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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 16 de enero de 2025

El antiguo Mercado de la Puerta de la Carne, de Aurelio Gómez Millán, Gabriel Lupiáñez Gely, Rafael Arévalo Carrasco, y Ramón Balbuena Huertaso

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el antiguo Mercado de la Puerta de la Carne, de Aurelio Gómez Millán, Gabriel Lupiáñez Gely, Rafael Arévalo Carrasco, y Ramón Balbuena Huertaso, de Sevilla.  
     El antiguo Mercado de la Puerta de la Carne, se encuentra en la calle Demetrio de los Ríos, 11; en el Barrio de La Florida, del Distrito Nervión.
     Extramuros de la ciudad histórica, junto al antiguo arrabal de San Bernardo y la estación de ferrocarril de Cádiz, se construye el Mercado Municipal de Abastos Puerta de la Carne. El Mercado es uno de los más tempranos proyectos de la arquitectura racionalista en España, junto al Roncón de Goya de Zaragoza y la estación de petróleos de Porto Pí en Madrid. Tiene además carácter pionero en Sevilla junto al edificio de Auto Ibérica de calle Sierpes, y es resultado de un concurso convocado para su construcción por el Ayuntamiento, ganado por Gabriel Lupiáñez y Antonio Gómez Millán. 
     Se trata de un zócalo de planta irregular de dos alturas y una tercera retranqueada, que en el frente hacia la calle Demetrio de los Ríos se transforma en volumen exento que localiza la fachada. La descomposición del zócalo da pie a que el edificio establezca una adecuada relación escalar con los edificios de su entorno, si bien, la excesiva proximidad a la fachada principal del Puente de San Bernardo, construido poco antes, quita presencia al mercado, restando la posibilidad de centralidad que un equipamiento público de esta naturaleza genera, y dificultando al mismo tiempo las tareas de abastecimiento de mercancías.
     Sobre este zócalo surge la cubierta a dos aguas, de planta rectangular, construida sobre cuatro arcos de hormigón armado. Este sistema estructural tiene un papel característico en la formalización del espacio interior. Al confiar en las capacidades resistentes y técnicas del hormigón armado, libera la planta que queda diáfana para la distribución de los distintos cuarteles y calles interiores. Mientras tanto, el edificio perimetral absorbe el programa funcional que precisa una compartimentación estanca recorriéndose en su interior con galerías continuas que refuerzan visualmente la descomposición estructural del recinto.
     La cubierta que sostienen los cuatro arcos, elevada respecto al zócalo, deja pasar la luz en su perímetro a través de huecos de generosas dimensiones. Al no ejecutarse mediante faldones continuos, sino mediante riostras escalonadas de hormigón armado, la luz pasa entre ellas convirtiendo la cubierta en una más liviana celosía. Los frontones que quedan definidos por esta cubierta a sur y norte se caracterizan por la presencia de un gran lucernario, de directriz curva, que por la presencia de dos parteluces intermedios recuerda a los huecos termales de la arquitectura romana.
     El proyecto apuesta por una expresión racional y moderna en la disposición de los volúmenes y el trazado de los huecos, sin quedar mediatizada por los lenguajes historicistas que a través del regionalismo representaban las tendencias arquitectónicas de este lugar en ese momento.
     El programa original del proyecto presentado al concurso del mercado constaba de 128 puestos. El programa definitivo del proyecto consta de un total de 125 puestos, repartidos entre 26 perimetrales y 99 centrales. Además del programa principal del mercado se incluyeron aseos en planta baja y una vivienda en planta segunda. Las reformas que se produjeron en el edificio afectaron inicialmente a la superficie comercial, con la sustitución de las divisiones verticales de madera de los puestos de verduras en 1935 por dificultades para el baldeo. Posteriormente, la necesidad de espacio administrativo llevó a la construcción en 1936 de unas no muy acertadas oficinas municipales según proyecto de Juan Talavera y Heredia, que desdibujan la línea de cornisa definida por la coronación del zócalo en su segunda planta.
     El edificio se encuentra cerrado y sin uso desde 1999, además de haber sido vandalizado, lo que ha producido un deterioro continuado debido a la falta de mantenimiento. Actualmente, se localizan problemas estructurales puntuales, revestimientos de fachada en mal estado, humedades y pérdida de los vidrios de las ventanas exteriores. El edificio requiere una urgente intervención, y aunque esté previsto destinarlo a sede del Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS), su futuro es incierto.
     Los movimientos precursores de las vanguardias modernas que se produjeron en la arquitectura europea a partir de la segunda década del s. XX no se dieron en Sevilla por la resistencia a asumir sus preceptos por parte de la sociedad. Esto motivó que la arquitectura no dio el salto hacia la debida modernización que la hubiera equiparado a otras ciudades españolas y extranjeras.
     La apuesta sevillana fue por una arquitectura basada en técnicas constructivas más tradicionales, con la consolidación de sus aspectos formalmente más conservadores, lo que dificultó la puesta en escena de los ideales de la arquitectura moderna y sus teorías, que fueron puntualmente consideradas como destructoras de los valores y los ambientes tradicionales. 
     En este contexto, tanto desde el punto de vista geográfico, como cultural y político, la ciudad se sitúa en una posición periférica al no disponer de los medios adecuados para el progreso. Las instituciones intentaron impedir continuamente el desarrollo de otras arquitecturas que no fuesen el regionalismo sevillano. La estricta aplicación a la arquitectura sevillana del término "racionalista" daría como resultado una selección escasa. Podríamos considerar al Mercado de la Puerta de la Carne como una de estas contadas muestras de arquitectura racionalista.
     La construcción del Mercado de la Carne respondió a la necesidad de dar solución desde la municipalidad al déficit numérico y las condiciones de falta de higiene y accesibilidad de los mercados de abastos existentes. La elección de su emplazamiento periférico respondió a un estudio desarrollado a nivel municipal, consecuencia del cual se propuso la construcción de nuevos mercados como soporte del abastecimiento comercial de diferentes barrios: Borbolla, Nervión, Santa Cruz, San Nicolás,...
     El proyecto del Mercado de la Carne pretendió dar respuesta a lo que se buscaba desde mediados del siglo XIX, una nueva arquitectura para una nueva sociedad industrial, que sirva para solucionar problemas tecnológicos, higiénicos,... En Sevilla, el lenguaje historicista convivió con una arquitectura tendente a la abstracción, formalmente pura y plásticamente transparente, resuelta de manera pulcra, técnicamente avanzada, sin ornamentos ni añadidos innecesarios. Según cita del concurso: "Deberá proyectarse de modo que ofreciendo un aspecto decoroso, cual corresponde a un edificio público, sea diáfano y sencillo, con lo que podrá resultar de menos costo" Gabriel Lupiáñez Gely proyectó junto a Aurelio Gómez Millán el mercado Puerta de la Carne en diciembre de 1926, realizándose el edificio entre 1927 y 1929. Un proyecto tan marcadamente racionalista se abre paso en una ciudad en plena efervescencia del regionalismo predominante en torno a la Exposición Iberoamericana de 1929. Tras su finalización en 1929, el 17 de Febrero de 1930 la obra se entregó al Ayuntamiento.
     El edificio fue durante décadas el corazón comercial de este sector de la ciudad, a pesar de los condicionantes infraestructurales anteriormente mencionados. El entorno del barrio de San Bernardo, donde se localiza el edificio, ha experimentado grandes transformaciones desde que a mediados de la década de los ochenta se iniciase el desmantelamiento de las infraestructuras ferroviarias que rodeaban el este del centro de Sevilla. 
     En la actualidad, el mercado se encuentra rodeado por manzanas residenciales consolidadas, así como vestigios industriales de la Fábrica de Harinas de Manuel Borrero, desmantelada en 1990, y de la que queda la ampliación proyectada por Aníbal González en 1926, así como el quiosco de carga del ferrocarril. En el entorno próximo del mercado existe una serie de edificios industriales en desuso de gran envergadura que se prevé que sufran transformaciones próximamente, como son la antigua estación de ferrocarril de Cádiz y la antigua fábrica de artillería. Las viviendas para militares vinculadas a la fábrica de Artillería han sido recientemente rehabilitadas para uso administrativo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Extramuros de la ciudad histórica, junto al antiguo arrabal de San Bernardo y la Estación de Cádiz de ferrocarril se construye el Mercado Municipal de Abastos Puerta de la Carne. Se trata de un temprano proyecto de arquitectura racionalista en España, pionero en Sevilla, junto al edificio de la AutoIbérica en calle Sierpes, resultado de un concurso convocado a tal efecto y ganado por Lupiáñez y Gómez Millán.
     Se trata de un zócalo de planta irregular de dos alturas y una tercera retranqueada que en el frente se transforma en volumen exento que localiza la fachada. Sobre él surge la cubierta a dos aguas, de planta rectangular, construida sobre cuatro arcos de hormigón armado. El sistema estructural libera la planta que queda diáfana para la distribución de los distintos cuarteles y calles interiores, mientras que el edificio perimetral absorbe el programa funcional que precisa una compartimentación estanca recorriéndose en su interior con galerías continuas que refuerzan visualmente la descomposición estructural del recinto.
     La cubierta, elevada respecto al zócalo, deja pasar la luz en su perímetro a través de huecos de generosas dimensiones. Al no ejecutarse mediante faldones continuos, si no mediante riostras de hormigón escalonadas, la luz pasa entre ellas convirtiendo la cubierta en una más liviana celosía.
     El proyecto utiliza con habilidad las posibilidades del hormigón armado para conseguir una planta libre de condicionantes estructurales, apostando con firmeza por una expresión nítidamente racional y moderna en volúmenes y trazado de huecos (Ignacio Capilla Roncero, Amadeo Ramos Carranza y Ignacio Sánchez-Cid Endériz, en DOCOMOMO).
