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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 27 de enero de 2026

Un paseo por la calle Azafrán

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Azafrán, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Azafrán es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio de Santa Catalina, en el Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Santiago, Juan de Mesa, y plaza Ponce de León, a la calle Muro de los Navarros.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Hay constancia de que recibe esta deno­minación al menos desde finales del s. XVI. No se conoce el origen de su nombre, pero es posible que antiguamente se vendiera allí tan preciada especia. Su condición de vía larga y estrecha, el irregular trazado de su planta y la confluencia con Santiago frente a la iglesia de Santa Catalina, hacen pensar en un primitivo camino que llegaba a la ciudad a la altura de una puerta de la muralla romana, situada junto a Santa Catalina. A ella confluyen, por la acera de los pares, Ave María y Cenicero, y por la de los impares, Arapiles y Salinas. Ya desde el s. XVI se canalizaban por Azafrán las cañerías de desagüe del Corral del Conde, a las que se unían las de las casas próximas; ello ocasionaba malos olores y, como consecuencia, continuas peticiones de limpieza y empedrado, repitiéndose solicitudes y acuerdos municipales en este sentido a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII; finalmente, fue adoquinada entre 1906 y 1911. Actualmente cuenta con pavimento de adoquín en buen estado de conservación, carece de aceras y conserva antiguos guardaejes para proteger las fachadas de la circulación rodada. Pre­dominan las viviendas de tipo tradicional y construcción de dos y tres plantas, en algunos casos muy deterioradas e incluso deshabitadas; también se han producido sustituciones por bloques entre medianeras de cuatro plantas en los dos últimos decenios. Salvo algún comercio de tipo diario, establecido en los bajos de las viviendas, la calle cumple de forma exclusiva funciones de carácter residencial y soporta escaso trá­fico de vehículos, apenas el de los residen­tes que allí aparcan. En conjunto, pues, todas estas características contribuyen a definirla como una calle trasera, impresión que se refuerza porque las parcelas de mayores dimensiones corresponden a las espaldas del Corral del Conde, con entrada principal por Santiago, y a las de un hotel, con fachada a la plaza del Padre Jerónimo de Córdoba [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
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La calle Azafrán, al detalle:
- Corral del Conde

jueves, 23 de octubre de 2025

Un paseo por la barreduela Oropesa

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la barreduela Oropesa, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La barreduela Oropesa es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo; sin salida, en la calle Cuna.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. Algunas vías reciben una denominación diferente a la de calle, en función de características genéticas, morfológicas o funcionales. Cuando se encuentra cerrada por construcciones en uno de sus extremos se llama barreduela o adarve, y en el uso popular callejón, y a veces callejuela. Son muchas las barreduelas que se conservan en el casco histórico como herencia de la ciudad medieval, pero tampoco son infrecuentes en la periferia. Una característica peculiar de las barreduelas es que sus edificios poseen numeración correlativa, mientras que en las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
       También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Al menos desde principios del s. XV está documentada como Ataúdes y Atauderos. Perdida la memoria de esos nombres, quedó incorporada al topónimo Cuna, hasta que en 1868 se rotuló con el actual, por el médico Francisco Sánchez Oropesa, gran urólogo y autor de varios tratados, que se estableció en Sevilla hacía 1575. En algún nomenclátor se recoge como Francisco de Oropesa. Según Álvarez-Benavides, se llamó también en el pasado Corral Nuevo y Victoria, aunque no se conoce documentación al respecto. Es corta, estrecha y rectilínea, y ya en el plano de Olavide (1771) carece de salida, por lo que antes de esa fecha debió cortarse la comunicación con Monardes, hecho que no puede precisarse con exactitud. Carece de aceras y está pavimentada con adoquines pequeños. Se ilumina con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. Está conformada por varias casas de escalera en su acera izquierda, de cuatro plantas, de fines del XIX o principios del XX, y una de reciente construcción que ocupa la derecha. Es peatonal y cumple una función preferentemente comercial, teniendo en cuenta su situación céntrica. Pequeños negocios (platería, agencia de viajes, almacén de papel...) y el lateral de una tienda de tejidos de Cuna le dan bastante movimiento en las horas diurnas, en claro contraste con el silencio y la soledad que presenta una vez desaparecida la actividad comercial de la zona [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Oropesa, 6, acc
. CORRAL DE GALLEGOS. Consta de varios patios con galerías adinteladas de madera. En uno de ellos se conservan columnas nazaríes aprovechadas como soporte de la galería [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la biografía de Francisco Sánchez de Oropesa, personaje que da nombre a la vía reseñada: 
     Francisco Sánchez de Oropesa. (Oropesa, Toledo, 1514 – ?, ¿s. XVI?) Médico.
     Estudió y se doctoró en la Universidad de Salamanca donde tuvo por maestro a Lorenzo Alderete. Más tarde ejerció su profesión en Sevilla, Madrid y Valladolid. En su época sevillana trabó relación y amistad con Benito Arias Montano y otros autores como Simón de Tovar, que a través del primero mantuvieron una relación científica directa con los Países Bajos. Tres de las obras de Sánchez de Oropesa están escritas con motivo de la peste que a finales del siglo XVI azotó España. Trata en ella tanto de los aspectos clínicos como de los epidemiológicos de la terrible enfermedad y propone medidas individuales y colectivas para evitar el contagio. Todos los demás escritos de Sánchez de Oropesa están destinados a exponer casos clínicos. Conviene señalar que estas exposiciones no tienen como finalidad la ilustración de una teoría general, como sería propio de la literatura escolástica, sino que son la presentación de historias con independencia de la doctrina establecida, propia de la mentalidad hipocratista del autor.
     La única obra de Sánchez de Oropesa que hasta ahora ha merecido atención es el Discurso para averiguar que mal de orina sea el que padece Diego Anriquez León. Puede ser considerada como una monografía sobre la litiasis de las vías urinarias y en la cual, a través de varios casos clínicos, el autor plantea las causas, las manifestaciones y la curación —médica y quirúrgica— de esta enfermedad. Merece destacarse, en esta obra, la alabanza que hace de la autopsia, diciendo que “si esta diligencia se hiciese en las enfermedades de los órganos internos, se averiguaran muchas cosas de gran provecho de la salud y sería muy bueno proveer que en los hospitales se abriesen los que muriesen de enfermedades que hubiera sido difícil conocer o no se supiera el miembro afecto” (Francesc Bujosa Homar, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La barreduela Oropesa, al detalle:
Corral de Gallegos

martes, 12 de agosto de 2025

Un paseo por la calle Jimios

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Jimios, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Jimios es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio del Arenal, en el Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Joaquín Guichot, Zaragoza, y Gamazo, a la confluencia de las calles Fernández y González, García de Vinuesa, y Cristóbal de Castillejo.
