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domingo, 1 de noviembre de 2026

Un paseo por el callejón de la Inquisición

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el callejón de la Inquisición, de Sevilla dando un paseo por él.   
     Hoy, 1 de noviembre, es el aniversario de la creación (1 de noviembre de 1478) mediante la bula Exigit sinceras devotionis affectus, cuando se estableció la Inquisición en la corona de Castilla, por parte de Sixto IV, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el callejón de la Inquisición, de Sevilla, dando un paseo por él. 
     El callejón de la Inquisición es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito de Triana, y va de la calle Castilla, al paseo de Nuestra Señora de la O. 
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. Cuando se encuentra cerra­da por construcciones en uno de sus extremos se le llama barreduela o adarve, y en el uso popular callejón, y a veces callejuela. Son muchas las barreduelas que se conservan en el casco histórico como herencia de la ciudad medieval, pero tampoco son infrecuentes en la periferia. Una característica peculiar de las barreduelas es que sus edificios poseen numeración correlativa, mientras que en las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Hasta finales del pasado siglo o comienzos del actual careció de denominación. Se le dio este topónimo por abrirse junto al desaparecido castillo de Triana, donde estuvo el Tribunal de la Inquisición (v. Altozano). Hasta el siglo XIX debió ocupar un espacio sin definir entre el mencionado castillo y las primeras casas de la acera derecha de Castilla; de 1815 se conserva la petición de un particular para ocupar un solar en el lado opuesto de aquél, y en 1914 hay un intento de privatización que fracasa. Por estas fechas se le dota de un pavimento escalonado hacia el paseo Noticias del siglo VIII aluden a la proliferación de escombros y basuras. Quizás para impedir que se arrojasen se instalaría a mediados del XIX una cancela. Hasta fechas recientes estaba definido por dos muros ciegos, uno de los cuales correspondía al mercado. Se acaba de levantar un edificio de viviendas esquina al paseo. En las últimas décadas se había caracterizado por su estado de abandono, utilizándose casi exclusivamente como basurero del mencionado mercado [Mª Carmen Medina, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Inquisición, que da nombre a la vía reseñada;
     La Inquisición española fue una institución fundada en el año 1478 por los Reyes Católicos en España. El conocimiento de esta institución es fundamental para conocer la problemática de los judíos y de los conversos que existía en los reinos peninsulares en la Baja Edad Media y para conocer como se desarrolló la sociedad española durante la Edad Moderna. La Inquisición española investigó a conversos, moriscos, protestantes, etc. y todas aquellas prácticas que iban en contra de la ortodoxia de la Iglesia católica. Esta institución funcionó durante varios siglos, aunque será entre finales del siglo XV y el siglo XVII cuando tendrá una mayor actividad. En esta entrada explicaré sus orígenes, su devenir a lo largo del tiempo y su organización. De esta forma se podrá conocer a esta famosa institución española y comprenderás mejor la vida de las minorías étnico-religiosas en España durante la Edad Moderna.
     La Inquisición pontificia fue creada en el año 1233 por el papa Gregorio IX mediante la bula papal Excommunicamus. En su origen era una institución eclesiástica especial dedicada a la persecución, detención, juicio y castigo de la herejía. Estaba bajo la autoridad directa del papa y se creó con el objetivo de combatir la herejía albigense del sur de Francia. Esta Inquisición pontificia sustituía a la primera inquisición, la inquisición episcopal, que había sido creada por el papa Lucio III a finales del siglo XII mediante la bula Ab abolendam.
     La inquisición pontificia se fue extendiendo a diversos reinos de la monarquía europea, aunque fue encontrando resistencia de algunas monarquías, que no veían con buenos ojos la intervención del papado dentro de sus fronteras. En la península Ibérica, la Inquisición se implantó en el año 1249 en el reino de Aragón, aunque nunca llegó a tener gran influencia. Con el paso del tiempo la institución fue decayendo, aunque seguía estando vigente. En Castilla no llegó a florecer esta Inquisición medieval.
     La razón principal de la creación de la Inquisición española fue para combatir la herejía de los judaizantes, es decir, para ocuparse de los judíos conversos. Ya se ha comentado en otra entrada de este número de la revista digital de La Crisis de la Historia de los problemas que hubo en la sociedad con los judíos durante la Edad Media, que llevó a actos de violencia, como las masacres de 1391. Como consecuencia de esta situación de intolerancia y persecución hacia los judíos, muchos de estos se convirtieron al cristianismos, pasando a ser cristianos nuevos.
     Pero muchas conversiones no habían sido sinceras, sino que fueron consecuencia del miedo que tenían a ser atacados. Por esta razón, en apariencia se convirtieron en cristianos, pero interiormente seguían practicando el judaísmo, manteniendo sus antiguas tradiciones. Esto empezó a despertar el recelo del resto de la sociedad y de la Iglesia española.
     Continuaron habiendo enfrentamientos entre los cristianos viejos y los conversos. Los cristianos viejos denunciaban con frecuencia a los cristianos nuevos y los acusaban de judaizar, a veces con razón y otras veces solamente por odio y temor. El odio hacia el judío era un sentimiento arraigado dentro de la sociedad medieval. Hubo enfrentamientos que acabaron en sangre, como los de Toledo en 1467 y Córdoba en 1473.
     John Lynch señala que muchos enfrentamientos se produjeron entre cristianos nuevos y judíos. La razón era que los nuevos cristianos estaban obsesionados con demostrar su nueva fe y así eliminar sospechas de judaizar, por lo que en ocasiones llegaban a ser los más radicales contra los judíos.
     En este contexto surgieron las razones de la creación de la Inquisición española. Existía un miedo de que se judaizaba por parte de los nuevos conversos, temiendo que extendieran su fe judía a otros cristianos. En un contexto de homogeneización estatal, que iba encaminado hacia una unidad religiosa, se temía que la Iglesia y el Estado se socavaran desde dentro por esta razón.
     Además de una razón religiosa, también habían otras razones de índole económico y social. Por un lado, los judíos, que vivían en las ciudades, eran poseedores de numerosos bienes. Muchos de ellos habían conseguido notables fortunas frutos de sus negocios, por lo que la confiscación de sus bienes era un fruto preciado para la Corona y para la Iglesia, en un contexto de crisis de las finanzas tras su llegada al poder.
     Por otro lado, muchos cristianos viejos de las ciudades, tenían envidia de la posición social de los judíos. Hay que recordar que algunos judíos incluso estaban bien relacionados con la corona debido a sus profesiones como médicos o financieros. La presión social de estas masas también ejerció una influencia dentro de la mentalidad de los dirigentes para crear una institución que vigilara la actividad de los conversos.
     Los Reyes Católicos estaban dispuestos a llegar a la unidad religiosa por lo que estaban dispuestos a emplear cualquier método para conseguirla. Por otro lado, el prior de los dominicos de Sevilla Alonso de Hojeda presionaba a los reyes denunciando la existencia de numerosos conversos que seguían practicando el cristianismo. Pero los Reyes Católicos no actuaban ya que primero debían consolidar su poder dentro de sus reinos.
     Mientras los Reyes asentaban su poder, el papa Sixto IV intentó introducir la Inquisición pontifica en Castilla, aunque no tuvo éxito. Por un lado, querían evitar un aumento de la intervención papal dentro de su reino. Por otro lado, existían numerosos conversos dentro de la administración estatal que, según John Lynch, intentaron impedir la introducción de este tribunal.
     Pero una vez asentada su autoridad en el Estado, los Reyes Católicos pidieron permiso al papa para establecer una Inquisición que estuviera bajo el control de ellos mismos, ajeno a la intervención del papa. El papa Sixto IV, tras algunas vacilaciones, aceptó la petición y mediante la bula Exigit sinceras devotionis affectus, el 1 de noviembre de 1478 se estableció la Inquisición en la corona de Castilla. La bula también establecía que los Reyes Católicos serían los encargados de nombrar a los inquisidores. De esta forma, la Corona accedía a un poder con gran influencia en los siguientes siglos.
