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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 30 de julio de 2026

Ruta por las Murallas y Puertas de Sevilla III: desde la Puerta de la Barqueta hasta la Puerta Osario

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta por las Murallas y Puertas de Sevilla III: desde la Puerta de la Barqueta hasta la Puerta Osario, de Sevilla.
Calle Resolana
     Esta vía se formó en los años 70 del siglo XIX tras el derribo de la muralla, la cual discurría bajo las manzanas de viviendas fronteras al parque actual, aunque anteriormente ya existió un paseo de ronda extramuros. Recibió este nombre por ser un espacio abierto y soleado, tras el cual se sucedían una serie de huertas periurbanas y daba comienzo el arrabal de la Macarena. La demolición del área fortificada permitió la urbanización a comienzos del siglo XX de la antigua área intramuros más cercana, las actuales calles Conde de Mejorada y Marqués de Esquivel, formadas sobre una serie de huertas, como la de las Cadenas, que estuvieron vinculadas originalmente a la Encomienda de San Benito de la Orden Militar de Calatrava.
     A partir del patín de las Damas la muralla seguía un tramo recto en dirección este, del que se conservan restos de una torre y de la propia muralla integrados en el sótano del edificio del n.º 41 de esta calle. En este mismo sector, se abrió en 1860 una puerta que comu­nicaba con la antigua calle Linos, hoy Feria, también conocida en algunos documentos como postigo de la Basura, ya que era utilizado para sacar la basura que luego se amontonaba extramuros en la Resolana, aunque hay fuentes que consideran que en tiempos de los Reyes Católicos ya se había abierto la llamada Puerta Nueva, con la misma finalidad de extracción de las basuras, y que pudo cerrarse con ocasión de alguna medida contra la peste. En las proximidades de esta calle se ubicaban unas escaleras dobles que permitían el acceso al camino de ronda de la muralla y que aún se podían advertir en el plano que realizó el arquitecto municipal en 1873, una descripción que nos ayuda a entender la distribución de estos acce­sos intramuros a lo largo del perímetro murado.
     En 1894 la Maestranza de Caballería patrocinó la construcción de los llamados "Altos Colegios", hoy CEIP Macarena, en la esquina con la calle Feria, con un proyecto del arquitecto Francisco Aurelio Álvarez Millán, en el que destacan, entre otros aspectos relevantes, las pinturas murales didácticas realizadas por Francesco Cavallini en las aulas. Por último, el desarrollo del ferrocarril facilitó la instalación de factorías industriales a lo largo de la calle, donde destacaron el almacén de maderas de Luis Ruiz de Rebolledo en el n.º 52 o la fundición de Domingo de la Prida, así como la fundición de plomo de Manuel Mata, 1885, de la que solo permanece la llamada «Torre de los Perdigones», en la que se ha instalado recientemente una cámara oscura.
     Unos metros antes de llegar a la puerta de la Macarena, a la altura de la actual calle Muro, se abrió en torno a 1870 un hueco en la muralla para facilitar el paso hacia el centro de la ciudad de personas y mercancías, la Puerta del Cuco, llamada así por la colonia de cucos que anidaban en esta zona de la muralla.
     La puerta de la Macarena tiene la fortuna de ser la única puerta abierta que conservamos de la ciudad amurallada medieval, tras los numerosos intentos y peticiones de proceder a su derribo. Conocemos su arquitectura original gracias a la descripción realizada por el cronista Luis de Peraza, el cual nos habla de una puerta flanqueada por "dos altas y fuertes torres", precedida por la puerta del antemuro. Sin embargo, el aspecto que presenta actualmente es el fruto de diversas reformas realizadas sobre el primitivo acceso septentrional a la ciudad, la Bab Maqarunna men­cionada en el Libro del Repartimiento.
