Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

Mostrando entradas con la etiqueta Tarifa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tarifa. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de septiembre de 2024

Un paseo por la calle Tarifa

     Por Amor al arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Tarifa, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 21 de septiembre es el aniversario de la conquista de Tarifa por Sancho IV, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Tarifa, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Tarifa es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de las calles Javier Lasso de la Vega y Amor de Dios, a la plaza del Duque de la Victoria.
       La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Dos de sus tramos formaron parte de la antigua Carpio hasta 1845, fecha en la que pasaron a denominarse Tarifa, en memoria de la participación de Sevilla en la toma y defensa de esta ciudad gaditana durante los reinados de Sancho IV el Bravo y Alfonso XI. En fecha imprecisa, pero con anterioridad a 1673, el que es hoy su primer tramo, que hasta entonces estaba comprendido en Santa María de Gracia, se incorpora a Tarifa. En 1918 hubo una propuesta para denominarla Montes Sierra, pero no llegó a aprobarse.
     Es calle de trazado irregular y curvilíneo, si bien ha sido en parte corregido por proyectos de rectificación de líneas (1867 y 1945). Presenta dos tramos netamente diferenciados, que coinciden con su  toponimia histórica. El primer tramo, el comprendido entre Amor de Dios y Santa María de Gracia, forma parte del eje de comunicación Campana-Alameda y registra un intenso tráfico rodado y gran animación; en cambio el que va de Santa María de Gracia a la plaza del Duque de la Victoria no es más que una trasera de las importantes plazas adyacentes; en él desemboca Capataz Rafael Franco y está cerrado al tráfico por macetones situados en ambos extremos. Se registran quejas del mal estado de su empedrado a mediados del s. XIX, y se adoquina en 1924-26; hoy posee calzada de asfalto, muy deteriorada en el tramo cerrado al tráfico, y aceras de losetas. Se ilumina mediante farolas de báculos adosadas a las fachadas. La edifica­ción está constituida por casas tradicionales de tres plantas, algunas de ellas en grave estado de abandono e incluso en ruinas; es de destacar la  núm.4, obra del arquitecto José Gómez Millán de 1912, de estilo neomudéjar y hoy ocupada por un hostal. En el siglo pasado era calle particularmente animada por la existencia de tabernas, un café-cantante con espectáculos flamencos y el Salón Oriente, donde se celebraban bailes los domingos y cobraba gran animación los días del Carnaval. Actualmente participa de la función comercial, de carácter diverso, propia de la zona urbana en la que se ubica, destacando por su número los bares, algunos de los cuales aprovechan su condición de calle peatonal para sacar veladores a la calzada [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la historia de la conquista de Tarifa, hecho histórico que da origen a la rotulación de la vía reseñada
;
     Sancho IV, apodado El Bravo, nació en Valladolid el 12 de mayo de 1258. Era hijo del rey Alfonso X el Sabio y de su esposa la reina doña Violante de Aragón. Siendo aún infante tuvo que enfrentarse a su padre que aspiraba a nombrar heredero del trono de Castilla y León a su nieto Alfonso de la Cerda, aunque finalmente logró ser coronado rey el 30 de abril de 1284, a los 26 años de edad. Contrajo matrimonio con su tía segunda, María de Meneses, conocida después como María de Molina, en el año 1381.
     Mercedes Gaibrois de Ballesteros, en su excelente libro sobre la vida de esta relevante reina de Castilla, refiere que: "María era prima hermana del rey Alfonso X, joven, bella y sencilla… El infante don Sancho se ha enamorado de ella con pasión, con toda la fuerza arrolladora que pone él siempre en las cosas y quiere casarse sin demora, sin esperar la dispensa pontificia, requisito ineludible por ser sobrino de su prometida… Don Sancho tiene 23 años... El fogoso temperamento del infante ha encontrado un dique de paz, tan necesario a su espíritu, en el carácter reposado, en la gran serenidad de su novia, llena de mansa energía interior. En el verano del año 1281 tuvieron lugar los esponsales en la catedral de Toledo".
     Durante su reinado, se vio obligado a mantener una pugna constante con los Infantes de la Cerda y otros poderosos señores del reino que aspiraban a quitarle el trono, teniendo que encarcelar o enviar al exilio a muchos de los nobles rebeldes, entre ellos a su hermano, el infante don Juan, que llegó a traicionarlo pasándose al servicio del sultán de Fez y participando en la alevosa muerte del hijo de Guzmán el Bueno ante los muros de Tarifa en el año 1294.
     Después de años de conflictos y guerra abierta entre el sultanato meriní y la Castilla de Alfonso X, en 1285 Sancho IV firmó un acuerdo de paz con el sultán de Fez, Abu Yusuf Yaqub. El rey castellano-leonés utilizó ese período de distención entre cristianos y musulmanes para establecer un pacto con el sultán de Granada, en mayo de 1291, que consistía en que los granadinos le prestarían su ayuda cuando asediara Tarifa, que estaba en poder de los norteafricanos, enviándole armas y vituallas, prometiéndoles que les entregaría la plaza una vez tomada, promesa que el rey de Castilla no cumplió.
     En el mes de noviembre del mismo año, mantuvo un encuentro con el rey Jaime II de Aragón en el que acordaron prestarse ayuda mutua en la lucha contra los musulmanes y, especialmente, en la empresa que Sancho IV iba a emprender contra Tarifa aportando el rey de Aragón ayuda naval al castellano.
     En el mes de junio de 1292, el ejército de Sancho IV puso cerco a Tarifa por tierra, mientras que la flota castellana, apoyada por galeras aragonesas y genovesas, al mando del almirante Benito Zacarías, bloqueaba la ciudad por mar para evitar que le entrara ayuda en armas y vituallas desde la orilla africana.
     Según el historiador musulmán Ibn Abi Zar: "El rey de Granada se alió con Alfonso (quiere decir Sancho IV) y concertó con él que éste sitiaría a Tarifa hasta tomarla para impedir el paso a al-Andalus de los benimerines. Muhammad II se comprometió a sufragar los gastos generados por el ejército mientras durase el cerco. Acampó Sancho IV junto a la ciudad el 1 de yumada segunda (el día 20 de mayo). La atacó por mar y por tierra, noche y día, y levantó máquinas para batirla. El sultán de Granada le enviaba provisiones, pertrechos, flechas y todo lo que necesitaba hasta que la rindió por capitulación, y entró en ella el último día de shawwal del 691 (octubre del año 1292 de la Era Cristiana)".
     En el mes de julio llegó al cerco el rey de Castilla y se intensificaron los asaltos a la muralla y las puertas hasta que, faltos de alimentos y sin posibilidad de recibir ayuda desde Ceuta o Tánger, el gobernador de la ciudad se rindió a las tropas castellanas.
     El historiador Ibn Jaldún se refiere con estas palabras al sitio y pérdida de Tarifa: "Los defensores de Tarifa resistieron el asedio de los cristianos durante cuatro meses, pero finalmente, sin ayuda exterior, agotados por el hambre y por las numerosas pérdidas sufridas, no tuvieron más remedio que evacuar la ciudad. El rey cristiano acordó con ellos una capitulación que fue cumplida en todas sus condiciones. Fue el año 691 en que Tarifa sucumbió”. La Crónica de Sancho IV refiere que “(el rey) mandó armar los engeños e combatir la ciudad muy fuerte por mar e por tierra muchas veces, hasta que la ovo de entrar por fuerza e tomóla en el mes de Setiembre, el día de Sant Mateo apóstol e evangelista (21 de septiembre de 1292)".
     Es probable que los castellanos tomaran primero el arrabal, conocido como la Aljaranda, luego la medina y el resto de la ciudad y, por último, el castillo. Según se recoge en la tradición local de la ciudad desde mediados del siglo XIX, en el camarín de la iglesia de Santiago, que se halla junto a la muralla que da al flanco Este del recinto, había un letrero que decía: "En 21 de setiembre de 1292, reinando don Sancho IV el Bravo, se ganó esta ciudad a los moros por el postigo de Santiago que está tapiado".
     Sin embargo, existen dos versiones diferentes sobre la fecha en la que el rey Sancho IV logró la conquista de la ciudad de Tarifa. Algunas fuentes aseguran que la toma fue el día 21 de septiembre, festividad de San Mateo. Otras refieren que la entrada de los castellanos fue el día 14 de octubre.
     Mercedes Gaibrois, en su obra sobre la conquista de Tarifa, se inclina porque el día 21 de septiembre se dio una batalla decisiva, tal vez con motivo de una salida de los sitiados, lo que significó que se negociara la capitulación, que tuvo como resultado la ocupación de Tarifa por Sancho IV el Bravo el 14 de octubre. Esta versión es apoyada por el investigador Wenceslao Segura, gran conocedor de la historia de la ciudad, que refiere que el día 21 de septiembre los musulmanes se rindieron y, en ese día, se procedió a la firma de las capitulaciones entre los vencedores y los vencidos, ocupando los castellanos los lugares estratégicos del recinto fortificado que más convenía dominar, mientras que se procedía a la evacuación de la ciudad, operación que no finalizó hasta a mediados del mes de octubre, cuando el rey Sancho IV entró triunfante en Tarifa el día 14.
     Una vez tomada la plaza, para su mantenimiento y defensa y con el compromiso de tenerla abastecida con algunas galeras, el rey le otorgó la tenencia de la villa recién conquistada al Maestre de Calatrava, don Rodrigo Pérez Ponce, por el plazo de un año. Pero, al cabo de ese tiempo, don Rodrigo Pérez Ponce comunicó al rey su deseo de que lo reemplazara en el cargo y que pusiera en él a alguien más capacitado para la guerra de frontera. Y así fue como don Alonso Pérez de Guzmán El Bueno ocupó la alcaidía de Tarifa a mediados el mes de agosto del año 1293.
     El rey Sancho IV falleció el 25 de abril de 1295, recibiendo sepultura en la capilla de la Santa Cruz de la Catedral de Toledo, dejando a su esposa, la reina doña María de Molina, la pesada carga de la regencia del reino mientras que su hijo Fernando alcanzara la mayoría de edad que sería en el año 1301 (Antonio Torremocha, en Europa Sur).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Tarifa, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Tarifa, al detalle:
Edificio c/ Tarifa, 4, de José Gómez Millán

