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lunes, 15 de enero de 2024

La pintura "Juan Centeno y su cuadrilla", de Vázquez Díaz, en la sala XIV del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Juan Centeno y su cuadrilla", de Vázquez Díaz, en la sala XIV del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
     Hoy, 15 de enero, es el aniversario del nacimiento (15 de enero de 1882) de Daniel Vázquez Díaz, autor de la obra reseñada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "Juan Centeno y su cuadrilla", de Vázquez Díaz, en la sala XIV, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala XIV del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Juan Centeno y su cuadrilla", de Vázquez Díaz (1882-1969), siendo un óleo sobre lienzo, pintado en 1953, en estilo cubista, con unas medidas de 2'26 x 1'81 m., procedente del depósito del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en 1970.
   Retrato del torero Juan Centeno Ortiz y toda su cuadrilla compuesta por los subalternos y el picador. Dos de ellos flanquean la figura del diestro, vestido de grana y azabache, que aparece en el centro de la obra sentado en una silla. En segundo plano, y a la izquierda de la composición, se disponen los otros dos personajes. En esta obra, los cuerpos, que se podrían considerar de trazas escultóricas, y la rotundidad del color nos sitúan al autor dentro de su propia interpretación del cubismo y de la renovación de la pintura española de la primera mitad del siglo XX (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     El gran pintor onubense Daniel Vázquez Díaz (1882-1963) se encuentra representado en el Museo con un cuadro prototípico de su estilo: Juan Centeno y su cuadrilla en el que el tema de los toreros constituye un pretexto para el artista de captar figuras de sobria estructura y contundente volumen, propias de un artista que había conocido el cubismo en París y que lo practicó de forma atemperada en España para no violentarse con la tradición académica española reacia a todo tipo de innovación extranjerizante (Enrique Valdivieso González, Pintura en Museo de Bellas Artes de Sevilla. Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la biografía del autor de la obra reseñada
     Daniel Vázquez Díaz. (Nerva, Huelva, 15 de enero de 1882 – Madrid, 17 de marzo de 1969). Pintor.
     Daniel Vázquez Díaz es uno de los artistas más influyentes de la pintura española del siglo XX. Considerado el introductor de una nueva estética que aunaba los conceptos de tradición y modernidad, su trayectoria artística resulta clave para la comprensión del proceso de renovación formal de la pintura española del primer tercio de siglo. El contacto con la pintura francesa y, sobre todo, la evolución de su pintura ya en Madrid entre finales de los años diez y principios de los veinte, acabaron por moldear un nuevo orden pictórico para la pintura española, que quedaría inmortalizado en los frescos del Monasterio de Santa María de la Rábida de 1930. Es indiscutible, además, su papel de retratista de la época y su labor pedagógica sobre buena parte de los artistas de la vanguardia española de posguerra.
     Daniel Vázquez Díaz se inició en la pintura en Sevilla a finales de siglo XIX, asistiendo a clases nocturnas de dibujo y pintura en el Ateneo, y visitando con asiduidad el Museo de Bellas Artes, donde admiró principalmente a Zurbarán. Entabló una profunda amistad con el escritor Juan Ramón Jiménez y compartió inquietudes con los artistas Francisco Iturrino, Javier de Winthuysen y Ricard Canals, hasta que en 1903, un año después de graduarse como profesor mercantil, decidió dedicarse plenamente a la pintura y marchó a Madrid. Su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando fue rechazado, por lo que continuó su aprendizaje autodidacta en el Museo del Prado, interesado especialmente en Velázquez. Participó en las ediciones de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1904 y de 1906, donde recibió una Mención de Honor y ese mismo año, en julio, se trasladó a San Sebastián, a la espera de viajar hacia París. El descubrimiento del paisaje vasco marcó un punto de inflexión en su carrera al convertirse en una de sus más importantes fuentes de inspiración. Al extenso repertorio de paisajes, fruto de sus constantes estancias en el País Vasco entre 1906 y, aproximadamente, 1935, les acabó llamando Vázquez Díaz los “Instantes Vascos”.
