios profesores, como Domingo de Soto y Melchor Cano, entre otros, y en la que se licenció el 31 de mayo de 1557. Pocos días antes (8 de mayo) se había ordenado de subdiácono, recibiendo después, en fechas desconocidas, las órdenes mayores del diaconado y presbiterado. Durante sus años salmantinos trabó contacto con san Juan de Ávila, san Pedro de Alcántara y una serie de jesuitas y dominicos seguidores de la reforma tridentina; y compró una gran cantidad de libros (entre ellos las obras completas de Erasmo, textos de los santos padres y de acreditados teólogos, así como las mejores ediciones críticas de la Biblia), con los que iniciaría una importante biblioteca que, a su muerte, superaba ampliamente los dos mil volúmenes. Como aspiraba a una cátedra, pasó a enseñar Teología en la Universidad salmantina en calidad de auxiliar, hasta que, a instancias de su padre, fue nombrado obispo de Badajoz (27 de mayo de 1562) por el papa Pío IV, a presentación de Felipe II.
     De inmediato tomó posesión de su diócesis, donde desarrolló una intensa labor pastoral, de acuerdo con el espíritu del Concilio de Trento: nada más llegar, efectuó la visita pastoral y en marzo de 1565 celebró un sínodo diocesano, al que seguiría otro en el mes de diciembre, convocado para ejecutar los decretos del Concilio de la provincia eclesiástica compostelana, que había tenido lugar en Salamanca durante los meses de septiembre y noviembre de dicho año, y en el que Ribera había participado indicando remedios prácticos para la reforma del estado episcopal.
     Impulsó las misiones populares, con predicadores reclutados entre las filas de los seguidores de san Juan de Ávila y desplegó personalmente una amplia acción misionera, predicando más de ciento cincuenta sermones, administrando por su propia mano los sacramentos, dedicando a obras de caridad las rentas del obispado, observando el deber de residencia y reduciendo notablemente el número de servidores de su palacio. Aunque en 1563 y 1566 asistió a los autos de fe de los alumbrados de Llerena, un inquisidor lo consideró sospechoso de alumbradismo, por su relación con algunos espirituales. De hecho, mantuvo relación epistolar con fray Luis de Granada (quien le pondría en contacto con san Carlos Borromeo), así como con san Ignacio de Loyola, san Francisco de Borja y santa Teresa de Jesús.
     Entre tanto, en 1565 su padre había intentado que fuera trasladado al Obispado de Málaga, mas no pudo conseguirlo. Mejor suerte tendría en 1568, cuando quedó libre la mitra de Valencia al morir el arzobispo Fernando de Loaces. Felipe II pensó en Ribera para cubrir la vacante, pues la labor desarrollada en Badajoz le avalaba para afrontar con acierto, a pesar de su juventud, los retos que aquella sede presentaba, en especial la aplicación de la reforma tridentina y la evangelización de los moriscos. Por lo pronto, Pío V le asignó el título de patriarca de Antioquía (30 de abril de 1568), que tenía el difunto Loaces, elogiando a Ribera como “lumbrera de toda España, singular ejemplo de virtud y de bondad, dechado de gloriosas costumbres y santidad”. Aunque el prelado se resistió al cambio de sede, el Monarca logró convencerle y presentó su nombre al Papa, quien el 3 de diciembre de dicho año le nombró arzobispo de Valencia. El 16 de febrero de 1569 tomó posesión por procurador, y el 20 de marzo entró en la diócesis, dando inicio a un pontificado de cuarenta y dos años que marcaría profundamente la historia religiosa, cultural y aun política de Valencia.
     De inmediato acometió la reforma de la Universidad, cuya visita le había encargado el Monarca. Movido por un exceso de celo, removió por la fuerza de sus cátedras a algunos profesores de Teología, que consideraba ineptos, y pretendió que se reconociera la enseñanza de esta materia que impartían los jesuitas en su colegio de San Pablo de Valencia. El arresto del rector y de los profesores que se opusieron a sus reformas desencadenó una violenta campaña de difamaciones contra su persona, que tuvo que acallar la Inquisición arrestando a medio centenar de alborotadores y procesando a algunos de ellos. Alarmado por los jurados de la ciudad del Turia, Felipe II desautorizó a su visitador, ordenando que los profesores depuestos fueran restituidos en sus cátedras, por lo que la reforma universitaria naufragó. Las amarguras de esta disputa le impulsaron a presentar su dimisión al Papa y a solicitar al Monarca su traslado al Obispado de Córdoba, pero Pío V le escribió animándole a perseverar.
     Mayor éxito tendría en la reforma pastoral, en la que concentró todas sus fuerzas, dada la penosa situación religiosa de la diócesis, apenas paliada por los pontificados de santo Tomás de Villanueva y Martín Pérez de Ayala. Instrumentos para llevarla a cabo fueron la visita pastoral, los sínodos diocesanos, la fundación del colegio seminario de Corpus Christi y la reforma de los religiosos. Comenzó por la reforma del clero: apenas llegó a la diócesis, convocó a los sacerdotes en la parroquia de Santo Tomás e instituyó la costumbre de reunirlos cada año por Cuaresma, para tratar temas relativos a la ejemplaridad de su vida y al ejercicio del ministerio. Celebró siete sínodos diocesanos (en 1578, 1584, dos en 1590, 1594, 1599 y 1607), dedicados por lo general a la reforma de clero —que consideraba base de la reforma diocesana—, los cuales dictaron breves pero eficaces disposiciones.
