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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 3 de agosto de 2026

El sitio arqueológico Camino de los Garrotales, en Lora de Estepa (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Camino de los Garrotales, en Lora de Estepa (Sevilla)
     En una suave ladera, en terrenos dedicados al cultivo de olivar de regadío, un arroyo próximo discurre al este del sitio arqueológico.
     La densidad de materiales que se localiza es media, documentándose cerámica (común, romana, dolias y ánforas) y materiales constructivos con tégulas y ladrillos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 4 de julio de 2026

Los sitios arqueológicos Cantalobos, en Guillena (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Cantalobos, en Guillena (Sevilla)
Cantalobos 1. Presenta un aterrazamiento con forma anular, posiblemente algún tipo de empalizada o muralla, de características muy similares al asentamiento de  El Baldío. Entre los materiales se observaron cazuelas de Bronce Final muy tardío, sincrónico con el período orientalizante, que podría ser la fecha de fundación del asentamiento; también se recuperaron ánforas y lebrillos adscribibles a la Edad del Hierro I y II. No se detectaron producciones turdetanas por lo que no parece que el asentamiento superara los siglos IV-III a. C.
     Podría ser que el sitio fuera frecuentado en época almohade, aunque no se hallaron pruebas concluyentes.
Cantalobos 2. Granja o pequeña villa muy afectada por las subidas y bajadas del nivel del agua del pantano. Los materiales romanos son abundantes y pertenecientes a un momento cronológico muy preciso: tégulas, ladrillos y sillarejos de caliza entre los materiales constructivos, TSH entre las vajillas finas y morteros y platos de borde engrosado, todos ellos encuadrables en el siglo I d. C.
Cantalobos 3. Pequeña granja de menor tamaño que Cantalobos 2, pero también con claros indicios de ocupación (vajillas comunes y de almacenaje de los siglos I-II d. C.). Al igual que en Cantalobos 2, su continua exposición a las subidas y bajadas del nivel del agua del pantano de Gergal no permite ser optimista en cuanto a su estado de conservación (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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lunes, 29 de junio de 2026

Los sitios arqueológicos San Pedro, en Fuentes de Andalucía (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos San Pedro, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).      
     Hoy 29 de junio, la Iglesia celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles. Simón, hijo de Jonás y hermano de Andrés, fue el primero entre los discípulos que confesó a Cristo como Hijo de Dios vivo, y por ello fue llamado Pedro. Pablo, apóstol de los gentiles, predicó a Cristo crucificado a judíos y griegos. Los dos, con la fuerza de la fe y el amor a Jesucristo, anunciaron el Evangelio en la ciudad de Roma, donde, en tiempo del emperador Nerón, ambos sufrieron el martirio: Pedro, como narra la tradición, crucificado cabeza abajo y sepultado en el Vaticano, cerca de la vía Triunfal, y Pablo, degollado y enterrado en la vía Ostiense. En este día, su triunfo es celebrado por todo el mundo con honor y veneración (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte los sitios arqueológicos San Pedro, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).
San Pedro I. Este sitio arqueológico se emplaza en un cerro amesetado, siendo el más prominente del conjunto de los Cerros de San Pedro. De este lugar hay que destacar dos características: su perduración en el tiempo y un manifiesto interés por fortificar el asentamiento.
     Las primeras fuentes que mencionan estos cerros son los autores del Catálogo arqueológico y artístico de la provincia de Sevilla, quienes encuentran vestigios de población antigua, notando en los bordes de la meseta señales de trabajos de explanación y regularización del talud, que debió de constituir la base de las obras defensivas del poblado. Según estos autores, los restos arqueológicos que cubren el suelo revelan la persistencia en este sitio de pobladores durante varios siglos, habiendo encontrado algunos trozos de cerámica de tipo argárico, abundando los fragmentos de vasijas ibéricas pintadas con bandas así como cerámicas romanas.
     Los Cerros de San Pedro han sido estudiados más recientemente por Ignacio Rodríguez Temiño y por Fernández Caro. 
     Rodríguez Temiño encuentra distintos momentos de habitación, sin solución de continuidad, entre el siglo VIII a.C. y la época republicana. Por otro lado, Fernández Caro en su Carta arqueológica, distingue en la mesa dos subsectores: San Pedro I-A y San Pedro I-B.
     El sector San Pedro I-A, situado en el borde Sur de la mesa, lo interpreta Fernández Caro como un posible hábitat desde finales del Neolítico, detectando una gran actividad en los momentos iniciales del campaniforme a juzgar por la relativa profusión de fragmentos cerámicos campaniformes de tipo marítimo y Palmela. Del Bronce Pleno, localiza varios cuencos hemiesféricos de borde reentrante y de casquetes esféricos. Por otro lado, los cuencos de carena baja enlazan perfectamente con el mundo del Bronce Final, iniciándose a finales del período orientalizante una regresión del poblamiento que acabará con el abandono del lugar hacia el cambio de era.
     En el sector que denomina San Pedro I-B, situado en el extremo Oeste-Noroeste de la mesa y flanqueado al Sur por la cañada del Diablo, plantea una primera ocupación en un momento muy temprano del Calcolítico. El mundo campaniforme aparece con cierta pujanza a juzgar por los hallazgos de superficie, advirtiendo una recesión en el hábitat durante el Bronce Pleno y adquiriendo un mayor protagonismo en el Bronce Final, representado en todas sus etapas. La cerámica gris de Occidente se encuentra presente en el yacimiento, acompañada de cerámica con decoración pintada con motivos vegetales. El período ibérico representa un crecimiento enorme en toda la mesa, y los fragmentos de ánforas púnicas enlazan ya con el mundo ibérico y con la romanización. El inicio del mundo romano se halla bien patente por las cerámicas campanienses, mientras que el poblamiento parece difuminarse en época altoimperial cuando se transforma en una villa agrícola, restringiéndose el área habitada.
