Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 19 de junio de 2026

Las Murallas de la ciudad antigua, desde la época fundacional a la visigoda

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las Murallas de la ciudad antigua, desde la época fundacional, a la visigoda, de Sevilla.
      Los primeros indicios de ocupación del solar hispalense se remon­tan al siglo IX a. C. cuando unos comerciantes de origen fenicio establecieron un asentamiento sobre un promontorio ligeramente elevado (15 m.s.n.m.) entre el cauce del Tagarete por el este y el sur, y el extenso cauce del Guadalquivir por el oeste, al fondo de su amplio estuario, que sería conocido en los textos clásicos como Lacus Ligustinus. Este primer núcleo habitado recibió el nombre de Spal, topónimo de origen semítico que significaba "tierra baja", y ocupaba un área aproximada de unas 12 ha que estarían delimitadas aproximadamente por las actuales vías de Placentines, Francos, cuesta del Rosario, Muñoz y Pabón, Federico Rubio y la calle Mateas Gago, en cuyas cercanías se han localizado evidencias de un área portuaria cercana a la posición del cauce fluvial en aquel momento. Es aproximadamente el mismo espacio que ocu­paría más adelante la Spal turdetana, aunque no hay constatación arqueológica del tipo de cerca muraria, si la hubo, que defendería ese núcleo primitivo prerromano o "promontorio fundacional", como aparece citado en numerosas investigaciones.
     Las ventajas de este emplazamiento eran muy favorables para aquella primera comunidad urbana, dado que la altura del promontorio, aunque escasa, les permitía mantenerse a salvo de las periódicas crecidas del río, a la vez que su posición aseguraba un suministro regular de agua, cercanía a la fértil vega y a las marismas, con sus posibilidades de pesca y actividades ganaderas, así como el acceso a los valles mineros del interior, lo que conver­tía aquella primera urbe en el puerto fluvial más al interior del estuario del Baetis, un lugar idóneo donde desarrollar un comercio próspero y seguro entre los expertos marinos fenicios y las comu­nidades indígenas que, con este intercambio, dieron forma a la civilización de Tartessos. A su vez, este emplazamiento mercantil se complementaría con el área sagrada excavada en el cerro del Carambolo, en Camas, donde las excavaciones de 2002-04 sacaron a la luz los restos de un santuario fenicio probablemente dedicado a Astarté, funcionando ambos espacios, ciudad y santuario, como elementos mágico-simbólicos de protección del fondo del estuario y entrada al río que bautizaron como Baetis.
     Aquel primer núcleo urbano mantuvo su capacidad fabril y mercantil tras el desmoronamiento del poder tartésico en torno al siglo VI a. C. y el consiguiente ascenso de las urbes de origen púnico-cartaginés, como era el caso de Gadir, que se convertiría en el principal centro económico y político hasta la llegada de Roma. En ese contexto, el puerto de Spal era el principal punto de acceso a la riqueza minera y agrícola del sur peninsular, lo que favoreció su crecimiento bajo el dominio de Cartago, lo que sin duda tuvo que repercutir en la construcción de alguna fortificación urbana, aún desconocida para la arqueología. Por tanto, desconocemos la capacidad defensiva que tuvo aquella ciudad primitiva, la cual fue conquistada por las legiones romanas de Escipión el Africano en el año 206 a. C., dentro de los episodios bélicos de la II guerra púnica, que significaron el fin del poder púnico y la integración del terri­torio peninsular en los esquemas políticos y económicos de la república romana.
     Las primeras referencias literarias a la ciudad romana, Híspalis, las encontramos en el contexto de las guerras civiles entre los parti­darios de Pompeyo y de Julio César, en torno al año 45 a. C. En ellas se hace referencia al oppidum hispalense, una fortificación importante dada su capacidad de resistir el asedio de las legiones cesarianas contra los numerosos partidarios de Pompeyo entre la población local. Esta ciudad, una vez sometida, fue refundada por César con un estatus jurídico superior, la colonia Iulia Romula Hispalensis, un gesto que, aunque suponía la pérdida de su autonomía municipal, convertía a sus habitantes en ciudadanos de pleno derecho y permitía el estable­cimiento de colonos romanos, asegurándose así la lealtad y el control de este enclave urbano tan importante en el entramado económico de Roma. Precisamente, la erudición tradicional había venido atribuyendo a Julio César la erección de las murallas hispalenses, pero las excavaciones arqueológicas realizadas hasta ahora no sustentan dicha afirmación, aunque no es desdeñable suponer que el dictador, dentro del programa de refundación de la ciudad, ordenara la recons­trucción, consolidación, o nueva construcción en algunos tramos de la muralla republicana, hito jurídico y símbolo de estatus, transmisor, en sí mismo, de la imagen romana de ciudad estable y próspera.
