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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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sábado, 2 de agosto de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, antigua Capilla de San Jacinto - Museo Pintor Rodríguez Luna, Capilla de San Sebastián, Plaza de Toros, Ermita de la Virgen de Gracia, Puente de las Donadas, Iglesia de Santa Ana, Meandro de Montoro, y Parque Natural Cardeña-Montoro) de la localidad de Montoro (y III), en la provincia de Córdoba

       Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, antigua Capilla de San Jacinto - Museo Pintor Rodríguez Luna, Capilla de San Sebastián, Plaza de Toros, Ermita de la Virgen de Gracia, Puente de las Donadas, Iglesia de Santa Ana, Meandro de Montoro, y Parque Natural Cardeña-Montoro) de la localidad de Montoro (y III), en la provincia de Córdoba.


Iglesia de Nuestra Señora del Carmen.-

     El convento carmelitano de Montoro se erigió en 1697 bajo la advocación de San .Juan de la Cruz y gozó de la protección de los duques de Alba y Montoro. La construcción de la iglesia se inició en 1701, concluyéndose en 1748. Desamortizado en 1835, el edificio se utilizó como cárcel a partir de 1843, mientras que en 1890, la iglesia fue erigida en parroquia de Nuestra  Señora del Carmen. El interior se organiza al modo usual de las iglesias carmelitanas, una planta de cruz latina con brazos cortos y media naranja sobre pechinas en el crucero.
     El retablo mayor es de 1770 y se ha relacionado con el círculo de Cayetano da Costa. La imaginería es de acarreo, lo mismo que el manifestador, que tampoco es original; en éste hay un Crucificado anónimo de hacia 1710, menor que el natural, llamado hoy Cristo de las Penas, restaurado por Miguel Arjona en 1996. Los medallones en relieve con santas carmelitanas son originales del retablo. En el ático hay una talla pequeña de San Juan  de la Cruz, de hacia 1781, flanqueada por Santa Teresa y Santo Tomás de Aquino, de hacia 1774.
     En los frentes de los brazos del crucero están dos retablos­ de estípites realizados entre 1770 y 1772, que tienen en la parte superior relieves originales, con la Cabeza del Bautista y San Juan Evangelista y en la­ cajas imágenes de serie.
     En el testero del brazo izquierdo, sobre la puerta que lleva a la sacristía, cuelga un lienzo muy perdido de la Oración del Huerto, de la primera mi­tad del XVIII. En el de enfrente hay un retablo de hacia 1750 con Nuestra Señora de la Soledad, imagen sedente anónima traída entre 1745 y 1748 por fray Domingo de Santa Teresa. Fue restaurada en la década de 1990 por Andrés Valverde. En el lugar del tabernáculo hay un lienzo de medianas proporcio­nes con San Rafael, de fines del XVII, que sigue la estética de Antonio del Castillo. Sobre la mesa de altar se ha colocado el Cristo Yacente, escultura de madera policromada, realizada en Córdoba pm Enrique Ruiz Flores en 2003.
     Los tramos de la nave central muestran tres lienzos, firmados por Juan Infante y fechados en 1774, con San Gregorio, San Jerónimo y San Agustín; el cuarto se halla en la sacristía, ocupando su lugar el órgano. A los pies, en el coro alto, hay otro lienzo con los Desposorios místicos de Santa Teresa, de la primera mitad del XVIII. 
     La nave izquierda tiene en el primer tramo un retablo de rocalla, realizado entre 1781 y 1783, dedicado a San José con el Niño, de hacia 1750 y autor anónimo. En  el banco se ve un  lienzo con la Muerte de San José, firmado y  fechado por Manuel de Torres, presbítero canónigo de Córdoba, en 1896. Los otro retablos, de menor interés, son el antiguo del Cristo de las Penas, de hacia 1770 y el del Niño Jesús de Praga. El de la Virgen del Carmen lo realizó en 2005 Miguel Arjona Navarro. Tiene un relieve de la Aparición de la Virgen a San Simón Stock y la imagen titular llegada en 1760-63 y restaurada por Arjona en 1988.
     En la nave derecha hay tres retablos, dos de ellos con la imágenes pasionistas de la Virgen de Consolación y Esperanza, obra de Juan Ventura de 1993, y Jesús de la Humildad, realizada por Juan Martínez Cerrillo en 1940.
     Entrando a la sacristía hay un cuadro de Ánimas de hacia 1730-36. La sacristía contiene una valiosa cajonera adaptada al sitio que hoy ocu­pa, fechable a fines del XVIII, el cuadro de San Ambrosio de 1774, compañero de la serie de la iglesia, otro de la Piedad con rico marco dorado, de hacia 1700, y uno popular de la Inmaculada, de mediados del XVIII (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se encuentra situada en una de las plazas más importantes del casco histórico de Montoro, lindera a una de las calles principales de comunicación.
     Desde el punto de vista volumétrico, consta de elevados muros que terminan en tejados a dos aguas, destacando en altura el imafronte de su fachada principal sobre la que se alza la espadaña conventual.
     El edificio responde a la tipología de las iglesias conventuales carmelitas. Su planta es de cruz latina, coro alto a los pies y bajo en el muro del Evangelio del presbiterio, cabecera plana, crucero poco saliente y una única nave de cuatro tramos con capillas laterales comunicadas entre sí, que simulan las naves laterales.
     La nave central, los brazos del crucero y el presbiterio se cubren por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones, estos últimos apoyan sobre un entablamento sostenido por grandes pilastras que arrancan de los pilares que separan los vanos de medio punto de las capillas laterales. Éstas a diferencia de la nave central se cubren con bóveda de aristas, mientras que en el crucero se alza una cúpula de media naranja sobre pechinas ricamente policromada.
     A los pies de la nave se encuentra el coro alto, que ocupa los dos primeros tramos de la misma, creando mediante un gran arco escarzado, apoyado en pinjantes, el sotocoro con bóveda rebajada con arcos fajones y lunetos.
     La estructura muraria del edificio está realizada con piedra molinaza, muy típica de la zona. La fachada principal se encuentra a los pies de la iglesia, donde se sitúa el acceso principal. Ésta se divide en tres sectores mediante la utilización de pilastras de orden gigante sobre pedestales, en las que apoya un frontón triangular con un óculo en el centro. La disposición triangular es típica de los edificios que presentan cubrición de tejas a dos aguas, destacando en altura de las naves de capillas que se presentan con una sola vertiente. En el sector central se ubica una portada de dos cuerpos, fechada en 1718 y realizada en piedra caliza más clara que al empleada en el resto del conjunto. 
    El primer cuerpo está formado por un arco de medio punto de doble arcada con el escudo carmelita en la clave, flanqueado por pilastras toscanas que soportan un sencillo entablamento, con arquitrabe y frisos carentes de decoración, sobre el que se asienta un frontón triangular partido en cuyas vertientes se sitúa, a cada lado, un remate en forma de bola sobre pedestal. Del centro del frontón emerge el segundo cuerpo, que repite el esquema compositivo del inferior, en cuyo centro se ubica una hornacina de medio punto avenerada que alberga la imagen de mármol de San Juan de la Cruz. El conjunto se corona por un frontón curvo sobre el que se repite la decoración de sendas bolas sobre pedestales flanqueando una cruz. Por último a ambos lados de este cuerpo  se abren sendas ventanas adinteladas coronadas por frontón curvo. 
     En el lado de la Epístola se abre una segunda portada que repite un esquema similar al anterior, aunque en un solo cuerpo. Presenta mayor decoración vegetal, repitiendo el escudo de la orden y sobre él la mano de Elías agarrando una espada de fuego. En el friso de esta portada se encuentra la fecha de construcción "Año de 1720".
     Sobre el muro formero, que separa la nave central de las capillas del lado de la Epístola y perpendicular con la fachada, se ubica la espadaña. Consta de dos cuerpos separados por una cornisa, el primero de ellos consta de dos vanos de medio punto flanqueados por pilastras, mientras que el segundo se estructura mediante un vano entre pilastras rematado por un frontón semicircular.
     Respecto al claustro se encuentra muy transformado, debido a la profunda remodelación a la que fue sometido a finales del siglo XIX y principios del XX. Tras la desamortización fue sede del Círculo Primitivo de Montoro, llegando a albergar un Instituto Libre de Enseñanza entre 1873 y 1874. A pesar de todo aún se aprecia el esquema original de su cuerpo inferior, realizado a base de arcos de medio punto separados por pilastras toscanas.
     La actual iglesia parroquial de Nuestra Señora del Carmen formó parte en su día del desaparecido convento de Carmelitas Descalzas fundado en Montoro en 1697 bajo la advocación de San Juan de la Cruz.
     La construcción de la iglesia se inició el año 1701, siendo prior Fray Sebastián de San Cayetano, sucediéndose fases de mayor o menor actividad constructiva hasta 1748, en que, finalizadas las labores de decoración interior se procedió a la bendición del templo, siendo prior Fray Domingo de Santa Teresa.
     El convento fue desamortizado en 1835 parando a ser utilizado como cárcel desde 1843, lo que provocó numerosas transformaciones en sus dependencias con excepción del claustro y la iglesia. Ésta última mantuvo su función litúrgica a lo largo del siglo XIX, hasta convertirse en parroquia en 1890, adoptando la nueva advocación de Nuestra Señora del Carmen (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

