Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

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lunes, 15 de julio de 2024

El Barrio Casas Nuevas, en Villanueva del Río y Minas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Barrio Casas Nuevas, en Villanueva del Río y Minas (Sevilla).
     El barrio de Casas Nuevas está situado en el centro del conjunto histórico de Villanueva del Río y Minas. Presenta un perfecto trazado ortogonal, guardando la simetría de las "cuarteladas mineras". Formado por dieciséis manzanas rectangulares con un total de ciento dieciséis viviendas, se construyó y urbanizó en la década de 1920 a instancias del Ingeniero Jefe Juan Gómez Torga y recoge los mejores ejemplos de viviendas de altos cargos y empleados cualificados: encargados, capataces, oficinistas, y en definitiva toda aquella capa media de la empresa. Las fachadas encaladas, hoy casi todas con jardines, una sola planta, con un par de vanos y la teja plana, recuerdan el estilo colonial.
     Casas Nuevas es uno de los barrios que está mejor definido tanto arquitectónicamente como por el estatus de sus vecinos, siendo también el de mayor valor urbanístico del conjunto histórico.
     En paralelo a la construcción de los barrios de trabajadores de Progreso, Calderonas, Balbo o La Gallega entre otros, se construyeron barrios residenciales para empleados medios y directivos, y sus familias.
     En el conjunto de los espacios destinados a la habitabilidad destacan los barrios de San Fernando - Cabrerizas y de Casas Nuevas. El primero constituido por viviendas para cargos y empleados de tipo medio que, con sótano para almacenes y planta baja para establecimientos y módulos de habitación de carácter unifamiliar, componen un conjunto cuadrangular. 
     El segundo se construye en la década de 1920 albergando los inmuebles de mayor importancia edificatoria y artística destinados a viviendas de altos cargos y empleados cualificados. Entre ellos destaca la Casa de Dirección, un chalé de planta cuadrada con torre almenada sobre el jardín y vanos recercados con falsos doseles, la casa del ingeniero jefe, otro chalé edificado con fábrica de ladrillo y refuerzos de sillería, que destaca por la pronunciada vertiente de sus tejados y los motivos de carácter modernista incorporados a los cierres de los arcos de la galería, abierta a un interesante jardín de tipo francés que precede a la vivienda. La Casa del Director Técnico destaca por la bicromía entre los colores rojo y el amarillo de los materiales empleados en las aristas y en las roscas de los arcos que forman los vanos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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lunes, 13 de mayo de 2024

La Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, en Osuna (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, en Osuna (Sevilla).  
     Hoy, 13 de mayo, Memoria de Nuestra Señora la Bienaventurada Virgen María de Fátima, en Portugal. En la localidad de Aljustrel, la contemplación de la que, en orden de la gracia, es nuestra Madre clementísima, suscita en muchos fieles, no obstante las adversidades, la oración por los pecadores y la profunda conversión de los corazones [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, en Osuna (Sevilla).
     La Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima se encuentra en la calle Rufina Cuadra con Travesía de Fátima, en Osuna (Sevilla).
     Construida a expensas del Ayuntamiento de Osuna para atender al nuevo barrio construido a mediados del siglo XX. Fue bendecida en 1953. Su advocación se debe al paso por Osuna de la Virgen de Fátima, dentro del recorrido que hizo por España la imagen procedente de Portugal, de donde proviene igualmente la figura que preside el altar mayor.
     Dispone de una sola nave con crucero, localizándose una galería a los pies, encima del soportal que da acceso al templo y sobre el que se levanta la espadaña con dos cuerpos de campanas. Originariamente, se construyó con tres vanos, de los cuales dos de ellos, los que se situaban en los extremos, se hallan actualmente cegados. Con esa actuación se rompe la inicial composición piramidal con la que se concibió la fachada (Ayuntamiento de Osuna).
     Construida a expensas del Ayuntamiento de Osuna para atender al nuevo barrio construido a mediados del siglo XX. Fue bendecida en 1953. Su advocación se debe al paso por Osuna de la Virgen de Fátima, dentro del recorrido que hizo por España la imagen procedente de Portugal.  Esta imagen preside el altar mayor.
     Dispone de una sola nave de planta de cruz latina con crucero pequeño, localizándose una galería a los pies, encima del soportal que da acceso al templo y sobre el que se levanta la espadaña con dos cuerpos de campanas. Originariamente, se construyó con tres vanos, de los cuales dos de ellos, los que se situaban en los extremos, se hallan actualmente cegados. Con esa actuación se rompe la inicial composición piramidal con la que se concibió la fachada. La portada de estilo ecléctico, recuerda al barroco colonial, ya que poseía una entrada porticada que hoy día se encuentra incorporada al templo.
Horario
     Días 13 de cada mes y los sábados en horario de 19:30 a 21:00 (culto 20:00) (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Festividad de Nuestra Señora la Bienaventurada Virgen María de Fátima;
     Se celebra este día en recuerdo de la primera de las seis apariciones a Lucía, Jacinta y Francisco en 1917, a tres kilómetros de Fátima, Portugal, en el lugar de Cova de Iría, que suponen un llamamiento a la oración, a la penitencia y a la conversión espiritual. El culto a la Virgen de Fátima surgió con la primera capilla a Ella dedicada en 1919. Ha sido incluida esta advocación como memoria libre en la última edición del Missale Romanum, mientras que los Heraldos del Evangelio la celebran como fiesta.
    Cuenta con la siguiente oración colecta: “Señor Dios, que nos diste a la Madre de tu Hijo como Madre nuestra, concédenos que perseveremos en la oración por la salvación del mundo y procuremos promover pacientemente el Reino de Jesucristo, tu Hijo” (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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jueves, 27 de octubre de 2022

