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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 18 de marzo de 2026

La pintura mural de San Braulio, de Juan Antonio Rodríguez, en la Escalera principal del Palacio Arzobispal

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura mural de San Braulio, de Juan Antonio Rodríguez, en la Escalera principal del Palacio Arzobispal, de Sevilla.
     Hoy, 18 de marzo, en Zaragoza, ciudad de la Hispania Tarraconense, Memoria de San Braulio, obispo, que amigo íntimo de San Isidoro, colaboró con él para restaurar la disciplina eclesiástica en toda Hispania y fue semejante a él en elocuencia y ciencia (651) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura mural de San Braulio, de Juan Antonio Rodríguez, en la Escalera principal del Palacio Arzobispal, de Sevilla.
    El Palacio Arzobispal [nº 5 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 5 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza de la Virgen de los Reyes, 1, en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
   En la segunda mitad del siglo XVII, se construyó la monumental escalera, renovándola el arquitecto Fray Manuel Ramos en los años finales del mismo siglo.
     La mencionada escalera fue revestida con pinturas entre 1778 y 1781 por Juan de Espinal.
     Las salas en donde se conservan obras de arte se disponen fundamentalmente en la parte alta del edificio, en torno al segundo patio. A estas dependencias se accede a través de la escalera principal antes citada, que es de un solo tiro y de tres tramos y que se cubre con una cúpula central decorada con pinturas de carácter arquitectónico, que fingen una gran profundidad espacial. En el centro de la cúpula aparece el escudo del arzobispo D. Antonio Paino en cuyo mandato se construyó el hueco de la escalera. La pintura de la cúpula se realizó durante el arzobispado de D. Francisco Javier Delgado y Venegas, por Juan de Espinal, artista que trabajó al servicio de este prelado. Las pinturas que figuran en las pechinas y en los espacios semicirculares son obras del presente siglo, y de secundario interés (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia I. Diputación de Sevilla y Fundación José Manuel Lara, 2004).
     Se trata de uno de los medios lunetos que sustentan la cúpula en el que se representa la figura de San Braulio a modo de escultura fingida rodeada por una arquitectura también fingida. Así el santo se encuentra en el interior de una hornacina flanqueada por pilastras planas ricamente ornamentadas por una decoración de tipo vegetal que también se sitúa en la rosca del medio punto de ésta hornacina. 
     Su interior se cubre con media bóveda avenerada. Sobre el arco y rodeada por esa misma decoración, se sitúa una cartela con el nombre del santo.
     La figura se presenta de pie, de frente al espectador aunque inclina su cabeza hacia un lado. Avanza una de sus piernas en actitud de andar, movimiento que se intenta representar en los pliegues de sus vestiduras. Viste alba y capa pluvial de tonos blancos y azules con un rico broche. Lleva también una estola y una cruz a la altura del pecho. El santo se representa como un hombre de avanzada edad con barba blanca y cubre su cabeza con una mitra. De rostro sereno, dirige su mirada hacia un lado, sustentando con su mano izquierda un libro y con su mano derecha el báculo.
     La decoración pictórica de la escalera principal del Palacio Arzobispal está muy relacionada con su ejecución arquitectónica, ya que ésta fue realizada en dos fases. Una primera fase en tiempos del arzobispo Don Antonio Paino, 1663-1669, en la que se realizó la ejecución del hueco y la cubrición de la cúpula, de ahí que su escudo arzobispal figure en el centro de la cúpula. Durante la segunda fase se realizó la ejecución de la escalera propiamente dicha, en tiempos del mandato del arzobispo Don Jaime Palafox. Finalmente durante el mandato del arzobispo Don Francisco Javier Delgado y Venegas, 1771-1781, se realizaron las pinturas que decoran la cúpula encargando al pintor Juan de Espinal los catorce lienzos que decoraban las paredes de la escalera y también la decoración pictórica de la cúpula. 
     Actualmente éstos lienzos se encuentran dispersos por varias dependencias del Palacio y en la iglesia de San Juan de Aznalfarache. 
     Estas pinturas fueron desmontadas de la escalera en tiempos del Cardenal Illundain, en torno a 1930,.
A mediados del siglo XX las pechinas y lunetos de la escalera se volvieron a pintar en época del Cardenal Segura, realizándose una galería de retratos de personajes históricos y santos, realizados por el pintor Juan Antonio Rodríguez, en 1940-45 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Leyenda, Historia, Culto e Iconografía de San Braulio, obispo; 
   Nacido hacia 585, discípulo preferido de San Isidoro de Sevilla, fue obispo de Zaragoza en la época visigótica, entre 631 y 651. Escribió la Vida de San Millán de la Cogolla.
     Canonizado hacia 1200, sus reliquias fueron depositadas bajo el altar mayor de Nuestra Señora del Pilar.
     Es patrón de Zaragoza (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Braulio, obispo;
     San Braulio de Zaragoza, (c. 585 − Zaragoza, 651). Obispo de Zaragoza (631-651), escritor y bibliófilo.
     Fue la personalidad más eminente de la Zaragoza visigoda, e incluso la más relevante de la Iglesia hispana después de la muerte de su maestro y amigo Isidoro de Sevilla. Pertenecía por nacimiento a una familia noble y episcopal de ascendencia hispanorromana, aunque vinculada con magnates visigodos por lazos de parentesco.
     Su padre, Gregorio, era obispo de Osma en 610, y tres de sus hermanos, Juan —que además le precedió en la sede episcopal de Zaragoza—, Fronimiano y Pomponia, llegaron a ser abades y abadesa, respectivamente, de otros tantos monasterios. Una cuarta hermana, Basila, también era monja. Se ignora su lugar exacto de nacimiento, aunque algunas referencias contenidas en su correspondencia apuntan a la propia Zaragoza, a Osma y Gerona como posibles patrias.
     Precisamente de su padre y, sobre todo, de su hermano Juan, de quien Ildefonso de Toledo alaba el talento, recibió su primera instrucción. Después se trasladó a Sevilla (hacia 610), con el fin de formarse en su escuela episcopal bajo la dirección de Isidoro. Fue entonces cuando Braulio sugirió a su maestro que compendiase toda su sabiduría en las Etimologías. Tras ser elegido su hermano Juan obispo de Zaragoza (619), regresó a la ciudad para auxiliarle como arcediano. A su muerte (631), le sucedió al frente de la diócesis zaragozana.
     El descubrimiento en el siglo XVIII de su Epistolario en los archivos de la catedral de León ha permitido ponderar, tanto por el contenido de la correspondencia como por los destinatarios de las misivas —entre los que se cuentan el propio Isidoro, Tajón, el papa Honorio y los reyes Chindasvinto y Recesvinto, además de obispos, presbíteros y piadosos laicos—, la relevancia política, religiosa y cultural que alcanzó durante su episcopado. En el ámbito político-religioso actuó como consejero real con Chindasvinto y Recesvinto.
     Al primero le asesoró en la preparación de la sucesión al trono (648) en beneficio de su hijo; con el segundo colaboró en la corrección del primer borrador del Liber Iudicum (Libro de los jueces). Ejerció con sutileza el poder de la influencia en la decisiva sede episcopal de Toledo, a la que Recesvinto había elevado a uno de sus discípulos predilectos, su arcediano Eugenio. Además, intervino activamente en los concilios IV (hacia 633), V (hacia 636) y VI (hacia 638) de Toledo, y dejó en las correspondientes actas la impronta de su pensamiento teológico y cristológico, incluso es posible que redactase el símbolo de fe aprobado en el último de los Concilios citados. Al concluir la asamblea episcopal fue elegido por los padres reunidos para dirigirse, en nombre de todos, al obispo de Roma, Honorio I, en defensa de los prelados hispanos, a quienes el Papa había reprochado su descuido en relación con los judíos, un encargo que pone de manifiesto la autoridad moral que ejercía en el seno de la Iglesia hispana.
     Junto al Epistolario, en el que imita brillantemente a Jerónimo, escribió varios opúsculos, entre los que sobresalen la Vita sancti Aemiliani, su mayor contribución a la liturgia de su tiempo, y Praenotatio Librorum D. Isidori, que contiene el elogio de Isidoro y un apreciado catálogo de sus obras. Pero su verdadera aportación a la historia de la cultura deriva del docto magisterio que ejerció en Zaragoza, tanto desde la biblioteca episcopal —llegó a contar con más de cuatrocientos volúmenes— como desde la formada en el monasterio de los Santos Mártires. Gracias a estos focos de saber, Zaragoza ostentó la primacía cultural en la España visigoda después del ocaso de la escuela sevillana, una vez desaparecido Isidoro. Su correspondencia con el obispo de Sevilla revela la estrecha amistad y la afinidad intelectual entre ambos, de la que es buena muestra el interés de Braulio por la magna obra enciclopédica de su maestro, que éste le envió para corregir. El mismo testimonio epistolográfico representa a Braulio empeñado en conseguir copias de obras cristianas con las que enriquecer los fondos de la biblioteca catedralicia; y a la vez respondiendo a peticiones de la misma clase, como la que le dirige Fructuoso, después obispo de Braga, desde el monasterio Peonense, que le solicitó las Colaciones de Casiano y las Vidas de los santos Honorato, Germán y Emiliano.
     Incluso es requerido como exégeta de determinados pasajes de los libros sagrados por el mismo presbítero, lo que prueba que su reputación como teólogo y biblista excedió los límites de la región.
     Finalmente, y no es su mérito menor, puso en marcha, desde el scriptorium episcopal y con la colaboración del clero a sus órdenes, un ambicioso programa de recuperación y copia de los principales textos del saber antiguo, contribuyendo así a la conservación y transmisión de la cultura clásica, de la que era un experto conocedor. Su eminencia como teólogo, canonista, erudito y hombre de la Iglesia le hizo merecedor de un capítulo de las biografías dedicadas por Ildefonso de Toledo (657-667) a Los hombres ilustres (De uiris illustribus). Murió en 651 y fue canonizado en el siglo XIII. En el martirologio romano se guarda como día de su muerte el 26 de marzo (María Victoria Escribano Paño, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Palacio Arzobispal, en ExplicArte Sevilla.

martes, 3 de marzo de 2026

La lápida conmemorativa a Miguel de Mañara, en la fachada del Palacio de Miguel de Mañara

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la lápida conmemorativa a Miguel de Mañara, en la fachada del Palacio de Miguel de Mañara, de Sevilla.    
     Hoy, 3 de marzo, es el aniversario (3 de marzo de 1627) del nacimiento de Miguel de Mañara, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la lápida conmemorativa a Miguel de Mañara, en la fachada del Palacio de Miguel de Mañara, de Sevilla.
     El Palacio de Miguel de Mañara (actual sede de la Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía) [nº 14 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Levíes, 27; en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
     En la fachada del Palacio de Miguel de Mañara podemos contemplar una sencilla lápida conmemorativa marmórea, con la siguiente inscripción:

EL MIÉRCOLES 3 DE MARZO DE 1627 NACIÓ EN ESTA CASA
EL VENERABLE SIERVO DE DIOS
DON MIGUEL MAÑARA VICENTELO DE LECA
CABALLERO DEL HÁBITO DE CALATRAVA
FUNDADOR INSIGNE DEL HOSPICIO Y HOSPITAL DE LA SANTA CARIDAD
EL QUE ABANDONÓ ESTA SUNTUOSA MORADA PARA VIVIR EN LA DE
"SUS AMOS Y SEÑORES LOS POBRES"
ENTRE LOS QUE MURIÓ CON FAMA DE SANTIDAD
EL DÍA MARTES 9 DE MAYO DEL AÑO DEL SEÑOR DE 1679.

Conozcamos mejor la Biografía de Miguel de Mañara, personaje homenajeado en la obra reseñada;
     Miguel Mañara Vicentelo de Leca (Sevilla, 3 de marzo de 1627 – 9 de mayo de 1679), caballero de la Orden de Calatrava y “gran limosnero de Sevilla”.
     A Miguel Mañara se le ha querido confundir a veces, fruto de la literatura romántica francesa del siglo XIX, con el mismo Juan Tenorio, que de gran pecador de disipada juventud, se convirtió en el gran arrepentido, de penitente y piadosa vejez. Nada hay en la juventud de Mañara, que tenga algo que ver cun esis “crímnes tan numeroso —que le atribuye E. Van Loo— como numerosos eran sus triunfos amatorios”; ni nada semejante a ese “llibertini cavallero” que presenta: el de “la espada continuamente ensangrenyada”. Contrario es el juicio que le merece a Marañón, maestro indiscutible en la materia: “Durante toda la época romántica hasta nuestros tiempos —escribe— se ha personificado el donjuanismo en un sevillano del más alto valor emocional, en Don Miguel de Mañara [...], que todavía goza de un alto prestigio de Don Juan. Es igualmente un error, y no sólo porque Mañara es muy posterior a Tirso de Molina y no pudo, por tanto, ser su modelo, sino porque Mañara fue, ante todo, un místico”.
     Nació en Sevilla de una familia rica, originaria de Córcega. Su padre, Tomás, había vuelto de sus viajes al Perú con fama de grosario o de opulento comerciante.
     Pasó los días de su juventud entre las naturales diversiones y el ambiente cristiano de su familia. A los veinticuatro años, el ya caballero de Calatrava quedó de único heredero de la gran fortuna de sus padres, en aquella Sevilla, “amparadora de pobres y refugio de desdichados”, que era considerada entonces como una de las ciudades más ricas de Europa. En 1648 casó con Jerónima Carrillo de Mendoza, de la alta nobleza sevillana. Ésta murió pronto y fue entonces cuando Mañara, quien, al decir de sus contemporáneos, vivía “cuerda y cristianamente”, dio un nuevo cambio de vida. El mismo Mañara confesó que “vivía muy gustoso y teníase por muy afortunado con la compañía de doña Jerónima, su mujer, de quien cada día iba haciendo mayor estimación, al paso que iba conociendo los quilates de su mucha virtud, fuera de las demás prendas que la hacían singularmente amable”.
        Cuando murió Jerónima, contaba con treinta y tres años de edad. En un golpe de gracia, aprendió entonces “a conocer con gran claridad la brevedad de la vida, la certidumbre de la muerte y la vanidad de las glorias del mundo”. Su sobrino, el marqués de Paradas, cuando corrió a su encuentro en la soledad de Montejaque (señorío de Jerónima), le halló “poseído de un sentimiento, aunque muy grande, muy prudente y católico, deseando sólo aprovecharse de golpe semejante y acabar de desatar las pigüelas de este mal mundo, que tanto impiden para volar al cieño”. Pasó, entonces, por un proceso de “conversión interior”; poco a poco se fue desprendiendo de sus inmensos bienes y pronto fue considerado como el gran limosnero de la ciudad. Entró en la cofradía de la Santa Caridad, que se dedicó a favorecer a pobres y necesitados, llegando a ser de por vida hermano mayor de la misma. En una de las actas del Cabildo se lee que “propuso el señor don Miguel Mañara que el principal instituto de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo es cuidar de los pobres, y que los mendigos son los que tienen primer lugar como más desvalidos que andan a la inclemencia del tiempo de noche y de día, del que ha resultado morirse muchos aceleradamente.
     Y que le parecía acudir a estos daños, haciendo el cabildo que los dichos pobres mendigos se recojan de noche y se les dé para que no padezcan mayor daño. Y allí, con lo que pueda, la Hermandad los socorra para que puedan dormir y enjugarse si estuvieren mojados”.
     “Hospicio de pobres y peregrinos”, como llamaban a la Santa Caridad, hizo construir para ella una hermosa capilla, en la que dejaron obras maestras sus amigos Roldán, Valdés Leal y Murillo. Habiéndose desprendido de todos sus bienes, se quedó a vivir en una humilde celda de la Caridad, donde escribió su memorable Discurso de la verdad, y murió santamente el 9 de mayo de 1679. En el Libro nuevo de hermanos se anota lo siguiente: “Murió el día 9 de mayo de 1679 con grande opinión de santidad. Fue padre y restaurador de esta Hermandad. 
     Está su venerable cuerpo debajo del presbiterio de esta santa iglesia de la Caridad, encima de la cual, en una losa, están recopiladas sus heroicas virtudes [...] No merecimos tanto bien. Viva eternamente en la feliz compañía de los Santos”. En los sevillanos quedó la memoria de Miguel Mañara como “limosnero de la ciudad, “varón justo”, “padre de los pobres y consuelo de los afligidos”.
   Se abrió su proceso de beatificación, que todavía sigue pendiente en Roma (Francisco Martín Hernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la placa conmemorativa a Miguel de Mañara, en la fachada del Palacio de Miguel de Mañara, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Palacio de Miguel de Mañara, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Levíes, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 21 de enero de 2026

