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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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sábado, 18 de abril de 2026

La producción de Aceite, en Arahal, Coripe, y Marchena (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la producción de Aceite, en Arahal, Coripe, y Marchena (Sevilla).
     La actividad vinculada al cultivo del olivar y a la transformación de los frutos del olivo para la producción de aceite se rige por una temporalidad específica, extendiéndose a lo largo de todo el año. A cada época del calendario agrícola corresponden tareas concretas, pese a que las condiciones meteorológicas pueden alterar el calendario estacional.
     Las repercusiones sociales determinadas por la relevancia de la explotación del olivar en la zona han fomentado la aparición de una verdadera cultura del aceite que, pese a las transformaciones que ha sufrido el proceso productivo en su conjunto, sigue constituyendo una de las principales manifestaciones de la cultura de la comarca y un referente identitario por la mayoría de sus habitantes. 
     Mientras que con el cultivo de cereal se detecta una mayor concentración de la propiedad de la tierra, en el caso del olivar predominan explotaciones de carácter familiar, cuya extensión no supera las diez hectáreas. De hecho la existencia de pequeñas explotaciones ha dado vida a un rico entramado social, especialmente en los municipios de Pruna, Coripe, Arahal y La Puebla de Cazalla donde las superficies destinadas al olivar representan el 41% de su superficie, destacando especialmente el caso de Pruna con el 72,70% de su superficie labrada dedicada a olivar. Esta circunstancia ha permitido, por un lado, el mantenimiento de culturas del trabajo específicas, limitando, en muchos casos, la modernización de las explotaciones y, por otro lado, ha dado vida a un dinámico tejido cooperativo, que agrupa a la mayoría de los empresarios agrarios. 
     La oleicultura consta de diversas fases de trabajo a las cuales corresponden saberes y quehaceres específicos que van desde el conocimiento del manejo del suelo del olivar hasta la molturación de la aceituna. Las principales fases del ciclo de producción del olivar corresponden al manejo del suelo, poda, recolección y molturación.
     Pese a la creciente importancia que está adquiriendo el cultivo extensivo de cereales, la existencia de más de un tercio de las tierras labradas dedicadas al olivar manifiesta la centralidad de este cultivo para la comarca. La aceituna de almazara interesa de forma transversal a todos los pueblos de la comarca,  donde se encuentran bastante variedades -manzanilla, verdial, lechín, hojiblanca-, aunque en los pueblos de El Arahal y Paradas el cultivo de la aceituna de mesa tiene mayor relevancia. En Marchena existen dos cooperativas y al menos cuatro empresas que producen aceite, entre las cuales destaca el Molino de los Pérez, que todavía utiliza prensa hidráulica para la molturación. En La Puebla de Cazalla, destaca la Hacienda de Ntra. Sra. del Carmen por la calidad del aceite que produce y porque aún conserva la antigua almazara. 
     Pese a que en Morón de la Frontera predomina el cultivo de la aceituna de mesa, la producción oleícola ocupa una parte considerable del cultivo local. Montellano y Coripe cuentan respectivamente con cooperativas agrícolas donde confluye la producción de las pequeñas explotaciones locales. En Pruna, pese a que el aceite de oliva que allí se produce tiene denominación de origen Sierra de Cádiz, la producción oleícola constituye uno de los principales sectores productivos, contando con una cooperativa de productores y una empresa para la producción de aceite de excelente calidad.
     En la mayoría de los olivares, mantenidos en régimen de secano, se utiliza el sistema de laboreo tradicional que consiste en conservar el terreno sin vegetación durante todo el año. Con tal fin, es necesario labrar la tierra alrededor de los olivos por lo menos tres veces al año: en noviembre, antes de las primeras precipitaciones para que el agua penetre en el terreno; en marzo, después de la poda; en verano, para que el "jugo", es decir, el agua subterránea, suba hasta las raíces. Los instrumentos que se utilizan para realizar las tareas de limpieza del terreno son los cultivadores y vibrocultores.
     Para el mantenimiento del olivar de aceite la poda de los olivos se realiza en años alternos. El desvareto, operación que consiste en quitar los chupones o varetas que nacen del tronco, se suele realizar en otoño, entre septiembre y octubre, mientras que la poda se realiza después de la recolección, entre los meses de enero y marzo. La técnica de la poda varía en función del resultado que se quiera obtener. Así hay poda de formación, para formar la copa del árbol y beneficiar su crecimiento; poda para la producción, para conseguir buenas condiciones de luz en los ramales más productivos; poda de renovación, para estimular nuevas ramificaciones en los olivos más viejos. Generalmente, se suelen mantener los mismos podadores todos los años para que puedan controlar el proceso de desarrollo del olivar, ya que la poda se realiza siempre con proyección de futuro. Las herramientas básicas utilizadas para lo poda son: tijeras, calabozo y, en la actualidad con más frecuencia, la motosierra. Los restos de la 
poda se suelen quemar durante el invierno.
     La aceituna para molino se comienza a recoger normalmente a principios de noviembre, prolongándose hasta finales de febrero. El método tradicionalmente empleado consiste en el vareo. Pese a que en las variedades de molino asistimos a la masiva mecanización de las labores de recolección del fruto, con el empleo de máquinas vibradoras o vibradores de mochila, en las pequeñas explotaciones se sigue "vareando el olivo". Este procedimiento consiste en percutir las ramas del olivo con varas largas provocando que el fruto se desprenda de la rama, cayendo en una malla previamente colocada en el suelo en correspondencia de la copa del árbol. 
     Tras la recolección del fruto, es llevado al molino para su molturación. El adjetivo virgen, con el cual se denomina el aceite de oliva, indica que en el proceso de elaboración se ha realizado exclusivamente en base a procesos mecánicos sin el empleo de ningún tipo de producto químico. La calidad del aceite de oliva depende en gran medida del estado de las aceitunas en el momento de recolección y en el tiempo que transcurre entre la recolección y la elaboración del aceite. Por eso es igualmente importante que las aceitunas sean recogidas en el momento óptimo de su maduración, sin sufrir maltrato, y que asimismo la elaboración del aceite se realice en un plazo de tiempo que no exceda las veinticuatro horas desde la recolección, ya que el fruto podría comenzar a fermentar y producir un aceite de menor calidad.
     Cuando la aceituna llega a la almazara se procede a deshojarla, lavarla y pesarla. Tras eliminar ramas y hojas, mediante el empleo de grandes ventiladores, se pesan las aceitunas y se toman varias muestras para analizarlas, análisis en base al cual se determinará en valor de la cosecha. Las aceitunas pasan entonces a grandes baños para su lavado y desde allí entran en el sistema continuo de molturación, siendo hoy el método mayoritariamente empleado para la elaboración del aceite. El proceso de molienda consiste en triturar la aceituna para separar el aceite de la pulpa, utilizando para ello molinos metálicos, de discos dentados, con cilindros estriados o de martillo. 
     Tras moler la aceituna, se bate la pasta de aceituna que se ha obtenido con el propósito de separar el aceite del agua y de los restos de las aceitunas como el hueso, la pulpa y la piel. El batido se realiza con movimiento constante y a una temperatura no superior a 30º. 
     Este proceso permite separar el aceite de oliva (componente oleoso), del alpechín (componente acuoso), del orujo (componente sólido). En la actualidad se realiza mediante el método de centrifugado con cilindros, que ha terminado por sustituir al clásico sistema de presión. 
     Una vez separados los componentes, el aceite es conservado en depósitos de acero inoxidable, colocados en espacios alejados de la luz solar y de la temperatura excesiva para preservar intactas las cualidades del aceite de oliva (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
         Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la producción de Aceite, en Arahal, Coripe, y Marchena (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la localidad de Arahal (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la localidad de Coripe (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la localidad de Marchena (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 30 de julio de 2025

Los principales monumentos (Iglesia Santa María de la Mota - Museo Arqueológico, Iglesia de Santiago - Museo de la Semana Santa, Iglesia de San Juan de Letrán, Casa de las Tercias - Museo del Aceite, Hospital de Jesús Nazareno, Casas señoriales, y Puerta de la Torremocha) de la localidad de Montoro (II), en la provincia de Córdoba

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia Santa María de la Mota - Museo Arqueológico, Iglesia de Santiago - Museo de la Semana Santa, Iglesia de San Juan de Letrán, Casa de las Tercias - Museo del Aceite, Hospital de Jesús Nazareno, Casas señoriales, y Puerta de la Torremocha) de la localidad de Montoro (II), en la provincia de Córdoba.


Iglesia Santa María de la Mota - Museo Arqueológico.-
     La antigua parroquia de Santa María de la Mota, restaurada a comienzos de los ochenta para usos culturales, se construyó a fines del XIII con tres naves de estructura mudéjar y conserva restos de pintura mural del XIV y un camarín del XVIII (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se encuentra situada en un punto estratégico del casco histórico de la ciudad, cercana a la Plaza de España y contigua al desaparecido castillo de la localidad.
     Fue la primera parroquia que tuvo la ciudad siendo trasladada en el siglo XVI a la de San Bartolomé, ubicada en el nuevo centro estratégico del municipio, por haberse quedado pequeña para alojar a la población. Tras este suceso pasó a ser denominada documentalmente como ermita.
     El inicio de su construcción podría fijarse en la segunda mitad del siglo XIII. En 1260 aparece citada en determinadas fuentes documentales relacionadas con la concesión de tierras a la iglesia de Montoro. 
     La iglesia, de estilo gótico-mudéjar, tiene planta rectangular con tres naves y cabecera plana a la que se añadió en el siglo XVIII un camarín para alojar a la Virgen de la Aurora.
     Las naves se encuentran separadas por seis arcos apuntados enmarcados por alfiz. Éstos se sustenta mediante la alternancia de columnas sobre plintos, con basas romanas reutilizadas, y pilares rectangulares con columnas y medias columnas adosadas en sus frentes interiores. Los capiteles, de traza románica, se encuentran decorados con diversos motivos destacando elementos fitomorfos de flora abstracta, zoomórficos y antropomórficos y otros de clara inspiración clásica, en todos ellos se aprecian distintos tratamientos estilísticos. Toda la construcción se encuentra realizada en la característica piedra molinaza de la localidad.
     En su origen, las naves estuvieron cubiertas por techumbres de madera, de par y nudillo la central y en colgadizo las naves laterales. Estas cubiertas fueron reemplazadas por unas nuevas en la rehabilitación que se llevó a cabo del edificio para adaptarlo a Museo Arqueológico Municipal. El camarín barroco se cubre al interior por cúpula sobre pechinas y al exterior a cuatro aguas.  
     El acceso al tempo se realiza a través de dos puertas. Tanto la situada a los pies como la de la nave de la Epístola fueron modificadas en el siglo XVII. La portada principal se estructura en torno a un arco de medio punto con pilastras laterales y cornisa, rematándose el conjunto por un frontón curvo.
     Por último, cuenta con una espadaña de un sólo cuerpo con arco de medio punto entre pilastras y coronada por un frontón triangular.
     Su origen estuvo vinculado al desaparecido castillo del siglo X, hasta que fue mandado derribar, junto con otros, mediante el pacto de Écija de 1469, por haber apoyado Montoro la causa del infante don Alfonso frente a su hermano Enrique IV.
     Es la iglesia más antigua de la localidad y quizás una de las más tempranas de la provincia, junto a la parroquial de Castro del Río y la conventual de San Pablo de Córdoba. Fue la primera parroquia que se construyó para la ciudad conocida durante la Edad media con la advocación de Santa María y a partir del siglo XVI como santa María del Castillo, si bien vulgarmente ha venido denominándose como Santa maría de la Mota.
     En los momentos previos a la Guerra Civil española, el edificio fue saqueado e incendiado, desapareciendo al completo su mobiliario litúrgico. En la década de 1980 se inició la restauración del edificio, fomentada por don Félix Hernández Jiménez y continuada por don Eduardo Barceló Torres. En todo momento se tuvo como objetivo que fuese la sede del Museo Arqueológico Municipal de la ciudad, objetivo que se hizo realidad.
     El Museo Arqueológico Municipal de Montoro, se inauguró el 28 de febrero de 1992 . Tiene dos secciones  de las que las piezas  que las componen pueden ordenarse según una secuencia  de tiempo; desde  las rocas y minerales formadas en tiempos en que la Tierra carecía de vida, hasta la dominación  árabe, pasando por fósiles de las diversas eras  geológicas y los restos  de la Prehistoria, y de las civilizaciones ibérica, griega y romana. 
     El Museo tiene  básicamente carácter didáctico, considerándose  éste como el principal objetivo al que debe tender la conservación del patrimonio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Museo Arqueológico Municipal de Montoro se encuentra ubicado en la ermita medieval de Santa María de la Mota.
     El Museo recoge colecciones de minerales y roca así como exposiciones de fósiles, restos arqueológicos del paleolítico, Neolítico, Calcolítico así como piezas de cerámica íbera, griega, etc.
     Su pieza más destacada es una escultura thoracata de época del emperador Trajano (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia de Santiago - Museo de la Semana Santa.-
     La iglesia de Santiago, de una sola nave, reformada en 1730 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      Se encuentra situada en la confluencia de las calles Santiago y Puente, antiguamente llamada Coracha, dentro del casco histórico de la ciudad.
     La iglesia para salvar en gran desnivel que existe entre la calle Santiago y la calle Puente, se asienta sobre un elevado basamento de grandes sillares de piedra molinaza, el resto del edificio está construido por gruesos muros de carga con pilastrones de piedra que se distribuyen por las esquinas y paños, entre los que se intercalan cajones de tapial.
     La iglesia consta de una nave rectangular y cabecera cuadrada. Los muros de la nave se encuentran recorridos por grandes pilastras que llegan hasta el techo plano de escayola que sustituyó al original en una intervención llevada a cabo en 1924. El presbiterio se cubre con cúpula sobre pechugas decoradas con pinturas murales de mediados del siglo XVIII, representándose en las pechinas las figuras de los cuatro evangelistas. Éste se separa de la nave mediante un gran arco toral, que porta en la clave el escudo de la orden de Santiago, mientras que en las enjutas se despliegan elementos decorativos vegetales y florales.
     El inmueble cuenta con dos portadas de acceso una situada a los pies de la iglesia y otra en el muro de la Epístola de la nave, ambas realizadas en piedra clara que la diferencia del resto del conjunto realizado en piedra molinaza. La primera de ellas es de finales del siglo XVI, parte de dos pilastras que sostienen un arco de medio punto, con decoración en la clave, realizado en sillares de piedra, encalados los alternos imitando dovelas. Sobre el arco se sitúa el arquitrabe, rematado por un frontón triangular en cuyo tímpano se encuentra un relieve con el alfa y el omega y una cruz con sudario, todo ello envuelto en un sol radiante. Por último, sobre el frontón, tres pináculos terminados en bola coronan el conjunto.
     Sobre la portada y rematando el muro de la fachada se sitúa la espadaña, realizada a finales del siglo XVI o principios del XVII. Consta de un solo cuerpo que arranca de dos grandes aletas o mensulones entre los que emerge la estructura central compuesta por un vano de medio punto, flanqueado por pilastras y rematado por un frontón triangular sobre el que sirve de soporta a una cruz con veleta de forja.
     La portada lateral está fechada en 1730. Consta de un arco de medio punto flanqueado por pilastras toscanas que soportan un sencillo entablamento, con arquitrabe, friso y cornisa carentes de decoración, sobre el que asienta un frontón triangular. Éste se encuentra coronado en sus laterales por remates sobre pedestales que portan bolas y en la parte central una cruz de piedra. La decoración se centra en el vano de acceso con un escudo de la orden de Santiago en la clave; en las enjutas del arco con decoración de roleos vegetales y flores y en el tímpano del frontón donde se representa el anagrama de Jesús Hombre Salvador (JHS) dentro de un sol en llamas, recordando al escudo de la Compañía de Jesús.
     Exteriormente presenta cubierta a dos aguas en la nave y a cuatro aguas en la cabecera, aumentando su volumetría espacial al caminar por la calle puente debido al gran desnivel en el que está construido en edificio. Junto a la iglesia se encuentra adosada una pequeña casa destinada al santero.
     Las características arquitectónicas de la iglesia de Santiago responden a mediados del siglo XVI. Aunque no se han encontrado fuentes documentales en las que se detalle su fundación, si se cuenta con datos que atestiguan la presencia de la Cofradía de la Vera Cruz en esta iglesia desde 1554, volviendo a tener constancia entre los años 1725 y 1732 cuando la cofradía se traslada a la iglesia de San Bartolomé debido a la obras que se estaban realizando en este templo.
     En 1924 se realizaron una serie de obras en el edificio, entre las que destaca el cambio de la techumbre de la nave, siendo sustituida por paneles de escayola al interior.
     Durante la Guerra Civil, la iglesia fue utilizada como polvorín, sufriendo graves desperfectos y destruyéndose la totalidad del mobiliario litúrgico así como las imágenes devocionales. A partir de 1940 se hizo cargo de ella el patronato de Regiones Devastadas, interviniéndose nuevamente en 1955 al detectarse una serie de grietas en el muro derecho que fueron subsanadas, instalándose la solería que se conserva en la actualidad.
     En 1997 el Ayuntamiento de Montoro firmó un acuerdo con el Obispado de Córdoba por el que se cedía el uso de esta iglesia, que llevaba sin culto desde 1940, para sede del Museo de Semana Santa. 
     A partir de este momento se procedió a su restauración y adaptación como centro de exposiciones, participando en la redacción del proyecto el Servicio de Arquitectura y Urbanismo (SAU) de la Diputación de Córdoba con la colaboración de la Delegación de Turismo. El 5 de diciembre de 2007 abrió sus puertas el Museo de Semana Santa montoreña (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
 
