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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 9 de diciembre de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María del Soterraño, Iglesia conventual de San José y San Roque, Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, Iglesia de la Vera Cruz, Iglesia del Santísimo Cristo de la Salud, Iglesia de la Concepción, Iglesia de la Virgen de la Candelaria, Torre del Reloj, Paraje natural Embalse de Cordobilla, y Plaza Ochavada) de la localidad de Aguilar de la Frontera, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María del Soterraño, Iglesia conventual de San José y San Roque, Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, Iglesia de la Vera Cruz, Iglesia del Santísimo Cristo de la Salud, Iglesia de la Concepción, Iglesia de la Virgen de la Candelaria, Torre del Reloj, Paraje natural Embalse de Cordobilla, y Plaza Ochavada) de la localidad de Aguilar de la Frontera, en la provincia de Córdoba.
     Llegando desde el norte, surge Aguilar en un paisaje de viñedos con la derrotada altivez de su antiguo castillo, triste mueca del marchito poderío señorial de los Fernández de Córdoba.
    Es una impresión engañosa. Dentro del casco alargado sobre la loma aguarda el asombro de la parroquia mayor, de las Descalzas, de la singular plaza ochavada, de la torre civil y de las señoriales mansiones.
     Ciudad situada al sur de la provincia, junto a la carretera N-331.
     Distancia a Córdoba: 50 Km.
     Altitud: 375 m.
     Extensión: 165 Km2
     Habitantes: 13.511
     Gentilicio: Aguilarenses.
     Mancomunidad: Campiña Sur.
     Antecedente de la actual población fue la ciudad romana de Ipagrum -campo alto-, que alcanzó el rango de municipio latino en el último tercio del siglo I d.C.
     Los musulmanes pasaron a llamarla Bulay o Poley. Poco después de su conquista cristiana, en 1257, cambia el antiguo nombre por el actual.
     Enrique II la entrega en señorío, junto con Priego, a Gonzalo Fernández de Córdoba, que inició el linaje de dicho apellido «llamado a desempeñar un papel protagonista en la historia bajomedieval de Córdoba, que culminó en la figura de don Alfonso de Aguilar», según R. Córdoba.
     Así pues, Aguilar constituye el núcleo originario del señorío de su nombre, más tarde Marquesado de Priego (Diputación Provincial de Córdoba).
     Esta localidad, conocida en época islámica como Poley, formó parte de la Cora de Cabra y fue incorporada a Castilla en 1240 con el nombre de Aguilar. Tras pertenecer a varios señores, en 1370 fue entregada por Enrique II a Gonzalo Fernández de Córdoba, dando origen al señorío de Aguilar y Priego, el estado más poderoso de la Córdoba medieval. Desde el siglo XVI fue del marquesado de Priego. Se conservan restos del castillo, ya existente a fines del siglo IX, muestra de su antiguo valor estratégico. La Edad Moderna dejó muestras importantes de arquitectura pública: La Torre del reloj, obra de 1770, y la Plaza de San José, importante muestra del urbanismo de 1808, ambas debidas a Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     A unos 20 kilómetros de Puente Genil, en dirección a Córdoba, se encuentra Aguilar de la Frontera, la antigua Ipagrum de la época romana, patria, entre otros, del poeta Vicente Núñez. Esta ciudad, encaramada en una loma de tierra albariza, merece una detenida visita, para descubrir tanto su plaza Ochavada como los numerosos monumentos civiles -especialmente casas solariegas- y religiosos con los que cuenta (Rafael Arjona. Guía Total, Córdoba. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2009).
     La antigua Ipagro de los romanos, la altiva Poley de los árabes se eleva en una empinada colina de la campiña cordobesa, junto a la carretera de Málaga.
Historia
     Poblada desde el Paleolítico Medio, Agui­lar conoce su primer florecimiento durante la dominación romana, sobre todo a partir de su participación en la batalla de la cercana Munda que puso punto final a la gue­rra civil entre César y Pompeyo.
     Durante la primera época del cristianismo fue cabeza de diócesis. Sinagius, obispo ipagrense, participó en el Concilio de Elvira, a principios del siglo IV. A lo largo de todo el periodo árabe fue plaza muy codiciada por los distintos caudillos musulmanes. Omar ben Hafsún, por ejemplo, el temible guerrero que, desde Bobastro, en la serranía de Málaga, se alzó contra el emi­rato cordobés, se apoderó de ella y la mantuvo bajo su dominio hasta el año 890 en que el emir de Córdoba la reconquistó para el gobierno central de Al­ Ándalus.
     En 1240 cayó en poder de los cristianos y en 1257 Alfonso X la donó a Gonzalo Yáñez Dovinel. A partir de 1258 aparece ya en las crónicas con su nombre actual de Aguilar, añadiéndosele poco después "de la Frontera" por su situación fronteriza con el territorio todavía islámico.
     Al término de las guerras civiles entre Pedro I y Enrique II, en 1370, la ciudad pasa a manos de Gonzalo Fernández de Córdoba, quien restaura definitivamente el antiguo señorío de Aguilar.
     Durante la Edad Contemporánea, Aguilar, que ha visto descender su población a causa de las epidemias sufridas durante los siglos XVII y XVIII, padece los altibajos y sobresaltos políticos propios de la época.
     Fuertemente progresista, adquiere protagonismo nacional a través de figuras como las de Antonio Ramírez de Arellano y, sobre todo, la de su hijo Carlos Ramírez de Arellano, varias veces diputado. En 1871 existe en la ciudad un núcleo anarquista perte­neciente a la A.I.T.
     Fundamentalmente agrícola, con dedicación especial al olivo, los cereales y la vid, en la actualidad, Aguilar goza de una sólida posición económica, acentuada con el establecimiento en su término de importantes bodegas, fábricas de aceite y de materia­ les cerámicos para la construcción.
Gastronomía
     Diversos y jugosos platos que tienen como base los productos del campo surten la mesa aguilarense: conejo en salsa, arroz con gallo, perdiz en salmorejo, alcachofas estofadas y tortillitas de San José, especie de croqueta aplastada, con ajo y perejil. Pero, sobre todo, en Agui­lar existe una extraordinaria repostería difícilmente supera­ble: merengas de café y de fresa, arropes, gachas de mosto y, por encima de todo, los risaos, a base de azúcar, almendras, yema de huevo y raspaduras de limón.
Artesanía

     Aún existen algunos talleres de forja en los que se realizan los delicados trabajos de rejería que engalanan las fachadas de las casas aguilarenses. Manuel Morillo trabaja la piedra caliza de las canteras de Cabra en su taller de la carretera de Puente Genil.
Fiestas y tradiciones
     Para San Blas, cuando regresan las cigüeñas a los campanarios, el 3 de febrero, tiene lugar en la iglesia de las Carmelitas Descalzas la bendición de las roscas de pan adornadas con lazos (los bulilis) que las abuelas y madrinas regalan a los niños.
     La Semana Santa Chiquita, cuyos protagonistas son los niños, se celebra el domingo siguiente al de Resurrección sacando en procesión por las calles reproducciones de los pasos mayores.
     El Corpus, que actualmente se ha trasladado al domingo siguiente al tradicional jueves, la ciudad se engalana con alfombras y cruces florales y el sábado y domingo siguientes se celebra la romería de la Virgen de los Remedios.
     El 29 de septiembre, San Miguel, se lleva a cabo la antigua subasta de los gallos.
VISITA
     La Plaza Ochavada*, magnífico ejem­plo de arquitectura popular, constituye el centro histórico y geométrico de la ciudad. En ella se encuentra el Ayuntamiento y la taberna del Tuta, famosa sobre todo por ser el lugar en el que el poeta Vicente Núñez escribió en 1981 Ocaso en Poley y donde tiene establecida una tertulia por la que a diario pasa un buen número de artistas y de intelectuales. La ciudad posee un número importante de casas señoriales situadas principalmente en la citada plaza y en las calles de sus alrededores. Especial atención merecen las del número 1 de la calle Carrera, el 3 de Arrabal, el 52 de Moralejo, el 2 de Gutiérrez Cámara y el 9 y 13 de Mercaderes. Pero en casi todas las calles del casco histórico podemos encontrar alguna. 
     Un bello ejemplo de arquitectura académica de carácter civil lo encontramos en la torre del Reloj, situada en la plazoleta de Silera, algo más arriba de la Plaza Ochavada. Se trata de una torre exenta, es decir, sin ningún otro edificio adosado a ella, obra de carác­ter barroco con una gran riqueza decorativa, construida en ladrillo por el arquitecto Juan Vicente Gutiérrez en 1774 y que recuerda las torres de Écija o de Antequera. Subiendo por la calle del Arrabal y dejando atrás la Placilla Vieja aparece el templo principal de la ciudad, la parroquia de la Virgen del Soterraño. Construida en 1530, es obra de estilo gótico mudéjar y en su traza participó el arquitecto Hernán Ruiz I. El edificio se levanta sobre una plataforma escalonada, posee tres naves que terminan en recta cabecera y la fachada es principalmente plateresca.
     En la esquina de la calle de los Moros con la de Santa Brígida se encuentra la iglesia del Hospital, cuya característica más llamativa es la de tener la torre embutida entre dos portadas. Aunque su construcción data del siglo XVI, la torre no fue finalizada hasta 1982, año en el que se remató con un templete neoclásico coronado por una imagen de San Rafael.
     Girando en redondo y regresando hacia el punto de partida se descubre el paseo de Agustín Aranda, actual corazón urbano de la ciudad al que se asoman los casinos de la Amistad y Labradores. La calle Moralejo asciende suavemente desde uno de sus laterales y en ella se alza la iglesia del convento de San José y San Roque, magnífica mues­tra del arte arquitectónico cordobés. Posee una pequeña planta de cruz latina con cúpula sobre el crucero, dos coros, alto y bajo, y un exuberante ornato barroco de gran belleza.
     Bajando por la calle de los Desamparados se desemboca en la plaza del Carmen, en la que existe un Cristo de los Faroles inspirado en el de Córdoba. Aquí se alza la iglesia del convento del Carmen, obra de 1590 con una sola nave con capillas laterales y una amplia cabecera acotada por un gran arco de medio punto. En todos los templos existe una enorme riqueza de retablos, imágenes y pinturas, principalmente barrocos y de influjo granadino (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia de Santa María del Soterraño.-
     Se construyó en 1530 para sustituir a un templo anterior, suponiéndose la intervención de Hernán Ruiz el Viejo. Es una iglesia de tres naves, la central cubierta con armadura y las laterales a un agua, y cabecera tripartita. Dispone de tres capillas a cada lado.
