Por Amor al Arte, déjame
ExplicArte Sevilla, déjame
ExplicArte el desaparecido Pabellón de Guinea, de José Granados de la Vega, para la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla.
Hoy, 12 de octubre, es el aniversario del Día de la Independencia (12 de octubre de 1968), de Guinea Ecuatorial, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el desaparecido Pabellón de Guinea, de José Granados de la Vega, para la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla.
El desaparecido Pabellón de Guinea para la Exposición Iberoamericana de 1929 [nº 40 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se encontraba entre las avenidas XXIX (de Colombia), XXXII (de Moliní), y XXXIV (Puerta de la Corta); en el Barrio de El Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur.
Los orígenes del edificio representativo de la colonia española de Guinea Ecuatorial se remontan a mayo de 1926. En esa fecha, el Comité plantea la posibilidad de construir un pabellón, en el que -dando frente a la Avenida Luis Moliní- se estableciera un grupo de aborígenes, y además una instalación piscícola, quedando ambos elementos unidos por una pasarela exótica.
Las instalaciones guineanas, con fachada a la Avenida Luis Moliní, se ubicarían en unos terrenos de los Jardines de las Delicias que la Dirección General de Marruecos había solicitado en mayo de 1926. El solar estaba comprendido entre el Puente de Alfonso XIII, la línea de ferrocarril y carretera del Puerto, es decir, quedaba a continuación de los cedidos al pabellón marroquí y hasta la calle de servicio de la Junta de Obras del Puerto. La parcela inicialmente solicitada era un cuadrilátero irregular, en el que el lado mayor (NO-SE), partiendo del límite del pabellón marroquí, separaba las instalaciones guineanas de los Jardines de las Delicias.
No obstante, con posterioridad y posiblemente por la dificultad de encajar el proyecto definitivo en el solar, se produjeron ciertos cambios; en la parcela resultante, de 5.056 m2., se mantendría la misma fachada a la Avenida Luis Moliní, pero aumentaban las dimensiones del lado NE que con la nueva distribución, además de hacerlo con el pabellón marroquí, lindaba con los Jardines de las Delicias. Como señalaremos, al dar proporciones bastante más regulares al solar, el arquitecto -José Granados de la Vega- pudo modificar la ubicación de los elementos integrantes en el conjunto, logrando darle una distribución en apariencia desordenada, pero mucho más en la línea de los verdaderos poblados indígenas.
Aunque en principio se previó que dicha ocupación fuera temporal -sólo hasta que en 1928 finalizara la Muestra-, a raíz de los sucesivos retrasos en su inauguración, el plazo hubo de ser ampliado a 1930. Para dar al pabellón una apariencia de construcción selvática, se respetó la arboleda comprendida en el solar; una vez finalizadas las obras, se plantaron ejemplares de casi una docena de especies exóticas traídas de Femando Poo.
Proceso constructivo
La idea básica para el proyecto de pabellón finalmente ejecutado se debió al ingeniero agrónomo Emilio Gómez Flores, concepción que distaba en mucho del proyecto de instalación piscícola con pasarela exótica de 1926.
A raíz de la propuesta de Gómez Flores, en los primeros meses de 1927, la Dirección General de Marruecos y Colonias delegó la ejecución y dirección de la obra en el Comité Ejecutivo de la Exposición, organismo éste que remitió 10.000 ptas. para empezar los trabajos y lo encomendó a Granados de la Vega. El proyecto, realizado en mayo de 1927, fue aprobado por el Comité en junio de ese año.
En septiembre de 1927, el concurso quedó adjudicado al industrial Manuel Casana, quien -con un presupuesto de 201.304'34 ptas.- ofrecía una baja menor. Las obras, de las que se encargó Manuel Ferrand, se iniciaron en diciembre de ese año.
En un primer momento (mayo de 1927), el importe total del presupuesto era de 201.341 '34 ptas., distribuidas del modo siguiente: al pabellón de exposiciones se destinaban 156.448 '47 ptas.; a la chabola de degustación 8.619'59 ptas.; a las galerías de annoboneses y bubiss 12.734'98 ptas. y a las casas para coviscos y pamúes 23.538'30 ptas.
Sin embargo, se contemplaba la posibilidad de modificar dicho presupuesto, siempre y cuando el aumento o la disminución no superase el 10% del ya aprobado y no se precisara uno adicional. A pesar de todo, tal cláusula no se cumplió; poco antes de la inauguración de la Iberoamericana, concretamente el 6 de abril, se confeccionó un proyecto de ampliación de obras que, por sobrepasar el 10 % aludido y faltar consignación, se suspendió hasta que la Dirección General de Marruecos y Colonias dio 75.000 ptas. para dicho proyecto.
