Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Roque", de Hernando de Esturmio, en la Iglesia del Convento de Santa Clara, de Sevilla.
Hoy, 16 de agosto, en Lombardía, en Italia, Memoria de San Roque, que, nacido en Montpellier, en la región francesa del Languedoc, adquirió fama de santidad con su piadosa peregrinación por toda Italia curando a los afectados por la peste (c. 1379) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "San Roque", de Hernando de Esturmio, en la Iglesia del Convento de Santa Clara, de Sevilla.
El Convento de Santa Clara [nº 56 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 65 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Santa Clara, 40; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
A los pies del muro derecho (de la Epístola) se sitúa una monumental pintura sobre tabla de San Roque, el protector contra las epidemias de peste, obra del siglo XVI que se atribuye a Hernando de Esturmio y que sigue los modelos habituales de pintura colosal con la que se suele representar a San Cristóbal (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).
La pintura, realizada hacia 1550, con unas medidas de 2,95 x 1,75 mts, representa un amplio paisaje con montañas y una ciudad junto a un río. En primer plano aparece la monumental figura de San Roque, con túnica corta y calzas. Con la mano derecha levanta parte de la túnica para dejar ver las vendas que le cubren las llagas. En la mano izquierda porta un cayado. Se cubre los hombros con un manto, anudado al cuello. A su lado, viendo las llagas, un ángel vestido con túnica larga, sobre otra corta y un pequeño manto sujeto en los antebrazos. A sus pies, un perro acostado, contemplando la escena, con la cabeza levantada (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Hoy, 16 de agosto, en Lombardía, en Italia, Memoria de San Roque, que, nacido en Montpellier, en la región francesa del Languedoc, adquirió fama de santidad con su piadosa peregrinación por toda Italia curando a los afectados por la peste (c. 1379) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "San Roque", de Hernando de Esturmio, en la Iglesia del Convento de Santa Clara, de Sevilla.
El Convento de Santa Clara [nº 56 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 65 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Santa Clara, 40; en el Barrio de San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo.
A los pies del muro derecho (de la Epístola) se sitúa una monumental pintura sobre tabla de San Roque, el protector contra las epidemias de peste, obra del siglo XVI que se atribuye a Hernando de Esturmio y que sigue los modelos habituales de pintura colosal con la que se suele representar a San Cristóbal (Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011).
La pintura, realizada hacia 1550, con unas medidas de 2,95 x 1,75 mts, representa un amplio paisaje con montañas y una ciudad junto a un río. En primer plano aparece la monumental figura de San Roque, con túnica corta y calzas. Con la mano derecha levanta parte de la túnica para dejar ver las vendas que le cubren las llagas. En la mano izquierda porta un cayado. Se cubre los hombros con un manto, anudado al cuello. A su lado, viendo las llagas, un ángel vestido con túnica larga, sobre otra corta y un pequeño manto sujeto en los antebrazos. A sus pies, un perro acostado, contemplando la escena, con la cabeza levantada (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
La intervención sobre la Tabla de San Roque procedente del convento de Santa Clara se ha desarrollado por encargo del Instituto de la Cultura y de las Artes de Sevilla en colaboración con Real Maestranza de Caballería de Sevilla.
La obra, de gran valor histórico-artístico, pone de manifiesto la calidad de encargos de bienes muebles que atesoraban los edificios religiosos en la Sevilla del siglo XV. Por sus características morfológicas y estilísticas se puede relacionar con la escuela flamenca y la última etapa artística del pintor Hernando de Esturmio entre 1548 y 1556.
Es muy probable que proceda de la extinta y muy poco conocida Hermandad de Nuestra Señora de la Estrella y del Señor san Roque establecida en su propia ermita o capilla, bajo la jurisdicción de la también desaparecida parroquia de San Juan de Acre, junto a la puerta de San Juan o de los Ingenios de la ciudad de Sevilla.
La temática de la tabla se centra en la leyenda y el entorno de San Roque, un santo nacido en la ciudad francesa de Montpellier, cuya iconografía tiene su origen en el periodo que pasó apartado al contraer la peste y los elementos que lo caracterizan como la fuente, surgida para aplacar su sed, el perro que le traía pan o el ángel que curaba sus heridas, todos ellos compendiados en la tabla.
El santo se ha representado como un peregrino, barbado y lleva como atributos un sombrero, manto con esclavina, bordón, calabaza y zurrón; igualmente, es habitual representar al santo con la calza bajada para enseñar en el muslo de una de sus piernas el bubón de peste que propicia su retiro al bosque, que centra la composición.
