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sábado, 3 de enero de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de San Bartolomé, Iglesia de Santa Catalina mártir, Ermita de la Virgen del Socorro, Ermita de la Virgen de Loreto, y Plaza de Toros) de la localidad de Higuera la Real, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Bartolomé, Iglesia de Santa Catalina mártir, Ermita de la Virgen del Socorro, Ermita de la Virgen de Loreto, y Plaza de Toros) de la localidad de Higuera la Real, en la provincia de Badajoz.
     Se localiza en las proximidades de Fregenal, en dirección al sur, sobre un dominio de acusado atractivo natural. La población dependió tradicionalmente de este centro como aldea, bajo el apelativo de Higuera de Fregenal. El lugar resulta rico en contenidos arqueológicos, encontrándose en sus alrededores el asentamiento de Castrejón del Capote, con importantes vestigios tartésicos.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 125,6 Km2
     Altitud: 610 m.
     Distancia Capital: 102 Km.
     Partido Judicial: Fregenal de la Sierra
     Comarca: Sierra Suroeste
     Gentilicio: Higuereño
Ayuntamiento de Higuera la Real
     Plaza de la Constitución, 1
     06350 Higuera la Real (Badajoz)
     Teléfono: 924727001
     Fax: 924723681
   
     Higuera la Real, posee dos iglesias, la de San Bartolomé (siglo XVII), de estilo herreriano, y la de Santa Catalina, con un retablo que incluye seis tablas del «Divino» Morales (siglo XVI).
     En sus inmediaciones, a 4 km del casco urbano, se encuentra la losa de Capote, ligada a la cultura tartésica. También próxima se halla la iglesia templaria del siglo XIII de Nuestra Señora de Loreto (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).
Historia.-
    Higuera la Real se localiza en las proximidades de Fregenal, en dirección al sur, sobre un dominio de acusado atractivo natural. La población dependió tradicionalmente de este centro como aldea, bajo el apelativo de Higuera de Fregenal. Higuera, entraría a formar parte de la hipótesis lanzada por Pérez Reviriego sobre la organización en estrella de los asentamientos celtas, localizándose en el término la famosa Losa de Capote. Los investigadores la definen como pieza única y eslabón para un mayor conocimiento de la legendaria Tartesos.
     En 1633 se independizó de Fregenal mediante el pago de 8.000 escudos, adquiriendo el título de Villa exenta y el nombre de Higuera la Real por concesión de Felipe IV.
     En la actualidad constituye un poblado de notable entidad, con calles amplias, bien cuidado, pulcro y abundante en parques, jardines y hermosas plazas y otros ámbitos urbanísticos (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-
     Posee dos iglesias: iglesia de San Bartolomé, de estilo herreriano y la iglesia parroquial de Santa Catalina Mártir (s. XV), edificación encalada de variada volumetría, a la que sus hermosas portadas y numerosas capillas adosadas confieren destacado valor compositivo.
     Destaca su Retablo Mayor (1641), con pinturas de Gerónimo Ramírez. Pieza sobresaliente es el realizado por Luis de Morales para la capilla del clérigo Ginés Martínez, compuesto por seis magníficas Tablas (1565).
     También son de mérito el órgano, fabricado en 1818 por suscripción popular, y la platería del tesoro, en la que destaca la custodia del XVI procedente de Zacatecas (México).
     En un extremo de la población, se alza la ermita de Ntra. Sra. de Loreto, de origen templario, en la que perdura la capilla mayor originaria del siglo XIII y la sobria portada gótica de acusado conopio.
     Delante de ella se sitúa la popular "Mamarrachá", intrigante figura granítica representando una leona, a la que se han atribuido toda clase de interpretaciones estilísticas.
     Cerca se encuentra la fuente de Loreto, también denominada a nivel local como "Fuente del Chiripa" (s. XVI-XVII) por la figura del mosquetero en bronce que la remata.
     Una plaza de toros de principios del XIX determina el límite de la población.
     En dirección a Fregenal se sitúa la Fuente de Gargallón, en cuyas inmediaciones perduran restos del muro, quizá medieval, de una vieja presa o albuera.
     Y especial atención merece igualmente el Yacimiento en el Castrejón de Capote (poblado celta) (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de San Bartolomé.-
     En el Paseo del Cristo, se encuentra uno de los templos más bellos de la localidad, la Iglesia de San Bartolomé.
     Data del siglo XVII y forma parte de un conjunto monumental con los edificios anexos, entre los que destaca por su belleza el Claustro del Colegio de la Compañía de Jesús (restaurado en el año 2005), fundado en la misma época y hoy recuperado como centro cultural.
     El templo responde a la tipología de iglesia jesuítica. Su planta presenta la forma de una impecable Cruz Latina y su interior se compone de una sola nave más el crucero, en el que destaca una monumental cúpula que descansa sobre pilastras de orden Dórico.
     A ambos lados del crucero se pueden observar dos retablos barrocos. El del lado de la Epístola está dedicado a S. Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús y es de una gran hermosura aun estando sin dorar. El del lado del Evangelio es un precioso retablo de madera dorada en el que se venera la imagen del Señor de la Humildad, Patrón de Higuera la Real.
     RETABLO DE SAN IGNACIO DE LOYOLA “LADO EPÍSTOLA”
     Consagrado a Nuestro Padre San Ignacio de Loyola, fundador de la Orden de los Jesuitas. Porta en sus manos el Libro de las Constituciones y el escudo de plata con el nombre del santísimo Jesús.
     A los lados ubicados sobre peanas o tronos, se pueden observar las siguientes estatuas de cuerpo entero:
     La del lado derecho es de S. Francisco de Borja, con una calavera en la mano izquierda y la derecha elevada en aire de quien está asombrado.
     La del lado izquierdo es de San Juan Nepomuceno, con sotana y roquete, y un crucifijo. Es el patrón de la Infantería de Marina española.
     RETABLO DEL SEÑOR DE LA HUMILDAD “LADO EVANGELIO”
     Tallado en Sevilla en 1693, recoge en el centro la imagen de Ntro. Padre Señor de la Humildad, patrón de Higuera la Real. A mediados de septiembre se celebran las fiestas mayores de la localidad en su honor.
     A la izquierda se puede ven a San Diego Kisai. A la derecha se encuentra San Juan de Goto y en la parte superior, San Pablo Miki, crucificado a la manera nipona, atravesado por dos lanzas.
     En los laterales de la nave destacan doce tribunas con barandillas de hierro forjado desde las cuales los miembros de la Compañía podían asistir a los actos religiosos.
     ALTAR MAYOR y RETABLO MAYOR
     El Retablo Mayor fue obra de Francisco de Flores, año 1678. Se abre al templo a través de un arco triunfal de medio punto. El retablo presenta elementos platerescos y barrocos y contiene varias imágenes de madera policromada del siglo XVII.
     En la hornacina central se venera a San Bartolomé, a quien está dedicada la Iglesia y cuya festividad se celebra el 24 de agosto.
     Destacan las cuatro columnas salomónicas (Ayuntamiento de Higuera la Real).