     Una vez creada, la Inquisición no lucharía solamente contra los judaizantes. También persiguió a los judíos no conversos y a los moriscos, para después combatir a la herejía protestante, a las sectas, a la brujería y a todos aquellos que no siguieron la ortodoxia de la Iglesia católica apostólica romana. Es decir, persiguieron actos que consideraban que se apartaban de las normas de la Iglesia como la sodomía, la bigamia o la pederastia, por ejemplo. El objetivo final era mantener la pureza de la fe católica.
     La Inquisición tardó 2 años en empezar tras su creación en 1478. En septiembre de 1480 los Reyes Católicos nombraron los primeros inquisidores: fray Miguel de Morillo y fray Juan de San Martín. Estos inquisidores fueron nombrados en Sevilla, de la que se consideraba que era una zona con numerosos judaizantes.
     En Sevilla fue donde se celebró el primer auto de fe. Fue el 6 de febrero de 1481. En este primer auto de fe fueron quemadas vivas 6 víctimas acusadas de judaizar. Era un inicio violento, sin compasiones, reflejo de lo que pasaría en los primeros años de la implantación de la Inquisición española.
     Estos primeros años del tribunal inquisitorial fueron despiadados. Tras el primer auto de fe de Sevilla surgieron tribunales en otros puntos de Castilla. Estos primeros años, hasta el siglo XVI, fueron muy duros y violentos. La Inquisición actuaba severamente. Hubo centenares de víctimas mortales y millares penas de prisión. Era una muestra de la situación opresiva que existía durante los últimos siglos con respecto a los judíos y a los conversos.
     Los conversos apelaron a Roma, a las instituciones locales y a la Corona. Pero no obtuvieron resultado alguno. Pero después, el papa Sixto IV, impresionado por el cariz violento que había tomado la Inquisición en sus inicios, lamentó la concesión del poder inquisitorial a la Corona española e intentó limitar sus poderes y su independencia, lo cual no consiguió. Los Reyes Católicos tenían gran determinación  y mediante las negociaciones del representante español el cardenal Rodrigo Borgia, el papa Sixto IV cedió. No puso impedimento a que Isabel y Fernando tuvieran el control de la Inquisición española y autorizó la creación del Consejo de la Inquisición y el nombramiento de un inquisidor general.
     Así fueron los primeros años de la Inquisición e Castilla. La dureza y la violencia con la que actuó la Inquisición durante estos años le dio fama de dura y violenta, quizás no sin razón. Era un periodo de implantación, donde querían mostrar todo su poder y dar ejemplo a los que seguían judaizando. A partir de 1495 la represión y violencia disminuyó, aunque no desapareció, existiendo a partir de entonces distintos periodos de mayor o menor represión, de la que se hablará posteriormente.
     Tras la creación en Castilla de la Inquisición faltaba ponerla en práctica en la corona de Aragón. Aunque la Inquisición pontificia de origen medieval continuaba en la teoría existiendo, no ejercía ninguna actividad. Los Reyes Católicos, una vez creada en Castilla, tuvieron la intención de implantarla en Aragón con el objeto de tener un mayor poder en estos territorios.
     Pero la implantación de la Inquisición encontró resistencia en los reinos de la Corona de Aragón debido al temor de las noticias de los juicios que venían de Castilla y a que se veía como un agente externo de intervención que podía amenazar los intereses económicos de ciertos grupos. Sixto IV también había prohibido el establecimiento de esta nueva Inquisición en la corona de Aragón en 1482, producto de ese lamento que tuvo el papa al ver las primeras acciones inquisitoriales en Castilla.
     Pero nada podía parar la determinación de los Reyes Católicos. Fernando consigue establecer en 1484 el Tribunal de la Inquisición en Aragón. Al principio no contó con mucho favor, pero a partir del asesinato del inquisidor don Pedro de Arbués en Zaragoza en 1485 a manos de conversos la opinión pública cambió de opinión, provocando la consolidación de la Inquisición en Aragón y un recrudecimiento de la persecución a los conversos de los reinos de la Corona de Aragón.
     Tomás de Torquemada fue el primer inquisidor general de la Inquisición española. Este primer inquisidor general forma parte de la leyenda negra de España, ya que se le acusó de fanático religioso y de ser gran severo con los herejes y los conversos. Su periodo como inquisidor general también fue el periodo con mayor violencia del tribuna inquisitorial, aumentando así la leyenda negra de este primer inquisidor.
     Sin embargo, no se conoce mucho en relación a su biografía. Solamente se destaca que tuvo antepasados conversos, que era piadoso, sombrío, austero, difícil de corromper y de gran integridad.
     A pesar de lo que se piensa generalmente, Torquemada no fue uno de los artífices de la creación de la Inquisición española. Pero sí es verdad que a partir de su nombramiento como primer inquisidor general a partir de 1483 empezó a dar forma a la organización definitiva de la Inquisición española.  Torquemada elaboraría hasta el año de su muerte, 1498, unas instrucciones que definieron la constitución del tribunal y sus procedimientos.
     Torquemada ayudo a  convertir a la Inquisición española en una institución eficaz, autónoma e independiente de Roma. Como inquisidor general había recibido el poder de poder modificar las normas de la Inquisición pontifica para adaptarla a la Inquisición española que el papa había aprobado. En definitiva, institucionalmente la Inquisición se convertía en un instrumento del estado independiente del poder de Roma.
     Los inicios de la Inquisición fueron muy severos. En estos primeros años tras su implantación hubo muchos juicios y condenas a muertes. Tras este duro periodo, el número de condenados a muertes disminuyó, aunque hubo épocas con distinta actividad. Es por ello que diversos hispanistas, como Joseph Pérez o Henry Kamen, han dividido la actividad de la Inquisición española en diversos periodos.
     Un primer periodo sería esa fase de inicio dura, con numerosas ejecuciones que acaeció desde su implantación hasta el final del siglo XV. En esta fase la represión fue dura por su proximidad con el conflicto social existente con los judíos y con los conversos y que acabaría con el exilio o la conversión forzosa de los judíos.
     Un segundo periodo ocurriría en la primera mitad del siglo XVI, con un menor número de ejecuciones. Con la llegada de Carlos I, que en los inicios de su reinado tenía su ideal erasmista, muchos conversos confiaron con esperanza que el nuevo monarca aboliera esta institución. Pero el devenir de los acontecimientos en el interior de España y en Europa no ayudaron a que se eliminara esta institución ya que aparecía un nuevo problema para la religión católica: el luteranismo. Durante este segundo periodo la Inquisición, además de ocuparse de los conversos y de los moriscos, vigilaron los brotes protestantes que iban apareciendo, aunque escasos, en los reinos peninsulares.
     Un tercer periodo llegaría en la segunda mitad del siglo XVI. La Inquisición española se ocuparía principalmente del problema morisco y de los focos protestantes que iban surgiendo.  Los principales procesos contra los protestantes se realizarían a inicios del reinado de Felipe II, siendo los más importantes los que sucedieron en Valladolid y Sevilla. Estos procesos acabarían prácticamente con los intentos de implantar un protestantismo en España.
     Por otro lado, la Inquisición luchaba contra los moriscos, cuyas tensiones aumentaban, acabando con la insurrección de las Alpujarras a finales de los años 60 del siglo XVI y con la expulsión de los moriscos en 1609, durante el reinado de Felipe III.
     También empleó Felipe II a la Santa Inquisición para hacer frente al problema en el marco de los sucesos llamados las Alteraciones de Aragón, demostrando que la Inquisición, además de salvaguardar la fe católica, era un instrumento de la monarquía, ya que tenía la ventaja que dependía directamente de la Corona y la institución tenía competencia en todos los territorios peninsulares.
     Posteriormente llegó un periodo más tranquilo. Con la llegada de Felipe IV y su valido el conde-duque de Olivares, las ejecuciones menguaron, sobre todo debido a que Olivares era poco favorable a la Inquisición. Sin embargo, tras la caída del conde-duque en 1643, el tribunal se vio más libre para realizar sus actividades con más dureza, aumentando el número de condenas y ejecutados.
     En el siglo XVIII la Inquisición española dejó de tener el peso que había tenido en siglos anteriores. Aunque esta institución no se eliminó con la llegada de los borbones a la corona española, la actividad de la Inquisición disminuyó a lo largo del siglo XVIII. Habían varios motivos para ello, como por ejemplo la llegada de las ideas ilustradas, el menor apoyo social o la lejanía con el tiempo de los recién conversos.
