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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 9 de septiembre de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de San Juan Bautista, e Iglesia de Santa María la Mayor -Alcútar-) de la localidad de Bérchules, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Juan Bautista, e Iglesia de Santa María la Mayor -Alcútar-) de la localidad de Bérchules, en la provincia de Granada.
     El término municipal de Bérchules incluye los pueblos de Alcútar y Bérchules. En el camino que une ambos está la fuente de las Carmelas, una de las más populares de la comarca, ya que una leyenda asegura que toda persona soltera que beba de sus aguas encuentra pareja en poco tiempo.
     Esta localidad está enclavada en la vertiente sur del Parque Natural de Sierra Nevada, en alta montaña, entre bellos parajes y nacimientos de aguas ferruginosas y carbonatadas. Bérchules cuenta con un manantial llamado Fuente Agria y situado en la hondonada del río Guadalfeo. Sus casas blancas de tejados planos y sus calles escalonados, perfectamente adaptadas a lo quebrado del terreno conforman la típica arquitectura alpujarreña.
     Una singularidad de Bérchules que merece ser destacada es que celebra la Nochevieja en agosto. Este hecho se debe a que un reciente 31 de diciembre se produjo un corte de luz en el pueblo privando a los vecinos de seguir las doce campanadas y despedir el año. Los berchuleros decidieron entonces tomarse las uvas en pleno verano.
     Región: Alpujarra y Valle de Lecrín
     Código Postal: 18451
     Distancia desde Granada: 108 Km
     Gentilicio: Berchuleros
     Acceder a su website: www.berchules.es (Diputación Provincial de Granada).
     El origen árabe de la población, entre los siglos VIII y IX, se puede rastrear en la toponimia como el nombre del barrio bajo, Aynalcútar. Conserva las características urbanas y arquitectónicas propias de las Alpujarras, con un caserío dividido en dos núcleos, el de Los Bérchules y el de Alcútar (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El municipio de Bérchules se extiende por la cara sur de Sierra Nevada, formando parte de la llamada Alta Alpujarra. Se trata de una zona cuyo paisaje se caracteriza por la existencia de bosques de encinas, alcornoques, pinos y castaños, que se combinan con pequeños bancales de regadío escalonados en las fuertes pendientes. El núcleo urbano de Bérchules presenta una disposición alargada, prolongación de la carretera de acceso al mismo. Se trata de un pueblo de estructura y morfología típicamente alpujarreña, con casas escalonadas en la pendiente, paralelas a las curvas de nivel, que describen un viario estrecho y quebrado. La vivienda tradicional emplea en su construcción materiales autóctonos, como la pizarra y la launa, presentando tejado plano y compartiendo los espacios privados y públicos puesto que, en algunos momentos, el tejado de la casa no es sino la calle de un nivel superior de viviendas. Estas calles están constituidas por unas pasarelas denominadas tinaos.
     El municipio de Béchules pertenece a la Demarcación Paisajística de las Alpujarras y el Valle de Lecrín (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
Historia.-
     El origen de Bérchules puede situarse en el siglo VIII, durante la etapa mozárabe, aunque alcanzaría mayor esplendor y riqueza durante el reinado Nazarí gracias a la producción de sedas, productos de huerta, vino, frutos secos y esencias aromáticas que partían a otros lugares del Reino de Granada.
     Tuvo especial protagonismo durante la rebelión de los moriscos en el siglo XVI. Juan de Austria sofocó la sublevación y expulsó a los moriscos del municipio. Posteriormente fue repoblada por colonos de otras partes de España.
     Existen dos teorías sobre el origen del nombre de Bérchules. Una dice que se deriva posiblemente del árabe berchul, que significa vergel. Ello se debe a la abundancia de vergeles y a la fertilidad de sus tierras. La otra defiende que este nombre podría proceder de Banu Asad, familia que se asentó en la zona.
     El otro pueblo del municipio, Alcútar, se traduce por “fuente del paraíso”, y también se le llamó Alcunça o Alcuza (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de San Juan Bautista.-

     Templo de tres naves, capilla mayor y coro a los pies, se cubre con armadura la nave princi­pal y con cúpula la capilla mayor. La estructura original, del siglo XVI, estaría conformada por una iglesia de nave única, a la que en el siglo XVII se le añaden las naves laterales y la capilla mayor, llegando incluso a alterar la estructura originaria a la que se le da la vuelta, pasando la antigua cabecera a ser los pies actuales. Al exterior se abre por dos portadas, una a los pies y la otra en el lado de la Epístola, ambas de ladrillo, abiertas con simples arcos de medio punto. La torre, localizada junto a la fachada de los pies, se cubre con una característica cubierta de cuatro aguas de pizarra.
     La capilla mayor cuenta con un retablo neobarroco de tres calles y un solo cuerpo con un Sagrado Corazón en la calle central y sendas imágenes de San Marcos y San Blas a un lado y otro. Sobre él un cuadro del Niño Jesús completan­do la decoración. Destacan en la cabecera una imagen tallada de la Virgen de los Remedios con Niño en el lateral izquierdo, y en el derecho la de un crucificado del siglo XVI. En la nave derecha o de la Epístola destaca en su cabecera un sencillo retablo barroco que alberga la imagen del patrón de la localidad, San Pantaleón. La nave de la izquierda o del Evangelio muestra en su paramento cuatro hornacinas de medio punto y una quinta en la cabecera, en las que sobresalen la imagen de la Virgen de los Dolores en la tercera, vestida con un manto bordado con hilo de oro, y la imagen de la Virgen del Rosario en la cabecera, con rico manto decorado con ana­gramas y flores (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La iglesia de San Juan Bautista fue construida en el siglo XVI ha sido reparada en numerosas ocasiones aunque se mantiene el inmueble original. Es una iglesia mudéjar de planta rectangular con tres naves, la central cubierta con armadura, y bóvedas en las laterales. La capilla mayor se cubre con bóveda elipsoidal, es una sustitución de época reciente. Las portadas son los elementos más antiguos del templo, son de ladrillo con el característico esquema toscano de pilastras y arco.
     La torre se alza al pie de la nave lateral derecha, embutida en la planta. Su planta es cuadrada y tiene dos cuerpos.
     La iglesia de San Juan Bautista, al igual que el resto de templos incluidos en esta declaración, tiene como principal valor patrimonial el significado y el valor identitario de su torre, no obstante, se ha delimitado el inmueble completo por motivos de operatividad ya que resulta complicado aplicar normas y condiciones de protección sobre las torres aislándolas de la unidad material que forman con el resto del templo.
     La parroquial fue construida en el siglo XVI, durante la Rebelión de los moriscos fue quemada. A finales de siglo, en 1595, el maestro carpintero Juan Alonso rehace la armadura. El 1625 se informa de la necesidad de desmontar la capilla mayor por peligro de hundimiento.
     La torre de la iglesia de Bérchules constituye un relevante hito visual y referencial ya que funciona como elemento-guía en el territorio. Por otra parte, es depositaria de significados relacionados con la identidad histórica de las Alpujarras, el orden socio-político impuesto por los cristianos tras la Reconquista salpicó el territorio de elementos de identificación inmediata con la religión cristiana, es decir, las torres campanario de sus parroquias (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La iglesia de Bérchules fue construida entre los siglos XVI y XVII, sobre una antigua mezquita. Su artesonado y torre son de estilo mudéjar (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de Santa María la Mayor, Alcútar.-
     Templo de una sola nave, capilla mayor y coro a los pies, se cubre con bóveda de medio cañón la nave, y con cúpula semicircular sobre pechinas la capilla mayor. Al exterior se abre con una portada adintelada a los pies, sobre la que se coloca una lápida con la fecha de 1789 y torre en el centro de la cabecera. La fábrica se realiza con ladri­llo y cajones de mampostería de piedra pizarra. Cuenta la capilla mayor con un retablo de corte neoclásico con una sola calle y un solo cuerpo flanqueado por dos columnas toscanas que sostienen entablamento y frontón. Destaca también un interesante cuadro de la aparición de la Virgen y el Niño a Santo Domingo en el lado de la Epístola (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

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sábado, 29 de agosto de 2026

