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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 11 de diciembre de 2023

Los principales monumentos (Plaza de Toros; Plaza de Talero; Mercado de Abastos; Ayuntamiento; Pilares y Fuentes; El Pozuelo; El Buitrón; El Villar; y Las Delgadas) de la localidad de Zalamea la Real (y II), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Plaza de Toros; Plaza de Talero; Mercado de Abastos; Ayuntamiento; Pilares y Fuentes; El Pozuelo; El Buitrón; El Villar; y Las Delgadas) de la localidad de Zalamea la Real (y II), en la provincia de Huelva.



Plaza de Toros
      A las afueras del pueblo, la plaza de toros, una de las de mayor solera de la provincia, fue cons­truida en 1879 por el alarife local Teodoro Pernil Quiñones, siendo costeada por la sociedad privada «Los Arrepentidos» (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La plaza de Toros de Zalamea se inserta en la trama urbana como un edificio exento, muy presente en la ciudad.
     Desde el exterior la plaza muestra su particular belleza en la puerta de la sombra, donde los oportunos desagües se usan como elementos de la composición en fachada. En el interior encontramos todos los elementos de una plaza monumental, palcos presidenciales, palco para la música, puerta de sol, puerta de sombra, toriles, corrales... También cuenta con enfermería, desolladero, y demás dependencias necesarias.
     Su construcción con un interesante aparejo del ladrillo aplantillado, y su perfecta traza poligonal con coso circular de unos 34 metros de diámetro, dan constancia de una bella y sólida dirección arquitectónica.
     Es de propiedad municipal, se encuentra en buen estado de conservación y uso, celebrándose corridas del 23 al 25 de Julio, y del 17 al 20 de Septiembre.
     A las afueras del pueblo se encuentra la plaza de toros, una de las de mayor solera de la provincia, fue construida en 1879 por el alarife local Teodoro Pernil Quiñones, siendo costeada por la sociedad privada "Los Arrepentidos".
     Se construyó sobre el solar que ocupaba ¿El Coso o Corralón del Concejo¿, lugar donde se realizaban los juegos y corridas de toros desde tiempos inmemoriales.. El primer arrendatario de la plaza fue D. José Vázquez González, por la cantidad de tres mil quinientos reales.
     En 1909 se amplió el graderío de la plaza en 1500 localidades, el proyecto fue realizado por D. Moisés Serrano. En el año 1996 adquiere la propiedad el Ayuntamiento, y desde entonces se están realizando obras de consolidación con las que la plaza está recuperando su afianzamiento en seguridad y estética, por lo que podemos seguir disfrutando de buenos festejos cada año. La plaza está formada constructivamente por tres muros circulares concéntricos. Entre los dos muros interiores, plaza antigua, el graderío se forma por relleno. Entre los dos muros exteriores, plaza ampliada, el graderío, en gran parte se forma por elementos portantes lineales que apoyan en muros radiales que atan a su vez a los muros circulares.
     En 2010 la Plaza de Toros entró a formar parte de la Unión de Plazas Históricas, tras presentar la solicitud de ingreso su actual propietario el Ayuntamiento de Zalamea la Real y ser aceptada la misma en la Asamblea General celebrada el 22 de febrero de 2010 en Madrid (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Plaza de Talero
     Aprovechando el espacio que daba paso a la calle Cantarranas, el 20 de mayo de 1890 se inauguró esta plaza añadiendo en el centro de la misma un busto sobre peana del diputado de Bujalance, Don Juan Talero y García. Talero sería el diputado defensor de la causa antihumista promovida por los pueblos de la comarca minera, convirtiéndose así en la voz de los ciudadanos de la Cuenca en las Cortes. Se le recuerda como el gran defensor de los intereses ciudadanos de la zona ante la clase política nacional ante las calcinaciones al aire libre en la cuestión de los “Humos “de las Minas de Riotinto. La Plaza de Talero conserva el único monumento en los pueblos de la Cuenca Minera, que recuerda la memoria de los sucesos de 1888 (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

Mercado de Abastos
     Ubicado  en  las instalaciones  de un  antiguo mercado de principios del siglo XX, este Centro de Interpretación es un amplio espacio expositivo donde se muestran al visitante las peculiaridades arqueológicas de la rica cultura megalítica que posee la comarca del Andévalo. La instalación, cuenta con modernos soportes audiovisuales e interactivos, que permiten al visitante comprender estas primitivas construcciones arquitectónicas de la Península Ibérica junto a las sociedades que las hicieron posibles. Esta visita, de indudable valor informativo y pedagógico, puede ser un excelente complemento a la visita del «Dolmen del Pozuelo», el más importante yacimiento arqueológico de la comarca de estas características (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Este edificio modernista - industrial de tres naves, con rasgos propios de la arquitectura colonialista inglesa, fue inaugurado el 21 de Septiembre de 1904, algunos meses después del ferrocarril de Riotinto. Destaca su fachada de ladrillo visto con arcos de medio punto. Fueron empleados en su construcción materiales como el vidrio y el acero, que dan al conjunto un toque innovador.
     Hasta el último tercio del siglo XX se utilizó como Mercado de Abastos, incluyéndose en su interior numerosos puestos de venta de productos alimenticios. Posteriormente albergó el Centro de Interpretación de la Cultura Dolménica. Actualmente ofrece servicios como salón de usos múltiples (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ayuntamiento y Juzgado de Paz
     La documentación histórica indica que el edificio del Concejo zalameño ya se ubicaba, compartiendo las funciones con el local del Pósito, en el mismo en en el que actualmente encontramos el edificio del Ayuntamiento. A lo largo del tiempo se han llevado a cabo varias restauraciones, destacando la proyectada por el arquitecto D. Moisés Serrano Mora en la primera década del siglo XX. El 1 de enero de 1931 se inaugura el nuevo Consistorio, gracias al impulso ofrecido por el zalameño y Ministro de Marina, Don Honorio Cornejo Carvajal. El inmueble consta de dos plantas y tres cuerpos. Edificio construido en ladrillo y encalado, al estilo de los edificios administrativos de la Sierra de Huelva. La última reforma se realizó en 1996 (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

Pilar de las Indias
     A mediados del siglo XVIII el manantial era conocido como El Cañuelo. Sería a principios del XIX cuando un indiano natural de Zalamea la Real, Don Juan Díaz González, financia la construcción del pilar. Tras varias remodelaciones a lo largo del tiempo, actualmente el cuerpo de la fuente es un pilar, rematado por un cubierta a cuatro aguas. Está construido en piedra, decorado en ladrillo visto y todo encalado. Posee dos salidas de agua. El lavadero o abrevadero también está construido en piedra encalada a tres manos cruzadas (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

Pilarete
     En las Ordenanzas Municipales de 1535 se cita ya bajo el nombre de Fuente de la Alameda. A inicios del siglo XX se edifica la versión actual, tomando el nombre de El Pilarete (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

Pilar de las Fuentes
     En el año 1794 se lleva a cabo su construcción, en el denominado sitio de Las Peñuelas, próximo a la población, y a expensas del presbítero, beneficiado y cura más antiguo de la villa, Juan Domingo López. Anteriormente se había proyectado la edificación de un pilar para el abasto de las caballerías del pueblo, así como un lavadero para las ropas del vecindario, sobre un manantial que, según cuentan las crónicas, nunca dejaba de manar agua. A inicios del siglo XX se empedrará su entorno para evitar que las cañerías se obstruyan (Ayuntamiento de  Zalamea la Real).

Fuente del Fresno
     Citada en las Ordenanzas Municipales de 1534, su historia se vincula con la Leyenda de Salomón, que sitúa a la hija de éste, Salomea, bañándose en el Arroyo del Fresno y saciando su sed en el lugar. Su restauración más destacada se realiza en 1883, bajo la tutela del alcalde José González Domínguez y la supervisión técnica de Manuel Pérez González.
     Construida en piedra encalada, tiene dos salidas de agua, Las escaleras de acceso son de pizarra. La decoración es muy austera: pilares rematados a dos aguas y unidos entre si por balaustradas de hierro (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

Pilar Nuevo
     Data de inicios del siglo XVIII. El cuerpo de la fuente es un pilar, rematado por una cubierta a cuatro aguas. Está construido en piedra encalada, excepto el remate del pilar, que es de teja curva. Posee una salida de agua. El lavadero o abrevadero está construido en ladrillo encalado a tres manos cruzadas (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

Pilar Viejo
     Su génesis es a un abrevadero para ganados que transitaban por la cañada real, remontándose sus orígenes a la Edad Media. El actual pilar y lavadero, construido en piedra y encalado en toda su superficie, se conocía en el siglo XVIII como Pilar Viejo. Tras varias remodelaciones, en la actualidad, el cuerpo de la fuente es un pilar rematado a cuatro aguas con una sola salida de agua (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

El Pozuelo
     En la aldea del Pozuelo es visitable un interesante complejo dolménico, formado por varios sepulcros de corredor, datables en el III milenio a. de C., y la iglesia de San Ignacio, que res­ponde a una tipología clasicista de finales del XVI, vinculable  con los proyectos del arquitecto Hernán Ruiz II o de sus sucesores. De pequeñas dimensiones, consta de una sencilla planta de una sola nave cubierta con bóveda de medio cañón entre arcos fajones y capilla mayor cuadrada con bóveda vaída. En su exterior destacan sus dos portadas. La de los pies está formada por un arco de medio punto con ménsula en la clave, enmarcada por dobles columnas toscanas sobre podium, entablamento muy moldurado y frontón triangular partido rematado con cruz central y pirámides con bolas en los extremos. La del lado derecho repite el mismo esquema pero de composición más sencilla y consiste en un simple vano de medio punto entre columnas toscanas y frontón triangular. El vértice del hastial se corona con una espadaña de dos cuerpos, con frontón curvo y remates piramidales. El edificio fue intervenido a finales del siglo XVII por el albañil Domingo Alfonso y se bendijo y reinauguró en 1699 con motivo de la visita pastoral del arzobispo don Jaime de Palafox. Su actual solería fue colocada en 1889 según consta en una placa conmemorativa. La mayor parte de las imágenes actuales del edificio son de serie, modernas. No obstante, se conservan en el presbiterio dos pescantes de forja popular barroca y en el exterior, una pequeña reja del mismo estilo. En la nave, un cuadro con una Inmaculada, de finales del siglo XVIII junto a otros lienzos populares de diferentes devociones, del siglo XIX, y una escultura de pequeño formato de otra Inmaculada, datable en el siglo XVII, aunque muy repintada (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Mencionada en las Ordenanzas Municipales de 1534, es otra aldea cuyo origen se remonta probablemente a la Edad Media. La razón de su nombre nos es desconocida aunque no es de extrañar que por su significación haga referencia a un primitivo pozo de aprovisionamiento de agua.
     En su área se encuentra uno de los más importantes yacimientos prehistóricos de España, lo que nos indica que la zona estaba ya poblada hace más de tres mil años. A este complejo dolménico se le conoce en los Libros de Historia con el nombre de esta población, con lo que puede decirse que es de todas las aldeas la que más fama ha alcanzado fuera de nuestros contornos.
     Tiene una emita cuyo titular es San Ignacio de Loyola que, así mismo, es patrón de la aldea. La construcción es muy antigua, teniéndose noticias de ella en 1286. Posteriormente se restauró su solería en 1855, tal y como reza la placa que figura en su interior. Esta ermita, igual que otras muchas, fue incendiada también en 1936.
     El Pozuelo ha sido una de las aldeas que ha mantenido a lo largo del tiempo un mayor nivel de población constante. Tradicionalmente sus habitantes se dedicaban a la agricultura y a la ganadería aunque en la primera mitad del siglo XX la minería se constituye en una pieza importante de su economía debido a la explotación de minas cercanas como Oriente, La del Cura, Palanco y Chiflón.
     Una fiesta que ha sida característica de El Pozuelo en el transcurso del tiempo es el Corpus (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