     La calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Al menos desde 1498 (Sec. 15) está documentada con el nombre de Jimios (o Ximios, con la grafía antigua), cuyo sentido exacto se desconoce, si bien parece aludir, como ya señaló González de León, a simios o monos, término cuya relación con este espacio tampoco se puede precisar, aunque algunos autores hablan de unos esculpidos en la fachada de una de sus casas. Esa es la denominación que figura en el plano de Olavide (l771), aunque a lo largo del tiem­po alternó en el uso popular con otros nombres, no se sabe si referidos a toda o a sólo parte de la calle actual: Ahorco, al parecer desde el comienzo hasta Harinas; Posada del Cristo de Adentro, y Posada de la Reina. El de Ahorco lo explica González de León por un episodio legendario, en este caso nada verosímil: "Dicen que lo tomó porque en un portalillo que había en ella vivía un maestro herrero, el cual mató de secreto a un aprendiz que tenía, sin que se supiese nunca este delito. Preso después por otro y sentenciado a muerte, al llevarlo al suplicio que estaba fuera de la ciudad, pasando por esta calle o muy cerca, llovió tanto que no se podía continuar con el reo al lugar del suplicio, por lo que se acogieron en el citado portal, consultados los jueces en aquel caso, mandaron que pues no podían seguir, lo ahorcasen allí mismo en aquel portal, entonces el reo confesó la muerte de su aprendiz'' (Las calles de Sevilla). Los otros dos nombres aluden a otras tantas posadas conocidas con esos apelativos. De Ahorco la referencia documental más antigua se remonta al s. XV, con los topónimos Cadahorco y Calahorco, indistintamente, que probablemente alternaban en esa época con Jimios en el uso popular; y de Posada de la Reina hay un documento de 1665 que lo atestigua. Todavía en el s. XIX tanto Jimios como Ahor­co, Posada del Cristo de Adentro y Posada de la Reina se usaban indistintamente, tal como recogen González de León y otros autores. En 1894 Jimios, que era, sin duda, el de más oficialidad, fue sustituido por el de Marqués de Santa Ana, en honor del escritor, periodista y político sevillano Manuel María de Santa Ana (1820-1894), fundador del periódico La Correspondencia de España. En 1931, con la llegada de la Republica, la calle recuperó su antiguo nombre.
     Más ancha en su comienzo, hasta el cru­ce con Harinas, Jimios se estrecha a continuación y discurre en forma levemente serpenteante, con algunos salientes y rinconadas, resultado, sin duda, de algunas alineaciones aisladas, pues a principios del XVI había en ella al menos dos callejones sin salida (v. Duende). Al final de la calle vuelve a ensancharse, en la confluencia con Fernández y González, a modo de plazoleta ocupada por varios bares. Su estrechez se aprecia ya en el plano de Olavide (1771) y provoca quejas de la vecindad por el tráfico rodado que en el pasado soportaba. Así en 1872 un vecino pide permiso "para colocar unas ruedas en la fachada para amortiguar los roces continuos que producen los ca­rruajes": Y en 1866 hubo un proyecto para romper el callejón del Duende y ensanchar todo ese espacio. A la altura del núm. 22 hay una pequeña barreduela que da acceso a un corral de vecinos. En Jimios desembocan, por la derecha, Harinas, y por la izquierda la barreduela Duende. En el s. XIX discurría por este espacio una conducción de agua que "pasa abrazada amigablemente por cima de un pozo negro, lo que harán, dicen los vecinos de aquella parte, que  el agua vaya más aromática:
"Eso quedaba por ver:
vaya si es grande manía
hacer allí cañería
de agua que se ha de beber"
(El Porvenir, 20-VI-1851).
     En 1498 la calle estaba ya solada de ladrillo y en 1880 se manda reparar su adoquinado. Hoy muestra pavimento asfáltico, con aceras de losetas. Sus farolas de gas fueron sustituidas en 1941 por focos eléctricos. En la actualidad se ilumina con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. Su caserío, en su mayor parte de principios de siglo, muestra un aceptable estado de conservación. Hay algunas casas de muy buena factura, de gran tamaño, con patio, cancela y cierres, entre ellas la núm. 9, don­de estuvo instalada la Escuela Universitaria de Trabajo Social. Y otras de escalera. Varias, de corte muy popular, han sido reconstruidas y readaptadas con buen sentido, como el caso de las actuales núms. 13 y 15, en la primera de las cuales reside la Fundación Machado. Pero el enclave más interesante de toda la calle es, sin duda, el corral de vecinos del núm. 22, llamado de San José, que al parecer fue edificado en un lugar que fue primero convento y luego hospital. Po­see un patio con galería volada adintelada y en aquél un pilón con un cuerpo arquitectó­nico con azulejos dieciochescos de San José, San Vicente Ferrer y San Juan Nepomuceno. En la actualidad residen allí dieciséis vecinos, y es uno de los más interesantes corrales que aún se conservan en el casco histórico de la ciudad. Últimamente se viene instalando en él una cruz de mayo. De este corral escribe Manuel Chaves Rey en 1845 que "era famoso en Sevilla y más famoso por vivir en él un hombre llamado maestro Félix, viejo zumbón, dicharachero y gitanesco, entre bailarín y cantaor, que tenía gran popularidad entre el majío y que era pájaro de cuenta por muchos motivos" (Casos nuevos y viejos).
