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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 14 de agosto de 2026

El sitio arqueológico Antondia, en Lora del Río

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Antondia, en Lora del Río (Sevilla).
     Según Ponsich, se encontraron trozos de tierra calcinada, restos de hornos de ladrillos romanos, así como tégulas, ladrillos y sigilata clara A.
     Según la revisión de 1995 de P. Díaz, solamente hay escasos restos de ladrillo en superficie. 
     En la revisión de 2024 de A. Fernández no se pudo acceder al yacimiento. 
     En función de los distintos restos documentados se puede interpretar el yacimiento como una posible villa con alfar asociado, fechada en la Edad Antigua (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Antondia, en Lora del Río (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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La Cisterna Romana, bajo la plaza de la Pescadería

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Cisterna Romana, bajo la plaza de la Pescadería, de Sevilla.   
    La Cisterna Romana, bajo la plaza de la Pescadería, se encuentran en la dicha plaza de la Pescadería, s/n; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En el conjunto de las grandes ciudades hispanas, Híspalis continúa ostentando el dudoso mérito de ser uno de los núcleos urbanos menos documentados por la labor arqueológica. De este modo, a pesar del importante desarrollo que la arqueología urbana ha vivido en la ciudad de Sevilla durante las últimas décadas  y  el  constante  aumento  en  el  número  de  intervenciones,  el  registro estratigráfico  de  contextos  romanos  sigue  siendo  en  la  actualidad  particularmente escaso. La potente estratificación generada por periodos de intensa actividad constructiva durante la Edad Media y Moderna así como la acción aluvial del río Guadalquivir son las principales causas por las que el registro arqueológico, supeditado generalmente a los proyectos de edificación, difícilmente logra alcanzar estos contextos en contadas ocasiones.
     Aunque  lentamente,  este  panorama  parece  estar  cambiando  gracias  a  la documentación de nuevos contextos correspondientes a la época romana en el  curso  de  sucesivas  intervenciones  desarrolladas  en  los  últimos  años.  Sin embargo,  la  importancia  de  estos  hallazgos  se  encuentra  mermada  por  una serie de problemas comunes a la práctica de la arqueología urbana. En la mayor parte  de  los  casos,  estos  contextos  han  sido  localizados  en  sondeos  estratigráficos de escasa superficie, por lo que su registro no pasa de ser puntual e imposibilita  un  conocimiento  significativo  de las estructuras localizadas. Por otra parte, los contextos romanos documentados en la ciudad de Sevilla corresponden mayoritariamente a ámbitos domésticos y funerarios. En este sentido, el  conocimiento de las infraestructuras y edificios públicos de Híspalis sigue siendo, a día de hoy, prácticamente nulo.
     La mencionada escasez de datos materiales ha protagonizado el debate historiográfico sobre el urbanismo hispalense. Desde los primeros estudios realizados durante los siglos XVI y XVII, los sucesivos esfuerzos por bosquejar un esquema básico de la estructura urbana de Híspalis han debido enfrentarse a este vacío fundamentalmente mediante el uso de las fuentes literarias y epigráficas, y proponiendo hipótesis que en la mayoría de las ocasiones no pueden ser refrendadas por elementos concretos.
     El descubrimiento de la cisterna romana que se publica en el presente artículo viene a aportar un nuevo argumento que permita desechar, ratificar o establecer hipótesis sobre el urbanismo hispalense. En este sentido, es necesario incidir en el hecho que, dadas la naturaleza y funcionalidad de la estructura, este edificio es en sí mismo un articulador del espacio público y no puede ser explicado sino dentro de una organización compleja en la que los diferentes hitos que constituyen el entramado urbano interactúan entre sí para configurar el paisaje de la ciudad romana. Así pues, la presentación de este descubrimiento constituye únicamente el primer paso para la generación de ulteriores estudios y debates que permitan enriquecer el conocimiento sobre Híspalis.
INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA
     La actividad arqueológica que ha documentado la presencia de una cisterna romana en la Plaza de la Pescadería se desarrolló en el marco del proyecto de restitución de pavimentos en vía pública denominado Piel Sensible, Casco Antiguo, promovido por la Gerencia Municipal de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla. Los trabajos proyectados comprendían un control de los movimientos de tierra necesarios para la renovación de pavimentos e infraestructuras correspondientes, así como la realización de sondeos estratigráficos cuyo único objeto era documentar la secuencia histórica en un sector de vital importancia para el conocimiento de la evolución urbana de la ciudad de Sevilla, aprovechando la ocasión de la retirada de los pavimentos por parte de la obra civil.
     En el sondeo previsto en la citada plaza, a la cota absoluta 12,20 fue localizado el primer tramo de muro del edificio. Las características de la fábrica y sus considerables dimensiones indicaban que el sondeo se encontraba situado en el interior de una estructura arquitectónica de cierta entidad, por lo que se procedió a la excavación de los estratos que la colmataban hasta la localización de su pavimento, situado a la cota absoluta 8,9. La presencia de un cordón hidráulico en la base del muro ratificó la identificación de esta estructura como una cisterna romana.
     La importancia del hallazgo motivó la continuación de las labores arqueológicas con el fin de delimitar el perímetro de la estructura, permitiendo de tal modo valorar la posibilidad de su excavación íntegra. Pudo observarse que la mayor parte los elementos verticales del edificio se encontraban inmediatamente situados bajo el asiento de preparación del pavimento de la actual plaza, lo que hacía suponer un estado de conservación excepcional de los restos arquitectónicos subyacentes. Ante estas circunstancias se planteó la posibilidad de excavar en extensión parte de una de las naves del edificio, en concreto la localizada durante la realización del sondeo estratigráfico inicial. Esta excavación permitió, por una parte, documentar algunos de los elementos de la estructura que no habían sido registrados con la realización de los sondeos, como el muro exterior N y dos puertas de comunicación internas, y por otro lado la puesta en valor de los restos mediante la modificación del proyecto de obra civil que ha incluido el cerramiento del área excavada y la creación de un acceso para posibilitar futuras visitas.
     La excavación en extensión de la nave oriental de la cisterna se ha desarrollado en un área de 227  m2, que corresponde aproximadamente a la mitad de su superficie total, encontrándose la mitad sur  bajo la calzada de Cuesta del Rosario y la línea de edificios adyacentes. Esta restitución hipotética está basada en la identificación del vano de comunicación situado al S del área excavada como parte de uno de los ejes del edificio, considerando un trazado simétrico de la planta del mismo. De este modo, la dimensión total de la cisterna sería de 45 metros de largo y 20,7 metros de ancho, midiendo cada una de las naves 41 metros de longitud y 5 metros de anchura.
     Por otra parte, dado el conjunto de circunstancias favorables se decidió efectuar una limpieza arqueológica en extensión en toda la zona baja de la plaza, con el objeto de contextualizar el hallazgo en la trama urbana contemporánea y valorar los restos existentes de cara a la posibilidad de continuar en futuras intervenciones la documentación de un área arqueológica tan significativa.
EL CASTELLUM AQUAE
     El edificio que publicamos como castellum aquae presenta planta rectangular y está organizado en tres naves longitudinales comunicadas entre sí mediante vanos rematados en arcos de medio punto ligeramente rebajado. Está construido en opus testaceum, utilizándose en las caras de los muros fábricas de ladrillo dispuestos en hiladas alternándose su colocación a soga y tizón, mientras que el interior se encuentra relleno de mortero de cal reforzado con diferentes materiales de acarreo. Hiladas de ladrillo dispuestas a modo de verdugadas aumentan la resistencia de los muros a las tensiones generadas por el empuje de las bóvedas y el propio terreno. El revestimiento interno de los muros presenta una doble capa de mortero de cal hidráulica. A esta función se debe igualmente el uso de cordones de refuerzo en el encuentro entre los planos formados por las paredes y el pavimento, siendo significativamente de mayor tamaño los horizontales que los verticales. El pavimento está compuesto por una potente base de opus signinum realizado en mortero de cal, fragmentos cerámicos y materiales de acarreo dispuestos en tongadas  y compactados.
