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martes, 15 de septiembre de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Monasterio de San Benito, o Palacio Prioral, Iglesia de San Francisco, Ermita de Santiago y San Ildefonso, Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, Iglesia de la Santa Cruz, Capilla de Santa Isabel, Casa de la Tercia, Casa Consistorial, Plaza de España, Casa de los Bolos, La Jabonera, Castillo de la Encomienda, y Casa Tradicional Villanovense) de la localidad de Villanueva de la Serena, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Monasterio de San Benito, o Palacio Prioral, Iglesia de San Francisco, Ermita de Santiago y San Ildefonso, Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, Iglesia de la Santa Cruz, Capilla de Santa Isabel, Casa de la Tercia, Casa Consistorial, Plaza de España, Casa de los Bolos, La Jabonera, Castillo de la Encomienda, y Casa Tradicional Villanovense) de la localidad de Villanueva de la Serena, en la provincia de Badajoz.
     La población se sitúa en el borde occidental del Partido Judicial, en el ámbito donde se solapan las vegas del Guadiana y las llanuras de terreno seco y duro que se extienden hacia levante.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 152 Km2
     Altitud: 254 m.
     Distancia Capital: 118 Km.
     Partido Judicial: Villanueva de la Serena
     Comarca: Vegas Altas
     Otras Entidades: Casas del Castillo (Barriada), Encomienda (Cortijo), Entrerríos (E.L.M.), Valdivia (E.L.M.), Zurbarán (E.L.M.)
     Gentilicio: Villanovense
Ayuntamiento de Villanueva de la Serena
     Plaza de España, 1
     06700 Villanueva de la Serena (Badajoz)
     Teléfono: 924846010
     Fax: 924843529
     Web: www.villanuevadelaserena.es
Historia.-
    La presencia de pobladores desde los tiempos más remotos, queda testimoniada por los hallazgos ,de época prehistórica, aparecidos en el asentamiento celta de "Los Ranchos", situado a orillas del Guadiana.
     El núcleo ostentó sucesivamente los nombres de Aldea de los Freyres, Aldeanueva de Magaela, Villanueva de Lares y, ya en el siglo XVI, el definitivo de Villanueva de la Serena.
     A finales del siglo XVI y comienzos del XVII, cuando , con una población aproximada de 3.500 habitantes, se convirtió en el pueblo más importante de la comunidad de Villa y Tierra de Magacela; y en la cabeza de los 18 pueblos enclavados en el territorio de la Real Dehesa de la Serena.
     La población se sitúa en el borde occidental del Partido Judicial, en el ámbito donde se solapan las vegas del Guadiana y las llanuras de terreno seco y duro que se extienden hacia levante.
     Villanueva ha experimentado en los últimos tiempos un extraordinario desarrollo, habiéndose convertido en pocas décadas en una ciudad moderna, abierta y dinámica, muy pujante en el terreno económico, social y cultural, constituyendo, junto con Don Benito, un poderoso centro de servicios, cuya influencia se proyecta con fuerza sobre todo el territorio circundante.
     Sus centros e instalaciones comerciales, mercantiles, educativas o deportivas, y sus equipamientos, nada tienen que envidiar en la actualidad a los centros de mayor entidad.
     Los naturales continúan siendo conocidos en el partido judicial por el apelativo popular de "serones".
     Con antecedentes aún no bien establecidos en los enclaves romanos de Portículus y Vesci, el asentamiento surgió en la Edad Media con categoría de aldea, al amparo de la vecina fortaleza musulmana de Mojáfar. En 1303 el núcleo fue cedido por Fernando IV a la Orden de Alcántara para su repoblación, bajo el nombre de Aldeanueva. En 1423 alcanzó el rango de Villa, contando entonces con una cerca amurallada de la que no se conserva ningún vestigio, pero cuyo trazado resulta bien conocido. En 1.504 se instalaba en ella el Priorato de la Orden trasladado desde Magacela.
     Villanueva de la Serena adquiere en 1856 la categoría de Ciudad, por un Real Decreto de Isabel II.
     Sucesivamente y según la jurisdicción en que se integraba, ostentó los apelativos de Villanueva de los Freyres, de Lares y de Magacela, hasta alcanzar el definitivo de la serena en el siglo XVI.
     Desde esa época la población luce en su escudo el lema que la señala como "Puerta de la Serena". Junto con Siruela, fue la sede de las reuniones de la Mesta, distinguiéndose a partir del siglo XVII como uno de los centros más florecientes de la región. En el XIX recibió de Isabel II el título de Ciudad.
     Villanueva es cuna de extremeños ilustres, como el conquistador de Chile Pedro de Valdivia y, en el apartado de las letras, el autor de "Jarrapellejos", Felipe Trigo (el premio literario que lleva su nombre, instituido por el Ayuntamiento, acrecienta su renombre de año en año) (Diputación Provincial de Badajoz).
     Uno de los más importantes núcleos de la Baja Extremadura, a caballo entre las Vegas Altas del Guadiana y la parte más occidental de La Serena, siendo difícil determinar dónde comienza una comarca y dónde concluye la otra, Villanueva pasa por ser la puerta de La Serena.
Historia
     Su primitivo nombre de Aldeanueva alude a las repoblaciones llevadas a cabo en el siglo XIII, origen de la villa. Dentro de los dominios dela Orden de Alcántara, se constituye en cabeza de la Real Dehesa de la Serena en el siglo XVI, preeminencia que tuvo en épocas posteriores merced a una modesta pero intensa actividad industrial y mercantil. Aquí nació, en 1864, el escritor Felipe Trigo, que alcanzó gran difusión con sus novelas naturalistas de acentuado erotismo. El término municipal acoge uno de los más destacados centros de agricultura biológica de España.
Gastronomía
     Además de los platos habituales de la comarca, tales como las migas o la caldereta, son específicos de la localidad el ajo de peces y las bogas asadas. Buenos vinos de las Vegas Altas del Guadiana y quesos de La Serena.
Artesanía
     La mayoría de los viejos oficios artesanos ha desaparecido pero todavía perdura la fabricación de romanas, el tradicional instrumento de peso ya en desuso.
Fiestas
     El Domingo de Resurrección tiene lugar la procesión de encuentro o carrerita de la Virgen de la Aurora. El barrio de Cruz del Río celebra las mayas con cruces engalanadas. Del 24 al 16 de julio se desarrollan las fiestas patronales en honor de Santiago y Santa Ana, y un mes después las de San Bartolomé, en la barriada de ese nombre.
Vida urbana
     Los alrededores de la plaza de Maura, con la calle Pasadera y la peatonal de Ramón y Cajal, configuran la principal zona de comercio y brindan también algunos lugares para el tapeo. A las afueras, en torno a la plaza del Corazón de Jesús, numerosos bares y pubs acogen el ambiente joven.
     A lo largo de todo el año son muy nume­rosas las actividades culturales (teatro, cine, conferencias), entre las que destacan, tras el Festival Internacional de Danza (en junio), el Festival Folclórico de las Comunidades (en julio), que cuenta con la participación de grupos de las diferentes autonomías, y el Festival de Teatro en la Calle (14-17 de Julio), que se viene celebrando año tras año con mucho éxito.
VISITA
     El desarrollo urbano ha afectado a la conservación del patrimonio artístico y, al igual que ocurre con la vecina población de Don Benito, más que como un objetivo turístico en sí misma, la ciudad, bien dotada de servicios y con una activa vida urbana, constituye un idóneo punto de estancia y partida para visitar la región.
     El espacio neurálgico es la plaza de España, provista de soportales en uno de sus lados y presidida por la estatua de Pedro de Valdivia, el conquistador de Chile, nacido en la villa. En ella se encuentran el Ayuntamiento (siglo XVI, reformado en el XVIII), con un atrio porticado y el llamativo escudo de la villa, en el que figura una sirena, y la iglesia de la Asunción (siglo XVII), templo de marcada horizontalidad herreriana. Son destacables sus tres portadas clasicistas y, en el interior, una talla de la Virgen de los Dolores, obra de M. Benlliure, y una tabla de Luis de Morales.
     La antigua casa de los Priores, trans formada en convento de monjas concepcio­nistas, data de finales del siglo XV, aunque fue reconstruida durante el año 1627. Muy cercana se encuentra la ermita del Cristo del Santo Sepulcro, con el escudo del águila bicéfala de los Austrias.
     De las casonas solariegas merecen citarse, en la calle Zurbarán, la popularmente conocida como casa de los Bolos y la contigua casa de González-Haba, donde existe un pequeño museo etnográfico.
     También tienen interés la ruinosa casa de la Tercia, antigua sede de La Mesta, en la calle Pizarro, y el conjunto de casas de la calle de la Carrera (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 

Monumentos.-
     Su importancia histórica y su abolengo quedan de manifiesto en las numerosas realizaciones monumentales y religiosas, casas solariegas, etc., que la ennoblecen. Entre ellas cabe recordar el convento franciscano de San Bartolomé, fundado en 1575 a las afueras del núcleo, junto a la vieja ermita de Santa Ana.
     El Ayuntamiento fue concluido en su estructura principal en 1583 y ampliado en 1.595 con la adición de la Cárcel del Partido. Se trata de uno de los edificios de su especie más señalados de la región. En su fachada luce airoso pórtico y balconada, coronándose con el escudo de la población, en el que luce la emblemática sirena. La obra fue rehecha en 1701.
     También del XVI es la casa de la Tercia, situada en la calle Judería, hoy en ruinas, y que durante algún tiempo sirvió como Ayuntamiento y como sede para las reuniones de las Órdenes Militares y la Mesta.
     De 1.604 databa el convento de la Concepción, que se erigía en el lugar donde hoy se abre el Parque de la Constitución. Resultó demolido en 1.926 para construir en su lugar la plaza, trasladándose entonces la comunidad al edificio que actualmente ocupa. Este había sido en el siglo XV monasterio de los Freyres o de San Benito, y poco después sede del Priorato de Alcántara, tras su traslado desde magacela. En 1.626 el palacio fue reconstruido, siendo reedificado de nuevo en 1.788, en tiempos de Carlos III, datando de esa época su actual aspecto. En el interior se conserva una excelente tabla de Luis de Morales representando una Virgen con el Niño Jesús y San Juanito.
