Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

Mostrando entradas con la etiqueta García Ramos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta García Ramos. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de marzo de 2026

Un paseo por la calle García Ramos

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle García Ramos, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 2 de marzo, es el aniversario del nacimiento (2 de marzo de 1852) de José García Ramos, pintor sevillano, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle García Ramos, de Sevilla, dando un paseo por ella
   La calle García Ramos es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Vicente, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de la plaza del Museo, y calles Cepeda y Alfonso XII, a la plaza de Rull.
    La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Al menos desde 1408 está documentada con el nombre de Garzo, cuyo verdadero origen se desconoce, aunque Santiago Mon­toto, sin mucho fundamento, lo atribuya al hongo del mismo nombre. En 1915 se sustituyó por el actual, en homenaje al pintor sevillano José García Ramos (1852-1912), autor de numerosos cuadros de tema costumbrista andaluz. El topónimo aparece escrito en artísticas placas de cerámica inspiradas en el estilo del pintor. Es larga, rectilínea y estrecha, conservando prácticamente el mismo trazado que puede verse en el plano de Olavide (1771), en el que presenta una mayor angulación en la desembocadura a la plaza de Rull, entonces sin nominar porque formaba parte de la calle. En 1879 se aprobó un plan de alineación de casas, que debió contribuir a su actual rectitud. Ado­quinada en 1905, hoy presenta dos tipos de pavimentos: de cemento, en muy mal estado, hasta el cruce con Alfaqueque, y de adoquines, también muy deteriorados, en el resto. Carece de aceras y posee en algunos puntos botarruedas de granito. Se ilumina con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas de la derecha. En el caserío abundan las viviendas tradicionales sevillanas, de dos plantas y aspecto popular, aunque se intercalan algunos edificios de pisos de reciente construcción. En general conserva un carácter tradicional, acentuado por el exorno floral de los balcones, terrazas y patios. Buena parte de la acera derecha está ocupada por el lateral del antiguo palacio del conde de Casa Galindo (v. Alfonso XII) y traseras de San Vicente. Cumple una función exclusivamente residencial, pues carece de comercios y bares. Es tranquila y silenciosa, incluso en las horas diurnas, sin apenas tráfico rodado ni peatonal. Según indica Gómez Zarzuela en su Guía de 1875, "en la casa núm. 17 murió la célebre Doña Josefina Comerford, condesa de Sales, que tanta y tan novelesca influencia ejerció en Cataluña en la guerra civil de1820-23 y prin­cipalmente en la insurreción ultra-realista de 1827, de la cual fue el alma" [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
García Ramos, 23. Casa de dos plantas con balcón, muy volado, sobre tornapuntas de hierro. En el interior, el patio posee arquerías sobre columnas en planta baja y en uno de los frentes de la superior [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de García Ramos, a quien está dedicada esta vía del callejero sevillano;
     José García Ramos nace en Sevilla en 1852, en el seno de una familia de condición humilde. Fueron sus padres José Ramírez, que regentaba una barbería en la calle Carpio y su madre Dolores Ramos. Tuvo un hermano llamado Juan, también pintor aunque no llegó a conseguir su fama. En 1862, con diez años de edad ingresa en la Escuela de Bellas Artes sevillana donde asiste a las clases de Natural y Colorido que impartía Eduardo Cano, pintor de reconocido prestigio y gran admirador de la pintura de historia. En esta temática lo debió iniciar su maestro aunque su carrera artística le llevaría por muy diferentes derroteros. En 1868, año en el que la Escuela suspendió sus actividades debido al estallido de la Revolución, continuó su aprendizaje en el taller del ya famoso pintor José Jiménez Aranda, artista que influyó de una manera decisiva en su vida y en su carrera, convirtiéndose así en su discípulo predilecto. Con este maestro García Ramos descubrió un mundo nuevo en el terreno artístico, mucho más agradable y sugestivo que las rigurosas directrices que le marcaba el estudio de la pintura de historia en la que se inició. 
     En 1872, cuando Jiménez Aranda marcha a Roma le aconseja que solicite una beca de la Diputación para ir con él. 
     Aunque no se la conceden, viaja a la Ciudad Eterna con su maestro y gracias a la ayuda económica de su familia. Las primeras obras que se conocen de su estancia en Roma son varias academias que se conservan en diferentes museos de España. En el Museo de Bellas Artes de Sevilla se encuentran tres de ellas que representan figuras masculinas, expuestas en esta exposición. Una de ellas está firmada en 1872 por lo que debe ser uno de sus primeros dibujos. 
     En esta ciudad, junto a su maestro entra en contacto con Fortuny y la colonia de pintores españoles allí residente, en especial con José Villegas. Acude a las clases de la Academia Chigi donde copia desnudos del natural y, para ganarse la vida, pinta cuadros de pequeño formato, vistosos y coloristas, con un dibujo fácil y una pincelada jugosa, en los que recrea escenas andaluzas que son bien acogidas por gran parte de la clientela. A partir de este momento se siente atraído por el tipo de pintura que realizaba Fortuny, considerado como el representante de un neoromanticismo que une el sabor de lo costumbrista con un primoroso y deslumbrante toque de color. El gran genio del miniaturismo puso de moda los llamados tableautin procedentes de Francia, pequeños cuadros de escenas románticas, ambientados en el siglo XVIII, con tipos vestidos con casacas y que captan versiones amables de la vida cotidiana, tratadas con un estilo preciosista. Esta modalidad de pintura, que en España se denominó pintura de casacón, era muy apreciada por el mercado europeo y americano, siendo por tanto de fácil venta. García Ramos dedicó gran parte de su producción a este género, que podría considerarse como una variante menor de la pintura de historia, siguiendo el estilo de la famosa obra de Fortuny La Vicaría (h. 1867), realizada con un cuidado dibujo, minuciosidad y preciosismo, gran sentido del color y perfecto estudio lumínico, y que abre definitivamente la puerta de la pintura realista en España. García Ramos supo captar a la perfección estas cualidades y plasmarlas en sus obras. Dado el éxito que obtuvieron éstas en el mercado, pudo prolongar su estancia en la ciudad por espacio de tres años.
     En 1875 se encuentra fechado su primer dibujo a pluma tal como él mismo confirma con la inscripción “Mi primer dibujo a pluma / 1875”. A mediados de este año se encuentra en Sevilla junto a su maestro Jiménez Aranda. En el Museo de Bellas Artes de esta ciudad se conserva un apunte, firmado en 1876, que representa a un anciano de pie, expuesto en esta muestra. En la exposición del Consulado de Sevilla de 1877 presenta el lienzo La escalinata de la Plaza de España en Roma y varios dibujos, lo que constata que en los dos años que permaneció en su ciudad natal pintó y participó activamente en su vida cultural, al mismo tiempo que era consciente de la clara diferencia entre el inmovilista ambiente artístico sevillano y las innovaciones que imperaban en la capital italiana. En este año regresa de nuevo a Roma y aprovecha para realizar viajes a Nápoles y Venecia y otras ciudades italianas, pintando incansablemente cuadritos de género de excelente factura, en clara línea fortunyana. Gracias al apoyo de su maestro se abre camino entre los marchantes de arte con su producción de tableautin y entra en contacto con el londinense Arthur Tooth, quien se encarga de la venta de casi todos sus cuadros. De este modo se convertirá en un pintor bien conocido en los ambientes artísticos de Roma, Londres y España. 
