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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 5 de septiembre de 2023

Los principales monumentos (Convento de Santo Domingo; Palacio Domecq, o del Marqués de Montana; Iglesia de San Marcos; y Palacio Pemartín, o del Marqués de la Mesa de Asta. Centro Andaluz del Flamenco) de la localidad de Jerez de la Frontera (V), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Convento de Santo Domingo; Palacio Domecq, o del Marqués de Montana; Iglesia de San Marcos; y Palacio Pemartín, o del Marqués de la Mesa de Asta. Centro Andaluz del Flamenco) de la localidad de Jerez de la Frontera (V), en la provincia de Cádiz.


Convento de Santo Domingo
     Fue fundado en una rábida almohade situada frente a la Puerta de Sevilla, merced a un privile­gio dado por Alfonso X a los dominicos después de la Reconquista. Su historia está íntimamente ligada a la de la ciudad, al albergar a una de sus patronas, la Virgen de Consolación, y haberse mandado enterrar en su capilla mayor, a principios del siglo XVI, don Pedro de Vera, conquis­tador de Gran Canaria.
     Aunque llegó a albergar a más de ciento vein­te frailes, posteriormente su histórica riqueza y patrimonio sufrieron un serio revés tras la Desamortización de Mendizábal en 1835, cuando la iglesia se vio separada del Convento, cuyo claustro y otras dependencias fueron vendidos a particulares.
     La iglesia presenta planta en forma de T, siendo el brazo horizontal la nave principal y el vertical la secundaria, denominada «del Rosario». Ésta surgió en el siglo XVI, cuando se unió a la nave principal de la iglesia una antigua qubba almohade, convertida en capilla funeraria de la familia Cabeza de Vaca bajo la advocación de San Pedro Mártir.
     La portada del Rosario se compone de dos grandes columnas corintias que enmarcan un arco almohadillado. Fue levantada a principios del siglo XVIII, probablemente por el domini­co fray Juan Hurtado, que estuvo encargado de ampliar la nave del Rosario cuando se derribó la aludida qubba almohade -Capilla de San Pedro Mártir- que ocupaba el espacio inmediato a la portada.
     Entre la portada del Rosario y la denominada Puerta del Campo se encuentra el nuevo Convento, construido en 1890 con trazas de Antonio de la Barrera Gamboa tras la vuelta de los dominicos. La Puerta del Campo, en la plaza de Aladro, fue levantada en 1696 por el hermano fray Diego Díaz. Se trata de una gran portada, que comunicaba el Convento con el exterior, compuesta por arco y pilastras almohadilladas de orden jónico y rematada por frontón partido. Por último, cabe señalar que junto a la portada de los pies del templo se sitúan unas dependencias cuya finalidad no está bien precisada, aunque probablemente se trate de la portería. Están levantadas en el siglo XVIII y en ellas destacan sus portadas barrocas de baquetón mixtilíneo.
     La nave principal de la iglesia es de estilo gó­tico con detalles decorativos mudéjares, como las piñas de mocárabes en las que descansan las nervaduras o la decoración de lacería de los arcos perpiaños. Se aprecian dos periodos constructivos claramente diferenciados, el de los seis tramos de bóveda inmediatos al presbiterio que debieron de ser levantados durante el segundo tercio del siglo XV, y el correspondiente a las bóvedas de los pies y el sotocoro, posteriores a 1550.
     La cabecera de la iglesia, de testero plano que se ochava a media altura, sigue la estética de los tramos de bóveda precedentes, aunque pudiese datar ya de los primeros años del XVI. Adosa­do a ella se encuentra el retablo mayor. En éste, cuatro columnas salomónicas distribuyen las tres calles del cuerpo principal, al que se le agrega un cuerpo superior coronado con la escultura de Dios Padre. El retablo presenta en sus hornacinas esculturas de gran calidad de santos domi­nicos: San Antonino de Florencia, San Vicente Ferrer y San Raimundo de Peñafort, en la calle de la epístola; y San Pedro Mártir, Santo Tomás y San Jacinto de Polonia en la del evangelio. Sobre el manifestador se encuentra la imagen de Santo Domingo de Guzmán y sobre éste las cuatro Virtudes Cardinales . En el ático, un tondo polilobulado cobija la escena del abrazo místico de Santo Domingo y San Francisco ante el Mundo bajo la presencia de la Virgen y Jesucristo. Tanto el retablo como las esculturas son de autor anónimo, aunque teniendo en cuenta su estilo y cronología -en torno a 1700-, así como el tipo de talla, se ha puesto en relación con obras de entalladores sevillanos, como Cristóbal de Guadix o Juan de Valencia. Sí se conoce en cambio el nombre de su dorador, Antonio Laisnola, que comenzó su trabajo en el retablo en 1728.
     La Capilla del Dulce Nombre de Jesús, primera del lado del evangelio, se levantó en la primera  mitad del siglo XVII, y se relaciona con el arquitecto Antón Martín Calafate. De planta rectangular, se cubre mediante bóveda de cañón con lunetos. Preside la capilla el retablo del Dulce Nombre de Jesús, iniciado en 1663 por Francisco Ramírez y concluido por Lorenzo de Vargas dos años después; fue dorado posteriormente por Pablo de Borja y Juan Fernández. El tabernáculo del retablo contiene, entre columnas estriadas, dos pequeñas tablas pictóricas que representan a Santo Domingo y San Francisco y en la hornacina central, una interesante imagen del siglo XVII del Niño Jesús. En los costados de la capilla se encuentran dos retablos; el del lado derecho, del primer tercio del XVIII, no está dorado, aunque presenta cierta policromía. En su hornacina se aloja la imagen de San Vicente Ferrer, obra de la primera mitad del siglo XVIII, atribuida al círculo del escultor Francisco Camacho de Mendoza. El otro retablo, de la misma centuria, se compone de una hornacina entre estípites en la que se alojan la imagen de Nuestra Señora de la Confortación, dolorosa de vestir del siglo XVIII, y un relieve de San Pedro en el ático. Se encuentran en esta capilla un interesante ángel de talla del siglo XVIII y un grupo escultórico de la Oración en el Huerto, realizado en 1942 por Juan Luis Vassallo Parodi, versión escultórica de la pintura del mismo tema del alemán Heinrich Hofmann.
     Antes del gran arco que da acceso a la nave del Rosario, se encuentran dos capillas funerarias del tipo qubba del siglo XV, que se corresponden con las existentes en el lado de la epístola. La primera de las de este lado está cubierta con bóveda de crucería del siglo XVI y presidida por un retablo rococó de la segunda mitad del XVIII que alberga la imagen del Cristo de la Salud, del XVI y, en el ático, una pequeña escultura de Santa Catalina de Alejandría, realizada por Francisco de Villegas en 1650. También cabe ser señalado en esta capilla el lienzo del desaparecido retablo de ánimas, del siglo XVIII. Haciendo esquina con la nave del Rosario, se encuentra la Capilla de los Cuenca, construida por Juan de la Oliva en 1524, que la abovedó con crucería gótica de nervios combados. Las portadas renacentistas tienen decoración de seres mitológicos en sus frisos; y medallones de San Pedro y San Pablo la que se abre a la nave principal. Conservan estas portadas sus rejas platerescas originales, con los escudos de la familia Cuenca. El interior, actual­mente sagrario, cuenta con un crucificado del siglo XVI. El tabernáculo se encuentra inserto en el templete donado por la Condesa de Montegil en 1864, que originalmente servía a la Virgen de Consolación como paso procesional.
