Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 20 de febrero de 2026

Haz tu ruta con ExplicArte Sevilla: Tú decides la ruta, la fecha y el precio (Free Tour - propina)

 

     Con ExplicArte Sevilla podrás hacer la ruta que desees por Sevilla (o cualquier localidad de la provincia, o de cualquier lugar), siempre adaptándonos a tu tiempo y a tus necesidades. Hay multitud de ellas, y desde aquí te proponemos algunas de ellas (hay tantas Rutas como tú quieras), en las que ponemos el acento en el aspecto artístico:

     Ruta Leyendas y Curiosidades de Sevilla: Desde Explicarte Sevilla nos adentraremos en las Leyendas y Curiosidades de Sevilla: el "No8Do" emblema de Sevilla, Doña María Coronel, la Cabeza del Rey Don Pedro, Grace Kelly, el "Negro de Triana",...

     Ruta Sevilla Imprescindible: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los monumentos y barrios más típicos de Sevilla: Plaza de España, Plaza de Toros, Torre del Oro, Catedral, Giralda, Barrio de Santa Cruz, Reales Alcázares, Ayuntamiento,...

     Ruta Sevilla Patrimonio de la Humanidad: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos los monumentos Patrimonio de la Humanidad: Catedral de Santa María de la Sede, Reales Alcázares, y el Archivo General de Indias.

     Ruta Sevilla Prehistórica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas a la Prehistoria el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad.

     Ruta Sevilla Prerromana - Ispal: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos en el Museo Arqueológico de la ciudad y en las salas dedicadas al mundo prerromano el devenir de este momento histórico-artístico de la ciudad con especial atención al mundo de Tartessos y a los demás pueblos que se asentaron en la zona.

     Ruta Sevilla Romana - Hispalis: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que podemos encontrar del paso de la cultura romana por la actual ciudad, como los Monolitos de la calle Mármoles, las Columnas de la Alameda de Hércules, restos del Acueducto ("Caños de Carmona"), restos de las Murallas, el Antiquarium, y la obligada visita al Museo Arqueológico. Incluso podremos visitar el cercano enclave arqueológico de la ciudad romana de Itálica en el pueblo de Santiponce.

     Ruta Sevilla Visigoda: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que la cultura visigoda ha dejado en nuestra ciudad, sobre todo en la Catedral y en el Museo Arqueológico y te contaremos las historias de San Hermenegildo, y San Leandro y San Isidoro, personajes históricos imprescindibles de Sevilla.

     Ruta Sevilla Musulmana - Isbiliya: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los principales vestigios que la cultura musulmana ha legado a Sevilla, comenzando por nuestro símbolo más universal: La Giralda, junto con la Torre del Oro, Los Reales Alcázares,...

     Ruta Sevilla Judía: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la huella judía en la Sevilla de hoy: las antiguas sinagogas y los barrios judíos de Santa Cruz o de San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Mudéjar: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los innumerables vestigios que la cultura mudéjar dejó en Sevilla, fundamentalmente en los Reales Alcázares, Iglesia de San Marcos, Iglesia de Santa Marina,...

     Ruta Sevilla Gótica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos nuestra Catedral, el edificio gótico más grande de la cristiandad.

     Ruta Sevilla Renacentista - Nova Roma: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los imprescindibles vestigios renacentistas de nuestra ciudad, representados por el Ayuntamiento, el remate de la Giralda y la Sacristía Mayor de la Catedral.

     Ruta Sevilla y su río: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la importancia que ha tenido el río Guadalquivir, el antiguo Betis, en la historia de la ciudad, recorriendo sus puentes, el Barrio de Triana, la Torre del Oro,...

     Ruta Sevilla y América: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la llamada Sevilla Americana, la Sevilla del siglo XVI y XVII cuando nuestra ciudad se convirtió en la capital del mundo, con edificios tan importantes como el Archivo de Indias o la Casa de la Moneda.
     
     Ruta Sevilla Barroca: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la esencia de nuestra ciudad, puesto que Sevilla es una ciudad eminentemente barroca en prácticamente todos y cada uno de sus edificios. 

     Ruta Sevilla Neoclásica: Desde Explicarte Sevilla también te mostraremos las huellas neoclásicas de nuestra ciudad que podemos contemplar en las iglesias de San Ildefonso o San Bartolomé.

     Ruta Sevilla Romántica: Desde Explicarte Sevilla te mostramos la huella romántica de los Jardines del Parque de María Luisa y del Barrio de Santa Cruz.

     Ruta Sevilla Modernista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado modernista que también tiene en Sevilla sus ejemplos como las casas que podemos encontrar en las calles Alfonso XII, Feria, Tomás de Ibarra, Felipe II y Adriano, entre otras.

     Ruta Sevilla Regionalista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que arquitectos como Aníbal González y sus contemporáneos dejaron en Sevilla con la famosísima Plaza de España.

     Ruta Sevilla y la Expo del 29: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que la Exposición Iberoamericana de 1929 dejó en Sevilla en modo de pabellones y edificios que conforman el Parque de María Luisa y el Barrio de Heliópolis.

     Ruta Sevilla y la Expo del 92: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que en la Isla de la Cartuja quedó para nuestra ciudad, llevándola al siglo XXI.

     Ruta Sevilla Cofrade: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia del mundo cofrade en la historia de nuestra ciudad y sus incontables manifestaciones artísticas en el interior de los templos, las casas de hermandad, y en los actos de culto interno y externos (procesiones).

     Ruta Sevilla, Ciudad de Ópera: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia de Sevilla en la historia del Bel Canto, puesto que está presente en más de 100 óperas. Podemos elegir varias rutas relacionadas con la Ópera y Sevilla: Sevilla escenario de Ópera ASevilla escenario de Ópera BEl Mito de CarmenEl Mito de Don Juan, y El Mito de Fígaro.

     Ruta Magallanes y la primera vuelta al mundo 1519-1522: Desde ExplicArte Sevilla te mostramos los hitos más importantes de la expedición que dio la I Vuelta a la Tierra.

     Y muchas más rutas... tú decides. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Un paseo por la calle Ricardo Torres "Bombita", en el Recinto Ferial