     A su etapa italiana pertenece una de sus obras más emblemáticas, su cuadro neogoyista El Rosario de la Aurora, actualmente en paradero desconocido, en el que ya estaba trabajando en 1874 y del que realizó varias versiones. Fue tan bien acogido por la crítica y el publico italiano que decidió enviarlo a Madrid a la exposición organizada, en 1879 por la galería Bosch, con la intención de que fuera también conocido en su patria. La obra no obtuvo el éxito esperado y una vez clausurada la exposición fue devuelta a Roma. Posiblemente este primer lienzo fue el que adquirió don Fernando Puig en 1884, ya que así consta en La Ilustración Española y Americana de ese mismo año. Una segunda versión, también firmada en Roma, es la que adquirió la casa Goupil de París, en 1881 a un elevado precio. Con toda probabilidad es éste el cuadro que se conserva en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. En el Museo de Cádiz se encuentra otra variante de este tema, fechada en 1882, procedente del legado Martínez de Pinillos. 
     En 1881 junto a su maestro Jiménez Aranda marcha a París, la nueva capital artística internacional, en la que los impresionistas aún no eran reconocidos y en la que pervivía todavía la moda de la pintura realista. Sin embargo no logra introducirse en el círculo de artistas de renombre al no conseguir gran éxito con su pintura, por lo que decide regresar a Sevilla, donde se establece definitivamente a partir de 1882, a excepción de algunos viajes a Granada (1882-1883-1887), Galicia (1886) y varias estancias en Madrid. 
     A su regreso a su ciudad natal ya venia avalado por un reconocido prestigio siendo nombrado en 1882 presidente de la Academia Libre de Bellas Artes de Sevilla, institución fundada en 1872 por un grupo de jóvenes artistas independientes con la finalidad de competir con el academicismo y el clasicismo imperantes en la ciudad y preparar el advenimiento del realismo. Durante su presidencia, García Ramos trabajó con gran empeño para darle un gran impulso a una institución que en esos momentos se encontraba en crisis. 
     En 1886 un grupo de artistas y escritores sevillanos decide dedicar en La Ilustración Artística un número a Gustavo Adolfo Bécquer y le encarga la portada a García Ramos para la que realiza el que es considerado el primer retrato del poeta. Por esta misma fecha debió contraer matrimonio con una modista llamada Antonia Aguilar de la que sólo tuvo un hijo, llamado José, que se dedicó al teatro y que debido a su desordenada vida ocasionó a su padre numerosos problemas. 
     En los años finales del siglo tanto la pintura de historia como la de casacones comienzan su decadencia debido a la falta de la protección oficial y al cansancio de la clientela. Estas circunstancias provocan que los artistas se vean abocados a cultivar otro tipo de pintura que tuviera mayores atractivos, por lo que se aproximaron a un concepto más realista, encontrando en la existencia cotidiana los temas en los que inspirarse. 
     En la década de los ochenta comienzan los que van a ser sus años de plenitud que se prolongarán hasta la fecha de 1900. En ellos realizará una extensa producción de cuadros de pequeño y mediano formato de temática costumbrista en los que recrea escenas y acontecimientos locales como bodas, bautizos, procesiones, temas taurinos o de tabernas y retrata a una gran variedad de tipos populares como gitanas, cigarreras, novias, contrabandistas, bailaores o vagabundos. García Ramos es un observador ingenioso del natural y de ahí la gracia de sus personajes, vitales y alegres, reflejo de una sociedad optimista como indican los títulos de algunas de sus obras: Pelando la pava, Baile por bulerías, Pareja de baile... 
     Se ha establecido un paralelismo entre su obra y la de sus contemporáneos los escritores Joaquín y Serafín Álvarez Quintero por lo que tienen ambas de inspiración en un mundo inmediato y cercano y de reflejo de una sociedad concreta, descrita en su faceta más anecdótica y a la vez intrascendente. García Ramos fue un artista que jamás pintaba de memoria por lo que siempre contaba en su estudio con varios modelos, entre los que destacamos a José “el Aragonés”, que aparece en casi todos sus cuadros y lo mismo lo representa en sus figuras masculinas o femeninas. 
     En estos años es considerado el primer pintor de la ciudad, ejerciendo gran influencia en el ambiente artístico. En 1892 regresa a Sevilla definitivamente su maestro Jiménez Aranda llegando a convertirse ambos en los principales pintores locales. 
     Una importante faceta dentro de su ingente producción fue la de fecundo dibujante e ilustrador de publicaciones periódicas. Sus dibujos se encuentran entre lo mejor de su producción y en la mayoría de las ocasiones son superiores en calidad a los textos que ilustraban. A partir de 1883 inicia su colaboración regular con La Ilustración Española y Americana de Madrid, La Ilustración Artística de Barcelona y a partir de 1891, fecha de su creación por Torcuato Luca de Tena en Madrid, con Blanco y Negro. Estas publicaciones popularizaron ampliamente su obra y le dieron gran difusión en el ámbito nacional. 
     A su consagración oficial colaboró de manera especial la publicación, en 1891 en Barcelona, del libro de Benito Mas y Prat La Tierra de María Santísima. Ilustrado con cincuenta láminas, dibujos a plumilla o tintadas, que siguen muy de cerca el texto, y que fue recibido de una manera entusiasta por la crítica y el público en general. 
     Se trata de una recopilación de estampas literarias en las que su autor refleja diversos aspectos de Andalucía, a la que presenta como la protagonista absoluta de los capítulos del libro, y dentro de ellos Sevilla ocupa un lugar privilegiado, con un tratamiento a medio camino entre el relato costumbrista romántico y el ensayo antropológico moderno. La unión de ambos trabajos forma un todo inseparable en el que se representa la esencia de Sevilla mostrando escenas callejeras, tabernas, procesiones de Semana Santa, vistas de la Feria de Abril... En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890 García Ramos presenta las láminas originales obteniendo medalla de segunda clase.
     A pesar del prestigio del que gozaba se mostraba reacio a enviar sus lienzos a las Exposiciones Nacionales, en contraposición al resto de pintores que, aunque en sus inicios, se afanaban porque sus cuadros figurasen en cuantas exposiciones de importancia se celebraban. Por primera vez se presenta en 1884 a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid con un dibujo a sepia titulado El secuestrador, con el que obtuvo una medalla de tercera clase. En 1888 figuró en la Universal de Barcelona donde fue premiado con medalla de bronce. No contó sin embargo su obra con el reconocimiento oficial y, aunque se siguió presentando a numerosas exposiciones nacionales y extranjeras, siempre obtuvo recompensas de carácter secundario, ya que los jurados consideraban su pintura falta de trascendencia y con asuntos que no eran más que simples anécdotas. Hay que considerar que en estos años el cuadro de historia estaba en pleno auge y las primeras medallas eran para los pintores que se dedicaban a este género. Sin embargo, debido a su fama y prestigio en Sevilla, donde era reconocido en todos los ámbitos, en 1893 fue nombrado académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes, nombramiento que le supone personalmente una gran recompensa a su trayectoria artística. En este momento su pintura era tan demandada que numerosos extranjeros visitaban su estudio y la adquirían a muy altos precios, incluso llegaron a ser conocidas y bien cotizadas en Buenos Aires gracias a las gestiones realizadas por el pintor José Pinelo que las enviaba a las numerosas exposiciones que allí se celebraban. En estos certámenes sí obtenía gran éxito su pintura, por lo que parte de su producción se encuentra en Argentina. En estos años modifica su firma. En un principio, y para diferenciarla de su hermano Juan, firmaba sus obras solamente con los apellidos pero a partir de 1896 firmará siempre “J. García y Ramos”.
