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miércoles, 9 de octubre de 2024

Un paseo por la plaza Puerta de Jerez

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza Puerta de Jerez, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 9 de octubre, Santos Dionisio, obispo, y compañeros, mártires. Según la tradición, Dionisio, enviado por el Romano Pontífice a la Galia, fue el primer obispo de París, en la actual Francia, y allí, junto con el presbítero Rústico y el diácono Eleuterio, padecieron todos en las afueras de la ciudad (s. III) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte la plaza Puerta de Jerez, de Sevilla, dando un paseo por ella, puesto que San Dionisio es el patrón de la ciudad de Jerez de la Frontera.
     La plaza Puerta de Jerez es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y está delimitada por las calles San Fernando, San Gregorio, avenida de la Constitución, Maese Rodrigo, Almirante Lobo, y avenidas del Paseo de Cristina, y de Roma.
   La plaza (desde el punto de vista urbanístico, y como definición, responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario).
     Desde el s. XIII este espacio fue conocido como Postigo o Puerta de Jerez por constituir la salida hacia la mencionada ciudad, y  así se mantendría hasta el  derribo de la Puerta en 1864. También fue conocido el espacio intramuros como plaza del Corral de Jerez en los siglos XV y XVI, y desde este último como plaza o plazuela de Maese Rodrigo o del Colegio de Maese Rodrigo, por el canónigo fundador del colegio de Santa María de Jesús, Rodrigo Fernández de Santaella (1444-1509); más adelante como plaza de la Universidad. En 1928, una vez unificado el espacio extra e intramuros, se rotuló Virgen de los Reyes por la patrona de Sevilla y su archidiócesis. En 1931 fue nominada de Andalucía, recogiendo así el sentimiento autonomista, y en 1936, Calvo Sotelo (1893-l936) por el político asesinado poco antes. En 1980 se acordó devolverle su primitivo nombre de Puerta de Jerez, denominación con la que el pueblo siempre la había conocido.
     En el s. XIII constituía una puerta o postigo del alcázar almohade que se abría frente a la calle San Gregorio. La posterior ocupación de este espacio intramuros dejó una plaza de forma irregular, como era habitual ante las puertas de la ciudad. Extramuros y muy próximo corría el arroyo Tagarete, que servía de foso a la muralla (actuales calles de San  Femando y  Almirante  Lobo), que desembocaba junto a la Torre del Oro. Su actual fisonomía es el resultado de diversas actuaciones en los siglos XIX y XX. Esta con­ formación empezó a modificarse en 1837 cuando se derribaron los torreones de la puerta y algunas casas adosadas por el lado exterior de la muralla. y aún más en 1864 al demolerse la puerta y cubrirse el arroyo Tagarete. Posteriormente se amplió la plaza a costa de una manzana y una calleja situada delante de la casa de la familia Guardiola. En 1929 se llevará a cabo otra importante actuación con la demolición de un amplio lienzo de muralla a ambos lados de la puerta y de las casas adosadas a ella, y se abrió la comunicación con la ciudad histórica a través de la actual avenida de la Constitución. Esta actuación fue consecuencia de la aplicación de los beneficios que la ley otorgaba a las obras conexas con la Exposición. Se hacía así realidad la idea del Conde de Colombí de unir la Sevilla histórica con los terrenos del Certamen.
     Amplia y abierta, está asfaltada sobre el anterior pavimento de adoquines, que procede de 1914. Dispone de amplias aceras de losetas de terrazo de colores en las que están plantados naranjos en alcorques. Está dotada de cabinas telefónica y refugios en las paradas de autobuses (ya desaparecidas). Se ilumina con farolas de fundición de tipo fernandino con tres brazos. Fue equipada de semáforos en una fecha tan temprana como 1948. En el centro hay una fuente, levantada en 1929, obra de Manuel Delgado Brackembury, que representa a una dama en un trono que marcha sobre tortugas y simboliza a la ciudad de Sevilla, la Cibeles hispalense, conocida popularmente como de "los meones", por los niños que rodean la figura central. Esta fuente estuvo desmontada varios años con motivo de las obras del metro; en el lugar donde se asienta se abrió un gran pozo de penetración hacia las galería que fue cerrado en 1988, varios años después de interrumpirse las obras del proyectado suburba­no.
     La plaza de la Puerta de Jerez está constituida por un conjunto de edificios de gran notoriedad, destacando entre todos la capi­lla de la Universidad o Colegio de Santa María de Jesús, construida entre 1506 y 1509 en estilo gótico-mudéjar tardío y cuyo retablo es obra destacada de Alejo Fernández. La capilla es la única parte que permanece de la vieja Universidad, demolida en los años veinte. El resto son obras de finales del s. XIX y principios del XX. En 1891 Andrés Parladé, conde de Aguiar, construyó una casa (actual de los Guardiola) que se considera arquetípica de la arquitectura tradicional sevillana, debida a José Espiau y Gómez Otero, sobre el solar de la desaparecida casa del Corzo de los Vicentelo de Lecca (s. XVI); entre 1900 y 1904 el marqués de Yanduri hizo construir otra esquina, a San Gregorio, con clara influencia del racionalismo francés. A la muerte de los marqueses, pasó a formar parte de la Fundación Yanduri, y en ella se estableció un colegio femenino religioso. En los comienzos de la guerra civil fue cuartel general de Franco, como recuerda una lápida. Recientemente se ha instalado la central del Banco de Santander. Otras casas dignas de mención son la construida por Ildefonso Marañón, esquina a Almirante Lobo, entre 1928 y 1931, obra de los arquitectos José y Aurelio Gómez Millán, de estilo neobarroco dieciochesco inspirado en la casa sevillana; la colindante es de Juan de Talavera; y el Hotel Alfonso XIII, de José Espiau, de estilo historicista y que ofrece a esta plaza una de sus fachadas más elaboradas, construido para la Exposición de 1929. La Puerta de Jerez, existente ya a finales de la época musulmana, tenía hacia el s. XVI dos torres que soportaban el mecanismo que movía el rastrillo que aislaba a la ciudad del exterior. Estos torreones debieron deteriorarse hasta el punto de tenerlos que desmontar entre 1837 y 1843; pocos años más tarde, en 1846, se llevó a cabo una profunda reforma de la misma, con proyecto del arquitecto municipal Balbino Marrón, para en 1864 proceder a su derribo definitivo, destinándose los materiales nobles al cementerio de San Fernando.
