Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

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domingo, 22 de marzo de 2026

Experiencia Explicarte Sevilla, en la visita cultural a Constantina (Sevilla), organizado por el Excmo. Ayuntamiento de Burguillos (Sevilla)

     Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de la visita organizada para la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayto. de Burguillos, con vecinos de la localidad, organizamos la visita a Constantina, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     La visita se inició en la Ermita de Nuestra Señora del Robledo, en las afueras de Constantina, donde contemplamos la ancestral devoción que la población serrana profesa a su patrona, para desde el Paseo de la Alameda, adentrarnos en el casco histórico de Constantina, pasando sucesivamente por el Convento de las Jerónimas, el Pósito, la Portada del Convento de Santa Clara, la Iglesia del Hospital de San Juan de Dios (donde se encontraban los pasos procesionales ya montados de la Hermandad de la Amargura), la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Encarnación (con los pasos de varias de las Hermandades a la espera de una nueva Semana Santa), la Capilla de Nuestro Padre Jesús y la antigua Iglesia de la Concepción
     Se dio tiempo libre para la comida, y posteriormente poner rumbo de vuelta a Burguillos.
     Os dejamos una serie de fotografías de dicha experiencia, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.








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sábado, 12 de julio de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Castillo de Martín Alonso, Museo de Ulía, Ermita de Nuestro Padre Jesús, Ermita de San Sebastián, Ermita de San José, Ermita de la Vera Cruz, Manchón de los Navarros, Cerro de la Alcoba, y Castillo de Dos Hermanas) de la localidad de Montemayor, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Castillo de Martín Alonso, Museo de Ulía, Ermita de Nuestro Padre Jesús, Ermita de San Sebastián, Ermita de San José, Ermita de la Vera Cruz, Manchón de los Navarros, Cerro de la Alcoba, y Castillo de Dos Hermanas) de la localidad de Montalbán de Córdoba, en la provincia de Córdoba.
     Es Montemayor un típico pueblo fortaleza, cuyo caserío se escalona en las laderas del cerro cuya cúspide comparten en convivencia de siglos el castillo y la parroquia mayor, notables monumentos que a su interés artístico unen su buena conservación. Pero la actual población de origen medieval tiene raíces más remotas, ya que aquí se alzó la antigua Ulía romana, como se encargan de demostrar los hallazgos arqueológicos.
     Villa situada al sur de la provincia, en la carretera N-331.
     Distancia a Córdoba: 32 Km.
     Altitud: 392 m.
     Extensión: 57,3 Km2
     Habitantes: 3.936.
     Gentilicio: Montemayorenses.
     Mancomunidad: Campiña Sur
     La actual población de Montemayor surge a partir de 1340, al trasladar a este lugar Martín Alfonso de Córdoba a los pobladores del cercano castillo de Dos Hermanas, para así mejorar la defensa del territorio que había conquistado Fernando III un siglo antes. La fundación de Montemayor comenzó con la construcción del castillo, en cuyo entorno se fue formando la población. Durante la Edad Moderna, el señorío de Montemayor estuvo sometido al dominio de los condes de Alcaudete, y más tarde fue incorporado a la Casa de Oropesa (Diputación Provincial de Córdoba).
     Conquistada esta parte de la Campiña entre 1240 y 1241, el verdadero desarrollo de la villa de Montemayor va unido a la casa nobiliaria que le da nombre, del linaje de los Fernández de Córdoba, al que la Corona dará posesión de estos pagos en la persona de Alfonso Fernández de Córdoba. Estas tierras pasaron en 1327, en calidad de mayorazgo, a su segundo hijo, Martín Alfonso, quien fundará la villa en 1340. La vinculación de este señorío con el conde de Cabra significó la enemistad con la Casa de Aguilar. En 1529 se incorporó al señorío de Alcaudete y más tarde a la Casa de Oropesa y de Alba (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

      
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.-

    La construcción original de esta iglesia se remonta al siglo XVI, si bien experimentó una gran transformación durante el siglo XVIII, al añadírsele algunas capillas. En la actualidad se encuentra cerrada por obras de restauración. El retablo mayor es obra de Pedro Freile de Guevara, realizado entre 1631 y 1651. Es un conjunto escultórico, cuya estructura se extiende también por los lados del presbiterio, con relieves de los Evangelistas y los Padres de la Iglesia. En el banco se disponen relieves de la Última Cena y la Oración en el huerto y los pedestales de las co­lumnas se adornan con figuras de apóstoles y arcángeles. Es reseñable el relieve de la Asunción de la Virgen que ocupa el ático. En el siglo XVIII se modificó el  manifestador, habiéndose relacionado esta intervención con el maestro Gaspar­ Lorenzo de los Cobos.
     Las bóvedas baídas del crucero y cabecera de las naves laterales, de diseño emparentado con Hernán Ruiz II, se terminaron a fines de la década de 1580. La cabecera de la izquierda es de los Duques de Frías y tiene un  retablo de madera, realizado en 1735 por Gaspar Lorenzo de los Cobos, enmarcado con decoración de yeserías. Las pinturas son aprovechadas de otra obra más antigua. A la izquierda se abre la capilla del Carmen, que guarda un tapiz del XVI con Cristo atado a la columna.
     De las capillas abiertas a este lado la más importante está dedicada a la Inmaculada, talla documentada de Bernardo de Mora, realizada en 1692. Tiene retablo del XVIII, profusamente ornado con figuras de ángeles, y camarín, decorado con relieves de los Padres de la Iglesia. A la derecha hay una reja reciente, que cierra una antigua capilla donde hoy está el tesoro. Del ajuar cabe destacar dos cruces parroquiales del XVI, un cáliz de Pedro Sánchez de Luque, del XVII, y varias piezas de Damián de Castro, de 1769 a 1777, en especial el frontal de plata con la Asunción. La capilla bautismal conserva la pila renacentista de 1529, de fino diseño y pieza única en la provincia.
     La cabecera de la nave derecha se prolongó en 1719 con la Capilla del Sagrario, debida a Gaspar Lorenzo de los Cobos. Se compone de dos espacios, decorados con yeserías polícromas que enmarcan angelotes y lienzos con la Imposición de la casulla a San Ildefonso y los cuatro arcángeles. En el primer ambiente hay un pequeño retablo con imagen de talla de la Virgen del Rosario, de hacia 1750. En el espacio principal está el retablo salomónico, con una imagen de Cristo Crucificado. A la derecha se ve una talla menor que el natural del Cristo de las Injurias, granadina del siglo XVIII. Hay otra capilla, dedicada al Santo Cristo de la Columna, con retablo fechado en 1758 e imaginería popular. De ésta se pasa a la de San José, habilitada como sacristía, con bóveda de casetones y retablo de estuco de hacia 1610. La imagen de San José es popular, del siglo XVIII (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción se localiza entre el Castillo de los duques de Frías y la Plaza de la Constitución. Su traza, de iglesia de tres naves, divididas en cuatro tramos más crucero y separadas por arcos apuntados sobre columnas de piedra con capiteles de acarreo de época romana, responde a las características de los estilos gótico mudéjar y renacentista de fines del siglo XVI, período al que responde este núcleo original y a la que se le añadirán nuevas capillas, fundamentalmente en el siglo XVIII. La nave central cubre cada uno de sus cuatro tramos con dos bóvedas de medio cañón con lunetos reforzada con arcos fajones. Esta cubierta se levanta sobre una cornisa dispuesta horizontalmente sobre la zona superior de los muros. Las naves laterales se cubren con bóvedas de arista entre dobles arcos fajones apoyados sobre pinjantes de formas geométricas. En la cabecera de la nave del Evangelio, se encuentra el retablo de los condes de Alcaudete y duques de Frías, señores de Montemayor. En él se combina la decoración de yeserías con la retablística, pintura y escultura. En la hornacina inferior se alberga la imagen de la Virgen de Gracia y en la zona superior, una tabla flamenca del siglo XV que representa a la Virgen con el Niño. Las capillas que se abren en esta nave son la de las Animas, en la cabecera y en el muro perimetral, la del Sagrado Corazón, la de la Plata, la de la Inmaculada Concepción y la Bautismal en el primer, tercer y cuarto tramo de la misma. En la nave de la Epístola se abre, en la cabecera, la capilla del Sagrario compuesta de dos espacios de planta cuadrada dispuestos en eje. El primero o antecámara se cubre con bóveda de arista y el segundo con bóveda semiesférica sobre pechinas, destacando en ellos la exuberante decoración de yeserías, en la que sobresalen los motivos vegetales, guirnaldas de rocalla y cabezas de ángeles entre otros. En el muro perimetral de la misma nave se abren la capilla de San Andrés, actual sacristía, de planta cuadrada cubierta de cúpula sobre pechinas, cuya fábrica responde a los postulados manieristas, y la de San Antonio, o del Cristo de la Columna, con planta cuadrada cubierta con media naranja sobre pechinas decoradas con yeserías. Bajo el coro se ubica el Museo Arqueológico de Ulía. Este ocupa una pequeña sala, que fue osario durante siglos, y un antiguo aljibe colateral. El acceso a su interior se realiza a través de un vano apuntado recercado de ladrillo visto, situado a los pies de la iglesia. El crucero está cubierto con tres bóvedas baídas muy planas, realizadas en sillería y decoradas con motivos platerescos que alternan con otros de rasgos manieristas. La bóveda central formada por cuatro anillos concéntricos, se remata con linterna de cupulín acasetonado y se apoya sobre cuatro arcos torales de medio punto que descansan sobre pilares fasciculados. El presbiterio es de planta rectangular y cabecera plana, se cubre con bóveda de medio cañón decorada con casetones de motivos florales. Los muros que conforman las fachadas están construidos de sillería y contrafuertes en los ángulos rematados por gárgolas góticas. El acceso al interior de la iglesia se realiza a través de dos portadas situadas a la altura del segundo tramo de las naves de la Epístola y del Evangelio. El acceso a la nave del Evangelio se realiza a través de una escalinata de mármol, de traza curva que salva el desnivel existente entre la plaza de la Constitución y la cota interior del templo. La portada está labrada en piedra y piezas de mármol rojo y negro. Presenta un vano de medio punto con ménsula de hojarasca en la clave y puntas de diamante en las enjutas, flanqueado por pilastras toscanas sobre pedestal que sustentan un friso de placas rectangulares, sobre el que se asienta un frontón curvo y partido rematado con pináculos, en cuyo centro se sitúa una hornacina avenerada que alberga en su interior la imagen policromada de la Inmaculada Concepción.  La portada que da acceso a través de la nave de la Epístola va precedida por un pequeño pórtico. Está formada por un vano de medio punto flanqueado por pilastras en los laterales. La torre se encuentra situada a los pies de la nave del Evangelio. Tiene planta cuadrada y un alzado de tres cuerpos con remate superior. Los dos primeros cuerpos están construidos en ladrillo visto siendo el tercero o cuerpo de campanas de sillería, en cuyos frentes se abren vanos de medio punto flanqueados por medallones con representaciones de los apóstoles y decorados con roleos. En la zona superior muestra una cornisa labrada en piedra caliza. El remate, también construido en ladrillo, se compone de un volumen octogonal con vanos de medio punto en cuatro de sus frentes y su composición ochavada se adapta al cuadrado del cuerpo de campanas mediante cuatro arbotantes colocados en diagonal. Termina con una cubierta bulbiforme con pilarillos y pináculos en los ángulos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Castillo de Martín Alonso.-
     Entre los puntos de interés cabe señalar también el Castillo de Martín Alonso, de primera mitad del XV, que pasó en el XIX a los duques de Frías (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El castillo de Montemayor se eleva, rodeado de verdes y frondosas arboledas, en lo más alto de la villa del mismo nombre, en la provincia de Córdoba. Constituye uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar de la provincia de Córdoba. 