     El 11 de septiembre de 1906 llegó a París, última parada para aquellos artistas españoles en búsqueda de una modernidad de difícil acceso en España. Instalado en Montmartre, entabló amistad con el pintor italiano Amadeo Modigliani, a quién retrató. En la capital francesa Vázquez Díaz se convirtió en un excelente receptor de influencias que iría conjugando con su propio estilo todavía en gestación. Aunque asistió al nacimiento de las vanguardias históricas, focalizó principalmente su interés en el posimpresionismo y, en concreto, en la obra de Paul Cézanne. Su obra se movió en París ajena a la vanguardia, a diferencia de su gran amigo Juan Gris a quien recibió él mismo en 1907 y que se adhirió rápidamente al cubismo. Vázquez Díaz se rodeó de la comunidad de pintores españoles residentes en París, especialmente, de los vascos que se agrupaban en torno al escultor Paco Durrio. De la mano de Juan Echevarría se interesó por el grupo de pintores nabi, de los que aprendió el sentido de la utilización moderna del color y el sintetismo de la forma. La libertad de las ataduras académicas le permitió experimentar con nuevos registros formales que supo asimilar, sobre todo, en los paisajes vascos realizados en sus estancias veraniegas en Guipúzcoa. Sin embargo, la pintura de toreros y manolas con resabios zuluoaguescos y del naturalismo y simbolismo francés, fue la que le favoreció la entrada a los salones franceses y el aprecio de la crítica reacia a las vanguardias.
     La primera exposición individual de Vázquez Díaz en la capital francesa se celebró al poco tiempo de su llegada, en la casa del marchante holandés Calisk, quien ya había adquirido un cuadro suyo, El pozo y la higuera, en Sevilla en 1897. En 1907, mostró nuevamente su obra en la Galería Achille Astre, despertando los primeros comentarios en prensa. Ese mismo año colgó sus lienzos, por primera vez, en el V Salon d’Autonme y un año más tarde, en el Salon des Independants.
     Desde entonces su obra no faltó a la cita de estos dos salones de arte anuales hasta que fueron suspendidos con el estallido de la Primera Guerra Mundial.
     El carácter de sus envíos estuvo dominado por los temas andaluces, si bien, los primeros paisajes vascos fueron expuestos en el Salon des Indépendants de 1914. Poco a poco su nombre alcanzó protagonismo y desde 1910 empezó una carrera ascendente como ilustrador en las revistas hispanoamericanas Gustos y Gestos, Elegancias y Mundial Magazine, y en las francesas Revue de la Vie Mondaine y Je sais tout, entre otras.
     A partir de entonces empezó a cosechar bastante fama a través de exposiciones individuales (Galería Chevalier, diciembre de 1910-enero de 1911 y Salones de la Revue de la Vie Mondaine, marzo de 1911) y de la celebrada con el pintor argentino Ramaugué en la Ville des Arts en marzo de 1912. El éxito definitivo le llegó cuando en 1911 participó por primera y única vez en el Salon Officiel d’Artistes Français con el cuadro Retorno de la fiesta del Cristo de la Vega en Toledo y el dibujo Dolor y, en 1913, cuando su lienzo La muerte del torero fue admitido en el Salon National des Beaux Arts de París. Acontecimiento que volvió a producirse en 1914 con los lienzos Los ídolos y Retrato del escritor Graça Aranha. Ese mismo año, sin embargo, su paisajes vascos fueron los verdaderos protagonistas en la exposición que organizó, junto a Jean Mayodan, en la Galería Boutet de Monvel de París.
     Entre sus amistades en París, se cuentan el grupo de escritores hispanoamericanos reunidos en torno a Gómez Carrillo y Rubén Darío, el crítico de arte Henri Barbusse y la escultora danesa Eva Aggerholm, con quien contrajo matrimonio en 1910, fruto del cual nacería su hijo Rafael. Muy especial fue también su relación con el escultor francés Antoine Bourdelle, con el que aprendió la técnica del fresco tras encargarse de los procesos técnicos de la decoración que Bourdelle realizó en el Teatro de Champs Elysées en 1913. Del mismo modo, Vázquez Díaz nunca quiso cortar los vínculos que le unían al panorama artístico español durante su estancia en la capital francesa. No cesaron sus envíos a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Madrid, e incluso, fue galardonado en la edición de 1915 con una Tercera Medalla por el lienzo La muerte del torero. Durante los veranos aprovechó para pasar largas temporadas en Nerva y regresó periódicamente al País Vasco. En concreto fue la ciudad de San Sebastián el escenario de su primera exposición individual en España celebrada en julio de 1910 en el saloncito del diario donostiarra El Pueblo Vasco.
