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domingo, 1 de febrero de 2026

Los sitios arqueológicos Alcolea del Río Norte, en Alcolea del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Alcolea del Río Norte, en en Alcolea del Río (Sevilla)
Alcolea del Río Norte I. Se emplaza al noroeste de la actual población de Alcolea del Río, en una zona de crecimiento de la población (se inició una urbanización en 2006) en la finca de El Florindo. El sitio se encuentra en llano, con una pendiente en caída hacia el río Guadalquivir. Está limitada al oeste por la A-431 y al este por la C.R. de la Rejolla, que parte desde el yacimiento de La Mesa (Canama) y Alcolea del Río. 
     Ponsich (1974) señaló la existencia de ladrillos, tégulas y restos de construcciones arrasadas por las labores agrícolas.
     Fue excavado por Sierra Alonso en 1991 en una excavación de urgencia que pretendía documentar una necrópolis que estaba siendo destruida y saqueada por los arados y los expoliadores. Se trataría de una necrópolis con 76 tumbas de incineración y 2 de inhumación vinculada a la ciudad romana de Canama (a unos 350 metros al suroeste) fechada en torno a los siglos I-II d.C. y perteneciente a una población de un nivel socio-económico humilde.
     Sierra Alonso señala la existencia de indicios y noticias que ampliaban la necrópolis hacia el sur y el este del área excavada. A partir de la prospección realizada para el Inventario Arqueológico del término municipal de Alcolea del Río se ha comprobado la veracidad de tales argumentos, detectando algunos sitios como Los Peñalejos III y IV, posible prolongación de la necrópolis. Todo ello evidenciaría la costumbre en el Alto Imperio de establecer las zonas de necrópolis en las salidas de las ciudades, y nunca en el interior de las mismas (Ley XII Tablas). 
     Por otro lado, de forma excepcional se excavó una cista de la Edad del Bronce, un posible cenotafio realizado con lajas de micaesquistos de planta rectangular, con paralelos en el suroeste peninsular. Sierra Alonso le da una cronología entre el 1600-1100 a.C.
     Los materiales que fueron observados en la prospección son los siguientes:
     ROMA. Se observan algunas tégulas y algún fragmento de vaso de almacenamiento.
     Sierra Alonso (1994) constató en su excavación distinta tipología de tumbas: con estructuras de ladrillo (bóveda de medio cañón, falsa bóveda por aproximación de hiladas de ladrillos), tumbas con estructuras de tégulas, tumbas con un ánfora cubierta y enterramientos en un hoyo en la tierra. Del mismo modo detectó dos ustrina y varios busta. Los materiales resultantes de la excavación fueron los siguientes: cerámica de paredes finas, jarras de un asa de cuerpo ovoide, dos ánforas tipo Dressel 20 de época flavia, dos lucernas, un vasito globular de Terra Sigillata, ungüentarios, algunos objetos metálicos (clavos, un specillum, una aguja, punzones...) y óseos, urnas cinerarias de cuerpo ovoide, pequeños cofres con tapadera y un cuenco de cerámica a mano encontrado en la cista del Bronce Pleno. Como documentos epigráficos se halló una lápida rectangular de mármol (LEO.VERUCISF.ANVI.UXORI) y cuatro fragmentos. 
Alcolea del Río Norte II. Se emplaza al noroeste de la población de Alcolea del Río y pocos metros al norte del sitio conocido como las Mesas (ciudad romana de Canama). Se encuentra atravesado por un camino que enlaza Alcolea del Río con Villanueva del Río y por el Cordel de Maribenito, que parte desde las Mesas, y que limita al sitio en su margen oeste. El sitio arqueológico se divide en dos zonas diferenciadas orográficamente. Al este, se distingue una zona llana en la que se observan algunas ondulaciones del terreno, y al oeste se halla un abultamiento que prolonga la meseta (la mesa) situada en la margen derecha del río Guadalquivir, y limitada al norte por una gran garganta. Los materiales observados apuntan a una zona posiblemente usada como necrópolis en época romana. Es conocida la costumbre de situar éstas en las salidas de las poblaciones, como se observa al norte de las Mesas (El Florindo), y en las márgenes de los caminos. 
     A partir de la observación del sitio se podría pensar en una cronología en torno a los primeros siglos del Imperio, si bien, Ponsich (1974) pudo distinguir evidencias que la ampliarían hasta el siglo IV d.C. Por otro lado, se distinguen tres momentos distintos a la ocupación romana: 
     1) Se observan fragmentos de cerámica a mano de cronología imprecisa. No obstante, la presencia en la necrópolis de El Florindo de una cista fechada entre el 1600-1100 a.C. (Bronce Pleno) podría interpretarse como una presencia en la zona de Las Mesas (y por tanto en el aledaño Alcolea del Río Norte II) de poblaciones durante la Edad del Bronce, si no antes. 
     La concentración de estos materiales se aprecia fundamentalmente en la margen oeste del camino, hacia el Cordel de Maribenito 
     2) La presencia de algunas muestras de cerámica pintada de tradición íbero- púnica debe relacionarse con el asentamiento que se establecería en Las Mesas en época turdetana. 
     3) A partir de la cartografía del XIX, las fuentes bibliográficas y por noticias orales se conoce la situación de la ermita del Consuelo (equívocamente señalada en el Madoz como "del Carmelo") justo en el promontorio oeste del sitio. Tal ermita fue abandonada y expoliada en su totalidad en la primera mitad del siglo XX. 
     Hoy se pueden observar algunos restos de sillares (que pudieron ser reutilizados de construcciones romanas) y numerosas piedras. Los materiales que se observan son los siguientes:
     PREHISTORIA / EDAD DEL BRONCE. Se observan algunos fragmentos de cerámica a mano, la mayoría con tratamiento bruñido (al interior o al exterior), pertenecientes a vasos de gran grosor y con cocción reducida. Como útiles líticos se aprecia un fragmento de azuela con tratamiento pulido y un machacador.
     HIERRO II / PROTOHISTORIA. Se hallan escasos fragmentos de cerámica de tradición fenicia-turdetana: un borde de lebrillo con decoración de engobe rojo en toda su superficie y algún fragmento de cuenco.
     ROMA ALTO Y BAJO IMPERIO. Se observan fragmentos de cerámica de mesa (un borde de T.S. Hispánica y fragmentos amorfos de cerámica sigillata y común); fragmentos de cerámica de cocina (amorfos y un borde vuelto hacia fuera de olla); algunos fragmentos de ánforas, como material de almacenamiento; tégulas, ladrillos, algunos sillares con molduras y piedras, como elementos constructivos.
     Ponsich (1974) lo sitúa cerca de la Central eléctrica, sobre el camino de Cantillana. Los materiales que observó fueron fragmentos de ladrillos, tégulas, ánforas, cerámicas sigillatas Clara A, Sudgálica y Clara D.
     EDAD MODERNA-CONTEMPORÁNEA. Se observan fragmentos de cerámicas relacionadas con la ermita del Consuelo. 
     Madoz (1845) menciona la ermita de San Sebastián, "conocida por la de Nuestra Señora del Carmelo", cuya función se celebra el día 8 de septiembre.
     Recuero y Vázquez (1998) lo describe como "un santuario, de regular extensión, que disponía de amplia bóveda, bajo la cual se encontraba el altar con la hornacina de la Virgen. Tenía un pequeño campanario con una sola campana y por la parte trasera y adosada a una pared lateral la casa del santero y un amplio corral sembrado de árboles frutales. Los techos abovedados de la nave estaban decorados con bellas pinturas alusivas al mar".
Alcolea del Río Norte III. Se localizaron en superficie fragmentos de tegulae, ladrillos y ánforas romanas.
     Aparece registrado por Ponsich (1974, p.141) en el antiguo camino de Constantina, bajo un olivar, evidenciándose por tégulas, ladrillos y ánforas; no obstante, en la prospección de su emplazamiento  realizad en 2006 no se han encontrado tales evidencias.
     Podría tratarse del sitio denominado Los Peñalejos VI, si bien se encuentra a unos 200 metros al oeste del emplazamiento; sobre este sitio hay que señalar su escaso interés y alto grado de deterioro por procesos de explanación y aterrazamiento.
