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sábado, 3 de octubre de 2026

Los principales monumentos (Alcázar de los Duques de Feria, e Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria) de la localidad de Zafra I, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Alcázar de los Duques de Feria, e Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria) de la localidad de Zafra I, en la provincia de Badajoz.
     Situada en un llano, al pie de las escarpaduras rocosas de la Sierra de Castellar, en el corazón mismo de la Baja Extremadura, Zafra constituye una de las poblaciones más significadas de la región, y centro natural de articulación de los territorios circundantes, de cuyo conjunto resulta cabecera indiscutible.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 62,6 Km2
     Altitud: 508 m.
     Distancia Capital: 75 Km.
     Partido Judicial: Zafra
     Comarca: Zafra - Río Bidón
    Otras Entidades: Buen Suceso, a 1 km. de Zafra y 440 m. de altitud; Cabrahiga, a 1 km. de Zafra y 500 m. de altitud; Huerta Plata, a 1 km. de Zafra y 520 m. de altitud; y Palomar Navas, a 2 km. de Zafra y 500 m. de altitud
     Gentilicio: Segedano
Ayuntamiento de Zafra
     Plaza de Pilar Redondo, s/n.
     06300 Zafra (Badajoz)
     Teléfono: 924554501 - 924554601
     Fax: 924553755
     Correo: ayuntamiento@zafra.es - secretario@zafra.es
     Web: www.zafra.es
Historia.-
    La consolidación de la ciudad comienza gracias al estratégico punto de tránsito que fue la de "Vía de la Plata", la vía de comunicación más importante del occidente de la Hispania romana.
     Asentada en un llano, al pie de las escarpaduras rocosas de la Sierra de Castellar, en el corazón mismo de la Baja Extremadura, Zafra constituye una de las poblaciones más significadas de la región, y centro natural de articulación de los territorios circundantes, de cuyo conjunto resulta cabecera indiscutible.
     La población cuenta con 15.477 habitantes, distinguiéndose por su actividad mercantil e industrial, cuya tradición, conectada con una floreciente artesanía, se remonta a los siglos medievales.
     Junto con la raigambre de su casco tradicional, Zafra ofrece, en afortunada combinación de lo pretérito con lo presente, las características de una moderna ciudad de servicios, floreciente y dinámica, lo que hace de ella foco de importancia sobresaliente en el conjunto de la región en los aspectos económicos, social, cultural, etc.
     Formó parte del primer Señorío, después Condado y finalmente Ducado de Feria.
     Así, Zafra es en la actualidad una ciudad excelentemente dotada de infraestructura comercial, industrial y hostelera, y en materia de equipamientos y servicios. Moderna, vital, emprendedora y hospitalaria; con hermosos parques y jardines, y amplias plazas y avenidas, todo ello en perfecta armonía y con notable respeto hacia los contenidos históricos. Quizá en ninguna otra localidad extremeña se dé en términos tan elocuentes esta feliz articulación de lo actual con el legado del pasado, como en esta bella población.
     Sobre el origen de Zafra podemos decir que: El poblamiento del área zafrense es muy antiguo, se remonta a la Prehistoria: la sierra de El Castellar guarda el origen de la población en oquedades decoradas con pictogramas; la cercana ermita de Belén, la existencia de un castro de la Edad del Bronce; y en los bordes urbanos, varias villae romanas, que quizá rememoren aquella legendaria Segeda, a la que se quiere creer precedente inmediato de la ciudad.
     Las primeras noticias fidedignas de Zafra son, sin embargo, medievales: una pequeña comunidad musulmana aparecía asentada en el valle, cuando en el año 1241, las tropas de Fernando III El Santo, en su avance reconquistador hacia Sevilla, tomaron el castillo de El Castellar que la protegía desde lo alto del crestón. El baluarte se corresponde, según ciertas interpretaciones, con el mismo Sajra-abi Hassam. De este controvertido Sajra, se trata también de hacer derivar el Zafra posterior.
     Habrá que esperar, no obstante, al siglo XIV para ver como Zafra comienza a adquirir un papel cada vez más preponderante en el sur de Extremadura. El año de 1394 resulta ser un hito histórico importantísimo para la ciudad, ya que entonces fue donada por Enrique III a Gomes Suárez de Figueroa, un adolescente que era camarero de la Reina e hijo del Gran Maestre de la Orden de Santiago.
     Igualmente discutida resulta la identificación del enclave con la supuesta Segeda túrdula, de la que, no obstante, deriva el gentilicio de segedanos con que se distingue a sus naturales. Sobre éste, se aplica familiarmente en la zona el de "Churretines", en alusión al carácter diferenciado de un vecindario no dedicado de manera preferente a la actividad agrícola, sino a la artesanal y mercantil.
     El enclave, muy disputado por su estratégica localización, tras ser ocupado definitivamente por Fernando III en 1.241, quedó integrado en el alfoz de Badajoz, con categoría de aldea, hasta su donación en 1.394, junto con Zafra y La Parra, a Gómez Suárez de Figueroa.
     A partir del siglo XIX, el desarrollo de Zafra fue enorme. Así, todavía a mediados de esa centuria, el lugar en que hoy aparece el magnífico Parque de la Paz, estaba ocupado por una charca o albuera de considerables proporciones, donde abrevaban los ganados que acudían a los mercados y rodeos.
     Aspecto que no puede ser pasado por alto, y consustancial con la tradición mercantil de la ciudad, es su tradicional Feria de Ganado de San Miguel. El origen de este acontecimiento, inseparable de Zafra, data de 1453, siendo Juan II el que la concede, aunque previamente Zafra ya gozaba de dos mercados semanales, concedidos, uno en 1380 por parte de Juan I y otro por San Juan en 1395.
     La Feria de San Miguel es confirmada sucesivamente, en 1490 por los Reyes Católicos; 1510 por la reina Juana, y 1709 por Felipe V, que la concedió a perpetuidad.
     En la actualidad esta Feria multisecular ha hallado su continuación, con nueva dimensión, en la Regional del Campo Extremeño, acontecimiento de extraordinaria resonancia en el dominio no sólo ganadero, sino también industrial y comercial.
     En 1882, Alfonso XII concedió a Zafra el título de Ciudad, con el apelativo de Muy Noble y Muy Ilustre. En consideración a sus contenidos, en 1.965 la población fue declarada Conjunto Histórico Artístico de Interés Nacional, tratamiento que ya detentaba el Alcázar desde 1931 (Diputación Provincial de Badajoz).
     Al pie de la sierra de los Santos, Zafra es una ciudad activa, ferial y apacible que guarda el ambiente evocador de Al Andalus en sus casas enjalbegadas y en el trazado de plazas y calles salpicadas de palmeras.
Historia
     Los orígenes del núcleo actual, después de que las invasiones bárbaras, asolaran anteriores poblados, se fijan hacia el siglo XI con el establecimiento de grupos bereberes de artesanos y traficantes. La islámica Safar ("junio" en árabe), así llamada por las importantes ferias que tenían lugar en dicho mes, nació con una clara vocación comercial que ha mantenido en su desarrollo histórico. El avance de Fernando III por tierras de la Baja Extremadura la recuperó del dominio agareno (1241) y, tras cesiones y ventas a distintas familias de la nobleza, pasó a formar parte del señorío de Feria, posterior condado y ducado.
     Una intensa actividad mercantil y la arte­sanía del curtido de pieles propiciaron su prosperidad en los siglos XVI y XVII. En 1883 obtuvo el título de ciudad. Ya en el presente siglo, la consolidación de su importancia como núcleo ferial y el desarrollo de industrias agroalimentarias y otras, como la fabricación de motores de riego, son la base de su influencia regional.
     Entre sus hijos ilustres se cuentan Ruy Lope, genial ajedrecista creador de la famosa apertura española y primer campeón del mundo (1575), el poeta renacentista Cristóbal de Mesa y el dramaturgo neoclásico Vicente García de la Huerta, autor del drama histórico Raquel.
Gastronomía
     Una buena infraestructura de servicios posibilita la degustación de gran variedad de platos regionales. La caldereta de cordero, el cocido extremeño y la prueba de matanza figuran entre las especialidades locales.
     Existen bodegas con vinos de la comarca. El convento de las clarisas mantiene el prestigio de la pastelería artesanal. 
Artesanía
     Sobresale la elaboración de diferentes artículos de cuero (cinturones, bolsos, carteras) y en varios establecimientos puede adquirirse cerámica de diversa procedencia.
Ferias
     Entre las numerosas reuniones feriales que, además del mercado quincenal, se suceden a lo largo del año, destaca la feria de San Miguel, durante la primera semana de octubre, cuyos orígenes se remontan al siglo XV.
     De gran importancia regional y de contenido agrícola y ganadero, a raíz de la celebración del V Centenario del Descubrimiento, en 1992, adquirió proyección internacional. En ella se desarrolla un programa de actos festivos y culturales.
Vida urbana
     La plaza de España y las dos del casco antiguo, así como el espacio que media entre ambas zonas, dan cuenta del animado ambiente de Zafra, tanto desde el punto de vista comercial, cuyo epicentro es la calle Sevilla, como a la hora del aperitivo (especialmente en la Plaza Grande, que en verano se puebla de terrazas) o el ocio vespertino. La noche tiene su punto de cita juvenil en la Plaza Chica (La Tertulia, Alarife) y la plaza Grande (Aljibe, El Rey de Copas).
VISITA 
     Desde la plaza de España, que con el parque de la Paz configura una atractiva área ajardinada repleta de palmeras, se accede al antiguo casco urbano*, declarado conjunto histórico-artístico. Es un espacio singular conformado en torno al doble eje de dos plazas contiguas y hacia el que convergen las calles desde las antiguas puertas de la muralla, hoy desaparecida, aunque aún se conserva, al sur y próximo a la pintoresca calleja del Clavel, antigua calle de Ronda, la puerta de Jerez, una de las entradas.
     La Plaza Chica, centro de la ciudad desde al menos el siglo XIV, es el recinto de fuerte inspiración mudéjar, rodeado por soportales con arcos de ladrillo sobre columnas de piedra, entre los que la fachada del Palacio de Justicia constituye una excepción neoclásica. En ella se desarrollaban, ya desde la época islámica, actividades artesanales y mercantiles, y en una de las columnas del Arquillo del Pan, pasaje que une las dos plazas, se conserva, tallado, el patrón que servía como medida de la vara medieval.
     De la Plaza Chica arranca la calle Boticas, donde se encuentra el centro de interpretación Casa del Aljimez, llamado así por la ventana mudéjar enmarcada por azulejos y partida en dos por una columnita de mármol. En su interior acoge la exposición histórica las Voces de la Ciudad.
        En el siglo XV, con la expansión comercial de la villa, se levantan los soportales de la llamada Plaza Grande, aunque los edificios que la rodean pertenecen a los siglos XVII y XVIII. De aires mudéjares como la anterior, su finalidad era más lúdica y de carácter señorial, tal como muestran los escudos heráldicos que adornan algunas fachadas.
     En la calle Tetuán, una bocacalle que parte de la Plaza Grande, se alza la colegiata de la Candelaria*, de estilo gótico tardío (siglo XVI), que posee un retablo mayor barroco, capillas churriguerescas y lienzos de Zurbarán en su interior, de larguísima nave única, así como un rico museo, una pila bautismal mudéjar del siglo XIV y un órgano del siglo XVIII.
       A su espalda, en la plaza de Pilar Redondo, el Ayuntamiento, está instalado en el antiguo convento franciscano de la Cruz, cuyo claustro se conserva.
     En el extremo contrario de la Plaza Grande, la calle de Santa Catalina conduce hacia el hospital de Santiago, del siglo XV, edificio gótico con bello patio mudéjar y portada de remates floreados, y al convento de Santa Catalina, construido durante el siglo XVI, con cubierta mudéjar en la iglesia y un capitel visigodo que hace las funciones de pila bautismal.
     Mayor interés posee, en la calle Sevilla, el convento de Santa Clara*, fundado por el primer señor de Feria en el siglo XV y enriquecido con numerosas obras de arte, entre las que destaca el retablo mayor barroco con la imagen gótica de la Virgen del Valle con el Niño (siglo XV), tallada en alabastro, y los sepulcros de los fundadores, con tallas yacentes del mismo material.
     Un poco más adelante, al otro lado de la calle, la llamada Casa Grande, es un palacio renacentista de principios del siglo XVII. No lejos de este punto se alza el palacio de los Duques de Feria*, la edificación más emblemática de Zafra y actual Parador Nacional. Su parte más antigua y destacada, el alcázar (s. XV), es una construcción defensiva gótica de planta cuadrada perfilada por ocho torreones y la torre del homenaje, con evidentes rasgos mudéjares como muestran en el interior los artesonados de la capilla, la sala baja y la Sala Dorada. En el siglo XVII sufre profundas reformas y se le imprime un aire más palaciego, dotándole de un patio central renacentista en mármol blanco, ampliando las dependencias a ambos lados de la puerta principal y construyendo la galería que une el alcázar con el convento de Santa Marina (XVII), templo que guarda en su interior la imagen de doña Margarita, atribuida a Simón de Peralta (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 

