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martes, 13 de octubre de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María y San Pedro, Ermita de San Sebastián, Palacio de los Mancebo, y Pósito) de la localidad de Caniles, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María y San Pedro, Ermita de San Sebastián, Palacio de los Mancebo, y Pósito) de la localidad de Caniles, en la provincia de Granada.
     El municipio se ubica dentro del Parque Natural de la Sierra de Baza por lo que goza de abundante vegetación y de magníficos paisajes en sus alrededores. Es punto de referencia a la hora de iniciar visitas, excursiones o acampadas en el parque. Es rico en yacimientos de cobre, hierro, plomo y otros minerales, y aún se conservan en la 'Fabriquilla del oro' varios aljibes y kilómetros de canales para transportar el agua a los lavaderos de tierra. Dentro de la población podemos encontrar numerosas cuevas habitadas y apreciar el singular trazado de sus calles, amplias y rectas.
     Celebra sus fiestas patronales el 20 de enero en honor a San Sebastián, y mantiene la tradición del ’Robo del santo‘. En Semana Santa, son muy populares ’La noche de los armaos‘, el ’Día de la Vieja’, en que sus habitantes disfrutan de un día en el campo, y la madrugadora ’Verónica‘. Además, en el mes de agosto el Ayuntamiento organiza el Encuentro Nacional Villa de Caniles, que reúne grupos de coros y danzas de toda España.
     A Caniles pertenecen los siguientes anejos: Balax, Rejano, Francés, Gallardos, Jauca, Pinos, Yeseras, Vega, Bodurria, Maclite, Olmos, Molineras y Uclías.
     Región: Geoparque de Granada
     Código Postal: 18810
     Distancia desde Granada: 108 Km
     Gentilicio: Canileros
     Acceder a su website: www.caniles.es (Diputación Provincial de Granada).
     La villa de Caniles se asienta sobre un territorio en el que la ocupación humana queda constatada desde el período Paleolítico, tal y como atestiguan los yacimientos de la Cueva de la Pastora y el Pobla­ do de los Montones de Piedra. Las explotaciones auríferas de época romana se mantuvieron durante el período musulmán, en que se fortificó la población y su entorno, quedando restos en el cerro de El Fuerte o en la Venta de la Torre. Inicialmente entregada al Conde de Tendilla en junio de 1489, en el repartimiento de los Reyes Católicos fue adjudicada a Diego Fernández de Córdoba, conde de Cabra. jugó un destacado papel en la sublevación de los moriscos, siendo reducida y repoblada en 1648. Tras un largo período de decadencia gozó de cierto resurgimiento social y económico durante la segunda mitad del siglo XVIII (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El término municipal de Caniles se localiza en la vertiente noroccidental de la Sierra de Baza, es cruzado por los ríos Gallego y Galopón y ocupa parte de una zona de gran interés natural, que en la actualidad ha sido declarada Parque Natural. Esta sierra caliza de altitudes comprendidas entre los 1.200 y 2.200 metros se encuentra situada entre dos amplias planicies: la Hoya de Guadix y los llanos del Marquesado y se haya cubierta por distintos tipos de bosque desde las repoblaciones de pino carrasco hasta retazos de encinar, pasando por áreas de matorral espinoso junto a quejigos y arces.
     El municipio de Caniles pertenece a la Demarcación Paisajística de Hoyas de Guadix, Baza y Los Vélez (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
Historia.-
     Los orígenes de Caniles se remontan a la prehistoria, como atestiguan los yacimientos encontrados en la Cueva de la Pastora o el poblado de los Montones de Piedra. Se han hallado numerosos utensilios del Paleolítico así como el llamado Vaso de Caniles, del periodo Neolítico. También se han encontrado restos de la cultura íbera. Durante la dominación romana se explotaron las minas de oro y probablemente se inició la construcción de las infraestructuras para el aprovechamiento del agua. Durante la época árabe alcanza su máximo esplendor bajo la denominación de Canilla. Se continúa con la explotación de sus recursos auríferos, se perfeccionan los antiguos sistemas de regadío y se construyen otros nuevos. Asimismo se erige una atalaya, La Torre, para comunicarse y vigilar la zona. En época nazarí la localidad recibió el nombre de Caniles.
     Por su situación fronteriza es asediada durante años por las tropas castellanas, siendo reconocida como una de las fortalezas más difíciles de tomar. En 1489 el conde de Tendilla, en nombre de los Reyes Católicos, ocupa la plaza de manera definitiva, y pasa a denominarse Caniles de Baza. La población, eminentemente morisca, se ve drásticamente reducida en 1568 tras su sublevación y posterior expulsión. En 1679 consigue su independencia de la ciudad de Baza de la que dependía desde 1501. Hace sólo unas décadas recibió el título de villa y perdió el patronímico “de Baza” para denominarse sólo Caniles (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de Santa María y San Pedro.-

     La erección de la parroquia se formalizó en 1505, levantándose un templo de tipología mu­déjar que quedó configurado mediante una nave única con amplia cabecera cuadrada. Durante los siglos XVII y XVIII, y motivado por el au­mento poblacional del Barrio Alto, sufrió varias reformas que duplicaron su capacidad. Así, se abrieron dos naves laterales de capillas separa­das de la central por arcos de medio punto sobre pilares, y en las que se habilitaron altares, obra en la que pudo intervenir Alonso de Medina en 1623. En 1790 quedó suprimida la parroquial de San Pedro, en el Barrio Bajo, e incorporada a la de Santa María. La portada fue ejecutada en 1769 en mármol de Macael a instancias de Pedro Martínez de Belmonte, eclesiástico acaudalado y propietario de la bodega más importante de la villa. Se ordenaba en dos cuerpos, conserván­dose el inferior con dobles columnas de orden compuesto y exentas sobre plintos, sosteniendo el entablamento con inscripción grabada en el friso. El segundo cuerpo, desprendido en 1954, constaba de un frontispicio enmarcando un me­dallón con la escena de la Anunciación en bajo­ rrelieve. Queda cubierta la nave con una armadura de limas simples con seis tirantes pareados y apeinazados sobre canes lobulados. Por su parte, la capilla mayor se cierra con una espléndida armadura ochavada de limas moamares, total­mente apeinazada con lazo de ocho. Se apoya sobre el muro y cuatro pechinas trabajadas con lacería, luciendo decoración igualmente agramilada. El testero estaba cubierto por un magnífico retablo dieciochesco, destruido durante la Guerra Civil, así como el resto de obras que adornaban el templo, entre las que se hallaban obras de José de Mora y Francisco Salzillo.
     La Capilla de la Hermandad del Santo Sepul­cro se cubre con un alfarje costeado en 1688 por dos hermanos mayores de la cofradía, mientras que la dedicada a Santa Bárbara se cierra mediante cúpula hemiesférica y decoraciones barrocas en yeso policromado. La Capilla de Nuestra Señora de Fátima, antes dedicada a la Virgen de la Aurora y que en origen pudo funcionar como capilla sacramental, presenta a la entrada lápi­das funerarias de Pedro de Ariaga (1596) y Juan Rosel (1762). El lado de la Epístola se distribuye a lo largo de cuatro tramos cubiertos por bóvedas semejantes a las de la nave opuesta, desta­cando la que cubre a los pies la capilla bautismal, antigua de las Ánimas, cuyas pechinas lucen águilas bicéfalas coronadas sobre mascarones. El coro fue realizado en 1642 a instancias de los be­neficiados Francisco de Egea y Ginés Esteban, y se encuentra apoyado sobre un alfarje de doble orden de vigas, con tres jácenas decoradas en el papo con cordoncillo y nudos tallados, soportadas por canes de acantos con doble voluta. Entre los ornamentos y vasos sagrados del templo, sin gran interés, merece destacarse un portaviático neoclásico labrado en 1793 por el platero baste­tano Juan Antonio Martínez (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Iglesia de Santa María fue construida en el siglo XVI sobre una antigua mezquita mayor. 
     La Parroquia de San Pedro se fusionó con ella en 1792. 
     En principio constaba de una sola nave, con una capilla mayor elevada por unos peldaños y cubierta con un espléndido artesonado mudéjar. Con el tiempo se amplió con dos naves laterales (1642). 
     La portada principal es de mármol flanqueado por columnas, rematadas encima por entablamento, dado que el segundo cuerpo, un frontispicio con bajo relieve -el medallón de la anunciación- se desprendió en 1954. 
     La fachada de ladrillo visto, característico de este tipo de construcciones del mudéjar granadino, fue enlucida y pintada en 1914.
     El edificio esta adosado en su cabecera a otro de viviendas entre las que se encuentra la casa Parroquial y un salón para reuniones, catequesis...
     En la actualidad se conserva en perfectas condiciones tras la restauración llevada a cabo entre 1994 -1996.
     La Iglesia consta con un magnífico coro en alto en la pared opuesta al retablo que hace las delicias de los fieles en sus celebraciones más importantes.
     Los autores de dicha parroquia fueron Francisco de Axea y Ginés Esteban, dentro del arte mudéjar.
     El municipio de Caniles se ubica dentro del Parque Natural de la Sierra de Baza por lo que goza de abundante vegetación y de magníficos paisajes en sus alrededores.
     Los orígenes de Caniles se remontan a la prehistoria, como atestiguan los yacimientos encontrados en la Cueva de la Pastora o el poblado de los Montones de Piedra. Se han hallado numerosos utensilios del Paleolítico así como el llamado Vaso de Caniles, del periodo Neolítico. También se han encontrado restos de la cultura íbera. Durante la época árabe alcanza su máximo esplendor bajo la denominación de Canilla. En época nazarí la localidad recibió el nombre de Caniles.
     En 1488, con la llegada de los Reyes Católicos a esta zona, se instaura el culto cristiano en estas poblaciones y en el año 1506 se instaura las parroquias de la zona eligiéndose a la población de Caniles dos parroquias: la Santa María de la Anunciación y San Pedro.
     En los primeros años del siglo XVI se empieza a construir los templos parroquiales el de San Pedro situado en el barrio bajo, desaparecido en la actualidad, y de Sta. María en el barrio alto.
     En el año 1792 se fusionan las dos parroquias quedando como único templo parroquial el que había sido sede de la parroquia de Sta. María. Tenían vida propia e independiente, recogidas por dos párrocos y beneficios distintos, los libros sacramentales distintos. Llamada desde entonces: Parroquia de Santa María y San Pedro, como sigue en la actualidad.
     El motivo de esta fusión fue la falta de feligreses en la Iglesia de San Pedro del barrio bajo fueron subiendo al barrio alto y otro motivo fue el derrumbe del tejado causado por el mal estado y una tormenta, lo que ocasiono el abandono total.
     Destaca como curiosidad, que todos los nombres de los fieles y bautizados constan escritos en los libros de este Archivo Parroquial que se conserva como una reliquia de incalculable valor.
     La Iglesia de Santa María y San Pedro es testigo directo del "Robo del Santo", una de las principales fiestas de Caniles que se celebra en la plaza de la Iglesia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Iglesia de Santa María fue construida en el siglo XVI sobre una antigua mezquita mayor. La Parroquia de San Pedro se fusionó en 1792. Posee un artesonado mudéjar y una fachada de ladrillo visto. En 1642 se amplió con dos naves laterales. Destaca la armadura de la nave central y la capilla mayor (Diputación Provincial de Granada).
     
Ermita de San Sebastián.-

     El edificio actual se corresponde con la construcción realizada a fines del siglo XIX, en la que se emplearon materiales de acarreo de la arruinada Iglesia de San Pedro. La fachada se estructura en torno a una sencilla portada de ladrillo, de diseño neoclásico, ordenada con cuatro pilastras toscanas que sostienen el frontón triangular, y rematada por espadaña de ladrillo con campana. Frente a la simplicidad de la fábrica sobre­salen las dimensiones de su única nave, separada de la capilla mayor mediante un arco toral, y coro a los pies. Se cubre con techumbre de yeso en artesa, producto de las remodelaciones sufridas tras la Guerra Civil, en que perdió todo su patrimonio mueble (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Ermita de estilo mudéjar, construida en el siglo XVII sobre un antiguo cementerio árabe. Tiene una sola nave. En honor de San Sebastián, Caniles celebra una de sus fiestas más populares, 'El robo del Santo' (Diputación Provincial de Granada).

Palacio de los Mancebo.-
     Construcción datada en la segunda mitad del siglo XVIII que se estructura en torno a un patio central porticado. Presenta dos fachadas ordena­das en tres alturas, con simple portada adintelada de cantería flanqueada por pilastras toscanas. La planta noble se abre con balcones enmarcados por pilastras de ladrillo y frontón curvo partido, con balaustradas de forja, destacando la balconada corrida del ángulo. La división de la propiedad ha propiciado la rehabilitación del ala izquierda del inmueble, perdiendo la típica cornisa en cuarto bocel con óculos, que aún se mantiene en el lado contrario (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Casa de una familia de la burguesía granadina, construida a mediados del siglo XVIII. Es uno de los edificios más antiguos de Caniles y destaca por la riqueza de los elementos decorativos de su interior. Dio lugar al nacimiento de la actual calle Nueva (Diputación Provincial de Granada).

Pósito.-
     Edificio del siglo XVIII que destaca por su fachada principal. El arco carpanel de la puerta está decorado con el escudo de Carlos III, que mandó la realización de la obra en una pieza de mármol blanco.
     El edificio ha sido utilizado como teatro, escuela y lugar para almacenar trigo y sede del Servicio Nacional del Trigo (Diputación Provincial de Granada).
     
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María y San Pedro, Ermita de San Sebastián, Palacio de los Mancebo, y Pósito) de la localidad de Caniles, en la provincia de Granada. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia granadina.

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viernes, 25 de septiembre de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de Santa Ana, Ermita de San Blas, Arquitectura civil, Iglesia de San Sebastián, e Iglesia de San Esteban) de la localidad de Cádiar, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa Ana, Ermita de San Blas, Arquitectura civil, Iglesia de San Sebastián, e Iglesia de San Esteban) de la localidad de Cádiar, en la provincia de Granada.
     Este municipio está formado por los pueblos de Cádiar, Narila y Yátor. Está enclavado entre la majestuosa Sierra Nevada y la Contraviesa, a orillas del río Guadalfeo. Merece la pena adentrarse en la población y descubrir el tipismo de su Barrio Bajo, un conjunto arquitectónico del más puro estilo alpujarreño.
     Tal y como dijo el escritor Gerald Brenan, Cádiar es el punto central de la Alpujarra granadina, “su ombligo”. Según palabras del escritor británico, es ésta “una próspera y alegre” población que sin duda constituye el punto ideal para cuantos viajeros necesiten reponer energías de todo tipo. Además de tener la única estación de servicio en muchos kilómetros a la redonda, cuenta también con excelentes restaurantes donde satisfacer el apetito y una bodega, Barranco Oscuro, donde se elaboran algunos de los tintos y blancos de calidad de la provincia.
     Además de estos atractivos, Cádiar tiene en sus proximidades uno de los alojamientos turísticos más interesantes de la provincia de Granada. Se trata de la Alquería de Moyrama, llamada así por su diseño al estilo de las tradicionales alquerías andalusíes y en homenaje a la esposa de Boabdil. Dotada de una surtida biblioteca, bodega tradicional y varias secciones museísticas, que reúnen algunas de las piezas etnológicas y arqueológicas más interesantes de la comarca.
     Por el término municipal de Cádiar atraviesa el sendero de gran recorrido GR-7, que une Grecia con la parte más occidental de Andalucía.
     Región: Alpujarra y Valle de Lecrín
     Código Postal: 18440
     Distancia desde Granada: 100 Km
     Gentilicio: Cadiereños, caditeños o casienses
     Acceder a su website: www.cadiar.es (Diputación Provincial de Granada).
     Núcleo principal de las Alpujarras orientales, asentada junto al río Guadalfeo. Su origen puede situarse en el período musulmán. Tuvo un papel protagonista en las revueltas de 1568. Su nombre parece proceder del término «al cadi», haciendo referencia a la residencia del juez principal de la Alpujarra oriental. Pertenecen a este municipio las localidades de Narila y Yátor, ésta última con interesante igle­sia mudéjar, cuya torre tiene ornamentación de mosaico en los arcos, siendo Narila lugar donde tuvo su casa Aben Humeya, y donde la reina Juana de Castilla mandó construir la iglesia de estilo mudéjar, conservando la torre del siglo XVI, a pesar de las reconstrucciones a las que fue sometida (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El municipio de Cádiar  pertenece a la Alpujarra granadina, que se extiende por la cara sur de Sierra Nevada, disfrutando de unas condiciones de orientación y soleamiento idóneos. Son varios los núcleos que contiene el municipio, siendo el más importante la actual cabecera municipal, Cádiar. Su morfología urbana se corresponde con el modelo propio de los núcleos alpujarreños, muy adaptados a las condiciones topográficas y, por consiguiente, con un viario sinuoso y manzanas de disposición y tamaño irregular.
     El municipio de Cádiar pertenece a la Demarcación Paisajística de las Alpujarras y el Valle de Lecrín (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
Historia.-
     Cádiar fue, en tiempos de Al-Andalus, residencia permanente del juez principal de la Alpujarra oriental y su nombre deriva, según sus habitantes, de la palabra árabe al cadi (el juez). En época musulmana el municipio estaba formado por cinco barrios y dos anejos. Durante la sublevación de los moriscos, en tiempos de Felipe II, fue patria de Aben-Xaguar, tío del cabecilla del levantamiento, Aben-Humeya, y responsable de su elección.
     El primer jefe rebelde fue coronado rey en un olivar cercano a Cádiar, y se da también la circunstancia de que fue aquí donde se urdió la conspiración que acabaría con su efímero reinado, en favor de su primo y sucesor Aben-Aboo. Hasta el siglo XV no recibió el titulo de villa y tras la expulsión de los moriscos sufrió un éxodo masivo. Más tarde fue repoblada con colonos de otras regiones españolas (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de Santa Ana.-

