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sábado, 27 de diciembre de 2025

La Ópera "El odio apaciguado", ambientada en Sevilla, de Francesco Silvani, y Baldassare Galuppi

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la ópera "El odio apaciguado", ambientada en Sevilla, de Francesco Silvani, y Baldassare Galuppi.
     Hoy, 27 de diciembre, es el aniversario del estreno (27 de diciembre de 1729) de la ópera "El odio apaciguado", en el Teatro San Samuele, de Venecia (Italia), así que hoy es el mejor día para ExplicArte la ópera "El odio apaciguado", ambientada en Sevilla, con libreto de Francesco Silvani, y música de Baldassare Galuppi.
     “El odio apaciguado” se divide en 3 actos, con el siguiente reparto:
Rodrigo         Rey de España
Esilena         Reina
Florinda         Noble damisela desflorada por Rodrigo, con promesa de matrimonio
Fernando General de Rodrigo
Climene         Hermana de Rodrigo, y amante de Julián
Julián         Hermano de Florinda, amante de Climene
Evanco         Hijo de Vitiza, Rey traicionado por Rodrigo, amante de Florinda
     El primer acto transcurre en tres escenas: la avenida de las Verduras, la plaza preparada para la aparición triunfante de Julián. Trono en el que se sentarán Esilena y Rodrigo, y la habitación de Rodrigo con la cama, de noche.
     El segundo acto transcurre en un campamento de guerra con pabellones reales, en una sala de noche, y en un campamento de guerra bajo las murallas de la ciudad con puerta de la ciudad.
     El tercer acto transcurre en un templo, y en el Palacio Real con trono.
Conozcamos mejor la Biografía de Don Rodrigo, personaje principal de la ópera reseñada;
     Rodrigo. Flavius Rudericus Rex. (¿Córdoba?, f. s. VII – ¿Río Guadalete?, Cádiz, VII. 711). Rey de España (710-711).
     Desgraciadamente se carece de referencias contemporáneas y seguras sobre la familia y linaje del famoso don Rodrigo, último rey de los godos según la mayor parte de la tradición historiográfica española. Sin embargo el texto cronístico asturiano del último tercio del siglo IX atribuido al rey Alfonso III (muerto en 910), base de las versiones Rotense y de Sebastián que han llegado hasta nosotros, sí que traía una referencia cierta a la familia cercana de Rodrigo. Según la misma, Rodrigo era hijo de Teodofredo, duque visigodo hijo de rey Quindasvinto (fallecido en 653), que por envidia fue cegado por el rey Egica (687-702) y desterrado a la ciudad de Córdoba. Según esta misma tradición el hermano de Rodrigo habría sido el también duque Fafila, que por un asunto de faldas habría sido mortalmente herido en Tuy por Witiza (muerto en 710), en tiempos de su padre el rey Egica. Este Fafila era padre de Pelayo (muerto en 737), el futuro iniciador de la Monarquía asturiana. La verdad es que resulta difícil saber el grado de fiabilidad de ambas noticias genealógicas puestas por escrito más de un siglo y medio después. Especialmente dudosa parece la segunda, cuyo fin es muy claro: relacionar al linaje de Rodrigo, el derrotado por el invasor muslim, con el de Pelayo, el vencedor del mismo invasor. Sin embargo no se acierta a vislumbrar los motivos para inventarse totalmente la primera, máxime cuando concuerda con algunos otros datos.
     En la Córdoba islámica del siglo IX todo el mundo sabía de la existencia en la ciudad de un palacio todavía en pie que se decía había pertenecido a Rodrigo. Y la totalmente fiable Crónica Mozárabe del 754 sugiere que Rodrigo había gobernado la Bética, seguramente como duque de la misma, antes de ser promovido al Trono godo. Por su parte también parece bastante seguro que el linaje de los reyes Egica y Witiza se relacionara con la ciudad de Córdoba y su campiña, lo que conviene al supuesto destierro de Teodofredo, enfrentado con el rey Egica, a esa ciudad, donde estaría bien vigilado por los parientes y clientes de su enemigo. En fin, la existencia de un duque de nombre Teodofredo en tiempos de Egica es segura. Es más, este Teodofredo sería uno de los no muchos miembros de la alta nobleza palatina que sobrevivió a la grave crisis política desencadenada por la frustrada conjura del obispo toledano Sisiberto contra Egica y su familia en 693. De tal forma que, si se quisiera identificar a este duque Teodofredo como su homónimo padre de Ruderico de la tardía tradición historiográfica astur sólo cabrían dos soluciones: o bien situar en una fecha tardía en el reinado de Egica su enfrentamiento con Egica y destierro a Córdoba, o bien considerar falsa esta última historia, que sería el fruto del interés tardío en oponer el linaje de Rodrigo al de Witiza, y hacer a éste último causa única de la invasión y victoria islámicas.