El Pabellón de Cuba, de Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón de Cuba, de Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo), de Sevilla.
      Hoy, 27 de octubre, es el aniversario del descubrimiento de la isla de Cuba (27 de octubre de 1492), por parte de Cristóbal Colón, y la conquistó en nombre de España, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Pabellón de Cuba para la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla.
      El Pabellón de Cuba [nº 89 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], de Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo), se encuentra en la Avenida de la Palmera, 24; en el Barrio del Sector Sur-La Palmera-Reina Mercedes, del Distrito Bellavista-La Palmera.
   La Exposición Iberoamericana de 1.929 supone la transformación urbana más importante de la ciudad en época contemporánea hasta 1992. El recinto se desarrolla en un entorno ajardinado en el que se disponen arquitecturas singulares que lo monumentalizan: apoyado en el curso del río y en edificios existentes de la importancia de la Fábrica de Tabacos o del Palacio de San Telmo, da forma al deseo de crecimiento hacia el sur que la ciudad ya había manifestado en proyectos como el trazado del Salón de Cristina o El Jardín de las Delicias de Arjona.
   El escenario fundamental es el del sector segregado de los jardines del Palacio de los Montpensier y que constituyeron el Parque de María Luisa en honor de la cesión por la infanta María Luisa de Orleáns, prolongado en el Jardín de las Delicias y a lo largo de la Avenida Reina Victoria (hoy Paseo de las Delicias y de la Palmera) hasta el Sector Sur. Otros edificios dispersos se situaron en los jardines de San Telmo o, en el caso singular del Gran Hotel "Hotel Alfonso XIII- en el Jardín de Eslava.
   El trazado inicial surge como consecuencia del concurso de anteproyectos celebrado en 1911 y del que se eligió la propuesta de trazado unitario presentada por el arquitecto Aníbal González y que, en los que le siguieron (1913, 1924, 1925 y 1928), se fue desfigurando en aras de una implantación dispersa con la intervención de un número más amplio de profesionales. El arquitecto dimitió falleciendo poco antes de inaugurarse el certamen.
   El Pabellón de Cuba, situado en el extremo sur de la exposición y vinculado a la actual Avenida de la Palmera, pertenece al grupo de pabellones de participantes que elaboraron el proyecto en su país de origen. Careciendo de arquitectura autóctona que permitiera ser representada en el edificio, se opta por una muestra de arquitectura neocolonial, construyendo finalmente "una casa aristocrática del barrio habanero de Vedado" en palabras de Villar Movellán.
     Se organiza en tres cuerpos: central y más elevado con cubierta de pabellón, destacando sobre los dos laterales, de dos plantas, simétricos respecto al primero. La axialidad se refuerza con un porche, de tres arcos de medio punto al frente, avanzado para recibir a los visitantes.
     Destacan los balcones por sus barandas y columnas salomónicas soportando su tejado, al estar construidas con maderas nobles que resaltan sobre los colores claros de la fachada.
     Un volumen trasero, pabellón efímero destinado a exposiciones, fue demolido tras la exposición y, de alguna manera, recuperado tras la reforma de 1995, ahora destinado a tareas administrativas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
EL PABELLÓN DE CUBA
     La República de Cuba concurrió a la Exposición Iberoamericana con un pabellón realizado por Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, que constaba de dos partes, un primer elemento definitivo y, tras éste, un claustro provisional de grandes proporciones que, finalizado el Certamen, fue desmontado. Hoy, una vez rehabilitado el edificio, se le ha adosado una construcción de nueva planta que no guarda relación alguna, estilística ni espacial, con la construcción efímera que se levantó para la Muestra.
Gestiones hacia la concurrencia
     A la primera invitación a la Exposición Hispanoamericana, el Gobierno respondió con una evasiva, comunicando que, antes de tomar una decisión al respecto, habría de conocer con más detalle el contenido del Certamen. Como señala Eduardo Rodríguez Bernal, en Cuba no había un ambiente favorable dada la proximidad del 98, la rivalidad existente entre el partido liberal y el conservador (este último con muchos adeptos hispanistas) y la llamada a los Estados Unidos por parte de los liberales en 1906.
     Los cambios habidos en el ambiente político motivaron que en septiembre de 1926 se obtuvieran las primeras respuestas favorables, aunque hasta marzo de 1927, el Gobierno de Cuba no anunció oficialmente su participación.
     Enseguida se nombró una Comisión para preparar la concurrencia que estuvo integrada por el Coronel Enrique Quiñones, como Delegado de la Exposición, Julián Martínez Castell, en calidad de Delegado Técnico, y Alberto Herrera, Jefe de Estado Mayor y del Ejército de Cuba, quien en abril de 1929 pasó a presidirla. La decisión de asistir se explicaba dentro de la política de fomento de las relaciones hispanocubanas que había promovido el Presidente del Gobierno, el General Machado; tengamos en cuenta que, meses más tarde, concretamente el 5 de noviembre de 1927, se pondría en vigor un tratado comercial con Cuba, con lo cual, esta nación pasaba a ser la primera en firmar con España un tratado comercial. El plan de concurrencia sería aprobado en octubre de 1927. En la participación de Cuba en Sevilla jugarían un papel fundamental las colonias de españoles y las sociedades españolas establecidas en el país, a las que el Gobierno se destinaría la planta alta del pabellón.
     La reelección del general tras las votaciones de agosto de 1928 trajo consigo el mantenimiento de esta política; por ejemplo, en estas fechas se inauguró la comunicación telefónica entre España y Cuba y se apoyó la fundación en Sevilla de un Instituto Hispanocubano por parte de Rafael González Abreu cuya sede se instaló en el antiguo Convento de los Remedios. En lo que respecta a la Iberoamericana, en 1928, por deseo expreso del Presidente, se intensificaron las gestiones referentes a la asistencia de Cuba a la Exposición, para lo que se enviaron a Sevilla dos comisiones, una del poder ejecutivo y otra del Congreso.
     La enfermedad del Embajador de Cuba en España, García Kholy, vino a retrasar la entrega de los terrenos hasta meses más tarde, el 9 de junio de 1928, cuando los trabajos estaban ya muy adelan­tados. La ocasión se aprovechó para dar el nombre del país a la actual Plaza de Cuba . Por último señalar que a poco de iniciarse la Iberoamericana, en febrero de 1929, El Liberal de Sevilla propuso que se erigiera en la ciudad un monumento a Cuba, correspondiendo al que, dedicado al soldado español levantaría en la isla, propuesta ésta que no fructificó.
Análisis arquitectónico: los dos proyectos presentados
     En octubre de 1927, el Senado cubano había votado 750.000 ptas., es decir 50.000 pesos para el pabellón de la República en Sevilla, que -en conjunto- tendría 40 x 40 m. de extensión superficial.
     Realizado en estilo neocolonial, constaría de dos partes, rodeadas por una zona ajardinada: la Casa de Cuba al frente, de 30 x 2 m., sería para alojamiento de pensionados y consulado, y contiguo a ésta, el pabellón de exhibiciones.
     En los jardines que circundarían el cuerpo central del edificio, se colocaría una fuente de piedra, réplica de la primera fuente pública de La Habana, la de Santa Clara, realizada en 1546, que aún hoy se encuentra en el convento, en el cual -en aquellas fechas- se encontraba la sede del Ministerio de Obras Públicas. El cuerpo central de dicha fuente asemeja en su base la proa de una carabela avanzando sobre las aguas, alzándose en el centro un pedestal coronado.
     El escaso presupuesto asignado, el edificio habría de ser provisional. Se construiría todo en maderas que, ornamentadas en fachadas e interiores, vendrían ya trabajadas desde Cuba para su inmediata colocación. Lo más destacado del conjunto sería su amplia puerta de entrada de cuatro metros. Este primer proyecto, del que conocemos más datos que los referidos, fue obra de dos jóvenes e ilustres ingenieros del Ejército Nacional, el Comandante Luis Hernández Savio, quien acababa de ser premiado con la medalla de oro para el edificio de los Veteranos de la Independencia de Cuba, y su auxiliar, el capitán Alfonso González del Real.
     Al margen de este pabellón oficial, en octubre de 1927, en una reunión en La Habana, los representantes de la industria tabaque­ra de Cuba acordaron construir un edificio, también provisional, que se llamaría Salón del Tabaco, que tendría una superficie de 300 m2. En él cada fabricante expondría sus pro­ductos en stands especialmente diseñados por reputados artistas cubanos; previamente, los proyectos habrían de ser aprobados por una Comisión de Ornamentación se construirían en Cuba. En su centro se representarían maquetas de una vega y una fábrica de tabaco, para mostrar el cultivo y la elaboración del producto.
* * *
     El incremento hasta 170.000 pesos en el crédito consignado por el Congreso cubano y el poder ejecutivo, del que en enero de 1928 ya se tiene constancia, posibilitó que el edificio adquiriera carác­ter permanente. Además los industriales cooperarían económicamente. La realización de un nuevo proyecto de pabellón fue encomendada a dos jóvenes arquitectos cubanos, Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, quienes, como indica Gutiérrez Viñuales "llegaban respaldados por obras como la residencia del empresario azucarero Juan Pedro Baró en El Vedado, una de las primeras expresión es del Art Decó cubano, que data de 1926". Serían estos mismos autores quienes, influenciados por el pabellón mexicano de la Iberoamericana, realizarían en 1932 la construcción y ornamentación en Neomaya del Teatro Lutgardita en Rancho Boyeros, y años más tarde, en un estilo bien distinto, el Capitolio Nacional de Cuba. El proyecto del pabellón debe datar de 1927 pues está constatado que en diciembre los arquitectos llegan a Sevilla.
     El edificio, con una extensión de 2.000 m2., constaba de dos partes: una permanente, para recepciones, que tras la Muestra sería Consulado Nacional y centro de exposición de productos del país y, tras él, un pabellón provisional, desmontado al finalizar la Exposición, de igual altura que en el pórtico de la permanente, y en cuyas galerías, a modo de patio criollo, se exhibirían las distintas industrias (sobre todo alcoholes, perfumes, maderas,...). A él se accedía directamente desde el vestíbulo central del pabellón permanente. Ambas partes se complementaron con la fuente de Santa Clara, como se planteó en el proyecto inicial. El conjunto estaba rodeado por jardines con tropicales y diversos tipos de palmeras locales.
     La construcción del edificio fue dirigida por aquellos arquitectos a los cuales se había encomendado el anterior, es decir, el Comandante Luis Hernández Savio y el Capitán Alfonso González del Real. A su muerte, González del Real fue sustituido por José M. Heredia. Las obras se iniciaron en enero de 1928 y a principios de febrero se comenzó la cimentación.
     Aunque en febrero de 1929, a la llegada de Julián Martínez Castell, ya se habían acabado el pabellón provisional y las galerías de exhibiciones, los trabajos estaban bastante atrasados y se hizo necesario intensificar las obras. En marzo ya se había terminado el pórtico exterior; en abril el edificio ya estaba muy adelantado y entonces se construían los stands de la planta baja y todos los productos ya expuestos. En el pabellón permanente sólo faltaban pequeños detalles de construcción; en el tercer piso se estaba terminando la pintura y la colocación de las ventanas y cristales; en éste, faltaban los zócalos de madera de acana y también en los otros pisos. Ya estaban cimentadas las calles del jardín y se estaba abonando el terreno, pero la fuente aún no se había colocado. Finalmente, las obras concluyeron el 24 de abril, estando a punto para la inauguración de modo que en mayo se celebró en él la toma de posesión del General Machado como nuevo Presidente del Gobierno.
     En el edificio permanente, Evelio Govantes y Félix Cabarrocas sintetizaron elementos constantes y típicos de la arquitectura cubana: pórticos de piedra y ricas carpinterías exteriores e interiores. Este consta de dos pisos y un mirador.
     En origen la disposición de su planta era muy simple. Tenía un gran vestíbulo cuadrado, de unos 10 m. de lado, al que se accedía por un sobrio pórtico de entrada de tres arcos de medio punto. Realizado con piedra de la cantera de Jamanitas, tenía cubierta de azotea. A la derecha del vestíbulo había una sala; a la izquierda, tras una doble arcada, una monumental escalera daba acceso al piso alto. Bajo ésta y entre los muros que la sustenta, se dispusieron salas y dependencias auxiliares. En planta alta, todo el espacio estaba ocupado por un salón de conferencias y exposición de objetos de agrupaciones regionales de españoles en Cuba. Desde él, por una escalera secundaria, se pasaba al mirador.
     Como indicaron F. Torres Martínez y J. Pérez Torres, la distribución de su planta obedece a un trazado geométrico: "la planta del pabellón está formada por tres cuadrados yuxtapuestos a los que se superpone otro, central, cuyo lado es la mitad de la suma de los otros tres y que determina la dimensión del porche y la anchura del mirador".
     La cubierta de cada uno de estos elementos era independiente. La de la parte central, correspondiente al mirador, era una artesa invertida, formada por vigas en U, compuesta por tablas de caoba. Esta cubierta tenía en todo su perímetro un pronunciado alero, formado por ménsulas macizas de caoba cubana; en el ángulo Noreste del mirador, una pieza indica la fábrica cubana que lo realizó.
     Lo más sobresaliente del edificio es su rica carpintería exterior (fachadas y mirador) y, en el interior, la escalera principal y el revestido de las jácenas del vestíbulo. Los elementos de más in­terés fueron balcones y balconeras, artesonados, rejas, frisos y balaustradas. Estos se realizaron en maderas preciosas, entre otras dagame, sabicú, júcaro, sangre de doncella, yaba, roble, nogal, ocuje, majagua, ácana y jocuna. Según Torres Martínez y Pérez Torres, las maderas empleadas fueron: la caoba de Cuba para artesonados, balcones y balconeras, rejas de planta alta, alero de la cubierta, revestido de las jácenas del vestíbulo y mascarón de la escalera principal; cedro del Líbano en puertas y librillos de balcones y balconeras de planta primera y en ventanas de planta baja.
     En la fachada del pabellón permanente se combinaban elementos del repertorio local como las columnas y los vanos cuadrilobulados de la Catedral de La Habana y las ventanas de Camagüey, entre otros. El aspecto general del edificio era el de las casas del barrio habanero del Vedado.
     Aunque desconocernos en qué consistieron, el proyecto primitivo del claustro sufrió algunas modificaciones a fin de que ofreciera un aspecto más típico porque se consideró que no guardaba semejanza con la arquitectura tradicional.
Análisis decorativo y contenido expositivo
     Respecto a la realización de piezas para la ornamentación del edificio, no hay más referencia que la de un busto de Martí, que se colocó a la entrada del pabellón, en el cual aparecían grabadas las palabras del caudillo "Para mí la patria no será nunca triunfo, sino agonía y deber" y un gran mapa en relieve de Cuba (10 m. x 3'5 m.), realizado en la isla, con un presupuesto de 25.000 pesos.
     En el pabellón se prestó gran atención a la exhibición de artesanías populares, que corrió a cargo del Ministerio de Instrucción Pública. La exposición de obras de arte se encomendó al Ministerio de Bellas Artes. Concretamente, se encargó a un conocido artista de la época, José Hurtado Mendoza, quien también gestionó la decoración del edificio. Con objeto de seleccionar entre las numerosas obras contemporáneas presentadas, aquellas que habrían de exponerse en el pabellón cubano, en enero de 1929 se reunió en La Habana un jurado formado por miembros de la Academia de Bellas Artes del país, que habían sido elegidos por los expositores. A través de la prensa sevillana conocemos quienes fueron los artistas escogidos, aunque no cuáles sus piezas. Entre los pintores se mencionan los siguientes: Aguiar, Baxter, Blanco, Canal Ripoll, Crucet, María Capdevila, Rosario Cuervo, Caravia, Ferrant, Blanca González Simó, Legido, Hernández Giro, Loy, Mencier, Maribona, Olivera, Porro, Domingo Ramos, Rivero Merling, Rodríguez Morey, Rodríguez Valdés, Sánchez Araujo, Tejedor y Valderrama. Entre los escultores: Batancourt, Valderrama, Navarro, Paredes y Ramos Blanco.
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Conclusiones sobre el pabellón de Cuba
     Resulta evidente que el principal factor que retardó la decisión del Gobierno cubano de tomar parte en la Exposición fue la cercanía del desastre del 98. Por el contrario, ésta vino estimulada por las colonias de españoles en la isla y la existencia de sociedades españolas. Ello determinó que en el proyecto de 1927 el Gobierno designara la planta alta del pabellón a dichas empresas. No obstante, el principal impulso vino de manos de Machado, para quien la Exposición fue un eslabón más en la serie de medidas prohispanistas que emprendió.
     El pabellón permanente respondía a un estilo ecléctico de claro sabor local que incorporaba elementos de la arquitectura religiosa y civil de La Habana (Amparo Graciani García, La participación internacional y colonial en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Ayuntamiento de Sevilla, 2010).
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Más sobre la Exposición Iberoamericana de 1929, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 6 de julio de 2022

La Casa Palacio Fernández de Santaella, o la Casa Grande, en Badolatosa (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     La Casa Palacio Fernández de Santaella, o la Casa Grande, se encuentra en la avenida de Cuba, 44; en Badolatosa (Sevilla).
     Como todos la conocemos como la casa grande es una magnífica casa palacio de mediados del siglo XIX. Construida por la familia Fernández de Santaella.
     La casa se organiza en dos unidades, por una parte la zona de vivienda ocupa un solar de 22 metros de fachada y 30 metros de fondo, que se estructura en torno al patio central de 12 x 12 m; y  el patio trastero de 16 x 11 m.
     El patio central esta rodeado por sus laterales por columnas de bronce, siendo el material con el cual está construida la casa de piedra, con gruesos muros que llegan hasta la cubierta.
     Nos encontramos con  una casa de tres plantas, de carácter regionalista, intentando recordar la arquitectura neocolonial cubana, posiblemente de finales del siglo XIX. Los vanos distribuidos de forma simétrica, con la puerta situada en el centro de la fachada.
     En el segundo cuerpo la ventana y el balcón central son los elementos que marcan las líneas.  El tercer cuerpo de menor altura de fachada cumple las funciones de desván o soberao. En el herraje de la cancela figura la fecha de 1899 pero el actual propietario asegura que la casa se construyó sobre 1850.
     El reportaje es de madera nobles, que desde su colocación no ha recibido ningún tratamiento, conservándose en perfecto estado. Es de estilo regionalista neocolonial (Turismo de la Provincia de Sevilla).
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lunes, 7 de septiembre de 2020

El Pabellón de Brasil para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede del Vicerrectorado de Estudiantes de la Universidad de Sevilla)


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón de Brasil para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede del Vicerrectorado de Estudiantes de la Universidad de Sevilla), de Sevilla.
      Hoy, 7 de septiembre, se celebra en Brasil el día de la Independencia (7 de septiembre de 1822), así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Pabellón de Brasil para la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla.
      El Pabellón de Brasil para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede del Vicerrectorado de Estudiantes de la Universidad de Sevilla) [nº 70 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 43 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se ubica en el Paseo de las Delicias, 15, en el Barrio de El Prado - Parque de María Luisa, del Distrito Sur.
      El edificio se sitúa en la esquina Sur del Parque de María Luisa, en la trasera del edificio del Museo Arqueológico y junto al edificio del antiguo pabellón de México para la Exposición Iberoamericana de 1929.
   Se trata de un pabellón de planta cuadrada, dispuesto en paralelo al paseo de las Delicias, y que deja en su interior un patio que servía originariamente de elemento estructurador del edificio; función hoy día menoscabada tras las sucesivas intervenciones que ha sufrido. Su tipología y su composición quedan determinados por su función original, meramente utilitaria, que posibilitó, paradójicamente, sucesivas obras de adaptación para la incorporación de usos enormemente diversos.
   El edificio cuenta con un ala principal, de dos plantas de altura más semisótano, que se coloca paralelo al Paseo de las Delicias y sobre el que recae la mayor carga compositiva. La fachada de este volumen se caracteriza por un elemento central, que hace las veces de portada, labrado en ladrillo visto, que contrasta con la materialidad del resto de la fachada, simplemente enfoscada, pintada en color albero y en la que el ladrillo se emplea exclusivamente para cercar huecos y dibujar líneas de cornisa.
   En este cuerpo central se despliega una escalera de planta semicircular, que resuelve la diferencia de cota de media planta entre el acceso al edificio y el nivel del vestíbulo. Esta escalera queda delimitada, en el nivel del vestíbulo, por un pórtico, también de traza semicircular, sostenido por cuatro pares de columnas. Éstas sostienen una terraza en el nivel superior, provista de una sencilla balaustrada también construida en ladrillo, y a la que se abren cinco huecos.
   A ambos lados de este cuerpo central, se establece una composición simétrica, con un solo hueco por planta en sus extremos y tres huecos agrupados a media distancia en el tramo intermedio. Bajo estos tres huecos, se practica la apertura de tres huecos que proveen de iluminación al semisótano. En el lado derecho de la fachada, estos huecos al semisótano son simples ventanas, mientras que en el lado izquierdo, se convierten en puertas que facilitan el acceso de manera independiente del vestíbulo principal.