     La última capilla del lado del evangelio es la de Santo Domingo, que perteneció a la Orden Tercera. En ella se encuentra un retablo de estípites de la primera mitad del siglo XVIII presidido por la imagen de Santo Domingo de Guzmán, flanqueada por las de San Diego de Alcalá y San Antonio de Padua; en la parte superior un relieve representa la escena de la entrega del Santo Rosario por parte de la Virgen a Santo Domingo. Frente al arco que da acceso a la nave del Rosario, en el lado de la epístola, se encuentra la Capilla de Consolación. De planta rectangular y cubierta por bóveda de nervaduras, fue mandada construir por el maestro Pedro Fernández de la Zarza en 1537, para el noble jerezano don Jácome Adorno. Su portada renacentista se compone de pilastras cajeadas con decoración de candelieri y hornacinas en la parte superior.
     En las enjutas del arco se repite el escudo de la familia Adorno, y en el friso relieves alegóricos relativos a la pureza de la Virgen, todo corona­do por flameros y una tosca concha marina en el centro. Completan la portada las piezas cerámicas de principios del siglo XVIII, situadas en la parte baja de las jambas y en los basamentos de las pilastras y la reja, ejecutada en 1741. El interior fue remodelado en los años setenta del siglo XVIII, cuando se reformó y policromó la bóveda y se realizó un nuevo retablo para la Virgen de Consolación. Esta imagen viene precedida de una hermosa leyenda que la supone venida en barco desde el golfo de Rosas (Gerona), a El Puerto de Santa María y desde allí a Jerez en una carreta. En realidad se trata de una obra gótica realizada en alabastro en el siglo XV y se muestra sobre un trono de plata del siglo XVIII, tirado por dos bueyes. Cuenta la imagen con un rico ajuar, donde destaca la corona de oro, del siglo XVIII. En la mencionada reforma de la ca­pilla, el retablista Andrés Benítez ideó una doble estructura barroca: un gran arco de talla dorada que se adosa al muro de la capilla y que sirve de «scaenafrons» a un templete ubicado delante de él donde se encuentra la imagen de la Virgen. El arco está dotado de puertas acristaladas, que sirven de transparente al tiempo que permiten la visión de la capilla desde el claustro. En las jambas se ubican, junto a columnas corintias, las imágenes de San Joaquín y San José,  mientras que la parte superior se soluciona mediante una cornisa muy movida, con relieves alusivos a la llegada de la imagen al Convento y esculturas de ángeles músicos, de buena ejecución.
     El templete tiene dos cuerpos: el inferior, rodeado de columnas corintias con decoración de rocalla, y pedestales, sobre los que se encuen­tran, rodeando el habitáculo cupulado que alber­ga la imagen de la Virgen, las imágenes de San Francisco, Santo Domingo, San Vicente Ferrer y Santo Tomás. El cuerpo superior es de estructu­ra similar, rodeada de ángeles con una imagen del Niño Jesús del siglo XVIII, procedente de un retablo desaparecido.
     El frontal de altar, de plata repujada, fue ejecutado en 1753 y en él aparecen motivos de las letanías y en el centro la imagen de la Virgen de Consolación sobre una barca. El ambón situado junto al altar está realizado con un antiguo expositor de plata, del siglo XVIII, que era utilizado en esta capilla.
     Junto a la capilla de Consolación se encuentra la llamada Portada de Gracias, obra plateresca de mediados del siglo XVI atribuida a Fernando Álvarez, profusamente decorada con trofeos, candelieri y otros motivos. El espacio al que da acceso esta portada, que fue sacristía de la capilla de Consolación, contiene pinturas murales de la segunda mitad del XVIII, que representan el milagroso periplo de la imagen.
     La Capilla del Rosario, en la nave del mismo nombre, destaca por su amplia portada de estilo rococó, ejecutada en madera por Andrés Benítez en 1764. Aprovechando el arco apuntado que daba acceso a la capilla, Benítez colocó dos grandes columnas corintias con decoración roco­có que sostienen un curvadísimo entablamento terminado en dos grandes roleos. En el centro, un relieve escultórico representa a la Virgen del Rosario y a cada lado San Francisco, sosteniendo los atributos dominicanos y Santo Domingo haciendo lo propio con las llagas franciscanas. En el interior, cubierto por bóveda gótica con terceletes y combados, de 1525, se encuentra el retablo y camarín de la Virgen del Rosario. Atribuido al ensamblador Agustín de Medina y Flores, fue ejecutado durante la primera mitad del XVIII.
     Dos estípites enmarcan el camarín de la Virgen, apareciendo en toda la vuelta del arco pinturas que representan los Misterios del Rosario, ejecutadas a partir de 1752 por Salvador Rosillo, que también doró y policromó todo el conjunto; a los lados las figuras de Santa Catalina de Siena y Santo Domingo. El interior del camarín, es un recinto cuadrado cubierto por cúpula con abundante decoración de yeserías policromadas, ma­dera dorada e interesantes chinoiseiries con mo­tivos de pagodas y sabios taoístas. Centrado en el camarín, una estructura exenta, que culmina en una gran corona real, alberga a la Virgen en­tre ángeles que sostienen el rosario. Vale la pena destacar el templete procesional de esta imagen, realizado en plata en el año 1800 por el platero jerezano Manuel Mariscal.
     En el muro frontero, se encuentra la Capilla de los Villanueva, cubierta por bóveda vaída del último tercio del XVI; alberga el retablo neoclásico de San José, del siglo XIX, cuya imagen se encuentra actualmente en la sacristía de Consolación. 
   La Sacristía, situada a espaldas del presbiterio, fue levantada a partir de 1629 por Antón Martín Calafate y costeada por la familia De Hoces. De planta rectangular, en ella se diferencian tres espacios: el central, cubierto por bóveda circular reticulada, y los dos extremos, cubiertos con bóvedas de cañón. En los muros se disponen hornacinas, donde se insertan esculturas pétreas de santos de la Orden y en cuanto al mobiliario, destacan las cajoneras barrocas y la mesa de mármol rojo fechada en 1744. También se conserva en esta sacristía el ajuar de Santo Domingo, compuesto por un hábito bordado y objetos de plata de los siglos XVII y XVIII; una escultura de la Inmaculada del siglo XVIII procedente del desaparecido Convento de San Agustín y una serie de pequeñas pinturas exvotos de la misma centuria, relativas a la devoción a la Virgen de Consolación.
     Aneja a la Sacristía se encuentra la Sala Capi­tular, levantada también por Antón Martín Calafate en 1628. De planta rectangular, está cubierta por bóveda de cañón dividida en cuatro tramos, con interesante decoración de carácter geométrico de origen serliano. Destaca en esta sala la interesante portada, que comunica con la sacristía, con pilastras de decoración de retícula romboidal y capiteles antropomorfos.