     Adyacente al convento se halla la pequeña ermita del Cristo del Santo Sepulcro. Otras fundaciones religiosas de interés son las ermitas de Santiago y Jesús Nazareno, hoy conectada a una vivienda particular.
     Numerosas casonas solariegas de los siglos XVI al XVIII correspondientes a los linajes históricos más significados proliferaban en la ciudad, luciendo en sus fachadas los blasones de sus armas. Muy significativos del crecimiento experimentado por la localidad en el siglo XIX, son los palacetes de estilo ecléctico y modernista que aparecen en el entorno de la Plaza de la Constitución, entre los que resaltan el llamado "de los Bolos", o el de los González-Haba, hoy sede de un interesante museo.
     En la Plaza de España, ámbito de gran sabor perimetrado por arquerías porticadas, se sitúa el Ayuntamiento en unos de sus costados. En ella se alza el monumento de Pedro de Valdivia, obra en bronce realizada en 1927 por Gabino Amaya.
     Preside la plaza la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción, obra de grandes proporciones y suntuosa arquitectura de severo estilo herreriano, ejecutada con sillares, es sin duda la realización arquitectónica más significada de la ciudad. Fue erigida en el siglo XVI sobre otra anterior del XIV, y en ella destacan su hermosa torre, levantada en el XVII por Pedro Sánchez de Estrada, y las tres magníficas portadas de elegante diseño clasicista.
     El interior presenta planta de salón con tres naves de igual altura sobre columnas toscanas. Entre sus contenidos llama la atención una excelente talla de la Virgen de los Dolores, obra de Mariano Benlliure; la réplica realizada por Gabino Amaya del Cristo de la Pobreza, perdido con todos los demás componentes del templo durante su incendio en 1936, y las bellísimas imágenes de la Virgen de la Soledad y Jesús Nazareno, obras del artista local Eduardo Pino.
     A unos 8 km. por la carretera de Valdivia se encuentra el Castillo de Castelnovo o de La Encomienda. Construido sobre las ruinas del castillo musulmán de Mojáfar, fue residencia de los Comendadores de la Orden de Alcántara y resulta impresionante por las dimensiones del recinto, el estado de conservación, así como la perfecta armonía que guarda con el río Guadiana (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.-
     Edificio declarado Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de monumento en 2021.
     Construido en granito con arquitectura de estilo herreriano. Sobre su planta existió una iglesia primitiva, antecesora de la actual que databa de 1265, levantándose el cuerpo principal en 1325 y en 1575 la capilla mayor. La obra fue reedificada de nuevo, según su aspecto presente en 1608, concluyéndose la torre en 1634.
     De planta rectangular, el interior consta de cabecera y tres naves, la primera con cúpula que se eleva a 33 metros del suelo y bóveda de arista, las laterales, de 25 metros, están sostenidas por ocho soberbias columnas. La torre se halla a la derecha de la portada principal, cuadrada y de notables dimensiones, es una construcción de piedra sillar dividida en tres cuerpos separados por sencillas cornisas.
     El retablo que preside el Altar Mayor es obra de Antonio Martín Martínez de Zafra. En el segundo cuerpo se encuentra la hornacina de la Virgen de la Asunción, titular de la parroquia, obra del escultor Sebastián Santos. Las pinturas fueron realizadas por los artistas sevillanos Rafael de Blas Rodríguez y su hijo, Juan Antonio de Blas.
     Junto a los valores históricos -artísticos del templo, existen bienes muebles en el interior que igualmente están protegidos. Entre ellos destacan la excelente talla de la Virgen Nuestra Señora de los Dolores, obra del escultor Mariano Benlliure, así como una réplica realizada en 1948 por Gabino Amaya del Cristo de la Pobreza; además de las rejas de las capillas de Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora del Carmen. Bienes igualmente protegidos en el interior del templo son la Custodia, la pila bautismal, El Retablo Mayor y la obra de Luis de Morales “La Virgen con su Hijo y San Juan niños”.
     Las verjas y cerrajería artística, fueron diseñadas, forjadas y repujadas por los artistas villanovenses Alfonso Pineda e Hijos. La verja del baptisterio se debe a José Roldán, artesano de la localidad (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Monasterio de San Benito, o Palacio Prioral.-
     Construido por el Maestre de la Orden de Alcántara, Juan de Zúñiga y Pimentel en 1494; reconstruido durante el reinado de Carlos III. En el Siglo XVIII  tras el saqueo e incendio provocado por las tropas francesas, se reedificó de nuevo.
     La Capilla del Santo Sepulcro, anexa a la iglesia de San Benito, fue construida por el Concejo de la Mesta y en 1673 el Prior de Magacela Don Luis Velázquez de Zúñiga fundó en este edificio la Capilla. En el exterior tiene un impresionante escudo de granito (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Iglesia de San Francisco.-
     En 1575 se autorizó por Real Cédula la fundación de un convento en lo que actualmente es la avenida de San Francisco y en ese momento eran las inmediaciones de la Puerta de la Villa. Un convento atendido por franciscanos.
     El templo, es una edificación de una sola nave con presbiterio, cuerpo general y una capilla de forma octogonal adosada al lado norte. Con techo de bóveda y cúpula en el crucero.
     La iglesia fue construida en 1595, al final de la etapa Renacentista y principios del Barroco. Está hecha en ladrillo, empleando el granito solo para las partes más nobles: columnas, pilares y puertas.
     En la actualidad, se conservan el claustro y la Iglesia, han desaparecido la extensa huerta y el enterramiento que primitivamente existía. Anexo al templo, existe una edificación posterior que es un hospital (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Ermita de Santiago y San Ildefonso.-
     Fue fundada en 1552 bajo ambas advocaciones por el villanovense Don Gonzalo Vázquez de Ecija en el mismo sitio donde ha sido edificado el templo actual.
     Con el transcurso del tiempo sólo se conservó en la ermita la imagen del Apóstol. San Ildefonso pasó a un altar de la Parroquia a la derecha del altar mayor. Se trata de una ermita pequeña de nave única, planta rectangular y entrada principal en uno de los laterales.
     En la Guerra Civil fue destruida la antigua imagen de madera, reemplazándose por una nueva. La ermita actual es fruto de una remodelación total que finalizó en 1980 (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Iglesia de Nuestra Señora del Pilar.-
     La edificación de este templo se llevó a cabo según proyecto redactado por el arquitecto Don Luis Rodríguez Hernández en marzo de 1969. No quedó abierto al culto hasta el 12 de octubre de 1974.
     Su configuración, de líneas sencillas, consta de un solo volumen con planta rectangular y cubierta de techos planos.
     Preside junto al crucifijo, una imagen de la Virgen del Pilar en trono de cerrajerías artísticas con adornos de metal repujado (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Iglesia de la Santa Cruz.-
     Antes denominada de San Miguel. Las obras de este templo, con 775 metros cuadrados de superficie construida, corresponden al proyecto de junio de 1970 de los arquitectos Don. Manuel Briñas Coronado y Don. Daniel Calero González. Los autores del diseño tuvieron en cuenta las conclusiones de teólogos y técnicos, emanadas del Concilio Vaticano II. Fue inaugurada el 17 de diciembre de 1973.
     El edificio consta de unos porches cubiertos, atrio de iglesia, cuatro naves o volúmenes principales para fieles, y tres cuerpos laterales que constituyen la capilla del sagrario, confesionario y sacristía.
     Cuatro entradas a las naves agilizan el acceso de asistentes a los actos religiosos (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Capilla de Santa Isabel.-
     Situada en el mismo lugar donde estuvo el anterior cementerio parroquial, ya desaparecido. Su fundación data del año 1893, fue promovida por el matrimonio villanovense Don Julián Escribano Sánchez y Doña Ana Montero González, que la hicieron construir en memoria de su hija Isabel, fallecida en plena juventud.
     La Capilla con amplio vestíbulo, verjas de hierro forjado, frontón triangular rematado por espadaña con campana, tuvo en el altar una imagen del crucificado y en hornacina superior, otra de Santa Isabel.
     Los fundadores pretendieron que pudiera servir para el culto público, dando mayor solemnidad a los oficios de los sepelios que se desarrollaban en el portal de entrada al cementerio.
     Durante años, la edificación ha estado en desuso y fue deteriorándose con el paso del tiempo. Esta capilla ha sido sometida a un completo proceso de rehabilitación y recuperación del edificio, gracias al convenio firmado entre el Ayuntamiento y el Arzobispado de Mérida-Badajoz.
     Actualmente, el edificio está destinado a uso social y lleva por nombre Centro Social Joaquina Ruiz. Maestra (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Casa de la Tercia.-
     Su nombre es debido a su función de almacén de granos recaudados de los tributos que abonaban todos los vecinos a la Orden.
     Edificio de gran importancia histórica ubicado en la calle Pizarro (antigua Judería). Construido en 1310, era el domicilio de algunas personalidades de la Orden de Alcántara. Se instaló en ella la Mesa Maestral. “De Villanueva de la Serena salió la voz qué había de contribuir eficazmente a la pacificación de Castilla“. El día 17 de marzo de 1313 se reunieron los Comendadores y Maestres de las diferentes Órdenes, acordaron unirse para defender los derechos de Alfonso XI.
     Se trata de un edificio de dos pisos con fábrica de mampostería encalada y piedra, con portada granítica adintelada en el bajo y tres ventanas con sus rejas en el alto. En la actualidad se encuentra en estado de rehabilitación.