     En el pasado era una calle en la que abundaban las posadas, como puede verse en las que dieron también nombre al espacio (del Cristo de Adentro y de la Reina). En 1769 se menciona otra Posada del Toro. Y a mediados del XIX la prensa recoge quejas de la vecindad por la existencia de casas de prostitución. Hoy cumple una función residencial, aunque posee algún bar y pequeños comercios. La buena conservación de su caserío y su estrechez dan a la calle un carácter tradicional, acentuado por la escasez de tráfico y su relativo sosiego, que en el pasado no fueron tales. teniendo en cuenta su cercanía a la zona del Arenal. De ese pasado se ha hecho eco la literatura. La cita, por ejemplo, en el Siglo de Oro, El viaje entretenido de Agustín de Rojas, y ya en el XIX  Luis Montoto (En aquel tiempo). En la casa núm. 13 vivió el poeta Rafael Porlán. En la Posada de la Reina se alojó en el s XIX el escritor Washington Irving, autor de Los cuentos de la Alhambra. Y el deán López Cepero cuenta que en otra casa ocurrió un episodio pintoresco al político y escritor francés Luis Adolfo Thiers, célebre autor de una historia de la Revolución Francesa, el cual vivió en la calle Jimios una juerga flamenca, en la que al decir de López Cepero, terminó participando activamente, llevando a cabo "cosas muy ajenas, no ya de persona de tan alto rango, sino de todo hombre de regular educación (...). Las mozuelas que danzaban derribaban con su pie el sombre­ro que Mrs. Thiers tenía en su cabeza, y por necesidad formaban con sus piernas un ángulo recto, cuyo vértice se acercaba a la cara del observador, el cual. con risas y palmadas, aplaudía la desenvoltura, reclamando la repetición" [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Jimios, 7. Casa de dos plantas y ático con vanos semicirculares separados por pilastras.
Jimios, 13. Casa de tres plantas, de tipo popu­lar.
Jimios, 15. Casa de tres plantas, de tipo popular.
Jimios, 22. CORRAL DE SAN JOSÉ. Corral de vecinos con acceso por un largo corredor que lleva a un patio con galería volada adintelada, sostenida por tornapuntas de hierro. En uno de los frentes, un pilón sobre el que cabalga un cuerpo arquitectónico con hornacinas en sus tres caras, enmarcadas por pilastras toscanas, con azulejos de San José, San Vicente Ferrer y San Juan Nepomu­ceno, fechados en 1764 [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre el Camino de Santiago, a su paso por la ciudad de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Jimios, al detalle:
Edificio Jimios, 7.
Edificio Jimios, 13.
Edificio Jimios, 15.
Corral de San José, en Jimios, 22

viernes, 25 de julio de 2025

Un paseo por la calle Santiago

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santiago, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 25 de julio, Solemnidad del apóstol Santiago, hijo del Zebedeo y hermano de San Juan Evangelista, que con Pedro y Juan fue testigo de la transfiguración y de la agonía del Señor. Decapitado poco antes de la fiesta de Pascua por Herodes Agripa, fue el primero de los apóstoles que recibió la corona del martirio (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la calle Santiago, de Sevilla, que dando un paseo por ella.
     La calle Santiago es, en el Callejero de Sevilla, una vía que se encuentra en los Barrios de San Bartolomé, y Santa Catalina, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de las calles Juan de Mesa, plaza Ponce de León, y calle Azafrán, a la calle Muro de los Navarros
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
   Sin interrupción ha venido llamándose Santiago (o Santiago el Viejo) al menos desde 1584, por encontrarse allí la iglesia parroquial de igual advocación, cuya fachada principal abre a la plaza Jesús de la Redención. Todavía a principios del s. XVI (1502) figura innominada como la "calle grande que va de Santiago, a Santa Catalina". Ocasionalmente ha sido denominada Ancha o Ancha de Santiago, y también calle de San Cosme y Damián (1665), calle del Hospital de San Cosme y Damián (1630) o del Hospital de las Bubas (1634, 1713), por el allí existente.
     Es una vía larga y estrecha, de trazado diagonal, que debe seguir un antiguo camino rural que llegaba a la ciudad a la puerta del recinto amurallado romano, a la altura de Santa Catalina. Laffón la describía como "calle aquella no larga, estrecha más bien, más bien que soleada, sombría y macilenta (Sevilla del buen recuerdo). Confluyen a ella, por la acera de los impares, Ave María, y por la de los pares, Cardenal Cervantes, y Lanza. Es presumible que a lo largo de los siglos pasados se haya ido haciendo más compacto el parcelario por la ocupación de algunas callejuelas. Así a principios del s. XVII se acordó empedrar el tramo de Santiago comprendido entre la calleja del Camello y Nuestra Señora de las Ánimas, hoy inexistentes; también en 1748, coincidiendo con la realización de importantes obras en el convento de Nuestra Señora de los Reyes, éste solicitó la incorporación de una callejuela colindante; de igual modo, a principios del XIX un vecino solicitó anexionarse un terreno de la "calleja perdida" que iba de Alhóndiga a Santiago. La calle fue enladrillada y empedrada en 1600, y la operación de empedrado se repite, cuando menos, en varias ocasiones en la primera mitad del XVII; en 1855 se denuncia el pésimo estado de su pavimentación y en 1868 se habla ya de la necesidad de adoquinarla, operación que se realizaría a principios de la presente centuria. Su calzada es de asfalto en el primer tramo, hasta la confluencia de Cardenal Cervantes; posee después un tramo adoquinado, y desde la plaza de Jesús de la Redención está de nuevo asfaltada; cuenta con aceras de losetas de desigual anchura y estado de conservación y se ilumina mediante farolas con brazos de fundición adosados a las fachadas.
     Predominan las viviendas unifamiliares de tres plantas; algunas se encuentran en estado de abandono o muy degradadas (de forma notable en la parte final, a partir de la confluencia con Lanza), mientras que en otros casos se ha procedido a su renovación por bloques de viviendas levantados en las dos últimas décadas. Es de destacar la núm. 39, fechada en 1864, con fachada de ladrillo visto. Pero la calle Santiago ha sido parti­cularmente nombrada por la presencia de algunos edificios de muy distinto significado social y funcional. A comienzos de la calle, y en la acera de los pares, se levantaba el Hospital de San Cosme y San Damián, más conocido por el de las Bubas, que en 1587 vino a ocupar el edificio dejado por el Hos­pital de las Cinco llagas, que se había trasladado a la Macarena; en la reunificación de hospitales de 1836 perdió su funcionalidad y se incorporó al Asilo de Mendicidad de San Fernando como asilo de mujeres, fue demolido junto con éste. Frente a la iglesia de Santiago, y colindantes, se levanta el palacio de Villapanés y el convento de Santa María de los Reyes  El primero fue construido a comienzo del s. XVIII por don Manuel López Pintado, primer marqués de Torreblanca del Aljarafe, que más tarde pasó a los marqueses de Villapanés; consta de dos plantas, rematadas con azotea y un mirador; la portada y el balcón principal se encuentran decorados con molduras mixti1íneas, pero en conjunto destaca la sobriedad de la fachada, que contrasta con el rico trabajo que ofrece el enrejado de las cancelas que del zaguán dan paso al patio central. El convento fue fundado inicialmente a comienzos de la calle en 1611; en 1637 se trasladó al lugar que hoy ocupa, en 1748 fue objeto de una profunda remodelación y estrenó iglesia a mediados del s. XVIII; actualmente ha pasado a depender de la administración autonómica, que lo ha rehabilitado con fines culturales y para exposiciones.