     Por último cabe destacar algunas piezas de va­lor conservadas en el nuevo Convento. En primer lugar, se conservan dos esculturas, de Santa Catalina de Siena y la beata Lucía de Narni, procedentes del primitivo retablo mayor del templo, que fue contratado con Roque Balduque en 1559. Otra imagen de calidad, de hacia 1650, es la de Santo Domingo en penitencia, obra probable del escultor Francisco de Villegas, que habría realizado para el desaparecido retablo de la Sala Capitular.
     El Claustro principal, conservado íntegramente, fue expropiado junto con las demás estancias, bodegas y huertas del Convento en la Desamor­tización de 1835. Sabemos que ya en 1436 había comenzado la construcción en este lugar de una galería de claustro, costeada por la infanta de Castilla, doña Isabel, esposa del rey de Portugal Manuel «el Grande». Sin embargo, la construcción actual se desarrolló casi en su integridad a lo largo de todo el XVI, pues consta de su finalización en la década de los noventa de dicha centuria, cuando se levantó el cuerpo alto. De planta cuadrada, manifiesta, a pesar de su dilatado proceso constructivo, gran unidad formal. Sus galerías miden cuarenta metros de lado, compartimentadas mediante cinco arcos por tramo, apuntados en el cuerpo inferior y rebajados en el superior. Los arcos del cuerpo bajo desarrollan, a partir de las impostas, una rica tracería gótica de cuadrilóbulos, sobre arquillos trilobulados. Las bóvedas son de crucería simple, incorporando terceletes en las de las esquinas.
     El claustro comunica con dos grandes estancias: el Refectorio y el Dormitorio. Al primero se accede a través de una interesante portada del último tercio del XVI, decorada con sirenas y otros repertorios clásicos. El interior de esta sala, de planta rectangular, se cubre mediante bóveda de cañón renacentista, dividida por arcos fajones que descansan en ménsulas y decorada con los relieves de Santo Domingo, Santa Catalina de Siena, San Andrés y San Pablo. El Dormitorio, al que se accede por una portada academicista de orden jónico, fechada en 1776, presenta en su interior planta rectangular y bóvedas de crucería en tramos cuadrangulares; data del siglo XVI, aunque algunos de sus pilares son debidos a la restauración a que fue sometido en 1816.
     En el ángulo Norte se encuentran otras dos portadas, actualmente cegadas, que en origen comunicaban el claustro con el Capítulo y la escalera. La primera de ellas fue levantada en el primer tercio del XVII. Es de potente orden rústico de modelo serliano, destacando por la in­clusión de cerámica negra en el llagueado. La segunda, de orden jónico y arco escarzano es de igual cronología a la anterior y daba acceso a la escalera. Destaca igualmente en el ángulo Oeste la Capilla de Ribadeneira, obra realizada por Diego Martín de Oliva en 1570.
     Desde ella se accede a la capilla a través de una portada renacentista compuesta de arco rebajado entre pilastras corintias sobre plintos, decoración de grutescos y reja coetánea realizada por Blas de Pascua. En su interior se conservan relieves pétreos renacentistas de los evangelistas, la Verónica y los atributos de la Pasión, todos ellos con policromía original. En ángulo con esta capilla se encuentra una portada recientemente rescatada, compuesta de arco de herradura realizado en piedra y enmarcada en alfiz. Puede conside­rarse obra de época islámica, tal vez pertene­ciente al enclave defensivo en el que se fundó el Convento.
     Originalmente el Convento poseía varios claustros además del principal. El Claustro de la Enfermería, se ha conservado en parte, aunque en malas condiciones, y se accede a él a través de la Puerta del Campo. Fue ejecutado por los hermanos Antón Martín y Domingo Fernández Calafate a partir de 1623. De dos cuerpos, el inferior se organiza a través de arcos de medio punto sobre pilares de ladrillo. En un ángulo se encuentra una escalera monumental de dos tramos, cubierta por bóveda rectangular y decoración de yeserías, muy probablemente de los mismos arquitectos (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     La iglesia tiene una sola nave, pero hacia su mediación en el lado del Evangelio, un gran arco apuntado con arquivolta exterior decorada con arquillos enlazados, da ingreso a otra construida posteriormente, formando por tanto la planta una "T".
     La nave principal la dividiremos para su fácil conocimiento en dos tramos. Un primero que ocupa casi la totalidad, en estilo mudéjar y consta a su vez de tres partes que se dividen en tramos formados por bóvedas de crucería, espinazo y cuyos nervios están decorados por los típicos dientes de sierra. La última parte de la nave se cubre por dos tramos de bóveda gótica del tercer periodo.
     Al pie de la iglesia está el coro alto con bóveda rebajada y acasetonada sostenida por cuatro columnas de capiteles renacentistas.
     Exteriormente dan acceso al templo dos puertas, la principal cuya portada no llegó a terminarse, y otra de estilo barroco con frente a la Alameda cristina.
     A destacar portada plateresca y renacentista de acceso a capillas laterales y los claustros de estilo gótico (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El convento de Santo Domingo, fue fundado por Alfonso X en 1266 sobre la que fuera una rábita o san­tuario musulmán, situado extramuros de la ciudad, frente a la antigua puerta de Sevilla, y es de estilo gótico, aunque ha sufrido diferentes reformas posteriores. Tiene una iglesia bastante compleja, con una parte más moderna, denominada del Rosario y otra anterior, que es la nave principal, con bóvedas de crucería con adornos mudéjares. Entre sus capillas, sobresale la de la Consolación, en el lado de la epístola, en la que puede verse una bóveda gótica policromada en el siglo XVIII, así como un exquisito retablo barroco de la misma época presidido por la imagen de la Virgen de Consolación, gótica y del siglo XV (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008). 

Palacio Domecq, o del Marqués de Montana
     Situado en la Alameda de Cristina, antiguos Llanos de San Sebastián, este palacio constituye la muestra más monumental y elaborada de la arquitectura civil jerezana del siglo XVIII. Fue levantado entre 1775 y 1778 por el comerciante don Antonio Cabezas de Aranda y Guzmán, primer marqués de Montana y atribuido a Juan de Bargas. Es de planta cuadrangular con amplio patio central. Su fachada principal es de dos cuerpos y sobrado y está jalonada por bal­cones enjaulados con guardapolvos de pizarra. La portada principal, realizada en mármol rosa, enmarca el vano de ingreso con dos columnas salomónicas exentas que sostienen un amplio y movido balcón. A través de un zaguán se accede al patio central. De tres arcadas por lado y doble altura, aunque la superior está actualmente cegada y con balcones, sus arcos apean sobre columnas toscanas en el cuerpo bajo y bulbosas en el superior. Los arcos del cuerpo inferior presentan una decoración muy profusa con trasdós polilobulado y decoración de rocalla en las enjutas. A eje con la portada se encuentra la escalera, en­ marcada por triple arcada que apea en pares de columnas de mármol rojo. Cuenta con dos tiros correspondientes a los arcos laterales, mientras que el central conduce al patio trasero.
     Frente a la fachada principal, se halla el Monumento al Marqués de Domecq, a quien perteneció el palacio durante años. Fue realizado por el escultor Lorenzo Coullaut Valera en 1922 (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El Palacio del Marqués de Montana se construyó en el antiguo Llano de San Sebastián, vacío urbano existente hasta el siglo XVIII entre los conventos de San Juan de Dios y Santo Domingo, situados cada uno a un lado del acceso del camino de Sevilla a la ciudad.