     En la cara exterior del muro de cierre occidental del edificio pudo ser documentado el arranque en alzado de un muro de sillares apoyado sobre la fábrica de ladrillo, saqueado en casi toda su longitud documentada. La función de este muro de sillares hubo de ser la de ocultar al exterior el alzado visible de la estructura y otorgar un carácter monumental a la misma.
     No se han conservado restos de las cubiertas de las naves, aunque con gran probabilidad pudieron haber sido bóvedas de medio cañón. Al no quedar siquiera resto alguno del arranque de éstas, no es posible determinar con seguridad la altura total de las naves. Desafortunadamente, en el transcurso de la intervención arqueológica tampoco han podido ser documentados la mayor parte de los elementos funcionales de la cisterna. De esta forma, desconocemos cual es la ubicación de la entrada o salida de agua, ni cual era el acceso a la cisterna desde el exterior para llevar a cabo las necesarias tareas de limpieza y mantenimiento.
     El paralelo más cercano para esta estructura es el castellum aquae de Itálica, con el que comparte numerosas similitudes aunque también significativas diferencias. El ejemplar italicense presenta el mismo tipo de planta rectangular con tres naves intercomunicadas entre sí por vanos rematados en medio punto. Sin embargo la utilización de contrafuertes internos en los muros exteriores así como las menores dimensiones del edificio, que en Itálica son de 31 metros de longitud y 17 metros de anchura, diferencian ambas edificaciones. Del mismo modo, el castellum italicense presenta dos vanos de comunicación en cada uno de los muros internos, mientras que el ejemplar hispalense debe tener al menos tres aunque de menor tamaño. A pesar de estas diferencias, la similitud en la técnica constructiva y la datación de ambos edificios en el siglo II d.C. no parece en absoluto casual y debe responder a algún empeño de tipo programático cuya identificación deberá ser resuelta con el avance de la investigación ante la aparición de nueva información.
     Como propuesta inicial y a la espera de nuevas intervenciones en la cisterna puede plantearse teóricamente una disposición de los elementos funcionales similar a la del castellum aquae de Itálica. De este modo, la entrada del suministro hídrico se llevaría a cabo desde el extremo N de la nave central, encontrándose en el extremo opuesto el acceso a la cisterna desde el exterior mediante una escalera, mientras que en la nave occidental se situarían la salida para el abastecimiento y el rebosadero. A este respecto, la ligera inclinación que presenta el pavimento de la nave oriental en dirección SN puede ratificar la ubicación de la entrada de agua en el extremo norte, ya que de este modo se produciría la decantación del agua almacenada antes de su distribución. En todo caso, estas hipótesis deberán ratificarse con la aparición de nuevos datos arqueológicos.
     Un interesante elemento ha sido descubierto durante las labores de restauración llevadas a cabo en las últimas semanas en el interior de la nave excavada. Tras la limpieza de la cara del muro exterior E ha aparecido, situado a 1,80 metros de altura desde el pavimento, una línea pintada en minio de un centímetro de grosor que transcurre a lo largo de toda la pared. La funcionalidad de esta marca se encuentra sin duda relacionada con el control de gasto de agua, indicando quizás el comienzo de una reserva necesaria para el abastecimiento de las necesidades básicas de la población. Inmediatamente por encima y debajo de esta línea pueden apreciarse numerosas marcas dejadas por los niveles fluctuantes del agua almacenada, lo que permite pensar que el suministro se mantenía de forma bastante continuada a pesar de las carencias hídricas de los ciclos estivales.