     Esta plaza fue lugar de paso de la ciudad hacia el sur por la mencionada puerta y sitio de expansión para los colegiales de la Universidad que en ella corrían toros en el s. XVII, con motivo de la celebración del Car­naval. Asimismo se convirtió en paso a través de San Fernando para acceder, desde el s. XIX, al Prado de San Sebastián y a la estación de ferrocarril, y consecuentemente vio pasar a las unidades que volvían de las guerras de Cuba y Marruecos. Era también camino obligado de la comitiva de los duques de Montpensier, cuando se trasladaban a la Catedral en los días de fiestas desde el cercano palacio de San Telmo, y de acceso a los jardines de Cristina y a los desaparecidos jardines y teatro de Eslava (v. San Fernando). En la actualidad es un importan­te nudo de comunicaciones tanto de peatones como de vehículos. La plaza de Maese Rodrigo fue históricamente un espacio periférico y aislado; en el s. XVIII se instalaron extramuros en sus proximidades los jardines de las Delicias de Arjona y, desde entonces, cobró interés como acceso de la zona sur que se convirtió en paseo de moda y expan­sión de la población. En el lugar que hoy ocupa la casa de Yanduri, antiguas dependencias de ferrocarriles, nació en 1908 el poeta y premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre, efeméride que recuerda una placa, y en la fachada lateral de la capilla de la vieja Universidad, otra menciona la fundación del Colegio de Santa María de Jesús [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
Puerta de Jerez, plaza de, 1. Hasta comienzos de siglo existió en este solar la casa que formaba parte del mayorazgo fundado por Juan An­tonio Vicentelo de Leca, "señor de Cantillana, Villaverde y Brenes", en el siglo XVI. En 1901, don Pedro Zubiría, luego marqués de Yanduri, construyó el edificio actual, de gusto francés, en cuya fachada, de dos plan­tas, alternan la piedra con el ladrillo.
Puerta de Jerez, plaza de, 7. Esta casa fue construida por el conde de Aguiar, quien tomó como mo­delo algunos palacios y casas sevillanas, como la de los Pinelos, en cuyo patio se inspiró para levantar el suyo [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía, de San Dionisio, obispo y mártir
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LEYENDA
     Primer obispo de París.
     Según Gregorio de Tours, a mediados del siglo III habría sido enviado como misionero a Las Galias por el papa Fabiano, y decapitado en París hacia 280 con sus compañeros Rústico y Eleuterio.
     Su leyenda fue forjada en el siglo IX por Hilduino, abad de Saint Denis. El fue quien identificó al patrón de su abadía con San Dionisio Areopagita, y quien situó su martirio en Montmartre, cuyo nombre interpreta como Mons Martyrum, cuando en verdad se trataba de Mons Mercurii o Mons Martis.
     Santiago de Vorágine recogió estas fábulas en la Leyenda Dorada. Su relato es la fuente que emplearon todos los artistas a partir del siglo XIII.
     San Dionisio, convertido por san Pablo que lo consagró obispo de Atenas habría ido a París a predicar el Evangelio. Por órdenes del emperador Domiciano, el prefecto romano lo hizo engrillar y conducir a su pretorio en compañía de sus acólitos, el sacerdote Eleuterio y el diácono Rústico. Padeció la serie habitual de tormentos reservados a los mártires: fue flagelado, asado sobre una parrilla, entregado a las fieras que alejó con la señal de la cruz arrojado en un horno ardiente, crucificado. Luego, puesto que sobrevivió a todas las torturas, fue devuelto a la prisión. Jesús se le apareció y le administró la comunión a través de los barrotes de la celda.
     Al día siguiente, san Dionisio fue decapitado junto a sus dos compañeros él con espada, ellos con hacha. Pero inmediatamente su cuerpo se incorporó, cogió la cabeza cortada en las manos, y caminó así dos millas, desde la colina de Montmartre hasta el lugar de su sepultura. «En tales circunstancias -se ha comentado, con malicia- lo que más cuesta es el primer paso.» Esta leyenda nació de una falsa interpretación de las imágenes del santo, quien se representaba llevando su cabeza en las manos, simplemente para recordar la naturaleza de su martirio. Ello significaba que había sido decapitado, y nada más. Pero el pueblo crédulo llegó a la conclusión de que había caminado después de morir, llevando su cabeza en las manos. La invención tuvo éxito y engendró una legión de santos cefalóforos.
