Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Sepulcro del Cardenal Lluch, de Agapito Vallmitjana, en la Capilla de San Laureano en la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla.
Hoy 23 de septiembre, es el aniversario del fallecimiento (23 de septiembre de 1882) del Cardenal Lluch, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Sepulcro del Cardenal Lluch, de Agapito Vallmitjana, en la Capilla de San Laureano, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
La Catedral de Santa María de la Sede [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de San Laureano [nº 044 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Siempre ha tenido la misma advocación, aunque ha tenido altares o imágenes del "IHU de la Piedad" en 1530, del "Ecce Homo" y de "Cristo Resucitado y las Marías". Durante los siglos XVII y XVIII se alojó en ella la Cátedra de Moral. Contiene el epitafio del arzobispo don Alonso de Xea (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
En la Capilla de San Laureano, podemos contemplar el Sepulcro del Cardenal D. Joaquín Lluch y Garriga.
Sobre un podio enriquecido por escudos y angelitos en los ángulos, se alza la figura del prelado, revestido con capisayos episcopales, los brazos cruzados ante el pecho, genuflexo ante el reclinatorio y en profunda oración.
Es obra de Agapito Vallmitjana, el escultor catalán del romanticismo, fechable en 1885. El Cardenal falleció tres años antes [José Hernández Díaz, Retablos y Esculturas, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991].
Conozcamos mejor la Biografía del Cardenal Lluch, personaje protagonista de la obra reseñada;
Joaquín Lluch y Garriga. (Manresa, Barcelona, 22 de noviembre de 1816 – Umbrete, Sevilla, 23 de septiembre de 1882). Carmelita (OCarm.), teólogo, obispo de Las Palmas, Salamanca y Barcelona, arzobispo de Sevilla y cardenal.
Trasladada su familia a Barcelona desde Manresa, vistió el hábito en el convento carmelita de la misma ciudad el 2 de noviembre de 1830 e hizo su profesión el 27 de febrero de 1832. Iniciados los estudios superiores en el colegio de carmelitas de San Ángel (Barcelona), con motivo de la exclaustración abandonó España y pasó al convento carmelitano de Lucca (Italia), donde los concluyó. Ordenado sacerdote a los veintidós años, desempeñó en el mismo convento los cargos de maestro de novicios y profesor de Teología. Doctor en esta última disciplina se distinguió también como predicador, colaborando en la revista Pragmalogia Theologica. Otra exclaustración, esta vez en Italia, le obligó a regresar a España, donde todos los conventos carmelitas estaban suprimidos. En el seminario de Barcelona regentó la cátedra de Teología Moral. Párroco de San Miguel de la misma ciudad, su inquietud por los temas sociales le llevó a fundar la Asociación de Caridad Cristiana y en 1854, con motivo de la peste declarada en la Ciudad Condal, se distinguió por su heroico servicio al frente del Hospital de Santa Cruz.
Fue preconizado obispo de Las Palmas de Gran Canaria y administrador apostólico de Santa Cruz de Tenerife el 27 de septiembre de 1858. “También en el archipiélago tuvo ocasión de ejercer sus sentimientos de caridad cristiana con ocasión de la fiebre amarilla, mérito que le granjeó el ser condecorado con la Cruz de Primera Clase de Beneficencia, concedida por Isabel II”. Su inquietud por la cultura le llevó a enriquecer la biblioteca del seminario.
Nombrado obispo de Salamanca el 13 de marzo de 1868, desplegó en la ciudad del Tormes una intensa actividad. Puede considerársele casi cofundador de las Siervas de San José, y prestó ayuda inestimable a las Hijas de Jesús, Hermanitas de los Pobres, etc. Intervino activamente en las tareas del Concilio Vaticano I.
Nombrado obispo de Barcelona el 16 de enero de 1870, continuó su trabajo pastoral infatigablemente, levantando escuelas de artes y oficios, construyendo una residencia para sacerdotes ancianos y enfermos, etc. En 1877 fue nombrado arzobispo de la archidiócesis de Sevilla. Mientras gobernaba la misma, fue nombrado cardenal, sin que pudiera recibir el capelo; le sorprendió la muerte el 23 de septiembre de 1882.
En relación con la Orden del Carmen, tema que particularmente interesa, hay que recordar que recibió su formación en conventos de España e Italia. Con motivo de su permanencia en Roma en las tareas del Concilio, se hospedó en el convento de Transpontina, donde recibió numerosas atenciones. Comunicó al general de la Orden el 27 de abril de 1868 que había sido preconizado obispo de Salamanca. Volvió a escribir al mismo general el 4 de noviembre de 1868 indicando que le reservara habitación en Transpontina, cuando fuera al Concilio. Le hablaba también de la difícil situación por la que atravesaba España.