Alcolea del Río Norte IV. Este sitio arqueológico se encuentra próximo a la margen oeste de la A-431 y junto a una importante garganta generada por un curso de agua estacional. Se encuentra cultivado de frutales y muy erosionado.
     Los materiales arqueológicos son muy escasos y generan ciertas dudas acerca de su adscripción cronológica. Por noticias orales se conoce que en las salidas de la ciudad de Canama (Las Mesas) hacia Villanueva del Río se han encontrado numerosas estructuras funerarias, como es el caso de la necrópolis del Florindo. Por este motivo, se podría pensar en la posibilidad de una extensa área de necrópolis en la que estaría incluido este sitio arqueológico. 
     Por otro lado, se conoce que en esta zona fueron hallados una escultura que representaba a un león íbero-romano y varios sillares. 
     Los materiales arqueológicos que se observan en superficie son los siguientes:
     De época romana se encuentran algunos fragmentos de cerámica común, algunos con cocción alterna, varios amorfos de cerámica tosca gris (posiblemente de cocina), un borde de olla y algunos fragmentos de ánforas; como elemento constructivo se encuentra un fragmento de ladrillo.
Alcolea del Río V. Este sitio se emplaza en la margen norte del Cordel de Maribenito (conocido como Cordel de la Dehesilla según el Mapa del Instituto Geográfico y Catastral de 1947) y junto a una importante garganta generada por un curso de agua estacional. 
     Se encuentra afectado por el cultivo de frutales, edificaciones contemporáneas y la erosión. 
     Los materiales arqueológicos son muy escasos y generan ciertas dudas acerca de su adscripción cronológica.
     Por noticias orales se conoce que en las salidas de la ciudad de Canama (Las Mesas) hacia Villanueva del Río se han encontrado numerosas estructuras funerarias, como es el caso de la necrópolis del Florindo. Por este motivo, se podría pensar en la posibilidad de una extensa área de necrópolis en la que estaría incluido este sitio arqueológico. 
     Por otro lado, se conoce que en esta zona fueron hallados una escultura que representaba a un león íbero-romano y varios sillares. La existencia de varios sillares junto a las edificaciones podrían relacionarse con este sitio. 
     Los materiales arqueológicos que se observan en superficie son los siguientes:
     De época romana se observan algunos amorfos de cerámica común y tosca y una tégula. En la cercanía se encuentran 6 sillares.
     También se ha localizado un punzón con huellas de retoque, de cronología en torno al Paleolítico Medio.
Sillar próximo a Alcolea del Rio V. Se encuentra un sillar en una edificación contemporánea situada al este del Cordel de Maribenito (conocido como Cordel de la Dehesilla según el Mapa del Instituto Geográfico y Catastral de 1947). Posiblemente procedan de otros sitios cercanos como los denominados Alcolea del Río Norte V, al este, o Villanueva del Río Norte-Este, al oeste (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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martes, 12 de noviembre de 2024

Un paseo por el Barrio de San Diego

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Barrio de San Diego, de Sevilla, dando un paseo por él.
     Hoy, 12 de noviembre, Memoria, en Alcalá de Henares, en España, de San Diego, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que se distinguió tanto en las islas Canarias como en el cenobio de Santa María de Araceli, en Roma, por su humildad y caridad en el cuidado de los enfermos (1463) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte el Barrio de San Diego, de Sevilla. dando un paseo por él.
     El Barrio de San Diego es, en el Callejero Sevillano, un barrio que se encuentra en el Distrito Norte, delimitado por las vías avda. de Pino Montano, avenida de la Mujer Trabajadora, y avda. Alcalde Manuel del Valle.
     El Barrio de San Diego lo componen las vías siguientes: avda. de la Mujer Trabajadora, avda. de Pino Montano, y grupo San Diego.
     El Barrio, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, siendo el conjunto de vías urbanas con características homogéneas, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     Zona tradicionalmente dedicada a uso agrícola, en ella se localizaba la Pradera de los Hermanos Elena y la Huerta de Nuestra Señora del Pino. El Plan de Ordenación Urbana de 1946 la califica como edificable; forma parte del  Plan del Polígono Miraflores, redactado en 1960. No obstante, el hecho de estar situada fuera de los muros de defensa contra riadas, cuyos restos aún se conservan al sur, hará que hasta la década de 1970 no surjan urbanizaciones en la zona, salvo el caso de los Carteros y otros asentamientos marginales; la primera será San Diego. La inmobiliaria Cobasa, S.A. y la constructora Dragados y Construcciones, S.A., según un proyecto de los arquitectos C. Iribarra y J. Aguinaga, serán las que, en ocho fases diferentes y en un período que ha durado más de quince años, construyan un total de 2.155 viviendas y tres centros comerciales. En el plano se pueden distinguir dos zonas perfectamente diferenciadas y bautizadas por los vecinos como San Diego Viejo y San Diego Nuevo. La primera inició la construcción de sus 872 viviendas en 1971. Se diferencia tanto por el color azul como por la distribución de sus veintidós torres, que dejan en el centro un espacio en el que se disponen arriates, bancos, zonas de juegos para los niños y una amplia pileta rec­tangular dotada con surtidores de agua. San Diego Nuevo empieza a construirse en 1975; consta de cinco fases, con un total de 1.283 viviendas y dos centros comerciales. Sus treinta y una torres se diferencian por el color marrón y por tener una línea de edificación irregular, quebrada, disponiendo en­tre ellos espacios de juegos y jardines. Dentro de este San Diego es posible, a su vez, distinguir dos zonas separadas por un paseo central que lo recorre en toda su longitud. Los amplios aparcamientos se concentran en la periferia, no existiendo la típica calle o vía dotada de acerado y calzada, por lo que en ningún caso hay tráfico rodado por el in­terior de la barriada. Contribuye a la separación de los dos San Diego la existencia entre ambos del colegio nacional Hermanos Ma­chado, unas instalaciones deportivas y unos jardines públicos.
     Existe gran cantidad y variedad de árbo­les y arbustos, así como de arriates con césped. La iluminación es a base de farolas tipo báculo, y están iluminados también los soportales sobre los que se alzan los bloques; pese a ello, algunas zonas quedan en penumbra o incluso a oscuras por las noches. Las viviendas son bloques de entre ocho y trece plantas, que se alzan sobre soportales, dejando unos espacios que han sido acondicionados como vías de paso o como jardines. En los bajos de los bloques hay viviendas que en parte han sido acondicionadas para servicios o para actividades comerciales. De uso fundamentalmente residencial, hay tres áreas de locales comerciales que cubren suficientemente las necesidades dia­rias. Los bares y sus numerosos veladores dan un aire festivo a las mañanas del domingo y a las calurosas noches de verano. Existe una vida asociativa muy activa, ya que tanto las mancomunidades de propietarios de las distintas fases como la asociación de vecinos organizan, individual o colectivamente, cruces de mayo, semanas culturales, una velada en la última semana de junio y otras actividades. También se traduce en una constante preocupación por la buena conservación de la barriada, sus jardines, juegos infantiles, etc. [Francisco Salgado Jiménez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Leyenda, Historia, Culto e Iconografía de San Diego de Alcalá, religioso;
     Franciscano español nacido en Andalucía hacia finales del siglo XIV y muerto en 1463 en Alcalá de Henares. Su nombre de pila, muy común en España, es una variante de Santiago (Sant Iago, Jacobus).
     Simple hermano converso, era cocinero en  su monasterio. Se le atribuían numerosos milagros.
     Se contaba que en sus momentos de éxtasis, se elevaba en el aire de manera Inconsciente. Durante uno de sus trances místicos, los ángeles lo sustituyen en las faenas de la cocina. Es el tema del célebre cuadro de Murillo que se conserva en el Museo del Louvre: La cocina de los ángeles (The Angelkitchen, die Engelsküche).
     Los otros rasgos de su leyenda son tópicos hagiográficos.
     A pesar de la prohibición de su superior, distribuía el pan del convento entre los pobres. Intentaron sorprenderle in fraganti, pero el hermano portero que le revisó el delantal, sólo encontró rosas. Es la reedición del milagro de santa Isabel de Hungría.
     Además, habría extraído a un niño de un horno encendido y curado a un joven ciego con el aceite de la lámpara del altar.
     Fue canonizado por el papa Sixto V en 1588, por petición del rey Felipe II de España. En consecuencia, su iconografía data del siglo XVII.