martes, 16 de enero de 2024

Los principales monumentos (Murallas Medievales; Iglesia de Santiago, o de Jesús; Castillo de Guzmán el Bueno; Iglesia de San Francisco; Castillo de Santa Catalina; Pinturas Rupestres; Bolonia; Santuario de la Virgen de la Luz; Capilla de la Inmaculada; Hospitalito de Juan Ximénez Serrano; Facinas; y Tahivilla) de la localidad de Tarifa (y II), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Murallas Medievales; Iglesia de Santiago, o de Jesús; Castillo de Guzmán el Bueno; Iglesia de San Francisco; Castillo de Santa Catalina; Pinturas Rupestres; Bolonia; Santuario de la Virgen de la Luz; Capilla de la Inmaculada; Hospitalito de Juan Ximénez Serrano; Facinas; y Tahivilla) de la localidad de Tarifa (y II), en la provincia de Cádiz.


Murallas Medievales
     Tarifa es la ciudad situada más al sur de la Península Ibérica, por lo que fue considerada desde época andalusí como un enclave estratégico de gran importancia. Fue defendida con la creación de murallas que la envolvían y enlazaban con su alcazaba o castillo de los Guzmanes, incrustado en época andalusí en el recinto de la plaza, en su lado sur, y edificado con la misma solidez que las murallas y las 26 torres que circundan la ciudad. Se compone de muchas cuadras altas y bajas, que, después de haber servido de fortaleza, se fueron destinando a otros usos administrativos, incluso para cárceles. Frente al mar, destaca de las antiguas murallas el grueso torreón.
     Tarifa posee tres recintos amurallados construidos consecutivamente. El primero es la muralla de la Almedina, de la que pervive una puerta monumental que conectaba con la alcazaba, actualmente integrada en una construcción, conservada y visible en el interior del bar del mismo nombre. En esta puerta se puede apreciar la disposición en recodo y la excelente factura de sus arcos de medio punto con dovelas de piedra y ladrillo alternadas.
     El segundo recinto es la muralla de la Aljaranda, de la que se conocen los restos que se muestran en la Sala de Exposiciones de la Cárcel. También se conservan la Torre de los Maderos, la Torre de Jesús y el Boquete de Cádiz.
     El tercer y más moderno recinto es la muralla del Arrabal, el más extenso de los tres, que incluye a la Puerta de Jerez. Fue una ampliación realizada en el siglo XIII por los meriníes, que en esa época controlaban Tarifa, para incluir el amplio arrabal que se había desarrollado al norte de la medina.
     Del antiguo recinto amurallado se conservan amplios tramos aislados e integrados en los edificios del caserío, como ocurre en la zona de la Alameda. Contaba con tres puertas: al este la Puerta del Retiro, que fue destruida a finales del siglo XIX, al sur la Puerta del Mar y al norte la Puerta de Jerez. A través de la Puerta del Mar se accedía, mediante una rampa, al puerto de la ciudad. La Puerta de Jerez daba acceso desde el norte al recinto amurallado. Fue construida en el siglo XIII, probablemente en tiempos en que la ciudad estaba bajo dicho control meriní.
     En el trazado de las murallas se han conservado estructuras defensivas tales como la Torre de Guzmán el Bueno o la Puerta del Mar o de la Mar. En la muralla de la Almedina podemos señalar la Torre de la Atalaya o de Santa María o la Puerta de la Almedina. Delimitando la Almedina y la Aljaranda se encuentran la Torre de Miramar y el Boquete de Cádiz.
     En la muralla de la Aljaranda destacan la Torre de los Maderos y la Torre de Jesús. Por último, en la muralla del Arrabal se habrían encontrado la Torre de la Red (demolida a finales del siglo XIX), la Puerta del Retiro, la Torre del Corchuelo, el Boquete de la Cilla, la Puerta de Jerez, la Torre de San Sebastián o Torre Oscura, la Torre de la Santísima Trinidad, el Boquete de la Alameda y la Torre del Pósito (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Iglesia de Santiago, o de Jesús
     La primitiva edificación se configuraba mediante una sola nave rectangular, con cabeza plana y una capilla adosada a los pies del lado derecho. Interiormente se organizaba según tema de arcos formeros que sustentaban un artesonado. La capilla adosada de planta cuadrada se cubre por bóveda de crucería simple con arco de acceso apuntado. La fachada es de gran sencillez resuelta a base de vano de acceso de medio punto sobre el que se sitúa una espadaña de dos cuerpos con vanos de medio punto. Conserva esta zona restos de policromía en pintura roja y blanca, simulando rombos.
     Tras un largo proceso de abandono, en la actualidad solo se conservan la fachada, capilla adosada y parte de los muros de la nave.
     Aunque el origen de esta Iglesia se sitúa en el siglo XIII, los restos conservados actualmente son fechables a inicios del siglo XVI, siendo la Iglesia de tradición mudéjar y la capilla gótico tardía (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Castillo de Guzmán el Bueno
     La incursión que el caudillo musulmán Tarif ben Malek realizó a la Península en el año 710, previa a la invasión definitiva, daría lugar al primer asentamiento fijo en el lugar del castillo de Tarifa, donde existían ya restos romanos. La fortaleza fue erigida sobre una península y junto a una pequeña isla, que se adentra en el mar, en el punto donde el Estrecho de Gibraltar se hace más angosto, situación que le otorgó un importante carácter estratégico operando durante siglos como vigía. Fue construido en tiempos de Abderramán III, recordando una inscripción conservada cómo las obras acabaron en abril del 960, y formó parte de su amplio sistema de fortificación. La alcazaba califal es de planta trapezoidal, influida por las construcciones bizantinas, inicialmente con cuatro murallas y quince torres. El aparejo original de soga y tizón se ha visto modificado, especialmente en la zona que da al mar, manteniendo el acabado califal en su lado norte, más resguardado. El adarve o parte superior de las murallas recorre toda la fortaleza y está almenado en gran parte de su perímetro. La puerta principal se abre entre dos torres de flanqueo en el frente oeste y al exterior presenta un arco de medio punto, producto de la modificación de la herradura original. La torre de la Veleta o del Homenaje es una albarrana de construcción cristiana, es decir se encuentra exenta de la fortaleza y unida a ella por un camino, de tamaño mayor que las anteriores, aunque actualmente está rebajada al nivel del adarve (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Se trata de una fortificación de planta trapezoidal tres de cuyos frentes se conservan intactos fortificados, entre los que se insertan cubos cuadrados. Este conjunto es el más antiguo, datado en el siglo X, como queda explicado en la lápida conmemorativa que aún se conserva. En el lado este alterado en fechas posteriores, se abre una puerta de acceso situada entre dos torres, ambas del periodo taifa. La actual puerta principal se abre al lado oeste, sobre la que se sitúa la lápida conmemorativa.
     Como refuerzo del conjunto, en el siglo XII se le añadió un antemuro de mampostería y una torre albarrana de planta octogonal, unida al recinto por una coracha. Con posterioridad, se construyó otro muro paralelo para establecer un camino cubierto en el que se abre la puerta del mar, de arco apuntado y enmarcado por un alfiz que conserva restos de su primitiva decoración a base de cerámica vidriada.
     Al realizarse obras en el patio del castillo, apareció un importante estrato romano con cerámicas (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Iglesia de San Francisco
     Mientras se esperaba la construcción de la igle­sia de San Mateo, el I Marqués de Tarifa cedió unas bodegas para asistencia religiosa de la población. En 1519 está documentada la existencia de este templo, aunque había cambiado poco su primitiva estructura, acondicionándose en todo caso con obras artísticas. Entre los años 1794 y 1797 fue rehecha, aunque con un sentido decorativo más propio del tercer cuarto del siglo. Tie­ne un acceso principal por la puerta de los pies, situada bajo la torre y decorada con una orla, que hace pensar en el cordón franciscano pero también en el listón de ovas, cuya sinuosa trayectoria recuerda el arte gaditano contemporáneo. Es de planta de salón con tres naves, sostenidas por pilares de sección cuadrangular sobre los que apoyan arcos medio punto. En una segunda planta, con idéntica disposición, se encuentra la tribuna. La cabecera aparece diáfana al no mantener la continuidad de la estructura.
     La nave central ha sido cubierta por bóveda de cañón y sobre el muro del presbiterio se abren varios huecos de luces. Repartidos por los muros encontramos abundantes detalles decorativos de yeso, propios de una tradición que había decaído a fines del siglo XVIII.
     Tiene la peculiaridad esta iglesia de situar el coro decimonónico en la capilla mayor, en torno al baldaquino. Éste es de planta circular y también del siglo XIX, con cúpula sobre columnas corintias. Da abrigo a una valiosa talla de la Concepción de indudable factura sevillana, tal vez de Hernando de Uceda y realizada en 1563. Poco interés tiene el retablo que apoya en el testero de la nave del Evangelio, gemelo al que se encuentra en el otro lateral de la iglesia. En él se venera la Virgen del Carmen, obra de mediados del siglo XVIII, que procede del convento desaparecido de la Trinidad. Sobre ella, un lienzo de escaso interés representa la Asunción de la Virgen.
     En la cabecera de la nave del Evangelio se abre una sola capilla, restaurada en 1960, la del Santísimo Cristo del Consuelo, crucificado que según la tradición fue arrojado por el mar a orillas de Tarifa, recibiendo culto en la antigua iglesia de la Trinidad. El tratamiento de la anatomía y del paño de pureza, de delicada ejecución, inducen a situarlo en la órbita de las primeras manifestaciones sevillanas de la imaginería renacentista y de Juan Bautista Vázquez «El Viejo», puede que en torno a 1537, primera fecha documentada de la existencia de la imagen. La imagen antigua de la Virgen que acompañaba al crucifijo, que se dice de la Amargura, está expuesta en una hornacina a los pies de la nave de la Epístola. Es del siglo XVIII y fue traída a Tarifa por Francisco Chico Cárdenas. Podría ser la que en tiempos se conoció como Virgen de las Angustias, policromada en 1726 por el maestro sevillano Diego Gutiérrez.
     En la misma capilla se aloja un Calvario com­puesto de esculturas de diversa cronología, pertenecientes a una cofradía de penitencia. La Virgen de las Lágrimas es de candelero, tallada en el siglo XX por el escultor local Manuel Reiné. San Juan puede ser, en cambio, una obra del siglo XVIII.
     En el retablo del testero de la nave de la Epístola, el grupo escultórico de la Sagrada Familia, puede datarse en las primeras décadas del siglo XVIII. Encima un lienzo describe los Desposorios de la Virgen.
     Sobre el mismo costado de la iglesia se abren la Sacristía y dos capillas, la del Sagrario y la Bautismal. La primera fue fundada por la familia Núñez de Prado, cuyos descendientes, los hermanos Sebastián y José María de Prado y Ayllón, costearon a fines del siglo XVIII la copia de la Virgen de la Luz que se encuentra en la misma capilla, realizada por un imaginero gaditano cuyo nombre no ha trascendido.
     La luna de plata de la Virgen de la Luz también tiene la misma procedencia, aunque la marca local es una imagen mariana silueteada, la del autor es BRUIZ.
     El púlpito, de hierro forjado, es del siglo XVIII, aunque con tornavoz más moderno. El órgano, situado en la tribuna, fue construido en Marsella y traído a Tarifa en el año 1866, siendo mejorado una década más tarde.
     La colección de plata es pequeña, pero con­tiene algunas obras de interés, como el juego de crismeras, salero y concha de plata, con la marca de la ciudad del Puerto de Santa María y un desconocido BISH. Son de principios del siglo XIX, como testimonia la láurea grabada. La corona de plata de la Virgen de la Sagrada Familia, con diadema de láureas clásicas, también está marcada con la torre del Puerto y el signo del platero, ArTE.
     Por último, se conservan cuatro jarras con ho­jas, todo de plata en su color, con alma de ma­dera, posiblemente de taller cordobés y del siglo XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 

