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domingo, 30 de agosto de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Valle, Santuario de Nuestra Señora de la Coronada, Colegio San José, y Casa de Cultura) de la localidad de Villafranca de los Barros, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Valle, Santuario de Nuestra Señora de la Coronada, Colegio San José, y Casa de Cultura) de la localidad de Villafranca de los Barros, en la provincia de Badajoz.
     Villafranca de los Barros se sitúa en las proximidades de Almendralejo, también sobre la Vía de la Plata, constituyendo después de aquél con sus casi 15.000 habitantes, el segundo núcleo de el partido judicial.
     Los hallazgos arqueológicos aparecidos en los parajes de Los Cortinales y Las Palomas denotan la presencia de pobladores en este ámbito desde la época calcolítica. Más tarde, el asentamiento romano de Perceiana se cree correspondiente también a este punto.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 104,4 Km2
     Altitud: 410 m.
     Distancia Capital: 73 Km.
     Partido Judicial: Villafranca de los Barros
     Comarca: Tierra de Barros
     Gentilicio: Villafranqueño
Ayuntamiento de Villafranca de los Barros
     Plaza de España, 11
     06220 Villafranca de los Barros (Badajoz)
     Teléfono: 924527822
     Fax: 924527978
Historia.-
    Villafranca de los Barros se encuentra enclavada en el centro de la provincia de Badajoz, corazón del Partido Judicial de Tierra de Barros, y punto clave de comunicación en la Ruta de la Plata (C.N. 630, Gijón-Sevilla), futura autovía Ruta de la Plata, básica para su desarrollo económico y socio-cultural.
     Las primeras investigaciones históricas conocidas y publicadas de la ciudad de Villafranca de los Barros se las debemos a José Cascales Muñoz que en 1.904 nos daba a conocer sus "Apuntes para la historia de Villafranca de los Barros". También en 1982 Antonio de Solís y Sánchez Arjona publica "Villafranca en la Historia", libro de investigación histórica que viene a completar lo ya existente.
     Enclavada en terrenos arcillosos sembrados de viñedos y olivares, y donde en un principio estaba ubicado el lago Augustano se encuentra esta ciudad que, desde tiempos romanos, ha sido una localidad de fácil acceso, siendo en aquella época un pequeño núcleo de posadas en un cruce de caminos perceiana: la vía principal, Ruta de la Plata y el comienzo de una calzada hasta Astigi (Écija).
     La cerámica recogida en los distintos asentamientos romanos encontrados en el término nos pone de manifiesto una dependencia comercial y posiblemente administrativa de Mérida, dependencia que se mantendrá en época visigoda hasta la dominación musulmana. El nombre de Villafranca le fue concedido a mediados del siglo XIV a un lugar dentro del territorio emeritense llamado "Moncovil", y cambiado por este nombre de Villafranca tras haberle sido concedido el título de villa.
     Siglos más tarde se añadirá "de los Barros", completando así su nombre actual.
     En sus orígenes la villa se reducía a la Plaza Vieja y algunos tramos de las calles colindantes. La iglesia, ubicada en la actual Parroquia del Valle, quedaba algo retirada del casco urbano y también allí se encontraba el cementerio.
     A partir de la época de los Reyes Católicos y sus descendientes, Villafranca crece ostensiblemente. Se edifican las calles de Macías, Carvajales, Mártires y El Villar, donde se encontraba la judería en tiempos de Dª Juana y su hijo Carlos I.
     La economía se basa en la agricultura y la ganadería. La verdadera transformación de villa ganadera en villa agrícola se materializa en el s. XVIII.
     Ya en 1885 el conde del Álamo, natural de Villafranca, siendo diputado a Cortes, consigue para el pueblo el título de ciudad.
     Al amparo del Romanticismo se inicia en Villafranca un movimiento cultural que se resume en la "Tertulia literaria", fundada por Cascales Muñoz. Aparecen varios periódicos locales de distintos signos políticos.
     El siglo XX supone para Villafranca el inicio de su industrialización. Se construyen numerosas bodegas de vino y molinos de aceite, se establecen entidades bancarias, se abren dos fábricas de caramelos, talleres de bordados, etc. A finales de los años 50 se instala la industria de Forjas y Aceros del Guadiana, y es el momento definitivo del despegue industrial de Villafranca.
     Actualmente su base económica es el sector primario: la Vid (67.000 hectáreas), que posibilita la producción y comercialización de vinos con la denominación de origen Ribera del Guadiana; además, cabe citar la producción del Olivo y la Cebada. Villafranca cuenta con dos importantes Cooperativas vinícolas: la de San José y San Isidro.
     En 1996 se instala la empresa "Productos Tartáricos Internacional", y en 1998 nace Barbosa & Almeida, empresa de capital portugués dedicada a la producción de vidrios (Diputación Provincial de Badajoz).
     Destacado centro mercantil de la comarca que se extiende por la fértil llanura de Tierra de Barros, un territorio arcilloso plagado de viñedos y olivos.
Historia
     Ya desde sus orígenes, a mediados del siglo XIII, bajo la Orden de Santiago, la ciudad se configura como una villa franca, abierta a la libre circulación de mercancías y personas a través de la antigua Vía de la Plata.
     La instalación del ferrocarril, a finales del siglo XIX, acentúa el desarrollo de la industria agroalimentaria a partir de una fábrica de harinas a la que suministraba energía la central eléctrica diseñada por Isaac Peral (1895). El edificio, transformado en Casa de Cultura, constituye un interesante ejemplo de arquitectura industrial de la época.
Gastronomía
     Como aportaciones locales a la cocina regional figuran las setas en caldereta, con pimentón y almendras; el bacalao de los borrachos, macerado con ajo, laurel, clavo y guindilla; y los dulces caseros de la pastelería Falces. Los excelentes vinos de la Tierra de Barros, elaborados en las numerosas bodegas villafranquinas, completan adecuadamente la oferta gastronómica.  
Fiestas
     La principal cita son las fiestas de la Vir­gen del Carmen, a mediados de julio. Tienen arraigo también la romería de San Isidro (15 de mayo), la celebración de la Virgen de Agosto (día 15), en la barriada de Peñitas, y las fiestas patrona­les de la Virgen de la Coronada (8 de septiembre).
Vida urbana
     Diversas instituciones locales (Ayunta­miento, Universidad Popular, Escuela de Música) son las responsables de la actividad cultural que se mantiene a lo largo del año, y que, entre otras convocatorias, incluye conciertos corales y de la banda municipal de música, una Semana de cine, en agosto, y, ocasionalmente, unas Jornadas de jazz en otoño.
     En otro orden de cosas, la Calle Larga es la que concentra el comercio tradicional, mientras que tiendas más modernas se agrupan en la Carrera Grande, en la que también abren sus puertas los establecimientos de ocio preferidos por la juventud de Villafranca.
     Como zona característica para el tapeo destaca la del Altozano, en el entorno de la plaza del Corazón de Jesús.
VISITA
     La Iglesia de Nuestra Señora del Valle, en el centro de la población, es la obra arquitectónica más destacada.
     Su construcción se dilató a lo largo del tiempo, de ahí que presente elementos de diversos estilos. Consta de tres naves cubiertas por bóvedas de crucería del siglo XVI, crucero coronado por por cúpula barroca del siglo XIX, y destacada portada del gótico flamígero de 1574. En el interior puede verse un retablo renacentista (siglo XVI), obra de Juan de Valencia. 
     Cercana a la iglesia de Nuestra Señora del Valle se encuentra la ermita de la Coronada, erigida por los caballeros santiaguistas en el siglo XV, aunque su actual estructura barroca responde a la reconstrucción realizada durante el siglo XVIII.
     Sobre una suave elevación inmediata a la ermita se halla el colegio de San José, fundación jesuítica de finales del siglo XIX que, dentro de su línea eclecticista, reúne una capilla neogótica y una pequeña mezquita construida para uso de las tropas marroquíes durante la Guerra Civil, en la que el centro desempeñó funciones de hospital de campaña (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 

Monumentos.-
     Morfológicamente constituye un gran centro de llano típicamente agrícola, de calles amplias y casas blancas de tipo campesino, entre las que proliferan las de construcción más elaborada correspondientes a la nobleza local, que se significan por sus elaboradas fachadas de preciosas portadas y añejos blasones. Muestras destacadas de esta especie son, entre otras, las de Pedro Gutiérrez y Hernán Salguero, ambas del XVI, en la calle Alzada; la del Marqués de Fuente Santa, y otras muchas.
     Elemento de acusada importancia a efectos urbanísticos es el Arroyo Tripero, que hasta época no lejana limitaba la localidad por el oeste. Sus desbordamientos originaban periódicas inundaciones con el caserío, como la catastrófica de 1952, por lo que fue canalizado, incorporándose desde entonces a la trama urbana, entre cuyo tejido discurre en el presente.
     En las áreas de desarrollo actual se levantan grandes bloques de construcciones modernas y numerosas instalaciones y de servicio, entre las que abundan las bodegas y otras relacionadas con el vino y el aceite que constituyen la base de la floreciente economía local.
     En el aspecto monumental la realización más notable es la iglesia parroquial de Ntra. Sra. del Valle, levantaba sobre otra anterior entre 1.533 y 1.574, a impulsos de Carlos I, por el arquitecto Juan de Maeda. Su estilo es gótico, con planta de tres naves de gran espaciosidad sobre robustas columnas y cubiertas de crucería. Más tarde experimentó numerosas transformaciones, como el añadido de un cuerpo de capillas, la disposición de una cúpula sobre la cabecera y otras, entre los siglos XVIII y XIX, alguna con grave riesgo para la estructura del edificio.
     Su componente más significativo es la torre fachada delantera, en cuyo cuerpo bajo de sillares se abre una preciosa portada gótica de elaborada traza, que junto con la parroquial de Azuaga constituye la realización más interesante, quizá de su especie, en la región. La parte superior de la torre es del siglo pasado y el chapitel que la remata de 1912.