     Al llegar el nuevo siglo, y hasta 1912, fecha de su fallecimiento, se advierte en su producción un abandono de la vitalidad y luminosidad que caracterizaban su carácter alegre y su inclinación hacia el lado amable de la vida. Una serie de desgracias en su vida personal, el agravamiento de la enfermedad que arrastraba desde hace años, el hecho de que su pintura no fuera tan demandada, el no haber sido reconocido con unanimidad por los jurados de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y el gran auge que adquirió la pintura de Sorolla, son factores que influyeron de manera importante en el descenso de su producción. Esto se reflejó en su pintura y su paleta, antes brillante, se oscureció prefiriendo ahora los tonos pardos, azulados y algún que otro matiz de verde, utilizando el rojo en raras ocasiones. 
     Sin embargo el último lienzo que realiza, por encargo de los hermanos Álvarez Quintero, en 1912, en el que debía pintar a una mujer andaluza que reflejara el carácter de Rosita, la protagonista de su obra Malvaloca, es muy diferente a los de su producción de estos años. En esta obra el pintor se aleja de su oscurecida y triste paleta para emplear tonos blancos, rojos y toda una gama de verdes que dan como resultado una composición alegre, brillante y fresca. Un año antes, en 1911 realiza, en esta misma línea, el lienzo para el cartel anunciador de las fiestas de primavera de 1912. 
     García Ramos gozó de enorme éxito popular en su época por lo que a su taller acudieron numerosos discípulos que llegaron a ser importantes pintores dentro del ámbito local, entre los que destacamos a Diego López, Rico Cejudo, que “se llamaba a sí mismo el más antiguo de sus discípulos”, Miguel Ángel del Pino, Santiago Martínez y el más joven, Alfonso Grosso, quien heredó su estudio de la Casa de los Artistas. 
     Murió el 2 de abril de 1912 en su casa de la calle Fernán Caballero. La Real Academia de Bellas Artes de Sevilla decidió colocar en su recuerdo la siguiente lápida: “En esta casa murió / el día 2 de abril de 1912 / el ilustre pintor sevillano / DON JOSÉ GARCÍA Y RAMOS / intérprete fidelísimo de nuestras costumbres populares. / La Real Academia de Bellas Artes / de esta ciudad dispuso perpetuar / su memoria en este monumento.”
     Tras su muerte fueron numerosos los homenajes que recibió por parte de la ciudad de Sevilla, como una glorieta que se inauguró el 8 de mayo de 1923 en la Huerta del Retiro (Jardines de Murillo), con un discurso de los hermanos Álvarez Quintero. Son muy representativas de su obra algunas frases de éste como “El espíritu de la Sevilla de su tiempo alentará siempre en sus cuadros en los que sus pinceles pusieron unas chispas de humor de la ciudad de sus amores...”. Durante al menos más de veinte años después de su muerte, y con motivo de algunos aniversarios de su fallecimiento, la prensa en general dedica numerosos artículos en homenaje y reconocimiento a su labor artística. A instancia de sus amigos y compañeros ateneístas, entre ellos Gonzalo Bilbao, el mismo año de su muerte, organizan una exposición en su estudio de la Casa de los Artistas con un gran número de sus obras que fueron adquiridas por diferentes personalidades de la ciudad. En 1973 en la Galería Loring de Madrid, se presenta la segunda exposición-homenaje en la que se expusieron también obras de Gonzalo Bilbao. En 1997 La Fundación El Monte de Sevilla le rinde homenaje con la exposición titulada José García y Ramos, un ilustrador de la vida sevillana. 
     Su abundante producción se podría clasificar en tres periodos correspondientes a las diferentes etapas de su vida artística. De su estancia en Roma destacan El Rosario de la aurora, anteriormente mencionado, Una estación de ferrocarril, Músicos romanos en un día de viento, fechado en 1877 y uno de sus cuadros mejor logrados. Del año 1879 es el cuadro Salida de un baile de máscaras, tema que repitió en varias ocasiones consiguiendo cada vez un cuadro distinto de los anteriores. 
     De los años de plenitud, el cuadro Baile por bulerías, premiado con medalla de oro en la Exposición de Sevilla de 1884; el dibujo a sepia titulado El secuestrador, ya mencionado; el lienzo !Fue un artista! que presentó a la Exposición Nacional de 1890, por el que no obtuvo recompensa alguna a pesar de ser una de sus obras más conseguida que en 1891 figuró a la Exposición de Bellas Artes de Barcelona obteniendo una mención honorífica; Se aguó la procesión, presentado a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1894; Pelando la pava, cuadro del que realizó varias versiones; !Hasta verte Cristo mío! premiado con una condecoración en la Nacional de 1895...
     De sus últimos años, época de crisis y desengaños personales, Loca de celos, presentada en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1904; Las hermanas huérfanas, El niño del violín, Era un artista, Las hijas del preso y la ya mencionada Malvaloca, que dejó inacabada, así como diferentes carteles de feria. 
     En conclusión podemos entender la obra de García Ramos como el mejor exponente del temperamento popular andaluz, por saber traducir en sus lienzos toda la gracia y espontaneidad de los ambientes castizos de su época. Sus pinturas, realizadas con un dibujo ágil y elegante y llenas de vivacidad y alegría son testimonio de la vida popular sevillana en los años finales del siglo XIX, comparables sólo con las escenas y personajes llevados al teatro por los hermanos Álvarez Quintero. En las calles sevillanas sus personajes, de gran vitalidad, se mueven con toda naturalidad pero sin mostrar en ningún momento la tragedia y el drama de sus vidas y de la ciudad en la que viven. Su pintura permanece ajena a cualquier intento de crítica social. Fue el pintor sevillano por excelencia, que hizo de su tierra el tema constante de su producción y además cronista de su época y de sus distintas clases sociales. Sus temas, anecdóticos y triviales y con un cierto aire humorístico en su mayoría, se hacen un tanto reiterativos y monótonos, posiblemente debido a imperativos de la moda. Están realizados con una técnica impecable a base de una pincelada fluida y suelta y un colorido armonioso y ligero en el que contrastan con habilidad tonos sutilmente matizados. Una de las habilidades que más se admira de García Ramos es su completo dominio del dibujo. A este respecto Cascales Muñoz así lo destaca en su semblanza sobre el pintor.
     La crítica, en general, durante gran parte del siglo XX, ha sido bastante intransigente con su figura, achacándole el ser un pintor costumbrista que sólo ve los aspectos amables y festivos de la realidad y desprovisto de todo sentido crítico. Por otro lado le reprocha el haberse recluido en su ciudad natal permaneciendo completamente al margen de los debates artísticos innovadores que se estaban produciendo en el resto de Europa, no haber sabido o querido evolucionar, haberse repetido tanto y, sobre todo, perpetuar la imagen más tópica de Sevilla, producto de una idea preconcebida de lo andaluz que viene desde comienzos del siglo XIX, a causa de la presencia en la ciudad de los viajeros románticos que legaron crónicas y estampas costumbristas excepcionales. Pero él respondía a la demanda del mercado, que en líneas generales era conservador y dependiente en buena medida de una clientela extranjera, que en ningún momento requería pinturas realizadas con audacias técnicas o novedades estéticas sino escenas típicas de pequeño formato en un estilo fácil y vistoso, ajenas a todo dramatismo y fáciles de comercializar a modo de souvenir. 
     Fue el pintor de las tradiciones sevillanas que reflejó en sus obras, con singular agudeza, una Andalucía típica y auténtica, siempre dentro de un costumbrismo romántico que reaparece renovado en cuanto a la técnica pero no en el espíritu. En resumen su obra se convierte en uno de los mayores exponentes del regionalismo andaluz. García Ramos fue consciente de que su obra había pasado de moda y saturado el mercado artístico sevillano, sin embargo no fue capaz de cambiar su estilo (Rocío Izquierdo Moreno, José García Ramos. Apunte biográfico).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle García Ramos, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle García Ramos, al detalle:
Edificio calle García Ramos, 23

lunes, 10 de marzo de 2025

La sala 5 de la Donación de Arte Mariano Bellver - Casa Fabiola

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la sala 5 de la Donación de Arte Mariano Bellver - Casa Fabiola, de Sevilla.
