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jueves, 2 de abril de 2026

La Hermandad de la Quinta Angustia

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Hermandad de la Quinta Angustia, de Sevilla.  
     Hoy, 2 de abril, es Jueves Santo. La Iglesia comienza el Triduo pascual y evoca aquella Cena en la cual el Señor Jesús, en la noche que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también lo ofreciesen (Caeremoniale Episcoporum, nº 297). 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hermandad de la Quinta Angustia, de Sevilla, que efectúa su estación de penitencia en la tarde del Jueves Santo.
     La Hermandad de la Quinta Angustia, tiene su sede canónica en la Capilla del Dulce Nombre de Jesús, de la Real Parroquia de Santa María Magdalena [nº 16 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 60 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Cristo del Calvario, 2 (aunque la entrada habitual se efectúa por la calle San Pablo, 12); mientras que la Casa de Hermandad se encuentra en la calle Virgen de la Presentación, 2; ambas en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     La Pontificia y Real Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Dulce Nombre de Jesús, Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo y Quinta Angustia de María Santísima Nuestra Señora; es ésta una corporación fundada hacia el 1500 y con residencia canónica en la capilla del Dulce Nombre de Jesús, adosada a la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, del sevillano barrio del Museo, siendo sus imágenes titulares el Dulce Nombre de Jesús, obra atribuida a Jerónimo Hernández entre 1572-1582; el Cristo Resucitado, obra de Jerónimo Hernández en 1582; Nuestra Señora de la Encarnación, obra de Martínez Montañés en 1592; el Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo obra anónima aunque atribuible a la gubia de Pedro Roldán hacia 1659, y la Quinta Angustia de María Santísima Nuestra Señora, obra de Vicente Rodríguez-Caso en 1934.
     Esta hermandad tiene su origen en dos antiguas cofradías de penitencia, en la del Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo y Quinta Angustia de María Santísima y en la del Dulce Nombre de Jesús.
     La primera de ellas, se funda hacia 1540 en el convento casa-grande del Carmen. Sus primeras reglas fueron aprobadas, por el arzobispo Gutiérrez Álvarez de Toledo y el provisor licenciado Hernando Arévalo, el 5 de febrero de 1541. La procesión se realizaba en la tarde del Jueves Santo. Allí residió durante siglos, recibiendo abundantes privilegios de la comunidad carmelita. Sacaba dos pasos, el primero de ellos alegórico, consistente en un sol eclipsado y otros jeroglíficos. Tenía capilla propia en el citado templo conventual. En la reducción de cofradías de 1623 quedó unida a la del Sagrado Lavatorio y a la del Prendimiento.
     Durante el siglo XVII mejoró su patrimonio, en 1633 concertó con Pedro Nieto Montañés las figuras del misterio y dos años más tarde, con Agustín Muño, un cristo articulado, con objeto de poder ser descendido de la cruz. El 31 de mayo de 1642, Juan Méndez Salvatierra, notario mayor de la corte arzobispal, manifiesta que la Quinta Angustia es la tercera corporación en antigüedad, detrás de Crucifijo de San Agustín y Vera Cruz. Los inicios del siglo XVIII fueron duros para la hermandad, ya que un duro pleito por una elecciones fraudulentas hizo que la autoridad eclesial mandara enajenar los objetos de plata que poseía la corporación. Entre 1719 y 1786 salió en once ocasiones, y desde ese año dejó de salir y su vida decayó por falta de hermanos y medios económicos. Llegando en 1805 a tener sólo medio centenar de hermanos. En esta época tenía el paso destrozado, los enseres desaparecidos, el almacén hundido y la capilla abandonada.
     En 1806 hay un intento de revitalizar la hermandad. Se construye un paso nuevo y se hace estación de penitencia en 1807. En la invasión francesa de 1810 el saqueo del convento produjo que las hermandades de este lugar fueran a la parroquia de San Vicente. Quinta Angustia fue la última en llegar, por lo que no encontró lugar adecuado para situar las imágenes y enseres. En 1811 se trasladó al convento de San Pablo y desde allí realizó estación a la catedral, si bien el regreso lo hizo al convento del Carmen.  En el año 1818 recibe el título de Real y queda agregada a la Real de Luz y Vela de la capilla del Palacio Real de Madrid. En 1834, de nuevo, se intenta revitalizar la vida de hermandad, pero con escasos resultados. En 1840 fue trasladada a la parroquia del Sagrario y de allí a la iglesia de los Menores. Hasta que en 1843 se trasladó a la iglesia de San Buenaventura, efectuando su estación de penitencia y decidiendo, ese mismo año, su traslado al convento del Carmen. Decidiéndose en 1851 la fusión con el Dulce Nombre de Jesús y trasladándose a la parroquia de la Magdalena.