Iglesia de Santa Catalina mártir.-
     Situada en el centro del casco urbano, la iglesia parroquial de Santa Catalina data del siglo XV, aunque fue construida sobre una antigua iglesia gótica de finales del siglo XIII.
     El templo, de fábrica de mampostería enlucida y encalada, presenta elementos de granito en esquinas, portadas, ventanales, óculos y algunos estribos.
     Su planta es de una sola nave dividida en cinco tramos por arcos apuntados que reposan sobre pilares. Adosados a éstos se encuentran cuatro capillas de diferentes épocas y variadas características a las que se acceden por arcos de medio punto y que están cerradas por rejas de forja.
     CAPILLAS LATERALES
     CAPILLA GINES MARTINEZ  (2ª capilla de la izquierda)
     La capilla primitiva de la Iglesia. Esta capilla corresponde al sepulcro del clérigo higuereño Ginés Martínez, que sufragó los gastos de construcción para ubicar su capilla funeraria en 1560.
     También podemos ver el mausoleo de un personaje ilustre de la villa, Don José María Claros y Jarillo (descendiente de Ginés Martínez). Éste fue diputado en las cortes generales.
     Al tratarse de la capilla primitiva, las tablas de Luis de Morales estuvieron ubicadas aquí.
     En dicha capilla se puede ver las imágenes de San Francisco de Asís, de San Benito y del Sagrado Corazón.
     CAPILLA DE BENITO BOZA (1ª Capilla de la izquierda)
     Contigua a la anterior. Las imágenes que se observan en esta capilla son la de San Antonio, San Pedro con las llaves del reino de los cielos (Jesús se las dio a San Pedro como símbolo de su supremacía sobre los demás discípulos y apóstoles), la Virgen del Carmen y una pintura del perpetuo Socorro.
     CAPILLA DE JUAN MÁRQUEZ MARTÍNEZ  (2ª Capilla de la derecha)
     Esta capilla llamada del “Sagrario” es la capilla funeraria del clérigo de Higuera, Juan Márquez Martínez, construida hacia 1570.
     Durante un tiempo y hasta la construcción del retablo de la capilla mayor en 1641, estuvo en esta capilla la imagen de Santa Catalina, titular de la parroquia, por lo que se le daba su nombre a comienzos del S. XVII.
     En esta capilla, vemos las imágenes de la Virgen del Rosario, San Isidro labrador y San José.
     También se puede observar un mausoleo en el lado de la epístola. Corresponde a los padres y a una de las hermanas de D. Nicomedes Claros, párroco higuereño.
     CAPILLA DE JUAN DÍAZ EL VIEJO (1ª Capilla de la derecha).
     Se trata de la capilla del clérigo higuereño Juan Díaz "El Viejo", construido entre 1619 y 1620 aunque se conoce como la Capilla de Santa Lucía.
     Para dicha capilla el clérigo Juan Díaz se obligaba a cumplir las condiciones establecidas y a pintar la imagen de “Santa Lucía”.
     Se pueden ver las imágenes de Jesús Resucitado, San Juan Bautista y la Inmaculada Concepción.
     CAPILLA MAYOR
     La capilla mayor de la parroquia fue construida en 1589.
     El retablo del altar mayor, del siglo XVII, presenta una estética barroca con entalladuras de gusto clasicista y pinturas de Jerónimo Ramírez que reflejan la vida y el martirio de Santa Catalina Mártir de Alejandría, la santa titular de la parroquia, de la que encontramos también una imagen de madera policromada del siglo XIX ubicada en el nicho central del retablo.
     TABLAS DE LUIS DE MORALES
     Del lado de la Epístola, se encuentra uno de los grandes tesoros artísticos de nuestro pueblo, las Tablas de Luis de Morales, conocido con el sobrenombre de "El Divino". El retablo se compone de seis tablas que fueron pintadas en la etapa de madurez del pintor, entre 1565 y 1566, por encargo del clérigo Ginés Martínez.
     Éstas reflejan el tema de la Pasión bajo una clara estética manierista donde los personajes presentan extremidades alargadas y posturas exageradas: San Juan Evangelista, Piedad, María Magdalena, Cristo atado a la columna, Ecce Homo y Cristo con la Cruz a cuestas (Ayuntamiento de Higuera la Real).

Ermita de la Virgen del Socorro.-
     Esta ermita, de la que se tiene referencias de su existencia desde 1680, se encuentra situada en la Plaza del Socorro. 
     Presenta fábrica en mampostería enlucida y encalada. La portada principal tiene un arco apuntado encuadrado por un alfiz. Corona la fachada una espadaña con un vano de medio punto.
     El interior se compone de una nave de cuatro tramos cubiertos con bóveda de cañón y reforzada por fajones y contrafuertes exteriores de sección rectangular. A los pies, del lado de la epístola, un capitel romano ahuecado sirve de pila de agua bendita.
     La capilla mayor es de planta cuadrada y se cierra con una cúpula manifiesta al exterior por un cimborrio con linterna. En ella figura la imagen de Nuestra Sra. del Socorro, de madera policromada.
     En esta ermita se encuentra también la imagen de San Isidro Labrador. En su honor, cada mes de mayo se celebra una popular Romería.
     En el siglo XIX, la ermita fue cerrada al culto, quedando abandonada y en ruinas durante mucho tiempo, hasta que el 15 de agosto de 1961 y gracias a los esfuerzos del párroco D. Antonio Fernández Moreno, es reinaugurada y dedicada al culto de Ntra. Sra. del Socorro de la que toma su nombre.
     En los años 90, gracias al interés de D. Aurelio Rasero y al testimonio de Doña Juana, vecina de esta villa, se recupera una hermosa y ancestral tradición vinculada a la Ermita de Ntra. Sra. de Socorro. Se trata del baile de las “Danzantas”, que puede apreciarse durante las fiestas en su honor los días 14 y 15 de agosto (Ayuntamiento de Higuera la Real).

Ermita de la Virgen de Loreto.-
     Al suroeste de la población de Higuera la Real se encuentra ubicada la ermita de Nuestra Señora de Loreto, la construcción más primitiva de esta localidad de las que se tienen referencias. Su origen es Templario, fundada en el siglo XIII, aunque de su construcción original sólo se conservan las tres portadas y la capilla mayor, cuadrada y de menor anchura, cubierta con una sencilla bóveda de crucería.
     La ermita, se encuentra realizada en mampostería enlucida y encalada, utilizándose la sillería para las esquinas y los contrafuertes, de sección de regular.
     A mediados del siglo XVI se realiza obras de remodelación que afectan sustancialmente a los volúmenes y aspecto interior del templo.
     En 1506, la ermita de Ntra. Sra. de Loreto estaba en malas condiciones, por ello, en 1559 se restauró, como puede leerse al lado de la Epístola, que conserva una inscripción.
     El interior de la ermita está compuesto por una nave de cinco tramos con arcos fajones sobre pilastras. El arco por el que se accede al altar mayor, es apuntado y la bóveda de cañón, restaurado, según una inscripción, en 1957. La capilla mayor, donde se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Loreto, cuyas fiestas en su honor se realizan los días 7 y 8 de septiembre.
     La portada de los pies es de arco apuntado con arquivoltas y jambas, enmarcadas en un alfiz. La última arquivolta da lugar a un arco conopial rematado por una cruz.
     En el exterior del edificio, corona la fachada un cuerpo de campanas con un vano de medio punto en cada lado, sobre el que aparece un chapitel poligonal de mampostería cubierto por azulejos.
     GRUPO ESCULTÓRICO “LA MAMARRACHA”
     Frente a la ermita aparece un grupo escultórico realizado en mármol blanquecino, de 1, 37 m. de altura, cuyos orígenes, datación y significados resultan enigmáticos, aunque estudios realizados le otorgan un carácter funerario y protector y lo datan de la época romana, siglos I y II d.C.
     Consta de dos figuras: la mayor de ellas representa a un animal felino, un grifo, que, sentado sobre sus cuartos traseros, acoge entre sus garras a una criatura humana, la otra figura, a la que posiblemente esté amamantando y protegiendo en su viaje al más allá.
     Por su parte, la figura humana se acoge a ésta con fuerza, buscando su defensa.
     La obra se remata con una Cruz de Santiago, de factura posterior, elaborada con hierro forjado.
      ANTIGUO LAVADERO PÚBLICO Y FUENTE DEL CHIRIPA
     Antiguo lavadero público situado en la plaza de Loreto de gran valor etnográfico, datado del siglo XIX.
     Junto a éste se encuentra una hermosa fuente de doce caños rematada en su parte superior por una figura de mosquetero realizada en bronce y conocida popularmente como "Chiripa".
     Se trata de una fuente con un pilar central que sujeta una figura de un varón, realizada en bronce. Construcción típica de fuentes en Extremadura durante los siglos XVI y XVII (Ayuntamiento de Higuera la Real).