     Pero sin duda el edificio que mayor singularidad ha imprimido a esta calle ha sido el Corral del Conde, casa de vecindad que en algún momento llegó a albergar hasta 4.000 personas, por lo que a principios del siglo pasado era considerado como el de mayores dimensiones de la ciudad. Construido ex-profeso como casa de vecinos, las habitaciones, se disponen en torno a un gran patio en forma de L, con tres plantas. Hay noticias de la existencia de este corral desde el s. XVI, y en 1588 los vecinos de la collación solicitaron el aislamiento del mismo porque de él se había adueñado la peste, muriendo diariamente mucha gente, y se quería evitar que la enfermedad se propagara al resto de la collación y de la ciudad. Los moradores del Corral del Conde, así llamado por ser propiedad del conde de Olivares, pertenecían a las capas mas bajas de la ciudad y animaban la calle con sus continuos festejos y algarabías, que con frecuencia degeneraban en violentos enfrentamientos que daban a sus moradores fama de gente pendenciera y peligrosa. Fue también cuna de tahúres, en palabras de Laffón: "Los pequeños tahúres inocentes procedían unos de familia de 'riñón' bien forrado... Otros, tropa menuda de los corrales de vecindad de la calle Santiago ¡Qué democracia casera la nuestra!" (Sevilla del buen recuerdo). Así lo vio Ford a su paso por Sevilla: "Visitaré también el Corral del Conde, calle Santiago número 14: es un cuartel de lavanderas y ¡qué escena para el artista!, ¡qué forma de llevar las vasijas, a la manera antigua!" (Manual para viajeros...). Actualmente ha sido reconstruido, convertido en confortables apartamentos. En la reconstrucción se ha respetado la capilla que había en el patio y se ha retomado la antigua tradición popular de celebrar las cruces de mayo; pero sí es cierto que se ha mantenido la disposición arquitectónica del edificio histórico esta costumbre popular, las características sociológicas del vecindario han sido alteradas sustancialmente por la revalorización adquirida por las nuevas viviendas. En los tiempos en que funcionaba la Al­hóndiga, la calle Santiago registraba un gran movimiento por el elevado número de ca­rruajes que hacia aquélla se dirigían. Hoy, desaparecido el mercado de abastos, la calle se limita a cumplir su función residencial, el tráfico rodado ha disminuido sensiblemente y registra escasa actividad comercial [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Santiago, 27. CORRAL DEL CONDE
. Su planta tiene la forma de una L, con un cuerpo constituido en el centro del brazo corto. Consta de tres plantas, todas ellas con galerías adinteladas sostenidas por pies derechos de madera con zapatas.
Santiago, 31. PALACIO DE VILLAPANÉS. Esta casa fue construida en el primer tercio del si­glo XVIII por el almirante Manuel López Pintado, pasando luego a los marqueses de Villapanés y de Torreblanca del Aljarafe.
     Consta de dos plantas, con fachada avitolada rematada por una azotea, y miradores con dobles arcadas sobre columnas. La portada, al igual que el balcón, está decorada con molduras mixtilíneas, y sobre el dintel se encuentran las armas de la Casa. Un amplio zaguán comunica con el patio a través de una triple arcada, cerrada con cancelas. Dicho patio consta de ga­lerías de columnas en sus cuatro frentes. En uno de los ángulos se encuentra la caja de escalera cubierta con una bóveda de carroza; en su testero principal se halla el escudo de armas entre dos rejas ricamente decoradas.
Santiago, 46. Casa de tres plantas, en cuyo zaguán, cubierto con un artesonado, existe una cancela fechada en 1857.
Santiago, 48. Casa de tres plantas en la crujía de fachada, en cuyo interior existe un patio, en parte alterado por añadidos posteriores, con arquerías en dos de sus frentes, con arcos inscritos en al­fices sobre columnas corintias, en la planta alta. En uno de los frentes de este patio existe una galería adintelada sostenida por vigas con cabezas talladas y tornapuntas de hierro.
Santiago, 50. Casa de tres plantas en la crujía de fachada, gemela de la anterior. En el interior quedan restos de un patio con arcadas en uno de los frentes y en el otro una galería sostenida por tornapuntas de hierro [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984]
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santiago apóstol;
HISTORIA Y LEYENDA
   Hijo del pescador galileo Zebedeo, era el hermano primogénito de san Juan Evangelista y no de Santiago el Menor, a quien se suele tomar por su hermano pequeño. Junto con Juan fue llamado por Cristo para convertirse, jun­to a Pedro y Andrés, en uno de los apóstoles. El epíteto el Mayor significa que fue uno de los primeros llamados. Junto a san Pedro y san Juan asistió a la Transfiguración, o Agonía de Cristo en el Monte de los Olivos. No se sabe nada de su actividad apostólica después de la Ascensión. Se suponía que había predicado la fe en Siria y en Judea, y que cuando regresó a Jerusalén, en el año 44, habría sido decapitado por orden de Herodes Agripa. De esa manera, uno de los primeros apóstoles convocados por Jesús habría sido el primer llamado por Dios.
   El principal milagro que se le atribuía era la conversión del mago Hermógenes, evidentemente copiado de la historia de Simón el Mago, derrotado por el apóstol Pedro.
   Hermógenes envió a su discípulo Fileto para que empleara sus sortilegios contra Santiago. Pero éste, al ver que Santiago curaba a los enfermos e incluso resucitaba a los muertos, se convirtió, y de vuelta junto a Hermógenes, intentó convertir a éste. El mago, enfurecido, lo dejó paralítico, y Fileto pudo recuperar el uso de sus miembros gracias al apóstol, quien le prestó su manto milagroso.
   Entonces Hermógenes pidió a los demonios que le entregaran a Santiago y a su neófito encadenados. Pero Santiago ordenó a su vez a los demonios que hicieran a su enemigo el daño que éste quisiera infligirles. Los a gentes de Satanás, subyugados por una fuerza superior, encadenaron a Hermógenes y lo entregaron atado de pies y manos.