Monumentos.-
     En el aspecto morfológico, la población se encuentra presidida por el Alcázar-Palacio construido entre 1437 y 1443 por el primer Conde de Feria, Lorenzo Suárez de Figueroa, cuyas armas, junto con las de su esposa, Doña María Manuel, presiden la portada del edificio.
     En su entorno se articula la población medieval, compuesta por calles angostas de apretado caserío, que origina la peculiar trama urbanística de estructura ovalada, según el modelo de caparazón de tortuga.
     Una fuerte muralla de piedra iniciada en 1426 y concluida en 1449, la perimetraba por completo. Esta cerca contaba con cuatro puertas y otros cuantos portillos, de las que se conservan las llamadas puerta del Cubo, de Palacio y de Jerez. Sobre la fachada interior de esta última se sitúa una capilla abierta de sabor popular, componiendo uno de los rincones más atractivos de la localidad.
     El Alcázar-Palacio es una construcción almenada de planta cuadrangular edificada en piedra, con varios cubos cilíndricos adosados, entre los que destaca el posterior, o torre de homenaje. Si al exterior el edificio presenta aspecto predominantemente militar, al interior ofrece los rasgos de las más elegantes realizaciones palaciegas. En el mismo destaca el amplio patio central con su claustro, obra renacentista de equilibrada belleza, ejecutada según trazas de Francisco Montiel, maestro mayor de las obras ducales, y añadida al palacio originario, igual que los cuerpos aterrazados delanteros, en el siglo XVI.
     Junto a sus galerías, escaleras, salones y demás dependencias, merecen particular atención el artesonado de la cúpula gótico-mudéjar que cubre la capilla, así como el de influencia mudéjar de la Sala Dorada, ambos de excelente factura y riqueza ornamental. En el interior del torreón mayor se conservan interesantes pinturas medievales. En la actualidad el palacio alberga el Parador Nacional de Turismo "Palacio de los Duques de Feria".
     Otro de los hitos más representativos de Zafra es la suntuosa iglesia colegiata de La Candelaria, erigida en 1609 como Colegiata y construida en 1546, también bajo el impulso de los Suárez de Figueroa, en sustitución de otra anterior, ya arruinada, que se alzaba en la Plaza Grande.
     La obra, de gran cuerpo, presenta estructura constructiva del gótico tardío, y portadas y otros detalles renacentistas, perteneciendo al barroco la torre y la configuración decorativa interior. Su planta es de cruz latina, con espaciosa nave única cubierta con afiligranadas bóvedas de crucería. La capilla mayor luce un espléndido retablo del siglo XVII, obra del ensamblador sevillano Blas de Escobar, con esculturas que se atribuyen a Juan de Arce. También se enriquece el templo con un retablo de XVIII, dedicado a la Virgen de Valvanera por los mercaderes riojanos afincados en Zafra.
     Pieza de particular interés es el retablo de la capilla de los Remedios, en el que se integran nueve pinturas de Zurbarán.
     Componentes fundamentales en la organización morfológica de Zafra, además de estos dos hitos constructivos son los espaciales representados por las plazas Grande y Chica, y la del Pilarito.
     La Plaza Grande, situada en el centro mismo de la población, es amplia, conservando todo el aroma de su pasado histórico. Morfológicamente queda compuesta por un perímetro de arcos de ladrillo sobre columnas de escasa altura y variados capiteles, formando una secuencia completa de soportales con cubierta de madera, sobre la que se sitúan edificaciones de los siglos XV al XVIII. Una fuente tradicional y un conjunto de palmeras hermosean el ámbito, configurando un ambiente apacible y grato, repleto de veladores y terrazas que invitan al disfrute.
     Conectándose con ella mediante el popular "Arquillo del Pan", se halla su hermana menor la Plaza Chica, también porticada, que si reducida de proporciones, no lo es, sino al contrario, de atractivo y encanto.
     Este recoleto espacio fue escenario de uno de los más antiguos mercados de la población. Como muestra de ello, aún perdura grabada en una de sus columnas el patrón de la vara utilizada para la actividad comercial que allí tenía lugar.
     En ambas plazas y su entorno se conservan edificaciones y detalles constructivos y ambientales de sabor mudéjar y medieval. En ellas confluyen las calles principales de la población, muchas de las cuales conservan sus evocadores apelativos tradicionales: Cerrajeros, Boticas, Pasteleros, Tinajeros, Frisa, Garrotera, de la Cera, etc.
     En la calle Boticas, nos encontramos la Casa del Ajimez, actual centro de interpretación de Zafra, donde como su nombre indica, se encuentra una de las ventanas mudéjares (Ajimez) mas bonitas del sur de Extremadura.
     Recorrer sus calles, percibiendo el aroma histórico que conserva cada uno de sus rincones, justifica por sí sólo la visita a Zafra.
     Centro de insoslayable mención es el convento de Santa Clara, fundado en 1428 por el primer Señor de Feria, Gómez Suárez, y su esposa, Doña Elvira Laso de Mendoza, que se encuentra en el mismo corazón de la ciudad.
     Entre sus múltiples contenidos artísticos se cuenta el monumento funerario, tallado en alabastro, perteneciente a los primeros Condes de Feria.
     Otras realizaciones son la Iglesia de San José, la del Convento de Santa Marina, del siglo XVII, actualmente Centro Cultural, donde se encuentra, el monumento funerario de su fundadora, Margarita de Harrington, prima de la Duquesa de Feria. Y el convento de Santa Catalina, fundado en el año 1.500, de valioso artesonado y cúpula mudéjar. Actualmente cerrados para la visita.
     El Convento de Encarnación y Mina, llamado popularmente del Rosario, fundación dominica originaria igualmente de inicios del XVI, y el de la Cruz, de religiosas franciscanas, actualmente ocupado por el Ayuntamiento.
     Y el Hospital de Santiago, de rica portada gótica, fundado en el siglo XV, y único que resta de los cuatro que existieron en la localidad.
     En el apartado de la arquitectura civil, además de las numerosas casonas hidalgas del XVI al XVIII, y las burguesas del XIX, algunas de atractiva factura modernista, merece cita particular la llamada "Casa Grande" de la calle Sevilla, palacio con claustro central, de inicios del XVII, recientemente restaurado; o el palacio del Marqués de Solanda, ejemplo significado de las realizaciones neoárabes en Extremadura; el Casino, y otras muchas.
     Como marco de estas realizaciones individualizadas se cuenta con el inigualable paisaje urbanístico que configura el conjunto del blanco caserío, al que, quedando al margen sus peculiaridades regionales propias, se trata de identificar quizá en exceso con lo andaluz.
     Fuera del recinto amurallado se cuenta también con creaciones de notable interés, como los pilares góticos de San Benito y el Duque. Ya en las afueras se erige la torre de San Francisco, único resto del antiguo convento allí existente. Digna de cita es asimismo la Plaza de Toros, que data de 1834 (Diputación Provincial de Badajoz).