El Buitrón
     En la aldea de El Buitrón, situada al sur del término municipal de Zalamea, podemos visitar el puente de hierro más antiguo de la provincia y la iglesia de Santa María de Jesús, edificio de origen medieval, aunque probablemente reconstruido a inicios del siglo XVII y bastante desvirtuado por sucesivas reformas posteriores. Consta de una sola nave, dividida en cuatro tramos, y presbiterio de planta cuadrada, a cuyo lado derecho se adosa la sacristía y a los pies, una peque­ña capilla bautismal. Posee el edificio dos acce­sos: la puerta lateral,  que conserva un conjunto de herrajes barrocos y la inscripción, datada el 7 de mayo de 1784, y la principal, situada a los pies, que consiste en un simple vano adintelado entre pilastras sobre la que se alza una espadaña de dos cuerpos y tres vanos, hoy decorada con azulejos que, como ocurre en otras intervenciones en el resto del edificio, le confiere un aspecto muy renovado y popular. También en el exterior se localiza un reloj de sol, fechado en 1606.
     Ya en su interior, la mayor parte de su ajuar litúrgico es moderno, aunque subsisten algunas piezas de interés, como, por ejemplo, en el presbiterio, el pie de una antigua pila bautismal, cuyo fuste salomónico está recorrido por una filacteria con la inscripción: 1693, SIENDO MAYOR­DOMO JUAN LORENZO BCO y una urna con una Virgen Dolorosa del siglo XVIII, con corona, saya y manto bordado de la época. Ya en la nave, en un arcosolio, en el primer tramo del lado izquierdo, se conserva un retablo de yeso, tallado de la primera mitad del siglo XVII, quizás vinculado con la capellanía que en 1557 fundó el señor don Juan de Rivera. Su hornacina central contiene una imagen de Santa María de Jesús, de madera policromada, tallada por el escultor Carlos Bravo Nogales en 1954. En lado derecho, se localiza una imagen de San José con el Niño, del siglo XVIII y un Niño Jesús, del XVII, ambos muy repintados. En la capilla bautismal existe un lienzo popular con una Virgen Dolorosa, del siglo XIX. En la sacristía se guarda un buen conjunto de piezas de orfebrería de las que destacamos la cruz parroquial, de estilo purista del siglo XVII, y un ostensorio rococó de plata dorada, del siglo XVIII. También es de interés una casulla de seda roja con bordados en hilo dorado y seda de colores, de la primera  mitad del siglo XX (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Es la aldea situada más al Sur del término; se encontraba configurada como núcleo habitado a finales del siglo XIV. En 1425 es mencionada ya en el libro de las reglas de la hermandad de San Vicente y en las Ordenanzas municipales en 1534. Su actividad económica giraba en torno a la agricultura y la ganadería, y en esta última el pastoreo parece que tuvo gran importancia en sus orígenes.
     Estas actividades motivaron el desarrollo de determinadas industrias artesanales como es el caso del tejido de lanas de las que aún se conservan en la aldea algunos ejemplares.
     Desde la Edad Media el culto a la Cruz arraigó profundamente, naciendo de él la festividad de mayor importancia hoy en día en esta población. Parece ser que la fiesta de la Cruz se institucionaliza a partir del siglo XVI y conserva aún muchos rasgos de la forma en que se celebraba primitivamente como son las coplas que se cantan y la puja, que aún se realiza ofertando fanegas. Su ermita es una magnífica construcción del siglo XVII, cuya titular es Santa María de Jesús. Otra festividad aparte de la Cruz es la del Corpus, que por un privilegio papal se celebre en el mes de agosto.
     Muy cerca de la aldea se encuentra la mina del Castillo, trabajada desde época prehistórica y explotada también posteriormente por los romanos que extrajeron cobre y plata; más tarde, y en menor escala por los árabes.
     Ya a finales del siglo XIX y como hemos tratado en otro capítulo, la mina se reabrió, tomando su mayor auge, entre los años 1815 y 1910. El Buitrón puede vanagloriarse de haber contado con el primer ferrocarril de la provincia y uno de los primeros de España, así como el puente de hierro más antiguo de Huelva.
     No quisiéramos terminar sin hacer un breve apunte sobre los famosos "riscos" de El Buitrón. Tradicionalmente han sido considerados por los habitantes de la aldea como vestigios de tiempos prehistóricos, sin embargo la ausencia de restos arqueológicos en las inmediaciones de las piedras, así como la carencia de un trabajo sistemático que pueda arrojar luz sobre ellas nos hacen mantener serias dudas sobre su origen por lo que evitamos pronunciarnos aunque su apariencia y aspecto apuntan a que son afloraciones rocosas de origen natural.
     Al margen de ello, en el hecho de que a lo largo de su dilatada historia los habitantes de la aldea los hayan considerado como uno de los símbolos de esta población es donde reside su importancia y valor actual, suficiente como para seguir conservándolos (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

El Villar
     En El Villar se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, edificio inacabado, de tipología mudéjar, comenzado a principios del siglo XVI e interrumpido a comienzos del XVII. Presenta tres naves, cubiertas la central con alfarje de madera, muy popular y las laterales con simples faldones, y capilla mayor de planta cua­drada con bóveda esquifada sobre trompas. El arco toral y los del primer tramo son apun­tados sobre pilares rectangulares y los restantes, de medio punto con molduración clasicista. La capilla bautismal es un espacio semicircular añadido a los pies de la nave central inacabada. Al exterior en la cabecera, se sitúa el arranque de una torre rematada en una espadaña de dos cuerpos y tres vanos de tradición mudéjar; y en el extremo del muro lateral derecho, el arranque de una columna y contrapilastras almohadilladas, restos de una portada incompleta. Hoy la capilla mayor está convertida en sacristía, habiéndose tapiado el arco toral y colocado sobre él el retablo mayor, estructura recompuesta con elementos barrocos y modernos, en cuya hornacina central se sitúa una imagen de Santa Marina, tallada por Cerquera hacia 1940 y en el ático, un gran lienzo que representa la Asunción de la Virgen con San Francisco y San Antonio, pintura popular del siglo XVIII. Sobre el retablo se puede ver una pintura mu­ral esgrafiada con la inscripción: BENDITO Y ALABADO SEA EL SSMO SACRAM. En la nave izquierda, junto a varias imágenes modernas de serie, encontramos una del Niño Jesús, del siglo XIX, en una vitrina, y un interesante lienzo de buena factura que representa a San Sebastián con Santa Irene, del siglo XVII, procedente de la iglesia sevillana de Santa Ana, de Triana. En la nave derecha, se sitúa una imagen de candelero de la Virgen de los Dolores, obra de Antonio Bidón, del año 1943, una Virgen del Rosario también de vestir obra anónima sevillana de finales del siglo XVIII con un Niño Jesús moderno y un paño bordado por Concepción Bosch, con un Agnus Dei  apoca­líptico, fechado en 1861. Por último, posee la parroquia varias piezas de orfebrería, entre las que destaca un ostensorio de plata repu­jada del siglo XVIII y una curiosa Cruz Pa­rroquial de plata, que sigue un esquema compositivo del siglo XVI a la que parece haberse añadido una decoración hecha a buril en el siglo XVIII y de carácter bastante popular (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Posiblemente, es una de las aldeas más antiguas y que mayor entidad histórica haya tenido y desde luego una de las dos, junto al Buitrón, de  las que tenemos datos anteriores al siglo XVI. Aparece mencionada indirectamente en las Reglas de la Hermandad de San Vicente en 1425 y directamente en las Ordenanzas Municipales de 1534. Así mismo figura señalada como uno  de los núcleos de mayor importancia del término en mapas de los siglos XVI, XVII y XVIII.
     En su área se encuentran yacimientos arqueológicos prehistóricos, romanos y musulmanes. Fue precisamente durante la dominación de estos últimos cuando probablemente aparece como núcleo de población.
     Es posible que con posterioridad fuese abandonado y después de la reconquista volviese de nuevo a ser ocupado por nuevos pobladores; quizá esa razón fue el origen de su nombre, "Villar", que viene a significar lugar deshabitado y en ruinas.
     Algunas fuentes documentales se indican que la antigua ermita de Santa Marina fue construida hacia mediados del siglo XVIII. Desconocemos la fecha y la causa de su abandono. Su actual ermita, anterior al siglo XVIII y construida en el interior de la población, tenía como titular a Nuestra Señora de la Asunción, puede que la destrucción o abandono de la primitiva trajera a ésta el culto a Santa Marina que ha quedado como la patrona de la aldea.
     Es la única de ellas cuya economía se ha basado permanentemente en la agricultura y la ganadería, tal vez por disponer en su entorno de las zonas más fértiles. Es de mencionar la importancia que en los documentos históricos se le da a la denominada "dehesa de El Villar" en los tiempos en que una gran parte del término eran terreno de propios.
     Su fiesta más importante es la de Santa Marina que tiene lugar en agosto y que aún conserva mucho de sus caracteres tradicionales. Otras fiestas, algunas de ellas ya desaparecidas, son en cierto modo paralelas a las que se celebran en el pueblo. Así encontramos “San Juan” con el tradicional pirulito, el “judas”, las “Candelas” y la Cruz, fiesta que ha tomado realce últimamente.
     Hoy es la aldea más poblada y activa económicamente (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

