Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 26 de noviembre de 2023

El bajorrelieve de los Desposorios de la Virgen en el Mausoleo de los Condes de Ybarra, del Cementerio San Fernando

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el bajorrelieve de los Desposorios de la Virgen, en el Mausoleo de los Condes de Ybarra, del Cementerio San Fernando, de Sevilla.   
   Hoy, 26 de noviembre, Solemnidad de los Desposorios de Santa María Virgen con San José, en las iglesias hispanas, puesto que en el resto de la cristiandad se celebran el veintitrés de enero [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el bajorrelieve de los Desposorios de la Virgen, en el Mausoleo de los Condes de Ybarra, del Cementerio San Fernando, de Sevilla
   El Cementerio "San Fernando", se encuentra en la avenida Doctor Fedriani, s/n; en el Barrio de La Bachillera, del Distrito Norte.
     En el Cementerio San Fernando, podemos contemplar en la rotonda de la Caridad, a la izquierda, en primera línea, el Panteón del Conde de Ybarra.
   En su interior, se encuentra el relieve con la escena de Los Desposorios de la Virgen se narra el momento que cuenta los apócrifos de La Historia de José el Carpintero, el Protoevangelio de Pseudo Mateo y el Libro de la Natividad, que María contando con catorce años de edad tiene que desposarse, entonces se reúnen a los viudos del pueblo que tenían que presentarse ante ella, con una vara en las manos. Aquel sobre el que Dios hiciera una señal portentosa, sería el elegido. Es así cuando la vara que portaba San José floreció, convirtiéndose en su símbolo más representativo. En la representación que aquí se nos muestra aparece el momento en el que el Sumo Sacerdote, identificado como Zacarías desposa a María y José en el interior del Templo, ante la mirada de los viudos no elegidos y los padres de la Virgen que contemplan la escena (www.sevilla.org).
     Bajorrelieve apaisado de mármol que sirve como mesa de altar. Obra reciente, con algún eco lejano de la fría preceptiva neoclásica, pero digna y pulcramente ejecutada, a un nivel bastante más alto que el habitual "kitsch" de la escultura funeraria (Juan Martínez Alcalde. Sevilla mariana, repertorio iconográfico. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1997). 
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de los Desposorios de Santa María Virgen;
   Los Evangelios canónicos no dicen nada acerca de este tema. Los artistas siguen el relato de los Evangelios apócrifos y de la Leyenda Dorada.
   Cuando María, criada en el Templo, alcanza la edad de catorce años, el sumo sacerdote quiere darle un esposo para cumplir con la ley de Moisés.
   Convoca al son de la trompa a todos los descendientes de David, solteros o viudos. Aquel a quién roce su vara será el esposo de María.
   Es José el designado por el roce de su vara, sobre la cual se posa, por añadidura, la paloma del Espíritu Santo. José aduce ser muy viejo y se niega, dice que ya tiene hijos y que no desea en absoluto ser objeto de burla de los israelitas. Pero el sumo sacerdote le explica que no debe transgredir la voluntad de Dios, claramente manifestada por un milagro. «Dios te ha elegido para esposo de la Virgen. Tómala.»
   El tema a veces aparece resumido, y otras desarrollado. Cuando alcanza su pleno desarrollo, como en los manuscritos bizantinos de las Homilías del monje Santiago (siglo XII) y en el ciclo de Giotto en la Arena de Padua, se divide en tres escenas: la Prueba de los pretendientes, los Desposorios celebrados por el sumo sacerdote y el Cortejo nupcial.
A) El florecimiento de la vara de San José
   La reunión de los solteros y de los viudos se convocó al son de la trompa. Sorprendido en plena faena, José, que trabajaba en el armazón de un techo, dejó caer el hacha y descendió precipitadamente por una escalera (Homilías del monje Santiago). Los pretendientes llevan al templo cada cual su vara que depositan so­bre el altar, y se arrodillan a esperar el signo divino que señalará al elegido.
   Es la rama de almendro del viejo José la que florece. El sumo sacerdote se la alcanza, a menos que no sea designado por una paloma que se posa sobre su vara o su cabeza.
   El despecho de los jóvenes despojados por ese vejete se expresa de manera más o menos violenta: uno de ellos parte su vara sobre la rodilla; otro se adelanta con el puño levantado para golpear a su rival, más confuso que triunfal.
   La Contrarreforma rechaza el milagro de la vara florecida, tomado del repertorio del Antiguo Testamento, y que honraba al sumo sacerdote Aarón. No obstante, ese tema legendario no desapareció totalmente del arte cristiano y pueden advertirse vestigios suyos en el siglo XVII, en los bajorrelieves de las sillas del coro de Notre Dame de París.
B) Los desposorios
   José que lleva vara florecida 
   Desposa a la Virgen María
   Entre los judíos, el matrimonio era un simple contrato civil y no un rito religioso. Pero la escena está adaptada a las costumbres de Occidente, y como éstas no eran las mismas en Francia y en Italia, la ceremonia se representa de dos maneras muy diferentes.
   En el arte francés, los novios, de pie o arrodillados, se dan simplemente la mano frente al sumo sacerdote que los bendice. Es lo que se llama en derecho romano Dextrarum junctio o Conjunctio manuum, gesto simbólico de la unión conyugal.
   En el arte italiano, por el contrario, San José que tiene como cetro su vara florecida rematada con la paloma del Espíritu Santo, coloca el anillo nupcial en el dedo de la Virgen. Dicho anillo se consideraba conservado en Perussa, Italia. Por esa razón los Desposorios de la Virgen se convirtieron en uno de los temas preferidos de la escuela de Umbría, como lo prueban los cuadros de Spagna y de Rafael.
   El anillo no es de oro ni de plata u otro metal, sino tallado en una piedra preciosa ahuecada: ónix o amatista.
   El rasgo común de todas estas representaciones es que la composición tiene como eje un grupo ternario, generalmente escalonado en pirámide, con tres actores principales: el sumo sacerdote, la Virgen y José.
   Aunque la leyenda no mencione la presencia de los padres de la Virgen, Joaquín y Ana, los artistas suelen invitarlos por su propia cuenta para que asistan a la ceremonia.
   Se les agregan las compañeras de María y los pretendientes despojados.
   Aunque la ceremonia concuerde con los usos de Occidente, el decorado permanece fiel a las costumbres de los judíos para quienes el matrimonio no era un sacramento. La escena no tiene lugar en una iglesia o capilla sino al aire libre, frente al templo de Jerusalén donde la Virgen se había criado.
C) El cortejo nupcial
   La Leyenda Dorada habla de un cortejo de siete vírgenes que llevan antorchas, y de músicos que tocan trompetas y violines, y conducen a la desposada a la casa de José.
   En las Homilías del monje Santiago se ve a la pareja, muy desigual, al llegar a la casa donde la esperan los cuatro hijos de José.
   Este tema, muy infrecuente, ha sido retenido por Giotto que lo representó en la capilla de la Arena de Padua. Los esposos van precedidos por los músicos que se dirigen hacia la casa sobre cuya ventana pende una gran palma (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de los Desposorios de Santa María Virgen
     Jean Charlier, llamado Gerson, discípulo de Pierre d'Ailly, Canciller de la Universidad de París (+1420), propagador de la devoción en honor de San José por influencia de su maestro, intentó instituir una fiesta votiva especial el jueves de témporas en Adviento para conmemorar los esponsales virginales de María y José, lo que parece que logró con un legado de un canónigo de la Catedral de Chartres, Henri Chicoti, para la cual compuso un Oficio. Tras este intento medieval, pasamos al primer dato seguro de esta fiesta que data del veintinueve de agosto de 1517, también en el ámbito francés, en que León X Médici la otorgó, junto a otras nueve fiestas marianas, a las monjas de la Anunciación, fundadas por Santa Juana de Valois. Se celebraba el veintidós de octubre como doble de segunda clase. Pero ya no está centrada, como la de Gerson, en la figura de San José, sino en la de la Virgen. Con este enfoque de fiesta mariana les fue concedida a los Menores el veintiuno de agosto de 1537 para el siete de marzo como doble mayor, y por el mismo tiempo a los servitas para el día siguiente, ocho de marzo. Se recitaba el Oficio de la Natividad sustituyendo la palabra nativitas por desponsatio. Arras fue la primera diócesis que la adoptó por decreto del veintitrés de enero de 1556.  
     Fue compuesto un Oficio propio por el dominico Pierre Doré (+1569), confesor del Duque Claudio de Lorena. En él, volviendo a la línea de Gerson, se exaltaba la figura de José junto a la de María. En 1546 suplicó sin éxito a Paulo III Farnese la extensión de esta fiesta a toda la Iglesia Latina. A pesar de todo se siguió extendiendo. Desde que el Papa San Pío V Ghislieri abolió el Oficio de Pierre Doré e introdujo el oficio moderno, es otra vez fiesta de María. La conmemoración de San José en la Misa, laudes y vísperas sólo se puede hacer por un privilegio especial establecido en el decreto del 5 de mayo de 1736. Durante algún tiempo no se aprobó la adopción de la fiesta; así en 1655 se le negó al Rey de España. Pero se volvieron a aprobar peticiones en el último tercio del XVII: se le concedió a Austria el veintisiete de enero de 1678 para el veintitrés enero, a España el trece de julio de 1682 trasferida al veintiséis de noviembre (porque el veintitrés de enero estaba ocupado por San Ildefonso de Toledo), a todo el Imperio Germano en 1680, en 1689 a Tierra Santa, en 1702 a los cistercienses, en 1720 a la Toscana y en 1725 a los Estados Pontificios. En nuestros días se celebra el veintitrés de enero, y en los países hispanos el veintiséis de noviembre (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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Más sobre el Cementerio San Fernando, en ExplicArte Sevilla.