Los principales monumentos (Dolmen, Castillo, Iglesia del Castillo, Ermita de los Remedios, Ermita de San Antonio, Ermita de los Santos mártires Aquila y Priscila, Ermita desaparecida de los mártires San Fabián y San Sebastián, y Casa Palacio del Intendente) de la localidad de Magacela, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Dolmen, Castillo, Iglesia del Castillo, Ermita de los Remedios, Ermita de San Antonio, Ermita de los Santos mártires Aquila y Priscila, Ermita desaparecida de los mártires San Fabián y San Sebastián, y Casa Palacio del Intendente) de la localidad de Magacela, en la provincia de Badajoz.
     Se sitúa en el sector villanovense de la Serena, sobre la ladera de una escabrosa sierra cuarcítica que surge aislada entre las penillanuras, configurando de tal modo un asentamiento atípico en relación con el modelo característico del partido judicial.
     Sus excepcionales condiciones estratégicas hicieron de este enclave desde los tiempos más remotos punto muy favorable para el establecimiento de núcleos defensivos.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 75,8 Km2
     Altitud: 485 m.
     Distancia Capital: 125 Km.
     Partido Judicial: Villanueva de la Serena
     Comarca: La Serena
     Gentilicio: Magaceleño
Ayuntamiento de Magacela
     Avenida de la Constitución, 2
     06468 Magacela (Badajoz)
     Teléfono: 924853011
     Fax: 924853101
     Web: www.magacela.es
Historia.-
    Se sitúa en el sector villanovense de la Serena, sobre la ladera de una escabrosa sierra cuarcítica que surge aislada entre las penillanuras, configurando de tal modo un asentamiento atípico en relación con el modelo característico del Partido Judicial.
     Sus excepcionales condiciones estratégicas hicieron de este enclave desde los tiempos más remotos punto muy favorable para el establecimiento de núcleos defensivos. Así, a partir de una primera fortificación de origen celta, en esta cima se han erigido fortalezas romanas, árabes y cristianas.
     Respecto el topónimo, su origen trata de conectarse con el apelativo romano de Magna Cella (gran despensa) supuestamente aplicado al lugar por la riqueza cerealística de los territorios que domina. Con la misma circunstancia se relaciona también el nombre árabe de Unm Gazala (Casa Madre). Mejor documentada resulta la identificación con la colonia romana de Contosolia. Interpretaciones legendarias más pintorescas pretenden hacerlo derivar de la anécdota de la "amarga cena" del penúltimo Maestre de Alcántara, Alonso de Monroy, tras la cual su sobrino y alcaide del castillo lo encarceló y dio muerte.
     Debido a su excepcional ubicación la importancia histórica de la población resulta muy destacada. Así, tras ser ocupada a los árabes en el siglo XIII, Fernando III la entregó a la Orden de Alcántara a cambio de Trujillo. La institución estableció aquí su Casa Prioral, constituyéndose de tal modo en cabeza de toda la Serena. A finales del XV el Priorato se trasladó a Villanueva, iniciándose con ello la decadencia de Magacela (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-
     El elemento más significado del lugar es el Foto: Vídeo formidable castillo que lo domina y a cuyo abrigo surgió la población. Se trata de una fortificación con triple recinto de piedra y hormigón en cuyos cimientos se aprecian los similares ciclópeos de la primitiva obra romana. Una poderosa torre del Homenaje, aljibes y otros restos, atestiguan la importancia de la obra. En ella se conservan también los restos de la antigua iglesia de Santa Ana, parroquia primitiva de Magacela, la cual se mantuvo en culto hasta que resultó incendiada en 1937, y del viejo cementerio.
     La población permaneció en el interior de la fortaleza hasta el siglo XIV, en que el caserío comenzó a descender por la ladera. Dada la escabrosidad del terreno, la disposición de las edificaciones sobre la fuerte pendiente constituye un prodigio de habilidad y pragmatismo. En la zona más alta las calles son tortuosas y con acusada cuesta, formando quiebros y desniveles donde abundan los rincones de gran pintoresquismo.
     Las calzadas dispuestas por delante de las viviendas, las portadas góticas y demás componentes, originan un panorama urbanístico de insuperable plasticismo. En ese ámbito se sitúan la Ermita de San Antonio, primitiva parroquia extramuros, el Hospital de Caridad, la cárcel vieja y la casa del Intendente de la Orden de Alcántara. En la parte baja se levantó hace unas décadas una nueva iglesia parroquial de estilo indefinible, con una torre cilíndrica fabricada con adoquines de granito, cuya artificial arquitectura resulta extraña al medio.
     Al pie de la población, ya en el llano, se sitúa la Ermita de los Remedios, iglesia del antiguo convento prioral alcantarino, erigido a finales del siglo XV por el Prior Cristóbal Bravo de Laguna, cuyo monumento funerario acoge. No lejos se conserva un magnífico dolmen.
     Aunque ha habido algunas modificaciones en el aspecto urbanístico, lo que aún se conserva del casco histórico hace de Magacela un conjunto inigualable cuya visita permite gozar de su configuración y rincones, y de las irrepetibles panorámicas que se dominan desde su atalaya. En 1993 la localidad fue declarada como Conjunto de Interés Histórico Artístico por la Junta de Extremadura (Diputación Provincial de Badajoz).

Dolmen.-

     El monumento megalítico de Magacela lo encontramos al nordeste del promontorio en el que se levantó la población, en la zona conocida como “Los Tejares”. No es complicado su acceso, ya que está situado a pocos metros del inicio del camino que nos lleva al santuario de Nuestra Señora de Los Remedios, patrona de la villa.
     A comienzos del siglo XX ya se tiene constancia de este sepulcro como parte del patrimonio prehistórico extremeño, inventariado en el Catálogo Monumental de la Provincia de Badajoz como “Dolmen de la cerca de Marzo”, con el número 523. En la memoria, señala el profesor Mélida que tal vez existió otro similar en el término de la localidad, citando como el médico de Magacela, en 1908, conocía otro monumento semejante en el cerro de Porras, pero que nunca lo llegó a encontrar.
     El monumento megalítico de Magacela se adscribe a la tipología de dólmenes de corredor o galería, que se caracterizan por estar formados en planta por una cámara y un pasillo adintelado de acceso a ésta. El término “megalítico” alude al enorme tamaño de las piedras que conforman estas primitivas estructuras arquitectónicas del neolítico y calcolítico peninsular. El único elemento que nos ha llegado del sepulcro es la cámara circular. Todo el pasillo o corredor ha desaparecido, si bien Mélida pudo fotografiarlo a principios de la centuria pasada. Las piedras u ortostatos de éste se dispersaron por el entorno. Algunos de estos monolitos los hemos encontrado en las cercanías, siendo parte de puentes o badenes de arroyos, y otros elementos arquitectónicos.
     Otro de los elementos ya desaparecidos es el túmulo de tierra, cubierta o bóveda que cerraba la cámara. El espacio circular que nos ha llegado es la celda mortuoria, si bien en otros dólmenes como éste se han encontrado enterramientos inclusive en el corredor, seguramente por saturación del espacio. También se construyeron cistas anejas a las cámaras principales de los dólmenes cuando las inhumaciones rebasaban el espacio.
     La cámara funeraria del de Magacela se compone de doce ortostatos de granito, estando, como hemos mencionado, o bien cerrada con una gran losa monolítica, varias placas y/o una falsa cúpula. Entre todos destacan por su altura los dos monolitos que indican la puerta de entrada, así como dos bloques recortados verticalmente en los márgenes y unidos entre sí formando una especie de ventana (ortostatos nº 3 y 4). Otro casi ha desaparecido, del que solo queda la base fracturada a no ser que fuese umbral de acceso a otra cámara o cista (ortostato nº 5).
     Se suele denominar a esta tipología de dolmen como "Tholos" con corredor, cuando la cámara sepulcral circular se resuelve mediante la construcción de una falsa bóveda por aproximación de hileras, si bien el término estrictamente alude a la forma en círculo, independientemente del acabado o cierre de la cámara, sea con una solución arquitectónica u otra (losa, losas y/o falsa cúpula). Para soportar el peso de la masa tumular, pudo tener un elemento central para sustentar el cierre, si bien no se conservan indicios.
     El túmulo es evidente que existió cubriendo todo el conjunto, la inclinación hacia dentro de las piedras o paredes de la cámara es testigo de las toneladas de tierra y piedras que soportó. Una más que posible alineación de anillos de piedra impediría su erosión, conformando una barrera arquitectónica antideslizamiento de toda la masa tumular.
     La altura media del conjunto de monolitos de la cámara es de 1,75 metros, mientras que la de los bloques de la entrada donde arrancaría el pasillo hacia el Este supera los 2 metros. La cámara funeraria tiene 5,10 metros de diámetro en el eje Este-Oeste, y unos 30 cms. menos en el eje Norte-Sur.
     Todos los ortostatos presentan un anverso (parte que mira al interior de la cámara) mucho más trabajado, liso y uniforme, siendo el reverso más tosco. El sepulcro mediría en su totalidad unos 14 metros de longitud (5 metros de diámetro de la cámara y 9 metros más del corredor), siendo los bloques del pasillo o corredor los más bajos.
     Un aspecto a destacar de esta construcción es la decoración que presentan los cinco ortostatos que se han marcado en la planta. Los motivos representados se han tratado en las ilustraciones que acompañan este texto. Los grabados de figuras antropomorfas (forma humana) o ramiforme (forma de rama, tronco con ramificaciones), zoomorfas (de animal), soliformes (forma de sol), serpentiforme (ondulación) y cazoletas (oquedades) son de difícil interpretación, como ocurre a la hora de dar un significado a las representaciones de la pintura rupestre esquemática. En ellas se ve la plasmación en la piedra de una realidad coligada a connotaciones culturales, religiosas y rituales enmarcadas en una realidad y espacio temporal determinado. La cotidianidad y paralelismo al conjunto de representaciones en monumentos similares y abrigos con pinturas, pese a su distancia geográfica, es otro paralelismo que presentan con el resto de representaciones rupestres.
     El dolmen se supone expoliado, no habiéndose encontrado restos arqueológicos en su interior por no conocerse excavación documentada, si bien se ha detectado alguna pieza en su entorno del periodo calcolítico clasificado como elemento funerario votivo.
     A falta de ajuar y restos encontrados in-situ para su estudio, por las similitudes con otros sepulcros megalíticos, tanto arquitectónicamente hablando como por su decoración, hay que datarlo dentro del periodo Neolítico Medio al Final y Calcolítico. El dolmen de Granja de Toriñuelo (Jerez de los Caballeros) o el de Azután (Toledo), que es sin duda su más semejante, dan testimonio de ello. Las representaciones esquemáticas, sobre todo la del ramiforme ocupando una ubicación semejante a la del de este último, y el sol como el de Toriñuelo -también lo encontramos en un abrigo de la sierra de Magacela- nos hablan de ideologías semejantes a pesar de ser comunidades ligeramente distanciadas espacialmente, aunque en continuo contacto cultural. Todo ello pone de manifiesto culturas en contacto intelectual e ideológico del IV - III milenio a. C., no descartando un uso continuo y posterior del conjunto, llegándose a utilizar como zona de enterramientos hasta el segundo milenio antes de nuestra era (Ayuntamiento de Magacela).

