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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 18 de julio de 2023

Un paseo por la calle Joaquín Romero Murube

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Joaquín Romero Murube, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 18 de julio, es el aniversario del nacimiento (18 de julio de 1904) de Joaquín Romero Murube, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Joaquín Romero Murube, de Sevilla, dando un paseo por ella.
    La calle Joaquín Romero Murube es, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo; y va de la plaza del Triunfo, a la plaza de la Alianza.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     En 1958 se acordó  denominarla como Pío XII, pero no debió llevarse a efecto pues las obras no se realizaron hasta 1961, en que se rotuló como Alcazaba, en clara referencia a la contigüidad del Alcázar. Posteriormente, tras la muerte de Joaquín Romero Murube (1904-1969), fino poeta cantor de Sevilla y conservador de los Reales Alcázares, se le dio su nombre. A propuesta de Izquierdo Gómez, Escadón Olmedo y Romero Murube, el Ayuntamiento aprobó en 1942 la apertura de una nueva calle entre las plazas del Triunfo y de la Alianza que comunicara el barrio de Santa Cruz y dejara al descubierto parte de la muralla norte del Alcázar. Poco después fueron expropiadas la casa núm. 4 de plaza del Triunfo, l y 2 de plaza de la Alianza, 18 y 20 de Rodrigo Caro y parte del jardín del Convento de la Encarnación. Con esta actuación quedó al descubierto un lienzo de muralla con tres torres y una puerta cegada, y muy ampliada la plaza de la Alianza y la calle Rodrigo Caro. Entre 1960 y 1961 se realizaron las obras de explanación, instalación de servicios y pavimentación, al tiempo que se restauraron los lienzos de muralla. Los espacios entre torres están ajardinados y la calzada, que al confluir con la plaza de la Alianza salva algunos escalones, esta pavimentada con losas de Tarifa y chino lavado en damero. 
     La acera opuesta a la muralla está conformada por la fachada lateral del palacio de la Diputación Provincial, la tapia del jardín del convento y el costado de la casa núm. l de la plaza de la Alianza. En esta pared hay un azulejo del Cristo de la Misericordia de la Hermandad de Santa Cruz. Cumple funciones de tránsito, especialmente para el turismo que accede fácilmente desde la zona monumental del barrio de Santa Cruz. En ella se instaló un busto del poeta Dante Alighieri que se retiró para ser restaurado (1971) y luego fue colocado en el Parque de María Luisa. En la tapia de los jardines del convento se abre una tienda de cerámica orientada al turismo [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Joaquín Romero Murube. Muralla del Alcázar con puerta de arco de herradura de época califal, flanqueada por torres rectangulares de sillería [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Gonzalo Argote de Molina, personaje a quien está dedicada esta vía;
     Joaquín Romero Murube, (Los Palacios y Villafranca, Sevilla, 18 de julio de 1904 – Sevilla, 15 de noviembre de 1969). Poeta de la Generación del 27, prosista, periodista y director-conservador de los Reales Alcázares de Sevilla.
     Nació y creció en el seno de una familia rural acomodada. Su padre, abogado liberal, llegó a ser presidente de la Diputación de Sevilla y de la Sociedad Económica de Amigos del País. Las primeras vivencias infantiles en el pueblo, su enorme capacidad para la observación, el amor por la tradición y por Sevilla, son temas a los que recurre con frecuencia en su literatura.
     Inició las carreras de Filosofía y Letras y Derecho, teniendo que abandonarlas a los diecinueve años tras la muerte de su padre para ponerse al frente de su familia.
     A pesar de esta circunstancia, siguió en contacto con sus compañeros y profesores de la Facultad, entre los que se encontraban Luis Cernuda, Pedro Salinas o Jorge Guillén. Frecuentó las tertulias literarias de la ciudad y entró en contacto con sus círculos intelectuales.
     Romero Murube fue fundador y redactor-jefe de la revista literaria Mediodía y autor de su manifiesto, al que tituló “Nuestras normas”. Como consecuencia de las actividades que generaba la publicación, se relacionó con la pléyade de artistas que colaboraban en la revista con sus artículos: García Lorca, Aleixandre, Manuel de Falla, Gerardo Diego, Villalón, Dámaso Alonso y otros tantos. A instancias del Ateneo hispalense y de los donceles de Mediodía se fraguó el denominado “mayor mitin poético dado en la historia de la literatura”, el llevado a cabo en la capital andaluza en 1927 para conmemorar el tercer centenario de la muerte de Góngora.
     El destino del poeta quedó definitivamente marcado en 1934 al ser nombrado director del Alcázar, cargo en el que permaneció hasta su muerte. El palacio se convirtió en marco idóneo de inspiración y en lugar de encuentro con sus compañeros de letras. Este nombramiento le permitió conocer a las personalidades más relevantes de la sociedad de su tiempo: jefes de gobierno, científicos, intelectuales, etc. Entre este mundo rutilante de estrellas, Murube siempre manifestó una especial predilección por sus amistades literarias.
     En 1935 se casó en Madrid con su prima Soledad Murube Cardona. El matrimonio no llegó a tener descendencia.
     Romero Murube estuvo muy ligado a la Semana Grande de Sevilla: fue hermano de la Soledad de San Lorenzo, pregonero de la Semana Santa sevillana en 1944 y miembro fundador del Consejo de Hermandades y Cofradías. Como comisario del Patronato Artístico Nacional desempeñó una labor fundamental en defensa de importantes edificios que salvó de la piqueta, así como en la recuperación para el Patrimonio de Sevilla de valiosas piezas artísticas.
     Su poesía deja patente un especial acercamiento a los tradicionales poemas arábigo-andaluces. En las viejas casidas halló el tipo de composición que mejor se adaptaba a su personalidad. El agua, la mujer, las flores, Sevilla, la luz, se hacen sentimiento en sus versos melancólicos y a la vez vitalistas.
     En cuanto a sus escritos en prosa, consigue un dominio prodigioso. Vicente Aleixandre llegó a decir: “Es sin duda uno de los más altos prosistas, estaba a la cabecera de nuestros escritores”.
     A Joaquín Romero Murube se le considera, asimismo, maestro del nuevo periodismo. El Liberal, ABC y El Correo de Andalucía acogieron la mayor parte de sus artículos, erigiéndose desde ellos en defensor de los valores tradicionales de la ciudad. El prestigio conseguido como escritor le permitió convertirse en los últimos años en el más temido crítico de alcaldes, gobernadores o cardenales, a sabiendas del poder acumulado por estos cargos en aquellos tiempos.
     La noche del 14 de noviembre de 1969, cenó en compañía de Jaime García Añoveros (años después ministro de la Transición), Pablo Atienza, marqués de Salvatierra, Manuel Olivencia (que sería comisario de la Expo-92) y sus respectivas esposas. Romero Murube recordó la alocada etapa de Mediodía y deleitó a los comensales refiriendo anécdotas de su amistad con Lorca y Falla. A la una de la madrugada lo dejaron en la puerta del Alcázar. Horas más tarde se sintió indispuesto y falleció.