martes, 23 de agosto de 2022

Un paseo por la avenida del Doctor Fedriani

     Por amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida Doctor Fedriani, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 23 de agosto, es el aniversario del fallecimiento (23 de agosto de 1925) del Doctor Fedriani, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte la avenida Doctor Fedriani, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La avenida Doctor Fedriani es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios del Doctor Barraquer-Grupo Renfe-Policlínico, El Carmen, El Cerezo, Las Avenidas, León XIII-Los Naranjos, Los Príncipes-La Fontanilla, La Palmilla-Doctor Marañón, del Distrito Macarena; y en el Barrio de La Bachillera, del Distrito Norte; y va de la confluencia de la calle San Juan de Ribera con la calle Fray Isidoro de Sevilla; a la glorieta de Los Ferroviarios.
      La avenida no posee siempre una adscripción precisa. En términos generales corresponde a un gran eje urbano, bien caracterizado desde el punto de vista genético, porque estructura el crecimiento de la ciudad; morfológico, ya que es ancha; y funcional, sobre todo por canalizar el tráfico rodado. Sin embargo, de acuerdo con esta definición, no hay razones, más que las convencionales, para considerar a unas vías como avenida y su prolongación, como calle. En otros casos, las avenidas constituyen el eje principal de un sector determinado o de una barriada, y si bien poseen las características de vía principal en relación a ese sector, no alcanzan dicho valor en el conjunto de la ciudad. 
     La avenida posee sobre todo un valor simbólico, y prueba de ello es que en Sevilla la avenida por excelencia es la hoy denominada de la Constitución, centro neurálgico de la ciudad, tanto de sus fiestas religiosas como de la actividad bancaria, y así es es reconocida sólo como la avenida. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.  
     En el plano del infante don Carlos (1827) se la llama camino de San Lázaro; conocida desde la apertura del Cementerio de San Fernando como camino Nuevo del Cementerio y camino Bajo del Cementerio. En 1852, en el plano del proyecto de acondicionamiento del camino Nuevo que conduce al Cementerio se la llama camino de las Huertas. En 1913 el tramo primero, que va desde Andueza a Fray Isidoro de Sevilla, se rotulará como San Juan de Ribera. El que va desde Fray Isidoro de Sevilla a la actual avenida del Doctor Leal Castaño, se denomina en 1926 avenida del Doctor Fedriani por Eduardo Fedriani del Pozo (1862-1925), catedrático de Cirugía v miembro de la Real Academia de Medicina, pionero en la aplicación de la medicina antiséptica y aséptica, y las intervenciones quirúrgicas con anestesia con cloroformo. En 1933, algunos documentos todavía distinguen entre Doctor Fedriani y cami­no Nuevo del Cementerio. En la primera mi­tad de los setenta extendió el topónimo para abarcar todo el espacio actual según se levantaban nuevas barriadas.
     Camino tradicional de acceso a huertas, comunicaba también con el Hospital de San Lázaro, construido a mediados del s. XIII, siendo, además, uno de los ramales que conectaba con la calzada de Córdoba. La apertura en 1852 del Cementerio de San Feman­do supondrá la potenciación de esta vía como alternativa al antiguo camino que discurría por la actual Sánchez Pizjuán, para evi­tar la desagradable presencia de los carros fúnebres. A finales del s. XIX, se proyectan algunas alineaciones parciales de huertas colindantes. En 1905 se aprueba un primer proyecto de alineación que afectará a la acera derecha, hasta Doctor Leal Castaño, conocida entonces como callejón del Almez. En 1963 se aprueba otra hasta el cementerio. El Plan General de Ordenación Urbana de 1940 supuso la calificación de la zona como edificable, reservando la acera izquierda, hasta las proximidades de San Jerónimo, para pequeñas industrias, legalizando, así, una situación que hacia años que venía produciéndose. En 1961, el Real Patronato de Casas Baratas inició las obras de la barriada de León XIII. Pero e1 desarrollo inmobiliario se producirá a raíz del Plan General de Ordenación Urbana de 1963; por toda la zona proliferarán las barriadas de iniciativa privada. Estas construcciones, junto con las obras de infraestructura realizadas en 1973 a lo largo de la avenida, le darán su configuración actual. En ella terminan las calles Doctor Marañón, Malaquita, Diamante, Topacio y Ágata, y se inician las de Doctor Leal Castaño, Doctor Jaime Marcos. Playa de Chipiona, Playa de Isla Canela, Playa de Valdelagrana, y avenida de San Lázaro, la cruza la nueva ronda de circulación exterior [SE-30].
     Es recta y larga. El frustrado proyecto de acondicionamiento de 1852 preveía, tam­bién, la creación de tres carriles, enmarcados por sendas hileras de arbolado; un eficaz sistema de alcantarillado canalizaría las aguas de lluvia para garantizar su transitabi­lidad. En 1929 se dotó de saneamiento urbano el primer tramo. En 1933 continuaban las obras de abastecimiento y alcantarillado; de 1962 es el alumbrado eléctrico del primer tramo. En 1973 se realizaron las obras que le han dado su configuración actual: doble calzada con tres carriles en cada dirección, separadas por una mediana sobre la que van instaladas farolas tipo báculo de doble brazo. Algunos tramos tienen espacios reservados para el aparcamiento de coches. El acerado es de losetas de cemento; a la izquierda, a partir del tramo que se inicia en Doctor Leal Castaño, la acera está en alto con respecto a la calzada, superándose el desnivel con escaleras. El arbolado es muy escaso, fundamentalmente acer negundum; en las inmediaciones del Hospital de San Lázaro hay aligustres recién plantados y protegidos con alcorques. El mobiliario urbano está constituido por cabinas de teléfono, quioscos de prensa y chucherías, bancos y paradas de autobús. 