     Está representado con sayal buriel entallado con el cordel de la orden, y un manojo de llaves en la cintura. En un pliego de su hábito muestra al portero del convento, que lo tenía por sospechoso de hurto, las rosas que milagrosamente reemplazaron al pan (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
San Diego de Alcalá, en la Historia de la Iglesia de Sevilla
   San Diego de Alcalá. Lego franciscano, nacido en San Nicolás del Puerto (Sevilla), aunque es conocido como san Diego de Alcalá, por ser en esta ciudad madrileña donde murió en 1463. Destinado a Fuerteventura, contribuyó a la evangelización de Canarias. Estuvo también en los conventos de Sevilla, Alcalá de Guadaira y Sanlúcar de Barrameda. Pasó por Roma para recalar definitivamente en la casa franciscana de Alcalá de Henares. Célebre por su humildad y sus milagros. Fue canonizado por Sixto V en 1588. Su fiesta se celebra el 14 de noviembre. (Carlos Ros, dir. Historia de la Iglesia de Sevilla. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992).
Conozcamos mejor la Biografía de San Diego de Alcalá, religioso, a quien está dedicada esta calle
     San Diego de Alcalá (San Nicolás del Puerto, Sevilla, 1370-1380 – Alcalá de Henares, Madrid, 12 de noviembre de 1463). Santo canonizado, religioso lego franciscano (OFM), venerado como gran taumaturgo.
     Se desconoce el año de su nacimiento, que pudo ser en el decenio 1370-1380. Asimismo, se ignora el nombre de sus padres, como también su categoría social, bien que se los supone de condición humilde, pero piadosos, en cuyo ambiente familiar cristiano Diego desarrolló su niñez, inclinando su espíritu a la devoción y a la piedad, por lo que, al parecer, muy pronto, llevado de ese espíritu, siendo aún muy joven, se retiró a la soledad en compañía de un sacerdote que vivía en una ermita dedicada a san Nicolás de Bari, sita en las montañas vecinas a su pueblo natal.
     No mucho después, Diego se dirige a la sierra de Córdoba y es admitido en el eremitorio de la Albaida, en las llamadas Las ermitas de Córdoba, donde se empapa del espíritu franciscano, ya que tanto el fundador como los ermitaños eran Terciarios Franciscanos que estaban bajo la dirección o jurisdicción del no lejano convento franciscano de la Arrizafa o Arruzafa.
     Pero aquel género de vida tampoco llenaba del todo las aspiraciones de Diego, por lo que solicitó ingresar como franciscano en el referido convento de Arrizafa, en el que la regla franciscana era observada en toda su rigidez, donde finalmente fue admitido. Se desconoce, no obstante, cuándo tuvo lugar esa admisión, su vestición del hábito franciscano y su profesión religiosa.
     Entre los conventos en los que fray Diego morara y realizara hechos portentosos, está el de San Francisco de Úbeda, en el que habría desempeñado, entre otros, el oficio de hortelano, y en el que, después de su partida, habría resucitado a un muerto con el simple contacto de un hábito suyo viejo y roto que abandonara al ser trasladado él a otro convento. El de San Francisco de Sevilla es otro de los conventos en los que ciertamente moró el santo Diego; aunque los documentos no detallan los oficios que desempeñó en él, parece ser que uno de los principales fue el de portero, ya que en todos se pone de manifiesto su caridad con los numerosos necesitados que se acercaban a la portería del convento y sobre todo con los innumerables enfermos a los que curaba con la simple unción del aceite de la lámpara que ardía ante la imagen de Nuestra Señora de la Antigua en la cercana iglesia catedral, curaciones que dieron gran fama a la dicha imagen, fama de la que anteriormente no gozaba.
     Pero además de estos hechos considerados como portentosos, ya casi rutinarios por lo frecuentes, los documentos narran uno según el cual, por intercesión de Diego de Alcalá, un niño de siete años, que, huyendo de la regañina de su madre, se había refugiado en un horno quedándose dormido entre la leña, se libró del fuego que su propia madre prendió sin saber esta circunstancia. También fue morador, aunque de paso, del convento de Sanlúcar de Barrameda, en cuyo camino habría proporcionado alimentos para él y su compañero en un despoblado de modo portentoso.
     En 1441 es enviado fray Diego, junto con el padre fray Juan de Santorcaz, a la vicaría de las Islas Canarias, pero en lugar de ser nombrado guardián (superior) del convento de Betancuria en la isla de Fuerteventura el padre Santorcaz, que era sacerdote, es designado por los superiores como tal fray Diego, que era lego. Allí desarrolló una admirable labor de apostolado entre los gentiles y entre los cristianos en medio de enormes problemas y dificultades para la comunidad. Pero, dado el ascendiente moral de fray Diego y las circunstancias harto difíciles por las que atravesaba algún tiempo después su provincia franciscana de Castilla, el ministro provincial de ella, fray Juan de Santa Ana, le ordena regresar a ésta, cosa que realiza entre los años 1445 y 1447, desarrollando aquí una labor, asimismo, admirable, aunque callada, entre sus hermanos los religiosos con el admirable y eficaz testimonio de su vida en los distintos conventos a donde lo destinó la obediencia.
     En 1450, además del jubileo del Año Santo, se celebraba también el Capítulo General de la Orden, y la canonización de san Bernardino de Siena; fray Diego, a petición propia, o más probablemente por deseo de su ministro provincial, fue designado compañero de fray Alonso de Castro, que iba como representante del ministro provincial. Con tal motivo se habían reunido en la Ciudad Eterna numerosos peregrinos y varios millares de frailes franciscanos de todas partes, lo que favoreció el desencadenamiento de una terrible epidemia, que afectó a muchos religiosos, incluido su compañero, fray Alonso de Castro, en cuya ocasión fray Diego demostró la grandeza de su alma atendiendo solícito y espontáneamente a cuantos enfermos podía, mereciendo su conducta y celo que el ministro general le encomendara la dirección de la enfermería, que organizó, atendiendo a todos indistintamente con verdadera caridad. 
     Al cabo de un tiempo impreciso, desaparecida ya la peste, retornaron ambos a España a pie, tal y como habían hecho el camino de ida. Fray Diego parece que retornó a Sevilla, donde estuvo un tiempo también impreciso, hasta que, sin que se sepa cuándo, fue destinado al convento de La Salceda (Segovia).
     En 1456 culminaba la fábrica del convento de Santa María de Jesús en Alcalá de Henares, levantado por el arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo, quien deseaba para su fundación moral el personal más selecto, modélico tanto en virtud como en letras, para formar la comunidad franciscana que había de gestionarlo; para ello obtuvo de las máximas autoridades de la Iglesia y de la Orden la facultad de seleccionar él mismo el personal adecuado. Uno de los primeros en ser seleccionados, por el arzobispo fue fray Diego, que a la voz de la obediencia acudió cuando se lo indicaron los superiores, siendo recibido personalmente por el arzobispo no sólo con deferencia, sino casi con devoción.
     Se le encomendó entonces el oficio de hortelano, pero en atención a su avanzada edad muy poco después los superiores le encomendaron la portería del convento, donde además el halo de santidad, de que venía precedido, podía ser más útil a cuantos acudían a la portería, especialmente los pobres, en los que volcaba su amor e interés. Aquí y con ellos tuvo lugar aquel episodio, que narran las crónicas y que forma parte, no sólo de su biografía, sino de su iconografía hagiográfica, según el cual cierto día en que iba el hermano Diego llevando, como de costumbre, casi a escondidas en el halda de su hábito una buena cantidad de mendrugos de pan para sus pobres, lo sorprendió el padre guardián y le recriminó el que se excediera en dar limosna a los extraños con perjuicio de los religiosos de casa, a lo que el santo replicó: “¡Pero si son rosas, P. Guardián!”, y efectivamente aquellos mendrugos de pan se transformaron en hermosas y frescas rosas ante la vista atónita del guardián.
     Pero no sólo rosas había cosechado el santo Diego durante su vida; para escalar las alturas de la santidad, tuvo también que cosechar espinas y caminar por senderos sembrados de abrojos y de dificultades, entre las cuales incomprensiones, persecuciones, enfermedades, especialmente la última, larga y dolorosísima, que le produjo la muerte, encontrándolo ésta abrazado a una cruz de madera, que a mano siempre tenía, y que por ello también forma parte de su iconografía.