     Existían dos versiones contradictorias de su decapitación. La Iglesia de París pretendía que a su primer obispo el verdugo le había cortado el cuello. Los monjes de Saint Denis sostenían que sólo le habían cortado la bóveda craneana con un hachazo torpe.
     Ambas tradiciones han dejado huellas en la iconografía.
Crítica de la leyenda
     Esta leyenda monástica no resiste un examen. Es obvio que el San Dionisio de París que vivía en el siglo III no puede ser identificado con Dionisio Areopagita que se nos presenta como un contemporáneo de san Pablo, y que por ello habría vivido en el siglo I. Se trata de un fraude grosero inspirado por una simple homonimia, e inventado para retrotraer a los patrones de las catedrales o abadías hasta los orígenes de la Iglesia.
     En una octavilla anticlerical acerca del Origen de todos los cultos, que data de la época de la Revolución, Dupuis pretende demostrar que San Dionisio no es otro que el Dionisos de los griegos y el Baco de los romanos.
     En cuanto a Eleuterio y a Rústico, compañeros legendarios de San Dionisio, sus nombres aparecieron sólo en el siglo VIII. Tienen exactamente el mismo papel que los diáconos Turibio y Pavacio, que enmarcan a San Julián del Mans en su campaña de evangelización del Maine. Según Dupuis, se trata­ría, en todos los casos, de los epítetos de Dionisos (Eleutheros, Rusticus), a quienes la leyenda habría convertido en acólitos del santo.
     Los milagros de San Dionisio se consideran proseguidos después de su muer­te. Se apareció en sueños al rey Dagoberto, y arrancó su alma a los demonios; defendió su propia tumba contra los sacrilegios y pillajes; un soldado que había trepado a su relicario para apoderarse de una paloma de oro suspendida encima, resbaló sobre la cubierta y se aplastó los testículos (compressus testiculis), y para colmo de males, se ensartó en su propia lanza.
     Lo más probable es que esta última historia de terror fuese inventada y puesta en circulación por los monjes de Saint Denis a la manera de un espantaladrones.
CULTO
     Fue en París donde nació el culto a San Dionisio; pero se difundió también en el extranjero, sobre todo en España y Alemania.
     Numerosas iglesias parisinas estaban puestas bajo su advocación. La más antigua habría sido edificada sobre su tumba por Santa Genoveva. Saint Denis du Pas (de Passu), sólo separada por un estrecho pasaje del presbiterio de Notre Dame, señalaba el sitio donde había comenzado su martirio. Saint Denis de la Chartre (ad Carcerem), se levantaba sobre el emplazamiento de la prisión donde estuviera encarcelado. Allí se conservaban las cadenas y la piedra a la que estuviera atado; su estatua adornaba la parte superior de la portada. La última es la iglesia de Saint Denis du Saint Sacrement, construi­da por Godde en tiempos de la Restauración. El rey Dagoberto hizo trasladar sus reliquias a la iglesia abacial de Saint Denis, que se convirtió en el santuario de la monarquía francesa. Allí fue enterrado dicho monarca en 639, y casi todos los reyes de Francia siguieron su ejemplo. Su grito de guerra era Montjoie Saint Denis.
     En la misma época, la abadía benedictina de Morienval en Valois también se puso bajo su advocación.
     Durante el reinado de Carlos el Calvo, el arzobispo Hincmar fundó otra abadía bajo su advocación en Reims. En la época de las incursiones de los piratas normandos, los monjes dionisios transportaron hasta allí las reliquias del santo.
     En el océano Índico, la capital de la colonia francesa de la isla Borbón (que en tiempos de la Revolución  se convirtió en la isla de la Reunión) lleva el nombre de  Saint Denis.
     La implantación del culto de san Dionisia en Valencia, España, donde está probado desde el siglo XIII, se explica por una razón histórica: fue el día de la fiesta del santo, 8 de octubre de 1238, cuando Jaime el Conquistador recuperó la ciudad, hasta entonces en manos de los moros.
     La popularidad del mártir parisino en Alemania obedece a otras causas. En 1049, los monjes de San Emerano de Ratisbona pretendieron haber descubierto el cuerpo de San Dionisio, quien en el siglo XV fue incluido entre los Catorce Intercesores.
     Patrón de la Casa Real de Francia, San Dionisio no parece haber sido reivindicado por las corporaciones. Pero se le atribuía la cura de cierto número de enfermedades. Se lo invocaba contra el dolor de cabeza a causa de su decapitación y también para la curación de mordeduras de perros rabiosos, que se trataban mediante la aplicación sobre las heridas de las cadenas conservadas en Saint Denis de la Chartre.
     Los alemanes atribuían al agua de una fuente que brotaba en su tumba la propiedad de curar la sífilis, llamada mal francés, aunque en Italia y en la virtuosa Alemania hubiese tantos enfermos como en Francia. En una imagen popular impresa hacia 1500 (Biblioteca Munich), se lee esta plegaria a San Dionisio:
            Wehre mich vor der erschercklichen Krankheit male franzos, von welcher du
            eine grosse des christlichen Volks in Frankreich erledigt has.
     En el siglo XVII la propia Iglesia de París tomó claramente partido en contra de la leyenda de su santo patrón, negando al mismo tiempo la ficticia identificación de San Dionisio Areopagita y el milagro de la cefaloforia.
     La secuencia de Adán de San Víctor:
            Gaude prole, Graecia. 
            Glorietur Gallia
            Patre Dionysio.
     Fue sustituida en el Misal del arzobispo de París, François de Harlay, por este nuevo texto:
            Exultet Ecclesia
            Dunt triumphat Gallia
            Patre Dionysio.
