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martes, 3 de noviembre de 2026

El Sepulcro del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, de Duque Cornejo, en la Capilla de la Virgen de la Antigua, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Sepulcro del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, en la Capilla de la Virgen de la Antigua, de la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla.    
     Hoy, 3 de noviembre, es el aniversario del testamento (3 de noviembre de 1739) del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Sepulcro del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, en la Capilla de la Virgen de la Antigua, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de la Antigua [nº 048 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Cuando estaba dedicada a san Pedro albergó los altares de la Virgen de la Antigua (capilla de san Pedro) y de la Alcobilla, es decir, de la qubba que fue mihrab de la aljama. Sus patronos, entre otros muchos clérigos, han sido los arzobispos Hurtado de Mendoza, Zúñiga y Avellaneda y Salcedo y Azcona, que en ella están enterrados (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
      En la Capilla de la Virgen la antigua, podemos contemplar el Sepulcro del Cardenal D. Luis de Salcedo y Azcona, en el paramento de la Epístola de la Capilla de la Virgen de la Antigua.
     Fue encargado a Pedro Duque Cornejo y Roldán en 1734, tomando por modelo el que Fancelli compuso para el Cardenal Hurtado de Mendoza, existente en el paramento frontero de la citada Capilla, y como él, constituido por un gran arco de medio punto, según la fórmula de los sepulcros parietales, utilizados frecuentemente en el Renacimiento.
     La parte escultórica está constituida por la figura ya­cente del Prelado, revestido con ornamentos pontificales, seis imágenes de santos situadas entre las colum­nas y las jambas, las historias de la Asunción (bajo el medio punto), Anunciación, Visitación y los Apóstoles en torno al sepulcro de María, en sendas cartelas, colocadas en el tablero de fondo, mas toda la ornamentación que campea en fustes columnarios, arquivoltas, enjutas y cresterías, tratando de coordinar con aquel. Es obra torpe, sin distinción alguna, inspirada en análogos temas de la imaginería sevillana. El estado de conservación es malo, sobre todo en la parte derecha, por su profunda erosión que afecta a esculturas, elementos arquitectónicos y decoración. Los citados relieves marianos son finos y bien tratados, minituarizando; las figuras de los interespacios están inspiradas en las de Fancelli y Nicolás de León (capillas del alabastro) aunque quedan muy lejos de ellas; destacan por su mayor finura las de San Juan Evangelista y Santiago el Menor; otras no son identificables, por la referida erosión o ausencia de símbolos parlantes.
     El cadáver del Arzobispo fue sepultado en 1741 [José Hernández Díaz, Retablos y Esculturas, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991].
Conozcamos mejor la Biografía del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, personaje protagonista de la obra reseñada; 
     Luis de Salcedo y Azcona (Valladolid, 9 de diciembre de 1667-Sevilla, 1741) fue un religioso y mecenas español.
     Segundo hijo del Primer titular del Condado de Gómara Luis de Salcedo y Arbizu. Estudió en el Colegio Mayor de San Bartolomé de Salamanca (1686-1689), fue Oidor de la Audiencia de Sevilla (1694) y Granada (1699), siendo después Obispo de Coria, luego en propiedad de Santiago, de donde fue promovido á Sevilla el año de 1722.
     Siendo Obispo de Coria realizó un memorable Inventario artístico durante una visita pastoral realizada a lo largo de su episcopado (1713-1716).
     Encargó el nuevo órgano para la Catedral de Sevilla, que realizó el organero Fray Domingo de Aguirre, siendo el diseñador de la caja, Luis de Vílchez y el decorador Pedro Duque y Cornejo. Los pórticos de ingreso se deben al arquitecto Diego Antonio Díaz.
     A este mismo arquitecto encargó la realización de la Iglesia Parroquial de Umbrete, así como la reconstrucción del palacio del Arzobispo de esta localidad, cuyas obras comenzaron en el año de 1723 cuando de Salcedo y Azcona tomó posesión del Arzobispado de Sevilla y ordena a D. Diego Antonio Díaz, maestro mayor de fábrica, que haga los planos del Palacio para residencia y lugar de descanso de arzobispos y venerables sacerdotes. El diseño del edificio recuerda bastante en su estructura y forma al Palacio Arzobispal de Sevilla y se une a la Parroquia por un bello arco cuya función era permitir el paso, cuando se encontraba de visita en la villa.
     Asimismo financió la realización del gran retablo de la capilla de la Virgen de la Antigua de la Catedral, de cuya advocación era fiel devoto; un valioso retablo ejecutado en el año 1738, según diseño de Juan Fernández de Iglesias y con esculturas de Pedro Duque Cornejo.
     Luis de Salcedo y Azcona murió en Sevilla en el año 1741, y su cuerpo se halla enterrado en la capilla de la Virgen de la Antigua de la catedral Hispalense, bajo el sepulcro realizado por aquella fecha por el propio Duque Cornejo.
     Le sucedió al frente del arzobispado hispalense Luis de Borbón y Farnesio, Arzobispo de Sevilla entre los años 1741 y 1754.
Conozcamos mejor la Biografía de Duque Cornejo, autor de la obra reseñada;
     Pedro Duque Cornejo, (Sevilla, 14 de agosto de 1678 – Córdoba, 1757). Escultor y arquitecto.
     Perteneciente a una de las estirpes de artistas más importantes del barroco andaluz, Duque Cornejo, representa el máximo exponente y culmen de las escuelas sevillana y granadina en la escultura barroca.
     Además de escultor de tallas, trabajará como arquitecto de retablos, fundamentalmente realizando el diseño o traza, y también conociéndose obras suyas en pintura y grabado. Se le considera el imaginero y entallador más destacado del siglo XVIII en Andalucía.
     En su figura confluyen factores importantes, como es una rica formación en varias disciplinas artísticas, que le permiten no dedicarse exclusivamente a la talla; y la culminación de la idea de artista que ejerce las tres artes, que está presente en la tradición andaluza desde la figura singular de Alonso Cano. Conocedor de su propia valía, siempre tuvo un alto concepto de sí mismo, e intentó por ello la consecución del título de escultor de cámara del rey, que no logró nunca, aunque sí obtuvo el de escultor de la reina, así como privilegio de hidalguía, concedido por la Real Chancillería de Granada en 1751. Dejó muestra de su trabajo por gran parte de Andalucía, fundamentalmente Sevilla, Granada y Córdoba, y también trabajó en Madrid. Sus esculturas se van a caracterizar por las poses afectadas y el impulso barroco conseguido con las grandes ondulaciones de las telas, en sus retablos va a ser constante la aparición del estípite, como elemento definitorio de las arquitecturas.
     Sus padres fueron el escultor de origen granadino José Felipe Duque Cornejo y Francisca Roldán Villavicencio, pintora de oficio e hija a su vez del escultor Pedro Roldán. Pedro Duque Cornejo se formará en el entorno del taller familiar de su abuelo, al que hay que considerar su maestro, ya que su padre fue un escultor mediocre. El taller de Pedro Roldán era el más activo de la Sevilla del último cuarto del siglo XVII, y estaba nutrido por toda la saga familiar dedicada a oficios artísticos, como su tía Luisa Roldán, la Roldana. En este ambiente aprendería todo lo concerniente a la escultura y a la pintura y policromía de las imágenes. Su dedicación a la arquitectura vendrá algo más tardía, por el trabajo conjunto con dos arquitectos importantes, Jerónimo Balbás en Sevilla y Francisco Hurtado Izquierdo en Granada, figuras importantes para entender la obra retablística de Duque Cornejo.
     Sus primeras obras se fechan en torno a 1702, dedicándose en estos primeros momentos a la escultura de tallas y a los grabados. Empieza a granjearse cierta fama en Sevilla, lo que hace que se le encarguen las esculturas del retablo mayor de la iglesia del Sagrario de Sevilla (desaparecido en el siglo XIX), la parte arquitectónica corrió a cargo de Jerónimo Balbás, insistiendo el cabildo catedralicio en la participación de Duque Cornejo, esta empresa ocupó al escultor entre 1706 y 1709.
     En 1709 contrae matrimonio en Sevilla con Isabel de Arteaga, con la que tendrá un total de siete hijos, algunos de ellos dedicados a la pintura y escultura, van a destacar Enrique, José y María, que trabajarán como ayudantes en el taller paterno.
     Este trabajo junto a Balbás le anima a emprender su carrera como arquitecto y en 1711 contrata su primera obra como maestro arquitecto y escultor, el también desaparecido retablo de la iglesia parroquial de San Lorenzo de Sevilla; en sus retablos va a hacer gala de un barroquismo exaltado. Durante este período no deja de realizar también encargos propiamente escultóricos.
