Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 11 de noviembre de 2025

El sitio arqueológico Cortijo de Toruño, en La Rinconada (Sevilla)

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     Algunos ladrillos y tegulae romanos en superficie (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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domingo, 5 de mayo de 2024

El sitio arqueológico Cerro del Río, en La Rinconada (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Cerro del Río, en La Rinconada (Sevilla)
     Sillares, fragmentos de tegulae, ladrillos y ánforas romanas, forman el sitio arqueológico del Cerro del Río (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 25 de febrero de 2023

La Hacienda Casablanquilla, en La Rinconada (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     La Hacienda Casablanquilla se encuentra al pie de la carretera A-8005, al noroeste del casco urbano de La Rinconada (Sevilla).
     La Hacienda Casablanquilla es una hacienda de olivar (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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martes, 29 de noviembre de 2022

La Casa o Huerta de Lebrena - Majaloba, en La Rinconada (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Conocida hoy esta extensa finca con el nombre de Majaloba, en realidad es el resultado de la unión de dos propiedades cuyas noticias se remontan a época romana, la citada Majaloba por un lado y por otro la Huerta de Lebrena, cuyo núcleo residencial es el que reviste interés para nuestro estudio, de ahí que sólo incluyamos tal denominación en el encabezamiento de la ficha.
     El término Majaloba, o Manjaloba, parece derivar de la palabra mixta árabelatina Machar-Lupa (Cortijo de la Loba), que puede identifcarse con la finca de nombre latino Lupanina registrada en el Repartimiento de Sevilla, situada junto a Lebrena, denominación en este caso asimilable a "Finca de Lupus", nombre latino del que deriva el Lope castellano y el Llop catalán. 
     Los documentos más antiguos conservados de esta propiedad refieren la cesión, el 6 de junio de 1356, de la mitad de la misma, con sus casas, molino de aceite, olivares, huerta, tierra para pan, pastos, dehesas, ejidos, silos, almarjales, fuentes, aguas corrientes, manantes y estantes, horno de cocer ladrillo y viñas, al Cabildo Catedralicio, para sustentar una capellanía perpetua con misa diaria en la capilla de San Cristóbal, fundada por Marina García de Gallegos, mujer de Sancho Díaz de Cortinas, vecina de Sevilla en la collación de Santiago. Consta nueva partición de la heredad de doña Marina entre el Cabildo y Rui Díaz de Baltanás, posible heredero de la anterior, el 30 de diciembre de 1371. En 1455 era ya denominada "Donadío y heredad de Majaloba", correspondiendo una parte a la expresada institución capitular y la otra a la Fábrica de la Catedral hispalense. 
     Desde mediados del siglo XV hasta 1837 fue sometida por las autoridades eclesiásticas a régimen de arrendamiento. Este último año sería finalmente vendida a particulares.
     La denominación Lebrena puede proceder del nombre latino Liberena (tierras de un llamado "Libre"). Por un privilegio de 21 de junio de 1253, Alfonso X el Sabio confirma la pertenencia al Concejo de Sevilla de la finca llamada Librena, que le había sido asignada en el Repartimiento. En la época de los Reyes Católicos pertenecía a un tal Alonso Lombardero, sin duda de origen centroeuropeo y especializado en manejar las "lombardas" o "bombardas" en la Guerra de Granada. Su condición judeoconversa, y especialmente el que siguiera practicando en secreto la religión de sus mayores, daría lugar a un proceso por parte del Santo Oficio, del que resultaría inocente, de manera que hacia 1494 le tenemos adquiriendo tierras en el entorno de Lebrena. 
     Quizás para congraciarse con sus persecutores, el 30 de enero de 1504 dona distintos bienes al convento dominico de San Pablo, entre otros la finca de Lebrena. Sin embargo, de poco sirvió el gesto al señalado Lombardero, pues finalmente fue incriminado por el temido tribunal. En 1508 el rey Fernando el Católico confirmó la pertenencia de esta heredad al Convento dominico, quien la detenta hasta ser desamortizada en 1837, pasando entonces a manos privadas.
     Ambas fincas, Majaloba y Lebrena, se unifican en la segunda mitad del siglo XIX una vez que pasan a ser propiedad de los duques de Montpensier, correspondiendo últimamente el disfrute de la misma a la Casa de Salvatierra.
     El actual caserío nombrado como Huerta de Lebrena se compone de un patio central cuadrangular articulador del conjunto, con muro de cerramiento y sencilla portada que mira al sur. Al oeste y norte corren sendas pandas de arcos distribuidos en dos plantas, los inferiores de medio punto apoyados sobre pilares ochavados de ladrillo visto. Los superiores, de tipo escarzano, descansan sobre columnas toscanas también de ladrillo. Todos ellos se enmarcan en un sencillo alfiz, pudiendo corresponder su construcción a finales del siglo XV. 
     A estas galerías se abren sendos espacios de vivienda compuestos por salones y habitaciones, algunas de las cuales figuran cubiertas por armaduras en forma de artesa y almizate central de lazo. En el lado norte se ubica la escalera, de tres tiros y barandal de hierro forjado, sobre cuyo hueco figura un artesón de la misma tendencia que los anteriores.
     La crujía del oeste presenta en su frente externo doble hilera de arcos semejantes a los descritos, de medio punto elevados sobre pilares ochavados los inferiores y escarzanos los altos, con la única diferencia de que ahora estos últimos, descansan sobre columnas marmóreas con capiteles "de castañuelas". La edificación se abre a un extenso jardín de moderna factura.
     La pieza que delimita el patio por el este es de gran interés y notable antigüedad. Pudo servir de caballeriza o espacio de almacenamiento. Consiste en una gran nave con hilera central de arcos que apean sobre toscos pilares pétreos de sección cuadrangular y capiteles trapezoidales. Todos ellos son de medio punto, salvo los del tramo sur, apuntados y de rosca de ladrillo, sin duda más antiguos que los restantes. Un cielo raso compuesto por vigas sirve de suelo a la vivienda, extendida también por este sector. Pone de evidencia el doblamiento en altura de este ámbito longitudinal en fechas más recientes.