antigua Capilla de San Jacinto - Museo Pintor Rodríguez Luna.-

     La Antigua Capilla de San Jacinto se encuentra ubicada en la plaza del Charco, una de las más céntricas del casco histórico de la ciudad de Montoro, muy cercana a la Iglesia del Carmen. Desde 1982 es sede del Museo Antonio Rodríguez Luna, pintor local. 
     Se trata de un pequeño inmueble de una sola nave abovedada con cabecera cuadrada, cubierta por cúpula gallonada sobre pechinas profusamente decorada con yeserías polícromas. La decoración se desarrolla a base de motivos vegetales perfilados en azul, rojo y dorado, distribuidos en las pechinas, nervios y gallones. En estos últimos alternan vanos ciegos y abiertos, decorados los primeros por ángeles tenantes y hojarasca y los segundos por molduras y penacho vegetales con un ángel central. El resto de la iglesia carece de decoración salvo en los capiteles de las pilastras y dos marcos de yesería cuya función es ornamental. Exteriormente la nave se cubre a dos aguas y la cabecera a cuatro aguas con teja árabe.
     El ingreso al edificio se realiza mediante una portada de estructura muy simple, realizada en piedra molinaza, cuya composición se repite en otros edificios de la localidad. Consta de un vano de medio punto sobre pilastras con decoración en la clave y enjutas, coronado por un frontón triangular sobre el que campea un pretil rematado por copetes. 
     A la derecha de la portada se sitúa una ventana con reja de hierro forjado que aporta luz natural al interior. Todos los elementos, a excepción de la portada y los copetes, se encuentran encalados ofreciendo una bicromía muy característica en la localidad, resaltando los elementos más importantes del conjunto.
     La popularmente conocida como ermita de San Jacinto es un pequeño inmueble barroco fechado en 1778, como consta en una inscripción de su portada, aunque según algunos historiadores su construcción se realizó en el siglo XVII y fue costeada por Diego Valenzuela. En este lugar se veneraba la Virgen de la Misericordia, siendo la sede canónica de la Cofradía del Santo Rosario de la Misericordia desde 1720, cofradía que se encargaba de enterrar a los pobres.
     Tras perder su uso religioso y pasar por diversos avatares, pasó a ser usado como Biblioteca Pública. Con posterioridad la corporación municipal cedió el edificio para que fuese sede del Museo Antonio Rodríguez Luna. Éste fue rehabilitado, adaptándose su espacio para museo en 1981 bajo la dirección del arquitecto Daniel Rodríguez, hijo del pintor (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Capilla de San Sebastián.-
     Presenta tres naves bajas de tipo mudéjar, reformadas en el siglo XVIII. La cabecera tiene un retablo del siglo XIX, neoclásico, con relieve de San Sebastián. En el camarín está el grupo de Nuestra Señora de la Piedad, talla en madera policromada de Pío Mollar, de 1941, renovada por Andrés Valverde en 1992.
     En la nave izquierda destaca un interesante lienzo de fines del XVII con marco policromado de la misma fecha, que representa a San Pedro penitente y sigue el modelo de José de Ribera.
     La nave derecha está encabezada por la ca­pilla sacramental, fechada en 1677. Guarda un pequeño retablo de escayola que se remata con una cartela en que aparece pintado el Padre Eterno, de la misma fecha. En la hornacina de este retablo se venera la imagen de San Francisco Solano, talla en madera regalada por los montillanos en el año 1963.
     En el muro de la derecha está la imagen de Cristo Yacente, obra de inspiración castellana firmada en 1969 por Amadeo Ruiz Olmos. Encima se ve el cuadro de San Jerónimo penitente, pareja del ya mencionado de San Pedro, también sobre modelo de Ribera (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se encuentra situada en el barrio de San Sebastián, algo alejada de lo que es el núcleo principal de la población. 
     En origen podría tratarse de una iglesia gótica-mudéjar de planta basilical, que presenta en su estructura reformas y añadidos llevadas a cabo a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Consta de tres naves con cabecera plana en la que se ubican la sacristía en el lado del Evangelio, el presbiterio con camarín al centro y la capilla del Sagrario en el lado de la Epístola. 
     Las naves, de cuatro tramos, se encuentran separadas por gruesos pilares ochavados que sostienen arcos de medio punto. La central, más ancha y alta que las aledañas, se cubre con bóveda de arista rebajada con arcos fajones que apoyan en pinjantes, mientras que las laterales se cubren por bóveda de cañón con sección rampante.
     A principios del siglo XX se realizó de nueva planta un camarín, adosado a la cabecera de la nave central para albergar una escultura de la Virgen de las Angustias, destruida en la Guerra Civil. Es de planta rectangular cubierta por cúpula ovalada sobre pechinas y decorada con yeserías. Las obras fueron realizadas bajo la dirección de don Alonso Madueño.
     La capilla del Sagrario fue construida en 1677 según consta en una inscripción. Es de planta rectangular, cubierta por cúpula ovalada sobre pechinas con decoración de fajas y florón central y los símbolos de la pasión en las pechinas.
     El templo contaba con dos puertas de acceso, una situada a los pies de la nave central y otra en el tercer tramo de la nave del Evangelio. La primera de ellas fue cegada para ubicar el coro en el último tramo de la nave principal, conservándose su portada tapada por una casa que le fue anexionada con posterioridad al templo. La portada lateral, realizada en piedra, se encuadra dentro del más puro manierismo con añadidos durante el barroco. Consta de un vano central de medio punto flanqueado por pilastras toscanas, todo realizado con sillares almohadillados. Sobre la cornisa le fue añadida una espadaña barroca, integrada por un vano de medio punto flanqueado por pilastras cajeadas y a su vez por mensulones a modo de orejetas, coronando el conjunto un frontón curvo. A ambos lados de la espadaña se sitúan remates piramidales terminados en bolas que se repiten sobre las orejetas y el frontón curvo.
     Algunos historiadores relacionan la construcción de la portada lateral con la figura de Juan de Ochoa, maestro mayor de obras de la Catedral de Córdoba, quien por estas fechas se encontraba trabajando en la torre de la iglesia de San Bartolomé de esta localidad.
     En el conjunto del edificio destacan algunos elementos realizados en piedra molinaza, como paramentos, cornisa y otras partes que se encuentran enlucidas por la cal.
     La iglesia de San Sebastián se encuentra situada en la plaza de su mismo nombre, entre las calles San Francisco y General Castaños. La antigüedad de esta iglesia, que es de gran capacidad y buenas dimensiones, se remonta a los primeros años del siglo XV.
     Aunque hoy día se la tiene como iglesia filial de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen y a lo largo de la historia aparece nombrada como iglesia, se trata realmente de una ermita, apareciendo citada por primera vez en la relación de ermitas de Montoro realizada en 1579. Fue hospital de apestados en tiempos de San Francisco Solano quien, junto a Fray Buenaventura, atendió a muchos enfermos en la peste que asoló la ciudad en 1583. Según la tradición cuando murió Fray Buenaventura fue enterrado en el interior de esta ermita (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Plaza de Toros.-

     Se encuentra ubicada en uno de los extremos de la localidad, definido como edificio exento, entre la llamada Calle Senda de Gotosilla y las Calles de Cervantes, Juan Antonio Cervera y la Avenida de Andalucía. En torno a ella ha ido creciendo la localidad formándose un nuevo barrio. A su alrededor se desarrolla la feria del municipio, distribuyéndose las casetas en los espacios libres que hay frente y en los laterales del inmueble.
     Desde el punto de vista volumétrico, destaca su planta poligonal y sus muros, carentes de vanos salvo en el cuerpo bajo, realizados en mampostería de piedra molinaza, lo que la aporta la visión externa de carácter defensivo y de cierto hermetismo.
     La actual plaza de toros es producto de una reforma y ampliación de una anterior que se construyó en la segunda mitad del siglo XIX y que fue destruida durante la Guerra Civil. En 1952 fue reformada según el proyecto realizado por Víctor Escribano Ucelay, arquitecto cordobés. La originalidad radica en su planta, la actual es un polígono regular de veinte lados, de nueve metros cada lado y en su material constructivo a base de piedra molinaza. Sus muros presentan un vano escarzano de medianas proporciones en cada uno de sus lados correspondientes a la planta baja, mientras que el resto del muro en su vertical se presenta macizo. En uno de sus frentes destacan cuatro arcos rebajados que hacen la función de acceso a su interior.
     El graderío del coso taurino fue ampliado en 1961 con nuevas gradas de mampostería, en la parte alta. El diámetro del ruedo es de 39 metros y cuenta con un aforo para 4.000 espectadores. En cuanto a dependencias que tiene la plaza, cuenta con patio de caballos, abrevadero, cuadras, ocho chiqueros, corrales y una acondicionada enfermería, elementos que se encuentran adosados en uno de sus frentes.
     El reglamento para la Plaza de Toros de Montoro fue editado en Sevilla con fecha de 23 de junio de 1884, en que quedó constituida la sociedad propietaria, con el objeto de reconstruir la plaza de toros extramuros de esta ciudad, en el sitio llamado Senda Golosilla, lo cual indica que anteriormente había existido otra plaza en el referido lugar. 
     Aquella plaza reconstruida en 1884 quedó totalmente destruida durante la Guerra Civil española, y fue nuevamente reedificada a primeros de los años cincuenta. La inauguración oficial de ésta que puede considerarse como nueva plaza, se efectuó el 7 de octubre de 1951. Desde entonces se han venido celebrando espectáculos taurinos en este coso. 
     Actualmente pertenece a la Fundación de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Se encuentra dentro del grupo de plazas de toros de tercera categoría.
     La Plaza de Toros es propiedad del Ayuntamiento y se encuadra dentro de las Plazas de tercera categoría, con un foro de 4.000 espectadores.
     La fiesta taurina se desarrolla en varias fases a lo largo del año comenzando con la festividad del Corpus Christi, para San Bartolomé el día 24 de agosto y del 7 al 12 de octubre (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de la Virgen de Gracia.-
     En 1649 se hizo la ermita de la Virgen de Gracia, reconstruida en el XVIII y recuperada para el culto en 1967. Las imágenes de la titular y del Resucitado, las hizo Ruiz Olmos hacia 1962. Los lienzos con la Virgen del Carmen y la Transverberación de Santa Teresa, de hacia 1750, pro­ceden de la iglesia del Carmen (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se encuentra situada fuera del casco histórico, concretamente al Sur de éste y próxima a un parque homónimo, en el lugar donde según la tradición acamparon las tropas de Fernando III, El Santo, antes de la toma de la ciudad.
     Se trata de una construcción modesta, de planta rectangular con una sola nave de 26 x 7,50 metros, con diferenciación en volúmenes de la nave central con respecto a la zona de la sacristía y el camarín. La única nave, dividida en tres tramos, se cubre con bóveda de aristas separadas por arcos fajones que reposan sobre pilastras y pinjantes, sobre la cual cabe la posibilidad de que aún se conserve un artesonado. Tras el presbiterio se adosa el camarín cubierto por cúpula sobre pechinas y decoración de yeserías doradas.
     El cuerpo de la Sacristía es de dimensiones más reducidas que el conjunto, cuenta con un basamento y encadenado de las esquinas ambos realizados con piedra molinaza, presentándose el resto de los paramentos pintados en blanco.
     Al exterior el conjunto del edificio se encuentra realizado con sillares de piedra molinaza dispuestos a soga y tizón, con cubierta a cuatro aguas.
     La portada principal se encuentra situada a los pies del templo. Consta de un vano rectangular flanqueado por pilastras sobre el que cabalga un entablamento sin decoración que sirve de base a un frontón triangular partido de cuyo centro emerge el segundo cuerpo. Éste consta de una hornacina avenerada flanqueada por pilastras coronando el conjunto un frontón conopial.
     La espadaña se encuentra situada sobre la cornisa, sobre la portada, desplazada hacia el muro del Evangelio. Es de un sólo cuerpo, con vano medio punto entre pilastras, rematada por frontón triangular partido, de cuyo centro emerge una cruz. La puerta lateral de la nave se encuentra cerrada interiormente.
     No se tienen noticias documentales acerca de la fundación de la ermita, aunque se ha llegado a apuntar que en este lugar pudo existir una construcción religiosa desde 1239. Su fisonomía actual se remonta al siglo XVIII e incluso a mediados del siglo anterior gracias a una inscripción, "1649", hallada en uno de los sillares de la cabecera.
     Se encuentra ubicada en la plaza del mismo nombre y según la tradición ocupa la zona del antiguo humilladero, donde estuvo acampado el ejército del rey San Fernando antes de la reconquista de la localidad de Montoro (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Puente de las Donadas.-

     Se encuentra situado sobre el río Guadalquivir, enlazando el núcleo principal de la población con el barrio El Retamar y con los caminos hacia la Sierra.
     El puente consta de dos estribos de acceso y cuatro ojos de medio punto, destacando en importancia el central, no solo por su mayor tamaño sino por encontrarse flanqueado en sus pilas por tajamares angulares de grandes dimensiones en el frente de la corriente, siendo de menor tamaño el situado entre los dos ojos restantes. Por el contrario los tajamares situados en el frente posterior son de menor tamaño y de superficie curva. 
    El conjunto se encuentra construido en piedra molinaza con aparejo sencillo dispuesto en sillares a soga con algunos a tizón. En total mide 180 metros de largo por 9 de ancho y la clave del arco mayor es de 18 metros de altura sobre el nivel del agua.
     Se trata de uno de los puentes más bellos de la provincia de Córdoba, iniciándose su construcción en 1498, cuyos planos se atribuyen al bruselense Enrique Egas, aunque fue un alarife local, Pedro Fernández, quien dirigido las obras. 
     Por su emplazamiento y belleza crea una de las vistas más pintorescas de toda nuestra geografía. Los gastos fueron sufragados por el Consejo de la Villa y por los propios vecinos que se vieron exentos del pago de algunos impuestos. Las mujeres donaron sus joyas y enseres, por lo que se le conoce como el Puente de las Donadas o Puente de las doncellas. 
     Los Reyes Católicos en agradecimiento por su construcción eximieron a la villa y sus habitantes de la obligación de hospedar y avituallar a la milicia mediante un privilegio otorgado en 1501.
     A lo largo de la historia ha sufrido modificaciones sobre todo en el tablero, que contiene la vía de comunicación, siendo adaptado, como ha sucedido con otros muchos puentes, para que permitiese el paso y circulación de automóviles y camiones (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de Santa Ana.-
     La Iglesia de Santa Ana, des­truida en 1936 y reconstruida en 1944 por Regiones Devastadas (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La ermita o humilladero de Santa Ana se encuentra situada en el barrio de El Retamar, en la confluencia de la calle Retamar y calle del Calvario, fuera del casco histórico, concretamente al otro lado del Guadalquivir, junto al puente que une las dos partes en las que se divide la localidad.
     La planta de este edificio es rectangular destacando un gran ábside circular destinada a capilla del Sagrario. 
     Exteriormente se caracteriza por la superposición de volúmenes entre los que destaca la nave central a dos aguas, el pórtico de entrada, la espadaña, cabecera con camarín cuadrado y la gran exedra sacramental.
     El interior es de una sola nave de pequeñas dimensiones, dividida en dos tramos mediante un arco de medio punto con dobles molduras que apoyan sobre ménsulas voladas. El primer tramo está cubierto con bóveda de cañón con lunetos, mientras que el segundo lo hace con bóveda de arista con decoración en forma de estrella en la clave.
     La cabecera es plana y a ella se adosa el camarín, enmarcado con molduras neobarrocas a modo de retablo. Éste se cubre con una cúpula sobre pechinas dividida en ocho segmentos con decoración de yeserías geométricas.
     A la capilla sacramental se accede a través de una arco, carpanel retranqueado, situado en el muro de la Epístola. La capilla es de planta semicircular con dos tramos, el primero de ellos cubierto por bóveda de cañón con lunetos, en sus extremos se abren dos puertas una de acceso a la sacristía y otra a la escalera de la espadaña. El segundo tramo está formado por una exedra iluminada por dos pequeños vanos.
     En la fachada principal, realizada en piedra molinaza, se eleva sobre un graderío de siete peldaños, conserva un antiguo pórtico de dos arcos de medio punto en marcados por alfiz y apoyados al centro por columna y ménsulas a los muros laterales. Tras éste se encuentra la portada principal, de líneas sencillas. Consta de un vano de medio punto formado por sillares de piedra rojiza que destaca de los muros encalados. 
     Junto al pórtico, situada a los pies del muro de la Epístola, se encuentra situada la espadaña de un solo cuerpo y planta triangular con dos frentes. La base recuerda a un antiguo torreón dividido en dos cuerpos, en cuyo interior se aloja la caja de la escalera. En el ángulo exterior del tercer cuerpo se ubica la espadaña estructurada en dos vanos, uno a cada frente, recorridos por un balcón que apoya en la cornisa. Los dos vanos son de medio punto flanqueado por pilastras, rematándose el conjunto un frontón triangular partido en cuyo ángulo se sitúa una veleta con cruz de forja y copetes en sus extremos. La puerta lateral de la nave se encuentra cerrada interiormente.
     El cuerpo de la Sacristía, de dimensiones más reducidas que el conjunto, cuenta con un basamento y encadenado de las esquinas, realizados con piedra molinaza, presentándose el resto de los paramentos pintados.
     Su origen está ligado al barrio de El Retamar a finales del siglo XVI principios del XVII. Desde su fundación contó con un uso cultual continuado hasta finales del siglo XIX, cuando quedó abandonada y cerrada al culto hasta el año 1913 en que fue reedificada. Durante la Guerra Civil fue prácticamente destruida, volviendo a ser reconstruida en 1944 por Regiones Devastadas.
     En la actualidad los hermanos de la Cofradía de la Borriquita son los encargados del mantenimiento y cuidado del templo, ya que es sede canónica de la hermandad, desde donde cada Semana Santa realiza su estación de penitencia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Meandro de Montoro.-