     La Casa Fabiola - Donación de Arte Mariano Bellver [nº 97 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla], se encuentra en la calle Fabiola, 5; en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
     En la planta alta, dedicada en gran parte a los pintores sevillanos en Roma y París (1870-1895), y a la escultura y pintura religiosas, podemos contemplar la sala 5 centrada en García Ramos.
     En 1868 sale José Villegas Cordero (1844-1921) de Sevilla con destino a Roma en compañía de Luis Jiménez Aranda (1845-1928) y Francisco Peralta del Campo (1841-96), primeros artistas sevillanos que buscaron en la capital italiana el modo de complementar su cualificación.
     Mientras tanto, José Jiménez Aranda (1837-1903) decide su marcha a Roma en 1871. Allí, las características del trabajo de estos pintores son similares: la estancia en las academias, donde perfeccionaban el dibujo, pintando modelos del natural y captando el pulso al mercado.
     Roma se había convertido en paso obligado para aquellos artistas que querían aprender las técnicas del oficio que el sistema académico español no podía enseñarle. Mientras el interés por lo narrativo permanece intacto, la evolución técnica se hace evidente. Importantes marchantes como Goupil se encargaron de vender la pintura de estos maestros entre los ricos aficionados de todo el mundo.
     Los casacones, majos y toreros eran demandados desde todos los rincones. El legado artístico del entonces ya célebre Fortuny, residente en Roma desde hacía algunos años, se concretaba en una pincelada minuciosa y la búsqueda de un color brillante y una luz veraz.
     José García Ramos (Sevilla, 1852-1912) perteneció a una generación de pintores sevillanos formados en torno a 1870 por Eduardo Cano y que perfeccionaron su técnica con una larga estancia en Roma. Fue uno de los pintores que estudia en la Escuela de Bellas Artes de la ciudad, siendo su maestro José Jiménez Aranda (1837-1903), con el que viajó a Roma en 1872. Esta ciudad fue vital en su carrera, debido a que allí conoció a Mariano Fortuny (1838-74), pintor que le influiría de forma importante en su obra posterior, dando lugar a lo que se conoce como preciosismo.
     García Ramos, con un dibujo virtuoso, una acertada selección de temática popular y reconocible de los temas, se convierte en el pintor más célebre de su momento. Estas pinturas reflejan la vida sevillana en el final del siglo XIX. Su obra se encuentra entre la caricatura y el folclore andaluz. Su capacidad narrativa, la atención al detalle anecdótico, hacen del pintor un recurso frecuente de editores de prensa que le absorben el tiempo ­que pudo dedicar a obras de mayor ambición. En el cuadro Procesión en la Campana, García Ramos con gran habilidad interpreta una escena de la vida popular sevillana, consiguiendo un admirable partido de lo que no es nada más que la narración de un acontecimiento intrascendente. Sugiriendo una procesión, se vale de lo que la rodea, pero sin representar los elementos princi­pales que son las andas procesionales.
     La colección de dibujos a tinta y aguada servirían para ilustrar libros costumbristas como el de La tierra de Ma­ría Santísima, de Benito Mas y Prat, donde se presentan literatura y pintura como algo inseparable (Donación de Arte Mariano Bellver - Casa Fabiola).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte sala 5 de la Donación de Arte Martiano Bellver - Casa Fabiola, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Donación de Arte Mariano Bellver - Casa Fabiola, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 16 de noviembre de 2024

La pintura "Pareja de baile sevillana", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Pareja de baile sevillana", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     Hoy, 16 de noviembre, es el Día del Flamenco en Andalucía, al coincidir con la de la inclusión del arte jondo, en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. Un reconocimiento logrado tras una larga carrera, en la que estuvieron implicados instituciones y ciudadanía en la consecución de un importante logro cultural andaluz. 
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Pareja de baile sevillana", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala XII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Pareja de baile sevillana", de José García Ramos (1852-1912), siendo un óleo sobre lienzo, de estilo costumbrista, realizado en 1884-86, con unas medidas de 0'55 x 0'37 m., y procedente de la adquisición del Estado, en 1984.
    Esta obra, también titulada "Pareja serrana", es representativa de la pintura costumbrista, de los tópicos y tipos, que tanto éxito tuvo durante el siglo XIX y principios del siglo XX. Como muchas otras escenas de García Ramos de la década de 1880, en este lienzo la galantería es el tema protagonista. La mujer está ataviada con el vestido de volantes que derivará en el actual traje de flamenca, con una flor en el pelo, un mantoncillo de Manila, y un abanico tras el que esconde parcialmente su rostro en la actitud vergonzosa y recatada, pero a la vez de cierta picardía, propias de la mujer del momento. El hombre, que va ataviado con la indumentaria típica del serrano andaluz, con una chaquetilla corta, el catite, la faja, y la manta serrana sobre los hombros, se gira hacia ella en actitud de contarle algún secreto, llevándose la mano a la boca (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla). 
     Pocas veces en la historia un pintor ha estado tan identificado con el ambiente popular que le rodeaba como José García Ramos. Nacido en Sevilla en 1852, fue alumno de la Escuela de Bellas Artes y también de José Jiménez Aranda cuyo taller frecuentó y con quien se trasladó a Roma en 1872. Alternó después viajes entre Roma, París y Sevilla hasta que en 1882 se asentó definitivamente en su ciudad natal; aquí murió en 1912.
     Artista de refinada sensibilidad orientó su pintura hacia la descripción de escenas costumbristas que captó de forma excepcional a través de su intuitiva visión del temperamento popular; nadie como él tradujo la vitalidad y la alegría con formas y expresiones tan naturales y convincentes. La vida cotidiana fue su fuente de inspiración y en ella encontró un repertorio inagotable de tipos populares, cigarreras, gitanos, pícaros, estudiantes calaveras y mendigos. Característica de su producción son escenas de enamorados pelando la pava ante una reja, serenatas ante un balcón, escenas de cante y baile, en patios, tabernas y figones. Otros temas salidos de su paleta son bodas, bautizos o procesiones narrado todo ello con acierto y gracia. 
   Su principal mérito artístico fue el dibujo, que manejó con destreza y le permitió caracterizar con facilidad a sus personajes. Su pincelada fue suelta y vivaz lo que ofrece testimonios elocuentes de su virtuosismo técnico que, unido a sus dotes de observación y su sentido del humor, le permitieron crear obras de siempre grata contemplación.
     Su prolífica actividad no le produjo nunca la riqueza, sino una vida en todo caso discreta y bien acomodada que le permitió sentirse como un artista distinguido. Pero su popularidad no alcanzó nunca el reconocimiento oficial y a pesar de que presentó sus obras con insistencia a las exposiciones nacionales nunca obtuvo en ellas más que recompensas secundarias. Por ello pudo darse cuenta personalmente de que su talento no fue reconocido más que a un nivel local y amistoso. Sus últimos años, complicados con desgracias familiares, fueron para él tristes y desencantados al advertir que su obra no había alcanzado trascendencia alguna.
     Un grupo de catorce pinturas de García Ramos que se conserva en el Museo es realmente un buen testimonio de su obra que refleja el nivel artístico que consiguió alcanzar. Comenzamos señalando retratos de Una señora y el de Una joven con vestido blanco, en los que se evidencia que tuvo buenas dotes para el retrato nunca bien explotadas.
