Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

Mostrando entradas con la etiqueta Almonte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Almonte. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de diciembre de 2022

Los principales monumentos (Iglesias de Ntra. Sra. del Rosario, y parroquial de San Francisco de Asís; y Torres), en las Playas de Matalascañas, de la localidad de Almonte (y IV), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesias de Nuestra Señora del Rosario, y parroquial de San Francisco de Asís; y Torres), en las Playas de Matalascañas, de la localidad de Almonte (y IV), en la provincia de Huelva.
     Tras la reconquista del espacio suroccidental de la península, el litoral almonteño recibió el nombre de Playas de Castilla, pues, a través de sus arenas, Castilla se abría al mar. Matalascañas presenta un armonioso conjunto de chalets o viviendas unifamiliares, bloques de apartamentos y hoteles, con pequeñas zonas de jardines,  y un gran paseo  marítimo. Llama  la atención la conjugación de modelos de arquitectura vanguardista, con las construcciones de referencias popula­res del barroco andaluz (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El espacio urbanizado de Matalascañas ocupa una longitud de 4,5 km y una anchura de 1 km y está flan­queado por dos largos tramos de playa que miden 40 km en total. Desde el límite urbano hasta la desembocadura del Guadalquivir hay 26 km de playa. Playa libre hasta ahora de conjuras inmobiliarias y contaminaciones urbanas, que forma parte del territorio protegido de Doñana. Tres torres vigías se encargan de preservar la virginidad de la arena: Carbonero, Zalabar y San Jacinto. También hay otra torre, ésta situada en el núcleo urbano de Matalascañas, que recibe el nombre de la Higuera y, como las demás, forma parte del sistema defensivo levantado a finales del siglo XVI. Recientemente construida, sin embargo, es la torre Almenara, que acoge el Centro de Interpretación del Litoral y permite conocer los valores naturales de la costa de Doñana.
     Visita obligada para el viajero que se encuentra en Matalascañas es el Parque Dunar, un conjunto de dunas, playas y acantilados forma este enclave natural de gran riqueza ecológica que puede ser considerado como un paisaje de transición entre la tierra y el mar. Pinos, retamas y enebros se encargan de fijar al territorio las llamadas dunas fósiles, que, frente a las móviles que pueblan la costa de Doñana, se caracterizan por no poder desplazarse con la ayuda del viento. Varios senderos señalizados permiten explorar las 14.000 ha del parque y dos altos miradores invitan a deleitarse en el paisaje de dunas y en las aguas del mar.
     Dentro del Parque Dunar se levanta el Museo del Mundo Marino, centro que explora los ecosistemas que forman el entorno de Doñana: el dunar, los cetáceos y todo lo relacionado con el mar. Del material exhibido destacan las réplicas a tamaño natural y los esqueletos de los 13 cetáceos (ballenas, cachalotes y delfines) encontrados en las playas. Y entre todas las muestras, sobresale el esqueleto del rorcual común, que alcanza una longitud de 20 m y pesa 4 toneladas. También llama la atención la presencia de la esfera ecológica o ecosfera, una especie de acuario o eco­sistema marino autosuficiente y encerrado en un recipiente de cristal, que mantiene vida en su interior. Fue diseñada por la NASA y es una de los dos que existen en Europa (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012). 
          Al sur del término municipal y a 30 km del pueblo se encuentra la playa de Matalascañas, de finísima arena blanca con excelentes y modernas urbanizaciones adosadas al parque de Doñana (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario
     Junto a Caño Guerrero, en la urbanización Kabila, se ha levantado, entre 1997 y 2004, un nuevo templo, dedicado a Ntra. Sra. del Rosario, según proyecto de Ángel Rodríguez Morales. El arquitecto, con el propósito de armonizar el edificio con la urbanización circundante, inspirada en la arquitectura popular árabe, ha tomado los elementos propios de la mezquita, -comunes, por otra parte, a la primitiva arquitectura cristiana-, a saber, el sahan, o patio porticado, y el liwán, o espacio cubierto, que ven compensada su horizontalidad con la vertical de la torre alminar. Los arcos de herradura refuerzan el exotismo de la construcción (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Iglesia parroquial de San Francisco de Asís
     Se proyecta la construcción de un gran templo, según planos del arquitecto José Luis García López. Se inicia la primera fase de construcción en 1980, terminándose la Capilla Sacramental y Sacristía. El complejo parroquial, concluido en el año 2000, está concebido a modo de abanico, con un eje común del que parten el templo, la capilla sacramental, y la casa rectoral. Una esbelta torre cilíndrica pone el contrapunto vertical al edificio, de marcada horizontalidad. El patrimonio mueble se va formando poco a poco. La ca­pilla sacramental está presidida por un Crucificado, titulado como Cristo de la Sangre, de talla en madera, en su color natural, obra de Miguel Ángel Pérez Fernández, de 1979. Preside el templo un grupo escultórico de Cristo Resucitado y San Francisco, del mismo autor, tallado en 2000. En una capilla lateral se venera una imagen de la Virgen del Rocío, de Pastora, escultura en ma­dera de abedul en su color, obra del escultor de Miranda de Ebro, José Luis Martín Luengo, realizada en 1991 como modelo del monumento en bronce, que se halla en la plaza de la iglesia de Almonte. En la sacristía se encuentran dos pequeños crucifijos, ambos en madera de cedro en su color, sobre cruz plana, de origen austríaco (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Torres
     En el término de Almonte aún se conserva un buen número de torres de almenara. En el último cordón de dunas vivas de la punta de Malandar se encuentra la torre de San Jacinto, en la mis­ma entrada del río. Actualmente se encuentra a cierta distancia de la costa, por  las acumulaciones arenosas que modificaron la configuración litoral. La torre de Zalabar se halla derruida.
     De todos estos edificios de vigilancia, Torre de la Carbonera es la que menor variación ha teni­do en estos cuatro siglos. Su configuración es de un tronco de 15,60 m. desde el pretil al plinto circular de la base. Su aparejo es de mampuesto enfoscado. La abertura o entrada a la torre se sitúa en un costado a 7,20 m. sobre el nivel actual del suelo. A la torre se accede a través de un zaguán que da paso a una bóveda escarzana.
     El primer emplazamiento de la torre de la Higuera se ubicaba en el acantilado que costea todo este tramo del litoral de Arenas Gordas. A causa del maremoto de 1755, la torre cayó a la playa y quedó en posición totalmente invertida.
    Pero de todas estas torres, ubicadas en el tér­mino de Almonte, la que peor se conserva es la torre del Asperillo, y eso a pesar de haber sido edificada de nueva planta en dos ocasiones. Probablemente en la primera mitad del s. XVIII, por temor a que basculara, como la torre de la Higuera, se decidió ejecutar su demolición, y se realizó una reedificación a 50 m. del acantilado. Sin embargo, la nueva situación no evitó su posterior destrucción. En el siglo XVIII contaba con una guarnición de dos torreros en misión habi­tual y se consideraba que en caso necesario po­dría alojar treinta hombres, al igual que la torre de Zalabar. Sus restos sólo son visibles en marea muy baja (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Las Torres almenaras, casi todas forman parte del sistema defensivo que Felipe II mandó construir con el fin de proteger las costas del ataque de piratas berberiscos y corsarios.
     Tienen forma circular y fueron alzadas como faro de señales (con luces o fuego) y refugio de la población ante las agresiones. Adoptan diversos nombres y ocupan distintos escenarios en la franja del litoral.
     Algunas, como la torre de la Higuera (Matalascañas) se hallan cercadas por las nuevas fórmulas invasoras hoy asociadas a materiales como ladrillo y hormigón. Pero hay otras como las tres torres que se asientan en las playas de Doñana (Carbonera, Zalabar y San Jacinto) que todavía se mantienen vírgenes, rodeadas de arena, agua y naturaleza. Aunque no libres de asechanzas, pues existen a su alrededor muchos intereses que conspiran para invadir sus dominios.
     Pero hoy, señoras del océano, mantienen todavía en pie su antigua prestancia de vigías altivos y no sobornables, su jurisdicción territorial sobre arenas desnudas y aguas transparentes. Vigilan, sobre todo, que bajo la espuma inocente de los oleajes no se esconda una nueva amenaza de recalificación que arruine el entorno de dunas y pinares que llevan viendo desde hace cuatro siglos. Que no se destroce su paisaje. Nuestro paisaje (Pascual Izquierdo, Huelva. Guiarama. Anaya. Madrid, 2012).
La Torre del Asperillo. Restos de muros sobre el fondo arenoso. En la línea de playa, restos sólo visibles con marea baja. Apenas nada queda de la llamada torre del Asperillo, localizada a 10 kilómetros de la de la Higuera y a 7 de la del Río del Oro. Al igual que la torre de la Higuera, esta del Asperillo también cayó al mar. Tan sólo en momentos de bajamar muy acusada pueden vislumbrarse algunos restos aislados que apenas levantan del suelo.
La Torre de la Carbonera
. La "Relación" de 1577 sugería labrar una "torre ordinaria", es decir, de una bóveda o planta, en estas tierras del Duque de Medina Sidonia porque al abundar el agua de pozo, "los navíos de los enemigos acuden allí muchas veces".
     Por otro lado, en la "Relación" de 1756 indica que mantiene dos torreros alojados en una barraca sobre el terrado y aconseja dotarla de una pequeña pieza de a 8. La razón del alojamiento provisional es la de que la cámara se encontraba inhabitable.