     El río Guadalquivir a su paso por la localidad de Montoro, representa uno de los más asombrosos meandros de toda la Península, rodeando la ciudad sobre sus aguas, dando lugar al Monumento Natural Meandro de Montoro.
     Este monumento natural supone casi 5 kilómetros de longitud del río Guadalquivir y ocupa unas 100 hectáreas.
     Entre huertas, destaca la presencia de una vegetación de ribera, con dominio de almeces y chopos, y una avifauna propia de estos ambientes (Diputación Provincial de Córdoba).

Parque Natural Cardeña-Montoro.-
     Fue declarado Espacio Natural Protegido en 1989.
     Se sitúa en la zona nor-oriental de la provincia de Córdoba, localizada en la parte central de la enorme cordillera de Sierra Morena, y abarcando una superficie de 41.212 hectáreas.
     Este Parque Natural presenta un relieve suave y aplanado en su sector occidental que contrasta con la brusquedad y escarpado de gran belleza, de los cortados y barranqueras a lo largo del río Yeguas, en el sector más oriental.
     Las altitudes oscilan entre los 200 y los 800 mts. situándose la máximas cotas en los Picos Colmena y Pingano.
     Con una longitud lineal de 40 km. dentro del parque natural, el río Yeguas, protagoniza el drenaje de este espacio natural, si bien cuenta entre otros con otros arroyos como Arenosillo, Martín Gonzalo y Frescoso.
FLORA
     El bosque galería que se desarrolla en los bordes de los cauces, es otra de las riquezas botánicas de este parque, que con abundante vegetación de quercíneas, tiene a la encina como especie principal, si bien, en mezcla con otras interesantes como el acebuche, quejigo y alcornoque.
     Lo más sobresaliente es la presencia de los únicos Robles Melojo o rebollo de la provincia, de gran interés botánico y espectacular belleza, localizados en las inmediaciones de Venta del Charco, núcleo de población del interior del parque.
     Merece destacarse también el espléndido bosque de galería del río Yeguas formado por adelfas, tarajes, zarzas, fresnos y algunos sauces.
FAUNA
     Ligadas estrechamente a la vegetación, se encuentran una serie de relevantes especies animales, muchas de las cuales han desaparecido de otros puntos de la provincia, tales como el lobo, la nutria, el águila calzada, el águila real, el águila imperial, buitres negros y sobre todo el lince, especie protegida en peligro de extinción.
     Otras aves que podemos encontrar son las típicas del bosque mediterráneo, abubilla, abejaruco, pájaro carpintero, herrerillo, etc.
     La abundancia de especies cinegéticas, ciervo, jabalí, gamo, perdiz, paloma torcaz, conejo, etc., explican el importante aprovechamiento cinegético existente en este Parque Natural, con numerosos cotos de caza mayor y menor.
RUTAS PROPUESAS. SENDEROS CON AUTORIZACIÓN:
     Cardeña-Venta Cerezo
     Venta Cerezo-Azuel
     Venta Cerezo-Venta del Charco
     Camino de Vuelcacarretas.
DATOS DE INTERÉS
     El parque natural se reparte entre los municipios de Cardeña y Montoro.
     Se accede por la N-420 y la C-420
     La zona dispone de amplia oferta de servicios de alojamiento y restauración así como una gran riqueza patrimonial.
CENTRO DE VISITANTES VENTA NUEVA
     Dirección: Ctra. Nacional N-420, p.k 79 – 14445 – Cardeña
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miércoles, 30 de julio de 2025

Los principales monumentos (Iglesia Santa María de la Mota - Museo Arqueológico, Iglesia de Santiago - Museo de la Semana Santa, Iglesia de San Juan de Letrán, Casa de las Tercias - Museo del Aceite, Hospital de Jesús Nazareno, Casas señoriales, y Puerta de la Torremocha) de la localidad de Montoro (II), en la provincia de Córdoba

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia Santa María de la Mota - Museo Arqueológico, Iglesia de Santiago - Museo de la Semana Santa, Iglesia de San Juan de Letrán, Casa de las Tercias - Museo del Aceite, Hospital de Jesús Nazareno, Casas señoriales, y Puerta de la Torremocha) de la localidad de Montoro (II), en la provincia de Córdoba.


Iglesia Santa María de la Mota - Museo Arqueológico.-
     La antigua parroquia de Santa María de la Mota, restaurada a comienzos de los ochenta para usos culturales, se construyó a fines del XIII con tres naves de estructura mudéjar y conserva restos de pintura mural del XIV y un camarín del XVIII (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se encuentra situada en un punto estratégico del casco histórico de la ciudad, cercana a la Plaza de España y contigua al desaparecido castillo de la localidad.
     Fue la primera parroquia que tuvo la ciudad siendo trasladada en el siglo XVI a la de San Bartolomé, ubicada en el nuevo centro estratégico del municipio, por haberse quedado pequeña para alojar a la población. Tras este suceso pasó a ser denominada documentalmente como ermita.
     El inicio de su construcción podría fijarse en la segunda mitad del siglo XIII. En 1260 aparece citada en determinadas fuentes documentales relacionadas con la concesión de tierras a la iglesia de Montoro. 
     La iglesia, de estilo gótico-mudéjar, tiene planta rectangular con tres naves y cabecera plana a la que se añadió en el siglo XVIII un camarín para alojar a la Virgen de la Aurora.
     Las naves se encuentran separadas por seis arcos apuntados enmarcados por alfiz. Éstos se sustenta mediante la alternancia de columnas sobre plintos, con basas romanas reutilizadas, y pilares rectangulares con columnas y medias columnas adosadas en sus frentes interiores. Los capiteles, de traza románica, se encuentran decorados con diversos motivos destacando elementos fitomorfos de flora abstracta, zoomórficos y antropomórficos y otros de clara inspiración clásica, en todos ellos se aprecian distintos tratamientos estilísticos. Toda la construcción se encuentra realizada en la característica piedra molinaza de la localidad.
     En su origen, las naves estuvieron cubiertas por techumbres de madera, de par y nudillo la central y en colgadizo las naves laterales. Estas cubiertas fueron reemplazadas por unas nuevas en la rehabilitación que se llevó a cabo del edificio para adaptarlo a Museo Arqueológico Municipal. El camarín barroco se cubre al interior por cúpula sobre pechinas y al exterior a cuatro aguas.  
     El acceso al tempo se realiza a través de dos puertas. Tanto la situada a los pies como la de la nave de la Epístola fueron modificadas en el siglo XVII. La portada principal se estructura en torno a un arco de medio punto con pilastras laterales y cornisa, rematándose el conjunto por un frontón curvo.
     Por último, cuenta con una espadaña de un sólo cuerpo con arco de medio punto entre pilastras y coronada por un frontón triangular.
     Su origen estuvo vinculado al desaparecido castillo del siglo X, hasta que fue mandado derribar, junto con otros, mediante el pacto de Écija de 1469, por haber apoyado Montoro la causa del infante don Alfonso frente a su hermano Enrique IV.
     Es la iglesia más antigua de la localidad y quizás una de las más tempranas de la provincia, junto a la parroquial de Castro del Río y la conventual de San Pablo de Córdoba. Fue la primera parroquia que se construyó para la ciudad conocida durante la Edad media con la advocación de Santa María y a partir del siglo XVI como santa María del Castillo, si bien vulgarmente ha venido denominándose como Santa maría de la Mota.
     En los momentos previos a la Guerra Civil española, el edificio fue saqueado e incendiado, desapareciendo al completo su mobiliario litúrgico. En la década de 1980 se inició la restauración del edificio, fomentada por don Félix Hernández Jiménez y continuada por don Eduardo Barceló Torres. En todo momento se tuvo como objetivo que fuese la sede del Museo Arqueológico Municipal de la ciudad, objetivo que se hizo realidad.
     El Museo Arqueológico Municipal de Montoro, se inauguró el 28 de febrero de 1992 . Tiene dos secciones  de las que las piezas  que las componen pueden ordenarse según una secuencia  de tiempo; desde  las rocas y minerales formadas en tiempos en que la Tierra carecía de vida, hasta la dominación  árabe, pasando por fósiles de las diversas eras  geológicas y los restos  de la Prehistoria, y de las civilizaciones ibérica, griega y romana. 
     El Museo tiene  básicamente carácter didáctico, considerándose  éste como el principal objetivo al que debe tender la conservación del patrimonio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Museo Arqueológico Municipal de Montoro se encuentra ubicado en la ermita medieval de Santa María de la Mota.
     El Museo recoge colecciones de minerales y roca así como exposiciones de fósiles, restos arqueológicos del paleolítico, Neolítico, Calcolítico así como piezas de cerámica íbera, griega, etc.
     Su pieza más destacada es una escultura thoracata de época del emperador Trajano (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia de Santiago - Museo de la Semana Santa.-
     La iglesia de Santiago, de una sola nave, reformada en 1730 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      Se encuentra situada en la confluencia de las calles Santiago y Puente, antiguamente llamada Coracha, dentro del casco histórico de la ciudad.
     La iglesia para salvar en gran desnivel que existe entre la calle Santiago y la calle Puente, se asienta sobre un elevado basamento de grandes sillares de piedra molinaza, el resto del edificio está construido por gruesos muros de carga con pilastrones de piedra que se distribuyen por las esquinas y paños, entre los que se intercalan cajones de tapial.
     La iglesia consta de una nave rectangular y cabecera cuadrada. Los muros de la nave se encuentran recorridos por grandes pilastras que llegan hasta el techo plano de escayola que sustituyó al original en una intervención llevada a cabo en 1924. El presbiterio se cubre con cúpula sobre pechugas decoradas con pinturas murales de mediados del siglo XVIII, representándose en las pechinas las figuras de los cuatro evangelistas. Éste se separa de la nave mediante un gran arco toral, que porta en la clave el escudo de la orden de Santiago, mientras que en las enjutas se despliegan elementos decorativos vegetales y florales.
     El inmueble cuenta con dos portadas de acceso una situada a los pies de la iglesia y otra en el muro de la Epístola de la nave, ambas realizadas en piedra clara que la diferencia del resto del conjunto realizado en piedra molinaza. La primera de ellas es de finales del siglo XVI, parte de dos pilastras que sostienen un arco de medio punto, con decoración en la clave, realizado en sillares de piedra, encalados los alternos imitando dovelas. Sobre el arco se sitúa el arquitrabe, rematado por un frontón triangular en cuyo tímpano se encuentra un relieve con el alfa y el omega y una cruz con sudario, todo ello envuelto en un sol radiante. Por último, sobre el frontón, tres pináculos terminados en bola coronan el conjunto.
     Sobre la portada y rematando el muro de la fachada se sitúa la espadaña, realizada a finales del siglo XVI o principios del XVII. Consta de un solo cuerpo que arranca de dos grandes aletas o mensulones entre los que emerge la estructura central compuesta por un vano de medio punto, flanqueado por pilastras y rematado por un frontón triangular sobre el que sirve de soporta a una cruz con veleta de forja.
     La portada lateral está fechada en 1730. Consta de un arco de medio punto flanqueado por pilastras toscanas que soportan un sencillo entablamento, con arquitrabe, friso y cornisa carentes de decoración, sobre el que asienta un frontón triangular. Éste se encuentra coronado en sus laterales por remates sobre pedestales que portan bolas y en la parte central una cruz de piedra. La decoración se centra en el vano de acceso con un escudo de la orden de Santiago en la clave; en las enjutas del arco con decoración de roleos vegetales y flores y en el tímpano del frontón donde se representa el anagrama de Jesús Hombre Salvador (JHS) dentro de un sol en llamas, recordando al escudo de la Compañía de Jesús.
     Exteriormente presenta cubierta a dos aguas en la nave y a cuatro aguas en la cabecera, aumentando su volumetría espacial al caminar por la calle puente debido al gran desnivel en el que está construido en edificio. Junto a la iglesia se encuentra adosada una pequeña casa destinada al santero.
     Las características arquitectónicas de la iglesia de Santiago responden a mediados del siglo XVI. Aunque no se han encontrado fuentes documentales en las que se detalle su fundación, si se cuenta con datos que atestiguan la presencia de la Cofradía de la Vera Cruz en esta iglesia desde 1554, volviendo a tener constancia entre los años 1725 y 1732 cuando la cofradía se traslada a la iglesia de San Bartolomé debido a la obras que se estaban realizando en este templo.
     En 1924 se realizaron una serie de obras en el edificio, entre las que destaca el cambio de la techumbre de la nave, siendo sustituida por paneles de escayola al interior.
     Durante la Guerra Civil, la iglesia fue utilizada como polvorín, sufriendo graves desperfectos y destruyéndose la totalidad del mobiliario litúrgico así como las imágenes devocionales. A partir de 1940 se hizo cargo de ella el patronato de Regiones Devastadas, interviniéndose nuevamente en 1955 al detectarse una serie de grietas en el muro derecho que fueron subsanadas, instalándose la solería que se conserva en la actualidad.
     En 1997 el Ayuntamiento de Montoro firmó un acuerdo con el Obispado de Córdoba por el que se cedía el uso de esta iglesia, que llevaba sin culto desde 1940, para sede del Museo de Semana Santa. 
     A partir de este momento se procedió a su restauración y adaptación como centro de exposiciones, participando en la redacción del proyecto el Servicio de Arquitectura y Urbanismo (SAU) de la Diputación de Córdoba con la colaboración de la Delegación de Turismo. El 5 de diciembre de 2007 abrió sus puertas el Museo de Semana Santa montoreña (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
 