   Entonces el mago reconoció su error, y prosternándose a los pies del apóstol Santiago, quien le hizo desatar, solicitó el bautismo y arrojó los libros de magia al mar.
   De acuerdo con la tradición española, que contradice a la leyenda palestina, el apóstol Santiago habría viajado a España para predicar el Evangelio, desembarcó en Cartagena, y luego, en Zaragoza, se le habría aparecido la Virgen en lo alto de una columna de jaspe (Virgen del Pilar), rodeada por un coro de ángeles. Tal sería el origen de la célebre basílica de peregrinación de Nuestra Señora del Pilar, en Zaragoza. En Lérida debió detenerse durante la noche a causa de una espina en el pie. Habría conseguido quitarse dicha espina gracias a los ángeles descendidos del cielo. Más tarde, el cuerpo del apóstol, después de su martirio, habría navegado hasta Galicia en una barca conducida por un ángel.
   Esta leyenda tardía se explica por el ardiente deseo que animó a todos los países de la cristiandad de vincular la fundación de sus iglesias locales con uno de los discípulos de Cristo. Roma vindicaba a san Pedro, Grecia y Rusia a su hermano san Andrés. La España cristiana quiso atribuirse al apóstol Santiago, orgullosa de asegurarse de esa manera el patronazgo de un discípulo directo de Cristo, mientras que Francia debía contentarse con san Dionisio, confundido con san Dionisio Areopagita, e Inglaterra con san Jorge.
   En realidad, el apóstol Santiago nunca estuvo en España y sus reliquias jamás fueron trasladadas a Galicia. Esta leyenda nació de la cruzada contra los moros (Reconquista) y de la peregrinación a Santiago de Compostela.
   Dicha peregrinación, organizada por los monjes de Cluny para socorrer a los cristianos de España en su cruzada contra los moros, se remonta al siglo X. Por tanto, fue en esa época cuando se forjó la leyenda española del apóstol Santiago. Se pretendió antidatarla. Un documento apócrifo, presentado como un texto del siglo VII, afirma que el apóstol Santiago había llegado a España para evangelizarla. Hacia 830 circuló un rumor acerca del descubrimiento de la tumba del apóstol en Galicia, y para exaltar el valor de los cruzados, se contó que en 834, en la batalla de Clavijo, el apóstol Santiago montado en un caballo blanco, había derrotado a los infieles blandiendo su estandarte. Por último, en 860, el Martirologio de Adón certificó que la tumba del santo, que acogió sus huesos enviados desde Jerusalén, se en­cuentra en Galicia.
   Gracias a las investigaciones fundamentales realizadas por Monseñor Duchesne y a excavaciones arqueológicas  recientes (1955), que permitieron a René Louis precisar las indicaciones suministradas por los textos his­tóricos o legendarios, en la actualidad estamos en condiciones de seguir casi paso a paso la génesis de un culto tardío y forjado íntegramente entre los siglos IX y XI.
   Es necesario distinguir entre dos leyendas, que aparecieron sucesivamente: la del apostolado de Santiago en España y la de su Sepultura en Galicia. En vano se buscaría un texto que mencionara el apostolado de Santiago en la penínsulai bérica con anterioridad al siglo VII. Los poetas latinos Prudencio y Fortunato, Isidoro de Sevilla y san Martín de Braga (Galicia), no lo mencionan. La leyenda tiene su fuente fuera de España, en el Breviarum Apostolorum. En España apareció a finales del siglo VIII, en el Comentario del Apocalipsis, del Beato de Liébana.
     En cuanto a la leyenda de la sepultura de Santiago en Galicia, la primera mención apareció en 806, en el Martirologio de Florus de Lyon. La iglesia de peregrinación construida bajo los pretendidos huesos del Apóstol ya existía en 874, puesto que ese año el rey Alfonso III de León, y su esposa Jimena ofrendaron una magnífica cruz de oro. A partir de ese momento los pere­grinos afluyeron hacia la  tumba del apóstol, convertido en el patrón de la España cristiana en guerra contra los moros.
   Textos apócrifos y tradiciones orales al margen de toda prueba contribuyeron, como es natural, a enriquecer y embellecer la leyenda forjada por los clérigos. Era necesario explicar la traslación de las reliquias del apóstol desde Palestina hasta Galicia, y su invención en un sarcófago de mármol (arca marmorica) descubierto en medio de un antiguo cementerio romano. Fue del nombre de dicho cementerio, Compostum ubi ossa componuntur que en el siglo XI se creó el nombre Compostela, que la etimología popular, a base de juegos de palabras, convirtió en Campus stellae (Campo de la Estrella).
   Algunas de estas leyendas de peregrinación o de cruzada deben recordarse aquí, porque han inspirado gran número de obras de arte.
   La primera es la traslación del cuerpo del apóstol desde Joppe (Jafa, Palestina) hasta Santiago de Compostela, en Galicia.
   Conducido por un ángel, el cuerpo santo, transportado sobre un navío, o bien en un sarcófago de mármol flotante, cruzó las Columnas de Hércules o Estrecho de Gibraltar, y recaló en las costas gallegas. La reina Lupa (o Luparia) ordenó uncir al sarcófago toros salvajes, para que se rompiese contra las ro­cas, pero los toros, al punto domesticados con una señal de la cruz, se volvieron mansos como corderos, y arrastraron las reliquias hasta el patio del palacio de la reina, quien se convirtió y transformó su castillo en monaste­rio: ese edificio sería la cuna de la célebre peregrinación de Santiago de Compostela.
   Santiago era el patrón de los peregrinos y de los caballeros: se necesitaban le­yendas especiales para uso de una y otra categoría de devotos.
   Los peregrinos no se cansaban de oír el Milagro de la horca o del Ahorcado desahorcado. A decir verdad, dicho milagro, como el del mago Hermógenes, es un plagio. Pertenece a la leyenda de otro santo Domingo, Domingo de la Calzada, quien había merecido el reconocimiento de los peregrinos com­postelanos porque mejoró el «Camino de Santiago».