   Franqueado el pórtico mencionado, se accede al vestíbulo, espacio de generosas dimensiones en el que destaca la traza de la escalera, simétrica de dos tramos, bajo la cual se permite el acceso a la cota del patio interior. El espacio del vestíbulo mantiene la pavimentación original del edificio, en maderas tropicales procedentes del Brasil, con un interesante diseño geométrico. A ambos lados del vestíbulo, se sitúan dos salas que originariamente servían de transición hacia las alas laterales del pabellón. A través de la escalera principal se accede al nivel superior del edificio, cuya sala de juntas ocupa una posición central, y se abre al mencionado balcón sobre el pórtico de entrada.
   Las alas laterales de la planta del edificio, así como la situada al fondo, contaban con una función inicial exclusivamente utilitaria y expositiva, por lo que tanto su resolución estructural como su composición son sencillas. Se trata de tres naves de dos plantas de altura (baja más semisótano), que se vuelcan hacia el patio a través de una galería. Esta galería cuenta con pilastras, sobre las cuales se alzaba un orden de columnas para su uso representativo original que fueron eliminadas tras la reforma de 1935 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
EL PABELLÓN DE BRASIL
   Brasil concurrió a la Exposición Iberoamericana con un pabellón provisional obra de Pedro Paulo Bernardes Bastos, cuyo proyecto fue realizado en Sao Paulo en 1927 en estilo Barroco Neocolonial.
   Igual que las restantes naciones iberoamericanas, desde principios de siglo Brasil había vivido el desarrollo del Nacionalismo, ante el agotamiento del arte ecléctico y académico. Las críticas a estos estilos llegarían a su cenit en la década de los veinte, durante la cual se reivindicaría una arquitectura acorde con el paisaje, el color, el clima y la tradición histórica nacional. Las alternativas propuestas fueron diversas. Warchavchik propugnaba para las grandes construcciones un estilo clasicista y para las "más modestas" un neocolonial portugués, corriente que contó con la prédica teórica de autores no sólo brasileños, como José Mariano Filho y Wasth Rodrígues, sino también de los portugueses Raúl Lino y Ricardo Severo. Por el contrario, otros, como Mario de Andrade, apoyaban el movimiento modernista brasileño.
   En la segunda década del siglo, el estilo Neocolonial había visto impulsado por Heitor de Mello (+ 1920), llegando a su cénit en la Exposición del Centenario de Brasil, en la que destacaron especialmente las obras de los arquitectos Neru Sampayo, Morales de los Ríos (hijo), Rafael Galvao, Angelo Bruhns, Cipriano de Lemos, Armando de Oliveira, José Cortez y Néstor de Figuereido.
   El estilo se mantendría en el pabellón brasileño levantado para la Exposición de Filadelfia en 1925, obra de Lucio Costa. De tal modo, cuando en 1930 se celebraba en Brasil el IV Congreso Panamericano de Arquitectos, en el que se recomendaba que cada nación siguiera su propia tradición arquitectónica nacional, en Brasil se vivía el apogeo del estilo Neocolonial que persistía a pesar del rápido surgimiento racionalista y del relativo interés que cobraba el art decó a raíz del impacto del Certamen de París. La experiencia exposicional, el carácter de la Hispalense y el auge que el estilo alcanzaba en la segunda década del siglo hacen, por tanto, que no resulte extraño que la obra seleccionada en el concurso de proyectos del pabellón (1927) fuera también neocolonial.
Gestiones hacia la concurrencia

   Las primeras referencias a la posibilidad de que Brasil asistiera a Sevilla databan de 1924. No obstante, parecía difícil que la República estuviera representada en la Iberoamericana puesto que en los círculos influyentes y patrióticos se había desatado una cierta oposición a ello motivada por la ausencia de España en la Exposición del Centenario de Brasil. Además, allí apenas había llegado propaganda de la Muestra. Pese a ello, el Comité siguió insistiendo y, para conseguirlo, hizo una llamada al prestigio nacional, especialmente argumentando la rivalidad entre Argentina, que ya había anunciado su participación, y Brasil.
   Los resultados no se hicieron esperar y ya en 1925 Brasil prometió que asistiría al Certamen. Sin embargo, hasta marzo de 1926 el Gobierno no decidió concurrir oficialmente. Para hacerlo se vio impulsado por la Cámara de Comercio Española en Río en la que se había creado una Junta de Propaganda y Consulta para la Exposición Iberoamericana. Mayor estímulo supuso la Exposición Filadelfia (Sesquicentenial Exposition of Philadelphia), certamen que tendría lugar del 31 de mayo al 30 de noviembre de 1926, para conmemorar el 150 Aniversario de la Declaración de la Independencia Americana. De la Muestra de Filadelfia se obtendría no sólo el crédito necesario para asistir a Sevilla, sino también los materiales a exponer. Concretamente, a propuesta del Ministro de Comercio se presentó en las Cortes una enmienda al presupuesto de gastos, incluyendo en el capítulo destinado a la asistencia de Brasil a la Exposición de Filadelfia una partida para que esta República pudiera también ir a Sevilla; además, Brasil concurriría en la capital andaluza con todo lo reunido en Filadelfia. No obstante, dos cuestiones retardaron la decisión a marzo de 1926: el que España no hubiera asistido a la Exposición de Río de Janeiro y la posibilidad de que Brasil no estuviera presente en Filadelfia.
   En marzo de 1926 el Gobierno de Brasil anunció que tomaría parte en la Iberoamericana, momento a partir del cual diversas empresas particulares empezaron a organizar viajes para estimular las relaciones con la Exposición. Se empezaba a creer que la Exposición sería una vía idónea para establecer vínculos y lograr un acercamiento entre ambos países; por ejemplo, serviría para estimu­lar el transporte entre ambos países pues, en caso de que la Transatlántica estableciera una nueva línea entre los puertos del Norte de España y los del Río de la Plata, se podría hacer escala en Brasil. En cualquier caso, pese a la decisión del Gobierno, quedaba por definir el modo de participación si sería oficialmente o a través de particulares. Diversos colectivos, especialmente la Cámara de Comercio en Río de Janeiro, y el mismo Presidente del Gobierno de Brasil, se mostraban a favor de una intervención oficial. Además, quedaba por resolver cómo sería la asistencia oficial del Gobierno, ¿en un pabellón propio o ajeno? y ¿de forma individual o asociada?
   En Brasil se planteaban distintas opciones; de un lado exponer sus productos en el edificio de los Estados Unidos de Norteamérica; de otro, se veía la necesidad de acompañar a Portugal, su antigua metrópoli con la que, histórica y culturalmente, estaba tan unido. No obstante, la prensa portuguesa se opuso a ello, especialmente el O Século de Lisboa, liderado por el artista Jorge Colaço. En julio de 1926 las Cámaras aprobaron que la República concurriera de forma oficial y en un pabellón propio. Para todo lo relacionado con la Exposición se creó una sección dentro de la Cámara de Comercio de Río de Janeiro. El asunto de cómo sería el pabellón, si permanente o provisional, no se trató en las Cámaras; por el contrario, lo más discutido fue el crédito para la participación del país. El Presidente Brasil, argumentando la importancia del país en América y las posibilidades que la Exposición ofrecía, presentó al Parlamento un proyecto de ley solicitando 3.800 contos -aproximadamente cuatro­ millones de pesetas- para concurrir de forma oficial, elevada cantidad a pesar de que no llegaba a los 5.000 contos (unos cinco millones de pesetas) que en principio indicó que haría.

   Si la Cámara de los Diputados no aceptó la propuesta fue porque, la Comisión de Hacienda estimó la cantidad solicitada, sobre todo teniendo en cuenta el estricto régimen de economía que atravesaba el país. Gracias a las gestiones de la Junta de Propaganda creada en Río de Janeiro, se nombró a una Comisión para estudiar el asunto, de la que formaban parte Liria (miembro de la Comisión de Hacienda) y el Ministro. No obstante, el dictamen definitivo no se obtuvo hasta octubre.
   Aunque el Gobierno ya había anunciado su presencia en Sevilla, las dificultades económicas le hicieron dudar en varias ocasiones. Definitivamente, en enero de 1927 Brasil decide concurrir, "a pesar del criterio de estricta economía", argumentando  "la amistad y afecto que el Presidente de la República profesa a España", aunque en realidad Brasil aprobó su representación por el interés económico.
   Marzo de 1927 marca otro hito fundamental en la participación de Brasil; en esa fecha el Gobierno reafirma su decisión de concurrir con una pabellón propio y de forma independiente, gracias a las gestiones entabladas entre los Ministerios de Agricultura, Industria y Comercio españoles con el de Agricultura brasileño, a través del cual se tramitaban las gestiones para la concurrencia de la República.
   El siguiente paso fue crear una Junta Organizadora, en la que estaban representados los distintos Estados de Brasil. La Comisaría General recayó en Jorge Vergueiro Steidel, representante de Sao Paulo, que había destacado como el gran organizador de la Exposición de 1922. Además nombraron cuatro Comisarios Subalternos, correspondientes a las regiones del centro y Sur dos de ellos y, por ser más extensa, otros dos al Norte. Steidel se mantuvo en su cargo hasta septiembre de 1929 en que fue sustituido por Jorge Vidal al ser aquel designado por su Gobierno para ocuparse de la participación brasileña en la Exposición de Amberes; otra muestra más de la continuidad que existió entre las tres exposiciones de Río de Janeiro, Brasil y Amberes.
   Esta junta hubo de gestionar el crédito para la participación y la asignación del solar para el pabellón nacional, dos cuestiones que resultaron bastante problemáticas porque las dificultades económicas por las que atravesaba el país hicieron reducir en varias ocasiones la cantidad presupuestada, motivando cambios en el carácter de las instalaciones y, consiguientemente, en las propuestas de ubicación.
   Respecto al asunto del crédito, hay que señalar que el Gobierno de Brasil destinó 750.000 contos de reis a la construcción de su pabellón permanente y 500.000 para demás gastos, una cantidad insignificante en relación con la de otras Repúblicas y con la que inicialmente se pretendió. Tengamos en cuenta que la propuesta inicial fueron 5.000 contos, luego rebajados a 3.800, y que en marzo de 1927, dos meses después de reafirmar el Gobierno que asistiría a Sevilla, la Comisión de Hacienda volvió a mermar la cantidad, reduciéndola a un millón y medio de contos de reis, aproximadamente un millón de pesetas. 

 Pese a la grave situación económica, había que salvar la concurrencia armonizando el presupuesto con el deseo de concurrir y las buenas disposiciones existentes por parte del Gobierno y las sociedades económicas del país, para quienes ello no sólo era un deber por la importancia de la República en el continente, sino -a la par- una necesidad dadas las posibilidades económico-comerciales que el Certamen podía ofrecer. Pero por última vez, en mayo el presupuesto se vió reducido. La Comisión decidió que éste fuera de 750.000 contos para la construcción de un pabellón provisional, no permanente como hasta la fecha se había anunciado, y 500.000 para el resto. En total, serían un millón y medio de pesetas. Además, los Estados contribuirían con otra cantidad similar. Así se justificaba la provisionalidad del pabellón:
   "Tenemos la experiencia de otras exposiciones en las cuales hemos jugado un papel importantísimo y no parece más acertado gastar dinero en la traída del mayor número de productos que en la construcción del palacio. El pabellón será por tanto de leve construcción pero de una extensión superficial de 2.500 m2.".
   El segundo asunto conflictivo fue la ubicación del pabellón en el recinto exposicional. Las primeras conversaciones al respecto, que tuvieron lugar en marzo de 1927, vinieron seguidas por la petición al Comité de 1.200 m2 para levantar el pabellón. Este organismo propuso a la legación en Madrid, por medio del Cónsul en Sevilla, Manuel Zapata del Pino, que Brasil construyera su pabellón provisional en un predio inmediato al cedido a Méjico, de 2.500 m2 ., que, dando frente a la Avenida de las Delicias, estaba cercano a la Plaza de la Virgen y al Palacio de Bellas Artes. En mayo el Ministro de Brasil en España lo solicitó para pabellón provisional y el 25 de junio de 1927 el Comisario Paulo Vidal tomó posesión de éstos. Al mes siguiente el Ministro de Brasil vino a Sevilla a recibir el solar.
   Cuando el problema parecía ya zanjado, el Cónsul, en principio a favor de la ubicación en la Avenida de las Delicias, se interesó por un predio en los Jardines de San Telmo, con fachada a la Avenida de María Luisa. De esta forma el pabellón brasileño estaría más cerca del portugués, de acuerdo con la solicitud de la representación oficial portuguesa.
   No obstante, se le negó por haber sido este solar ya cedido a Perú en virtud de la aparente importancia de la fachada, según el proyecto presentado. Además, dado que se había decidido que en los terrenos de San Telmo sólo se edificaran construcciones permanentes, no podía ofrecérsele ningún
solar de los jardines salvo si una vez agotadas todas las peticiones para pabellón permanente, aún quedaba sitio. De momento, únicamente estaba libre el situado entre los cedidos a Perú y Chile, pequeño y de peor calidad.
   El Comité insistía en que se le cederían en las Delicias, junto al pabellón de Méjico, 2.793 m2., pudiendo ocupar las parcelas colindantes para pequeñas instalaciones complementarias y plantaciones de árboles de Brasil a condición de que se respetasen ya existentes, por ejemplo, los plataneros que lindaban con los terrenos de la Plaza de La Virgen para aislar el Palacio de Bellas Artes, y que los del emplazamiento del pabellón se transplantaran a otro sitio. Se hacía hincapié en la impor­tante ubicación e este predio en relación con las construcciones de más interés de la Exposición y su fácil acceso. Brasil desistió de su intento, pero no formalizó la escritura de cesión hasta finales de 1928.