     Era el 12 de noviembre de 1463, día en el que la Iglesia celebra su fiesta.
     Su cadáver durante más de seis meses insepulto, permaneció flexible y despidiendo un suave olor, sin haber sido embalsamado ni aplicado ningún ungüento, fenómeno que pudieron comprobar toda clase de personas, y no se sabe si hoy con los conocimientos y medios técnicos de que se dispone tendría alguna explicación racional.
     Entre los muchos prodigios y milagros posteriores a su muerte atribuidos a la intercesión de san Diego está la curación del príncipe Carlos, hijo único varón de Felipe II, quien jugando con otros compañeros se cayó por unas escaleras del palacio en Alcalá de Henares golpeándose en la cabeza, suceso que lo llevó al borde del sepulcro, al ser desahuciado por los médicos, pero habiendo sido llevado el cuerpo del santo y colocado junto al lecho del moribundo, éste al punto dio muestras de mejoría, cayó en un profundo sueño y recobró la salud. Este prodigio fue motivo para que se acelerara la causa de canonización del santo, que, no obstante, tardó todavía más de veinticinco años, teniendo lugar ésta el año 1588 (Hermenegildo Zamora Jambrina, OFM, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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viernes, 11 de octubre de 2024

Los sitios arqueológicos Burguillos Norte, en Burguillos (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Burguillos Norte, en Burguillos (Sevilla).
Burguillos Norte I. En superficie se localizaron fragmentos de tegulae, ladrillos y teselas de mosaicos.
Burguillos Norte II. En superficie se localizaron fragmentos de tegulae, ladrillos y ánforas.
Burguillos Norte III. Se localizó una importante zona de vestigios arqueológicos, en superficie: sillares, fragmentos de ladrillos, tegulae, ánforas, cerámica común y sigillata clara D. La villa estaría ocupada hasta el s. IV d. C.
Burguillos Norte IV. Se encontraron fragmentos de tegulae, ladrillos y cuello de dolia romana.
Burguillos Norte V. Se localizaron fragmentos de ladrillos, tegulae y ánforas romanas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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Más sobre la localidad de Burguillos (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

jueves, 28 de diciembre de 2023

La Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), de Antonio Gómez Millán

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), de Antonio Gómez Millán, de Sevilla.     
     Hoy, 28 de diciembre, Fiesta de los Santos Inocentes, mártires, niños que fueron ejecutados en Belén de Judea por el impío rey Herodes, para que pereciera con ellos el niño Jesús, a quien había adorado los Magos. Fueron honrados como mártires desde los primeros siglos de la Iglesia, primicia de todos los que habían de derramar su sangre por Dios y el Cordero [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), de Antonio Gómez Millán, de Sevilla
     La Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), se encuentra en la avenida de la Mujer Trabajadora, 2; en el Barrio de Los Arcos, del Distrito Norte.
       El proyecto de 1912 supone el estreno como arquitecto titular de la Diputación Provincial de Antonio Gómez Millán, en una parcela de la Huerta de San Jorge que había donado la condesa de Lebrija Dª Regla Manjón Mergelina, en la que el autor concibe un conjunto de 8 edificios reducido tras 1914 a los tres que se ejecutan y terminan en 1916.
       Consecuencia lógica de la aplicación de los estudios tipológicos a la funcionalidad de los edificios, la planta de la Casa Cuna se concibe primando criterios de orden y organización, apoyados en la simetría y el rigor, heredero todo el planteamiento de los esquemas funcionales de centros asistenciales y sanitarios que se fueron depurando durante el siglo XIX y que vino a aglutinar en la ciudad la larga serie de pequeñas dependencias, vinculadas a órdenes religiosas en las que, desde muy antiguo, se venía recogiendo y dando educación a niños expósitos.
       La ubicación buscada debía responder a un espacio de periferia de la ciudad, en la que fuese posible una amplia y acotada superficie. El edificio se ordena desde los accesos por la actual avenida de la Mujer Trabajadora en el que dos pequeños pabellones enmarcan el acercamiento al conjunto, con generosos espacios de apeadero ajardinado que centra la portada principal, historicista, de la Casa Cuna.
     Una serie de edificaciones complementarias se distribuyen por la parcela, acompañando sin competencia a la edificación principal y liberándola de usos que se desarrollan de forma independiente: capilla, aulas, oficinas utilizando los espacios ajardinados como vertebradores de las circulaciones entre los diferentes pabellones, valorándose en ellos especialmente el contacto con la notable vegetación.
     El edificio de Antonio Gómez Millán (1912-1916) ha sido recientemente reformado (1997) por Gonzalo Díaz Recaséns y Antonio Martín Molina, quienes adaptaron el edificio principal al programa de aulas requerido por el Instituto Internacional de la Fundación San Telmo. El actual PGOU le otorga un Grado de Protección C, estando incluido en su Catálogo Periférico CP.016 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
El arquitecto Antonio Gómez Millán (1883-1956).
     Nació en Sevilla, hijo del conocido arqui­tecto José Gómez Otero, fundador de una saga de artistas, entre los que cabe citar otros dos hermanos arquitectos, José, que le precedió, y Aurelio Gómez Millán. Otros descendientes de éstos han seguido la tradición familiar en arquitectura.
     Después de prepararse en la Universidad de Sevilla, ingresó en la Escuela de Arquitectura de Madrid (1902), en la que se tituló en 1907. Empezó a trabajar enseguida en Sevilla por el prestigio de su padre. Se incorporó como arquitecto a la Diputación Provincial de Sevilla en 1912, donde permaneció toda su vida profesional. Precisamente, en ese mismo año, proyectó para la Diputación una de sus mejores obras, el Hospicio de niños expósitos o Casa Cuna Provincial de Sevilla, que ahora comentamos, cuyas obras fundamentales se realizaron entre 1914 y 1916 (posteriormente, se hicieron reformas y ampliaciones). Tam­bién ejerció la profesión libre, en cuya acti­vidad destaca la restauración del Teatro ro­mano de Mérida y otras obras de conser­vación del patrimonio nacional, por lo que fue distinguido nombrándolo académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Femando de Madrid.
     Se incluye dentro del grupo de maestros del regionalismo sevillano, aunque muestra notables diferencias. En efecto, se inició como modernista para continuar, enseguida, como historicista con tradición clásica, sin dejar de practicar un cierto eclecticismo y, después, se introdujo en la vanguardia de un cierto estilo internacional.
     Rehusó, hasta cierto punto, el neomudéjar decorativista postulado por su cuñado Aníbal González y tampoco empleó el neoplateresco. Según Gómez Terreros, Antonio Gómez Millán prefiere la construcción bien hecha al estilo y huye de los primores decorativos procedentes de la Giralda o de las Casas Consistoriales de Sevilla. Esto no es completamente cierto pues, como veremos después, en alguno de sus proyectos para la Casa Cuna, introduce adornos de sebka y el escalonamiento de vanos, todo en ladrillo cerámico visto, propio de la tradición mudéjar.
     En opinión de Villar Movellán se preocupa en sus diseños por una mínima ornamentación, jugando con pequeñas masas volumétricas y huyendo de la monumentalidad en sus construcciones, excepto, quizás, la Casa Cuna que presenta cierta majestuosidad. Pero, a pesar de todo, sus resoluciones con ladrillo visto lo emparentan artísticamente con algunas obras de Aníbal González, al tiempo que se apoya en solu­ciones foráneas, a las que dota de un sello personal. A lo largo de toda su extensa obra se aprecia una producción desigual, a veces, con alejamientos evidentes del regionalismo. En resumen, Antonio Gómez Millán es un arquitecto relativamente historicista, "sin ex­cesivos matices regionalistas".
La Casa Provincial de Expósitos de Sevilla.
     Esta obra era un proyecto promovido por la Junta Protectora de Niños Expósitos, presidida por la condesa de Lebrija, con la co­laboración de otras damas ilustres de la sociedad sevillana (marquesa de Benamejí, Marquesa de Matallana, etc.).A este fin, la condesa cedió su finca "Huerta de San Jor­ge" a la Diputación (1913) para que en ella se construyese un nuevo hospicio, ya que el existente estaba totalmente desbordado y no reunía las condiciones adecuadas.
