Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza de Doña Teresa Enríquez, de Sevilla, dando un paseo por ella.
Hoy, 4 de marzo, es el aniversario del fallecimiento (4 de marzo de 1529) de Doña Teresa Enríquez, personaje que da nombre a esta plaza, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte la plaza de Doña Teresa Enríquez, de Sevilla, dando un paseo por ella.
La plaza de Doña Teresa Enríquez es, en el Callejero Sevillano, una plaza que se encuentra en el Barrio de San Vicente, del Distrito Casco Antiguo, entre las calles San Vicente, y Miguel Cid.
La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario. Hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
Al menos desde 1574 ésta y la actual Cardenal Cisneros son conocidas como plaza de San Vicente, por la iglesia parroquial de igual advocación que en ella se encuentra. En 1845, recogiendo sin duda una diferenciación popular, se le denomina plaza Chica de San Vicente. En 1868, con la Primera República, pasó a llamarse plaza de los Godos; al año siguiente se le dio el nombre de Cincinato, con el que se conocen dos personajes históricos: Lucio Quincio Cincinato, cónsul y dictador romano que vivió en el s. V a J.C., y Rómulo Cincinnato (+ c. 1593) pintor manierista italiano, que vino a España en 1567 a trabajar en el Escorial, desconociéndose por cual de ellos se le atribuyó tal nombre. En 1876 se rotuló plaza de Gunderico (428), rey vándalo, aliado del Imperio romano, que vino a España y sometió entre otras a la ciudad de Sevilla en el año 425 y a quien la leyenda relaciona con la iglesia de San Vicente (v. Cardenal Cisneros); finalmente, en 1919, a petición de los feligreses y párroco de San Vicente, recibió la denominación que hoy conserva, en memoria de doña Teresa Enríquez, noble contemporánea de Isabel la Católica, divulgadora del culto al Santísimo Sacramento, y por ello conocida como la "Loca del Sacramento".
La plaza posee una planta alargada y su superficie se ha visto reducida a lo largo de los siglos como consecuencia de las cesiones de terreno a la iglesia de San Vicente: en 1586, para construir la capilla del Sagrario y la sacristía, en 1761 para reconstruir y ampliar la citada capilla, arruinada tras un terremoto, y de nuevo en 1827 para hacer una nueva capilla, la de la Hermandad del Santo Entierro. En 1582, era utilizada como cementerio parroquial, fecha en la que se coloca una cruz de piedra, sobre columna para honrar a los enterramientos realizados a raíz de una gran epidemia (por esta razón ocasionalmente ha sido conocida como plaza de la Cruz de San Vicente), en 1839 fue retirada la cruz aunque se repondría más adelante. Todavía en 1854 se continuaban haciendo enterramientos allí, aunque ya la prensa se hace eco de las quejas del vecindario por el hedor existente o por las molestias ocasionadas por los sepultureros. En la década siguiente desaparece el cementerio y es sustituido por un jardincillo, pero en 1869 se tomó el acuerdo de adoquinar la superficie de la plaza. La última reordenación de importancia la ha sufrido en la década de 1980, cuando se cierra al tráfico rodado y se le dota en su parte central de pavimento de ladrillo formando espigas y bandas de losetas blancas en damero, y en los extremos de losetas de cemento; posee bancos de piedra sin respaldo, farolas sevillanas, de pie y dos hileras de naranjos en cada frente, unos de gran desarrollo y otros de reciente plantación. En el centro, protegida por un parterre, se levanta una cruz de piedra, quitada y vuelta a reponer en distintas fechas. Esta reordenación mereció el premio de la Delegación de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Sevilla en 1983, como consta en un azulejo colocado en una de las fachadas. Uno de sus frentes está ocupado por la fachada lateral de la iglesia de San Vicente y en la frontera se encuentran varias casas tradicionales, de dos y tres plantas, bien conservadas, o que han sido objeto de rehabilitación recientemente. Descuidada e invadida por automóviles aparcados hasta la reordenación antes descrita, actualmente es una placita pulcra y de aspecto tranquilo [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Guerra del Pacífico, conflicto en el que intervino el personaje homenajeado en el rótulo de esta vía;
Teresa Enríquez, La Loca del Sacramento. (Valladolid, c. 1450 – Torrijos, Toledo, 4 de marzo de 1529). Noble, dama de la Corte de Isabel la Católica y fundadora de las cofradías eucarísticas en España.