     Durante el siglo XVII la contaduría corrió a cargo de los banqueros Fugger (conocidos como Fúcares), se les concedió el asiento del Maestrazgo a cambio de las sumas proporcionadas a las arcas reales, exhaustas con los gastos de la elección imperial y las guerras (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Casa Consistorial.-
     El Concejo, Justicia y Regidores de Villanueva solicitaron y obtuvieron del rey Felipe II, con fecha 25 de agosto de 1575, licencia para construir el Ayuntamiento y los edificios necesarios al Concejo. Obtuvieron asimismo licencia para tomar del censo a cantidad de 250.000 maravedís, para edificar la Casa, incluyendo “pósito para el trigo, cárcel y Audiencia, por no haber en dicha villa, lo que debía haber”
     La obra fue concluida parcialmente en 1583, según reza en el escudo de entrada de la Casa de Austria. Sin duda es el edificio más representativo de la ciudad, y una de las Casas Consistoriales de mejor traza de la región.
     En la zona baja se abren tres amplios arcos de medio punto, sobre columnas jónicas, configurando un atrio porticado. En el piso superior se dispone de una balconada corrida, con cinco ventanas adinteladas de sobrio enmarque granítico. En el coronamiento en forma de frontón se aloja el escudo de la Villa y una inscripción señalando el año de 1583 “siendo gobernador el señor licenciado Duarte de Laguna“ (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Plaza de España.-
     Era un ensanchamiento del camino ganadero de la trashumancia a su paso por la población. Los soportales, construidos para protección de vecinos y de los antiguos puestos del mercado, no aparecen hasta 1781 con la decadencia de la Mesta. Las miles de cabezas de ganado, que componían los rebaños de la Mesta, atravesaban la población entrando por la Puerta de la Villa y saliendo por la otra puerta de la muralla.
     La plaza de Villanueva recibió su actual denominación de Plaza de España el 2 de noviembre de 1938.
     En 1896 concluía la edificación de portales en el lateral que va desde el Ayuntamiento hasta la calle de Santa María de Guadalupe y finalmente se terminaron los que aparecen frente a la Casa Consistorial en su último tramo al iniciarse la década de los años cincuenta (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Casa de los Bolos.-
     Con esta denominación se conoce en Villanueva un edificio situado en la calle Zurbarán junto al parque central. Su terminación coincidió con el primer cuarto de nuestro siglo. Consta de dos plantas y torreón; mirador de madera con decoraciones de azulejos, al igual que la cornisa, y en el torreón, un ajimez cuyo alfiz enmarca el blasón de los Reyes Católicos en cerámica policromada. Zócalo de sillares de cantería almohadillados.
     Distribuidos por la fachada de la planta alta destacan los bolos esféricos de granito que dan nombre a la mansión. Sobre al arco de la puerta principal, las armas de la Casa Mendoza. Las artísticas rejas de hierro se forjaron en Villanueva y las maderas, antiguas, fueron traídas ex profeso de diversas procedencias.
     El palacio fue construido por el maestro de obras villanovense Don Juan Santos Sánchez, por iniciativa y siguiendo las directrices de su propietario Don Ricardo Guisado Casillas (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

La Jabonera.-
     Denominación popular de la Fábrica de Jabones propiedad de Don José Gallardo, único exponente en la ciudad de la arquitectura industrial del siglo XIX. Esta impresionante casa de estilo ecléctico, además de ser la más floreciente industria del entorno, dando empleo a casi un centenar de personas, fue la primera vivienda particular que contó con ascensor y calefacción en la localidad.
     Posee también claras influencias de la arquitectura del hierro, tan característica del arte industrial decimonónico. El edificio se compone de casa de tres plantas, sótano y azotea, y un conjunto de naves industriales. Al exterior, una valla de hierro rodea el perímetro. La fachada se presenta adintelada y surcada de vanos enmarcados por un friso de motivos vegetales.
     Las ventanas de la primera planta se protegen con rica rejería forjada. En la segunda destaca un mirador con visera. Para romper la horizontalidad del edificio, la fachada se remata con un gran rectángulo con decoración de angelitos en relieve, flanqueado por dos rectángulos más pequeños a los lados (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Castillo de la Encomienda.-
     Tras la conquista de Trujillo en 1232 por Fernando III, el monarca, acompañado por los caballeros de Alcántara y por el obispo de Plasencia, penetra en la comarca de La Serena reconquistando algunas fortalezas islámicas. Don Arias Pérez rendiría y echaría por tierra el castillo musulmán de Mojáfar, construyéndose después este nuevo castillo, sobre el mismo emplazamiento o en un lugar próximo, el cual ha conservado hasta nuestros días el nombre de Castilnovo que define sus orígenes.
     Lo más antiguo de la fortaleza parece datar del siglo XIV. Emplazada sobre un cerro al norte del río Guadiana. Se constituye con un cuerpo principal en cuyo flanco meridional sobresalen una torre prismática y otra cilíndrica, comunicadas entre sí y con los adarves mediante un sistema de andenes y escaleras que potencia y garantiza su seguridad y permite una fácil defensa; circundándose todo con una barbacana reforzada también con algunos cubos.
     En los últimos años del siglo XV se añadió otro cuerpo a modo de barbacana en el lado meridional, como continuación de la primera barrera, configurado en forma de recinto rectangular con cubos cilíndricos en sus dos esquinas. Quedó entonces en el interior el baluarte citado, permitiendo la creación de un patio de armas en cuyos flancos se construirán varias dependencias residenciales y pecuarias durante la segunda mitad del siglo XVI (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

Casa Tradicional Villanovense.-
     El patrimonio civil se complementa con la vivienda tradicional de principios del siglo XX. Predominaban dos tipos de construcciones: medias casas y casas enteras, diferenciándose por la ubicación de dependencias a uno o ambos lados del pasillo.
     El adobe secado al sol o en hornos era el material constructivo para paredes y suelo. Para la techumbre se empleaban palos y cañizos.
     La estructura de la viviendas se configuraba en dos alturas. La parte inferior de dos, tres o cuatro naves, contaba con un pasillo realizado con chinatos, denominado vereda o caño de casa. En la primera nave se situaban sala y dormitorio, en la segunda cocina y dormitorio y en la última la bodega. El fondo de la vivienda lo ocupaban el patio y las cuadras. La segunda altura se destinaba a “doblao“ (Ayuntamiento de Villanueva de la Serena).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Monasterio de San Benito, o Palacio Prioral, Iglesia de San Francisco, Ermita de Santiago y San Ildefonso, Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, Iglesia de la Santa Cruz, Capilla de Santa Isabel, Casa de la Tercia, Casa Consistorial, Plaza de España, Casa de los Bolos, La Jabonera, Castillo de la Encomienda, y Casa Tradicional Villanovense) de la localidad de Villanueva de la Serena, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

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jueves, 13 de agosto de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de San Benito, y Ermita de Nuestra Señora del Valle) de la localidad de Valverde de Burguillos, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Benito, y Ermita de Nuestra Señora del Valle) de la localidad de Valverde de Burguillos, en la provincia de Badajoz.
     De reducida entidad, y próxima a Burguillos, fue siempre aldea dependiente de esta Villa como indica su apelativo. Actualmente es villa independiente..
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 19,5 Km2
     Altitud: 409 m.
     Distancia Capital: 96 Km.
     Partido Judicial: Fregenal de la Sierra
     Comarca: Zafra - Río Bidón
     Gentilicio: Valverdeño - Valverdejo
Ayuntamiento de Valverde de Burguillos
     plaza de España, 1
     06378 Valverde de Burguillos (Badajoz)
     Teléfono: 924570542
     Fax: 924570531
     Correo-e: ayuntamiento@valverdedeburguillos.es - secretario@valverdedeburguillos.es
     Web: www.valverdedeburguillos.es
Historia.-
     De reducida entidad, y próxima a Burguillos, fue siempre aldea dependiente de esta Villa como indica su apelativo.
     En el apartado de artesanía destacaremos la del mimbre y el olivo, que tienen su rincón en el taller de José M. en la calle Ejido Bajo (Diputación Provincial de Badajoz).

Monumentos.-
     Su hito constructivo más destacado es la iglesia parroquial de San Benito Abad, que se alza en un extremo del caserío rodeada de atractivos y bien cuidados ámbitos espaciales de grato valor ambiental. Se trata de edificación de regulares proporciones fabricada en mampostería encalada, con somera torre espadaña al frente. en ella llama sobre todo la atención la cabecera cuadrangular almenada, de estribos cilíndricos angulares y espadaña lateral.
     Dos esculturas graníticas extraídas recientemente de los muros del templo se custodian en la localidad. En una de las viviendas de la plaza principal próxima a la iglesia se conserva un interesante oratorio particular.
     A las afueras, en un hermoso paraje arbolado, se sitúa la ermita de Ntra. Sra. del Valle, de la que se dice haber sido en su origen un convento templario. En la zona delantera presenta atrio porticado y terracilla de acusado sabor popular, figurando escrita en la cabecera la fecha de 1551 que indica la remodelación de la obra.
     Diversas casas de la calle Zafra y otras, ostentan en las fachadas piedras armeras. Piezas de valor etnográfico destacado son las fuentes del Pocito, el pilar del Charco y de la Reina, esta última data de 1905, está situada en un paraje de huertos y arboledas preparado para una comida campestre. Restos de una aceña se encuentran a la orilla derecha del arroyo Naharrillo, cerca de la carretera de La Atalaya.
     Los más aventureros, pueden intentar llegar hasta el dolmen prehistórico que se ubica en la sierra de los Jacintos, a unos 4 km. del pueblo, por la carretera de Burguillos del Cerro (Diputación Provincial de Badajoz).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Benito, y Ermita de Nuestra Señora del Valle) de la localidad de Valverde de Burguillos, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

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sábado, 11 de julio de 2026

El sitio arqueológico Ermita de San Benito, en Castilblanco de los Arroyos (Sevilla)

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Ermita de San Benito, en Castilblanco de los Arroyos (Sevilla).