     Algún tiempo después, el Misal del cardenal de Noailles  instituiría dos fiestas diferentes, una el 8 de octubre, para Dionisio Areopagita, y la otra el 9, para San Dionisio de París.
     Al mismo tiempo, los misales parisinos depurados eliminaron el versículo que aludía al mártir llevando su cabeza en las manos:
            Se cadaver mox erexit,
            Truncus truncum caput vexit
            Quo ferentem hoc direxit
            Angelorum legio.
     Estos cambios litúrgicos fueron un duro golpe a la iconografía tradicional de San Dionisio.
ICONOGRAFÍA
     Sus atributos son la mitra episcopal y las cadenas que recuerdan su prisión. Pero en la Edad Media, San Dionisio, el cefalóforo por excelencia, casi siempre está representado llevando la cabeza en las manos.
     Deben diferenciarse dos versiones. Ya hemos visto, en efecto, que existían dos tradiciones diferentes acerca de su martirio. Según la más difundida, ha­bría sido "decapitado" por el verdugo. Pero los monjes de la abadía de Saint Denis sostenían que a su patrón sólo le habían seccionado la parte superior del cráneo con un mandoble de espada.
     Esta variante está consignada en un Proces du chef de saint Denis (Investigación acerca de la cabeza de san Dionisio), redactado en 1410, donde se discute acerca de una imagen de monseñor San Dionisio llevando su cabeza cortada a medias.
     De ahí los dos tipos iconográficos:
     1. San Dionisio lleva la cabeza entera.
     2. San Dionisio lleva la tapa de los sesos.
     La cabeza del santo aparece ya descubierta, ya tocada con la  mitra, para recordar su dignidad episcopal.
     La imagen de un santo decapitado que lleva su cabeza en las manos resultaba un tanto chocante, de ahí que muchas veces se lo represente con dos cabezas, una sobre los hombros y la otra en las manos. En tal caso, la cabeza cortada (abscissum caput) no tiene otro valor que el de un atributo, o un símbolo de decapitación. Con frecuencia aparece apoyada sobre un libro. La iconografía cristiana ofrece otro caso análogo, es el de San Bartolomé que fuera desollado vivo, pero a quien no se osó mostrar desprovisto de su piel. El resultado fue que se lo representó con dos pieles: una sobre el cuerpo, y la otra suspendida de su brazo como un abrigo.
     Los pintores casi siempre hacen brotar chorros de sangre de su cuello cortado.
     Un último detalle a señalar es que san Dionisio, como la mayoría de los cefalóforos, suele estar enmarcado por dos ángeles que se consideran los guías de su marcha, el reemplazo de sus ojos cerrados. Sin duda se trataba de una manera de hacer algo más verosímil el milagro.
     En la Vie de Monseigneur saint Denis, redactado en 1317, se mencionan dos ángeles que lo acompañaron al lugar de su sepultura (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la Ruta Magallanes y la Primera Vuelta al Mundo 1519-1522, en ExplicArte Sevilla.

La plaza Puerta de Jerez, al detalle:
Palacio de Yanduri
Hotel Alfonso XIII
Edificio plaza Puerta de Jerez, 3
Edificio plaza Puerta de Jerez, 4
    placa conmemorativa fundación Universidad de Sevilla
Fuente de la plaza Puerta de Jerez

martes, 16 de mayo de 2023

La pintura "Cuento de brujas", de Nicolás Alpériz, en la sala XIII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Cuento de Brujas", de Nicolás Alpériz, en la sala XIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     Hoy, 16 de mayo, es el aniversario del nacimiento (16 de mayo de 1865), de Nicolás Jiménez Alpériz, autor de la obra reseñada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "Cuento de Brujas", de Nicolás Alpériz, en la sala XIII, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
   En la sala XIII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Cuento de Brujas", obra de Nicolás Alpériz (1865 - 1928), siendo un óleo sobre tabla en estilo costumbrista, pintado hacia 1910, con unas medidas de 35,7 x 61 cm., procedente de la donación del Marqués de Yanduri (1915).
   La historia de las brujas puede remontarse a Lilit, de origen mesopotámico, de gran importancia en el folklore judío, según el cual fue primera esposa de Adán y abandonó el Paraíso voluntariamente, dedicándose luego a raptar niños… Era conocida en época clásica como la Lamia (Bruja). Circe o Medea, en la mitología griega, también dominan las artes ocultas. En la Edad Media, se producen las “cazas de brujas”, siendo en España famosos los casos de Trasmoz, en el Moncayo, y Zugarramurdi (Navarra).
     La literatura emblemática renacentista asienta su iconografía, que tiene su origen en el personaje de la Envidia, y Durero realiza una serie de grabados de brujas que tendrá gran difusión por toda Europa.