Iglesia de San Juan de Letrán.-
     Se fundó como colegio en 1791 por don Juan Antonio del Peral y Buenrostro, vicario de la parroquia de San Bartolomé. Durante el siglo XIX pasó a las Hijas del Patrocinio de María, que estuvieron hasta 1990. El templo presenta tres naves cubiertas por bóvedas de arista y separadas por arcos sobre columnas. La cabecera se cubre con bóveda de media naranja sobre pechinas. Llama la atención el camarín neonazarí, de fines del XIX. Junto al coro se conserva la cratícula con relieve del Cordero sobre el libro de los siete sellos. Se veneran aquí las devotas imágenes de Jesús Nazareno y la Dolorosa, hechas por Pío Mollar en 1940 v restauradas por Andrés Valverde en 1991 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se encuentra situada en la Plaza de Jesús Nazareno, aledaña a la Plaza Mayor de la ciudad, concretamente a espaldas y lindero al Ayuntamiento.
     La iglesia de San Juan de Letrán es la única parte que ha llegado hasta nuestros días de lo que fue Colegio de Niñas Educandas. El templo y sus dependencias se encuentran anexos al resto del caserío que conforma la plaza, destacando en uno de sus frentes la portada de acceso al recinto. 
     La iglesia, de planta irregular consta de tres naves, cabecera de planta cuadrada y camarín con testero plano. La nave central, más ancha y alta, se encuentra separada de las laterales mediante arcos de medio punto que apoyan en columnas toscanas con cimacio, estructurando el espacio en tres tramos. Las naves se cubren con bóveda de arista con arcos fajones. A los pies de la iglesia, ocupando el primer tramo, se sitúa la tribuna del coro sobre un arco escarzano que genera una bóveda con lunetos, en correspondencia con la nave central, y arcos peraltados que acogen bóvedas de aristas similares a los de las naves laterales.
     La cabecera se cubre con cúpula sobre pechinas con decoración de rocallas correspondientes al siglo XVIII, distribuyéndose entre la decoración de las pechinas lienzos ovalados con los evangelistas. En el testero de la cabecera se encuentra el camarín de Nuestro Padre Jesús Nazareno, obra realizada durante el último tercio del siglo XIX.
     La portada de acceso es similar en material y diseño a la de otros templos de la localidad. A través de ella se accede a una sala de tránsito que pone en comunicación la sacristía y el exterior con la nave del Evangelio. Consta de un arco de medio punto, con ménsula en la clave, flanqueado por pilastras toscanas que soportan un friso con molduras mixtilíneas en sus extremos, sobre el que asienta un frontón triangular rematado por tres copetes, destacando el central a modo de flamero. 
     La espadaña, realizada con sillares de piedra molinaza, se ubica junto a la portada principal, concretamente sobre el muro que cierra los pies de la fábrica. De estructura sencilla, consta de un solo vano de medio punto rematando el conjunto una cruz con veleta de forja.
     Fue fundado como Colegio de Niñas Educandas en 1764 por don Juan Antonio del Peral y Buenrostro, Vicario de la parroquia de San Bartolomé, aledaño a una iglesia que al parecer su origen se remonta al siglo XVI. A lo largo de su historia ha pasado por varias vicisitudes, siendo atendido en fechas recientes por la Comunidad de Monjas del Patrocinio de María, quienes se vieron obligadas a abandonar la institución en 1990.
     Por estas fechas el edificio fue adquirido por la administración local, siendo reformado y rehabilitado para albergar dependencias del Ayuntamiento de la localidad, como por ejemplo las actuales oficinas de intervención que se ubicaron en lo que era conocido como Salón Verde, lugar aprovechado por la Congregación de Hermanas del Patrocinio de María como sala de usos múltiples, y donde, según testimonios orales, se realizaron algunos cabildos y reuniones de cofradías locales como por ejemplo la de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Otras dependencias del edificio se destinaron para la sede de la Seguridad Social y para la Mancomunidad del Alto Guadalquivir, Policía local, Archivo, etc.
      Como muchas otras parroquias de la época, la iglesia y la Cofradía perdieron la mayoría de sus enseres durante los acontecimientos acaecidos en la Guerra Civil (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Casa de las Tercias - Museo del Aceite.-
     La Casa de las Tercias se encuentra ubicada en una de las calles más próximas a la Plaza mayor, formando parte del casco histórico de la población.
     Este edificio se puede encuadrar en el tipo arquitectónico que consta de una nave transversal de fachada y tres naves en dos alturas perpendiculares a ésta. Debido a su función cuenta con una arquitectura austera y sencilla. Presenta planta rectangular ligeramente achaflanada en uno de sus vértices. Tiene planta en forma de rectángulo irregular, ya que posee dos ángulos en chaflán, uno de los cuales fue hecho "ex profeso" para permitir el giro de los carros, al quedar entre dos calles, hacia las cuales el edificio se muestra exento. Se accede por una portada en uno de los chaflanes y se ingresa en un pequeño patio ubicado en uno de los lados menores de la tercia; a continuación se pasa al interior por una portada con inscripción. 
     Cuenta con dos plantas que se comunican entre sí mediante una escalera situada en uno de los lados del patio. La baja, que en realidad es un entresuelo por la acusada pendiente de la calle, cuenta con un vestíbulo y una pequeña estancia a la izquierda iluminada por una ventana al patio; a continuación se levantan tres naves de igual altura, separadas entre sí mediante cuatro arcos formeros de medio punto a cada lado, soportados por anchos pilares de sección cuadrangular. Se generan cuatro tramos en cada nave que se cubren mediante bóvedas de arista. Los muros de carga perimetrales son muy gruesos y en el que da a la calle se perforan cuatro vanos de iluminación con fuerte derrame al interior. Estos muros aparecen enlucidos y enjalbegados.
     Originalmente, esta planta baja fue utilizada como almacén de aceite, de vino, o ambas cosas, pues se encontraron cuarenta y ocho tinajas de barro cocido semienterradas, puesto que el gollete quedaba a ras de suelo, con el fin de preservar a baja temperatura el producto almacenado y así conseguir una mejor conservación. Esto se conseguía al mismo tiempo por el hecho de ser esta planta un semisótano y estar en penumbra, ya que las ventanas no son muy grandes y están las justas para iluminar lo imprescindible. En la actualidad las tinajas han sido rellenadas y cubiertas. En el tramo final de la nave izquierda había estacas que seguramente sirvieron para colgar objetos.
     La planta alta es accesible por la escalera, la cual se ilumina mediante una ventana practicada en el techo y que probablemente se corresponde con una de las buhardas que se aprecian en el tejado desde el exterior. Esta planta, que servía para almacenar el grano, repite prácticamente la estructura de la baja, pues cuenta con una nave transversal desde la cual se accede al gran espacio de almacenamiento, constituido por tres naves separadas mediante cinco arcos formeros de medio punto a cada lado que apean sobre pilares de sección rectangular. La central se cubre con bóveda de cañón apuntado, con cuatro tirantes de hierro retorcido y las laterales mediante bóveda de cañón rampante tabicadas. 
     La iluminación se efectúa mediante tres vanos en forma de arco de medio punto con derrame hacia el interior, en el cual es posible apreciar el considerable grosor de los muros, y alféizar con mamperlán de madera. La solería era primitivamente de ladrillo plano; la actual, en el mismo material, se dispone en espiga.  
     Según recoge la descripción del edificio en el informe previo a la restauración, "desde la meseta superior de la escalera parte un estrecho y largo pasillo con solería de ladrillo y bóveda de cuarto de esfera, con lunetos para iluminación. En las paredes hay grafitis, probablemente de los años cuarenta [del pasado siglo]. Al final del pasillo hay una habitación alargada transversal a las naves de la estancia contigua, y cuyas dimensiones son mucho menores. Esta habitación se ha separado del resto en fecha posterior por medio de un tabique. Tiene cubierta plana reforzada por medio de dos arcos diafragma, una ventana y pavimento igual que las otras". 
     Tras la reforma, en esta parte del edificio se creó una entreplanta para alojar oficinas.
      El edificio presenta una cubierta de teja curva, con la cumbrera paralela a la línea de fachada y dispuesta a dos aguas. En este tejado se abrieron buhardas, con distinta finalidad: las que dan a la calle Sor Josefa Artola servían para ventilación de las propias cubiertas, en tanto que las opuestas fueron utilizadas para abrir vanos de iluminación en la bóveda que cierra la nave lateral opuesta al lado de la calle.
     La portada principal se abre en chaflán, justamente en el encuentro de dos calles "Sor Josefa Artola y Mártires". Es adintelada, flanqueada por pilastras despiezadas en sillares cogidos con mortero blanquecino que ejerce un efecto bicromo con el rojizo de la molinaza, muy efectista. Estas pilastras se alzan sobre basas molduradas y sostienen el dintel adovelado en el que se lee el año de construcción. Sobre el dintel corre el arquitrabe con finas molduras en gradiente. Las antiguas puertas eran de madera con clavos. 
     Originariamente, el patio era terrizo. Sigue la traza de un rectángulo irregular por los ángulos achaflanados, más arriba aludidos. Sus muros perimetrales, con seis remates piramidales, son de considerable grosor y en uno de ellos se abre la portada que, si hacia fuera es adintelada, hacia el interior del patio  torna en arco carpanel. A un lado se encuentra la escalera. Sus peldaños son de piedra y el pretil de ladrillo enfoscado. Hacia la calle Mártires el muro que cierra el patio presentaba un enfoscado en el que se había fingido un aparejo de sillares con esgrafiado en tono rojizo que no dejaba ver la mampostería. En otros muros del patio el aparejo es de tapial y verdugadas de ladrillo, oculto por el revestimiento, de manera que únicamente se empleó el sillar en una parte de los muros exteriores y en la portada.
     En el patio, la planta alta luce un vano de iluminación similar a los restantes.
     Una inscripción ilustra el dintel de la portada de ingreso al pósito desde el patio, además de aparecer decorada con una espiga y una rama de olivo en alusión al uso del edificio. Reza: "Se hizo esta obra con intervención del Sr. D. Juan Antonio del Peral y Buenrrostro, prelado de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba y vicario de la de Montoro, artífice Francisco Luis de Mora, vecino de la ciudad de Buxalance y se acabó en 25 de Diciembre de 1786". 
     En cuanto a la fachada que da a la calle Sor Josefa Artola, se aprecia la división del conjunto en dos plantas, que quedan separadas por una línea de imposta. La planta inferior muestra el aparejo constituido por sillares de arenisca rojiza, también conocida como molinaza, bien escuadrados. Antes de la restauración, la superior aparecía enfoscada y enjalbegada de blanco, lo que se ha eliminado. En la inferior se perforaron tres vanos para aireación del entresuelo; son sencillos, rectangulares, apaisados y llevan reja de hierro en tubo formando retícula. Los de la planta superior, en número de cinco, repiten similar modelo. 
     En la parte alta de la calle se abre otra portada del pósito, en un muro que describe ligero chaflán. Lo más destacable es su dintel monolítico con mochetas. 
     El muro medianero con la casa contigua remata en piñón y consta de dos contrafuertes prismáticos y lisos. Bajo el piñón, una pequeña ventana serviría de ventilación para las cubiertas.
     Para la construcción de la tercia se emplearon sillares de piedra molinaza, autóctona, procedente de las canteras de la cercana sierra y que da un característico color rojizo. También se utilizaron ladrillos, mampostería y tapial; materiales que en la mayoría de los casos hoy no se ven porque fueron enfoscados y enjalbegados. El ladrillo se empleó en parte de la fábrica de los muros, parte del pavimento y en las bóvedas tabicadas. Madera y herrajes se destinaron a la carpintería, aunque las ventanas actuales carecen de rejas y están renovadas por completo.
     Edificio de carácter industrial construido en 1786 por iniciativa de Juan Antonio Peral y Buenrrostro, Vicario de Montoro, y costeado por el Cabildo de la Catedral de Córdoba con arreglo a un proyecto de Francisco Luis de Mora, arquitecto natural de Bujalance. El edificio se destinaría a almacén de productos agrícolas procedentes del cobro de los diezmos eclesiásticos.
     Perdida su función originaria al desaparecer los diezmos, el edificio fue utilizado como cárcel, escuela, carpintería y almacén, hasta quedar finalmente abandonado. En la actualidad es propiedad del Ayuntamiento quien lo adquirió en 1995 con la finalidad de rehabilitarlo para sede del Museo del Olivo.
     La tercia de Montoro surgió para gestionar el cobro del diezmo a la Iglesia. El obispado contaba con una herramienta: la Diputación de Rentas Decimales, regida por un vicario, delegado del obispo, para controlar la subasta de los diezmos, los cuales se dividían en cuatro categorías: menudo (ganado, lana, queso, huertas), vino, pan y aceite (Moya Ulldemolins). 
     Las subastas se solían hacer unos  domingos prestablecidos del año. Una vez deducidos los gastos, los beneficios se dividían en tres partes: una para el cabildo, otras para la fábrica de la iglesia y otra para sus ministros. 
     En la década de los setenta del siglo XVIII hubo buenas cosechas, pero los productos se acumulaban en los almacenes existentes y eso redundó en un aumento de la humedad y el consiguiente deterioro del pan. Fue entonces cuando intervino el vicario de Montoro (1764-1802), Peral y Buenrrostro, prelado de Córdoba, quien decidió hacer la tercia. A sus espaldas tenía su experiencia como administrador del diezmo del aceite en 1762. Fue diligente a la hora de negociar para quedarse con el solar del hospital de Jesús Nazareno, que en 1777 ya fue trasladado a un nuevo lugar. El 24 de mayo de 1784 se firmó la escritura de compraventa, tras haber autorizado el cabildo a Peral y Buenrrostro para que los nueve mil 
reales en que fue tasado el solar pudieran ser adelantados por Peral a cuenta de los diezmos.
     La inscripción  da la fecha de conclusión: el 23 de diciembre de 1786. Posiblemente, el alarife fue Francisco Luis de Mora.
     Los difíciles años que siguieron se entreven en las noticias referidas al año 1841, cuando las tercias montoreñas fueron incautadas por el estado; no obstante, el obispado, tras interponer un recurso, recobró la propiedad en 1846. Cuando en 1861 se crearon los Registros de la Propiedad, tras la aparición de una ley hipotecaria que así lo decretaba, la tercia de Montoro fue inscrita a nombre del Cabildo eclesiástico de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, tras haber realizado el escribano Luis Mª Pedrajas las oportunas indagaciones.
     Poco después, viendo el obispado que el edificio había quedado sin utilidad alguna, lo puso en venta en agosto de 1863 y lo compró el canónigo Joaquín Ramírez Gallardo por 23.000 reales. Después pasó a Francisca de Paula Alonso y Barrera, vecina de Córdoba, quien lo arrendó, al menos entre 1875 y 1876, a la Junta Provincial de Instrucción Primaria. En 1879 lo vendió a Juan Antonio Benítez Gómez en 6.500 pesetas, quien se lo dejó a su hijo Bartolomé Benítez Romero. Queda éste viudo en 1911 y lo heredan sus hijos Juan Antonio y Mª Rosa Benítez Romero, pero queda en manos del primero, quien lo 
transmite en 1943 a su hija Mª Rosa Benítez Cañuelo quien lo utiliza como almacén. 
     A lo largo de su azarosa historia ha conocido pocas transformaciones y sólo se ha visto afectado por la adición de algunos tabiques para compartimentarlo y hacer algunas dependencias. Una parte sirvió como carpintería. Al parecer, también fue cárcel y escuela.
      En 1995 fue comprado por el Ayuntamiento por casi 10.000.000 pesetas y ha sido rehabilitado por una escuela taller con el fin de hacer un Museo del Olivo y albergar talleres.
      Las obras de restauración concluyeron en 2006 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hospital de Jesús Nazareno.-
     El  Hospital de Jesús Nazareno, fundado en l696 por el hermano Diego de la Cruz, se reconstruyó con la forma actual en el siglo XVIII, pero perdió sus enseres en 1936. Tiene la imagen de Cristo atado a la columna, tallado por José Sacrest en 1958 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El antiguo hospital de Jesús Nazareno se encuentra situado en una de las calles más céntricas de la ciudad de Montoro, aledaña a la Plaza de España.
     Es un edificio civil de grandes dimensiones, al que con el paso del tiempo se han ido anexionando otras construcciones de menor interés, ocupando gran parte de la manzana.
     Es un complejo conjunto de edificaciones y patios del que destaca su  superposición de volúmenes, resaltando las dependencias de tres plantas destinadas a hospital y la iglesia. Desde el punto de vista constructivo se alterna la utilización de la piedra molinaza para los paramentos del cuerpo inferior, para las esquinas y para la iglesia, alternada con muros de tapial encalados en blanco, lo que produce un efecto bícromo que acentúa la división de espacios .En planta, asemeja a un rectángulo casi perfecto en el que se distribuyen las dependencias en torno a tres patios.
    La fachada del edificio se dispone en sentido paralelo en la calle Alta, destacando en ella dos portadas de ingreso que, una para el hospital y otra para la iglesia, ambas realizadas en el siglo XVIII. 
     Dentro del conjunto de edificaciones y patios que componen el hospital, y que a comienzos del siglo XX estaban dedicados a salas de medicina, de cirugía, farmacia, botiquín, dispensario, etc., destacan el patio principal y la iglesia.
     Las trazas de la iglesia son atribuidas a Francisco Hurtado Izquierdo, por la similitud del esquema desarrollado por éste en la iglesia de San Juan de Dios en la localidad de Priego. Consta de una nave cubierta por bóveda de cañón con lunetos y dividida en tres tramos por arcos de medio punto, situándose el coro alto a los pies. La cabecera es plana y se cubre con cúpula sobre pechinas, dividida en ocho segmentos, donde se distribuye la profusa decoración de yeserías polícromas. 
     A la iglesia se accede por una portada situada en el penúltimo tramo de la nave, en el muro de la Epístola. Su construcción se ajusta a 1778, año en que finalizaron las obras del templo. Consta de un arco de medio punto, con ménsula en la calve, flanqueado por pilastras cajeadas sobre pedestal. Éstas sirven de base a un entablamento sobre el que campea un frontón triangular partido con remates de perinolas. Del centro emerge una hornacina de medio punto flanqueada por pilastras y coronada por un frontón curvo partido en cuyo centro se erige una cruz. Algunos investigadores atribuyen la realización de esta portada a Antonio Pérez Palomino o a Francisco de Mora, maestros de Bujalance, activos en estas fechas en la localidad de Montoro.
     La portada del hospital, se estructura mediante un arco de medio punto dovelado, con decoración de un escudo en la clave, apoyado sobre pilastras toscanas, conjunto realizado en piedra molinaza. En el nivel superior se asienta un entablamento con inscripción en el friso, que sirve de base a un balcón. Tras el zaguán se accede al patio principal de planta rectangular, conformado por cuatro crujías con siete arcos de medio punto cobre columnas, con éntasis, en el piso bajo, mientras que en el superior, encontramos un balcón central de tres vanos con arcos rebajados sobre columnas flanqueado por dos ventanas rectangulares enmarcadas por molduras mixtilíneas.
     En la confluencia de las calle Salazar con la calle Sor Josefa Artola, se sitúa sobre la cornisa del edificio un la espadaña. 
     Consta de un cuerpo, dividido en tres vanos de medio punto para las campanas, siendo el los vanos laterales más anchos que el central, sobre el que se dispone un óculo y remate a modo de frontón fingido. 
     Su historia se remonta a 1632, aunque su creación tuvo lugar el 5 de enero de 1699, a cargo del Cardenal Salazar, quien mandó fundar el Hospital bajo la advocación de Jesús Nazareno, declarando que el residuo  que quedase de las rentas pertenecientes al Hospital y Obra Pía de la Caridad, que ya existía en esta ciudad, fuese entregado al nuevo hospital, así quedaban unidos ambos centros. Debido a que el edificio que ocupaba se encontraba obsoleto y con dificultades para ser ampliado, se decidió trasladarlo al lugar que hoy día ocupa. 
     Las obras del edificio se atribuyen a Francisco Hurtado Izquierdo, reproduciendo en la iglesia el esquema de la de San Juan de Dios de Priego, siendo inaugurado el 11 de enero de 1778. 
     Desde su apertura hasta los años 1867-1868 sufrió sucesivas transformaciones destinadas a mejorar las condiciones higiénicas del edificio. El Hospital ha sido administrado por el Ayuntamiento de Montoro, al que por Real Orden de 17 de Julio de 1898 se le reconoció el carácter de Patrono de la Fundación. Con posterioridad por Real Orden de 23 de julio de 1927 fue considerado de beneficencia particular mixta. 
     La iglesia, lo largo de su historia ha sufrido dos incendios uno el 20 de junio de 1849, que destruyó parte del templo, y otro en 1936 en el que desapareció el retablo mayor, siendo restaurada con posterioridad.
     Actualmente es Residencia de Ancianos Jesús Nazareno, regida por el Patronato de la Fundación benéfica del mismo nombre (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Casas señoriales.-
     Blasones, escudos nobiliarios, frontones característicos de molinaza… Es la oportunidad perfecta para que puedas apreciar en primera persona estos exclusivos emblemas que no encontrarás igual en ninguna otra ciudad.
     Durante tu recorrido por el casco histórico de Montoro, verás muchas de estas casas con portadas engalanadas por escudos de armas y otros elementos característicos relacionados.
     Los escudos de armas nacen como tales en el siglo XII con motivo de distinguir a los caballeros que demostraban mayor valentía en campo de combate contra los musulmanes.
     Generalmente este tipo de blasones se colocaba en las Casas Solariegas, es decir, en la residencia de nobles y ricos que vieron en Montoro el sitio idóneo para construir su residencia habitual.
     Estos edificios han soportado el paso del tiempo y nos permiten conocer, de primera mano, cómo vivían las clases acomodadas del siglo XVIII. En estos pequeños palacios se respira historia, ya que en sus paredes ha quedado grabado el paso del tiempo en cada una de sus rejas, puertas o ventanas.
     Son muy abundantes las casas antiguas con portadas que van desde el siglo XVI al XIX. Por citarte alguna, destacamos la situada junto a la cabecera de la Parroquia de San Bartolomé, con cuatro blasones de piedra en la fachada de distintas épocas -dos del siglo XVII y dos más de transición al neoclásico-.
     Existe una considerable variedad de escudos que podrás contemplar en tu visita. Una de las características que más  han atraído la atención a los historiadores del arte que han participado en el análisis de alguno de estos emblemas nobiliarios es el uso y florituras de los yelmos colocados sobre la caja del escudo.
     De la misma forma, muchos de estos expertos han comentado que algunos linajes no se corresponden con los representados en los diferentes cuarteles del emblema.
     Asimismo, también encontrarás propias invenciones de carácter religioso como el situado en la calle Bartolomé Camacho, que representa la cita: «de la Verdad de la vida con las llaves de San Pedro».
     Destacamos: casa señorial en la calle Manuel Criado Hoyo. Te invitamos a que observes en la calle Manuel Criado Hoyo, 4 -consecutiva a la Plaza de España-la fachada de esta casa señorial del siglo XVI: llamará tu atención su prominente portada de estilo renacentista con sillares de molinaza almohadillados, y rematada con un frontón partido sobre el que se asienta un pequeño balcón flanqueado por escudos nobiliarios (Ayuntamiento de Montoro).