     Torre de forma troncocónica, de 15,60 metros de altura desde el pretil al plinto circular de la base. Su aparejo es de mampuesto enfoscado. La puerta se sitúa en el costado de tierra adentro, a 7,20 metros del nivel del suelo, con una abertura de 1,33 x 0,82 metros y formada por sillares a escuadra de regulares proporciones con funciones de jambas, dintel y umbral y se haya dominada por los canecillos de doble bocel escalonado de la desaparecida ladronera. Esta entrada accede a un zaguán engastado en el muro de 2,65 metros de grosor, con derrame hacia el interior. Su altura oscila de 1,64 metros a partir del dintel a 2,02 metros en la abertura interna, y la bóveda escarzana que la cubre presenta en el borde contiguo a la cámara un canalillo engastado que pudiera haber servido para permitir el paso de algún mecanismo para el manejo de la puerta o escala de subida. La anchura de dicho zaguán es de 1,10 metros en la mocheta y de 1,24 metros en el punto de máximo derrame.
     La cámara circular que aloja la torre tiene en su centro la boca de un aljibe o pozo de 0,90 metros de anchura, cegado a 1,60 metros de profundidad. No obstante, los 3,90 metros de diámetro teórico de la cámara están reducidos en gran medida, ya que la caja de la escalera proyecta la mitad de su cuerpo fuera del muro para no adelgazarlo peligrosamente, ocupando por tanto casi una tercera parte de superficie útil de la cámara por su lado norte. La cubierta es de cúpula semiesférica con aparejo de tizones. La puerta de la escalera de caracol se abre en el punto de confluencia entre el tambor de la misma y el muro de la almenara junto a la jamba interior derecha del zaguán. Tiene 0,80 metros de anchura.
     Los peldaños son monolíticos, con 0,28 metros de contrahuella. La mayor parte de ellos, sobre todo en el tramo final, han desaparecido, dificultando el ascenso al terrado, en cuya desembocadura no muestra rastros de la habitual garita que solía cobijarla, aunque sí de un posible refugio para los torreros. El diámetro interno es de 6,70 metros, y el petril que lo rodea, sin vestigios de almenas artilleras, tiene 0,65 metros de altura, 0,82 metros de grueso y un leve derrame en el borde hacia el exterior. Coincidiendo con la vertical de la entrada, parten del baquetón los dos canecillos de la desaparecida buharda, de 0, 21 metros de grueso, 0,64 metros de vuelo y 0,88 metros de separación mutua. 
Torre de la Higuera. Con la apariencia de un enorme capitel recostado en la línea de la bajamar, se ofrece desde hace largos años el único resto visible de la que fuera torre de la Higuera. Su extraño aspecto se debe a que al estar en posición totalmente invertida, el ensanche del plinto circular y los cimientos se muestran al aire como coronación, mientras los muros descarnados por la marea rompiente se hunden en la arena y en el agua.
     Esta inusitada posición data de bastante antiguo y no ha alterado sustancialmente su estado de conservación al menos en lo que va de siglo, evidenciando así la excepcional calidad de la argamasa empleada y de la obra en general, que está resistiendo un desgaste y en una posición forzada para los cuales no fue concebida.
     Su actual situación se debe a haber basculado desde la parte superior del acantilado margo-arenoso de origen continental que costea todo este tramo del litoral de Arenas Gordas. Parece ser que se hallaba situada a orillas de un barranco y se cayó a la playa a causa un temporal marítimo al haberle faltado los cimientos que eran de arena.
     Se mandó construir en 1577. Cuando en 1577 se proyectaba esta línea de torres almenaras, se indicó la necesidad de construir una torre "ordinaria", de una sola bóveda o cámara, por constituir un punto de aguada, fondeado para la navegación de cabotaje procedente de Sanlúcar de Barrameda, y estancia de pescadores, sometido todo ello a las visitas de los barcos berberiscos.
Torre del Río de Oro. Torre vigía que en su origen recibió el nombre del "Torre del río del Oro". Esta torre no es visible en la actualidad, ya que sus restos se encuentran bajo las aguas del mar. El aparejo del cuerpo inferior se conforma por sillares a escuadra en soga, con un canto cuatro veces superior a su grueso. Este parece ser el resultado de reformas, posteriores a su construcción original, encaminadas a proporcionarle mayor solidez a la estructura general. El forro de sillares sólo cubre el tercio inferior de la torre, siendo el resto de mampuestos.
     Además de la "zapata de gruesos sillares", se ensayaron otros recursos en un último intento por consolidarla ante los embates del mar y el fallo de la cimentación. Entre estos recursos destaca el relleno, con argamasa muy cargada de cal y ripio menudo, del pozo o aljibe, evitando así un hueco interior más o menos comprometedor, que sobrepasaba la línea de cimientos, máxime cuando ésta se encontraba perpetuamente encharcada bien por la marea creciente, o por el cauce del arroyo del Oro. La cúpula que debió cubrir la cámara debía ser semiesférica, según parece deducirse de un gran fragmento de la zona de estribos desprendido de la torre, que permite apreciar su grosor de doble cítara y el espesor de los tendeles y escopetas. La escalera era de caracol.
     Según señalan los textos en su plataforma se encontraban situados tres cañones de hierro de los calibres 12, 8 y 6.
Torre de San Jacinto.
En la "Relación" de mediados del siglo XVIII se indica que "aunque tiene algunas ruinas se atiende al presente a su recomposición", lo que parece indicar un cierto interés por la conservación de su fábrica, pero no su artillería, puesto que las cuatro piezas de hierro de la batería, con calibres del 16 y del 10, se encontraban desmontadas. 
     Actualmente la torre se encuentra en la línea de contacto entre el último cordón de dunas vivas costeras de la punta de Malandar y la masa arbórea de pino piñonero, prácticamente oculta por ambos elementos, lo que unido a su actual distanciamiento de la costa por las acumulaciones arenosas que modificaron la configuración litoral, hace que ofrezca una escasa visualización de las playas para cuya vigilancia fue concebida. Todavía en 1956 se encontraba a la orilla del mar.
     Se ofrece como un tronco de cono de 15 metros de altura desde el baquetón de medio bocel a la base, con 11.70 metros de diámetro a la altura del terrado, de aparejo de mampostería con pérdida parcial del enfoscado que sostuvieron cuatro ladroneras equidistantes, hoy desaparecidas. La abertura, de 1.70 x 0.80 metros presenta un grueso sillar a escuadra en función de dintel, cargando sobre otros seis que actúan de jambas. Bajo la misma se aprecian dos mechinales grandes y poco profundos que pudieran haber servido de apoyo para una estructura de madera que, actuando de patín provisional, facilitare el acceso a la torre. Traspuesto el umbral, se encuentra un zaguán de 2,10 metros de altura y 1,25 metros de anchura, cubierto por una bóveda, que atraviesa los 3,15 metros de grosor de muro, y se abre la única cámara de la torre, de 7 metros de diámetro, y cubierta con una cúpula de perfil elíptico. En el centro de dicha cámara se encuentra la boda de un aljibe o pozo, de 0,80 metros de luz, que permitía a la guarnición efectuar la aguada sin abandonar el reducto.
     A la derecha del acceso del zaguán, se abre la puerta que comunica la gran habitación circular con el terrado de la almenara a través de una escalera de caracol engastada en el muro. La azotea conserva esporádicamente algunos trozos de solería de ladrillo de tabla en espiga paralela, de 0,14 metros de tizón, 0,30 de soga y 0,02 de grueso. El parapeto que circunda el terrado, con acusado derrame hacia el exterior, presenta una altura uniforme de 0,95 metros, salvo en las almenas artilleras, que es de 0,70 metros, y un grosor de 0,80 metros.
Torre de Zalabar.
La visión que ofrece esta torre desde el mar es una visión profundamente engañosa pues permite columbrar una almenara en excelente estado de conservación, siendo así, que al contemplarla desde tierra adentro se aprecia claramente su lamentable destrucción, debida principalmente a un defecto en su trazado.
     Es un estilizado tronco de cono, de muros levemente ataludados, con escaso releje, que comienzan en un pequeño plinto de 0,40 metros de resalte para morir en el consabido baquetón de medio bocel, donde se inicia el pretil del terrado. A través de la gruesa brecha que afecta la tercera parte de su perímetro se percibe claramente su única y alta cámara, rodeada de un muro de 2,40 metros de grueso con mal trabajados mampuestos de piedra ostionera; ripio y argamasa de evidente mediocridad. Esta cámara, de 4,20 de diámetro en su base, está cubierta con una cúpula semiesférica con plementería en roscas de lajas ostioneras e intradós de enfoscado blanquecino. El labio septentrional de la brecha presenta la totalidad de la vacía caja de la escalera de caracol, que al estar engastada en un muro insuficientemente grueso, y ya de por sí mal construido, lo debilitó en extremo, posibilitando que cualquier accidente lo derribara. El diámetro interno del acceso helicoidal, que es de 1,31 metros sólo dejaba de grosor de muro 0,30 para la cara interna de la cámara y 0,75 hacia el exterior, márgenes a todas luces insuficiente. Los peldaños de esta escalera son monolíticos y en cuña en torno a una espiga central, de características y proporciones semejantes a los de la torre de San Jacinto. La salida de este conducto al tejado se encuentra cubierta de una pequeña cúpula semiesférica de plementería con ladrillos en aparejo de sogas, parcialmente derribada y en precario equilibrio los restos. Un fragmento de la plementería se encuentra en el cono de derrubios, al pie de la almenara. En la azotea se aprecian claros restos de la caseta de los torreros, y en la hipotética vertical de la puerta de entrada a la torre, hoy desaparecida, vuela bajo el baquetón un canecillo en doble bocel escalonado, que debió sustentar junto con el que hoy yace en el cono de derrubios, la desaparecida ladronera única que debió poseer la torre.