     Igualmente, en el cerro se advierte la presencia de restos islámicos. En época medieval se reutilizó el lugar para un asentamiento agrícola.
     Los restos actualmente observables en el yacimiento permiten corroborar la secuencia cultural establecida por Fernández Caro. Se han detectado numerosísimos restos constructivos y cerámicos, predominando la cerámicas bruñidas, gris de Occidente, cerámica pintada orientalizante y a bandas ibéricas, así como numerosos fragmentos de campaniense y terra sigillata aretina. Asimismo, se aprecian bastantes restos cerámicos de época islámica, destacando varios fragmentos de cerámica almohade con digitaciones en negro y algunos vidriados en melado.
San Pedro II.
Este sitio arqueológico se emplaza en un cerro de cota ligeramente inferior al cerro de mayor altura del conjunto, es decir, se sitúa al Oeste de San Pedro I con el que se comunica a través de un paso artificial que se alza sobre la depresión conocida como cañada del Diablo, que separa ambos cerros. Este lugar, citado por Fernández Caro como San Pedro II,  corresponde al denominado Cerros de San Pedro III en la Carta arqueológica de Rodríguez Temiño.
     En la prospección del sitio arqueológico se observan numerosos vestigios concentrados sobre todo en la cima del cerro y en su vertiente Sur debido a rodamientos. Se Encuentran abundantes fragmentos de piedra sin escuadrar y fragmentos de tegule, ladrillos e ímbrices en una densidad apreciable. Entre el material cerámico destacan varios fragmentos de cerámica gris de Occidente, cerámica Orientalizante e ibérica, así como numeroros fragmentos de cerámica común romana.
     Para Rodríguez Temiño existen dos momentos de ocupación, el campaniforme y el ibero-púnico sin que haya continuidad entre ellos. Detecta piedras de mampostería junto con cerámicas a mano y a torno, interpretando que el yacimiento sería presumiblemente una necrópolis.
     Fernández Caro halló significativos restos prehistóricos y protohistóricos como tres dientes de hoz en sílex, un fragmento de brazal de arquero, un hacha y una azuela pulimentada sobre piedra volcánica. Recogió además, entre otros restos cerámicos, un fragmento de plato de borde engrosado del Calcolítico Pleno, otro de cerámica campaniforme de tipo marítimo adscribible al Calcolítico Final, varios fragmentos de cuencos de cerámica gris de Occidente, numerosos fragmentos de vasos con decoración pintada a bandas ibéricos y bocas de ánforas ibero-púnicas de los siglos VII a III a.C. Recoge además un fragmento de boca de ánfora de tipo Dressel I y otro de redoma con decoración pintada islámica. 
     Cita finalmente la aparición de tres molinos naviformes. Fernández Caro sitúa el origen de este asentamiento hacia el Calcolítico Final, con una continuidad más o menos clara hasta época romana, situando los momentos más intensos en el Bronce Final y en época ibérica
San Pedro III. El sitio arqueológico se emplaza sobre un cerro amesetado de altitud media en forma de L, situado a unos 550 metros al Nordeste del cortijo de La Pepa o del Carmen. La tierra está sin cultivar y una alambrada divide en dos al sitio, perteneciendo la mayor de ambas partes a las tierras de La Herradura.
     Los restos arqueológicos observables en superficie son escasos y dispersos. Entre ellos se encuentran varios fragmentos de cerámica bruñida adscribibles al Bronce Final, destacando un fragmento de cazuela de borde almendrado. 
     Las escorrentías de las últimas lluvias han propiciado la aparición de varios fragmentos amorfos de cerámica campaniense. Fernández Caro recoge además otros restos cerámicos entre los que destacan fragmentos de bordes de cuencos con carenas altas y suaves, un fragmento de hombro de vaso grande, algunos fragmentos de cuenco de borde engrosado y algunos restos líticos (dos dientes de hoz y una pieza foliácea apuntada), así como un fragmento de molino naviforme en granito.
     Rodríguez Temiño, quien incluye en su Carta arqueológica este mismo yacimiento con la denominación de Cerros de San Pedro I, adscribe este posible hábitat a un momento del Bronce Final precolonial.
San Pedro IV. El yacimiento se emplaza sobre una pequeña elevación al pie de la ladera del cerro donde se ubica San Pedro III.
     Se Observan escasos restos de materiales constructivos, siendo más abundantes los restos cerámicos. Cabe destacar un fragmento de cerámica con engobe a la almagra, un fragmento de cerámica pintada en blanco sobre gris de época califal y varios fragmentos de cerámica pintada con digitaciones en negro de época almohade. A esto hay que añadir los restos cerámicos localizados por Fernández Caro, consistentes en fragmentos de cerámica común vidriada y pintada, además de estructuras de cimentación rectangulares observables después de las lluvias.
     Se trataría pues, de una pequeña explotación islámica situada a los pies de los Cerros de San Pedro y en plena vega del Corbones, donde se habrían reaprovechado materiales de construcción de los yacimientos romanos cercanos.