Plaza de Toros.-
     El "Coso de Buenavista" fue construido a mediados del siglo XIX aproximadamente, aunque la construcción que observamos actualmente se debe a una reforma realizada en el año 1.904; llevada a cabo por la sociedad taurina de la localidad.
     Dadas las dificultades económicas de entonces, el Ayuntamiento contrató el arrendamiento de la Plaza con la sociedad, por un periodo de 20 años y a cambio esta se comprometía a realizar las obras pertinentes para reformar el estado de ruina en el que se encontraba.
     Existen documentos que atestiguan la celebración de festejos taurinos en Higuera la Real desde el siglo XVII, pero hasta la construcción de la plaza de toros, éstos tenían lugar en la plaza pública, como ocurría en otras localidades vecinas como Cabeza la Vaca o Fuentes de León. Así, la actual Plaza de la Constitución era habilitada a modo de coso a base de maderas para la celebración de los festejos taurinos populares.
     Tiene un aforo de 2.000 localidades (Ayuntamiento de Higuera la Real).

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Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 17 de agosto de 2025

El zócalo de azulejos de Santa Beatriz de Silva, de Pickman y Compañía, en el Convento del Socorro

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el zócalo de azulejos de Santa Beatriz de Silva Meneses, de Pickman y Compañía, en el Convento de Santa María del Socorro, de Sevilla
     Hoy, 17 de agosto, en Toledo, ciudad de España, Santa Beatriz de Silva Meneses, virgen, que fue dama noble en la corte de la reina Isabel, pero después, prefiriendo una vida de mayor perfección, se retiró a las religiosas de la Orden de Santo Domingo durante muchos años y finalmente fundó una nueva institución con el título de Orden de la Concepción de la Bienaventurada Virgen María (1490) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte el zócalo de azulejos de Santa Beatriz de Silva Meneses, de Pickman y Compañía, en el Convento del Socorro, de Sevilla.
      El Convento de Santa María del Socorro (actualmente cerrado), se encuentra en la calle Bustos Tavera, 30 (aunque la entrada a la Iglesia se efectúa por la calle Socorro, 13); en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo.
     En una de las estancias del Convento de Santa María del Socorro, podemos contemplar este zócalo de azulejos, realizado por la fábrica de Pickman y Compañía, en 1910, con unas medidas de 0,41 x 1,12 mts., en estilo neorrenacimiento.
    La cartela circular flanqueada por dos figuras fitomórficas que se prolongan en tallos vegetales con flores, alberga a la santa, representada de medio cuerpo, vistiendo el hábito de la orden, dejando abierto el manto para mostrar sobre el pecho el corazón inflamado atravesado por un dardo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de Santa Beatriz de Silva y Meneses, virgen;
     Santa Beatriz de Silva y Meneses, (Ceuta, c. 1426 – Toledo, 17 de agosto de 1491) sup. Santa, noble y fundadora de la Orden de las Concepcionistas.
     Era hija de los nobles portugueses Ruy Gómez de Silva e Isabel de Meneses. De este matrimonio nacieron once hijos de los cuales hubo dos santos, Beatriz y su hermano Juan, conocido como fray Amadeo. No hay constancia del lugar exacto de su nacimiento, posiblemente en Ceuta, que entonces pertenecía a Portugal en cuya conquista había intervenido su padre.
     Su niñez y educación transcurrieron cerca de la frontera con Castilla, en la diócesis de Évora, en Campomayor, de donde su padre era el alcayde. Allí recibió una esmerada y piadosa educación dirigida por frailes franciscanos de cuya orden su madre era muy devota.
     En la iglesia de este lugar se conserva un cuadro de la Virgen María en el que parece que el pintor utilizó la imagen de Beatriz en la Virgen por su gran belleza.
     Muy poco se conoce de su vida hasta 1447, entonces vino a Castilla formando parte del acompañamiento de Isabel de Portugal que iba a contraer matrimonio con el rey Juan II de Castilla, viudo de su primera mujer. Las informaciones que hay sobre Beatriz de Silva son muy escasas y se deben a una biografía que sobre ella escribió en 1526 el fraile franciscano fray Francisco de Garnica con el título Historia de la vida de la venerable madre doña Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Concepción Franciscana de Toledo, conservada gracias a una copia de 1660. El valor de esta obra reside en que fue redactada cuando todavía vivían personas que habían conocido a Beatriz de Silva y podían aportar informaciones sobre ella. No obstante, la mayoría de los datos recogidos tienen un marcado carácter hagiográfico, no sólo con respecto a Beatriz sino a la Orden franciscana pues responden a un doble interés; en primer lugar, rodear la figura de esta mujer de un carácter mágico para legitimar su fundación y demostrar que era una elegida de Dios; y, por otra parte, manifestar la vinculación del proyecto de Beatriz de Silva con el franciscanismo desde un principio y, de esta forma, legitimar la apropiación que de él se había hecho y las modificaciones que se llevaron a cabo hasta desvirtuar los ideales preconizados por ella. Por todo esto, la obra ofrece un valor cuestionable, pero hay que utilizarla necesariamente ya que es el único texto escrito en aquella época, conocido hasta ahora, que se conserva sobre los hechos en los que participó Beatriz. Su importancia es mayor ya que no hay informaciones escritas sobre el proyecto religioso de Beatriz, pues el escrito que dirigió al papado para el reconocimiento de su fundación se ha perdido y aunque algo puede deducirse de su contenido gracias a que se conserva la respuesta en la bula papal de Inocencio VIII del 30 de abril de 1489 que autorizaba su petición, pero es difícil establecer la relación entre lo solicitado por Beatriz y lo reconocido por el papado. Todos los posteriores escritos que se han centrado en ella utilizan como fuente primaria la Vida de Garnica, y las aportaciones se refieren más a interpretaciones, análisis y valoraciones de la vida y obra de esta mujer que a nuevos datos. Por todo ello, hay todavía muchos aspectos oscuros y sin resolver, más teniendo en cuenta que en el citado escrito sobre todo se pretendía destacar la santidad y relaciones con la divinidad de Beatriz, que una reconstrucción histórica de su vida, y su adscripción al franciscanismo.
     La belleza de Beatriz era tan grande que cuando llegó a Castilla eclipsó a la de su señora, la cual sintió unos profundos celos, y ante la serie de solicitudes de matrimonio que Beatriz recibió, decidió encerrarla en un cofre. Beatriz consiguió sobrevivir el tiempo del encierro, tres días, ya que la Virgen se le apareció dos veces y le proporcionó alimento. Este primer hecho conocido de su vida ya tiene un carácter milagroso y señala la elección de la Virgen hacia esta mujer.
     Cuando su familia se enteró de la situación, su tío Juan de Silva la liberó. Entonces ella, como muestra de gratitud hacia la Virgen, tomó la decisión de retirarse de la Corte, permanecer virgen haciendo voto de castidad y recluirse en un lugar sagrado para poder dedicarse a la vida religiosa y no sufrir por causa de su belleza solicitudes amorosas ni matrimoniales. La leyenda cuenta que a partir de ese momento se cubrió la cara con un velo y nadie volvió a vérsela.
     La decisión de Beatriz fue vivir en el Convento de Santo Domingo de Toledo, pero no profesar en esta Orden, sino vivir como una laica acogida a la protección que ofrecía el convento, cosa que era muy habitual en aquel tiempo. Se ha discutido sobre la identificación del elegido y al que donó todos sus bienes, ya que entonces en Toledo había dos conventos de monjas puesto bajo la advocación de Santo Domingo.
     Uno era de monjas cistercienses y otro de dominicas.
     El primero recibía el nombre de Santo Domingo el Antiguo y el de dominicas el de Santo Domingo el Real. Pero el problema se acentúa pues existe una fuerte tradición de que Beatriz vivió en el primero, todavía se señala donde estuvo su celda, y la bula de Inocencio VIII de 1489 se refiere a un convento de la orden cisterciense. No obstante, durante el proceso de canonización se hace referencia al Convento de Santo Domingo el Real y las recientes investigaciones confirman que fue con las dominicas con quienes se recluyó, aunque como seglar, sin vivir bajo una regla.
     Por tanto, su primera relación en Toledo fue con la Orden de Santo Domingo.
