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domingo, 16 de agosto de 2026

La Feria de San Roque, en El Coronil (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Feria de San Roque, en El Coronil (Sevilla).  
     Hoy, 16 de agosto, en Lombardía, en Italia, Memoria de San Roque, que, nacido en Montpellier, en la región francesa del Languedoc, adquirió fama de santidad con su piadosa peregrinación por toda Italia curando a los afectados por la peste (c. 1379) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte Feria de San Roque, en El Coronil (Sevilla)
    La feria en sí se extiende desde el miércoles hasta el domingo de la semana del 16 de agosto, día de la onomástica del patrón San Roque, aunque diversas actividades son desarrolladas semanas anteriores.
     Existen pocas noticias escritas sobre la devoción a San Roque en El Coronil, aunque se tiene constancia de que es patrón desde el siglo XVII. Su imagen y la de San Sebastián se encuentran en el altar mayor de la iglesia parroquial, a ambos lados de la de la titular, la Virgen de la Consolación; anteriormente se hallaba en una capilla propia, situada en las inmediaciones del llamado, por esa misma razón, "Callejón del Santo". Ambos santos gozaron de gran devoción entre los coronileños debido a las numerosas epidemias que durante el siglo XVII asolaban a poblaciones cercanas como Morón o Utrera, ante las que los vecinos ofrecían rogativas y, al parecer, con buen resultado, puesto que ninguna de ellas llegó a azotar duramente a El Coronil. No obstante, también debieron influir las estrictas medidas tomadas por el Concejo de la villa, el cual hizo tapiar las calles que daban al campo y mantener un estricto control de la entrada y salida de personas y mercancías. 
     Sea como fuere, se dice que en 1601 llegó a la comarca una terrible epidemia de peste, pero tras la salida de San Roque en procesión de rogativa la enfermedad cesó en el pueblo. Así que en 1649 los dos santos fueron declarados patrones de la localidad, aunque realmente se trató de una decisión municipal que no contaba con la confirmación eclesiástica, ya que la iglesia optaba por la figura de San José. Tras muchas trabas, unos y otros llegaron por fin a un acuerdo declarando patrón a San Roque. 
     Según algunos textos, se hacían ya por aquellos entonces unos panecitos llamados "de San Roque" a base de huevo, azúcar, harina, clavo y canela y a los que se les ponía un sello con la imagen del Santo patrón, los cuales se hicieron famosos por su capacidad curativa, siendo consumidos no sólo por los coronileños sino también por los vecinos de alrededor, asegurando que cuando los comían sanaban de las enfermedades.
     Dos semanas antes del comienzo de la feria dan comienzo una serie de actividades enmarcadas en el "Pórtico Preferia" que incluyen competiciones deportivas, campeonatos de chapas, carreras de cintas, carreras de galgos, carrera popular, campeonato de pesca, exhibición de aeromodelismo, etc. Prácticamente se dan cita todas las actividades que estén en relación con los gustos e intereses de los diferentes colectivos y asociaciones existentes en la localidad, las cuales son llevadas a cabo en distintas localizaciones, extendiéndose incluso al vecino pantano de Bornos.
     Una de esas actividades que goza de gran afición entre los coronileños, y que es extensible a toda la comarca, son las carreras de galgos; en 2010 participan veintidós animales, llegados desde distintos pueblos de los alrededores como Los Molares o Utrera, e incluso de la vecina comarca de la campiña jerezana.
     Aproximadamente una semana antes del inicio oficial de las fiestas, varias mujeres del pueblo se encargan de preparar la iglesia. La imagen del patrón, que permanece durante todo el año a la izquierda del retablo del altar mayor, puesto que en el centro del mismo se encuentra la titular de la parroquia, la Virgen de la Consolación, se baja y se coloca a la izquierda del altar. Por su parte, la Virgen de los Remedios, que dispone de una capilla en un lateral del templo, si sitúa en el centro del mismo bajo la imagen de la titular, ataviada con su saya y su manto de fiesta. 
     El comienzo oficial de la feria tiene lugar el miércoles con la cena homenaje a la tercera edad ofrecida en la caseta municipal y la posterior prueba del alumbrado a las doce de la noche.
     A partir del jueves la feria se ambienta desde la mañana con encuentros de bicis antiguas, de motos clásicas, espectáculos de magia, etc. Cada mediodía hay comida popular en la caseta municipal con degustación de platos como potaje, paella o papas con chocos, costumbre que han adoptado también otras casetas como la del Centro obrero. 
     Por las tardes tienen lugar distintas actividades, la mayoría de ellas relacionadas con el mundo del toro (corridas, novilladas, el Chino torero, suelta de becerras por las calles y becerrada,.), pues la afición de El Coronil a las fiestas de toros está muy arraigada y este tipo de actividades son muy esperadas por los vecinos de todas las edades. Según nos cuentan los vecinos, ya desde los comienzos de la feria patronal, cuando ésta se realizaba en la Plaza Vieja, se montaba en ella una improvisada plaza de toros con remolques y camiones, alrededor de la cual se reunía todo el pueblo. 
     Durante las noches el ambiente se centra en la caseta municipal. El jueves por la noche tiene lugar la coronación de la reina y las damas de las fiestas, momento muy esperado por todos. Las candidatas salen desde el Ayuntamiento para dirigirse hasta el recinto ferial, donde les esperan vecinos y familiares para verlas llegar. Otro acto que congrega a la práctica totalidad de los vecinos es el homenaje a los mayores que tiene lugar en la noche del viernes, durante el cual se hace un breve recorrido por la vida de algunos de los vecinos de mayor edad del pueblo, haciendo del momento una ceremonia muy emotiva; recientemente se ha añadido también el homenaje a los jóvenes que han conseguido un mejor expediente académico. Las noches se prolongan hasta casi el amanecer en las diferentes casetas del recinto.
     El recinto ferial alberga doce casetas, bastante amplias, distribuidas a lo largo de dos calles que se cruzan. En el mismo se sitúan, camuflados entre los farolillos de colores, unos aspersores de agua que hacen bajar varios grados la temperatura del recinto y que, dadas las fechas, cumplen una importante función; este método es utilizado también en otras ferias de verano de la provincia.
     En la mañana del día 15, día de la Virgen de Agosto que en el caso de El Coronil es la Virgen de los Remedios, las campanas de la iglesia avisan a todos los vecinos del comienzo de la misa. Lo mismo ocurre a la mañana siguiente, la del día 16, festividad del Santo patrón, San Roque. Ambas imágenes se encuentran durante los días en los que se desarrolla la feria presidiendo el altar mayor de la iglesia parroquial, engalanadas con flores. Tanto a una como a otra eucaristía acuden no demasiados vecinos, la mayoría de los cuales son mujeres.
     Al amanecer del último día de feria las calles del pueblo se han cerrado con vallas, pues alrededor de las ocho da comienzo la suelta de vaquillas que recorren las calles del pueblo desde la parte alta del mismo hasta el lugar en el que se ha instalado la plaza de toros portátil, dando lugar a la tradicional becerrada. Tanto en la suelta de vaquillas como en la posterior becerrada el público asistente es, por lo general, joven.
     Se desconoce cuándo se comienzan a procesionar al patrón y a la Virgen de los Remedios juntos, pero sí que hasta la década de los años setenta del siglo XX se estuvo sacando a los dos el mismo día, según rescatamos de la memoria de los mayores, en el 16 de agosto, festividad de San Roque. En esos años la reina y las damas de las fiestas ocupaban un lugar destacado en la procesión del patrón, y también sabemos que hasta los años sesenta, aproximadamente, se estuvieron elaborando y consumiendo en la localidad los famosos "panecitos de San Roque", una especie de tortitas con el sello del santo.
     Podemos suponer que fue la cercanía de los días de celebración del patrón y de la Virgen de los Remedios, festejada como Virgen de Agosto, lo que llevó a la realización de la procesión de las dos imágenes conjuntas. La Virgen tiene su propia ermita, situada frente a la iglesia parroquial, junto a la casa del párroco, en avanzado riesgo de conservación, motivo por el cual a mediados de los años noventa se sacaron de la misma todos los objetos de valor y se llevaron a la iglesia parroquial, ubicando la imagen de la Virgen en un lugar privilegiado dentro del templo que cuenta así con su propia capilla situada en el lateral izquierdo del mismo.
     Además, hasta los años ochenta o noventa del siglo XX se estuvieron celebrando en el mes de julio las fiestas en honor a Santiago apóstol y a Santa Ana, también conocidas como la Feria de Julio, que fueron en su origen una celebración agrícola y para las que se instalaban casetas en el mismo lugar de la feria de agosto. Sin embargo, y a diferencia de esta última, la de julio nunca contó con la procesión de las mencionadas imágenes, de hecho nunca ha existido una imagen de Santiago, pero, dado el enorme gasto que esto suponía para las arcas municipales, se llevó a cabo un referéndum en el pueblo y se decidió celebrar sólo una de las dos, manteniéndose la del patrón y desapareciendo la otra. 