     En la literatura popular u oral, concretamente en los cuentos, tendrá una enorme influencia la Lamia clásica, invocada para asustar a los niños. Nace el cuento de brujas… Tras aquellas historias subyace una finalidad didáctica, de advertir a los pequeños, con el miedo, de los peligros que acechaban en la naturaleza… (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
   Al último costumbrismo pertenece la obra de Nicolás Alpériz (1865-1920), quien es autor también de de una hermosa Vista de Sevilla recientemente adquirida por el Museo (Enrique Valdivieso González, Pintura, en El Museo de Bellas Artes de Sevilla. Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Biografía de Nicolás Alpériz, autor de la obra reseñada;
     Basta consultar la monumental Historia de la pintura sevillana de Enrique Valdivieso para darse cuenta de que Nicolás Alpériz es uno de los grandes nombres olvidados de la pintura sevillana. Apenas veinte líneas sirven para despachar la biografía de un pintor al que habitualmente se le suele colgar la etiqueta de costumbrista, cuando en realidad su obra trasciende tan estrictos límites. José Romero Portillo (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1981), doctor en Periodismo por la Universidad de Sevilla y autorizado experto en temas alcalareños, ha arrojado luz sobre su figura en su reciente libro Nicolás Alpériz. Arte por pan, publicado en Arte Hispalense, la colección que ya se ha erigido en todo un referente de los estudios artísticos en nuestra provincia.
     Nació Nicolás Alpériz en la Sevilla de 1865, una ciudad que no llegaba a los 150.000 habitantes, de marcado carácter provinciano y lastrada por las carencias que se cebaban con sus barrios más humildes. Bautizado en la misma pila que Murillo, los primeros años de vida de Alpériz se desarrollaron en la collación de la Magdalena, muy cerca de aquel puerto de resonancias literarias y pictóricas en el que “aún desembarcaban personas con distintas pieles y distintos propósitos, cargamentos valiosos de alimentos, maderas, metales preciosos y hasta animales exóticos, que resultarían extraordinarios a los ojos de quienes vestían pantalones cortos e ilusiones largas”, escribe Romero Portillo. A muy temprana edad Nicolás Alpériz perdió a sus padres y, como consecuencia, se convirtió en aprendiz de sastre, el oficio familiar que suponía su principal recurso económico. No obstante, aquel joven alfayate soñaba con su gran pasión: la pintura.
     Y para cumplir con sus expectativas comenzó a alternar los alfileres y las tijeras con los pinceles, bajo el magisterio de tres prestigiosos pintores: Eduardo Cano, Manuel Barrón y Jiménez Aranda. Romero Portillo nos explica cómo el pintor transitó desde el historicismo de sus primeras obras al realismo por el que apostaba, entre otros, su admirado Jiménez Aranda: “En el caso de Alpériz, dado su carácter bohemio, la balanza cayó por el lado menos cómodo, el que le auguraba, a priori, menos rédito. Al fin y al cabo, era la decisión más afín a su personalidad y con la que se sentiría más realizado. Esa vía era la del realismo. Dicho sea con numerosos matices, pues el realismo que practicó derivó hacia muchos cauces: desde el paisajismo hasta el costumbrismo, pasando por un realismo de asunto social, integrado por personajes de clase media o trabajadora, situados en un contexto humilde”. 
   Esas imágenes son las que precisamente encontraría en Alcalá de Guadaíra, pueblo al que el nombre de Alpériz está indisolublemente ligado, especialmente desde que comenzara a visitarlo con frecuencia a instancias de su maestro Jiménez Aranda. “Con él –nos dice Romero Portillo– descubrió las posibilidades que le abría el paisajismo, y entrevió en las riberas del Guadaíra un futuro muy acorde a su modus vivendi”. En Alcalá, Alpériz inmortalizó paisaje y paisanaje, descubriendo al gran público algunos de sus elementos emblemáticos: el pinar de Oromana, los molinos de ribera, el castillo o los propios vecinos de Alcalá, prodigándose en la temática de los “niños de la calle” con cuadros como Niño del canasto de rábanos, Te paso si me das un beso, La santerita, Los pilletes, Muchacho con loro, Niño con botijo, El niño del cochecito, Niña con flores, El niño del violín, El niño del trombón, A la luz del farol, Sube y baja, Juego de niños en la cocina o Viajeros en un camino. Tras su matrimonio a los 48 años con Florentina Rey Capdevila, su novia de toda la vida, el pintor seguiría frecuentando y captando en sus lienzos las riberas del Guadaíra, dando muestra de su gran talento para dominar la pintura al aire libre o plenairista, como la preferían denominar los esnobs, engatusados por la expresión francesa au plein air”.
     Además de su paso por Alcalá, el libro de José Romero Portillo nos permite comprobar cómo Alpériz se convirtió en un auténtico especialista en la realización de pinturas de pequeño formato, en las que narró multitud de aspectos costumbristas de la vida popular sevillana, generalmente con un tratamiento de carácter humorístico. De su paleta surgieron obras de indudable calidad pictórica como Las hormiguitas, La despedida del torero, Cuento de brujas, su Autorretrato y el Retrato de don German Repetto. Como podemos ver en sus páginas, “cada lienzo de Alpériz esconde pequeñas migas de pan que invitan a rastrear el camino y reconstruir su historia. Una historia compleja que comienza en un entorno pobre, a la sombra de una sastrería en la calle Murillo de Sevilla, donde aprendió a dibujar; y que termina, paradójicamente, en un entorno pobre, como un obrero más de Pickman en la isla de la Cartuja, en cuya fábrica de loza pasó sus últimos días decorando piezas de cerámica”. Resulta curioso comprobar que su talento artístico nunca le permitió vivir en la abundancia. Antes al contrario, el arte fue para Alpériz un modo de subsistir y de ganarse el pan de cada día.
     La trayectoria de Alpériz fue paradójica, pues inició su carrera como pintor con pocos recursos, y acabó en la misma situación como empleado de la fábrica de cerámica de Pickman en la isla de la Cartuja.
