Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

viernes, 30 de mayo de 2025

Haz tu ruta con ExplicArte Sevilla: Tú decides la ruta, la fecha y el precio (Free Tour - propina)

 

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     Ruta Sevilla Visigoda: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los vestigios que la cultura visigoda ha dejado en nuestra ciudad, sobre todo en la Catedral y en el Museo Arqueológico y te contaremos las historias de San Hermenegildo, y San Leandro y San Isidoro, personajes históricos imprescindibles de Sevilla.

     Ruta Sevilla Musulmana - Isbiliya: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los principales vestigios que la cultura musulmana ha legado a Sevilla, comenzando por nuestro símbolo más universal: La Giralda, junto con la Torre del Oro, Los Reales Alcázares,...

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     Ruta Sevilla Mudéjar: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los innumerables vestigios que la cultura mudéjar dejó en Sevilla, fundamentalmente en los Reales Alcázares, Iglesia de San Marcos, Iglesia de Santa Marina,...

     Ruta Sevilla Gótica: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos nuestra Catedral, el edificio gótico más grande de la cristiandad.

     Ruta Sevilla Renacentista - Nova Roma: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos los imprescindibles vestigios renacentistas de nuestra ciudad, representados por el Ayuntamiento, el remate de la Giralda y la Sacristía Mayor de la Catedral.

     Ruta Sevilla y su río: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la importancia que ha tenido el río Guadalquivir, el antiguo Betis, en la historia de la ciudad, recorriendo sus puentes, el Barrio de Triana, la Torre del Oro,...

     Ruta Sevilla y América: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos la llamada Sevilla Americana, la Sevilla del siglo XVI y XVII cuando nuestra ciudad se convirtió en la capital del mundo, con edificios tan importantes como el Archivo de Indias o la Casa de la Moneda.
     
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     Ruta Sevilla Regionalista: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que arquitectos como Aníbal González y sus contemporáneos dejaron en Sevilla con la famosísima Plaza de España.

     Ruta Sevilla y la Expo del 29: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que la Exposición Iberoamericana de 1929 dejó en Sevilla en modo de pabellones y edificios que conforman el Parque de María Luisa y el Barrio de Heliópolis.

     Ruta Sevilla y la Expo del 92: Desde Explicarte Sevilla te mostraremos el legado que en la Isla de la Cartuja quedó para nuestra ciudad, llevándola al siglo XXI.

     Ruta Sevilla Cofrade: Desde ExplicArte Sevilla te mostraremos la importancia del mundo cofrade en la historia de nuestra ciudad y sus incontables manifestaciones artísticas en el interior de los templos, las casas de hermandad, y en los actos de culto interno y externos (procesiones).

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     Ruta Magallanes y la primera vuelta al mundo 1519-1522: Desde ExplicArte Sevilla te mostramos los hitos más importantes de la expedición que dio la I Vuelta a la Tierra.

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miércoles, 28 de mayo de 2025

El busto de Don Pelayo, en la enjuta, entre los arcos de las provincias de Albacete y Alicante, de la Plaza de España