Castillo-Fortaleza.-
     Enclavada en la cima del cerro en que se asienta el pueblo, son diversas las circunstancias históricas y sociales en las que se han desarrollado las fases constructivas y de ampliación de la fortaleza.
     Desde los orígenes de la obra militar ciclópea, algunos autores defienden la hipótesis de que las tropas de Viriato se hicieron fuertes en Magacela, dominando desde sus muros todo posible movimiento y aproximación de las tropas romanas hasta que en el siglo II a. C tomaron la plaza y el dominio del vasto territorio que desde allí se controla. Pero nada de esto está corroborado científicamente, y sí que las estructuras defensivas sondeadas responden a un oppidum republicano, similar a los de Nertobriga y Seria, de la Beturia Céltica, y Mirobriga, Lacimurga y Hornachuelos, de la Túrdula. No se han hallado niveles prerromanos definitorios, y sí de una evidencia fundacional de mediados del siglo II a. C. manifestados por importaciones campanienses, mostrando más afinidades crono-estratigráficas con Hornachuelos, en Ribera del Fresno, tal vez la Fornacis citada por Ptolomeo. Podemos afirmar pues, que la fundación militar de Magacela es plenamente romano-republicana, en su fase tardía.
     En la etapa de ocupación musulmana, que gracias a las referencias literarias de Bakrí y Yaqut en los siglos XI y XIII respectivamente, sabemos de la ya existencia del castillo beréber de “Umm Gazala”, los árabes arman la fortaleza y defienden cada metro de su territorio, levantando una plaza inexpugnable al enemigo.
     Será en tiempos de ocupación almohade cuando la plaza adquiera cierta relevancia, construyéndose en esta época la mayoría de los elementos defensivos que nos han llegado del castillo.
     Con la reconquista cristiana, y tras la toma de la plaza definitiva en 1234, la raza guerrera y el clima físico-bélico se va disipando poco a poco, pues una etapa de cierta estabilidad bélica y un cambio de mentalidad de los nuevos ocupantes de la fortaleza, contribuyen a ello. Con los nuevos moradores, continúa el carácter militar en sus obras, aunque poco a poco, los elementos residenciales se van abriendo paso en detrimento de lo fuerte, factor que se ve acentuado sobre todo en época moderna. No obstante, nunca dejaron de otorgar elementos defensivos a la fortaleza en vista de posibles conflictos bélicos venideros.
     Es importante señalar que tras la reconquista, ya ocupada la fortaleza por los cristianos, siguió viviendo un gran número de musulmanes junto a éstos, por lo que, como veremos, la mano de alarifes de origen musulmán queda patente en determinadas zonas del castillo.
     La edificación se adapta totalmente a las condiciones topográficas del terreno y domina a la población desde lo más alto del cerro. Su fábrica, compuesta por ladrillo y mampostería en su mayor parte deja al granito algo de protagonismo en parte de sus muros como ángulos y basamentos de torres, en los que parece que las piezas han sido reutilizadas de otras construcciones anteriores.
     El perímetro fortificado del castillo abarca la máxima superficie que permite el desnivel de la alargada cresta rocosa en que se asienta. De este modo, ocupando una extensión de más de 250 metros por 65 metros de anchura en algunas partes, los muros se levantan a desigual altura, acondicionados por la irregularidad de las cotas orográficas que marca el terreno.
     Consta esta fortaleza de tres cuerpos o recintos; el llamado primer recinto, en la parte más oriental, en sus orígenes tuvo que albergar un importante número de población; el segundo, inmediato al primero y más a poniente, es de dimensiones mucho más reducidas que éste; por último, en la parte más occidental, se encuentra el cuerpo principal del castillo, que fue centro administrativo y funcional de la fortaleza.
     La puerta de entrada a la fortaleza se encuentra en la parte media de una torre cuadrada, se llega a ésta mediante una calzada en rampa que provoca un gran desnivel y hace perder a la torre mucha de la altura levantada. La torre debió de ser construida en los años finales del siglo XII. Es conocida esta puerta en la población con el nombre de “Puerta de San Pedro” o "Torre de las Campanas" por haber albergado la imagen del Santo en una hornacina que aún se conserva. En su terraza, de pavimento de ladrillo y accesible desde las escaleras que arrancan del anden, se conservan aún tres merlones con sus saeteras que más tarde se habilitaron para poner las campanas de llamada al culto del templo parroquial que alberga la fortaleza, de ahí su segunda denominación.
     Poco más adelante, una coracha corre ladera abajo del cerro desplazándose unos 35 metros. De ésta no queda prácticamente nada más que el arranque de los cimientos que aún afloran en el suelo. En el lienzo de la fortaleza contiguo a esta coracha, se puede ver la tipología ciclópea de la fábrica tardo-republicana romana en su parte inferior, así como los diferentes estratos sobrepuestos formando aparejos de distinta cronología y artífices.
     Ya en muros del segundo recinto, nos encontramos con una torre maciza de tapial y argamasa, forrada con mampostería que el tiempo ha hecho que se pierda casi en su totalidad. Es esta torre otra huella defensiva almohade y a su lado se encontraba la segunda puerta de la fortaleza, formada con arco de piedra labrada, hoy un gran vano circular: «... y a la parte de tramontana esta una portada de una arco de piedra labrada con una calçada que ssale al campo y no tiene puertas la dicha portada ...».
     Unos metros distante, destaca el tercer cuerpo o cuerpo principal de la fortaleza, cuyo elemento más destacado es la torre poligonal o del Homenaje.
     El lienzo meridional no presenta tanta complejidad. Mélida ve la inutilidad de hacer torres defensivas, ya que el terreno, mucho más inclinado que la zona septentrional, se encarga de cumplir su función defensiva. Actualmente, este muro ha desaparecido prácticamente, pero tenemos referencias documentales que pueden ayudar a reconstruirlo en parte.
     El lienzo de muralla de levante se construyó mediante enormes bloques de cuarcita siguiendo la tipología ciclópea romana republicana del sigo II a. C. El enorme tamaño de los bloques de piedra hace pensar que se arrancaron de los canchales más altos de la arista de la sierra, y se desplazaron, siempre en línea descendente, hacía su ubicación actual.
     En cuanto al interior de los distintos recintos de la fortaleza, cabe señalar como elementos relevantes los siguientes:
     El primer cuerpo del castillo conserva en su interior dos aljibes, la antigua iglesia Parroquial ubicada en lo más elevado del terreno, un cementerio situado en lo que abarcaría el antiguo patio de armas, además de todo el conjunto de espacios abovedados hundidos que forman un montón de ruinas de difícil interpretación. Uno de los dos aljibes se encuentra inmediato a la entrada en recodo, quedando ligeramente a nuestra izquierda, a pocos metros de haber efectuado el ingreso en el interior del castillo. De éste, sólo se conserva el vaso, muy profundo y excavado en la roca; encontrándose la bóveda a nivel del suelo y apreciándose el arranque de medio cañón y las placas de cuarcita que la formaban dispuestas perpendicularmente a su centro. El otro aljibe está ubicado entre el muro septentrional de la fortaleza y el del cementerio de este primer recinto. Por lo que se puede apreciar, la construcción era de mampostería con bóveda ligeramente apuntada.
     Al segundo recinto de la fortaleza, de unos 50 metros de longitud, accedemos desde el interior del primer cuerpo tras pasar el hueco en el que antes había una portada y dejando atrás dos cubos semicilíndricos defensivos que estaban unidos por un muro como documenta Alonso de Villarroel en el siglo XVII.
     En este segundo cuerpo se conservan dos aljibes, uno excavado en la roca y el otro data como construcción cristiana de mampostería con bóveda de cañón de ladrillo algo apuntada.
     En la parte occidental del conjunto defensivo, alejado, y siguiendo la tipología musulmana de situar distantes los palacios administradores y dependencias del Alcaide moro, se encuentra el denominado cuerpo principal que debió ser el alcázar de la fortaleza durante el dominio musulmán, centro primario, administrativo y económico, motor de todas las actividades de la comunidad. Este elemento constará de una mayor complejidad artística y urbanística que el resto de las partes ya estudiadas. Su situación viene a confirmar unas pautas estratégicas, ya que para acceder a él hay que salvar otros dos recintos defensivos más vulnerables.
     Actualmente se encuentra en ruinas, pero gracias a las trazas que Diego Martín hizo con motivo de unas obras en 1615, lo podemos reconstruir en parte. Estas fueron sacadas a la luz por el profesor Navareño del Archivo Histórico Nacional y muestran las dependencias a comienzos del siglo XVII. Las excavaciones de los últimos años en esta parte, han sacado a la luz todo lo que recoge el campanariense Diego Martín en 1615 con motivo de las obras de reparación y que pasamos a detallar.
     Al lado de la torre del Homenaje, adosadas al muro de levante, se encontraban dos dependencias seguidas: una era el pajar o gallinero mencionado, y la otra, más al sur, tahona para el pan. Contiguos al muro meridional se sucedían: un recinto utilizado como panera, caballerizas con piso arriba y una dependencia con horno. A poniente encontrábamos una sala con chimenea de campana en un extremo y una alacena en el otro.
     Las dependencias de los flancos septentrional, meridional y de poniente, rodeaban a un patio o plaza central que al parecer estaba algo elevado.
     Es curioso indicar como en el solar de la tahona, donde Diego Martín dibuja en sus trazas una columna central para la subjección de la techumbre, ha resultado que esta era un menhir prehistórico reutilizado como soporte. Presentaba este elemento cazoletas grabadas por toda su superficie.
     La Torre del Homenaje, datada a finales del siglo XII, tiene ocho caras y planta irregular, presentando en la parte media inferior una más por haberse achaflanado una de las que miran al norte. Así, se ha creado otro vértice en la parte inferior que se ha solucionado mediante una pequeña bóveda de ladrillo en saledizo. Es esta torre de mampostería con ladrillos en los ángulos, actualmente maciza, rellena de barro y argamasa y fue construida en fechas similares a las antes comentadas de entrada en recodo y tapial.
     La tipología de esta torre es similar a las denominadas “Torre Redonda” y “mocha” de Cáceres o a la de “Espantaperros” de Badajoz, todas de tapial y del mismo periodo almohade que esta de Magacela.
     En la Edad Moderna encontramos documentadas varias intervenciones en el castillo estudiadas por el profesor don Antonio Navareño Mateos y recogidas también por Alonso Gutiérrez Ayuso en su Tesis de Licenciatura ya publicada.
     Entre 1522 y 1534 se gasta con motivo de unas obras la cantidad de 83.514 maravedís. De estas obras se desconoce el lugar exacto donde fue realizada, siendo importante el señalarla pues denota en fechas tempranas la necesidad de acometer posibles reparaciones o ampliaciones.
     A  finales de este siglo XVI también se efectúan intervenciones. En 1583 el Alcaide don Juan Alonso de Castilla solicita obras de reparación en la fortaleza. La respuesta de la Real Provisión de Felipe II, fechada en Madrid 18 de enero de 1584, pide al Gobernador del Partido de la Serena que acompañado con los maestros adecuados, se desplace al castillo para tasar las intervenciones necesarias en lo fuerte y en los encasamientos.
     Este Gobernador, Duarte de Acuña, llama a tasar y redactar las condiciones de las obras a Juan Mateos, Alonso Esteban y Pedro Sánchez, todos de Villanueva de la Serena y maestros de albañilería y cantería.
     A primeros de 1587 debió rematarse la obra estando a cargo el cantero Juan de Orellana, quien, en una carta registrada en Madrid el 13 de febrero de ese mismo año, declara que se había rematado el conjunto de la obra en un total de 300.000 maravedís para lo fuerte y unos 50.000 para los encasamientos, solicitando además la primera paga.
     Ya en el siglo XVII, Gaspar López, Maestro Mayor de la Orden, en un informe fechado el 20 de diciembre de 1609 en La Coronada, informa del estado de deterioro de la fortaleza y del coste de las reparaciones. Se encargarán de informar de los desperfectos dos vecinos de Campanario, Diego Martín “El Viejo” y Diego Martín “El Mozo” -padre e hijo-, maestros de cantería y nombrados para el trabajo el día 5 de agosto del mismo año.
     Antes de ser Alcaide don Juan de Ynestrosa, se había invertido la cantidad de 126.399 maravedís en distintas obras de encasamiento con motivo de inauguración de cargo.
     El castillo era centro neurálgico de la administración y sede del poder desde su construcción. En 1504 y perteneciendo a la Mesa Maestral, se abastecía y recibía la cantidad de 86.667 maravedís para necesidades. Bien avanzado el siglo XVI, se hace mención de un importante arsenal en la fortaleza, coso rara en las demás plazas de la Orden, que, en el «caso de aparecer armamento se declara como viejo, anticuado y escaso». Con motivo de la toma del cargo de Alcaide por Juan de Ynestrosa, se hace una relación del armamento existente desde que fue mandatario de la Alcaidía Juan de Castilla, en 1584, y de las piezas que fueron recibiendo sus sucesores como Cosme de Meneses.
     El armamento de defensa de la población magacelense es abundante a pesar de que parte de éste y de otro material fuera entregado a algunos Alcaides en los años finales del siglo XVI. En el primer cuarto del siglo XVIII aun se está haciendo recuento del mismo.
     A finales del siglo XVIII, la Alcaidía del ya arruinado castillo se adjudica al juzgado de iglesias de la Orden. En esta fecha es el Prior D. Manuel Feliciano de Silva y Pantoja la cabeza del Priorato de Magacela, aunque dirigido desde Villanueva de La Serena (Ayuntamiento de Magacela).