SECUENCIA HISTÓRICA
Periodo prerromano
     Uno de los aspectos más destacados por los diferentes autores que han estudiado el urbanismo hispalense ha sido el papel fundamental de la paleotopografía en la configuración de la ciudad. Por ello, y con el objeto de contextualizar el hallazgo en su marco geofísico, se llevaron a cabo sondeos geotécnicos que han permitido localizar el borde de la terraza fluvial entre dos puntos situados respectivamente en la zona alta y baja de la actual plaza.
     En relación a la fase prerromana, el único punto donde han sido localizados estratos relacionados con este periodo ha sido el sondeo en el que se documentó la zanja de cimentación del muro W de la cisterna. La escasa superficie de dicho sondeo no permite esbozar un paisaje previo a la romanización aunque si permite establecer un nuevo punto de referencia acotado para los mismos en torno a la cota absoluta 9,6. En este sentido, este nuevo punto pone en correspondencia las estratigrafías documentadas por Collantes en la excavación de la esquina de Cuesta del Rosario y calle Galindo y por Campos en la calle San Isidoro.
Periodo romano
     En el mismo sondeo al que se ha hecho mención en relación con los niveles prerromanos se localizó un pequeño monumento funerario de planta cruciforme y perfil escalonado. Se encuentra realizado en pequeños bloques de piedra y sillarejo, conservando parcialmente un revestimiento de mortero de cal. Su estado de conservación no es muy bueno, ya que perdió parte de su base durante la excavación de la zanja de cimentación de la cisterna. Su base se encontraba cubierta por un estrato de tierra limpia de matriz arcillosa y cenizas. El intenso color rojizo que presentaba el estrato está motivado indudablemente por la acción  del  fuego,  lo  que  pudiera  ser interpretado por la presencia cercana de  un ustrinum. Esta hipótesis está refrendada por el registro material del estrato, compuesto por un conjunto de ungüentarios fusiformes, fragmentos de cerámica campaniense y algunos restos óseos quemados.
     Todos estos elementos permiten identificar la presencia en el sector de un contexto funerario en uso al menos hasta la época tardorrepublicana. Al  no disponer de elementos concretos para emitir una valoración, no es posible determinar en que tipo de área funeraria se incluía el contexto documentado, aunque es posible plantear a modo de hipótesis, considerando la topografía del terreno, una necrópolis en torno a un acceso a la ciudad que descendiese hacia la ribera del río, tal y como es común en el mundo funerario romano. Este hecho es sin duda uno de los aspectos más relevantes de la intervención ya que establece un punto de referencia en la delimitación de la ciudad republicana y su recinto amurallado. 
     A partir de época julio-claudia el área documentada por la limpieza arqueológica sufrió un paulatino proceso de urbanización. Los contextos asociados a la posible necrópolis van a ser amortizados por una operación de aterrazamiento y preparación del terreno en el cual van a sucederse en primer lugar la implantación de puntuales actividades artesanales o de tipo industrial y posteriormente la construcción de estructuras de tipo residencial y público. Las primeras ocupan la zona central N del área de limpieza y pueden relacionarse una serie de canalizaciones rápidamente amortizadas entre sí que vierten en dirección NS. De las segundas únicamente se conserva la cimentación de una línea de fachada que discurre paralela al muro occidental de la cisterna, al haber sido derribadas para la construcción de la estructura hidráulica.
     Por su entidad, pudieran ser identificadas como parte de una estructura de carácter público dos cimentaciones realizadas en grandes sillares de piedra que ocupan el extremo occidental de la actual plaza. Estas configuran el ángulo NE de un edificio de identificación dudosa, dado el estado de conservación que presentan, en el que han podido documentarse dos fases constructivas diferentes. 