     Apenas hay referencias a los años pasados en el convento viviendo como beata una vida austera, de rezos y penitencias, de acuerdo con las nuevas fórmulas religiosas desarrolladas desde el siglo xiv, relacionadas con la “devotio moderna”. Era una piedad que preconizaba la posibilidad de vivir una profunda espiritualidad sin la mediación de normas, reglas, ni jerarquías eclesiásticas.
     Por ello, Beatriz vivía en un convento, que la protegía y la eximia del cumplimiento de sus obligaciones cortesanas por ser noble, pero sin aceptar la regla de las monjas, ella era la que diseñaba su espiritualidad y vida religiosa que podía llegar a ser más dura que la de las propias monjas con las que convivía. Este movimiento religioso que tuvo gran predicamento en Castilla durante los siglos xv y xvi propició que mujeres como Beatriz, conocidas como beatas, pudieran llevar a cabo proyectos de vida religiosa singulares que no se adaptaban a las normas convencionales sino que pretendían una religiosidad más personal y autónoma.
     Asimismo, ofrecía la posibilidad de crear espacios de libertad religiosa femenina.
     Durante los años en los que Beatriz vivió en Santo Domingo el Real de Toledo la fama de su piedad fue creciendo y allí la visitó asiduamente la reina Isabel la Católica, llegando a crearse una estrecha comunicación entre ambas mujeres. El proyecto de Beatriz de vida religiosa interesaba sin duda a la Reina como se deduce de sus continuas visitas al convento.
     Y, posiblemente, por indicación suya, ya que fue la Reina quien se los cedió, se trasladó a los palacios de Galiana, además de donarle la iglesia de Santa Fe, fundación de la reina Constanza, mujer del rey Alfonso VI, tras la conquista de la ciudad. Beatriz fue acompañada por el grupo de doce mujeres seglares, algunas parientas suyas, que con ella vivían en Santo Domingo. Esto fue en 1484 iniciándose una nueva etapa en la vida de Beatriz que duró hasta 1489. En esos años, estas mujeres constituyeron un beaterio en el que se fue consolidando un proyecto religioso que culminó en la creación de una nueva Orden religiosa.
     El beaterio autónomo de Beatriz de Silva en los palacios de Galiana fue semejante a muchos otros que hubo entonces en Castilla, pero éste tenía la peculiaridad de la amistad de Beatriz con la reina Isabel y la posible injerencia de la Soberana en la vida del mismo, que culminó con creación de una nueva Orden.
     En esos años se debió de consolidar el nuevo proyecto, posiblemente el traslado había sido motivado por este motivo, ya que lo habitual en otros beaterios era aceptar la regla del convento femenino con el que tuvieran una mayor relación. En cambio, en este caso, y aquí radica su importancia, se estaba creando una nueva orden religiosa femenina que iba a sintonizar con la política religiosa propugnada por al Reina Católica. Beatriz de Silva envió a Roma para su aprobación una nueva regla que no se ha conservado.
     Es muy difícil establecer hasta dónde influyó Isabel la Católica, por una parte en la redacción y, por otra, en que Beatriz decidiera mandar a Roma la regla, para institucionalizar su beaterio y recibir la aceptación de la jerarquía eclesiástica. La nueva regla fue enviada a raíz del traslado en 1484 pero hasta 1489 el papa Inocencio VIII no emitió la bula “Inter Universa” en la que respondía a la solicitud.
     Gracias a esta bula se autorizaba a Beatriz a la fundación de un monasterio en Santa Fe de Toledo según la regla del Císter para vivir en la clausura más estricta. Asimismo se aceptaban una serie de normas cuya singularidad daba una personalidad propia a este proyecto, aunque no se conoce si respondía a todo lo planteado por la fundadora. Las monjas se ponían bajo la protección de la Inmaculada Concepción, advocación de la Virgen María que entonces estaba empezando a tener una gran relevancia. Bien es cierto que el Císter era una de las órdenes que habían influido más en el culto mariano, pero en este caso se señalaba una advocación muy precisa, que se pretendía potenciar aunque todavía no era dogma de fe dentro de la Iglesia católica. El hábito que vestirían era azul, con el escapulario blanco de las dominicas y el cordón de San Francisco. El rezo del oficio de la Concepción era obligatorio. Asimismo se daba a las monjas la capacidad de darse estatutos y ordenamiento propios, siempre que se mantuvieran bajo la autoridad del obispo. Estas nuevas monjas han sido conocidas como Concepcionistas. No obstante, el proyecto autorizado todavía iba a sufrir una serie de alteraciones. Al poco tiempo moría Beatriz de Silva, la fecha no es muy precisa pero desde luego anterior al año 1492. Su obra no estaba consolidada ni desarrollada, tampoco sus sucesoras directas tuvieron una personalidad parecida a la suya.
     A partir de ese momento se inició un proceso de apropiación de la obra de Beatriz de Silva por parte, sobre todo, de los franciscanos, que ya se había manifestado cuando estaba agonizante. Entonces pugnaron por llevarse su cuerpo las monjas de Santo Domingo el Real, ayudadas por frailes dominicos, frente a frailes menores franciscanos. Esa nueva etapa culminó en 1511 con la aprobación definitiva de la Orden de la Inmaculada Concepción en la que la primitiva regla enunciada por Beatriz y su adscripción al Císter fueron suprimidos, restando únicamente la advocación concepcionista. El cardenal Cisneros, arzobispo de Toledo y monje franciscano, incluyó a las monjas de la Santa Fe en los objetivos de su reforma de las órdenes religiosas, que pretendían una mayor uniformidad y sometimiento en las órdenes femeninas a las jerarquías eclesiásticas. El proceso consistió, sobre todo, en la sustitución de la regla de Beatriz de Silva por la de Santa Clara, endurecida por el P. Quiñones, se eludió, por tanto, la adscripción al Cister y las monjas quedaron integradas en la familia franciscana como una reforma dentro de las clarisas y bajo esta autoridad y observancia. La clausura se endureció, igual que la obediencia, la pobreza y se controló cualquier posibilidad sobre la actividad intelectual individual, que anteriormente había caracterizado los conventos de clarisas.
     La reina Isabel debió de tener participación importante en la integración de las concepcionistas al mundo franciscano, por su fuerte inclinación hacia él. También hay que tener en cuenta que el Convento de la Santa Fe estaba muy próximo al de los franciscanos y estos frailes auxiliaron a Beatriz y a las restantes monjas cuando lo requirieron. Por otra parte, Isabel no estuvo de acuerdo con la obediencia al obispo, propuesta, para dar una mayor autonomía a la Orden, e insistía, incluso en vida de Beatriz, en que era preferible la sujeción a las jerarquías franciscanas, como demuestra la bula de Alejandro VI de 1494, ya muerta Beatriz, en la que se atienden las solicitudes de la Reina Católica en este tema y se inicia la incorporación de las concepcionistas como una rama del tronco de las clarisas.
     La Orden de las concepcionistas, debidamente adecuada a los intereses de Isabel la Católica, gozó de una gran aceptación por parte de la Reina y del resto de mujeres nobles que formaban parte de su Corte. Todas contribuyeron a la expansión de los conventos concepcionistas como exponentes de la religiosidad impulsada por la Reina Isabel. La conquista del Reino de Granada fue una magnífica ocasión para llevar a las concepcionistas en las tierras recién incorporadas e impulsar estas nuevas formas religiosas. Isabel la Católica influyó para que se fundaran conventos y contribuyó a su dotación y otro tanto hicieron las mujeres más allegadas a la Reina. Se fundaron cuarenta y seis casas entre 1504 y 1526, destacando la segunda fundación de la nueva Orden, la de Torrijos (1507), auspiciada por Teresa Enríquez, “La loca del Sacramento”. De esta forma desde los inicios del siglo xvi la obra de Beatriz de Silva tuvo una gran repercusión, a pesar de que en ella no se mantuviera el proyecto inicial de esta mujer, que fue beatificada por el papa Pío XI en 1926 y canonizada por Pablo VI el 3 de octubre de 1976. En aquel momento, su Orden contaba con más de ciento cincuenta monasterios distribuidos por Europa y América.
     Beatriz de Silva fue protagonista de dos comedias del Siglo de Oro: La fundadora de la Santa Concepción, de Blas Fernández de Mesa, y Doña Beatriz de Silva, de Tirso de Molina (Cristina Segura Graiño, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el zócalo de azulejos de Santa Beatriz de Silva Meneses, de Pickman y Compañía, en el Convento de Santa María del Socorro, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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miércoles, 1 de enero de 2025