     La acumulación de escombros no permite comprobar la existencia de aljibe o pozo. La desproporcionada altura de la cámara hace suponer la posibilidad de la pretérita existencia de un entarimado de madera que la dividiera en dos plantas, aunque no se percibe con claridad mechinales para su fijación.
     Ya en 1.756 se informaba que los 2/3 arriba estaba parte caída, por lo que la habían abandonado los torreros, que habitaban en una choza de faginas a su pie, aunque en aquella fecha se atendía a su reparación.
     En cuanto a su artillería se indica que no muestra señales de haberla tenido, y se sugiere la conveniencia de dotarla ligera del calibre 8 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesias de Nuestra Señora del Rosario, y parroquial de San Francisco de Asís; y Torres), en las Playas de Matalascañas, de la localidad de Almonte (y IV), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

Más sobre la provincia de Huelva, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 9 de diciembre de 2022

Los principales monumentos (Centro administrativo del Acebuche; Centro de visitantes del Acebuche, y de Las Rocinas; y los Palacios del Acebrón, de Doñana, y de las Marismillas), en Doñana y su entorno, de la localidad de Almonte (III), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Centro administrativo del Acebuche; Centro de visitantes del Acebuche, y de Las Rocinas; y los Palacios del Acebrón, de Doñana, y de las Marismillas), en Doñana y su entorno, de la localidad de Almonte (III), en la provincia de Huelva.
     El Coto de Doñana ocupa una importante extensión del litoral de la Tierra Llana de Huelva. Está situado, pues, en el suroeste de la Península Ibérica, al norte de la desembocadura del Guadalquivir. El origen geológico de Doñana se remonta a los comienzos del Cuaternario (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Desde Matalascañas, la carretera A-483 bordea el territorio del Parque Nacional de Doñana y, con escol­ta de arenas y pinos, llega a la aldea del Rocío. Pero antes de entrar en el Rocío conviene visitar Doñana. Para ello se aconseja acudir a uno de los tres Centros de Visitantes que han sido abiertos en la provincia de Huelva: El Acebuche, ubicado en el km 37,8 de la carretera que estamos siguiendo; La Rocina, situado en el km 12 de la misma vía; o el palacio de El Acebrón, sito en el Rocío. Del primero parten las visitas guiadas que utilizan vehículos todo-terreno y, en un itinerario de unos 70 km y en un tiempo de 4 horas, recorren los ecosistemas de Doñana.
     El Parque Nacional de Doñana, que ha sido calificado como la mayor reserva ecológica de Europa, ocupa 50.720 ha distribuidas entre los municipios de Almonte, Aznalcázar, Hinojos y Puebla del Río. Es mundialmente conocido por la gran extensión superficial que está sometida a protección, por la flora específica que guarda y por la riqueza ornitológica que atesora. Más de 200.000 aves huyen de los fríos invernales y se refugian en el cálido aposento de Doñana. El lince ibérico y el águila imperial tienen en el parque uno de los escasos lugares donde cuidadores y expertos luchan denodadamente para que no se extingan.
     Varios ecosistemas integran el conjunto de Doñana: playas y lagunas, dunas y vera, marismas y cotos. Las playas forman una extensa franja de arena donde se refugian aves costeras y animales marítimos como tortugas y cetáceos. La morfología de la playa se ve permanentemente modificada por el viento, que arrastra las partículas hacia el interior y forma los famosos trenes de dunas móviles. Los trenes de dunas móviles constituyen una de las singularidades de Doñana y en ellos se puede señalar como curiosidad que la pendiente del frente de avance es más acusada que la de la cola. Entre dos frentes de dunas quedan los corrales, poblados por matorrales y pinos piñoneros. La vera es una franja de vegetación o zona de pastizal que sirve de frontera entre la marisma y las arenas fijas. Mantiene intacto su verdor porque se aprovecha de la humedad procedente del acuífero que subyace debajo de las dunas. En la vera convive gran cantidad de especies, entre las que sobresalen los grandes mamíferos y las yeguas. Las marismas forman el ecosistema más característico de Doñana, que permite que el Parque Nacional esté considerado como el humedal más importante de Europa. Es el refugio invernal preferido por gran número de anátidas. Los llamados cotos no son otra cosa sino suaves ondulaciones de arena estabilizada que integran el llamado monte negro (que ocupa las zonas más bajas y húmedas del terreno y acoge alcornoques, brezos y helechos) y el monte blanco, que puebla los suelos más secos, pobres y elevados y está formado por matorrales (entre los que predomina el aguarzo), aulagas, romero y, sobre todo, por pinos piñoneros. Es el hábitat preferido por linces y águilas imperiales.
     Alcornoques, lentiscos y pinos piñoneros integran el bosque de Doñana, además de pequeños grupos de sa­binas y enebros. Dentro del territorio del parque, sobre­ sale como monumento artístico el palacio de Doñana, construido en 1585 por el séptimo duque de Medina Sidonia para su esposa doña Ana de Silva y Mendoza.
     Rodea y protege el territorio del parque nacional el Parque Natural de Doñana, cinturón terrestre que alcanza un total de 53.700 ha y que, en la provincia de Huelva, se extiende por los municipios de Almonte, Hinojos, Lucena del Puerto, Moguer y Palos de la Fron­tera. Está formado por masas de pinos, marismas y caños. Hay señalizados varios senderos peatonales que permiten gozar del paisaje y profundizar en el conocimiento de este lugar excepcional. Entre ellos sobresale el sendero de Ribetehilos, que brinda la posibilidad de internarse en un rosario de lagunas que en invierno se convierten en arroyo, y el sendero Laguna del Jaral, que invita a subirse al punto más alto de Doñana (el cerro del Bombo), contemplar una duna móvil y asomarse al acantilado (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012). 
          Espectacular enclave marítimo a orillas del Atlántico -desde la desembocadura del Guadalquivir, junto a Sanlúcar de Barrameda, hasta la Torre de fa Higuera junto a Matalascañas- , reserva faunística de gran cantidad de especies de aves y mamíferos.
Historia
     En 1969, un Consejo de Ministros presidido por Franco aprueba un decreto-ley por el que se procedía a la creación del Parque Nacional de Doñana. Este decreto significaba el primer intento serio de proteger el todavía llamado Coto de Doñana, un espacio natural de enorme importancia tanto por sus excepcionales características como por la riqueza de su flora y de su fauna. La historia había empezado mucho tiempo atrás. Hace poco más o menos tres mil años, el territorio que se extiende desde la desembocadura del Guadalquivir hasta aproximadamente la aldea de El Rocío estaba ocupado por el llamado Lago Lagustino en cuya orilla, al decir de un buen número de investigadores, debía asentarse la ciudad de Tartessos. Las tie­rras arrastradas por el Guadalquivir y en menor medida por el Guadiamar, debido principalmente a la deforestación de la cercana Sierra Morena, acabaron desecando el lago y creando en su lugar una amplia zona de marismas, lagunas, sabanas, dunas y corrales. El lago existía aún en tiempos de los romanos que fueron los que le dieron el nombre con el que ha pasado a la historia. Apenas se tiene noticia del territorio durante la dominación árabe. Pero tras la conquista cristiana pasa a poder de los condes de Niebla, luego duques de Medina Sicionia. A finales del siglo XVI, el séptimo duque de Medina Sicionia cons­truye un pequeño palacio que recibe el nombre de Casa del Bosque, palacio al que se retira su esposa doña Ana de Mendoza y Silva, hija de la famosa princesa de Éboli. Movida por esta circunstancia, a partir de 1599 la gente de los alrededores comienza a llamar a lo que era principalmente un cazadero "Bosque de Doñana", nombre que, sustituyendo bosque por coto, ha per­ vivido hasta la época actual.
     A lo largo de la historia, el coto ha recibido la visita de reyes y dignatarios que prolon­gaban sus estancias durante semanas y aún meses cautivados con las bellezas del lugar y, ciertamente, con la abundancia de caza. Hasta prácticamente el siglo XX, el territorio perteneció a la casa de Medina Sidonia, si bien, hacia finales del XVIII el título pasa de los Pérez de Guzmán a los Álvarez de Toledo, por extinción de la línea masculina. Se cree que fue por esta época -el retrato está fechado en 1797-cuando Goya pintó en el coto a la duquesa de Alba vestida de maja. Cuéntase que en 1900, don Guillermo Garvey, caballero jerezano aficionado a la caza, se hizo con la propiedad del coto tras ganárselo en una partida de cartas al duque de Medina Sidonia. Si, efectivamente, se lo ganó o, como creen algunos, se lo compró, es cosa que tal vez no llegue a saberse nunca. El caso es que el coto cambió de manos y que a partir de entonces se crea una Sociedad de Monteros para su explotación y conservación.