     Por mi parte preferiría la segunda opción, y ello por la razón siguiente. La esposa de Rodrigo se llamaba Egilona. Tras la trágica muerte de su marido la viuda Egilona casó con Abdelaziz ‘Abd al-‘AzÌz (muerto en 716), el hijo del conquistador Mýsà (fallecido en 718), incitando éste a ceñirse la corona goda e independizarse del Califato Omeya de Damasco. Pues bien, el nombre de Egilona induce a relacionar a esta ambiciosa mujer con el linaje real de Egica y Witiza, lo que explicaría perfectamente su privilegiada situación tras la muerte de su primer marido y en el entorno de los recientes conquistadores árabes. Hacer a Egilona miembro de esa poderosa familia bien enraizada en el vallé bético, y más concretamente en Córdoba, explicaría perfectamente tres acontecimientos fundamentales en la historia cierta de Rodrigo. En primer lugar su posición como duque de la Bética en los últimos tiempos del rey Witiza, en segundo lugar su misma promoción al Trono, marginando a otros familiares directos del último Rey, y, en tercer lugar, que estos últimos hubieran también formado parte de la hueste real que se enfrentó a Tarik en 711.
     El complejo sistema de sincronismos utilizado por el anónimo autor de la muy segura Crónica Mozárabe del 754, no exento de errores y contradicciones, permite afirmar con escasas dudas que Witiza murió a finales del 709 o, preferentemente, muy a principios del 710; mientras que la entronización de Rodrigo habría que retrasarla bastante en ese mismo año de 710. De este modo es seguro que entre ambos acontecimientos existió un largo y peligroso interregno de varios meses de duración, en todo caso superior al medio año. El hecho no carecía de precedentes en la historia hispanogoda, pero nunca un interregno había durado tanto. Es más, la situación en el interior y en el exterior del Reino godo era todo menos tranquilizante. El interregno no podía más que empeorar las cosas.
     En la historia hispanogoda los interregnos se explican siempre ante el final de bastantes años de reinado de un monarca y el inicio de la llegada al poder real del representante de un linaje distinto, aunque luego se pudiera relacionar cognaticiamente con el del anterior monarca. Tales habían sido los casos en el tránsito de Atanagildo a Liuva y su hermano Leovigildo, o en el de Sisebuto a Suintila. Esta vez habría sucedido algo parecido. No sabemos cuando Rodrigo matrimonió con Egilona, lo más probable es que no fuera mucho antes de su trágico final, pues ninguna fuente habla de la existencia de descendencia de Rodrigo. En ese caso su casamiento habría podido ser la exigencia de los familiares y nobles ligados al linaje de Egica y Witiza para consentir en la entronización de Rodrigo, marginando a algún candidato más ligado a ellos, como podría ser Oppas, hijo del rey Egica. Y hay testimonio suficiente y seguro de que éstos existían y no aceptaron más que a regañadientes a Rodrigo.
     La citada Crónica Mozárabe del 754 afirma que Rodrigo subió al Trono mediante un acto de fuerza, y de manera contraria a la prevista en la legislación, y a instancias de un senatus. El análisis léxico de ese texto historiográfico y los usos lingüísticos de la aristocracia municipal cordobesa desde el siglo VII al IX convierten en muy probable que ese “senado” no fuera sino la vieja curia municipal de Córdoba, en la que habían entrado desde antes del siglo VII miembros de la nobleza goda asentada desde hacia tiempo en Córdoba y su campiña. Por lo que sabemos de la segunda mitad del siglo IX a esa nobleza municipal cordobesa pertenecían los descendientes del linaje del rey Witiza. La tradición historiográfica arábiga es unánime al afirmar que razón fundamental en la promoción de Rodrigo fue su prestigio militar.