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Más sobre la calle Demetrio de los Ríos, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 3 de noviembre de 2024

Un paseo por la avenida Menéndez Pelayo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida Menéndez Pelayo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 3 de noviembre, es el aniversario del nacimiento (3 de noviembre de 1856) del erudito Marcelino Menéndez Pelayo, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la avenida Menéndez Pelayo, de Sevilla, dando un paseo por ella
     La avenida Menéndez Pelayo es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de San Bartolomé, y Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y en los Barrios de La Florida, y San Bernardo, del Distrito Nervión; y va de la confluencia de la avenida de Carlos V, con la plaza de Don Juan de Austria, y con la calle San Fernando, a la confluencia de la calle Puerta de Carmona, con la plaza de San Agustín, y con la calle Luis Montoto.
     La avenida no posee siempre una adscripción precisa. En términos generales corresponde a un gran eje urbano, bien caracterizado desde el punto de vista genético, porque estructura el crecimiento de la ciudad; morfológico, ya que es ancha; y funcional, sobre todo por canalizar el tráfico rodado. Sin embargo, de acuerdo con esta definición, no hay razones, más que las convencionales, para considerar a unas vías como avenida y su prolongación, como calle. En otros casos, las avenidas constituyen el eje principal de un sector determinado o de una barriada, y si bien poseen las características de vía principal en relación a ese sector, no alcanzan dicho valor en el conjunto de la ciudad. La avenida posee sobre todo un valor simbólico, y prueba de ello es que en Sevilla la avenida por excelencia es la hoy denominada de la Constitución, centro neurálgico de la ciudad, tanto de sus fiestas religiosas como de la actividad bancaria, y así es es reconocida sólo como la avenida. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.  
     Desde la Edad Media las zonas próximas a las puertas de Carmona y de la Carne eran conocidas por los nombres de éstas; en 1847, cuando se está formando el arrecife, se alude a "la Alamedilla que de la Puerta de la Carne va a la de Carmona"; en 1868 a ese tramo se le denomina Ronda del Acueducto, por el que traía el agua a la ciudad a la altura de la Puerta de Carmona; el nombre no debió consolidarse, pues en 1876 se rotuló con el de Industria, atendiendo al tipo de edificación que se estaba levantando en esta nueva vía, denominación que se extiende hasta la confluencia con San Fernando en la medida en que se urbanizaba ese sector. En 1912 se le dio la denominación que hoy conserva, en memoria de Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912), gran estudioso y erudito español, miembro de la Real Academia Española, de la de Historia, y Director de la Biblioteca Nacional; entre sus obras destacan Historia de los heterodoxos españoles, Historia de las ideas estéticas en España y sus estudios sobre literatura. 
     Contiguo a la Puerta de la Carne existió hasta el s. XV un cementerio judío y, como espacio extramuros, las noticias de este mismo siglo recogen la acumulación de basuras a la salida de las puertas, que con el paso del tiempo darán lugar a la formación de montículos de escombros. En 1489 se construyó en sus inmediaciones el Matadero y en el s. XVI el Rastro (v. Demetrio de los Ríos), que contribuirán a que éste sea un espacio cada vez más frecuentado; con todo, también son habituales las noticias que hacen referencia a los desbordamientos del Tagarete, que inundaba toda esta zona, y a los malos olores como consecuencia de los vertidos de fábricas de tintes, curtidurías o tenerías, situadas intramuros en la zona inmediata a Menéndez Pelayo. 
     Son quizás éstas las causas que explican la tardía urbanización de este sector de la ronda histórica, que todavía en el plano de Olavide (1771) absolutamente vacío, si bien ya en 1730 se habla del arreglo del camino que desde la Puerta de la Carne iba a San Telmo y el río, y en 1742 del del que extramuros unía la Puerta de la Carne con la de Carmona; asimismo en 1780 se aprueba el desmonte y allanamiento del terreno comprendido entre la Puerta de la Carne y la nueva de San Fernando. Con todo, la efectiva urbanización de la vía se llevará a cabo a partir de 1844, cuando se inicia la construcción del arrecife, continuada en 1845 con la apertura de 619 hoyos entre la Puerta de Carmona y el Prado de San Sebastián para plantarlos con pies de árboles, y en 1847 con la dotación de alumbrado de gas; pero inmediatamente después (década de 1850) se suceden noticias sobre los malos olores que siguen emanando los vertidos procedentes de las curtidurías y otras fábricas intramuros, sobre la falta de riego que arruina el arbolado, o el mal estado del pavimento del arrecife.
     El impulso definitivo a la urbanización de esta vía vendrá dado, como en toda la "ronda", por el derribo de la muralla a partir de la década de 1860; entre 1868-69 se prolonga el arrecife hasta la Pasarela, después que la ciudad ha conseguido la concesión de parte de los terrenos de la Huerta del Retiro para formar el actual paseo de Catalina de Ribera (v.); en cambio los Jardines de la Puerta de Carmona, o de la Aldeana, que en el mismo decenio se formaron adosados a un resto de muralla, junto a la Puerta de Carmona, son sustituidos por edificaciones a finales de la centuria; en la década de 1870 se aprueba una alineación general de la calzada de la Puerta de Carmona a la de la Carne, se lotean parcelas en los terrenos ocupados por la antigua muralla, al objeto de proceder a la regularización de los bordes del casco histórico, y se construyen pequeñas manzanas que cierran las plazas de Zurradores y Curtidores; en 1889-90 se abre el pasaje de Zamora y en 1893-96 se construye la manzana de casas situada entre la Puerta de la Carne y el Paseo de Catalina de Ribera, dándose así por finalizada la ordenación de la acera impar de la avenida. 
     La acera opuesta ha sido uno de los sectores de la ronda histórica que más tardíamente se construyó: se inició en 1780 con el Cuartel de Caballería, que durante casi un siglo fue el único edificio existente; a finales de la década de 1860 se formó la manzana triangular situada junto al cuartel, entre las calles General Ríos y Conde de Cifuentes; en el extremo opuesto se construyó hacia 1880 otra manzana triangular, pero de mayores dimensiones, en un espacio anteriormente ajardinado entre Luis Montoto y La Florida, y a continuación se edifica entre ésta y las proximidades del Matadero; de 1898 es la formación de la manzana situada entre Juan de Aviñón y Conde de Cifuentes; todavía en la década de 1920 se lotean unos terrenos entre Demetrio de los Ríos y Juan del Castillo; finalmente la formación del borde de los pares de esta avenida se dará por concluida en la década de 1960 con la construcción de la Audiencia Territorial y el Palacio de Justicia. Confluyen, pues, a esta avenida, por la acera de los pares, plaza Letrados de Sevilla, Manuel Bermudo Barrera, plaza Alcaldesa Soledad Becerril, Juan de Aviñón, Rastro, General Ríos, Demetrio de los Ríos, Juan del Castillo, Alejo Fernández, Alcalde Isacio Contreras, y La Florida, y por la acera de los impares, paseo de Catalina de Ribera, Nicolás Antonio, Puerta de la Carne, Conquista, Juan Hispalense, Juan de la Cueva, González de León, Pasaje Zamora, Irún, y Estella.
     El material obtenido de la demolición de la muralla es utilizado para la construcción del arrecife en 1876: de nuevo se empiedra en 1881; en 1904 se adoquina de la Puerta de Carmona a la de la Carne y en 1907 desde esta a la Pasarela; a partir de entonces y debido al mucho tránsito que registra, son continuas las referencias a arreglos y sustituciones del pavimento; entre 1918 y 1923 se construyen las aceras; se le dota de alumbrado eléctrico en 1910, renovado en 1960. Actualmente posee calzada de asfalto, con tres carriles para la circulación rodada en cada sentido, que se amplia a cuatro en el tramo más ancho; en su parte central, entre la plaza Alcaldesa Soledad Becerril y la Pasarela, una baranda metálica trata de impedir el paso de peatones de una parte a otra de la calle (ya desaparecida); posee amplias aceras de terrazo en tonos blancos y rojizos, con refugios de autobuses, cabinas de teléfonos, quioscos de prensa y golosinas, arbolado en alcorque y bancos de hierro en la acera que comparte con el paseo de Catalina de Ribera. Su iluminación se apoya en farolas de báculo. 
     Hasta la década de los sesenta predominaban las casas de escalera, las antiguas naves industriales convertidas en almacenes, y algunas viviendas unifamiliares tipo chalet, con un pequeño jardín delantero. Actualmente, en la edificación se mezclan alturas y tipologías, al conservarse en algunos casos los patrones originarios de finales de la pasada centuria y comienzos de la presente, y en otros haberse procedido a su sustitución por bloques de edificios en las últimas décadas. En la acera impar, la que bordea el casco histórico, está más generalizada (aunque tampoco faltan ejemplos de sustituciones) la conservación de la edificación original, constituida principalmente por casas de escalera de dos y tres plantas, muchas de ellas en estado de abandono o ruina; o poseen un local comercial en la planta baja y están desocupadas en las altas. Es de destacar la manzana construida entre 1893 y 1896 entre la Puerta de la Carne y el paseo de Catalina de Ribera, conocida como Casa Cobián.