     Con el estallido de la Primera Guerra Mundial el pintor no regresó a España sino que encontró en los frentes de Arrás, Verdún y Reims, nuevos temas de inspiración. No obstante, sus visitas a la Península fueron más frecuentes. En 1916 el lujoso Círculo Easonense de San Sebastián acogió una exposición de su obra, aclamada por la crítica local como el verdadero modelo a seguir para la pintura vasca. Durante ese verano en el País Vasco su pintura acusó una evolución hacia una depuración formal que coincidió con su encuentro, en Fuenterrabía, con el pintor francés Robert Delaunay. Al año siguiente, recibió, por segunda vez, la Medalla de Tercera Clase en la Nacional española por su tríptico de grabados Impresiones de la guerra y otros dibujos alusivos a la contienda participaron en la Exposición de Legionarios celebrada en Madrid. Finalmente, en 1918 Vázquez Díaz decidió abandonar París e instalarse de forma definitiva en la capital española, no sin antes pasar unos meses en Fuenterrabía dedicado a la ejecución de nuevos paisajes.
     La presentación de Vázquez Díaz en Madrid tuvo lugar en el Salón Lacoste durante los días 8 y 22 de junio de 1918, donde expuso principalmente paisajes vascos. La muestra provocó el rechazo de buena parte de la crítica de arte española, que vio en su pintura claros signos de “afrancesamiento”. La polémica no desanimó al artista sino todo lo contrario. En Madrid Vázquez Díaz se arrimó a los círculos más renovadores del arte y llegó a relacionarse con el grupo ultraísta liderado por su amigo Guillermo de Torre. Continuó su labor de ilustrador en El Fígaro, El Sol, La Esfera, Reflector y ABC, periódico este último para el que realizaría una serie de retratos de hombres ilustres como había hecho ya en París para Mundial Magazine. Estrechó relación con los artistas e intelectuales de la Residencia de Estudiantes y, muy especialmente, con el escritor Eugenio d’Ors, que por entonces se disponía a difundir la estética noucentista en la capital como ya lo había hecho en el País Vasco. En este sentido el arte de Vázquez Díaz sintonizó perfectamente con los nuevos ideales novecentistas de arquitectura de la forma y clasicismo renovado, propio de la década de los años veinte, y en el que participaron otros artistas como Sunyer, Arteta o García Maroto, muy estrechamente unidos a él. Todas estas conexiones acabaron por configurar un nuevo horizonte estético que, si bien utilizaba aspectos formales de la vanguardia, en concreto del cubismo, no rompía totalmente con la tradición.
     Paralelamente, Vázquez Díaz siguió enviando obras de su etapa anterior a exposiciones oficiales de arte español fuera de España (Petit Palais, París, 1919 y Royal Academy, Londres, 1920) y no dejó de concurrir a las Exposiciones Nacionales en su empeño por llevar su arte a la Academia de San Fernando. En 1920 obtuvo una Medalla de Tercera Clase en grabado y en las ediciones de 1924 y 1928, la Medalla de Segunda Clase en Pintura. Tras participar en otras exposiciones colectivas en 1919, como la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza, la Exposición de Pintura de Santander y la Primera Exposición Internacional de Pintura y Escultura de Bilbao, Vázquez Díaz recibió el respaldo definitivo de los círculos renovadores del arte en la exitosa exposición individual en la sala Majestic Hall de Bilbao. Esta muestra puso de manifiesto la enorme sintonía de Vázquez Díaz con la pintura vasca, mucho más abierta a un proceso de renovación formal. Tal era el espíritu que encarnaba la obra de Vázquez Díaz en ese momento para la pintura española que Juan Ramón Jiménez no dudó en presentarle, al año siguiente en Madrid, como el paradigma de la nueva pintura a propósito de su nueva exposición en el Palacio de Bibliotecas y Museos. Razón que explica también el que fuera recibido por la prensa local catalana como un pintor afín a la estética noucentista en la exposición celebrada ese mismo año en las Galerías Dalmau de Barcelona. Poco después y de vuelta en Madrid, Vázquez Díaz formó parte del comité organizador del fallido Salón de los Primeros Independientes en España.
     Entre 1922 y 1923, el pintor viajó a Portugal donde realizó exposiciones en Lisboa, Oporto y Coimbra.