Hija del almirante de Castilla Alonso Enríquez, además de prima hermana del rey Fernando el Católico. Su infancia discurrió junto a su abuela paterna, muy cerca de Medina de Rioseco (Valladolid), encontrando en ella un modelo para su vida futura. Hacia 1470 se casó con Gutierre de Cárdenas, perteneciente a una de las familias más destacadas de la segunda mitad del siglo xv. Un hombre muy vinculado a la causa isabelina. En los primeros momentos del reinado de Isabel y Fernando fue nombrado contador mayor, desempeñando junto con su esposa cargos de continuo servicio a los nuevos Monarcas. Desde 1478 Gutierre de Cárdenas recibió la encomienda mayor de León. No solamente su esposa, Teresa, fue testigo privilegiado de los acontecimientos políticos del momento, sino que empezó a desarrollar toda una serie de obras pías. En 1503 moría su esposo, siendo la suya una de las fortunas más importantes de Castilla, recibiendo por ello acusaciones muy diversas. Una riqueza que podía facilitar la fundación de un mayorazgo para que los bienes pasasen íntegros al cabeza de la familia, facilitando la perpetuidad del apellido. Fundado el mayorazgo, el usufructo del mismo fue para Teresa Enríquez. Los rumores se centraron en su hijo, Diego de Cárdenas, que habiendo recibido el adelantamiento de Granada y después el ducado de Maqueda, no llegaba a aprobar el destino que su madre hacía de parte de esta fortuna para sus fundaciones y limosnas, algunas de ellas iniciadas ya por su esposo. Sin embargo, el heredero recibió íntegro el mayorazgo, pues su madre se caracterizó por sus dotes de administradora.
Una vez viuda y con los hijos casados, Teresa Enríquez se estableció en Torrijos, villa que había comprado el matrimonio al Cabildo de la catedral de Toledo en 1482. Para algunas de sus obras contó con la colaboración del sacerdote sevillano Fernando de Contreras. Ambos se preocuparon por la atención a los enfermos, ampliando hospitales y fundando otros para las afecciones contagiosas. Tras la peste, Teresa Enríquez pensó en el establecimiento de un colegio de huérfanos, preocupándose además de la dotación de las huérfanas, con el fin de que pudiesen desarrollar una vida digna. Consiguió además la reinserción de prostitutas, sin olvidar la atención a los cautivos de Argel, siempre con la colaboración del padre Contreras, conocido como el “apóstol de la berbería”.