     Esta puerta debía de presentar un estado ruinoso a mediados del siglo XVI, ya que Hernán Ruiz la incluyó en el grupo de accesos que deberían ser derribados y reconstruidos de nuevo, aunque finalmente Lorenzo de Oviedo acomete la primera reforma de calado en 1588 cuando se sustituyó el acceso acodado por el eje directo que comunicaba el arrabal de la Macarena con la calle San Luis, anteriormente denominada Real, ya que era uno de los accesos principales a la ciudad desde los caminos que venían de Castilla. Por ello, esta puerta constituyó el punto de inicio del cortejo real cuando los monarcas entraban en la urbe, desde Alfonso XI en 1327 a Carlos I en 1526, tras pernoctar habitualmente en el monasterio extramuros de San Jerónimo. En la puerta los reyes eran recibidos por las autoridades municipales y aquí procedían a jurar los fueros y privilegios de la ciudad antes de recibir las llaves de la misma, como recogen algunas lápidas conmemorativas ubicadas en la puerta, las cuales, asimismo, recogen diversas normativas urbanas referidas al acceso a la ciudad. La última reforma importante sobre la puerta la realizó el arquitecto José Echamorro en 1795, quien diseña la decoración del cuerpo superior con el aspecto neoclásico que con­templamos hoy. En la actualidad, los trabajos de restauración de la puerta han sacado a la luz diversos elementos que forman parte de la historia de la puerta: restos del almenado medieval, el color ocre original, los antiguos esgrafiados y otros aspectos decorativos del siglo XVIII, así como una pequeña cámara en el interior del arco que, probablemente, serviría para el cuerpo de guardia encargado de la vigilancia y el cobro del portazgo.
     Traspasada la puerta, se iniciaba la calle San Luis, calle Real, o Hawra Majur en el nomenclátor islámico, quizás una prolongación del antiguo cardo romano a partir del siglo XI. Extramuros, se ubicaba una manzana de casas paralela a la barbacana con fachada a la calle Andueza, como podemos ver en las fotografías y postales antiguas, la cual fue demolida en 1939 dentro de los planes de la gestora municipal franquista para destruir el hábitat conflictivo del llamado «Moscú sevillano». Recientemente se ha levantado un memorial que recuerda los fusilamientos de los defensores de la legalidad republicana producidos junto a las murallas en julio de 1936, por orden del general golpista Gonzalo Queipo de Llano, como represalia por la dura resistencia frente al golpe militar ofrecida por el barrio. Fruto posterior de aquellos tiempos sería la construcción de la basílica de la Macarena en 1948, obra de Aurelio Gómez Millán y patrocinada por Queipo de Llano, sobre el solar de la taberna conocida como casa Cornelio, lugar de encuentro habitual de comunistas y sindicalistas hasta su voladura por orden gubernamental tras la huelga revolucionaria de julio de 1931.
     Frente a la puerta se encontraba la explanada frontera al Hospital de la Sangre o de las Cinco Llagas, actual Parlamento de Andalucía, fundación de doña Catalina de Ribera que inicia su construcción con su hijo don Fadrique en el siglo XVI, bajo la dirección de los arquitectos Martín de Gaínza, Hernán Ruiz, Benvenuto Tortello y Asensio de Maeda. A la izquierda del hospital, la actual calle Don Fadrique enmarcaba la calzada que iba en dirección a Córdoba por la orilla izquierda del Guadalquivir y cuyas primeras paradas de interés se ubicaban en el Hospital de San Lázaro y en el cercano monasterio de San Jerónimo. A la derecha del hospital se distribuía un amplio conjunto de huertas periurbanas (la Barzola, Capuchinos, San Jacinto, la Pintada, etc.) que nutrían los diferentes mercados de la ciudad.
     Desde este punto, el tramo de muralla que discurre en dirección este es el de mayor longitud conservado, tras el derribo generalizado de puertas y murallas en el siglo XIX. Este tramo se preservó gracias al rechazo de las academias sevillanas a dicha demolición, con el apoyo fundamental de la Comisión Provincial de Monumentos y las madrileñas reales academias de la Historia y Bellas Artes de San Fernando, que llevaron a su declaración de monumento nacional en 1908. Comprende 9 lienzos de muro y 7 torres, 6 cuadradas y una hexagonal, la magnífica torre de la Tía Tomasa o Torre Blanca, llamada así por la descripción que hace de ella Luis de Peraza hacia 1535, una tonalidad blanquecina fruto de la cal del tapial utilizado, que ha sido confirmado en los recientes trabajos de restauración.