La desaparecida Iglesia de San Juan de Acre, en el también desaparecido barrio homónimo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la desaparecida Iglesia de San Juan de Acre, en el también desaparecido barrio homónimo, de Sevilla.   
     Hoy, 29 de agosto, Memoria del martirio de San Juan Bautista, a quien el rey Herodes Antipas retuvo encarcelado en la fortaleza de Maqueronte, en el actual Israel, y al cual mandó decapitar en el día de su cumpleaños, a petición de la hija de Herodías. De esta suerte, el Precursor del Señor, como lámpara encendida y resplandeciente, tanto en la muerte como en la vida dio testimonio de la verdad (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la desaparecida Iglesia de San Juan de Acre, en el también desaparecido barrio homónimo, de Sevilla.
     La desaparecida Iglesia de San Juan de Acre, se encontraba, aproximadamente, en la calle Mendigorría, s/n; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
Las primeras noticias: siglos XV - XVI
     Los datos con los que contamos para los momentos iniciales del priorato son muy escasos. La primera mención conservada acerca de la iglesia es de principios del siglo XV y es la referida al primer prior de la orden, frey Pedro de Baure, titular en 1421 y al menos desde 1406 de su iglesia prioral, advocada entonces a Santa Ana, que algunos autores consideran que llevaría bastante tiempo erigida (González Carballo 2002a:24).
     La siguiente noticia data de 1526 y es la recogida por Diego Ortiz de Zúñiga sobre la reedificación de la iglesia (Ortiz de Zúñiga, 1988:360):
        "Reedificó este año la Iglesia de San Juan de Acre de esta ciudad, que amenazaba total ruina, Fray Miguel Ximénez, prior de ella y parece que tenía algunos más religioso y forma de convento, según hallo en papeles de aquel tiempo, siendo juntamente parroquial de aquel distrito, exenta del Arzobispo y sujeta a la Religión como siempre lo fue y es dependiente del convento de Santa María del Monte, por razones que no puedo expresar por no haber visto papeles suyos. De los de la Santa Iglesia Catedral consta que el Arzobispo D. Alonso Manrique a instancia del prior Fray Miguel Ximénez concedió indulgencias a los que a su obra acudiesen con limosnas. Tuvieron altar y entierro en esta Iglesia los Cabreras, linaje sevillano aunque avecindado en la villa de Lora y que dio a la Religión de San Juan ilustres caballeros y comendadores."
     En referencia a este mismo acontecimiento, González Carballo comenta que la obra pudo llevarse a cabo, posiblemente, gracias a la generosidad testamentaria de Francisco Bernal, quien dejó una capellanía a dicha iglesia, y a las indulgencias concedidas por el arzobispo Don Alonso Manrique a quienes ayudaran a su obra con limosnas (González Carballo 2002b:253). Asimismo, refiere que aunque las labores comienzan en 1526, a mediados del siglo XVI aún debía encontrarse en obras por un montante de 82.081 maravedíes gastados en reparar la nave mayor (González Carballo 2002b:l69).
     Desconocemos el alcance que tuvieron estos trabajos, aunque por lo que nos transmite Ortiz de Zúñiga, dado el mal estado en el que se encontraba la iglesia primitiva pudo tratarse de la erección de un templo de nueva planta. Es interesante el hecho de que estas obras coinciden con el momento de edificación del barrio sobre los terrenos de la Orden. En este mismo periodo se produce 1a reedificación de las iglesias del Convento de Santa Clara y del Monasterio de San Clemente.
     En cualquier caso, fue en este momento cuando la iglesia adquirió las características formales que mantuvo hasta el siglo XIX.
     Respecto a la planta de la Iglesia sabemos que se trataba de un edificio de dos naves desiguales y bajas, cubiertas por techumbre de madera y teja, separadas por arcos sobre pilares de material (González de León 1844:232-23).
     Contaba con una torre y campanario con dos campanas de la que no es posible precisar si se integraba en el cuerpo principal de la iglesia o se adosaba lateralmente, y con una sacristía y un huerto adyacentes. La puerta principal de la iglesia se situaba a los pies de la nave menor.
     Desde la iglesia se accedía a la Sacristía y al Cementerio.
     Interiormente, la iglesia tenía los altares mayor y menor con sus retablos, y varias capillas, todo ello ornado de diversas esculturas, imágenes y otros motivos artísticos y de culto. Contaba también con varias criptas para los enterramientos principales, y otras separadas para el común, que fueron denominándose de forma diferente con el paso del tiempo. La visita efectuada en 1553 por fray Juan de la Serna y fray Gonzalo de Monroy ofrece gran información acerca de la disposición de estos elementos (González Carballo 2002b:170).
     En la nave mayor se situaba el altar mayor, revestido de azulejos. En él se ubicaba un retablo de lienzo con tres imágenes: una de de la Virgen vestida, San Juan y la de Santa Ana con la Virgen y el niño en brazos.
     En la nave menor estaba el altar de San Juan. Éste se encontraba cerrado con una verja rematada por una imagen de cristo crucificado, tenía un retablo pintado con la figura de Dios Padre y en él un San Juan Bautista de bulto y un crucificado. En algún lugar distinto al retablo se exponía otra imagen pasionista alusiva al Desamparo de la Cruz. Por la descripción que se hace parece que este retablo constaba de una sola calle, un cuerpo central en el que se situaba la imagen del santo y en el ático una pintura con el Padre Eterno.
     El año de la visita de 1553 se estaba construyendo un retablo construido para las imágenes del Santo Cristo de la Columna y la Verónica, que para entonces ya existían en la iglesia.
     Junto con estos existió también un retablo pintado dedicado a San Bartolomé.
     En 1587 sabemos que el Sagrario se ubicaba a la izquierda del altar mayor, en la parte del Evangelio (González Carballo 2002b:170). Ese mismo año una cofradía de legos se había establecido en la iglesia para dar culto al Santísimo Sacramento y entierro digno a sus hermanos. Las actas más antiguas que se conservan de la hermandad datan de 1594. Este tipo de hermandades comienzan a proliferar en las parroquias sevillanas gracias a la labor de Teresa Enríquez, que en 1511 llega a Sevilla con el séquito del Rey Fernando el Católico trayendo una bula papal que la autorizaba a realizar estas fundaciones con las mismas gracias que la de San Lorenzo y Dámaso, de Roma (Roda 1998:27).
     Respecto a las Criptas de enterramientos, tenemos constancia de la existencia para finales del siglo XVI de, al menos, una ubicada en la capilla mayor en la nave de la Epístola. Todos los registros de enterramientos correspondientes a este periodo hacen men­ción a esta bóveda
El momento de apogeo: siglo XVII - inicios siglo XVIII
     Para este periodo contamos con gran cantidad de noticias referidas a la iglesia entre las que destacan las tres visitas que se realizan por parte de los visita­dores generales de la Orden en los años 1648, 1655 y 1677. En ellas se nos da noticia del estado de la iglesia y del funcionamiento de la parroquia. Asimismo, han sido de gran interés los datos aportados por los Libros de Enterramiento de los que se han conservado los comprendidos entre los años de 1570 y 1836 que ofrecen información sobre la localización de las criptas y altares, así como del ritual funerario.
     A través de la documentación recopilada se observan ciertas reformas en la iglesia, fruto de la nueva religiosidad surgida tras el Concilio de Trento (1545-1563), en la que se potencia el culto a la eucaristía. Es por ello que en 1648 se ordena la localización del Sagrario, que estaba colocado en el lateral del evan­gelio, en el altar mayor. Hasta ese momento era habitual que éste no estuviese expuesto en el retablo mayor, sino apartado de los fieles. Con esto se pre­tendía acercar el Santísimo Sacramento al pueblo.
     Para ello, o bien se colocan las sagrarios en el altar mayor, o se realizan capillas sacramentales donde se guarda la eucaristía y el fiel puede tener un encuentro más íntimo con la divinidad.
     En este momento la Hermandad Sacramental de San Juan de Acre se encuentra en un periodo de florecimiento. Prueba de ello es la realización de una capilla para dicha hermandad "entre el altar mayor y la puerta de la torre", es decir, en el muro de la izquierda de la nave de la epístola.
     El retablo de San Juan se mantiene prácticamente tal y como lo describen para el siglo XVI, si bien se añade a ambos lados las esculturas de un San Antonio con un niño Jesús en la mano y la Virgen María.
     Una de las imágenes de mayor devoción será el Santo Cristo de la Columna que, como se ha comentado, tenía retablo propio en la iglesia. Tal es el fervor que en 1649, con motivo de la epidemia de peste que azota la ciudad, la imagen es sacada en procesión. Con este mismo fin se organizó en la ciudad una procesión a la Catedral con la imagen del Santo Cristo de San Agustín, del convento de este nombre, así como con la Virgen de la Hiniesta de la Parroquia de San Julián. Paralelamente, los feligreses de San Juan de Acre organizan, como jurisdicción propia que son, su particular rogativa ante tal calamidad, con su mayor imagen devocional. Así, el Santo Cristo salió de la Parroquia de San Juan para llegar a la capilla de la Virgen de la Estrella, que sería el lugar en el que se celebraría la ceremonia religiosa para pedir el cese de la epidemia.
     A fines del siglo XVII e inicios del siglo XVIII, se funda dentro de la iglesia la Hermanad de la Virgen del Rosario. El auge de los rosarios públicos durante este periodo tendrá su reflejo en la Parroquia de San Juan, en la que se comienza a dar culto a una imagen de la Virgen bajo esta advocación y que junto con la de la Estrella, que se veneraba en su capilla propia, serán los referentes devocionales del compás, sustituyendo al Santo Cristo de la Columna. La imagen estaba situada en una capilla con su retablo correspondiente localizada en la nave de la epístola, frontero al altar mayor.
     A través de menciones puntuales sabemos también que la iglesia constaba de un coro ubicado en la nave menor, un púlpito de madera viejo y una pila bautismal. La presencia de esta última era obligada al tratarse de una iglesia parroquial para la administra­ción del sacramento del bautismo. Sobre ésta se encontraba un armario en el que estaban deposita­das las crismeras de plata, es decir, tres recipientes en los que se guardaba el óleo catecumenal (con el que se unge a los que van a bautizarse), el óleo de enfer­mos (para ungir a los que reciben el Sacramento de la Unción de Enfermos) y el Santo Crisma. La situación de ésta, siguiendo la tradición cristiana, sería a la izquierda de la puerta principal, inmediatamente tras ella. Ello tiene un valor simbólico, ya que el catecúmeno entra a formar parte de la iglesia mediante este acto, de ahí la colocación de la pila a la entrada del templo.
     Respecto a los espacios dedicados a sepultura durante este periodo, las partidas de defunción mencionan la existencia de tres criptas o bóvedas. Una de ellas, la denominada "bóveda de en medio", ubicada en la nave del Evangelio, frente a la puerta principal, debajo del altar de San Juan Bautista. El hecho de que esta capilla sea la mencionada para el entierro de dos priores de la Orden nos hace suponer que se trata de la denominada con posteriori­dad "bóveda prioral".
     Otra era la "bóveda del Santo Cristo de la Columna" que aparece mencionada desde 1627 y que, a par­tir de 1708, pasa a ser la cripta de enterramiento de la Hermandad Sacramental y de la que desconocemos su ubicación. Esta cripta va a ser la más solicitada entre los feligreses durante el siglo XVII, fruto de la gran devoción que había por esta imagen.
     A partir de 1733 se menciona la bóveda de Nuestra Señora del Rosario, ubicada bajo la capilla que tenía dicha imagen a los pies de la nave de la Epístola.
     Estos lugares de sepultura eran espacios privilegia­dos dentro de la iglesia y estaban reservados tradicionalmente a las clases acomodadas y a los miembros de la jerarquía eclesiástica de la Orden. Dentro de la iglesia, la distribución del espacio estaba en relación directa con el nivel económico y social del difunto. Así, el precio pagado por un enterramiento dependía, en buena parte, de su ubicación en el tem­plo, atendiendo a la creencia generalizada de que una mayor cercanía al altar mayor era equivalente a la cercanía con el cielo por ser el lugar sagrado por excelencia. (Bárbara Hernández, 1790).
Decadencia y ruina. Mediados del siglo XVIII - Mediados del siglo XIX
     La decadencia económica, demográfica y social que experimentó la jurisdicción de San Juan de Acre desde la segunda mitad del siglo XVIII, propició el paulatino abandono de su iglesia.
     Entre 1737 y 1749 D. Juan Lombo, Teniente Prior, queda al frente del compás. Durante el ejercicio de su cargo comienzan a detectarse los primeros síntomas del estado de postración que va a sufrir el compás, siendo una muestra el pleito por los "excesos cometidos" por el propio prior.
     En 1752, cuando fray D. Antonio Castaño y Guerrero fue nombrado prior de San Juan de Acre encontró la iglesia "sin pila baptismal ni campana maior, baptizando en una palangana mucho tiempo havía, y toda la yglesia llena de goteras; y la asotea de la torreo campanario hundida, que quando llobía no se podía entrar en dicha yglesia; sus ornamentos todos destrosados y aniquilados".
     Este deterioro estuvo asociado a un declive social y "moral advertido por las autoridades y vecinos del compás,... el experimento que tengo en el tiempo que resido en esta iglesia, es la falta de culto y adoración de los fieles de esta parroquia y sus cercanías, tan indevotos a su concurrencia, que sólo en los casos que por precepto les obligan, concurren a ella. Me informé de los más antiguos en estos contornos si había sido así siem­pre, a que me respondieron que no, y que era principal parte de causales para su tibieza, la falta de misas que en ella había, pues los unos se iban a donde las hallaban a las horas regulares de la mañana, y otros se que­ daban sin hacer la diligencia por no dilatarse a otras iglesias, o por sus ocupaciones u omisiones de sus relajadas devociones..."
     Otro de los síntomas de la decadencia del barrio y del declive económico de la población es la presencia, a partir de mediados del siglo XVIII, de una cripta destinada a los feligreses más pobres. En 1753 aparece la primera mención a "la bóveda común" a la que también se denomina como "bóveda última", localizada a los pies de la iglesia. Parece que es una cripta que se realiza en este momento, apareciendo de manera constante en los registros de enterramiento señalán­dose habitualmente que se trata de entierros de "beneficio" o "de limosna".
     El estado de precariedad en el que se encontraba la iglesia se acentuó terriblemente tras el terremoto de Lisboa, que en 1755 hizo estragos en la ya maltrecha fábrica de la iglesia, a lo que se unió la mala gestión de los escasos recursos con los que contaba la parroquia. En 1776 el maestro alarife Juan de Silva realiza un reconocimiento del templo en el que informa que es necesario, ante el estado de ruina que presenta el edificio, "derrivar dos paredes y levantar las paredes del cuerpo de la iglecia y capilla maior una vara, para dar más corrientte a las aguas". Además, "Las puerttas de la iglecia se hallan tan indecenttes y con tan poca segurida que se halla hacer presiso hacerlas nuevas". Al reconocer el techo encuentra que la mayoría de los elementos de la armadura de madera en ambas naves están "desechos y fuera de su sittio''. Sin embargo, tras este reconocimiento no hay la consiguiente obra de reparación, lo que acarrea que en el año 1789 se caiga la techumbre de la nave menor.
     Otro nuevo desplome tendrá lugar el 9 de Febrero de 1792, en el que "estando tocando a misa el sacristán se vino abajo la mitad del campanario''. Esta situación hace que por primera vez, ante la imposibilidad de acometer la restauración deseada de la iglesia, se plantee el traslado de la parroquia a la vecina capilla de la Virgen de la Estrella, que pertenecía a la jurisdicción. Esto será una constante desde ahora, ante el peligro que representaba para la integridad física de fieles y clero la celebración del culto en tan ruinoso edificio. El 11 de Febrero de este mismo año el maes­tro albañil José de la Chica reconoce la iglesia y orde­na que se derribe una capilla que se estaba comenzando a desplomar considerando que es necesario "desbaratar la armadura que cubre dicha yglesia (...) construyéndolo todo de nuebo''.
     Las autoridades de la encomienda, conscientes de la importancia de conservar y mantener los recintos sagrados, "destruida la iglesia es consiguiente la despoblación del territorio", expusieron en numerosas ocasiones el estado ruinoso de las propiedades de la Orden. Son frecuentes los ruegos a los Grandes Priores de la Orden para que se concedan rentas que permitan su restauración. No obstante, las rentas percibidas no permitieron hacer frente a los gustos derivados del culto religioso (salarios, ostias, ropas, reparos de fábricas) ni atender a los feligreses del compás, "los más pobres del pueblo".
     Tras las continuas súplicas realizadas el 26 de Agosto de 1804, el Infante Don Pedro de Borbón, Gran Prior de la Orden, autoriza el traslado de la parroquia a la vecina Capilla de la Virgen de la Estrella mediante el oficio del Conde de Limera, exponiendo que esta decisión es con carácter provisional, mientras tiene lugar la restauración de la iglesia. Sin embargo, tal restauración nunca llegaría y en 1815 se procedió al derribo de la nave que quedaba considerando que su estado ruinoso impedía cualquier reparación.
     Tres años más tarde se solicita autorización al Infante Carlos María Isidro, para que "habiendo venido a ruina la yglesia de dicha jurisdicción y la casa prioral" pueda ser cedido en censo enfitéutico un solar que ocupa parte de la iglesia. En 1820 se concede licencia para que los materiales de ésta puedan ser enaje­nados.
     El nuevo propietario de los terrenos terminó por arrasar lo poco que debía quedar de la iglesia, ya que como se denunció poco más tarde "(...) tuvo la audacia de romper las bóvedas para sacar el material y extrajo precisamente porque le estorbaban, los cadáve­res, huesos y reliquias para labrar un huerto a su antojo, introduciéndose hasta dos varas de profundidad." El espacio que ocupó la iglesia de San Juan fue así convertido en huerto.
     En las primeras décadas del siglo XIX, en puertas de la promulgación de los decretos desamortizadores  de 1836 que supondrían la extinción de la jurisdicción excepta de San Juan de Acre y la incautación de las propiedades de la orden sanjuanista, el compás presentaba una imagen desoladora (Jesús López. La Iglesia parroquial de San Juan de Acre, en San Juan de Acre. La historia recuperada de un barrio de Sevilla. Ayuntamiento de Sevilla. Sevilla, 2007).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Juan Bautista, precursor del Señor; 
EL ÚLTIMO DE LOS PROFETAS DE ISRAEL Y EL PRECURSOR DEL MESÍAS

