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martes, 26 de diciembre de 2023

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María Coronada; Carteia; Museo Municipal; Capilla de la Visitación; y otros lugares de interés) de la localidad de San Roque, en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María Coronada; Carteia; Museo Municipal; Capilla de la Visitación; y otros lugares de interés) de la localidad de San Roque, en la provincia de Cádiz.
    Fue el primero de los establecimientos urbanos surgidos en el Campo de Gibraltar tras la conquista de la ciudad del Peñón por los ingleses en 1704 y el consiguiente exilio de sus pobladores.
     El asentamiento se produjo en torno a la ermita de San Roque, que coronaba un cerro sembrado de viñedos y presenta una estructura urbana muy clara, con una arteria principal que desciende desde la plaza de la iglesia a la Alameda decimonónica, y calles transversales que se suceden siguiendo las cotas de nivel.
     Conserva aún numerosas casas de los siglos XVIII y XIX , de dos plantas que se distribuyen en torno a dos patios; el principal puede ser de columnas y se accede a él tras el zaguán; a su alrededor se organizan las estancias principales, mientras que el segundo patio o corral está reservado para las labores y suele tener salida a las calles traseras. Algunas reproducen modelos gaditanos que incluyen una torre mirador de garita (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
          La ciudad de San Roque es una implantación urbana con origen reciente y que responde a una implantación ortogonal planeada. En contraste con la mayoría de las ciudades del corredor de la N-340 fruto de una intensa estratificación histórica devenida de su vínculo estratégico con el litoral Mediterráneo, San Roque es fundada a principios del siglo XVIII por un grupo de gibraltareños españoles que abandonan Gibraltar tras su conquista por los ingleses durante la Guerra de Sucesión. Se elige para ello el lugar simbólico ocupado por la Ermita de San Roque; en un territorio marcado por la topografía de sus lomas, la ciudad se erige en una colina entre las distintas sierras de Caballera al Norte, Almenara y Carbonera al Este, Amarguilla al Suroeste y las estribaciones de los Gazules al Oeste.
     El terreno del municipio es bastante montañoso, tiene al Norte la Sierra Caballera, al este las de Almenara y Carbonera, al Suroeste la Amarguilla y al Oeste las estribaciones de los Gazules. Esta bañado por el río Guadiaro y su afluente el Hozgarganta, además del Guadarranque y el Palmones.
     El Casco Antiguo se desarrolla fundamentalmente en las laderas orientadas al sur y oeste Su trazado de nueva planta responde a un esquema ortogonal, con calles de pendientes muy pronunciadas, de tramos rectos y de ancho constante. 
     Estructura casi en retícula ortogonal, con manzanas cuadradas y rectangulares de mediano y pequeño tamaño, con la mayor dimensión en sentido este-oeste. 
     Las viviendas generalmente son de una o dos plantas, con fachadas generalmente encaladas, en las que se abren vanos en forma de balcones o con cierros de forja. La cubierta más usual es la inclinada de teja, y los pavimentos actualmente se mantienen adoquinados con variaciones de chino lavado, losas de piedra y terrazo de fabricación reciente (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).          
     Deliciosa población de sólo tres siglos de antigüedad, pero de un abolengo indiscutible. La fundaron en 1704 los habitantes del peñón de Gibraltar que se negaron a permanecer en la Roca una vez que el almirante inglés Rooke tomó posesión de ella durante la guerra de Suce­sión. En la colina donde se asienta había una ermita dedicada a San Roque, de ahí el nombre de la ciudad.
     El casco histórico de San Roque es de una belleza inesperada en población tan joven, belleza que fue premiada en 1975, con su declaración como Conjunto Monu­mental Histórico-Artístico. Consiste fundamentalmente en un gran marco de calles trazadas en retícula, algunas ciertamente empinadas, con casas que en su mayor parte muestran la líneas donosas del barroco privado, con plazas suma­mente evocadoras, serenas e impecables y, en fin, con mucha luz y mucha blancura allá por donde se camina.
     La alameda de Alfonso XI constituye el mejor de los atrios para pasar al casco histórico. Al borde de ella se encuentra el teatro Juan Luis Galiardo, gozoso actor sanroqueño de plena actualidad. Frente al parque se encuentra la plaza de Andalucía, desde la que parten dos preciosas calles, General Lacy, que va bor­deando lo mejor del casco histórico, y San Felipe, que penetra en él como un luminoso puñal.
     Se tome por donde se tome, se acaba subiendo hasta la plaza de la Iglesia, encantador lugar en el que se levanta el templo de Santa María La Coronada, notable iglesia de principios del XVIII construida según proyecto del ingeniero militar Juan de Soubreville. Arcos de medio punto sobre pilares redondos separan las tres naves de que consta, mientras una potente cúpula se alza en el crucero. La Virgen titular preside el altar mayor. Es una imagen del medievo que fue traída de Gibraltar. En la misma capilla mayor está también el Cristo de la Vera Cruz, una magnífica talla realizada en el siglo XVI y traída también de Gibraltar. Especialmente llamativa es la capilla sacramental, primera del lado del evangelio, en cuyo altar, a base de estípites y espejos, se venera una pequeña imagen de la Asunción del siglo XVIII. Hay otras buenas imágenes en el templo, como la Virgen de los Dolores y el Cristo Yacente, en su correspondiente capilla, ambas del siglo XVII y traídas de Gibraltar, y el Cristo de la Buena Muerte, magnífica escultura del sanroqueño Luis Ortega Bru.
     En la misma plaza de la iglesia, en el que fuera Palacio de los Gobernadores, muy bien restaurado, se ubica un espléndido museo* dedicado a este insigne imaginero, en el que puede apreciarse la calidad de sus gubias. En este mismo palacio está también el Museo Municipal, de carácter arqueológico e histórico, y dos salas dedicadas a los pintores Daniel Castilla Zurita y José Cruz Herrera.
     Una tranquila visita merece la plaza de Armas, donde se encuentra el Ayuntamiento y, en general, todo el casco urbano. Pero es que, además, en los últimos tiempos, y gracias principalmente al turismo, en el término de San Roque que cuenta con 15 km de espléndidas playas, se han multiplicado las urbanizaciones y los lugares de recreo. El más famoso de todos es Sotogrande, que comprende dos urbanizaciones de lujo, una en el interior y otra en la costa, donde cuenta además con un moderno puerto deportivo.
     Al norte de la ciudad se sitúa la zona recreativa de Pinar del Rey, con un interesante Centro de Interpretación de la Naturaleza. Y al sur, junto a la barriada de Guadarranque, salida 117 de la autovía A7, está el yacimiento arqueológico de Carteia*, la antigua ciudad romana cuyos pobladores obtuvieron la ciuda­danía de Roma en el 171 a.C., antes, por ejemplo, que Pompeya, lo que da idea de su importancia (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).  