Castillo de Santa Catalina
     El castillo de Santa Catalina se alza a 24 metros sobre el nivel del mar, en el cerro del mismo nombre, a orilla del mar, en la localidad de Tarifa.
     Este estratégico enclave albergó construcciones defensivas en diferentes épocas. En el siglo XIX se ubicó un fortín de artillería del que todavía quedan restos, y durante la Segunda Guerra Mundial fue muy protegido con diversos nidos de ametralladoras y bunkers. En el cerro, que fue una pequeña isla, hubo una ermita que quedó reflejada en el dibujo que en el siglo XVI realizara Van der Wyngaerde, en el que aparecen en primer plano los cerros de Santa Catalina y de San Telmo.
     El castillo de Santa Catalina es un castillo- palacio de estilo renacentista, que fue construido en 1929. Hasta hace poco tiempo albergó un observatorio meteorológico, dependiente del Instituto Nacional de Meteorología, y que constituía la estación meteorológica más meridional de Europa (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Pinturas Rupestres
     
     Las pinturas conservadas en una treintena de cuevas y abrigos rocosos son el testimonio de la presencia humana en este territorio desde el Paleolítico Superior (Solutrense) hasta la Edad de los Metales. Es una amplia serie que tiene continuidad con las que se reparten por otras cuevas de la comarca, entre los términos de Los Barrios y San Roque que, con las existentes en la Janda y territorios limítrofes, llegan a 180 lugares. En Tarifa se encuentra el conjunto más notable, del que sobresalen las cuevas de las Palomas y del Moro. Esta última ha sido considerada como el santuario paleolítico más meridional del continente, puesto que se remonta al Solutrense y tie­ne unos 20.000 años. Está decorada con caballos y signos diversos pintados en rojo, siendo de destacar la yegua preñada (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 