Aunque las primeras obras fueron de tan rápida ejecución que en octubre de 1928 ya estaban bastante adelantadas y parecía que acabarían a fines de ese año, al no entregarse la madera de los pavimentos, la terminación del edificio se vio retrasada hasta noviembre de 1928. De este modo, la decoración no pudo iniciarse hasta el mes siguiente por lo que, cuando ya se había inaugurado la Exposición, todavía quedaba por ornamentar parte de las instalaciones.
Incluso había elementos del conjunto cuya construcción ni siquiera se había empezado. Ello se debió a que faltaba consignación con la que atender los gastos originados por la ampliación de las obras que, por valor de 70.239'35 ptas., habían sido solicitadas a sólo un mes del Certamen. Hubo que esperar a que la Dirección General de Marruecos y Colonias asignara nuevos fondos. Pero la subvención no llegó hasta octubre de 1929, por lo que ya avanzada la celebración de la Muestra, continuaron las obras en el pabellón.
Es por eso que, en fotografías y planos de la época anteriores a octubre de 1929, aparece el pabellón inconcluso. El estado de las obras puede deducirse de uno de los últimos planos de la Exposición, realizado para Rudolf Mosse -de la Compañía alemana Iberia, encargada de la propaganda internacional de la Exposición-. El interés de este documento gráfico, fechado el 11 de junio ese año, es que en él se recogen las incorporaciones posteriores a la inauguración. Por ejemplo, en lo que respecta al pabellón de Guinea Ecuatorial, se observa cómo hasta ese momento sólo se habían realizado las galerías de los bubis y los annobonenses, la Sala de Degustación y las viviendas pamúes. Es decir, quedaban por construir las viviendas de los coviscos. En cualquier caso, dada su situación (en el ángulo NE del conjunto, el extremo más alejado del solar) su ausencia era poco perceptible.
Dado que los documentos con que contamos son anteriores a la llegada del presupuesto adicional que permitió terminar las obras, no hay certeza alguna de que el conjunto quedase completado.
Análisis arquitectónico y constructivo
Las instalaciones guineanas constaban de distintos elementos: un pabellón de exhibición, una chabola para degustación de café y tabaco, dos galerías para viviendas de annobonenses y bubiss y seis casas para coviscos o corisqueños y pamúes, tres por tribu. Todos ellos quedaban dispersos en el conjunto; sin aparente orden ni concierto se integraban con la vegetación de las Delicias.
En realidad, estos elementos ya aparecían en el plano propuesto al Comité Ejecutivo por Emilio Gómez Flores en 1927. No obstante, cuando José Granados de la Vega realizó el plan definitivo, alteró la disposición de éstos e introdujo breves modificaciones. Recordemos que estos elementos tampoco respondían a la concepción inicial, ya que en un principio, además del pabellón colonial, que daría frente a la Avenida Luis Moliní y donde se establecería un grupo de aborígenes, se pensó realizar una instalación piscícola, quedando ambos elementos unidos por una pasarela exótica.
Tampoco respondía exactamente al primer proyecto de Gómez Flores, puesto que este ingeniero proyectó galerías para annobonsenses y pamúes (no para annobonenses y bubis) y casas para coviscos y bubis. No obstante, José Granados mantuvo las proporciones que Gómez Flores había dado a las distintas instalaciones.
El proyecto inicial de Emilio Gómez Flores
En el proyecto de Gómez Flores, el Bar de Degustación se ubicaba en el ángulo SE del solar, que dando su fachada principal paralela a este mismo lado del pabellón central. También alineados a éste, ubicó el poblado corisqueño. El resto de la instalaciones adicionales, las proyectó en el lado opuesto, Oeste del solar. En la esquina NO, en diagonal, estaría la Galería de los Pamúes; en línea y paralelos a este lado del cuerpo central, el poblado de los bubiss; por último, en la esquina SO, la galería de los annobonenses. Todos los elementos del conjunto tenían el pórtico de su fachada principal orientado hacia el pabellón central, a excepción de la Galería de los Pamúes, que -dada la extraña forma del solar- se giraba diagonalmente hacia el poblado de los bubiss.
Evidentemente, la distribución tan comprimida que Gómez Flores había sugerido se debía a la irregularidad del predio solicitado al Comité por la Dirección General de Marruecos y Colonias en 1926. Mientras que el lado S. del solar era paralelo a la Avenida Luis Moliní, el Norte acusaba una fuerte diagonal posiblemente con objeto de no eliminar algunos ejemplares de interés existentes en los jardines de las Delicias. Recordemos lo problemática que fue, en la mayoría de los casos -por ejemplo el colombiano-, la asignación de solares en dichos jardines, en gran parte motivada por la negativa de ciertos miembros del Comité a que se construyera en ellos.