     Templo de planta de cruz latina con bóveda de medio cañón con arcos fajones sobre cornisa moldurada. El crucero se cierra con bóveda de arista, mientras que la capilla mayor lo hace con bóvedas de medio cañón. Destaca por ser una de las más antiguas de Las Alpujarras que ha  llegado hasta nosotros sin apenas transformacio­nes. Realizada en piedra caliza, conserva su aire mudéjar al exterior, aunque su interior se haya visto muy modificado. Fue construida entre 1562 y 1566. La solución de bóveda para la cubierta de la nave central, totalmente alejada de la tradicional armadura mudéjar, evitó que fuera quemada por los moriscos, siendo sólo saqueada. Entre los años 1583 y 1586 se reparó, conociendo otras intervenciones en los siglos XVIII y XIX.
     Al exterior tiene una portada de medio punto situada a los pies, así como la torre, de idéntica fábrica que el resto del edificio, cuestión que le hace transmitir una sensación de fortaleza rara en este tipo de construcciones. Se desarrolla con tres cuerpos en altura y campanario abierto con huecos de medio punto (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Iglesia con planta de cruz latina, una sola nave y sin capillas laterales. De fachada sobria, carente de decoración, se accede a través de un arco de medio punto realizado en sillería. la nave se cubre con una bóveda de cañón al igual que el altar y los brazos del crucero. Este se cubre con una bóveda que apoya sobre cuatro arcos de medio punto. La torre se sitúa en la cabecera del templo aprovechando el cuadrante exterior izquierdo del crucero. es de planta cuadrada y posee tres cuerpos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Llamada anteriormente de la Concepción, es una construcción del siglo XVI con planta de cruz latina, de estilo renacentista (Diputación Provincial de Granada).

Ermita de San Blas.-
     Edificio de planta de cruz latina, cubierto con bóveda de medio cañón en el cuerpo y brazos de la cruz, mientras el crucero lo hace con bóveda baída. La capilla mayor se separa por medio de un arco toral de medio punto. Datada en los si­glos XVII y XVIII, su portada se abre a los pies mediante un sencillo arco de medio punto con pilastras toscanas y pirámides sobre el entabla­mento. Cuenta con una torre exterior ubicada en la cabecera. La fábrica es de ladrillo y cajón de mampostería.
     En el interior se conservan tres retablos de igual composición, siendo el de la cabecera de mayores dimensiones. Con un solo cuerpo y una sola calle, presentan hornacina central flanqueada por dobles columnas toscanas que sostienen un entablamento y frontón circular (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Edificio de finales del XVII con planta de cruz latina. Cubierto con bóveda de cañón con arcos fajones apoyados sobre un friso que recorre toda la nave. Posee un pequeño altar con un retablo de traza neoclásica. La torre de reducidas dimensiones se sitúa en la cabecera del edificio en un cuadrante del crucero. Es de planta cuadrada y tiene dos cuerpos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Construida en el siglo XVI en ladrillo, con planta rectangular de un solo cuerpo y torre campanario (Diputación Provincial de Granada).

Arquitectura civil.-
     Destacan del conjunto de edificaciones de la localidad algunas casas señoriales, como la ubicada en la plaza de España, que fue declarada monumento histórico artístico en 1985.
     El solar de la que fuera vivienda de al-Zagar, tío de Aben Humeya, lo ocupa el actual Ayunta­miento de Cádiar, casa señorial del siglo XVIII, de tres plantas y frontones curvos, como elemento ornamental significativo, así como balconadas de hierro. La fachada principal, de ladrillo y ca­jones de cal y canto, tiene vanos adintelados (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     En el número 12 de la Plaza de España del municipio de Cadiar, se encuentra la conocida como Casa de los Chacón. Se trata de un edificio nobiliario de grandes dimensiones que según la tradición, estuvo en poder de Aben Jaguar, tío de Aben Humeya. Posteriormente y tras varias ocupaciones y restauraciones, en el siglo XVIII se le dio un carácter barroco, sufriendo un gran deterioro en la Guerra Civil. 
     En la actualidad y tras su restauración, es el lugar en el que se encuentra el Ayuntamiento de Cádiar.
     Se trata de un edificio de carácter palaciego en tres alturas. La parte más alta recibiría el uso de despensa y almacenamiento, la planta intermedia sería la zona de vivienda de la familia mientras que la parte inferior presentaría un recibidor. En la parte posterior del edificio encontramos un patio con una fuente en el centro y restos de columnas que sostendrían un techado. 
     El exterior encontramos una fachada construida con ladrillos salientes y diferentes balcones (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Sebastián (Yátor).-
     Iglesia de una sola nave y planta rectangular. El acceso se realiza a los pies del templo a través de una portada de ladrillo. 
     Posee otro acceso lateral, igualmente enmarcado en una portada de ladrillo, cegado en la actualidad. la nave se cubre con una bóveda de cañón con arcos fajones. El último, que descansa sobre pilastras adosadas al muro, organiza tras de si el altar a un nivel superior al resto de la nave.
     Sobre la entrada existe un pequeño coro. La torre se sitúa en la cabecera de la iglesia, formando un cuerpo aparte, de planta cuadrada y con dos cuerpos. La obra es mixta de mampostería y ladrillo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Esteban (Narila).-
     Iglesia de una sola nave y planta rectangular. La entrada se realiza por un lateral. El acceso por el pie del templo se halla cegado en la actualidad. La nave principal está cubierta por una bóveda de cañón rebajada. En el lateral derecho se abre un arco que da paso a otro cuerpo, adosado con posterioridad, usado como capilla. El altar mayor se cubre mediante una bóveda de arista. La torre se alza a los pies de la iglesia, es de planta cuadrada y tiene tres cuerpos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa Ana, Ermita de San Blas, Arquitectura civil, Iglesia de San Sebastián, e Iglesia de San Esteban) de la localidad de Cádiar, en la provincia de Granada. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia granadina.

Más sobre la provincia de Granada, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 17 de agosto de 2026

Las pinturas murales, de Juan Miguel Sánchez, en el vestíbulo de la Estación de Autobuses del Prado de San Sebastián