   Una vez que el Gobierno decidió participar, se dedicó a hacer propaganda del Certamen para conseguir la confluencia de expositores: se constituyeron en Río dos Juntas de Propaganda, se realizaron viajes por el país pidiendo a las ciudades del interior del país que remitieran muestras de productos para figurar en la Iberoamericana y se celebró en Sao Paolo una exposición preparatoria de la de Sevilla. Así se consiguió que ciertos estados, como Pará, tomaran parte más activa que otros. Especialmente lo fue la de Pará, Paraná y Bahía. Desde entonces hasta la clausura, El Diario de Sao Paulo se ocupó de recoger las noticias de la Exposición, concretamente el periodista brasileño José Alarcón Fernández. La semana de Brasil dio comienzo el 11 de noviembre de 1929.
Análisis arquitectónico
   El pabellón salió a concurso a mediados de 1927, fallándose al finalizar el año. El trabajó ganador fue el presentado por Pedro Paulo Bemardes Bastos, arquitecto que también realizaría el pabellón brasileño en la Exposición Internacional de Amberes, en un estilo bien distinto.
   Aunque en principio se previó que la construcción debía iniciarse en octubre de 1927, como el concurso de proyectos no se falló hasta finales de 1927, ésta no se pudo comenzar hasta enero de 1928. El Ministerio de Agricultura de Brasil adjudicó la obra a la compañía Vías y Riegos por 749.461'20 ptas. El plazo de entrega del edificio finalizaba el 15 de enero de 1929, fecha que coincidía con la apertura oficial de la Exposición, pero la construcción no se finalizó hasta mediados de febrero de 1929.
   Las continuas alteraciones sufridas por el edificio y la inexistencia de planos del pabellón en los Fondos de la Exposición Iberoamericana han hecho que el análisis del edificio se haya tenido que realizar a partir de fotografías y descripciones de la época.
   El pabellón, según el proyecto inicial, debía tener unas dimensiones de 52 x 52 m., pero la posición del Comité de mantener algunas plantas del solar hizo reducir la superficie a 50 x 50 m. El edificio era de tres pisos: sótano, primero y superior. La planta baja constaba de un gran hall, en cuyo fondo quedaba la doble escalera de acceso al piso alto. El centro del edificio lo constituía un patio de arcos de medio punto con pilastras corintias adosadas, que -rehundido- se proyectó ajardinado para mantener la vegetación existente en el solar que se completó con plantas tropicales. El patio era muy sencillo, de paramentos lisos y encalados sin más decoración que dichas pilastras. En torno a éste, se distribuían las naves, estando las dos laterales y el hall separados del patio central por un claustro. Tras la nave del fondo quedaba una terraza con un estanque ubicado en el eje principal del edificio.
   La planta alta tenía un gran salón central y cuatro alas, dos de ellas con terrazas cubiertas y las otras descubiertas en los extremos. Los sótanos, de 2'8 m. de altura, ocupaban la misma superficie que la primera planta. 

 La fachada  del edificio, que -correspondiente al vestíbulo de ingreso- daba a la Avenida de las Delicias, era su parte más decorada pues las fachadas laterales y trasera del pabellón tenían un tratamiento muy poco pormenorizado. Se dividía ésta en tres calles: la central, que marcaba el eje principal del edificio, y dos laterales, menores en altura, unidas por sendas alas. Toda la fachada estaba coronada por un ondulante y caprichoso alfeizar, de recortada silueta, especialmente marcada en la parte central y en los ángulos.
   La calle central quedaba potenciada por un peristilo semicircular sobre escalinata curva, formado por columnas pareadas de orden compuesto sobre basamento, y con floreros rematando su entablamento. Sobre el arco cóncavo-convexo de acceso al pabellón, en recuerdo de las existentes en los coros altos de las iglesias coloniales del Brasil, Bernardes diseñó una ventana tripartita sobre columnas salomónicas.
   Constaba ésta de un zócalo, en la zona central sustituido por la escalinata del peristilo, al modo de las monumentales escaleras barrocas que precedían los edificios barrocos portugueses y brasileños. El zócalo quedaba interrumpido por los motivos decorativos de las ventanas y los bancos de los extremos. En las alas de la fachada se dispusieron numerosos vanos, en forma de óculos en las partes altas. El predominio de las línea curvas hacía que la composición de la fachada resultara muy decorativa y barroca, especialmente por la moldurada cornisa de remate, sus roleos, las columnas salomónicas y los gallones en los vanos.
Análisis decorativo
   De la ornamentación del pabellón se ocupó el artista F. Brixius auxiliado por Gronem. El edificio estaba muy decorado con rica carpintería a base de maderas brasileñas y trabajos cerámicos.
   El pavimento de todas las salas y de la escalera era de mosaico de maderas de distintos colores, com­binando varios dibujos. Estaban hechos sobre cemento, estando las piezas unidas a éste por medio de tirafondos. El uso de pavimento de madera machihembrada y de tanta calidad no fue algo frecuente en la arquitectura colonial brasileña, aunque en el pabellón se hizo para usar materiales autóctonos. El del salón principal se realizó con madera de Pará.
   También las fuentes de la época mencionan muebles y vitrinas hechos por alumnos de la Escuela de Artífices y una Carta Geográfica de las provincias españolas, de 3 x 4 m. realizada en Brasil con maderas del país. Puntualmente, en claro contraste con sus encalados paramentos, el edificio estuvo decorado con cerámica, técnica de gran tradición en Portugal y Brasil. El pavimento del claustro era de olambrillas con motivos del Quijote.
   De más interés era la ornamentación cerámica del gran arco que, desde el frente central de la nave del fondo, daba acceso a la terraza; realizado sobre fondo verde, aparecía en él la inscripción "Estados Unidos de Brasil'', con el escudo nacional en el centro. A ambos lados quedaban los nombres de todos los Estados Federados: Alagoas, Amazonas, Bahia, Ceará, Marañón, Matto Grosso, Pará, Parahyba, Paraná, Pernambuco, Piauhy, Río Grande del Norte, Río Grande del Sur, Río de Janeiro, San Pablo, Santa Catalina y Sergipe.
   En el frente de la nave lateral derecha del edificio se colocó un cuadro de cerámica polícroma que reproducía la tres cascadas mayores de Brasil. Parece que éste es el que la prensa portuguesa indica que fue realizado por el artista Jorge Colaço, gran ceramista que había decorado los paramentos exteriores del pabellón portugués realizado por los Hermanos Rebelo de Andrade para la Exposición del Centenario de Brasil. Con azulejo sevillano se hicieron los bancos de la fachada y el vestíbu­lo. Las fuentes de época señalan el interés artístico de la gran vidriera que decoraba el salón principal de la nave alta, en la cual aparecía el escudo nacional, las farolas del edificio, en cuyas cuatro caras se alternaban los escudo brasileños y español, y el diorama de Río de Janeiro realizado por el artista Nobauer.
* * * * * * * * * *
Conclusiones sobre el pabellón de Brasil
   La Exposición de Filadelfia contribuyó a favorecer la participación de Brasil en la Exposición. La intervención de Brasil en Sevilla, organizada por la Cámara Española de Comercio en Río de Janeiro, tuvo un carácter eminentemente económico. Por el contrario, se prestó una atención nula a la exhibición de piezas artísticas y mínima al edificio, tanto en lo que se refiere arquitectura como a ornamentación. De este modo, el pabellón sólo presentaba un cierto interés en la fachada, donde se sintetizaban varios elementos de la arquitectura colonial brasileña, como el triple ventanal de los coros altos de las iglesias, óculos, columnas salomónicas, cornisas y frontones ondulantes y de formas caprichosas. La decoración del pabellón, que fue realizada por autores secundarios, salvo Colaço, se vio limitada a la carpintería, especialmente de pavimentos, y a la ornamentación cerámica.
   En lo que respecta a la participación de Brasil, se observa una cierta continuidad entre la Exposición Iberoamericana y la Internacional de Amberes. El autor del pabellón fue también Bernardes Bastos y el Comisario Steidel (Amparo Graciani García, La participación internacional y colonial en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Ayuntamiento de Sevilla, 2010).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón de Brasil para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede del Vicerrectorado de Estudiantes de la Universidad de Sevilla), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Exposición Iberoamericana de 1929, en ExplicArte Sevilla.

martes, 25 de agosto de 2020

El Pabellón de Uruguay, de Mauricio Cravotto Schiavon, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede del Servicio de Asistencia a la Comunidad Universitaria, de la Universidad de Sevilla)


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón de Uruguay, de Mauricio Cravotto Schiavon, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede del Servicio de Asistencia a la Comunidad Universitaria, de la Universidad de Sevilla), de Sevilla.
      Hoy, 25 de agosto, se celebra en Uruguay el día de la Independencia (25 de agosto de 1825), así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Pabellón de Uruguay para la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla.
      El Pabellón de Uruguay para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede del Servicio de Asistencia a la Comunidad Universitaria, de la Universidad de Sevilla) [nº 76 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 26 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se encuentra en la Avenida de Chile, 3; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
   La Exposición Iberoamericana de 1.929 supone la transformación urbana más importante de la ciudad en época contemporánea hasta 1992. El recinto se desarrolla en un entorno ajardinado en el que se disponen arquitecturas singulares que lo monumentalizan: apoyado en el curso del río y en edificios existentes de la importancia de la Fábrica de Tabacos o del Palacio de San Telmo, da forma al deseo de crecimiento hacia el sur que la ciudad ya había manifestado en proyectos como el trazado del Salón de Cristina o El Jardín de las Delicias de Arjona.
   El escenario fundamental es el del sector segregado de los jardines del Palacio de los Montpensier y que constituyeron el Parque de María Luisa en honor de la cesión por la infanta María Luisa de Orleáns, prolongado en el Jardín de las Delicias y a lo largo de la Avenida Reina Victoria (hoy Paseo de las Delicias y de la Palmera) hasta el Sector Sur. Otros edificios dispersos se situaron en los jardines de San Telmo o, en el caso singular del Gran Hotel "Hotel Alfonso XIII- en el Jardín de Eslava.
   El trazado inicial surge como consecuencia del concurso de anteproyectos celebrado en 1911 y del que se eligió la propuesta de trazado unitario presentada por el arquitecto Aníbal González y que, en los que le siguieron (1913, 1924, 1925 y 1928), se fue desfigurando en aras de una implantación dispersa con la intervención de un número más amplio de profesionales. El arquitecto dimitió falleciendo poco antes de inaugurarse el certamen.
   El Pabellón de Uruguay se encuentra, junto al de Chile, en los terrenos de los jardines de San Telmo, espacio desestructurado en su configuración actual que ha quedado descontextualizado de los edificios que aún componen el legado de la Exposición Iberoamericana y el de los Jardines que los albergaban. En estos jardines, además del pabellón de Uruguay, se situaron el casino-teatro de la Exposición (actual Teatro Lope de Vega), y los pabellones de Perú, Chile y Estados Unidos. A ellos se vino a sumar, a finales de los años 90 del pasado siglo, la biblioteca pública Infanta Elena.
   Se trata, por tanto, de un entorno enormemente cualificado, tanto en lo arquitectónico como en lo urbano y lo paisajístico, en el que el pabellón de Uruguay ocupa una posición central, en un solar de forma triangular que se traduce de manera inmediata en la geometría del edificio. Desde un punto de vista paisajístico, su composición encaja dentro del programa de fantasía arquitectónica y nostalgia cultural que marcó la Exposición, compartiendo con el resto de pabellones ciertos rasgos de lenguaje arquitectónico y tipología que resultan característicos de la época.
   La fachada principal del edificio se ofrece hacia la avenida de Chile, vía interior a la manzana, hacia la bifurcación de la calle Uruguay, perpendicular a la mencionada avenida, un espacio urbano caótico, por ser usado fundamentalmente como lugar de estacionamiento de vehículos, en el que no existe atisbo alguno de sensibilidad paisajística, ni siquiera apoyada por una mínima y coherente ejecución material de la urbanización.

   Esta fachada se abre al Norte y corresponde al lado largo del volumen principal del pabellón. Este volumen tiene planta en cruz truncada, con sus dos brazos mayores orientados en dirección Este- Oeste, que se caracteriza por su mayor escala y carga de ornamentación, mientras que el brazo que apunta hacia el Sur se encuentra ocupado por una sala de conferencias. Al volumen principal se acopla el volumen complementario, de dos plantas de altura y planta triangular, apuntando su vértice curvo en dirección Sur, y colocándose uno de sus lados paralelo a la alineación definida por el Paseo de las Delicias. El acople entre ambos volúmenes se realiza al abrazar el volumen de planta triangular el brazo Sur del volumen principal.
   La distinción entre ambos volúmenes también es funcional, albergándose en el principal originalmente los espacios expositivos, de generosas dimensiones, y en el secundario el programa más menudo y compartimentado, fundamentalmente de oficinas. En la actualidad, solamente es posible percibir una idea de la escala generosa del edificio en el vestíbulo central, de planta cuadrada que en la linterna se vuelve octogonal para una resolución de la cubierta en faldones sustentados por vigas de hormigón armado. Las pechinas de esta transición del cuadrado al octógono son de un interesante diseño art decó. En el extremo Este del volumen principal, con acceso desde este vestíbulo, se encuentra una gran sala que sirvió de gimnasio del SADUS en su primera ocupación y que actualmente es utilizada como salón de actos informal. En este espacio se percibe la estructura del edificio, ejecutada en arcos apantallados de hormigón armado, entre los cuales se extienden correas que sostienen la cubierta a dos aguas. La resolución estructural de este brazo, de enorme sencillez, recuerda de manera poderosa a la adoptada en el sevillano Mercado de la Carne. El brazo Oeste, ocupado actualmente por oficinas, se encuentra cubierto interiormente por un falso techo que impide ver la estructura.
   Igualmente, las diferencias en el tratamiento del lenguaje arquitectónico a ambos volúmenes son notorias: el secundario de planta triangular se compone con cánones próximos a la arquitectura racionalista, con huecos simplemente recortados en el paramento. El revoco basto de este paramento, pintado en blanco, así como el empleo de la teja curva en la cornisa intermedia impiden adscribirlo al
movimiento moderno, al que por otra parte también es próximo en su organización completamente pragmática de la planta, y en la resolución curva de su vértice Sur.
   El contraste es notorio con la fachada Norte, donde la composición se atiene a las recomendaciones estilísticas del concurso convocado originalmente. Se encuentra marcada por la predominancia de la portada neobarroca realizada en piedra, en la que se abre un arco rebajado sostenido por dos pares de columnas estilizadas. A ambos lados de cada par de columnas, esta portada se cierra mediante potentes pilastras. La portada queda coronada por un frontispicio mixtilíneo, rematado en su vértice superior por el escudo de la República de Uruguay, bajo el que se encuentra la inscripción ¿URUGUAY?.
   El efecto de monumentalidad de la portada no va acompañado por la simetría de la fachada Norte: en el brazo Oeste, se añade una nave de menor altura que conecta con el espacio de entrada, al término de la cual se sitúa una pieza de vivienda, de una planta de altura con clara organización y volumetría racionalista. Los huecos de esta nave y de la vivienda se abren con arcos de medio punto, y quedan cerrados con rejas de forja de cuidado diseño. En el brazo Este, los huecos del ala son, por el contrario, adintelados.
   Vista desde el exterior, tras la portada se eleva una linterna, de arranque de planta cuadrada que a una altura intermedia pasa a octogonal. Esta linterna se encuentra perforada por huecos de pequeñas dimensiones, con arcos de medio punto, y se cubre mediante una cubierta de teja curva, con faldones convergentes a una cima desprovista de remate. Una crestería corona la cornisa del edificio, si bien se encuentra degradada y ha perdido importantes tramos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
EL PABELLÓN DE URUGUAY: UNA SOLUCIÓN DE COMPROMISO
   Uruguay concurrió a la Exposición Iberoamericana con un pabellón permanente obra de Mauricio Cravotto Schiavon. Pese al escaso presupuesto dispuesto para su construcción, este edificio presenta un doble interés; por una parte el histórico pues hasta la fecha la República contaba con pocas experiencias exposicionales, pero sobre todo el arquitectónico considerando que, de los pabellones internacionales realizados en Sevilla, era éste el que mejor expresaba el conflictivo panorama arquitectónico de Iberoamérica al no corresponder a un Neocolonial puro sino a un compromiso estético entre la tradición y las nuevas tendencias, incorporando incluso algunos elementos de la arquitectura española.
   En aquellos momentos, en Uruguay el Neocolonial tan sólo tenía una fuerza marginal; después de un tímido aunque interesante Art Nouveau, había penetrado muy lentamente en los medios intelectuales y las aulas universitarias y se había propuesto como opción en el Primer Congreso Panamericano de Arquitectura, celebrado en Montevideo en 1920. Por el contrario, en la República la arquitectura racionalista alcanzaba niveles notables ya en la década de los treinta, sobre todo en comparación con la evolución arquitectónica de otras naciones del continente. Quizás -como indica Mariano Arana- se debiera al poco arraigo de la tradición y la casi inexistencia del movimiento Neocolonial, a lo que contribuyó -según Torres Balbás- el ardiente afán de novedades aportado por la migración italiana. Pensemos que, ya en 1926, Juan A. Scasso diseñaba escuelas públicas en estilo racionalista, así como edificios Art Decó (por ejemplo, el Palacio Ranaldini de Montevideo). Eran los años en que se gestaba el llamado Grupo de Montevideo.