     En 1714 está documentado su traslado a Granada, ciudad en la que permanecerá hasta 1719. Su principal encargo es para la iglesia de la Virgen de las Angustias, donde va a realizar la transformación de la imagen titular y añade en la nave de la iglesia esculturas monumentales de tamaño superior al natural.
     También se le encarga la realización del retablo de la Virgen de la Antigua en la catedral granadina, donde se va a ocupar del diseño y ejecución de la arquitectura y escultura. Su diseño es deudor de Hurtado Izquierdo.
     De vuelta en Sevilla, recibe el encargo de dos retablos para la cartuja de Santa María de las Cuevas, primer contacto con la Orden cartuja, que le proporcionará otros dos encargos importantes: la realización de las esculturas para la cartuja de Granada y para la de El Paular en Madrid. Las esculturas de Granada las realizará en su segunda estancia en la ciudad entre 1723 y 1728, trabajando junto con los mejores escultores granadinos del momento. Mientras realiza el encargo granadino, recibe el de Madrid, donde viajará en 1725, alternando los dos proyectos. En ambos, la arquitectura corre a cargo de Hurtado Izquierdo. Las esculturas para las cartujas de Granada y El Paular son consideradas el mejor exponente de la escultura de Duque Cornejo.
     En estos años alternará su estancia en Granada y Madrid, con estancias también en Sevilla, donde realizará encargos importantes en la catedral.
     Durante la permanencia de la Corte de Felipe V en Sevilla, el llamado “Lustro Real”, entre 1729 y 1733, Duque Cornejo intenta entrar en la órbita de los artistas cortesanos, consiguiendo el nombramiento de escultor de la reina Isabel de Farnesio, gran aficionada a las Bellas Artes. La intención del artista es conseguir el nombramiento de escultor de cámara, que no logrará.
     En 1731 recibe su encargo más ambicioso: la realización de la arquitectura y las esculturas de los retablos de la iglesia de San Luis de los Franceses de Sevilla y de la capilla de los Novicios, para los Jesuitas. El retablo de la capilla de los Novicios es considerado su mejor intervención en el campo de la retablística.
     A partir de este momento, Duque Cornejo recibirá multitud de encargos de retablos, como los sevillanos de San Leandro o el de la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación de Umbrete (Sevilla). En 1734 se ocupa del encargo de la realización del retablo de la Virgen de la Antigua de la catedral y del sepulcro del arzobispo Salcedo y Azcona, para situarlo en la misma capilla. El retablo es una realización en piedra.
     La obra que va a ocupar los últimos años en la vida del maestro es el encargo del coro de la catedral de Córdoba. Primero se le encomendará la ejecución de los laterales y luego el frente a modo de retablo, concertando lo primero en 1747 y el frente en 1752.
     Duque Cornejo diseña tanto la arquitectura como la escultura de esta inmensa obra repleta de ornamentación, relieves y esculturas de bulto. Cuando el coro se inauguró el 17 de septiembre de 1757, Duque Cornejo había fallecido unos meses antes, siendo enterrado en la misma catedral cordobesa (Cipriano García-Hidalgo Villena, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Sepulcro del Cardenal Luis de Salcedo y Azcona, de Duque Cornejo, en la Capilla de la Virgen de la Antigua, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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miércoles, 23 de septiembre de 2026

El Sepulcro del Cardenal Lluch, de Agapito Vallmitjana, en la Capilla de San Laureano, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Sepulcro del Cardenal Lluch, de Agapito Vallmitjana, en la Capilla de San Laureano en la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla.    
     Hoy 23 de septiembre, es el aniversario del fallecimiento (23 de septiembre de 1882) del Cardenal Lluch, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Sepulcro del Cardenal Lluch, de Agapito Vallmitjana, en la Capilla de San Laureano, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de San Laureano [nº 044 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Siempre ha tenido la misma advocación, aunque ha tenido altares o imágenes del "IHU de la Piedad" en 1530, del "Ecce Homo" y de "Cristo Resucitado y las Marías". Durante los siglos XVII y XVIII se alojó en ella la Cátedra de Moral. Contiene el epitafio del arzobispo don Alonso de Xea (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
      En la Capilla de San Laureano, podemos contemplar el Sepulcro del Cardenal D. Joaquín Lluch y Garriga. 
     Sobre un podio enriquecido por escudos y angelitos en los ángulos, se alza la figura del prelado, revestido con capisayos episcopales, los brazos cruzados ante el pecho, genuflexo ante el reclinatorio y en profunda oración. 
     Es obra de Agapito Vallmitjana, el escultor catalán del romanticismo, fechable en 1885. El Cardenal falleció tres años antes [José Hernández Díaz, Retablos y Esculturas, en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991].
Conozcamos mejor la Biografía del Cardenal Lluch, personaje protagonista de la obra reseñada; 
     Joaquín Lluch y Garriga. (Manresa, Barcelona, 22 de noviembre de 1816 – Umbrete, Sevilla, 23 de septiembre de 1882). Carmelita (OCarm.), teólogo, obispo de Las Palmas, Salamanca y Barcelona, arzobispo de Sevilla y cardenal.
     Trasladada su familia a Barcelona desde Manresa, vistió el hábito en el convento carmelita de la misma ciudad el 2 de noviembre de 1830 e hizo su profesión el 27 de febrero de 1832.
     Iniciados los estudios superiores en el colegio de carmelitas de San Ángel (Barcelona), con motivo de la exclaustración abandonó España y pasó al convento carmelitano de Lucca (Italia), donde los concluyó. Ordenado sacerdote a los veintidós años, desempeñó en el mismo convento los cargos de maestro de novicios y profesor de Teología. Doctor en esta última disciplina se distinguió también como predicador, colaborando en la revista Pragmalogia Theologica. Otra exclaustración, esta vez en Italia, le obligó a regresar a España, donde todos los conventos carmelitas estaban suprimidos. En el seminario de Barcelona regentó la cátedra de Teología Moral. Párroco de San Miguel de la misma ciudad, su inquietud por los temas sociales le llevó a fundar la Asociación de Caridad Cristiana y en 1854, con motivo de la peste declarada en la Ciudad Condal, se distinguió por su heroico servicio al frente del Hospital de Santa Cruz.
     Fue preconizado obispo de Las Palmas de Gran Canaria y administrador apostólico de Santa Cruz de Tenerife el 27 de septiembre de 1858. “También en el archipiélago tuvo ocasión de ejercer sus sentimientos de caridad cristiana con ocasión de la fiebre amarilla, mérito que le granjeó el ser condecorado con la Cruz de Primera Clase de Beneficencia, concedida por Isabel II”. Su inquietud por la cultura le llevó a enriquecer la biblioteca del seminario.
     Nombrado obispo de Salamanca el 13 de marzo de 1868, desplegó en la ciudad del Tormes una intensa actividad. Puede considerársele casi cofundador de las Siervas de San José, y prestó ayuda inestimable a las Hijas de Jesús, Hermanitas de los Pobres, etc. Intervino activamente en las tareas del Concilio Vaticano I.
     Nombrado obispo de Barcelona el 16 de enero de 1870, continuó su trabajo pastoral infatigablemente, levantando escuelas de artes y oficios, construyendo una residencia para sacerdotes ancianos y enfermos, etc. En 1877 fue nombrado arzobispo de la archidiócesis de Sevilla. Mientras gobernaba la misma, fue nombrado cardenal, sin que pudiera recibir el capelo; le sorprendió la muerte el 23 de septiembre de 1882.
     En relación con la Orden del Carmen, tema que particularmente interesa, hay que recordar que recibió su formación en conventos de España e Italia. Con motivo de su permanencia en Roma en las tareas del Concilio, se hospedó en el convento de Transpontina, donde recibió numerosas atenciones. Comunicó al general de la Orden el 27 de abril de 1868 que había sido preconizado obispo de Salamanca. Volvió a escribir al mismo general el 4 de noviembre de 1868 indicando que le reservara habitación en Transpontina, cuando fuera al Concilio. Le hablaba también de la difícil situación por la que atravesaba España.
     De sus intervenciones en el Concilio Vaticano I se conserva el testimonio de León Dehon, quien señaló a Lluch entre los más elocuentes obispos españoles. En general mantuvo una postura conservadora. Pidió que se exigiera la visita trienal de los obispos a sus diócesis. También pidió que se suavizara el lenguaje al hablar de los pecados de los clérigos. Fue decisiva su intervención en la restauración de la Orden del Carmen en España por su postura favorable a que se recuperara el convento antiguo carmelita de Jerez de la Frontera, cuando estaba al frente de la archidiócesis hispalense. Existen, sin embargo, algunas reservas de que no apoyara con el calor y entusiasmo que era de esperar esta restauración, sobre todo cuando fueron compatriotas suyos de Cataluña quienes la iniciaron en 1880.