     Tres grandes torres, conocidas como torre Mocha, carente de almenas, torre del Homenaje y torre de las Palomas, configuran un recinto triangular centrado por el patio de armas con sus cuerpos de arquerías. Estas tres torres se elevan con sus prismáticos volúmenes, aunque ninguna lo hace tanto como la del Homenaje, en cuya parte superior hay cuatro garitas, una en cada esquina. También a gran altura presenta pares de ventanas con arcos de herradura de bajo alfiz.
     Se encuentra en magnífico estado de conservación. Es de propiedad privada, de los duques de Frías.
     La población actual de Montemayor surgió cuando, a partir del año 1340, Martín Alonso de Córdoba trasladó a éste lugar a los pobladores del cercano castillo de Dos Hermanas, para mejorar así la defensa del territorio que un siglo antes conquistara Fernando III. Martín Alonso de Córdoba destruyó parcialmente la antigua fortaleza musulmana de Dos Hermanas para aprovechar sus materiales en la construcción de lo que posteriormente sería el castillo de Montemayor. 
     Así pues, la fundación de Montemayor comenzó con la construcción de su castillo, a cuyo alrededor se fue asentando la población.
     Durante la Edad Media fue señorío de Montemayor, y estuvo sometido al dominio de los condes de Alcaudete, y más tarde al de la Casa de Oropesa.
     Dicho castillo albergó entre sus muros uno de los mejores archivos históricos de la nobleza española, que trajo el último duque de Frías, don José Fernández de Velasco y Sforzza, fallecido en 1986. Tras su muerte, el legado documental fue trasladado al Archivo Histórico Nacional. Su viuda, también fallecida, doña María Silva de Azlor y Aragón, hizo mejoras en este recinto, muy logradas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En la parte alta de la villa, se encuentra el castillo residencia de los Duques de Frías, propiedad privada no visitable.
     Inició su construcción hacia 1340 Martín Alfonso de Córdoba, como núcleo fundacional de la nueva población, y fue objeto de sucesivas ampliaciones y reformas, que le dan su aspecto actual: consta de tres torres de disposición triangular en torno al patio de armas, que llevan por nombres Mocha, de las Palomas y del Homenaje, que es la mayor y más vistosa (Diputación provincial de Córdoba).

Museo de Ulía.-
     El Museo de Ulía, situado desde 1976 bajo el coro de la parroquia, que guarda notables restos romanos (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      En la actualidad este museo se encuentra en la Casa de Cultura de Montemayor, en su planta baja, un edificio construido a mediados del siglo XX, cuyos usos han variado a lo largo del tiempo. En este espacio se situaron anteriormente unas escuelas de primaria y más recientemente un Hogar del Pensionista.       
     En el museo se expone una importante colección arqueológica procedente, en su gran mayoría, de donaciones particulares. La mayoría de los restos han aparecido en el pueblo y su entorno más inmediato.       
     Montemayor se identifica tradicionalmente con la ciudad iberorromana de Vlia, un opidum ibérico que durante la ocupación romana juega un papel importante al convertirse en varias ocasiones en refugio inexpugnable en conflictos y enfrentamientos. De hecho Vlia es citada por numerosas fuentes de la antigüedad (Aulo Hircio, De Bellum Alexandrinum, De Bello Civile, Plinio o Estrabón) (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Las nuevas instalaciones del Museo Arqueológico de Ulía se ubican en la planta baja de la actual Casa de la Cultura de Montemayor, un edificio construido a mediados del siglo XX, cuyos usos han variado a lo largo del tiempo.
     En el espacio ocupado por el actual museo se situaron anteriormente unas escuelas de primaria y más recientemente un Hogar del Pensionista.
     En el museo se expone una importante colección arqueológica procedente, en su gran mayoría, de donaciones particulares desinteresadas. La mayoría de los restos han aparecido en el pueblo de Montemayor y su entorno más inmediato, por lo que son la muestra de la grandeza que este pueblo tuvo en la antigüedad.
     Montemayor se identifica tradicionalmente con la ciudad iberorromana de Ulía, una importante ciudad ibérica amurallada (opidum) que durante la ocupación romana juega un papel importante al convertirse en varias ocasiones enrefugio inexpugnable en conflictos y enfrentamientos. De hecho Ulíia es citada por numerosas fuentes de la antigüedad (Aulo Hircio, De Bellum Alexandrinum, De Bello Civile, Plinio o Estrabón).
     Entre los enfrentamientos destaca el episodio que tiene como escenario la Guerra Civil entre César y los hijos de Pompeyo, en el que César libera a Ulía, su fiel aliada, del férreo sitio al que la estaba sometiendo Cneo Pompeyo.
     El Museo cuenta con dos salas expositivas, dedicadas fundamentalmente a la Antigüedad.
     SALA I: En la Sala I se muestra una evolución histórica desde la Prehistoria hasta la fundación del municipio romano. Entre los restos prehistóricos encontramos una pequeña muestra de material lítico, desde los utensilios más antiguos, como cantos y lascas trabajadas, hasta otros más perfeccionados y recientes, como las puntas de flecha de sílex. También se exponen diversos materiales del Bronce Final, como hachas y puntas de flecha. De época ibérica encontramos una de las piezas más excepcionales, una cabeza de caballo de una gran belleza plástica. De esta época aparecen en las paredes del pueblo una gran cantidad de material cerámico, quizá prueba deese opidum que debía ubicarse debajo del actual municipio. Durante la República romana tienen lugar los enfrentamientos bélicos a las puertas de la propia ciudad y prueba de ello son los restos aparecidos, como bolaños de piedra, proyectiles de plomo que se lanzaban con hondas y algunos restos de armamento, como las puntas de hierro de las lanzas romanas opillum. Para facilitar la comprensión del acontecimiento bélico, concretamente el asedio que sufrió la ciudad, se ha elaborado una maqueta didáctica que muestra la variada maquinaria bélica empleada por los romanos para asediar una ciudad.
     Igualmente destacan los conjuntos escultóricos propios de las ciuades romanas, destacando el retrato de un personaje de la familia Julio-Claudia.