Bolonia     
     La fundación de la colonia romana de Baelo Claudia se ha situado, a tenor de los restos arqueológicos, a fines del siglo II a.C. Aunque parece que ya existía un asentamiento  prerromano en las inmediaciones, el de la Silla del Papa. Su estratégica posición sobre el Estrecho le permitió mantener una potente actividad pesquera y una desarrollada industria de salazón. Ello contribuyó al mantenimiento de una urbe que estuvo habitada hasta el siglo IV de nuestra era, con un periodo de apogeo entre los años 41 y 68. Sin llegar a estar muy habitada, fue una potencia económica en la región, que llegó a acuñar mo­neda en el primer siglo a.C. La ciudad está estructurada ortogonalmente con notable precisión, de acuerdo a un plan preconcebido que probablemente se aplicó en tiempos de Augusto. En ella se han identificado tres zonas; la alta se extiende por una especie de triángulo delimitado por dos arroyos, donde se encuentra el teatro, cuyas cáveas se orientan hacia la costa, y la cisterna que abastecía a la ciudad. Dada esta posición elevada pudo haberse utilizado además como área residencial. La franja media, conformada por un gran rectángulo que engloba el centro cívico, atravesado por el decumano máximo o calle principal entre las que van  del este al oeste, que conecta  dos de las puertas de la ciudad, por una de las cuales se inicia actualmente la visita al yacimiento. Conserva el enlosado intacto y bordea el foro por su lado meridional, en tanto que por el este lo limitaba el cardo máximo o principal vía de las orientadas de norte a sur, también llamado de las Columnas, por las que se conservan del antiguo pórtico. El foro posee una estructura vitruviana, con los Templos capitolinos y la Basílica en los lados menores, enfrentados, y las demás piezas en los lados mayores, recorridos por sendos pórticos que conducían a la escalinata de acceso a los Templos. En el occidental habría un arco honorífico de tres vanos que abría a la Curia, sede de la administración local. Al otro lado, sólo se conocen tabernae (tiendas). Por último, la zona baja se encuentra dañada por haber sido ocupa­da posteriormente por la aldea de Bolonia.
     Aun así se han podido excavar dos viviendas y las factorías pesqueras. En las salidas este y oeste se ubican dos de las necrópolis de Baelo, en tanto que la tercera, más tardía, se localiza en el noroeste. En ella se practicaron los ritos de incineración e inhumación, dando forma a di­versos sistemas de enterramiento, desde las tum­bas abiertas en el suelo, cubiertas por piedra y señaladas por el betilo o piedra vertical, hasta los monumentales enterramientos turriformes. Baelo Claudia ha sido declarado Conjunto Arqueológico por la Junta de Andalucía (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La ciudad romana de Baelo Claudia es quizás uno de los yacimientos arqueológicos mejor conservados de la Provincia de Cádiz. Se sitúa en una ensenada que domina un amplio paisaje. Las referencias en los textos antiguos son abundantes. Estrabón y Marciano lo citan como "Belo"; "Belone" es utilizado por el Itinerario Antonino y el Ravenante; "Baelo" aparece testimoniada en Pomponio Mela, Plinio y Solino; en el Itinerarium Maritimum aparece como "Belone"; en las monedas "Bailo" o "Baldo".
     La fundación de la ciudad obedece al aprovechamiento de la riqueza pesquera del Estrecho de Gibraltar. Consta de un conjunto urbano de época imperial romana, un conjunto industrial de salazones de pescado, de época prerromana y romana, dos necrópolis y un teatro, así como numerosos templos y acueductos, termas y otras edificaciones.
     Comenzado a excavar a principios de siglo, estas excavaciones se hacen sistemáticas desde 1966, dirigidas por la Casa de Velázquez, concretamente por Michel Ponsich. También ha sido prospectada y excavada por arqueólogos españoles como D. Manuel Pellicer y D. Manuel Bendala Galán. El conjunto se halla en excavación sistemática y es visitable desde hace varios años. Está vallado y dispone de servicio de guarda-guía (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Santuario de la Virgen de la Luz
     Se trata de un conjunto levantado en la dehesa de Caheruelas, a ocho kilómetros de Tarifa, siendo muy popular la romería de septiembre, con la ida y venida de la imagen desde su sede en el santuario a la parroquial tarifeña de San Mateo. Se desconoce el origen de este culto, aunque por declaración episcopal es de tiempo inmemorial, estando asociado a la batalla del Salado, ocurrida en 1340 en las inmediaciones del santuario. Parece que existía ya en el siglo XVI, época en la que se construyó el claustro, que es de una sola planta sostenida por pilares ochavados de origen mudéjar.
     La iglesia está ubicada en el lado norte del conjunto y originalmente fue un edificio de una sola nave. En 1776 el tallista Francisco Pérez de Arroyo se encargaba de la construcción del camarín, siguiendo el modelo de los santuarios de Alcalá de los Gazules y Vejer de la Frontera, y de realizar los pequeños retablos del Cristo de Humildad y de San Isidro. Todavía en 1791 se trabajaba en el altar mayor de la iglesia y a fines del siglo XIX sufrió una notable intervención que afectó además a la hospedería. Pero la mayor parte de la iglesia actual es producto de la remodelación llevada a cabo en el siglo XX. Desde entonces cuenta con tres naves y cabece­ra ochavada, donde se dispone la estructura del camarín, que recibe la iluminación de la linterna superior. Se realizan además la portada exterior y la renovación del patio, inaugurándose en 1961 el retablo mayor, hecho en Málaga. El conjunto se completa con la vivienda del santero y otras dependencias propias de la Hermandad.
     La imagen titular es de talla completa, con policromía dieciochesca, aunque se sabe que subya­ce una capa antigua, que puede remontarse al siglo anterior. Un escrito hallado en el interior de la peana recuerda que fue policromada por ter­cera vez en 1726, por el maestro dorador sevilla­no Diego Gutiérrez. Desde el punto de vista iconográfico presenta la peculiaridad de levantar la Virgen al Niño, en actitud de presentación a los espectadores. Fue realizada en un taller sevillano próximo al de Martínez Montañés, teniendo en cuenta que entre los discípulos y seguidores del maestro Martín Moreno trabaja en la comarca a mediados del siglo XVII.
     El santuario posee un rico ajuar, con abun­dante platería y bordados. Entre las piezas más destacadas del tesoro se encuentra la reliquia de Santa Rosalía de Palermo con un marco moderno de rocallas y roleos. Fue donada en 1715 por don Bernabé Bañales de Mendoza, sargento ma­yor de la ciudad de Palermo, natural de Tarifa y autentificada en 1774, por cuyo motivo le construyó un relicario de plata el orfebre José More­no. Singular es el cáliz donado en 1803 por el capitán Pedro de Alcántara y Cabrera. Es de oro y esmaltes, con una atípica hechura, que podría deberse a alguna recomposición. El basamento es de perfil mixtilíneo, renacentista, pero el astil es raro, de sección poligonal y nudo en forma de platillo con decoración de rosetas.
     En el taller de Fernando Marmolejo se hicieron las andas de plata de la Virgen, estrenadas en 1962, que sustituían a las de plata Meneses regaladas en 1902. La corona, de plata y metal, fue realizada en 1941. Entre los bordados ocupa un lugar principal el manto llamado de la Cabalgata, de terciopelo rojo con encajes de oro, que fue regalado en 1843 por una dama de la Corte de Isabel II, María Antonia de Toledo. La propia reina dio a la hermandad, en 1857, otro manto rico realizado en raso celeste con adornos de oro, que ha sido restaurado por las Adoratrices de Málaga en 1993. El manto del Pueblo, donado por los devotos en 1899, es celeste con tisú de plata bordado en oro y restaurado en los años setenta del siglo XX.
     Por último, cabe mencionar los diseños reali­zados por el artista tarifeño Guillermo Pérez Villalta, en la década de los noventa, para la renovación del altar mayor, con dibujos del retablo y de los murales (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Situado a 8 km. de la ciudad de Tarifa, se llega a él a través de un camino que sale desde la carretera general Sevilla-Málaga. El santuario está formado por la capilla donde se encuentra la Virgen de la Luz, un patio anexo y las dependencias destinadas al servicio de la Hermandad y viviendas de caseros. Todo ello forma un conjunto homogéneo bien cuidado, para recibir a los devotos en cualquier época del año. La planta de la Iglesia es de tres naves longitudinales a las que se accede a través de una puerta situada a los pies de la nave principal, nave de crucero y capilla mayor, formada por la prolongación de la nave principal. La nave central se cubre con bóveda de cañón con arcos fajones que describen compartimentos en forma de bóveda de aristas; las laterales se cubren con techumbre inclinada a un agua y el crucero con bóveda semiesférica de linterna sobre pechinas. La capilla recibe la luz de cuatro ventanas cuadradas situadas en la bóveda y de las que en forma de arco de medio punto existen en la parte superior de la nave central cerradas con vidrieras modernas. Adosado a la capilla hay un patio al que se entra directamente a través de una puerta lateral existente en el muro de la iglesia y a través de otra situada en la línea exterior de fachada del edificio, por la que se entra a través de un zaguán con solería de mármol, zócalo alicatado y techumbre de ladrillos por tablas sobre vigas de madera. El patio, reformado en septiembre de 1.959, es cuadrado y abierto, rodeado por una galería porticada con arcos rebajados que descansan sobre pilares cuadrados con las esquinas achaflanadas colocadas sobre un murete de mampostería bajo. En el pórtico se abren trece habitaciones que son dependencias auxiliares de la Capilla y la Hermandad y vivienda de los santeros. En el centro del patio hay un brocal de mármol blanco con pescante de hierro forjado en forma de arco de medio punto y rematado en cruz que ha sido remodelado en fuente de la que mana el agua a través de acequias cubiertas, hábilmente distribuidas bajo la solería del patio. La ermita está construida bajo los restos de una edificación que se remonta al siglo XIV. A través de los siglos ha sufrido constantes remodelaciones que han ido ocultando su aspecto primitivo. La arquería del patio se empotra en el muro de la iglesia de forma poco correcta, lo que hace pensar que este patio era más grande y la iglesia tendría una sola nave, y ante la necesidad de ampliar el lugar dedicado al culto se le agregaron naves laterales que repercutió en la superficie dedicada al patio.
     En su interior la ermita alberga durante todo el año la imagen de la Virgen de la Luz, así como la de San Isidro, con la única excepción del período que se extiende desde el primer domingo de septiembre hasta el cuarto, en que ambos son trasladados al núcleo urbano de Tarifa para la celebración de las fiestas en su honor (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Capilla de la Inmaculada
     La capilla de la Inmaculada fue levantada entre 1928 y 1930 sobre una pequeña capilla fundada a fines del siglo XIX para sustituir al hospital de la Misericordia. Es de planta de salón con tres naves, con tribuna y cubierta de bóveda de aristas sostenida por pilares y arcos apuntados. En la capilla mayor se encuentra la escultura de la Inmaculada bajo baldaquino, tallada a comienzos del siglo XX. Más interesantes son dos tallas que proceden del hospital de San Bartolomé, la del santo titular y la del Crucificado, que en tiempos se conoció como «de la Caridad», ambos del siglo XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 

Hospitalito de Juan Ximénez Serrano
     El hospitalito de Juan Ximénez Serrano, fun­dación de mediados del siglo XVI y reconstruido durante el siglo XVIII, sobrevive como casa de vecinos. Se mantiene la decoración barroca de la fachada y el amplio patio de dos plantas, mien­tras que la capilla ha sido habilitada como local comercial (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 

Facinas
     Poblaciones jurisdiccionalmente dependientes de Tarifa. La primera es, desde 1990, una Entidad Local Menor. Se formó en la dehesa ho­mónima en el siglo XVIII, con colonos de la población matriz y con la aprobación municipal. El establecimiento de una comunidad religiosa, probablemente de capuchinos, favoreció el desarrollo de una embrionaria forma urbana. En­tre los valores patrimoniales de la villa destacan el conjunto dolménico y los seis molinos harineros alimentados del agua que les proporciona una atajea, que pueden fecharse entre los siglos XVIII y XIX.
     Una primitiva ermita, que se encontraba arruinada en 1759 y podría estar relacionada con la fundación conventual, dio lugar al templo de la Divina Pastora reedificado en 1830. Es de una sola nave, sin especial interés arquitectónico y con la imagen titular moderna (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 