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las pinturas murales, de Juan Miguel Sánchez, en el vestíbulo de la Estación de Autobuses del Prado de San Sebastián, de Sevilla.
      Hoy, 17 de agosto, es el aniversario del nacimiento (17 de agosto de 1899) de Juan Miguel Sánchez, así que hoy es el mejor día para ExplicArte las pinturas murales, de Juan Miguel Sánchez, en el vestíbulo de la Estación de Autobuses del Prado de San Sebastián, de Sevilla.
     El edificio de Viviendas y Estación de Autobuses del Prado de San Sebastián, se encuentra en la plaza de San Sebastián, 1; en el Barrio de San Bernardo, del Distrito Nervión, de Sevilla.
     En 1938 el Ayuntamiento de Sevilla encargaba al arquitecto local Rodrigo Medina Benjumea la construcción de una estación de autobuses para descon­gestionar el centro de la ciudad del cada vez más abundante transporte de viajeros a los municipios vecinos. Los terrenos elegidos fueron un amplio solar al sureste, en el denominado Prado de San Sebastián, que a partir de estos años volverá a conocer un nuevo impulso constructivo y urbanístico tras el paréntesis posterior a los eventos de la Exposición Iberoamericana, celebrada en Sevilla en 1929. Finalizada en el año 1944, Medina Benjumea apostó en esta tem­prana obra por una arquitectura moderna y funcional, con el doble uso de viviendas familiares y estación de autobuses, lo que hubo de suponer todo un reto para su autor, quien alejándose de todas las premisas y gustos localistas imperantes eligió un planteamiento básicamente racionalista, de formas con­tundentes y depuradas, de valiente concepción.
     El edificio visto desde fuera se presenta como una gran manzana rectangular aislada, de cinco plantas de altura; un volumen de gran sobriedad y sencillez, auténtica estructura cubista sin distracciones decorativas. Combina estruc­tura de hormigón armado con fábrica de ladrillo enfoscado y pintado. En la planta baja hallamos en primer lugar y en uno de los lados cortos del rectángulo, orientado hacia el oeste, el vestíbulo de entrada de los viajeros, de doble altura, en donde están instaladas las taquillas y oficinas; un gran arco de medio punto da acceso al patio central en donde se sitúan los andenes, con veinticuatro dársenas para estacionar los autobuses, constituyendo este ámbito el ejercicio de formas más interesante del edificio. En efecto, la calle central se subdivide por dos pares de hileras de columnas a cada lado (dieciséis en cada lateral), de ancho fuste cilíndrico y capitel en forma de hongo o campana invertida, configurando esta disposición tres calles que van a confluir al final del andén en un espacio semicircular, en correspondencia con el vestíbulo. Las columnas de hormigón sustentan una cubierta plana central y dos galerías laterales, hoy en desuso, de carga y descarga de equipajes que antaño se acomodaban en el techo de los autobuses. La entrada de vehículos se realiza a través de originales vanos de diseño en forma de grandes arcos parabólicos abiertos en los muros laterales más largos del rectángulo. Los bloques de viviendas se configuran en cinco plantas de altura, en cuatro bloques lineales, paralelos dos a dos y situados en los lados mayores del rectángulo. Al exterior presentan numerosos vanos de apertura en toda la fachada, correspondientes a ventanas cuadradas y balcones rectangulares, todos de gran simplicidad. En la planta baja se sitúan los accesos a los bloques de pisos con arcos sobre sencillas columnas blancas de piedra a modo de porche, esquema que se repite en el acceso general a la estación para los pasajeros. Y es en esta entrada donde se encuentra dispuestos los ocho murales realizados por Juan Miguel Sánchez Fernández en 1941, firmados y fechados por su autor en el ángulo inferior izquierdo del panel que cierra el ciclo.
     Como ya refería el propio Juan Miguel Sánchez en su discurso de ingreso en la academia sevillana de Bellas Artes "...ninguna técnica se presta tanto como ésta (la pintura al fresco) para las creaciones pictóricas del pensamiento moderno" y quizás por ello eligió para decorar el vestíbulo de este edificio, de corte moderno, el fresco, realizando un conjunto de ocho paneles cuadrados de 4,90 m. de lado situados en la doble altura que posee este espacio, más el escudo de la ciudad ubicado sobre el arco de acceso para los peatones al andén.
     El asunto representado no es otro que la descripción del paisaje y el case­río rural andaluz, con escueta geometría, de paredes blancas y cubiertas de tejas a dos aguas, con el perfil del castillo, una iglesia, una ermita, un puente o los restos de algún torreón. La figura humana está presente solamente en el primer y último recuadro, dibujando tipos distintos, en el primero de carácter popular, y en el panel octavo una pareja con elegante atavío de corte burgués, vinculadas ambas representaciones a la despedida de viajeros.
     Con acusados planos geométricos escalonados el pintor va componiendo las escenas, en las que, aunque dentro del estilo tradicional, los modelos que­dan simplificados para así intensificar el valor de la forma sobre otros contenidos anecdóticos o decorativos que distraigan al espectador, resultando más una pintura en construcción que una pintura de la representación. El colorido resulta variado, con fondos claros a los que se contraponen los marrones y ocres de la campiña y las colinas, los verdes y azules de la vegetación y cursos de agua, los más cálidos violetas y rojos de los vestidos y los blancos de cal de las casas. Hay que señalar que su dibujo escueto, casi ingenuo, pero a la vez preciso, resulta de una gran destreza que permite imprimir a la serie una gran comunicación visual, que hoy día, después de más de sesenta años de ejecución, sorprende por su actualidad.
     La distribución y contenido, de izquierda a derecha del espectador, es como sigue:
     Panel 1: la escena está protagonizada por una pareja de tipo popular, él sentado bajo un árbol y ella de espaldas con un corderito en brazos, quien levantando la mano con gesto espontáneo saluda a los viajeros de la diligencia que tirada por seis caballos pasa por el camino situado en un segundo plano. Completa la composición una vegetación compuesta por árboles y pitas, dos ovejas placenteramente sentadas a la sombra y una lejanía de colinas.
     Panel 2: representa a un característico pueblo andaluz, en un abigarrado caserío de paredes blancas, que se dilata en la distancia y en el que se incluye la correspondiente iglesia. El paisaje se completa con un arbolado en primer plano compuesto por una pareja de cipreses a la derecha y un olivo a la izquierda, cerrando el horizonte un cerro y un grupo de nubes azuladas.
     Panel 3: esta vista se compone de dos zonas, la más cercana al espectador presenta una arquitectura típica andaluza que podemos identificar como casas de labor o cortijo, enmarcada por un árbol a la izquierda y una chumbera. En un segundo plano y tras una banda de campiña un pueblo va remontando la colina que está coronada por un castillo, todo ello descrito con formas muy geométricas y en donde predominan los tonos blancos y ocres.
     Panel 4: en este paisaje se dispone junto a una vegetación de bella tonalidad azul el muro que delimita el terreno de alguna finca, en donde queda entre­ abierta la cancela. A continuación se extiende lo que parecen restos de un acueducto, y finalmente el pueblo centrado por la iglesia y en la lejanía el correspondiente castillo, todo ello de sencillos perfiles.
     Seguidamente, y sobre el gran arco de acceso para los peatones al andén, hallamos el escudo de la ciudad de Sevilla rodeado de una filacteria de color azul.
     Panel 5: en esta composición el paisaje queda dividido por el puente, con sus correspondientes tajamares, sobre un río de ondas azuladas. Varias casas de paredes blancas se distribuyen entre las lomas hasta llegar al pueblo situado en la lejanía entre dos colinas.
     Panel 6: el paisaje se abre con un camino terrizo bordeado por pitas y pinos, que deja a la derecha del espectador los restos de un torreón y va a desembocar en el consabido pueblo en el que se advierte lo que puede ser una ermita de paredes blancas, la iglesia y el castillo. En la línea de horizonte una banda azul correspondiente a un curso de agua marino o fluvial y el perfil de unas montañas.
     Panel 7: en esta vista se aprecia un mayor desarrollo del paisaje en detrimento de la descripción del típico caserío rural que está situado a lo lejos y separado por el mar, con lo que se quiere representar a un pueblo costero. En primer plano se sitúa un terreno abarrancado sobre el que se dibuja un sinuoso sendero y en cuyo fondo discurre un riachuelo. La vegetación está representada por plantas crasas y pinos, todo ello con un rico colorido de tonos azules, verdes, y una variada gama de ocres, marrones y rojizos.   
     Panel 8: la última escena de la serie aparece de nuevo protagonizada por la figura humana y describe la despedida de un viajero. La mujer y el hombre del primer término, elegantemente vestidos y de espalda al espectador, están situados al borde del mar y dicen adiós al caballero que montado en una barca que conduce un marinero, se traslada a un velero que hay fondeado en el mar. En el ángulo inferior izquierdo está escrito el nombre de su autor: JUAN MI­GUEL SÁNCHEZ, y el año de ejecución, 1941.
     Valgan esta notas para rescatar del olvido al pintor Juan Miguel Sánchez Fernández, y de la indiferencia a las pinturas que decoran la estación de autobuses del Prado de San Sebastián, en Sevilla. Con su estudio y valoración podemos contribuir a su más adecuada protección, lo que presenta algunas circuns­tancia específicas a tener en cuenta como es su especial fragilidad al estar situadas en un edificio que soporta un alto grado de polución por la combustión de los hidrocarburos, a lo que se unen las vibraciones producidas por el intenso tráfico de vehículos con el consiguiente riesgo de desprendimiento, o las patologías que puede aportar el propio inmueble: humedades, suciedad, etc.
     Desde un concepto actual de patrimonio cultural, los murales, vinculados inexorablemente a la arquitectura que los sustenta, con un valor de ambientación así como fragmento del edificio y por tanto del patrimonio, pueden y deben ser interpretados con una nueva visión, en este caso por su singularidad, por ser una de las pocas obras del pintor conservadas. Su supervivencia como valor y discurso añadidos al inmueble debe evitar no sólo su desaparición física sino favorecer su incorporación al patrimonio, para lo cual se necesitan conocer, valorar, conservar, preservar y comunicar.
     Juan Miguel Sánchez Fernández nació en El Puerto de Santa María (Cádiz) el 17 de agosto de 1899, ingresó a los 8 años de edad en la academia local de Santa Cecilia en la que se inició en el dibujo y la pintura. A los 17 se traslada a la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla, cursando estudios durante dos años donde tuvo como profesores a Virgilio Mattoni, Rico Cejudo, José Gestoso y Gonzalo Bilbao, entre otros. Tomando clases de dibujo en la Sección de Bellas Artes del Ateneo sevillano, conoció a Gustavo Bacarisas -instalado en Sevilla desde 1914- frecuentando su taller en donde hubo de completar su formación y con quien mantuvo lazos de amistad. En nuestra ciudad desarrolló su carrera artística, falleciendo en 1973.
     Sus comienzos fueron modestos, realizando trabajos artesanales de cerámica para sustentarse y mantener su estudio en el barrio de Triana. Concurría a las sucesivas Exposiciones de Bellas Artes que se convocaban en Sevilla, constando en la del año 1922 con cuatro lienzos: La joven de los pendientes, Los árboles dorados y dos retratos. En la de 1923 de nuevo con dos retratos y los lienzos titulados Primavera color de rosa y La gitana de los ojos verdes. Asimismo trabajó como cartelista dando muestras de modernidad al alejarse de la manida iconografía costumbrista imperante, actividad en la que cosechó al­gunos premios y galardones: primer premio del certamen anunciador de la Exposición Nacional del año 1926, premio nacional convocado por la Casa Ibarra, y los premios al cartel anunciador de las fiestas locales de Zaragoza, Barcelona, Córdoba y la propia Sevilla. Sin embargo, el primer gran reconocimiento hubo de venirle en el año 1939 cuando realiza en San Sebastián su primera exposición individual a partir de la cual se van a suceder sus logros profesionales y académicos. En efecto, en 1945 va a ser segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes por su lienzo Retrato del profesor doctor Urrea, y en la de 1948 la primera medalla por La lección de los seises, actual­mente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Por otro lado, en 1943 obtuvo la cátedra de Procedimientos Técnicos de la Pintura, en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, en donde se mantuvo hasta su jubilación en 1970. El 8 de mayo de 1945 es nombrado académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla, para la que realizó, en señal de gratitud, un mural que representa a su titular Santa Isabel de Hungría. La recepción pública no se produjo hasta el 19 de noviembre de 1956, con un discurso que trató sobre la "Actualidad y enseñanza de la pintura al fresco" verdadero manifiesto de sus ideas sobre esta técnica y sus experiencias al respecto. En 1967 fue nombrado correspondiente de la Real Academia de San Fernando de Madrid, cargo que conllevó el ser vocal de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos Artísticos, habiendo recibido el año anterior la encomienda de Alfonso X el Sabio.
     Dentro de la práctica de carácter academicista-costumbrista de herencia decimonónica que se realizaba en la ciudad en la primera mitad del siglo XX -y no sólo en el ámbito de la pintura- Juan Miguel Sánchez Fernández va a ser uno de los escasos pintores del momento en cuya producción se advierten algunos intentos de aproximación a la plástica moderna. De Gustavo Bacarisas, de quien fue discípulo, toma su riqueza colorista que reinterpretó con gran habilidad en una rica y luminosa paleta. Con buenas dotes de dibujante, en sus formas se observa una constante tendencia al esquematismo geometrizante que configura sobrias volumetrías de evocación cubista. Aunque sin apartarse nunca de la figuración aplicó en sus composiciones acusados cortes planos al modo constructivista lo que unido a su destreza compositiva le sirvió para obtener vigorosas imágenes muy apropiadas para ser vistas de lejos, cuyos mejores ejemplos los encontramos en su producción muralista. En definitiva, como indicó Ana Guasch, hizo "compatible una temática localista y regionalista con unos conceptos formales en los que afloraba lo constructivo... redujo el cuadro a sólidos volúmenes, donde el color quedaría engarzado dentro de las simples y concretas áreas".
     Si bien el aspecto más destacado de su producción es la pintura mural sin embargo, con su cuidado oficio, Juan Miguel Sánchez practicó la pintura de caballete en una amplia gama de aspectos temáticos: paisaje, retrato, bodegón, cuadro de costumbres. Asimismo trabajó el cartel en sus años juveniles, técnica con la que consiguió algunos galardones, como los que reseñamos anteriormente. En sus retratos se aprecia un estilo conciso con un correcto tratamiento de las formas y el color si bien denotan poca emotividad interior. Entre ellos podemos citar el Retrato de su mujer (1943) donado al Museo de Bellas Artes de Sevilla por el artista; el Retrato del profesor doctor Urra, con la que obtuvo una segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes en el años 1945 y los elogios del pintor Daniel Vázquez Díaz; Retrato de Joaquín Romero Murube (1945). Entre sus obras de carácter costumbrista citaremos dos con las que participó en Exposiciones de Bellas Artes de Sevilla: La joven de los pendientes (1922) y La gitana de los ojos verdes (1923). Con el lienzo La lección de los seises (Museo de Bellas Artes) va a obtener en la Exposición Nacional de 1948 la primera medalla, obra de rico colorido aunque de carácter anecdótico y localista en la que se incluye el retrato del entonces maestro de capilla, D. Norberto Almandoz Mendizábal que instruye a los niños seises en el coro de la catedral sevillana. En el año 1943 el pintor participa en la exposición colectiva en el Ateneo con un luminoso Bodegón, e inaugura la sala de exposiciones "Galería Velázquez" con una muestra individual con los más variados asuntos: floreros y bodegones, retratos de gitanillos y su propio autorretrato, recibiendo una elogiosa crítica.
     Pero sin duda es la pintura mural el aspecto más destacado de la producción del pintor, técnica de la que fue un gran conocedor como puso de manifiesto en la ejecución de sus obras y de forma teórica en su discurso de ingreso a la Academia de Bellas Artes. Una práctica sin apenas cultivadores dentro de la escuela sevillana desde inicios del siglo XIX que Juan Miguel Sánchez ejercitó profusamente y con un estimable nivel de calidad, dominando no sólo el fresco sino también la encáustica y el temple. En su discurso hallamos ideas que muestran el interés por establecer una vía de aprendizaje y transmisión de los trabajos al fresco, del estudio de los materiales utilizados y la metodología empleada en la ejecución de sus obras, en un deseo de "divulgar esta antigua técnica de pintura mural, después de tanto tiempo olvidada y tantas veces desprestigiada por culpa de falsas manipulaciones". Partiendo de la técnica romana descrita por Vitrubio, da a conocer las principales características del procedimiento pictórico, señalando su "gran valor plástico... y las posibilidades sin límites que al practicarla nos ofrece..", "posee de la acuarela su fresca y fluida transparencia, del temple y el pastel el mate impecable y etéreo, y de la encáustica y el óleo su extraordinaria fuerza plástica", en suma hace una trascripción escrita como constancia de sus experiencias y conocimientos: elaboración y empleo de los colores, preparación del paramento en dos fases, repellado y revoque, y de enlucido y estucado, así como la posterior tarea de aplicar el dibujo y el color siguiendo las instrucciones de los tratadistas clásicos como Cennino Cennini, todo ello expuesto con sumo detalle y claridad.
     Como esbozo de catálogo, indicamos algunos de los murales ejecutados por el pintor:
• Pinturas del vestíbulo de la estación de autobuses del Prado de San Sebastián de Sevilla, (1941).
• Decoración mural de la parroquia de la barriada cordobesa de la Electromecánica, (1945).
• Frescos del coro de la iglesia de San Luis de los Franceses de Sevilla, (1949).
• Conjunto decorativo del Bar Plata de Sevilla (desaparecido).
• Decoración de la Horchatería Fillol (desparecida).
• Decoración de su domicilio en la calle Matahacas (desaparecida).
• Frescos en el edificio de Radio Nacional de España, (1951) (desapare­cidos a comienzo de los años 70).
• Frescos de la capilla mayor de la parroquia de la barriada Elcano de Sevilla, con colaboración de sus alumnos de Bellas Artes, (1953).
• Decoración del vestíbulo de la empresa Elcano en la avenida de Moliní, Sevilla, (1954).
• Decoración de la fachada del Banco Vitalicio de la plaza Nueva (desaparecida).
• Un fresco en el patio del Hospital de la Caridad.
• Decoración de la Capilla de la Real Maestranza de Caballería, de Sevilla, (l956).
• Mural dedicado a Santa Isabel de Hungría, en la  Academia de Bellas Artes de Sevilla (1956).
• Decoración de la parroquia de Santa Teresa de Jesús en la plaza de las Moradas de Sevilla, (1961) (Matilde Fernández Rojas, Las Pinturas murales de Juan Miguel Sánchez Fernández en la Estación de Autobuses del Prado de San Sebastián de Sevilla, en Archivo Hispalense. 2ª época. 20010 Tomo LXXXIV. núms. 256-257. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2001.)
Conozcamos mejor la biografía de Juan Miguel Sánchez, autor de la obra reseñada;
     Juan Miguel Sánchez Fernández, (El Puerto de Santa María, Cádiz, 17 de agosto de 1899 – Sevilla, 28 de julio de 1973). Pintor, ceramista, muralista, ilustrador y cartelista.
     Su vocación por el dibujo y la pintura despertó en él siendo muy joven, por lo que fue matriculado antes de cumplir nueve años en la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, de El Puerto: “La vocación por la pintura se despierta en mí desde muy pequeño. Una caja de colores fue siempre mi juguete favorito. Convencidos mis padres de que nada me interesaba tanto como la pintura, sin cumplir aún los nueve años, ingresé en la Escuela de Bellas Artes de Santa Cecilia de mi pueblo, El Puerto de Santa María, donde al mismo tiempo que el dibujo y la pintura estudié un poco de música. Con las mejores notas y algunos premios, terminé mi primera etapa de aspirante a pintor con una preparación suficiente para pasar a completarla en ambiente más propicio”.
     En 1918 marchó a la capital hispalense, donde estudió por libre en la Escuela de Artes y Oficios, y donde tuvo por maestro a Virgilio Matón y, más tarde, a Gonzalo Bilbao. Posteriormente ingresó, gracias a un brillante ejercicio, en la sección de Bellas Artes del Ateneo sevillano, donde conoció a Gustavo Bacarisas, pintor consagrado. Conoció a los jóvenes pintores Miguel Ángel del Pino Sardá, José Martínez del Cid y Enrique Pérez Comendador.
     Por la década de 1920 estaba en pleno apogeo el cartel, y a él se dedicó Juan Miguel con gran entusiasmo. En el cartel de Semana Santa y Feria de Sevilla de 1925, “Juan Miguel Sánchez nos muestra a su Eva flamenca erguida y solemne con la mantilla al viento, un amplio abanico en la mano y una Sevilla estrellada al fondo...”. Obtuvo gran cantidad de galardones como el primer premio en el concurso nacional para carteles anunciadores de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1926. Participó asimismo, por primera vez, en dicha exposición, con dos obras, consiguiendo una medalla de tercera clase, en Arte Decorativo, con un cartel titulado Aurora sevillana, que fue adquirido por el Estado. Participó en la Exposición Nacional, sección de Arte Decorativo, en 1932.
     En la Exposición de 1934 participó, en la sección de Pintura, con una obra. En 1936 participó en la sección de Pintura, con dos obras. Exposición que coincidió con el inicio de la Guerra Civil, lo que no hizo posible que se concedieran premios. En 1938 pintó unos murales para la capilla de la barriada cordobesa de la Electromecánica. Su primera gran exposición tuvo lugar en San Sebastián en 1939.
     En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1941 volvió a concurrir con dos obras. Ese mismo año realiza los murales en el vestíbulo de la estación de autobuses de Sevilla. Un año después, en 1942, expuso en Barcelona en la célebre Sala Gaspar, un total de treinta y cuatro cuadros, entre ellos los siguientes: Cal y luna, La cacharrera, Callejón de la parra, La fuente del patio, Salida al mercado del jueves, En el Rocío, La fuente del mercado, Por alegrías, Bailaora y guitarrista, Pase de seguidillas, Chaval con naranjas, Perfil gitano, Blandas negras y La del clavel rosa. Estos cuadros de composición figurativa se completaban con tres retratos, un paisaje de Alcalá de Guadaira, siete bodegones y nueve vasos con flores.
     En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1943 participó con una obra. También en ese año, y por oposición, obtiene la Cátedra de Procedimientos Pictóricos, para la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, plaza que desempeñó hasta su jubilación en 1970.
     En 1945 fue nombrado académico numerario de la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla, cuyo discurso de ingreso se tituló: Actualidad y enseñanzas de la pintura al fresco, discurso contestado por José Hernández Díaz.
     En la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1945, concurrió con dos obras: La Novia y el formidable Retrato del profesor doctor Urra, obra esta última con la que obtuvo medalla de segunda clase. Y en la Exposición Nacional de 1948 se presentó, nuevamente, con dos obras: Retrato de mi mujer y La lección de los seises, con esta segunda obtendría, al fin, medalla de primera clase. A propósito de esta obra escribió Bernardino de Pantorba: “Nos parece un óleo de empuje, bien pintado y dentro de un tema evidentemente muy comprometido, con dificultades que el diestro pincel de Juan Miguel ha sabido vencer gallardamente”.
     En Sevilla consiguió varios premios en los concursos de carteles de las fiestas de primavera (1925, 1929, 1931, 1942, 1944) y el de Semana Santa (1948). Fue premiado asimismo en un concurso nacional convocado por la casa Ibarra. Artista completo y bien dotado, cultivó otros géneros como la cerámica, con grandes aciertos.
     Posteriormente se dedicó a la decoración mural, sin abandonar por ello la pintura de caballete. En 1950 participó en la Bienal de Venecia. En 1952 realizó el cartel para la Feria de Primavera de El Puerto de Santa María. Entre sus obras cabe destacar un Autorretrato, en actitud de pintar, al que hace referencia Juan Antonio Gaya Nuño en su obra Autorretratos de artistas españoles.
     Participó en el Exposición de Otoño de 1955, con un bodegón floral, consiguiendo el Premio Valdés Leal, que compartió con el catalán Antonio Vila Arrufat. Dicha obra forma parte de los fondos de la Diputación hispalense.
     A los pocos días de su muerte escribía Manuel Olmedo en ABC: “Discípulo predilecto de Gustavo Bacarisas, Juan Miguel ha producido una pintura cálida y vibrante, dechado de elegancia, vivo reflejo de una profunda distinción espiritual, exaltadora de la trascendente dimensión decorativa de una obra que no ha sido creada para producir inmersiones en las esferas del subconsciente ni para promover inquietudes existenciales, sino para deleite de los ojos y gozo del alma”.
     Una calle en Sevilla y, otra, en El Puerto de Santa María, su ciudad natal, recuerdan su nombre (Francisco Manuel Arniz Sanz, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las pinturas murales, de Juan Miguel Sánchez, en el vestíbulo de la Estación de Autobuses del Prado de San Sebastián, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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jueves, 30 de julio de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de San Sebastián, y Dolmen) de la localidad de Arenas del Rey, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Sebastián, y Dolmen) de la localidad de Arenas del Rey, en la provincia de Granada.
     Levantada sobre un declive del terreno, al pie de la montaña y a orillas del embalse de los Bermejales, la actual población de Arenas del Rey apenas tiene poco más de un siglo, tras haber sido completamente arrasada por el fatídico terremoto del 25 de diciembre de 1884 que también acabó con la vida de gran parte de sus vecinos.
     Fue reconstruida y el núcleo más moderno del municipio es el llamado Poblado del Embalse, que fue levantado en la década de 1960. Se ubica junto al dique de la presa, en uno de los parajes naturales más espectaculares de la comarca, al inicio de la gran garganta del río Cacín y en medio de un frondoso bosque de coníferas. El embalse, además de suministrar riego a toda la comarca y las vegas bajas de Granada, constituye un centro recreativo y deportivo de primer nivel. Durante el verano se convierte en uno de los destinos más solicitados para las colonias infantiles y juveniles que organizan las diferentes instituciones públicas de la provincia.
     Región: Poniente Granadino
     Código Postal: 18126
     Distancia desde Granada: 44 Km
     Gentilicio: Arenuscos
     Acceder a su website: www.alpujarradelasierra.es (Diputación Provincial de Granada).
     Localidad asentada junto al actual embalse de los Bermejales, su historia se vincula con la presencia romana y posteriormente musulmana en la zona. El núcleo originario fue destruido por el terremoto de 1884. Anexas a esta población están las de Fornes y játar. En la primera destaca la denominada Ermita de la Resinera, dedicada a San Vicente, con una importante fiesta de carácter devocional en el mes de agosto. En lo que se refiere a játar hemos de señalar que sufrió mucho en el terremoto del siglo XIX, reconstruyéndose con fondos procedentes de Cataluña, región que da nombre como agradecimien­ to a su plaza principal. (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Arenas del Rey se encuentra situado al suroeste de la provincia de Granada, cuyo territorio se extiende por un conjunto de cerros y lomas que conforman las Tierras de Alhama hasta alcanzar, al sur, la imponente mole de la Sierra Tejeda-Almijara. La villa de Arenas del Rey se encuentra ubicada, desde el punto de vista fisiográfico, en la cabecera del río Cacín, concretamente al pie de la Sierra de Játar, junto al embalse de Los Bermejales.  Su término municipal cuenta con algunos núcleos adscritos, como son Játar, Fornes y Los Bermejales.
     El municipio de Arenas del Rey pertenece a la Demarcación Paisajística de Vega de Granada y Alhama (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
     Merece la pena visitar Arenas del Rey, en el Parque Natural Sierra de Tejeda, Almijara y Alhama, con vistas al pantano y con preciosos paisajes y rutas de senderismo. Se creó tras el terremoto de 1884 (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Granada. Anaya Touring. Madrid, 2009).
Historia.-
     Se mantienen vestigios de la presencia romana, árabe y cristiana, pero no hay mucha información hasta llegar a la época moderna. En el siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia fue ocupada por soldados franceses. En 1884 su núcleo urbano fue asolado por un terremoto, que destruyó el pueblo casi en su totalidad. En 1898 se inicio la reconstrucción a unos 500 metros de su antiguo emplazamiento con dinero procedente de donativos de todo el país e incluso del extranjero (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de San Sebastián.-
     Templo de tres naves y capilla mayor, se construye en 1887 tras el terremoto de 1884, gracias a las donaciones de la ciudad de Barcelona. Su interior, ecléctico, combina elementos pertenecientes al neorrománico y al neomudéjar, pro­pios de esta etapa constructiva. Está rodeada por un frondoso jardín (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La iglesia de Arenas del Rey fue levantada, como todo el pueblo, en el siglo XIX debido a que el terremoto sucedido en la zona en el año 1884 asoló toda la población. Al igual que otras iglesias, durante la Guerra Civil fue expoliada y se perdieron muchas de las imágenes religiosas, de las cuales, se pudieron recuperar bastantes con el paso del tiempo (Diputación Provincial de Granada).