Iglesia de Santa María Coronada
         Santa María Coronada fue devoción familiar de los duques de Medina Sidonia que rendían culto a esta advocación en la parroquia de Gibraltar y, por tanto se trasladó con los exiliados al nuevo asentamiento de San Roque. El edificio es obra del primer tercio del siglo XVIII y sustituye a la primitiva ermita de San Roque. Fue construido con planos del ingeniero militar Juan de Soubreville y la colaboración de alarifes locales. Puede que sea esta aportación la que configure la peculiar disposición de la estructura del templo, que se sostiene sobre pilares de sección circular, con un notable sistema de contrafuertes en fachada. En planta está conformada como espacio de tres naves, cuyo transepto se encuentra marcado por una gran cúpula. La nave central, de mayores proporciones que las laterales, se cubre con bóveda de cañón, en tanto que estas otras lo hacen con aristas. El conjunto será concluido en 1825, cuando se edifica el cuerpo de campanas de la torre de acuerdo a los principios académicos.
     En las pechinas de la cúpula hay sendos medallones, restaurados, pero que parecen pintados por distintas manos en la segunda mitad del siglo XVIII. Representan a San Bernardo, San Roque, Santa Teresa y la Virgen de Europa. De entre las lápidas distribuidas entre las principa­les capillas del templo, que recuerdan a distinguidos difuntos, cabe destacar dos, asociadas al último de los Sitios de Gibraltar, la de García Ra­mírez de Arellano, marqués de Arellano, muerto en mayo de 1781, con las armas representadas en bajorrelieve y una elaborada rocalla al pie. Y la del escritor y militar José Cadalso, fallecido en el mismo hecho de armas. 
     El retablo mayor es una obra gaditana, asentada en 1815, construida en madera, que se ha policromado imitando jaspes y mármoles de colores. Se estructura siguiendo modelos clásicos habituales en Cádiz, con banco, un único cuerpo con tres calles separadas por columnas jónicas y ático coronado por frontón curvo. Está presidido por la Virgen titular, que procede de Gibraltar y en origen es una talla medieval. Retocada en varias ocasiones durante los siglos siguientes, la más determinante correspondió en 1842 al artífice sevillano Juan de Astorga. En una reciente restauración se ha recuperado la policromía del siglo XVI. Lleva corona de plata en su color, marcada por el sevillano Miguel Palomino en 1841. A los lados del camarín se sitúan sendas esculturas de San Roque y San José, la primera tallada en 1740 y la otra obra del escultor antequerano Diego Vázquez y Vega (1790). El conjunto está rematado por el lienzo del ático, que representa a San Bernardo y está firmado en 1810 por el pintor afincado en Cádiz, Francisco Javier Riedmayer. Al pie del retablo hay una escultura de San Sebastián, oriunda de Gibraltar, y en las paredes laterales del presbiterio cuelgan dos cuadros sevillanos de gran formato. Uno de ellos muestra a San Juan Bautista predicando y quizá procede del extinguido convento sevillano de San Francisco, fue pintado por Juan Valdés Leal. El que se sitúa enfrente representa  la Asunción de la Virgen y su autor debió formar parte del taller de Zurbarán. Los pilares que flanquean el altar se encuentran revestidos de pinturas al tem­ple con motivos decorativos y eucarísticos, sobre ellos se disponen dos pequeños retablos hornacina. Todavía en la capilla mayor se encuentran la sencilla sillería del coro y la cruz parroquial, realizada en plata y con decoración de rocallas, he­cha en Cádiz en 1781. Y también el Crucificado de la Vera Cruz, talla de gran mérito realizada en la primera mitad del siglo XVI y que procede de la parroquia gibraltareña.
     A la nave de la derecha abren seis capillas; inmediata al crucero se encuentra la dedicada a la Virgen de los Dolores, de planta poligonal, revestida con chapado de madera y decorada con estuco, lo que le confiere gran armonía estética. La imagen titular es de candelero y se aloja en su camarín; aunque tradicionalmente se considera traída de Gibraltar, fue muy reformada a fines del siglo XVIII. El mismo origen se atribuye al Cristo yacente, una interesante talla del XVII. Un Apostolado de terracota se reparte por las hornacinas que decoran la capilla. La contigua es la capilla del Cristo de la Buena Muerte, en cuyas jambas se conservan unas pinturas murales en muy malas condiciones. La talla del titular es del imaginero nacido en la localidad Luis Ortega Bru y la de la Virgen de la Amargura, de candelero, fue realizada por uno de sus discípulos. Le sucede la capilla en donde la cofradía de la Vera Cruz rinde cultos a sus imágenes, la Virgen del Calvario, San Juan y una de las Santas Mu­jeres, obras que provienen de Gibraltar, aunque fueron muy reformadas en el siglo XIX. En la cúpula tres tondos se han encastrado con escenas de la vida de San ]osé pintados a finales del siglo XVIII; se trata del El sueño de San José, La huida a Egipto y Los desposorios. La Virgen de Fátima, que preside el siguiente altar neoclásico, también fue tallada por Luis Ortega Brú. Concluye el recorrido por este lateral de la iglesia en la capilla de la Virgen de Lourdes, talla de fines del siglo XIX, que fue regalada a la parroquia por Dña. Adele Mª Rea de Galiardo, en 1891, y que se venera en un retablo de estípites del último tercio del siglo XVIII.
     La primera capilla del lado de la izquierda, la Sacramental, se cerraba ocasionalmente con puertas de madera con postigos, cuya decora­ción al óleo presenta motivos eucarísticos y ar­cángeles. Sobre la embocadura unos ángeles en bajorrelieve muestran la Eucaristía y, a su alrededor, se despliega el marco arquitectónico con dos columnas corintias flanqueando el vano y un frontón roto y avolutado con figuras alegóricas de las Virtudes.
     Una vez en la capilla, el testero está ocupado por un rico retablo de estípites y espejos, realizado a mediados del siglo XVIII, que se compone de banco, un cuerpo con tres calles y el ático.
     En la hornacina principal se encuentra la Asunción, una talla policromada contemporá­nea al altar, y otras dos esculturas menudas de San Tarsicio y San Antón. El Sagrario presenta el relieve de la Anunciación, mientras que el áti­co muestra otro relieve, en este caso de la Santa Cena, flanqueada por las pinturas del Redentor y una versión de la Dolorosa de Sassoferrato. En el muro izquierdo de la capilla un lienzo de la segunda mitad del siglo XVIII describe El milagro de San Antonio.
     Avanzando hacia los pies encontramos la capilla de la Virgen del Carmen, que se encuentra decorada con gallones en la cúpula y abultados motivos vegetales en las pechinas, que incluyen sendos ángeles. La imagen de la Virgen es de candelero y moderna. En las paredes laterales cuelgan cuadros del siglo XVIII con representaciones de San Antonio y de San José. Fray Diego José de Cádiz, escultura moderna, se aloja en una vitrina que ocupa el testero de la siguiente capilla.
     Interesante es la última capilla de este lateral, con una cubierta muy rebajada, con linterna y decoración de palmas y rocallas. Es una obra de fines del siglo XVIII y su llamativo camarín, trasdosado al exterior  para habilitar los huecos de luces, está presidido por la Virgen del Rosario. En la misma se guarda la custodia, de metal pla­teado y realizada en el siglo XX.
     Se distribuyen por el cuerpo de la iglesia di­ versas esculturas de talla completa que proceden de Gibraltar. Por ejemplo la imagen de San An­tonio, que podría ser del siglo XVII, lo mismo que el crucifijo de la Expiración, San Sebastián y el Cristo atado a la columna. Un Cristo de Hu­mildad, que procesiona con la cofradía de la que es titular, también fue sacado de la ciudad del Peñón.
     En la orfebrería de la parroquia se incluyen algunas piezas de notable interés. La principal es el copón bajorrenacentista, de plata sobredorada, fechado en el último cuarto del XVI y vincu­lado a un gran taller, quizás sevillano, apreciándose afinidades con el arte de Francisco Merino y de Remando de Ballesteros el Mozo. La base es polilobulada, el astil es corto con apenas un nudo de jarrón que parece más moderno, y la copa es cilíndrica, con ocho relieves separados por estípites, alternando las Virtudes con bustos que pueden ser de los Evangelistas. También es una pieza interesante el ostensorio de plata so­bredorada, con sol de esmeraldas y rubíes, astil con diversas volutas y, en su tercio superior, la figura de un fraile tenante. Fue labrada en México en torno a 1760 y se ha vinculado al taller del orfebre Juan Montiel.
     Además se conservan varios cálices de diversa calidad e interés, uno de ellos de plata con esmaltes azules y verdes, de nudo piriforme, fechado en el último cuarto del siglo XVII. Otro, gaditano, está marcado en 1750. El de gajos obra del cordobés Antonio José de Santacruz y Zaldúa, de 1774, llevando los punzones 74/LEIVA y S/CRUZ. Del mismo taller es otro cáliz de base mixtilínea decorada con motivos eucarísticos, nudo en forma de pera invertida y subcopa de rocallas. Y gaditana es la pieza firmada por M. DIAZ hacia 1780. Otro copón liso de nudo piriforme achatado es de 1715, y el clasicista de 1816 se decora con cenefas troqueladas, obra del orfebre cordobés Antonio Ruiz de León. Gaditano parece el incensario, con la casca decorada de rocallas y cuerpo de humo troncocónico, marcado en 1781. Las vinajeras neoclásicas, con hojas de acanto, son madrileñas, realizadas en el taller de Manuel Timoteo de Vargas Machuca en 1782. Por último, las jarras y la salvilla parecen inspirar­se en los modelos de la fábrica Martínez. La Virgen del Carmen tiene dos coronas en plata, una neoclásica, decorada con palmas y motivos florales, hecha en Sevilla por M. Palomino en 1841, y otra madrileña, de Meneses.
     En la Sacristía, entre otros cuadros de escaso interés, existe una representación de San Felipe Neri, procedente con probabilidad del antiguo oratorio filipense de la localidad y firmado por el pintor sevillano Andrés Cortés. También es de destacar el aguamanil de piedra labrada (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      El conjunto fue edificado en la primera mitad del siglo XVIII y responde a la estética barroca. La iglesia posee planta de cruz latina con tres naves crucero y cabecera plana. La nave mayor se compone de cinco tramos que se articulan mediante arcos de medio punto sobre columnas toscanas. La cubierta, al igual que en los brazos del crucero y capilla mayor es de bóveda de cañón con lunetos. Las naves laterales se cubren por bóvedas de arista y en el crucero se eleva una cúpula semiesférica sobre pechinas decorada con yesería. Tanto los muros laterales como los brazos del crucero y tramos de la cabecera presentan capillas adosadas con diverso tipo de cubierta abovedadas.
     En su interior destaca el altar Mayor, donde se veneran las imágenes de Santa María la Coronada, San Sebastián, San Roque y San José, traídas desde Gibraltar y que datan del siglo XV. 
     Al exterior la portada presenta vano de acceso rectangular flanqueado por pilastras toscanas y rematado por frontón que alberga una hornacina, repitiendo el esquema arquitectónico de la portada. La torre es de planta cuadrada con frente liso y cuerpo de campanas con vanos rematados en medio punto.
     La Iglesia de Santa María la Coronada, erigida sobre la ermita primigenia dedicada a San Roque es la puerta de salida y de entrada de todas las cofradías en durante la procesión magna del Viernes Santo en San Roque. La Iglesia es un referente simbólico de primer orden para los sanroqueños, pues está situada, como digo, sobre la antigua ermita, que a su vez se erigía en lo alto del cerro, y por tanto, se convierte en el punto de referencia territorial desde donde se ve el peñón y se es visto por sus residentes.
     La Iglesia de Santa María La Coronada, de San Roque (Cádiz) se levanta en el mismo lugar en que existió una ermita dedicada al Santo que da nombre a la ciudad. Comenzó la edificación de la iglesia en el año 1735, después de la pérdida de la plaza de Gibraltar; experimentó la construcción largas vicisitudes de modo que no quedó totalmente terminada sino hasta entrado ya el siglo XIX.
     En el aspecto histórico constituye esta iglesia una notable manifestación de las inmutables aspiraciones españolas en orden a la integridad del suelo patrio. Esta parroquia ha sido considerada oficialmente como la "única matriz resumida trasladada, iglesia de Gibraltar representada formalmente en la de San Roque" (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Carteia
    Asomados a la Bahía, a la sombra de las instalaciones industriales del polígono de Guadarranque, se encuentran los restos de esta importante ciudad romana. Había sido un próspero enclave púnico que, tras la incorporación de Hispania al Imperio Romano, tendría el privilegio de ser la primera colonia latina fuera de la península itálica (Colonia Libertinorum Carteia, desde el 171 a. C.). Era indudable su valor estratégico, a las puertas del Mediterráneo, pero también su riqueza pesquera. Los testimonios emergentes tras las prospecciones efectuadas desde los años sesenta, abundan en la significación del asentamiento. Del periodo cartaginés se ha identificado una vía de acceso a la ciudad, flanqueada en par­te por un muro de grandes y regulares sillares, así como un tramo de la muralla que abraza la ciudad púnica por el sur. Bajo dominio romano y en tiempos de Augusto se produjo una impor­tante renovación monumental, concentrada en el foro. De este espacio público, que se organizaba en dos niveles unidos por una escalinata, destaca un templo capitolino, en el lugar más elevado. A la misma altura están los restos de lo que se ha considerado una domus. En el plano inferior se encuentran diversas construcciones yuxtapuestas que podrían ser «tabernae». De las termas, obra del siglo I, se han identificado algunas dependencias; en cambio del teatro, edificado  a fines de la República, apenas se conservan algunos fragmentos (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