     En su dilatada trayectoria literaria y profesional le fueron reconocidos sus méritos con cuantiosos premios, condecoraciones o nombramientos, entre los que cabe destacar la Gran Cruz de Isabel la Católica, la Cruz de Alfonso X el Sabio, el Premio Adonais de Poesía y el Premio Ciudad de Sevilla. Fue, además, miembro de la Academia Sevillana de Buenas Letras y de la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría (Claudio Maestre Moreno, Biografías en la Real Academia de la Historia).
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La calle Joaquín Romero Murube, en detalle:
Placa "Sevilla Ciudad de Ópera"

lunes, 1 de noviembre de 2021

Un paseo por la plaza del Triunfo

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza del Triunfo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 1 de noviembre, es el aniversario (1 de noviembre de 1755) del famoso Terremoto de Lisboa, que sólo causó el hundimiento de algunas naves de la Catedral y que no causó víctimas, de ahí que se erigiese el "Triunfo" en agradecimiento a aquel "milagro", así que hoy es el mejor día para ExplicArte la plaza del Triunfo, dando un paseo por ella.
     La plaza del Triunfo es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y está delimitada por el Real Alcázar, la Casa de la Provincia, la Catedral y el Archivo de Indias.
   La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer. 
     La vía, en este caso una plaza, está dedicada al Triunfo conmemorativo al milagro de que el Terremoto de Lisboa no causara víctimas en nuestra ciudad.
     En tiempos medievales y modernos es probable que el espacio que actualmente incluye la plaza recibiera diversos apelativos en función de la proximidad y notoriedad de los edificios públicos que la circun­daban. Así ha sido conocida como del Alcá­zar, por la alcazaba de los emires andalusíes y reyes castellanos; del Corral de los Olmos, edificio que ocupaba la plaza Virgen de los Reyes, y fue residencia durante varios siglos de los cabildos civil y eclesiástico; del Hospital del Rey, institución creada en 1317 en la casa que hoy ocupa la Diputación; de la Lonja, por la construida por iniciativa de Felipe II en los solares de la Casa de la Mo­neda y las Herrerías del Rey; y Graneros del Cabildo, por el actual edificio del Museo de Arte Contemporáneo. Estos nombres no afectaron, según Álvarez-Benavides en un informe evacuado en 1892, a todo el espacio sino al mas próximo a cada edificio. También fue conocida como de los Cantos, según Santiago Montoto, por la piedra allí almacenada durante la construcción de la Catedral. Quizás también por los sillares de la muralla del Alcázar. En 1845 se dio oficialidad al nombre de plaza o paseo del Triunfo, con el que se la venía conociendo desde que se construyera el monumento o triunfo que conmemoraba el suceso portentoso de que un terremoto (1 de noviembre de 1755) hundiese algunas naves de la Catedral sin causar víctimas a pesar del numeroso público que oía la misa mayor, la cual tuvo que ser terminada en el exterior, en el lugar en que se levantó este triunfo. Posteriormente, en 1869 se le unirá como calle con el mismo nombre la de Santo Tomás. En 1892, con ocasión del centenario del descubrimiento de América, se propuso cambiarla por Cristóbal Colón, pero la propuesta no prosperó, y en 1931 se rotuló como Triunfo de la República, volviendo, tras la guerra civil, a su primitivo nombre.
     Delante de las puertas del Alcázar (del León o de la Montería y del Patio de Banderas) existió un espacio abierto que permitía la defensa del mismo; éste va a conformarse en el s. XVI con la construcción de varias dependencias de la Catedral adosadas a su fachada sur: Sala Capitular, Sacristía Mayor, Antecabildo y Patio del Mariscal, y de la Lonja, que sustituyó a otros edificios, dejan­do entre ambos una amplia comunicación, la actual Fray Ceferino González. En el s. XVII se derribaron algunas casas de la manzana del Corral de los Olmos, que miraban al Patio de Banderas, y en 1790 el propio corral, ensanchándose grandemente la comunicación con la actual plaza Virgen de los Reyes. Con la plaza de la Contratación se hacía a través del arquillo de la Montería o de la Contratación, abierto en el lienzo de muralla probablemente en el s. XVI. La última apertura ha sido la de la calle Joaquín Romero Murube, realizada en 1961. La calle Santo Tomás, que también confluye en la plaza, está enmarcada por la línea de muralla que va hasta la torre de Abdelazis, y la fachada sur de la Lonja. El resultado es una plaza rectangular abierta en la que penetra la esquina sureste de la Catedral.
     El primer proyecto de urbanización de la plaza parece ser de 1848, en el que se propone nivelar el terreno y pavimentarlo, aunque ya deberían existir algunos árboles formando un rectángulo, según recoge el plano de Sartorius (1848). Años después se encuentran referencias de la construcción de andenes desde la plaza al arquillo de la Montería, y de la reparación de los arrecifes por 150 presos. En 1673 ya aparece la planta de salón de forma elíptica dotada de árboles, bancos y candelabros, y en 19l8 se inaugura el monumento a la Inmaculada Concepción; en 1917 se elabora un proyecto por el arquitecto municipal Leopoldo Carrera Díaz, que conserva la planta elíptica e incluía la plaza del Cardenal Lluch, hoy Virgen de los Reyes; en 1932 se la dota con alcorques de mármol, según diseño de José Lafitta, dentro de este plan general de reforma, sobre el que se volverá en 1947-48, embelleciéndola y dotándola de nuevo alumbrado. El espacio circundante fue adoquinado en 1895, y nuevamente adoquinado en los años 30 y asfaltado en 1961, junto con toda la zona monumental, fecha muy temprana en relación con el resto de la ciudad.