     SALA II: La sala II se centra en el mundo rural, dedicando un apartado especial a la economía y el mundo funerario. Los materiales recuperados proceden de dos yacimientos muy cercanos al pueblo: El Cañuelo y La Zargadilla, y evidencian lo que pudo ser la ubicación de villas suburbanas de propietarios muy ricos. La suntuosidad de estas villas se pone de manifiesto por la gran cantidad de mármoles, estucos, mosaicos y esculturas aparecidas en ellas en forma de hallazgo casual. Sus ricos materiales nos hablan de un esplendor inusitado, y de familias muy poderosas. Para recrear el ambiente de una villa de lujo, se ha decorado una de las paredes de la sala con una reproducción de la pintura de la Villa de los Misterios, de Pompeya (Nápoles). Y para ayudar a comprender que era realmente una villa se ha confeccionado una maqueta que representa una villa idealizada con sus distintas partes, basada en la Villa de Boscoreale de Pompeya (Nápoles). En la sala, podemos contemplar una buena representación de delicadas esculturas, como la Venus de Montemayor o el León de la Zargadilla, probablemente piezas de importación.
Horario de Visita: 
Lunes y Martes: de 09:00 a 14:00 horas.
Miércoles a Viernes: de 09:00 a 14:00 h. y de 17:00 a 20:00 horas.
Sábados: de 09:00 a 14:00 horas.
Información y contacto:
Teléfono: +34 957 384 582
museoulia@montemayor.es (Diputación provincial de Córdoba).

Ermita de Nuestro Padre Jesús.-
     La Ermita de Nuestro Padre Jesús tiene retablo de 1771, con imagen del titular, realizada en 1940 por Martínez Cerrillo (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      De una sola nave dividida en dos tramos más la cabecera, presenta planta rectangular con una amplia sacristía en el muro del Evangelio. La nave está decorada con una amplia cornisa decorada con ménsulas. Aquélla se prolonga hasta las pilastras que soportan el arco toral que da paso al presbiterio. Las cubiertas son de arista en la nave y una media naranja en el presbiterio que descansa sobre pechinas. Al exterior, la ermita aparece completamente encalada destacando su portada. Ésta es de arco rebajado enmarcada en una especie de alfiz resaltado que termina en una sencilla cornisa. Sobre ella aparece un azulejo que representa la titular del templo que se cubre con tejaroz. Remata todo el conjunto una especie de espadaña con un vano de medio punto que cobija a una campana y remata en frontón triangular. La cubierta del cuerpo de la iglesia es a dos aguas, mientras en el presbiterio es a cuatro.
     En la ermita radican dos hermandades penitenciales de Semana Santa: la Hermandad de Nuestro Padre Jesús y María Santísima de la Soledad y la del Santo Entierro, remontándose la primera a 1640 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de San Sebastián.-
     Inserta dentro del caserío, resalta la fachada encalada. La portada es de medio punto inscrito en un sencillo resalte formado por pilastras muy planas que descansan en un plinto. El conjunto se remata por una cornisa de poco vuelo. En el lado derecho del tejado a dos aguas, se levanta una sencilla espadaña de ladrillo que cobija a la campana y se remata por una cruz de cerrajería.
     Es una de las ermitas más antiguas de la población, si bien ha sido reformada totalmente, habiéndosele colocado un nuevo tejado recientemente. El día 20 de enero, festividad del patrón, se celebra misa solemne y a continuación delante de la ermita, en la pequeña plazuela que ésta forma, se celebra una candelaria con asistencia de los vecinos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de San José.-
     Presenta planta rectangular de tres tramos, los dos primeros presentan bóvedas de arista que apoyan en pinjantes a la altura de la cornisa. El tramo que ocupa el presbiterio se cubre con una bóveda de media naranja sobre pechinas, decoradas con pinturas murales que representan rocallas muy esquemáticas que albergan temas marianos y rodeadas con motivos vegetales. En el exterior, precede a la portada un pórtico formado por medo punto inscrito en un alfiz, su intradós se decora con pinjantes. En la parte superior se abre un óculo en el triángulo que forma el tejado a dos aguas.
     La ermita se levanta extramuros de la población. Es una de las más antiguas de la población, mandándola edificar en 1697 Don Pedro de la Mata y Luque. El 15 de mayo, festividad de San Isidro Labrador se celebra romería, llevando al Santo en procesión hasta la parroquia y de ahí al lugar conocido como los "eucaliptos" donde se preparan los típicos peroles (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de la Vera Cruz.-
     La Ermita de la Vera Cruz, con imágenes de la Virgen de la Candelaria, el Crucificado, Cristo atado a la columna y San José, cercanas a la estética barroca sevillana (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      Integrada en el casco urbano, es un sencillo edificio de una sola nave y presbiterio, separado de ella por un arco toral. 
     Rodea toda la nave una ancha cornisa que se abre en el lado de la epístola para albergar una hornacina. Las cubiertas han sido totalmente reformadas si bien el presbiterio conserva la media naranja sobre pechinas, decoradas con pinturas. 
     Al exterior destaca la fachada donde sobresale la portada formada por un vano de medio punto flanqueado por pilastras muy planas que soportan un entablamento con frontón. Éste se rompe en el vértice superior para albergar una hornacina. 
     En los ángulos del mismo aparecen unos pedestales a modo de pináculos.
     Recibe culto, además del Cristo de la Veracruz, conocido popularmente por "el amarrao", la Virgen de la Candelaria. Ésta procesiona junto a aquél vestida de pasión, el jueves santo. En los días que anteceden a la fiesta de la Candelaria se van recogiendo de las casas todo lo que se tenga sin servicio para alimentar el fuego. Los jóvenes recogen en el campo ramas y troncos de árboles y los depositan en la puerta de la ermita. La noche anterior a la fiesta se prende fuego a estas maderas, muebles y troncos formando una gran hoguera. El día siguiente sale en procesión la imagen acompañada de San José. En la ermita existe una Hermandad con más de 400 hermanos que se remonta al siglo XVI (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Manchón de los Navarros.-
     Situado a unos once kilómetros del municipio, este paraje se encuentra dentro de un entorno de la tipología de Monumento Natural de Carácter Biótico, ya que es un espacio cuya singularidad, valoración social, reconocimiento o interés más patente proviene de sus características biológicas, como árboles centenarios, históricos o monumentales, colonias de aves o zonas de refugio de determinadas especies (Diputación provincial de Córdoba).

Cerro de la Alcoba.-
     Espacio natural donde se localizó una necrópolis de época íbera. De aquí precisamente proceden fabulosos ejemplares de la época que hoy pueden encontrarse en el Museo de Ulia, como un hacha de bronce, fíbulas, la cabeza de caballo, trozos de cerámicas, así como trocitos de piedras de sílex. También se hallaron algunos restos humanos.
     En el pasado, este cerro se caracterizó por servir de cantera para la extracción de material para la construcción de caminos y carreteras.
     Hoy en día, el Cerro de la Alcoba ha sido reforestado con múltiples especies forestales y arbóreas, lo que ha hecho que devenga en un precioso paraje natural con gran valor geológico y paisajístico, siendo un entorno propicio para la práctica de senderismo, y otras actividades como motocross, bicicleta, atletismo o carreras de galgos.
     El Ayuntamiento de Montemayor organiza todos los años múltiples actividades en este paraje como la acampada nocturna (Diputación provincial de Córdoba).

Castillo de Dos Hermanas.-
       Antes de describir los restos hoy visibles de esta fortaleza es preciso considerar que entre los restos del Castillo de Dos Hermanas abundan las cerámicas protohistóricas y antiguas, ya que, además de una vasta fortificación medieval, fue éste un importante asentamiento orientalizante, ibérico y romano que también ha proporcionado restos numismáticos, fíbulas de la Edad de Hierro, una necrópolis visigoda y una inscripción votiva de varios ciudadanos del municipio romano de Ulía. Las cerámicas ibéricas, como en Ategua, se hallan empotradas en los muros, es decir, que los restos ibéricos sirvieron para la construcción de la obra medieval. Según Bernier et alii, tal vez existiese en época ibérica un recinto amurallado en el lugar, que habría sido transformado y servido de cabeza al gran latifundio medieval de Los Córdoba.
     A la vista de cimientos y torreones, este castillo probablemente fue, según algunos autores, de planta rectangular, con torres en las esquinas y patio de armas en el centro, como otros castillos de influjo musulmán. La excavación de 1999 puso en evidencia que la fortaleza contaba con tres grandes torreones, y en cada esquina otros cuatro salientes.
     Según M. Valverde y F. Toledo, este castillo es de planta cuadrangular de 42 por 40 metros, con una torre en el ángulo este, de base cuadrada y de 6 metros de lado, siendo maciza desde su base hasta el nivel del terreno, reduciéndose a continuación para formar la cavidad que alojaba las escaleras que conducirían a una cámara en la parte superior, hoy desmochada. Desde la base descubierta tiene una altura de 14 metros. En el extremo Suroeste debió de poseer otra torre de menores dimensiones, desde la cual, y junto a las saeteras de la torre del homenaje, batiría este flanco y apoyaría a la que existe a mitad del muro Suroeste.
     En la parte norte existen restos de una torre muy arruinada, como todo el castillo. Del muro este, incompleto, parte una cimentación que va a dividir en dos el castillo, uniéndose a un resto de fábrica que aún se eleva, en cuyo centro se ve un arco rebajado formado con dovelas desiguales en cuanto a su anchura; tiene una altura de 0"40 metros con una luz de 2 metros y ancho de 0"75, que sin duda sirvió de entrada a unas dependencias instaladas en la parte Noroeste, pudiendo tratarse de almacenes de víveres o de armas, o bien de ciertos alojamientos elementales, aunque para P. Moyano es el arco de entrada al castillo. En cualquier caso, como indica este autor, es un arco magnífico por lo bien construido, y hasta se puede distinguir el corte de alguna de las habitaciones laterales.