     En la acera opuesta, por el contrario, la tipología edificatoria y funcional está más diversificada: se conserva habitada la manzana de casas de planta triangular y dos pisos construida hacia 1880 entre La Florida y Luis Montoto, y también una casa de escalera de cuatro plantas entre Conde de Cifuentes y General Ríos; entre Alejo Fernández y la Florida toda la manzana ha sido edificada de nueva planta, con bloques de seis pisos; se ha formado una nueva calle, Alcalde Isacio Contreras, y abierto un pasaje comercial techado; también entre la plaza Alcaldesa Soledad Becerril y Conde de Cifuentes se han edificado bloques de seis y siete plantas, si bien allí se ha actuado independientemente en cada parcela y se conserva, en el núm. 16, una vivienda unifamiliar ahogada por los bloques colindantes. En esta acera son de destacar la casa de viviendas esquina a Demetrio de los Ríos, obra regionalista de Juan Talavera y Heredia (1925-26) y en el núm. 4 el edificio Ybarra, obra de Aníbal González (1928-30). Finalmente el Cuartel de Caballería, llamado también de la Puerta de la Carne por su localización, fue construido entre 1780 y 1788, posiblemente por el arquitecto José Chamorro, en lo que entonces se consideraba un espacio no urbano, carente de viario, razón por la que su fachada no se encuentra alineada con la avenida; es el primer edificio construido en la ciudad con la finalidad de dedicarlo a cuartel, y se proyecta en sustitución del que había en la actual plaza del Cristo de Burgos (v.); sufrió ampliaciones en el s. XIX, posee planta rectangular y se organiza en torno a un gran patio central. Más tarde pasó a ser Cuartel de Intendencia y recientemente ha sido adquirido por la Diputación Provincial, que lo está rehabilitando para ubicar en él dependencias administrativas. 
     Su condición de espacio extramuros y la construcción del Madero a finales del s. XV propició la creación de un ambiente de mala fama en sus alrededores; a comienzos del s. XVIII se registra la existencia de prostitución entre las puertas, situación que la construcción del cuartel no contribuiría precisamente a mejorar. Como ha sido explicado, en 1876 se rotula como calle de la Industria en razón al tipo de establecimientos que en ella se estaban instalando y en un documento de 1878 se detallan las industrias allí localizadas: "En él hay ya fábricas de sedas; de planchas y tapones de corcho; de curtidos, correages mecánico y petacas; de hielo; depósitos de los más notable, para aceite, un gran establecimiento hidroterápico, que atiende a una gran necesidad higiénica  y un gran mercado en construcción no menos conveniente" (Obras Públicas, exp. 1506, 1878). Hoy, los establecimientos industriales han sido desplazados y la avenida, como ocurre con toda la ronda histórica en cuanto elemento articulador del crecimiento de la ciudad, se caracteriza por la existencia de una diversificada actividad comercial y de negocios, y por la canalización de un intenso tráfico rodado y un continuo trasiego peatonal, sobre todo en la confluencia con la plaza de Don Juan de Austria, nudo de conexiones de los transportes públicos; acentuado por la proximidad de la estación de autobuses, Audiencia Territorial y Juzgados y hasta su cierre en 1991, la estación de ferrocarril de San Bernardo. Fue éste uno de los primeros puntos en los que se instalaron semáforos para regular la circulación, y al ser aprobada la instalación, se recogía en la prensa "Los semáforos a instalar serán redondos para los conductores y rectangulares para los peatones. El sistema de colores que parece más acertado es el rojo, ámbar y verde" (ABC, 23-V-1960).
     Asimismo la vía se caracteriza por la diversidad de negocios y comercios existentes; cuenta con sala de multicine (desaparecida), bingo, un hotel, restaurantes, y múltiples bares y tabernas, debiéndose hacer mención de la Casa Cobos, ya muy empobrecida, esquina a Santa María la Blanca; entre los negocios de corte tradicional, una cestería, una ferretería, una tienda de bicicletas, o el estanco donde tuvo lugar, a comienzos de la década de 1950, el famoso "crimen de las estanqueras"; y entre los negocios característicos de nuestros días, las entidades bancarias y las casas de seguros, destacando la concentración de estas últimas que se registra en esta avenida. En la década de los sesenta, sobre el solar del que fue obra de José Sáez López (1902), se construyó de nueva planta el Equipo Quirúrgico Municipal, hoy transferido al Servicio Andaluz de Salud (derribado). Finalmente toda la acera impar. colindante con el paseo de Catalina de Ribera, cuenta con varios quioscos y bares y comparte las funciones de ocio que poseen los jardines [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Menéndez Pelayo, personaje que dan nombre a la vía reseñada
     Marcelino Menéndez Pelayo, (Santander, Cantabria, 3 de noviembre de 1856 – 19 de mayo de 1912). Erudito, polígrafo, historiador, crítico literario, escritor.
     Hijo de Marcelino Menéndez Pintado, catedrático de Matemáticas del instituto de Santander, y de María Jesús Pelayo. Sus biógrafos concuerdan en presentarlo como niño prodigio y dotado de unas facultades intelectuales cuyo recuerdo ha ingresado a veces en el terreno de la leyenda. Obtuvo Premio Extraordinario en todas las asignaturas del bachillerato excepto en Geometría, a cuya mención no optó por estar su padre en el tribunal.
     Atendiendo a las inclinaciones del niño, su padre lo envió a estudiar Letras a la Universidad de Barcelona, porque había allí un profesor que era amigo personal, el doctor Luanco. Cuando éste se trasladó a Madrid en 1873 a la llamada Universidad Central, única facultada para dar títulos de doctorado, Menéndez Pelayo lo siguió, aunque los estudios en Cataluña le habían ido muy bien, pues había obtenido la máxima calificación en todas las asignaturas, excepto en Griego, y su formación se había beneficiado enormemente del magisterio del medievalista Milá i Fontanals, según reconoció en la breve Semblanza que dedicó a este maestro en 1908.
     En la Universidad de Madrid se produjo enseguida un encontronazo con el krausista Salmerón, catedrático de Metafísica, quien había anunciado que suspendería a todos los alumnos. De la correspondencia del joven Menéndez Pelayo a sus padres, se puede deducir un innegable sectarismo por parte de Salmerón, pero también el carácter intransigente que caracterizó a Menéndez Pelayo y que empapó incluso su producción investigadora, sobre todo en los años de juventud. Para evitar examinarse con Salmerón, se presentó en septiembre de 1874 ante un tribunal de la Universidad de Valladolid del que formaba parte Gumersindo Laverde, quien, desde ese momento y hasta su muerte, acaecida en 1890, ejerció una influencia decisiva sobre el antiguo examinando a través de una amistad entretejida de la admiración sin límites que Laverde profesó a Menéndez Pelayo y el reconocimiento y afinidad ideológica que éste guardó para con su examinador.
     Su labor investigadora comenzó de inmediato. En el mencionado curso 1873-1874 se dedicó a acopiar materiales para una Biblioteca de Traductores Españoles y, tras doctorarse en 1875 con una tesis titulada La novela entre los latinos, se empeñó en un proyecto de Estudios sobre escritores montañeses y un plan para la edición de los filósofos españoles, volumen que echaba en falta en la Biblioteca de Autores Españoles, de Rivadeneyra.
     Como no tenía aún la edad para presentarse a oposiciones, solicitó y consiguió diversas pensiones para realizar viajes de estudio al extranjero con fondos del ayuntamiento de Santander (1875), la Diputación montañesa (1876) y el Ministerio de Instrucción Pública (1877). Así, en 1876 recorrió diversas bibliotecas de Portugal e Italia y en 1877 las de Roma, Nápoles, Florencia, Bolonia, Venecia, Milán, París, Bruselas, Amberes y Ámsterdam. Pero Menéndez Pelayo, como Kant y otros genios, no sintió la necesidad de ser viajero. Con excepción de otra visita que realizó a Portugal en 1883, éstas fueron sus únicas salidas al extranjero, aunque durante toda su vida estuvo en contacto con una verdadera pléyade de intelectuales de todo el mundo.
     En 1871 había iniciado Menéndez Pelayo una producción poética de la que se apartó definitivamente a los treinta años. En 1878 publicó su primer libro, Estudios poéticos. El volumen se divide en dos secciones, una de poesía original y otra de traducciones. Se trataba de verter la inspiración grecolatina en los moldes de la poesía de su tiempo. Con la misma distribución publicó en 1883, con prólogo de Valera, un segundo tomo de poesías originales (1876-1883) y traducciones (1874-1875). En éste hay poemas más maduros y de innegable intensidad, aunque no parece que anunciaran el futuro surgimiento de un poeta importante.
     No obstante, algunos críticos le han mostrado su reconocimiento (“Clarín”, 1877; G. Diego, 1931; Eguía Ruiz, 1914) en cuanto paladín del Clasicismo, entre el Romanticismo que desaparecía y el simbolismo que estaba emergiendo. Julián Bravo (1998) ha escrito que su abandono de la poesía “privó al clasicismo de una voz vigorosa y personal”.
     Su producción académica, que habría de ser inmensa, arranca a la par. Antes de su primer viaje había publicado ya en la Revista Europea sus cartas a Laverde en las que defendía la existencia de una ciencia española, en contra de Azcárate, que la negaba y explicaba tal lacra por la influencia de la Inquisición y la Monarquía. La continuación de la polémica permitió mostrar a Menéndez Pelayo una portentosa erudición, dando a conocer autores y obras de los que muy pocos hasta entonces habían tenido noticia. El calor de la polémica y la juventud del polemista explican las evidentes hipérboles que, como él mismo reconoció en su madurez, cabe encontrar en el libro La Ciencia Española, que recoge los diferentes escritos a los que dio lugar esta contienda ideológica y erudita.
     En 1876 entregó el original de un estudio sobre Horacio en España, publicado un año más tarde, que contiene una rica colección de materiales que ilustra la constante presencia del autor latino a través de la historia de la lírica española. Identifica aquí Menéndez Pelayo los conceptos de lírica y lírica culta, que es la que inspira Horacio. Dámaso Alonso señalará la rectificación (una de sus célebres “palinodias”) que con respecto a esta postura suponen los estudios que Menéndez Pelayo realiza posteriormente del cancionero galaico-portugués y de las canciones populares inscritas en el teatro de Lope de Vega.