    Los ilustrados españoles propondrían en la segunda mitad del siglo XVIII una reforma de esta institución española. Las ideas ilustradas no veían con buenos ojos los métodos inquisitoriales y lo que esta institución representaba. Por este motivo, el santo oficio, ante la llegada de estas nuevas ideas, se dedicaría a combatir a los ilustrados.
     Pero con la llegada de las tropas napoleónicas a España llegaba una nueva edad. En 1808 Napoleón anuló el tribunal de la Inquisición en España. Las Cortes de Cádiz de 1812 también abolieron esta institución. Ninguna de las 2 Españas que estaban luchando en la Guerra de la Independencia querían a esta vieja institución.
      Pero con el fin de la guerra, la vuelta del rey Fernando VII y la vuelta de las ideas absolutistas de este rey Borbón, la Inquisición fue restaurada. Durante el Trienio liberal (1820 – 1823) fue otra vez abolida, ya que los liberales eran contrarios a esta vieja institución que era símbolo de la España absoluta. Finalmente, la Inquisición fue abolida el 15 de julio de 1834 mediante Real Decreto durante la regencia de María Cristina, madre de la reina Isabel II, que por entonces era menor de edad. Era el fin definitivo de la Inquisición española, que había existido en España durante 356 años.
     La Inquisición española fue una institución fundada en el año 1478. Aunque ya existía una inquisición pontifica en Europa, la Inquisición española gozaba de características particulares que la hicieron tan importante. La característica más importante es que dependía directamente de la Corona española, dando mucho poder a los reyes, los cuales emplearon en diversas ocasiones al Santo Oficio como instrumento político.
     Las cifras de ejecutados por la Inquisición española son controvertidas, influyendo mucho la leyenda negra asociada a esta institución. Joseph Pérez estima que en toda la historia de la Inquisición se produjeron unas 125.000 causas. Esto es una tercera parte de las dadas por el clérigo Llorente a inicios del siglo XVIII. No obstante, sobre las cifras de condenados sigue existiendo un debate.
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

El callejón de la Inquisición, al detalle:
Azulejo conmemorativo de la riada del 10 de marzo de 1892

sábado, 31 de octubre de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, Vidrios de Castril, y Castillo) de la localidad de Castril, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, Vidrios de Castril, y Castillo) de la localidad de Castril, en la provincia de Granada.
     Castril de la Peña está ubicado en la falda de un rocoso peñón, al norte de la provincia de Granada, lindando con la provincia de Jaén y con el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas. La Sierra de Castril, declarada parque natural, se caracteriza por su espectacular relieve y la abundancia de corrientes de agua, grutas y galerías. En la Sierra Seca se encuentra la Cueva del Muerto, en la que se pueden apreciar numerosas estalactitas y estalagmitas, y la Cueva de don Fernando, la más profunda de la provincia. El río Castril recorre de norte a sur estas sierras, entre cañones, cascadas y simas.
     El núcleo urbano de este municipio está caracterizado por sus pronunciadas calles y por la uniformidad de sus viviendas de baja altura, de fachadas cerradas y blancas, adaptadas al terreno. Entre sus lugares de interés destacan los restos de murallas y torres árabes, la Peña del Sagrado Corazón y el mirador de El Cantón, desde el que se contemplan extraordinarias vistas.
     En el año 1982, Castril, gracias a la conservación de su entramado urbano, fue declarado Conjunto de Interés Histórico Artístico debido a sus valores históricos, artísticos y paisajísticos.
     Castril destacó durante muchos años por su artesanía del vidrio, que aún conserva. El municipio tiene una fiesta para cada estación del año, aunque la feria grande en honor a la Virgen de los Dolores, declarada de Interés Turístico Nacional, comienza el primer fin de semana de octubre, destacando los encierros taurinos al más puro estilo de los Sanfermines. Castril cuenta con los siguientes anejos: Fátima, Fuentes de Tubos, Almontaras, Fuentevera y Campo de Cebas.
     Desde 1997 existe en Castril un vínculo de amistad y colaboración con el Nobel de Literatura José Saramago, debido a que está unido sentimentalmente con la castrileña Pilar del Río. El municipio le ha dedicado su biblioteca pública a este escritor portugués y le ha nombrado Hijo Adoptivo.
     Región: Geoparque de Granada
     Código Postal: 18816
     Distancia desde Granada: 157 Km
     Gentilicio: Castrileños
     Acceder a su website: www.castrilturismo.es (Diputación Provincial de Granada).
   Las particulares condiciones orográficas de esta localidad hacen que el popular entramado urbano se adapte y se agolpe a través de la ladera de la montaña, coronándose ésta por la espectacular peña que da nombre a la población. De su pasado romano permanecen restos de un puente, pero será en época musulmana cuando se convertirá en ciudad fortificada, llegando Castril a ser uno más de los castillos medievales que surcaban esta fronteriza comarca. En 1490 los Reyes Católicos lo otorgan en señorío a don Hernando de Zafra por los numerosos servicios prestados a estos monarcas, quedando como auténticos dueños de la localidad y sus tierras. Inmediatamente emprende este personaje la repoblación de su señorío y establece en él la importante industria vítrea que lleva su nombre: los vidrios de Castril (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El municipio de Castril se encuentra situado en el sector noroccidental de la provincia de Granada, en el límite con la de Jaen. La mayor parte de su término municipal está ocupada por la sierra del mismo nombre, perteneciente al Subbético y declarada Parque Natural gracias a su espectacular relieve, fruto de la acción de las aguas corrientes sobre la roca caliza. El Parque Natural es atravesado, de norte a sur, por el río Castril y presenta una variada vegetación arbórea que va desde los bosques de pino salgareño en las cumbres más altas hasta las choperas que orlan las riberas de los ríos. El núcleo urbano principal se ubica en la falda suroriental de la citada sierra cerca del contacto entre el Subbético y el Surco Intrabético (Hoya de Baza).
     El municipio de Castril pertenece a la Demarcación Paisajística de Hoyas de Guadix, Baza y Los Vélez.
     La sierra de Baza separa las Altiplanicies de Huéscar y de Baza. Por los otros extremos la Altiplanicie de Huésca, donde se encuentra el conjunto, se ve bordeada por la orla caliza del Subbético: Cazorla, Segura, Sagra, María. Todas estas unidades orográficas individualizan este territorio del resto de la Andalucía Oriental. El río Castril bordea a la población por su lado Occidental discurriendo a una altitud media de 830 metros. Al constituirse la actual red hidrográfica, Guadiana Menor y sus afluentes se cortaron los depósitos detríticos en unos 300 metros de profundidad, cincelando un prodigioso paisaje.
     En un promontorio elevado en la margen izquierda del Río Castril, al pie de una Peña de laderas casi verticales (donde estaba el primitivo asentamiento), en las estribaciones de la Sierra Seca. Sus altitudes más significativas son: La Peña, 956,1 m.; Ctra. acceso, 931,0 m.; Iglesia, 910,4 m.; Pza. Ayuntamiento, 902,7 m.; Puente sobre el Río, 841,0 m.
     El Núcleo, con forma de semicírculo, ocupa una ladera orientada al oeste, rodeada de zonas de cultivo y arbolado en terrazas.
     El viario urbano responde a  un esquema de construcción de calles tortuosas siguiendo la pendiente del terreno. 
     Morfológicamente su estructura urbana consiste en un conjunto de callejuelas árabes que se adaptan a la fuerte topografía del terreno, destacando la calle del Carmen como vía principal de unión entre la carretera comarcal y la Iglesia Parroquial.
     La trama es irregular de calles estrechas y tortuosas, con fuertes pendientes en algunas transversales.
     Parcelación en manzanas pequeñas, cerradas  y con poco fondo, generalmente de forma largada y con importantes desniveles entre fachadas opuestas. Tipología tradicional con parcelas alargadas y viviendas de una sola planta.