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el busto de Don Pelayo, en la enjuta, entre los arcos de las provincias de Abacete y de Alicante, en la Plaza de España, de Sevilla.
     Hoy, 28 de mayo, es el aniversario de la Batalla de Covadonga (28 de mayo de 722), así que hoy es el mejor día que hoy para ExplicArte el busto de Don Pelayo, en la enjuta entre los arcos de las provincias de Albacete y de Alicante, que se encuentra en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
      La Plaza de España [nº 62 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; nº 31 en el plano oficial de la Junta de Andalucía; nº 1 en el plano oficial del Parque de María Luisa; y nº 11 al 21 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se encuentra en el Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla]; en el Barrio de El Prado - Parque de María Luisa, del Distrito Sur.
     La Plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
     En las enjutas de los arcos que componen la gran arcada que circunda toda la plaza, dentro de unos tondos de profundo sabor renacentista italiano, modelados en alto relieve y esmaltados en blanco sobre fondo azul cobalto, aparecen los bustos de personajes de especial relevancia en la historia de España. Su ejecución original corrió a cargo de las Fábricas de Mensaque Rodríguez y Cía. y de Pedro Navia.
     En orden cronológico, figuran tanto aquellos destacados en las ciencias, en las humanidades, en las artes o en las armas, como reyes o santos.
     Son un total de cincuenta y dos, distribuidos en cuatro series de trece personajes, dispuestos entre los catorce arcos de cada tramo de la plaza.
     Es sorprendente el repertorio  de estos personajes ilustres que desde sus privilegiados balcones en la arcada, disfrutan del ancho espacio de la hermosa plaza. Simultáneamente, ellos son vistos por los paseantes  como muestra de la gloria de España y como ejemplo a seguir (La Cerámica en la Plaza de España de Sevilla, 2014).
Conozcamos mejor la Biografía de Don Pelayo, personaje representado en la obra reseñada;
     Don Pelayo. (?, s. VII – Cangas de Onís, Asturias, 737). Rey de Asturias.
     Con él se inicia la serie de los reyes de Asturias y su nombre se asocia estrechamente a los hechos germinales de ese Reino: insumisión de los astures contra el dominio islámico, batalla de Covadonga y consiguiente creación de un primer núcleo local independiente del poder musulmán con centro en el lugar de Cangas de Onís, en el valle del curso medio del Sella y al abrigo de la formidable fortaleza natural de los Picos de Europa.
     Los comienzos de la lucha de los astures contra los árabes y del caudillaje de Pelayo se conocen fundamentalmente a través de los relatos que han transmitido las crónicas hispanocristianas más antiguas —la llamada Albeldense y la de Alfonso III en sus dos versiones, Rotense y “a Sebastián”, ambas escritas probablemente en Oviedo en el penúltimo decenio del siglo IX—, y por los testimonios mucho menos elocuentes de algunos diplomas asturianos dignos de crédito, sobre los que destaca la famosa donación de Alfonso II en el 812 a la iglesia de San Salvador de Oviedo, y de la tradición historiográfica musulmana.
     La fuente más próxima a la rebeldía pelagiana —la Crónica Mozárabe del 754—, en la que su anónimo autor se lamenta amargamente de la “pérdida de España” a manos de los invasores árabes, silencia, sin embargo, los hechos primeros de la resistencia astur. Ese silencio, unido a las contradicciones que se encuentran en los más antiguos relatos cristianos y musulmanes y a las adherencias fabulosas del más explícito de aquéllos, el contenido en la Crónica de Alfonso III, fueron el motivo principal del demoledor escepticismo con el que algunos historiadores se enfrentaron a la reconstrucción histórica de los orígenes del Reino de Asturias, antes de que en el tercer decenio del pasado siglo Claudio Sánchez-Albornoz iniciase su densa y rigurosa producción historiográfica dedicada a perfilar los contornos de ese hecho y de Pelayo, su personaje central. Hoy, gracias sobre todo a esa aportación albornociana, matizada con las correcciones que imponen nuevos enfoques del problema y la inevitable revisión crítica sugerida por nuevas lecturas e interpretaciones de las fuentes disponibles, es ya posible una aproximación histórica, razonablemente aceptable, a la figura de Pelayo y de la comunidad que él acaudilló y a los hechos que, con Pelayo como principal protagonista, se desarrollaron en Covadonga y su entorno pocos años después de que los musulmanes iniciasen la rápida conquista de la Península. Y detrás de las contradicciones de las fuentes, de los datos irreconciliables, de las deformaciones fantásticas que ofrecen en muchos casos y de unos silencios no tanto atribuibles a la inexistencia de los hechos como al desconocimiento o minusvaloración, impremeditada o consciente, de los mismos por quienes los historiaban, la realidad de Pelayo y Covadonga, de los sucesos que esos dos nombres evocan, es actualmente incuestionable y de general aceptación por la historiografía más autorizada.
     Tras el descalabro sufrido en la batalla de Guadalete por el Ejército de don Rodrigo (711), la afirmación del poder musulmán sobre la Península se logró rápidamente. La Crónica de Alfonso III en su versión “a Sebastián” refiere la huida hacia Asturias y las tierras de más allá de los Pirineos de los supervivientes de la vencida facción del último monarca godo. Entre los que se acogieron a la “tierra de los asturianos” figuraría, según el mismo texto, Pelayo, a quien se hace aquí hijo del duque Favila, de linaje real, y en la redacción Rotense, más fiable, espatario de los reyes Vitiza y Rodrigo. La Crónica Albeldense, sin embargo, presenta a Pelayo en Asturias, tras su expulsión de Toledo por Vitiza, donde se encontraría en el tiempo en que los musulmanes ocuparon la Península.
     Las expediciones musulmanas de conquista del noroeste peninsular seguirían los cauces de penetración marcados por las antiguas vías romanas y en concreto, y por lo que a las Asturias transmontanas se refiere, seguramente la que desde León conducía a Gijón, ciudad marítima en la que se presenta como gobernador a cierto Munuza, de quien dicen las crónicas cristianas que “cumplía en la ciudad de Gijón las órdenes de los sarracenos sobre los astures”.
     En Asturias, siguiendo la atendible referencia de la Albeldense, viviría Pelayo sometido a la autoridad del prefecto musulmán, gozando de una cierta tranquilidad obtenida al precio de ese sometimiento y acaso asumiendo unas ciertas responsabilidades sobre su propia región y su pueblo, tanto si era un representante de la nobleza local del país como si se trataba de un individuo de origen godo con fuerte arraigo familiar entre los astures y sólida implantación en el territorio. Se reproduciría así en Asturias una situación similar a las que se sabe que ocurrieron en otras regiones al producirse el derrumbamiento de la autoridad central toledana que aceleraría el proceso de fragmentación del Reino Visigodo, bastante avanzado ya a principios del siglo VIII.
     La Crónica Albeldense, sin duda la más fiable entre las fuentes narrativas que historian la génesis del Reino de Asturias, a pesar de su extremado laconismo, dice que “una vez que España fue ocupada por los sarracenos, éste [Pelayo] fue el primero que inició la rebelión contra ellos en Asturias”, pero no proporciona ninguna indicación sobre las causas de esa insumisión pelagiana. La versión “a Sebastián” de la Crónica de Alfonso III, también muy parca en este punto, afirma que fueron los godos refugiados en Asturias los que “eligieron por su príncipe” a Pelayo, para referirse seguidamente a la expedición represora de Alkama contra el rebelde. Mucho más explícitas son las informaciones de la versión Rotense de la crónica regia, que componen un detallado relato de la rebeldía pelagiana tras el que es posible descubrir una serie de acontecimientos coherentes en relación con la génesis de la insumisión de los astures y del caudillaje de Pelayo.