La obra está pintada al óleo y realizada sobre un soporte de madera de roble y con telas enlenzada por toda la superficie. Los pigmentos que se utilizan en el cuadro son los habituales de la escuela flamenca, siendo más claros y luminosos en la escuela de los renacentistas flamencos del segundo tercio del siglo XVI, caracterizada por colores brillantes y de una gran calidad en los materiales empleados.
El dibujo que emplea Esturmio en su obra, en general es muy marcado y conciso, tendente a precisar con nitidez los contornos. La perspectiva es una mezcla de la tradición de los primitivos flamencos de finales del siglo XV y la influencia de la escuela italiana rafaelista. Al fondo aparece un paisaje montañoso en tonos verdes y azulados con gran vegetación y unos edificios idealizados inspirados en grabados, mientras en la cercanía destaca como un manantial a la derecha del santo con elementos vegetales y animales, donde se aprecia una pequeña ave y varios caracoles.
El desarrollo de este proyecto ha estado dirigido hacia la estabilización y consolidación de los elementos degradados, eliminando numerosas intervenciones realizadas en épocas anteriores que dificultaban el correcto análisis estilístico de la obra.
Esta intervención ha estado condicionada, además, por el gran formato y peso de la obra, por su fragilidad y características particulares de algunas de las piezas constitutivas y por las intervenciones antiguas a las que había sido sometida.
En líneas generales el estado de conservación que presentaba esta tabla era pésimo. El deterioro se debía principalmente al proceso natural de envejecimiento y a los daños originados por las intervenciones antrópicas, así como a la afección biológica y microbiológica.
El estado de conservación guarda una estrecha relación con los daños presentes en el soporte, ya que éstos se hacen patentes en los estratos superpuestos al mismo.
Los criterios de intervención aplicables al soporte han sido preferentemente de tipo conservativo, primando aquellos procesos que exigían una mínima intervención, respetando la configuración estructural original del soporte. Excepcionalmente, la actuación ha sido más intervencionista sobre aquellos problemas de conservación que presentaba el soporte, causados por uno de los principales agentes de destrucción de la madera, los insectos xilófagos, siendo incluso necesaria la sustitución de dos de los travesaños de refuerzo.
El tratamiento sobre otros elementos de la obra como la capa de protección, estrato de preparación y capa pictórica, se ha abordado de una forma integral. Para ello se han tenido que acometer procesos de restauración en lo referente a las fases de fijación, limpieza, reposición y reintegración de estos estratos.
Se diseña y realiza un nuevo sistema de enmarcado, que, además, de controlar en mayor o menor medida los movimientos del soporte pictórico, contribuye a evitar futuros daños ocasionados por la manipulación de la obra (I.A.P.H.).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Roque;
Santo antipestoso del siglo XIV cuyas biografías, francesas o italianas, de carácter legendario, se remontan a finales del siglo XV. Puede decirse que "era más conocido por la devoción popular que por la historia de su vida". Algunos historiadores han llegado a sostener que su existencia era tan mítica como la de san Fuerte de Burdeos.
LEYENDA
Nació en Montpellier hacia 1350 y habría venido al mundo con una pequeña cruz roja sobre el pecho. Quedó huérfano a muy temprana edad. Cuando murieron sus padres repartió la fortuna familiar entre los pobres y los hospitales, vistió hábito de peregrino y en 1367 se dirigió a Roma donde estuvo tres años, hasta 1371.
Al llegar a Acquapendente, en los Apeninos, encontró la ciudad devastada por la peste: asistió y animó a los enfermos a quienes curó haciendo la señal de la cruz sobre ellos.
Al regresar de su peregrinación, en Plasencia sintió los primeros síntomas de la enfermedad. Una noche un ángel le advirtió que le había llegado la hora de sufrir. Aunque se sintió atravesado por el dolor, en vez de quejarse, dio gracias a Dios y se retiró en un bosque impenetrable para morir en soledad y no contagiar a nadie.
Dios le envió un ángel consolador y curador para que lo asistiese en su soledad, el cual aplicó un bálsamo sobre su herida, y también hizo brotar una fuente para que Roque pudiera aplacar su sed febril. Además, lo aprovisionó de alimentos: cada día, el perro de un señor de la región le llevaba un pan robado de la mesa de su amo. El perro proveedor tiene en esta leyenda la misma función que el cuervo que alimentó al profeta Elías y a san Pablo ermitaño.