     En 1870, tras el derribo generalizado de las murallas, se decidió mantener este tramo de muralla porque era el mejor conservado y como memoria histórica del pasado, además de haber sido considerado como el de mayor calidad por Richard Ford y Félix González de León en la primera mitad del s. XIX, una decisión en la que tam­bién influyó el hecho de ser un área con escasa presión urbanística hasta el momento. Este ámbito de la ciudad era un espacio apenas urbanizado, rodeado de huertas extramuros e intramuros, como era el caso de la huerta de los Toribios en la actual calle Macarena. A consecuencia de la urbanización de esta huerta, el promotor, Aniceto Sáenz, solicitó al Ayuntamiento la apertura de portillos en la muralla, que facilitasen la salida y entrada de vecinos y carruajes a las nuevas viviendas, lo que provocó la apertura de dos portillos en 1910, que comunicaban la ronda con la calle Macarena. El hecho de mantener la muralla en este área nos permite contemplar con toda facilidad el antemuro levantado por los almohades tras las Navas de Tolosa en 1212, y la liza entre este y la muralla almorávide del siglo XII, salvo en el área de San Hermenegildo, donde un vivero y un establecimiento hostelero nos lo dificultan. Estamos en la calle Muñoz León, rotulada así en recuerdo de un oficial caído en la guerra de Marruecos.
     La puerta de Córdoba recibe este nombre desde la época del repartimiento, al considerar que daba acceso al camino a Córdoba, aunque Peraza cree que el topónimo recoge la donación del área a las huestes cordobesas que acompañaron al rey Fernando III en la conquista de la ciudad. Es la única puerta que conserva un estado más cercano al original que tuvo la muralla islámica, pero, como el resto de las puertas, ha sufrido notables alteraciones con el paso de los siglos. Presenta la típica estructura de acceso acodado simple, protegido por una torre con patio interior, característica de las fortificaciones almohades, y así se mantuvo este acceso hasta 1569, cuando la Hermandad de San Hermenegildo solicitó al Cabildo municipal la cesión de la torre y puerta para levantar una ermita donde rendir culto al santo en el lugar en el que las leyen­das, erróneamente, situaban la cárcel y martirio del santo visigodo sublevado frente a su padre. Sin embargo, la estrechez del espacio inicial llevó a su sustitución por el templo actual en 1606 gracias al empeño del clérigo fundador don Cristóbal Suárez de Ribera, cuyo retrato realizado por Diego de Velázquez podemos admirar hoy en el Museo de Bellas Artes tras permanecer colgado en la nave principal del templo. El permiso de nueva construcción concedido a la hermandad anuló el acceso original de la puerta, a la vez que se procedió a demoler el antemuro y la barbacana, el rebelín citado en los textos de Rodrigo Caro y Alonso Margado. A su vez, el nuevo proyecto obligó a levantar una nueva puerta en la muralla, recogida en las litografías de B. Tovar y derribada también en el siglo XIX, de la que aún se conservan en el acerado las huellas de la misma y las cárceles para las tablazones que se colocaban ante las puertas para frenar las inundaciones.
     De este modo, la puerta original quedó integrada en el nuevo templo, ejerciendo como portada de los pies de la única nave, hasta que la restauración del espacio por Félix Hernández en 1950 liberó la puerta islámica y trasladó la espadaña del templo desde la puerta a su ubicación actual. Más tarde, la intervención municipal sobre este espacio entre 2006 y 2008 ha permitido reconstruir el perímetro de su barbacana, que también presentaba un acceso acodado que ha quedado reflejado sobre el pavimento y que hoy podemos cono­cer gracias a la recreación infográfica del sistema defensivo de la puerta realizada por la Gerencia de Urbanismo.
     Por otro lado, las intervenciones del siglo XX provocaron la desaparición de los azulejos cervantinos que estaban colocados desde 1916 sobre la fachada de los pies y que podemos ver en las fotos antiguas. Dichos azulejos, promovidos por José Gestoso y Luis Montoto para conmemorar el III centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, fueron colocados en esta ubicación para recordar el episodio del "Alamillo, próximo a este lugar, a orillas del Guadalquivir, en la comedia El rufián dichoso", sin que podamos explicarnos la razón de esta ubicación tan lejana del espacio mencionado, sin duda otro más de los errores de esta serie de azulejos cervantinos que, hasta ahora, no han sido subsanados, a pesar de las reiteradas advertencias sobre ello a la Gerencia Municipal de Urbanismo.