     Por entonces, ya estaban hechos y apro­bados unos planos por Antonio Gómez Millán, que recientemente había ingresado oficialmente como arquitecto en la Diputación provincial.
     La Huerta de San Jorge estaba situada a las afueras de Sevilla, en la zona norte de la ciudad, por la prolongación del camino de Miraflores.
     Para la elaboración de este proyecto, el arquitecto tuvo en cuenta la relevancia de la higiene, por lo cual el terreno era un lugar sano, espacioso, ventilado y bien ubicado. Asimismo, como iba a estar regentado por las Hermanas de la Caridad, encargadas de esta función desde 1838, de­bía contar con dependencias para la admi­nistración, aposentos para las monjas, capacidad para unos 200 expósitos, estancias diversas (lactancia, enfermería, juegos, ropería, etc.), casas para el médico y el ca­pellán, así como vaquería para asegurar la alimentación de nodrizas y lactantes. Por otra parte, los materiales tendrían que ser buenos y baratos, por lo cual se eligió el ladillo cerámico que, además, era muy conocido por la tradición de los buenos obre­ros sevillanos (baratos de adquisición y transporte). La piedra, fundamentalmente már­mol, se reservó para algunos detalles de la fachada (columnas, capiteles y suelos de la parte noble) y del interior (peldaños de las escaleras de acceso al piso superior).
     Conviene señalar que en esta obra el arquitecto muestra su predilección por el ladrillo visto y por la decoración sobria y clásica realizada con estos mismos elementos, sin apenas aditamentos ornamentales, excepto algunos detalles de azulejos combinados diestramente con la fábrica de ladrillo aparente. Realiza un dibujo cuidadoso con las líneas de la superficie y juega con la profundidad y distribución de los paramen­tos de ladrillo de la misma más que con los motivos añadidos de azulejos o mármol.
     También se debe mencionar que el propio autor en la memoria del proyecto reconoce ciertas influencias de la iglesia de San­ta Paula de Sevilla o del Monasterio de San Isidoro del Campo, especialmente notorias en la portada de la capilla, y del sobrio mudéjar aragonés.
     Como se puede apreciar en las ilustraciones que acompañamos, en el edificio se mezclan el Renacimiento (obsérvese la portada serliana y las galerías de vanos con arcos de medio punto), un austero mudéjar (discretos adornos obtenidos por la disposición de los ladrillos) y algunas deriva­ciones modernistas (los pináculos que co­ronan la fachada), todo ello conjugado con gran fluidez.
     El edificio principal es una de las construcciones más brillantes de su tiempo, muy volcada al exterior, en donde se disponen grandes y cuidados jardines, además de otras construcciones auxiliares estratégicamente dispuestas.
     La fachada tiene una gran monumentalidad, con evidentes rasgos renacentistas, como la serliana y los vanos ya comenta­dos, mudéjares (la decoración se consigue con el propio ladrillo) y eclécticos (vanos tripartitos) que, en conjunto, constituyen recursos historicistas. Esta fachada se corona con unos pináculos de carácter modernista ya comentados, compuestos por yuxtaposición de elementos geométricos que terminan en flameros cónicos.
     También son clasicistas las ventanas termales que se disponen en los frentes de las cuerpos laterales que dan a la fachada principal. Pero la construcción, a pesar de sus líneas sobrias y clásicas, tiene detalles constructivos de recuerdo mudéjar, que contribuyen a clasificar el edificio en la escuela regionalista sevillana. En efecto, además del primoroso trabajo en ladrillo cerámico, las dos torres de la capilla muestran una cierta influencia del mudéjar aragonés, unas ménsulas escalonadas recuerdan los royos de modillones de la Mezquita de Cór­doba, la acumulación de finas columnas para el soporte de la portada es un recurso nazarí, y la combinación de ladrillos con azulejos en bancos y enjutas de fachada y del arco de la capilla es también signo inequívoco de la escuela renacentista de Sevilla desarrollada en el primer tercio del siglo XX. 
     Tras la serliana, a través de un vestíbulo solado en mármol, donde constan unas placas conmemorativas de la fundación, se accede al interior. Hay una gran galería trans­versal, con suelo de mármol y zócalo de azulejo sevillano, a la que se abre la gran capilla en el centro y otras dependencias de la planta correspondiente.
     En todo el interior predomina la funcionalidad, con materiales elegidos con crite­rios de solidez y economía. Los muros de carga son de fábrica de ladrillo de distintos espesores según los esfuerzos que tienen que soportar, aparejados con morteros de cal y de cemento, mientras que los entra­mados de los pisos y cubiertas son de hie­rro con forjado de bovedillas. Estos entramados están ocultos en la planta alta me­diante cielos rasos, pero en la planta baja las bovedillas están enlucidas con mortero de cal. Todos los dormitorios estaban estucados con yeso. Los pavimentos eran de loseta hidráulica, excepto el vestíbulo y la galería principal, ya comentados, y la capilla y las dos escaleras laterales que eran de mármol. Los zócalos, en general, estaban chapados con piedra caliza.
     Conviene comentar que no se proyectó una escalera central de tipo imperial, como cabría esperar de la categoría del edificio, sino de dos laterales para lograr una mayor fun­cionalidad y acceso a los dos grandes cuerpos laterales del piso superior donde esta­ban dormitorios y otras dependencias.
     Pensando en una conservación barata y duradera para este edificio público de mu­cho tránsito y trabajo, se prescindió de la ornamentación, confiando toda la decoración a la propia disposición de los materiales. Así, el ladrillo visto en patios y otros sitios forma pilastras, arcos y molduras, aprovechando la destreza tradicional de los obre­ros artistas sevillanos.
     La salubridad, higiene, ventilación y luz estaban aseguradas en todas las habitaciones por la acertada disposición de los abun­dantes ventanales y la distribución de las galerías de servicio. No se consideró conveniente la calefacción por la posibilidad de cambios bruscos de temperatura entre habitaciones, galerías, escaleras y otros espacios. El servicio de agua potable se aseguró por una doble acometida a la red general y a un pozo propio en la zona ajardinada. Conviene recordar que, por entonces, la situación del servicio de agua a la dudad era precaria, confiado a una empresa extranjera que administraba los Caños de Carmona, mediante un largo acueducto, cuyos restos aun pueden apreciarse al principio de calle Oriente. Para las aguas residuales se dispu­so un pozo de depuración (fosa séptica).
     La distribución de las diversas dependencias se hizo de una forma funcional; es decir, las más cercanas a la puerta de entrada son las salas de uso frecuente por el público (iglesia, portería, sala de visitas, botiquín, etc.). En los grandes cuerpos laterales esta­ban las estancias de trabajo y alojamiento de expósitos, así como la residencia de las Hermanas de la Caridad, ropería, escuela, enfermería, cocina, comedores, etc.
     En la planta superior (planta principal), también dispuesta con gran funcionalidad, se organizan diversas estancias de día o de recreo, dormitorio de lactantes y nodrizas y otras salas o despachos para las hermanas o para la Junta Protectora de Expósitos.
Edificios posteriores y otras intervenciones
     Las más importantes son los pabellones de la entrada a ambos lados del recinto cerrado. En el proyecto original de 1912 ya constaban dos pabellones iguales situados si­métricamente a la entrada del complejo hospiciano. Estaban destinados a viviendas del médico y del capellán, y se concibieron como "chalets" independientes con una distribución sencilla, muy acertada. En un primer proyecto se propuso un tipo de edificio con torreón neomudéjar, en el que se podían reconocer adornos de sebka y vanos ciegos escalonados basados en los de la Giralda, pero se descartó por otro tipo. Los definitivos tienen una línea más clasicista, en vez de neomudéjar, a base de paramentos de ladrillo con diversa profundidad y arcos de medio punto parecidos a los del edificio principal. También se modificó su función, pues el de la izquierda, con una planta superior menor, se dedicó a portería con un tomo para la recepción anónima de los expósitos; en el de la derecha, además de la vivienda del médico, se organizó, al parecer, una enfermería.
     No consta la terminación de estos pabellones, pero debieron construirse casi al mismo tiempo del edificio principal, quizás entre 1916 y 1917.