De sus intervenciones en el Concilio Vaticano I se conserva el testimonio de León Dehon, quien señaló a Lluch entre los más elocuentes obispos españoles. En general mantuvo una postura conservadora. Pidió que se exigiera la visita trienal de los obispos a sus diócesis. También pidió que se suavizara el lenguaje al hablar de los pecados de los clérigos. Fue decisiva su intervención en la restauración de la Orden del Carmen en España por su postura favorable a que se recuperara el convento antiguo carmelita de Jerez de la Frontera, cuando estaba al frente de la archidiócesis hispalense. Existen, sin embargo, algunas reservas de que no apoyara con el calor y entusiasmo que era de esperar esta restauración, sobre todo cuando fueron compatriotas suyos de Cataluña quienes la iniciaron en 1880.
Dejó numerosos escritos, que es preciso rastrear en la revista Pragmalogia Theologica y en los Boletines eclesiásticos de las diócesis que gobernó. Es relativamente amplia la bibliografía sobre el mismo, si bien falta una biografía crítica que le sitúe en la época como una de las personalidades de la jerarquía eclesiástica del siglo XIX y que valore convenientemente su actividad sorprendente y variada (Balbino Velasco Bayón, OCarm., en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Trasladada su familia a Barcelona desde Manresa, vistió el hábito en el convento carmelita de la misma ciudad el 2 de noviembre de 1830 e hizo su profesión el 27 de febrero de 1832. Iniciados los estudios superiores en el colegio de carmelitas de San Ángel (Barcelona), con motivo de la exclaustración abandonó España y pasó al convento carmelitano de Lucca (Italia), donde los concluyó. Ordenado sacerdote a los veintidós años, desempeñó en el mismo convento los cargos de maestro de novicios y profesor de Teología. Doctor en esta última disciplina se distinguió también como predicador, colaborando en la revista Pragmalogia Theologica. Otra exclaustración, esta vez en Italia, le obligó a regresar a España, donde todos los conventos carmelitas estaban suprimidos. En el seminario de Barcelona regentó la cátedra de Teología Moral. Párroco de San Miguel de la misma ciudad, su inquietud por los temas sociales le llevó a fundar la Asociación de Caridad Cristiana y en 1854, con motivo de la peste declarada en la Ciudad Condal, se distinguió por su heroico servicio al frente del Hospital de Santa Cruz.
Fue preconizado obispo de Las Palmas de Gran Canaria y administrador apostólico de Santa Cruz de Tenerife el 27 de septiembre de 1858. “También en el archipiélago tuvo ocasión de ejercer sus sentimientos de caridad cristiana con ocasión de la fiebre amarilla, mérito que le granjeó el ser condecorado con la Cruz de Primera Clase de Beneficencia, concedida por Isabel II”. Su inquietud por la cultura le llevó a enriquecer la biblioteca del seminario.
Nombrado obispo de Salamanca el 13 de marzo de 1868, desplegó en la ciudad del Tormes una intensa actividad. Puede considerársele casi cofundador de las Siervas de San José, y prestó ayuda inestimable a las Hijas de Jesús, Hermanitas de los Pobres, etc. Intervino activamente en las tareas del Concilio Vaticano I.
Nombrado obispo de Barcelona el 16 de enero de 1870, continuó su trabajo pastoral infatigablemente, levantando escuelas de artes y oficios, construyendo una residencia para sacerdotes ancianos y enfermos, etc. En 1877 fue nombrado arzobispo de la archidiócesis de Sevilla. Mientras gobernaba la misma, fue nombrado cardenal, sin que pudiera recibir el capelo; le sorprendió la muerte el 23 de septiembre de 1882.
En relación con la Orden del Carmen, tema que particularmente interesa, hay que recordar que recibió su formación en conventos de España e Italia. Con motivo de su permanencia en Roma en las tareas del Concilio, se hospedó en el convento de Transpontina, donde recibió numerosas atenciones. Comunicó al general de la Orden el 27 de abril de 1868 que había sido preconizado obispo de Salamanca. Volvió a escribir al mismo general el 4 de noviembre de 1868 indicando que le reservara habitación en Transpontina, cuando fuera al Concilio. Le hablaba también de la difícil situación por la que atravesaba España.
De sus intervenciones en el Concilio Vaticano I se conserva el testimonio de León Dehon, quien señaló a Lluch entre los más elocuentes obispos españoles. En general mantuvo una postura conservadora. Pidió que se exigiera la visita trienal de los obispos a sus diócesis. También pidió que se suavizara el lenguaje al hablar de los pecados de los clérigos. Fue decisiva su intervención en la restauración de la Orden del Carmen en España por su postura favorable a que se recuperara el convento antiguo carmelita de Jerez de la Frontera, cuando estaba al frente de la archidiócesis hispalense. Existen, sin embargo, algunas reservas de que no apoyara con el calor y entusiasmo que era de esperar esta restauración, sobre todo cuando fueron compatriotas suyos de Cataluña quienes la iniciaron en 1880.
Dejó numerosos escritos, que es preciso rastrear en la revista Pragmalogia Theologica y en los Boletines eclesiásticos de las diócesis que gobernó. Es relativamente amplia la bibliografía sobre el mismo, si bien falta una biografía crítica que le sitúe en la época como una de las personalidades de la jerarquía eclesiástica del siglo XIX y que valore convenientemente su actividad sorprendente y variada (Balbino Velasco Bayón, OCarm., en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor la Biografía de Agapito Vallmitjana, autor de la obra reseñada;
Agapito Vallmitjana Barbany. (Barcelona, 1830-1833 – 25 de noviembre de 1905). Escultor.