 En cualquier caso, el Neocolonial uruguayo era muy distinto al argentino pues no sólo carecía de la fuerza teórica que el movimiento allí si tenía sino que tampoco había existido en Uruguay una arquitectura colonial característica. Por el contrario, dados los orígenes militares de la capital, era ésta una arquitectura demasiado simple, de fachadas lisas, casi sin más ornamentación que las cornisas y las voladas rejas de sus ventanas. Todo ello contribuyó a que, cuando existió el movimiento neocolonialista del país éste fuera demasiado pintoresco lo que, como veremos, quedaría patente en algunos de los trabajos presentados al concurso de proyectos.
Gestiones hacia la concurrencia
   Las gestiones hacia la concurrencia de Uruguay a la Exposición resultaron una de las más problemáticas por no haber participado con anterioridad en otros certámenes. La intervención de Uruguay en la Iberoamericana viene a confirmar un cambio de actitud en la República ante el fenómeno exposicional, sin duda motivado por el esplendor de la muestra de Río de Janeiro donde tampoco había tomado parte.
   En ellas se pueden establecer tres grandes periodos. Como la mayoría de las naciones invitadas en un primer momento, el Gobierno uruguayo se mostró a favor de concurrir. Sin embargo, cuando a partir de 1923, coincidiendo con la agilización de los trámites por parte de Primo de Rivera la cuestión se volvió a plantear, las dificultades económicas dieron pie a unos años de titubeos y manifestaciones muy diversas, durante los cuales los diferentes colectivos se mostraron unos en pro y otros en contra, ante la necesidad de concurrir o no a la Exposición, entonces ya Iberoamericana. Esta segunda fase abarcará desde 1923 hasta junio de 1925 en que el Gobierno decida estar representado en Sevilla. Finalmente el tercer periodo corresponderá los años comprendidos entre 1925 y 1929 durante los cuales las instituciones encargadas de ella, primero el Consejo Nacional de la Administración y más tarde el Comité Organizador, tratarán dos cuestiones que resultaron bastante problemáticas: el carácter y el crédito asignado al pabellón. Sólo una vez solventadas fue convocado el concurso de proyectos. El punto cumbre de esta fase sería la semana uruguaya en Sevilla, celebrada del 15 al 22 de octubre de 1929.
Los primeros trámites (1909-1925)
   Igual que sucedió en la mayoría de los casos restantes, las primeras manifestaciones del Gobierno uruguayo fueron a favor del Certamen Hispanoamericano pues, como señala Eduardo Rodríguez Bernal, en febrero de 1911 el Encargado de Negocios español en Montevideo informó que la República aceptaría la invitación una vez fuera concretado el carácter de la Muestra. Dos años más tarde, las gratas impresiones que el Gobierno nacional obtuvo de la celebración del Centenario de las Cortes de Cádiz en dicha ciudad, le hicieron reiterar su optimismo al respecto. No obstante, la actitud hacia la Exposición cambiará radicalmente cuando en 1923. tras el paréntesis de la Guerra Mundial y con la subida al poder de Primo de Rivera, se retomen las gestiones.
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   Algo más de dos años se tardó en decidir la participación de Uruguay a la Iberoamericana desde que, como las otras naciones iberoamericanas en 1923 la Legación Española invitase al país a exponer de forma oficial o particular los productos de su industria, comercio y ganadería, en un pabellón propio en la Avenida de la Palmera, sin más canon que la tarifa cobrada a exposiciones, o en las galerías construidas al efecto, previo pago de una cantidad en razón directa a a extensión ocupada. No obstante en la República hubo una gran oposición a que la nación estuviera representada en Sevilla pues si en un principio los miembros del Ministerio de Hacienda y las Cámaras uruguayas se oponían a votar los recursos que fueran necesarios para la concurrencia, también se mostraron reacias aquellas instituciones a las que el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República debía pedir un dictamen antes de proponer a las Cámaras los créditos correspondientes: el Ministerio de Industria, la Cámara de Industria de la Unión Industrial Uruguaya y el Consejo Nacional de la Administración.
   De una parte, el Ministerio de Industria, a pesar de reconocer la importancia de la celebración, consideraba que la decisión de concurrir debía posponerse al no existir partidas disponibles para atender de inmediato la participación que, además, no tendría lugar hasta 1927. Por otro lado, para los representantes de la Cámara de Industria de la Unión Industrial Uruguaya, la Ibero-Americana, a la que apoyarían si el Gobierno decidiera participar, como el resto de los certámenes internacionales no tendría fin práctico alguno más que para aquellos países que basasen su exportación en las industrias fabriles y manufactureras y no para Uruguay, que lo hacía en materias primas de demanda universal. Además, era ésta una República de muy poca -por no decir ninguna- tradición exposicional. Incluso dejó de estar presente "pese a la importancia que revistió por su vecindad y el influjo político derivado" en la Exposición Brasileña Internacional de Río de Janeiro en 1922. Finalmente, el Consejo Nacional de la Administración, el más alto poder administrativo del país, decidió no participar, limitándose a exponer "como por compromiso" en las instalaciones generales.