     En definitiva, la estructuración general del complejo y, de forma particular, el patio señalado, son elementos a tener en cuenta en la valoración de este edificio, que en la actualidad carece de unidades ligadas a las actividades agrícolas o productivas y únicamente atiende a necesidades residenciales (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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jueves, 15 de septiembre de 2022

La Capilla de Nuestra Señora de los Dolores, en La Rinconada (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 15 de septiembre, Memoria de Nuestra Señora de los Dolores, que de pie junto  la cruz de Jesús, su Hijo, estuvo íntima y fielmente asociada a su pasión salvadora. Fue la nueva Eva, que por su admirable obediencia contribuyó a la vida, al contrario de lo que hizo la primera mujer, que por su desobediencia trajo la muerte [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores, en La Rinconada (Sevilla).
   La Capilla de Nuestra Señora de los Dolores, se encuentra en la plaza de España, s/n; en La Rinconada (Sevilla).
 La Capilla de Nuestra Señora de los Dolores era la antigua ermita del Hospital de San Juan, fundado durante el cerco de la ciudad de Sevilla. Está situada en la plaza principal de La Rinconada, muy cerca de la Parroquia de la localidad. Aunque la capilla ha sufrido numerosas modificaciones, parece que su estructura poco ha cambiado. Siempre ha sido de una sola nave, y según se indica en la Visita Pastoral de 1694: "La ermita que llaman de la Misericordia es de una sola nave, está en medio del lugar y tiene una reja de madera que divide el altar de lo restante de la ermita; no tiene más que un altar adornado de una pintura de la venida del Espíritu Santo". Actualmente, y después de las numerosas obras de reforma que la capilla ha sufrido, consta de una sola nave, con una pequeña sacristía en el lateral izquierdo, en el que hay además una hornacina en la que está situada la imagen del Cristo de la Misericordia. La imagen de Nuestra Señora de los Dolores preside el altar mayor, en un camarín dorado en 1939 por Enrique Orce, conservándose además en la capilla, en el lateral derecho la antigua imagen del Cristo de la Misericordia, que en 1966 fue reemplazada por la que actualmente procesiona.
     Según la documentación que conserva la Cofradía, el retablo de la capilla fue realizado entre 1938 y 1940, por el ceramista y escultor sevillano Enrique Orce Mármol, que fue contratado el 20 de marzo de 1938 por el párroco de la localidad para construir un altar de cerámica vidriada y policromada, el dorado del camarín de la Virgen y la mesa de altar.
     El Santísimo Cristo de la Misericordia es una obra realizada en 1965 por el escultor Rodríguez Barahona, que fue bendecida en la Parroquia de Nuestra Señora de las Nieves en 1966. Esta talla, como ya indicamos, sustituye a una imagen del siglo XVII bastante deteriorada, realizada en cartón piedra, y que aún conserva la Hermandad. La imagen de Nuestra Señora de los Dolores es una obra anónima, al parecer del siglo XVII. Ésta es la fecha que tradicionalmente barajan los hermanos cofrades. Sin embargo, la talla tiene una inscripción en la que se puede leer "Manuel Gutiérrez Cano Reyes. 1860". Es muy posible que sea ésta la fecha de su realización, dado que la Hermandad se había creado en fechas muy cercanas, pero también puede hacer referencia a algún tipo de restauración que la imagen sufrió. En cualquier caso, hay que destacar su belleza, finura y esquisitez en la talla, obra de un gran maestro (María Antonia Carmona Ruiz, en Crucificados de Sevilla. Tomo IV. Ed. Tartessos. Sevilla. 2002).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Nuestra Señora de los Dolores
LA VIRGEN DE LOS DOLORES
   El arte patético de finales de la Edad Media concedió un amplio espacio en su iconografía a la Virgen Dolorosa, representada ya con Cristo muerto sobre las rodillas después del Descendimiento de la cruz, ya sola después del Enterramiento de Cristo.
   Estos dos tipos iconográficos se designan con los nombres de Virgen de la Piedad y Virgen de los Siete Dolores. Aquí no hablamos de la Virgen de pie frente a la Cruz (Stabat Mater), o desvanecida  en los brazos de San Juan o de las Santas Mujeres, porque esos temas no han sido representados aisladamente y son inseparables de la Crucifixión.
1. La Virgen de la Piedad
   El grupo de la Virgen de la Piedad se compone, estrictamente, de dos personajes: María y su Hijo desclavado de la cruz, cuyo cuerpo inanimado ella sostiene sobre las rodillas.
   A veces ocurre que la Virgen esté rodeada o enmarcada por san Juan, Magdalena, las tres Marías e incluso por los donantes; pero casi siempre está sola con el cadáver de su Hijo, y esta concentración refuerza el poder emotivo del tema. Así es como se distingue de la escena de la Lamentación al pie de la Cruz (Beweinung Christi) que comporta numerosas figuraciones.
   Se ha querido ver en este grupo conmovedor un fragmento separado de la Lamentación, reducida a dos personajes esenciales por un procedimiento análogo que permitió extraer del grupo de la Cena el de Jesús con su discípulo preferido. Pero esa hipótesis no puede probarse, al menos en el arte alemán cuyos Vesperbilder son muy anteriores a los bajorrelieves de la Beweinung que se hizo popular en el siglo XVI. Según parece, la Virgen de la Piedad deriva más bien del tipo tradicional de la Virgen sentada, por simple sustitución del Niño Jesús por el Crucificado.
Fuentes místicas
   La Virgen de la Piedad, que en italiano se llama Pietà y en alemán Vesperbild, -porque la hora de vísperas, de cinco a siete de la tarde, corresponde en el Breviario al Descendimiento de la Cruz-, es la flor más delicada del misticismo de finales de la Edad Media, una flor de la Pasión, una pasionaria que hizo eclosión en los jardines de monjas.
   El tema ni siquiera está esbozado en los Evangelios ni procede tampoco del culto oficial: es una creación de la imaginación  mística que surgió a principios del siglo XIV, al mismo tiempo que los temas de la Virgen de Misericordia y del Varón de Dolores.
   Basta referirse a las Meditaciones franciscanas del Seudo Buenaventura, mejor aún a las Efusiones del beato Enrique de Berg y a las Revelaciones de Santa Brígida, para comprender en qué ambiente nació este tema realista y visionario a la vez. Las descripciones de Cristo muerto sobre las rodillas de su madre (in sinu matris) que se leen allí, donde parecía más cercano y accesible al corazón de los fieles que levantado sobre la madera de la cruz, concuerdan rasgo tras rasgo con las realizaciones plásticas de los artistas.