     Algunos años antes, entre 1834 y 1855, las marismas que rodeaban al coto y que habían sido bienes de propios o comunales se habían vendido a diversos particulares tras la aplicación de la llamada desamortización. Todos estos hechos atraen sobre el parque las peores amenazas. Se crean empresas para su desecación y explotación agrícola y en diversas ocasiones corre el serio peligro de desaparecer. No obstante, el sentimiento de la importancia del territorio así como el de la necesidad de conservar los bienes naturales prima en las conciencias nacionales y europeas. Renombrados científicos, principalmente ingleses, estudian flora y fauna, al tiempo que lanzan serias recomendaciones acerca de la necesidad de su conservación. El Estado compra algunas zonas y se crea la Reserva Biológica que comprende una parte de las marismas de Hinojos, un trozo en el que se incluye los lucios del Lobo y de Mari López y una franja que va desde el caño Madre de las Marismas hasta la carretera de El Rocío a Matalascañas.
     En 1978 se aprueba la ley reguladora del Parque Nacional de Doñana, mediante la cual se crea un patronato para velar por su cum­plimiento así como para controlar las actuaciones que se llevan a cabo tanto en el par­ que como en las zonas de influencia.
     El parque tiene actualmente 72.000 ha, entre parque propiamente dicho y preparque, de las cuales sólo unas 10.000 son propiedad del Estado. El resto pertenece a particulares. Esta situación, junto con la presión de algunas de las poblaciones vecinas, no impide, sino que, al contrario, facilita que todos los peligros continúen gravitando sobre el parque.
Geografía
     El Parque Nacional de Doñana se encuentra al suroeste de la Península Ibérica, entre las provincias de Cádiz, Sevilla y Huelva.
     Al sur limita con el Guadalquivir y, más allá, con Sanlúcar de Barrameda; al este nuevamente con el Guadalquivir; al norte y noroeste con las localidades de Almonte, Hinojos, Villamanrique, Aznalcázar y Puebla del Río; y, finalmente, al oeste, con el océano Atlántico.
     Dentro del parque pueden distinguirse los siguientes espacios:
     Alcornocal. Existente desde épocas muy antiguas, se ha ido degradando con el paso del tiempo. En la actualidad ocupa áreas dispersas, formando pequeños bosques principalmente en el centro del parque. Son ejemplares muy grandes y en declive y en ellos suelen anidar colonias enteras de diferentes aves. A los alcornoques poblados de nidos se les llama pajareras.
     Marismas. Se reparten por el interior del parque. Son zonas de nidificación de aves marinas. Algunas permane­cen secas durante la mayor parte del año, otras, en cambio, sólo se secan en el verano. Dentro de las marismas hay que considerar los lucios, pequeñas lagunas de poca profundidad; los caños, corrientes de agua que atraviesan largos trechos del parque y que llevan el agua de unas zonas a otras, y los ojos, o fuentes de las que brota el agua en el interior de la propia marisma. 
     Lagunas. Superficies inundadas durante todo el año, salvo, quizás, en épocas de sequía. Se distribuyen por todo el parque, aunque las mayores se encuentran en las proximidades de la costa. Constituyen los restos de aquel Lago Ligustino que aún no han sido cubier­tos por las sedimentaciones.
     Dunas. Cerros móviles -vivos- de arena que avanzan lentamente desde el mar empujados por el viento y arrollando a su paso todo cuanto encuentran. En la actualidad ocupan una franja longitudinal cuya mayor anchura se localiza en el lucio del Membrillo, junto al Guadalquivir.
     Corrales y pinares. El bosque de pinos ocupa una franja longitudinal que se extiende entre el mar y el caño Madre de las Marismas. Las dunas en su avance van arrollando y cubriendo a los pinos que acaban por desaparecer. El capricho del viento y la oposición de los propios pinos hacen que las dunas no sigan un camino regular sino que vayan formando pequeñas depresiones aproximadamente circulares -corrales- en los que los pinos se encuentran a salvo durante algún tiempo. El avance de las dunas supone la muerte del pinar. Pero cuando aquéllas han pasado, en un proceso lentísimo que dura decenas de años, la vida vuelve a resurgir y por tanto los pinos vuelven a crecer.
Biología
     La importancia del Parque Nacio­nal de Doñana viene dada por la conformación geomorfológica del territorio, pero muy principalmente por encontrarse en él la mayor reserva euro­pea de aves y de mamíferos en peligro de extinción, como el lince, que ya sólo existe en España; el águila imperial, el calameón, la focha cornuda o el buitre negro. El singular ecosistema sirve además de invernadero y de lugar de cría para un extraordinario número de aves migratorias, que encuentran aquí un verdadero paraíso. Entre migra­doras y sedentarias, el parque cuenta con más de 250 especie de aves, algunas con milla­res de individuos. Entre las especies de aves más llamativas están el flamenco, las garzas reales e imperiales, la espátula, el morito, la grulla, el milano real o el pato malvasía. Entre los mamíferos, además del lince, campan por las praderas el gato montés, el jabalí, el gamo, el meloncillo, la jineta o el zorro.
Visita
     La mejor época para visitar el parque es el invierno y la primavera. Es entonces cuando la marisma se encuentra en su máximo esplen­dor vegetal y animal. Es necesario concertar la visita con antelación, pues se organiza para un número limitado de personas y en dos turnos, uno por la mañana y otro por la tarde.
     Existe un itinerario por el interior del parque de unos 70 km que se recorren aproximadamente en cuatro horas en vehículos todo terreno. Se parte del Centro de Recepción del Acebuche y es aconsejable presentarse al menos media hora antes de la hora señalada por teléfono, ya que conviene coger un buen sitio en el vehículo, pues algunos son francamente incómodos.
     Desde el Acebuche se sale hacia Matalascañas y desde aquí se recorre la playa hasta el extremo sur, en la desembocadura del Gua­dalquivir. Aquí, en la orilla del río, se ven todavía algunos bunkers utilizados en la guerra civil de 1936, que permiten observar los cambios que ha sufrido desde entonces el terreno como consecuencia de los arrastres del río.
     Desde aquí se penetra en el interior del parque bordeando el lucio del Membrillo. Dependiendo de la época del año pueden observarse unos animales u otros, pero siempre salen prácticamente al paso de los vehí­culos ciervos, gamos y jabalíes.
     En el extremo norte del lucio se gira de nuevo hacia la playa, atravesando un terreno espectacular de dunas y de corrales. Se ve clarísima­mente cómo la arena va ahogando lentamente a los pinos. Salvo por los pinos, precisamente, el terreno es prácticamente un desierto, aunque se ven las huellas de muchos animales.
     De hecho, aquí se han rodado películas como, por ejemplo, Lawrence de Arabia, buena parte de la cual se desarrolla en el desierto.
     Una vez en la playa se regresa de nuevo al punto de partida (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Centro administrativo del Acebuche
     A pocos metros del Centro de Visitantes, se halla el Centro Administrativo, Sede del Patronato del Parque Nacional de Doñana, edificación vanguardista, obra de Gonzalo Moure, Myrian Pascual y Juan Carlos Salva. Realizado en 1989, es un pequeño edificio de una sola planta, con absoluto predominio de la horizontalidad, y un hábil juego de apertura al entorno natural, por medio de grandes superficies acristaladas, y de cierta reserva para el trabajo administrativo, con la utilización de pantallas. Su interior se compone  de espacios  diáfanos,  aptos para  la labor  en equipo (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     En un territorio sin colonizar, natural por su pertenencia al Parque Nacional de Doñana, se implanta la Sede del Patronato, vertebrándose el conjunto a partir de su acceso mediante una ocupación radial del terreno; con una zona primera de aparcamientos entre los árboles que estaban ya en el sitio, lugar adyacente a un espacio de transición definido con el concurso de la lámina de agua, la alineación de árboles nuevos y los bancales sobre los que se levanta el edificio de una planta de altura, muros blancos y grandes cristaleras que lo abren al paisaje y que se cubre por una lámina revestida de chapa metálica cuya geometría y vuelos definen galerías y porches. Orientado de forma precisa, en su interior priman los espacios de relación, vestíbulo y deambularios abiertos al sur y protegidos por los vuelos de cubierta y del otro lado los espacios de trabajo orientados al norte (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Centro de visitantes del Acebuche
     Se encuentra a 2 Km. de las playas de Matalascañas, al oeste del Parque Nacional. El edificio, con aspecto de cortijo, fue edificado en 1982 por el arquitecto Luis Recasens. Las dependencias se distribuyen en forma de U, situándose en uno de sus ángulos un torreón mirador, al modo de las haciendas del entorno almonteño (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Centro de visitantes de Las Rocinas
     Frente a la aldea de El Rocío, nada más cruzar el puente de la Canariega, a mano derecha, se encuentra el Centro de Visitantes del Parque Nacional de Doñana Las Rocinas. Es un edificio reciente, de aspecto tradicional andaluz, obra del arquitecto onubense Gonzalo Prieto, realizado en los años 70 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Palacio del Acebrón
     Pasado el Centro de Las Rocinas, en dirección oeste, se halla situado en plena Zona de Protección del Arroyo de la Rocina, a unos 6 Km. de la carretera comarcal Almonte-Matalascañas. Fue concluido en 1961 por don Luis Espinosa Fontdevilla. El edificio es un pabellón rectangular, de rutilante blancura. Presenta una gran fachada de estilo neoclásico, de dos cuerpos, el inferior almohadillado, el superior con amplia logia de columnas, y rematado por un frontón triangular, coronado por un águila de enhiestas alas, que centra toda la composición.    
