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viernes, 17 de noviembre de 2023

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción; Ermita de San Vicente Mártir; Ermita del Santo Sepulcro; Ermita de la Divina Pastora; Ermita de San Blas; Estación Nueva; y Casa Cilla) de la localidad de Zalamea la Real (I), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción; Ermita de San Vicente Mártir; Ermita del Santo Sepulcro; Ermita de la Divina Pastora; Ermita de San Blas; Estación Nueva; y Casa Cilla) de la localidad de Zalamea la Real (I), en la provincia de Huelva.
Ubicación
     Situada en la Cuenca Minera, comarca natural del Andévalo,
Reseña histórica breve
     En torno a esta localidad se han creado diversas leyendas como la que hace referencia a la fundación de la población por unos mercaderes del Rey Salomón, en el primer milenio antes de Cristo, quienes la llamaron en su honor "Salomea" o la que habla de que una hija de este Rey se bañó en la Fuente del Fresno.
     Hay indicios de establecimientos de población se remontan del Período Calcolítico, como el yacimiento arqueológico de los "Dólmenes de El Pozuelo", de monumentos megalíticos de carácter funerario, que datan del 2.800 y el 3.000 a.C.
     En la época romana, la población se denominó "Callenses Aenanicci" (lugar en el camino del cobre) por la cercanía de las Minas de Riotinto.
     Durante la dominación árabe se llamó "Salamun" o "Salameh" (lugar saludable).
     Reconquistada en tiempos de Fernando III el Santo, en el siglo XIII, fue invadida por los musulmanes en varias ocasiones, hasta que Alfonso X el Sabio la ganó y donándosela al Arzobispado de Sevilla. Su nombre se castellanizó pasando a ser "Zalamea".
     En el siglo XVI el rey Felipe II le otorgó una Carta de Privilegios, y pasó a llamarse Zalamea la Real.
     Zalamea se convirtió en cabecera de una gran comarca, con actividades agrícolas, ganaderas y una floreciente industria artesanal de cueros, cera y lino.
     Durante el siglo XIX, se independizó el poblado minero de Minas de Riotinto y la aldea de Riotinto.  En este siglo las explotaciones mineras produjeron numerosos enfrentamientos por la "cuestión de los humos de Huelva", que culminó en una manifestación de agricultores y mineros, que se encontraban en ese momento en huelga, que fue duramente reprimida por el ejercito, produciéndose centenares de muertos y heridos.
     En el siglo XX tuvo un auge demográfico debido fundamentalmente al auge de la agricultura y la ganadería, así como a  la explotación de las minas de Riotinto.  Durante la II República, en 1931, se emancipó la aldea de El Campillo.
Patrimonio artístico y cultural
     Los Dólmenes de El Pozuelo, del 3000 d.C.
     Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVII.
     Ermitas de S. Vicente, S. Blas, Divina Pastora, Santo Sepulcro.
     Ermita de la Pastora.
     Ermita de San Silvestre.
     Plaza de Toros de Zalamea la Real.
Fiestas y tradiciones
     Fiestas de San Vicente, fin de semana cercano al 22 de enero.
     Fiestas de San Blas, en febrero.
     Semana Santa. Marzo-Abril.
     Fiestas de El Romerito, segundo fin de semana de mayo.
     Verbena de San Juan, el 25 de julio
     Feria de Zalamea, primer fin de semana de septiembre.
     Día de las Candelas, el 7 de diciembre.
Recursos económicos y sociales
     La ganadería, la cría de caracoles, las fábricas de aguardiente las de chacinas junto con un creciente turismo rural conforman la base de la economía del lugar.
Gastronomía
     Destacan las migas y el potaje de gurumelos. La repostería zalameña ofrece las rosas del Buitrón, las torrijas, los buñuelos y los roscos (Diputación Provincial de Huelva).
     Es esta localidad la de mayor tradición histórica de la comarca y corresponden sus testimonios más antiguos al conjunto dolménico de «El Pozuelo», uno de los más importantes de la provincia, datable en el III milenio a. de C. La riqueza minero-metalúrgica atrajo a los romanos desde el siglo II a. de C, que explotaron intensivamente las minas con el empleo de esclavos y tecnología muy desarrollada. Así lo atestiguan los yacimientos de La Mimbrera, Buitrón, Corchito, Cabezo de la Cebada, Las Esparragueras, etc.
     Del periodo musulmán data su topónimo Salamun o salameh que viene a significar algo así como lugar pacifico o saludable. Reconquistada a mediados del siglo XIII, es cedida en 1280 por el rey Alfonso X «El Sabio» al Arzobispo de Sevilla, denominándose entonces Zalamea del Arzobispo. Bajo dominio eclesiástico permanecerá  hasta el año 1592, en que los vecinos compraron su independencia y se anexionan a la Corona, añadiendo a su topónimo el de «Real». Había sido el XVI, siglo de gran prosperidad para Zalamea, conservándose de 1535 unas Ordenanzas Municipales muy precisas para el gobierno de la villa. Las guerras con Portugal, en el siglo XVII, truncaron este periodo de bonanza, huyendo parte de sus vecinos a poblaciones más seguras en el interior. La recuperación se inicia a comienzos del siglo XVIII continuando en la segunda mitad del XIX, tras la ocupación francesa y las desamortizaciones, con la eclosión minera que comienza en 1873, una etapa trascendental cuando un consorcio británico, compra al Estado las minas de Riotinto y las convierte en uno de los mayores complejos mineros del mundo (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Zalamea la Real, fue en su día el núcleo a partir del cual surgieron todas estas poblaciones.
     Es, como todos los de la zona, un pueblo esencialmente minero. La población se extiende sobre unas lomas rodeadas de encinas. Entre los tejados rojos de las casas sobresale la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, templo construido entre los siglos XVI y XVII. Tiene plaza de toros y en sus proximidades se encuentran los dólmenes del Pozuelo y el poblado de Chinflón, del Bronce final.
     En Zalamea se produce un excelente aguardiente con el que matan el "gusanillo" mañanero los mineros de toda la comarca.
     La carretera prosigue ahora por un territorio sensiblemente más llano. Quedan atrás las minas y reaparecen los ralos bosques de pinos y de eucaliptos.
     A un lado y a otro surgen bifurcaciones que llevan hasta pequeñas aldeas de apenas un par de cientos de habitantes dependientes de Zalamea: Membrillo Alto, El Pozuelo, El Buitrón. Son núcleos de población cuyo único interés es el paisaje (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).


Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
     Se trata de una iglesia columnaria de tres naves cubiertas con bóvedas a la misma altura, con testero plano, disponiéndose la torre a su derecha y la sacristía y la capilla sacramental a la izquierda. Es excepcional en el edificio el gran desarrollo longitudinal de la planta, que incluye hasta seis tramos, y la gran esbeltez de las columnas tosca­nas de su interior.
     La historia constructiva de este edificio es compleja y no se conoce con detalle. En origen, debió existir un primer templo mudéjar, que a mediados del siglo XVI comenzó a remodelarse. Las obras se iniciaron, como es habitual, por la cabecera, donde se empleó como aparejo constructivo una buena mampostería reforzada con sillares. Integraron este sector los dos primeros tramos de la iglesia actual, con sus bóvedas ner­vadas sobre columnas toscanas de cantería y sus correspondientes pilastras murales, elementos todos ellos vinculables estilísticamente con la labor del arquitecto Hernán Ruiz II o de sus inmediatos sucesores.
     Esta primera etapa concluyó con la construcción de la monumental torre, cuyo campanario sigue simplificadamente el esquema de la Giralda en la compartimentación de los vanos y en el empleo de azulejos como refuerzo decorativo del diseño arquitectónico. En el dintel de una de sus ventanas bajas aparece la inscripción «1606 AÑO».
       A mediados del siglo XVII las obras debieron interrumpirse, quedando este sector como cabecera del antiguo templo medieval aún no derruido. Así permanecería el edificio hasta finales de esta centuria. Sabemos que en 1699 la iglesia antigua se encontraba ruinosa. Por ello en 1701 el maestro mayor del Arzobispado Pedro Romero se desplazaba hasta la población para reconocer el estado del edificio. En su informe declaraba que dos de las fachadas se habían desplomado y que los tejados amenazaban ruina. No obstante, advertía que se conservaban bien la media na­ranja, la capilla mayor, el sagrario y la torre. De ello se desprende, que sólo estaba en buen esta­do el sector renovado en la segunda mitad del siglo XVI.
     Posteriormente, varios alarifes, entre ellos Pascual González, maestro de obras de Fregenal (Badajoz), consideraron poco aprovechable la obra y muy costosa su restauración, por lo cual se decidió derribar la parte antigua y continuar el plan de la iglesia renacentista columnaria. Los trabajos se iniciaron en abril de 1704 pero se interrumpieron en 1708. Posiblemente, la falta de recursos económicos y la celeridad del proceso provocaron la mala calidad técnica de esta reconstrucción, cuyas columnas ya no se labraron en cantería, sino en mampuesto revocado y en cuyos muros se integraron fragmentos completos de materiales de derribo aún hoy visibles. Igualmente, las cubiertas se resolvieron con un simple tejado a dos aguas, oculto desde el interior por bóvedas de tabicado.
     En este sector se emplearon estribos de planta semicircular, que tal vez reproducían los del primitivo templo mudéjar, y se labraron las portadas laterales de ladrillo y sencillo diseño clasicista, formadas por vanos adintelados entre pilastras y entablamento con frontón y pináculos.
     En el año 1743 se añadió una nueva sacristía en el lado izquierdo de la cabecera, que vino a sustituir a la antigua, localizada bajo la torre. Consistió en un ámbito rectangular constituido por dos tramos cubiertos con bóvedas vaídas y rehundidos perimetrales para alojar las cajoneras y armarios.
     En 1772 se hallaba arruinada la bóveda del coro, reconstruyéndose de acuerdo a las condi­ciones presentadas por el alarife Francisco Márquez. También por estos años probablemente debió completarse el edificio con la capilla sacramental, adosada en el lado izquierdo y cubierta con una bóveda de media naranja.
     Como ocurrió con las restantes iglesias de la comarca, el templo fue saqueado en el año 1936, perdiendo gran parte de sus bienes muebles.
     El retablo mayor es mo­derno, incluyendo algunos elementos antiguos reaprovechados, siendo el banco y el cuerpo principal obra del imaginero Antonio Bidón y el ático, de Antonio Barbero. Preside su hornacina central una imagen de la Inmaculada, realizada por el citado Bidón en 1940.