Dolmen.-
     Se trata de un importante núcleo megalítico situado en la cuenca del río Cacín, entre los términos municipales de Arenas del Rey y Alhama de Granada. Las primeras publicaciones se realizaron en 1969 y las intervenciones en la necrópolis continuaron hasta 1974, con una pequeña intervención en 1986. No se ha encontrado ningún poblado asociado, aunque esto puede deberse a la propia situación de la presa.
     Esta necrópolis esta formada por siete núcleos en los que se agrupan los diferentes monumentos. Estos grupos están emplazados sobre lomas que se disponen a ambos lados de la angosta garganta del río. Se trata, entre otros, de los grupos del Cortijo del Cura, el Cortijo de Bartolo, Cortijo de Liñán, Cortijo de los Vínculos, Cortijo de la Navilla.
     La necrópolis del pantano de los Bermejales estaba compuesta por cerca de veinte monumentos megalíticos, de los cuales hoy día solo se conservan la mitad. La forma de estos megalitos es muy variada, aunque predominan las cistas y las cámaras sin corredor de forma rectangular. Por el contrario, son menos frecuentes los sepulcros con corredor, pudiéndose hablar en algunos casos de galerías segmentadas. Las dimensiones de las cámaras suelen ser pequeñas, también por el predominio de cistas. Algunos megalitos fueron reutilizados durante la Edad del Bronce.
     Están construidos en piedras de diferente tipo que proceden de las inmediaciones, donde hay una gran diversidad de fuentes de suministro. La baja altura de los túmulos ha conducido a la desaparición casi total aunque existen indicios sobre su existencia como los anillos de piedras, tal vez no el más exterior (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Se trata de un enterramiento funerario situado junto a la orilla del Pantano de los Bermejales. Fue desplazado de su ubicación original y reconstruido piedra a piedra donde ahora se encuentra para evitar que quedase sepultado bajo las aguas del embalse (Diputación Provincial de Granada).

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Más sobre la provincia de Granada, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 19 de julio de 2026