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Ricardo Torres "Bombita", en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 20 de febrero, es el aniversario del nacimiento (20 de febrero de 1879) del torero Ricardo Torres "Bombita", así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Ricardo Torres "Bombita", en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Ricardo Torres Bombita es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Tablada, del Distrito Los Remedios; y va de la calle Gitanillo de Triana, a la calle Pascual Márquez, formando parte del Recinto Ferial.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es una calle que tiene un comentario muy sencillo, puesto que al pertenecer al Recinto Ferial, sólo tiene sentido en esa semana de la Feria de Abril, en la que cobra vida, al trasladarse a ella (como también ocurre con el resto del callejero de la Feria de Abril) toda la vida de la ciudad.
     La atraviesan las calles Joselito el Gallo, y Juan Belmonte.
     En ella se encuentran innumerables casetas que la conforman.
     En el reverso del rótulo de la propia calle podemos leer lo siguiente: 
"RICARDO TORRES REINA. "BOMBITA"
Nació en Tomares (Sevilla), el 20 de febrero de 1879
Alternativa: Las Ventas el 24 de septiembre de 1899. Padrino: José García, Algabeño
Curiosidades: Jamás usó la espada simulada o de madera en la faena. El 19 de octubre de 1913 anuncia su retirada en Madrid, lidiando con los dos Gallos, Joselito y Rafael, y Regaterín (que sustituía a Juan Belmonte)
Falleció en Sevilla, el 29 de noviembre de 1936.
Conozcamos mejor la Biografía de Ricardo Torres "Bombita", a quien está dedicada esta vía;
     Ricardo Torres Reina, "Bombita Chico". (Tomares, Sevilla, 20 de febrero de 1879 – Sevilla, 29 de noviembre de 1936). Torero.
     Hermano de los matadores Emilio y Manuel, los tres se apodaron Bombita. Mientras coincidieron en los carteles, utilizaron un adjetivo o un ordinal que les diferenciaba: Bombita (Emilio, también conocido como el Bomba), Bombita Chico (Ricardo) y Bombita III (Manuel). No obstante, a pesar de la coincidencia de apodo, la historia del toreo reconoce como Bombita a Ricardo, por mucho que éste no usase ese sobrenombre mientras su hermano Emilio estuvo en activo.
     Durante su infancia, Ricardo no mostró deseos de ser torero, si bien Emilio, que era cinco años mayor, había adquirido cierto nombre como novillero. No siguió las pretensiones paternas de que cursara estudios elevados, aunque entró a trabajar en una imprenta, en la que a base de inteligencia logró ascender de chico de los recados a corrector de pruebas, pasando por los estadios intermedios de cuartillero y cajista. Sin embargo, el toreo acabó cruzándose en su camino, influido tanto por las andanzas de su hermano mayor como porque pasaba gratis a los festejos celebrados en la Maestranza acompañando a su padre, que era proveedor de útiles para el desolladero de la plaza.
     Toreó por primera vez una becerra en el matadero sevillano, “a hurto —dice Cossío— de administrador y empleados, pues el matadero no era ya la academia taurina de principios de siglo, como si quisiera recibir su bautismo torero en lugar de tan rancia tradición”. Y añade: “Burlando la vigilancia de su familia, y en especial de su madre, comenzó a hacer sus escapadas por fiestas de pueblos y cerrados, y en uno de éstos tropezó con su hermano Emilio, ya torero famoso, que no sólo no vio con malos ojos las disposiciones del hermano, sino que resueltamente comenzó a favorecerlas. A ello debió Ricardo en adelante no conocer las angustias, privaciones y desamparos de los principiantes. Emilio le llevaba consigo a los tentaderos, y últimamente a las corridas de Madrid, en una becerrada en la plaza de la Corte (contaba Ricardo trece o catorce años) mató, y de mala manera, un becerro alternando con mister Valm, famoso cocinero de la marquesa de Manzanedo”.
     Pérez López indica en su relación de festejos que en 1892 (año en que Ricardo tenía trece años) no hubo becerradas en Madrid, al tiempo que señala que Emilio se presentó en esa plaza el 8 de diciembre. En 1893 hubo tres becerradas: el 6 de marzo (a beneficio de la Asociación General de Empleados de Ferrocarriles de España), el 12 de septiembre (organizada por la Sociedad Taurina Unión Cordobesa) y 14 de septiembre (celebrada por la Sociedad Caridad Taurina); quizá Bombita Chico participó en alguna ellas, en un año en el que Emilio toreó nueve novilladas picadas en Madrid (fue el torero que más paseíllos hizo en esa plaza), acercándose su situación a la de “torero famoso” descrita por Cossío.
     Ricardo se estrenó como banderillero el 10 de agosto de 1895 en Jerez de los Caballeros (Badajoz), en la cuadrilla de Juan Domínguez Pulguita chico. Indica Cossío que debutó como novillero en la plaza lisboeta de Campo Pequeño, festejo del que no se habla en la biografía de Don Ventura ni tampoco en la incompleta monografía sobre Ricardo Torres publicada sin firma de autor en 1907 en la biblioteca “Sol y Sombra”. En 1896 formó junto a Domínguez una cuadrilla de “niños sevillanos” que tuvo buena aceptación en plazas de provincias. Bombita y Pulguita se presentaron en Madrid el 7 de marzo de 1897 (Cossío dice de manera errada que fue el día 3), con novillos de Tiburcio Arroyo, de la localidad madrileña de Miraflores de la Sierra. El crítico Achares escribió acerca del debut de Ricardo Torres en la revista El Enano: “El hermano de Bombita, que tiene una figura simpática y atractiva, descubre, lo mismo por su estatura que por otras condiciones, ser un torero que puede dominar a las reses y que, persuadido de lo que dan de sí sus facultades, las domina ya. Paradito y fresco pasando, da, sobre todo, los naturales con el arte y la conciencia de un torero hecho y derecho; torea de capa con reposo; es activo y oportuno cuando de hacer quites se trata, y entra a herir con guapeza y buscando con serenidad el sitio de la muerte, aunque no siempre cuidando de la manera de salir de la suerte”. En ese festejo, Bombita Chico lidió en primer lugar el novillo Espejito y vistió un terno de color miel y oro.
     A la afición madrileña debió gustarle más Ricardo Torres que Juan Domínguez, pues Bombita repitió en esa plaza en las siguientes cuatro novilladas, mientras que Pulguita no regresó al ruedo de la capital hasta el 28 de noviembre, alternando con José Gordón Gordito, en un festejo en el que se anunció una “lucha feroz” entre el tigre César y el toro Regatero. Siguió Bombita toreando los dos años siguientes como novillero, haciendo cada temporada cuatro paseíllos en Madrid y sufriendo dos cornadas graves, el 6 de noviembre de 1898 y el 12 de marzo de 1899, por los novillos Greñudo y Ropero, respectivamente. Da la casualidad de que en esos dos festejos alternó con Antonio Olmedo Valentín.
     Su carrera como novillero fue muy accidentada, pues también resultó herido de consideración en Sevilla y Valencia, además de sufrir otros accidentes, tales como clavarse una astilla y una puya, o padecer la rotura de una pierna y un fuerte pisotón en la ingle. Dice Cossío: “Tal era su mala fortuna, que es fama que sus amigos, al despedirle, en lugar del consuetudinario, Buena suerte, solían decirle, con deseo más módico, Que no sea mucho. La estadística de sus cogidas durante esa época de novillero es impresionante. Cuarenta y cinco cogidas, hiriéndole dieciocho veces los toros. Pese a estos contratiempos, que no hicieron sino contrastar su valor y fuerza de voluntad, el cartel del novillero era insuperable” (José Luis Ramón Carrión, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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jueves, 19 de febrero de 2026

El sitio arqueológico Benajíar, en Bollullos de la Mitación (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Benajíar, en Bollullos de la Mitación (Sevilla)
     Se trataría probablemente de una alquería. Se encontraron restos en la zona al Norte del caserío actual, en una extensión de 400 metros cuadrados, no obstante el yacimiento probablemente continúa debajo del caserío actual. Se localizaron restos de muros a unos 13 metros al Norte del caserío, uno más al Este de piedra y sillarejos; el otro más al Oeste es de ladrillos dispuestos a tizón. Los restos cerámicos: cerámica vidriada y cerámica sin vedrio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).     
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Más sobre la localidad de Bollullos de la Mitación (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

El monumento funerario de Federico Sánchez Bedoya, y Regla Manjón y Mergelina, Condesa de Lebrija, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el monumento funerario de Federico Sánchez Bedoya, y Regla Manjón y Mergelina, Condesa de Lebrija, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.   
     Hoy, 19 de febrero, es el aniversario del fallecimiento (19 de febrero de 1938) de Regla Manjón y Mergelina, Condesa de Lebrija, personaje, cuyos restos reposan junto a los de su esposo Federico Sánchez Bedoya, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte el monumento funerario de Federico Sánchez Bedoya, y Regla Manjón y Mergelina, Condesa de Lebrija, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.
     La Iglesia de la Anunciación [nº 25 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 48 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Laraña, 1; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En el muro que se correspondería en la iglesia de la Anunciación con el de la Epístola, y a los pies del mismo, se encuentra el monumento funerario de Federico Sánchez Bedoya y su esposa la Condesa de Lebrija, flanqueado por las lápidas de Rodrigo Caro, y de Nicolás Mª Rivero.
     De grandes dimensiones y tosca obra es el monumento funerario de  Federico Sánchez Bedoya, militar y político conservador (1844-1898), y su esposa, Regla Manjón, condesa de Lebrija (1851-1938), interesada en el arte y en la arqueología, en cuya casa palacio de la calle Cuna reunió esculturas, ánforas, columnas y extraordinarios mosaicos romanos, surgidos en el transcurso de los trabajos de excavación en las ruinas de Itálica, además de una amplia biblioteca, una apreciable pinacoteca y valioso mobiliario. Es un monumento al modo de una portada clásica con frontón triangular, en cuya hornacina destaca como elemento decorativo el escudo familia, y en el que aparece grabado el texto:

AQVI·YACEN

LOS·EXCELENTISIMOS
SEÑORES·DON·FEDERI
CO·SANCHEZ·BEDOYA
20·DE·ENERO·DE·1844
19·DE·MAYO·DE·1898·Y
SV·MVJER·DOÑA·REGLA
MANJON·Y·MERGELINA
CONDESA·DE·LEBRIJA
26·DE·OCTVBRE·DE·1851
19·DE·FEBRERO·DE·1938

R.I.P.A.