     Frente a la puerta de Córdoba se encuentra el convento de Capuchinos, dedicado a las Santas Justa y Rufina, fundado en 1627 en el solar donde se estableciera brevemente el convento de San Leandro en el siglo XIV. Aquí se encontraban las pinturas que B. E. Murillo realizó en torno a 1665 para el retablo mayor y laterales y que, tras la desamortización de 1836, pasarían al Museo de Bellas Artes, convirtiéndose el edificio en almacén arqueológico y albergue municipal, vendiéndose las huertas progresivamente para levantar espacios fabriles que vendrían a caracterizar esta zona de Sevilla hasta bien entrado el s. XX (Fábrica de Vidrio de la Trinidad, La María, La Unión Industrial y Comercial, Ollero y Rull, etc.), y espacios residenciales y terciarios: las casas del Monte de Piedad, de José Espiau y Muñoz; el Hospital de la Cruz Roja de Antonio Gómez Millán; el antiguo dispensario de enfermedades del tórax, etc. Este espacio extramuros de la ciudad era denominado en la Edad Moderna el «Sitio de las justas», ya que era el área donde los caballeros se ejercitaban en los torneos y juegos a caballo y a pelota. Asimismo, era una zona en la que abundaban las charcas y lagu­nas, provocadas por el desagüe de diversos husillos procedentes de tenerías y almazaras de los barrios intramuros. El tramo de mura­lla existente entre la puerta de Córdoba y la puerta del Sol se derribó en 1870, quedando visible el caserío del barrio de San Julián, el cual también resultó brutalmente demolido en los años 60 del siglo XX, hasta las inmediaciones de la antigua parroquia de Santa Lucía y el beaterio de la Santísima Trinidad, en el marco de una drástica operación urbanística que alteró de manera importante el paisaje urbano de aquella zona de la ciudad.
Puerta del Sol
     Esta puerta se conoce con este nombre desde la conquista castellana, quizás por su orientación al este, a la salida del sol, y de ahí la presencia de la ornamentación solar en el frontispicio de la puerta reformada, como se advierte en la litografía de Tovar. Según las crónicas de Peraza y Margado, era una puerta sencilla, similar a la de Córdoba, una torre-puerta con acceso acodado, cuya ruina y dificultad motivaron su reforma a finales del siglo XVI, abriéndose un acceso directo bajo la torre que le otorgaría un aspecto similar al postigo del Aceite. Fue la última puerta derribada, en torno a 1871, aunque la demolición de los tramos adyacentes había comenzado años atrás.
     En el área intramuros se encuentra, desde 1729, el beaterio de la Santísima Trinidad, una institución religiosa dedicada a la edu­cación de niñas huérfanas y pobres, mientras que extramuros se encontraba el convento de los Trinitarios Calzados, fundado en el siglo XIII en el lugar donde la leyenda situaba la cárcel de las santas Justa y Rufina. Precisamente, recientes excavaciones arqueológicas han sacado a la luz los restos de una necrópolis cristiana tardoimperial romana, integrada en el patio del número 6 de la antigua carretera de Carmona, que podría relacionarse con las leyendas, pero, sobre todo, con el área de enterramientos a lo largo de la vía que saldría de la ciudad por Santa Catalina y que tuvo continuidad durante la etapa islámica. El convento trinitario fue desamortizado y utilizado como cuartel hasta 1882, cuando pasa a convertirse en el actual Colegio de los Salesianos, el cual solo ha mantenido la igle­sia del siglo XVIII.
     También extramuros, en 1758 se fundó la Fábrica Nacional del Salitre (n.º 152 en el plano de Olavide) para la elaboración de explo­sivos, la cual va a estar en uso hasta el siglo XIX, ubicándose las viviendas y oficinas de la fábrica adosadas a la muralla, y la zona fabril en el espacio frontero a la muralla junto al cercano arroyo Tagarete, cuyo abovedamiento dará paso a la actual calle Arroyo. Con posterioridad se ubicaron allí nuevas actividades fabriles, de cuyo recuerdo aún permanecen tres naves industriales de comienzos del siglo XX, aunque dedicadas a usos terciarios en la actualidad. Así pues, la muralla, en dirección a la puerta Osario, quedaba oculta por las dependencias de la fábrica del Salitre, mientras que el área junto al arroyo Tagarete (cuyo cauce fue abovedado a lo largo del siglo XX) fue ocupado en 1858 por un espacio dedicado al mer­cado de ganado porcino y vacuno, proyectado por Balbino Marrón, conocido como el Perneo. Tras su traslado definitivo, se planificó el área con el diseño de nuevas calles y manzanas y en el solar del mercado mayorista se levantó el Laboratorio Municipal, obra del arquitecto Antonio Arévalo en 1912, un edificio que conserva una interesante colección de material e instrumental destinado al cui­dado de la salubridad de las calles de nuestra ciudad.