     En 1953 la iglesia fue objeto de una importante restauración, y de otra en fecha reciente. Entre sus contenidos sobresale el magnífico retablo mayor, concluido en 1.586, en cuya elaboración participaron Juan de Valencia, Luis Hernández, Antonio Florentín y Pedro de Torres. Lo preside una hermosa talla policromada del XVII de la Virgen del Valle, antes de la Concepción. Los murales de la capilla mayor fueron realizados en 1954 por el pintor santeño Ramón Fernández Moreno.
     Otra parroquia es la de Ntra. Sra. del Carmen, instalada en la antigua ermita de esta advocación. Fue creada en 1956 aunque no abierta al culto hasta 1967. Consta de nave única, cabecera cupulada y torre delantera con atrio en el cuerpo bajo, erigida en 1865 con la aportación de los fieles. Exteriormente se presenta encalada.
     La segunda realización destacada de Villafranca, y uno de sus hitos más representativos, es la Ermita de La Coronada. Se trata de obra originaria del siglo XV y remodelada en el XVIII, de variada morfología, hoy impecablemente encalada. En ella destacan por su pintoresquismo los estribos cilíndricos y la atractiva torre fachada de peculiar remate bulboso. De pequeñas dimensiones es la antigua ermita de la Aurora, utilizada un tiempo como escuela y reabierta en época moderna bajo la advocación de la Milagrosa. De fundación actual son las ermitas de San Isidro y el Pilar.
     Hasta tiempo reciente se mantuvo frente a la parroquia del Valle el convento de las clarisas de la Encarnación, derribado hace pocos años, en el que durante casi un siglo se albergó un centro de enseñanza.
     Inseparable de Villafranca es el Colegio Jesuita San José. Su edificio se comenzó a levantar, sufragado por el pueblo, sobre planos del arquitecto Francisco Rabanal, inaugurándose las primeras instalaciones en 1895. En 1908 y según proyecto de José M. Pagasartundía y S. Ford se erigió la capilla; entre 1920 y 1924 el ala norte, colocándose la azulejería y el artesanado de la escalera en 1932, el mismo año en el que los jesuitas fueron expulsados de España por segunda vez. Tras ser convertido en Instituto estatal durante un tiempo, en 1936 volvió a ser ocupada por la Orden, aunque sirviendo en parte como hospital. Constructivamente se trata de un gran complejo con tres alturas realizado en ladrillo, que se articula en torno a dos amplios patios unidos entre sí por un espacioso pasillo. Su componente formal más destacado es el severo frontón de la fachada principal, de armoniosa composición rematada por un airoso cuerpo superior.
     Otro gran edificio de arquitectura igualmente severa es el Colegio de Ntra. Sra. del Carmen, en la calle alzada, levantado de nueva planta en 1958.
     De realización actual es la Casa de la Cultura, instalada en la antigua Fábrica de Harinas, excelentemente rehabilitada por el arquitecto Vicente López Bernal. Un magnífico Auditorio / Plaza de Toros también reciente se suma a las valientes actuaciones contemporáneas que últimamente se están llevando a cabo en la ciudad para conferirle el aspecto acusadamente evolucionado que hoy presenta. (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de Nuestra Señora del Valle.-
     La iglesia parroquial de Santa María del Valle, declarada Bien de Interés Cultural, está ubicada en el centro urbano de Villafranca de los Barros. Fue construida a lo largo del siglo XVI a instancia de la Orden de Santiago y sufragada por el concejo de la Villa. Hasta el siglo XIX perteneció a la diócesis prioral de san Marcos de León, y desde entonces pasó a estar regida por el obispo de Badajoz y posteriormente por el arzobispo de Mérida-Badajoz.
     El actual templo parroquial se proyectó sobre la iglesia primitiva construida poco después de la fundación de la villa por don Fadrique de Castilla a mediados del siglo XIV. Las primeras trazas del nuevo templo fueron elaboradas por Juan García de las Lieves, maestro alarife muy presente en todas las construcciones de los territorios santiaguistas de Tierra de Barros. Aun así, las obras se prolongarán durante todo el siglo XVI y será finalmente Andrés de Maeda el encargado de dirigir las obras.
     Es una construcción de estilo gótico, de planta rectangular con tres naves cubiertas con bóveda de crucería que reposan sobre columnas robustas. A pesar de ser una construcción del siglo XVI, en épocas posteriores siguió cambiando su imagen debido a la sustitución de diversas naves por el mal estado que presentaban y la construcción sucesiva de otras nuevas y la ampliación de la altura de la torre. Incluso entrado el siglo XX se acometen nuevas construcciones y recientemente, en 2014, ha sido restaurado el chapitel que corona la torre-campanario.
     De todo el conjunto, destaca la Puerta del Perdón, uno de los mejores ejemplos del gótico flamígero tardío en la provincia de Badajoz; la bóveda del sotocoro; y el retablo de la Capilla Mayor, muestra clara del renacimiento sevillano en Extremadura.
     Constructivamente la fachada es un retablo pétreo, muy decorativo. Sin embargo, las imágenes de bulto redondo son escasas, limitándose a tres figuras, toscamente talladas en piedra blanca. La portada está compuesta por una serie de arcos superpuestos. El primero de ellos, un arco carpanel sobre el cual se sitúa un tímpano que alberga la imagen de la Virgen del Valle. Sobre este, un arco mixtilíneo decorado con elementos vegetales, animales y seres mitológicos. En la parte superior, y separado por una pequeña cornisa se abre un óculo que sirve para iluminar el coro. Por último, un arco conopial redondea todo el conjunto. A sus lados podemos observar cinco medallones, ejemplo de la influencia renacentista en la obra. En estos medallones aparecen representados los cuatro evangelistas y Cristo. En el ático, aparece el escudo real de Carlos I y un Calvario.
     La bóveda del sotocoro fue construida a la par que la Puerta del Perdón. Es además una de las pocas bóvedas de la iglesia parroquial que conserva su aspecto original. Es una bóveda estrellada de cinco claves decorada con granadas por sus nervios.
     Sin embargo, en el interior del templo el gótico queda relegado a un segundo plano gracias a la atención que despierta el retablo de la Capilla Mayor. Encargado al artista llerenense Juan de Valencia en la década de los ochenta del siglo XVI, es una de las mejores representaciones del renacimiento romanista en Tierra de Barros. Su elaboración se desarrolló durante varios años, y no se instaló definitivamente hasta comienzos del siglo XVII. La temática del retablo es cristífero, relatando varios pasajes de la vida de Jesús en bajorrelieves. Además, en los intercolumnios aparecen esculturas exentas de los apóstoles y algunos santos. En la calle central aparecen san Marcos, antiguo titular de la diócesis prioral extinta; Santa María del Valle, titular de la parroquia; el Calvario y por último el Padre Eterno.
     En el presbiterio, los muros están decorados con pinturas de mediados del siglo XX del pintor Ramón Fernández Moreno, natural de Los Santos de Maimona.
     En el interior del templo destacan también los retablos de las capillas laterales como el renacentista de la Virgen del Rosario o los barrocos de la Sagrada Familia y la Dolorosa, este último procedente del desaparecido convento de clarisas de la localidad.
     Asimismo, destacan algunas imágenes como la propia imagen de Santa María del Valle, finales del siglo XVI; santa Catalina, mediados del siglo XVI; San Antonio, santa Bárbara, san Blas y san Roque, de finales del siglo XVII; la Virgen de los Dolores, atribuida a Gabriel de Astorga de mediados del siglo XIX; y por último, el Cristo de la Misericordia, realizado en telas encoladas, llegado a la parroquia en la segunda mitad del siglo XVI. En cuanto a la platería, sobresale el templete y custodia del Corpus Christi, del siglo XVIII, realizadas en Badajoz (Ayuntamiento de Villafranca de los Barros).

Santuario de Nuestra Señora de la Coronada.-
     El Santuario Patronal de Nuestra Señora de la Coronada es uno de los primeros edificios religiosos que se construyó una vez fundada la villa de Villafranca. La tradición popular establece su origen en la aparición milagrosa de una talla de la Virgen María a un campesino de Villafranca. A raíz de esa aparición se construiría una pequeña  capilla para albergar la imagen y rendirle culto. Sin embargo, las primeras referencias documentales datan de finales del siglo XV. Según los libros de visita de la Orden de Santiago, en 1484 existía extramuros de la villa una pequeña capilla dedicada a Nuestra Señora de la Coronada. Debido al estado de conservación en el que se encontraba, el prior de San Marcos de León, don García Ramírez, ordena su derribo y la construcción de una iglesia de nueva planta.
     El edificio actual es el heredero de este segundo templo dedicado a la Virgen de la Coronada. Inicialmente contaba con un cuerpo central dividido en tres naves y cubierto con artesonado; una capilla mayor cubierta con bóveda de crucería, sacristía y la torre campanario. Con el paso de los siglos la devoción a la Virgen fue en aumento y motivó un amplio programa de reformas en su templo durante el siglo XVIII que cambió la fisonomía tardomedieval original. El cuerpo principal fue sustituido por una sola nave cubierta con bóveda de cañón, se construyó el camarín de la Virgen, se reformó la sacristía, se amplió el cuerpo superior de la torre y se construyó el coro alto. Junto a estas reformas arquitectónicas también se dotó al templo de nuevos ornamentos.
     En la segunda mitad del siglo XVIII se instala el actual retablo rococó que cobija la imagen original de Nuestra Señora de la Coronada, del siglo XVI. Se encargan nuevos retablos para las capillas laterales como el de Santa Lucía, imagen anónima del siglo XVI y el de San Francisco de Paula, tallada por el escultor sevillano Blas Molner, y se incorporan otros retablos y enseres procedentes del desaparecido convento de monjas clarisas de Villafranca, como son los retablos de la Encarnación y de la Amargura, ambos de estilo barroco.