     Dejó numerosos escritos, que es preciso rastrear en la revista Pragmalogia Theologica y en los Boletines eclesiásticos de las diócesis que gobernó. Es relativamente amplia la bibliografía sobre el mismo, si bien falta una biografía crítica que le sitúe en la época como una de las personalidades de la jerarquía eclesiástica del siglo XIX y que valore convenientemente su actividad sorprendente y variada (Balbino Velasco Bayón, OCarm., en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor la Biografía de Agapito Vallmitjana, autor de la obra reseñada; 
     Agapito Vallmitjana Barbany. (Barcelona, 1830-1833 – 25 de noviembre de 1905). Escultor.
     Hermano del escultor Venancio Vallmitjana Barbany. Inició sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Barcelona alrededor de 1848-1849. En noviembre de 1850 pasó a la clase de Escultura del Natural, por haber ganado las cuatro menciones honoríficas que para ello se exigía, y ese mismo curso, estuvo inscrito en Teoría e Historia de las Bellas Artes, y con su hermano en la clase de Anatomía.
     Después de los estudios preparatorios fue discípulo de Damià Campeny. En 1877 se le asignó interinamente la Cátedra de Escultura de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, siendo nombrado catedrático numerario en 1881. Habiendo trabajado con su hermano Venancio innumerables obras, es difícil precisar a cual de ellos corresponde la ejecución de gran número de ellas. Los dos contribuyeron durante casi medio siglo al esplendor de la escultura tanto por sus obras como por sus enseñanzas. Fue junto a su hermano el mejor representante de la escultura catalana de su tiempo, distinguiéndose por su extraordinario oficio, y por el acusado detallismo realista. Entre 1853 y 1854 efectuaron juntos las estatuas de los Evangelistas y la Fe para la iglesia de San Justo y Pastor de Barcelona. El arquitecto Josep Oriol Mestres les confió en 1858 las figuras alegóricas de la Industria y el Comercio, de la fachada del Banco de Barcelona. Hasta 1867 tuvieron instalado el taller en la capilla de Santa Águeda; donde conocieron a Isabel II en 1860, y Agapito le ofreció un esbozo representando a la soberana con su hijo Alfonso, que la Reina le encargó en mármol. En 1872 realizaron el Retrato de lord Stanley y el de su esposa en mármol, en tamaño natural, y viajaron a Manchester.
     Posteriormente acordaron trabajar por separado, y en 1883 separaron su taller, dedicándose Agapito principalmente a la escultura funeraria y religiosa aunque realizó obras de otros géneros. Los primeros años se dedicó a la imaginería religiosa.
     Destaca en sus obras el sentimiento, el estudio anatómico, la armonía, la suavidad, y el tratamiento de los ropajes, de extraordinaria perfección técnica.
     Realizó una obra íntima, con poder emocional; fue un gran imaginero. En 1862 participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes Madrid con la figura de San Sebastián atado al árbol en el martirio, con la que obtuvo Tercera Medalla, y en la Exposición del Ateneo Catalán. En 1864 presentó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, Adán en el momento de ver a Eva —con la que obtuvo Segunda Medalla—, Una mujer al salir del baño, Un crucifijo de bronce, y tres retratos, uno de ellos el busto de Claudio Lorenzale. También participó en las Nacionales de Bellas Artes de Madrid de 1866 y 1867. En la Exposición de Viena de 1873, fue premiado con Cristo muerto, y con Venanci tomó parte en la Exposición de París de 1875. En la Nacional de Madrid de 1876, presentó Cristo yacente, y fue premiado con Segunda Medalla, el Gobierno adquirió la obra en mármol. En 1878 ganó un premio en la Exposición Nacional de Madrid con Adán. En la Primera Exposición General de Bellas Artes de Barcelona de 1891, presentó las estatuas en mármol de tamaño natural Cristo yaciente y El Sagrado Corazón de Jesús; el busto en bronce fundido en los talleres de Federico Masriera, La Tradición, también en tamaño natural; y Retrato, en barro cocido. En enero de 1892 tomó parte en la Novena Exposición de la Sala Parés, donde presentó la estatua de San Juan de Dios. En la Segunda Exposición General de Bellas Artes de Barcelona de 1894, formó parte como vocal de la comisión ejecutiva. En la Tercera Exposición de Bellas Artes é Industrias Artísticas de Barcelona de 1896, formó parte como vocal de la comisión organizadora. En la Exposición Universal de París de 1900, la casa Masriera y Campins presentó numerosas obras —fundidas en bronce— de escultores catalanes, entre los que se encontraba él. En la Exposición de Retratos y Dibujos Antiguos y Modernos de Barcelona de 1910, se presentó su obra Retrato de D. Manuel de Bofarull y de Sartorio, en mármol. Muchos escultores se formaron en el taller de los Vallmitjana, son un ejemplo: Jerónimo Suñol, Agustí Querol, Rafael Atché y Antoni Coll. Era caballero de la Orden de Isabel la Católica; miembro numerario de la Real Academia Catalana de Bellas Artes de Sant Jordi desde 1877, y miembro corresponsal de la Real Academia de San Fernando. En diciembre de 1935 la familia de los escultores Vallmitjana, por mediación de “Amics dels Museus de Catalunya”, donaron a los museos de de Barcelona un buen número de estatuillas. Obras en el Museo Nacional d’Art de Catalunya, y en el Museo de Madrid (María Isabel Marín Silvestre, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Sepulcro del Cardenal Lluch, de Agapito Vallmitjana, en la Capilla de San Laureano, en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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martes, 21 de julio de 2026

El Monumento funerario de Antonio de Desmaisières y Manuela Fernández de Santillán, Marqueses de la Motilla, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Monumento funerario de Antonio de Desmaisières y Manuela Fernández de Santillán, Marqueses de la Motilla, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.   
     Hoy, 21 de julio, es el aniversario del fallecimiento (21 de julio de 1834) de Antonio Desmaisières, Flores, Rasoir y Peon, y Manuela Fernández de Santillán y Baldivia, Villasís, Fernández de Córdoba y Mendoza, personajes, cuyos restos reposan en el Panteón de Sevillanos Ilustres, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte el Monumento funerario de Antonio de Desmaisières y Manuela Fernández de Santillán, Marqueses de la Motilla, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla.
     La Iglesia de la Anunciación [nº 25 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 48 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Laraña, 1; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     En el muro que se correspondería en la iglesia de la Anunciación con el de la Epístola, y a continuación del crucero del mismo, se encuentra el sepulcro de los Marqueses de la Motilla.
     Sepulcro parietal de los Marqueses de la Motilla, de estilo neoclásico, con unas medidas de 4,87 x 2,44 x 0,24 mts., compuesto por una gran base rectangular de escayola, decorada con motivos que derivan del candelieri renacentista. En el centro de esta base se inserta una lápida marmórea, dotada de un marco de bronce recorrido por ovas, que alberga la inscripción funeraria. Sobre la base, se dispone obelisco, centrado por el escudo nobiliario de los difuntos (los Marqueses de la Motilla) y rematado por una jarra flamígera. A ambos lados del obelisco, se ubican sendos jarrones decorativos.
     Procede del antiguo convento sevillano de San Jerónimo de Buenavista.
     Es muy similar al monumento funerario de D. Guillermo Girón, Marqués de las Amarillas, presente en esta misma cripta.
     La inscripción funeraria es la siguiente:

     AQUI YACEN LOS ILUSTRES SEÑORES
Dn. ANTONIO DESMAISIERES, FLORES, RASOIR Y PEON,
CORONEL DE INFANTERIA, CABALLERO DEL ORDEN DE SANTIAGO
Y DE LA REAL Y MILITAR DE S. HERMENEGILDO &
Y Dª. MANUELA FERNANDEZ DE SANTILLAN Y BALDIVIA, VILLASIS,
FERNANDEZ DE CORDOBA Y MENDOZA &
MARQUESES QUE FUERON DE LA MOTILLA Y DE VALENCINA, CONDES DE TORRALBA
Y DE CASA ALEGRE, BARONES DE LAS CASAS, CASTILLOS Y CUADRA DE VILLANUEVA
DE CUBELLAS, DE EMBEYA Y DE LA BLEDA, SEÑORES DE LAS VILLAS Y LUGARES
DE MOREDA, POZOBLANCO, CUATRO ENCINAS Y TORRE QUEBRADILLA, TORRALBA,
TOTANES, FINES, SOMONTIN, ALMODOVAR DEL RIO, LA REYNA,
SANTO DOMINGO DEL CAÑAVERAL, TURUMBILLO, VIURA Y SU CASTILLO, REINÉS,
CREUX, CAUDIÉS, PONTELLA Y TEZA, ALCAIDES PERPETUOS DEL CASTILLO Y FORTALEZA
DE ALMODOVAR DEL RIO,  && QUE FALLECIERON EN EL DIA 21 DE JULIO DE 1834,
DEJANDO BUENA MEMORIA DE SU MERITO Y VIRTUDES.