     Por la te­rraza corre una balaustrada, que se articula por medio de flameros, coincidentes con los ejes de las pilastras. Se decora con unos leones, esculpidos por Joaquín Moreno Daza. En el exorno interior y mobiliario intervino muy directamente el artesano palmerino José Ramírez. La decoración pictórica de los techos se debe a Fernando Carrasco Ferreira (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Palacio de Doñana
     Se halla localizado estratégicamente junto a una vía pecuaria, cercano a la marisma, a mitad de camino entre la aldea del Rocío y la Punta del Malandar. El actual palacio es el resultado de un complejo proceso de ampliaciones. Las primeras noticias sobre la primitiva edificación seño­rial que los Guzmanes levantaron en el coto corresponden a fines del siglo XVI. A esta primera etapa constructiva corresponde el ala este.
     La siguiente ampliación corresponde al ala oeste, como puede apreciarse por la diferencia de nivel en las cubiertas. Por último, la otra gran etapa de construcciones en el Palacio de Doñana tuvo lugar durante el primer cuarto del siglo XX. Su entonces propietario, el duque de Tarifa, realizó en 1920 una ampliación de la vieja fábrica, con la construcción de una capilla junto a una nave adosada, y de una sola planta, cerrándose así el edificio en torno a un patio de trazado rectangular. De esta forma el edificio quedó notablemente embellecido, quedando fijada su distribución, en líneas generales, tal y como hoy puede contemplarse.
     En 1964 se realizó la última reforma importante. La portada se compone de una puerta adintelada con enmarque en resalto. Sobre ella avanza la repisa del balcón central con antepecho de hierro forjado y perinolas en los ángulos. Más arriba, campea un fragmentado escudo nobiliario. La heráldica estuvo inscrita en un marco con orejetas. Todas las ventanas del piso bajo mues­tran rejas salientes de hierro, siguiendo la tradición de la comarca (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Palacio de las Marismillas
     Es un pabellón de caza, propiedad del Estado, situado en el pinar de las Marismillas, junto a una vía pecuaria y cerca del río Guadalquivir. El palacio forma parte de un conjunto de sucesivas edificaciones. La construcción más antigua dataría de 1840, según Murray, levantándose una venta en el camino de Almonte a Sanlúcar. En 1863 se levantó de nuevo una ermita, en sustitución de la antigua. Por último, en 1912, el duque de Tarifa edifica el palacio propiamente dicho, adosándose al caserón  anterior.
     El edificio, con aspecto de pabellón inglés de caza, es de planta rectangular alargada. Tiene dos alturas y cubierta a dos aguas con fuertes pendientes. El mayor interés se centra en la fachada principal, de estilo victoriano. Se introduce una nota nórdica y exótica, en medio de la arquitectura popular andaluza. En su interior destaca la decoración pictórica del comedor, representando escenas de caza imitando modelos del Quattrocento italiano, al estilo de José Villegas en El Triunfo de la Dogaresa y demás temas venecianos (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Centro administrativo del Acebuche; Centro de visitantes del Acebuche, y de Las Rocinas; y los Palacios del Acebrón, de Doñana, y de las Marismillas), en Doñana y su entorno, de la localidad de Almonte (III), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

Más sobre la provincia de Huelva, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Los principales monumentos (Monumentos públicos, y Santuario de Ntra. Sra. del Rocío), en la Aldea del Rocío, de la localidad de Almonte (II), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Monumentos públicos, y el Santuario de Nuestra Señora del Rocío), en la Aldea del Rocío, de la localidad de Almonte (II), en la provincia de Huelva.
     El Santuario de Nuestra Señora del Rocío, que en sus orígenes debía ser como una isla en la inmensa planicie marismeña, ha sido el origen de una aldea de Almonte, de una más que considerable superficie, que cuenta con una población estable de 1.119 habitantes. Se encuentra a 15 kms. de Almonte, en el borde de la Marisma, y a otros 15 del mar.
     Lo que antes era punto  de paso obligado entre la Tierra Llana de Huelva y la desembocadura del Guadalquivir comunicación de los señoríos del Conde de Niebla y Duque de Medina Sidonia, es hoy punto de destino en sí mismo, -sin dejar de ser paso para el Parque Nacional de Doñana, y para Matalascañas y las playas que se extienden desde Sanlúcar hasta Huelva.
     El centro vital del Rocío, obviamente, es el San­tuario de la Señora de las Marismas. El aspecto de aldea de ermitas le viene de las espadañas y campanarios que coronan las capillas de las casas de las hermandades filiales, sin que sean propiamente lugares de culto (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Como decíamos, desde El Acebuche se llega, entre arenas y pinos, a la aldea del Rocío. El Rocío continúa recibiendo el nombre de aldea a pesar de que actualmente su población supera los 1.500 habitantes. Pero el Rocío es el lugar emblemático por excelencia de Andalucía, el santuario que custodia las esencias, la patria donde se guardan los fervores populares y los entusiasmos colectivos.
     Centro propicio para la romería, el arte, la desmesura, el desvarío y el folclore, la aldea es un gran escenario religioso y festivo donde todo gira alrededor de la Virgen del Rocío, esa blanca paloma que, sólo con la quietud de sus alas, llena de resplandor y zozobra paredes, co­razones y gargantas.
     Buceando en la historia se constata que, ya a comienzos del siglo XIV, se tienen noticias acerca de la existencia de la ermita de Santa María de las Rocinas, advocación que, a mediados del siglo XVII, se cambió por la de Virgen del Rocío. La ermita, construida probablemente por Alfonso X el Sabio a finales del siglo XIII, se mantuvo en pie hasta el terremoto de Lisboa.
     Contra lo que pudiera creerse, el santuario actual no es un pequeño y antiguo edificio carente de valor artístico, sino que se trata de un templo de grandes dimensiones, incluso hasta con hechuras de catedral, donde la fastuosidad dorada del retablo genera un acu­sado contraste cromático con el blanco deslumbrante. Tres naves, transepto, triforio y bóvedas muy altas. El retablo deslumbra por su magnificencia y atrae por su perfección artística.
     Los datos constatan que el templo fue construido en 1969 siguiendo el estilo propio de la llamada "arquitectura blanca". Sustituía a una ermita levantada tras el terremoto de Lisboa y reformada profundamente en 1915. Y que el retablo, obra de Antonio Martín que incorpora tallas del imaginero Manuel Carmona, fue bendecido en 1999. Acoge muy dignamente la imagen de Nuestra Señora del Rocío, talla anónima del siglo XIII adaptada para vestir . Del exterior destaca la portada principal y la espadaña de dos cuerpos. Una gran concha acoge la puerta abocinada.
     El Rocío también es, tras el núcleo más conocido de la ermita, el paseo marismeño y la plaza del Acebuchal, el dédalo de calles y plazas que articulan el asentamiento de las sedes donde las hermandades han edificado su casas. En la calle camino de Moguer abre sus puertas el Museo Histórico Religioso del Rocío, que sumerge al visitante en el paisaje de Doñana y las marismas, la historia de la ermita y de la Virgen. Y también le ilustra sobre todo lo relativo a la romería, los caminos que conducen a la aldea y las venidas de la imagen (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012). 
     Aldea mariana perteneciente al término municipal de Almonte, situada al borde de la Marisma y del Parque Nacional de Doñana.
Historia y visita
   El principal atractivo de la aldea lo constituye el famosísimo santuario de Nuestra Señora del Rocío. Aunque la aldea tiene un origen prehistórico, el actual poblamiento se fue formando en torno a la primitiva ermita de Nuestra Señora de las Rocinas, a partir del siglo XVI. Esta ermita y la imagen de la Virgen debieron existir ya a mediados del siglo XIII.
     Posteriormente, los continuos ataques de los árabes despoblaron el lugar y la imagen debió ser ocultada para evitar profanaciones.
     En el siglo XV, normalizada la situación, se reconstruyó de nuevo la ermita en el lugar en el que, según la tradición, encontró la imagen el cazador de Villamanrique Gregorio Medina.
     El terremoto de Lisboa del año 1755 arruinó el santuario. Entonces se construyó uno nuevo, más amplio, adecuado al número cada vez mayor de peregrinos que ya por entonces se ponían en camino. La ermita sufre diversas reparaciones y reconstrucciones a partir de entonces, hasta que en 1963 se derriba y se construye de nuevo enteramente.
     El edificio actual es un hermoso templo de estilo neobarroco, obra de los arquitectos sevillanos Delgado Roig y Balbotín. Comenzó su construcción en 1964 y hasta el 2 de mayo de 1981 no se bendijo, poniendo punto final a las obras, la portada principal y la espadaña. Posee tres naves, la central con bóveda de cañón y de arista las laterales. El crucero se abre con una cúpula sobre pechi­nas, con linterna dotada de vidrieras. La cabecera cuenta con un gran ábside semi­circular en el que se encuentra el camarín con la Virgen. En la fachada sobresale la enorme venera, enmarcada por cuatro pilastras, que corona la amplia portada de arco escarzano. Está coronada por una espadaña con una gran cruz de hierro forjado.
     La imagen de la Virgen, conocida como la Blanca Paloma, obra del siglo XIII, fue muy restaurada en el XIII, tras su hallazgo. Se le rehicieron casi enteramente las manos y el rostro, adquiriendo la morfología propia del estilo gótico final. En el siglo XVIII sufrió otra importante transformación, al cambiársele los bordados y la estructura de los vestidos. Así permaneció hasta 1919, año en el que con la coronación canónica adquirió su aspecto actual.