     En la actualidad, desconocemos en gran medida el trazado que tendría la muralla romana, tanto la republicana como la imperial, para la que algunos especialistas suponen dos fases constructivas: la segunda mitad del siglo I a. C. y la primera mitad del siglo II d. C., según los resultados de las últimas investigaciones, aunque los restos arqueológicos analizados hayan sido fruto, en gran parte, de hallazgos casuales derivados de obras de infraestructuras y de proyectos de edificación, que no aportan un conocimiento suficiente. De hecho, las excavaciones arqueológicas realizadas hasta la fecha tan solo han mostrado restos escasos de aquella muralla, los cuales apenas permiten confirmar las hipótesis establecidas.
     Así pues, diversos autores recogen el hallazgo de restos de la muralla romana cuando el arquitecto Leonardo de Figueroa iniciaba la cimentación de la capilla sacramental de Santa Catalina en 1721, aunque sin suficiente confirmación arqueológica. Más recientemente, en 1950, unos trabajos de infraestructuras urbanas en la calle Orfila sacaron a la luz un muro de sillares calizos que fue interpretado en su momento como integrante de la muralla romana, aunque un análisis posterior lo ha descartado y lo ha datado en época islámica. A su vez, en 2004, la compleja excavación realizada en el solar de la Encarnación permitió documentar un lienzo de muro de sillería fechado en torno al siglo I d. C., que, para algunos investigadores, correspondería a un tramo de la muralla imperial, mientras que otras hipótesis señalan que formaría parte de la base de una construcción funeraria monumental, aunque la edificación resultante impide la realización de nuevos estudios arqueológicos. Tampoco hay unanimidad en torno al paramento de sillería hallado a los pies de la torre de San Martín, el cual podría corresponder al sector más septentrional de la muralla, probablemente un torreón de la misma dada las características de su cimentación, mientras que el muro localizado en la puerta primitiva del alcázar en el patio de Banderas indicaría su ángulo suroriental.
Sin embargo, más recientemente, los hallazgos realizados en las excavaciones de julio de 2021 en un solar de la plaza de San Francisco han permitido establecer con mayor rotundidad y unanimidad de criterios la presencia de la cerca romana. En estas obras, el arqueólogo Álvaro Jiménez ha identificado un tramo de mura­lla de algo más de 9 metros de longitud, compuesto de sillares de piedra caliza y datado en torno al siglo III d. C., cuyas características permitirían identificar un potente muro de defensa (8 m de altura por 3'25 de anchura, aproximadamente) frente al paleocauce del Guadalquivir y en cuya base se ha podido constatar la huella arqueológica del pomerium que rodeaba la ciudad. Este sensacio­nal hallazgo permite, además, conjeturar la continuidad de dicha muralla bajo las casas adyacentes, en una dirección Norte-Sur paralela al citado paleocauce, como podemos comprobar en el plano hipotético elaborado por el profesor Tabales.
     De este modo, con el apoyo de las fuentes literarias y documentales y el análisis detallado de la información aportada por la arqueología, los especialistas han podido establecer el recorrido probable de la muralla de Híspalis, la cual encerraría el núcleo ori­ginal prerromano, limitado por el curso del Tagarete y el paleocauce del Guadalquivir, así como la ampliación de dicho espacio urbano hacia el norte y el noreste, aunque estas hipótesis precisan de la necesaria confirmación arqueológica. De cualquier forma, no hay que olvidar que la escasez de restos de dicha muralla tiene mucho que ver con el material empleado en su construcción, sillares de piedra caliza procedentes de canteras lejanas, que con toda seguridad fueron reutilizados posteriormente, como se ha comprobado en la muralla del primer recinto del Alcázar.
     Más tarde, tras el debilitamiento del Imperio romano occidental en el siglo V, las aristocracias locales que lo sustituyen se muestran incapaces de frenar el avance de las devastadoras incursiones de los vándalos de Gunderico, quienes saquean y ocupan Híspalis en 425, hasta que son derrotados por suevos y visigodos. De ahí, que el nuevo poder visigodo decida reforzar la capacidad urbana y militar de Spalis, cuyas murallas eran fundamentales en la estrategia de control del sur peninsular frente a la aristocracia hispanorromana y las incursiones de los ejércitos bizantinos, aunque diferentes excavaciones han puesto de manifiesto la presencia de áreas urbanas intramuros abandonadas por la población y numerosos edificios públicos en ruinas.