Iglesia del Castillo.-
     Por la ubicación de este templo, que se encuentra en el lado más meridional y elevado del primer recinto del castillo, hace pensar que fue levantado en el solar la antigua Mezquita musulmana, necesaria en una plaza almohade de tal importancia y con el supuesto elevado número de población que albergaba su recinto.
     No estaría de más destacar que las últimas investigaciones sobre este templo, según varios parámetros analizados tras las obras de reconstrucción, limpieza, y excavación del cementerio medieval que lo rodeaba en su parte meridional, apuntan con seguridad a que el templo conseva paramentos de la mezquita musulmana, reformada y ampliada posteriormente tras la reconquista. Así lo afirma Gutiérrez Ayuso tras analizar la caja de muros primitiva y la misma cimentación del templo en varias partes desescombradas, así como su técnica constructiva y materiales.
     Bajo la advocación de Nuestra Señora, posteriormente de Santa Ana, Frey Ruy Vázquez, que fue maestre desde 1316 a 1318 y de su sucesor al maestrazgo, Suero Pérez Maldonado, había recibido de por vida la Encomienda de Magacela, fundó la parroquia y reorganizó la vida religiosa en la villa construyendo este templo. Ya figura en 1298 como comendador de Magacela, volviéndosele a dar la plaza tras destituirle del cargo de maestre «porque había sido muchos años Comendador de Magacela, y se hallaba alli bien». Debió morir en 1335, que es cuando figura por última vez con el título, sucediéndolo Alvar Pérez.
     De la fundación, al menos como institución eclesiástica, se tiene constancia desde el año 1237, tal y como figura en un documento de esa fecha; cuando el Papa Gregorio IX ordena a dos abades y al arcediano de Olmedo, de la Diócesis de Ávila, convocar al arzobispo de Toledo y al Maestre de Alcántara para que resuelvan entre ambas partes un conflicto acaecido entre ellos sobre diezmos, derechos episcopales, procuraciones y otros asuntos referentes a esta iglesia: «Venerabilis frater noster Toletanus archiepiscopus nobis conquerendo mostravit quod magister Alcantere, ordinis Calatravensis, Cauriensis diocesis, super ecclesiis de Magazella, procurationibus ratione visitationis sibi debitis et aliis iuribus episcopalibus, decimis et rebus aliis inviciantur eisdem...».
     El monumento es de planta única rectangular con tres cajas de muros adosadas formando capillas, dos de éstas al muro de la Epístola y otro cubo a los pies que son claro testimonio de añadidos a lo largo del tiempo debidos a causas diversas. El edificio casi en su totalidad se construyó con mampostería y ladrillo, relegando la piedra de granito labrada a contrafuertes exteriores, el arco toral y los nervios de la bóveda del altar mayor.
     La cubierta era de madera, hoy repuesta de nuevo, señalándose en el segundo cuarto del siglo XVIII que había sido sustituida por una nueva, y de la que en 1950 se informa que se había desplomado parte de ella; sobre ésta, arcos diafragma sustentaban el tejado a dos vertientes que aún se puede apreciar en fotografías de esa última fecha referida.
     La cabecera, cubierta con bóveda de ladrillo y nervadura de crucería, pone de manifiesto una más que significativa modificación de la fábrica original, una ampliación del templo llevada a cabo entre 1563 y 1584 como ya informa Alonso Gutiérrez. "La solicitud de obras llega al Consejo de Órdenes, y tras las pertinentes diligencias, fue aprobado en 8 de octubre de 1562 que, de las rentas de yervas del partido de La Serena, se entregaran 600 ducados (225.000 maravedís) al prior de Magacela para «acreçentar y ensanchar la yglesia de la villa de Magazela», término que tuvo efecto con la recepción del dinero en 30 de abril de 1563". El encargado de la obra es Duarte Muñoz, que en la última semana de agosto de 1567 asienta la obra y se concluyen los trabajos en teoría. Pero la construcción de la capilla mayor debió quedarse en la caja de muros, pues nada se menciona de la cubierta y abovedamiento. En este estado permaneció el edificio una década, coincidiendo con los peores años económicos de la Monarquía. En 1578 se ordena que se ha de «...continuar y acabar la dicha obra y cubrir la dicha capilla conforme a la dicha tassacion que della esta fecha...». La visita de Rodríguez de Ledesma a la iglesia se produjo hacia 1584, y la continuación de la obra se remata después de ésta, tal vez tarde por haberse demorado el pago de los 853 ducados y medio del coste de la intervención. En 1585, fecha en la que ya se solicita el retablo para el altar mayor, está terminada la obra. El retablo fue finalmente realizado por Juan Sánchez Contreras, vecino de Mérida, en el año 1592 tras habérsele adjudicado el proyecto por un total de 330 ducados según consta en el libramiento de Felipe II fechado en San Lorenzo el Real el 25 de marzo de 1589.
     Coronando el retablo, insertados en la pared había dos escudos de granito. El más vistoso y central representa las armas de Felipe II antes de la anexión con Portugal, anterior a 1581. El otro es del Prior de Magacela Frey don Francisco Rol de Acosta, del que aparece documentación al frente del Priorato desde 1552 hasta 1584. Naranjo Alonso señala que fue éste «el Prior que tuvo Magacela en la fecha de su paso por este territorio del Rey don Felipe II para la guerra de Anexión del trono de Portugal».
     El arco toral inmediato al altar es, como ya hemos señalado, a diferencia de los demás de «ladrillo y cal», de cantería de granito, y sabemos que estaba decorado con cinco cruces. La bóveda del altar persiste gracias a la solidez de los aparejos graníticos que componen los nervios que descansan sobre robustas ménsulas en cada esquina y que a su vez distribuyen el peso a unos sólidos contrafuertes exteriores.
     En el lado de la Epístola de este altar mayor se encuentra la sacristía del templo, siendo a su vez uno de los tres cubos adosados ya mencionados. Es de bóveda de aristas, solada de baldosas, con hornacinas en los muros laterales y una ventana al mediodía. En este mismo lado de la Epístola, en el tramo de nave inmediato al arco toral, hay otra capilla cubierta con bóveda de dos tramos, una de cañón separada de otra de aristas por un arco fajón. En el segundo cuarto del siglo XVIII recibía el nombre de “Capilla del Santísimo Cristo de Afligidos” por contener la talla de un Cristo crucificado. Al fondo de ésta se conserva el poyo de piedra a modo de Altar y que debió ser soporte de la imagen o retablo. En los muros laterales aún se pueden apreciar entre las numerosas capas de cal los restos de pintura que la decoraban. Además, sabemos que dicha capilla fue construida con la limosna de los vecinos de la villa, citándose como nueva en 1742.
     El último de los cuerpos añadidos a la planta del templo está situado a los pies de éste, y justo debajo de la desaparecida tribuna. Se trata de una capilla con bóveda de medio cañón y solado de baldosas destinada a cumplir la función de baptisterio.
     La tribuna, de madera de pino, se sustentaba mediante una columna «de piedra de canteria» y se subía a ella por una escalera de piedra.
     Las puertas de entrada, abiertas en ambos muros del Evangelio y de la Epístola, son dos interesantes portadas mudéjares de ladrillo, según Pilar Mogollón, construidas en el siglo XV, pero la lectura estratigráfica mural de la nave principal indica que son contemporáneas a la "obra antigua" y primitiva de la iglesia. Éstas estaban coronadas por esculturas de leones, dos en la del muro del Evangelio y una en la de la Epístola. En la portada del muro septentrional o del Evangelio aún se ven los huecos que dejaron al extraerse. La puerta meridional todavía conserva el único león que corona el estribo semicilíndrico de ladrillo del lado izquierdo de la portada.
     La portada norte está compuesta por un arco de medio punto sobre el que corre en su parte superior una banda de ladrillos en esquinilla. Inmediatamente encima de ésta, se desarrollan una serie de canes escalonados sobre los que va una moldura estrecha en saledizo. Dos pequeños estribos, a modo de pilastras, la limitan lateralmente.
     La segunda puerta, que se abre en el  muro de la Epístola, es muy similar. Está formada por un arco de medio punto que apoya sobre pilastras rematadas en impostas. En su parte superior corre horizontalmente una franja decorativa de ladrillos en dientes de sierra. Está limitada en su lado derecho por el muro de la capilla inmediata que sobresale en su exterior y en el lado izquierdo por un pequeño estribo semicilíndrico coronado por la figura de león realizada en granito.  
     La descripción del templo en 1742 nos pone de manifiesto, que al ser pequeño el edificio, había algunas dependencias anejas a la iglesia para suplir problemas de espacio. Sabemos que la ornamentación del templo se componía notable decoración esgrafiada del siglo XVIII a base de volutas y motivos vegetales neoclásicos. Las rejas de sus vanos, con remate forjado en alcachofas, eran características y muy representativas de la rejería del siglo XVII. De las tres que se documentaban en 1950, se conservaban todas hasta hace poco, ya que hace algunos años alguien arrancó la de la ventana de la sacristía.
     Esteban R. Amaya, Jiménez Navarro y Fernández Oxea explican las fases constructivas del templo de la manera que sigue, confirmada tras las últimas intervenciones en el templo. Según éstos, en un principio se siguen utilizando las cajas de muros de la antigua mezquita habilitadas al culto cristiano hasta que a comienzos del siglo XVI los caballeros de la Orden de Alcántara acometieron su ampliación, «respetando la disposición anterior y recubriendo con obra moderna la primitiva estructura, utilizando ... mano de obra mudéjar».
     Hasta hace poco, y gracias a unas obras de reconstrucción, la iglesia se encontraba en un estado de ruina lamentable; situación que se venía agravando desde de hace unos cincuenta años, cuando ya se denunciaba su mal estado a pesar de que estaba prácticamente completa.
     De los dos retablos Mayores que constan documentalmente, el primero que presidió el Altar Mayor, según hemos podido saber gracias a la descripción del visitador don Diego de Sandoval y Pacheco y analizada por Gutiérrez Ayuso, era de tres cuerpos e igual número de calles. Conocemos más detalles gracias las trazas del retablo renacentista sacadas a la luz por el mismo Gutiérrez Ayuso y Martín Nieto en un estudio, sabiendo el coste total de la obra, proceso de ejecución y autoría. Se talló según modelo presentado por el maestro pintor residente en Campanario Juan Bautista, discípulo desconocido de Luis de Morales y el campanariense Alonso de Valdivia, ensamblador, en 1588. El retablo fue finalmente realizado por Juan Sánchez Contreras, pintor y escultor vecino de Mérida, en el año 1592. Se le adjudica el proyecto tras pujar con los dos artistas que presentan las trazas y ganarles como mejor postor por un total de 330 ducados (123.750 maravedís) según consta en el libramiento de Felipe II fechado en San Lorenzo el Real el 25 de marzo de 1589. Todo esto pese a que el Prior de Magacela, Frey Don Juan de Grijota, quería a Juan Bautista como pintor por no fiarse de las cualidades artísticas de Sánchez Contreras: «...dixo que por quanto el dicho Juan Sanchez de Contreras no hes conoçido en este partido, que en quanto a la madera e talla se le admite la postura, y en cuanto a la pintura no, por no ser conoçido en su arte, porque a personas ay que se les a de dar dinero porque pinten y a ottros porque no pinten, porque estan muchos retablos en este partido perdidos por darse a personas que no tienen la sufiçiençia en su arte que conviene, y hesto rrespondió y que Juan Bautista que tiene la dicha hobra, hiço los rretablos del convento de Alcantara y ottros muchos para el Obispo de Coria, y en aquel Obispado, e todos con mucha satisfaçion y an pasado por de mano de Morales con pintarlos el dicho Juan Bautista, aviendolos pintado y debuxado el dicho Juan Bautista, y porque su Magestad dé los quattroçientos ducados para haçer el dicho retablo, pintura y talla, conviene a su rreal serviçio que se dé a personas que sean buenos ofiçiales, e que no pidan cada dia rreparos para el dicho rretablo y lo firmó ... ». (A. Gutiérrez Ayuso y D. Á. Martín Nieto: La iglesia del castillo de Magacela. Un proyecto de retablo de Juan Bautista, discípulo desconocido de Luis de Morales. Badajoz, 2004).
     Avanzando en el tiempo, el nuevo retablo que se describe en 1742 se aparta estilísticamente del anterior, al que sustituyó con toda seguridad sin haber habido otra obra intermedia como apunta A. Gutiérrez.
     Entre los objetos litúrgicos y ornamentos de la Parroquia, en los años 30 del siglo XVII se documentan numerosas piezas que se relacionan en la obra antes citada, así como un detallado proceso de necesidades ornamentales y obras de acondicionamiento y ampliación del templo.
     Mención especial merece la pila bautismal, que se conserva en el baptisterio de la nueva parroquial de Santa Ana, obra labrada de finales del XV según este autor citado (Ayuntamiento de Magacela).

Ermita de Los Remedios.-

     En los terrenos más llanos cerca de las nombradas huertas, el Prior don Cristóbal Bravo de Laguna rehabilitó este templo en los primeros años del siglo XVI.
     Fue iglesia del viejo convento prioral de la Orden de Alcántara, ya completamente desaparecido, y contiguo también se encontraba el antiguo palacio prioral. Está constatado que la ermita fue por el Prior «...reedificada y aderezada, como si hubiera estado a punto de arruinarse, ...».
     Con el fin de que no le faltara el culto y reparaciones, en 1527 doña Leonor de Torres, vecina de Sevilla y persona de gran poder económico, faculta en su testamento a Cristóbal Bravo de Laguna para que instituya dos Capellanías «bajo el patronato del Prior que es o fuese de Magacela, con ciertas cargas de misas y oficios en la ermita de Nuestra Señora de los Remedios de Magacela, ...».
     Es un edificio construido en su mayor parte de mampostería y hormigón con contrafuertes de ladrillo en la nave y de cantería en la cabecera. El templo destaca por su belleza arquitectónica, con atrio delantero que se compone de un arco central ojival flanqueado por otros dos carpaneles, balaustrada y rematado en altura con pequeña espadaña. Éste, sabemos que en origen estaba cubierto por «quartones de pino ... y encima vano y teja ... enladrillado y la parte de la puerta esta un poyo de ladrillo y cal».
     En origen, la cubierta de la nave, montada sobre dos arcos de ladrillo, era de vigas de madera de pino y encina, barro y teja encima. En la actualidad, toda ella está muy remozada y el enlucido y enjalbegado tanto interno como externo, no nos permite apreciar detalles constructivos; si bien podemos decir que la antigua cubierta de madera fue sustituida por bóvedas de arista en cada uno de sus tramos.
     De la primitiva obra, por lo que podemos apreciar, lo menos modificado es la cabecera, de mampostería, cubierta con bóveda de crucería y de mayor altura que la nave rectangular de la ermita. Su aspecto exterior, enfoscado con mortero, sin encalar y con sillares simulados mediante esgrafiados, es atractivo gracias a unos interesantes arbotantes de sillería en cada esquina que fueron construidos «porque hizieron sentirse e se abrieron las paredes della y fue necesario hazerselos dichos tanto para sustentar la dicha capilla ...».
     Sobre uno de estos arbotantes había construida una torrecilla en la que se puso una campana para llamar a misa, siendo entonces dos las que había en la ermita en el siglo XVII.
     En el interior, a la derecha de la entrada, se dice en 1634 que estaba la pila de agua bendita que aún se conserva embutida en el primer estribo del muro de la Epístola. Es ésta de mármol, labrada a forma de una venera con cuatro cabezas de leones.
     En el muro del Evangelio y también inmediato al arco toral, había otro altar y un retablo de ocho tablas de madera de pino con San Benito y San Bernardo pintados, así como sus candeleros de azófar y frontal. En este muro también había una pequeña puerta de ladrillo con las hojas de madera de pino, cerrojo, cerradura y llave; de ésta, aunque tapiada, se puede observar parte de su arco de medio punto desde el exterior, pues se conserva en medio de los contrafuertes del segundo tramo de la nave de la ermita.
     Investigaciones recientes, como la Tesis de Licenciatura desarrollada en el Departamento de Historia del Arte de La Universidad de Extremadura por Alonso Gutiérrez Ayuso, ha desvelado cómo era el retablo renacentista de la ermita, así como la nómina de ornamentos para la liturgia que ésta poseía.
     En 1669 el Prior Frey Luis Velázquez y Zúñiga realiza el trono para el sagrario, aparecido tras la rehabilitación del actual retablo. Se encuentra en perfecto estado, conservando la viva policromía que lo decoraba. Sobre el poyo de piedra, en el frontal superior, una cartela ovalada de fondo blanco con marco dorado rematado en los extremos con dos flores de lis en la parte superior y otras tantas en la inferior, se encuentra flanqueada a ambos lados por un par de escudos de color verde. Todos estos elementos en relieve se enmarcan en tres rectángulos, de fondo terroso en los laterales y verde en el central. La inscripción está grabada y pintada de dorado en los escudos y de color negro en la cartela.
     Bajo un arco construido para este fin, se encuentra el sepulcro de Prior Frey Cristóbal Bravo de Laguna. Su estatua yacente, algo tosca en ejecución, y ropas sacerdotales, fue esculpida en mármol sobre un sarcófago con letras capitales romanas grabadas dentro de un marco y antes situado en medio del templo. Este es el epígrafe funerario que podemos leer: 
A QI^IAZE^ELMVI^R^D^SEÑOR^DON^FREI^
XTOVAL^bRAVOPRIOR^QVEFVE^DEMAGA
ZELA^CANONIGO^ENLA^SANCTAIGLESIA^DE
SEVILLA^ELQVALEDIFICOESTESANTOTEMPLO F
ALLESIOENSIVILLA^A^Z 8DE MARCO ANO DE
1 ·5·2 8·XTOVA LbRAVODELAGVNASPRIOR
     A la izquierda de este sepulcro, por una puerta accedemos a unas dependencias con bóvedas de arista que hacen la función de sacristía. Exteriormente se muestra como un cuerpo adosado a la fábrica original con dos vanos a modo de aspilleras para iluminarse. Además de la información sobre el promotor de la obra que nos ofrece el escudo del frontón, dos bloques con inscripciones alusivas en las dos pilastras laterales se encargan de aclararnos que fue su constructor el Prior don Nicolás Barrantes Arias en los años 20 del siglo XVII.
POR MDD LS. FREY
DNICOLAS BARNTS
ARYAS P R Y OR
DE M AGAZELA
SE HYÇO ESTA
OBRA Y PORTADA
AONRADENVESTRA
S · AÑO D 1620
     Han sido numerosas las obras de acondicionamiento e intervenciones realizadas en el edificio, todas ellas desveladas por A. Gutiérrez Ayuso gracias a la documentación depositada en el Archivo Histórico Nacional de Madrid (Ayuntamiento de Magacela).

