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viernes, 15 de mayo de 2026

La Romería de San Isidro, en Algámitas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Romería de San Isidro, en Algámitas (Sevilla).  
     Hoy, 15 de mayo, Memoria de San Isidro, labrador, que en Madrid, en el reino de Castilla, juntamente con su mujer, Santa María de la Cabeza, llevó una dura vida de trabajo, recogiendo con más paciencia los frutos del cielo que los de la tierra, y de este modo se convirtió en un verdadero modelo del honrado y piadoso agricultor cristiano (c. 1130) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la Romería de San Isidro, en Algámitas (Sevilla).
     Se celebra el segundo o tercer domingo de mayo, próximo a la onomástica de San Isidro del día 15.
     Recuperada a mediados de los años setenta del siglo XX, los vecinos más jóvenes de Algámitas portan las andas de San Isidro en su onomástica, acompañados por los que van a pie o caballo hasta el Complejo Turístico de El Peñón. Allí, agrupados por lazos familiares y de amistad, disfrutan de una jornada de convivencia y de actividades organizadas por la asociación parroquial, en proceso de reconocimiento canónico como Hermandad de la Vera Cruz y el Dulce Nombre, y por la corporación local, hasta que la actividad ritual concluye con el regreso al casco urbano ya en la noche. Junto a vecinos emigrados que regresan en esta fecha, acuden de Pruna, municipio con el que se compartía una romería primigenia a primeros del siglo XX, y localidades de la comarca de Sierra Sur como El Saucejo y Villanueva de San Juan.
     Existen referencias orales de la existencia de una romería a principios de siglo. Algámitas y Pruna celebraban junta esta romería en el Convento de Caño Santo, situado en el término municipal de Alcalá del Valle, perteneciente a la provincia de Cádiz. El recorrido atravesaba los cortijos de Jurado, El Chivo, Lora y La Cañada, pero tras las quejas por los daños ocasionados en tierras y cosechas, la romería se traslada en los años cuarenta del siglo XX al santuario de Pruna. Sin embargo, la propuesta de los algamiteños de trasladar la romería al puerto del zamorano llevó a que cada pueblo celebrase su romería propia.
     Así, tras varios años sin romería, en la segunda mitad de los años setenta Algámitas recupera la festividad de San Isidro y se celebra la romería en una explanada denominada Bajo Yeso, en la carretera que conduce a El Saucejo.
     En los primeros años de los ochenta se traslada a la Cueva de San Doroteo en el Peñón. Finalmente en los últimos años la romería se celebra en el Complejo Turístico de El Peñón.
     Se realizan diversas actividades (rifas, loterías) para financiar la fiesta al cabo del año.
     Por otro lado, el día anterior a la romería un grupo de hermanas prepara la Iglesia y la imagen para la festividad.
     La actividad comienza con la celebración a las nueve y media de la mañana de un acto litúrgico. A su finalización los vecinos comienzan el recorrido, portando en primer lugar un pendón, que encabeza  la comitiva, y los más jóvenes la imagen de San Isidro a hombros, mientras son acompañados en el caminar por la música de la banda municipal.
     Una vez que llegan hasta el Camping del Peñón de Algámitas, recinto preparado para la celebración, la imagen de San Isidro, es depositado en un pequeño altar, situado en una capilla construida para ello. 
     A partir de este momento se celebran las comidas grupales de los vecinos agrupados por lazos familiares y de amistad. 
     Durante muchos años, la comida de la romería era un guiso de garbanzos que se repartía entre los asistentes de la romería. En la actualidad las comidas de romería son paellas o carnes a la brasa, si bien muchos romeros aprovechan el sitio para comer en el restaurante del complejo.
     Ya en la tarde se celebra un concurso local de sevillanas y alrededor de las siete se produce el regreso a la localidad con la imagen,  que es llevada de nuevo a hombros por jóvenes de la localidad.
     En la actualidad, y tras un primer intento en 1958, se está en proceso de creación de la Hermandad del Cristo de la Veracruz, María Santísima de los Dolores y el Dulce Nombre de Jesús, que es una hermandad de penitencia que también se hace cargo de la organización de esta romería. Pero aún es una asociación parroquial la que organiza la actividad. 
     Antes de la imagen de San Isidro, traída por el padre Alegre en el año 1971, no existían imágenes dentro de la iconografía religiosa de la Iglesia para esta romería, ya que se llevaba una cruz al lugar de  Caño Santo.
     La importancia y participación en esta romería ha ido en aumento desde que se celebra en El Peñón, ya que ese lugar reúne las condiciones adecuadas para "tener un buen día de campo" (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Isidro, labrador:
LEYENDA
   Santo legendario español que habría nacido en Castilla hacia 1070  muerto en 1130. Su vida y milagros fueron relatados a finales del siglo XIII por Juan Diácono.
   Peón de granja en los alrededores de Madrid, interrumpía su trabajo con frecuencia para rezar. Sorprendido por su patrón, fue reemplazado en el arado por un ángel que terminó el surco mientras él se entregaba a la oración. Hizo brotar una fuente con su laya. Condujo al molino un cargamento de granos que llegó completo, aunque durante el camino hubiera alimentado a las palomas hambrientas. Dio a un pobre la sopa que cocía para sí en el fuego, y la olla se llenó de nuevo, milagrosamente. Salvó a un niño que se había ahogado en un pozo.
   La historicidad de este santo rústico es dudosa. Como en el caso de Santa Eulalia, es posible que se trate de un caso de duplicación o dicotomía. Para competir con Sevilla, Madrid también quería tener un San Isidoro, muy diferente por cierto, al Doctor egregius: un trabajador manual en lugar del intelectual, que trabajaba no con su cerebro sino con sus manos. Pero resulta sorprendente que una ciudad que fue elevada al rango de capital del reino en el siglo XVI haya elegido precisamente a un campesino como santo patrón.
CULTO
   Beatificado cuatro siglos después de su muerte, en 1618, Isidro Labrador fue canonizado en 1622 por el papa Urbano VIII, en la misma promoción que San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y Santa Teresa de Jesús. Su fiesta se fijó el 15 de mayo, en primavera, en la estación de la siembra.
   Su mujer fue igualmente santificada, con el nombre de Santa María de la Cabeza, a causa de su cabeza relicario que los campesinos llevaban en procesión para conseguir que lloviera.
   Se convirtió en patrón de Madrid, donde la antigua iglesia de los jesuitas se transformó en catedral bajo la advocación de San Isidro el Real.
   En Roma, el convento de la iglesia de San Isidoro, cerca de la Porta Pinciana, debe su fama sobre todo a los prerafaelitas alemanes, llamados Nazarenos, que se instalaron allí a principios del siglo XIX, para hacer una vida monástica a la manera de Fra Angelico.
   El culto de San Isidro enjambró en el siglo XVIII en ciertas provincias francesas: en Forez, Picardía y Bretaña, donde está representado como campesino de la región. Su popularidad está igualmente probada en Baviera, en Austria, y sobre todo en el Tirol
   Es el patrón de los labradores y de los granjeros y se lo considera el protector de las cosechas.
ICONOGRAFÍA
   Vestido de campesino, conduce un tiro de bueyes blancos o reza arrodillado mientras un ángel lo reemplaza en el arado. Además del arado suele tener como atributos otras herramientas agrícolas: una podadera, guadaña, mayal e incluso una gavilla de espigas de trigo. Además se lo reconoce porque hace brotar una fuente con un golpe de laya. 
   La laya podría hacerlo confundir con San Fiacro. Pero el arado, la hoz y la gavilla de trigo permite identificarlo.
   En Bretaña lleva el traje típico campesino: sombrero redondo con cinta, chaleco bordado y calzones anchos (este caso, muy infrecuente, de un santo español bretonizado es una curiosidad iconográfica que merece subrayarse. San Fiacro, otro santo rústico de origen irlandés, también fue "naturalizado" en Bretaña, pero éste se había convertido en francés por su apostolado en Brie, mientras que San Isidro nunca estuvo en Francia, Santa Zita de Lucca también ha sido representada con la cofia bretona).
   En Alemania a veces forma pareja con Santa Notburga (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Isidro, labrador;
     San Isidro Labrador, (Madrid, f. s. XI – f. s. XII). Santo, patrón de Madrid.