     No obstante, la ciudad llegó a alcanzar un notable protagonismo en la guerra civil (581-584) que enfrentó al rey Leovigildo con su hijo Hermenegildo, quien había hecho de Spalis su principal plaza fuerte, auxiliado, inútilmente, por las naves bizantinas. Sin embargo, la capacidad defensiva de la ciudad, aún con las viejas murallas romanas, se muestra insuficiente en 712 ante el ejército invasor de Musa Ibn Nusayr, quien pone fin al dominio visigótico y da paso a una larga etapa de progresiva islamización del espacio urbano, cuyas consecuencias perduran hasta el día de hoy (Esteban Moreno Hernández. En torno a las murallas de Sevilla. Guía por las puertas y límites de un casco antiguo. El Paseo editorial. Sevilla, 2023).
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martes, 12 de mayo de 2026

Los sitios arqueológicos Alberca de la Aljabara, Aljabar, y Aljabara, en Fuentes de Andalucía (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Alberca de la Aljabara, Aljabar, y Aljabara, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).  
Alberca de la Aljabara. Esta estructura hidráulica se emplaza en las fértiles tierras de La Aljabara, ricas en recursos hídricos. Se trata de un elemento emergente de forma cuadrangular realizado en tapial de unas dimensiones de 22 metros de largo por 20,75 de ancho, presentando el eje mayor una dirección Este-Oeste. Los muros tienen una anchura aproximada de 85 centímetros y presentan en su cara interna algunas huellas de revestimiento hidráulico.
     Se trata de una alberca utilizada para el almacenamiento del agua que a su vez servía como balsa de regulación para su posterior distribución a las alquerías cercanas. El hecho de situarse cerca de la alquería de La Aljabara, mencionada incluso por las fuentes históricas, y dado que la técnica constructiva es típicamente árabe, se puede atribuir a esta alberca una cronología medieval islámica. Se sabe también por información oral de la aparición de restos de conducciones hidráulicas en un área intermedia entre la alberca y el manantial de La Aljabara. 
Aljabar. Este lugar se emplaza en la finca de La Aljabara y en las inmediaciones del propio cortijo. Según Fernández Caro, a finales del verano de 1984 se halló un tesorillo de monedas visigodas que fue tasado en varios millones de pesetas. También existen referencias indirectas que mencionan la aparición en el mismo lugar de una lucerna completa.
     En el transcurso de la prospección, no hemos observado ningún indicio de restos arqueológicos en el lugar en cuestión.
Aljabara I. El yacimiento se emplaza en las fértiles tierras de La Aljabara, ricas en recursos acuíferos. Contamos con fuentes escritas que hablan de este yacimiento en sus momentos de actividad. El topónimo "Alhavara" aparece citado en el Repartimiento de Sevilla, donde se menciona que Doña Juana, esposa del rey Fernando III, concedió estas tierras en donadío el 20 de Mayo de 1248 a la Orden Militar de Alcántara. Asimismo, Julio González habla de una alquería y un villar, el de Hueyt Alhavara. Según Fernández Caro, el topónimo debe de provenir de "jabar", que unido a "sahib" significaría cargo público que tenía la misión de anunciar quién llegara y avisar de las noticias. Pensamos que el topónimo podría también estar relacionado con la tribu bereber "Hawwara", cuya existencia está constatada en Morón de la Frontera y en Marchena. Asimismo, en los archivos municipales de Fuentes de Andalucía, este lugar se cita durante el siglo XVIII y XIX con el nombre de Albajara.
     En el transcurso de la visita realizada en 1999 se han observado materiales constructivos en escasa densidad consistentes en fragmentos de tegulae y ladrillos. En cuanto al material cerámico, tan sólo se han podido detectar algunas asas de jarra islámica pintadas con digitaciones en negro de época almohade y varios fragmentos de cerámica vidriada en melado. Fernández Caro observó los mismos materiales constructivos y algunos fragmentos de cerámica con decoración pintada de tipo musulmán.
     Dada la riqueza de estas tierras y la abundancia de agua existente, pensamos que se trataría de una explotación rural de época islámica de tipo alquería. Durante el período islámico se utilizaron muy probablemente materiales constructivos romanos procedentes de la antigua villa romana cercana de Aljabara II.
Aljabara II. El sitio arqueológico se emplaza en un cerro de poca elevación situado frente al cortijo de La Aljabara. Se trata de un lugar propicio para el asentamiento humano dada la calidad de las tierras, óptimas para las labores agrícolas, y la existencia de abundantes pozos de agua. En el lugar existió un manantial, pues así consta en los archivos del Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía.