     Tras la segunda y definitiva caída de Cartago el poder islámico en 698 la expansión del Califato por el Magreb resultó muy rápida, alcanzando ya a los pocos años el área del Estrecho de Gibraltar. La única barrera para tratar de dar el salto a la orilla europea lo constituían la propia predisposición a la rebelión de las tribus beréberes, escasa o nulamente islamizadas, y la existencia en Ceuta de una guarnición dependiente del Reino godo, junto con los restos de la antigua flota bizantina que la tenían por base, al mando de un conde que extendía también su jurisdicción por las tierras gaditanas, que recibía su nombre de “juliano” del de la estratégica localidad de Julia Transducta (Algeciras). Tras la represión de la sublevación bereber la presión sobre el condado juliano debió aumentar mucho. El largo interregno a la muerte de Witiza y las intrigas y oposiciones nobiliarias que precedieron y siguieron a la entronización de Rodrigo harían insostenible la defensa de la parte africana del condado, si es que su titular, tal vez un bizantino de nombre Urbano, no fuera contrario al nuevo Rey godo. Dueños de Ceuta y con la alianza del “conde juliano”, fundamentalmente su flota y el control de la bahía de Algeciras, intentar pasar a la península era algo natural a realizar en un futuro inmediato. Documentación numismática islámica muestra que la invasión se estuvo preparando con algún tiempo. Antes de la misma subida al Trono de Rodrigo se habían producido las primeras operaciones de tanteo y saqueo, la más importante de las cuales fue mandada por Tarif Abuzara.
     El interregno y los problemas de la subida al Trono de Rodrigo habían propiciado que en los territorios del nordeste —valle del Ebro, Cataluña y Septimania— se proclamara rey otro noble godo, Agila II. La guerra civil era inevitable. La misma elección de Rodrigo pudo ser precipitada por esa proclamación de Agila, que debía ser contraria a los intereses de los nobles ligados a la casa de Egica y Witiza, asentados en el sur y el oeste. Primer objetivo de Rodrigo habría sido la lucha contra Agila II. Las fuentes islámicas hablan de Rodrigo luchando contra los vascones —posiblemente aliados de Agila—, cuando se produjo el nuevo y definitivo desembarco del ejército expedicionario musulmán en tierras peninsulares. Esta vez el comandante era Tarik, liberto y lugarteniente de Mñsà b. Nuîayr, gobernador de Ifriquiya. Es posible que el invasor hubiera hecho algún pacto, de no agresión cuando menos, con Agila, aunque no hay testimonio del mismo. En julio del 711 Rodrigo acudió con el Ejército real a cortar la progresión al interior bético del Ejército invasor, que se había hecho fuerte en la bahía de Algeciras y en el Peñón. El Ejército de Rodrigo era numeroso, pero en él venían muchos nobles ligados a la casa de Egica, que esperaban una ocasión propicia para eliminar al Rey y sustituirle por alguien más de su agrado. La batalla se libró cerca de la antigua localidad de Laca, en la calzada romana de Cádiz a Sevilla. La defección traidora de aquellos nobles y sus mesnadas convirtió la lucha en doble, contra éstos y contra los invasores. Al final tanto Rodrigo y sus fieles como los otros fueron derrotados, muriendo todos ellos. La tradición islámica afirma que el rey Rodrigo murió en su huida al intentar cruzar a caballo un riachuelo, aunque su cadáver no se habría encontrado. En Asturias a fines del siglo IX se creía que había sido enterrado en Viseo, pero la verdad es que ningún indicio lo prueba y nada lo hace verosímil (Luis Agustín García Moreno, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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lunes, 19 de mayo de 2025

La Ópera "Viriato", ambientada en Sevilla, de Pietro Metastasio, y Baldassare Galuppi

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la ópera "Viriato", ambientada en Sevilla, de Pietro Metastasio, y Baldasarre Galuppi.
     Hoy, 19 de mayo, es el aniversario del estreno (19 de mayo de 1762) de la ópera "Viriato", en el Teatro San Salvatore, de Venecia (Italia), así que hoy es el mejor día para ExplicArte la ópera "Viriato", ambientada en Sevilla, con libreto de Pietro Metastasio, y música de Baldassare Galuppi.