     Siguiendo el relato cronístico, parece que enamorado el prefecto musulmán Munuza, residente en Gijón, de la hermana de Pelayo, cuyo nombre se oculta, aquél decidió alejarlo de la tierra enviándolo a Córdoba “con el pretexto de una comisión”, acaso relacionada con las condiciones de sometimiento de los astures. Aprovechando esa ausencia, el musulmán se habría unido en matrimonio con dicha hermana, provocando la reacción de Pelayo, ya de regreso en Asturias. No hay razones para atribuir carácter legendario a estos hechos, que se ajustan a las pautas de comportamiento seguidas por los nuevos ocupantes de la Península y de las que existen algunos expresivos ejemplos perfectamente acreditados. Más problemático es, sin embargo, atribuirles en exclusiva el carácter de causa próxima de la rebeldía pelagiana, a la que no debió ser ajeno algún tipo de conflicto relacionado seguramente con las condiciones de sometimiento y el pago de tributos a los nuevos gobernantes musulmanes. Ya en el camino de la rebelión abierta contra la autoridad islámica, Pelayo se vería forzado a eludir el acoso de las tropas encargadas de su captura; y en su huida por terrenos bien conocidos y en los que no dejaría de contar con apoyos de la población local, terminaría acogiéndose a la protección que brindaban las estribaciones montañosas de los Picos de Europa.
     El relato de esta huida tal como la presenta la versión Rotense —la más antigua y fiable— de la Crónica de Alfonso III, no ofrece acontecimientos inverosímiles. La llegada de Pelayo a las tierras ribereñas del Sella la hace coincidir el texto con la celebración de un concilium o asamblea popular de los habitantes de la comarca. Sintiéndose seguro en aquella fortaleza natural —“un gran monte cuyo nombre es Auseva”—, dice la Crónica que “hizo correr sus órdenes por entre todos los astures”, alentándoles a la insumisión contra los dominadores musulmanes y siendo elegido por aquéllos “como su príncipe”. Son así los astures los que legitiman con su elección a Pelayo como jefe de una sublevación que no parece haber tenido en sus orígenes ninguna conexión con la tradición política visigótica, truncada en el año 711. La más manipulada versión erudita o “a Sebastián” de la crónica regia hace de Pelayo un caudillo elegido por la propia nobleza visigoda refugiada en la región, tratando de legitimar retrospectivamente el nacimiento de la nueva Monarquía asturiana que entroncaría así directamente con la extinta monarquía gótica.
     Los comienzos de la rebeldía de Pelayo deben situarse, como propone Sánchez-Albornoz, en el año 718, coincidiendo con el valiato de al-Ḥurr; y transcurriría seguramente algún tiempo hasta que los musulmanes decidieran sofocarla, empeñados como estaban en empresas militares más urgentes. En aquel año debe fijarse, en todo caso, el comienzo del caudillaje efectivo de Pelayo sobre los astures, siguiendo los cómputos de la Crónica de Alfonso III al datar su muerte en el 737 y fijar en diecinueve años la duración de su mandato. En el 721 es designado valí de al-Andalus el yemení ‘Anbasa, que estará al frente de la España musulmana hasta el 726. Es durante su gobierno cuando se decide reducir por la fuerza a los rebeldes astures y reintegrarlos a la obediencia.
     La expedición de castigo contra Pelayo y sus partidarios debió ponerse en marcha en la primavera del 722, al mando de Alkama y figurando entre sus acompañantes el obispo Oppa, a quien la Crónica alfonsina hace hijo del rey Vitiza, cuya facción, enemiga de la de don Rodrigo, apoyó la entrada de los musulmanes en la Península, cooperando después en la consolidación de su nueva autoridad.
     Los primeros encuentros entre las tropas islámicas y los rebeldes debieron ser favorables a aquéllos. Acosados por el ejército de Alkama, reducidos en sus efectivos, aunque acaso no tanto como pretenden hacer creer los historiadores musulmanes que refieren estos hechos, Pelayo y los suyos se acogen al refugio seguro de la fortaleza natural de los Picos de Europa. Replegándose por el valle de Cangas los astures, buenos conocedores del terreno, atraen a sus perseguidores hacia su parte más angosta, cerrada ya completamente por el monte Auseva. Allí localizan el encuentro final y decisivo entre los musulmanes y los rebeldes las dos versiones de la Crónica de Alfonso III, con todo lujo de pormenores geográficos, mientras que los testimonios de los historiadores árabes, aunque sin aportar detalles, describen unas condiciones del terreno que se avienen perfectamente con esa misma localización o, por lo menos, no la contradicen.
     La crónica regia habla en su versión primitiva o Rotense de la “coba dominica” y en el texto erudito o “a Sebastián” de la “coua Sancte Marie”; y en ambas se sitúa la cueva en el monte Auseva (“Aseuua”). El relato de la batalla entre musulmanes y cristianos se ofrece seguidamente con gran detalle, introduciendo, al lado de noticias dignas de crédito, circunstancias y pormenores fantásticos, exageraciones desmesuradas y atribuciones providencialistas que no dejan, sin embargo, de tener una explicación si se interpretan desde la perspectiva de la ideología que informaba la tradición historiográfica cristiana de aquella época y a la luz de la importancia decisiva que debió ofrecer a los ojos de los sucesores de los astures de Pelayo, bastante tiempo después, el encuentro de Covadonga, constituido en verdadero hecho fundacional del nuevo reino. La desmesurada extensión que en la Crónica de Alfonso III, de suyo tan lacónica, se da al relato del choque entre musulmanes y cristianos es la mejor prueba del valor fundamental que se les atribuía en los ambientes cortesanos de fines del siglo IX en los que ese texto narrativo se redacta.
     Los astures, dominando el escenario de la batalla desde la cueva excavada en la roca del Auseva y desperdigados quizá por las escarpaduras de las montañas que flanquean el valle, convertido ya en aquel lugar en estrecha garganta, derrotaron de forma contundente a las tropas islámicas, desfavorablemente situadas en el fondo del mismo. Muchos encontrarían la muerte, como el propio Alkama; y otros, como el obispo Oppa, serían hechos prisioneros. Cortada la retirada hacia el Oeste, donde el valle de Cangas se abre, una parte de la vanguardia musulmana buscó la salvación adentrándose en las fragosidades de los Picos de Europa, en una penosa travesía que puede reconstruirse en algunos jalones de su itinerario a través de las indicaciones que facilita la propia Crónica de Alfonso III y que concluiría en el valle de Liébana, a orillas del Deva, con un nuevo descalabro de los derrotados musulmanes como consecuencia de un desprendimiento de tierras que bien pudiera obedecer a causas naturales —son frecuentes en esa zona— y que el cronista atribuye a intervención divina.
     Los hechos hasta aquí expuestos, deducidos de las informaciones debidamente depuradas que ofrecen los relatos de las crónicas cristianas, de la observación del propio escenario de esos hechos y de las condiciones sociales del momento, pueden resumir lo que pudo ser la batalla de Covadonga y sus antecedentes inmediatos, a partir de la insumisión de los astures y de la elección de Pelayo como su caudillo.