     Casi la totalidad del caserío son viviendas populares. Suelen tener dos plantas, con cubierta de tejas árabes, a una o dos aguas y el caballete paralelo a la fachada. Las casas de más categoría tienen generalmente un patio interior y se muestran a fachada generalmente con balcones, mientras que las viviendas de menor rango el patio se transforma en corral trasero, respondiendo claramente a la menor dimensión de las parcelas.
     Existe también un grupo de viviendas tradicionales burguesas, en su mayoría de finales del XIX- comienzos del XX, caracterizadas por tener un patio interior y fachada encalada con sus elementos arquitectónicos resaltados en colores cálidos, carpintería y balcones de forja, destacando los ejemplos que encontramos en la calles Carmen, Baza y Hernando de Zafra.
     De su pasado romano quedan restos de un puente pero será en época musulmana cuando adquiera importancia y se convierta en recinto fortificado, siendo su  entramado viario laberíntico y tortuoso producto de este pasado musulmán así como de su peculiar orografía.
     Existen desarrollos recientes ocupando la ladera, hacia el noroeste, con actuaciones aisladas, sin una estructura clara y con claras discontinuidades con la trama histórica (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
Historia.-
     Castril se remonta a la época de dominación púnica en la comarca. El historiador Tito Livio escribió que aquí fue derrotado y murió el general cartaginés Amílcar Barca. Los romanos fueron los primeros en utilizar la Peña como protección para un campamento militar que más tarde sería villa.
     Durante la época árabe se convirtió en ciudad fortificada bajo la denominación de Qastalla. Desde 1319 fue asediada por los cristianos, y fue cambiando de manos en varias ocasiones hasta la conquista definitiva en 1489 por parte de los Reyes Católicos. En 1490 la casa de Zafra, regentada por don Hernando de Zafra, obtuvo el señorío de Castril y una Carta Puebla que le permitía repoblar el lugar tras la expulsión de los moriscos. En este momento, se levantaron las casas, la iglesia y los edificios que dieron forman al actual municipio.
     En el siglo XIX el pueblo fue incendiado por las tropas napoleónicas y sirvió de escenario para la batalla del Llano de los Tubos durante las guerras Carlistas (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles.-
     Es un edificio de mediados del siglo XVI como certifica el escudo del cardenal toledano Tavera, testimonio asimismo de la confusión castellano­ accitana por el gobierno espiritual de la zona, quedando Castril adscrito a la diócesis de Guadix. El templo fue muy dañado en la Guerra de la Independencia, en la que ardió su armadura mudéjar.
     De lo que hoy observamos, destaca de una ma­nera especial la obra de su renacentista portada Sur, para la que entregaría trazas Alonso de Covarrubias, maestro mayor de la archidiócesis toledana, erigiéndose en una espléndida muestra de puerta toledana en unos parajes meridionales, obra emparentada muy directamente con otras intervenciones de Covarrubias en Toledo o, incluso, Salamanca y Santiago. Daría las trazas probablemente en el viaje que realiza a Baza en 1533, realizándose a partir de este año. La portada Norte, de principios del seiscientos, tiene menos importancia y repite modelos clasicistas más toscamente realizados.
     En cuanto al interior del templo, apreciamos tres naves, hoy en día abovedadas, pero que en su momento estaba coronado en su sección central por una armadura mudéjar destruida en el período napoleónico. La disposición de pilares cruciformes, desde los que salen los arcos de medio punto que dividen el espacio longitudi­nal con capiteles de adscripción dórica sin entablamento y sin buscar la proporción clásica, emparentan claramente el diseño con la per­petuación de las formas de raigambre gótica o, máxime, con las formas iniciales de Covarrubias y su círculo, que tiene en la iglesia mayor de Baza su más destacada actuación, en contra del mayor sentido italianizante de los diseños de Diego de Siloe en Guadix o Huéscar (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, presenta planta basilical de tres naves separadas por arcos de medio punto y pilastras cruciformes. 
     La nave central se cubre con una bóveda de medio cañón con lunetos y arcos fajones que se apean en pilastras decoradas con molduras. Las naves laterales se cubren con bóvedas vaídas sobre arcos de medio punto. Existen pequeñas capillas laterales con altares de estilo neoclásico. 
     La cabecera se cubre en su centro con una cúpula sobre pechinas dividida en ocho segmentos y linterna octogonal en su centro. La Capilla Mayor se cubre con bóveda de medio cañón al igual que el Coro situado a los pies de la iglesia con baranda semicircular y recta en los laterales. Las pilastras, lunetos y el intradós de los arcos están pintados de albero y el resto de los paramentos están encalados.
     La torre campanario se halla adosada a la cabecera del templo y encalada hasta el cuerpo de campanas compuesto por cuatro vanos de medio punto, de cantería y rematada por cornisa y pináculos. 
     La portada sur, renacentista al igual que la norte, es de piedra plateresca, centrada por un arco de medio punto que se apea en impostas, sin decoración y jambas decoradas con grutescos. El arco, en su trasdós, se decora con querubines y motivos renacentistas y se encuentra enmarcado por dos columnas con capiteles compuestos. El friso está decorado con ángeles y jarrones y a ambos lados hay salientes con relieves esculpidos. El frontón se corona con una cruz y a los lados dos jarrones con hojas de acanto. 
     La portada norte, elevada con una escalinata, está formada por dos cuerpos. El primero se compone por un arco de medio punto que alberga la entrada, con una  ménsula en su clave, apoyado en impostas y jácenas cajeadas; a los lados hay dos columnas con capiteles corintios. Encima tenemos el segundo cuerpo, de dimensiones mucho más reducidas, compuesto por una hornacina en la que hay una imagen de una Virgen con el Niño, estando aquella flanqueada por dos pilastras y rematada por un entablamento con un frontón triangular, decorado en sus vértices con dos pináculos y una cruz como acrótera.
     En 1490 los Reyes Católicos otorgan Castril en señorío a don Hernando de Zafra como pago a sus servicios a la Corona. 
     Él fue el promotor de esta obra, cuya erección se promulga en una bula del 21 de mayo de 1492 del arzobispo de Toledo, a la sazón don Pedro González de Mendoza.
     En un primer momento el templo perteneció a la diócesis de Toledo, como queda patente por el escudo del cardenal toledano Juan Tavera de mediados del XVI que se halla en el tímpano de la puerta sur. Posteriormente la iglesia pasó a pertenecer a la diócesis de Guadix.
     La construcción se inicia a finales del XV dilatándose durante la primera mitad del XVI, con añadidos en el XVII, como la puerta norte o de la Lonja. La portada sur o del Sol, para la que dio trazas Alonso de Covarrubias hacia el 1533 (periodo en el que el autor estaba activo por la zona del norte de Granada), se conserva muy deteriorada pero es la más interesante artísticamente, reflejando un estilo plateresco de raíces gotizantes, característico de Covarrubias, en contraposición a modos más italianiazantes contemporáneos, como el de Siloé, presente en las catedrales de Guadix y Granada.
     La nave central estaba cubierta por una armadura mudéjar que fue destruida en un incendio durante la invasión napoleónica, el 26 de junio de 1810. De este incendio queda constancia en los ennegrecidos sillares de la puerta del Sol (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Iglesia del siglo XVI, aunque el coro y la capilla lateral son añadidos del siglo XIX. De sobrio estilo renacentista, tanto su parte exterior como interior ofrecen una gran simplicidad decorativa, a excepción de las llamadas Puerta del Sol y de la Lonja que cuentan con una decoración algo más profusa.
     En el interior de la iglesia se encuentra un Nazareno del siglo XVIII y la patrona, la Virgen del Rosario, del mismo siglo. En la sacristía se ubica un pequeño museo de objetos de orfebrería y bordados de terciopelo. A su entrada encontramos un cuadro de la escuela tenebrista granadina (Diputación Provincial de Granada).

Vidrios de Castril.-
     La producción de vidrio de Castril, la más importante del sur de España desde el siglo XVI al XIX, la inicia Hernando de Zafra tras comprobar la existencia en este territorio de los materiales necesarios, arenas silíceas y frondosos bosques madereros.