Ermita de San Antonio.-
     Se edificó esta pequeña ermita en el interior del pueblo sin grandes conocimientos arquitectónicos y con el claro objetivo funcional de cumplir una necesidad que se hacía cada vez más aguda: la de facilitar el acceso a los fieles a un templo de culto, pues la situación de la parroquial impedía a gran parte de los vecinos, sobre todos a los de mayor edad, la asistencia a las ceremonias litúrgicas. Esta ermita va a ser el enlace que encadene la construcción de la que es ahora la actual parroquial.
     Por su tamaño, ésta sólo cumplía la función de templo para un número muy reducido de fieles, por lo que la parroquial sigue ejerciendo una vez construida, será en el seiglo XIX cuando se habilite como parroquial aún ejerciendo el templo principal. Cuando la parroquial se arruina, esta pequeña ermita asume durante algún tiempo la totalidad de su trabajo hasta la construcción de la Nueva Parroquial de Santa Ana, que tomó el nombre del antiguo templo principal.
     A juzgar por las características de su arquitectura y situación dentro del tejido urbano, datábamos la obra en los años finales del siglo XV o en la primera mitad del siglo XVI. Siempre pensamos en una posterior remodelación puntual o añadido concreto, bien a finales del siglo XVII o principios del XVIII. Hipótesis que sustentábamos por la espadaña que no concordaba en estilo de las portadas de casas vecinas, y por tanto con el crecimiento lógico de la localidad. La datación resultaba complicada hasta que encontramos hace unos años un documento con la petición de Don Francisco Benito Calderón, presbítero de la villa y del Prior de Magacela, en noviembre de 1757, la necesidad de la construcción en la villa de una ermita para que pudiesen asistir a los divinos oficios las "personas achacosas" y, de este modo, ampliar los espacios de culto. El 22 de diciembre de ese año se otorga la licencia para su construcción: «... para que pueda fundar y fabricar la Hermita que solicita en la dicha Villla para el fin que expresa con tal que sea en los terminos que se propone y refiere en el Ynforme de dicho Prior...».
     El tejado a dos aguas, su espadaña -quizás algo más tardía- con cuatro pináculos y coronada por un frontón y una cruz, así como su reducida capacidad, resumen a grandes rasgos las características más significativas de este templo. La nave que configura casi la totalidad del edificio es de bóveda de medio cañón alargada sin arcos fajones que dividan espacios internos. A la altura del altar, un tragaluz rectangular se encarga de iluminar levemente la ermita; y a la misma altura, en el muro de la Epístola, por una puerta adintelada entramos en la sacristía del templo, de bóveda de aristas y un balcón al norte. El edificio se encuentra todo encalado tanto internamente como en su exterior (Ayuntamiento de Magacela).

Ermita de Los Santos Mártires San Aquila y Santa Priscila
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     El origen de la advocación de los Santos Aquila y Priscila como patronos de esta ermita está impregnado de leyenda y fantasía. Gracias a las referencias de Vicente Barrantes Moreno tenemos constancia de ello, pues su trabajo de recopilación bibliográfica recoge algunas citas del libro del que fue Prior de Magacela D. Diego Becerra de Valcárcel y en el que defendía que el matrimonio de Santos fue martirizado en esta villa.
     El Prior de Magacela a pesar de no haber conseguido su objetivo, aclamó en 1684 a estos mártires como patronos menores del Priorato en detrimento del patrono mayor San Benito. El culto a estos Mártires de origen romano en Magacela, es sin duda un caso singular como especifica Gutiérrez Ayuso, pues no es nada frecuente en la Península Ibérica.
     Se encuentran los restos de esta ermita a la derecha de la carretera dirección a la estación de ferrocarril, frente a la citada “Laguna de Los Santitos”. Sólo se conserva la caja de muros perimetrales de mampostería y la puerta adintelada con bloque de granito y jambas de este mismo material. Las esquinas de la construcción también están rematadas con sillares graníticos para dar consistencia al templo. Es de reducido tamaño, formando sus muros un cuadrado de algo más de seis metros de lado.
     El abandono y ruina de este edificio según Alonso Gutiérrez debió producirse a principios de siglo, llegando hoy en día al lamentable estado de conservación en que se encuentra (Ayuntamiento de Magacela).

Desaparecida Ermita de los Mártires San Fabián y San Sebastián.-
     Escasas son las fuentes documentales que hablan de este desaparecido templo, habiendo indagado en ellas Alonso Gutiérrez con motivo de su Tesis de Licenciatura. Hoy en día sólo nos queda el topónimo de la zona donde se encontraba la ermita.
     En el informe de la Real Provisión de Felipe II del año 1569 sacado a la luz por este investigador, se la sitúa en «...el arroio Jalero a la punta de la sierra como dos tiros de ballesta desta villa». Además, se indica que no estaba acabada de construir pues era pobre y contaba con escasos recursos para ser rematada: «...en la dicha ermita de los martiles esta empezada a hazer una capilla y no esta acabada por ser pobre la dicha ermita».
     Se decía en ella una misa el día de los mártires y hasta la fecha de 1569 no tenía cofradía.
     En la Memoria de Licenciatura antes referida se describe el edificio. Se indica que se encontraba a medio cuarto de legua de la villa, siendo su fábrica de mampostería con seis estribos de cantería labrada, el techo de madera y sus medidas eran de 12 varas de largo por 8 de ancho. El único Altar, que no levantaba más de cinco cuartas de altura y cuya longitud se establece en «dos Varas, y tercia de largo», soportaba las imágenes de San Fabián y San Sebastián.
     Resulta difícil precisar cuando desaparece el culto a los Mártires San Fabián y San Sebastián en Magacela, aunque podemos se deduce que fue entre los años centrales del siglo XVIII, pues la última referencia documental que se recoge en el trabajo antes referido es 1742 y ya en 1791 no se cita el templo (Ayuntamiento de Magacela).

Casa Palacio del Intendente.-
     La mal llamada pero conocida como "Casa del Intendente de la Orden de Alcántara", es una construcción del siglo XVI o principios del XVII situada en la parte baja de la que antes era la Calle Real, actual calle Hernán Cortés. Decimos "mal llamada" porque "El Intendente" como figura en si dentro del organigrama de la Orden de Alcántara es inexistente. Tal vez, suponemos, esta vivienda señorial fue usada por el alcaide de la fortaleza cuando los "encasamientos" quedaron inhabitables bien transcurrido el siglo XVII.
     Adosado en su parte izquierda a otra casa señorial de enormes dimensiones y de innegable interés, el edificio, que figura con el número 8, presenta un aceptable estado de conservación debido a que ha permanecido cerrado aún encontrándose desde hace tiempo deshabitado. Su fábrica es de mampostería y ladrillo, presenta una planta irregular y es una obra de un solo piso con doblado. No hace mucho ha sido reparada la techumbre.
     La fachada se presenta como un gran muro enjalbegado con dos vanos abiertos a uno y otro lado de la puerta principal, que a su vez se encuentra situada a la izquierda. Portada y vanos están enmarcados en granito mediante una estructura adintelada. Las ventanas, situadas asimétricamente respecto a la portada, se encuentran abiertas a desigual altura del nivel del suelo. Sobre todos ellos, en la parte superior de la fachada, tres pequeñas ventanas también adinteladas y de distinto tamaño, se encargan de iluminar levemente el doblado.
     La ventana del extremo derecho de la fachada, que aún conserva su reja, posee un poyo y guardapolvo asentado directamente sobre la roca. La de la parte izquierda, mucho más pequeña, se abre casi a la altura del poyo que se encuentra a este lado de la puerta; además, parece ser que hubo otro vano abierto entre ésta y el extremo de la fachada, pues como se puede adivinar, se aprecian indicios de que fue tapiado.
     La estructura interna destaca por la disposición de los habitáculos, desde un recibidor de acceso, se pasa a otras dependencias comunicadas entre sí a la izquierda, siendo necesario pasar por cada una de ellas para llegar a la última. A la derecha de este vestíbulo, al fondo, se encuentra una dependencia con chimenea, tal vez la cocina. 
     En su interior se conservan elementos decorativos en el zócalo de varias dependencias, esgrafiados de motivos geométricos y florales datados a finales del siglo XVI y principios del XVII. En la parte trasera del edificio se encuentran las cuadras destinadas al ganado y aparejos agrícolas, accesibles también por una puerta del servicio exterior en la parte más a la izquierda de la fachada. Destacan elementos como la chimenea de la cocina y varios pilones y abrevaderos de antigua e interesante factura (Ayuntamiento de Magacela).

