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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 16 de septiembre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Santiago, y Teatro Romano de Regina) de la localidad de Casas de Reina, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santiago, y Teatro Romano de Regina) de la localidad de Casas de Reina, en la provincia de Badajoz.
     Se halla al sur de Llerena, en el límite del territorio andaluz, ocupando junto con Reina, Trasierra y Fuente del Arco, un marco geográfico y ambiental de carácter diferente a la zona norte de la Campiña. Su orografía, más complicada y de cobertura vegetal más rica, determinada por las sierras de San Bernardo y San Miguel, se conecta ya con los escabrosos dominios iniciales de Sierra Morena. Las localidades mencionadas se localizan en el eje de los viejos itinerarios y calzadas que unían Córdoba y Sevilla con Mérida. Esta en particular se corresponde con la antigua Regina Turdulorum, uno de los hitos más significados de la ruta.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 55,6 Km2
     Altitud: 635 m.
     Distancia Capital: 124 Km.
     Partido Judicial: Llerena
     Comarca: Campiña Sur
     Gentilicio: Casarreño
Ayuntamiento de Casas de Reina
     Plaza de España,1
     06960 Casas de Reina (Badajoz)
     Teléfono: 924870305
     Fax: 924870450
     Web: www.casasdereina.es
Historia.-
    Se halla al sur de Llerena, en el límite del territorio andaluz, ocupando junto con Reina, Trasierra y Fuente del Arco, un marco geográfico y ambiental de carácter diferente a la zona norte de la Campiña. Su orografía, más complicada y de cobertura vegetal más rica, determinada por las sierras de San Bernardo y San Miguel, se conecta ya con los escabrosos dominios iniciales de Sierra Morena. Las localidades mencionadas se localizan en el eje de los viejos itinerarios y calzadas que unían Córdoba y Sevilla con Mérida. Esta en particular se corresponde con la antigua Regina Turdulorum, uno de los hitos más significados de la ruta.
     En el presente Casas de Reina, con cerca de 300 habitantes, constituye con la vecina Reina, cuya entidad aún resulta menor, el enclave más reducido del Partido Judicial y uno de los menores de la región. Dada su escasa entidad poblacional, estos dos núcleos y Trasierra se unieron en 1981 para formar una Comunidad de Municipios, al objeto de mejorar el ejercicio de sus funciones y servicios (Diputación Provincial de Badajoz).
     Los romanos fundaron aquí una ciudad que hoy puedes visitar, con el teatro romano de Regina como pieza principal.
     Al sur de la provincia de Badajoz encontrarás Casas de Reina, cuyos restos arqueológicos hallados determinan los inicios de población en estas tierras en época paleolítica, aunque la localidad Vivió su gran auge durante la ocupación romana, bajo el nombre de Regina Turdulorum.
     Las riquezas de la zona fueron razón más que suficiente para que diferentes culturas quisieran establecerse allí: minas, terrenos agrícolas, abundancia de agua y zonas boscosas para la caza.
     El yacimiento arqueológico de Regina, muy cerca del pueblo actual es de visita obligada, especialmente por su teatro romano, que ha sido restaurado, recuperando su uso como espacio escénico en verano. Allí se celebra el Festival de Teatro Regina.
    Uno de los orgullos de Casas de Reina es, sin duda. su iglesia parroquial de Santiago, del siglo XV, esta representación de gótico mudéjar goza de una gran presencia y valor histórico­ artístico para el municipio.
     Si te gustan las fiestas populares, no te puedes perder la fiesta del Rayo, fiesta de devoción al Cristo, las fiestas patronales de San Lorenzo o las fiestas de Santiago Apóstol, el patrón de la localidad.
     Y como no podía ser de otra manera, Casas de Reina te ofrece una estupenda experiencia gastronómica. Además de sus afamados embutidos, podrás disfrutar de su plato más típico: el jerimote matancero (Turismo de Extremadura).
     A 9 km de Llerena, por la EX 200, tienen interés arqueológico, cerca de Casas de Reina, las ruinas romanas de la antigua Regina, especialmente los restos de un teatro.
     A los pies del teatro se levanta un promontorio montañoso dominado por los restos de una alcazaba árabe, en cuyo interior se encuentra la ermita de Ntra. Sra. de las Nieves, construida sobre una antigua basílica visigoda. Para llegar a este punto hay que atravesar la población serrana de Reina, y proseguir por un serpenteante caminito que culmina en este magnífico mirador a la Campiña Sur y Sierra Morena (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).
Monumentos.-
     Enclavado en un medio natural de particular hermosura, el pueblo ofrece acusado pintoresquismo. Su hito formal más destacado es la iglesia parroquial de Santiago, realización que, no obstante sus proporciones no excesivas, resulta de gran presencia para la entidad de la localidad. La obra es gótico mudéjar del siglo XV con destacada torre fachada, de mampostería en el cuerpo inferior y ladrillo aplantillado en el superior. Al interior presenta bóveda de crucería y algunas capillas decoradas con pinturas.
     En la localidad perdura un oratorio, también decorado con pinturas y blasón en la puerta, correspondiente al antiguo convento de Trinitarias.
     Con todo, la realización más significada del lugar, y por el que Casas de Reina resulta conocido en el dominio histórico-artístico, es el Teatro Romano de Regina, la antigua fundación imperial situada en sus cercanías (a menos de 1,5 km.). Este Teatro fue proyectado para tan sólo unas 800 personas, cifra que nos da una idea de la categoría y dimensiones de la ciudad. Se conservan casi perfectamente elementos como la cavea, orchestra y la scena. La obra, aflorada junto con otros restos de la ciudad en el transcurso de las excavaciones realizadas en los últimos años, constituye, con las de Mérida y Medellín, la realización más importante de su clase en Extremadura, y de las más destacadas de toda la Península. Aunque lo descubierto ya es suficiente como para significar el extraordinario valor del enclave, aún se esperan nuevos hallazgos.

Iglesia de Santiago.-

      Enclavado en un medio natural de particular hermosura, el pueblo ofrece acusado pintoresquismo.
     Su hito formal más destacado es la Iglesia parroquial de Santiago,  realización que, no obstante sus proporciones no excesivas, resulta de gran presencia para la entidad de la localidad.
     La obra es gótico mudéjar del siglo XV con destacada torre fachada, de mampostería en el cuerpo inferior y ladrillo aplantillado en el superior. Al interior presenta bóveda de crucería y algunas capillas decoradas con pinturas.
     En la localidad perdura un oratorio, también decorado con pinturas y blasón en la puerta, correspondiente al antiguo convento de Trinitarias.

Teatro Romano de Regina.-
     Este Teatro fue proyectado para tan sólo unas 800 personas, cifra que nos da una idea de la categoría y dimensiones de la ciudad.
     Se conservan casi perfectamente elementos como la cavea, orchestra y la scena. La obra, aflorada junto con otros restos de la ciudad en el transcurso de las excavaciones realizadas en los últimos años, constituye, con las de Mérida y Medellín, la realización más importante de su clase en Extremadura.
     La fachada, descubierta en el curso de la campaña 1987, está hecha por una poderosa obra de hormigón y mampostería de piedra. El estado actual del graderío nos revela la grandeza anterior, puesto que existió otra grada encima de la existente. Sólo puede verse hoy las filas de gradas de sillería, bien conservadas en las más profundas y divididas en forma de cuñas por medio de escaleras que permitía el fácil acceso de los espectadores (Ayuntamiento de Casas de Reina).

          Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santiago, y Teatro Romano de Regina) de la localidad de Casas de Reina, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

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sábado, 25 de marzo de 2023

Un paseo por la plaza de la Encarnación

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza de la Encarnación, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación del Señor. Cuando en la ciudad de Nazaret el ángel del Señor anunció a María: "Concebirás y darás a luz un hijo, y se llamará Hijo del Altísimo", María contestó: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra". Y así, llegada la plenitud de los tiempos, el que desde antes de los siglos era el Unigénito Hijo de Dios, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, por obra del Espíritu Santo se encarnó en María, la Virgen, y se hizo hombre [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la plaza de la Encarnación, de Sevilla, dando un paseo por ella.  