     El retablo mayor, con salomónicas y estípites, es obra de Félix Pérez de Mena fechada en 1728. En él puede verse la Virgen del Soterraño, imagen de vestir, considerada por algunos obra del XVI, acompañada de San Agustín y San Gregorio; en el ático se sitúan imágenes de San Fernando y Santa Isabel de Hungría flanqueando al Crucificado. De las paredes del presbiterio cuelgan varias tablas, procedentes de un retablo perdido de mediados del XVI, que se han relacionado con el pintor Pedro Fernández Guijalvo. En el centro están tres sitiales con motivos franciscanos de estética rococó. Sobre el arco toral se ve un cuadro moderno de la Imposición de la casulla a San Ildefonso, y sobre los pilares, el Salvador y la Virgen, del siglo XVII.
     La nave central se adorna con dos series de lienzos; la inferior compone un Apostolado de medio cuerpo, fechable en el siglo XVII, y la superior la forman cuatro grandes lienzos con figuras de los arcángeles, de estética zurbaranesca, y seis apóstoles todos de cuerpo entero, más una apoteosis de San Francisco. Cierra la nave el coro, obra de Francisco Javier Pedrajas, de 1777. El facistol remata con una talla de la Inmaculada apocalíptica, de hacia 1700. Hay también dos pequeñas tallas barrocas de San Lorenzo y la Virgen del Pilar.
     La cabecera de la nave izquierda la constituye la capilla del Sagrario, construida en 1639 y profusamente decorada con yeserías realizadas por el maestro Francisco Donaire Trejo. Se cierra con una reja de 1908, a cuyos lados, sobre repisas, aparecen figuras en altorrelieve de Melquisedec y David. El interior se cubre con bóveda decorada con ángeles músicos, ocupando las pechinas los Padres de la Iglesia; sobre los medios puntos se disponen la Iglesia y la Sinagoga, la Justicia y la Caridad, la Esperanza y la Fortaleza, y la Templanza y la Prudencia. En el frente se sitúa la puerta de acceso al sancta sanctorum, flanqueada por relieves del Bautista y el Evangelista. Por encima se ve un relieve con la Sagrada Cena. En los muros laterales se disponen retablos; el de la izquierda es obra del siglo XX, con imagen de vestir de la Dolorosa, y por encima el escudo pontificio; el de la derecha, dedicado a San Pedro pontífice, es obra del siglo XVII.
     En la nave de la izquierda destaca una talla sobre peana de San Miguel, de hacia 1770. La capilla del Rosario, erigida hacia 1620, muestra interesante decoración relivaria y un retablo del siglo XVIII, con imagen barroca de la Virgen del Rosario, también llamada de la Clemencia. La capilla del Santo Sepulcro tiene la imagen del Yacente, realizada hacia 1650 por Tomás del Risco, y la de las Angustias, con reja fechada en 1924, un retablo con el grupo de la Piedad, obras ambas del Seiscientos. Sigue luego un retablo del siglo XVII, que sólo conserva dos pinturas originales, la Imposición de la casulla a San Ildefonso y San Pablo, ocupando la hornacina central la Virgen del Mayor Dolor, realizada en 1903 por el valenciano José Romero Tena. A los pies de la nave puede verse un lienzo, de finales del siglo XVII, de la Virgen del Carmen con las ánimas del Purgatorio. 
   La cabecera de la nave derecha compone la capilla de la Inmaculada, con reja realizada en 1908, flanqueada por las figuras en altorrelieve de San Joaquín y Zacarías. Destaca también por la ornamentación de yeserías, fechada en 1667. El frente tiene un retablo del tercio final del XVII con imagen actual de la Inmaculada en el centro y, en ático, una pequeña talla del siglo XVIII de idéntica advocación; a los lados, sobre repisas, aparecen San Pedro y San Pablo, burdamente repintados. En el muro izquierdo hay un retablo recompuesto de 1908 y en el muro derecho se halla la neoclásica Custodia procesional, obra de Manuel Aguilar Guerrero de 1816.
     De las capillas abiertas a esta nave merecen citarse la de los Reyes, construida en 1682, en cuyo retablo puede verse una pintura de la Epifanía, de estética manierista, y la de Jesús Nazareno, levantada en el siglo XVIII y separada de la nave por una reja fechada en 1874. El retablo, obra anónima de hacia 1754, luce en los laterales las imágenes de San Antón y San Nicolás; en el ático aparecen la Fortaleza y la Fe. El camarín, profusamente decorado con figuras de santos y relieves de estuco, se relaciona con el maestro Cristóbal Ruiz de Medina, en torno a 1754. La imagen de Jesús Nazareno es obra de estética granadina, de hacia 1700, retocada por Miguel Arjona en 1985. Fuera de la capilla hay dos tablas del XVI, de la misma serie que las del presbiterio.
     Del ajuar litúrgico cabe mencionar la custodia de farol de Diego Fernández, de mediados del XVI, unas puertas de sagrario de Diego de León, de 1650, la urna eucarística y dos atriles de Bernabé García de los Reyes, y varias piezas de Damián de Castro (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Iglesia de Nuestra Señora de Soterraño es una construcción de diversas épocas. La zona más antigua formaba parte de la capilla del Castillo de Aguilar y puede ser de la segunda mitad del siglo XIII; la zona más moderna, de estilo gótico florido, es de fines del S. XIV.
     Es un templo de tres naves separadas por arcos apuntados sobre pilares de columnas adosadas, configurando la forma de una T. El arco triunfal es de medio punto rebajado y tiene doble coro a los pies. Pilares cruciformes de secciones curvadas sostienen los amplios arcos formeros apuntados que separan la nave central de las laterales. Esta nave posee una bella techumbre mudéjar de madera, de par y nudillo, mientras que la capilla mayor tiene una bóveda de crucería gótica. Las naves laterales se cubren con cielo raso y la capilla mayor con una bóveda de crucería simple. El plateresco se impone en la portada de la epístola, cuyo medio punto y pilastras aparecen cuajados de cardinas y decoraciones a candelieri, lo que hace de ella una de las más hermosas muestras del estilo en la Campiña.
     A esta fabrica se le añadieron diversas capillas, ya desde el mismo siglo XVI, aunque las ricas pertenecen al XVII y al XVIII. Junto a la cabecera, por el lado del evangelio, se localiza el Sagrario, que se fecha de 1639. Es un recinto rectangular con cúpula oval, seguido de otro menor para la reserva eucarística; pero la más interesante de él es su rica decoración de yeserías, derivada de la del coro de la catedral de Córdoba. La capilla simétrica de la Inmaculada fue construida en 1667 y en ella se procuró armonizar con el Sagrario. A la nave de la epístola se abre la capilla de Jesús Nazareno, uno de los principales conjuntos barrocos de la provincia de Córdoba, que según la documentación estaba terminado en 1754. La torre adosada al lado derecho de la nave se asienta sobre otro anterior, obra es esbelta y de estilo barroco.
     Ubicada en la parte más alta y antigua de la población, en las inmediaciones del local del Castillo, algunos de cuyos restos aún son visibles adosados a la cabecera del templo. Se creo en la época de la Reconquista. Existió un primitivo templo construido en 1260, pero el actual data del siglo XVI, erigiéndose a partir de 1530. Nos encontramos ante una construcción de diversas épocas. La zona más antigua formaba parte de la capilla del famoso Castillo de Aguilar, y puede ser de la segunda mitad del siglo XIII. La zona más moderna, de estilo gótico florido, es de finales del siglo XIV. 
     Según algunos autores el templo fue mandado construir por Dª Catalina Fernández de Córdoba, marquesa de Priego, sin embargo la fecha que se da, 1530, no encaja para el estilo en el que se realizó, debido a que por esos años el renacimiento ya ocupaba un lugar preeminente en el gusto de los promotores, así como de los arquitectos. Lo que si es más seguro es que la marquesa acudiese puntualmente en el sufragio de algunas obras. Hacia finales del siglo XVI, comienzos del XVII se produjo una interesante reforma que consistió en hacer nuevas las capillas laterales del Sagrario y Santa Ana, también denominada de la Purísima, y la del Rosario en la nave del evangelio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     A los pies de las ruinas del antiguo castillo medieval, llamado Peñón del Moro, emergiendo entre modestas casas del barrio de La Villa, se levanta la parroquia mayor de Nuestra Señora del Soterraño, un vistoso templo gótico-mudéjar construido a partir de 1530 con la intervención de Hernán Ruíz I; consta de tres largas naves separadas por arcos apuntados que se apoyan en pilares cruciformes; la central, con artesonado mudéjar, da paso, tras el arco toral a una capilla mayor cubierta con una bóveda gótica de crucería, que acoge un retablo labrado por Félix Pérez de Mena en el primer tercio del XVIII.
     A partir del siglo XVI se le añadieron a esta iglesia sucesivas capillas; las más interesantes son la del Sagrario, en el lado del evangelio, que data de 1639 y ostenta una rica decoración de yeserías polícromas, obra de Francisco Donaire, y la de Jesús Nazareno, en el lado de la epístola, de mediados del XVIII, en la que llama la atención su camarín de disposición octogonal, decorado con espléndidas yeserías, que acoge un Nazareno de principios del XVIII, de rasgos granadinos.
     En su tesoro guarda el templo una artística custodia procesional en forma de templete realizada por Manuel de Aguilar en 1816.
     En el muro de la epístola la parroquia muestra al exterior una portada de finas labores platerescas. Ante ella se alza un triunfo erigido en honor de la Inmaculada en 1866 (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia conventual de San José y San Roque.-
     Este monasterio de Carmelitas Descalzas fue fundado en el año 1671. El templo responde al esquema de cruz latina de brazos cortos, con coro alto a los pies y bajo a la derecha del presbiterio. Todo el conjunto, admirablemente conservado, se adorna con yeserías que sirven de marco a series de lienzos con ángeles, santos de la orden, padres de la Iglesia, apóstoles y otras devociones. Aunque se aprecian diversas manos, la mayor parte de esta decoración se ha atribuido a Juan Muñoz Berlanga.