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sábado, 17 de enero de 2026

Los principales monumentos (Casa Maestral, Complejo Cultural de la Merced, Convento e Iglesia de Santa Clara, Casas Mudéjares, Iglesia de Santiago, Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, Hospital e Iglesia de San Juan de Dios -Biblioteca Arturo Gazul-, Palacio Consistorial, Palacio Episcopal o Casa Prioral -Museo de Llerena-, Plaza de España, Plaza de la Fuente Pellejera, Recinto Amurallado, y Palacio de los Zapata) de la localidad de Llerena, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa Maestral, Complejo Cultural de la Merced, Convento e Iglesia de Santa Clara, Casas Mudéjares, Iglesia de Santiago, Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, Hospital e Iglesia de San Juan de Dios -Biblioteca Arturo Gazul-, Palacio Consistorial, Palacio Episcopal o Casa Prioral -Museo de Llerena-, Plaza de España, Plaza de la Fuente Pellejera, Recinto Amurallado, y Palacio de los Zapata) de la localidad de Llerena, en la provincia de Badajoz.
     Llerena se sitúa en el centro del Partido Judicial, articulando el territorio en el aspecto geográfico, y sobre todo, en el histórico.
     Si para muchas poblaciones extremeñas la relación con las Órdenes Militares revisten importancia muy destacada, para Llerena la conexión con la Orden de Santiago constituye la entraña misma de su ser. Porque Llerena fue el corazón mismo de esta Institución en Extremadura, al igual que la Orden fue el alma de la ciudad.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 162,7 Km2
     Altitud: 641 m.
     Distancia Capital: 117 Km.
     Partido Judicial: Llerena
     Comarca: Campiña Sur
     Gentilicio: Llerenense
Ayuntamiento de Llerena
     Plaza de España, 1
     06900 Llerena (Badajoz)
     Teléfono: 924870068
     Fax: 924871240
     Web: www.llerena.org
Historia.-
    Si para muchas poblaciones extremeñas la relación con las Órdenes Militares revisten importancia muy destacada, para Llerena la conexión con la Orden de Santiago constituye la entraña misma de su ser. Porque Llerena fue el corazón mismo de esta Institución en Extremadura, al igual que la Orden fue el alma de la ciudad.
     De tal modo, la identificación entre ambas entidades, Llerena y Orden de Santiago, alcanzó tal grado, que bien puede afirmarse que ninguna de las dos resulta concebible separada de la otra. Así lo proclama con ajustada veracidad la vieja copla popular:
Llerena con ser Ciudad
vale más que Badajoz;
Llerena tiene la Orden
de San Marcos de León
     Los primeros antecedentes documentados sobre la población se encuentran en un asentamiento árabe denominado Ellerina o Ellerena, nucleado ya en el siglo XI en torno a la Fuente Pellejera. El enclave, muy disputado por musulmanes y cristianos debido a su estratégica situación, resultó ocupado definitivamente por Pelay Pérez Correa en 1.243.
     Con ocasión de esta conquista es cuando tuvo lugar el milagro con el que se conecta la más emblemática de las realizaciones de la ciudad: la iglesia de Ntra. Sra. de la Granada.
     Ante la resistencia de los moros frente al ataque de los cristianos, la entrada de éstos en la plaza se hacía cada vez más difícil. Cuando la empresa parecía imposible y los santiaguistas comenzaban a retirarse, cuenta la hermosa leyenda que se les apareció la Virgen María mostrando en la mano una granada como símbolo de la unidad. La visión enardeció su espíritu, haciéndoles culminar la victoria.
     Para conmemorarla erigieron sobre la mezquita musulmana una iglesia dedicada a la advocación de la Granada, sobre la que más tarde se levantaría la que, bajo las ampliaciones impulsadas por los Reyes Católicos y otras, es la que hoy conocemos.
     Tras su ocupación por la Orden de Santiago, Llerena se consolidó como el centro más importante del territorio, asumiendo el papel de cabeza del mismo anteriormente desempeñado por Reina. En 1.640, considerando la importancia de la población y su auge, así como sus múltiples servicios a la Corona, Felipe IV le otorgó el título de Ciudad (Diputación Provincial de Badajoz).
     Esta luminosa ciudad del sureste de Badajoz, cabecera comarcal de la Campiña Sur y puerta meridional de Extremadura, posee un armonioso conjunto monumental barroco de marcada inspiración mudéjar.
Historia
     Denominada Ellerina en la época del Cali­fato de Córdoba, es a raíz de la conquista y ocupación de la Baja Extremadura cuando Llerena emerge en la historia.
     Tras el fuero concedido en 1297, su desarrollo se vio favorecido al convertirse en residencia habitual de algunos maestres de la Orden de Santiago y, ya en el siglo XV, en capital del priorato de San Marcos de León. Así fue enriqueciendo su patrimo­nio monumental con numerosas edificaciones y a finales del siglo XVI, época de mayor esplendor, llegó a contar con siete conventos y con un activo ambiente cultural del que surgieron figuras de la talla de Cieza de León, cronista de Indias, o Luis Zapata, consejero de los Reyes Católicos. En contrapartida, las acciones del Tribunal de la Inquisición de Extremadura, instalado en Llerena desde 1508, desplegaron sobre la ciudad un aura de terrores e intolerancia.
Gastronomía
     Junto a algunos platos típicos extremeños, como las migas o la caldereta, y los habituales productos derivados del cerdo, sobresale la repostería del convento de Santa Clara, donde pueden adquirirse dulces como los llamados corazones de monja, a base de almendras.
Fiestas
     En la segunda semana de agosto se celebran las fiestas patronales de la Virgen de la Granada, con procesiones, conciertos y actos culturales. La feria de San Miguel, a finales de septiembre, se remonta al s. XV y aún mantiene cierta finalidad comercial y ganadera, si bien predomina ahora la vertiente festiva, que incluye desfiles a caballo y verbenas populares.
Vida local
     Además de concentrar la actividad comercial, junto con la peatonal calle de Las Armas, la plaza de España cuenta con bares de buen tapeo. Ambiente juvenil en la calle Aurora. A principios de agosto, antes de las fiestas patronales, se celebra una semana cultural.
VISITA
     La plaza de España es un espacio armó­nico en el que la tradición mudéjar del ladrillo, en este caso blanqueado, combina con los pilares de piedra que sustentan los elegantes soportales, como los del portal de Morales y el portal de La Casineta. En su lado oriental hay una fuente (1619) proyectada por el pintor Zurbarán. Uno de los laterales queda cerrado por la peculiar galería de dos pisos de la fachada norte de la iglesia de Nuestra Señora de la Granada*. Este original templo, iniciado en el siglo XIII, aúna estilos que van del gótico mudéjar al barroco. En el siglo XVI, además de la galería citada, se construyó una nueva sacristía, varias capillas privadas y la magnífica torre* de ladrillo, cuyos barrocos remates son ya del siglo XVIII. En esta misma época fue realizado el camarín rococó de la Virgen y se llevó a cabo una profunda restauración de todo el conjunto.
     En la calle Corredera, que arranca de la plaza, está el convento de Santa Clara (siglo XVI), fundado por un comendador de la Orden de Santiago y único que se mantiene vigente. En su fachada destaca el mirador de planta poligonal con celosía de piedra y el campanario en forma de doble espadaña. La iglesia, en cuyas bóvedas perdura la pintura mural, alberga una talla de San Jerónimo, de Martínez Montañés. Más adelante, a la altura de la plaza de la Libertad, se encuentra el palacio de los Zapata, ocasional sede del Santo Oficio y hoy destinado a funciones judiciales. Conserva un pórtico de entrada renacentista compuesto por doble arquería de arcos de medio punto, que descansan en bellas columnas entorchadas de clara influencia manuelina (gótico portugués).
     De retorno hacia el centro, la arterial calle de Santiago, que exhibe algunos interesantes ejemplos de arquitectura popular, conduce a la iglesia y hospital Juan de Dios, de fachada clasicista, y a la iglesia de Santiago, templo gótico de finales del siglo XV donde se custodian los sepulcros del fundador, Alonso de Cárdenas, y su esposa. El llamado Palacio Episcopal (siglo XV), sede del priorato de San Marcos de León y ocasionalmente también de la Inquisición, abre su blasonada portada gótica en la calle Zapatería, mientras que en la calle Bodegones puede verse una ventana mudéjar.
     Las iglesias de la Compañía, actual Casa de Cultura, y de la Concepción, que conserva una portada plateresca, son otras obras interesantes, sin olvidar los lienzos de la muralla medieval (siglo XIV), con la puerta de Montemolín o la de Villagarcía, recientemente recuperada (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 
Monumentos.-
     En el aspecto morfológico la población se estructuró en torno a la Fuente Pellejera, originando un entramado de callejas de evocadores nombres -Bodegones, Curtidores, Simona, del Cristo, Zapatería, Tenería, Cárcel... - sobre el que se configuraría el núcleo definitivo. Esto presenta la característica estructura medieval de diseño ovalado con trama de caparazón de tortuga, rodeándose con una cerca de piedra de la que perduran diferentes lienzos, muchos rescatados y puestos en valor últimamente. De las antiguas puertas se conserva la de Montemolín, remodelada en su actual estructura de ladrillo en tiempos de Felipe II.
     Si Llerena es el corazón de la Orden de Santiago, el corazón de Llerena es su plaza barroca y la iglesia de Ntra. Sra. de la Granada que la preside. Su conjunto constituye sin duda el elemento más representativo de la ciudad.
     La iglesia de Ntra. Sra. de la Granada es obra de singular interés por su resolución formal, contenidos artísticos y significación histórica, tratándose de una de las realizaciones más conocidas de toda Extremadura. Entre sus componentes destacan las naves interiores, de variada riqueza morfológica y espacial; la suntuosa capilla gótico-renacentista erigida en el siglo XVI por Luis de Zapata; la elegante torre barroca de ladrillo; o el conjunto de sus capillas y tesoros muebles. Con todo, ninguna de sus partes puede compararse con la inigualable fachada repleta de arquerías que preside la plaza que se abre por delante, como marco donde se celebraban los Autos de Fe de la Inquisición y otros acontecimientos públicos.
     Esta plaza constituye el modelo más representativo quizá del recinto barroco de espectáculos existente en la región. Su espacio queda perimetrado en los restantes costados por soportales que originan una realidad compositiva de enorme virtualidad y plasticismo, con zonas bien diferenciadas dentro de su unidad, como el tramo de la popular Casineta.
     En la plaza se integran también el Ayuntamiento, la Cárcel vieja y otros edificios donde se continúa la secuencia de soportales y arcadas, así como el pasadizo del Camarín, en el que se inicia la Corredera, la fuente de Zurbarán, la inmediata Plaza del Pasquín y otros rincones de insuperable atractivo y valor ambiental.
     En contraste con la impecable blancura de la Plaza Mayor, la iglesia de la Granada, y el caserío que las enmarca, no lejos se alza la iglesia de Santiago, creación gótica erigida a finales del siglo XV por el último Maestre Santiaguista, Rodrigo de Cárdenas.
     Su severa estructura de sillares calizos de tonos dorados, resalta sobre los tejidos encalados que la rodean, ofreciendo al exterior composición del recio aspecto, rico en volúmenes. En el interior encierra contenidos de notable riqueza, como la sepultura del impulsor de la obra y su esposa, si bien sus cuerpos nunca llegaron a descansar en tal monumento.
     La iglesia preside la calle que de ella toma el nombra, y que, dividiendo a la ciudad en dos sectores, resulta una de sus vías más características. En sus distintos tramos se sitúan el ya desaparecido convento de Santa Isabel, el Hospital de San Juan de Dios y algunas de las más significadas instituciones y casas solariegas de la ciudad, cuyas elegantes fachadas blasonadas denotan su abolengo. En el extremo de poniente de la misma se sitúa la que fue Puerta de Villagarcía.
     Cercanos también a la Plaza Mayor, aunque enclavados en direcciones opuestas, se hallan otros dos hitos importantes de la población histórica. En la calle Zapatería, el Palacio Episcopal, sede de la Diócesis del Priorato de San Marcos de León. Y en la Plaza del Botón, la que fuera mansión de Luis de Zapata.
     El primero conserva su estructura originaria del siglo XVI, con hermosa portada gótica y claustro mudéjar con pinturas murales. El segundo, hoy remodelado como Palacio de Justicia, mantiene el bellísimo atrio porticado plateresco de doble arcada, que por si sólo demuestra la razón de su dueño cuando afirmaba que su casa, era "la mejor que tuvo caballero". En otro tiempo, el edificio sirvió de sede también al Santo Oficio.
     Muy destacado resulta igualmente el conjunto de ermitas, conventos, hospitales y demás centros religiosos que, en número muy elevado, se concentraban en la ciudad, y entre las que, además de las ya mencionadas, se contaban las iglesias del Rosario, Espíritu Santo y la Merced, esta última fundación jesuítica hoy magníficamente restaurada como centro cultura. Y ocho conventos cuatro de frailes: Dominicos, Observantes, Franciscanos Descalzos y San Juan de Dios; y otros tantos de monjas: Concepción, Santa Isabel, Santa Ana y Santa Clara.
     De todos, el convento de Santa Clara es el único que se conserva. Situado en la Corredera, presenta fachada de mampostería y ladrillo recientemente restaurada. Entre sus ricos contenidos cabe citar su magnífico retablo barroco; la cúpula decorada al fresco y una hermosa talla en madera de San Jerónimo, obra de Martínez Montañés. En este convento se producen los típicos "Corazones de Monja", exquisita variedad de la repostería tradicional, únicas por su elaboración, que no deben dejar de probarse.
     Tales monumentos y los muchos más que proliferan en la localidad, se enmarcan en un atractivo paisaje urbanístico, compuesto por las casonas solariegas y mansiones hidalgas de los antiguos linajes de la ciudad, cuyos señeros blasones -Cárdenas, Luna, Zapata, Portocarrero, Figueroa, Ramírez de Guzmán, Monroy, Cieza de León, etc.- lucen sobre las fachadas. Junto a ellas abundan también las edificaciones populares de tipo tradicional y otras que, como evidencia de su antigüedad, conservan ventanas y otros componentes de tradición mudéjar.
     El conjunto urbanístico de Llerena, bien conservado en general, no obstante el exceso de transformaciones que está experimentado últimamente en sus edificaciones seculares, se presenta pulcro e impecablemente enjalbegado, ofreciendo un marco de insuperable atractivo para ser recorrido en sosegado paseo, recreándose en la contemplación de cada uno de los mil rincones de sorprendente encanto e insólito plasticismo que la población ofrece, encerrando cada uno toda una carga de evocaciones históricas.
     Por su significación y contenidos, Llerena fue declarada Conjunto de Interés Histórico Artístico Nacional en 1.966. (Diputación Provincial de Badajoz).

Casa Maestral.-
     La Casa Maestral fue construida para residencia de los Maestres de la Orden de Santiago en la ciudad, siendo su promotor el maestre don Lorenzo Suárez de Figueroa.
     Este edificio ha desempeñado diferentes funciones y fue ampliado y remodelado numerosas veces a lo largo de la historia. En el año 1515 el edificio fue donado al Tribunal de la Santa Inquisición por el rey Fernando el Católico para que se ubicase en él la sede permanente del Santo Oficio en Llerena. Esta decisión fue acatada por la orden Militar de Santiago, aunque no lo aceptaron, lo cual originó numerosos conflictos entre ambas instituciones.
     El emplazamiento de la Inquisición en este edificio hizo necesaria obras de acondicionamiento para la construcción de cárceles y calabozos que modificaron su estructura inicial. Fue sede inquisitorial hasta el año 1576, año en el que el Santo Oficio se traslada a su sede definitiva, el Palacio de los Zapata; parte de la Casa Maestral quedó destinada a cárcel de los sentenciados por la Inquisición y el resto de las dependencias fueron arrendadas al contador de la Mesa Maestral Juan Portillo y al alcalde de los presos y reconciliados por el Santo Oficio, Luis Diego Sánchez.
     En el s. XIX las desamortizaciones y la pérdida de funcionalidad del edificio ocasionaron su abandono y reparto en varias parcelas.
     El inmueble ocupado actualmente por la Casa Maestral fue adquirido en el año 2004 por el Excmo. Ayuntamiento de Llerena, acometiéndose obras de restauración entre 2007 y 2008 e inaugurándose en 2009.
     Del primitivo edificio se conserva el patio principal de estilo mudéjar de ladrillo con pilares y arcos de medio punto en el nivel inferior y arcos escarzanos en el superior, todos enmarcados en alfiz. La antigua sala de audiencias, cubierta por un hermoso artesonado de madera de tipo alfarje con zapatas finamente labradas con forma de grutesco, se conserva en el edificio anexo a éste, propiedad de la Iglesia. Es muy interesante la portada de acceso a esta sala conformada por un gran arco de herradura sobre ménsulas de piedra.
     En la restauración del edificio aparecieron unos grafitos realizada por presos del Tribunal. Actualmente se puede observar en el patio una reproducción de dichos grafitos los cuales siguen una estructura en cuatro tiras de secuencias, compuesta de viñetas abiertas, colocadas unas sobre otras, cuya lectura se realiza de abajo arriba y de derecha a izquierda.
     Es en este edificio donde se localiza la Sala de Promoción de la Artesanía lugar en el cual se pueden adquirir productos artesanos realizados en diferentes talleres extremeños (Ayuntamiento de Llerena).

Complejo Cultural de la Merced.-
     El actual complejo Cultural “La Merced” se conforma por dos edificios independientes de distintos orígenes, usos y cronologías: El convento e iglesia de la Merced y la antigua Casa Palacio de Recaudación de Impuestos de la Mesa Maestral.
     El primero de ellos, y el más monumental, es la capilla del antiguo colegio de los Jesuitas, cuyo diseño se ha atribuido al hermano Francisco Bautista, finalizándose su construcción en 1715. Es un edificio jesuítico, que construyó la Compañía de Jesús para ubicar su centro de enseñanza. Sigue el modelo de la iglesia del Gesú en Roma, y cuenta con planta de cruz latina con transepto poco marcado, nave única con bóveda de medio cañón con lunetos, capillas entre contrafuertes, y cúpula sostenida por pechinas sobre el crucero, que se traduce al exterior en un monumental cimborrio.
     También al exterior, destacan sus dos portadas, así como la decoración de obeliscos o pirámides y bolas, característica de la arquitectura herreriana. Las portadas clasicistas se resuelven con gran maestría mediante un cuerpo rectangular rematado por frontón poco destacado, cuyo lado inferior aparece roto por el vano. Se enmarcan por pilastras y bocel presentando también sendos escudos correspondientes al reinado de Felipe V que fueron dispuestos en estas portadas con posterioridad. La portada del transepto presenta también el escudo de la orden mercedaria que es quien se hizo cargo del edificio y el colegio tras la expulsión de los Jesuitas.
     El segundo edificio se trata de una construcción de la Orden de Santiago con origen en el siglo XVI que sirvió para recaudar los impuestos de la Mesa Maestral. Se trata de un edificio mudéjar que se organiza en torno a un patio porticado, con aljibe, conformado por arcos de medio punto peraltados enmarcados por alfiz sobre pilares poligonales de ladrillo en la planta inferior y arcos escarzanos, también enmarcados por alfiz y sobre pilares de igual tipología en la superior. En la actualidad, como consecuencia del derrumbe de uno de los corredores y su posterior restauración, la mitad del patio aparece enjalbegado y el resto en ladrillo visto.
     Al exterior presenta una sobria fachada con cajones de tapial y mampuesto entre verdugadas de ladrillo y cornisa en voladizo de modillones de rollo (Ayuntamiento de Llerena).