     Durante el siglo XIX también se dieron importantes cambios: se instala la reja de la capilla mayor; se adquiere de la exclaustrada iglesia jesuita de Higuera la Real el órgano barroco de estilo portugués ubicado en el coro alto; y la iglesia pasa a estar decorada por un ciclo de pinturas con pasajes de la vida de la Virgen que actualmente se conservan en la sacristía. Durante el siglo XX se instalan nuevas capillas, la de Santa Teresa de Jesús, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la del Cristo del Amor Misericordioso. 
     La Virgen de la Coronada ha ostentado desde tiempo inmemorial el patronazgo sobre Villafranca. Prueba de ello fueron los múltiples reconocimientos que se le otorgaron hasta fecha muy temprana: es alcaldesa honoraria de Villafranca; fue coronada canónicamente por el obispo de Badajoz en 1951; y fue nombrada patrona de los viñedos (Ayuntamiento de Villafranca de los Barros).

Colegio San José.-
     Centro educativo de la Compañía de Jesús, fundado en 1893 y que llega a nuestros días manteniendo una residencia internado masculino y femenino de carácter internacional.
     Integrado en la Fundación Loyola, junto a otros colegios jesuitas de Andalucía, Canarias y Extremadura, es un colegio concertado en Primaria y ESO, y privado en Bachillerato.
     Recibió en 2017 la Medalla de Extremadura como reconocimiento a su trayectoria y labor educativa, coincidiendo con la celebración de su 125 aniversario.
     En cuanto a su estructura, se trata de un gran edificio dispuesto en tres plantas, con unos impresionantes jardines en la parte delantera y unas amplias instalaciones para la práctica de múltiples disciplinas deportivas en la zona trasera. El complejo ocupa una superficie de once hectáreas en su conjunto.
     El edificio que ocupa el Colegio San José fue realizado en piedra. A ambos lados de la galería central hay dos cuerpos de edificios simétricos, articulados en torno a un patio ajardinado. La primera fase de su construcción presentaba solamente el ala derecha del edificio y así comenzó a utilizarse en 1897.
     En 1902 se construyó lo que actualmente son las aulas de primaria, estos locales tuvieron diferentes usos a lo largo de los años.
     El colegio consta de una galería que arranca en el vestíbulo y acaba en la capilla neogótica. La Capilla se construyó entre 1905 y 1908, siguiendo el proyecto del arquitecto Enrique Fort. La planta es de cruz latina, con nave central, crucero y coro. En el exterior llaman la atención los pináculos, los altos contrafuertes y las elevadas y bellísimas vidrieras ojivales.
     Será a partir de 1915 cuando el colegio se encamine a su finalización. En la fachada principal destaca el frontón, rematado con un airoso cuerpo superior. El edificio está presidido por una escultura de bulto redondo en mármol de Carrara con la figura de San José, patrón del colegio, con el Niño Jesús en sus brazos. Esta figura se coloca en 1924.
     Es entre 1920 y 1924 cuando se levanta el ala norte. Se construyó la escalera principal del edificio con mármol de Alconera, colocándose entre 1924 y 1926 la azulejería con cerámica de Mensaque. La escalera recibe iluminación directa a través de tres vidrieras policromadas, obra de Maumejean, dedicadas a Santa Eulalia, Pizarro y Hernán Cortés.
     En las paredes se pueden ver cuadros de cerámica pintada, como el de “Jesús del Gran Poder”, de cerámica sevillana, y la “Virgen de Guadalupe”, de cerámica talaverana. Existen además otros siete cuadros de cerámica pintada y temática costumbrista. En 1932 se colocó el artesonado de madera de nogal en los techos de la escalera. En ese mismo año los Jesuitas son expulsados por segunda vez de España, como consecuencia de un decreto de la II República Española, que declaró disuelta la Compañía de Jesús en nuestro país. Por aquel entonces los jesuitas tuvieron que continuar las clases en Estremoz (Portugal). El colegio fue convertido en instituto estatal durante un tiempo hasta que, en 1936, volvió a ser ocupado por la Compañía de Jesús. Debido a las circunstancias específicas vividas en el colegio durante la guerra civil española, algunas de sus instalaciones sirvieron como hospital militar, posteriormente se convirtió en hospital marroquí. De ahí que resulte curioso encontrar una mezquita dentro de sus instalaciones para el culto de los musulmanes que se encontraban en el colegio en aquellos años.
     Llama también la atención el magnífico Teatro-salón de actos, de 1949, obra de Martín Corral. Su estilo es neoclásico, con una excelente acústica y un aforo de 1.000 personas (Ayuntamiento de Villafranca de los Barros).

Casa de Cultura.-
     La Casa de  Cultura de Villafranca de los Barros ocupa una antigua fábrica de harinas, construida en los años finales del siglo XIX y declarada Bien de Interés Cultural en 1994, el mismo año en que fue inaugurada y actualmente ha cumplido 25 años como centro cultural.
     La antigua Electro-Harinera de San Antonio, constituye un buen ejemplo de arquitectura industrial. En ella se elaboraban productos panificados y durante años proporcionó electricidad a la población. Precisamente, una de las referencias más antiguas del edificio es el contrato firmado en 1895, entre los propietarios e Isaac Peral, para la instalación de la central eléctrica. Hasta ese momento la fábrica había funcionado gracias a la máquina de vapor. 
     En 1920, era la principal industria de la localidad. Hay noticias de que producía harinas, sémolas y unos 9000 panes diarios, que se vendían en Villafranca y los pueblos de la comarca. 
     Estuvo casi noventa años en funcionamiento, hasta su cierre en 1979. La rehabilitación se inició en 1986 por el arquitecto municipal Vicente López Bernal, respetando la estructura originaria, los materiales y conservando buena parte de la maquinaria interior. Algunas cubiertas y  otras piezas interiores son de madera de pino pinsapo. 
     Se trata de un edificio construido en mampostería de piedra y mortero, con remates en ladrillo. Consta de cinco cuerpos de diferentes alturas, distribuidos en una planta rectangular, alrededor de un amplio patio. Destacan el edificio principal de tres plantas, ático y cubiertas a dos aguas, así como cinco chimeneas de ladrillo. La principal mide 24 metros y daba salida a los humos de la máquina de vapor. Las otras cuatro pertenecen a los hornos de cocción del pan.
     La Casa de Cultura dispone de: salón de actos, salas de exposición, biblioteca, escuela de música, estudios de radio, sala y biblioteca infantil, cafetería… Cada uno de estos espacios conserva restos de lo que fue su contenido originario. 
     El salón de actos, en la planta baja, ocupa el lugar del antiguo molino de piedra. Junto a él la cafetería era el almacén de harinas. En el semisótano está la barra, donde estuvo el eje motriz de la fábrica. En esta planta se localiza también la sala infantil, donde en su día hubo silos y tolvas, y la magnífica biblioteca, espacio con dos alturas y donde encontramos restos de la panadería, como los cuatro hornos. 
     Junto al patio, dos salas de usos múltiples ocupan el espacio que alojaba la máquina de vapor y se encuentran también algunas salas de la escuela de música. 
     En los pisos altos del edificio principal hay varias salas de exposiciones, con la maquinaría original de la fábrica. Especialmente interesante, es el espacio de la buhardilla bajo el tejado a dos aguas del edificio, utilizado como almacén de envases (Ayuntamiento de Villafranca de los Barros).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Valle, Santuario de Nuestra Señora de la Coronada, Colegio San José, y Casa de Cultura) de la localidad de Villafranca de los Barros, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

Un paseo por la calle Candilejo

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Candilejo, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 30 de agosto, es el aniversario del nacimiento (30 de agosto de 1334) de Pedro I, rey de Castilla, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Candilejo, de Sevilla, dando un paseo por ella, puesto que Pedro I es partícipe de una leyenda que da origen al topónimo de Candilejo.
     La calle Candilejo es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle Alfalfa, a la calle Cabeza del Rey Don Pedro
      La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Al menos desde 1429 se conoce con su actual denominación. El topónimo y su permanencia están legados a la leyenda según la cual Pedro I, en una de sus salidas nocturnas, mató a un hombre en este lugar, y la justicia pudo descubrir que había sido el rey por el testimonio de una anciana a quien, al reconocer al rey por el ruido de sus canillas al andar, se le cayó el candil que portaba. Felipe Pérez y González en sus anotaciones al Diablo Cojuelo, recoge la denominación de Cuatro Cantillos, que refiere a su con­fluencia con Candilejo.
     Relativamente amplia, corta y alineada en la actualidad, fue mucho más estrecha en algunos puntos hasta los años veinte de este siglo; en 1917 se recomendó prohibir el tráfico rodado por el peligro que corrían los viandantes. En los s. XV y XVI estuvo enladrillada y empedrada, cerrándose en 1585, con motivo de una reforma en el pavimento, todos los caños que daban a la calle. Continuará con esta pavimentación hasta 1914, en que será adoquinada y nuevamente readoquinada en 1933; en los años 70 fue recubierta con asfalto material con el que con­tinúa actualmente. El acerado es de losetas de cemento y se ilumina con farolas de fundición adosadas tipo gas. El caserío está formado por viviendas tipo escalera de tres plantas y otra unifamiliares renovadas recientemente. Destaca una de estilo regionalista de cuatro plantas y otra de tipo popular. Ha formado parte del eje de comunicación que unía la Puerta de la Carne con la Alfalfa, teniendo por ello mucho tráfico y concurrencia, dada la importancia comercial de ésta última. La leyenda del rey don Pedro y la candileja de la anciana, ha permanecido viva en los sevillanos desde mediados del s. XIV y, así, eruditos, escritores dramáticos, novelistas, poetas y viajeros no han dejado de hacer referencia al suceso legendario; entre otros, Ortiz de Zúniga, el duque de Rivas, Blanco White, Próspero Merimé en su obra Carmen, A. Latour, C. Reyles, el barón de Davillier, Belloc, el viajero Ponz, Romero Murube y el novelista Fernández y González. La calle, que hubo de tener una gran animación, era motivo de atracción para prostitutas. El "padre" de la mancebía se quejaba en 1620 de que, al amparo de las licencias concedidas para que salieran de la casa pública, muchas ejercían libremente en esta calle. En el último tercio del s. XIX se pretende cerrar una casa de prostitución por ser esta vía muy concurrida ya que no faltaban tampoco, en este mismo siglo, los embaucadores conocidos como cubileteros y practicante del juego del troyuelo, probable antecedente de los actuales trileros. Existe un variado comercio en ambas aceras próximo a la confluencia con Alfalfa [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Pedro I, personaje participante en la leyenda que da nombre a esta vía
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     Pedro I de Castilla, El Cruel. (Burgos, 30 de agosto de 1334 – Montiel, Ciudad Real, 23 de marzo de 1369. Rey de Castilla y León.