     Esta manufactura marcará la vida castrileña hasta finales de la pasada centuria -el último horno se cierra en 1878-, siendo vidrios en un  principio, de características populares, que fueron evolucionando paulatinamente hasta conseguir ejemplos de un alto refinamiento estético, caracterizándose por su color verde amarillento. La importancia fue tal que irradió a toda Anda­lucía, abriéndose numerosas fábricas que hacían vidrios semejantes (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

Castillo.-
     El yacimiento se sitúa en un cerro al sur del centro urbano de Castril, a una altura de 956 metros sobre el nivel del mar y está delimitado por el oeste y el sur por el río Castril. Por la ladera del cerro se distribuye, entre otras, cerámica medieval de época nazarí (XIII-XIV). En la cima queda un lienzo de muralla que pudo pertenecer al castillo almohade, según las fuentes escritas, junto a fosas medievales expoliadas y estructuras de planta rectangular dentro del abrigo, tratándose de una posible necrópolis.
     Son abundantes los restos conservados de los tres recintos, consistiendo la mayor parte de ellos en muros de mampostería que cierran los espacios que dejan las rocas. En el primero se encuentra el camino de subida que, tras la desaparecida puerta, asciende entre dos murallas, una a la izquierda que lo defiende de los ataques exteriores y otra a la derecha que lo controla desde arriba. Desde este último espacio, que debió servir de plaza de armas, se aprecian los restos conservados del segundo recinto, consistente principalmente en una torre semicircular y un gran baluarte que quizás constituyó la torre del homenaje, hoy desmochado y transformado en una plataforma sobre la que se ha situado una imagen del Sagrado Corazón. Tanto las torres mencionadas como otras de las que quedan restos en estos dos recintos, se colocan en la zona este, ya que por el lado contrario la fortaleza es inexpugnable naturalmente.
     El tercer recinto, al sur de los anteriores, lo constituye un espacio alargado y sensiblemente triangular, acotado en sus dos lados mayores por dos grandes rocas, sobre las que hay restos de construcciones. En el terreno se sitúan, al noreste, el desaparecido acceso y al noroeste, una torre de mampostería con aparejo formando hiladas de piedras medianas y pequeñas. En el tercer ángulo, al sur, hay un muro escalonado de mampostería, enfoscado exteriormente, que cierra el espacio entre las dos grandes rocas y que quizás se usase para pasar de una a otra por su coronamiento. De ser esto así, en la actualidad se conservan unos 15 metros de altura de los casi 30 metros que debió tener. A partir del escalón intermedio, al muro se le trasdosó otro por el interior, posiblemente para conseguir más anchura en su parte superior.
     En el centro de este último espacio triangular, se sitúa el aljibe de la fortaleza. Se encuentra enterrado por su lado sur, ya que ha sido parcialmente excavado en época reciente, encontrándose los restos muy por debajo de la rasante actual del terreno, formado en esta zona por una gruesa capa de relleno. Lo que se ve conforma un espacio rectangular de medidas interiores 6,60 x 2,30 metros, no pudiendo observarse en ningún punto la existencia del pavimento original, por encontrarse lleno de tierra y vegetación. Rodea los tres lados recubiertos un muro escalonado de hormigón de cal, pudiendo tratarse dicho resalte del lugar donde apoyara la bóveda que lo cubriría y de la que no quedan restos visibles, o bien de un doble muro interior, construido para evitar filtraciones, dado que es fácil que se puedan producir grietas por asientos, ya que está construido en una hendidura entre las dos grandes rocas mencionadas anteriormente. Prueba de su mal asiento es la rotura que dicho muro presenta en su ángulo noroeste y que comunica con una sima de la roca.
     Como la mayoría de los muros y torres carecen de cimentación, por encontrarse construidos en el borde de una escarpada peña, no es difícil que existan continuos deslizamientos de los mampuestos, por lo que poco a poco va cayendo por las empinadas laderas hasta el lecho del río Castril o, como ya ha sucedido en alguna ocasión, hasta las casas de la población que se localizan bajo el cerro, sobre todo por su cara este, entre las que se encuentra, a escasos metros, la iglesia parroquial, buena obra de fábrica de sillería del siglo XVI.
     El gran muro situado al sur, presenta socavada su base, por lo que sólo asienta sobre los laterales de la roca, trabajando como arco. Al mismo tiempo, tiene un gran agujero en los dos muros adosados en la parte alta, que llega hasta el escalón exterior.
     En las fábricas de mampostería de sus muros se aprecian varios tipos, lo que parece indicar que se han construido en épocas distintas, en algunos casos reparando faltas anteriores.
     Los restos cerámicos encontrados en la ladera del cerro, ya mencionados en la descripción, datan de una ocupación medieval que se remonta al siglo XI (también se han encontrado restos cerámicos romanos y prehistóricos que no interesan en este caso). Está constatada su existencia en el periodo almohade y el castillo de Castril es ya citado por fuentes musulmanas en el siglo XII (hisn de Qastal). Algunos autores afirman que el río Guadiana Menor discurría a través de esta fortaleza, brotando a través de una roca que se ubicaba en la plaza de armas.
     Es en el periodo nazarí cuando se configura definitivamente, apareciendo como "villa" de frontera de gran importancia por ser una de las fortalezas nazaríes más cercanas a la frontera cristiana del Adelantamiento de Cazorla. En efecto, por su posición, Castril se encontraba en una zona fronteriza fuertemente militarizada en ambos bandos. Consecuencia de esto son las sucesivas escaramuzas e incursiones, que motivaban sucesivos cambios en el mando de la fortaleza, de manos musulmanas a cristianas y viceversa.
     La definitiva ocupación castellana supuso un cambio sustancial, sobre todo por la integración de las alquerías de Lezas y Cebas. Tras su toma, en 1490 se otorga el señorío de Castril a Fernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos. La actual población fue erigida un año después de la conquista castellana.
     En 1998 se realizó en el interior de su recinto una intervención arqueológica de urgencia que documentó una serie de estructuras como una gran torre poligonal (posiblemente la antigua torre del homenaje) que ahora sirve de peana a una imagen religiosa, el aljibe inferior y el cerramiento amurallado del lado sur. También se documentó la zona de acceso desde la villa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).-
     Desde antiguo, Castril ha tenido un gran valor estratégico, sobre todo en el período Nazarí, ya que controlaba el pasillo del Guadiana Menor. Esta vía ponía en comunicación las importantes ciudades de Baza y Guadix con la alta Andalucía, sirviendo de vía de penetración y confrontación entre los ejércitos castellanos del norte del Guadalquivir y las tropas Nazaríes.
     A mediados del siglo XIII, tras la conquista cristiana de Murcia, se fija la frontera con el reino nazarí de Granada quedando protegida por los musulmanes mediante una sucesión de fortificaciones para control de la región. El Castillo de Castril fue una parte fundamental de esta línea de defensa.
     El Castillo de Castril, de origen Almohade, pronto se constituye en el mejor bastión defensivo posible ya que su majestuosa presencia encaramado en la Peña junto a lo abrupto del entorno y el infranqueable cañón del río Castril, disuadían de inmediato al posible invasor. El Castillo de Castril es un magnífico exponente de la arquitectura militar del periodo islámico en la Península Ibérica, su control motivó continuas luchas entre árabes y cristianos. En 1488 paso definitivamente a manos de éstos tras la rendición a los Reyes Católicos del último alcaide moro.
     Los recintos que componen la fortificación están adaptados a la topografía y definidos por muros y bastiones de los que actualmente quedan pocos restos. A finales de los años sesenta se incorporaron algunos añadidos y fue objeto de restauraciones que no respetaron la traza original y desvirtuaron la imagen de la fortificación. La adaptación de las estructuras defensivas a la roca o promontorio en la que se asientan es habitual en las construcciones militares. En Castril esta ‘simbiosis’ alcanza uno de sus mayores exponentes: Peña y Castillo de Castril son un todo perfectamente entrelazado.
     La fortaleza está constituida por dos niveles diferentes. El superior estuvo dedicado al ámbito militar en el cual se distingue la parte destinada a la nobleza y la parte destinada al ejército, y el inferior fue para la población civil. Distintas torres servían de protección y de puesto de vigilancia ante posibles ataques. La restauración finalizada en 2013 sacó a luz los diferentes elementos que constituían la fortaleza: aljibes, la mezquita, torres, murallas, canalizaciones, empedrado, adarve, escaleras, estancias, etc (Diputación Provincial de Granada).