Puerta de la Torremocha.-
     La Torre Mocha se encuentra situada en una zona de la muralla de Montoro en la que posteriormente se realizó la apertura de una puerta. Se encuentra visible desde el interior del patio o corral de una vivienda midiendo aproximadamente entre 6 y 7 metros de lado.
     Debido al estado de deterioro en que se encuentra se percibe más fácilmente la estructura de la misma, comprobándose que el interior de la torre posee relleno de material recubierto por sillares bien cortados de piedra molinaza dispuestos a soga y tizón, salvo en sus dos primeras hiladas donde se colocan los sillares a soga.  La parte superior ha perdido los sillares, quedando a la vista el relleno de la torre. 
     La disposición a soga y tizón en la misma hilada se utiliza mucho hasta el siglo XI. En Córdoba será cada vez más frecuente entre los siglos XI y XV la reducción de la dimensión de las hiladas hasta los 0,40 metros de altura, medida a la que aproximadamente se ajusta la altura de los sillares de la Torre Mocha. Estos datos pueden hacer pensar que su cronología estaría cercana al siglo XI.  
     Por el exterior sólo es posible ver uno de los paramentos, en el cual son patentes los trabajos de consolidación con materiales que enmascaran parte de la torre. Sin embargo, se comprueba que no posee un lienzo de sillares continuos tal y como sucede en el interior, sino que se ha ido colocando piedra de distintos tamaños para la contención de la misma y el adecentamiento de este acceso. 
     Su estado de conservación es deficiente. La torre queda embutida en los edificios colindantes, puesto que actúa como muro medianero entre dos parcelas con un saliente muy reformado hacia el "Callejón de la Torre Mocha" y, concretamente, al arco del mismo nombre. Desde el interior se advierte su situación de deterioro propiciada por una oquedad de grandes proporciones en la parte sur, hoy utilizada como corral de gallinas, y, sobre todo, por la colocación en su parte superior de una terraza de ladrillo con cubierta de uralita  hoy se encuentra casi en su totalidad en el patio interior de una vivienda de la calle Santos Isasa, en el casco urbano de Montoro (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia Santa María de la Mota - Museo Arqueológico, Iglesia de Santiago - Museo de la Semana Santa, Iglesia de San Juan de Letrán, Casa de las Tercias - Museo del Aceite, Hospital de Jesús Nazareno, Casas señoriales, y Puerta de la Torremocha) de la localidad de Montoro (II), en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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viernes, 31 de enero de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de San Isidro Labrador, antiguo Lavadero Municipal, Baños de Vilo, Molinos del Guaro, Fuente de San Isidro, Lavadero de la Cruz, Museo del Aceite Antonio Gala, y Molino de Frías) de la localidad de Periana, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Isidro Labrador, antiguo Lavadero Municipal, Baños de Vilo, Molinos del Guaro, Fuente de San Isidro, Lavadero de la Cruz, Museo del Aceite Antonio Gala, y Molino de Frías) de la localidad de Periana, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca de la Axarquía Costa del Sol
     Superficie: 59 km2
     Altitud: 550 m
     Latitud: 36º 55'  -  Longitud: -4º 11'
     Distancia a Málaga capital: 59,5 km
Datos demográficos
     Población: 3.350
     Gentilicio: Perianenses
Ayuntamiento
     plaza de Andalucía, 1, 29710
     952536016 - 952536276     www.periana.es
     ¿Quieres asomarte al mejor anfiteatro natural de Europa? Sólo tienes que acercarte a Periana. Desde este pueblo de las tierras altas de la Axarquía, las vistas te dejarán sin palabras. A su impresionante riqueza paisajística se suma su singular arquitectura y sus arraigadas costumbres.
     De Periana no puedes marcharte sin probar sus sabrosos melocotones y su aceite de oliva verdial de extraordinaria calidad. En torno a estos productos se celebran anualmente dos fiestas que se han convertido en citas ineludibles en el calendario de la comarca.
     En Periana no puedes perderte sus monumentos: 
     La iglesia de San Isidro Labrador es el monumento más notable de Periana. Construida en estilo neomudéjar tras el terremoto de 1884, consta de tres naves separadas por arcos apuntados. Del exterior destaca su fachada de ladrillo visto y del interior, la solería de terrazo policromado.
     A dos kilómetros y medio de la villa, en la pedanía del mismo nombre, se encuentran los Baños de Vilo. Se trata de un balneario situado a más de 600 metros sobre el nivel del mar, con una poza de brocal esculpida hace más de mil años. Por las propiedades terapéuticas de sus aguas y la belleza del paisaje que lo circunda, es un enclave de obligada visita.
     De regreso a la villa te esperan sus casas señoriales del siglo XVIII, el antiguo Lavadero Municipal y la Fuente de Periana, que fue durante décadas el centro de la vida social.
     Mención aparte merece el Museo del Aceite de Mondrón, con sus tradicionales aperos y piedras de molienda. Sus instalaciones brindan la posibilidad de conocer los procesos de elaboración del producto que ha dado fama a este pueblo de la comarca de la Axarquía.
     Y para disfrutar de unas espectaculares panorámicas del entorno, nada mejor que acudir a la plaza de la Lomilleja. Desde su mirador podrás divisar la depresión del río Guaro y el embalse de La Viñuela. (Diputación Provincial de Málaga).
      Su accidentado acceso entre las sierras de Alhama y la de Enmedio o de Gallo-Vilo, la convierte gradualmente en un paraje de suaves pendientes a medida que descendemos de la sierra. La presencia de abundante agua, como el arroyo de Cantarranas y el río Guaro, ha permitido desde fechas muy tempranas el asentamiento de pueblos prehistóricos de época musteriense, como en el Cerro de Alcolea, y de época neolítica, como el Fuerte y el abrigo de Marchamonas.
     Hay escasas noticias de este municipio, y podría tratarse de una alquería, ya que en 1487 se le nombra como lugar de paso de las tropas que se dirigían a Vélez, y que daría lugar a dos elementos defen­sivos, uno en la cuesta de Santana, y el otro, denominado Pereiro, al sur, que dio nombre a esta población. Sus abundantes aguas dieron lugar a los baños medicinales de Vilo, que subsistieron hasta el siglo XIX, y se han recuperado recientemente. El terremoto de 1884, denominado de Andalucía, destruyó el caserío, teniéndose que construir prácticamente de nuevo. A pesar de este suceso Periana no perdió su fisonomía de calles irregulares, cuyos desniveles se salvan con escaleras. El núcleo central sobrevivió y destacan las plazas del Ayuntamiento y la de la Fuente, como espacios representativos de sociabilidad (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Periana, la del dorado melocotón, uno de los mejores de España. Con sus casi 3.400 habitantes, Periana se encuentra en el seno de un valle bien hidratado, al que rodean una serie de alturas moderadas y de gran belleza. El pueblo es precioso, con calles escalonadas, placetas claras y fuentes. Cuenta con una iglesia interesante, la de San Isidro que se edificó tras el terremoto de 1885 y que está construida en estilo neomudéjar, como lo prueba el ladrillo visto de su fachada (Rafael Arjona. Guía Total, Málaga. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia de San Isidro Labrador
     Poblado de moriscos, sus casas fueron derriba­das y reedificadas, y en el año 1761 la primitiva ermita se convirtió en parroquia.
     Destruida por el terremoto, la actual parroquia es neomudéjar, con planta de tres naves separadas por arcos apuntados sobre columnas de fundición, espacioso crucero y capilla mayor cubiertos con falsas bóvedas de crucería.
     La fachada, de ladrillo y mampostería, viene marcada por un eje vertical que dispone su acceso con arco rebajado y sobre él ventana geminada con arco de herradura y óculo. Se remata con una espadaña de doble hueco (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La parroquia de San Isidro es el edificio más importante del núcleo urbano y fue levantada, al igual que el barrio que la rodea, tras el terremoto de 1885. El estilo es una mezcla de neomudéjar, propio de la época, sobre una planta de tres naves. El exterior es de ladrillo visto (Diputación Provincial de Málaga).