     Pedro I, que fue Rey de Castilla y León entre los años 1350 y 1369, era hijo de Alfonso XI y de su esposa María de Portugal. He aquí la imagen que transmitió, a propósito de dicho Monarca, el cronista Pedro López de Ayala: “Fue el rey Don Pedro asaz grande de cuerpo, é blanco é rubio, é coceaba un poco en la fabla. Era muy cazador de aves. Fue muy sofridor de trabajos. Era muy temprado é bien acostumbrado en el comer é beber. Dormía poco, é amó muchas mugeres. Fue muy trabajador en guerra. Fue cobdicioso en allegar tesoror é joyas. E mató muchos en su regno, por lo qual vino todo el daño que avedes oído”. Esa mención de que “mató muchos en su regno” es la que explica el que a dicho Monarca se le conociera con el apelativo de El Cruel. Los estudiosos de los restos mortales de Pedro I han llegado a la conclusión de que los males padecidos por el citado Monarca durante su infancia, en concreto una parálisis cerebral que fue causa de la muerte de un gran número de neuronas, fueron el origen de un acortamiento de la tibia izquierda, motivo de una cojera que padeció en el resto de su vida, pero sobre todo de los frecuentes trastornos de su conducta, traducidos en los numerosos crímenes que cometió a lo largo de su reinado.
     Ahora bien, los defensores de Pedro I le tildaron nada menos que de “justiciero”, expresión que quiere dar a entender que la dura represión que ejerció aquel Monarca obedecía a la estricta aplicación de la justicia.
     En cualquier caso, independientemente de la opinión que se tenga acerca de este personaje, es indudable, como ha puesto de relieve la investigadora norteamericana Clara Estow, que la Crónica que escribió Pedro López de Ayala sobre dicho Monarca es la “más completa fuente de material narrativo contemporáneo sobre el reinado de Pedro I”.
     En sus años de príncipe heredero sus progenitores procuraron prepararlo tanto en el cultivo de las letras, faceta que estuvo a cargo de Bernabé, obispo de Osma, como en las artes militares, función que fue desempeñada por el maestre de la Orden Militar de Santiago, Vasco Rodríguez Cornago. También jugó un papel de gran importancia en la formación del joven príncipe Pedro el obispo palentino Juan Saavedra, que llegó a ocupar el cargo de canciller mayor.
     Cuando accedió al Trono Pedro I era muy joven, lo que explica que, hasta el año 1353, el poder fuera dirigido por un personaje de la alta nobleza, de origen lusitano, Juan Alfonso de Alburquerque, el cual contaba con toda su confianza. Dicho personaje buscó una alianza con Francia, lo que se tradujo en la derrota, en Winchelsea, en el año 1350, de una escuadra de mercaderes cántabros que regresaba de Flandes. El panorama económico de sus reinos era, en aquellas fechas, bastante negativo, debido a los frecuentes “malos años”, a la reciente difusión de la terrorífica peste negra e incluso a los enormes gastos militares de la guerra mantenida unos años atrás contra los musulmanes por su padre, Alfonso XI, en la zona del estrecho de Gibraltar. Al mismo tiempo Leonor de Guzmán, la que fuera amante del rey Alfonso XI y madre, entre otros, de Enrique de Trastámara, fue hecha prisionera, muriendo de forma violenta en el año 1351, al parecer por orden de la reina madre, María de Portugal.
     En esa etapa se celebraron unas importantes Cortes en la villa de Valladolid, eso sí, las únicas de aquel reinado. En las citadas Cortes se decidió abrir una investigación sobre la situación en que se encontraban en las tierras de Castilla las behetrías, una institución básica, a la vez que singular, del sistema feudo señorial vigente en la cuenca del Duero. Como indicó López de Ayala, “quisieron ordenar que se partiesen las Behetrías de Castilla, diciendo que eran ocasión por dó los Fijosdalgo avían sus enemistades”. De allí salió el famoso Libro becerro de las behetrías, especie de catastro, que se elaboró en el transcurso del año 1352. Por lo demás, en esas Cortes se aprobó un importante ordenamiento de menestrales y posturas, o, si se quiere, de precios y salarios. Los motivos que llevaron a decretar ese ordenamiento eran la “muy gran mengua” que pasaban los súbditos del rey de Castilla, así como el hecho de que los menestrales “vendían las cosas de ssus offiçios a voluntad et por muchos mayores preçios que valían”.
     En el mes de junio de 1353 Pedro I se casó, en la villa de Valladolid, en la iglesia de Santa María la Mayor, con la infanta francesa Blanca de Borbón. Aquella boda se realizó gracias a la actuación de Juan Alfonso de Alburquerque, el cual, al margen de actuar como padrino, pretendía afianzar la alianza de la Corona de Castilla con el Reino de Francia. No obstante, aunque el citado matrimonio, según todos los indicios, fuera consumado, apenas unos días después de dicha boda Pedro I abandonó a su esposa, la cual fue enviada bajo la condición de confinada a la villa de Arévalo. El monarca castellano decidió entonces reunirse con su amante María de Padilla, con la que tuvo tres hijas, Beatriz, Constanza e Isabel, y un hijo, Juan, aunque éste murió muy pronto. Años más tarde Pedro I llegó a contraer matrimonio con otra amante, Juana de Castro. En cualquier caso, su marcha con María de Padilla fue uno de los motivos que utilizó un sector de la alta nobleza, capitaneada por Enrique de Trastámara, un hermanastro de Pedro I, para oponerse abiertamente al monarca castellano. Asimismo es imprescindible señalar que las relaciones de Juan Alfonso de Alburquerque con Pedro I entraron en una fase de total deterioro, lo que explica que antes de acabar el año 1353 aquel magnate abandonara la Corte regia, terminando por aliarse con Enrique de Trastámara. La coalición nobiliaria contra Pedro I ya estaba en marcha en 1354. Como ha indicado el profesor Luis Suárez, allí se encuentra el inicio de la larga pugna que van a mantener en tierras de la Corona de Castilla, durante buena parte de los siglos XIV y XV, la alta nobleza y la Corona. Inicialmente Pedro I, que se presentó en la villa de Toro, donde se encontraban sus rivales, estuvo a punto de convertirse poco menos que en un prisionero de ellos, pero la astucia de que dio muestras el rey de Castilla le permitió salir de aquella urbe y al mismo tiempo atraer a su causa a algunos de los que formaban parte del bando enemigo. En los años siguientes hubo enfrentamientos varios entre el bando realista y el de sus rivales, en particular el que tuvo lugar en la ciudad de Toledo, en el año 1355.
     Los soldados trastamaristas entraron en la ciudad del Tajo, atacando violentamente a los judíos, sobre todo en la judería conocida como el Alcaná, pero al final no tuvieron más remedio que retirarse. En definitiva, el bando petrista salió vencedor de aquellos conflictos, lo que explica que Enrique de Trastámara marchara a Francia en 1356.
     El año 1356 fue, por otra parte, testigo del inicio de la guerra que mantuvo Pedro I de Castilla con el rey de Aragón, Pedro IV el Ceremonioso. A esa pugna se la denomina Guerra de los Dos Pedros. Todo comenzó por un incidente ocurrido en la localidad andaluza de Sanlúcar de Barrameda, en donde un catalán, Francés de Perellós, se apoderó de dos navíos piacentinos, alegando que la ciudad italiana de donde procedían esos barcos era una aliada de Génova, estrecha colaboradora de Castilla, en tanto que la Corona de Aragón mantenía excelentes relaciones con Venecia. Pedro I ordenó detener a todos los mercaderes catalanes establecidos en Sevilla, así como confiscar sus propiedades. También jugaba a favor de dicha contienda la buena acogida que habían tenido en Castilla los infantes de Aragón, Fernando y Juan, hermanastros de Pedro IV. La guerra comenzó a desarrollarse en la zona fronteriza entre ambas Coronas. Los castellanos iniciaron la contienda lanzando un ataque sobre la zona próxima a la villa de Molina. Por su parte el monarca aragonés decidió apoyar a Enrique de Trastámara. La pugna militar comenzó con buen pie para Castilla, que ocupó en marzo de 1357 la importante plaza de Tarazona. En junio de 1359 la flota castellana llegó a poner cerco a la ciudad de Barcelona, lo que constituía un acontecimiento sin precedentes, aunque no se conquistó dicha ciudad.
     Pero en septiembre de aquel mismo año las tropas de Pedro I fueron derrotadas en la batalla de Araviana, localidad próxima al Moncayo, por la coalición que formaban las tropas aragonesas y los partidarios del bastardo castellano Enrique de Trastámara. Ahora bien, en abril del año siguiente, 1360, el Ejército castellano derrotó al Ejército trastamarista, que había lanzado una ofensiva en toda regla contra el Reino de Castilla, en las proximidades de la villa riojana de Nájera. A raíz de aquel éxito Pedro I ordenó reforzar la zona fronteriza de Castilla con Aragón. De todos modos, la Paz de Terrer, firmada en mayo de 1361, abrió una etapa de paz entre las Coronas de Castilla y de Aragón. De todos modos, la guerra castellanoaragonesa se reanudó en junio de 1362. Las tropas de Pedro I efectuaron importantes progresos frente a los aragoneses, tomando, entre otras localidades, Teruel e incluso acercándose a la populosa urbe de Valencia. Es más, Pedro I de Castilla había firmado con Eduardo III de Inglaterra, en ese mismo año de 1362, el Tratado de Londres, que establecía una alianza entre ambos reinos. Ahora bien, en abril de 1363 se llegó a la Paz de Murviedro, la cual situaba a Pedro I de Castilla como el vencedor indiscutible. No obstante, ante la Paz de Binéfar, firmada en octubre de 1363 por el rey de Aragón con Enrique de Trastámara, Pedro I de Castilla reanudó la ofensiva. Su Ejército atacó el Reino de Valencia, pero, después de varias alternativas, la pérdida de la localidad de Murviedro, en junio de 1365, supuso un retroceso para las tropas castellanas. De hecho la Guerra de los Dos Pedros prácticamente acabó tras aquellos acontecimientos.