     Han predominado históricamente los edificios públicos y monumentales. El más antiguo es el Alcázar, que ofrece lienzos y torres de la época andalusí, con la puerta del recinto principal, la de la Montería, conocida también como la del León. por la que se accede al Patio de la Montería, donde se reunían los monteros del rey, presidido por la gran fachada mudéjar levantada por Pedro I. En este patio hubo varios teatros de come­dias, siendo el mas famoso el de la Montería en el s. XVII, hasta 1691 en que fue destruido por un incendio. Al lienzo de muralla hubo casas adosadas aprovechando los salien­tes de los torreones desde el s. XVIII hasta la primera mitad del presente siglo. En una casa junto a la puerta del Patio de Banderas se fundó, a iniciativa de la Hermandad de la Virgen del Pilar, en 1317, un hospital, bajo el patronazgo de los reyes, y que Fernando e Isabel destinaron en 1501 a los inválidos de guerra, hasta que en 1794 fue incorporado al Hospital de los Inocentes. El edificio que ocupó esta institución es el de la Diputación, obra del s. XVIII, reformada con dos plantas y buhardillas con mansardas y hermoso patio y escalera. Tiene también en esta acera su entrada el convento de la Encarnación, unido interiormente con otras casas de la plaza de Santa Marta. La casa núm. 5, que alberga el Archivo y el Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial, es un edificio del s. XVIII en cuya fachada apa­rece una imagen flanqueada por sendos escudos del Cabildo de la Catedral. El lado norte lo cierra el ábside de la Catedral, con la puerta de las Campanillas, la Sala Capitular, Sacristía Mayor, Antecabildo y Patio del Mariscal. La Lonja, actual Archivo de Indias, construida en  1572 según postulados de Juan de Herrera, ocupa todo el lado de poniente. Junto a él se halla el monumento o Triunfo que da nombre a la plaza, formado por un pedestal de mármol y jaspe sobre gradas rematado con un templete que alberga una imagen de la Virgen. En su base hay una inscripción en castellano que recuerda las circunstancias por  las que se erigió el monumento y otra en latín que ha sido borrada parcialmente. El monumento que más la identifica actualmente, hasta el punto de creerse erróneamente que es el origen de su nombre, el levantado a la Inmaculada Concepción en 1918, obra del escultor Coullaut Valera y costeado por suscripción popular. La imagen de la Virgen se alza sobre cuatro columnas a las que rodean esculturas de Juan de Pineda, Murillo, Martínez Montañés y Miguel del Cid, sobre basamento octogonal. Existió en el s. XIX junto a la puerta del Patio de Banderas un pilar utilizado para regar la arboleda de la plaza.
     Espacio abierto de considerables dimensiones, ha sido testigo de los desplazamientos de los reyes durante su estancia en Sevilla, por ser titulares, hasta la Segunda República, del Alcázar, en donde residían; ya en 1405 se celebró al parecer una corrida de toros para celebrar el nacimiento del infante don Juan, futuro Juan II. Tras su urbanización en 1847, va a ser más un paseo que una plaza, en el que no van a faltar los puestos de agua, pintores ocasionales, mendigos y prostitutas en la noche. Hubo de estar poco cuidado, a tenor de las quejas, y también poco concurrido por estar retirado del centro de la ciudad. En algunas ocasiones se celebraron veladas y funciones de fuegos artificiales en la víspera de la fiesta de la Inmaculada. Todavía en 1921 era un "oasis de placidez y de silencio", pero por poco tiempo, pues el turismo en la actualidad la llena con la consiguiente presencia de vendedores ambulantes de baratijas y el aparcamiento masivo de coches de caballo, autocares y automóviles. En la postguerra fue testigo de la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús desde el balcón de la Diputación "entronizándolo en aquellas corporaciones en los que tanto le ofendieron" (ABC, 1-I-1942); en los años setenta y ochenta ha sido testigo, asimismo, de numerosas manifestaciones laborales ante el mismo palacio, que habitualmente genera cierto movimiento administrativo. Desde hace unas décadas acuden las tunas universitarias y numeroso público, la víspera de la Inmaculada o ofrecerle flores y canciones, y un grupo más reducido se concentra cada sábado a rezar el rosario. Es asimismo lugar buscado para celebrar actos de desagravio a las imágenes o a la Iglesia; el más reciente ocurrió en 1984 con motivo de la actuación del grupo teatral Els Joglars con la obra Teledeum. La plaza, motivo de atención y reflexión para poetas y escritores, ha sido llamada "acrópolis sevillana" por R. Laffón y "síntesis emblemática de la ciudad de la Gracia" por J. M. Izquierdo. Este autor, que le ha dedicado varias paginas de su libro Divagando por la Ciudad de la Gracia, recoge unos versos de un poeta "anónimo" que la describe así:
          "Un templo al Dios soberano, 
            una lonja a la riqueza
            y un alcázar sobrehumano,
            prodigio a la realeza".
     Otros muchos autores, entre los que cabe citar a Pío Baroja, J. M. Salaverría, P. Loüys, R. Laffón, M. Díez Crespo, J. Mas, J. Romero Murube, F. Cortines Murube y J. M. Izquierdo, han evocado sus árboles, sus puestos de agua y sus monumentos, "quinta esencia de la arquitectura de toda la ciudad" [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Triunfo, plaza del, 1. PALACIO DE LA DIPUTACIÓN PROVINCIAL
. Este edificio fue construido para Hospital del Rey. Consta de dos plantas en la crujía de fachada, rematada por buhardilla. La portada está flanqueada por columnas toscanas pareadas sobre pedestales, instaladas en el siglo XVIII. En el interior destaca el hermoso patio de arcos semicirculares sobre columnas en la planta inferior, y balcones, separados por pilastras cajeadas, en la superior. En un ángulo del mismo se encuentra la escalera de dos tramos, el segundo doble, cubierta con bóveda. 
Triunfo, plaza del, 4. Edificio del siglo XVIII, de dos plantas, avitoladas. Sobre la portada una pequeña hornacina con una imagen flanqueada por sendos escudos del Cabildo Catedral.
Triunfo, plaza del, 5. REALES ALCÁZARES. Perteneciente desde la extinción de la Monarquía, en 1931, al Patrimonio Nacional, ha sido cedido, casi en su totalidad, monumento y jardines, al Ayuntamiento de Sevilla.
     Entrando por la Puerta del León se halla un recinto ajardinado cerrado por una muralla almohade con reparaciones posteriores, a la izquierda de la cual se encuentra la Sala de la Justicia y el Patio del Yeso, único resto visible, este último, del Palacio Almohade. Al Patio de la Montería se abre la fachada principal del Palacio de Pedro I, o Alcázar  Nuevo, obra de alarifes granadinos, sevillanos y toledanos. La parte pública de este Palacio tiene como centro el Patio de las Doncellas, a cuyo fondo se en­cuentra el Salón de Embajadores, con magníficas puertas mudéjares y cubierto con una bóveda de media naranja, realizada en el siglo  XV. Las dependencias privadas de este Palacio tienen por centro el Patio de las Muñecas, que sufrió importantes reformas en el siglo pasado. En la parte alta del Palacio destaca el llamado Oratorio de los Reyes Católicos, con un retablo de cerámica obra de Niculoso Pisano, fechado en 1504.
     En el costado del Patio de la Mon­tería se halla el Cuarto de los Almi­rantes, fundado en 1503 por la Reina Católica. Junto a él un conjunto de dependencias conocido con el nombre de Casa del Asistente.
     En el frente opuesto, un tránsito lle­va al Patio del Crucero y a los Salo­nes de Carlos V,  que  forman parte del Palacio construido por Alfonso X, restaurado posteriormente, y con una magnífica colección de azulejos de Cristóbal de Augusta del siglo XVI. Finalmente se llega a los jardines: árabe, renacentistas, barrocos y modernos, dentro de los cuales hay que destacar el quiosco de Carlos V [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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La plaza del Triunfo, al detalle:
Monumento a la Inmaculada Concepción
Edificio de la plaza del Triunfo, 4

martes, 3 de agosto de 2021

El banco de la provincia de Huelva, en la Plaza de España

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el banco de la provincia de Huelva, en la Plaza de España, de Sevilla.