     Menéndez Pelayo obtuvo en 1878 la Cátedra de Historia de la Literatura en la Universidad Central, en la que sucedió a José Amador de los Ríos. Pudo optar con sólo veintiún años, porque Alejandro Pidal había conseguido de Cánovas del Castillo una ley especial que fijaba en esa edad la mínima que permitía presentarse. A partir de ese momento, su actividad como historiador y crítico de la literatura estuvo dirigida sobre todo hacia la redacción de un manual de cátedra que hubo de ir precedido de una colosal labor de desbroce del inmenso campo que estaba por explorar, ya que Menéndez Pelayo lo concibió como una empresa totalizadora que abarcaba toda la literatura en español y toda la literatura que se había producido en España, en cualquier lengua, empezando por el latín de Hispania e incluyendo las más diversas cuestiones del contexto histórico y cultural.
     A partir de aquí, cargos académicos, reconocimientos, honores y publicaciones se sucedieron sin interrupción.
     En 1880 fue elegido académico de la Real Academia Española; en 1881 publicó los tomos I y II de la Historia de los heterodoxos españoles, donde, como en La Ciencia española, abordó un campo hasta entonces poco cultivado por la investigación, aunque, también aquí, incurrió en evidentes exageraciones y vehemencias que hubo de matizar en el prólogo de la segunda edición. De 1881 son también las conferencias pronunciadas en la Unión Católica que dieron lugar al folleto Calderón y su teatro. En 1882, a propuesta de Cánovas del Castillo, el marqués de Molins y Vicente Barrantes, fue nombrado académico de la Historia y terminó el tercer tomo de los Heterodoxos, volumen polémico por abordar en él a sus contemporáneos.
     Empezando a cumplir con el proyecto totalizador contenido en su programa de cátedra, en 1883 publicó el primer tomo de la Historia de las ideas estéticas en España al que siguieron otros cuatro (1884, 1886, 1888-1889 y 1891). Constituyen en conjunto la primera gran aportación a la historia de la retórica y la poética españolas. Pero no son sólo estas disciplinas directamente relacionadas con la literatura las que se abordan aquí. También el contexto filosófico y cultural tiene lugar en el siguiente ambicioso plan: “1. Las disquisiciones metafísicas de los filósofos españoles acerca de la belleza y su idea. 2. Lo que especularon los místicos acerca de la belleza en Dios, considerándola principalmente como objeto amable, de donde resulta que no podemos separar siempre en ellos la doctrina de la belleza de la doctrina del amor, que llamaremos, siguiendo a León Hebreo, Philografía, y que, rigurosamente hablando, corresponde a la filosofía de la voluntad y no a la del entendimiento ni a la de la sensibilidad, que son las facultades que principalmente intervienen en la contemplación o estimación o juicio de lo bello. 3. Las indicaciones acerca del arte en general, esparcidas en los filósofos y en otros autores de muy desemejante índole. 4. Todo lo que contienen de propiamente estético, y no de mecánico y práctico, los tratados de cada una de las artes, verbigracia, las Poéticas y las Retóricas, los libros de música, de pintura y de arquitectura, etc. 5. Las ideas que los artistas mismos, y principalmente los artistas literarios han profesado acerca de su arte, exponiéndolas en los prólogos o en el cuerpo mismo de sus libros”.
     No consiguió completar el proyecto concebido, que tenía el propósito de llevar en el tiempo hasta sus días, pero sí dejó escrito lo principal y, desde luego, sentadas las vías por la que —al igual que en otros estudios— habría de transitar la investigación posterior.
     En 1887 editó las obras de Milá i Fontanals, que había muerto de 1884, y en 1888 aceptó el encargo de la Real Academia Española de componer la Antología de poetas líricos castellanos, desde la formación del idioma hasta nuestros días, en que abordaba el estudio de la lírica peninsular desde los orígenes, ilustrándolo con los textos más representativos. Fue publicada en trece tomos por la editorial Hernando en los años 1890, 1891, 1892, 1893, 1894, 1896, 1898, 1899, 1900, 1903, 1906 y 1908. En su momento tuvo un especial interés la aportación de textos hasta entonces desconocidos o poco divulgados; hoy, en cambio, se valora más la contribución de los estudios que la parte antológica.
     Tal como quedó, su investigación sólo llegó a los umbrales del Renacimiento. Abarca cuatro grandes temas: poesía castellana de la Edad Media, poesía medieval en Portugal y Cataluña, tratado de los romances viejos y Juan Boscán. Se añade, además, el desarrollo en España de la lírica latino-clásica, latinocristiana, árabe y hebrea, consideradas preámbulo imprescindible. Hay que subrayar que, refiriéndose a Judá Leví, sospechó la existencia de versos romances engarzados en sus poemas hebreos, apuntando así a la existencia de las jarchas, cuyo descubrimiento no se produciría sino cincuenta años después.
      Dámaso Alonso lamentó que no hubiera llegado a tratar de la Edad de Oro. Ciertamente está su discurso de ingreso en la Real Academia Española, que versó sobre poesía mística, y existen referencias eruditas en la Bibliografía Hispanolatina, pero es poco lo que ofrece sobre fray Luis de León o San Juan de la Cruz, es breve —y hoy se tiene por erróneo— el juicio crítico que da de la poesía de Góngora. Casi nada dice de Quevedo. Así, no es infundado el lamento de Dámaso Alonso, ya que, habida cuenta de su capacidad, era mucho más lo que (incluidas las necesarias “palinodias”) hubiera cabido esperar del proyecto.
     Siguió una serie continua de encargos y nombramientos: en 1889 fue nombrado bibliotecario de la Real Academia de la Historia, recibió el encargo de la Real Academia Española de dirigir una edición completa de las obras de Lope de Vega y se le eligió académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; en 1893 se encargó también de la Antología de poetas hispanoamericanos; en 1898, a la muerte de Tamayo y Baus, ocupó la vacante de director de la Biblioteca Nacional y se puso al frente de la Revista de Archivos; en 1901 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y, en 1905, comenzó a preparar los Orígenes de la novela y la edición de sus Obras completas.
     Como resultado del encargo de publicar las obras completas del Fénix de los Ingenios, Menéndez Pelayo confeccionó trece volúmenes del Teatro de Lope de Vega. El primer volumen apareció en 1890 con la Nueva Biografía de Cayetano Alberto de la Barrera a la que Menéndez Pelayo puso unas adiciones —fundamentalmente la publicación de un epistolario inédito—.
     Los tomos siguientes incluyen autos y comedias, precedidos de los correspondientes estudios introductorios. En 1906, al no haber sido recompensado con la dirección de la Real Academia Española, abandonó el proyecto y sólo publicó dos tomos más, que ya estaban preparados cuando el incidente, pero ahora sin los prólogos. Entre 1919 y 1927, Bonilla y San Martín y Miguel Artigas editaron todos los prólogos en seis grandes volúmenes que comprenden más de seis mil páginas con el título de Estudios sobre el teatro de Lope de Vega.
     Aunque el proyecto quedó inacabado, publicó cerca de doscientas comedias y medio centenar de autos.
     Los especialistas suelen destacar este trabajo entre lo principal de su obra. La indicación de fuentes y sus transformaciones, la descripción de las estructuras compositivas, la pintura de la dimensión psicológica de los personajes constituyen un conjunto que anticipa implícitamente el estudio de conjunto —la poética— de la comedia española. Su preferencia por Lope frente a Calderón, en contra del juicio de su época, ha quedado sin duda como herencia en la historiografía.
     En cuanto a la Antología de poetas hispanoamericanos, la Real Academia Española publicó entre 1893 y 1895 sus cuatro volúmenes que contienen los textos antologados, precedidos de un estudio preliminar de Menéndez Pelayo. Los prólogos sin antología fueron publicados en 1911 con el título de Historia de la poesía hispanoamericana.
     El director de la Real Academia de la Historia, el marqués de la Vega de Armijo falleció el 12 de junio de 1908 y el día 26 se procedió a la elección de director interino con el siguiente resultado: Eduardo Saavedra, nueve votos; Marcelino Menéndez Pelayo, ocho votos. Sin embargo, en la votación realizada en diciembre de 1909 para cubrir de manera definitiva el cargo en el trienio 1910-1912 y, hallándose ausente Menéndez Pelayo, éste obtuvo veintidós votos por uno que obtuvo Eduardo Saavedra. El 4 de febrero de 1910 se verificó la toma de posesión en la que se leyó la carta de felicitación del rey Alfonso XIII, quien se congratulaba de que se vieran reconocidos “los méritos de los que como usted han dedicado toda su actividad y todo su talento al esplendor de la Ciencia española y a su prestigio ante la Historia”.
     Como casi todas las personas que han conseguido muy jóvenes todos los honores, Menéndez Pelayo se adentró en la cincuentena con una cierta sensación de hastío y pensó en pedir la jubilación y volver definitivamente a Santander para dedicarse a las investigaciones eruditas para las cuales había reunido ingentes cantidades de material en su biblioteca.
     Los sinsabores de la vida académica, entre los que se cuenta la derrota de la candidatura para la Real Academia de la Historia de Ramón Menéndez Pidal, que competía con el general Polavieja, le empujaron también en esa dirección. Se sentía enfermo y tenía pendientes grandes proyectos. Por el momento, fue haciendo más frecuentes sus estancias en la ciudad cántabra y allí murió sin haber cumplido los cincuenta y seis años de edad.