antiguo Lavadero Municipal

     La belleza del Lavadero de la Cruz radica en la sabia utilización de la piedra, en la sencillez de sus franjas de color (blanco y verde) y en su simetría; su encanto proviene de lo recoleto de este espacio, que tantas evocaciones trae a las mujeres mayores del pueblo.
     Los lavaderos eran centros importantes de relación social femenina y algo así como santuarios de las intimidades, habladurías y cantos de las mujeres. Todavía se sigue con la vieja tradición de llevar el agua de la fuente a la casa en botijos.
     El Lavadero Municipal de Periana se encuentra dentro del núcleo urbano de Periana, en la Calle Cerco, a escasos metros de la céntrica Plaza de la Fuente. Sus aguas son aptas para el consumo humano.
Durante décadas fue utilizado como lavadero público, aunque en la actualidad su uso ha quedado restringido al abastecimiento de agua para beber y como rincón pintoresco, tranquilo y relajante por el discurrir del agua (Diputación Provincial de Málaga).

Baños de Vilo y Molinos hidráulicos del Guaro
     Situados en la ladera derecha del arroyo de Guaro a unos dos km de la población, en la cortijada de Baños de Vilo. Al lado norte de la carretera Periana-Riogordo.
     Las instalaciones del baño de Vilo han sido recientemente restauradas, contando hoy con una única pileta de inmersión, perfectamente integrada en el entorno. Están abiertas al exterior y la pileta de inmersión se separa de la vista mediante un murete de piedra que permite una parcial intimidad.
     Sigue existiendo un puentecillo de piedra que permite cruzar el río sin peligro alguno.
     Balneario árabe con unas extraordinarias aguas sulfhídricas, magnésico-cálcica y nitrogenadas, que brotan a 21 grados centígrados y cuyas propiedades curativas están especialmente indicadas para enfermedades de la piel.
     Se encuentra en plena fase de restauración, en la aldea del mismo nombre. Baños de Vilo está a 2,5 kilómetros de Periana y es un lugar privilegiado con agua sulfurosa de propiedades medicinales. No está muy claro desde cuando data el balneario, aunque si se sabe que en la segunda mitad del siglo dieciocho eran muchas las personas que acudían a tomar baños medicinales.
     En 1828 se inauguró un edificio con habitaciones adosadas cerca de la alberca y una casa de baños. Por problemas de propiedad, el balneario vivió un tiempo de cierto abandono que originó el deterioro de las instalaciones. Los ayuntamientos de Vélez, Periana y un particular se disputaban su propiedad en aquellos tiempos.
     A finales del siglo diecinueve el entonces propietario, Emilio de San Martín, realizó una serie de mejoras pero en 1907 una tormenta arrasó las instalaciones. El Ayuntamiento adquirió el balneario a principios de la década de los 90, año a partir de cual se iniciaron las labores de recuperación de Baños de Vilo con fines turísticos (Diputación Provincial de Málaga).

Fuente de San Isidro y Lavadero de la Cruz
     La Fuente de San Isidro se encuentra en la Plaza de la Fuente, en el centro del pueblo. Unos metros por debajo, en la calle Cerco, en un recoleto rincón nos encontramos con el lavadero de la Cruz.
     La fuente de San Isidro, completamente restaurada sigue situada en su posición original, conservando tanto el abrevadero como los caños para suministro humano. El lavadero municipal ha sido también restaurado, eliminando las pilas en altura que se construyeron en los años 40 y recuperando las pilas de suelo.
     La fuente de Periana está organizada a dos cotas diferentes. En la superior un corredor con barandal de forja ornamental permite el acceso a los cuatro caños que suministran el agua en abundancia. Cada caño derrama el agua sobre una base de piedra caliza donde se encajaban antiguamente los cántaros.
     Las piletas de esta parte superior de la fuente desaguan más abajo en el gran pilón que sirvió de abrevadero hasta hace escasos años, cuando las caballerías seguían siendo habituales en el pueblo (Diputación Provincial de Málaga).