Tahivilla
     Tahivilla está situada en el borde de la laguna de la Janda y su carácter es distinto. Surgió como poblado de colonización durante el siglo XX, a raíz de la desecación de esta bolsa de agua y la puesta en cultivo de las tierras liberadas. En sus orígenes pudo estar relacionada con el primitivo asentamiento, conocido como Tahivilla Vieja, cuya vida se relacionó con el espacio lacustre, hasta el punto de que se conocen edificaciones adaptadas a este medio, de tipo palafítico, todo ello desaparecido en el lago (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Pueblo cercano a la ciudad de Tarifa, en el que Fernando de la Cuadra recurre a la ortogonalidad del trazado como clave de definición de la estructura urbana, recurriendo a roturas de alineaciones en la línea del diseño urbano de Reymond Unwin y a la habitual segregación de circulaciones presente en los pueblos de colonización para potenciar la interpretación del carácter tradicional de la calle andaluza.
     El pueblo se dispone tangencialmente a la red viaria, a la que se conecta con su vía principal como cordón umbilical, que tiene a la torre de la Iglesia como final de la perspectiva en la plaza central de pueblo. En misma plaza central, con disposición "a turbina", junto a la Iglesia, se disponen las oficinas municipales y los comercios, que reinterpretan el lenguaje de la arquitectura popular andaluza en las claves autárquicas del franquismo.
     Las parcelas alargadas y con dobles accesos construyen su edificación de vivienda en dos plantas dentro de un recurso al lenguaje popular, con leves simplificaciones formales. Se controla rigurosamente el tipo por un arquitecto experimentado en los problemas de vivienda mínima, incorporando elementos del lugar como los porches de entrada.
     Tahivilla es uno de los primeros pueblos que el Instituto Nacional de Colonización construyó en Andalucía. En la actualidad, el grado de transformación en las viviendas es notable, si bien en la manzana previa a la plaza en la calle principal de acceso se encuentran algunas que han experimentado pocas transformaciones (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Murallas Medievales; Iglesia de Santiago, o de Jesús; Castillo de Guzmán el Bueno; Iglesia de San Francisco; Castillo de Santa Catalina; Pinturas Rupestres; Bolonia; Santuario de la Virgen de la Luz; Capilla de la Inmaculada; Hospitalito de Juan Ximénez Serrano; Facinas; y Tahivilla) de la localidad de Tarifa (y II), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

Más sobre la provincia de Cádiz, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 14 de enero de 2024