     La obra de su vida era la Bibliografía Hispanolatina clásica, cuyo primer volumen había publicado en 1902. La Edición Nacional de sus obras sacó póstumamente a la luz todos los materiales, también los inéditos, en los diez volúmenes que aparecieron entre 1950 y 1953. En ellos se incluye la ya comentada obra de Horacio en España. El proyecto pretendía hacer “la historia de cada uno de los clásicos en España”, comentar todos los poetas de la Edad de Oro, señalando al margen la fuente griega o latina que presuponían en cuanto traducción, inspiración o simple reminiscencia. Menéndez Pelayo señaló los códices y manuscritos de estas fuentes que se hallaban en las bibliotecas, así como las ediciones, comentarios y antologías hechas en España o por españoles. En suma, una obra ciclópea, que aunque no pudo culminar el ambicioso plan juvenil (como por lo demás, ocurrió en los otros proyectos, igualmente inabarcables), ha dejado un material asombroso, todavía hoy necesitado de explotación.
     La obra Orígenes de la novela está compuesta por los estudios preliminares de los tomos I, VII y XIV de la Nueva Biblioteca de Autores Españoles, publicados en 1905, 1907 y 1910. Un cuarto tomo que había previsto fue publicado por Bonilla y San Martín en 1915 “con arreglo a las indicaciones del maestro”, pero sin su estudio preliminar.
     El tomo I trata, como introducción, de la novela en Grecia y Roma, el apólogo y el cuento oriental y su influencia en la literatura medieval, los libros de caballería y las novelas sentimental, histórica y pastoril.
     En el prólogo del tomo II se ocupa de los cuentos y las novelas cortas, y en el III, de La Celestina y sus imitaciones. El tomo que no llegó a realizarse debería haber estado dedicado a la picaresca y a los diálogos satíricos.
      Los trabajos recopilados en los volúmenes de Estudios y discursos de crítica histórica y literaria, publicados en la Edición Nacional de sus Obras Completas, dan cuenta además de sus investigaciones y opiniones sobre multitud de cuestiones de nuestra historia literaria: su apreciación de Cervantes, su visión —por lo general, hoy no compartida— acerca del siglo XVIII y sus constantes y variaciones acerca del vasto panorama de la literatura española, concebida, según se ha recordado, como la literatura de España y Portugal en todas sus lenguas y la literatura en español de otras naciones. La versión en CD-ROM de la Edición Nacional permite actualmente encontrar con facilidad insistencias, relaciones y concordancias latentes hasta ahora. 
   Llegó también Menéndez Pelayo hasta cuestiones candentes en su día. Hoy no resulta discutible su frontal oposición al Naturalismo por razones de “realidad” en la literatura que era maltratada por aquella estética. También es de consignar su elogio de Rubén Darío, a pesar de su poco aprecio para el Modernismo en general. Es verdad que Menéndez Pelayo, según confesó en el discurso de respuesta al ingreso de Pérez Galdós en la Real Academia Española, se “había acostumbrado a conversar preferentemente con los muertos”.
     No es mancha para quien, como él, se dedicó sobre todo a la tarea de historiar.
     Como se ve, esta biografía está dedicada casi exclusivamente a la vida académica de Menéndez Pelayo, porque en él —con un trasfondo ideológico preciso, eso sí—, vida académica y vida tout court tienden a confundirse, de manera que apenas existen referencias fuera de aquélla. Cabe recordar que en 1878, mientras trabajaba en los fondos de la Biblioteca Colombina de Sevilla, entabló noviazgo, que duraría sólo unos meses, con su prima Conchita Pintado, a la que dedicó los mismos versos que había escrito para Isabel, su amor de adolescente en Santander. Algunos lances galantes se registraron también en sus primeros años madrileños de joven triunfador. Y poco más. Incluso en el aspecto político, apenas tuvo algún compromiso real, aunque puso su prestigio al servicio del Partido Conservador que encabezaba Cánovas del Castillo, y fue diputado por Mallorca en 1884 y por Zaragoza en 1891, así como senador por la Universidad de Oviedo en las legislaturas de 1893 y 1895 y, en representación de la Real Academia Española, desde 1899 hasta su muerte.
     Su vida se concreta en una colosal obra cuya valoración objetiva se vio dificultada a lo largo del siglo XX porque la adscripción inequívoca de Marcelino Menéndez Pelayo a una línea que funde lo “nacional-español” y lo “tradicional-católico” hizo que se convirtiera en bandera de confrontación entre facciones integristas y laicistas y que se desatendiera con frecuencia el meollo de su aportación.
     Sin embargo, dejando aparte sus fogosidades juveniles, se puede observar una libertad intelectual que llevó a Menéndez Pelayo a distinguir también los méritos del adversario. La respuesta al discurso de Pérez Galdós en su recepción en la Real Academia Española y, sobre todo, las reacciones registradas en su epistolario ilustran esta afirmación.
       No existe propiamente un manifiesto teórico ni historiográfico de Menéndez Pelayo. Sin embargo, está presupuesto a lo largo y lo ancho de toda su obra. En la Historia de las ideas estéticas reconoce la primacía de la forma en la definición del arte sin descuidar la dimensión histórica y social. No se observa en él el rancio historicismo tan propio de su época. Sus apreciaciones, que tienden a considerar la crítica literaria como crítica “de artista”, deben estar conectadas con su propia experiencia como poeta. Desde luego, es posible hallar aquí y allá diversos aciertos teóricos sueltos: R. Wellek (Wellek, 1968: 94) afirma que Menéndez Pelayo aporta a la periodización el concepto de “barroquismo literario” antes que el propio Wölfflin.
     Sin duda, Menéndez Pelayo es sobre todo historiador.
     En su época no se concebía que fuera posible en humanidades otra “ciencia” que no fuera la historia; y la historia de la literatura española es la máxima beneficiaria de su quehacer.
     Relaciona estrechamente historia de la lengua e historia de la literatura, atribuyendo a aquélla una virtualidad propia, próxima al Volksgeist (“espíritu del pueblo”), que él llamó “estilo”. Menéndez Pelayo, con evidente exageración, buscó rasgos similares entre los escritores hispanolatinos y los castellanos. Ese afán globalizador es seguramente el que lo llevó a no poder roturar nunca enteramente el campo previamente acotado, aunque haya dejado señaladas todas las líneas por las que habría de discurrir el “manual” completo de la historia de la literatura española.
     En la obra historiográfica de Marcelino Menéndez Pelayo se encuentran apreciaciones interesantes sobre muchos temas, unas eran propias del momento, pero otras tienen valor intemporal; unas serán revisables o han sido ya revisadas (por él mismo o por otros), otras se han incorporado al diseño básico de la historia literaria.
     Siempre está presente la polémica presuposición que atribuye a la literatura la virtualidad de convertirse en una vasta interpretación de España. Lo más actual radica en la unión que se da en Menéndez Pelayo entre sensibilidad histórica y reconocimiento de la libertad creadora: se trata de una crítica de la relación entre literatura y sociedad tan lejana de la interpretación de “clase” como de una ingenua estética del “arte por el arte”.
     En resumen, gusten o no los registros de su retórica decimonónica, se ha de reconocer que Menéndez Pelayo ha desbrozado inmensos territorios para la investigación en la historia de la cultura y ha dibujado el itinerario básico por donde ha debido transitar en el siglo XX la investigación de la historia de la literatura española (Miguel Ángel Garrido Gallardo, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida Menéndez Pelayo, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La avenida Menéndez Pelayo, al detalle:
Edificio Ybarra
     Azulejo conmemorativo de Cervantes
Placa cerámica conmemorativa de la ópera Carmen
Edificio regionalista de Juan Talavera y Heredia

martes, 20 de agosto de 2024

El Puente de San Bernardo, de Juan Talavera y Heredia, y José Luis Casso Romero

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Puente de San Bernardo, de Juan Talavera y Heredia, y José Luis Casso Romero, de Sevilla.      
     Hoy, 20 de agosto, Memoria de San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, el cual, habiendo ingresado junto con treinta compañeros en el nuevo monasterio del Císter, fue después fundador y primer abad del monasterio de Clairvaux, donde dirigió sabiamente, con la vida, la doctrina y el ejemplo, a los monjes por el camino de los mandamientos del Señor. Recorrió una y otra vez Europa para restablecer la paz y unidad e iluminó a toda la Iglesia con sus escritos y sus sabias exhortaciones, hasta que descansó en el Señor cerca de Langres, en Francia (1153) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Puente de San Bernardo, de Juan Talavera y Heredia, y José Luis Casso Romero, de Sevilla.
     El Puente de San Bernardo se encuentra en la calle Demetrio de los Ríos y avenida Eduardo Dato; en los Barrios de San Bernardo, y de la Florida, del Distrito Nervión.
   Situado en uno de los arrabales históricos de Sevilla, el puente se sitúa sobre una de las antiguas vías de salida de la Sevilla intramuros cruzando la Puerta de la Carne. El barrio de San Bernardo, situado a la derecha, orientándonos hacia el este, es de manzanas compactas de uso residencial y de cuatro plantas de altura media. 
     Su imagen prolonga la del casco histórico y frente a vía histórica de salida de la ciudad (actual Avenida Eduardo Dato), queda delimitado el barrio por la Real Fundición de Cañones del siglo XVIII y por el edificio para Parque de Bomberos que el mismo Juan Talavera proyectara entre 1920 y 1921. En la acera de la izquierda, queda el Mercado Puerta de la Carne que Gabriel Lupiañez Gely y Aurelio Gómez Millán hicieran realidad entre 1927 y 1929. Separado por las vías ferroviarias, que es la razón por la se construye este puente, permanecen las casas aisladas con jardín que a principios del siglo XX fueron construidas para militares y personal de la Real Fundición de Cañones, tras las cuales se suceden una serie de naves industriales vinculadas a la actividad de la fundición y del ferrocarril. 