     San Isidro es más conocido por la tradición popular que por los datos auténticamente históricos que se poseen sobre su vida. A pesar de todo, es uno de los pocos santos medievales cuyos milagros fueron recogidos en un códice, redactado en la segunda mitad del siglo XIII y en latín, por orden del rey Alfonso X para la Capilla Real ubicada junto al altar mayor de la parroquia de San Andrés de Madrid, en donde, desde hacía varias décadas, era venerado su cuerpo incorrupto, generando uno de los lugares de peregrinación más importantes de Castilla. El autor del códice fue Juan Gil de Zamora, un cortesano, teólogo, franciscano, sabio escritor, erudito y humanista, colaborador de Alfonso X en su obra hagiográfica, conocida, sobre todo, por Las Cantigas de Santa María.
     De la primera parte de dicho códice es de donde se extraen los escasos datos biográficos que se tienen, luego confirmados, en unos casos, y aumentados, en otros, por la tradición popular, bien intencionada, aunque, desafortunadamente, falta, en algunos casos, de criterio histórico. Se trata de cinco milagros realizados en vida del personaje, todos ellos contextualizados en la realidad social y económica de su tiempo, por lo que, prescindiendo del hecho extraordinario en sí que supone cualquier tipo de milagro, se pueden rastrear conceptos e ideas que ayudan, bien que de manera incompleta, a reconstruir aunque sólo sea algunos retazos de su vida.
     Al no tratarse de una biografía al uso, ni pretender su autor que lo fuera, el códice no señala lugar y fecha de nacimiento, ni filiación ni otros datos que ilustren realmente sobre el ciclo vital del personaje. La tradición señala que nació en Madrid, allá por finales del siglo XI, coincidiendo con la nueva coyuntura histórica que supuso el paso del reino de Toledo a manos cristianas en el año 1085 por el rey Alfonso VI, tras un pacto o acuerdo con el rey taifa Al-Qādir. Madrid y otros lugares pertenecientes a este reino se convierten, así, en zonas fronterizas con la España islámica, muy castigadas por el ataque, primero de almorávides y luego de almohades, todo lo cual determinó el carácter y hasta la vida política, institucional y religiosa de sus gentes. Su vida se desarrolló durante los reinados en Castilla de Alfonso VI, la reina doña Urraca y Alfonso VII.
     Es muy probable que fuese mozárabe, ya que este grupo social fue numeroso en tierras toledanas, es decir, del antiguo reino de Toledo, que comprendía también Madrid y Guadalajara, estableciéndose en los fértiles valles fluviales, dedicándose a la agricultura y sus miembros repartidos en alquerías, aldeas y villas; la mayor parte lo hizo como campesinos independientes o collazos adscritos a la tierra y vinculados a algún señor, caso de san Isidro con Juan de Vargas, un plebes milites, o sea, caballero villano de ascendencia mozárabe que pudo beneficiarse de los repartimientos de tierras de Alfonso VI gracias a los servicios prestados al Rey cuando la toma de Toledo.
     El códice sólo señala que san Isidro estaba casado y era padre de un hijo. Es la tradición la que pone nombre a la esposa, María de la Cabeza, y al hijo, Juan o Illán, el cual de niño cayó a un pozo y fue rescatado sano y salvo por las oraciones de sus padres. De adulto llegó a adquirir fama de santo, cuando marchó a vivir a la ribera media del Tajo, en tierras de Toledo, en donde realizó algunos milagros muy parecidos a los de su padre. El códice señala que san Isidro era un humilde arrendatario que trabajaba a cambio de un sueldo anual, lo cual encaja perfectamente con la definición de collazo, siendo costumbre que estuvo la mayor parte de su vida vinculado a los Vargas, aunque se le conocen otros amos.
     Asimismo, el códice lo presenta trabajando en Madrid y establecido en un campo próximo a la villa, que la tradición, de nuevo, identifica con la heredad de Juan de Vargas en Carabanchel, junto a la ribera derecha del río Manzanares, entonces llamado Guadarrama, en una casa de labor situada en medio de tierras fértiles dedicadas al cultivo de cereales. Recuérdese que dichas tierras ocupan una buena parte de las terrazas fluviales de dicho río y que sobre la casa de labor que ocupó la familia se levantaría, ya en el siglo XV, una ermita, aprovechando el manantial y la fuente construidos por el mismo santo, cuyas aguas tienen propiedades curativas, según fue reconocido por Roma en el propio proceso de canonización. Este hecho llevó a identificar al personaje no sólo como labrador, sino también como pocero, atribuyéndosele muchos de los pozos que hoy día se conservan en distintos puntos de Madrid.
     Los cinco milagros, que se pueden denominar biográficos, muestran a un campesino madrileño que realizaba las labores propias de su oficio: la labranza de la tierra con yugo de bueyes y arado y que acudía al molino a moler trigo en el invierno. Cotejando estas noticias con los datos históricos que se tienen sobre la vida campesina de la época, se encuentra uno con una realidad fehaciente, una agricultura de arado y la práctica de la molienda durante el invierno, después de la siega del verano, cuando el grano, que había permanecido recogido en silos, era transportado a alguno de los molinos hidráulicos madrileños que funcionaban a pleno rendimiento, porque el Manzanares venía muy crecido de agua, cuya energía hacía funcionar la rueda de moler.
     En este contexto se sitúan los dos primeros milagros: el del molino y el de los bueyes. En el primer caso, el santo se dirigía a un molino, que la tradición identifica con el de La Arganzuela, junto al puente de Toledo, en compañía de un mozo o ayudante, para moler trigo, y en mitad del camino ofreció de comer a unas hambrientas palomas, ateridas por el frío y la nieve, siendo objeto de la burla de su acompañante por derrochar de esa manera el trigo. El milagro se produjo cuando, al llegar al molino, los costales de ambos se encontraban repletos, sin que faltase nada.
     La moraleja refleja una idea muy propia de la mentalidad religiosa de la época: la caridad hacia los animales, obra de Dios y seres de la Creación, y la Providencia Divina para quien la practica.
     El segundo milagro muestra cómo el tiempo dedicado a la oración no merma el rendimiento laboral, más al contrario, lo hace fructificar y multiplica sus beneficios, poniendo de manifiesto que la vida del cristiano no se fundamenta exclusivamente en el trabajo, sino también en la oración, en un momento histórico, como el siglo XIII, época de redacción del códice, en que la mentalidad burguesa proponía el trabajo como la única meta de realización personal.
     Según el códice, los compañeros se quejaban al amo de que san Isidro se incorporaba tarde a la labranza, porque desde el amanecer se pasaba la mayor parte del día rezando por las iglesias que había a su alrededor.
     El amo, queriendo comprobar personalmente las acusaciones, espió una mañana a Isidro y observó atónito cómo un yugo celestial de bueyes blancos, a la par que su propio yugo, ayudaba al santo a realizar la labranza, aumentando, de esta manera, los rendimientos y los esfuerzos de su trabajo, supuestamente disminuidos por el tiempo dedicado a la oración.
     El resto de los milagros se contextualizan no en el trabajo rural, sino en el marco de las prácticas religiosas de la época: el milagro del lobo, el de la olla y el de los pobres. El primero presenta a un Isidro espiritual que no abandonaba la oración ni la posponía ante ningún contratiempo. Unos chiquillos, mientras estaba rezando un día de verano en la iglesia de Santa María Magdalena, identificada con la actual ermita del cementerio parroquial de Carabanchel Bajo, le alertaron de que había un lobo feroz que persiguió a su borriquillo, ocasionándole heridas de muerte. Sin embargo, el santo, pacientemente, terminó de hacer su oración y cuando salió de la iglesia se encontró al lobo muerto y al jumento en perfecto estado. El nombre de la iglesia, uno de los pocos topónimos que aparecen en el códice, y la idea del borriquillo, trasladan al ambiente histórico de una época en que los campesinos se valían de estos animales para sus desplazamientos y como bestias de carga y sin los que no se entiende la gran movilidad de estas gentes de unos lugares a otros, recorriendo, a veces, grandes distancias.
     Los dos últimos milagros se refieren a la práctica de la caridad. En el de la olla, la comida se multiplicó repentinamente cuando un pobre acudió un sábado a su puerta demandando limosna. Parece ser que había costumbre de que este día se repartiesen alimentos entre los más necesitados. El pobre del relato llegó el último y, al parecer, la comida se había terminado; sin embargo, san Isidro interpeló a su esposa y le rogó que mirase si aún quedaba algo en la olla. Ésta acudió, llena de incredulidad, y comprobó sorprendentemente que estaba llena.