    Hoy, 3 de agosto, es el aniversario (3 de agosto de 1492), de la partida de Colón del puerto de Palos de la Frontera, en el viaje del Descubrimiento del Nuevo Mundo, siendo ésta la escena histórica que se representa en el panel central del banco de la provincia onubense de la Plaza de España, así que hoy es el mejor día para Explicarte el banco de la provincia de Huelva, en la Plaza de España, de Sevilla.
     La plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
   La estructura de cada banco provincial consiste en un panel frontal representando un acontecimiento histórico representativo de la provincia en cuestión, incluyendo por lo general escenas con los monumentos más representativos de la ciudad o provincia. Flanquean el conjunto anaqueles de cerámica vidriada, destinados originalmente a contener publicaciones y folletos de la provincia en cuestión. Rematando el banco aparece un medallón cerámico en relieve con su escudo. En el suelo se reproduce en azulejos el plano de la provincia y sus localidades más destacadas. Entre los arcos figuran los bustos en relieve de los personajes más importantes de la historia de España. La ejecución de la mayoría de los mismos corrió a cargo del escultor ceramista Pedro Navia Campos.    
 La Exposición Iberoamericana tuvo sus motivaciones políticas y propagandísticas, y éstas influyeron en algunos detalles. Respecto a las escenas históricas representadas en los bancos de las provincias, algunos de ellos fueron retirados precipitadamente en los meses previos a su inauguración por sus incorrecciones históricas o su inconveniencia política, ya que se consideró que no sintonizaban con la idea de unidad y paz que pretendía proyectar el recinto monumental.
   En el banco de la provincia de Huelva, situado entre los de las provincias de Guipúzcoa, y de Huesca, y entre las Puerta de Aragón, y la Puerta de Castilla, de la Plaza de España, la escena histórica representada en su panel central es la partida de Colón, desde el puerto de Palos de la Frontera, en el viaje del Descubrimiento del Nuevo Mundo, acontecimiento que tuvo lugar el 3 de agosto de 1492. A los lados del motivo central figuran el Monasterio de la Rábida y la Iglesia de Palos de la Frontera, coronados por los escudos de Huelva y España. Dicho panel cerámico, aunque no se observa firma, aparece semiborrada la de Vda. J. Tova Villalva, por lo que atendiendo a su ejecución pudiera ser de Enrique Orce y sus compañeros del taller, hacia 1926. Restaurado in situ en 2006 por la Escuela Taller de la Plaza de España.
   El motivo original retirado una vez limpio y catalogado fue depositado en los almacenes del Patrimonio del Estado ubicado en los bajos del edificio de la Plaza de España, y en los extremos unos anaqueles, también cerámicos, donde se colocaron originalmente folletos de cada localidad. En la zona inferior encontramos otro panel cerámico con el mapa de la provincia y tres bancos en forma de "U" decorados con dibujos vegetales derivados de los típicos candelieri centrados en algunos de ellos por cartelas con los paisajes y monumentos más representativos de la provincia onubense.   
   Sobre el balcón, encontramos una balaustrada centrada por el escudo, en forma de tondo, de la provincia, decorado con una especie de corona de laurel. En el arco que está sobre él, aparecen en sus enjutas los relieves con los bustos de Fernando de Rojas (último 1/3 s. XV - 1541), escritor castellano, autor de La Celestina; y, San Francisco Javier (1506 – 1552), Santo, cofundador de la Compañía de Jesús (SI), misionero en Oriente.; como personajes relevantes de nuestra historia (www.retabloceramico.net).
Conozcamos mejor el hecho histórico que aparece en el panel principal del banco de la provincia de Huelva
    El 23 de mayo de 1492 los vecinos de Palos de la Frontera escucharon en la iglesia de San José la orden de los reyes para que colaboraran, sin ambages, en la empresa colombina. Debían suministrar a sus expensas dos carabelas, que habían de servir o entregar a los reyes durante doce meses y, además, tenían que partir a las órdenes de Cristóbal Colón «...rumbo a ciertas regiones de la Mar Oceana». La orden dejó estupefactos a los «expertos marinos» habitantes de la villa marinera onubense, ya que se trataba de alcanzar Las Indias por Occidente, bajo el mando de un capitán prepotente, extraño y desconocido. 
   La cuestión se suavizó sobremanera cuando la principal familia marinera de la villa, la de los Pinzón, se sumó a la aventura con su jefe Martín Alonso Pinzón (tenía cerca de 50 años) a la cabeza, que también había concebido la idea de ir a Japón por Occidente; este hecho sería utilizado en 1515, por los testigos de los pleitos de los Colón con el Emperador Carlos V, para desmerecer a Cristóbal Colón enalteciendo a Martín Alonso Pinzón; Vicente Yáñez Pinzón, el hermano menor, también se enroló. En Moguer la familia de los Niños también aportó hombres (Juan, el cabeza de familia, con su carabela la Niña, y dos de sus hermanos) y los Quintero proporcionarían la Pinta. La nao Santa María fue alquilada a un patrón cántabro, de Santoña, Juan de la Cosa que también se embarcaría.
   La cadena de mando en las naves hispanas del momento era piramidal. El capitán o máximo responsable, el maestre que solía ser el propietario del barco, mandaba a los marineros y dirigía todas las operaciones, y el piloto que como segundo en el mando de la marinería se encargaba de trazar la carta de navegación y la marcha de la nave; bajo sus órdenes se encontraba el contramaestre que tenía el control directo de las tareas que motivaban el buen orden a bordo de los barcos. Fueron 87 los hombres enrolados, marinos avezados, ni aventureros ni proscritos. 
   Colón mandaba la Santa María con Juan de la Cosa como maestre y era, además, el capitán general de la flota. Martín Alonso Pinzón (1440-1493) mandaba La Pinta con su hermano Francisco Pinzón como maestre, y su hijo Vicente Yáñez Pinzón La Niña con Juan Niño como maestre. Todos los marineros eran españoles salvo tres genoveses y un portugués, la mayoría andaluces del ducado de Niebla, pero había varios del norte o cántabros como el mencionado Juan de la Cosa y el contramaestre vizcaíno Chachu. Sólo había cuatro fugitivos de la justicia alistados, uno condenado a muerte por homicidio en una riña y sus tres cómplices. Nadie fue obligado a embarcarse y se pagaron 600 maravedís a los marineros noveles, 1.000 a los veteranos, 1.500 a los contramaestres y 2.000 para los pilotos; podían incrementar su salario cambiando su «pacotilla» con los indígenas. Luis de Torres, hebreo converso era el intérprete; Diego de Harana, primo de la amante de Cristóbal Colón, era el alguacil de la flota con carácter policial. Además iban un escribano para levantar actas de las tierras descubiertas, tres médicos y dos funcionarios regios: un «veedor real», agente fiscal para controlar los gastos y reservar la parte de la Corona (antiguamente era un funcionario público encargado de la inspección y control de las actividades de los gremios y sus establecimientos; a partir de las Cortes de Toledo de 1480, los Reyes Católicos le atribuyeron una jurisdicción por la que debería rendir una visita anual de control de los oficiales regios) y un «repostero de estrados del rey» sin misión específica y embarcado motu proprio. No había soldados a bordo, ya que la misión era de exploración.