     Sigue después una serie de seis pinturas en las que García Ramos trata temas cervantinos tanto del Quijote como de Rinconete y Cortadillo. De tema taurino son escenas denominadas Entrando a matar y Citando a banderillas. Características suyas y de gran calidad son varias escenas costumbristas como Baile por bulerías, Pareja de baile y Hasta verte, Cristo mío!.
     De su última época es un magnífico estudio de apagado color pero de intensa emotividad denominado El niño del violín. Coincide esta pintura con una época en que la melancolía de su ánimo apagó su paleta y entristeció los temas salidos de sus pinceles (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Pareja de baile sevillana", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 2 de marzo de 2024

La pintura "Mujer con mantón y abanico", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Mujer con mantón y abanico", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
     Hoy, 2 de marzo, es el aniversario del nacimiento (2 de marzo de 1852) de José García Ramos, pintor sevillano, una de cuyas obras se encuentra en el Museo de Bellas Artes, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "Mujer con mantón y abanico", de García Ramos, en la sala XII, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala XII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Mujer con mantón y abanico", de García Ramos (1852-1912), siendo un óleo sobre lienzo en estilo costumbrista de escuela sevillana, realizado hacia 1890, con unas medidas de 0'94 x 0'45 m., procedente de la donación de Dº Alfonso Grosso, en 1945.
     Obra depositada en el Museo de Artes y Costumbres Populares desde abril de 1972, hasta su levantamiento definitivo del depósito en 2013 (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     Pocas veces en la historia un pintor ha estado tan identificado con el ambiente popular que le rodeaba como José García Ramos. Nacido en Sevilla en 1852, fue alumno de la Escuela de Bellas Artes y también de José Jiménez Aranda cuyo taller frecuentó y con quien se trasladó a Roma en 1872. Alternó después viajes entre Roma, París y Sevilla hasta que en 1882 se asentó definitivamente en su ciudad natal; aquí murió en 1912.
   Artista de refinada sensibilidad orientó su pintura hacia la descripción de escenas costumbristas que captó de forma excepcional a través de su intuitiva visión del temperamento popular; nadie como él tradujo la vitalidad y la alegría con formas y expresiones tan naturales y convincentes. La vida cotidiana fue su fuente de inspiración y en ella encontró un repertorio inagotable de tipos populares, cigarreras, gitanos, pícaros, estudiantes calaveras y mendigos. Característica de su producción son escenas de enamorados pelando la pava ante una reja, serenatas ante un balcón, escenas de cante y baile, en patios, tabernas y figones. Otros temas salidos de su paleta son bodas, bautizos o procesiones narrado todo ello con acierto y gracia. 
   Su principal mérito artístico fue el dibujo, que manejó con destreza y le permitió caracterizar con facilidad a sus personajes. Su pincelada fue suelta y vivaz lo que ofrece testimonios elocuentes de su virtuosismo técnico que, unido a sus dotes de observación y su sentido del humor, le permitieron crear obras de siempre grata contemplación.
     Su prolífica actividad no le produjo nunca la riqueza, sino una vida en todo caso discreta y bien acomodada que le permitió sentirse como un artista distinguido. Pero su popularidad no alcanzó nunca el reconocimiento oficial y a pesar de que presentó sus obras con insistencia a las exposiciones nacionales nunca obtuvo en ellas más que recompensas secundarias. Por ello pudo darse cuenta personalmente de que su talento no fue reconocido más que a un nivel local y amistoso. Sus últimos años, complicados con desgracias familiares, fueron para él tristes y desencantados al advertir que su obra no había alcanzado trascendencia alguna.
     Un grupo de catorce pinturas de García Ramos que se conserva en el Museo es realmente un buen testimonio de su obra que refleja el nivel artístico que consiguió alcanzar. Comenzamos señalando retratos de Una señora y el de Una joven con vestido blanco, en los que se evidencia que tuvo buenas dotes para el retrato nunca bien explotadas.
     Sigue después una serie de seis pinturas en las que García Ramos trata temas cervantinos tanto del Quijote como de Rinconete y Cortadillo. De tema taurino son escenas denominadas Entrando a matar y Citando a banderillas. Características suyas y de gran calidad son varias escenas costumbristas como Baile por bulerías, Pareja de baile y Hasta verte, Cristo mío!.
     De su última época es un magnífico estudio de apagado color pero de intensa emotividad denominado El niño del violín. Coincide esta pintura con una época en que la melancolía de su ánimo apagó su paleta y entristeció los temas salidos de sus pinceles (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991). 
        Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Mujer con mantón y abanico", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

La pintura "El niño del violín", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "El niño del violín", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   Hoy, 22 de noviembre, Memoria de Santa Cecilia, virgen y mártir, que, según la tradición, consiguió la doble palma por amor a Jesucristo en el cementerio de Calixto, en la vía Apia de Roma. El título de una iglesia en el Transtíber romano lleva desde antiguo su nombre (s. inc.) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "El niño del violín", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla, puesto que Santa Cecilia es la patrona de la música.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
   En la sala XII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "El niño del violín", de José García Ramos (1852-1912), siendo un óleo sobre lienzo, de estilo costumbrista, realizado hacia 1905, con unas medidas de 0'93 x 0,57 m., y procedente de la donación de don Alfonso Grosso, en 1945.
     Es un auténtico retrato de la picaresca, tema de gran tradición dentro de la pintura andaluza desde el Siglo de Oro. El artista representa, con gran acierto, a un expresivo niño acompañado de un perro callejero. Lleva un zurrón colgado y un violín entre sus brazos, elementos que acentúan la intencionada melancolía y realismo de la obra (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     Pocas veces en la historia un pintor ha estado tan identificado con el ambiente popular que le rodeaba como José García Ramos. Nacido en Sevilla en 1852, fue alumno de la Escuela de Bellas Artes y también de José Jiménez Aranda cuyo taller frecuentó y con quien se trasladó a Roma en 1872. Alternó después viajes entre Roma, París y Sevilla hasta que en 1882 se asentó definitivamente en su ciudad natal; aquí murió en 1912.
   Artista de refinada sensibilidad orientó su pintura hacia la descripción de escenas costumbristas que captó de forma excepcional a través de su intuitiva visión del temperamento popular; nadie como él tradujo la vitalidad y la alegría con formas y expresiones tan naturales y convincentes. La vida cotidiana fue su fuente de inspiración y en ella encontró un repertorio inagotable de tipos populares, cigarreras, gitanos, pícaros, estudiantes calaveras y mendigos. Característica de su producción son escenas de enamorados pelando la pava ante una reja, serenatas ante un balcón, escenas de cante y baile, en patios, tabernas y figones. Otros temas salidos de su paleta son bodas, bautizos o procesiones narrado todo ello con acierto y gracia. 
   Su principal mérito artístico fue el dibujo, que manejó con destreza y le permitió caracterizar con facilidad a sus personajes. Su pincelada fue suelta y vivaz lo que ofrece testimonios elocuentes de su virtuosismo técnico que, unido a sus dotes de observación y su sentido del humor, le permitieron crear obras de siempre grata contemplación.
   Su prolífica actividad no le produjo nunca la riqueza, sino una vida en todo caso discreta y bien acomodada que le permitió sentirse como un artista distinguido. Pero su popularidad no alcanzó nunca el reconocimiento oficial y a pesar de que presentó sus obras con insistencia a las exposiciones nacionales nunca obtuvo en ellas más que recompensas secundarias. Por ello pudo darse cuenta personalmente de que su talento no fue reconocido más que a un nivel local y amistoso. Sus últimos años, complicados con desgracias familiares, fueron para él tristes y desencantados al advertir que su obra no había alcanzado trascendencia alguna.