     Es preciso resaltar, por otra parte, cómo en el transcurso de esos años muchos nobles que habían estado al lado de Pedro I terminaron por pasarse al bando trastamarista. Por lo demás, Pedro I mostró su dureza, patente en la ejecución, en el año 1358, en la ciudad de Sevilla, de su hermanastro Fadrique y de otros varios personajes. Después de esa matanza, de acuerdo con el punto de vista transmitido por López de Ayala, el Rey de Castilla se puso a comer tranquilamente delante del cuerpo sin vida de su hermanastro.
     La violencia de Pedro no se detuvo, de ahí que, en el año 1360, pereciera el magnate nobiliario Pedro Núñez de Guzmán, al que, según la versión de López de Ayala, el Rey de Castilla “fízole matar en Sevilla muy cruelmente”. Al año siguiente, 1361, murió la reina Blanca de Borbón, al parecer después de obligarla a tomar unas hierbas que la envenenaron.
     Pedro I era presentado por sus enemigos como un aliado de las minorías no cristianas, es decir de los judíos y de los musulmanes. En las Cortes de Valladolid de 1351, ante la petición de los procuradores de las ciudades y villas de conceder nuevos plazos para el pago de las deudas judiegas, Pedro I respondió que los hebreos “son astragados e proves por non cobrar sus debdas fasta aquí”. Es más, el nombre del rey Pedro I aparece sumamente elogiado en la sinagoga toledana del Tránsito, en donde se dice lo siguiente: “El gran monarca nuestro señor y nuestro dueño, el rey don Pedro, ¡sea Dios en su ayuda y acreciente su fuerza y su gloria y guárdelo cual un pastor su rebaño!”. Por lo demás en la Corte regia castellana se hallaba un destacado financiero hebreo, Samuel ha-Leví, el cual ocupó el puesto de tesorero mayor del Reino. Asimismo el rabino de la localidad de Carrión Sem Tob dedicó sus conocidos Proverbios Morales al monarca Pedro I, al que presenta como “sennor noble, rrey alto”. Simultáneamente había en aquellos años muchos judíos que desempeñaban puestos importantes en los dominios de la alta nobleza. Uno de ellos era Çag aben Bueno, que era el tesorero de Pedro Núñez de Guzmán. Esa actitud fue utilizada por Enrique de Trastámara, el cual, para intentar acabar con Pedro I, ondeó a fondo la bandera del antisemitismo. Por otra parte, el atractivo que ejercía el arte mudéjar sobre el monarca Pedro I se puso claramente de manifiesto en el alcázar de la ciudad de Sevilla. Asimismo, mantuvo con frecuencia buenas relaciones con los dirigentes de la Granada nazarí.
     También se le ha acusado a Pedro I de Castilla de cometer abusos contra la Iglesia, sobre todo en el terreno fiscal. Por otra parte hubo prelados víctimas del mencionado Rey de Castilla, como el arzobispo de Toledo, don Vasco, que hubo de exiliarse a Portugal, o el francés Jean de Cardaillac, que estuvo algún tiempo encarcelado por mandato regio. No se puede olvidar que Pedro I de Castilla llegó a ser excomulgado por los pontífices romanos en dos ocasiones. Es razonable pensar, no obstante, que Pedro I buscaba continuar la línea política emprendida por su padre, Alfonso XI, caracterizada por el reforzamiento de la autoridad regia.
     Pero, de hecho, el rasgo más sobresaliente de su reinado fue, sin duda alguna, el del “personalismo”, lo que explica que muchos de sus más fieles adeptos terminaran por pasarse al bando contrario.
     Ahora bien, el suceso más llamativo y de más importantes consecuencias de todo el reinado de Pedro I fue, sin duda alguna, la guerra que sostuvo con su hermanastro Enrique de Trastámara. Éste, que contaba con la ayuda militar francesa y del monarca Pedro IV de Aragón, inició la ofensiva contra Pedro I en la primavera del año 1366. Una vez situado en la ciudad de Burgos, Enrique de Trastámara se proclamó, en el Monasterio de Las Huelgas Reales, rey de Castilla, acusando a su hermanastro Pedro I de tirano a la vez que de protector de los hebreos y de los musulmanes. Pedro I, después de abandonar sucesivamente las ciudades de Burgos, Toledo y Sevilla, decidió salir de sus reinos, marchando al sur de Francia. En agosto del año 1366, Pedro I llegó a la ciudad de Bayona. En septiembre de aquel año, el rey de Castilla firmó con el heredero de la Corona inglesa, conocido como el Príncipe Negro, los acuerdos de Libourne. A cambio de la decisiva ayuda militar que recibiría de los ingleses, Pedro I se comprometía a entregar al Príncipe Negro, aparte de una notable cantidad de dinero, el señorío de Vizcaya y el puerto de Castro Urdiales. En la primavera de 1367 las tropas anglopetristas, a las que el rey de Navarra Carlos II permitió que pasaran por sus tierras, llegaron a la comarca de La Rioja. Antes de entrar en pugna los dos bandos, el petrista y el trastamarista, hubo un intercambio de correspondencia entre el Príncipe Negro y Enrique de Trastámara. El dirigente inglés afirmó que “non podemos escusar de ir con el dicho Rey Don Pedro nuestro pariente por el su Regno”.
     El día 3 de abril de dicho año los soldados que defendían la causa de Pedro I de Castilla derrotaron a los trastamaristas, de forma aplastante, en la segunda batalla que tenía lugar en la localidad de Nájera. La actuación de los arqueros ingleses fue de todo punto decisiva en aquel combate. Como ha señalado el historiador Castillo Cáceres, el Ejército del Príncipe Negro constituía “una fuerza de tremenda efectividad y gran calidad en hombres y armamento y representaba lo mejor de Occidente en términos bélicos”. Un testimonio relativo a aquella batalla afirma que “la mayor parte de los castellanos no peleaban de corazón contra el rey don Pedro porque sabían ya que había sido e era su rey e señor natural días havía e que si algunos yerros havía fecho que Dios se los havía de demandar que non castigar ellos”. En la batalla de Nájera hubo muchas víctimas, “fasta quatrocientos omes de armas”, según la opinión ofrecida por el cronista López de Ayala. Algunas de las víctimas lo fueron por decisión directa del rey Pedro I, entre ellas Íñigo López de Orozco. Por otra parte muchos de los partidarios del Trastámara, entre ellos el destacado militar bretón Bertrand Du Guesclin, fueron hechos prisioneros por los anglopetristas. Enrique de Trastámara, sin embargo, montado en un “caballo ginete” que le proporcionó un escudero de su Corte, pudo escapar, pasando a tierras de la Corona de Aragón y, finalmente, retornando a Francia.
     A pesar del espectacular éxito logrado en la batalla de Nájera la imagen de Pedro I comenzó a declinar.
     Uno de los motivos básicos de esa caída fue la marcha, en el mes de agosto de 1367, del Príncipe Negro de las tierras hispanas, el cual, poco antes, había liberado al francés Bertrand Du Guesclin. La causa de esa marcha fue el incumplimiento, por parte de Pedro I, de lo acordado en el Tratado de Libourne, lo que obedecía a la angustiosa situación económica en la que se encontraba por esas fechas la Corona de Castilla. Por su parte Pedro I dio muestras, una vez más, de su gran dureza, al ejecutar, entre otras personas, a Urraca Osorio, madre del magnate nobiliario Juan Alfonso de Guzmán y a Martín Yáñez, que había sido su tesorero. Mientras tanto su hermanastro Enrique de Trastámara regresó en septiembre de 1367 al solar hispano, entrando en la Corona de Castilla por la villa de Calahorra. Paralelamente el Trastámara impulsaba en diversos lugares movimientos hostiles a Pedro I. La lucha fratricida, patente en los numerosos conflictos de bandos, parecía resurgir, aunque en esta ocasión se asemejaba más a una guerra de desgaste. De todos modos poco a poco aumentaban los núcleos de población que se mostraban partidarios de Enrique de Trastámara, el cual, en los inicios de 1368, controlaba las zonas centrales de la Corona de Castilla. En ese mismo año de 1368, Enrique de Trastámara puso cerco a Toledo. Como es sabido, Enrique de Trastámara firmó con los franceses, el 20 de noviembre de 1368, el Tratado de Toledo. En él se acordó nuevamente el envío de destacados militares franceses para defender la causa del Trastámara, como Bertrand Du Guesclin, el cual ya se encontraba en las tierras peninsulares en diciembre de aquel mismo año. Pedro I, ante aquel difícil panorama que tenía frente a sí, buscó una alianza con el monarca de la Granada nazarí. Los soldados granadinos lanzaron varios ataques contra la zona cristiana de Andalucía, incendiando una parte de la ciudad de Jaén, así como Úbeda, en donde, según dice un texto de la época, “el traydor, hereje, tyrano de Pero Gil fizo estruyr la ciudad de Ubeda con los moros e la entraron e quemaron e destruyeron toda e mataron muchos de los vezinos de la dicha ciudad”. Es conveniente señalar que esa intervención de los nazaríes se tradujo en un incremento del apoyo de los cristianos del valle del Guadalquivir a la causa de Enrique de Trastámara. Pedro I, pese a todo, se mostró deseoso de intervenir militarmente, por ejemplo en la defensa de Toledo, cercada por los trastamaristas. Incluso buscó una nueva alianza militar con los ingleses, aunque sin éxito alguno. A comienzos de 1369, el Ejército de Pedro I cruzó Despeñaperros, llegando a la localidad de Puebla de Alcocer. No obstante, en marzo de 1369 las tropas petristas, grupo del que también formaban parte combatientes musulmanes, deseosas de enfrentarse a los soldados trastamaristas, entraron en el campo de Calatrava, en concreto en la localidad de Montiel. El 14 de marzo de 1369, los dos bandos pelearon entre sí, saliendo derrotado el Ejército petrista. Así relata Pedro López de Ayala el final de aquel choque: “el Rey Don Enrique, é los que con él iban [...] pasaron por la otra parte, é adereszaron á los pendones del Rey Don Pedro, é luego que llegaron á ellos fueron desbaratados; ca el Rey Don Pedro, nin los que con él eran, nin los Moros, non se tuvieron punto nin más, ca luego comenzaron de se ir”. Pedro I, sin duda angustiado, buscó refugio en el castillo de Montiel. Uno de los hombres de confianza del rey de Castilla, Men Rodríguez de Sanabria, intentó atraer a su causa al dirigente francés Bertrand Du Guesclin, ofreciéndole muy valiosas concesiones, tanto en señoríos de tierras de Castilla como en dinero, aunque sin conseguirlo. Al final, en la noche del 22 al 23 de marzo de 1369, los dos hermanos, Pedro y Enrique, se encontraron frente a frente, en la posada en la que residía el bretón Bertrand Du Guesclin. Un caballero del entorno de Bertrand Du Guesclin le dijo a Enrique de Trastámara lo siguiente: “Catad que este es vuestro enemigo”.