     El edificio se sitúa de forma exenta y presenta una planta prácticamente cuadrada, disponiéndose interiormente de forma casi simétrica. Su composición volumétrica es clara, prácticamente palalelepípeda, mostrando al exterior su disposición en dos plantas diferenciadas por sendos tipos de huecos y delimitadas mediante cornisas. A continuación el sobrado, de menor altura y en el que se abren huecos rematados con rejas. La fachada principal se compone con balcones de plantas muy movidas con tejaroces y guardapolvos de pizarra, destacando la portada principal por su composición y su porte.
     La portada se ordena en dos cuerpos separados por un gran balcón de planta muy movida que sigue la general de aquella. Tiene pilastras en chaflán y columnas salomónicas en sus dos tercios superiores. El baquetón mixtilíneo que rodea la puerta y el balcón y otros motivos decorativos, son muestra de la influencia inmediata sevillana, circunstancia que también se aprecia en la ornamentación de los arcos del patio.
     La distribución interior se desarrolla en torno a un patio de planta cuadrada al fondo del cual se abre una escalera imperial mediante una triple arcada sobre un grupo de columnas, entre las que se abre el acceso al jardín.
     El resto de las dependencias se ubican en las crujías perimetrales. El palacio puede considerarse como uno de los ejemplos más notables de la arquitectura civil jerezana del barroco.
     El antiguo Palacio de Montana, hoy de los Domecq, fue construido entre 1775 y 1778 por D. Antonio Cabezas de Aranda y Guzmán, primer Marqués de Montana. Constituye el mejor ejemplo tipológico de las casas burguesas jerezanas del siglo XVIII. A esto hay que añadir su incidencia y significación en la trama urbana del casco antiguo de la ciudad como elemento relevante y conformador de los espacios urbanos que lo rodean (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
      El palacio del Marqués de Montana, más conocido como el de Domecq, por ser este prócer jerezano su último propietario, quien tiene, además, frente a la fachada principal, una estatua realizada por Lorenzo Collaut Valera en 1922. La edificación data de 1778 y tiene una potente fachada a base de sillares, en la que sobresale la portada con el gran balcón, y un magnífico patio barroco a base de arcos de medio punto (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).  

Iglesia de San Marcos
     Fundada, tras la Reconquista, por Alfonso X, tiene especial vinculación con la historia de la ciudad ya que acogió en 1462 y 1467 las juntas presididas por el duque de Medina Sidonia, para acabar con los conflictos banderizos de la nobleza jerezana. Se trata de una iglesia de principios del XVI, en la que subsisten, muros, capillas y elementos decora­tivos de los siglos XIII al XV.
     La portada de los pies fue levantada en 1613 por los hermanos Antón Martín y Domingo Fernández Calafate, que la superpusieron a otra anterior de finales del siglo XV, muy similar a las de tipo borgoñón existentes en la ciudad, y de la que todavía se conservan algunos restos, visibles desde un habitáculo situado en el coro. La portada de la epístola, de mayor antigüedad pero muy alterada en los si­glos XIX y XX, conserva su estructura mudéjar, que la pone en relación con obras sevillanas del momento. En el espacio contiguo a esta portada, cubierto por bóveda esquifada con restos de decoración de lacería, se conserva una pintura de la Virgen de la Estrella que estuvo hasta 1864 en la desaparecida Puerta de Sevilla.
     La barroca portada del evangelio fue levantada en el último tercio del siglo XVIII y es contemporánea al Sagrario, constando del característico baquetón mixtilíneo y decorada con simbología eucarística. La espadaña, obra de 1774 del arquitecto Juan de Bargas, está coronada por un gran frontón partido con dos grandes roleos. En el interior del templo, los dos tramos de nave más cercanos a los pies están cubiertos por bóveda estrellada con ligaduras rectas entre las claves; el tercer tramo, de traza más compleja, introduce más ligaduras y nervios curvos, como también hacen las bóvedas de la Ca­pilla Mayor y el ábside, de idéntica complejidad. Las vidrieras de la nave principal, que representan a San Lorenzo, Santa Ana, Santa Susana, San Patricio, el rey Salomón y San Jorge, fueron ejecutadas en el siglo XIX y donadas por familias de la nobleza local.
     El presbiterio fue agrandado en el siglo XIX para instalar en él la sillería coral de la iglesia, que hasta entonces ocupaba parte de la nave. Esta sillería fue tallada por José Rey, Agustín de Medina y Flores y José de Santiago en los años treinta del siglo XVIII, destacando el sitial principal en el que aparece en relieve la imagen de San Pedro y el facistol, obra de Matías José Navarro que se remata con una escultura de San Marcos, de pronunciado movimiento. Detrás de la sillería, ocupando todo el muro bajo del presbiterio, se encuentran ricos paneles de alicatados de estilo mudéjar, datables hacia finales del siglo XIV o principios del XV. Por último, cabe señalar el púlpito, realizado en 1948 por el arquitecto sevillano Aurelio Gómez Millán.
     El retablo mayor, realizado por el entallador local José Rey en 1701, contiene las pinturas sobre tabla del retablo precedente, de hacia la mitad del siglo XVI, que pintaron los maestros Pedro de Campaña, Alejo Fernández, Juan de Mayorga, Pedro de Villegas y Cristóbal de Cárdenas y posteriormente, a partir de 1609 Vasco Pereira, Antonio Pérez y Francisco Cid. La autoría de cada una de las pinturas no está clara, si bien la Última Cena es obra de Cristóbal de Cárdenas y la de la Anunciación de Pedro de Villegas. Com­positivamente, el retablo cuenta con banco, dos cuerpos divididos en cinco calles y ático dividido en tres. Su entalladura no presenta grandes volúmenes, a excepción de la pronunciada cornisa que sostiene el ático y las grandes pilastras mensulares del cuerpo superior. Las tablas representan la Cena, la Anunciación, la Epifanía y la Adoración de los Pastores, en el primer cuerpo, y en el segundo, el Bautismo de Cristo, la Oración en el Huerto, San Pedro, San Pablo, el Calvario y el Descendimiento, y, sobre éstos, en tablas más pequeñas, los Padres de la Iglesia occidental. La tabla central del ático representa la Ascensión, acompañada a ambos lados por la Resurrección de Cristo y Pentecostés. Coronando el ático se sitúa la figura de Dios Padre, única escultura del retablo junto con la imagen bajomedieval de la Virgen de la Paz situada en el banco. El lienzo central, que representa a San Marcos, fue realizado por el pintor sevillano José María Rodríguez de Losada a finales del siglo XIX.