Iglesia de San Juan de Letrán.-
     Se fundó como colegio en 1791 por don Juan Antonio del Peral y Buenrostro, vicario de la parroquia de San Bartolomé. Durante el siglo XIX pasó a las Hijas del Patrocinio de María, que estuvieron hasta 1990. El templo presenta tres naves cubiertas por bóvedas de arista y separadas por arcos sobre columnas. La cabecera se cubre con bóveda de media naranja sobre pechinas. Llama la atención el camarín neonazarí, de fines del XIX. Junto al coro se conserva la cratícula con relieve del Cordero sobre el libro de los siete sellos. Se veneran aquí las devotas imágenes de Jesús Nazareno y la Dolorosa, hechas por Pío Mollar en 1940 v restauradas por Andrés Valverde en 1991 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se encuentra situada en la Plaza de Jesús Nazareno, aledaña a la Plaza Mayor de la ciudad, concretamente a espaldas y lindero al Ayuntamiento.
     La iglesia de San Juan de Letrán es la única parte que ha llegado hasta nuestros días de lo que fue Colegio de Niñas Educandas. El templo y sus dependencias se encuentran anexos al resto del caserío que conforma la plaza, destacando en uno de sus frentes la portada de acceso al recinto. 
     La iglesia, de planta irregular consta de tres naves, cabecera de planta cuadrada y camarín con testero plano. La nave central, más ancha y alta, se encuentra separada de las laterales mediante arcos de medio punto que apoyan en columnas toscanas con cimacio, estructurando el espacio en tres tramos. Las naves se cubren con bóveda de arista con arcos fajones. A los pies de la iglesia, ocupando el primer tramo, se sitúa la tribuna del coro sobre un arco escarzano que genera una bóveda con lunetos, en correspondencia con la nave central, y arcos peraltados que acogen bóvedas de aristas similares a los de las naves laterales.
     La cabecera se cubre con cúpula sobre pechinas con decoración de rocallas correspondientes al siglo XVIII, distribuyéndose entre la decoración de las pechinas lienzos ovalados con los evangelistas. En el testero de la cabecera se encuentra el camarín de Nuestro Padre Jesús Nazareno, obra realizada durante el último tercio del siglo XIX.
     La portada de acceso es similar en material y diseño a la de otros templos de la localidad. A través de ella se accede a una sala de tránsito que pone en comunicación la sacristía y el exterior con la nave del Evangelio. Consta de un arco de medio punto, con ménsula en la clave, flanqueado por pilastras toscanas que soportan un friso con molduras mixtilíneas en sus extremos, sobre el que asienta un frontón triangular rematado por tres copetes, destacando el central a modo de flamero. 
     La espadaña, realizada con sillares de piedra molinaza, se ubica junto a la portada principal, concretamente sobre el muro que cierra los pies de la fábrica. De estructura sencilla, consta de un solo vano de medio punto rematando el conjunto una cruz con veleta de forja.
     Fue fundado como Colegio de Niñas Educandas en 1764 por don Juan Antonio del Peral y Buenrostro, Vicario de la parroquia de San Bartolomé, aledaño a una iglesia que al parecer su origen se remonta al siglo XVI. A lo largo de su historia ha pasado por varias vicisitudes, siendo atendido en fechas recientes por la Comunidad de Monjas del Patrocinio de María, quienes se vieron obligadas a abandonar la institución en 1990.
     Por estas fechas el edificio fue adquirido por la administración local, siendo reformado y rehabilitado para albergar dependencias del Ayuntamiento de la localidad, como por ejemplo las actuales oficinas de intervención que se ubicaron en lo que era conocido como Salón Verde, lugar aprovechado por la Congregación de Hermanas del Patrocinio de María como sala de usos múltiples, y donde, según testimonios orales, se realizaron algunos cabildos y reuniones de cofradías locales como por ejemplo la de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Otras dependencias del edificio se destinaron para la sede de la Seguridad Social y para la Mancomunidad del Alto Guadalquivir, Policía local, Archivo, etc.
      Como muchas otras parroquias de la época, la iglesia y la Cofradía perdieron la mayoría de sus enseres durante los acontecimientos acaecidos en la Guerra Civil (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Casa de las Tercias - Museo del Aceite.-
     La Casa de las Tercias se encuentra ubicada en una de las calles más próximas a la Plaza mayor, formando parte del casco histórico de la población.
     Este edificio se puede encuadrar en el tipo arquitectónico que consta de una nave transversal de fachada y tres naves en dos alturas perpendiculares a ésta. Debido a su función cuenta con una arquitectura austera y sencilla. Presenta planta rectangular ligeramente achaflanada en uno de sus vértices. Tiene planta en forma de rectángulo irregular, ya que posee dos ángulos en chaflán, uno de los cuales fue hecho "ex profeso" para permitir el giro de los carros, al quedar entre dos calles, hacia las cuales el edificio se muestra exento. Se accede por una portada en uno de los chaflanes y se ingresa en un pequeño patio ubicado en uno de los lados menores de la tercia; a continuación se pasa al interior por una portada con inscripción. 
     Cuenta con dos plantas que se comunican entre sí mediante una escalera situada en uno de los lados del patio. La baja, que en realidad es un entresuelo por la acusada pendiente de la calle, cuenta con un vestíbulo y una pequeña estancia a la izquierda iluminada por una ventana al patio; a continuación se levantan tres naves de igual altura, separadas entre sí mediante cuatro arcos formeros de medio punto a cada lado, soportados por anchos pilares de sección cuadrangular. Se generan cuatro tramos en cada nave que se cubren mediante bóvedas de arista. Los muros de carga perimetrales son muy gruesos y en el que da a la calle se perforan cuatro vanos de iluminación con fuerte derrame al interior. Estos muros aparecen enlucidos y enjalbegados.
     Originalmente, esta planta baja fue utilizada como almacén de aceite, de vino, o ambas cosas, pues se encontraron cuarenta y ocho tinajas de barro cocido semienterradas, puesto que el gollete quedaba a ras de suelo, con el fin de preservar a baja temperatura el producto almacenado y así conseguir una mejor conservación. Esto se conseguía al mismo tiempo por el hecho de ser esta planta un semisótano y estar en penumbra, ya que las ventanas no son muy grandes y están las justas para iluminar lo imprescindible. En la actualidad las tinajas han sido rellenadas y cubiertas. En el tramo final de la nave izquierda había estacas que seguramente sirvieron para colgar objetos.
     La planta alta es accesible por la escalera, la cual se ilumina mediante una ventana practicada en el techo y que probablemente se corresponde con una de las buhardas que se aprecian en el tejado desde el exterior. Esta planta, que servía para almacenar el grano, repite prácticamente la estructura de la baja, pues cuenta con una nave transversal desde la cual se accede al gran espacio de almacenamiento, constituido por tres naves separadas mediante cinco arcos formeros de medio punto a cada lado que apean sobre pilares de sección rectangular. La central se cubre con bóveda de cañón apuntado, con cuatro tirantes de hierro retorcido y las laterales mediante bóveda de cañón rampante tabicadas. 
     La iluminación se efectúa mediante tres vanos en forma de arco de medio punto con derrame hacia el interior, en el cual es posible apreciar el considerable grosor de los muros, y alféizar con mamperlán de madera. La solería era primitivamente de ladrillo plano; la actual, en el mismo material, se dispone en espiga.  
     Según recoge la descripción del edificio en el informe previo a la restauración, "desde la meseta superior de la escalera parte un estrecho y largo pasillo con solería de ladrillo y bóveda de cuarto de esfera, con lunetos para iluminación. En las paredes hay grafitis, probablemente de los años cuarenta [del pasado siglo]. Al final del pasillo hay una habitación alargada transversal a las naves de la estancia contigua, y cuyas dimensiones son mucho menores. Esta habitación se ha separado del resto en fecha posterior por medio de un tabique. Tiene cubierta plana reforzada por medio de dos arcos diafragma, una ventana y pavimento igual que las otras". 
     Tras la reforma, en esta parte del edificio se creó una entreplanta para alojar oficinas.
      El edificio presenta una cubierta de teja curva, con la cumbrera paralela a la línea de fachada y dispuesta a dos aguas. En este tejado se abrieron buhardas, con distinta finalidad: las que dan a la calle Sor Josefa Artola servían para ventilación de las propias cubiertas, en tanto que las opuestas fueron utilizadas para abrir vanos de iluminación en la bóveda que cierra la nave lateral opuesta al lado de la calle.
     La portada principal se abre en chaflán, justamente en el encuentro de dos calles "Sor Josefa Artola y Mártires". Es adintelada, flanqueada por pilastras despiezadas en sillares cogidos con mortero blanquecino que ejerce un efecto bicromo con el rojizo de la molinaza, muy efectista. Estas pilastras se alzan sobre basas molduradas y sostienen el dintel adovelado en el que se lee el año de construcción. Sobre el dintel corre el arquitrabe con finas molduras en gradiente. Las antiguas puertas eran de madera con clavos. 
     Originariamente, el patio era terrizo. Sigue la traza de un rectángulo irregular por los ángulos achaflanados, más arriba aludidos. Sus muros perimetrales, con seis remates piramidales, son de considerable grosor y en uno de ellos se abre la portada que, si hacia fuera es adintelada, hacia el interior del patio  torna en arco carpanel. A un lado se encuentra la escalera. Sus peldaños son de piedra y el pretil de ladrillo enfoscado. Hacia la calle Mártires el muro que cierra el patio presentaba un enfoscado en el que se había fingido un aparejo de sillares con esgrafiado en tono rojizo que no dejaba ver la mampostería. En otros muros del patio el aparejo es de tapial y verdugadas de ladrillo, oculto por el revestimiento, de manera que únicamente se empleó el sillar en una parte de los muros exteriores y en la portada.
     En el patio, la planta alta luce un vano de iluminación similar a los restantes.
     Una inscripción ilustra el dintel de la portada de ingreso al pósito desde el patio, además de aparecer decorada con una espiga y una rama de olivo en alusión al uso del edificio. Reza: "Se hizo esta obra con intervención del Sr. D. Juan Antonio del Peral y Buenrrostro, prelado de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba y vicario de la de Montoro, artífice Francisco Luis de Mora, vecino de la ciudad de Buxalance y se acabó en 25 de Diciembre de 1786". 
     En cuanto a la fachada que da a la calle Sor Josefa Artola, se aprecia la división del conjunto en dos plantas, que quedan separadas por una línea de imposta. La planta inferior muestra el aparejo constituido por sillares de arenisca rojiza, también conocida como molinaza, bien escuadrados. Antes de la restauración, la superior aparecía enfoscada y enjalbegada de blanco, lo que se ha eliminado. En la inferior se perforaron tres vanos para aireación del entresuelo; son sencillos, rectangulares, apaisados y llevan reja de hierro en tubo formando retícula. Los de la planta superior, en número de cinco, repiten similar modelo. 
     En la parte alta de la calle se abre otra portada del pósito, en un muro que describe ligero chaflán. Lo más destacable es su dintel monolítico con mochetas. 
     El muro medianero con la casa contigua remata en piñón y consta de dos contrafuertes prismáticos y lisos. Bajo el piñón, una pequeña ventana serviría de ventilación para las cubiertas.
     Para la construcción de la tercia se emplearon sillares de piedra molinaza, autóctona, procedente de las canteras de la cercana sierra y que da un característico color rojizo. También se utilizaron ladrillos, mampostería y tapial; materiales que en la mayoría de los casos hoy no se ven porque fueron enfoscados y enjalbegados. El ladrillo se empleó en parte de la fábrica de los muros, parte del pavimento y en las bóvedas tabicadas. Madera y herrajes se destinaron a la carpintería, aunque las ventanas actuales carecen de rejas y están renovadas por completo.
     Edificio de carácter industrial construido en 1786 por iniciativa de Juan Antonio Peral y Buenrrostro, Vicario de Montoro, y costeado por el Cabildo de la Catedral de Córdoba con arreglo a un proyecto de Francisco Luis de Mora, arquitecto natural de Bujalance. El edificio se destinaría a almacén de productos agrícolas procedentes del cobro de los diezmos eclesiásticos.
     Perdida su función originaria al desaparecer los diezmos, el edificio fue utilizado como cárcel, escuela, carpintería y almacén, hasta quedar finalmente abandonado. En la actualidad es propiedad del Ayuntamiento quien lo adquirió en 1995 con la finalidad de rehabilitarlo para sede del Museo del Olivo.
     La tercia de Montoro surgió para gestionar el cobro del diezmo a la Iglesia. El obispado contaba con una herramienta: la Diputación de Rentas Decimales, regida por un vicario, delegado del obispo, para controlar la subasta de los diezmos, los cuales se dividían en cuatro categorías: menudo (ganado, lana, queso, huertas), vino, pan y aceite (Moya Ulldemolins). 
     Las subastas se solían hacer unos  domingos prestablecidos del año. Una vez deducidos los gastos, los beneficios se dividían en tres partes: una para el cabildo, otras para la fábrica de la iglesia y otra para sus ministros. 
     En la década de los setenta del siglo XVIII hubo buenas cosechas, pero los productos se acumulaban en los almacenes existentes y eso redundó en un aumento de la humedad y el consiguiente deterioro del pan. Fue entonces cuando intervino el vicario de Montoro (1764-1802), Peral y Buenrrostro, prelado de Córdoba, quien decidió hacer la tercia. A sus espaldas tenía su experiencia como administrador del diezmo del aceite en 1762. Fue diligente a la hora de negociar para quedarse con el solar del hospital de Jesús Nazareno, que en 1777 ya fue trasladado a un nuevo lugar. El 24 de mayo de 1784 se firmó la escritura de compraventa, tras haber autorizado el cabildo a Peral y Buenrrostro para que los nueve mil 
reales en que fue tasado el solar pudieran ser adelantados por Peral a cuenta de los diezmos.
     La inscripción  da la fecha de conclusión: el 23 de diciembre de 1786. Posiblemente, el alarife fue Francisco Luis de Mora.
     Los difíciles años que siguieron se entreven en las noticias referidas al año 1841, cuando las tercias montoreñas fueron incautadas por el estado; no obstante, el obispado, tras interponer un recurso, recobró la propiedad en 1846. Cuando en 1861 se crearon los Registros de la Propiedad, tras la aparición de una ley hipotecaria que así lo decretaba, la tercia de Montoro fue inscrita a nombre del Cabildo eclesiástico de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, tras haber realizado el escribano Luis Mª Pedrajas las oportunas indagaciones.
     Poco después, viendo el obispado que el edificio había quedado sin utilidad alguna, lo puso en venta en agosto de 1863 y lo compró el canónigo Joaquín Ramírez Gallardo por 23.000 reales. Después pasó a Francisca de Paula Alonso y Barrera, vecina de Córdoba, quien lo arrendó, al menos entre 1875 y 1876, a la Junta Provincial de Instrucción Primaria. En 1879 lo vendió a Juan Antonio Benítez Gómez en 6.500 pesetas, quien se lo dejó a su hijo Bartolomé Benítez Romero. Queda éste viudo en 1911 y lo heredan sus hijos Juan Antonio y Mª Rosa Benítez Romero, pero queda en manos del primero, quien lo 
transmite en 1943 a su hija Mª Rosa Benítez Cañuelo quien lo utiliza como almacén. 
     A lo largo de su azarosa historia ha conocido pocas transformaciones y sólo se ha visto afectado por la adición de algunos tabiques para compartimentarlo y hacer algunas dependencias. Una parte sirvió como carpintería. Al parecer, también fue cárcel y escuela.
      En 1995 fue comprado por el Ayuntamiento por casi 10.000.000 pesetas y ha sido rehabilitado por una escuela taller con el fin de hacer un Museo del Olivo y albergar talleres.
      Las obras de restauración concluyeron en 2006 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hospital de Jesús Nazareno.-
     El  Hospital de Jesús Nazareno, fundado en l696 por el hermano Diego de la Cruz, se reconstruyó con la forma actual en el siglo XVIII, pero perdió sus enseres en 1936. Tiene la imagen de Cristo atado a la columna, tallado por José Sacrest en 1958 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El antiguo hospital de Jesús Nazareno se encuentra situado en una de las calles más céntricas de la ciudad de Montoro, aledaña a la Plaza de España.
     Es un edificio civil de grandes dimensiones, al que con el paso del tiempo se han ido anexionando otras construcciones de menor interés, ocupando gran parte de la manzana.
     Es un complejo conjunto de edificaciones y patios del que destaca su  superposición de volúmenes, resaltando las dependencias de tres plantas destinadas a hospital y la iglesia. Desde el punto de vista constructivo se alterna la utilización de la piedra molinaza para los paramentos del cuerpo inferior, para las esquinas y para la iglesia, alternada con muros de tapial encalados en blanco, lo que produce un efecto bícromo que acentúa la división de espacios .En planta, asemeja a un rectángulo casi perfecto en el que se distribuyen las dependencias en torno a tres patios.
    La fachada del edificio se dispone en sentido paralelo en la calle Alta, destacando en ella dos portadas de ingreso que, una para el hospital y otra para la iglesia, ambas realizadas en el siglo XVIII. 
     Dentro del conjunto de edificaciones y patios que componen el hospital, y que a comienzos del siglo XX estaban dedicados a salas de medicina, de cirugía, farmacia, botiquín, dispensario, etc., destacan el patio principal y la iglesia.
     Las trazas de la iglesia son atribuidas a Francisco Hurtado Izquierdo, por la similitud del esquema desarrollado por éste en la iglesia de San Juan de Dios en la localidad de Priego. Consta de una nave cubierta por bóveda de cañón con lunetos y dividida en tres tramos por arcos de medio punto, situándose el coro alto a los pies. La cabecera es plana y se cubre con cúpula sobre pechinas, dividida en ocho segmentos, donde se distribuye la profusa decoración de yeserías polícromas. 
     A la iglesia se accede por una portada situada en el penúltimo tramo de la nave, en el muro de la Epístola. Su construcción se ajusta a 1778, año en que finalizaron las obras del templo. Consta de un arco de medio punto, con ménsula en la calve, flanqueado por pilastras cajeadas sobre pedestal. Éstas sirven de base a un entablamento sobre el que campea un frontón triangular partido con remates de perinolas. Del centro emerge una hornacina de medio punto flanqueada por pilastras y coronada por un frontón curvo partido en cuyo centro se erige una cruz. Algunos investigadores atribuyen la realización de esta portada a Antonio Pérez Palomino o a Francisco de Mora, maestros de Bujalance, activos en estas fechas en la localidad de Montoro.
     La portada del hospital, se estructura mediante un arco de medio punto dovelado, con decoración de un escudo en la clave, apoyado sobre pilastras toscanas, conjunto realizado en piedra molinaza. En el nivel superior se asienta un entablamento con inscripción en el friso, que sirve de base a un balcón. Tras el zaguán se accede al patio principal de planta rectangular, conformado por cuatro crujías con siete arcos de medio punto cobre columnas, con éntasis, en el piso bajo, mientras que en el superior, encontramos un balcón central de tres vanos con arcos rebajados sobre columnas flanqueado por dos ventanas rectangulares enmarcadas por molduras mixtilíneas.
     En la confluencia de las calle Salazar con la calle Sor Josefa Artola, se sitúa sobre la cornisa del edificio un la espadaña. 
     Consta de un cuerpo, dividido en tres vanos de medio punto para las campanas, siendo el los vanos laterales más anchos que el central, sobre el que se dispone un óculo y remate a modo de frontón fingido. 
     Su historia se remonta a 1632, aunque su creación tuvo lugar el 5 de enero de 1699, a cargo del Cardenal Salazar, quien mandó fundar el Hospital bajo la advocación de Jesús Nazareno, declarando que el residuo  que quedase de las rentas pertenecientes al Hospital y Obra Pía de la Caridad, que ya existía en esta ciudad, fuese entregado al nuevo hospital, así quedaban unidos ambos centros. Debido a que el edificio que ocupaba se encontraba obsoleto y con dificultades para ser ampliado, se decidió trasladarlo al lugar que hoy día ocupa. 
     Las obras del edificio se atribuyen a Francisco Hurtado Izquierdo, reproduciendo en la iglesia el esquema de la de San Juan de Dios de Priego, siendo inaugurado el 11 de enero de 1778. 
     Desde su apertura hasta los años 1867-1868 sufrió sucesivas transformaciones destinadas a mejorar las condiciones higiénicas del edificio. El Hospital ha sido administrado por el Ayuntamiento de Montoro, al que por Real Orden de 17 de Julio de 1898 se le reconoció el carácter de Patrono de la Fundación. Con posterioridad por Real Orden de 23 de julio de 1927 fue considerado de beneficencia particular mixta. 
     La iglesia, lo largo de su historia ha sufrido dos incendios uno el 20 de junio de 1849, que destruyó parte del templo, y otro en 1936 en el que desapareció el retablo mayor, siendo restaurada con posterioridad.
     Actualmente es Residencia de Ancianos Jesús Nazareno, regida por el Patronato de la Fundación benéfica del mismo nombre (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Casas señoriales.-
     Blasones, escudos nobiliarios, frontones característicos de molinaza… Es la oportunidad perfecta para que puedas apreciar en primera persona estos exclusivos emblemas que no encontrarás igual en ninguna otra ciudad.
     Durante tu recorrido por el casco histórico de Montoro, verás muchas de estas casas con portadas engalanadas por escudos de armas y otros elementos característicos relacionados.
     Los escudos de armas nacen como tales en el siglo XII con motivo de distinguir a los caballeros que demostraban mayor valentía en campo de combate contra los musulmanes.
     Generalmente este tipo de blasones se colocaba en las Casas Solariegas, es decir, en la residencia de nobles y ricos que vieron en Montoro el sitio idóneo para construir su residencia habitual.
     Estos edificios han soportado el paso del tiempo y nos permiten conocer, de primera mano, cómo vivían las clases acomodadas del siglo XVIII. En estos pequeños palacios se respira historia, ya que en sus paredes ha quedado grabado el paso del tiempo en cada una de sus rejas, puertas o ventanas.
     Son muy abundantes las casas antiguas con portadas que van desde el siglo XVI al XIX. Por citarte alguna, destacamos la situada junto a la cabecera de la Parroquia de San Bartolomé, con cuatro blasones de piedra en la fachada de distintas épocas -dos del siglo XVII y dos más de transición al neoclásico-.
     Existe una considerable variedad de escudos que podrás contemplar en tu visita. Una de las características que más  han atraído la atención a los historiadores del arte que han participado en el análisis de alguno de estos emblemas nobiliarios es el uso y florituras de los yelmos colocados sobre la caja del escudo.
     De la misma forma, muchos de estos expertos han comentado que algunos linajes no se corresponden con los representados en los diferentes cuarteles del emblema.
     Asimismo, también encontrarás propias invenciones de carácter religioso como el situado en la calle Bartolomé Camacho, que representa la cita: «de la Verdad de la vida con las llaves de San Pedro».
     Destacamos: casa señorial en la calle Manuel Criado Hoyo. Te invitamos a que observes en la calle Manuel Criado Hoyo, 4 -consecutiva a la Plaza de España-la fachada de esta casa señorial del siglo XVI: llamará tu atención su prominente portada de estilo renacentista con sillares de molinaza almohadillados, y rematada con un frontón partido sobre el que se asienta un pequeño balcón flanqueado por escudos nobiliarios (Ayuntamiento de Montoro).