     El retablo mayor, obra anónima realizada entre 1694 y 1697, aloja en el hueco central una imagen de la Virgen del Carmen, flanqueada por Santa Teresa y San Juan de la Cruz, y por encima el Crucificado, entre San Elías y San Roque. A ambos lados del presbiterio se ven diversos lienzos, como el Ecce Homo, de hacia 1700, la Dolorosa y la Magdalena confortada por un ángel, de fines del XVII.
     En los frentes del crucero hay dos retablos hornacina gemelos, de fines del XVII, con buenas imágenes de talla de la Inmaculada y San José. En los testeros hay otros dos retablos gemelos salomónicos, dedicados al Nazareno y a la Dolorosa, de hacia 1700.
     Al entrar en la nave se destaca el púlpito decorado con relieves de la Virgen, San José y santos de la orden. En el muro de la izquierda se ven los cuadros grandes de la Anunciación y la Adoración de los Pastores, de hacia 1700. En el muro derecho están la Coronación de la virgen, firmado por Muñoz y fechable hacia 1700, y San Roque con San José y Santa Teresa, debido a fray Juan del Santísimo Sacramento, de 1674. En el testero  del coro sobresale un gran lienzo de la Virgen protectora del Carmelo, del estilo de Muñoz, de principios del Setecientos. En el sotocoro están dos medios puntos con Cristo amarrado a la columna y el Camino del Calvario y otros dos lienzos con los carmelitas San Ángelo y San Juan de la Cruz (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se empezó a construir en 1668 y fue terminada en 1761. Es una de las iglesias más importantes en su estilo, destacando como una de las joyas más destacadas del barroco. 
     Tiene forma de cruz latina con bóvedas de medio cañón con fajones y lunetos decorativos y forma de media naranja en el centro del crucero. El coro alto se sitúa sobre la nave. Su interior está totalmente decorado, todo con gran unidad de estilo, formando un conjunto de sorprendente belleza.
     En el exterior sólo hay que destacar dos portadas del tipo frecuente en Aguilar. La que mira al sur tiene la fecha de 1683, y la que mira al este lleva la de 1702.
     El Monasterio de San José y San Roque, de monjas carmelitas, más conocido en Aguilar por Las Descalzas, lo fundó el aguacil mayor del Santo Oficio, Don Rodrigo de Varo y Antequera, iniciándose los trabajos de construcción en 1668, terminándose en noviembre de 1761 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de Nuestra Señora del Carmen.-

     El templo es lo único que ha subsistido del convento de carmelitas descalzos fundado en 1590. Se levantó en el siglo XVII, pero se ha transformado a lo largo del tiempo, hasta el punto de que la actual iglesia es fruto de una reforma de 1964. Presenta esquema de nave única, con cabecera rectangular, a la que abren capillas, y crucero muy poco resaltado, también  con capillas laterales intercomunicadas. Las cubiertas son de bóvedas de cañón y cúpulas sobre pechinas.
     El retablo mayor, barroco, es recompuesto, colocado en 1964.. Lo preside una imagen actual de la Virgen del Carmen, acompañada por San Pablo, San José de la Montaña y San Juan de la Cruz, todos del XVII. A la izquierda del presbiterio abre la capilla del Sagrario, con sagrario de la segunda mitad del XVIII y un Crucificado del XVII.
     La capilla de la derecha guarda imágenes del Cristo de la Expiración, obra de finales del XVII, restaurada en 1984 por Miguel Arjona, y de María Santísima de las Angustias, del XVIII, restaurada en 1997 por Miguel Ángel Fernández y Ricardo Llamas.
     En los pilares del arco de ingreso a la capilla mayor se sitúan dos retablos del Setecientos dedicados a María Auxiliadora, y a San Rafael. Los testeros del crucero están ocupados por cuatro capillas en las que destacan, en la parte izquierda, un altar dedicado a la Virgen de la Paz, imagen setecentista de terracota, y en la derecha, un retablo barroco de mediados del XVIII, que aloja la imagen del Resucitado, realizada por Pío Mollar en 1924.
     En los muros del crucero se ven lienzos con el Calvario, obra de fray Juan del Santísimo Sacramento de hacia 1660, un retrato de fray Luis Barata, del Setecientos, un Crucificado, copia del original velazqueño, y cuatro Apóstoles, obras contemporáneas que forman parte de la serie que se halla distribuida por el templo.
     Ya en la nave, por la izquierda, se sitúan tres capillas. La primera está dedicada a la Sagrada Familia, con retablo y grupo de la primera mitad del XVIII, salvo el Niño, que es moderno. La de Jesús Caído guarda las imágenes del titular, del siglo XVIII inspirada en modelos sevillanos del XVII, y María Santísima de la Paz, de candelero, realizada por Juan González Ventura en 2001. Por el lado derecho de la nave merece reseñarse un retablo barroco del siglo XVIII con imagen de la Virgen de la Merced y Jesús Cautivo, de igual fecha (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

Iglesia de la Vera Cruz.-
     Construida a mediados del XVII, tiene nave única, que se cubre con bóveda rebajada y presbiterio cupulado. El retablo mayor es salomónico, de fines del XVII, muy retocado. El camarín aloja la Virgen de los Remedios, imagen ambivalente de gloria y pasión, del siglo XVII, pero restaurada por Martínez Cerrillo hacia 1950. El Niño Jesús es moderno. A los lados del presbiterio se disponen dos retablos de hacia 1770, el de la izquierda con la imagen de Cristo atado a la Columna y el de la derecha con el Ecce Homo, ambas de hacia 1640, del taller granadino de Alonso de Mena, recientemente restauradas.
     Al lado izquierdo de la nave hay dos retablos, uno recompuesto, con la cruz del Lignum Crucis, del XVII, y el otro dedicado a San Antonio, con una pintura sobre tabla de la Dolorosa, del siglo XVIII. En el lado derecho se abre la capilla del Cristo, en la que hay un retablo salomónico mutilado de hacia 1700, con el Cristo de la Vera Cruz, del XVIII, y la imagen procesional de Nuestro Padre Jesús del Calvario, obra de Ricardo Llamas León, de 1993.
     Sigue en la nave un retablo de hacia 1620, hoy de la Inmaculada, con pinturas de la Imposición de la casulla a San Ildefonso, obra cordobesa de la misma fecha. La llamativa capilla de la Virgen de la Rosa, de mediados del XVIII, va decorada con relieves en yeso y pinturas con programa mariano. La imagen de la titular es una talla policromada del círculo de Pedro de Mena, de hacia 1700. La dolorosa de los Desamparados, que es también gloriosa, la hizo en Valencia José Romero Tena en 1912, y la restauró Francisco Berlanga en 1996 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La iglesia de la Vera Cruz se construyó a mediados del s. XVII en el Llano de la Cruz. Es una iglesia de cajón de 23 x 7 metros, cubierta por bóveda de sección carpanel con fajones. Un arco toral separa la nave de la capilla mayor, cubierta con cúpula rebajada sin luces. Tiene un gran camarín con cúpula. Han sido añadidas dos capillas al lado de la Epístola. 
     La capilla mayor, separada de la nave por un arco toral, está cubierta por una cúpula rebajada, sin luces, con un gran camarín con cúpula. La más importante es la del Rosario, hexagonal, con camarín anexo en el que se encuentra la imagen de la Virgen de la Rosa. La capilla está cubierta por cúpula con linterna y decorada con hermosas yeserías. 
     La portada lateral, de piedra, se considera de gran importancia para la historia del arte en Aguilar, ya que establece un tipo que se repite con variantes de acuerdo con los avances del estilo barroco hasta cinco veces en distintos templos. Puede fecharse hacia la mitad del siglo XVII y sus antecedentes, tal vez sean más sevillanos que cordobeses. Su esquema general es el de un arco de medio punto formado por tres fajas en degradación de profundidad, que arranca de impostas. 
    El arco queda enmarcado por pilastras y entablamentos lisos de orden toscano. Sobre el entablamento, un cuerpo más pequeño pero de igual organización, con nicho avenerado; este cuerpo está flanqueado por los ángulos de un frontón curvo partido, resuelto en volutas. En los dos cuerpos, unos pináculos piramidales sencillos completan la estructura. 
     La primera iglesia de esta advocación se hace en 1521, en la Silera Vieja, trasladándose luego a donde hoy está la Iglesia del Carmen, donde ya existía en 1590. Fue demolida para edificar la actual parroquia y, tras muchos inconvenientes, se levantó en el llamado Llano de la Cruz (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia del Santísimo Cristo de la Salud.-

     La iglesia parroquial del Santísimo Cristo de la Salud, de una sola nave, fue una ermita erigida en 1611, con una torre de 1868. El retablo mayor es del XVIII; lo preside la imagen del titular, talla del XVII inspirada por el Cristo de la Buena Muerte, de Castro. De igual fecha son las de San Ignacio y San Miguel. La Virgen de la Piedad es del XIX (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El edificio presenta planta rectangular de una sola nave. El presbiterio se diferencia de la nave al elevarse sobre una gradas. Este se cubre con un casquete semiesférico trasdosado al exterior en un tejado a cuatro aguas. La nave es cubierta con bóveda de cañón, trasdosándose en una estructura a dos aguas. A los pies presenta coro en alto, de reciente construcción, y la torre que sigue la línea de fachada del muro del Evangelio. Esta se compone de cuatro cuerpos cuadrados, rematándose con chapitel.
     En este muro se abre la única portada de piedra. esta, a modo de arco de triunfo con columnas corintias, se remata en volutas que enmarcan una hornacina rectangular coronada con ménsulas y pináculo con bola.
     El templo fue construido en 1611, pero a finales del mismo siglo, los vecinos y el cabildo municipal ofrecieron levantar un nuevo santuario con motivo de la peste. En 1864, el presbítero Manuel Toro y Palma compró una casa inmediata a la capilla, construyendo en su lugar una torre. En la década de los años sesenta del presente siglo se convierte en iglesia parroquial (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de la Concepción.-
     La iglesia de la Concepción, del antiguo Hospital de Santa Brígida, restaurada en 2005, tiene su origen en el XVI, se reformó en el XVIII y la torre se terminó en 1982. Destaca la imagen de la Virgen de la Aurora, talla completa policromada de Alonso Gómez de Sandoval, de mediados del XVIII. Es interesante el Apostolado, de igual fecha, firmado por Bartolomé Polonio (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El Hospital de la Caridad y su iglesia, en Aguilar de la Frontera, está formado por tres diferentes edificaciones: La torre, el templo y el hospital. El hospital fue fundado en el siglo XVII. El elemento más singular del conjunto es la torre renacentista que, situada a los pies de la iglesia presenta una mayor antigüedad que el resto del templo, De planta cuadrada y tres cuerpos sobre fuerte basamento, muestra los tres órdenes clásicos, dórico, jónico y corintio, tratados con majestuosidad.