   En la edificación es posible distinguir tres tramos. En el primero, hasta el cruce con Doctor Leal Castaño y Doctor Marañón, en los pares hay la tapia del colegio Virgen de los Reyes y los bloques de cinco plantas de León XIII, la mayoría de los cuales están por debajo del nivel de la avenida, salvándose el desnivel por un talud de tierra plantado de flores y con escaleras; en los impares, el conjunto formado por el Policlínico, la Facultad de Medicina y el Hospital Universitario. El segundo tramo, hasta la avenida de San Lázaro, es el más densamente edificado: a la derecha los bloques de cinco plantas de la barriada el Cerezo, de finales de la década de 1960 y principios de la de 1970; de las mismas fechas, pero ubicadas en la acera de enfrente, serian la Palmilla y las Avenidas, donde predominan los de cinco plantas, aunque también los hay hasta de nueve; al final hay almacenes y naves industriales de una planta. En el último tramo se encuentra el Hospital de San Lázaro, de estilo mudéjar y renacentista, fundado por Alfonso X, en los años inmediatamente posteriores a la conquista de la ciudad, junto a la Torre de los Gausines. En 1870 daba acogida a la Escuela Rural de las Monjas de la Caridad. Durante la II República se convirtió en Hospital antituberculoso. En la actualidad es propiedad de la Diputación Provincial, que lo ha convertido en Hospital Provincial, au­mentando su capacidad con nuevas alas. En 1564 se levantó ante su fachada un crucero o humilladero, obra de Diego de Alcaraz que a comienzos del presente siglo se trasladó a la plaza de Santa Marta.
     Constituye la avenida una importante arteria de la ciudad, ya que, además de comu­nicar con los pueblos de la Sierra Norte y la Vega, enlaza puntos tan vitales como la barriada de San Jerónimo, el Cementerio de San Fernando y el complejo sanitario del Policlínico y Facultad de Medicina. Soporta un intensísimo tráfico, sobre todo en las inmediaciones de la confluencia con la "ronda", y ello se ve agravado por el gran número de vehículos que aparcan en las aceras y arcenes de toda la calle, más en los solares y aparcamientos de los aledaños del antiguo Hospital de las Cinco Llagas y del Universitario. La presencia del complejo sanitario determina un ambiente variopinto y peculiar: es constante el trasiego de personas, muchas de ellas venidas de los pueblos, estudiantes y médicos con sus batas. Es habitual la presencia de puestos de vendedores de cupones, mendigos, etc. A lo largo de toda la avenida y en los bajos de los bloques existen multitud de pequeños comercios y bares. Hay dos colegios: uno, el Hogar Virgen de los Reyes, es de propiedad municipal y da acogida a niños huérfanos o mal atendidos; el otro, el Antonio Gala, también conocido como de la Palmilla, es público [Francisco Salgado Jiménez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Doctor Fedriani, s/n. HOSPITAL DE SAN LÁZARO
. Fue fundado poco después de la Reconquista y gozó de privilegios concedidos por la mayoría de los monarcas castellanos. Sufrió muchas reformas a través de los siglos. Cabe destacar la iglesia, de estilo mudéjar, y la crujía de fa­chada.
Doctor Fedriani, s/n. HUERTA DE LA FONTANILLA. En esta propiedad situada junto al Hospital de San Lázaro, se encuentran restos de la Antigua Alcaría de Macarena, que dio nombre a la puerta de la muralla de donde partía el camino que llevaba a dicha alcaria. Lo más importante son los restos de la torre que servía de defensa a sus habitantes, de la que se conserva el basamento [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Eduardo Dato, a quien está dedicada esta vía;    
     Eduardo Fedriani del Pozo, médico, doctor, profesor y académico. Nació en Sevilla en 1862 y murió en Sevilla en 1925 a los 63 años de edad. Fue pionero en la aplicación de la medicina antiséptica y aséptica y las intervenciones quirúrgicas con anestesia con cloroformo.
    Familia-Nació en el seno una familia modesta y numerosa. Sus padres se llamaban Eduardo Fedriani Ramírez y Carmen del Pozo Camacho. Estuvo casado con Antonia Fernández de Tejada. Tuvo tres hijos varones, el mayor de ellos Eduardo fue notario y Luis e Ignacio fueron médicos
     Luis Fedriani se casó en Sevilla con Alegría Isern. Una hija de este matrimonio llamada también Alegría estuvo casada con el militar sevillano que llegó a ser Teniente General, Manuel Esquivias Franco, este matrimonio tuvo cinco hijos siendo uno de ellos el catedrático de la Universidad de Sevilla Luis María Esquivias Fedriani.
    Formación. Desde muy joven mostró gran afición por la medicina. Concluyó la carrera de medicina en 1898. Obtuvo el Premio Extraordinario del Grado de Licenciado. Logró el doctorado en 1906.
    Docencia. En 1903 fue nombrado Profesor agregado de la Facultad, enseñando la asignatura de Anatomía Topográfica y Operaciones.
    Médico. Fue muy popular porque atendía gratuitamente a innumerables familias sin recursos. Era el médico de los conventos de Sevilla, ocupación que siguió su hijo Luis.
* En 1880 consiguió por oposición el cargo de médico de la Beneficencia Provincial
* En 1923 fue nombrado Decano del Cuerpo Facultativo de la Beneficencia.
    Colegio de Médicos. En 1920 fue elegido presidente del Colegio de Médicos de Sevilla. 
     Academias. Desde 1912 fue miembro de número de la Real Academia de Medicina de Sevilla.
    Reconocimientos honoríficos
     En 1910 fue condecorado con la Cruz del Mérito Militar, en atención a los servicios prestados en la campaña de la Guerra de Melilla del año anterior.
     Tiene calles dedicadas en Sevilla, Carmona y Dos Hermanas (Feliciano Robles, en Sevillanos Ilustres).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida Doctor Fedriani, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La avenida Doctor Fedriani, al detalle:
Hogar Virgen de los Reyes
Placa conmemorativa del Real Patronato de Casas Baratas
Huerta de la Fontanilla
Azulejo conmemorativo de la Memoria Histórica