   La Niña y La Pinta tenían 20 metros de eslora, 6´5 de manga y 3 de calado con una capacidad de 60 toneladas; la Santa María (llamada «La Gallega» y dedicada a Santa María la Grande, que es la patrona de los pontevedreses; texto del padre Sarmiento del siglo XVIII) poseía unos 25 metros de eslora, 8 de manga, 4 de calado y 100 toneladas de capacidad. Eran naves de altas bordas y redondeadas, con un velamen complejo de tres mástiles, capaces para soportar tempestades en alta mar, pero que por su calado reducido les era posible acercarse mucho a la costa, aún en aguas poco profundas. Su coste era escaso, dos millones de maravedís y un cuarto de millón al mes para el pago de la tripulación. La leyenda de la reina Isabel I La Católica de León y de Castilla empeñando sus joyas no tiene ningún fundamento. 
   Colón aportó la octava parte prestada por el duque de Medinaceli y el resto fue aportado por Luis de Santangel con fondos de la Santa Hermandad, cofradía armada que se encargaba de mantener el orden público en los reinos de León y de Castilla. Se embarcaron víveres para un año y en diez semanas todo estuvo aparejado. Al amanecer del 3 de agosto de 1492 la flota se hizo a la mar. «Vuestras Altezas como católicos cristianos y príncipes amadores de la Santa Fe Cristiana y acrecentadores de ella y enemigos de la secta de Mahoma y de todas las idolatrías y herejías, pensaron en enviarme a mí, Cristóbal Colón a las dichas partidas de India para ver los dichos príncipes y los pueblos y las tierras y la disposición de ellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversión de ellos a nuestra fe.» (José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, Anales críticos sobre Cristóbal Colón, el Gran Almirante de la Mar Océana).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el banco de la provincia de Huelva, en la Plaza de España, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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martes, 25 de mayo de 2021

El banco de la provincia de Toledo, en la Plaza de España

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el banco de la provincia de Toledo, en la Plaza de España, de Sevilla.
      Hoy, 25 de mayo, es el aniversario (25 de mayo de 1085), de la conquista de Toledo por parte de Alfonso VI, siendo ésta la escena histórica que se representa en el panel central del banco de la provincia toledana de la Plaza de España, así que hoy es el mejor día para Explicarte el banco de la provincia de Toledo en la Plaza de España, de Sevilla.
     La plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
   La estructura de cada banco provincial consiste en un panel frontal representando un acontecimiento histórico representativo de la provincia en cuestión, incluyendo por lo general escenas con los monumentos más representativos de la ciudad o provincia. Flanquean el conjunto anaqueles de cerámica vidriada, destinados originalmente a contener publicaciones y folletos de la provincia en cuestión. Rematando el banco aparece un medallón cerámico en relieve con su escudo. En el suelo se reproduce en azulejos el plano de la provincia y sus localidades más destacadas. Entre los arcos figuran los bustos en relieve de los personajes más importantes de la historia de España. La ejecución de la mayoría de los mismos corrió a cargo del escultor ceramista Pedro Navia Campos.  
   La Exposición Iberoamericana tuvo sus motivaciones políticas y propagandísticas, y éstas influyeron en algunos detalles. Respecto a las escenas históricas representadas en los bancos de las provincias, algunos de ellos fueron retirados precipitadamente en los meses previos a su inauguración por sus incorrecciones históricas o su inconveniencia política, ya que se consideró que no sintonizaban con la idea de unidad y paz que pretendía proyectar el recinto monumental.
   En el banco de la provincia de Toledo, situado entre los de las provincias de Teruel y Valencia, y entre la puerta de Navarra, y la Torre Sur, de la Plaza de España, la escena histórica representada en su panel central es la conquista de Toledo por Alfonso VI, acontecimiento que tuvo lugar el 25 de mayo de 1085. 
   Sobre los capiteles de las pilastras figuran los retratos del P. Juan de Mariana y Garcilaso de la Vega, y los escudos de Talavera y Toledo. En los laterales de la escena central, aparece a la izquierda la Iglesia de Santa María la Mayor de Talavera de la Reina, y a la derecha la catedral de Toledo, obra firmada por el ceramista de Talavera Juan Ruiz de Luna. Al restaurar en frío en 1992, han puesto mal la fecha, 1002 (posiblemente querrían poner 1922). Restaurado in situ por la Escuela Taller de la Plaza de España, en la última fase de los trabajos finalizada en 2010. El motivo original retirado una vez limpio y catalogado fue depositado en los almacenes del Patrimonio del Estado ubicado en los bajos del edificio de la Plaza de España, y en los extremos unos anaqueles, también cerámicos, donde se colocaron originalmente folletos de cada localidad. En la zona inferior encontramos otro panel cerámico con el mapa de la provincia y tres bancos en forma de "U" decorados con dibujos vegetales derivados de los típicos candelieri centrados en algunos de ellos por cartelas con "tipos" toledanos y los escudos de algunos de las poblaciones más representativas de la provincia toledana, como son Escalona, Fuente del Arzobispo, Illescas, Madridejos, Ocaña, Orgaz, Quintanar de la Orden, y Torrijos.  
  Sobre el balcón, encontramos una balaustrada centrada por el escudo, en forma de tondo, de la provincia, decorado con una especie de corona de laurel. En el arco que está sobre él, aparecen en sus enjutas los relieves con los bustos de Mariano Fortuny Marsal, Fortuny (1838–1874), pintor y grabador; y Eduardo Rosales Gallinas, Rosales (1836–1873), pintor; como personajes relevantes de nuestra historia (www.retabloceramico.org).
Conozcamos mejor el hecho histórico que aparece en el panel principal del banco de la provincia de Toledo
    Desde Huete, donde se tuvo que refugiar quedado señalado con anterioridad-, al-Qadir solicitó, en 1080, la ayuda de Alfonso VI. De esta manera, muy posiblemente se le presentaba a éste la oportunidad de intervenir definitivamente en Toledo y ocupar la ciudad. Los compromisos adquiridos por ambos monarcas se recogieron en el denominado. Pacto de Cuenca-, aunque sus estipulaciones no se conocen con total precisión. Parece que Alfonso exigió para sí Toledo, a cambio de entregar Valencia a al-Qadir.
     Antes de empezar sus campañas, Alfonso VI recibió las fortalezas de Canturias y de Zorita, con lo que podía controlar gran parte del curso medio del Tajo -permaneciendo entre ellas la posición de Toledo- y poder atacar territorio musulmán de más al Sur. De esta manera, ante la razzias que Alfonso lanzó de inmediato, al-Mutawakkil se vio muy presionado, y su propio reino de Badajoz amenazado -sobre todo tras la conquista de Coria-, por lo que abandonó Toledo, en cuyo trono fue repuesto nuevamente al-Qadir, en el mes de mayo del año 1081.