Los principales monumentos (Cueva de Siete Palacios, Iglesia de la Encarnación, Castillo de San Miguel, Ermita de San Sebastián, Arquitectura civil y militar, Acueducto Romano, Columbario Romano, Fábrica Romana de Salazones, Necrópolis fenicia Puente de Noy, y Palacete de La Najarra) de la localidad de Almuñécar, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Cueva de Siete Palacios, Iglesia de la Encarnación, Castillo de San Miguel, Ermita de San Sebastián, Arquitectura civil y militar, Acueducto Romano, Columbario Romano, Fábrica Romana de Salazones, Necrópolis fenicia Puente de Noy, y Palacete de La Najarra) de la localidad de Almuñécar, en la provincia de Granada.
     Almuñécar está considerado como uno de los puntos de más atractivo turístico de la costa andaluza. No en vano su litoral es conocido con la marca de Costa Tropical, un nombre acorde con sus extensas playas, sus condiciones climáticas y su exuberante vegetación de tipo tropical y subtropical. Una combinación única no sólo en la Península Ibérica, sino en todo el continente europeo.
     Situada en plena Costa Tropical, muy cerca de la provincia de Málaga, posee 19 Km. de costa divididos en 26 playas y sus temperaturas no bajan de los 16 grados en invierno, ni suben de los 35 en verano. Entre sus playas el visitante podrá encontrar varias rebosantes de visitantes y servicios, remotas calas solitarias e incluso una donde practicar el naturismo. La oferta de actividades relacionadas con el mar es completísima. Desde cursos de buceo, vela, windsurf o kayaks hasta el alquiler de motos acuáticas o excursiones y chárteres marinos. Cuenta además con un puerto deportivo con servicios de alquiler de atraques y embarcaciones.
     Para los aficionados de la naturaleza, Almuñécar también cuenta con un gran número de atractivos. Uno de ellos es el Complejo Ecológico Peña Escrita situado en un balcón natural a 1.100 metros de altitud, desde donde se puede divisar las estribaciones de Sierra Nevada, el paisaje alpujarreño y la fusión del valle tropical con el Mediterráneo. En este recinto de iniciativa municipal existe una reserva de animales. Es también un lugar ideal para practicar todo tipo de deportes al aire libre como senderismo, bicicleta de montaña o parapente.
     Las fiestas tradicionales de Almuñécar son coloridas y variadas, como los carnavales, con el tradicional entierro de la sardina. Entre los numerosos actos festivos que celebra la población es digno de una mención la Fiesta en honor a la Virgen de la Antigua. En este acontecimiento los vecinos conmemoran la victoria de Lope de Valenzuela sobre el morisco Aben Aboo que tuvo lugar en 1569, a la vez que agradecen la milagrosa intercesión de su patrona. La procesión que se celebra de noche y por mar llega hasta la playa Puerta del Mar. Numerosas embarcaciones engalanadas acompañan a la Virgen en este recorrido que finaliza con un extraordinario castillo de fuegos artificiales en los Peñones del Santo.
     Región: Costa Tropical
     Código Postal: 18690
     Distancia desde Granada: 70 Km
     Gentilicio: Almuñequeros o Sexitanos
     Acceder a su website: www.almunecar.es (Diputación Provincial de Granada).
     Almuñécar es uno de los centros arqueológicos de mayor interés de la provincia, ya que cuenta con numerosos restos de la civilización fenicia, romana e islámica, sin excluir otros hallazgos esporádicos de cultura ibera, griega y hasta egipcia, fruto de una intensa actividad comercial desde tiempos muy remotos. Los restos más antiguos se remontan a la época fenicia, hacia el siglo VIII A.C., en que fue fundada Sex o Sexy. A esta época corresponden las necrópolis de Laurita, Velilla y Puente del Noy, con diversidad de tipologías funerarias y que han dado unos ajuares interesantísimos. A partir del siglo I de la era cristiana, en pleno auge de la civilización romana, se inicia su época de mayor esplendor, siendo denominada como Municipium Firmum Iulium Sexi. Son varios los monumentos conservados de este momento y en recientes excavaciones continúan apareciendo nuevos restos. A la cabeza debemos situar el acueducto, que alcanzaba más de siete kilómetros y hoy en día conserva bastantes tramos de su estructura. Está realizado con lajas de pizarra y mortero de cal, presentando arcos sencillos o dobles, dependiendo del terreno. Se construyó en el siglo primero de Cristo para cubrir las necesidades del abasto de la localidad y en especial de la cada vez más floreciente industria del salazón. Esta ocupación económica ha dejado un testimonio importante en el parque del Majuelo, donde se han excavado e identificado las piletas que sirvieron, entre los siglos I y V después de Cristo, para la manufactura del pescado y el famoso garum (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El municipio de Almuñécar se sitúa al sur de la provincia de Granada, entre la Sierra Almijara y el mar Mediterráneo. La ciudad se encuentra al pie de la sierra, en un cálido valle formado por los ríos Seco y Verde, donde conviven los cultivos tropicales con la actividad turística. Los núcleos más importantes, además de la cabecera municipal, son La Herradura y Velilla, junto a la costa; hacia el interior hay multitud de diseminados como La Gelibra, Río Seco, El Cerval y El Rescate. La mayoría de estos núcleos han crecido fundamentalmente al abrigo del turismo veraniego, sobre todo los asentados en la franja costera, contando con un número muy elevado de viviendas secundarias.
     El municipio de Almuñécar pertenece a la Demarcación Paisajística de Costa Granadina.
     El término municipal de Almuñécar se localiza al suroeste de la provincia de Granada. Limita por el norte con el municipio de Otívar, por el este con los municipios de Jete, Ítrabo y Salobreña, por el este con el municipio de Nerja y por el sur con el Mediterráneo. Se desarrolla desde la falda de la Sierra de Cázulas hasta el mar, quedando definido por esta proximidad del litoral y la montaña, elementos que le confieren unas características propias. 
     Por lo que se refiere al núcleo urbano, su emplazamiento físico viene condicionado por la existencia de un pequeño grupo de colinas que se levantan frente al mar, delimitadas a este y oeste por los ríos Verde y Seco, rodeadas por las estribaciones de la Sierra de la Almijara. Esta cadena de pequeñas elevaciones llegan a adentrarse en el Mediterráneo, destacando el Peñón del Santo, junto a los de Enmedio y de Fuera, que permanecen unidos a tierra firme por una estrecha franja, antes de playa, que ahora forma parte del Paseo de Prieto Moreno. 
     Esta orografía, de fácil defensa y posición estratégica en el litoral, ofrece unas condiciones óptimas para el establecimiento de los sucesivos asentamientos humanos, que han estado presentes en la zona de forma ininterrumpida desde al menos el II milenio a.C., momento del establecimiento de colonias fenicia y púnica. Los primeros vestigios materiales de un asentamiento estable en el actual casco urbano de Almuñécar, hallados en la parte más alta de la ciudad, el cerro de San Miguel y sus alrededores, pertenecen al Bronce Final. Entre la calle Real y la calle Derrumbadero aparecieron, igualmente, restos de cerámicas a mano de este mismo periodo. Así mismo, la Cueva de Siete Palacios también ha proporcionado información para este periodo. Se trata de un conjunto de materiales arqueológicos correspondientes a una población indígena ya asentada en torno al año 700 a.C. 
     Las primeras pruebas arqueológicas de la instalación de un contingente fenicio en Almuñécar se encuentran en la necrópolis descubierta en el cerro de San Cristóbal, conocida como necrópolis Laurita, sobre el extremo occidental de la ensenada de poniente. Los materiales encontrados, entre los que destacan los vasos de alabastro egipcios con inscripciones jeroglíficas, reflejan un intenso comercio en esos momentos con otros puntos del Mediterráneo. A partir del siglo VII a. C., se produce el abandono de esta necrópolis para nuevamente ser utilizada la zona de Puente de Noy como cementerio hasta el siglo I a.C. 
     Esta área resulta de especial interés por dos aspectos concretos: su amplio abanico cronológico que abarca desde la segunda mitad del siglo VII a.C. hasta el siglo I a.C. enlazando, por tanto, con la romanización y la utilización de rituales de enterramiento tanto de incineración como de inhumación. 
     En cuanto a las actividades económicas parece que se debe a estas comunidades fenicio-púnicas el inicio de la industria de salazones de pescado en la zona, actividad que es imposible separar de las prácticas e intercambios comerciales. Las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en la factoría de El Majuelo localizaron los niveles de fundación de la factoría, con cerámicas púnicas, griegas, ibéricas y campanienses que, a pesar de no estar asociadas a estructuras, parecen remontar la fundación de la factoría a finales del siglo IV a. C.  e incluso a principios del V a.C.
     A las evidencias arqueológicas hay que añadir las referencias de las fuentes antiguas a las salazones sexitanas tales como las de Dífilo de Sinope, poeta griego de los siglos IV-III a.C., o Estrabón, hacia el siglo I a.C  en uno los volúmenes de su obra Geografía. 
     El asentamiento fenicio-púnico será consolidado como núcleo urbano bajo la dominación romana. La importancia de Almuñécar en época romana es, sin duda, fruto del desarrollo alcanzado en momentos anteriores. En este momento ya se puede hablar de una ciudad organizada, que posee una industria de salazón de pescado estable. A partir del año 49 a.C. se le otorgó a Almuñécar el estatuto de municipio de derecho latino. Esta concesión parece coincidir con un periodo de gran esplendor económico en la ciudad, hecho que se vio reflejado en el ámbito urbanístico, con una transformación dirigida a la redefinición de su organización urbana. Es durante el siglo I d.C. cuando se han fechado algunas de las grandes obras constructivas que aún hoy son apreciables en el paisaje urbano de la ciudad, y que fueron elementos esenciales en la estructura urbana de la Almuñécar romana: el acueducto, el complejo situado en el área de la Plaza Eras del Castillo, posible foro, del que formaría parte la denominada Cueva de Siete Palacios y la factoría de salazones de El Majuelo. 
     Con posterioridad el enclave almuñequero tendrá un lugar destacado en al-Andalus. Su carácter estratégico queda evidenciado con la construcción de la fortaleza del castillo de San Miguel. Su localización entre las dos grandes ciudades, Almería y Málaga, además de la existencia de dos grandes ensenadas a poniente y levante, llevaron a Almuñécar a desempeñar durante la Edad Media un importante papel dentro de la línea de comunicación marítima en esta zona del Mediterráneo. 
     Será en los siglos X-XI cuando comience a detectarse el resurgimiento de la ciudad islámica en Almuñécar, tras la pérdida de su carácter urbano durante los siglos VII al VIII. Durante la época califal se produce la reocupación del cerro del Castillo que junto con la aparición de un gran número de materiales de los siglos IX al X en la Cueva de Siete Palacios, evidencian una ocupación consolidada del cerro de San Miguel. La primera muralla parte del cerro del Castillo y rodea toda la mitad superior del cerro de San Miguel, conservándose en la actualidad varios tramos y torres de esta cerca. 
     En época nazarí, la medina habría sobrepasado estos límites hacia el norte y el este, con lo que se hace necesaria la construcción de una segunda muralla que integra elementos de la primera en aquellos puntos donde no era posible una extensión del asentamiento, como eran las vertientes que dominan la ensenada de levante y El Majuelo. Se refuerza además el sistema defensivo, creando en la costa una red de torres-atalayas, a lo que hay que añadir el fortalecimiento de las defensas urbanas. De esta cerca nazarí se conservan algunos restos en la zona del parque de El Majuelo, sobre los vestigios de la factoría romana. 
     Con posterioridad, existe un documento esencial para el conocimiento de la ciudad de Almuñécar, su organización y su urbanismo, se trata del Libro de Repartimientos de la ciudad, escrito entre los años 1491 y 1497. De la lectura de este documento es posible entender la traza general de la medina nazarí. Así, sabemos que los castellanos se asientan en la parte baja de la ciudad, quedando esta dividida en dos colaciones, la de Santa María, en la que se localizaban las dos principales vías de acceso a Almuñécar: la Puerta de Vélez y la Puerta de Granada, y la de Santiago, donde se concentraba la mayor parte de la actividad comercial. La primera se situaba en torno al cerro de la Iglesia y la segunda en la más zona próxima al mar. La calle Real constituiría el eje principal de la ciudad, sirviendo de unión entre las dos colaciones. 
     En cuanto al cerro de San Miguel, parece que estuvo ocupado casi en su totalidad por la judería hacia levante, la morería en la otra parte de la colina; y por supuesto, por la alcazaba. 
     Tras la conquista castellana la ciudad cae en un lento declive, aunque mantiene su carácter defensivo y estratégico, como lo evidencia las reformas en el castillo de San Miguel, con un papel destacado frente a los piratas berberiscos. Durante el siglo XVII el centro de la ciudad se va transformando, tras una serie de demoliciones y transformaciones de edificios, en un conjunto de nuevas edificaciones en las que dominan las de carácter religioso, como el establecimiento de la orden religiosa que fundó el convento de Mínimos o la construcción de la iglesia de la Encarnación, y administrativo. 
     A finales del siglo XVIII, se produce un cambio radical en el sistema productivo agrario. Es el momento de florecimiento y expansión del cultivo de la caña de azúcar y la construcción de trapiches. Por orden de antigüedad en su construcción, en el entorno de la ciudad se localizaban: el trapiche de la barriada de San Sebastián, el de San Rafael y el de Nuestra Señora de la Encarnación. 
     A mediados del siglo XIX, con la desamortización de Mendizábal se producen importantes cambios y remodelaciones urbanas. El convento de los Mínimos, y sus propiedades anejas, desaparecerán y sus propiedades serán fragmentadas y vendidas. 
     Desde los primeros años del siglo XIX, y hasta principios del XX, la caña de azúcar, es prácticamente un monocultivo de toda la costa granadina, ocupando la mayor parte de las vegas fértiles. No obstante, en el último cuarto del siglo pasado fueron sustituyéndose por otros cultivos de subtropicales y por el desarrollo urbano y turístico. 
     Todo este bagaje histórico ha dejado su impronta en la ciudad tanto en la existencia de restos y arquitecturas identificables de cada momento, como en la propia morfología del casco urbano histórico perfectamente identificable en el contexto total de la ciudad, ya que los desarrollos más recientes se han generado a espaldas de la ciudad histórica, lo que ha permitido que se mantengan con cierta entidad sus valores más esenciales. 
     La delimitación del Conjunto Histórico de Almuñécar se realiza a partir de los límites del segundo recinto amurallado nazarí (siglos XIV-XV), claramente diferenciado del resto de la ciudad por las características propias de la morfología urbana y orografía de la ciudad histórica. A esto se une la ampliación de la ciudad del siglo XVII en torno al desaparecido convento de Nuestra Señora de la Victoria o de San Francisco de Paula. Se incluyen igualmente tanto el Peñón del Santo como los otros peñones menores, como parte de la configuración paisajística de la ciudad desde sus orígenes fenicios hasta la actualidad, ya que realmente constituyen uno de los más significativos elementos identificadores de la imagen urbana de Almuñécar. Este trazado, paralelo a la muralla extramuros, se marca para poder recoger una primera línea parcelaria adyacente al lienzo murario que crea un espacio circundante de protección tanto visual como física. Solo aparecen dos espacios que se distancian de la línea de muralla, al oeste, la factoría de salazones de El Majuelo, y al este, el arrabal del convento de la Victoria. 
     Tanto en el interior como en los bordes de este espacio acotado se distribuyen un repertorio de vestigios arqueológicos, arquitectónicos y artísticos de diferentes estilos y épocas, como testigos materiales del intenso y fructífero bagaje cultural que ha caracterizado la historia de Almuñécar. Entre estos elementos destacan los yacimientos argáricos, fenicios y romanos, las diferentes necrópolis, la factoría de salazones de El Majuelo y la Cueva de los Siete Palacios; los restos de las murallas, el castillo de San Miguel, la iglesia parroquial de la Encarnación, los restos del antiguo convento de la Victoria, así como muestras de primer orden de la arquitectura hidráulica romana y renacentista como son las termas y el acueducto de la Carrera y el pilar existente en la Calle Real.
     La arquitectura privada del núcleo de carácter residencial y promoción burguesa, vinculada estilísticamente al eclecticismo historicista, es una clara manifestación de la prosperidad económica que caracterizó a la Almuñécar del siglo XIX y principios del XX. 
     Los valores arquitectónicos y artísticos, así como el peso histórico de los hitos y elementos monumentales y populares que componen y definen el casco antiguo resultan trascendentales y traducen fielmente la superposición de las civilizaciones que han forjado la ciudad y la rica historia de Almuñécar. El carácter urbanístico del núcleo respetado desde la Edad Media y a lo largo de los siglos, aporta también valores a través de su trama viaria de líneas irregulares y continuos quiebros. 
     Por tanto, la singularidad topográfica y coherencia de espacios urbanos, relacionados directamente con el Mediterráneo, que nos ha llegado hasta nuestros días de forma bastante reconocible, la presencia de un caserío tradicional conservado en parte y con posibilidades de ser puesto en valor, que convive y cualifica a algunos inmuebles de interés histórico, artístico y cultural, y la historia estable del asentamiento humano a lo largo de los siglos, son motivos que justifican la declaración de Bien de Interés Cultural del Conjunto Histórico de Almuñécar (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
     Recogida inicialmente entre los ríos Verde y Seco, a los pies de la Sierra Almijara, la antigua Sexi contempla plácidamente el Mediterráneo, convertida en el primer centro turístico de la Costa Tropical.
Historia
     Los fenicios, a quienes se debe su fundación en el siglo IX a.C., tuvieron en ella pesquerías y fábricas de salazones. Los romanos ampliaron el nombre fenicio, denominándola Sexi Firmun Julium, potenciaron las industrias salazoneras y pesqueras y la dotaron de agua potable mediante la construcción de un acueducto. En el año 755, tras la invasión islámica, arribó a la playa, procedente de Damasco, el omeya Abd al-Rahmán I, único superviviente del asesinato de su familia por parte de los abasíes, hecho histórico impor­tante, ya que, poco después, Abd al-Rahmán sería proclamado emir de Córdoba. Hisn al-Munakkab, esto es, "ciudad fortaleza" denominaron los musulmanes a la antigua Sexi, denominación de la que proviene su nombre actual.
     El 30 de diciembre de 1489, Almuñécar capituló ante los Reyes Católicos. La consecuente expulsión de los árabes, así como los sucesivos ataques de los piratas turcos, produjeron una rápida decadencia de la ciudad que se prolongó durante varios siglos y de la que no conseguiría recuperarse hasta bien avanzado el siglo XX, gracias, en primer lugar, a los cultivos tropicales y, poco después, a la afluencia masiva del turismo.
Gastronomía
     Los productos del mar sirven de base a la cocina autóctona sexitana, siendo la zarzuela, un guiso de pescado y marisco, el plato más representativo. Interesante, por su sencillez, es también la salamandroña, un guiso a base de sardinas y verduras. Sin embargo, la proximidad del mar no excluye la presencia de las carnes y así, tanto en las casas como en los restaurantes, puede degustarse un plato fundamental: el choto al ajo cabañil. Como no podía ser de otro modo, los cultivos tropicales han propiciado un plato único: la ensalada de frutas tropicales. Ahora bien, la especialidad auténticamente sexitana es la cazuela mohína, un postre elaborado a base de bizcocho y de almendras, entre otros elementos.
Fiestas
     La Semana Santa va ganando en esplendor año tras año. El 3 de mayo, día de la Cruz, se levantan cruces muy adornadas en distintos puntos del caserío.
     La noche de San Juan, del 23 al 24 de junio, se encienden grandes hogueras en las que junto a los enseres viejos, se quema todo lo malo que aconteció durante el año. Luego en la playa, la gente se lava la cara para borrar de ella todo lo negativo y afrontar el nuevo año con entusiasmo renovado.
     El día de la Virgen del Carmen, 16 de julio, se celebra una pintoresca procesión marítima. Las fiestas grandes, con la feria, tienen lugar en torno al 15 de agosto.
VISITA
     Llegando desde Granada por la carretera N 340, lo mejor es dejar el coche en el paseo de Blas Infante, que queda a la entrada de la población. Sólo hay que tener en cuenta que no sea viernes, porque ese día un mercadillo ocupa la totalidad del paseo. El primer sábado de mes se monta igualmente otro mercadillo, pero este bastante más curioso, porque los vendedores, en número increíble y principalmente extranjeros residentes en la zona, ponen a la venta todo tipo de artículos, la mayoría de segunda mano, exótico zoco que, aparte las oportunidades que ofrece, resulta realmente fascinante.
     Desde el paseo Blas Infante, lo mejor es tomar por la avenida Fenicia y seguir por Carrera de la Concepción, a la derecha de cuyo sombreado jardín, se ven restos del acueducto romano perfectamente conservados. En la Carrera de la Concepción está la Casa de la Cultura, depen­diente del Ayuntamiento. Aquí está también la puerta de Granada, por la cual se entra para alcanzar enseguida la plaza Nueva, en la que se levanta la iglesia de la Encarnación, elegante bastión de finales del siglo XVI a base de ladrillo visto y cajones de mampostería, en la que des­taca el campanario, con su noble estam­pa clásica. Diseñada posiblemente por Ambrosio Vico, el interior abandona el modelo mudéjar y sigue el jesuítico sur­gido del Concilio de Trento. Restaurada recientemente, muestra, aunque muy dete­rioradas, algunas de las pinturas murales realizadas en el siglo XVIII. La iglesia perdió la mayor parte de sus enseres durante la Guerra Civil. Se salvó la Virgen de la Antigua, patrona de la localidad, una rara imagen de la Virgen con el Niño, cubiertos ambos con vestidos de plata y pedre­ría, regalo al pueblo de los Reyes Católicos, como quiere la tradición.
     Desde esta serena plaza, la calle Cuesta de la Iglesia, sombreada de palmeras, lleva a la no menos tranquila y airosa de la Constitución, en la que se levanta el Ayuntamiento.
     Bajando por la calle Vélez, se alcanza enseguida la encantadora plaza de los Higuitos, con su fuente y las terrazas de sus dos bares, lugar perfecto para desayunar o para tomar el aperitivo. Por debajo de ella se encuenlra el mercado de abas­tos, moderno y con abundantes puestos de pescado, carne y verduras y, claro está, las deliciosas frutas tropicales de la zona, como mangos, chirimoyas o aguacates. Detrás del mercado, en la plaza de Kuwait, ciudad con la que Almuñécar se encuentra hermanada, se sitúa el acuario.
     La larga avenida de Europa lleva hasta el palacete de la Najarra, preciosa edi­ficación neoislámica, con un delicioso jardín andalusí, en la que se encuentra la Oficina de Turismo. Enfrente se abre una de las joyas de la localidad: el parque El Majuelo, esplendido jardín, en ocasiones casi bosque, con vocación de botánico, en el que conviven una gran variedad de especies arbóreas. Cuenta también El Majuelo con el parque escultórico Sirio, inau­gurado en octubre de 2006, como resul­tado del encuentro de escultores sirios y sexitanos en octubre de 2005. Cuenta con un auditorio. Y cuenta, sobre todo, con los imponentes restos de la factoría de salazones fenicia, que luego utilizaron también los romanos.
     La avenida de Europa desemboca en la serena playa de San Cristóbal, una de las varias con las que cuenta la población. Caminando a la izquierda por el paseo, de alcanza la plaza de Abderramán, con sus palmeras y el poderoso ejemplar de ficus. Enfrente de esta plaza está el peñón del Santo, desde cuya altura se obtienen preciosas vistas y al pie del cual hay una formidable estatua de Abderramán I. La gran cruz plantada en la cumbre data de 1900 y hoy constituye una de las estampas características de la ciudad.
     Detrás de la plaza se sitúa el parque ornitológico botánico LoroSexi, esmerado jardín que trepa por la ladera del castillo, en el que se congregan alrededor de mil quinientos ejemplares de doscientas diferentes especies de aves, muchas de ellas de origen tropical.
     El paseo prosigue, ahora con el nombre de Prieto Moreno, frente a la playa de la Caletilla, que enlaza con la de Puerta del Mar. Aquí se encuentra el monumento a los Fenicios, fundido en bronce por Miguel Moreno Romera. Esta es una zona muy concurrida de copas, con pubs que montan la barra sobre la misma arena de la playa. Por encima del paseo del Altillo, más allá de la plaza Rosa, se encuentran las plazas anexas de Kelibia y Damasco, otros dos buenos lugares de diversión nocturna.
     Desde aquí, la animada Cerrajeros asciende rápidamente hacia el casco histórico, dejando a la derecha, la plaza de los Carrascos, a un paso de la cual, eso sí, empinado, se alcanza la cueva de Siete Palacios*, espectacular construcción de origen romano, perteneciente, probablemente, al Foro del que estuvo dotada la ciudad. En la actualidad, bajo las sobrecogedores bóvedas, se ha instalado el Museo Arqueológico en el que se reúne una variada colección de objetos que abarcan desde la cultura argárica, en el Bronce final, hasta la época del islam.
     Las calles por aquí son en su mayoría empinadas, estrechas, y muy blancas, como corresponde al trazado agareno que siguen conservando. Subiendo por Nuestra Señora del Carmen, se descubre el castillo de San Miguel, en lo más alto del cerro. Al exterior muestra una potente estampa, con sus muros de mampostería y mortero y sus almenas piramidales. La construcción se remonta a la época islámica, aunque es más que posible que en este mismo lugar existiera una fortaleza romana levantada, a su vez, sobre otra púnica. Posteriormente, dado su valor estratégico, ha sufrido numerosas reformas y adaptaciones, realizándose en la actualidad distintos trabajos de investigación arqueológica. En el interior, lo más sobresaliente son los restos de un palacete nazarí, las mazmorras, excavadas en la roca y un pabellón de estilo neoclásico, construido en el siglo XVIII y adaptado actualmente como Museo de la Ciudad.
ALREDEDORES
     A las afueras de la ciudad y a un lado y a otro de la carretera del Suspiro del Moro, que lleva a Otívar, pueden verse nuevos restos del acueducto romano, así como, en el lado derecho, un Columbario o enterramiento de urnas cinerarias, en la Torre del Monje, igualmente romano.
     En el parque de Puente Noy, por debajo de la N 340, se encuentra la necró­polis fenicia del mismo nombre, que estuvo en uso desde el siglo VIII a.C. al I d.C. y en la que hasta el momento se han localizado nada menos que 132 tumbas.
     Siguiendo la N 340, rumbo a occidente, a unos tres kilómetros, una desviación a la izquierda lleva a la punta de la Mona, en la que además del faro y una encantadora playita, se encuentra el puerto deportivo Marina del Este, con 227 amarres. A otros tres kilómetros más allá de la desviación está La Herradura, pedanía de Almuñécar y actualmente privilegiado lugar de vacaciones, en el que, junto a su buena playa, en el centro de la cual se encuentra el monumento a los hombres del mar, puede verse la iglesia de San José, ante un verdadero bosquete de ficus y almezos, y el castillo, construido en tiem­pos de Carlos III (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Granada. Anaya Touring. Madrid, 2009).
Historia.-
     Junto a un mar de aguas tranquilas y cristalinas, la milenaria Almuñécar desciende de la antigua colonia fenicio-romana de Sexi. A los fenicios deben una ciudad bien estructurada con una pujante economía basada en la salazón del pescado y con moneda propia. Y los romanos la desarrollaron desde el punto de vista arquitectónico, económico y pesquero.
     En el año 775, Abderraman I desembarcó en sus playas. Fundó el Califato de Córdoba y renombró la ciudad como Hisn-al-munecab. En esta época Almuñécar ya era un punto fuerte en la costa, aunque no se puede hablar de ella como ciudad hasta el siglo XI. Producía todo tipo de frutos y también se obtenía buena pesca de sus aguas. La ciudad contaba con puerto, barrios, arrabales, mercados y una mezquita mayor. Fue conquistada por los Reyes Católicos varios siglos después. Fue atacada durante siglos, y era continuo objetivo de los piratas turcos.
     Este municipio ha experimentado un crecimiento económico y urbano espectacular gracias al turismo (Diputación Provincial de Granada).