     La plaza de la Encarnación es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de Alfalfa, y de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo; entre las calles José Gestoso, Regina, Alcázares, Imagen, José Luis Luque, Puente y Pellón, Compañía, y Laraña
     La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Tras el derribo de la manzana del convento de la Encarnación (1810), quedaron integrados en esta plaza distintos espacios hasta entonces diferenciados; el extremo septentrional era conocido, al menos desde 1580, como plaza de Regina, por el convento de los dominicos de igual advocación, y un tramo del mismo, hasta la actual José Gestoso, por Cabeza del Perro, a decir de González de León (1839)  por  una piedra que había en la misma pared del convento; su flanco occidental era denominado calle del Correo, al menos desde 1771, porque allí estaba situado el edificio central de Co­rreos, y entre 1517 y 1628 hay referencias a una calle de la Almona, de la Almona del Jabón o de la Almona Vieja, que podría identificarse con esta misma; el flanco oriental era nombrado calle del Aire; por último en el extremo meridional se abría una plazuela conocida desde el s. XVI como plaza de Don Pedro Ponce, por situarse allí las casas de este noble; desde finales del s. XVII esta denominación es sustituida por la de plaza de la Encarnación al construirse allí el convento de religiosas agustinas (1591). Los topónimos antes dichos (Regina, Correos, Aire y Encarnación) persistieron después del derribo del convento y construcción del mercado central, pero en la reforma general del callejero de l845 se refundieron bajo la denominación de plaza de la Encarnación, originándose una situación toponímicamente atípica al designarse bajo la denomina de "plaza de..." al espacio que bordea un edificio. Según González de León, y recogen otros cronistas, la plaza de Don Pedro Ponce fue llamada desde el s. XIII barrio de los Morillos, pero es históricamente falso que allí se produjese una concentración de esta población. Ocasionalmente, a principios del XIX, una vez derribado el convento, se le denomina por sus dimensiones Plaza Mayor.
     La plaza de la Encarnación posee una planta de considerables dimensiones y de trazado sensiblemente rectangular, como resultado de las alineaciones a las que ha sido sometida, salvo en el frente septentrional. La formación de este espacio libre en el núcleo del casco histórico de la ciudad es resultado de distintas operaciones urbanísticas que se prolongan desde el s. XVI  hasta prácticamente nuestros días. Hasta finales del s. XVI la mayor parte del espacio que hoy corresponde a la plaza de la Encarnación estaba ocupado por edificaciones, rodeadas de estrechas calles, y el único ensanche era el existente en el extremo norte, correspondiente a la antigua plaza de Regina. A finales de dicho siglo (1587-88) el Ayuntamiento procedió a la adquisición y derribo de unas casas en el extremo opuesto, entre la plaza de Don Pedro Ponce y la actual calle Laraña, con la intención de que "todas las personas de a pie y a cavallo que pasaren por allí, por ser como es el paso de mayor concurso y pasaje que ay en la ciudad, lo puedan haser de mucha comodidad, y los coches y literas que ordinariamente van de la gente principal desta ciudad a la dicha casa de la Compañía, pueda estar y rebolber sin estorvar el paso como se hase agora en la calle y puerta principal, que es ocasión de mucha yncomodidad para los que van a la dicha yglesia..." (Sec 10. 8-Vl-1587). Esto dio origen a un pleito con doña Catalina de Ribera, viuda de don Pedro Ponce, quien argumentaba que la plaza era de su propiedad. De todos modos, a juzgar por el texto citado, la originaria plazuela de Don Pedro Punce debería ser de pequeñas dimensiones; la construcción del convento de las agustinas (1591) pudo ser, asimismo, motivo de la remodelación e incluso ampliación de esta plaza, de la que con frecuencia hay quejas de estar ocupada por escombros o convertida en un muladar. En 1720 se procede a una reforma general de la plaza, se empiedra y se construye una fuente central de mármol, adquiriendo posiblemente entonces las dimensiones que se aprecian en el plano de Olavide (1771).
     En 1810 durante la ocupación francesa fue derribada toda la manzana con el objeto de construir un mercado de abastos, pero el terreno permaneció sin edificar durante diez años, único periodo en el que la plaza de la Encarnación constituyó un espacio abierto. El mercado que se construyó en 1820 no sólo ocupó lo terrenos de la manzana derribada, sino que incluso se extendió a parte de las primitivas plazas de Regina y sobre todo de la de la Encarnación, de forma que el espacio libre entre el mercado y la entrada de Puente y Pellón quedó reducido a una calle ancha. La Encarnación no va a experimentar grandes cambios morfológicos durante más de un siglo, salvo alineaciones (1853, 1863 y 1879) y modificaciones en el sistema de pavimentación, sucediéndose empedrado (1821-28), embaldosado (1855-57), adoquinado y cemento (desde el último cuarto del XIX), y la construcción del acerado, que se realiza a lo largo de las dos primeras décadas de este siglo.
     En 1948, dentro del proyecto de creación de un gran eje de comunicación Osario-la Campana, se derribó el tercio meridional del mercado, y los terrenos resultantes se utilizaron para poner en comunicación directa Laraña e Imagen y se urbanizó la plaza con la disposición y elementos que han llegado hasta hoy. A partir de ere mo­mento se crea una clara división morfológica, que lo es también funcional, entre el sector de la plaza situado al norte del eje Laraña-Imagen, presidido hasta hace unos años por el edificio del mercado de abastos, y el que se sitúa al sur del mismo, la plaza propiamente dicha. El primero, el solar del antiguo  mercado, que  fue  derribado en 1973, se encuentra rodeado de vallas publi­citarias, aceras en mal estado de conservación, robinias en alcorques también muy descuidadas, y el espacio libre reproduce en tres de sus lados el antiguo viario de Correo, Regina y Aire, aunque alineados. El ensanche existente en la confluencia con José Gestoso se encuentra urbanizado a modo de placita, con un basamento central elevado, rodeado por varios naranjos de buen porte, un banco de piedra, farolas sevillanas de pie, un urinario y uno de los quioscos de flores de mayor tradición de la ciudad. La edifi­cación circundante es absolutamente dispar en fechas de construcción, tipologías edificatorias y alturas, que oscilan entre dos y siete plantas, con predominio de las de tres y  cinco; en términos generales, salvo los bloques de pisos de reciente construcción, la edificación presenta un estado general de deterioro.
     La plaza, por su parte, se dispone con un basamento circular ordenado en torno a la histórica fuente de mármol instalada originariamente en la plazuela de la Encarnación en 1720, trasladada al interior del mercado cuando éste fue construido un siglo más tarde, y de nuevo recuperada como elemento central de la plaza que se construye entre 1948 y 1950. En torno a la fuente se disponen varios bancos con asiento de piedra y respaldo de hierro y cuatro parterres, separados por calles que confluyen en la fuente. Quiosco de prensa, estanco, lotería, y de información al público, cabinas de teléfono, buzón de correo e incluso una pequeña zona dedicada al aparcamiento de motocicletas son dotaciones de esta plaza que se explican en función de la centralidad, sobre todo como punto neurálgico del transporte público. Posee pavimento de terrazo en tonos grisáceos y blancos, farolas de pie, tipo jardín en el centro de la plaza y de báculo en los extremos. Algunos árboles de buen porte, particularmente dos grandes ficus, crean una atmósfera de tranquilidad en el centro de la plaza, a pesar del continuo trasiego que registra. En la edificación circundante destaca la fachada lateral de la Iglesia de la Anunciación, o de la antigua Universidad, construida en el segundo tercio del s. XVI, a la que se adosó una casa de dos plantas; en el resto de sus frentes la edificación primitiva ha sido sustituida por bloques de seis y siete plantas, salvo unas casas esquina a Puente y Pellón.