En los días previos a la reforma protestante y viendo la necesidad de revitalizar el culto a la Eucaristía, conoció la existencia de cofradías del Santísimo Sacramento en Italia, especialmente en Roma. A través de los superiores franciscanos, les hizo llegar ornamentos para sus fines, erigió una capilla en su sede, les dotó de renta y consiguió del Papa una serie de privilegios espirituales para la misma. Todo un modelo para empezar a establecerlas en España. Aquella romana fue reproducida en Torrijos, siendo conocida Teresa Enríquez —desde autores como Fernández de Oviedo— como la fundadora de las cofradías del Santísimo en España, denominándola el papa Julio II como la “loca del Sacramento y embriagada del vino celestial”. Para la cofradía de Torrijos construyó la colegiata del Corpus Christi, convirtiéndose esta cofradía en la cabeza de todas las que se fueron erigiendo en parroquias españolas. Gracias a su contacto con misioneros populares franciscanos, como fray Juan de Navarrete, surgió la idea de que los canónigos de Torrijos visitasen iglesias españolas con pocas posibilidades, comprobando el estado de los sagrarios. Para realizar esta misión, y evitar problemas de competencias con los obispos, Teresa Enríquez consiguió una bula de León X. El hagiógrafo del citado padre Contreras, el jesuita Gabriel de Aranda, atribuía a Teresa Enríquez la solemnización de la fiesta del Corpus Christi, instituida para la Iglesia por Urbano IV en 1264. Las cofradías del Santísimo contribuyeron, sin duda, a ello. Impulsó también el toque de ánimas, aunque no había sido ella la que lo había iniciado. Teresa Enríquez realizó una intensa labor de fundación de conventos, siendo los franciscanos los principales beneficiados, quizás gracias a su cercanía con el cardenal Cisneros. En Torrijos, en 1492, fundaron el de Santa María de Jesús, llegando a ser una de las casas de franciscanos más ricas del momento. Tras la conquista de Granada, su esposo recibió la jurisdicción de Marchena, preocupándose a través de los agustinos de la catequización de los moriscos de la zona oriental de las Alpujarras. Teresa Enríquez, desde 1496, establecía en Torrijos la segunda casa de concepcionistas de España, monjas fundadas por Beatriz de Silva. A través de su abadesa, María de Calderón y discípula directa de la santa Beatriz, contribuyó a la expansión de esta religión. Participó directamente en la fundación de cuatro, contribuyendo ampliamente a la de otras casas. En todo ello participó su propia familia, entre ellas tres de sus nietas —hijas de los condes de Miranda—, profesando como monjas de la Concepción.
Teresa Enríquez murió a edad muy avanzada, cercana a los ochenta años, siendo sus restos objeto de traslado dentro de Torrijos, permaneciendo incorruptos. Hoy descansan en el nuevo edificio de las concepcionistas de aquella villa. Se ha intentado iniciar en varias ocasiones su proceso de beatificación, aunque fue en 2001 cuando se introdujo el proceso diocesano, enviándose al año siguiente a Roma, donde permanece en la Congregación para las Causas de los Santos. Una noble española, de privilegiada posición política, fundadora de numerosas obras de caridad y conventos, seglar y no religiosa, ejemplo singular de la historia espiritual del tránsito hacia el siglo XVI (Javier Burrieza Sánchez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Hija del almirante de Castilla Alonso Enríquez, además de prima hermana del rey Fernando el Católico. Su infancia discurrió junto a su abuela paterna, muy cerca de Medina de Rioseco (Valladolid), encontrando en ella un modelo para su vida futura. Hacia 1470 se casó con Gutierre de Cárdenas, perteneciente a una de las familias más destacadas de la segunda mitad del siglo xv. Un hombre muy vinculado a la causa isabelina. En los primeros momentos del reinado de Isabel y Fernando fue nombrado contador mayor, desempeñando junto con su esposa cargos de continuo servicio a los nuevos Monarcas. Desde 1478 Gutierre de Cárdenas recibió la encomienda mayor de León. No solamente su esposa, Teresa, fue testigo privilegiado de los acontecimientos políticos del momento, sino que empezó a desarrollar toda una serie de obras pías. En 1503 moría su esposo, siendo la suya una de las fortunas más importantes de Castilla, recibiendo por ello acusaciones muy diversas. Una riqueza que podía facilitar la fundación de un mayorazgo para que los bienes pasasen íntegros al cabeza de la familia, facilitando la perpetuidad del apellido. Fundado el mayorazgo, el usufructo del mismo fue para Teresa Enríquez. Los rumores se centraron en su hijo, Diego de Cárdenas, que habiendo recibido el adelantamiento de Granada y después el ducado de Maqueda, no llegaba a aprobar el destino que su madre hacía de parte de esta fortuna para sus fundaciones y limosnas, algunas de ellas iniciadas ya por su esposo. Sin embargo, el heredero recibió íntegro el mayorazgo, pues su madre se caracterizó por sus dotes de administradora.