     El último de los milagros presenta la existencia de cofradías seglares, que durante los siglos XII y XIII fueron muy dinámicas, y se manifestaron como el medio más ideal de la participación de los laicos en la vida de la Iglesia, así como la recuperación de un estilo de vida cuyas raíces se hunden en la espiritualidad de las primeras comunidades cristianas. San Isidro perteneció a una de estas cofradías y, durante una de las comidas de hermandad, llegó tarde, debido a que había estado rezando en las iglesias, introduciendo consigo a unos pobres que había encontrado en la puerta pidiendo limosna. La comida se había acabado, quedando sólo la ración que los comensales habían reservado al santo. El milagro quiso que la olla estuviese, de repente, repleta de comida, con lo que se pudo dar de comer a los pobres y aún sobraron alimentos para muchos más. Este milagro se sitúa junto a la iglesia de Santa María Magdalena, a donde los cofrades, que habían presenciado el milagro, acudieron a dar gracias a Dios. Ello provocó que la tradición identificara esta cofradía con la que desde muy antiguo existió en Carabanchel Bajo, bajo la advocación del apóstol Santiago.
     Este hecho vincula, una vez más, a san Isidro con la entonces aldea madrileña y sus tierras, pareciendo más que probable que durante la mayor parte de su estancia en Madrid viviese en este contexto rural y no en la villa, según se desprende del propio códice.
     La tradición, sin embargo, le vincula también laboralmente con otros lugares de fuera de Madrid, en donde los Vargas tenían heredades, básicamente la sierra norte madrileña y las tierras del Jarama, caso de Buitrago del Lozoya, Talamanca y, especialmente, Caraquiz, en los términos municipales de Torrelaguna (Madrid) y Uceda (Guadalajara), en donde pudo conocer a su esposa y contraer matrimonio.
     El último relato biográfico representa la muerte de san Isidro y su enterramiento. Se trata de un reflejo del ideal de la perfecta muerte cristiana, acompañada de unos gestos y símbolos concretos que reflejan y se enmarcan, de nuevo, en la realidad histórica. El santo hizo testamento de sus escasos bienes, considerado por la Iglesia como un acto de piedad y de fe. Después, ya enfermo, y en el lecho de muerte, recibió el viático, se golpeó el pecho, en señal de arrepentimiento, juntó sus manos, cerró los ojos, realizó la señal de la cruz y, por último, exhaló el espíritu.
     Esto sucedía a finales del siglo XII, en una fecha imprecisa que varía, según los biógrafos, entre la década de 1170 y la de 1190. La tradición asegura que pudo morir un 30 de noviembre, festividad del apóstol san Andrés, ya nonagenario y en la casa que Juan de Vargas tenía en la collación de San Andrés, que no sería la casa principal del caballero, sino una de sus propiedades para sirvientes y demás, en una collación donde predominaban los campesinos mozárabes vinculados a su familia y en la que habría cuadras, silos, graneros, establos y otros habitáculos en un ambiente muy rural, de ahí la llamada cuadra de San Isidro, donde, según la tradición, el santo guardaba el ganado. Es evidente que, ya de mayor, se retiró a vivir sus últimos años a esta collación. Durante este tiempo la tradición popular asegura que continuaba con sus prácticas piadosas, especialmente la devoción a la Virgen de Atocha, cuyo santuario se había convertido en un importante centro de peregrinación, y a Nuestra Señora de la Almudena.
     Fue enterrado en el cementerio de la parroquia de San Andrés, la última que, durante su vida laboral, visitaba antes de proseguir su camino hacia el campo.
     Allí, en una sencilla fosa, sin lápida, ni nombre, ni ninguna otra señal, permanece casi olvidado de todos, hasta tal punto que en tiempo de lluvias un arroyuelo penetraba en su interior, inundando la sepultura.
     Después de cuarenta años, su cuerpo fue localizado milagrosamente, según creencia popular, por revelación divina, encontrándose incorrupto y siendo trasladado al interior de la iglesia.
     A raíz de su identificación por Alfonso VIII como el pastor que había ayudado a las huestes cristianas a vencer a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa de 1212, se desarrolló su culto, construyéndose una capilla y un arca para contener su cuerpo, todo lo cual quedó bajo el patronato de la Corona, permaneciendo, de este modo, el santo y todo lo referente a su tradición vinculado secularmente a la Casa Real.
     A finales del siglo XVI, se dieron los primeros pasos para su canonización, que no concluyó hasta el siglo siguiente. En 1619, el papa Pablo V le declaró beato y el 12 de marzo de 1622 Gregorio XV le canonizó, junto a los españoles Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús y el italiano Felipe Neri.
     Sin embargo, su bula de canonización no fue emitida por Roma hasta el 4 de junio de 1724, bajo el pontificado de Benedicto XIII. El 16 de diciembre de 1960 Juan XXIII le declaró patrón de los agricultores españoles.
     Ya desde el siglo XVI, a raíz de la colonización de América y el imperio español, su culto se había extendido por América, Filipinas y parte de Europa.
     Es patrón de Madrid y de otros muchos pueblos y ciudades (Tomás Puñal Fernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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domingo, 5 de abril de 2026

El Día del Huerto, en Algámitas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Día del Huerto, en Algámitas (Sevilla).  
     Hoy, 5 de abril, es Domingo de Resurrección. Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: La Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne.
     En este día Dios nos ha abierto las puertas de la eternidad por medio de su Unigénito, vencedor de la muerte, y pedimos ser renovados por el Espíritu Santo para resucitar a la luz de la vida (cf. 1.ª orac.). Hoy es el día en que actuó el Señor. La piedra que desecharon los arquitectos —Cristo en su pasión— es ahora la piedra angular una vez que ha resucitado (cf. sal. resp.). Y creemos en este misterio gracias al testimonio de los apóstoles que comieron y bebieron con él después de su resurrección (1 lect.) y vieron el sepulcro vacío (Ev.). A partir de ahí, una vez que por el bautismo hemos resucitado con Cristo, busquemos los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios (2 lec.) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Día del Huerto, en Algámitas (Sevilla).
     Como es tradición también en Villanueva de San Juan, la población de Algámitas celebra el Domingo de Resurrección recreando en la Plaza de la Iglesia un huerto con hortalizas y un corral con animales que aportan los vecinos. Desde que en la mañana se invita a chocolate y rosquitos de huevo, pestiños y torrijas elaborados con recetas caseras por las mujeres, durante el día se suceden actuaciones culturales y musicales, se subastan los productos de huerta y los animales y se finaliza, ante la expectación y muestras de júbilo de los asistentes, con la quema de un pelele que representa a Judas y que pende de un mástil erigido en el lugar. Aunque desaparecida durante años, hoy día esta actividad ritual cuenta con gran participación comunitaria y la afluencia de visitantes que va aumentando año tras año y que también acuden a la localidad vecina en uno de los momentos más significativos de la Semana Santa en la comarca.
     En el año 1958 hubo un intento de crear la Hermandad del Cristo de la Vera Cruz, sin embargo no prosperó y en al año 2004 vuelven a tomar la iniciativa, cambiándole el nombre por Asociación Parroquial del Dulce Nombre de Jesús, Cristo de la Veracruz y Virgen de los Dolores, en proceso de ser reconocidos por la Iglesia, mientras que ésta actúa como hermandad y con casa de hermandad en la sede parroquial.
     La fiesta de los Judas desapareció en los años sesenta del siglo XX porque un alcalde la prohibió en los primeros años de esa década. La fiesta se recupera en la década de los años ochenta con los primeros Ayuntamientos democráticos.
     En la tarde del sábado los hombres van al campo a recoger ramas de chopos (variedad local de eucalipto), de almendros y otras plantas para la preparación del huerto. Las plantas de jardín las donan las familias, así como las hortalizas y verduras (lechugas, calabazas, zanahorias,...). El huerto se prepara con arena que previamente se ha encargado el Ayuntamiento de comprarla en establecimientos de material de construcción. En un rincón de la plaza se instala un habitáculo abierto con objetos etnográficos de preparación de quesos, objetos elaborados con el trenzado del esparto (alpargatas, capachas, forro de botella, etc.) que son reproducciones de actividades y oficios del pasado y pertenecen a una coleccionista local del "El Museo de la Paca".
     Por otro lado, los rosquitos, los pestiños y las torrijas son elaborados por las mujeres de "La Asociación de Mujeres de Algámitas" en la tarde del Sábado Santo, alrededor de unas diez mujeres, que son las que realizan la figura del Judas. El Judas se rellena de aserrín de la carpintería local y se viste con ropa usada en deshecho. A las once de la noche el Judas se cuelga del tronco erigido para la actividad ritual en el centro  de la plaza.
     La fiesta del Huerto con el Judas se inicia en la mañana del Domingo de Resurrección, invitando a los visitantes a desayunar chocolate y rosquitos de huevo, pestiños y torrijas elaborados con recetas caseras por las mujeres en la tarde del sábado.