     La ópera Viriato (título original en italiano, Viriate) es una ópera seria o dramma per musica en tres actos basada en la vida de Viriato (Lusitania meridional, 190-170 a. C. – Valle del Tajo, 139 a. C). Caudillo lusitano y estratega militar (héroe del enfrentamiento con Roma en las Guerras Lusitanas de 147 a 139 a. C.).
Conozcamos mejor su biografía:
     Viriato es sin lugar a dudas uno de los personajes más emblemáticos de la lucha hispana contra la conquista romana. Dos son los primeros problemas que inicialmente nos plantea este personaje: el de su nombre y el de su lugar de nacimiento. En cuanto al nombre pudiera tener su origen en una información que transmiten Diodoro Sículo y Estrabón referente a la costumbre de las poblaciones indígenas a adornarse con brazaletes de oro y plata; el nombre procedería, en consecuencia, del vocablo ibérico viria, emparentado con el celta viriola, que se puede traducir por pulsera o brazalete. El nombre Viriato significaría, por tanto, “el portador de brazaletes”. No se sabe si este apelativo se lo dieron sus propios compañeros o los romanos, pero recuérdese que entre estos últimos era habitual que el cognomen procediera de una característica física, de una virtud o de una hazaña o costumbre; Calígula, por ejemplo, recibió este nombre por el tipo de calzado que le gustaba usar de pequeño. En cuanto a su lugar de nacimiento, se produjo un arduo debate, que arranca de la época de publicación de los trabajos de A Schulten en los años 20, quien proponía el Monte Herminius (Sierra de la Estrella), sin tener ningún testimonio que justificara esta afirmación; antes, a principio del siglo xx una parte de la investigación nacional sostuvo el origen español del héroe: turolense o valenciano. Todas estas teorías fueron desechadas, y en la actualidad no se duda de su origen lusitano, y más probablemente de la zona sur de Lusitania, tal vez de la ciudad de Arsa, con la que estuvo muy relacionado. Tanto Posidonio como Diodoro Sículo o Dion Casio señalan que el linaje de Viriato es oscuro y desconocido, no se conoce el nombre de su padre, ni se posee ningún dato sobre su familia y muy escasas referencias anteriores a convertirse en el cabecilla de una rebelión generalizada contra Roma. Por los pocos datos que nos transmiten Diodoro, Apiano y Dion Casio se puede conjeturar que debió de pasar su juventud en las montañas ganándose la vida como pastor, lo que le proporcionó un gran conocimiento de la geografía montañosa de Lusitania y de todos sus refugios y escondites, algo que le sería de gran provecho en los años posteriores.
     No se sabe en qué momento cambió de vida y se integró en alguna de las bandas que desde las montañas de Lusitania descendían a las ricas llanuras de la Bética deseosos de rapiña, en busca de los recursos de los que ellos carecían. En esta época de su vida podría situarse la boda de Viriato con la hija del rico propietario Astolpas, probablemente cuando había alcanzado cierto prestigio como bandolero o incluso en los albores del enfrentamiento con Roma cuando destacaba ya como uno de los cabecillas de la revuelta lusitana. Diodoro Sículo es el único autor antiguo, tal vez tomados de Posidonio, que nos proporciona algunos datos referentes a la boda. Dice Diodoro que durante la boda se exhibieron gran cantidad de vasos de oro y plata y toda clase de tejidos preciosos, pero que él los observaba con indiferencia e incluso con desprecio sabedor de que era el poder de su lanza el que le proporcionaba todos estos bienes; continúa diciendo que no se bañó como era habitual en tales acontecimientos y que a pesar de que se le rogó intensamente, no ocupó su lugar en la mesa y que de las numerosos viandas que allí había tan sólo tomó pan y carne que repartió entre los que le habían acompañado; después pidió que fueran a buscar a la novia, realizó el imprescindible sacrificio, y acto seguido montó a la novia en su caballo y partió con ella hacia un lugar que sólo él conocía, no sin antes preguntar a su suegro por qué motivo había decidido abandonar la cómoda protección de los romanos para aliarse a su modo de vida mucho más duro que el de aquéllos.