Conozcamos mejor la Biografía de Federico Sánchez Bedoya, uno de los personajes que protagoniza el monumento funerario reseñado;
    Federico Sánchez Bedoya (n. Sevilla, 1844 - † 20 de mayo de 1898).
     Importante personaje de su tiempo, culto y de ideas conservadoras, fue seguidor del régimen monárquico ideado por Cánovas del Castillo. Fue diputado a Cortes por Sevilla, vicepresidente del Congreso, y más tarde gobernador civil de Madrid.
     Casado con Regla Manjón Mergelina, condesa de Lebrija, perteneció con el grado de capitán al Arma de Artillería. Dejó la carrera militar para dedicarse a la vida pública, a caballo entre Madrid y Sevilla.
     Desarrolló una importante actividad en la enseñanza primaria y universitaria, y un especial vínculo con la Universidad de Sevilla que culmina con la donación de una importante colección de libros.
     Fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica.
     Sus restos mortales, juntos con los de su esposa Regla Manjón, se encuentran en el Panteón de Sevillanos Ilustres de Sevilla, bajo la cripta de la iglesia de la Anunciación.
     El ayuntamiento de Sevilla le dedicó una calle rotulada a su nombre en el centro de la ciudad.
Conozcamos mejor la Biografía de Regla Manjón y Mergelina, Condesa de Lebrija, uno de los personajes que protagoniza el monumento funerario reseñado;
     Regla Manjón Mergelina (n. Sanlúcar de Barrameda, 26 de octubre de 1851 - † Sevilla, 19 de febrero de 1938), noble, académica de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, nombrada Hija Adoptiva y Predilecta por el ayuntamiento de Sevilla.
     Regla Manjón nace en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), en el seno de una familia hacendada, hija de Pedro Manjón y Fernández de Valdespino, senador del Reino, diputado a Cortes por Cádiz, Alcalde de Sanlúcar y Caballero no profeso de la Orden de Calatrava.
     En 1895 contrae matrimonio en su localidad natal con Federico Sánchez Bedoya (1844-1898), hombre de fortuna, culto y conservador, y pasa a vivir a la ciudad de Sevilla.
     Fue una mujer culta, amante de los libros y especialmente interesada en la historia, como indican los testimonios biográficos que existen sobre ella y que coinciden en destacar su peculiar inclinación por el estudio y el arte, y que queda reflejada en sus bibliotecas, sus escritos y sus casas.
     Durante su matrimonio llevó una vida más atenta a la actividad pública de su marido, siendo a partir de su viudedad cuando, careciendo de hijos, se vuelca en su pasión por el coleccionismo. Así, en 1901 adquiere la casa-palacio de la calle Cuna que posteriormente ampliaría con propiedades adyacentes, comprando el primero de los mosaicos romanos procedentes de Itálica que pavimentan en la actualidad casi la totalidad de su planta baja. Hasta 1914 fue completando su casa, dejando siempre a disposición de los investigadores el estudio de las distintas piezas y colecciones adquiridas, generosidad que le valió a la Real Academia de las Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, en 1918, a nombrarla académica de número, siendo la primera y única mujer en muchos años en la institución.
     Con el tiempo fue convirtiendo esta casa en un museo y en un archivo. Su biblioteca, en parte donada a la Universidad de Sevilla, refleja su amor por los libros. Con frecuencia presidía, convocaba o asistía a actos benéficos y acudía a numerosas audiencias reales, participando en la vida social y cultural de la ciudad.
     En 1920 fue elegida académica de la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y desde 1922 formó parte de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Sevilla.
     Además de su actividad en la defensa y difusión del patrimonio artístico de Sevilla, emprendió una admirable labor caritativa, especialmente entre los años 1904 y 1937, a beneficio de los niños abandonados, obra que le fue reconocida en 1938 por la Diputación Provincial de Sevilla.
     A partir de 1916 fue también vicepresidenta de la Junta de la Lucha Antituberculosa, recibiendo en ese mismo año del ayuntamiento de Sevilla el nombramiento de Hija Adoptiva y Predilecta de la ciudad.
     Con motivo de la Guerra de África se ocupó en una intensa tarea para recaudar fondos y trabajando en favor de los hospitales militares en 1921, año en el que el rey Alfonso XIII le otorgó la Gran Cruz de la Beneficencia.
     Su memoria, junto a la de su marido, se recuerda en el Panteón de Sevillanos Ilustres, que se encuentra situado en la cripta de la iglesia de la Anunciación de Sevilla.
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el monumento funerario de Federico Sánchez Bedoya, y Regla Manjón y Mergelina, Condesa de Lebrija, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Panteón de Sevillanos Ilustres, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Los azulejos de la I Estación "La Sentencia de Cristo", de Juan Aragón, para la Fábrica Águilas 25, del Vía Crucis, de la Casa de Pilatos al Templete de la Cruz del Campo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte los azulejos de la I Estación "La Sentencia de Cristo", de Juan Aragón, para la Fábrica Águilas 25, del Vía Crucis, de la Casa de Pilatos al Templete de la Cruz del Campo, de Sevilla
     Hoy, 18 de febrero es Miércoles de Ceniza, día de ceniza e inicio de la muy sagrada Cuaresma: he aquí que vienen días de penitencia para la remisión de los pecados, para la salvación de las almas; he aquí el tiempo favorable, en el se asciende a la montaña santa de la Pascua [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Los azulejos de la I Estación "La Sentencia de Cristo", del Vía Crucis, de la Casa de Pilatos al Templete de la Cruz del Campo, se encuentra en la plaza de Pilatos, 1, y 2; en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo
     El esquema de estos azulejos es el siguiente:
            - Escudo de la Corporación: Hermandad de la Macarena
            - Representación de la Estación correspondiente: Nuestro Padre Jesús de la Sentencia.
            - Texto de la Estación correspondiente: 
PRIMERA + ESTACIÓN
AQVÍ SE CONTEMPLA QVANDO
XPTº. NRO. SR. LO SENTENCIA-
RON A MVERTE DE CRVZ. SE
RESTAVRA ESTE VIA CRUCIS EL
8 DE MARZO DEL AÑO MCMLVII
POR LOS EXCMOS. SRS. DVQUES
DE MEDINACELI. A.M.D.G.
     El Vía Crucis a la Cruz del Campo (un templete construido a la salida de Sevilla en dirección a Carmona) fue erigido en la Cuaresma de 1521 a instancias del I Marqués de Tarifa, D. Fadrique Enríquez de Ribera, que vino a instituir esta piadosa práctica tras un viaje a Tierra Santa, que discurría desde su Palacio (hoy conocido como Casa de Pilatos) en el casco histórico de la ciudad hasta dicho templete, tomando las medidas exactas de la Vía Dolorosa recorrida por Jesucristo en su pasión desde la residencia de Poncio Pilato hasta el monte Calvario, señalando las estaciones (actualmente catorce) a lo largo del recorrido. Su organización anual fue germen en gran medida del auge de las procesiones de la actual Semana Santa de Sevilla. Fue practicada de forma regular hasta 1873. La Casa Ducal de Medinaceli, descendientes del Marqués de Tarifa, restauró esta práctica devota en 1957, promoviendo la reposición de las estaciones (anteriormente señaladas con cruces) pero esta vez en retablos cerámicos con los titulares de las Hermandades de Penitencia sevillanas relacionadas con los distintos pasajes de la Pasión y Muerte de Jesucristo.
     Los variados y continuos cambios urbanísticos de la ciudad de Sevilla desde 1957 hasta nuestros días han repercutido sobre la conservación de dichas estaciones, algunas de las cuales desaparecieron, otras cambiaron su ubicación primitiva e incluso las imágenes representadas. La última actuación de importancia tuvo lugar el 20 de mayo de 1995, reponiéndose todas las estaciones perdidas o deterioradas, presentando la misma configuración desde entonces. Desde 1986, tras unos años de decadencia, el Vía Crucis se celebra por la Pía Unión (integrada por los hermanos mayores de las cofradías de penitencia de la ciudad) en el interior del Palacio, el primer viernes de marzo, dadas las dificultades existentes por la alta saturación de tráfico de esa zona de la geografía urbana.
     El azulejo correspondió a la Hermandad de la Macarena, representando el misterio de la Sentencia. Estaba emplazado, según cuentan los cofrades que lo conocieron, bajo el balcón principal de la Casa de Pilatos; se colocaría en 1959 y permaneció allí hasta mediados de los años ochenta, no conservándose. Tan sólo quedó el texto, que se fijó -algo fragmentado- junto a la cruz de mármol de la fachada principal, donde permanece, y en el que además del pasaje añade: «se restauró este Vía Crucis el 8 de marzo de MCMLVII por los Excmos. Sres. Duques de Medinaceli, A.M.G.D.».
     El 20 de mayo de 1995 fue repuesto el azulejo del Señor de la Sentencia y el escudo de la Hermandad sobre el panel conmemorativo de la restauración de 1957, en la plaza de Pilatos número 2, siendo ejecutado por el ceramista Juan Aragón Cuesta, con taller en la calle Águilas (www.retabloceramico.org).
Conozcamos mejor la Historia y Significado del Vía Crucis;
     La expresión latina "Vía Crucis" significa "camino de la Cruz", es decir, el que recorrió Cristo durante su Pasión, desde el Pretorio de Pilatos hasta el Calvario. Dicha expresión se utiliza también de modo habitual para designar una forma de oración acompañada de meditación sobre los acontecimientos ocurridos en ese camino de Cristo, al que se añaden el hecho de su muerte en la cruz, el descendimiento de la misma y su sepultura. Junto a diversas oraciones, en general de penitencia y arrepentimiento, se van intercalando catorce meditaciones, que se llaman «estaciones», porque los que hacen este ejercicio de piedad se «estacionan» o detienen unos momentos para meditar en cada uno de los siguientes acontecimientos o escenas:
     Los precedentes del Vía Crucis datan de los primeros siglos del cristianismo, de la piadosa compasión con que los cristianos primitivos veneraban los pasos de la Vía Dolorosa. La española Silvia Eteria, peregrinó a Tierra Santa en el siglo IV. Y en su Peregrinatio describe el ejercicio piadoso de los cristianos de Jerusalén, recorriendo durante la Semana Santa el camino del Calvario.
     La mayoría de estas «estaciones» han sido tomadas del Evangelio, otras las ha deducido o añadido la tradición piadosa del pueblo cristiano con una sana lógica.
     Las escenas o «estaciones» directamente descritas en los Evangelios son las siguientes:
· Primera: en Mt 27,1-31; Mc 15,120; Lc 23,1-25; Jn 18,28-40 y 19,1-16.
· Segunda: en Jn 19,17.
· Quinta: en Mt 27,32; Mc 15,21 y Lc 23,26.
· Octava: en Lc 23,27-32.
· Décima: en Mt 27,35; Mc 15,24; Lc 23,34 y Jn 19,23-24.
· Undécima: en Mt 27-25 s.; Mc 15,24 s.; Lc 23,33 s. y Jn 19,18.
· Duodécima: en Mt 27,50-51; Mc 15,37; Lc 23,46 y Jn 19,30-33.
· Décimo tercera: en Mt 27,57-59; Mc 15,42-45 y Lc 23,50-53.
· Décimo cuarta: en Mt 27,55-61; Mc 15, 42-47; Lc 23,50-55 y Jn 19,38-42.
     Las otras estaciones –tercera, cuarta, sexta, séptima, novena– que ha añadido la tradición piadosa de los cristianos están relacionadas o deducidas de la descripción que los evangelistas hacen del camino que recorrió Jesús hacia el Calvario. Son posibles las caídas –estaciones 3ª, 7ª y 9ª, debido al agotamiento del Huerto, de los interrogatorios y sobre todo de las vejaciones –azotes, espinas– y episodios que acompañaron al arresto. Se deduce al menos una del hecho de haber pedido a Simón de Cirene que llevase la cruz, y se suponen lógicamente otras caídas, aunque no podamos saber el número exacto. Fue casi seguro el encuentro de Cristo con su Madre antes de la cruz (4ª estación), según Jn 19,25-27 y otros pasajes. Es muy probable el episodio de la Verónica según Lc 23,27 ss. y relatos escritos que se remontan a los siglos III y IV que pueden depender de relatos y tradiciones orales anteriores.
     En cuanto a los orígenes de este ejercicio piadoso, es cierto que los cristianos de las primeras centurias veneraron los lugares relacionados con la vida y muerte de Cristo. Esto se facilitó a partir de la paz otorgada a la Iglesia por Constantino, con lo que se multiplicaron las peregrinaciones a los Santos Lugares, y de las que se conservan descripciones desde el s. IV. La célebre peregrina Eteria, por ejemplo, da una relación de los actos que se celebraban en Jerusalén en la Semana Santa en los distintos lugares relacionados con la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
     Con motivo de las Cruzadas se manifestó aún más la devoción hacia los lugares en que se había realizado algún episodio de la Pasión de Cristo. No se contentaron los cruzados con haber venerado esos mismos lugares, sino que trajeron a sus respectivos países la idea de realizar algo parecido a lo que habían visto y obrado en Jerusalén. De ahí que se erigiesen en muchas partes «Calvarios», luego «Vía Crucis», con los que los fieles manifestaban su fervor, agradecimiento y amor a la Pasión de Cristo, oraban y meditaban en ella, etc.
     Los franciscanos contribuyeron mucho a extender y propagar esta devoción, aún no muy bien definida, sobre todo cuando en el s. XIV se les concedió la custodia de los Santos Lugares. También la difundió mucho el beato Álvaro de Córdoba, dominico, a su regreso de Tierra Santa (1420). Después, el principal apóstol de esta devoción fue San Leonardo de Puerto Mauricio, que, en el curso de unas misiones por Italia (1731-51), erigió más de 572 Vía Crucis.
     Había cierta diversidad con respecto al número de «estaciones».
     Fueron los franciscanos los que establecieron en sus iglesias el número de catorce, para que los fieles las recorriesen a imitación de los devotos peregrinos que iban personalmente a venerar los Santos Lugares de Jerusalén. Parece que la forma definitiva, según se suele practicar hoy, surgió en España. De aquí pasó a Cerdeña y a otros lugares. En el s. XX diversos autores han pretendido que se añadiese otras estaciones, como la Resurrección, con la que culmina la Pasión y Muerte histórica de Cristo, y su Vía Crucis continuado a lo largo de la historia humana.
     La práctica del Vía Crucis, pues, viene a arrancar de los primeros siglos y se halla muy extendida entre los cristianos. Es necesario meditar y conocer bien la vida y persona de Cristo, también su Pasión y Muerte, para facilitar la identificación con El a que está llamado todo hombre. Esta devoción es de gran importancia para la vida cristiana. Nos da la oportunidad de contemplar la pasión y muerte de Jesús, nuestro Salvador. Contemplación de los dolores en el cuerpo y en el alma del Señor. Recorrer la Vía dolorosa actualizando sus sufrimientos. La pasión de Jesús es real y actual. El motivo de sus dolores es el de siempre: el pecado. Cada vez que un cristiano peca, de algún modo crucifica de nuevo a Cristo. En cambio, cuando llevamos por amor a Jesús la cruz de cada día podemos decir, como San Pablo: "Completo en mi carne lo que falta a la Pasión de Cristo en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia" (Co 1,24).
¿Cómo se reza?
     El Vía Crucis o Camino a la Cruz es una de las más antiguas devociones practicadas por los Católicos en todo el mundo.  Consiste en acompañar a Jesús en su Pasión y Muerte, en sus horas finales, repasando 14 momentos (las 14 Estaciones del Vía Crucis) desde que fue condenado a muerte hasta su sepultura.
     Más recientemente a veces se suele agregar una nueva 15ª Estación:  la Resurrección del Señor, en consideración a que si Cristo no resucitó, vana sería nuestra Fe (1 Cor 15, 14).
     El Vía Crucis se reza de pie, y en algunos momentos de rodillas.  Debe hacerse caminando, deteniéndose en cada estación, para recordar el camino de Jesús al Calvario. Es por eso que las imágenes de la representación del Vía Crucis están en la pared, alrededor del templo.  Si se reza en casa, ayuda tener en la mano imágenes de la Pasión y Muerte del Señor, para que puedas recordar e imaginar su dolor.
.         + En el nombre del Padre + del Hijo + y del Espíritu Santo.
Amén
.        Señor, que la meditación de tu Pasión y Muerte nos anime y ayude a tomar la cruz de cada día y seguirte, para un día resucitar contigo en la gloria.
Amén.
     Rezo de las catorce estaciones.
     Oración final:
     Señor mío Jesucristo, que con tu Pasión y Muerte diste vida al mundo, líbranos de todas nuestras culpas y de toda inclinación al mal, concédenos vivir apegados a tus Mandamientos y jamás permitas que nos separemos de Ti. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglo.
     Amén (Catholic.net).
Conozcamos mejor la Biografía de Juan Aragón, autor de la obra reseñada;
     Juan Aragón Cuesta nace en Alameda (Málaga) el 3 de Enero de 1943. Viene muy pequeño a vivir a Sevilla a casa de su abuela. Dotado de facultades para el dibujo y la pintura, siempre sintió atracción por la cerámica. Tras iniciar Aparejadores, abandona en el segundo curso para ingresar, a principios de los setenta en la fábrica de la Corchuela, donde toma su bautismo de fuego en el mundo de la cerámica. Allí conocería a Cristóbal Rodríguez Fernández, con el que en 1975 montaría taller propio en la calle Águilas, 25. En este taller han profundizado en los secretos de los barros vidriados, haciendo modelado que incorporan a sus obras, y realizando cerámica de imitación del antiguo, especialmente de los siglos XVII y XVIII. También han trabajado en este taller en una primera época Rafael Abad y Rafael Guisado.
     Una de sus obras más conocidas en la ciudad de Sevilla es el conjunto de las estaciones del Vía Crucis de la Cruz del Campo, que las ejecutó en 1995 para reponer las muchas que faltaban.
     Falleció en febrero de 2013, continuando su compañero Cristóbal Rodríguez Fernández al frente del taller poco tiempo más (www.retabloceramico.org).
Conozcamos mejor la Historia de la Fábrica Águilas 25, obrador donde se ejecutó la pieza reseñada;
     Sito, como su propio nombre indica, en la planta baja izquierda de la casa número 25 de la calle Águilas, en Sevilla capital. Fue abierto en 1975 por dos ex‑alumnos de la escuela‑ taller de cerámica de La Corchuela, Juan Aragón Cuesta (n. 1943) y Cristóbal Rodríguez Fernández (n. 1952). En sus primeros años y hasta 1988 en que se independizaron, trabajaron allí Rafael Abad y Rafael Guisado. Las tareas de modelado las realizaba principalmente Ismael Rodríguez, hermano de Cristóbal.
     Las obras habitualmente van firmadas como taller de calle Águilas, 25, sobre todo en la primera época, pero desde mediados de los ochenta se observó una tendencia a la firma individualizada de sus propietarios, bien como Juan Aragón ó como Cristobal “Rofer” o Rodríguez.
     Juan Aragón falleció en febrero de 2013 y Cristóbal Rodríguez mantuvo el taller poco tiempo más, hasta cerrarse definitivamente en torno a 2017 (www.retabloceramico.org).
         Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte los azulejos de la I Estación "La Sentencia de Cristo", de Juan Aragón, para la Fábrica Águilas 25, del Vía Crucis, de la Casa de Pilatos al Templete de la Cruz del Campo, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Plaza de Pilatos, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la Casa de Pilatos, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre el El Vía Crucis, de la Casa de Pilatos al Templete de la Cruz del Campo, en ExplicArte Sevilla.