Museo del Aceite Antonio Gala (Mondrón)

     El Museo del Aceite Antonio Gala (Mondrón) está situado a seis kilómetros de Periana, en la localidad aceitera de Mondrón. Este museo nació por iniciativa de la Cooperativa Olivarera de San José Artesano, quienes quisieron preservar los antiguos usos de elaboración de los aceites que le dieron fama a la localidad. Allí se puede contemplar las antiguas piedras de molinos de mediados del siglo pasado, así como útiles diversos relacionados con la recolección y la molienda del aceite de oliva virgen extra.
     Son fabricantes, envasadores, cuentan con una colección museográfica y tienda donde el visitante podrá adquirir, si lo desea, productos de la almazara. La entrada es libre y también se realizan visitas guiadas en sus instalaciones para explicar el proceso íntegro de elaboración del aceite virgen extra, desde la recepción de la aceituna hasta el envasado. Con el objetivo de un conocimiento global, también introducen una cata de los distintos tipos de aceites de oliva que elaboran.
     Desde la cooperativa están abiertos a realizar distintos tipos de actividades, como la senda de los Olivos Milenarios, preparación de desayunos molineros, catas y eventos que deben de ser reservados con antelación.
     La cooperativa nació en 1967 en el interior de la aldea de Mondrón. Tres décadas después se trasladaron a su actual ubicación, junto a la carretera A-7204. Actualmente, Olivarera San José Artesano SCA de Mondrón está constituida por 450 socios procedentes principalmente de las localidades de Periana, Alfarnatejo, Riogordo, Alfarnate y el Borge y una superficie de olivar tradicional de aproximadamente 1.500 hectáreas (Diputación Provincial de Málaga).

Molino de Frías de Guaro
     El Molino de Frías se encuentra en el área perteneciente al municipio de Periana, ubicado a orillas del río Guaro y en las cercanías de la aldea que comparte su nombre. Para llegar al emplazamiento, la opción más conveniente consiste en tomar la carretera MA-156 y llegar hasta el núcleo de Guaro. Una vez allí, un camino asfaltado conduce directamente hasta el molino en cuestión. Este recorrido resulta sumamente accesible y cómodo, especialmente para quienes deseen realizarlo en vehículo.
     El molino de Frías es una fábrica hidráulica dotada de dos paradas o dos sistemas  para la molienda, cuyas últimas piedras proceden de la prestigiosa fábrica francesa de La Ferté, transportadas al lugar en el año 1936. Estos dos juegos de piedras desempeñan funciones distintas: uno destinado a la producción de harina para consumo humano, y el otro juego para la elaboración de piensos para animales.
     Algunos engranajes del molino están compuestos por cajales o dientes de madera de encina, otorgando así carácter artesanal a la construcción. La planta alta del molino alberga un espacio destinado a la maquinaria para cernir la harina. 
     En el año 1945, ante el declive de este tipo de instalaciones debido al desarrollo de las modernas fábricas harineras, se busca una alternativa con la producción de aceite de oliva. Así, se levanta una almazara cuyas piedras molederas son accionadas también mediante sistema hidráulico, caso singular en la provincia de Málaga. La almazara cuenta con una prensa de tipo capilla procedente de una instalación más antigua. La producción de aceite estuvo funcionando de manera irregular hasta los años 60.
     Unido al molino y la almazara, existen otras dependencias como la propia vivienda del molinero, almacenes y corrales, un conjunto que refleja el modo de vida histórico del lugar. 
     En 1997, los hermanos Francisco y Dionisio, miembros de una familia con tradición en la carpintería y la construcción, junto con sus esposas Purificación y Remedios, adquirieron el molino con el simple propósito de restaurarlo por placer. Antes de iniciar los trabajos, llevaron a cabo una documentación fotográfica exhaustiva de la estructura del molino, seguida de una minuciosa limpieza. A continuación con buen hacer procedieron sin ayuda externa a la restauración de los elementos estructurales así como de la maquinaria del molino. La intervención concluyó en 2020 y, ahora, las puertas del molino están abiertas para todos aquellos que deseen visitarlo, siendo recibidos por los propietarios con amabilidad y disposición.
     Periana, un municipio ubicado en la comarca de la Axarquía, se destacó por sus tierras y la abundancia de cursos de agua, lo que lo convirtió en el principal productor de cereales y en un centro de actividad molinera. Aunque en la actualidad no hay molinos en funcionamiento para moler cereales, el legado arquitectónico de esta actividad perdura en su entorno. Hasta el año 1950, un total de doce molinos estaban operativos en la región. Algunos de estos molinos han sido adaptados como viviendas o lugares de descanso, manteniendo intacta la maquinaria original.
     Estos molinos se encuentran distribuidos a diversas altitudes a lo largo del río Guaro, en ubicaciones como la propia Guaro y en Baños de Vilo, como es el caso del molino de la familia Frías. Este molino, construido en la Edad Moderna, estuvo en funcionamiento hasta 1962, siendo su última molienda llevada a cabo por Ricardo Ortigosa, el último molinero (Diputación Provincial de Málaga).
     
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lunes, 30 de diciembre de 2024

Los principales monumentos (Murallas y restos del Castillo, La Tercia, Ermita de Santa Marina, Parque Arqueológico de Torreparedones, Tamboradas, Humedales, Río Guadajoz, Vía Verde, Cueva del Yeso, Plaza del Palacio, Ermita de los Ángeles, Museo del Olivar y del Aceite, y Embalse de Valdomojón) de la localidad de Baena (y II), en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Murallas y restos del Castillo, La Tercia, Ermita de Santa Marina, Parque Arqueológico de Torreparedones, Tamboradas, Humedales, Río Guadajoz, Vía Verde, Cueva del Yeso, Plaza del Palacio, Ermita de los Ángeles, Museo del Olivar y del Aceite, y Embalse de Valdomojón) de la localidad de Baena, en la provincia de Córdoba.


Murallas y restos del Castillo.-

     La muralla urbana de Baena constituía el recinto amurallado interior que encerraba el primer núcleo de población, la medina islámica, zona actualmente conocida como Almedina, situada en la parte alta del pueblo y ligada al castillo. El castillo se sitúa en la parte noreste, defendiendo la zona de menor pendiente del cerro.
     Baena es una de las pocas ciudades que conserva bastante completo el cinturón de murallas que rodea la medina. 
     Todavía se ven en el suroeste, a media ladera, las líneas de cortinas y torres que formaban la cerca, aunque éstas presentan aparejos de muy distintas épocas, muchos posiblemente islámicos y otros de los siglos XIV y XV. Además de esta línea de muralla, se presupone la existencia de otra exterior que contenía una zona de arrabal. 
     En la actualidad, el proceso urbano ha dado lugar a que dicho recinto haya quedado englobado en la edificación, habiéndose usado la fábrica de la muralla para edificaciones privadas. Aun así, se percibe claramente su trazado en la trama urbana y quedan elementos significativos de sus lienzos. 
     Destaca la Torre del Sol, una torre albarrana situada al este de la fortaleza, junto a la antigua Puerta del Sol, aislada del primer recinto amurallado, pero comunicado con él a través de una vía subterránea y de un lienzo que se adapta al desnivel del terreno. Es una torre esbelta, de planta rectangular, y tiene una altura de unos 14 metros. Esta torre podría funcionar como punto de conexión entre las dos líneas de muralla existentes.
     El entorno del recinto amurallado se ha visto sometido a varias excavaciones arqueológicas durante 2017, bajo la dirección de Fernando Javier Tristell, centradas en el recinto sureste de la Almedina. 
     En marzo de 2017 concluyó la primera fase de la actuación, consistente en labores de excavación y restauración. 
         - Se hallaron varios restos de muralla, de la que se conservan restos de paramento original, y cuatro torres. Tres de ellas presentan características similares: son de planta cuadrada, macizas, con zarpas y escalonamientos en su parte baja, y presentan al exterior sillares de piedra unidos con mortero de cal. La otra, es una torre de planta circular, construida en mampostería, que presenta al interior una torre de tapial, bastante compacto, de planta octogonal, y presenta un relleno de tapial muy compacto. Se excavó también una vivienda del siglo XVII, que quedaba adosada al exterior de la línea de muralla, y en la que se encontraron materiales de la época, como vajilla doméstica, monedas, anillos, etc.
         - Debido al mal estado de conservación en el que se encontraron algunas de las torres, sobre ellas, además de labores de limpieza superficial, se llevaron a cabo trabajos consolidación.
     En diciembre de 2017 concluyó la segunda fase de trabajos arqueológicos. Dichos trabajos determinaron la existencia de diferentes restos que apuntan a la existencia de un segundo recinto amurallado que pudo contener una zona de ocupación intensiva, debido a la alta presencia de estructuras asociadas a viviendas y a los materiales recuperados en los niveles de abandono.
         - Por una parte, se documentaron restos de lienzo de una muralla exterior, de más de 4 metros de altura y 1,20 metros de grosor, siendo una obra de mampostería unida con mortero de cal y arena, muy similar a la de las torres documentadas en la primera fase. En la cara interna de esta muralla se encontró una calle con más de 2 metros de anchura, que discurriría paralela a la muralla. 
         - Por otra parte, se localizaron muros de contención y restos de viviendas construidas a base de cimentación de mampostería y alzados de tapial. Estas construcciones podría datarse entre los siglos XIV y XV, si bien no se puede descartar la presencia de población en el siglo XIII, ya que se han encontrado algunos materiales, como monedas y cerámicas, de ese siglo. Igualmente, se recuperaron diversos objetos bajomedievales, entre los que destaca un "pinjante" de bronce esmaltado, monedas, silbatos de la época y un impresionante anillo de vidrio completo.
     El topónimo de Baena procede del árabe Bayyana que, a su vez, es la transcripción del nombre de una de las múltiples villas romanas que perviviría hasta la época visigoda y que en el siglo VIII los beréberes escogieron como lugar de asentamiento, fortificándola.
     Bayyana aparece en las fuentes ya en época emiral, en relación a la rebelión muladí de Umar ibn Hafsun, quien trató de conquistarla en el año 890. En un texto de Ibn Hayyan, del Muqtabis III, recogido por Acién Almansa (1997), se narra cómo, a pesar de llevar a cabo un ataque infructuoso, tras pactar con la población local, Ibn Hafsun atacó el hisn de Bayyana. En el 891, el emir Abd Allah venció a Umar ibn Hafsun, y estableció un cuerpo de caballería en la alcazaba, con el fin de establecer un punto de control sobre el valle del río Guadajoz, paso natural desde Priego de Córdoba a Córdoba. 
     En este momento, la capitalidad de la cora pasa de Cabra a Baena, hecho reflejado en la Crónica anónima de Abd al-Rahman III. Durante el periodo califal, Baena debió de tener un próspero crecimiento, crecimiento que fue interrumpido tras la caída del Califato, siendo saqueada por los pueblos beréberes. Tanto los almohades como los almorávides pasaron por Baena, ejerciendo una fuerte influencia en la ciudad, si no ocupándola.
     La zona conocida actualmente como Almedina corresponde con la medina de la ciudad islámica, y fue la extensión natural del originario hisn islámico. Se sitúa en la parte más alta de la ciudad, y conserva gran parte de la muralla que la defendía. No hay datos fables sobre la fecha de construcción de este recinto amurallado, si bien, algunos elementos como las entradas en recodo del Arco de Consolación y Arco Oscuro parecen obra de almorávides y almohades, respectivamente.
      La fortaleza de Baena fue entregada a Fernando III entre 1239 y 1240. A partir del entorno que surgió extramuros del Castillo de Baena, ya en época cristiana, la ciudad fue creciendo poco a poco, expandiéndose alrededor de esta zona.      
     El castillo de Baena está situado en la zona alta de la ciudad, y queda comprendido en el recinto amurallado, ocupando su esquina noreste.
     No se conoce exactamente el origen de este castillo, pero los restos encontrados en la última excavación arqueológica han puesto de manifiesto la existencia de estructuras que muy posiblemente pertenezcan a época almohade. Sin embargo, el castillo se vio fuertemente transformado tras la llegada cristiana. En la actualidad, se encuentra restaurado, y parte de sus volúmenes, reconstruidos. 
     Del castillo quedaba un recinto de unos 60 metros de largo por 37 metros de ancho, rodeado de lienzos de muralla de distintas épocas y materiales, en muy malas condiciones, pues se vio afectado por el abandono desde el siglo XIX y por una serie de construcciones anejas en el siglo XX: un búnker de la Guerra Civil, una serie de depósitos de agua en el patio de armas, y un parking exterior en la zona oeste.
La fortaleza se desarrolla formando un cuadrilátero, flanqueado en sus ángulos por potentes torres. 
     Al suroeste se encontraba la Torre de las Arqueras, antigua torre del homenaje, que había desaparecido en su totalidad a principios del siglo XX. Ésta era la torre de mayor tamaño del castillo, y de ella se conservan testimonios gráficos y escritos. 
     En el lienzo oeste existe una torre intermedia, entre la Torre de las Arqueras y la torre noroeste, junto a la cual se abrió ya en el siglo XVI un acceso, la Puerta de Palacio, bien descrita en las fuentes. La torre noroeste defiende una de las esquinas de la fortaleza; era en origen una torre de tapial, bastante deteriorada, que fue rematada y ampliada en mampostería, en época cristiana, aumentando considerablemente su superficie. 
     La torre que defiende la esquina noreste es, en origen, una torre de mampostería rematada en tapial, posiblemente almohade o anterior, que quedó forrada por una obra de mampostería. Existe también una torre intermedia en el lienzo norte.
     En el lienzo este se encuentra la Torre de los Cascabeles, que fue parcialmente destruida por la construcción de uno de los depósitos de agua. Junto a ella se encontraba la Puerta del Campo, uno de los accesos a la fortaleza. Este acceso quedaba flanqueado por la Torre de los Cascabeles y otra de menores dimensiones, situada más hacia el sur.
     En la esquina sureste se encuentra la Torre de los Secretos, que defendía tanto la entrada de la Almedina, ya desaparecida, como la torre situada en el lienzo sur; ésta última cobijaba la Puerta de la Liza, descubierta durante las excavaciones. 
     En el interior de la fortaleza, en el patio de armas, se encuentran cinco depósitos circulares de agua, construidos en hormigón, entre los años 20 y 60, además de un aljibe de unos 600 metros cúbicos de capacidad, situado en la esquina suroeste.
     Entre los años 2007 y 2016 se llevó a cabo una extensa intervención arqueológica y arquitectónica en el castillo.
     La intervención arqueológica, dirigida por Javier Ariza Rodríguez puso de manifiesto los restos que quedaban de varias torres, lienzos de muralla y edificaciones interiores, que habían quedado ocultas bajo el relleno del terreno. 
     Los trabajos arqueológicos permitieron establecer dos fases en la construcción de la fortaleza:
         - Una primera fase, datada en el siglo XII, posiblemente en época almohade, en la que se construyeron varias torres y lienzos de muralla en tapial.
         - Una segunda fase, la "fase de palacio" (siglos XVI-XIX), ya bajo dominio cristiano en la que la fortaleza se vio muy transformada. Se forraron las torres existentes y se construyeron o repararon lienzos de muralla en mampostería enripiada. En este momento se pudo abrir la Puerta de Palacio, situada al oeste.
     La intervención arquitectónica, dirigida por José Manuel López Osorio consistió en la restauración y consolidación de las fábricas históricas y en la reintegración parcial del recinto amurallado, así como la reintegración del volumen de las torres más significativas, como la Torre de las Arqueras. Se hizo también un tratamiento de los depósitos de agua situados en el patio de armas, orientado a un futuro uso como Museo de la Ciudad. 
     Las primeras noticias sobre el castillo se remontan al siglo IX, año 890, año en que llegó a Baena el rebelde del Emirato de Córdoba Omar Ben Hafsum. 
     Baena desempeñó un importante papel en la Baja Edad Media al estar en la frontera entre el reino de Granada y el de Castilla. 
     Ya en la Edad Moderna, el castillo pasó a ser el palacio de los señores de Baena, quienes enmascararon en gran parte el carácter su carácter defensivo para convertirlo en vivienda (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     SINTESÍS HISTÓRICA Y EVOLUCIÓN
     RECINTO FORTIFICADO CON CARÁCTER MILITAR
     El origen del actual emplazamiento de la villa de Baena hay que situarlo en un hisn (Castillo) árabe de nombre Bayyana que ya existía en el siglo IX.
     Bayyana aparece en las fuentes en relación con la rebelión muladí de Umar ibn Hafsum en la segunda mitad del siglo IX, quien logrará conquistar Bayyana en el año 800. Este mismo año el emir Abd Allah vence a umar ibn Hafsun en Bulayy (Aguilar de la Frontera) y establece un cuerpo de caballería en la alcazaba de Baena, ahora convertida en madina, pasando entonces la capital de la cora de Cabra a Baena.
     Poco sabemos de Baena durante el periodo califal, salvo su próspero crecimiento y el despunte de alguno de sus ciudadanos. Tras la caída del califato, Baena es saqueada por los beréberes, que interrumpen su desarrollo.
     Sobre el paso por la localidad de almohades y almorávides hay que decir que el 11 de julio del año 1165; en el nacimiento del río Marbella, junto al abrevadero del río Luque, se tiene constancia de una batalla entre ambos. En la intervención arqueológica (2007-2010) se han constatado indicios de una fase constructiva que puede asociarse a este periodo e incluso a un momento anterior.
     Baena llegó a manos cristianas sin apenas resistencia en agosto de 1241. Será a partir de ahora cuando Bayyana se convierta en la Baena cristiana. Permaneció como posesión de la corona durante todo el siglo XIII y la mayor parte del siglo XIV. Los sucesivos monarcas Trastámaras intentarán convertirla en señorío desde 1386 a 1448, fecha en la que los habitantes de la localidad reconocen su dependencia. En estos momentos es cuando se data la primera reconstrucción del recinto fortificado, para seguir garantizando la seguridad en una época todavía de continuos conflictos.
     PALACIO DE LOS DUQUES (ss. XVI-XIX)
     Diego Fernández de Córdoba, III Conde de Cabra, fijó su residencia en el castillo desde principios del siglo XVI y le fue dando un carácter más palaciego. El Señorío de Baena y Condado de Cabra se entronca en 1520 por matrimonio con el Ducado de Sessa. En 1566, por Real Cédula de Felipe II, es estado de Baena se convierte en Ducado de Baena, pasando así los señores de Baena a ser Duques de Sessa y Baena.
     Es a partir de esta época cuando comienzan a darse una sucesión de cambios estructurales dentro del recinto fortificado encaminados a la adecuación del mismo como lugar de residencia, y el carácter militar del complejo queda en un segundo plano.
     Como elemento más reseñable observamos la apertura de vanos y puertas en los muros hasta ahora inexpugnables, junto con la nueva compartimentación de los espacios generada por la construcción de numerosas dependencias tanto para los señores como para su servicio, estancias domésticas cubiertas, patios porticados, etc. De todo esto dan buena cuenta las descripciones recogidas tanto por Valverde y Perales (1902) como por Ramírez Orellano (1904).
     ABANDONO, ROBO Y CONSTRUCCIÓN DE DEPÓSITOS (s. XX)
     El recinto tendrá carácter palaciego hasta finales del siglo XIX, concretamente hasta 1897, fecha en la que la propiedad es subastada por los duques y comprada por particulares. Previamente a esta fecha el conjunto padece una situación de abandono, puesto que los duques dejan de usar el palacio como residencia algunos años antes, de forma que pasan a ocuparlo sus administradores. Éstos solo usan la zona del recinto destinada anteriormente a dependencias de los duques, mientras que el resto del antiguo castillo pasa a un estado de ruina.
     Estamos entonces ante un nuevo cambio de uso del inmueble, si en sus primeros tiempos fue creado con carácter militar y más tarde pasó a ser residencia nobiliaria, ahora comienza un periodo de decadencia y de uso del monumento como cantera para la construcción de viviendas de nueva planta en el ensanche de Baena. A ello hay que sumar la construcción de los depósitos de agua en el interior del patio de armas durante los años que van desde 1927 a 1959, una obra compleja que destroza todas las estructuras históricas del interior del recinto y sepulta las que quedan en pie en estado ruinoso. Así llegó a nuestros días.
     EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA (2007-2010)
     La intervención arqueológica es el primer paso que el Ayuntamiento de Baena da hacía la recuperación de uno de sus monumentos más destacados. El proyecto se dividió en distintos periodos. Una primera fase en la que la intervención está enfocada a desenterrar todas las estructuras sepultadas en el interior del recinto tras la construcción de los depósitos y los sucesivos derrumbes de finales del siglo XIX y principios del XX.
     Una segunda fase más científica encaminada en dos vertientes: un análisis de la estratigrafía paramental y la ejecución de sondeos arqueológicos puntuales. Ambos métodos nos han ayudado en gran medida a conocer los distintos periodos históricos de los que hoy hablamos.
     ÚLTIMA RESTAURACIÓN DEL CASTILLO (2007-2015)
     Las actuaciones de recuperación de la Alcazaba de Baena comenzaron en el año 2005 con una fase de estudios previos y excavaciones arqueológicas que han permitido conocer la verdadera magnitud de la fortaleza y el alcance de las modificaciones que sufrió a lo largo del tiempo.
     Horarios Turísticos:
     L – 10 h. a 14 h.
     M – CERRADO
     X – 10 h. a 14 h.
     J – 10 h. a 14 h. y 17 h. a 19 h.
     V – 10 h. a 14 h. y 17 h. a 19 h.
     S – 10 h. a 14 h. y 17 h. a 19 h.
     D – 10 h. a 14 h.
     Precio de las entradas: Visita individual adultos 2€. Visita precio reducido 1€ para menores de 12 años, familias numerosas, jubilados, personas con discapacidad superior al 33 %, poseedores del carnet joven y grupos organizados de más de 10 personas.
     Información en los teléfonos: 606704354 / 957671757 / 647571037 (Diputación Provincial de Córdoba).