     A los pies del lado del evangelio se encuentra la pequeña Capilla de San Cayetano, de planta cuadrada cubierta por bóveda vaída. Junto a ella, con acceso desde un arco, que fue de herradura encuadrado por alfiz, se encuentra el Baptisterio, del segundo tercio del siglo XV. Se trata de una qubba hexagonal y cubierta mediante una bóveda de cantería gallonada sobre trompas con merlones escalonados en cada uno de los gallones. En su interior se conserva la interesante imagen de la Virgen de la Luz, talla de la primera mitad del XVIII, en la órbita del escultor Francisco Camacho de Mendoza. Contiguo al baptisterio está la que fue capilla de Ánimas, hoy cegada y ocupando su frente el retablo de Nuestra Señora de Consolación, con esculturas de pequeño tamaño de Santo Tomás de Aquino, Santo Domingo y San Pedro. Es obra rococó de la segunda mitad del siglo XVIII.
     El Sagrario, en el lado del evangelio, es el resultado de la unión de las capillas de los Mendoza y los Argumedo, trabajo llevado a cabo por el arquitecto Pedro de Cos entre los años 1750 y 1765. Desde la nave principal, se ingresa a través de dos arcos, uno escarzano y otro apuntado. Sus dos tramos, cubiertos por bóvedas semiesféricas, están decorados con un zócalo de mármol rosa intarsiado en blanco con apliques de rocalla. El comulgatorio presenta idéntica ornamentación, apareciendo elementos relativos a la Eucaristía como la vid, el Cordero, y el pelícano, así como el león, atributo de San Marcos. Cabe destacar también la reja, de 1795, y dos grandes pebeteros barrocos de plata, fechados en 1788. La portada del sagrario al tránsito hacia el ex­terior, que se encuentra cegada, está profusamente decorada, in­cluyendo representaciones del Buen Pastor y las virtudes teologales.
     En el lado de la epístola se encuentra la Capilla de los Pesaño, de la segunda mitad XV, donde está enterrado don Juan Pérez de Rebolledo, alcaide del Alcázar que asesinó a doña Blanca de Borbón. Se cu­bre con bóveda de crucería decorada con dientes de sierra. En ésta capilla destacan el retablo, realizado por Matías Navarro en 1759 y que alberga un Crucificado del siglo XVI de estética gótica, que ocupó una viga de imaginería en el presbiterio; y una imagen de San Marcos del siglo XVI, obra de Juan Bautista Vázquez «el Viejo», procedente del retablo mayor. Unida a esta capilla desde el siglo XVIII, se encuentra la Capilla de los Grajales, del siglo XVI, que tiene su ingreso a través de un arco escarzano y está cubierto con bóveda vaída. Destaca en su interior un retablo de Ánimas inusualmente dividido en registros. Realizado en l7XX, es obra del entallador Ro­drigo de Alva. Está presidido por la imagen de San José con el Niño y a cada lado sendos relieves de Redención de Ánimas, todo coronado con la Trinidad.
     Pasada la puerta del lado de la epístola, se en­cuentra la capilla de los Suárez, hoy despacho parroquial, en cuyo frente, cegado, se encuentra un retablo rococó de la segunda mitad del XVIII presidido por una  imagen de San Juan Nepomuceno, flanqueada por San Francisco de Paula y Santa Rita, y en el ático San Antonio Abad. A continuación la de los Ceas, cubierta por bóveda de crucería. A los pies, la del escribano Rodrigo de Rus, en la que destaca su bóveda casetonada renacentista, fechada en 1554. A este lugar se encuentra trasladado el retablo dieciochesco del oratorio del palacio de los marqueses de los Álamos del Guadalete y una escultura en piedra de la Inmaculada, procedente del ingreso a las caballerizas del mismo palacio. Procedentes del primitivo retablo de esta capilla, son los relieves que representan el Abrazo místico de San Joaquín y Santa Ana y la Sagrada Familia situados en la nave. Fueron realizados por Cristóbal Voisín en 1554. Antecede a la Sacristía la antigua Capilla de los Cabeza -hoy antesacristía-, cuyo arco abierto al presbiterio se cerró en el XIX. Se trata de una qubba del siglo XV de inusual planta rectangu­lar, cubierta mediante bóveda esquifada sobre trompas.
     La Sacristía, que fue probablemente capilla de los Cuellar, es de planta cuadrada y presenta una bóveda similar a las de la nave principal de la iglesia. Conserva en su interior un apostolado decimonónico del pintor Rodríguez de Losada.
     El Tesoro cuenta con piezas de platería de gran valor de los siglos XVI al XIX. Las más antiguas son las realizadas por el afamado platero sevilla­no Francisco de Alfaro en 1596: un copón y una crismera en plata.
     El grupo más nutrido es el de las del siglo XVIII, entre las que destacan las piezas de los plateros jerezanos Marcos Espinosa de los Mon­teros y Pedro Moreno de Celis. La corona de plata sobredorada de la Virgen de la Paz, anónima y datada en 1790, procede del monasterio de la Cartuja (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
      La iglesia de San Marcos se ubica en la denominada Plaza de San Marcos dentro del perímetro del casco histórico de la ciudad. Su entorno responde a una trama urbana medieval, propia de las ciudades hispanomusulmanas.
     Volumétricamente, el inmueble ocupa una manzana completa y exenta. El templo responde a las características propias de iglesia de planta de salón, de una sola nave, con capillas adosadas a los laterales. La nave que consta de cuatro tramos más cabecera poligonal de tres lados, va cubierta por bóvedas a la misma altura. La cabecera lleva adosada la sacristía de planta cuadrada. A los pies de la nave se ubican a cada lado un cuerpo de la torre de planta poligonal. En la fachada lateral derecha se encuentra la espadaña, formada por dos cuerpos, el primero consta de tres vanos y el segundo de dos.
     El presbiterio formado por el ábside de planta poligonal de tres lados y el primer tramo de la nave, de planta rectangular, está situado a un nivel más elevado que el resto del templo. Los tramos segundo, tercero y cuarto de la nave, de planta cuadrada, van compartimentados mediante pilares de baquetones adosados, que suben hasta la línea de imposta, constituyendo los elementos sustentantes de las cubiertas.
     La cubierta de toda la nave se resuelve mediante bóvedas estrelladas, realizadas en piedra de cantería.
     Entre las capillas más interesantes, destaca en el lado del Evangelio, la del Bautismo, que se cubre por una bóveda gallonada asentada sobre trompas y cuya clave es una estrella de ocho puntas, encajándose entre los nervios unas almenillas escalonadas que se apoyan en la imposta. En el lado de la Epístola tiene interés la capilla de la cabecera que se cubre por una bóveda de nervios cruzados, flanqueados por dientes de sierra, y cuyo mudejarismo confirman aún más dos ménsulas que en ella se conservan. Es de gran interés la bóveda de lacería que cubre el tramo de tránsito de la puerta de la epístola. La Sacristía se cubre por una bóveda de la postrimería del Gótico y el tramo de tránsito a ella por una bóveda ochavada sobre trompas.
     Al exterior, el inmueble presenta tres fachadas. La principal, a los pies, consta de un zócalo de revoco a la tirolesa y paramento de cantería, y dos cuerpos de torre adosados en los extremos. La portada está fechada en 1613 y acusa rasgos manieristas. Se le atribuye a Vermondo Resta.
     La fachada de la Epístola presenta dos plantas; la primera, muestra una hilada de gárgolas góticas y vanos de diversos tamaños y formas. En ella se encuentra la portada de acceso al templo. La portada, probablemente del templo primitivo, es de piedra y conserva parte de su antigua traza mudéjar con arco apuntado de gran abertura. La zona que corresponde a la segunda planta es de cantería y muestra tres contrafuertes y cuatro vanos ojivales protegidos mediante vidrieras, y la espadaña.