Capilla
     Estaba prevista en los planos originales del edificio, pero se construyó entre 1921 y 1922. Hay que aclarar que el proyecto primitivo se reformó para ampliar el recinto en 4 m de longitud, de forma que resultó una verdadera iglesia para dar servicio, además, a los fieles de las cercanías. Tiene una puerta de ladrillo bicolor con trazas que recuerdan a la iglesia de Santa Paula. Estaba decorada con pinturas y posee un espectacular retablo barroco sin dorar, del siglo XVIII, que procede de un convento ruinoso de carmelitas de Carmona. El cuerpo de la iglesia se introduce entre los dos amplios patios de luces del edificio y, desde éstos, se observan las dos torres de inspi­ración mudéjar que la adornan, no visibles desde el exterior.
     Hay otros dos pabellones posteriores que no constan en el proyecto primitivo. El más antiguo es un edificio cuadrangular con zócalos y pequeñas zonas de ladrillo visto combinado con paramentos encalados. El otro, más amplio, es posterior a nuestra guerra civil, como se puede comprobar por la peor calidad de los materiales utilizados. Es un edificio funcional, no exento de cierta gracia, con arcadas y pérgola, compuesto por dos cuerpos paralelos, uno de ellos de dos pisos, probablemente utilizado en par­te para funciones administrativas.
     Como se comentará en un próximo artículo, destinado al complejo restaurado y dedicado a las nuevas funciones de San Telmo, el primero de estos pabellones alberga actualmente la cafetería y el comedor. El segundo pabellón es el que se adaptó en principio para las primeras actividades docentes del Instituto Internacional San Telmo (Carlos González Barberán, La antigua Casa Cuna de Expósitos, en Revista de la Agrupación de Miembros del Instituto San Telmo, junio 2006).
Conozcamos mejor la Leyenda, Historia, Culto e Iconografía de los Santos Inocentes, mártires;
La leyenda y su falta de historicidad
     Las pequeñas víctimas del cruel Herodes se evaluaban en el fabuloso número de ciento cuarenta y cuatro mil, como los mártires del Apocalipsis, que imploraban la venganza de Dios al pie de su altar.
     Según el relato de Mateo (2: 16 - 18), que completaron y ampliaron los Evangelios apócrifos, la Leyenda Dorada y el teatro religioso de los autos sacramentales, Herodes, furioso por el engaño de los Reyes Magos que advertidos por un ángel, en vez de ir a llevarle informes acerca de su visita a Belén regresaron por mar, ordenó la matanza de todos los niños de hasta dos años de edad (a binatu et infra) para tener la seguridad de que el futuro rey de los judíos no escapase con vida.
     Los hagiógrafos describen con complacencia esta carnicería. Evocan a la soldadesca arrancando a los pequeños de entre los brazos de sus madres y tronchándolos con las espadas o ensartándolos en la punta de sus lanzas. El número de víctimas de este infanticidio masivo se habría elevado a millares. El Menologio griego calcula su número en 144.000, cifra fabulosa que es la copia del número de los justos del Apocalipsis de san Juan.
     Sería superfluo cuestionar esas cifras agrandadas de buena gana por la credu­lidad popular. En un pueblo como Belén, que contaba sólo con algunos cientos de habitantes, los niños varones menores de dos años podían ser, cuando mucho, alrededor de veinte. Los cálculos más complacientes no superan un máximo de sesenta víctimas.
     Pero aún en un relato donde no se exageren las cifras ¿podría admitirse que ha ya una sola pizca de verdad histórica? Todo conduce a creer que no se trata de la exageración de un hecho real sino de una pura invención.
     La Presentación de Jesús en el templo había tenido lugar en Jerusalén. Cabe preguntarse por qué José, en vez de regresar a su casa en Nazaret, condujo a su familia al incómodo establo de Belén.
     Ya resulta sospechoso que el acontecimiento sólo se haya consignado en uno de los cuatro Evangelios canónicos: salvo el de Mateo, los otros tres lo ignoran completamente. Las dudas se agravan por el hecho de que los analistas romanos, y sobre todo el historiador judío Flavio Josefo, que relata la vida de Herodes hasta en sus menores detalles, no digan una palabra.
     Señalemos, además, que la Matanza de los Inocentes no es una leyenda aislada, específicamente judía: la historia del niño predestinado a quien el rey en el trono considera una amenaza para su reinado o su vida, y del cual se defiende de antemano haciendo asesinar a todos los niños de su edad, es un tema de la leyenda universal que se encuentra, con variantes, en las del dios hindú Krishna, Ciro, Rómulo y hasta Moisés, puesto que el Antiguo Testamento habla de la matanza de los niños de Israel ahogados en el Nilo por orden del faraón.
     Y por último -este argumento podría hacer innecesarios todos los demás- el evangelista admite el origen bíblico de su relato que no es más que una profecía realizada: «Entonces se cumplió la palabra del profeta Jeremías, que dice: Una voz se oye en Ramá, lamentación y gemido grande; es Raquel, que llora a sus hijos y rehúsa ser consolada,  porque  ya  no existen ».
     Así, la Matanza de los Inocentes sería, como la mayoría de los acontecimientos relatados en los Evangelios, la consumación de una profecía del Antiguo Testamento.
El culto de los Santos Inocentes
     Muy popular en la Edad Media, el culto de los santos Inocentes provocó en 1212 la asombrosa cruzada de los niños que acabó de manera miserable.
     La abadía de Saint Denis y la iglesia de los Inocentes en París, pretendían poseer, ambas, el cuerpo entero de uno de los pequeños mártires.
     La abadía benedictina de Brantôme (Dordogne), se jactaba de conservar las reliquias de san Sicario, uno de los Inocentes.
     En Saint Germain des Prés, una pierna relicario del siglo XIII contenía la tibia de uno de ellos. El Museo de Zurich recogió el pie relicario de otro, embutido en una pieza de orfebrería del siglo XV.
   La cartuja de Würzburgo, en Alemania, exponía el cuerpo de uno de los Inocentes. La Edad Media confundía en un solo culto a los santos Inocentes con los pequeños mártires cristianos que habrían sido víctimas de los asesinatos rituales de los judíos. Los niños encontrados (Findelkinder) y los niños de coro (Chorknaben), estaban puesto bajo su protección.
     Aunque la hecatombe de los Inocentes de Belén pertenece al dominio de la fábula, la piedad popular veneró a los muertos como a los primeros mártires cristianos: su bautismo de sangre se juzgó equivalente al bautismo por el agua.
     Su culto se desarrolló muy tempranamente, al principio en Palestina, en cuya basílica de Belén había una capilla dedicada a los Santos Inocentes.
     El día de su muerte, el 28 de diciembre, se consideraba día nefasto.
     Esta  devoción está probada en Francia por numerosos testimonios. Algunas de sus reliquias fueron llevadas desde Oriente por san Casiano, a la abadía de Saint Victor en Marsella, en el año 414. Dicha abadía cedió una  parte de las reliquias a otra gran abadía provenzal, la de Saint Maximin. En el siglo XII, la capilla capitular de Saint Caprais de Agen se puso bajo la advocación de los Santos Inocentes. El cementerio de los Inocentes de París, célebre por su Danza Macabra, tenía una iglesia aledaña a la cual el rey Luis XI ofreció «un Inocente entero en un gran relicario de cristal».
     Las representaciones de los Santos Inocentes en Italia se multiplicaron a partir del siglo XV a causa de la fundación de los orfelinatos que se pusieron bajo su patronazgo.
Iconografía
   Es infrecuente que estén representados con independencia de dicho tema. Tiene palmas como atributos.
     Los Inocentes, asimilados a los santos y a los mártires, está nimbados y tienen como atributo la palma del martirio. Están vestidos con una camiseta manchada de sangre o bien desnudos con un ceñidor de hojas.
     En los ciclos narrativos deben distinguirse seis episodios:
1. Herodes pregunta a los sacrificadores y a los escribas dónde nació Cristo.
2. Herodes ordenando la matanza de los inocentes. 
   Está sentado en un trono, como en la escena de la Visita de los Reyes Magos, un demonio le dicta malos consejos al oído.
3. La matanza de los inocentes.
   En las realizaciones más antiguas, los verdugos llevan a Herodes en brazos o al hombro a los niños que han quitado a sus madres.