     Al igual que en Badajoz, fue por delante con su ejemplo personal, predicando a menudo y desempeñando en ocasiones, como si fuese un simple cura, las más humildes tareas parroquiales.
     Para actuar el decreto tridentino sobre los seminarios y formar un clero selecto que asegurase la reforma del pueblo, fundó en 1583 el colegio seminario de Corpus Christi, donde “se creassen sugetos en virtud y letras” que fuesen “buenos sacerdotes”.
     Gregorio XIII aprobó la fundación en 1584, dando inicio las obras dos años después y concluyéndose en 1604. Comprendía dicha fundación una primorosa capilla, donde se celebrasen los “oficios divinos reformados” según las normas tridentinas. Para ambas instituciones, que puso bajo la advocación del Corpus Christi, redactó sendas constituciones, por las que todavía se rigen. Igualmente, apoyó la reforma del clero regular, corrigiendo abusos, impulsando iniciativas reformadoras, introduciendo en la diócesis a los capuchinos y fundando las agustinas descalzas.
     Para la reforma del pueblo, Ribera realizó al menos once visitas pastorales. Como él mismo exponía en el informe de la visita ad limina que envió a Roma en 1610, acostumbraba “cada año salir a visitar por la diócesis tres o quatro meses, reconosciendo las necesidades de las iglesias y de los pueblos”, amén de tener “quatro visitadores, los quales andan a temporadas también por la diócesis visitando, de manera que dentro de un biennio por la mayor parte queda visitado todo el arçobispado”. Su supuesta responsabilidad en la represión del erasmismo valenciano ha sido fehacientemente desmentida, mostrando cómo en materia de espiritualidad el patriarca hizo gala de un tolerante equilibrio, siendo más un reformista que un contrarreformista, caracterizado por el fomento de la religiosidad devocional popular y por una calculada y ecléctica ambigüedad.
     Felipe III le nombró virrey y capitán general de Valencia, cargos que ejerció con acierto de octubre de 1602 a febrero de 1604, reprimiendo con energía el bandidaje y la corrupción, actualizando la administración de justicia y reduciendo los oficiales de la misma, para mejorar su eficacia.
     Por lo que respecta a los moriscos, el punto más controvertido de su biografía, el patriarca comenzó alentando con optimismo la evangelización de éstos, para lo cual reeditó con ampliaciones el catecismo de su antecesor Pérez de Ayala, aumentó la red parroquial en los lugares de moriscos y financió a los rectores. Pero en 1582, al constatar el fracaso de sus esfuerzos evangelizadores, comenzó a solicitar la intervención estatal para forzarles a abandonar sus prácticas islámicas, señalando la expulsión como remedio más eficaz del problema, pues, a su juicio, “son moros, no moriscos, y además enemigos internos”. Desde entonces, requirió constantemente la expulsión a través de memoriales dirigidos a Felipe II y a su sucesor Felipe III, donde anunciaba sublevaciones y peligros si no se procedía a ella. Aunque fue ajeno a la decisión de expulsarlos, que se tomó en el Consejo de Estado (4 de abril de 1609) sin su conocimiento, y aunque trató de frenarla en tierras valencianas, para evitar los perjuicios económicos que se derivaban para el reino, lo cierto es que sus argumentos fueron utilizados por el duque de Lerma para forzar la sentencia real.
     Aquejado de un “catarro al pecho” (neumonía aguda), murió en olor de santidad en sus aposentos del colegio de Corpus Christi, el día 6 de enero de 1611. Fue beatificado por Pío VI (18 de septiembre de 1796) y canonizado por Juan XXIII (12 de junio de 1960).
     Es obligado destacar el exquisito e importante mecenazgo que el patriarca desarrolló en el campo de las artes, pues para él trabajaron los pintores Luis de Morales, Gaspar Requena, Francisco Ribalta, Juan Sariñena, Antonio Ricci, Nicolás Borrás, Antonio Estela, Bartolomé Matarana y otros. Compró obras de El Greco, F. Zuccaro, G. Baglione, V. Campi, S. Pulzone, M. Venusti, G. B. Novara, y muchos más; encargó copias de Caravaggio, F. Barocci, A. del Sarto y un largo etcétera, con las que embelleció su colegio y capilla de Corpus Christi, haciendo de este edificio uno de los monumentos más emblemáticos de Valencia, e influyendo decisivamente en la orientación de la pintura valenciana del Siglo de Oro. Recientemente se han editado sus sermones, permaneciendo inéditas todavía la mayor parte de las eruditas anotaciones que escribió en los márgenes de sus Biblias, así como los apuntes de las clases de Teología que recibió en Salamanca (Miguel Navarro Sorní, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
         Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el relicario de San Juan de Ribera, en la Contaduría Mayor (Sala de Ornamentos - Tesoro) de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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domingo, 9 de junio de 2019