Los principales monumentos (Puerta de Jerez; Iglesia de San Mateo; y Estatua General Copóns) de la localidad de Tarifa (I), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Puerta de Jerez; Iglesia de San Mateo; y Estatua General Copóns) de la localidad de Tarifa (I), en la provincia de Cádiz.
     La estratégica situación geográfica de Tarifa en el Estrecho de Gibraltar ha marcado la existencia de una amplia secuencia cultural en su término. Los restos son abundantes, con algunos yacimientos de envergadura, como la necrópolis de los Algarbes, junto a la ensenada de Valdevaqueros, que ha sido excavada desde los años sesenta del siglo XX, conociéndose la ocupación durante el bronce inicial, como indican los once hipogeos excavados, romana y medieval. Igualmente es destacable el conjunto megalítico de la dehesa de Aciscar, junto a la laguna de la Janda, estudiado en 1916 por Henri Breuil.
     El casco histórico de Tarifa ha sido declarado Bien de Interés Cultural 2003, con el reconocimiento de su monumentalidad. No hay que olvidar, al margen de los edificios singulares, la vivienda, con una larga serie de tipos. Desde la casa de vecindad, estructurada mediante patios e incluso calles interiores, hasta el palacete burgués, que se organiza en plantas de acuerdo con el modelo gaditano, del que toma incluso la torre mirador. Quedan algunos testimonios de edificios blasonados (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     Tarifa es la ciudad más meridional de la Península ibérica. El núcleo principal de población se encuentra en la llamada Punta de Tarifa Estrecho de Gibraltar. Su término municipal limita con el de Algeciras al este, con Barbate y Vejer de la Frontera al oeste y con Medina Sidonia y Los Barrios al norte. Terreno de poca altitud y suave pendiente, al borde del mar, unido por un pequeño istmo a la Isla de las Palomas (militar), que se adentra en las aguas del Estrecho. 
     Urbanísticamente mantiene los parámetros de una trama histórica conservada desde su formación. La trama actual se encontraba ya formada durante el siglo XIV, observándose sobre ella pocas intervenciones que lejos de desvirtuar su valor lo incrementan. Surgen así calles estrechas, manzanas irregulares y plazuelas, todas propias de un urbanismo orgánico vinculado a necesidades de crecimiento y de comunicación que se plantean a medida que avanza el tiempo.
     La estructura urbana de Tarifa constituye en su sector tradicional, un ejemplo inmejorable de adaptación a las condiciones topográficas del asentamiento. El trazado de este sector refleja con gran fidelidad las curvas de nivel sobre las que se asienta la localidad. Esta adaptación al medio, unida al mantenimiento de unos criterios constructivos bastante homogéneos, propicia imágenes de notable interés. La rotundidad con la que aparece dibujada la silueta del conjunto desde el mar, vuelve a remarcar la capacidad que Tarifa presenta como hito paisajístico. 
     El primitivo asentamiento se sitúa sobre un pequeño promontorio de escasa altura, en el mismo borde del mar, mientras que el actual recinto amurallado se encontraba atravesado, casi en diagonal, por un pequeño arroyo. 
     El centro histórico de la ciudad se encuentra situado en el interior de las murallas medievales, de las que se conserva una parte importante, así como el Castillo de Guzmán el Bueno, situado en una de las partes más elevadas del Recinto, en el mismo borde del mar. Está formado por calles estrechas y casas encaladas de una o dos plantas con sus típicos balcones llenos de flores. En su interior se encuentran los monumentos más importantes de la población entre los que merecen especial mención el Castillo de Guzmán el Bueno y las iglesias de Santa María, San Francisco y San Mateo. 
     Se mantiene en esta zona el trazado medieval de la ciudad con estrechas calles sin ordenación urbanística alguna. La zona extramuros de Tarifa se comenzó a urbanizar a partir de los años 70, naciendo la Avenida de Andalucía como principal vía de la ciudad. Gran ocupación de suelo. Las manzanas están compactadas; estas se conforman apoyadas en un viario menudo e irregular, carente de espacios libres. Son manzanas irregulares de formas y tamaños variados.
     Se aprecian tres tipos de viviendas: Casa Solariega, vivienda culta de dos o tres plantas con patio; vivienda popular de dos plantas, en la zona de las murallas; tipologías modernas con mayores alturas. Parcelas medias en torno a 200-250 metros cuadrados. 
     El núcleo urbano de Tarifa se sitúa en el punto más meridional de la Península Ibérica. Se emplaza en una zona costera de poca altitud rodeada por el mar y unida a una pequeña isla mediante un estrecho istmo. De su posición se derivan algunas de sus más interesantes características. El origen del núcleo urbano de Tarifa se centra en dos accidentes geográficos fundamentales: Por un lado el pequeño promontorio que se levanta junto al mar donde se sitúa el castillo y por otro el río que lo bordeaba, actualmente desviado y que discurría por la actual calle Sancho IV El Bravo. Ambos delimitaban la extensión de la antigua medina. Posteriormente se produce una primera expansión extramuros de la medina, que abarcaría el arrabal islámico, situado en la orilla opuesta del río, y por último, tras la construcción de la cerca medieval de los siglos XIII y XIV, se produce la máxima expansión del casco histórico cuya extensión extramuros resulta relativamente reciente.
     Desde un punto de vista histórico su posición, junto con otros pueblos de la zona, en la frontera del reino nazarí de Granada, la señaló como puesto estratégico cuyo elemento esencial, el Castillo, favoreció la creación de un núcleo urbano que se desarrolló al amparo de aquél. La ciudad surge como punto estratégico avanzado de vigilancia costera. Existen indicios arqueológicos de ocupación en época púnico-fenicia, sobre el promontorio sur, así como indicios de una posible ubicación de la ciudad romana Julia Traducta, aunque no se inicia una evolución urbana clara e ininterrumpida hasta la invasión islámica. 
     La trama urbana se ha vinculado con el Castillo a través de la expansión de su recinto amurallado, creando un asentamiento que se revaloriza tanto por la gran riqueza de la propia trama urbana como por las tipologías edificatorias y los espacios intersticiales urbanos que se crean como consecuencia de la gran ocupación del recinto amurallado.
     Urbanísticamente mantiene los parámetros de una trama histórica conservada desde su formación. La trama actual se encontraba ya formada durante el siglo XIV, observándose sobre ella pocas intervenciones que lejos de desvirtuar su valor lo incrementan. Surgen así calles estrechas, manzanas irregulares y plazuelas, todas propias de un urbanismo orgánico vinculado a necesidades de crecimiento y de comunicación que se plantean a medida que avanza el tiempo.
     La arquitectura y sus valores constituyen un elemento importante a considerar, destacando el conjunto de las Murallas, el Castillo de Guzmán el Bueno, la Iglesia Mayor de San Mateo, la Puerta de Jerez, la Iglesia de San Francisco, la Capilla del Asilo de San José y otros inmuebles de interés (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).        
     La gran capital europea del windsurf, ciudad histórica y marinera, la más meridional de España, mira a África a través del Estrecho de Gibraltar desde la punta de su nombre, en la falda de la sierra del Cabrito.
Historia
     Las pinturas de los más de cincuenta cuevas y abrigos encontrados hasta hoy, entre otros restos arqueológicos, prueban el poblamiento del término municipal desde el Paleolítico Superior, es decir, hace más de 20.000 años.
     En tiempos más modernos, poblaciones íberas, fenicias, griegas y cartagineses encontraron aquí un hábitat privilegiado. Los romanos, que poblaron buena parte del litoral, fundaron la ciudad de Julia Traducia, origen de la actual, en el siglo I de nuestra era. El nombre de Tarifa procede de los musulmanes y, más concretamente, del caudillo bereber Tarif inb Malluk, quien la conquistó en el año 710. En el 711 desembarcó en sus playas Tarik ben Zeyad con el propósito de llevar a cabo la conquista de España.
     En 1292, tras 561 años de pertenencia al Islam, Sancho IV el Bravo conquistó Tarifa para los cristianos, confiando su defensa a Alonso Pérez de Guzmán, quien, dos años más tarde, cercada la ciudad por los musulmanes, prefirió que estos degollaran a su propio hijo, al que habían capturado, antes que ceder la plaza, hecho entre histórico y legendario que le valió, no obstante, el apelativo de El Bueno. En 1340, tras la batalla del Salado en la que Alfonso XI infringió una severa derrota a los agarenos, la ciudad entró en un dila­tado periodo de tranquilidad, roto sólo por la aparición de algún pirata berberisco o, durante la guerra de la Independencia, por el intento de cerco llevado a cabo por el mariscal Soult.
     Durante mucho tiempo, las actividades principales de Tarifa se centraban en la agricultura, la ganadería y la pesca. Hoy son mucho más importantes la producción de energía eólica renovable y, sobre todo, el turismo.
Gastronomía
     Aunque los productos del campo, incluida la caza, no faltan en la mesa tarifeña, su cocina está protagonizada casi exclusiva­ mente por los pescados y mariscos que se pescan en sus costas.
     Platos tradicionales, en muchos de los cuales se detecta aún la presencia musulmana de su origen, son la urta a la tarifeña, la moruna de caballa, las sardinas a la moruna, el atún mechado, la berza de tagarninas y los caracoles con tomate. Entre los postres, la cajilla de pastas de almendras y los huesos de santo.
Fiestas
     El Carnaval, en febrero, es al día de hoy una de las celebraciones con mayor participación popular.
     La Semana Santa tiene interés tanto por la valía de las imágenes como por el sinuoso trazado que éstas se ven obligadas a recorrer.
     La noche de San Juan, 23 de junio, se encienden grandes hogueras en la playa y la gente canta y danza a su alrededor.
     El 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, tiene lugar una alegre y vistosa procesión marinera.
     En octubre se celebra la Feria del Ganado, en la que son protagonistas principales el caballo y el vacuno retinto. Pero la fiesta por antonomasia de Tarifa es la Real Feria, a primeros de septiembre, en la que participa absolutamente todo el pueblo junto a una enorme cantidad de visitantes y residentes.
Visita
La ciudad
     Tarifa ha crecido mucho en los últimos años. La antigua travesía de la ciudad es hoy la calle Batalla del Salado, una espléndida vía, con una enorme variedad de tiendas en las que puede encontrarse absolutamente de todo y que constituye el eje principal del importante comercio tarifeño. La ciudad conserva un interesante casco histórico que merece una detenida visita.
     Llegando desde Cádiz, la citada calle Batalla del Salado, en cuyos inicios debe dejarse el coche, lleva hasta la monumental puerta de Jerez, acceso a la villa histórica, que conserva buena parte de sus murallas. A la derecha de esta puerta, lindando por la avenida de Andalucía, se alcanza enseguida el paseo de la Alameda, un amplio espacio abierto, con abundancia de bares y restaurantes con terrazas, en el que se encuentra el mercado de abastos.
     Al final de este paseo, la calle Alcalde Núñez, a la derecha, lleva hasta la isla de las Palomas, la punta más meridional de Europa y un buen mirador sobre el Atlántico y las costas de África. Antes de llegar a ella está el castillo de Santa Catalina, cuyo origen se remonta al siglo XVI, cuando se construyó una ermita dedicada a Santa Catalina en un montículo que la subida de las mareas convertía en una isla. En 1812, durante la guerra de la Independencia, los ingleses iniciaron una fortificación del lugar que no llegaron a concluir. El castillo actual se construyó en 1932 en estilo neorrenacentista con el propósito de instalar un telégrafo óptico para controlar el paso de los buques por el Estrecho. Este telégrafo se colocó por fin en 1972 y estuvo funcionando hasta el año 2000, en que el castillo pasó a poder del Ayuntamiento que, en la actualidad, está procediendo a su restauración. Los bunkers que se ven a su alrededor fueron levantados por presos políticos republicanos al estallar la segunda guerra mundial, en previsión de una posi­ble invasión extranjera.
     Frente al paseo de la Alameda se encuentra el puerto y, a la izquierda, pasada la plaza de Pedro Alfonso, el castillo de Guzmán el Bueno, formidable bastión de cantería en un perfecto estado de conservación. Las olas del mar baten sus altos muros, rematados en almenas piramidales. Fue construido por orden de Abd al­ Rahmán III en el año 960, probablemente sobre los cimientos de una fortaleza fenicia que, más tarde, fue romana. Tiene planta de trapecio y cuenta con cuatro lienzos de muralla y 15 torres, levantados a soga y tizón, aparejo característico califal que ha sido cambiado en algunas zonas con motivo de sucesivas reparaciones. La del Homenaje, denominada de la Veleta, es una torre albarrana, esto es, separada del resto de la edificación y unida a ella por un pasaje. Fue levantada con posterioridad a la conquista cristiana.
     La muralla prosigue bordeando el casco histórico hasta alcanzar la puerta de Jerez, en un recorrido irregular que sigue las calles de Jesús, María de Molina, en cuyo extremo se encuentra la puerta del Retiro, Calzadilla Téllez y Amador de los Ríos.
     Desde la plaza de Pedro Alfonso, la calle Santísima Trinidad lleva hasta la iglesia de San Francisco, en la placita del Ángel. Este templo fue construido en el siglo XVI en el solar de unas bodegas cedidas por el primer Marqués de Tarifa. Aunque las edi­ficaciones ciegan parte de la fachada, aún puede apreciarse su singularidad. El edificio actual data de finales del siglo XVIII, momento en que fue necesario rehacer el anterior. La fachada, blanca de cal, se articula sobre el eje de la torre campanario, alzada sobre la portada. Muestra ésta un arco muy rebajado, festoneado con una alambicada orla que recuerda el cíngulo del hábito franciscano. La torre es de base cuadrada y se encuentra rematada por el campanario, en cuyas cuatro caras se abren vanos de medio punto enmarcados por pilastras para alojar las campanas.
     El interior tiene planta de salón y tres naves separadas por arcos formeros de medio punto sobre pilares cuadrados, la central cubierta con bóveda de cañón y las laterales con tribuna. En el presbiterio se distribuye la sillería del coro, del siglo XIX, alrededor de un baldaquino del mismo siglo en el que se encuentra la Vir­gen de la Concepción, una preciosa talla del siglo XVI, obra de Hernando de Uceda. Otra talla de gran mérito que guarda esta iglesia es el Cristo del Consuelo, un crucificado de sobrecogedor aspecto que, según la leyenda, fue traído por el mar hasta Tarifa, aunque la realidad es que se trata de una imagen de factura sevillana, probablemente de Juan Bautista Vázquez, El Viejo, quien debió tallarla hacia 1537.
     La calle San Francisco lleva hasta Sancho IV El Bravo, que muere ante la fachada principal de la iglesia de San Mateo. Se trata de un templo de grandes dimensiones levantado durante la pri­mera mitad del siglo XVI en estilo gótico sobre una antigua mezquita, aunque sufrió una importante intervención en el siglo XVIII para reparar los daños causados por el terremoto de Lisboa de 1755. De esta época es la fachada principal, un elemento de carácter barroco que no da ni mucho menos idea de la magnitud del interior. Este tiene planta de cruz latina con tres naves separadas por arcos ojivales que descansan sobre pilares fasciculados con capiteles de cardo. Las mag­níficas bóvedas son de terceletes en el crucero y de estrella en las naves, ambas con delicadas nervaduras. La disposición actual de la capilla mayor data del siglo XIX. En ese momento se instaló un baldaquino y una sillería de coro sobre la que figuran dos lienzos que pertenecieron al antiguo retablo, ambos de Juan Gómez: La Adoración de los Reyes y el Nacimiento. Un retablo importante es el del Dulce Nombre de Jesús, situado en la nave del evangelio. Su construcción data del siglo XVI y es de factura sevillana. Se compone de banco, dos cuerpos divididos en tres calles por columnas corintias estriadas y ático. En una hornacina del cuerpo inferior se encuentra la imagen de San Mateo, obra de Juan Montañés Dorador, de 1607, flanqueada por los cuadros de la Huida a Egipto y la Circuncisión. En el segundo cuerpo aparece un San Cristóbal en relieve y a un lado y a otro dos nuevas pinturas: Cristo entre los doctores y El Bautismo de Cristo. En el ático hay un relieve de la Trinidad. En la sacristía, en un cáliz con vaso de cristal, se conservan las reliquias de San Hiscio, patrón de la ciudad, traídas del Sacromonte granadino en 1620.
Las playas
     El desarrollo del turismo tarifeño, sin embargo, se debe de manera fundamental a sus playas, con el bravo oleaje del mar y la presencia prácticamente cons­tante del viento que constituyen el marco idóneo para la práctica no sólo del windsurf, sino de una amplia gama de deportes marítimos, condiciones naturales que han convertido a Tarifa en sede del Cam­peonato Mundial de Windsurf. En el mismo pueblo se encuentra la denominada Playa Chica, entre el puerto y la isla de las Palomas.
     Avanzando hacia poniente, sigue a con­tinuación la de los Lances, declarada Paraje Natural, con sus siete kilómetros de arena fina y dorada, en la que se dan cita surferos de todo el mundo. En esta playa se encuentra la Reserva Ornitológica de los Lances, en la que llegan a congregarse hasta 178 especies de aves migratorias que aquí toman fuerzas para cruzar el Estrecho de Gibraltar.
     A la de los Lances sigue la playa de Valdevaqueros, con una extensión de cinco kilómetros y medio, delicia de windsur­fistas por la fuerza de las olas y del viento y en la que sobresalen las formaciones de dunas. Más allá de Valdevaqueros y prácticamente sin solución de continuidad siguen aún las playas de Punta Paloma, Bolonia, Cañuela, Alemanes y Atlanterra. El turismo tarifeño, especialmente en los Lances y Valdevaqueros, ha sido hasta ahora sumamente respetuoso con el medio. No se encuentran aquí las grandes cons­trucciones de hormigón que ahogan el paisaje. Por el contrario, la mayor parte de los alojamientos se encuentra en hoteles retirados de la playa y deliciosamente camuflados en las ondulaciones del terreno, de modo que apenas llegan a percibirse incluso desde la carretera en cuyas proximidades se alzan (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).  