Las Delgadas
     La aldea de Las Delgadas cuenta con una iglesia fundada en el año 1745 y con­sistente en una nave única con arcos rehundidos en el grosor del muro y terminada en un testero plano al que se abre un camarín. Los frentes de la escalera del camarín y el propio pavimento están revestidos de azulejos sevillanos del siglo XVIII y conserva pinturas murales del siglo XVIII de estilo muy popular. La primitiva cubierta de la nave debió ser de medio ca­ñón con lunetos y arcos fajones que apean sobre ménsulas.
     Hoy tan sólo se conservan estas últimas por haberse hundido la bóveda. Actualmente la iglesia se encuentra en proceso de restauración integral. Su fachada principal se resuelve mediante una simple portada con vano rebajado y remata­da por un frontón. Sobre ella, una potente espa­daña de dos cuerpos y tres vanos entre pilastras. La imagen titular es Nuestra Señora de los Dolores, patrona del lugar (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Acerca de su origen se narran dos leyendas. La primera hace mención a un cabrero que situó en este contorno un corral de cabras que no estaban precisamente muy lustrosas y cuando se refería a este lugar lo llamaba por el corral de "las delgadas", nombre que luego tomaría la aldea. La otra leyenda a la que hace mención Fray Francisco Fulbrook, en 1786, es la que nos cuenta que dos hermanas, apellidadas Delgado, vecinas de Zalamea y poseedoras de tierras y ganados en estos lugares se instalaron en ellos, a ellas se les fueron sumando otros vecinos y el lugar tomó nombre de estas mujeres, conociéndosele con el nombre de “Las Delgadas”. Sea como fuese, en el siglo XVII estaba ya configurada como aldea, componiendo junto a otras tres próximas una feligresía.
     Su ermita fue construida a principios del siglo XVIII encontrándose hoy en estado ruinoso. En 1751 fue erigida parroquia independiente; su titular es Nuestra Señora de los Dolores, patrona de la aldea. Por cierto que los vecinos de ella tuvieron que sortear enormes dificultades para que se les reconociera como patrona a esta virgen ya que oficialmente el patrón de Zalamea y todas sus aldeas era San Vicente Mártir. Para ello tuvieron que recurrir a Roma, donde por fin se aceptó su petición en 1817. Los moradores de esta población recibieron con júbilo la noticia e incluso regalaron la antigua imagen que había en la ermita a la Iglesia de El Berrocal.
     Con la explotación de las minas de Riotinto, la población de la aldea aumentó considerablemente, volviendo a decaer a raíz de la crisis minera (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

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viernes, 24 de noviembre de 2023