        Situada al fondo de la bahía de Algeciras, hoy término municipal de San Roque (Cádiz), la ciudad que hoy se conoce como Carteia fue fundada en el siglo IV por pobladores púnicos procedentes de un establecimiento de fundación fenicia situado en el Cerro del Prado, a unos 2 km al noroeste. Siguiendo los tradicionales criterios de ubicación fenicios, eligieron para la nueva ciudad un promontorio más cercano a la desembocadura del río Guadarranque, con una buena situación de control sobre el Estrecho de Gibraltar y de abrigo en el interior de la bahía de Algeciras. A lo largo de su desarrollo histórico, su situación es de un gran valor estratégico, hecho que explica su dilatado periodo de ocupación.
     La aparición en escena de la ciudad de Carteia se produjo durante la Segunda Guerra Púnica (Roldán et alii, 2006a: 26 y ss.), que acabó con el triunfo de la potencia itálica. Los restos arqueológicos documentados hasta la fecha en Carteia adscritos a este periodo, denotan la magnitud de la ciudad púnica. Se han exhumado los restos de una puerta fortificada de la muralla, con acceso en codo, seguramente de época bárquida, dotada de un recio sistema de casamatas y levantada igualmente con potentes zócalos de sillares bien escuadrados y almohadillados así como con alzados de adobe, todo ello en la mejor tradición de la arquitectura defensiva helenístico-púnica (Bendala y Blánquez, 2002-2003; Roldán et alii, 2006a; Blánquez, 2007). Durante las campañas de 2009 y 2013, ha sido documentado un nuevo tramo de muralla (Blánquez et alii, e.p.). Por otro lado, y gracias a los sondeos realizados en el interior del templo republicano, ha sido posible documentar un altar de la fase bárquida que debió ser parte importante del santuario de la ciudad púnica y un claro testimonio de la perduración del carácter sagrado del lugar, perpetuado con la posterior construcción del edificio religioso romano en época republicana. 
     Tras las guerras púnicas esta zona sufre el proceso de romanización. Durante la época romana, la ciudad experimentó un notable desarrollo urbanístico, tal y como se constata a partir de los restos arqueológicos exhumados, si bien no muy numerosos, sí suficientemente significativos. 
     Carteia entró en la esfera romana y, más tarde, fue convertida en el 171 a.C. en la primera colonia latina fuera de la península itálica, bajo la denominación de Colonia libertinorum Carteia
     Es bastante probable que la población romana ocupara los terrenos próximos a la antigua ciudad púnica, siguiendo un modelo de dípolis (Bendala, 1998), tal y como sucede de forma similar en Carmo, donde se asentó un nuevo barrio al sureste del núcleo turdetano preexistente (Beltrán, 2001: 139). 
     De las estructuras exhumadas correspondientes a este periodo, el templo es su principal representación. El edificio se ajusta al modelo característico de la transición Por los materiales asociados a la destrucción del santuario púnico y la construcción del templo, parece que este último fue realizado en las últimas décadas del siglo II a. C. 
     Tras la guerra civil entre Julio Cesar y Pompeyo, se inició una nueva etapa para la ciudad, produciéndose la ampliación urbana y la construcción de algunos de sus principales edificios (Roldán et alii, 2006a: 543 y ss.; Roldán et alii, 2013). En época imperial, se produjo la construcción de un gran edificio de planta basilical, Al noreste de la ciudad se construyó el teatro (Roldán et alii, 1998: 174-175; Roldán, 1992; Roldán et alii, 2003: 251-259; Roldán, 2015; Jiménez et alii, 2015) y en la zona baja de la misma, al sureste, se ubicó un importante conjunto termal (Roldán, 1992; Roldán et alii, 2003: 241-250; Romero Molero, 2010), además de una domus con parte del entramado viario (Pérez, 2003: 261-269). La mayor parte de la zona intramuros de la urbe permanece hoy en día sin excavar, por lo que los datos disponibles para valorar la fase imperial de la misma son limitados, aunque significativos. 
     Tras una progresiva decadencia durante el Bajo Imperio y en época tardoantigua, un dilatado proceso histórico continuaría hasta la caída de la fortaleza meriní de Hisn Qartayanna a manos cristianas en el siglo XIV de nuestra era. 
     La memoria de la antigua ciudad de Carteia nunca llegó a perderse y, desde el siglo XVI, diversos autores se referirán a los restos arquitectónicos más significativas, entre ellas el acueducto, las termas, o el teatro. A comienzos del siglo XVII Hernández del Portillo llegó a identificar la Carteia romana con las minas del Cortijo de San Roque (Hernández del Portillo, 1994). Con posterioridad, Madoz (1849), Ceán Bemuidez (1832), Romero de Torres (1909, 1934) y Pemán (1942) vuelven a referirse a la ciudad, sin olvidar las descripciones de los ingleses J. Conduit, en el s. XVII, y Cárter un siglo después, que aportaron datos sobre las construcciones todavía visibles -y aún sin excavar- del yacimiento. 
     Los primeros trabajos arqueológicos fueron llevados a cabo en los años cincuenta y sesenta del siglo XX por Julio Martínez Santa- Olalla, animado en parte por la teórica identificación con Tartessos siguiendo el parecer de autores antiguos de la talla de Estrabón, Plinio o Mela. Por otra parte, Estrabón (3,1,7) también lo relaciona con el culto a Herakles, el Melkart fenicio. 
     Las excavaciones de Santa-Olalla, efectuadas en la muralla, el teatro y la zona suroeste de las termas, le permitieron rechazar la identificación de la ciudad de Carteia con Tartessos, y definirla como un asentamiento de gran antigüedad, originalmente púnico. 
     Los años sesenta marcaron la historia reciente de Catieia al acometerse la realización de un polígono industrial que dañó sensiblemente el contexto ambiental y arqueológico de la ciudad. En 1964, para preservar lo principal de ella, se encomendó a M. Pellicer una prospección que permitió delimitar el perímetro urbano e, incluso, la ubicación de las necrópolis, asimismo, el estudio de los materiales del sitio arqueológico determinó que nada en la ciudad era anterior al siglo III a.C. (Pellicer et alii, 1977, 224-225). 
     En 1965, comenzaron una serie de campañas arqueológicas patrocinadas por la Bryant Fundation y dirigidas por D. Wocxds, F.Collantes de Terán y C. Fernández-Chicarro. Durante cinco años excavaron en diferentes edificios y espacios de la ciudad constatando, en algunos casos, la existencia de niveles constructivos superpuestos, que, desde época ibérica, alcanzaban las etapas romanas, republicana e imperial (Wocxis et alii, 1967; Woods,l969). 
     Entre 1971 y 1985 hay una nueva etapa de excavaciones sistemáticas, dirigidas por F. Presedo, realizadas con el objetivo de conocer mejor la zona del foro, en particular el edificio del templo, las termas y, en general, enriquecer cuanto fuera posible la información arqueológica que permitiera recuperar la historia antigua de la ciudad (Presedo,1977; Presedo et alii,1982; Presedo y Caballos, 1988). Paralelamente, se realizaron estudios centrados en otras manifestaciones culturales como las emisiones monetales (Chaves, 1979).
     A finales de los ochenta se realizaron investigaciones sobre la arquitectura y el urbanismo de la ciudad (Bendala, 1992), y a la publicación de un libro sobre las técnicas constructivas aplicadas en Carteia (Roldan Gómez, 1992). Posteriormente, tras una primera campaña de análisis de la documentación y de los materiales arqueológicos procedentes de antiguas excavaciones (Roldan Gómez, 1995a), se puso en marcha un Proyecto de Investigación bajo los auspicios de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, el Estudio histórico-arqueológico de la ciudad púnicorromana de Carteia (Roldan Gómez, 1995b, e.p.). En él se abordó, de manera integral, el proceso poblacional de Carteia. desde sus primeras etapas históricas, hasta la Edad Media. Dirigida la investigación por M. Bendala Galán y L. Roldán Gómez, contó, desde su inicio, con la participación de un amplio equipo de profesores de las Universidades Autónoma de Madrid y Cádiz, especialistas en los diferentes campos culturales contemplados y requeridos por el Proyecto (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Museo Municipal
    Instalado en la Casa del Corregidor, es un in­teresante edificio de fines del XVIII rehabilitado recientemente como sede de las actividades cul­turales del Ayunta­miento y de la Oficina de Turismo. Está estructurado en dos muestras independientes, se­ paradas por pisos. En la planta  infe­rior se encuentra la exposición mo­nográfica dedicada a la ciudad antigua de Carteia y en la superior la relativa al imaginero local Luis Ortega Bru. La información sobre el yacimiento romano se articula en tres salas, con una introducción en la que se utilizan paneles para ubicar temporal y geográficamente la antigua población, así como una pieza excepcional a modo de preámbulo, el friso de mármol del bucráneo. En la primera sala se ofrece un relato del descubrimiento arqueológico y las distintas campañas de excavación, mostrándose en varias vitrinas algunas de las piezas procedentes del lugar, como monedas emitidas por la ceca de Carteia, pequeños objetos hogareños y el vigoroso retrato republicano de un anciano. En la segunda sala se reconstruye un templo tardorromano y las termas, utilizando algunos de los fragmentos conservados de la estructura. Se completa este capítulo con la ciudad en la antigüedad tardía y la edad media. Por último, en la tercera sala se tra­ta de poner en valor el yacimiento, con presentación de la bibliografía generada por el tema, además de fotografías antiguas del cortijo y de la torre del Rocadillo.
     La exposición sobre la obra de Luis Ortega Bru está organizada en tres salas. La primera recuerda la primera etapa en la vida profesional del maestro, estando presidida por una imponente Piedad. En la segunda estancia nos adentramos en el taller del escultor, conociendo su banco de labor y numerosos modelos y bocetos. Por último, se cierra el recorrido con una obra significativa de la historia de la comarca, El Éxodo, un relieve que recrea el momento en el que los moradores de Gibraltar abandonan su ciudad en 1704 para establecerse en su Campo (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
    El Palacio de los Gobernadores es una construcción del siglo XVIII, siguiendo las formas barrocas. El inmueble se organiza en torno a un patio de planta cuadrada, con dos plantas sustentadas por columnas toscanas sobre las que van arcadas de medio punto. Al patio se abre la caja de la escalera de planta cuadrada con cubierta plana decorada por yeserías geométricas, los arcos de acceso son de perfil mixtilíneo. Las cubiertas de la planta baja son en su mayoría abovedadas (cañón, aristas o gallonadas) en la planta alta se disponen cubiertas planas, algunas con yeserías.
     El exterior se resuelve mediante paramentos lisos, presentando algunos vanos sencillas molduras. La portada se flanquea por pilastras toscanas. Destaca la Torre-Mirador, de planta rectangular, sus muros se articulan por pilastras toscanas de fuste estriado, entre las que van arcos de medio punto sustentados por columnas toscanas. El caracol de acceso se remata por garita con cubierta semiesférica.
     En una dependencia de la planta baja se sitúan las caballerizas, son de planta rectangular y cubiertas de doble bóveda de cañón con lunetas, comunicadas por una arcada de medio punto sobre pilares cuadrados.
     El llamado palacio del General Castaños o casa de Torre, en la ciudad de San Roque (Cádiz), es una hermosa construcción de típica prestancia andaluza y notables valores arquitectónicos y artísticos. La severa nobleza de su aspecto exterior -caracterizada por el alto y elegante mirador de arcos y columnas- está en armonía con la suntuosidad de sus dependencias interiores, cumplidamente manifestada en la gracia y elegancia de su patio, la señorial escalera, las amplias salas y el espléndido abovedado de los pisos bajos. A los valores artísticos se unen otros de carácter histórico.
     Este majestuoso caserón andaluz fue residencia de los Comandantes Generales del Campo de Gibraltar y guarda así el recuerdo de aquellos que, como el General Castaños o el General León, supieron mantener la presencia española inmediata y digna vigilancia de la integridad del suelo patrio. De este hecho deriva el nombre de palacio de los Gobernadores con que también es conocido este antiguo edificio.
     Actualmente, el inmueble alberga la Sección Luis Ortega Bru del Museo Municipal y la Galería Municipal de Arte con exposiciones itinerantes, además de El Éxodo, bajorrelieve que representa a los gibraltareños españoles marchándose del Peñón en 1704, del escultor sanroqueño Luis Ortega Bru (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Capilla de la Visitación
         La capilla de la Visitación, aneja al Centro Municipal de Asistencia Social, es un edificio de planta rectangular, con una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos. En los muros laterales, entre pilastras, se disponen cinco capillas hornacinas, que albergan imágenes moder­nas. Lo más destacable son las dos pinturas que cuelgan en la capilla mayor, fechables entre los siglos XVII y XVIII, que representan a Cristo Re­dentor y a Santiago en la batalla de Clavijo. En hornacina resaltada por marco arquitectónico se aloja un Nazareno de vestir, que se cree proviene de Gibraltar, aunque aparentemente no es anterior al siglo XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
    La Capilla de Nuestra Señora de la Visitación data del siglo XVIII, de estilo neoclásico. El templo alberga la imagen del Nazareno recuperado de Gibraltar. Entre otras imágenes cabe destacar las de Nuestra Señora de las Angustias y la Virgen de los Dolores que se procesionan en Semana Santa.
      En el edificio anexo se encontraba el Hospital de Caridad; fundado en 1776 por una orden del mismo nombre que sustituyó a la existente en Gibraltar. El cometido de las hermanas era hacerse cargo de los enfermos pobres y la crianza de niños expósitos de toda la comarca (Ayuntamiento de San Roque).