La pintura de la Circuncisión de Jesús, en el Retablo Mayor, de la Iglesia del Convento de Santa María del Socorro

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura de la Circuncisión de Jesús, en el Retablo Mayor, de la Iglesia del Convento de Santa María del Socorro, de Sevilla.
     Hoy, 1 de enero, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la octava de la Natividad del Señor y en el día de su Circuncisión. Los Padres del Concilio de Éfeso la aclamaron como Theotokos, porque en ella la Palabra se hizo carne, y acampó entre los hombres de el Hijo de Dios, príncipe de la paz, cuyo nombre está por encima de todo otro nombre [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura de la Circuncisión de Jesús, en el Retablo Mayor, de la Iglesia del Convento de Santa María del Socorro, de Sevilla.
     El Convento de Santa María del Socorro (actualmente cerrado), se encuentra en la calle Bustos Tavera, 30 (aunque la entrada a la Iglesia se efectúa por la calle Socorro, 13); en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo.
     Preside la iglesia un retablo de estructura clasicista que fue contratado el 15 de abril de 1636, por doña Luisa de la Serna, abadesa del convento, con los hermanos Felipe y Gaspar de Ribas, siendo la primera obra que contrataba este taller desde su llegada a Sevilla. Fue tasado en 1.700 ducados que se repartirían de forma diferente entre ambos hermanos (Felipe cobraría 1.000 ducados y su hermano el resto). Se estipuló su realización en borne y cedro, indicándose la realización de figuras de talla en las calles centrales y de pinturas en las laterales "de las historias y santos que la abadesa y la vicaria dijeren". Debió ser repolicromado en época neoclásica, con una imitación de mármoles y jaspes que desvirtuó las formas originales de la obra. Con banco, sotobanco, dos cuerpos, tres calles compartimentadas por columnas pareadas y ático, está presidido por una excelente imagen en alabastro de la Virgen del Socorro del siglo XVI, también repolicromada posteriormente. Compone el resto del retablo un buen programa iconográfico pictórico alusivo a la vida de la Virgen, de hacia 1630, situándose las escenas de la Anunciación y la Presentación en el Templo en el primer cuerpo y el Nacimiento de la Virgen y la Circuncisión en el segundo cuerpo, obras de las que se desconoce su autoría pero que debieron realizarse de forma coetánea al retablo. Las calles se subdividen mediante columnas pareadas con decoración estriada en sus fustes apenas perceptible con la policromía neoclásica. La parte central del segundo cuerpo debió estar presidida originalmente por un manifestador, cobijando en la actualidad una talla moderna de Sor Beatriz de Silva, la santa fundadora de la Orden Concepcionista, imagen que fue colocada con motivo de su canonización en 1976. Una talla de San Francisco de Asís preside el ático, es original de Felipe de Ribas y sigue el modelo creado por Martínez Montañés en el convento de Santa Clara, una iconografía basada en las indicaciones iconográficas que realizó Francisco Pacheco en su Arte de la Pintura. Unas tarjas laterales con las cinco llagas franciscanas completan el ático del retablo (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     Es una pintura realizada entre 1636-40, de autoría anónima y con unas medidas de 1,45 x 1,07 mts, en óleo sobre lienzo. Dos sacerdotes proceden a circuncidar a Jesús. El de la izquierda viste túnica blanca y lleva una sobretúnica que hace ondas rematadas en borlones. Lleva en su mano derecha las tijeras. El otro sacerdote, Simeón, además de la túnica, lleva sobretúnica de amplias mangas, rematándose el borde de ésta con campanillas. Cubre su cabeza con una mitra. Sostiene en sus manos al Niño Jesús. Un tercer personaje que aparece por detrás sostiene la bandeja en la que se recogerá el prepucio. A la izquierda de la composición aparece de perfil san José y a su lado la Virgen con las manos unidas en oración. Otra figura femenina se sitúa a su lado. En el flanco derecho de la escena aparece un personaje visto de frente, y con la cabeza girada en tres cuartos, lleva en su mano izquierda un sombrero, y el brazo derecho lo cruza delante de la cintura. Al fondo se intuyen unas arquitecturas, apareciendo una lámpara colgada del techo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Circuncisión de Jesús
     La ley mosaica prescribía dos ceremonias vinculadas con el nacimiento de un niño. Si era de sexo masculino, debía ser circuncidado. Al tiempo que la madre, con­siderada impura después del parto, debía purificarse, presentar a su primogénito en el templo y recuperarlo del Señor por medio de una ofrenda.
     La circuncisión debía realizarse ocho días después del nacimiento, y la Purificación, cuarenta días más tarde.
     Esas dos escenas, que presentan temas análogos, han sido frecuentemente confundidas en el arte cristiano.
La circuncisión
     La ablación del prepucio, operación que los griegos llamaban peritome, palabra que el latín de la iglesia ha traducido literalmente por circumcisio (de circumcidere, cortar alrededor), no es, como suele creerse, una práctica exclusivamente ju­día, ni siquiera tiene origen judío: se trata de una costumbre que los judíos tomaron de los egipcios. Si la ley mosaica la convirtió en el signo de la alianza entre Yavé y el pueblo elegido, existía mucho tiempo antes de Moisés (ante legem), puesto que el patriarca Abraham, después de circuncidarse a sí mismo, circuncidó a sus dos hi­jos Ismael e Isaac. Tal vez se remonte a la edad de bronce, puesto que la operación primitiva se practicaba con un cuchillo de sílex.
     En sus orígenes, la circuncisión era un rito de pubertad, una preparación de los adolescentes para el matrimonio; pero prevaleció la costumbre de ejecutarla en los niños algunos días después del nacimiento. La madre podía encargarse de la operación tanto como el padre: en el Libro de los Macabeos son las madres quienes circuncidan a sus hijos recién nacidos y, según san Epifanio, Jesús habría sido circuncidado por la Virgen en la gruta de la Natividad. Sin embargo, esta delicada operación se confiaba normalmente a un sacerdote especializado denominado mohel.
     Entre los judíos la circuncisión era el equivalente de lo que llegaría a ser el bautismo para los cristianos. En suma, era una ceremonia lustral, una especie de sacramento, y a la vez un acto de registro en la comunidad familiar y religiosa a través de la imposición de un nombre: es ese día cuando el niño judío recibe su nombre de circuncisión, que entre los cristianos se llamaría nombre de pila (bautismal).
     Así se hizo con el hijo de María (Lucas, 2: 21 ): « Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, le dieron el nombre de Jesús, impuesto por el ángel antes de ser concebido en el seno.»
     De ahí la importancia que los teólogos atribuyen a este acontecimiento: es en esta ocasión cuando el Redentor recibe su nombre, y es entonces, sobre todo, cuando por primera vez vierte su sangre que correría más tarde en la Flagelación y en la Cruz para redimir los pecados de los hombres.
Culto
     Cuesta creer que el Santo Prepucio haya sido objeto de culto. Pero las reliquias inspiraban tales pasiones en la Edad Media, y las reliquias corporales de Cristo eran tan escasas, que a pesar de la opinión de la mayoría de los teólogos que concordaban con Santiago de Vorágine, el autor de la Leyenda Dorada, en pensar que Cristo resucitó «con su prepucio», puesto que éste no podía hacerlo más que con un cuerpo perfecto, la piedad popular se apegó a ese fetiche que la Virgen habría «entregado en custodia a san Juan» o que -de acuerdo con el Evangelio árabe de la Infancia- habría sido conservado por la comadrona Salomé en un frasco con perfume de nardo.