     La iglesia es una de la más importantes de Aguilar. Es de planta cuadrada con tres naves escalonadas separadas por dos grandes arcos formeros de medio punto sobre pilares cuadrados con semicolumnas en sus frentes de tradición románica. Los pilares son compuestos con medias columnas en cada uno de los cuatro fuertes, cosa original en la arquitectura barroca cordobesa. La capilla mayor cuadrada se abre a la nave general mediante un gran arco toral muy peraltado. Las bóvedas son de medio cañón con lunetos y fajones.
     Es de estilo renacentista y de construcción de finales del siglo XVI, ha tenido sucesivas reformas, siendo el interior del siglo XVIII. A esa última reforma se debe la torre, lo más interesante de su fachada. Esta torre no cobija la puerta, sobresale un poco de la línea de fachada, lo suficiente para que, a pesar de sus dos cuerpos inferiores están embutidos en la nave central, adquiriendo individualidad, como si estuviese exenta. Es de sección cuadrada, proyectada con tres cuerpos, sobre fuerte basamento, y muestra los tres órdenes clásicos, dórico, jónico y corintio, tratados con majestuosidad. Los dos inferiores de piedra, apilastrados y con semicolumnas, y de ladrillo superior, cada uno de un orden. Esta torre es un modelo de unidad, elegancia y armonía y encaja ya dentro del tiempo y el gusto del neoclasicismo. 
     La ambiciosa obra de reedificación quedó cortada, la torre quedó sin concluir, colocándosele un feo tejado a cuatro aguas. Contrasta la sillería de la torre y de los laterales de ésta que inician los paños del frontis, el aparejo de sillarejo e hiladas de ladrillo con que casi toda está realizada, dando muestra evidente de obedecer una solución de circunstancias. 
     En estos paramentos de sillarejo e hiladas de ladrillo están colocadas dos portadas. En ellas se mantiene el arco de medio punto flanqueado por pilastras y cobijado por entablamento liso. Sobre él, volutas laterales y nicho avenerado con igual organización.
     El fundador de las Descalzas, según consta en su testamento otorgado en 1679, agregó al hospital una hacienda considerable e introdujo notables mejoras. Posiblemente entre estas mejoras se encuentra la construcción de dos portadas que hoy están en la fachada principal, al lado de la torre. El 19 y 24 de marzo de 1726 los Duques de Medinaceli dan licencia para añadir una nave a la iglesia del hospital hacia la parte de la calle.
     El 1 de septiembre de 1738 don Pedro Toro y Palma fundó la enfermería de mujeres y el beaterio. La iglesia fue demolida y reedificada en el siglo XVIII gracias al presbítero Antonio de Herrera, que levantó una de las naves, haciendo las otras dos y la torre a cargo de don José Castilla y Sedano. Esta reforma que debió aprovechar los muros maestros y las arquerías quedó sin concluir (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de la Virgen de la Candelaria.-

     La iglesia de la Virgen de la Candelaria es del siglo XVI, de una sola nave y estructura mudéjar. Las armaduras fueron repuestas en 1730 por Juan Ramírez de Aguayo. Los retablos de yeso, del XVIII, se han relacionado con Juan Bartolomé Belmonte y el camarín fue realizado en 1780 por Juan López Segura (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Iglesia de la Candelaria es un templo de planta rectangular, tipo cajón, con arco toral separando el presbiterio de planta cuadrada. Este arco apoya sobre pilastras adosadas con molduras en el arranque a modo de capitel de estilo gótico tardío. La nave se cubre con artesonado original dotado de tirantas de lazo muy decoradas con gramilados en estrella en los lazos centrales. Poseía coro alto a los pies del templo sobre arco rebajado con peanas a modo de pechinas en sus encuentros con los muros laterales. Hoy se encuentra destruido. El presbiterio se cubre con artesonado cupular octogonal, de lazo relleno de ladrillos entre pares, al igual que el de la nave, pero repuesto en el siglo XVIII.
     El templo dispone de cuatro nichos, dos a los lados del presbiterio y dos en la nave sobre los que se labraron altarcillos de yeso en el siglo XVIII. Los del presbiterio se componen de un nicho entre pilastras sobre peana y altar, flanqueado por columnas con pedestal, con capiteles atípicos que sostienen entablamento que en el vano se arquea y alza la cornisa, dejando un espacio contorneado de perfil mixtilíneo, que alberga una especie de óvalo enmarcado por hojarasca y rocalla con un colgante a modo de clave de perfil placado con volutas. Los altares de la nave se forman con un gran nicho avenerado sobre el que destaca y avanza otra hornacina entre pilastras sobre ménsulas con un entablamento de línea de dosel con cresta de flores. 
     La portada, desmontada por ruina y de la que se conservan piezas, tenía columnas de fuste estriado y pilastras con relieve en decoración geométrica de estilo manierista.
     La construcción de la iglesia se data en 1540, en que fue fundada por Juan García de Varo y su esposa. En 1575 se construye el artesonado actual de la nave. A finales del siglo XVI se construye la portada manierista, hoy desmontada. 
     En 1780 se construye el camarín y su escalera por Juan López Segura y en 1976 se restaura la cubierta por Eduardo Barceló (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Torre del Reloj.-
     Es uno de los monumentos más característicos de Aguilar y un importante ejemplo de arquitectura civil. Situada en la plaza de los Desamparados, fue construida entre 1770 y 1774, durante el reinado de Carlos III. El arquitecto que dirigió la obra fue Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca, a quien se debe también el diseño de la Plaza de San José. Está construida en ladrillo agramilado con basamento de arenisca; es una torre exenta, de concepción barroca. Posee dos campanas, una para las horas y otra para los cuartos. 
     La torre tiene unos treinta metros de altura, de tres cuerpos, zócalo alto y remate con linterna. El primero, tiene una altura sensiblemente similar a los otros dos juntos con vanos pequeños. En el segundo cuerpo se encuentra el reloj, tiene los huecos grandes y en él se sitúan las campanas de las horas. El tercero también tiene los huecos grandes, en él se encuentran las campanas de los cuartos. Este cuerpo termina en una cúpula decorada de azulejería y coronada por un remate en forma de linterna. 
     La obra, que comienza con forma cuadrada con esquinas rematadas, termina en su último cuerpo con forma ochavada. 
     De estilo barroco, se encuentra rodeada de decoración de ladrillo con molduras que rodean huecos, esquinas y cornisas.
     Esta torre fue construida para dotar al pueblo de un reloj, la costearon todos los vecinos de Aguilar.
     En 2017 se llevaron a cabo obras de restauración en la cúpula y los pináculos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En Aguilar de la Frontera nos encontramos con uno de los monumentos más característicos, muestra local de la arquitectura civil, La Torre del Reloj, finalizada en el año 1774 bajo el reinado de Carlos III.
     La Torre del Reloj tiene unos treinta metros de altura, de tres cuerpos, zócalo alto y remate con linterna. El primero, junto con el zócalo en el que se abre la puerta, tiene una altura sensiblemente similar a los otros dos juntos con vanos pequeños. En el segundo cuerpo se encuentra el reloj, tiene los huecos grandes y en él se sitúan las campanas de las horas. El tercero también tiene los huecos grandes, en él se encuentran las campanas de los cuartos. Este cuerpo termina en una cúpula decorada de azulejería; esta cúpula está coronada por un remate en forma de linterna.
     La obra, que comienza con forma cuadrada con esquinas rematadas, termina en su último cuerpo con forma ochavada. De estilo barroco, se encuentra rodeada de decoración de ladrillo con molduras que rodean huecos, esquinas y cornisas (Diputación Provincial de Córdoba).

Paraje natural Embalse de Cordobilla.-

     El Paraje Natural Embalse de Cordobilla se localiza sobre el Río Genil, en los términos municipales de Puente Genil y Aguilar de la Frontera de la provincia de Córdoba y  en el de Badolatosa (Sevilla).
     Tiene una superficie de 1.460 hectáreas.
     Fue declarado como Paraje Natural mediante la Ley 2/1989, de 18 de julio, por la que se aprueba el inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía y se establecen medidas adicionales para su protección (BOJA núm. 60, de 27/07/1989); es Sitio Ramsar y Zona de Especial Protección para las Aves [ZEPA (2002)].
     La localización de este embalse, próxima a otros enclaves naturales de gran importancia, como las Lagunas del Sur de Córdoba, con las que está bastante ligado, realza su interés ecológico al contribuir a la supervivencia de numerosas especies de aves protegidas, que tienen en estos espacios sus áreas de nidificación e invernada.
     En cuanto a la vegetación hay que destacar los tarajales de Tamarix gallica. En las orillas existe una densa vegetación compuesta fundamentalmente de Enea (Typha dominguensis), Caña (Arundo donax) y Carrizo (Phragmites australis).
     Entre las aves que pueden observarse se encuentran la Malvasía (Oxyura leucocephala), el Calamón (Porphyrio porphyrio), la Garza Imperial (Ardea purpurea), la Garza Real (Ardea cinerea), la Garceta Común (Egretta garzetta), el Ánade Real (Anas platyrhynchos), el Pato Cuchara (Anas clypeata), el Aguilucho Lagunero (Circus aeruginosus), el Zampullín Chico (Tachybaptus ruficollis), la Garcilla Bueyera (Bubulcus ibis), la Cerceta Común (Anas crecca), el Porrón Común (Aythya ferina), la Focha Común (Fulica atra) y la Polla de Agua (Gallinula chloropus).
     En los últimos años se viene observando también el Flamenco Común (Phoenicopterus ruber), la Cigüeñuela (Himantopus himantopus), la Avoceta (Recurvirostra avosetta), el Chorlitejo Patinegro (Charadrius alexandrinus) y el Chorlitejo Chico (Charadrius dubius).
     Las orillas y aguas someras están continuamente invadidas por numerosas especies limícolas en diferentes épocas del año (Diputación Provincial de Córdoba).