     Para mejor asegurar la protección del rey musulmán, Alfonso VI exigió la entrega de la fortaleza de Canales, situada al Norte de Toledo, sobre el río Guadarrama. Así, con las posiciones anteriores en su poder, el cerco en torno a Toledo se hacía más evidente y los acontecimientos internos de la ciudad facilitarían la definitiva intervención del rey castellano-leonés, deseoso de apoderarse de la antigua capital visigoda y reinstaurar su dignidad archiepiscopal que faltaba entre las diócesis de sus reinos.
   Al-Qadir no consiguió reafirmarse en el poder. Un gran descontento popular se levantó en la ciudad con motivo del tributo que tuvo que imponer para poder hacer frente al pago de la protección que Alfonso le dispensaba. Este. apoyado por sus partidarios del interior de la ciudad -entre los que destacarían los mozárabes- a fines de aquel año de 1081, saqueó los campos de los alrededores. En el mes de mayo del año siguiente se produjo una sublevación contra al-Qadir en Toledo, que éste, con la ayuda de Alfonso VI, que se encontraba por las inmediaciones, consiguió sofocar.
     Como la situación para el monarca musulmán se hacía cada vez más difícil, debió de llegar a un acuerdo con Alfonso VI, por el cual se convino que aquél sería instaurado en el trono de Valencia, dejando Toledo para el castellano-leonés que, de esa manera, vería extender su influencia por tierras levantinas debido a la tutela que siempre ejercería sobre al-Qadir. Para mantener las apariencias ante sus súbditos y los otros reinos taifas, se simularía una tenaz resistencia frente al asedio que Alfonso VI sometería a la ciudad. A partir de entonces, éste se dedicó a realizar una serie de campañas anuales de saqueo por tierras del Tajo, llegando incluso a asediar Sevilla y Zaragoza, posiblemente con la intención de colapsar la ayuda que desde esas ciudades pudiesen recibir los toledanos.
     A fines del año 1084 Alfonso se presentó ante Toledo y levantó su campamento en la Huerta del Rey, iniciando así el asedio de la ciudad que se mantuvo hasta su definitiva caída, pocos meses después. Mientras duró el cerco, se mantuvieron algunos contactos entre los sitiados y los sitiadores para precisar las bases de los pactos de capitulación. Ante las dificultades de conseguir ayudas del exterior y debido al estrecho asedio que imposibilitaba el abastecimiento de la ciudad, ésta se rindió en el mes de mayo de 1085.
     Sobre la fecha exacta de este acontecimiento hay diversas opiniones, pues según las fuentes árabes se produjo el 6 de mayo, mientras que según los textos cristianos, la entrada del rey Alfonso en la ciudad se realizó el día 25 de aquel mes.
     Conciliando ambas fechas, Ramón Menéndez Pidal opina que la rendición de Toledo se realizaría el día 6 de mayo pero que hasta el 25 -para permitir la salida de al-Qadir y de sus partidarios- no se produciría la triunfal entrada de Alfonso VI para tomar posesión de la ciudad y consiguientemente de todo el reino.
     Al-Qadir se dirigió a Cuenca, donde fue favorablemente acogido, mientras que por el camino, en muchos lugares, le negaron la hospitalidad.
Pactos de capitulación
     El texto original de la capitulación de Toledo no se ha conservado, pero a través de referencias recogidas tanto entre fuentes musulmanas como cristianas, se pueden conocer los puntos más importantes:
        - los musulmanes podrían abandonar el territorio toledano sin inconveniente alguno y los que posteriormente quisieran regresar, volverían a recuperar sus antiguas propiedades.
        - aquellos que permaneciesen seguirían conservando sus casas y haciendas, y continuarían pagando los tributos que anteriormente pagaban al rey musulmán.
            - seguirían manteniendo por siempre la mezquita mayor, aunque nada se indica sobre las restantes mezquitas de la ciudad.
            - entregarían, en buen estado, las fortalezas, el alcázar real y la Huerta del Rey en la que se encontraban los mandados levantar por al-Mamún.
            - Alfonso VI se comprometió a reponer a al-Qadir en el trono de Valencia -entonces todavía independiente- y la ayudaría a conquistar Albarracín y Denia, pensando, posiblemente, que de esta manera estas posiciones también acabarían cayendo bajo la órbita del rey castellano-leonés. Valencia se había emancipado a la muerte de al-Mamún y, en el momento de la caída de Toledo, se encontraba muy vinculada a Zaragoza. Sin embargo, en junio de 1085 murió su rey, Ben Abdelaziz, y el reino se dividió en dos bandos: uno partidario de al-Qadir y otro del rey de Zaragoza. Pero al-Qadir, ayudado por tropas cristianas encabezadas por Alvar Fáñez, consiguió el trono de Valencia en febrero de 1086. Como ya ocurriera en Toledo, su gobierno también fue muy impopular. Tuvo que imponer tributos para mantener a las tropas cristianas, lo que provocó un gran descontento aprovechado por el rey de Lérida y Denia para acosarle. Aquella situación determinaba el tener que seguir conservando las tropas cristianas. De esa manera parecía que Alfonso VI acabaría controlando Valencia por el mismo camino que lo había hecho en Toledo. Además, éste podía considerarse con derecho sobre aquella ciudad por estar incluida en la antigua provincia Cartaginense y, por consiguiente, dependiente de Toledo. Sin embargo, Valencia, tras ser ocupado durante un tiempo por el Cid, se acabaría integrando en la órbita catalana-aragonesa.
Repercusiones de la toma de Toledo
     La toma de Toledo fue, sin duda, uno de los acontecimientos bélicos más resonantes de fines del siglo XI, recogido, con evidente desigual entusiasmo, tanto en los textos cristianos como musulmanes. No en balde era, no sólo la primera gran ciudad que volvía a manos cristianas, sino la antigua capital visigoda, con lo que ello suponía para la monarquía castellanoleonesa. Con mayor propiedad Alfonso VI podía intitularse a partir de entonces como Imperitor totius Hispaniae, que ya venía utilizando desde años atrás, o como Imperator toletanus, o incluso con el grandilocuente título de Toletani imperiui rex et magnificus triumphator.
     El mismo Alfonso VI, en documento otorgado a la catedral de Toledo, señala los pormenores -no exentos de cierta magnificencia- de la ocupación de la ciudad: «Tras muchos combates e innumerables matanzas de enemigos, me apoderé de ciudades populosas y castillos fortísimos. Ya en posesión de ellos me lancé contra esta ciudad, en la que antiguamente mis progenitores, potentísimos y opulentísimos, habían reinado..., para conseguirla; unas veces con combates fuertes y reiterados y otras, con ocultas intrigas y abiertas incursiones devastadoras, durante siete años asedié a los habitantes de esta ciudad y de su territorio con la revolución, la espada y el hambre. Ellos, obstinados en la malicia de su ciego deseo acarrearon sobre sí la ira de Dios, provocada con su pública perversión, hasta que el temor de Dios y la falta de valor se sobrepusieron para que fueran ellos mismos quienes me abriesen las puertas de la ciudad, perdiendo, así vencidos, el reino que antiguamente invadieron vencedores".