Puerta de la Torremocha.-
     La Torre Mocha se encuentra situada en una zona de la muralla de Montoro en la que posteriormente se realizó la apertura de una puerta. Se encuentra visible desde el interior del patio o corral de una vivienda midiendo aproximadamente entre 6 y 7 metros de lado.
     Debido al estado de deterioro en que se encuentra se percibe más fácilmente la estructura de la misma, comprobándose que el interior de la torre posee relleno de material recubierto por sillares bien cortados de piedra molinaza dispuestos a soga y tizón, salvo en sus dos primeras hiladas donde se colocan los sillares a soga.  La parte superior ha perdido los sillares, quedando a la vista el relleno de la torre. 
     La disposición a soga y tizón en la misma hilada se utiliza mucho hasta el siglo XI. En Córdoba será cada vez más frecuente entre los siglos XI y XV la reducción de la dimensión de las hiladas hasta los 0,40 metros de altura, medida a la que aproximadamente se ajusta la altura de los sillares de la Torre Mocha. Estos datos pueden hacer pensar que su cronología estaría cercana al siglo XI.  
     Por el exterior sólo es posible ver uno de los paramentos, en el cual son patentes los trabajos de consolidación con materiales que enmascaran parte de la torre. Sin embargo, se comprueba que no posee un lienzo de sillares continuos tal y como sucede en el interior, sino que se ha ido colocando piedra de distintos tamaños para la contención de la misma y el adecentamiento de este acceso. 
     Su estado de conservación es deficiente. La torre queda embutida en los edificios colindantes, puesto que actúa como muro medianero entre dos parcelas con un saliente muy reformado hacia el "Callejón de la Torre Mocha" y, concretamente, al arco del mismo nombre. Desde el interior se advierte su situación de deterioro propiciada por una oquedad de grandes proporciones en la parte sur, hoy utilizada como corral de gallinas, y, sobre todo, por la colocación en su parte superior de una terraza de ladrillo con cubierta de uralita  hoy se encuentra casi en su totalidad en el patio interior de una vivienda de la calle Santos Isasa, en el casco urbano de Montoro (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia Santa María de la Mota - Museo Arqueológico, Iglesia de Santiago - Museo de la Semana Santa, Iglesia de San Juan de Letrán, Casa de las Tercias - Museo del Aceite, Hospital de Jesús Nazareno, Casas señoriales, y Puerta de la Torremocha) de la localidad de Montoro (II), en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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domingo, 27 de julio de 2025