     A su regreso se presentó sin éxito a la cátedra de Pintura al Aire Libre en la Real Academia de San Fernando, lo que provocó la revuelta de los alumnos, entre ellos, Salvador Dalí. Desde entonces intensificó su actividad en exposiciones colectivas como la Internacional de Pittsburgh en 1924, del Instituto Carnegie (1925, 1926, 1930, 1931, 1934, 1936, 1937 y 1938), la Bienal de Venecia (1926 y 1934), la Exposición de Arte Español Contemporáneo de Buenos Aires (1927) o la exposición de Arte Español en Oslo (1931). En 1924 volvió su obra a Bilbao, esta vez, a la Asociación de Artistas Vascos y, un año después, fue uno de los firmantes del Manifiesto de la Sociedad Artistas Ibéricos, pese a no llegar a exponer finalmente con ellos. Para entonces el pintor ya tenía en mente el proyecto de decoración del Monasterio de la Rábida, cuyo primer boceto mostró en la exposición del Palacio de Bibliotecas y Museos de Madrid y el conjunto total de dibujos en la Diputación Provincial de San Sebastián, en 1927. Por fin, en la fecha simbólica del 12 de octubre de 1929 y con el favor del Rey, Vázquez Díaz comenzó la preparación de los muros que contendrían la Epopeya del Descubrimiento, que comenzó a pintar en abril de 1930. El 12 de octubre de ese mismo año, los frescos de La Rábida quedaron oficialmente inaugurados en presencia de su majestad el rey Alfonso XIII.
     La proclamación de la Segunda República en abril de 1931 instauró un nuevo Gobierno en España que respaldó la actividad de Vázquez Díaz. El pintor ganó protagonismo en las exposiciones organizadas por los Ibéricos en San Sebastián (1931), Copenhague (1932), Madrid (Feria del Dibujo, 1934) y París (1936), y fue nombrado Patrono del Museo de Arte Moderno, donde celebró una exposición de los bocetos de la Rábida en 1933. Sin embargo, en ese año de 1931 fue eliminado en las oposiciones a la Cátedra de Ropaje de la Real Escuela de Bellas Artes de San Fernando, triunfo que no consiguió hasta que en 1933 se hizo con la de Pintura y Composición Decorativa.
     La actividad de Vázquez Díaz, al igual que la de sus contemporáneos, se vio interrumpida en 1936 con el estallido de la Guerra Civil española. El pintor permaneció recluido en su estudio y parte de su obra fue custodiada hasta 1939, tras la subida al poder del general Franco. El nuevo régimen fue favorable a Vázquez Díaz, a quien rápidamente consideraron un pintor consagrado afín a la nueva estética.
     Su obra encabezó la Primera Exposición de Pintura y Escultura organizada por las J.O.N.S. en Valencia y al año siguiente, en 1940, el pintor recuperó su cátedra en San Fernando, a partir de entonces de Pintura Mural y que ocupó hasta 1952. La exposición de los bocetos de La Rábida inauguraron el nuevo programa del Museo de Arte Moderno en 1940 y el pintor recuperó su fama como retratista, retomando su afición por este género. En esta época descubrió la Pedriza madrileña, sobre la que proyectó la producción paisajística de los últimos años. Se multiplicaron las exposiciones nacionales sobre su obra y recibió el Premio a la Obra de un Pintor y el Premio de Honor en las Bienales Hispanoamericanas de Arte celebradas en Madrid en 1951 y 1956, respectivamente. Participó en las Bienales de Venecia (1942, 1949 y 1955) y en las Hispanoamericanas de La Habana (1953 y 1957), entre otras. No pararon de sucederse otros reconocimientos como la Exposición Homenaje en el Museo de Arte Moderno de Madrid y la concesión de la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio en 1953. Otras fueron la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de 1954 por el lienzo La cuadrilla de Juan Centeno o la sala de Honor de 1962. Al año siguiente fue nombrado vicepresidente del Patronato del Museo de Arte Moderno y recibió la Medalla de Oro de la Villa de Madrid y la Gran Cruz de Isabel la Católica. En los últimos años publicó sus memorias en el diario ABC y el 15 de enero de 1967 ingresó formalmente como académico en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, cargo que ostentó poco más de un año por fallecer el 17 de marzo de 1969, cinco días más tarde de haber recibido un homenaje en Huelva (Ana Berruguete del Ojo, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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jueves, 6 de julio de 2023

Los principales monumentos (Ayuntamiento; Mercado de Abastos; Iglesia de San Bartolomé; Museo Vázquez Díaz; y Plaza de Toros) de la localidad de Nerva, en la provincia de Huelva

      Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Ayuntamiento; Mercado de Abastos; Iglesia de San Bartolomé; Museo Vázquez Díaz; y Plaza de Toros) de la localidad de Nerva, en la provincia de Huelva.
Ubicación
     Situada a 332 metros de altitud en la Comarca del Andévalo.
Reseña histórica breve
     Hay indicios de actividad minera desde el tercer milenio a.C.), tenemos testimonios de las primeras sociedades, como los útiles encontrados en el yacimiento de "La Lancha" (dolmen de galería cubierta). También se han encontrado otros yacimientos arqueológicos del Calcolítico y de la Edad de Bronce.