LOS TRASLADÓ DE SU PANTEON DE S. GERONIMO DE BUENAVISTA, Á ESTA YGLESIA,
EL RESPETO Y AMOR FILIAL D SU HIJO D. FERNANDO ACTUAL MARQUES DE LA MOTILLA Y-
DE TODOS LOS ESPRESADOS TITULOS EN 2 DE MAYO DE 1843.

Conozcamos mejor el Marquesado de la Motilla, título nobiliario que poseyeron los personajes que protagonizan el monumento funerario reseñado;
    El marquesado de la Motilla es un título nobiliario español creado por el rey Carlos II de España el 8 de octubre de 1679 a favor de Francisco Fernández de Santillán y Quesada, caballero veinticuatro de Sevilla.
     Han ostentado el título de Marqués de la Motilla las siguientes personas:
     Francisco Fernández de Santillán y Quesada, I marqués de la Motilla, señor de Motilla. Era hijo de Alonso Fernández de Santillán y Venegas, caballero de la Orden de Santiago, y de Francisca Ana de Quesada y Manuel y hermano de José Fernández de Santillán y Quesada, I conde de Casa Alegre.
     Casó con Ana Mencía de Villegas Bocanegra. Le sucedió su hijo:
     Alonso Fernández de Santillán y Villegas, II marqués de la Motilla, nacido en Sevilla.
     Casó con Mariana Lasso de la Vega y Barba, de Carmona. Le sucedió su único hijo:
     Francisco Fernández de Santillán y Lasso de la Vega (Sevilla, abril de 1679-septiembre de 1734), III marqués de la Motilla, II conde de Casa Alegre, alcalde de la Santa Hermandad por el estado noble de Huévar del Aljarafe.
     Casó, en Sevilla, el 3 de agosto de 1704, con Inés Josefa de Villacís e Irigoyen (Sevilla, 19 de noviembre de 1691-Sevilla, diciembre de 1776), hija de Pedro José de Villacís Saavedra y Cárdenas y de María Francisca de Irigoyen y Saavedra. Le sucedió su hijo:
     Alonso Fernández de Santillán y Villacis (Sevilla, 13 de noviembre de 1731-18 de mayo de 1751), IV marqués de la Motilla y III conde de Casa Alegre.
     Murió soltero sin descendencia. Le sucedió su hermano:
     Ignacio José Fernández de Santillán y Villacis (Sevilla, 5 de noviembre de 1734-28 de mayo de 1804), V marqués de la Motilla, VII marqués de Valencina, IV conde de Casa Alegre, alcalde de la Santa Hermandad por el estado noble de Huévar del Aljarafe.
     Contrajo primeras nupcias, el 30 de abril de 1753, con Mariana Pacheco Portocarrero y Córdoba, hija de Luis Pacheco Portocarrero y Vega, III marqués de la Torre de las Sirgadas, y de María de la Cabeza de Córdova Lasso de la Vega. No hubo sucesión de este matrimonio. Casó en segundas, el 29 de septiembre de 1784, con Ignacia Rafaela de Valdivia y Fernández de Córdoba, VIII condesa de Torralva, hija de Gabriel de Valdivia y Corral y de su segunda esposa, Joaquina Fernández de Córdoba Heredia y Carvajal. Le sucedió su hija:
     Manuela Joaquina Fernández de Santillán y Valdivia (Sevilla, 27 de marzo de 1791-21 de julio de 1834), VI condesa de la Motilla, VIII marquesa de Valencina, V condesa de Casa Alegre y IX de Torralva.
     Casó en Cádiz el 13 de febrero de 1810 con Antonio José Desmassières y Flórez (Pravia, 30 de septiembre de 1793-Sevilla, 22 de julio de 1834), caballero de la Orden de Santiago en 1825, hijo de Miguel Desmassières, nacido en Valenciennes, Teniente General de los Reales Ejércitos, y de su esposa, María Antonia Ignacia Flórez Peón (La marquesa falleció un día antes que su esposo, ambos víctimas de la epidemia de cólera que azotó Sevilla en esas fechas). Le sucedió su hijo:
     Fernando Desmaissières y Fernández de Santillán (Cádiz, ?-22 de abril de 1857), VII marqués de la Motilla, IX marqués de Valencina, VI conde de Casa Alegre y conde de Torralva. Fue senador vitalicio del reino. Fue el último poseedor del mayorazgo de su casa como consecuencia de la Ley desvinculadora del 11 de octubre de 1820 y a partir de entonces, el título pudo ser heredado por mujeres.
     Contrajo matrimonio, en Sevilla, el 15 de abril de 1839, con Francisca de Paula Creus y Cabrera sin que hubiese descendencia de este matrimonio. En 29 de junio de 1857, le sucedió su hermano:
     Miguel Ángel Desmaissières y Fernández de Santillán (Madrid, 15 de enero de 1816-Sevilla, 29 de noviembre de 1882), VIII de Motilla, X marqués de Valencina, VII conde de Casa Alegre y X de Torralva.
     Casó en Sevilla el 19 de agosto de 1854 con María Josefa Farina y Plasencia, viuda de Francisco Plasencia y Fuentes Calderón que fueron los padres del I conde de Santa Bárbara, Augusto Plasencia y Fariña. Era hija de Domingo Farina y Ricardo y de María Salomé Plasencia y Calderón. En 30 de octubre de 1883, sucedió su hijo:
     Miguel Desmassières y Farina (Sevilla, 26 de mayo de 1844-Sevilla, 2 de noviembre de 1927), IX marqués de la Motilla, VIII conde de Casa Alegre, capitán de fragata de la armada, senador del reino y maestrante de Sevilla.
     Contrajo matrimonio, en Sevilla, el 26 de noviembre de 1892, con María de los Dolores Salcedo Barreto, sin descendencia, en 20 de noviembre de 1928, sucedió su sobrino nieto:
     Fernando de Solís-Beaumont y Atienza (Málaga, 10 de septiembre de 1921-Madrid, 17 de noviembre de 1996), X marqués de la Motilla, XIV marqués de Valencina, IX conde de Casa Alegre y XII conde de Torralva. Hijo de Manuel de Solís y Desmassières, XII marqués de Valencina, y de María Antonia Atienza y Benjumea.
     Contrajo matrimonio, en Madrid, el 18 de junio de 1946, con Isabel Martínez Campos y Rodríguez (m. 2017), hija de Arsenio Martínez Campos y de la Viesca, II duque de Seo de Urgel, III marqués de Martínez Campos, dos veces grande de España y III marqués de Viesca de la Sierra, y de María de los Dolores Rodríguez Limón. Le sucedió su hijo:
     Miguel Ángel de Solís-Beaumont y Martínez Campos (n. 1 de mayo de 1947), XI marqués de la Motilla y XV marqués de Valencina.
     Casó, en Sevilla, el 7 de mayo de 1977, con María del Carmen Tello Barbadillo.

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Monumento funerario de Antonio de Desmaisières y Manuela Fernández de Santillán, Marqueses de la Motilla, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, de la Iglesia de la Anunciación, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Panteón de Sevillanos Ilustres, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 12 de julio de 2026

El Sepulcro de Hernando Colón, en la Planta del Monumento de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Sepulcro de Hernando Colón, en la Planta del Monumento de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     Hoy, 12 de julio es el aniversario del fallecimiento (12 de julio de 1539) de Hernando Colón, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Sepulcro de Hernando Colón, en la Planta del Monumento de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Planta del Monumento [nº 020 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]. Desde el siglo XVIII hasta los años sesenta del presente, el dibujo del suelo sirvió para controlar la posición y geometría del Monumento de Semana Santa, que era un diseño del siglo XVI. Aún quedan en el suelo huellas de las rejas que se colocaron en 1689 y que retiré en 1990 (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
     En la zona de la Planta del Monumento, junto al Trascoro de la Catedral de Santa María de la Sede podemos contemplar el Sepulcro de Hernando Colón.