     No se sabe con seguridad cuál es el momento exacto en el que Viriato se convirtió en el caudillo lusitano que se conoce y cuya actividad le dio la fama universal. Los romanos una vez más iban a tener que enfrentarse a un tipo de guerra que no les era habitual y que era la empleada generalmente por los pueblos peninsulares, celtíberos y lusitanos fundamentalmente. Era una guerra irregular y carente de organización que los romanos denominaban bellum latrocinium (guerra de bandidos). Viriato añade una novedad a este tipo de guerra, que bajo su mando abandona el carácter únicamente defensivo que tenía y se convierte en una guerra ofensiva, cuya finalidad fundamental es destruir al ejército enemigo poco a poco, mediante pequeños ataques que impiden al enemigo desplegar un combate regular y cuando lograban organizarse los atacantes ya se habían retirado. La finalidad no era ocupar el territorio dado que ello les obligaría a permanecer en él para defenderlo, sino esquilmarlo con lo que los mismos romanos no podían permanecer mucho tiempo en él pues no podían obtener los imprescindibles recursos para mantener al ejército; si querían quedarse tenían que traer los recursos de fuera, y en muchas ocasiones el ataque de Viriato iba dirigido contra estas caravanas de recursos, con lo que las legiones se debilitaban cada vez más. Esta táctica de combate era obligada, pues el ejército reunido por Viriato, integrado por lusitanos celtíberos e iberos de diferentes tribus, era muy inferior en número y en armamento que se componía de un pequeño escudo redondo, una espada en cuya vaina iba un cuchillo y una lanza de hierro; la cabeza la llevaban cubierta con casco adornado con crines y coraza. Solamente en raras ocasiones el casco y la coraza eran metálicos.
     Una actitud que sorprendió a los propios romanos, y que siempre alabaron, fue la actitud que adoptó Viriato frente a la distribución del botín que conseguía después de los combates, señalando todos los autores clásicos, cuando hacen referencia a este hecho, que era extremadamente justo y equitativo en el reparto.
     La Guerra de Viriato fue uno de los episodios centrales del enfrentamiento entre Roma y las tribus celtíberas y lusitanas de mediados del siglo II a. C. Sus prolegómenos tienen un sangriento precedente: los deseos de rápido enriquecimiento de los pretores que llegaban a Hispania. Los dirigentes romanos aprovechaban la mínima ocasión para desencadenar duras represalias. Éste fue el caso de Ser. Sulpicio Galba, gobernador de la Ulterior en 151 a. C., decidió castigar las incursiones periódicas que los lusitanos hacían en el sur, pero su inexperiencia le llevó al desastre y tras refugiarse en Carmona solicitó la ayuda de Lúculo. Sin embargo, Galba estaba deseoso de venganza por la humillación recibida y tendió una trampa a los lusitanos. Les ofreció ricas tierras cultivables a cambio de que abandonaran sus refugios en la montaña; una vez que estuvieron todos reunidos y sin previo aviso les masacró. Solamente lograron escapar con vida unos pocos de los allí reunidos; probablemente entre ellos estaba Viriato.
     En el año 147 a. C., los lusitanos ya se habían recuperado y de nuevo comenzaron a hacer incursiones en la Turdetania con pequeñas bandas, que lograron ser cercadas por C. Vetilio. Cuando el romano les ofreció una salida airosa de la situación en que estaban prometiéndoles tierras de cultivo si entregaban las armas; cuando ya estaban decididos a aceptar, Viriato levantó la voz y les recordó lo sucedido unos años antes con Lúculo y sobre todo con Galba, quien les hizo la misma promesa. La fuerte determinación mostrada por Viriato en esta reunión hizo que el resto de los cabecillas le eligieran como jefe y se puso al frente de las bandas de lusitanos. Antes de nada, lo primero era burlar el cerco al que estaban sometidos. Viriato, al mando de un millar de jinetes atacó a los romanos, y el resto del ejército, divididos en pequeños grupos, escaparon en todas las direcciones atacando a su vez; esta táctica provocó la desorientación y el desorden en las legiones, el frente se rompió, y Vitilio se vio incapacitado para perseguir a tantos pequeños grupos. Se centró en la caballería de Viriato, pero éste en ningún momento le planteó batalla abierta, hasta que pasados varios días, protegido por la noche, logró huir y alcanzar la ciudad de Tribola, donde poco a poco iban llegando el resto de los huidos. A partir de ese momento, Viriato comenzó