     Los romanos dejaron testimonios de su presencia, como una inscripción de cobre dedicada al emperador Nerva en el año 97 d.C. y explotaron la plata y el cobre.  
     En el siglo XVIII  se inicia de nuevo la explotación.
     En el siglo XIX, la Administración del Estado era incapaz de extraer la riqueza del suelo, y varios personajes aprovecharon la situación para enriquecerse personalmente, hasta que en el año 1888, ocurrió un incidente que se recordarían como “el año de los tiros” por los mineros.  El Consistorio nervense habilitó servicios médicos y sanitarios para curar a los heridos y contribuyó de las arcas municipales en la ayuda de los familiares de heridos y muertos.
     En 1873, la Rio Tinto Company Limited, con la compra las minas, la comarca se convirtió prácticamente en una colonia inglesa, construyendo el ferrocarril que impulsó la explotación de las riquezas de la zona.
     En 1912 se crea el Sindicato Minero de Río Tinto con sede en Nerva, convirtiéndose ésta en el centro social de la Cuenca Minera.
     El 7 de julio de 1885 Nerva se segregó mediante la Sanción de Su Majestad el Rey D. Alfonso XII de la Ley de Segregación de Nerva decretada por las Cortes.
     En 1989 nació D. Manuel Fontenla Vázquez, cambiando el panorama cultural de la Cuenca Minera, y a él se le debe la denominación " Nerva Tierra de Artistas".
Patrimonio cultural y artístico
     Plaza de Toros de Nerva, una de las más antiguas de España.
     Fuente de la Reú.
     Ayuntamiento de Nerva.
     Museo Vázquez Díaz.
     Museo Ferroviario.
Fiestas y tradiciones
     Fiestas de San Bartolomé, entre los días 20 y 25 de agosto, en donde se dedica un día a la mujer con la tradicional parrillada que hacen los hombres del pueblo llamada "Hoy cocina él".
     Fiestas de Exaltación de la Villa, día 7 de agosto.
     Fiestas de San Antonio, el 13 de junio.
     Fiesta de San Juan Bautista, el 24 de junio.
     Fiesta de Santa Ana, el 25 de julio.
Recursos económicos y sociales
     Agricultura y ganadería.
Gastronomía
     Se utiliza en la cocina los productos derivados del cerdo, las setas (destacan los gurumelos) y los caracoles.  Destaca el uso del cilantro en los platos de la zona (Diputación Provincial de Huelva).
     Se localiza Nerva en el centro de la Cuenca Minera, en un terreno abrupto cruzado por las aguas del río Tinto. En origen, fue una aldea de Zalamea la Real, llamada Riotinto, que en 1885 alcanzó la condición de villa, cambiando entonces su nombre por el de Nerva, en honor del que fuera emperador de Roma. Tal innovación, al parecer, estuvo relacionada con el hallazgo, en 1772, en el interior de una antigua galería del Filón Norte, de una placa de bronce dedicada a este emperador, hoy conservada en el Museo Arqueológico Nacional. La historia de Nerva va inexorablemente unida a la actividad minera para la explotación de los metales de su rico subsuelo. Esta se inició en torno al II milenio a.C., como lo testimonian los útiles encontrados en el enterramiento de La Parrita, aunque se generalizó en el período tartésico -entre los siglos X al VIII a.C.- y alcanzó máximo volumen de extracción ya en época romana, como queda de manifiesto en los escoriales de Tres Cruces, correspondientes al siglo I a.C. y d.C. Durante la Edad Media, tanto en el período islámico como cristiano, la actividad minera sufrió una fuerte recesión, detectándose los primeros síntomas de recuperación ya en tiempos de Felipe II, aunque como un hecho puntual y aislado. Habrá que esperar hasta 1724 para asistir a una nueva reactivación, tras la concesión de las minas por el rey Felipe V al sueco L. Wolter. Se inicia entonces un tímido proceso de crecimiento económico y demográfico que ya no pararía hasta la segunda mitad del siglo XX. En 1873 comienza la explotación inglesa de las minas a partir de la creación de Riotinto Company Limited. Entonces, las explotaciones a cielo abierto con nueva tecnología industrial, generaron un crecimiento demográfico sin precedentes que supuso un cambio brusco en la situación socioeconómica comarcal. La fuerte concentración obrera en Nerva trajo consigo un largo proceso de luchas sociales que darían pie a un importante movimiento sindical. La revuelta popular de 1888 o el llamado «motín de las mujeres» de 1898 marcarían los inicios de una lucha obrera que tuvo continuidad con las huelgas generales de 1900, 1917 y 1920 duramente reprimidas (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Nerva dista 5 km de Riotinto y también atesora un pasado minero intenso y legendario. Debe su topónimo a la placa romana de cobre que, en 1772, fue encontrada en unas galerías subterráneas próximas al pueblo. En dicha placa figuraba el nombre del emperador Nerva. Aldea dependiente de Zalamea la Real hasta 1885, Nerva subrayó su identidad como nuevo municipio no sólo adoptando el nombre mencionado, sino también levantando el edificio de la casa consistorial. Y lo hizo en dos fases: la primera fue terminada en 1890; y la segunda, en 1896. Se trata de una espléndida construcción de ladrillo, próxima a la estética neomudéjar, que a veces parece una iglesia. La apariencia de templo se origina por la torre octogonal de tres cuerpos que alberga un reloj. una armónica sucesión de ventanales y huecos abalconados se abre en las paredes que conforman el perímetro.