   San Juan Bautista (en su traducción de los Cuatro Evangelios -1943-, Hubert Pernot sustituyó la denominación usual de San Juan Bautista por la de San Juan el Inmersor, pero la innovación no tuvo eco), el Precursor o, como dicen los griegos, el Prodromos del Mesías, es la "fíbula" viva que une el Antiguo con el Nuevo Testamento. Pertenece al reino de la Ley y al mismo tiempo al reino de la Gracia: ha vivido sub lege y sub gratia.
   Aunque su historia sea contada en el Nuevo Testamento, no se podría separar de los profetas de la Antigua ley: es el último y el más grande de la estirpe ¿Acaso el propio Cristo no lo ha llamado profeta y más que un profeta? "Hic est enim propheta et plus quam propheta." Pasa por ser la reencarnación del profeta Elías: "Delante del cual irá él, con el espíritu y la virtud de Elías", dice Lucas (1: 17).
   La piedad popular y el arte cristiano siempre le han reservado un lugar aparte de los apóstoles y de los santos. En la Coronación de la Virgen, del primitivo artista de Aviñón Enguerrand Quarton (1453), San Juan esta en las filas de los profetas, en el lado opuesto a San Pedro y a los apóstoles. En la Asunción del Libro de Horas de Étienne Chevalier, Jean Fouquet lo sitúa junto a Moisés. A principios del siglo XVI, en su pintura La Adoración de la Santísima Trinidad por todos los santos o de la Santísima (Allerheiligenbild) en el Museo de Viena, A. Durero, fiel a la tradición, sitúa a Juan el Bautista en la cohorte de los justos del Antiguo Testamento, junto a Moisés y el rey David.
   Pero si Juan Bautista es el último de los profetas, también es el primero de los mártires de la fe de Cristo. Merecería, más que el díácono Esteban, el título de protomártir. La Iglesia le rinde el mismo culto que a los santos. En la hagiografía ocupa un lugar análogo al de San Miguel, venerado como arcángel y como santo al mismo tiempo.
   Así se explica que pueda figurar dos veces en un mismo programa iconográfico, donde representa simultáneamente el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el caso de la portada de la iglesia de San Servais, de Maastrich, donde se encuentra en los dos derrames: a la izquierda, pisoteando a Herodes y a Herodías, y a la derecha, bautizando a Cristo en el Jordán.
HISTORIA
   La historicidad de San Juan ha sido discutida tanto como la de Cristo. Ciertos mitólogos lo identifican, como a Jonás, con el dios pez babilonio Oannes. 
  El historiador judío Josefo dice sólo que su predicación inspiraba gran esfervecencia en el pueblo, lo cual provocó su detención (Antigüedades judías, Lib. XVIII). Ese relato no concuerda con las fuentes cristianas.
   Brevedad de los Evangelios canónicos. Lo que las Sagradas Escrituras nos enseñan acerca de su vida puede resumirse en pocas palabras.
   Hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, prima de la Virgen María, recibió el nombre de pila Johanan o Jochanaan. Se retiró muy joven al desierto de Judea para llevar allí una vida ascética y predicar la penitencia. En Jesús, que se hizo bautizar por él en el Jordán, reconocía al Cordero de Dios, al Mesías anunciado por los Profetas. Ese acontecimiento capital habría ocurrido en el año 28.
   Arrestado en el 29, en la fortaleza transjordana de Macarea o Macerón (Mekavar) por el tetrarcade Galilea Herodes Antipas, cuyo matrimonio con Herodías, que era su sobrina y su cuñada a la vez (Herodes no podía justificarse por la ley judía de los levitas puesto que Herodías tenía cuatro hijos de su primer matrimonio), se había atrevido a censurar, fue decapitado sin que Jesús interviniese para salvarlo.
   Sólo en Marcos y en Mateo encontramos el relato de la Pasión de Juan desde su detención hasta su decapitación. El cuarto Evangelio no hace ninguna alusión al hecho, y San Pablo calla al respecto.
   Las adiciones de los Apócrifos. Sobre ese delgado cañamazo bíblico la leyenda bordó innumerables anécdotas que inspiraron al arte cristiano durante siglos. 
   Los hagiógrafos desprovistos de imaginación recurrieron a otras fuentes mal disfrazadas. El evangelista Lucas ya había dado un ejemplo en tal sentido, contando el anuncio del nacimiento de San Juan Bautista según el modelo de los nacimientos de Isaac (Gen. 18: 10), de Sansón (Jue. 13:2) y de Samuel (I Rey. :1). El ángel Gabriel se apareció a Zacarías y le anunció el nacimiento de un hijo que se llamaría Juan. Zacarías, tan escéptico como la vieja Sara, respondió que era demasiado anciano, al igual que su mujer, como para creer en esta buena noticia. Para castigarlo por su incredulidad, el ángel le declaró que permanecería mudo hasta el día en que se realizara la promesa divina.
   La Virgen embarazada fue a visitar a su prima Isabel. Al acercarse Jesús, el niño se estremeció de alegría en el vientre de su madre.
   El mismo día de su nacimiento, contrariando la costumbre judía, recibió el nombre de Juan: tan pronto como su padre Zacarías, que hasta entonces permaneciera mudo, lo escribió sobre una tabla, recuperó la palabra; su lengua se liberó y se repuso de su largo silencio profetizando.
   De acuerdo con una tradición que se remonta Orígenes y a San Ambrosio, y que ha sido recogida por Pedro Comestor y por Jacopo de Vorágine en la Leyenda Dorada. el futuro precursor habría sido recibido en su nacimiento por la Virgen María. Buenaventura cuenta que María tomó en sus brazos al hijo de Isabel. El niño fijaba la mirada en ella como si hubiese comprendido quién era y cuando ella quiso devolverlo a su madre, él inclinaba la cabeza hacia la Virgen y sólo parecía encontrar placer en ella.
   Lucas no dice nada acerca de la infancia de Juan Bautista, pero los Apócrifos colman la laguna. Ahí se inventa la huida de Isabel con su hijo en el momento de la Matanza de los Inocentes, fuga poco motivada puesto que habitaban lejos de Belén.
   Retirado en el desierto (o en los bosques), Juan, vestido con una túnica de pelo de camello, se contenta con alimentarse de langostas (este alimento no tiene nada de anormal para un habilitante del desierto. Todavía en la actualidad los árabes comen sin asco alguno langostas secas, limpias de élitros, que se venden a espuertas en los mercados al aire libre o en los zocos. Han seguido "acridófagos". No obstante, numerosos comentaristas piensan que un asceta sólo podía ser vegetariano y pretenden que la palabra akrides ha sido traducida por langostas pero que debería interpretarse como brotes tiernos o frutas silvestres, quizás algarrobas , que en alemán se llaman Johannessbrotfrüchte -panes de San Juan-. Cf. Henri Grégoire, Les sauterelles de saint Jean-Baptiste, 1930. En inglés el algarrobo se denomina locust-tree, y las algarrobas locust-beans) y miel silvestre (locustae et mel sylvestre). Exhorta a la penitencia a sus discípulos, que lo toman por el Mesías, anunciándoles que el Reino de los Cielos está próximo.
   Después del Bautismo de Cristo deja de predicar. Como Natán censurando el adulterio de David, reprocha al tetrarca de Galilea Herodes Antipas el incesto con su cuñada. Para vengarse, Herodías aconseja a su hija Salomé, que había embrujado al tetrarca con su danza, que le pida como recompensa la cabeza de San Juan Bautista.
   Según el Evangelio de Nicodemo, habría precedido a Cristo en los Infiernos, donde habría servido de anunciador, igual que en la tierra.
   El profeta fue perseguido aún después de su muerte: se contaba que el emperador Juliano el Apóstata, para poner fin al culto que se le rendía, hizo desenterrar y quemar sus huesos.
   Puede advertirse lo que agregan los Apócrifos al relato de los Evangelios canónicos: la presencia de la Virgen en el nacimiento de Juan, la leyenda de la montaña que se abre frente a la madre y al niño, su descenso a los Infiernos donde precede y anuncia a Cristo, la incineración de sus reliquias.
   La ciencia moderna. El descubrimiento de los manuscritos hebreos en el desierto de Judá, al fondo de las grutas cavadas en los cantiles del mar Muerto, en 1947, ha renovado nuestro conocimiento de los orígenes del monacato cristiano. Sobre todo se descubrió que las prácticas y enseñanzas de los Esenios había ejercido profunda influencia en la predicación del Bautista. La traducción de los rollos del mar Muerto sin duda confirmará esta filiación espiritual.
CULTO
   San Juan Bautista es el primero en la jerarquía de los santos. Su primado es reconocido por la liturgia. En las Letanías se lo invoca inmediatamente después de los arcángeles, antes que a San José, esposo de la Virgen. En el Confiteor, su nombre es enunciado antes que el de San Pedro, príncipe de los Apóstoles. San Pedro Crisólogo lo glorifica como un superhombre, el igual de los ángeles: major homine, par angelis.
FIESTAS
   Por un privilegio excepcional, la Iglesia celebra el día de su nacimiento y el de su muerte: su Natividad es el 24 de junio, su Decapitación el 29 de agosto. Ahora bien, sólo hay otras dos Natividades inscritas en el calendario litúrgico, la del Mesías y la de la Santa Virgen.
   Antiguamente había incluso otra fiesta de San Juan Bautista, la de la Concepción de San Juan Bautista. Celebrada en Oriente, en el calendario romano ha sido reemplazada por la Visitación, que conmemora implícitamente la santificación de San Juan en el vientre de su madre.
   La fiesta de la Natividad de San Juan, fijada en junio, seis meses antes de la Natividad de Jesús, se llamaba en otros tiempos Navidad de verano. Durand de Mende nos enseña en su Rational (VII, 14) que entonces, como en la Nochebuena, se cantaba un doble oficio: el primero al anochecer y el segundo a medianoche.
   Más popular todavía, la Pasión o Decapitación, celebrada en agosto, reemplaza fiestas paganas que el cristianismo, consciente de la fuerza de su tradición, supo desviar en su provecho. Los fuegos encendidos en las cimas durante el solsticio de verano, después de la puesta de sol, se convirtieron en los fuegos de San Juan.
RELIQUIAS
   El culto de los santos generalmente está fundado en sus milagros y sus reliquias. Ahora bien, los judíos nunca han atribuido al Bautista un solo milagro y sus reliquias habrían sido reducidas a cenizas.
   Un panegirista de San Juan que escribiera en el siglo XII, se alegra de que éste no haya sido elevado al cielo como Cristo, la Virgen y San Juan Evangelista, porque si hubiese resucitado -agrega, ingenuamente- estaríamos privados de sus reliquias.
   A decir verdad, la historia de la combustión de los huesos de San Juan por órdenes de Juliano el Apóstata resultaba muy molesta porque parecía quitar a los santuarios de la cristiandad toda esperanza de conquistar las reliquias del primero de los santos. En verdad, quedaban las cenizas que los genoveses se jactaban de haber recogido. Pero se las arreglaron para sortear el obstáculo: se supuso que la combustión no había sido total y que un discípulo había conseguido sustraer al fuego huesos que fueron transportados a Alejandría y se difundieron y multiplicaron a través del mundo.
   Numerosas iglesias se disputaban la gloria y las ventajas de poseer las reliquias del Precursor. A causa de una confusión de nombre, se considera que la tumba de San Juan Damasceno en la mezquita de los Omeyas de Damasco contiene el cuerpo de San Juan Bautista.
   Los Juanistas o Caballeros de San Juan habrían recogido un brazo en su iglesia de Malta.
   Las pequeñas iglesias se contentaron, modestamente, con los dedos del Precursor. San Juan de Maurienne poseía su pulgar y San Juan del Dedo -en Bretaña- el índice, todavía más precioso, que señaló al Cordero de Dios a orillas del Jordán.
   El duque Juan de Berry legó a los cartujos de París el mentón y las sandalias de su santo patrón contenidos en un relicario de plata.
   Pero la reliquia más codiciada era la cabeza del decapitado que Constantinopla pretendía poseer en el monasterio de Studios.
   Sólo en Italia se conocían cinco ejemplares de su cabeza. En dos iglesias de Roma, S. Silvestre in capite y S. Juan de los Florentinos, en S. Lorenzo de Génova, en S. Marcos de Venecia y en la catedral de Anagni.
   A las pretensiones italianas se oponían las reivindicaciones francesas. En 1204, después de la cuarta Cruzada, un canónigo de Picardía habría llevado desde Constantinopla a Amiens la parte anterior de la cabeza de San Juan Bautista con la marca del cuchillo de Herodías. La parte posterior de la "cabeza del Señor San Jehan" había quedado en Constantinopla. San Luis la adquirió a precio de oro para la Sainte Chapelle; era la pieza más preciosa del tesoro, después de las reliquias de la Pasión.
   Otra cabeza (de otro San Juan), encontrada en 1014 y conservada en un magnífico relicario, atraía a los peregrinos a San Juan de Angély, en Saintonge (Calvino se burla en su Tratado de las Reliquias: "Los de Amiens se jactan de tener el rostro y la máscara que muestran hay una marca de una cuchillada sobre el ojo que dicen que le asestó Herodías. Pero los de San Juan de Angély los contradicen y muestra la misma parte."). Santa Verónica habría aportado a Bazas una "mappula" con la cual habría secado la sangre del Precursor en la prisión.
   En España, la iglesia de San Isidoro de León se jactaba de poseer la mandíbula del Precursor.
   A causa de esta multiplicación, a finales de la Edad Media se contaba doce cabezas y sesenta dedos del Bautista, lo cual es evidentemente excesivo. Pero como sólo se presta a los ricos, se han atribuido al Bautista huesos que pertenecían a sus homónimos, tales como San Juan de Edesa.
LUGARES DE CULTO
   La popularidad de San Juan está probada no sólo por el número paradójico de sus reliquias que parece haber tenido, como el fénix, el privilegio de renacer de sus cenizas, sino además por la multitud de iglesias puestas bajo su advocación.
   Roma no le consagró menos de ocho, la más célebre de las cuales es San Juan de Letrán, madre de todas las iglesias, "omnium ecclesiarum mater et caput", fundada por Constantino, el primer emperador cristiano. En Italia era, además, patrón de Génova, de Florencia -que estampaba en sus florines la imagen de San Juan Bautista- y de Turín, que le dedicó su catedral.
   En Venecia, la iglesia de San Giovanni Decollato se llama en dialecto San Zan Degola.
   En Francia, le están dedicadas numerosas catedrales, especialmente la de Lyon, sede del Primado de las Galias. Además, era venerado en Perpiñán, que le dedicó dos iglesias: San Juan el Viejo y San Juan el Nuevo, en Bazas; San Juan de Angély en Saintonge; San Juan del Dedo en Bretaña, San Juan de Maurienne en el Delfinado y la abadía de San Juan de las Viñas en Soissons.
   A ello hay que agregar que los baptisterios que en otros tiempos se levantaban junto a las catedrales, estaban obligatoriamente consagrados al Bautista: tal es el caso del baptisterio San Juan de Poitiers; de San Giovanni in Fonte, en Ravena, y los baptisterios de Parma, Pisa y Florencia. En Francia se los llamaba San Juan de las Fuentes o San Juan el Redondo, a causa de su planta circular.
   Numerosas órdenes religiosas o militares se vindican de San Juan Bautista: Los caballeros de San Juan de Jerusalén expulsados a Rodas por la reconquista musulmana, que luego pasaran a Malta; los cartujos, cuya devoción se repartía entre San Juan, patrón de los ascetas y San Bruno, fundador (Claus Sluter lo ha representado en la portada de la Cartuja de Dijon como patrón de los Cartujos, protegiendo a Felipe el Atrevido. La cartuja del Valle de la Bendición, fundada por el papa Inocencio VI en Villeneuve de Aviñón, originalmente estaba consagrada a San Juan Bautista; por ello los frescos de la capilla ilustran escenas de su vida. En España, Fernando Gallego pintó para la Cartuja de Miraflores un ciclo de la historia del Bautista) de la orden.
   En 1310, en Haarlem, se fundó una Encomienda de la orden de San Juan. Para ella fue ejecutado el gran retablo de Geertgen Tot sint Jans, uno de cuyos paneles se encuentra en el Museo de Viena.
CULTO POPULAR
   Numerosos santos nunca han recibido más que un culto litúrgico y, por así decir, oficial, pero San Juan Bautista es, por el contrario, el tipo del santo popular.
   Los fuegos de San Juan, las hierbas de San Juan (las verbenas) son una herencia del paganismo que sobrevive en el folklore cristiano.
   Las corporaciones y las cofradías se disputaban el patronato de tan poderoso intercesor: por ello su imagen es tan frecuente en los báculos procesionales de las cofradías.
   San Juan Bautista era el patrón de los sastres porque se vistió a sí mismo en el desierto; de los peleteros, a causa de la túnica de pelo de camello; de los fabricantes de cinturones, zurradores y talabarteros porque llevaba cinturón de cuero; de los cardadores de lana porque tenía un cordero como atributo.
   En Florencia había adquirido la clientela del Arte di Calimala, es decir, del gremio de comerciantes de paño francés.
   En memoria del festín de Herodes, era venerado por los posaderos. La prisión le valió la clientela de los pajareros porque también él había sido metido en una jaula y su decapitación la de los cuchilleros y afiladores porque le habían cortado la cabeza.
   A causa de su prisión y decapitación también era el patrón de los prisioneros y condenados a muerte. Las cofradías de la Misericordia que se habían fijado como misión acompañar a los condenados al suplicio y sepultarlos, habían elegido como emblema la cabeza de San Juan en una bandeja. Por eso la capilla de los Penitentes Negros de Aviñón, adosada a la prisión, está dedicada a San Juan Bautista, y los bajorrelieves de la fachada representan a dos ángeles que llevan su cabeza en una bandeja.
   Sin embargo, a primera vista se explica difícilmente, que también sea el patrón de cantores y músicos. En este sentido, es necesario recordar que los nombres de las notas de la escala han sido tomadas por el monje benedictino Guido d'Arezzo de un himno en su honor: ut (luego do), re, mi, fa, sol, la son las sílabas iniciales de los versos donde se lo celebraba, y la nota si está compuesta por la S y la I de San Juan (Sancte Iohannes), invocada al final de la estrofa.
   Como todos los santos populares, el Bautista era también un santo curador.
   La cabeza de San Juan en una bandeja (Johannischüsse) era objeto de una particular devoción por parte de los fieles que sufrían de migraña o jaqueca: se les presentaba la bandeja de San Juan, y a veces incluso se les colocaba su cabeza de metal hueco para "aspirar" la enfermedad.
   En Amiens, la cabeza de San Juan curaba la epilepsia (se llamaba a la epilepsia el mal de San Juan). En San Juan de las Viñas de Soissons, a donde los pacientes acudían en peregrinación, se lo invocaba contra las enfermedades de garganta, las anginas y los ahogos.
   En el Tirol, los campesinos conseguían la curación de los dolores de cabeza dando tres vueltas en torno al altar con una "Johannisschüssel" (algarroba). Arrojada al agua, la cabeza de San Juan ayudaba a a encontrar los cuerpos de los ahogados.
   A causa del Bautismo en el Jordán, tradicionalmente se consideraba a San Juan protector de las fuentes.
   En Rusia, los popes recomendaban abstenerse de todo fruto o legumbre, pera o calabaza cuya forma pudiera recordar la de la cabeza humana en el día de la fiesta de la Decapitación del Prodromo.
   Si a todas esas creencias populares se suma el hecho de que los nombres de San Juan y Juana eran extremadamente usuales en todos los países y que su empleo hacía que quienes lo eligieran se hicieran pintar bajo la protección de su santo patrón, se explica fácilmente la profusión de imágenes de San Juan en el arte cristiano.
ICONOGRAFÍA
   Tipos
. La mayoría de los santos no tienen más que un tipo iconográfico. A nadie se le ocurriría representar un San Pedro o un San Pablo niños. Pero San Juan Bautista aparece en el arte cristiano, por el contrario, con dos aspectos diferentes: como niño y como adulto, como compañero de juegos del Niño Jesús y con los rasgos de un predicador ascético. Desde este punto de vista puede compararse con David, representado ya como joven pastor vencedor de Goliat, ya como rey coronado tocando el arpa.
San Juanito
   Fue el Renacimiento italiano el que popularizó el tipo del bambino de cabellos rizados jugando respetuosamente con el Niño Jesús bajo la tierna vigilancia de la Madona.
   El tema del pequeño San Juan asociado con el Niño Jesús no tiene fundamentos alguno en la Biblia, porque si hay que creer en el testimonio de San Juan Evangelista (1: 31), el Bautista habría dicho al ver a Jesús avanzar hacia él para ser bautizado en las aguas del Jordán: "Yo no le conocía".
   Pero se explica sin dificultad el atractivo que un tema semejante debía ejercer sobre los pintores de la maternidad y de la infancia. Según Botticelli, fue Leonardo da Vinci quie en su Virgen de las Rocas ha ofrecido el modelo más perfecto de esas Sagradas Familias ampliadas que luego inspiraron a Rafael (bastará recordar la Madonna della Tenda en la Pinacoteca de Munich; la Virgen del vel o y ls Sagrada Familia de Francisco I, en el Museo del Louvre) y a Murillo tantas obras maestras de gracia conmovedora.
   Señalemos sólo que desde el punto de vista iconográfico ese tema se presta a las variaciones más delicadas: San Juanito es ya el compañero del Niño Jesús al que entrega su cordero, ya el adorador de Aquél a quién, a la sazón, confusamente, siente "mayor que él" ¡Pero cuántos matices entre la camaradería y la adoración!
   Aunque los dos niños hayan nacido con algunos meses de intervalo, la diferencia de edades está muy marcada: Juan aparece siempre muy claramente como el mayor.
   Los artistas florentinos del Quattrocento representaron a San Juan adolescente con los rasgos de un efebo imberbe de nerviosa elegancia (Donatello, Verrocchio) o de gracia andrógina (da Vinci).
   En el siglo XVII, Murillo lo transformó en muchacho andaluz.
   En el siglo XIX, los escultores franceses Paul Dubois y Dampt enriquecieron el tema.
San Juan adulto
   Por encantador que resulte el tipo pueril o juvenil del Giovannino italiano, San Juan aparece en el arte cristiano casi siempre con los rasgos de un asceta demacrado "alimentado con langostas y miel silvestre", predicando la penitencia en el desierto de Judea.
   El arte realista de finales de la Edad Media y del Renacimiento lo representa de buena gana como un faquir esquelético, uno yogui hindú o un beduino nómada macilento y quemado por el sol, de barba descuidada y cabellos hirsutos.
   No obstante, ese San Juan ascético de origen oriental estuvo precedido por representaciones de tipo pastoral o sacerdotal en las manifestaciones paleocristianas de Ravena.
   Vestimenta. Según los Evangelios de Mateo (3, 4) y de Marcos (1, 6), está vestido con una túnica corta (exomis). Pero su vestidura característica es un sayo de pelo de camello (trikhinon himation) ajustado en la cintura mediante un cinturón de cuero. (Joannes erat vestitus pilis cameli et zona pellicea circa lumbos ejus.) En el arte pictórico del siglo XV, la piel de la cabeza del camello pende entre sus piernas. La piel manchada de un tigre que viste en un mosaico bizantino de Parenzo, en Istria, es una excepción. El sayo tejido con pelo de camello se reemplazó en Occidente con una piel de oveja o de cabra que le deja los brazos, las piernas y hasta una parte del torso desnudos. El palio púrpura que tiene encima en la escena de la intercesión del Juicio Final, alude a su martirio.
   Atributos. En el arte bizantino, está representado como un ángel con grandes alas (alígero). Esta concepción del Prodromo alado se remonta a una profecía de Malaquías (3:1): "He aquí que envío a mi mensajero para preparar mi camino, el ángel de la Alianza que deseáis." En el principio del Evangelio de San Marcos (1:2), se lo califica de mensajero celestial; no es otra cosa que la traducción literal de las palabras de Cristo que lo glorifica como "el igual de un ángel".
   En su mano, como los santos "cefalóforos", tiene una bandeja con su cabeza cortada: con frecuencia esa bandeja es reemplazada por un cáliz donde reposa como una hostia viva el Niño Jesús desnudo.
   Sus atributos son muy diferentes en el arte de Occidente. El más frecuente es el cordero cruciforme que presenta en un tondo, en un pliegue de su manto, apoyado sobre un libro o derramando su sangre en un cáliz, a sus pies. Ese símbolo es el que conviene más a un Precursor, puesto que saluda a Jesús diciendo: "He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo."
   Con frecuencia tiene una cruz de cañas en la que una filacteria lleva la inscripción: Ecce Agnus Dei. Un panal de miel alude a su alimento en el desierto.
   Por el índice elevado expresa, como el arcángel Gabriel, su misión de Anunciador (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la desaparecida Iglesia de San Juan de Acre, en el también desaparecido barrio homónimo, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la calle Mendigorría, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 17 de agosto de 2026