     Es una pieza de bronce fundido decorada con una cenefa vegetal, centrada por textos y los escudos del Cabildo Catedral flanqueado por naves en la parte superior, el del propio Hernando Colón, con la leyenda: “A Castilla y a León Mundo Nuevo dio Colón”, rodeado por cuatro libros abiertos ("AVTORES", "EPITOME", "SCIENCIE", y "MATERIE"). Los textos son los siguientes:

AQUI YAZE DON HERNANDO COLON HIJO DE
DON CRISTOVAL COLON PRIMERO ALMIRANTE
QUE DESCUBRIO LAS YNDIAS
QUE SIENDO DE EDAD DE L AÑOS Y IX MESES
Y XIV DIAS E AVIENDO TRABAJADO LO QUE PUDO
POR EL AUMENTO DE LAS LETRAS FALLECIO
EN XII DIAS DEL MES DE JULIO DE MDXXXIX AÑOS
Y XXXIII AÑOS DESPUES DEL FALLECIMIENTO DE
SU PADRE ROGAD A DIOS POR ELLOS

ASPICE QUID PRODEST TOTUM SUDASSE PER ORBEM
ATQUE ORBEM PATRIS TER PERAGRASSE NOVUM
QUID PLACIDI BETIS RIPAM FINXISSE DECORAM
DIVITIAS, GENIUM POST HABUISSE MEUM
UT TIBI CASTALII SERAREM NUMINA FONTIS
OFERREMQUE SIMUL QUAS PTOLOMEUS OPES,
SI TENUI SALTEM TRANSCURRENS MURMURE SAXUM
NEC PATRI SALVE, NEC MIHI DICIS AVE
(Mira lo que sirve haber sudado por todo el mundo y haber recorrido tres veces la tierra de mi padre, qué bien había dibujado las riberas del pacífico Guadalquivir y qué riquezas mi genio logró tener, para abrirte los dioses del manantial de Castilla y ofrecerte al mismo tiempo las riquezas de Ptolomeo, si acaso pasando con un susurro la piedra, ni saludas a tu padre ni a mí).
Conozcamos mejor la Biografía de Hernando Colón, personaje que protagoniza el sepulcro reseñado;
     Hernando Colón, (Córdoba, 15 de agosto de 1488 – Sevilla, 12 de julio de 1539). Hijo natural de Cristóbal Colón, humanista y cosmógrafo, reunió la biblioteca particular más rica de la época, participó en el cuarto viaje colombino y escribió la Historia del almirante.
     Nació en Córdoba el 15 de agosto de 1488, como fruto de la relación entre Cristóbal Colón y Beatriz Enríquez de Arana, su amante. La madre de Hernando fue una cordobesa de posición social humilde, hija de unos pequeños agricultores de las cercanías de Córdoba, Pedro de Torquemada y Ana de Arana. Huérfana muy joven, pasó a vivir con sus parientes y en Córdoba residía cuando apareció en escena un hombre que ofrecía a los Reyes Católicos la manera de llegar a las Indias por la ruta nueva del Atlántico.
     Al convertirse la ciudad califal cada año, de primavera al otoño, en residencia habitual de la corte por causa de la guerra de Granada fue también una ciudad frecuentada por Cristóbal Colón. En Córdoba, durante esos años, estuvo negociando su proyecto descubridor pasando muchas necesidades. Fernández de Oviedo dice que por ese tiempo Colón “traía la capa raída, o pobre”. Su necesidad llegó a tanto que tuvo que emplearse como “mercader de libros de estampa” (los libros que empezaban a salir de la imprenta) y a pintar “cartas de marear” para venderlas a los navegantes. A finales de 1487 sólo Beatriz Enríquez le mostraba su apoyo, fruto de lo cual fue el nacimiento un año después de su hijo Hernando. Se puede asegurar que nunca Cristóbal Colón se llegó a casar con Beatriz, por lo que Hernando era hijo natural. Este origen de Hernando va a pesar mucho en el ánimo y en el comportamiento futuro del segundo hijo del descubridor.
     Cuando Cristóbal Colón emprendió el viaje descubridor, Diego, que había recibido el nombramiento de paje del príncipe Juan el 8 de mayo de 1492, fue conducido por Juan Rodríguez Cabezudo y Martín Sánchez a Córdoba, para que esperase con su hermano Hernando, bajo el cuidado de Beatriz Enríquez de Arana, la llegada triunfal de su padre.
      Un hito importante para el menor de los Colón fue su legitimación jurídica, es decir, cómo, a efectos legales, un hijo ilegítimo como Hernando pasaba a poder disfrutar de la posición social privilegiada que le correspondía, como hijo que era de uno de los nobles más importantes del reino.
     En 1493, tras el regreso de Colón, le fueron confirmados y ampliados sus privilegios, además de recibir un escudo de armas. En esas jornadas gloriosas al almirante no se le podía negar nada, por lo que “suplicó a los Reyes Católicos que hobiesen por bien que a sus hijos el príncipe don Juan los recibiese por pajes suyos”, dice el cronista Fernández de Oviedo. A principios de 1494, Diego y Hernando Colón fueron presentados en la corte de la mano de su tío Bartolomé “para que sirviésemos de pajes al serenísimo Príncipe Don Juan, que esté en la gloria, como lo había mandado la Reina Católica Isabel, que a la sazón estaba en Valladolid”, según cuenta el mismo Hernando. Es de suponer que Juana de Torres, ama del príncipe don Juan y muy cercana a los Colón, velaría por los hijos del almirante y haría las veces de madre para los dos hijos del descubridor mientras él andaba ensanchando el Nuevo Mundo. Su ayo en la corte fue Jerónimo de Agüero.
     Todos los nobles criados en la corte del príncipe, entre los que se encontraba Hernando Colón, recibieron la misma educación exquisita que el hijo varón de los Reyes Católicos. Uno de los maestros de los pajes fue el humanista Pedro Mártir de Anglería, devoto del saber y de los libros, además de amigo de Colón y futuro cronista de Indias. El Hernando Colón humanista y gran bibliófilo debe mucho a esta formación cortesana. Igualmente, desde la corte, el hijo menor del almirante vivió muy de cerca todos los acontecimientos de las Indias, sobre todo el fracaso colombino y las quejas de los descontentos.
      Muerto el príncipe Juan, el 4 de octubre de 1497, Hernando Colón quedó libre como paje, y entonces acompañó a su padre mientras hacía los últimos preparativos de su tercera navegación. Como el viaje se retrasaba y las tensiones entre Colón y los organizadores de la armada iban en aumento, el hijo del almirante regresó a la corte. El 18 de febrero de 1498, Hernando era nombrado paje de la Reina en Alcalá de Henares. Y cuatro días después, el 22 de febrero, el gran descubridor instituía mayorazgo, estableciendo la sucesión directa por vía masculina: primero Diego e hijos, y en su defecto, Hernando, y así sucesivamente hasta llegar a los hermanos del almirante, Bartolomé y Diego. A falta de línea masculina recaería en la mujer con más derechos.
    El tercer viaje colombino fue un fracaso, no faltando entre los españoles revueltas y deserciones, ni tampoco levantamientos indígenas, hambres, enfermedades y escasa rentabilidad económica. En la corte se empezaba a hablar mal de Colón y de la empresa de las Indias, contando Hernando en la Historia del Almirante una escena muy verosímil que sitúa entre los años 1499 y 1500 en Granada. Los quejosos de la empresa de las Indias se manifestaban al paso del monarca y de los hijos del almirante diciendo: “Mirad los hijos del Almirante de los mosquitos, de aquel que ha descubierto tierras de vanidad y engaño para sepulcro y miseria de los hidalgos castellanos” y añadían “otras muchas injurias, por lo cual nos excusábamos de pasar por delante de ellos”. Eran días amargos para una persona que no había superado su origen humilde y su ascenso social en función de un descubrimiento ahora en entredicho. El abandono en que tuvo a su madre Beatriz y cuanto la rodeó dice bastante. Por una escritura notarial, del 17 de agosto de 1525, hace donación a su primo y criado Pedro de Arana, una vez muerta Beatriz Enríquez, de unas casas, bodega, lagar, pila, tinajas y huerta que heredó de su madre. Éste es uno de los pocos recuerdos que nos ha transmitido Hernando referentes a su madre cordobesa.
     Tras el apresamiento del almirante y su inmediato envío a Castilla cargado de cadenas por decisión del juez pesquisidor Francisco de Bobadilla, el destituido virrey llegó a Granada, donde residía la corte, a mediados de diciembre de 1500, y allí se encontró con sus hijos. Los Reyes le desagraviaron en lo que pudieron, “pero nunca más dieron lugar que tornase al cargo de gobernación”, dice con exactitud Fernández de Oviedo.