   El Minnebüchlein atribuido a Enrique de Berg, llamado Suso, también describe a Cristo muerto en una suerte de treno lírico: «Sus ojos, que brillaban como carbunclos, ahora están apagados. Sus labios, que parecían rosas rojas recién abiertas, están secos y su lengua pegada al paladar. Su cuerpo sangrante ha sido tan cruelmente estirado sobre la cruz que pueden contarse todos sus huesos.»
   Santa Brígida de Suecia atribuye a la propia Virgen esta descripción emotiva de su Hijo descendido de la Cruz: «Lo recibí sobre mis rodillas como un leproso, lívido y magullado, porque sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca fría como la nieve, su barba rígida como una cuerda.»
   La mayoría de los historiadores del arte no resistieron la tentación de establecer una relación no sólo de paralelismo sino de filiación entre dichos textos y las obras de arte que parecen derivar de ellos, sin preocuparse por la cronología. Pero las investigaciones recientes condujeron a una inversión del orden de los factores. En la actualidad se admite, en general, que las descripciones realistas de Enrique de Berg y de Santa Brígida, lejos de haber inspirado las obras de arte son sólo la transcripción poética de éstas. Esos textos son para  nosotros un muy precioso comentario de las Vírgenes de Piedad, y nos informan acerca del «clima» místico que les dio nacimiento; pero debe renunciarse a ver programas plásticos en ellos.
Orígenes en el arte alemán y francés del siglo XIV
   Lo que prueba esta teoría es que los primeros Vesperbilder alemanes se remontan a 1320, es decir, son muy anteriores a las Visiones del Seudo Buenaventura y de Santa Brígida.
   Nacido en los conventos de monjas místicas del valle del Rin, ese tema tan femenino y maternal de la Virgen de la Piedad, se difundió algo más tarde en Francia gracias a las numerosas cofradías de Nuestra Señora de la Piedad que encargaron grupos para la decoración de sus capillas, que en los libros de contabilidad se designa con los nombres La Compasión de la Virgen, Imagen de Nuestra Señora la cual sostiene abrazado a Nuestro Señor, Imagen de Nuestra Señora sosteniendo en su regazo otra Imagen de un Dios de Piedad, Dios estando en brazos de Nuestra Señora.
   En todo caso, aunque el nombre italiano de Pietà haya sustituido abusivamente a esas viejas expresiones francesas, es muy cierto que el tema es una creación del arte gótico germano francés y no del arte italiano. En las pinturas del Trecento que cita Mâle, la Virgen está sentada al lado del cadáver de Cristo: ella no lo sostiene sobre las rodillas, en su regazo. Ese tema penetró tardíamente en Italia, donde nunca gozó de la misma popularidad que en Alemania y en Francia. Es interesante recordar en tal sentido que la célebre Pietà de Miguel Ángel, esculpida en 1496 para una capilla de la antigua basílica de San Pedro de Roma, fue encargada por un cardenal francés.
Clasificación  y evolución de los tipos iconográficos
   La evolución de la iconografía de la Virgen de la Piedad prosiguió entre los siglos XIV y XVI.
   Tanto en Alemania como en Francia e Italia se encuentran dos tipos principales, el primero de los cuales comporta numerosas variantes: entre los siglos XIV y XV Cristo está acostado sobre las rodillas de su madre; en el siglo XVI, influenciado por el nuevo ideal del Renacimiento, más preocupado por la belleza formal, está extendido a sus pies, y sólo tiene apoyada la cabeza sobre las rodillas maternales.
A) Cristo sobre las rodillas de la Virgen
   En los monumentos más antiguos (Grupo de madera de Coburgo, hacia 1330; Vesperbild del convento de las ursulinas de Erfurt, hacia 1340), Cristo sentado sobre las rodillas de su madre tiene el torso echado hacia atrás y la cabeza inerte, caída.
   A veces está representado con la estatura de un niño, como la propia Virgen en los brazos de Santa Ana (Anna selbdritt). En ese caso, la Virgen que tiene la ilusión de acunar a su Hijo en brazos, como en los felices tiempos de la infancia, está representada más joven. Esta desproporción no se debe a la torpeza de los escultores, sino a una concepción de los místicos franciscanos. Según San Bernardino de Siena, la Virgen, extraviada por el dolor, sueña que tiene a su Hijo sobre las rodillas, y que lo acuna envuelto en la mortaja como antes en los pañales.
   En el siglo XV se volvió a la representación de Jesús adulto, en la edad en que murió en la cruz. El grupo se desarrolla en la dimensión horizontal, crece en ancho. A veces el cadáver de Cristo está dispuesto horizontalmente, como el cuerpo de un nadador que flota de espaldas, con la herida del costado bien visible; otras, por el contrario, se presenta oblicuamente, en diagonal, apoyando los pies magullados en el suelo.
   Es difícil determinar el lugar de origen de estas variantes. No obstante, parece que la escultura  alemana haya tomado el tipo de Cristo horizontal de la escuela de Bohemia y el Cristo en diagonal, del cual se ven numerosos ejemplos en Westfalia de la escuela de pintura de los Países Bajos, especialmente de Van der Weyden y de Dirk Bouts que habían, uno y otro, adoptado esta preceptiva. Es también el concepto que prima en la Pitié de Villeneuve de Aviñón (Louvre), la más monumental del arte de la Edad Media.
B) Cristo a los pies de la Virgen
   Este grupo de la madre y el hijo adulto que ella apenas puede sostener sobre sus rodillas, fue abandonada a partir del Renacimiento por un arte más preocupado por las proporciones y la lógica. A partir de ese momento casi siempre se ve el cuerpo de Cristo simplemente apoyado contra las rodillas de su madre. El grupo pierde así su profunda unidad, el acento de intimidad y ternura desgarradora, pero gana en verosimilitud y en armonía estructural.