     En la intersección de estos dos muros descritos del lado Este debió existir una torre, gemela a la opuesta del muro Oeste, e igual obra en el ángulo norte, suposición fundada en la analogía de las construcciones árabes, como ocurre en el castillo de Bujalance, cuyas torres tienen medidas exactas o muy aproximadas.
     La fábrica de la torre del homenaje es de mampostería careada y los ripios rellenos con tejotes de barro, mientras que en los intersticios de los sillarejos se colocaron lajas a tizón. En la parte baja y en las esquinas hay sillares de grandes proporciones, posiblemente pertenecientes a los restos de una villa allí existente o a los de una construcción de época anterior. Por su parte, los restos del torreón que se ubica al norte están realizados con fábrica de sillería en su mayor parte, con sillarejos en las aristas y, a trechos, lajas para nivelación de la obra. Se observa, pues, una construcción diferencial en cuanto a los materiales empleados en la torre del homenaje, de más calidad, y las restantes, "más rudimentarios y deleznables" en palabras de P. Moyano. Igual ocurre con el material de los restos de obra divisoria, donde se conserva el arco, ya que es de mampostería y sillares intercalados y lajas sin orden, dando la impresión de que se trata de un material de acarreo que se iba colocando conforme llegaba. Eso explica la discordancia de sillares, sillarejos, mampuestos, lajas de piedra, tejolotes de barro y cerámica intercalados con el mortero de cal correspondiente.
     En el patio de la parte norte existen restos de dos muros formando ángulo, posiblemente pertenecientes a la cisterna o aljibe del recinto. La excavación del año 1999 puso en evidencia la existencia de desagües y, como se pudo comprobar, la curiosa salida de ranas por uno de los caños demuestra efectivamente la existencia de un aljibe central, bajo los escombros.
     En la zona de la entrada al castillo existe una gran y bella antigua fuente construida hacia 1810 por el XV Duque de Frías. 
     Quizás a la presencia de este importante surtidor de agua responda la antiquísima ocupación humana del enclave de Dos Hermanas, incluido el emplazamiento del propio castillo.
     Según el Abad de Rute, los materiales del castillo de Dos Hermanas se emplearon en la construcción del castillo de Montemayor, pero en opinión de P. Moyano eso no es cierto, ya que el castillo de Dos Hermanas siguió en pie y lo que le falta ha sido derruido por el paso del tiempo, estando las piezas que faltan en las orillas del arroyo de la Carchena. 
     También es importante el hecho de que en el yacimiento se encuentren cerámicas posteriores a los Reyes Católicos, pues eso demuestra que la fortaleza siguió estando habitada, posiblemente hasta la construcción del cortijo de Dos Hermanas, en el cual se engloba el castillo actualmente.
     La actual población de Montemayor, cuyos orígenes se remontan a la primera mitad del siglo XIV, estuvo vinculada desde su fundación a una de las ramas del linaje de los Fernández de Córdoba, que adoptará precisamente el nombre de esta localidad para su casa nobiliaria. Esta familia era la propietaria del castillo de Dos Hermanas "concedido por Fernando III a Fernán Núñez de Témez- y de su heredamiento y tierras colindantes "adquiridas por Alfonso Fernández de Córdoba, su tercer hijo y fundador de la Casa de Córdoba-, posesiones todas ellas que, al ser heredadas como mayorazgo en 1327 por Martín Alfonso, segundo hijo del anterior, constituirían el término de Montemayor, al fundarse esta población en 1340. 
     Según A. Franco, fueron causas puramente estratégicas (como la mejor defensa de la frontera y del territorio que rodeaba a Córdoba) las que motivaron el traslado de los pobladores de Dos Hermanas a un lugar próximo, un monte mayor, concedido por Alfonso XI en 1340 a Martín Alfonso dando así lugar al nacimiento del pueblo de Montemayor y de la fortaleza en el cerro que lo dominaba.
     Como indica el sacerdote y cronista del municipio P. Moyano, desde principios del siglo XIV hasta 1912, año en que la finca fue vendida al Conde de la Cortina "que por entonces la explotaba en régimen de arrendamiento- estaría el Castillo de Dos Hermanas en manos de los Fernández de Córdoba, más tarde condes de Alcaudete, condes de Oropesa y duques de Frías. Por Tomás Márquez de Castro sabemos que a finales de la Edad Moderna Dos Hermanas era uno de los diecinueve señoríos cordobeses que habían sido fundados sobre un cortijo. A partir de su traspaso al mencionado Conde de la Cortina y hasta llegar a la actualidad, la finca se disgregará, primero por herencia y después por venta, repartiéndose entre varios propietarios.
     El significado del topónimo Dos Hermanas, nombre castellano entre otros árabes de época inmediata a reconquista, pretende explicarse según las siguientes posibilidades: que existiesen dos cerros próximos de iguales características, que perteneciese a dos hermanas en una determinada época, o que existieran dos castillos próximos con nombres de significado igual o parecido.
      Sobre los orígenes anteriores a su surgimiento, se ha querido identificar a Dos Hermanas con la antigua ciudad romana de Soricaria, pero recientemente J. A. Morena López ha demostrado que esa identificación no es apropiada. Lo cierto es que, como ha demostrado bien este investigador, en la colina donde se asienta este castillo se registra una importante ocupación en el Calcolítico. Se han observado también fragmentos de cerámicas de la Edad del Bronce. Asimismo, es bien conocida la presencia de un asentamiento íbero-turdetano y de otro romano que abarca toda la época imperial (siglos I-IV) a juzgar por las cerámicas que se ven en superficie. Según algunos autores, el castillo de Dos Hermanas fue una de las veintisiete fortalezas entregadas por los musulmanes a Fernando III al reconquistar éste las tierras cordobesas, aunque lo cierto es que no se especifica la fuente. De ser cierto el hecho de que este castillo fue entregado por Fernando III, ello indicaría que ya podía existir en época islámica.
     Entre el 18 de julio y el 1 de agosto de 1999 se llevó a cabo la primera excavación científica en Dos Hermanas desde 1929 (año en que se hicieron algunos trabajos bajo el mecenazgo e interés del Conde de la Cortina). Esa excavación reciente se llevó a cabo en el marco de un campo de trabajo y fue dirigida por los arqueólogos Pedro Marfil y Carmen Romero (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Antigua fortaleza musulmana localizada en el término, a varios kilómetros de la población.
     Aparece, por el contrario, arruinado, entre otras razones por el hecho de que don Martín Alfonso de Córdoba lo destruyó parcialmente aprovechando material de él para la construcción del citado castillo de Montemayor.
     Pese a su ruina aún subsiste su trazado cuadrangular y torres en las esquinas. Recientemente se han realizado en él catas arqueológicas (Diputación provincial de Córdoba).
  
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Castillo de Martín Alonso, Museo de Ulía, Ermita de Nuestro Padre Jesús, Ermita de San Sebastián, Ermita de San José, Ermita de la Vera Cruz, Manchón de los Navarros, Cerro de la Alcoba, y Castillo de Dos Hermanas) de la localidad de Montemayor, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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lunes, 7 de julio de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Iglesia de Madre de Dios, y Ermita de Nuestro Padre Jesús del Calvario) de la localidad de Montalbán de Córdoba, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Iglesia de Madre de Dios, y Ermita de Nuestro Padre Jesús del Calvario) de la localidad de Montalbán de Córdoba, en la provincia de Córdoba.
     Sobre una clara colina se asienta el alargado caserío de calles rectilíneas, sobresaliendo la cúpula del Calvario. Montalbán, es decir, monte blanco. Sobre una clara colina se asienta el alargado caserío de calles rectilíneas que han recuperado sus nombres populares de siempre, como Ancha, Empedrada, Nueva, Agua, Amargura, Molino o Eras, que alternan con otros de homenaje a ilustres hijos, como el escultor Enrique Moreno o el político y pedagogo Eloy Vaquero. Por encima de los tejados sobresale la cúpula del Calvario cuyas tejas vidriadas brillan al sol.
     Villa situada al sur de la provincia a 10 Km. de la N-331.
     Distancia a Córdoba: 44 Km.
     Altitud: 280 m.
     Extensión: 34,5 Km2
     Habitantes: 4.621.
     Gentilicio: Montalbeños.
     Mancomunidad: Campiña Sur
     En la actual villa de Montalbán existió en época medieval un castillo -del que no se conservan vestigios- en torno al cual surgió la población. Estas tierras, conquistadas por Fernando III en 1240, tuvieron un destino paralelo al señorío de Aguilar, al que pertenecían. Constituido en mayorazgo en 1491, será vendido años más tarde al Alcaide de los Donceles, que a principios del siglo XVI cedió los derechos de compra al señor de Aguilar y marqués de Priego Pedro Fernández de Córdoba (Diputación Provincial de Córdoba).