     El puente se construye haciendo uso de la tecnología del hormigón armado, anticipándose en este sentido a la obra del Mercado de la Puerta de la Carne por escasos años. En ello tendría importante participación el ingeniero José Luis de Casso, que construirá a finales de esa década los tinglados para el puerto demostrando el conocimiento que poseía de este sistema constructivo. Resuelta la cuestión estructural, el puente adquiere imagen urbana mediante el trabajo detallado de labra de ladrillo y piezas de remate prefabricadas en los pretiles y en las garitas que a mitad del puente son mesetas para las escaleras que comunican esta infraestructura con el Barrio de San Bernardo y la zona comercial del Mercado. 
     De los tres puentes que se construyeron en Sevilla para resolver el cruce con las vías ferroviarias, es el único que permanece, valorándose su integración en el entorno. En el año 1992 fue remodelado, sustituyéndose todo su sistema estructural por vigas pretensadas de gran canto. Los pretiles, las garitas y las escaleras laterales se mantuvieron (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Puente de San Bernardo, conocido popularmente como el de los bomberos se encuentra situado en uno de los arrabales históricos de la ciudad, sobre una de las antiguas vías de salida de la Sevilla intramuros cruzando la Puerta de la Carne.
     Fue diseñado por Juan de Talavera y Heredia en un periodo de preparación de la ciudad para la Exposición Iberoamericana de 1929 y inaugurado en diciembre de 1924. 
     Está construido a base de una estructura de hormigón armado, un material entonces novedoso, con enormes posibilidades y muy resistente y con un fuerte sabor neobarroco en su decoración.
     Es preciso destacar sus garitas superiores que conectan las escaleras de acceso con las aceras peatonales del puente y las farolas de forja que se alinean a lo largo de su trazado (www.andalucia.org).
     Muy contadas ocasiones tuvieron los arquitectos regionalistas para ornamentar obras de pura ingeniería como este paso elevado que resolvía, tras largos años de espera, la comunicación fácil con el barrio de San Bernardo. Con ello se salvaban las líneas de los Ferrocarriles Andaluces que constituían un verdadero cerco para aquel famoso arrabal. Todo esto acrecienta el interés de este viaducto que nace la colaboración  de Talavera con el ingeniero José Luis de Casso y Romero.
     El arquitecto se enfrenta con un problema que no tiene antecedentes históricos en la ciudad y que debe resolverse en neobarroco, tanto por la connotación regionalista de ese estilo cuanto por el amplio margen  de libertad compositiva que se le concede al barroco en esos años. Aquí se trata de algo similar a un puente; por eso el madrileño Puente de Toledo, obra de Pedro de Ribera, debió parecerle al arquitecto el modelo más acabado. No obstante hace una versión libre que no compromete al regionalismo; éste quedará a salvo con el empleo del ladrillo en los antepechos, del hierro forjado en las farolas, y de los motivos ornamentales tomados de los Figueroa en los diversos elementos decorativos trabajados en piedra del Puerto. Los ricos templetes con función religiosa en el puente madrileño, se traducen aquí en sobrias garitas que cubren el remate de las escaleras de acceso (Alberto Villán Movellán. Juan Talavera y Heredia. Arte Hispalense. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 1997).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia
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HISTORIA Y LEYENDA
   Monje borgoñón que en el siglo XII reformó la orden de los cistercienses. Su nombre de origen germánico (Bernhard) significa fuerte como un oso (Bär).
   Nacido en 1090 en Fontaine les Dijon, después de la muerte de su madre abandonó la casa paterna para entrar en la abadía del Cister (Citeaux). En 1115, arrastrando algunos monjes en la secesión, fundó el monasterio de Claraval (Clairvaux, Clara vallis: el valle claro), que gobernó hasta su muerte en 1153.
   Como los grandes abades de Cluny, fue uno de los más firmes apoyos del papado, a cuyo servicio puso toda su autoridad que era considerable en todo el mundo cristiano. Hizo campaña por el papa Inocencio II contra el antipapa Anacleto. En 1146 predicó la segunda cruzada sobre la acrópolis de Vézelay. Al año siguiente, en 1147, el papa Eugenio III asistió con él al capítulo general de Claraval.
   Era amigo del cisterciense inglés San Esteban Harding y del cisterciense irlandés San Malaquías quien murió en sus brazos en Claraval.
   Desde el punto de vista iconográfico, lo que debe recordarse de la acción que desarrolló, es sobre todo su devoción a la Virgen.
   San Bernardo fue uno de los más fervientes difusores del culto de María, de quien se llamaba el fiel capellán (Beatae Mariae capellanus) o el caballero sirviente. En su tratado De Laudibus Virginis celebra con efusión su maternidad virginal (gaudia matris habens cum virginitatis honore), aunque sin aceptar la doctrina de la Inmaculada Concepción, sin embargo. Se lo había motejado el citarista de la Virgen (citarista Mariae).
   Fue por su iniciativa que los cistercienses pusieron todas sus iglesias bajo la advocación de Nuestra Señora.
   En su sermón acerca de la Natividad de María, declaró que la Virgen es el acueducto por el que descienden hasta nosotros todas las aguas del cielo. La recomienda a los fieles como la mediadora más misericordiosa y la más poderosa. “Si la majestad divina os espanta, recurrid a María. El Hijo concederá a su Madre y el Padre concederá a su Hijo. Ella es la escala de los pecadores.”
   Durante toda la Edad Media, el nombre de San Bernardo permaneció indisolublemente unido al culto de la Virgen. Es por él que en la Divina Comedia (Paradiso, 31), Dante se hace introducir ante el trono de la Reina del Cielo. Si San Bernardo ha enriquecido de esa manera la iconografía de la Virgen, en cambio declaró la guerra al arte, especialmente a la escultura que consideraba como un lujo pernicioso que proscribió en las iglesias cistercienses. “Las obras de arte –decía- son ídolos que separan de Dios.” Desde este punto de vista la reforma de San Bernardo parece un anticipo de la reforma de Lutero y de Calvino, hostiles a las imágenes. Su Apología de Guillermo de San Teodoro, citada con tanta frecuencia, es una violenta invectiva contra el lujo insolente de los cluniacenses, que consideraba incompatible con la vida monástica.
   La leyenda que cristalizó muy pronto en torno a la brillante personalidad de San Bernardo, es rica en milagros que fueron popularizados por la Leyenda Dorada. Casi todos se reparten en dos series: las Tentaciones del demonio y las Apariciones de Cristo y de la Virgen.
   Se cuenta que había arrojado a su hermana al agua helada de un estanque para aplacar el ardor culpable de ésta, que le había inspirado deseos incestuosos.
   Según el Pèlerinage de la Vie humaine (Peregrinación de la Vida humana), compuesto hacia 1358 en imitación del Roman de la Rose por Guillaume de Guillerville, se habría cubierto con una armadura y guanteletes para imponerse la continencia y rechazar las tentaciones de una mujer “que estaba acostada en su cama, desnuda junto a él; no obstante cuando una vez hacía ella volvióse no sintió su tacto. Sus manos estaban tan enguantadas y armadas que ella creyó que él fuese hombre de hierro, del cual se alejó confusa, sin sobarlo.”
   La famosa Leyenda de los nueve versos de San Bernardo también se refiere a sus altercados con el demonio. Para conservar su ingenuo sabor, lo mejor es reproducir la versión original: “El diablo le dijo una vez que sabía nueve versos del Salterio y que aquel que los dijera una vez cada día no dejaría de conseguir la salvación. San Bernardo le preguntó cuáles eran esos nueve versos; pero el diablo no los quería decir. Entonces San Bernardo le respondió que el recitaría a diario del Salterio entero. A lo cual el diablo le dijo cuáles eran, para que no tuviese más mérito recitando todo el Salterio.”
   Las Apariciones de Cristo y de la Virgen son las que más inspiraron a los artistas.
   Un día en que San Bernardo estaba en adoración ante el crucifijo, Cristo, desclavando las manos, se inclinó sobre él y lo estrechó contra su pecho. Siguiendo la costumbre del plagio, tan frecuente en la literatura hagiográfica, los franciscanos atribuyen la misma visión mística a San Francisco de Asís (los dominicos han procedido exactamente de la misma manera con otro milagro de la leyenda de San Bernardo. Su madre habría soñado que paría un perro blanco que ladraba vigorosamente contra los enemigos de Dios. El mismo perro reaparece en el nacimiento de Santo Domingo, salvo que en vez de tener la túnica blanca de los cistercienses, la tenía con manchas blancas y negras, como los dominicos).
   Más ferviente aún era la devoción de San Bernardo hacia la Virgen. Por ello no resulta sorprendente que ella lo haya colmado de gracias. La Virgen no se limitó a aparecérsele, como a los otros santos, sino que habría humedecido sus labios con algunas gotas de la leche que alimentara al Niño Jesús. Es lo que se llama el milagro de la Lactancia.
   La escena había ocurrido en la iglesia de Saint Vorles, en Chatillon sur Seine, donde San Bernardo oraba ante una estatua de la Virgen amamantando al Niño Jesús. En el momento en que pronunciaba las palabras Monstra te esse matrem, la estatua se animó y la Virgen, apretándose un pecho, hizo saltar algunas gotas de leche sobre los labios de su adorador que estaban resecos a fuerza de haber cantado sus alabanzas. Según la tradición local de Chatillon, “Bernardo habría recibido leche no sólo encima de la boca sino sobre los ojos y la túnica, que se volvió blanca.”