     La autenticidad de esta reliquia de la Circuncisión habría resultado más defendible si hubiese sido un ejemplar único. Pero por desgracia, numerosas iglesias pretendían poseerla. Calvino enumeraba tres en su Tratado de las Reliquias (1587): en la capilla Sancta Sanctorum de San Juan de Letrán, en Roma, donde el Santissimo Prepuzio se conservaba en una cruz de oro engastada de piedras preciosas que donara Carlomagno al papa; en Hildesheim (Sajonia) y en la abadía de Charroux, en Poitou. Pero aún había más que Calvino no contaba: Roma tenía un segundo pre­pucio en Santa María la Mayor y se veneraban otros en Amberes, en Metz, en Niedermünster (Alsacia, al pie del monte Santa Odila), en la catedral de Puy, en Langres, en Notre Dame en Vaux de Châlons sur Marne, en las abadías de Cluny, de Conques, de Corbie, de Coulombs... de manera que si se tomaban en serio las pretensiones contradictorias, fatalmente habría que aceptar que el Niño Jesús fue circuncidado unas quince veces.
     Entre tantos Santos Prepucios competidores, los más acreditados, aunque no lo más auténticos, estaban en Francia y eran los de Charroux y Coulombs.
     El Santo Prepucio de Charroux ostentaba una carta de origen pseudo histórica: habría sido entregado a Carlomagno como regalo de boda (sic) por la emperatriz Irene. Cuando el emperador fundó en 788 la abadía de Poitou, ofreció su precioso trozo de carne roja (caro rubra) del cual procedería, según una etimología mo­nástica, el nombre de Charroux. Víctima de las profanaciones de los hugonotes en el siglo XVI, la reliquia se recuperó en 1856 junto con las fiestas de la ostensión, que fueron solemnemente restablecidas por monseñor Pie, obispo de Poitiers.
     Se ignora la procedencia, menos ilustre, del prepucio de Coulombs; pero en el siglo XV gozaba de gran popularidad. Se le atribuía el poder de fecundar a las mujeres estériles y el de procurar a las embarazadas un parto feliz. Gracias a esta segunda propiedad, el rey Enrique V de Inglaterra pidió ese talismán en préstamo en 1422, para facilitar el parto de la reina. Resultó eficaz, sin duda; en todo caso, los monjes de Coulombs tuvieron muchas dificultades para recuperarlo.
     A finales de la Edad Media la Circuncisión, que era la primera efusión de sangre de Jesús, fue considerada uno de los Siete Dolores de la Virgen, y obtuvo un lugar en ese ciclo al igual que entre los trofeos de las Arma Christi.
     La orden de los carmelitas, para quienes el monte Carmelo era el Mons Circumcisionis Vitiorum, contribuyó a difundir esta devoción.
     La fiesta de la Circuncisión se fijó ocho días después de la Natividad, es decir, el 1 de enero. En su origen coincidía con la fiesta del Santo Nombre de Jesús que es su duplicación.
     Después de la Reforma, que no se abstuvo de emitir sarcasmos acerca de la multiplicación del Santo Prepucio, la Circuncisión experimentó una renovación de su popularidad gracias a la orden de los jesuitas que la convirtió en su fiesta principal, porque fue ese día cuando el Salvador recibió el nombre de Jesús con el cual se anuncia la legión católica fundada por Ignacio de Loyola. Es por ello que en numerosos templos jesuíticos, comenzando por la casa matriz de Gesù, en Roma, los cuadros del altar mayor están consagrados a la Circuncisión. Sin esas circunstancias el tema, que podía ser confundido con la Presentación en el templo, posible­mente habría desaparecido del repertorio a partir del concilio de Trento.
Iconografía
     La escena ocurre en el templo, a veces incluso sobre el altar y en presencia de la Virgen. En suma, que la iconografía no tiene en cuenta la realidad, puesto que la operación entre los judíos tenía lugar en la casa paterna y la Virgen no tenía derecho a entrar en el templo antes de su purificación que sólo podía realizarse cuarenta días después del parto.
     Por otra parte, el arte cristiano no hace intervenir en la ceremonia al profeta Elías a quien los judíos atribuyen el presidir la circuncisión. Todas las sinagogas poseían una silla de Elías que se llevaba a la casa de los padres del niño a circuncidar. El de­recho a sentarse allí para sostener al pequeño durante la operación se subastaba. 
     Este tema apareció tardíamente en el arte cristiano, porque el rito judío había sido reemplazado por el Bautismo, y también, sin duda, porque se juzgaba que semejante espectáculo resultaba chocante, o al menos desagradable.
     Fue en el siglo XI, en Bizancio, cuando despuntó en una miniatura del Menologio de Basilio, pero todavía no se trata de la representación del acto de la circuncisión, sino de su preparación, de la llegada de María y José al templo antes de la operación
     En el arte de Occidente, la evolución del tema puede seguirse desde los monumentos románicos del siglo XII hasta la renovación de la iconografía religiosa de la Contrarreforma.
     El primer ejemplo conocido es una miniatura del Antifonario de San Pedro de Salzburgo. La Virgen de pie levanta al Niño hacia quien avanza un sacerdote armado con un enorme cuchillo.
     En el retablo esmaltado de Nicola de Verdun en Klosterneuburg, que está fe­chado en 1181, la Circuncisión de Cristo está minuciosamente diferenciada de sus dos prefiguraciones del Antiguo Testamento. Al tiempo que Isaac y Sansón se resisten en los brazos de sus padres, el Niño Jesús se somete con precoz docilidad al rito mosaico que no quiso abolir.
     A medida que progresó el realismo en el arte de la Edad Media, la actitud del Niño Jesús se humanizó: en vez de permanecer impasible, como si no sintiera ninguna aprehensión ni dolor, se lo ve también resistir entre los brazos que lo sujetan, y gritar de miedo tendiendo las manos hacia su madre, con desesperación, ante el cuchillo de la circuncisión. Al mismo tiempo, la búsqueda pictórica se acentúa a expensas del simbolismo: el viejo mohel que opera con su cuchillo bien afilado al Niño desnudo sobre el altar, a veces, para ver más claro, lleva grandes quevedos con montura de asta.
     Al mismo tiempo, aumentó el número de personajes: a los tres actores principales, la Virgen, el Niño y el mohel, se sumaron otros accesorios: José y el ayudante del mohel, quien sostiene un lebrillo.
     Algunos artistas creyeron su deber señalar que entre los judíos la circuncisión coincidía con la imposición del nombre. En una letra miniada de un misal parisino del siglo XIV, que pertenece a la Biblioteca de Lyon, junto al Niño acostado sobre un altar como sobre una mesa de operaciones, se ve a un sacerdote que registra el nom­bre «Jesús» en sus tablillas. Tal vez pueda verse en dicha escena una contaminación con la de la Natividad de San Juan Bautista, caracterizada por la presencia de su padre Zacarías, quien afectado de mudez por haber dudado de la palabra del ángel que le anunciara el nacimiento de un hijo, despliega un rollo o filacteria sobre el cual está escrito Juan es su nombre.
     A medida que se acercaba el Renacimiento, el tema se volvió bastante frecuente en la pintura veneciana del Quattrocento. Ha sido tratado por Giovanni Bellini, Mantegna y Vincenzo Catena.
     El arte de la Contrarreforma se esforzó allí, como en otras partes, en dar solemnidad a una escena que la pintura del siglo XV tendía a reducir a la realidad más trivial.
     Para destacar la dignidad de esta circuncisión divina, ángeles asistentes sostienen el lebrillo con las vendas destinadas a enjugar la sangre de la herida. Curioso detalle que pertenece al espíritu de su tiempo: en la Circuncisión pintada en 1635 por Philippe Quantin (Museo de Dijon), tres cantores acompañan la operación a toda voz, no para distraer al Niño o para tapar sus gritos sino para significar que ese primer sacrificio del Salvador sobre la piedra del altar tiene la misma virtud sacramental que la misa. Es el único caso que conocemos de una Circuncisión musical
     Los ejemplos se hacen cada vez más infrecuentes en el siglo XVIII. A partir del siglo XIX, el tema desaparece completamente por razones fáciles de comprender: indecencia y confusión o duplicación con la Presentación en el templo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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sábado, 21 de diciembre de 2024