     Ocupa el tes­tero de la nave la­teral izquierda el retablo neobarroco de la Virgen del Rosario, realizado, al igual que su titular por Antonio Bidón en 1940. En él se conserva un Niño Jesús, del siglo XVII y en el acceso y pavimento de su camarín un conjunto de azulejos sevillanos de tipo Delft, del siglo XVIII. En el testero de la nave derecha, en un retablo neobarroco, se encuentra un Calvario, del cual el Cristo crucificado y la Virgen de la Soledad son obras del imaginero Antonio Bidón, realizadas en 1941 y el San Juan Evangelista, del artista local Manuel Domínguez Rodríguez.
     De nuevo en la nave izquierda, flanquean la puerta de la sacristía, una imagen de San Blas, datable hacia 1600, restaurada y repolicromada recientemente y la interesante escultura de la Virgen de Ureña, obra anónima sevillana, del último tercio del siglo XVI, aunque muy intervenida y repolicromada recientemente por el citado Domínguez Rodríguez.
     La imagen de San José con el Niño en brazos, es obra del imaginero Sebastián Santos.
     Preside la capilla sacramental el retablo neobarroco del Sagrado Corazón de Jesús, realizado por Antonio Barbero. También aquí se alojan una imagen de Jesús Nazareno y otra de la Virgen de los Dolores, ambas realizadas por Manuel Domínguez Rodríguez en 1957. La escultura de San Antonio es obra de Sebastián Santos.
     Tras la imagen moderna de San Antonio de Padua, llegamos a la capilla bautismal, cuyo acceso se realiza a través de una reja de forja de finales del siglo XVII, procedente de la capilla de la Divina Pastora. En su interior encontramos una pila de cantería, que integra un pie de finales del siglo XVI.
     En la nave de la derecha, adosada a una columna frente a la puerta de entrada, se encuentra una interesante pila de agua bendita, de cantería popular, de principios del siglo XVIII. Pre­senta fuste abalaustrado y taza decorada con el emblema de María flanqueado por dragones. En el ala incluye una inscrip­ción hoy ilegible.
     A continuación, cuelga de la pared, en un marco neobarroco, el lienzo de la Virgen del Carmen con las Ánimas Benditas y San Francisco, firmado por Juan Antonio Rodríguez.
     En la sacristía se conserva un rico conjunto de ornamentos litúrgi­cos, entre los que des­tacan algunas piezas de orfebrería, como son un cáliz gótico de finales del siglo XV y una gran corona de plata repujada para el Monumento del Jueves Santo, de esti­lo barroco, de la primera mitad del siglo XVIII. También citaremos dos frontales de brocado de seda y oro del siglo XVIII y en la pared sobre el aguamanil una placa de mármol blanco de can­tería popular barroca (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
         El templo tiene planta de salón con tres naves, siendo la central más ancha que las colaterales, todas ellas separadas por arcos de medio punto ligeramente peraltados y apoyados con columnas toscanas sobre basamento octagonal rectangular. Presenta cabecera plana.
     La capilla mayor correspondiente al presbiterio se abre a la nave central mediante un arco de medio punto, cubierta por bóveda nervada igual a la del crucero, conformado por tres brazos iguales. Las naves laterales se cubren con bóvedas nervadas vaídas y en la que corresponde al ala del Evangelio se abre una pequeña capilla cubierta por bóveda semiesférica calada sobre trompas.
     Transversal a las tres naves se distinguen tres tramos marcados exteriormente mediante contrafuertes rematados con ábside recto. El central, más profundo que los laterales, lleva una cubierta a dos aguas que prolongan sus faldones a las naves laterales. A los pies de la iglesia se encuentra el coro en dos niveles; el coro bajo que se sitúa en la nave central y el coro alto en las naves laterales, comunicándose a través de una pequeña pasarela. Bajo el coro en el ala del Evangelio existe una capilla cubierta por bóveda de arista.
     La torre se encuentra junto a la cabecera en el lado de la Epístola, y es uno de los elementos más destacados del conjunto. Destaca el cuerpo de campanas, cuyos vanos presentan una composición de tipo serliano con un arco de medio punto flanqueado por vanos adintelados menores. Consta de cuatro ménsulas en cada uno de sus flancos, que se corresponden con sendos pedestales y pilastras con incrustaciones cerámicas que flanquean los vanos. Tras el friso y el antepecho abalaustrado con remates decorativos, el chapitel se apea sobre tambor octogonal y está decorado con azulejos blancos y azules.
     Exteriormente las dos portadas se sitúan en el segundo tramo. La del lado sur presenta un vano adintelado flanqueado por pilastras toscanas, friso sin decoración y frontón partido rematado por dos pedestales. La portada del lado del Evangelio es de características similares aunque con amplio dintel, frontón curvo y triple remate decorativo. Hay una tercera portada sin elementos decorativos que da acceso a la sacristía. Todas está realizadas en ladrillo visto.
     La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción se encuentra ubicada en la zona más elevada del núcleo urbano de Zalamea la Real, proporcionándole una situación de privilegio en relación a su entorno. Es un edificio de una gran complejidad estilística.
     En primer lugar habría que señalar que el templo se encontraría en el origen del núcleo urbano, por lo que podría presentar restos de diferentes épocas, sin embargo, el resto más antiguo detectado es la puerta compuesta de un arco conopial que se sitúa a los pies de la iglesia, y que puede ser fechada a principios del siglo XVI.
     La historia constructiva de este edificio es compleja y no se conoce con detalle. En origen debió existir un primer templo mudéjar, que a mediados del siglo XVI comenzó a remodelarse.
     La fase más importante de la edificación es de fines del siglo XVI, que la dotó de mayores dimensiones y una nueva configuración espacial, según la estética manierista, presentando como elementos más destacados los pilares de sección curva y las bóvedas de la cabecera, que derivan de modelos implantados por Hernán Ruiz II desde mediados del siglo XVI. La torre se erige en 1606 por Vermondo Resta. Hacia 1631 la obra estaba finalizada.
     Desde finales del siglo XVII y principios del XVIII se acomete una segunda fase constructiva para diversas reparaciones.
     En la segunda mitad del XVIII se rehace la torre, arreglo motivado por un movimiento sísmico, y también se intervienen la sacristía y las bóvedas del coro (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de San Vicente Mártir
     Se trata de un edificio de tradición mudéjar de una sola nave, con cuatro tramos separados por arcos transversales rebajados y presbiterio de planta cuadrada con arco toral ligeramente apuntado. La fachada principal  está precedida por un pórtico de arcos de medio punto y coronada por una espadaña de dos vanos entre pilas­tras revestidas de azulejos. En el lado izquierdo se adosan la sacristía y la casa del santero.
     La ermita es conocida documentalmente desde la primera mitad del siglo XV, aunque su aspecto actual es el resultado de profundas re­modelaciones posteriores. Como consecuencia del Terremoto de Lisboa de 1755, fue reparada por el alarife local Juan Martín Buitrón. Años después, tras el nombramiento de San Vicente Mártir como patrón del pueblo, el edificio fue de nuevo intervenido, añadiéndose en  1787 la espadaña y reformando su fachada los albañiles Manuel y Domingo Rodríguez. Finalmente, en 1794 se le añadió la sacristía.
     En 1929 se colocaron los paños de azulejos que constituyen el zócalo interior y en el exterior del presbiterio, un panel de cuerda seca con la imagen del santo titular. También entonces se desmontó la bóveda de la capilla mayor, sustituyéndose por la actual cubierta adintelada para poder colocar un retablo neobarroco procedente de un oratorio sevillano.
     La imagen de San Vicente es obra de Agustín Sánchez Cid, renovada en 1950 por Manuel Domínguez Rodríguez. En el presbiterio también se encuentra un cuadro representando a San Juan Nepomuceno, del siglo XVIII.
     Posee la ermita algunas piezas de orfebrería, como un cáliz sevillano de estilo neoclásico, además de la diadema y rastrillo del titular, de estilo rococó, de finales del siglo XVIII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Se trata de un edificio de tradición mudéjar de una sola nave con cuatro tramos separados por arcos transversales rebajados y presbiterio de planta cuadrada con arco toral ligeramente apuntado.
     La fachada principal está precedida por un pórtico de arcos de medio punto y coronada por una espadaña de dos vanos entre pilastras revestidas de azulejos. En el lado izquierdo se adosan la sacristía y la casa del santero.
     La ermita es conocida documentalmente desde la primera mitad del siglo XV, aunque su aspecto actual es el resultado de profundas remodelaciones posteriores. Como consecuencia del terremoto de Lisboa de 1755, fue reparada por el alarife local Juan Martín Buitrón. Años más tarde, tras el nombramiento de San Vicente como patrón del pueblo el edificio fue de nuevo intervenido, añadiéndose en 1787 la espadaña y finalmente en 1794 se le añadió la sacristía.
      En 1929 se colocaron los paños de azulejos del zócalo interior y en el exterior del presbiterio, un panel de cuerda seca con la imagen del santo titular. También entonces se desmontó la bóveda de la capilla mayor, sustituyéndose por la actual cubierta adintelada para colocar un retablo neobarroco.
     Nos encontramos ante la ermita más antigua de Zalamea la Real, construida a principios del siglo XV. Interesante edificio mudéjar, de arcos transversales, característico de la sierra de Huelva, sufrió numerosas restauraciones en el siglo XVIII, y más recientemente en 1929 y 1972.
     En la actualidad sigue siendo punto de referencia de los devotos del Patrón de Zalamea la Real, puesto que en su interior se encuentra la imagen actual de San Vicente Mártir. En el mes de enero se celebra su festividad, siendo esta ermita uno de los lugares principales de los actos alusivos a dicho evento.
     De sus tres primitivas naves, actualmente tan solo queda una. Sufrió una reforma muy importante en 1760, momento en el que con toda probabilidad adoptó el aspecto actual.
      En 1777, según acreditan algunos documentos, fueron traídas desde Roma unas reliquias de San Vicente Mártir, y colocadas éstas en una custodia de plata.
      En 1936, con el inicio de la Guerra Civil, la ermita sufrió un grave incendio, destruyéndose un retablo del siglo XVI y la imagen titular del Santo Patrón postrada en su interior (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita del Santo Sepulcro
         Se construyó en el año 1775 a instancias de don Gabriel Alejandro Sanz, contador de las reales Minas de Riotinto, como última estación -Deposición de Cristo en el Sepulcro- de un Vía Crucis erigido veinticinco años antes por el franciscano Mateo de Alda.