     Frente a los ladrillos neomudéjares se alza otro tipo de ladrillo, más reciente y de color más intenso, que se mezcla con láminas de cobre para configurar las paredes del Museo Vázquez Díaz. Nerva se proclama -y es- tierra de artistas. En la localidad nacieron el músico Manuel Rojas, el poeta José María Morón y un grupo de pintores entre los que destacan Vázquez Díaz y José María Labrador. Además de salas de expo­siciones temporales, el centro de arte contemporáneo contiene la colección permanente de Vázquez Díaz, que ocupa la segunda planta del inmueble, y la de Labrador, instalada en la baja. Las obras firmadas por Vázquez Díaz se reducen a los cuatro bocetos de su primera época, centrados en el Poema del Descubrimiento, dos litografías, dos carboncillos, un bodegón y varios paisajes. Más numerosa es la muestra de José María Labrador (1890-1977), quien, gracias a la fuerza de su vocación, fue configurando una serie de bodegones y paisajes, escenas serranas y personajes populares expresados con un lenguaje colorista y personal. Más arriba del museo se encuentra otro edificio interesante, se trata del Mercado de Abastos y fue construido en 1909 de acuerdo con los planos de Antonio Cabezas.
     Nerva también guarda una reseñable riqueza arqueo­lógica, visible en el poblado romano del Ventoso, en la agrupación de cistas de La Parrilla y en el yacimiento de La Lancha. Este último, un dolmen de galería cubierta que está considerado como una de las manifestaciones megalíticas más antiguas de la cuenca minera, se ubica a unos 4 km al sur de la población (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012).
     El pueblo más grande de la comarca con sus 6.600 habitantes.
     Es también el de mayores inquietudes culturales. En él nació el pintor Vázquez Díaz, el autor de los frescos de La Rábida, y toda una pléyade de pintores nacieron o se formaron a su sombra. Con la donación de José María Labrador se formó el Museo Municipal. El Ayuntamiento, en el que se encuentra el museo, es un singular edificio del siglo XIX. En él sobre­ sale la torre, con un primer cuerpo de base cuadrada y dos más cilíndricos a partir de una balconada circular (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Ayuntamiento
     De su arquitectura civil, muy renovada en el siglo XX, apenas cuenta con ejemplos de interés, salvo el Ayuntamiento, edificio historicista de finales del siglo XIX, realizado en ladrillo visto con una interesante torre-reloj en ángulo y cuya fachada principal se corona con un panel de azulejos polícromos, con el escudo municipal, firmados por Enrique Guijo y realizados en la fábrica trianera de Manuel Ramos Rejano en 1897. En los últimos años, también sobresalen los nuevos proyectos para edificios públicos (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
Ayuntamiento. El edificio consta de dos plantas, constituyendo un edificio exento en todo su perímetro. Su fachada está completamente realizada de ladrillo visto y presenta amplios ventanales en toda su fachada.
     Dichos ventanales son de geometrías eminentemente verticales, siendo ventanales en planta baja y huecos abalconados en la planta alta. Están dispuestos de forma simétrica y ordenada en toda la fachada, componiendo tres cuerpos en su fachada principal, quedando en el centro las oficinas de la alcaldía.
     Muestra un zócalo de color marrón en toda la fachada y muestra las esquinas achaflanadas. El conjunto del edificio rematada por una torre octogonal de tres cuerpos con balaustrada metálica, arcos de medio punto y una pequeña cúpula final.