   Esta leyenda mística, desconocida para el autor de la Leyenda Dorada, que se escribió por primera vez en un texto del siglo XIV, quizá sea, como tantas otras fábulas hagiográficas, la puesta en escena de una simple metáfora acerca de la elocuencia “dulce como la leche” de San Bernardo a quien habían motejado “Doctor melliflus”. La leche de la Virgen tiene aquí el papel de la miel depositada por las abejas sobre los labios de San Juan Crisóstomo y de San Ambrosio. San Bernardo era el caballero de la Virgen y se consideraba que su elocuencia tenía la dulzura de la leche. Combinando esos datos, un hagiógrafo ingenioso habría forjado el milagro de la Lactancia. El recuerdo de la Virgen mostrando a su Hijo los pechos que lo amamantaran, para interceder a favor de los pecadores en el Juicio Final, ha podido inspirar tanto a los hagiógrafos como a los artistas (el milagro de la Lactancia no permaneció mucho tiempo como el monopolio de San Bernardo. A causa de los plagios hagiográficos se volvió tan contagioso como la cefaloforia. Fueron gratificados con él San Agustín, San Fulberto de Chartres, Santo Domingo, San Alano de La Roche y Santa Catalina de Ricci).
   Como contrapartida, puede recordarse y consignarse aquí una leyenda que pusieron en circulación los adversarios de San Bernardo. Un monje del monasterio de Claraval lo habría visto aparecer en sueños con una mancha negra sobre el pecho, sobre la tetilla (ad mamillam pectoris). Dicha mancha era el castigo que se le había infligido por haber sostenido que la Virgen María no estaba exenta del pecado o de la mácula original.
   Entre las escenas de la vida de San Bernardo que presentan un carácter histórico, hay pocas que hayan llamado la atención de los artistas. Asombra, por ejemplo, que ni en la Edad Media ni en los tiempos modernos ni uno sólo se haya aplicado a evocar la predicación de la cruzada sobre la acrópolis de Vézelay.
   El episodio más popular es el papel que tuvo en Parthenay, en calidad de legado pontificio, para quebrar la rebelión de Guillermo de Aquitania, duque de Guyenne y conde del Poitou, que había tomado partido por el antipapa Anacleto, contra el papa Inocencio II.
   Después de haber celebrado la misa en la iglesia donde no podía entrar el duque excomulgado, San Bernardo habría avanzado hacia él presentándole la hostia consagrada: “He aquí el Hijo de la Virgen, el Jefe y el Señor de la Iglesia que viene a ti. He aquí a tu Juez, y tu alma estará pronto ante él.” Al oir esas palabras, el duque fue acometido por un terror tal que cayó al suelo soltando espuma por la boca como un loco furioso, sin poder articular ni una palabra. Sólo se pudo levantar cuando Bernardo lo hubo tocado con el pie. Entonces Guillermo de Aquitania, como duque de Guyenne y conde del Poitou, prometió reconocer a Inocencio II como auténtico y legítimo papa, y reinstalar a los obispos en la posesión de sus sedes episcopales y restituirles los bienes que les había confiscado.
   Después de esa sumisión, el duque se habría convertido en ermitaño para expiar sus pecados: habría llevado el resto de su vida un cilicio sobre el cual habría hecho remachar una armadura. Pero en este punto se vuelve a caer en la leyenda hagiográfica provocada por una confusión entre el duque Guillermo, padre de Leonor de Aquitania, y el ermitaño Guillermo de Maleval.
CULTO
   Canonizado en 1174, San Bernardo se convirtió naturalmente en uno de los patrones de Borgoña, su provincia natal.
   Su cuerpo fue colocado en 1178 en una magnífica tumba detrás del altar mayor de la iglesia  de Claraval. Una parte de su cabeza se conserva en el tesoro de la catedral de Troyes.
   Por la intermediación de la orden internacional  de los cistercienses, que enjambró en toda la cristiandad, su culto se difundió a gran distancia, sobre todo en Italia, en Chiaravalle, en España hasta Gibraltar y en Alemania, especialmente en las abadías cistercienses de Fürstfelfenbruck, en la Alta Baviera, y Altenberg, en Renania. Los cistercienses y las cistercienses, que en su honor se llamaron bernardinas no eran la única orden religiosa que se reclamaba de él, puesto que la orden de los templarios, monástica y militar a la vez, también había adoptado su regla.
   Además, era particularmente honrado por los apicultores y los fabricantes de cirios, a causa de su mote “Doctor melliflus”, que le había valido una colmena como atributo. Protege no sólo a los apicultores sino también a las abejas.
   En algunos pueblos de Borgoña era patrón de los viticultores. Sin embargo su figura no cuenta entre los santos populares.
ICONOGRAFÍA
   No existe ningún retrato natural del santo. Sus imágenes tardías no tienen valor documental alguno.
   Según sus contemporáneos, era delgado, espiritualizado por el ayuno y las austeridades. Era pelirrojo de cabellera y barba. Está representado como abad mitrado de la orden del Císter, envuelto en una cogulla blanca (alba cuculla) con el báculo abacial.
   Sus atributos son muy numerosos: un perro blanco en alusión a la visión de su madre, una colmena o un enjambre de abejas, que traduce su calificativo de Doctor melliflus, una mitra puesta en el suelo porque habría rechazado la dignidad episcopal por humildad (las tres mitras puestas en el suelo designan a San Bernardino de Siena), una hostia que le presenta al duque de Aquitania excomulgado, los Instrumentos de la Pasión que aprieta contra su corazón, porque decía que se había tejido un ramo con los sufrimientos de Cristo, una rueda porque forzó al diablo a reparar el eje roto de una carreta, y un demonio encadenado.
   A pesar de haber despreciado al arte “que aleja de Dios”, su iconografía es bastante rica (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Puente de San Bernardo, de Juan Talavera y Heredia, y José Luis Casso Romero, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

miércoles, 18 de enero de 2023

Un paseo por la calle Luis Montoto

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Luis Montoto, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 18 de enero, es el aniversario del nacimiento (18 de enero de  1851) de Luis Montoto, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Luis Montoto, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Luis Montoto es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de La Florida, San Roque, La Buhaira, Nervión, Huerta del Pilar, y La Calzada, del Distrito Nervión; y en el Barrio Huerta de Santa Teresa, del Distrito San Pablo-Santa Justa; y va de la confluencia de las calles Menéndez Pelayo, San Esteban, y plaza de San Agustín, a la confluencia de las avenidas de la Cruz del Campo, Andalucía, y El Greco
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
    Calzada de origen romano, a partir del s. XIII pasó a llamarse calzada de los Caños de Carmona, por el acueducto que discurría paralelo a ella, hasta que, construido el tem­plete de la Cruz del Campo a fines del s. XV, comienza a ser conocida como calzada de la Cruz del Campo. En el s. XVII el primer tramo se denominará Alameda de San Beni­to, por la iglesia allí existente, y el resto siguió como calzada de la Cruz del Campo, fusionándose ambos topónimos en el de Oriente en 1869, por su condición de eje rectilíneo de levante de entrada a la ciudad, con el que se le conoció hasta que en 1920 es rotulada en memoria de Luis Montoto y Rautenstrauch, polígrafo y literato sevillano (l851-1929). Denominada de nuevo Oriente en 1931, toma definitivamente el nombre actual a partir de 1941; pero continuó siendo conocida y nombrada como calle Oriente.
     Vía radial que partiendo de las antiguas murallas enlaza con la carretera que condu­ce a Málaga y Granada, el estado de su infraestructura ha sido, desde siempre, preocupación constante del cabildo municipal, como lo atestiguan las reiteradas referencias que aparecen en los libros de las actas del cabildo. En la década de los años treinta de este siglo comienza a urbanizarse, ensanchándose considerablemente, pavimentándose con adoquines sobre el firme de hormigón y estableciéndose una alameda en ambas aceras, proceso éste paralelo a la construcción de los primero chalets. En 1929, Félix Ramírez Doreste levanta el puente sobre el ferrocarril recientemente demolido. Este se erige sobre la antigua Alcantarilla de las Madejas, puente adosados al acueducto que salvaba el arroyo Tagarete, llamado así por las madejas pintadas en las uniones de sus arcos. Hoy es una avenida de amplia calzada, provista de tres carriles en cada dirección separados por espina de hormigón, acerado de losetas, farolas de báculo y arbolado en ambas márgenes, en la que confluyen por la izquierda San Benito, Vía Crucis, San Florencio, Pilar, Céfiro, avenida de Kansas City, y Tomás Murube, y por la derecha, Jiménez Aranda, Eduardo Rivas, Maese Ferrán, Santo Domingo de la Calzada, Luis de Morales, Benito Más y Prats, José Luis de Casso, y Marqués de Nervión.
     En su primer tramo existió desde el s. XVII un arrabal conocido por la Calzada. A principios del s. XX al histórico arrabal se le va sumando una serie de construcciones que, comenzando por la Puerta de Carmona, ocuparán toda la avenida; así, en los años veinte aparece edificado el tramo comprendido entre la Puerta de Carmona y el arroyo Tagarete, coexistiendo las humildes viviendas del arrabal de la Calzada con los chalets construidos en estos año y con algunas barriadas como la de España. Ya en los años setenta edifican modernos bloques, de diferentes escalas, llegándose a una absoluta colmatación del espacio.
     Coetánea a la ocupación residencial, en los primeros años del s. XX se construyeron una serie de almacenes y fábricas, que hasta los años sesenta marcaron la función dominante de esta vía. Cabe destacar el Progreso Industrial, obra de Antonio Arévalo Martínez, en la confluencia con Santo Domingo de la Calzada, actual sucursal de la Caja de Ahorros [actualmente es un restaurante], destinada a la elaboración de hielo (1927-l929); los almacenes y fábrica de García de Longoria (1916-1928), obra de Vicente Traver y, finalmente, los almacenes construidos por José Espiau Muñoz, en 1924, para Domingo de Caso. En la actualidad la función económica sigue siendo de especial trascendencia, con innumerables locales comerciales y bares situados en los bajos de las viviendas, junto a edificios dedicados, en toda su superficie, a almacenes, garajes u hoteles, entre los que merece destacarse el Hotel Los Lebreros y El Corte Inglés, generador de un intenso movimiento.