     Históricamente, una serie de edificaciones nobiliarias y eclesiásticas han dado vida a esta zona. Entre las primeras son de destacar las casas del mayorazgo de don Pedro Ponce de León, delante de las cuales, según relata Matute y Gaviria (Anales de Sevilla), preparó un  terreno para que los caballeros se ejercitaran en el arte de la jineta, caña y picar toros, y que podría ser el origen de la actual plaza. En la plaza de Regina se levantaban las casas del mayorazgo del marque­sado de Ayamonte, y en Correo el palacio de los Pineda. y más tarde de los Saavedra, donde murió en tiempos de la ocupación francesa el conde de Cabarrús. Entre los edi­ficios religiosos y asistenciales cabe mencionar el convento de Regina Angelorum construido en  1521 para  monjas dominicas y desde la década de 1550 ocupado por religiosos de la misma orden; durante la ocupación francesa fue utilizado como cuartel y los dominicos retornaron en 1819; desde la exclaustración general de 1835 fue arrendado y se conservó el culto en la iglesia, que terminó siendo derribada a comienzos del s. XX. En el extremo meridional, en 1591 se inició la construcción del convento de religiosas agustinas de la Encarnación, donde permanecieron hasta que fue derribado en 1810; a decir de González de León (1839) "el convento no era muy grande, pero la iglesia era hermosa y alta y su pared esterior singularmente alabada por su igualdad y fortaleza. Su portada principal muy arreglada de ladrillo cortado, y otra más pequeña, de puerta, que estaba junto al altar mayor, era preciosa, de mármol, con mil labores de muy delicado cincel".
     Desde el último tercio del s. XVIII se hallaba instalado allí el edificio de correos y postas a Madrid y Cádiz y hay referencias de la existencia de una fábrica de botones (1796) y otra de sombreros (1820). Pero la funcionalidad de la plaza va a cambiar radicalmente a raíz del derribo de la manzana y construcción del mercado de abastos de la ciudad. Ya desde 1780 se suceden distintas ordenanzas municipales para que los pues­tos temporales de vendedores ambulantes, particularmente los de melones y sandías en verano y los de las regatonas, se trasladen desde el Salvador a la Encamación, por la falta de espacio en el primero. La idea de levantar allí un mercado fue del gobierno de ocupación francés, pero no sería llevado a la práctica hasta 1820, después de que el Ayuntamiento indemnizara a parte de los propietarios anteriores, entre ellos a1 convento, o les diera participación como propietarios del mercado. Inicialmente la plaza fue construida en madera y de igual material los cajones de los puestos, lo que originó distintas quejas, entre ellas la siguiente, presentada en el mismo año de 1820: "... y la salud pública es la suprema ley de todas las sociedades; aquella está amenazada en el mero hecho de trasladar las carnes y los pescados al sitio de la Encarnación, porque los caxones de madera acordados no es defensa suficiente de la calor que gravita sobre aquel lugar y más en materia tan dispuesta a la putrefacción al periodo de mui pocas horas. Este mal ba a acarrear sobre los vecinos de esta ciudad que vallan a proveerse al mercado público e insensiblemente puede acarrear una fermentación contagiosa que quiera ataxarse cuando sea tarde..." (Sec. 9, t. 27, núm. 4). De todos modos esta protesta, tan atenta a la salud pública, ha de situarse en el contexto de las quejas generales de los vendedores de los mercados de la Alfalfa, plaza del Pan y Salvador, que se veían perjudicados por la creación de este mercado central. 
     En 1833 se construyó el mercado de fá­brica, obra de los arquitectos Melchor Cano y Salustiano Ardanaz. El interior de la plaza se organizaba en tres amplias calles, con galerías cubiertas, a ambos lados de las cuales se situaban los puestos ordenados según los artículos de venta: pan, frutas y hortalizas, carne fresca y chacina, pescado,... y en el centro se situaba la fuente de mármol rodeada de cuatro árboles. En 1836 se pusieron varias puertas de hierro que se cerraban por las noches en previsión de robos. Este mercado, que Madoz calificaba en su momento como "el mejor de su clase en Es­paña", fue degradándose con el paso del tiempo, y en 1947, cuando se va a proceder al ensanche de Imagen-Laraña y ya se ha construido el mercado de Entradores en Pastor y Landero, se propone su derribo completo; sin embargo, continuó funcionando como mercado al por menor, aunque cada vez más descuidado, de modo que en 1962 la cooperativa de comerciantes de la Encarnación propuso la construcción de un nuevo mercado; en 1971 se denuncia que el mercado se está hundiendo y finalmente en 1973, se procedió a su demolición. Del mismo año data el proyecto de construir allí un edificio de seis plantas, con un hotel, y mercado situado en planta subterránea. Hasta la fecha el solar permanece sin edificar y se utiliza como aparcamiento de vehículos.
     El mercado de la Encarnación ha condicionado sobremanera el ambiente de su entorno, con vendedores ambulantes, los hortelanos que acudían cada madrugada a instalar sus productos para la venta, cigarreras, denuncias por engaño en calidad, y sobre todo en el peso, e incluso se acostum­braba a matar los cerdos en mitad de la calle... Y no eran infrecuentes peleas, motines de los vendedores y enfrentamientos con los mismos carabineros. Asimismo, hasta prácticamente la década de 1970 se registraban estampas de prostitución callejera en la esquina de Puente y Pellón y Compañía.
     Actualmente la funcionalidad y ambiente es también muy diferente entre el sector que bordea el solar del mercado y la plaza. En el primero existe un gran número de comercios de carácter tradicional y variado: el propio mercado provisional de la Encar­nación instalado desde 1973 en el extremo nororiental, establecimientos de alimentación, confección, calzado, cestería, bares,... En cambio, en la plaza, aun conservando cierta actividad comercial, se ha orientado más hacia locales bancarios y de oficinas, destacando el edificio de las oficinas municipales, en donde se ubica, entre otras, la Gerencia de Urbanismo. Pero sobre todo, la principal función de la plaza de la Encarnación, es el ser uno de los principales nudos de enlace del servicio de transportes públicos urbanos; todo su perímetro está ocupado por paradas de las distintas líneas de autobuses, registra permanentemente un considerable movimiento de transeúntes, y en ocasiones las colas de los que esperan la llegada de los autobuses llegan a entorpecer el tránsito de otros.
     Excepcionalmente, en 1799 fue ahorcado en la Encarnación un reo, por coincidir con la fiesta de San Fernando y no poder ejecutarse en la plaza de San Francisco. Ha sido incluida en diferentes trayectos de procesiones religiosas, como la procesión de los desagravios al Santísimo Sacramento celebrada en 1711, rogativas para pedir lluvias en 1750 y 1780, la del Salvador en ocasión del estreno de la capilla del Sagrario (1756),... Actualmente la cofradía de la Macarena pasa cada mañana del Viernes Santo por la plaza de la Encarnación, en un ambiente emotivo que ha sido recogido en sus descripciones de la ciudad por Romero Muru­be, M. Díez Crespo o A. Burgos [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
     Lógicamente, con la realización del proyecto Metropol-Parasol (2006-2011), de Jürgen Mayer, las famosas Setas de Sevilla, la urbanización de la plaza de la Encarnación ha sufrido un drástico cambio, regenerándola por completo.
Encarnación, plaza de la, 11. Casa mesón, con patio rectangular con galería alta adintelada. Fue parte del palacio de los Ponce de León [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana. Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Anunciación o Encarnación del Señor
     La Anunciación, que también se llama la Salutación angélica, generalmente está representada en la entrada del santuario de las basílicas bizantinas, sobre los pilares del arco de triunfo y en los postigos de los retablos en la pintura occidental de finales de la Edad Media. En uno y otro caso es la visión del ángel transmitiendo a la elegida el mensaje divino que acoge a los fieles.
     Este lugar eminente que se reserva a la Anunciación en el arte cristiano se explica y justifica por el hecho de que no se trata simplemente de un episodio de la historia de la Virgen, sino del origen de la vida humana de Cristo, porque la Anunciación del ángel a María coincide con la Encamación del Redentor. Por lo tanto, se trata del primer acto o preludio de la Obra de Redención, como lo escribió Beda, el Venerable, que la calificó de exordium nostrae Redemptionis.
Culto
     La riqueza de la iconografía de la Anunciación se debe no sólo a su importancia doctrinaria en la economía de la Salvación, sino al culto que le ha profesado la Iglesia.
     Fijada en la fecha del 25 de marzo, exactamente nueve meses antes de la Natividad o Navidad, la fiesta de la Anunciación fue popularizada en Occidente por órdenes religiosas tales como los servitas (servidores de la Virgen) cuyas iglesias están dedicadas en Italia a la Annunziata, la orden francesa de la Santísima Anunciación (Très Sainte Annonciation) fundada en Bourges por santa Juana de Valois hija del rey Luis XI; y por órdenes de caballería como la Saboyana, que luego en Italia se llamó de la Annunziata, que data del siglo XIV, y fundó en 1360 Amadeo VI, duque de Saboya.