Alcázar de los Duques de Feria.-
     En 1437, Lorenzo II Suárez de Figueroa, inició la construcción de un Alcázar en Zafra. Las obras, concluidas en 1443, dieron como fruto un edificio en el que se buscaba más que la fábrica de un baluarte, la consecución de una residencia señorial.
     Su regularidad y precisión edificatoria concuerda con las construcciones palaciegas góticas del siglo XV, si bien en cuanto a la decoración responde al gusto mudéjar. Muy interesantes son las pinturas de la cámara de los esposos, situadas en la torre del Homenaje, así como los techos holladeros del salón principal de la planta baja.
     En época del segundo conde de Feria se completó el edificio con las techumbres dispuestas en la sala Dorada y en la capilla. En torno a 1600, el viejo Alcázar medieval, obsoleto y limitado, fue sometido a una profunda remodelación.
     Las reformas, encomendadas al Maestro Mayor de las obras ducales, Francisco de Montiel, consistieron en la construcción de un patio de mármol de líneas clasicistas, de dos nuevas alas con azoteas adosadas a ambos lados de la puerta principal y de otras tantas galerías abiertas a un nuevo jardín, que vendría a complementar a la vieja Huerta Honda como escenario de fiestas y juegos a imitación de la corte.
     Entre los años 1605 y 1609, se construyó un pasadizo para unir el palacio a la vecina iglesia conventual de Santa Marina, que fue reedificada al tiempo, con la intención de que formase cuerpo con la residencia nobiliaria. La iglesia y el pasadizo fueron ejecutados por maestros alarifes madrileños y por canteros extremeños, que siguieron las directrices estéticas de Juana Dormer, primera duquesa de Feria. Completaba el conjunto un patio de armas (hoy convertido en plaza pública), al que se accedía por la puerta del Acebuche, acceso principal del palacio en la época.
     En la actualidad se encuentra ubicado el Parador de Turismo de Zafra (Ayuntamiento de Zafra).

Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria.-
     Levantada para sustituir a la vieja iglesia que se hallaba en la actual Plaza Grande, sufrió numerosos altibajos en su proceso constructivo que no mermaron, sin embargo, su unidad espacial y estética. Se iniciaron las obras en 1527, a iniciativa del tercer conde de Feria, y se abre al culto, aunque sin terminar, en 1546. La construcción prosiguió hasta su culminación allá por la última década del siglo XVI. Fueron Maestros Mayores de la fábrica Juan García de las Lieves y su yerno, Andrés de Maeda.
     La planta, alzados y volúmenes de la iglesia derivan de los ensayados a caballo del cambio de siglo XV al XVI: una sola nave, con capillas entre los contrafuertes y coro alto a los pies, crucero de cortas alas y ábside ochavado. En 1609, la iglesia era erigida en Colegial Insigne debido al celo religioso del tercer Duque de Feria. Por entonces, se construyó una nueva sacristía y la sala del capítulo.
     Entre las obras artísticas que guarda cabe destacar el retablo de la Virgen de los Remedios, cuyo ensamblaje clasicista enmarca nueve lienzos de Francisco de Zurbarán, pintados en 1644 para el mercader zafrense Alonso de Salas Parra.
     Interesantes son también el órgano dieciochesco, los retablos de la Virgen del Carmen, obra de Blas de Escobar, y los funerarios de los mercaderes Juan Ramírez el Viejo y Alonso Sánchez el Viejo.
     No debe dejar de verse la capilla barroca de la Virgen de la Valvanera, sufragada por comerciantes cameranos asentados en la villa. Ahora bien, la obra más espectacular, la que cierra el ciclo decorativo de la iglesia es el retablo mayor, realizado entre 1656 y 1683 por Blas de Escobar, José de Arce y otros artistas sevillanos del barroco.
     Espléndida es también la colección de objetos litúrgicos conservada en la antigua sacristía, destacando el Cáliz Rico y la custodia procesional (Ayuntamiento de Zafra).

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La Ópera "Leonor, o el amor conyugal", ambientada en Sevilla, de Giovanni Schmidt, a partir de Jean Nicholas Bouilly, y Ferdinando Paër

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la ópera "Leonor, o el amor conyugal", ambientada en Sevilla, de Giovanni Schmidt, a partir de Jean Nicholas Bouilly, y Ferdinando Paër, de Sevilla.
     Hoy, 3 de octubre, es el aniversario del estreno (3 de octubre de 1804) de la ópera "Leonor, o el amor conyugal", en el Teatro Kleines Kurfürstliches de Desde (Alemania), así que hoy es el mejor día para ExplicArte la ópera "Leonor, o el amor conyugal", ambientada en Sevilla, con libreto de Giovanni Schmidt, a partir de Jean Nicholas Bouilly, y música de Ferdinando Paër.
     Leonor o El amor conyugal es una ópera (específicamente un dramma semiserio) en dos actos con música del compositor italiano Ferdinando Paër y libreto de Giovanni Schmidt, basado en Léonore ou L’Amour conjugal (1794) de Jean-Nicolas Bouilly, que también fue la fuente del Fidelio de Beethoven. El propio Beethoven era propietario de una partitura de la ópera de Paër y se cree que tuvo cierta influencia en su trabajo. Leonora se estrenó en el Kleines Kurfürstliches Theater, de Dresde el 3 de octubre de 1804 con la esposa del compositor cantando el rol titular.
     Leonor se disfraza de hombre para infiltrarse en prisión donde su esposo, Floristán, es retenido por su enemigo, Don Pizarro. Engaña al carcelero Rocco para que le dé un trabajo. Cuando Don Pizarro oye la inminente llegada del gobernador, Don Fernando, ordena a Rocco que ejecute a Floristán. Leonor acompaña a Rocco a la celda subterránea donde Floristán es retenido cuando amenaza al carcelero con una pistola hasta que llega Don Fernando y Floristán es liberado.
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viernes, 2 de octubre de 2026