     El arzobispo de Sevilla, Cristóbal de Rojas y Sandoval, fundó la hermandad del Dulcísimo y Santísimo Nombre de Jesús y Primera Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, contra los Votos y Juramentos, en la parroquia de San Vicente Mártir, aprobándose sus reglas el 25 de septiembre de 1574, aunque estaban redactadas desde el 15 de enero de 1572. Hace su estación en la tarde del Jueves Santo. A los pocos años de su fundación se trasladan a una casa del barrio de los Humeros, propiedad de uno de los fundadores. Es en este momento cuando empieza un pleito duro, ya que los beneficiados de la parroquial de San Vicente pretendía que se quedaran en la sede donde se instituyó. Se produjo una división interna que ocasionó, que un grupo de hermanos (algunos eran fundadores) se trasladaran al convento de la Merced, para acogerse a la jurisdicción de esta orden. Estos el 16 de septiembre de 1576 acordaron con los beneficiados de San Vicente un concierto, entre cuyos puntos estaba el compromiso de residir en San Vicente o su collación. Los hermanos decidieron residir en la Casa de Colón, ya que ello le proporcionaba importantes ventajas.
     No obstante, y a pesar de los explicado anteriormente, en 1577, quizás por seguir las diferencias entre hermanos, se mudaron al hospital de la Santa Cruz de Jerusalén (también llamado de los Convalecientes), el cual estaba situado donde hoy está la iglesia del Santo Ángel. En los años siguientes siguen los litigios vinculados a la jurisdicción de la cofradía, de modo que hasta el prior de la Orden de Santo Domingo, fray Tomás Durán, hizo valer algunos mandatos de los pontífices que decían que las hermandades del Dulce Nombre debían residir en conventos de la orden. El pleito se resolvió forzosamente en 1587 debido a la reducción del hospital de los Convalecientes y la hermandad de mudó al convento de San Pablo, realizando un solemne procesión. Así quedó como filial de la orden y por tanto exenta de la jurisdicción del ordinario. Adquiere en ese mismo año capilla propia.
     En 1590 le fue confiado el patronato y administración de los niños expósitos, fundado por el arzobispo Fernando de Valdés, conservándolo durante treinta y siete años. Juan Martínez Montañés y su esposa Ana de Villegas se inscribieron en la corporación el 11 de febrero de 1592, regalando dicho artista una imagen dolorosa de la virgen cuyo paradero se desconoce. A principios del siglo XVII la cofradía lleva dos pasos, el del Dulce Nombre de Jesús, con la imagen del Niño Dios, obra de Jerónimo Hernández, y el de Nuestra Señora de la Encarnación. Ambos pasos iban cubiertos por un palio. Algunos autores afirman que a estos les antecedía un tercer paso con un crucificado, que podría ser el actual de las Siete Palabras. En 1623, con la reducción de cofradías, quedó unida a las Sietes Palabras y a la de la Preciosísima Sangre y San Juan Bautista.
     A lo largo del siglo XVIII la hermandad comienza a decaer, hasta que en 1763 empeoró de tal modo que dejó de realizar la estación de penitencia. A principios del XIX, la corporación continuaba celebrando algunos actos religiosos gracias al celo de algunos componentes, sin embargo, debido al paso del tiempo y a los acontecimientos ocurridos en el país y la perdida de enseres, se mantuvo la colocación de los pasos en los días de Semana Santa y la asistencia corporativa al corpus del convento de San Pablo. Pero al producirse la exclaustración de la comunidad y la incautación por el Estado de sus bienes, la hermandad quedó en la mayor postración.