La Casa de los Pinelo


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa de los Pinelo, de Sevilla. 
     La Casa de los Pinelo [nº 8 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Abades, 14; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
   La Casa de los Pinelo, llamada también de Abades, se halla emplazada en la calle de este nombre, una de las más céntricas y emblemáticas de la ciudad de Sevilla, en la que tradicionalmente han tenido su residencia miembros del Cabildo eclesiástico. Por su situación se encuentra en las proximidades de la Iglesia de Santa Cruz, la Catedral, el Palacio Arzobispal, la iglesia de San Alberto y otros edificios importantes de la ciudad.
   El edificio formó parte de una casa-palacio de gran amplitud, extendiéndose desde la calle Argote de Molina hasta Abades. Este inmueble perteneció a Francisco Pinelo, siendo dividido entre sus dos hijos tras su muerte.
   El conjunto edilicio y su volumetría en altura permiten deducir que nos encontramos ante una unidad fruto de la anexión de varias viviendas, destacando la crujía de la fachada de tres plantas con mirador y los tejados a dos aguas de las dependencias del cuerpo alto de la casa.
   En planta se organiza en torno a dos patios. En el primero se alternan pilares achaflanados y columnas, distribuyéndose el apeadero y las caballerizas, estas últimas cubiertas con alfarjías con ladrillos por tabla toscos. En la crujía de la fachada, situadas sobre la casa puerta, se encuentran dos estancias. La situada en el ángulo se relaciona con el oratorio privado del que conserva una pequeña alacena forrada de azulejos y cubierta por una pequeña bóveda de terceletes, cubriéndose la estancia con armadura mudéjar. Junto a ella se encuentra una cámara, actual Sala de Plenos de la Academia de Bellas Artes, cubierta con armadura mudéjar de cuatro paños inclinados con almizate decorado con palmas y piñas de mocárabes, sobre un friso de yeserías.