     La Virgen de la Anunciación era venerada en París con el nombre de Nuestra Señora de la Buena Nueva  (Notre Dame de la Bonne Nouvelle).
     Además, la Anunciación ha sido elegida como fiesta patronal por numerosas corporaciones como la de los rosarieros o fabricantes de rosarios, objetos con los cuales se recita el Ave María; la de los fabricantes de loza o porcelana, a causa del vaso de mayólica donde se erige el lirio blanco que simboliza la pureza de la Virgen; la de los carteros y mensajeros, que al igual que el ángel Gabriel distribuyen el correo.
     Los campesinos veían en la Anunciación la fiesta de la fecundidad. Ese día la tierra se abre para recibir la simiente, como la Virgen para concebir al Redentor. Es el momento propicio para cavar el primer surco, sembrar o plantar.
Fuentes canónicas y apócrifas 
     Antes de  analizar las representaciones de esta escena en el arte cristiano de Oriente y Occidente, es importante precisar las fuentes.
    Es aquí donde por primera vez nos encontramos en presencia de un hecho atestiguado por los Evangelios canónicos, o más exactamente, por uno de los cuatro Evangelios, el de Lucas (1: 26: 38).
     He aquí los términos en que narra el mensaje del ángel: «...En el mes sexto fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y presentándose a ella, le dijo: Salve, llena de gracia; el Señor es contigo ( ...) concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre ( ...)
     «Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón? El ángel le contestó y dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra (Virtus Altissimi obumbrabit tibi) ...
     «Dijo María: He aquí a la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
     El Evangelio no aclara a qué hora tuvo lugar la aparición. Es por razones litúrgicas que se la sitúa en el crepúsculo, porque es la hora del ángelus.
     Numerosos detalles del arte cristiano se han tomado de los Evangelios apócrifos, especialmente del Protoevangelio de Santiago y del Evangelio de la Natividad de la Virgen, que en Occidente fueron vulgarizados por Vicente (Vincent) de Beauvais en el Speculum Historiae, y por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada. A esas dos fuentes hay que sumar el Evangelio Armenio de la Infancia, que ha tenido gran  influencia en la iconografía bizantina.
     De acuerdo con los relatos apócrifos, habría habido no una sino dos Anunciaciones de la Natividad del Señor, sin contar la de la Muerte de María.
     Según el Evangelio Armenio (cap. V), la Virgen en principio fue saludada por un ángel invisible en el momento en que salía con un cántaro para sacar agua de la fuente. Como temía una estratagema del demonio, se puso a rezar: « Dios de Israel -oró- no me entregues a las tentaciones del enemigo y a las asechanzas del Seductor; mas líbrame de las trampas y de la astucia del cazador.»
     De regreso en su casa, se puso a hilar la púrpura para el velo del Templo. El ángel Gabriel penetró una segunda vez junto a ella a través de la puerta cerrada, y aunque incorpóreo, se le presentó entonces con la apariencia de un ser de carne para anunciarle que quedaría encinta y pariría al Mesías.
     Como no podía creer que concebiría, puesto que no había conocido hombre alguno, el ángel le explicó que el Espíritu Santo descendería en ella sin desflorar su virginidad. Ella acabó por consentir. En el mismo instante el Verbo de Dios penetró en ella por su oreja e inmediatamente comenzó su embarazo.
     Se advierte cuanto agregan los Evangelios apócrifos al Evangelio de Lucas. El ángel invisible saluda una primera vez a la Virgen en el momento en que ella va a buscar agua a la fuente. Luego se presenta corporalmente frente a ella, mientras María está tejiendo el velo de púrpura para el Sancta Sanctorum.
Iconografía
El tema plástico
     A pesar de las variantes iconográficas de la Anunciación en el arte oriental y occidental, casi innumerables, sus coordenadas plásticas esenciales permanecieron inmutables en el transcurso  de las edades.
     No obstante el escaso número de personajes, que se reducen a dos, o a tres si el Espíritu Santo se agrega a la Virgen y al ángel anunciador, la Anunciación plantea problemas muy complejos desde el triple punto de vista espacial, dinámico y psicológico. La Anunciación es al mismo tiempo geometría en el espacio, conflicto de fuerzas y descenso de la gracia divina en el vaso de elección que es el cuerpo de la Virgen María.
     Lo que esencialmente diferencia a la Anunciación de temas análogos tales como la Visitación, es que los dos principales actores pertenecen a mundos diferentes. El ángel es una criatura celestial, en principio incorpórea, en cualquier caso alada e inmortal, que escapa a las leyes de la pesadez y de la muerte. La Virgen, por el contrario, es una criatura humana, infinitamente pura, pero sometida a todas las servidumbres de la condición terrenal.
     Por otra parte, los dos personajes difieren no sólo por su esencia sino por su papel: el ángel que transmite el mensaje divino es activo, la Virgen que lo recibe es pasiva. Su reacción, que no se traduce en modo alguno por un consentimiento total e inmediato, sino por una vacilación y un repliegue, en cualquier caso es muy débil.
     De allí resulta una disimetría que es inherente al tema. Los dos figuras son desigualmente expansivas: el ángel de grandes alas desplegadas exige más espacio que la Virgen amedrentada que se acurruca en un rincón del oratorio.
     Desde el punto de vista espacial. la consecuencia  es que el espacio se fracciona en dos partes desiguales y disímiles: en vez de un espacio homogéneo, de una escena al aire libre o interior, tenemos un espacio mixto, abierto y cerrado a la vez, con un afuera y un adentro. A veces, el espacio abierto no es más que un pórtico exterior adosado a la casa de la Virgen. Cuando los dos personajes están en el in­terior, el fraccionamiento del espacio subsiste, ya sea porque una columna divide la habitación en dos mitades, ya porque el ángel se destaca sobre el fondo de un paisaje al tiempo que la Virgen está en el fondo de su dormitorio.
     Esta dualidad del espacio está subrayada por la iluminación: el ángel siempre está del lado de la luz mientras que la Virgen permanece en la sombra.
     Si la Anunciación se diferencia de la Visitación por su disimetría, se distingue también por su dinamismo. El factor tiempo interviene, puesto que la escena com­porta dos momentos: en principio, el ángel entrega el mensaje; a continuación, la Virgen responde.
     De acuerdo con el temperamento de los artistas, la irrupción del ángel en el santuario virginal es más o menos violenta, ya es proyectado como un bólido «en un golpe de viento», ya, por el contrario, se desliza en silencio y en puntillas, apenas rozando el suelo. Pero su «Carga dinámica» siempre es más fuerte que la de la Virgen que constituye el otro polo. El ángel representa el puesto emisor, la Virgen el receptor; y de uno a otro polo, se sienten pasar los efluvios magnéticos, se cree oír la crepitación de una chispa eléctrica. 
     Sin embargo, esa relación de fuerzas tiende a alterarse e incluso a invertirse com­pletamente por la influencia del progreso de la mariolatría. Poco a poco el papel del ángel disminuye: en vez de presentarse como maestro y triunfador, como un embajador celestial en el cual Dios habría delegado plenos poderes, se arrodilla mo­destamente frente a la Virgen, en la cual saluda a la Madre del Hijo de su Señor, la futura reina de los ángeles. La Virgen ya no es la humilde sierva (ancilla Domini) que se inclina frente al enviado del cielo y recibe su  mensaje  como  una  gracia, sino la soberana que acepta un homenaje. Se produce una desnivelación en provecho suyo: es ella quien desde lo alto de su trono domina al ángel arrodillado, destituido del rango de embajador celestial al de mero paje.
     Al mismo tiempo, la importancia del ángel se encuentra reducida por la introducción de un tercer actor: la paloma del Espíritu Santo. La paloma, que anteriormente sólo tenía un valor simbólico, tendrá un papel activo: se convierte en la emanación directa de Dios Padre y sustituye al Anunciador, reducido al papel secundario y auxiliar de un intérprete.
     De esta manera la composición cambia de carácter: de polarizada se convierte en convergente. La Virgen, que era sólo una figura lateral, subordinada a su compañero más dinámico, tiende a convertirse en el personaje central hacia el cual convergen todos los rayos que emanan del Padre Eterno, en los cuales desciende Dios Hijo, encarnado en el Niño Jesús.