Plaza de Armas
     La Plaza de Armas fue en principio la Plaza Mayor, el suelo era de arena y aquí se celebraban los espectáculos taurinos. Cuentan que aquí dio el primer pase de muleta Manuel Ballón “El Africano” en 1720. La plaza se creó como tal, con el suelo enlosado, en el año 1846 (Ayuntamiento de San Roque).

Mirador Poeta Domingo de Mena
       El Mirador Poeta Domingo de Mena se conoce popularmente como “Los Cañones”, ofrece magníficas vistas del Peñón, de toda la Bahía de Algeciras y el norte de África. En él están ubicados dos de los cañones del siglo XVIII que se utilizaron durante uno de los asedios a Gibraltar. Desde este lugar de retaguardia en los asedios a Gibraltar se hacían las señales necesarias a las fuerzas que combatían en el istmo (Ayuntamiento de San Roque).
 
Plaza de Toros
         La Plaza de toros, inaugurada en 1853, es una de las más antiguas de Andalucía y la segunda más antigua de la provincia de Cádiz. Su diseño fue basado en la Plaza de la Real Maestranza de Ronda, aunque dispone de detalles arquitectónicos únicos. De hecho, se cuenta que el maestro de obras había confiado las mediciones a un maestro de matemáticas local y que fue la causa de que esta plaza no tenga callejón, ya que no había espacio para construirlo, debido a un error con los cálculos. Para la inauguración de la Plaza de Toros fueron programadas dos corridas para los espadas Cayetano Sanz y Francisco Vilches “Llilly”. La primera tuvo lugar el 20 de agosto de 1853.
     En la feria de 1885 perdió la vida en este coso el subalterno Mariano El Tornero, y en la de 1946, el novillero mejicano Eduardo Liceaga.
     La Plaza pasó a propiedad municipal en diciembre de 1993. Aforo: 3500 personas (Ayuntamiento de San Roque).
     La plaza de toros de San Roque es un elemento de carácter exento, con plena singularidad tipológica y volumétrica en la arquitectura de la localidad de San Roque. Se trata de una construcción poligonal regular de dieciséis lados, con un cuerpo adosado de edificaciones, en su flanco sudoeste, para toriles, desolladero y patio de cuadrillas.
     La edificación se compone de dieciséis trapecios dispuestos radialmente y con estructura de doble crujía. La crujía interior es ciega, a excepción de la correspondiente a los tres accesos al ruedo y posee una sola altura, ya que está destinada a soportar las gradas escalonadas de los diferentes tendidos de la plaza.
     La crujía exterior del anillo del ruedo se compone de dos alturas constantes, lo que se percibe en todo el perímetro de la plaza. El nivel inferior se registra casi en su totalidad desde el exterior de la plaza y agrupa una serie de dependencias, así como las cuatro escaleras que comunican con los tendidos y dos escaleras menores: una da entrada directa desde el viario público al palco de autoridades y otra llega a él desde el callejón del corral. Entre ambas se encuentran los chiqueros. El cuerpo superior es una galería sobre forjado plano, cubierta en todo el perímetro de la plaza, que sirve de tribuna alta.
     El ruedo carece de callejón, circunstancia que singulariza mucho a esta plaza pues esto sólo se da en plazas de pequeño porte de ámbitos rurales o en las tipologías más arcaicas. La razón tiene una base histórica: el tracista, a la sazón un  maestro de matemáticas de la localidad, erró sus medidas y cuando el maestro de obras replanteó sobre el solar el que iba a ser muro interior de la misma, no disponía de bastante espacio en la parcela para edificar los tendidos. Entonces, al parecer, se optó por construirla para adentro con la doble serie de muros interiores, de forma que se debió de prescindir del callejón para tener un ruedo lo suficientemente espacioso, que tiene un diámetro de 42,5 m. Imposibilitada la existencia de callejón y con un anillo más pequeño, no se pudo trazar un ruedo circular, como se consigue en otras plazas poligonales del siglo XIX. A diferencia de las plazas urbanas que también operan como plazas de toros y que tienen polígonos de menos lados, aquí los ángulos -dado su número- son muy abiertos (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Cuartel Diego Salinas (nueva Casa Consistorial)
         El antiguo Cuartel Diego Salinas, data del siglo XVIII y de estilo neoclásico, punto de envío a los conflictos en el Norte de África, fue uno de los más grandes de su época. El Regimiento PAVIA 19 fue el último en ocupar las dependencias de este cuartel que cerró sus puertas en 1995. Diego Salinas fue el gobernador militar que defendió Gibraltar cuando fue ocupada la plaza por los ingleses.
     Actualmente en los pabellones del viejo cuartel militar, conservando su estilo neoclásico se ubica: la Nueva Casa Consistorial, la Biblioteca central, la Escuela Oficial de Idiomas, AMDEL (Club de Trabajo), CADE (Centro de Apoyo al Desarrollo Empresarial), y la Jefatura de Policía Local (Ayuntamiento de San Roque).

nueva Ermita de San Roque
         La nueva Ermita se construyó en 1801 y es de arquitectura neoclásica, en su interior alberga la imagen de San Roque. En la cuarta semana de abril se celebra la Romería de San Roque, cuando se saca en procesión a esta imagen. El itinerario comienza en el templo hacia el Pinar del Rey y termina otra vez en este lugar santo.
     Durante la Guerra de la Independencia las tropas napoleónicas saquearon la Ermita y destruyeron la antigua imagen del santo. Ésta fue sustituida en 1833 por otra ofrecida por el capitán sanroqueño Juan Rojas, que estando destinado en Sevilla, y padeciendo dicha ciudad una epidemia de cólera, hizo una promesa de hacer la efigie si se liberaba de la enfermedad con toda su familia. Así ocurrió, y la nueva imagen de San Roque fue colocada en esta popular iglesia (Ayuntamiento de San Roque).

Estatua de Simón Susarte
        En el Parque de Simón Susarte cabe destacar la fuente con la estatua del ilustre cabrero. Simón Rodríguez Susarte condujo a fuerzas españolas mandadas por el coronel Figueroa por los vericuetos del Peñón de Gibraltar, al poco tiempo de haberse perdido éste, en 1704. 
      Fue la mejor ocasión de recuperar la plaza, pero aquellos valientes fueron abandonados a su suerte por el campamento español, que no intervino, a pesar de estar previsto el ataque (Ayuntamiento de San Roque).
    
El León
      Simboliza el valor, el coraje y la fuerza de los caídos en los asedios a Gibraltar. Su mirada hacia Gibraltar conmemora e indica que Gibraltar reside en San Roque (Ayuntamiento de San Roque).

Estatua de San Roque
         El perro de San Roque se llama “Melampo” y según el famosísimo dicho, Ramón Ramírez fue quien le cortó el rabo. Existen varias leyendas sobre la falta de rabo del can. La más conocida se refiere a 1885 coincidiendo con una de las epidemias de peste que asoló estas tierras. Las personas que acudieron a la Ermita de San Roque, se servían de las oraciones y de unos polvos que el santero les vendía. Este producto “mágico” lo obtenía de una mezcla bien trabajada, en la que dicho empleado incluía raspaduras del rabo del perro (Ayuntamiento de San Roque).
  
Alameda Alfonso XI
         La Alameda Alfonso XI data de 1831. El nombre de Alfonso XI se le dio en los años setenta del siglo XX en memoria del Rey castellano que fuera víctima de la peste, mientras sitiaba el Peñón para conquistarlo a los árabes, en 1350.
     La Alameda es el lugar de encuentro y de actividad social de la ciudad. En ella se encuentra también el Teatro Juan Luis Galiardo, inaugurado en 1995 y que tiene el nombre del conocido actor sanroqueño. El teatro cuenta con aforo para 686 personas (Ayuntamiento de San Roque).
    
calle San Felipe
         Arteria principal de la ciudad de San Roque. Destaca por sus impresionantes y regulares fachadas con balcones y rejas, y por los típicos patios andaluces.
     En el número diez de esta calle nació del galardonado actor Juan Luis Galiardo (Ayuntamiento de San Roque).
    
calle San Nicolás y calle Historiador Montero
         Son las calles más pintorescas del casco antiguo. La cale San Nicolás tiene una parte especialmente costumbrista. En este lugar se encontraba el Convento de Mercedarios que sería suprimido en 1835 en una de las desamortizaciones eclesiásticas. En el mismo edificio reformado en 1843, se encontraba también la iglesia castrense (Ayuntamiento de San Roque).
    
Fuente María España
         Del siglo XVIII. Su imagen está ligada a los aguadores de antaño, que a lomos de burros transportaban los cántaros cargados de fresca agua, con la que surtían a la población sanroqueña. Era punto de descanso para caminantes y lugar de esparcimiento para los vecinos (Ayuntamiento de San Roque).
   