Los principales monumentos (Recinto Fortificado; antiguo Concejo Municipal; Iglesia de Santa María de la Purísima Concepción; Ermita de Santa Zita; Ermita de la Virgen del Puerto; Humilladero de San Sebastián; Fuente del Concejo; y Plaza de Toros) de la localidad de Zufre, en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Recinto Fortificado; antiguo Concejo Municipal; Iglesia de Santa María de la Purísima Concepción; Ermita de Santa Zita; Ermita de la Virgen del Puerto; Humilladero de San Sebastián; Fuente del Concejo; y Plaza de Toros) de la localidad de Zufre, en la provincia de Huelva.
Ubicación
     Zufre se ubica a 446 m. de altitud, en la vertiente sur del cerro La Solana, en la Sierra del Zorrero que a su vez forma parte de las estribaciones orientales de la Sierra de Aracena. A una distancia de 110 kms. de la capital, posee un término de 34.070 has, el tercero más extenso de la provincia de Huelva, pertenece a la Mancomunidad de municipios “Ribera de Huelva” y al Parque Natural “Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Pueblo serrano de gran belleza por sus impresionantes vistas de la serranía circundante que se pueden contemplar desde los muchos miradores que posee.
Reseña histórica breve
     El origen de los primeros doblamientos lo encontramos en su extenso termino municipal, así datan varios yacimientos de la Edad del Bronce, destacando el Trastejón del II milenio a.C. ligado a un asentamiento minero. De época romana hay referencias documentadas de asentamientos ligados a explotaciones mineras. En época islámica se forma el núcleo en su emplazamiento actual y se convierte en una de las principales poblaciones de la sierra. Su localización geográfica lo muestra como una fortaleza de origen defensivo dominante sobre la vía de acceso a Sevilla. En el siglo XIII se convirtió en un bastión musulmán que intentó frenar el avance cristiano, sin embargo en 1246 tras la batalla de Tentudía se consigue arrebatarle estas tierras al mundo islámico.
     Durante el siglo XVI es cuando se construyen los principales monumentos bajo la maestría de Hernán Ruiz II, autor de la Giralda de Sevilla.
Patrimonio cultural y artístico
     Todo el centro histórico del pueblo de Zufre se configuró fundamentalmente entre los siglos XII y XVIII. Su casco histórico fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de CONJUNTO HISTÓRICO por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía el 22 de Enero de 2.002 según Decreto 19/2002.
      Los elementos del conjunto histórico más destacados son los siguientes:
     Iglesia parroquial de la Purísima Concepción de Zufre: levantada en el siglo XVI sobre un anterior templo gótico mudéjar del siglo XIV por el maestro Hernán Ruiz.
     Ayuntamiento de Zufre: junto a la Iglesia Parroquial se encuentra la obra más destacada de carácter civil como es el Ayuntamiento, cuya autoría esta atribuida también al autor Hernán Ruiz. En el interior destacan tres sillones pétreos del siglo XVI situados en una sala de la planta baja y que se supone que pertenecían al tribunal itinerante de la Santa Inquisición.
     Torre de las Harinas: fechada en el siglo XII, siendo el resto más destacado que se conserva de la antigua muralla almohade que acotaba al pueblo. Esta torre defensiva es maciza y mide unos 12 metros de altura.
      La fuente del concejo: Situada en el ángulo derecho de la fachada del Ayuntamiento, obra que completa la fisonomía de la Plaza de la Iglesia y que se fecha a finales del siglo XVI, ya que su construcción es paralela a la del Ayuntamiento. Es de corte renacentista y constituye la cabeza de un león por la cual se vierte agua a un pilar.
     También podemos destacar la plaza de toros construida entre 1879 y 1886, el lavadero público del charquillo y las ermitas de Santa Zita y Ntra. Sra. del Puerto.
Fiestas y Tradiciones
     Zufre cuenta con fiestas y tradiciones de gran valor patrimonial e importante como son las siguientes:
     Primera Romería: se celebra siempre el último domingo de Agosto en honor a Ntra. Sra. del Puerto que es la patrona de la localidad. Durante la misma se celebran las famosas carreras de caballos por las calles de Zufre.
     Segunda Romería: tiene lugar el segundo domingo de Septiembre.
     Fiestas patronales: se celebra el primer fin de semana de Septiembre en honor a la patrona de Zufre, en la cual hay diferentes actividades culturales, religiosas y de diversión.
      Misa de Mayo: se celebra el tercer fin de semana de Mayo.
Semana Santa: Se celebran procesiones el jueves y viernes santos con la virgen de Los Dolores, El Cristo crucificado y el Santo Entierro.
     Noche de las candelas: es una de las fiestas más populares de la localidad, en este día se prenden candelas cuyas ascuas sirven para hacer comidas. En la Plaza de la iglesia se hace una candela popular en la que están invitadas todas las personas de la localidad y turistas que nos visitan en esos días. Los niños salen con sus abalorios prendidos en fuego por las calles de la localidad.
     Muestra de aceite oliva y productos serranos: es una muestra que se celebra en un fin de semana del mes de Enero en la cual se promociona y fomenta el aceite de la localidad y los productos serranos. Durante la misma se celebran diferentes actividades culturales, de animación, ponencias, etc...
Recursos económicos y sociales
     La economía del municipio se basa fundamentalmente en el sector primario, especialmente en las actividades agroganaderas, aunque el sector turístico esta creciendo en los últimos años.
Gastronomía
     Las características de la gastronomía de Zufre son la variedad y la calidad de sus comidas, destacan las derivadas del cerdo ibérico, las migas acompañadas de sardinas asadas y por encima de todo en otoño y primavera las diversas setas, con especial mención para el gurumelo. En verano destaca por encima de todo el gazpacho elaborado con hortalizas propias de la zona (Diputación Provincial de Huelva).
      El origen del poblamiento de su término municipal se remonta a la Edad del Bronce, en el III milenio a.C. Será en época romana cuando se forme el núcleo de población actual. Así lo testimonian los restos arqueológicos aparecidos durante las obras de restauración de la Fuente del Concejo. De época islámica, se conservan restos de la cerca almohade del siglo XII, además, del topónimo -sutefiel- palabra que significa «tributo». En el año 1246, Zufre pasó a manos cristianas y, bajo el reinado de Alfonso X, se incorporó al alfoz de Sevilla. Durante el siglo XVI la población conocerá un crecimiento sostenido, aunque los continuos enfrentamientos bélicos entre los reinos de Portugal y España generaron periodos de crisis que se prolongaron hasta el siglo XVIII. A lo largo del siglo XIX, la roturación de nuevas tierras y la expansión de las actividades mineras, provocaron un discreto aumento demográfico que se mantendrá durante toda la primera mitad del siglo XX. Cuenta Zufre con un número abundante de fuentes entre las cuales destacamos la citada Fuente del Concejo, realizada en sillares y constituida por dos cuerpos a distinto nivel: el primero, formado por una pequeña pila donde se encuentra el surtidor, decorado por una carátula marmórea enforma de cabeza de león y, el segundo, a un nivel más bajo, formado por un pilón rectangular para el abrevo del ganado. La plaza de toros fue construida en torno al año 1860 por el alarife portugués Domingo Alfonso de Amorín (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La comarca presenta una topografía muy accidentada derivada de las últimas estribaciones de Sierra Morena. El núcleo urbano se encuentra ubicado sobre la cornisa de un cerro a media ladera de el de Portachuelo, resguardado por éste en su zona Suroeste y totalmente abierto por su zona del Nordeste a modo de baluarte defensivo natural, que se abre en altura sobre la carretera comarcal C-435. El Casco Antiguo se orienta hacia el este-sureste, dominando el valle del Ribera de Huelva, hoy embalsado. Sus altitudes más significativas son: la Plaza del Ayuntamiento, 446,0 m.; el Parque de los Alcaldes, 460,0 m.; el acceso oeste, 460,0 m.; y el cruce de la carretera C-435, 380,5 m.
     Su morfología urbana es de origen medieval con calles estrechas y tortuosas, a veces casi inexistentes. El crecimiento se ha realizado en forma lineal a lo largo de la cornisa, en zonas de expansión posteriores al siglo XVIII, y los desarrollos extramuros a lo largo de los caminos de acceso.
     Posee manzanas cerradas de mayor densidad en el centro, y otras abiertas, con menor densidad y con viviendas adosadas en su perímetro. Los tamaños y formas de las mismas son irregulares y variadas, destacando las alargadas que acompañan a las directrices de crecimiento. Se ha superpuesto una trama viaria de accesos a las traseras de las manzanas de borde y caminos rurales.
     La edificación residencial responde casi en su totalidad al tipo vivienda unifamiliar entre medianeras con un claro predominio de lo que llamaríamos arquitectura popular. El número de plantas más común es de baja más soberao, apareciendo también algunos casos con dos o tres plantas. También variará el número de las crujías, la posibilidad de contar con patio o corral en función del número de fachadas, o la situación de la cuadra, que de estar en las zonas traseras, podrá pasar a fachada ante la carencia de un doble acceso, bien ocupando una dependencia de ella o bien situándose en un semi sótano cuando lo permite la topografía. En las parcelas de esquina aparecerán tejados a tres aguas con cornisa también de tejas. El número y disposición de huecos será variadísimo y, habrá también un amplio repertorio de motivos ornamentales principalmente en huecos, cornisas y zócalos. También existen bastantes ejemplos de una arquitectura de raíz burguesa derivada del asentamiento de esta clase a partir del siglo XIX, caracterizada por ocupar una posición privilegiada respecto al centro del núcleo, desarrollarse en parcelas de mayor tamaño y utilizar mayor calidad de materiales y más variedad. De ellas diferenciamos dos tipos: las casas señoriales palaciegas, surgidas de la evolución y depuración de la arquitectura popular, destacando por su mayor escala y la potencia urbana que adquiere su fachada con sus portadas, que suelen enlazarse con el balcón central superior; y las casas palaciegas neoclásicas, que contrastan en el paisaje urbano por su orden compositivo geométrico, la aparición de falsas pilastras y todo tipo de impostas y molduras y la utilización de colores cálidos.
     Actualmente el proceso de desarrollo urbano se encuentra estancado motivado básicamente por la escasa capacidad económica de los habitantes y la propia dinámica de la localidad; aparecen tan solo operaciones puntuales de sustitución de elementos o de colmatación de vacíos urbanos sobre las tramas ya existentes.
Baja Eda Media
     En el siglo XIII Alfonso X concederá a Zufre el privilegio de villazgo.
     Antes de 1296 existía el castillo de Zufre, reconstruido posteriormente en el siglo XIV como parte del complejo defensivo de la Banda Gallega, protección de la ciudad de Sevilla frente a los portugueses, pero nada queda ya de esta construcción.
Edad Moderna
     El siglo XVI fue uno de los momentos más florecientes de la villa, muestra de ello son la Iglesia Parroquial y el Ayuntamiento.
     El siglo XVII fue un siglo de retroceso poblacional, por la confluencia de epidemias, hambre, malas cosechas y las guerras con Portugal. De esta época es el Hospital de San Miguel, que compartió funciones con el de San Sebastián.
     Durante el siglo XVIII, la localidad conoció cierta recuperación.
Edad Contemporánea
     En el siglo XIX tuvo lugar una verdadera revitalización de la mano de la actividad minera, que trajo consigo el tren, con la construcción de la línea férrea Cala-San Juan de Aznalfarache, activa desde 1905 hasta 1959. El ferrocarril y la carretera de Sevilla, construida entre 1930 y 1933, rompieron con el aislamiento tradicional de esta comunidad serrana. Pero la crisis minera provocó la emigración de muchos zufreños desde los años cincuenta, estando remitiendo en la actualidad esta crisis económica (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     A 15 km de Santa Olalla se descubre el pueblo de Zufre.
     Al principio se presenta como una soberbia muralla de cal y de ladrillo, pero luego, al acercarse, se descubre que la presunta altivez de las casas sólo es una argucia para asentarse en escalones, aprovechando el mínimo espacio que brinda la pendiente. Al contemplar su ubicación en lo alto de un cerro estratégico se comprende que fuera uno de los principales núcleos defensivos de la sierra de Aracena. Tuvo Zufre presencia musulmana a partir del siglo VIII y hasta la conquista cristiana. Precisamente, el topónimo procede del término árabe Xufre, que significa tributo. Y como tantos pueblos de la zona, tras la batalla de Tentudía pasó a depender del Concejo de Sevilla.
     De sus tiempos islámicos le queda a Zufre, además de la raíz del nombre, el recuerdo de la poderosa muralla almohade que circundaba el caserío. Queda también la torre de la Harina, que, asomada al abismo, emerge solitaria entre las casas hasta alcanzar los 12 metros de altura, y unos lienzos almenados que soportan la terraza ajardinada de un parque. También le queda a Zufre una traza urbana bastante laberíntica.
     Zufre es un pueblo hermoso y pintoresco, de casas encaladas y ásperas pendientes, de calles tortuosas y estrechas, con rincones que cautivan por su belleza intacta. Uno de esos rincones es la plaza de Ayunta­miento, recinto al que se asoman la iglesia parroquial de la Purísima concepción, la fuente del concejo y la doble galería de tres arcos que dibuja la fachada de la casa Consistorial. El templo, cuyos orígenes se re­ montan al siglo XIV, fue intensamente remodelado a mediados del siglo XVI de acuerdo con los planos del arquitecto cordobés Hernán Ruiz II. De sus orígenes conserva la fachada y, de mediados del XVI, la capilla de los Dolores. Cabecera con nervaduras y nave con bóvedas semiesféricas. Luce una torre alzada en el siglo XVIII según las trazas de Pedro de Silva, que sustituye a la que fue destruida por el terremoto de Lisboa en 1757. Sus dos cuerpos de ladrillo desafían el vértigo de altura que suscita el abismo. En el interior se guarda un interesante retablo (pintura y escultura) que fue terminado en 1545. Además, destacan por su originalidad dos pilas de agua bendita esculpidas en capiteles romanos.
     Desde el tiempo de los romanos, la llamada fuente del Concejo, rehecha en el siglo XVI, vierte sus aguas a un pilón situado junto al edificio consistorial. El Ayuntamiento es un inmueble de estilo italiano con influencias mudéjares, góticas y renacentistas, que pudo haber sido usado como sede del Tribunal de la Inquisición. Por su elegancia y armonía de líneas y volúmenes, constituye un ejemplo de arquitectura civil único en la provincia. Obra del arquitecto Hernán Ruiz II, fue terminado en 1570 y fue utilizado como casa consistorial, pósito y cárcel. Conserva en la fachada el escudo imperial de Carlos V esculpido en piedra y también dos sillones pétreos que servían para que los miembros del santo Oficio acomodaran sus no tan santas posaderas. Se apoyan en una de las paredes de la planta baja y carecen de detalles ornamentales. Sólo en la línea ondulada de los apoyabrazos se aprecia cierto dibujo de labra.
     Pero Zufre es también un mirador. Un excelente mirador desde el que se contempla la cúpula de la igle­sia, la torre almohade y la amplitud de la circundante serranía. Y también la depresión de las Buervas y el pantano. El mejor lugar para asomarse está situado frente a la plaza de toros, en una terraza ajardinada convertida en parque que llaman paseo de los Alcaldes. Su construcción se inició en los años 30 del pasado siglo y se acabó en los 60 y presenta una bella decoración de azulejos en los bancos y los muros de cierre. La plaza de toros, terminada en el siglo XIX, acoge corridas desde 1879.
     El recorrido por la riqueza monumental y artística de Zufre se completa mencionando las ermitas: Santa Zita (comienzos del XVI), que presenta una portada mudéjar enmarcada en alfiz; Nuestra Señora del Puerto, situada en la sierra Vicaría, a unos 12 km del pueblo, lugar al que se lleva la imagen de la patrona en la romería de septiembre; el humilladero de San Sebastián, del siglo XVIII, ubicado en el antiguo camino a la Higuera (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012).
     
El recinto fortificado
     Estuvo Zufre protegido por una muralla de la que hoy sólo quedan algunos fragmentos y tres torres: la del Acebuche, El Torreón y la de la Ha­rina, algunas hoy convertidas en miradores sobre el valle. Su construcción data del siglo XII, en época almohade, si bien el conjunto debió sufrir múltiples intervenciones posteriores (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
El Torreón. La ciudad musulmana de Zufre (Sufre) se ubica en un promontorio amesetado, un travertino de calizas, estratégico para el control de las vías de comunicación y el territorio de la Sierra Oriental. La cerca urbana se localiza en la zona más elevada de este promontorio, aprovechando el cortado natural del travertino como elemento de cierre en el lateral Sureste.
     En la actualidad de la cerca urbana de Zufre solo se conservan elementos arquitectónicos desconectados, en distintos puntos: la torre de las Harinas, el Torreón y varios paños de muralla. Aunque hay que destacar que parte de la trama urbana medieval se preserve fosilizada en su interior, existiendo manzanas pequeñas y compactas y un callejero estrecho y laberíntico característico de los trazados orgánicos de la ciudad islámica; contando con una superficie de 12.070 m2.
     Caso único y peculiar en la provincia de Huelva.
     La cerca y las torres se construyen en época almohade, durante la segunda mitad del siglo XII, transformándose y reconstruyéndose en gran medida a finales del XIV, como consecuencia de los enfrentamientos con Portugal, incorporándose nuevas estructuras.
     El Torreón, ubicado en el sector Noreste de la cerca es de construcción bajomedieval, de fines del siglo XIV y/o principios del siglo XV. Es de planta cuadrada, construida mediante fábrica de mampostería ordinaria de piedra trabada con mortero de cal, de 6 metros de achura en la cara externa, 6 metros de los paramentos laterales y hasta 9 metros de altura.
     Presenta un basamento escalonado que sobresale de la cara del muro de 1 metro de altura y un plinto, a 3 metros de altura, además de terrado con almenado de ladrillos colocado recientemente. Se encuentra encajada entre viviendas que se han construido adosadas a las caras laterales. De los extremos laterales, en dirección Sureste y Noroeste, parten dos lienzos de muralla de mampostería de piedra de varios metros de longitud, que sirven de medianeras divisorias y de muros de apoyo para las cubiertas de las casas. El Torreón se encuentra en buen estado, habiéndose realizado sobre éste, una obra menor en 2003 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Torre de la Harina. De época almohade se conserva la Torre de las Harinas, restaurada, ubicada en el extremo Sur de la cerca urbana. Es una torre de planta cuadrada, maciza, construida mediante fábrica de tapial de cajones de 0,80 metros con aglomerantes cerámicos y pétreos, cuyo basamento es de mampostería de piedra y esquinas de sillarejo. Al exterior, en la zona superior, presenta un listel construido con dos hiladas de mampuestos de piedra que indica el nivel de la azotea. A esta torre se adosa una línea de muralla en la cara Oeste, por lo que se ha considerado que podría tratarse de una torre albarrana.
     Se encuentra actualmente en buen estado gracias a una intervención de consolidación, realizada en 2004 por la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura en Huelva (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