     El edificio consiste en un espacio cuadrado, cubierto con media naranja, repitiendo simplificadamente el esquema del Santo Sepulcro de Jerusalén, precedido de un pequeño pórtico al exterior. Incluye una espadaña de un solo vano, rematado en frontón triangular. La campana contiene la inscripción: GABRIEL ALEJANDRO SANZ, AÑO 1776.
     En su interior, sólo se conserva una urna con una imagen de Cristo yacente, escultura de An­tonio Barbero Medina, tallada tras la Guerra Civil.
     Junto a la ermita, en un pequeño montículo, se sitúa un pedestal rematado en tres almenas con cruces de forja que representa el Calvario, restos del vía-crucis primitivo levantado en 1750. Ésta y algunas de las restantes estaciones están hoy marcadas por unos relieves de terracota neobarrocos, fechables en la primera mitad del siglo XX, procedentes de la parroquia del Sagrario de la Catedral de Sevilla (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La Ermita se construyó en el año 1775 a instancias de D. Gabriel Alejandro Sanz, contador de las reales Minas de Riotinto, como última estación de un Vía Crucis erigido veinticinco años antes por el franciscano Mateo de Alda.
     El edificio consiste en un espacio cuadrado, cubierto con media naranja, repitiendo simplificadamente el esquema del Santo Sepulcro de Jerusalén, precedido de un pequeño pórtico al exterior. Incluye una espadaña de un solo vano, rematado en frontón triangular. La campana contiene la inscripción : GABRIEL ALEJANDRO SANZ, AÑO 1776.
     En su interior sólo se conserva una urna con una imagen de Cristo yacente, escultura de Antonio Barbero Medina, tallada tras la guerra civil.
     Junto a la ermita, en un pequeño montículo, se sitúa un pedestal rematado en tres almenas con cruces de forja que representa el Calvario, restos de vía crucis primitivo levantado en 1750 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de la Divina Pastora
     Se trata un antiguo edificio gótico mudéjar de una sola nave, compartimentada en cuatro tramos mediante arcos transversales de perfil apun­tado que apean en pilares rectangulares achaflanados. El presbiterio es de planta rectangular y a él se adosan, en el testero, un camarín, a la derecha, la sacristía y, a la izquierda, una pequeña capilla.
     La nave se cubre con una estructura de madera a dos aguas, renovada recientemente, mientras el presbiterio y la sacristía lo hacen con un alfar­je que, en este último ámbito, conserva caneci­llos tallados barrocos.
     En el exterior, su fachada principal incluye una portada formada por un vano adintelado enmarcado por pilastras toscanas y rematada por una espadaña de un solo vano, que corresponde a una reforma de época barroca posterior posiblemente, la documentada en 1649, cuando se añadió a su advocación el título de San Juan Bautista. Hace sólo algunos años ha sido completamente restaurada la ermita.
     Preside el camarín del presbiterio la imagen de candelero de la Divina Pastora, obra realiza­da por Sebastián Santos Rojas en el año 1939; flanqueada por un San Juan Bautista y un San Sebastián, modernos.
     Junto al arco toral, en el interior de un pequeño camarín, en el lado izquierdo, se encuentra el grupo escultórico de la Oración en el Huerto, obra de talleres levantinos de la primera mitad del siglo XIX.
     En la sacristía y en la misma nave se conservan dos columnas salomónicas, talladas con pámpanos de vid, posible resto de algún antiguo retablo de la segunda mitad del siglo XVII y un manto de la Virgen del Rosario, de brocado, del siglo XVIII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Se trata de un antiguo edificio gótico mudéjar de una sola nave, compartimentada en cuatro tramos mediante arcos transversales de perfil apuntado que apean en pilares rectangulares achaflanados. El presbiterio es de planta rectangular y a él se adosan, en el testero, un camarín, a la derecha, la sacristía y a la izquierda, una pequeña capilla.
     La nave se cubre con una estructura de madera a dos aguas renovada recientemente, mientras el presbiterio y la sacristía lo hacen con un alfarje que, en este último ámbito, conserva canecillos tallados barrocos.
     Al exterior, su fachada principal incluye una portada formada por un vano adintelado enmarcado por pilastras toscanas y rematada por una espadaña de un solo vano, que corresponde a una reforma de época barroca posterior, posiblemente documentada en 1649, cuando se añadido a su advocación el título de San Juan Bautista. Hace algunos años fue completamente restaurada la ermita.
     Esta sencilla y bonita ermita es la única ermita de Zalamea la Real que se encuentra dentro del casco urbano del pueblo, comenzó su construcción en 1699, a raíz de una epidemia que asoló Zalamea la Real a finales del siglo XVII.
     A mediados del siglo XVIII, posiblemente a consecuencia del mal estado del edificio, sufrió una importante reforma.
     En 1746 se colocó en su interior el camarín para albergar la imagen de la Divina Pastora, con lo que el número de advocaciones de esta ermita aumentó en número, predominando actualmente ésta última.
     En el año 1936, a consecuencia de los acontecimientos bélicos, se quemó una importante talla de San Miguel atribuida a Juan de Mesa. De sus puertas sale la romería de El Romerito, puesto que su titular, la Divina Pastora, es llevada en procesión desde la propia ermita hasta la finca donde se celebra tal evento (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de San Blas
     A la salida del pueblo, en el extremo de un amplio valle poblado de encinas y con fértiles huer­tas de frutales, se localiza la antigua ermita de Nuestra Señora de Ureña, hoy dedicada a San Blas. Se trata de un edificio de nave única, dividida en tres tramos mediante arcos transversales rebajados, que sostienen una simple cubierta de madera a dos aguas, y presbiterio de planta cuadrada, cubierto con bóveda de media naranja sobre pechinas, en cuyos ángulos aún son visibles arranques de nervaduras. En el lado izquierdo se adosa una pequeña sacristía junto a otras dependencias añadidas recientemente.
     La fachada principal consta de un vano adintelado entre pilastras y se remata con una pequeña espadaña de un solo vano.
     La presencia de enormes sillares de piedra en el entorno parecen indicar la existencia de un antiguo edificio romano, sobre el que pudo haberse edificado la actual ermita, cuya primera referencia documental data del siglo XV, aunque la apariencia de edificio corresponde estilísticamente a la primera mitad del siglo XVI.
     Sabemos que la ermita sufrió graves desperfectos con el Terremoto de Lisboa de 1755, teniendo que ser trasladadas sus imágenes, años después, a la iglesia parroquial. Fue reconstruida a comienzos de la década de los setenta, termi­nándose las obras en 1775, año que consta en una cartela en el arranque de la bóveda del presbiterio. Todo el conjunto ha sido cuidadosamen­te restaurado en los últimos años a expensas de los vecinos de Zalamea.
     Preside la capilla mayor un retablo recompuesto con elementos de la segunda mitad del XVII, en cuya hornacina central se venera la imagen de San Blas, cuyas manos, cabeza y policromía fueron realizadas, tras la Guerra Civil, por el imaginero local Manuel Domínguez (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     A la salida del pueblo, en el extremo de un amplio valle poblado de encinas, se localiza la antigua ermita de Nuestra Señora de Ureña, hoy dedicada a San Blas.
     Es un edificio de una sola nave, dividida en tres tramos mediante arcos transversales rebajados, que sostienen una simple cubierta de madera a dos aguas y presbiterio de planta cuadrada, cubierto con bóveda de media naranja sobre pechinas, en cuyos ángulos aún son visibles arranques de nervaduras. En el lado izquierdo se adosa una pequeña sacristía junto a otras dependencias añadida recientemente.
     La fachada principal consta de un vano adintelado entre pilastras y se remata con una pequeña espadaña de un solo vano.
      La presencia de enormes sillares de piedra en el entorno parecen indicar la existencia de un antiguo edificio romano, sobre el que pudo haberse edificado la actual ermita, cuya primera referencia documental data del siglo XV, aunque la apariencia del edificio corresponde estilísticamente al siglo XVI.
     Preside la capilla mayor un retablo en cuya hornacina central e venera la imagen de San Blas.
     Esta ermita data de finales del siglo XV, siendo la segunda más antigua erigida en Zalamea la Real, después de la ermita de San Vicente. En sus inicios estuvo dedicada a Santa María de Ureña, tal como se recoge en las Ordenanzas Municipales de Zalamea la Real, del año 1534. Posiblemente la advocación a la santa perduró hasta principios del siglo XVIII.
     A mediados del siglo XIX, los documentos que citan a dicho edificio ya lo hacen con el nombre de Ermita de San Blas, omitiéndose ya el de Santa María de Ureña. Actualmente sigue dando culto en su interior a este Santo.
     Sabemos que la ermita sufrió graves desperfectos con el terremoto de Lisboa de 1755, teniendo que ser trasladadas sus imágenes a la iglesia parroquial. Fue reconstruida a comienzos de la década de los setenta, terminándose las obras en 1775, año que consta en una cartela en el arranque de la bóveda del presbiterio.
     Todo el conjunto ha sido restaurado en los últimos años a expensas de los vecinos de Zalamea (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Estación Nueva
     Comenzó a construirse en 1903 para regular el tráfico de viajeros entre Minas de Río Tinto y Zalamea la Real, inaugurándose el 20 de junio de 1904. En 1905 se construyó el ramal que unía el F.C. de Río Tinto y el F.C. del Buitrón. El edificio consta de dos plantas. El cuerpo central es el más alto, contando con las dos planta principales, mientras que los cuerpos extremos sólo poseen una única planta. En el apeadero se sitúa una amplia visera que se sustenta por pilastras metálicas. Posee una marquesina en la fachada principal, sobre cerchas metálicas. El edificio está construido con materiales tradicionales, mezclando el ladrillo con la madera y partes de metal, lo que da una combinación de coloridos y unas tonalidades características de las demás estaciones ferroviarias de la zona. La Estación Nueva estuvo en servicio hasta 1968 cuando finalizó el transporte de viajeros, en 1987 pasó a formar parte de los activos de Fundación Río Tinto. Fue cedida al Ayuntamiento de Zalamea en 2008 (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

Casa Cilla
     Nos encontramos ante un edificio cuyo origen lo hallamos en sl siglo. XVIII, aunque entendemos que, por su localización en pleno corazón del núcleo urbano, y por su funcionalidad, debío de erigirse con antelación. Estuvo destinado originalmente a guardar el trigo y demás cereales destinados al pago del diezmo al Arzobispado de Sevilla, señor jurisdiccional de Zalamea desde 1279 hasta 1579.