     Sobre esos hechos actuó, deformándolos, para exagerarlos fantásticamente o para restarles importancia, la historiografía cristiana y árabe más próxima en el tiempo. Y así, la Crónica de Alfonso III, principal fuente de información de los episodios germinales del Reino de Asturias, exagera fabulosamente el número de musulmanes presentes en Covadonga —187.000 hombres— e introduce abundantes elementos fantásticos en la narración de la batalla, trufados de atribuciones providencialistas, en un interesado y hasta cierto punto comprensible intento de sublimación de orígenes. Mucho más sobria y fiable y sin las adherencias retóricas y fabulosas de la crónica regia, la llamada Albeldense, redactada igualmente durante el reinado de Alfonso III aunque anterior en algunos años a aquélla, se limita a consignar escuetamente los hechos esenciales de la rebeldía de Pelayo y del encuentro entre cristianos y musulmanes, sobre los que aporta también un testimonio de extraordinario valor la donación de Alfonso II a San Salvador de Oviedo, otorgada en el año 812, bastante temprana pues, y de segura autenticidad. En ella se hace a Pelayo, encumbrado al rango de príncipe, vencedor de los árabes y “defensor del pueblo de los cristianos y los asturianos”. El silencio que guarda el anónimo autor de la Crónica Mozárabe del 754 sobre los hechos de Covadonga puede justificarse por el nulo o escaso eco que tendría en los círculos cordobeses en los que probablemente él escribe, la fallida expedición de castigo dirigida hacia un lejano y apartado lugar de la frontera norteña de la España islámica, salvo el supuesto, poco probable, de que cierto pasaje de dicha crónica relativo al fracaso de una expedición musulmana contra los pueblos del Pirineo, no estuviese en realidad haciéndose eco del triunfo de Pelayo.
     Por su parte, los historiadores musulmanes, recogiendo tradiciones antiguas, constatan también la rebeldía pelagiana y la campaña contra sus partidarios, restando importancia a los hechos. Ibn Ḥayyān e Isa al-Razi limitan a un reducido número de combatientes hambrientos la hueste astur acorralada con su jefe en los refugios naturales de la montaña a consecuencia del continuo hostigamiento de las tropas islámicas; y hacen a éstas cuya situación “llegó a ser penosa” —confiesa uno de los cronistas— por las dificultades del terreno, abandonar finalmente el intento de someter a los “treinta asnos salvajes” mandados por Pelayo y supervivientes de los combates contra los musulmanes, despreciando su porfiada resistencia.
     En lo fundamental —la rebeldía astur y el intento fallido de los musulmanes para sofocarla— concuerdan pues las fuentes cristianas y las islámicas. La exageración de aquéllas al relatar el triunfo y el laconismo de éstas disimulando la propia derrota no contradicen la historicidad esencial de los hechos ni pueden dar base a su negación, como en algún caso se ha hecho. Su cronología, desde la rebeldía pelagiana a la batalla de Covadonga —del 718 al 722— se aviene con la reconstrucción que de la etapa germinal del Reino de Asturias haría Sánchez-Albornoz, aunque algunas propuestas recientes la hayan modificado ligeramente, adelantando el encuentro bélico al primero de esos años o retrasándolo incluso hasta una fecha de difícil acoplamiento al cómputo cronístico del tiempo de duración del caudillaje de Pelayo. No parece probable, en todo caso, que en Covadonga se restaurase el antiguo reino de los godos y que fuera la propia nobleza gótica, vencida y maltrecha, la que en un primer momento elevase a Pelayo a la jefatura de la insumisión contra los musulmanes. La rebeldía de los astures y el propio caudillaje de Pelayo tuvo seguramente en sus orígenes un carácter y alcance estrictamente locales, planteándose con independencia de la tradición política visigoda. Sería después, con el arraigo en Asturias de un sentimiento neogoticista que debe no poco a la influencia de los hispanos inmigrados del sur, cuando se quiso ver en la Monarquía asturiana la continuadora directa y legítima del desaparecido reino godo. Y es ese ideal neogoticista el que inspira a los cronistas que en las postrimerías del siglo IX atribuyen a la rebeldía pelagiana una finalidad restauracionista que probablemente nunca existió en aquellos momentos.
     Pelayo es, lo apunta certeramente un historiador musulmán, un rey nuevo que reina sobre un pueblo nuevo. La muy autorizada donación del 812 no permite dudar sobre la identificación del caudillaje de Pelayo con los astures ni del final del reino visigodo tras el descalabro sufrido por don Rodrigo a manos de los invasores musulmanes. La cesura efectiva entre ese reino y el surgido en las montañas de Covadonga se afirma también tajantemente en otras fuentes dignas de todo crédito, como la Crónica Albeldense cuyo anónimo autor, influido sin duda en este punto más por las tradiciones locales que por el ideario progótico de la Corte ovetense, donde seguramente escribe, dice con la sencillez que le caracteriza y tras la referencia escueta del triunfo de Pelayo sobre los árabes, que “desde entonces se devolvió la libertad al pueblo cristiano [...] y por la divina providencia surge el reino de los astures”.
     La explotación del éxito obtenido por los asturianos en Covadonga se produciría con el vencimiento final del representante del poder musulmán en la región —Munuza— y de sus tropas en un lugar que la Crónica de Alfonso III llama Olalíes (“locum Olaliense”) y que tradicionalmente se venía localizando en el valle de Proaza, bastante distante del escenario de aquellos hechos y sobre una de las rutas que conduce a la más importante vía transmontana de La Mesa. El hecho de documentarse allí, en la Edad Media, una villa de “Olalíes” y la proximidad a aquella vía abonaba tal identificación. Sin embargo, la presencia del mismo topónimo en las proximidades de Oviedo y sobre la vía que unía la ciudad marítima de Gijón con León, muy cerca de Lugones y en un lugar abierto a la comunicación directa con la llanada centro-oriental de Asturias, hace más razonable situar en este lugar de “Olali” aquel choque final en el que encontraría la muerte el propio Munuza.
     Después de ese triunfo, dice la crónica regia en su versión “a Sebastián” que no quedó ni un solo musulmán en las Asturias transmontanas, poblándose la tierra y restaurándose las iglesias. Pelayo establece el centro de poder del núcleo insumiso astur en el lugar de Cangas de Onís, próximo a Covadonga, elección que podría explicarse por una posible vinculación familiar a la zona, muy romanizada y, con toda seguridad, cristianizada antes de la rebelión. La propia geografía favorecía la elección de tal lugar, bien protegido de eventuales ataques exteriores por la fortaleza natural de los Picos de Europa y en una comarca —la Primorias de los textos cronísticos— vecina al área de poblamiento de los cántabros, con los que el caudillo de los astures aparecerá pronto estrechamente asociado por el matrimonio de su hija Ermesinda con Alfonso, hijo del duque de Cantabria Pedro.
     Tanto la Crónica Albeldense como la de Alfonso III coinciden en la datación de la muerte de Pelayo en el año 737, tras diecinueve de reinado, puntualizando que ocurrió en Cangas.
     En la interpolación al texto erudito de la crónica regia, hecha por el obispo Pelayo de Oviedo en el siglo XII, se dice que el Monarca y su esposa Gaudiosa recibieron sepultura en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, en el territorio de Cangas (Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el busto de Don Pelayo, en la enjuta, entre los arcos de las provincias de Albacete y de Alicante, en la Plaza de España, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Plaza de España, en ExplicArte Sevilla.