     ¿Qué ocurrió a raíz de aquel encuentro? La versión transmitida por el cronista López de Ayala, el cual indica que el Trastámara, cuando supo que tenía frente a sí a su hermanastro Pedro I, “firiólo con una daga por la cara: é dicen que amos á dos, el Rey Don Pedro é el Rey Don Enrique, cayeron en tierra, é el Rey Don Enrique le firió estando en tierra de otras feridas. E allí morió el Rey Don Pedro”.
     Ciertamente aún subsistían en la Corona de Castilla algunos focos que defendían la causa petrista, pero su resistencia terminó por ser derrumbada por los partidarios del nuevo monarca, Enrique II. Los restos mortales del rey Pedro I recorrieron diversos lugares, como el Convento de Santo Domingo el Real de Madrid y el Museo Arqueológico de Madrid, terminando finalmente por ser trasladados a la Catedral de Sevilla (Julio Valdeón Baruque, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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sábado, 29 de agosto de 2026

Los sitios arqueológicos Vereda de San Juan, en Carmona (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Vereda de San Juan, en Carmona (Sevilla).
     Hoy, 29 de agosto, Memoria del martirio de San Juan Bautista, a quien el rey Herodes Antipas retuvo encarcelado en la fortaleza de Maqueronte, en el actual Israel, y al cual mandó decapitar en el día de su cumpleaños, a petición de la hija de Herodías. De esta suerte, el Precursor del Señor, como lámpara encendida y resplandeciente, tanto en la muerte como en la vida dio testimonio de la verdad (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte los sitios arqueológicos Vereda de San Juan, en Carmona (Sevilla).
Vereda de San Juan I.  Se detectan restos de construcción tales como tegulae, ladrillos, sillares y placas de mármol en un área de unos 1000 metros cuadrados. Parece tratarse de un asentamiento romano, cercano al rio desde donde se domina buena parte del terreno cultivable. Según Ponsich, su actividad debe centrarse, al menos, en torno a fines del s. III d. C. 
Vereda de San Juan II. Se detectan restos constructivos romanos y cerámicos de época altoimperial en un área aproximada de 5000 metros cuadrados.
Vereda de San Juan III. Presenta restos de construcción romanos en un área de unos 900 metros cuadrados.
Vereda de San Juan IV. Restos de construcción romanos junto con cerámica romana amorfa (sigillata hispánica) y cerámica vidriada árabe. Su extensión aproximada es de 900 metros cuadrados.
Vereda de San Juan V. Aparecen restos de tallas de sílex y útiles. En el yacimiento no se detectan cerámicas, sólo material lítico. No se puede valorar su cronología.
Vereda de San Juan VI. Cerámicas a mano y a torno así como restos constructivos romanos. Se trata en un primer momento de un hábitat orientalizante, posteriormente se establece en el lugar un asentamiento rural romano de época imperial. Todo ello en una extensión de 2000 metros cuadrados (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Juan Bautista, precursor del Señor:
EL ÚLTIMO DE LOS PROFETAS DE ISRAEL Y EL PRECURSOR DEL MESÍAS
   San Juan Bautista (en su traducción de los Cuatro Evangelios -1943-, Hubert Pernot sustituyó la denominación usual de San Juan Bautista por la de San Juan el Inmersor, pero la innovación no tuvo eco), el Precursor o, como dicen los griegos, el Prodromos del Mesías, es la "fíbula" viva que une el Antiguo con el Nuevo Testamento. Pertenece al reino de la Ley y al mismo tiempo al reino de la Gracia: ha vivido sub lege y sub gratia. 
   Aunque su historia sea contada en el Nuevo Testamento, no se podría separar de los profetas de la Antigua ley: es el último y el más grande de la estirpe ¿Acaso el propio Cristo no lo ha llamado profeta y más que un profeta? "Hic est enim propheta et plus quam propheta." Pasa por ser la reencarnación del profeta Elías: "Delante del cual irá él, con el espíritu y la virtud de Elías", dice Lucas (1: 17).
   La piedad popular y el arte cristiano siempre le han reservado un lugar aparte de los apóstoles y de los santos. En la Coronación de la Virgen, del primitivo artista de Aviñón Enguerrand Quarton (1453), San Juan esta en las filas de los profetas, en el lado opuesto a San Pedro y a los apóstoles. En la Asunción del Libro de Horas de Étienne Chevalier, Jean Fouquet lo sitúa junto a Moisés. A principios del siglo XVI, en su pintura La Adoración de la Santísima Trinidad por todos los santos o de la Santísima (Allerheiligenbild) en el Museo de Viena, A. Durero, fiel a la tradición, sitúa a Juan el Bautista en la cohorte de los justos del Antiguo Testamento, junto a Moisés y el rey David.
   Pero si Juan Bautista es el último de los profetas, también es el primero de los mártires de la fe de Cristo. Merecería, más que el díácono Esteban, el título de protomártir. La Iglesia le rinde el mismo culto que a los santos. En la hagiografía ocupa un lugar análogo al de San Miguel, venerado como arcángel y como santo al mismo tiempo.
   Así se explica que pueda figurar dos veces en un mismo programa iconográfico, donde representa simultáneamente el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el caso de la portada de la iglesia de San Servais, de Maastrich, donde se encuentra en los dos derrames: a la izquierda, pisoteando a Herodes y a Herodías, y a la derecha, bautizando a Cristo en el Jordán.
HISTORIA
   La historicidad de San Juan ha sido discutida tanto como la de Cristo. Ciertos mitólogos lo identifican, como a Jonás, con el dios pez babilonio Oannes.
   El historiador judío Josefo dice sólo que su predicación inspiraba gran esfervecencia en el pueblo, lo cual provocó su detención (Antigüedades judías, Lib. XVIII). Ese relato no concuerda con las fuentes cristianas.
   Brevedad de los Evangelios canónicos. Lo que las Sagradas Escrituras nos enseñan acerca de su vida puede resumirse en pocas palabras.
   Hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, prima de la Virgen María, recibió el nombre de pila Johanan o Jochanaan. Se retiró muy joven al desierto de Judea para llevar allí una vida ascética y predicar la penitencia. En Jesús, que se hizo bautizar por él en el Jordán, reconocía al Cordero de Dios, al Mesías anunciado por los Profetas. Ese acontecimiento capital habría ocurrido en el año 28.
   Arrestado en el 29, en la fortaleza transjordana de Macarea o Macerón (Mekavar) por el tetrarca de Galilea Herodes Antipas, cuyo matrimonio con Herodías, que era su sobrina y su cuñada a la vez (Herodes no podía justificarse por la ley judía de los levitas puesto que Herodías tenía cuatro hijos de su primer matrimonio), se había atrevido a censurar, fue decapitado sin que Jesús interviniese para salvarlo.
   Sólo en Marcos y en Mateo encontramos el relato de la Pasión de Juan desde su detención hasta su decapitación. El cuarto Evangelio no hace ninguna alusión al hecho, y San Pablo calla al respecto.
   Las adiciones de los Apócrifos. Sobre ese delgado cañamazo bíblico la leyenda bordó innumerables anécdotas que inspiraron al arte cristiano durante siglos.
   Los hagiógrafos desprovistos de imaginación recurrieron a otras fuentes mal disfrazadas. El evangelista Lucas ya había dado un ejemplo en tal sentido, contando el anuncio del nacimiento de San Juan Bautista según el modelo de los nacimientos de Isaac (Gen. 18: 10), de Sansón (Jue. 13:2) y de Samuel (I Rey. :1). El ángel Gabriel se apareció a Zacarías y le anunció el nacimiento de un hijo que se llamaría Juan. Zacarías, tan escéptico como la vieja Sara, respondió que era demasiado anciano, al igual que su mujer, como para creer en esta buena noticia. Para castigarlo por su incredulidad, el ángel le declaró que permanecería mudo hasta el día en que se realizara la promesa divina.
   La Virgen embarazada fue a visitar a su prima Isabel. Al acercarse Jesús, el niño se estremeció de alegría en el vientre de su madre.
   El mismo día de su nacimiento, contrariando la costumbre judía, recibió el nombre de Juan: tan pronto como su padre Zacarías, que hasta entonces permaneciera mudo, lo escribió sobre una tabla, recuperó la palabra; su lengua se liberó y se repuso de su largo silencio profetizando.