La Hacienda Villanueva del Pítamo, o Molino de los Ángeles, en Dos Hermanas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda Villanueva del Pítamo, o Molino de los Ángeles, en Dos Hermanas (Sevilla).
     Hoy, 2 de octubre, Memoria de los Santos Ángeles Custodios, que, llamados ante todo a contemplar en la gloria el rostro del Señor, han recibido también una función en favor de los hombres, de modo que con su presencia invisible, pero solícita, los asistan y aconsejen [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Hacienda Villanueva del Pítamo, o Molino de los Ángeles, en Carmona (Sevilla).
    Villanueva del Pítamo se encuentra en el extremo norte del término municipal de Dos Hermanas, muy cerca del de Alcalá de Guadaíra y de las urbanizaciones de Montequinto. Con acceso desde la nueva variante entre Montequinto y Dos Hermanas, el caserío destaca sobre una suave loma, rodeado todavía de algunos campos de cultivo, con el camino de entrada jalonado de palmeras.
     Villanueva del Pítamo es otro ejemplo demostrativo de las múltiples funciones que llegaron a caracterizar a un considerable número de haciendas, que en absoluto podrían reducirse a la apostilla "de olivar". Esta metonimia bibliográfica se quiebra con sólo echar una ojeada a este edificio, ausente por otra parte de los repetidos listados al uso. 
     En efecto, el conjunto cuenta con importantes instalaciones aceiteras, pero con un protagonismo cuanto menos parejo a sus dependencias cerealistas y ganaderas, de forma que de nuevo nos encontramos ante un complejo de carácter mixto. 
     El caserío de Villanueva del Pítamo es de una envergadura descomunal, ya que abarca casi 2 ha de superficie entre edificios y jardines. La arbolada avenida de acceso, decorada por soleras y rulos, conduce al primer patio, que aparece pavimentado con grandes adoquines. A la izquierda de este patio se halla el señorío, imponente edificio aterrazado de dos alturas, que alcanza tres en los miradores, rodeado de jardines. Junto al señorío se observa una torre de ladrillo desmochada y un gran arco que, quizá, pudieran relacionarse con un primitivo molino aceitero, aunque la disposición de estos elementos y su carácter fragmentario no permiten una interpretación clara. A continuación, una escalera conduce a un voluminoso granero, con el tradicional suelo de madera. En el arranque de esta escalera hay un muelle donde se descargaban los sacos de grano.
     Al fondo del patio se dispone, como indica un azulejo, el "Molino de los Ángeles", una almazara hidráulica señalada por una chimenea de ladrillo de sección cuadrada que se eleva en uno de sus extremos. De las instalaciones aceiteras industriales apenas quedan vestigios en la actualidad, utilizándose este ámbito como taller, al que se le ha añadido en la trasera una gran nave que sirve de casa de máquinas. El costado derecho del patio está ocupado por viviendas del personal, entre las cuales se abre el paso a un patio de labor. La vivienda más importante es la del capataz, situada en fachada y entre los dos patios, que conserva aún elementos originales, como la chimenea y la vistosa viguería. 
     El segundo patio es de gran amplitud y está parcialmente empedrado. Cerrado por una tapia en su fachada, presenta dos portadas, una de ellas con una reja con la fecha de 1878. A la izquierda hay, además de la ya referida vivienda del capataz, un almacén de aceitunas gordales, ya que la finca también se dedicó a la aceituna de mesa. Lo más llamativo de este patio es el gran tinao de bueyes que cierra el lateral del fondo, una espaciosa nave, en la actualidad compartimentada, que mantiene su viguería original, cubierta por teja plana y uralita. Aún conserva parte de los pesebres, dispuestos en dos filas con el correspondiente pasillo central para el prensado, al que se le reservaba un habitáculo en el extremo, con una chimenea que todavía existe. Este tinao no sólo acogió en su interior a bueyes y mulos, puesto que cuando el campo se mecanizó sirvió entonces para estabular a 400 vacas suizas, subsistiendo todavía parte de las instalaciones lecheras, como la base de un tanque para 10.000 litros de leche. En una parte de este gran tinao se instalaron asimismo depósitos para la salmuera de la aceituna, de los que aún quedan varios.
     A la derecha del patio se encuentran un pajar y unas cuadras de verano. Todavía, a continuación de este segundo patio, hay un sencillo corral ganadero cerrado por una tapia. El mismo carácter tiene el abrevadero que existe ante la fachada del patio de labor, ante el cual se encuentra la báscula.
     En cuanto a la historia de la explotación, se hace un interesante resumen en el Catálogo arqueológico y artístico de la provincia de Sevilla, donde se identifica la actual hacienda con la que el Repartimiento de Sevilla denomina Villanova Azaquilli, entonces perteneciente al término de Alcalá de Guadaíra y que el rey denominó Meneses. Contaba con 8.000 pies de olivo e higueral, una extensión de 970 aranzadas y fue otorgada a don Gutierre Suárez. El Archivo Municipal de Sevilla revela el nombre de varios de sus propietarios a lo largo de la Baja Edad Media. Otra interesante referencia indica que en 1822 contaba con una extensión de 720 ha, momento en que era calificada como cortijo.
     A pesar de que su caserío debe tener un origen remoto, la configuración que presenta en la actualidad hubo de adquirirla a finales del siglo XIX o principios del XX, denotando ciertos detalles regionalistas. Por esas fechas la almazara tradicional fue sustituida por una hidráulica, como en tantos casos. Otras reformas posteriores evidencian la variada actividad que ha tenido siempre la finca, combinando agricultura y ganadería. Incluso llegó a contar con reses bravas, como recuerdan los anagramas de los hierros que campean en la fachada del edificio. Esta superposición de funciones y registros complican lógicamente la lectura de la edificación (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de los Ángeles;
Los Ángeles