     Desgraciadamente hoy muchas de sus obras están repartidas por colecciones privadas de todo el mundo, circunstancia que dificulta una catalogación exhaustiva de sus cuadros. Este problema se acentuó tras su muerte, acaecida en 1928 en Sevilla. A partir de ese momento las subastas y las herencias contribuirían a la dispersión de sus lienzos. Su fallecimiento supuso la desaparición de un ser machadiano, en palabras de Romero Portillo. Sus compañeros de la escuela sevillana de pintura, lejos de rivalidades cainitas, no dudaron en elogiarlo como un hombre íntegro, optimista, risueño, sincero, inquieto, trabajador… Y, sobre todo, modesto. De su bonhomía y talento artístico da fe esta “crónica de un pintor de difícil catalogación, que se resiste a encasillarse dentro de los patrones clásicos y también dentro de los modernos; un pintor que a base de esfuerzo alcanzó, al menos, dos metas por las que suspiraban, y siguen suspirando, muchos artistas: el aprecio y la independencia” (Javier Vidal, Nicolás Alpériz, crónica biográfica de un sastre pintor).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Cuento de Brujas", de Nicolás Alpériz, en la sala XIII del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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domingo, 26 de marzo de 2023

El Palacio de Yanduri

     Por Amor al Arte
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   El Palacio de Yanduri, se encuentra en la plaza Puerta de Jerez, 1; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     Esta casa fue mandada construir por don Pedro Zubiría e Ibarra, marqués de Yanduri, en 1900, finalizando las obras en 1904. El proyecto parece ser que procede de un arquitecto francés, y la dirección de la construcción estuvo a cargo del maestro de obras Antonio Rey Pozo. Constituye, junto a la Casa de las Sirenas y a Villa Eugenia, uno de los pocos ejemplos sevillanos que responden a patrones formales de esquemas historicistas, de un claro acento francés. Las tres casas se sitúan fuera del centro histórico, aunque ésta mantiene una relación más directa con la trama urbana. En efecto, ocupa una extensa parcela, casi cuadrada, situada en la esquina de la Puerta de Jerez con la calle San Gregorio, medianera con los jardines del Alcázar.
     La organización en planta de la casa se aproxima a los modelos tradicionales de las casas-palacio sevillanas: Un amplio zaguán situado en la esquina permite el acceso a las caballerizas, a través de una calle interior ligeramen­te curvada. En el muro de fondo del apeadero se sitúan dos cancelas, dispuestas simétrica­mente, una de ellas corresponderá a uno de los salones de la crujía principal con fachada a San Gregorio, y la otra a una de las galerías del patio central. Este, de planta cuadrada, se estructura con arquerías en planta baja -de arcos semicirculares sobre columnas jónicas con cimacios-, y en la alta con balcones, protegidos por un antepecho metálico que recorre el patio en sus cuatro frentes (organización bastante singular, de la que existe precedente en el patio de la casa de la marquesa de Nervión). En los ángulos del patio se disponen, en planta baja, pilares formando escuadra. El patio queda separa­do del jardín por una crujía en la que se instalaba el salón de fiestas. El patio, con escasa vegetación, se formaliza en uno de sus lados cortos por una fachada -la principal del patio- con arquería en planta baja; a su derecha, un muro rematado por almenas construye la medianera con los jardines del Alcázar, a los que tiene entrada a través de una bella portada, accesible desde una doble escalinata.
     La pieza clave de la casa es, sin embargo, la escalera. Desarrollada en dos tramos, ocupa la crujía del fondo del patio en toda su longitud. Espacio de una enorme escala y magnificencia, profusamente decorado, cubierto por una es­pléndida bóveda. Tras la escalera principal se sitúa, en la franja medianera, la escalera de servicio, de tres tramos, y otras dependencias del mismo carácter.
     El esquema distributivo de la casa es, pues, bien sencillo: Una primera crujía que contiene el apeadero y el patio de las caballerizas, unidos por una calle que presenta una ligera inflexión -impuesta por la presencia del edificio de La Equitativa, que se introduce en la parcela-, el patio central, en segunda crujía, circundado por otras tres, de las cuales, la del fondo permite instalar la escalera, el jardín situado a su derecha, y al fondo una serie de piezas de servicio, que absorben las irregularidades de los linderos de la parcela.
     La espléndida fachada, de una gran robustez, contiene toda una serie de recursos formales que permiten aproximarla a los esquemas de la llamada arquitectura del "racionalismo" madri­leña.
     La casa ocupa en planta baja una superficie aproximada a los 2.000 m2, estimándose una superficie total construida de alrededor de los 4.000 m2 (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
          Se ha señalado la importancia de las referencias al barroco francés en la concepción de la casa palacio (1901 a 1904) de D. Pedro Zubiría e Ibarra, luego marqués de Yanduri, que alcanza su máximo exponente en el espacio de la escalera principal, en la que la profusión de elementos decorativos transforman la estructura básica del espacio en una recreación pensada para los sentidos. La decoración de los dinteles sobre los huecos, del fajeado de planta baja que se prolonga en los elementos de esquina, de los motivos que soportan la balconada, remiten a la arquitectura francesa que derivó en su gran neoclásico.
     Todo ese armamento decorativo sobre el ladrillo agramilado y piedra, no distrae la claridad del trazado de una planta que desarrolla el modelo de la casa palacio sevillana, resuelta en torno a un gran patio central principal de arcadas y otros vacíos internos de la parcela, con un segundo patio ajardinado, que llevan iluminación y ventilación natural a todos los recintos.