     
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, Vidrios de Castril, y Castillo) de la localidad de Castril, en la provincia de Granada. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia granadina.

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La pintura "Retrato del pintor Balenciaga", de Zuloaga, en la Sala XIV del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Retrato del pintor Balenciaga", de Zuloaga, en la sala XIV del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
     Hoy, 31 de octubre, último día del mes, es el aniversario del mes de nacimiento (octubre de 1905) de Narciso Balenciaga, pintor vasco, personaje representado en la obra reseñada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "Retrato del pintor Balenciaga", de Zuloaga, en la sala XIV, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala XIV del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Retrato del pintor Balenciaga", de Zuloaga (1870-1945), siendo un óleo sobre lienzo, en estilo realista, realizado hacia 1930-34, con unas medidas de 1'12 x 0'87 m., procedente del depósito del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en 2022.
     El retratado es el pintor vasco Narciso Balenciaga Altuna (Arrona, Guizpúzcoa 1905 - México 1935), autor de corta carrera debido a su temprano fallecimiento a los 31 años en México, justo después de inaugurar su última exposición. Marginado por una enfermedad ósea en las piernas, empezó a pintar impulsado por sus amigos entre los que se encontraba Zuloaga, que le animó comprándole algunos de sus cuadros.
     Las gruesas pinceladas, con más materia las del rostro, el expresivo cabello y las de las zonas de sombra de la vestimenta, van estructurando las formas, ayudadas por una línea negra gruesa que perfila la figura sobre el fondo neutro. Modula el color de este espacio con la sombra y un tono más claro de amplias pinceladas horizontales para crear la perspectiva y dar profundidad a la obra. A ello contribuye, además, la posición de la figura que no mira al espectador sino a su derecha, de donde proviene la luz, en un giro contrario al sentido en que está dispuesta la silla. De sobrias tonalidades, el único colorido vivo es el de la paleta que sostiene el retratado y algunos pequeños toques de rojo en los labios (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     La pintura hispana del siglo XX en su primera mitad tiene una digna representación en el Museo e incluso se cuenta con alguna pieza de excepcional calidad. En este sentido hay que citar la presencia de uno de los más célebres artistas españoles de este periodo: Ignacio Zuloaga (1870-1945) a quien se debe el Retrato de la señora Malinowska firmado y fechado en 1912 y el Retrato del pintor Uranga realizado en 1937. Son retratos que pertenecen a la primera parte de la vida del artista en la que casi siempre sus modelos muestran una presencia digna y sobria, sin ningún tipo de adulación en la puesta de escena, como ocurrió con los realizados en la última parte de su existencia (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Biografía del pintor Balenciaga, personaje representado en la obra reseñada;
     Narciso Balenciaga Altuna. Pintor vanguardista. Nacido en Arrona, Gipuzkoa, en octubre de 1905. Fallece en México en 1935.
     Tuvo desde la infancia una enfermedad ósea en las piernas que lo marginó hasta que unas damas de Euskal Billera le animaron a dibujar estando en el hospital; luego fue impulsado por amigos, entre los cuales su gran animador y favorecedor Zuloaga que, a los pocos años adquiriría para su pinacoteca varios de sus lienzos.
     Según Juan Erenchun (La Voz de España, 9-12-1965), siguió el artista a los genios impresionistas Guiard y Regoyos:
     "su intuición artística luchó con dos dogmas: el impresionismo puro o luz sobre todo (Barbinzon) y el post-impresionismo puro luz como elemento constructivo (artista de Provenza). Poseedor de fina retina y paleta depurada, con briosa manera de construir, plasmó en sus óleos luz, profundidad, carácter y fuerza. Con personalidad bien definida y con un buen bagaje de lienzos, en los que quizá más que la fidelidad literaria del paisaje había verdadera emoción de la Naturaleza, acudió a concursos y realizó exposiciones con gran éxito."
     Dice Luis de Madariaga:
     "Se trata de un buen pintor salido de aquellas promociones originadas en las exposiciones convocadas por la Diputación de Gipuzkoa presidida por don Vicente Laffitte."
     En 1928 obtuvo un segundo premio en la Exposición de Noveles de San Sebastián. En 1929 residió en la capital (Real Academia de San Fernando) y en Toledo. Su primera exposición fue organizada por la Asociación de Artistas Vascos en Bilbao en 1930. Al año siguiente consiguió el primer premio en la Exposición de Noveles de San Sebastián, en 1933 en el Ateneo de Madrid y en 1934 en el Gran Kursaal de San Sebastián, con Lecuona y Oteiza. Con pequeños ingresos marchó a tierras de Castilla, donde obtuvo bellos paisajes en Segovia, Toledo, Ávila y tierras manchegas, austeros de tintas, certeros de líneas e intensos de carácter y emoción.
     Balenciaga siguió la ruta señalada por Erenchun a quien no obstante no vio hasta su vuelta. Sus respectivas maneras de pintar no tienen ninguna semejanza pues para entonces Balenciaga poseía ya una fuerte formación. En Gipuzkoa recorrió sus costas y rincones típicos del interior, sus Lanchas en el puerto de Guetaria fue adquirido en 1953 por Museo de Arte de Madrid, que era uno de los éxitos más codiciados por todos los artistas. Revistas y prensa diaria reprodujeron sus lienzos entre los que sobresalían su Pastora, de gran delicadeza: la Partida de mus de energía singular, sencillamente admirable: Iglesia de Orio, Arrona con nieve, Urrestilla, Iziar, Oiquina y su Interior de una fábrica de cemento con finas armonías grises, de muy difícil factura...
     Recomendado por Aitzol, embarcó en el Arantzamendi junto con Oteiza rumbo a la Argentina en 1935, donde expuso en Buenos Aires y su provincia. Tenía la intención, junto con Oteiza y Lekuona de realizar un viaje alrededor del mundo para estudiar las culturas primitivas.
     Muere el 26 de noviembre de ese año de 1935 en México donde se acababa de inaugurar su última exposición. La junta directiva del Centro Vasco de Méjico y numerosos artistas, entre los que se hallaba el célebre concertista de arpa donostiarra señor Zabaleta, acompañaron al pintor de Arrona a su última morada, erigiéndole un sencillo mausoleo en cuya losa grabaron sentida dedicatoria: en el acto del entierro leyó una oración fúnebre el escritor Gaztelu.
     Celebrada la exposición, gracias a un grupo de amigos de la colonia vasca, obtuvo un señalado éxito. Toda la prensa americana hizo grandes elogios de este joven artista: muchas de sus obras fueron adquiridas por los museos y por particulares para sus pinacotecas.
     Según Gil Fillol, Balenciaga se muestra en sus óleos cercano a Manet, como en otros próximo a Gauguin, persiguiendo en unos únicamente efectos coloristas y luminosos y en otros intentando modelar sobre esqueletos de color.
     Ha sido objeto de varias retrospectivas como la del Museo de San Telmo de San Sebastián en 1983 y el de la Casa de Cultura de Zumaia de 1993 (Auñamendi Eusko Entziklopedia).
Conozcamos mejor la Biografía de Ignacio Zuloaga, autor de la obra reseñada; 
     Ignacio Zuloaga y Zabaleta, (Eibar, Guipúzcoa, 20 de junio de 1870 – Madrid, 31 de octubre de 1945). Pintor.
     Ignacio Zuloaga es uno de los artistas más célebres de la pintura española de la primera mitad del siglo XX y de mayor reconocimiento en el extranjero. Pintor de paisajes, de tipos españoles y de retratos, su obra, de carácter realista y costumbrista, conectó con la revisión de la España profunda que llevaron a cabo los miembros de la denominada Generación del 98. Acostumbrado a cambiar de residencia con gran frecuencia y a pasar largas temporadas en el extranjero, Zuloaga fue un artista con un gran sentimiento de pertenencia a la cultura e identidad españolas. Un apasionado de nuestro país que, a través de sus paisajes y de sus paisanos, dirigió todo su arte.