   Dos esposos devotos se dirigían en peregrinación a Santiago de Compostela desde Toulouse. Una tarde se alojaron en una posada donde la hija del posadero se enamoró del jovencito. Rechazada por este nuevo José, la mujer, para vengarse, discurrió introducir secretamente en el zurrón de peregrino del joven desdeñoso una copa de plata, para luego acusarle de robo. El juez, convocado de inmediato, comprobó el flagrante delito y condenó a la hor­ca al presunto ladrón.
   Sus padres, consternados, siguieron la ruta hasta Santiago de Compostela, y en su aflicción, rogaron con ardor al apóstol Santiago que demostrase la inocencia de su hijo. En el camino de regreso, cuando pasaron por el sitio donde el joven fuera ahorcado, lo encontraron colgado, pero milagrosamente vivo: él les contó que lo habían sostenido la Santísima Virgen y el apóstol Santiago, quienes le salvaron la vida.
   Los padres fueron a buscar al juez, a quien encontraron sentado a la mesa, cortando un gallo y una gallina asados. Le dijeron que el hijo de ambos, suspendido en la horca desde hacía varias semanas, aún estaba vivo. El juez se negó a creer y respondió con una burla: «Vuestro hijo está tan vivo como el gallo y la gallina que están sobre la mesa». Las aves aludidas echaron a cantar al punto.
   Estupefacto, el juez aceptó entonces seguir a los padres del salvado hasta el cadalso. Luego liberó al inocente, e hizo colgar en su lugar al posadero y a su hija. El gallo y la gallina resucitados se enjaularon y condujeron a la igle­sia donde se los cuidó con mimo hasta que murieron de viejos.
    Al mismo tiempo que la leyenda de la peregrinación se difundió la de la cruzada, que popularizó la orden de Los Caballeros de Santiago. En vísperas de una batalla contra los musulmanes que se libró en Clavijo, en 930, el rey Ramiro I de Asturias, como lo hiciera antes el emperador Constantino, vio aparecer en sueños al santo patrón de España, quien montado en un caballo blanco derrotó a los moros y los puso en fuga. Asistido por el santo Matamoros, Ramiro consiguió la victoria. Fue a partir de entonces que ¡Santiago! se convirtió en el grito de guerra de los ejércitos españoles.
CULTO
   Así, aunque no contase con prueba histórica alguna, Santiago el Mayor se convirtió en el santo nacional de España (lux et decus Hispaniae), y enseguida pasó a la categoría de los santos universales que en la Edad Media ve­neraba toda la cristiandad. En España se le dedicaron centenares de iglesias de las cuales, sólo en la diócesis de Compostela hay cincuenta y cinco.
   Su popularidad se funda en la peregrinación a Santiago de Compostela, que seguía en dignidad a la de Jerusalén y a la de Roma, y que rivalizaba con éxito con San Martín de Tours y con San Nicolás de Bari, y atraía multitu­des comparables a las de Lourdes en la actualidad.
   Todos los caminos conducían a Santiago. Como los Reyes Magos, a quienes guiara la estrella, los peregrinos sólo debían seguir la dirección de la Vía Láctea que señalaba la ruta de Compostela (Campus Stellae: el Campo de la Estrella). La geografía hagiográfica y monumental se abocó a precisar los itinerarios y las principales etapas de los peregrinos. Los franceses pasaban por Tours, Limoges, Conques, Blaye, o salían de Notre Dame du Puy para reunirse en el puerto de Roncesvalles. Los alemanes se daban cita en la abadía de Einsiedeln, en Suiza, y seguían la ruta por Ginebra, Lyon y Saint Gilles. Ya pacíficas, ya guerreras, estas cruzadas internacionales  tuvieron enorme influencia en la literatura de la Edad Media.
   En cada etapa los viajeros encontraron centros de hospedaje ya cogida: capillas, posadas y hospitales organizados por las cofradías de peregrinos de Santiago que pululaban en todos los países de Europa.
   Como la peregrinación a Galicia había sido lanzada por la orden borgoñona de Clun y cuyos abades llevaban en el blasón una concha de Santiago, y como los peregrinos procedentes del norte debían atravesar Francia por fuerza, no debe sorprender que Francia haya sido, después de España, el país donde el culto de Santiago adquirió la mayor extensión.
   En la catedral de Arras se veneraba la cabeza de Santiago (saint Jacques), que Carlos el Calvo habría traído desde Santiago de Compostela y donado a la abadía de Saint Vaast. En la catedral de Amiens existía un altar del mentón de Santiago, llamado así a causa de la reliquia del apóstol que se exponía en dicha basílica.
   París tenía al menos tres iglesias puestas bajo la advocación de Saint Jacques, patrón de los peregrinos (Apostolus Peregrinus): Saint Jacques l'Hopital, Saint Jacques la Boucherie (la Carnicería) de la cual sólo subsiste una torre, y Saint Jacques du Haut Pas, situada en la ribera izquierda del Sena, sobre el camino que a través de Orleans y Cléry, conducía a Galicia.
   Las iglesias dedicadas a Santiago abundan en todas las provincias francesas, se las encuentra en Dieppe, Lisieux, Compiegne, Saint Jacques des Guérets, cerca de Vendome, y Chatellerault, en Poitou. No obstante, no se puso bajo su advocación ninguna catedral. En la iglesia de Saint Pantaléon de Troyes se le dedicó una magnífica capilla.
   Los Países Bajos compartieron esta devoción. Basta recordar a la iglesia de Santiago, en Lieja, que pretendía poseer un brazo del apóstol, enviado a Bruselas desde Santiago de Compostela, y la iglesia de St. Jacques de Coudenberg, en la cima de la Montaña de la Corte, sobre la Plaza Real, al igual que las iglesias flamencas de Amberes, Brujas, Gante, Lovaina e Ypres. En Holanda, Santiago era el patrón de La Haya.
   Inglaterra se había asegurado la posesión de una mano del apóstol y el palacio real de Saint James, en Londres, fue edificado sobre el antiguo emplazamiento de un hospital dedicado a Santiago. A causa de la concha, que es su atributo, se esperaba su fiesta para comer las primeras ostras.