     Desde que fue conquistada por Fernando III, entre 1240 y 1241, la villa de Montalbán estuvo ligada al señorío de Aguilar. En 1356 la compró Diego Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles, pasando a depender de una de las ramas de este linaje. Quedó luego vinculada al señorío de Montemayor en la persona de Alfonso Fernández de Montemayor. A principios del siglo XVI fue vendida a Pedro Fernández de Córdoba, quedando así integrada la villa en el marquesado de Priego hasta la caída del Antiguo Régimen (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      
Iglesia de Nuestra Señora de Gracia.-
     La construyó en 1965 el arquitecto diocesano Carlos Sáenz de Santamaría. Responde a un esquema de planta circular, con dos capillas ubicadas a ambos lados de la puerta de ingreso. Posee un patrimonio diverso, procedente de la antigua parroquia y de ermitas desaparecidas. En el presbiterio pueden contemplarse una imagen de Cristo de la Veracruz, cuya estética remite a modelos cordobeses del siglo XVI, y una talla de la Inmaculada de mediados del siglo XVIII, que sigue modelos de Duque Cornejo. A los lados cuelgan escudos nobiliarios tallados en madera. En el muro izquierdo, sobre una peana, se halla la imagen de San Francisco, patrón de la villa, talla de estética barroca andaluza. A continuación están las imágenes procesionales de Jesús Nazareno, fechada en 1643, y Nuestra Señora de los Dolores y San Juan, del XVIII. La capilla de este lado guarda una hermosa talla de San Mi­guel Arcángel, fechada en 1771, la urna para el Yacente, de madera tallada del XVIII, y la Virgen de las Angustias, obra anónima traída en 1809, con Cristo de estética barroca andaluza.
     En la parte derecha está la imagen de San José, del XVIII, y la capilla del Sagrario, que guarda restos de un frontal de plata marcado por Sánchez, al igual que la Puerta del Sagrario, decorada con el cáliz y la Forma, de hacia el año 1750. Hay además una talla pequeña del Crucificado de estética barroca, y un Niño Jesús sedente, del siglo XVIII (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      Situada como fondo a una plaza dispuesta tangencialmente a la calle principal de Montalbán, su planta se basa en la contundencia formal de la elipse, provocando una volumetría cilíndrica de ladrillo visto. La cubierta plana expresa voladizo y se emancipa de la gravedad del apoyo mediante una abstracta vidriera de colores en geométrica celosía (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de Madre de Dios.-
     Es una construcción del XVI, arreglada en 1680, con añadidos en el XVIII y restaurada en la década de 1990. Tiene tres naves con crucero y cabecera plana, cubierta con bóvedas de cañón y pequeña cúpula sobre pechinas. Preside la nave mayor un retablo de pinturas de la primera mitad del siglo XVII con hornacina central para la Virgen con el Niño, talla de estética manierista destrozada por los repintes. Las pinturas representan la Virgen con el Niño, la Anunciación, el Crucificado, San Andrés y San Miguel. En los pilares del presbiterio hay dos lienzos con la Asunción y Santa Rosalía de Palermo, del XVIII, y en los de la nave destacan los de la Visitación y San Andrés, de estética manierista.
     En el testero izquierdo hay un retablo setecentista con la hermosa talla de San Antonio de Padua, obra granadina del último cuarto del XVII, que atribuimos a José de Mora. En la nave hay otra imagen de talla de la Virgen de la Aurora, repintada en 1899. En la nave derecha se ven hornacinas con tallas de Jesús atado a la columna, y San Marcos, ambos del XVII, de un seguidor de Alonso de Mena, sobre peana fechada en 1673. Hay también un lienzo del XIX de San José con el Niño, y un Niño Jesús pasionario de estética setecentista (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      La iglesia presenta planta rectangular de tres naves a las que se ha despojado de las techumbres originales de madera. 
     Las naves son esbeltas y se separan por potentes arcos apuntados de sencilla arquitectura que descansan en grandes pilares con esquinas achaflanadas. Sigue un crucero con cabecera recta obra que se erigió en la primera mitad del siglo XVII. Sus alzados se articulan con pilastras y cornisas sobre las que se elevan las cubiertas. El tramo central del crucero recibe una pequeña cúpula oval sobre pechinas, mientras que los brazos se cubren con bóvedas de medio cañón.
     En el exterior del inmueble destaca la cabecera de mayor altura que el resto del edificio, que apoya sobre una serie de machones existentes en los extremos de los brazos del crucero. A los pies se localiza una fachada que aparece dominada por una espadaña, construida a finales del siglo XVIII. La fachada presenta alto basamento barroco con pilastras toscanas de orden gigante elevadas sobre pedestales con típicos ornamentos geométricos de la época.
     La espadaña  de ladrillo visto consta de un solo cuerpo, abriéndose en él un vano de medio punto enmarcado por pilastrillas y coronado por frontón triangular. Tanto las enjutas como el friso de esta espadaña aparecen decorados por azulejos.
     El acceso al templo se realiza por el lateral derecho de la fachada. La portada del siglo XVII es contemporánea a la fábrica del crucero y presenta una sencilla composición de vano de medio punto entre pilastras que a su vez soportan un frontón triangular. En ángulo con la casa de la santería aprovechando el saliente muro se localiza una cruz de madera del siglo XVII, que albergada en un marco moldurado de obra.
     Hacía las veces de parroquia hasta que en la década de los 60 del siglo XX se construyó la actual en la plaza principal de la población. Hoy en día se encuentra abandonada y se usa como almacén (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de Nuestro Padre Jesús del Calvario.-
     Es una construcción levantada en el siglo XVIII, constando su terminación en 1776, aunque a lo largo del siglo XIX sufrió reformas. Tiene planta centrada con crucero y camarín en el presbiterio. El retablo mayor es de estuco, de estética neoclásica, y en él se venera la imagen barroca de Nuestro Padre Jesús Nazareno. En el lado izquierdo del crucero se encuentran una talla de San Miguel Arcángel, de mediados del XVIII, y varios 1ienzos de diversas épocas, como la Inmaculada, fechable en el XVIII, y San Francisco y San Antonio, ambos del Ochocientos. En el lado derecho se ve una talla barroca de la Inmaculada, del siglo XVIII, así como varios cuadros de igual cronología, entre los que puede mencionarse la Adoración de los pastores, de hacia 1700 según modelo de Antonio del Castillo (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Planta centrada de cruz griega, en la que radica su originalidad pues fue una tipología usada durante el Renacimiento. En esta ocasión, y como consecuencia barroca, los brazos se alargan dando un aspecto más longitudinal al edificio. Cabe destacar la gran cúpula que descansa sobre potentes pilastras. 
     En el exterior precede a la ermita un patio, cerrado por una arquería moderna. Actualmente se encuentra  totalmente encalado a excepción de la espadaña y las cornisas y frontones, destacando sobre el blanco de la cal al igual que las tejas de la cúpula y los pequeños brazos de la cruz. La espadaña, de ladrillo visto, se sitúa sobre el vano de entrada y está formada por pilastras que soportan un frontón triangular.
     Datada en el siglo XVIII , en esta ermita se venera la imagen de Jesús del Calvario, de gran devoción popular, sacándose procesionalmente en ocasiones excepcionales en seña de acción de gracias por evitar catástrofes de todo tipo a la población como demuestran el gran número de exvotos y algunas lápidas que se conservan en el templo. Se celebran fiestas en honor del titular del 6 al 9 de agosto con funciones religiosas que se remontan al siglo XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía). 
    El templo principal de la villa es la ermita del Calvario, cuyo aspecto actual data del último tercio del siglo XVIII.
     Tiene planta de cruz griega, cuyo crucero cubre una cúpula más tardía, construida entre 1855 y 1857.
     El retablo mayor, del siglo XIX, acoge en el camarín a Jesús del Calvario, Nazareno del XVII de gusto sevillano.
     Al exterior la ermita ofrece un bello juego de volúmenes, en el que se impone el tejado de la cúpula coronado por una cilíndrica linterna (Diputación Provincial de Córdoba).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Iglesia de Madre de Dios, y Ermita de Nuestro Padre Jesús del Calvario) de la localidad de Montalbán de Córdoba, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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domingo, 27 de abril de 2025

La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia, de Felipe de Ribas, y modificada por Ortega Bru, titular de la Hermandad de las Siete Palabras, Baratillo, en su Retablo de la Iglesia de San Vicente

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia, de Felipe de Ribas, y modificada por Ortega Bru, titular de la Hermandad de las Siete Palabras, en su Retablo de la Iglesia de San Vicente, de Sevilla.
     Hoy, 27 de abril, domingo siguiente a la Pascua de Resurrección, la Iglesia conmemora la Divina Misericordia, una devoción cristiana promovida por la Iglesia católica enfocada en la misericordia de Dios y su poder, particularmente como una acción de confianza en que la misericordia de Dios y su pasión es el precio ya pagado por nuestros pecados, y que si confiamos en Jesús nuestros pecados nos serán perdonados; Jesús no será nuestro juez sino nuestro Salvador misericordioso.
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia, de Felipe de Rivas, y modificada por Ortega Bru, titular de la Hermandad de las Siete Palabras, en su Retablo de la Iglesia de San Vicente, de Sevilla.