La Cueva de Siete Palacios.-
     En el casco antiguo se encuentra la denomi­nada Cueva de Siete Palacios, posible resto de un criptopórtico, que junto con otras estructuras similares constituirían el aterrazamiento del antiguo Foro de la Sexi romana.
     En el Museo instalado en su interior se mues­tran objetos que abarcan desde el Bronce final -argáricos-, fenicios, ibéricos, griegos, romanos hasta los islámicos. Existen además dos colum­barios o enterramientos para colocar urnas cinerarias, uno de carácter aristocrático, el de la Albina, cerca de la N-340, y otro, el de la To­rre del Monje, mejor conservado y de influen­cia oriental, en la carretera de la Cabra, cerca de Torrecuevas. Recientes estudios y excavaciones van identificando restos pertenecientes al Foro, Teatro, Termas y otras estructuras habituales en las ciudades romanas (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Esta construcción debió tener al menos una segunda planta, ya que existen bóvedas y arranques de muros en el lugar que hoy constituye la cubierta de la Cueva de los Siete Palacios.
     La estructura espacial responde a la de nave central longitudinal, con siete naves trasversales que por un lado y otro interseccionan a la central, creando una bóveda de arista en ésta y de cañón en las otras. La nave central se estrecha en su extremo opuesto al del acceso descrito, teniendo en la actualidad salida a la calle Cueva de los Siete Palacios. 
     Este estrechamiento es cruzado transversalmente por un canal de 1,80 metros de altura por 60 centímetros de ancho aproximadamente, abovedado en parte y adintelado en otras, con troneras cuadradas que pondrían en comunicación con la segunda planta. El canal discurre hacia un lado y otro una docena de metros, quedando interceptado por construcciones posteriores. Asimismo, en el extremo opuesto a éste, es decir por el que se accede actualmente, y a unos 3 metros de altura existe una tronera abocinada que comunicaría posiblemente con la nave que adosada a esta existía con anterioridad.
     El plano del suelo, después de las excavaciones arqueológicas, se pudo comprobar que es totalmente irregular, adaptando los pilares y su altura a los diversos desniveles de la roca del cerro, apoyándose, a veces, sobre construcciones anteriores.
     La fábrica utilizada en esta obra está compuesta a base de lajas de pizarra en las bóvedas, sillarejo irregular en los muros y un relleno de mampostería superpuesto en las bóvedas, pudiéndose observar aún hoy día las huellas de las tablas usadas en el encofrado.
     Tras las campañas de excavación de 1981 y 1982, se pudo documentar una secuencia cultural en el interior de la Cueva de Siete Palacios, que viene a reflejar una síntesis de los diversos momentos culturales que se sucedieron en Almuñecar.
     En primer lugar queda patente la presencia de un hábitat del Bronce Final Reciente, fenicio, púnico e ibérico. La época romana queda documentada con restos de construcciones de los que quedan zócalos de piedra de muros y pavimentos de cal pertenecientes a casas romanas de época republicana  e inicios del imperio, y estucos decorados de los revestimientos de las paredes. Sobre estas casas derruidas se superponen los pilares de la Cueva cuya construcción debió realizarse en el siglo I d: C. posiblemente en la segunda mitad. 
     Después continúa el lugar ocupándose en época paleocristiana e islámica. Hasta época moderna que se convirtió en un estercolero.
     Con respecto a la funcionalidad de esta cueva hay varias opiniones. Hay quien piensa (Alonso García) que formó parte de una antigua alcazaba árabe, pudiendo ser una zona de caballerizas. Otros autores (Gómez Moreno y Fernández Casado) piensan que pudo ser un depósito de agua . Y otros creen (Molina Fajardo), apoyados en los resultados de las excavaciones,  que debió tratarse de una subconstrucción romana a modo de criptopórtico, para salvar el desnivel del cerro, formando una explanada superior que pudo ser utilizada para la edificación de construcciones civiles, tales como un foro, templo, etc. 
     Con respecto al uso actual de este espacio, en la actualidad, este lugar está en uso como Museo Arqueológico municipal (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Complejo abovedado que forma parte del conjunto que rodea el cerro de San Miguel de Almuñécar. Se trata de una de las manifestaciones urbanísticas más importantes de la España romana y hoy en día que alberga al Museo Arqueológico Municipal.
     En el siglo III a. de C. llegan los romanos a Almuñécar con el afán de ampliar sus dominios a toda Hispania. Será dos siglos después cuando Sexi sufrirá una profunda remodelación urbanística más acorde con las necesidades y costumbres de una ciudad romana. Es el momento de la construcción del acueducto para proveer de más capacidad de agua dulce a la ampliada industria de salazón y de la realización del teatro, foro y templo principal de la ciudad.
     Dadas las escasas posibilidades de espacio para la realización de estas edificaciones públicas se recurre a la construcción de una plataforma sobre la cresta de la colina, sustentada a todo el alrededor por un conjunto de bóvedas o subconstrucciones, que es lo que en la actualidad la población llama cuevas, y que aún hoy día en parte son habitadas, incluyéndose en él la Cueva de Siete Palacios, denominación popular que puede deberse a la estructura de una bóveda central atravesada por otras siete.
     En el Museo Arqueológico Municipal, once vitrinas muestran vestigios de las diversas culturas que han pasado por la historia de Almuñécar: egipcios, fenicios, romanos, árabes...
     Una de las piezas más importantes es el vaso cinerario egipcio, realizado en mármol, perteneciente al faraón Apofis I como lo indica el sello grabado en escritura jeroglífica en la parte superior. Es una pieza única en el Mediterráneo y su texto es el escrito más antiguo que se conserva en España. Perteneciente, posiblemente, a la necrópolis fenicia Laurita del Cerro de San Cristóbal, pudo llegar con los fenicios hacia el siglo VIII a. de C., aunque debió ser fabricado a finales del siglo XVII o principios del XVI a. de C. (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de la Encarnación.-

     La planta dibuja un rectángulo casi perfecto, sobresaliendo ligeramente la torre. Por fuera destaca su aspecto compacto y cerrado, sobresaliendo el crucero con sus dobles ventanas y remate de frontones, así como la airosa y robusta torre. La cubierta carece de tejado, dejando las bóvedas trasdosadas para servir de fortaleza en caso de ataque por el mar, al modo de otras igle­sias de la costa.
     Los muros son de ladrillo y cajones de mam­postería, con cimientos de sillares de piedra toba y mampostería. Las bóvedas son de ladrillo y llevan una doble cámara de aireación. La torre, ubicada a la izquierda de los pies, es el elemento más personal de la iglesia, destacando el airoso campanario, con vanos dobles, conciliando la sobriedad del modelo clasicista de sus apilastrados con el remate de un pequeño templete y cupu­lín forrado de cerámica; en las esquinas, cuatro pirámides reflejan reminiscencias escurialenses. Cerámica y enlucidos han sido rehechos modernamente. En el frontón que corona el hastial de los pies, aparece la inscripción IHS ANO 1600. En los ángulos de esta fachada hay dos grandes relojes de sol, restaurados, que recuerdan usos antiguos.
     El interior, bastante amplio y diáfano, presen­ta una planta de cruz latina, con nave central y cuatro capillas laterales a cada lado, crucero de poca profundidad en los laterales y cabecera rectangular con dos habitaciones a los lados para el servicio litúrgico. Las capillas laterales presentan arcos de medio punto de acceso y bóvedas de medio cañón. Toda la iglesia está recorrida por una cornisa moldurada que marca el arranque de las bóvedas y corona los apilastrados de las capillas y crucero. Dichas bóvedas son baídas en la nave, mientras que el crucero se cubre con una cúpula deprimida y ciega y es de horno pintada la del presbiterio. Las pechinas de la capilla mayor ostentan los escudos del arzobispo Pedro de Castro (1591-1610), bajo cuya prelatura se reali­zó este templo; fueron realizados por el escultor Diego de Aranda y pintados por Ginés López.
     Esta iglesia es la primera de las parroquiales de la diócesis granadina que adoptó el modelo contrarreformista de influencia jesuítica, en de­trimento del modelo mudéjar anterior. Es más que probable que su diseño fuera realizado por Ambrosio de Vico o al menos debió tener una participación muy activa, dada la similitud que presenta este templo con el proyecto realizado por el mismo Vico para la Iglesia de Santa María de la Alhambra. La iglesia actual vino a sustituir otra anterior emplazada en la zona más antigua del pueblo. La actual fue comenzada hacia 1590 y su construcción corrió a cargo del albañil Je­rónimo Hernández, terminando la torre el año 1599 y el cuerpo de la iglesia en 1600. En el siglo XVIII y siguiente se decoró el interior de la iglesia con pinturas murales, algunas de las cuales han aparecido, aunque muy deterioradas, en dos capillas tras las últimas restauraciones llevadas a cabo a partir de 1985. En 1966 se constru­yó la capilla dedicada a la Virgen de la Antigua, patrona de Almuñécar, pasando la portada que había en este lugar al tramo anterior y levantando un pequeño pórtico delante.
     Esta iglesia perdió prácticamente todo su tesoro artístico en la pasada Guerra Civil de 1936-39, salvándose la orfebrería, la escultura de la Virgen de la Antigua, algunos trozos de imágenes y diversas pinturas, aunque la mayoría de las actuales son fruto de donaciones particulares. A partir de los años cuarenta se inicia el proceso de renovación de retablos e imágenes, adquiriendo diversas esculturas de escayola de las del tipo de Olot, y más recientemente y en la actualidad, se están realizando diversas imágenes procesionales vinculadas al auge de la Semana Santa. Los retablos son todos modernos y de carácter his­toricista, el último dedicado a la Virgen de los Dolores, terminado el año 2005. El altar mayor está presidido por un medallón de la Encarnación, de madera, obra de Miguel Zúñiga del año 2000. De las esculturas modernas cabe destacar Nuestro Padre Jesús -Nazareno- y la Virgen de los Dolores, tallando Domingo Sánchez Mesa la primera y rehaciendo con trozos del rostro y las manos la imagen de la Virgen. Se conserva una lápida de mármol del entierro de don Jacinto Balcárcel, consultor del Santo Oficio y abogado de la Chancillería, de 1640. En los laterales del crucero existen algunas pinturas, de desigual mérito, dos de ellas buenas copias de modelos italianos y un Descendimiento muy oscurecido, del XVIII, inspirado en un grabado de Rubens. La imagen más importante es, sin duda, la Vir­gen de la Antigua, patrona de Almuñécar, escultura que según tradición fue donada por los Reyes Católicos, pero las cabezas parecen de finales del XVI o del siglo siguiente; está vestida con traje de plata con pedrería, restaurado en diferentes momentos. La capilla bautismal conserva restos de pinturas murales del XVIII. Conserva esta parroquia, como ya se ha indicado, un importante conjunto de orfebrería, destacando un cáliz del XVI, recompuesto como ostensorio en el siglo XVII; una cruz procesional y portapaz del XVII y otros piezas de los siglos siguientes (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La planta de la iglesia dibuja un rectángulo casi perfecto, sobresaliendo ligeramente la torre. Por fuera destaca su aspecto compacto y cerrado, sobresaliendo e crucero con sus dobles ventanas y remate de frontones, así como la airosa y robusta torre. La cubierta carece de tejado, dejando las bóvedas trasdosadas para servir de fortaleza en caso de ataque por el mar, al modo de otras iglesias de la costa.
     Los muros son de ladrillo y cajones de mampostería, con cimientos de sillares de piedra toba y mampostería. Las bóvedas son de ladrillo y llevan una doble cámara de aireación.
     La torre, ubicada a la izquierda de los pies, es ele elemento más personal de la iglesia, destacando el airoso campanario, con vanos dobles, conciliando la sobriedad del modelo clasicista de sus apilastrados con el remate de un pequeño templete y cupulín  forrado de cerámica. En las esquinas, cuatro pirámides reflejan reminiscencias escurialenses. 
     Cerámica y enlucidos han sido rehechos modernamente. En el frontón que corona el hastial de los pies, aparece la inscripción IHS ANO 1600. En los ángulos de esta fachada hay dos grandes relojes de sol, restaurados, que recuerdan usos antiguos.
     El interior, bastante amplio y diáfano, presenta una planta de cruz latina, con nave central y cuatro capillas laterales a cada lado, crucero de poca profundidad en los laterales y cabecera rectangular con dos habitaciones a los lados para el servicio litúrgico. Las capillas laterales presentan arcos de medio punto de acceso y bóvedas de medio cañón. Toda la iglesia está recorrida por una cornisa moldurada que marca el arranque de las bóvedas y corona los apilastrados de las capillas y cruceros. Dichas bóvedas son vaídas en la nave, mientras que ene el crucero se cubre con una cúpula deprimida y ciega y es de horno pintada la del presbiterio. Las pechinas de la capilla mayor ostentan los escudos del arzobispo Pedro de Castro, bajo cuya prelatura se realizó este templo.
     Esta iglesia es la primera de las parroquiales de la diócesis granadina que adoptó el modelo contrarreformista de influencia jesuítica, en detrimento del modelo mudéjar anterior. Es más que probable que su diseño fuera realizado por Ambrosio de Vico o al menos debió tener una participación muy activa, dada la similitud que presenta este templo con el proyecto realizado por Vico para  la Iglesia de Santa María de la Alhambra.
     La iglesia actual vino a sustituir otra anterior emplazada en la zona más antigua despueblo. La actual fue comenzada hacia 1590 y su construcción corrió a cargo del albañil Jerónimo Hernández, terminando la torre en 1599 y el cuerpo de la iglesia en 1600. En el siglo XVIII y siguiente redecoró el interior de la iglesia con pinturas murales.
     Esta iglesia perdió prácticamente todo su tesoro artístico en la pasada guerra civil, salvándose  la orfebrería, la escultura de la virgen de la antigua y diversas pinturas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Iglesia construida a finales del siglo XVI. Es el primer templo de la provincia de estilo contrarreformista y se edificó sobre los restos de la antigua mezquita, que anteriormente ocupaba un antiguo depósito romano. Su construcción finalizó en el siglo XVII. En el altar principal de la Iglesia se encuentra la Virgen de la Antigua, patrona de la ciudad (Diputación Provincial de Granada).

Castillo de San Miguel.-
     Tras la crisis motivada por la caída del Imperio Romano, Almuñécar vuelve a ser un enclave importante en época islámica, pasando entonces a denominarse hisn al-Munakkab, siendo testi­go del desembarco del que sería el primer emir de Córdoba, Abd al-Rahmán I, y alcanzando su mayor desarrollo a partir del siglo XI y en época nazarí. El testimonio más importante de este periodo es el Castillo de San Miguel, enclavado estratégicamente en lo más alto de la población y cerca del mar. Aunque ha sufrido numerosas transformaciones, todavía hoy conserva su perí­metro amurallado y algunas de sus torres correspondientes al periodo islámico. Bajo el dominio cristiano vuelve a reforzarse su papel estratégico, renovando sus muros y añadiendo algunas torres circulares, ya en los siglos XVI y XVII. Pertenecen a este momento los aparejos de mampostería y encintados de ladrillo, constituyendo su resto más característico las torres circulares de refuerzo de la fachada principal y el foso delantero. En su interior se conserva la Torre del Homenaje, nazarí, así como restos de edificaciones romanas y un baño islámico. Tuvo también una coracha o túnel amurallado para defender el Peñón del Santo y el pie de playa, que hasta no hace mucho estuvo unido con este castillo (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Se sitúa al sur de la población, en el espacio comprendido entre el parque del Majuelo, la playa de Puerta del Mar y el espolón del peñón del Santo.
     La planta del castillo es sensiblemente triangular, adaptándose al espolón rocoso en el que se asienta. Por el sur, la fortaleza se alarga hacia la costa, prolongándose hasta el peñón de San Cristóbal, con el que se unía por medio de una coracha, quedando ésta cortada actualmente por el Paseo Marítimo. El perímetro del recinto está compuesto por 9 lienzos de muralla y 11 torres. Los restos que se conservan corresponden a varios periodos constructivos, no siempre claramente diferenciables.
     De época árabe pueden distinguirse dos etapas constructivas. Una correspondiente a los siglos X y XI (emiral y califal), que se reconoce por el empleo del hormigón ejecutado con la técnica de la tabiya, de la que quedan restos en tres lienzos de muralla y dos torres. La otra, correspondiente al periodo nazarí, se distingue por el empleo de muros y torres de fábrica de mampostería, reforzando las esquinas de las últimas con sillares, aunque también se utiliza en menos medida el tapial y el hormigón, pero asociado con el primero de los materiales. Con estos tipos quedan restos en un lienzo de muralla y en cuatro torres, así como la torres del homenaje y los paños que arrancan a ambos lados de ella. Esta última, de planta cuadrada, está situada frente a la puerta actual de acceso al castillo, estando formada por una planta construida con muros de mampostería formando hiladas, alternándolas con verdugadas de piedras planas. En su interior existe una pequeña habitación con dos pasillos en ángulo que debían de tener una función estrictamente militar, siendo continuación del paso de guardia. Sobre los muros de la torres monta una plataforma de hormigón.
     Son pocos los restos árabes que se conservan de este castillo ya que las obras de remodelación llevadas a cabo en tiempo de Carlos V derribaron, ocultaron y enmascararon la mayor parte de la fortificación nazarí. En este época se construye con mampostería llagueada con mortero de cal la fachada principal o norte, con muros ataluzados en su base, cuatro torres semicirculares y puerta de acceso con arco escarzano, a la que se accede a través de un puente sobre un amplio foso, antes levadizo en su último tramo. Todo este frente presenta troneras y merlones construidos con ladrillo. 
     También se reconstruyó con el mismo material algunas partes de los muros este y oeste, se levantó una gran batería para la artillería sobre las estructuras anteriores que cierran el recinto por la zona sur y se edificó la coracha.
     El material que prima a lo largo de esta impresionante obra defensiva es la piedra y el tapial; sin embargo, aunque escasamente, también se utiliza el ladrillo. El sistema de construcción va a ser la mampostería, donde la piedra apenas aparece labrada. El ladrillo se utiliza para las zonas más importantes del edificio y tiene claras connotaciones árabes. 
     Algunas partes del edificio se rematan con almenas piramidales. 
     Las primeras noticias históricas se remontan a la época griega y luego a la cartaginesa, recibiendo el nombre de Manoba Sexi Armun. 
     Durante la dominación musulmana por los reyes de Granada vivió una época de apogeo, afirmándose que estos guardaban sus tesoros en la fortaleza, para mayor seguridad. Tras la entrega de Baza, la plaza fue entregada a los Reyes Católicos en 1489.
     Durante la guerra de las Alpujarras, Aben Aboó lo atacó infructuosamente. Con el reinado de Carlos V se realizó una gran torre de cuadrada planta denominada "La Mazmorra", que dominaba el puerto y la ciudad. Con el s. XIX y la guerra de la Independencia, el edificio sufrió grandes destrozos y llegando a ser prácticamente desmantelado por los franceses.
     El abandono sufrido durante el siglo XIX hizo que pasase a convertirse en cementerio local. Se declaró Monumento Nacional en 1931. Se iniciaron labores de restauración para devolverle su antigua imagen. En la actualidad, es propiedad municipal y alberga el Museo Histórico de la ciudad (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Del antiguo Castillo de San Miguel sólo se conservan algunas atalayas junto a la costa y restos de murallas en algunas casas del casco antiguo, así como arcos, aljibes y otras construcciones.
     Sede del museo de la ciudad de Almuñécar (Diputación Provincial de Granada).