     Se ha encontrado en este lugar un fragmento de cerámica bruñida adscribible al Bronce Final. Sin embargo, este sólo hallazgo es insuficiente para retrotraer la cronología de la primera ocupación del sitio más allá de época romana. De este período se observan restos de materiales constructivos compuestos fundamentalmente por tegulae, ladrillos y laterculi (6,8 x 4,5 x 3,5). Respecto a los materiales cerámicos, además de diversos fragmentos de terra sigillata sudgálica (Beltrán 214), hispánica y clara hallados por Fernández Caro, se ha encontrado otro fragmento de sigillata hispánica con sigillum donde se lee OP_M_. Asimismo, se ha encontrado un fragmento de rojo pompeyano, varios fragmentos de dolia y restos de un molino de granodiorita probablemente romano. Todos estos restos permiten afirmar con casi total seguridad que en este lugar existió una villa con pars urbana. Atendiendo fundamentalmente a la concentración de materiales, se distingue el núcleo de la villa en el área más alta del cerro, estando el sitio arqueológico orientado hacia el camino de la Aljabara. El primer asentamiento romano se debió de producir a principios del siglo I d.C. 
     Este lugar revela además la existencia de un hábitat islámico a tenor de los restos hallados en la prospección efectuada en 1999: varios fragmentos de cerámica emiral, un fragmento vidriado exterior en verde de época califal y varios fragmentos de cerámica almohade, destacando dos fragmentos de jarra islámica con restos de digitación, uno en rojo y otro en negro, a los que hay que añadir un fragmento de galbo de jarra islámica con decoración pintada de color marrón recogido por Fernández Caro. Por último, la aparición de fragmentos de cerámica vidriada en melado y otros restos cerámicos de los siglos XVII y XVIII parecen dar continuidad a los anteriores asentamientos.
Aljabara III. El sitio arqueológico se emplaza sobre una terraza en las cercanías de la cornisa que mira hacia las fértiles tierras de La Aljabara, ricas en recursos acuíferos.
     Se localizó un pequeño núcleo compuesto fundamentalmente por un alto porcentaje de ímbrices muy fragmentados, junto a algunos fragmentos de tegulae y ladrillos. Asimismo, aparece un fragmento de opus signinum y una cierta aglomeración de cantos rodados que podría pertenecer a un pavimento. Cabe destacar también la aparición de numerosos fragmentos de escoria de cerámica, justo donde se advierte un cambio de coloración del suelo que aparece claramente rubefactado. De estos indicios se deduce la existencia de un posible horno de producción alfarera de época romana.
Aljabara IV. El yacimiento se emplaza en tierras llanas de La Aljabara, al Este de un pozo y circundado en parte por un pequeño arroyo de carácter estacional que nace al Norte de los Cerros de San Pedro y va a desembocar al arroyo de La Aljabara.
     Se han localizado en una amplia extensión una relativa abundancia de restos constructivos romanos compuestos fundamentalmente por fragmentos de tegulae, ladrillos e ímbrices. Entre los restos cerámicos, cabe destacar el hallazgo de un pie y varios fragmentos amorfos de terra sigillata hispánica, así como cerámica común romana. Pudiera tratarse de una villa romana de pequeñas dimensiones situada en tierras fértiles y muy cercana a los Cerros de San Pedro (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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miércoles, 14 de enero de 2026

El sitio arqueológico Estación de El Viso del Alcor, en El Viso del Alcor (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Estación de El Viso del Alcor, en El Viso del Alcor (Sevilla).  
     El yacimiento ocupa la extensión del actual olivar, extendiéndose más hacia el este, hasta la carretera, en una superficie aproximada de 4 hectáreas. En su lado Norte está parcialmente cortado para la construcción de la vía, notándose en el perfil la potencia arqueológica de los estratos hasta 1,5 metros de profundidad.
     Hacia el este afloran gruesos muros de opus caementicium, en el perfil a que antes hacíamos referencia destacan camas de mosaico, alineación de sillares y junto a ellos una tumba romana. En superficie abundan ladrillos, laterculi, tegulae, fragmentos de dolia, mármoles de revestimiento y ladrillos decorados. También se recogió un borde de ánfora y un dolium imperial, cerámica común romana, sigillata hispánica y clara.