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martes, 27 de mayo de 2025

La pintura "La toilette", de Gonzalo Bilbao, en la sala XIII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "La toilette", de Gonzalo Bilbao, en la sala XIII, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     Hoy, 27 de mayo, se conmemora el aniversario (27 de mayo de 1860) del nacimiento de Gonzalo Bilbao, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "La toilette" obra de la que es autor, Gonzalo Bilbao, y que se encuentra en la sala XIII, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala XIII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "La toilette", de Gonzalo Bilbao (1860-1938), siendo un óleo sobre lienzo, pintado hacia 1910, en estilo costumbrista, con unas medidas de 0'98 x 0'52 m., y procedente de la Donación de Dª Manuela Ternero, viuda de Urcola, en 1949.
     El artista recrea un momento del aseo personal de una joven sentada en un pequeño espejo, sostenido en las rodillas, para poderse recoger y adornar el pelo.
     El fondo esta tratado con un cierto abocetamiento para no restar protagonismo al desnudo, tratado en contraluz lo que acentúa el intimismo del momento captado entre la sensualidad y el pudor. El simple hecho de afectar el foco lumínico a la espalda, quedando ensombrecida la zona que visualizamos, constituye, aunque en mínima gradación, un velado de las formas.
     Si el desnudo constituye el tema central de esta composición, también trata con cierto detenimiento los ropajes, con blancos y generosos pliegues, realizando este lienzo un doble estudio: la incidencia de la claridad sobre las telas y la incidencia sobre la piel de la modelo.
     El desnudo es un tema escaso dentro de la producción de Gonzalo Bilbao, pero en este caso se trata de un pretexto para realizar un estudio de luz (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     A Velázquez la realización de Las Meninas le hubiera bastado para consagrarse en la historia del Arte. En tono menor, pero con suficiente resonancia, a Gonzalo Bilbao le consagró en Sevilla la ejecución de Las Cigarreras, pintura que le otorgó una gran celebridad en el ámbito popular. Como quiera que esta pintura forma parte de los fondos del Museo de Sevilla, hay que señalar que su presencia en ellos otorga categoría y realce a la colección de obras pertenecientes a los años finales finales del siglo XIX y del siglo XX, que por cierto no es muy relevante.
     La vida de Gonzalo Bilbao transcurrió desde 1860 en que nació en Sevilla hasta 1938, año en que falleció en Madrid. Como todos los pintores de generación completó su formación sevillana con estancias en Roma y París, al tiempo que viajó por el norte de África buscando exóticos motivos de inspiración.
     La personalidad artística de Gonzalo Bilbao está basada en la habilidad y soltura de su dibujo, la utilización de un colorido rico y suntuoso y finalmente el empleo de un sentido de la luz intenso y contrastado. En la utilización de recursos lumínicos puede decirse que es uno de los pintores más audaces después de Sorolla y en la aplicación de la pincelada se advierte por su soltura y agilidad que en muchas ocasiones se acerca a la técnica de los impresionistas. En este sentido fue consciente del ambiente poco progresista a nivel artístico que imperaba en la mentalidad de la crítica y de la clientela sevillana, y por ello moderó su soltura técnica, evitando excesos que hubieran exacerbado a los partidarios del academicismo.
     En sus comienzos, como todos los jóvenes que pintaron en las dos últimas décadas del siglo XIX, fue practicante de una pintura orientada en su temática a evocaciones del pasado. Pero cumplido tal purgatorio no volvió a insistir en esta temática y se dedicó a lo que realmente emanaba de sus instinto artístico: la práctica de una pintura basada en la luz y el color de su tierra. Tiene sobre todo Bilbao un grupo de obras con tema rural, en donde exalta el esfuerzo del trabajo al aire libre en el ambiente agrícola durante el verano, que forma parte de lo mejor, de su producción.
     También supo ser pintor de la ciudad, recreando aspectos costumbristas de gran belleza como funciones religiosas, escenas laborales o diversiones populares; hay incluso algunas pinturas suyas que tratan el tema del desnudo femenino y al contemplar los estudios de la luz sobre la piel, el esplendor y la belleza que otorga a las formas corporales, se suscita el lamento porque no hubiese prodigado con más intensidad este tema.
     Fue también Bilbao un hábil retratista especialmente en su época de madurez, pudiéndose decir que ante  su caballete posó la mejor sociedad sevillana. Algunos de sus retratos en el Museo merecen especial mención por su importancia histórica, como el de don Francisco Rodríguez Marín y don José Gestoso. Otros lo merecen por su prestancia y belleza como el de doña Flora Bilbao, su hermana, y el de doña María Roy, su esposa.
     Puede decirse que Gonzalo Bilbao fue el último gran costumbrista de la pintura sevillana. Heredero de la tradición romántica, transformó profundamente esta tendencia merced a la alegría de su pincel y al vigor de su colorido (Enrique Valdivieso González, Pintura, en El Museo de Bellas Artes de Sevilla. Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Biografía de Gonzalo Bilbao, autor de la obra de arte reseñada
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     Gonzalo Bilbao Martínez, (Sevilla, 27 de mayo de 1860 – Madrid, 4 de diciembre de 1938). Pintor, catedrático de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla y ateneísta.
     Nació en el seno de una familia hispalense acomodada. Tras sus estudios primarios en el Instituto de San Isidoro, cursó la carrera de Derecho en la Universidad de Sevilla, que terminó en 1880. No obstante, sus habilidades artísticas, demostradas desde niño, le decantaron hacia la práctica exclusiva de las artes, especialmente de la pintura que, según referencias, siguió en los primeros años de juventud cerca de los maestros Francisco y Pedro Vega. A los veinte años de edad y tras una previa formación sevillana y madrileña en el Museo del Prado, realizó un ansiado viaje a Italia, visitando Venecia, Nápoles y Roma. En Roma contactó con la colonia artística postfortuniana. Tuvo ocasión entonces de ejecutar preciosos y luminosos “tableautines”, aún muy demandados porque constituían el punto de arranque del moderno paisaje “plenearista”, que tanto gustaba practicar el pintor. Después de una breve estancia en Sevilla, donde participó en la Exposición de 1882 de la Academia Libre de Bellas Artes, viajó al año siguiente a París para completar su formación. Allí obtuvo la Tercera Medalla en la célebre Exposición del Centenario de la Revolución.
     Artista inquieto y buscador de nuevas formas de expresión, realizó un periplo artístico por el norte de África, que le llevó en 1889 a viajar por Marruecos para captar sus efectos luminosos y coloristas, lo que plasmó en admirables obras neorrománticas pletóricas de vivacidad. Más tarde recorrió las regiones del norte hispano-francés, mostrando sus preferencias por las calidades pictóricas del paisaje de la costa y los alrededores de Fuenterrabía. Los paisajes castellanos también constituyeron cita obligada de su itinerario artístico, especialmente Toledo, ciudad que le produjo una viva impresión y a la que dedicó una serie variada de paisajes.
     En 1893 fue elegido académico de Bellas Artes de Sevilla y logró la Medalla Única en la Exposición Universal de Chicago. Al año siguiente fue nombrado secretario del Centro de Bellas Artes de Sevilla; inició así una fructífera relación con el Ateneo y la Sociedad de Excursiones, que presidió ocho años después.
     Desde 1903 —año en que sustituyó al pintor José Jiménez Aranda—, ejerció como profesor de Composición Decorativa en la Escuela de Artes, Industria y Bellas Artes, cuya dirección ostentó más tarde. Al año siguiente, en Madrid, contrajo matrimonio con María Roy Lhardy, con la que no tuvo descendencia. Aprovechaba sus estancias en Madrid, desde entonces cada vez más frecuentes, para acudir al Museo del Prado en calidad de copista, sobre todo de artistas clásicos y de Velázquez, en cuya práctica encontraba el apoyo y la amistad de su paisano y entonces director de la pinacoteca, el pintor José Villegas.
     En los inicios del nuevo siglo, el pintor se incorporó a algún movimiento estético entonces en boga; entre otros, el simbolismo, tendencia con la que resuelve algunos temas, por ejemplo, las alegorías marianas del Protectorado de la Infancia de Triana (Sevilla). Por otra parte, hay que vincular el calado social de su arte al regionalismo.
     En 1910 fue nombrado delegado regio; acompañó a la infanta Isabel en el cortejo oficial de los actos celebrados en Argentina con motivo del centenario de su independencia. Aprovechó la circunstancia para estrechar las relaciones artísticas hispano-argentinas, lo que se plasmó más tarde en el certamen iberoamericano de Sevilla de 1929. En Buenos Aires participó en la Exposición Internacional, en la que obtuvo la Primera Medalla. Logró el mismo galardón en la Exposición Internacional de Santiago de Chile.
     Gonzalo Bilbao, que gozaba de una acomodada posición y ejercía como distinguido retratista de la Corona, la nobleza y la alta burguesía, llegó a alcanzar gran popularidad como pintor costumbrista, pues utilizó hábilmente una iconografía que se identificaba con la idiosincrasia andaluza. Su serie dedicada a las cigarreras fue un éxito; cabe destacar el clamor popular cuando se le negó recompensa por su cuadro Las cigarreras en la fábrica (Museo de Bellas Artes de Sevilla), presentado en la Exposición Nacional de 1915. Sin embargo, como pintor cosmopolita, ese mismo año obtuvo la Primera Medalla en la Exposición Internacional de San Francisco (California) y, al año siguiente, expuso en la Casa Demotte de París, donde se encontraba como delegado del Estado español en la Exposición de Arte Hispánico. También participó entonces en la Exposición Internacional de Panamá, en la que recibió la Primera Medalla.
     En 1925 fue nombrado presidente de la Comisión de Arte de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Al mismo tiempo, fue elegido para presidir el patronato del Museo de Bellas Artes y la Real Academia de Santa Isabel de Hungría de la misma ciudad. El retrato de 1934 a Rodríguez Marín fue como un anticipo a su discurso de ingreso en la Academia de San Fernando de Madrid, leído el 27 de marzo de 1935, acerca de El Museo de Bellas Artes de Sevilla. Fue una lección de erudición, en la que comparó el arte encerrado en esa pinacoteca con el arte contemporáneo.
     En 1930 participó en la Exposición de Primavera de Sevilla, y tres años después, el madrileño Círculo de Bellas Artes le dedicó un magno certamen individual en el que expuso más de noventa cuadros, verdadera muestra antológica y colofón a su carrera.
     Gonzalo Bilbao recibió innumerables reconocimientos públicos nacionales e internacionales, como la Gran Cruz de Isabel la Católica, la Cruz de Alfonso XII, la Encomienda de Carlos III. Asimismo, fue nombrado comendador de la Legión de Honor francesa y oficial de la Corona de Bélgica (Gerardo Pérez Calero, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "La toilette", de Gonzalo Bilbao, en la sala XIII, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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lunes, 26 de mayo de 2025