San Pedro V. El yacimiento se emplaza en la ladera Oeste y Norte de una pequeño cerro donde se observan escasos restos de materiales constructivos de época romana, compuestos fundamentalmente por tegulae, ladrillos e ímbrices. Entre el material cerámico hallado, cabe destacar dos fragmentos de terra sigillata hispánica, uno de ellos con decoración fechado en torno al 50 d.C. y otro con sigillum ilegible. 
     Fernández Caro menciona el hallazgo de un epígrafe funerario sobre piedra arenisca con la siguiente inscripción: C C I A / P. F. / C I I I A / I C I T. Este epígrafe fue levantado por un arado junto con restos cerámicos consistentes en un borde de plato de cerámica gris romana tipo 14A de Vegas y un fragmento amorfo de terra sigillata hispánica fechado en la segunda mitad del siglo I d.C. y II. 
     A juzgar por los materiales hallados, se trataría de una necrópolis de época romana altoimperial.
San Pedro VI. El yacimiento se emplaza en la ladera Este de una pequeño cerro donde se observan en superficie escasos fragmentos de tegulae y un borde de cerámica medieval. Según Fernández Caro, apenas se veían fragmentos de cerámica común y algunos de cerámica vidriada, habiendo recogido un sólo fragmento de cerámica pintada musulmana, pudiendo pertenecer a un establecimiento agropecuario fundado en tiempos musulmanes con reutilización de materiales constructivos romanos.
San Pedro VII. El yacimiento se emplaza en un gran cerro situado en el extremo Sureste de los Cerros de San Pedro y a unos 200 metros al Sur del arroyo del Tarajal.
     Se puede observar en superficie una escasa dispersión de materiales ocupando una amplia extensión en la cima del cerro y su ladera Este. No se han detectado materiales constructivos, pero sí algunos restos cerámicos entre los que destacan varios fragmentos amorfos y un fondo de cerámica gris de Occidente, algunos fragmentos de cerámica pintada a bandas de tipo ibérico y varias asas bífidas de tradición ibero-púnica. Fernández Caro identificó varios fragmentos de cerámica gris de Occidente de tipo B y D, así como media docena de cerámicas pintadas a bandas y un fragmento de ánfora fenicia tipo A. Este autor supo, por información oral, de la destrucción en este lugar de varias tumbas provocada por el uso de arados, así como del hallazgo de un tesorillo de 200 monedas hispano-cartaginesas.
     Según lo expuesto, tal y como expone  Fernández Caro, se trataría de un sitio arqueológico que podría clasificarse como una necrópolis de época ibérica (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Pedro, apóstol;
HISTORIA Y LEYENDA

   Pescador en Cafarnaúm, Galilea, en el lago de Genezaret, él y su hermano Andrés fueron los primeros apóstoles reclutados por Jesús.
   Su verdadero nombre era Simón. Recibió de Cristo el mote arameo Kefás (gr.: Petras), para significar que sería la piedra angular de la Iglesia. Su mote ha suplantado por completo a su nombre.
   Su vida se divide en tres períodos muy claros:
   1. Envida  de Jesús, lo acompañó, con los otros discípulos, desde el co­mienzo del ministerio galileo hasta su Prendimiento en el Huerto de los Olivos, luego, después de la Resurrección, hasta la Ascensión.
   2. Después de la desaparición de su maestro, residió en Jerusalén, donde fue encarcelado por el tetrarca Herodes Agripa.
   3. Luego habría viajado a Roma de la cual fue el primer obispo. Otra vez fue encarcelado y crucificado por orden de Nerón.
   Durante el primer período, la actividad de san Pedro estuvo estrechamente ligada a la de Jesucristo, siguió tras los pasos de éste, por decirlo así. De ahí que hayamos debido remitir a la iconografía del Nuevo Testamento todas las escenas de la Vida de Jesús donde san Pedro tiene algún papel: la Vocación y la Tradición de las llaves, el Lavatorio de los pies y la Santa Cena, el Prendimiento en el Monte de los Olivos, donde corta la oreja de Malco, la Negación, la Transfiguración  y las Apariciones de Galilea. Tampoco volveremos a tratar ciertas escenas posteriores a la Ascensión de Cristo, tales como la Pentecostés y el Tránsito de la Virgen, donde él está, por fuerza. El apostolado y los milagros de san Pedro en Jerusalén y en Roma son los únicos hechos de su leyenda que comportan hagiografía propiamente dicha. Abandonamos por  ello el terreno de los Evangelios para abordar los dominios de los Hechos de los Apóstoles y de la Leyenda Dorada.
   Antes de abordar el estudio del culto y de la iconografía de san Pedro, es menester discernir entre la leyenda y la historia, exponiendo objetivamente las doctrinas contradictorias de los católicos y de los racionalistas, ya protestantes, ya agnósticos.
   Oigamos las dos campanas, porque si debemos creer en un viejo proverbio «Quien oye sólo una campana no oye más que un sonido».
1. La tradición católica

   La actividad de Pedro en Palestina después de la Ascensión de Jesús se ha­bría prolongado hasta el año 44. Fue entonces cuando, después de haber consumado numerosos milagros (Resurrección de Tabita, Curación de los en­fermos con su sombra), habría sido encarcelado por Herodes y liberado por un ángel.