    Vieja ciudad marinera, la más meridional de la península, que mira a África a través del estrecho de Gibraltar, desde la punta de su nombre en la falda del Cabrito.
Historia
     El enclave estuvo poblado desde el Paleolítico Superior, habiendo sido hábitat de poblaciones iberas, fenicias, cartaginesas y romanas. De la época de los romanos data la ciudad de Julia Traducta, origen de la actual, fundada en el siglo I de nuestra era. En el año 711 tuvo lugar el desembarco de Tarik ben Zeyad, caudillo bereber que había sido encargado de la conquista de España. Un año antes había conquistado la ciudad el bereber Tarif ibn Malluk, del cual recibe su nombre actual.
     En 1292, Sancho IV el Bravo la conquistó para los cristianos y confió su defensa a Alonso Pérez de Guzmán. Dos años más tarde los árabes cercaron la plaza y Pérez de Guzmán, que a partir de entonces sería llamado "el Bueno", prefirió que los sitiadores degollaran a su propio hijo, al que habían capturado, antes que entregársela. En 1340 se produjo en su proximidades la batalla del Salado, en la que Alfonso XI infrigió una grave derrota a las tropas musul­manas. A partir de esta fecha, salvo el intento de cerco llevado a cabo por el general Soult, la ciudad apenas conoce más sobresaltos que los que de tarde en tarde se producen por la violencia del mar.
Fiestas
     Es interesante la Semana Santa y muy atractivas las fiestas de la Virgen de la Luz, a primeros de septiembre, durante las cuales y en las casetas instaladas en el paseo marítimo se baila la danza típica del chacarrá.
Visita
      El principal atractivo de la ciudad son sus playas aptas para la práctica del windsurfing, gracias a los fueres vientos y a las suaves corrientes marinas que cruzan la zona. La ciudad ha conservado a través de los siglos la impronta árabe de los tiempos de la conquista musulmana. Es muy agradable pasear por sus calles y callejuelas, donde aparecen continuamente bellos rincones, como la puerta de Jerez o la plaza de Santa María, en la que se levanta el Ayuntamiento.
     Cerca del puerto se localiza el famoso cas­illo de Guzmán el Bueno, del año 960, aunque se sospecha que bajo él pueden encontrarse los cimientos de una fortaleza fenicia y posteriormente romana. Dentro de la alcazaba se sitúa la iglesia de Santa María, construida sobre una mezquita.
     Al fondo de la calle Sancho IV se alza la iglesia de San Mateo, interesante edificio gótico ojival que muestra una bella por­tada clásica de orden jónico. En su interior se guardan las imágenes del Cristo de la Salud y de la Virgen del Sol, ambas del siglo XVII (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 

Puerta de Jerez
     La Puerta de Jerez es uno de los monumentos más emblemáticos  de la ciudad. Es la puerta del  último recinto amurallado que fue construido en el siglo XIII, quizás bajo el dominio de los meriníes norteafricanos, que hicieron de Tarifa su principal puerto.
     Se trata de una puerta intercalada entre dos torres cuadradas con acceso recto. Está formada por tres arcos consecutivos. El primero es de tendencia ojival, en piedra arenisca. Tras él se abre una bóveda de cañón que está separada de la puerta por una posible acanaladura de un rastrillo. Luego se encuentra el primer arco de herradura y a continuación una bóveda de tendencia esquifada, que abre paso al tercer arco que es también de herradura, abierto hacia la población.
     En el año 2000 fue restaurada, habilitándose un espacio para la colocación del retablo “El Cristo de Los Vientos” obra del artista tarifeño Guillermo Pérez Villalta.
     El escudo situado en la parte superior de la puerta acompaña a la leyenda que recuerda la toma de la ciudad por Sancho IV el Bravo en 1292,  “MUY NOBLE, MUY LEAL Y HEROICA CIUDAD DE TARIFA” (Ayuntamiento de Tarifa).