     La primera fase puede datarse genéricamente en el siglo I d.C. y a ella pertenece el muro E al que se asocia una preparación de pavimento y un gran pozo de agua. Este pozo está realizado en ladrillo aunque conserva en su perfil superior una hilada de bloque de piedra de los que arrancan cuatro nervios. Este elemento pudiera ser interpretado como parte de un cubrimiento abovedado de características indeterminadas. En el siglo II d.C. el edificio se amplía hacia el N con un nuevo muro de cierre y una nueva preparación para pavimento. Es significativo el hecho de que precisamente en este momento, que coincide con la construcción de la cisterna, se amortiza definitivamente el pozo de agua.
     La cercana presencia de unas posibles termas identificadas por Francisco Collantes en su mencionada excavación de Cuesta del Rosario pudiera encontrarse en relación directa con la edificación que ocupaba la zona baja de la actual plaza, aunque no existen argumentos de peso que permitan afirmar este hecho de un modo específico. En el caso de ser cierta una correspondencia entre ambas estructuras el pozo pudiera haber servido para abastecer el complejo tal y como se documenta en otros casos como el de la termas públicas de Ampurias.
     En la primera mitad del siglo II d.C. el sector ocupado por la actual plaza va a sufrir una completa transformación con la construcción de la gran cisterna de agua. Al encontrarse el edificio en la mayor parte de su alzado por debajo de las cotas de uso de época romana contemporánea, es necesario considerar la ingente tarea que hubo de suponer el movimiento de tierra necesario para vaciar el espacio ocupado por la estructura. Del mismo modo, para llevar a cabo la edificación fue necesario derribar las estructuras precedentes, cuyos restos es posible pensar que fueran reutilizados en la propia construcción de la cisterna así como en el relleno de la zanja de cimentación. Las estructuras situadas en zona comprendida entre la cisterna y el edificio que ocupa el extremo occidental de la plaza van a ser amortizadas por un hipotético pavimento del cual no se conservan restos pero que hubo de estar asociado al muro de sillares del muro occidental de la cisterna y que puede situarse en torno a la cota absoluta 13 metros, tal y como puede constatarse por la presencia del arranque del alzado. Relacionado a este pavimento únicamente se conserva una cloaca que discurre en dirección NS y amortiza todas las canalizaciones precedentes a las que se ha hecho mención anteriormente.
     No existen pruebas materiales que permitan asegurar la relación entre la cisterna de la Plaza de Pescadería y un hipotético acueducto fosilizado en el trazado de los conocidos como Caños de Carmona. Sin embargo, las coincidencias que muestran una teórica continuidad lineal de dicho trazado y la ubicación de la cisterna permiten plantear esta hipótesis, al menos hasta el momento en el que puedan obtenerse nuevos datos que la ratifiquen. Mayores dudas, si cabe, se plantean en relación a la distribución del agua almacenada en la cisterna. Las dimensiones de la misma hacen pensar en un significativo volumen de agua que permitiría cubrir tanto el aprovisionamiento doméstico como las necesidades de estructuras termales y otros edificios de carácter representativo. El principal problema se presenta a la hora de establecer que zonas de la ciudad habría de abastecer este depósito.
     Es poco probable que la cisterna romana de la Plaza de la Pescadería abasteciese al núcleo original de Híspalis, ya que este se encuentra situado a una cota superior y sería necesario un sistema de elevación de agua para permitir un correcto suministro. Así, teniendo en cuenta la referencia de 9 metros de cota absoluta que presenta el pavimento localizado del edificio, es más factible que éste abasteciese a los sectores urbanos situados bajo esta cota. En este sentido, la ampliación urbana que vivió Híspalis, precisamente por debajo de estas cotas, desde época flavia pudiera ser una de las razones que llevasen a promover la construcción de un nuevo acueducto. 