Restablecido, partió hacia Montpellier donde nadie pudo reconocerle, ni siquiera su tío. Fue denunciado como espía y lo encarcelaron. Un día, su carcelero lo encontró muerto, irradiando una luz sobrenatural.
En verdad habría muerto en Lombardía (Angeria), hacia 1379.
Esta leyenda parece copiada en parte de la de san Alejo, quien regresó de los Santos Lugares para morir en Roma como mendigo anónimo, bajo la escalera de la casa paterna.
El culto de «monseñor san Roque, verdadero preservador de pestilencia", se desarrolló tarde, incluso en Montpellier, cuya universidad en 1410 todavía se encomendaba a san Sebastián para hacer que cesara una epidemia de peste. Evidentemente, fue la competencia de un santo universal como, San Sebastián, invocado desde mucho tiempo antes contra las flechas de la peste, quien postergó el progreso de la devoción a san Roque, aunque éste haya tenido sobre aquélla ventaja de haber curado apestados y de haber contraído él mismo esa terrible enfermedad.
Hay dos hechos que explican la difusión del culto de san Roque en el siglo XV: la decisión del concilio de Ferrara, que amenazado por una epidemia de peste habría prescrito plegarias públicas para pedir la intercesión del santo de Montpellier, y el traslado de una parte de sus reliquias a Venecia, en 1485.
A partir de entonces, las cofradías de san Roque se multiplicaron en Francia, y también en Italia, donde llevan el título de Confraternita o Scuola di San Rocco. El teatro de los autos sacramentales también contribuyó a la popularidad de san Roque. En 1493 se puso en escena un Mystere de Monseigneur saint Roche (Misterio de monseñor san Roque). Una cofradía de san Roque tiene una capilla en la iglesia de los carmelitas de París.
Este culto popular precedió a su canonización oficial. Fue recién en el siglo XV cuando el papa Gregorio XIII inscribió su nombre en el Martirologio, en el XVII cuando fue canonizado por el papa Urbano VIII.
Lugares de Culto
En el sur de Francia se dedicaron numerosas capillas al "gentilhombre de Montpellier", al «glorioso san Roque», sobre todo en ocasión de las epidemias de peste de 1630 y de 1720. En París, Luis XIV colocó en 1653 la primera piedra de la iglesia de la calle Saint Honoré, destinada a reemplazar una capilla que se había vuelto demasiado pequeña. En Pontcarré en Brie, los peregrinos pasaban bajo el relicario de san Roque para preservarse del cólera.
En Italia, Venecia adoptó a san Roque, cuyas reliquias se había procurado en 1485 porque estaba particularmente expuesta a la peste a causa de sus relaciones comerciales con Oriente, cuna de las epidemias. Se glorificaba al santo por haber salvado de la terrible enfemedad, mediante la señal de la cruz, a numerosas ciudades de Italia (multas Italiae urbes a morbo epidemiae signo crucis liberavit).
El culto de san Roque está probado no sólo en Venecia sino en Portugal (Lisboa), en Alemania (Bingen), donde se realiza una peregrinación en su memoria a Rochusberg, y en Bélgica (Amberes y Huy). No obstante, la extensión del culto de san Roque permaneció limitada a Europa occidental, el Oriente cristiano nunca lo ha reconocido.
Patronazgos
Algunas corporaciones lo habían adoptado como patrón: los marineros del Loira, los canteros y los empedradores, porque empleaban en su trabajo trozos de roca (roche).
También se lo consideraba protector de los animales. El 16 de agosto, día de su fiesta, el sacerdote bendecía hierbas: jaramago (fr.: roquette), menta y poleo, que los campesinos mezclaban con el pienso del ganado para preservarlo de las enfermedades contagiosas.
El culto de san Roque, vinculado con las epidemias de peste, no ha tenido una duración muy larga. Cuando la plaga se volvió más infrecuente y menos mortífera, la devoción al santo declinó. «Passato el pericolo, gabbato il Santo» Tanto más por cuanto san Roque no fue el último de los santos «antipestorosos», tuvo un temible competidor en san Carlos Borromeo, quien diera pruebas de una heroica devoción durante la Peste de Milán: la gloria del arzobispo de Milán, exaltado por el papado y la orden jesuita, eclipsó a la del humilde peregrino de Montpellier.