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María Coronada; Carteia; Museo Municipal; Capilla de la Visitación; y otros lugares de interés) de la localidad de San Roque, en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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martes, 3 de octubre de 2023

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María la Mayor, la Coronada; Conjunto arqueológico El Castillo; Convento de Jesús, María y José; Capilla del Hospital del Amor de Dios; Puerta del Sol; y Museo Etnográfico) de la localidad de Medina Sidonia (II), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María la Mayor, la Coronada; Conjunto arqueológico El Castillo; Convento de Jesús, María y José; Capilla del Hospital del Amor de Dios; Puerta del Sol; y Museo Etnográfico) de la localidad de Medina Sidonia (II), en la provincia de Cádiz.

    
Iglesia de Santa María la Mayor, la Coronada
     Este templo es uno de los más destacados con­ juntos histórico-artísticos de la provincia, tanto por su arquitectura como por los bienes muebles que ha conservado. Inicialmente debió existir en este solar una iglesia de tipo mudéjar que reemplazaría a la mezquita musulmana tras la toma de la ciudad por las tropas cristianas. La idea de levantar la actual fábrica se relaciona con la residencia del cabildo catedralicio gaditano en Medina a partir de 1472, pues Cádiz se vio sometida a continuos ataques y en 1473 sería saqueada por los portugueses, lo que llevó incluso a que el II duque de Medina Sidonia plantease, sin éxito, el traslado definitivo de la sede episcopal a esta población. Sin lugar a dudas estos hechos hicieron que se llevaran a cabo importantes reformas en el templo y a esta época corresponde, por ejemplo, la construcción del claustro, que promovió el obispo Fernández de Solís, pero la ocasión más propicia para levantar un edificio de gran entidad se plantearía tras la toma de Granada, que trajo la seguridad a la zona, hasta entonces fronteriza. El propio obispo Solís o su sucesor, Oliverio Caraffa, debieron idear en los años situados en torno al cambio de siglo la sustitución de la vieja fábrica.
     Las obras dieron comienzo por los pies del templo, avanzando hacia la cabecera y se ha planteado la intervención de diversos maestros, como Alonso Rodríguez, Francisco Rodríguez «El Viejo» o Francisco Rodríguez Cumplido. El primero fue maestro mayor de la catedral sevillana y los dos últimos de los duques  de  Medina  Sidonia. Es evidente la dependencia del modelo sevillano que, como es bien sabido, impactó intensamente en el arzobispado y existen claros paralelismos entre este templo y otros contemporáneos del entorno, como Santa María de Carmona, San Miguel de Jerez o San Mateo de Tarifa. Es evidente que en un momento determinado hubo un cambio en las trazas, pues el tramo de los pies presenta características que le diferencian del resto del templo y hay un claro desajuste entre su estructura y la del tramo siguiente. En esta zona las bóvedas apoyan en los muros de las naves laterales sobre pilares adosados, en vez de las repisas utilizadas en el resto del templo, y la bóveda correspondiente a la nave central es de terceletes, a diferencia de la crucería simple del resto de la nave.
     La fábrica se completó casi en su totalidad según el proyecto gótico inicial, y en 1533 estaba lo suficientemente adelantada como para que se concertase la hechura del retablo mayor. Pero con el paso del tiempo se introdujeron otros estilos, como el plateresco de la zona alta del presbiterio y portada interior del claustro o las formas escu­rialenses, a las que responden dos importantes intervenciones, la portada lateral y la torre, am­bas realizadas a finales del siglo XVI por Agustín de Argüello. En el primer cuarto del siglo XVII el conjunto parroquial quedó configurado, si bien a lo largo de toda la Edad Moderna serán continuas las aportaciones de arte mueble.
     El claustro se sitúa junto al lado del evange­lio de la cabecera del templo y presenta planta cuadrangular con cuatro crujías sustentadas por arcos de medio punto peraltados y cubiertas por bóvedas de aristas. Tanto las roscas de los arcos como las nervaduras son de ladrillo visto y sus formas mantienen el eco del mudejarismo. En una de las crujías se conservan los restos de una capilla levantada a inicios del siglo XVI en estilo tardogótico. Sobre la sencilla portada exterior se sitúa un escudo con las armas del obispo Solís, lo que permite fechar esta dependencia en los últimos años del siglo XV.
     Presenta la iglesia planta de cruz latina con tres naves, la mayor más alta que las laterales, y cabecera ochavada. Los pilares son de sección cir­cular y a ellos se adosan delgados baquetones de los que surgen arcos apuntados sobre los que se abren a la nave mayor vanos abocinados y apuntados con tracerías. En los muros laterales se disponen vanos del mismo tipo. Las bóvedas son de crucería simple, salvo en el crucero y capilla mayor, donde presentan complejas formas estrelladas con nervios combados que en el presbi­terio albergan medallones con bustos de formas claramente renacentistas. También son platerescos los vanos abiertos a este recinto, flanqueados por hornacinas y tondos, que se abren entre pilastras, todo ello con abundante decoración de candelieri. Las bóvedas de las naves laterales apean sobre los muros en ménsulas voladas con decoración tardogótica. Adosadas al lateral de la epístola y trasera de la capilla mayor se disponen la antesacristía y sacristía, levantadas a mediados del siglo XVI y cuyo diseño se ha relacionado con Bartolomé Sánchez. Son piezas rectangulares cubiertas por bóvedas estrelladas en las que la irrupción de los detalles platerescos es intensa. El acceso a las dependencias superiores, algunas de ellas abovedas, se realiza por una interesante escalera de caracol de cantería contemporánea de las salas inferiores.
     Al exterior los contrafuertes van decorados por baquetones y tracerías ciegas, mientras que los antepechos se solucionan mediante cesterías caladas de formas también góticas en la que se intercalan pináculos. La portada de los pies es plateresca y presenta vano de medio punto flanqueado por columnas adosadas de orden corin­tio que sustentan un frontón triangular decorado con diversos ángeles. La lateral, que al abrirse a la plaza de la iglesia se conformó como el acceso principal al templo, fue levantada a finales del siglo XVI bajo la dirección de Agustín de Argüello, maestro de cantería. Se trata de una interesante muestra de la estética herreriana muy poco fre­cuente en el entorno. Habitualmente se relaciona con Argüello el diseño de esta pieza y de la torre, que comenzó a levantarse junto a ella por las mismas fechas, pero parece posible que las trazas fuesen encargadas a otro maestro que en este caso podría tratarse de Francisco de Mora, a quien sabemos que el cabildo catedralicio gaditano había encargado en 1595 la planta para una nueva Catedral. Su concepción es muy severa y consta de dos cuerpos, el primero lo articulan columnas dóricas adosadas que albergan en los laterales hornacinas sobre las que van molduras cuadrangulares. En el segundo cuerpo las colum­nas son jónicas y sustentan un frontón triangular. Los remates decorativos se resuelven mediante bolas y pirámides y ocupan las hornacinas escul­turas manieristas de origen italiano realizadas en mármol que representan a san Pedro y san Pablo en el cuerpo inferior y la Asunción de María en el superior. La torre se construyó con gran lentitud y, tras paralizarse las obras, se reemprendieron a mediados del siglo XVII. Tiene planta cuadrada y consta de un alto fuste dividido en tres cuerpos. Los dos primeros se decoran con gran­des molduras rectangulares y el tercero presenta pilastras dóricas en los ángulos que flanquean los vanos para campanas, rematados en medio punto, sobre los que se disponen pequeños vanos ciegos del mismo tipo. Remata el conjunto una  cupulilla semicircular que descansa sobre una arcada octogonal.
     Preside la capilla mayor un gran retablo de madera dorada y policromada iniciado en 1533, que constituye una de las más valiosas muestras de la retablística del primer renacimiento en Andalucía. Su hechura fue concertada con Andrés López del Castillo, que se haría cargo de la arquitectura, y a quien se unió dos años más tarde Nicolás de León. Durante varios años se debió trabajar en la estructura y en 1559 se concierta con Roque Balduque un importante grupo de esculturas de las que sólo concluyó el calvario que remata el conjunto. Muerto este maestro en 1560 se hizo cargo de los trabajos Juan Bautista Vázquez «El Viejo», quien ayudado por Melchor de Turín y, posiblemente, por su hijo Juan Bautista Vázquez «El Joven», culminará todo el programa en 1577. El encargado del dorado y la policro­mía fue Miguel Vallés, que concluyó dicha tarea en 1584. El aumento del número de tableros a realizar cuando Vázquez se hizo cargo de la obra -Balduque había concertado catorce y él veintidós- ha llevado a plantear la posibilidad de una ampliación del proyecto original, pero la coherencia del conjunto hace difícil tal posibilidad.
     Presenta planta ochava y se resuelve según una retícula de tradición tardogótica que consta de cinco calles divididas en cuatro cuerpos que descansan sobre un banco y amplio ático. Los soportes son balaustres, pareados en la calle central y en los extremos, y en el segundo cuerpo de la calle principal se dispone un gran remate con frontón curvo sustentado por ángeles niños que debe obedecer a la intervención de Vázquez «El Viejo». El ático se centra por un gran edículo a cuyos lados van paneles y en los extremos hornacinas, todo ello rematado por complejas composiciones, pequeños frontones y doseletes. Recorre toda la superficie del retablo una minuciosa decoración a base de candelieri, ángeles, cartelas, bichas y otros elementos típicos de la estética plateresca.
     El programa iconográfico se dedica fundamental a las vidas de Cristo y de la Virgen, si bien se intercalan numerosas representaciones de profetas y santos, sobre todo ocupando las pequeñas hornacinas que se distribuyen por todo el retablo. En el calvario que remata el ático se hace evidente la expresividad goticista de Balduque, mientras que el resto de las tallas muestran los nuevos cánones manieristas de Juan Bautista Vázquez y sus colaboradores.
     El frontal de altar es de plata y fue realizado a inicios del siglo XIX.