     Los Anales Toledanos I son lacónicos pero expresivos al narrar el acontecimiento: "Prisa el rey don Alfonso a Toledo de moros el XXV días andados de mayo en día de Domingo, día de San Urbano era MCXXIII».
     En la Crónica General también se relata el suceso, precisando la fecha: .Et teniendola cercada ezta vez, pero que es villa muy fuerte et la una gran partida cercada de peñas et del rio Tajo quel anda la mayor partida en derredor, et sobreso que avie dentro grand gent, fallesciole las  viandas et ovieronse viandas et ovieronse a dar al rey don Alfonso. Et fue esto en el mes de mayo, el día de sant Urban, XXIII días andados del, que se dio Toledo a este rey don Alfonso el sesto".
     También en otros reinos peninsulares tuvo amplio eco la toma de Toledo. Así, por ejemplo, Sancho Ramírez de Aragón, en sus documentos inmediatamente posteriores a dicho acontecimiento, reconoce a Alfonso VI su grado jerárquico, antecediéndale éste en la titulación: Regente Adefonso imperatore in Toleto et in Leone, rege Sancio Rademiri gratia Dei regente in Pampilona et n Aragone.
     Igualmente, los Anales de Aragón pormenorizan el acontecimiento: "El de Castilla ganó a Toledo, día de San Urbán. En este año, según parece en anales antiguos, a veinte y cinco de mayo y día de san Urbán se ganó de los moros por el rey de Castilla la ciudad de Toledo. Y fue la más hazañosa cosa que obró contra infieles después que ellos se hicieron señores de todas las provincias de España, por ser aquella ciudad la más principal que los godos tuvieron en su reinado y a donde se presentaba toda la majestad de su imperio y ser la mayor fuerza que los moros tenían así por la extrañeza del sitio como por su grandeza y riqueza".
     Para los musulmanes el suceso tenía, evidentemente, otro cariz. La toma de Toledo podía suponer el rápido avance cristiano por al-Andalus y ante la posibilidad de aquel peligro el poeta Ben al-Gassal exclamó: "Poneos en camino ¡oh andaluces! pues quedarse aquí es una locura. Los vestidos suelen comenzar a deshilacharse por los bordes; pero el vestido de nuestra Península se ha desgarrado por el centro".
Reinstauración de la catedral
     Al año siguiente de la toma de la ciudad, el 18 de diciembre de 1086, Alfonso VI llevó a cabo la reinstauración al culto cristiano de la catedral de santa María de Toledo, que los musulmanes habían convertido, ampliándola, en mezquita mayor. A pesar del compromiso reflejado en los pactos de capitulación de que los musulmanes seguirían conservando su mezquita mayor, el hecho es que el edificio, un año y medio después de la toma de la ciudad, fue readaptado al culto cristiano. Posiblemente, en opinión de don Juan Francisco Rivera, ese lapso de tiempo se dedicaría para adecuar el templo a las nuevas necesidades litúrgicas cristianas: erección del altar, dotación de objetos de culto, provisión de libros litúrgicos, adaptación del alminar en torre cristiana con campanas, etc.
     Sobre la ocupación cristiana de la mezquita existe un relato, recogido en la Primera Crónica General de España, que, aunque muy posiblemente fantaseado, parece indicar que se llevó a cabo por la fuerza, incumpliendo así los compromisos adquiridos en los pactos de capitulación, aunque en el texto se pone buen cuidado en dejar, en este sentido, a salvo el honor de Alfonso VI, culpando del incidente a la reina Constanza y al arzobispo don Bernardo:
     «luego de esto vino el rey Alfonso a león. Entretanto el electo, don Bernardo por pedido e insistencia de la reina doña Constanza, tomó una noche la compañía de unos caballeros cristianos y entró en la mezquita de Toledo, y echó fuera las suciedades de la ley de Mahoma, y levantó el altar de la fe de Jesucristo y puso en la torre mayor campanas para llamar a los fieles a la oración. Cuando esto supo el rey don Alfonso, allá en la tierra en que estaba, se puso enojado y airado al pensar que no se había guardado a los moros la promesa que les hiciera de que la mezquita mayor de Toledo siempre fuera mezquita de los moros, y tomando sus compañías cabalgó para llegar a la frontera... así vino raudo de manera que en tres días llegó de Sahagún a Toledo; y venía con su corazón determinado a poner fuego al electo don Bernardo y a la reina Constanza y quemarlos a ambos. Y supieron los moros alaraves de Toledo la gran saña con que el rey venía y lo que en su corazón pensaba hacer, y cogiéronse entonces los mayores y los menores con sus mujeres y salieron todos a recibirlo a la aldea que ahora dicen Magán... pidieronle todos merced que los oyese. Entonces el rey sostuvo la rienda del caballo, y los alaraves comenzaron a rogar de esta suerte y dijeron: -Rey don Alfonso señor, bien conocemos nosotros que el arzobispo es caudillo y príncipe de vuestra ley, y si nosotros fuéramos culpables de su muerte, por celo de su fe, los cristianos nos matarían un día, y además rey señor, si la reina se perdiese por nuestra razón, su linaje nos querrá mal siempre mientras exista el mundo, y luego de tus días con mayor crueldad aún vengarán este hecho. Por lo tanto te besamos las manos y los pies, y te pedimos que tengas la merced de perdonarlos, y todos nosotros de muy buena voluntad te desligamos de la promesa que nos hicistes de la jura de la mezquita». El rey don Alfonso, oídas estas razones, tornó el enojo en gran gozo, porque podía tener la mezquita sin quebrantar la verdad de su palabra, y agradeció mucho a los moros las buenas razones que le habían dado, prometiéndoles que les haría mucho bien y muchas mercedes por ello». 
   No obstante, una vez consagrada al culto cristiano la nueva catedral, también había que proveer a la dotación de la vacante sede arzobispal. Hasta mediados del siglo XI parece que la ocupación de dicha sede se había mantenido por los prelados mozárabes. Sin embargo, en vísperas de la toma de la ciudad debía de encontrarse vacante, ignorándose desde cuantos años antes.
     Ya Alfonso VI, para ganarse adeptos en el reino aragonés, antes de la ocupación de Toledo, había ofrecido la sede toledana a don García, obispo de Jaca y hermano de Sancho Ramírez, que aceptó la propuesta. Para ello, Alfonso escribió al papa Gregorio VII presentando su designación y solicitando su nombramiento. La dotación del cargo revestía una gran importancia para el papa, como elemento fundamental en la política reformadora y centralista que estaba llevando a cabo. Por ello, Gregorio VII necesitaba una persona de gran preparación y de su total confianza, y no aceptó la propuesta del candidato presentado por Alfonso. El propio papa le indicó que, en caso de no encontrarlo en sus reinos, fuese traído de fuera. Tal vez, antes de la definitiva consagración de la sede toledana, actuó como arzobispo electo de ella, don Bernardo, obispo de Palencia.