Convento e Iglesia de Santa Clara.-
     El Convento de Santa Clara fue fundado a principios del s. XVI por Doña Isabel Delgado, viuda de D. Rodrigo Porrado, comendador de la Orden de Santiago.  Este es el único convento que se conserva como tal, en la actualidad, de los ocho con los que contaba la ciudad, y desde su fundación está ocupado por religiosas de la Orden de San Francisco y Santa Clara.
     La iglesia del convento data de finales del siglo XVI; presenta una fachada de estilo clasicista donde destacan sus  dos portadas gemelas con arcos carpaneles; sobre ellas se pueden contemplar hornacinas y en la parte superior de la fachada, por cada una de las portadas, se localizan los escudos de los fundadores en mármol blanco.
     El interior es de una sola nave rectangular con capillas hornacina y la cubierta se resuelve con cuatro bóvedas baídas, incluyendo la zona del coro cerrada por una reja por pertenecer a la clausura. Todas las bóvedas están  decoradas con pinturas al fresco, más el tramo del coro, de autoría desconocida pero encuadrables en la escuela sevillana. En ellas predomina una temática mariana y otros temas y devociones propias de la orden franciscana, orden a la que pertenece el convento. En la bóveda del ábside se representa un rompimiento de gloria con la coronación de la Virgen; las pinturas de la bóveda del presbiterio presenta una composición de casetones con decoración vegetal con la representación del tetramorfo en las pechinas; en el tramo central la decoración de bóveda y pechinas es un esquema geométrico claramente serliano; la bóveda de los pies, también de casetones, representa una jerarquía angélica con San Francisco estigmatizado en la clave de la bóveda y otros santos y devociones de la orden, mientras que en las pechinas se representa a los santos padres de la iglesia latina.
     En el convento se conserva un interesante claustro; se trata de un patio cuadrangular enjabelgado que cuenta con dos pisos con corredores sobre arcos de medio punto enmarcados por alfiz.
     El templo atesora multitud de obras de arte mueble, la mayor parte del siglo XVII entre las que destaca la talla de San Jerónimo Penitente de Martínez Montañés, que data de 1603; actualmente esta talla se localiza en el coro bajo del templo, espacio que se ha rehabilitado como museo. Además de esta talla, en este espacio museístico, sobresale un Cristo Yacente que alberga en su pecho un tabernáculo que hace las veces de sagrario, así como objetos litúrgicos, libros de canto, objetos personales de algunas de las religiosas que han vivido en el convento, etc.
     El convento de clausura sigue alojando a monjas franciscanas de la orden de Santa Clara que han adquirido merecida popularidad por su labor en la repostería; destacan los denominados “corazones de monjas” el dulce típico de este convento de Santa Clara de Llerena (Ayuntamiento de Llerena).

Casas Mudéjares.-
     Dispersas por el casco histórico de la localidad encontramos un considerable número de viviendas de estilo mudéjar, en las que se pueden admirar sus espléndidas fachadas de ladrillos con cornisas de modillones, portadas enmarcadas por alfiz, monumentales dinteles, ajimez y otros elementos decorativos característicos de este estilo (Ayuntamiento de Llerena).

Iglesia de Santiago.-
     La iglesia de Santiago es un edificio de estilo gótico tardío hispano-flamenco. El templo fue fundado por D. Alonso de Cárdenas, último maestre de la Orden de Santiago, para su enterramiento. La construcción comenzó por el ábside, reforzado por cinco sólidos contrafuertes de sillería rematados en gárgolas zoomorfas y bellos pináculos florenzados; es aquí donde campea un hermoso blasón de los fundadores, en mármol blanco, y bajo este escudo se puede leer una estela.
     La prematura muerte del Maestre en 1493 trunca el proyecto inicial; se trataba de una iglesia de tres naves con una gran torre a los pies, sin embargo sus herederos modificaron su trazado proyectando este templo con una sola nave; también se reduce en materiales de construcción, no se utiliza sillar de piedra, se utiliza mampuesto, de menor coste económico. La obra la finaliza a principios del siglo XVI D. Alonso de Cárdenas, primer Conde de la Puebla del Maestre, nieto del fundador.
     La iglesia de Santiago cuenta con tres portadas de estilo hispano flamenco de cantería siendo la más hermosa la principal, en la cual se puede admirar, en mármol, los escudos de su fundadores, el de Don Alonso, con yelmo y dos lobos y con una media luna el de doña Leonor. Las otras dos portadas son similares, aunque de ornamentación más simple, la portada de la fachada meridional, en la plazuela de Cervantes, y una tercera portada sobre la que se eleva una torre rematada por una espadaña barroca, único añadido al templo primitivo, y que sustituyó su torre gótica original.
     El interior es de una sola nave cubierta con una bóveda de crucería y con tres tramos; en el tramo inferior se ubica el coro sobre un arco rebajado; en el lado opuesto se levanta la cabecera del templo cubierta también por bóvedas de crucería, separada de la nave por un gran arco toral apuntado; aquí se localiza la capilla principal y dos capillas laterales, la del evangelio bajo la advocación de la virgen de la Soledad y la de la epístola utilizada actualmente como sacristía.
     A este templo se le practica una reforma en 1919 decorando el interior de la iglesia con una pintura grisácea, simulando sillares de piedra, que enmascara la decoración inicial del templo.
     Actualmente en el altar mayor se pueden admirar las efigies de Don Alonso de Cárdenas y Doña Leonor de Luna, ejemplos de la escultura gótica internacional y que formaban parte de sus enterramientos, situados en el centro de la capilla mayor, protegidos por una verja, y decorados con interesantes bajorrelieves de tenantes de los blasones de los fundadores y alegorías de las virtudes atribuidas al Maestre así como santos de su devoción. A Don Alonso se le representa abrazado a la espada a modo de cruz y cubierto con la capa de la Orden de Santiago y a Doña Leonor, orante, con un rosario en sus manos y con el libro de horas a sus pies.
     Otro elemento admirable en este templo es el retablo del altar mayor, de estilo barroco del siglo XVI, con dos cuerpos y cinco calles, y que sustituyó al original retablo gótico del cual solo se ha conservado una talla de Santiago Peregrino, del primer tercio del siglo XVI y que actualmente se puede admirar en este retablo.
     El templo es, en conjunto, un buen ejemplo de la arquitectura gótica tardía de finales del siglo XV y de la huella que la Orden de Santiago dejó en la Baja Extremadura (Ayuntamiento de Llerena).

Iglesia de Nuestra Señora de la Granada.-
     Fundada por el maestre de la Orden de Santiago, Garci Fernández de Villagarcía entre 1385 y 1387, este templo se define principalmente por la combinación de estilos artísticos, mudéjar, gótico, renacimiento, barroco y rococó.
     La fachada principal está formada por dos niveles, un primer nivel de estilo barroco donde se localiza la portada de acceso; en el tímpano de entrada campea un escudo que muestra una granada alusiva a la advocación del templo; sobre el frontón curvo se localizan tres grandes escudos heráldicos, el Papal, el de España y el de Llerena. El segundo nivel es de estilo mudéjar y está formado por dos cuerpos de galerías de arcos de medio punto enmarcados por alfiz sobre pilares octogonales, que dota a esta fachada de gran originalidad; este lugar era utilizado como lugar de asiento y palco, durante siglos, para contemplar los actos públicos que se celebraban en la Plaza.
     La torre se localiza a los pies del templo y está formada por cinco cuerpos con dos estructuras diferentes. Los dos primeros pertenecen a la primitiva torre mudéjar del siglo XIV y están realizados en cantería; en el primero se localiza la Puerta del Perdón y en el segundo se localiza una ventana geminada, ventana típica del estilo mudéjar; en el último cuarto de siglo XVI se levantan los tres cuerpos restantes, de ladrillo, que participan ya del estilo renacentista; la torre queda rematada por una artística giralda.
     La portada trasera de acceso al templo data de la restauración del siglo XVIII y aquí también campea el escudo que muestra una granada; contrasta con esta portada el exterior de la capilla de los Zapata, fabricada con sillares de piedra, de estilo gótico florido con incorporación de elementos renacentistas; en el segundo cuerpo de la espadaña de torre de esta capilla aparecen los bustos de sus fundadores inscritos en medallones.
     El interior del templo contó originalmente con un bello artesonado de madera sustituido por bóvedas de arista sencilla en la importante reforma que se le practica al templo en el siglo XVIII; el proyecto de restauración es redactado por José de Hermosilla y Sandoval, arquitecto llerenense afincado en Madrid.
     En el interior, en la nave de la Epístola, destaca la capilla de la familia Zapata o de San Juan, de estilo gótico con elementos renacentistas; está delimitada del resto del templo por una verja de hierro gótica. Es en esta capilla donde se localiza la pintura “Cristo muerto en la cruz” de Francisco de Zurbarán, actualmente restaurado, y que formó parte del primitivo retablo de este templo.
     La capilla del Prior, a los pies del templo, fue fundada por el Prior Don Gonzalo de la Fuente en 1580.
     El retablo mayor, al igual que la actual imagen de la Virgen de la Granada, son obras contemporáneas realizadas a partir de 1936, debido al incendio que sufrió la iglesia; en el retablo hay que resaltar que las esculturas de S. Ignacio de Loyola y San Francisco Javier son barrocas y proceden del antiguo colegio jesuita, y posterior convento de la Merced.
     El camarín de la Virgen data de 1700 y en su interior se observa una decoración rococó con yeso blanco.
     Hay que destacar del interior de este templo la azulejería, tanto de la capilla de los Zapata como la que se localiza en la capilla del Prior. Un zócalo de azulejos compuesto de piezas de cuenca o arista se puede admirar en la de los Zapata y la del Prior cuenta con una muestra de azulejería pintada que representa una escena de la Reconquista y se atribuye al artista sevillano Cristóbal de Augusta (Ayuntamiento de Llerena).

Hospital e Iglesia de San Juan de Dios (Biblioteca Pública Municipal Arturo Gazul).-
     Estos dos edificios se corresponden con el antiguo hospital y la Iglesia de San Juan de Dios. Esta orden hospitalaria, que tiene su origen en la ciudad de Granada, remite al cabildo municipal de Llerena su deseo de instalarse en esta ciudad en el año 1671 para asistir a los pobres de la ciudad y desde entonces, y hasta el s. XVIII, se convirtió en el hospital más importante de la comarca.
     El hospital, el edificio cuya portada es de piedra de cantería, data del último tercio del siglo XVII. El vano de entrada se enmarca con molduras planas y un entablamento liso superior con adornos de pirámides y bolas; a ambos lados se levantan columnas acanaladas con capiteles diferentes; en el cuerpo superior se abre una hermosa ventana enmarcada por pilastras y rematada con una cornisa. En el interior se conserva un patio porticado con cuatro galerías de tres arcos de medio punto sobre esbeltas columnas de mármol con capitel de castañuelas.
     Actualmente este edificio es de propiedad municipal y acoge los Pisos Tutelados de la ciudad.
     La iglesia se construye para el hospital a mediados del siglo XVIII. En su fachada, de estilo barroco dieciochesco, se distinguen tres niveles, un primer nivel de ladrillo donde se localiza la portada de entrada y la granada emblemática de la Orden de San Juan de Dios; a ambos lados dos hornacinas con pilastras de ladrillo; en el segundo nivel hay dos vanos superpuestos y el último nivel se constituye con un par de torres elevadas en cada uno de los extremos. El interior se configura con una sola nave, decorada con un gran friso barroco, con capillas hornacinas entre pilastras; la cubierta se resuelve con una bóveda de medio cañón con lunetos y en el crucero una gran cúpula con cimborrio y linterna.
     Actualmente este edificio, también de propiedad municipal, acoge la Biblioteca Pública “Arturo Gazul”. Destacan, por su dimensión, las estanterías, realizadas en madera, ubicadas simulando antiguos retablos.
     A finales del 2007 es cuando comenzaron las obras de adecuación de esta iglesia para usos culturales mediante un convenio de colaboración entre el Ministerio de Fomento y el Ayuntamiento de Llerena. Desde el año 2010 la Biblioteca Municipal, que en los años 70 adopta el nombre de “Arturo Gazul”, va a ocupar este emplazamiento, sin embargo Llerena cuenta con  Biblioteca Municipal  desde 1928 y fue fundada como un patronato entre el Ateneo Llerenense y el Excmo. Ayuntamiento.
     Actualmente esta biblioteca está catalogada como una de las más singulares de España (Ayuntamiento de Llerena).

Palacio Consistorial.-
     La historia de este edificio atraviesa tres etapas que remiten a las diversas fases que constituyen el desarrollo de esta institución pública.
     El hecho de que en la Edad Media el gobierno municipal no tuviera bien definidas sus funciones se refleja en la falta de construcciones exclusivamente destinadas al cabildo. Por esta razón desde un principio éste se alberga en un edificio que va a recibir también otros usos con un carácter muy diferente.
     El concejo llerenense ocupó siempre el mismo emplazamiento en la Plaza Mayor. Su primera  fábrica, levantada en la Baja Edad Media incluía la carnicería en la planta inferior y el ayuntamiento en la superior, con dimensiones reducidas, ya que consistía únicamente en una sala con capilla; ofrecía poca consistencia, por lo que con frecuencia se hacían intervenciones para asegurar su estructura. Todas estas deficiencias desencadenan una serie de obras de reforma, realizadas entre 1601 y 1604, para disponer un nuevo local por lo que se adquirieron algunas viviendas contiguas. Tras esta reforma en la fachada principal del edificio se levantaban tres pórticos de sillares de piedra que daban paso al ayuntamiento y a la carnicería; en la fachada lateral se disponía otro pórtico de cantería para acceder a la alhóndiga.
     En el último tercio del siglo XIX se vuelven a realizar obras y son éstas las responsables del aspecto que presenta actualmente. Se trata de una fachada clasicista con balcones decorados con frontones que se alternan rectos y curvos y en los que se mantienen algunos elementos de la fachada primitiva como el pórtico de entrada, hoy cegado.
     La fachada de la calle Alhóndiga, actualmente calle Aurora, fue reedificada también, aunque aquí se respeta el pórtico de piedra existente. Cabe destacar en esta fachada en umbral de la puerta de acceso al edificio en el que se ha empleado una pieza arqueológica de origen romano, probablemente procedente de la antigua y cercana ciudad romana de Regina, en el que se puede leer la inscripción latina FVTVRAM YNQVIRMUS “Buscamos la futura…”
     El único elemento que hoy se conserva del cabildo antiguo es el patio porticado central que distribuye el conjunto de estancias del consistorio. Es una construcción clasicista de principios del siglo XVII que presenta planta trapezoidal y cuatro corredores, cada uno con tres arcos de medio punto sobre doce columnas de piedra de orden toscano. En las enjutas de los arcos, también labrados en piedra, se representan alternándose los escudos de Llerena y el escudo de armas del gobernador de la provincia de León, Diego Girón. En origen el patio también presentaba corredores en la planta superior, en los que presumiblemente los arcos de medio punto se sostendrían por columnas similares a las de la planta baja, pero a una escala menor. Aunque hoy en día esos corredores aparecen cegados, se conservan las columnas situadas en distintas estancias de la planta alta.
     Desde un punto de vista estilístico el ayuntamiento llerenense se encuadra dentro del eclecticismo, estilo arquitectónico más significativo del último tercio del siglo XIX (Ayuntamiento de Llerena).