   Ignacio Zuloaga fue miembro de una familia de artistas, lo que permitió tener un contacto con el mundo del arte desde muy joven. Estudió en París con los jesuitas durante y pasó todos los veranos de su infancia en San Juan de Luz. En 1887 realizó con su padre una primera visita a Madrid, que marcó decisivamente su estilo. En el Museo del Prado descubrió la pintura española del Siglo de Oro y a sus grandes maestros, Velázquez, Zurbarán, Ribera y El Greco, a los que copió incansablemente. De hecho fue Zuloaga el descubridor de El Greco y el gran revalorizador de Goya, para la pintura española de principios de siglo XX.
     Con tan sólo diecisiete años se presentó por primera vez a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid con un lienzo titulado “Un sacerdote rezando” y, al año siguiente participó, casi de forma desapercibida, en la exposición organizada con motivo de las Fiestas Euskaras celebrada en Guernica en el mes de septiembre. De esta época corresponden lienzos pintados en Eibar como “El ciego de Arrate”, “La fuente de Eibar” o “La última muerte”. En 1889 marchó a Roma para completar su formación artística como era habitual en la época. Allí estudió la pintura del Renacimiento y pintó el cuadro “El forjador herido”. Pero al cabo de poco más de seis meses, reacio a la pintura academicista, cambió su estudio de la Vía Margutta por uno en la Ìle de Sant Louis de París.
     En la capital francesa asistió como alumno a la Académie Libre y a la Academia Palette, donde estudió con Henroi Gerveux, gran admirador de Manet, con Eugène Carrière y con el pintor simbolista Puvis de Chavannes. En la colina de Montmartre, Zuloaga entró rápidamente en contacto con otros artistas españoles, especialmente con los catalanes Enric Clarasó, Ramón Casas y Santiago Rusignol que, junto con Maurice Utrillo, estaban practicando una pintura próxima al impresionismo. Fue Rusignol el artista español al que más unido estuvo en París y a quién le hizo comprar dos Grecos que descubrió en la capital francesa. Ambos planearon recorrer juntos Italia y publicar un recorrido artístico en La Vanguardia a través de los textos del catalán y los dibujos del vasco. Igualmente, en la capital francesa, Zuloaga se relacionó con Gaguin, Toulouse-Lautrec, Van Gogh y Bernard participando con ellos en dos exposiciones colectivas en la Galerie Le Barc de Bouteville en 1891 y en 1894. Pero, de entre los artistas franceses, a los que más admiró fue a Degas y a Rodin, quien le acompañó en diferentes viajes por España y con quién expuso en ocasiones. En París se hizo amigo también del pintor Maxime Dethomas, con cuya hermana, Valentine, Ignacio Zuloaga contrajo matrimonio en 1899.
     Zuloaga alternó su estancia en París con numerosos viajes a la Península Ibérica. En 1891 viajó a Bilbao y fue fundador de la Sociedad Festiva El Escritorio, el famoso Kurding Club, decorando uno de sus muros con el cuadro Amanecer, y en 1895 realizó los frescos del Casino de Bermeo. Al igual que en El País Vasco, sus estancias en Andalucía, especialmente en Sevilla, fueron muy frecuentes. Allí se inició en la captación de tipos populares y pintó algunos de sus más célebres retratos, como por ejemplo, Mujer de Alcalá de Guadaira (hoy en el Museo Zuloaga de Zumaya). Estos retratos andaluces de la primera época son caracterizaciones cargadas de realismo, por influencia directa de Courbet, mezcladas también con recursos propios del impresionismo y del posimpresionismo, que fue abandonando poco a poco a favor de una paleta más oscura.
     Pasará también largas temporadas en Segovia, ciudad a la que estuvo muy unido y donde llegó a instalar un estudio, junto con su tío el ceramista Daniel Zuloaga, en la iglesia románica de San Juan de los Caballeros. Segovia y Ávila y, en general, las tierras castellanas rudas y empobrecidas, fueron fuentes de inspiración de paisajes de gran carga psicológica, y retratos de tipos, que entroncaron con lo que se ha ido denominando la España Negra. En ellos existe una clara vocación por la búsqueda de una identidad nacional que conectó, rápidamente, con los presupuestos estilísticos que estaban manejando los literatos de la llamada “Generación del 98”. El tono sombrío de su paleta y el realismo creciente de sus retratos, contrastó con el luminismo imperante en España, representado por la obra de Joaquín Sorolla.
     Durante estos años en París, Zuloaga participó en diferentes salones de la ciudad, siendo el primero, en 1890, el Salón de Artistas Franceses donde expuso El forjador herido, pintado en Roma. En el Salón Nacional de Bellas Artes de París de 1894 presentó dos lienzos con cierto éxito: Retrato de la abuela del pintor y El enano Don Pedro, y seis lienzos de temática segoviana en Los Independientes de 1896. Desde París continuó haciendo envíos a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Madrid, sin recibir todavía ningún reconocimiento, aunque sí obtuvo una primera medalla en 1898 en la IV Exposición de Bellas Artes e Industrias Artísticas de Barcelona.
     En 1899 el artista participó en el Salón Nacional de París con el lienzo Mi tío y mis primas, pintado en Segovia, que fue adquirido por el Estado francés para Museo de Luxemburgo (hoy en el Museo de Orsay de París). Ese mismo año, el 18 de mayo, contrajo matrimonio con Valentine Dethomas, a quién retrató con ciertos resabios simbolistas, siendo los testigos de la boda Carrière y Albéniz. El matrimonió realizó un viaje de recién casados por Europa y de regreso a España, se instalaron una temporada en Elgueta, donde Ignacio pintó uno de sus cuadros más conocidos, La enana doña Mercedes, conservado también en el Museo de Orsay de París. Terminó el año con la buena noticia de la adquisición por parte del Estado belga de su cuadro El alcalde de Riomoros, tras su exposición en Salón de Pintura de Gante.
     Durante 1900 Zuloaga regresó a Segovia para pintar en la Casa del Crimen y en la Canonjía. Aprovechó igualmente para proponer que su cuadro Antes de la corrida, también conocido como Vísperas de la corrida, fuera incluido en la representación española de la Exposición Universal de París de 1900, pero el jurado lo rechazó. Este tipo de sucesos contrastaron con la gran popularidad que el pintor estaba cosechando en el extranjero, hasta el punto de que este lienzo fue adquirido finalmente por el Estado belga para el Museo de Bellas Artes de Bruselas. A ello se le sumó otro éxito internacional: la gran medalla en la Exposición Internacional de Dresde. El acontecimiento fue celebrado con un número monográfico dedicado a su arte en Le París Ilustré y un homenaje que sus contemporáneos, el Grupo del 98, le ofreció en Madrid. Con el inicio del nuevo siglo, Ignacio Zuloaga siguió cosechando éxitos. En 1902 fue nombrado Societaire de la Exposición Nacional de Bellas Artes de París, pero el fallecimiento de su madre, Lucía Zamora Zabaleta, en Eíbar ese mismo año supuso un duro golpe para el pintor. No obstante el nacimiento, poco después, de su primera hija, Lucía, le alentó. En los últimos meses del año, realizó largas estancias en Segovia, acompañado, esta vez, por el amigo y pintor Pablo Uranga. Su obra siguió exponiéndose en diferentes ciudades europeas como París, Burdeos, Múnich, Budapest Berlín y Düsseldorf, y tras una nueva participación en la Exposición Nacional de París, la prensa del momento le dedicó grandes elogios. Un año más tarde, en 1903, realizó unas pinturas para la iglesia de Nuestra Señora de Arrate, en las proximidades de Eibar, y animó a diferentes amigos franceses, entre otros al pintor Cottet, a desplazarse a Segovia. De aquel momento es uno de sus cuadros más célebres: La familia del torero que más tarde, empezó a conocerse como Gallito y su familia.