Procesiones de hoy, sábado 21 de diciembre

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, sábado, 21 de diciembre, en Sevilla.
     En el día de hoy, sábado 21 de diciembre, tienen lugar las procesiones extraordinarias de la Virgen del Socorro, de la Hermandad del Amor, y del Santo Crucifijo de San Agustín, de la Hermandad de San Roque, de regreso a sus templos, desde la Catedral, tras haber participado en la Exposición "Fons Pietatis", con motivo del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular.

     Hdad. del Amor (Virgen del Socorro): La Primitiva Archicofradía, Pontificia y Real Hermandad de Nazarenos de la Sagrada Entrada en Jerusalén, Santísimo  Cristo del Amor, Nuestra Señora del Socorro y Santiago Apóstol; es ésta una corporación fundada a mediados del siglo XVI, con residencia canónica en la iglesia colegial del Divino Salvador, del centro de la ciudad, siendo sus imágenes titulares el Señor de la Sagrada Entrada en Jerusalén, talla anónima atribuida a la escuela de Pedro Roldán (s. XVII); el Santísimo Cristo del Amor, obra de Juan de Mesa en 1620; Nuestra Señora del Socorro, tallada también por Juan de Mesa en 1620, aunque bastante restaurada; y Santiago apóstol, obra anónima del taller de Pedro Roldán (s. XVII).
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Amor: www.hermandaddelamor.net     
      
     Hdad. de San Roque (Santo Crucifijo de San Agustín): La Real, Ilustre y Fervorosa Archicofradía del Santísimo Sacramento, Pura y Limpia Concepción y Ánimas Benditas, Santo Crucifijo de San Agustín y Hermandad de Penitencia de Nuestro Padre Jesús de las Penas y Nuestra Señora de Gracia y Esperanza; es ésta una corporación fundada en 1901, aunque fusionada con la Sacramental de la parroquia que es originaria de comienzos del siglo XVI, con residencia canónica en la iglesia de San Roque, del sevillano barrio de San Roque, siendo sus imágenes titulares el Santo Crucifijo de San Agustín, obra de Agustín Sánchez Cid en 1944, réplica del desaparecido en 1936 y que databa del siglo XIV; Nuestro Padre Jesús de las Penas, obra de Antonio Illanes en 1939; y Nuestra Señora de Gracia y Esperanza, talla de José Fernández Andes en 1938.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de San Roque: www.hermandadsanroque.com

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jueves, 5 de diciembre de 2024