A pesar de todo, Gómez Flores no pudo evitar que el ángulo NE del pabellón central quedara fuera del solar e incluso la escalinata principal avanzara algo más de lo debido.
El proyecto definitivo de José Granados de la Vega
Con la ampliación del solar José Granados cambió la localización de los edificios, manteniendo las proporciones originales. No obstante, según se desprende de las fotografías de la época, se realizaron otras leves modificaciones sobre el proyecto de 1927. En este sentido, cabe señalar cómo en torno al pabellón central, en el ángulo NE -y en recodo- dispuso Granados las tres cabañas de coviscos o corisqueños; en el lado E., la galería de los annobonenses y la chabola para degustación de café y tabaco; en el ángulo SE, la galería de bubiss y, por último, en el lado O. las viviendas de los pamúes.
El pabellón, inspirado en las construcciones indígenas, se realizó en madera, con revestimiento de corteza y nipa, sobre cimientos de hormigón. La preferencia por este material se debió a que, además de encajar así con el carácter que se le pretendía dar, su provisionalidad hacía necesario un fácil desmonte de la obra y el reaprovechamiento de los materiales empleados.
Toda la madera era pino, de la Selva Negra para soportes y Flandes para las cubiertas. También se empleó la madera en los pavimentos. Estos, que en principio estaba pensado que fueran de entablado de pino tea, dada la tardanza de la materia prima, se realizaron finalmente con madera de Okumo. Como era frecuente en las construcciones aborígenes, el piso de todas las instalaciones que integraban el conjunto quedaba aislado del suelo.
Sobre los cerramientos interiores se clavó cañizo, enluciendo después con yeso ambos paramentos. Con tablas se formaron los cierros altos y bajos de los huecos.
También la madera se empleó con fines decorativos, como mostraba el mosaico que -realizado con ricas maderas- se colocó a la entrada del pabellón.
Al pabellón de exhibiciones, principal y central del conjunto guineano, se accedía por unas escalinatas, bien desde la Avenida Moliní o desde las salas laterales que comunicaban directamente con las instalaciones adicionales. Tenía éste forma de amplio cuadrilátero, con unos 54 m. de N. a S. y 44 m. de E. a O., aproximadamente. En tomo a un patio central de 24 x 10 m. que por sus cuatro lados se rodeaba de corredores, se disponían tres salas para exposición de productos locales, flora y fauna del lugar, abiertas entre sí y al patio por numerosos vanos interiores de paso que en el proyecto inicial se indican de medio punto, aunque parece, según las fotografías de la época, que se sustituyeron por dinteles.
Al fondo, en el lado opuesto al acceso principal, quedaba el Salón de Fiestas y Baile. Este pabellón, como también las casas del poblado indígena, llevaba una galería exterior, con un antepecho de listones de 4 x 4 cm. cruzados en diagonal. Sus cubiertas -que apoyaba en las de cada sala, eran a un agua salvo en el tramo de arranque de las escaleras que eran de dos.
En los ángulos del pabellón se adosaban cuatro cuerpos: para secretaría los inmediatos a la entrada y para servicios higiénicos los restantes.
En los alzados, destacaban sobre dichas dependencias cuatro torretas que arrancaban desde la planta. Parece que Granados introdujo en ella leves modificaciones respecto al proyecto inicial de Gómez Flores. El ingeniero las proyectó más airosas y, con arranques semipentagonales, adosándose a los ángulos de la construcción. Por el contrario, Granados las sustituyó por otras de superficie curva en el cuerpo bajo y cuadradas en el alto.
Dichos torreones estaban soportados por pies derechos, convenientemente arriostrados. Tenían cubiertas a cuatro aguas. En la parte superior, a la altura del arriostramiento interior a aquel en el cual descansaba dicha cubierta y bajo ella, quedaba un piso de madera sobre carreras de tabla con una escalera corriente de mano para el acceso a éste.
Por el exterior del edificio, las salas de exposición estaban iluminadas por ventanales, donde las vidrieras habían sido sustituidas por mallas de alambre recubiertas de talco. El único fin de estos vanos era dar claridad a las salas, puesto que las vidrieras eran fijas. Sin embargo, en las salas restantes, las destinadas a servicios sanitarios, así como las casas del poblado indígena, éstas sí podían abrirse.