   Un grupo de catorce pinturas de García Ramos que se conserva en el Museo es realmente un buen testimonio de su obra que refleja el nivel artístico que consiguió alcanzar. Comenzamos señalando retratos de Una señora y el de Una joven con vestido blanco, en los que se evidencia que tuvo buenas dotes para el retrato nunca bien explotadas.
   Sigue después una serie de seis pinturas en las que García Ramos trata temas cervantinos tanto del Quijote como de Rinconete y Cortadillo. De tema taurino son escenas denominadas Entrando a matar y Citando a banderillas. Características suyas y de gran calidad son varias escenas costumbristas como Baile por bulerías, Pareja de baile y Hasta verte, Cristo mío!.
   De su última época es un magnífico estudio de apagado color pero de intensa emotividad denominado El niño del violín. Coincide esta pintura con una época en que la melancolía de su ánimo apagó su paleta y entristeció los temas salidos de sus pinceles (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Biografía de José García Ramos, autor de la obra reseñada
;
     García Ramos es uno de los maestros más importantes de la pintura de género sevillano de fines del siglo XIX.
     Nació en Sevilla el 2 de marzo de 1852 y recibió su instrucción artística en la Escuela de Bellas Artes, donde fue alumno de Eduardo Cano y discípulo de José Jiménez Aranda, con quien se trasladó a Roma en 1872.
     Durante su estancia en esa ciudad el arte de Fortuny dejó una profunda impresión en él, lo que daría lugar a un virtuoso «preciosismo» y un uso brillante del color en su pintura. García Ramos fue además un incansable viajero. Regresó a Italia en 1877 y cuatro años después permaneció un trimestre en París con Jiménez Aranda, volviendo a Sevilla en 1882, donde sería nombrado académico de Bellas Artes en 1893.
     Fue un artista extraordinariamente prolífico que participó con éxito en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Por ejemplo, obtuvo una tercera medalla en 1884 por su obra El raptor y un segundo premio por Hermanos, ¡cada uno por sí mismo! en 1901. Un año antes, en 1900, había ganado un tercer premio en la Exposition Universelle de París. Murió en Sevilla el 2 de abril de 1912.
     García Ramos se convirtió en uno de los grandes pintores de su época gracias a la maestría y espontaneidad con que recreaba las escenas típicas de su Andalucía natal. Sus pequeños cuadros inundaron el mercado. Era un pintor muy hábil en la distribución de la composición y en el dibujo. También realizó escenas de «casacón» y obras de carácter anecdótico (José Luis Díez, en la web oficial del Museo Carmen Thyssen de Málaga).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Cecilia, virgen y mártir;
LEYENDA
     Joven patricia procedente de la familia romana Caecilia, cuyo nombre derivaría de caecus, ciego. Con santa Inés, santa Cecilia es la más popular de las mártires romanas.
     En verdad, su Passio, que se remonta a finales del siglo V, es sólo una novela edificante, y su patronazgo sobre la música, que apareció a finales del siglo XV, se funda en un despropósito.
     La mayoría de los rasgos de sus leyenda se copiaron de la Historia de la persecución vándala, de Bernardo de Vite, escrita hacia 486.
     Forzada por sus padres a casarse con Valeriano, en la habitación nupcial ella convirtió a su marido al ideal de la castidad cristiana: el joven se hizo bautizar por el papa san Urbano junto a su hermano Tiburcio, y ambos fueron condenados a muerte.
     Como se negó a ofrecer sacrificios a los dioses, fue condenada a morir aho­gada por el vapor en un caldario (caldarium: sala para tomar baños de vapor) sobrecalentado, pero un rocío celestial la refrescó.
     Entonces un lictor recibió la orden de cortarle la cabeza. Emocionado o torpe, éste le asestó tres mandobles en la nuca sin conseguir que la cabeza se separara del tronco. Como la ley romana prohibía al verdugo seguir golpeando al condenado después de dar tres golpes sin haber terminado con su vida, la santa sobrevivió tres días con el cuello cortado a medias, extendida en la sala de las Termas. Expiró en presencia del papa Urbano y fue sepultada en el cementerio de Calixto.
CULTO
1. Lugares de culto
     El principal centro del culto de santa Cecilia era Roma, naturalmente. Desde el cementerio de San Calixto sus reliquias fueron transferidas en el siglo IX (821) a la basílica de Santa Cecilia del Trastevere, que se edificó sobre el palacio donde ella vivía.
     Su culto se difundió en el norte de Italia: en Bolonia, donde la capilla puesta bajo su advocación en la iglesia de San Giovanni in Monte estaba decorada con el célebre cuadro de altar de Rafael; en Parma, en Verona y en Padua. En Francia, el santuario más célebre de la santa es la catedral de Albi, puesta bajo su advocación, que conservaba en su tesoro un brazo relicario (scrinium S. Caeciliae) donado por el papa Pablo II. Debe admitirse que la dedicatoria no está en armonía con la arquitectura militar de esta iglesia fortaleza, que resultaría más apropiada para san Jorge.
     París, Beauvais y Tours se disputaban la posesión de la cabeza de santa Cecilia. Y puesto que ya había otras dos en Roma, la santa habría tenido al menos cinco cabezas. En la catedral de Cambrai se mostraba su anillo nupcial.
     En el siglo XVI, Carlos de Lorena, obispo de Metz, que era cardenal con el título de Santa Cecilia, difundió su culto en Lorena.
     En Montserrat y Urgell, Cataluña, había conventos puestos bajo la advocación de Santa Cecilia.
     Por último, Alemania también participó en el culto de la mártir romana. Colonia le dedicó una de sus iglesias. La catedral de Hildesheim estaba puesta bajo la advocación de santa Cecilia y sus dos compañeros, Valeriana y Tiburcio. Esta devoción se extendió hasta Mecklemburgo, a orillas del Báltico, y está probada en Güstrow por un relicario de plata y un retablo.
2. Patronazgo de los músicos
     Santa Cecilia está muy lejos de ser tan rica como santa Bárbara en patronazgos corporativos; pero la protección a la música que se le atribuye, en especial a la música religiosa (Música sacra), basta para asegurarle una gran popularidad.
     Además de los músicos, cantores y organistas, es patrona de los fabricantes de órganos e instrumentos de cuerda.
     Aunque lo cierto es que se trata de un patronazgo tardío, puesto que no apareció hasta finales del siglo XV, en las postrimerías del arte de la Edad Media. Y además, tal como lo demostrara en 1732 el abad Lebeuf, y como lo probaron, después de él, el presbítero Delelaye y Dom Quentin, dicho patronazgo reposa en uno o varios despropósitos.
     En la Passio legendaria de santa Cecilia se leía, efectivamente, la siguiente frase: «Cantantibus organis, Caecilia in corde suo soli Domino decantabat, dicens: Fiat cor et corpus meum immaculatum!». Es decir,  mientras se conducía a Cecilia a la casa de su novio el día de su boda, «al son de los instrumentos musicales, ella invocaba en su corazón sólo a Dios, para pedirle la gracia de conservar inmaculados su corazón y su cuerpo».
     Así, si se interpreta correctamente ese fragmento, Cecilia no es músico, no toca el órgano ni otro instrumento cualquiera, sino que cierra los oídos a la marcha nupcial ejecutada en su honor, para concentrar el pensamiento sólo en Dios, e implorar la salvaguarda de su virginidad. Ella habría sido antes melófoba que melómana.