     Se trata de una gran villa de enorme extensión con profusión de materiales. Su carácter es de explotación agrícola, como margen cronológico no tenemos materiales asignables con seguridad a la 1ª mitad del s. I d. C. teniéndolos desde su segunda mitad hasta el s. V d. C. Hay un ladrillo decorado que se interpreta como visigodo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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lunes, 1 de septiembre de 2025

El sitio arqueológico Los Carramolos, en Coria del Río, y Palomares del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Los Carramolos, en Coria del Río, y Palomares del Río (Sevilla).    
     El yacimiento se ubica en uno de los cerros que delimitan el borde meridional del Aljarafe. Hoy día se encuentra prácticamente urbanizado. En el extremo noreste del cabezo y mirando al Guadalquivir se concentra el material arqueológico. Éste indica que el sitio debió ser un asentamiento rural romano (siglo III d.C.), aunque también presentó posteriores ocupaciones tanto en época visigoda como moderna (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 17 de mayo de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Ermita de la Virgen del Rosario, Centro de Interpretación de la Vida Artesana, y Necrópolis Visigodas) de la localidad de Villanueva del Rosario, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Ermita de la Virgen del Rosario, Centro de Interpretación de la Vida Artesana, y Necrópolis Visigodas) de la localidad de Villanueva del Rosario, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca de Nororma
     Superficie: 44 km2
     Altitud: 697 m
     Latitud: 37º 01'  -  Longitud: -4º 20'
     Distancia a Málaga capital: 41,4 km
Datos demográficos
     Población: 3.401
     Gentilicio: Saucedeños
Ayuntamiento
     plaza de España, 9, 29312
     952742263 - 952742213     Villanueva del Rosario es un municipio de la comarca de Nororma, en la provincia de Málaga, que se localiza junto a un imponente frontal montañoso formado por la sierra de Camarolos y la sierra del Jobo.
     El entorno natural saucedeño (gentilicio de Villanueva del Rosario) es de una gran riqueza, con bellos parajes, cuevas, yacimientos y muchos otros atractivos para el turismo activo.
     En Villanueva del Rosario no puedes perderte sus monumentos: 
     En el término de Villanueva del Rosario han aparecido importantes restos visigóticos. Cerca del casco urbano se han hallado varias necrópolis visigodas muy interesantes.
     También destacan los restos encontrados en la Finca del Tardón y en el Peñón del Oso. Ambos yacimientos de la Edad del Cobre.
     La ermita de Nuestra Señora del Rosario, dedicada a la patrona del pueblo, se ubica entre los parajes del Nacimiento y Hondoneros.
     En el núcleo urbano saucedeño destaca la iglesia parroquial, los pasajes Rincón y de los Escalones, la Fuente Vieja, la Casa Burguesa y preciosos ejemplos de la arquitectura popular andaluza (Diputación Provincial de Málaga).
     Su emplazamiento a los pies de las sierras de los Camarolos y el Jobo, de naturaleza caliza, proporcionan una singular belleza a los parajes que circundan el pueblo, pues abundan los farallones, modelados kársticos, oquedades y nacimientos de agua. Algunas pinturas rupestres y material arqueológico demuestran el poblamiento de estos parajes durante el neolítico, y sobre todo, durante la ocupación ro­mana. Parece que durante el periodo visigodo se incrementó la importancia de este lugar, pues abundan las monedas y cerámicas aparecidas en el término municipal, pero después siguió un despoblamiento en el que los bosques se adueñarían de este territorio agreste. El abrigo de los Camarolos está declarado BIC por la Ley del Patrimonio Histórico Español.
     Debido a la abundancia de agua y sus posibilidades de aprovechamiento para la agricultura, se inició a comienzos del siglo XVIII una nueva ocupación de estas tierras, que pertenecían al señorío de Osuna, que lo era también de Archidona. De la agrupación inicial de seis caseríos surgió el núcleo inicial del pueblo, que mediante matrimonios y la llegada de nuevos vecinos ostentaba ya suficiente entidad a comienzos del siglo XIX, cuando se iniciaron las acciones para obtener la segregación de Archidona. Diversos pleitos, disputas y anulaciones de los deslindes efectuados, concluyeron con la resolución definitiva otorgada por el monarca Fernando VII en 1827. La denominación inicial de Puebla del Sauceda -alusivo a la abundancia de sauces-, fue sustituida en 1830 por la de Villanueva del Rosario. Cortijadas como Carboneras Altas y Bajas, enclavadas en el término municipal, nos recuerdan la actividad agrícola que dio origen a esta localidad (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario
     La advocación ya existía en una primitiva ermita, de la que se tienen noticias desde 1743, pero el pueblo dedicó una parroquia a su patrona en 1760, aunque la fábrica debía ser de pobre factura, pues fue demolida en los años sesenta del siglo XX y sustituida por una nueva edificación que no reunía las condiciones apropiadas para la función cultual. El templo actual es fruto de las obras de remodelación acometidas durante los últimos años, tendentes a dignificar este espacio, de forma rectangular y carácter congregacional sin ningún tipo de compartimentación interior. Las reformas efectuadas han aportado una lectura arquitectónica a lo que constituía una insípida nave inicial, mediante impostas, pilastras y moldurajes que resaltan el medio punto de la portada, integran un coronamiento mediante frontón triangular y una hornacina abierta con una pequeña estatuilla de la virgen del Rosario. El eje izquierdo se destaca mediante su coronamiento con una espadaña.