     Frente al espacio del Perneo, se encuentran los jardines del Valle, recuperados para uso público tras la lucha vecinal iniciada tras el derribo del antiguo colegio de las religiosas del Sagrado Corazón y los intentos de construir núcleos residenciales de nueva planta. Los jardines permiten contemplar un amplio espacio amurallado en torno a los 300 m de longitud, sin barbacana visible, que anteriormente quedaban ocultos y que muestran la peculiaridad de un ángulo de 45° en la muralla, tras el que se encontraba el convento del Valle, fundación de monjas dominicas en 1403, que pasó por varias órdenes religiosas hasta que se instalaron allí los franciscanos observantes o recoletos en 1567, desalojados a su vez por la desamortización en 1835. En 1867 la condesa de Villanueva obtuvo del Ayuntamiento la cesión de los restos del convento, donde se instaló el colegio del Valle, procediendo la comunidad religiosa del Sagrado Corazón a reconstruir la vieja iglesia franciscana en estilo neogótico en 1877, así como a abrir un portillo en la muralla para comunicar el templo con el edificio escolar levantado en los actuales jardines, aunque la idea inicial del ayuntamiento era la mejora de la comunicaciones de este sector urbano. Por último, tras la marcha de las religiosas a Mairena del Aljarafe en 1975, la Hermandad de los Gitanos obtuvo la cesión municipal del templo, adonde se trasladó tras su restauración en 1999.
     Hay diversas hipótesis relacionadas con este topónimo, que mayoritariamente relacionan la puerta con la existencia de un cementerio mudéjar extramuros, el llamado "Osario de los moros", aunque Rodrigo Caro lo relacionó con la deformación del término Onsario o Unciario, por el peso de la harina, mientras que otros recuerdan la aparición del topónimo Bib Alfar o Alfat durante la etapa almohade. En esta puerta se localizaría el llamado peso de la "harina", un instrumento de control creado por las ordenan­zas municipales para fiscalizar que volviera a la alhóndiga del pan la misma cantidad de harina que de grano había salido para su molienda en los molinos del cercano arroyo Tagarete, como el de la Florida en las huertas de Espantaperros, el último de ellos, que fue desafortunadamente derribado a finales del siglo pasado.
     Hay noticias de la destrucción de la puerta islámica y la construcción de la nueva por el conde de Barajas en 1573, como recordaba la lápida sobre el arco exterior, con sucesivas labores de restauración a lo largo del XVIII y XIX, hasta su demolición en 1868. Recientemente, tras el derribo de una vivienda en 2014, se han encontrado los restos de la puerta Osario, en la esquina de las calles Valle y Puñonrostro, aunque posteriormente una desafortunada intervención arquitectónica ha desvirtuado por completo su lectura al construirse un edificio residencial «cabalgando» sobre la propia muralla. 'I
     Los documentos hablan de una puerta poco ornamentada, con dos torreones laterales que la protegían, prácticamente una puerta de servicio, ya que por ella salían gran parte de los escombros procedentes de las obras del interior de la ciudad, escombros que daban origen a los montículos y muladares que se observan en el plano de Olavide. También era un punto de salida del alcantarillado que des­aguaba en el cercano Tagarete. La urbanización realizada a partir de 1869, tras el derribo de la puerta y las murallas, dio paso a la formación de nuevas calles y manzanas de viviendas entre la antigua muralla y la ronda, actualmente la calle Recaredo.
     A partir de aquí, la muralla discurría exenta por la acera izquierda de la actual calle Muro de los Navarros hasta la puerta de Carmona, como podemos ver en la planimetría histórica, mientras que extramuros se había ido adosando a la muralla el arrabal que acogía a la mayor parte de los esclavos negros sevillanos desde el siglo XV. A partir de los años 70 del siglo XIX el Ayuntamiento reurbanizó todo el sector extramuros y autorizó el derribo de este amplio tramo de muralla para facilitar la conexión parcelaria entre esta vía y la calle Conde Negro, desapareciendo de este modo la cerca medieval, cuyo último resto cayó al abrirse la calle Guadalupe (antigua calle de la Torre) hacia Muro de los Navarros en los primeros años del siglo XX. Hacia el final de esta última calle, antes de salir a la puerta de Carmona, podemos ver en la fachada trasera de unos edificios del callejón de Concepción, ubicado a extramuros, los restos de la muralla que dan nombre a esta vía (Esteban Moreno Hernández. En torno a las murallas de Sevilla. Guía por las puertas y límites de un casco antiguo. El Paseo editorial. Sevilla, 2023).