San Roque conoció una provisional reanimación de su popularidad en el siglo XIX, con las epidemias de cólera de 1835 y 1854. Es la ley hagiográfica de la transferencia de especialidad lo que explica este fenómeno.
El culto popular del santo amenazaba extenderse junto con la peste y el cólera, enfermedades de las que era el «preservador». Si sobrevivió en el campo fue porque pasó, por deslizamiento, desde las personas a los animales, a quienes protege contra las epizootias, y a la vid, que inmuniza contra la filoxera.
Un indicio impresionante de esta decadencia, es que el nombre de pila Roch, que posiblemente haya sido en su origen un apellido: Roq, muy difundido en Montpellier, cayó completamente en desuso, a nadie volvió a ocurrírsele bautizar Roch a su hijo.
ICONOGRAFÍA
San Roque es uno de los santos más fácilmente reconocibles de la iconografía cristiana. Su atuendo de peregrino, llamado sarrocchino, con sus accesorios tradicionales: bordón, cantimplora y zurrón, podrían hacer que se lo confunda con el apóstol Santiago o san Sebaldo, pero es el único peregrino que muestra en el muslo un bubón pestilente, que a veces venda un ángel, y además es alimentado por un perro que le lleva un pan en las fauces. El bubón, el ángel y el perro nutricio, tales son los atributos distintivos del santo patrón de Montpellier y de Venecia.
A veces, aunque es infrecuente, lleva en la mano unas tarreñas o tablillas de leproso, atributo que comparte con el pobre Lázaro.
En las imágenes más antiguas, san Roque está simplemente representado con el atavío tradicional de los peregrinos, el sombrero de ala ancha sobre el cual está aplicada la insignia de las llaves cruzadas que identifica al «romero» en camino hacia la Ciudad Eterna, mientras que la Santa Faz y las conchas recuerdan a otras dos peregrinaciones, a Jerusalén y a Santiago de Compostela. Además, lleva el bordón, la cantimplora y el zurrón.
Con la mano descubre una úlcera (Pestbeule) que sus biógrafos sitúan en la ingle (peste inguinale), pero que por decencia los artistas trasladan más abajo, al centro del muslo.
El ángel enfermero y el gozque aprovisionador se sumaron a su iconografía a partir del siglo XVI.
El ángel que Dios habría enviado a san Roque en el bosque de Plasencia, para curarlo y confortarlo, aparece por primera vez hacia 1550, en un grabado que adorna la portada de su biografía.
El santo se arrodilla para aplicar sobre la herida del apestado un bálsamo destinado a cicatrizarla mediante un pincel, o bien la desinfecta con el líquido contenido en un pequeño frasco. A veces, oprime el bubón con los dedos para extraer el pus.
El perro de san Roque, tan popular como el cerdo de san Antonio, llamado gozque, aunque la palabra no tenga parentesco etimológico alguno con el nombre del santo, sólo se convierte en compañero inseparable de éste en la imaginería y las banderas de peregrinación del siglo XVI. A causa de una contaminación con la iconografía del pobre Lázaro, patrón de los «leprosos», a veces el perro lame la úlcera del leproso; pero en la mayoría de los casos, está acuclillado junto a él, y en sus colmillos sostiene el pan cotidiano robado a su amo. Así se diferencia del perro de santo Domingo (Domini canis) que tiene manchas blancas y negras, y que en las fauces lleva una antorcha encendida. En una xilografía alemana del siglo XV se yergue en dos patas. Con frecuencia, San Roque ha sido representado aisladamente, pero en los exvotos y retablos, al igual que en la imaginería popular, suele aparecer asociado con sus colegas «antipestosos» san Antonio, san Adrián, y sobre todo San Sebastián (tríptico de Jean Bellegambe en la catedral de Arras; estatua en la iglesia de Saint Riquier (Somme); boceles de la portada de Caudebec; tríptico de Cario Crivelli en la iglesia de San Giacomo dell' Orto, Venecia; postigo de grisalla del tríptico del Tránsito de la Virgen, de Joos van Cleve, Pinacoteca Munich; políptico de los antonitas de Issenheim, Museo de Colmar).
La mayoría de las pinturas que lo representan son cuadros votivos dedicados, que se encuentran en las capillas corporativas u hospitales (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Roque", de Hernando de Esturmio, en la Iglesia del Convento de Santa Clara, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.Más sobre el Convento de Santa Clara, en ExplicArte Sevilla.

.jpg)
.jpg)
.jpg)


No hay comentarios:
Publicar un comentario