     En el muro del lado de la epístola del presbiterio se abre la portada que da acceso a la antesacristía obra tardogótica rematada por gable­te conopial sobre la que va una arquería ciega de complejas tracerías. Sobre ella y en el muro frontero hay dos lienzos dieciochescos que representan la Encarnación y la Imposición de la casulla a san Ildefonso, con marcos rococó de madera tallada. Los ángeles lampareros son tallas de mediados del siglo XVIII que proceden de talleres jerezanos y portan lámparas de plata de igual cronología. A ambos lados de las gradas de acceso al presbiterio se disponen dos púlpitos sobre repisas de mármol con atriles de madera dorada en forma de águilas, todo realizado a finales del siglo XVI. Frente al presbiterio, ocupando el pe­núltimo tramo de la nave central, se sitúa el coro, cuyo aspecto actual responde a una reconstruc­ción llevada a cabo hacia 1730, cuando se levantaron los muros perimetrales articulados por pilastras cajeadas de orden toscano. La sillería fue realizada por Juan de Gatica en 1732 y presenta doble hilera de asientos, la superior con respaldos articulados por columnillas salomónicas entre las que van lienzos con diferentes santos, todos ellos contemporáneos del coro. El órgano fue construido en 1742 por Juan de Hotigues y su caja presenta decoración rococó y diversas esculturas de ángeles músicos. La sencilla reja que cierra el ámbito es de hierro forjado y fue rea­lizada en 1631 por Pedro Gómez de Castilla. A los muros del trascoro se adosan tres retablos. El situado en el lado del evangelio es una estructura plateresca fechable hacia 1550 sustentada por balaustres y muy reformada a mediados del siglo XVIII, que contiene pinturas sobre tabla del siglo XVII que representan a san Bartolomé en el centro y a sus lados san Nicolás y san Basilio y sobre ellos tondos con san Pedro y san Pablo. Se fecha hacia 1540 y está muy modificado por intervenciones posteriores. El correspondiente al lado de la epístola tiene origen similar, si bien ha sufrido una intervención más radical en el siglo XVIII. El retablo del trascoro sufrió importantes daños en un incendio acaecido a finales del siglo XX. Su titular es un crucificado sevillano de ini­cios del siglo XVII. Ante el coro hay un púlpito de hierro forjado con tornavoz de madera talla­da, realizado a comienzos del siglo XVII y junto a él cuelga una gran lámpara de plata fechable a finales de la misma centuria.
     La primera capilla del lado del evangelio es el sagrario de la parroquia y para ella concertó Roque Balduque en 1554 un retablo que fue re­ emplazado por el actual en 1763. Entre 1868 y 1870 se le abrió un gran camarín para albergar a la Virgen de la Paz, patrona de la ciudad, que se instaló aquí procedente del convento de San Agustín. Es una obra en madera dorada y policromada con decoración rococó que consta de un cuerpo dividido en tres calles por columnas corintias y ático tripartito. En sus hornacinas la­terales se distribuyen las imágenes de los cuatro doctores de la Iglesia realizadas por Roque Balduque y las de santo Tomás y la Fe que rematan el conjunto son piezas rococó contemporáneas del retablo. La Virgen de la Paz, patrona de la ciudad, es una talla de candelero de origen bajo­ medieval cuyo antiguo rostro fue encontrado en el interior de la talla al procederse a su restauración a finales del siglo XX. La cabeza actual fue realizada en 1737 y consta que la policromó Antonio de Escuda, maestro a quien puede atribuirse también su hechura. Una imagen del Niño Jesús es obra rococó de mediados del siglo XVIII. El frontal de altar está realizado en plata a inicios del siglo XIX, periodo al que también corresponde la candelería. En uno de los muros se sitúa una imagen de Cristo crucificado, de escuela sevillana, realizado a inicios del siglo XVII, si bien presenta importantes repintes posteriores. A continuación se abre la portada del claustro, obra plateresca realizada hacia 1550; consta de dos cuerpos, el inferior se resuelve a modo de arco de triunfo con un vano central rematado en medio punto sobre el que va una hornacina con doselete gótico con una imagen en alabastro de la Virgen, que según la tradición es obra del siglo XIII, aunque parece contemporánea de la portada. A ambos lados se disponen pares de pilastras cajeadas de orden corintio, entre las que van tondos con bustos. Toda la zona superior de la por­tada lleva una profusa decoración de candelieri y otros elementos. El segundo cuerpo se resuelve mediante un gran arco, rebajado y abocinado, al que flanquean columnas adosadas de orden corintio. Este conjunto fue ideado para servir de tribuna a la cantoria, que hubo de ser cegada al construirse la torre.
     En el segundo tramo se sitúa el antiguo reta­blo de Ánimas, obra rococó de madera dorada, que inicialmente estuvo presidido por el relieve de san Miguel con las Ánimas que ahora ocupa el ático. En su lugar se abre una hornacina que alberga la imagen del Cristo del Perdón, excelente talla de Pedro Roldán realizada en 1679, que representa a Cristo suplicante mostrando las llagas de la Pasión y apoyando una de sus rodillas sobre la bola del mundo, donde se representa el pecado original. Junto a la puerta lateral hay un pequeño retablo decimonónico de madera policromada a imitación del mármol, que contiene una imagen dieciochesca de tipo popular de san Isidro Labrador. En el último tramo se levanta el retablo de san Pedro, obra rococó de estuco policromado realizada en 1763 para albergar al Cristo del Perdón. Consta de un cuerpo con movida planta, sustentado por pilastras pareadas de orden corintio y rematado por ático. El san Pedro que lo preside es una talla del candelero realizada a mediados del siglo XVIII procedente del retablo del sagrario y en una de las hornacinas laterales hay una imagen de san Sebastián, también del siglo XVIII. Junto a este retablo hay uno decimonónico que alberga un interesante lienzo de mediados del siglo XVII que representa a san Jerónimo y en el que son evidentes los ecos de la obra de Rubens.
     A ambos lados de la puerta de los pies se localizan dos grandes cipos romanos de mármol con inscripciones fechados en el siglo I d.C. La última capilla del lado de la epístola es la del bautismo, cuya construcción puede fecharse a finales del siglo XVI y sus trazas pueden corresponder a Ginés Martínez de Aranda. Se accede a través de una portada sustentada por colum­nas dóricas adosadas sobre las que va un frontón triangular que alberga el escudo del obispo García de Haro y se cubre por bóveda vaída con decoración geométrica. La pila es de alabastro con decoración gallonada de formas tardogóticas y fue donada por el obispo Caraffa a inicios del siglo XVI, como consta en una inscripción que la recorre. En este recinto se ha instalado el expresivo grupo escultórico de la Última Cena, cuyas tallas realizó Roque Balduque en 1554 para el desaparecido retablo de la capilla del sagrario. A continuación hay un pequeño retablo rococó y en el tramo siguiente otro dedicado a san José, que fue concertado en 1692 por Francisco Bartolomé de Medina. Es de madera policromada y dorada y consta de un cuerpo dividido en tres calles por columnas salomónicas y ático. Está presidido por una imagen del titular de candelero y a sus lados van san Lorenzo y san Esteban. En el ático hay un relieve de los Desposorios de la virgen y se corona por un busto del Padre Eterno. El retablo de la Virgen de la Antigua es una pieza rococó de hacia 1770 realizada en madera dorada y policromía tipo biscuit sustentada por estípites. Con­tiene una interesante colección de pinturas que formaban parte de la colección pictórica de Luis Novela, centradas por una tabla  de la Virgen de la Antigua realizada por Juan Ruiz Soriano, bajo la que va un pequeño cobre de la Santa Faz. Las calles laterales están ocupadas por una su­perposición de tres pinturas. En la zona inferior hay dos lienzos que representan la Epifanía y la Adoración de los pastores de Pedro de Oriente, en el centro van otros que representan doctores de la Iglesia y son obras tenebristas del siglo XVII, y sobre ellos dos pequeñas tablas de san León Magno y san Gregorio con donantes, obras hispano-flamencas del siglo XV. Completa el repertorio iconográfico una colección de pinturas del siglo XVII sobre pequeños tondos de ágata y una talla dieciochesca de candelero del Niño Jesús pasionario, que viste túnica de terciopelo bordado en oro de la misma época. Contemporáneas de esa talla son las imágenes de san Mi­guel Arcángel, realizado en barro policromado, y san Jerónimo, realizado en cera. Los escudos de los laterales corresponden a los caballeros de la Orden de la Banda y a la cuadratura de los condes de Niebla y los Portocarrero.
     La capilla de la Concepción, perteneció a la hermandad del mismo título y ocupa el tramo siguiente, aunque inicialmente se ubicó en el lado del evangelio, pero al plantearse la construcción de la torre hubo de ser derribada, por lo que se le concedió la actual. Está presidida por un retablo de formas neoclásicas en madera policroma­da a imitación del mármol que realizó en 1868 José Vicente Hernández. La talla de la Concepción que lo preside es obra de inicios del siglo XVII y puede relacionarse con la producción de Andrés de Castillejos, quien realizó por aquellas fechas otras imágenes para la hermandad y a sus lados van las de san Juan Bautista y san Fernan­do, contemporáneas del retablo. En el banco hay un fanal con un san Antonio de pequeñas proporciones fechable en la segunda mitad del siglo XVIII, que puede relacionarse con producción de Luis Salvador Carmona. El colateral del la epístola del presbiterio está ocupado por un retablo, de cronología y características similares al anterior, dedicado a la Virgen del Rosario, la imagen es de candelero y puede identificarse con la concertada en 1612 con Alonso Albarrán, si bien ha sido modificada en el siglo XVIII. El manifestador está ocupado por una talla dieciochesca del Niño Jesús pasionario. Ocupa el ático un lienzo de finales del siglo XVII con san Francisco de Paula.
     En el testero sobre el que apoya este retablo hay un rosetón de tracerías tardogóticas y restos de una potada plateresca. Adosados al muro de esta nave se conservan algunos bancos de los siglos XVI y XVII, que fueron utilizados por los miembros del tribunal de la Inquisición.
     Las dependencias parroquiales guardan una importante colección de piezas suntuarias de orfebrería y bordados. Entre las primeras destaca especialmente la custodia de plata del Corpus que realizó en 1575 el orfebre sevillano Juan Tercero. Consta de un templete cuadrangular sustentado por cuatro balaustres sobre los que apoya una cubierta a cuatro aguas en la que se abren óculos ovales y que se corona mediante una linterna con delgadas columnillas, rematada por la representación de la Fe. Sobre las esquinas se disponen remates calados de forma piramidal rematados por águilas. Toda la superficie de esta pieza va cubierta de una delicada decoración en la que abundan las cartelas con escenas en relieve y otros elementos vegetales, geométricos y figurativos. El ostensorio es turriforme y se levanta sobre un peana gallonada y decorada con ganchos en cuyos ángulos se sitúan remates piramidales semejantes a los de la cubierta. El expositor es un templete de planta cuadrada sustentado por balaustres y rematado por linterna que corona una imagen de Cristo resucitado. La cruz parroquial es obra tardogótica con cartelas de imaginería, cuyo basamento se realizó a inicios del siglo XVII en estilo manierista. Otras piezas renacentistas son las vinajeras, acetre, hisopo y fuente que realizó Antonio Láinez a finales del siglo XVI. Hay también diversos cálices, copones y otras piezas que pertenecen fundamentalmente a los siglos XVII y XVIII. Importante es el gran manifestador portátil, obra en plata realizada en los primeros años del siglo XIX, si bien en su estructura se reaprovechan diversos elementos anteriores, algunos de ellos de procedencia americana.