   Después, la escena se volvió más dramática y brutal. Es una serie de furiosos duelos entre los brefoctones (matadores de niños pequeños) y las madres que defienden a sus hijos. Un soldado coge a un niño por el pie, lo deja colgando cabeza abajo y se dispone a cortarlo en dos con su espada, como en la simulación del Juicio de Salomón. Muchos de ellos son ensartados como lechones.
   En una segunda versión que parece de origen provenzal, los niños no reciben la muerte por espada sino que son aplastados contra el suelo, al pie del trono de Herodes.
   Las mujeres expresan su dolor mesándose la cabellera y desgarrándose las mejillas con las uñas. Una de ellas se afana en reunir los miembros dispersos de su hijo cortado en pedazos.
4. La huida a la montaña de Isabel y san Juanito
   Este episodio, incorporado a la Matanza de los Inocentes, se ha tomado de los Evangelios apócrifos, especialmente del Protoevangelio de Santiago y del Evangelio Armenio de la Infancia (cap. 14: 2).
   «Cuando Isabel supo que se buscaba a su hijo Juan, lo cogió y partió hacia la montaña y buscaba donde ocultarlo pero no encontraba escondrijo. Con un profundo suspiro dijo: -Montaña de Dios, recibe a una madre con su hijo. Y súbita­mente la montaña se abrió y los recibió.»
   La píxide bizantina de marfil procedente de la Bóveda Chilhac, cerca de Brioude (Louvre), ofrecería la más antigua representación conocida de este episodio que ha sido reeditado por los hagiógrafos en la leyenda de santa Bárbara. Se encuentran otros ejemplos en una miniatura del Homiliario de Gregorio Nacianceno (siglo IX, B.N., París), en los frescos de Capadocia (siglo XI), y en los mosaicos de Kahrié Djami, Constantinopla (siglo XIV).
   En el arte bizantino esta escena suele asociarse con la Matanza de los Inocentes.
5. La degollación de Zacarías
   Furioso porque san Juanito había escapado, Herodes hace degollar frente al altar a su padre, el sumo sacerdote Zacarías. Se encontró la sangre coagulada de éste, pero no su cuerpo que había desaparecido.
6. La muerte de Herodes
   Tantos crímenes merecían un castigo ejemplar. La justicia popular no trató a Herodes mejor que a Judas. La tradición lo hacía morir agusanado a causa de una enfermedad vermicular.
   Según Pedro Comestor, el cuerpo del tirano fue roído vivo por los gusanos que pululaban en sus testículos putrefactos: «Ipsa quoque verenda putrefacta scatebant vermiculis. Putredo testiculorum vermes generabat». Acaba  suicidándose con el cuchillo que usaba para pelar la fruta y los demonios se llevan su alma al infierno (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa Provincial de Expósitos, Casa Cuna (actual sede de la Fundación San Telmo), de Antonio Gómez Millán, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la avenida de la Mujer Trabajadora, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 26 de noviembre de 2023

El bajorrelieve de los Desposorios de la Virgen en el Mausoleo de los Condes de Ybarra, del Cementerio San Fernando

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el bajorrelieve de los Desposorios de la Virgen, en el Mausoleo de los Condes de Ybarra, del Cementerio San Fernando, de Sevilla.   
   Hoy, 26 de noviembre, Solemnidad de los Desposorios de Santa María Virgen con San José, en las iglesias hispanas, puesto que en el resto de la cristiandad se celebran el veintitrés de enero [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el bajorrelieve de los Desposorios de la Virgen, en el Mausoleo de los Condes de Ybarra, del Cementerio San Fernando, de Sevilla
   El Cementerio "San Fernando", se encuentra en la avenida Doctor Fedriani, s/n; en el Barrio de La Bachillera, del Distrito Norte.
     En el Cementerio San Fernando, podemos contemplar en la rotonda de la Caridad, a la izquierda, en primera línea, el Panteón del Conde de Ybarra.
   En su interior, se encuentra el relieve con la escena de Los Desposorios de la Virgen se narra el momento que cuenta los apócrifos de La Historia de José el Carpintero, el Protoevangelio de Pseudo Mateo y el Libro de la Natividad, que María contando con catorce años de edad tiene que desposarse, entonces se reúnen a los viudos del pueblo que tenían que presentarse ante ella, con una vara en las manos. Aquel sobre el que Dios hiciera una señal portentosa, sería el elegido. Es así cuando la vara que portaba San José floreció, convirtiéndose en su símbolo más representativo. En la representación que aquí se nos muestra aparece el momento en el que el Sumo Sacerdote, identificado como Zacarías desposa a María y José en el interior del Templo, ante la mirada de los viudos no elegidos y los padres de la Virgen que contemplan la escena (www.sevilla.org).
     Bajorrelieve apaisado de mármol que sirve como mesa de altar. Obra reciente, con algún eco lejano de la fría preceptiva neoclásica, pero digna y pulcramente ejecutada, a un nivel bastante más alto que el habitual "kitsch" de la escultura funeraria (Juan Martínez Alcalde. Sevilla mariana, repertorio iconográfico. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1997). 
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de los Desposorios de Santa María Virgen;
   Los Evangelios canónicos no dicen nada acerca de este tema. Los artistas siguen el relato de los Evangelios apócrifos y de la Leyenda Dorada.
   Cuando María, criada en el Templo, alcanza la edad de catorce años, el sumo sacerdote quiere darle un esposo para cumplir con la ley de Moisés.
   Convoca al son de la trompa a todos los descendientes de David, solteros o viudos. Aquel a quién roce su vara será el esposo de María.
   Es José el designado por el roce de su vara, sobre la cual se posa, por añadidura, la paloma del Espíritu Santo. José aduce ser muy viejo y se niega, dice que ya tiene hijos y que no desea en absoluto ser objeto de burla de los israelitas. Pero el sumo sacerdote le explica que no debe transgredir la voluntad de Dios, claramente manifestada por un milagro. «Dios te ha elegido para esposo de la Virgen. Tómala.»
   El tema a veces aparece resumido, y otras desarrollado. Cuando alcanza su pleno desarrollo, como en los manuscritos bizantinos de las Homilías del monje Santiago (siglo XII) y en el ciclo de Giotto en la Arena de Padua, se divide en tres escenas: la Prueba de los pretendientes, los Desposorios celebrados por el sumo sacerdote y el Cortejo nupcial.
A) El florecimiento de la vara de San José
   La reunión de los solteros y de los viudos se convocó al son de la trompa. Sorprendido en plena faena, José, que trabajaba en el armazón de un techo, dejó caer el hacha y descendió precipitadamente por una escalera (Homilías del monje Santiago). Los pretendientes llevan al templo cada cual su vara que depositan so­bre el altar, y se arrodillan a esperar el signo divino que señalará al elegido.
   Es la rama de almendro del viejo José la que florece. El sumo sacerdote se la alcanza, a menos que no sea designado por una paloma que se posa sobre su vara o su cabeza.
   El despecho de los jóvenes despojados por ese vejete se expresa de manera más o menos violenta: uno de ellos parte su vara sobre la rodilla; otro se adelanta con el puño levantado para golpear a su rival, más confuso que triunfal.
   La Contrarreforma rechaza el milagro de la vara florecida, tomado del repertorio del Antiguo Testamento, y que honraba al sumo sacerdote Aarón. No obstante, ese tema legendario no desapareció totalmente del arte cristiano y pueden advertirse vestigios suyos en el siglo XVII, en los bajorrelieves de las sillas del coro de Notre Dame de París.
B) Los desposorios
   José que lleva vara florecida 
   Desposa a la Virgen María
   Entre los judíos, el matrimonio era un simple contrato civil y no un rito religioso. Pero la escena está adaptada a las costumbres de Occidente, y como éstas no eran las mismas en Francia y en Italia, la ceremonia se representa de dos maneras muy diferentes.
   En el arte francés, los novios, de pie o arrodillados, se dan simplemente la mano frente al sumo sacerdote que los bendice. Es lo que se llama en derecho romano Dextrarum junctio o Conjunctio manuum, gesto simbólico de la unión conyugal.
   En el arte italiano, por el contrario, San José que tiene como cetro su vara florecida rematada con la paloma del Espíritu Santo, coloca el anillo nupcial en el dedo de la Virgen. Dicho anillo se consideraba conservado en Perussa, Italia. Por esa razón los Desposorios de la Virgen se convirtieron en uno de los temas preferidos de la escuela de Umbría, como lo prueban los cuadros de Spagna y de Rafael.