La cubierta del pabellón de exposición se realizó sobre entablado con pino de Flandes con sus carreras correspondientes, pares de batientes sobre los soportes generales y tornapuntas dobles. Todo ello se cubría con nipa manufacturada. En la parte central de cada sala, se elevaría un lucernario con sus costados cerrados por una celosía de pequeños cuadros que, formados por listones de 4 x 15 m., estarían clavados cada uno en su respectivo bastidor, independiente de la cubierta. Las partes ocupadas por oficinas y servicios llevaban cielos rasos.
Las galerías para vivienda de annobonenses y bubiss eran de planta rectangular, de 10 m. de longitud y 5 de anchura. Las casas, también de esta forma, eran de 6 m. de longitud y 5 m. de anchura. Como sucedía con el pabellón central, todas estas edificaciones estaban construidas en alto; aisladas del suelo, se accedía a ellas por una escalinata, precediéndolas un pórtico con baranda de madera ligera, similar a la galería exterior de dicho pabellón central.
Cerca del ala derecha de la instalación principal se ubicaba una Sala de Degustación de cacao y otras especialidades y, destacando sobre el follaje, la instalación de jaulas de fieras. La Sala de Degustación tenía en su frente principal 10 m. y 8 m. de profundidad. Su acceso, frontal a la Galería de los Annobonenses era también por amplia escalinata. Por la parte trasera, ocultando la disposición en U de su planta, una nueva galería actuaba como pantalla edificatoria que evitaba una visión demasiado directa desde la Avenida Luis Moliní.
En las casas, la chabola de degustación y las galerías la cubierta estaba formada por parihuelas apoyados en el arriostramiento de los soportes centrales y en una pieza que descansaba en los exteriores.
Análisis decorativo
De la decoración del pabellón se encargó al contratista Vicente Zubillagas. Los paramentos exteriores de las fachadas, el patio interior y las cuatro caras de las torres eran de corteza de árbol, pintada al óleo con coloristas motivos de gran tamaño: rostros humanos de someros rasgos y trazos, diagonales y en zigzag, que daban gran movilidad a las superficies ornamentadas.
De la observación de fotografías y películas de época se desprende que los cuatro lados de las torres iban decorados al menos con dos motivos: uno, de significado impreciso, y otros rostros humanos de rasgos someros. En cualquier caso, aunque sí está documentado que las cuatro caras de las torres iban pintadas, parece que alguna de ellas no lo estaba en su totalidad. Posiblemente se tratase de la que lindaba con el pabellón marroquí, ya que a ser imposible -dada su ubicación- una visualización completa y, por las limitaciones presupuestarias, se prefirió evitar un gasto inútil.
El zócalo interior de las salas se enlucía al temple con tonos lisos; según la importancia de cada sala, llevaba algunos motivos decorativos, también en esta técnica. Se pretendía "darles un ligero aspecto europeo en el que destacasen, sin embargo, algunas notas decorativas coloniales". Estos motivos, dispuestos en frisos con una altura no mayor a un metro, eran similares -aunque de menor tamaño- a los realizados en los paramentos exteriores. Algunas habitaciones se decoraron con telas.
Aunque con motivos ornamentales a gran tamaño (igual que los exteriores), también para la decoración interior del hall, se recurrió al temple.
Contenido expositivo
Julián Monis, Manuel Pitaluga y Ramón Montalbán, Delegados de Guinea en 1929, se ocuparon de la exposición de piezas y productos locales en el pabellón guineano. Las fuentes aluden a una maqueta que reproducía las viviendas indígenas rodeadas de plantaciones, ejemplares diversos de exóticas plantas y objetos muy variados: muestras de arte primitivo, pero sobre todo aquellos que contribuirían a dar al visitante una idea de las costumbres aborígenes como armas, útiles y herramientas empleadas por los indígenas en distintas faenas, piraguas, trozos gigantes de madera, muebles hechos con melongo, etc... También se exponían en las salas animales del lugar, por ejemplo gorilas disecados. Todo ello fue escogido por una Delegación del Comité que, nombrada por el Gobernador, funcionaba en Fernando Poo. La mayor parte de la mercancía fue transportada en 1927 por la Compañía Transatlántica desde Fernando Poo a Cádiz, desde donde se reexpidieron a Sevilla (Amparo Graciani García, La participación internacional y colonial en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Ayuntamiento de Sevilla, 2010).
Si quieres,
por Amor al Arte, déjame
ExplicArte Sevilla, déjame
ExplicArte el desaparecido Pabellón de Guinea, de José Granados de la Vega, para la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en
Contacto, y a disfrutar de la ciudad.