     La ubicación de la feria también ha pasado por distintas localizaciones dentro del pueblo. La primera de todas ellas fue la Plaza Vieja, la del Ayuntamiento, que era donde se montaba la improvisada plaza de toros, mientras que los puestos ambulantes y atracciones se situaban en la Calle Real. Luego pasó a realizarse en la junto a los jardines del cuartel y, cuando se construyó el nuevo recinto ferial a finales de los años ochenta, se trasladó al mismo, favoreciendo la ampliación de la feria y albergando a un considerable número de casetas. Durante los años sesenta, cuando la feria tenía lugar en la Plaza Nueva, las atracciones de feria y los diferentes puestos ambulantes se ubicaban a lo largo de la Avenida Andalucía y uno de los alicientes para los muchachos y muchachas de la localidad era recorrerla de una punta a otra en grupos. A modo de conmemoración de los distintos espacios que ha ocupado la feria dentro de la localidad, en 2010, el consistorio ha querido dotar de nombre a las diferentes calles en las que se distribuye el recinto ferial, dándole a cada una de ellas la denominación de un antiguo emplazamiento ferial.
     Dado que fue suprimida una de las ferias locales en favor de la otra, los días de celebración de la misma fueron aumentando paulatinamente hasta llegar a que en la actualidad éstos se extiendan desde el miércoles hasta el domingo y las actividades de "prefería" comiencen casi dos semanas antes.
     Las actividades pre-feria son organizadas por el consistorio, conjuntamente con cada una de las asociaciones y colectivos que intervienen en las mismas. En cambio, el resto de actividades organizadas para la feria propiamente dicha es tarea exclusiva del Ayuntamiento.
     La financiación corre por cuenta de las arcas municipales, excepto en aquellas actividades realizadas con ánimo de lucro, como por ejemplo las carreras de galgos, en las que los gastos de organización recaen sobre el colectivo promotor.
     El ritual dispone de diferentes espacios festivos. Por un lado, las numerosas actividades pre-feria se ubican cada una en un lugar diferente, normalmente la sede de la peña o asociación que convoca la actividad; por otro lado se encuentra la plaza de toros portátil, que se instala para acoger todos los espectáculos taurinos a lo largo de la semana de feria; además está la iglesia parroquial, que constituye el espacio en que se desarrollan los actos litúrgicos y alberga las imágenes patronales; y, por último, el recinto ferial que es donde tiene lugar la feria propiamente dicha (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Roque; 
     Santo antipestoso del siglo XIV cuyas biografías, francesas o italianas, de carácter legendario, se remontan a finales del siglo XV. Puede decirse que "era más conocido por la devoción popular que por la historia de su vida". Algunos historiadores han llegado a sostener que su existencia era tan mítica como la de san Fuerte de Burdeos.
LEYENDA
   Nació en Montpellier hacia 1350 y habría venido al mundo con una pequeña cruz roja sobre el pecho. Quedó huérfano a muy temprana edad. Cuando murieron sus padres repartió la fortuna familiar entre los pobres y los hospitales, vistió hábito de peregrino y en 1367 se dirigió a Roma donde estu­vo tres años, hasta 1371.
   Al llegar a Acquapendente, en los Apeninos, encontró la ciudad devastada por la peste: asistió y animó a los enfermos a quienes curó haciendo la señal de la cruz sobre ellos.
   Al regresar de su peregrinación, en Plasencia sintió los primeros síntomas de la enfermedad. Una noche un ángel le advirtió que le había llegado la hora de sufrir. Aunque se sintió atravesado por el dolor, en vez de quejarse, dio gracias a Dios y se retiró en un bosque impenetrable para morir en soledad y no contagiar a nadie.
   Dios le envió un ángel consolador y curador para que lo asistiese en su soledad, el cual aplicó un bálsamo sobre su herida, y también hizo brotar  una fuente para que Roque pudiera aplacar su sed febril. Además, lo aprovisionó de alimentos: cada día, el perro de un señor de la región le llevaba un pan robado de la mesa de su amo. El perro proveedor tiene en esta leyenda la misma función que el cuervo que alimentó al profeta Elías y a san Pablo ermitaño.
   Restablecido, partió hacia Montpellier donde nadie pudo reconocerle, ni siquiera su tío. Fue denunciado como espía y lo encarcelaron. Un día, su carcelero lo encontró muerto, irradiando una luz sobrenatural.
   En verdad habría muerto en Lombardía (Angeria), hacia 1379.
   Esta leyenda parece copiada en parte de la de san Alejo, quien regresó de los Santos Lugares para morir en Roma como mendigo anónimo, bajo la escalera de la casa paterna.
CULTO
   El culto de «monseñor san Roque, verdadero preservador de pestilencia", se desarrolló tarde, incluso en Montpellier, cuya universidad en 1410 todavía se encomendaba a san Sebastián para hacer que cesara una epidemia de peste. Evidentemente, fue la competencia de un santo universal como, San Sebastián, invocado desde mucho tiempo antes contra las flechas de la  peste, quien postergó el progreso de la devoción a san Roque, aunque éste haya tenido sobre aquélla ventaja de haber curado apestados y de haber contraído él mismo esa terrible enfermedad.
   Hay dos hechos que explican la difusión del culto de san Roque en el siglo XV: la decisión del concilio de Ferrara, que amenazado por una epidemia de peste habría prescrito plegarias públicas para pedir la intercesión del  santo de Montpellier, y el traslado de una parte de sus reliquias a Venecia, en 1485.
   A partir de entonces, las cofradías de san Roque se multiplicaron en Francia, y también en Italia, donde llevan el título de Confraternita o Scuola di San Rocco. El teatro de los autos sacramentales también contribuyó a la popularidad de san Roque. En 1493 se puso en escena un Mystere de Monseigneur saint Roche (Misterio de monseñor san Roque). Una cofradía de san Roque tiene una capilla en la iglesia de los carmelitas de París.
   Este culto popular precedió a su canonización oficial. Fue recién en el siglo XV cuando el papa Gregorio XIII inscribió su nombre en el Martirologio, en el XVII cuando fue canonizado por el papa Urbano VIII.
Lugares de Culto
   En el sur de Francia se dedicaron numerosas capillas al "gentilhombre de Montpellier", al «glorioso san Roque», sobre todo en ocasión de las epidemias de peste de 1630 y de 1720. En París, Luis XIV colocó en 1653 la primera piedra de la iglesia de la calle Saint Honoré, destinada a reemplazar una capilla que se había vuelto demasiado pequeña. En Pontcarré en Brie, los peregrinos pasaban bajo el relicario de san Roque para preservarse del cólera.
   En Italia, Venecia adoptó a san Roque, cuyas reliquias se había procurado en 1485 porque estaba particularmente expuesta a la peste a causa de sus relaciones comerciales con Oriente, cuna de las epidemias. Se glorificaba al santo por haber salvado de la terrible enfemedad, mediante la señal de la cruz, a numerosas ciudades de Italia (multas Italiae urbes a morbo epidemiae signo crucis liberavit).
   El culto de san Roque está probado no sólo en Venecia sino en Portugal (Lisboa), en Alemania (Bingen), donde se realiza una peregrinación en su memoria a Rochusberg, y en Bélgica (Amberes y Huy). No obstante, la extensión del culto de san Roque permaneció limitada a Europa occidental, el Oriente cristiano nunca lo ha reconocido.
Patronazgos
   Algunas corporaciones lo habían adoptado como patrón: los marineros del Loira, los canteros y los empedradores, porque empleaban en su trabajo trozos de roca (roche).
   También se lo consideraba protector de los animales. El 16 de agosto, día de su fiesta, el sacerdote bendecía hierbas: jaramago (fr.: roquette), menta y poleo, que los campesinos mezclaban con el pienso del ganado para preservarlo de las enfermedades contagiosas.
   El culto de san Roque, vinculado con las epidemias de peste, no ha tenido una duración muy larga. Cuando la plaga se volvió más infrecuente y menos mortífera, la devoción al santo declinó. «Passato el pericolo, gabbato il Santo» Tanto más por cuanto san Roque no fue el último de los santos «antipestorosos», tuvo un temible competidor en san Carlos Borromeo, quien diera pruebas de una heroica devoción durante la Peste de Milán: la gloria del arzobispo de Milán, exaltado por el papado y la orden jesuita, eclipsó a la del humilde peregrino de Montpellier.
   San Roque conoció una provisional reanimación de su popularidad en el siglo XIX, con las epidemias de cólera de 1835 y 1854. Es la ley hagiográfica de la transferencia de especialidad lo que explica este fenómeno.
   El culto popular del santo amenazaba extenderse junto con la peste y el cólera, enfermedades de las que era el «preservador». Si sobrevivió en el campo fue porque pasó, por deslizamiento, desde las personas a los animales, a quienes protege contra las epizootias, y a la vid, que inmuniza contra la filoxera.
   Un indicio impresionante de esta decadencia, es que el nombre de pila Roch, que posiblemente haya sido en su origen un apellido: Roq, muy difundido en Montpellier, cayó completamente en desuso, a nadie volvió a ocurrírsele bautizar Roch a su hijo.