     La antesacristía y sacristía tienen armarios y bancos del siglo XVIII y una cajonera rococó tallada en 1772 de movida planta. La fuente es una pieza manierista realizada en mármol con taraceas cuya zona central fue reformada en el siglo XVIII. Entre los bordados y tejidos, de los que guarda esta parroquia una rica colección, cabe destacar el terno de san Pedro, realizado a inicios del siglo XVII con bordados en oro y escenas de imaginería en sedas de colores sobre terciopelo granate. Sobre la cajonera de la sacristía van dos lienzos que representan a san Leandro y san Isi­doro, modestas copias de Murillo que se han vinculado a la producción de Juan Simón Gutiérrez. Otro lienzos dieciochescos representan a Cristo crucificado, los dolores de María y a santa María Novella, obra realizada por Juan de Espinal para Luis Novela. Dos pequeños cobres de suelta factura representan la Oración en el huerto y la Virgen con el Niño. En las dependencias parroquiales se guardan las imágenes policromadas de san Francisco de Asís y san Diego de Alcalá, obras realizadas por Juan Martínez Montañés hacia el año 1636 (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El edificio se levanta de forma casi exenta, adosado únicamente por una pequeña zona del claustro a la finca colindante, sobre una plataforma que realza su monumentalidad, estructurándose en varios cuerpos de edificación claramente diferenciados:
        - La Iglesia tiene planta rectangular, dividida en tres naves de altura desigual. Esta diferencia de alturas se compensa constructivamente con arbotantes de inspiración gótica, que se ocultan con espléndidas crestería horizontales en las fachadas principales de acceso. Su esquema tipológico se organiza en base a una cruz latina de tradición grecorromana con orientación noreste-suroeste sin que sobresalga el crucero con ensanche y alzado en la nave central, así como en el transepto, con capilla mayor en alto y en ochavo que profundiza unos 6 metros. Esta estructura responde al gótico isabelino adaptado a iglesias de grandes proporciones. Todo el templo está cubierto por bóvedas de crucería sencillas, sin ornamentación, salvo las bóvedas estrelladas situadas en la capilla mayor, crucero, capillas absidiales y puerta del claustro, ricamente decoradas con motivos platerescos. Estas bóvedas descargan mediante arcos ojivales sobre pilares baquetonados.
        -Las dependencias de servicio se emplazan en la cabecera de la iglesia, accediéndose a las mismas a través de la nave de la Epístola. La antesacristía es una pieza rectangular separada por una verja de hierro de la sacristía propiamente dicha, pieza asimismo rectangular situada tras la Capilla Mayor.
        -El Claustro es una pieza de traza cuadrangular que se compone de una estructura simple de un solo piso de arcos en ladrillo que apoyan en el paramento por medio de ménsulas en forma de capitel, cubierto por bóvedas de arista, presentando estribos de ladrillo a modo de contrafuertes. El claustro se estima anterior o construido independientemente a la iglesia actual, obligando al estrechamiento de la nave del Evangelio.
        -La Torre del templo es de planta cuadrangular. Se encuentra edificada en sillería de piedra y adosada a la fachada norte.
     Es de estilo renacentista, en su vertiente purista escurialense, finalizada en 1623. Para su edificación se emplea el mismo material de piedra arenisca del templo. Se compone de tres cuerpos; el primero de gran elevación se subdivide en dos zonas mediante ancha moldura. Un pronunciado cornisamiento da paso al segundo cuerpo que actúa como campanario, abriéndose huecos de medio punto moldurados en sus cuatro frentes que albergan las campanas. Delimita cada frente de este segundo cuerpo pilastras adosadas en los ángulos con cornisa superior y sobre ellas aparecen clásicos triglifos que sostienen el cornisamiento superior. Sobre esta cornisa se alza el tercer cuerpo de la torre, rodeado por un pretil abalaustrado que sustenta la cornisa y en cuyos ángulos aparecen pedestales sosteniendo remates dobles de triples bolas superpuestas. De planta octogonal, presenta huecos de medio punto en cada lado. El cuerpo se cubre con una pequeña bóveda, subdividida en cuatro tramos por pilastras adosadas, alzándose una linterna superior esférica conformada por arquillos ciegos.
     El edificio además de la portada del claustro sin gran interés arquitectónico presenta dos portas relevantes; la de los pies del templo, denominada "Portada del Castillo", por situarse frente a este y la portada principal en la fachada lateral del evangelio, frontera a la plaza. De ellas la más antigua en época y estilo es la del Castillo. En la actualidad esta portada está en desuso, aunque en época señorial tuvo un papel destacado.
     La portada principal se ubica en uno de los laterales del Evangelio y está configurada por dos cuerpos con superposición de órdenes que abarcan todo el paramento de la fachada, sobresaliendo el frontón triangular de remate sobre la crestería ornamental.
     Estas dos portadas y la torre son muy clásicas en su composición. Se hallan insertas en el bajo renacimiento andaluz de inspiración serliana, aunque la de los pies, más antigua, se aproxima más al estilo plateresco, mientras que la principal, aunque de esquema serliano alcanza ya al primer barroco en ciertos elementos.
     La Iglesia Mayor de Santa María, construida en el siglo XVI y primer tercio del XVII, a excepción del claustro que parece anterior por su estilo gótico mudéjar. Se ubica sobre el solar de otra antigua iglesia, probablemente de estilo mudéjar, que a su vez se asentó sobre el espacio dejado por la primitiva mezquita mayor de la ciudad musulmana, aunque no se han encontrado hallazgos de ninguna de ellas. No se conoce de quien partió la idea de construir una nueva iglesia mayor.
     La construcción del templo parece que se hizo en dos fases; una primera, en vida del VI Duque de Medina-Sidonia, entre 1518 y 1558, y una segunda fase bajo el dominio de su sucesor, el VII Duque D. Alonso IV, entre 1558 y 1615 en que se concluiría, lo cual parece indicar la presencia del escudo de éste último, situado en la bóveda de la Capilla Mayor. La torre se finalizó en 1623.
     La carencia de fuentes documentales y la mezcla estilística que presenta el templo dificulta la identificación de sus tracistas, pero si se constata en su ejecución la intervención de arquitectos y maestros mayores diocesanos vinculados a los círculos artísticos que giran en Sevilla y Jerez en torno a la escuela manierista bajo-andaluza de Hernán Ruiz II, tales como Agustín de Arguello, Ginés Martínez de Aranda, Bartolomé Sánchez, Francisco Rodríguez Cumplido y su hijo Francisco Rodríguez, el Joven, entre otros de menor relevancia (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Conjunto arqueológico El Castillo
     La fortificación de Medina-Sidonia se remonta a los primeros momentos de la presencia musulmana. Se configuró mediante un triple  recinto con una cerca exterior que circundaba la villa, por encima de la cual se situaba otra donde estaba el alcázar, y finalmente, dominando todo, el castillo. Su estructura era cuadrangular con grandes torreones y ya en tiempos de Carlos V fue desmochado, aunque fue durante el siglo XIX cuando sufrió las mayores pérdidas.
     El recinto fortificado estaba formado por lienzos de muros entre los que se alzaban cubos y, aunque en la actualidad sean muy escasos los restos visibles aún se conserva la mayor parte del trazado embutido en las construcciones actuales. Entre las torres destaca la denominada de Doña Blanca, llamada así porque, según la tradición, en ella permaneció presa y fue ejecutada doña Blanca de Borbón, esposa de Pedro I el Cruel. El volumen cúbico de la torre fue desmochada en el siglo XVIII para mejorar la iluminación de la iglesia mayor. Tuvo cuatro puertas, de las que aún se conservan tres: el arco de Belén, simple postigo cuyo vano original ha sido tapiado para sustituirlo por el actual, la Puerta del Sol, muy transformada en la Edad Moderna, y el arco de la Pastora, excelente muestra de arquitectura militar califal, con doble arco de herradura apuntada enmarcados por alfiz y sustentados en la calle exterior por grandes fustes romanos. En sus cercanías se conservan restos de las murallas y de una torre albarrana que en el siglo XVI sirvió de cárcel, embutida actualmente en una construcción civil. También se conoce esta puerta como arco de la Salada, por la fuente que se abre junto a ella.
     En las proximidades del arco de Belén se conservan las llamadas Caballerizas del Duque, dependencias cubiertas por una gran bóveda de cañón, levantadas por los duques de Medina Sidonia posiblemente en el siglo XVI (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Conserva los restos de un castillo andalusí, al que algunos autores atribuyen origen romano. De este periodo aparecieron tres cabezas romanas de la familia de Augusto, terra sigillata impresa, cadena y monedas romanas.
     Su situación en la cima de un cerro de gran altura le convierte en un punto estratégico.
     La fortificación de Medina-Sidonia formaba un triple recinto, la cerca exterior que circundaba la villa, por encima de ella se situaba el alcázar, y dominando todo, el castillo, levantado en el siglo X sobre una antigua fortaleza romana y cuyos adarves abrazaban la totalidad del conjunto.
     Durante el proceso de excavación las actuaciones arqueológicas realizadas en este cerro han demostrado la existencia de tres fortificaciones superpuestas diacrónicamente: un castellum militar romano, un alcázar árabe y un castillo medieval.
     El Castillo de Medina- Sidonia, corona la acrópolis de la ciudad, defendida por un encintado de murallas. Los restos conservados en mayor número datan del periodo andalusí, en cuyos tiempos al nombre de Sidonia se unió el de Medina, indicando la importancia de la ciudad en esta época. En las ruinas visibles que quedan del Castillo, los restos reconocibles no son anteriores al siglo X, aunque ciertamente la fortaleza es muy anterior.
     Posiblemente la Orden Real de 1523, disponiendo la demolición de gran parte de los fortines fronterizos, debió ser la causa de la casi total demolición, aunque se sabe que a fines del siglo XVI aún se utilizaba (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Convento de Jesús, María y José
