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lunes, 1 de junio de 2026

La desaparecida Muralla de la Judería, de la calle Mateos Gago

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la desaparecida Muralla de la Judería, de la calle Mateos Gago, de Sevilla
     La desaparecida Muralla de la Judería, de la calle Mateos Gago se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo
     La Gerencia de Urbanismo y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Sevilla, ha llevado a cabo durante el año 2020, las obras de Reurbanización de la calle Mateos Gago, y mediante control arqueológico de los movimientos de tierra, dirigida por Juan Luis Torres Muñoz, se ha constatado el trazado de la cerca que con anterioridad al año 1391 delimitaba el barrio judío y que fue excavado en su totalidad en 1991 por Ignacio Rodríguez Tremillo. 
     Con las recientes obras de reurbanización, se ha querido manifestar las huellas del pasado, destacando en el pavimento el trazado y el ancho de lo que fue este muro y que formaba parte del lienzo existente en la calle Fabiola. 
     Cuando Išbīliya se incorporó en 1248 a la corona de Castilla hacía más de un siglo que solo la habitaban musulmanes, de forma que, si había cristianos o judíos entre sus vecinos, sería en una cantidad tan irrelevante que no dejaron huella alguna. En realidad, la ciudad permaneció “vaciada” durante tres días del mes de diciembre de aquel año, así es que durante setenta y dos horas no hubo ninguna religión organizada intramuros.
     Lo más probable es que entre los muchos toledanos que acudieron a repoblar las casas y calles de Sevilla a partir de entonces hubiese un buen número de hebreos, pues sólo así se explica que, en un documento del 5 de agosto de 1252, el flamante rey Don Alfonso, confirmase que “su padre había dado a la iglesia de Sevilla “todas las mezquitas que son en Sevilla, cuantas fueron en tiempo de moros, que las aya libres et quitas para siempre […salvo] tres mezquitas que son agora sinagogas de los judíos”. Según demostró la excavación arqueológica que dirigió Álvaro Jiménez en 2012, se conserva en la iglesia de Santa María la Blanca un buen ejemplo de esta transformación, pues documentó tanto el nicho de oración de una mezquita almohade como parte de los alzados mudéjares de una sinagoga. 
     Este edificio estaba y está situado en la calle de San José, que es la única continua y de cierta anchura de la zona, y que además terminaba en una de las puertas de la muralla almorávide, la de Minjoar, llamada posteriormente “de la Carne”; por lo tanto, el edificio religioso, la calle y la muralla articularon el sector, adyacente al tramo urbano de los caños de Carmona y los palacios reales y bien relacionado con la zona comercial por excelencia. En estos barrios, que hoy llamamos de Santa Cruz y San Bartolomé, se fueron concentrando los judíos de Sevilla cuyo cementerio, también atestiguado por excavaciones, se desplegó a la salida de la puerta de Minjoar, en la orilla derecha del arroyo Tagarete. No obstante, sabemos que hubo oratorios, viviendas y propiedades de judíos en otros lugares de Sevilla. A fines del siglo XIV se calcula que, de las dos mil seiscientas familias que habitaban la ciudad, unas quinientas eran judías.
     En la primera mitad del siglo XIV, con un retraso de siglos respecto a ciudades francesas, alemanas e inglesas, en las que hubo matanzas de hebreos desde el siglo XII, se produjeron asaltos a juderías en Cataluña, Aragón y Navarra; en el año 1354, y a causa de un presunto sacrilegio, se documenta el primer tumulto que tuvo a los judíos sevillanos como victimas exclusivas. El suceso debió ser lo bastante grave como para que los hebreos locales se defendiesen labrando un muro de cierta consideración hecho de tapial; esto es lo que se deduce de la excavación de la “Casa de Mañara”, en la calle Levíes, donde se excavaron dos tramos de casi metro y medio de espesor, formando un quiebro carente de la torre o torres que siempre reforzaban las esquinas; se dedujo que fue construido en el siglo XIV y que, cuando ya había perdido su función original, fue aprovechado en una casa del XVI. 
     Una de las descripciones viejas del trazado general de esta muralla es bastante tardía, del XVII, y se refiere a 1492, “en este tiempo se hizo expulsión de los judíos de España y avía en Sevilla judería; cercada con alta muralla, y en ella muchas torres, que pasaba por junto del Alcázar, y llegaban por San Nicolás y seguían hasta San Esteban, con dos puertas, que la una era en la Borceguinería, y otra a San Nicolás, y dentro cuatro sinagogas […]”; lo de las torres parece pura fantasía, pues ni siquiera es seguro que, por su estreches, tuviese almenas y adarve, ya que las que hay en el tramo de la calle Fabiola son un invento del siglo XX.
     El recorrido de la muralla, que era bastante artificioso, comenzaba con un tramo de levante a poniente, ubicado entre la avenida de Menéndez y Pelayo y la calle Tintes, a la altura de la calle Armenta, donde existía en 1437 un “postigo del Jabón” vinculado al asentamiento de los judíos del XV; pronto quebraba el muro hacia el sur, hacia la “Casa de Mañara”, donde hacía una escuadra para atravesar luego la actual plaza de las Mercedarias; seguía formando un arco por las casas de la acera de los pares de la calle Conde de Ibarra hasta cruzar la calle San José frente a San Nicolás, a la altura del extremo norte del convento de Madre de Dios, donde existía una puerta, llamada “arco de las Imágenes” en el siglo XV; entraba en el convento, establecido en tiempos de los Reyes Católicos, donde formaba otro quiebro para enlazar con el tramo almenado de la calle Fabiola. La parte cuyo recuerdo atestigua el nuevo pavimento de la calle Mateos Gago, llamada antiguamente de la Borceguinería, se excavó en 1991 y debía prolongarse hasta el inicio de la calle Rodrigo Caro, llamada del Atambor, donde existía otra puerta; el último tramo iba por la acera de los impares de esta calle hasta enlazar con la calle de la judía Susona y terminar al final del callejón del Agua, donde tocaba en la muralla general de la ciudad. En ningún momento alcanzaría el muro de la Judería a las murallas propia de los Reales Alcázares, aunque es probable que algunas casas de judíos, anteriores al primer tumulto, estuviesen cerca de los muros de la residencia regia.