     Hoy, 11 de julio, Fiesta de San Benito, abad, patrono principal de Europa, que, nacido en Norcia, en la región de Umbria, pero educado en Roma, abrazó luego la vida eremítica en la región de Subiaco, donde pronto se vio rodeado de muchos discípulos. Pasado un tiempo, se trasladó a Casino, donde fundó el célebre monasterio  escribió una Regla, que se propagó de tal modo por todas partes que por ella ha merecido ser llamado "Patriarca de los monjes de Occidente". Murió, según la tradición, el veintiuno de marzo (547) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte el sitio arqueológico Ermita de San Benito, en Castilblanco de los Arroyos (Sevilla).
    Alrededor de la ermita de San Benito y sobre la suave ladera que se sitúa detrás se hallan numerosos fragmentos cerámicos y constructivos. 
     De época romana se documentan fragmentos amorfos de Terra Sigillata Hispanica y tégulas, aunque son más frecuentes los fragmentos de ladrillos y cerámica de época moderna y contemporánea (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Benito, abad;
HISTORIA Y LEYENDA

   Los diálogos de San Gregorio Magno son la fuente principal y casi única de su biografía.
   Nacido hacia 480 en la provincia de Norcia (también, aunque de empleo menos frecuente, “Nursia”, ciudad de la provincia de Perusa), en Umbría, era hermano gemelo de Santa Escolástica.
   Hacia el año 500 se retiró a una gruta llamada Sacro Speco, cerca del lago de Subiaco, para llevar una vida de ermitaño.
   En 528, a mitad de camino entre Roma y Nápoles, fundó el monasterio del monte Cassino (Montecassino), sobre una antigua acrópolis consagrada en la antigüedad al culto de Júpiter. Allí compuso la regla de la orden de los benedictinos, y allí murió en 547.
   Sobre esta trama histórica el ingenio de los monjes y la imaginación popular bordaron adornos que Santiago de Vorágine recogió cuidadosamente en su Leyenda Dorada, de la que tomaron sus temas los artistas.
   En principio fue el milagro del tamiz partido. Cuando a su nodriza se le cayó un tamiz, él tomó las dos mitades y las volvió a unir sin que quedara huella alguna de su fractura.
   Cuando vestía hábito monástico, se retiró a la caverna del Sacro Speco donde era aprovisionado por el monje Romano, que le bajaba el pan en un cesto atado a una cuerda, y le avisaba con el sonido de una campanilla. Satán rompió la campanilla.
   Como no consiguió rendirlo por hambre, el diablo desató contra él las tentaciones carnales. Hizo aparecer una mujer que encendió su concupiscencia. San Benito rodó desnudo entre las zarzas espinosas que rodeaban la gruta, expulsó la codicia sensual mediante las llagas de su carne, y así se impuso al pecado.
   Elegido abad del monasterio de Vicovaro, por su rigor se atrajo el odio de los monjes que envenenaron su comida. Pero escapó a la tentativa de envenenamiento haciendo la señal de la cruz sobre el vaso que se quebró de inmediato en pequeños fragmentos, como si lo hubiese golpeado una piedra, mientras un cuervo se llevaba el pan envenenado en el pico.
   Salvó al monje Plácido, su discípulo, cuando estaba a punto de ahogarse, enviando en su auxilio a San Mauro, quien sostenido por su bendición, lo salvó de la muerte caminando sobre el agua.
   En el monasterio sólo quedaban cinco panes, pero al día siguiente, ante la puerta de la celda de San Benito se encontraron cien moyos (medida antigua de capacidad que equivale a ocho cántaros o ciento veintinueve litros) de harina.
   Totila (rey de los ostrogodos de Italia, que se confunde con frecuencia con Atila, rey de los hunos), rey de los godos, intentó engañarlo sin éxito, cuando delegó a uno de sus oficiales disfrazado de rey.
   Su hermana Santa Escolástica, a punto de morir, le impidió partir desencadenando una tormenta y haciendo caer una lluvia torrencial. El santo vio el alma de su hermana ascender al cielo en forma de paloma.
   Cuando murió su alma también ascendió al cielo en un chorro de luz. Como el profeta Elías en su carro de fuego.
CULTO
   Patrón de la orden de los benedictinos, de los conventos de Subiaco y del monte Cassino, San Benito es un santo más monástico que popular.
   Sus reliquias, transportadas en 672 desde Montecassino a la abadía de Fleury, en Francia, que adoptó el nombre de Saint Benoît sur Loire, nunca atrajeron tantos peregrinos como las de San Martín de Tours o las de Santiago de Compostela.
   En verdad, su autenticidad siempre ha sido cuestionada por los italianos quienes creen haber encontrado los auténticos huesos de San Benito y de su hermana Escolástica en Montecassino, en 1950.
   Se lo invocaba contra el veneno, la erisipela y sobre todo contra los cálculos de los que habría curado al emperador de Alemania, Enrique II. También se recurría a su intercesión para obtener la gracia de una buena muerte.
ICONOGRAFÍA
   Se lo representa ya imberbe, ya barbudo. Vestido con una cogulla negra de benedictino. No obstante, en los cuadros encargados por los benedictinos reformados, cistercienses, camaldulenses y olivetanos, aparece con una túnica blanca. 
   Sus atributos son un tamiz partido, varas con las que habría corregido a un monje, una copa de la que escapa una serpiente venenosa, alusión a la tentativa de envenenamiento de los monjes  de Vicovaro (comparte este atributo con San Juan Evangelista) y finalmente un cuervo que se lleva el pan envenenado en el pico. Se observará que a diferencia del cuervo proveedor de San Pablo ermitaño, que le lleva el pan cotidiano, el de San Benito retira un pan envenenado.
   Para diferenciar su copa envenenada de la de San Juan, los escultores alemanes del siglo XVIII hacen salir de ella dos pequeños serpientes (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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El desaparecido Monasterio de San Benito, o de Santa María y Santo Domingo de Silos, de los Benedictinos

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Monasterio de San Benito, o de Santa María y Santo Domingo de Silos, de los Benedictinos, de Sevilla.          
      Hoy, 11 de julio, Fiesta de San Benito, abad, patrono principal de Europa, que, nacido en Norcia, en la región de Umbria, pero educado en Roma, abrazó luego la vida eremítica en la región de Subiaco, donde pronto se vio rodeado de muchos discípulos. Pasado un tiempo, se trasladó a Casino, donde fundó el célebre monasterio  escribió una Regla, que se propagó de tal modo por todas partes que por ella ha merecido ser llamado "Patriarca de los monjes de Occidente". Murió, según la tradición, el veintiuno de marzo (547) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el desaparecido Monasterio de San Benito, o de Santa María y Santo Domingo de Silos, de los Benedictinos, de Sevilla.
    El desaparecido Monasterio de San Benito, o de Santa María y Santo Domingo de Silos, de los Benedictinos [nº 116 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla], ocupaba, aproximadamente la manzana formada por las calles San Benito, Lictores, Santa Juana Jugán, y avenida de La Buhaira; en el Barrio de La Calzada, del Distrito Nervión.
     Los orígenes de la Orden de San Benito se remontan al siglo VI cuando Benito de Nursia (h. 480 - h. 544), considerado el reformador de la vida monástica de Occidente, que llevaba una vida retirada en una gruta de Subiaco, comenzó a predicar el cristianismo en los alrededores de Montecassino, en donde estableció la primera abadía. Señalada como la primera Orden surgida para el recogimiento masculino, la regla unía a los tradicionales votos de pobreza, obediencia y castidad el del trabajo ya sea en la tierra de labor o en el scriptorium como copistas o ilustradores de códices, de ahí que sus monasterios llegaran a ser los principales centros intelectuales de la Edad Media. La irradiación, desde fines del siglo IX y principios del X, del benedictismo por la Península no es la de una orden religiosa que crece y se propaga sino que es la difusión de un documento -la Regla- que termina por penetrar en casi todos los monasterios preexistentes, que para el caso de España hubo de chocar con las arraigadas costumbres litúrgicas y monásticas autóctonas: liturgia visigoda, regla isidoriana. Con la reforma llevada a cabo a fines del siglo X por Hugo Dom en la abadía borgoñona de Cluny, la Orden se robustece y comienza una gran expansión, favorecida por los reyes castellanos, leoneses y aragoneses, primero dependientes de los monasterios franceses para hacia 1150 aparecer la primera provincia cluniacense de España. La obra monástica desplegada por los cluniacenses en la Península fue intensa y decisiva: fomentaron las artes con el desarrollo del estilo románico, favorecieron poderosamente las peregrinaciones jacobeas, en cuyo camino se erigían importantes hospederías y monasterios donde se copiaban valiosos y artísticos códices, impulsaron la lucha contra el Islam, suprimieron la antigua liturgia hispánica e implantaron la romana; en suma, romanizaron la iglesia nacional.
     Andalucía no vivió estos acontecimientos al estar aún en la órbita islámica, por lo que la Orden de San Benito tuvo poco predicamento en el sur, sobre todo porque una vez finalizada la reconquista del valle del Guadalquivir las diversas congregaciones monásticas entraron en un franco periodo de decadencia no participando en la repoblación de los nuevos territorios con la fundación de monasterios.