     La Iglesia de San Vicente [nº 58 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 62 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Vicente, s/n (aunque la entrada habitual al templo se sitúa en la calle Cardenal Cisneros, 8; teniendo un acceso más por la plaza Doña Teresa Enríquez, 4); en el Barrio de San Vicente, del Distrito Casco Antiguo.
     La Real e Ilustre Hermandad Sacramental de Nuestra Señora del Rosario, Ánimas Benditas del Purgatorio y Primitiva Archicofradía del Sagrado Corazón y Clavos de Jesús, Nuestro padre Jesús de la Divina Misericordia, Santísimo Cristo de las Siete Palabras, María Santísima de los Remedios, Nuestra Señora de la Cabeza y San Juan Evangelista; es ésta una corporación fundada en 1511, con sede canónica en la iglesia parroquial de San Vicente mártir, del sevillano barrio de San Vicente, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia, obra de Felipe de Ribas en 1641, modificada por Luis Ortega Bru en 1977; el Santísimo Cristo de las Siete Palabras, obra de Felipe Martínez en 1682; María Santísima de los Remedios, es obra de Manuel Gutiérrez-Reyes Cano en 1865; Nuestra Señora de la Cabeza, obra de Manuel Escamilla en 1956 sobre una talla anterior de Emilio Pizarro del siglo XIX; Nuestra Señora del Rosario, talla anónima de la 2ª 1/2 del siglo XVII; San Juan Evangelista, obra de José Sánchez en 1859; Sagrado Corazón de Jesús, obra de Emilio Pizaro en 1891; Virgen de la Cabeza de Gloria, atribuida a Roque de Balduque de 1/2 del siglo XVI; San Miguel Arcángel, obra de Pedro Roldán en 1657; y el grupo de las Santas María Magdalena, María Cleofás y María Salomé, obras de Manuel Gutiérrez-Reyes Cano en 1866.
     En el retablo que remata la nave del Evangelio, se sitúa el Nazareno de la Misericordia, obra de Felipe de Ribas (1641) que fue profundamente remodelada en el siglo XX por Luis Ortega Brú para su salida procesional (Manuel Jesús Roldán,  Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     La historia material de la imagen es bien conocida, pues se trata del titular de una hermandad de sacerdotes fundada en 1641, que encargó a Felipe de Rivas la talla. Sin embargo, la peste de 1649 acabó con la vida de la mayoría de sus miembros, y el día 23 de agosto de ese año el clérigo Francisco Ortiz, que se declaraba fundador de la hermandad cuyo Cristo estaba puesto en la capilla del sagrario en un altar llevadizo, al no haber hermandad, le donó la imagen a la Hermandad de las Ánimas Benditas.
     La recibió Antonio del Castillo, como mayordomo, para que estuviese en la capilla de la cofradía por siempre jamás. A la imagen se le realizó un retablo, obra de Blas de Escobar, cuyo dibujo se había aprobado el 7 de febrero (tal vez por conocerse ya la futura donación), según contrato suscrito el 18 de agosto del mismo año, obra que se concluiría el 10 de mayo de 1650, en que el tallista otorgó la carta de pago por la ejecución del retablo.
     De ambos acontecimientos hay recuerdos tanto en la fachada (lápida en castellano antiguo) como en el interior (pinturas en el presbiterio) del templo.
     Sin embargo, puede que debido a que la Hermandad de las Ánimas no le prestaba la atención debida y a que se hallaba dentro de la capilla del sagrario, el párroco de San Vicente, Alonso López de las Doblas le donó en 1674 la imagen a la Hermandad Sacramental, con la condición que presidiese el altar nuevo que se había de construir y se le hiciera una misa todos los viernes del año.
     La Cofradía del Santísimo que decidió acometer una obra en la capilla para acondicionarla al nuevo retablo que habría de presidirla con la imagen del Señor con la Cruz a cuestas.
     La imagen fue objeto de una intervención de resultas de su incorporación al cortejo procesional, única que ha sufrido la talla en toda su existencia. La intervención se llevó a cabo por el imaginero Luis Ortega Bru, que dejó su impronta al incorporar un nuevo cuerpo, conservando las manos y cabeza, aunque retallada y variada en su postura, bendiciéndose la talla el 2 de abril de 1977. Como curiosidad, debemos añadir, que los trabajos fueron realizados en Madrid, en donde residía el imaginero entonces. La cruz procesional fue obra del tallista Manuel Guzmán Bejarano en el propio año 1977 (Hermandad de las Siete Palabras).
     Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia: Nazareno con la cruz a cuestas, es obra atribuida a Felipe de Ribas, de h. 1640-41. La imagen en origen fue propiedad de una hermandad de sacerdotes, ubicada en la parroquia; al extinguirse ésta, el 18 de mayo de 1674 fue solicitada por Juan de Aragón, mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento, pues desde hacía veinte años sólo recibía el cuidado de Alonso López de las Doblas, cura de la parroquia. Elevada la petición a la autoridad eclesiástica, el 28 de junio de dicho año, se inició un pleito, ya que Francisco Fernández de la Paloma, mayordomo de fábrica, consideraba que la imagen pertenecía a la fábrica de la parroquia. El 12 de junio de 1675, el doctor Gregorio Bastán resolvió que debía de entregarse al Nazareno a la Hermandad Sacramental para que lo atendiese, si bien con la condición que se cediese a la fábrica, siempre que ésta lo necesitase; el 13 de mayo de 1676 se ampliaron las concesiones a la Hermandad Sacramental por el provisor, que autorizó a destruir el retablo antiguo que presidía la imagen y a sustituirlo por otro nuevo, y a que todos los viernes del año se dijera misa en su altar, demandando limosnas para su culto.
     El Nazareno es una figura de vestir, con un rostro de infinita dulzura, en la línea de las obras del imaginero; cabello lacio, dividido por una raya en el centro que se vuelve con el característico bucle sobre la oreja de modo que sirve de soporte a la corona postiza, entrecejo en uve, labio inferior grueso, así como manos largas y nervudas. Estilísticamente se relaciona con el Nazareno de las monjas franciscanas de Lebrija. Lo restauró e hizo nuevo cuerpo aumentándole la zancada el escultor Luis Ortega Bru en 1976 [Federico García de la Concha Delgado, en Nazarenos de Sevilla, Tomo I. Ediciones Tartessos. Sevilla, 1997].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la imagen que representa a Cristo camino del Calvario
   De la misma manera que solía ordenarse a los condenados a muerte cavar su propia tumba antes de la ejecución, en la crucifixión debían llevar ellos mismos su cruz hasta el lugar del suplicio.
El tema según la Biblia
   Los Evangelios ofrecen dos versiones diferentes de El Camino del Calvario.
   Según los sinópticos  (Mateo, 27: 31; Marcos, 15: 21; Lucas, 23: 26),  un tal Simón de Cirene (África), fue requerido por los soldados romanos para ayudar a Jesús, agotado por la Flagelación, a llevar la cruz hasta la cima del Gólgota.
   De acuerdo con Juan (19: 16), que desconoce a Simón de Cirene, fue Cristo solo quien llevó la cruz hasta el final.
   Los exégetas, comenzando por Orígenes, han intentado conciliar la versión de Juan con los sinópticos. Jesús habría comenzado por llevar su cruz de la misma manera que Isaac había llevado la madera de su sacrificio. Luego, al verlo en el límite de sus fuerzas, los soldados habrían requerido la ayuda de alguien que pasaba. Jesús y Simón se habrían relevado.
   Los racionalistas cuestionan la realidad del episodio de Simón. Extraen un primer argumento del silencio de Juan. Agregan que en el derecho romano, los condenados al suplicio de la cruz debían llevar el patibulum ellos mismos, que el requerimiento a Simón de Cirene habría sido ilegal, y que no se conocen ejemplos de soldados que obligaran a un testigo ocasional a llevar la cruz de un condenado. 
   La escena habría sido imaginada para ilustrar la palabra de Jesús: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.» (Mateo, 16: 24; Marcos, 8: 34).
   Muchos de esos argumentos no se sostienen, puesto que es posible que después de la Flagelación Jesús haya estado físicamente imposibilitado de llevar el patibulum hasta el final, y una requisitoria ilegal no podía detener a Pilato.
   Los artistas optaron ya por la versión de los sinópticos, ya por la de Juan. El arte bizantino adoptó la primera: Simón lleva solo la cruz, adelante de Cristo que le sigue con la cuerda al cuello. El arte de Occidente, que tiene un sentido dramático más desarrollado, representa a Cristo sufriendo en solitario bajo el peso de la cruz o ayudado por Simón el cireneo.
Las prefiguraciones
   Los teólogos, naturalmente, han buscado -y encontrado- en el Antiguo Testamento las prefiguraciones que enmarcan a Cristo con la cruz a cuestas en las miniaturas y en las vidrieras. Son éstas:
   1. Isaac llevando sobre los hombros la madera del sacrificio.
   2. Aarón marcando con la tau cruciforme el dintel de las casas de los israel.
   3. El patriarca Jacob bendiciendo con las manos entrecruzadas a sus nietos Efraím y Manasés.
   4. La viuda de Sarepta que lleva al profeta Elías dos leños dispuestos en forma de cruz.
La iconografía primitiva
   En las realizaciones más antiguas, la iconografía de Cristo con la cruz a cuestas es muy simple.