   Alemania pretendía poseer la otra mano de Santiago, una donación del emperador Enrique IV a la ciudad de Bremen, cuyos magistrados formularon la promesa de enviar un peregrino a Santiago de Compostela cada año, y hacerse cargo de los gastos. La devoción germánica al apóstol Santiago también está probada por la fundación de la basílica de Santiago de los Escoceses en Ratisbona y de la Jakobkirche de Rothenburgobder Tauber, en Franconia. También en los países de Europa meridional abundan las pruebas de la devoción a Santiago. En Portugal, San Thiago era el patrón de Coimbra. En Italia, las ciudades de Pesaro y Pistoia se encomendaban a San Giacomo que tenía iglesias puestas bajo esa advocación, generalmente acompañadas por un hospital, en Roma (San Giacomo del Colosseo, detrás del Coliseo, y San Giacomo degli Spagnuoli, sobre la plaza Navone), Bolonia, Venecia y Nápoles. El duque Juan Galeazo Visconti, en 1362 fundó en Milán el hospicio de San Giacomo de'Pellegrini, para recibir a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela o que regresaban de allí.
   Desde España, la devoción a Santiago pasó, como es natural, a las colonias de las Antillas y de América del Sur, como lo prueban los nombres de Santiago de Cuba y Santiago de Chile.
   Es patrón de los peregrinos y de los caballeros, que en la Edad Media constituían dos categorías extremadamente numerosas de fieles ambulantes y militantes. Santiago también era el santo a quien invocaban los agoni­zantes.
   Además, lo vindicaban como protector las corporaciones de farmacéuticos y droguistas y los sombrereros, a causa de su sombrero de peregrino, de ala ancha.
   Los enfermos lo invocaban para la curación del reumatismo y los fruticultores le agradecían la abundancia de las manzanas, cuyas primicias madura­ban para la fiesta de Santiago.
   El culto de Santiago alcanzó su apogeo en los siglos XIV y XV, para disminuir rápidamente a medida que decaía la popularidad de la peregrinación a Santiago de Compostela y el espíritu caballeresco de la cruzada, que eran sus mejores bases.
ICONOGRAFÍA
   Deben diferenciarse tres tipos iconográficos muy diferentes: el apóstol, el pe­regrino y el caballero.
A) El Apóstol (Apostolus)
   En los monumentos más antiguos Santiago está representado como apóstol. Cubierto con una toga y descalzo, lleva un rollo (volumen) del Nuevo Testamento.
   A veces se presenta entre dos troncos de árboles podados (Toulouse, Santiago de Compostela) o dos palmeras (Horas del Mariscal de Boucicaut).
   Sus atributos son la cruz primacial de doble travesaño, porque según la leyenda habría sido el primer arzobispo de España, y la espada con la cual fuera decapitado.
B) El Peregrino (Peregrinus)
   A causa de la influencia de la peregrinación a Santiago de Compostela, a partir del siglo XIII casi siempre Santiago fue representado con ropas de peregrino. En este caso está calzado, en vez de ir descalzo, como los apóstoles. Está tocado con un sombrero de ala ancha guarnecido de conchas, apoyado en un bordón, con el habitual equipaje de los peregrinos, con lo justo para comer y beber: el zurrón y la cantimplora.
   Se lo representa, ya de pie, ya sentado.
   Este tipo fue popularizado por las insignias de peregrinación de azabache (azabache compostelano) que los peregrinos traían desde Santiago de Compostela. Por un curioso fenómeno de contaminación iconográfica con los tipos de la Virgen de la Misericordia y de santa Úrsula, Santiago ha sido representado abrigando a los peregrinos bajo su manto protector.
C) Santiago Matamoros
   Un tercer tipo, más tardío, difundido por la cruzada de la Reconquista y la orden de Santiago, es el tipo ecuestre. Santiago está representado cargando en el aire sobre un caballo blanco, y derrotando a los moros en la batalla de Clavijo. En esta tercera encarnación aparece como «Matamoros».
   En España se ha producido una confusión entre Santiago Matamoros ecuestre y las imágenes del emperador Constantino triunfando sobre los paganos, tan frecuentes en las fachadas de las iglesias del Poitou y de Saintonges (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La calle Santiago, al detalle:
Corral del Conde
    Retablo cerámico de la Virgen del Pilar
Edificio calle Santiago, 46
Edificio calle Santiago, 48
Edificio calle Santiago, 50

domingo, 27 de marzo de 2022

Un paseo por la plaza Doña Elvira

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza Doña Elvira, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 27 de marzo, es el Día Mundial del Teatro, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la plaza Doña Elvira, puesto que sus inmediaciones se encontraba el desaparecido Corral de Doña Elvira, uno de los muchos teatros que existieron en Sevilla.
   La plaza Doña Elvira es, en el Callejero Sevillano, una plaza que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, entre las calles Rodrigo Caro, Vida, y Gloria.
   La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario. 
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. 
     La vía, en este caso una plaza, está dedicada al desaparecido Corral de Comedias de Doña Elvira, que se ubicaba en las inmediaciones.   
   Bajo el apelativo de Doña Elvira se han conocido desde el s. XV diversos espacios del barrio de Santa Cruz. Estos formaron parte de la Judería sevillana y fueron propiedad de doña Elvira López de Ayala, hija del canciller Pedro López de Ayala, al desaparecer dicha Judería en 1391. En 1833 se rotuló como Arjona y en 1845 como Doña Elvira. El asistente José Manuel de Arjona (1781-1850) gobernó la ciudad de 1825 a 1833 y abrió la plaza que se formó tras la demolición de una manzana delimitada por Vida, Ataúd, Caballos y plazuela de los Caballos. La calle Ataúd, hoy desaparecida, era prolongación de Gloria y fue conocida desde el s. XV con este nombre. Su denominación se justificaba por su estrechez y forma, según un documento coetáneo. La calle y plaza de los Caballos estuvo situada entre Gloria y Rodrigo Caro y se llamó así por ser el picadero de los condes de Gelves, aunque también se ha dicho que era lugar de tratantes de este tipo de ganado. En sus inmediaciones estaba la calle Techada (s. XVIII).
     Los documentos hablan del barrio, las casas, el baño, la huerta, el corral de las comedias y, finalmente, de la plaza de doña Elvira. Este ámbito estuvo aislado y disponía de postigos, probablemente los de la Judería, que lo aislaban del resto de la ciudad. Los Reyes Católicos en 1484 reconocieron el derecho de sus dueños a cerrar las puertas del recinto en contra de las pretensiones del cabildo de la ciudad que quería hacerlas públicas.  