sábado, 2 de noviembre de 2019

El Cementerio "San Fernando"


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Cementerio "San Fernando", de Sevilla.    
   Hoy, 2 de noviembre, Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el Cementerio de San Fernando, de Sevilla.   
     El Cementerio "San Fernando", se encuentra en la avenida Doctor Fedriani, s/n; en el Barrio de La Bachillera, del Distrito Norte.
   Situado en el camino de Brenes, al noreste de la ciudad, lugar que hasta entonces había sido destinado a enterramientos provisionales en épocas de epidemias en la ciudad, y motivo por el cual la zona había quedado relacionada con el uso funerario, pareciendo lógico que dicho enclave fuera el destino para el Cementerio general. En 1849 las autoridades de Sevilla eligieron para dicho fin una de las huertas que lindaban con San Lázaro, llamada de “Lérida” o de “Leira”, cuyas características topográficas del terreno y su situación con respecto al Hospital de San Lázaro, favorecieran a la elección de dicho destino. Los trámites para llevar a cabo el proyecto de construcción de este necesitado servicio público, se acometieron con bastante celeridad y hacia 1850, tras haber superado todos los trámites, se comienzan las gestiones para la presentación de proyectos. En 1851, el arquitecto titular del Ayuntamiento, D. Balbino Marrón y Ranero, presenta el proyecto, aprobado por la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, para la edificación de la nueva necrópolis, de ambicioso y espléndido diseño, presentaba todas las novedades que hasta el momento se conocían en materia de Cementerios. El camposanto se extendía desde el antiguo “Camino de Cantillana” hasta el “Camino viejo de Córdoba”. Interiormente, el arquitecto plantea una planta trapezoidal con un ordenado trazado en damero, conformado por calles, senderos, plazas, rotondas y jardines, que se veía influenciado por otras necrópolis europeas como las francesas e inglesas. Este denominado “cementerio-jardín”, pese a la brillantez del proyecto tan solo se levantó en sus líneas maestras, presentando hoy el aspecto general planteado en el siglo XIX, levemente modificado por ampliaciones y reformas posteriores, pero omitiendo las grandiosas labores de jardinería, debido al avance de tumbas, mausoleos y capillas funerarias de diversa índole, y no levantándose ni la portada ni la espléndida capilla que proyectara Marrón.

   El Cementerio de San Fernando abrió sus puertas oficialmente el día 1 de enero de 1853, y como en todas las obras de esta envergadura los trabajos seguían adelante, y es que hasta finales del siglo XIX no nos encontraremos con un conjunto definido. Pero hemos de tener en cuenta que de estos primeros años de actividad del Cementerio ya se nos presentan algunos panteones que más tarde analizaremos.
   Destacaría en estos primeros años del Cementerio, la creación del “Cementerio de Disidentes de la religión Católica”, que habiéndose proyectado como una edificación separada, terminó por ocupar su espacio en el recinto, y es que aprovechando la irregularidad del terreno, sendos proyectos de D. Juan Talavera de la Vega en 1874 y D. Francisco Aurelio Álvarez Millán en 1876, se encargaron de segregar la cuartela de forma triangular que se extendía a la derecha de la fachada del Cementerio de San Fernando, y que sería el espacio destinado al mencionado “Cementerio Disidente”.
   Hacia 1909, el Ayuntamiento hispalense acometerá unas obras para el saneamiento del interior del recinto, presentándose varias propuestas para establecer desde la entrada una zona extensa de edificaciones que mejorara la estética y ordenación del interior. En 1916 se realizará el primer plano del Cementerio de San Fernando en el siglo XX, siendo el encargado de ello D. Antonio Arévalo. De estas mismas fechas es la primera propuesta de construcción de un horno crematorio, proposición planteada por uno de los concejales del Ayuntamiento, servicio el cual comenzó a prestarse a finales del siglo XX.
   En el año 1917 se aprueba un nuevo Reglamento que sustituyera al de 1852, donde se adecua el funcionamiento de la necrópolis en función de las necesidades del momento. Un año más tarde, en 1920, se produce una ampliación del cementerio mediante proyecto de D. Antonio Arévalo, ya que el proyecto de D. Balbino Marrón se vio superado dado el crecimiento de la ciudad y la población, que habiendo sido criticada por algunos, ganó adeptos con la proyección del sistema de enterramientos en nichos que había quedado en desuso en el siglo XIX. 