     Durante la 2ª mitad del siglo XIX se extiende por toda la provincia un "fiebre minera", que hará crecer considerablemente los núcleos urbanos circundantes a las minas, por la afluencia de los obreros que vienen de diversos lugares en busca de trabajo.
     Este es el caso de la aldea de Río Tinto, actual villa de Nerva, que ve como crece su población, estableciéndose la necesidad nuevos y mejores servicios, que la administración municipal del Ayuntamiento de Zalamea la Real, es incapaz de proporcionar. Por lo que se hace imprescindible y urgente la independencia administrativa de ésta.
     El 7 de Julio de 1.885 se produce la Sanción de Su Majestad el Rey D. Alfonso XII de la ley de segregación de Nerva decretada por las Cortes.
     El 7 de Agosto de 1.885 se constituye el primer Ayuntamiento de Nerva, nombrándose como primer alcalde a D. Domingo Gil Vélez.
     El 20 de julio de 1889, se le encargo un proyecto al arquitecto D. José Gallego Díaz para la construcción de un Casa Socorro y un Depósito Carcelario. Las obras después fueron dirigidas por D. Trinidad Gallego Díaz (Arquitecto Provincial) y D. Manuel Pérez González (Arquitecto Municipal) El edificio se terminó el 28 de marzo de 1890.
     Sobre esta primera obra se construyó entre los años 1893 y1896 el actual edificio del Ayuntamiento de Nerva. La primera piedra se colocó el 7 de Agosto de 1893, aunque después se hicieron algunas reformas. La torre del reloj, que tiene una altura de 30,50 metros sin incluir la veleta, se construyó en 1894 por los mismo arquitectos.
     En 1979 bajo la dirección facultativa de d. Alfonso Jiménez y D. José María Cabeza se efectuaron obras de restauración.
     El 12 de Diciembre de 2001 se procedió a la inauguración de una segunda restauración llevada a cabo por el arquitecto D. Enrique Abascal García (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Mercado de Abastos. Edificio de principios del siglo XX, tiene interés por su decoración exterior almenada, que le da aspecto de fortaleza.
     Dentro destaca el cerramiento trabajado de madera y la antigua techumbre de teja plana, que actualmente ha sido sustituida por una cubierta metálica de paneles grecados, pintados de tonos rojizos.
     El edificio fue levantado en 1.909, y presenta en sus puertas principales de entrada al recinto sendas placas conmemorativas de la inauguración del mercado. Dicha obra se le atribuye al arquitecto D. Moise Serrano y la obra fue ejecutada por D. Antonio Cabeza Sánchez (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Bartolomé
Se trata de un edificio de estructura muy sen­cilla, puesto que está formado por una sola nave con presbiterio de testero plano y acceso en los pies. Datos documentales nos informan de un primer templo, que se levantó en el año 1599, según constaba en una inscripción existente en una de sus paredes, y del cual hoy no quedan vestigios. Esta antigua iglesia fue incendiada en 1936, por lo que la alcaldía, sin autorización del Arzobispado, ordenó demoler sus muros para evitar los riesgos de su estado ruinoso y cedió la planta baja del Ayuntamiento para celebrar la misa. El actual templo data del año 1943.
     De su interior, sólo son destacables el gran cuadro de  altar que preside el presbiterio, donde se representa el Martirio y glorificación de San Bartolomé, óleo sobre lienzo pintado en 1945 por José María Labrador, que incluye el autorretrato del artista y la cruz parroquial, de plata y estilo purista, decorada con cintas planas, del siglo XVII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
         Se trata de una iglesia de planta de cruz griega, con una nave central y dos laterales, albergando pequeñas capillas en su interior que se sitúan entre los muros contrafuertes de la misma. Exteriormente, presenta una fachada sencilla, con una composición de la fachada principal de composición simple. Un gran hueco central que alberga la puerta principal de la Parroquia de recercados rectos.
     La espadaña es de composición triangular, con dos cuerpos de huecos para las campanas, distribuidas en dos plantas.
     El año 1.599 es de referencia para los orígenes del pueblo. Los primeros datos documentales se remiten a la existencia de una antigua inscripción, hoy desaparecida, conmemorativa del año de construcción de la Parroquia de San Bartolomé.