     Sin embargo, el primer arzobispo de la recién reinstaurada sede habría de ser otro personaje de igual nombre, de origen francés, don Bernardo de Sédirac, abad del monasterio cluniacense de Sahagún. El 18 de diciembre de 1086 se celebró una reunión en Toledo, a la que asistieron los más importantes personajes del reino, entre ellos 12 obispos de diversas sedes, y en la que se hizo efectiva la elección de don Bernardo como nuevo arzobispo. La antigua mezquita musulmana fue consagrada al culto cristiano y en aquella reunión Alfonso VI concedió a la nueva catedral una importante donación que habría de ser la base del considerable patrimonio territorial que llegaría a acumular en el futuro. Por esta primera donación fueron concedidas 11 aldeas situadas en los territorios de Toledo (Barcilés, Cobeja, Alpuébrega, Almonacid, Cabañas, Rodillas, Turrus y Duque), de Talavera (Alcolea), de Alcalá (Lousolus) y de Guadalajara (Brihuega). También el rey concedió viñas, molinos, varios derechos sobre algunos impuestos y la propiedad de todos los bienes que habían pertenecido a la mezquita. Estas primeras posesiones territoriales debieron de ser bastante amplias, teniendo en cuenta la importante extensión que abarcarían los alfoces de las distintas aldeas concedidas, por la escasez de población en aquel momento.
     Las donaciones regias habrían de ser uno de los elementos fundamentales en la constitución y enriquecimiento del patrimonio catedralicio toledano. El mismo Alfonso VI hizo nuevas e importantes donaciones. Así, en 1089, parece que donó una mezquita con sus bienes patrimoniales, en cada uno de los pueblos al Sur de la sierra, en el término de Toledo. El 23 de abril de 1099 donó la heredad llamada -Rinconada de Peralesentre el Tajo y el Tajuña, y el 8 de mayo de 1107, Sepúlveda, Segovia y Candespina, con todos sus términos, aunque esta donación fue efímera. Con ella, la diócesis de Segovia quedó momentáneamente integrada en la de Toledo.
     Don Bernardo, el primer arzobispo de la reinstaurada sede, había nacido hacia 1040-1050, en la Sauvetat de Blancafort, cerca de Agen (Francia). Desde muy joven ingresó en la vida monástica, bajo la regla cluniacense, formándose en el más ortodoxo espíritu benedictino y bajo el clima reformador que Gregorio VII estaba intentando imponer. Hacia 1070 ingresó en el propio monasterio de Cluny, en el momento en que el movimiento cluniacense estaba en su máximo apogeo de esplendor y poderío, con una gran difusión en toda la Cristiandad occidental.
     Allí debió de permanecer hasta el año 1080. Mientras tanto, Alfonso VI había casado en 1079 con doña Constanza, hija de Roberto, duque de Borgoña y sobrina del abad de Cluny, san Hugo. Llegada a Castilla, donde se mantenía la pugna por la abolición del rito hispánico y su sustitución por el romano, la nueva reina solicitó de san Hugo el envío de monjes cluniacenses para que se instalasen en Sahagún e impusiesen sus costumbres. Al frente de ello llegó el monje Roberto que fue nombrado abad del citado monasterio. 
     Sin embargo, la imposición de la nueva liturgia se hacía muy lentamente por lo que el papa envió como legado suyo al cardenal Ricardo, que apenas logró tampoco nada, por lo que Gregorio VII se dispuso a deponer a Roberto como abad de Sahagún. y en su sustitución, hacia julio de 1080 llegó Bernardo, y allí permaneció durante 5 años, antes de hacerse cargo de la sede toledana.
     Su ordenación como arzobispo debió de hacerse a fines de 1085, poco antes de la consagración de la nueva catedral.
     Sin embargo, hasta la primavera de 1'088 no acudió a Roma para ser investido con el palio arzobispal por el papa Urbano II. Además, llevaba cartas de Alfonso VI en las que se solicitaba la petición de que la diócesis toledana recuperara la primacía que había ostentado en los siglos anteriores. A ello accedió el papa el 15 de octubre de aquel año, lo que se comunicó a los demás obispos peninsulares para que obedeciesen al primado de Toledo. 
   Hacia 1093, Urbano II nombró a don Bernardo como legado suyo en España y como tal habría de intervenir en algunos concilios que se celebraron en la Península. En 1095 asistió al concilio de Clermont en el que el papa predicó la necesidad de organizar una cruzada para la recuperación de los Santos Lugares y, como todos los prelados presentes, hizo voto de participar en ella. Vuelto a Toledo, al año siguiente, queriendo cumplir su voto, se ausentó de la diócesis y a este viaje se ha asociado un acontecimiento que parece tener grandes visos de ser legendario. Así, tres días después de haberse alejado de Toledo, le llegaron noticias de que los clérigos de la catedral habían expulsado a sus familiares y habían elegido otro arzobispo. En vista de lo cual, don Bernardo tuvo que regresar, degradó
a los sublevados y los sustituyó con monjes de Sahagún. Pacificada la clerencía, emprendió nuevamente camino a Roma, pero allí el papa Urbano II le dispensó de su voto de Cruzada y le hizo retornar a Toledo, viendo que no debía de abandonar la diócesis. 
     Al regresar "Por su tierra originaria del Sur de Francia, seleccionó un conjunto de jóvenes clérigos "Para ocupar diversos puestos de la iglesia toledana, de la que posteriormente saldrían para desempeñar importantes cargos episcopales. Así, de Bourges trajo a Pedro que ocuparía la sede de Osma; de Moisac
a Giraldo que ocupó la de Braga; de Agen a Bernardo, a Pedro y a Raimundo que ocuparon, respectivamente, las sedes de Santiago, Segovia y Toledo; y de Périgord trajo a Jerónimo que fue a ocupar la de Valencia durante el dominio de esta ciudad por el Cid. Sin embargo, es muy posible que estos clérigos franceses ya hubiesen llegado a la Península antes de aquel año en que don Bernardo volvió de Roma.
     En 1099 murió el papa Urbano II que tanta confianza había depositado en el arzobispo toledano. Por ello, a partir de entonces, al no contar con la misma confianza de su sucesor y unido a la influencia que comenzó a adquirir el arzobispo compostelano don Diego Gelmírez, don Bernardo empezó a perder influencia, que se intensificaría a la muerte de Alfonso VI (1109) y por los conflictos que se originaron en el reino al sucederle su hija Urraca. Su pontificado se Prolongaría hasta el 6 de abril de 1124 en que falleció en Toledo (Ricardo Izquierdo Benito, Alfonso VI y la toma de Toledo. Temas Toledanos. Toledo, 1986)
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