Plaza Ochavada.-
      La plaza ochavada de Aguilar de la Frontera en Córdoba, proyectada en 1805, es uno de los más bellos ejemplos de recintos urbanos octogonales en Andalucía. Incluida en su densa trama urbana, se construye en tres plantas de altura, disponiéndose tres casas en cada lado del octógono, que se desarrollan en torno a un patio interior. Las entradas a la plaza se producen mediante arcos que ocupan una de las tres casas del lado en que acometen las calles de acceso.
     El conjunto de fachadas, con una altura homogénea y con tres huecos por casa, dispone sobre la puerta de cada una el balcón principal, recercado de piedra. Unos huecos regulares se repiten, incluso sobre los arcos que cierran las calles en la tercera planta, insistiendo de este modo en la regularidad de este espacio urbano.
     Fue proyectada por Juan Vicente Gutiérrez de Salamanca, aunque su diseño se acabó cambiando debido a los usos requeridos en aquel momento. En un principio podría haber sido un espacio utilizado como mercado, incluso con plaza de toros, pero finalmente, este espacio acabaría siendo la Plaza Mayor de la localidad, lugar en el que acabaría estableciéndose el ayuntamiento.
     Desde su construcción hasta los primeros años de 1966, cumplió su principal cometido, cual fue ser espacio para el abastecimiento público (mercado), principalmente. Durante todo ese tiempo, sufrió adaptaciones y reparaciones diversas mas nunca alteraron su fisonomía general. Sin embargo, las labores de restauración más importantes fueron las emprendidas en la década de 1970, que sirvieron para dotarle del actual pavimento y, con posterioridad, de cierta uniformidad de fachadas tomando como referencia las dos únicas portadas originales conservadas (casas n. 18 y 19). 
     Los proyectos técnicos fueron redactados por los arquitectos Rafael de la Hoz Arderius, Gerardo Olivares James y José Chatang Barroso (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María del Soterraño, Iglesia conventual de San José y San Roque, Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, Iglesia de la Vera Cruz, Iglesia del Santísimo Cristo de la Salud, Iglesia de la Concepción, Iglesia de la Virgen de la Candelaria, Torre del Reloj, Paraje natural Embalse de Cordobilla, y Plaza Ochavada) de la localidad de Aguilar de la Frontera, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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jueves, 4 de julio de 2024

Los principales monumentos (Plaza Ochavada - Ermita Rupestre, Caños de las Monjas, Convento de las Monjas Mínimas, Edificio de la Cilla, e Iglesia de la Victoria) de la localidad de Archidona (II), en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Plaza Ochavada - Ermita Rupestre, Caños de las Monjas, Convento de las Monjas Mínimas, Edificio de la Cilla, e Iglesia de la Victoria) de la localidad de Archidona (II), en la provincia de Málaga.


Plaza Ochavada - Ermita Rupestre
      La Plaza Ochavada fue la obra urbanística más importante del siglo XVIII. Claro ejemplo de la política ilustrada, su fin fue proporcionar trabajo a los braceros y eliminar el muladar de San Roque, por apartado y antihigiénico. Las actuaciones se iniciaron en 1780 con la compra de casas y patios para obtener el solar. Los alarifes locales, Francisco Astorga Frías y Antonio González Sevillano, la realizaron entre 1786 y 1789, y su estilo entronca con otras obras de arquitectura religiosa y civil de Archidona. El establecimiento del Ayuntamiento en uno de sus edificios provocaría un nuevo basculamiento de los focos urbanos considerados neurálgicos, habitándose pronto sus viviendas y acogiendo las corridas de toros.
     De forma octogonal constituye una novedosa aportación del urbanismo barroco español cuyos antecedentes inmediatos se hallan en Francia. Pese a su apariencia de total regularidad y unidad estilística, muestra ligeras diferencias ornamentales entre sus fachadas, demostrando que no fueron realizadas en serie, aunque siguen un patrón común, como es el empleo del ladrillo visto en zócalo y recercados de vanos en contras­te cromático con el enjabelgado blanco a la cal del resto de los muros. Salvo la que perteneció al Ayuntamiento, que con mayor altura, frontones partidos, y decoración de placas recortadas, pirámides y bolas, presenta un mayor empaque, to­das las edificaciones tienen similar composición de fachada, con bajo y dos plantas. Los únicos accesos son tres grandes arcos de medio punto que constituyen las embocaduras de los túneles con bóveda de cañón que comunican este recoleto espacio con el resto de la trama urbana.
     Al abandonarse la celebración de corridas de toros en este lugar, hacia 1960 se plantó en ella un jardincillo con fuente y farola, que permaneció hasta que en 1996 una nueva restauración, llevada a cabo por los arquitectos José Mª Romero y José R. Cruz del Campo, renovó su pa­vimento y se instaló una fuente enrasada con el suelo, que potencia la diafanidad de este singu­lar espacio urbano. Integrada por una alargada placa de bronce, la decoran bajorrelieve con niños y motivos acuáticos y florales, realizada en 1995 por Aparicio y fundida por Bronces Artís­ticos, S.L. Desde hace unos años las cofradías de pasión archidonesas, que mantienen una Semana Santa intensamente vivida por la ciudadanía y dotada de singularidad, han retomado este lugar como espacio de celebración pública en el que realizan un encuentro con sus pasos (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
Ermita Rupestre. Se trata de una iglesia mozárabe, con 5 naves, tres de ellas intercomunicadas que conforman las estancias del restaurante (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Plaza Ochavada. Joya del urbanismo andaluz del siglo XVIII. La mezcla entre el urbanismo francés y la tradición mudéjar dan como resultado una de las plazas públicas más bellas de España. Hasta 1956 se celebraron corridas de toros dentro de su octogonal recinto.
     Ubicada en pleno casco antiguo de la ciudad, la plaza ochavada de Archidona representa una de las joyas urbanísticas barrocas.
     Fue construida en 1786 por los alarifes locales Antonio González Sevillano y Francisco Astorga Frías, quienes propusieron una construcción tan original como una plaza octogonal de origen francés, en la que se combinó el diseño clásico con el lenguaje popular del patio andaluz. El interior de esta gran obra de urbanismo conjuga en sus fachadas la armonía del ladrillo rojo, a juego con el blanco de la cal, estilo de gran supervivencia local.
     Otras de las plazas de interés del pueblo es la denominada Plaza de la Victoria, que constituye el centro neurálgico de la vida local.
     A este foro se asoman dos importantes edificios: el Ayuntamiento y el antiguo pósito o Cilla, con portada barroca en piedra, y la Iglesia de la Victoria
Ermita Rupestre. Si bien no se trata de un lugar de culto en la actualidad, sirva de muestra para justificar la presencia mozárabe en la Comarca Nororiental (al igual que ocurre con la iglesia rupestre de Villanueva de Algaidas), y demuestra la importancia estratégica que tuvo esta zona en la revuelta de Omar Ben Hafsun contra el estado califal.
     Los cristianos que vivían en territorio musulmán no hicieron sus templos de piedra, sino excavados en ella. En el caso de Archidona, la iglesia data del siglo IX, y se sitúa en el nº 7 de la Plaza Ochavada, concretamente en el piso bajo de un Mesón. Está muy bien conservada, y posee cabecera tripartita, crucero y naves (Diputación Provincial de Málaga).

Caños de las Monjas
     Esta fuente está enclavada en la plazoleta de las Monjas, justo enfrente de una de las entradas de la bonita Plaza Ochavada.
     La Fuente solo tiene un caño en un rosetón, que representa una especie de dios pagano en hierro forjado que por un caño que sale de su boca, vierte agua en una pileta a modo de concha.
     El agua no es potable, y eso queda advertido en un letrero en la misma fuente.

Convento de las Monjas Mínimas
      Fue también fundación del Conde de Ureña, quien para este fin cedió la ermita de Jesús Ma­ría -advocación que mantiene-, y su palacio. Varias cesiones de suelo por parte municipal y la integración de viviendas colindantes permitieron sucesivas ampliaciones hasta la última en 1755, incluyendo las correspondientes obras de remodelación. La iglesia se inició en 1618, pero su aspecto actual es fruto de las reformas acome­tidas, como indica la fecha de 1760, que figura en la puerta del coro. La torre es posterior, pues fue realizada en 1789 y, aunque indocumentada, tanto ésta como la fachada de la iglesia pueden atribuirse a los alarifes Francisco de Astorga Frías y Antonio González Sevillano, autores de la plaza ochavada y cuyo  estilo puede observarse en otros edificios religiosos de Archidona. Debido a su mal estado de conservación, a mediados del siglo XX se demolieron algunas dependencias pertenecientes a la clausura del convento.
     Como iglesia conventual femenina, es de una sola nave con coro alto a los pies sobre bóveda de aristas profusamente decorada con molduras mixtilíneas y denticulados y se cubre con bóveda de medio cañón trebolado con fajones y lunetos que muestran la particularidad de variar su ángulo de descenso. En la parte superior, tribunas sobre peanas decoradas con es­trellas de ocho puntas, y sobre ellas un amplio cornisamiento. Los arcos torales, también trebolados, delimitan al presbiterio, que está elevado y se cubre con cúpula semiesférica sobre pechinas con el escudo Mínimo y ana­gramas de Jesús y María.
     Adosado a una manzana, resultan visibles tres de sus fachadas: la trasera, correspondiente a la clausura, a la calle Egido; la lateral, correspondiente a la iglesia, al callejón de las Monjas, y la fachada principal de la iglesia y convento, a la calle Nueva. Las dependencias de la clausura se estructuran en torno a tres patios, de los cuales el que se adosa a la iglesia es el mayor, pero carecen de unidad estilística como consecuencia de las reconstrucciones realizadas. La fachada del convento, nivelada sobre un zócalo pétreo para salvar el desnivel de la calle, presenta en sus tres plantas una rígida composición con siete ejes de vanos adintelados entre pilastras de ladrillo. La portada muestra dintel adovelado y frontón partido con el emblema de la orden. El contraste cromático entre la mampostería, el muro encalado y el ladrillo se acentúa en la fachada de la iglesia, mucho más dinámica y dispuesta en cua­tro niveles horadados por vanos lobulados, escarzanos o adintelados inscritos en estrellas de ocho puntas. La portada, realizada en mármol gris, es también de dintel adovelado con cartela en la clave con los anagramas marianos y de Jesús.