Los principales monumentos (Colegio-Seminario de la Inmaculada Concepción, Casa de Cabildos - Museo Municipal, Ayuntamiento, Arco de la Magdalena y Casas Señoriales, Alcazaba, Iglesia de San Juan Bautista, Arquitectura Popular, Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, Carnicerías Nuevas, Convento de Santo Domingo - Teatro Dengra, Palacio de los Marqueses de Cadimo, Casa del Pósito, Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, Casa del Duque del Infantado, Colegio de la Presentación, Iglesia de Santiago, Baño de la Judería o de la Marzuela, Pilar de los Caños Dorados, Convento de San Antón, Palacio de los Enríquez, y Monasterio de San Jerónimo) de la localidad de Baza II, en la provincia de Granada

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Colegio-Seminario de la Inmaculada Concepción, Casa de Cabildos - Museo Municipal, Ayuntamiento, Arco de la Magdalena y Casas Señoriales, Alcazaba, Iglesia de San Juan Bautista, Arquitectura Popular, Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, Carnicerías Nuevas, Convento de Santo Domingo - Teatro Dengra, Palacio de los Marqueses de Cadimo, Casa del Pósito, Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, Casa del Duque del Infantado, Colegio de la Presentación, Iglesia de Santiago, Baño de la Judería o de la Marzuela, Pilar de los Caños Dorados, Convento de San Antón, Palacio de los Enríquez, y Monasterio de San Jerónimo) de la localidad de Baza II, en la provincia de Granada.



Colegio-Seminario de la Inmaculada Concepción.-
     Este establecimiento, situado en la Plaza Ma­yor en ángulo con la Colegiata, fue inaugurado en 1624. La portada, descentrada, con arco de medio punto flanqueada por pilastras suspendidas, se atribuye al maestro Bernardo de Sola Aparicio. En el interior presenta una sencilla estructura, ordenada en torno a un patio central porticado con pilares de ladrillo, material que preside la fachada principal junto al tapial. Perdió su función en 1851, cuando las colegiatas se convirtieron en parroquiales, destinándose a colegio de enseñanza primaria (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 

Casa de Cabildos - Museo Municipal.-

     Decidida su construcción hacia 1530, se compraron unas casas en la Plaza Mayor, obteniéndose del Emperador Carlos V autorización para hacer un reparto extraordinario entre los vecinos, al objeto de reunir la cantidad de 1.000 ducados en que se había fijado el importe de la obra. Aunque en el año 1539 el edificio ya estaba habilitado para el cumplimiento de sus fines, hasta 1590 no se dio la obra por concluida, integrando además la casa del regidor y la cárcel. El edificio permaneció en su función originaria hasta 1984, en que se destinó a Museo Municipal.
     Constituye un interesante ejemplo de la arquitectura pública del quinientos. Presenta una es­tructura de lonja con amplio pórtico de acceso, formado por tres arcos de medio punto sobre columnas de mármol de orden compuesto, y entre ellos los escudos del corregidor Pedro de Miranda Salón, de Felipe II y de la ciudad, además de una lápida conmemorativa. Este pórtico, cubierto por un artesonado de casetones hexagonales sobre vigas que apoyan en canes de acanto, conserva cuatro recámaras de bombardas, empleadas por el ejército castellano durante el dificultoso sitio de la ciudad. Sobre la galería se dispone un largo balcón corrido, que da luces al Salón Capitular.
     El interior, muy transformado, alberga el Mu­seo Municipal que, a lo largo de cuatro salas, se convierte en excepcional recorrido por la larga y densa historia de la zona. La Sala 1 está dedicada a la Prehistoria, con restos hallados en los yacimientos cercanos.
     La Sala 2 se centra en la presencia ibérica, con importantes piezas arqueológicas entre las que destacan la urna funeraria del llamado Guerre­ro de Baza, hallada en 1996 en la necrópolis de Cerro Largo, y una réplica de la célebre Dama de Baza, cuyo original se custodia en el Museo Arqueológico Nacional. La singular escultura en caliza policromada, datada a comienzos del siglo IV a.C., fue hallada en 1971 en la necrópolis ibérica del Cerro del Santuario, junto a un valioso ajuar funerario. Debió cumplir con una funcionalidad mortuoria, pues en su interior se depositaban las cenizas del difunto. Esta sala sirvió de Salón Capitular, donde se celebraban las sesiones del Cabildo bastetano, presididas por el escudo imperial y otras decoraciones murales, y cubierta con una armadura renacentista de casetones sobre canes de acanto. En el retablo que se halla frente a la tribuna de los ediles, y ante el que se celebraba la misa que precedía a las sesiones, se conserva una valiosa tabla manierista de la segunda mitad del siglo XVI, de autor anónimo, representando a Longinos alanceando a Cristo moribundo. Sobre dicho altar, en una hornacina, se halla la imagen de Santa Bárbara, patrona de la ciudad, donada en 1519 por María de Luna.
     La Sala 3 exhibe gran variedad de piezas arqueológicas de la antigua Basti romana. La Sala 4 se centra en el período musulmán y en la Edad Moderna, custodiándose entre otras piezas el pendón de la ciudad y dos mazas de plata cinceladas en la segunda mitad del siglo XVII por el platero granadino Castro. Una quinta sala está dedicada a exposiciones temporales (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     En la actualidad, el Museo Municipal de Baza se localiza en el corazón del centro histórico de la ciudad, declarado BIC Conjunto Histórico en 2003, en la confluencia de la Plaza Mayor con la calle Alhóndiga, en el entorno de la que fuera medina de la Baza musulmana.
     Su sede ocupa dos edificios históricos contiguos del siglo XVI, el Ayuntamiento viejo y la Alhóndiga.
     El Ayuntamiento viejo, es el único ejemplo conservado de la provincia de Granada de casa consistorial renacentista. Su construcción formaba parte de un programa arquitectónico más amplio que incluía también la cárcel y la casa del corregidor, que no se conservan. Su construcción se inició en 1530 y ya estaba en uso en 1539, aunque no se concluyó o inauguró hasta 1590. 
     A nivel estructural, la fachada tiene dos cuerpos de alzada. El inferior lo ocupa en gran parte una logia de arcos de medio punto sobre columnas de orden compuesto según modelos italianos. Este espacio se cubre con un magnífico alfarje con jácenas sobre canes, que sustenta la sala capitular, cubierta a su vez por una armadura en artesa, mudéjar en cuanto a las formas pero con clara decoración renacentista. Sobre la logia se abre un balcón corrido que recorre toda la fachada dando luz a la sala capitular. En la fachada se encuentran las heráldicas de la ciudad, de Felipe II y del corregidor D. Pedro de Miranda Salón además de una inscripción conmemorativa.
     El edificio, restaurado en 1987, dejó de cumplir sus funciones como Ayuntamiento, pasando a albergar una primera fase del actual Museo, así como diferentes oficinas municipales, hasta su conversión definitiva e íntegra como sede del Museo Municipal de Baza en 1998.
     La Alhóndiga es la otra sede del museo. Hasta finales del siglo XVI funcionaba como alhóndiga, después mantuvo su uso como posada, con una importante remodelación en el siglo XVIII, cuando se modifica su fachada y se le añade un cuerpo más en la crujía oeste.
     Se estructura en torno a un patio central porticado con columnas de mármol en planta baja que sustentan una galería volada con pies derechos y balaustrada en el piso superior (Ambos espacios se dedican a albergar las exposiciones temporales que acoge el museo).
     Las nuevas salas del museo ocupan las plantas baja y primera del edificio, recientemente restaurado en 2011, mientras que en la tercera planta se localizan las dependencias dedicadas a investigación. Así mismo, dispone de un auditorio que ocupa el espacio de las antiguas caballerizas y un sótano dedicado a almacén. 
     En el espacio dedicado a recepción se ubica la Oficina Municipal de Turismo.
     Es un Museo dedicado a la arqueología de Baza y elementos históricos de la ciudad que cuenta con cuatro salas de exposición permanente y otra sala más dedicada a exposiciones de carácter temporal y otro tipo de actividades culturales.
     Sala 1: Prehistoria
     Sala 2: Cultura Ibérica
     Sala 3: Época Romana
     Sala 4: Épocas Medieval y Moderna
     El Museo Municipal de Baza debe su origen, sin duda, a la arqueología. Desde 1945, siendo Comisario Local de Excavaciones el notario D. Ángel Casas Morales, se planteó la conveniencia de crear un museo arqueológico en Baza en donde se expusiesen los hallazgos producidos durante las excavaciones que el citado comisario venía realizando por aquel entonces en Cerro Cepero, yacimiento arqueológico que él ya citaba acertadamente como el solar de la antigua Basti (Baza).
     Para ubicar el museo se pensó en principio en el salón de Plenos del Ayuntamiento. En 1983 se abre el Museo de Baza en las dependencias recién rehabilitadas del antiguo Ayuntamiento de la ciudad. En los años sucesivos se plantean otras posibles ubicaciones y se realizan varios intentos frustrados para su apertura.
     La colección fundacional estaría compuesta básicamente por piezas recuperados por D. Ángel Casas, el lote comprado a D. Lupe Llorente, los ajuares de la Diputación y la réplica de la Dama de Baza, junto con una serie de libros del Archivo Histórico Municipal y otros objetos muebles de representación institucional.
     En 1998 el Museo de Baza entra en la relación de museos inscritos y anotados preventivamente en el Registro de Museos de Andalucía con la denominación de Museo Municipal de Baza (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Alberga una exposición interpretativa de lo que fue uno de los principales asentamientos del hombre en la península, destacando la Dama de Baza, escultura ibérica del siglo IV a. C. (Diputación Provincial de Granada).

Ayuntamiento.-
     Inicialmente destinado a alojar la Cárcel de Partido, responde al proyecto elaborado en 1797 por el arquitecto Domingo Thomas, si bien la obra se llevó a cabo entre 1830 y 1835. Con­cebida bajo estrictos criterios de funcionalidad, presentaba una planta cuadrada alrededor de un patio adintelado de cantería. La fachada prin­cipal quedaba dispuesta en dos plantas de cin­co vanos recercados en los entrepaños marcados por pilastras de orden gigante, ampliada con un tercer piso y cuerpo de torre a la izquierda en la adaptación de la década de 1950 como Insti­tuto Laboral. La profunda remodelación al que ha sido sometido el inmueble para adaptarlo a usos consistoriales sólo permite apreciar su académica fachada y el patio central, formado por un pórtico adintelado sostenido sobre pilares de piedra y arcos apuntados de ladrillo como refuerzo angular (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 

Arco de la Magdalena y Casas Señoriales.-

     También conocida como Plaza Menor, debe su nombre a la existencia de la puerta de Guadix, derribada en el año 1833, en el lugar que con­ fluye en la calle Zapatería, habiendo quedado integrados los torreones que soportaban el arco, por sendas edificaciones. Su proximidad al ámbito de la Plaza Mayor, justifica la presencia de dos edificios singulares, fruto de una frustrada apuesta escénica llevada a cabo a finales del siglo XVIII.
     La Casa de la Audiencia o del Abad fue construida en 1796 por Damián Espinosa de los Monteros, antes de alojar funciones judiciarias un siglo después. Muy transformada, al ser habilitada como consultorio del Servicio Andaluz de Salud, se ordenaba en torno a un patio cuadrado con escalera. Sobresale la fachada principal, sobria y equilibrada, con zócalo de cantería y paramentos con cintas de ladrillo y cajones de mampostería. Tres vanos adintelados con recercados de ladrillo abren el piso inferior, con balcones coronados por frontones triangulares en la planta noble; la solana se remata con un interesante alero. La pe­queña casa anexa que cerraba el jardín, conserva un sencillo patio que luce tres columnas con dos capiteles renacentistas y uno almohade.
     Frente a esta edificación se alza la Casa del re­gidor Antonio Candeal, construida a finales del siglo XVIII, y articulada alrededor de un patio central. La fachada, de ladrillo y mampostería, se distribuye en tres alturas. El piso inferior presenta el acceso principal desplazado con arco de medio punto y pilastras suspendidas -semejante a la portada del antiguo Seminario-, flanquea­do por lo que fueron portales comerciales. Una balconada de forja integra los tres vanos adintelados con dovelaje y cornisa de ladrillo, a los cuales se superpone el ático con cuatro pequeños balcones -en origen ventanas- bajo alero de cuarto bocel. En 1881 se convirtió en sede del Casino de Artesanos, y un siglo más tarde en Casa de la Cultura del Ayuntamiento bastetano (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 

Alcazaba.-
     Los escasos restos de la antigua fortaleza mu­sulmana, reducidos en la actualidad a una aplanada elevación, demuestran una extraordinaria importancia gracias a su dominante presencia. El recinto corresponde a un núcleo inicial de los siglos XI-XII, con una segunda fase de época nazarí y otra del siglo XVI. A pesar de mantener el carácter militar durante toda la Edad Moderna, fue en torno a 1714 cuando se emprendió el derribo de algunas de sus torres que amenazaban ruina. En la meseta alta se acondicionó un pequeño parque alrededor del claustro, procedente del antiguo Convento de San Francisco. Este establecimiento había sido fundado en 1490 por los Reyes Católicos, contando con la protección de Enrique Enríquez y María de Luna, y a cu­yos herederos se cedió en 1509 la capilla mayor como enterramiento. Se alzaba en las afueras de la ciudad, en el arrabal de Marzuela, y gozó desde siempre del favor señorial. La iglesia era de nave única cubierta con armadura mudéjar de limas moamares, a la que abrían seis amplias capi­llas laterales. Las destrucciones sufridas durante la invasión napoleónica y las desamortizaciones decimonónicas, acabaron con el esplendor de este cenobio, sirviendo tras su supresión como hospital militar, cárcel, Escuela de Gramática, posada y últimamente como estación de autobu­ses, hasta su completa desaparición en la década de 1970. El cuerpo bajo del patio fue desmon­tado e instalado en los jardines de la Alcazaba. Se estructuraba de igual modo que el claustro de Santo Domingo, es decir, pórtico columnado de arcos de medio punto en el primer cuerpo, y piso afenestrado superior, todo ello con decora­ción de placas recortadas, y fechable en torno al año 1689 (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Dos potentes terremotos y el proceso urbanístico sufrido a partir del siglo XVIII han transformado profundamente el aspecto de este espacio.
     Aunque en la actualidad sólo se conservan algunos tramos de muralla y restos de varias torres, la Alcazaba de Baza fue en su tiempo una fortaleza casi inexpugnable. Sus murallas presentan tres fases constructivas: una primera del siglo XI-XII, otra nazarí y una última, ya cristiana del siglo XVI. Se encuentra en el corazón del Centro Histórico de la ciudad, dominando la antigua Medina.
     Como la describía Hernando del Pulgar "La çibdat tiene el muro muy fuerte, e las torres dél muchas y grandes, çercanas unas a otras; especialmente a la una parte tiene quatro torres albarranas a tanto anchas, que cada una sale del muro por espaçio de quatro pasos. este al cabo de la çibdat, a la parte de la syerra, está fundado un alcaçar, artifiçialmente fortaleçido con muchas torres e altos muros".
     El cronista árabe Ibn Hayyan cita que Baza, en manos del rebelde muladí Umar b. Hafsun, fue tomada en el 913 por Abd al-Rahman III al-Nasir.
     En relación a su ubicación Ibn al-Jatib indica que la fortaleza se ubica en un terreno que "no es apto para la cimentación de los edificios por causa de la humedad (¿); y por esa misma razón la muralla de su cerca se arruina frecuentemente y el cascote que de ella se desprende rellena los fosos que la circundan, lo cual resta valor militar a esta plaza que no puede aguantar un prolongado asedio. (¿) La guarnición vive en constante alarma, prevenida tras las murallas de la ciudad, contra los ataques del enemigo que son frecuentísimos".
     A pesar de lo indicado, Baza, junto a Málaga, fue una de las plazas que más dificultades generó a la conquista castellana, llegándose a plantear un cerco con una duración superior a los cinco meses que finalmente condujo a la entrega de la ciudad en noviembre de 1489. Su toma fue el punto de partida que posibilitó la caída de otras alquerías y ciudades de importancia como Guadix o Almería, abriendo paso hacia la costa de Granada (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Fortaleza inexpugnable en su tiempo. Hoy sólo se conservan algunos lienzos de muralla y restos de varias torres. Las murallas presentan tres fases constructivas: la primera de los siglos XI-XII, otra nazarí y una última de época cristiana (siglo XVI). Está situada en el centro de la ciudad de Baza (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de San Juan Bautista.-