     En último lugar es necesario plantear la existencia de un castellum divisorium que permitiera repartir el caudal de agua entre diferentes redes de abastecimiento. Por motivos topográficos parece mucho más factible su ubicación en un punto alejado de la actual plaza en el sector bajo de la ciudad. De este modo se permitiría salvar el importante desnivel existente sin necesidad de multiplicar una red de abastecimiento subterránea situada muy por debajo de las cotas de pavimento, lo cual resultaría problemático ante la eventualidad de necesarias labores de control y mantenimiento. Que dicha estructura se situase en el entorno de la actual Plaza del Salvador o por el contrario se encontrase localizada más al norte es una cuestión irresoluble por el momento dados los datos de los que se disponen. 
Periodo tardoantiguo
     La presencia de varios grafittis realizados con carbón en la zona baja de la pared W de la nave excavada, así como de un muro que cerraba el extremo N de la misma, permiten pensar que en un momento previo a la destrucción de las bóvedas y posterior a la interrupción del suministro de agua se produjese un proceso de ocupación secundaria del edificio. Desafortunadamente, no existen elementos de juicio que permitan datar la interrupción del suministro de agua, que probablemente pudiera deberse tanto a una destrucción intencionada como accidental de parte del acueducto.
     Los primeros estratos de colmatación de la nave oriental de la cisterna pueden ser datados entre el final del siglo V y comienzos del VI d.C. En el sector sur de la nave oriental este proceso va a ser muy intenso desde fecha temprana y se encuentra directamente relacionada con el derrumbe de las bóvedas y fases sucesivas de saqueo de los materiales de construcción resultantes, quedando completamente colmatada ya en época tardoantigua. Esta rápida colmatación es la causa del apreciable buzamiento de los estratos posteriores hacia el norte de la nave. 
     Al contrario, en el extremo norte de la nave se documenta una reocupación del espacio mediante la construcción de un muro transversal realizado en una variante tardía del opus listatum. La funcionalidad de este espacio no ha podido ser determinada. A este respecto, la construcción de un pozo de agua en época moderna que cortó el extremo oriental del muro ha impedido documentar la existencia o no de un acceso a la habitación resultante de la construcción tardoantigua desde el interior de la nave. Únicamente la presencia de un mechinal en el ángulo nordoriental de la nave pudiera ser identificada como parte de esta reutilización, quizás relacionada a la probable existencia de un acceso perdido tal como una escala de madera.
     Estos fenómenos de saqueo y reocupación dan paso en el momento final de la época tardoantigua a un periodo de relativa inactividad antecedida por la deposición de amplios estratos de cenizas resultantes probablemente de episodios de incendio o la acción de hogares, hipótesis esta menos factible debido a la ausencia de paquetes significativos de restos orgánicos y huesos. Durante este momento de inactividad se forma un estrato de carácter sedimentario de matriz arenosa con restos de limos vegetales que pudiese ser identificado con una inundación temporal de la estructura.
Periodo medieval
     En el área de excavación en extensión, la actividad estratigráfica documentada durante el periodo medieval se concentra fundamentalmente en el sector norte de la nave oriental, donde la estructura se mantuvo visible hasta el siglo XI. Los procesos documentados durante el periodo están relacionados con el saqueo de materiales constructivos tanto del muro de reocupación tardoantiguo como de la propia cisterna. Este va a ir alternándose con la progresiva colmatación de los restos visibles de la nave, documentándose los últimos episodios de recuperación de materiales constructivos durante el periodo almohade, ya en forma de zanjas de saqueo. En este sector no se han documentado estructuras relacionadas a los estratos de época medieval islámica o cristiana.
     Un único elemento que puede asociarse a la existencia de estructuras de tipo residencial durante el periodo islámico en toda el área en la que se han desarrollado los trabajos arqueológicos. Se trata de un pozo de agua situado en la zona W de la plaza, donde se llevó a cabo la limpieza arqueológica. Este hecho únicamente puede explicarse con la eliminación posterior de los estratos correspondientes, de modo que la cota de uso de la zona haya sufrido un descenso desde el periodo medieval hasta nuestros días. 