La Tercia - Museo Histórico-Arqueológico Municipal, y Museo de la Semana Santa.-

     El inmueble se compone de tres partes: el edificio principal, la bodega del aceite y una construcción que pudo servir de pósito. Su planta, ligeramente rectangular, responde al tipo de retícula alrededor de un patio central. La fachada principal está orientada al norte y en el centro se halla la puerta.
     La parte principal, en forma de "U", puesto que carece de crujía la parte trasera, consta de tres plantas alrededor de un patio, que para mayor claridad referiremos como planta baja, primera y segunda. Cada galería está orientada respectivamente al este, al norte y al oeste. Dos de ellas constan de dos crujías de anchura y la tercera de sólo una, que es la que cierra el patio por el sur, es decir, en la parte trasera del edificio. Esta última tiene únicamente dos plantas a causa del desnivel del suelo, que sufre una abrupta elevación desde la plaza hacia el cerro donde se enclava el castillo, el cual se alza a corta distancia por detrás de la tercia, pero muy por encima de la cota de ésta. 
     Se accede a la tercia a través de un amplio zaguán, tras el cual se encuentra el patio que en planta baja se cierra en sus tres alas principales -constituida cada una de ellas, según se ha indicado, de dos crujías-, mediante bóvedas de arista soportadas por arcos de medio punto que, a su vez, apean sobre ménsulas en los muros perimetrales y sobre una serie de pilares centrales. En total se constituyen veintiséis tramos de 7 x 7 m aproximadamente, de los cuales la entrada ocupa dos. A la derecha se ubica la escalera, que consta de pretil ciego y peldaños de piedra hasta el primer piso y de ladrillo con mamperlán de madera en el resto. 
     Tres de los lados de la "U" que dibuja el edificio en planta aparecen porticados en el piso bajo mediante tres arcos de medio punto en cada panda, apeados por pilares de ángulos achaflanados realizados en piedra blanca. El lado carente de arquería se cierra mediante un liso paramento en el que se trazó un gran arco de medio punto rebajado, de descarga, en ladrillo. Por encima de éste se continuó la galería en torno al patio. La solería de éste es antigua y consta de grandes losas rectangulares del mismo tipo de material. 
     La planta primera se diferencia en que los soportes son pilares de sección ligeramente rectangular, las galerías se cubren mediante techo plano con rollizos y el suelo de éstas es de madera claveteada. Los arcos siguen siendo de medio punto, pero su rosca es menos ancha. El antepecho es ciego, aunque enlucido y pintado imitando una balaustrada con cierto escorzo en tono albero, para los fondos, y almagra, para detalles y perfiles. Las crujías siguen siendo dobles y rodeando el patio en forma de "U" Las orientadas a este y oeste tienen dos naves cada una, separadas entre sí mediante cuatro arcos formeros de medio punto de escasa fecha, sobre robustos pilares rectangulares. En el extremo norte, para refuerzo de la estructura, se cruzan dos arcos en el último tramo de cada nave, con un pilar central de ancha sección. Estas naves se cubren de forma independiente mediante tablazón sobre toscos rollizos, obra de la restauración, inspirándose en los primitivos. Igualmente, la solería es reciente, pero recupera la tradicional, con ladrillos de plano unidos por sus cabezas. 
     Si la planta baja y primera apenas varían en el esquema constructivo, mayor diferencia se aprecia al pasar al último piso, puesto que se trata de una galería corrida, esta vez en las cuatro pandas del patio, con ritmo binario respecto a los arcos de las plantas inferiores, que se articula mediante pies derechos de hierro retorcido con artísticas zapatas de madera que rematan a los lados en forma de canecillos. Soportan anchas vigas sobre las que desbordan los tejados, con pendiente hacia el interior del patio. La cubierta de las galerías acusa su situación bajo los tejados, pues se trata de techumbres en colgadizo, reforzadas de trecho en trecho con vigas y tirantes. En algunos tramos se conserva el suelo original de cantos rodados.
     Es muy interesante la organización estructural de las crujías en esta planta, pues al encontrarse bajo los tejados del edificio, tienen cubrición a dos aguas y en el centro de cada crujía se dispone una serie de dobles arcos formeros superpuestos de medio punto, de bastante grosor, escasa fecha y gran sencillez en consonancia con la funcionalidad del conjunto, y apeados sobre robustos pilares rectangulares. Los arcos que cabalgan sobre los inferiores tienen menor fecha aún y se alzan para dar sostén a la hilera. Efectivamente, las cabezas de los rollizos se embuten en la parte superior del muro que conforman estos arcos y, a su vez, son reforzados por tornapuntas que van a parar al muro de carga; además, la estructura se consolida con tirantes de madera. Se observa que esta segunda hilera de arcos muestra una fábrica más delgada, con el fin de aligerar el peso, a la vez que proporciona altura y solidez arquitectónica. En realidad, estos arcos seguramente venían a hacer la función de entibos, a la par que permitían mucha mayor proyección en altura a esta planta, lo que se comprueba comparando con las techumbres planas de la primera planta o las bóvedas de arista de la baja. 
     En el ángulo suroeste de la última planta arranca una escalera que conduce a otra habitación cuyo uso original se desconoce, y hasta hace pocos años ha albergado la radio local. 
     También en este piso se hallaba la entrada de bestias que accedían por una puerta trasera, situada en la calle que hay a las espaldas; acceso que ha desaparecido, si bien queda la solería de cantos rodados en tramos de las galerías, especialmente concebida para las bestias. Desde las galerías se accedía a las dependencias a través de pequeñas puertas de madera y la luz entraba por ventanas apaisadas cuyos huecos se reparten uniformemente por la fachada, en la que se completan con rejas.
     En cuanto a los materiales empleados, según Ramírez Laguna, los muros son de mampostería con refuerzos de ladrillo, excepto el zócalo de fachada, que es de piedra; los pilares y arcos son de ladrillo, salvo los de las crujías de planta baja, que muestran sillares en piedra blanca e imposta de ladrillo. En planta baja, las zonas de paso y alguna más están empedradas, al igual que el patio que luce grandes losas irregulares, según apuntamos; el resto es terrizo. La planta primera tiene solería de ladrillo y la segunda, suelos de tablas con clavos. 
     Además del patio principal, el edificio cuenta con un patio secundario que se sitúa al oeste, con entrada independiente desde la calle a través de un sencillo vano adintelado en piedra blanca. Este patio está comunicado con el núcleo principal a través de una puerta sencilla y unas crujías con bóvedas de arista.
     La fachada, por motivo del carácter práctico del edificio, es muy austera. Consta de un zócalo conformado por sillares de piedra bien escuadrados, labrados a bujarda fina; en la parte alta de la calle, con dos hileras de sillares de considerables dimensiones y conforme desciende la cota, aumenta hasta tres hiladas. El resto del muro es de mampostería con verdugadas de ladrillo. Quedan reflejadas las tres plantas: la baja, articulada mediante la portada, que marca el eje, y tres vanos a cada lado, dos de ellos con sencillas rejas y sombreretes; en los extremos un ventanuco. Los dos pisos siguientes simplemente están perforados por ventanucos dispuestos apaisadamente en número de siete por planta y ordenados verticalmente. Las ventanas acusan derrame hacia el interior y lucen carpintería semejante a la puerta y rejas de forja machihembradas en cuadrícula. Tienen postigos y rejas voladas con guardapolvo moldurado de ladrillo.
     La portada es, sin lugar a dudas, el elemento de mayor interés. Es adintelada, está flanqueada por pilastras de frentes cajeados y rematan en capiteles toscanos, bajo lo cuales se dispusieron placajes. El dintel luce dovelas almohadilladas y en el centro, una cartela. Por encima corre un ancho entablamento liso que sustenta un frontón partido con remates culminados en bola. La puerta es entablada con clavos romboidales de forja.
     Todo el paramento fue restaurado siguiendo modelo del estucado original en ocre claro rosado con juntas de sillares en rojo. Muestra, por tanto, la simulación de un aparejo en sillares, así como el recercado de los vanos que acusan un ligero escorzo para acentuar el relieve. Sobre la portada hay una hornacina decorada con pinturas que fingen una forma avenerada a modo de cerramiento. La fachada remata mediante una ancha moldura en forma de gola, que se ha considerado como elemento característico de las tercias cordobesas (VV. AA. Pósitos..., p. 204).
     En el patio se siguió el mismo tipo de decoración pintada, con tonos semejantes. Apoyándose en los restos llegados a nuestros días, el equipo restaurador devolvió el vivo colorido al interior. Pudieron ver, gracias a los vestigios, que los arcos tenían la rosca adovelada mediante líneas rojas, las enjutas con un encintado en naranja y en el centro, unas guirnaldas pintadas en rojo y naranja; impostas en rojo; y pretiles en los que se fingió una balaustrada con ligero escorzo en los perfiles curvos, aunque en las correspondencias con los pilares de los arcos se dibujó una continuación de dichos pilares. 
     En el lado sur se encuentra la inscripción que ayuda a situar cronológicamente el edificio, ya que consta: "JHS MARIA Y JOSEF SE ACAVO ESTA OBRA AÑO D 1795"
     El edificio data de 1795 y se construyó con la finalidad de disponer de inmueble adecuado como almacén de especies que se obtenían en conceptos de diezmos y rentas. Este fin tuvo el edificio hasta la Desamortización de Mendizábal en que pasó a propiedad particular. A principios del siglo XX se adaptó su uso como posada y durante la guerra civil se utilizó como cárcel. Desde 1960 el Ayuntamiento es el arrendatario del inmueble hasta que en 1984 lo adquiere como patrimonio municipal para ubicar allí la Casa de la Cultura, lo cual aprobó la Corporación Municipal en Pleno del mes de agosto de 1984. Desde esa fecha hasta 1997 se acometieron las tareas de reconstrucción y rehabilitación. En 1995 se elabora el Plan Integral de la Tercia que incluye el Museo local. 
     En sesión celebrada el 18 de junio de 1998 la Comisión Andaluza de Museos informó favorablemente la autorización de creación del Museo. La Resolución de 29 de junio de 1998 de la Dirección General de Instituciones del Patrimonio Histórico aprueba la viabilidad del proyecto de creación del Museo y se ordena su anotación preventiva en el Registro de Museos de Andalucía. Los fondos fundacionales del Museo Histórico consisten en un importante lote de material de carácter arqueológico procedente de donaciones particulares y de campañas de excavación realizadas en el término municipal, espacialmente la de Torreparedones. Los fondos expuestos del Museo se distribuyen a lo largo de tres salas. 
     La primera de ellas está destinada a las colecciones correspondientes a prehistoria y protohistoria. La sala segunda está dedicada casi exclusivamente a la época ibérica, y la tercera a la época romana. Por último, cuenta con una pequeña representación del periodo visigodo y musulmán, así como una colección de numismática.
     PREHISTORIA. El museo expone, diversos fósiles vegetales de la Era Primaria, secundaria y terciaria. Restos materiales más antiguos del término remontándose al Paleolítico Inferior, siendo ejemplos de las primeras industrias de Artefactos asociados a la cultura de los cantos trabajados. Igualmente las instalaciones cuentan con una interesante colección de útiles, con abundantes cerámicas.
     ÍBEROS. Baena cuenta con numerosos lugares de interés arqueológico donde la cultura ibérica queda constatada, entre otras piezas de interés el museo cuenta con una colección de exvotos procedentes del santuario de Torreparedones dedicado a la Dea Caelestis así como una numerosa colección numismática de este periodo.
     ROMA. El proceso de romanización en la zona se advierte de forma especial en el yacimiento de Torreparedones, donde las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz una ciudad, posiblemente Ituci Virtus Iulia o Bora, estando gran parte de la estatuaria expuesta en el museo constituyendo en la actualidad junto con las sesiones del MAN el quinto museo de estatuaria romana de España. Cuenta también con un amplio gabinete numismático de este periodo. La recreación de un columbario así como destacadas piezas de terra sigillata, lucernas, terracotas, vidrio entre otros se suman al material expositivo.