ICONOGRAFÍA
   San Roque es uno de los santos más fácilmente reconocibles de la iconografía cristiana. Su atuendo de peregrino, llamado sarrocchino, con sus accesorios tradicionales: bordón, cantimplora y zurrón, podrían hacer que se lo confunda con el apóstol Santiago o san Sebaldo, pero es el único peregrino que muestra en el muslo un bubón pestilente, que a veces venda un ángel, y además es alimentado por un perro que le lleva un pan en las fauces. El bubón, el ángel y el perro nutricio, tales son los atributos distintivos del santo patrón de Montpellier y de Venecia.
   A veces, aunque es infrecuente, lleva en la mano unas tarreñas o tablillas de leproso, atributo que comparte con el pobre Lázaro.
   En las imágenes más antiguas, san Roque está simplemente representado con el atavío tradicional de los peregrinos, el sombrero de ala ancha sobre el cual está aplicada la insignia de las llaves cruzadas que identifica al «romero» en camino hacia la Ciudad Eterna, mientras que la Santa Faz y las conchas recuerdan a otras dos peregrinaciones, a Jerusalén y a Santiago de Compostela. Además, lleva el bordón, la cantimplora y el zurrón.
   Con la mano descubre una úlcera (Pestbeule) que sus biógrafos sitúan en la ingle (peste inguinale), pero que por decencia los artistas trasladan más abajo, al centro del muslo.
   El ángel enfermero y el gozque aprovisionador se sumaron a su iconografía a partir del siglo XVI.
   El ángel que Dios habría enviado a san Roque en el bosque de Plasencia, para curarlo y confortarlo, aparece por primera vez hacia 1550, en un grabado que adorna la portada de su biografía.
   El santo se arrodilla para aplicar sobre la herida del apestado un bálsamo destinado a cicatrizarla mediante un pincel, o bien  la desinfecta con el líquido contenido en un pequeño frasco. A veces, oprime el bubón con los dedos para extraer el pus.
   El perro de san Roque, tan popular como el cerdo de san Antonio, llamado gozque, aunque la palabra no tenga parentesco etimológico alguno con el nombre del santo, sólo se convierte en compañero inseparable de éste en la ima­ginería y las banderas de peregrinación del siglo XVI. A causa de una contaminación con la iconografía del pobre Lázaro, patrón de los «leprosos», a veces el perro lame la úlcera del leproso; pero en la mayoría de los casos, está acuclillado junto a él, y en sus colmillos sostiene el pan cotidiano roba­do a su amo. Así se diferencia del perro de santo Domingo (Domini canis) que tiene manchas blancas y negras, y que en las fauces lleva una antorcha encendida. En una xilografía alemana del siglo XV se yergue en dos patas. Con frecuencia, San Roque ha sido representado aisladamente, pero en los exvotos y retablos, al igual que en la imaginería popular, suele aparecer asociado con sus colegas «antipestosos» san Antonio, san Adrián, y sobre todo San Sebastián (tríptico de Jean Bellegambe en la catedral de Arras; estatua en la iglesia de Saint Riquier (Somme); boceles de la portada de Caudebec; tríptico de Cario Crivelli en la iglesia de San Giacomo dell' Orto, Venecia; postigo de grisalla  del tríptico del Tránsito de la Virgen, de Joos van Cleve, Pinacoteca Munich; políptico de los antonitas de Issenheim, Museo de Colmar).
   La mayoría de las pinturas que lo representan son cuadros votivos dedicados, que se encuentran en las capillas corporativas u hospitales (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Más sobre la localidad de El Coronil (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

La pintura "San Roque", de Hernando de Esturmio, en la Iglesia del Convento de Santa Clara

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Roque", de Hernando de Esturmio, en la Iglesia del Convento de Santa Clara, de Sevilla.
     Hoy, 16 de agosto, en Lombardía, en Italia, Memoria de San Roque, que, nacido en Montpellier, en la región francesa del Languedoc, adquirió fama de santidad con su piadosa peregrinación por toda Italia curando a los afectados por la peste (c. 1379) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "San Roque", de Hernando de Esturmio, en la Iglesia del Convento de Santa Clara, de Sevilla.
      El Convento de Santa Clara [nº 56 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 65 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Santa Clara, 40; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
     A los pies del muro derecho (de la Epístola) se sitúa una monumental pintura sobre tabla de San Roque, el protector contra las epidemias de peste, obra del siglo XVI que se atribuye a Hernando de Esturmio y que sigue los modelos habituales de pintura colosal con la que se suele representar a San Cristóbal (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).
      La pintura, realizada hacia 1550, con unas medidas de 2,95 x 1,75 mts, representa un amplio paisaje con montañas y una ciudad junto a un río. En primer plano aparece la monumental figura de San Roque, con túnica corta y calzas. Con la mano derecha levanta parte de la túnica para dejar ver las vendas que le cubren las llagas. En la mano izquierda porta un cayado. Se cubre los hombros con un manto, anudado al cuello. A su lado, viendo las llagas, un ángel vestido con túnica larga, sobre otra corta y un pequeño manto sujeto en los antebrazos. A sus pies, un perro acostado, contemplando la escena, con la cabeza levantada (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La intervención sobre la Tabla de San Roque procedente del convento de Santa Clara se ha desarrollado  por encargo del Instituto de la Cultura y de las Artes de Sevilla en colaboración con Real Maestranza de Caballería de Sevilla.
     La obra, de gran valor histórico-artístico, pone de manifiesto la calidad de encargos de bienes muebles que atesoraban los edificios religiosos en la Sevilla del siglo XV. Por sus características morfológicas y estilísticas se puede relacionar con la escuela flamenca y la última etapa artística del pintor Hernando de Esturmio entre 1548 y 1556.
     Es muy probable que proceda de la extinta y muy poco conocida Hermandad de Nuestra Señora de la Estrella y del Señor san Roque establecida en su propia ermita o capilla, bajo la jurisdicción de la también desaparecida parroquia de San Juan de Acre, junto a la puerta de San Juan o de los Ingenios de la ciudad de Sevilla.
     La temática de  la tabla se centra en la  leyenda y el entorno de San Roque, un santo nacido en la ciudad francesa de Montpellier, cuya iconografía tiene su origen en el periodo que pasó apartado al contraer la peste y los elementos que lo caracterizan como la fuente, surgida para aplacar su sed, el perro que le traía pan o el ángel que curaba sus heridas, todos ellos compendiados en la tabla.
     El santo se ha representado como un peregrino, barbado y lleva como atributos un sombrero, manto con esclavina, bordón, calabaza y zurrón; igualmente, es habitual representar al santo con la calza bajada para enseñar en el muslo de una de sus piernas el bubón de peste que propicia su retiro al bosque, que centra la composición.
     La obra está pintada al óleo y realizada sobre un soporte de madera de roble y con telas enlenzada por toda la superficie. Los pigmentos que se utilizan en el cuadro son los habituales de la escuela flamenca, siendo más claros y luminosos en la escuela de los renacentistas flamencos del segundo tercio del siglo XVI, caracterizada por colores brillantes y de una gran calidad en los materiales empleados.
     El dibujo que emplea Esturmio en su obra, en general es muy marcado y conciso, tendente a precisar con nitidez los contornos. La perspectiva es una mezcla de la tradición de los primitivos flamencos de finales del siglo XV y la influencia de la escuela italiana rafaelista. Al fondo aparece un paisaje montañoso en tonos verdes y azulados con gran vegetación y unos edificios idealizados inspirados en grabados, mientras en la cercanía destaca como un manantial a la derecha del santo con elementos vegetales y animales, donde se aprecia una pequeña ave y varios caracoles.
     El desarrollo de este proyecto ha estado dirigido hacia la estabilización y consolidación de los elementos degradados, eliminando numerosas intervenciones realizadas en épocas anteriores que dificultaban el correcto análisis estilístico de la obra.
     Esta intervención ha estado condicionada, además, por el gran formato y peso de la obra, por su fragilidad y características particulares de algunas de las piezas constitutivas y por las intervenciones antiguas a las que había sido sometida.
     En líneas generales el estado de conservación que presentaba esta tabla era pésimo. El deterioro se debía principalmente al proceso natural de envejecimiento y a los daños originados por las intervenciones antrópicas, así como a la afección biológica y microbiológica. 
     El estado de conservación guarda una estrecha relación con los daños presentes en el soporte, ya que éstos se hacen patentes en los estratos superpuestos al mismo.
     Los criterios de intervención aplicables al soporte han sido preferentemente de tipo conservativo, primando aquellos procesos que exigían una mínima intervención, respetando la configuración estructural original del soporte. Excepcionalmente, la actuación ha sido más intervencionista sobre aquellos  problemas de conservación que presentaba el soporte, causados por uno de los principales agentes de destrucción de la madera, los insectos xilófagos, siendo incluso necesaria la sustitución de dos de los travesaños de refuerzo.
     El tratamiento sobre otros elementos de la obra como la capa de protección,  estrato de preparación y capa pictórica, se ha abordado de una forma integral. Para ello se han tenido que acometer procesos de restauración en lo referente a las fases de fijación, limpieza, reposición y reintegración de estos estratos.