Fiestas
     El sábado, domingo y lunes de Pentecostés se celebra la Romería, a la que acuden en la actualidad más de un millón de personas de todo el mundo y hermandades de toda Andalucía y de bastantes lugares de España. La mayor parte de las hermandades hacen el camino a caballo, transportando el simpecado, estandarte con la imagen de la Virgen , en carretas engalanadas.
     El protagonismo principal le corresponde a la Hermandad de Almonte. El sábado desfilan ante ella y ante la puerta del santuario todas las hermandades. El domingo tiene lugar la misa en el Real y a lo largo del día se suceden los can­ tes y los bailes por sevillanas, abundantemente regados con vino de la tierra, en un ambiente delirante, entre báquico y desmesuradamente religioso. Durante la noche se celebra el rezo del Santo Rosario, al que acuden todas las hermandades con sus simpecados. Se recorren las calles de la aldea y ante la casa de cada hermandad se canta una Salve. El lunes se produce el acontecimiento más esperado por los almonteños a lo largo del año: el asalto al templo por los mozos del lugar, en durísima pugna por alcanzar las andas, y la posterior procesión de la Virgen entre una marea humana que no cesa de aclamar y de aplaudir a la Blanca Paloma (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Monumentos públicos
     Para conmemorar la Coronación canónica de la imagen de Ntra. Sra. del Rocío, se levantó en la plaza del Real de la Feria, un monumento, con la efigie de la Virgen en bronce, obra del escultor José Ordóñez (1920).
     Ante el Santuario, en la acera que bordea la marisma, se alza un bello monumento dedicado, en 1982, al Tamborilero. La escultura está firmada en el pernil izquierdo por «Vichero 1982» (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Santuario de Nuestra Señora del Rocío
     El origen de la devoción a la Virgen del Rocío y, por consiguiente, de su ermita viene explicado por la aparición de la Virgen a un pastor, en el siglo XV, en el lugar denominado de Las Rocinas, tal como aparece narrado por primera vez en la Regla de la Hermandad de 1758.
     El crecimiento de la devoción hacía ver la necesidad de un nuevo templo, que sustituye­ra al antiguo de origen mudéjar y envoltura barroca. En 1961 la Hermandad decide la construcción de un nuevo santuario, en el mismo lugar del anterior. Convocado un concurso de proyectos, fue elegido el presentado por los arquitectos sevillanos Antonio Delgado Roig y Alberto Balbontín de Orta. Don Pedro Cantero puso la primera piedra el 26 de enero de 1964, y el segundo obispo de Huelva, don José María García Lahiguera, bendijo el templo el 12 de abril de 1969. Quedaba pendiente la fachada con su espadaña y la ornamentación interior. La espadaña se concluyó a finales de 1980, y tras ser coronada por la monumental cruz, fue bendecida con sus campanas el 2 de mayo de 1981. Más tarde se efectúan las obras del camarín y la decoración arquitectónica interior y exterior, bajo la dirección de los arquitectos Pedro Rodríguez Pérez y María Luisa Marín Martín.
     El Santuario presenta un aspecto particular. No es un edificio exento, sino que se encuentra inserto en un conjunto de edificaciones, al modo de los cortijos andaluces. Se trata de un templo de planta basilical, con tres naves, crucero y capilla mayor. La nave central y los brazos del crucero se cubren con bóveda de cañón, iluminadas por óculos circulares con vidrieras. Las laterales presentan dos plantas, la baja con bóvedas de aristas y sobre ella la tribuna o triforio. Sin contar el tramo del atrio y coro alto a los pies, la nave principal consta de cuatro tramos, y de dos cada uno de los brazos.
     Todos los elementos constructivos y decorativos responden a un len­guaje clásico, propio del barroco purista. La intersección de los brazos se cubre con cúpula sobre pechinas y linterna con cuatro ventanas y la frase «Ave María». Con la llegada de la Virgen el 31 de mayo de 1992 se inau­guró la decoración de las pechinas, para las que el escultor sevillano Manuel Carmona ha tallado los cuatro evangelistas.
     En los paramentos del crucero fueron coloca­dos, el 18 de agosto de 1994, cuatro azulejos de J. Soriano, que conmemoran los hitos históricos más importantes de la devoción rociera.
     La capilla mayor tiene forma absidial, con planta semicircular y bóveda de horno. Al centro se abre el espacio del antecamarín de la Virgen. A su derecha queda la actual capilla de Sagrario, y a la izquierda la antesacristía.
     Al exterior se traduce la distribución interior del espacio en volúmenes claros, blanco en los planos verticales de las paredes y rojo en las cubiertas de tejas árabes en los planos inclinados, en armónica conjunción de partes agregadas, que no pierde de vista la herencia musulmana de la estética andaluza. La forma de cruz latina, con la techumbre a diferente altura, crea un escalonamiento de volúmenes. Los espacios intermedios y la fachada quedan rodeados por las dependencias de objetos de recuerdo, capilla de velas en la parte baja, y graciosa balconada en la planta superior. Fue desde un balcón, que une la balconada de los lados de la portada principal y del lado de la marisma, desde donde el Papa Juan Pablo II se dirigió a la multitud, el 14 de junio de 1993.
     En el ángulo contrario, se eleva un torreón mirador, símbolo de autoridad, que corresponde a la Casa de la Hermandad Matriz. Destaca imponente la fachada en forma de gran concha, de evocación bautismal, sobre la que se eleva la espadaña o campanario de dos cuerpos, con tres vanos el inferior y uno el superior. Las cuatro campanas que voltean en ella llevan los nombres de El Salvador, Blanca Paloma, Lirio de las Ma­rismas y San José. Sobre él se yergue majestuosa la cruz de cerrajería, forjada por el almonteño Genaro Faraco, que reproduce la de la plaza de Santa Cruz de Sevilla. Esta última fue ejecutada en 1692 por otro almonteño, Sebastián Conde.
     En el coro, se halla un gran lienzo que puede atribuirse a Vicente Alanís, seguidor de Juan de  Espinal, de escuela sevillana, de hacia 1770. Representa una compleja composición: Santa Ana  Maestra con la Virgen Niña, a sus pies el cesto de costura; a la izquierda, el anciano Tobit, ciego, que yace en el lecho de la enfermedad, y el arcángel San Rafael, con cayado, por­tando el pez por la boca; en el rompimiento de gloria, el Padre Eterno y el Espíritu Santo, rodeados de querubines, bendicen a la Virgen. Fue restaurado en 1986 en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla.
     Atención especial merece el retablo mayor. El primer proyecto se debía a Juan Infante Galán. Estilísticamente se basaba en el anterior retablo de la ermita. El 30 de agosto de 1980 se firmaba el primer contrato para la construcción del retablo con Antonio Martín Fernández como tallista y con Francisco Bailac Cenizo para la carpintería artística. La obra de imaginería se contrató definitivamente con Manuel Carmona Martínez, en 1983.
     Dificultades técnicas en la resolución del diseño retrasaban la ejecución del retablo, por lo que se decidió encomendar al tallista Antonio Martín Fernández un nuevo proyecto, que aprovechara los elementos ya ejecutados en la fase anterior. El 15 de junio de 1989 se convocó en Almonte a un equipo de artistas y asesores con la mi­sión de llevar a feliz término en un plazo de seis años obra tan esperada. En ella participan el ya mencionado tallista Antonio Martín, los arquitectos Pedro Rodríguez y María Luisa Marín, el escultor Manuel Carmo­na, el carpintero Matías Aceitón, el marmolista Manuel Gómez Rodríguez, de Mármoles Rinconada, los orfebres de Villarreal, encomendándose el proyecto iconográfico a Manuel J. Carrasco Terriza.
     Junto a la Virgen, en las repisas laterales, se sitúan los santos intercesores. En el lado de la epístola, San Juan Bautista flanqueado por un relieve de la Visitación de María a Isabel y otro del Bautismo de Cristo.
     En la repisa del lado del evangelio, el esposo, San José, se le representa en edad joven y con los atributos de su trabajo. En la entrecalle contigua al camarín, el relieve de la Anunciación. En el lado opuesto, el Nacimiento de Jesús. En los ejes verticales de las calles y entrecalles, se sitúan seis tarjas, en las que aparecerán los bustos de San Pedro y San Pablo, y los cuatro Padres de la Iglesia latina: San Ambrosio, San Agustín, San Jerónimo y San Gregorio Magno. La concha, que cierra la bóveda de horno, se corona con el altorrelieve de la Santísima Trinidad. Ángeles músicos se sitúan sobre los ejes de las columnas. Todas las esculturas son de Manuel Carmona.
     En el banco del retablo, ya en la línea de tierra, y ejecutado en ricos mármoles rojos y negros con motivos heráldicos en bronce, se sitúan las referencias cronológicas e institucionales. En el centro, en un medallón, el escudo de la Hermandad Matriz de Almonte. En la puerta del lado del evangelio, el escudo del Papa Juan Pablo II. En el lado opuesto, el de S. M. el Rey de España, don Juan Carlos I. Ambos escudos hacen referencia a los títulos de «Pontificia y Real» de que goza la Hermandad Matriz desde 1920. Otras dos tarjas mostrarán en posiciones simétricas los emblemas del Obispo de la Diócesis de Huelva, y en el otro extremo el del pueblo de Almonte.