Una vez viuda y con los hijos casados, Teresa Enríquez se estableció en Torrijos, villa que había comprado el matrimonio al Cabildo de la catedral de Toledo en 1482. Para algunas de sus obras contó con la colaboración del sacerdote sevillano Fernando de Contreras. Ambos se preocuparon por la atención a los enfermos, ampliando hospitales y fundando otros para las afecciones contagiosas. Tras la peste, Teresa Enríquez pensó en el establecimiento de un colegio de huérfanos, preocupándose además de la dotación de las huérfanas, con el fin de que pudiesen desarrollar una vida digna. Consiguió además la reinserción de prostitutas, sin olvidar la atención a los cautivos de Argel, siempre con la colaboración del padre Contreras, conocido como el “apóstol de la berbería”.
En los días previos a la reforma protestante y viendo la necesidad de revitalizar el culto a la Eucaristía, conoció la existencia de cofradías del Santísimo Sacramento en Italia, especialmente en Roma. A través de los superiores franciscanos, les hizo llegar ornamentos para sus fines, erigió una capilla en su sede, les dotó de renta y consiguió del Papa una serie de privilegios espirituales para la misma. Todo un modelo para empezar a establecerlas en España. Aquella romana fue reproducida en Torrijos, siendo conocida Teresa Enríquez —desde autores como Fernández de Oviedo— como la fundadora de las cofradías del Santísimo en España, denominándola el papa Julio II como la “loca del Sacramento y embriagada del vino celestial”. Para la cofradía de Torrijos construyó la colegiata del Corpus Christi, convirtiéndose esta cofradía en la cabeza de todas las que se fueron erigiendo en parroquias españolas. Gracias a su contacto con misioneros populares franciscanos, como fray Juan de Navarrete, surgió la idea de que los canónigos de Torrijos visitasen iglesias españolas con pocas posibilidades, comprobando el estado de los sagrarios. Para realizar esta misión, y evitar problemas de competencias con los obispos, Teresa Enríquez consiguió una bula de León X. El hagiógrafo del citado padre Contreras, el jesuita Gabriel de Aranda, atribuía a Teresa Enríquez la solemnización de la fiesta del Corpus Christi, instituida para la Iglesia por Urbano IV en 1264. Las cofradías del Santísimo contribuyeron, sin duda, a ello. Impulsó también el toque de ánimas, aunque no había sido ella la que lo había iniciado. Teresa Enríquez realizó una intensa labor de fundación de conventos, siendo los franciscanos los principales beneficiados, quizás gracias a su cercanía con el cardenal Cisneros. En Torrijos, en 1492, fundaron el de Santa María de Jesús, llegando a ser una de las casas de franciscanos más ricas del momento. Tras la conquista de Granada, su esposo recibió la jurisdicción de Marchena, preocupándose a través de los agustinos de la catequización de los moriscos de la zona oriental de las Alpujarras. Teresa Enríquez, desde 1496, establecía en Torrijos la segunda casa de concepcionistas de España, monjas fundadas por Beatriz de Silva. A través de su abadesa, María de Calderón y discípula directa de la santa Beatriz, contribuyó a la expansión de esta religión. Participó directamente en la fundación de cuatro, contribuyendo ampliamente a la de otras casas. En todo ello participó su propia familia, entre ellas tres de sus nietas —hijas de los condes de Miranda—, profesando como monjas de la Concepción.
Teresa Enríquez murió a edad muy avanzada, cercana a los ochenta años, siendo sus restos objeto de traslado dentro de Torrijos, permaneciendo incorruptos. Hoy descansan en el nuevo edificio de las concepcionistas de aquella villa. Se ha intentado iniciar en varias ocasiones su proceso de beatificación, aunque fue en 2001 cuando se introdujo el proceso diocesano, enviándose al año siguiente a Roma, donde permanece en la Congregación para las Causas de los Santos. Una noble española, de privilegiada posición política, fundadora de numerosas obras de caridad y conventos, seglar y no religiosa, ejemplo singular de la historia espiritual del tránsito hacia el siglo XVI (Javier Burrieza Sánchez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La plaza de Doña Teresa Enríquez, al detalle:

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