     Los visitantes recorren el huerto y van observando los productos y animales que más tarde se van a subastar. Mientras, los niños y niñas van llegando con los hornazos para concursar. Para ello, se ha instalado una hilera de mesas a la entrada de la plaza, frente a la iglesia. A la una y media de la tarde se celebra el concurso de hornazos con tres premios, aunque se da un pequeño regalo a todas las personas que participan. 
     En otro rincón de la plaza, se elaboran unas migas gigantes, que se reparten entre los presentes sobre las dos de la tarde, mientras la orquesta ameniza con música a los presentes.
     Posteriormente proceden a subastar los animales, que previamente donan los vecinos y vecinas del pueblo. La recaudación de la subasta es para la hermandad. La barra instalada por ésta está frente al huerto, surten de bebidas y comidas, son camareros voluntarios, la mayor parte son miembros de la junta directiva.
     Después de la subasta tiene lugar el acto más esperado, la "Quema del Judas", colgado en el extremo superior de la enorme viga de madera, rompiendo en un aplauso de los asistentes a su finalización. Pese a terminar la celebración a las tres, muchos de los presentes continúan la tarde festiva en "El Huerto" de Villanueva de San Juan, ya que en esta vecina localidad dura hasta la madrugada.
     La fiesta del Huerto desaparece en los años cincuenta del siglo XX y se recupera en los primeros años de los Ayuntamientos democráticos.
     Una de las transformaciones más significativa es la creación de la Hermandad de la Vera Cruz para organizar la fiesta de la Semana Santa de Algámitas. 
     Los hornazos se elaboran con nuevos ingredientes: palomitas de maíz, galletas, regaliz de colores, etc. Dejan de usarse los ingredientes tradicionales, es decir la harina y el huevo, dando como resultado un hornazo más vistoso en coloridos y formas, que nada tiene que ver con el tradicional, tampoco en presentación, textura y sabor. 
     La elaboración del Judas cambia, porque antes se rellenaba de hierbas y ahora de serrín para que pueda ser quemado con mayor facilidad. Antes era costumbre arrojarlo desde el campanario y se rellenaba con hierbas del campo, para finalmente ser tiroteado, y no prendiéndole fuego como se realiza actualmente.
     Se introduce la invitación del Ayuntamiento al desayuno y la comida de migas desde 2004 y la subasta de animales para recaudar fondos.
     La Semana Santa de Algámitas la organiza la Asociación Parroquial del Dulce Nombre de Jesús de la Vera Cruz y Virgen de los Dolores; se definen como la Hermandad de la Vera Cruz de Algámitas. 
     En el Domingo de Resurrección participa también en la organización el Ayuntamiento, sobre todo en el montaje del huerto, aunque  la mayor parte de la responsabilidad organizativa es de la asociación parroquial y la de mujeres que participa en la elaboración de alimentos.
     El espacio en el que se desarrolla la actividad es la plaza de la Iglesia, escenario principal en el que se recrea el huerto, se quema el Judas y los participantes la ocupan durante todo el día de celebración.
     La Plaza de la Iglesia es una plaza urbana situada en pleno centro, donde se ubica la Iglesia del Dulce Nombre y el Ayuntamiento. Es el escenario de todo el espacio y el tiempo ritual del Domingo de Resurrección, recreándose un huerto y erigiendo un mástil del que pende el Judas, pelele de trapo que es quemado públicamente ante la expectación de los asistentes. Se convierte también en espacio de comensalismo comunitario, al instalarse barras de comida y bebida a un lado, mientras que en el otro la corporación local ofrece el desayuno con  los populares roscos fritos y pestiños.
     Uno de  los dulces que se elaboran y consumen el Domingo de Resurrección en la localidad de Algámitas, son los rosquitos elaborados con base de masa de pan y fritos en aceite. Dulces muy extendidos por la Sierra Sur sevillana y otras comarcas de la región andaluza, aunque con variaciones en la receta y procedimientos. Generalmente el espacio tradicional de elaboración y consumo, llevado a cabo por mujeres que han ido transmitiendo sus recetas de generación en generación, es el ámbito doméstico, aunque, como en el caso de Algámitas, estos dulces son elaborados para ser consumidos entre los asistentes a la Quema del Judas en la plaza donde se ha instalado y recreado un huerto.
     Los ingredientes utilizados su elaboración son huevos, azúcar, azúcar, aceite, ralladura de la piel de limón, harina de repostería, canela y matalahúva. 
     El primer procedimiento para la elaboración de los rosquitos consiste en freir la matalahúva en el aceite, se saca y reserva. A continuación se amasa la harina con el aceite y los huevos. Se muele la canela y se añade a la masa junto con la matalahúva, la ralladura de limón y el azúcar. Se vuelve a amasar de nuevo la mezcla resultante, hasta conseguir una masa que se pueda trabajar con las manos y darle forma de roscos. Una vez hechos los roscos, se fríen el aceite de oliva y se sacan. Finalmente, se espolvorean con azúcar al gusto y se comen fríos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor las Tradiciones evangélicas canónicas y apócrifas, explicaciones racionalistas, y la Iconografía de la Fiesta de La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo;
      La Resurrección de Cristo, que garantiza la de los muertos gracias a la ecuación Christianus alter Christus, es el dogma esencial de la religión cristiana. Según san Agustín, si se retira la fe en la resurrección, toda la doctrina cristiana se derrumba. Pero la fe en un dios que muere y resucita no es en absoluto exclusiva y específicamente cristiana. Se trata de una creencia universal que se encuentra en la mayoría de las religiones antiguas: entre los egipcios, en el culto de Osiris; entre los sirios, en el de Adonis. Ha sido inspirada por la alternancia de las estaciones, el renacimiento de la vegetación después de la muerte aparente del invierno. Debe señalarse que, efectivamente, las fiestas de la Resurrección divina: las de Adonis, y la Pascua cristiana, por ejemplo, coinciden con el despertar de la primavera.
Tradiciones evangélicas y explicaciones racionalistas
    Ninguno de los discípulos de Cristo pretende haber presenciado su Resurrección, que ocurrió sin testigos. Los Evangelios narran simplemente que cuando, tres días después de la Crucifixión en el Gólgota, las Santas Mujeres fueron al sepulcro a llevar perfumes, lo encontraron vacío. Un ángel estaba sentado sobre la piedra de la puerta de la tumba, corrida, y les anunció que Cristo había resucitado.
     La primera descripción detallada del milagro se encuentra en los escritos de Efrén el Sirio. De acuerdo con dicho autor, Cristo salió de la tumba para ascender al cielo inmediatamente.
     Para explicar la misteriosa desaparición del cuerpo del Crucificado, los judíos insinuaron que se trataba de una impostura de sus discípulos que habían sacado el cuerpo de su maestro de noche, en secreto, para dar crédito a la Resurrección. Los cristianos habrían inventado la leyenda de la tapa sellada y de la guardia apostada en el Santo Sepulcro.
     Los críticos racionalistas no descartan del todo la acusación judía de fraude, pero además proponen otras dos hipótesis. 
   lª. La muerte de Jesús sólo habría sido, como la de Lázaro, muerte aparente (Scheintod). En la cruz sólo habría perdido el conocimiento después de la lanzada, y lo habría recuperado en la gruta del sepulcro.
     2ª. Las Apariciones invocadas en apoyo del milagro, serían un fenómeno de autosugestión colectiva. Al no poder resignarse a la muerte de su maestro, los discípulos habrían creído verlo con los ojos, cuando en verdad él sólo habitaba en sus corazones.
     ¿Por qué la Resurrección ocurrió el tercer día después de la muerte? Ese triduum mortis se explica por la prefiguración bíblica de Jonás, que pasó el mismo tiempo en el vientre de la ballena, y también por la creencia popular que aseguraba que el alma y el cuerpo del difunto sólo se separaban definitivamente tres días después de la defunción.
El desacuerdo entre los evangelios canónicos y apócrifos
     Los Evangelios no concuerdan acerca del número de Santas Mujeres portadoras de perfumes, o Marías, cuyos testimonios constituyen, sin embargo, el fundamento de la creencia en la Resurrección.
     En el Evangelio de Juan (20: 1), sólo se habla de una Santa Mujer: María de Magdala. Mateo (28: 1 - 7), nombrados: María Magdalena y María Cleofás; Marcos (16: 1) cuenta tres: María Magdalena, María, madre de Santiago, es decir, María Cleofás, y María Salomé. Finalmente Lucas (24: 10), suma a las dos Marías un número indeterminado de Santas Mujeres («Juana y las demás que estaban con ellas»).