     La primitiva escultura de la Stma. Virgen del Rocío, conservada bajo los actuales vestidos, es una talla de madera, de entre 1280 y 1335. Los volubles imperativos del estilo y de la moda hizo que la imagen se transformara, hacia fines del s. XVI o principios del XVII, suplementando la figura hasta alcanzar la proporción de siete cabezas y media de altura. Fue vestida de ricas telas, según la moda de la corte de los Austrias. Se compone el traje de una basquiña o falda acam­panada, con el verdugado o armazón cónico de aros, jubón o corpiño para cubrir el busto, con gorguera de encajes y ajustadas mangas con pu­ños o vuelillos también de encajes, y enriquecidas con franjas horizontales de pasamanería. Sobre las mangas del jubón lucía otras, amplísimas, denominadas de punta o perdidas, que a partir del último tercio del XIX se convierten en mantolín. La cabeza se cubre con el propio manto, a modo de velo de vírgenes, y se enmarca el óvalo facial con el rostrillo, derivación de la toca de puntas o de encajes. Junto con el vestido, debieron ser la­bradas de nuevo las manos y el Niño. Es posible que, a partir de entonces, los ojos adoptaran su dulce y seductora mirada baja, en lugar de la mirada frontal propia de la imaginería gótica. El rostro, no obstante, conserva en sus facciones los rasgos característicos de las obras góticas: perfil agudo, con nariz recta, y sonrisa arcaica.
     La imagen, vestida de Reina, como popularmente se dice, corresponde al tipo iconográfico de la Virgen Majestad, que, en hierática frontalidad y en eje vertical, sostiene y ofrece al Niño con ambas manos delante de sí misma, patentizando la centralidad del misterio de Jesucristo.
     Varios y ricos mantos y vestidos ha tenido y tiene la Virgen en su guardarropía. De los que luce actualmente, destaquemos dos: el traje de la Coronación, y el de los Apóstoles. El primero fue donado por los Condes de París, con motivo de la Coronación canónica, que tuvo lugar el día 9 de junio de 1919. El traje de los Apóstoles o de las Hermandades, terminado en 1956, es el más rico, bordado sobre tisú de plata y seda natural. El proyec­to, dibujos y dirección fueron de Joaquín Castilla Romero. El manto ha sido restaurado en 1997 en Brenes, en el taller de Enrique y Fernández.
     La ráfaga, o puntas de plata de martillo, com­puesta por ocho semicírculos de encajes repuja­dos por cada lado, y situada en torno a la vestimenta, otorgan a la imagen la configuración visual que la identifica sobradamente. Fue donada, por el canónigo sevillano José Carlos Tello de Eslava y su hermana  Isabel Damiana en  1733. A la misma época corresponde la media luna de plata. Durante un tiempo ha utilizado una ráfaga de rayos, con la media luna a juego, de principios del s. XIX, sin perder por ello su silueta de forma triangular. La corona de oro y pedrería, que luce la Virgen en los días de mayor solemnidad, es la que realizó  Ricardo Espi­nosa de los Monteros en mayo de 1919, para su coronación canónica, siguiendo el modelo de la que posee la Inmaculada grande de la catedral de Sevilla, de Arfe. La corona del Niño, donada por doña Juana Soldán, viuda de Cepeda, es de José de los Reyes Cantuero, de la misma fecha. De aquella fecha es el rostrillo de metal precioso. Los atributos de la realeza se completan con los cetros de la Madre y del Hijo. Un juego de cetros, de sencilla forma cilíndrica, es de fines del s. XVII, mientras que el de formas abalaustradas corresponde a los años
de la ráfaga de Tello de Eslava, hacia  1733.
     La salamanquesa, que lleva en el hombro, es un atributo iconográfico propio de la Virgen del Rocío, por su relación con el fuego del Espíritu Santo. La actual salamandra que lleva en el hombro fue donación del Vizconde de La Palma, don Ignacio Cepeda.
     Las andas y el palio o baldaquino, en que procesiona la imagen, fueron realizados por Juan de Astorga entre 1813 y 1822. De aquellas andas se conserva el palio, revestido de plata. En 1934 fue modificado por Cayetano González. Fue completado en 1950 por Seco Velasco, quien enriqueció la bóveda o tumbilla, tanto en la parte interior como en la exterior o superior, con aplicaciones de plata repujada.
     En la sacristía del santuario, en la secretaría y en otras dependencias de la Hermandad, pueden verse los simpecados, banderas, e insignias, con magníficos bordados, de los que destacaremos el simpecado antiguo, realizado entre 1813 y 1822. Un Cristo Crucificado, obra de Manuel Carmona Martínez (1983). Un lienzo del siglo XVIII, pintado al óleo, en marco dorado de hojarasca calada, que representa a San Juan Bau­tista niño.
     Un lienzo del Niño Jesús Buen Pastor del siglo XIX, de aire romántico y costumbrista. Otro lienzo, firmado por M. Salvatella, conmemora la coronación canónica de la Virgen del Rocío por el cardenal Almaraz, el 8 de junio de 1919. Hay un escaño, de tres asientos, en cuyo respaldo central figura una pintura de la Virgen del Rocío, con resplandor de rayos agudos y flameantes ante la ermita.
     La Virgen cuenta con notables piezas de orfebrería. Del siglo XVI existen dos bandejas de Flandes, de la serie de dinanderíes, de metal repujado y plateado. Una ostenta como tema central la Anunciación. La segunda bandeja tiene como motivo central el león de San Marcos. Interés especial tiene la nave de plata, de la segunda mitad del XVII, de estilo barroco francés, obra del círculo de Claude Ballin, joyero de Luis XIII, donada, tal vez, por la condesa de París. Del siglo XVIII es un cáliz de plata dorada, a juego con la ráfaga de puntas, de hacia 1733. Se conserva una demanda de plata de mediados del Setecientos, en forma de fuente circular lisa con una pequeña imagen de la Virgen del Ro­cío en su interior. Tiene las marcas de Flores y NO8DO.
     Del siglo XIX hallamos un cáliz de plata dora­da, liso, con nudo periforme y subcopa con cinta de perlas. Cáliz del mismo siglo, de fundición, con adorno perlado, con inscripción. Las vinajeras y salvilla son de estilo imperio, del siglo XIX. Hay otras vinajeras, de hacia el año 1800, sin punzón, de forma globular; con asita de roleo vegetal. Entre 1813 y 1822 se hizo en plata la cruz del estandarte. Interesantes obras de platería de comienzos del s. XX, son las lámparas votivas en forma de naves, que colgaban en la antigua ermita, donadas por la condesa de París, doña María Isabel Francisco de Orleans, por su hijo, el infante don Fernando de Orleans, duque de Montpensier.
     Piezas labradas en el siglo XX son un cáliz de plata dorada, con pie hexagonal y decoración vegetal muy menuda, 1963. Otro cáliz de similar composición, de 1970. Objetos litúrgicos de reciente factura son el acetre, obra de Villarreal, y las crismeras, de plata repujada, realizadas también por Villarreal, según diseño de Joaquín Castilla, en 1960 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Se tiene noticias, por documento fechado en 1477, de la donación del caño de la Madre de las Marismas, entre La Canaliega y el caño de Brenes, por parte de los Reyes Católicos a Esteban Pérez Cavizos.
     En 1583 el concejo de Almonte adquiere los terrenos a sus sucesores. Con posterioridad, parte de las tierras pasan a los condes de Niebla y duques de Medina Sidonia, por entrega de la Hacienda Real.
     La referencia a "la ermita de Sancta María de Las Rocinas" en el Libro de la Montería de Alfonso XI y las consecuentes tradiciones, la capellanía fundada por Baltasar Tercero Ruiz en 1587 sobre la primitiva ermita, más el pago de su cuenta de restauraciones en la ermita de Santa María de las Rocinas, son hitos de la base religiosa del Santuario.
     La atmósfera posterior al Concilio de Trento alentó las celebraciones religiosas de carácter festivo, proliferando las hermandades llamadas de gloria, espacialmente dedicadas a las advocaciones de la Virgen. Sus actos festivos constaban generalmente de procesión de tercia y misa matinales, y los posteriores regocijos vespertinos, base en el caso del Rocío de la romería posterior.
     La peregrinación de numerosas hermandades, que actualmente parten desde diversos lugares de Andalucía, resto de España y aún de fuera de las fronteras del estado, tiene como señalada referencia cronológica el año 1653, cuando se proclama a la Virgen patrona de la villa almonteña, según acuerdo del cabildo municipal que consta en el acta de 29 de junio. En torno a esta fecha, parece que comienza a extenderse el nombre de Virgen del Rocío en detrimento del primero, al tiempo que se fundan las primeras hermandades filiales (Villamanrique de la Condesa, Pilas, La Palma del Condado, Moguer y Sanlúcar de Barrameda).
     También se tiene constancia de la celebración de frecuentes venidas de la Virgen desde la aldea hasta Almonte, la más antigua de las cuales se data documentalmente en 1607.
     En las primeras décadas del siglo XVIII se gesta la Feria del Rocío, con licencia ducal de 1722. Fue feria de ganado y también sirvió de punto de venta de las más diversas mercaderías, algunas importadas vía Sanlúcar de Barrameda, lo que motivó algunas quejas gremiales, hasta que paulatinamente fue decayendo como fenómeno comercial.
     En apoyo a la feria se había producido por la casa ducal la exención de alcabalas a mercaderes y tratantes en el real y circuito de la ermita a partir de 1747, obteniendo el Real Privilegio de feria en 1772.
     El terremoto de 1755 produce notables daños que obligan a alojar a la Virgen en Almonte durante varios años, en los que se interrumpe la peregrinación. Comenzaron las demoliciones y obras de la ermita en 1756. Hasta 1760 no se bendice la nueva.