     La transformación del edificio para sede de una entidad bancaria tras haber soportado otros usos no ha alterado notablemente la configuración inicial de la vivienda señorial y ha garantizado el mantenimiento en magnífico estado de conservación de la construcción.
     Villar Movellán ha señalado que en 1927 se atribuía el proyecto a un célebre arquitecto francés, con inspiración en el rococó del XVIII, siendo de Antonio Rey la dirección de la construcción.
     La casa se levanta en el solar de la antigua casa del Corzo, propiedad de Juan Antonio Vicentelo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía). 
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Palacio de Yanduri, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

viernes, 3 de septiembre de 2021

Un paseo por la calle San Gregorio

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle San Gregorio, de Sevilla, dando un paseo por ella.        
   Hoy, 3 de septiembre, Memoria de San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia, que siendo monje ejerció ya de legado pontificio en Constantinopla, y después, en tal día, fue elegido Romano Pontífice. Resolvió problemas temporales y, como siervo de los siervos, atendió a los valores espirituales, mostrándose como verdadero pastor en el gobierno de la Iglesia, ayudando sobre manera a los más necesitados, fomentando la vida monástica y propagando y reafirmando la fe por doquier, para lo cual escribió muchas y célebres obras sobre temas morales y pastorales. Murió el doce de marzo (604) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].   
   Y que mejor día que hoy para Explicarte la calle San Gregorio, de Sevilla. dando un paseo por ella.
   La calle San Gregorio es, en el Callejero de Sevilla, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y va de la plaza de la Contratación, a la plaza Puerta de Jerez
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
   La vía, en este caso una calle, está dedicada a San Gregorio, advocación del Hospital (desaparecido) que se ubicaba en la propia calle.
   Debe su nombre al Hospital de San Gregorio existente en la calle al menos desde l464 y desaparecido en 1587 con motivo de la reunificación realizada por el Arzobispo Rodrigo de Castro. También fue conocida desde el s. XVI como del Hospital de San Gregorio. Esta vía discurría por el interior del recinto amurallado del Alcázar e iba a salir a la Puerta de Jerez. Hacia su mediación existía un arquíllo de herradura, abierto en un antiguo lienzo de muralla probable­mente del llamado Alcázar Viejo, muro hoy parcialmente al descubierto con motivo de la demolición de las casas colindantes a la barreduela Rodríguez Buzón. Este arquillo fue demolido al parecer, y a pesar de estar en buen estado, en 1836-37 y no en 1736 como indica González de León. Santiago Montoto, probablemente siguiendo a este autor, confunde las fechas y además sitúa otro arquillo al final de la calle que, según él, fue derribado en 1837, cuando en realidad se trata de los "castillos de la Puerta de Jerez" demolidos en 1839. (Sec. 5, t. 13, num. 25).
   La calle era quebrada y angosta, especialmente en torno al arquillo, y fue objeto de actuaciones de ensanche y alineamiento a principios de siglo, algunas de ellas como consecuencia de derribos en casas de la Puerta de Jerez y avenida de la Constitución. 
   Estos ensanches eran una necesidad sentida por el tráfico de carruajes, que fue en aumento a lo largo del s. XIX con motivo de las actuaciones extramuros para crear zonas de recreo próximas al río y a la residencia de los duques de Montpensier. Ha de tenerse en cuenta que la apertura de la avenida en su confluencia con la Puerta de Jerez fue hacia 1929. El último ensanche de la calle se realizó en los años sesenta, como consecuencia de la demolición parcial del edificio modernista de la avenida de la Constitución colindante con la capillita de la Puerta Jerez, que afectaba a otro de San Gregorio y que fue demolido y su espacio utilizado como acceso al aparcamiento subterráneo del mismo. Esta actuación ha creado un espacio rectangular abierto que rompe la línea de la calle, pero que deja al descubierto un lienzo de muralla almohade del recinto del Alcázar viejo. Confluyen por la acera de los impares Roldana y Mariana Pineda, y de la de los pares, arranca, Rodríguez Buzón.
   Su intenso uso como vía pública, ha requerido de continuas reparaciones de su pavimento; hay noticia de que ya en l516 fue enladrillada, y al final del siglo de nuevo reparada con ladrillos y "agujas" (piedras estrechas y largas); posteriormente empedrada, embaldosada y adoquinada. En los años sesenta fue cubierta con capa de asfalto. El intenso tráfico y el frecuente mal estado del pavimento llevó a la prensa a proponer que se cerrara al tráfico rodado y se diera salida por Santo Tomás previa apertura de la avenida (La Andalucía, 15-IX- l858). 
     Al deterio­ro contribuían el aumento considerable, a mediados del siglo pasado, de los coches de paseo y de alquiler y la pendiente que tiene hacia la Puerta de Jerez, con el inevitable arrastre de materiales los días de lluvia, máxime cuando hasta 1906 no se amplía la red de alcantarillado a esta calle y a la plaza de la Contratación. En 1888 se autorizó la instalación de una línea de tranvías que enlazaba la plaza de San Francisco, por Hernando Colón, plaza del Triunfo y San Gregorio con la que venía por San Femando. Presen­ta un trazado levemente curvilíneo, con edificios de tres plantas de aspecto cuidado, predominando las casas modernistas construidas en los primeros años del siglo como consecuencia de las alineaciones y ensanche que todavía pueden apreciarse en la irregular anchura de sus aceras.