     Cuando rozaba los catorce años, Hernando viajó a las Indias acompañando a su padre y a su tío Bartolomé en el cuarto viaje colombino, el llamado Alto Viaje en busca de un Estrecho que facilitase el camino hacia la Especiería. El 11 de mayo de 1502 dejaban las costas de la bahía de Cádiz camino de las Indias con cuatro navíos. Tras socorrer a la fortaleza portuguesa de Arcila, llegaron a Canarias y a finales de mayo tomaron rumbo a las Indias en uno de los viajes más rápidos (21 días). Las dificultades con uno de sus navíos le hizo dirigirse hacia Santo Domingo y recibir la negativa de Ovando cumpliendo la prohibición regia al Almirante de no detenerse en la Española. La forma que tuvo el Almirante de presentir y esquivar el huracán, cuando recorría las costas de Santo Domingo en el verano de 1502, agrandaron su figura. Nadie le hizo caso cuando advirtió a Ovando que no dejara salir la flota hacia España por el peligro que suponía la tempestad que se avecinaba. Bobadilla y la flota de entre veintiocho y treinta navíos fue destrozada a primeros de julio. El almirante y los suyos se salvaron refugiándose en el puerto de Azua.
     A finales de julio, llegaron a la costa continental de Honduras o Punta Caxinas después de sortear todo tipo de peligros, entre calmas, vientos y huracanes, corrientes adversas y frecuentes tormentas. Con tan pocos años, Hernando demostró mucha curiosidad por saber y no poca entereza. Según el almirante, “el dolor del hijo [Hernando] que yo tenía allí me arrancaba el ánimo, y más por verle de tan nueva edad de trece años en tanta fatiga”.
     El relato que sobre este viaje hace Hernando en la Historia del almirante es una fuente imprescindible para conocer su recorrido, incidencias, paisajes y curiosidades. A finales de año recorrieron la costa de Veragua y el istmo de Panamá hasta el golfo del Darién. Desde ahí decidió regresar a la Española, ya que todo era contrariedad: ni había estrecho, ni los indios eran pacíficos, ni su salud era buena, ni las embarcaciones resistían.
     A finales de junio de 1503 se encontraban ya en la bahía de Santa Ana, en Jamaica, donde encallaron intencionadamente los dos barcos que les quedaba. Durante el año que van a pasar en espera de poder llegar a Santo Domingo, se conserva el relato transmitido por Hernando Colón en su Historia con el eclipse de luna vivido en Jamaica.
     El 13 de agosto de 1504 regresaban al fin a Santo Domingo, tras la hazaña de Diego Méndez, y presenciaba algunas actuaciones poco corteses de Ovando para con su padre. Siguieron las penalidades hasta que el 7 de noviembre de 1504 arribaba al puerto de Sanlúcar de Barrameda.
     La muerte del descubridor, el 20 de mayo de 1506, convirtió a su hijo menor en un seguro colaborador del nuevo cabeza de familia: su hermano y segundo almirante de las Indias Diego Colón.
     El segundo viaje al Nuevo Mundo lo realizó Hernando a principios de 1509. El 9 de julio la pequeña corte que acompañaba al nuevo gobernador Diego Colón hizo su entrada en la capital de las Indias. Dos meses después, Hernando regresó apresuradamente a Castilla por encargo de su hermano con el fin de defender los intereses familiares en los Pleitos Colombinos.
     Entre 1509 y 1511, Hernando llevará a cabo una actividad intensa. Su influencia se deja notar en el famoso Memorial por el Almirante o en el Tratado sobre la forma de descubrir y poblar en la parte de las Indias. Especialmente curioso y lleno de novedad es el Proyecto de Hernando Colón en nombre y representación del Almirante, su hermano, para dar la vuelta al mundo, fechado en Sevilla, el 19 de julio de 1511, casi diez años antes del viaje de Magallanes-Elcano. No fue tenido en cuenta por el rey Fernando el Católico. Por esas mismas fechas, presentó en la corte otra obra suya titulada Colón de Concordia, también perdida.
     Entre 1512 y 1515 viajó a Italia para resolver pleitos de su hermano, reconocido en 1520 cuando ambos hermanos firmaban una capitulación por la que Hernando renunciaba a la herencia paterna a cambio de determinadas mercedes y en reconocimiento de sus servicios. Fue beneficiado con buenas encomiendas de indios en los distintos repartimientos hechos en la isla Española que le reportaron sustanciosos ingresos que empleó principalmente en adquirir libros para su biblioteca.
     En 1517, comenzó, con autorización real, el Itinerario o Cosmografía de España, una obra que pretendía, tras recorrer todos los pueblos de España, buscar los datos topográficos y geográficos más interesantes de cada lugar, y organizarlos después alfabéticamente. Este esfuerzo, costeado íntegramente por Hernando, fue impedido primero por el presidente del Consejo Real de Castilla, seguido de una orden del Emperador, de 13 de junio de 1523, poniendo punto final a su iniciativa. Un criado de Hernando lo achacó a la envidia. 
   El reconocimiento de reputado cosmógrafo quedó demostrado en la participación activa que tuvo en las Juntas de Badajoz-Elvas de 1524. Allí se reunieron expertos castellanos y portugueses (tres astrónomos, tres marinos y tres letrados de cada reino) con el fin de llegar a un acuerdo sobre la demarcación que el meridiano acordado en el Tratado de Tordesillas (1494) habría de tener sobre la zona oriental o contrameridiano. Su postura fue la más intransigente y dura de la representación castellana. Los portugueses no cedieron y no hubo acuerdo. En 1526, Carlos V encargó a Hernando que se reuniese con los principales pilotos españoles y elaborasen un mapamundi o carta general de navegación que quedara, como modelo y guía, en la Casa de la Contratación de Indias, radicada en Sevilla, obra que no llegó a realizarse.
     La parte principal de los Pleitos Colombinos duró desde 1508 hasta 1536, y en ella Hernando fue quizá el elemento más activo. El hijo menor del almirante partía de una posición que apenas cambió durante esos años: los privilegios colombinos fueron un contrato entre los Reyes y Colón que obligaba a ambas partes (Capitulaciones de Santa Fe). Si Colón cumplió la suya (descubrimiento de nuevas tierras al otro lado del Océano), los Reyes estaban obligados a respetar lo capitulado con él. Por tanto, todas las promesas hechas al almirante debían cumplirse. Así pensaba Hernando y prácticamente lo defendió sin entrar en otras matizaciones hasta el final de sus días. El punto débil de esta postura es que mezclaba concesiones que tenían carácter de contrato con otras que habían sido otorgadas graciosamente por los Reyes, y, por tanto, revocables.
     La primera sentencia en los Pleitos fue dictada el 5 de mayo de 1511 por el Consejo Real en Sevilla. Hernando actuó con plenos poderes de su hermano Diego en este proceso y mantuvo posturas muy intransigentes. Se opuso a dicha sentencia, lo que provocó un recrudecimiento del pleito con nuevas vistas y comprobaciones.
     Hacia 1516-1517 elabora una Propuesta o proyecto de Audiencia Real en Santo Domingo de la isla Española, bajo la presidencia del Almirante de las Indias, que no fue aceptado, ya que la pretensión de Hernando era que su hermano pudiera controlar esa institución.
     Otra actuación hernandina nos traslada a mediados de 1519 en que Diego Colón y Bartolomé de las Casas elaboran y presentan un plan conjunto para poblar una extensa zona de Tierra Firme. El segundo almirante estaba dispuesto a secundarlo, pero, según Las Casas, fue Hernando el que le aconsejó que pidiera la gobernación perpetua de dicha tierra, lo que condujo al fracaso de la negociación, ya que ese punto se discutía en los Pleitos.
     En 1523, como respuesta al enfrentamiento habido entre el almirante y la Audiencia de Santo Domingo, escribe Hernando una pieza acerca del derecho que como Almirante y Virrey debía tener su hermano en el grado de suplicación en las causas civiles y criminales que se seguían en los tribunales de las Indias. De poco sirvió este escrito. La tensión creciente entre la Corona y los Colón no hizo sino crecer.
     A la muerte del segundo almirante Diego Colón el 23 de febrero de 1526, el Consejo Real ordenó que se viese de nuevo el Pleito en su totalidad. Hernando fue confirmado por María de Toledo como uno de los representantes legales de la familia y así siguió hasta el final, aunque perdiendo alguna influencia.
     La Sentencia de Dueñas, el 27 de agosto de 1534, en los Pleitos fue muy negativa para los intereses colombinos. Hernando se manifestó en contra, pero no fue muy escuchado, por lo que inició un largo viaje por Europa que duró año y medio hasta 1536.