     ¿Cómo es posible que en tales circunstancias se la haya tomado por una amiga de la música? Sin duda porque en la antífona extraída de su Passio, al suprimir las palabras cantatibus organis, y eliminar in corde suo se desnaturalizó el sentido de la frase. Y se acabó por comprender que Cecilia cantaba al son de su instrumento, e incluso que se acompañaba con el órgano. En verdad organa no significa órgano y decantabat debe leerse en sentido figurado. Por lo tanto, la fábula de santa Cecilia músico, y su patronazgo usurpado de la música religiosa tendrían un origen litúrgico. 
   Nunca se la representa entre las santas curadoras, como santa Águeda o santa Apolonia. Sorprende, teniendo en cuenta la desmedida afición de los clérigos a los juegos etimológicos, que no se le haya atribuido, como a santa Clara y santa Lucía, el patronazgo de los ciegos (caeci) y la curación de la ceguera.
3. La renovación del culto de santa Cecilia
     En el último año del siglo XVI se produjo un acontecimiento que dio un nuevo impulso al culto de la santa y que renovó su iconografía.
     Al abrir el féretro donde el papa Pascual I había guardado en 821 las reliquias de santa Cecilia para transportarlas desde el cementerio de Calixto a la basílica del Trastévere, se recuperó intacto el cuerpo de la santa, acosta­da sobre el lado derecho, con la cabeza cortada a medias.
     El papa Clemente VIII quiso que una estatua perpetuase el recuerdo de la macabra visión, y encargó al escultor Stefano Maderno que reprodujese fielmente el espectáculo al que asistiera.
ICONOGRAFÍA
     En su origen, santa Cecilia, como la mayoría de las mártires, no lleva ningún atributo identificatorio. En la catacumba de san Calixto, en Roma, está representada en Orante. Sobre los frisos en mosaico de Rávena, nada la diferencia de las otras santas que avanzan en procesión sosteniendo todas una corona.
     Fue a finales del siglo XV cuando la convirtieron por error en patrona de los músicos, que recibió como atributo un instrumento musical.
     Dicho instrumento es un órgano portátil (Handorgel) o fijo, a causa del texto de la Passio y de la antífona litúrgica: Cantatibus organis que ha sido comprendida de manera disparatada, puesto que organa en latín, significa instrumentos musicales de toda clase.
     Es un órgano lo que le atribuye Rafael en su célebre cuadro de Bolonia pintado en 1516. Pero su ejemplo está muy lejos de haber sido seguido por cuantos le sucedieron, que han puesto en sus manos los más diversos instrumentos: clave (Rubens), arpa (Mignard), laúd (Gentileschi), violín (Cavallino), violoncelo (Dominichino).
     Por otra parte, Cecilia suele olvidar la ejecución de su instrumento para oír la música celestial, con los ojos elevados al cielo, como arrebatada en éxtasis.
     Con frecuencia es un ángel músico quien, sentado a sus pies, ejecuta en su lugar sobre el teclado del órgano, o tañe las cuerdas de un laúd. El angelito algunas veces sirve de pupitre y presenta a la santa un cuaderno de música.
     A falta de instrumento musical, santa Cecilia se caracteriza por la herida que lleva en el cuello, y por una corona de rosas y lirios.
     Su iconografía es mayoritaria y casi exclusivamente italiana (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "El niño del violín", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 2 de marzo de 2023

La pintura "Hasta verte Cristo mío", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Hasta verte Cristo mío", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   Hoy, 2 de marzo, es el aniversario (2 de marzo de 1852) del nacimiento de José García Ramos; así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "Hasta verte Cristo mío", en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
    En la sala XII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Hasta verte cristo mío", de José García Ramos (1852-1912), siendo un óleo sobre lienzo en estilo costumbrista, de escuela sevillana, realizado en 1895, con unas medidas de 0'97 x 0'64 m., procedente del depósito del Museo Nacional del Prado, de Madrid, en 1962.
     El tema de este lienzo recoge la tradición sevillana en la que el santero, personaje de la época que se dedicaba a trasladar una imagen de devoción por las casas de la feligresía, tras recoger los donativos, se detiene en una taberna, a la que generalmente iban todos los santeros sevillanos para tomar un trago, en un típico cuenco en cuyo fondo aparece la imagen de Cristo crucificado; pero lo esencial en este rito es de beber el tazón de un solo golpe, de ahí recoge la frase "Hasta verte Cristo mío" (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla). 
   Pocas veces en la historia un pintor ha estado tan identificado con el ambiente popular que le rodeaba como José García Ramos. Nacido en Sevilla en 1852, fue alumno de la Escuela de Bellas Artes y también de José Jiménez Aranda cuyo taller frecuentó y con quien se trasladó a Roma en 1872. Alternó después viajes entre Roma, París y Sevilla hasta que en 1882 se asentó definitivamente en su ciudad natal; aquí murió en 1912.
   Artista de refinada sensibilidad orientó su pintura hacia la descripción de escenas costumbristas que captó de forma excepcional a través de su intuitiva visión del temperamento popular; nadie como él tradujo la vitalidad y la alegría con formas y expresiones tan naturales y convincentes. La vida cotidiana fue su fuente de inspiración y en ella encontró un repertorio inagotable de tipos populares, cigarreras, gitanos, pícaros, estudiantes calaveras y mendigos. Característica de su producción son escenas de enamorados pelando la pava ante una reja, serenatas ante un balcón, escenas de cante y baile, en patios, tabernas y figones. Otros temas salidos de su paleta son bodas, bautizos o procesiones narrado todo ello con acierto y gracia. 
   Su principal mérito artístico fue el dibujo, que manejó con destreza y le permitió caracterizar con facilidad a sus personajes. Su pincelada fue suelta y vivaz lo que ofrece testimonios elocuentes de su virtuosismo técnico que, unido a sus dotes de observación y su sentido del humor, le permitieron crear obras de siempre grata contemplación.
   Su prolífica actividad no le produjo nunca la riqueza, sino una vida en todo caso discreta y bien acomodada que le permitió sentirse como un artista distinguido. Pero su popularidad no alcanzó nunca el reconocimiento oficial y a pesar de que presentó sus obras con insistencia a las exposiciones nacionales nunca obtuvo en ellas más que recompensas secundarias. Por ello pudo darse cuenta personalmente de que su talento no fue reconocido más que a un nivel local y amistoso. Sus últimos años, complicados con desgracias familiares, fueron para él tristes y desencantados al advertir que su obra no había alcanzado trascendencia alguna.
   Un grupo de catorce pinturas de García Ramos que se conserva en el Museo es realmente un buen testimonio de su obra que refleja el nivel artístico que consiguió alcanzar. Comenzamos señalando retratos de Una señora y el de Una joven con vestido blanco, en los que se evidencia que tuvo buenas dotes para el retrato nunca bien explotadas.
   Sigue después una serie de seis pinturas en las que García Ramos trata temas cervantinos tanto del Quijote como de Rinconete y Cortadillo. De tema taurino son escenas denominadas Entrando a matar y Citando a banderillas. Características suyas y de gran calidad son varias escenas costumbristas como Baile por bulerías, Pareja de baile y Hasta verte, Cristo mío!.
   De su última época es un magnífico estudio de apagado color pero de intensa emotividad denominado El niño del violín. Coincide esta pintura con una época en que la melancolía de su ánimo apagó su paleta y entristeció los temas salidos de sus pinceles (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Biografía de José García Ramos, autor de la obra reseñada;
     García Ramos es uno de los maestros más importantes de la pintura de género sevillano de fines del siglo XIX.