Los principales monumentos (Ayuntamiento, Iglesia de San Bartolomé, y Casa de los Palcos) de la localidad de Montoro (I), en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos de la localidad de Montoro (I), en la provincia de Córdoba.
     Tiene merecida fama Montoro de ser el pueblo más pintoresco de la provincia; no hay más que asomarse al Realejo o remontar la carretera de Cardeña para comprobarlo. Un gran meandro del Guadalquivir ciñe el monte de oro sobre el que se escalonan las quebradas calles de casas blancas, vigilados desde arriba por una sólida y rojiza torre de San Bartolomé; un paisaje urbano que se duplica invertido, al mirarse sobre el espejo del río. Las calles radiales escalan el cerro y van a desembocar en la meseta o plaza de La Constitución, luminoso e irregular recinto al que se asoman el castillo, la parroquia y el ayuntamiento.
     Ciudad situada al este de la provincia cerca de la autovía de Andalucía.
     Distancia a Córdoba: 43 Km.
     Altitud: 195 m.
     Extensión: 581 Km2
     Habitantes: 9.690.
     Gentilicio: Montoreños.
     Mancomunidad: Alto Guadalquivir.
     Antecedente de la actual Montoro fue la población romana de Epora, que alcanzó el rango de municipio en época de Augusto. En el siglo IX los árabes edificaron un castillo en el lugar, citado en las crónicas como Hisn Muntur, alrededor del cual surgiría el núcleo de población. Fue conquistado en 1240 por Fernando III, que pocos años después entregó su jurisdicción al concejo de Córdoba, al que permaneció vinculado hasta 1633, en que compró su independencia; esta situación durará poco tiempo, pues en 1658 la villa pasa a la jurisdicción señorial del marqués de El Carpio. 
Oficina de Información Turística de Montoro
     Teléfono: +34 957 160 089
     Fax: +34 957 160 089
     E-Mail: turismo@montoro.es (Diputación Provincial de Córdoba).
     Junto a la antigua Epora surgió la medieval Montoro, en torno a un castillo musulmán. La villa fue reconquistada definitivamente en 1240 por Fernando III. Perteneció casi siempre a Córdoba, hasta que en 1658 pasó al marqués de El Carpio y luego a la Casa de Alba. De su patrimonio civil cabe destacar la torre de Villaverde, a pocos kilómetros, parte del antiguo sistema defensivo, y el puente sobre el Guadalquivir, realizado entre 1498 y 1550, con proyecto del maestro mayor Pedro López II. Igualmente las Casas Consistoriales, obra de los siglos XVI y XVIII, y el Museo Municipal, inaugurado en 1992, que guarda un interesante torso encorazado romano. El Museo del artista contemporáneo Antonio Rodríguez Luna (1910-1985) se encuentra instalado en la antigua ermita de San Jacinto, del siglo XVIII (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La ciudad de Montoro está encuadrada en la Campiña cordobesa y se eleva sobre un promontorio, abrazado por un amplio meandro del Río Guadalquivir, hasta una altura de cerca de 60 metros sobre el nivel del puente, con mayores pendientes en la cara este. Sus altitudes más significativas son: Puente Río Guadalquivir, 159,0 m.; Plaza Constitución, 199,0 m.; Plaza del Charco, 197,0 m.; Borde Sur Casco, 225,0 m.
     El municipio de Montoro tiene forma sensiblemente triangular con las dimensiones máximas. Las características fundamentales de Montoro son su adaptación al movimiento del terreno en el que se asienta y que condiciona totalmente su estructura y expansión. El perfil más característico de la ciudad es su silueta sobre el río, con el puente y Barrio de Retamar en la otra margen y la torre de la Iglesia de San Bartolomé, emergiendo del conjunto, constituyendo un punto un punto de referencia constante en todas las vistas de la ciudad.
     Dentro de la ciudad de Montoro se distinguen varios sectores urbanos; El Sector Histórico, que es la zona más característica de Montoro en donde se concentra su historia a partir de la Edad Media y en el que se sitúan los monumentos más importantes. 
     El Barrio de Retamar, al otro lado del río, de trazado geométrico y arquitectura impersonal, y que actualmente está estancado en su proceso de expansión urbana. 
     El Sector Moderno, corresponde fundamentalmente a la expansión urbana acaecida con posterioridad a los años 40-50. 
     Obedece a la tipología de viviendas promovidas por iniciativa oficial, sin personalidad ni adaptación al medio. 
     Por último está el Sector Industrial que se desarrolla en conexión con la Carretera nacional IV y el ferrocarril, siendo muy reciente su expansión, aunque hay construcciones de la primera mitad de siglo.
     Las tipologías residenciales existentes en Montoro se pueden clasificar en cuatro tipos fundamentales: 
            - Mansiones urbanas de raigambre histórica.; son edificios desarrollados a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII y presentan fachada de piedra molinaza. Se ubican principalmente en el centro del sector histórico, ocupando solares de grandes dimensiones. 
            - Casas populares históricas; son casas patio, casas de vecinos, corrales. Constituyen la periferia del núcleo histórico. 
     Sus fachadas están generalmente enfoscadas a la cal, con techumbres de teja árabe y cierres o verjas de fundición. Esta tipología se desarrolla sobre el concepto de manzanas cerradas, siendo uno o dos el número de plantas.
    