   El Dios uno y trino de los cristianos no está solo en su Paraíso. Como un monarca en su corte, alrededor de él hay guardianes y milicias, ministros que le sirven de intermediarios con los hombres y transmiten a éstos sus instrucciones: son los ángeles. Los espíritus del Mal contra los cuales debe luchar, se reclutan entre los ángeles rebeldes: son los demonios.
I. Orígenes orientales
   Esta concepción antropomórfica de la divinidad se tomó de las religiones orientales, principalmente del mazdeísmo persa. Como escribía muy justamente Franz Cumont: «El hombre siempre organiza el cielo a imagen de la tierra y la creencia en los mensajeros divinos ha debido desarrollarse en la época de los Aqueménidas, cuando se representaba a Dios como a una especie de gran rey sentado en un trono, rodeado por sus dignatarios y enviando constantemente a través de su vasto imperio correos encargados de transmitir sus órdenes. El reino celeste se mantuvo, incluso en la tradición cristiana, como una reproducción de la corte del rey de Persia.» La mejor prueba  de estos orígenes extranjeros es que los ángeles no han recibido un nombre hebreo como su señor Yavé, sino que se designan con el vocablo griego aggelos (anguelos), mensajero, del cual deriva el latino angelus y tienen un papel muy secundario en los Libros de Moisés donde se los llama, simplemente, hom­bres.
   En el Génesis (18:2, 19:1) se trata de tres «hombres» que vienen a predecir a Abraham el nacimiento de su hijo Isaac, de dos jóvenes alojados por Lot que le agradecen la hospitalidad haciéndole escapar del incendio de Sodoma. Un ángel solitario llega con la contraorden del sacrificio de Isaac en el último minuto, lucha con Jacob en la orilla de un vado, predice a Manoab el nacimiento de Sansón, alimenta a Elías en el desierto... Pero tales intervenciones son escasas. Será en la época del Exilio cuando los ángeles, asimilados a los querubines alados de Nínive y de Babilonia, tendrán mayor espacio en los escritos de los profetas que los representan, inconscientemente, como los servidores jerarquizados de un monarca asirio. 
   El Libro de Tobías, fuente esencial de la angelología y de la demonología hebreas, en el cual el papel principal corresponde al arcángel Rafael al que se opone el demonio Asmodeo (persa Eschma), príncipe de las tinieblas en la religión iraní, no es otra cosa que un cuento persa.
   Pero aunque la concepción de los servidores y los adversarios de Dios es persa, su representación en el arte cristiano debe más al arte griego o grecorromano que al de Persia, como lo veremos más detalladamente al estudiar la iconografía de los ángeles y los demonios.
   Sin dejar de lado el recuerdo de los toros alados de Nínive (kherubim) que obsesionaron a los profetas del Exilio, todo parece indicar que los ángeles alados del arte cristiano son sólo imitación de las Nikés griegas. La filiación iconográfica es evidente. Se la puede seguir en los bajorrelieves de ciertos sarcófagos paleocristianos, donde los ángeles que planean sosteniendo coronas triunfales tienen exactamente la misma actitud que las Victorias antiguas. Por ello es cierto que así como los angelitos proceden de los Eros niños o Cupidos paganos, sus hermanos mayores, los grandes ángeles alados, son sólo Nikés viriles.
II. Funciones de los ángeles
   Antes de estudiar la iconografía de los ángeles, anónimos e individuales, conviene precisar las funciones que tienen en el reino celestial.
   Las funciones de los ángeles son múltiples y de extrema diversidad.  En general. puede decirse que son instrumentos de la voluntad divina. Así como una herramienta es una prolongación de la mano humana, ellos prolongan y acaban por reemplazar en la iconografía a la Mano de Dios (Manus Domini).
   Pero no están sólo al servicio de la divinidad, también se ponen al servicio de los hombres. Pueden distinguirse estos dos aspectos de su actividad.
a) Los ángeles al servicio de Dios
   De acuerdo con el sentido etimológico de su nombre, los ángeles son esencialmente los mensajeros de Dios. En la religión judeocristiana tienen las mismas funciones y los mismos atributos que el dios griego Hermes, el Mercurio de los romanos. Ese papel corresponde sobre todo al arcángel Gabriel que anunciará a la Virgen María que fue elegida entre todas las mujeres para ser la madre del Salvador. Pero son ángeles anónimos los que anunciaron a Abraham el nacimiento de Isaac, quienes advirtieron a los Reyes Magos y a José los peligros a evitar, los que explicaron a las Santas Mujeres que Cristo había resucitado frente a la piedra caída que cerraba el Sepulcro vacío. 
   El papel de los mensajeros no consiste sólo en transmitir consignas, advertencias o amenazas. De las palabras pasan a la acción: uno de ellos detuvo el cuchillo de Abraham.
   Los ángeles no se limitan a llevar los mensajes de Dios. Entre ellos se recluta la corte, la milicia y el tribunal celestiales. Hay ángeles cortesanos, guerreros y justicieros. 
   Para rendir homenaje a su soberano, de acuerdo con las costumbres orientales, llevan las manos veladas en signo de respeto. Los occidentales están inspirados en la liturgia de la misa, se los concibe más bien como diáconos o niños del coro celestial, balanceando un incensario o sosteniendo un cirio en la mano, son los ángeles turiferarios y ceriferarios.
   Dios Padre no es su objeto único de adoración. Se ponen al servicio de Cristo Encarnado, hijo unigénito de su Señor, desde su nacimiento hasta su muerte en la Cruz. Anuncian su Natividad a los pastores, guían la estrella que señala a los Reyes Magos el camino de Belén. Se posan sobre el techo de paja de la cabaña para entonar el Gloria in Excelsis y ofrecen al recién nacido un concierto de voces e instrumentos. Lo siguen durante la Huida a Egipto ofreciéndole agua en una concha y dátiles, para calmar su sed y su hambre; se convierten en sus compañeros de juego sin olvidar nunca el respeto que le deben.
   Cuando Jesús llega a la edad adulta, asisten a su Bautismo y cuidan sus ropas a orillas del Jordán. No lo abandonan en la Pasión, lo reconfortan durante la agonía en el monte de los Olivos, y recogen su preciosa sangre en cálices revolando en torno a la cruz como una bandada de golondrinas quejumbrosas.
   La Madre de Cristo también tiene derecho a sus homenajes: ellos la alimentan en el Templo; la rodean gozosamente en el momento de su resurrección para elevarla al cielo donde se convertirá en su Reina; le sirven como pajes en la ceremonia de la Coronación llevando la cola de su traje sobre las nubes, y en el Paraíso forman su guardia de honor.
   A veces los pajes se transforman en caballeros, son los defensores de la ciudad celeste. Al mando del arcángel Miguel, general en jefe (archiestratega) de las milicias celestes, rompen lanzas contra los enemigos de su soberano y precipitan en el abismo a los rebeldes.
   Finalmente, son los ejecutores de la justicia divina. Un ángel expulsa del Paraíso a Adán y Eva y les prohíbe la entrada, armado de una espada flamígera. Cuando el faraón se obstina en desafiar las órdenes de Dios y se niega a liberar a los israe1itas, lo castigan ángeles exterminadores que matan a su hijo mayor y a los primogénitos de los egipcios. En el Juicio Final, los ángeles rodean a Cristo Juez y llevan como triunfos los instrumentos de su Pasión; en el arte bizantino los dos comandantes de taxiarquía, Miguel y Rafael, montan guardia a ambos lados del trono divino. Resucitan a los muertos soplando sus olifantes, introducen en el Paraíso a los elegidos y empujan a los réprobos hacia la boca del Infierno.
b) Los ángeles al servicio de los hombres
   Los hombres con derecho a la asistencia de los ángeles son, sobre todo, los profetas, mártires y santos.
   Elías en el desierto, Daniel en la fosa de los leones, son aprovisionados gracias a ellos.
   Los ángeles no sólo protegen contra las trampas y las tentaciones del demonio a los mártires, durante su vida; además, en el momento en que van a morir, aparecen en el cielo para recibir sus almas y otorgarles la corona de los elegidos. Los «cefalóforos», que después de haber sido decapitados, llevan su cabeza en las manos, están enmarcados y guiados fraternalmente por dos ángeles hasta el lugar de su sepultura. Un ángel inspirador, semejante a la Musa antigua, se ocupa del escritorio de los Evangelistas, guía la mano de San Lucas que pinta el retrato de la Virgen, dicta a San Gregorio las Homilías.
   La protección de los ángeles se extiende a los simples pecadores. Cada uno de ellos tiene su ángel guardián, o de la guarda, semejante al misterioso compañero del joven Tobías, que lo reconforta a la hora de la muerte y que conducirá su alma al Paraíso para depositarla en el seno de Abraham, si el mortal es digno de ello. En la escultura funeraria se ven ángeles que separan piadosamente la cortina del lecho mortuorio y deslizan una almohada bajo la cabeza del yacente.
   En el día del Juicio, ayudan a los muertos a salir de sus tumbas y transportan a los justos en sus brazos fraternales.
   Tales son las principales funciones de los ángeles, vínculos entre un Dios eterno, inaccesible e invisible, y los hombres efímeros. Van y vienen del cielo a la tierra, suben y bajan la escala celeste de la visión de Jacob. «Videbitis coelos apertos et angelos Dei ascendentes et descendentes.» Mas por multiforme que resulte su actividad, no debe creerse que el arte cristiano los represente siempre activos en el cumplimiento de sus trabajos de mensajeros, guerreros, justicieros ... Las iglesias están pobladas de innumerables ángeles adoradores y no actores, cuya función es puramente contemplativa.
III. Iconografía de los ángeles en general