   Según una tradición, venerable por su antigüedad, habría pasado en Roma los veintitrés últimos años de su vida, desde 44 hasta 67. Triunfó contra los sortilegios de Simón el Mago, favorito del emperador Nerón. Preso en la cár­cel Mamertina, se fugó con la complicidad de sus carceleros a quienes había convertido. Dándose a la fuga por temor a las persecuciones, en la Vía Apia se encontró con Cristo con la cruz a cuestas, a quien preguntó: Qua vadis, Domine y éste le respondió: «Voy a Roma para ser crucificado allí otra vez». Pedro, avergonzado por su cobardía, regresó entonces a Roma donde padeció el martirio al mismo tiempo que san Pablo; pero mientras a éste, que era ciudadano romano, lo decapitaron, Pedro, que sólo era un ju­dío, fue crucificado.
   Los Padres de la Iglesia enseñaban que san Pedro, que no quería  morir de la misma manera que Jesucristo, por humildad había pedido que lo crucificasen cabeza abajo. Se contaba que su cruz había sido levantada inter duas metas, es decir, entre los dos hitos del circo de Nerón. A finales de la Edad Media se creyó que se trataba de los dos hitos antiguos de Rómulo, cerca del Vaticano  (Meta Romuli), y Cestio, en la puerta de San Pablo. Se buscó un sitio intermedio entre estos dos puntos de referencia, y fue así como el martirio se localizó sobre el Janículo, en el lugar donde se levanta la iglesia de San Pietro in Montorio. La disputa entre el Janículo y el Vaticano aún continúa abierta.
   A falta de testimonios que sirvan de prueba de la llegada de san Pedro a Roma, la fecha de ésta y la duración de su estadía, así como acerca del lugar en que se realizó su crufixión, los defensores de la tradición católica  recurrieron a dos argumentos indirectos: el silencio de las iglesias rivales de Oriente (Palestina o Siria) que nunca reivindicaron las reliquias del Príncipe de los apóstoles y la edificación de la Basílica Constantiniana a orillas del Tíber, sobre la colina del Vaticano.
   1. Si san Pedro estaba muerto y había sido sepultado en Jerusalén, las Iglesias orientales nunca habrían dejado de invocarlo para apoyar sus pretensiones al primado en la Iglesia cristiana. Ahora bien, nunca se produjo ninguna rei­vindicación de ese género.
   2. ¿Se habrían atrevido a construir la Basílica Constantiniana sobre el em­plazamiento de un cementerio, profanando una multitud de tumbas no sólo paganas sino también cristianas si no hubiesen  estado persuadidos de que allí se encontraba la tumba de san Pedro?Esta suposición parece también más inverosímil por cuanto la naturaleza del terreno arcilloso, sobre la ladera de una colina, impuso enormes trabajos de nivelación; se necesitaban poderosas razones para emprenderlos.
   Después de las excavaciones dirigidas por Enrico Josi bajo las grutas del Vaticano, estos argumentos fueron esgrimidos en numerosas oportunidades por G. Carcopino. Según sus propios términos, «las investigaciones de los arqueólogos han confirmado la tradición y puesto fin a las polémicas de los eruditos.  A partir de ahora queda probado que san Pedro fue inhumado  en el Vaticano. Las reliquias del Príncipe de los apóstoles habrían sido trasladadas hacia 258 ad Catacumbas, sobre la Via Apia, pero de vueltas por Constantino al Vaticano en 336».
2. La tesis protestante y racionalista
   La crítica racionalista cuestiona el valor de estos argumentos y la base en que se fundan estas tradiciones.
   Pretende que no se ha probado que san Pedro haya estado en Roma, y que en cualquier caso, la tradición acerca de su cuarto de siglo de episcopado ro­mano no reposa en fundamento histórico alguno.
   El silencio de las Iglesias de Oriente sin duda resulta impresionante, pero el argumentum e silentio del cual se ha abusado con frecuencia, a lo sumo no cons­tituye más que una presunción.
   La verdad es que ningún texto contemporáneo digno de fe menciona   el viaje de san Pedro a Roma. Los Hechos de los Apóstoles (12: 17) nos in­forman, simplemente, que después de haber dejado la prisión de Herodes, Pedro salió, yéndose a otro lugar, sin aclarar cual fuese. Aunque un proverbio
dice que «todos los caminos conducen a Roma» es de desear una información más precisa. Dicho silencio es tanto más sorprendente por cuanto el autor insiste con abundancia (capítulos 27 y 28) en las peripecias del viaje de Pablo a Roma.
   La creencia en que Pedro pasó a orillas del Tíber los últimos años de su vida sólo aparece en los escritos de Ireneo y Tertuliano.
   Y hasta los católicos admiten que las fábulas populares de origen romano no pueden considerarse como pruebas.
   El arqueólogo pontificio Enrico Josi no vacila en calificar él mismo de «leyendas», el encarcelamiento de san Pedro en la cárcel Mamertina, donde habría bautizado a sus carceleros, el duelo con Simón el Mago en presencia del emperador Nerón y el diálogo con Jesucristo con la cruz a cuestas en la Vía Apia (Quo vadis).
   Estos relatos dramáticos o poéticos apuntan a acreditar la apostolicidad de la fundación de la Santa Sede, que no lo está más que la de una multitud de sedes episcopales donde no se vaciló en antidatar la fundación, a veces en muchos siglos, con el objeto de aumentar su prestigio y justificar su primado.
Hasta el mismo hecho de la crucifixión del Príncipe de los apóstoles es dudoso. Se trataría de una falsa interpretación de las palabras: «Extenderás tus manos».