     El 25 de febrero de 1851, en cabildo celebrado por la Quinta Angustia, se da a conocer un oficio de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, por el que cual se solicita la fusión.  La unión contemplaba que se regirían por la única regla aprobada por el Consejo de Castilla en octubre de 1817. Se estableció el Jueves Santo como día de salida, y se haría con el paso del Sagrado Descendimiento y el del Niño Jesús. Se comienza la reforma de la capilla del Dulce Nombre de Jesús, que conllevaría nuevos altares y la construcción del retablo mayor. Esta obra duró desde 1851 hasta 1876.
     La Hermandad de la Quinta Angustia se trasladó a la parroquia de la Magdalena el 17 de mayo de 1851. El Jueves Santo de 1857 se estrenaron unas andas para el misterio del Descendimiento, trazadas por Antonio del Canto Torralbo y talladas por Juan Rossy, de estilo barroco y doradas, llevando candelabros de guardabrisas. Al año siguiente fue novedad el paso alegórico para el Dulce Nombre de Jesús. Se representaba la aceptación del hijo de Dios hecho hombre para hacer libre el género humano. Se trataba del Niño Dios elevado sobre una colina, bendecía los atributos de la pasión mostrados por un grupo de ángeles. Al pie del monte figuraban párvulos entretenidos en juegos infantiles: preciosos corderos, símbolos del rebaño de Cristo, acudían a beber las aguas cristalinas de la salud eterna, mientras que en segundo término quedaba el árbol del fruto prohibido, con una serpiente exánime por la aparición de Jesús. Las figuras que acompañaban al divino infante las labró Vicente Hernández Couquet. En 1879 el papa León XIII le concede el título de Archicofradía Pontificia.
     En 1919 se realiza una nueva reforma de la capilla. Se dejó exenta la capilla de retablos, el derribo del tabique que los separaba de la sacristía, la eliminación de los cielos rasos existentes y la restauración de los frisos de laceria de ladrillo en relieve. En 1949 se realiza un nuevo retablo, obra de Juan Pérez Calvo. Se volvió a instalar el misterio del Descendimiento, como estaba antes de 1919 (Web oficial del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla).
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Página web oficial de la Hermandad de la Quinta Angustia: www.laquintaangustia.org

La Hermandad de la Quinta Angustia, al detalle:
    - Sede Canónica: Real Parroquia de Santa María Magdalena
    - Día de Salida Procesional: Jueves Santo
    - Imágenes Titulares:    - Dulce Nombre de Jesús
                                            - Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo
                                            - Quinta Angustia de María Santísima Nuestra Señora

domingo, 21 de noviembre de 2021

Un paseo por la calle Virgen de la Presentación

      Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Virgen de la Presentación, de Sevilla, dando un paseo por ella.    
     Hoy, 21 de noviembre, Memoria de la Presentación de Santa María Virgen. Al día siguiente de la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva, construida junto al muro del antiguo templo de Jerusalén, se celebra la dedicación que de sí misma hizo a Dios la futura Madre del Señor, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena su Concepción Inmaculada [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la calle Virgen de la Presentación, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Virgen de la Presentación es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle Cristo del Calvario, a la confluencia de las calles Rafael González Abreu, y Bobby Deglané
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. 
     En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
   La vía, en este caso una calle, está dedicada a la Virgen de la Presentación, imagen titular de la Hermandad del Calvario, que recibe culto en la vecina Iglesia de la Magdalena.
     Debe su nombre a la imagen titular de la Hermandad del Santísimo Cristo del Calvario y Nuestra Señora de la Presentación, que reside en la cercana iglesia de la Magdalena y que hace su estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo. Es una calle de reciente apertura (1959), en los solares resultantes del derribo de la antigua Delegación de Hacienda. Ancha y rectilínea, está plantada de frondosos naranjos en alcorques. Posee pavimento asfáltico y anchas aceras de losetas, y se ilumina con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. Cumple funciones exclusivamente residenciales y posee modernos edificios, en su mayoría de seis plantas. En el núm. 4 tiene su sede la Casa-Hermandad de la Quinta Angustia y el almacén de sus pasos [Rogelio Reyes Cano en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Presentación de la Virgen en el Templo o la Virgen de la Escalera;
   El tema, tomado de los Evangelios apócrifos (Protoevangelio de Santiago, caps. VII y VIII; y Evangelio del Seudo Mateo (cap. IV), en la Edad Media fue popularizado por la Leyenda Dorada.