     Existen las mismas divergencias acerca del número de ángeles anunciadores. Juan no menciona ninguno, Mateo y Marcos hablan de un solo ángel sentado sobre la piedra del sepulcro. Lucas cree saber, por el contrario, que las Santas Mujeres se encontraron en presencia de «dos hombres vestidos de vestiduras deslumbran­tes».
   A pesar de estas diferencias de detalle, los cuatro evangelistas coinciden en un punto: para ellos, la Resurrección de Cristo es un retorno momentáneo de Jesús a la vida terrestre, porque hizo numerosas apariciones en Judea y en Galilea antes de Ascender al cielo cuarenta días más tarde. En los Evangelios apócrifos, por el contrario, la Resurrección se confunde con la Ascensión. Cristo resucita para ascender al reino de los cielos de inmediato.
Iconografía
     Esas diferencias en los textos evangélicos y en la tradición explican la falta de fijeza de la iconografía.
     En la evolución de este tema pueden distinguirse tres fases:
   1. La Resurrección simbólica .
   2. La Visita de las Santas Mujeres al Sepulcro.
   3. Cristo saliendo del sarcófago.
   4. Cristo planeando encima de su tumba.
1. La Resurrección simbólica
     La Resurrección comenzó por ser representada simbólicamente, igual que la Crucifixión, mediante una cruz desnuda (crux nuda), rematada en el monograma de Cristo. En el sarcófago de la Pasión del Museo de Letrán, el crisma está inscrito en una corona que picotean dos pájaros posados sobre el travesaño de la cruz. Abajo de ésta hay dos guardianes sentados, uno despierto y otro dormido; lo cual prueba muy bien que se trata de un símbolo de la Resurrección y no, como se ha pretendido, de la  Crucifixión.
     Más tarde, el arte prefigurativo inspirado por los teólogos recurrirá a tipos tomados del Antiguo Testamento o de los Bestiarios.
     La Biblia moralizada no enumera menos de cinco prefiguraciones de la Resurrección:
     l. José liberado de la prisión es invitado a comparecer ante el faraón, como Jesús salido de la tumba ante Dios Padre.
     2. Sansón mata mil filisteos con una quijada de asno, así como Cristo resucitado pone en fuga a sus enemigos.
     3. David huye de la casa de Saúl con la complicidad de su mujer, Micol que pone un maniquí en su cama; los soldados sólo encuentran un simulacro. Los guardianes del Santo Sepulcro ven la tumba vacía.
     4. Tobías captura el pez del Tigris que se disponía a devorarlo.
     5. Jeremías es extraído de la cisterna donde había sido sepultado.
     Las dos prefiguraciones bíblicas más usuales son Jonás saliendo tres días después de ser tragado del vientre de la ballena y Sansón arrancando las puertas de Gaza con sus hombros. Esos dos símbolos son los que más armonizan con la Bajada al Infierno de los justos, que en la Iglesia griega es la imagen de la Resurrección propiamente dicha, puesto que el monstruo que vomita a Jonás es asimilado a Leviatán, y las puertas de la ciudad de Gaza prefiguran las puertas del Infierno derribadas por Cristo. El Speculum Humanae Salvationis suma a Sansón y a Jonás numerosos símbolos tomados de los Bestiarios. Los más populares son el león que resucita a sus cachorros mediante su rugido, el fénix que renace de sus cenizas, el pelícano que reanima a sus polluelos con la sangre de su pecho abierto. Pero también allí la asimilación deja mucho que desear, puesto que no es el león o el pelícano quienes se pueden comparar con Cristo resucitado, sino los hijos de éstos.
     Los ejemplos más bellos son el púlpito recubierto de esmaltes champlevé de Klosterneuburg, ejecutado en 1181 por Nicola de Verdun, y una vidriera prefigurativa de la catedral de Bourges.
     Estas representaciones prefigurativas, popularizadas por la Biblia moralizada, la Biblia Pauperum (de los Pobres) y el Speculum Humanae Salvationis, persistieron hasta finales de la Edad Media.
2. Las tres Marías en el Santo Sepulcro
     Hasta el siglo XIII el arte cristiano de Occidente evocó la Resurrección de Cristo en la forma indirecta de Las Santas Mujeres en el Sepulcro. Por otra parte, esta es la única representación que está de acuerdo con el relato de los Evangelios.
     Pero en ciertos ciclos, antes de Las Santas Mujeres en el Sepulcro se sitúa una escena pictórica popularizada por el teatro de los autos sacramentales: La compra de los perfumes.
     1. Las santas mujeres y los vendedores de perfumes
     Antes de dirigirse hacia el Sepulcro, las Santas Mujeres compran perfumes para embalsamar el cuerpo de Jesús y preservarlo de «la mordedura del gusano» .
     La idea de embalsamar un cadáver sepultado dos días antes resulta poco verosímil, pero se necesitaba un motivo que condujese a las mujeres a la tumba. Así se explica la leyenda de las Santas Mujeres.
     Este episodio fue popularizado por los Misterios de Pascua, en los cuales la escena del comerciante de perfumes (unguentarius, apothecarius, mercator) fue desarrollado con complacencia e inspiración cómica. Las compradoras se dirigen sucesivamente a dos comerciantes, uno joven y otro viejo, para quedarse con la mejor oferta, de pie frente al mostrador, las Santas Mujeres hacen pesar los perfumes en una balanza.
     Esta escena mercantil, que divertía a los espectadores del teatro de los Misterios, parece haber sido especialmente  popular en Provenza a causa del culto de la Magdalena del Santo Bálsamo (Madeleine a la Sainte-Baume) y del culto de las Santas Marías en Camargue. En cualquier caso, es allí donde la escultura románica nos ofrece los ejemplos más antiguos y numerosos. Ese tema pasó desde Provenza al norte de Italia, a Cataluña y al sur de Alemania.
     2. La visita de las santas mujeres al sepulcro
     En el arte bizantino, el Santo Sepulcro tiene forma de «tugurium», es decir, de capilla sepulcral con apariencia de cabaña, edificada en la rotonda de la iglesia de la Resurrección de Jerusalén. Los artistas  de Occidente, menos familiarizados con los monumentos de Tierra Santa, la reemplazan con un sarcófago.
     Las Santas Mujeres son ya tres, ya dos, según los artistas se inspiren en el Evangelio de Marcos o en el de Mateo. La primera balancea un incensario.
     Sobre la piedra retirada del sarcófago está sentado «el joven vestido de una túnica blanca», asimilado a un ángel alado. Señala con el dedo la tumba vacía o a veces, como en Orvieto, el cielo a donde ha ascendido Cristo.
     Con frecuencia las Santas Mujeres son acogidas en la entrada del Sepulcro por dos ángeles luminosos.
     Sobre una cara de un capitel de Módena se representa una escena procedente del teatro litúrgico que no se encuentra en otros sitios: María Magdalena se desmaya sobre la tumba de Cristo al tiempo que María «la de Santiago» y María Salomé intentan levantarla.
     A veces el tema de la visita de las Santas Mujeres y el de la Resurrección están asociados en una misma composición. En la arquivolta de la portada de Trogir (Trau), en Dalmacia, que data del siglo XIII, se ve a Cristo de pie ante su sarcófago, que acoge por sí mismo a las Santas Mujeres. En la pintura del siglo XIV pueden citarse numerosos ejemplos de esta amalgama en la escuela de Giotto (Taddeo Gaddi), en la escuela de Bohemia (Maestro de Hohenfurt, miniatura de L. de Klettau (Biblioteca Municipal de Zittau) y en el arte alemán (Miniatura del Perikopenbuch del arzobispo Kuno von Falkenstein (1380, Biblioteca de Tréveris). Las tres Santas Mujeres ya no son advertidas por el ángel, pero se prosternan ante Cristo resucitado que se les aparece in corpore.
3. Cristo saliendo de la tumba
     Fue a partir del siglo XI cuando se vio la Resurrección representada ya no bajo el velo del símbolo, sino como un hecho. El punto de partida sería una miniatura del Evangeliario de Munich procedente del scriptorium de Reichenau.
     Esta representación no se apoya en texto evangélico alguno, pero respondía a una necesidad de la fe popular.
     Se comenzó por representar a Cristo saliendo del sarcófago; fue en el siglo XIV cuando, a consecuencia de una contaminación con el tema de la Ascensión, se lo representó planeando encima de su tumba.
El origen del tema
     Cómo explicar este cambio, de fundamental importancia en la iconografía de la Resurrección, de la representación simbólica por la representación real; es decir, de Las Santas Mujeres en el Sepulcro por la Resurrección.