   El acceso al segundo patio o patio principal, renovado entre 1502 y 1505, se realiza en ángulo recto con relación a la puerta de la calle, a través del vestíbulo. Éste se articula con arcos de medio punto peraltados, festoneados y calados, sobre columnas con capitel de castañuela, con volados cimacios troncocónicos, enmarcados por alfiz, que en la planta baja están decorados con yeserías platerescas, que se repiten en las enjutas, en los ajimeces de los vanos que rodean al patio y en una de sus puertas. El cuerpo superior fue reconstruido en las obras llevadas a cabo en 1970. Se estructura a partir de galerías formadas por arcos escarzanos sobre columnas con capiteles de castañuela, con similar decoración al cuerpo bajo. La escalera se encuentra situada, en uno de los vértices del patio.
   En torno al patio se sitúan una serie de salones, cámaras y camaretas, que albergan diversas dependencias. Los salones de la planta baja conservan un auténtico muestrario de armaduras y artesonados mudéjares, con frisos de yeserías renacentistas, muchos de ellos renovados en la restauración llevada a cabo en la década de 1970. También se conserva una bóveda con decoración renacentista, decorada con octógonos que alternan con rombos, tema inspirado en Serlio.

   Por último se encuentra el jardín, situado en el extremo más alejado de la puerta de ingreso. Es de planta rectangular. Documentalmente consta que se encontraba construido en 1518, aunque ha experimentado diversas modificaciones a lo largo del tiempo. En las remodelaciones de la década de los 70 se colocó en el frente Este una galería de columnas, presentando en el frente opuesto una doble galería de columnas genovesas con arcos enmarcados por alfiz.
   La fachada principal consta de dos plantas rematadas por un mirador con antepecho de estilo gótico y arcos de medio punto sobre columnas. Cuenta al exterior un zócalo constituido por piedras de molino insertadas en la masa del muro de cerramiento que la caracterizan en el entorno próximo.
   La portada se estructura en dos cuerpos, el inferior realizado en cantería, presenta un simple vano adintelado con despiece de dovelas, como recuerdo de la portada originaria, sobre el que apoya el segundo cuerpo, formado por un balcón con antepecho de forja, vano rectangular y guardapolvo de mármol.

   Forma parte de un prototipo de casas-palacio de origen medieval, revestido con decoración renacentista. Es un edificio contemporáneo a la Casa de Pilatos, a la de las Dueñas o a la casa natal de Miguel de Mañara, etc., y mantiene con ellas ciertas afinidades en la idea del espacio, tipologías constructivas, así como elementos estructurales y decorativos.
   Perteneció a la familia de los Pinelo, de la nobleza sevillana, de origen genovés, de fines del siglo XV y primera mitad del XVI. Sus últimos propietarios, los hermanos jerónimo y Pedro Pinelo, ambos canónigos de la Catedral de Sevilla, la donaron a ésta en 1524.
   Del siglo XVI, época de opulencia y florecimiento de las artes en Sevilla, son las obras principales que han llegado hasta nosotros, con el estilo característico de entonces, mixto de árabe, gótico y renacimiento sevillano que forman tan bellísimo conjunto.
   Desde entonces sirvió de residencia de los Canónigos de la Catedral, hasta las desamortizaciones del siglo XIX. Al pasar a manos particulares tuvo varios usos; a principios del siglo XX fue un hotel, pasando en 1966 pasa a ser propiedad del Ayuntamiento de Sevilla. Actualmente se encuentra en buen estado de conservación, siendo la sede de las Reales Academias Sevillana de Buenas Letras y de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. En su interior se halla una interesante colección pictórica.

   La bibliografía tradicional sostiene que en esta casa nació San Juan de Ribera, quien llegó a ser virrey de Nápoles y arzobispo de Valencia. Hijo natural de Pedro Enríquez de Ribera y Teresa Pinelo.
   En 1970 se realizaron una serie de obras de restauración y rehabilitación, bajo la dirección del arquitecto Rafael Manzano Martos, durante estas obras se abrió la primitiva puerta cegada, reconstruyó la galería alta del patio principal con columnas. Éstas procedían de la casa de los Marmolejos, que se encontraba en la calle Guzmán el Bueno nº 8. En el jardín se colocó una fuente de grutescos manierista procedente de la casa-palacio de los Levíes.
   La escalera se encuentra situada en un vértice del patio, fue reconstruida en las obras mencionadas anteriormente. Fue ampliado su espacio primitivo, colocándose los peldaños, decorados con azulejos del siglo XVIII procedentes de la casa de la calle Guzmán el Bueno nº 11 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
   Abades, 6 [actual 14]: CASA DE LOS PINELOS. Es una de las más interesantes y antiguas de Sevilla. En el primer cuarto del siglo XVI fue propiedad de Diego Pinelo, maestrescuela y canónigo de la Catedral. Consta de dos plantas, rematadas por un mirador con antepecho de estilo gótico y arcos de medio punto sobre columnas. La construcción se organiza en torno a dos patios. En el primero, de pilares achaflanados, se encuentran el apeadero y las cuadras. El patio principal tiene los arcos de la planta baja decorados con yeserías platerescas y apean sobre columnas con capiteles corintios. Este mismo tipo de yesería plateresca se repite en los ajimeces que dan luz a las habitaciones que rodean dicho patio y en una de las puertas. En la escalera de acceso a la planta superior existe una magnífica reja de ventana de estilo gótico.