     Estamos ante una casa de una sola planta construida en piedra encalada, con un vano adintelado en la fachada. Posee un voladizo de madera en el tejado. Cabe destacar la decoración en ladrillo visto, tan típica de la zona de la Cuenca Minera. En su interior alberga un lagar de cera del siglo XIX. Actualmente se utiliza como salas de exposiciones (Ayuntamiento de Zalamea la Real).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción; Ermita de San Vicente Mártir; Ermita del Santo Sepulcro; Ermita de la Divina Pastora; Ermita de San Blas; Estación Nueva; y Casa Cilla) de la localidad de Zalamea la Real (I), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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miércoles, 10 de mayo de 2023

Los principales monumentos (antigua Estación de Zafra; Plaza 12 de Octubre. Jardines del Muelle; antiguo Conservatorio de Música; Colegio de Arquitectos; Iglesia de la Milagrosa; Muelle de Ríotinto. Cargadero de Mineral; Monumento a la Fe descubridora - Monumento a Colón; Muelle de las Carabelas; y Paseo de la Ría) de la localidad de Huelva (y VII), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (antigua Estación de Zafra; Plaza 12 de Octubre. Jardines del Muelle; antiguo Conservatorio de Música; Colegio de Arquitectos; Iglesia de la Milagrosa; Muelle de Ríotinto. Cargadero de Mineral; Monumento a la Fe descubridora - Monumento a Colón; Muelle de las Carabelas; y Paseo de la Ría) de la localidad de Huelva (y VII), en la provincia de Huelva.

antigua Estación de Zafra
     La estación, inicialmente propiedad de la Compañía del Ferrocarril de Zafra a Huelva,​ entró en servicio en 1886 y constituía la estación término de la línea férrea Zafra-Huelva. Además del edificio de viajeros, el complejo ferroviario contaba con una amplia playa de vías, un edificio de oficinas, talleres, depósito de locomotoras y una rotonda giratoria con vías cubieras.​ También disponía de una conexión ferroviaria con el puerto y con la estación de Huelva-Término, que servía a la línea Sevilla-Huelva. En 1941 la nacionalización del ferrocarril de ancho ibérico supuso la desaparición de todas las compañías existentes y la creación de RENFE, que pasó a hacerse cargo de las instalaciones. Se mantendría en servicio hasta su clausura el 23 de julio de 1976.​
     Tras su cierre las instalaciones fueron desmanteladas, lo que supuso la desaparición del histórico complejo de vías, talleres y silos mineros. El antiguo tráfico de mercancías fue asumido por la nueva estación de Huelva-Mercancías.​ El edificio de pasajeros y otras instalaciones fueron derruidos, si bien las antiguas oficinas fueron rehabilitadas y reconvertidas en dependencias de la Junta de Andalucía.​

Plaza 12 de Octubre. Jardines del Muelle
     
antiguo Conservatorio de Música     
     También conocido como Casa de Antonio Guijarro, es un edificio de dos plantas y cubierta abuhardillada en mansarda revestida de escamas de bronce, se organiza alrededor de un patio central cubierto por una montera en una planta de tres crujías, siendo proyectado en un depurado lenguaje modernista tanto en su interior como en su frente a la calle.
     La fachada tiene una composición simétrica y es construida principalmente de piedra, con detalles ornamentales, florales y geométricos de inspiración francesa y secesionista, a los que suma la intención que dichos elementos sirvan a la definición espacial y a la propia construcción del inmueble (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Colegio de Arquitectos
     Construido por Francisco Monís Morales con estilo Art-Decó, tiene ventanas forjadas por Thomas Morrison. El edificio, que se encuentra en la calle Vázquez López, fue restaurado en 2007 (Ayuntamiento de Huelva).

Iglesia de la Milagrosa
     El origen de la construcción de la iglesia de la Milagrosa hay que buscarlo en la necesidad que tenían las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, de la Casa Benéfica Municipal, de tener una capilla propia. Para ello habían comprado unas casas limítrofes con dicha institución. En 1922 el arquitecto municipal, José María Pérez Carasa, realizó el proyecto del templo, para cuya ejecución se contaría con fondos municipales. Se constituyó una Junta de señoras para acarrear fondos. Los terrenos de la iglesia, en la calle Rá­bida, fueron donados por Salvador Vázquez de Zafra. El 22 de noviembre de 1922 se bendijo y se puso la primera piedra del templo. Junto a la iglesia, el proyecto incluía las dependencias para la residencia de las religiosas, anexas también a la Cocina Económica.
     El 10 de octubre de 1929 el cardenal Ilundain bendijo la nueva iglesia. En 1936, a pesar de ser asaltada y recibir cuantiosos daños, no recibió sin embargo quebranto en su estructura, por lo que se estableció en ella, provisionalmente, la parroquia de la Concepción mientras se restauraba su templo. En 1938 esta iglesia fue puesta bajo la dirección de los Padres Paúles, que se establecieron en la ciudad. En 1958, por decreto del pri­mer obispo de Huelva, D. Pedro Cantero Cua­drado, se establece en este templo la parroquia de Ntra. Sra. Estrella del Mar, creada en 1955. En 1969, en el terremoto del 28 de febrero, el edificio sufrió grandes desperfectos en su estructura, declarándose en estado ruinoso. Subsanados los daños se reabrió al culto, pero en 1976 hubo de cerrarse definitivamente, debido, entre otras causas, al cambio en el nivel freático de la zona por construcciones de nueva planta, por lo que se produjeron agrietamientos de importancia en sus muros. En 1981, las Hijas de la Caridad donan el edificio a la Diócesis onubense. En 1991 comenzaron las obras de restauración, siguiendo el proyecto del arquitecto Francisco Vallejo. En esas obras se reforzó la cimentación del templo, consolidándose el edificio, y solucionándose así el principal problema para su posterior apertura que, tras una detallada labor restauradora, tuvo lugar el día 5 de octubre de 1995.
     El edificio, de estilo neogótico, consta de tres naves, más ancha y alta la central que las laterales. La nave central está compartimentada en cuatro tramos; en el primero se sitúa la tribuna del coro. Las bóvedas son de nervadura so­bre base rectangular. Los arcos formeros y torales son ojivales y los diagonales de medio punto. Las nervaduras apean sobre capiteles de pilares fasciculados. El ábside consta de cinco bóvedas nervadas con terceletes, con la finalidad de obtener la luz a través de las vidrieras de los arcos ojivales, consiguiéndose al tiempo una continuidad con la vidriera de la nave central, que igualmente inunda de luz al buque del templo. Las bóvedas, desde la última restauración, aparecen decoradas, al gusto gótico, con es­trellas sobre un intenso fondo azul, creando la sensación de un espacio celeste. Al exterior, los empujes de las bóvedas, siguiendo los cánones historicistas del neogótico, son contenidos por los arbotantes y contrafuertes. La cubierta del edificio es a dos aguas, con tejas árabes. La fa­chada consta de tres calles, separadas por hornacinas entre pilastras, situándose centralmente la torre-campanario, con tres puertas de acceso a la iglesia a través de tres vanos, mayor el del centro, con arcos ojivales. La torre-fachada cons­ta de caña con ornamentación neogótica a base de columnas que sustentan arcos trilobulares. El campanario, en tres de sus caras presenta altos ventanales de arco ojival, cerrados por columnas y ornamentación calada. Cuatro pináculos flan­quean el chapitel piramidal.
     Las obras de interés artístico que podemos mencionar en su interior son, entre otras, las vidrieras de la capilla mayor de la empresa zaragozana de la Veneciana, 1943, en las que se representan varias escenas  de la  devoción  a la Virgen de la Medalla Milagrosa. La capilla la preside la imagen sedente de Ntra. Sra. Estrella del Mar, escultura en madera policromada de Miguel Bejarano Moreno, gubiada en 1997. Sostiene en su derecha a Jesús Niño, y en la izquierda un pequeño barco de orfebrería. Está colocada en un doselete de madera tallada y dorada, obra de Luis Barrios en el mismo año 1997. En el coro alto se sitúa la imagen del Cris­to del Consuelo y del Perdón. Y a los pies de la nave central están las imágenes de Milagrosa y de San José, ambas seriadas (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La Iglesia de Nuestra Señora de Estrella del Mar, posee una disposición interior que procura responder al concepto historicista, neogótico concretamente, que la inspira. Es un edificio entre medianeras, aunque se separa ligeramente de las edificaciones adyacentes dejando un pasillo de iluminación. Su planta es rectangular o de salón, con tres naves y cabecera poligonal.
     Presenta a sus pies tres accesos que dan paso a una especie de nártex que comunica en su parte central con el templo.
     Éste se divide en cuatro tramos por medio de arcos y se cubren con bóvedas de crucería. En el primer tramo se encuentran los accesos, a uno y otro lado, de diversas dependencias. La nave principal es de mucho mayor tamaño que las laterales y se separan entre ellas por medio de ocho pilares neogóticos fasciculados. La cabecera de planta poligonal se encuentra en alto y se cubre por medio de bóveda de nervadura. Tras ella se encuentran diversas dependencias.
     Al exterior, destaca la fachada principal, compuesta por una portada triple de arcos apuntados coronados por gabletes y torreón central. Éste, que sirve de cuerpo de campanas, presenta ricos motivos calados en piedra y se remata con chapitel piramidal de base cuadrada y pináculos en sus esquinas. El conjunto se completa con arbotantes, contrafuertes y pináculos neogóticos.
     En Andalucía, aunque el Historicismo acentúa otras visiones de la arquitectura tradicional como el neomudejarismo, existen algunos ejemplos neogóticos, como en el caso de la Iglesia de Nuestra Señora de la Milagrosa. Su autor, José María Pérez Carasa, se muestra aquí como un seguidor tardío de Violet- le-Duc, imitando, en la más pura tradición francesa, los templos góticos. Dos hechos ayudan a avalar esta idea. El primero de ellos es afirmar la importancia que adquirió Huelva a fines del siglo XIX y principios del XX, gracias a la industria minera, que dejó obras de cierto interés arquitectónico en la ciudad. El segundo es el empleo por parte de Carasa de nuevos materiales en su obra como es el caso del hormigón.