El antiguo Concejo Municipal
     Responde a la tipología de los Cabildos municipales del siglo XVI y ha sido atribuido al arquitecto Hernán Ruiz II, aunque no hay constancia documental de este hecho. Sólo sabemos con certeza el año de su inauguración el 15 de abril de 1570, según constaba en una inscripción ya desaparecida aunque ha quedado constancia literal de su texto (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
      El Ayuntamiento se sitúa en el centro urbano, mostrando su fachada principal a la plaza de la Iglesia, lugar con el que establece sus principales relaciones espaciales. Se encuentra exento, limitado en dos de sus lados por la plaza de la iglesia, y por la calle Tetúan y calle Peña en sus flancos izquierdo y posterior, respectivamente.
     La planta del inmueble es irregular, debido a la naturaleza del terreno en el que se asienta. Su primer nivel forma una "L", y posee dos salas incomunicadas entre sí y una galería exterior, que se comunica con la sala mayor mediante puerta y vano. En el piso superior la planta cambia, ampliándose la sala correspondiente a la pequeña del piso inferior, hasta duplicar sus dimensiones, creando así un espacio paralelo a la calle Peña, hacia la que se abre mediante doble puerta, además de cuatro ventanas. En este nivel quedan un total de tres salas, que actualmente no se aprecian debido a las obras de restauración que se llevaron a cabo para adaptar el inmueble a su uso actual. La sala intermedia se abre a las otras por dos vanos, uno a cada lado, y la sala superior a la galería del primer piso que presenta una balconada triple hacia la Plaza de la Iglesia, así como una pequeña ventana geminada hacia la fuente.
     Al exterior, la fachada principal está dividida en tres secciones en altura, separadas por unas molduras corridas. Los dos pisos que presenta el inmueble se asientan sobre un podio que le reporta esbeltez y le adapta a la peculiaridad del terreno. El primer piso, el doble de alto que el superior, se dispone en forma de galería, compuesta de tres arcos de medio punto apeados sobre columnas, siendo las dos de los extremos semi-columnas adosadas a los lienzos de muro que flanquean a la arquería. Cada arco se encuentra enmarcado en un alfiz. Las columnas son de orden dórico, fuste liso y basamento, que se compone de toro, escocia y plinto, conformando unos soportes de elegantes proporciones. La galería se encuentra dispuesta del mismo modo hacia los laterales, reproduciendo la unidad alfiz, arco, semi-columnas y ménsulas como apoyo en el muro del edificio, conformando así un espacio diáfano abierto al exterior en tres de sus frentes. En el lado derecho se encuentra una escalinata por la que se accede a dicho espacio, y en el lado opuesto, sin acceso, aparece como detalle decorativo una voluta en la clave del arco en su cara exterior. La galería está cubierta por bóveda de cañón, restaurada recientemente. El piso superior, separado del primero por una moldura, es de menor altura que el anterior, y continúan los dos paños de muro liso del nivel inferior, que enmarcan del mismo modo a una arquería de tres vanos, pero aquí éstos son del tipo escarzano. Los arcos descansan sobre pilares de sección cuadrada y semi-pilares del mismo tipo adosados al muro. Una balconada compuesta por seis balaustres cierra a media altura cada uno de los vanos. Remata la composición una cornisa corrida de tres molduras.
     El alzado del inmueble derecho no es de un sólo plano, ya que se registra un recodo debido a la planta irregular del edificio, formando una "L", por lo que existen tres planos. El primero de ellos presenta una ventana geminada sobre el arco lateral de la galería del primer piso; es de pequeñas dimensiones con una pequeña columna sobre la que se apoyan los dos arcos de medio punto que a su vez están enmarcados por alfiz, de aspecto medieval. A su derecha, a la misma altura, se abre otro vano rectangular de mayores proporciones. El siguiente plano se orienta hacia la plaza de la iglesia y también
posee una ventana de las mismas características que la anterior. En su zona baja se asienta una parte rocosa rebajada al plano del muro a la que se le adosa la fuente del Concejo. Consta de una alberca en forma de "L" y una escalinata que flanquea el inmueble. Elemento destacable es su surtidor con forma de mascarón de tipo antropomorfo, de cuya boca brota el agua, alojado en un arco de medio punto rebajado que sobresale en ligero relieve del muro. La figura está realizada en piedra. El último plano de este lateral se encuentra elevado a la altura del segundo piso, desnivel que en el exterior se salva mediante escalinata. Presenta una puerta cegada compuesta por dos pilastras y dintel similar al de la portada interior de la galería a la fachada principal, con ladrillos a modo de dovelas dispuestas de modo oblicuo en derrama hacia arriba y rematado por cornisa volada.
     El alzado lateral izquierdo del inmueble se desarrolla en un solo plano adaptado a la fuerte pendiente del terreno. Aparece una pilastra que sobresale del muro y que llega a media altura. Encontramos tres ventanas, dos en el piso alto y otra en el piso bajo, más pequeña y con reja.
     La techumbre del edificio está realizada en teja y se dispone a dos aguas hacia la zona anterior y posterior.
     Existe un gran desconocimiento histórico-artístico en torno al Ayuntamiento de Zufre. Prácticamente ningún dato se conserva respecto a su proceso de edificación, llevado a cabo hace más de cuatrocientos años, por lo que su reconstrucción histórica la debemos realizar utilizando el propio edificio como único referente, analizándolo desde sus elementos artísticos para determinar una atribución y una datación. La única referencia que hace alusión a la fundación del ayuntamiento de Zufre provine de un cuadro que poseía una inscripción que era copia exacta de otra perdida en 1933 que fechaba el edificio en 1570.
     Tanto los rasgos artísticos del monumento, así como la atribución del mismo al arquitecto Hernán Ruiz II, parecen encajar con la fecha de 1570. Aunque el arquitecto muere un año antes, en 1569, el grueso de la ejecución se lleva a cabo en vida del maestro, y el diseño se mantiene según sus directrices, finalizando las obras algún seguidor. Por otro lado, es evidente que el arquitecto no ejecutó las obras in situ, ya que el cúmulo de fábricas que estaban bajo su tutela, derivado del su cargo de maestro mayor del arzobispado, y más tarde con el mismo título en la catedral y en el ayuntamiento sevillano se lo impedían.
     El estilo que caracteriza al ayuntamiento de Zufre responde a la fase denominada como clásica del renacimiento español, que comienza aproximadamente a partir de la década de 1560. Presenta rasgos estilísticos desvinculados del gótico y tendentes a un purismo arquitectónico mediante líneas rectas y formas geométricas perfectas, estructuradas con el fin de producir una armonía y un ritmo equilibrado y armonioso basado en las formas italianas, que a su vez derivan del clasicismo grecorromano.
     La construcción del Ayuntamiento debe situarse dentro de un proceso de rehabilitación de los centros urbanos que se lleva a cabo en diversas localidades durante el siglo XVI, e igualmente en una línea de carácter política de renovación de los edificios concejiles comenzada a finales del siglo anterior por los Reyes Católicos.
     Debido a la fuerte impronta medieval que predomina en Zufre, con un caserío apretado tras las murallas, la puesta en práctica de los ideales renacentistas para conseguir una ciudad ordenada no fuera tarea fácil, así que las operaciones son puntuales pero de carácter emblemático. El lugar elegido para emplazar el edificio municipal en la localidad fue frente a la iglesia, confrontando así los dos poderes; el civil y el religioso, que pugnan por el protagonismo del centro de la población.
     La fachada que ofrece el ayuntamiento a la plaza posee la peculiaridad de encontrarse abierta a ésta mediante arcadas en los dos pisos. Este factor nos habla de nuevos conceptos urbanos y arquitectónicos que trae al campo visual el renacimiento, mediante una proyección hacia el espacio público que supera la secular cerrazón medieval. Esta tendencia se ratifica mediante la construcción de la fuente del Concejo, obra concebida junto al ayuntamiento. La traída del agua, por lo tanto, además de un servicio público, originaba un elemento activo para el embellecimiento urbano y la transformación de cualificados espacios de la ciudad, por lo tanto posee una doble dimensión: funcional y estética (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de Santa María de la Purísima Concepción
     Originalmente, debió ser un edificio de nave única, de arcos transversales y aspecto fortificado, datable a comienzos del XIV. De esta primitiva fase, se conserva la fachada de los pies, con su portada gótico-mudéjar y los dos huecos apunta­dos que conformaban la antigua espadaña.
     A mediados del siglo XVI, en el costado izquierdo, se le añadió una pequeña capilla de planta cuadrada, cubierta con bóveda de crucería, dedicada a los Santos Mártires -hoy a la Virgen de los Dolores-, que fue costeada en 1554 por don Gonzalo López y su mujer doña Catalina Martín.
     Años después, a instancias del vicario Antón Alonso, debió plantearse la necesidad de ampliar toda la iglesia, comenzándose las obras por la capilla mayor.
     El nuevo presbiterio, que presenta las características formales del gótico final, se cubrió con bóvedas de nervadura estrellada y quedó concluido en el año 1563, según consta por una ins­cripción en uno de sus muros.
     De inmediato, continuaron las obras por la nave, encontrándose ya al frente de ellas el arquitecto Hernán Ruiz II. La solución adoptada fue disponer dos grandes tramos cubiertos con bóvedas semiesféricas, decoradas con nervaduras radiales y concéntricas, diseños característicos de este maestro. El arco que separa ambos tramos apea sobre una ménsula decorada con una carátula en forma de cabeza de león, donde aparece el año de 1568.
     De una fase posterior es la Capilla del Sagrario y la Bautismal, aunque ésta última fue profundamente reformada en 1912, como consta por una inscripción aún legible situada en el trasdós del arco de entrada. Del primer cuarto del siglo XVII, es la sacristía.
     Tras el Terremoto de Lisboa, Pedro de Silva diseñó la torre en 1756, terminándose su proceso de construcción en 1758.
     Finalmente, a lo largo del siglo XIX, se le adosaron distintas estancias en el costado Sur.
     Su retablo mayor, de carácter pictoescultórico, es el resultado de dos fases estilísticas: Las catorce tablas del banco -que representan un Apostolado más Santa Lucía y Santa Bárbara-, podrían datarse en torno a los años iniciales del siglo XVI, mientras que las ocho tablas restantes y los dos relieves del cuerpo principal -con un programa iconográfico alusivo de la Vida de la Virgen- de mayor formato y estilísticamente más modernas, serían datables a mediados de dicha centuria, siendo el autor de los altorrelieves el escultor Bernardino de Ortega y las tablas, atribuibles  al pintor Juan de Zamora. Todo el conjunto quedó finalizado en 1545 como consta por una inscripción. A la derecha del retablo, se sitúa una imagen de la Inmaculada Concepción del siglo XVII.
     En el muro izquierdo, se encuentran dos cua­dros, uno de San Cristóbal y otro de San Lorenzo, ambos del siglo XVII, y un retablo-marco para lienzo donde se representa a Cristo como Fuente de la Vida con las Ánimas benditas del Purgatorio, del segundo tercio del siglo XVIII.