   Si la representación de la Trinidad tal como la definen los teólogos presenta a los artistas dificultades insuperables, la figuración de los ángeles plantea problemas de solución igualmente ardua.
   La imprecisión de los relatos de la Biblia no sirve para guiar la imaginación de pintores y escultores. En cuanto a las visiones proféticas o apocalípticas, son tan amorfas y a veces tan monstruosas que parecen desafiar toda transposición plástica.
   El problema es tanto más insoluble por cuanto los ángeles son por definición puros espíritus (pneumata). Al ser incorporales (asomatoi), serán en consecuencia invisibles ¿Cómo dar un cuerpo a lo que no es más que un soplo? Es como si se pretendiera representar el viento o la tormenta.
   El realista Gustave Courbet, burlándose de Delacroix, que había pintado ángelitos en una capilla de Saint-Sulpice, decía con sorna: «Antes de pintar ángeles esperaría que me los mostrasen.» Los maestros anteriores no habían visto más que él; pero ello no les impidió pintarlos a montones ¿De qué forma los encarnaron?
a) El sexo de los ángeles
   Hemos visto que los primeros artistas cristianos habían salido bien del paso representando ángeles según el modelo de las Victorias paganas. La copia no es del todo exacta, puesto que la Niké griega es una figura femenina a diferencia de los ángeles que hasta el final de la Edad Media serían siempre de sexo masculino.
   Los ángeles mancebos representan el tipo más antiguo.
   La Biblia los describe en sus misiones terrestres como bellos adolescentes capaces de excitar los deseos culpables de los sodomitas que insisten a Lot para que se los entregue. Virilidad y juventud: tal es la imagen que se construyó. Se los represen­ta imberbes (los ángeles barbudos son la excepción) y casi siempre rubios; la idea de belleza está con frecuencia asociada con los cabellos dorados.
   Los ángeles mujeres, inspirados sin duda por el sueño de una belleza aún más perfecta que la de los efebos, o tal vez porque la larga túnica blanca que visten habitualmente evoca una vestidura femenina, aparecieron en el siglo XV. Se dice que el pintor italiano Giovanni di San Giovanni escandalizó a sus contemporáneos introduciendo por primera vez ángeles femeninos en una gloria que rodea a la Virgen. Este tipo sensual hizo fortuna en el arte barroco: Correggio, Bernini y más tarde Goya, que hace planear Majas aladas bajo la cúpula de San Antonio de la Florida, han extraído de este motivo obras maestras más seductoras que edificantes.
   En cuanto a los ángeles niños, tienen un origen más remoto. Quizá hayan nacido, como los tres escolares de la leyenda de San Nicolás, de una falsa interpretación de las imágenes, en las cuales, de acuerdo con la reglas de la jerarquía espiritual, estaban representados en pequeño tamaño junto a un Dios gigantesco. La costumbre de representar las almas de los muertos en forma de niños recién nacidos también pudo contribuir a su proliferación. El tema parece ausente en el arte bizantino, pero se lo ve aparecer en Francia a partir de finales del siglo XII, en el dintel del pórtico de Senlis, donde retozan alegremente alrededor de la Virgen resucitada.
   El arte italiano del Quattrocento se apoderó de este gracioso tema, cuyos modelos encontraba en los genios antiguos del arte romano, y se entusiasmó con él. El carácter pagano de estas representaciones está muy marcado. Los deliciosos «putti» que Giovanni Bellini, y después Rafael y Correggio han situado sobre los altares en los cuadros de santidad, en verdad no son sino Eros niños, Cupidos bautizados, apenas rociados por una gota de agua bendita.
   A partir del Renacimiento y en el arte de tema religioso del siglo XVIII, esos angelitos están a veces reducidos a cabezas aladas. Se ha querido ver en ello una reminiscencia de los abanicos litúrgicos o flabelos, cuyas decoraciones muy reducidas por falta de espacio sólo comportan, habitualmente, cabezas de serafines. Es lo que Molanus llama ángeles in imperfecta forma. Éste recomienda la fórmula como la más apropiada a los seres inmateriales. Una cabeza y alas bastan para simbolizar sus caracteres esenciales: la inteligencia y la velocidad de los movimientos. Desde el punto de vista estético no es una creación muy feliz, pero sí el medio más simple y probablemente el único que permite evocar espíritus alados.
b) La vestimenta
   Los angelitos pueden permitirse estar desnudos sin indecencia. Y así los representa Giotto en sus frescos de la Arena (anfiteatro). Los ángeles adolescentes o adultos sólo llevan desnudos los pies, como Cristo y los Apóstoles. Aunque la desnudez sea a veces más casta que ciertas vestiduras, el cristianismo medieval la considera vergonzosa, una humillación, y la reserva a los demonios y a los réprobos.
   Puesto que irradian luz divina y que su pureza es inmaculada, el arte cristiano primitivo los representa vestidos con una larga túnica blanca (stolis amicti candidis, in vestibus albis). Esta túnica de blancura nívea con la que se cubría a los catecúmenos, tiene el mismo significado simbólico que el alba cándida de los sacerdotes. Para resaltar su dignidad se les confiere a veces una toga laticlavia que los asemeja a los senadores romanos.
   El arte bizantino, heredero de esta tradición, se complace en revestir a los ángeles de ropas fastuosas que eran de rigor en las ceremonias de la corte imperial. Como los grandes dignatarios que rodeaban al basileus (emperador bizantino), llevan lorum, botas ligeras de piel púrpura: convertidos en chambelanes celestiales, tienen como insignia la larga vara rematada en bola que enarbolaban los ostiarios del palacio imperial.
   Occidente adopta otras fórmulas que además varían con las modas en el vestir. Los ángeles a veces llevan una simple túnica fruncida y ceñida a la cintura por un cordón, y sobre la frente una delgada diadema rematada en una cruz o una estrella. Pero a partir del siglo XIII, por la influencia del drama litúrgico o auto sacramental, en el cual el papel de los ángeles era representado por diáconos, se extendió la costumbre de conferirles vestiduras sacerdotales (priesterliche Gewandung) que reemplazaron el traje de corte bizantina (byzantinische Hof tracht). Así como Dios Padre lleva la tiara y el palio del papa, los ángeles están cubiertos por una capa eclesiástica, y sobre todo, a causa de su juventud, por una dalmática de diácono con pasamanería, sujeta al pecho por un broche de orfebrería. Con esta pompa los representó Jan Van Eyck en los postigos del políptico de Gante, y Gérard David en El Bautismo de Cristo del Museo de Brujas. 
 Hacia finales de la Edad Media proliferaron los ángeles emplumados como pájaros (gefiederte Engel), o más exactamente revestidos por una malla de plumas que sin duda se tomó en préstamo del guardarropas  teatral de los autos sacramentales. La escultura del siglo XV y principios del XVI ofrece numerosos ejemplos, desde el Pozo de Moisés de Sluter y los retablos de Riemenschneider, hasta la capilla de Enrique VII en Westminster.
c) Las alas y el problema del vuelo
   La característica esencial de los ángeles son las alas, atributo del mensajero celeste que comparten con su colega olímpico, el dios griego Hermes, mensajero y furriel de Zeus.
   Contrariamente a lo que pueda suponerse, los ángeles no siempre han llevado alas. El Antiguo Testamento no las menciona. En el Sueño de Jacob los ángeles necesitan una escala para bajar del cielo y volver a subir, por lo tanto no tienen alas para volar. La idea de ángeles planeando o volando sólo está probada en el judaísmo tardío (I Cron. 21).
   De hecho, el arte cristiano comenzó por representar a los ángeles en forma de hombres jóvenes ápteros. En los mosaicos de Santa María la Mayor todavía están representados sin alas. Es sólo en el siglo IV, en el mosaico del ábside de Santa Pudencia, donde vemos por primera vez un ángel alado, y aun a título de símbolo del evangelista San Mateo.
   Las visiones proféticas de los serafines y querubines polípteros inspirados por la vista de los kerubim babilonios, la imitación de las Victorias y de los genios alados del arte grecorromano,  bastan para dar cuenta de la generalización de este atributo que convenía particularmente a los mensajeros celestiales. El texto de Tertuliano no es el punto de partida de esta innovación iconográfica: él se limitó a registrarla.
   Rígidas como hojas de guadaña o cruzadas como tijeras, las alas de los ángeles resultan visiblemente insuficientes para transportarlos. Es sobre todo el signo, el em­blema del vuelo, antes que un órgano adaptado a su función. Cuando los imagineros carecen de espacio no vacilan en representar un ala desplegada y la otra replegada.
   Con frecuencia son del mismo color que los vestidos que parecen prolongar. Pero para darles más esplendor a estos pájaros del Paraíso que Dante denomina poéticamente los pájaros de Dios (uccelli di Dio), los pintores de la Edad Media se complacen en fijar a los hombros de los ángeles alas multicolores: rojas, azules, doradas, irisadas, oceladas como plumas de pavo real. En las esculturas medievales las alas de los ángeles, generalmente, son doradas.
   ¿Cómo sugerir el vuelo? Este problema, infinitamente más difícil que el de la representación de la marcha o la carrera, en principio fue eludido, o, para decirlo mejor, escamoteado, por los artistas novatos que al no poder resolverlo de una manera satisfactoria se evadieron distrayendo a los espectadores con cortinas de nubes o torbellinos de paños flotantes.