   En cuanto a su localización  en el Janículo, no fue imaginada antes del siglo XV, cuando los franciscanos de Roma quisieron justificar las pretensiones de su iglesia de San Pietro in Montorio, patrocinada por los reyes de España. El teólogo protestante Cullmann consiente en admitir la historicidad de una tardía residencia de san Pedro en Roma. Según dicho autor, el apóstol habría abandonado Jerusalén en 44, dejando al apóstol Santiago como suce­sor y jefe de la comunidad cristiana, para contentarse, como san Pablo, con el papel de misionero. Pero jamás habría ejercido funciones episcopales en la capital de los césares, de manera que los papas no pueden pretenderse sucesores suyos.
   De hecho, san Pedro nunca fue representado con el báculo, atributo episcopal por excelencia.
   Acerca de la duración de su estadía en Roma, reina la misma incertidumbre. En su Dictionnaire d'Archeologie chrétienne, el erudito benedictino Dom Henri Le clerq, admite que si la estadía de san Pedro en Roma es a sus ojos un hecho cierto «suduración no lo es».
   La fecha de su crucifixión sigue siendo problemática, o más bien, puede presumirse que se la hizo coincidir artificialmente con la decapitación de san Pablo, para asociar en la muerte a los dos Príncipes de los apóstoles. Las fechas propuestas son muy variables: 55, 58, 64, 67, tanto como decir que no se sabe nada. 
   Si en la Roma del siglo IV se creía que las reliquias de san Pedro habían sido devueltas al Vaticano, sólo se trata de una tradición.
   A falta de textos habría podido esperarse que la arqueología nos deparase la solución del enigma. Desgraciadamente, las excavaciones dirigidas en 1939 y 1949 por Enrico Josi, director del Museo de Letrán y realizadas en el cementerio cristiano sobre el que se edificó la basílica de San Pedro no arrojó los resultados que se esperaban.
   No pusieron a la luz la tumba primitiva del Príncipe de los apóstoles, que se supone destruida por los vándalos. El papa Gregorio Magno la habría reemplazado en el siglo VI por un trofeo cenotafio o memorial: simple monumento conmemorativo que no contiene reliquias.
   Los resultados de las excavaciones vaticanas fueron cuestionados por Charles Delvoye (Latomus, 1954), Amable Audin (Byzantion, 1954), quien concluye que el memorial de san Pedro habría abrigado su púlpito y no su tumba.
   Si el papa Pío XII hubiera estado convencido que los huesos del Príncipe de los apóstoles habían sido inhumados  efectivamente en las criptas de la basílica vaticana ¿no se habría apresurado a proclamar Urbi et Orbi esta feliz nue­va?¿Si no lo hizo no fue porque su conciencia escrupulosa se lo prohibió? Para no decepcionar la esperanza de los peregrinos debió contentarse con decretar al fin del Jubileo del Año Santo de 1950, el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen, en vez de promover la unión tan deseable de las iglesias cristianas, y aún a riesgo de profundizar las diferencias entre protestantes y católicos.
   En suma, ni las investigaciones arqueológicas ni los textos nos permiten hasta el presente poner fin a un debate que siempre permanece abierto, y agregar así a las afirmaciones de la fe las certezas de la ciencia.
CULTO
   Considerado muy pronto como «el Moisés de la Nueva Ley», san Pedro no es sólo un santo palestino, sino el santo universal por excelencia.
   Además, si en su condición de fundador del papado es el principal personaje de la Iglesia oficial, al mismo tiempo, a título de portero del Paraíso, es un santo eminentemente popular.
Fiestas
   Esta popularidad está probada por el número de sus fiestas que, excepcionalmente, son tres.
   l. Su natalicio, es decir, el aniversario de su muerte, que se celebra el 29 de junio.
   2. La fiesta de San Pedro ad Víncula (Petri Kettenfeier) ,que conmemora su liberación de la prisión,  y se celebra el 1 de agosto. 
 3. Finalmente, la fiesta de la Cátedra de san Pedro Apóstol (Cathedra Petri, Petri Stuhlfeier), que conmemora su primado, y que fue fijada el 22 de febrero.
Reliquias
   Roma posee las más preciosas reliquias del Príncipe de los apóstoles: sus llaves (claves), sus cadenas (vincula) y su púlpito (cathedra); pero se trata de reliquias indirectas y no corporales.
   El púlpito que Bernini introdujo en un relicario de suntuosa ejecución barroca se conserva en la basílica de San Pedro, reconstruida en el siglo XVI por Bramante y Miguel Ángel.
   Las cadenas, cuyos eslabones proceden de la cárcel de Jerusalén y de la cárcel Mamertina de Roma y que se habrían soldado milagrosamente, se veneran en la basílica de San Pietro in Vincoli. Una tercera iglesia, San Pietro in Montorio, sobre el Janículo, señalaría el lugar de su martirio.
   Su báculo milagroso, también embutido en una montura (Petrus stabhülle), se conserva en Alemania, en la catedral de Limburg del Lahn. En Venecia, en la iglesia del Redentor, se mostraba el cuchillo que usó el apóstol para cor­tar la oreja de Malco.
Lugares de culto
   En Pavía, Lombardía, debe mencionarse la iglesia romana de San Pietro in Ciel d'Oro, cuyó ábside, como el de la iglesia de la Daurade, en Toulouse, estaba cubierto de mosaicos de esmalte dorado.