   Esta preceptiva que reemplaza el esquema gótico no es -tal como lo creyera Mâle- una innovación introducida después del concilio de Trento por la iconografía revisada y corregida por la Contrarreforma. Pueden citarse ejemplos a partir del siglo XV, como el Vesperbild de la iglesia San Cristóbal, en Maguncia. Lo cierto es que esta fórmula ha sido adoptada por el arte barroco italiano (Correggio, Carracci) del cual pasó enseguida a España y a los Países Bajos.
   Aunque no pueda  servir como principio  de clasificación,  porque su actitud siempre la misma, el personaje de la Virgen no es menos importante que el de Cristo: la verdad de la expresión del dolor maternal la convierte en uno de los más bellos temas de estudio de la historia de la plástica.
   Es sobre todo el arte francés de los siglos XV y XVI el que ha sacado partido de este tema con una admirable delicadeza en la expresión de los sentimientos, que contrasta con las exageraciones germánicas.
   A veces María observa llorando el cuerpo inerte de su Hijo desfigurado, cuyos brazos rígidos no consigue cruzar; otras, lo abraza con todas sus fuerzas para impedir que los sepultureros se lo quiten.
   El arte español gótico y barroco introdujo en este tema vesperal un ardor más sombrío, y una suerte de voluptuosidad del dolor que está de acuerdo con el carácter de este pueblo.
   Muchas veces la Piedad suele combinarse con el motivo de la Dolorosa (Nuestra Señora de las Angustias) o Virgen de los cuchillos, que España tomó de los Países Bajos. Se encuentran ejemplos de esta amalgama en Sigüenza y en Calatayud (colegiata de Santa María).
   Subrayemos finalmente que en el arte de la Edad Media se encuentra una variante menos difundida de la Piedad de Nuestro Señor (Not Gottes): en vez de estar extendido sobre las rodillas de su Madre, Cristo muerto está sobre las rodillas de Dios Padre.
   A diferencia de numerosos temas religiosos de la Edad Media de los cuales se ha retirado la vida, éste, tan profundamente humano, ha conservado hasta nuestros días su conmovedora eficacia. Todavía se descubren bellos ejemplos en el arte francés de los tres últimos siglos.
2.  La Virgen de las siete Espadas
   Después del Enterramiento de Cristo, la Virgen queda sola con su dolor: por ello en España se la llama Virgen de la Soledad.
   Una iglesia de Roma está dedicada a S. Maria delle Sette Dolori.
   Se la representa con las manos juntas y gruesas lágrimas que corren por sus mejillas.
   Para volver más sensible el dolor de la Virgen se imaginó simbolizarla con una espada que le atraviesa el pecho. El origen de esta representación es la profecía del anciano Simeón (Luc 2: 35) que anuncia a la Virgen el día de la Presentación de Jesús en el Templo, que una espada de dolor le atravesará el alma: Tuam animam pertransibit doloris gladius.
   ¿Cómo se pasó de la Virgen con una espada a la Virgen de las siete espadas? Por la devoción a los Siete Dolores (Septem tristitiae) que se oponen simétricamente a los Siete Gozos de la Virgen (Septem Gaudia B.V. Mariae).
   A partir del siglo XIII se ve aparecer la devoción a los Siete Gozos de la Virgen, popularizada por la orden toscana de los servitas (Esclavos de la Virgen). La devoción a los Siete Dolores es más tardía: fue en 1423 cuando el sínodo de Colonia agregó a las fiestas de la Virgen «la fiesta de las angustias de Nuestra  Señora».
   Hasta el siglo XIV todavía se veneraban sólo Cinco Dolores de la Virgen. En el si­glo XV el número se llevó a siete, que se corresponde con las Siete Caídas de Cristo en el camino del Calvario. La lista no varía demasiado,  salvo en lo relativo al primer Dolor de Nuestra  Señora, que es tanto la Profecía de Simeón como la Circuncisión.
1. Profecía de Simeón (o la Circuncisión);
2. Huida a Egipto;
3. Pérdida del Niño Jesús que permanece en el Templo en medio de los doctores;
4. Cristo con la Cruz a Cuestas; 
5. La Crucifixión;
6. El Descendimiento de la Cruz;
7. El Entierro.
   Así, de los Siete Dolores de la Virgen, tres son relativos a la Infancia y cuatro a la Pasión de Cristo.
Iconografía
   H. Gaidoz hace derivar este tema de la Transfixión de la Virgen a un cilindro caldeo que representa a la diosa asiria Istar.
   Más recientemente, J. Baltrusaitis ha reconocido en el tema de la Virgen de los Siete Dolores la transposición o adaptación de un tema planetario del que se encuentran numerosos ejemplos en el arte de la alta Edad Media.
   Los círculos astrológicos de los siete Planetas habrían comenzado por engendrar el tema de los Siete Dones del Espíritu Santo irradiando alrededor del pecho de Cristo.
   De allí se habría pasado con toda naturalidad a la representación de los Siete Dolores de la Virgen. Para ello bastaba transformar los rayos de la Sabiduría Divina en haz de espadas, y reemplazar en el interior de los tondos las palomas del Espíritu Santo por  los Dolores  de Nuestra  Señora.
   Sea cual fuere el interés de estas remotas e hipotéticas filiaciones, lo más prudente es atenerse a los orígenes directos del tema que podemos situar en el tiempo y en el espacio con extrema precisión.
   La devoción y la iconografía de la Virgen de las siete espadas nacieron en Flandes a finales del siglo XV. Fue Juan de Coudenbergbe, cura de San Salvador de Brujas, quien organizó la primera cofradía de la Virgen de los siete Dolores; y fue Margarita de Austria, gobernante de los Países Bajos, quien fundó, también en Brujas, el primer convento consagrado a Nuestra Señora de los Siete Dolores, y quien ofreció a la iglesia de Brou-en-Bresse un cuadro votivo que la menciona. Finalmente, es en un grabado dedicado a Carlos V, publicado  en Amberes en 1509, donde se ven por primera vez las siete espadas dispuestas en abanico.
   Este tema correspondía demasiado bien a las tendencias generales del arte patético de finales de la Edad Media, como para volverse popular. De Flandes marítimo, que fue su cuna, pasó a Francia y a la Alemania renana. Pero no se mantuvo inmutable: experimentó una evolución en la que pueden detallarse las etapas sucesivas de esta manera:
   Los Siete Dolores de la Virgen en principio están representados simbólicamente por siete espadas. Luego, cada espada tuvo un pomo ornamentado con un tondo que representa uno de los Dolores. Pero al final las espadas desaparecieron y la Virgen apareció rodeada sólo por una aureola de siete tondos.