     Tras las apelaciones correspondientes, el 9 de agosto de 1535 sucede un hecho que va a convulsionar al apellido Colón, y de manera especial a Hernando. En plenos Pleitos Colombinos, el fiscal Villalobos quiso dar un vuelco sensacionalista al proceso y presentó un escrito por el que negaba que Cristóbal Colón tuviera la exclusividad del Descubrimiento, estando dispuesto a probarlo. Añadía, además, que los verdaderos protagonistas de ese magno descubrimiento fueron los Pinzones, quienes animaron a Colón a seguir y descubrir tierra cuando en el Primer Viaje “iba ya sin tino y desconfiado, y se quería volver”. Al mismo tiempo, otros escritores, como el cronista Fernández de Oviedo y el escritor genovés Giustiniani, estaban propagando algunos puntos oscuros (piloto anónimo, origen humilde de los Colón, etc.) sobre el inventor de América. Para colmo de males, el 28 de junio de 1536 se dictaba el laudo arbitral de Valladolid, en que se cerraba el viejo pleito entre la Corona y la familia Colón a cambio de algunas concesiones a favor del tercer almirante de las Indias Luis Colón.
     Ese mismo año, Gonzalo Fernández de Oviedo publicaba en Sevilla la primera parte de su Historia General de las Indias y en ella identificaba las Antillas con las Hespérides de la Antigüedad, añadiendo que tales islas habían pertenecido 1.600 años a. C. a España. Cualquiera podía imaginar que no era lo mismo hablar de unas tierras desconocidas regaladas por Colón a los reyes castellanos que reincorporar a la soberanía de España algo que fue suyo. Al mismo tiempo, el escritor genovés Agostino Giustiniani, en una obra suya sobre la República de Génova, impresa en marzo de 1537, atribuía a los Colombo genoveses el haber ejercido oficios de manos o mecánicos, como tejedores de paños. Para un apellido en la cima de la nobleza esto dolía.
     Entre 1536 y 1539, en medio de este ambiente nada favorable a la memoria de Cristóbal Colón, Hernando se decidió a escribir la Historia del Almirante, la obra sin duda más importante y famosa del hijo natural del Descubridor. Su objetivo, al escribirla, era muy claro: exaltar la persona y los hechos llevados a cabo por el “varón digno de eterna memoria” que fue su padre. En esta obra atacó a sus oponentes, suavizó aspectos discutibles del almirante, tuvo olvidos intencionados y manejó como pocos la ambigüedad. Muchas de las confusiones y controversias que envuelven a Colón se deben a esta obra. El manuscrito original se ha perdido. No obstante, se sabe por el prólogo que fue Luis Colón, tercer almirante de las Indias y sobrino de Hernando, quien lo cedió a Baliano de Fornari, genovés, para editarla en castellano, italiano y latín. Por fin la obra apareció sólo en versión italiana el 25 de abril de 1571. La traducción del castellano al italiano fue hecha por el hidalgo extremeño Alfonso de Ulloa con el título Historie del S. D. Fernando Colombo: nelle s’ha particolare et vera relatione della vita e de fatti dell’Ammiraglio D. Christoforo Colombo, suo padre. Esta obra alcanzó pronto gran difusión tanto en Italia como fuera de ella. La primera edición española no llegó hasta 1749.
     Se ha discutido mucho sobre la autenticidad de la Historia del Almirante. Las opiniones se pueden clasificar en tres grupos: los que consideran que nada de esta obra pertenece a Hernando; los que defienden que la parte correspondiente a los viajes y descubrimientos colombinos es de Hernando, pero no así la parte primera anterior a 1492; y, por último, los que sostienen que toda la obra ha salido de la pluma del hijo del descubridor.
     De las principales obras llevadas a cabo por Hernando una “fue querer juntar todos los libros de todas las lenguas y facultades que por la Cristiandad y fuera de ella se pudiesen hallar”, nos dice su albacea Marcos Felipe. Este propósito se va a materializar en lo que se conoce como Biblioteca Colombina, el legado más señero que ha dejado a la posteridad.
     La cantidad de libros que llegó a reunir superó los 15.300, de los que el 90 por ciento eran impresos y el resto, manuscritos. Todo ello cuando la imprenta estaba dando sus primeros pasos. Su librería llegó a ser considerada la biblioteca particular más voluminosa de Europa, y la organizó de forma tal que se convirtió en un precedente de la biblioteconomía actual. Como un humanista de vasta cultura, seleccionó personalmente la mayor parte de los libros que adquiría, logrando calidad y variedad, además de cantidad. Fue un viajero incansable que aprovechaba los viajes para adquirir libros. Conocía los grandes centros impresores del viejo continente. Tenía la costumbre de registrar las adquisiciones con noticias curiosas sobre el precio, la fecha y el lugar donde adquiría los libros, por lo que se puede seguir con frecuencia su itinerario siguiendo las notas manuscritas contenidas en los libros. Se movió más que con dinero, con cartas de crédito de los grandes banqueros y mercaderes de la época. A título de ejemplo, desde 1520 hasta 1522, acompañó al Emperador por Europa, incluida la propia Dieta de Worms; visitando importantes centros libreros de Alemania, Francia, Suiza e Italia y adquiriendo más de 4.500 libros en ese viaje.
     Ordenó que todos sus libros llevaran esta inscripción: “D. Fernando Colón, hijo de D. Cristóbal, primer Almirante que descubrió las Indias, dejó sus libros para uso y provecho de sus prójimos, rogad a Dios por él.” Estaba seguro de que pasaría a la posteridad por el recuerdo de su Biblioteca y así en la losa que cubriría su sepultura se colocaría en el centro su escudo de armas y a los lados cuatro libros abiertos que eran el resumen de su biblioteca: Autores, ciencias, epítomes y materias. Aconsejó también que en su biblioteca no faltasen obras menores, como coplas, refranes, cancioneros y poesía popular, por lo que Hernando pudo sentirse orgulloso de haber levantado con su esfuerzo y fortuna la biblioteca privada quizá más numerosa y selecta que tuvo Europa hasta 1540.
     Construyó una casa en la puerta de Goles de Sevilla que serviría de sede de su biblioteca y elaboró un reglamento meticuloso. Dejó órdenes escritas sobre cómo colocar los libros y la forma de usarlos. Fue contrario a que se prestasen, “pues que vemos que es imposible guardarse los libros aunque tengan cien cadenas.” Sólo a finales de 1536 se le concedió una pensión vitalicia de 500 pesos de oro, situada sobre las rentas de Cuba para ayuda de su biblioteca.
     Declaró como heredero de su biblioteca al almirante su sobrino, Luis Colón, y a sus sucesores en el mayorazgo, siempre que se comprometiesen a gastar cien mil maravedís en la salvaguarda y acrecentamiento de la misma. Si no fuera así, sucedería con las mismas condiciones el cabildo de la catedral de Sevilla o el monasterio de San Pablo, por este orden. Si fallaban estas instituciones, sería entregado en depósito al monasterio cartujo de las Cuevas. Tras su muerte, y después de muchos avatares y desidias familiares, la Biblioteca Colombina fue reclamada por el cabildo de la catedral, pasando a ocupar, a partir de 1552, una de las dependencias catedralicias, en la nave nordeste, también conocida como del Lagarto, que da al patio de los Naranjos.
     Parece que Hernando estaba pensando en llevar a cabo un tercer viaje a las Indias, pues una Real Cédula, firmada en Toledo el 7 de marzo de 1539, le autorizaba a desplazarse a Santo Domingo a visitar a su sobrino el almirante Luis “y por otros asuntos”. No pudo cumplir este deseo porque el 12 de julio de 1539 fallecía en Sevilla, después de dictar un testamento muy meticuloso. Fue enterrado en la catedral, en medio de la nave, en el trascoro, donde hay una losa con sus cuatro libros y la insignia de sus armas, que son un castillo y un león y una leyenda que dice: “A Castilla y a León Mundo Nuevo dio Colón” (Luis Arranz Márquez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Sepulcro de Hernando Colón, en la Planta del Monumento de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 24 de abril de 2026

La pintura "Las Santas Mujeres ante el Sepulcro", anónima flamenca seguidor de Rubens, en la Sala II del Conjunto Monumental San Luis de los Franceses

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Las Santas Mujeres antes el Sepulcro", anónima flamenca seguidor de Rubens, en la sala II del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla. 
     Hoy, 24 de abril, en Jerusalén, Conmemoración de las Santas Mujeres María de Cleofás y Salomé, que junto con María Magdalena, al amanecer del día de Pascua, se dirigieron al sepulcro del Señor para ungir su cuerpo y allí recibieron el primer anuncio de la Resurrección (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
        Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Las Santas Mujeres ante el Sepulcro", anónima flamenca seguidor de Rubens, en la sala II del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
     El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala II del Conjunto Monumental podemos contemplar la pintura "Las Santas Mujeres ante el Sepulcro", anónima flamenca seguidor de Rubens, en óleo sobre lámina de cobre, realizada hacia 1620, con unas medidas de 0,66 x 0,56 mts., procedente del Hospital de las Cinco Llagas.