     Además, Carasa en la construcción de la Iglesia de la Milagrosa en 1923, responde a la idea, ya internacionalizada, de utilizar una forma concreta para un edificio con un uso determinado. En este caso, la lógica aconsejaba el uso del gótico para la construcción de templos. A pesar de ello, Pérez Carasa construye un edificio tardío y un poco fuera de época, ya que en los años 20 el neogótico era un estilo casi abandonado por otros de mayor auge.
     El origen del templo hay que buscarlo en la necesidad que tenían las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, de la Casa Benéfica Municipal, de tener una capilla propia. Para ello habían comprado unas casas limítrofes con dicha institución. En 1922 el arquitecto municipal, Pérez Carasa, realizó el proyecto, para cuya ejecución se contaría con fondos municipales. Se constituyó una Junta de señoras para acarrear fondos. Los terrenos de la iglesia, en la calle Rábida, fueron donados por Salvador Vázquez de Zafra. El 22 de noviembre de 1922 se bendijo y se puso la primera piedra del templo. Junto a la iglesia, el proyecto incluía las dependencias para la residencia de las religiosas, anexas también a la
Cocina Económica. El 10 de octubre de 1929 el cardenal Ilundain bendijo la nueva iglesia.
     En 1936, a pesar de ser asaltada y recibir cuantiosos daños, no recibió sin embargo quebranto en su estructura, por lo que se estableció en ella, provisionalmente, la parroquia de la Concepción mientras se restauraba su templo. En 1938 esta iglesia fue puesta bajo la dirección de los Padres Paules, que se establecieron en la ciudad. En 1958, por decreto del primer obispo de Huelva, D. Pedro Cantero Cuadrado, se establece en este templo la parroquia de Nuestra Señora Estrella del Mar, creada en 1955. En 1969, en el terremoto del 28 de febrero, el edificio sufrió grandes desperfectos en su estructura, declarándose en estado ruinoso.
     Subsanados los daños se reabrió al culto, pero en 1976 hubo de cerrarse definitivamente, debido, entre otras causas, al cambio en el nivel freático de la zona por construcciones de nueva planta, por lo que se produjeron agrietamientos de importancia en sus muros. En 1981, las Hijas de la Caridad donan el edificio a la Diócesis onubense.
     En 1991 comenzaron las obras de restauración, siguiendo el proyecto del arquitecto Francisco Vallejo. En estas obras se reforzó la cimentación del templo consolidándose el edificio, y solucionándose así el principal problema para su posterior apertura que, tras una detallada labor restauradora, tuvo lugar el día 5 de octubre de 1995 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Muelle de Ríotinto. Cargadero de Mineral
     El muelle embarcadero de mineral de Riotinto, que consta de un viaducto de madera y un embarcadero sobre el río Odiel. Fue construido en 1876 por Georges Bruce, siguiendo las pautas de la Torre Eiffel de París (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El muelle o cargadero de mineral de la compañía Riotinto en Huelva es obra de los ingenieros George B. Bruce, Thomas Gibson y Martin Ridley (1874-1876). Se encuentra situado en el extremo Suroccidental de la ciudad, al sur del muelle de Levante, parte sobre el Odiel (unos 500 metros) y parte sobre tierra.
     Constituye el punto final del trazado del ferrocarril que desde las minas de Riotinto transportaba el mineral hasta Huelva, extremo, por tanto, del cinturón férreo que bordeaba el sudeste de la población. Se construyó sobre terrenos rellenados en la marisma por la compañía minera junto al estero de las Metas y sobre el río Odiel.
     Tipológicamente es un ejemplo de arquitectura industrial y, concretamente, un muelle ferroviario de usos múltiples. Su principal utilidad, que justificó su construcción, fue la de ser cargadero de mineral de cobre, y para ello adoptó el avanzado sistema de embarque por gravedad, pero además, fue muelle de mercancías, posibilitando la carga y descarga de las mismas mediante grúas.
     La planta del muelle de Riotinto en Huelva se desarrollaba a lo largo de más de 1000 metros de longitud, buena parte de los mismos sobre tierra y el resto sobre el río Odiel. Prolonga la línea férrea de Riotinto desde la estación de la Compañía en Huelva y enlaza con la estación de MZA, actual RENFE. Desde la primera estación partía un tramo de 283 metros sobre un terraplén de tierra con vía única cimentada sobre hormigón y ladrillo, a continuación y durante 225 metros se elevaba sobre un viaducto de madera sobre pórticos pareados, a partir de este punto se alza sobre grupos de dobles hileras de cuatro pilares de fundición (30 grupos o 60 hileras de cuatro pilares). Al adentrarse en el río se mantiene unos 200 metros en dirección ortogonal a la orilla para formar después una amplia curva de 200 metros de radio y culminar en un nuevo tramo recto orientado en el sentido de la corriente y las mareas (ca. 170 metros). En total este tramo metálico tenía 577,6 metros (en 1974 se destruyeron unos 50 metros del mismo). Sobre este tramo recto final se situaba hasta 1990 el embarcadero de madera con estructura separada de la metálica y una longitud aproximada de 200 metros.
     El muelle cuenta con diferentes secciones en su recorrido y una anchura máxima de 17 metros en las plataformas del embarcadero de madera de su extremo. Según el punto de su recorrido existía una, dos o tres vías férreas en sus distintos niveles.
     La primera parte elevada del muelle, aún en tierra, está realizada por completo en madera con pies derechos y vigas de gran sección arriostradas diagonalmente formando pórticos que se agrupan de dos en dos (veinte pares, siete de ellos de mayor anchura con tres vanos). Sobre las jácenas de estos pórticos descansan zapatas y durmientes que reciben la carga de las largas vigas longitudinales; sobre estas últimas apoyaban los raíles y se clavaba la tablazón del firme que a su vez se cubría con balasto. Existen numerosos ángulos y pletinas metálicos de unión de los diferentes elementos estructurales de madera y algunos tirantes, vigas y pilares metálicos añadidos en diferentes momentos para reparar y reforzar zonas de este tramo.
     La construcción del muelle se debe comprender en el amplio contexto de la explotación de los minerales no ferrosos andaluces por empresas de capital extranjero desde mediados del siglo XIX. Los británicos, impulsores de la Revolución Industrial, agotaron gran parte de sus recursos en materias primas a lo largo de la primera mitad del siglo XIX y desde entonces se lanzan a la búsqueda de nuevas explotaciones en otros países que permitiesen incrementar el ritmo productivo de sus industrias químicas y metalúrgicas.
     La constate investigación de nuevos métodos de extracción y aprovechamiento de los minerales favorecieron el auge de las piritas cupríferas sulfurosas, destacando las procedentes de la provincia de Huelva.
     En las minas onubenses donde el capital español y francés había fracasado, triunfaron los ingleses al poner grandes medios técnicos y recursos financieros que favorecieron la explotación sistemática y muy rentable de las piritas, en su doble papel de contenedoras de azufre y de cobre, los grandes beneficios así obtenidos por las empresas británicas repercuten principalmente en la metrópoli, si bien también afectarán a la provincia de Huelva donde se invierten parte de los mismos.
     El caso más emblemático de este proceso fue la venta de las minas de Riotinto por el estado español en 1873 a un consorcio internacional compuesto por varios financieros y empresarios ingleses y alemanes.
     Estos empresarios revendieron la propiedad a la Río Tinto Co, Ltd. replantearon los trabajos de extracción e iniciaron las obras del ferrocarril que unirá la mina con Huelva.
     Precisamente, como último complemento de este avanzado sistema de transporte ferroviario se vio la necesidad de construir un muelle en el Odiel para la descarga del mineral. El ferrocarril se realizó entre junio de 1873 (proyecto) y el 28 de julio de 1875. Los diseños fueron de George Barclay Bruce y la construcción corrió a cargo de la empresa Clark & Punchard Company.
     Al tiempo que se realizaba esta obra se presentó en febrero de 1874 el proyecto de Bruce para el muelle cargadero de minerales, en mayo del mismo año fue mostrado a la Junta de Obras del Puerto de Huelva y al Ministerio de Obras Públicas, siendo defendido su diseño por Martín Ridley.
     Ante las dificultades que presentaba la construcción de una obra de estas característica, la compañía Clark & Punchard renunció al contrato recayendo éste sobre la empresa John Dixon, que en septiembre de 1874 comenzó los trabajos bajo la dirección del ingeniero Thomás Gibson. A lo largo de la obra Gibson, como ingeniero a pie de obra, introdujo importantes modificaciones al inicial proyecto de Bruce.
     El muelle comenzó a funcionar en marzo de 1876. En 1882 Alfonso XII visita el muelle, y éste se engalana para la ocasión.
     En 1929, en los archivos de RTC, en Londres, consta la presentación de un proyecto de nuevo muelle. Entre 1934 y 1935 se realizan reparaciones. En 1939 se afirma que la obra sumergida no está en buen estado y se da corta vida al muelle.
     En 1949 la situación económica y las malas perspectivas de la Compañía en Huelva hacen desistir de la obra del nuevo muelle. En 1954, las minas de Riotinto pasan a control de capital español, creándose la compañía española de Minas de Riotinto. El 5 de abril de 1974 deja de funcionar, comenzando a demoler, en octubre, el tramo bajo el que pasaba la carretera hacia la Punta del Sebo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Monumento a la Fe descubridora - Monumento a Colón
    Pero el monumento público con el que se identifica a la ciudad, hasta el punto de que es uno de sus referentes icónicos, es el Monumento a la Fe Descubridora, vulgarmente conocido como Monumento a Colón, de impronta cubista. Está en las afueras de la ciudad, ubicado en la Punta del Sebo, a unos 4 Km. de Huelva. La idea de su construcción parte del abogado W.H. Page, en 1917, idea que fue acogida con entusiasmo por la escultora G. V Withney y los asistentes al banquete del Columbus Day, en Filadelfia, en 1926. Fue sufragado por los ciudadanos de Estados Unidos. En su construcción, realizada en piedra de las canteras de Niebla, trabajaron artistas y obreros americanos y europeos, bajo la dirección de M. Auliffe, que seguía los planos de Miss Withney. El resultado fue un monumento compuesto por una breve escalinata sobre la que se alza un gran pedestal hueco, en forma de prisma de sección cuadrangular. En sus esquinas superiores aparecen bajorrelieves de las civilizaciones precolombinas y de la civilización cristiana. So­bre el pedestal se levanta una gran escultura, en bloques de piedra, que se abraza a una cruz en forma de «tau». En el interior del basamento hay relieves de mapas y escudos, así como un grupo escultórico de los Reyes Católicos. Fue inaugurado en 1929 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Se encuentra situado en la Punta del Sebo, lugar de encuentro de los ríos Odiel y Tinto, sitio próximo a la capital, 5 Km., en el lugar elegido por la escultora. La escultura se eleva 37 metros sobre una amplia plataforma horizontal ganada al mar que consta de un paseo de ingreso, jalonado a ambos lados por una doble fila de palmeras, que accede a la explanada, ya sobre la ría del Odiel, y en su centro se alza el pedestal y la figura de Colón que forman el monumento propiamente dicho.