martes, 17 de febrero de 2026

La Hacienda de Castilleja de Talhara, en Benacazón (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda de Castilleja de Talhara, en Benacazón (Sevilla).  
     Castilleja de Talhara es uno de los ejemplos más singulares de la tipología edilicia de la hacienda, ofreciendo un caso verdaderamente único por diversas razones. A pesar de ello, no figura en los incompletos y aleatorios listados de haciendas que se han publicado, quizás debido a que la cartografía no hace referencia a que se trata de una explotación agrícola.
     Se encuentra enclavada en un bello entorno paisajístico, una vaguada junto al valle del Guadiamar y muy próxima a la carretera que une Aznalcázar y Benacazón, de la que parte un corto carril que conduce directamente a su caserío, en el pago de Castilleja de Talhara. Junto a éste se encuentran las conocidas ruinas mudéjares de la ermita homónima, que fue la iglesia de esta antigua población.
     Tan inverosímil caserío se articula en torno a dos patios sucesivos, el primero de los cuales cabría calificarlo de labor y el segundo del señorío. Su imponente fachada está flanqueada por dos torres y centrada por una cuidada portada neomudéjar rematada por una espadaña, cuyo vano es un gran arco de herradura. El primer patio es de planta cuadrada y empedrado, con las viviendas del capataz y del casero flanqueando la portada. En la crujía izquierda están las cuadras, por lo que en principio cabría interpretar la torre que remata su ángulo como un elemento meramente decorativo levantado para guardar la simetría con la otra torre situada en el lado opuesto. No obstante, nos decantamos más, siguiendo a Ricardo Ronquillo, por la posibilidad de que en origen el lugar que ocupan estas cuadras fuese una almazara, luego desechada, ya que tras ella hay una bodega, a la que más adelante nos referiremos. Junto a estas cuadras encontramos un guadarnés y un taller. La crujía derecha del patio la ocupa la que debió ser la segunda almazara del edificio, que se abre a dicho patio mediante unas arcadas "góticas"; en su interior está alicatada, por lo que cabe deducir que los tradicionales molinos de rulos y prensas de viga fueron sustituidos por maquinaria hidráulica en la reforma de finales del siglo XIX. Quizás en ese momento fuera abandonada la primera almazara y convertida en cuadra. 
     Al fondo de este primer patio se encuentran el señorío y la capilla, sin duda el más llamativo elemento de Castilleja de Talhara. Este oratorio es un alto cubo almenado donde hasta el más mínimo detalle responde a la referida estética neogótica; así cabría referir el artístico farol de hierro forjado que cuelga de su fachada, el rosetón lateral de rica tracería que ilumina su interior y el relieve del tímpano de la portada, en el que se narra la aparición de la Virgen y se representa la propia hacienda, algo excepcional. Igualmente sorprendente y neogótico es el interior de este recinto, presidido por un aparatoso retablo de madera en su color flanqueado por dos escudos, con sacristía y dos balcones que comunican el señorío con el recinto sagrado. En este retablo se dio culto a una importante escultura de Nuestra Señora de la Consolación que, según la tradición, fue encontrada aquí en el siglo XV y que es precisamente lo que se representa en el referido tímpano. Aún en el Catálogo arqueológico y artístico de la Provincia de Sevilla se refiere la citada imagen, hoy ya ausente, así como otras esculturas y pinturas, amén de una pila bautismal procedente de la cercana ermita mudéjar.
     Además, una placa de mármol hace una pequeña historia de la capilla y de la propia finca, la cual en parte se completa con la anteriormente transcrita: La imagen de Nuestra Señora de Consolación, venerada en este santuario, fue hallada cerca de la fuente llamada Pocita de la Virgen, según tradición de la antigua Villa de Castilleja de Talhara, siendo señores de ella el veinticuatro Fernando Ortiz El Viejo y Doña Leonor Fernández de Fuentes a mediados del siglo XV, erigiendo estos capilla en el valle nombrado de Consolación desde la que fue trasladada a ésta, que en el año de MDCLXVI edificaron Don Alonso Fernández Marmolejo, Caballero de la Orden de Santiago, Señor de Almensilla y Doña Isabel Ortiz Melgarejo, XI Señora de Castilleja de Talhara. Fue renovada el año de MDCCXXXIV por la venerable señora Doña Constanza Bucarelli y Ursua, marquesa viuda de las Torres, y su hijo el marqués Don Juan de Madariaga, XVI Señor de esta villa y por amenazar ruina la han levantado de nuevo de cimientos en MDCCCLXXXVIII los Excelentísimos Señores Don Andrés Lasso de la Vega y Doña Blanca Fernández de Córdoba, Condes de Casa Galindo, Marqueses de Cubas, Grandes de España, actuales poseedores que ruegan a cuantos fieles visiten este santuario les encomienden a Dios. 
     Como ya indicamos, el segundo patio lo ocupa el señorío, que cuenta con dos plantas, notable escalera claustral y diversos salones y galerías que circundan el patio, en excelente estado de conservación. A diferencia del primer patio, este segundo sigue pautas neomudéjares. Más allá del mismo y separado de él por una alta y artística reja de hierro forjado, hay un amplio jardín, el cual acusa, al igual que todo el edificio, una cuidada planificación en este caso paisajística, extendiéndose a varios niveles.
     En torno a este núcleo edificatorio y rodeado por una alta tapia se encuentran otras dependencias. Así, tras las referidas cuadras hay una bodega, lo que refuerza la hipótesis apuntada de que la finca contó con dos almazaras. Más allá y junto al jardín encontramos una noria y un pozo. Al otro lado del edificio, tras la almazara hidráulica también aludida se dispone un amplio corral en el que hay otra bodega de tinajas empotradas, un transformador en forma de torre almenada, un horno de pan, así como una gran pajarera, que en origen fue gallinero. En este corral, en la actualidad convertido en jardín, hay como elemento decorativo una solera del molino de aceite. 
     La villa, población y hacienda de Castilleja de Talhara está perfectamente documentada gracias a Antonio Herrera. Debió ser en sus orígenes una alquería musulmana, pero las primeras noticias fehacientes sobre la finca datan de 1265, estando vinculada desde 1379 al linaje de los Lasso de la Vega, y con ellos al marquesado de las Torres de la Presa, hasta que no hace muchos años don Miguel Lasso de la Vega la vendió, tras más de seis siglos en poder de su familia, a su actual dueña, que mantiene la finca en perfecto estado. No obstante, Antonio Herrera nos informa de que fueron varios los señoríos vinculados a Castilleja de Talhara. Así, en una mitad de la misma fundó un señorío don Juan Fernández de Mendoza y doña Leonor Cerón en 1441, formando parte del mismo unas casas, un molino aceitero llamado del Bollo, una huerta, 20 aranzadas de olivar, así como el señorío y jurisdicción de su parte de la villa, 50 vasallos francos, un tejar y ciertos tributos.
     Tras diversos avatares, todo el término de Talhara acabó por unificarse y en el siglo XVIII contaba con casi 2.000 aranzadas de extensión, de las que más de 1.300 se dedicaban a dehesa, 300 a sembradura, 240 a olivar, 60 a pinar, 13 a árboles frutales, 1,5 a viña e igual cantidad a huerta de regadío, todo lo cual evidencia la variopinta producción de las haciendas. Por otra parte, el Catálogo de títulos de Castilla recoge el condado de Talhara, que Julio González relaciona con toda lógica con esta explotación. 
     Pese a la remota antigüedad de la finca y despoblado, de lo que son prueba los abundantes restos arqueológicos encontrados en ella, su caserío fue por completo transformado en 1888, cuando se le dio su escenográfico aspecto, que responde a historicistas pautas románticas, siendo mitad neogótico, mitad neomudéjar. En cualquier caso, su impronta de verdadera fortaleza medieval, con erizadas torres, remates almenados y machacona presencia heráldica le da ese carácter único al que ya nos referimos. A ello hay que sumar su construcción de ladrillo, lo que suponemos a su inspiración en las ruinas de la vecina ermita de Castilleja de Talhara. 
     No obstante, tenemos una referencia del caserío anterior a su transformación, que es la que ofrece Madoz en su Diccionario, en la que dice, además de que era propiedad de los marqueses de las Torres, que contaba con buen caserío, tierras de labor, pinares, olivares y monte bajo, es decir, se trataba de una explotación de carácter mixto. Su población era entonces de 2 vecinos, 5 almas. La alta calificación que Madoz le da al caserío en los años centrales del siglo XIX nos lleva a sospechar que la reforma de 1888 pudo ser un mero enmascaramiento de estructuras muy anteriores, quizás a raíz de la industrialización de la producción aceitera gracias al prensado hidráulico. 
     En cualquier caso, ambas construcciones, tanto la hacienda como la ermita, tienen una historia común. En este sentido la inscripción que se encontró al pie de la cruz que hay ante la ermita hace un breve resumen de esta larga y linajuda historia: Hacienda y antigua villa de Castilleja de Talhara fundada en el año MCCCLXIX por el XXIV Alonso Fernández de Fuentes, vinculada en MCDLXXVII por el XXIV Fernando Ortiz y Dª Leonor Fernández de Fuentes, acrecentada en MDCIII por D. Gaspar Ortiz Melgarejo, IX Señor de ella, en MDCCCL por D. Miguel Lasso de la Vega, Marqués de las Torres, XXI Señor de la misma y en MDCCCLXXXVIII por D. Andrés Lasso de la Vega y Dª Blanca Fernández de Córdoba, Condes de Casa Galindo, Marqueses de Cubas, actuales propietarios (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda de Castilleja de Talhara, en Benacazón (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Benacazón (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