   Además de protector de Roma y de Pavía, a san Pedro también se lo consideraba el de Milán, Lucca, Ancona, Orvieto, Nápoles, Calabria y Sicilia. En 1140 el rey Rogerio II de Sicilia, de origen normando, puso bajo su advo­cación la Capilla Palatina de Palermo.
    Francia tiene numerosas iglesias puestas bajo la advocación de san Pedro. Su culto fue difundido por la orden de Cluny, cuya casa matriz, y casi todos los prioratos, comenzando por el de Moissac, estaban consagrados al Príncipe de los apóstoles, primer representante del papado al cual la orden respondía  directamente, por derecho de exención. 
   Entre las catedrales góticas que llevan su nombre, basta recordar las de Beauvais, Troyes, Lisieux, Nantes, Poitiers, Angulema y Montpellier. Entre las iglesias abaciales o parroquiales, cabe citar, en París, la antigua capilla de Saint Pierre aux boeufs (Capella Sanct Petri de bobus), cuya  portada decoraba la fachada de la actual Saint Severin; en Sens, la de Saint Pierre le Vif (invko); en Estrasburgo, la de Saint Pierre le Vieux y Saint Pierre le Jeune; en l'ours, la de Saint Pierre le Puellier (Monasterium S.Petri  puellarum) y Saint Pierre des Corps; en Toulouse, la de Saint Pierre des Cuisines; en Normandía, Caen y Jumieges, en las regiones de Poitou, Saintonge, Airvault, Chauvigny y Aulnay. Además, numerosas localidades se bautizaron Dompierre o Dampierre. En España, mencionemos las de San Pedro de las Puellas, en Barcelona y San Pedro el Viejo en Huesca, Aragón.
   En Suiza, la catedral de Ginebra, convertida en el santuario principal  de la Roma protestante, estaba bajo la advocación de San Pierre es Liens (ad Vincula; cast.: encadenado, encarcelado).
   En los Países Bajos, san Pedro era particularmente venerado en Lovaina, Bélgica y Maastricht,  Holanda.
   Antes de la Reforma Inglaterra no era menos devota, a juzgar por la advocación de la abadía de Westminster, y las de las catedrales de Norwich, Exxeter y Peterborough.
   Para acabar con una nomenclatura, muy incompleta ciertamente, mencionemos la célebre abadía de San Pedro de Salzburgo, en Austria, y la Peterkirche de Munich, en Baviera.
Patronazgos de corporaciones
   La popularidad del pescador de Cafarnaúm, convertido en el primero de los papas de Roma, además está probada por el gran número de corporaciones y gremios que reivindican su patronazgo: los pescadores,  pescaderos. co­merciantes de pescado, fabricantes de redes -en conmemoración de la Pesca milagrosa- albañiles -a causa del nombre del primer papa, que es la piedra viviente sobre la cual Cristo ha edificado la Iglesia; los herreros y doradores de metales, a causa de las cadenas de las cuales fue liberado; los cosechadores y cesteros porque se sirven de ligaduras; los cerrajeros, al igual que los relojeros quienes formaban parte de la misma corporación, porque san Pedro posee la llave del Paraíso.
   No se lo apreciaba menos como santo curador. Se lo invocaba contra la fiebre, los ataques de locura, las picaduras de serpiente. Para curar la rabia, enfer­medad contra  la cual se lo consideraba idóneo porque pusiera en fuga a los perros que lanzara contra él Simón el Mago, se aplicaba, tanto a hombres como a animales, un hierro calentado que se llamaba «llave de san Pedro».
ICONOGRAFÍA
   La iconografía del Príncipe de los apóstoles (Iconografía petriana) es de tal riqueza  que desafía todo intento de enumeración.
l. Figuras
Tipo iconográfico, vestiduras y atributos
l. Tipo.

   San Pedro se caracteriza no sólo por sus atributos sino por su tipo físico que es fácilmente reconocible.
   El arte oriental le atribuyó una cabellera rizada. En Occidente, por el contrario, se lo representa calvo, con sólo un mechón de pelo sobre la frente. La tonsura recuerda que fue el primero de los sacerdotes cristianos.
   Se contaba que los judíos de Antioquía le habían tonsurado la cabeza para escarnecerlo. Tal sería el origen de la tonsura clerical, convertida en un signo de honor, porque según los simbolistas evoca la corona de espinas de Jesucristo. Esta clase de tonsura se denomina tonsura scotica porque fue pues­ta de moda entre los clérigos por los misioneros irlandeses.
   La barba rizada de san Pedro siempre es corta.
2.Vestiduras
   Su indumentaria es muy diferente, según que esté representado como após­tol o como papa.
   En el arte cristiano primitivo, como todos los apóstoles, lleva la toga anti­gua, la cabeza descubierta y los pies descalzos.
   En la Edad Media su indumentaria era la de los papas, sus sucesores. Viste el palio, y a partir del siglo X, está tocado con la tiara cónica o la triple corona (triregnum). Estos ornamentos pontificios se convirtieron en la regla en el siglo XV: «San Pedro estará vestido de papa», se lee en un contrato acordado con un pintor en 1452.
ATRIBUTOS
   Los atributos de san Pedro son excepcionalmente numerosos, y los lleva, ya él mismo, ya los ángeles que lo acompañan; unos le caracterizan como após­tol, otros como papa.
l. El más antiguo y difundido es la llave (clavis), que aparece por primera vez en un mosaico de mediados del siglo V, y que desde entonces se convirtió en su atributo constante. Pedro siempre es clavígero (Petrus claviger coeli).