MONASTERIO DE SAN BENITO, O DE SANTA MARÍA Y SANTO DOMINGO DE SILOS
     La única presencia monástica benedictina en toda la región andaluza desde la reconquista hasta la desamortiza­ción de 1835 va a ser el monasterio de San Benito de Sevilla, cuya llegada según las crónicas se remonta a los años de la conquista de la ciudad en la que se hallaron presentes monjes que, procedentes del monasterio de Santo Domingo de Silos, acompañaban como confesores a Fernando III quien, una vez terminado el cerco de Sevilla les dio sitio "en voz a los presentes... por donde puso su tienda". Será su hijo Alfonso X quien por carta de dotación firmada y sellada en Sevilla el 6 de junio de 1259, y dirigida a D. Rodrigo, abad de Santo Domingo de Silos, la casa matriz, confirme la donación e indique su situación y el perímetro que abarcaba "... un solar para casas en la Puerta de Carmona, e ha por linderos de la una parte la Carrera, que va por somo del Prado hasta la Mezquita, que está en somo del Oteruelo, e así como atraviessa por medio de la Laguna, e llega sobre la Fuessa de Audalla Fi del Almo corre un Estadal, y sale derechamientre a la Carrera de Carmona, y de la otra parte la Carrera sobredicha, que llega a la quadra del Pozo". La referencia de la existencia de una mezquita en el lugar no debe resultar extraño ya que consta en las afueras de las ciudades musulmanas y cerca de las murallas y puertas, la existencia de "sarías" o "musallas", es decir oratorios al aire libre con un nicho o mihrab que servía de orientación y donde se congregaba el pueblo en determinadas fiestas. Esta de la puerta de Carmona en el prado deslindado puede ser una de ellas. A veces tenían próximos cementerios, a los que también se llamaban musallas, que en el caso que nos ocupa es el que se indica como "fuessa (= fosa, sepultura) de Audalla Fi del Almo, que bien puede ser el nombre del santón que estaba a su cuidado o el propio enterramiento de este personaje. Según una antigua tradición la mezquita había sido anteriormente iglesia monasterial con la advocación de Santa María, otras veces denominada de San Cristóbal, fundada en época visigoda y en donde murieron marti­rizados su abad y monjes por los musulmanes; estos hechos no tienen apoyatura documental ni arqueológica quedando en el marco de la conjetura o leyenda.
     El monasterio se instituyó con el título de priorato, dependiente de la abadía de Santo Domingo de Silos, siendo su primera advocación de Santa María (quizás en recuerdo de esa hipotética iglesia primitiva existente en el lugar) y Santo Domingo de Silos, en atención a su casa matriz. En seguida se constituyó en abadía, aunque con algún paréntesis de decaimiento hacia 1300 en que se cita como simple eremitorio. Para su sustento se le otorgaron otras donaciones, "... la aldea de Espartinas, con posesión bastante de tierras y olivar, con su molino de azeitte, y en la ciudad de Baeza le asignó muchas posesiones y también los diezmos del lugar de Santo Domingo de Silos, ciertas medidas de sal en las salinas de Añana que concedió don Alonso su hijo". En 1471 fue beneficiado el monasterio por los Reyes Católicos, "concediéndole un dinero barcelonés de agua que consta de dies y siette pajas de los Caños de Carmona cuio privilegio confirmaron Carlos Quintto, Phelipe Segundo y Philipe Tercero". Pese a estas donaciones la comu­nidad benedictina de Santo Domingo tuvo una situación precaria que determinó el abandono y casi su extinción, ya por la mala gestión de sus abades ya por la relajación y decadencia general que vivió la Orden durante la Baja Edad Media, la cual quiso remediar Juan I quien durante su reinado promovió que los monacales volvieran a su vida de ascetismo y recogimiento, cuyo fruto cristalizaría en la Congregación de San Benito de Valladolid en 1390, confirmada por bula papal de Clemente VII; con un largo proceso de renovación se convirtió en la cabeza de la reforma benedictina a la que se uniría el monasterio sevillano en 1517, desligándose definitivamente de Silos y quedando unido a la Congregación de Valladolid.
     Tras el periodo fundacional y los primeros años de afianzamiento de los benedictinos en la ciudad, el monasterio se sumió en un estado de decadencia que casi le hace desaparecer. Sabemos que el Arzobispado de Sevilla promovió el nombramiento de un prior que recayó en Don Cipriano, venido con otros monjes en 1503 a la deteriorada casa, lo que determinó su reedificación,"... que hallo tan arruinada que aun Yglesia parece no tenia pues le fue preciso fabricarla de nuevo". Seguidamente, por bula del Papa León X, se constituyó en abadía siendo nombrado el referido Don Cipriano su primer abad por seis años, y en adelante los sucesivos abades serían nombrados por el propio convento y confirmados por el General de la Congregación de Valladolid a la que quedaron ligados desde 1517 como ya apuntamos. A partir de 1503 se comienza a levantar la nueva iglesia a la que se le dio el nombre de la Concepción; sin embargo, a partir de 1554 se va a producir el cambio de denominación por el de San Benito a instancia y devoción de Doña Leonor de Figueroa Ponce de León, marquesa de Tarifa y mujer del marqués Don Per Afán, primer duque de Alcalá; la bienhechora donó su patrimonio, que según algunos ascendía a ochenta mil ducados y según otros a más de cien mil. Sea como fuere, el 15 de julio de 1555 y ante el escribano público Luis de Medina, la comunidad y su abad fray Jorge Manrique, reciben la dotación a cambio de quedar la capilla mayor de la iglesia para enterramiento de su familia y descendientes, continuándose la edificación del templo a sus expensas ya que se encontraba aún sin terminar desde que se iniciara por el abad Cipriano: "...era capaz de tres naves con su capilla mayor. La puertta principal al occidentte y el alttar a orientte, conforme la tradición aphosttolica y uso de la primitiva yglesia, con su choro y sacristía y algo subtterránea (segun que en aquel tiempo se usaba en Sevilla en los edificios) con su campanario y campana de bueltta como tienen los monastterios, y baxabase a ella por cinco escalones que la representtaban mas devotta, aunque no muí grande con dos alttares colatterales el uno en reverencia de Christo Señor Nuestro Crucificado... el otro alttar esttava dedicado a la Virgen y Señora Nuestra de Monserratte". Continúa el manuscrito dando detalles de la reconstrucción, explicando cómo "no se fundo la vivienda de los monges contigua a la iglesia porque parecía el sittio por muí baxo, mal sano, con que lo pusieron en lugar algo mas altto, distante quarentta y ocho pasos de la iglesia y para estta comunicación era el paso por la huertta donde estaba hecha la calle de parras, con que se defendían los monges del sol del verano y el invierno esttaba limpio el paso pero no venían a la yglesia mas que a las misas combenttuales y rezadas y oras menores, havia por semanas un sacerdote que se quedava en la yglesia acompañando el Smo. Y tocaba la campana para la celebración de los Divinos Oficios... se decían los maitines en el oratorio que havia en las casas de la abadía", situación que no debía resultar muy cómoda para los monjes..
     En 1601 siendo abad fray Jerónimo Mathon (1601-1604), la iglesia se derrumbó a las nueve de la mañana, "en el día de la Santísima Trinidad... habiendo gasttado más de treintta mill ducados en edificar una Yglesia se nos hundió esttando ya para enttrar en ella. Esttaba ya levanttada la Yglesia y cubierta  por la mañana a ora de ttercia de improviso se vino toda al suelo con trueno y admiración grande". Este penoso hecho, que los monjes achacaron al mal estado del terreno, determinó a la comunidad trasladarse al interior de la ciudad en el año 1602, para lo cual compraron unas casas "que oy tienen los señores de Sandoval y ottros vecinos... frentte de la paz conventto de monjas... enttre Santta Cattalina y San Pedro", en donde no permanecieron mucho tiempo al sentirse incómodos por el estado de pobreza en que a la vista de todos vivían, prefiriendo volver a su primitivo y más retirado monasterio "y hallamosle tan desttruido, que nos fue forzoso poco a poco irle edificando de nuevo", valiéndose del auxilio de piadosas personas que ayudaron a este menester, como la marquesa de Casares que dejó su herencia a los monjes, y a fray Plácido Pacheco Portocarrero, dos veces abad de este monasterio y obispo de Cádiz que ayudó a la fábrica de la nueva iglesia, que comenzó a levantarse en el año 1610, que es la que ha llegado a nuestros días. Asimismo, dos hijos del monasterio, fray Joseph Romero y fray Alonso de Perea, lo beneficiaron "redi­miendo censos... reparado fincas... y levantado de cimientos una atarazana o bodega en la hacienda que tiene esta casa en el término de Alcalá, compuso y adornó la yglesia de canzelas, de retablos dorados, de tternos y de platta para la sacristía". Continuas noticias nos dan a conocer el constante estado de escasez que padecía San Benito y el nombre de alguno de sus benefactores "... prosigiose todo el siglo resttantte de mill y seiscienttos con los attrasos y escaseses que resultaban de los empeños crecidos de estta pobre casa... a fines de estte siglo... tubo otro beneficio de la herencia de un eclesiásttico llamado Don Joseph Duque de Estrada que dejó a la Casa la heredad de olivar y viñas y otras posesiones con ciertta memoria de misas... tambien socorría a estta casa el Emmo. Señor Cardenal de Aguirre Monge profeso de la de San Millan muí afectto a estte monastterio, con veinte (mil?) ducados".
     De lo expuesto se entiende que el monasterio de San Benito recorrió un largo camino de consolidación y regresión así como de mudanzas y reconstrucciones, a lo que se unen sus constantes limitaciones económicas que determinaron que no fuera una de los más destacados en la ciudad por su patrimonio. Las máximas de San Benito de "ora et labora" cristaliza en comunidades con pocos miembros, generalmente doce, que llevan una vida retirada de pobreza, dedi­cada a rezar, copiar textos y labrar su huerta. Por otro lado, las órdenes monásticas (benedictinos, jerónimos, cartujos) son herederas de la tradición rural, lo que les hacía buscar acomodo en el campo, fundando extramuros de las ciudades aunque cerca de ellas y al pie de alguna de las principales vías de entrada a la urbe. Este es el caso de San Benito de Sevilla, que cuando se traslada al interior a causa del derrumbe de su iglesia, los monjes no se acomodan bien al nuevo sitio "... y reconociéndose que el Monachatto no se ajustaba bien denttro de los muros de la ciudad ordenaron los superiores que el Monasterio se restituyese al mismo sittio que anttes tenia". No son pues comunidades urbanas como las órdenes mendicantes, más implicadas en la predicación y el contacto directo con los fieles. Tampoco hubo de ser una comunidad muy numerosa a lo largo de sus casi seis siglos de existencia. La única referencia en este sentido es el informe del Asistente de la ciudad Pablo de Olavide al Conde de Aranda el 31 de enero de 1768, que indica que San Benito tenía diecinueve miembros. Sin embargo, hay que señalar que este modesto monasterio hubo de conocer buenos momentos como refleja la interesante arquitectura de su iglesia que aún se conserva o la valiosa biblioteca que llegó a poseer, en la que Nicolás Antonio (1617-1684) escritor y bibliófilo sevillano, escribió su Biblioteca Hispana entre los años 1640-45 cuando residió en el monasterio.