     La fachada del Evangelio consta igualmente de dos pisos; el primero muestra el paramento enfoscado y en él se abren cuatro vanos adintelados protegidos por rejas. A continuación se alza la portada de acceso al templo, actualmente cerrada. Esta es adintelada, de piedra, y va flanqueada por anchas pilastras que suben por encima del dintel, soportando un entablamento con metopas decoradas con elementos forales. Va rematada por un frontón triangular partido, mostrando un molduraje mixtilíneo en la zona correspondiente al tímpano.
     El material utilizado para la construcción de la iglesia es la piedra de cantería.
     La iglesia de San Marcos no se sabe ciertamente cuando se erigió, pero ésta pertenece a la serie de iglesias jerezanas cuyo núcleo original se construye en el tránsito de los siglos XV al XVI, modificándose y en algunos casos añadiéndosele elementos arquitectónicos posteriormente.
     Del templo primitivo parece ser que son la portada de la Epístola y la Capilla del Bautismo, posiblemente de la segunda mitad del siglo XIV. En cuanto a las bóvedas que cubren la nave, características de hacia 1515, evidencian que el templo se inició por los pies como la Catedral de Sevilla, pues las dos bóvedas de los tramos de los pies son distintas y posteriores a las de la cabecera y la sacristía.
     En 1778 se construyó la espadaña y la Capilla del Sagrario data de 1795. Aunque el estilo dominante de la iglesia es el gótico, se advierten otros como el mudéjar, reflejado en la portada de la Epístola. De estilo manierista es la portada principal (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
         Es en la plaza de San Marcos, donde se sitúa la iglesia del mismo nombre, una más de las fundadas por Alfonso X tras la conquista castellana de la ciudad. La construcción se llevó a cabo durante el siglo XIV, siguiendo las pautas del estilo gótico-mudéjar, sobre una antigua mezquita. Tiene tres portadas. La principal, situada a los pies, data de principios del siglo XVII y es renacentista. El interior muestra una sola nave con bóvedas de estrella y capillas laterales. El retablo mayor es una de sus más interesantes obras. Data de 1701 y su estilo es de un suave barroco, casi manierista. De un retablo anterior, conserva diecinueve tablas pintadas, entre otros grandes maestros, por Pedro de Campaña y Alejo Fernández. A los pies, en el lado izquierdo y junto a la capilla de San Cayetano, se abre el baptisterio, una a modo de qubba o mora­bito cubierto con cúpula de gallones sobre trompas (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008). 

Palacio Pemartín, o del Marqués de la Mesa de Asta. Centro Andaluz del Flamenco
     En la plaza de San Juan se encuentra el palacio del Marqués de la Mesa de Asta, que en origen fue casa de don Álvar López de Hinojosa, en el siglo XVI y que en el siglo XVIII fue remodelado completamente por doña Petronila María de Villavicencio Spínola, marquesa de la Mesa de Asta. Destacan la portada con sencilla decoración rococó y sobre todo el patio, de arcos de medio punto sobre columnas de mármol, con festoneados en el extradós y decoración de rocalla en las enjutas. Muy interesante es la solución dada a las esquinas, donde se insertan querubines que en­lazan los ángulos mediante arcos. La pieza más antigua es la techumbre de madera del atrio; se trata de un alfarje de la segunda mitad del siglo XV, con decoración polícroma (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
    La sede del Centro Andaluz de Flamenco es la casa palacio Pemartín, casi con toda probabilidad propiedad de Doña Antonia de Villavicencio, en la 2ª mitad del siglo XVIII (1770-1780). Es un edificio de dos plantas, la puerta principal está desplaza hacia la izquierda del conjunto de la fachada.
     Se destaca, en primer lugar, la fachada principal que tiende a simplificar las formas en todo su conjunto. La decoración se centra en el cuerpo central de la fachada -puerta y balcón principal- con escuetos modelos propios de la segunda mitad del siglo XVIII. La puerta principal está enmarcada con un baquetón mixtilíneo, elemento común en los edificios de este periodo. Los vanos del segundo cuerpo de la fachada, están coronados por el clásico guardapolvo de pizarra, usual en los edificios barrocos del XVIII local.
     El patio barroco-rococó es el elemento más representativo del Centro Andaluz de Flamenco. De estructura cuadrangular, es elegante en su trazado y proporcionado en todo su sistema. Posee galería perimetral con arcos de medio punto sustentados por finas columnas de mármol blanco. En cada uno de los ángulos están esculpidas cabezas de querubines, sobre las que se asientan arcos traveseros en piedra de canto.
     Respondiendo a los objetivos de su creación, el Centro Andaluz de Flamenco constituye en la actualidad el mayor centro de documentación sobre el arte flamenco, a disposición de investigadores, estudiosos y aficionados al flamenco en general (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Centro Andaluz de Flamenco*, ubicado en el antiguo palacio de Pemartín. Para los aficionados al flamenco y aun para los simples curiosos, éste es un lugar de visita ineludible, ya que en él se conserva un cúmulo inenarrable de información acerca de este elemento esencial de la cultura andaluza, que va desde grabaciones antiquísimas hasta libros, estudios, carteles, etc. El edificio, además, es una valiosa pieza del patrimonio artístico jerezano. Se construyó en el siglo XVIII y es de estilo barroco. Tiene una sobria fachada de dos plantas de sabor arcaizante, principalmente a causa de los guardapolvos de las ventanas. En el interior, llama la atención el artesonado del vestíbulo, el claustro, la escalera y, en la planta alta, el salón de actos (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008). 

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Convento de Santo Domingo; Palacio Domecq, o del Marqués de Montana; Iglesia de San Marcos; y Palacio Pemartín, o del Marqués de la Mesa de Asta. Centro Andaluz del Flamenco) de la localidad de Jerez de la Frontera (V), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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miércoles, 21 de octubre de 2020

El Pabellón Domecq, de Aurelio Gómez Millán, para la Exposición Iberoamericana de 1929, en el Parque de María Luisa

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón Domecq, de Aurelio Gómez Millán, para la Exposición Iberoamericana de 1929, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
   Hoy, 21 de octubre, es el aniversario de la inauguración (21 de octubre de 1929) del Pabellón Domecq para la Exposición Iberoamericana de 1929, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Pabellón Domecq, de Aurelio Gómez Millán, para la Exposición Iberoamericana de 1929, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
   El Pabellón Domecq (nº 12 en el plano oficial del Parque de María Luisa; y nº 31 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929) se encuentra en el Parque de María Luisa (nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla), en el Barrio de El Prado - Parque de María Luisa del Distrito Sur, y se sitúa en la avenida de Don Pelayo, 1.
   La Exposición Iberoamericana de 1.929 supone la transformación urbana más importante de la ciudad en época contemporánea hasta 1992. El recinto se desarrolla en un entorno ajardinado en el que se disponen arquitecturas singulares que lo monumentalizan: apoyado en el curso del río y en edificios existentes de la importancia de la Fábrica de Tabacos o del Palacio de San Telmo, da forma al deseo de crecimiento hacia el sur que la ciudad ya había manifestado en proyectos como el trazado del Salón de Cristina o El Jardín de las Delicias de Arjona.