Iglesia de San Mateo
     Este templo gótico, de proporciones monumentales e importantes modificaciones realizadas durante el siglo XVIII, se levantó sobre una mezquita musulmana en cumplimiento del testamento de Francisco Enríquez de Ribera, Adelantado Mayor de Andalucía. La construcción tuvo lugar durante la primera mitad del siglo XVI, es decir, en tiempos de su hermano y sucesor Fadrique Enríquez de Ribera, I Marqués de Tarifa. Según algunas fuentes, el pleito que enfrentó al municipio con la casa señorial dio lugar a que la iglesia quedara inacabada, pero también es cierto que la intervención dieciochesca, especialmente en la torre y la fachada, estaría obligada por los desperfectos ocasionados por el terremoto de Lisboa en 1755. En lo que quedaba de siglo se terminó la fachada, que una inscripción atribuye a un desconocido Carlos Hermida, en 1778, se proyectaron otras obras que, según un informe de José Echamorro en 1787, no pudieron materializarse por falta de fondos y dieron lugar al gran deterioro que apreciaba en 1792 el ingenie­ro Tomás Muñoz.
     El hastial de los pies se ha atribuido con fundamento a Torcuato Cayón. Rompe con la planitud del resto de la fábrica, introduciéndose en una concavidad que anima el muro y cuyo remate en sinuoso perfil es muy del gusto del arquitecto gaditano.
     La planta es de cruz latina y presenta tres naves con una gran capilla mayor flanqueada por otras dos que abren al transepto. Los pilares son fasciculados con capitel de cardina, entre los que danzan arcos apuntados. Para las monumentales cubiertas se usaron bóvedas estrelladas sobre las naves y de terceletes en el crucero.
     La capilla mayor fue remodelada a fines del XIX, de acuerdo a un criterio estético que estuvo muy extendido, la sustitución del retablo mayor por un baldaquino y una sillería de coro. Aquél había sido realizado a principios del siglo XVII por el arquitecto Diego de Castillejo y el pintor Juan Gómez, y cuando quedó desmembrado al­gunas piezas se repartieron por el templo. En el muro del altar mayor cuelgan dos de los lienzos que formaron parte del conjunto; representan el Nacimiento y la Adoración de los Reyes Magos.
     En las capillas del transepto se colocaron sendos retablos neogóticos, sin mayor interés. Pero en la nave del Evangelio se sitúa el retablo del Dulce Nombre de Jesús, obra sevillana de fines del siglo XVI, compuesto de banco y sotabanco, dos cuerpos con tres calles separados por colum­nas corintias, y ático. En el banco hay dos tablas pintadas con la Anunciación y el Nacimiento de Jesús. En el primer cuerpo se encuentra la escultura de San Mateo, que encargó la hermandad a Juan Montañés Dorador (1607), flanqueada por los lienzos de la Circuncisión y la Huida a Egip­to. En el segundo cuerpo un San Cristóbal de bajorrelieve y a sus lados las pinturas de Cristo en­tre los Doctores y El Bautismo de Cristo. Y en el remate se sitúa la Trinidad. Los dos medallones con símbolos trinitarios podrían estar aludiendo al origen del retablo, la desaparecida iglesia de dicha orden en la población. En esta misma nave se aloja el retablo de Jesús en la Oración del Huerto, proveniente de la iglesia de Santia­go, donde ocupó el altar mayor. Entre columnas salomónicas se sitúa la imagen titular y en el ático un relieve de la Anunciación, que estuvo en la iglesia de Santa María.
     La Sacristía se abre junto al testero de la nave de la Epístola, habiéndose reutilizado la antigua Sala Capitular de la Hermandad de San Pedro, que había sido construida entre 1760 y 1774. Destacan en ella el revestimiento de jaspe negro de Lucena cortado por el maestro Juan del Pino y la bella cajonería de caoba del siglo XVIII. En el muro derecho está situada la capilla del Sagrario, obra de 1899 cuando se adaptó una vieja fábrica dieciochesca que había servido de pan­teón a la Hermandad de San Pedro y que podría coincidir con la ermita de la misma advocación previa a la fundación en el lugar del templo gótico. Es de planta circular cubierta con cúpula, y presenta tres exedras; en la central y mayor hay un templete neogótico, construido tras la reforma y que alberga un sagrario de plata. Con el mismo sentido estético fue decorada la capilla, otorgándosele el pintoresco aspecto que presenta. El Calvario que remata la puerta procede del ático que coronaba el desaparecido retablo mayor de la iglesia.
     En el altar contiguo se ubica un retablo que está compuesto por columnas corintias que sostiene un entablamento también clásico. Son también restos del desmembrado retablo mayor y hoy sirve de marco a las imágenes de la cofradía del Santísimo Cristo de la Salud, un bello cruci­ficado barroco que ha sido atribuido indistintamente a Mena y Martínez Montañés, y la Virgen de los Dolores, imagen de candelero de fines del siglo XIX. En este altar estuvieron expuestas las reliquias de San Hiscio, Santa Liberta y Santa Rosalía.
     La Virgen del Sol, muy venerada en la ciudad de Tarifa durante años, que incluso rivalizó con la Virgen de la Luz, que fue patrona de los mari­neros y que tenía su sede en su propia ermita, en el Huerto del Sol. Tiene corona marcada por el platero gaditano M. Díaz, en 1778.
     Sobre el muro de los pies se encuentran las representaciones de los doctores de la Iglesia pintadas sobre tablas que pertenecieron asimismo al desaparecido retablo mayor y fueron pintadas por Juan Gómez. En el coro se encuentra un órgano que fue construido 1762 y reparado en 1877 por Alfredo Llanlare. El cancel es obra de 1804, realizada por el italiano Juan Escorcia, en parte con madera de caoba enviada desde el puerto mexicano de Veracruz.
     La orfebrería de esta parroquia es excepcional, destacando el cáliz gótico realizado en un taller mallorquín a fines del siglo XIV. Es de plata dorada con esmaltes, base polilobulada con me­dallones esmaltados con las figuras de Cristo, la Virgen con el Niño y dos santos religiosos, y nudo de seis clavos prismáticos. Pero también merecen señalarse el cáliz de esmaltes del siglo XVIII y otro con decoración de rocallas marcado por el cordobés Santacruz y Zaldúa, entre 1759 y 1777. De Antonio Ruiz de León, platero cordobés, es el neoclásico de 1816 que se ornamenta con palmetas y estampación troquelada. Una custodia de 1788 está marcada por M. Díaz, el mismo platero que pudo haber hecho en 1792, para la misma iglesia, varios atriles y blandones ya desaparecidos. En el siglo XVII fue realizado el palio de oro con esmaltes de colores, mientras que el relicario de San Hiscio, patrón de Tarifa, cuyos restos fueron traídos desde el Sacromonte granadino en 1620, adopta la forma de una custodia de pie neogótica con un ostensorio antropomorfo (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Se trata de un templo de planta de cruz latina, con tres naves, crucero y cabecera plana. La nave mayor consta de cuatro tramos y se separa de las laterales por medio de pilares que sustentan arcos apuntados. Las cubiertas son de crucería con decoración estrellada. Los vanos son apuntados conservando algunos las tracerías originales. A ambos lados de la Capilla Mayor se disponen sendas capillas de planta cuadrada, cubiertas por bóveda de aristas. En el lateral izquierdo del crucero se sitúa la Capilla Sacramental, de planta cuadrada cubierta por bóveda semiesférica sobre pechinas.
     Al exterior la fachada principal se articula mediante pilastras, rematándose con perfil mixtilíneo. La portada consta de dos cuerpos sustentados por columnas compuestas y decorada con baquetón mixtilíneo. La torre se eleva en un extremo y es de planta cuadrada. El cuerpo de campanas se articula mediante pilastras toscanas pareadas, entre las que se abren vanos rematados en medio punto. Se cubre por cúpula semiesférica.
     La obra general de la Iglesia es de la primera mitad del siglo XVI, siguiendo las características del gótico tardío. A esta etapa responde actualmente el interior. Tanto la torre como la fachada principal y capilla del Sagrario son obras de mediados del siglo XVIII, de formas tardo barrocas (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Estatua General Copons
     El monumento escultórico a la figura del General Copóns que al mando de las tropas españolas e inglesas que defendían Tarifa, consiguió proteger el asedio de una manera heroica está ubicado en la Puerta del Retiro, en la plaza o rellano generado por la confluencia de las calles Calzadilla de Téllez, General Copóns y Asedio e Independencia. Un espacio clave en la ordenación de espacio urbano de Tarifa. El diseño del pedestal es un elemento más del entorno en armonía con éste. El pedestal de base cuadrangular con una altura de dos metros sostiene una escultura en bronce de 2,80 metros. El pedestal está realizado en un tabicado de ladrillo que sirve de encofrado puesto que el interior está relleno de hormigón con varias rizadas de acero que emergen desde la zapata de reparto de hormigón que sustenta todo el conjunto. Esta estructura está formada por placas de 20 mm. de granito abujardado (textura picada) en tono gris medio con unas sencillas molduras y un plinto en su parte inferior. El granito tratado con bujarda sugiere fortaleza ancestral.
     El hecho de usar estas proporciones obedece a un criterio de equilibrio compositivo para lograr la integración de la escultura en el paisaje urbano. Por todo ello, el pedestal debe tener menor altura que la escultura. La pieza de bronce debe a su vez ser tratada con un criterio monumental aplicándole desproporciones intencionadas según las cuales los elementos que quedan más altos, conforme se van elevando hay que alargarlos en una proporción no superior al 8% pero que de este modo la anamorfosis corrija el efecto óptico que hace que los objetos que se alejan de nosotros se vean progresivamente más pequeños. De esta forma, el monumento da siempre sensación de proporción natural y equilibrio compositivo teniendo en cuenta los desniveles generados entre la calle Calzadilla de Téllez y las otras tres confluyentes de tal modo que si accedemos a la plaza desde Asedio o Copóns jamás dará la impresión de pequeñez y desde Calzadilla al ver la escultura desde una posición dominante no resulte ridícula.
     El monumento se ha levantado por acuerdo de unanimidad de la Comisión Municipal del Bicentenario del Sitio de Tarifa. El proyecto aceptado para el monumento fue el del escultor Alberto Germán Franco que presentó un boceto de 40 cm realizado en plastilina que representa al general Copóns según el presidente de la Comisión Juan Antonio Patrón Sandoval, ataviado a la usanza militar de la época con uniforme de mariscal de campo que reproduce al detalle la casaca, el fajín, el sombrero, las botonaduras, los bordados de los entorchados, el sable y otros detalles. En la Memoria del proyecto se indica que la escultura se realizará en barro sobre estructura metálica y una vez terminada y vaciada será fundida en bronce. La figura tendrá una altura entre 2,8 y 3 metros. La obra representa al General Copóns en el momento en que ha leído la carta de intimidación recibida del General Leval, jefe de las tropas francesas que en diciembre de 1811 asediaron Tarifa. Copóns sostiene en sus manos la carta que le conmina a rendir la plaza de Tarifa. El escultor se detiene en el momento de reflexión en el que el mariscal emplaza a las tropas napoleónicas a la brecha cercana del Retiro para seguir hablando de la capitulación. Dicho momento ha sido finalmente resuelto por el escultor gracias al contraposto que le permite apoyar el cuerpo sobre la pierna izquierda y dejar la derecha en vanguardia. Capta de esta forma el momento en que el general alejando de sí la carta, aprehende la empuñadura del sable con decisión.
     Con gesto altivo y una mirada llena de estupefacción y enojo, el general centra su atención en el horizonte, extramuros, donde se hallan las tropas enemigas. Se trata de un retrato historicista y fiel a la persona de Copóns inspirado en dos retratos del general uno inédito y otro tomado de un conocido grabado familiar que ha servido para recrear sus facciones. La expresión del momento da a la figura una palpitante vitalidad. El militar viste uniforme de mariscal de campo de la época; indumentaria que respeta de forma escrupulosa los bordados de los entorchados, las botonaduras, la casaca, el fajín, el sable y el sombrero evitando cualquier tipo de anacronismo simbólico o formal. 
     Es una escultura monumental de gran simbolismo pues el contraposto natural representa la humildad de un pueblo y su corta guarnición que simplemente pretende hacerse fuerte en sus convicciones y de cuyas raíces históricas brota su propia idiosincrasia y compromiso para con sus ancestros y su propio devenir histórico. De estas virtudes emerge una mirada casi lacerante, un sentimiento de indignación al verse subestimado por el vilipendio de la carta del general francés. Es una figura gallarda entre humilde y heroica pero nunca arrogante. El escultor ha tratado de lograr que Copóns sea una persona correcta y respetuosa con el adversario pero nunca próxima a lo abyecto conforme a la disciplina castrense de la época. Ha intentado traducir la heroicidad de una ciudad que con murallas medievales desafió a la artillería napoleónica. El proyecto hoy feliz realidad ha intentado recoger los sentimientos de un pueblo honrando su historia y llevando sus sensaciones al bronce. Una escultura en disposición vertical para no entorpecer la correcta ordenación del tráfico y con una altura similar a la de la muralla de entonces (Hespérides).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Puerta de Jerez; Iglesia de San Mateo; y Estatua General Copóns) de la localidad de Tarifa (I), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

Más sobre la provincia de Cádiz, en ExplicArte Sevilla.