Los sitios arqueológicos Angostillo, en Marchena (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Angostillo, en Marchena (Sevilla).  
Angostillo I. Pequeña concentración de cerámica turdetana y romana: común, sigillata, paredes finas, en la parte más alta del cerro central del Angostillo.
Angostillo II. En la parte de la loma más cercana al Cortijo de la Cobatilla se concentran fragmentos de cerámica común a torno, algunos de ánfora, incluyendo un borde de ánfora púnica gaditana. Se encontró una "torta" de mineral de hierro con aspecto de escoria de fundición (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Angostillo, en Marchena (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia.

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El Retablo Cerámico de San Felipe Neri, de Fernando Orce Guerrero, en la Iglesia de San Alberto (Oratorio de San Felipe Neri)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo cerámico de San Felipe Neri, de Fernando Orce Guerrero, en la Iglesia de San Alberto (Oratorio de San Felipe Neri), de Sevilla.   
      Hoy, 26 de mayo, Memoria de San Felipe Neri, presbítero, que, consagrándose a la labor de salvar a los jóvenes del maligno, fundó el Oratorio en Roma, en el cual se practicaban constantemente las lecturas espirituales, el canto y las obras de caridad. Resplandeció por el amor al prójimo, la sencillez evangélica, su espíritu de alegría, el sumo celo y el servicio ferviente a Dios (1595) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
         Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte Retablo Cerámico de San Felipe Neri, de Fernando Orce Guerrero, en la Iglesia de San Alberto (Oratorio de San Felipe Neri), de Sevilla.
     La Iglesia de San Alberto (Oratorio de San Felipe Neri), se encuentra en la calle Manuel Rojas Marcos, 4; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     Panel de azulejos planos pintados a mano, con unas medidas aproximadas de 1'10 x 1'50 m. y ejecutado en los años '50 del siglo XX, por la fábrica Nuestra Señora de la Piedad, de Pedro Navia Campos, para la fachada de la Iglesia de San Alberto.
     Este retablo fue pintado por Fernando Orce Guerrero, poco después de fallecer su padre, Enrique Orce Mármol, utilizando para el marco decorativo el mismo estarcido y decorado que aquel utilizó, poco antes de su fallecimiento, para el retablo del Nuestro Padre Jesús del Prendimiento en Jerez de la Frontera. (Datos aportados por Alfonso Carlos Orce Villar).
     Las piezas 10, 18 y 21 se encuentran mal colocadas (www.retabloceramico.org).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Felipe Neri, presbítero:
     Fundador de la congregación del Oratorio.
     Nació en Florencia en 1515. Instaló a los oratonianos en Roma, junto a la iglesia de Santa María in Vallicella que tomó el nombre de Chiesa Nuova (Iglesia Nueva). De los intermedios musicales que organizó en el Oratorio de Roma nació el oratorio como género musical.
     Durante una de sus enfermedades se le apareció la Virgen con el Niño en medio de los ángeles.
     Murió en Roma en 1595, donde se lo conocía familiarmente con el mote de Pippo buono (Felipe el bueno).
     Fue canonizado en 1622. A partir de entonces, los oratorios, para rendir homenaje al nuevo San Felipe, adoptaron el nombre de Filippini (Felipinos). Es patrón de Florencia, Mantua y Roma. Se lo invocaba contra el reumatismo.
ICONOGRAFÍA
     Está representado en hábito de oratoniano, con un rosario.
     Un ángel le presenta un libro abierto en el cual lee las palabras del Salmo: Dilatasti cor meum.
     Sus otros atributos son una mitra y un capelo cardenalicio arrojados a sus pies. El arte italiano del siglo XVII lo ha representado muchas veces en éxtasis, y con sus visiones, sobre todo la Aparición de la Virgen (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
    Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Retablo Cerámico de San Felipe Neri, de Fernando Orce Guerrero, en la Iglesia de San Alberto (Oratorio de San Felipe Neri), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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domingo, 25 de mayo de 2025

Experiencia Explicarte Sevilla, con los Talleres "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla" de los Distritos Bellavista - La Palmera, y Los Remedios, del Ayuntamiento de Sevilla

     Hoy, domingo 25 de mayo, finaliza la vigésimosexta semana de otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de las visitas organizadas para los Talleres Socio-Culturales "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla", de los Distritos Bellavista - La Palmera, y Los Remedios, del Ayuntamiento de Sevilla, desarrollados de lunes a viernes por las mañanas y tardes, y que se iniciaron el pasado 28 de octubre de 2024, con la presentación de los mismos.

     Gracias a la empresa Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L., por contar con nosotros para mostrarles, mediante los Talleres Socio-Culturales del Ayuntamiento de Sevilla, parte de la ciudad hispalense, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
   Nos pusimos manos a la obra, y fuimos ofreciendo distintas rutas a lo largo y ancho de nuestra ciudad, desde el lunes 19, al viernes 23 de mayo. 
     Los Talleres desarrollados fueron los siguientes:
- Taller 23 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes de 10 a 13 h.)
- Taller 21 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes de 17 a 20 h.)
- Taller 19 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (jueves de 10 a 13 h.)
- Taller 43 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (jueves de 17 a 20 h.)
- Taller 20 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes de 10 a 13 h.)
- Taller 22 "Conocer Sevilla" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes de 17 a 20 h.)
     En los talleres a lo largo de esta semana pudimos contemplar los siguientes enclaves y localizaciones:
    - Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (I.A.P.H.)
    - Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (C.A.A.C.)
    - Catedral de Santa María de la Sede   
    - Iglesia de San Luis de los Franceses    
   
     Gracias a las empresas Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L, por contar con nosotros, a los coordinadores de los talleres de los Distritos de Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla, y como no podía ser de otra manera a todos y cada unos de los amigos que estoy conociendo gracias a estos talleres, de los que me estoy llevando una inmejorable impresión, puesto que está siendo una una relación de amistad, más que de monitor-alumno, y de colaboración y aportación mutua, que sin duda está siendo enriquecedora para todas las partes, y que esperamos que sea duradera en el tiempo. 
     Deseando continuar con dichos talleres porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     Os dejo unas fotografías, aportadas por los usuarios, de toda la Experiencia ExplicArte Sevilla, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.