     Se diseña y realiza un nuevo sistema de enmarcado, que, además, de controlar en mayor o menor medida los movimientos del soporte pictórico, contribuye a evitar futuros daños ocasionados por la manipulación de la obra (I.A.P.H.).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Roque; 
     Santo antipestoso del siglo XIV cuyas biografías, francesas o italianas, de carácter legendario, se remontan a finales del siglo XV. Puede decirse que "era más conocido por la devoción popular que por la historia de su vida". Algunos historiadores han llegado a sostener que su existencia era tan mítica como la de san Fuerte de Burdeos.
LEYENDA
   Nació en Montpellier hacia 1350 y habría venido al mundo con una pequeña cruz roja sobre el pecho. Quedó huérfano a muy temprana edad. Cuando murieron sus padres repartió la fortuna familiar entre los pobres y los hospitales, vistió hábito de peregrino y en 1367 se dirigió a Roma donde estu­vo tres años, hasta 1371.
   Al llegar a Acquapendente, en los Apeninos, encontró la ciudad devastada por la peste: asistió y animó a los enfermos a quienes curó haciendo la señal de la cruz sobre ellos.
   Al regresar de su peregrinación, en Plasencia sintió los primeros síntomas de la enfermedad. Una noche un ángel le advirtió que le había llegado la hora de sufrir. Aunque se sintió atravesado por el dolor, en vez de quejarse, dio gracias a Dios y se retiró en un bosque impenetrable para morir en soledad y no contagiar a nadie.
   Dios le envió un ángel consolador y curador para que lo asistiese en su soledad, el cual aplicó un bálsamo sobre su herida, y también hizo brotar  una fuente para que Roque pudiera aplacar su sed febril. Además, lo aprovisionó de alimentos: cada día, el perro de un señor de la región le llevaba un pan robado de la mesa de su amo. El perro proveedor tiene en esta leyenda la misma función que el cuervo que alimentó al profeta Elías y a san Pablo ermitaño.
   Restablecido, partió hacia Montpellier donde nadie pudo reconocerle, ni siquiera su tío. Fue denunciado como espía y lo encarcelaron. Un día, su carcelero lo encontró muerto, irradiando una luz sobrenatural.
   En verdad habría muerto en Lombardía (Angeria), hacia 1379.
   Esta leyenda parece copiada en parte de la de san Alejo, quien regresó de los Santos Lugares para morir en Roma como mendigo anónimo, bajo la escalera de la casa paterna.
CULTO
   El culto de «monseñor san Roque, verdadero preservador de pestilencia", se desarrolló tarde, incluso en Montpellier, cuya universidad en 1410 todavía se encomendaba a san Sebastián para hacer que cesara una epidemia de peste. Evidentemente, fue la competencia de un santo universal como, San Sebastián, invocado desde mucho tiempo antes contra las flechas de la  peste, quien postergó el progreso de la devoción a san Roque, aunque éste haya tenido sobre aquélla ventaja de haber curado apestados y de haber contraído él mismo esa terrible enfermedad.
   Hay dos hechos que explican la difusión del culto de san Roque en el siglo XV: la decisión del concilio de Ferrara, que amenazado por una epidemia de peste habría prescrito plegarias públicas para pedir la intercesión del  santo de Montpellier, y el traslado de una parte de sus reliquias a Venecia, en 1485.
   A partir de entonces, las cofradías de san Roque se multiplicaron en Francia, y también en Italia, donde llevan el título de Confraternita o Scuola di San Rocco. El teatro de los autos sacramentales también contribuyó a la popularidad de san Roque. En 1493 se puso en escena un Mystere de Monseigneur saint Roche (Misterio de monseñor san Roque). Una cofradía de san Roque tiene una capilla en la iglesia de los carmelitas de París.
   Este culto popular precedió a su canonización oficial. Fue recién en el siglo XV cuando el papa Gregorio XIII inscribió su nombre en el Martirologio, en el XVII cuando fue canonizado por el papa Urbano VIII.
Lugares de Culto
   En el sur de Francia se dedicaron numerosas capillas al "gentilhombre de Montpellier", al «glorioso san Roque», sobre todo en ocasión de las epidemias de peste de 1630 y de 1720. En París, Luis XIV colocó en 1653 la primera piedra de la iglesia de la calle Saint Honoré, destinada a reemplazar una capilla que se había vuelto demasiado pequeña. En Pontcarré en Brie, los peregrinos pasaban bajo el relicario de san Roque para preservarse del cólera.
   En Italia, Venecia adoptó a san Roque, cuyas reliquias se había procurado en 1485 porque estaba particularmente expuesta a la peste a causa de sus relaciones comerciales con Oriente, cuna de las epidemias. Se glorificaba al santo por haber salvado de la terrible enfemedad, mediante la señal de la cruz, a numerosas ciudades de Italia (multas Italiae urbes a morbo epidemiae signo crucis liberavit).
   El culto de san Roque está probado no sólo en Venecia sino en Portugal (Lisboa), en Alemania (Bingen), donde se realiza una peregrinación en su memoria a Rochusberg, y en Bélgica (Amberes y Huy). No obstante, la extensión del culto de san Roque permaneció limitada a Europa occidental, el Oriente cristiano nunca lo ha reconocido.
Patronazgos
   Algunas corporaciones lo habían adoptado como patrón: los marineros del Loira, los canteros y los empedradores, porque empleaban en su trabajo trozos de roca (roche).
   También se lo consideraba protector de los animales. El 16 de agosto, día de su fiesta, el sacerdote bendecía hierbas: jaramago (fr.: roquette), menta y poleo, que los campesinos mezclaban con el pienso del ganado para preservarlo de las enfermedades contagiosas.
   El culto de san Roque, vinculado con las epidemias de peste, no ha tenido una duración muy larga. Cuando la plaga se volvió más infrecuente y menos mortífera, la devoción al santo declinó. «Passato el pericolo, gabbato il Santo» Tanto más por cuanto san Roque no fue el último de los santos «antipestorosos», tuvo un temible competidor en san Carlos Borromeo, quien diera pruebas de una heroica devoción durante la Peste de Milán: la gloria del arzobispo de Milán, exaltado por el papado y la orden jesuita, eclipsó a la del humilde peregrino de Montpellier.
   San Roque conoció una provisional reanimación de su popularidad en el siglo XIX, con las epidemias de cólera de 1835 y 1854. Es la ley hagiográfica de la transferencia de especialidad lo que explica este fenómeno.
   El culto popular del santo amenazaba extenderse junto con la peste y el cólera, enfermedades de las que era el «preservador». Si sobrevivió en el campo fue porque pasó, por deslizamiento, desde las personas a los animales, a quienes protege contra las epizootias, y a la vid, que inmuniza contra la filoxera.
   Un indicio impresionante de esta decadencia, es que el nombre de pila Roch, que posiblemente haya sido en su origen un apellido: Roq, muy difundido en Montpellier, cayó completamente en desuso, a nadie volvió a ocurrírsele bautizar Roch a su hijo.
ICONOGRAFÍA
   San Roque es uno de los santos más fácilmente reconocibles de la iconografía cristiana. Su atuendo de peregrino, llamado sarrocchino, con sus accesorios tradicionales: bordón, cantimplora y zurrón, podrían hacer que se lo confunda con el apóstol Santiago o san Sebaldo, pero es el único peregrino que muestra en el muslo un bubón pestilente, que a veces venda un ángel, y además es alimentado por un perro que le lleva un pan en las fauces. El bubón, el ángel y el perro nutricio, tales son los atributos distintivos del santo patrón de Montpellier y de Venecia.
   A veces, aunque es infrecuente, lleva en la mano unas tarreñas o tablillas de leproso, atributo que comparte con el pobre Lázaro.
   En las imágenes más antiguas, san Roque está simplemente representado con el atavío tradicional de los peregrinos, el sombrero de ala ancha sobre el cual está aplicada la insignia de las llaves cruzadas que identifica al «romero» en camino hacia la Ciudad Eterna, mientras que la Santa Faz y las conchas recuerdan a otras dos peregrinaciones, a Jerusalén y a Santiago de Compostela. Además, lleva el bordón, la cantimplora y el zurrón.
   Con la mano descubre una úlcera (Pestbeule) que sus biógrafos sitúan en la ingle (peste inguinale), pero que por decencia los artistas trasladan más abajo, al centro del muslo.
   El ángel enfermero y el gozque aprovisionador se sumaron a su iconografía a partir del siglo XVI.
   El ángel que Dios habría enviado a san Roque en el bosque de Plasencia, para curarlo y confortarlo, aparece por primera vez hacia 1550, en un grabado que adorna la portada de su biografía.
   El santo se arrodilla para aplicar sobre la herida del apestado un bálsamo destinado a cicatrizarla mediante un pincel, o bien  la desinfecta con el líquido contenido en un pequeño frasco. A veces, oprime el bubón con los dedos para extraer el pus.