          A finales del s. XIX se hallaba en la sala de San Vicente del Hospital de las Cinco Llagas, en el espacio que comunicaba con el despacho de la superiora de las Hijas de la Caridad. En 1936 se valoraba como de regular mérito artístico y se localizaba en el interior del citado despacho, donde permanecería todavía en 1975. Representa la visita al sepulcro de las Santas mujeres el tercer día posterior a la muerte de Cristo, en el momento en el que fueron sorprendidas por dos ángeles envueltos en una luz refulgente, casi cegadora, que les dieron la buena nueva de la Resurrección (Lucas 24:4). Cada mujer reacciona de manera diferente al suceso, al comprender la trascendencia de lo que han visto y oído.
     Se trata de una copia reducida y pintada sobre plancha de cobre, del original que realizó Rubens sobre tabla, conservado en Pasadena en la Norton Simon Foundation (116,8 x 136,5 cms); y fechado entre 1611 y 1614. Rubens otorgó a los personajes un tratamiento escultórico y clasicista dando lugar a una composición casi teatral gracias a la iluminación y aprovechando sus estudios sobre la escultura antigua que había practicado con fruición en Roma. Usa formas muy redondeadas, con líneas claras y colores vivos, creando un movimiento creciente de ondulaciones rítmicas de izquierda a derecha. Aunque no se puedan identificar claramente las figuras, se supone que la mujer que se protege los ojos con el velo es María Magdalena y la figura central, la Virgen, cuya composición y figura deriva de la "Pudicitia" romana, del Vaticano, le acompañan María la de Santiago y Salomé (Marcos 16, 1-7). Existe una estampa de Lucas Vorsterman de 1620 que reproduce el original. Sin embargo, al reproducir exactamente el colorido del original del propio Rubens es posible que se pintara a la vista de aquel original o del boceto en el mismo taller, o en todo caso, frente a la obra de un seguidor directo, sin la intermediación de la estampa.
     Nuestra pintura se amplía por la parte izquierda dejando ver una figura completa que en el original es prácticamente solo una cabeza, además se amplía el espacio por la misma zona izquierda y se intenta dar una idea apenas esbozada de un paisaje nocturno. Se han cuidado mucho las vestiduras y los plegados con una insistencia casi caligráfica intentando reproducir los mínimos detalles del original, sin embargo, en los rostros se notan ciertas limitaciones del pintor (Juan Luis Ravé Prieto, en Patrimonio Histórico de la Diputación de Sevilla 1500-1900. Arte y Beneficencia. Diputación de Sevilla. Sevilla, 2025).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de las Tres Marías; 
   Las Santas Marías, son las medio hermanas de la Virgen que tenían el mismo nombre que ella; para diferenciarlas, se las llamó, agregando al suyo el nombre de sus padres, María Cleofás y María Salomé.
   María Cleofás se casó con Alico que le dio cuatro hijos: Santiago el Menor, Simon, Juda y José. A veces se le llama María Jacobi (madre de Santiago).
   María Salomé se convirtió en la esposa de Zebedeo, a quien dio dos hijos: Santiago el Mayor y Juan el Evangelista.
   Después de la muerte de Cristó habrían abandonado Palestina en compañía de María Magdalena, Marta y Lázaro, para desembarcar en Marsella. Las habrían sepultado junto con su criada Sara en el delta del Ródano, donde se levanta su tumba en la iglesia fortificada de Nôtre Dame de la Mer.
CULTO
   La invención de sus osamentas por el rey Renato de Anjou, conde de Provenza, se remonta al año 1448. Fue a partir de entonces que la iglesia de Sainte Marie des Barques, que pertenecía a la abadía de Montmajour, adoptó el nombre de Saintes Maries. Por lo tanto, el culto de éstas apenas se remonta a mediados del siglo XV. Se trata de un complemento tardío de la localización del culto de la Magdalena en Saint Maximin y el de Santa Marta en Tarascon.
     El día de su fiesta atraía a numerosos peregrinos a la región de Camargue, sobre todos bohemios o gitanos que veneraban muy especialmente a su criada Sara, a quien ignora el martirologio romano.
   Esta leyenda fue popularizada por Mistral en un poema de Mireille.
   La ciudad de Vertoli, en el norte de Italia, pretendía poseer la tumba de María Salomé. En Santiago de Compostela también hay una iglesia puesta bajo su advocación.
ICONOGRAFÍA
   Las dos santas Marías están representadas en todos los grupos de la Parentela de María o de la Parentela de Santa Ana. Es infrecuente encontrarlas en representaciones aisladas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor las Tradiciones evangélicas canónicas y apócrifas, explicaciones racionalistas, y la Iconografía de las Marías en la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo;
Las tres Marías en el Santo Sepulcro
     Hasta el siglo XIII el arte cristiano de Occidente evocó la Resurrección de Cristo en la forma indirecta de Las Santas Mujeres en el Sepulcro. Por otra parte, esta es la única representación que está de acuerdo con el relato de los Evangelios.
     Pero en ciertos ciclos, antes de Las Santas Mujeres en el Sepulcro se sitúa una escena pictórica popularizada por el teatro de los autos sacramentales: La compra de los perfumes.
     1. Las santas mujeres y los vendedores de perfumes
     Antes de dirigirse hacia el Sepulcro, las Santas Mujeres compran perfumes para embalsamar el cuerpo de Jesús y preservarlo de «la mordedura del gusano».
     La idea de embalsamar un cadáver sepultado dos días antes resulta poco verosímil, pero se necesitaba un motivo que condujese a las mujeres a la tumba. Así se explica la leyenda de las Santas Mujeres.
     Este episodio fue popularizado por los Misterios de Pascua, en los cuales la escena del comerciante de perfumes (unguentarius, apothecarius, mercator) fue desarrollado con complacencia e inspiración cómica. Las compradoras se dirigen sucesivamente a dos comerciantes, uno joven y otro viejo, para quedarse con la mejor oferta, de pie frente al mostrador, las Santas Mujeres hacen pesar los perfumes en una balanza.
     Esta escena mercantil, que divertía a los espectadores del teatro de los Misterios, parece haber sido especialmente  popular en Provenza a causa del culto de la Magdalena del Santo Bálsamo (Madeleine a la Sainte-Baume) y del culto de las Santas Marías en Camargue. En cualquier caso, es allí donde la escultura románica nos ofrece los ejemplos más antiguos y numerosos. Ese tema pasó desde Provenza al norte de Italia, a Cataluña y al sur de Alemania.
     2. La visita de las santas mujeres al sepulcro
     En el arte bizantino, el Santo Sepulcro tiene forma de «tugurium», es decir, de capilla sepulcral con apariencia de cabaña, edificada en la rotonda de la iglesia de la Resurrección de Jerusalén. Los artistas  de Occidente, menos familiarizados con los monumentos de Tierra Santa, la reemplazan con un sarcófago.
     Las Santas Mujeres son ya tres, ya dos, según los artistas se inspiren en el Evangelio de Marcos o en el de Mateo. La primera balancea un incensario.
     Sobre la piedra retirada del sarcófago está sentado «el joven vestido de una túnica blanca», asimilado a un ángel alado. Señala con el dedo la tumba vacía o a veces, como en Orvieto, el cielo a donde ha ascendido Cristo.
     Con frecuencia las Santas Mujeres son acogidas en la entrada del Sepulcro por dos ángeles luminosos.
     Sobre una cara de un capitel de Módena se representa una escena procedente del teatro litúrgico que no se encuentra en otros sitios: María Magdalena se desmaya sobre la tumba de Cristo al tiempo que María «la de Santiago» y María Salomé intentan levantarla.
     A veces el tema de la visita de las Santas Mujeres y el de la Resurrección están asociados en una misma composición. En la arquivolta de la portada de Trogir (Trau), en Dalmacia, que data del siglo XIII, se ve a Cristo de pie ante su sarcófago, que acoge por sí mismo a las Santas Mujeres. En la pintura del siglo XIV pueden citarse numerosos ejemplos de esta amalgama en la escuela de Giotto (Taddeo Gaddi), en la escuela de Bohemia (Maestro de Hohenfurt, miniatura de L. de Klettau (Biblioteca Municipal de Zittau) y en el arte alemán (Miniatura del Perikopenbuch del arzobispo Kuno von Falkenstein (1380, Biblioteca de Tréveris). Las tres Santas Mujeres ya no son advertidas por el ángel, pero se prosternan ante Cristo resucitado que se les aparece in corpore (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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