     El pedestal está formado por una basa escalonada que soporta un prisma tronco piramidal de bases rectangulares que en su parte superior y en sus esquinas esculpe unos relieves representativos de las culturas de uno y otro lado del Atlántico. El pedestal contiene una sala de homenaje a los Reyes Católicos que alberga una estatua de ambos sentados, obra de Whitney, y en las paredes los nombres de las tripulaciones de las carabelas y los de los miembros de la Columbus Memorial Fundation que trabajaron en la idea, además de reproducciones de mapas de la época del viaje.
     La escultura propiamente dicha nace de la base como continuación de ella, como si se tratara de una única pieza de piedra esculpida en un solo gesto. La piedra utilizada es la piedra caliza formada por sedimentos calcáreos de origen marino de una cantera de la cercana Niebla. Se representa en ella una figura antropomórfica que abraza una cruz a modo de atril vestida con un manto que tapa su cabeza y llega a sus pies. Whitney evoca mediante una personificación la Fe Descubridora, aunque hay que decir que rápidamente el pueblo vio en ella la figura de Colón.
     La escultura se caracteriza por un ejercicio de simplificación y una economía del lenguaje donde los detalles presentan la estructura básica de construcción de la anatomía sin reparar en detalles puntuales. Dentro de este ejercicio de abstracción de la figura humana, sin que podamos situar la obra como cubista, si que podríamos reconocer dentro de la obra ciertos mecanismos cubistas como el hecho de que la cruz se presente en distintos planos siendo llamativo el hecho de que el brazo superior de la cruz se avanza en vez de hacia el cielo hacia el frente. También es de clara influencia cubista el rostro de la escultura. En ella podemos reconocer también cierta influencia de rostros propios de la obra de Picasso o Leger. Nos encontramos ante un interesante ejercicio donde Whitney es capaz de casar un monumento
representativo y un lenguaje propio del momento. El gran triunfo de ello es que el monumento a Colón ha sido adoptado por Huelva como símbolo de identidad sin la necesidad de ceder a lenguajes obsoletos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Muelle de las Carabelas
     Situado en La Rábida, término municipal de Palos de la Frontera (Huelva), este muelle es uno de los principales destinos turísticos de la provincia. En el Muelle de las Carabelas se encuentran las reproducciones de La Pinta, La Niña, y La Santa María que se construyeron en 1992 para celebrar el V Centenario del Descubrimiento de América. Son réplicas de las naves que en 1492 participaron en el primer viaje colombino.
     Sin duda, uno de los principales atractivo de la visita es poder subir a bordo de las tres carabelas para conocer su interior, bajar a sus bodegas o adentrarte en el camarote de Cristóbal Colón; el lugar donde el almirante trazó el rumbo para llegar por primera vez al Nuevo Mundo.
     Durante la visita al Muelle de las Carabelas, además de poder subir a bordo de las naves, el muelle cuenta con otros espacios con los que completar la visita; una sala de interpretación con instrumentos de navegación, enseres y otras curiosidades. La sala de audiovisuales donde conocerás los detalles de la historia del Descubrimiento. El barrio medieval, como representación de la vida cotidiana a este lado del Atlántico. Y la Isla del Encuentro, con la representación de la vida y cultura indígena (Turismo en Huelva).

Paseo de la Ría
     El Paseo de la Ría, situado en la margen izquierda del río Odiel, entre el muelle de Rio Tinto Company y el antiguo de Pertrechos, dispone de un espacio de más de 1.250 metros de longitud y 80 metros de anchura.
     Esta obra, que comenzó a construirse en febrero de 2009, ha supuesto una inversión superior a 23,1 millones de euros. El proyecto ha sido diseñado por el estudio José Antonio Martínez Lapeña- Elías Torres Arquitectos, quienes han estudiado cada detalle de este espacio para plasmar en el paseo distintos emblemas de los paisajes de la provincia como en el pavimento, integrado por 2,2 millones de adoquines, muestra en su variado colorido los tonos ocres y rojizos de la Cuenca minera, mientras que las ondulaciones de césped de los parterres evocan las dunas de la Costa.
     El Paseo de la Ría dispone de cuatro anfiteatros cubiertos de pérgolas para proporcionar sombra, así como un millar de pinos, característicos de las playas de la Costa de Huelva, que intentan ser el reflejo del paisaje que se observa en la otra orilla del Paseo, el Paraje Natural Marismas del Odiel.
     Este espacio cuenta con cinco aseos, además de diez quioscos para ocio y restauración. El mobiliario urbano dispone de 83 bancos, 125 sillas, 30 papeleras y cinco fuentes adaptadas para personas con movilidad reducida.
     El paseo dispone también de una amplia zona de aparcamientos, con 205 plazas, ocho de ellos para personas con minusvalía.
     El Paseo de la Ría forma parte de un gran proyecto del Puerto de Huelva de recuperación medioambiental de la marquen izquierda de la ría del Odiel, donde se han plantado especies vegetales autóctonas y se ha creado una senda peatonal a lo largo de cuatro kilómetros con paneles explicativos sobre la restauración realizada en la zona con el fin de propiciar el acercamiento de la ciudadanía al puerto, además de impulsar actividades saludables como el senderismo y el ciclismo.
     Este gran balcón hacia la ría completa este proyecto de recuperación de este espacio para la ciudad, desde el muelle cargadero de Río Tinto hasta el monumento a Colón o a la Fe Descubridora, un objetivo por el que ha apostado firmemente el Puerto de Huelva con el fin de estrechar lazos en el ámbito de las relaciones puerto-sociedad (Puerto de Huelva).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (antigua Estación de Zafra; Plaza 12 de Octubre. Jardines del Muelle; antiguo Conservatorio de Música; Colegio de Arquitectos; Iglesia de la Milagrosa; Muelle de Ríotinto. Cargadero de Mineral; Monumento a la Fe descubridora - Monumento a Colón; Muelle de las Carabelas; y Paseo de la Ría) de la localidad de Huelva (y VII), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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domingo, 7 de mayo de 2023

Los principales monumentos (Plaza de las Monjas; Iglesia parroquial de la Concepción; Edificio de UGT; Palacio Mora Claros; y Estación de Autobuses) de la localidad de Huelva (VI), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
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Plaza de las Monjas
     El origen de la Plaza de las Monjas hay que buscarlo en la fundación del convento de las Madres Agustinas, del que toma su popular nombre. Si éste se construye a principios del s. XVI, debemos suponer que la plaza se formó frente a su fachada en los primeros años de este siglo. El otro edificio que conformaría la identidad de esta céntrica plaza fue el Palacio de los duques de Medina Sidonia, erigido en los años 1656-57.
     En las calurosas noches del verano onubense, fue durante muchos años el principal centro de reunión de los vecinos. Por eso se le prestó especial importancia en los planes de reforma urbana de finales del XIX y principios del XX. Actualmente es la plaza principal del centro de la ciudad, donde confluyen calles comerciales y de restauración. 
     El visitante no puede dejar de pasar por la  Plaza de las Monjas tan singular, que se encuentra presidida por el imponente monumento a Cristóbal Colón (andalucía.org).
     
Iglesia parroquial de la Concepción
     La iglesia de la Concepción de Huelva está ubica­ da en la conjunción de la calle de su nombre con la de Méndez Núñez. Es la segunda parroquia, en antigüedad, de la ciudad. En 1516, Cristóbal Dorantes, hizo cesión de sus casas para fundar este templo, que pasa por ser de los primeros dedicados en España a la Purísima. El edificio pre­senta en planta y alzado tres naves, que desem­bocan por la cabecera en capillas absidiales. Sólo existe una capilla lateral, de estructura autónoma, en el flanco meridional del templo. La fábrica original, gótico-mudéjar del siglo XVI, está muy alterada, especialmente por las reformas llevadas a cabo durante el siglo XVIII, que ocultaron su factura primitiva, cubriéndose su nave central con bóveda de cañón. No obstante, en la restau­ración en curso, los primitivos arcos apuntados podrán verse desde las naves laterales, sobre los de medio punto.
     En la referida restauración, dirigida por el arquitecto Antonio López, se ha adoptado la solución de cubrir la nave central con bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones, y las naves laterales con bóvedas de aristas, en madera laminada. De esta forma se logrará crear el ambiente adecuado sin alterar la percepción de lo originario y lo nuevo en la restauración, al tiempo que se recrea la envoltura barroca de esta iglesia, de origen mudéjar.
     Cada arquería divisoria de naves comprende tres arcos de medio punto que apean sobre pilares con medias columnas adosadas en los extremos. Los pilares reciben, por las bandas de la nave central, sobre sus capiteles, sendos trozos de entablamento decorado con canecillos o modillones, y lucen pilastras adosadas, de menos altura, con ca­pitel jónico. En el primer pilar exento de la arquería izquierda hay una lápida de mármol blanco, cuya leyenda alude a la bandera ganada a los turcos el 16 de julio de 1537 por el capitán Andrés Carocho, con «derramamiento de sangre y la de su hijo». En el pilar frontero, otra lápida rememora al sacerdote don José Páez Fernández, asesinado en Marbella en agosto de 1936.
     Las enjutas de los arcos están decoradas con resaltos triangulares que subrayan morosamente la pausada curvatura del trasdós. Sobre los arcos, una cornisa recorre longitudinalmente toda la arquería, quebrándose en ángulo recto. Del punto central de cada uno de estos plegamientos pende una ménsula que coincide con la clave del arco correspondiente. Las dos del último tramo están ornamentadas con sendos mascarones: las del central representan dos querubines y las del primero ostentan los anagramas de María. Por encima de los referidos plegamientos de las cornisas voltean otros arcos semicirculares doblados, cobijando ventanas ciegas e indicando el nacimiento de los antiguos lunetos en la falsa bóveda, que cubrió la nave principal desde el siglo XVIII hasta 1936.