a poner en práctica la táctica de combate que se ha mencionado más arriba con extraordinarios resultados. En uno de estos breves enfrentamientos logró sorprender al pretor Vetilio, que fue hecho prisionero y muerto poco después. Lo mismo le sucedió en dos ocasiones al pretor C. Plautio Hipseo en 146 a. C., la primera cerca de Carteia le proporcionó a Viriato un considerable botín y atravesando el río Tajo se asentó en el Mons Veneris, identificado por Schulten como la Sierra de San Vicente, lugar que convirtió en su centro de operaciones; hasta allí le persiguió Plautio que fue nuevamente derrotado, esta vez al norte de Talavera. Viriato logró crear un estado de inseguridad en toda la Ulterior: ocupó Segóbriga, realizó una expedición al territorio de los vacceos, en el año 146 a. C., derrotó al pretor de la Citerior, Claudio Unimano, apoderándose de sus estandartes, algo que para los romanos era más grave que la misma derrota. En el año 145 a. C., le tocó el turno a C. Nigidio, con lo que se puede decir que Viriato dominaba casi toda la Hispania Ulterior y todo el sur de la Citerior. Las cosas eran tan graves que Roma se vio obligada a enviar al cónsul, Q. Fabio Máximo Emiliano en 145 a. C.; su mandato era limitado, pero con el apoyo que le prestaba desde Roma su hermano carnal, Escipión Emiliano (ambos eran hijos de Emilio Paulo, dados en adopción), logró permanecer en el cargo también en el año 144 a. C. Durante el primer año sus acciones fueron muy prudentes, desconocía el terreno por el que se movía y solamente de oídas al ejército al que se enfrentaba, por lo que permaneció en Urso (Osuna) preparándose él y su ejército y aceptando solamente el combate en pequeñas e infructuosas escaramuzas. Al año siguiente, prorrogado su mandato como procónsul, se enfrentó más directamente a Viriato, logrando pequeños éxitos, que demostraron que Viriato no era invencible, y le obligaron a abandonar el valle del Betis y retirarse hasta Bailén. La salida de la Península de Fabio Máximo Emiliano supuso un retroceso para las aspiraciones romanas; a las derrotas se suma la generalización del conflicto, al que se suman los celtíberos, instigados por Viriato. Sin embargo, para éste las cosas comenzaban a cambiar, como demuestra el hecho de que en 141-140 a. C., a pesar de tener atrapado al procónsul Q. Fabio Masimo Serviliano, firmó un acuerdo de paz, que fue ratificado por el Senado, y que permitía al romano salir indemne de la situación, algo que es de difícil comprensión, y que ha sido interpretado como su deseo de ser nombrado rey de toda la Lusitania, algo que sólo podía lograr con el consentimiento de Roma. Al año siguiente Servilio Cepión sucedió a Serviliano y reemprendió las hostilidades, obligando al lusitano a retirarse hacia la Carpetania y luego hacia los montañas de Lusitania.
     A partir de entonces Viriato únicamente pudo realizar una guerra defensiva. Cepión a pesar de haberse adentrado en la Lusitania, cuyos habitantes estaban cansados ya de la guerra, se topó con una resistencia desesperada y optó por entablar conversaciones con Viriato. Estas negociaciones se iniciaron en el año 139 a. C., y los representantes de Viriato fueron tres de sus hombres de confianza, Audaz, Ditalcon y Minuro.
     Durante las conversaciones Cepión logró sobornar a los tres, y cuando regresaron al campamento le dieron muerte en su tienda mientras dormía. Los historiadores clásicos nos dicen que estos hechos causaron gran escándalo en Roma, no se pagó la recompensa prometida a los asesinos y el Senado le negó a Cepión la posibilidad de celebrar el triunfo, argumentando que no había ganado la victoria, sino que la había comprado. Los funerales de Viriato fueron extraordinarios, a ellos acudió casi todo el ejército; el cadáver de Viriato, riquísimamente ataviado fue quemado en una gran pira, se inmolaron en ella una gran cantidad de ofrendas, y mientras esto sucedía, Caballería e Infantería daba vueltas alrededor de la pira funeraria entonando cantos hasta que se extinguió el fuego, tras lo cual, sobre el mismo túmulo realizaron combates singulares en los que intervinieron más de doscientas parejas. Una vez concluidos los funerales el ejército se dispersó. La desaparición del caudillo lusitano supuso el final de la guerra y abría a los romanos la posibilidad de expansión hacia el noroeste (Javier Cabrero Piquero, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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