1. Las siete espadas
   La agrupación de las espadas comporta numerosas variantes. En la mayoría de los casos, las siete espadas reunidas en haz atraviesan el corazón de la Virgen. Están, ya dispuestas en círculo, ya agrupadas lateralmente con la punta hacia arriba, cuatro de un costado y tres del otro.
   En el siglo XVII Van Dyck imaginó renovar esta composición disponiendo las siete espadas alrededor de la cabeza de la Virgen, como los rayos de un nimbo. Pero esta innovación no tuvo éxito.
   A veces, Cristo en el lagar forma pareja con la Virgen de las siete espadas.
2. Los siete tondos
   Este ovillo de espadas erizando el corazón o la cabeza de la Virgen tenía el inconveniente de ser poco plástico y, además, insuficientemente explícito. Los fieles deseaban saber cuales eran los dolores que habían atormentado a Nuestra Señora durante su «Compasión». Para satisfacer este deseo no había otro medio que reeemplazar el haz de espadas simbólicas por tondos explicativos. En principio, se intentó combinar las espadas y los tondos; luego, la segunda versión, favorecida por el ejemplo del Rosario, acabó por eliminar a la primera.
   La Virgen está sentada al pie de la cruz, con las manos juntas o cruzadas sobre el pecho. A veces es una Virgen de la Piedad que tiene a Cristo muerto sobre las rodillas. Alrededor de ella los tondos historiados, dispuestos como las grandes cuentas de un rosario, evocan sus angustias.
   Es el arte flamenco del siglo XVI el que ofrece los ejemplos más numerosos de este tema y de sus aspectos sucesivos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de Nuestra Señora de los Dolores;
   Una segunda conmemoración de los Dolores de Nuestra Señora surge al calor de la Orden de los Siervos de María, pero en este caso considerando globalmente los sufrimientos de la Virgen a lo largo de toda su vida por su íntima asociación a la Obra de la Redención, y no sólo centrándose en el Calvario, aunque éste fuera el momento culminante. Esta Orden, los servitas, es la institución eclesial que más ha contribuido a expandir la devoción a los Dolores de María. Fundada en el Monte Senario, Florencia, en 1233 con un marcado tinte mariano, ésta arraigó en ella y se fue acrecentando, hasta el punto que  declararon como Patrona a Nuestra Señora de los Dolores el ocho de agosto de 1692. Constituida como instituto mendicante, está compuesta de tres Órdenes: Primera, la de los frailes; Segunda, la de las monjas de clausura, y Tercera, la de los laicos, que fue la gran difusora, junto con las cofradías servitas, agregadas a la Orden, de la devoción a Nuestra Señora de los Dolores y a su hábito, el negro de su viudez, propio del instituto, en forma de escapulario, pues éstas llegaron donde no alcanzaron ni la primera ni la segunda rama, además de que no fueron afectadas, por su carácter seglar, por las exclaustraciones de la Edad Contemporánea. Los servitas solían tener una reunión con los Hermanos de su Compañía del Hábito de los VII Dolores de la Virgen el tercer domingo de cada mes. A principios del siglo XVII comenzaron a solemnizarse estas reuniones, escogiéndose la de septiembre como la principal, hasta que llega a considerarse todo el mes de septiembre como consagrado a la devoción de los Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María; por ejemplo, el Papa León XIII Pecci concede indulgencia plenaria en la forma acostumbrada cualquier día de septiembre o del día uno al ocho de octubre. El nueve de junio de 1668, el Papa Clemente IX Rospigliosi concedió para ese día, tercer domingo de septiembre, a la Orden de los Siervos de María celebrar Fiesta de los Siete Dolores de la Virgen, con rito doble y octava, y un formulario similar al de 1482, que fue el introducido en lo esencial en el Misal de San Pío V Ghislieri para el Viernes de Dolores.  El dieciséis de septiembre de 1673 la otorgó a la Diócesis de Córdoba el Papa Clemente X Altieri. Fue confirmada por Inocencio XI Odescalchi en 1688, y poco a poco se va extendiendo por toda la Iglesia.  A todos los territorios españoles fue extendida por el Papa Clemente XII Corsini, a petición del Rey Felipe V, el veinte de septiembre de 1735, tras el parecer favorable de la Sagrada Congregación de Ritos, fechado tres días antes.  El Papa Pío VI Braschi, en 1777, concedió a la Diócesis de Méjico indulto perpetuo de rezar Oficio y Misa de los Siete Dolores de Nuestra Señora con rito doble de segunda clase. En 1785, autorizó Misa votiva de los Siete Dolores todos los sábados en la iglesia de los Mínimos de Mallorca. En 1786, concedió a la Diócesis de Santa Fe (Argentina) rezar el Oficio de los Siete Dolores propio de la Orden de Siervos de María. Pío VII Chiaramonti, muy influido por los servitas, la declaró en 1801 fiesta de precepto de segunda clase para la isla de Cerdeña, la concedió a la Archidiócesis de Sevilla en 1807, así como a la Toscana, como doble de segunda clase con octava, y finalmente la extendió a toda la Iglesia Latina el ocho de septiembre de 1814, en memoria de su liberación del cautiverio que le infringió Napoleón, adoptando la misa y oficio de los servitas.  En 1908 el Papa Pío X Sarto la incluyó entre las dobles de segunda clase. Los servitas la celebraban como de primera clase con octava y vigilia, como los Pasionistas, y en Florencia, donde había surgido la Orden de los Siervos de María, y Granada, cuya patrona es Nuestra Señora de las Angustias.