     Una referencia de fecha 20 de septiembre del año 1495 nos da noticia de forma tangencial de la existencia de un hospital en el monasterio. Se trata del arriendo de unas casas a "Antón Rodríguez y Pedro Rodríguez, ambos pintores del Hospital de Santo Domingo de Silos sito en el Monasterio de este nombre de la ciudad de Sevilla", del que no conocemos ninguna otra información.
     Grandes y solemnes fiestas se celebraron en 1613 con ocasión de la llegada desde el monasterio de San Pedro de Cardeña a la abadía sevillana de los restos de uno de los mártires que en Córdoba padecieron martirio en el año 834, que según algunos cronistas de la Orden como el padre fray Gregorio Argaiz en su Teatro Monástico, se llamó Esteban, cuya devoción se había extendido en algunas iglesias del norte de España. San Benito, apoyado por el cabildo secular, solicitó se enviase a su convento el cuerpo del mártir, lo que finalmente se llevó a efecto. Cuando el cronista decimonó­nico González de León informa sobre el monasterio de San Benito indica cómo la reliquias del santo "que eran el cuerpo entero" ya no existían, señalando que el arca fue trasladada cuando la llegada de los franceses a la parroquia de San Roque, en donde la halló pero sin nada dentro.
     En la iglesia tuvo cabida una serie de hermandades como la de "Montserratte" y la de Nuestra Señora del Socorro y Ánimas Benditas, cuya capilla fue concedida por el papa Clemente X, de las que no se conocen más datos. Asimismo consta la existencia de una hermandad, fundada por los riojanos que vivían en Sevilla y que rendía culto a Nuestra Señora de Valvanera, patrona de la Rioja, cuya imagen ha presidido a lo largo de los siglos el retablo mayor. Tuvo lugar igualmente en San Benito la fundación hacia 1431 de la cofradía de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso por los duques de Medina Sidonia, según se expresaba en su antigua Regla, aprobada el 22 de septiembre de 1477 como corporación de luz. Aquí se mantuvo algunos años, pasando al convento de Santiago de los Caballeros y en 1544 al .convento de Nuestra Señora del Valle.
     Con la llegada de los franceses a Sevilla en enero de 1810 el monasterio va a ser uno de los muchos que sirvieron para acuartelar a las tropas, faltando a las capitulaciones pactadas con el ayuntamiento y toda vez que los monjes se habían visto obligados a abandonarlo en cumplimiento del Decreto de José I de 18 de agosto de 1809 que ordenaba la "desaparición de todas las órdenes regulares, monacales, mendicantes y clericales" con la consiguiente incauta­ción de sus bienes. La ocupación causó grandes estragos, por lo que tras la marcha del invasor en 1812 y la vuelta de los monjes en 1815 comenzaron las reparaciones, que debieron hacerse en tono menor ante la escasez de recursos económicos, poniéndose en uso la iglesia nuevamente en septiembre de 1818, permaneciendo la comunidad hasta la exclaustración de 1835. Los acontecimientos políticos tras la muerte de Fernando VII van a materializar una serie de órdenes de supresión de conventos desde marzo de 1834 hasta el 8 de marzo de 1836. En Sevilla la constitución de la Junta Revolucionaria el 1 de septiembre de 1835 conllevó, como una de sus primeras actuaciones, la exclaustración de todos los religiosos "interviniendo conventos y patrimonio de estos", aunque manteniendo abiertas las iglesias. Desde el 3 de septiembre se van desalojando los monasterios y conventos, estando para el día 17 todos vacíos, -en estos aciagos días hubieron de salir los benedictinos del monas­terio-. Así cuando Mendizábal sube al poder y por Decreto de 11 de octubre suprime las órdenes religiosas, en Sevilla los conventos masculinos estaban ya desocupados. La iglesia quedó abierta como ayuda de parroquia de la de San Roque y a cargo de un capellán. El monasterio se sacó a subasta y fue convertido en casa de vecindad.
     Un último apunte podemos señalar sobre los avatares padecidos en el siglo XIX, en concreto en julio del año 1843, cuando la ciudad fue bombardeada por las tropas del general Van Halen, jefe de ejército de operaciones en Andalucía de Espartero quien se había sublevado en 1842 contra el gobierno, ocupando el poder en calidad de dictador. Se constituyó una Junta Provincial opuesta a Espartero -igualmente sucedió en otras ciudades españolas- por lo que las tropas de Van Halen apostadas en distintos puntos fuera de las mura­llas, bombardearon Sevilla durante los días 20 al 21 de julio, instalando en la torre de la iglesia de San Benito un cañón y otro en la parte baja, para lo que se hizo bastante destrozo. Pero no menor fue el que ocasionaron las baterías que dispa­raban desde la ciudad que provocó el derrumbe de la techumbre de la iglesia y parte de la torre-campanario, desperfectos que fueron reparados en 1888 y 1889.
     Hemos de concluir este capítulo señalando que actualmente lo único que permanece es la iglesia, que actúa como parroquia y que sobre el solar de lo que fuera monasterio y huertas se ha construido un asilo regentado por las Hermanas de los Pobres. El régimen de protección del templo es de Monumento Histórico, declarado el 27 de agosto de 1964 (BOE 12/IX/1964). El edificio está incluido dentro del Conjunto Histórico de Sevilla, con una amplia­ción de la Declaración por Real Decreto de 2 de noviembre de 1990.
ARQUITECTURA
     No es posible trazar el perímetro exacto del monasterio de San Benito por estar ubicado en sitio abierto, extramuros y exento por tanto de construcciones paredañas o calles que lo delimitaran. Por otro lado, el plano de la ciudad levantado a instancia del asistente Pablo de Olavide en el año 1771 no recoge el monasterio, y la documentación manejada tampoco expresa una delimitación del mismo. Igualmente no existe descripción de las dependencias conventuales, de las que no ha permanecido ningún elemento, por lo que no es factible ofrecer una aproximación de su demarcación que hubo de ser modesta como se indica en las escuetas Noticias del Archivo Municipal de Sevilla: "... el (monasterio) que ahora se posee ajustado a la poca substancia y cortedad de rentta que havia pero capaz de vivienda para doze monges... assi la parte que toca a vivienda con claustro, y algunas oficinas todo pequeño como la yglesia". Sabemos que el 6 de septiembre de 1644 fray Juan de Bustinga y el maestro albañil Juan Bautista Hurtado daban los diseños para la construcción de unas oficinas, a realizar "debajo de otrasque están echas que caen a la guerta". Y que durante el mandato del abad fray Benito de la Serna (1649-1653) se acabó el claustro. La sucinta descripción que ofrece González de León es que "el convento era pequeño, había un patio mediano con columnas y arcos, y todas las oficinas precisas, pero todas medianas, así en lo bajo como en lo alto, había también una huerta".
     La iglesia es el único elemento arquitectónico que se conserva del monasterio de San Benito, y es la que se realizó en el siglo XVII tras haberse derrumbado otra anterior comenzada a levantar en 1503 con la advocación de la Concepción, que a su vez se construyó sobre otra -la primi­tiva desde la fundación del monasterio- que también se había arruinado por haber sido abandonada por la comunidad, como quedó expuesto anteriormente.
     La construcción del templo "... que se apartto de la vieja hasta doscientos pasos", comenzó en 1610, siendo abad fray Plácido Pacheco Portocarrero quien "aiudo en todo en la fabrica de la yglesia nueva que oy existe", dando las trazas el arquitecto Juan de Oviedo y de la Bandera (1565-1628), autoría que ya recogiera Francisco Pacheco en su Libro de descripción de verdaderos retratos al hablar de él, y figurando al frente de las obras su sobrino Andrés de Oviedo quien por escritura pública fechada el 27 de noviembre de 1612 declara "que por quanto en mi se rremato la obra de la iglesia y quarto a ella anejo que se a labrado de nuevo conforme a la traza planta y montea que para ella hiço Juan de Oviedo maestro mayor desta ciudad y e fecho e acabado la dcha obra otorgo que e recibido 38.000 rreales del monasterio". Estas referencias confirman plenamente a Juan de Oviedo como autor de la iglesia, lo que además viene refrendado por el patrocinio del nuevo edificio por los marqueses de Tarifa, casa a la que el artista estaba vinculado como arquitecto. Por otro lado, hay que indicar que durante el abadiato de fray Benito de Castro (1689-1697), además de concluirse el retablo mayor y el camarín del altar de la Virgen "se construyó la capilla mayor", por lo que entendemos que la terminación de ésta se dilató en el tiempo.