   El perro de san Roque, tan popular como el cerdo de san Antonio, llamado gozque, aunque la palabra no tenga parentesco etimológico alguno con el nombre del santo, sólo se convierte en compañero inseparable de éste en la ima­ginería y las banderas de peregrinación del siglo XVI. A causa de una contaminación con la iconografía del pobre Lázaro, patrón de los «leprosos», a veces el perro lame la úlcera del leproso; pero en la mayoría de los casos, está acuclillado junto a él, y en sus colmillos sostiene el pan cotidiano roba­do a su amo. Así se diferencia del perro de santo Domingo (Domini canis) que tiene manchas blancas y negras, y que en las fauces lleva una antorcha encendida. En una xilografía alemana del siglo XV se yergue en dos patas. Con frecuencia, San Roque ha sido representado aisladamente, pero en los exvotos y retablos, al igual que en la imaginería popular, suele aparecer asociado con sus colegas «antipestosos» san Antonio, san Adrián, y sobre todo San Sebastián (tríptico de Jean Bellegambe en la catedral de Arras; estatua en la iglesia de Saint Riquier (Somme); boceles de la portada de Caudebec; tríptico de Cario Crivelli en la iglesia de San Giacomo dell' Orto, Venecia; postigo de grisalla  del tríptico del Tránsito de la Virgen, de Joos van Cleve, Pinacoteca Munich; políptico de los antonitas de Issenheim, Museo de Colmar).
   La mayoría de las pinturas que lo representan son cuadros votivos dedicados, que se encuentran en las capillas corporativas u hospitales (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Más sobre el Convento de Santa Clara, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 15 de agosto de 2026

La Iglesia de Santa María de la Asunción, en Écija (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María de la Asunción, en Écija (Sevilla).
     Hoy, 15 de agosto, Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Nuestro Dios y Señor Jesucristo, que, consumado el curso de su vida en la tierra, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria de los cielos. Esta verdad de fe, recibida de la tradición de la Iglesia, fue definida solemnemente por el papa Pío XII (1950) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Iglesia de Santa María de la Asunción, en Écija (Sevilla).
     La Iglesia de Santa María de la Asunción, se encuentra en la plaza Plazuela de Santa María, 2; en Écija (Sevilla).
     Está situada en la plaza de su nombre y según noticias históricas se fundó poco después de la reconquista, aunque los documentos más antiguos de su construcción datan de la primera mitad del siglo XVI. Las noticias sobre la iglesia y sus obras de arte abundan a partir de la mencionada fecha y se alargan hasta el momento. El edi­ficio actual se erigió a lo largo del siglo XVIII. La colocación de la primera piedra del templo se hizo en 1758, pero no se bendijo hasta veinte años después, continuándose las obras hasta comienzos del siglo XIX. El proyecto lo hizo Pedro de Silva y la ejecución estuvo a cargo sucesi­vamente de Antonio y Ambrosio de Figueroa, Fernando Rosales y José Álvarez, artista neoclásico a quien se debe el aspecto final del templo. Consta éste de tres naves, separadas por pilares que se cubren por bóvedas vaídas y cúpula con tambor en el crucero, sien­do la planta de salón. A esta construcción se añade, en el lado izquierdo, una media nave, que es la capilla sacramen­tal, un espacioso claustro, la sala de tacas, el archivo y la biblioteca parroquial. Al exterior muestra dos portadas, una en el lado derecho, adintelada y con pilastras, en la que se aprecian dibujos de taracea en mármol blanco y negro, y otra a los pies de la iglesia, monumental y doble, pues presenta un porche de ladrillo con una gran arcada de mármol que se corona por la figura de la Fe, y otra en el interior, que lleva pilastras y un baque­tón ondulado. El conjunto se decora con movidas rocallas y una imagen de la Asunción en la hornacina superior. Fue realizada por Antonio Matías de Figueroa. La torre se levanta junto a esta fachada y consta de dos cuerpos cuadrangulares y un remate cilíndrico. La parte inferior es mucho más sobria en lo decorativo, como corresponde a la fecha de su inicio, 1717. El moldurón de jaspe negro de dos lados de la base fue obra de José Páez Carmona, como diseñador, y Juan de Chavarría y Antonio de Haro como escultores. El primer balcón de cantería data de 1720 y es obra también de Páez, y la cruz de hierro del remate la hizo José Rodríguez en 1727. Tras el terremoto de 1755 el maestro Fernando Martín realizó importantes trabajos de restauración.
     En el centro del presbiterio se sitúa un gran tabernáculo de madera dorada que va rodeado por las figuras de los Evangelistas, Apóstoles y Padres de la Iglesia y rematado por una imagen de la Asunción sobre nube de ángeles. El con­junto se decora con rocalla y puede fecharse hacia 1770. Sobre el altar hay un sagrario con columnas salomónicas, medio siglo anterior al tabernáculo. Tras éste se halla la sillería de coro, sencilla y de estética clasicista, que debe ser la que realizó Juan de Mesa, vecino de Écija, y Andrés Díaz entre 1628 y 1632. En este espacio posterior al tabernáculo se encuentran una pintura sobre tabla de la Virgen de la Antigua de hacia 1575, atribuida a Villegas Marmolejo, y el órgano, que data de fines del siglo XVIII. En la izquierda hay varios retablos. El más cercano a la cabecera está dedicado a la Anunciación, alberga un lienzo de Jesús flagelado en el ático y se decora con rocallas. A continuación, y en un retablo semejante, se halla un lienzo de la visión de San Cayetano, de comienzos del siglo XVIII. Seguidamente se encontraba un retablo recom­puesto en el que figuraba, en el centro, una ima­gen de la Virgen del Pilar, obra de Cayetano González, y un lienzo del siglo XVIII, en la parte superior. Todo esto desapareció en un incendio en 1996, y hoy sólo existe una réplica de la Virgen del Pilar hecha por el escultor sevillano Manuel Ramos. Otros dos retablos hay en el testero. El primero está decorado con estípites y aloja una escultura de candelero de Jesús Cautivo, obra de Cayetano González en 1945, y el segundo, algo posterior, decorado con rocallas, contiene una escultura de Jesús atado a la columna, del siglo XVIII. A lo largo de la nave se reparten abundantes pinturas, la mayoría del siglo XVIII, estando fechada en 1727 la que representa el Ecce Homo. Cercano a los pies se halla un púlpito, llamado de San Vicente Ferrer, obra de comienzos del XVII.
     En el muro de esta nave izquierda se abre la Capilla Sacramental, con una nave única cubierta por bóvedas de arista y cúpula en el presbiterio. El retablo mayor es el antiguo monumento de Semana Santa que anualmente se montaba en la parroquia. Fue construido entre 1727 y 1736, por los maestros carpinteros ecijanos Alonso Tejero y Juan José González Cañero, corriendo las esculturas a cargo de Juan Prieto. La imagen que hay en su interior es la Virgen de Belén. El sagrario es moderno y se debe a Cayetano González. Se estrenó en 1931.
     En la cabecera de la nave derecha, junto al tenebrario y al cirio pascual, se halla una custodia de madera dorada de dos cuerpos, sostenido el primero por columnas salomónicas y el segundo por estípites, siendo toda la obra de media­dos del siglo XVIII. En la nave hay seis retablos de diversas épocas. El más cercano a la cabecera, compartimentado por estípites, estaba dedicado a San Pedro pero hoy ocupa la hornacina central el simpecado de la hermandad del Rocío. En él figuran asimismo bustos de obispos y una escultura de candelero de la Virgen del Valle en el ático, obra del siglo XVIII. A continuación hay un retablo de tres calles divididas por columnas salomónicas, decorado por dos pinturas en tabla de San Juan Bautista y San Lucas y una escultura moderna, en el centro, del Pastorcito, flanquea­da por otras dos tallas de Santiago y San Juanito, del siglo XVIII. El retablo fue realizado por Juan Navarro a principios del siglo XVIII. Siguiendo el muro se encuentra un retablo neoclásico, de orden corintio, dedicado a San José, a cuyos lados van las imágenes de Santa Teresa y San Ignacio, obras ambas del siglo XVIII. De la misma época es el retablo siguiente, que está dedicado a la Dolorosa. Los dos últimos retablos de la nave son bastante más antiguos. El más cercano al anterior es sencillo, de un solo cuerpo y con columnas corintias, pudiéndose fechar en la primera mitad del siglo XVII. Contiene un Crucificado de tamaño natural del siglo XVI. El otro retablo, situado al final de la nave, se compone de tres calles, banco y ático, y está decorado con pinturas. En la tabla central figura San Lorenzo y en las laterales San Sebastián, San Pedro, San Pablo y San Fulgencio. En el banco se representa el martirio de San Lorenzo y en el ático la Anunciación y dos tondos en los que se efigia a Santa Bárbara y Santa Catalina. El retablo va fechado por inscripción en 1570, debiéndose sus pinturas a Pedro Villegas Marmolejo. Bajo el retablo se hallan las sepulturas de Dª Teresa López de Córdoba y de su hijo D. Lope Suárez de Figueroa, fechables entre 1390 y 1400, obras de taller toledano relacionadas con el escultor Ferrant González. Al fondo de la nave se halla la capilla Bautismal, separada del templo por reja de forja del XVIII. En el interior se hallan una Inmaculada, una gran pila de jaspe rojo y dos tacas de madera tallada del mismo siglo. Recientemente se ha instalado en ella el grupo procesional de La Entrada en Jerusalén, obra de Luis Álvarez Duarte en 1974.