     El presbiterio lo preside, desde un baldaquino ligneo, la virgen del Rosario, imagen de candelero realizada por Francisco Palma García en 1938, aunque el Niño puede ser el de la primitiva imagen, del siglo XVIII, desaparecida en los sucesos de la Guerra Civil. Conserva la media luna de plata cincelada, el cetro y la ráfaga de la corona primitivos, de plata cincelada, pues el canasto de esta última pieza parece ser que ha sido sustituido.
     En el lado del Evangelio, sobre una peana, la virgen de los Dolores, presenta las características formales y de policromía de las dolorosas mala­gueñas de finales del siglo XVIII, cronología que concuerda con la piezas de platería que la com­plementan: corona de canastilla y ráfaga y corazón traspasado por siete puñales. En la cabecera del lado de la Epístola un Crucificado de madera policromada  de mediados del siglo XX (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006). 
     La actual iglesia se asienta sobre la antigua, construida en 1760 y derruida en 1962. La iglesia actual se restaura en su totalidad en 1994, si bien no mantiene en su interior ningún elemento de imaginería ni obras pictóricas antiguas.
     La fachada, de tres calles, presenta en la central la portada con arco de medio punto enmarcado en modo de alfiz. De una sola planta, presenta en todos sus lados diferentes imágenes. El presbiterio está precedido de un arco de ladrillo visto, y se ilumina de forma natural a través de unos ventanales, situados en la parte superior (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita de la Virgen del Rosario

     La peculiaridad de que la virgen del Rosario sea procesionada tres veces a lo largo del año litúrgico, el Jueves Santo, su festividad, el 7 de octubre, y para la romería de agosto, llevó a la hermandad a encargar una nueva imagen y a erigirle una ermita en el año 2001, emplazada en un paraje natural particularmente bello, la explanada de Hondoneros, donde un mirador y una ruta a través de la sierra permiten disfrutar del entorno, la impresionante sierra y el nacimiento del río Cerezo, al que los lugareños de­ nominan «el chorro».
     La ermita es una pequeña edificación de una nave. Ligeramente elevada, una escalinata conduce hasta su fachada en forma de hornacina en la que se abre la puerta, actuando como remate una espadaña. En el interior se ha recreado, de obra, un templete similar al de la parroquia, donde preside la imagen de Nuestra Señora del Rosario, de escuela sevillana del año 2000. En la cubierta a dos aguas se han dejado visibles las vi­gas de madera que contrastan con el blanco im­poluto que domina en esta edificación (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006). 
     Recientemente construida, gracias a las aportaciones de los feligreses, la encontramos entre los parajes del Nacimiento y Hondoneros. Está dedicada a la patrona del pueblo, la Virgen del Rosario, y a ella se dirigen los devotos del pueblo durante todo el año y especialmente durante la romería en la Feria de Agosto.
     El edificio es de una sola nave, y tiene una sencilla fachada en la que se abre la puerta de entrada enmarcada en un gran arco de acceso, y se completa con una pequeña espadaña con arco de medio punto que contiene la campana (Diputación Provincial de Málaga).

Centro de Interpretación de la Vida Artesana
     La artesanía constituyó durante siglos la forma industrial más importante para la comarca de la Sierra Norte de Málaga. Eran cientos de personas las que se dedicaban a los distintos oficios mediante un trabajo hecho prácticamente de forma manual y con materiales de primera calidad. Hoy en día esta actividad se ha reducido a un pequeño grupo de empresarios que mantienen las ancestrales técnicas de trabajo, pero que han sabido adaptarse a los tiempos, con diseños y trabajos que responden a las exigencias de los nuevos clientes.