     Esta tesis es refrendada por el que fuera su párroco durante el último tercio del siglo XVIII, Antonio Domínguez Cavallero, quien, en un informe requerido por el entonces rey Carlos III, declara: «(...) en Riotinto (hoy Nerva) y julio de 1786 años... El nombre de esta aldea ha sido Ríotinto en lo antiguo, como en lo moderno; se ignora su antigüedad por no haber archivo y ni sólido fundamento que lo acredite; sólo se ha encontrado una inscripción en las paredes de la iglesia que dice: se hizo el año 1599 (...)» (Rioja Bolaños, Revista Nervae; 1985) 
     Con anterioridad, se ha constatado la existencia de un informe datado en 1566, donde el clérigo Diego Delgado hace mención a un conjunto de casas llamadas «Nuestra Señora de Riotinto» y que muy bien pudiera ser el origen de la aldea y, después, la actual Nerva (Perejil Delay, A.; 1995) (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Museo Vázquez Díaz
     El centro de Arte Moderno y Contemporáneo Daniel Vázquez Díaz se encuentra situado en la Plaza de Hijos Ilustres, frente al Ayuntamiento, en un moderno edificio diseñado por el arquitecto Julio Sánchez Prieto e inaugurado en mayo de 1999. Está dedicado al pintor Daniel Vázquez Díaz, artista natural de la localidad, considerado como uno de los más importantes representantes de la pintura española de la primera mitad del siglo XX. Su origen se remonta al año 1979, cuando se convocó el Primer Salón Nacional de Pintura «Vázquez Díaz», adquiriendo la organización parte de los fondos exhibidos. La actual colección cuenta con 21 obras de Vázquez Díaz en diversas técnicas, junto con otras de José María Labrador artista también vinculado a la localidad. A este núcleo inicial se han unido más tarde las obras adquiridas en los mencionados certámenes nacionales. A las salas de exposición permanente deben añadirse otras temporales y la biblioteca (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El Centro de Arte Moderno y Contemporáneo Vázquez Díaz, se encuentra situado en la Plaza de Hijos Ilustre, frente al Ayuntamiento de Nerva. Es uno de los centros expositivos más importantes de la provincia. Se trata de un edificio de moderna factura, diseñado por el arquitecto Julio Sánchez Prieto e inaugurado en mayo de 1999. Está dedicado al pintor Daniel Vázquez Díaz, artista de la localidad, considerado como uno de los más importantes representantes de la pintura española de la primera mitad del siglo XX.
     En la factura del edificio se conjuga el ladrillo con el cobre y cuenta con más de 1000 metros cuadrados dedicados a la exposición de obras de arte contemporáneo.
     El interior alberga una amplia selección de cuadros con la que es posible admirar la diversas etapas pictóricas del genial pintor Daniel Vázquez Díaz (Nerva 1882 - Madrid 1969), incluyendo los valiosos lienzos de la colección "Poemas del Descubrimiento", previos a los frescos que el artista realizara en el Monasterio de la Rábida.
     También se organizan muestras temporales, tanto de pintura como de fotografía, que tratan de ofrecer diferentes perspectivas del arte contemporáneo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Plaza de Toros
     Edificio de planta redonda, está construido en mampostería encalada. El terreno sobre la que está construida presenta una gran irregularidad, por lo que el arquitecto tuvo que hacer frente a la misma, excavando parte de la grada en la ladera pizarrosa. La fachada presenta cuatro puertas de acceso.
     La plaza de Toros de Nerva se construyó poco después de que la de Río-Tinto fuera demolida, pues según Avery, Mr Matheson y el board o consejo de administración, habían apreciado que en los bajos de la plaza de Río-Tinto se habían establecido locales de juego y lenocinio que provocaban constantes altercados, por lo que los promotores decidieron el traslado del coso a Nerva. Con la plaza de Toros también se trasladaron a Nerva, los locales de dudosa moral que habían estado antes en Río-Tinto, por lo que la Calle Marqués de Nerva, donde se encuentra ubicada la plaza tuvo mala reputación hasta bien entrado el siglo XX.
     Las dimensiones de la Plaza de Toros actual es de 56,5 metros de diámetro y la arena de 36 metros de diámetro. Es de 3ª categoría y tiene un aforo de 4.500 espectadores. Dan entrada al interior cuatro puertas, e igual número de escaleras conducen a las localidades. Caballerizas capaces para 20 caballos, dos corrales para el ganado bravo, seis chiqueros, enfermarías con dos camas, dos habitaciones para administración, y carnicería, son las dependencias que posee.
     Originalmente disponía de dos casas adosadas a la derecha donde se ubicada la enfermería y dependencias para los toreros y las cuadrillas. Actualmente, se ha declarado su estado de ruina, debido al continuo desuso y abandono. Es de propiedad municipal (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Ayuntamiento; Mercado de Abastos; Iglesia de San Bartolomé; Museo Vázquez Díaz; y Plaza de Toros) de la localidad de Nerva, en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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