     Otra de las funciones destacadas de esta avenida ha sido, y aún es, la de tránsito, al ser una de las salidas naturales de la población. Desde los siglos medievales era recorrida por los carruajes, recuas y caballerías que, una vez superado el portazgo situado junto al templete de la Cruz del Campo, entraban en la ciudad a través de la Puerta de Carmona. Este carácter de vía de acceso ha convertido a este espacio en un lugar de encuentro entre visitantes ilustres y anfitriones. Aunque podríamos multiplicar las citas, dos históricos acontecimientos podrán ilustrar este extremo: la llegada a Sevilla del duque de Angulema, en 1823, al que reciben gran número de personalidades precedidas por dieciséis alguaciles y seis músicos; o la de la infanta doña Luisa Fernanda y el duque de Montpensier el 7 de mayo de 1848. La función de tránsito explica, en la actualidad, la presencia a todas horas de gran número de vehículos y los continuos atascos de las horas puntas, pues al tráfico que se dirige hacia Córdoba y Madrid, Málaga o Granada, hay que unir el que se desplaza al Corte Inglés, a las oficinas situadas en San Francisco Javier y el que pretende alcanzar la ronda para penetrar en el casco. Finalmente, otra de las funciones a resaltar es la asistencial y sanitaria, con la presencia de algunas clínicas privadas, oficinas de la Consejería de Salud y Servicio Sociales de la Junta ele Andalucía, un asilo de ancianos, etc.
     En la acera derecha de la antigua calzada se levantaban los Caños de Carmona, acueducto reconstruido por los almohades en 1172, que principiaba en la Cruz del Campo y terminaba en la Puerta de Carmona, en la que existía un gran depósito desde el cual se distribuían las aguas a una parte considerable de la ciudad. Demolidos en 1912, todavía quedan dos tramos, uno junto a Jiménez Aranda. Hacia el final, en su acera izquierda, aún existe el templete de la Cruz del Campo, en lamentable estado de conservación, cuyo origen se remonta a 1482, año en que se decide construir una cruz sobre un templete, de estilo mudéjar, uno de los humilladeros existentes en varias entradas de la ciudad. Junto a él se erige la ermita de Nuestra Señora de la Soledad, a cuyos ermitaños estaba encomendado el mantenimiento de la cruz. Otro edificio histórico es el monasterio de San Benito, levantado por los benedictinos que acompañaron a Fernando III en 1249, que posteriormente pasó a ser ayuda de parroquia de la de San Roque, cuya iglesia es obra de Juan de Oviedo. Des­tacan asimismo una serie de edificaciones de noble factura que, construidas en el primer tercio del presente siglo, aún pueden verse a lo largo de la avenida, combinando los estilos modernista y, sobre todo, regionalista. Por último, hay que mencionar el vía crucis que la recorría desde el s. XVI, cuya primera y última estación se hallaban en la plaza de Pilato y en el humilladero de la Cruz del Campo respectivamente. Este vía crucis era objeto de gran veneración y participación. En 1956 las antiguas cruces de madera que indicaban la secuencia de las estaciones fueron sustituidas por los azulejos que aún hoy pueden verse. Otra fiesta religiosa en honor de la Virgen de Valvanera que se venera en San Benito, comenzó a celebrarse en Luis Montoto y calles adyacentes a partir de 1927 [Eduardo Camacho Rueda, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Luis Montoto, 45
. Casa de dos plantas, con patio de pilastras que sostienen arcos semicirculares en la planta baja y galería adintelada en la superior.
Luis Montoto, s/n. TEMPLETE DE LA CRUZ DEL CAMPO. Construcción de estilo mudéjar, formada por un templete abierto por sus cuatro frentes sostenidos por pilares de ladrillo con contrafuertes radiales y arcos apuntados, que sostienen una bóveda octogonal de casquete sobre trompas, sobre las cuales corre una inscripción conmemorativa de la obra, debida al asistente Diego de Merlo en 1482. Cobija un crucero que en 1571 labró el escultor Bautista Vázquez [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Luis Montoto, a quien está dedicada esta vía del callejero;
     Luis Montoto y Rautenstrauch, (Sevilla, 18 de enero de 1851 – 30 de septiembre de 1929). Poeta y cronista de Sevilla.
     Nació en Sevilla en una familia de origen gallego por parte de padre y de origen bohemio e italiano, por parte de madre. A los quince años se convirtió en bachiller en Artes y, poco después se trasladó a Madrid para estudiar Ingeniería, estudios que abandonó por los de Derecho. Pronto dejó Madrid para continuar estudiando en Sevilla, ciudad en la que vivió los aires de la Revolución de 1868, aunque intervino poco en política a lo largo de su vida.
     Aún sin terminar los estudios, le ofrecieron colaborar en el periódico La Revolución Española (más tarde El Español) que dirigía Antonio Otal, su tío. También repartía su tiempo con la creación literaria y participaba en tertulias. Aparte de la literatura, los toros y el teatro fueron sus otras aficiones.
     Su primera obra se publicó en 1872 y se titula Melancolía.
     En 1873 escribió una obra de teatro para inaugurar el Teatro Cervantes (23 de abril), El último día.
     Se casó en Utrera (Sevilla) con Asunción de Sedas y Viguera (25 de agosto de 1878) y tuvo ocho hijos: José Luis, Diego, Luis, María de los Ángeles, María Josefa (María), Santiago (abogado y escritor), Cástor y Alejandro.
     Desde el primer momento fue un hombre hogareño, amante de su mujer y de sus hijos y gran defensor de la familia. No en balde los Quintero lo llamaron “el poeta del hogar” al dedicarle su comedia El nido.
     Compaginó su trabajo como notario en el arzobispado de Sevilla con su producción literaria. Fue miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y secretario de esta corporación desde 1884.
     También compartió amistad con Antonio Machado y Álvarez, con quien trabajó en sus estudios sobre el folclore. Fruto de esta colaboración con Demófilo son los tomos I y IV de la Biblioteca de las tradiciones populares, en donde insertó, bajo el título de Costumbres populares andaluzas, catorce artículos sobre la vida en un corral de vecinos. En 1981 el Ayuntamiento de Sevilla publicó estos artículos con el título de Los corrales de vecinos, obra integrada en la colección Biblioteca de Temas Sevillanos.
     En 1890 publicó Tiquis Miquis que, junto con Personajes, personas y personillas que corren por las tierras de ambas Castillas, su hijo Cástor considera como las más importantes de la extensa producción de Montoto.
      En 1891 ocurrieron dos hechos importantes en su biografía: la publicación de Historia de muchos Juanes (su obra más querida) y la elección, nuevamente, como concejal del Ayuntamiento de Sevilla.
     En 1902, la convalecencia de una enfermedad lo llevó a la novela y empezó a escribir, como distracción, Los cuatro ochavos. Al año siguiente apareció la segunda parte titulada El duro del vecino.
     La relación con el escritor sevillano Muñoz y Pabón dio como resultado la obra Trébol (1907): sátira poética del Modernismo.
     A partir de 1909 empezó a editar sus Obras Completas, para atender al deseo de muchos de sus lectores, que no conocían la mayoría de sus libros, de tirada poco numerosa. Se publicaron ocho volúmenes: tomo I: De re literaria (anécdotas, críticas, artículos, etc.); tomo II: Noches de luna (poesías); tomo III: Estafeta Literaria; tomo IV: Algo que se va (cuentos y artículos); tomo V: La Sevillana-Sevilla (poesías y cantares); tomo VI: Poemas y Cantares; tomo VII: Historia de muchos Juanes. Desde el cortijo. Poesías varias; tomo VIII: Versos de antaño. La musa popular. Trébol.
     Fue nombrado cronista oficial de la ciudad en 1914, a la muerte de Manuel Chaves y Rey. Poseía la Cruz de Oro Pro Ecclesia et Pontifice otorgada por Benedicto XV y la Gran Placa de Honor y Mérito de la Cruz Roja Española. Era miembro, entre otras, de las siguientes instituciones: Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Sevilla; Real Academia de la Historia (correspondiente por Sevilla) y Academia de San Luis de Zaragoza.
     En febrero de 1929 con el agravamiento de su enfermedad cesó toda actividad literaria. Murió en Sevilla el 30 de septiembre de 1929. Descansa en el panteón familiar de la capilla de San José de la Iglesia de San Bartolomé (María Isabel Gallardo Fernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Luis Montoto, al detalle:
Edificio Luis Montoto, 3-5
Edificio Luis Montoto, 9
    Retablo cerámico de la Virgen de las Madejas
Vía Crucis - Quinta Estación (Hdad. de Pasión)
    Vía Crucis - Sexta Estación (Hdad. del Valle)
    Retablo cerámico de la Virgen de Valvanera
Asilo de las Hermanitas de los Pobres
Vía Crucis - Séptima Estación (Hdad. de la Candelaria)
Hotel Ibis Styles Sevilla City Santa Justa
Edificio Luis Montoto, 73
Edificio Progreso Industrial
Vía Crucis - Octava Estación (Hdad. de Los Gitanos)
Hotel Los Lebreros 
El Corte Inglés
Colegio Borbolla
    Azulejo conmemorativo Niños - Pájaros
    Azulejo conmemorativo Hombres - Pájaros
Vía Crucis - Novena Estación (Hdad. de La Esperanza de Triana).
Edificio Centro de Menores
    Vía Crucis - Décima Estación (Hdad. de La Estrella)
    Vía Crucis - Undécima Estación (Hdad. de La Exaltación)
Vía Crucis - Duodécima Estación (Hdad. del Cachorro)
Edificio El Asador de Aranda
Vía Crucis - Catorceava Estación (Hdad. de Santa Marta)