   En la reforma litúrgica de este mismo Pontífice de 1914, con el fin de despejar el ciclo dominical, se fijó el quince de septiembre, día en que ya se celebraba en el rito ambrosiano por no tener octava la fiesta de la Natividad de la Virgen, haciendo pareja con la del día anterior: la Exaltación de la Santa Cruz. Contemplamos desde la perspectiva de la glorificación los frutos de la Redención de la pareja salvadora, Cristo, Nuevo Adán, y María. Nueva Eva. Tras ser reducida a simple conmemoración optativa la fiesta del Viernes de Dolores en el Calendario Universal de 1960, fue suprimida en el actual de 1969 según los criterios de simplificación y eliminación de las duplicaciones, quedando sólo la de septiembre, para dejar lo más libre posible el último tramo cuaresmal, como memoria obligatoria, bajo el título de Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores. Su ubicación, en opinión de muchos autores, le perjudica al quedar desarticulada del ciclo pascual.  El antiguo título de Compasión es conservado por la Diócesis de Hildesheim con una fiesta el sábado posterior a la Octava del Corpus, y con la denominación de la Bienaventurada Virgen María de la Piedad, con un bonito Oficio de origen medieval, existe una conmemoración en Goa (India) y en Braga (Portugal) el tercer sábado de octubre (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016). 
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viernes, 6 de mayo de 2022

El Cerro Macareno, en La Rinconada (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     El Cerro Macareno, se encuentra en la carretera Sevilla - San José de la Rinconada, s/n; en La Rinconada (Sevilla)
     El asentamiento se localizaba en la orilla izquierda del paleoestuario del Guadalquivir, la principal ruta de entrada al valle bético durante la Protohistoria, quedando sus flancos oeste y norte delimitados por el arroyo Almonázar. Como otras ciudades situadas en la orilla de esta ría, la población del Cerro Macareno aprovechó las facilidades de comunicación y transporte que ofrecía el cauce fluvial, de hecho, se interpreta como un enclave portuario conectado al curso principal del río en uno de sus meandros.
     El Cerro Macareno es una elevación artificial del terreno -un tell- fruto de la superposición de depósitos y construcciones generados por la ocupación humana del lugar durante el I milenio a.C.
    En la actualidad el enclave está formado por dos montículos que son el resultado de la destrucción parcial del cabezo por su explotación como cantera de áridos en el siglo XX. El oriental tiene forma cuadrangular, una superficie de 11.855,7 metros cuadrados y una altura sobre el entorno inmediato de 9,80 metros. Este sector del Macareno es el que ha aportado una información más completa sobre el marco cronológico del asentamiento antiguo. La secuencia estratigráfica documentada en esta zona muestra una ocupación del lugar durante toda la Edad del Hierro. La elevación occidental, con forma de pentágono irregular, mide 9.275,6 metros cuadrados y tiene una altura máxima de 7,70 metros. Corresponde a un área en la que los trabajos de la cantera habrían desmontado la parte superior de la estratigrafía. Las investigaciones arqueológicas realizadas en este sector han detectado básicamente niveles de la segunda Edad del Hierro.
     Este asentamiento cuenta con una secuencia estratigráfica que va del siglo VIII al II- I a.C. No obstante, algunos materiales arqueológicos de superficie y otros hallazgos casuales podrían indicar una duración del hábitat algo más prolongada en algunos de sus sectores, o al menos una frecuentación del sitio en época romana imperial.
     De la fase tartésica se conocen restos de construcciones interpretadas como viviendas, lo que permite investigar la vida cotidiana de la población y sus relaciones con los ecosistemas de los que el propio hábitat formaba parte.
     La turdetana es la etapa con mayor información arqueológica. En esta fase se han constatado distintas áreas de actividad dentro del asentamiento. Además de las casas, se conoce un barrio alfarero en el noroeste del enclave, fechado en los siglos V y IV a.C. Su producción cerámica se dedicó a la elaboración de ánforas y de otros tipos de recipientes cerámicos, evidenciando la necesidad que su población tenía de envases para el comercio de productos agropecuarios.
     Dentro de la etapa turdetana, en el sector oriental del asentamiento, se habría constatado un episodio de destrucción y reedificación de una estructura fechado hacia el 400 a.C. y puesto en relación con algún episodio bélico asociado con el mundo cartaginés; también un desalojo repentino del hábitat a finales del siglo III a.C. identificado en los restos de una estancia que tenía un suelo de color rojizo con abundantes cenizas y un hogar con dos vasos globulares intactos. Este posible desalojo repentino se relacionó con la Segunda Guerra Púnica y, por tanto, con los efectos de la conquista romana del Guadalquivir y la batalla de Ilipa del 206 a.C. No obstante, un nivel de construcciones posterior indicaría una continuación del poblamiento hasta finales del siglo II o inicios del I a.C.
     Por otra parte, el fin del Cerro Macareno como ciudad se debió también muy probablemente a las variaciones experimentadas por el cauce del Guadalquivir que dejó al sitio sin la posibilidad de contar con un puerto fluvial de importancia.
     La importancia de este sitio arqueológico se hizo evidente a principios de la década de los años setenta del siglo XX. En esa época el sitio se explotaba como cantera de áridos. Se llevó a cabo un primer trabajo de campo que sirvió para valorarlo, consistente en una prospección realizada por A. Cuenca Anaya en 1971. En esta época se emprendieron acciones legales para su salvaguarda y estudio.
     A finales de 1973 se aprobó un decreto que declaraba de utilidad pública, a efectos de expropiación forzosa, numerosos yacimientos del Bajo Guadalquivir considerados fundamentales para el conocimiento de Tartessos. Entre ellos se encontraba el Cerro Macareno.
     Dentro de los primeros trabajos de aproximación al conocimiento del sitio se encuentra un trabajo de C. Fernández Chicarro que daba a conocer dos piezas procedentes del lugar adquiridas por el Museo Arqueológico de Sevilla en 1973. La primera de ellas, considerada de época prehistórica, era de pequeño tamaño, estaba hecha en barro cocido, tenía forma de ladrillo y presentaba en una de sus caras principales trazos incisos insertos en un rectángulo. Estas incisiones se explicaban como motivos decorativos o quizás como algún epígrafe. La pieza habría aparecido a siete metros de profundidad. La otra era un fragmento de una pierna de bronce atribuida a una escultura ecuestre de un emperador. Se fechaba en el siglo II d.C. y, según refería la autora de la publicación, se habría encontrado a metro y medio de profundidad aproximadamente, dentro del nivel romano del asentamiento.