   En torno a los años treinta de la pasada centuria se iniciaron tareas de pavimentación, ajardinado y la mejora del paseo central y la rotonda del Cristo de las Mieles, bajo la dirección del arquitecto municipal D. Antonio Pérez Bergali.
   El Cementerio hispalense sufrió los avatares históricos del momento, adaptándose a las nuevas leyes establecidas por la República implantada en España entre 1931 y 1939, y el convulso momento de la Guerra Civil entre 1936 y 1939, fechas en la que debido a la presencia de las tropas marroquíes aliadas y los problemas que sus sepelios podían ocasionar, motivaron la construcción de un pequeño “Cementerio Musulmán” adosado a la tapia trasera del por entonces cementerio católico.
   El Cementerio de Sevilla, pese a lo difícil de la situación en el país, no sufrió graves alteraciones en cuestiones de institución, y las obras de infraestructuras iniciadas con anterioridad siguieron su curso, como también lo hizo el proyecto de ampliación que se va concretando en el interés municipal por los terrenos linderos con la parte posterior de la necrópolis, que se correspondían con una finca perteneciente a la empresa CAMPSA, y que años más tarde acabaría por integrarse y convertirse en la primera ampliación a gran escala, ya que posteriormente se llevaría a cabo otra ampliación en el siglo XXI en los terrenos linderos con el “Cementerio Disidente”.
   Con la restauración de la democracia se reunificaron los terrenos del Cementerio, volviendo a ser un conjunto en su totalidad.
   Solucionado el problema de espacio, la preocupación para las autoridades era la de urbanizar el recinto para lo cual se llevó a cabo la creación de zonas ajardinadas, una escrupulosa limpieza y la correcta demarcación de las calles, en la que se articula la avenida principal denominada Calle Fe, que mediante la Rotonda del Cristo de las Mieles se prolonga hasta la Calle Esperanza que alcanzará la Rotonda de la Caridad y que vertebrará el resto del callejero de la necrópolis.
   No obstante hemos de mencionar que el estado de conservación del mismo debe ser revisado, y aunque las obras de adecuación han comenzado y se están restaurando algunas zonas y monumentos, muchos otros panteones, generalmente de particulares, están necesitados de dichas labores conservativas.

   La portada principal, trazada por D. Manuel Galiano en 1866, ésta no llegó a realizarse, siendo la definitiva de los arquitectos D. Francisco Aurelio Álvarez Millán y D. José Sáez entre 1866 a 1888. Dicha portada presenta una interesante verja en hierro dulce o forjado, que es lo más destacable, siendo su arquitectura una sencilla puerta adintelada con sendos pilares cuadrangulares con pilastras adosadas, todo realizado en ladrillo visto, tan del gusto del momento. Destaca el remate decorativo del dintel realizado en forja, con motivos vegetales y roleos que se entrelazan, todo ello culminado con una fina cruz latina. Sobre los pilares unos escudos coronados en cuyo interior aparece el emblema de la ciudad de Sevilla NO&DO. En los accesos a cada estancia que vamos a pasar a analizar, aparecen como remates decorativos unas simbólicas ánforas veladas cuyo significado representa la finitud del cuerpo convertido en polvo y cenizas, y el lienzo o paño que la cubre simboliza el último testimonio que deja el alma al abandonar toda materialidad.
   Las oficinas fueron realizadas por el arquitecto D. Francisco Aurelio Álvarez Millán, en el último tercio del siglo XIX, sigue la misma estética de todo el conjunto arquitectónico, realizado en ladrillo visto de color rojizo, y enmarcado dentro de la tradición del regionalismo.
   El Crematorio es una edificación contemporánea, realizada para suplementar los servicios del cementerio, y que no presenta mayor interés artístico.
      La Capilla, fue realizada por el arquitecto D. Francisco Aurelio Álvarez Millán, en el último tercio del siglo XIX. Igual que el resto de la arquitectura está realizada en ladrillo visto, es un edificio independiente que se distribuye internamente en tres estancias, siendo la principal la destinada a la Capilla, que presenta una planta de salón con cubierta al exterior a dos aguas. Internamente muestra una única nave, que en los muros laterales presenta ventanas y óculos con vidrieras para la iluminación, cegando las ventanas centrales para realizar unas hornacinas que cobijarán a la izquierda la imagen de San Fernando y a la derecha a San Pedro. El Altar Mayor, presenta un sencillo retablo de un solo cuerpo, realizado en yesería, en cuya hornacina central se venera a la Virgen del Carmen, como protectora de las ánimas. A los pies de la capilla y situado sobre la puerta de acceso, nos encontramos con un interesante crucificado que podríamos datar en el medievo, y del que desconocemos el lugar de procedencia.
   Externamente destacaremos la presencia de un retablo cerámico dedicado a la imagen titular de la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo, realizado por el artista ceramista D. Antonio Morilla Galea en 1976 y que se colocó en dicho emplazamiento como conmemoración de la visita realizada por dicha imagen al Cementerio, cuando se dirigía al barrio de San Jerónimo para las Misiones Generales del año 1965, y que durante dicho recorrido se tuvo a bien realizar una parada en la puerta de acceso de la necrópolis para dedicar una oración por los difuntos. En la actualidad los sevillanos tienen la tradición de depositar a los pies del mismo las coronas de flores de los entierros que cada día tienen lugar. Hemos de destacar que la Virgen de la Soledad acudiría una segunda vez al Cementerio de San Fernando en el año 2003 con motivo del 150 Aniversario de la construcción del mismo, y donde presidió la Misa de Difuntos celebrada a los pies del Cristo de las Mieles, dejando para el recuerdo una preciosa estampa.
   La Portería fue realizada por el arquitecto D. José Sáez, en el último tercio del siglo XIX, repite los mismos esquemas comentados anteriormente.
   La estancia de los Operarios, data del último tercio del siglo XIX, fue realizada por el arquitecto D. José Sáez, correspondiente a la arquitectura Industrial de la época.
   Los Depósitos y Cámaras fueron realizados por el arquitecto D. Manuel Villar Bailly a finales del siglo XIX. En su interior se encuentra un curioso retablo a modo de arcosolio realizado en cerámica trianera, cobijando en el vano central una vidriera con la imagen de la Virgen de la O, titular de la Cofradía del mismo nombre. Actualmente se corresponde con la Sala de Espera.
   La Sala de duelos fue realizada por el arquitecto D. Francisco Aurelio Álvarez Millán, en el último tercio del siglo XIX. Sigue la estética utilizada en todas las construcciones de los accesos del Cementerio, destacando externamente la colocación de un precioso reloj decimonónico, realizado en cerámica. Internamente presenta un espacio diáfano, realizado en el siglo XX, nada reseñable.
   Y, finalmente la Puerta de San Jerónimo, es la puerta de construcción contemporánea, que da acceso al Cementerio por la parte trasera en la Avenida de San Jerónimo, la cual le da el nombre a la puerta (Ayuntamiento de Sevilla).
     Esta situado en el camino de Brenes, al noreste de la ciudad, en la huerta de San Lázaro. Implantación de importantes dimensiones, solar y ordenación irregular debido a las diferentes actuaciones en el tiempo. Por tanto el cerramiento depende de la zona, la mayoría son tapias altas y enjabelgadas. Tras una verja inicial con dos cancelas se realiza el acceso por un espacio semicircular, formado por jardinería y edificios, cuyas fábricas, en ladrillo aplantillado con herrajes y ornato de fundición, son del mayor interés. En detalle, como en alguna otra ciudad andaluza, excede de los límites de esta fecha. La implantación inicial, los panteones municipales, los edificios de ingreso etc... necesitan mayor tratamiento. 
     Nos remitimos al trabajo que para la exposición "Los cementerios de la Sevilla del XIX" ha realizado el estudioso sevillano D. Francisco Javier Rodríguez Barberán en 1990. De él tomamos las siguientes notas: los panteones más notables son de José de la Caba; Manuel Galiano; Balbino Marrón (Fernández Peñas, Viuda de Olea, Dª Mariana Moreno, Matías Ramos, Concepción Lavilla); Joaquín Fernández Ayarragaray (Conde del Águila); Juan Talavera de la Vega (O'Neill Riquelme) y Manuel Martínez (Espartero). El proyecto inicial es de D. Balbino Marrón y Romero, arquitecto municipal. Lo aprueba la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando de Madrid en 1851. Las ordenanzas y el comienzo de la construcción son de 1852. Se abrió el 1-1-1853. La fachada inicial que no se hizo, del también arquitecto municipal Manuel Galiano (1866). La actual es de Francisco Aurelio Álvarez Millán y José Sáez López, entre 1866 y 1888. El Cristo de las Mieles es de Antonio Susillo. El cementerio civil es de Álvarez Millán de 1876, sobre otro anterior de Talavera (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Cementerio "San Fernando", de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