Hermano del escultor Venancio Vallmitjana Barbany. Inició sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Barcelona alrededor de 1848-1849. En noviembre de 1850 pasó a la clase de Escultura del Natural, por haber ganado las cuatro menciones honoríficas que para ello se exigía, y ese mismo curso, estuvo inscrito en Teoría e Historia de las Bellas Artes, y con su hermano en la clase de Anatomía.
Después de los estudios preparatorios fue discípulo de Damià Campeny. En 1877 se le asignó interinamente la Cátedra de Escultura de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, siendo nombrado catedrático numerario en 1881. Habiendo trabajado con su hermano Venancio innumerables obras, es difícil precisar a cual de ellos corresponde la ejecución de gran número de ellas. Los dos contribuyeron durante casi medio siglo al esplendor de la escultura tanto por sus obras como por sus enseñanzas. Fue junto a su hermano el mejor representante de la escultura catalana de su tiempo, distinguiéndose por su extraordinario oficio, y por el acusado detallismo realista. Entre 1853 y 1854 efectuaron juntos las estatuas de los Evangelistas y la Fe para la iglesia de San Justo y Pastor de Barcelona. El arquitecto Josep Oriol Mestres les confió en 1858 las figuras alegóricas de la Industria y el Comercio, de la fachada del Banco de Barcelona. Hasta 1867 tuvieron instalado el taller en la capilla de Santa Águeda; donde conocieron a Isabel II en 1860, y Agapito le ofreció un esbozo representando a la soberana con su hijo Alfonso, que la Reina le encargó en mármol. En 1872 realizaron el Retrato de lord Stanley y el de su esposa en mármol, en tamaño natural, y viajaron a Manchester.
Posteriormente acordaron trabajar por separado, y en 1883 separaron su taller, dedicándose Agapito principalmente a la escultura funeraria y religiosa aunque realizó obras de otros géneros. Los primeros años se dedicó a la imaginería religiosa.
Destaca en sus obras el sentimiento, el estudio anatómico, la armonía, la suavidad, y el tratamiento de los ropajes, de extraordinaria perfección técnica.
Realizó una obra íntima, con poder emocional; fue un gran imaginero. En 1862 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes Madrid con la figura de San Sebastián atado al árbol en el martirio, con la que obtuvo Tercera Medalla, y en la Exposición del Ateneo Catalán. En 1864 presentó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, Adán en el momento de ver a Eva —con la que obtuvo Segunda Medalla—, Una mujer al salir del baño, Un crucifijo de bronce, y tres retratos, uno de ellos el busto de Claudio Lorenzale. También participó en las Nacionales de Bellas Artes de Madrid de 1866 y 1867. En la Exposición de Viena de 1873, fue premiado con Cristo muerto, y con Venanci tomó parte en la Exposición de París de 1875. En la Nacional de Madrid de 1876, presentó Cristo yacente, y fue premiado con Segunda Medalla, el Gobierno adquirió la obra en mármol. En 1878 ganó un premio en la Exposición Nacional de Madrid con Adán. En la Primera Exposición General de Bellas Artes de Barcelona de 1891, presentó las estatuas en mármol de tamaño natural Cristo yaciente y El Sagrado Corazón de Jesús; el busto en bronce fundido en los talleres de Federico Masriera, La Tradición, también en tamaño natural; y Retrato, en barro cocido. En enero de 1892 tomó parte en la Novena Exposición de la Sala Parés, donde presentó la estatua de San Juan de Dios. En la Segunda Exposición General de Bellas Artes de Barcelona de 1894, formó parte como vocal de la comisión ejecutiva. En la Tercera Exposición de Bellas Artes é Industrias Artísticas de Barcelona de 1896, formó parte como vocal de la comisión organizadora. En la Exposición Universal de París de 1900, la casa Masriera y Campins presentó numerosas obras —fundidas en bronce— de escultores catalanes, entre los que se encontraba él. En la Exposición de Retratos y Dibujos Antiguos y Modernos de Barcelona de 1910, se presentó su obra Retrato de D. Manuel de Bofarull y de Sartorio, en mármol. Muchos escultores se formaron en el taller de los Vallmitjana, son un ejemplo: Jerónimo Suñol, Agustí Querol, Rafael Atché y Antoni Coll. Era caballero de la Orden de Isabel la Católica; miembro numerario de la Real Academia Catalana de Bellas Artes de Sant Jordi desde 1877, y miembro corresponsal de la Real Academia de San Fernando. En diciembre de 1935 la familia de los escultores Vallmitjana, por mediación de “Amics dels Museus de Catalunya”, donaron a los museos de de Barcelona un buen número de estatuillas. Obras en el Museo Nacional d’Art de Catalunya, y en el Museo de Madrid (María Isabel Marín Silvestre, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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