     Los lienzos que se cuelgan en la nave derecha son en su mayoría del siglo XVIII. Al XVII pertenece una pintura de Judith con la cabeza de Holofernes, copia de Cristóforo Allori. En la sala de tacas de la parroquia se conservan varias pinturas, entre las que destacan cuatro lienzos de la primera mitad del siglo XVIII que representan la Circuncisión, la Huida a Egipto, Cristo entre los doctores y el Tránsito de la Virgen. De la misma época son cuatro tablas referidas al Antiguo Testamento. Las tacas tienen bellas puertas de madera tallada de la primera mitad del siglo XVIII.
     Con esta sala de las tacas y con la nave izquierda se comunica el patio, en cuyas galerías hay una magnífica colección de restos arqueológicos. En las dependencias contiguas hay varios lienzos del siglo XVIII, entre los que destacan el de la Coronación de la Virgen y el de Nuestra Señora de la Merced. En la antesala del archivo parroquial se encuentra una escultura de madera policromada de la Virgen de la Pera, obra pro­bable del siglo XVII. Muy interesantes son las pinturas sobre cobre que representan la Piedad y la Apoteosis de la Virgen, siendo esta última copia de Cornelis Poelemburg. Todas las puertas son de madera tallada, así como un armario, fechado en 1712.
     La sacristía está situada al fondo de la nave izquierda y posee interesantes cuadros y mobiliario. La planta es rectangular y se cubre con bóvedas de arista. Tiene cajonerías de estilo rococó, estando uno de los muebles rematado por un retablito con pintura del Niño Jesús dormido, obra de mediados del XVIII. Por las pare­des se reparten pinturas de interés, entre las que merecen citarse una Asunción de la Virgen pintada sobre cristal y firmada por Fernando Montero que copia un grabado de Rubens y puede fecharse en la primera mitad del XVIII. De la misma época es la Caída de San Pablo, obra probable de Andrés Pérez, y el Sacrificio de Isaac, la Burra de Balaam y el Sueño de Jacob.
     Entre los objetos del mobiliario de la iglesia destaca el atril del coro y dos cajonerías realiza­das por el carpintero ecijano Alonso Tejero en 1706. Del mismo autor son los tres sillones del presbiterio, terminados en 1733. De gran belleza son los cuatro blandones, realizados por Bernardo de los Reyes en 1725.
     Las ropas de culto son también muy ricas y abundantes, pudiendo mencionarse un terno de terciopelo negro bordado en oro, de comienzo del XVII, y una manguilla de terciopelo rojo, bordada en oro por Marcos Maestre y Sebastián Montesinos en 1633. De la segunda mitad del siglo XVIII es un terno de damasco rojo bordado en oro, y de comienzos del XIX son varios ternos de raso y damasco bordados en oro y sedas de colores.
     La orfebrería de esta parroquia es abundantísima y de primera calidad, viéndose aumentada en la actualidad por las piezas de la iglesia de Santa Bárbara, aquí depositadas por el escaso culto que alberga actualmente este templo. Entre las obras más antiguas se encuentran un vaso de óleos de forma poligonal, pie e inscripción en letras góticas y una copa lobulada, ambos de fines del XV. Del siglo XVI hay importantes piezas, entre las que destaca un gran copón-ostensorio de peana lobulada y copa hexagonal, decorado con bellos relieves de temas renacentistas, que se debe al platero Diego de Alfaro, cuyo punzón ostenta, al igual que el de la ciudad de Córdoba y el del contraste Pedro de las Damas. Esta obra puede situarse en la década de los años 60. En 1753 fue enriquecido con pedrería. Su viril es una reproducción hecha por Hijos de Juan Fernández Gómez en 1984 en sustitución del desaparecido cuatro años antes. Muy semejante es otro copón, que fue restaurado y agrandado a comienzos del siglo XIX con gusto neoclásico, que lleva en la parte nueva los punzones de la ciudad de Córdoba y de Aguilar. La parte primitiva es probablemente del mismo Alfaro, aunque el punzón debió de perderse en la reforma. Ambos copones llevan el escudo del arzobispo Valdés, así que pueden fecharse entre 1546 y 1568, años que abarca su arzobispado. De Alfaro es también un cáliz renacentista, que se halla sin alterar. Del mismo siglo XVI son dos bandejas, una de plata que ostenta el emblema de Santa Bárbara y un punzón ilegible y otra de metal blanco decorada con jarras renacentistas, esta última del tipo llamado «dinanderie». Es también de calidad una jarrita bautismal con punzón cordobés. Las obras barrocas son abundantísimas y proceden en su mayor parte de los talleres cordobeses, aunque hay también obras sevillanas y del recién estrenado gremio ecijano. Entre las obras más representativas destacan seis blandones de plata que llevan los punzones de la ciudad de Écija y del platero José Hernández Colmenares, que los realizó entre 1729 y 1740. Decoración carnosa de hojas presentan el acetre y los dos atriles de Santa Bárbara, que corresponden al barroco de fines del siglo XVII. De ese mismo estilo es un relicario en forma de templete rodeado de columnas salomónicas y fechado en 1682. En 1708 realizó el platero sevillano Bernardo Gordillo unas hermosas crismeras, muy decora­das, que llevan la imagen del papa San Gregorio en el centro.
     Muy abundantes son también las piezas de esti­lo rococó correspondientes a la segunda mitad del siglo XVIII. Destacan entre ellas una cruz de altar: otra de tipo relicario, adornada con filigrana, labrada por el platero ecijano Gaitán para Santa Bárbara en 1773 y una cruz parroquial cuya manzana es del siglo XVII. Toda decorada con rocalla y dorada es una cruz procesional que procede de la iglesia de Santa Bárbara, labrada por el platero sevillano Alexandre en 1773. La parroquia cuenta con numerosos cálices y copones de estilo rococó y neoclásico, casi todos con punzones y muchos con fechas de ejecución. De comienzos del siglo XIX son un portaviático en forma de pelícano y un altar portátil, éste con punzón del platero sevillano Quesada.
     Posee también la parroquia una importante colección de libros de coro con magníficas miniaturas, que van desde las lacerías mudéjares hasta las frágiles y movidas rocallas. Cronológicamente se extienden desde mediados del siglo XVI hasta fines del XVIII (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     El  edificio actual se comenzó en 1758 con proyecto del arquitecto Pedro de Silva que realizaron Antonio y Ambrosio de Figueroa, Fernando Rosales y José Álvarez quien terminaría las obras a comienzos del siglo XIX en estilo neoclásico.
     Probablemente el proyecto se deba a Pedro de Silva, sucediéndose en la dirección de las obras Antonio y Ambrosio de Figueroa, José Álvarez y Fernando Rosales. Otros directores de obras fueron los maestros alarifes locales José Páez de Carmona, José Pérez Bueno, Joaquín Herrera y Fernando Martín Bizarro.
     El edificio presenta planta rectangular, de tres naves cubiertas por bóvedas vaídas, capilla mayor profunda con bóveda de cañón y lunetos, y cúpula con tambor sobre pechinas en el crucero.
     La Capilla Sacramental, adosada a la nave del Evangelio, presenta una sola nave dividida en cuatro tramos, cubiertos por bóvedas de aristas simples, separados con arcos fajones y media naranja en el presbiterio. En este último se encuentra ubicado un retablo a modo de templete de mediados del siglo XVIII, que perteneció a la desaparecida iglesia del Colegio de San Fulgencio de la Compañía de Jesús.
     El claustro es contemporáneo a las construcciones realizadas en la segunda mitad del siglo XVIII. De planta cuadrada, se encuentra porticado en sus cuatro frentes con arcos de medio punto sobre columnas toscanas y decoración pictórica de rocallas en el friso.
     La portada principal, situada a los pies de la nave central, se articula en torno a un gran arco de medio punto, que sostiene el hastial de ladrillo y cantería, rematado por una escultura de la Fe. El gran arco da paso a un porche, cerrado por unas rejas, donde se asienta la portada propiamente dicha. Consta de dos cuerpos configurados por mármoles polícromos; el inferior parte de un vano central adintelado flanqueado por pilastras sobre pedestales bulbosos, con rica y minuciosa decoración de rocallas y moldurones mixtilíneos. El segundo cuerpo parte de una cornisa sustentada por pinjantes, en cuyo centro se sitúa una hornacina avenerada que aloja la escultura de mármol de la Asunción, flanqueada por pilastras similares a las del cuerpo inferior y por flameros, coronándose el conjunto por un entablamento curvo que sirve de base a  tres remates bulbosos a modo de flameros.
     La portada lateral se abre en el quinto tramo del muro de la Epístola. Denominada popularmente como Arco de Santa María, debido al gran pasadizo abovedado que atraviesa la calle, conformado por dos grandes arcos de medio punto apoyados sobre ménsulas a modo de pinjantes. La portada gira en torno a un vano adintelado, flanqueado por pilastras sobre pedestales y rematado por frontón triangular y moldurones, en la que se alternan mármoles polícromos.