   El escenario fundamental es el del sector segregado de los jardines del Palacio de los Montpensier y que constituyeron el Parque de María Luisa en honor de la cesión por la infanta María Luisa Fernanda de Borbón, duquesa Viuda de Montpensier, prolongado en el Jardín de las Delicias y a lo largo de la Avenida Reina Victoria (hoy Paseo de las Delicias y de la Palmera) hasta el Sector Sur. Otros edificios dispersos se situaron en los jardines de San Telmo o, en el caso singular del Gran Hotel "Hotel Alfonso XIII- en el Jardín de Eslava.
   El trazado inicial surge como consecuencia del concurso de anteproyectos celebrado en 1911 y del que se eligió la propuesta de trazado unitario presentada por el arquitecto Aníbal González y que, en los que le siguieron (1913, 1924, 1925 y 1928), se fue desfigurando en aras de una implantación dispersa con la intervención de un número más amplio de profesionales. El arquitecto dimitió falleciendo poco antes de inaugurarse el certamen.
   Es uno de los pabellones de las empresas que participaron en el certamen de la Exposición Iberoamericana de 1929, que sin duda alcanzó mayor éxito por la aproximación de su modelo arquitectónico a otros recintos que se levantaron en sus proximidades, como el Pabellón Real, o la propia Plaza de España. Se ha apuntado la inspiración de la planta en un pabellón anterior de la Exposición de Artes Decorativas de París, expresado en una imagen plena de regionalismo en su lenguaje, con un magnífico trato del ladrillo visto, especialmente en el trazo de los arcos de planta curva que presentan las galerías laterales, con dovelas cortadas en doble cuña. Actualmente conservado por las Juventudes Musicales de Sevilla, tras ser sede también del Instituto de Meteorología.
   El actual PGOU le otorga un Grado de Protección C, estando incluido en su Catálogo Complementario CC.S26.14, y en el sector BIC Recinto de la Exposición Iberoamericana y en el BIC Parque de María Luisa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía). 
   El Pabellón Domecq es el único netamente comercial  que se conserva de los construidos para la Exposición Iberoamericana. Juan Pedro Domecq, encargó directamente al arquitecto Aurelio Gómez Millán la realización del edificio entregándole 250.000 pts. para su ejecución. Las obras ya se encontraban iniciadas en mayo de 1928, concluyéndose en el verano de 1929.
   A pesar de no ser un edifico de grandes dimensiones, es un alarde de construcción, con unas características similares al Pabellón Real pero de tamaño más reducido, y que en definitiva “es una de esas obras que realmente dan fama merecida a su arquitecto”.
   “La planta sigue el diseño visto por el arquitecto en la Exposición parisina de Artes Decorativas, consistente en un cuerpo central de ocho lados, ampliado en la planta baja por los cuatro lados de mayor anchura, creando otros tantos brazos que van unidos por medio de arquerías curvas”.
   Con una superficie de casi 400 m2, el edificio básicamente se compone de tres alturas, semisótano, baja y alta; su planta se organiza por medio de cuatro cuerpos formando una cruz griega, dentro de la cual en su centro se inscribe un octógono irregular, éste se eleva sobre el resto del edificio formando la planta superior. Los espacios formados por los brazos de la cruz, se unen por un deambulatorio exterior en forma de claustro de triple arquería curva. El cuerpo delantero sirve de vestíbulo de entrada, mientras que el situado en el eje opuesto, se instala la escalera que accede al piso superior.
   La composición de cuidado diseño en los detalles constructivos, guarda gran semejanza con el Pabellón Real, como se ha dicho antes, y su apariencia ecléctica es el resultado de una sabia mezcla de elementos de diferentes estilos, como el gótico en la crestería del segundo cuerpo (hoy desaparecida) así como la venera que remata el escudo de la fachada, ó el manierismo de la galería abierta con sus bellas arcadas, y el barroco de la monumentalidad del acceso.
   Al pabellón se accede tras subir la amplia grada en forma de U, previamente podemos disfrutar de una magnífica fachada, con una cuidada y severa ornamentación, llamando poderosamente la atención el tratamiento del ladrillo visto tallado con un cuidado diseño. El alzado netamente regionalista evidencia el gran oficio de los artesanos del momento, con los arcos de planta curva de las galerías laterales, cuyas dovelas fueron cortadas en doble cuña.
   El escudo de Real, con las armas de Alfonso XIII en ático de la fachada bajo una venera, fue realizado en la fábrica J.F. Martínez de Triana, y pintado por C.D. Sala.
   El pórtico a manera de arco triunfal, se abre mediante arco rebajado entre dos parejas de pilastras corintias de ladrillo tallado. Las fachadas de los dos cuerpos laterales, se resuelve mediante un arco de medio punto que encierra una vidriera enmarcada por parejas de pilastras corintias, la fachada trasera es de ladrillo liso sin hueco, en el que se encuentra instalado el escudo de la familia Domecq en cerámica vidriada de colores. En la planta alta se pueden observar panelas con motivos florales de ladrillo tallados.
   Los arcos de las galerías laterales de medio punto se apoyan en columnas de mármol blanco, sobre balaustrada de barro con motivo vegetal. Las puertas de acceso a los salones desde la galería, se enmarcan con molduras rectas y frontón de ladrillo tallado.
   El vestíbulo se decora con unos magníficos zócalos cerámicos de la fábrica trianera de Ntra. Sra. de las Nieves, pintados por Francisco Hohenleiter de Castro, en los cuales se representan escenas agrícolas y ganaderas como: la vendimia, la siega, la caza de la liebre, el arado del campo, la monta de caballos y el abrevadero del ganado.
   Las escenas centrales están pintadas con técnica colorista sobre un fondo blanco con hojarasca en azul cobalto, enmarcado todo ello por amplias cenefas con motivos frutales sobre fondo amarillo.
   También es digno de reseñar, el artesonado original que se conserva en este espacio, que era igual al de las galerías exteriores, y el enmarcado de las puertas de acceso al salón central y a las galerías exteriores laterales, con ladrillos tallados de forma magistral.
   Ya en el interior del edificio, al fondo del salón central, se encuentra la escalera que accede al piso alto, esta diseñada para dar grandiosidad al edificio. Se trata de una escalera de doble tramo, siendo el primero de ellos inscrito en un óvalo, no hay en el una sola línea recta, sino una sabia combinación de formas cóncavas y convexas. Según Amparo Graciani, esta composición podría recordar ciertos recursos escenográficos como el empleado por Miguel Ángel en la escalera de la Biblioteca Laurenciana de Florencia. 
   En la planta superior, se instaló el Salón de Honor de carácter protocolario, decorado con excelente gusto, con acceso directo a la terraza. Este salón de forma octogonal como el central de la planta baja, en sus cuatro lados de mayor longitud se instalaron vidrieras con el escudo de la familia Domecq, de la afamada casa Haumejean, conservándose en la actualidad solo la que da frente a la fachada principal, consistente en un sable terciado con guantes en los ángulos opuestos, coronado de yelmo y lambrequines. En los lados menores, se sitúan las puertas que acceden a la terraza, sobre las cuales se hallan cuatro pequeños paneles pintados al fresco también por Hohenleiter.