   A veces la llave es única, pero generalmente hay dos ,una de oro y otra de plata, llaves del cielo y de la tierra que sim­bolizan el poder  de atar y desatar, de absolver y de excomulgar, que Cristo concediera al Príncipe de los apóstoles (Tibi daba claves regni coelorum). Dichas llaves están juntas porque el poder de abrir y el de cerrar es uno solo.
   A causa del pasaje del Evangelio de Mateo acerca de la «Tradición de las llaves», san Pedro, en la creencia popular, se convirtió en el portero del Paraíso (jnnitor Coeli).
   Cuando el número de llaves es tres, simbolizan el triple poder de san Pedro sobre el cielo, la tierra y el infierno.
2. La barca alude a su primer oficio, pescador, y la pequeña barca de remos, es símbolo de la Iglesia.
3. El pez tiene el mismo significado, salvo que caracteriza no sólo al pescador de peces, sino también al pescador de hombres (Menschertfischer).
4. El gallo posado sobre una columna es el emblema de la negación y de su arrepentimiento. Dicho atributo, muy tardío, se difundió con el arte barro­co del siglo XVIII.
5. Las cadenas recuerdan sus «cárceles», su triple encarcelamiento, en Antioquía, Jerusalén y Roma. La cadena partida simboliza su liberación por un ángel.
6. La cruz invertida evoca su crucifixión cabeza abajo.
7. La cruz de triple crucero, uno más que la de los arzobispos, es la insignia de la dignidad papal.
   A  estos numerosos atributos puede sumarse la imagen de Simón el Mago, padre de los simoníacos, quien le ofreciera dinero para adquirir el don del Espíritu Santo, ya quien el apóstol pisotea. A veces, aunque es muy infre­cuente, derriba al emperador Nerón (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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domingo, 1 de febrero de 2026

Los sitios arqueológicos Alcolea del Río Norte, en Alcolea del Río (Sevilla)

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Alcolea del Río Norte I. Se emplaza al noroeste de la actual población de Alcolea del Río, en una zona de crecimiento de la población (se inició una urbanización en 2006) en la finca de El Florindo. El sitio se encuentra en llano, con una pendiente en caída hacia el río Guadalquivir. Está limitada al oeste por la A-431 y al este por la C.R. de la Rejolla, que parte desde el yacimiento de La Mesa (Canama) y Alcolea del Río. 
     Ponsich (1974) señaló la existencia de ladrillos, tégulas y restos de construcciones arrasadas por las labores agrícolas.
     Fue excavado por Sierra Alonso en 1991 en una excavación de urgencia que pretendía documentar una necrópolis que estaba siendo destruida y saqueada por los arados y los expoliadores. Se trataría de una necrópolis con 76 tumbas de incineración y 2 de inhumación vinculada a la ciudad romana de Canama (a unos 350 metros al suroeste) fechada en torno a los siglos I-II d.C. y perteneciente a una población de un nivel socio-económico humilde.
     Sierra Alonso señala la existencia de indicios y noticias que ampliaban la necrópolis hacia el sur y el este del área excavada. A partir de la prospección realizada para el Inventario Arqueológico del término municipal de Alcolea del Río se ha comprobado la veracidad de tales argumentos, detectando algunos sitios como Los Peñalejos III y IV, posible prolongación de la necrópolis. Todo ello evidenciaría la costumbre en el Alto Imperio de establecer las zonas de necrópolis en las salidas de las ciudades, y nunca en el interior de las mismas (Ley XII Tablas). 
     Por otro lado, de forma excepcional se excavó una cista de la Edad del Bronce, un posible cenotafio realizado con lajas de micaesquistos de planta rectangular, con paralelos en el suroeste peninsular. Sierra Alonso le da una cronología entre el 1600-1100 a.C.
     Los materiales que fueron observados en la prospección son los siguientes:
     ROMA. Se observan algunas tégulas y algún fragmento de vaso de almacenamiento.
     Sierra Alonso (1994) constató en su excavación distinta tipología de tumbas: con estructuras de ladrillo (bóveda de medio cañón, falsa bóveda por aproximación de hiladas de ladrillos), tumbas con estructuras de tégulas, tumbas con un ánfora cubierta y enterramientos en un hoyo en la tierra. Del mismo modo detectó dos ustrina y varios busta. Los materiales resultantes de la excavación fueron los siguientes: cerámica de paredes finas, jarras de un asa de cuerpo ovoide, dos ánforas tipo Dressel 20 de época flavia, dos lucernas, un vasito globular de Terra Sigillata, ungüentarios, algunos objetos metálicos (clavos, un specillum, una aguja, punzones...) y óseos, urnas cinerarias de cuerpo ovoide, pequeños cofres con tapadera y un cuenco de cerámica a mano encontrado en la cista del Bronce Pleno. Como documentos epigráficos se halló una lápida rectangular de mármol (LEO.VERUCISF.ANVI.UXORI) y cuatro fragmentos. 
Alcolea del Río Norte II. Se emplaza al noroeste de la población de Alcolea del Río y pocos metros al norte del sitio conocido como las Mesas (ciudad romana de Canama). Se encuentra atravesado por un camino que enlaza Alcolea del Río con Villanueva del Río y por el Cordel de Maribenito, que parte desde las Mesas, y que limita al sitio en su margen oeste. El sitio arqueológico se divide en dos zonas diferenciadas orográficamente. Al este, se distingue una zona llana en la que se observan algunas ondulaciones del terreno, y al oeste se halla un abultamiento que prolonga la meseta (la mesa) situada en la margen derecha del río Guadalquivir, y limitada al norte por una gran garganta. Los materiales observados apuntan a una zona posiblemente usada como necrópolis en época romana. Es conocida la costumbre de situar éstas en las salidas de las poblaciones, como se observa al norte de las Mesas (El Florindo), y en las márgenes de los caminos. 