     La torre, situada desde la fundación a los pies de la nave del Evangelio, fue desmantelada para ser construida de nueva planta en 1717. Las obras serán dirigidas por José Páez de Carmona, Maestro de Obras del Concejo de la Ciudad, con la intervención de Cosme de Mier, Juan de Chabarría y Antonio de Haro, maestros canteros. Tras el terremoto de 1755, se efectuaron una serie de reformas en los cuerpos superiores, dirigidas por Pedro de Silva, Maestro Mayor de Obras del Arzobispado. Parte de una base realizada con sillares de cantería, seguido de una molduración de jaspe negro, sobre la que apoya su elevado fuste realizado en ladrillo y en el que se abren dos balcones en dos de sus frentes, el principal realizado con profusa decoración de cantería y el del lado Este, realizado en ladrillo tallado, alternándose en sus frentes vanos circulares y cuadrados. El primer cuerpo, denominado de campanas, sigue el esquema compositivo de la Giralda de Sevilla, con claros aires serlianos. Un vano de medio punto flanqueado por sendos vanos adintelados sobre los que se sitúa un óculo, utiliza las pilastras como elemento compartimentador de los vanos. El segundo cuerpo se enmarca por una potente balaustrada pétrea con remates a modo de pináculos en sus ángulos, de cuyo centro emerge un cuerpo circular con cuatro vanos de medio punto enmarcados por estípites. El tercer cuerpo, delimitado por una baranda de hierro entre pedestales rematados por pináculos, de cuyo centro emerge otro cuerpo circular con cuatro vanos adintelados. El conjunto se remata por un cupulín que sirve de soporte a una cruz papal de forja con veleta. La decoración del conjunto combina molduras y capiteles de ladrillo tallado, elementos decorativos pétreos y cerámica azul vidriada. 
     Esta última se centra en frisos, pilastras, estípites, cupulín, etc., lo que crea un efecto polícromo que lo diferencia claramente del fuste de ladrillo limpio con su base pétrea.
     La antigua iglesia parroquial de Santa María pertenecía al tipo de iglesia gótico-mudéjar. Parece ser que fue edificada por D. Pedro Fernández Gragera, Caballero al servicio de San Fernando en la Reconquista de Écija. Según las fuentes estaba terminada en 1262.
     Concebida estructuralmente con tres naves y cabecera poligonal, se le añadieron con posterioridad dos naves laterales, por lo que su planta era irregular, contando con torre, patio de naranjos y cementerio. El edificio sufrió importantes reformas a lo largo de los siglos XVI y XVII, siendo la iglesia derribada en 1758 y construida de nueva planta (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
      La primitiva iglesia de Santa María de la Asunción fue construida en 1262 y pertenecía al estilo gótico-mudéjar. A lo largo de los siglos XVI y XVII sufrió importantes reformas, siendo finalmente reconstruida durante el siglo XVIII. Destaca su interesante colección arqueológica, con piezas de diferentes épocas y culturas ubicadas en el claustro. La antigua torre mudéjar fue desmantelada para construirla de nueva planta en 1717. Más tarde, tras los daños del terremoto de Lisboa de 1755, se efectuaron una serie de reformas en el cuerpo superior de la torre (Ayuntamiento de Écija).
     El edificio data del siglo XVIII y fue construido sobre un antiguo templo mudéjar de los siglos XVI y XVII destruido por el terremoto de Lisboa. La ejecución final del proyecto fue, entre otros, de José Álvarez, arquitecto neoclásico a quien se debe su aspecto y estilo actual. 
     La iglesia, de planta de salón, está formada por tres naves cubiertas por bóvedas vaídas, capilla mayor con bóveda de cañón y lunetos y capilla sacramental adosada a la nave del Evangelio. El crucero aparece cubierto por una cúpula sobre pechinas que aporta una gran luminosidad al conjunto. Adosados en lado izquierdo se añaden varias construcciones: la capilla sacramental, un claustro, la sala de tacas, el archivo y la biblioteca parroquial.
     En el interior destaca su profusa labor decorativa, tanto escultórica como pictórica en retablos y muros, destacando el retablo del altar mayor rococó con la interesante pintura en tabla de la Virgen de la Antigua de hacia 1575, atribuida a Villegas Marmolejo, la sillería de coro que debió realizar Juan de Mesa y Andrés Díaz entre 1628 y 1632, y finalmente dos retablos de la nave derecha que albergan a un crucificado de tamaño natural del siglo XVI y a una tabla con San Lorenzo de Villegas y Marmolejo de 1579.  
     Esta iglesia parroquial posee también una importante colección museográfica de arte sacro. Sirva de ejemplo la cajonería rococó de la sacristía, las abundantes y ricas ropas de culto, la importante colección de libros de coro y los numerosos objetos de orfebrería. 
     Junto a la sala de tacas y la nave izquierda se encuentra el patio de la iglesia, en cuyas galerías se muestra un interesante conjunto de restos arqueológicos prehistóricos, romanos y árabes. 
     A un lado de la fachada se erige la torre. De clara inspiración en la Giralda, tiene dos cuerpos cuadrangulares y un remate cilíndrico y sufrió reformas tras perder el cuerpo de campanas en el citado terremoto de 1755. La imagen actual alterna dinteles y medio punto con decoración de azulejos y óvalos.
     Horario
     Invierno:
     Lunes a sábado de 9:30 a 13:30 y de 17:30 a 20:30.
     Domingo de 10:00 a 13:00 y de 18:00 a 21:00.
     Misas:
     Lunes a sábado: 20:00
     Domingo: 12:00 y 21:00 (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María;
La creencia y el dogma

   Hacia finales del siglo XIII desapareció el tema de la Resurrección de la Virgen, que fue reemplazado por la Asunción.
   En el Evangelio no se habla de la Asunción de la Virgen. Se trata de una leyenda tardía, copiada en el siglo VI del Arrebatamiento del profeta Elías y de la Ascensión de Cristo. En el siglo VIII, la Iglesia de Roma todavía consideraba la Asunción cor­poral de la Virgen una opinión piadosa y no un dogma. Los bizantinos se niegan a admitirlo y prefieren  atenerse a la Dormición (Koimesis).
   Fue en ocasión del Año santo de 1950, cuando el papa Pío XII proclamó el dogma de la Asunción.
La evolución del tema
   La expresión Asunción es significativa: se opone a la Ascensión, como lo pasivo a lo activo. Es decir, la Virgen no asciende al cielo por sus propios medios, como Cristo, sino que es elevada al Paraíso sobre las alas de los ángeles.
1. Desde la Asunción del alma a la del cuerpo
   El arte bizantino representa la Asunción del alma de la Virgen, recogida por Cristo en su lecho de muerte; y el arte de Occidente, su Asunción corporal fuera de la tumba donde los apóstoles la habían sepultado.
   Por lo tanto debe distinguirse en iconografía la Asunción del alma de la Virgen en forma de niña y la Asunción de su cuerpo glorioso. Es lo que se denomina Assumptio animae (Seelenaufnahme) y Assumptio corporis (Himmelfahrt des wiederbeseelten Leibes).
   Cristo regresó trayendo su alma que se unió nuevamente con su cuerpo. La Virgen, en actitud de orante, eleva las manos unidas, en una mandorla llevada por ángeles, encima de la tumba abierta alrededor de la cual están reunidos los apóstoles. La tumba está, ya vacía, ya llena, como un macetero fúnebre, de lirios y rosas blancas que, según San Juan Damasceno, exhalaban un delicioso perfume.
   Ciertas fórmulas usuales en el siglo XII son particularmente originales. En una miniatura de un manuscrito de Glasgow, se ve a la Virgen subir al cielo en forma de momia envuelta en fajas, como un vapor blanco asciende por una chimenea cuyas paredes fuesen ángeles.
   Un bajorrelieve de Autun representa a la Virgen agujereando la bóveda del arca fúnebre igual que Cristo atraviesa la puerta del sepulcro sellado sin romper los sellos.
   Para estar protegida de eventuales ataques de demonios durante el trayecto, a veces la Virgen resucitada está escoltada por los arcángeles Miguel y Gabriel, que la protegen contra los poderes del Infierno.
   De manera excepcional, María está sentada en un bajorrelieve esculpido por Donatello para la tumba del cardenal Brancacci, en Nápoles.
   Aunque la Asunción representa la Subida de la Virgen al cielo y la Inmaculada Concepción su Descenso hacia la tierra, era inevitable que se produjese una contaminación entre ambos temas. Por la influencia de las Letanías de Loreto, la Virgen de la Asunción generalmente está representada de pie, sobre un creciente de la luna, con la frente ceñida por doce estrellas, como la mujer del Apocalipsis. De esa manera la Assunta tiende a confundirse con la Immaculata.
   El Speculum Humanae Salvationis explica detalladamente esta representación de la Virgen copiada de la mujer del Apocalipsis, con los pies sobre un creciente de la luna y la cabeza coronada de estrellas.
   La Mujer apocalíptica que escapa al dragón es la imagen de la Virgen elevada al cielo. La luna que ella pisa es el símbolo de las cosas cambiantes del bajo mundo terrenal. Las doce estrellas que iluminan su cabeza recuerdan a los doce apóstoles reunidos en torno a su lecho, en el momento de su muerte.