     La planta de la iglesia presenta una organización regular, con una estructuración del espacio interior muy racional y calculada en su planimetría; responde al tipo basilical de tres naves, con crucero y cabecera plana. La nave central es más alta y ancha que las laterales, que poseen una menor longitud, están separadas por pares de columnas toscanas de mármol blanco con trozos de entablamento, ganando con ello los soportes una mayor elevación. Sobre estos cabalga una magnífica arcada de medio punto, cinco a cada lado, con cartabones en las enjutas. La organización del alzado se completa en una segunda altura con vanos rectangulares separados por pilastras levemente resaltadas en correspondencia con las columnas. Estos vanos que abren a la nave central son las ventanas de la tribuna que corre sobre las naves laterales -lo que hace que sean de menor altura que la central-, ventanas que están enmarcadas alternativamente con frontones curvos rotos y eses recortadas, configurando toda la superficie del muro alto un elegante paramento decorado de finas molduras manieristas, tan del gusto de Oviedo. La nave central se cubre con bóveda de cañón de cinco tramos con arcos fajones que arrancan de una cornisa corrida, y lunetos con vanos. Las naves laterales se cubren con bóvedas de cañón corrido algo rebajadas. Pequeñas portadas enmarca­das con yeserías de dibujos geométricos que se cierran con cancelas comunican las naves laterales con los brazos del crucero. La cabecera de la iglesia, enmarcada con arco toral, resulta bastante amplia y profunda, se forma con un crucero de planta cuadrada y cubierto con bóveda de media naranja sin tambor ni linterna, y decorada con yesería y pinturas murales. Los brazos lo hacen con medio cañón. El presbiterio más elevado y al que se accede por tres gradas, se cubre con bóveda rebajada con lunetos. A los pies de la nave se sitúan el sotocoro, más alto que el resto del edificio, al que se accede por tres escalones, y el coro alto con órgano que aún conserva. La visión general del interior de la iglesia produce en cierta medida un efecto un tanto extraño por su acusada verticalidad y estrechez así como su poca luminosidad, tanto más cuando no se trata de un edificio medieval. Sin embargo, hemos de recordar que este templo se edificó sobre otro preexistente del que se pudo continuar el perímetro en el trazado de su planta. Asimismo hay que recordar cómo las iglesias de la Orden benedictina se caracterizaron en sus inicios por su acusada angostura, elevación de sus naves y oscuridad, por propio deseo de la comunidad para otorgar así una mayor sensación de recogimiento espi­ritual a sus edificios. Creemos que todos estos factores pudieron condicionar a Juan de Oviedo a la hora de diseñar el templo. Pese a todo, la iglesia de San Benito es una de las obras más correctas y a la vez llamativa de su autor -no hay más que contemplar la admirable galería de columnas enfrentadas de la planta baja, que sin interrupciones aporta una sugestiva percepción visual de este ámbito-. Oviedo conoce y utiliza plenamente el lenguaje clásico, lo que hace de este edificio uno de los más interesantes del tardo manierismo sevillano.
     El templo posee dos portadas de acceso de sencilla estructura y realizadas en ladrillo, pero su fecha de ejecución no corresponde con la de la fábrica de la iglesia; corresponden a mediados del siglo XVIII. La principal se sitúa a los pies y consiste en un sencillo vano adintelado enmarcado por leves pilastras. Sobre el dintel un pequeño paño cerámico polícromo representa a San Benito. La portada lateral se abre en el lado de la epístola y está formada por un vano de acceso de medio punto enmarcado por pilastras toscanas y un paramento de dovelas en cuya clave se sitúa un relieve con un león rampante y un castillo. El arquitrabe se halla adornado con la cruz de Calatrava y otras cruces, y sobre él corre una cornisa sustentada con canecillos pareados, con una hornacina central levemente pronunciada enmarcada por pilastras y con un panel cerámico con la imagen de la Virgen de Valvanera con Santo Domingo y niños arrodillados a sus pies. El conjunto se remata con un frontón curvo. En el interior de la iglesia y en correspondencia con esta portada, sobre el muro del evangelio, se halla otro vano de medio punto por el que se accedería al recinto monacal, seguramente al claustro. Hoy da paso a un espacio rectan­gular que se utiliza como capilla para algunas de la funciones de la Hermandad que radica en el templo.
     La arquitectura de la iglesia se completa con un campa­nario de un solo cuerpo, dispuesto a la derecha de la portada principal y formando el ángulo del edificio. Fue proyectado por fray Francisco de la Serna quien el 3 mayo de 1639 concertaba su construcción con el maestro de obra Andrés del Castillo por 6.000 reales, derribándose el antiguo campanario del que se aprovechó la campana. En este contrato también se contemplaba la construcción de una escalera de caja cuadrada que daba acceso a los aposentos superiores, al mirador o terraza y a la propia torre; las labores de enlucido y azulejería fueron concertadas con Pedro Hidalgo en 1.000 reales, a realizar en el plazo de dos meses. Dicha torre es de vano único en cada una de las caras, enmarcado por parejas de pilastras con largas ménsu­las. Se corona con un chapitel poligonal recubierto con azulejos cerámicos de color azul y blanco, rematado por cruz de forja y jarrones de cerámica en las esquinas. Fue restaurada en 1889 tras los destrozos que padeció a causa del bombardeo de la ciudad en 1843, según constaba en una pequeña lápida de mármol en el interior de la iglesia al lado del cancel de entrada.
     La pequeña sacristía se sitúa a la derecha del presbiterio y es de planta rectangular, muy estrecha, cubierta con bóveda rebajada y decorada con sucintas yeserías.
RETABLOS Y ESCULTURAS
     Sobre los retablos y esculturas que adornaron la iglesia apenas sí hallamos datos o descripción; "ttiene onze alttares, los cinco con retablos muí promoroxos de la moda nueva, dorados a toda costta". Los retablos que hoy posee son de época reciente, labrados en mampostería en estilo neoclásico, quizás realizados tras la vuelta de los benedictinos a su monasterio después de la salida de las tropas francesas. Sobre el anterior retablo mayor, que hubo de perecer en los días de la ocupación en los que el recinto fue utilizado como cuartel, las únicas referencias documentales datan del 4 de enero de 1717 según las cuales el escultor y arquitecto José de Medinilla se obliga con el padre fray José Romero a hacer el último cuerpo y coronación del retablo mayor, "que dicha obra tiene ocho baras de ancho y seis de alto poco más o menos... y cuia obra a de ser toda hecha de madera de pino de flandes con las imágenes del Señor San Fernando, y San Isidoro y Señor San Leandro de cuerpo entero, todo de la misma madera, y también a adornar la talla, el primer cuerpo del dicho retablo y lo demás preciso en el". Existía pues un retablo inconcluso y de autor desconocido que probablemente hubo de realizarse durante el abadiato de fray Benito de Castro (1689-1697), en que parece se ultimó la capilla mayor y se concluyó el retablo y camarín de la Virgen. Según González de León en él se incluían "algunas pinturas". Según la Memoria de mediados del siglo XVIII conservada en el Archivo Municipal: "en el retablo del alttar mayor hay tres camarines en que se veneran en el primero a María Santísima de Valvanera, en el segundo Nuestro Padre San Benito y en el tercero el Santo Rey Don Fernando, y en el mismo retablo al lado derecho está Santo Domingo de Silos como patron principal de la Yglesia y Monasterio y en la parte superior del retablo estan los dos hermanos San Leandro y San Isidoro a los lados del Santo Rey que forman las armas de Sevilla de quien son patronos".
     El 2 de mayo de 1719 el mismo fray José Romero contra­taba con el dorador y estofador Diego Gutiérrez y con el pintor Domingo Martínez, el dorado del retablo y el estofa­do y pintura de la capilla mayor, la bóveda del crucero y paredes del presbiterio, cuyos temas eran santos de la Orden y pasajes de las Sagradas Escrituras, así como dos lienzos grandes para colocar en los muros laterales del altar mayor; debiendo estar todo acabado para el mes de octubre del mismo año, trabajos cuyo costo se estipuló en veinte mil reales de vellón a pagar en tres plazos. En la realización de estas labores los artífices se comprometen a ofrecer la calidad y cantidad del oro necesario como el de otro retablo "que a la misma moda está, el altar mayor de la yglesia del oratorio de Señor San Phelipe Neri de esta ciudad".
     Nada queda de este retablo, el actual de mampostería coloreada que monta sobre un basamento moderno de mármol rojo y gris, se compone de dos cuerpos y tres calles separadas por columnas de mármol blanco, dóricas en el primero y jónicas en el segundo, y un ático enmarcado por columnas corintias. En la hornacina central se sitúa la Virgen de Valvanera titular de la hermandad fundada por la colonia de riojanos residentes en Sevilla, imagen que según todas las referencias manejadas siempre se cita en el altar mayor. Es una talla completa en madera, de un metro de altura, sedente y con el Niño sentado en su regazo. Sobre su fecha de ejecución no existe unanimidad (siglo XIII o XIV para Gestoso, siglo XV para Montoto) al estar muy retocada en época barroca; la historiografía actual la considera del siglo XVII. En las calles laterales se sitúan en el primer cuerpo las esculturas de Santa Clara y San Fernando, fechables en el primer tercio del siglo XVIII y procedentes del anterior retablo. El San Fernando es el que estuvo situado en el tercer cuerpo del anterior retablo dieciochesco flanqueado por San Isidoro y San Leandro. En el camarín central se dispone la imagen de San Benito de la misma época y procedencia que las anteriores esculturas, igualmente de autor anónimo.
     Los actuales retablos laterales están embutidos en los muros y carecen de interés artístico; son también de estilo neoclásico y de mampostería pintada salvo los fustes de las columnas de mármol blanco que los componen. Se disponen dos en cada nave: el primero del lado del Evangelio partiendo desde el presbiterio alberga una Inmaculada muy retocada, fechable en el último tercio del XVIII. El contiguo posee una imagen decimonónica del Sagrado Corazón. Al lado, sobre una repisa figura un San Antonio de Padua fechable a fines del siglo XVIII. En el primero del lado de la Epístola se sitúa una Virgen con el Niño de buena ejecución, originaria probablemente del monasterio, en la que ya reparó Gestoso quien la fechó a comienzos del siglo XVI; hoy se relaciona con el escultor Roque Balduque, activo en la ciudad desde 1554 hasta su muerte en 1561, correspondiendo su iconografía a la de la Virgen del Buen Alumbramiento. A continuación se encuentra una talla de San José con el Niño muy repintada, fechable en el último tercio del siglo XVIII. Contiguo y ya en el último tramo de la nave, en un pequeño retablo hornacina se sitúa una Virgen hoy con escapulario carmelitano, tres cuarto del natural, de fina talla, aunque su iconografía parece responder más a la de una santa. En el brazo del crucero del lado del Evangelio se encuentra la capilla que los monjes utilizaban como sagrario y en donde se veneraban las reliquias del mártir San Esteban en costosa urna de plata. Hoy radica en ella y en la correspondiente del lado de la Epístola la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre y María Santísima de la Encarnación, con las imágenes del Cristo de la Sangre de escultor Buiza, la Presentación de Jesús al pueblo del imaginero Castillo Lastruci y la Virgen de la Encarnación, escultura de candelero anónima del primer tercio del siglo XVII, de notable calidad, cuyas manos fueron retalladas por el imaginero Sebastián Santos Rojas. La capilla frontera del lado de la Epístola ha sido decorada con un zócalo de azulejos modernos con paneles en los que se representan la Adoración de la Eucaristía en el lado izquierdo y en el derecho la Anunciación. En su frente hallamos un retablo dorado moderno en donde se sitúa la talla de Jesús del imaginero Lastrucci de la Hermandad anteriormente mencionada. 