   En el siglo XVI, gracias a los progresos del escorzo, es decir, de la perspectiva aplicada a la figura, los artistas italianos pudieron abordarlo francamente. Para sugerir el vuelo planeado o el aterrizaje en inmersión, se inspiraron en los movimientos de la natación. Los ángeles atraviesan el cielo como los nadadores hienden las olas; descienden verticalmente hacia la tierra como el submarinista se echa de cabeza en el agua. La posición intermedia de las alas invita a la imaginación del espectador a proseguir el movimiento comenzado.
   El arte italiano del alto Renacimiento y de la época barroca consiguió crear la ilusión del vuelo gracias a los escorzos audaces; pero el problema científico, una vez resuelto, se convierte con excesiva frecuencia en lo esencial, a expensas del significado espiritual. La Anunciación, convertida en una ecuación, ya sólo sirve a los virtuosos para exhibir sus conocimientos de mecánica y dinámica. 
   A pesar de la unidad fundamental del arte cristiano, especialmente en la Edad Media, es posible preguntarse si los diferentes países, las diferentes escuelas, no han impreso una marca particular en este tema pancristiano ¿Pueden distinguirse los ángeles italianos de los franceses, alemanes e ingleses? Yo creo que en cierta me­dida puede responderse que sí.
   En Italia, a partir del Quattrocento, después del misticismo de Fra Angélico de cuyos ángeles espiritualizados podría decirse que no tienen cuerpo, prevalece un tipo de ángeles carnales de carácter ingenua o cínicamente pagano.
   Los putti músicos, auténticos niños prodigio que en los cuadros de Bellini tocan el laúd a los pies de la Virgen, tienen la gracia regordeta de la infancia; pero una gracia del todo humana. Los ángeles bailarines de Donatello, que se arremolinan sobre el parapeto del antiguo coro de la catedral de Florencia, son pequeños sátiros desatados. En el siglo XVI, Correggio va todavía más lejos por este camino. Para este voluptuoso artista, los ángeles no son más que Ganímedes de equívoca belleza, a menos que los presente como diablillos traviesos que se permiten toda clase de bromas: el ángel de San Mateo abre las fauces del león bonachón de San Marcos, otro se apodera del casco de San Jorge para tocar la cabeza de un compañero, un tercero olisca como un experto la fragancia del pote de perfume de la Magdalena.
   El arte de los Países Bajos es más respetuoso. Los ángeles de Van Eyck y de Memling ofician gravemente con vestiduras litúrgicas de diáconos.
   En Alemania, especialmente en los grabados litúrgicos de Durero, se observa la búsqueda de la expresión a expensas de la belleza formal.
   Los ángeles tienen amplio espacio en la escultura inglesa de la Edad Media que ha sentido verdadera pasión por ellos, no sólo porque sus alas desplegadas decoran maravillosamente las enjutas triangulares de las arcadas, sino además, porque según un muy popular juego de palabras, Inglaterra se jactaba de ser el país de los angles (Engel-land), es decir, de los ángeles.
   En cuanto a los ángeles franceses, los más exquisitos de los cuales son los del pórtico de Senlis, el Ángel de la sonrisa de Reims y los ángeles irisados del tríptico de Moulins, se distinguen entre todos por su gracia sonriente.
IV. Las jerarquías angélicas
   Los ángeles no son todos iguales. Además de estar especializados también están jerarquizados, como los servidores de los monarcas orientales. Existe, para em­plear una expresión rusa derivada del ceremonial bizantino, una Tchin celeste que comporta numerosos Órdenes, dispuestos de acuerdo con un inmutable protocolo.
   San Pablo habla sólo de cinco jerarquías angélicas. Fue el Seudo Dionisio Areopagita quien, en su tratado De la Jerarquía Celeste, fijó el número en nueve. Dicho tratado, introducido en Occidente por el papa San Gregorio Magno, fue traducido al latín hacia 870 por Juan Escoto Eriugena. La doctrina fue consagrada por la autoridad de Santo Tomás de Aquino y de Dante, que reserva un sitio a San Dionisio Aeropagita en su Paraíso. Bertoldo de Ratisbona sostiene que en los orígenes había diez jerarquías, pero una de ellas se habría  unido a Lucifer, por lo tanto su cuenta concuerda con la de Dionisio Areopagita.
   Desde entonces, teólogos y artistas admiten que los ángeles están divididos en nueve jerarquías, que agrupadas forman tres Órdenes. El primer Orden incluye a los Serafines, los Querubines y los Tronos; el segundo a las Dominaciones, las Virtudes y las Potestades; El tercero a los Principados, los Arcángeles y los Ángeles.
   Según la letanía de Loreto, la Virgen es la reina de las nueve jerarquías de los ángeles.
   Este tema de origen bizantino que decora sobre todo la mesa del monasterio de Chilandari, en el monte Athos, se volvió frecuente en el arte occidental a partir del siglo XII.
   Se lo encuentra dos veces en Chartres, en las arquivoltas del pórtico meridio­nal, en torno al Cristo del Juicio Final, y en la parte superior de la vidriera de Saint Apollinaire. En el siglo XIV vuelve a encontrárselo en la Sainte Chapelle de Vincennes, y en el XV en la catedral de Cahors.
   El arte italiano no lo ha ignorado, como lo demuestran los mosaicos de la cúpula del baptisterio de Florencia, las esculturas del arca de San Pedro Mártir en San Eustorgio de Milán (1339) y las del arca de San Agustín en San Pietro in Ciel d 'Oro de Pavía (1380).
   El retablo del artista primitivo catalán Luis Borrassà, en la catedral de Amberes, no es anterior al siglo XV.
   En Inglaterra, citemos las vidrieras del Priorato de Great Malvern (Worcestershire), y en Austria, un  ciclo muy original pintado hacia 1435 para la iglesia de los Carmelitas de Viena, que estaba dedicado a  las nueve jerarquías de los ángeles (Museo de la abadía de Klosterneuburg) donde la Virgen se encuentra en el centro de cada jerarquía angélica. Para presidir la de las Dominaciones, está acorazada de pies a cabeza como una Juana de Arco.
   Dicho tema se vuelve infrecuente después de la Contrarreforma. No obstante, monseñor Abelly, obispo de Rodez, encargó a Louis Licherie, en el siglo XVII, un cuadro que representa a las nueve jerarquías celestes, a cuyo culto era particularmente adepto (Igl. de S. Étienne-du-Mont, París). En Viena vuelven a encontrarse en 1679 las nueve jerarquías angélicas escalonadas sobre la columna votiva de la Trinidad, levantada sobre la plaza de Graben por Ludovico Bumacini.
   Las jerarquías de los ángeles se insertan en el sistema de los astros. En el Liber Scivias de Santa Hildegarda, las jerarquías agrupadas bajo las arcadas enmarcan la figura de Cristo en su gloria. En el ejemplar de Wiesbaden (siglo XIII), los ángeles mueven las alas alrededor de un disco luminoso, de brillo deslumbrante, que re­presenta a Dios.
   La descripción de Dante en el Paraíso (canto XXVIII) es sólo la transcripción poética de estas miniaturas.
Serafines y Querubines
   Los querubines y los serafines son las dos clases más altas de ángeles de la jerarquía celestial. No son, hablando estrictamente, ángeles en el sentido etimológico de mensajeros, puesto que se mantienen siempre alrededor del trono de Dios, a menos que vigilen el símbolo de éste, el Arca de la Alianza. Son genios toma­dos en préstamo de la mitología babilónica, que personifican la luz cegadora de los relámpagos en un cielo de tormenta. E igual que las nubes ocultan la morada de la divinidad, sus alas replegadas forman la tapa protectora del Arca santa. Serafines y Querubines se diferencian por el número de las alas. Los serafines se caracterizan por seis alas oceladas (son hexápteros), mientras que los querubines sólo tienen cuatro. La fuente de esta iconografía es una visión de Isaías (6: 2): «Alrededor del solio estaban los serafines, cada uno de ellos tenía seis alas: con dos cubrían su rostro, con dos cubrían los pies y con dos volaban.»
   Esta visión de Isaías se explica por las estelas hititas que representan diosas hexápteras del tipo de aquellas que M. von Oppenheim descubrió en Tell Halaf, en Mesopotamia.
   Los serafines decoran con frecuencia los abanicos litúrgicos o flabelos que en Oriente llevan justamente el nombre griego «hexaptériga». Uno de los más bellos ejemplos es el flabelo del tesoro de Stuma (siglo XVI) del museo de Estambul. Esas dos clases de ángeles se distinguen además por su color: los serafines son rojos como el fuego, los querubines azules como el cielo.
   En Occidente, tienen un papel en la decoración de las iglesias romanas: arquivoltas de Saint Révérin (Nièvre), tímpanos de Perrecy les Forges y de Notre Dame du Port en Clermont. En el siglo XVIII, decoran una de las arquivoltas de la portada del Juicio final, en la catedral de Bourges. El tímpano de Semur-en­ Brionnais, donde Cristo aparece entre los cuatro animales del Tetramorfos y dos serafines, ofrece una amalgama de las visiones de Ezequiel e Isaías.
   Agreguemos que un serafín convertido en crucifijo alado aparece en la estigmatización de San Francisco de Asís.
Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potestades y Principados
   Los Tronos son las ruedas del carro de Dios. Tienen forma de ruedas ceñidas y aladas, sembradas de ojos, según la Guía de la Pintura.
   Los atributos de los otras jerarquías angélicas son más vagos y variables.
   Las Dominaciones portan el cetro y la corona, salvo que lleven casco y empuñen una espada. Las Virtudes llevan un libro. Los Principados están vestidos ya como guerreros, ya como diáconos, y llevan una rama de lis.
   Los Arcángeles luchan contra los demonios; los Ángeles, simples soldados del ejército celeste, llevan antorchas o incensarios (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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     Ruta Sevilla Patrimonio de la Humanidad: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los monumentos Patrimonio de la Humanidad: Catedral de Santa María de la Sede, Reales Alcázares, y el Archivo General de Indias.