     Se han invocado influencias de la puesta en escena de los autos sacramentales de la Pasión. Pero en el Auto de Pascua, donde las Santas Mujeres estaban representadas por tres diáconos, sólo se anuncia la Resurrección. Entre los ángeles y las tres Marías se establece un diálogo:
          Quem quaeritis in sepulchro, christicolae? 
          Jesum Nazarenum crucifixum, o coelicolae. 
          Non est hic; surrexit, sicut praedixerat.
          Ite, nuntiate quia surrexit de sepulchre.
     De manera que Cristo resucitado no aparece personalmente en la escena. Por ello no puede atribuirse a la influencia de los autos sacramentales la idea de representar a Cristo saliendo de la tumba.
     Según Efrén el Sirio, que asimila la Resurrección con un segundo Nacimiento de Cristo, éste habría salido sin fractura de su tumba sellada (sepulcro clauso),  de la misma manera que en su nacimiento había salido del vientre intacto (utero clauso) de la Virgen, sin romper el sello de su virginidad.
     Desde el punto de vista iconográfico es muy interesante ver la variedad de soluciones que el arte de la Edad Media ha dado a un problema particularmente difícil de resolver.
     No existen menos de cinco, sin contar las variantes secundarias.
     1. Cristo se incorpora en su sarcófago (Christus in sepulcro).
     2. Apoya un pie sobre el borde.
     3. Pasa la pierna fuera del sarcófago (Christus uno pede extra sepulcrum).
     4. Está de pie ante el sarcófago (Christus extra sepulcrum).
     5. Se mantiene de pie sobre la tapa (Christus supra sepulcrum).
     Sea cual fuere el partido adoptado, Cristo resucitado siempre está caracterizado por una cruz estandarte que es el símbolo de su victoria sobre la muerte.
     A pesar de este emblema, la mayoría de estas actitudes nada tienen de triunfal. El arte de finales de la Edad Media con frecuencia resulta indecoroso, y por amor a lo pictórico, cae en la trivialidad. Así es como un artista primitivo alemán de la escuela hanseática, el Maestro Francke, en un retablo de 1424 (Museo Hamburgo), en lugar de representar a Cristo pasando la pierna por el borde del sarcófago de frente, lo muestra esquivándolo por detrás, como un ladrón furtivo que temiese despertar a los guardianes dormidos. Esta evasión clandestina, de la cual pueden encontrarse otros ejemplos en las miniaturas alemanas, tiene algo que resulta chocante. Con el mismo espíritu, el arte germánico representa a Cristo poniendo cuidadosamente en su sitio la tapa de su sarcófago, para hacer creer que ha salido de él milagrosamente. 
   Otra particularidad del arte alemán consiste en representar a Cristo resucitado saliendo de un sarcófago sellado, sin romper y ni siquiera levantar la tapa. (Das Durchsteigen des geschlossenen Sargs, Der Aufstieg aus dem geschlossenen Grabe).
     Puede imaginarse con facilidad que esta manera un tanto familiar de reprsentar el misterio de la Resurrección no debía contar con universal aprobación. El pie sacado de la tumba no duró mucho en Alemania. En Italia y Francia se prefirió mostrar a Cristo apoyando el pie sobre el borde de su sarcófago, como un vencedor que holla la cerviz de su enemigo; y también erguido sobre la tapa como sobre un pedestal (vidriera de Bourges, miniatura de Jean Colombe en las Muy Ricas Horas de Chantilly, Perugino, Bissolo).
     El Cristo resucitado, sentado sobre su tumba en la actitud de un juez, que se ve en una miniatura alemana del siglo XV, es sólo una curiosidad iconográfica.
4. Cristo planeando encima de su tumba
     Con Cristo de pie sobre la tapa de su sarcófago como sobre un trampolín que lo impulsará hasta el cielo, la iconografía se encamina hacia una cuarta fórmula de la Resurrección: Cristo transfigurado flotando en una mandorla. Esta Resurrección ascensional se confunde con la Transfiguración y la Ascensión.
     Aparece en el arte italiano a principios del siglo XIV. El honor de esta innovación corresponde a Giotto y a su escuela. En la capilla de los Españoles, Andrea da Firenza hace planear a Cristo resucitado encima de tres Santas Mujeres. Con Fra Angélico y Perugino, este tema se independiza de sus vínculos con el motivo arcaico de las Santas Mujeres en la gruta sepulcral, y elimina las otras fórmulas.
     Alcanza su apogeo en la Resurrección pintada en 1580 por Tintoretto, para la Escuela de San Rocco. Unos ángeles hercúleos derriban la piedra que tapa la entrada de la tumba, y Cristo sale de allí como un cohete vivo. Ya no planea, sale literalmente disparado, como un proyectil. Es la más dinámica de todas las Resurrecciones.
     Otra originalidad de la escuela italiana es, a veces, el reemplazo de los vigilantes que montan guardia alrededor de la gruta sepulcral por apóstoles o santos. Por eso, en un grabado de Mantegna, Cristo resucitado está acompañado por san Andrés y san Longinos, patrones de Mantua. El cuadro del Museo de Berlín, atribuido a Leonardo da Vinci, muestra a los pies de Cristo que toma impulso, a san Leonardo, patrón de los presos, y a santa Lucía, que presenta sus ojos sobre una bandeja: esos dos santos en adoración simbolizan el desapego a la vida terrenal.
     Por un singular fenómeno de retraso, el motivo de Cristo planeando fue exclusivamente italiano desde comienzos del siglo XIV hasta finales del siglo XV. A principios del siglo XVI fue adoptado por las escuelas alemanas: por Durero, en un xilografía de la Pasión Grande, y por Mathis Nithart, en un postigo del retablo de Isenheim. Pero este tipo de Resurrección triunfal nunca se adaptó bien al norte de Europa, y contradice el espíritu de la Reforma. En su cuadro de la Pinacoteca de Munich (1639), Rembrandt retorna a una concepción completamente diferente. Un ángel levanta la piedra de la tumba y Cristo, aún envuelto en fajas, se pone de pie penosamente, como un nuevo Lázaro. Es exactamente lo contrario del Cristo bólido de Tintoretto, lanzado hacia el cielo como un proyectil.
Correcciones de la iglesia católica después de la Contrarreforma
     Los teólogos de la Contrarreforma sometieron a severas críticas la iconografía de la Crucifixión, que en 1730 formuló Juan de Ayala en su Pictor Christus eruditus. Según dicho autor, es un grosero error representar a Cristo saliendo de la tumba abierta, con un pie fuera del sarcófago (uno pecte extra sepulcrum, altero autem cum crure jamjam prodeunte). Tampoco aprueba la representación de Cristo planeando (sublevatus in aere), que se parece demasiado a una Ascensión. Lo mejor es representarlo ante o sobre la tumba cerrada (extra vel supra sepulcrum). Su cuerpo resplandeciente, inmaterial (sine mole et pondere), revestido con un lienzo rojo, debe mostrar las llagas.
     Juan de Ayala considera que al representar a los soldados dormidos se injuria la disciplina del ejército romano (sic). Y cree imposible que todo el cuerpo de guardia se haya dormido; por lo menos uno de los guardianes debe permanecer despierto.
     En cuanto a la asistencia, deben ser eliminados todos sin excepción, puesto que según los Evangelios, ninguna criatura mortal asistió al milagro de la Resurrección (a nullo prorsus mortalium visum). La Virgen tampoco debe estar presente. En la escena no caben ni soldados precipitándose sobre sus armas ni un perro que ladre.
Los guardianes
     Como ya hemos señalado, la presencia de guardianes alrededor del Sepulcro es completamente ignorada por Marcos, Lucas y Juan. Fueron introducidos posteriormente en la leyenda y en la iconografía por razones apologéticas, con el objeto de refutar la acusación de los judíos, que insinuaban que el cadáver de Cristo había sido retirado clandestinamente por sus discípulos.
     Acuclillados alrededor de la tumba, parecen dormir, a veces hasta roncan con la boca abierta, pero es sólo falsa apariencia o al menos no todos duermen. El sueño de los guardianes habría provisto argumentos a los judíos y habría parecido dar la razón a sus insinuaciones. Por ello es cierto que la intención de los artistas, y la de los teólogos que los guiaban, era representar a los guardianes no dormidos sino deslumbrados, paralizados y «como muertos», según la expresión de san Mateo (28: 4), al ver al divino resucitado.