     Erigida sobre una primitiva mezquita a comienzos del siglo XVI, al exterior manifiesta una gran sobriedad, de fábrica de ladrillo y mampostería sobre basamento de sillar, con torre a los pies, acceso principal a través de un arco de me­ dio punto de ladrillo, y puerta lateral de cante­ría cegada. La planta se desarrolla en tres naves, la central más ancha que las laterales, separadas por arcos ligeramente apuntados de ladrillo sobre columnas con capiteles y basas de piedra. La nave central se cubría en origen con una arma­ dura mudéjar policromada, en parte subsistente y oculta por la bóveda de yeso que se ejecutó a finales del siglo XVIII, así como los alfarjes de las laterales.
     La capilla mayor presenta una bóveda estrellada, bajo la cual se alzaba el espléndido retablo construido en 1598 por Gabriel de Freila y su hijo Pedro, adaptado en el siglo XVIII al gusto de la época, y recompuesto tras la Guerra Civil. La estructura actual, centrada por la imagen de Nuestra Señora del Carmen y coronada por San Juan Bautista, conserva del original dos paneles tallados en bajorrelieve que representan a San Juan Evangelista y el Martirio del Santo, así como otros fragmentos del retablo barroco.
     La Capilla Bautismal o de Nuestra Señora de la Esperanza se abre a través de un arco decorado con pintura mural de motivos vegetales dieciochescos, cubriéndose la estancia con un bello artesonado renacentista policromado con case­tones octogonales. Por su parte, la primitiva Capilla del Sagrario queda enmarcada por medio punto de piedra tallada y cerrada por bóveda de crucería. A los pies se alza el coro, mediante un alfarje sostenido por sendas columnas de mármol. Entre las piezas de platería conservadas se halla una custodia del siglo XVII, un cáliz y copón cincelados en 1782 en el taller cordobés de Antonio Ruiz de León, así como un portaviático barroco donado a la iglesia en 1720 (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Templo de estilo mudéjar construido en el siglo XVI sobre las ruinas de una antigua mezquita, junto a la Puerta de Armesto. Formada por tres naves, destaca el retablo barroco del altar mayor y la capilla del baptisterio (Diputación Provincial de Granada).

Arquitectura Popular.-
     En la plaza de San Juan se conservan dos viviendas construidas en el siglo XVI, conocidas por el vulgo como los «Balcones de palo», que constituyen una excelente muestra de la arqui­tectura popular de tradición mudéjar. La principal singularidad reside en el desarrollo de sus fachadas, en las que mantienen balcones vola­dos, apoyados en zapatas y pies derechos, con antepechos de celosías o balaustres torneados (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Estas casas, de estilo mudéjar, fueron construidas a principios del s. XVI, en los límites del arrabal de Algedid, o La Morería, donde se concentró la población morisca que permaneció en Baza tras la conquista de los Reyes Católicos. Son características por sus fachadas a base de balconadas corridas sobre canes (cabezas de las vigas de los forjados interiores que sobresalen del muro de carga hasta el exterior, soportando el voladizo de las mismas) con pies derechos y celosías de madera (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de Nuestra Señora de la Merced.-

     La fundación del antiguo convento mercedario tiene sus orígenes en una ermita mandada erigir tras la conquista por Luis de Acuña, comendador de Agramonte y Caballero de Santiago. El solar elegido para la fundación se hallaba en el arrabal de la Churra, colindante con la Morería, y poseedor de un triple valor simbólico: según la tradición allí existió una humilde iglesia visigoda, sobre cuyas ruinas se estipularon las capitulaciones de rendición de la ciudad y bajo la que se halló la venerada imagen de Nuestra Señora de la Piedad. La dotación fundacional pronto se vio acrecentada con nuevas donaciones destinadas al adelanto de las obras del monasterio de monjes mercedarios que, asumiendo el mantenimiento del culto a partir de 1523, debía erigirse sobre este emplazamiento. Para ello la nueva Orden contó desde 1526 con la solvencia de unos generosos patronos, como fueron Melchor de Luna, hermano de María de Luna, y su esposa Constanza de Lugo, quienes costearon la construcción de la capilla mayor como lugar de enterramiento familiar. El contrato para la construcción de la mencionada capilla se efectuó con maestre Miguel, pero la debilidad de la obra ejecutada motivó la intervención de Martín de Alzaga, siguiendo trazas de Rodrigo de Gibaja. A lo largo de la segunda mitad del siglo XVI se acometió la realización de la nave de la iglesia, cubierta con armadura mudéjar, y el coro. En la siguiente centuria, la comunidad mercedaria dispuso la ampliación del templo mediante la incorporación de dos naves laterales, la torre a los pies, el claustro y el Camarín de la Virgen de la Piedad.
     La dominación francesa no sólo motivó la di­solución de la comunidad religiosa, sino también el saqueo y expolio de valiosas obras de arte, entre las cuales se contaba un elevado número de piezas de orfebrería que ornaban el camarín de la Virgen. Así, la magnífica lámpara de plata de siete vasos donada por Mariana de Austria en 1673, las dos grandes arañas de cristal y joyas de coral remitidas por los marqueses de los Vélez, o el fabuloso tesoro enviado por el bastetano fray Andrés Sánchez de las Navas, obispo de Guatemala, y que se componía de varias coronas de oro con topacios, esmeraldas y diamantes, una custodia de oro igualmente guarnecida de piedras preciosas, además de perlas, cálices, cande­labros, etc. Sendos lotes de plata, enviados por dos hermanos de la Orden desde México y Guatemala, se custodiaban en armarios de nogal, tallados en 1763, y de los cuales tan sólo se con­serva uno a los pies de la iglesia.
     Al exterior, el templo luce una portada en mármol gris de Macael, realizada en 1776. Presenta un cuerpo inferior de arco de medio punto en­marcado por dobles pilastras cajeadas de orden corintio, con traspilastras y resaltos; mientras el superior se abre con una hornacina, igualmente entre pilastras, que albergó la imagen de San Pe­dro Nolasco. La fachada se remata con la cornisa de perfil curvo, tan frecuente en la arquitectura setecentista en la comarca bastetana, y de evi­dente influencia levantina. Al interior, se desarrolla en una nave longitudinal con cabecera y coro a los pies, con tres naves separadas por arcos de medio punto, cubriéndose la central con una techumbre moderna que sustituye a la primitiva armadura mudéjar; las laterales se cubren con crucería.
     Sin duda, el espacio de mayor relevancia es el presbiterio, de planta cuadrada y de avanzada sillería, cubierto con crucería estrellada y sepa­rado de las naves por un arco triunfal sobre el que campean la heráldica regia, sostenida por leones rampantes, y la de los fundadores de la capilla mayor. El testero estuvo presidido hasta la Guerra Civil por un exuberante retablo barroco, labrado entre 1738 y 1740 por Gabriel Jiménez y dorado por fray José López Falcón. El acceso al camarín se efectúa a través de la sacris­tía y del ante-camarín, lugar donde se guardan alhajas y ornamentos de la Virgen, entre las que destacan un cáliz sobredorado del siglo XVIII. La construcción de este simbólico organismo se inició en 1689, bajo dirección de Juan López de Robles, abarcando su decoración hasta la prime­ra década de 1700. Presenta planta rectangular y se cubre con cúpula elíptica, sobre pechinas y pilastras dobladas, decorada con roleos dorados que alternan con hojarascas, niños y pájaros. Las paredes contienen imágenes pictóricas combina­das con otras de yeso en resalte, destacando los jugosos ramos y tallos de vid que arrancan de jarrones. El programa iconográfico desarrollado alude a la exaltación de la monarquía hispánica combinando emblemas heráldicos y retratos regios, a los que se incorporaron en 1941 cuatro representaciones de santos. Se mantienen, no obstante, cuatro óvalos originales de la Santísima Trinidad, la Virgen de la Merced, San Ramón Nonato y San Pedro Nolasco. En el centro, sobre un suntuoso trono labrado por el escultor granadino Francisco López Burgos, se alza la imagen gótica de la Virgen de la Piedad. Esta devoción mariana, la más importante de la ciudad, tiene su origen en el hallazgo de la talla por parte de Juan Pedernal, humilde albañil accitano, duran­te las obras de cimentación de la primitiva ermi­ta. Este hecho desembocó en un complejo pleito entre Guadix y Baza por la posesión de la ima­gen, que dio lugar a la tradicional fiesta del Cascamorras. Del espacio conventual no resta más que la bóveda de la escalera claustral embutida en la torre, pudiendo suponerse la articulación del patio en «U», con piso inferior porticado y superior afenestrado. Sobre el solar del antiguo convento se levantó en 1922 un edificio para al­bergar las tareas docentes de la comunidad franciscana, que había quedado instalada en 1898 (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El Templo de Nuestra Señora de la Piedad, llamado hasta fechas recientes Convento o Iglesia de la Merced, se encuentra en el centro histórico de Baza, al nordeste de la Plaza Mayor. Consta de una planta de tres naves con una capilla mayor cubierta por bóveda de crucería y coro alto a los pies. En su interior se encuentra un camarín que alberga la imagen de la Virgen de la Piedad. El camarín, de factura barroca, fue realizado por Juan López Robles en 1689.
     El templo fue construido a principios del siglo XVI (sobre una ermita mozárabe, según la leyenda del hallazgo de la Virgen de la Piedad en la que se basa la fiesta). En marzo de 2009 el obispo de la Diócesis de Guadix anunció el cambio de denominación de la Iglesia por el de "Templo de Nuestra Señora de la Piedad" (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Construida a principios del siglo XVI sobre una ermita mozárabe del XII destruida por los almohades. Tiene una planta de tres naves con una capilla mayor cubierta por bóveda de crucería y coro alto a los pies. El templo está dedicado a la advocación de Santa María de la Piedad, y en su interior alberga un camarín barroco que guarda una pequeña escultura de la Virgen, esculpida en piedra calcárea, que aún conserva restos de su policromía original en los pliegues del vestuario. El convento está habitado por una convención franciscana (Diputación Provincial de Granada).

Carnicerías Nuevas.-
     Su edificación se llevó a cabo entre 1566 y 1568, testimoniando el interés de los nuevos concejos cristianos en unificar los centros de comercialización de productos alimentarios básicos. Así pues, comprendía un conjunto de servicios públicos junto al matadero, la pescadería y el alhorí, articulado alrededor de un patio central. El acceso estaría centrado por un hueco flanqueado por dos bombardas y presidido por una lápida fun­dacional que, junto al solar, constituyen el único testimonio de su recuerdo. Debió tratarse de una pobre construcción con empleo generalizado de la madera como elemento constructivo, manteniéndose de la estructura original la algorfa apeada sobre grandes vigas, a su vez soportadas por una columna de mármol y un pie derecho de madera. En ángulo con éste se halla una vivienda de doble altura, con la lápida antes citada en el cuerpo inferior, y una balconada de madera sobre canes en la planta alta (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Los restos que han llegado hasta nuestros días de las antiguas carnicerías o casas de matanza son escasos. Consisten en un cobertizo y una galería volada perpendicular a éste. El primero de evidente influencia musulmana, está formado por grandes vigas de madera, apoyadas en el centro en una columna de amplio ábaco troncopiramidal  y un pie derecho de madera. A la derecha se sitúa la galería de bella ejecución. Esta apoya sobre una serie de canes de gran dimensión decorados con pinturas.
     La galería se cubre con un tejado a la molinera que descansa sobre una viga apoyada a su vez sobre pies derechos con zapatas de traza renacentista (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Convento de Santo Domingo.-

     La fundación correspondió al licenciado Fran­cisco Páez de Espinosa y su esposa, Catalina de Luján, quienes en 1553 dotaron convenientemente a la comunidad, recibiendo a cambio el derecho de enterramiento en su capilla mayor. Las primeras obras de construcción del conjun­to, bajo la advocación de Santa Bárbara, se hicieron sobre el solar de la casa pública de mancebía, en un espacio de tiempo muy reducido. Sin embargo, su engrandecimiento y adorno abarcó todo el siglo XVII. Durante el ochocientos siguió el triste destino de otros conventos de la ciudad, siendo suprimida la comunidad y enajenadas sus propiedades. El convento fue adquirido y habilitado como vivienda, encargándose en 1935 al ar­quitecto Fernando Wilhelmi la construcción del Teatro-Cine Dengra. Recientemente se ha culminado la rehabilitación del claustro, así como del coro de la iglesia convertido en centro cultural del municipio. 
     La torre, demolida, estaba situada a la izquier­da de la entrada al templo, junto a la portería del convento. La portada del templo presenta dos cuerpos: toscano el primero, enmarcando un arco de medio punto con friso de triglifos y discos en el entablamento, y doble hornacina avenerada entre pilastras en el segundo, destinado a las imágenes de Santo Domingo y Santa Bárbara, rematado por frontón triangular y pirámides con bolas en los vértices. La iglesia, erigida entre 1608 y 1613, se compone de una sola nave con capilla mayor y otras laterales, y coro a los pies, del que resta un alfarje con la fecha «AÑO, 1617, 3 agosto». Los paramentos mantienen res­tos de la pintura mural que debía cubrir todo el interior. El claustro y la monumental escalera corresponden al último tercio del siglo XVII, y sor­prenden por su diafanidad y suntuosidad, en la línea de las estructuras clasicistas del período anterior. El patio se ordena con cuatro pórticos de arcos de medio punto sobre columnas en el piso inferior y segundo cuerpo afenestrado, mientras que la escalera queda cubierta con cúpula floreada sobre pechinas (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Actualmente sólo se conserva el claustro e Iglesia del convento. La planta del convento se desarrolla en torno al claustro con patio peristilado de dos plantas con arcos de medio punto, frisos dóricos, columnas sobre plinto (actualmente la arquería aparece ciega) galería perimetral y fuente centrada. escalera al fondo con cúpula sobre pechinas de yesería con pinturas y linterna. Fachada a plaza de estilo historicista. Muros de tierra, cal y ladrillo. Cubierta inclinada de teja árabe, forjados de viguería de madera (oculta por falsos techos).
     En 1835 pasa a propiedad particular en virtud de la ley de desamortización.
     La iglesia presenta planta rectangular con una sola nave a cuyo pie se sitúa el coro y hacia el cabecero un gran arco del triunfo apuntado tras el cual se encuentra el presbiterio, de planta cuadrada. Todo cubierto de artesonado mudéjar se cubre de artesonado de madera. De sus capillas laterales destaca la Virgen de Rosario, a la que da acceso una bóveda de cañón de planta poligonal, de notable altura que simula dos cuerpos por medio del entablamentos jónicos y con bóveda semiesférica sobre pechinas. 
     La portada, reciente, solo luce la puerta de acceso al templo, con pilastra y entablamento sencillo sobre el que encontramos los símbolos de la orden. De todo el conjunto destaca muy especialmente su bello claustro con dos órdenes de arcadas sobre columnas toscanas. La iglesia de Sto. Domingo se encuentra dedicada a la parroquia de S. Miguel desde 1958.
     El convento de los dominicos, fundado por los Reyes Católicos a finales del S XVI y principios del S XVII, ejerció una importante función en la recristianización, disputándose con los franciscanos la hegemonía en la dirección espiritual de los accitanos. Tendrán un gran protagonismo en la movilización de la población contra las tropas francesas en 1810, lo que motivará su huida. Posteriormente las desamortizaciones del S XIX y la guerra de 1936 terminarán con la existencia de este convento, aunque no así con su templo.
Teatro Dengra. Fue construido en 1929 en un solar situado en la parte posterior del convento de Santo Domingo, y el acceso a la sala se realiza a través de una de las galerías laterales del claustro del convento.
      El teatro se compone de dos salas de espera laterales y otra trasera utilizada originalmente como ambigú, desde las cuales se accede al teatro propiamente dicho. En la planta baja, posee un amplio patio de butacas y una platea separada de la anterior por un antepecho y ocho esbeltas columnas que organizan ocho palcos independientes. Sobre éstas y el salón posterior se encuentra el anfiteatro que se prolonga por sus dos lados organizando, así mismo, palcos independientes.
     El escenario es uno de los más grandes de España. Está formado por un entarimado de madera y en su lateral derecho existe una galería y escalera de madera adosada al muro que permite el acceso y manejo de la tramoya.
     Detrás del escenario se encuentran situados los camerinos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Construido a principios del siglo XVI, destaca por su bello claustro, una escalera monumental que da acceso al interior del convento, la portada y el alfarje de la iglesia. El convento ha sido reformado en distintas ocasiones (Diputación Provincial de Granada).