     Por su parte, M. Ponsich incluyó al Cerro Macareno en su trabajo sobre el poblamiento rural antiguo en el valle del Guadalquivir. Se catalogaba como un sitio con ocupación en época prerromana y romana, según indicarían los diversos tipos de cerámica y los restos de hornos documentados. 
   El avance de los trabajos de extracción de áridos llevó a que en 1974 la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas tratara de resolver la situación. Por un acuerdo con los propietarios de los terrenos, se decidió donar al Estado el montículo oriental. El occidental seguiría en explotación, pero primero tendría que ser objeto de una excavación arqueológica que documentara la secuencia estratigráfica conservada en esta zona del yacimiento que tenía desmanteladas sus cotas superiores. Para ello se formaron tres equipos de trabajo; uno de la Universidad Autónoma de Madrid dirigido por J. Sánchez Meseguer, otro del Museo Arqueológico de Sevilla, con F. Fernández Gómez y D. Ruiz Mata como directores, y un tercero de la Universidad de Sevilla con R. Corzo Sánchez al frente.
     Estos trabajos permitieron conocer parte del asentamiento, con el complejo alfarero, viviendas, etc. De gran importancia fue la limpieza de un perfil estratigráfico de 3 metros de ancho por 8 de alto y que alcanzó la tierra virgen y permitió hacer una primera valoración de la entidad y desarrollo cronológico del yacimiento. La secuencia estudiada se fechó entre el siglo VII y los siglos II-I a.C., según se desprendía del análisis de los materiales cerámicos.
     La actividad en la cantera finalizó a mediados de 1975, en 1976 un equipo de la Universidad de Sevilla dirigido por M. Pellicer Catalán realizó una excavación arqueológica en el montículo oriental. Los trabajos consistieron en la apertura de un sondeo de 4 X 4,60 metros, el denominado corte V-20, cerca del ángulo sureste del montículo oriental del yacimiento. La cuadrícula tenía uno de sus frentes abierto al talud de este flanco. En la intervención se documentó una secuencia estratigráfica de 7,5 metros de espesor en la que se registraron 26 niveles, que quedaron organizados en 9 estratos correspondientes a la ocupación del lugar entre mediados del siglo VIII y finales del siglo II o inicios del I a.C. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El yacimiento consiste en un auténtico tell, palabra de origen árabe que designa a un montículo artificial producto de la acumulación de restos arqueológicos de unas civilizaciones sobre otras.
     Las investigaciones realizadas a cabo han permitido establecer una cronología cuyos inicios se remontan a mediados del siglo VIII a.C., perdurando el poblamiento hasta principios del siglo I a.C.
     Estos límites cronológicos han sido determinados en función de los materiales encontrados en las distintas campañas de excavaciones realizadas en el yacimiento, como los restos de cerámica de retícula bruñida tartésica, de barniz rojo fenicio, las características cerámicas pintadas a bandas ibéricas, pasando por piezas producto del comercio con los griegos y llegando a oscuras cerámicas campanienses romanas.
     Pero sobre todo cabe resaltar la abundancia de fragmentos de ánforas que se han hallado y que servían sobre todo como envases para transportar productos como trigo, aceite y vino, constatándose así la importancia comercial que debió tener el Cerro Macareno como puerto fluvial, puesto que en sus inicios el Guadalquivir bordeaba el lugar.
     Dentro de los fondos del Museo Arqueológico se expone una muestra de la evolución de la cerámica a través de la evolución cultural del Cerro Macareno.
     El 15 de febrero de 2017, se presentó en sesión ordinaria del pleno del Ayuntamiento una moción aprobada por unanimidad en la que se solicitaba la catalogación del Cerro Macareno como Bien de Interés Cultural (Turismo de la Provincia de Sevilla).
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lunes, 25 de octubre de 2021

La localidad de La Rinconada, en la provincia de Sevilla

     Por Amor al Arte
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Datos del Municipio
     Situación: Enclavada en la margen izquierda del Guadalquivir, en pleno corazón de La Vega, al norte de Sevilla.
     Coordenadas GPS: x = -5.979178868 - y = 37.48796755
     Extensión: 138,4 km2
     Distancia a Sevilla: 9
     Altitud: 10 m
     Entorno: Cuenta con gran variedad de espacios libres, como el Parque del Majuelo, el Parque ocho de Marzo y el de Las Graveras.
Datos del Ayuntamiento
     Dirección: Plaza de España, 6, CP. 41309
     Teléfono: 955 79 70 00
     Fax: 955 79 71 87
     Web: www.larinconada.es
Información turística
     Tiene dos núcleos de población importantes: La Rinconada y San José de la Rinconada, surgido en torno a la Estación del Ferrocarril y a la fábrica de azúcar, que alberga en la actualidad a la mayoría de los habitantes del municipio.
     Esta localidad destaca por su bonito casco antiguo y por su riqueza floral, no sólo presente en parques como 'El Majuelo', donde se encuentra el Observatorio Astronómico Municipal 'José Luis Comellas', si no también en las fachadas de sus casas encaladas. Como nota curiosa, en La Rinconada existe una de las mayores explotaciones de rosales del mundo.
      Son lugares de interés el Museo Arqueológico, la Casa Consistorial, la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves y la Capilla de la Misericordia. Destacan también sus fiestas de Carnaval, consideradas de las más importantes de la provincia, y el festival flamenco 'el Búcaro', en San José de la Rinconada.
     No te puedes perder...   la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves (Diputación Provincial de Sevilla).
     Población situada en la margen izquierda del río Guadalquivir. De origen romano, fue reconquistada por Fernando III (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
La Rinconada, el rincón del río Guadalquivir
     La Rinconada dista apenas 16 km de Sevilla capital y se ubica en la comarca turística Guadalquivir-Doñana. Está enclavada al margen izquierdo del Guadalquivir y recibe el nombre de La Rinconada por el ángulo que forma este río en su entorno.
     La Rinconada, pertenece a la Comarca del Guadalquivir - Doñana, con una extensión de 139'50 km², a una altitud de 12 m. sobre el nivel del mar, y con 38.406 habitantes.