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Más sobre las Murallas de la ciudad de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 22 de mayo de 2026

Un paseo por la calle Madre Isabel de la Trinidad

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Madre Isabel de la Trinidad, de Sevilla, dando un paseo por ella.    
     Hoy, 22 de mayo, es el aniversario del nacimiento (22 de mayo de 1693) de Isabel Moreno Caballero, Isabel de la Santísima Trinidad, que da nombre a esta vía, así que hoy es el mejor día, para Explicarte la calle Madre Isabel de la Trinidad, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Madre Isabel de la Trinidad es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de Santa Catalina, y San Julián, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle Ronda de Capuchinos, a la confluencia de las calles Sol, y Santa Lucía.  
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. 
     En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     En el plano de Olavide (1771) se la denomina plaza de la Puerta del Sol, porque allí se situaba la puerta de igual denominación; más tarde pasa a llamarse plaza del Beaterio, por el de las religiosas trinitarias que allí se encuentra; en 1845, junto con la plaza de Santa Lucia, se rotula oficialmente calle de Santa Lucía. En 1878 vuelve a separarse de ésta y recibe la denominación de Trinidad, por la iglesia y beaterio de igual nom­bre. Ya a finales del siglo XX recibe la actual denominación. Corta y ancha en realidad no es más que la prolongación hasta la "ronda" de la calle Santa Lucía y corresponde como queda dicho al espacio intramuros de la Puerta del Sol. Por ésta se canalizaba un importante husillo que desde Santa Lucía se dirigía hacia el Tagarete, como consecuencia de lo cual son frecuentes las referencias a la necesidad de su limpieza, para evitar que las aguas pestilentes quedaran estancadas allí. Actualmente posee calzada de asfalto y amplias aceras de cemento si bien en la de la derecha una franja del acerado permanece terrizo. Se ilumina con farolas de brazo de fundición adosadas a las fachadas.
     La acera de los pares está ocupada por el colegio y beaterio de las trinitarias, establecidas allí en 1729 y cuya entrada principal se sitúa en Santa Lucía, y la de los impares por dos edificios con acceso desde María Auxiliadora y Sol, respectivamente; la prime­ra es una casa de escalera de principios de siglo y cuyos bajos están ocupados por un bar, y la segunda es una casa de pisos de reciente construcción, también de cuatro plantas, pero de menor altura que la anterior parte de cuyos bajos están ocupados pon un estanco. Canaliza parte del tráfico rodado de conexión entre el casco histórico y la "ronda", aunque es de los puntos que registra menor intensidad.
     La Puerta del Sol fue reparada en 1435, y entre 1578 y 1599 sufrió una profunda remodelación, hablándose entonces de la nueva Puerta del Sol; según González de León (Las calles...), era "grande y elevada, pero sin ornato" y tenía un sol en su frontispicio exterior. Desde mediados del s. XVI hay noticias de la petición del convento de los trinitarios descalzos, situado extramuros, que solicitaban que la puerta quedara abierta por las noches ya que eran más de 500 los vecinos que vivían allí y quedaban desasistidos de los auxilios espirituales y materiales cuando la puerta era cerrada; es posible que la orden de cerrar por las noches no fuese estrictamente cumplida, salvo en períodos de peste u otras enfermedades contagiosas, como las que se registran en 1648, o en la tardía fecha de 1804, cuando se habla de evitar el contagio de la ''enfermedad de Málaga". En 1777 se reconoce que se encontra­ba en muy mal estado, y finalmente es derribada entre 1867 y 1872 [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Madre Isabel de la Trinidad;
     Isabel Moreno Caballero, Isabel de la Santísima Trinidad. (Sevilla, 22 de mayo de 1693 – 8 de mayo de 1774). Religiosa trinitaria (OSST), fundadora del Beaterio de la Santísima Trinidad.