El Cementerio San Fernando, al detalle:
Panteón de los Condes de Ybarra

lunes, 29 de julio de 2019

La Iglesia del Hospital de San Lázaro

 

       Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia del Hospital de San Lázaro de Sevilla.  
     Hoy, 29 de julio, Conmemoración de San Lázaro, hermano de Santa Marta, a quien lloró el Señor al saber que había muerto y después resucitó, y de Santa María, su hermana, la cual, mientras Marta se ocupaba inquieta y nerviosa en preparar todo lo necesario, ella, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la iglesia del Hospital de San Lázaro, de Sevilla.
   La Iglesia del Hospital de San Lázaro se encuentra en la avenida Doctor Fedriani, 56; en el Barrio Los Príncipes-La Fontanilla, del Distrito Macarena.
     El hospital fue fundado por Alfonso X el Sabio en la segunda mitad del siglo XIII, engrandeciéndolo con posterioridad su hijo Alfonso XI. La actual edificación consta de dos núcleos bien diferenciados: la iglesia y el hospital. La iglesia es de planta rectangular, con tres naves, la central más elevada, separadas por arcos apuntados que apean sobre pilares cruciformes y presenta cabecera poligonal. Las naves se cubren por medio de estructuras de madera modernas, en forma de artesa en la nave central y de colgadizo en las laterales. El ábside presenta bóvedas de nervaduras góticas que descansan en ménsulas decoradas con temas vegetales, apareciendo en el frente ventanas bíforas. La portada se sitúa a los pies de la nave central, configurándose por medio de un arco de medio punto enmarcado por un gran alfiz de ladrillo agramilado. Sobre la portada se sitúa un azulejo con la imagen de San Lázaro.
     En el interior de la iglesia, profundamente restaurada en 1883, sólo cabe destacar el retablo mayor. El conjunto consta de banco, dos cuerpos de tres calles y ático, habiéndose ejecutado a finales del siglo XVII. Las pinturas que en él aparecen las ejecutó en 1553 Pedro de Villegas Marmolejo y proceden del primitivo retablo de la iglesia. A ambos lados del banco aparecen pintados los temas de Cristo con el Cirineo y la Coronación de espinas; en las calles laterales del primer cuerpo figuran la Resurrección de Lázaro y la Magdalena penitente, situándose en el segundo cuerpo las escenas del «Noli me Tangere» y el Martirio de San Lázaro. La escultura de San José con el Niño, situada en el templete con columnas salomónicas de la parte superior, de principios del XVIII. En la sacristía se conserva una escultura de San Lázaro, atribuida a Roque Balduque, que debió de ser la titular del retablo mayor de la iglesia.
     La fachada del hospital, construida a mediados del siglo XVI, se sitúa a la izquierda de la iglesia y se compone de dos cuerpos, articulándose a base de tres módulos diferentes que se repiten. Estos tres esquemas, construidos en ladrillo que simu­lan sillares, están inspirados en Serlio, de quien igualmente se tomó el diseño de la portada, que se configura por un vano adintelado flanqueado por columnas fajadas sobre las que se sitúa en entablamento liso que da paso a un frontón curvo y roto en cuyo centro aparece un balcón (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia I. Diputación de Sevilla y Fundación José Manuel Lara, 2004).
   En las cercanías del cementerio de San Fernando, en una de las antiguas vías de acceso a la ciudad, se sitúa una de sus capillas más desconocidas, la del hospital que fundó en la segunda mitad del siglo XIII Alfonso X el Sabio. Ampliado en época de Alfonso XI, la mayor parte de su configuración actual tiene trazas renacentistas del siglo XVI, con el característico elemento serliano de arcos semicirculares y columnas realizadas en ladrillo. Antiguo lazareto de la ciudad, en uno de sus extremos se sitúa la pequeña capilla gótico mudéjar del conjunto, con ábside poligonal en ladrillo y pequeña torre campanario visible desde la rotonda que conduce al puente del Alamillo. Aunque la edificación conserva su primitivo carácter hospitalario, la capilla permanece olvidada como simple almacén. Es una pequeña edificación de tres naves, separadas por pilares cruciformes, con cabecera de bóveda de nervadura y ventanales polilobulados en sus laterales. El acceso al interior se realiza desde uno de los pasillos del hospital.
   Profundamente restaurada en 1883, de su interior solo destaca su retablo principal, interesante estructura con tablas pictóricas de enorme interés. Es un retablo compuesto por un banco, dos cuerpos de tres calles y ático, apareciendo la columna salomónica como elemento configurador en el templete superior del segundo cuerpo. Las tablas del retablo fueron encargadas al pintor renacentista Pedro Villegas Marmolejo, según se reseña en el contrato que el pintor firmó el 17 de julio de 1553 junto a Juan Chacón. Constaba originalmente de 10 tablas y una ordenación diferente a la actual. Desgraciadamente, han desaparecido las tablas que representaban al Padre Eterno, la de la Anunciación y la tabla central, una representación de San Lázaro que fue enviado a José I, el rey intruso, en el año 1811. También desapareció la pintura central del banco.