   La función principal de la calle ha sido la de tránsito de entrada y salida en dirección norte-sur como prolongación del cami­no de Jerez; esta funcionalidad, que se acentuó en el s. XIX con la instalación de los duques de Montpensier en el palacio de San Telmo y la apertura de los paseos del Cristina y de las Delicias, continúa en la actualidad al constituirse en la única entrada para vehículos privados procedentes del sureste-suroeste en dirección al centro. A pesar de su relativa marginalidad de los centros históricos de poder, fue escenario de dos procesiones relevantes en el s. XVIII; la primera la del Corpus Christi, que en 1731 cambió su itinerario y pasó por ella para que los reyes pudieran verla desde el edificio de la Casa de la Contratación. El arquillo de San Gre­gorio fue exornado para este efecto por el gremio de sederos y torcedores; otro, montado a la salida de la calle, lo adornó el colegio de plateros. La otra procesión, ésta de carácter cívico, la organizó la Universidad el 31 de diciembre de 1771 con motivo de su traslado al edificio de la Compañía de Jesús en Laraña. El cortejo pasó por San Gregorio, Lonja, avenida de la Constitución, Sierpes y Cuna.
   En el s. XVI estuvo instalado el ya citado Hospital de San Gregorio y el corral de comedias Alcoba, nombre que toma por la proximidad de la huerta de este nombre en el interior del Alcázar, y en el s. XVIII tuvo su sede durante algún tiempo la Real Escuela de las Tres Nobles Artes. Hacia el final de la calle se encuentra el Consejo General de Hermandades y Cofradías, y formando esquina con la Puerta de Jerez, el ábside de la capilla de la vieja Universidad (antiguo colegio de Santa María de Jesús). La acera opuesta está ocupada por el lateral del amplio edificio de la Fundación Yanduri, centro de enseñanza de religiosas hasta hace poco tiempo y hoy sede del Banco de Santander, y algunas casas también de este siglo restauradas recientemente. 
   En la década de los setenta y hasta su desaparición en los ochenta tuvo su sede en el núm. 1 el Club Gorca, asociación democrática de tendencia andalucista, y la librería Seminario. En el mismo edificio se ha instalado un servicio de la Diputación Provincial para el trata­miento de las drogodependencias; hay asimismo otro centro oficial de la Consejería de Obras Públicas. Como consecuencia de la proximidad de la Universidad y de las oficinas de servicios públicos, han proliferado bares y librerías [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
San Gregorio, 18. Esta casa conserva varios elementos de interés, entre ellos el patio de columnas, la colección de azulejos de la escalera, los capiteles árabes de la cancela, y la puerta de la casa.
San Gregorio, 22. Por la medianera de esta casa con el número 24 corre un trozo de la muralla de la Ciudad [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia;
   La biografía de de Gregorio Magno fue escrita en el siglo VIII por Pablo Diácono, y la popularizó Santiago de Vorágine en el siglo XIII, en la Leyenda Dorada. La suya, que repite la de Edipo (se habría casado con su madre), fue narrada en la Edad Media por el poeta alemán Hartmann von Aue, de acuerdo con un modelo francés, y en nuestros días por el novelista alemán Thomas Mann (El elegido).
   Nació en Roma hacia 540 y era hijo de Santa Silvia. Se retiró de la vida mundana después de la muerte de su madre, y transformó el palacio de su familia, sobre el monte Coelius, en un monasterio benedictino, donde profesó y del cual llegó a ser abad. Elegido papa contra su voluntad, en 590, muríó en 604.
   Escribió numerosas obras, las Homilías sobre Ezequiel, el Liber regulae pastoralis o Pastoral, los Libri morales o Moralia (Expositio in librum beati Job), los Diálogos que tuvieron tanto éxito que los griegos, para diferenciar al papa Gregorio de sus numerosos homónimos, lo motejaron el Díalogos. Por último, codificó las oraciones y los cánticos de la misa en el Sacramentario y el Antifonario.
CULTO
   San Gregorio fue enterrado en la Basílica Vaticana. Más tarde, se le dedicó en Roma la basílica de San Gregorio Magno.
   Su cabeza fue transportada por San Gebardo a la abadía de Petershausen, cerca de Constanza.
   En 1831, el papa Gregorio XVI instituyó la orden de San Gregorio Magno. Es patrón de los sabios a causa de su erudición; de los músicos, de los chantres y de los niños de coro a causa del canto gregoriano.
   Se lo invocaba contra la peste que padeció Roma en 590, cuando fue elegido papa, y a la cual habría puesto fin con sus plegarias. También se lo creía curador de la gota.
   Pero su popularidad se debe sobre todo a que le atribuía la virtud de aliviar el sufrimiento de las almas del Purgatorio mediante la plegaria. Dicho culto se basaba en la leyenda del emperador Trajano a quien el santo habría arrancado de las llamas del Purgatorio para recompensarlo por su justicia, y también se debía a la historia de un monje excomulgado a quien habría salvado celebrando treinta misas seguidas. Tal es el origen de la treintena gregoriana para el reposo del alma de los difuntos. Después del concilio de Trento, se convirtió en el patrón de las cofradías piadosas consagradas al alivio de las almas del Purgatorio.
ICONOGRAFÍA
   Su iconografía no tiene para nada en cuenta su corpulencia, de la cual él mismo habla en una de sus epístolas.
   Siempre se lo representa imberbe, como papa tocado con la tiara, y con la cruz pontificia de tres travesaños (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle San Gregorio, al detalle:
El edificio de la calle San Gregorio, 18.
El edificio de la calle San Gregorio, 22