     El número de guardianes es variable: a veces son tres o cuatro, pero en ciertas ocasiones se cuentan en tan gran número que rodean el sepulcro por todas partes como para hacer imposible toda tentativa de retirar el cuerpo, o de evasión (Jean Colombe, Muy Ricas Horas).
     En el teatro de los Misterios, Pilato los sitúa en los cuatro ángulos del Santo Sepulcro. Pero su agrupación presentaba grandes dificultades en los capiteles historiados. En Mozat, parecen dormir de pie, con la cabeza inclinada. En un capitel de Issoire, los tres guardianes están superpuestos.
     Lo más habitual es que estén acostados al pie de la tumba, pero a veces observan como vigías en lo alto de la torre sepulcral, detrás de las almenas (Libro de Perícopes de Salzburgo, Biblioteca Munich).
     Su indumentaria y armas son anacrónicos. No están vestidos como legionarios romanos sino como militares del tiempo de las cruzadas, con la cota de malla y el casco cónico provisto de nasal; llevan los escudos sujetos en la coronilla, como si estuvieran al pie de la muralla de un castillo. Sus ropas varían de acuerdo con la moda: en el Renacimiento usan los farsetos de los lansquenetes.
     Sus reacciones son muy expresivas, y a veces, hasta caricaturescas. Deslumbrados por la aparición, intentan taparse los ojos con una mano o el escudo. Los más valientes desenvainan la espada para partir al espectro; los otros consideran más prudente darse a la fuga. A veces uno de ellos se arrodilla en actitud de adoración: Longinos, el lancero, cuyos ojos se habían abierto a causa del milagro (Predela de Mantegna en el Museo de Tours).
     A veces Cristo apoya el pie sobre la cabeza o el pecho de uno de los guardianes que no parece advertirlo.
     No hay más espectadores que los guardianes. Los apóstoles están ausentes, la Virgen también. Sólo en la escuela catalana del siglo XV puede encontrarse excepcionalmente -simples curiosidades iconográficas- a la Virgen asistiendo a la Resurrección de su Hijo (Jaume Serra, Retablo de Huesca, Museo Barcelona). 
   Para explicar la ausencia de la Virgen, algunos comentaristas ingeniosos supusieron que ella pudo asistir al milagro, pero que los evangelistas juzgaron preferible no hacerla intervenir porque el testimonio de una madre habría resultado sospechoso y sin valor probatorio.
Los príncipes de los sacerdotes corrompen a los guardianes
Mateo, 28: 11 - 15.
     Para desacreditar los testimonios de los judíos que pretendían que el cadáver de Jesús había sido robado durante la noche por los discípulos, Mateo agrega que los guardianes informaron a los «príncipes de los sacerdotes" acerca de la desaparición de su prisionero, y que éstos, después de deliberar, les dieron «bastante dinero» a condición de decir que los discípulos de Jesús habían aprovechado que ellos dormían para hacer desaparecer el cuerpo.
     A pesar de su carácter apologético, este episodio ha sido escasamente ilustrado por el arte cristiano (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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jueves, 5 de febrero de 2026

La Tienda de Anita, en Algámitas (Sevilla)

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    El edificio se compone de tres plantas, dos de ellas dedicadas a almacén de alimentos de venta. La tienda forma parte de un conjunto más amplio formado por dos crujías paralelas principales, al fondo de éstas hay un patio trasero, con tres crujías en torno a él: la de la derecha (desde la fachada) está dedica da a dormitorios; la de la izquierda es la cocina; la del fondo, con acceso desde el patio, es un comedor con una escalera de acceso a la cámara y a habitaciones para almacén. Las dos crujías principales paralelas a la fachada, están divididas por un tabique. La parte de la derecha está dedicada a la tienda; la de la izquierda es la parte de entrada de la vivienda. En realidad la estructura es parecida a la vivienda de un gran propietario con un zaguán con portón de entrada y cancela de hierro de acceso al recibimiento; éste está flanqueado normalmente por dos habitaciones, que en este caso son la tienda y el dormitorio del matrimonio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 2 de noviembre de 2024

El Cementerio, en Algámitas (Sevilla)

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     Hoy, 2 de noviembre, Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy para Explicarte el Cementerio, en Algámitas (Sevilla).
     La distribución de los enterramientos sigue la línea del muro que circunda el inmueble; a ello se le ha añadido una zona de nueva construcción con calle y bloques de nichos. Asimismo se ha conservado una zona destinada a los enterramientos en el suelo. 
     Los materiales constructivos empleado son piedra, arena, cal, yeso, cemento, tejas, ladrillos, cristal e hierro. 
     Los muros que circunda el inmueble en mampostería y ladrillos. 
     Los nichos se sostienen sobre los muros y están construidos de ladrillos. 
     Cemento en las calles y arena en la zona de enterramientos sobre suelo. 
     Portada integrada en el muro y con puerta de hierro. 
     Sala de forense y servicios en un edificio de nueva construcción (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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lunes, 26 de agosto de 2024

El Círculo la Unión, en Algámitas (Sevilla)

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    El inmueble es un casino que consta de dos plantas y cuatro crujías. 
     En la tercera crujía se ubica la barra; en la crujía del patio encontramos la cocina; el resto de las crujías se destina a sala de juego.
     En el pasado, la planta alta se dedicó a sala de t.v. y de conferencias y reuniones políticas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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miércoles, 20 de diciembre de 2023

El Bar de Pedro, en Algámitas (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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    El inmueble costa de dos plantas y tres crujías. El bar se ubica en la planta baja del inmueble y ocupa las tres crujías de la misma; sólo algunas dependencias están cerradas al público. El patio y la zona de labor están reformadas.
     La primera crujía se destina a zaguán y dependencias con mesas y sillas. La segunda crujía se destina a sala con mesas.
     La tercera a mostrador y mesas. Patio con aseos y sala granero. En la segunda planta se ubican las dependencias de la familia.
     Los materiales constructivos son: piedra, arena, cal y yeso, madera, ladrillos, baldosas, hierro, pintura y cristal. Muros maestros de mampostería y ladrillos.
     Arco de medio punto.
     Entresuelo de cielo raso.
     Baldosas de terrazo y cemento en el patio.
     La puerta principal flanqueada de dos ventanas de cierro corrido.
     Policromía de arcos de entrada a las crujías y en color marrón; uno de ellos tiene ladrillos visto y remates en forma de pera.
     Puerta policromada en color gris.
     El mostrador del bar combina el color gris y el marrón; decoración de los arcos de acceso a las crujías (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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lunes, 3 de enero de 2022

La Iglesia del Dulce Nombre de Jesús, en Algámitas (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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    Hoy, 3 de enero, El Santísimo Nombre de Jesús, a cuyo solo nombre toda rodilla se dobla, en el cielo, en la tierra y en el abismo, para gloria de la Divina Majestad [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte Iglesia del Dulce Nombre de Jesús, en Algámitas (Sevilla).
     La Iglesia del Dulce Nombre de Jesús, se encuentra en la plaza de la Iglesia, 1; en Algámitas (Sevilla).
     El edificio consta de una sola nave con pilastras adosadas que marcan los tramos. En el lado izquierdo se adosan dos capillas. La antigua cubierta de cañón  con  lunetos y media  naranja en el antepresbiterio ha sido sustituida recientemente por un techo plano de plafones de yeso. La construcción en su estado actual carece de interés artístico, al igual que las modernas imá­genes que reciben culto en su interior (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
   La iglesia del Dulce Nombre de Jesús es la parroquia de Algámitas. El edificio consta de una sola nave con pilastras adosadas que marcan los tramos. En el lado izquierdo se adosan dos capillas. La antigua cubierta de cañón con lunetos y media naranja en el antepresbiterio fue sustituida por un techo plano de plafones de yeso. La construcción actual es moderna, al igual que las imágenes conservadas en su interior. En esta iglesia parroquial están erigidas las hermandades del Cautivo y de la Vera Cruz, que procesionan el Miércoles y Jueves Santo, respectivamente.
     En Algámitas se celebran las fiestas patronales en honor del Dulce Nombre de Jesús. Esta fiesta tiene su origen en la concesión del título de villa por parte de la reina Isabel II y se celebra el tercer domingo de enero.
Horario
     Miércoles a sábado a las 18:30
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del Niño Jesús
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   No insistiremos con las representaciones del Niño Jesús, sentado de frente sobre las rodillas de la Virgen en Majestad o acurrucado en los brazos de la Virgen de ternura, que más bien, realzan la iconografía de Nuestra Señora.