Palacio de los Marqueses de Cadimo.-
     A instancias de José de Gámiz, prebendado de la Catedral de Jaén y heredero del marquesado, el tallista José Ortiz Fuertes, autotitulado arqui­tecto, levantó la mansión entre los años 1802 y 1804. El inmueble, que ha servido como sede de la oficina de Correos, se ordena en torno a un patio central, desarrollando dos fachadas en ángulo en tres cuerpos, con torre-mirador en el ex­tremo suroriental, y marcada inspiración neoclá­sica. Ello se advierte en la portada de mármol con dobles columnas exentas y balcón, así como en el friso dórico sobre la arquería abierta de la solana (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El palacio de los Marqueses de Cadimo presentaba originalmente una planta en forma de U. A instancias de José de Gámiz, quien contó con el tallista José Ortiz Fuertes, autotitulado arquitecto, levantó la mansión entre los años 1802 y 1804. El inmueble se ordena en torno a un patio central, desarrollando dos fachadas en ángulo en tres cuerpos, con torre mirador en el extremo suroriental, y marcada inspiración neoclásica. Ello se advierte en la portada de mármol con dobles columnas exentas y balcón, así como en el friso dórico sobre la arquería abierta de la solana. En la actualidad, el inmueble se halla conformado por una planta rectangular con patio central, al haberse añadido a mediados del siglo XIX la nave lateral derecha de la Iglesia de Santo Domingo. 
     Interiormente, el edificio está formado por tres pisos y sufre un deterioro generalizado. En planta baja, se localiza el zaguán de acceso a las distintas estancias que la conforman, el patio distribuidor de las mismas y la escalera de comunicación con el piso alto. La planta superior, en cambio, se reserva para las estancias más nobles, mientras que en el último piso se halla la solana, proyectada al exterior por una galería aragonesa, de menos arcadas, que recorre la edificación en sus dos fachadas.
     En la fachada principal, lado sur orientado hacia la calle Corredera, las plantas baja y superior están conformadas por cinco registros de amplios vanos, por lo que adoptan un carácter abierto y ligero. Los extremos de sus huecos laterales están realizados con enmarques de diferente material: ladrillo, en el primero de los casos, y enlucido, en el segundo. 
     Precisamente, en planta superior, los vanos adoptan la tipología de «ventana balconera», solución embutida en el muro. 
     La última planta se estructura con una galería de nueve arcadas de medio punto con la imposta, el intradós y clave resaltada de ladrillo visto.
     Su portada centra su protagonismo marcando un eje de simetría más ancho que los laterales que, además, sirve de elemento ordenador. Es adintelada, está tallada en mármol y se halla flanqueada por dos pares de columnas toscanas con entablamento desnudo sobre el que se aloja el balcón principal de la planta superior, al que se accede mediante un vano también adintelado, enmarcado por esbeltas pilastras sobre las que apoya otro entablamento, similar al anterior, pero más pequeño. Este último elemento se encuentra rematado por una acusada cornisa con bolas herrerianas en los extremos, y con bola y cruz en el centro. A ambos lados de este balcón, se localizan dos pequeños escudos de armas timbrados con corona de los Marqueses de Cadimo, herederos de José Gámiz.
     La fachada de poniente presenta un mayor grado de transformación. También se estructura en tres pisos, incluyendo la citada galería aragonesa, con el mismo número de vanos que la fachada principal en las plantas baja y superior, si bien éstos presentan distintos tamaños y menor dimensión. Destaca especialmente el balcón localizado en su zona central y dividido por una gran pilastra de base cuadrada decorada con anillas. Este elemento debió tener un carácter representativo y honorífico al funcionar como plataforma o tribuna desde la cual asistir a los actos conmemorativos y lúdicos de la plaza desde una privilegiada situación. 
     En ambas fachadas cabe señalar, especialmente, la rejería de las balconadas y ventanas balconeras cuya composición recuerda, por la alternancia de óvalos y círculos en su parte baja, la empleada para la Lonja que bordea la Catedral de Jaén, diseñada en 1793 por el sobrino de Ventura Rodríguez.
     Al exterior, sus dos fachadas destacan tanto por su regularidad compositiva como por la elegancia de sus ornamentos. 
     Ambas se encuentran constituidas por tres pisos, empleando los mismos materiales constructivos, fábrica de ladrillo macizo artesanal con cajones de mampostería revocada y blanqueada, y similar distribución de vanos y macizos. Su integración formal se debe a tres elementos estrechamente vinculados a un único programa ornamental y compositivo: molduras con orejetas en los vanos, galería superior y alero.
     La torre del palacio es de planta rectangular y se caracteriza por la pérdida de rasgos defensivos. Está supeditada, en cuanto a materiales y diseño, al resto de la fachada. Corona dicho elemento un alero con una línea de denticulado muy similar al de la torre de la Casa Rodil.
     Indisolublemente unido a los restos parcialmente conservados de la iglesia del antiguo convento de Santo Domingo, se encuentra el palacio de los marqueses de Cadimo, una de las manifestaciones arquitectónicas más representativas del neoclasicismo bastetano y granadino. Para su construcción se anexaron varias propiedades colindantes del citado templo y su nave lateral derecha se vio integrada, a mediados del siglo XIX, en el propio palacio. El edificio resultante, que destaca por la armonía que mantiene con el primitivo establecimiento conventual, al utilizar materiales, técnicas constructivas y elementos análogos o complementarios, constituye un conjunto patrimonial que destaca tanto por su alto potencial arqueológico, como por ser el resultado de una operación urbana sin la cual no se podría comprender la configuración de la calle Corredera y plaza de Santo Domingo, respondiendo a su representatividad y proyección monumental, acorde con las viviendas de la nobleza local situadas en sus inmediaciones (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Casa del Pósito.-

     Estuvo instalada en el edificio que ocupaban las carnicerías y el matadero, hasta que en 1776 se decidió su construcción en la actual plaza de la Trinidad. En un momento inicial fue destina­ da para almacenamiento de cereales y más tarde como sede de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Baza, casa de comedias y establecimiento fabril. Presenta una sencilla portada con arco rebajado de sillería, luciendo sobre él los escudos del corregidor Joaquín de Pareja y Obregón, del rey Carlos III y del alcalde mayor Pablo Cortés de Vargas. El interior, muy transformado como vivienda particular, conserva un patio con un único frente porticado en doble altura, de arcos rebajados sobre columnas de mármol en el piso inferior, y arcos de medio punto sobre columnas corintias de fundición en la segunda planta (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 

Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores.-
     La antigua iglesia del Oratorio de San Felipe Neri responde a una fundación de Felipe Fermín, racionero de la Colegial, quien en 1676 logró la instalación de la Congregación. A pesar de la decidida oposición del resto de comunidades religiosas establecidas en la ciudad, que veían en esta fundación una fuerte competencia para sus intereses, logró el favor del cabildo de la Colegiata y de los prelados de la diócesis. El asentamiento se llevó a cabo en unas casas que el fundador poseía en la calle de la Cava Baja, quedando construida la iglesia en 1702. En 1844 el convento perdió la mayor parte de sus bienes muebles y ornamentos, que fueron enajenados, manteniéndose el templo abierto al culto.
     Su opulenta fachada no se concluyó hasta 1741, compuesta de dos cuerpos, el inferior con arco rebajado flanqueado por columnas salomónicas de capitel compuesto y pilastras en los extremos, con exuberante macolla tallada de hojarascas y veneras sobre la puerta; y el superior de línea cóncava, ordenado mediante vano enmarcado por estípites y medias columnas toscanas, rematándose con espadaña. La planta interior responde a una cruz latina, cubierta la nave me­diante bóveda de cañón con lunetos y las capi­llas laterales tramadas con cubiertas de arista. El transepto se cierra con cúpula hemiesférica sobre pechinas, cuyos arcos aún mantienen la policromía original. El testero estuvo presidido por un retablo barroco, ejecutado por Mateo Sánchez Eslava en 1706, enmarcando el hueco que abre al Camarín de la Virgen de los Dolores. Este espacio, que quedó inconcluso, supone uno de los máximos exponentes de los desarrollos decorativos setecentistas en la provincia, comparable con el Camarín de la Virgen del Rosario en Granada. El espacio viene marcado por una estructura cuadrada, revestido el cuerpo bajo con madera de pino procedente de la Sierra de Castril, con cuatro arcos soportados por estípi­tes con encasamientos, que debieron contener espejos, cobres o ágatas, así como imágenes de bulto en los ángulos. Sobre éste se alza la cúpula de estuco, ordenada en torno a una amplia estrella de la que parten hojarascas y molduras caprichosas, alternadas con esferas doradas y espejos, y óculos que transmiten luz indirecta. Ter­minada la obra en 1724, fue destinada a albergar la desaparecida imagen de Nuestra Señora de los Dolores, realizada en 1702 por el bastetano José de Mora (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La portada no se puede distanciar de las primeras décadas del siglo XVIII, teniendo como protagonista una vez más, las desmesuradas columnas salomónicas, toscas e ingenuas, consecuentes con todo el conjunto, aunque éste no carece de efectista visualidad y de innegables afanes de novedad, como la inclusión de los estípites, pero dentro del tono "popular" que preside toda la fachada. La congregación del Oratorio de San Felipe Neri data de 1676, aunque el templo, después convertido en Iglesia de los Dolores, se construyó en 1702 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Iglesia barroca construida en el año 1702. Tiene planta de cruz latina con bóveda de media naranja y tres naves. La portada está flanqueada por columnas salomónicas y corintias, y en su cabecera se encuentra un camarín barroco del Oratorio de San Felipe Neri, tallado en madera de la Sierra de Castril (Diputación Provincial de Granada).

Casa del Duque del Infantado.-
     Según la tradición, fue mandada erigir por Íñigo López de Mendoza y Quiñones, duque del Infantado, hacia el año 1491, siguiendo una anacrónica inscripción en el dintel de la portada, si bien la obra corresponde al segundo tercio del siglo XVI. Del primitivo caserón tan sólo pervive la crujía principal, pues la fragmenta­ción del solar ha destruido el resto de la edifica­ción, incluyendo el patio en torno al cual debía organizarse.
     La distribución interna del área conservada, no obstante, ha sufrido escasas modificaciones, manteniendo el zaguán cubierto con un alfarje, y el salón principal en la planta noble, cerrado con una espléndida armadura mudéjar de limas moamares (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 

Colegio de la Presentación.-

     Faltando en Baza un instituto religioso femeni­no, Enrique Enríquez y María de Luna, impulsa­ron, en la década de 1490, la fundación del Convento de Santa Isabel de los Ángeles, primero de terciarias franciscanas, y luego de clarisas. La comunidad fue muy favorecida por la elite bastetana, que eligieron su iglesia como lugar de ente­rramiento, e ingresaron a aquellas hijas a las que no pudo concertarse matrimonio conveniente. En el siglo XIX fue desamortizado y subastado el edificio conventual, instalándose en 1879 las Hermanitas de los Desamparados, y desde 1904 la comunidad de religiosas de la Presentación de Nuestra Señora que en la actualidad lo regenta. La antigua iglesia fue levantada a mediados del siglo XVI, siguiendo la tipología mudéjar, con nave central, otra lateral más reducida en el lado del Evangelio, capilla mayor y torre a los pies. Tras las sucesivas remodelaciones del templo se ha perdido la práctica totalidad de su imagen primigenia, a partir de la cubrición del presbiterio con una cúpula barroquizante y de la nave principal con medio cañón con lunetos sobre apilastrado toscano. Mantiene, no obstan­te, la bóveda nervada de la capilla inmediata al altar, así como la tribuna del órgano y el alfarje sobre el cancel de entrada, de tradición mudé­jar. El testero contuvo un retablo barroco, realizado en 1680 por Manuel Caro. El claustro se ordena mediante doble pórtico de arcos de me­dio punto sobre pilares octogonales, todo ello en ladrillo. Sin duda, el espacio más interesante del conjunto lo constituye la capilla de la enfermería -habilitada en la actualidad como biblioteca escolar-, que luce una de las techumbres mudé­jares más excepcionales de la provincia de Gra­nada. Se compone de un alfarje de doble orden de vigas con labor de menado, chillas de ocho y alfardones de perfil de arco conopial, y verduguillos pintados. Todo el entramado de jaldetas y jácenas, apoyado sobre canes de tracería gótica con tres lóbulos, luce policromía que integra los motivos vegetales con candelieri, rosetas y pare­jas de tondos con bustos femeninos y masculinos afrontados, al igual que el arrocabe. El testero, donde se ubicaba el altar, presenta una estructu­ra apeada sobre dos pies derechos con zapatas y cuatro canes antropomorfos, y en cuyo frente se distribuyen ocho tablas, en torno a un lienzo del Ecce Homo, con las imágenes de Santa Bárbara, Santa Isabel de Hungría, Santa Clara, San Juan Bautista, San Juan Evangelista, San Francisco de Asís, San Buenaventura y un santo mártir. La techumbre de este espacio se resuelve mediante una armadura ochavada de limas moamares, apeinazada con lazo de ocho y policromada, flanqueada por dos artesonados centrados por un casetón octogonal entre otros dobles moldurados y pintados. Entre otras piezas de interés conservadas, sobresalen sendos lienzos del Ecce Homo, del siglo XVII, y San Carlos Borromeo socorriendo a los apestados, del siglo XVIII (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Construido a mediados del siglo XVI, la iglesia conserva elementos góticos y mudéjares de su primitiva edificación. 
     Importantes reformas realizadas en los siglos XVII y XVIII, han afectado sensiblemente la ordenación de elementos arquitectónicos  iniciales.
     Consta de dos naves, una principal con cabecera cuadrada cubierta con cúpula, y otra más pequeña situada al izquierda separada de la principal por arcos de  medio punto con molduras descansando sobre machones, excepto el último que lo hace sobre columna. Tiene una tribuna en la parte superior del muro derecho y la torre se sitúa a los pies de las naves.
     Posee un marcado carácter barroco reflejado en las pilastras dóricas y bóveda de cañón.
     El claustro conserva pilares octogonales de ladrillo que sostienen arcos de medio punto de  igual material. En una de las dependencias del convento, actualmente usada como aula, se conserva un alfarje mudéjar ricamente decorado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de Santiago.-
     Forma parte de las primeras fundaciones pa­rroquiales realizadas tras la conquista, asentada sobre la mezquita del arrabal de la Marzuela o Judería. La primera obra se terminó en 1505, aunque las características de la actual fábrica nos obligan a precisar remodelaciones hacia la mitad de la centuria, con transformaciones importantes en el XVII, sobre todo en la nave de la Epístola. Manifiesta una gran sobriedad al exterior, con puertas de entrada a los pies y lateral derecho, mediante arcos de medio punto moldurados con fábrica de sillería, y torre-campanario de ladrillo y mampostería. La nave central se cubre con una armadura de limas bordones, que pierde el faldón hacia la cabecera con apeinazamiento en los cabos y centro, de la cual pende una piña de mocárabes; tiene cinco tirantes pareados sobre canes lobulados y cuadrales simples. La capilla mayor, separada de la nave por un arco apuntado, se cubre con una excepcional armadura octogonal totalmente cubierta por lazo de diez par­tiendo de abanicos. El almizate está decorado con angelotes tallados y la tablazón pintada con candelieri. Las pechinas, aveneradas, presentan una estructura de casetones, donde se sitúan rosetas y bustos pintados con terminaciones de canes antropomorfos en la parte superior, mien­tras en la inferior se rematan con monstruos alados y mascarones. El retablo mayor, perdido en la Guerra Civil, fue contratado en 1598 por Gabriel y Pedro de Freila. Las naves de capillas se abren con arcos de medio punto, situándose a los pies del Evangelio la caja de escalera que conduce al coro y torre, cerrada con cúpula ba­rroca. A continuación de la antigua capilla del Santo Cristo de la Hiedra, se encuentra la que estuvo destinada a Sagrario, realizada por entero en sillar y cubierta con bóveda gótica de cruce­ría. En el lado de la Epístola se suceden seis capi­llas, destacando la primera, que estuvo dedicada a Nuestra Señora de los Dolores, y sujeta a pa­trocinio señorial, como demuestran los blasones situados en las pechinas de la bóveda elíptica. La antigua Capilla de Jesús Nazareno conserva la cúpula acasetonada sobre pechinas de venera, de la misma forma que la de San Antonio, actual puerta lateral que mantiene las decoraciones en estuco del siglo XVII. Finalmente se halla la que fuera Capilla de San Andrés, cerrada mediante cúpula con linterna, construida por Juan López de Robles. La obra fue patrocinada en la década de 1690 por fray Andrés Sánchez de las Navas y Quevedo, monje mercedario bautizado en esta parroquia, que llegó a ser obispo de Nicaragua y Guatemala. Se hallaba presidido este espacio por sendos retablos, labrados por Pascual Alós de Burgos y a cuya mano podrían atribuirse los escudos del prelado que lucen los muros. Entre los bienes de interés salvados de la destrucción de 1936, son destacables una espléndida cruz parroquial, de finales del siglo XVI, recientemente restaurada, y una custodia de plata sobredorada, donada en 1690 (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Construida sobre la mezquita del arrabal de Marzuela en los inicios del XVI, aunque con importantes reformas en el XVII, es el mejor ejemplo de iglesia mudéjar de Baza. Es de tres naves y coro alto a los pies. La nave central se cubre con una magnífica armadura mudéjar mientras que las laterales lo hacen mediante bóvedas de crucería y yesería. Su capilla mayor se separa de la nave central mediante un arco toral apuntado sobre pilastras góticas de sillería, destacando sobremanera en ella su cubierta solucionada por una impresionante armadura mudéjar octogonal de lazo profusamente decorada, con angelotes tallados y policromía de "candelieri", apoyada sobre pechinas aveneradas. Estamos ante uno de los mejores ejemplos de iglesia mudéjar de toda la provincia granadina. 
     La torre campanario está realizada a base de arcos de ladrillo de medio punto. La cubierta está formada por cuerpo principal a dos aguas y otros a cuatro aguas a distintos niveles.
     Escalera del coro de hormigón.
     La fachada a la Plaza de Santiago se resuelve con escalinata de acceso de piedra, siendo el elemento más destacado la portada constituida por un arco, aunque debió existir otra portada. Los paramentos presentan pintura a la cal con zócalo de cemento. La fachada a la calle Trascampanas es de sillerías de piedra sin pintar, mientras que los muros  son de piedra, la carpintería metálica y la teja árabe (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Iglesia de estilo mudéjar, construida en el siglo XVI sobre la mezquita del arrabal de Marzuela, aunque fue reformada en el XVII. Destaca el artesanado mudéjar que cubre la nave central y la capilla cubierta de cúpula y linterna. Está declarada monumento histórico-artístico desde 1989.
(Diputación Provincial de Granada).