        - Otra tipología son las casas populares del área de expansión; que son viviendas unifamiliares o plurifamiliares entre medianeras. En esta tipología se encuentran las edificaciones correspondientes al barrio de Retamar y zona Sur de la ciudad, cuya construcción puede centrarse a partir del siglo XVIII y sobre todo en la primera mitad del XX.
            - En último lugar están las viviendas en bloque o en línea de promoción oficial, que son modelos de edificaciones desarrolladas sin ninguna relación con la tradición arquitectónica de Montoro. Lo forman las casas de pisos principalmente.
     La altura más común de la edificación del casco urbano de Montoro es de dos plantas. La edificación de una planta aparece en zonas de borde, barrios de edificación más marginal y en el barrio de Retamar.  Los edificios de tres o más plantas se agrupan alrededor de la zona central de la Plaza Principal y de la calle Corredera de amplia utilización comercial. 
     En lo que respecta a las cubiertas cabe destacar la abundancia de la azotea plana a pesar de que la primera impresión recae en la generalidad de cubiertas de teja.
     Como material de fachada primordial está la piedra molinaza en las construcciones del Conjunto Urbano, no obstante el acabado de cal es el más numeroso, concentrándose en las zonas periféricas y de arquitectura más elemental.
     La forma de Montoro permanece prácticamente inalterable desde los años sesenta. Solamente algunos cambios en las proximidades de la estación y en construcciones aisladas en las salidas del pueblo en dirección a la Carretera Nacional IV.
     Las distintas zonas del continuo edificado se aprecian con nitidez, comenzando a apreciarse la Vaguada o Barranco de la Paloma como uno de los elementos claves en la posible formalización del Casco Histórico, a la búsqueda de una forma urbana más definida que garantice su persistencia y distinción clara de los crecimientos recientes y futuros (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Junto a la Autovía de Andalucía y la línea del ferrocarril Madrid-Cádiz, esta preciosa población. Conjunto Histórico Artístico desde 1969, se levanta sobre cinco empinadas colinas bordeadas en buena parte por un meandro del río Guadalquivir, situación que, en la distancia, confiere a su caserío un aspecto imponente. Dista de la capital 43 kilómetros. Su término se reparte entre la sierra, con el Parque Natural de Cardeña y Mon­toro, el valle del Guadalquivir y la Campiña.
Historia
     Excavaciones realizadas en el Llanete de los Moros, donde hoy se encuentra el Centro de Formación profesional, remontan el poblamiento de Montoro al Calcolítico, esto es, a unos 2.000 años a.C. En el periodo turdetano, el Llanete se había convertido ya en un importante núcleo de población.
     Durante el dominio romano, la ciudad se desarrolló, llegando hasta la orilla del río. Recibió entonces el nombre de Epora y fue, probablemente a partir de las campañas de Escipión contra los cartagineses, civitas foederata, alcanzando el estatuto municipal durante el reinado de Augusto. Todo ello -en la Bética sólo hubo tres civitates foederatas- pone de relieve la importancia del lugar.
     Esta importancia se diluye durante la dominación árabe, convirtiéndose, al parecer, Epora, en un castillo que recibía el nombre de Montoro, esto es, Monte Dorado, por el lugar que ocupaba. Algu­nos especialistas han querido ver en el lugar a la Bayyara, que al-Himyarí describe como medina situada junto al Guadalquivir, a unas diez millas de Porcuna.
     En 1240, la ciudad cayó definitivamente en manos cristianas tras su conquista por Femando III, pasando a depender del concejo de Córdoba. Durante los siglos XIV y XV existieron en la población una aljama musulmana y una judería.
     El régimen de señorío se pone de manifiesto en el siglo XVII, cuando Montoro entró a formar parte del patrimonio jurisdiccional de Luis Méndez de Haro, Mar­qués de El Carpio.
     Montoro estuvo fuertemente implicada en la Guerra de la Independencia, ya que en 1810 albergó una guarnición del ejército francés que tenía su sede en el convento de las Carmelitas. Igualmente, participó activamente en la Revolución de 1868 que llevó al derrocamiento de Isabel II. 
     La conflictividad social, producto de las profundas desigualdades económi­cas que se producían entre la población, constituye un referente indeclinable a lo largo del siglo XIX y hasta la Guerra Civil de 1936.
Gastronomía
     El aceite que producen sus campos es pieza fundamental en la gastronomía montoreña. La abundante caza pone en su mesa platos de jabalí y de venado, de liebre, de conejo, de perdiz, de codornices y de zorzales.
     A la cocina popular pertenecen platos como las papas perras, patatas cocidas con bacalao aceite y pimentón, entre otros ingredientes y el ajo sopeao, un plato a base de bacalao desmigado. Desayuno antiguo es el de la tostada molinera, rebanada de pan tostado regada con aceite y el zumo de una naranja.
     El faisán es una seta que abunda en la serranía montoreña. Con ella se preparan fritos y tortillas de mucho predicamento. 
     Las tortas de manteca, forman parte tanto del desayuno como de la merienda.
     Pestiños y soplanos aparecen en los postres, junto con los maravillosos mazapanes de La Logroñesa, estos últimos a lo largo de la Navidad.
Artesanía
     Se sigue trabajando el cáñamo, el hierro forjado, los muebles de olivo y la cerámica popular. Pero la fama artesana le llega a Montoro a través de los trabajos en cuero que, tanto en guarnicionería como en zapatería, vienen realizando los hermanos Mohedo desde hace más de ciento cincuenta años.
Fiestas y tradiciones
     La Semana Santa*, declarada de interés turístico en 1998, reúne un par de peculiaridades que le confieren personalidad propia. Una de ellas la constituyen las carrerillas que los costaleros imprimen a los pasos en las empinadas calles de Montoro. La otra es el Imperio Romano, espectacular compañía de legionarios romanos que recorre incansablemente las calles durante toda la semana.
     Añádase la sinuosidad del recorrido que llevan a cabo las procesiones, junto a ceremonias tan vistosas como el Abrazo de los apóstoles, el Beso de Judas o el Prendimiento del Señor de la Humildad por el Imperio Romano en la plaza del Charco, el Jueves Santo, y se tendrá un espectáculo rebosante de colorido y de vistosidad.
     El último domingo de abril, denominado Domingo de Veleras, se celebra la Romería al santuario de la Virgen de la Fuensanta, a unos ocho kilómetros del pueblo por el camino de la Nava, en el valle del Corcomé. Aquí, los fieles beben los llamados meaos de la Virgen, agua de un manantial anexo con fama de curativa. 
     En los primeros días de mayo tienen lugar las Fiestas de la Cruz y, a continuación, una importante Feria del Olivo que se revaloriza año tras año.
     La Feria de Nuestra Señora del Rosario se celebra del 6 al 12 de octubre.
VISITA
     Las calles del pueblo suministran al visi­tante dos características que identifican a Montoro de forma inmediata: la llamada piedra molinaza, una piedra roja, propia del lugar, que aparece en la mayoría de las casas y en todos los edificios notables, y los poyatos, especie de terrazas levantadas en las aceras con el propósito de salvar las pendientes de las calles para acceder a las casas.
     La ciudad tiene una primera vista espectacular desde el alto del Realejo, el mejor camino de acceso desde la autovía E 5, con las casas superpuestas en distintos niveles y colgadas sobre el tajo; las hoces del rio; el puente de las Donadas, levantado en el siglo XV bajo proyecto de Enrique Egas y, finalmente, el barrio del Retamar al otro lado del rio.
     La plaza de España, arriba de la del Charco por Corredera, constituye el cen­tro de la población, espacio de alta calidad artística y gran salón público en el que confluyen todos los caminos. Aquí se encuentra el notable edificio del Ayuntamiento, antigua casa de los Duques de Alba, edificado en el siglo XVI, con una bella portada plateresca y, en el interior, tres hermosísimos artesonados mudéjares.
     Aquí también, junto al Ayuntamiento, está la iglesia de San Bartolomé, la mejor de la población, obra iniciada en 1483 siguiendo las pautas del gótico humanista y demorada a lo largo del tiempo, hasta el punto de que la torre no se terminó hasta 1817. En la construcción intervinieron, entre otros, Hernán Ruiz I y su hijo Hernán Ruiz II. Algo más abajo, en la plaza de Santa María, se sitúa la iglesia de Santa María de la Mota, obra del siglo XIII, actualmente Museo Arqueológico.
     En la plaza del Charco, ya mencionada, se localiza la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, edificio barroco levantado en las postrimerías del siglo XVII. Prácticamente al lado de esta iglesia, en la misma plaza, se sitúa el Museo del pintor Antonio Rodríguez Luna. Instalado en la antigua ermita de San Jacinto, reúne quince importantes lienzos del pintor referidos a su última época (Rafael Arjona. Guía Total, Córdoba. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2009).
     Esta hermosa ciudad se levanta a orillas del Guadalquivir, sobre un elevado ribazo rodeado de olivos, al sur del Parque Natural de las sierras de Montoro y Cardeña.
Historia
     Poblada desde la más remota antigüedad, los griegos la llamaron Aipora, que viene a significar "mirador de cielo elevado". En su época fue una de las tres ciudades de la Bética confederadas con Roma.
     Los árabes la ocuparon en el año 712 y en ella permanecieron hasta su conquista por Fer­nando III en 1240. En 1480, rota la comuni­cación entre Castilla y Andalucía por la destrucción del puente que cruzaba el Guadalquivir, la ciudad se propuso la construcción de uno nuevo con participación de todos los vecinos. Fue llamado este puente, que aún pervive, de las Donadas, debido a que hasta las mujeres aportaron sus joyas. En 1658, Felipe IV le concedió el título de ducado, cediéndoselo al conde-duque de Olivares. Las tropas napoleónicas no consiguieron entrar en ella, a pesar de intentarlo repetidamente. En 1808 alcanzó el título de Noble, Leal y Patriótica.
Gastronomía
     La cocina montoreña utiliza por igual los productos del campo y de la caza. Platos muy tradicionales son el ajo sopeao, una sopa de ajo propia del pueblo, y la tortilla de faisanes, variedad de setas que se encuentra entre los abundantes jarales de los montes de los alrededores. Los zorzales y las perdices se preparan de muy diversas formas y se encuentran con gran frecuencia durante la temporada en las mesas de la ciudad.
Artesanía
     Desde antiguo se han practicado el hilado del cáñamo a mano y la forja artística del hierro. Recientemente está adquiriendo impor­tancia la fabricación artesanal de calzado de campo.
Fiestas
     La Semana Santa* resulta sumamente lla­mativa, debido en gran parte a la accidentada orografía de los recorridos que reali­zan las procesiones. El 15 de mayo, cada dos años, se celebra la Fiesta del Olivo y el 24 de agosto, la Velada de San Bartolomé, su patrón.
VISITA
     Montoro fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1969. Desde el alto del Realejo, el mejor camino para acceder a la población desde la autovía E 5, la vista es impresionante. Al frente, la ciudad colgada sobre el tajo, con sus casas de cal y molinaza, la piedra roja propia del lugar, superpuestas y recortadas como en un gran lienzo cubista y abajo, en el llano, la amplia hoz del río que se desliza bajo el puente de las Donadas.
     Dentro del pueblo saltan a la vista los poyatos, elevaciones escalonadas en las aceras para salvar las fuertes pendientes de las calles, estrechas en general y laberínticas. La plaza de España es el centro administrativo de la villa. En ella se encuentran el Ayuntamiento, notable edificio, antigua sede de la casa ducal, que posee una hermosa portada plateresca y artesonados mudéjares, y, a su costado, la iglesia de San Bartolomé, con portada gótico mudéjar.
     Algo más arriba, por la calle Camacho, en el que fuera recinto del castillo de la Mota, se localiza la iglesia de Santa María de la Mota, construida en el siglo XIII, por lo que es una de las más antiguas de la provincia. Posee unos capiteles románicos únicos en toda Andalucía. Subiendo por la calle Corredera, arteria comer­cial de la ciudad, se alcanza la plaza del Charco, hoy de las Hermanas de la Caridad, junto a la cual se levanta la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, edificio de piedra roja como los anteriores, construido en el siglo XVII siguiendo las pautas del barroco (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).