     Singular protagonismo cobra la torre, situada a los pies e integrada en el solar de la iglesia. Sobre un sólido primer cuerpo de cantería se asienta un esbelto fuste integrado por tres cuerpos octogonales de ladrillo visto con pilastras almohadilladas y ventanas de perfil  mixtilíneo. Remata un chapitel de tejas vidriadas, en colores verde y blanco, dispuestas en escama, confi­gurando una decoración geométrica en zig-zag, triángulos y rombos.
     Desde el presbiterio preside un retablo mayor perfectamente adaptado al perfil trebolado, obra de mediados del siglo XVIII, realizado en madera, cuyas tallas doradas contrastan sobre el fondo color marfil. Con dos pisos y tres calles, en el banco se abren puertas en los ejes laterales y en el centro la mesa de altar, integrando espejos. En el primer piso las hornacinas cobijan las esculturas de San Francisco de Paula y San Antonio, en el centro un manifestador y sobre él una dinámica talla de San Miguel venciendo al demonio. En el piso superior, dos pequeños lienzos enmarcados por la talla dorada, cuyo motivo no puede ser identificado por su excesivo oscurecimiento, flanquean a un Crucificado. En el testero de la Epístola cuelgan tres lienzos, del siglo XVIII, representando a un Crucificado, Cristo Varón de Dolores y Virgen de las Angustias.
     En la nave, el primer retablo del lado del Evangelio, del siglo XVII, policromado en verde y dorado, acoge a una Inmaculada del siglo XVIII. Un retablo dieciochesco con estípites e integrando pequeñas pinturas, tiene por imagen principal a la valiosa talla de la Virgen del Fuelle, sin­gular por su curiosa iconografía, que representa en mediorrelieve a una imagen mariana con el Niño y éste con un pájaro, acoplados sobre una barquinera o fuelle de avivar el fuego. Es obra flamenca del siglo XVI que -según reza en una inscripción-, fue rescatada de los musulmanes. En 1736 un nieto de quien la recuperó mandó labrar una urna de plata y la donó al convento. Tras un cuadro de grandes dimensiones con la Adoración de los Magos, del siglo XVII, el retablo más próximo al altar mayor es de la segunda mitad del XVIII, con estípites y pequeñas imá­genes de Santiago y San Juanito en el ático. La hornacina principal, acristalada, acoge a un San Francisco de Paula de vestir. Junto al arco toral, el púlpito es de hierro forjado con el mismo di­seño de la cancela del presbiterio.
     En el lado de la Epístola, el primer retablo, con columnas salomónicas, acoge a la imagen de San José, del siglo XVIII, y a continuación lienzo de la Aparición de la Virgen a San Francisco de Paula, del siglo XVII. El siguiente retablo, tam­bién del XVII, enmarca un lienzo dieciochesco de San Antonio de Padua con escenas de su vida. En el sotocoro se dispone un lienzo de la Virgen de Gracia con marco dorado del XVIII. El cancel de la iglesia se encuentra tallado con el emblema de la orden y el escudo del fundador.
     En el ajuar de culto de la iglesia destaca una custodia de 1660, un cáliz del platero cordobés Cristóbal Sánchez Soto fechado en 1771 y una urna de plata para la custodia (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Tiene una sola nave con bóveda de medio cañón trebolado, con lunetos denticulados y fajones rematados en placas recortadas; en los paños de la bóveda se desarrollan grandes marcos formados por molduras mixtilíneas de recuerdo mudéjar. A la nave y presbiterio abren tribunas cuyas peanas se adornan con estrellas y rematan en placas recortadas. 
     Tiene coro elevado a los pies sobre amplia bóveda de arista.
     Tras el arco triunfal trebolado se encuentra el presbiterio, cubierto con bóveda semiesférica con rígida decoración pintada sobre pechinas decoradas con escudos de la orden y roleos perlados, que soportan un triple anillo muy quebrado en planta.
     La fachada de la iglesia, en la que se combina la piedra y el ladrillo, tiene tres calles separadas por pilastras almohadilladas; en la central se abre la portada de piedra gris con dintel adovelado y escudo sobre la clave, rematando en frontón triangular partido con hornacina encajada. Sobre esta portada destaca la enmarcadura de una ventana en forma de estrella de ocho puntas, de manera parecida a como la veíamos en el Portichuelo antequerano; se remata toda la fachada con frontón mixtilíneo en cuyo tímpano se abre una ventana cuadrifoliada.
     Tiene un gran interés, asimismo, la torre (1.789), con base de piedra, cuatro cuerpos de ladrillo -con abundancia de pilastras almohadilladas como elemento articulador- y chapitel de cerámica vidriada. Puede atribuirse a los maestros Francisco de Astorga Frías y Antonio González Sevillano, que trabajaban en la plaza ochavada de esta villa.
     Edificio de mediados de siglo XVIII, atribuido al arquitecto Cristóbal García, autor del Convento de Madre de Dios de Antequera, con el que este convento archidonés guarda gran parecido (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El 18 de enero de 1551, los Condes de Ureña fundaron el convento con dos monjas del monasterio de Andújar, Sor María de Jesús Quesada y Sor Antonia de San José Montenegros. Para ello donaron el palacio y una ermita contigua, llamada de Jesús y María.
     El convento, conocido también por Jesús y María, pertenece a la rama femenina de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula, la cual aun tiene presencia.
     La fachada del convento está realizada en mampostería y ladrillo, en la que se abren ventanas entre pilares. Tiene un patio interior, porticado en uno de los laterales.
     Su iglesia conserva el aire intimista de la clausura, mientras que al exterior sobresale su singular torre barroca de ladrillo, coronada por un capitel de cerámica blanquiverde. Su construcción se realiza entre 1615 y 1618, finalizándose a mediados del siglo XVIII.
     La fachada del edificio de piedra y ladrillo tiene tres calles de distinta anchura separadas por pilastras almohadilladas. La torre, construida en 1782 por los maestros alarifes Francisco Astorga Frías y Antonio González Sevillano, tiene un primer cuerpo de piedra cuadrado, donde se apoya su fuste octogonal con cuatro cuerpos de ladrillo y abundantes pilastras almohadilladas.
     La iglesia tiene una sola nave con bóveda de medio cañón con lunetos, alternando con arcos fajones trebolados rematados en placas recortadas. El presbiterio está cubierto con bóveda semiesférica apoyada sobre pechinas, decoradas con escudos de la Orden, que soportan un triple anillo que sirve de base a la cúpula y ésta a su vez al cupulín.
     El Retablo Mayor, del siglo XVIII, consta de dos pisos señalados por impostas y tres calles. En el primer piso, hay una imagen de la Inmaculada en el centro, flanqueada por las imágenes de dos Beatos Mínimos (Gaspar y Nicolás); en el segundo, varios lienzos, y el ático se corona con un crucifijo
(Diputación Provincial de Málaga).

Edificio de la Cilla
      Pertenecía al Duque de Osuna y posee una ti­pología directamente relacionada con la actividad agrícola, pues se destinaba al almacenaje de productos de la cosecha. Pero también realizaba préstamos a los agricultores, con el objeto de garantizar la continuidad de los cultivos. Se hallaba en obras en 1580 y debió terminarse no mucho después, pero sufrió una remodelación barroca, en cuyo transcurso se le añadió la portada. El edificio tiene planta en «L», con dos naves que se unen por sus extremos formando ángulo recto. En el sótano, tres naves paralelas e intercomunicadas con bóvedas de cañón con lunetos nos recuerdan la función de almacenaje que desempeñó este inmueble, carácter que también trasluce con ventanas apaisadas en la parte superior de la fachada, que da al Paseo de la Victoria, que es la que tras las reformas efectuadas, conserva con mayor pureza sus características primigenias. La fachada asienta sobre un zócalo de piedra caliza que refleja el desnivel del terreno y está centrada por una portada pétrea -emparentada estilísticamente con la de las Escuelas Pías-, que asume el protagonismo frente a la austeridad del resto del edificio. Abre un arco de medio punto, flanqueado por pilastras sobre plintos que sustentan una cornisa, actuando como remate un frontón curvo partido de perfil mixtilíneo, que conjuntamente con otras molduras de perfil en «S» conforman un espacio para acoger el escudo heráldico de la familia Girón, a la que pertenecía el conde. A la izquierda de la portada, un panel cerámico nos recuerda que en 1901 se concedió a Archidona el título de ciudad.
     Fue rehabilitado en 1985 para acoger al Ayuntamiento, y entonces se reconstruyó más profundamente la crujía que da a la calle Carrera, que se hallaba en mal estado. En el interior, el salón de actos mantiene visible algunos lienzos de los primitivos muros de ladrillo y las naves que sirvieron al pósito acogen hoy al Museo Municipal, ordenado cronológicamente, donde se exponen piezas arqueológicas aparecidas en el término municipal, cerámicas, planimetrías, reproducciones de documentos, sellos y monedas, piezas de platería y diversos elementos de interés antropológico o ilustrativos de las costumbres y tradiciones locales. Otra de las naves ha sido habilitada como salón de ceremonias, reproduciendo una sala capitular, y en ella se han instalado los sitiales, que los corregidores tenían reservados en la parroquia de Santa Ana, decorados con pinturas alegóricas de las Virtudes, que debían acompañar a estos servidores públicos y realizados en 1749. Ante su fachada se instaló en el 2006 un monumento al doctor, investigador y cronista oficial de la ciudad, Ricardo Conejo Ramilo, integrando un busto de bronce donado por su familia (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La cilla es una pieza casi exenta situada en ángulo entre la Plaza de la Victoria , de la que constituye un lateral, y la calle Carrera. Ambos sectores del ángulo son de planta rectangular, con anchos muros perimetrales de mampostería y ladrillo, constando de dos alturas sobre zócalo. En el alzado principal destaca una portada en piedra de formas barrocas que contrasta con la sencillez de los paramentos, que muestran escasas y pequeñas ventanas rectangulares, y donde se sigue la combinación tradicional de ladrillo en machones e hiladas que cierran cajones de mampostería, quedando la piedra para el zócalo y la portada. Esta última compone una arco de medio punto para el acceso, jalonado de sendas pilastras toscanas sobre las que descansa el entablamento, del cual sobresale un frontón partido curvo y enrollado en el que encaja un marco de coronamiento mixtilíneo. A ambos lados de la portada se sitúan escudos heráldicos de los girón. 