     “Acordé fundar, como con efecto funde, un Beaterio para el Recogimiento de vírgenes que dedicadas a la Santísima Trinidad, viviesen bajo la Regla e Instituto de aquel Real Orden y Recogiendo Niñas huérfanas y pobres; Criándolas y educándolas y poniéndolas en paraje de Servir a Dios Nuestro Señor: para lo que me valí no solo del poco caudal que dexaran mis Padres; sino que cuanto yo he podido adquirir en esta cuidad y fuera de ella” (A.B.T.S., Sección Secretaría n.º 1, Documentos de la Fundadora del Beaterio de la Santísima Trinidad de la Ciudad de Sevilla, 1693-1811).
     En estas líneas es recogido el proyecto que la madre Isabel de la Santísima Trinidad inició por 1719, y que, ha permanecido hasta la actualidad.
     En el siglo XVIII, Sevilla era una ciudad amurallada que contaba con trece puertas. Extramuros quedaban los arrabales, y en uno de ellos, frente a la puerta de la Macarena, nació (bautizada al domingo siguiente en la parroquia de San Gil) Isabel Josefa de Santa Rita Moreno Caballero. A muy temprana edad, se quedó huérfana, en diciembre de 1716. Contaba con algún dinero heredado de sus padres y, para mantenerse, se dedicaba a tejer.
     Cuando tenía veinticinco años se decidió a tomar el hábito de la Santísima Trinidad, el día 2 de febrero del año 1719, en el coro bajo de la iglesia del convento de trinitarios calzados, adoptando el nombre de Isabel de la Santísima Trinidad. Junto a ella, también lo hizo María Pérez Rodríguez de cuarenta y cinco años de edad, quien sería la madre María del Espíritu Santo.
     Seguidamente se les unieron dos religiosas más. La madre Isabel se dirigió al convento trinitario, tratando con ellos el alquiler de una casita que tenían en la calle Enladrillada.
     El 24 de octubre de 1719 por la noche, la Hermandad del Rosario de la parroquia de San Gil “llevó al Beaterio la Ymagen de Nuestra Señora de los Dolores que tenía la venerable Madre en su casa, y se quedo velándola toda la noche ella sola” (A.B.T.S. Sección Secretaría Libro de Protocolo, pág. 3), al día siguiente se empezaron a mudar, y poco después, las Madres cerraron las puertas de la casa, ya que ésta era de semiclausura. Dichas puertas quedaron siempre abiertas para las niñas necesitadas.
     El beaterio había nacido al amparo de los trinitarios calzados. En su convento la fundadora y su compañera, María del Espíritu Santo, habían tomado el hábito y el 8 de febrero de 1720, estas dos madres, empezaron a observar la Regla primitiva de las monjas de la villa de El Toboso. Posteriormente, el día 26 de mayo de 1720, hicieron su profesión en la capilla mayor de dicho convento.
Para conseguir los medios económicos y seguir la construcción de su beaterio, la madre Isabel decidió pasar a los Reinos de las Indias con el fin de pedir limosnas.
     En 1746, a la edad de cincuenta y tres años, realizó su primer viaje a México, del que trajo, en 1747, algún dinero que lo empleó en cubrir necesidades inminentes del beaterio, pero tenía la ilusión de construir la iglesia; con tal fin en 1753 volvió a viajar a México, por segunda vez, regresando en 1758, tras pedir en la puerta de las iglesias; traía la cantidad de 14.000 pesos, para con ello adelantar el beaterio.
     Solicitó licencia para ir a pedir a Madrid y a otras villas; corría el año de 1764 y contaba ya con setenta y un años. La licencia se le concedió, pero no se sabe la razón de que esta empresa, teniéndolo todo preparado, no se llegase a efectuar.
     La madre Isabel murió cuando le faltaba pocos días para cumplir los ochenta y un años, en su propia casa y rodeada de sus hijas.
     La trayectoria emprendida nunca estuvo exenta de dificultades, pero se contó con religiosas que supieron continuar la labor empezada por la madre Isabel de la Trinidad, y el proyecto siguió adelante, permaneciendo en la actualidad dentro del espíritu trinitario (José Martín Brocos Fernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santa Lucía, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Madre Isabel de la Trinidad, al detalle:
Beaterio de la Santísima Trinidad