Ayuntamiento.-
     Se encuentra situado en la Plaza Mayor de la localidad, creando un conjunto armonioso con la Iglesia parroquial de San Bartolomé y otros inmuebles del entorno.
     El edificio, realizado en piedra molinaza, presenta una estructura muy horizontal, propia del renacimiento, dividiéndose en dos cuerpos claramente diferenciados por un entablamento sobre el que cabalga un balcón corrido que recorre la fachada en sus dos frentes.
     En el primer cuerpo, la portada se articula mediante un gran vano de medio punto, decorado en su clave, flanqueado por pares de columnas de fustes estriados y capiteles compuestos, apoyadas sobre altos podios.
     El cuerpo superior, de aires manieristas, parte del balcón corrido, estructurándose mediante la alternancia de pilastras con tres vanos adintelados, enmarcados por molduras con orejeras en sus ángulos. Destaca el cuerpo central, realizado en piedra blanca, siendo el vano de mayores dimensiones, sobre el que se sitúa el escudo de la casa de los Austrias. El conjunto se encuentra rematado por un antepecho muy movido coronado por copetes y bolas.
     Del conjunto destaca el espacioso zaguán cubierto por techumbre plana en el siglo XVII y su escalera, así como la planta alta del Salón de Sesiones con artesonado mudéjar. El Archivo sirvió de capilla y sacristía de la Casa Real.
     El edificio contiguo fue concebido para albergar la antigua cárcel de la localidad. Ésta fue trasladada a una parte del Convento de los Carmelitas para habilitarlo y poder ampliar el consistorio municipal, obras de adaptación que se efectuaron en 1845.
     El ducado de Montoro fue concedido en 1660 a don Luis Méndez de Haro, V Marqués de Carpio y de Eliche, V Conde Duque de Olivares, generalísimo de las Armas, primer ministro de Felipe IV y gran caudillo mayor de las Indias. El edificio está considerado como antiguo palacio de los Duques de Alba y Montoro. Para algunos este edificio fue construido en el siglo XVI por Hernán Ruiz I, con reformas posteriores como las que indican una inscripción que se ubica bajo el escudo real: Reinando don Felipe V se hizo esta obra siendo diputado don Pedro Díaz, alcalde ordinario don Manuel Cantero regidor, año de 1702. Gracias a esta inscripción, el segundo cuerpo de la fachada se ha relacionado directamente con la obra de Francisco Hurtado Izquierdo, maestro se encontraba realizando otras obras en la ciudad en estos momentos.
     En el siglo XIX se observó la necesidad de ampliar el edificio para que siguiese cumpliendo su función administrativa en el gobierno local. La solución se tomó reubicando la Cárcel Real en el exclaustrado Convento de Jesús, incorporando el edificio para establecer las oficinas más necesarias en la época. Las obras se realizaron en 1845, siendo alcalde D. Eugenio de Isla y Vinuesa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Bartolomé.-
     La parroquialidad de Santa María del Castillo de la Mota, se trasladó a esta iglesia de la plaza en tiempos del obispo Íñigo Manrique (1486-1496), cuyas armas figuran en varios lugares del templo. La fábrica, iniciada entonces, se terminó bien entrado el siglo XVI, considerándose la portada obra del círculo de Hernán Ruiz el Viejo. Casi todo el patrimonio parroquial se perdió en los sucesos de 1936.
     Tiene el edificio planta basilical de tradición mudéjar con tres naves. La central tiene la cabecera poligonal con crucería gótica y el cuerpo techado con rico alfarje de lazo. Preside el Cristo de la Misericordia, traído de Madrid en 1939. En la parte superior se ven pinturas murales de posguerra y en los lados, dos tablas de la Dolorosa y la Magdalena. La pequeña imagen del Cru­cificado del púlpito, del siglo XVIII, está muy bien anatomizada. Los pilares tienen ocho esculturas de Amadeo Ruiz Olmos, que representan a los arcángeles y profetas mayores. En el coro hay dos lienzos del XVII, con Jesús Nazareno y la Virgen con el Niño.
     El testero de la izquierda tiene el altar de Nuestra Señora de la Cabeza; el cuadro de la Aparición de la Virgen es de 1946. A continuación se encuentra, bajo un dosel, la imagen de Jesús de la Humildad, obra del valenciano Vicente Salvador, de 1951. La capilla del Sagrario luce pinturas de Antonio Castillo Ariza e imágenes devocionales. El retablo neobarroco, de 1998, lo diseñó el párroco Rafael Rabasco. De nuevo en la nave, destaca el bello cuadro de la Asunción, del XVIII, procedente de Santiago de Córdoba y restaurado en 200l. A los pies de la misma están el Ecce Homo, de serie, y la Virgen de los Afligidos, realizada por Martínez Cerrillo en 1941.
     En la nave derecha destacan dos grandes lienzos de comienzos del siglo XVIII, con los temas del Martirio de San Bartolomé y San Bartolomé y los hijos del rey de Armenia. Pertenecieron a esta iglesia hasta 1936 y se han recuperado en 2003. En la capilla del Bautismo se han agrupado varias imágenes de devoción. Al pie de la nave se encuentra el misterio de la Oración del Huerto, con el Señor, de Martínez Cerrillo, de 1952, el ángel, de Pío Mollar y los apóstoles durmientes, de María Teresa Tubau, de 1958.
     Por la cabecera de la nave derecha se pasa al despacho parroquial, que ocupa el pie de la torre, y a la sacristía, adornada con pinturas murales, del Padre Eterno y los Padres de la Iglesia, que son obra del XVII. En el primero hay una serie de pinturas sobre cuero, del XIX, con los misterios dolorosos del Rosario, inspirado en modelos barrocos. En la segunda se ven diferentes cuadros del siglo XVIII entre los que destaca la Virgen de Guadalupe, de hacia 1700. Notables son igualmente una tabla flamenca con San Jerónimo Penitente, del primer tercio del XVI, y un bellísimo relieve en mármol de la Virgen con el Niño y santo, obra renacentista italiana del XVI. Recientemente ha incorporado la parroquia una bella custodia de plata, de hacia 1770, punzonada por Damián de Castro, procedente del Hospital de Jesús Nazareno (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      Se encuentra situada en la plaza mayor de la ciudad configurando un espacio arquitectónico de gran monumentalidad junto a otros edificios administrativos y privados. 
     La Iglesia parroquial de San Bartolomé es un templo de planta basilical de tradición gótico-mudéjar, realizado casi en su totalidad con piedra molinaza. Adosados al muro de la Epístola, donde está la entrada principal, se encuentran, desde los pies, el coro en la nave central, el baptisterio, la sacristía y la torre campanario que comunica con unas dependencias en esviaje con respecto al eje central. Hacia el centro de la nave del Evangelio se ubica una capilla, de grandes dimensiones, conocida popularmente como capilla de Nuestra Señora del Rosario.
     Cuenta con tres naves, la central más alta. La cabecera del templo es triple, cubierta con bóvedas de terceletes con ligaduras. Destaca la Capilla Mayor por su profundidad y disposición poligonal, frente a las laterales de disposición cuadrangular. La nave central se cubre con artesonado con labores de estrellas de lazo y piñas de mocárabes, labor que se complementa con tirantas decoradas. Las naves laterales con bóvedas de arista separadas por arcos fajones, mientras que el presbiterio lo hace con bóveda de crucería gótica. Las naves, divididas en cuatro tramos, se encuentran separadas por pilares de sección cruciforme que soportan arcos apuntados y doblados con rosca cuadrangular y sencilla. La diferencia en altura entre la nave central y las laterales es aprovechada para abrir grupos de tres vanos apuntados, que se corresponden con cada uno de los tramos en los que se dividen las naves.
     Al final de la nave central se encuentra el coro, con dos órdenes de sillería, de nogal, cerrado por una sencilla verja de hierro. La portada situada a los pies del templo desapareció al construirse el coro, quedando como testigo de la existencia de la misma un simple brocatel.
     La Capilla del Sagrario, llamada también de Nuestra Señora del Rosario, se sitúa en el tercer tramo de la nave del Evangelio. Se trata de un recinto cuadrangular, con tres altares, cubierto por cúpula de media naranja sobre pechinas, ricamente decorada con molduras barrocas quebradas y superpuestas, que agudizan la sensación de movimiento. 
     Pilastras escalonadas en los ángulos sustentan esta cúpula sobre pechinas rematada por linterna, profusamente decorada con yeserías policromas de motivos florales, de hojarasca y escudos.
     La Sacristía se sitúa entre la portada principal y la Torre. Se accede a ella mediante una portada conformada por un frontón triangular sobre ménsulas, coronándose el conjunto por jarrones. El interior alberga un blasón con los símbolos de Santiago y San Bartolomé. El recinto es de forma cuadrangular y está cubierto por bóveda baída. En 1612 se construyó la nueva sacristía, quedando la anterior como antesacristía. Las obras fueron costeadas por el obispo de Córdoba Dº Pablo de Laguna, cuyo escudo se observa en la decoración exterior de una ventana a la plaza. La construcción fue realizada por Pedro García, Melchor de Osuna, maestros canteros y Martín Gómez de Lara, cantero y albañil. Es de planta cuadrangular, cubierto por bóveda ovalada sobre pechinas que descansa en cuatro arcos de medio punto.
     El baptisterio está fechado en 1760. Consta de un estancia cubierta por bóveda de arista rebajada a la que se accede por un vano en forma de arco de medio punto. Sobre el baptisterio está instalado el Archivo cuya documentación se remonta al siglo XVI.
     Al exterior, destaca del conjunto de la fábrica realizada en piedra molinaza, tan característica de esta zona, la portada principal se encuentra tallada en piedra blanca. La portada principal, situada en la nave de la Epístola se presenta retranqueada respecto al conjunto del edificio. En ella se muestra la fusión del gótico tardío con el renacimiento, todo ello de finales del siglo XV y comienzos del XVI. Ésta se estructura en dos cuerpos; el primero, adintelado, con el marco achaflanado decorado con de motivos de galleta, flanqueado por sendas columnas adosadas y superpuestas, cuyos capiteles decorados con motivos de cardinas sirven de base a las esculturas de San Bartolomé y Santiago. Sobre el dintel de la puerta arranca el segundo cuerpo, formado por un gran friso, a modo de dintel, con decoración de tetralóbulos que se van combinando con cuadrados de lados curvilíneos, de cuyos extremos parte un arco de medio punto sobre el que campea otro arco conopial que en su parte central sirve de soporte a una escultura de la Virgen del Rosario. Ambos arcos se encuentran decorados con elementos de hojarasca gótica, todo ello enmarcado por un gran alfiz que llega hasta la cornisa, en la que destacan modillones de rollo con decoración de bolas. El tímpano alberga una sencilla ventana flanqueada por dos escudos insertos en coronas de laurel, que se corresponderían con el de la parroquia y el del obispo 
don Iñigo Manrique.
      Junto a la portada de acceso se sitúa la Torre de tres cuerpos rematados con cúpula. Su edificación comenzó en 1548, siendo atribuida a Hernán Ruiz II. El primer cuerpo albergó la sacristía, ascendiéndose a ella a través de una escalera de caracol, según trazas de Juan de Ochoa, maestro mayor de la Catedral de Córdoba, obra que fue realizada por Pedro García, maestro cantero vecino de Montoro, entre 1587 y 1590. Ante la falta de fondo la inconclusa torre fue cubierta por un tejado de tejas, bajo la cual se colocaron dos campanas. No será hasta 1807 cuando, el Obispo D. Pedro Antonio de Trevilla, decida finalizar su construcción, rehaciendo los dos últimos cuerpos; obra que duró hasta 1817.
     El fuste y el primer cuerpo de campanas son de planta cuadrada, mientras que el segundo cuerpo y el remate cupulado son de planta octogonal. El fuste carece de vanos y decoración con la salvedad de un pequeño edículo sustentado por columnas toscanas rematado por una imagen de la Asunción, tras el cual se abre una ventana con el escudo del obispo de Córdoba D. Leopoldo de Austria, situado en el frente de la plaza mayor. El segundo cuerpo parte de una cornisa que sustenta una balaustrada con remates en sus esquinas. Éste se estructura mediante vanos de medio punto, con campanas, flanqueado por grandes pilastras que se elevan hasta un entablamento que sirve de apoyo al tercer cuerpo. 
     Sobre el vano que da a la plaza se sitúa la esfera del reloj que marca las horas de la ciudad, colocado en 1821. Sobre la cornisa, de nuevo, un antepecho macizo con decoración de copetes en sus esquinas da paso al tercer cuerpo octogonal rematado en cúpula. En sus cuatro frentes principales los vanos de medio punto alojan campanas, en sus cuatro frentes menores se disponen remates piramidales sobre pedestales. Los vanos de campanas se encuentran flanqueados por pilastras que se elevan hasta el entablamento sobre el que cabalga la cúpula, rodeada de copetes sobre pedestales unidos por balaustrada y un remate central a modo de copete coronado por una cruz y veleta de forja, lo que aporta 
verticalidad al conjunto.
     La iglesia comenzó a edificarse a principios del siglo XV, bajo el episcopado de D. Iñigo de Manrique, quien, en 1439, trasladó a esta iglesia la de Santa María de la Mota, que fue la primera parroquia que tuvo Montoro. Ésta se encontraba ubicada junto al Castillo que por estas fechas se había quedado pequeña, por ello fue trasladada a este nuevo lugar que con el tiempo se convertiría en el centro neurálgico de la población.
     La construcción de la iglesia se comenzó por la cabecera y tras su finalización se observó que era insuficiente para albergar a al población en los ritos litúrgicos. En 1579 el visitador general apuntó la necesidad de que el edificio fuese agrandado. Con este motivo, en 1581 es llamado Hernán Ruiz II, maestro mayor, para que diseñase la traza al objeto de añadirle una nueva nave. Pero estas obras no llegaron a realizarse ya que en 1590 se vuelve a insistir sobre su pequeñez. 
     Será a partir de este momento cuando se le comiencen a añadir capillas y nuevas construcciones a los largo del siglo XVII, XVIII e incluso en el XIX con la culminación de la torre.
     Esta iglesia sufrió los avatares de 1936, siendo incendiada, por lo que tras finalizar la Guerra Civil fue restaurada por Regiones Devastadas, obra que no fue muy afortunada (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Por la calle Corredera penetramos en la plaza de España, centro urbano y monumental, que domina la Parroquia de San Bartolomé, un templo gótico-renacentista iniciado a finales del siglo XV y completado a lo largo del XVI.
     Consta de tres naves separadas por apuntados arcos que se apoyan en sólidos pilares de piedra; un artesonado de tradición mudéjar cubre la nave central, en cuya cabecera se abre la capilla mayor con bóveda de nervios. Entre las capillas laterales destaca la del Rosario de mediados del XVIII.
     El aspecto actual del templo obedece a la restauración llevada a cabo en la postguerra, época a la que corresponden sus pinturas murales.
     En la sacristía guarda algunas de las pocas obras de arte que escaparon a la destrucción bélica, como un delicado relieve oval del siglo XVI labrado en mármol.
     Al exterior muestra una bella portada adintelada de estilo gótico tardío atribuida a Hernán Ruiz I, mientras que a su hijo Hernán Ruiz II se le asigna el primer cuerpo de la torre -que incorpora una hermosa ventana precedida de un monumento a San Rafael-, comenzada en 1548 y acabada en 1807, época a la que corresponde el campanario neoclásico (Diputación Provincial de Córdoba).

Casa de los Palcos.-
     El edificio se describía como estrecho de fondo pero con un amplio palco delantero por donde se disponía el material para su venta y demás transacciones. Las altas chimeneas que se tratan serían para ahumar el pescado que se conservaba en su interior procedente del Guadalquivir.
     Los cuatro escudos no son de época medieval sino de época moderna fechándose algunos en el siglo XVII, aunque pocos se corresponden con los linajes que residían en su interior, pues más que uso de vivienda estuvo dedicada al alquiler a familias nobles que acudían hasta los palcos de las balconadas para ver corridas de toros, espectáculos públicos, ejecuciones o Semana Santa.
     Durante algún tiempo, y siguiendo los testimonios de personas muy longevas, se habla que también se usaron como servicios públicos de ahí, que en casa una de sus puertas de entrada, se halle la efigie de una mujer y de un hombre con sombrero de copa, aunque esto parece más bien corresponderse al lugar por donde debía de entrar cada uno para su disposición en el balcón con objeto, según la moral de la época, de no cruzarse en el camino ambos sexos al subir las escaleras (Cronistas Oficiales).

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