Baño de la Judería o de la Marzuela.-

     En el corazón del barrio de Santiago se em­plaza este baño almohade, extraordinariamente bien conservado, y dado a conocer en 1891 por Manuel Gómez-Moreno González, quien lo dató como de época califal; otros autores lo consideran de época zirí (siglo XI), pero anterior al Bañuelo de Granada. Sin embargo, recien­tes estudios parecen confirmar una cronología más tardía en torno al siglo XIII. Se inscribe en una planta rectangular, con muros exteriores de mortero de cal. Conserva tres salas edificadas, si bien las excavaciones realizadas al demoler las edificaciones anexas han permitido recuperar el resto de la planta.
     La primera estancia corresponde a la sala fría, de planta alargada con dos alcobas en los extremos separadas por doble arco de herradura, re­construidos en madera durante las obras de restauración, y cubierta mediante bóveda de medio cañón con lucernas estrelladas. A continuación se encuentra la sala templada, cuadrada y rodea­da por cuatro galerías perimetrales con arcos dobles de ladrillo sobre columnas de mármol, en disposición similar a la que presenta el Baño de las Mercedarias de Granada, también almohade. Se cubría mediante bóveda esquifada, cortada hacia la mitad y sustituida por una techumbre de vigas de madera, mientras que se conservan las bóvedas de cañón laterales y las esquifadas de los ángulos. Finalmente, se halla la sala caliente, también alargada, con alcobas laterales, y en una de las cuales pudo haber una pila de inmersión. El arco frontero comunicaba con la zona de servicio que contenía la caldera, el horno y la leñera, que junto a la sala de vestuario han sido descubiertos en las últimas excavaciones realizadas (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Estos baños, documentados a finales del siglo XV en el Libro de Repartimiento de Baza, con la denominación de "Baño de Marçuela", se localizan en el llamado durante la época musulmana Arrabal de Marzuela, un barrio extrarradio situado a unos 300 metros de la muralla de la ciudad, al borde de la vega. Se encontraba cerca de una de las puertas de acceso a la ciudad llamada de Salomón o Salamón, topónimo igualmente referido  a una de las principales acequias de la vega de Baza.
     Manuel Gómez Moreno que lo documentó a finales del siglo XIX dijo que este baño baño podría corresponder al grupo de mayor antigüedad en su serie como el del Bañuelo de Granada y los de Córdoba, que pueden datarse en el siglo XI probablemente. Aún dada la traza de sus arcos, pudiera suponerse éste de Baza el más antiguo. Sin embargo, posteriormente se ha comprobado que  era simplemente un baño musulmán, dentro de un barrio musulmán. Según los datos obtenidos tras la excavaciones previas a los trabajos de restauración del edificio y el estudio de los materiales, se infiere que su construcción se remontaría hacia finales del s. XIII.
     Lo componían tres departamentos indispensables en estos edificios, inscritos en un rectángulo de 14 por 12'5 metros: el primero servía de vestíbulo y guardarropa o vestuario; el segundo, más amplio, con cúpula generalmente y bien caldeado, se destinaba a descanso y preparación para el baño y el tercero corresponde al 'caldarium', en contacto con la gran caldera del agua caliente. 
     El baño de Baza no ofrecía grandes proporciones. Sus muros estaban construidos con argamasa hecha con arena y cal, siendo también así el mortero que trababa la obra de ladrillo con que se formaban los pilares, arcos y bóvedas. Éstas eran de cañón en los aposentos primero y tercero, taladradas por lumbreras en forma de estrellas hexagonales, con curiosa complicación algunas que daban luz al edificio obturadas con vidrios para evitar corrientes de aire. 
     El segundo aposento se acercaba más a la proporción cuadrada y lo rodeaban angostadas galerías de a tres y dos arcos orlados, más los otros que servían de entibo hacia los rincones, formando espacios cuadrados. Éstos se cubrían con bóvedas vaídas, así como los tramos alargados las llevaban de cañón, unas y otras con sus correspondientes claraboyas. 
     Los arcos tenían forma de herradura con dovelaje solamente en la parte central de su curva y cabalgaban sobre pilares acodados de ladrillos con impostas de piedra. Las puertas eran de arco escarzano y todo ello presenta un conjunto de notable importancia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Datan del siglo XIII (época almohade). Están estructurados en tres salas principales y son un buen ejemplo de baños urbanos relacionados con la antigua mezquita, actual Iglesia de Santiago. Estaban situados en el antiguo arrabal de Marzuela, actual barrio de Santiago, y su estado de conservación es notable. Las excavaciones arqueológicas realizadas allí han ayudado a recuperar el resto de dependencias como la puerta de acceso principal o ‘maslai’, entre otros (Diputación Provincial de Granada).

Pilar de los Caños Dorados.-
     Inmediato a la desaparecida Puerta del Peso o de la Fuente, en el antiguo camino que comunicaba la ciudad murciana de Lorca con Guadix, se halla este pilar, también conocido como Fuente de los Alamillos. Se trata de una obra pública realizada en 1607, según la inscripción alusiva, durante el corregimiento del Marqués de los Trujillos. Cumplía con la función de abrevadero y fuente pública, sirviendo al mismo tiempo de elemento de carácter representativo. Se ordena en estructura mural mediante cuatro pilastras toscanas sobre plintos que lucen animales fantás­ticos en los extremos, y mascarones que vierten el agua a la pila.
     Los entrepaños están blasonados con el escudo de Felipe III en el centro, y de la ciudad de Baza y del corregidor Antonio Álvarez de Bohórquez a ambos lados, los cuales quedaron desplazados al abrirse en 1894 dos ventanas. En 1792 el ca­nónigo Vicente de la Puente construyó la casa sobre la que quedó incorporado el pilar, dotándola de una balconada superior con columnas y balaustrada de mármol (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Fuente monumental cuya principal función fue la de servir como abrevadero público para caballerías y ganado así como para las labores de trilla.
     Estructuralmente se conforma como un pilar alargado adosado a la parte baja de una vivienda que antiguamente formaba parte de la muralla exterior de la alcazaba.
     Consta de 4 caños que salen de cabezas humanas y de leones, tras éstos se alza un paño con pilastras toscanas adornado con representaciones heráldica, los escudos de Baza, Felipe II y el del corregidor Antonio Álvarez Bohórquez. 
     En la parte superior hay una inscripción conmemorativa grabada en la que puede leerse: "Esta obra mandó hacer Baza siendo corregidor della D. Antonio Alvarez Bohórquez, caballero de la orden de Santiago, y su alcalde mayor, el licenciado Mateo Ruiz de Morón. Año 1607".
     La Fuente de los Caños Dorados es un enclave predilecto y señero de Baza, seña de identidad de la ciudad, que  fue construida en 1607, como reza en la inscripción que puede leerse en su parte superior.
     Se situaba junto a la Puerta del Peso o de la Fuente, en el Camino Real de Lorca, una de las puertas de acceso de la antigua medina, desde época musulmán.
     En esta fuente se baña al tradicional "Cascamorras" cada 6 de septiembre (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Esta monumental fuente-abrevadero se levanta junto al solar en el que se alzaba la Puerta de La Puente (por el puente levadizo que la protegía), que también se llamó Puerta del Peso de la Harina, una de las puertas principales de la ciudad medieval y del XVI. Según reza la inscripción situada sobre el lienzo superior de dicha fuente, fue construida en 1607. Bajo esta inscripción aparecen las heráldicas de la ciudad, del rey Felipe III y del corregidor Antonio Álvarez de Bohórquez (Diputación Provincial de Granada).

Convento de San Antón.-

     Extramuros de la ciudad se diseminaron di­ferentes ermitas, que acogían la religiosidad de una población eminentemente agraria. De todas, fue la llamada Ermita Real de San Antón, erigida por orden de los Reyes Católicos, la que adquirió mayor notoriedad constructiva al servir de base al convento de franciscanos recoletos, fundado en 1609 a instancias del obispo Juan de Orozco y Covarrubias. Las obras de construcción del cenobio marcharon a ritmo lento y acciden­tado, si bien debió culminarse la obra actual a fines del siglo XVII o principios del XVIII.
     En 1836 el convento fue desamortizado y vendido como almacén y vivienda, uso que mantiene en la actualidad.
     La portada es de una gran simplicidad, con vano adintelado de entrada, flanqueado por dobles pilastras toscanas de ladrillo que sostienen el entablamento, y sobre el balcón preside una hornacina con la imagen de San Antón. La iglesia presenta una planta de cruz latina, de una nave con capillas laterales. Ésta se cubre con bóveda de cañón con lunetos, que arranca de una cornisa moldurada. Por su parte, el transepto se cierra con cúpula sobre pilastras toscanas, advirtiéndose aún restos de la pintura mural que la decoraba, y sobre las pechinas bajorrelieves que representan a santos franciscanos (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     
Palacio de los Enríquez.-
     Iniciada su construcción a finales del siglo XV, por Enrique Enríquez y su esposa María de Luna, quedó configurado en la forma actual du­rante la primera mitad del siglo XVI por su nieto Enrique Enríquez II y el hijo de éste. Centra el compás de entrada una sobria portada de piedra, compuesta de un arco de medio punto flanqueado por medias columnas toscanas, las cua­les soportan el entablamento con frontón curvo coronado por tres remates piramidales, y cuyo tímpano alojaba la heráldica familiar. La estructura del palacio presenta evidentes resabios de la tipología de villa italiana del Renacimiento, de emplazamiento suburbano y planta en «U».
     La fachada principal se dispone ante el patio de entrada, con un frente porticado en doble altura medio cegado, mostrando abiertos tres arcos mixtilíneos sobre columnas en el piso inferior. La fachada posterior presenta dos cuerpos avanzados en los extremos con pórticos inferiores, encuadrando la antigua acequia del Caz Mayor. Todo el piso inferior se cubre median­ te alfarjes con labor de menado, chillas de ocho y alfardones con perfil de arco conopial. Por su parte, la planta noble se resuelve con armaduras de limas moamares que se adaptan a las dimen­siones de las estancias, destacando la del salón principal con tirantes y las que cierran las estancias laterales, cuya tablazón presenta decoración pintada de candelieri, abundando en los frisos la heráldica del mayorazgo.
     La armadura de la antigua capilla es de limas moamares, ochavada en el almizate, y sobre doble arrocabe, cuyo friso está policromado con heráldicas sostenidas por putti e inscripción la­tina; mientras la que cubre el comedor se apoya sobre trompas de abanico. La alcoba del cenador derecho luce un bello artesonado de casetones cuadrados y moldurados (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Constituye un magnífico ejemplo de palacio renacentista concebido como villa de campo al modo italiano, lo que lo convierte en un ejemplo único en Andalucía. Fue mandado construir por D. Enrique Enríquez y su esposa Dª María de Luna, tíos de los Reyes Católicos. Desde su construcción inicial en 1506, sufrió varias modificaciones hasta su estado actual. En su interior guarda magníficas armaduras mudéjares profusamente decoradas con motivos renacentistas.
     Es una edificación de dos plantas en hache. Entrada principal desde Carrera de palacios, a través de una galería que da paso a una escalera a la galería, a la que se accede a través de arcos de medio punto de piedra artificial soportados por columnas de mármol. En la primera planta existen los mismos arcos, en donde se ubican salones con artesonados mudéjares. Los muros de piedra se alternan con hiladas de ladrillo. La fachada presenta huecos regulares. Las vigas son de madera, al igual que la carpintería y el enrejado de hierro fundido. La cubierta es de teja árabe, el alero con canecillos de madera y las baldosas de barro. 
     El palacio cuenta con las siguientes instalaciones: eléctrica, fontanería, saneamiento y calefacción.
     La edificación está situada delante de una huerta. En la fachada principal existe un jardín al igual que delante de la fachada lateral derecha. Rodea la edificación la huerta (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Fue mandado construir a principios del siglo XVI por Enrique Enríquez y su esposa, tíos de los Reyes Católicos. Posee numerosos artesonados mudéjares ricamente decorados y constituye un magnífico ejemplo de palacio renacentista concebido como villa de campo al modo italiano. A lo largo de su historia ha sufrido numerosas modificaciones hasta llegar a su estado actual (Diputación Provincial de Granada).