La Anunciación asociada con la Encarnación
     Desde que la Virgen ha dado su consentimiento a la misión divina que le revela el arcángel Gabriel, la Concepción virginal se opera y el Verbo se hace carne. La Encarnación de Cristo sigue inmediatamente a la Anunciación; la Conceptio y la Annuntiatio Christi son una sola.
     En las representaciones de la Anunciación que hemos estudiado hasta el momento, la idea de la Encarnación no se expresa alegórica ni explícitamente. Pero los artistas, guiados por los teólogos, debían ser conducidos con naturalidad a combinar ambos temas.
     Así se explica la aparición de dos motivos muy característicos de finales de la Edad Media: el Descenso del Niño Jesús en el vientre de María y la Caza del Unicornio que se refugia en el vientre de una virgen.
La inmersión del niño Jesús en el vientre de la Virgen
     Si se observan con alguna atención las Anunciaciones del siglo XV, con frecuencia se advierte un detalle que en principio parece sorprendente.
     Encima de la cabeza de la Virgen aparece Dios Padre haciendo un gesto de bendición. De su boca sale un haz de rayos luminosos por los cuales desciende la paloma del Espíritu Santo. Pero ella no está sola, en dicha trayectoria proyecta un niño no un embrión, sino un «homunculus» enteramente formado: es el Niño Jesús, como lo muestra la cruz que suele llevar al hombro. Ese niño concebido por el Espíritu Santo se sumerge en el vientre de la Virgen, como el polen fecundante aspirado por el cáliz de una flor.
     No hay allí, como pudiera creerse, una réplica cristiana del mito del cisne de Leda, sino la traducción de una doctrina teólogica. Se creía que Jesús, en vez de formarse «in utero» como lo hacen los hijos de los hombres, había sido lanzado por Dios desde lo alto del cielo (emissus caelitus) y había entrado completamente forma­do en el vientre intacto de la Virgen.
     ¿Por qué camino se había operado la Encarnación? Los teólogos se dividían en dos escuelas acerca de este punto. Unos sostenían que Cristo, que es el Logos (la palabra), el Verbo, había entrado por la oreja de la Virgen al mismo tiempo que el men­saje del ángel Anunciador: virgo per aurem impregnatur. Es el tema de la Conceptio per aurem. En una prosa del siglo XII se cantaba:
     Gaude, Virgo, Mater Christi 
     Quae per aurem concepisti.
   Pero la mayoría creía que la concepción se había realizado más normalmente por el canal uterino (Conceptio per uterum).
     El tema es sin duda de origen bizantino, porque en los iconos rusos de la Anunciación se ve al Niño Jesús ya en el vientre de la Virgen (Mladenets vo tchreve Bogomateri). Aparece en Italia a principios del siglo XIV, y  más tardíamente en Francia,  Flandes  y Alemania.
     A partir del siglo XV ya se oían protestas contra ese tema chocante. No se trataba, claro está, de defender el buen gusto ultrajado o la simple decencia, sino de la ortodoxia en peligro. El arzobispo de Florencia, san Antonino, censuraba a los pintores que representaban al Niño Jesús proyectado al vientre de la Virgen ya formado, como si su cuerpo no se hubiera alimentado de la sustancia materna.
     El concilio de Trento se unió a esta condena y el famoso teólogo Molanus de Lovaina se convirtió en su intérprete, proscribiendo del repertorio del arte católico las Anunciaciones donde se veía «Corpusculum quoddam humanum descendens inter radios ad uterum Beatissimae Virginis», como si el vientre de la Virgen -agregaba- sólo hubiese sido un simple tubo o conducto (fistula) por donde ha entrado y salido el cuerpo de Cristo formado en el cielo.
La caza del unicornio o la caza mística
     El tema de la Caza del Unicornio, cinegético y místico a la vez, mediante el cual el arte de finales de la Edad Media ha intentado expresar alegóricamente los dos misterios hermanados de la Salutación Angélica y de la Encarnación, es una amalgama del Cantar de los Cantares y del Fisiólogo  (Physiologus).
     La Virgen está, en efecto, sentada en un jardín cerrado o cercado (Hortus conclusus), o bien detrás de una puerta cerrada (porta clausa), en medio de emblemas tomados, como los de la Inmaculada Concepción, del Cantar de los Cantares: la fuente sellada (font signatus), la torre de David (turris Davidica), la torre de marfil (turris eburnea).
     Un unicornio, que en los Bestiarios es el símbolo de la Castidad, perseguido por la jauría del arcángel Gabriel llega a refugiarse en su vientre. Los cuatro lebreles que lleva atados simbolizan las Virtudes: Justitia, Misericordia, Pax, Veritas, que han decidido al Verbo a encarnarse.
     El unicornio, que sólo podía ser capturado por una virgen, es aquí la imagen de Cristo que viene a encarnarse en el vientre de María. Ésta está representada como la doncella que sirve de trampa al unicornio, atrayéndolo con el perfume de su vientre virginal. El ángel Anunciador toma la forma del montero alado que desatraílla  a los cuatro lebreles haciendo sonar el cuerno.
     Esta manera singular de simbolizar la Encarnación con una escena de caza, desconocida para el arte bizantino, gozó de los favores de Occidente desde el siglo XV hasta comienzos del XVI.
     Es en el arte alemán donde se encuentran los ejemplos más numerosos.
     El motivo no se aclimató bien en Francia, aunque tenga como fuente un sermón de san Bernardo que fue el primero que tuvo la idea de aplicar a la Anunciación las palabras del Salmo 85, 11: «Se han encontrado la piedad y la fidelidad, /se han dado el abrazo la justicia  y la paz (...)» (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor el Significado de la Solemnidad de la Anunciación o Encarnación del Señor
     Fiesta derivada del primitivo ciclo natalicio. Seguramente proceda de la conmemoración que debía hacerse en Nazaret en la Basílica de la Anunciación erigida por Santa Elena, porque en cada basílica se celebraba anualmente el misterio que allí era recordado a la par que su dedicación.
     En el siglo VI ya se encuentra algún indicio de celebración de esta fiesta, pues una de las homilías de Abrahán Obispo de Éfeso, que vivió en la época del Emperador Justiniano (mediados del siglo VI), lleva de título: En la Anunciación de la Madre de Dios.
     Fiesta de la maternidad virginal, primero se fija en los días preparatorios de Navidad, por relación con el nacimiento y por consideración a la cuaresma: la liturgia romana, el miércoles de témporas de Adviento; la ambrosiana, el IV domingo de dicho tiempo, y la hispánica, el dieciocho de diciembre (X Concilio de Toledo, 656).
     Alternó y después se complementó con una centrada ya en la concepción de Jesús, que se fija el veinticinco de marzo, una vez que se había extendido desde Roma la fiesta del veinticinco de diciembre de la Natividad del Señor, unida, por tanto, al recuerdo  festivo de la Anunciación de María (nueve meses antes), cuyo nombre recibe, llegando a oscurecerse las celebraciones de otras fechas.
     Aparte de su correlación con la Navidad, no olvidemos que coincide con el equinoccio de primavera, que se vinculaba con la creación del mundo y del hombre, y por tanto adquiere una gran carga simbólica, al celebrarse la concepción de Cristo, el Nuevo Adán, el hombre de la Nueva Creación. Posteriormente se añadió también la conmemoración de la muerte de Cristo.
     Sin ninguna duda, se celebraba, tanto en Oriente como en Occidente, en el siglo VII, y documentamos la fecha del veinticinco de marzo en el Chronicon Paschale de Alejandría del 624, que la titula Anunciación de la Madre de Dios, y en un decreto del Concilio Quinisexto Trulano (Constantinopla, 692), que ordenaba se celebrase aunque cayera en cuaresma. 
     El Papa Sergio I (+701) la incluye entre las cuatro fiestas marianas en las que debía organizarse procesión; la de ésta fiesta cayó en desuso en la Baja Edad Media. Ya aparece en el Sacramentario Gelasiano y en el Gregoriano (siglo VIII).
     Originariamente del Señor, adquirió en Occidente un marcado tinte mariano, pero, a diferencia del caso de la Purificación, la figura de la Virgen resplandece con luz propia, porque en el misterio de la Encarnación no se puede prescindir de la Madre. Aunque, como es natural, la glorificación de María es a la par glorificación del Señor.