     El resto de los alzados denota el marcado carácter funcional del edificio, careciendo de cualquier tratamiento ornamental. 
     Los faldones de la cubierta son de teja.
     Las obras recientes han supuesto una transformación en el interior, organizado en origen en naves longitudinales, tres en el sector paralelo a la plaza, dos el paralelo a la calle Carrerea, y dependencias de espacio en el vértice del ángulo, en una disposición que enlaza con las tipologías de cillas de la Baja Andalucía.
     El actual ayuntamiento de Archidona está instalado en un amplio caserón de rasgos sencillos que fue cilla y pósito de la localidad. Desde 1463 los Girón, señores de la villa hasta el siglo XIX, detentaron el derecho a percibir la totalidad de los diezmos de su territorio, que se concentraban en este granero señorial erigido básicamente en el siglo XVI bajo su patronazgo, sirviendo así esta espaciosa obra de doble función de cilla y pósito.
     El edificio fue objeto de obras en el siglo XVIII, posiblemente hacia 1768, cuando se trasladó allí el concejo municipal, ante el derrumbe de las antiguas casas consistoriales. Hacia esas fechas se instaló una portada tallada en piedra emparentada con las del barroco antequerano. Tras su uso como granero, la antigua cilla y pósito de Archidona ha vuelto a ser sede del ayuntamiento, para lo cual ha sido rehabilitado en esta década, obra que ha supuesto una importante modificación de su interior y parte de su alzado trasero, restando sus muros perimetrales como contenedor de una obra nueva (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Antiguo Pósito o almacén de grano del Duque de Osuna, señor de la Villa, readaptado como Sala de Exposiciones y museo municipal.
     Es un edificio del siglo XVI, de recia construcción con formas muy castellanas y sobrias aunque tiene algunas concesiones artísticas, como su portada barroca en piedra del XVIII, así como los escudos ducales que la rodean.
     El Museo Municipal de Archidona, creación del Ilustre Ayuntamiento de Archidona, tiene como fin contribuir al reconocimiento, protección, investigación y difusión de la identidad histórica y cultural de Archidona. Su existencia da respuesta a la Ley del Patrimonio Histórico de Andalucía de 1991, cuando ésta destaca la misión de los Ayuntamientos de realzar y dar a conocer el valor cultural de los bienes del Patrimonio Histórico Andaluz radicados en su término municipal. En el caso de Archidona se suma el factor añadido de la Declaración de la Ciudad como Conjunto Histórico-Artístico en 1980.
     En el año 756, el príncipe omeya Abd al-Rahman se proclama emir en Archidona y crea el emirato independiente de Bagdad, que durará hasta el año 929. Desde ese momento y hasta el s. XI, Archidona es la capital de la poderosa cora de Rayya, una división administrativa andalusí que ocupa las sierras del sur de la actual provincia de Córdoba y gran parte de la de Málaga.
     Además de conservar, investigar y exhibir los bienes que van formando su pequeña pero significativa colección, el Museo añade un perfil como Centro de Interpretación al representar un lugar de síntesis, expresión y decodificación de las claves del Patrimonio Cultural de Archidona, donde el archidonés puede descubrir y transmitir señas de identidad propia y el foráneo acceder al conocimiento de la Historia y la Cultura de Archidona. El Museo se convierte en un excelente punto de partida para activar en el visitante las diferentes expectativas relacionadas con dicho Patrimonio y en un lugar de síntesis donde resumir y rememorar pinceladas de la estancia en el Municipio.
HISTORIA DEL PROYECTO
     La idea de crear un Museo Municipal en Archidona se remonta al menos a 1978, cuando se barajaba la propuesta de restaurar el antiguo Convento de Santo Domingo con destino a Museo Municipal y a otros usos de carácter cultural. Pero este proyecto no prosperó. En 1985 volvió a activarse el tema y se solicitó a la Dirección General de Bellas Artes de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía ayuda técnica y económica para la evaluación y montaje de un Museo Municipal en el recinto de la nueva Casa Consistorial de la Cilla. Pero no será hasta el año 2000 cuando se inicie el proceso ininterrumpido que permitió, el 19 de diciembre de 2004, la inauguración y apertura del Museo Municipal de Archidona, concretamente de su sección permanente "Archidona y su Tiempo", en el ala de La Cilla de la Plaza de la Victoria.
     El Museo Municipal es, por tanto, una iniciativa del Ilustre Ayuntamiento de Archidona que se integra en el equipamiento de titularidad municipal relacionado con el ámbito del Patrimonio Histórico-Cultural, junto al Archivo Histórico Municipal, la Biblioteca Pública Municipal "Dr. Ricardo Conejo Ramilo" y la Sala Municipal de Exposiciones "Eugenio Lafuente". Los estatutos del Instituto del Patrimonio de Archidona contemplan la adscripción al mismo del Museo Municipal.
     El Museo extiende su área de atención a todo el término municipal. Archidona aparece expresada a través de sus espacios, su tiempo, su gente y su cultura, mediante las expresiones materiales e inmateriales, muebles e inmuebles de su Patrimonio Histórico-Cultural. Para ello se desarrolla un discurso temático mixto relacionado con todas aquellas disciplinas que quedan implicadas: Historia/Arqueología, Arte/Literatura, Etnografía/Etnología, etc.
     Respecto al concepto de Patrimonio Histórico, el Museo participa de la definición asumida en la Ley 1/1991, de 3 de julio, de Patrimonio Histórico de Andalucía: "El patrimonio histórico andaluz se compone de todos los bienes de la cultura, en cualquiera de sus manifestaciones, en cuanto se encuentren en Andalucía y revelen un interés artístico, histórico, paleontológico, arqueológico, etnológico, documental, bibliográfico, científico o técnico para la comunidad autónoma" (artº 2).
     Al margen de su esencial e inequívoca naturaleza museística, el Museo Municipal de Archidona desarrolla como valor añadido un perfil como Centro de Interpretación en cuanto ejerce como instrumento de síntesis, expresión y decodificación de las claves del Patrimonio Cultural de Archidona. Sus salas se convierten en un espacio de adaptación capaz de acoger una sinopsis representativa de su amplio y diverso patrimonio mueble e inmueble, material e inmaterial. En ambos casos el Museo aspira a constituir un entorno didáctico válido para todos, donde atender además la pluralidad de matices propia de la inquietud cultural de los ciudadanos.
EL EDIFICIO
     El Museo Municipal radica en el edificio conocido como "La Cilla", antiguo pósito de los Duques de Osuna, Señores de la Villa. El edificio original se remonta al siglo XVI, si bien su portada noble de piedra blanca es del siglo XVIII. Entre 1980 y 1985 se procedió a la reconversión de La Cilla como nueva Casa Consistorial, adaptándose el ala de la calle Carrera para las dependencias municipales de administración y gobierno, y destinándose el ala de la Plaza de la Victoria para otros usos hasta convertirse en la actual sede del Museo.
     Arquitectónicamente la Cilla es un edificio de notoria entidad, pero con la sobriedad propia de su primitiva función: sólidos muros de ladrillo y piedra, fachadas con escasa aberturas y tejado a dos aguas sin huecos abuhardillados. El ala donde se ubica el Museo muestra tres altas naves, con cubierta vista de viguería de madera y tablero de ladrillo macizo, bajo las cuales una planta inferior de tres naves bajas abovedadas servía para aislar del suelo el grano almacenado.
     Presidiendo la portada histórica están los escudos de don Pedro Téllez Girón "El Grande" (1574-1624), 3er Duque de Osuna, y de su esposa doña Catalina Enríquez de Ribera y Cortés de Zúñiga.
DISCURSO TEMÁTICO Y MUSEOGRÁFICO
     El Museo Municipal ofrece actualmente las tres salas dedicadas a la Sección "ARCHIDONA Y SU TIEMPO", inaugurada y abierta el 19 de diciembre de 2004, donde se despliegan dos grandes unidades temáticas:
     La "Memoria Histórica" (Sala 1) desarrolla la secuencia de Archidona desde la Prehistoria hasta hoy. Incluye los módulos de Prehistoria (I-II), Protohistoria, Roma, Al Andalus, Conquista Cristiana, Edad Moderna (I-II) y Edad Contemporánea (I-II).
     La "Memoria Colectiva" (Sala 3) desarrolla la secuencia del ciclo festivo y celebrativo anual de Archidona. Incluye módulos dedicados a: Ciclo de Carnaval y Cuaresma, Semana Santa, Ciclo Mayo-Julio, Ciclo de Agosto (Feria de Agosto y Romería de la Virgen de Gracia), Ciclo de Otoño, Ciclo de Navidad y Epifanía. Además, se añaden aquellas citas culturales que se van haciendo tradicionales.
     La museografía de estas dos salas se basa en sendas secuencias lineales de módulos expositivos que van encadenando física y conceptualmente el discurso temático. Cada unidad mueble expositiva acoge de forma compacta espacios para paneles de texto introductorios, espacios de vitrina y espacios para cajas de luz.
     La Sala 2, denominada "Sala de la Villa", cumple una doble función: como una sala más del Museo, relacionada con la memoria histórica y conciencia de lo municipal, y como sala noble del Ayuntamiento, para acoger actos protocolarios y ceremonias de índole municipal. Entre lo expuesto: dalmáticas de los maceros, bastón de mando del alcalde, libros de honor de firmas, antigua caja fuerte, arcones de documentos, etc. (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia de la Victoria
      Construido sobre la ermita de Santa Catalina, que les fue cedida, el convento de padres Mínimos, fundación del siglo XVI del duque de Osuna, se extendía sobre gran parte de la manzana adosada a la iglesia y desapareció con la desamortización.
     El elemento más antiguo del templo es el presbiterio, que se concluyó en 1624. Desde comien­zos del siglo XVIII y hasta 1769 se redecoró la iglesia, se amplió por la cabecera, se construyó el camarín de San Francisco de Paula y la portada. Las dependencias conventuales fueron utilizadas como cuartel durante la ocupación francesa, y acabaron muy deterioradas, por lo que tras la desamortización fueron demolidas. En la década de los años setenta del siglo XX se hizo el camarín del altar mayor, pues antes era una sencilla hornacina, y en el 2005 se realizó en la fachada una restauración que ha permitido que aflore la primitiva decoración pictórica y unas cadenas de sillares que permanecían ocultas bajo el revoco.