     La actividad artesanal, y toda la vinculada con las ancestrales tareas rurales, es la base de este Centro de Interpretación que pretende ser lo más dinámico e interactivo posible, de forma que no sólo se informe sobre las técnicas utilizadas y los trabajos que se realizaban, sino que se pueda también participar en los trabajos. En muchos casos estos trabajos son prácticamente desconocidos, aunque forman parte de la promoción turística que se hace de cualquier zona, puesto que la artesanía constituye la base de los souvenirs de cualquier zona turística. De ahí que se pretenda poner en valor esta actividad, junto con otras actividades agrarias y ganaderas que se realizan en las zonas rurales.
     El Centro se encuentra situado a la entrada del municipio de Villanueva del Rosario, en una zona muy tranquila rodeada de árboles y junto al río Guadalhorce (Diputación Provincial de Málaga).

Necrópolis visigodas

     Situadas en cerros cercanos a la localidad. Se han encontrado varias necrópolis, si bien la mayoría de ellas fueron expoliadas y, en parte, puestas al descubierto por las actividades agrícolas.
     Están en propiedad privada, no son visitables y no están excavadas (Diputación Provincial de Málaga).

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viernes, 19 de abril de 2024

La Necrópolis de la Cabeza de Andrés, en Pruna (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Necrópolis de la Cabeza de Andrés, en Pruna (Sevilla)
     Con motivo de los trabajos de preparación de una antigua vereda Real a su paso por la finca denominada La Cabeza de Andrés, apareció el 28 de Septiembre de 1987 una tumba formada por lajas de pizarra en la que se depositaron los cadáveres de una mujer y un hombre, ambos jóvenes, acompañados de una jarra de tipología visigoda. Necrópolis visigoda (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Necrópolis de la Cabeza de Andrés, en Pruna (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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martes, 13 de febrero de 2024

Los sitios arqueológicos de Bastero, en Coria del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     En el término municipal de Coria del Río podemos encontrar los yacimientos arqueológicos de Bastero.     
Bastero I. El yacimiento ha sido arrasado por las obras de canalización del río Guadaira. Únicamente se han conservado una escultura zoomorfa en piedra y un cimacio visigodo que, al parecer, fue reutilizado como lápida de una tumba. Por testimonios indirectos se conoce la funcionalidad de la pieza y también que apareció gran cantidad de cerámica, pero, al no conservarse ajuar alguno, la cronología de la tumba no está clara.
Bastero II. Tierra de labor en cuya superficie aforan materiales arqueológicos de época romana (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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miércoles, 13 de diciembre de 2023

El sitio arqueológico Cercadillo - Santa Lucía, en Alcalá de Guadaira (Sevilla)

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     Hoy, 13 de diciembre, Memoria de Santa Lucía, virgen y mártir, la cual, mientras vivió, conservó encendida la lámpara esperando al Esposo, y llevada al martirio en Siracusa, ciudad de Sicilia, en Italia, mereció entrar con Él a las bodas y poseer la luz indefectible (303/304) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día, que hoy para Explicarte el Cercadillo - Santa Lucía, en Alcalá de Guadaira (Sevilla).
     Destacado enclave junto al Guadaíra, vinculado al origen de las aguas que abastecieron a los Caños de Carmona, con destacadas evidencias del periodo romano y visigodo.
     En el parque junto al Guadaíra, se localizan muros fabricados en "opus caementicium", conservando más de 1 metro de altura en algunas partes.
     La apertura del camino de acceso ha cortado el desnivel de la loma que desciende hacia este punto, ocasionando un perfil longitudinal con evidentes bolsadas de cerámica y restos constructivos. En la cima de este sector, se ubicaba la ermita de Santa Lucía, donde se localizan restos cerámicos y constructivos en abundancia.
     Referencias bibliográficas ubican en el lugar un poblado visigodo de gran entidad, vinculado al Molino de Cajul, por la aparición en el dintel de la puerta de una lápida dedicada a San Hermenegildo, conservada actualmente en el Museo Arqueológico.
     La concurrencia de estos importantes datos histórico-arqueológicos hacen presumir en la zona un poblamiento mayor al detectado en superficie, lo que unido a la presión urbanística y el uso indiscriminado como vertedero de escombros, hacen necesaria la adopción de una delimitación amplia como medida preventiva (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).     
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Lucía, virgen y mártir;
   Virgen de Siracusa que habría sido martirizada en 304, en tiempos de Diocleciano.
   Según la leyenda, con su madre Eutiquia emprendió una peregrinación a Catania, a la tumba de santa Águeda. Después de la curación de su madre, Lucía distribuyó toda su fortuna entre los pobres.