   Ante esta negativa, la colonia española en Montevideo con el embajador al frente organizó una campaña en pro de la concurrencia protagonizada por el español A. Salavarri, que era un redactor de El Día, diario de mucha circulación e influencia en la capital. Al interés de este periódico, se sumaba el del Presidente de la República, José Batlle y Ordóñez (+1929). Sin duda alguna, este hombre, que marcó la vida política del Uruguay durante el primer tercio del siglo como principal protagonista de la democratización y las reformas sociales, comprendía que la modernización económica que su país venía experimentando podía verse estimulada con la participación en un certamen de esta índole que, al tiempo, ofrecía grandes perspectivas para la ampliación de mercados. También favoreció la participación de Uruguay en la Exposición la corriente antipositivista que especialmente en torno a José Enrique Rodó (1871-1917) se desarrollaba en el primer cuarto de siglo, buscando una nueva identidad hispanoamericana, cercana a España y, por el contrario, alejada del mundo anglosajón.
   Gracias a las publicaciones de Salavarri y a los contactos que estableció con legisladores y personas influyentes, el Ministro de Estado consiguió que el 25 de junio de 1925 el Consejo Nacional volviera sobre su acuerdo y considerara conveniente la participación pese al gasto que ello supondría. Como dirá algún miembro del Comité Organizador:
   "El Uruguay, tan estrecha y directamente vinculado a España, no puede estar ausente de una fiesta de tal magnitud, máxime cuando ella le presenta una envidiable oportunidad de hacer propaganda en pro de la producción, ya que serán justamente las poblaciones de los países que pueden hacer mercados a nuestros productos los que formarán el núcleo principal de los visitantes del importante torneo".
   Se había dado un paso adelante. Además de reconocer la importancia de la Exposición, se caía en la cuenta de la oportunidad comercial que se brindaba, sobre todo para ampliar el mercado de la carne en España, exponiendo los progresos de la moderna ganadería uruguaya en unos momentos en que se estaba produciendo el nacimiento de la que sería la principal industria del país, la conservación frigorífica, que empezaba a aplicarse a principios del siglo XX y cuyo pilar básico era la ganadería extensiva de ovino y bovino. Curiosamente, una actitud tan opuesta a la inicial, hace pensar que lo que interesaba a "las conveniencias nacionales en el terreno económico, social e institucional", según se expresaba en la memoria elaborada por la comisión uruguaya a la conclusión el Certamen, no fuese más que un pretexto, fruto de "los intereses particulares de ciertos hombres de empresa" y de personalidades importantes que se beneficiarían de la participación. En ese momento, se encargara a la Comisión Nacional de Defensa de la Producción presentar un informe sobre el modo de concurrir, el cual habría de aprobar el Poder Ejecutivo, es decir el Consejo de Estado y el Presidente del Gobierno. Es a raíz de la decisión de asistir cuando se inicia un período en el que se estrechan las relaciones entre Uruguay y España.
La labor del Consejo Nacional de la Administración y del Comité Organizador (1925-1929): carácter y crédito del pabellón
   De todo lo relacionado con la participación se ocupó el Consejo Nacional de la Administración. Su primer paso fue constituir un Comité Organizador de la Concurrencia que estuvo presidido por Oscar Orozco, con Francisco Torres Insargarat como Comisario General hasta su renuncia en junio de 1929, fecha en que le sustituyó Segismundo López Rueda. Sin embargo, dicho Comité no funcionó con plena autonomía hasta noviembre de 1925. Así pues, la labor del Consejo Nacional de la Administración abarcó un corto período de tiempo, de junio a noviembre, lo suficiente para determinar el carácter permanente del pabellón, los productos a exponer y la cantidad que habría de emplear en sus construcción.
   El 20 de noviembre, casi simultáneamente al inicio de las gestiones para la constitución del Comité, el Consejo solicita al Parlamento recursos para un pabellón definitivo. Con anterioridad, por los problemas económicos de la República, se había pensado levantar un pabellón provisional 50.000 pesos. Pero cuando el Comité trató la cuestión se acordó que éste fuera permanente, más que por razones estéticas porque se consideraba que de esta forma la presencia uruguaya tendría mayor relevancia por la ubicación especial que dentro del recinto de la Exposición se destinaría a los pabellones de carácter definitivo. Además de potenciar el orgullo nacional, la cuestión económica; incluso a la larga, interesaría más el gasto en un pabellón permanente que tras el Certamen pudiera destinarse a "exhibir productos nacionales o a cualquier otra manifestación de propaganda o a otros muchos usos de interés para el país". El edificio sería una construcción económica pero airosa, de pequeñas proporciones (25 x 40 m.), que habría de edificarse con 40.000 pesos de oro uruguayos de los 80.000 pesos que, con un retaceo de 30.000 unidades, el Comité solicitaba para la Exposición en el proyecto  de ley enviado a las Cámaras. Es decir, para el pabellón definitivo se destinarían 10.000 pesos menos de lo que inicialmente se había pensado destinar a uno provisional.
   En estos primeros momentos, al Gobierno uruguayo le despreocupaba la cuestión artística de su participación sin manifestarse respecto al estilo en que habría de levantarse el pabellón. Parecía suficiente una pequeña instalación que, a pesar de su escaso coste, tuviese cierta relevancia. En ella se expondrían una selección de obras de arte, productos rurales, industriales y manufacturados y todo lo que contribuyese a dar una imagen de la administración uruguaya, del aparato militar, la enseñanza y la Iglesia del país. El centro de la muestra lo constituirían los productos pecuarios, no sólo en el pabellón permanente, sino en los dos cobertizos para productos vacunos y laneras que el Consejo Nacional de la Administración se proponía levantar.
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   Una vez determinado el carácter definitivo, el coste del que sería el pabellón uruguayo y los productos a exponer en él, en noviembre de 1925 el Consejo Nacional de la Administración delegó todo lo relacionado con la participación en manos del Comité Organizador de la Concurrencia. A pesar de ello, no fueron éstos las proporciones ni el costo del pabellón definitivo.
   Hasta mayo de 1927, en sesión extraordinaria, el Congreso no aprobó la cantidad establecida. A la indiferencia y oposición hacia la concurrencia mostrada ya desde el principio por muchos de sus miembros se el hecho de que antiguos entusiastas del proyecto, movidos por su orgullo nacional, temían desmerecer frente al pabellón de Argentina; argumentando que el terreno asignado no estaba a la altura que correspondía a Uruguay, insistían en solicitar un local lo suficientemente destacado "para no desmerecer ni desairar sus productos frente a los tan similares de Argentina, su principal rival". Por primera vez, se planteaba que Uruguay no había de conformarse con la mera asistencia. Las opiniones sobre la participación se hicieron eco de las tensiones entre los partidos políticos. Determinados grupos se mostraron siempre reacios a la intervención en el Certamen. Así, en la Cámara Alta los comunistas, consideraban que las exposiciones eran fruto de los intereses de la burguesía y un gasto inútil para la economía nacional, sobre todo cuando al campesino uruguayo le faltaban tierras y medios de trabajo. Oposición ésta que se venció con los argumentos de la importancia moral y la actitud noble y desinteresada de España en cierto incidente sufrido por aviadores uruguayos, cuando en realidad existían fuertes intereses económicos a favor de la participación. Finalmente, en mayo de 1927 el Congreso aprobó la cantidad de 80.000 pesos establecida, que quedó arbitrada por ley de 19 de agosto de 1927. El progresivo interés del Comité por levantar un pabellón de cierta categoría se mostró cuando, un mes más tarde de haberse lanzado la convocatoria de anteproyectos del pabellón éste decide solicitar al Parlamento un refuerzo de 20.000 pesos más, destinándose 75.000 pesos al pabellón permanente que en un futuro se emplearía como Consulado en Sevilla y Biblioteca de América del Uruguay. Pese a su incremento, el Comité se impuso un riguroso plan de economía y cumplió el compromiso inicial ajustando los gastos de su programa a los 80.000 pesos iniciales sin recurrir a los nuevos créditos. Sólo invirtió 70.000 pesos en la construcción, decoración e instalación, de los cuales 65.000 fueron el coste máximo del proyecto arqui­tectónico, según establecía el artículo 22º del concurso de planos para el pabellón.
   En julio de 1927, el Comité Organizador de la Concurrencia gestionó la asignación a Uruguay de 2.300 m2 en los Jardines de San Telmo, concretamente, el espacio triangular que en 1925 se había ofrecido a Méjico como posible ampliación de su solar y que en la propuesta de estructuración de dichos Jardines que se había realizado en marzo de 1927, formaban parte del terreno de los Estados Unidos. Puesto que las bases del concurso de proyectos se habían emitido con anterioridad, en ellas no se contemplaba dicho emplazamiento sino la ubicación del pabellón en una importante avenida de la Exposición (La Palmera); la Comisión uruguaya pretendía ocupar el solar número 7 del recinto a pesar de que el Ministro brasileño, Alves de Araujo, había firmado el contrato de cesión de dicho solar. Sólo quedaban disponibles dos predios del parcelario de San Telmo, los correspondientes a los solares número l (junto al pabellón de Perú, frente al de Estados Unidos y lindante con el de Chile) y 3 (el triángulo terminal finalmente escogido).
El concurso de proyectos
   El 1 de julio de 1927, el Comité Organizador para la Concurrencia convocó a los arquitectos residentes en el país a un concurso de anteproyectos para su pabellón permanente en la Muestra hispalense, a pesar de que aún no se había aclarado la cuestión del crédito. El sistema del concurso público se había iniciado en Uruguay en 1910, siendo calurosamente apoyado en el Congreso Panamericano de Arquitectos celebrado en Montevideo en 1920.
   El pabellón, que habría de destinarse a la exhibición del comercio, la industria y el arte nacional, se destinaría tras la Exposición a Consulado del país en Sevilla (artículo 2º). Instigada por los gerentes de las cuatro empresas frigoríficas del país, la comisión determinó que de los 1.200 m2., construidos que habría de tener el edificio, la sala de mayor proporción -situada en el centro del pabellón- fuera de 192 m2., destinándose a industria frigorífica de carne. Una superficie algo menor, 180 m2., tendrían las dependencias de la Sección de Ganadería e Industrias Afines y la de Agricultura, mientras los cuatro salones restantes (Industria Pedrera, Bellas Artes, Manufacturas y Arquitectura y Arqueología) serían de 120 m2. cada uno. Además, habría que contar con unos espacios destinados a administración e información (90 m2.) y servicios higiénicos (72 m2.). Igualmente, se proyectaría un pequeño local en el sótano para la industria frigorífica.
   Según el artículo 23 de las bases del concurso, a esta cláusula referente a la distribución del conjunto, se añadía una limitación presupuestaria de 65.000 pesos uruguayos. Con relación a la ubicación, se establecía que el pabellón estaría emplazado en una avenida importante. Como la asignación de sus terrenos a Uruguay, no tuvo lugar hasta después haber sido emitida la convocatoria del concurso, el plazo de entrega de los proyectos hubo de ser pospuesto del 3 al 15 de septiembre.
   En las bases (artículo 19º) el Comité Organizador expresaba su deseo de que el edificio armonizara con "los estilos predominantes en el Sur de España, tales como Mudéjar, Morisco, Plateresco, Barroco del siglo XVII, etc. sin excluir por esto aquellos proyectos inspirados en las transformaciones sufridas por los estilos españoles al adaptarse a nuestro medio en la época colonial". No obstante, se premiaría el empleo de materiales originarios del país americano para "exhibirlos formando parte de la construcción" (artículo 23º). Es decir, el carácter Iberoamericano de la Exposición hizo desechar la opción racionalista ya que con esta cláusula se imponía el Historicismo, dando opción a dos estilos: de un lado, un eclecticismo hispánico, de otro el Neocolonial. Como ya señalamos en el análisis de conjunto, la primera de las propuesta (eclecticismo hispánico) vino posibilitada al ser Uruguay un país joven, de escasa independencia intelectual donde apenas existía una arquitectura nacional y por la presión que la colonia española en Montevideo había ejercido.
   Pero la inadecuación entre la arquitectura que se realizaba en Uruguay y la propuesta estilística planteada motivó que esta cláusula del artículo 23º fuera muy criticada por algunos de los arquitectos concurrentes cuyas opiniones acerca de que la elección del estilo había sido errónea fueron recogidas en la prensa:
   "Llama la atención que la precitada comisión imponga como obligatorios unos cuantos estilos originarios del Sur de España, cuando no sólo varios de éstos no se prestan para un pabellón, sino que preci­samente es en España donde se encuentran las maravillosas obras arquitectónicas de esos estilos, entre los cuales, nuestro pabellón, por bueno que fuese no haría sino desmerecer. Así nos lo han expresado varios arquitectos que no piensan presentarse al concurso y por ello lo ponemos en conocimiento de la Comisión ad hoc".
   También la posibilidad de recurrir a un eclecticismo hispánico motivó cierta oposición por parte de arquitectos nacionalistas -como Raúl Lerena Acevedo- que abogaban por "una cultura propia que fortificase e hiciera indestructible el sentimiento de la nacionalidad", propugnando realizar "nuestras obras sin imitar escuelas y modos exóticos, sin renegar de nuestro pasado y sin abatir nuestros espíritus obligándolos a admitir maneras de sentir contrarias a las nuestras". A pesar de las quejas de los arquitectos, el criterio estilístico se mantuvo. Parece que ello se debió a la presión ejercida por la colonia española en Montevideo, que -como tuvimos ocasión de referir- actuó como propulsora y fiel abogada de la participación de la República y a la falta de una corriente arquitectónica definida con fuerza y entidad suficiente.
Los trabajos presentados: opciones neocoloniales
   El jurado, reunido en Montevideo el 24 de septiembre de 1927, estuvo constituido por dos Delegados del Comité Organizador de Uruguay, el Decano de la Facultad de Arquitectura, el Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, un delegado de la Sociedad de Arquitectos, el Jefe de la División de Arquitectura de la Municipalidad y un miembro designado por los participantes. Concretamente, lo integraban Óscar Orozco, los arquitectos Eugenio P. Baroffio, Felisberto Gómez Ferrer, J. Vázquez Varela, Elzeario Boix, José Gimeno y Leopoldo Carlos Agorio. El proyecto ganador, premiado con mil pesos uruguayos, fue el presentado por Mauricio Cravotto bajo el lema Maona. El arquitecto, además, participó con otros dos, denominados Pallota y Pelusa.
   El segundo puesto, con una recompensa de 500 pesos, se otorgó al que trabajo, con que, bajo el lema Teruteru, concurrían Alberto Muñoz del Campo y Carlos García Arocena. Todos ellos eran neocoloniales.
   Como sucedió en las convocatorias realizadas por otros países, la uruguaya resultó de gran éxito. A ella concurrieron diecinueve proyectos. Sin embargo, sólo conocemos el estilo de alguno de ellos a través de la Revista Arquitectura de Montevideo pues, a parte de los tres proyectos presentados por Cravotto no seleccionados que se conservan en el archivo del arquitecto, y el de Alberto Muñoz del Campo y Carlos García Arocena (ganadores del segundo premio), ignoramos la autoría de los restantes proyectos que en su momento también fueron devueltos a sus propietarios. De ellos, no hay más noticia que el lema con el que concu­rrieron: así, se mencionan Eurindia, Tres Marías, dos como Torre del Oro y Chulo.
   Para el análisis de los trabajos pre­sentados por Cravotto contamos con los documentos que se conservan en el Archivo del arquitecto (A.M.C., sección L. l a, Carpeta 17), los cuales fueron puestos a nuestra disposición por el hijo del autor, Antonio Luis Cravotto.
   Cabría plantearse ¿Cómo compatibilizaron los distintos arquitectos su disconformidad con las bases estilísticas del concurso? Por lo que conocemos hubo dos soluciones, en cualquier caso correspondientes a un Neocolonial sin convencimiento ni fundamento teórico. Mientras unos optaron por un Neocolonial aparente y pintoresco como fue el caso de Muñoz del Campo y García Arocena, otros prefirieron enmascarar su nueva arquitectura con leves recursos formales historicistas. Esto sucedió en los tres trabajos de Mauricio Cravotto, Maona, Pallota y Pelusa, y el que, bajo la denomi­ nación de Chulo, "presentaba una interesante adaptación a las líneas estructurales de la arquitectura moderna". Tengamos en cuenta que el pabellón de Uruguay en la Iberoamericana fue la única obra historicista de M. Cravotto, sin duda por imposición programática del Comité.