     La decadencia de la feria a finales del siglo XIX viene acompañada de la creciente orientación del Rocío como romería. La creación de la diócesis de Huelva, con la toma de posesión de su obispo el 15 de marzo de 1954, supuso un respaldo al Rocío desde el impulso a la religiosidad. Su primer obispo, Pedro Cantero Cuadrado, expresa la necesidad de mejorar el inmueble de la ermita, y la vía es la construcción de una nueva, decisión que se acordará por la Hermandad Matriz en 1961.
     En 1963 se demuele la ermita dieciochesca. La nueve y actual fue erigida durante la presencia de la Hermandad Matriz de Antonio Millán Pérez, tras colocar el obispo Cantero la primera piedra en 1964. El edificio es obra de los arquitectos Balbontín y Delgado Roig, quienes fueron los encargados de redactar el proyecto ejecutado.
     Finalizadas las obras, el inmueble se bendice el 12 de abril de 1969 por el obispo onubense José María García Lahiguera y al día siguiente la virgen es trasladada a su casa, abandonando la aledaña capilla provisional. La espadaña del santuario se concluyó en 1980. Más tarde se efectúan obras del camarín y la decoración arquitectónica interior y exterior, bajo la dirección de los arquitectos Pedro Rodríguez Pérez y María Luisa Martín Martín. 
     La zona donde actualmente se ubican el Santuario y Aldea del Rocío constituye desde antaño un enclave privilegiado dada su situación geográfica, en un lugar de tránsito y cruce entre los caminos que llevan a Sevilla, Niebla, Moguer, Almonte y, cruzando el río, a Sanlúcar de Barrameda.
     El Santuario actual data del siglo XX y sustituyó al edificado en el XVIII que, a su vez, se erigió en sucesión del templo mudéjar primitivo. Obra de Alberto Balbontín de Orta y de Antonio Delgado Roig, el edificio se encuadra en el denominado regionalismo blanco cuyo principal inspirador es el arquitecto Juan Talavera y Heredia.
     El inmueble principal del Santuario, la ermita, se encuentra próximo a la orilla marismeña a la que se abren dos de sus puertas. El Santuario presenta un aspecto particular. No es un edificio exento, sino que se encuentra inserto en un conjunto de edificaciones, al modo de cortijos andaluces.
     El templo presenta al exterior una marcada horizontalidad, destacando la portada de más de 26 metros de altura, con una gran concha marina de 8 metros en su parte más ancha, bajo la que se abre la puerta principal de acceso, un cuerpo de campanas y una cruz de forja sobre pináculo que la remata. Entre la concha y el cuerpo de campanas sobresalen tres paneles cerámicos de tonos azules sobre fondo blanco realizados en el taller de J. Soriano, en los que aparecen la Virgen del Rocío en el rectángulo central, y los apóstoles a izquierda y derecha, presentándose la escena de Pentecostés, momento en el que María y los seguidores de Jesús recibieron el Espíritu Santo. Las cuatro campanas poseen sus propios nombres: San José, Salvador, Lirio de las Marismas y Blanca Paloma. En líneas generales, el imafronte evoca la arquitectura popular de las espadañas en ermitas y capillas.
     El templo, además del acceso por la portada principal, cuenta con dos accesos laterales directos al crucero, uno por la fachada norte (que ocupa la casa de Hermandad) hacia la calle El Real, conocido como Puerta del Real (inaugurada en 2002); y otro por la fachada sur, hacia la calle Santeros y la marisma, antiguamente conocida como Puerta del Sol. El acceso por la Puerta del Real está compuesto por un cerramiento de tapia con vanos en arcos de medio punto y rejas, rematada por un tejadillo a un agua, y una espadaña de estilo neoclásico con reproducción de panel de azulejería fechado en 1696, antiguamente emplazado en la portada sur. El original está depositado en el Museo del Santuario. Desde la cancela de este cerramiento se accede al vano de acceso del templo, coronado por tres azulejos con las palabras "Reina", "Pastora", "Madre". Junto a este existe otro panel cerámico y una placa conmemorativa de la Coronación de la Virgen del Rocío. La actual Puerta del Sur está conformado por una portada adintelada con tejadillo a un agua y azulejo con inscripción donde puede leerse: "Reina de las marismas. Dios te salve". Por otra parte, en la esquina suroeste de esta fachada hacia la calle Santeros destaca el conocido como "balcón del Papa", diseñado por los arquitectos Pedro Rodríguez y María Luisa Marín para la visita histórica de Juan Pablo II al Rocío en 1993. Dicho balcón resulta de la unión de dos balcones corridos y el chaflán de los muros, rematando un frontón que soporta el escudo pontificio en metal, el escudo de Juan Pablo II en cerámica, y un panel cerámico que recuerda el acontecimiento histórico, obra de J. Soriano.
     Al interior, la nave central es de enorme amplitud. Se cubre con una bóveda de cañón a la que se le han abierto cuatro óculos cerrados por vidrieras a cada lado, haciendo un total de ocho. Cada una de ellas se corresponde de un tramo de arcada de las naves laterales, separadas por ficticios arcos fajones marcados con yeserías que se apoyan en pilastras de fuste estriado y capitel corintio. La cubierta exterior es de teja árabe, mostrando al exterior los lunetos que interiormente son las vidrieras. Cada luneto está coronado por una perinola cerámica. Las vidrieras de los brazos del crucero representan los escudos de las ocho capitales de provincia andaluzas, mientras que las ocho de la nave central del templo tienen diferentes motivos: 1969, el año en el que se bendice el santuario; el escudo de Almonte, pueblo del que la Virgen es la Patrona desde 1653; el escudo de la Diócesis de Huelva; el escudo de Madrid, capital de España; el año de 1920 y el escudo pontificio, fecha en la que Benedicto XV otorga el título de Pontificia a la Hermandad Matriz; el emblema mariano, por ser templo con advocación de la Virgen; el año 1920 y el escudo real, por ser fecha en que el rey Alfonso XIII concede el título de Real a la Hermandad; y por último, el escudo de la Hermandad Matriz. A los pies de la iglesia en el piso superior se sitúa el coro, un amplio espacio que se apoya sobre arco rebajado con la anchura de la nave.
     Las naves laterales poseen cuatro tramos de arcadas de medio punto sobre pilares, cubriéndose cada tramo con una bóveda de crucería simple. En la planta alta de estas naves laterales se han abierto galerías cubiertas con techumbre plana de obra. En la nave lateral derecha se encuentra la capilla Penitencial, ocupando el espacio de la primitiva sala de las velas. Esta capilla está presidida por un tríptico en madera de cedro realizado por el imaginero Navarro Arteaga con escenas del Bautismo de Jesús, el Buen Pastor y el Hijo Pródigo. Su función es la de proporcionar recogimiento e intimidad para las confesiones. En su interior se disponen una serie de confesionarios de caoba diseñados por el arquitecto de las obras, Ángel Rodríguez, cuyos remates están inspirados en la traza del santuario.
     Los brazos de la cruz del templo están formados por dos tramos de arcadas, donde se abren diferentes capillas. En el lado de la epístola se sitúa la Capilla Real, desde donde se accede directamente hasta la sacristía; y en el brazo del evangelio está la Capilla del Patronazgo y la del Sagrario, renovada recientemente. La Capilla Sacramental o del Sagrario está compuesta por algunas piezas y elementos del retablo antiguo de la Virgen, atribuido a Cayetano de Acosta, como los angelotes, las cuatro columnas, la embocadura del viejo camarín, así como las imágenes de dos santos, San Antonio y San Juan Nepomuceno, y el Pentecostés que corona el conjunto. El espacio está presidido por el monumental sagrario de plata realizado por el orfebre Juan Borrero, y ornamentado por dos murales pictóricos, obras de José Antonio García Ruiz. La capilla se encuentra protegida por una reja obra de José Antonio Faraco y Jesús Acosta. En el brazo del lado del evangelio, en la arcada contigua a la nave lateral del edifcio, se abre una capilla de modestas proporciones para dar cobijo al paso procesional de la Santísima Virgen. Su cubierta, como las capillas laterales es con bóveda de crucería, exornada con un alto rodapié de mármol rojo. Exteriormente se cierra con una reja del mismo diseño que las otras capillas.
     El crucero está cubierto por una cúpula sobre pechinas y linterna que exhibe cuatro ventanas, al exterior con forma de castillete con tejadillo cerámico y remate en cruz. Las pechinas sobresalen con cuatro esculturas de los evangelistas, obra de Manuel Carmona en 1992.
     El presbiterio se cierra con una bóveda de cuarto de esfera con retablo mayor de estilística neobarroca y gran tamaño, obra realizada por diferentes autores dirigida por los arquitectos Pedro Rodríguez y María Luisa Marín con proyecto iconográfico de Manuel Jesús Carrasco Terriza, todo ello bajo una idea que diseñara el almonteño Juan Infante Galán.
     En los extremos del presbiterio se abren tribunas bajo arcos de medio punto con antepechos de hierro, cerradas con puertas de madera por las que se accede a las dependencias del camarín de la Santísima Virgen. La Virgen ocupa el lugar central en el retablo.
     El pavimento del templo, en losas de granito gris, fue renovado en 2005 con la participación de las hermandades rocieras de Triana, Gines, y Écija (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Monumentos públicos, y Santuario de Nuestra Señora del Rocío), en la Aldea del Rocío, de la localidad de Almonte (II), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

Más sobre la provincia de Huelva, en ExplicArte Sevilla.