Ermita de San Sebastián.-

     Es de planta casi cuadrada, con una portada de arco de medio punto flanqueado por pilastras lisas y coronado por frontón triangular sencillo que la cobija. Su elemento de mayor originalidad es la cúpula que la cubre, que queda trasdosada, pareciendo más morabito islámico que ermita cristiana. Aunque de fundación muy antigua, el actual edificio no debe ser anterior al XVIII (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La ermita es de planta casi cuadrada, con una portada de arco de medio punto flanqueado por pilastras lisas y coronado por un frontón triangular sencillo que la cobija. Su elemento de mayor originalidad es la cúpula que la cubre, que queda trasdosada, pareciendo más morabito islámico que ermita cristiana.
     Aunque la fundación es muy antigua, el actual edificio no debe ser anterior al siglo XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Arquitectura civil y militar.-
     Almuñécar conserva diversos edificios y restos urbanos que nos hablan de una ciudad de cierta importancia en la Edad Moderna. De estos res­tos se pueden identificar el antiguo Hospital, la placa del antiguo Pósito, de 1606, un pilar con escudo e inscripción de 1559, y alguna casona antigua; también la que fue portada del convento de Mínimos fundado en 1582. Por toda la línea costera se pueden contemplar las típicas torres atalayas o torres almenaras de vigilancia, desde la más antigua, de Velilla, de tiempos islámicos, hasta las más monumentales, las llamadas de pezuña de época de Carlos III, o el fortín de La Herradura.
     Aparte de los testimonios citados, su casco antiguo es un espacio de especial valor pintoresco, con sus calles laberínticas y empinadas cuestas, las cuales ofrecen un claro contraste con las modernas infraestructuras turísticas e instalaciones recreativas del Almuñécar más reciente (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
Castillo de La Herradura.- Es un típico fuerte de los levantados para la defensa de la costa del reino de Granada en la segunda mitad del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III.
     Consta de un recinto rectangular con fachada principal de Herradura, orientada al Norte, torres semicirculares en los ángulos Noreste y Noroeste, disponiendo en el Sur de una gran batería semicircular para la artillería, de menor altura que el resto del edificio. Todo está construido con muros ataluzados de mampostería con llagueados de mortero de cal. 
     Rematando el talud se sitúa una moldura de ladrillos aplantillado, sobre la que monta un peto, enlucido y de gran altura, con troneras alargadas, quizás de construcción francesa, siendo de menor altura en la terraza de la batería.
     Su interior dispone de un gran patio central, alrededor del cual se distribuyen las habitaciones, cubiertas por bóvedas de ladrillo, para la guarnición. En el lateral derecho del patio se sitúa una alberca, quizás antiguo aljibe, mientras que en el ángulo Sureste arranca la escalera que sube a la terraza que ocupa toda la superficie del edificio. A la batería se accede por un hueco de paso existente entre la escalera y la alberca. Su interior, con forma de anillo semicircular, pudo usarse como almacén de municiones.
     De los dos extremos de la herradura de la fachada principal partían sendos muros que formaban originalmente un foso ante la puerta, hoy desaparecido y relleno de tierra, quedando en el hueco de acceso el rehundido del paramento para el encaje del puente levadizo y los agujeros de los mecanismos con los que se accionaban.
     Su denominación original era "Batería para 4 cañones de La Herradura", ejecutándose según proyecto tipo redactado en 1765 por el ingeniero José Crame, habiéndose finalizado en el año 1771. Esta defensa quiso evitar los desembarcos piratas de la Ensenada de la Herradura y asegurar el trabajo de los labradores y pescadores del lugar, ya que era muy buena para corsarios, debido a sus profundos fondos y desdoblamiento. Durante la Guerra de Independencia fue atacada por los franceses. Posteriormente, fue tomado por el alcalde de Otívar y sus guerrilleros, que se habían convertido en punta de lanza de la oposición a la invasión napoleónica. Ocupado por el Cuerpo de Carabineros y después por la Guardia Civil hasta el año 2002. 
     El Ayuntamiento de Almuñécar, después de adquirir el castillo, firmó un convenio de colaboración con el CSIC en 2005 para su restauración con un uso cultural. Las obras se ejecutaron entre los año 2007-2011, con la participación de un equipo multidisciplinar integrado por arquitectos, arqueólogos, restauradores, arquitectos técnicos y un experto en caracterización de materiales.
Torre del Diablo.- Torre atalaya costera de las levantadas en la segunda mitad del siglo XVIII. Tiene figura troncocónica y planta circular, de 8.45 metros de diámetro. Está construida sobre una plataforma de nivelación con revellín aparente, ejecutada con mampostería de piedras de tamaño mediano, formando hiladas y enlucidas exteriormente. El hueco de acceso al interior de las estancias está orientado al Norte y situado a 7 metros de altura. Las jambas, el arco de medio punto, la bóveda interior y las molduras son de ladrillo. La planta interior dispone de cuatro troneras. Tiene una altura de 10.50 metros. 
     Probablemente se construyó sobre el año 1766 al objeto de sustituir a la que había al lado, la Torre de Enmedio, que era medieval. Su plantilla estaba constituida por 1 cabo de torres y dos torreros y a partir del año 1839 la ocupaban los carabineros.
Torre del Granizo.- Torre de planta cuadrada, de 5,20 metros de lado, de la que sólo queda la parte inferior, que es maciza, no sabiéndose exactamente cómo sería la parte superior, ya que sólo queda un trozo. Su obra es de mampostería. Parece que estaba enlucida. No hay cantería en las esquinas de la torre. Es una de las que marcan la diferencia respecto a sus vecinas, por su planta cuadrada, similar a la torre del homenaje del Castillo de San Miguel de Almuñécar. Comenzó a perder importancia a finales del siglo XVIII con las construcción del Fortín de Velilla, hasta el punto de quedar totalmente abandonada. Su estado de conservación es bastante bueno. Tiene un agujero al Sureste, a la altura de la puerta, correspondiendo con el hueco de la chimenea, donde más débil es el muro.
     Los árabes utilizarían esta construcción presumiblemente para vigilar algún poblado de pescadores cercano a la zona llamada Velilla-Taramay. Más tarde, ya con los reyes Católicos, fue abandonada, debido a que desde ella no se podía hacer enlace con la torre de la Punta de Velilla.
Torre de la Punta de la Mona.- Torre atalaya costera de época andalusí. Tiene forma troncocónica y planta circular, de 8.70 metros de diámetro. Su altura es de 10.50 metros. 
     Se levanta sobre una plataforma de nivelación de mampostería con zarpa aparente. Está construida con muros de mampostería de piedras bien careadas, rejuntadas y con verdugadas de ladrillo. El aparejo consiste en intercalar una verdugada de ladrillo cada cuatro hiladas de mampuestos, menos en la primera que hay cinco y en la última que tiene seis. La moldura de remate del talud y la albardilla del peto se ejecutan con ladrillo aplantillado.
     Como es habitual en estas torres, dispone de dos habitaciones, accediéndose desde el exterior por la superior. Dicho hueco de puerta se sitúa al Norte. Las salas disponen de las partes habituales, apreciándose las cuatro troneras en la parte inferior. 
     Próximo a la torre hay un aljibe cuyo uso debió estar relacionado con ellas. La torre fue restaurada en 1990 para albergar el faro, en donde se le añadió una linterna de banconcillo metálico y una escaleta exterior para acceso a 7,5 metros de altura. Su ubicación y altura focal de 140 metros le hacen ser un buen balcón sobre el Mediterráneo, presentando un mirador en su base, permitiendo observar buena parte de la costa de la provincia de Málaga y el cabo Sacratif.
     Una inspección realizada a la zona en 1567 por el maestre de campo Antonio Moreno revela ya la existencia de una torre a la que denominaban de La Rábita.
     La torre actual se trata de una construcción moderna erigida sobre la anterior, en virtud de la aplicación del Reglamento de 1764. Tras su construcción, se reformó entre 1767 y 1773. No albergó piezas de artillería y llegaron a estar a su cargo hasta 3 torreros.
     A mediados del siglo XIX perdió su uso, no volviéndose a ser utilizada hasta finales del siglo XX, siendo convertida en faro en 1992.
Torre de Taramay.- Torre que corresponde al tipo de pezuña o de herradura, estando formado en planta por un semicírculo al Sur (de radio 7.75 metros en planta baja y 5.75 metros en planta de terraza), a la que se prolongan dos elementos cuadrangulares de forma irregular, en las esquinas noreste y noroeste. Toda la planta se incluye en casi un cuadrado de 15.50 metros de lado. Su altura de suelo a suelo indicado es de 11 metros, a la que habría que sumarle la del peto de la terraza, de 80 centímetros, lo que significa un talud de 2 metros de esa altura. Está construido con gruesos muros ataluzados de mampostería, empleando el ladrillo en las esquinas y en los jambeados de las ventanas y troneras. El paso del muro en talud con el peto vertical se resuelve mediante una moldura en medio bocel, de cantería. No conserva resto alguno de enfoscado en sus paramentos.
     El acceso a la torre se hacía por una puerta situada en el lateral interior de la torre añadida al Noroeste, a una altura de 5.50 metros del nivel de la planta baja. Por ella se entraba a un pequeño espacio desde el que partía la escalera que bajaba a la primera planta, teniendo enfrente una pequeña habitación rectangular destinada al cuerpo de guardia. Cada espacio dispone de dos troneras.
     La planta primera, de forma semicircular, y una superficie útil de 33 metros cuadrados, se cubre con una semibóveda rebajada de ladrillo. Tiene dos ventanas dispuestas al este y oeste, chimenea centrada en el muro norte y dos alacenas a los lados de aquella. En la parte Este de ese muro está la escalera de subida a la azotea, embutida en la torre noreste. A mitad de su desarrollo tiene un pequeño rellano con dos troneras para defensa de la puerta de accesos a la torre. La salida a la terraza estaría cubierta por una garita. La azotea, de planta igual a la descrita, dispone de un pavimento de mortero muy rico en cal sobre encachado de piedra, rematando el borde con un parapeto de 1 metro de espesor, coronado por un alfeizar de ladrillo aplantillado con pendiente hacia el exterior. Desde la planta primera, continuando la escalera por la que se accede a ésta desde la terraza se llega a la planta baja. Con la misma forma y superficie útil que la anterior, esta planta se cubre con una semibóveda muy rebajada de ladrillo. Bajo la torre orientada al Noreste, dispone de una habitación rectangular, de medidas 3.20 x 2.60 metros, quedando entre las dos un espacio triangular que se cierra con u muro semicircular. La clave de las dos semibóvedas se encuentra taladrada con el objeto de subir la munición hasta la terraza desde la planta baja, en el caso de que estuviese aquí el almacén, o subir agua hasta la primera si se usase ésta como aljibe.
     El hecho de que sea una propiedad particular, hace que se hayan ejecutado obras de reforma para adaptarla a una vivienda veraniega. Así se la ha abierto un  hueco de acceso distinto, debajo del original que se usa de ventana, dando a la meseta intermedia de la escalera que desciende  a planta baja. En la primera planta se le ha abierto un gran ventanal en la parte Sur, dando al mar. Se encuentra al final de la playa de Velilla, concretamente en un saliente hacia el mar situado en el extremo este del paseo marítimo de Almuñécar. 
     Es un modelo de torre que se repitió en muchos sitios a partir de 1764, tanto en sus dimensiones como en su estructura. Su función era la de defender con fuego rasante el puerto y las calas adyacentes de levante y la plata de poniente hasta la Punta de Velilla. Llegó a tener dos cañones que se llevaron los ingleses, aliados de España en la guerra contra los franceses.
Torre de Velilla.- Torre atalaya costera de forma troncocónica, sensiblemente ataluzada y de planta circular, de 7,50 metros de diámetro. 
     Está construida con mampostería de piedras de mediano tamaño y enlucido de mortero rico en cal. Conserva su altura completa con unos 12 metros.
     El hueco de acceso a la habitación interior se sitúa al Norte, a 7 metros de altura, conservando un arco de medio punto y las jambas de ladrillo y el matacán de piedra. Dispone de una tronera al sur. Tiene completos en peto de la terraza y el murete sobre los canes de la defensa de la buharda.
 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Acueducto Romano.-
     El acueducto romano de Sexi contó con una longitud de 7 kilómetros aproximadamente desde el sitio conocido como las Angosturas, punto final de la captación, hasta los depósitos terminales en la ciudad. El agua transportada provenía del acuífero del río Verde y era recogida a través de una galería de infiltración que afloraba a la superficie en el sitio conocido como la Fuente de los Granados. Al finalizar la galería de captación subválvea, el agua era conducida a la ciudad por canales abovedados que operaban en régimen de lámina libre siguiendo las curvas de nivel del terreno, algunas veces casi superficial y otras enterrada a unos cuantos metros. Se hizo uso de dispositivos especiales tipo subtructiones y arcuationes para salvar depresiones cuando se consideró necesario, cuatro de estos últimos han sido estudiados en detalle por su monumentalidad. También se sabe que contó con un túnel que permitía el paso de la canalización de la cuenca del río Verde y a la del río Seco. La parte final de la conducción terminaba con un sifón invertido de 1 kilómetro de longitud realizado con tubos cerámicos y que posiblemente tenía un dispositivo de rotura de presión columnaria en su parte final. 
     Parte de la antigua canalización ha seguido en funcionamiento hasta nuestros días como acequia para el riego de la rica vega sexitana, razón que explica la conservación de gran parte de sus elementos extraurbanos y que lo convierte en el acueducto romano mejor conservado de Andalucía.
     Los cuatro acueductos que componen el conjunto, el de Torrecuevas y los denominados tramos I, II y III, en dirección aguas abajo del Río Seco, constituyen una obra de gran unidad. Presentan dos tipos de arcos: uno con luz normal de 4'90 metros y otro con luz reducida de 2'80 metros. Los pilares de sección cuadrada miden 1'80 por 1'80 metros y, cuando su altura rebasa los 5 metros, lo que aproximadamente supone el triple de la dimensión transversal, se enlazan entre sí mediante la intercalación de un segundo cuerpo en la zona inferior. Esta conducción encuentra semejanzas estilísticas con la de Baelo Claudia, especialmente en los arquillos de aligeramiento en los pilares, detalle poco frecuente en los acueductos romanos. Fernández Casado los fecha en el siglo I d.C., por lo que al de Almuñécar se le podría dar una cronología similar.
     El primer estudio realizado sobre el trazado del acueducto es obra del ingeniero Carlos Fernández Casado, quien publicó en 1949 en el Archivo Español de Arqueología un artículo en el que describía y analizaba los restos conservados del mismo, apuntando ya la necesaria existencia de un sistema de sifón inverso para permitir que el agua salvara la vaguada que se extiende a los pies de las colinas sobre las cuales se asentó Almuñécar en época antigua.
     Una segunda propuesta fue la presentada por Antonio Tovar Sabio y Tomás Camero Uclés como Proyecto de Fin de Carrera en la década de los 80, bajo el título «Conducción romana de Sexi», donde se describen los restos conservados en ese momento del acueducto.
     En el año 2000 vio la luz el último estudio sobre la conducción con una nueva propuesta de trazado, obra de Federico Molina Fajardo, arqueólogo municipal de Almuñécar durante dos décadas, y que recogió en su análisis los datos arrojados por las excavaciones llevadas a cabo en el municipio. Como nueva aportación se encuentra la excavación llevada a cabo en lo que tanto Torres Balbás como Fernández Casado identificaron con el castellum aquae, los restos conocidos como Cueva de los Siete Palacios; hipótesis que descartó al no aparecer rastro alguno de mortero hidráulico en la construcción. También describe los restos arqueológicos exhumados en las diferentes campañas de excavación realizadas en la zona de La Carrera, concretamente el venter del sifón, cuya existencia ya se apuntara en los años cuarenta del siglo XX (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Construido en el siglo I d.C. es, junto a la fábrica de salazones, la mayor obra y la mejor conservada de las legadas por la cultura romana a Almuñécar.
     Abastecía de agua a la ciudad romana de Sexi, antigua Almuñécar. Fue utilizado posteriormente en el sistema de acequias árabe. Y en la actualidad alguno de sus tramos es aún utilizado por el sistema de regadíos tradicional.
     Se mantienen en pie cinco tramos del acueducto, lo que lo convierten en el mejor preservado de Andalucía: el de Torrecuevas, los tramos denominados I, II, III y el tramo de la Carrera de la Concepción en dirección aguas abajo del río Seco. El tramo a la vista de mayor altura se encuentra junto al cauce del río Verde, a la altura del barrio de Torrecuevas.
     Los manantiales que lo surtían estaban localizados en la zona de La Angostura, en el Río Verde, cerca de Jete. Allí se situaba el castellum acquae o depósito distribuidor de las aguas, suponiéndose su ubicación en el área más alta de ésta. Aparte de los tramos de acequias conservados aún en uso y de canalizaciones subterráneas, se conocían varios sectores en que la conducción se servía de acueductos para salvar la orografía del terreno (Diputación Provincial de Granada).