     De esta forma la muralla de la Judería defendió unas quince hectáreas y debió estar en uso pleno alrededor de cuarenta años, hasta la desaparición oficial del barrio hebreo en 1391, aunque durante muchos años más hubo familias judías en sus calles, pues no todos emigraron a Portugal tras los asesinatos o se convirtieron al cristianismo de formas más o menos sincera. Los tramos de la muralla fueron derribados, o engullidos por el caserío, pero los restos siempre fueron los suficientes para mantener su recuerdo en la erudición local (Alfonso Jiménez Martín, Gerencia de Urbanismo y Medio Ambiente).
     El objeto del presente artículo es dar a conocer los datos obtenidos durante los seguimientos de obras efectuados en el mes de julio de 1990 en zonas tan paradigmáticas para la investigación histórica sobre la evolución urbanística de la ciudad de Sevilla, como son la e/ Mateos Gago y Avda. de La Constitución, a la altura de la Catedral Metropolitana.
     En primer lugar y para poder efectuar una valoración justa de los datos documentados hay que tener en cuenta que esos datos no se obtuvieron como consecuencia de trabajos de excavación arqueológica sino por la realización de obras de infraestructuras, en ambos casos zanjas que no superaban el 1,5 mts. de anchura.
     Por otro lado y, salvo en momentos aislados, los trabajos de documentación no se produjeron de manera paralela a la excavación mecánica de las zanjas sino con posterioridad a esas tareas, ya que no se dio el aviso previo cautelar por parte de la institución promotora de las obras, a la Delegación Provincial de Cultura y Medio Ambiente.
c/ Mateos Gago, esquina a c/ Ángeles
     Los restos a los que me voy a referir fueron detectados en la calle Mateos Gago esquina a calle Ángeles, a consecuencia de las obras de infraestructura que estaba llevando a cabo E.M.A.S.E.S.A. durante el mes de julio de 1990.
     La documentación e interpretación de éstas no fue sencilla dadas las limitaciones que imponían las dimensiones de la zanja que se localizaba en el centro de la calzada, de 1 m. de anchura y 4 m. de profundidad. Además, los trabajos de apertura mecánica de la zanja habían seccionado todas las estructuras existentes, obligándonos a realizar el estudio sólo con los restos que se observaban en los perfiles.
     La zanja se orientaba de Este a Oeste, así, y para no confundir en las descripciones, se denominaron a los perfiles según su localización: perfil norte y perfil sur.
     Los restos encontrados en la confluencia de Mateos Gago y Ángeles, consistían en una hilera de losas poligonales de pudinga, que aparecían tanto en el perfil norte como sur, formando lo que podría ser un pavimento sin que en ninguna zona aparecieran restos de lo que pudiera ser su cimentación. 
     El pavimento tenía una suave inclinación hacia el Oeste, como actualmente mantiene Mateos Gago, de un 2,6%, con unas cotas comprendidas entre -2,36 m. y -2,68 m. de sus flancos Este y Oeste respectivamente. En sus extremos quedaba flanqueado por sendas estructuras constructivas que distaban
entre sí 11,5 m. aproximadamente.
     La estructura Oeste está formada por sillares de piedra caliza de medidas variables. En el extremo Este aparecen los restos de un paramento de "opus mixtum", formado por sillares de piedra caliza de 0,50 m. X 0,50 m. y por ladrillos (0,30 X 0,22 X 0,06 m) . Ambas estructuras se pueden detectar en los dos perfiles y haciendo un intento de recomponer su imagen en planta según la dirección marcada por la
prolongación de la línea que une cada estructura de un perfil, con su correspondiente en el otro, estos paramentos en su caras en contacto con el pavimento, tomarían un sentido aproximado al de la c/ Ángeles, es decir NW - SE.
     Aparte de la cronología relativa que puede aportar su técnica edilicia, existe otro dato a tener en cuenta a la hora de valorar la cronología de estos restos, y es un fragmento de borde de ánfora fechable en torno al S. II d.C. y que apareció entre dos de las losas del lado sur. Este último dato hay que tomarlo con todas las reservas posibles por las características del hallazgo, aunque sería un dato más que corroboraría las hipótesis actuales sobre la cronología y ámbito espacial de ocupación de ésta zona en la Sevilla de época altoimperial.
     A modo de hipótesis provisional, se podría decir que tanto la dimensión del pavimento como la potencia de las estructuras nos lleva a pensar que se trata de un amplio espacio abierto muy posiblemente público, enmarcado por dos edificios, localizado en el denominado Foro de las Corporaciones.
     Dado que el estado actual de nuestro conocimiento se circunscribe a los datos aportados por la zanja descrita, no considero lógico aventurar más ideas hasta el momento en que gracias a futuras intervenciones arqueológicas en la zona se amplíen nuestros conocimientos y confirmen o rebatan las hipótesis que puedan sugerirnos estos hallazgos descritos (Sandra Rodríguez de Guzmán Sánchez, Sandra. Seguimiento de obras de Infraestructura en Sevilla. C/Mateos Gago y Avda. de la Constitución. Anuario Arqueológico de Andalucía 1993, III. Actividades de Urgencia: 430-434).
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