Palacio Episcopal o Casa Prioral. Museo de Llerena.-
     El Palacio Episcopal o Casa Prioral fue la residencia de los priores y vicarios de San Marcos de León al ser Llerena capital de la diócesis priorato de San Marcos de León.
     La construcción actual data del último tercio del siglo XV, construcción que se inicia a instancias del Prior Garci Ramírez de Villaescusa, quien comprueba el mal estado del palacio y decide emprender la construcción de uno nuevo.
     Es aquí donde el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición tuvo su primera sede y se mantuvo en él hasta el año 1515 que se trasladó a la Casa Maestral.
     Cuando la Casa Prioral vuelve al poder de la Orden comienza la segunda fase constructiva, año 1549, afectando dichas obras sobre todo al patio central y estancias que lo rodean.
     La planta adopta la tipología de palacio renacentista organizado en torno a un patio central; la portada de la fachada principal de este mismo estilo es del siglo XV; el patio es una obra de estilo mudéjar en ladrillo visto, configurándose con arcos de medio punto peraltados en el  piso inferior y escarzanos en el superior, todos ellos enmarcados con alfiz y apoyados sobre pilares octogonales con sus respectivas basas y capiteles.
     La planta baja del Palacio se concibió como espacio público con la ubicación en la misma del salón de audiencias, la capilla, además de la zona de servicios y caballerizas; la planta alta del edificio es de un carácter más privado.
     A juzgar por los restos de pintura mural encontrados, el palacio debió estar en su mayor parte decorado por las mismas y en menor medida por esgrafiados en yeso.
     El salón de audiencias era un espacio de grandes dimensiones, comunicado por cuatro grandes arcos de medio punto con el jardín. La capilla, de reducidas dimensiones, se comunica con el salón mediante un arco ojival, y presenta en su frente un mural a modo de trampantojo que simula un retablo de estilo gótico, en el que se representa la escena de la contemplación del cuerpo muerto de Cristo en la calle central y a Santiago Peregrino y A San Agustín en las laterales, rematándose a modo de ático por una deesis.
     En la planta alta, en el siglo XVIII, se construyó un salón con bóveda encamonada en el que se ha conservado un mural con la representación del escudo del priorato superpuesto el escudo real y que conmemora la declaración de perpetuo del priorato.
     Merece especial mención la denominada como alcoba de la planta alta, que es una estancia de planta cuadrangular comunicada con los dos salones anexos mediante cuatro pequeñas puertas con arcos conopiales, y abierta a la calle por un interesante ajimez mudéjar de ladrillo con arcos de herradura apuntados y decoración de alfiz al exterior. En los zócalos de esta estancia las placas caladas enmarcan otras cuadrangulares con escenas pobladas de animales fantásticos como dragones, y otros humanos mezclados con una abigarrada decoración de cardina, así como temas heráldicos y epigrafitos entre los que se encuentra el escudo del prior Ramírez de Villaescusa (Ayuntamiento de Llerena).

Plaza de España.-
     La plaza mayor de Llerena, llamada oficialmente plaza de España, es el espacio público más importante y destacable de la localidad.
     La actual configuración  de la plaza es el resultado de una continua evolución llena de cambios y mejoras que respondían a las necesidades que la población iba teniendo con el paso del tiempo; aunque surge junto a la Iglesia de la Granada en la Edad Media, es en el siglo XVI cuando se realiza una importante reforma, anterior a estas obras este espacio no ofrecía la amplitud ni la apariencia de hoy en día.
     A principios del siglo XVI, y por mediación del licenciado Don Luis Zapata, la reina Doña Juana (la Loca) otorga permiso a la villa para celebrar mercado franco el martes, que comienza celebrándose en la plaza del Espíritu Santo, pero pronto se trasladaría a la Plaza Mayor. La necesidad de reformar la plaza para acoger convenientemente este creciente mercado fue la principal causa que esgrimió el cabildo para acometer a principios del siglo XVI la primera de las reformas; el objetivo fue la mejora y el ensanche del portal de la Cárcel. A finales de este mismo siglo se acomete la construcción del portal de la Fuente o de Morales.
     Estilísticamente la Plaza Mayor de Llerena resulta ser una admirable muestra de la arquitectura mudéjar. Los portales están cubiertos con madera, y están formados por arcos de medio punto de ladrillo con alfiz sobre pilares octogonales de piedra. Algunos de los pilares han sido sustituidos posteriormente por otras piezas de granito o piedra caliza, debido principalmente al desgaste sufrido por la erosión.
     El portal occidental está formado por 12 arcos de medio punto, de ladrillo encalado y columnas de cantería; es denominado popularmente de la Casineta, pero en el siglo XVI fue llamado portal de las Tiendas porque en él se localizaban diversos establecimientos comerciales; también se conoció como portal de la Cárcel, pues justo al lado se encontraba la Prisión de la Gobernación.
     En el portal de Morales, edificio similar al Portal de la Casineta, la sucesión es de 9 arcos también de medio punto. En ese portal se ha localizado la casa que probablemente habitara Francisco de Zurbarán con su segunda esposa Doña Beatriz de Morales, natural de Llerena.
     La fuente data del año 1618 y su diseño fue de Francisco de Zurbarán.
     La plaza era el escenario de todo tipo de actividades públicas y religiosas: mercados, autos de fe de la Santa Inquisición, procesiones y actos lúdico-festivos, como la fiesta de toros. Para todos estos actos y celebraciones era muy característico el repartimiento de balcones, realizado según la importancia y dignidad de la persona que las ocupaban (Ayuntamiento de Llerena).

Plaza de la Fuente Pellejera.-
     La Fuente Pellejera se sitúa en el extremo norte de la plaza del mismo nombre. El origen de la fuente es incierto, al menos la fuente tal y como se conoce hoy en día, ya que se cree que la ciudad se crea en torno a esta fuente y que precisamente es este el motivo de que la fuente aparezca en el escudo de la misma. La fuente que tras la restauración ha llegado a nuestros días, es una fuente escalonada, en sentido descendente a la cota del suelo, con gradas rectilíneas que conforman un cuadrado formadas por grandes sillares isódomos de arenisca. En el espacio central aparece un hexágono donde vierten las aguas de unos caños situados de modo alterno en los lados un grueso pilar también hexagonal, que se cierra en su parte superior de forma piramidal y se remataría en origen con una cruz de forja.
     Es especialmente interesante, el entorno de la fuente, con numerosas casas con fachadas que van desde el estilo gótico mudéjar del siglo XV, pasando por el renacentista del XVI, hasta el estilo barroco de los siglos XVII y XVIII. Destacan el conjunto de tres portadas del lado sur de la plaza. La primera de ellas cuenta como elemento más destacado, con un ajimez de doble arco de medio punto peraltado, enmarcado por alfiz con parteluz compuesto por una esbelta columnilla con capitel de castañuelas. La segunda, se trata de una portada blasonada del XVI, de estilo renacentista con un interesante blasón en el que combina la utilización de la piedra con el hierro. La tercera de ellas, conserva en su primera planta, una ventana con arco conopial típicamente del siglo XV. Algunos historiadores consideran esta plaza como parte de la antigua judería por su proximidad con la ermita de Santa Catalina, antigua sinagoga de la ciudad (Ayuntamiento de Llerena).

Recinto Amurallado.-
     En la época medieval el casco urbano de Llerena estuvo rodeado por una cerca amurallada, testimonio de la importancia que la ciudad medieval tuvo en su entorno.
     El origen del recinto amurallado es incierto; es posible que D. Lorenzo Suárez de Figueroa, maestre de la Orden de Santiago, ordenara su construcción entre 1387 y 1404, aunque también hay indicios de que  podría ser de principios del s. XIV. Los sucesivos maestrazgos de la orden santiaguista impulsaron mejoras en dicha muralla; la mayor parte del cerco amurallado fue reconstruido por el maestre don Fadrique a mediados del siglo XIV, de cuya época datan numerosos lienzos de muralla.
     La construcción es de argamasa, mampostería y ladrillo, usado de forma parcial en arcos, almenas, cubiertas y esquinas, todos, materiales habitualmente empleados por los árabes en este tipo de edificación; los lienzos se coronan con almenas sin remates o terminadas en formas piramidales y se refuerzan con torreones, en la mayoría de los casos de planta rectangular. También se han conservado algunos tramos construidos con tapial.
     La comunicación del recinto urbano con el exterior se efectuaba a través de cuatro puertas principales que se orientaban según los puntos cardinales; al norte la de Villagarcía, al Sur la de Reina, al Este la de Valencia y al Oeste la de Montemolín; actualmente se encuentran restauradas la puerta de Villagarcía y la Puerta de Montemolín, sobre la cual se levanta un original templete que alberga una hornacina decorada por pinturas al fresco con el tema de la Inmaculada y la paloma del Espíritu Santo, pinturas que habría que poner en relación con el voto o juramento del dogma de la Inmaculada para la entrada en la ciudad, como sucedía en otras localidades del sur de España.
     También existían un buen número de puertas menores o portillos que servían para acceder a la ciudad en zonas intermedias entre las puertas; se conserva perfectamente el que se localiza en este lugar, denominado “Portillo del Sol”.
     La cerca amurallada cerraba totalmente la ciudad y desempeñaba una misión defensiva; las puertas tenían una función fiscal, cobrándose impuestos por casi todas las mercancías que entraban en la ciudad para su posterior venta; además en caso de epidemias la función de esta muralla era la de aislamiento.
     El cerco íntegro se mantuvo en su totalidad hasta mediados del siglo XIX. Precisamente es en torno a este acceso, donde podemos contemplar uno de los mayores fragmentos del lienzo amurallado que ha llegado hasta nuestros días. Frente a él se ha dispuesto un espacio ajardinado que se conoce como plaza o parque Cieza de León en honor a Pedro Cieza de León, uno de los personajes ilustres llerenenses más renombrado, y considerado como uno de los principales cronistas de Indias. Con  tan sólo 15 años partió a América, continente en el que participó en diversas expediciones; aunque emigró como soldado; su curiosidad natural e inquietudes humanísticas le impulsaron a dedicar buena parte de su tiempo libre a la redacción de sus crónicas. Fue llamado “El príncipe de los cronistas de Indias” y es el autor de las “Crónicas del Perú”, conjunto de libros fundamentales e imprescindible para el conocimiento de la América precolombina. En su memoria, en este lugar, se ha erigido un monumento conformado por una escultura en la que se representa al personaje, recostado sobre un lecho de rocas en la acción de escribir, quizás llegada ya la noche, tal y como él mismo nos relata en sus crónicas “cuando otros descansaban, cansábame yo escribiendo” (Ayuntamiento de Llerena).

Palacio de los Zapata.-
     El Palacio de los Zapata fue construido en los inicios del siglo XVI por el que fuera consejero de los Reyes Católicos, Luis Zapata, y es sin duda uno de los edificios civiles más emblemáticos de Llerena. Este palacio pasó en 1570 a ser sede del Tribunal de la Inquisición siendo ésta la tercera y última residencia del Santo Oficio en Llerena. La sede inquisitorial de Llerena tenía jurisdicción sobre 527 villas y lugares, incluidos los obispados de Plasencia, Coria, Badajoz y Ciudad Rodrigo, así como los Prioratos de Santiago y Alcántara.
     Desde 1974 este edificio es el Palacio de Justicia albergando el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción del Partido Judicial de Llerena.
     La portada principal de acceso al Palacio de Justicia era la denominada Portada del Jardín del palacio de los Zapata; es de mediados del siglo XVI, de estilo renacentista y se organiza como un corredor con dos series de arquerías, cada una de éstas se compone de cinco arcos de medio punto peraltado sobre columnas ligeramente entorchadas que descansan sobre basas poligonales y se rematan con capiteles decorados con motivos vegetales y geométricos. La cornisa de la fachada está recorrida en toda su longitud por bolas de tipo isabelino. Además destaca la ventana esquinada de cantería que adorna una de las  esquinas de esta fachada.
     La estructura original del palacio quedó en gran parte destruida tras utilizarse como cuartel de las tropas francesas en la Guerra de Independencia. En este momento histórico desapareció la mayor parte de la zona más noble del palacio, como su patio principal de estilo plateresco o la capilla y los salones que según las descripciones que se conservan estaban ricamente decorados y cubiertos por artísticos artesonados labrados y dorados. También en esta fecha se destruyeron las dos antiguas fortalezas medievales anexas al palacio, el fortín y la denominada torre del airado. En el interior se conserva el patio central, un patio mudéjar del siglo XVI, de planta rectangular, que cuenta con dos pisos con 12 arcos de medio punto peraltados, encuadrados en alfiz sobre pilares octogonales, en planta baja, y 14 arcos de carpanel en la primera planta.
     El palacio de Los Zapata fue la mejor casa que tuvo caballero en España, según las crónicas de la época.
     La fachada principal de este palacio se denominó de la Inquisición y actualmente su portada está cegada. Esta portada es una muestra interesante del Plateresco construida con sillares de cantería; el vano dibuja un arco de medio punto rebajado; es probable que este primer arco estuviera cobijado por otro mayor de tipo conopial, pues se ve su arranque; toda la portada está enmarcada por un alfiz. La parte superior se encuentra hoy incompleta, hay un panel central con el escudo real flanqueado por los típicos salvajes en altorrelieve de perfil y de pie sobre repisas. Sobre esta portada se levanta una torre mirador de planta cuadrada (Ayuntamiento de Llerena).

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