     Ruta Sevilla Arqueológica: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los yacimientos, restos y enclaves arqueológicos que podemos contemplar por toda la ciudad, desde la época romana, visigoda, musulmana,...



     Ruta por las Murallas y Puertas de la ciudad: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos las huellas que aún perduran del recinto amurallado que perviven en la ciudad, desde la cerca romana, hasta la musulmana, pasando por el recinto de la Judería, Morería, Mancebía,...




     Ruta Sevilla Prehistórica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas a la Prehistoria el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad.




     Ruta Sevilla Prerromana - Ispal: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas al mundo prerromano el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad con especial atención al mundo de Tartessos y a los demás pueblos que se asentaron en la zona.



     Ruta Sevilla Romana - Hispalis: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que podemos encontrar del paso de la cultura romana por la actual ciudad, como los Monolitos de la calle Mármoles, las Columnas de la Alameda de Hércules, restos del Acueducto ("Caños de Carmona"), restos de las Murallas, el Antiquarium, y la obligada visita al Museo Arqueológico. Incluso podremos visitar el cercano enclave arqueológico de la ciudad romana de Itálica en el pueblo de Santiponce.




     Ruta Sevilla Visigoda: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que la cultura visigoda ha dejado en nuestra ciudad, sobre todo en la Catedral y en el Museo Arqueológico y te contaremos las historias de San Hermenegildo, y San Leandro y San Isidoro, personajes históricos imprescindibles de Sevilla.


     Ruta Sevilla Musulmana - Isbiliya: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los principales vestigios que la cultura musulmana ha legado a Sevilla, comenzando por nuestro símbolo más universal: La Giralda, junto con la Torre del Oro, Los Reales Alcázares,...



     Ruta Sevilla Judía: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la huella judía en la Sevilla de hoy: las antiguas sinagogas y los barrios judíos de Santa Cruz o de San Bartolomé.



     Ruta Sevilla Mudéjar: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los innumerables vestigios que la cultura mudéjar dejó en Sevilla, fundamentalmente en los Reales Alcázares, Iglesia de San Marcos, Iglesia de Santa Marina,...



     Ruta Sevilla Gótica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos nuestra Catedral, el edificio gótico más grande de la cristiandad.



     Ruta Sevilla Renacentista - Nova Roma: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los imprescindibles vestigios renacentistas de nuestra ciudad, representados por el Ayuntamiento, el remate de la Giralda y la Sacristía Mayor de la Catedral.



     Ruta Sevilla y su río: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la importancia que ha tenido el río Guadalquivir, el antiguo Betis, en la historia de la ciudad, recorriendo sus puentes, el Barrio de Triana, la Torre del Oro,...



     Ruta Sevilla y América: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la llamada Sevilla Americana, la Sevilla del siglo XVI y XVII cuando nuestra ciudad se convirtió en la capital del mundo, con edificios tan importantes como el Archivo de Indias o la Casa de la Moneda.
     


     Ruta Sevilla Barroca: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la esencia de nuestra ciudad, puesto que Sevilla es una ciudad eminentemente barroca en prácticamente todos y cada uno de sus edificios. 



     Ruta Sevilla Neoclásica: Desde Explicarte Sevilla también te mostraremos las huellas neoclásicas de nuestra ciudad que podemos contemplar en las iglesias de San Ildefonso o San Bartolomé.




     Ruta Sevilla Romántica: Desde Explicarte Sevilla te mostramos la huella romántica de los Jardines del Parque de María Luisa y del Barrio de Santa Cruz.




     Ruta Sevilla Modernista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado modernista que también tiene en Sevilla sus ejemplos como las casas que podemos encontrar en las calles Alfonso XII, Feria, Tomás de Ibarra, Felipe II y Adriano, entre otras.



     Ruta Sevilla Regionalista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que arquitectos como Aníbal González y sus contemporáneos dejaron en Sevilla con la famosísima Plaza de España.




     Ruta Sevilla y la Expo del 29: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que la Exposición Iberoamericana de 1929 dejó en Sevilla en modo de pabellones y edificios que conforman el Parque de María Luisa y el Barrio de Heliópolis.




     Ruta Sevilla y la Expo del 92: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que en la Isla de la Cartuja quedó para nuestra ciudad, llevándola al siglo XXI.




     Ruta Sevilla Cofrade: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia del mundo cofrade en la historia de nuestra ciudad y sus incontables manifestaciones artísticas en el interior de los templos, las casas de hermandad, y en los actos de culto interno y externos (procesiones).




     Ruta Sevilla, Ciudad de Ópera: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia de Sevilla en la historia del Bel Canto, puesto que está presente en más de 100 óperas. Podemos elegir varias rutas relacionadas con la Ópera y Sevilla: Sevilla escenario de Ópera A, Sevilla escenario de Ópera B, El Mito de Carmen, El Mito de Don Juan, y El Mito de Fígaro.




     Ruta Magallanes y la primera vuelta al mundo 1519-1522: Desde ExplicArte Sevilla te mostramos los hitos más importantes de la expedición que dio la I Vuelta a la Tierra.



     Ruta Vía Crucis al Templete de la Cruz del Campo: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el origen de la actual Semana Santa Sevillana, en un viaje que se inició en la Casa de Pilatos, allá por el año de 1521.



     Ruta de la Plaza del Salvador al Palacio de la Condesa de Lebrija: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el centro del Casco Antiguo de la ciudad, visitando iglesias, palacios, plazas,...



     Ruta del Barrio del Arenal: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos este Barrio tan ligado a la aventura americana, al mundo taurino, a la Mancebía,...


     Ruta del Barrio de Santa Cruz: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos las callejuelas imposibles de esta parte de la Judería, el Barrio más turístico de la ciudad, remozado por completo con ocasión de la Exposición iberoamericana de 1929.


     Ruta del Barrio de la Macarena - San Julián: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos esta zona norte del Casco Antiguo de la ciudad, teniendo como núcleo principal el eje de la c/ San Luis con inicio en la Basílica de la Macarena, y final en el Hospital de las Cinco Llagas tras pasar por la zona de San Julián.


     Ruta del Barrio de Triana: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos el barrio con la idiosincracia más personal y particular de la ciudad marcada por esa frontera que es el Río Guadalquivir, cuna de la Artesanía Ceramista, el Flamenco,...



     Ruta del Barrio de Santa María la Blanca - San Bartolomé: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos esta parte de la Judería, que es sin duda la más genuina que nos han legado nuestros antepasados, centralizados por las antiguas sinagogas, hoy iglesias, de Santa María la Blanca, y San Bartolomé.



     Ruta del Barrio San Vicente - San Lorenzo: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los barrios señoriales de San Vicente y San Lorenzo, desde el Museo de Bellas Artes hasta el Convento de San Clemente, teniendo como ejes las calles San Vicente y Santa Clara.



     Ruta del Barrio de San Bernardo: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos otro de los arrabales históricos de la ciudad, el Barrio torero de San Bernardo, con su iglesia parroquial como emblema, marcado por instalación en él de varios edificios emblemáticos como la Real Fábrica de Artillería, y los restos de la Buhaira, la Plaza de Toros Monumental, y los cimientos de la Basílica de la Milagrosa.



     Pueblos de la Provincia de Sevilla: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos cualquiera de los pueblos de la provincia, donde podemos maravillarnos con los monumentos e historia que hay en cada uno de ellos. Desde los majestuosos Carmona, Écija, Osuna, Marchena,... pasando por el enclave arqueológico de Itálica en Santiponce, y muchísimo más... 



     España a tu alcance: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos cualquiera de las ciudades y pueblos de la provincia, donde podemos maravillarnos con la historia, enclaves y monumentos que la naturaleza y el hombre nos ha legado para la posteridad; Córdoba, Granada, Madrid, Segovia, Barcelona,...



     Y muchas más rutas... tú decides. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.