   En la planta alta se han reconstruido las arquerías e instalado una balaustrada hierro procedente del derribado palacio de los Levíes. En esta planta se conservan interesantes zócalos de azulejos de reflejo metálico y de lacería de tradición mudéjar. La cámara situada debajo del mirador debió ser la capilla y destaca en ella el zócalo de azulejos y una alacena con finísimos bustos en bajo relieve, de estilo plateresco. En distintas habitaciones se conservan artesonados de gran merito. En el jardín, con galería de arcos enmarcados por alfices, se ha instalado una fuente de ladrillo con labor de grutescos, que procede del ya citado palacio de los Levíes [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984]
              Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa de los Pinelo, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Horario de apertura de la Casa de los Pinelo:
     INDIVIDUALES: Martes y Jueves: de 11:00 a 13:00
     GRUPOS: Todos los días (previa cita).
   
Página web oficial de la Casa de los Pinelo: www.realacademiabellasartessevilla.com 

La Casa de los Pinelo, al detalle:

sábado, 11 de mayo de 2019

Un paseo por la calle Abades


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Abades dando un paseo por ella.
    La calle Abades, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en los Barrios de San Bartolomé y Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle Corral del Rey a la calle Mateos Gago
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     En el s. XIII era conocida su parte central como Mayor del Rey o del Rey por formar parte del eje que arrancaba de la Puerta de la Macarena y terminaba en Mateos Gago dividiendo a la ciudad en dos. En el s. XIV ya se llamaba Abades, pues así aparece en un documento de 1355 (Ballesteros: Sevilla en el siglo XIII); esta denominación, que incluía también a la actual Don Remondo, hacía referencia al nombre con el que en aquella época se conocía a los canónigos y prebendados al servicio de la Catedral que vivían en su mayoría en estas dos calles.
   Con el paso del tiempo, ambas calles se empiezan a conocer como Abades Alta y Abades Baja hasta 1845 en que la primera conservará su nombre añadiéndole un tramo al comienzo, conocida hasta entonces como Baviera, por una posada que allí existió, y otro al final, llamado de los Azulejos, por un retablo que había en un recodo de la desembocadura a Mateos Gago. La segunda se rotulará en la misma fecha como Don Remondo. Hubo un intento a finales del s. XIX de nominarla Beato Juan de Ribera (1533-1611) por el arzobispo de Valencia, elevado posteriormente a los altares, que había nacido en esta calle, pero el cronista de la ciudad Luis Montoto informó negativamente el proyecto.