     En la reforma de 1969 se le ha devuelto su primario tinte cristológico, denominándola Anunciación del Señor, nombre que ya había recibido en los inicios de la fiesta (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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La Plaza de la Encarnación, al detalle:
Edificio Hotel Casa de Indias
Edificio plaza de la Encarnación, 11
Retablo cerámico del Cristo de la Buena Muerte (Los Estudiantes)

martes, 2 de agosto de 2022

Un paseo por la calle Regina

     Por amor al Arte
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     Hoy, 2 de agosto, Festividad de Nuestra Señora de los Ángeles.
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte la calle Regina, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Regina es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo; y va de la plaza de la Encarnación, a la confluencia de las calles San Juan de la Palma, Feria, y Madre María Purísima de la Cruz
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. 
   También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     La vía, en este caso una calle, está dedicada al desaparecido convento de Regina Angelorum, que se encontraba en dicha vía.
     Según González de León y otros autores, fue conocida hasta mediados del s. XVI como Caballerizas del Duque de Béjar, que tenía en ella su casa-palacio. Más tarde por callejuelas de Regina, por el monasterio de Regina Angelorum, fundado en 1553 por doña Teresa de Zúñiga, marquesa de Ayamonte. La forma plural del topónimo ("callejuelas") responde a la estrechez y sinuosidad de los diferentes tramos de la antigua calle. Todavía en el plano de Olavide (1771) aparece rotulada así. Posteriormente se llamó simplemente Regina, aunque en muchos documentos e incluso en el uso oral de algunos sevillanos se ha seguido nom­brando callejuela de Regina.
     En el pasado era una calle mucho más angosta y quebrada que la actual y bordeaba el mencionado monasterio de Regina que, al derribarse a fines del s. XIX, facilitó el ensanche del tramo inicial. Tenía un arco que unía el templo con la casa de los duques de Béjar. Este arco había sido demolido en 1861, ampliando así la calle y facilitando el ambiente comercial que había adquirido a raíz del establecimiento del cercano mercado de la Encarnación en 1820. A estas operaciones hay que añadir diversas alineaciones que poco a poco fueron convirtiendo el sinuoso callejón anterior en un espacio más recto y amplio. 
     Una de las transformaciones más significativas fue la apertura en 1879 de Jerónimo Hernández, que hoy la cruza, para facilitar la unión con Santa Ángela de la Cruz. Otra muestra de la intención municipal de ensanchar la zona fue el proyecto de una gran vía entre la plaza de la Encarnación y Feria (1943), que no llega a realizarse. Hoy la calle posee en su parte inicial considerable anchura y fisonomía de plaza, lo que facilita el trasiego del público del mercado vecino y el aparcamiento de vehículos (hoy peatonal). A partir del recodo formado por la casa núm. 3 se estrecha notablemente hasta su final, ofreciendo así dos tramos marcadamente diferenciados. Entre los siglos XVII y XIX la calle estuvo empedrada. En 1868 se manda pavimentar con losas de Tarifa y desde principios del XX se adoquina en varias ocasiones. Actualmente el pavimento es de losetas, que tiene carácter peatonal, con excepción del cruce con Jeró­nimo Hernández. Se ilumina con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. La tipología de su caserío ofrece diferencias entre la primera y la segunda parte de la calle. En aqué­lla predominan las construcciones recientes de tres plantas, mientras que en ésta se encuentran casas de dos plantas de la primera mitad de siglo o fines del XIX. Carece en la actualidad de edificios significativos, pero en el pasado se situaron en ella los ya citados palacio del duque de Béjar y el convento de Regina Angelorum, que se hizo famoso en la Sevilla del XVII por la oposi­ción de sus frailes al movimiento en favor de la proclamación dogmática de la Inmaculada Concepción. Dentro de sus muros se hallaba la capilla de la Virgen del Rosario (s. XVII), propiedad de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, que a principios del s. XX donó al Ayuntamiento los terrenos en que aquélla se levantaba. Su artística reja y varios elementos del altar fueron traslada­dos, tras el derribo del convento, a la actual Plaza de Toros.
     Por sus funciones, Regina es una calle de muy acusada personalidad, con un marcado ambiente comercial. Sus numerosos esta­blecimientos (bares, confección, zapaterías, alimentación, muebles, colchonerías...), sus puestos ambulantes y los vendedores que pregonan sus mercancías generan en las horas de la mañana un trasiego humano favorecido por la proximidad del mercado de la Encarnación. Muchos de esos establecimientos sacan los géneros a la calle, en especial el día del mercado del "Jueves", que se inicia en Regina y continúa a lo largo de Feria. Ese carácter peculiar de la calle ha sido certeramente recogido por la literatura. Rafael Laffón, en su Sevilla del buen recuer­do, lo evoca así: "Yo en aquellos paseos a el "Jueves" tiraba hacia las callejuelas de Regina, donde a la puerta de algunas tiendecillas y entre mil baratijas con que exornar el hogar menestral, se exponían unos cromos de colorido escandalosamente chillón en­marcados en junquillos de purpurina". La construcción del mercado de la Encarnación fue el hecho que más contribuyó a convertir a Regina en esa especie de "zoco estable" que dice Antonio Burgos en su Guía secreta de Sevilla. La prensa del XIX se hace ya eco de las quejas de los vecinos por las molestias y gritos tempraneros de los vendedores, que por la noche iluminaban con candiles sus puestos de pan. 
     El ajetreo habitual que el mercado presta a la primera parte de Regina se intensifica aún más los jueves al final de la calle, en la esquina de Feria. La clientela popular que diariamente frecuenta su comercio se engrosa con aquella otra que compra o curiosea por los pues­tos del "Jueves": "Entras por la callejuela de Regina y en la plaza de San Juan de la Palma hay corros de gente. La bulla. Y escuchas de pronto las trompetas de la banda de los armaos. Te parece por un momento, aunque aún sea febrero, que va a salir una cofradía, o, aunque aún hace frío y el sol es pálido, que viene la Macarena por la Encarnación... Pero no, es el Jueves, los bastones de mando de un general que estuvo en Cuba, las cornucopias mal vendidas en unas particiones, una Underwood que ya no pondrá más "Mu­y Sr. mío" con una cinta morada como las que los domingos de Ramos llevan en la solapa los sevillanos que vienen del besapiés del Gran Poder... Es el Jueves, el rompeolas de la ciudad extendido sobre los adoquines, delante de la Casa de los Artistas" (A. Burgos. ABC, 17-Xl-1983). Como sucede con otros muchos espacios del centro histórico de la ciudad, la actividad y el movimiento de Regina se reducen considerablemente tras el cierre de los establecimientos comerciales. En este caso es muy acusado el con­traste entre la mañana y la tarde, al desaparecer el trajín del mercado de la Encarnación. Y por la noche se convierte en un lugar tranquilo y muy poco frecuentado [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Historia de la Festividad de Nuestra Señora de los Ángeles;
   Es fiesta propia de la Orden Franciscana, vinculada al famoso Perdón de Asís o Jubileo de la Porciúncula. En la segunda mitad de julio de 1216, San Francisco de se presentó con Fray Maseo ante el papa, y le pidió “una indulgencia especial para los que visitaren la ermita, sin necesidad de limosnas”. El papa se sorprendió, pues la ayuda económica era imprescindible en estos casos. Con todo, le ofreció un año, más de lo habitual, pero al Santo le pareció poco, y replicó: “Plazca a vuestra santidad concederme almas, no años”. Y, ante la extrañeza del pontífice, le explicó: “Quiero, si place a vuestra santidad, por los beneficios que Dios ha hecho y aún hace en aquel lugar, que quien venga a dicha iglesia confesado y arrepentido quede absuelto de culpa y pena, en el cielo y en la tierra, desde el día de su bautismo hasta el día y hora de su entrada en ella”. La perplejidad del papa estaba más que justificada: el Concilio Lateranense IV, pocos meses antes, había limitado a un año la indulgencia para la dedicación de una iglesia, y a sólo cuarenta días para el aniversario, con el fin de favorecer la única indulgencia plenaria que existía entonces, la de Ultramar, establecida por el Concilio de Clermont (1095) con motivo de la Primera Cruzada. 