     Las naves laterales presentan por sus correspondientes flancos los tres arcos de medio punto doblado, que descargan sobre pilares con resaltos. En el arranque de los arcos aparecen impos­tas y pinjantes. Por el tramo central de la nave del evangelio se abre la única puerta lateral del templo. Frente a dicha puerta está la única capi­lla lateral, dedicada al Nazareno. La iluminación de las naves del evangelio y de la epístola llega a través de sendos ventanales barrocos, que lucen vidrieras firmadas por «La Veneciana S.A.», en 1939. Otra vidriera, la de San Alfonso María de Ligorio es de «Santarrufina», del año 1968. La puerta principal, en los pies de la nave central, tiene una estructura facetada, compuesta por tres arcos de medio punto con moldura, rosca y pinjante en la clave, configurando un peque­ño cancel con movida tribuna superior, donde se adapta un moderno órgano de tubos de siete registros y pedal.
     De la fábrica primitiva del siglo XVI tan sólo se reconocen fácilmente la capilla mayor y la que preside la nave del evangelio. A la capilla mayor se accede mediante un arco triunfal levemen­te apuntado. La semicolumna adosada al pilar exhibe un capitel corintio, mientras que el pilar luce uno dórico y la pilastra otro jónico. Con tal variedad de órdenes arquitectónicos se consigue que éste sea el sector más fastuoso ornamental­mente del templo. Sobre el facetado presbiterio se despliega una bóveda de nervadura gótica estrellada. Los nervios arrancan de unas ménsulas adosadas a los vértices del ábside. Dado este revestimiento decorativo barroco del edificio, el ábside y las nervaduras son las que delatan el origen gótico-mudéjar del mismo. Bajo el presbite­rio se halla la cripta sepulcral. La capilla absidial de la nave del evangelio conserva su cabecera facetada, cubierta con bóveda de nervadura gótica. Los siete nervios quedan recortados y adosados al muro gracias a otras tantas ménsulas.
     Se conocen intervenciones en esta iglesia en el año 1642, sobre todo en la decoración de la capilla mayor, pero las grandes obras que le han dado la configuración actual al templo son las realizadas en el siglo XVIII, sobre todo tras el terremoto de Lisboa, cuando la techumbre mu­déjar fue sustituida por una falsa bóveda y se construyó la capilla absidial izquierda, las nuevas fachadas y la elevación de la torre. En las realizadas entre 1785 y 1787 intervino Antonio de Figueroa, que tuvo gran importancia en su deco­ración barroca.
     Ya en el siglo XIX se construye la capilla de la nave de la epístola, como consta en una inscripción del intradós del arco de ingreso a la misma: «Capilla de la Hermandad del Nazareno. Año 1836». Fue mandada construir por Josefa Rivera, viuda de Trianes. Este recinto presenta un triple fraccionamiento del espacio. La estructura central, cuadrada, está dominada por una bóve­da semiesférica sobre pechinas. Las alas laterales de la capilla ostentan bóveda de cañón con lunetos y se iluminan mediante sendos ventanales abiertos en el testero frontal. La ornamentación de la media naranja propaga el movimiento a todos los elementos. En su vibrante imposta hay ocho plegamientos simétricos y sobre ellos otras tantas pilastras dobladas, de las que penden sendos pinjantes con querubines.
     Tras los destrozos e incendio del templo en 1936, la reconstrucción abarcó desde 1937 a 1939, bajo la dirección del arquitecto José María Pérez Carasa, que respetó las adiciones barrocas. También son destacables las obras realizadas en 1967, bajo la dirección del arquitecto Francisco de la Corte, cuando se puso nervios góticos a una bóveda falsa de la capilla sacramental, puesta después de la Guerra Civil, y se llevaron a cabo alteraciones ornamentales en la capilla mayor. Por último, tras la ruina del templo, provocada por las obras en un solar colindante, y la ulterior consolidación, se lleva a efecto la restauración integral del mismo, cuyas obras siguen su curso en el momento en que se redactan estas líneas.
     Al exterior, el templo presenta una imagen que responde al dictamen estético de la segun­da mitad del siglo XVIII. El volumen nace de la ordenación del espacio interior. No obstante, la fachada principal, que se encuentra en el flanco occidental del edificio, está concebida como una sobria pantalla, con la intención de enmascarar la fábrica mudéjar. La portada retablo se alza sobre gradas, rompiendo la parquedad ornamental de la fachada, conjuntamente con otros elementos de la misma, como son la distribución de los vanos y de la arquería superior que corona el conjunto, que está compuesta de tres arcos trilobulares que apean sobre pilares de sección rectangular y son obra de Lázaro Rodríguez Portillo en 1757.
     La portada se compone de dos cuerpos. El primero delimitado en tres calles por columnas de capiteles jónicos sobre elevados basamentos. La calle central más ancha que las laterales, tiene un gran arco de medio punto que permite el acceso al recinto. En las laterales, en sendas hornacinas aparecen los santos Pedro y Pablo. La cornisa del quebrado entablamento, describe, en la zona central del mismo, un vibrante oleaje. En el segundo cuerpo, de una sola calle flanqueada por columnas y cartones laterales, hay una hornacina con la Inmaculada Concepción. Más arriba, bajo la curvada cornisa asoma un ojo de buey. La otra portada, en la fachada septentrional, está flanqueada por dos pilastras dobladas con basa­mentos y capiteles. Sobre ellas un quebrado entablamento decorado con triglifos, enmarca un vano central con arco de medio punto, en cuyas enjutas hay sendos triángulos cajeados y adaptados al trasdós del mismo. Un frontón triangu­lar partido corona el entablamento, sobre cuyas vertientes lucen dos remates piramidales. En su centro, un doblado pedestal soporta una vibrante cornisa de la que pende un pinjante decorado con un querubín. Un pequeño frontón curvo remata todo el conjunto.
     Esta parroquial acepta el sistema de cubrición mudéjar. En la nave central presenta un tejado a dos aguas y las laterales a una. Sobre ellas, se pueden observar, ahora reconstruidas, tres mansardas, una a la cabecera y las dos restantes sobre las cubiertas de la nave central.
     La torre, de sólida cubicidad, subraya el ritmo ascendente de la fachada principal. Está compuesta de caña, perforada por un estrecho vano enmarcado por moldura mixtilínea. Más arriba la caja del reloj luce enmarcada por otra moldura de idéntica morfología. El cuerpo de cam­panas, de más cuidada y recargada ornamenta­ción, con columnas dórico-toscanas, tiene cuatro vanos con arco de medio punto, en cada lado, flanqueados por pilastras, que soportan un entablamento vibrante, que se prolonga con ondulante pretil decorado con jarrones cerámicos. El chapitel octogonal está alicatado de azulejería sevillana, sobre un banco igualmente octogonal. En el aspecto actual de la torre intervinieron sucesivamente Andrés de Silva, Lázaro Rodríguez Portillo y Pedro de Silva, entre 1755 y 1763.
     La disposición de los bienes muebles del interior del templo no ha sido determinada, al escribirse este texto, por lo que nos limitamos a recordar los retablos más notables y sus imágenes. El retablo de San José, neobarroco,  consta  de  tres  calles, separadas por columnas salomónicas, sobre un banco. En la hornacina central está la talla en madera estofada y policromada de San José, obra de Pérez Comendador en 1946. En sendas ménsulas a los la­ dos del titular del retablo está el grupo escultórico en madera tallada, estofada y policromada de Santa Ana y la Virgen, y un San Joaquín, ambos de la época del retablo. El cuerpo superior lo remata un ático de frontón partido, en cuyo centro hay una hornacina con la efigie del arcángel San Rafael. El retablo lo hizo Miguel Hierro Barreda en 1945, y lo doró Gómez del Castillo.
     El retablo de la Virgen del Carmen, consta de tres calles en su cuerpo central, separadas por columnas. En su hornacina principal se venera la imagen de la Virgen del Carmen, tallada en madera estofada y policromada, obra de Agustín Sánchez Cid en 1944. Y el de la Virgen del Perpetuo Socorro es en forma de arco de medio punto, decorado en su interior con rectángulos y apliques dorados, y en su exte­rior con motivos de eses vegetales contrapuestas y penacho central. Sobre la mesa de altar y sobre las gradas decrecientes, un gran ostensorio, con sol ovalado, alberga la estampa de la titular. Este, retablo fue tallado por Miguel Hierro Barreda en 1954.
     Otras esculturas de interés artístico son: una pequeña Inmaculada de estética dieciochesca, que responde a los gustos del círculo de Duque Cornejo, realizada en barro cocido, que normalmen­te está en la sacristía. Un Niño Jesús, montañesino, realizado en vaciado de plomo, con una peana de madera tallada y costillas. Anterior a 1936 es la imagen de candelero para vestir de la Virgen de la Soledad, titular de su cofradía que está erigida en la  parroquial. En 1936 Sebastián Santos Ro­jas hizo la imagen de candelero para vestir de la Virgen del Rocío. De Sebastián Santos es también la magnífica escultura en madera estofada y policromada del Sagrado Corazón de Jesús, que preside la capilla sacramental, gubiada en 1939 y que lleva una inscripción alusiva a sus donantes Doña Soledad Vélez Ramos y Doña Alberta Villar y Carros.
     Del mismo escultor de Higuera de la Sierra es el Nazareno, de gran devoción en la ciudad y realizado en 1950, que preside la capilla lateral o de los Trianes, donde radica la cofradía que le da culto. En dicha capilla, en sendas hornacinas laterales están las imágenes de la Virgen de la Amargura y San Juan Evangelista, cotitulares de la Hermandad de la Madrugada. La Virgen es una imagen para vestir de Ramón Chaveli padre en 1938. La del Evangelista es de Ramón Chaveli, hijo, en 1940. En esta capilla son destacables igualmente los ángeles pasionarios de Luis Ortega Bru, gubiados en 1951.
     En la capilla situada en la cabecera de la nave del evangelio se encuentra el Señor de la Oración del Huerto, imagen de vestir realizada por Luis Ortega Bru en 1977. En 1939 Antonio León Ortega hizo el ángel de la Oración en el Huerto. La Hermandad, titulada de la Vera Cruz, ha incorporado la imagen de un Crucificado, obra de Mariano Sánchez del Pino que se bendijo el 23 de enero de 2006. León Ortega talló en 1963 el San Juan Bautista que preside la capilla bautismal. El escultor ayamontino talló asimismo en 1968 el Crucificado que presidía este templo, hoy en la ermita de la Soledad.