     Nació en Sevilla el 2 de marzo de 1852 y recibió su instrucción artística en la Escuela de Bellas Artes, donde fue alumno de Eduardo Cano y discípulo de José Jiménez Aranda, con quien se trasladó a Roma en 1872.
     Durante su estancia en esa ciudad el arte de Fortuny dejó una profunda impresión en él, lo que daría lugar a un virtuoso «preciosismo» y un uso brillante del color en su pintura. García Ramos fue además un incansable viajero. Regresó a Italia en 1877 y cuatro años después permaneció un trimestre en París con Jiménez Aranda, volviendo a Sevilla en 1882, donde sería nombrado académico de Bellas Artes en 1893.
     Fue un artista extraordinariamente prolífico que participó con éxito en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Por ejemplo, obtuvo una tercera medalla en 1884 por su obra El raptor y un segundo premio por Hermanos, ¡cada uno por sí mismo! en 1901. Un año antes, en 1900, había ganado un tercer premio en la Exposition Universelle de París. Murió en Sevilla el 2 de abril de 1912.
     García Ramos se convirtió en uno de los grandes pintores de su época gracias a la maestría y espontaneidad con que recreaba las escenas típicas de su Andalucía natal. Sus pequeños cuadros inundaron el mercado. Era un pintor muy hábil en la distribución de la composición y en el dibujo. También realizó escenas de «casacón» y obras de carácter anecdótico (José Luis Díez, en la web oficial del Museo Carmen Thyssen de Málaga).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Hasta verte Cristo mío", de García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 7 de abril de 2021

La pintura "Malvaloca", de José García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Malvaloca", de José García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   Hoy, 7 de abril, es el aniversario (7 de abril de 1912) del estreno de la obra teatral "Malvaloca", escrita por los Hermanos Álvarez Quintero, y que también le da nombre a la obra pictórica que posee el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Malvaloca" de José García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   El Museo de Bellas Artes, antiguo Convento de la Merced Calzada [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
    En la sala XII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Malvaloca", de José García Ramos (1852 - 1912), siendo un óleo sobre lienzo en estilo costumbrista, de escuela sevillana, realizado en 1912, con unas medidas de 0'97 x 0'54 m., procedente de la donación Dª María Álvarez Quintero en 1953 (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla). 
   Pocas veces en la historia un pintor ha estado tan identificado con el ambiente popular que le rodeaba como José García Ramos. Nacido en Sevilla en 1852, fue alumno de la Escuela de Bellas Artes y también de José Jiménez Aranda cuyo taller frecuentó y con quien se trasladó a Roma en 1872. Alternó después viajes entre Roma, París y Sevilla hasta que en 1882 se asentó definitivamente en su ciudad natal; aquí murió en 1912.
   Artista de refinada sensibilidad orientó su pintura hacia la descripción de escenas costumbristas que captó de forma excepcional a través de su intuitiva visión del temperamento popular; nadie como él tradujo la vitalidad y la alegría con formas y expresiones tan naturales y convincentes. La vida cotidiana fue su fuente de inspiración y en ella encontró un repertorio inagotable de tipos populares, cigarreras, gitanos, pícaros, estudiantes calaveras y mendigos. Característica de su producción son escenas de enamorados pelando la pava ante una reja, serenatas ante un balcón, escenas de cante y baile, en patios, tabernas y figones. Otros temas salidos de su paleta son bodas, bautizos o procesiones narrado todo ello con acierto y gracia. 
 Su principal mérito artístico fue el dibujo, que manejó con destreza y le permitió caracterizar con facilidad a sus personajes. Su pincelada fue suelta y vivaz lo que ofrece testimonios elocuentes de su virtuosismo técnico que, unido a sus dotes de observación y su sentido del humor, le permitieron crear obras de siempre grata contemplación.
   Su prolífica actividad no le produjo nunca la riqueza, sino una vida en todo caso discreta y bien acomodada que le permitió sentirse como un artista distinguido. Pero su popularidad no alcanzó nunca el reconocimiento oficial y a pesar de que presentó sus obras con insistencia a las exposiciones nacionales nunca obtuvo en ellas más que recompensas secundarias. Por ello pudo darse cuenta personalmente de que su talento no fue reconocido más que a un nivel local y amistoso. Sus últimos años, complicados con desgracias familiares, fueron para él tristes y desencantados al advertir que su obra no había alcanzado trascendencia alguna.
   Un grupo de catorce pinturas de García Ramos que se conserva en el Museo es realmente un buen testimonio de su obra que refleja el nivel artístico que consiguió alcanzar. Comenzamos señalando retratos de Una señora y el de Una joven con vestido blanco, en los que se evidencia que tuvo buenas dotes para el retrato nunca bien explotadas.
   Sigue después una serie de seis pinturas en las que García Ramos trata temas cervantinos tanto del Quijote como de Rinconete y Cortadillo. De tema taurino son escenas denominadas Entrando a matar y Citando a banderillas. Características suyas y de gran calidad son varias escenas costumbristas como Baile por bulerías, Pareja de baile y Hasta verte, Cristo mío!.
   De su última época es un magnífico estudio de apagado color pero de intensa emotividad denominado El niño del violín. Coincide esta pintura con una época en que la melancolía de su ánimo apagó su paleta y entristeció los temas salidos de sus pinceles (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la obra "Malvaloca", en la que se inspiró José García Ramos, para realizar esta pintura;
   Malvaloca es una obra de teatro en tres actos, escrita por los Hermanos Álvarez Quintero y estrenada el 7 de abril de 1912. La trama está inspirada en una copla tradicional malagueña.
   Su argumento es el siguiente: Rosita, la que todos llaman Malvaloca, es una mujer joven y bella, con no pocos hombres en su biografía. Esto le acarrea serios problemas de rechazo en la España pacata y puritana de la época. Rosita se enamora finalmente de Leonardo, un compañero de trabajo de uno de sus amantes y la pasión es correspondida. Sin embargo, pronto descubrirán el recelo y rencor que encuentra su amor entre todos los que los rodean.
Conozcamos mejor la Biografía de José García Ramos, autor de la obra reseñada;
     García Ramos es uno de los maestros más importantes de la pintura de género sevillano de fines del siglo XIX.
     Nació en Sevilla el 2 de marzo de 1852 y recibió su instrucción artística en la Escuela de Bellas Artes, donde fue alumno de Eduardo Cano y discípulo de José Jiménez Aranda, con quien se trasladó a Roma en 1872.
     Durante su estancia en esa ciudad el arte de Fortuny dejó una profunda impresión en él, lo que daría lugar a un virtuoso «preciosismo» y un uso brillante del color en su pintura. García Ramos fue además un incansable viajero. Regresó a Italia en 1877 y cuatro años después permaneció un trimestre en París con Jiménez Aranda, volviendo a Sevilla en 1882, donde sería nombrado académico de Bellas Artes en 1893.
     Fue un artista extraordinariamente prolífico que participó con éxito en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Por ejemplo, obtuvo una tercera medalla en 1884 por su obra El raptor y un segundo premio por Hermanos, ¡cada uno por sí mismo! en 1901. Un año antes, en 1900, había ganado un tercer premio en la Exposition Universelle de París. Murió en Sevilla el 2 de abril de 1912.
     García Ramos se convirtió en uno de los grandes pintores de su época gracias a la maestría y espontaneidad con que recreaba las escenas típicas de su Andalucía natal. Sus pequeños cuadros inundaron el mercado. Era un pintor muy hábil en la distribución de la composición y en el dibujo. También realizó escenas de «casacón» y obras de carácter anecdótico (José Luis Díez, en la web oficial del Museo Carmen Thyssen de Málaga).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Malvaloca", de José García Ramos, en la sala XII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.