Un paseo por la calle Bécquer

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Bécquer, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 17 de febrero, es el aniversario del nacimiento (17 de febrero de 1836) de Gustavo Adolfo Bécquer, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Bécquer, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Bécquer es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Gil, del Distrito Casco Antiguo; y va de la plaza de la Esperanza Macarena, a la calle Vib Arragel.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Por correr intramuros a lo largo de la cerca suele aparecer en los pasados siglos como Muro, Muro de la Macarena, Muro de Escoberos y Muro de la Barqueta, este último topónimo en su parte inmediata a Torneo. En 1881 se rotula oficialmcnte Bécquer, en memoria de este poeta sevillano (1836-1870), porque había nacido en esta zona. Entre 1935 y 1949 llevó el nombre completo, Gustavo Adolfo Bécquer. Al encontrarse en el extremo norte del casco, fue durante siglos una zona marginal, que se abría paso entre la muralla y una serie de huertas, hasta que en la segunda mitad de la pasada centuria la apertura de una puerta en la muralla frente a la calle Feria, primero, y los derribos de ésta, después, así como los procesos urbanizadores y especuladores originados en estos años, transforman totalmente el espacio. Se realizan diversos proyectos de parcelación y loteo a todo lo largo del lado derecho, hasta desembocar en su forma actual, al tiempo que las huertas de la acera izquierda pierden su condición de tales y se transforman en bloques de viviendas o en almacenes.
     Es sensiblemente recta, con un ligero quiebro desde el cruce con Feria, a partir del cual tiende a ensancharse. Está cruzada por Fray Luis Sotelo, Feria y Pacheco y Núñez de Prado; desembocan por la derecha Alonso Vázquez y Luis Peraza; y por la izquierda, Muro, Faustino Álvarez y el pasaje del Conde de Mejorada. En su inicio, la acera de los pares carece de edificios, un arcén con plátanos recién plantados la separa de Resolana. Esta anomalía se debe a que aquí se conservó la muralla, entroncada con la Puerta o Arco de la Macarena, hasta comienzos del presente siglo. Por lo que se refiere a su infraestructura, al menos una par­te estaba empedrada en 1894, sistema sustituido por adoquines a comienzos de este siglo, sobre los que se tiende la capa asfáltica actual en la década de 1970. Por los mis­mos años en que es adoquinada se la dota de aceras, conservándose las primitivas de cemento, muy degradadas, a partir de Feria. En el resto se han sustituido por losetas. En dos tramos de los pares no existen aceras. sino unos basamentos altos, sobre uno de los cuales se levantan los Altos Colegios. El alumbrado cuenta con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. En 1923 se aprobó la acometida de alcantarillado para sustituir al antiguo sistema de cloacas.
     Los edificios presentan gran diversidad de estilos y escalas. Van desde las dos plantas de los más antiguos, hasta las cinco de los construidos en los últimos años. Aunque éstos están distribuidos por toda la calle, tienden a concentrarse en las primeras manzanas. Se conservan algunos regionalistas, así como la manzana proyectada por J. Espiau (1913) entre Pacheco y Núñez del Prado y Vib Arragel, al urbanizarse este sector, y en la que introdujo notables novedades en cuanto a su organización interior. Entre los edificios singulares destaca la Basílica de la Macarena, obra de Aurelio Gómez Millán (1948). Más adelante se levanta el cine Béc­quer, que, aunque muy transformado, fue un edificio notable de estilo racionalista, obra de Felipe y Rodrigo Medina Benjumea (1940). En parte del solar sobre el que se levanta la basílica estuvo una taberna, conocida como Casa Cornelio, célebre centro de reunión de sindicalistas y comunistas, citada por Pío Baroja en Los Visionarios, que fue destruida a cañonazos en 1931, como medida ejemplarizadora adoptada por la autoridad. El tramo hasta Feria congrega un intenso tráfico y una importante actividad econó­mica, con numerosos comercios y almacenes. Por el contrario, el resto apenas registra actividad y movimiento, utilizándose el espacio público como aparcamiento. La parte delantera de la basílica presenta un constante movimiento de personas y autobuses, generado por quienes acuden a la misma para visitarla o para asistir a bautizos y bodas; no obstante, los momentos más característicos son los de la salida y entrada de la cofradía [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Gustavo Adolfo Bécquer, personaje que da nombre a la vía;
     Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, Gustavo Adolfo Bécquer, (Sevilla, 17 de febrero de 1836 – Madrid, 22 de diciembre de 1870). Poeta y prosista.
     Nacido en Sevilla, en el barrio de San Lorenzo, en el seno de una antigua familia de origen flamenco, Gustavo Adolfo Bécquer, nombre que adoptó para sus actividades artísticas, se llamaba en realidad Gustavo Adolfo Domínguez Bastida. Sus antepasados habían llegado a Sevilla procedentes de Flandes a finales del siglo XVI o comienzos del XVII, atraídos por el gran desarrollo mercantil y las posibilidades dinerarias de una ciudad en expansión que controlaba el comercio con el Nuevo Mundo. Eran financieros y comerciantes, y gozaron de gran poder económico. Dos de ellos, los hermanos Miguel y Adán Bécquer, llegaron a tener enterramiento y capilla propios en la catedral hispalense, en la que hoy lleva el nombre de Santas Justa y Rufina. El paso del tiempo fue, sin embargo, mermando su patrimonio, y en los años en que nació el poeta no quedaba ya el menor rastro de aquella antigua opulencia, aunque los Bécquer aún seguían disfrutando de cierta respetabilidad pública derivada de su brillante pasado. La familia había perdido el viejo apellido flamenco pero seguía usándolo por razones de prestigio social. Sus miembros carecían de la habilidad comercial de aquellos antepasados que llegaron de Centroeuropa, pero en contraste varios de ellos mostraban grandes capacidades artísticas. El padre del poeta, el “maestro José Bécquer” era lo que entonces se llamaba un “pintor de género” que, entre otros oficios, se ganaba la vida ilustrando publicaciones, entre ellas la famosa España Artística y Monumental, y vendiendo a los escasos turistas de entonces cuadros de costumbres con escenas de la vida sevillana. Su tío, Joaquín Domínguez Bécquer, pintor costumbrista de más alcance y de cierta influencia en los ambientes culturales de la ciudad, llegó a ser miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, y su hermano Valeriano, buen dibujante, disfrutó con su pintura de un reconocimiento y una proyección pública muy notable como retratista, ilustrador de revistas y autor de una valiosa serie de “tipos españoles” que reflejaba una pasión por los ambientes populares anticipadora del folclorismo científico de finales del siglo XIX. Pasión compartida también por su hermano menor, el futuro autor de las Rimas. Bastante menos es lo que se sabe de la madre de ambos, Joaquina Bastida y Vargas, oriunda de Lucena (Córdoba), que dio ocho hijos varones al matrimonio.
     Gustavo Adolfo, huérfano muy pronto de padre (1841) y de madre (1847), se mostró desde niño hábil en la práctica de la pintura y de la música, aunque a la postre se inclinó por la actividad literaria, dominio en el que alcanzó cotas de excelencia comparativamente muy superiores a los demás artistas de su familia dedicados a la pintura. Y aunque por nacimiento y ambiente parecía claramente destinado al oficio de pintor, su prematura orfandad y sus amistades escolares despertaron su pasión por la poesía y cambiaron el rumbo de su vida. Pero en todo caso, el haber nacido y crecido en un ámbito familiar de tantas inquietudes estéticas fue, sin duda, un elemento determinante en su futura vocación de escritor. Tras la muerte de José Bécquer, su joven viuda logró que su hijo Gustavo Adolfo ingresara, en 1846, en el Colegio de San Telmo, cuyo nombre oficial era el de Colegio Seminario de la Universidad de Mareantes, centro en el que se había refundido la famosa Universidad de Mareantes de Triana. En él estudiaban la carrera de Náutica los varones huérfanos de buenas familias venidas a menos. Y allí escribió sus primeras obras (una composición Al viento, a imitación de Zorrilla, y otra en verso suelto) animado por Narciso Campillo y otros compañeros de estudios. Y en el mar hubiese estado probablemente el destino profesional de Bécquer (“piloto de altura, cosmógrafo, navegante...”, como cuenta el propio Campillo) de no mediar una Real Orden de julio de 1847 por la que se suprimía expeditivamente el colegio, en cuya sede se instaló la pequeña corte de la infanta Luisa Fernanda y el duque de Montpensier. Más tarde, el todavía niño Gustavo Adolfo cursó estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza, donde cultivó sus gustos literarios de la mano del catedrático Francisco Rodríguez Zapata y, quizá, del propio Alberto Lista, patriarca de la poesía española de su tiempo, ya retirado en Sevilla, al que pudo oír en algunos actos públicos y a cuya muerte, en 1848, Bécquer dedicó su primer poema importante (Oda a la muerte de don Alberto Lista); texto que, al igual que todos los de su prehistoria lírica, carece todavía de auténtico acento personal y revela un fuerte apego a los patrones neoclásicos de la llamada Segunda Escuela Poética Sevillana (Arjona, Lista, Reinoso, Mármol, Blanco White...), desde los que pronto evolucionó, ya instalado en Madrid, hacia la asombrosa modernidad de sus Rimas en un proceso de depuración lírica sorprendentemente precoz.