Un paseo por la calle Bustos Tavera

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Bustos Tavera, de Sevilla, dando un paseo por ella.  
     La calle Bustos Tavera es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de la Feria, San Julián, Santa Catalina, y de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo; y va de la plaza de los Terceros, a la plaza de San Marcos
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
             Las primeras referencias conocidas se encuentran en un documento de 1394, que describe a este espacio como "la calle que va desde la carnicería de Santa Catalina a San Marcos", aunque el historiador Ortiz de Zúñiga en sus Anales afirma, aludiendo a la fundación del convento de la Paz, que "anti­guamente esta calle se llamó de los Melgarejos", posiblemente por encontrarse en ella casas y propiedades de ese linaje. En la primera mitad del s. XVII se conocía como Inquisición, Santa Inquisición y más tarde In­quisición Vieja, pues en 1626 se instaló en ella transitoriamente este tribunal religioso. Aunque Inquisición Vieja era el nombre más reconocido, tal como puede verse en el plano de Olavide (1771), en el XVIII alternaba su uso con el de Real del Convento de Nuestra Señora del Socorro, allí ubicado; y en la primera mitad del XIX con el de Real de San Marcos, por la cercana iglesia, o simplemente Real, pues la calle se consideraba una prolongación de San Luis, que históricamente había tenido esta última denominación. No obstante, hay que tener en cuenta que hasta la Edad Media el término "real" designaba a cualquier espacio público. En realidad todos los topónimos citados, más el de Paz y Monjas de la Paz, se utilizaban indistintamente desde el s. XVII, designando los tramos de la calle en que se situaban los mentados edificios religiosos: los conventos del Socorro y de la Paz, y por proximidad, la iglesia de San Marcos. En 1845 fue finalmente rotulado con el nombre actual, en recuerdo de un miembro de la familia noble de los Tavera, que tuvieron allí en el pasado su casa-palacio. Según Santiago Montoto, en algún momento el primer tramo se conoció también como Santa Catalina, por estimarse una continuación de la actual plaza de los Terceros, que llevó aquel nombre. El mismo autor afirma que "también se llamó del Padrón, porque divide la ciudad en dos partes", aunque con este topónimo no está hasta el momento suficientemente documentado, ni la calle ha cumplido nunca en verdad ese papel de divisoria.
     Discurre en forma serpenteante y prolonga el eje de penetración norte-sur que a través de San Luis une la zona de la Macarena con el centro urbano, alargando hacia el norte el antiguo cardo maximus de la Sevilla romana, que terminaba a la altura de Santa Catalina (v. Alhóndiga). Por ello, su trazado actual no difiere apenas del que presenta ya en el s. XVIII (plano de Olavide), aunque a lo largo de los dos últimos siglos (1888, 1923, 1933 y 1951) se hayan sucedido algunas rectificaciones de fachadas. Desembocan en ella, por la derecha, Peñuelas, y por la izquierda, Doña María Coronel. La primera referencia a su pavimento es de 1581, en que se acuerda enladrillarla; se adoquina en 1880. Hoy está asfaltada y posee aceras de losetas en no muy buen estado de conservación, con horquillas metálicas en algunos puntos, para impedir los aparcamientos de vehículos. En 1943 se acordó dotarla de alumbrado eléctrico, que en la actualidad emplea farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. 
     Su caserío ofrece la habitual diversidad de las calles del centro histórico sevillano, alternando las casas tradicionales unifamiliares, de dos plantas, con construcciones recientes de cuatro y cinco alturas destinadas a viviendas. Conserva, sin embargo, algunos buenos ejemplares antiguos, entre ellos una casa de vecindad (núm. 39), generalmente en mal estado de conservación o cerrados, como testimonio del gran interés arquitectónico que la calle tuvo en el pasado. Una de la más valiosas es la núm. 18, del s. XVIII, de tres plantas y fachada avitolada, hoy en restauración. Otro interesante edificio del s. XVII, el núm. 10, fue derribado y habilitado para apartamentos, aunque se ha mantenido la primitiva portada. Se conserva asimismo, bien algo alterada la casa racionalista (núm. 3) construida en 1935 por el arquitecto Rafael Arévalo. En los últimos años fue derribada la antigua casa-palacio de la familia Tavera, que Romero Murube describe como "una de las casas y escalera más suntuosas de Sevilla". En ella estuvo instalado, como ya se ha señalado, el tribunal de la Inquisición, entre 1626 y 1639; y en el s. XVII el hospicio de Niños Toribios y unas dependencias de la Fábrica de Tabacos. En el XIX pertenecía a la familia Moscoso, y en 1880 la adquirieron las Hermanas Carmelitas de la Caridad, que la habilitaron como colegio. La destrucción de esta casa, situada en la confluencia con Doña María Coronel, es quizás la muestra más grave de la desnaturalización que sufrió el caserío de esta calle en las décadas de los 60 y 70 de nuestro siglo. En el palacio de los Tavera sitúa Lope de Vega buena parte de la acción de su comedia La estrella de Sevilla, trazada sobre el episodio legendario de los amores de la hermana de don Busto con el rey castellano Sancho IV el Bravo.
     Los dos edificios más notables de la calle son el antiguo convento de Nuestra Señora de la Paz y el de Santa María del Socorro. Del primero, fundado en el s. XVI por monjas agustinas, no quedan sino el compás y la iglesia, cuya fachada lateral y torre quedaron a la vista, tras el derribo reciente de varias casa en Doña María Coronel. En este exconvento tiene su sede la Hermandad de la Sagrada Mortaja, que hace estación de penitencia, con gran silencio y recogimien­to, la noche del Viernes Santo. El convento de Santa María del Socorro fue fundado en 1522 y posee una iglesia de esa época, muy reformada en siglos posteriores, de una sola nave y artesonado mudéjar  Tuvo en el pasado un bello retablo dedicado a San Juan Bautista, con arquitectura y relieves de Martínez Montañés, luego trasladado a la iglesia de la Anunciación de la calle Laraña. Está regentado por monjas Concepcionistas Franciscanas (recientemente cerrado).
     El carácter de esta calle estuvo siempre muy marcado por sus edificios religiosos. Al igual que hoy, cumplió preferentemente funciones residenciales. En el s XIX hubo un asilo de ancianos de la Hermanitas de los Pobres. En 1873 Álvarez Benavides la describe como "de las más principales y de mu­cho tránsito, por ser paso a puntos de suma importancia''. En la actualidad  hoy se ubican en ella algún taller, un hotel y escasos comercios de tipo familiar, pero la mayor parte de sus casas están destinadas a viviendas En el local del antiguo cine Apolo tiene hoy su sede la Orquesta Sinfónica de Sevilla. Tiene un tráfico moderado aunque en ciertas horas, y debido a la estrechez de sus aceras, resulta incómoda para el tránsito peatonal. La fama de la familia de los Tavera y el halo legendario en que estuvo envuelta han facilitado la presencia de la calle en la literatura, desde Lope de Vega a Fernández y González o el poeta Rafael Montesinos, que evoca sus años infantiles en el colegio de las Carmelitas (Los años irreparables). En una de las casas de las proximidades de San Marcos vivió tuvo consulta el doctor Pedro Vallina, uno de los líderes del anarquismo sevillano de la primera mitad del s. XIX [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Bustos Tavera, 4. Casa moderna en cuya fachada se ha instalado una reja de ventana pla­teresca del edificio antiguo.
Bustos Tavera, 8. Casa de dos plantas, de tipo popular, en muy mal estado.
Bustos Tavera, 10. Casa de dos plantas del siglo XVII. La portada, de piedra, está flanqueada por pilastras tos­canas almohadilladas, al igual que el resto de dicha portada, y dintel adovelado con ménsula en la clave. Sobre ella, en el segundo cuerpo, avi­tolado, se abre un balcón con jambas decoradas con molduras y antepecho con rica labor de forja.
     A través del apeadero se pasa a un patio con arquerías en tres de sus frentes, y en uno de cuyos ángulos se abre la caja de escalera cubierta con un techo plano decora­do con una rica yesería de motivos vegetales, que se repiten en las enjutas de la doble arquería que sir­ve de desembarco en la planta alta. En uno de los frentes de dicha escalera existe una pintura de la Anunciación, enmarcada por yeserías del mismo estilo. En la planta baja, una de las habitaciones conser­va un artesonado.
Bustos Tavera, 18. Casa de bellas proporciones del siglo XVIII, esquina a Peñuelas. Consta de tres plantas, las dos inferiores con fachada avitolada, así como la moldura que enmarca la portada. El patio posee arquerías superpuestas, la inferior de arcos semicirculares y la superior con arcos rebajados, que apean sobre columnas con capiteles de tipo renacentista.
Bustos Tavera, 25. Casa conocida con el nombre "de los Taveras". Era un edificio de dos plantas con portada formada por dos cuerpos. El inferior de pilastras toscanas sosteniendo un entabla­mento en cuyo centro se encontraba un escudo de armas. Sobre él un balcón cuyas jambas estaban decoradas con molduras y frontón curvo, y flanqueado con pirámides rematadas por bolas.
     El patio principal, de dos cuerpos con arquerías sobre columnas renacentistas, estaba recorrido, en la planta superior, por una ba­laustrada de mármol, actualmente en San Jerónimo de Granada. En un ángulo del patio se abría la caja de escalera, que poseía un mag­nífico zócalo de azulejos y pasama­nos de mármol y se cubría con un artesonado, instalado en la actualidad en el Museo de Bellas Artes. Al fondo del edificio, sobre el jardín, existía una galería sobre columnas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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La calle Bustos Tavera, al detalle:
Edificio calle Bustos Tavera, 3.
Edificio calle Bustos Tavera, 4.
Edificio calle Bustos Tavera, 8.
Edificio calle Bustos Tavera, 10.
Edificio calle Bustos Tavera, 18.
Edificio calle Bustos Tavera, 25.
Edificio calle Bustos Tavera, 39.
Azulejo conmemorativo Antonio Joaquín Dubé de Luque