   El anillo no es de oro ni de plata u otro metal, sino tallado en una piedra preciosa ahuecada: ónix o amatista.
   El rasgo común de todas estas representaciones es que la composición tiene como eje un grupo ternario, generalmente escalonado en pirámide, con tres actores principales: el sumo sacerdote, la Virgen y José.
   Aunque la leyenda no mencione la presencia de los padres de la Virgen, Joaquín y Ana, los artistas suelen invitarlos por su propia cuenta para que asistan a la ceremonia.
   Se les agregan las compañeras de María y los pretendientes despojados.
   Aunque la ceremonia concuerde con los usos de Occidente, el decorado permanece fiel a las costumbres de los judíos para quienes el matrimonio no era un sacramento. La escena no tiene lugar en una iglesia o capilla sino al aire libre, frente al templo de Jerusalén donde la Virgen se había criado.
C) El cortejo nupcial
   La Leyenda Dorada habla de un cortejo de siete vírgenes que llevan antorchas, y de músicos que tocan trompetas y violines, y conducen a la desposada a la casa de José.
   En las Homilías del monje Santiago se ve a la pareja, muy desigual, al llegar a la casa donde la esperan los cuatro hijos de José.
   Este tema, muy infrecuente, ha sido retenido por Giotto que lo representó en la capilla de la Arena de Padua. Los esposos van precedidos por los músicos que se dirigen hacia la casa sobre cuya ventana pende una gran palma (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de los Desposorios de Santa María Virgen
     Jean Charlier, llamado Gerson, discípulo de Pierre d'Ailly, Canciller de la Universidad de París (+1420), propagador de la devoción en honor de San José por influencia de su maestro, intentó instituir una fiesta votiva especial el jueves de témporas en Adviento para conmemorar los esponsales virginales de María y José, lo que parece que logró con un legado de un canónigo de la Catedral de Chartres, Henri Chicoti, para la cual compuso un Oficio. Tras este intento medieval, pasamos al primer dato seguro de esta fiesta que data del veintinueve de agosto de 1517, también en el ámbito francés, en que León X Médici la otorgó, junto a otras nueve fiestas marianas, a las monjas de la Anunciación, fundadas por Santa Juana de Valois. Se celebraba el veintidós de octubre como doble de segunda clase. Pero ya no está centrada, como la de Gerson, en la figura de San José, sino en la de la Virgen. Con este enfoque de fiesta mariana les fue concedida a los Menores el veintiuno de agosto de 1537 para el siete de marzo como doble mayor, y por el mismo tiempo a los servitas para el día siguiente, ocho de marzo. Se recitaba el Oficio de la Natividad sustituyendo la palabra nativitas por desponsatio. Arras fue la primera diócesis que la adoptó por decreto del veintitrés de enero de 1556.  
     Fue compuesto un Oficio propio por el dominico Pierre Doré (+1569), confesor del Duque Claudio de Lorena. En él, volviendo a la línea de Gerson, se exaltaba la figura de José junto a la de María. En 1546 suplicó sin éxito a Paulo III Farnese la extensión de esta fiesta a toda la Iglesia Latina. A pesar de todo se siguió extendiendo. Desde que el Papa San Pío V Ghislieri abolió el Oficio de Pierre Doré e introdujo el oficio moderno, es otra vez fiesta de María. La conmemoración de San José en la Misa, laudes y vísperas sólo se puede hacer por un privilegio especial establecido en el decreto del 5 de mayo de 1736. Durante algún tiempo no se aprobó la adopción de la fiesta; así en 1655 se le negó al Rey de España. Pero se volvieron a aprobar peticiones en el último tercio del XVII: se le concedió a Austria el veintisiete de enero de 1678 para el veintitrés enero, a España el trece de julio de 1682 trasferida al veintiséis de noviembre (porque el veintitrés de enero estaba ocupado por San Ildefonso de Toledo), a todo el Imperio Germano en 1680, en 1689 a Tierra Santa, en 1702 a los cistercienses, en 1720 a la Toscana y en 1725 a los Estados Pontificios. En nuestros días se celebra el veintitrés de enero, y en los países hispanos el veintiséis de noviembre (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el bajorrelieve de los Desposorios de la Virgen, en el Mausoleo de los Condes de Ybarra, del Cementerio San Fernando, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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miércoles, 15 de noviembre de 2023

El sitio arqueológico "Alcalá del Río Norte", en Alcalá del Río (Sevilla)

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     Sitio arqueológico identificado por Ponsich en 1974 (yac. Nº 78), localizado en la carretera de Villaverde. En superficie, fragmentos de ánforas y tégulas romanas, cerámicas sigillata hispánica y sigillata clara A y D. Probablemente necrópolis romana. Ocupación romana de fines del siglo I al IV d.C.
     Con motivo de la redacción de la Carta Arqueológica de Alcalá del Río se procede a la revisión del yacimiento en marzo de 2008 y no se localizan restos, es posible que se encuentre desaparecido (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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domingo, 14 de mayo de 2023

Un paseo por el Barrio de San Matías

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Barrio de San Matías, de Sevilla, dando un paseo por él.
     Hoy, 14 de mayo, Memoria de San Matías, apóstol, que siguió al Señor Jesús desde el bautismo de Juan hasta el día en que Cristo subió a los cielos y, por esta razón, después de la Ascensión del Señor fue puesto por los apóstoles en el lugar que había ocupado Judas, el traidor, para que, formando parte del grupo de los Doce, fuese testigo de la Resurrección [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte el Barrio de San Matías, de Sevilla. dando un paseo por él.
     El Barrio de San Matías es, en el Callejero Sevillano, un barrio que se encuentra en el Distrito Norte, delimitado por las vías c/ Arquitecto José Gómez Millán, grupo San Matías, grupo Parque Atlántico, c/ Carretera de Carmona, y avda. Alcalde Manuel del Valle..
     El Barrio de San Matías lo componen las vías siguientes: avda. Alcalde Manuel del Valle, c/ Arquitecto José Gómez Millán, c/ Arquitecto José Granados de la Vega, c/ Carretera de Carmona, y grupo San Matías.
     El Barrio, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, siendo el conjunto de vías urbanas con características homogéneas, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     El Barrio, está dedicado al apóstol San Matías. La historia, vicisitudes, y demás reseñas de interés están explicadas en las distintas vías que lo conforman.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Matías, apóstol:
HISTORIA Y LEYENDA
   Hechos de los Apóstoles, 1:20.
   Apóstol complementario o de recambio, no llamado por Cristo, pero designado por sorteo en el Colegio apostólico en reemplazo del traidor Judas Icariote. «Abapostolis locum Judae proditoris sorte electus. Cecidii sors super Mathiam.»
   De ahí vendría, según una etimología propuesta por san Agustín, la pala­bra clero, derivada del griego kléros, sortear. «Namet cleros et clericos bine ippellatos puto quia Mathias sorte electus est.»
   Según otra versión, fue designado el día de Pentecostés, no por el azar sino por un rayo milagroso que emanaba del Espíritu Santo.
   Después de haber evangelizado Judea habría padecido el martirio, se lo consideraba lapidado, luego decapitado de un hachazo ante el templo de Jerusalén.
CULTO
   Sus reliquias fueron llevadas desde Judea basta Roma por la emperatriz Helena, y más tarde, en el siglo XI trasladadas a Tréveris. A partir de entonces la iglesia de San Matías, en la población de Tréveris, que se enorgullecía de poseer la única tumba de un apóstol en Alemania, se convirtió en lugar de peregrinación.
   El convento de Santa Justina de Padua pretendía por su parte poseer el cuerpo del apóstol.
   A causa del hacha que fue el instrumento de su martirio, fue elegido como patrón por los carpinteros de obra, cuchilleros y carniceros.
   Se lo invocaba contra la tos convulsa (Keuchhusten, Blauer Rusten).
ICONOGRAFÍA
   Se lo ha  representado poco, porque los artistas completaron el colegio apostólico introduciendo a san Pablo, el apóstol de los gentiles.
   Su atributo habitual es el hacha que a veces se sustituye por una alabarda, lanza o espada (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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