   La plaza se formó por la demolición de una manzana de casas decidida por el asistente Arjona en 1826, dentro del programa de saneamiento y ensanche de la ciudad, y por la incorporación de la plazuela de los Caballos y las estrechas calles adyacentes. En 1888 se hicieron algunas alineaciones consiguiéndose su actual trazado ligeramente trapezoidal. Tras su apertura estuvo empedrada y fue dotada de una fuente para uso de los vecinos, que según se alegó en la petición eran pobres (1848), posteriormente fue adoquinada y dotada de asientos. En 1924 se efectuó el proyecto de Talavera con modificaciones del marqués de la Vega Inclán. Este elevó ligeramente el centro de la plaza sobre los viales que la circundaban y rodeó el salón con parterres, naranjos y plantas y en el centro situó una fuente de mármol, así como bancos de ladrillos y azulejos. La calzada se dotó de aceras y pavimento de adoquines y chino lavado en damero. En los últimos tiempos se han reformado los parterres y el salón de la plaza ha sido pavimentado con losas de cerámica y chino lavado. El caserío presenta cierta homogeneidad que le dio la construcción de viviendas de estilo regionalista, con obras de Talavera y Espiau, entre los años 1920 y 1940; aparecen en buen estado de conservación y constan de dos y tres plantas con arcos separados por pilastras, o terrazas. Algún edificio reciente ha roto esta homogeneidad. Es muy recoleta, puesto que sólo se accedía con vehículos de tracción animal por la estrecha calle Gloria; recientemente ha sido cerrada al tráfico.
     Su función, aunque residencial, se ha ido especializando hacia el turismo; a ella abren sus puertas tiendas de souvenirs, un taller de mantones de Manila y restaurantes que ocupan con sus mesas parte de ella. Hasta hace poco tiempo formaba parte del recorrido turístico que hacían los cocheros por el barrio de Santa Cruz. Así mismo acuden a ella en las noches de verano jóvenes con guitarras que cantan hasta la madrugada. En los años treinta se utilizó para dar recitales, conciertos y representaciones de teatro popular. Muchos son los escritores que han glosado esta plaza de tan reciente creación, que se ha convertido, sin embargo, en símbolo de la Sevilla tópica, tanto por su ambiente recoleto como por las leyendas que se han relacionado con ella, tales como la de la bella Susona, la del caballero don Miguel de Mañara y la del tesoro escondido del judío Samuel Leví, tesorero de Pedro I. Entre ellos cabe citar a Latour, Montherlant, Mas y Prat, Alejandro Collantes, Grosso, Romero Murube y Manuel Barrios Masero que en su poema "La plaza de Doña Elvira" (Sevilla, lirio y clavel) dice:
          "Barrio quieto y misterioso
            ¡Barrio de la judería,
            que escondes, como una joya, 
            la Plaza de Doña Elvira!".
     Algunos sitúan el corral de comedias de Doña Elvira en esta plaza y, aunque es posible que estuviera próximo, no coincidía con este espacio. Así mismo Ortiz de Zúñiga refiere que existían próximas al corral de comedias unas galerías subterráneas semejantes a las de Abades y por tanto de posible origen romano. Estos restos pueden estar relacionados con los baños que se conservan en Gloria [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
Doña Elvira, 4. Casa de dos plantas y ático con los vanos separados por pilastras. En el interior conserva dos habitaciones abovedadas.
Doña Elvira, 5. En esta casa se conservan algunos restos de edificaciones anteriores.
Doña Elvira, 10. Casa de dos plantas y ático con vanos de medio punto separados por pilastras [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana. Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor el Día Mundial del Teatro;
     El Día Mundial del Teatro se celebra el 27 de marzo de cada año y fue creado por Instituto Internacional del Teatro (ITI) en el año 1961. Su principal objetivo, es dar a conocer lo que representa el teatro para la cultura a nivel mundial.
     Durante este día se celebran en todo el mundo actos y eventos relacionados con la escena. Uno de los más importantes es el mensaje internacional por parte de una figura de talla mundial por invitación del ITI. En este mensaje, una persona de relevancia comparte sus reflexiones acerca de la cultura y el teatro.
     La primera vez que se celebró el Día Mundial del Teatro, en 1962 fue el poeta, dramaturgo y cineasta francés Jean Cocteau quien pronunció el famoso Mensaje Internacional del Día Mundial del Teatro. Después, otros nombres destacado le siguieron como Arthur Miller, Laurence Olivier, Pablo Neruda, Richard Burton, Antonio Gala, Humberto Orsini, John Malkovich o Darío Fo.
     El teatro es un movimiento cultural que tiene trascendencia mundial y que se caracteriza por una puesta en escena de un grupo de comediantes y artistas, frente a un auditórium y donde asisten un gran número de espectadores.
     Es una de las artes escénicas más importantes, que conjuga una gran variedad de elementos y que al unirlos, dan como resultado un maravilloso espectáculo, el cual hoy goza de muchos adeptos.
     El teatro encierra una verdadera magia y es que, el sólo hecho de poder estar tan cerca de los actores y ver sus expresiones en vivo, deja al espectador sin palabras.
     El teatro, a diferencia de otras artes escénicas, tiene la particularidad de despertar verdaderas pasiones, sentimientos y emociones una vez que comienza la obra. 
   Para el espectador, la posibilidad de interactuar con el actor, es un momento único e inolvidable, sin dejar de lado la misma actuación, que por supuesto, es un momento magistral. También se puede ver subir y bajar el telón, escuchar alguna banda sonora, apreciar el vestuario, las luces y aplaudir cada vez que termina un acto.
     A ciencia cierta, no se sabe porque el teatro puede llegar a conmover tanto la fibra de los hombres y las mujeres, pero desde la antigüedad, esa magia ha estado presente. Así lo dejó plasmado Aristóteles en su libro llamado "Poética" y otros grandes dramaturgos, de los cuales hoy podemos disfrutar su legado.
     Para celebrar el Día Mundial del Teatro, en varios países se organizan eventos y espectáculos en los teatros y salas más importantes y de mayor prestigio internacional, para que aficionados y amantes del arte, asistan y disfruten en vivo de estas magistrales actuaciones.
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza Doña Elvira, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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La plaza Doña Elvira, al detalle:
Fuente de la plaza Doña Elvira
Retablo cerámico de San Fernando
Edificio plaza Doña Elvira, 4.
Edificio plaza Doña Elvira, 5.
     Retablo cerámico conmemorativo de Don Juan Tenorio
Fundación Pintor Amalio
Edificio plaza Doña Elvira, 10.
     Retablo cerámico de Ntra. Sra. de la Esperanza Macarena