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Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, Ermitas, Fuente de los Cien Caños, Monumento al Caz, y Molinos Hidráulicos) de la localidad de Villanueva del Trabuco, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, Ermitas, Fuente de los Cien Caños, Monumento al Caz, y Molinos Hidráulicos) de la localidad de Villanueva del Trabuco, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca de Nororma
     Superficie: 59 km2
     Altitud: 688 m
     Latitud: 37º 11'  -  Longitud: -4º 20'
     Distancia a Málaga capital: 56,8 km
Datos demográficos
     Población: 5.410
     Gentilicio: Trabuqueños
Ayuntamiento
     plaza del Prado, 1, 29313
     952751021 - 952751969
     info@villanuevadeltrabuco.com    
     www.villanuevadeltrabuco.es
     Villanueva del Trabuco es un municipio de la comarca de Nororma, en la provincia de Málaga, junto a la Sierra de San Jorge y Sierra Gorda. Su bello paisaje de montaña, con proliferación de arroyos y recursos hídricos, hace de este municipio un lugar ideal para el senderismo, las rutas en bicicleta y otras emocionantes actividades de turismo activo, como el arborismo.
     Cabe destacar que en este municipio se encuentra el nacimiento del río Guadalhorce.
     En Villanueva del Trabuco no puedes perderte sus monumentos: 
     La Fuente de los Cien Caños marca el nacimiento del río Guadalhorce. Es visita obligada este enorme conjunto adosado a la roca de la que emana todo un espectáculo de agua.
     En el núcleo urbano, debemos visitar la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, levantada en el siglo XVIII, en la que destaca su torre campanario.
     La ermita de la Virgen del Puente se encuentra, en sentido geográfico y emocional, en el corazón del pueblo.
     Otros edificios religiosos son la ermita del Pilar, la ermita de San Antonio, la ermita de San Isidro Labrador y la ermita de San Juan y de la Virgen del Carmen (Diputación Provincial de Málaga).
     Aunque con testimonios materiales, que indican poblamiento durante la prehistoria y antigüedad -abundan los restos romanos-, las tierras que integran su término municipal estuvieron abandonadas durante siglos, debido a su alejamiento de los núcleos habitados y el riesgo que implicaba trabajarlas. Por ello, Carlos III/ las consideró dentro de su política de nuevas poblaciones, y parte de los colonos flamencos y alemanes católicos que vinieron hasta Sierra Morena, se desviaron hasta aquí. La agricultura fue su actividad económica casi exclusiva, circunstancia que es evidente nada más entrar en el pueblo, donde unos jardines se decoran con elementos pertenecientes al patrimonio industrial del sector olivarero: una prensa hidráulica de hierro fundido de «La Catalana Eustasio Oños» (Sevilla, 1883) y un empiedro de rulos troncocónicos de granito de «Luna Antequera».
     En 1845 se solicitó la segregación de Archidona, proceso que culminó en 1848. En un jardincillo cercano a la iglesia, un modesto monumento, realizado por Bernardo Caro, rememora este acontecimiento, vital para la localidad. Para reactivar la economía, en 1853 se solicitó autorización para celebrar una feria anual durante el mes de agosto; por entonces el pueblo lo for­maban sólo cuatro calles. En 1904 se construyó su primera fuente pública. El río Guadalhorce, que atraviesa su casco urbano, ha determinado su urbanismo y ha ocasionado numerosas pérdidas debido a sus crecidas, por lo que en la actualidad está encauzado y modificado en su trazado (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  

Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores
     Aunque en el 1700 ya consta que este lugar disponía de una capilla, la parroquia fue erigida en 1760, y de esta fecha debe datar el actual edificio, restaurado en los años cincuenta del siglo XX.
     Con una nave cubierta en forma de artesa, con materiales prefabricados poco acordes con las características del templo, y crucero con gran cúpula, el interior ha resultado particularmente desvirtuado en los años cincuenta. En la fachada cobra protagonismo su imponente torre pórtico, integrada por tres cuerpos, ochavado el de campanas. A la izquierda de la portada, con arco de medio punto flanqueada por pilastras, un retablo cerámico, instalado en 2002, conmemora los sesenta años de la bendición de la Virgen de los Dolores, cuya casa hermandad linda con el templo. En el presbiterio, desde un modesto retablo de factura reciente, preside la virgen de los Dolo­res, imagen de candelero realizada en 1942. En el crucero, la pila bautismal, en mármol rojo, con taza avenerada y elaborado pie abalaustrado, y una inscripción que recuerda a quien la costeó en 1760, año en que se erigió la parroquia (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006). 
     El edificio de mayor interés de Villanueva del Trabuco es la iglesia parroquial, construida a finales del siglo XVIII (1760) sobre la primitiva ermita de Santa María Egipcíaca (la cual data de 1645), reconstruida en 1953 y restaurada en 1993. En el exterior del templo, destaca su torre blanca, visible desde cualquier parte del pueblo, levantada sobre la puerta principal, así como su revestimiento de azulejos.
     La fachada es de color blanco y amarillo albero. La portada tiene un arco de medio punto entre pilastras, con una cornisa en la parte superior, quedando enmarcado el arco a modo de alfiz. Tres ventanales con vidrieras se distribuyen en la parte superior de la fachada.
     El altar mayor presenta un retablo muy sencillo, con las imágenes de la Virgen de los Dolores (centro), Sagrado Corazón (izquierda) y San José con el Niño (derecha) (Diputación Provincial de Málaga).

Ermitas junto al río

     Los habitantes recuerdan como muy antiguas las pequeñas capillas callejeras que se emplazaban junto al río, pero al desviarse su cauce para alejarlo de la población, fueron demolidas y vueltas a construir en la calle que hoy se llama Ribera del Río. La más cercana al casco urbano, la de Los Dolores, fue construida en 2001, con planta octogonal; en su interior se venera una pequeña imagen, de unos 50 cms., de terracota policromada y posible datación en el siglo XIX, adquirida en Madrid por unos devotos para este fin. En el otro extremo del pueblo, y en la ribera opuesta, una segunda capilla de similar factura acoge a una imagen de San Antonio, fundida en bronce y de ejecución reciente (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006). 
Ermita de la Virgen del Pilar. Se trata de una ermita de reciente construcción, situada en la Moheda, en las inmediaciones de la carretera que va hacia los Alazores.
Ermita de la Virgen del Puente. También conocida como ermita del Puente, se encuentra entre la Plaza del Prado y el puente sobre el río Guadalhorce.
     Un sacristán del pueblo, en un viaje a Madrid, al ver una imagen pequeña de la Virgen de los Dolores similar a la de la Iglesia, la compra y es instalada en la ermita que se construye a tal fin. Más tarde hubo que retirarla a causa de una gran tormenta ya que corría riesgo de ser arrastrada por las aguas del río. Durante la Guerra Civil, la imagen corría peligro de ser quemada, y permaneció escondida durante 28 años.
Ermita de San Antonio. Esta ermita fue construida por el Alcalde José Antonio Arjona en memoria de su abuelo Antoñico Rosa, que vivía cerca del lugar.
Ermita de San Isidro Labrador. Se encuentra en las Beatas, barriada de la pedanía del Cortijuelo, situado a 1,5 km del pueblo.
     Es tradición que llegado el 15 de Mayo, festividad de San Isidro, se realice una romería en su honor hasta los 101 caños, paraje de gran interés paisajístico y ecológico.
Ermita de San Juan y de la Virgen del Carmen. Situada en la barriada de “los Morales”, en la ermita se oficia una eucaristía semanal. Dicha barriada celebra la festividad de San Juan, organizando diversos actos lúdicos (Diputación Provincial de Málaga).