     En la pared de enfrente, se observa una ima­gen del Cristo de la Veracruz, del segundo tercio del siglo XVI y tres cuadros que representan la Aparición de Cristo y la Virgen a San Francisco y Santo Domingo; Santo Domingo y el beato Abiano de Rufo y La entrega del rosario a Santo Domingo, éste último de medio punto. Todos formaron parte de un retablo, costeado por Fabián Rufo y su mujer, dedicado a la Virgen del Rosario cuyo «nicho» fue aderezado por un tal Alonso Miguel -quizás el conocido pintor Alonso Miguel de Tovar- en 1702.
     En la Capilla de la Virgen de los Dolores se encuentra un retablo barroco entre estípites, ejecutado en 1748 por los entalladores Bernardo Francisco, Diego Rosales y Juan González. En el banco aparece una imagen de Cristo yacente datable en el segundo tercio del siglo XVI, y en la hornacina una Virgen Dolorosa, de vestir, del siglo XVIII. Finalmente, en el ático se sitúa una tabla con un San Sebastián y una santa mártir con la inscripción que informa del nombre de quienes fundaron hacia 1543 la capellanía a la que servía el retablo, dedicada entonces a los santos mártires: Gonzalo López y Catalina Martín.
     En la nave se contempla un lienzo de la Virgen de Guadalupe, de la primera mitad del siglo XVIII y un retablo rococó, del tercer tercio del siglo XVIII, que aloja una imagen de San José con el Niño de la misma época del retablo.
     En el sotocoro, se sitúan dos pilas de agua bendita, labradas en capiteles romanos bajo-im­periales y en el coro alto, una imagen de Cristo crucificado del segundo tercio del siglo XVI. Su antepecho está constituido por balaustres en forma de Hermes, antiguas cabezas de la viguería de fines del siglo XVI.
     En el interior de la Capilla Bautismal se en­cuentra una pila del siglo XVI y tres esculturas: la Virgen del Rosario tallada en 1577, un San Miguel, del siglo XVIII y un San Antonio de Padua, de principios del siglo XIX. Completan la decoración de este espacio dos lienzos de la segunda mitad del siglo XVIII que representan a Santa Lucía y a Judit con la cabeza de Holofermes.
     En la Capilla del Sagrario, encontramos un retablo recompuesto con elementos del siglo XVIII. Preside la hornacina central, una imagen de la Virgen del Carmen tallada en el siglo XX por Francisco Buiza, flanqueada por lienzos de Santo Domingo y de San Francisco, ambos de principios de siglo XVII. El remate es un relieve a muy plano de Dios Padre, de hacia 1600.
     Se conservan en la sacristía un grabado original del Monumento del Jueves Santo de la Catedral de Sevilla según dibujo de Domingo Mar­tínez y plancha abierta en Amberes; dos lienzos, uno de San Felipe Neri y el otro de San Isidro Labrador, de fines del siglo XVII, y una cajonería de madera es de fines del siglo XVII.
     De la platería destacamos la cruz parroquial, de estilo gótico, datable en el último cuarto del siglo XV, con añadidos del mediados del siglo XVI y un ostensorio de plata sobredorada, recompuesto con elementos del último cuarto del siglo XV y de inicios del XVII. Finalmente, de 1553 son unas campanillas de bronce decoradas con el tema de la Anunciación.
     Respecto de los ornamentos, destacamos una casulla y dos dalmáticas de terciopelo carmesí con bordados en oro y sedas de colores, de fines del siglo XVI o principios del XVII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La iglesia se sitúa en pleno centro antiguo de la población, y en torno a ella se fue desarrollando la ciudad, aunque actualmente queda un poco desplazada. Así el templo es el principal elemento configurador de la trama urbana de su entorno, que junto con el Ayuntamiento, forman el núcleo urbano tradicional, por lo que ambos se encuentran situados en la misma plaza.
     El templo presenta tres fachadas al exterior, encontrándose la cabecera de la parroquia oculta por viviendas adosadas. La fachada correspondiente a la Epístola no es transitable, ya que una verja la separa y protege de las irregularidades del terreno. La fachada principal, se sitúa en el lado del Evangelio, se abre a la plaza donde se encuentra el Ayuntamiento.
     Presenta dos cuerpos en altura, que se separan mediante una pequeña cornisa, donde se sitúan los desagües en forma de gárgolas de piedras con figuras zoomorfas. La gran altura del edificio se ve contrarrestada al exterior, mediante una serie de contrafuertes de gran altura y grosor que se corresponden con los tramos de las naves. En el primer tramo se sitúa la portada principal. De sencilla estructura, está realizada en bloques de piedra, presentando vano adintelado de acceso, rematado por un frontón triangular con tres pináculos. La fachada correspondiente a la cabecera se encuentra totalmente embutida por viviendas, pero a través de ellas se advierten los contrafuertes de las mismas características que los situados en la fachada principal. La fachada correspondiente a los pies de la iglesia, está formada por dos cuerpos. El inferior lo ocupa la portada con doble arco ojival, haciendo de transición de ambos, una cornisa de modillones. El superior lo forman dos grandes vanos alargados con forma rectangular y arcos de medio punto, ambos cegados. La fachada de la Epístola presenta las mismas características que la correspondiente al Evangelio.
     La torre, situada en la fachada de los pies de la iglesia, presenta planta cuadrada y está realizada en ladrillo, con un acceso mediante un vano de forma rectangular y en la parte superior un vano de iluminación bajo la esfera del reloj.
     Sobre éste se sitúa el cuerpo de campanas, que está formado en cada lienzo por un arco de medio punto flanqueado por dobles pilastras toscanas que soportan un entablamento completo y sobre éste un pretil, adornado con jarrones en los ángulos. Se corona la torre con un chapitel de cerámica sobre una base de aliceres curvos con temas forales en azul y blanco. El conjunto se remata con una cruz de hierro.
     El templo, interiormente, presenta planta rectangular de una sola nave y un amplio presbiterio. La nave se encuentra dividida en dos tramos por un arco perpiaño que descansa en dos ménsulas terminadas en cabeza de león. Una de estas ménsulas presenta la fecha de 1568. Cada uno de los tramos se cubren con una bóveda vaída decoradas con molduras que, a modo de nervios, recorren las aristas de la misma y forman círculos concéntricos. En el primer tramo se encuentra el coro en alto, sobre un arco escarzano, al que se accede por una escalera moderna adosada al muro de los pies del templo.
     El presbiterio se encuentra compartimentado en dos tramos, cubiertos con bóvedas de nervios con espina. En el primer tramo, rectangular, la bóveda es de tercelete, en el segundo, poligonal estrellada de ocho puntas con rosetón en la clave.
     Los nervios descansas en pequeñas mensulillas zoomorfas.
     Todo el muro perimetral de la iglesia está recorrido por una cornisa que une todas las ménsulas, tanto de la nave como del presbiterio.
     En el muro del Evangelio y en la zona correspondiente al segundo tramo de la iglesia se encuentra la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, de pequeñas proporciones, de planta cuadrada con bóveda de nervaduras.
     El acceso a la sacristía se encuentra en el primer tramo de la capilla mayor. Su ingreso presenta un vano de forma rectangular con pilastras acanaladas como enmarque, rematándose en una pequeña cornisa. La sacristía es de planta cuadrada y se cubre mediante bóveda de media naranja sobre pechinas. Una cornisa recorre el interior de la bóveda y se decora con temas geométricos, modillones y gotas.
     En el segundo tramo de la nave, en el muro de la Epístola, se encuentra la Capilla del Sagrario, de pequeñas proporciones y de planta cuadrada. Se accede a ella mediante un arco de medio punto sobre pilastras cajeadas, presentando su intradós grandes casetones. Se cubre mediante una bóveda vaída apoyada en un anillo cerámico. También en este muro de la Epístola se encuentra la portada que da acceso a la Capilla Bautismal, conformada mediante un arco de medio punto de ladrillo visto. Este queda enmarcado por dos balaustres sobre pedestal, que apoyan en una ménsula situada a la altura de la línea de imposta. Sobre los balaustres descansa un pequeño entablamento con frontón triangular, rematado con un candelabro al centro y pináculos en los laterales.
     El templo originalmente debió de ser un edificio de nave única, de arcos transversales y aspecto fortificado, datable a comienzos del siglo XIV. De esta primitiva fase se conserva la fachada de los pies, con su portada gótico-mudéjar y los dos huecos apuntados que conformaban la antigua espadaña.
     A mediados del siglo XVI, en el costado izquierdo, se le añadió una pequeña capilla dedicada a los Santos Mártires (hoy de la Virgen de los Dolores), que fue costeada en 1554 por don Gonzalo López y su mujer doña Catalina Martín. Años después, a instancias del vicario Antón Alonso, debió plantearse la necesidad de ampliar y renovar estilísticamente toda la iglesia, comenzándose las obras por la capilla mayor. El nuevo presbiterio, presenta las características formales del gótico final. En este ámbito, en el lateral izquierdo, se situó la capilla del "reservado" o del Sacramento y una escalera de acceso a las cubiertas. Este sector quedó concluido en el año 1563, según consta por una inscripción en uno de sus muros.
     De inmediato, continuaron las obras por la nave, encontrándose al enfrente de ellas el arquitecto Hernán Ruiz II. La solución adoptada fue disponer dos grandes tramos cubiertos con bóvedas semiesféricas, decoradas con nervaduras radiales y concéntricas. El arco que separa ambos tramos apea sobre una ménsula decorada con una carátula en forma de cabeza de león, donde aparece el año de 1568.
     De una fase posterior, pero no muy tardía, es la Capilla del Sagrario y la Bautismal, aunque esta última fue profundamente reformada en 1912. Del primer cuarto del siglo XVII es la sacristía.
     Durante el siglo XVIII el templo sufrió intervenciones, dedicadas tanto a la reparación de su estructura, como a dotarlo de una nueva torre campanario de la que carecía. Sabemos documentalmente que el edificio fue reconocido por Diego Antonio Díaz en 1723 y posteriormente, tras el terremoto de Lisboa, por Pedro de Silva quien diseñó la torre en 1756, teniendo en cuenta y rectificando los criterios de José Tirado y Tomás Zambrano. Las obras terminaron en 1758.
     Finalmente, a lo largo del siglo XIX, se le adosaron distintas estancias anexas en el costado Sur y en 1890 se renovó la solería con baldosas de mármol procedentes de canteras malagueñas, donadas a la parroquia por don Francisco Bocanegra (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de Santa Zita
       Se trata de una construcción mudéjar de prin­cipios del XVI, formada por una sola nave de arcos transversales apuntados. En su interior, es muy interesante una pila de agua bendita labrada aprovechando un capitel de mármol visigótico y los herrajes de la puerta forjados del XVI (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Interior: Planta: basilical, de dimensiones aproximadas 5 x 5 metros. Orientada Este/Oeste.
     Paramentos Verticales: La nave se encuentra dividida espacialmente en tres zonas mediante arcos apuntados apoyados sobre pilastras. Uno de ellos separa la nave del altar.
     Está encalada con elementos de ladrillo como decoración, como por ejemplo un asiento perimetral.
     Paramentos Horizontales: El techo es de madera reflejando la cubierta que se encuentra en mal estado.
     Exterior:
     Se aprecia únicamente la fachada principal de acceso enfoscada de blanco, el resto de las fachadas es de ladrillo y piedra vista.
     Aparecen contrafuertes exteriores que se corresponden con los arcos del interior que sostienen la cubierta de teja a dos aguas.
     Debido a la diferencia de cotas de la Ermita respecto el terreno, se han producido asientos diferenciales ocasionando grietas considerables por lo que posee un tirante alrededor de todas las fachadas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de la Virgen del Puerto
      Edificada sobre un yacimiento arqueológico romano, consta de una sola nave, compartimentada en cuatro tramos por arcos diafragmáticos de medio punto y rematada por un presbiterio cubierto con una bóveda vaída sobre pechinas. La ermita corresponde al esquema usual de arcos transversales posterior al siglo XV, aunque se reedificó en la primera mitad del siglo XVIII. La Virgen del Puerto es una imagen de candelero, ejecutada por el imaginero Antonio Castillo Lastrucci en el año 1937 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
       La ermita de Nuestra Señora del Puerto está situada en la carretera HV-3129-SE-316 que une la localidad onubense de Zufre y la sevillana de La Alcornocosa, constituyendo un importante cruce de caminos en el límite de provincia.
     Nos encontramos ante un edificio eclesiástico de una sola nave y ábside diferenciado. La composición de la nave se realiza en cuatro tramos diferenciados mediante arcos de medio punto que sostienen una cubierta a dos aguas de viguetas y bovedillas de ladrillo revestido, aunque con diferenciación mediante pintura plástica de la situación de las viguetas. El arranque del arco sobre los pilares que sobresalen del muro queda diferenciado mediante molduras. El ábside es de planta cuadrada, quedando diferenciado de la nave mediante arco de medio punto de mayor altura que el resto, elevándose sobre él una cúpula sobre pechinas. Tanto el ábside como la nave quedan cubiertas al exterior por tejado cerámico. El conjunto queda sustentado por muros de gran espesor, de entre 70 y 90 centímetros, de los que se desconoce su sistema constructivo al quedar revestidos tanto al interior como al exterior por enfoscado y enlucido de cal. Hacia el interior, se reviste además por un zócalo cerámico de piezas azules y amarillas en la nave y de estilo sevillano en el ábside.
     Recorre además la nave una bancada perimetral que, al igual que el suelo, queda revestida por piezas azules y blancas, siendo de mármol en la bancada y cerámicas en el suelo.
     La luz natural se introduce a través de cuatro ventanas, una situada en el segundo cuerpo de la nave en su lado sur y tres ventanas situadas en el ábside. En cuanto al exterior, destaca en la fachada principal un porticado que cubre el primer tramo de la nave. Éste queda construido mediante pilares de sección cuadrada que soportan una cubierta a un agua realizada sobre vigas escuadradas de madera. Entre pilares se ha levantado un murete de unos 50 - 60 cm de altura, adosados también a fachada, a ambos lados del acceso principal, que sirven como asiento para los devotos. Destaca la espadaña, compuesta por un arco de medio punto sostenido por pilares y del que pende una sola campana.
     La portada principal consta de un vano terminado en arco apuntado de ladrillos rematado por una cornisa realizada con ladrillos moldurados de motivos vegetales. Sobre el arranque del arco apuntado se sitúan dos líneas de ladrillo moldurado idéntico al de la cornisa que simulan la terminación de los pilares sobre los que se asienta el arco. El ladrillo utilizado es el denominado de fachada o de paramento, seleccionado para ser visto, al estar fabricado con arcillas muy limpias, que no necesitan de tratamiento de acabado.
     El resto de la fachada, como ya se ha adelantado, queda revestida y encalada, destacando el reflejo de los pilares y arcos interiores mediante contrafuertes de sección cuadrada y el recorrido del perímetro mediante cornisa cubierta por teja.
     La parcela donde se encuentra la ermita observa además el espacio circundante a la misma y dos construcciones habitacionales destinadas a vivienda del ermitaño y casa de hermandad. La presencia de ermitaño es fundamental para la limpieza de la ermita y de la finca además de salvaguardarla de peligros ya que se ubica alejada de la población de Zufre.
     En la ermita se localizan piezas arqueológicas que demuestran el poblamiento romano de las cercanías, entre ellos existe un fragmento de fuste de columna situado en una esquina del porche y un sillar que pueden adscribirse al periodo romano ante la cercanía del yacimiento denominado La Vicaría, situado a las espaldas de la ermita (Romero 1999: 123-147).
     Conocemos que hubo un edificio anterior al que nos encontramos en la actualidad pero nada sabemos de su morfología.
     Se podría pensar se tratase de un edificio de época bajomedieval de los primeros momentos de la colonización, en ello contribuiría la característica de estar en el borde del Término Municipal de Zufre y en un enclave de caminos. Como ha sido estudiado en la comarca serrana (Romero de la Osa 2018). Las primeras reglas de la hermandad datan de 1654.
     Las primeras noticias acerca del edificio la encontramos en el siglo XVIII, cuando el Visitador del Arzobispado de Sevilla anotó en 1728 que todo el dinero recaudado por la hermandad y de las donaciones se estaba empleando para reconstruir la ermita sacándose de cimientos sus paredes. Unas obras que terminaron en 1734 cuando se celebraron cultos sobre el nuevo edificio. En 1744 se aprecian obras menores de albañilería y carpintería (Vázquez 1997: 383).
     Durante el siglo XIX tenemos conocimiento del arreglo entre 1872 a 1879 del camino de la ermita por el ermitaño Tomás Carbonera González. Poco después el cura José Martín Labrador comunica al Arzobispado Hispalense que la ermita necesitaba reparos, siendo donado por Francisco Bocanegra 4500 baldosas de mármol traído de las canteras de Málaga, dándole la forma de baldosas los vecinos de Zufre en 1890 (Vázquez 1997: 385). Estas baldosas tienen forma rectangular presentando unas dimensiones de 35 x 15 cm y dos tonalidades de la piedra entre mármol blanco y negro.
     El ábside fue costeado para el pueblo de Zufre por José Duque Rufo y Francisco Duque Rufo en memoria de sus padres difuntos y fue inaugurado el 16 de septiembre de 1917 según muestra una placa de mármol colocada en la pared norte de dicha ábside cuya transcripción es: TODO POR DIOS Y PARA DIOS / EN HONOR Y GLORIA DE LA / SANTÍSIMA VIRGEN DEL PUERTO / PATRONA DE ZUFRE. / FUE COSTEADA ESTA CAPILLA POR LOS HERMANOS D. JOSÉ Y FRANCISCO DUQUE RUFO EN MEMORIA DE SUS DIFUNTOS PADRES / 16 DE SEPTIEMBRE DE 1917.
     La portada actual sustituyó a otra anterior antigua en 1928, esta obra fue donada por Mariano Alfonso Garzón y reedificada en 1953 como manifiesta una losa de mármol colocada como umbral. A este periodo debe pertenecer la apariencia actual de la ermita, con baldosas hidráulicas de 20 x 20 cm en color negro y blanco como solería y la cubierta de bovedilla curva a dos aguas. Posteriormente, en alguna fecha indeterminada, se colocaron azulejos de color amarillo y azul como zócalo en la nave.
     Por último existe una placa de piedra que sitúa el lugar donde fue quemada la virgen durante los destrozos de la guerra civil cuya transcripción dice: SANTA RELIQUIA / CENIZAS DE LA IMAGEN DE LA / SANTÍSIMA VIRGEN DEL PUERTO DESTRUIDA POR EL FUEGO / LA TARDE DEL MARTES / 4 DE AGOSTO DE 1936 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Humilladero de San Sebastián
     Se trata de la antigua capilla del cementerio, de planta cuadrada y una portada con arco polilobulado de estilo barroco popular (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
      Interior: Planta: se trata de la antigua capilla del cementerio, que por quedarse pequeño dejó de utilizarse. Poseía enterramientos numerosos en el interior de ésta capilla trasladados posteriormente al actual cementerio.
     La planta es de forma cuadrada (arquitectura centralizada de influencia Bizantina). Está orientada E/O.
     Paramentos Verticales: estructura de muros de carga que ayuda al empuje de la cúpula con cuatro pilastras o contrafuertes en cada esquina. Tiene dos huecos, uno en ventana de arco de medio punto y otro un óculo.
     Exterior:
     Consta de cuatro fachadas, siendo la trasera de difícil acceso al estar cerca de un muro que separa la capilla de un gran desnivel.
     En las esquinas están situados los contrafuertes exteriores de ladrillo visto.
     En la fachada principal aparece un acceso peculiar de arcos lobulados de insinuación mozárabe o islámica. Por otro lado la fachada fue de ladrillo visto anteriormente, enfoscada posteriormente. Cubierta de teja a cuatro aguas. Campanario y remates (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Fuente del Concejo
     Fuente de dos pilas inserta en un muro de piedra, junto al Ayuntamiento. El agua brota de una cabeza, supuestamente de león. El agua va a parar a una primera pila, comunicada con otra pila rectangular situada en un nivel inferior, de una longitud aproximada de cuatro metros.
     Los materiales constructivos de la fuente son: mármol, piedra y cemento. La cabeza de donde mana el agua es de mármol. Las dos pilares están enfoscados en cemento. La figura donde se encuentra el caño puede ser considerada como decorativa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
    En el ángulo derecho de la fachada asoportalada del edificio se sitúa la fuente principal de la población. En consonancia con ésta, está realizada en grandes sillares de piedra, y sólo el añadido de una caratula marmórea con cabeza de león, como máscara del manantial, es el único elemento de innovación.
     El agua vierte de la boca a una pequeña pila acondicionada para llenar cántaros y de aquí pasa al gran pilón ubicado en un nivel inferior y que ocupa toda el ala del edificio. La sobrante vierte por dos conducciones a los huertos. La instalación se basaba en sus orígenes en una tosca canalización que conducía el agua desde el manantial de la sierra y ha sido remozada en varias ocasiones durante este siglo, siendo una de las más significativas la que tuvo lugar en 1.915.
     El proyecto del Edificio Concejil de Zufre y su fuente cobra especial importancia por varios motivos, la temprana fecha en que se acometió, la adopción de una nueva estructura urbana y la definición de tipologías de saneamiento y acondicionamiento público.
     Documentalmente son varias las referencias a ella durante el Siglo XVI, algunas no hacen sino matizar su uso como abrevadero y lavadero; la de Mal de Lara de 1.570 es la más significativa.
     Como manantial principal para repartir el riego entre los huertos que caen bajo la Iglesia, fueron muy numerosas las lievas que lo hicieron posible. La más significativa baja a la Calleja de Santa Zita desde la Calle La Fuente y discurría a ambos lados del acerado. Los turnos de riego se realizaban por hora de tiempo, tal como refleja un revelador pleito de 1.691 y que evidencia una normativa muy primitiva la respecto.
     Desde hace unos años a la fuente se la conoce como Fuente del Concejo y se encuentra en buen estado de conservación, fruto de la restauración que sufrió el Ayuntamiento en 1.985, y en la que en el rellano de la escalera que está junto a la misma apareció un Ara Funeraria romana y un fuste de columna datados entre los Siglos II-III d.C., y que evidencia una ocupación ininterrumpida de esta terraza natural (Ayuntamiento de Zufre).