     Al quedar huérfano de madre, vivió bajo la protección de su familia materna y muy especialmente de su madrina, Manuela Monnehay, hija de un perfumista y quincallero francés afincado en Sevilla, en cuya biblioteca leyó apasionadamente a los clásicos grecolatinos y a los románticos franceses y españoles. Se sintió fuertemente atraído por el mundo de los sueños, que él convirtió en una fuente de conocimiento y en un verdadero estado poético. Esas tempranas lecturas de su niñez (Horacio, Espronceda, Zorrilla, Rousseau, Lamartine, Chateaubrinad, Hoffman...) fueron modelando su sensibilidad lírica y proyectándola por los cauces del intimismo, la fantasía y la introversión, reflejo de una rica y agitada vida interior que contrastaba con su proverbial timidez y su carácter retraído.
     Arrastrado por esa fuerte vocación literaria y tras algunos fallidos intentos de seguir la carrera de pintor al lado de su influyente tío Joaquín, se marchó a Madrid en el otoño de 1854, cuando aún no había cumplido los dieciocho años, con el propósito de hacer fortuna en la carrera de las letras. Como para tantos otros jóvenes escritores de su tiempo, la Corte ofrecía posibilidades de promoción entonces impensables en la vida de provincias. Dejaba atrás, además de las fuertes vivencias de su Sevilla infantil, el cariño de la joven Julia Cabrera, uno de sus primeros amores, que al parecer le guardó fidelidad hasta el fin de sus días. Tras las primeras decepciones y las primeras estrecheces económicas, magnificadas en no pocos casos por la infundada leyenda de un Bécquer mísero y marginal que hubo de dormir más de una noche en los bancos del paseo del Prado, el poeta fue acomodándose a la vida literaria madrileña, sobre todo en el mundo del periodismo, con el apoyo de sus amigos Julio Nombela, Luis García Luna, Narciso Campillo, Ramón Rodríguez Correa, etc. Alguien le buscó un modesto empleo de escribiente en la Dirección de Bienes Nacionales, del que fue cesado al poco de ingresar. Escribió libretos de zarzuelas, fue editor de libros y de revistas ilustradas e impulsor de la moderna técnica de la fotografía, que aplicó brillantemente en su Historia de los templos de España, ambicioso proyecto que no llegó a realizarse en su totalidad y cuya primera entrega, apoyada económicamente por la reina Isabel II, apareció en agosto de 1857. Más tarde, se dedicó también a escribir artículos críticos y de costumbres. Por ello, más que como poeta, Bécquer fue reconocido en vida como periodista, pues apenas publicó versos, y muchos de ellos anónimos y en pequeñas revistas de escasa proyección, aunque siempre sostuvo en su fuero interno que la poesía era la actividad que verdaderamente colmaba sus expectativas de escritor. Participó también en las tertulias de los cafés de entonces: el de San Antonio, el de los Ángeles, el de la Esmeralda, el del Príncipe, el Suizo..., en los que Bécquer y sus amigos se iniciaron en una suerte de bohemia literaria anticipadora de la del “Fin de siglo”.
     Su situación económica y su estabilidad emocional mejoraron notablemente cuando su hermano Valeriano, convertido ya en un pintor de prestigio, decidió también marcharse a la capital de España. Tras algunos amores ocasionales —entre ellos, el de la cantante Julia Espín, que al parecer no pasó de ser una pasión fugaz no correspondida—, se casó en 1861 con Casta Esteban, hija de un médico especialista en enfermedades venéreas que había atendido al poeta en algunas ocasiones. El matrimonio, del que nacieron varios hijos, fue un fracaso, y estuvo lleno de turbulencias y episodios rocambolescos que llevaron a la separación definitiva de los esposos poco antes de la Revolución de 1868. El ingreso en el equipo fundador del periódico El Contemporáneo en diciembre de 1860 había contribuido a mejorar su suerte. Pero una crisis de salud que ya arrastraba de años anteriores y las amarguras de su desgraciado matrimonio le impulsaron a pasar una larga temporada (1863-1864) en la soledad del monasterio de Santa María de Veruela (Zaragoza), reflejada en sus Cartas desde mi celda. Junto a Valeriano, que había recibido una pensión del Ministerio de Fomento para pintar tipos y costumbres populares, recorrió distintas regiones de España, de ahí la atención literaria que el poeta prestó, entre otros lugares, a Soria, Aragón y Toledo, además del interés que siempre mostró por Andalucía y Madrid. En ese sentido, los dos hermanos Bécquer fueron otros tantos abanderados de una preocupación por la cultura popular que terminaría dando sus mejores frutos en los años finales del siglo XIX y comienzos del XX con el folclorismo científico de Antonio Machado Álvarez, Demófilo, y otros autores.
     Las afinidades ideológicas y las buenas relaciones personales de Gustavo Adolfo con el ministro conservador Luis González Bravo le granjearon un cómodo puesto en la Administración pública: el de censor de novelas, que disfrutó entre enero de 1865 y octubre de 1868, a la vez que dirigía El Museo Universal, la mejor revista ilustrada de la época. La política, sin embargo, terminó muy pronto pasándole factura, y el triunfo de la Gloriosa (1868) con el destronamiento de Isabel II y la consiguiente caída en desgracia de González Bravo obligaron a los dos hermanos a retirarse discretamente a Toledo, alejados de las turbulencias de la nueva situación en Madrid. Aquella estancia toledana fue una especie de obligado refugio sólo aliviado por la belleza de la ciudad y la presencia de sus hijos y los del propio Valeriano. El poeta pasó entonces por malos momentos, frustradas sus expectativas en la vida cultural de la Corte y exacerbada su frustración por el triunfo de una idea de “progreso” que le parecía atentatoria contra el rico patrimonio histórico de España. Vuelto a Madrid, Bécquer acarició la idea de participar en la apasionante aventura de La Ilustración de Madrid, otra excelente revista ilustrada planeada por Eduardo Gasset. El tiempo, sin embargo, no permitió a ninguno de los dos hermanos disfrutar del proyecto, cuyo primer número vio la luz en enero de 1870. Ambos murieron pocos meses antes: Valeriano el 23 de septiembre, y Gustavo Adolfo el 22 de diciembre. No hay muchos datos fehacientes sobre la verdadera causa de la muerte del poeta, que unos autores achacan a los efectos de una vieja tuberculosis pulmonar exacerbada por un enfriamiento en un día de lluvia en el tranvía de mulas que lo llevaba desde el centro de Madrid hasta su domicilio del barrio de Salamanca, y otros, ateniéndose a la literalidad del certificado de defunción, aceptan que murió “a consecuencia de un grande infarto de hígado”.
     Muerto en plena juventud —no había cumplido aún los treinta y cinco años—, la vida de Bécquer supone en muchos aspectos la antítesis de la de otros grandes poetas de su tiempo que gozaron de gran estimación pública. Aunque implicado en la vida literaria de Madrid y sin ocultar sus simpatías políticas, fue, sin embargo, una persona introvertida, silente y poco dada a las exhibiciones. Durante años cultivó casi en secreto, desconocida para la mayoría de sus contemporáneos, la más fuerte de sus pasiones: la poesía, y a la postre fue esa creación lírica en verso y en prosa y no sus actividades periodísticas y editoriales la que hizo de él una de las más grandes figuras de la modernidad literaria española.
     Su obra en verso ofrece dos conjuntos de poemas escritos en otras tantas etapas de su vida: los pertenecientes a sus años sevillanos, entre 1848 y 1854, y las Rimas, que son ya producto de su larga estancia en Madrid. El primero de esos dos corpus está formado por unos quince textos, varios de ellos en estado fragmentario, que siguen los moldes de los ilustrados sevillanos de la época, en cuyos gustos el jovencísimo poeta se inició miméticamente en la práctica de la poesía. Casi todos se conservaron manuscritos en un libro de apuntes del padre de Bécquer en el que el pintor iba anotando obligaciones profesionales y encargos de clientes. Muerto éste, el cuaderno pasó a manos de Valeriano y Gustavo Adolfo, quienes entre finales de la década de 1840 y primeros de la de 1850 lo fueron llenando de dibujos y apuntes literarios, algunos por cierto fuertemente obscenos que quizá tengan algo que ver, a juicio de algunos estudiosos, con el libro Los Borbones en pelota, una colección de acuarelas de sátira político-pornográfica alusivas a los finales del reinado de Isabel II que varios autores atribuyen a los dos hermanos. Ese libro de apuntes del maestro José Bécquer, que se conserva en la Biblioteca Nacional, ha sido publicado en 1993 por Leonardo Romero Tobar, que ha puesto a nuestro alcance ese precioso corpus poético juvenil del menor de los Bécquer. Títulos como “Oda a la muerte de Don Alberto Lista”, “Al céfiro”, “La plegaria y la corona”, “A Elvira”, “Oda a la señorita Lenona en su partida”, “Las dos”, [“Danza de la ninfa”]..., y sobre todo el titulado “A Quintana”, éste ya publicado en 1855, recién llegado a Madrid, revelan muy claramente sus deudas de escuela con los ya citados poetas de la Sevilla de la segunda mitad del siglo XIX. Elegía, amor y naturaleza son las tres nociones que dan unidad a este ramillete de textos juveniles. Es común a todos ellos la nota doliente, sentimental y triste, lograda con un utillaje de tono clasicista (verso largo, decoro lingüístico, gusto por las formas de amplio respiro clásico y afectada elevación retórica...) que poco a poco, una vez instalado Bécquer en Madrid, irá derivando hacia lo musical, lo evanescente y lo misterioso, en un proceso de estilización que le llevará muy pronto a la escritura de las Rimas. Aquellos rígidos ingredientes de filiación ilustrada se fueron cargando poco a poco de sentida emotividad y aire sincero, notas que el joven poeta pudo tomar también de los románticos leídos en su niñez en la biblioteca de su madrina y de sus contactos madrileños con las traducciones de los poetas alemanes del siglo XIX.