     A partir de 1905 se sucedieron exposiciones de su obra en París, Praga, Rotterdam, Amberes, Lieja, Venecia, Dresde y Viena. En Berlín recibió el encargo de la Ópera para realizar los decorados de la Carmen de Bizet. Experiencia vinculada con el mundo escénico que repitió ese mismo año en Bruselas en el montaje de la ópera Pepita Jiménez, cuyo autor fue su amigo Isaac Albéniz. En años posteriores realizó otras colaboraciones como la que hizo en 1915 en París para la obra La vida breve de Manuel de Falla, con quién colaboró también el El retablo de Maese Pedro, y en 1917 para la ópera Goyescas de Enrique Granados. Terminó 1905 recorriendo España con Rodin y el coleccionista ruso Tchoukin. El 10 de enero de 1906 nació su segundo hijo, Antonio.
     A su regreso a Francia, instaló un nuevo estudio en la calle Caillancourt que alternó con el de San Juan de los Caballeros en Segovia, donde pintó entre 1905 y 1907, sus famosos lienzos Toreros de Pueblo y Celestina (hoy en el Museo Reina Sofía de Madrid), Las brujas de San Millán (Museo de Bellas Artes de Buenos Aires) y El enano Gregorio el Botero (conservado en la actualidad en el Museo del Ermitage de San Petersburgo). En la V Exposición Internacional de Barcelona, celebrada en 1907, disfrutó de una sala entera para exponer su obra y obtuvo dos condecoraciones: el premio del Rey y el diploma de honor. De regreso a París, en 1908, el fundador de la Hispanic Society de Nueva York, el señor Huntington, acudió a su estudio con la idea de celebrar en la institución neyorquina una exposición de sus obras. En su visita le adquirió el cuadro La familia del torero gitano y le nombró miembro de la Hispanic Society. Para celebrarlo Zuloaga organizó una “grande fête espagnole”, a la que asistieron, entre otros, la actriz Lucienne Bréval. En aquella época el artista estaba colaborando nuevamente como diseñador de decorados y vestuario de la obra Carmen en la Ópera-Comique de París, cuyo papel protagonista era encarnado por la actriz. Como resultado de esta experiencia ejecutó el retrato de “Lucienne Bréval en el papel de Carmen” que expuso en el Salón Nacional Francés, entre otros cuadros de temática segoviana, y formó parte, junto con treinta y siete obras más, de las que quince eran de temática segoviana, en la exposición que la Hispanic Society le dedicó en Nueva York un año más tarde.
     El interés que causó el retrato de Lucienne Béval en el señor Huntington hizo que lo adquiriese para su colección y lo prestase al Metropolitan Museum of Art de Nueva York, donde permaneció hasta 1922. Sin embargo, pese al entusiasmo de Huntington, su exposición no tuvo el éxito que poco antes había tenido allí la de Sorolla. A Zuloaga, que había cosechado gran fama en el extranjero, se le empezó a criticar su gran dramatismo, a menudo tildado de artificioso, y la oscuridad de sus gamas cromáticas. Su obra se alejaba totalmente de la exitosa representación de la España blanca de Joaquín Sorolla. Diferencia de estilos de la que, además, Zuloaga se sentía orgulloso. Otros lienzos pintados en Segovia, como Mi prima Cándida o Los penitentes, también conocido como Los flagelantes, el efectista y velazquiano Autorretrato o el Retrato de Lucrecia Bori, pasaron a formar parte de la colección de la Hispanic Society de Nueva York. La exposición viajó a continuación a Buffalo y a Boston.
     Durante 1910 continuó con su periplo internacional exponiendo su obra con éxito en Venecia (IX Bienal), París, Londres, Méjico, Chile y Argentina. En los meses siguientes, alternó diferentes estancias en el País Vasco (donde compró una finca en Zumaya), con otras en Biarritz, Segovia y París. Un año más tarde, en el mes de abril, acudió fuera de exposición, a la Internacional de Bellas Artes de Roma. El comité español descartó su candidatura, pero fue el gobierno italiano quién le invitó expresamente, dedicándole una sala entera, en la que se exhibieron veinticinco de sus lienzos, catorce de temática segoviana. Obtuvo el Gran Premio de Honor y aprovechó su estancia, para recorrer Italia.
     De regreso a París ejecutó los retratos de Larreta, La Malinowska, Maurice Barrés y la Condesa de Noialles, que se sumaron a otros pintados en España como son El cardenal (Museo de Bellas de Artes de Bilbao), Ídolos futuros, también titulado Torerillos en Turégano, Cortesana española o Mi prima Cándida. En Segovia sus amigos y admiradores se volcaron en la celebración de un gran homenaje en 1913.
     Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, el pintor se adhirió rápidamente al manifiesto español de los partidarios de los Aliados. Es más, donó el lienzo “Mi prima Cándida” para recaudar fondos para las familias más afectadas por la depresión que sufrió la localidad de Eibar, y en 1917 fue distinguido con la condecoración de la Legión de Honor por los muchos méritos que realizó a favor de Francia. Durante la contienda militar, Zuloaga residió principalmente en su recién construida casa de Santiago Etxea. Desde allí envió nuevos lienzos a Nueva York para celebrar con gran éxito su segunda exposición en 1916, que viajó más tarde por Boston, Búffalo, San Luis y Minneápolis.
     En 1917 cambió de residencia a Madrid, a una casa del Paseo del Pintor Rosales, donde ejecutó por encargo el Retrato del Duque de Alba y el Retrato del Rey Alfonso XIII, hasta que en 1920 instaló su taller en el castizo barrio de Las Vistillas. En Bilbao celebró una exposición en 1919 en la que el industrial de la Sota le compró el Retrato de Noailles (hoy en el Museo de Bellas Artes de la ciudad) y, un año más tarde, participó con sus obras en la Exposición de Pintura Española de la Royal Academy de Londres. En 1921 viajó a Granada invitado por Manuel de Falla y en 1922 fue nombrado presidente de la Comisión de Arte y Decoración del Museo Vasco de Bayona. Regresó a París en 1923, donde ejecutó los retratos de Miss Kahn y la marquesa Cassaty, hasta que en 1925 celebró con gran éxito una gran exposición en la prestigiosa Reinhardt Gallery de Nueva York. Terminó su periplo americano en Cuba, donde fue recibido con todos los honores. A su regreso, en 1926, el Círculo de Bellas Artes acogió una exposición de sus obras.
     Durante la década de 1930 la obra del pintor se consagró definitivamente en los círculos oficiales, ocupando la Presidencia del Patronato del Museo de Arte Moderno de Madrid desde 1931, pero por otro lado, encontró la oposición de los más jóvenes vinculados a las vanguardias. La Guerra Civil, que le sorprendió en Zumaya, supuso una época de recogimiento y de iniciación, también, en el arte de la escultura. En 1938 recibió el Gran Premio de la Bienal de Venecia y en 1941 el Museo de Arte Moderno de Madrid le dedicó una gran exposición. Un año más tarde, celebró la que sería su última muestra individual en vida, en la Sala Argos de Barcelona, que viajó a Oviedo, San Sebastián y Berlín, y entre sus últimos encargos estuvo el del Gobierno español de retratar en 1944 al embajador español en Estados Unidos, el Sr. Carlinston J. Hayés.
     El 31 de octubre de 1945, a los setenta y cinco años de edad, Ignacio Zuloaga falleció en su estudio de las Vistillas. Fue enterrado en San Sebastián (Ana Berruguete del Ojo, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Retrato del pintor Balenciaga", de Zuloaga, en la sala XIV del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la sala XIV del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 30 de octubre de 2026

El sitio arqueológico El Cerro de las Pesetas, en Los Molares (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico El Cerro de las Pesetas, en Los Molares (Sevilla).
     Ocupa un pequeño cerro de escasa altitud, a unos 200 metros al noroeste se encuentra el arroyo de la Guadairilla. Junto al yacimiento una cañada que va de Los Molares a Morón de la Frontera. Entre los restos cerámicos ibéricos sobresalen: vasos de borde grueso, vaso de cuello estrangulado y platos y cuencos, todos con decoración de bandas y líneas de pintura roja. Entre los materiales romanos destacan los elementos constructivos, muchos de ellos amontonados en las lindes del terreno para facilitar las tareas agrícolas. Destaca dentro de la cerámica la sigillata sudgálica y clara, así como abundante cerámica común. Hábitat ibérico que perdura hasta época romana siendo sustituido entonces por una villa de pequeñas proporciones (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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