Fuente de los Cien Caños
     El exuberante nacimiento de agua, que da vida a esta obra humana adosada a la roca, sorprende, como un gran espectáculo de luz y sonido, a todo el que se acerca a conocerlo.
     Se trata de la Fuente de los Cien Caños –en realidad tiene uno más–, Monumento natural de Andalucía situado en el entorno de Villanueva del Trabuco que goza de justa fama. La fuente, gigantesca, canaliza el agua que mana de la sierra de San Jorge, constituyendo el aporte más importante del río Guadalhorce en su tramo inicial.
     Se encuentra en la Sierra de San Jorge, en el extremo oriental de la Sierra de Camarolos, y forma parte del conocido como Arco Calizo Central Malagueño. La fuente es tradicional lugar de esparcimiento para los vecinos de Villanueva del Trabuco y del resto de la comarca.
Coordenadas
Inicio ruta: 381529 / 4098826
Fuente de los Cien Caños: 386149 / 4098992
     A pocos kilómetros del término municipal de Villanueva del Trabuco se encuentra el nacimiento del río Guadalhorce, el río más caudaloso de la provincia de Málaga, concretamente en el Puerto de los Alazores, entre las faldas de las Sierras de San Jorge y Gibalto, en el término municipal de Loja (límite Málaga). Popularmente se considera que su nacimiento está en la que se conoce como la Fuente de los Cien Caños, aunque realmente  tiene 101 caños. De esta gigantesca fuente adosada a la pared caliza de la sierra brotan decenas de chorros de agua de sus paredes. Se trata de un impresionante manantial situado a pocos kilómetros del pueblo. En sus proximidades muchos vecinos de la comarca aprovechan para pasar un agradable día de campo.
     La Sierra de San Jorge constituye el extremo oriental de la Sierra de Camarolos, que forma parte del conjunto de sierras calizas que atraviesan la provincia de Málaga de oeste a este. El lugar está rodeado por un hermoso y variado paisaje con vegetación típicamente mediterránea: olivos, pinos, encinas, arbustos y monte bajo.
Cómo llegar
     Desde la MA-225 hasta llegar por carretera convencional a los Alazores y tomar un desvío a la derecha hasta llegar al nacimiento (Diputación Provincial de Málaga).

Monumento al Caz
     Los tradicionales caz, creados en en siglo XIX y que se cifra en ocho los caz que existen, son unas acequias que a modo de acueductos conducían el agua del Guadalhorce hasta los distintos molinos de aceite o de harina que existían en el pueblo. Se conservan restos de caz en el cortijo del Prevenio, el de Maletas, el Huerto del Viejo, La Fábrica o El Molinillo.
     En el cortijo de San Antonio Jabonero aún puede verse la acequia que, desde lo más alto del río Guadalhorce, transportaba el agua hasta una estructura de piedra por la que era conducida hasta un orificio. Éste generaba un chorro tan potente que era capaz de mover las piedras de los molinos. El agua discurría entonces por este canal artificial que se había formado en la tierra, consiguiendo una desviación del curso natural del río Guadalhorce para provocar un desnivel y aprovechar la fuerza del agua como motor de los molinos. El agua del canal desembocaba en la estructura de piedra que tiene 40 metros de largo y cuatro de altura.
     En la plaza principal se ha creado un monumento dedicado a los caz. En su composición se utiliza la piedra y el ladrillo como elementos decorativos, con un arco central de medio punto por el que se accede a un pequeño parque y paseo (Diputación Provincial de Málaga).

Molinos Hidráulicos
     Los molinos del alto Guadalhorce son molinos preindustriales hidráulicos de cubo. Funcionaban con rueda horizontal o rodezno. Algunos introdujeron tecnologías modernas.
     Los molineros rurales eran más o menos precisos en su oficio y tenían que completar su trabajo con tareas agrarias o ganaderas. La posición social del molinero parecía algo más elevada que la de sus vecinos. Sin embargo, su condición social fue baja ya que estaba casi siempre en sospecha de poder cometer fraude sobre todo en el peso.
     La localidad de Villanueva del Rosario, fin de la etapa 11 de la Gran Senda, coincide con la segunda etapa de otra senda, la del Guadalhorce, GR 248, que llega hasta Villanueva del Trabuco siguiendo la orilla del río Guadalhorce. Los molinos que visitamos en esta etapa son molinos hidráulicos preindustriales que se remontan desde la mitad del siglo XIX hasta mediados del XX. Desde El Trabuco se recorre la primera etapa de esta Senda en sentido ascendente hasta llegar a la Fuente de los 100 Caños, nacimiento del gran río malagueño. En ella podemos visitar lo que queda de los 9 molinos que llegaron a aprovechar como fuerza hidráulica el caudal del río o de algún manantial cercano.
     El sistema de molienda se hacía friccionando dos grandes piedras estriadas denominadas muelas, situadas de forma horizontal, una inferior que permanece siempre fija y otra superior móvil o volandera, que giraba sobre la anterior. El grano a moler se depositaba en la tolva o depósito troncocónico desde donde cae en las muelas a través de la canaleta. El rodezno, que se alojaba en el cárcavo, es la rueda motriz del molino y su función consiste en transmitir la fuerza para mover la rueda volandera.
     Los molinos de Villanueva del Trabuco en el río Guadalhorce han dejado de desarrollar su tarea tradicional de la molienda de cereales.
     Su destino actual ha cambiado totalmente.
     Ninguno se dedica ya a las tareas de la molienda y su finalidad actual varía mucho de unos a otros. Hoy algunos de ellos se han restaurado para dedicarlos a turismo rural; otros se han convertido en viviendas normales del campo; los hay también que han desaparecido completamente o han dejado escasos restos de su función original.
     Con la evolución técnica de la construcción de molinos, la instalación de los mismos en las orillas de los ríos se convirtió en una empresa habitual, además de primordial para la subsistencia y desarrollo local. Este hecho no pasa desapercibido en Villanueva del Trabuco.
     En los márgenes del río Guadalhorce (en apenas siete kilómetros) se instalaron hasta 9 molinos harineros hidráulicos que desarrollaron una destacada actividad fabril desde la segunda mitad del siglo XIX hasta bastante pasada la mitad del siglo XX. Este crecimiento económico y fabril de Villanueva del Trabuco se debe a dos factores: el crecimiento constante de la población y el predominante reparto de la propiedad.
     El molino solía ser el lugar de reunión de las gentes de la zona, donde se podía hablar con los vecinos, incluso conocer las noticias y novedades. El molinero solía ocupar parte del mismo edificio con su familia para vivienda. El molino trabajaba por el sistema de maquila que era un porcentaje de harina (Diputación Provincial de Málaga).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, Ermitas, Fuente de los Cien Caños, Monumento al Caz, y Molinos Hidráulicos) de la localidad de Villanueva del Trabuco, en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

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