   Entre los treinta y cinco tipos iconográficos enumerados por Dorothy C. Shorr, debe recordarse sobre todo al Niño bendecidor, que acaricia la mejilla o el mentón de su madre, mamando o chupándose los dedos.
   El Niño del pájaro es muy frecuente en la escultura de la Edad Media. El pájaro le sirve de juguete vivo que a veces se venga picándole el brazo o el pulgar.
   Si el pájaro perdió pronto todo significado simbólico, no ocurrió lo mismo con el racimo de uvas, otro atributo habitual del Niño Jesús que no es específico de los países vitícolas. Siempre se ha asociado la idea del sacrificio con las uvas, que aplastadas en el lagar, dejan escapar un mosto rojo como la sangre.
   El tipo del Niño Jesús llevando el globo se popularizó en el siglo XVII. Fue en esta época cuando una joven carmelita de Beaune, la hermana Margarita del Santo Sacramento, creó la Asociación del Niño Jesús. Con frecuencia, el Niño Dios aplasta la serpiente con los pies. Ese tipo iconográfico ha sido popularizado en Italia por Guido Reni, en España por Murillo y en Flandes por Van Dyck.
   El arte cristiano se delectó proyectando sobre la infancia inocente de Jesús la sombra de la cruz. El contraste entre la feliz despreocupación de un niño y el horror del sacrificio al cual estaba predestinado, fue concebido para conmover los corazones. Esta idea ya era familiar a los teólogos de la Edad Media. Pero los artistas de entonces la expresaban discretamente, ya mediante la expresión preocupada de la Virgen, ya mediante un racimo de uvas que el Niño estruja en las manos y que es el símbolo de su sacrificio en la cruz.
          Ut torcular uvam.
          Sic natum, o Virgo, crux onerosa premet.
   Es sobre todo en el arte de la Contrarreforma donde ese presentimiento fúnebre de la Pasión se expresa por medio de alusiones transparentes. Zurbarán muestra al Niño Jesús que se pincha el dedo trenzando una corona de espinas, Murillo al pequeño San Juan Bautista que le muestra su cruz de cañas. Finalmente, esta idea encuentra su expresión más conmovedora en el tema del Niño Jesús dormido sobre una cruz y soñando su Pasión.
   El Niño no está siempre asociado con su madre, los santos lo disputan con la Virgen. A finales de la Edad Media se lo representa de buena gana de pie sobre el hombro del gigante San Cristóbal que le hace pasar el vado. San Antonio de Padua consigue el favor de tenerlo en brazos, como el anciano Sirneón. Y él entrega el anillo de bodas a su esposa mística, Santa Catalina (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Festividad del Dulce Nombre de Jesús
   El nombre de Jesús -dice Baur- es un nombre inventado en el Cielo y traído de allí por el Ángel Gabriel, para comunicárselo a la Virgen en el instante de la Anunciación: Darás a luz un Hijo y le pondrás por nombre Jesús. Ahora bien, los nombres impuestos por el Cielo siempre significan un don gratuito otorgado por Dios. Siendo en Cristo este don de la gracia. La salvación de los hombres, con toda propiedad se le impuso el nombre de Jesús, que quiere decir Salvador." (Santo Tomás de Aquino).
   Y, ciertamente, "ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo por el cual podamos salvarnos" (Epist.). La devoción al nombre de Jesús es una preciosa herencia que recibimos de Nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán. El Beato Jordán de Sajonia, el Beato Enrique Susón, Santa Catalina de Siena y el Beato Juan de Vicenza, fueron apasionados devotos de este Santo Nombre.
   La Iglesia, pero especialmente algunos de los primeros Padres que crearon su doctrina, insistió en la veneración al "dulcísimo" o "sacrosanto" nombre de Jesús. De hecho, aunque el día 1 de enero se celebraba ya esa fiesta, La Iglesia ha dispuesto se celebre esta fiesta al día siguiente de la octava de la Epifanía, a fin de honrar por modo especial el nombre de Jesús, que es:
   Nombre verdaderamente divino, que sólo Dios pudo imponer al Salvador del mundo. Nombre venerable, que hace doblar la rodilla a todas las grandezas de la tierra. Nombre sacrosanto, que pone en fuga a los espíritus diabólicos. Nombre omnipotente, en cuya virtud se han obrado los mayores milagros. Nombre salutífero, de quien reciben en cierto modo toda su eficacia los Sacramentos de la Nueva Ley. Nombre propicio, pues todo lo puede con Dios, y por respeto al nombre Jesús oye benigno nuestras oraciones. Nombre glorioso, extendido por el celo de los apóstoles a todos los gentiles y a todos !os reyes de la tierra. Nombre augusto, por cuya confesión los santos mártires se gloriaron en sufrir cruelísimos tormentos. Nombre, en fin, incomparable, pues no hay otro debajo, del Cielo en cuya virtud podamos ser salvos. Alabémosle, pues, y bendigámosle en todo tiempo.
   San Bernardo, San Juan Crisóstomo, San Gregorio Niceno, Orígenes o San Agustín son algunos de los escritores sagrados que insisten en la importancia del nombre: "Quid est Jesus, nisi Salvator?", dice San Agustín, y San Bernardo lo llama "óleo saludable" que sana cuando la devoción lo aplica, denominándolo también alimento, fuente, medicina y luz, según recuerda Santiago de Vorágine en su Leyenda Dorada.
   Gregorio X, en 1274, confió a la Orden de Predicadores, en la persona del Maestro General, Beato Juan de Vercelli, "la predicación de la devoción que derrama dulzura sobre los corazones." Se erigieron Cofradías en las iglesias de la Orden, y tan florecientes, que alguna de las actuales, como en los EE. UU. pasa de tres millones y medio el numero de hombres asociados. El fin de la Cofradía es propagar la devoción y culto del Nombre de Jesús contra la blasfemia y profanación de los días festivos (Tomado del Misal de la Orden de Predicadores, editado en Valencia en 1958).
BREVE CRONOLOGÍA DE LA HISTORIA DE LA DEVOCIÓN AL DULCE NOMBRE DE JESÚS
   Durante el Concilio de Lyon, año 1274, el Papa Gregorio X dictó una Bula encaminada a desagraviar los insultos que se manifestaban contra el Nombre de Jesús. Las órdenes de los Dominicos y los Franciscanos fueron las encargadas de custodiar y extender dicha devoción por toda Europa. Así, Gregorio X escribió una carta a Juan de Vercelli, el entonces Superior General de los Dominicos, donde declaraba, "Nos, hemos prescrito a los fieles… reverenciar de una manera particular ese Nombre que está por encima de todos los nombres…".
   Este acto resultó en la fundación de la Sociedad del Santo Nombre. Se decía que el Nombre de Jesús estaba en la boca de San Francisco "como la miel en el panal" y San Francisco mismo escribió, "ningún hombre es digno de decir Tu Nombre". Luego, San Bernardo escribió sermones enteros sobre el Nombre de Jesús y dijo: "Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, un canto de delicia en el corazón". San Buenaventura exclama, "Oh, alma, si escribes, lees, enseñas, o haces cualquier otra cosa, que nada tenga sabor alguno para ti, que nada te agrade excepto el Nombre de Jesús".
   Con el nombre “Sociedad del Santo Nombre de Dios” es fundada en 1430, por Fray Diego de Vitoria en el Convento de San Pablo de la ciudad de Burgos la primera Cofradía del Dulce Nombre de Jesús de España mediante la Bula "Salvatoris et Nómini Nostri Iesu Christi".
INDULGENCIA PLENARIA AL PRONUNCIAR EL DULCE NOMBRE DE JESÚS
   Es Tradición Católica que en la hora de la muerte, pronunciar con los labios o el corazón el Dulcísimo Nombre de Nuestro Salvador, nos puede alcanzar la muy necesaria Indulgencia Plenaria; para ello, debemos cumplir las siguientes disposiciones:
   - Primero, las mismas condiciones requeridas para ganar cualquier indulgencia: es decir, la persona debe estar en estado de gracia cuando se gane la indulgencia y debe tener la intención de ganar la indulgencia.
   - Segundo, debe resignarse completamente a la voluntad de Dios al estar muriendo.
   - Tercero, debe pronunciar el Santo Nombre de Jesús con sus labios, si es posible, y si no fuere capaz de hablar, al menos debe invocar el Santo Nombre de Jesús en su corazón.
   Subráyese especialmente esta última condición de pronunciar el Santísimo Nombre de Jesús. La Congregación de Indulgencias la pidió el 22 de septiembre de 1892 para ganar la indulgencia plenaria in articulo mortis. Es algo que fácilmente se pasa por alto, y por ello, le damos especial atención (www.catholic.net).
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