      EDAD MEDIA. Placas decoradas de ambiente funerario del mundo hispano visigodo, destacamos un pequeño anillo de oro que contiene grabado el nombre de su propietaria SABINA así como un crismón. Se complementa el museo con numerosos objetos cerámicos del periodo musulmán.
     JUAN ALFONSO DE BAENA. Esta sala compila algunos documentos fundamentales del municipio junto a la galería de personajes de Baena, entre los que destacan, Juan Alfonso de Baena y José Amador de los Ríos. En esta sala se expone el primer facsímil a color del Cancionero de Baena, realizado exclusivamente para su estudio y exhibición en este museo.
     Ubicación: Calle Santo Domingo de Henares, 5. (Edificio Casa de la Tercia).
     Horarios turísticos.
     L – CERRADO
     M – 10 h. a 14 h.
     X – 10 h. a 14 h.
     J – 10 h. a 14 h. y 17 h. a 19 h.
     V – 10 h. a 14 h. y 17 h. a 19 h.
     S – 10 h. a 14 h. y 17 h. a 19 h.
     D – 10 h. a 14 h.
     Precio de las entradas: Visita individual adultos 2€. Visita precio reducido 1€ para menores de 12 años, familias numerosas, jubilados, personas con discapacidad superior al 33 %, poseedores del carnet joven y grupos organizados de más de 10 personas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

antigua Ermita de Santa Marina.-
     Esta iglesia, antiguo hospital de agudos de Jesús Nazareno, fue construida por los hermanos Marichica en el año 1.711.
      Cuenta con una hermosa puerta enrejada desde la que se puede contemplar un patio claustrado en columnas y capiteles que configuran sencillos arcos de medio punto.
     El suelo se compone de azulejería ajedrezada y el techo es de travesaños de viguería (Diputación Provincial de Córdoba).

Parque Arqueológico de Torreparedones
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     El cerro que ocupa el yacimiento ha sido referido por varios autores desde el siglo XIX tanto como Torreparedones, como Cortijo de las Vírgenes y Torre de las Vírgenes; sin embargo, cabe aclarar que al sureste de este cerro se localizan los restos de un recinto fortifcado que también responder al nombre de Torre de las Vírgenes.
     Destaca por su amplia secuencia estratigráfica, que comienza como un poblado de época calcolítica, al que se superpone posteriormente un asentamiento que data de finales del Bronce Medio. A partir del siglo VII- VI a.C., se amuralla pasando a ser un importante núcleo urbano hasta la etapa romana, documentándose estructuras domésticas que se inician en un momento orientalizante/ibérico y que perduran hasta la etapa romana republicana.
     Posteriormente, durante el período visigodo e islámico, el registro aporta menos datos, aunque se han hallado estructuras de función indeterminada, con una cronología que oscila entre el califato (siglo X) y el período almohade (S. XIII).
     El conocimiento actual del yacimiento permite saber que, ya en los siglos XIII y XIV, vuelve a adquirir importancia, detectándose su abandono en el siglo XV. Del período medieval el testimonio principal de hábitat es el castillo que se localiza en el área más elevada del yacimiento, donde se ha documentado la reutilización de estructuras de época romana.
     La línea de muralla del oppidum se observa en la actualidad desde la simple acumulación de piedras hasta paneles de sillería, donde sobresalen diversas torres rectangulares, con las que a intervalos regulares estuvo reforzada. Este perímetro se conserva mejor en los flancos noroeste y suroeste, mientras que en otros puntos su presencia en alzado es más discontinua. 
     En líneas generales, las intervenciones arqueológicas han permito documentar la gran potencialidad de dicha muralla, que se levanta directamente sobre el nivel del suelo. Se compone de dos paramentos, uno interno y otro externo, con un núcleo de cascote de tierra y con varios muros, que debieron estar en función de una estructura celular de paramentos transversales con fuerte inclinación en talud para retener el mencionado relleno. El material cerámico asociado al nivel de construcción de la muralla permitió datarla en torno al año 600 a.C.
     El registro arqueológico ha permitido detectar dos puertas del recinto, una localizada en la zona suroeste del yacimiento y otra en el noroeste, encontrándose en concreto la muralla en este sector construida mediante piedra suelta, con paramentos de bloques cuadrados sin desbastar colocados en hileras regularizadas. Esta zona sufrió una remodelación en los siglos IV-III a.C. para la construcción de dos torres.
     Por otro lado, uno de los elementos más importantes de este sitio es el santuario ubicado al sur de la ciudad, que se asocia a un manantial próximo y cercano igualmente a una vía de comunicación importante como es la vía Obulco-Iulia. 
     La excavación de esta estructura desveló que el edificio original se construyó en el siglo IV a.C. y se modificó en el siglo III a.C., aunque lo que se conserva hoy es parte del edificio del siglo II a.C. compuesto de corredor, patio y cella.
     En el centro de la cella se ha constatado la presencia de una columna sobre pedestal alto y liso que pudo servir de soporte al techo. En cambio, al fondo del muro de cierre se situaba una columna exenta, sin función arquitectónica, que en su momento constaba de un capitel foliáceo, que según las últimas investigaciones era la figura en torno a la cual se desarrolló la actividad religiosa del santuario. La presencia de este capitel se ha puesto, por parte de algunos investigadores, en relación con los distintos santuarios púnicos del Mediterráneo y con otros recintos sagrados de la cultura ibérica.
     Por otro lado, esta cella se encuentra abierta en su lado sur, donde hay un patio, que consta de un banco pequeño en la esquina oeste de la puerta y otro mayor en la zona este. Frente a la puerta hay una basa de piedra que pudo sostener un altar, mientras que en el interior de la cella se hallaron dos altares menores.
     Cuando el santuario empezó a perder su función se acumuló en él una gran cantidad de exvotos, en su mayoría representaciones femeninas. Algunas teorías interpretan que estos exvotos fueron destruidos en el siglo I a.C. cuando de forma repentina fue abandonado, pero el edificio permaneció en pie hasta que en el siglo II d.C. un incendio destruyó su cubierta.
     Otro elemento a destacar es el manantial, localizado a las afueras de la ciudad, aunque relacionado directamente con el poblamiento de Torreparedones, ante la falta de otros recursos hídricos en la zona. En principio, su origen se podría considerar ibérico, dato que tendrá que confirmarse en futuras intervenciones arqueológicas, pero sí se aprecia una estructura rectangular con muros de opus incertum y opus caementicium. En uno de estos muros se disponían los caños para la captación de agua, de los que hoy en día sólo se conserva uno de ellos, realizado en piedra caliza. Finalmente, todo el interior de la obra y el exterior de uno de los muros se encuentran enlucidos con un mortero de cal y arena.
     Los estudios realizados hasta el momento en el sitio arqueológico de Torreparedones apuntan a que este lugar estuvo habitado desde el II milenio a.C. hasta el siglo XVI, habiendo alcanzado sus momentos de mayor esplendor en las épocas ibérica y romana. 
     Los primeros testimonios materiales de la presencia humana en Torreparedones se remontan a la Edad del Cobre, como atestiguan los resultados de la prospección superficial y de un sondeo realizado en 1990 junto a la puerta oriental. Esta ocupación calcolítica prosiguió durante la Edad del Bronce, en especial durante el Bronce Final (1000-800 a.C.).
     Ya en época ibérica antigua, en torno al 600 a.C., se construyó una potente muralla que puede considerarse como uno de los mejores exponentes de la arquitectura defensiva ibérica de toda la provincia de Córdoba. Su construcción tiene un significado social y político determinado, evidenciando la presencia de estructuras políticas de carácter estatal, al frente de las cuales estarían personajes integrantes de las élites aristocráticas locales. Torreparedones fue probablemente uno de los oppida principales que conservó y acrecentó su poder en esta época. 
     La presencia romana en el asentamiento está atestiguada desde la etapa republicana, habiéndose detectado cerámica campaniense y terra sigillata por toda la extensión del yacimiento. Su situación geográfica y su posición estratégica sobre una de las cotas más elevadas hicieron que este enclave se viese envuelto en determinados conflictos bélicos, como fue el caso de la guerra civil que enfrentó a Julio César contra los hijos de Pompeyo a mediados del siglo I a. C.
     Pacificada la zona, la ciudad adquirió un estatuto jurídico privilegiado como evidencian algunas inscripciones que mencionan cargos de la administración municipal (aediles, duovir...). Es muy probable que el responsable de esta promoción fuese Augusto, incluso que la ciudad sea la colonia Ituci Virtus Iulia que Plinio menciona en el Conventus Astigitanus. Durante todo el siglo I se llevó a cabo un notable desarrollo urbanístico, del que son ejemplo el foro, el macellum, y las termas. Los restos escultóricos hallados en el sector del foro constituyen una prueba evidente del culto imperial que los habitantes de esta ciudad rindieron a diversos miembros de la familia julio-claudia.
     Tras el esplendor de la época romana altoimperial, la ciudad fue perdiendo importancia de forma paulatina durante las épocas tardoantigua y visigoda. La presencia árabe está constatada desde el califato hasta el siglo XII, como evidencia el material cerámico y numismático, así como algunas estructuras murarias. 
     El castillo medieval que corona el punto más elevado del cerro es una obra castellana, de finales del siglo XIII o comienzos del siglo XIV. Los documentos de la época lo citan con el nombre de Castro el Viejo, y se sabe que perteneció al rey Alfonso X, quien lo donó a Fernán Alfonso de Lastres en compensación por los servicios militares prestados durante la conquista, manteniendo así el papel estratégico que el lugar había tenido durante siglos. Tras un corto período de tiempo en poder señorial pasó a manos del concejo de la ciudad de Córdoba, institución encargada de nombrar a sus alcaides. 
     A comienzos del siglo XVI quedó deshabitado, siendo vendidas sus tierras (cortijo de Paredones de Medina y cortijo de las Vírgenes) a particulares durante el siglo XIX (Morena López, 2010).
     En 2005, el yacimiento pasó a estar tutelado por el Ayuntamiento de Baena. Desde entonces, se ha desarrollado un amplio proyecto de estudio, recuperación y puesta en valor para convertirlo en un parque arqueológico (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Se trata de una ciudad ibero-romana, emplazada en la campiña de Córdoba, posible colonia Virtus Iulia Ituci o municipio Bora.
     Ocupación : Prehistoria a Edad Media.
     El lugar conocido como Torreparedones o Torre de las Vírgenes está ubicado en plena campiña cordobesa, entre los ríos Guadalquivir al norte y el Guadajoz al sur, en el límite septentrional de los términos municipales de Baena y Castro del Río. Su situación topográfica, sobre una de las cotas más elevadas de la zona (579.60 m.s.n.m.) lo convierten en el techo de la Campiña.
     El empuje decisivo para la recuperación del yacimiento lo ha dado el Ayuntamiento de Baena, que decidió poner en marcha allí un parque arqueológico. Inaugurado y abierto al público desde el 16 de enero de 2011, de Torreparedones destacan como elementos más singulares y atractivos la muralla ibérica, la puerta principal de acceso a la ciudad de época romana, el santuario iberorromano, el centro monumental de la ciudad romana (termas, macellum y plaza del foro), así como el castillo medieval.
     Estuvo habitado al menos durante 5.000 años, desde finales del Neolítico hasta la Baja Edad Media. En las épocas ibérica y romana Torreparedones alcanzó su máximo esplendor contando, ya desde el siglo VI a.C., de una potente muralla, reforzada con torres, que rodeaba un espacio de 10,5 Has.
     Ubicación: Carretera A-3125, PK. 18. Distancia desde Baena al centro de recepción de visitantes 22 kms.
     Horarios Turísticos: Abierto solo sábados y domingos de 10 a 14 h, permitiéndose el acceso hasta las 13 horas, este horario se mantendrá hasta la finalización de la puesta en valor de los últimos descubrimientos que será el momento de la apertura en su horario habitual.
     Precio de las entradas: Visita individual adultos 2€. Visita precio reducido 1€ para menores de 12 años, familias numerosas, jubilados, personas con discapacidad superior al 33 %, poseedores del carnet joven y grupos organizados de más de 10 personas (Diputación Provincial de Córdoba).