     En un principio estaba reservada a los peregrinos de Tierra Santa y a los cruzados, pero el Concilio acababa de hacerla extensiva a quienes colaboraran materialmente con la Cruzada. Por tanto, una indulgencia plenaria sin riesgo físico ni coste económico, con la sola condición de acudir a la Porciúncula sinceramente arrepentidos, era algo inconcebible; de ahí que el papa respondiera: “Mucho pides, Francisco. La Iglesia no suele conceder tales indulgencias”. A lo que él replicó: “lo que pido no viene de mí, es el Señor quien me envía”. Entonces el pontífice exclamó, por tres veces: “¡Me place que la tengas!”. Pero los cardenales, temiendo el golpe que tal indulgencia podía suponer para la Quinta Cruzada que se estaba organizando, hicieron notar enseguida al pontífice que tal concesión echaba por tierra la de Ultramar, mas él argumentó: “Se la hemos concedido y no podemos echarnos atrás, pero la limitaremos a un solo día natural”, y así se lo comunicó a San Francisco, quien, por respuesta, hizo una reverencia y se dispuso a marcharse, pero el Papa lo detuvo, diciéndole: “¡Simple! ¿A dónde vas sin documento alguno?”. “Me basta vuestra palabra -replicó él, alérgico como era a los privilegios-. Si es de Dios, ya se encargará de manifestarla. No quiero documentos. Que la Virgen sea el papel, Cristo el notario y los ángeles, testigos”. 
     Logrado su objetivo, Francisco regresó, contento, a Asís. Al llegar a Collestrada se detuvo a descansar y a orar junto a la leprosería. Poco después llamó al Hermano Maseo y le dijo: “De parte de Dios te digo que la indulgencia concedida por el papa ha sido confirmada en el cielo”.Los biógrafos más antiguos no mencionan expresamente esta importante concesión pontificia, pero cuentan que un hermano muy espiritual, a quien San Francisco quería mucho (probablemente fray Silvestre), antes de su conversión, soñó que en torno a la ermita de la Porciúncula había una multitud de personas ciegas, de rodillas, con el rostro y las manos levantadas al cielo y pidiendo a Dios, con lágrimas, luz y misericordia. Y, de repente, un gran resplandor del cielo los envolvió y les devolvió la vista. La referencia explícita más antigua y autorizada sería una carta de San Buenaventura, ministro general entre 1257 y 1273, hoy desaparecida, inventariada en 1375 en la biblioteca papal de Aviñón bajo el título: “De indulgentia Beatae Mariae Portuensi (léase Portiunculae) Assisii”. Pero los testimonios más importantes fueron los recogidos por fray Ángel de Perugia, ministro de la provincia umbra de San Francisco (1276-7), que sirvieron de base para el Diploma del obispo Teobaldo de Asís (1310), que es el relato más completo y autorizado. Entre los testigos estaba Pedro de Zalfano, presente el 2 de agosto de 1216 en la Porciúncula, donde “oyó predicar a San Francisco en presencia de siete obispos, y llevaba un papel en la mano, y dijo: Os quiero llevar a todos al paraíso, y os anuncio una indulgencia que tengo de boca del sumo pontífice.   
   Y todos los que vengan hoy, y los que vendrán cada año, este mismo día, con corazón bueno y contrito, tendrán la indulgencia de todos sus pecados. Yo la quería para ocho días, pero sólo pude conseguir uno”. Aunque Pedro de Zalfano hace coincidir la proclamación con “la consagración”, según una nota del Sacro Convento de Asís, de la primera mitad del siglo XIII, y el testimonio de Giacomo Coppoli, que se lo oyó decir a fray León, lo que se celebraba ese día era el primer aniversario de la consagración. La concesión, por voluntad de San Francisco, nunca estuvo avalada por ninguna bula, de ahí que, años más tarde, algunos dudaran de la misma, y fue por ese motivo por el que frailes y fieles de Asís se vieron obligados a recoger testimonios jurados de los pocos testigos directos e indirectos que aún vivían. Sin embargo, ningún papa se manifestó nunca contrario, más bien la confirmaron y, poco a poco, la fueron haciendo extensiva a otras muchas iglesias. Además, la ignorancia sobre el tema unos siglos después llevó a creer que la Indulgencia se podía obtener en la Porciúncula todos los días del año, y también esto fue aceptado por diversos pontífices, no sólo para Santa María, sino también para la Basílica de San Francisco. En cierto modo se han cumplido las palabras del Santo, cuando dijo: “Si es obra de Dios, ya se encargará él de manifestarla” (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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martes, 12 de octubre de 2021

La Capilla de la Virgen del Pilar, en la Iglesia de San Pedro

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 12 de octubre, Fiesta de Nuestra Señora del Pilar. Según una venerada tradición, la Santísima Virgen María se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Esta tradición encontró su expresión cultual en la misa y en Oficio que, para toda España, decretó el papa Clemente XII [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte la Capilla de la Virgen del Pilar, en la Iglesia de San Pedro, de Sevilla.
     La Iglesia de San Pedro [nº 28 en el plano oficial del Ayuntamiento; y nº 52 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Santa Ángela de la Cruz, s/n (aunque la entrada al templo se efectúa por la plaza de San Pedro, 1); en el Barrio de la Encarnación - Regina, del Distrito Casco Antiguo.
     La Capilla de la Virgen del Pilar se encuentra en la nave del Evangelio, contigua a la Sacristía. 
Historia
     Se ha dicho que al igual que muchos caballeros castellanos vinieron con el rey Santo, también llegaron aragoneses a Sevilla y se afincaron aquí. Luego, a lo largo de los siglos, nunca han faltado en Sevilla gentes de aquellas tierras con el bagaje de su amor a la Virgen del Pilar. Ellos fundaron la Hermandad, al principio con la condición de que sólo la formaban aragoneses o descendientes de aquellos. Pero pronto comprendieron que la devoción al Pilar era de todos los españoles y en 1696, abrieron sus puertas a cuantos devotos quisieran entrar en la Hermandad.
     El diecinueve de Noviembre de 1695 se toma posesión de la capilla, en contra de los derechos habidos por los anteriores dueños, la familia Casaus, que pone pleito ante el Provisorato, el cual al final, pasando muchos años, allá por 1738, dictamina a favor de la Hermandad.
     Parece que anteriormente, en ese altar figuraba otra Hermandad con la titularidad de la Virgen de Guía, que se exornaba con el cuadro grande de dicha Virgen que está ahora en la pared de fuera.
     El día trece de septiembre de 1778, consta haberse oficiado en este altar, y pagado al celebrante noventa y una Misas 
     "correspondientes a la capellanía que en ella fundó Juan Gómez de Figueroa, lo que se cumple en virtud de decreto del señor Provisor"
     En cualquier caso, desde 1750 consta la propiedad de la capilla y de la parte correspondiente a la situación del antiguo órgano, que estaba colocado junto al Altar Mayor. La posición de este, era francamente inadecuada, y por su tamaño y proyección dentro de la iglesia "se recibía de gran fealdad y e imperfeción, por estar formada por unos Canes y tornapuntas a modo de corredor y por lo mucho que vuela a la Iglesia".  Era un estorbo para los fieles y para las personas del coro.
     En este coro se habían instalado además en el año de 1656 
     "dos campanilleros de madera que se pusieron en el coro desta Yglesia"
     Estos dos campanilleros, en las grandes solemnidades, se hacían repicar mientras duraba la Consagración. Los preparó Dionisio de Ribas a la par que terminaba el retablo del altar mayor.      
     Hubo que retirarlos pronto, pues la proximidad a las gentes, hacía que se escucharan con excesiva estridencia. 
     En el libro de Oficios de la Hermandad, del año 1750, y en sus folios 259 a 262, se explica todo el proceso, de la retirada del órgano antiguo y la colocación de uno nuevo en el lugar que ocupa actualmente "sobre la puerta principal de la Iglesia frente del Altar Mayor, dejándola de suerte que quede perfectamente acabada". Los gastos corrían a cargo de la Hermandad y en compensación obtenía la propiedad de la capilla y de la zona que había ocupado el primitivo órgano.