     En la sacristía se hallan algunas piezas escultóricas provenientes de antiguos retablos, como es el caso del San Bernardo de tamaño natural de hacia mediados del siglo XVIII o el Crucificado situado sobre la cajonería.
     Todavía se conserva el órgano en el coro. Aunque ha sufrido distintas reparaciones y reformas que lo han desvirtuado, es obra original del destacado organero Pedro Otín Calvete, quien configuró un mueble de gran riqueza: frontón sostenido por columnas, ángeles en los extremos y en el centro del instrumento el escudo de la Orden benedictina, con un castillo y un oso.
PINTURAS
     El patrimonio pictórico del monasterio de San Benito debió de ser escaso a causa de su proverbial pobreza. Ninguna referencia sobre él se encuentra en la documentación manejada, salvo el contrato de 2 de mayo de 1719 donde se concierta con el pintor Domingo Martínez y el dorador Diego Gutiérrez trabajos de pintura y dorado en el retablo mayor así como el estofado de la capilla mayor, la bóveda y lados del crucero: "hasta el pulpito, guarneciéndola por fuera con la pintura de que corresponde al arco mayor en que remata la capilla, pintando en las paredes de ella los santos y misterios de la Sagrada Escriptura que se nos pidieren, y con el oro que corres­ponde al estofado, y también a haser y pintar a nuestra costa y dar puestos en su sitio dos liensos grandes para los dos claros de los arcos de la dicha capilla de buena pintura, el uno con el triunfo de Nuestra Señora, según la estampa que se nos diere, y el otro otra cosa igual de que se nos dara dibujo". Martínez hubo de reali­zar las pinturas, de las cuales los dos lienzos se han perdido y de las pinturas murales sólo quedan unas cabezas de querubines en el intradós de los arcos de acceso a las capillas. Las que se aprecian en la cúpula representan a santos pertenecientes a la Orden benedictina identificables por los nombres escritos en las cartelas superiores; se hallan muy retocadas.
     En el primer tramo de la nave del Evangelio hay un lienzo que representa a Santa Gertrudis la Magna atribuida a Juan del Castillo (1584? - h. 1650), y fechada en torno a 1625, considerada una muestra clara del estilo del artista, en donde se evidencia la influencia de los pintores de fines del XVI y principios del XVII de la escuela sevillana, sobre todo de Roelas. La devoción a esta mística benedictina (h. 1256- 1302), famosa por sus escritos ascéticos por los que se le confiere el sobrenombre de "la Magna", se introdujo en España por fray Leandro de Granada y Manrique, abad del monasterio de Sevilla de 1613 a 1615, y fallecido en 1626; devoción que se mantuvo activa durante más de dos siglos. La Santa se halla de pie en el centro del cuadro, sobre un suelo de losetas y olambrillas, única referencia arquitectónica que otorga perspectiva a la composición. Está vestida con hábito de la Orden ricamente ribeteado por una cenefa dorada en los bordes de la toca, mangas y bajos de la túnica. Con la mano izquierda sostiene el báculo de abadesa, cargo que nunca ocupó y que suele ser una confusión iconográfica con su homónima del mismo monasterio Gertrudis de Neville que sí lo fue en el siglo VII. La mano derecha la lleva al pecho señalando su atributo más frecuente: un corazón inflamado con la imagen del Niño Jesús dentro. Alrededor de su cabeza una aureola de querubines alados forman un nimbo resplandeciente. El fondo de gloria se completa con parejas de ángeles músicos y cantores de cuerpo entero sobre nubes y bajo éstos tres cabezas de angelotes a cada lado. Hay que recordar cómo en 1613 el abad del monasterio sevillano escribió un libro dedicado a esta Santa, lo que pudo determinar el que la comunidad encargarse la plasmación de su imagen, como ejemplo místico y distintivo de la Orden, y que el pintor supo dotar de un claro empaque que dignifica su presencia.
     En la sacristía se localiza otra Santa Gertrudis, de busto y pequeño formato, de autor anónimo. También en este ámbito un San Miguel Arcángel y una Aparición de la Virgen a San Bernardo, con el santo, con ancha tonsura monacal y vestido con el característico hábito blanco cisterciense, contemplando la celestial visión, y con los instrumentos pasionarios de Cristo en el suelo. En el primer tramo, desde el presbiterio, de la nave de la Epístola de la iglesia, hallamos un lienzo con San Benito acompañado por figuras arrodillas y una gloria con Cristo, y una Virgen de escuela sevillana, de mediados del XVIII (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Benedictinos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas y Basilios. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2008).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía, de San Benito, abad;
HISTORIA Y LEYENDA

   Los diálogos de San Gregorio Magno son la fuente principal y casi única de su biografía.
   Nacido hacia 480 en la provincia de Norcia (también, aunque de empleo menos frecuente, “Nursia”, ciudad de la provincia de Perusa), en Umbría, era hermano gemelo de Santa Escolástica.
   Hacia el año 500 se retiró a una gruta llamada Sacro Speco, cerca del lago de Subiaco, para llevar una vida de ermitaño.
   En 528, a mitad de camino entre Roma y Nápoles, fundó el monasterio del monte Cassino (Montecassino), sobre una antigua acrópolis consagrada en la antigüedad al culto de Júpiter. Allí compuso la regla de la orden de los benedictinos, y allí murió en 547.
   Sobre esta trama histórica el ingenio de los monjes y la imaginación popular bordaron adornos que Santiago de Vorágine recogió cuidadosamente en su Leyenda Dorada, de la que tomaron sus temas los artistas.
   En principio fue el milagro del tamiz partido. Cuando a su nodriza se le cayó un tamiz, él tomó las dos mitades y las volvió a unir sin que quedara huella alguna de su fractura.
   Cuando vestía hábito monástico, se retiró a la caverna del Sacro Speco donde era aprovisionado por el monje Romano, que le bajaba el pan en un cesto atado a una cuerda, y le avisaba con el sonido de una campanilla. Satán rompió la campanilla.
   Como no consiguió rendirlo por hambre, el diablo desató contra él las tentaciones carnales. Hizo aparecer una mujer que encendió su concupiscencia. San Benito rodó desnudo entre las zarzas espinosas que rodeaban la gruta, expulsó la codicia sensual mediante las llagas de su carne, y así se impuso al pecado.
   Elegido abad del monasterio de Vicovaro, por su rigor se atrajo el odio de los monjes que envenenaron su comida. Pero escapó a la tentativa de envenenamiento haciendo la señal de la cruz sobre el vaso que se quebró de inmediato en pequeños fragmentos, como si lo hubiese golpeado una piedra, mientras un cuervo se llevaba el pan envenenado en el pico.
   Salvó al monje Plácido, su discípulo, cuando estaba a punto de ahogarse, enviando en su auxilio a San Mauro, quien sostenido por su bendición, lo salvó de la muerte caminando sobre el agua.
   En el monasterio sólo quedaban cinco panes, pero al día siguiente, ante la puerta de la celda de San Benito se encontraron cien moyos (medida antigua de capacidad que equivale a ocho cántaros o ciento veintinueve litros) de harina.
   Totila (rey de los ostrogodos de Italia, que se confunde con frecuencia con Atila, rey de los hunos), rey de los godos, intentó engañarlo sin éxito, cuando delegó a uno de sus oficiales disfrazado de rey.
   Su hermana Santa Escolástica, a punto de morir, le impidió partir desencadenando una tormenta y haciendo caer una lluvia torrencial. El santo vio el alma de su hermana ascender al cielo en forma de paloma.
   Cuando murió su alma también ascendió al cielo en un chorro de luz. Como el profeta Elías en su carro de fuego.
CULTO
   Patrón de la orden de los benedictinos, de los conventos de Subiaco y del monte Cassino, San Benito es un santo más monástico que popular.
   Sus reliquias, transportadas en 672 desde Montecassino a la abadía de Fleury, en Francia, que adoptó el nombre de Saint Benoît sur Loire, nunca atrajeron tantos peregrinos como las de San Martín de Tours o las de Santiago de Compostela.
   En verdad, su autenticidad siempre ha sido cuestionada por los italianos quienes creen haber encontrado los auténticos huesos de San Benito y de su hermana Escolástica en Montecassino, en 1950.
   Se lo invocaba contra el veneno, la erisipela y sobre todo contra los cálculos de los que habría curado al emperador de Alemania, Enrique II. También se recurría a su intercesión para obtener la gracia de una buena muerte.
ICONOGRAFÍA
   Se lo representa ya imberbe, ya barbudo. Vestido con una cogulla negra de benedictino. No obstante, en los cuadros encargados por los benedictinos reformados, cistercienses, camaldulenses y olivetanos, aparece con una túnica blanca.
   Sus atributos son un tamiz partido, varas con las que habría corregido a un monje, una copa de la que escapa una serpiente venenosa, alusión a la tentativa de envenenamiento de los monjes  de Vicovaro (comparte este atributo con San Juan Evangelista) y finalmente un cuervo que se lleva el pan envenenado en el pico. Se observará que a diferencia del cuervo proveedor de San Pablo ermitaño, que le lleva el pan cotidiano, el de San Benito retira un pan envenenado.
   Para diferenciar su copa envenenada de la de San Juan, los escultores alemanes del siglo XVIII hacen salir de ella dos pequeños serpientes (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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