     La iglesia es de tres naves separadas por pilares, con pilastras cajeadas de orden gigante que sustentan un poderoso friso con triglifos y ­metopas decoradas con relieves. En los interapilastrados, sobre los arcos formeros, se abren  una serie de tribunas con rejerías de forja que comunican la iglesia y la galería alta, que discurre sobre las naves laterales. Desde una de ellas tiene lugar en la tarde del Jueves Santo la representación de «La Embajá», por un niño vestido de ángel que interpreta un recitativo monocorde, cuyo texto data del siglo XVIII. La central se cubre con bóveda de medio cañón con fajones y lunetos, presentando más variedad de cubiertas las naves laterales. Sobre el crucero emerge un poderoso cimborrio, que acoge una cúpula semi­esférica sobre pechinas decoradas con yeserías, cuyos nervios delimitan lunetos. En las metopas del friso los relieves de yeso conforman un pro­grama decorativo integrado por motivos maria­nos, eucarísticos y heráldicos -en ocasiones con influencia indiana-, también presentes en la bóveda que sustenta el coro, a los pies. En la cabecera de la nave de la Epístola debe destacarse el camarín que fue de San Francisco de Paula, cupulado, que conserva las yeserías originales de mediados del siglo XVIII, con angelitos, cariátides, veneras, hojarascas y otros elementos deco­rativos policromados.
     En la nave del Evangelio, la primera capilla, en el sotocoro, conserva también, aunque en mal estado, parte de la decoración pictórica barroca, con volutas y hojarascas en tonalidades oscuras y rojizas. Particularmente interesante es la pintura mural, de gran tamaño, de finales del XVII, de El Juicio Final, representando a las ánimas en el purgatorio, incluyendo a frailes, moriscos y negros en un claro mensaje de universalidad, mientras que serafines y la Virgen actúan como mediadores para presentar las almas a la Santísima Trinidad. Con graves problemas de con­servación, reclama una restauración. En la cara interna de los pilares se ubica un ciclo de doce pinturas murales al temple, del siglo XVIII, con mayor valor devocional e histórico que artístico, sobre la vida de San Francisco de Paula, muchas mal conservadas como consecuencia de la humedad.
     Al exterior, la portada principal, en ladrillo visto, con pilastras cajeadas que sustentan el dintel adovelado, ofrece un segundo cuerpo, con frontón triangular partido, cobijando una hornacina con decoración pictórica de motivos florales en tonos rojos. La decoración pintada recrea un segundo cuerpo de pilastras para sustentar otro cuerpo, con óculo oval para iluminar el coro. Sobre el eje de la derecha una espadaña de ladrillo visto con doble arco, constituye uno de los elementos conformadores del paisaje urbano más reconocible de la ciudad. En el extremo opues­to un par de almenas armonizan con las que rematan el arco de la Victoria -reconstruido en el siglo XX-, dispuesto sobre el callejón del mismo nombre a lo largo de la fachada lateral del templo. Carentes de función específica, se han interpretado las almenas como un recuerdo del tercer cinturón amurallado de la ciudad que discurría cerca.
     El interior del templo está presidido por un retablo de yeso dorado y policromado de mediados del siglo XVIII, aunque el camarín es adición de 1967. Inicialmente ocupado por la virgen de la Victoria, acoge en la actualidad al Nazareno del Dulce Nombre, que llegó a la iglesia tras la desamortización del convento domini­co. Es imagen de vestir, pues sólo tiene talladas y policromadas la cabeza y las manos, completán­dose con vestiduras, peluca y corona. Ofrece la particularidad de tener en el pecho una cavidad que pudo servir para la exposición del Santísimo el Jueves Santo, sumando la función eucarística a la procesional. Atribuible al círculo de seguidores de Pedro de Mena, debió realizarse hacia 1675. La cruz, con aplicaciones de plata, data de 1913. En el retablo, concebido sin ninguna concesión al vacío, las molduras enmarcan un total de 13 pinturas a modo de «cuadri riportati», representando a un apostolado y la virgen de Gracia, ocupando el ático un crucificado que puede ser anterior, al igual que el banco de este retablo. En el lado del evangelio, un lienzo de un santo con ánimas, y en el de la epístola otro lienzo de una Dolorosa, del s. XVIII.
     En la nave del Evangelio, junto a  la pintura mural de Las Ánimas, ya citada, el retablo de San Juan Evangelista está presidido por esta imagen tallada y de vestir, y en la hornacina del primer tramo la imagen de Jesús a su entrada en Jerusalén, denominada popularmente «la Pollinica», talla de 1947 adquirida en Granada atribuible a José Navas Parejo. A continuación el altar-hornacina de Santo Domingo, imagen de vestir del siglo XVIII, y San Blas y, ya en el crucero, el retablo de San José, con estípites y rocalla, presidido por la imagen de San José y el Niño, policromada y esgrafiada, ambos del siglo XVIII, completándose con tres pinturas de menor interés: busto de la Virgen en el ático y San Lorenzo y santo penitente en las calles laterales. En el lado derecho del crucero, retablo dieciochesco con la imagen de la Virgen de la Victoria, titular de la cofradía de la Pollinica, obra de candelero del tallista sevillano Dubé de Luque de 1986. Entre ambos retablos, lienzo de San Francisco de Asís que hace pareja con otro de un Nazareno. 
     En la nave de la Epístola, en el sotocoro, el re­tablo de la hermandad del Huerto es de ejecución reciente y acoge a sus tres titulares: Jesús Orando en el Huerto y Jesús Preso, ambas imá­genes de candelero, de probable ascendencia granadina y de la primera mitad del siglo XVII, aunque muy retocadas. La Virgen del Amparo es también imagen de candelero para vestir, de mediados del siglo XVII, de escuela granadina, con media luna de plata a los pies y corona del mismo material. A continuación las imágenes de Santa Catalina de Siena y el retablo del Cristo Resucitado, de la segunda mitad del siglo XVIII, con imagen de talla del valenciano Pío Mollar de 1931, titular de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa.
     En el crucero destaca el retablo de la Inmacu­lada, policromado en verde con talla dorada y columnas corintias de carácter clásico, aunque la presencia de la rocalla nos indica su realización durante la segunda mitad del siglo XVIII para la orden Mínima, como indican los emblemas. La imagen, tallada, policromada y esgrafiada, es obra del círculo de Alonso de Mena, de hacia 1630. En la cabecera de la nave de la Epístola, el camarín, que fue del Dulce Nombre, es habitualmente presidido por la Virgen de la Paz, titular de la misma cofradía, talla de candelero de fina­les del siglo XVII.
     En la sacristía se conservan un Ecce Homo de pasta de madera de reducido tamaño y dos lienzos representando a San Francisco Javier y San Francisco de Paula anciano (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La iglesia de la Victoria responde al tipo conventual de tres naves separadas por pilares cruciformes donde apean arcos de medio punto. Sobre las naves laterales se abre un segundo piso a la nave central con pequeñas tribunas.
     La nave central se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos y arcos fajones, apoyándose en un entablamento dórico, decorado con ovas, friso con triglifos y metopas de temas vegetales sobre pilastras de capiteles ovados.
     Las naves laterales, de menor altura, van separadas por arcos de medio punto con bóvedas vaídas excepto las que quedan bajo el coro que utilizan medio cañón con lunetos.
     La Capilla Mayor es de planta rectangular con un retablo de mediados del siglo XVII, al que se abre un camarín cuadrado con bóveda semiesférica nervada sobre pechinas.
     El coro, sobre bóveda rebajada se decora con roleos, la capilla-camarín, de planta cuadrada y con profusa decoración de yeserías posee el sentido de espacio adosado propio de los camarines barrocos.
     Al exterior, la portada principal, de estilo manierista, se sitúa a los pies de la iglesia, con pilastras almohadilladas que sostienen un dintel adovelado con clave saliente y un amplio entablamento en el que cabalga un frontón partido con hornacina. La espadaña se levanta sobre un extremo de la fachada, con dos arcos gemelos de medio punto flanqueados por pilastras sobre las que va un entablamento y frontón partido, coronado con jarrones. En el centro se alza un segundo cuerpo con arco rematado por frontón y enmarcado por volutas. El cimborrio, de planta octogonal, se presenta saliente del crucero.
     Se fundó este convento en 1556 sobre la ermita de Santa Catalina, donada por el duque de Osuna a la orden de los Mínimos de San Francisco de Paula, siendo provincial el padre fray Francisco Alonso del Águila, con veinte religiosos. 
     En la crónica de los Mínimos de Juan de Morales, se dice que ocuparon el convento en 1585; antes desde 1550 habían estado en otro sitio de forma provisional cuyo lugar no se cita. 
     El duque, junto con la ermita, entregó ornamentos y objetos de culto, de los que se tienen noticias a través del Archivo Histórico Nacional. 
     Durante varios años se sucedieron las obras en el convento e iglesia. En 1622 se estaba haciendo el dormitorio y en 1624 se compró una casa que estaba detrás del altar mayor para hacer la capilla mayor, sacristía y cimborrio. Siendo prior el padre fray Francisco Almohalla, natural de esta villa, se acometió una obra de remodelación de la iglesia cuyo final se fecha en 1769. Consistió en la realización de un nuevo altar mayor, el adorno con yeserías de la peana de los balcones de la nave, la portada y espadaña. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Construida a mediados del siglo XVI, perteneció al desaparecido Convento de Frailes Mínimos de San Francisco de Paula, que se fundó en 1556 sobre la ermita de Santa Catalina, donada por el Conde de Ureña a la Orden. Tras la Guerra de la Independencia el complejo quedó muy deteriorado, siendo demolido el convento y perdurando sólo la iglesia, edificio que presenta una fachada rematada por una airosa espadaña.
     La primitiva iglesia llegaba hasta lo que hoy es el crucero, ya que en 1624 se compró una casa, situada detrás del altar mayor, para construir la capilla, sacristía y cúpula.
     Durante el siglo XVIII se construyó el Retablo Mayor, la portada y el camarín de San francisco de Paula, ocupado después por la Virgen de la Paz. A finales del siglo XX se restauró la espadaña y se construyó un arco que una la calle con la iglesia.
     La iglesia tiene tres naves separadas por pilares cruciformes, y en ella se ubica numerosos retablos e imágenes. Predomina la decoración barroca.
     A lo largo de su historia ha sido hospital, cuartel de las tropas napoleónicas y nuevamente iglesia (Diputación Provincial de Málaga).
     
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