Columbario Romano de la Torre del Monje, o de Antoniano Rufo.-
     Sobre una planta cuadrada, de aproximadamente 4 metros de lado al exterior y 2,500 metros al interior, se levantan los restos de tres de los cuatro muros de cerramiento. El cuarto, orientado al sur, hoy totalmente desaparecido, era sin duda en el que se situaba el accesos al interior. De los otros tres paños quedan en pie gran parte del orientado al Oeste y una pequeña porción del paño norte, formando esquina con aquel. Del paño Este sólo queda una cuña de 70 a 80 centímetros de altura en su lado mayor, y de 10 a 20 centímetros, en el menor.
     Al interior los nichos están dispuestos en tres filas de a tres, sobre la fábrica de los muros Este y Oeste. Están formados por pequeñas dovelas de piedra casi sin labrar, conservándose casi íntegramente, en el muro Oeste, siete de los nueve nichos que originalmente disponía, mientras que el Este sólo conserva uno y el arranque de los otros dos de la primera fila.
     El muro Norte, conserva el arranque de un arco o bóveda de pequeño fondo enfrentado, como si de un altar se tratara, al acceso. Al pie del mismo se conserva la base o escalón construido en sillarejo, donde se alojan cuatro agujeros de unos 25 centímetros de diámetro, para depositar urnas cinerarias.
     Es de destacar que el muro Oeste, en su coronación y en la arista de intersección con el muro Norte, presenta una clara inflexión que hace pensar en la posibilidad de que el columbario estuviera cubierto con una bóveda de medio punto, o por una arista similar a las de la Cueva de Siete Palacios.
     La obra es de sillarejo irregular unido con mortero.
     Su construcción corresponde a un periodo de intensa romanización en el que continúa vigente el rito de incineración y en el que las estructuras sociales permiten la edificación de enterramientos suntuarios familiares. Se construiría entre finales del siglo I d. C. y principios del II d. C. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Se construyó a finales del siglo I a.C. En una loma sobre la vertiente este del río Verde se encuentran sus restos. En su interior se encuentran tres filas de nichos formados por pequeñas dovelas de piedra casi sin labrar (Diputación Provincial de Granada).

Fábrica Romana de Salazones.-
     Restos estructurales correspondientes a la factoría de salazones de la ciudad de Sexi. De ella proceden abundantes materiales cerámicos, monedas y artes de pesca. Si bien la construcción data de época romana, su excavación documentó una ocupación del lugar desde el siglo VII a.C. La factoría se asienta en el interior del casco urbano de Almuñécar, dentro del parque El Majuelo, limitando al este con la ladera del Cerro de San Miguel y al oeste con la Avenida General Galindo.
     La factoría de El Majuelo debió estar rodeada por un muro romano cuyos restos aún la recorren al pie de la colina. 
     También se puede apreciar lo que pudo ser la puerta de acceso, o al menos una de ellas, situada al Noreste del conjunto, conservándose en la actualidad una rampa con restos de escalones originales, adosada a la fachada sur del edificio público, que pudo pertenecer a un templo dedicado a la diosa Minerva, ya que al lado apareció la escultura de dicha diosa.
     Como resultado de varias excavaciones, se ha podido constatar que esta factoría paso por cuatro fases o remodelaciones a lo largo de su funcionamiento, en torno a ocho siglos.
En esta factoría se pueden distinguir tres zonas con distintas funciones: 
     Al sur se sitúa la zona de dependencias que viene caracterizada fundamentalmente por la presencia de un muro que cierra el conjunto de cara al mar. Aquí, la primera fase está formada por un conjunto pequeño de cuatro piletas sobre el que se eleva el muro de cierre que corresponde a la segunda fase. La esquina de la primera pileta es aprovechada para levantar el contrafuerte 1 del muro de cierre. El siguiente se eleva sobre la pared Este de la pileta contigua. Estos contrafuertes van jalonando el cierre a lo largo de su recorrido y han sido enumerados del 1 al 17 en sentido Oeste - Este. 
     Cabe mencionar una escalera que arranca en el extremo Norte del muro Oeste, de lo que pudo ser la entrada sur, de tres peldaños que acceden a un plano superior
     Estas piletas parece que se conforman como conjuntos delimitados por muros internos, aunque es posible que la función de estos muros no fuera de separación sino de soporte para techumbres que las protegiera del exterior.
     La técnica constructiva es la habitual,  a ras de tierra, con muros de contención para una mayor resistencia ante la presión ejercida una vez llenas y recubiertas de mortero que las impermeabilice en su mayoría bien conservado.
     Hay que añadir aquí la presencia de dos cisterna de cubierta abovedada, abertura superior cuadrada y cavidad interior rectangular. La existencia de cisternas para el almacenamiento de agua dulce en este tipo de factorías es algo lógico.
     Hay una rampa que conserva restos de escalinata formada por bloques de piedra calcárea adosada a un gran edificio que se supone debe ser  un templo dedicado a la diosa Minerva. Dicha escalinata ponía en contacto la factoría con la ciudad (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En Almuñécar se conservan los restos de una antigua fábrica romana de salazones, industria en la que basó esta localidad su economía entre los siglos V y IV a.C. Sus restos se encuentran en el Parque Botánico El Majuelo.
     De la actividad de la Factoría de Salazones de la Sexi romana, en la que se elaboraba el valioso garum -especie de paté realizado con vísceras de pescado– que se exportaba a todo el Imperio, se tiene constancia ya en el s. IV a.C., pero su apogeo se produciría en los ss. I y II d.C.
     Aunque actualmente parte de ella se encuentra enterrada bajo el Parque Botánico-Arqueológico El Majuelo, puede contemplarse una amplia extensión de las piletas de salazón y estructuras excavadas en los años 70 y 80 (Diputación Provincial de Granada).

Necrópolis fenicia Puente de Noy.-
     Se sitúa al Oeste del río Seco, en una zona donde ya se habían iniciado algunas construcciones, en la colina del Instituto de Enseñanza media, a unos 500 metros al Noreste de la necrópolis Laurita. 
     Fue descubierta por un profesor del Instituto, quién excavó tres tumbas en 1979. Este descubrimiento alentó a Federico Molina a programar una excavación sistemática de la necrópolis.
     En 1979 Molina inició su primera campaña en la conocida como zona A, donde se había proyectado la construcción de una instalación deportiva. La segunda campaña consistió en un sondeo en la zona B. En 1980 se practicó una excavación de urgencia en la zona C, en la parte baja de un montículo, donde existía un proyecto de inminente construcción. En los meses de julio y agosto de 1980 se realizó la tercera campaña, ampliando el sondeo de la zona B, dirigida por C. Huertas (F. Molina y otros, 1982). En total se excavaron en la necrópolis de Puente de Noy un centenar y medio de tumbas púnicas de inhumación, aunque su número debe ser notablemente superior, habiendo quedado enterrada bajo las construcciones posteriores gran parte de la necrópolis.
     La tipología de las tumbas de Puente de Noy es variada, habiéndose dividido en ocho tipos. 
     El tipo I es de hoyo, los tipos II-VI de fosa, comprendiendo variantes con cistas, el tipo VII de cámara y el tipo VIII, de la tumba E-1, es de gran pozo de cámara).
     La cronología de la necrópolis se inicia a finales del s. VII con la gran tumba E-1, cuyo gran pozo de planta de tendencia rectangular mide 5,60 metros por 5,20 metros, con una profundidad de 7,50 metros, excavado en la roca, con escalinata circundante. En el lado septentrional del fondo del pozo se abre una cámara de planta trapezoidal de 3,45 metros de ancha, por 1,90 metros de profunda y 1,60 metros de alta, con entrada de muro de sillería. Su rito es de inhumación individual, siendo su ajuar cerámico más expresivo un ánfora de tipo torpedo con hombros carenados, análoga a la nº 632 de la tumba de cámara 4 de Trayamar, fechada en la segunda mitad del s. VII, y otra de tendencia ovoide, troncocónica, hombros carenados y pequeño cuello cilíndrico, análoga a la del nº 547 de la tumba 1 de Trayamar (H. Schubart y H. G. Niemeyer, 1976), frecuente en el Cerro del Villar (A. Arribas y O. Arteaga, 1975) e igualmente de la segunda mitad del s. VII. A esta misma cronología corresponden tres platos de barniz rojo con anchura de bordes entre 5 y 7,7 cm de esta tumba E-1 de Puente de Noy.
     La tumba, excavada en 1981 (F. Molina y C. Huertas, 1983), estaba totalmente saqueada, y en su relleno aparecieron numerosos fragmentos de cerámica fenicia correspondiente a platos y copas o cuencos, como residuos de ritos funerarios de simposio o libaciones, y una lucerna griega del s. IV a.C., descontextualizada, usada por los saqueadores de la tumba.
     La tumba E-1 de Puente de Noy reviste un peculiar interés respecto a la necrópolis Laurita. Parece plausible creer que esta tumba fue la sucesora de las más modernas de Laurita, tumbas 1-3 y 17 y especialmente de la tumba 18, de amplio y profundo pozo no utilizado como enterramiento. Quizás se intentó en esta tumba 18 de Laurita construir una amplia cámara para inhumación en vez de un nicho para urna cineraria, pero el duro esquisto del subsuelo del Cerro de San Cristóbal no era propicio para excavar una gran cámara lateral en el fondo del pozo, por lo que se optaría por construir la tumba en otro emplazamiento próximo, en Puente de Noy, a medio kilómetro al Norte-Noroeste de Laurita, donde la geología terciaria y cuaternaria es más blanda y donde el espacio admite una necrópolis más extensa ante una demografía más densa. Por otra parte, la tumba E-1 de Puente de Noy es claro exponente de un profundo cambio social, religioso y funerario de la sociedad sexitana, fenómeno observado igualmente en la tumba de cámara 4 de Trayamar, donde a fines del s. VII la incineración en urna es reemplaza por la inhumación.
     La tumba C-4 es también de inhumación en cámara de sillares, con una anchura de 3,20 metros, altura de 2,20 metros y profundidad de 4 metros, con dromos y nicho, con una superestructura compuesta por dos leones de piedra, como la tumba de Pozo Moro (M. Almagro Gorbea, 1983). Su cronología es inmediatamente posterior a la tumba E-1, dentro del s. VI a.C.
     La cronología general de la necrópolis de Puente de Noy se inicia a fines del s. VII a.C., según ya se ha indicado, como continuación de Laurita, tumbas E-1 y C-4, siendo utilizada intensamente a partir de fines del s. V, en que se impone la tumba púnica de inhumación, prosiguiendo en los siglos IV y III. En el s. II aumenta el número de tumbas, particularmente en la zona B, que van adoptando paulatinamente el rito de la incineración, coexistiendo con el anterior de inhumación y ocupando la parte oriental de la colina en el s. I a.C. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Conjunto de tres necrópolis. La de Laurita data de los siglos VIII-VII a.C. y consta de más de 20 sepulcros. La de Velilla es de los siglos VII-VI a.C. La del Puente de Noy se utilizó sin interrupción durante los siglos VII-I a.C. (Diputación Provincial de Granada).

Palacete de La Najarra.-
     El palacete está situado en la confluencia de la calle Bikini y la Avenida de Europa, muy cerca de la playa de San Cristóbal.
     El conjunto tiene su entrada por un lateral cerrado con cerca, producto de la apertura en su día de la Avenida de Europa. 
     La obra se compone de un pabellón neo-islámico, con jardines en su parte delantera.
     El edificio se ordena como un volumen rectangular, de dos plantas de altura, sobre el que avanza un cuerpo más elevado, a modo de torre con cubierta a cuatro aguas. Ello crea en la parte trasera un espacio a modo de terraza, retranqueada entre los dos volúmenes laterales; éstos también adoptan, a su vez, un cierto aspecto de torres, aunque más bajos.
     El edificio está formado por tres cuerpos de planta rectangular, adosados. El volumen central avanza en dirección al jardín, sobresaliendo de la línea de fachada y simulando un torreón. En la parte trasera de la edificación este volumen deja un espacio libre, flanqueado por los dos volúmenes laterales y da lugar a una terraza transitable. Los volúmenes laterales, y debido a este retranqueo del cuerpo central, adquieren un aspecto que los asemeja a pequeñas torretas defensivas. 
     Las fachadas se formalizan adoptando soluciones simétricas y con una ornamentación que entronca con el lenguaje neoalhambrista, proliferan ventanas geminadas con decoración de alfices y zócalos de azulejería. La cerrajería de algunos vanos de la planta baja es de interés. En la fachada trasera destaca un vano de herradura, en el cuerpo inferior y unas ventanas geminadas en el superior. El remate de los cuerpos se realiza con merlones que le otorgan cierto carácter de fortificación. El cuerpo central es el mas ornamentado. Se cubre a cuatro aguas con teja curva, vidriada en verde, azul y blanca que apoya en una cornisa de canecillos.
     En la parte central de la fachada principal se encuentra el acceso al interior del palacete; este acceso se formaliza mediante un gran vano con arco de herradura; sobre este cuatro vanos corridos geminados que hacen las veces de mirador, enmarcados por interesante azulejería.
     Un zaguán de considerables dimensiones actúa como elemento organizador de las dependencias de planta baja y de este zaguán arranca la escalera que conduce a la primera altura. Las paredes de esta estancia se decoran con pinturas murales que representan paisajes árabes y techos de escayola. Al fondo de esta estancia, dos salitas pequeñas, de una de ellas ha desaparecido la decoración. A la derecha, frente a la escalera, y con acceso desde este zaguán, se sitúa un salón de planta rectangular, desde este se accede a otra dependencia que ha sido compartimentada y en la actualidad se utiliza como almacén de la oficina aquí instalada. 
     A la izquierda del zaguán se encuentra un salón con techo de escayola y zócalo. Junto a este, y debajo de las escaleras, un pequeño aseo. 
     El inicio de la escalera queda enmarcado por un amplio arco de herradura con el alfiz decorado con yesería y jambas remarcadas. La escalera se resuelve en tres tramos con rellano intermedio, baranda de madera y zócalo de azulejería. El techo se decora con pintura policromada con motivos geométricos que simulan una armadura de madera. En las paredes abren vanos que iluminan el interior y en la parte alta unos pequeños vanos corridos geminados con los alfices decorados. 
     La dependencia principal de esta primera altura es el salón, que coincide en planta con el zaguán y que se corresponde con el cuerpo que sobresale hacia el jardín; se ornamenta con zócalos de azulejería y escayola en las paredes y techos. 
     Unas puertas de carpintería con sencilla decoración dan salida a la terraza. A ambos lados de este salón se sitúan dos salitas; a una de ellas se accede desde una puerta situada en el rellano en el que desembocan las escaleras, a la otra, desde una puerta situada en el lateral del salón principal. Estas dos salitas carecen de decoración y tan solo las ventanas presentan concesiones ornamentales (ventanas de ajimez con columna de mármol). 
     El jardín se formaliza mediante una trama ortogonal de paseos con interesante empedrado granadino de chino gris y blanco formando baldosas con formato romboidal girado. Entre estas calles se disponen espacios verdes con especies de gran porte, delimitados por ladrillos en triángulos. 
     Las calles del jardín confluyen en algunos puntos donde se ubican fuentes y estanques. Estos son de azulejos cuadrados verdes y blancos con remates de ladrillo a sardinel. La zona central del jardín (frente a la puerta principal de acceso al palacete) queda ocupada por una fuente con forma estrellada, alrededor de la cual se disponen cuatro bancos de ladrillo de cuidada forma. 
     En el extremo de la parcela opuesto al que ocupa el palacete se encuentra una pequeña casita de una altura y volumen torreado que parece hacer las veces de mirador y con cubierta a cuatro aguas de teja árabe.
     Se trata de un palacete construido en el siglo XIX en las afueras de la ciudad. En su origen, por tanto, el edificio tenía un carácter suburbano, enclavado entre huertos. Hoy, sin embargo, está completamente delimitada por calles adyacentes (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     De estilo neoárabe, fue construido a mediados del siglo XIX sobre una casa árabe precedente. Actualmente en él se encuentra la Oficina Municipal de Turismo (Diputación Provincial de Granada).

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