     Copiando sólo las partes más interesantes, el documento dice, en su primera pagina:
     "Sepan cuantos esta carta vieren como yo, Dn. Francisco de Andrade,... como Mayordomo que soy de la Fábrica de la Iglesia Parroquial de Señor Sn. Pedro desta dha Ciudad,... usando de la Licencia especial que para el otorgamiento desta escritura me concedió el Señor Licenciado Dn. Domingo Vicente Suárez, Abogado de la Real Audiencia desta Ciudad y Visitador de Fábricas desta Ciudad y su Arzobispado. ... Otorgo a favor de la Hermandad de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, sita en dha Iglesia Parroquial del Señor Sn. Pedro,
... otorgo a la dha Hermandad para que la dha Iglesia logre tener su órgano en parte cómoda, ya que resolvió costear a expensas suyas dha tribuna en sitio más competente, acabándola del todo, para que en ella se ponga el órgano nuevo ... y que el sitio que queda inútil, donde estaba el órgano y los fuelles, con lo bajo que le corresponde, lo dé la dha Hermandad para que agregándolo a su Sacristía, le quede para guardar sus alhajas y demás usos para que lo necesite... Sin tener causa de ello, que repetirse ahora ni en ningún tiempo por causa de ello cosa alguna
". 
     En la página siguiente, se exponen minuciosamente todos los datos que es preciso tener en cuenta en la redacción de la escritura y de las concesiones.
     Luego vine la petición para realizar la obra, el permiso y se informa a los hermanos de la decisión y escritura firmada, del inicio de las obras y toma de posesión de la capilla y lugar del órgano.
     Pasan los años y el domingo veintiuno de septiembre de 1800, la Hermandad del Pilar se unió a la magna procesión en la que salieron de la Parroquia de San Pedro las imágenes, aparte de la Virgen del Pilar, la de San Juan Nepomuceno, la del Apóstol titular, San Sebastián, San Roque y Jesús con la Cruz a cuestas, a la que acompañaban los Trinitarios  Descalzos, Comunidad muy cercana a la iglesia.
     Se  trataba de las rogativas para que cesara la terrible epidemia de fiebre amarilla que sufría la ciudad, con un alto índice de mortalidad. Había empezado su virulencia en Cádiz, a inicios del mes de Agosto y se extendió primero por toda Andalucía, para seguir por el Levante, hasta el bajo Pirineo.
     Ya en el alborear del siglo XX. el Papa León XIII, el autor de la famosa encíclica "Rerum Novarum", agregó la capilla de la Virgen del Pilar de Sevilla a la matriz de Zaragoza con todos sus privilegios, gracias e indulgencias.
     Es digno de destacar que en el cabildo del día seis de agosto de 1942, se solicita a la autoridad eclesiástica el poder celebrar los días dos de cada mes una "Hora Santa Mariana" con exposición del Santísimo, permiso que se obtiene, celebrándose el primer acto el día dos de enero de 1943, acto piadoso que se  viene celebrando desde entonces.
Retablo e imágenes
     La capilla, tiene una  hermosa reja de cerrajería artística y trabajada, especialmente en la parte alta, donde hay zonas doradas. Se sabe que costó dieciséis mil reales de vellón, cifra muy considerable para la economía de aquellos tiempos. Las paredes tienen un friso de azulejos de realce y el techo está formado por una cúpula redonda, decorada de forma discreta, que descansa sobre cuatro arcos de medio punto y en su centro una linterna con cristales de colores.
     En el fondo encontramos el retablo de un excelente dorado, con un solo cuerpo y tres franjas horizontales. Todo ello rematado por un sol, cuyo cuerpo luce el distintivo de las armas del reino de Aragón.
     De abajo arriba, en la primera franja, lo que es el banco del altar, tiene a los lados unas cartelas decoradas y en el centro, en una hornacina, vemos a un San Antonio, que artísticamente no parece de mucho mérito.
     La segunda parte es la más valiosa y está formada por cuatro columnas, dos por lado, con ábaco liso, capitel de tipo corintio y fuste decorado. A cada lado, sostienen el piso del tercer cuerpo.
     En el centro, otras cuatro columnas, algo más pequeñas, sostienen un arco adintelado con varias arquivoltas para constituir una hornacina abovedada. Su interior contiene, en primer lugar, la bellísima imagen de la Virgen del Pilar con un precioso Niño en su brazo izquierdo. La Virgen está sobre una peana simulando una nube por la que asoman unos angelitos sonrientes. Todo el conjunto se asienta sobre el pilar, recubierto de metal plateado. En el centro un medallón con la Cruz de Santiago en esmalte rojo.
     A los lados dos ángeles contrapuestos de talla irreprochable y a los pies unas figuras de menor tamaño representando al Apóstol Santiago en posición orante y otras dos figuras durmientes de una expresividad tierna y delicada. El conjunto se atribuye a Hita del Castillo.
     A los lados, en la pared fuera del retablo, dos imágenes de buena talla, sobre peanas doradas. A un lado San José con el Niño en brazos y en el otro San Blas, obispo de Sebaste o Sivas, en la actual Turquía. Las dos obras son de mano maestra y realizadas por el mismo autor, en 1718.
     El estrato superior está formado por un cuerpo de columnas que sostienen un techo estratificado y en la parte central, una hornacina mediana, en la que se venera a San Cayetano, obra que se tiene como fechada en 1820.
     Fuera ya de la capilla, en el tramo de pared que la separa de la sacristía, se encuentra una pequeña y sencilla hornacina, excavada en el mismo muro y cerrada con un cristal que contiene una Virgencita del Pilar tallada en alabastro. Permanece iluminada interiormente y es muy visitada (José María Montaña Ramonet y Josefina Montaña González. La Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Sevilla. Sevilla, 2009).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Fiesta de Nuestra Señora del Pilar;   
     La leyenda, tal está atestiguada por primera vez en unos documentos del siglo XIII que se conservan en la Catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces (ca. 40), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España.
   Los documentos dicen textualmente que Santiago, “pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del Reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso”.
   En la noche del dos de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando “oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”. La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que “permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”.
   Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los convertidos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresar a Judea. Esta fue así la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen, estando Ésta aún viva.
   Muchos historiadores e investigadores defienden esta tradición y aducen que hay una serie de monumentos y testimonios que demuestran la existencia remota de una iglesia dedicada a la Virgen de Zaragoza. El más antiguo de estos testimonios es el famoso sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza, datado en el siglo IV, cuando la santa fue martirizada. Algunos interpretan en un bajorrelieve del sarcófago el descenso de la Virgen de los cielos para aparecerse al Apóstol Santiago.
   Así mismo, hacia el año 835, un monje de San Germán de París, llamado Almoino, redactó unos escritos en los que habla de la Iglesia de la Virgen María de Zaragoza, "donde había servido en el siglo III el gran mártir San Vicente", cuyos restos fueron depositados por el obispo de Zaragoza en la iglesia de la Virgen María. También está atestiguado que antes de la ocupación musulmana de Zaragoza (714) había allí un templo dedicado a la Virgen.
   Desde el siglo XV los textos litúrgicos celebran la dedicación de esta iglesia a la Virgen. Pero la devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se arraigó tanto entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como "una antigua y piadosa creencia".
   En 1438 se escribió un Libro de milagros atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que el Rey Fernando el Católico dijo: "creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Santa y Purísima Virgen y Madre de Dios, Santa María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros".
   Pero el más famoso de los milagros atribuidos a la Virgen el Pilar es el de Miguel Pelicer, el Cojo de Calanda (1640).  Se trata de un hombre a quien le amputaron una pierna.  Años más tarde, mientras soñaba que visitaba la basílica de la Virgen del Pilar, la pierna volvió a su sitio.  Era la misma pierna que había perdido. Miles de personas fueron testigos y en la pared derecha de la basílica hay un cuadro recordando este milagro.
   El Papa Clemente XII Corsini sancionó en el siglo XVIII la fecha del doce de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar. El diez de octubre de 1613, el Concejo de Zaragoza había acordado guardar anualmente este día, con lo que la fiesta religiosa había pasado a ser también festividad civil. En el siglo XIX fue extendida a todas las Iglesias de España y el Venerable Pío XII Pacelli lo hizo a las naciones hispanoamericanas.
   La oración colecta de la fiesta de Nuestra Señora del Pilar es una obra maestra de síntesis teológica y sencilla plegaria y resume su simbolismo: “Dios todopoderoso y eterno, que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar, concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor” (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016)
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de la Virgen del Pilar, en la Iglesia de San Pedro, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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