     La fundación del convento de monjas agustinas recoletas de Jesús, María y José, se debe a la iniciativa del comerciante de origen vasco afincado en Cádiz Diego de Iparraguirre, quien financió gran parte de su construcción. Las obras dieron comienzo en 1688 sobre un solar donde se situaba la antigua ermita de la Consolación, y concluyeron en 1692, estando la dirección a cargo del maestro de obras de la ciudad Juan Bautista de la Rica. Las dependencias conventuales se centran en torno a un claustro de dos cuerpos, el primero con arcos de medio punto sobre columnas toscanas de mármol y el segundo con sencillos vanos rectangulares. La iglesia es de planta octogonal cubierta por una bóveda vaída con presbiterio y coro rectangulares con bóvedas de cañón con lunetas. La bóveda presenta una interesante decoración al fresco rococó realizada hacia 1760 a modo de trampantojo. En ella se simula una cúpula sobre tambor a la que se adosan cuatro grandes pabellones columnados, todo ello inspirado en el tratado de Andrea Pozzo. En los pabellones se representan diferentes escenas de la vida de san Agustín sobre las que van tondos enmarcados por rocallas con el escudo agustiniano y los bustos de santa Rita, santa Limbania y santa Clara de Montefalco. La clave presenta una pintura de la Coronación de la Virgen con marco tallado y dorado, todo ello realizado a finales del siglo XVII. Al exterior la iglesia presenta líneas muy sencillas con vanos rematados por frontones triangulares, destacando la torre, que construyó entre 1739 y 1742 Fernando Cebada. Apoyan sobre los muros diversos cañones procedentes de navíos de guerra. Presenta planta cuadrada y un cuerpo de campanas tiene un alto zócalo en el que se disponen paneles de azulejos sevillanos con diferentes santos. Los vanos, abiertos entre fajas a modo de pilastras son de medio punto y corona el conjunto un cuerpo octogonal con chapitel, todo ello cubierto de azulejos sevillanos.
     El retablo mayor fue realizado en 1692 por Francisco de Bartolomé y Medina y dorado por Juan Bautista Severino. Consta de un cuerpo dividido en tres calles por columnas salomónicas y ático tripartito con columnas del mismo tipo. Preside el conjunto un grupo escultórico de la Sagrada Familia a cuyos lados se sitúan las imágenes de san Agustín y santa Mónica, sobre los que hay recuadros que originalmente debieron contener pinturas. El ático está centrado por un calvario de talla sobre el que va un busto del Padre Eterno y a sus lados las imágenes de santo Tomás de Villanueva y san Nicolás de Tolentino. A ambos lados del presbiterio se levantan retablos de características semejantes, destacadas obras en madera dorada realizadas, como el resto de los que contiene el templo, a finales del siglo XVII. Se disponen a modo de arcosolios cuya estructura interior se sustenta por medio de gruesas ménsulas de formas carnosas en las que aparecen ángeles atlantes. El del lado del evangelio está ocupado por una talla de Jesús Nazareno y el de la epístola está dedicado a los ángeles, cuyas representaciones se distribuyen en la hornacina superior y los laterales . En la hornacina inferior hay una talla de candelero dieciochesca de la Virgen dolorosa. Todas las imágenes son contemporáneas de los retablos. En el tramo central del lado del evangelio se sitúa el retablo de la Virgen de la Consolación, cuya estructura fue algo reformada y policromada de nuevo a mediados del siglo XVIII, por lo que presenta algunas adiciones decorativas de tipo rococó. Está sustentado por dos columnas corintias con fuste retallado en el que se incluyen cartelas con las letanías lauretanas. La Virgen es de candelero y corresponde a la reforma dieciochesca, mientras que las pequeñas tallas de san Antonio de Padua, san Francisco de Asís, santo Domingo de Guzmán y san Agustín que la flanquean son de finales del XVII. El último retablo de este lado de la nave es una interesante obra con rica policromía, resuelta mediante un gran arco sustentado por gruesas ménsulas que alberga un altorrelieve que representa al Niño Jesús adorado por san José, la Virgen, san Joaquín y santa Ana, obra vinculable al círculo roldanesco.
     En el último tramo del lado de la epístola hay un retablo dorado compuesto por un cuerpo dividido en tres calles y flanqueado por columnas corintias y ático. Ocupan las calles laterales tallas de santa Clara de Montefalco y santa Rita y en el ático hay un lienzo de san Nicolás de Bari. Los canceles que cierran las puertas de acceso al templo son de madera tallada y policromada realizados en los últimos años del siglo XVII, etapa a la que también corresponden las pilas de agua bendita y la fuente de la sacristía, piezas de procedencia genovesa realizadas en mármoles de colores. El púlpito, de madera oscura y tornavoz policromado y dorado es obra del primer tercio del siglo XVIII con algunos elementos rococó añadidos posteriormente.
     En las dependencias conventuales se guardan diversas obras de interés, entre ellas un lienzo que representa a la  Sagrada Familia, firmado por Juan Simón Gutiérrez en 1689 y una Virgen de África, talla seiscentista, conocida como «la Galeona», que portaba Diego de Iparraguirre en sus travesías comerciales. Entre las piezas de orfebrería  destaca un ostensorio de plata con aplicaciones de esmaltes de formas manieristas realizado en el primer tercio del siglo XVII, si bien el sol y el viril, con abundante pedrería, fueron realizados en 1777. También cuenta con varios cálices y otras piezas de platería de los siglos XVII y XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     La portada del convento es de gran sencillez, consistente en vano rectangular rematado por frontón triangular, en cuyo tímpano se aloja una imagen de la Virgen; dos cañones flanquean la entrada y, sobre la misma, dos ventanas con orejetas y rejas. El edificio estuvo rematado por una airosa espadaña, demolida al levantarse el actual campanario, rematado en octógono, que es la última torre levantada en Medina, obra que terminó en 1742.
     Las dependencias comunes del convento se estructuran en torno al claustro principal, de forma cuadrada y galería porticada sobre columnas toscanas. En el noroeste del cenobio se encuentran ubicadas las celdas.
     La iglesia es de planta octogonal, con dos volúmenes rectangulares añadidos a la cabecera y a los pies, que sirven de presbiterio y coro, respectivamente. Tanto uno como otro se hallan cubiertos por bóveda de cañón con lunetos y por bóveda vaída el espacio central. En su interior, dicha cubierta se decora con pinturas murales que dan la falsa sensación de poseer una gran cúpula.
     Este convento de monjas agustinas recoletas está vinculado, en su fundación, al capitán vizcaíno y caballero de la Orden de Santiago Don Diego de Iparraguirre, establecido en el comercio de Cádiz, que en 1687 compra una manzana de casas en Medina Sidonia y en octubre del mismo año se establecían las agustinas en la nueva Casa. Las obras, no obstante, durarían hasta 1692, dando como resultado una obra de rara fisonomía (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     
Capilla del Hospital del Amor de Dios
     Se fundó este hospital por voluntad del regidor Alonso Picazo en 1544. Tras sufrir numerosos avatares sólo se ha conservado de la edificación histórica la capilla, que fue reconstruida totalmente en 1796. Presenta planta rectangular con una sola nave cuyos muros se articulan por pilastras dóricas entre las que se abren vanos de medio punto, excepto en el tramo correspondiente al presbiterio. Se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos, en los que se abren vanos mixtilíneos de tradición barroca. Preside la capilla mayor un calvario de madera policromada. El crucificado es una excelente talla del primer tercio del siglo XVI relacionable con el estilo de Diego de Siloé. Las imágenes de la dolorosa y san Juan son contemporáneas del templo. A ambos lados del retablo mayor hay vitrinas con los bustos en madera tallada del Ecce Homo y la Virgen, cuidadas obras de finales del siglo XVII derivadas de los modelos de Pedro de Mena. A los lados de la nave hay dos retablos gemelos de corte academicista realizados en madera policromada a imitación del mármol hacia 1800. Constan de un cuerpo sustentados por columnas jónicas y ático, ocupando el situado en el lado del evangelio una talla de candelero de san Francisco de Asís contemporánea del retablo. En el primer tramo de este lado de la nave hay una pintura de la segunda mitad del siglo XVII que representa la institución de la orden trinitaria. Conserva la capilla algunas piezas de orfebrería, entre ellas una lámpara de mediados del siglo XVII y varios cálices del XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     Realizado gracias a la obra piadosa de Alonso de Picazo quien en su testamento manifiesta su deseo de que en sus propiedades se erija el hospital en 1544.
     En 1573 encontramos ya noticias sobre el uso del hospital siendo el primero de la ciudad en el que se admitían mujeres. Del primitivo edificio solo se conserva en la actualidad la capilla aunque la misma fue reconstruida casi en su totalidad en 1796.
     Tras la desamortización del siglo XIX se abandonó la asistencia hospitalaria siendo rescatada esta actividad por el Marqués de Francos. Posteriormente en 1874 el padre Siñigo funda en la casa contigua la casa de huérfanos.
     En la actualidad es un asilo de ancianos regentado por la fundación “Alonso Picazo”.
     La portada exterior está formada por un vano de entrada adintelado franqueado por columnas toscanas, entablamento y frontón en cuyo tímpano hay una cruz. Sobre la portada un vano adintelado que hace de ventana y sobre la misma un ojo de buey.
     La capilla consta de una planta rectangular dividida en tramos por pilastras de orden dórico entre las que se distribuyen capillas. Una bóveda de cañón con molduras y lunetos cubre la nave incorporando huecos de trazado mixtilíneo. En la parte superior está localizado el coro aunque parece ser que es un añadido posterior.
     El altar-calvario situado en el testero principal data del siglo XVI, está formado por un Cristo, San Juan y la Virgen Dolorosa. Se datan a la época fundacional del hospital con rasgos de la imaginería renacentista castellana.
     El resto de retablos son en su mayoría obras barrocas destacándose en una dependencia anexa a la iglesia una pintura del Cristo de la Humildad y Paciencia obra del siglo XVII de carácter tenebrista, famoso en la ciudad por los exvotos colocados por los fieles (Ayuntamiento de Medina Sidonia).

Puerta del Sol
    Puerta medieval junto a la que también se conservan restos de murallas. Hoy se encuentra restaurada (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
  Llamada así por estar orientada hacia el este, por donde despunta el sol todas las mañanas. Tradicionalmente ha sido el mejor paso de entrada y salida desde las huertas del perímetro de la ciudad.
     Inmediato a esta puerta se encontraba el palacio de los duques de Medina Sidonia, que se mantuvo en pie hasta los años treinta del siglo XX, y la también desparecida casa natal del almirante Pascual Cervera (Ayuntamiento de Medina Sidonia).

Museo Etnográfico
    Situado en un palacete localizado en la calle Altamirano, el museo etnográfico de Medina Sidonia cuenta con un rico patrimonio que pretende poner en valor los oficios, modos de vida, tradiciones y costumbres de la localidad.
     Se estructura en cuatro salas en las que se desarrollan tres temáticas: las actividades agropecuarias, vida cotidiana y los oficios artesanales Cervera (Ayuntamiento de Medina Sidonia).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María la Mayor, la Coronada; Conjunto arqueológico El Castillo; Convento de Jesús, María y José; Capilla del Hospital del Amor de Dios; Puerta del Sol; y Museo Etnográfico) de la localidad de Medina Sidonia (II), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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