   Era muy estrecha y no permitía el paso de un coche, por lo que ya en los siglos XVI y XVII se promovieron diversos derribos totales o parciales en casas de propiedad de la Iglesia o de los eclesiásticos; también se taparon varios rincones existentes "por las ofensas que se hacían a Dios" y porque eran depósitos de basuras. En el s. XIX y dentro de los planes de alineaciones se producen algunos retranqueos especialmente visibles en las confluencias con Aire, Guzmán el Bueno y en la casa núm. 33. En la actualidad pueden distinguirse tres tramos: el primero, entre el Corral del Rey y Aire es corto y muy estrecho; el segundo, entre ésta última y Ángeles tiene la anchura media de la zona, y el tercero presenta una cierta elevación de los extremos hacia el centro a la vez que se estrecha en una doble revuelta para terminar ensanchándose en la confluencia con Mateos Gago como consecuencia de las actuaciones realizadas en los años veinte en ésta última. estuvo, enladrillada y empedrada en los s. XVI y XVII, realizándose numerosas reparaciones y reposiciones como consecuencia del tránsito y de las reclamaciones de los vecinos.
   En el último tercio del s. XIX se adoquina con materiales procedentes de otras calles, en 1941 se pavimenta con adoquín pequeño y se la dota de acera con losetas de cemento, y en la década de 1970 se cubre con asfalto que presenta un regular estado de conservación. El primer tramo, que actualmente es de cemento, está protegido con guardacantones de hierro, lo que nos indica que antes estuvo abierta al tráfico de vehículos. El último tramo, está también cerrado al tráfico y fue pavimentado en 1935 con losetas de cemento y varios escalones con piedra de Sierra Elvira a su término.
   El caserío, que presenta en líneas generales edificios de gran valor arquitectónico con predominio de los del s. XVIII, se concentra en el tramo central, predominando en los otros tramos las casas de carácter popular. En todos ellos se percibe un cierto abandono salvo en los recientemente restaurados. Entre todos ellos destaca la Casa de los Pinelo, esquina a Segovias, propiedad en el s. XVI de Diego Pinelo, miembro de una familia genovesa, canónigo y maestrescuela de la Catedral. Consta de dos plantas con mirador con antepecho de estilo gótico y arcos de medio punto., balcones con guardapolvos y dos patios en torno a los cuales se organiza la edificación. En el patio principal son de destacar las yeserías platerescas y en las habitaciones los artesonados. En ella nació San Juan de Ribera, hijo natural del Duque de Alba; fue cedida posteriormente al cabildo eclesiástico. A comienzos del siglo XX y hasta los años 70 estuvo allí la pensión Don Marcos donde acudía una clientela sencilla en la que no faltaban clérigos; en 1983 fue adquirida por el Estado, restaurada por Rafael Manzano y destinada a albergar las Reales Academias Sevillanas de Buenas Letras, Bellas Artes y Medicina.

   En ella tuvieron lugar hasta hace unos años la Exposición de Otoño y los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Asimismo están las casas núms. 41 y 43, del siglo XVII, con dos plantas y mirador la primera y ático la segunda. En ésta última se encuentra desde hace varias décadas la Escuela Francesa, hoy establecimiento hostelero. También merece destacarse el conjunto de casas del siglo XVIII con dos plantas y ático con arcos de medio punto y mirador. En la casa núm. 51 se fundó, en 1751, la Academia Sevillana de Buenas Letras, una placa recuerda el suceso. En la núm. 41 nació el que fuera secretario perpetuo de la misma Luis Montoto y Rautenstrauch, polígrafo y cronista de la ciudad. en el núm. 16 vivió y murió el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón, autor de varias novelas. Muchos de estos edificios están levantados sobre restos romanos y musulmanes, de los que han aparecido algunas muestras. Así, son conocidas desde el s. XIII las termas romanas existentes en los sótanos de la casa núm. 28, de nueva construcción con entrada actualmente por Cardenal Sanz y Forés. Los capiteles corintios que lucen las columnas de la Alameda de Hércules aparecieron en una casa del cabildo, y la casa núm. 25 está levantada sobre el solar de dos mezquitas existentes en 1396. Según Santiago Montoto, en esta calle se encontraba el hospital de San Bartolomé.
   Formaba parte del eje de comunicaciones norte-sur de la ciudad, aunque siempre tuvo muchas dificultades el tráfico rodado; a pesar de ello era considerada en el s. XVI calle principal con mucho paso de gente y bestias. Su principal función ha sido siempre la de residencia de los clérigos al servicio la Catedral y el arzobispado. El clero "se hacinaba como una nidada de jóvenes pelícanos, bajo el ala de la Madre Iglesia", dirá R. Ford, el cual referirá que "ya no despide olor a ricas ollas" y no había ajetreo de niños, y recogerá de boca del pueblo el dicho:
   "En la calle de los Abades
   todos han tíos y ninguno padres".
   Hoy aparece silenciosa y tranquila, aunque no en todos sus tramos, tal como la viera Álvarez-Benavides en 1839 "angosta, triste y sola", sensación que no rompe la instalación en una preciossa casa-patio del Pub Abades. [Salvador Rodríguez Becerra en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Abades, 6 [actual 14]: CASA DE LOS PINELOS. Es una de las más interesantes y antiguas de Sevilla. En el primer cuarto del siglo XVI fue propiedad de Diego Pinelo, maestrescuela y canónigo de la Catedral. Consta de dos plantas, rematadas por un mirador con antepecho de estilo gótico y arcos de medio punto sobre columnas. La construcción se organiza en torno a dos patios. En el primero, de pilares achaflanados, se encuentran el apeadero y las cuadras. El patio principal tiene los arcos de la planta baja decorados con yeserías platerescas y apean sobre columnas con capiteles corintios. Este mismo tipo de yerería plateresca se repite en los ajimeces que dan luz a las habitaciones que rodean dicho patio y en una de las puertas. En la escalera de acceso a la planta superior existe una magnífica reja de ventana de estilo gótico.