   De acuerdo con una tradición que se remonta Orígenes y a San Ambrosio, y que ha sido recogida por Pedro Comestor y por Jacopo de Vorágine en la Leyenda Dorada. el futuro precursor habría sido recibido en su nacimiento por la Virgen María. Buenaventura cuenta que María tomó en sus brazos al hijo de Isabel. El niño fijaba la mirada en ella como si hubiese comprendido quién era y cuando ella quiso devolverlo a su madre, él inclinaba la cabeza hacia la Virgen y sólo parecía encontrar placer en ella.
   Lucas no dice nada acerca de la infancia de Juan Bautista, pero los Apócrifos colman la laguna. Ahí se inventa la huida de Isabel con su hijo en el momento de la Matanza de los Inocentes, fuga poco motivada puesto que habitaban lejos de Belén.
   Retirado en el desierto (o en los bosques), Juan, vestido con una túnica de pelo de camello, se contenta con alimentarse de langostas (este alimento no tiene nada de anormal para un habilitante del desierto. Todavía en la actualidad los árabes comen sin asco alguno langostas secas, limpias de élitros, que se venden a espuertas en los mercados al aire libre o en los zocos. Han seguido "acridófagos". No obstante, numerosos comentaristas piensan que un asceta sólo podía ser vegetariano y pretenden que la palabra akrides ha sido traducida por langostas pero que debería interpretarse como brotes tiernos o frutas silvestres, quizás algarrobas , que en alemán se llaman Johannessbrotfrüchte -panes de San Juan-. Cf. Henri Grégoire, Les sauterelles de saint Jean-Baptiste, 1930. En inglés el algarrobo se denomina locust-tree, y las algarrobas locust-beans) y miel silvestre (locustae et mel sylvestre). Exhorta a la penitencia a sus discípulos, que lo toman por el Mesías, anunciándoles que el Reino de los Cielos está próximo.
   Después del Bautismo de Cristo deja de predicar. Como Natán censurando el adulterio de David, reprocha al tetrarca de Galilea Herodes Antipas el incesto con su cuñada. Para vengarse, Herodías aconseja a su hija Salomé, que había embrujado al tetrarca con su danza, que le pida como recompensa la cabeza de San Juan Bautista.
   Según el Evangelio de Nicodemo, habría precedido a Cristo en los Infiernos, donde habría servido de anunciador, igual que en la tierra.
   El profeta fue perseguido aún después de su muerte: se contaba que el emperador Juliano el Apóstata, para poner fin al culto que se le rendía, hizo desenterrar y quemar sus huesos.
   Puede advertirse lo que agregan los Apócrifos al relato de los Evangelios canónicos: la presencia de la Virgen en el nacimiento de Juan, la leyenda de la montaña que se abre frente a la madre y al niño, su descenso a los Infiernos donde precede y anuncia a Cristo, la incineración de sus reliquias.
   La ciencia moderna. El descubrimiento de los manuscritos hebreos en el desierto de Judá, al fondo de las grutas cavadas en los cantiles del mar Muerto, en 1947, ha renovado nuestro conocimiento de los orígenes del monacato cristiano. Sobre todo se descubrió que las prácticas y enseñanzas de los Esenios había ejercido profunda influencia en la predicación del Bautista. La traducción de los rollos del mar Muerto sin duda confirmará esta filiación espiritual.
CULTO
   San Juan Bautista es el primero en la jerarquía de los santos. Su primado es reconocido por la liturgia. En las Letanías se lo invoca inmediatamente después de los arcángeles, antes que a San José, esposo de la Virgen. En el Confiteor, su nombre es enunciado antes que el de San Pedro, príncipe de los Apóstoles. San Pedro Crisólogo lo glorifica como un superhombre, el igual de los ángeles: major homine, par angelis.
FIESTAS
   Por un privilegio excepcional, la Iglesia celebra el día de su nacimiento y el de su muerte: su Natividad es el 24 de junio, su Decapitación el 29 de agosto. Ahora bien, sólo hay otras dos Natividades inscritas en el calendario litúrgico, la del Mesías y la de la Santa Virgen.
   Antiguamente había incluso otra fiesta de San Juan Bautista, la de la Concepción de San Juan Bautista. Celebrada en Oriente, en el calendario romano ha sido reemplazada por la Visitación, que conmemora implícitamente la santificación de San Juan en el vientre de su madre.
   La fiesta de la Natividad de San Juan, fijada en junio, seis meses antes de la Natividad de Jesús, se llamaba en otros tiempos Navidad de verano. Durand de Mende nos enseña en su Rational (VII, 14) que entonces, como en la Nochebuena, se cantaba un doble oficio: el primero al anochecer y el segundo a medianoche.
   Más popular todavía, la Pasión o Decapitación, celebrada en agosto, reemplaza fiestas paganas que el cristianismo, consciente de la fuerza de su tradición, supo desviar en su provecho. Los fuegos encendidos en las cimas durante el solsticio de verano, después de la puesta de sol, se convirtieron en los fuegos de San Juan.
RELIQUIAS
   El culto de los santos generalmente está fundado en sus milagros y sus reliquias. Ahora bien, los judíos nunca han atribuido al Bautista un solo milagro y sus reliquias habrían sido reducidas a cenizas.
   Un panegirista de San Juan que escribiera en el siglo XII, se alegra de que éste no haya sido elevado al cielo como Cristo, la Virgen y San Juan Evangelista, porque si hubiese resucitado -agrega, ingenuamente- estaríamos privados de sus reliquias.
   A decir verdad, la historia de la combustión de los huesos de San Juan por órdenes de Juliano el Apóstata resultaba muy molesta porque parecía quitar a los santuarios de la cristiandad toda esperanza de conquistar las reliquias del primero de los santos. En verdad, quedaban las cenizas que los genoveses se jactaban de haber recogido. Pero se las arreglaron para sortear el obstáculo: se supuso que la combustión no había sido total y que un discípulo había conseguido sustraer al fuego huesos que fueron transportados a Alejandría y se difundieron y multiplicaron a través del mundo.
   Numerosas iglesias se disputaban la gloria y las ventajas de poseer las reliquias del Precursor. A causa de una confusión de nombre, se considera que la tumba de San Juan Damasceno en la mezquita de los Omeyas de Damasco contiene el cuerpo de San Juan Bautista.
   Los Juanistas o Caballeros de San Juan habrían recogido un brazo en su iglesia de Malta.
   Las pequeñas iglesias se contentaron, modestamente, con los dedos del Precursor. San Juan de Maurienne poseía su pulgar y San Juan del Dedo -en Bretaña- el índice, todavía más precioso, que señaló al Cordero de Dios a orillas del Jordán.
   El duque Juan de Berry legó a los cartujos de París el mentón y las sandalias de su santo patrón contenidos en un relicario de plata.
   Pero la reliquia más codiciada era la cabeza del decapitado que Constantinopla pretendía poseer en el monasterio de Studios.
   Sólo en Italia se conocían cinco ejemplares de su cabeza. En dos iglesias de Roma, S. Silvestre in capite y S. Juan de los Florentinos, en S. Lorenzo de Génova, en S. Marcos de Venecia y en la catedral de Anagni.
   A las pretensiones italianas se oponían las reivindicaciones francesas. En 1204, después de la cuarta Cruzada, un canónigo de Picardía habría llevado desde Constantinopla a Amiens la parte anterior de la cabeza de San Juan Bautista con la marca del cuchillo de Herodías. La parte posterior de la "cabeza del Señor San Jehan" había quedado en Constantinopla. San Luis la adquirió a precio de oro para la Sainte Chapelle; era la pieza más preciosa del tesoro, después de las reliquias de la Pasión.
   Otra cabeza (de otro San Juan), encontrada en 1014 y conservada en un magnífico relicario, atraía a los peregrinos a San Juan de Angély, en Saintonge (Calvino se burla en su Tratado de las Reliquias: "Los de Amiens se jactan de tener el rostro y la máscara que muestran hay una marca de una cuchillada sobre el ojo que dicen que le asestó Herodías. Pero los de San Juan de Angély los contradicen y muestra la misma parte."). Santa Verónica habría aportado a Bazas una "mappula" con la cual habría secado la sangre del Precursor en la prisión.
   En España, la iglesia de San Isidoro de León se jactaba de poseer la mandíbula del Precursor.
   A causa de esta multiplicación, a finales de la Edad Media se contaba doce cabezas y sesenta dedos del Bautista, lo cual es evidentemente excesivo. Pero como sólo se presta a los ricos, se han atribuido al Bautista huesos que pertenecían a sus homónimos, tales como San Juan de Edesa.
LUGARES DE CULTO
   La popularidad de San Juan está probada no sólo por el número paradójico de sus reliquias que parece haber tenido, como el fénix, el privilegio de renacer de sus cenizas, sino además por la multitud de iglesias puestas bajo su advocación.
   Roma no le consagró menos de ocho, la más célebre de las cuales es San Juan de Letrán, madre de todas las iglesias, "omnium ecclesiarum mater et caput", fundada por Constantino, el primer emperador cristiano. En Italia era, además, patrón de Génova, de Florencia -que estampaba en sus florines la imagen de San Juan Bautista- y de Turín, que le dedicó su catedral.
   En Venecia, la iglesia de San Giovanni Decollato se llama en dialecto San Zan Degola.
   En Francia, le están dedicadas numerosas catedrales, especialmente la de Lyon, sede del Primado de las Galias. Además, era venerado en Perpiñán, que le dedicó dos iglesias: San Juan el Viejo y San Juan el Nuevo, en Bazas; San Juan de Angély en Saintonge; San Juan del Dedo en Bretaña, San Juan de Maurienne en el Delfinado y la abadía de San Juan de las Viñas en Soissons.
   A ello hay que agregar que los baptisterios que en otros tiempos se levantaban junto a las catedrales, estaban obligatoriamente consagrados al Bautista: tal es el caso del baptisterio San Juan de Poitiers; de San Giovanni in Fonte, en Ravena, y los baptisterios de Parma, Pisa y Florencia. En Francia se los llamaba San Juan de las Fuentes o San Juan el Redondo, a causa de su planta circular.