   Actualmente el retablo muestra dos escenas pintadas por Juan Chacón en el banco, la Coronación de Espinas y Cristo con la cruz a cuestas, con un colorido más oscuro y una composición más equilibrada que las demás. De Villegas Marmolejo son el resto de las escenas, en el primer cuerpo la Resurrección de Lázaro y la Magdalena Penitente, en el segundo cuerpo el Noli me Tangere y el Martirio de San Lázaro. Ya de principios del siglo XVIII es la talla de San José con el Niño del templete superior, siendo también ajeno al retablo el crucificado que ocupa el ático. En la sacristía se conserva una talla de San Lázaro cercana al estilo del flamenco Roque Balduque (siglo XVI), que pudo ser el antiguo titular de una iglesia olvidada entre tanatorios, cementerios, chabolas y viejas camas de hospital (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     El Hospital de San Lázaro se encuentra situado extramuros de la ciudad, alejado de la misma, en el camino real que comunicaba la ciudad con Córdoba, en las proximidades del río Guadalquivir, entre el Hospital de las Cinco Llagas situado en las inmediaciones de la Puerta de la Macarena y el Monasterio de San Jerónimo de Buena Vista, en unas huertas denominadas Grande y Chica de San Lázaro, y aledaño al Cementerio de San Fernando que fue construido a mediados del siglo XIX. Su ubicación resultó ser el lugar más idóneo por estar apartado de la ciudad a la vez que bien comunicado.
     El origen del Hospital se remonta al siglo XIII, cuando la ciudad creó un hospital para los enfermos de lepra bajo la advocación de San Lázaro en las inmediaciones de la torre de los Gausines.
     El conjunto edilicio consta de dos núcleos bien diferenciados, por un lado el hospital propiamente dicho, con todas sus dependencias que incluye patios, restos de un claustro Mudéjar y la Torre defensiva llamada de los Gausines y por otro la iglesia con su torre. 
     El hospital se puede inscribir dentro del tipo de hospital palaciano, caracterizado por ser un conjunto cuadrado o rectangular en torno a un patio, al fondo del cual o a un lado se encuentra situada la iglesia. En este tipo de edificios en el que convergen las formas típicas del Gótico y del Renacimiento, se desligan las funciones religiosas de las hospitalarias.
     Debido a contar con tres edificaciones de distinta cronología se aprecia visualmente la superposición de volúmenes, destacando las crujías del hospital renacentista que tienes a la horizontalidad, mientras que en la vertical sobresalen el machón de la torre de los Gausines, enmascarada en la puerta de acceso al recinto, y la iglesia con su torre.
     A las obras emprendidas en el siglo XV, como puede ser el claustro y las crujías principales del edificio, se añadió la construcción de la fachada principal a mediados del siglo XVI. Ésta se encuentra situada a la izquierda, en el lado del Evangelio de la iglesia. 
     La fachada principal posee un marcado carácter manierista, inspirada en los libros de Serlio. Arranca del núcleo de la torre de los Gausines, en cuya base se abrió la portada principal. Se divide en dos cuerpos articulados mediante tres módulos distintos, que se repiten hasta ocho veces. El cuerpo bajo se estructura mediante semi-columnas de orden toscano que alternan con arcos de medio punto, todo ello construido en ladrillo visto que simulan sillares, sobre el que corre a todo lo largo de la fachada un friso que contiene metopas y triglifos. El cuerpo superior, el vano cabalga sobre el macizo inferior, quedando flanqueado por columnas de orden jónico sobre las que reposa un entablamento liso y frontón recto. Para algunos investigadores el lenguaje de la fachada se relaciona directamente con Hernán Ruiz II.
     La portada se configura mediante un vano adintelado flanqueado por columnas fajadas sobre la que se sitúa un entablamento liso que da paso a un frontón curvo y roto, quedando la composición coronada por un balcón, rematado por un azulejo cerámico. El material empleado fue el ladrillo dispuesto de forma que simula sillares.
     El hospital cuenta con restos de un patio de tradición mudéjar realizado en ladrillo, situado entre la portada principal y el muro del Evangelio de la iglesia. Se conservan una serie de arcos que conforman dos crujías del referido patio o claustro. 
     Se compone de un basamento corrido sobre el que se sitúan pilares ochavados en los que descansan arcos de medio punto enmarcados por alfiz.
     Debido a las sucesivas transformaciones, demoliciones y ampliaciones internas a las que ha estado sometido el edificio a lo largo de los años, es muy difícil ubicar las distintas dependencias del hospital renacentista.
     La iglesia se encuentra situada en posición oblicua respecto a la línea horizontal de la fachada principal del edificio, con orientación Este-Oeste. El templo es de planta rectangular de 24 por 16 metros, con distribución basilical de tres naves, siendo la central más ancha, de 5,50 metros, que las laterales. Las naves se encuentran separadas por arcos apuntados que campean sobre pilares cruciformes, destacando la cabecera poligonal sostenida exteriormente por cuatro robustos contrafuertes, presentando en su frente ventanas bíforas de huecos alancetados. 
     El alzado responde a las características propias de las iglesias gótico- mudéjares sevillanas, con una techumbre de madera moderna que sustituyó a otra más antigua, en forma de artesa en la mayor y de colgadizo en las laterales. El ábside se cubre con bóveda gótica de terceletes cuyas nervaduras descansan sobre ménsulas decoradas con temas fitomorfos. El retablo mayor contiene pinturas de Villegas y Marmolejo.
     Sobre el cuerpo de la iglesia se alza el tejado a dos aguas, quedando entre éste y la portada una crujía de fachada correspondiente a una ampliación realizada en la segunda mitad del siglo XVIII. Debido a esta ampliación la portada fue trasladada a su nuevo emplazamiento aunque continúa a los pies de la nave central. La portada principal, realizada en ladrillo agramilado, consiste en un arco de medio punto enmarcado por un alfiz, cuya disposición y molduras coinciden con otras realizadas bajo el reinado de los Reyes Católicos. Sobre la portada se encuentra un azulejo cerámico de San Lázaro. Ésta debido a sucesivas reformas y elevaciones del terreno, tal vez huyendo de las inundaciones del río Guadalquivir, se encuentra rehundida en su tercio inferior y cegada, por lo que a la iglesia se accede desde el interior del propio hospital.