     Las Rimas, su obra de más altura lírica y más trascendencia literaria, constituyen inicialmente un conjunto de setenta y nueve poemas cortos, de los cuales el autor sólo llegó a publicar en vida, en periódicos y revistas, un total de dieciséis, a partir de 1856, en que apareció la primera. A finales de la década de 1860, Bécquer pensó en editarlas en un libro, para lo cual preparó un manuscrito que entregó a González Bravo, quien se había ofrecido a prologárselo. Pero la casa del ministro fue saqueada por los revolucionarios del 68 y el manuscrito se perdió definitivamente.
     Bécquer pudo entonces reconstruir sus textos, no se sabe con exactitud en qué medida, en un cuaderno que tituló El libro de los gorriones y que hoy se conserva en la Biblioteca Nacional lleno de enmiendas, tachaduras y dibujos del autor. Consta de setenta y nueve poemas que más tarde la crítica ha completado con algunas otras de dudosa atribución. A poco de morir el poeta, algunos de sus amigos (Casado del Alisal, Augusto Ferrán, Narciso Campillo, Ramón Rodríguez Correa y otros), aportando los fondos necesarios, editaron las Rimas (1871) según un criterio numérico y temático que no coincidía con el del Libro de los gorriones, pero que se viene manteniendo en la mayor parte de las ediciones posteriores. Prescindiendo de las fechas de su creación, ordenaron los textos como partes de un poema mayor en el que, a la manera del Intermezzo lírico de Heine, se encerraría “la vida de un poeta”, desde sus ilusiones primeras, el amor y el sentimiento del arte hasta el dolor y la desolación finales. La poesía, el amor, la naturaleza, el sueño, el misterio, el desengaño y la angustia son los temas que hilvanan la disposición del libro. Su gran novedad radica en la expresión de un lirismo intimista y refinado, desconocido entonces en España, que sólo admitía comparación con los espíritus más sensibles de la poesía europea del siglo XIX (Keats, Shelley, Leopardi, Heine...) y que se proyecta a través de una técnica compositiva y un lenguaje muy alejados del peculiar retoricismo romántico: verso corto, gusto por la asonancia, el encabalgamiento y los pies quebrados, un léxico muy escogido y a la vez sorprendentemente natural, y un especial cuidado por el ritmo interior de los versos que otorga a los poemas una musicalidad suave muy distintiva, nada estridente, y crea una atmósfera cargada de sugerencias. Todo aparece envuelto en la evanescencia y en la indeterminación, cuando no enmascarado por brumas y nieblas que diluyen los contornos de los objetos y adelgazan su corporeidad, ampliando así el campo significativo del discurso lírico hacia horizontes hasta entonces insospechados. De ahí que la crítica lo considere un claro precedente de la estética simbolista en la literatura española y lo defina como nuestro primer poeta moderno. Supo integrar los modelos métricos clásicos (combinaciones de endecasílabos y heptasílabos) con las formas de inspiración popular (romances, soleares, seguidillas...) que sin duda él conocía bien por sus orígenes andaluces y sus contactos juveniles con Lista, Mármol y otros poetas de su Sevilla infantil que habían usado con maestría tales metros, reelaborándolos en un nuevo registro culto todavía algo sobrado de retoricismo clasicista. Bécquer da un paso más: tiñe esos moldes de un exquisito sentimentalismo personal y una agilidad expresiva desenvuelta y fresca, y se convierte en el primer neopopularista de la España moderna, claro antecesor de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y los autores del 27. Esta inclinación por el arte del pueblo y los versos cortos procede también de sus lecturas de los poetas alemanes del siglo XIX (Göethe, Schiller, Heine...), cultivadores de lieder que él conoció sobre todo a través de las exquisitas traducciones de este último publicadas por Eulogio Florentino Sanz en El museo universal (1857). Su admiración por esa poesía de aire popular la hizo constar muy expresivamente en la reseña que en 1861 hizo al libro La soledad de su amigo Augusto Ferrán. Las Rimas, aun dentro de su aparente levedad, están consideradas sin discusión como la aportación lírica más innovadora y trascendental de todo el siglo XIX español.
     Pero Bécquer se reveló también como el gran artífice de la mejor “prosa de arte” de su tiempo a través de sus leyendas, en un conjunto de relatos (El caudillo de las manos rojas, La cruz del diablo, La corza blanca, El monte de las ánimas, Los ojos verdes, Maese Pérez el organista, El rayo de luna, El Miserere, La Venta de los Gatos...) que el poeta fue publicando en periódicos y revistas madrileños entre 1858 y 1863. Para la confección de este género (la leyenda lírica) tuvo en cuenta módulos y materiales procedentes de la primera mitad del siglo XIX (Espronceda, el duque de Rivas, Zorrilla...), que habían cultivado sobre todo la leyenda en verso. Al escribirla en prosa, el autor va dejando atrás la obsesión narrativa e historicista de estos primeros románticos y la transforma en un verdadero género lírico, en un cauce de expresión de su propia personalidad y de su visión ética y sentimental del mundo. Para ello se sirvió indistintamente de fondos históricos, a veces sólo levemente sugeridos, y de episodios contemporáneos, pero no estuvo obsesionado ni por el historicismo ni por el costumbrismo.
     Buscó sobre todo la emoción lírica y la expresión de una subjetividad personal casi siempre envuelta en la fantasía y el misterio. Son continuas sus recurrencias al mundo medieval, a la literatura oriental, a los relatos folclóricos, a la atmósfera de los cuentos infantiles y también a los cuentos fantásticos a la manera de los de Hoffman... Sus protagonistas, liberados de toda preocupación realista o psicologista, serán más símbolos que personajes. Más que la historia en sí misma, Bécquer apunta a la creación de una atmósfera lírica que subyuga y atrapa al lector y lo proyecta a una dimensión espiritual y muchas veces esotérica. Atmósfera que consigue gracias al empleo de un nuevo tipo de prosa poética cargada de sensaciones que, sin embargo, no perderá nunca su eficacia narrativa. También en este dominio de la prosa artística, que cultivó asimismo en sus apólogos y otros relatos líricos (La creación, Tres fechas...), fue un verdadero innovador en la literatura española contemporánea. De gran altura poética son también las nueve cartas Desde mi celda, publicadas anónimas en El Contemporáneo entre el 3 de mayo y el 6 de octubre de 1864, durante su estancia en el Monasterio de Veruela. Importantes para conocer no pocas claves de su visión de la poesía y de su interés por el tradicionalismo, responden a una inequívoca voluntad artística que con frecuencia gusta del arcaísmo léxico y sintáctico. También hay que mencionar las cuatro Cartas literarias a una mujer, aparecidas sin firma en El Contemporáneo entre 1860 y 1861 e igualmente decisivas para el conocimiento de la teoría poética becqueriana.
     De su labor como periodista, que fue intensa y sostenida, ha quedado también una serie de artículos en los que Bécquer se ocupa de costumbres españolas.
     En general se atienen a los patrones genéricos de la “escena” y el “cuadro” heredados de los costumbristas románticos, aunque con una carga de emoción superior propia de su marcado personalismo y su acentuado temperamento lírico. Entre ellos se encuentran los dedicados a tipos y costumbres de Aragón (Los dos compadres, La misa del alba, El tiro de barra, La corrida de toros en Aragón, Las segadoras...), Soria (Aldeanos de Fuentetoba, Pastor y pastora de Villaciervos, Panadera de Almazán, Campesino del Burgo de Osma...), el País Vasco (Aldeanos del valle de Loyola, El mercado de Bilbao, La sardinera...), Toledo (El pordiosero, La Semana Santa en Toledo...), Ávila (La romería de San Soles, Labradores del valle de Ambles...), León (Procesión del Viernes Santo en León), Palencia (Una cofradía de penitentes), Sevilla (La Feria de Sevilla, Los “seises” de la Iglesia Catedral...); sus escenas madrileñas (La noche de difuntos, La calle de la Montera, Las gallinejas, El Retiro, El calor, Bailes y bailes...); sus críticas literarias y teatrales (La Nena, El barbero de Sevilla, Semíramis...).
     En general, estos artículos reflejan muy bien su curiosidad reporteril y su pasión por el patrimonio artístico y folclórico español, su fuerte veta tradicionalista y conservadora en lo cultural y sus reticencias con una idea de progreso vigente en esos momentos que en su opinión amenazaba con hacer desaparecer no pocos tesoros de nuestro país. En ocasiones, y muy especialmente en sus gacetillas de crítica social y en sus crónicas sobre modas, se revela un fino sentido del humor y una desenfadada ironía de buen conocedor de los ambientes más modernos y sofisticados del Madrid de su tiempo. No en vano estaba muy al tanto, desde el importante observatorio de las recién nacidas revistas ilustradas, de la vida frívola de la capital.
     Su actividad teatral, de mucho menos empeño, se redujo a la adaptación de algunas operetas italianas y francesas en colaboración con sus amigos Rodríguez Correa y García Luna. Fue un mero modus vivendi ocasional del poeta, cuya mano se dejó sentir sobre todo en los diálogos en verso, teñidos en algunos pasajes de un lirismo cercano al de las Rimas (Rogelio Reyes Cano, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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