2. Transformación de la Asunción en Ascensión
   A causa de otra confusión iconográfica, la Asunción pierde su carácter original para convertirse en Ascensión. En vez de ser elevada al cielo por ángeles, la Virgen vuela sola, con los brazos extendidos, ante el asombro de los apóstoles; los ángeles que la rodean se limitan a formarle cortejo.
   A veces hasta aparece provista de grandes alas de águila, como las que el Apocalipsis atribuye a la mujer perseguida por el dragón. 
   Esta transformación se consumó en el arte italiano del siglo XVI. El ejemplo más célebre de esta Ascensión de la Virgen, que ya no justifica el nombre de Asunción, es el gran cuadro de altar pintado por Tiziano en 1518 para la iglesia de los Frari de Venecia.
   Sin embargo, esta nueva fórmula no eliminó completamente a la antigua. En el siglo XVII, Guido Reni y Poussin hacen elevar a la Virgen mediante grandes ángeles.
Temas anexos
El milagro de las flores en la tumba vacía

   Los apóstoles comprueban que el sarcófago que usaron para sepultar a la Virgen está vacío y lleno de flores. 
 Este episodio se inventó para formar pareja con la visita de las Santas Mujeres al Sepulcro, que encuentran vacía la tumba de Cristo, y sobre la tapa volcada del sarcófago, un ángel que les anuncia que Cristo ha resucitado.
El sacro cinturón

   Otra innovación del arte italiano es la añadidura al tema de la Asunción de la leyenda que cuenta que Tomás, el apóstol incrédulo, habría recibido el cinturón de la Virgen, que ésta dejó caer para convencerle de la realización del milagro. Pero al tiempo que la transformación de la Asunción en Ascensión se difundió en todo el arte cristiano, la iconografía de El Sacro Cinturón de la Virgen se mantuvo casi exclusivamente toscana.
   Esta devoción estaba localizada en Prato, cerca de Florencia, donde se venera­ba la Sacra Cintola desde el siglo XII. Eso explica que se trate de un motivo tan frecuente en la escuela florentina: es por ese signo que se reconocen las Asunciones toscanas.
   La fuente de esta leyenda, inventada para formar pareja con la Aparición de Cristo resucitado al apóstol Tomás, es el Arrebatamiento del profeta Elías, quien, desde lo alto de su carro de fuego, lanza su manto mágico a su discípulo Eliseo. Se ha supuesto, ingeniosamente, que el estrecho cinturón con forma de cordón cogido por Tomás, materializado por la imaginación popular, era el vínculo místico que unía a la Virgen con los apóstoles; pero el origen bíblico es más verosímil que un despropósito iconográfico.
   Según la versión más difundida, el apóstol Tomás, que se encontraba solo en el monte de los Olivos, vio ángeles que elevaban al cielo el cuerpo de la Virgen. Suplicó a ésta que le dejase una señal, y la Virgen dejó caer su cinturón. Después, se reunió con los apóstoles y les aseguró que el cadáver de la Virgen ya no estaba en su tumba. La abrieron, y así era: estaba vacía. Tomás contó entonces que vio a la Virgen elevarse al cielo, y mostró como prueba el cinturón que tenía en las manos.
   De acuerdo con otra tradición, Santo Tomás llegó retrasado una vez más, aunque regresaba de La India, lo cual constituye una circunstancia atenuante. Para contemplar de nuevo el rostro de la Madre del Redentor, hizo abrir la tumba. El cuerpo había desaparecido, y en el sarcófago sólo quedaba la mortaja que exhalaba un perfume celestial. Los apóstoles concluyeron que la Virgen había resucitado; pero Tomás permanecía escéptico. Fue entonces cuando la Virgen, para convencerlo, dejó caer su cinturón desde lo alto del cielo.
   De manera que en el primer caso, Tomás recibe el cinturón sin testigos, y en el segundo, en presencia de los apóstoles.
   La Madonna della Cintola se diferencia de la Assunta porque la primera mira hacia abajo donde se encuentra Santo Tomás, en vez de dirigir la mirada al cielo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Nuestro Dios y Señor Jesucristo;
   En Oriente, donde surge, se la denomina Dormición o Tránsito de María. Se la cree fiesta de origen jerosolimitano, surgida como memoria de la dedicación de la iglesia que hizo construir la Emperatriz Eudoxia (+404) en el lugar de la Tumba de la Virgen en Getsemaní3, que se debió extender progresivamente, dedicada, con el apoyo de los apócrifos asuncionistas, a la glorificación de María.  No olvidemos que esta fiesta corresponde al dies natalis de otro santo pero con una completa glorificación por la radicalidad de su redención, pues es inmaculada, y su íntima unión a su Hijo en la Obra de la Redención, por su maternidad divina y su corredención. Se celebraba ya en el siglo V en Palestina, en Siria y en sus áreas de influencia. Hacia la mitad del siglo VI estaba difundida con la dedicación a este misterio de la Asunción por todo Oriente, al asumir tal carácter la fiesta mariana del siglo IV, hasta convertirse en una fiesta muy popular y de precepto.  El Emperador Mauricio (+602) la extendió a todo el Imperio Bizantino en la fecha del quince de agosto. Juan de Tesalónica, a principios del siglo VII, en su sermón sobre la dormición de la Virgen, afirma que se celebraba en casi todas las Iglesias orientales.  Fue introducida en Occidente en el siglo VII, seguramente por la influencia de los monjes orientales, pero en enero. El día uno en Roma y el dieciocho en otras partes, como consta en el Martirologio Jeronimiano, en el Calendario de Luca, en el de Corbia y en otros. De la Galia conservamos la más antigua mención a esta fecha, quizá importada de Antioquía, donde se celebraba la Memoria de la Santa Madre de Dios, por obra de Casiano y los monjes lirinenses, como lo atestigua ya San Gregorio de Tours (+594). Fue ratificada por el Papa Sergio I (687-701), de origen sirio, que, como ya hemos comentado, prescribió en esta fiesta una procesión como en las de la Anunciación, la Purificación y la Natividad de la Virgen, que se estuvo celebrando hasta 1566, y fue quien la dotó seguro de solemne vigilia con ayuno.  Inglaterra la adoptó de manera oficial en el Concilio de Cloverhoe del 747, presidido por Cutberto, Arzobispo de Canterbury, y en Francia, en el Concilio de Maguncia del 813, en su canon 36, la declara de precepto. Hacia fines del siglo VIII se cambió en Occidente el título de Dormición por el de Asunción, como consta en el sacramentario que el Papa Adriano I (+795) envió a Carlomagno. León IV en el 847 revigorizó su solemne vigilia y le añadió octava. En Francia, aunque se adoptó la fiesta, hubo cierta oposición a la entonces creencia de la asunción corporal de María, que no fue suficientemente fuerte para rechazar el término Asunción.  De su introducción en la Península Ibérica no hay nada seguro antes del siglo VII, en que dan testimonio de ella San Isidoro de Sevilla y, más claramente, San Ildefonso de Toledo. Durante el periodo carolingio la fiesta sufre un cierto eclipse en Occidente por la difusión de un tratado en contra de la creencia asuncionista escrito por Pascasio Radberto bajo el pseudónimo de San Jerónimo. Un segundo tratado anónimo de finales del siglo IX, atribuido a San Agustín, que aceptaba las críticas de los apócrifos y se basaba en bases teológicas sólidas, relanza de nuevo el tema. Consumada la separación de las Iglesias orientales, la fiesta siguió tomando auge en ellas. El Emperador Manuel Commeno prescribió para ella el descanso festivo en 1166. Más tarde, en el siglo XIV, el Emperador Andrónico II emitió un decreto por el que consagraba a la Asunción el mes de agosto. En la Baja Edad Media se fue perfilando con precisión el contenido de fe de la fiesta y se fue popularizando. En el Breviario de San Pío V Ghislieri se suprimieron las dudas o imprecisiones de los textos de la fiesta.  
   Finalmente, en 1950, con motivo de la proclamación dogmática de este misterio, se redactaron unos nuevos formularios en que se exponía más claramente la verdad dogmática, recogidos en la Misa Signum magnum publicada al año siguiente. En el Misal actual del uso ordinario se han enriquecido de nuevo los textos y se le añadido una misa de vigilia. En el área alemana se practica en esta fiesta la bendición de hierbas, que no está originariamente vinculada a ella. Se remonta a orígenes paganos, y se ubica en esta fecha por ser verano avanzado, en que aquéllas esparcen su más fuerte aroma. Las hierbas que se bendicen varían según las comarcas, para la que encontramos un Ordo en el siglo X. Se guardan estas plantas como protección contra el fuego y contra el rayo. Posteriormente estas plantas se vinculan simbólicamente a María, flor de las flores. 
   En la Iglesia Bizantina es la fiesta mariana por excelencia y se prolonga por todo el mes de agosto, que es en Oriente, por eso, el mes de María: catorce días de preparación (cuaresma de la Virgen) y octava. Así el año litúrgico oriental adquiere un marcado carácter mariano, pues desarrollándose entre el uno de septiembre y el treinta y uno de agosto, comienza con la fiesta de la Natividad de María y termina con la de su Asunción (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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