     Al exterior destaca el desarrollo macrocefálico del ábside coronado por almenas escalonadas, sobre cuyo lado de la Epístola se eleva el campanario octogonal. La construcción de la torre es contemporánea a la de la fachada principal del hospital. Consta de una caña o fuste liso de cantería, con planta octogonal y medianas proporciones, en cuyos frentes se abran algunas torneras. De los ocho lados que tiene la torre, el cuerpo de campanas alterna cuatro vanos abiertos con cuatro paramentos. El esquema compositivo es similar para ambos. Un arco de medio punto flanqueado por pilastras para el caso de los vanos de campanas y para los paramentos un arco de medio punto flanqueado por pilastras con una cornisa que une sus impostas. Continúa con un entablamento con decoración de metopas y triglifos en el friso, coronándose la cornisa con alternancia de frontones triangulares y curvos, correspondiéndose los primeros con los vanos destinados a alojar una campana. El conjunto se remata por un cupulín sobre el que se asienta una cruz de forja. El remate de la torre recuerda a una corona real.
     El Hospital fue fundado por Alfonso X el Sabio en la segunda mitad del siglo XIII, engrandeciéndolo con posterioridad su hijo Alfonso XI. El hospital fue concebido para albergar a enfermos de lepra, de ahí la advocación de San Lázaro.
     Siguiendo las formas arquitectónicas del edificio se puede concluir que en su construcción existieron dos fases: una primera, de fines del siglo XV a comienzos del XVI, iglesia, crujías, patio, etc.; otra segunda, llevada a cabo en la segunda mitad del siglo XVI, en cuanto a la fachada principal, torre de la iglesia, otras dependencias, etc., posiblemente hacia 1564, obras que se relacionan directamente con Hernán Ruiz II.
     Debido a que el hospital ha estado en funcionamiento desde su fundación hasta la actualidad, el edificio ha estado sometido a sucesivas reformas, hundimientos y transformaciones, algunas de ellas realizadas en la segunda mitad del siglo XVIII, otras a lo largo del siglo XIX llegando a estar en ruina en 1854, restaurado en 1864, cuando fue entregado a las Hermanas de la caridad, quienes continúan al frente del mismo hoy día. La iglesia fue profundamente restaurada en 1833 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Lázaro;
LEYENDA
   Debe distinguirse entre dos Lázaro, el de la parábola evangélica a quien el rico Epulón deja morir de hambre a la puerta de su casa, y el hermano de Marta y Magdalena, a quien resucitó Cristo ¿o esos dos homónimos son el mismo personaje?
   La identidad de ambos Lázaro, cuyo nombre en el Antiguo Testamento también se transcribe Eleázaro, Eleazar y Eliezer, no ofrece dudas. En la parábola evangélica, el rico que muere de sed entre las llamas del Infierno, y que ve en Lázaro en el Paraíso, en el seno de Abraham, pide a Dios que lo envíe a la tierra para convertir a los judíos, y Dios responde: "Tienen a Moisés y a los profetas. Si no los oyen a ellos, tampoco los persuadirá un muerto que resucite".
   La resurrección de Lázaro que se relata en el cuarto Evangelio es sólo la puesta en escena de esta parábola. Lázaro resucita efectivamente, y no obstante los judíos se niegan a creer en el Mesías.
   Como la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón y la Resurrección de Lázaro, han sido estudiadas en la iconografía del Nuevo Testamento, nos limitaremos a hablar aquí de la leyenda provenzal y borgoñona del leproso santificado.
   Se imaginó que después de la Crucifixión de Cristo, Lázaro desembarcó en Provenza con sus dos hermanas, y que se convirtió en obispo de Marsella. En el siglo XII la Borgoña cluniacense se apoderó del falso obispo marsellés cuyas reliquias habrían sido transportadas a Autum para ponerlas al abrigo de los piratas sarracenos. La catedral de Autum, hasta entonces dedicada a San Nazario, fue puesta bajo la advocación de san Lázaro, a quien se erigió una tumba formidable. Los borgoñones llegaron incluso a pretender que san Lázaro había sido obispo de Autum.
   En realidad, él nunca estuvo en Las Galias, y no fue obispo de Autum ni de Marsella.
   La tumba de un obispo homónimo dio nacimiento a la leyenda provenzal de San Lázaro.
CULTO
   Los principales centros del culto de san Lázaro están en Marsella, Provenza y Borgoña, donde, en Autum y Avallan, las iglesias están puestas bajo la advocación de Saint Lazare. La primera de estas localidades pretende poseer el cuerpo del santo, y Avallan su cabeza. Otras reliquias no menos sospechosas, se veneraban en Andlau, Alsacia.
   Tanto en Marsella como en Autum el culto obedece a una confusión: la tumba que se veneraba en la iglesia de Saint Victor, en Marsella, era la de un obispo de Aix llamado Lazare, que vivió en el siglo V. En Autum, el nombre de San Lázaro sustituyó al de san Nazario, es decir, se transformó Nazaius en Lázarus. La misma confusión se produjo en la localidad italiana de Urbino.
   En Autum, todavía en el siglo XVIII se celebraban los juegos del Santo Leproso que consistían en una cabalgata y desfile militar en los Campos de Marte.
   Los orientales pretenden que Lázaro murió en Chipre, y que sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla desde allí.
   La popularidad de san Lázaro está probada por sus muchos patronazgos. Es el patrón de los leprosos y de los leprosarios donde se los atendía, también a ese título era invocado por los panaderos que, por superstición, se creían especialmente expuestos a la lepra a causa de su oficio.
   Como los leprosos pedían limosna, se convirtió en el patrón de los mendigos, quienes en Italia se llamaban lazzaroni. Por esa razón, en la Edad Media se ha representado con  frecuencia la parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón en los atrios de las iglesias, el sitio en que se instalaban los mendigos para pedir la caridad.
   Por último, con el viejo Tobías (Tobit) y con José de Arimatea compartía el patronazgo de los sepultureros o enterradores.
ICONOGRAFÍA
   Los diferentes rasgos de su leyenda y culto se reflejan en su iconografía.
   Está representado como obispo con mitra y báculo, sobre todo en Marsella (Altar de la Major), pero más aún como leproso, con unas tarreñas (en cas­tellano también llamadas tablillas de san Lázaro) en la mano, para advertir a los transeúntes.
   En su calidad de patrón de los enterradores, a veces lleva un féretro.
   Por el hecho de personificar la pobreza, en las iglesias su imagen suele emplearse como soporte de los cepillos destinados a recaudar las limosnas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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