Plaza de Toros
     Estrechamente vinculada con la forma urbana y su interesante y escarpada topografía la plaza de toros es una edificación de trazado semicircular, con un lado recto al norte y donde se inscribe y es tangente el circulo del ruedo, dando forma y enlazando así el camino que la rodea y se ciñe a las cotas topográficas.
     Una grada de cinco escalones se corta y desaparece en el lado recto. Se trata de una construcción de fábrica de mampostería de piedra
     Fue construida entre 1879 y 1886 remodelada en el año 2009. Es de propiedad municipal, se encuentra en buen estado, y se ubica en la calle Linares (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Fue construida entre 1879-1885 por una sociedad de treinta accionistas, por tres hermanos vecinos de Portugal, aunque se encargo de las obras el maestro alarife Domingo Alfonso de Amorín, conocido con el nombre de "Tío Domingo el portugués". Cuenta con piso y tendido, el primero dedicado a gradas.
     Para llevar a cabo la obra se constituyó una Sociedad de treinta accionistas que sufragó el importe total de treinta mil reales, al precio de mil reales la acción.
     Tras diversos usos el coso sufrió un total abandono. En 1948 el Ayuntamiento abre expediente encaminado a impedir que la Plaza de Toros, perteneciente a una Sociedad de vecinos y administrada por Don Bruno Rufo Labrador, saliera a subasta por débitos contraídos con la Hacienda Pública, proponiendo hacerse cargo del edificio como administrador para el municipio.
     El descubierto con la Hacienda es debido a un espectáculo taurino dado por el empresario D Daniel Suárez Ramos.
     En Sesión Ordinaria del Ayuntamiento celebrada el 30 de octubre de 1948, se informa al Pleno de todo lo acontecido, constituyéndose Comisión Gestora.
     El Reglamento Taurino establece que para la realización de festejos taurinos con picadores, el ruedo de la plaza deberá tener una superficie igual a la de una circunferencia de diámetro 33m. Como el originario de la plaza era semejante a una elipse con un diámetro mayor de 34 m aproximadamente y uno menor de 31,50m, hubo de proceder a ampliarlo hasta conseguir, al menos, 33m medidos desde cualquier punto de la elipse.
     El 16 de noviembre del mismo año, el Alcalde D Andrés Pascual como Presidente de la Comisión, dirige escrito D Bruno Rufo Labrador, maestro de escuela en Zalamea la Real (Huelva), comunicándole la disposición a satisfacer el descubierto que por contribución industrial tiene el edificio de unas tres mil pesetas aproximadamente. De lo contrario la deuda debería hacerse efectiva antes del 10 diciembre de 1948, en Aracena, para continuar con su administración.
     En 8 de enero de 1949, la Plaza de Toros pasa a propiedad municipal.
      Como consecuencia de la aprobación del nuevo Reglamento Taurino de la Comunidad Autónoma de Andalucía (Decreto 68/2008, de 21 de marzo) donde se establecían, entre otras cosas, las características mínimas que debían disponer las plazas de toro permanentes para la realización de festejos, se plantea por el Ayuntamiento la reforma de la plaza de la localidad, para lo que se realizan obras en el año 2009.
     La plaza es de gran antigüedad y se encuentra ubicada en pleno casco urbano de la localidad, concretamente en una de las zonas más antigua, al principio de la c/ Los Linares.
     Constructivamente está realizada aprovechando un gran desnivel existente en la topografía originaria del terreno, asentando el graderío norte sobre el propio talud del terreno mientras que el sur se apoya sobre muros de mampostería: uno exterior que es a su vez como cerramiento por la c/ Los Linares y uno interior que es a su vez barrera del ruedo.
     Para ello se optó por proceder a la ampliación por el lado norte, es decir, por el lado donde aún se conserva el talud natural del terreno. Desde un punto de vista económico, resultaba bastante más atractiva la idea de aumentarlo por el graderío sur, pero la estrechez de este con respecto a la c/ Los Linares (unos 5 o 6 m) hicieron descartarla. No obstante, a medida que se procedía a agrandar el ruedo excavando directamente en el terreno, hubo que plantearse la alternativa anterior porque apareció una beta de roca donde la máquina ya no podía excavar, por lo que la solución final fue una intermedia de las dos iniciales.
     La plaza carecía del número de burladeros mínimos para albergar este tipo de eventos, además de no disponer de un callejón. Esto último fue sido imposible realizarlo, pero se han ubicado 8 burladores con sus correspondientes troneras de protección.
     Por otro lado, otras de las cuestiones planteadas en el Reglamento Taurino era la de poseer 8 chiqueros y diversos corrales anexos a la plaza.
     En su estado inicial, la plaza presentaba un único patio y 6 chiqueros, los cuales se superponían unos con los otros. Esto obligaba a los operarios de la plaza a desembarcar las reses según un orden para que luego pudieran salir en función del número de lidia que les correspondiese. Igualmente, las condiciones de seguridad para los operarios eran mínimas, presentando riesgos de caída a los mismos.
     En esa zona de la plaza se procedió a demolerla completamente, respetando el corral existente y realizando 8 chiqueros lineales. Estos se han diseñado de forma que puedan ser utilizados por los operarios con todas las condiciones de seguridad, siendo la parte superior una azotea transitable que abarca todos los chiqueros y parte del corral, donde pueden reconocerse adecuadamente las reses. No obstante, fue imposible por la falta de espacio la creación de más corrales, por lo que el actual se utiliza como corral de reconocimiento, como patio de caballos y como corral de arrastre.
     En el momento de la obra se encontraba en vigor el Código Técnico de la Edificación, además del Reglamento de Espectáculos Públicos, que fueron las dos normativas básicas utilizadas para la adecuación de la plaza a sus usuarios.
     La principal actuación en este sentido fue la realización de un pasillo inferior para permitir la adecuación de la circulación de espectadores. Debido a que el graderío norte va aumentando de altura como consecuencia del propio talud natural del terreno y para no reducir aún más el aforo (ya mermado por la amplitud del ruedo), se realizó el pasillo de circulación volado hacia el ruedo en esta zona.
     Por la calle Traviesa y por la zona de los aparcamientos se ampliaron las puertas hasta lo máximo que la estructura permitía (mayores a 1,50 m) y se colocaron otras nuevas de fácil apertura desde el interior. Aprovechando esto, los dos accesos se han adecuado para el acceso de personas con movilidad reducida, garantizando un número mínimo de plazas para estas personas.
     Todas las escaleras de acceso, tanto las de la puerta principal como las otras dos, han sido adaptadas a la nueva normativa, posibilitando así un mejor uso por parte de los espectadores.
     Igualmente, la enfermería que se encuentra anexada a la plaza de toros, fue habilitada para su utilización por personas con discapacidad y por los equipos de emergencia. Para ello se han mejorado la instalación eléctrica, se ha dotado de alumbrado de emergencia y extintores (al igual que la propia plaza), dotación de un baño con agua caliente, etc.
     Para permitir que la plaza fuese contemplada durante todo el año y no solo los días de festejos, se sustituyó la puerta principal de madera por una cancela de cerrajería artística.
     En todo momento y como criterio general de la actuación se intentó conservar los elementos de interés arquitectónico, estéticos y sentimentales existentes en la plaza, diseñando soluciones que cumpliesen la normativa sin crear un impacto estético con la zona original de la plaza que se conserva.
     En Zufre a 23 de Marzo de 2012.
     D Israel López González.
     Director de las obras de rehabilitación y arquitecto técnico municipal (Ayuntamiento de Zufre).

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