Periodo moderno y contemporáneo 
     Las diferentes intervenciones en el pavimento de la actual plaza de Pescadería, incluyendo quizás la importante obra de alineación de los edificios de la Cuesta del Rosario a comienzos del siglo XX, han podido ser la causa de la desaparición de los estratos y estructuras asociadas de época medieval, moderna y contemporánea, a excepción de algunas cimentaciones y pozos, tanto ciegos como para el aprovisionamiento de agua.
     La principal duda suscitada para este periodo es el hecho de que, si bien el plano de Olavide presenta una plaza de fisonomía muy similar a la actual Plaza de la Pescadería, los restos de pozos y cimentaciones hacen plantear un urbanismo significativamente diverso. Para el caso de los pozos de agua situados en el centro y extremo norte de la nave excavada pudiera plantearse tanto la posibilidad de que fuesen parte de una estructura anterior al siglo XVIII como que se encontraran situados en un entorno de carácter público. Sin embargo, una cimentación asociada a un fondo de pileta y a tres pozos ciegos, situados en el extremo sur de la excavación en extensión, arroja un registro cerámico indudablemente posterior a la fecha de elaboración del plano de Olavide, por lo que no cabe descartar que la alineación que presenta en este documento la zona alta de la Cuesta del Rosario fuera alterada posteriormente por la construcción de una edificación, no recuperándose hasta el momento de la citada operación urbanística llevada a cabo a comienzos del siglo XX.
     Por otro lado, es necesario indicar la coincidencia que presenta el trazado de dos de las líneas de fachada del inmueble situado en la esquina de la calle Huelva con la Plaza de la Pescadería con el muro exterior norte y el  muro interior occidental de la cisterna. Este hecho no parece fruto de la casualidad y puede ser interpretado como la fosilización en el trazado urbano de los restos arquitectónicos romanos con motivo de su reutilización como cimentación, lo que implicaría un conocimiento de los mismos de los que no ha quedado constancia documental.
     Finalmente, a lo largo del siglo XX numerosas actuaciones para la construcción de infraestructuras han ido afectando a los restos de la cisterna romana, cuyos muros han sido repetidamente cortados por las zanjas realizadas para la colocación de tuberías de agua, cables eléctricos y cables telefónicos. Precisamente la más reciente afección de los restos arqueológicos ha sido la más destructiva con los mismos. Esta ha sido causada por la construcción de un registro subterráneo y diversos prismas para cableado de Telefónica, que han destruido parte de los muros romanos, especialmente el muro exterior occidental, sobre el que se ha colocado el citado registro.
CONCLUSIONES
     Tres son las conclusiones más destacables ofrecidas por el registro arqueológico documentado en la actuación arqueológica en la Plaza de la Pescadería.
     En primer lugar, el hallazgo de un monumento funerario de época tardo-republicana en el sector bajo de la plaza permite disponer de un punto límite para una hipótesis de delimitación de la ciudad republicana.
     En segundo lugar la construcción de un edificio de tal entidad como el depósito localizado en un área previamente urbanizada y en un sector tan cercano al núcleo originario de la ciudad no puede ser comprendida sino dentro de un gran proyecto de monumentalización de la ciudad. O bien, descartando el posible interés de construir o remodelar áreas de carácter público y representativo, la construcción de infraestructuras de tal magnitud pudiera implicar un proceso de expansión y crecimiento de la ciudad que las requiriese.
     Finalmente, resulta especialmente significativo el tardío abandono de la estructura, que puede ser datado en torno al siglo V d.C.. Este hecho permite pensar que las estructuras ciudadanas de Híspalis se encontraban activas hasta el momento de la toma del control territorial a manos visigodas (Miguel Ángel García García, Aqua Hispalensis. Primer avance sobre la excavación de la Cisterna Romana de la plaza de la Pescadería (Sevilla). Rómula 6. 2007). 
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