   Denunciada como cristiana por su novio pagano, el cónsul Pascasio, fue condenada a permanecer en el prostíbulo (ad leones), pero un potente tiro de cuatro bueyes no consiguió hacerla avanzar ni un paso hacia allí. Es lo que evoca un himno donde se califica a la santa  de  «columna inamovible».
   Columna es immobilis, 
   Lucia sponsa Christi.
   El cónsul pidió ayuda a los magos. Lucía fue asperjada con orina hirviente que se consideraba apta para destruir los maleficios. Los verdugos le echaron plomo fundido en las orejas, le arrancaron los dientes y los pechos. Se levantó una hoguera a su alrededor; pero las llamas la respetaron, y para acabar con ella debieron cortarle el cuello.
   Según otra versión, ella misma se habría arrancado los ojos y los habría enviado a su novio sobre una bandeja; pero la Santísima Virgen le habría hecho nacer otros ojos aún más bellos (occhi belli, lucenti).
   Esta leyenda se apoya en la etimología popular de su nombre, Lucia, cuya raíz está vinculada con la palabra luz (lux) (Lucia a luce, Lucia quasi lucis via).
   Los dos ojos que le servían de atributo no eran los suyos, sino, por decirlo así, eran armas parlantes. Se trata de un despropósito iconográfico que ha engendrado la leyenda de los ojos arrancados.
CULTO
   Desde Siracusa, Sicilia, cuya catedral está puesta bajo su advocación, el culto de la santa se difundió en todo el territorio italiano: Nápoles, Roma, Milán y hasta Venecia.
   En Nápoles, donde cuatro iglesias están puestas bajo su advocación, es casi tan popular como san Jenaro. El nombre de santa Lucía suena constantemente en las barcarolas napolitanas. Las iglesias de Santa Lucía del Mare, y Santa Lucía del Monte pretenden  poseer, cada una, uno de los dientes de la santa, la catedral de Milán su cabellera, la iglesia de Santa Lucía de Padua un  trozo de una costilla y un mechón de pelo... pretensiones irreconciliables con la de los venecianos que creen poseer el cuerpo íntegro de la santa siciliana.
   Francia no fue menos devota a santa Lucía. En la abadía de Saint Riquier cerca de Abbeville, se veneraban sus reliquias.
   Pero el centro principal del culto de la santa era la abadía de Saint Vincent, en Metz, que se jactaba de haber recibido el cuerpo de la santa en el año 970. Desde Metz, el culto de santa Lucía se difundió en la Alemania renana, donde desplazó al culto de su competidora alsaciana, santa Odila. Teodorico, obispo de Metz, cedió el brazo de la santa a la catedral de Espira.
   Amberes, en Flandes, recibió del papa Chigi (Alejandro  VII), un fragmento de su mandíbula. En España, el culto de la santa está probado en la ciudad de Sevilla.­
   La razón principal de la popularidad de santa Lucía es que se la considera curadora de las enfermedades oculares, las oftalmias y  la ceguera .
   En Suecia, el día de su fiesta (13 de diciembre), una joven casadera entra en cada casa con una corona de cirios encendidos en la cabeza, símbolo del fin de los días oscuros y del próximo retorno de la claridad.
   En cambio en Sicilia es invocada por las mujeres que desean que sus maridos se vuelvan ciegos con el objeto de poder engañarlos con más facilidad. Como muchas santas, Lucía ha heredado facultades de divinidades paganas. 
   En Alemania ha suplantado a la diosa germánica Berchta, la brillante, llamada la hilandera. De ahí que se convirtiera  en patrona de los tejedores.
ICONOGRAFÍA 
   Sus atributos más frecuentes son dos ojos que suele presentar sobre una bandeja o en el fondo de una copa. No obstante, a veces lleva sus ojos en la palma de la mano, como flores, en el extremo de un tallo, en la punta de un puñal o clavados en un pincho. En un cuadro de Baroccio (Louvre) un ángel es quien sostiene la bandeja con los ojos. Sean cuales fueren estas variantes, todas ellas significan que se la invoca para las enfermedades oculares.
   Este atributo puede hacer que se la confunda con la alsaciana santa Odila, si ésta última no presentase su par de ojos sobre la placa de encuadernación de un libro.
   La santa pisotea un buey, alusión a los bueyes que no pudieron arrastrarla hasta el prostíbulo.
   Además, se la reconoce por la espada o un puñal que le atraviesa la garganta, instrumentos de su martirio. De la herida de su cuello irradian rayos de luz. Las llamas de sus pies, la lámpara encendida o el cirio que lleva en la mano, deben interpretarse como armas parlantes, al igual que el fondo estrellado sobre el cual se destaca (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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