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   El pintoresco proyecto de Muñoz del Campo y García Arocena estaba inspirado en una casa colonial. La composición de su planta originaba una circulación bien dispuesta, apropiada para un edificio exposicional: un patio central porticado, con cubierta de teja a un agua, servía por tres de sus frentes para distribución de las restantes dependencias del conjunto mientras el otro, se abría a la fachada principal del pabellón. El patio estaba porticada por arcos de medio punto con columnas sobre podio corrido; al fondo, sobresaliente del conjunto, quedaba una sala de testero ochavado destinada a Industrias Frigoríficas, a su izquierda, la Sala de Ganadería y, en el pórtico Norte del patio, la Sala de Agricultura, con idénticas proporciones a la anterior. En el Sur, se dispuso un cuerpo de dos plantas para Salas de Manufacturas e Industrias Pétreas, dos de las dependencias menores que habían de tener 120 m2. de superficie; quedaba la primera de ellas volcada a la fachada principal, la otra a los jardines traseros. El ángulo NO del conjunto, destinado a la Sección Artística (Bellas Artes y Arquitectura y Arqueología), era el más variado en alzados: tras la portada principal de dos cuerpos, sobresalía del conjunto una alta torre-mirador, estaba abierto con arcadas y balconaje por sus cuatro lados. Mediante este juego de volúmenes y disimetrías en planta, consiguieron romper la monotonía característica del estilo colonial en Uruguay. 
   En el proyecto Teruteru de Muñoz del Campo y García Arocena el pintoresquismo de los alzados se lograba no sólo yuxtaponiendo de forma abigarrada múltiples elementos arquitectónicos sino también, mediante un excesivo decorativismo, especialmente en su fachada principal que estaba volcada al Paseo de las Delicias, lo que le valió ser calificado por el tribunal como "un estudio irreprochable de detalle".
   El que un proyecto más avanzado como era el de Cravotto fuera votado por cinco de los siete miembros del jurado y que, resultando el ganador, quedara por delante del de Muñoz del Campo y García Arocena, que estilísticamente encajaba más en la propuesta (o mejor dicho la imposición historicista) del Comité Organizador, no quiere decir que el jurado viera con mejores ojos la propuesta de Cravotto.
   En realidad, algunos de sus miembros que optaron por el proyecto Maona concretamente E. Boix y J. Vázquez Vareta, consideraron que el denominado Teruteru presentaba una composición arquitectónica más acertada "ofreciendo en la diversidad de aspectos y carácter de sus fachadas más armonía con el sitio al que estaba destinado". Concretamente, en opinión de Jacobo Vázquez Varela, el trabajo de Muñoz del Campo y García Arocena:
   "era el mejor de los presentados al concurso, por tener buena composición arquitectónica, bien comprendida la finalidad del edificio, belleza exterior y carácter y que por él votaría para el primer premio si no fuera porque en ese proyecto no se han respetado algunas cláusulas del programa, ...".
   Así  pues, parece que lo que hizo ganar al trabajo de Cravotto no fueron las características arquitectónicas de su edificio, es decir esa combinación de elementos modernos e historicistas, sino el ser el que se ajustaba de forma más estricta a las exigencias del programa frente al incumplimiento de ciertas normas del concurso por parte del proyecto Teruteru.
   Por ejemplo, en contra de lo que establecían las bases, a la Sección Frigorífica no se le había dado una localización central ni la más importante dentro del conjunto; el área edificada era superior a la exigida, dada la profusión de pasillos, pórticos escaleras y pisos. Este último aspecto, así como una excesiva ornamentación, originaba que el proyecto Teruteru excediera considerablemente el monto económico fijado en las bases (65.000 pesos), el límite. Era esto lo que ocurría con la mayoría de los diecinueve proyectos presentados, entre los que el jurado calificó a "seis o siete como reprochables y algunos francamente buenos", pero que en general "pecaban de excesivos, es decir de reclamar más dinero del que hay votado, a los cuales hay que traer a la realidad".
   Por el contrario, el jurado no alabó la combinación estilística que el proyecto de Cravotto sino que insistió en que el presentado bajo el lema de Chulo conseguía adaptarse a las líneas estructurales de la arquitectura contemporánea. Considerando que en la Revista Arquitectura de Montevideo, al mencionar los proyectos presentados se omitió todo comentario sobre aquellos proyectos que no obtuvieron mención alguna, esta alusión puede resultar bastante significativa del interés que había en Uruguay por las nuevas tendencias. Lo que se alabó del proyecto Maona fue el ser éste el único de los presentados que, sin sobrepasar los recursos asignados, conseguía:
   ..."una mayor monumentalidad en su distribución interior, con una planta clara y bien compuesta, de circulación simple, tan necesaria en este género de edificios y con una ordenación de locales, desarrollados todos en una sola planta, que ha llevado al límite el aprovechamiento del terreno impuesto".
   De hecho, la diferencia fundamental entre el proyecto Pallota, también presentado por Cravotto, y el ganador era la distribución de la planta; incluso en ambos se repetía el mismo volumen de cubrición que, tras la portada principal se alzaba, coronaba el espacio central que se destinaba a industrias frigoríficas. El proyecto ganador cumplía también las cláusulas materiales exigidas pues el edificio habría de construirse en hormigón armado (con zonas mixtas de muros de fábrica) y, en ciertos elementos de la fachada, piedra procedente de Uruguay. 
   En cualquier caso, el Comité uruguayo planteó a Cravotto la necesidad de introducir algunas modificaciones en su proyecto, aunque ignoramos cuáles fueron; en enero de 1928 el Comité uruguayo aprobó los planos definitivos del pabellón, a los cuales la Dirección de Obras y Proyectos del Comité hispalense no dio luz verde hasta junio de ese año. Ya en octubre de 1927 se habían iniciado los preparativos para la concurrencia con la llegada de Secades y Caces, Secretario del Consejo Nacional de Uruguay y el Canciller del Consulado de Uruguay en Sevilla.
   Durante la segunda semana de junio de 1928 dieron comienzo las obras que, según lo previsto, se concluyeron en febrero de 1929. La construcción del pabellón, que se realizó en seis meses, fue encomendada a Emilio Conforte, Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas de Uruguay. Al principio se pensó utilizar mármoles nacionales, pero pese a las facilidades ofrecidas por la Compañía de Materiales de Construcción, Francisco Piria y Manuel Naranco, no fue posible porque para el transporte se necesitaba una cantidad superior a la que disponía el Comité.
Autoría: Antonio Mauricio Cravotto Schiavon (1893-1962)
   Antonio Mauricio Rodrigo Cravotto Schiavon, autor del pabellón de Uruguay en la Exposición Iberoamericana, nació en Montevideo el 26 de septiembre de 1893, ciudad donde falleció, a la edad de sesenta y nueve años, el 14 de octubre de 1962, tras una intensa -y como diría su amigo Violich- versátil vida profesional como arquitecto, urbanista y profesor  universitario. Mauricio Cravotto tuvo en vida -y aún hoy- gran renombre en su patria y en América por su labor arquitectónica, urbanística y docente en las asignaturas de Urbanismo y Composición Arquitectónica.
   Hijo de Antonio Cravotto y Angelina Schiavon, ambos naturales de Padua, la tradición cultural que Cravotto y sus hermanos adquirieron ya desde su niñez le hicieron ser hombre de gran sensibilidad la cual evidenció en su producción arquitectónica y literaria (era un excelente prosista) así como en su vastísima cultura plástica, filosófica y musical. Una vinculación con el país mediterráneo que, sin duda favorecida por las buenas relaciones políticas, comerciales y culturales entre ambas Repúblicas, Cravotto mantuvo durante toda su existencia.
   Durante seis años estudió en las Facultades de Arquitectura y Matemáticas de la capital uruguaya, finalizando en abril de 1918 con la obtención del título de arquitecto y la correspondiente Medalla de Oro de la de Arquitectura. Su brillante periplo como profesional de la Arquitectura se había ido evidenciando ya durante su etapa estudiantil, especialmente desde el último año (1917) en que destacó frente al resto de sus compañeros al ganar con su trabajo "Apuntes de Perspectiva Lineal y de Sombras" el deseado Premio Estímulo, que la Facultad de Arquitectura otorgaba a sus estudiantes más brillantes, y obtener una beca de estudios a la Colonia del Sacramento y Buenos Aires.
   Una vez finalizado el período universitario, Cravotto dedicó unos cuatro a continuar su formación en un sinfin de viajes de estudios al extranjero, no sólo por América Latina -concretamente por Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Panamá- sino por Estados Unidos y Europa. Allí visitó Inglaterra, España, Bélgica, Italia y Francia, nación esta última donde realizó unos cursos de Arquitectura y Urbanismo en la Escuela de Bellas Artes de París bajo la dirección de Joseph Pierre Carré; contactos todos ellos, que se fueron incrementando con posterioridad, especialmente a raíz de los viajes de estudios realizados en 1938 a Italia, Alemania y Austria y en 1951 a Italia, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Dinamarca, Suecia, Suiza y España.
   A su vuelta a Uruguay, Cravotto inició su fecunda carrera docente que, desde 1921 hasta 1952, como profesor de Urbanística, Composición Decorativa y Proyectos de Arquitectura, llevó a cabo en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República de Montevideo, donde llegó a alcanzar cargos directivos en unos años en que según Violich dicha Facultad se convertía en la mejor escuela de Arquitectura y Urbanismo de Latinoamérica. A partir de la segunda mitad de los años treinta, precisamente a raíz de la fundación del llamado Instituto de Urbanismo que en dicha Facultad el creó y dirigió, Cravotto fue también adquiriendo un reconocimiento como urbanista en los restantes países de América del Sur, que quedó manifiesto en distintas conferencias y cursos que impartió en Argentina  y Brasil.
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   Era el estilo arquitectónico de Cravotto muy peculiar, quizás gracias a su formación con el profesor francés Joseph Pierre Carré, academicista convencido pero hombre de gran amplitud mental y de excepcional capacidad docente que concedía a sus mejores alumnos grados crecientes de libertad y posiblemente también debido a la atracción que manifestó por lo dados sus orígenes, los continuos viaje que realizó y los contactos que estableció con otros colectivos de arquitectos. Por ejemplo, mantuvo correspondencia e intercambio de información con destacados colegas y amigos como Femando García Mercadal, Enrique Colás Hontán y Gabriel Alomar, españoles; Alberto Sartoris, Luciano Baldessari, Pier Luigi Nervi y Dardo Battaglini, italianos; Gastón Bardet y Robert Auzelle, franceses; Eugen Steinhof y Wemer Hegemann, austroalemanes; Richard Neutra, Francis Violich y Cloethiel Wooddard Smith, estadounidenses y muchísimos iberoamericanos, entre ellos Fermín Bereterbide, Carlos della Paolera, Cortés Pla, Daniel Ramos Correas y Ricardo Humbert, argentinos; Emilio Harth-Terré, peruano; Edvaldo Paiva, Tasso Corréa y Adolfo Morales de los Ríos, brasileños; Carlos Raúl Villanueva, venezolano; Leopoldo Artucio y Rodolfo Amargós, uruguayos en el exterior. Entre tantos, había nombres bien conocidos.
   Cravotto incorporaba en la disposición y el diseño de sus obras sutiles pero evidentes referencias de muy variada procedencia arquitectónica, especialmente italianas, pero también francesas y españolas. Su conocimiento e interés por la Historia de la Arquitectura, también patente en un proyecto de Restauración Ideal de una abadía de la Auvernia, de los siglos XI y XIII y en un famoso ciclo que, sobre la Arquitectura veneciana, en distintas ocasiones repitiera en la Escuela de Arquitectura, no impidieron que Cravotto -quien se autoconsideró hombre de su tiempo y ciudadano de un país nuevo- optara por convertirse en pionero de la nueva arquitectura y del moderno urbanismo, aunque sin ser, precisamente, un racionalista nato. De hecho, hoy, a treinta años de su muerte, es considerado dentro y fuera de las fronteras uruguayas, junto con su rival y amigo Julio Vilamajó (+1948), precursor y maestro de la arquitectura renovadora del país y uno de los principales integrantes del llamado Grupo de Montevideo.
   Como arquitecto, a parte de las numerosas viviendas que realizó, en gran mayoría en Montevideo -aunque también en otras localidades, algunos edificios para instituciones y empresas privadas como el Rowing Club de Montevideo (1933), fábricas (Hnos. Barrera, Montevideo, 1930), hoteles (H. Rambla, Pocitos, 1931-1936) y estaciones de servicio (Ipata, Montevideo, 1926 y 1930).
   La principal obra de Cravotto, aunque quedara inconcluso y alterado con mucho el proyecto inicial, fue el Palacio Municipal de Montevideo, edificio que, iniciado en 1936, no se finalizó hasta bastantes años más tarde, en 1962. En realidad, en el concurso público internacional que para otorgar el proyecto se celebrara en mayo de 1924 Cravotto obtuvo el segundo premio, quedando el primero desierto, pero, años más tarde (noviembre 1929 - septiembre 1930), en convocatoria de segundo grado, fue su trabajo el que obtuvo el máximo galardón. Incluía, no sólo los detalles puramente constructivos del edificio sino el tratamiento de calles, plazas y el área ajardinada de su entorno. Al fin y al cabo, como señala Violich, el entendimiento entre la Arquitectura, el Urbanismo y los espacios ajardinados era una característica común al llamado Grupo de Montevideo.
   La producción de este arquitecto y urbanista, incluyendo sus proyectos irrealizados merecería un detallado estudio que no es nuestro objetivo realizar; no olvidemos que Cravotto presentó sus trabajos a la mayor parte de los concursos -algunos internacionales- convocados en Uruguay durante esas fechas, obteniendo varios segundos y terceros premios, recompensas y menciones honorífica. Ello sucedió en el Palacio Salvo (recompensa, agosto, 1922), donde curiosamente luego la Comisión Uruguaya del Certamen convocó a los expositores nacionales que concurrirían a la Muestra hispalense, la Aduana de Montevideo (mención, marzo de 1923, con R. Amargós y J.A. Rius) o la misma Facultad de Arquitectura (tercer premio, 1938).
   Entre los proyectos de edificios, que concebidos para la capital no fueron finalmente realizados, cabe señalar la Tienda London París (París, 1920), el edificio Sanz (1924) y la vivienda de C. A. Colombo (1922).
   Como urbanista, Cravotto destacó por ser el primer gran profesor de esta materia en Iberoamérica y fundador, en 1922 del primer curso regular de Trazado de ciudades y Arquitectura Paisajista en el que incorporó las nuevas doctrinas del "Urbanismo Técnico" de su maestro en la Escuela de Bellas Artes de París, el arquitecto Léon Jaussely. Sus cursos, constantemente actualizados y enriquecidos, fueron seguidos por treinta generaciones de estudiantes, arquitectos e ingenieros, de lo cuales muchos tuvieron luego destacadísima actuación como arquitectos y urbanistas en Argentina, Brasil, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Paraguay, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela. Entre ellos podríamos destacar a B. Jones-Odriozala, Martínez Serra, Lucchini, Gatto, de los Campos, Puente, Tournier y Barañano.
   Cravotto fue uno de los más importantes impulsores del Instituto de Urbanismo de la Facultad de Arquitectura. Desde su creación en 1939, esta institución que Cravotto dirigió durante mucho tiempo consiguió exponer de forma clara, especialmente mediante la publicación de un boletín regular, los problemas urbanísticos más significativos del país, tales como la necesidad de mejorar el programa de viviendas para toda la República.
   En opinión de Violich, para quien Mauricio Cravotto demostró tener un conocimiento excepcional de las ciudades de ambas partes del mundo, era éste uno de los técnicos y maestros del Urbanismo de más nivel. Consideraba fundamental los estudios de Geografía en sus variantes Humana, Social y Política; Cravotto coincidía con Juan Scasso en que, además de la topografía, el análisis de la evolución de los asentamientos urbanos, la Geografia Humana y los efectos de la actuación del hombre sobre el terreno, eran elementos fundamentales para cualquier estudio urbanístico y, por tanto, para el de Montevideo. Sus ideas se basaban en el pensamiento de Lewis Munford, que el autor expusiera en su obra The Culture of Cities, en la Geografia Humana de Pierre Deffontaine (Libraire Gallimard, París) y París y son Evolution Creative de Marcel Poéte.