   Cuando María tuvo tres años, sus padres la condujeron al templo con el objeto de consagrarla a Dios. Para llegar al altar de los holocaustos que se encontraba en el exterior del santuario, era necesario ascender quince peldaños (quindecim gradus) que corresponden a los quince Salmos graduales (120-134), también llamados Cánticos de los grados (cantica graduum) porque eran cantados por el pueblo de Israel cuando ascendía en peregrinación a Jerusalén. María los subió sola, sin la ayuda de nadie, y sin volverse hacia atrás, hacia sus padres, como lo hacen normalmente los niños de esta edad. 
    Así, la Presentación de la Virgen se distingue claramente de la del Niño Jesús. María tiene más años, asciende sola los peldaños y se ofrece ella misma al Señor.
   Interpretación y culto. En el arte de la Edad Media, la Virgen presentada en el templo está prefigurada en el niño Samuel consagrado a Yavé por su madre.
   San Francisco de Sales celebra con devota suavidad el destete de «esta gloriosa Pepona, llevada al templo para ser consagrada, como Samuel, que fue conducido a ese lugar por su madre, y dedicado al Señor a la misma  edad».
   En el siglo XVII, la consagración de la Virgen en el Templo se consideró un símbolo de la vocación sacerdotal: el sacerdote ascendiendo los peldaños del altar se comparó con la Virgen subiendo la escalinata del templo.
   La fiesta de la Presentación, suprimida por Pío V pero restablecida por el papa Sixto V y fijada el 21 de noviembre, gracias a Jean Jacques Olier, que en sus escritos insiste en el «sacerdocio de la Virgen», en París se convirtió en la fiesta patronal del Seminario de Saint-Sulpice y de todo el clero francés.
Iconografía
   La niñita asciende hasta lo alto de la escalinata en cuya cima la espera el sumo sacerdote Zacarías, que a veces la abraza (miniatura de las Homilías del monje Santiago).
   En el arte bizantino (Menologio de Basilio, mosaico de Dafni), detrás de los padres de la Virgen avanza una procesión de niñas que llevan antorchas encendidas, reminiscencia del rito nupcial de la antigüedad. Ese detalle se tomó del Protoevangelio de Santiago (VII, 2), donde se dice que Joaquín hizo encender antorchas a las vírgenes sin mancha, recomendándoles que las dejaran encendidas «por miedo a que la niña se volviera atrás y que su corazón quedara cautivo fuera del templo del Señor.»
   En el cortejo de las doncellas portadoras de antorchas a veces se agrega a la tropa de los sesenta valientes armados de lanzas de la visión de Salomón (Homilías del monje Santiago).
   En Occidente, el arte prefigurativo puso el acento en el carácter simbólico de esta escena de consagración. En una miniatura del Speculum Humanae Salvationis (Munich), la niñita está sentada sobre el altar. Al mismo tiempo, el Speculum encuentra prefiguraciones de la Presentación en el Antiguo Testamento y en la mitología pagana: son el Sacrificio de la hija de Jefté y la historia contada por Valerio Máximo, de unos pescadores que extraen del fondo del mar un trípode de oro que consagran a Apolo (Mensa aurea oblita in templo).
   A partir de finales de la Edad Media, y con mayor razón en la época del Renacimiento y de la Contrarreforma, el arte ya no tiene más en cuenta la tradición fijada por los Evangelios apócrifos. Los pintores ya no se sienten obligados a representar los quince peldaños rituales de la escalinata, y reducen arbitrariamente su número. La «Niñita» no asciende sola los escalones, es ayudada por su madre o por un ángel (Tapices de Beaune y Retablo de Saluces en Bruselas). En la mitad del itinerario se vuelve hacia sus padres que la siguen con la mirada (Orcagna). La escena de separación se hace más humana, y el artista encuentra en ella la ventaja de no mostrar a la Virgen de espaldas. La psicología y la estética se coligan contra el texto y triunfan.