   Cristo avanza, vestido con una túnica roja, la frente ceñida por la corona de espinas, a veces precedido por los dos ladrones. No padece por la carga de la cruz porque ella es pequeña, más emblemática que real. A finales de la Edad Media la cruz se vuelve desmesuradamente pesada, su carga es cada vez más aplastante, para apiadar a los fieles con los sufrimientos del Redentor.
El enriquecimiento del tema por los Evangelios apócrifos y el teatro religioso: la Virgen y santa Verónica
   Los artistas no se contentaron con la Biblia y los comentarios teológicos. Los Evangelios apócrifos y la puesta en escena del teatro de los Misterios les sugirieron numerosos agregados al tema inicial. Los más populares son el Desmayo de la Virgen y el Encuentro de santa Verónica.
El desmayo de la Virgen
   El Evangelio de Lucas indica que "Le seguía una gran muchedumbre del pueblo y de mujeres, que se herían y lamentaban por Él». Pero los Evangelios apócrifos están mejor informados: saben que la Virgen conducida y sostenida por el apóstol Juan, se detuvo ante el paso del cortejo y que al ver a su Hijo doblegado bajo la carga de la cruz, se desmayó.
   Esta escena accesoria, que tiene el inconveniente de crear un segundo centro de interés en detrimento de la escena principal, poco a poco fue adquiriendo tal importancia en la composición, que Cristo con la cruz a cuestas a veces se denomina Spassimo della Vergine o Pâmoison de la Vierge. Tal es el caso de un célebre cuadro de Rafael o de su escuela, procedente de un convento de olivetanos de Sicilia, que se llama Lo Spasimo di Sicilia. Un altorrelieve de Laurana en la iglesia de Saint Didier de Aviñón, se llamaba Notre-Dame du Spasme.
La Verónica 
   Por la influencia del teatro de los Misterios, hacia finales del siglo XV apareció una santa imaginaria, Verónica, que conmovida de piedad seca con un velo el sudor que corría por el rostro de Cristo: en recompensa por ese gesto piadoso, ella recogió en el sudario la impresión de la Santa Faz. De esta verdadera  imagen (vera icona)  procede el nombre Verónica.
   También a la puesta en escena de los Misterios deben atribuirse sin duda los detalles realistas que invadieron el arte de finales de la Edad Media. Cristo tiene un ronzal en el cuello, como una bestia conducida al matadero; niños despiadados le lanzan una lluvia de piedras. A veces va precedido por un heraldo que hace sonar una trompeta.
   En resumen, en Cristo con la cruz a cuestas pueden distinguirse tres episodios:
   l. Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la  cruz (Gesù aiutato da Simone il Cirineo).
   2. El Desmayo de la Virgen. (Il Spasimo della Virgine.)
   3. Verónica seca el sudor de su rostro (Gesù asciugato dalla Veronica).
El Camino del Calvario
   La transformación  más importante que se opera a finales de la Edad Media en la iconografía de Cristo con la cruz a cuestas se debe a la aparición de una nueva devoción instituida y difundida por los franciscanos que habían recibido la guarda o «custodia» de los Santos Lugares, es lo que se denomina el Camino del Calvario.
   Es fácil reconstruir la génesis de esta devoción. Por el hecho de que Simón de Cirene había sido requerido para ayudar a Jesús a llevar su cruz, se concluyó que Cristo debió caer bajo la carga que superaba sus fuerzas no una sino muchas veces, que había sido obligado a detenerse para recuperar el aliento. La dolorosa Ascensión del Calvario habría sido medida por Estaciones, que los místicos, como el Pseudo Buenaventura y santa Brígida, se esforzaron en reconstruir por medio de la imaginación, como si hubiesen sido testigos.
   Esos altos o estaciones fueron puestos en escena por los autos sacramentales del teatro de los Misterios. Los artistas fijaron finalmente esos «cuadros vivos» en innumerables Caminos del Calvario que jalonaron las naves de todas las iglesias, o en Calvarios (Sacro Monte, Kalvarienberg), dispuestos sobre la pendiente de una colina, que los peregrinos ascendían a veces de rodillas, como era el caso en la Scala Santa de Letrán, entonando sus oraciones en cada «Caída de Cristo».
   ¿Cuántas eran esas Estaciones? El Camino del Calvario comportaba, en su origen, siete Estaciones: siete es un número sagrado. Tal es el número de los bajorrelieves de Adam Kraft en el Camino del Calvario del cementerio de San Juan, en Nuremberg. De acuerdo con su temperamento, los artistas han representado esas Caídas de Cristo durante el ascenso al Calvario con un realismo más o menos brutal, más o menos patético.
   Ya Jesús cae de rodillas (Andrea Sacchi), ya se derrumba de cara en toda su estatura, con las manos hacia adelante.
   (Dominichino): ese es el momento que eligió Verónica para secarle el sudor que le corría por la frente.
   En el siglo XVII, por la iniciativa de los franciscanos, y especialmente la del predicador italiano Leonardo de Porto Maurizio, el número de las Estaciones se duplicó, para llegar a catorce. Aunque esa cifra sea completamente arbitraria, se la mantuvo.
   La devoción del Camino del Calvario, que es una de las creaciones más populares de la orden de los franciscanos, nació del deseo de multiplicar el beneficio espiritual y material de una peregrinación a la colina del Gólgota, enclavada en la igle­sia del Santo Sepulcro.
Representaciones de Cristo con la cruz a cuestas, caído
   Después del Renacimiento, los pintores de la Contrarreforma y de la época romántica renovaron este tema conmovedor. En su Cristo ascendiendo al Calvario (Museo de Metz), Delacroix se inspiró, evidentemente, en el Cristo con la cruz a cuestas de Rubens, que había visto en el Museo de Bruselas. Pero le dio un carácter del todo diferente. La ascensión triunfal imaginada por el maestro flamenco se convierte en un avance lento y doloroso del condenado, a punto de desfallecer a cada paso, que se arrastra penosamente hasta el lugar del suplicio.
   En el arte popular polaco cuyas tradiciones perduran en nuestros días, el motivo patético de Cristo caído, sucumbiendo bajo el peso de la cruz, resume con frecuencia la tragedia del Camino del Calvario.
Versiones alegóricas y colectivas de Cristo con la cruz a cuestas
   Cristo con la cruz a cuestas no siempre ha sido concebido y representado como una escena histórica. Hacia finales de la Edad Media se multiplicaron las versiones alegóricas.
   No es sólo la Virgen quien, siguiendo el ejemplo de Simón de Cirene, levanta uno de los brazos de la cruz para aliviar la carga de su Hijo. Es la Iglesia, a la cual simboliza, y hasta la cristiandad entera, quien acude en su auxilio. Papa, cardenales, sacerdotes, laicos, quieren su parte en la carga, con la esperanza de asegurarse la vida eterna a causa de esta asistencia simbólica.
   Hay frescos de los siglos XV y XVI que ilustran este Cristo con la cruz a cuestas co­lectivo. En un manuscrito franciscano de la Biblioteca de Perusa, Jesús va seguido por una procesión de hermanos menores, stauróforos, que llevan una selva de cruces sobre los hombros.
   Según parece, en Francia, al menos en la capilla del castillo de Montriu, en Saint Aubin des Ponts de Cé, en Lion de Angers, y en Notre Dame de Chavigny en Poitou, este tema fue tomado de una endecha del rey Renato, donde éste asocia la humanidad entera con la Pasión de Jesucristo, desarrollando estas palabras del Redentor: «Qui vult venire post me, tollat crucero suam et sequatur me.» Mendigos, ladrones, enfermos, presos, peregrinos, campesinos, viudas, huérfanos, mal casados..., en suma, todos los desheredados de la tierra, acuden a su hora para ayudar a Cristo a llevar su cruz, más pesada que las suyas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Felipe de Ribas, autor primitivo de la obra reseñada;
     Felipe de Ribas, (Córdoba, 20 de mayo de 1609 – Sevilla, 1 de noviembre de 1648). Arquitecto de retablos y escultor.
     Este maestro, considerado como uno de los retablistas más significativos de la Sevilla de la primera mitad del siglo XVII, había nacido en Córdoba el 20 de mayo de 1609, siendo bautizado al día siguiente en la parroquia del Sagrario; fue el tercero de los nueve hijos habidos entre Andrés Fernández y María de Ribas; su padre era un pintor de mediana valía que ejerció también oficio de mesonero. Además de Felipe, otros dos hermanos, Gaspar y Francisco Dionisio, desarrollarán actividades artísticas.
     Aunque no es descartable que Felipe de Ribas comenzara su etapa de formación en su ciudad natal, lo cierto es que en 1621 su padre lo lleva a Sevilla y lo pone como aprendiz en el taller del imaginero Juan de Mesa. Allí permanece hasta 1626, en que se ve obligado a regresar a Córdoba debido al fallecimiento de su progenitor. Tras unos años de infructuosos intentos por establecerse en la ciudad, Ribas opta en 1630 por trasladarse de nuevo a Sevilla llevando consigo a toda su familia. Éste será el origen de un importante taller familiar que se mantendrá activo hasta muy avanzada la segunda mitad del Seiscientos.