   En la planta alta se han reconstruido las arquerías e instalado una balaustrada hierro procedente del derribado palacio de los Levíes. En esta planta se conservan interesantes zócalos de azulejos de reflejo metálico y de lacería de tradición mudéjar. La cámara situada debajo del mirador debió ser la capilla y destaca en ella el zócalo de azulejos y una alacena con finísimos bustos en bajo relieve, de estilo plateresco. En distintas habitaciones se conservan artesonados de gran merito. En el jardín, con galería de arcos enmarcados por alfices, se ha instalado una fuente de ladrillo con labor de grutescos, que procede del ya citado palacio de los Levíes.
Abades, 18 [desaparecida]. Casa de dos plantas con fachada avitolada en la superior y mirador en uno de los extremos de la misma, con pilastras toscanas pareadas.
Abades, 19 [totalmente reformada]. En esta casa hay que destacar la galería del patio que apea sobre columnas romanas aprovechadas con capiteles corintios y la cancela que cierra el acceso al patio.
Abades, 20. Casa de dos plantas y ático con vanos de medio punto separados por pilastras. en la segunda planta, de fachada avitolada, destaca el tejaroz que cubre el balcón central.
Abades, 28. En el subsuelo se conservan restos muy importantes de unas termas romanas, entre otros, galerías de servicio abovedadas.
Abades, 29. Casa del siglo XVIII, de tres plantas, con la cornisa del balcón muy volada.
Abades, 30 [actual Hotel La Abadía de la Giralda]. Casa del siglo XVIII, de dos plantas y ático con los vanos separados por pilastras toscanas.
Abades, 31. Casa gemela del número 29 [fechada en 1811].
Abades, 33. En este número hay que reseñar la cancela, fechada en 1867, y una yesería mudéjar con arco polilobulado en una de las habitaciones de la planta baja.
Abades, 35. Casa de tipo popular.
Abades, 37. Casa de tipo popular.
Abades, 41. Casa de dos plantas y mirador del siglo XVII. La portada decorada con falsas dovelas. La segunda planta está avitolada.
Abades, 43 [actual Hotel Eurostars Sevilla Boutique]. Casa del siglo XVII, de dos plantas y ático en la crujía de fachada. La portada de piedra, decorada con moldura quebrada, da paso a un amplio zaguán. El centro de la construcción lo constituye un patio con galerías en tres de sus frentes, en uno de los cuales se abre la caja de escalera, que se cierra con una bóveda ovalada decorada con yeserías. En la planta alta dos habitaciones se cubren con artesonados, uno cuadrado y el otro de artesa con tirantes. Conserva además algunos portajes interesantes.

Abades, 45. Casa del siglo XVIII, de dos plantas y ático con vanos de medio punto alternando con otros adintelados ciegos. En la segunda planta, avitolada, existe un balcón de interés.
Abades, 47. Casa del siglo XVIII, de dos plantas y mirador con huecos semicirculares separados por pilastras toscanas y cornisa decorada con dados. En esta casa se fundó en 1751, la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.
Abades, 49. Casa de tipo popular, cuya fachada se compone con las de la misma acera. Posee una cancela fechada en 1830 y con las iniciales V.S.E. [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984]
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La calle Abades, en detalle:
Detalles de la calle Abades