   Entre los muchos trabajos y proyectos urbanísticos realizados por Cravotto, destaca -ya en sus primeros años- el Centro de Artes del Parque de los Aliados en Montevideo (1922- 1928). Su labor en el campo de la urbanística hizo que en 1930 fuera, junto a otros arquitectos, el encargado de realizar el Anteproyecto del Plan Regulador de Montevideo, encomendándosele, tres años más tarde, el posterior informe sobre dicho plan, y -ya en la década de los cuarenta, fuera de las fronteras nacionales- el Plan Regulador de la Ciudad de Mendoza, en Argentina. Un año antes de su muerte, Cravotto había esbozado el Plan Regulador de la ciudad de Mercedes, en el Departamento de Soriano (1960-1961).
   Sus experiencias, opiniones y concepción de la Arquitectura y el Urbanismo quedaron plasmados en una serie de conferencias y artículos que Cravotto publicó en revistas de Montevideo (como Revista Nacional, I. U -Revista del Instituto de Urbanismo-, Anales de la Facultad de Arquitectura, Anales de la Universidad, Arquitectura, Boletín de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay), Buenos Aires (Summa y Revista de Arquitectura), Nueva York (The Architectural Forum) y una gran cantidad de periódicos de Uruguay, Argentina, Brasil, etc.
Análisis arquitectónico
   Las estrictas condiciones económicas del proyecto llevaron a Cravotto a concebir el pabellón de una sola planta, para lo cual hubo de llevar al límite el aprovechamiento del terreno disponible y adoptar una extraña forma casi triangular que se adaptara lo más posible a la estructura del terreno. Por ello, el pabellón constaba de un cuerpo central con hall y dos salas laterales por su frente; al fondo, otras dos salas, unidas por un hemiciclo. Es decir, la planta del pabellón de Uruguay yuxtaponía dos piezas bien diferenciadas. Una longitudinal y transversal, en sentido paralelo a la fachada que estaba constituida por un cuerpo bajo que, con frente a la fachada principal y a la derecha de la entrada, lo integraban dependencias secundarias y menores y, además por las salas más importantes del edificio.
   Tras la Sala de Informes, que paralela al eje de la fachada se habría al exterior por triple ventana, quedaba un cuerpo de proporciones cúbicas, con doble vano, destinado a Administración del edificio. La monumental entrada al pabellón comunicaba directamente con la sala central de Industrias Frigoríficas.
   Pese a no ser el elemento central del edificio la cubierta del vestíbulo, que iba sobre trompas, era la parte más sobresaliente del conjunto, actuando como su coronamiento. A la izquierda, en forma con su vértice angular para adaptarse a la disposición del solar asignado, quedaba la Sala de Ganadería, abierta a la fachada principal por cuatro parejas de altas ventanas adinteladas.
   Aunque sin llegar a perder esa sensación de simetría, supo Cravotto realizar una hábil combi­nación de las salas de distintas proporciones. El último módulo de la Sala de Manufacturas, que quedaba a eje de la de Industria Frigorífica, en el lado opuesto a la de Ganadería, fue sustituido por un pórtico o mirador abierto sobre cuatro pilares.
   La segunda pieza del conjunto consistía en un cuerpo trasero en forma de triángulo equilátero, cuyo centro lo ocupaba un local en forma de hexágono irregular destinado a productos agrícolas. Como bien señala José Carlos Babiano, este espacio apuntaba un patio central que no existía como tal pero que se señalaba tímidamente en las cubiertas.
   En tomo a él quedaba un deambulatorio perimetral, formado por dos largos e idénticos salones, de siete metros de crujía, el de la derecha para bellas artes, el de la izquierda para arqueología. En el espacio final del triángulo, que terminaba en proa, quedaba la Sala de la Industria Pétrea. Hábilmente, Cravotto logró aprovechar incluso los espacios resultantes de la unión de ambos trazados, colocando  los aseos en los ángulos originados por el cruce de la diagonal de las galerías perimetrales y la horizontalidad de la fachada principal del edificio.
   No cabe duda de que, junto a la asimétrica distribución  de sus salas, lo más conseguido de la planta proyectada por Cravotto fue la existencia de una circulación simple que, como era tan necesa­ria a este tipo de edificación, respondiera a una ordenación lógica. Un último aspecto de interés era la sabia combinación de líneas rectas -diagonales horizontales-y curvas. La línea curva, en el extremo final del edificio y en el pequeño cuerpo lateral anexo a la entrada, pudiera ser un intento por parte del arquitecto de dar, como señala J. C. Babiano, una cierta gracia a la composición introduciendo ese volumen que termina en un cuerpo semicilíndrico para conseguir un efecto de arquitectura improvisada o popular que le acerca a las haciendas coloniales del Uruguay. No obstante, por lo que ya se ha indicado, parece demasiado aventurada la afirmación de este autor para quien ese cuerpo fue "lo único que hizo ganar el primer premio al Sr. Cravotto, al adaptarse a los gustos de un Comité que no era, ciertamente, de expertos en la materia".
   Por imposición del programa del concurso (artículo 19 de las bases), Cravotto hubo de introducir algunas referencias historicistas en los tres proyectos que presentó. A diferencia del proyecto de Muñoz del Campo y de García Arocena no eran éstas únicamente neocoloniales, sino que también las había a la arquitectura española. Por tanto era la suya una situación de compromiso entre el Eclecticismo y el Neocolonial propuesto en las  bases  del  concurso y sus preferencias racionalistas mediante la cual Cravotto, como arquitecto renovador, quiso señalar sutilmente su desacuerdo con la imposición historicista.
   Estos escasos detalles se centraban en la fachada principal del pabellón, la parte más decorada del conjunto, especialmente en la portada y las dependencias auxiliares que había junto a ella. Su arco de medio punto quedaba flanqueado por sendas columnas corintias a cada lado con sus correspondientes ábacos, las cuales delimitaban dos pilastras vegetales.
   Las ventanas con rejas con las iniciales de la República Uruguaya (RU), daban una nota de sabor colonial al conjunto, convirtiendo -a nuestro parecer- este ángulo en el foco más evocador de la tradición del conjunto. En todo el perímetro del pabellón, sobre las cornisas, dispuso unas cresterías de evidente recuerdo tardogoticista. Estos rasgos y elementos hacían que tan leve Historicismo no fuera en el pabellón más que una máscara de vanguardia y modernidad, puesto que las referencias a lo hispánico no aparecían en el interior, donde domina una fuerte estructura de hormigón armado. Incluso, podríamos decir que la volumetría externa del edificio tiene poco de historicista a pesar de sus cubiertas de tejas.
   Por una solución de compromiso similar optaría años más tarde, cuando en 1929-30 al presentar sus proyectos para el Palacio Municipal (Ayuntamiento) de Montevideo, en cuyo programa de segundo grado recomendaba emplear para las fachadas ''formas de arraigo", para no quedar fuera en un concurso en el que competían proyectos "modernos" y académicos (en la línea del Municipio de Nueva York), se resignó a adaptarle a su primer proyecto una fachada mucho más convencional, proponiéndose si ganaba el concurso -y así lo hizo- regresar a su primera concepción que, aunque incluía una columnata central, en cuanto a su volumetría y tratamiento formal no se refería en modo alguno a un estilo histórico determinado.
   Podemos concluir diciendo que es el pabellón un edificio ecléctico, lo que -como señala Ramón Gutiérrez- era una constante en Cravotto y en otros autores racionalista de la época, entre ellos Vilamajó, o Palanti-. Resulta fruto de "una actitud creativa diversa que carece de prejuicios para el diseño formal y se basa en las primicias de la búsqueda de la funcionalidad y la necesidad expresiva y, en último caso, en la monumentalidad y la grandilocuencia".
Contenido expositivo
   No cabe duda de que la Muestra hispalense vino a fomentar los intercambios culturales entre ambos países. Prueba de ello es que, poco antes de la inauguración de la Iberoamericana, desde el 23 de abril al 7 de mayo, es decir a sólo dos días de la apertura, se exhibieron en el Hotel Alfonso XIII: las obras del escultor uruguayo Amadeo Rossi Magliano en una exposición que, auspiciada por el Excmo. Ateneo de Sevilla, recorrió varias ciudades de España. Entre las piezas expuestas la prensa de la época destacaron dos alegorías femeninas presentadas bajo el título Serenidad, Mi madre y Espíritu, esta última realizada en mármol.
   Según lo dispuesto en el programa exposicional aprobado por el Comité uruguayo ya desde su creación, una de las trece secciones de la exhibición era la denominada "de Arte Nacional", que comprendía escultura, pintura y dibujos de artistas del pasado o contemporáneos.
   Las secciones fueron las siguientes: 1. Exhibición de carnes frigoríficas y subproductos en cámara frigorífica especial; 2. Exhibición de un lote de novillos en pie seleccionados y de fotografías de grandes rodeos. Se exponían también vistas cinematográficas de grandes estancias y de todas las operaciones que se realizan en el campo, embarque de ganado, etc.; 3. Industrias derivadas de la ganadería; 4. Lanas; 5. Agricultura. Demostración de la producción cerealista; 6. Servicios oficiales de fomento y defensa de la ganadería y la agricultura; 7. Films cinematográficos; 8. Industria de mármol nacional y granitos; 9. Desarrollo de la instrucción pública y la enseñanza industrial; 10. Obras públicas; 11. Asistencia pública y servicios de legislación social; 12. Arte Nacional: escultura. pintura y dibujos; 13. Manufacturas nacionales.
   Parece que el Comité encontró dificultades a la hora de disponer de expositores porque la Exposición parecía no ofrecer a los industriales suficiente interés económico para compensar su esfuerzo. Con objeto de facilitar la concurrencia de los industriales, el Ministerio de Industrias organizó una gran exposición en el Palacio Salvo, donde el Comité seleccionó gran parte del material. Gracias a esta iniciativa y a la intensa y activa propaganda de los miembros de este Comité, se pudo obtener una concurrencia tan amplia como la que se recoge en la memoria de la participación uruguaya.
   Para la selección de las piezas de la época se abrió un concurso público, cuyo jurado fue también el encargado de indicar qué obras de las ya adquiridas con anterioridad por el Estado y las existentes en dependencias del Consejo Nacional, se exhibirían en Sevilla. El Director Artístico del pabellón fue el escultor Rossi Magliano.
   La memoria del pabellón uruguayo recoge los artistas que expusieron en el edificio, aunque sin indicar con qué obras lo hicieron. Entre los pintores, se mencionan a: Pedro Blanes Viale, Ernesto Laroche, Alberto Dura, César Pesce Castro, C. R. Rúffao, Mario Angélice Alvarez, Domingo Puig, Romeo Paletti, Carmelo de Arzadum, Alfredo Francisco Collazo, Carlos W. Aliseris, Luis Setembri, Dolcey Schenone Puig, Carlos Castells, Alfredo de Simone, Angel A. Flangini, Domingo Bazzurro, Agustín Escurra, Nicolás J. Urta, Pascasio Odiozabal, Ana Obiol de Muñoz, Juan Peluffo, Eduardo Gerona, Alba Padilla, Luis Queriolo Repetto y Antonio Pena. Como escultores se refieren los siguientes: J. Luis Zorrilla de San Mrtín, Federico de Escalada (hijo), José Belloni, Ema Náceres, Alberto Marino Chan y Carlos W. Aliseris. El pabellón estuvo ambientado con las piezas musicales de Eduardo Fabini, Luis Cluzeau Mortet, Alfonso Brocqua y Luis Sambucetti.
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Conclusiones sobre el pabellón de Uruguay
   Tras 1925 se observa también en Uruguay una revalorización de la Iberoamericana, especialmente impulsada por la colonia española en Montevideo, el periódico El Día y el Presidente Batlle. Hasta el momento las gestiones habían sido bastante lentas por la escasa experiencia exposicional del país y su difícil situación económica.
   Los problemas económicos de Uruguay son básicos para comprender cómo fue la concurrencia de la República a la Exposición, motivando la tardía respuesta sobre la participación, la oposición de diversos colectivos nacionales a construir un pabellón propio, dificultades al establecer el presupuesto de la edificación, la selección del proyecto de Cravotto y el enfoque eminentemente económico dado a la asistencia uruguaya, despreocupando, por el contrario, la cuestión artística.
   En la participación uruguaya, hubo un desinterés por los aspectos artísticos frente a los económicos; si finalmente Uruguay optó por concurrir en un edificio permanente y no provisional fue tan sólo para asegurarse su presencia dentro del área de edificaciones permanentes y para no tener que pagar canon de ocupación por los terrenos al dar a sus instalaciones un uso posterior de Consulado. Esta primacía de los económico justifica que en las bases del concurso se exigiera que en el centro del edificio se ubicara la Sala de Industria Frigorífica de Carne, mientras que la de Bellas Artes sería una de las cuatro menores.
   Pese al desarrollo alcanzado por la nueva arquitectura en Uruguay, la Comisión nacional impuso construir un pabellón historicista por el carácter iberoamericano de la Exposición, la presión de la colonia española en Montevideo y por ser éste el estilo general de la Muestra. Se impuso un Historicismo sin propósitos nacionalistas pues se ofrecían dos posibilidades: Un revival de cualquier estilo español o, en todo caso, un pabellón ecléctico que incorporara rasgos neocoloniales. La preferencia de la Comisión por un Historicismo hispánico frente a un Neocolonial en consecuencia de tres hechos. De una parte, la escasa tradición arquitectónica nacional de Uruguay que, a diferencia de lo que sucedía en otros países, propiciaba el mantenimiento de historicismo extranjerizante sin dar paso, a un estilo nacionalista. En segundo lugar, la poca fuerza que el Neocolonial tenía en Uruguay, donde éste carecía de fundamentos teóricos y sólo se producía por influjo de Argentina un estilo muy pintoresco. Finalmente, el papel que la colonia española de Montevideo jugó en la participación de Uruguay en la Iberoamericana y en el Comité Organizador. La imposición no correspondía a la arquitectura que se realizaba en Uruguay como demuestran las críticas de algunos de los arquitectos concurrentes y las propuestas de compromiso que ofrecían proyectos como los de Cravotto y el presentado bajo el lema Chulo.
   La convocatoria uruguaya resultó un gran éxito en cuanto al número de proyectos presentados. En líneas generales hubo dos tipos de proyectos, los neocoloniales aparentes y pintorescos (Teruteru de Muñoz del Campo y García Arocena) y los que enmascaraban una nueva arquitectura con recursos formales historicistas (Maona, Pallota y Pelusa de Cravotto y Chulo).
   Lo que hizo ganar al trabajo Maona (presentado por Cravotto) y no al proyecto Teruteru (de García Arocena y Muñoz del Campo) que, por el contrario se adecuaba más a las bases estéticas, fue el ser éste el único que se ajustaba a las restantes cláusulas del programa y, especialmente, que no sobrepasaba los límites económicos. Junto al factor económico, la principal aportación del trabajo premiado fue la distribución y no cuestiones estéticas pues de hecho existían múltiples similitudes entre los tres proyectos de Cravotto.
   El pabellón de Uruguay fue realizado en un neocolonial de compromiso por las siguientes razones: a) en su conjunto no es una ora historicista pura pues sólo incorpora algunos detalles en la fachada, sin haber ninguna referencias en el interior, donde domina una estructura de hormigón armado; b) Es la única obra de Cravotto con alusiones historicistas y no lo fue más que por imposición de las bases del concurso y; c) Auna las dos posibilidades estilísticas ofrecidas en ellas para enmascarar el pensamiento estético del autor pues, a diferencia de Muñoz y García Arocena, Cravotto introdujo referencias no sólo neocoloniales sino también a la arquitectura española (Amparo Graciani García, La participación internacional y colonial en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Ayuntamiento de Sevilla, 2010).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón de Uruguay, de Mauricio Cravotto Schiavon, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede del Servicio de Asistencia a la Comunidad Universitaria, de la Universidad de Sevilla), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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