   El carácter religioso de esta consagración de una niña al Señor se desdibuja progresivamente. En la composición se introducen detalles pictóricos. La escalinata se presta a efectos de perspectivas; al pie de los peldaños, Tiziano acuclilla a una vendedora de huevos. Claude Vignon toma de la Presentación de Jesús el motivo de la ofrenda ritual de las dos palomas. Después del concilio de Trento, para acentuar la solemnidad, se introdujeron ángeles turiferarios (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad y Festividad de la Presentación de la Virgen María;
   Fiesta de origen oriental, probablemente jerosolimitano, quizá date de la dedicación el veintiuno de noviembre del 543 por orden del Emperador Justiniano de una iglesia en memoria de este episodio mariano transmitido por los apócrifos, sobre todo por el Protoevangelio de Santiago, de la consagración de la Virgen en el Templo a los tres años, sobre las mismas ruinas del Templo de Jerusalén, Santa María la Nueva, y que ha sido confirmada por la arqueología.  Por este origen local, la destrucción de esta iglesia por los persas en el 614 frenó por algún tiempo la extensión de la fiesta. La primera mención clara la encontramos en San Germán Patriarca de Constantinopla del 715 al 730, del que conservamos dos homilías para ella5. En la crónica del monasterio de Studio (Constantinopla) de Teodoro Estudita (+826) se habla de la celebración de esta fiesta.  A partir de Constantinopla se divulga enseguida por Oriente y genera una abundante literatura homilética; así la encontramos celebrada en el mismo día en las Iglesias siria, armenia y maronita, el veintinueve de noviembre en la etíope y el doce de diciembre en la copta. En 1143 pasó a ser de precepto en el Imperio Bizantino, y en 1166 Manuel I Commeno la señala como fiesta de precepto de primera clase. 
     Esta fiesta cobró tal importancia en la Iglesia Bizantina que entró a formar parte del Dodecaorton o ciclo de las doce principales fiestas del año litúrgico y a considerarse de precepto, lo que se mantiene en la actualidad, y su celebración tiene vigilia y se prolonga cuatro días más en vez de ocho por estar dentro del periodo penitencial preparatorio de la Navidad que empieza el quince de noviembre. En Occidente, una vez que no fue introducida en Roma por el Papa Sergio I (+701), empezó a celebrarse en los monasterios griegos del sur de Italia, en donde ya aparece en el siglo IX. De aquí pasó a Inglaterra en el siglo XI.  Pero su lanzamiento definitivo vino de la mano del noble francés Felipe de Mazières, Canciller del Rey de Chipre que, cuando regresó de Oriente a una misión en la corte de Aviñón, trajo consigo un ejemplar del Oficio de los griegos y se lo presentó a Gregorio XI de Beaufort, quien, tras hacerlo examinar por una comisión especial, la celebró con los cardenales adaptando el Oficio griego y autorizó en 1373 su celebración en Aviñón y en algunas otras Iglesias; en el mismo 1373 fue adoptada en la Sainte Chapelle de París. Se propagó la fiesta por Occidente a finales del siglo XIV y durante el siglo XV: en 1418 se introdujo en Metz, en 1420 en Colonia. Pío II Piccolomini la concedió en 1460 con vigilia al Duque de Sajonia. En Toledo fue asignada en 1500 por el Cardenal Cisneros al treinta de septiembre.
   Sixto IV della Rovere la introdujo en Roma en 1472 con Oficio propio. Tras haber sido suprimida por San Pío V Ghislieri, por el decreto Quod a nobis de 1568, debido a su dependencia de los apócrifos, y Sixto V Peretti la restableció oficialmente en la Iglesia Latina por la Bula Intemeratae del uno de septiembre de 1585, ordenándose el Oficio de la Natividad de la Virgen, al que se le cambiaba simplemente el título. Clemente VIII Aldobrandini enriqueció el Oficio y elevó la fiesta, como otras menores de María, a la categoría de doble mayor. En la reforma del calendario de 1969 se redujo a memoria obligatoria con el Oficio del Común de la Virgen. Conmemora no sólo este hecho puntual, independientemente de su historicidad6, sino la vida de María desde su concepción inmaculada y su nacimiento hasta la anunciación, que supone un tiempo de preparación y de afianzamiento de su vocación de entrega voluntaria por completo a Dios (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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