     En pintura hay que señalar varios lienzos. Anónimo del siglo XVII es el de la aparición de Cristo a San Juan de la Cruz. Y de la misma época es otro de la Circuncisión de Jesús. También del Seiscientos es una Inmaculada con cierto aire zurbaranesco. Copia de un grabado de esta centuria es el óleo de un Cristo con la cruz a cuestas. Del siglo XIX es un San José con el Niño.
     Abundantes son las piezas de orfebrería. Del siglo XVII son un cáliz de plata y un portapaz con la efigie de la Inmaculada. Del XVIII es un acetre en forma de crátera, con una marca en la que aparece un castillo. Un cáliz con marca de Castro y otras ilegibles. Un copón de plata liso, con punzones de Alexandre, Cárdenas, Giralda, Cochinito y la cifra «79». Otro copón con nudo periforme y decoración de rocallas, espigas y ángeles. Unas crismeras de plata , de forma globu­lar y otras de forma cilíndrica.
     Del siglo XIX hay un cáliz con marcas de NO8DO, Flores y González. Decimonónico es también otro cáliz, con la misma inscripción, pero con marcas Espiau, Flores y NO8DO. Un tercer cáliz, de plata y pie plateado corresponde, igualmente al Ochocientos. Así como un copón con la marca Rodríguez, NO8DO; una naveta de plata punzonada de la misma forma; un relicario argénteo en forma de ostensorio con reliquia josefina.
     Por último, anterior a 1936 es el ostensorio neogótico de plata dorada. De 1928 es el copón de oro de 20 kilates, con una inscripción conmemorativa de la fiesta del Sagrado Corazón de ese año. Del orfebre Jesús Domínguez en 1958 es el magnífico sagrario de plata, en cuyo interior una inscripción indica que fue donado por la Excma. Sra. Condesa de Mora Claros (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La Iglesia presenta en el interior planta rectangular de tres naves, la central más alta y ancha que las laterales, las cuales están separadas mediante pilares rectangulares en cuyos lados menores se encuentran adosadas medias columnas sobre las que descansan arcos de medio punto, estableciéndose en sus flancos mayores pilastras jónicas y entablamento. Los muros laterales del templo se estructuran mediante arcos de medio punto sobre pilastras dóricas formando en su interior capillas-hornacinas para albergar retablos.
     La cabecera del templo presenta en las capillas mayor y del evangelio estructura poligonal, cubriéndose la primera con bóveda estrellada y nervada la del evangelio, a diferencia de la cabecera de la nave d la epístola que presenta ábside en forma recta, la cual se cubre con bóveda de arista realizada en yeso y revestida posteriormente con nervadura gótica. La capilla Bautismal se encuentra a los pies de la nave del evangelio, su espacio interno es rectangular y se cubre con bóveda de cañón. En el centro del muro de la nave de la epístola, se abre la capilla del Nazareno, la cual está compartimentada en tres tramos, el central de planta cuadrada está cubierto con bóveda semiesférica sobre pechinas, y los dos espacios laterales de bóveda de cañón con lunetos.
     La nave central de la iglesia se cubre con cubierta de madera inclinada a dos aguas con estructura vista interiormente, y las laterales con cubierta inclinada a un agua igualmente vistas interiormente. El mismo faldón que cubre la nave de la epístola recoge la capilla y las dependencias anejas.
     En el exterior, la fachada principal presenta estructura mudéjar a la que se le ha adosado una portada barroca, tipo torre-fachada. Esta se estructura en dos cuerpos, el inferior consta de tres calles delimitadas por columnas sobre pedestales y capitel jónico, realizadas en ladrillo visto. En la calle central se establece un vano de medio punto que da acceso al interior del templo, ubicándose en las calles laterales hornacinas que albergan las imágenes de San Pedro y San Pablo.
     Remata el conjunto una cornisa de forma quebrada. El segundo cuerpo presenta una calle central flanqueada por columnas sobre pedestales realizadas en ladrillo visto, en el centro se establece una hornacina con la Inmaculada Concepción y sobre ella un óculo y cornisa de perfil curvo. En la zona alta y sobre el lateral derecho, remata el conjunto tres vanos con arcos trilobulados sobre pilares de forma cuadrada y antepecho. En el lateral izquierdo sobresale el cuerpo de campanas de la torre, ésta de planta cuadrada se estructura sobre una cornisa de perfil movido, presenta, cuatro vanos de medio punto que albergan las campanas, flanqueados por pilastras y columnas, éstas realizadas en ladrillo visto y situadas en los ángulos. Se remata con una cornisa, y sobre ella, en las esquinas, por cuatro pedestales con jarrones de cerámica. Termina el conjunto con chapitel decorado con azulejos blancos y azules.
     En la fachada lateral se encuentra una portada barroca que da acceso a la nave del Evangelio. Se estructura mediante arco de medio punto flanqueado por pilastras sobre pedestales y frontón partido, en el centro de éste se establece un frontón curvo sobre ménsula, portando en su interior una cabeza de angelote. En sus laterales se ubican remates de forma piramidal. A cada lado de la portada se encuentra un retablo de cerámica con tejaroz y en su zona superior dos vanos rectangulares dan luz al interior de la iglesia, rematando la fachada una amplia cornisa. El templo se cubre con teja.
     La Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción se encuentra ubicada en el casco antiguo de la ciudad, sita en la esquina entre la calle Concepción, a la que da su nombre, y la calle Méndez Núñez.
     El origen de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Concepción, se encuentra relacionado estrechamente con la historia de la ciudad. Su construcción fue motivada por el crecimiento demográfico y espacial de la población comenzando en el siglo XV, estableciéndose en las laderas del Cabezo de San Pedro, núcleo urbano primitivo, en dirección al mar. La asistencia a los cultos religiosos de esta población hace necesario la construcción del templo.
     Edificada en el siglo XVI, es una de las primeras iglesias españolas dedicada a la advocación de la Purísima Concepción.
     Su estilo mudéjar la relaciona con la arquitectura de Andalucía occidental del momento, especialmente con iglesias de Carmona (Sevilla) y San Juan del Puerto (Huelva). Su fábrica va a quedar en estado ruinoso a causa del terremoto de Lisboa de 1755, a raíz del cual va a sufrir una serie de modificaciones y ampliaciones que son las que van a conferir su estado actual, presentando por tanto dos estilos claramente diferenciados, el mudéjar y el barroco del siglo XVIII. Estas modificaciones fueron llevadas a cabo por Andrés de Silva, Pedro de Silva, Antonio de Figueroa y Lázaro Rodríguez Portillo.
     En 1836 se construye la capilla de la Hermandad del Nazareno a expensas de Josefa Rivero, viuda de Trianes. Durante la Guerra Civil, el templo es incendiado y saqueado, sufriendo gran cantidad de destrozos. En 1937 se colocará una falsa bóveda de arista en la capilla sacramental del ábside de la capilla de la nave de la Epístola. En 1939 la iglesia será reparada por el arquitecto provincial José María Pérez Carasa. Posteriormente, en 1967, se colocarán nervios góticos en la bóveda de la capilla sacramental de la nave de la Epístola.
     Este templo fue la primera sede canónica de la Hermandad  del Rocío de Huelva desde 1883 hasta 1896 ó 1897. En 1886 ya estaba, tal como se indica en un recibo fechado el 30 de Junio que sirvió para abonar el sermón del sacerdote D. José María Pinto en esta iglesia permanecería hasta el año 1896 ó 1897 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Edificio de UGT
     Edificio de dos plantas y composición simétrica de la fachada enmarcada por dos cuerpos con balcones sobre canes y cierros acristalados que se rematan mediante castilletes en el plano de fachada ocupando sus extremos. Toma importancia en el alzado el juego cromático del ladrillo rojo y los tonos claros de los enfoscados, avitolados y jambeados, que dibujan los huecos, de dinteles planos en planta baja y frontones triangulares en planta alta.
     El planteamiento ecléctico se acentúa con el uso de canes, canecillos, balaustres, columnillas rematadas con capiteles corintios y barandas de geometría circular decoradas con motivos forales en los balcones y cierros (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Palacio Mora Claros
     De finales del siglo XIX es el palacio de Mora Claros, en la céntrica calle Botica, una mansión historicista de los arquitectos Moisés Serrano y Pérez Carasa, hoy convertida en centro de reunión para mayores (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     En un solar de esquina a las calles Puerto y Botica del centro de Huelva proyectó Moisés Serrano y Mora en 1912 la primitiva y sencilla casa para Antonio Mora Claros, inmueble que fue reformado por José María Pérez Carasa en 1919 para el mismo uso. Esta intervención, con la agregación de los solares colindantes a las dos calles que da frente, definió las características fundamentales del edificio que ha llegado a nuestros días. Las operaciones mas importantes fueron realizadas sobre las fachadas, en el interés de un resultado unitario del conjunto, y están basadas en la utilización de huecos superpuestos; ventanas apoyadas en un zócalo de piedra en planta baja sobre las que vuelan balcones, apoyados en canes, a los que abren puertas balconeras cerradas con mallorquinas. Los vanos de planta alta se hacen más complejos con el uso de cierros acristalados o con guardapolvos apoyados asimismo en canecillos.
     Este conjunto historicista se remata con una importante cornisa y con un torreón amansardado según el tipo Segundo Imperio situado en la esquina. En el interior destacan la escalera que se abre al patio, la galería que lo circunda en planta alta y las vidrieras emplomadas modernistas de esta planta y la montera sobre el patio. En 1998 culmina la rehabilitación, proyectada por Carlos Barranco Fernández de la Maza, para su utilización como Centro de Día para Personas Mayores (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Estación de Autobuses
     En un lugar céntrico, cercano al puerto y bien comunicado con las rondas de circunvalación de la ciudad, sobre un solar con forma de sector circular de radio doscientos metros se levanta un edificio de volumen unitario que se cubre en gran parte por un techo horizontal a siete metros de altura desde el suelo. Este elemento une y relaciona el gran vestíbulo con sus dependencias anejas para los viajeros y los andenes y dársenas al servicio de ellos y de los autobuses.
     Las dársenas se organizan alrededor de un amplio patio arbolado de forma circular que hace girar los vehículos en un solo sentido de entrada y salida y resuelve, evitando, el cruce del tráfico rodado con las circulaciones peatonales. Los extremos del edificio alojan usos comerciales de un lado y de otro; estación de servicio y talleres, volúmenes de menor altura en los que sin embargo el tratamiento unificador de sus muros de cierre con los del resto de fachadas del solar permiten la lectura pretendida del edificio, obra de los arquitectos Cruz y Ortiz, en 1990. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).     

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