   Numerosas órdenes religiosas o militares se vindican de San Juan Bautista: Los caballeros de San Juan de Jerusalén expulsados a Rodas por la reconquista musulmana, que luego pasaran a Malta; los cartujos, cuya devoción se repartía entre San Juan, patrón de los ascetas y San Bruno, fundador (Claus Sluter lo ha representado en la portada de la Cartuja de Dijon como patrón de los Cartujos, protegiendo a Felipe el Atrevido. La cartuja del Valle de la Bendición, fundada por el papa Inocencio VI en Villeneuve de Aviñón, originalmente estaba consagrada a San Juan Bautista; por ello los frescos de la capilla ilustran escenas de su vida. En España, Fernando Gallego pintó para la Cartuja de Miraflores un ciclo de la historia del Bautista) de la orden.
   En 1310, en Haarlem, se fundó una Encomienda de la orden de San Juan. Para ella fue ejecutado el gran retablo de Geertgen Tot sint Jans, uno de cuyos paneles se encuentra en el Museo de Viena.
CULTO POPULAR
   Numerosos santos nunca han recibido más que un culto litúrgico y, por así decir, oficial, pero San Juan Bautista es, por el contrario, el tipo del santo popular.
   Los fuegos de San Juan, las hierbas de San Juan (las verbenas) son una herencia del paganismo que sobrevive en el folklore cristiano.
   Las corporaciones y las cofradías se disputaban el patronato de tan poderoso intercesor: por ello su imagen es tan frecuente en los báculos procesionales de las cofradías.
   San Juan Bautista era el patrón de los sastres porque se vistió a sí mismo en el desierto; de los peleteros, a causa de la túnica de pelo de camello; de los fabricantes de cinturones, zurradores y talabarteros porque llevaba cinturón de cuero; de los cardadores de lana porque tenía un cordero como atributo.
   En Florencia había adquirido la clientela del Arte di Calimala, es decir, del gremio de comerciantes de paño francés.
   En memoria del festín de Herodes, era venerado por los posaderos. La prisión le valió la clientela de los pajareros porque también él había sido metido en una jaula y su decapitación la de los cuchilleros y afiladores porque le habían cortado la cabeza.
   A causa de su prisión y decapitación también era el patrón de los prisioneros y condenados a muerte. Las cofradías de la Misericordia que se habían fijado como misión acompañar a los condenados al suplicio y sepultarlos, habían elegido como emblema la cabeza de San Juan en una bandeja. Por eso la capilla de los Penitentes Negros de Aviñón, adosada a la prisión, está dedicada a San Juan Bautista, y los bajorrelieves de la fachada representan a dos ángeles que llevan su cabeza en una bandeja.
   Sin embargo, a primera vista se explica difícilmente, que también sea el patrón de cantores y músicos. En este sentido, es necesario recordar que los nombres de las notas de la escala han sido tomadas por el monje benedictino Guido d'Arezzo de un himno en su honor: ut (luego do), re, mi, fa, sol, la son las sílabas iniciales de los versos donde se lo celebraba, y la nota si está compuesta por la S y la I de San Juan (Sancte Iohannes), invocada al final de la estrofa.
   Como todos los santos populares, el Bautista era también un santo curador.
   La cabeza de San Juan en una bandeja (Johannischüsse) era objeto de una particular devoción por parte de los fieles que sufrían de migraña o jaqueca: se les presentaba la bandeja de San Juan, y a veces incluso se les colocaba su cabeza de metal hueco para "aspirar" la enfermedad.
   En Amiens, la cabeza de San Juan curaba la epilepsia (se llamaba a la epilepsia el mal de San Juan). En San Juan de las Viñas de Soissons, a donde los pacientes acudían en peregrinación, se lo invocaba contra las enfermedades de garganta, las anginas y los ahogos.
   En el Tirol, los campesinos conseguían la curación de los dolores de cabeza dando tres vueltas en torno al altar con una "Johannisschüssel" (algarroba). Arrojada al agua, la cabeza de San Juan ayudaba a a encontrar los cuerpos de los ahogados.
   A causa del Bautismo en el Jordán, tradicionalmente se consideraba a San Juan protector de las fuentes.
   En Rusia, los popes recomendaban abstenerse de todo fruto o legumbre, pera o calabaza cuya forma pudiera recordar la de la cabeza humana en el día de la fiesta de la Decapitación del Prodromo.
   Si a todas esas creencias populares se suma el hecho de que los nombres de San Juan y Juana eran extremadamente usuales en todos los países y que su empleo hacía que quienes lo eligieran se hicieran pintar bajo la protección de su santo patrón, se explica fácilmente la profusión de imágenes de San Juan en el arte cristiano.
ICONOGRAFÍA
   Tipos. La mayoría de los santos no tienen más que un tipo iconográfico. A nadie se le ocurriría representar un San Pedro o un San Pablo niños. Pero San Juan Bautista aparece en el arte cristiano, por el contrario, con dos aspectos diferentes: como niño y como adulto, como compañero de juegos del Niño Jesús y con los rasgos de un predicador ascético. Desde este punto de vista puede compararse con David, representado ya como joven pastor vencedor de Goliat, ya como rey coronado tocando el arpa.
San Juanito
   Fue el Renacimiento italiano el que popularizó el tipo del bambino de cabellos rizados jugando respetuosamente con el Niño Jesús bajo la tierna vigilancia de la Madona.
   El tema del pequeño San Juan asociado con el Niño Jesús no tiene fundamentos alguno en la Biblia, porque si hay que creer en el testimonio de San Juan Evangelista (1: 31), el Bautista habría dicho al ver a Jesús avanzar hacia él para ser bautizado en las aguas del Jordán: "Yo no le conocía".
   Pero se explica sin dificultad el atractivo que un tema semejante debía ejercer sobre los pintores de la maternidad y de la infancia. Según Botticelli, fue Leonardo da Vinci quie en su Virgen de las Rocas ha ofrecido el modelo más perfecto de esas Sagradas Familias ampliadas que luego inspiraron a Rafael (bastará recordar la Madonna della Tenda en la Pinacoteca de Munich; la Virgen del vel o y ls Sagrada Familia de Francisco I, en el Museo del Louvre) y a Murillo tantas obras maestras de gracia conmovedora.
   Señalemos sólo que desde el punto de vista iconográfico ese tema se presta a las variaciones más delicadas: San Juanito es ya el compañero del Niño Jesús al que entrega su cordero, ya el adorador de Aquél a quién, a la sazón, confusamente, siente "mayor que él" ¡Pero cuántos matices entre la camaradería y la adoración!
   Aunque los dos niños hayan nacido con algunos meses de intervalo, la diferencia de edades está muy marcada: Juan aparece siempre muy claramente como el mayor.
   Los artistas florentinos del Quattrocento representaron a San Juan adolescente con los rasgos de un efebo imberbe de nerviosa elegancia (Donatello, Verrocchio) o de gracia andrógina (da Vinci).
   En el siglo XVII, Murillo lo transformó en muchacho andaluz.
   En el siglo XIX, los escultores franceses Paul Dubois y Dampt enriquecieron el tema.
San Juan adulto
   Por encantador que resulte el tipo pueril o juvenil del Giovannino italiano, San Juan aparece en el arte cristiano casi siempre con los rasgos de un asceta demacrado "alimentado con langostas y miel silvestre", predicando la penitencia en el desierto de Judea.
   El arte realista de finales de la Edad Media y del Renacimiento lo representa de buena gana como un faquir esquelético, uno yogui hindú o un beduino nómada macilento y quemado por el sol, de barba descuidada y cabellos hirsutos.
   No obstante, ese San Juan ascético de origen oriental estuvo precedido por representaciones de tipo pastoral o sacerdotal en las manifestaciones paleocristianas de Ravena.
   Vestimenta. Según los Evangelios de Mateo (3, 4) y de Marcos (1, 6), está vestido con una túnica corta (exomis). Pero su vestidura característica es un sayo de pelo de camello (trikhinon himation) ajustado en la cintura mediante un cinturón de cuero. (Joannes erat vestitus pilis cameli et zona pellicea circa lumbos ejus.) En el arte pictórico del siglo XV, la piel de la cabeza del camello pende entre sus piernas. La piel manchada de un tigre que viste en un mosaico bizantino de Parenzo, en Istria, es una excepción. El sayo tejido con pelo de camello se reemplazó en Occidente con una piel de oveja o de cabra que le deja los brazos, las piernas y hasta una parte del torso desnudos. El palio púrpura que tiene encima en la escena de la intercesión del Juicio Final, alude a su martirio.
   Atributos. En el arte bizantino, está representado como un ángel con grandes alas (alígero). Esta concepción del Prodromo alado se remonta a una profecía de Malaquías (3:1): "He aquí que envío a mi mensajero para preparar mi camino, el ángel de la Alianza que deseáis." En el principio del Evangelio de San Marcos (1:2), se lo califica de mensajero celestial; no es otra cosa que la traducción literal de las palabras de Cristo que lo glorifica como "el igual de un ángel".
   En su mano, como los santos "cefalóforos", tiene una bandeja con su cabeza cortada: con frecuencia esa bandeja es reemplazada por un cáliz donde reposa como una hostia viva el Niño Jesús desnudo.
   Sus atributos son muy diferentes en el arte de Occidente. El más frecuente es el cordero cruciforme que presenta en un tondo, en un pliegue de su manto, apoyado sobre un libro o derramando su sangre en un cáliz, a sus pies. Ese símbolo es el que conviene más a un Precursor, puesto que saluda a Jesús diciendo: "He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo."
   Con frecuencia tiene una cruz de cañas en la que una filacteria lleva la inscripción: Ecce Agnus Dei. Un panal de miel alude a su alimento en el desierto.
   Por el índice elevado expresa, como el arcángel Gabriel, su misión de Anunciador (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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