      Los vestigios arqueológicos más antiguos descubiertos en el municipio datan del siglo XVIII a. C. Se trataba de un asentamiento en el Cerro Macareno que duró desde finales de la Edad del Bronce hasta comienzos de la romanización. A finales del siglo I a. C. los habitantes abandonaron dicho cerro por el cambio de ruta del río, que pasaba junto a dicho cerro. No obstante, durante la etapa romana siguió habiendo población en otra zona del término municipal. La zona también estuvo poblada en tiempos de los visigodos.
     Descubre un enclave diferente en la comarca del Guadalquivir, llamado La Rinconada por el rincón que aquí forma el río grande de Andalucía. Habitada desde la prehistoria, este lugar te ofrece un rico patrimonio monumental, completado con su pedanía, San José de La Rinconada. El núcleo de población resultado de la llegada del ferrocarril en la década de los 30, que ha crecido cada año gracias al empleo en la azucarera local.
     Recorre ambas poblaciones para conocer el carácter y sentir de su gente. Ya que no se entiende la una sin la otra. Disfruta con sus tradiciones, sus fiestas y su gastronomía, muy influida por su entorno ribereño. La naranja y el aceite de oliva virgen extra son los productos estrella. Y su paisaje de olivos y naranjos marcan el día a día de este pueblo de la Vega del Guadalquivir. Aquí encontrarás el único museo del olivar del mundo, así como una almazara del siglo XVII en perfecto estado.
     Además, verás una de las colecciones arqueológicas y paleontológicas más interesantes de la provincia de Sevilla. Halladas en el Cerro Macareno, colina artificial que es en la actualidad uno de los grandes yacimientos históricos de Andalucía.
     Si vas en coche desde Sevilla, debes tomar por la A-8009 y en unos 20 minutos habrás llegado a tu destino.
     En tren puedes subir a las líneas de cercanías C1 y C3 desde la estación de Santa Justa en la capital andaluza. También tienes la posibilidad de viajar en autobús gracias a las líneas M-111, M-112, M-115 y M-124 del Consorcio de Transportes de Sevilla. Parten de la estación de Plaza de Armas.
     Lo mejor es caminar y descubrir la localidad. Para llegar a la pedanía de San José de La Rinconada puedes dar un agradable paseo por el Bulevar que une ambas poblaciones. Pero si no quieres cansarte, tienes autobuses interurbanos que te llevan a esta pedanía, a su estación de tren y que recorren La Rinconada.
     También cuentas con servicio de taxi. Ven con tu bicicleta para disfrutar del entorno natural de este municipio ribereño.
     Recorre las instalaciones del Museo Arqueológico y Paleontológico de La Rinconada. Te sorprenderás con los utensilios en cerámica y los fósiles hallados en una colina artificial del pueblo, el Cerro Macareno.
     Pasea por el Parque Periurbano El Majuelo. Puedes observar las diferentes especies de aves o disfrutar de su merendero. También tienes un Centro de Educación Ambiental para aprender sobre la flora y fauna de La Rinconada.
     En la Hacienda Guzmán encontrarás una almazara del siglo XVII y verás el Museo del Olivo. Es el único en el mundo dedicado a todas las variedades de olivar.
     Visita el Parque Tecnológico Aeroespacial Aerópolis y aprende todo sobre la aeronáutica. Es el único de Europa dedicado exclusivamente a la industria aeroespacial.
     ¿Te gustan los coches teledirigidos? En San José de La Rinconada tienes el Circuito de Radiocontrol más importante de Andalucía.
     Ven en junio a la Feria de La Rinconada y en mayo a La Jira de San José de La Rinconada. Las fiestas mayores de ambas poblaciones.
     Contempla verdaderas obras de arte en orfebrería y cerería, dos artesanías tradicionales en esta localidad.
     Goza de su exquisita gastronomía a base de guisos y productos de la zona, como la naranja y el aceite de oliva virgen extra.
     No te pierdas en febrero el Carnaval y el concurso de agrupaciones. Aquí se vive con intensidad durante una semana.
     Qué mejor diversión para el Día del Padre que en la pedanía de San José de La Rinconada. Es la fiesta del patrón y sale en procesión por sus calles.
     Uno de los outlets más importantes de la provincia está en San José de La Rinconada.
     Empieza tu recorrido turístico en la Plaza de España, el centro histórico de La Rinconada. Verás el Ayuntamiento, un edificio levantado a principios del siglo XX, aprovechando el auge del sector de la construcción para la Exposición Iberoamericana de 1929 que se celebró en Sevilla. De ahí su estilo arquitectónico, el regionalismo, puesto de moda en aquellos entonces por Aníbal González.
     En esta plaza también está la iglesia de Ntra. Sra. de las Nieves, templo mudéjar del siglo XV. Destaca su retablo mayor, así como numerosas obras en orfebrería.
     Ahora dirígete hasta el Cerro Macareno y descubrirás que es una colina artificial, formada por restos arqueológicos desechados de las diferentes culturas que han pasado por La Rinconada. Pero si quieres ver los hallazgos en este cerro, debes ir hasta la pedanía de San José de La Rinconada.
     En coche tardarás unos ocho minutos y andando algo menos de una hora. También puedes coger el autobús interurbano. En la calle Vereda de Chapatales se ubica el Museo Arqueológico y Paleontológico de esta población. Está dividido en tres secciones diferentes. En una encontrarás candiles, recipientes..., en otras, fósiles y huesos usados como armas y por último, una sala dedicada a la historia del lugar.
     Para terminar, descansa en el Parque Periurbano El Majuelo, en el que puedes disfrutar de un espacio de barbacoas y merenderos. Además, en el Centro de Educación Ambiental del parque, aprenderás mucho sobre la flora y fauna de La Rinconada. Hay dos parques más de importancia: Parque Dehesa Boyal y Parque Las Graveras (Turismo de la Provincia de Sevilla).
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La localidad de La Rinconada, al detalle:
- Ayuntamiento
- Cortijo de la Cartuja
Hacienda de Buitrago
Hacienda Guzmán
Hacienda de los Solares
Hacienda El Toruñillo
- Iglesia Nuestra Señora de las Nieves
La Jarilla
Mojarabique Chico
- Museo Arqueológico y Paleontológico
Puerto El Barco
- San José de la Rinconada
- Santa Cruz
Venta de la Mueiana
Yacimiento Paleontológico La Nueva
Yacimiento Palentológico Pionner
Yacimiento Paleontológico El Toril