Tamboradas de Baena
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     En la víspera de San José es el único día que se saca el tambor sin uniforme ni siguiendo el esquema formal organizativo, sino que se forman grupos de amigos o familias que sacan los tambores y recorren los bares de la ciudad, hecho que se alarga hasta la madrugada, con el permiso del Ayuntamiento, al ser el único día (además de en Semana Santa) que se permite el toque hasta las seis de la mañana. 
     Posteriormente, ya no es hasta el Miércoles Santo cuando los tambores salen a la calle, concretamente a las cinco de la mañana, expresándose la locución local de "echar las cajas", acto que representa el inicio de la Semana Santa. Los encargados de su ejecución son, principalmente, los Judíos de Cola Blanca de la Cola Negra, que tanto en procesión como fuera de ella llenan el espacio sonoro y físico de la ciudad hasta el Domingo de Resurrección. 
     Existen tres tipos de toque diferenciados según el momento en que se interpretan: el Toque de Procesión, propio de los desfiles procesionales, aunque también se toca en la visita a los Sagrarios (monumentos eucarísticos), en los Prendimientos y en algunos momentos puntuales. El Toque de Calle, que se realiza siempre que el judío está en la calle, durante la recogida de las cuadrillas y autoridades, y en los desfiles de las turbas de judíos, pero nunca en el momento de la procesión. Lo ejecuta el judío, solo o en grupo, cuando recorre las calles del pueblo. Junto con el redoble, es el toque usado en la víspera de San José y en los momentos que los judíos andan por las calles durante la Semana Santa. El Redoble, que tradicionalmente, suele ejecutarse como acompañamiento de las imágenes durante la procesión, así como en la recogida de Parroquias en la tarde del Viernes Santo que hace la turba de los coliblancos. Los encargados de ejecutarlos son el «trío redoblante», compuesto por un redoblante y dos acompañantes, que van redoblando durante todo el recorrido. Suele también practicarse, de manera puntual, en cualquier momento del paseo del judío a modo de exhibición de destreza en su ejecución, así como en los ratos compartidos entre amigos, y en ocasiones para honrar a alguna imagen. El redoble es la ejecución más compleja de los toques de tambor de Baena, y hacerlo frente a una imagen es la aspiración de todo redoblante. Dentro de los tambores existe una particularidad que son los Tambores Roncos, el cual tiene su toque característico, diferenciándose por su sobriedad y ritmo, con un sonido más grave y menos estridente y acompaña, por ello, las procesiones más solemnes y más relevantes, como la de "Los Enlutaos" del Viernes Santo por la noche. 
     Indumentaria
     En la víspera de San José no se precisa indumentaria específica. En el caso de Semana Santa los intérpretes, los "coliblancos" y "colinegros", salen a la calle en grupos o cuadrillas, vestidos con pantalón negro y chaqueta roja bordada artesanalmente, al igual que ocurre con los tambores, aunque lo que les identifica respecto a otros grupos son unos singulares cascos de latón de los que cuelgan largas crines de caballos blancas o negras, de ahí su nombre.
     Instrumental
     El tambor realizado en Baena es una estructura cilíndrica de unos 25 centímetros de alto por 50 de diámetro, realizado con madera y latón dorado la estructura, pellejo de chivo la membrana y unos chillones (hilos de tripa de cerdo) amarrados al pellejo inferior, que es lo que le otorga el sonido particular. Se toca con unas baquetas de madera. 
     Dentro de los tambores existe una particularidad que son los Tambores Roncos, más pequeños, con parches o membranas más gruesas, sin la tripa en la parte inferior y están cubiertos por completo de terciopelo o tela del color de la hermandad que lo lleva (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El tambor del Baena fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en el año 2018.
     La declaración de las Tamboradas de Baena, es compartida con 17 de municipios de cinco comunidades autónomas con tradiciones similares.
     El tambor de Baena es una tradición profundamente arraigada en la localidad. Supone también la primera declaración Unesco andaluza que está directamente relacionada con un hecho tan relevante social y culturalmente como la Semana Santa (Diputación Provincial de Córdoba).

Los Humedales.-
     En la Laguna de la Quinta se pueden observar garzas reales, garceta común, somormujos y flamencos rosados, también con bastante frecuencia durante los meses de invierno el pato cuchara, el ánade silbón y friso.
     Por su parte, en la laguna del Rincón del Muerto podemos encontrar a la cigueñuela y avoceta, el chorlitejo chico, el andarrios chico, el archibete común, ánade real, flamenco común, aguilucho lagunero, garza real y otras (Diputación Provincial de Córdoba).

El Río Guadajoz.-
     Presentan sus riberas en su mayor parte vegetación de taraje y también un mosaico de cultivos de huerta que constituyen el soporte ideal para una variada fauna.
     A su paso por el Puente de Piedra, el centro de interpretación del río y el parque periurbano hacen del lugar un paraje agradable orientado al ocio en plena naturaleza (Diputación Provincial de Córdoba).

La Vía Verde.-

La Cueva del Yeso.-
     La cueva del yeso destaca por ser la única cavidad existente en el Valle del Guadalquivir y la única cueva de origen hídrico de Córdoba.
     Alberga además una gran colonia de murciélagos de una especie en peligro de extinción y diversos tipos de gambas que solo han sido identificados a nivel mundial en esta cueva (Diputación Provincial de Córdoba).

La Plaza del Palacio.-
     En ella podemos admirar otro de los símbolos más representativos de la localidad, el León Ibérico de Baena, reproducción en bronce del original que se encuentra en el Museo Arqueológico de Madrid.
     En un giro de 360º el espectador contempla el Castillo-Alcazaba, la extensión de Baena hacia la campiña y la zona de huertas, el Convento y la Iglesia de Madre de Dios, la torre de la Iglesia de Santa María la Mayor conocida en tiempos como la catedral de la campiña y el arranque de las intrincadas calles del barrio de la almedina (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de los Ángeles
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     En sus orígenes lo único que existía era la imagen de la Virgen con el niño en brazos tallada toscamente en la roca, por un autor desconocido, en lo que era una cueva natural dentro del gran peñasco.
     Dicha imagen estuvo largo tiempo expuesta a la intemperie hasta que en 1722 fue construida la ermita para albergar en su interior a la Virgen de los Ángeles, a expensas del Duque Don Francisco Javier de Sessa, quién según cuenta la tradición local, la mandó levantar en agradecimiento a la Virgen por librarle de la muerte (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Situada a los pies del Cerro Minguillar, a orillas del río Marbella.
     En sus orígenes lo único que existía era la imagen de la Virgen con el niño en brazos tallada toscamente en la roca, por un autor desconocido, en lo que era una cueva natural dentro del gran peñasco.
     Dicha imagen estuvo largo tiempo expuesta a la intemperie hasta que en 1722 fue construida la ermita para albergar en su interior a la Virgen de los Ángeles, a expensas del Duque Don Francisco Javier de Sessa, quién según cuenta la tradición local, la mandó levantar en agradecimiento a la Virgen por librarle de la muerte (Diputación Provincial de Córdoba).

Museo del Olivar y del Aceite de Baena.-
     Cuenta con una zona de recepción, la almazara, restaurada y en funcionamiento, la bodega, una sala de usos múltiples donde se pueden visualizar diferentes audiovisuales, etc. Y su objetivo es el de dinamizar los aspectos mas significativos de la cultura del aceite y del olivar.
     Se trata de un entorno educativo, donde los visitantes pueden tener una experiencia a través de sus cinco sentidos que les permita acercarse y profundizar en la trama de esta milenaria cultura.
     Horarios: https://www.museoaceite.com (Diputación Provincial de Córdoba).

Embalse de Valdomojón.-
     Inaugurado en el año 1988, este embalse, que limita las provincias de Jaén y Córdoba cuenta con una capacidad de 163 hm3 y 782 has. de superficie y es uno de los más importantes de la cuenca del Guadalquivir.
     Ha supuesto el desarrollo de actividades náuticas, deportivas y turísticas, y de pesca en la zona, hasta llegar a convertirse en uno de los escenarios de pesca más importantes de la provincia de Córdoba (Diputación Provincial de Córdoba).
     
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Murallas y restos del Castillo, La Tercia, Ermita de Santa Marina, Parque Arqueológico de Torreparedones, Tamboradas, Humedales, Río Guadajoz, Vía Verde, Cueva del Yeso, Plaza del Palacio, Ermita de los Ángeles, Museo del Olivar y del Aceite, y Embalse de Valdomojón) de la localidad de Baena (y II), en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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