     El maestro logró mantener relaciones armoniosas con la mayoría de los otros artistas que laboraban por entonces en la capital hispalense, colaborando en diversas ocasiones con muchos de ellos. Esta relación fue especialmente fructífera con Juan Martínez Montañés y con Alonso Cano, algunas de cuyas obras se encargará de concluir. Estableció su primer taller en el barrio de San Vicente de donde se traslada en 1635 al de Santa Catalina, para recalar finalmente en el barrio de Santa Marina, en una casa situada cerca del noviciado jesuita de San Luis de los Franceses.
     Desde 1635 y hasta el final de su vida, los encargos se suceden en el taller del maestro, especialmente retablos, tanto de mediano tamaño como de gran envergadura, que confirman la fama adquirida y la calidad del producto salido de sus manos. Es también por entonces cuando contrae matrimonio con Rufina de Albornoz y de esta unión nacerá una única hija, Ana, que morirá víctima de la famosa peste en abril de 1649, cuando contaba apenas diez años de edad.
     La muerte del artista se había producido unos meses antes, en noviembre de 1648, pasando entonces la dirección del taller a su hermano Francisco Dionisio de Ribas, quien se encargará asimismo de terminar las obras inconclusas.
     La producción artística de Felipe de Ribas abarca tanto escultura exenta y relivaria como arquitectura de retablos. En esta modalidad, su obra es el punto de unión entre la corriente tardomanierista de la primera mitad del Seiscientos y el barroco salomónico que caracteriza a la segunda. En sus obras hay elementos que remiten a las creaciones de Juan de Oviedo o Martínez Montañés, junto a otros que aparecen en las obras de Alonso Matías y Alonso Cano. Pero sobre todo, el empleo por parte de Felipe de Ribas del fuste salomónico con pleno sentido estructural supondrá un hito fundamental en la fijación tipológica de la segunda mitad del siglo xvii en materia de retablos.
     En el terreno de las formas, Felipe de Ribas se decanta por un lenguaje variado, tendente a la volumetría y a la turgencia, en el que alternan los motivos puramente arquitectónicos con los elementos vegetales y figurativos; entre los primeros destacan los resaltos, las grandes ménsulas, los frontones rotos y, quizá lo más característico, las columnas revestidas, que aportan un sello muy personal a sus creaciones; entre los segundos, las guirnaldas, los mazos, las cartelas carnosas, las figuras infantiles.
     Como se ha dicho, sus creaciones en el campo de la retablística abarcan desde piezas de pequeño tamaño, formadas por banco, cuerpo tetrástilo y ático para relieve, hasta las máquinas de grandes proporciones destinadas a cubrir testeros de capillas mayores, tanto parroquiales cuanto conventuales. En este caso, la composición se ajusta a la preceptiva clasicista, con dos cuerpos por lo general de tres calles, y un remate en ático, usando como soporte sus peculiares columnas de fuste revestido. En una u otra modalidad recurre casi siempre al empleo de imaginería tallada, bien exenta, bien en relieve. Entre las obras de menor tamaño ocupan lugar de primer orden piezas como el Retablo del Bautista (1637), acaso la más conseguida dentro de esta tipología, y el del Santo Cristo (1638), ambos en el monasterio jerónimo de Santa Paula de Sevilla.
     Entre las de gran formato han de mencionarse el Retablo del Convento del Socorro (1636), el Retablo mayor del Monasterio de San Clemente (1639), el de la parroquia de San Pedro (1641) todos en la capital hispalense, y el Retablo mayor del convento de Santa Clara de Carmona (Sevilla); en ellos queda perfectamente claro el papel concedido por el artífice a la arquitectura, digno marco para la imaginería que en ellos luce.
     Asimismo hay que aludir al Retablo mayor de San Lorenzo, también en Sevilla, obra de azarosa trayectoria, iniciada por Montañés y traspasada luego a Felipe de Ribas, quien tampoco podrá concluirla, por lo que pasará a su hermano. Pieza de especial significación fue, sin duda, el Retablo mayor de la Casa Grande de la Merced de Sevilla, donde el maestro empleó como soportes columnas salomónicas, lo que supondrá un sustancial avance en la concepción retablística sevillana del momento; desgraciadamente este conjunto desapareció en el siglo XIX.
     Su faceta de escultor está avalada por la presencia de relieves y esculturas en sus retablos, si bien también realizó imaginería exenta. Son figuras de amplios volúmenes y porte elegante, con rostros de expresión serena teñida de un cierto aire melancólico, especialmente palpable en sus imágenes marianas. Las figuras infantiles se muestran por lo común desnudas, con cuerpos gordezuelos y rostros de expresión triste, enmarcados por cabellos que forman copete sobre la frente.
     Las imágenes de Cristo son las que mejor prueban su temprana relación con Juan de Mesa, frustrada por la prematura muerte de éste, aunque Ribas no alcanza la hondura dramática de su maestro; así sucede con el Nazareno de las Concepcionistas de Lebrija, y el Nazareno de la Misericordia de la iglesia de San Vicente (1641), que ha sufrido importantes retoques en época contemporánea. De sus imágenes son reseñables las que figuran en el retablo del Bautista de Santa Paula (1637), así como las esculturas que adornan los retablos de San Clemente y Santa Clara, ya citados. En el campo del relieve, además de los del desaparecido retablo de la Concepción de San Juan de la Palma, algunos de los cuales se conservan en la colección March de Palma de Mallorca, cabe citar los del Bautismo de Cristo y los ángeles con la cabeza del Bautista, del retablo de Santa Paula y la Bajada al Limbo del retablo del Cristo del mismo monasterio, desusada iconografía, probable fruto de su relación con Alonso Cano. Muy interesantes son también los relieves que adornan el Retablo mayor de San Pedro de Sevilla, centrados en los principales momentos de la vida del apóstol, si bien únicamente son de su mano los que adornan el primer cuerpo (María Teresa Dabrio González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor la Biografía de Luis Ortega Bru, autor de la obra reseñada;
     Luis Ortega Bru, (San Roque, Cádiz, 10 de septiembre de 1916 – Sevilla, 21 de noviembre de 1982). Escultor.
     Es uno de los máximos exponentes de la imaginería procesional contemporánea. Se inició temprano en el modelado del barro en la alfarería de su padre.
     Desarrolló a partir de 1931 una primera formación escultórica en la Escuela de Artes y Oficios de La Línea de la Concepción (Cádiz). Sus prometedoras dotes artísticas hicieron que el Ayuntamiento de su pueblo natal le concediera una beca para completar sus estudios en Barcelona. Estas perspectivas quedaron rotas, sin embargo, por la Guerra Civil, que supuso un duro golpe para el joven artista. Nacido en el seno de una familia de ideas republicanas, sus padres fueron fusilados y él encarcelado, pasando varios años en campos de concentración. En 1943 consiguió el primer premio del I Certamen de Escultura de Cádiz con su obra Los Titanes, éxito que le llevó a trasladarse a Sevilla al año siguiente. En 1945 ingresó en la Escuela de Artes Aplicadas de la capital hispalense, donde tuvo como profesor al escultor Juan Luis Vasallo Parodi (1908-1986). En esta ciudad entró en contacto con el pintor Baldomero Romero Ressendi (1922-1977), con quien compartió la inspiración en los modelos barrocos sevillanos, que caracterizó de manera especial su primera etapa sevillana, y una particular tendencia expresionista. En 1952 se casó con Carmen León Ortega, con quien tuvo cuatro hijos.
     Su actividad se explica dentro del contexto de fomento de la religiosidad popular llevada a cabo por el régimen franquista, convirtiéndose las cofradías en su principal mecenas a partir de este momento. En este sentido, su principal obra de estos años es el misterio del Traslado al Sepulcro de la cofradía hispalense de Santa Marta, por el cual recibió la Encomienda de Alfonso X el Sabio en 1953. En 1955 se trasladó a Madrid, al recibir el encargo de realizar ocho relieves de bronce para la puerta de la secretaria del Estado del Vaticano. A partir de este momento se instaló en la capital de España, ocupando el puesto de maestro escultor en los Talleres Granda. De este modo, se inicia su llamada “etapa castellana”, en la que es palpable la influencia de los manieristas castellanos, caso de El Greco, y los escultores Alonso de Berruguete y Juan de Juni. A ello se le unen un intento de renovación de la imaginería por la vía de la experimentación técnica y cierto gusto por la asimetría y la descomposición geométrica de las formas. Esta inquietud renovadora le llevó a una prolífica producción de carácter profano, de gran diversidad técnica y temática, ajena al tradicionalismo del “neobarroco” cofrade. Tras un período en Jerez de la Frontera (1967-1972), donde impartió clases en su Escuela de Artes y Oficios, y una nueva etapa madrileña, acabó sus años en Sevilla, donde residía a partir de 1978 (José Manuel Moreno Arana, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia, de Felipe de Ribas, y modificada por Ortega Bru, titular de la Hermandad de las Siete Palabras, en su Retablo de la Iglesia de San Vicente, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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