   En ellos se representan escenas nobiliarias, que se desarrollan en una casa o palacio en el campo, con una bucólica y frondosa vegetación. En la primera escena, un joven noble saluda con el sombrero a una muchacha que le sale al encuentro bajando las escalinatas de una mansión. La siguiente es el momento en que la muchacha llega a los pies de la escalera y saluda al joven, ante la mirada de un grupo nobles al fondo. En la tercera, bajo un árbol, el joven del sombrero corteja a la muchacha. Y en la última escena el joven habla animadamente con dos muchachas junto a una fuente, mientras al fondo una pareja sentada se cortejan.
   La planta baja sirvió para la exposición de los productos de la firma, adecuándose perfectamente la distribución del edificio a los fines expositivos del mismo, por la fácil circulación interior.
   Entre los productos mostrados, se aprovechó el evento para promocionar un vino creado en 1892, con motivo del 400 aniversario del Descubrimiento de América, de nombre “La Raza”, bautizado así como reconocimiento a la riqueza cultural del mestizaje de razas tras dicho descubrimiento. El 12 octubre (día de la Hispanidad) de 1929 fue la fecha elegida para la presentación del producto, incluso antes de la inauguración oficial del pabellón. También se exhibían barriles de brandy Fundador con las firmas de los reyes en recuerdo de una visita a esas bodegas, y en vitrinas otros famosos brandis como Carlos I y III.
   El pabellón fue inaugurado por los Reyes y el general Primo de Rivera el 21 de octubre de 1929, cuando ya había empezado la Muestra.
   Según las crónicas de la época, “Los reyes empezaron su visita por las dependencias de la planta de honor, deteniéndose antes las vitrinas en que se exponen las botellas napoleónicas y las cajas consignadas a los numerosísimos representantes que la casa tiene en toda América.
   De allí pasaron a otra sala de exposición en la que aparecen los facsímiles de las botas que firmaron el rey don Alfonso en el año 1904, y la reina doña Victoria en 1915, artísticamente protegidas con detalles de excelente gusto.
   Aparte contemplando don Alfonso los envases de los coñacs Carlos I y III recordó complacido que los había degustado en la propia destilería de la casa Domecq e hizo de ellos cumplidos elogios.
   Subieron luego a la planta principal, en cuyo salón central, decorado con excelente gusto, que da acceso a una magnífica terraza habíase instalado el buffet.”
   Una vez concluida la Exposición, el edificio continuó algunos años siendo ocupado por la Casa Domecq, aunque desconocemos que tipo de utilidad se le dio, debió ser de forma esporádica, ya que los importes de las facturas por consumo eléctrico eran muy pequeños. Al parecer en 1935 el edificio pasó a poder del Ayuntamiento, aunque desconocemos la fecha exacta y el modo en que se produjo la cesión.
   Durante la Guerra Civil, estuvo ubicado en el pabellón el Servicio de Propaganda, donde prestaban su colaboración personas relevantes de la cultura huidos de Madrid, escritores como Marquina o Eugenio d'Ors, poetas como Ridruejo, Diez Crespo o Vivancos, y pintores como Caballero, Escassi y Summers.
   Finalizada la contienda  nacional, fue utilizado por Falange Española Tradicionalista y de las JONS, así como por la Sección Femenina de esta organización como centro de formación para sus cuadros de mando provinciales. Durante la Segunda Guerra Mundial se le adosó una dependencia, en la parte trasera de la azotea, con exterior en ladrillo visto que funcionó durante la guerra como emisora de radio alemana.
   A finales de 1956, el Ayuntamiento autorizó la cesión del Pabellón Domecq al Servicio Nacional de Meteorología, para la instalación de una estación meteorológica, que daría lugar al traslado a este edificio de su Jefatura regional, permaneciendo en él durante más de cuarenta años.
   Durante todo este tiempo, el edifico ha sufrido algunas alteraciones para adaptarlo a los nuevos usos, y con el aumento del personal y equipos de meteorología, se hizo necesaria una intervención más compleja realizada en 1981, consistente en bajar la altura de los techos, acondicionar la planta semisótano, baja y alta para oficinas, así como el cerramiento de las cuatro galerías exteriores, a fin de conseguir más espacio útil. Quizás esta sea la actuación que más ha modificado el aspecto exterior del pabellón, perdiéndose la posibilidad de disfrutar de las bellas columnas exentas de las galerías y las portadas de las puertas de acceso a las salas.
   Pero los nuevos tiempos y el aumento de la plantilla de personal e instrumentos necesarios para prestar los servicios que la sociedad demandaba, hicieron que fuera imposible continuar en un espacio tan pequeño. Por lo que entre 1996 y 1997, se produce el traslado del Centro Meteorológico Territorial de Andalucía Occidental a sus actuales instalaciones en la Cartuja, aunque mantuvo el taller de mantenimiento de equipos en el antiguo pabellón prácticamente hasta el año 1998, en que lo ocupó la Asociación Juventudes Musicales de Sevilla, gracias a la intervención del tristemente asesinado concejal Alberto Jiménez Becerril.
   En este edificio se encuentran tanto las oficinas administrativas como el salón de conciertos donde se ofrece parte de la programación musical de esta Asociación, y cuyas butacas proceden del Teatro Lope de Vega. 
   Como anécdota hemos de decir, que el edifico estuvo a punto de convertirse en capilla para alojar a la entonces recién fundada Hermandad de la Paz.
   El autor del edificio, fue considerado heredero directo del entonces desaparecido Aníbal González, destacando de esta obra el afiligranado del ladrillo tallado, siendo uno de los pabellones comerciales que se construyeron más destacados, por ello se le concedió un Diploma de Honor, en reconocimiento por la extraordinaria valía del edificio.
   Hoy día podemos disfrutar de este magnífico pabellón, algo mutilado por la falta de la hermosa crestería superior que le daba mayor realce al conjunto, y por culpa del cerramiento instalado en las galerías curvas, que nos impide la visión de las arcadas de esta preciosa zona. Tomando las propias palabras de su autor “es la obra de ladrillo de mayor interés de Sevilla”.
   Aunque el estado en general del edificio se puede considerar bueno, se aprecian faltas de mantenimiento más profunda, que quizás por lo exiguo del presupuesto de la Asociación, no hayan podido ser atendido. Principalmente estas actuaciones se centrarían en la impermeabilización de la planta superior, que está ocasionando considerables humedades en los paramentos de esta sala, y que podría acarrear a corto plazo la pérdida de los frescos de Hohenleiter.
   Otros puntos que merecen una atención especial, sería la fachada trasera y laterales, por la acumulación de excrementos de aves y residuos vegetales de la masa arbórea que rodea al edificio, que podrían ocasionar el deterioro de zonas de ladrillo visto (María del Valle Gómez de Terreros Guardiola, Aurelio Gómez Millán, Arquitecto. 1988).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón Domecq, de Aurelio Gómez Millán, para la Exposición Iberoamericana de 1929, en el Parque de María Luisa, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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