Monasterio de San Jerónimo.-

     Como lugar de enterramiento funerario, y queriendo con ello emular a los miembros de la familia real y a una parte importante de la nobleza hispana, fundaron Enrique Enríquez y María de Luna en 1502 este cenobio bajo la ad­vocación de Santa María de la Piedad. El instituto gozó de una gran magnificencia, gracias a las cuantiosas dotaciones efectuadas por la nobleza local. La comunidad, con treinta frailes, se hallaba ya plenamente asentada en 1510 sobre una primitiva fábrica, que comunicaba median­te galería y tribuna con la residencia solariega de los patronos. El terremoto de 1531 motivó la reconstrucción del conjunto mediante el empleo de técnicas y materiales más consistentes, hasta adquirir una suntuosidad sin precedentes en la arquitectura monástica granadina fuera de la capital. Las obras se iniciaron en la cabecera de la iglesia, de cantería, que se hallaba concluida en 1535, aumentándose las dimensiones de la nave e incorporando la torre a los pies y la sacristía. A finales del siglo XVII se renovó la nave, realizada en mampostería, mediante la construcción de la bóveda, el coro y la fachada principal. Durante la dominación francesa fue habilitado como cuartel, hasta que las desamortizaciones de 1821 y 1836 suprimieron definitivamente el convento, enajenaron sus propiedades y dispersaron los bienes muebles, transformándose en vivienda, almacenes y fábrica de harinas. La iglesia siguió abierta al culto hasta 1936 en que fue definitivamente saqueada, y desde entonces sumida en un absoluto abandono. La simple fachada se abre con puerta de entrada en arco de medio punto y nicho abierto en el segundo cuerpo, flanqueado por pilastras dóricas y frontón triangular con el escudo de la Orden jerónima. El templo presenta planta de cruz latina, de una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos a la que abren capillas poco profundas. Destaca el crucero poco desarrollado cubierto con bóvedas estrelladas y de arista, y en el que campean las láureas de Enrique Enríquez de Guzmán y su esposa Francisca Manrique. El presbiterio, en alto, es poligonal y se cubre igualmente por bóveda de estrella, se­parado de la nave mediante una monumental reja, ante la cual se hallaban los sencillos enterramientos de los benefactores, todo ello desmantelado. El conjunto se culminaba con un elegante claustro construido en mármol de Macael por el cantero Juan García de Gibaja en 1554, de doble orden de pórticos, toscano el inferior y jónico el superior, y del cual apenas subsisten restos (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El Monasterio de San Jerónimo de Baza ha llegado hasta nosotros parcialmente, transformado tras su desamortización y adaptación a los usos que posteriormente soportó el inmueble, fundamentalmente a partir del primer tercio del siglo XX, cuando se construyeron en su recinto una aserradora, una almazara, una fábrica de harinas y almacenes, además de las modificaciones llevadas a cabo para adaptarlo como vivienda en varias zonas del mismo.
     La estructura conventual más relevante, de la que algunos restos atestiguan su valor, es la correspondiente a la zona del edificio que constituye la fachada este de la plaza de San Jerónimo, en la que se presenta restos de la fábrica del claustro. En dicha zona se reconocen perfectamente los espacios ligados a la actividad diaria de los frailes, con las bóvedas de aristas ejecutadas con yeso y decoradas con motivos decorativos barrocos, son la que corresponden con el refectorio y con la entrada al propio monasterio. La estructura, en dos crujías, estuvo ocupada desde las primeras décadas del siglo XX por una fábrica harinera. Los restos del claustro, contratados al cantero Juan García de Gibaja en 1554, impresionan por su escala y corrección según el estilo renacentista más puro. Toda la piedra que se utilizó procede de las canteras de Bácor y los fragmentos que se conservan pertenecen al cuerpo bajo y primero. El inferior está organizado por un orden toscano de pilastras adosadas al muro elevadas sobre un plinto sobre las que corre un entablamento dórico de metopas sin decorar y triglifos con seis gotas. Entre las pilastras se abren los arcos de medio punto, cuya línea de imposta se marca con una moldura que hace las veces de capitel.
     El inmueble se adapta al trazado viario del antiguo caserío situado entre las calles Rabalía Baja y Tabernica, de forma que al llegar a la esquina genera una fachada perpendicular a la calle, realizada de sillería en su estructura principal pero con los entrepaños de mampostería. Se organiza en tres plantas y ritmada por huecos de ventanas en su planta baja, a los que corresponden en la planta alta unos balcones volados de piedra. Esta fachada, en el vértice que se unía a las crujías paralelas a la plaza de san Jerónimo, presentaba refuerzo con sillares redondeados para facilitar la entrada de carros hacia el interior del segundo patio, en donde se organizaban las actividades ligadas a la producción: almazara y bodega. 
     Estos espacios están cubiertos con una potente bóveda de cañón, ejecutada con hormigón de piedras y cal, de los que todavía se reconocen restos de interés, en especial del lagar donde se encontraban las tinajas para el vino.
     En el extremo de estas construcciones se conserva parcialmente una torre contrapeso ligada a la almazara o a la bodega, levantada sobre unas hiladas de sillares de buena factura sobre los que se desarrollan muros de mampostería con esquinas de ladrillo. La torre sobresale de la línea de fachada del lado sur del monasterio varios metros, realineándose el resto de la calle a partir de la misma, y a su vez hace esquina con el muro de sillares que desde este punto, en dirección norte, separaba las dependencias del monasterio de las huertas y a cuyos pies transcurre el Caz Mayor. Del primitivo edificio conventual, en la zona este, junto al brazo sur del crucero de la iglesia, hay unas estancias que conservan elementos arquitectónicos de cantería en puertas y ventanas, con cierto repertorio estilístico de transición hacia formas manieristas. Por último, el muro de contención citado, que permite el cambio de cota desde el claustro del convento hasta el Caz Mayor, está ejecutado en sillería y presenta huecos cegados.
     El Monasterio de San Jerónimo, en Baza, jugó desde su fundación en los primeros años del siglo XVI, a partir de 1502, un importante papel en diferentes aspectos de la historia y del urbanismo bastetano. Su implantación se relaciona de forma directa con la oligarquía de la ciudad a través de sus comitentes, la familia Enríquez, y de otros personajes destacados de la época, de modo que rápidamente adquirió un importante patrimonio gracias a las donaciones de todos ellos en forma de tierras, inmuebles, censos, ganados, etc., llegando a convertirse en uno de los principales propietarios de la comarca bastetana.
     Respecto a la escala urbana, el conjunto de la iglesia y demás dependencias del monasterio llegaron a adquirir enormes dimensiones en comparación con el abigarrado callejero de la antigua ciudad musulmana recién conquistada. El monasterio pasó a representar el nuevo poder religioso de la ciudad y se convirtió tras la conquista cristiana en el hito más significativo de la urbanística bastetana a extramuros de la medina musulmana, dando origen a nuevos viales como la propia carrera de Palacio, que comunicaba estas implantaciones con el antiguo caserío medieval.
     San Jerónimo fue una pieza clave en la Baza de la Edad Moderna, entre los siglos XVI al XVIII, hasta su decadencia en el XIX, iniciada con la ocupación de los franceses durante la Guerra de la Independencia, que convirtieron la iglesia y dependencias monacales en caballerizas y acuartelamiento de sus tropas.
     Iniciado su declive, siguió un proceso similar al de tantos otros conventos e iglesias en todo el país. Tras las desamortizaciones eclesiásticas del siglo XIX, la iglesia siguió abierta al culto de forma intermitente hasta la Guerra Civil, pero el resto de sus dependencias fueron transformadas en viviendas, almacenes y espacios fabriles, perdiendo paulatinamente su pujanza y fisonomía anteriores, pese a lo cual, el monasterio sigue teniendo una fuerte presencia en la ciudad y en el imaginario colectivo.
     En nuestros días, aún se conservan destacados elementos del antiguo monasterio, como la iglesia y algunas partes de las dependencias monacales, ocupadas actualmente por una vivienda privada; en las zonas dedicadas a actividades industriales destaca la fábrica de harinas instalada en el primer tercio del siglo XX, perfectamente conservada, la cual constituye en sí misma otro elemento patrimonial de valor. Hay que añadir la zona dedicada a lagar, bodega y almazara, situada en el extremo sureste del recinto, además de un potente muro de sillares, que debió separar en su tiempo las edificaciones del monasterio de su huerta, junto al que discurre el Caz Mayor, principal conducción de agua hacia el interior de la ciudad desde la época musulmana.
     Las primeras noticias que sobre ella se tienen hacen referencia a la voluntad de sus fundadores de ser enterrados en la misma. Así se expresa en sus testamentos, según los cuales, don Enrique Enríquez debía ser enterrado en la capilla mayor de la iglesia en el lado del evangelio y doña María de Luna en el de la epístola. También algunos de sus descendientes y otros miembros de la oligarquía bastetana fueron enterrados en el templo, quedando vestigios aún visibles de sus sepulturas.
     Además la familia Enríquez, y en concreto doña María de Luna, gozó de un favor especial por parte de los jerónimos pues, según un codicilo otorgado en 1519, tenía derecho a usar el pasadizo privado que comunicaba directamente sus dependencias palaciegas con la capilla mayor de la iglesia, de modo que pudiese asistir directamente a los oficios religiosos. Sin embargo, tras la muerte de doña María, el pasadizo no fue demolido, provocándose una serie de litigios entre los frailes que querían derribarlo y los herederos del mayorazgo de los Enríquez, que querían seguir haciendo uso de él. Finalmente fue demolido a principios del siglo XVII, tras un nuevo pleito entre los frailes y los herederos de los Enríquez.
     En 1535, el maestro cantero vizcaíno Juan de Sasín firmó un contrato de construcción con el prior Fray Cristóbal de Andújar, quien un año antes había contratado también la terminación de la torre de la iglesia. Una vez fijados los enterramientos de los primeros Enríquez, se inició el nuevo proyecto a partir del antiguo lugar del presbiterio, pero al tratarse de un edificio más ambicioso y de mayores proporciones, la capilla Mayor se ubicó sobre la acequia.
     Este proyecto correspondía al tipo de iglesia de una sola nave, con crucero para generar el espacio del presbiterio, que toma como fondo una cabecera ochavada, que viene formalizada por una serie de contrafuertes exteriores que proporcionan estabilidad al conjunto murario. La cabecera presenta formalmente rasgos que la identifican con el estilo tardogótico del siglo XVI, como era usual en las fundaciones ligadas a los Reyes Católicos, compuesta por pilares nervados que sustentan bóvedas de plementería estrellada. Estos pilares, que conforman la cabecera de la nave y el crucero, presentan rasgos que hablan de la transición del gótico al renacimiento, puesto que contienen elementos cercanos a las formas platerescas, como la molduración de ovas y dardos de las basas de los pilares y, sobre todo, de las líneas de cornisa, que interrumpen la continuidad de los nervios que ascienden desde el suelo para construir las bóvedas.
     En el crucero destacan las ventanas de medio punto abocinadas enmarcadas por dos bandas de rosetas contenidas en una cuadrícula. De igual modo son de resaltar los escudos nobiliarios correspondientes al matrimonio Enríquez Manrique, situados en los brazos del crucero; el escudo del brazo norte corresponde a doña Francisca Manrique, hija de don Juan Chacón, Adelantado de Murcia, hermana del primer Marqués de los Vélez, y esposa de don Enrique Enríquez de Guzmán y Enríquez, a quien corresponde el escudo del brazo sur, hijo de doña Teresa Enríquez y nieto de los fundadores del linaje, que también fue conocido como Enrique Enríquez, el segundo, muerto en 1540 y que tuvo a su cargo la obra de la capilla mayor.
     Este primer proyecto gótico fue abandonado una vez concluidos la cabecera y el crucero. Exteriormente se puede comprobar cómo la nave principal se adosa al crucero, diferenciándose la fábrica, que ahora aparece de mampostería no concertada, y la cornisa que hace de remate de la nueva estructura, modulada con perfiles toscanos. La nueva nave responde a un esquema diferente, siendo capaz de generar otras menores a ambos lados.
     La sacristía se construyó a partir de 1588 y en ella intervinieron los canteros Jusepe Díaz y su padre Luis Antón. No obstante, con anterioridad ya se habría contratado el 10 de septiembre de 1578 con Rodrigo de Gibaja, quien no ejecutó la obra, cediéndola al cantero Pedro de Arroyo que tampoco la llevó a cabo. La sacristía es contemporánea de la generación de la nave lateral, pues tanto unos muros como otros están construidos con tapial y verdugadas de ladrillos cerámicos macizos, y ambas cubiertas se hicieron con rollizos de madera. En un momento posterior se construyeron las actuales bóvedas semiesféricas sobre pechinas de la sacristía, realizadas con doble rosca de ladrillo y revoco de yeso.
     En la nave principal el repertorio tardo gótico desapareció por completo. La bóveda de cañón está sostenida por un total de seis arcos fajones que apoyan en la línea de cornisa, simulando ser el entablamento de parejas de pilastras de las que sólo se insinúa el capitel, no apareciendo el resto del desarrollo. Los muros de la nave están articulados por seis arcos de medio punto entre pilastras cuadradas rematadas con un listel desde donde se inicia el arco, siendo éste el orden menor de la nave y el mayor el de la línea de coronación del muro. En un tercer momento, probablemente en las últimas décadas del seiscientos, se decide la construcción del coro a los pies de la nave, para lo que se arrancó desde los mismos huecos del muro, que se hicieron menores para albergar la nueva estructura.
     La fachada fue contratada en junio de 1690 con el alarife granadino Diego González, por el que se obligaba a levantar el muro de fachada de cantería y que sobre la imposta debían abrirse tres nichos de medio punto, los cuales se quedaron en uno y una ventana sobre él. Así mismo se comprometía a levantar la pared norte con una altura de once varas, realizada en mampostería, con un postigo para la entrada al coro y una tribuna para el órgano, que hoy día está desaparecida. La fachada, que se ejecutó mediante sillares, presenta hueco de entrada de medio punto y otros dos menores a los lados que con posterioridad fueron cegados. Una cornisa, a modo de listel, modula la fachada, separando el piso correspondiente al coro. Aparece también una hornacina flanqueada por pilastras toscanas y frontón partido con una ménsula con decoración vegetal y un escudo obispal. Aún por encima se abre una ventana de arco de medio punto que ilumina directamente el coro de los pies de la nave. Como remate de toda la composición se encuentra la gran cornisa toscana de piedra a que hacia referencia el contrato de 1690, reservada por la cubierta de tejas a dos aguas.
     En el interior de la iglesia aún es posible identificar restos de las pinturas murales que la decoraron. En diferentes zonas del templo, tanto de la capilla mayor como de la nave principal y capillas laterales, se conservan restos de decoraciones pintadas que abarcan, en cuanto a técnicas y estilos, desde algunas probables del siglo XVI, en la capilla mayor, hasta las más abundantes a base de hojarascas y otros motivos característicos del XVIII, que dominan en la bóveda de la nave principal, enmarcando los lunetos y cartelas de la clave de la misma así como en el coro, y en el intradós de los arcos que separan la nave principal de las capillas laterales. A esta decoración pintada se superpone otra más reciente del XIX e incluso del XX, presentes fundamentalmente en la cornisa interior de la bóveda de cañón, en la capilla mayor y en las capillas cegadas del lado sur de la nave principal.
     La torre, de fábrica de ladrillo de factura y estilo claramente mudéjar, se corona por una cornisa de canecillos de ladrillo y con una cubierta a cuatro aguas.
La iglesia de San Jerónimo,  sus dimensiones y valores arquitectónicos, su fábrica y los numerosos restos de pinturas murales conservados bajo los encalados posteriores, la convierten en el segundo templo en importancia patrimonial de la ciudad tras la iglesia Mayor, constituyendo aún en la actualidad el destino de la procesión de la patrona de Baza, Santa Bárbara. Las dependencias monacales ocupadas por la vivienda privada conservan, ocultos bajo las adaptaciones contemporáneas, elementos de gran valor como los alfarjes policromados que se han documentado recientemente (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El monasterio fue fundado en 1502 por el matrimonio Enríquez-Luna, y construido de forma simultánea a su palacio contiguo, con la intención de utilizar la capilla mayor de la iglesia monacal como panteón familiar. Entre el palacio y la cabecera de la iglesia se levantaba un pasadizo elevado o algorfa que comunicaba ambas construcciones. El monasterio fue durante casi cuatro siglos un enorme centro de poder religioso, económico y social de toda la comarca hasta la costa almeriense.
     La ciudad de Baza se consolida como lugar de referencia para conocer la cultura íbera con un nuevo recurso turístico y cultural: el Centro de Interpretación de la Cultura Íbera en el templo de San Jerónimo, donde se ha instalado de forma permanente la exposición “Íberos. Nuestra civilización antes de Roma”, cuya titularidad ha sido cedida gratuitamente al Ayuntamiento bastetano por Fundación La Caixa y donada por el Ayuntamiento de Jaén (Diputación Provincial de Granada).

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