     A partir de la observación del sitio se podría pensar en una cronología en torno a los primeros siglos del Imperio, si bien, Ponsich (1974) pudo distinguir evidencias que la ampliarían hasta el siglo IV d.C. Por otro lado, se distinguen tres momentos distintos a la ocupación romana: 
     1) Se observan fragmentos de cerámica a mano de cronología imprecisa. No obstante, la presencia en la necrópolis de El Florindo de una cista fechada entre el 1600-1100 a.C. (Bronce Pleno) podría interpretarse como una presencia en la zona de Las Mesas (y por tanto en el aledaño Alcolea del Río Norte II) de poblaciones durante la Edad del Bronce, si no antes. 
     La concentración de estos materiales se aprecia fundamentalmente en la margen oeste del camino, hacia el Cordel de Maribenito 
     2) La presencia de algunas muestras de cerámica pintada de tradición íbero- púnica debe relacionarse con el asentamiento que se establecería en Las Mesas en época turdetana. 
     3) A partir de la cartografía del XIX, las fuentes bibliográficas y por noticias orales se conoce la situación de la ermita del Consuelo (equívocamente señalada en el Madoz como "del Carmelo") justo en el promontorio oeste del sitio. Tal ermita fue abandonada y expoliada en su totalidad en la primera mitad del siglo XX. 
     Hoy se pueden observar algunos restos de sillares (que pudieron ser reutilizados de construcciones romanas) y numerosas piedras. Los materiales que se observan son los siguientes:
     PREHISTORIA / EDAD DEL BRONCE. Se observan algunos fragmentos de cerámica a mano, la mayoría con tratamiento bruñido (al interior o al exterior), pertenecientes a vasos de gran grosor y con cocción reducida. Como útiles líticos se aprecia un fragmento de azuela con tratamiento pulido y un machacador.
     HIERRO II / PROTOHISTORIA. Se hallan escasos fragmentos de cerámica de tradición fenicia-turdetana: un borde de lebrillo con decoración de engobe rojo en toda su superficie y algún fragmento de cuenco.
     ROMA ALTO Y BAJO IMPERIO. Se observan fragmentos de cerámica de mesa (un borde de T.S. Hispánica y fragmentos amorfos de cerámica sigillata y común); fragmentos de cerámica de cocina (amorfos y un borde vuelto hacia fuera de olla); algunos fragmentos de ánforas, como material de almacenamiento; tégulas, ladrillos, algunos sillares con molduras y piedras, como elementos constructivos.
     Ponsich (1974) lo sitúa cerca de la Central eléctrica, sobre el camino de Cantillana. Los materiales que observó fueron fragmentos de ladrillos, tégulas, ánforas, cerámicas sigillatas Clara A, Sudgálica y Clara D.
     EDAD MODERNA-CONTEMPORÁNEA. Se observan fragmentos de cerámicas relacionadas con la ermita del Consuelo. 
     Madoz (1845) menciona la ermita de San Sebastián, "conocida por la de Nuestra Señora del Carmelo", cuya función se celebra el día 8 de septiembre.
     Recuero y Vázquez (1998) lo describe como "un santuario, de regular extensión, que disponía de amplia bóveda, bajo la cual se encontraba el altar con la hornacina de la Virgen. Tenía un pequeño campanario con una sola campana y por la parte trasera y adosada a una pared lateral la casa del santero y un amplio corral sembrado de árboles frutales. Los techos abovedados de la nave estaban decorados con bellas pinturas alusivas al mar".
Alcolea del Río Norte III. Se localizaron en superficie fragmentos de tegulae, ladrillos y ánforas romanas.
     Aparece registrado por Ponsich (1974, p.141) en el antiguo camino de Constantina, bajo un olivar, evidenciándose por tégulas, ladrillos y ánforas; no obstante, en la prospección de su emplazamiento  realizad en 2006 no se han encontrado tales evidencias.
     Podría tratarse del sitio denominado Los Peñalejos VI, si bien se encuentra a unos 200 metros al oeste del emplazamiento; sobre este sitio hay que señalar su escaso interés y alto grado de deterioro por procesos de explanación y aterrazamiento.
Alcolea del Río Norte IV. Este sitio arqueológico se encuentra próximo a la margen oeste de la A-431 y junto a una importante garganta generada por un curso de agua estacional. Se encuentra cultivado de frutales y muy erosionado.
     Los materiales arqueológicos son muy escasos y generan ciertas dudas acerca de su adscripción cronológica. Por noticias orales se conoce que en las salidas de la ciudad de Canama (Las Mesas) hacia Villanueva del Río se han encontrado numerosas estructuras funerarias, como es el caso de la necrópolis del Florindo. Por este motivo, se podría pensar en la posibilidad de una extensa área de necrópolis en la que estaría incluido este sitio arqueológico. 
     Por otro lado, se conoce que en esta zona fueron hallados una escultura que representaba a un león íbero-romano y varios sillares. 
     Los materiales arqueológicos que se observan en superficie son los siguientes:
     De época romana se encuentran algunos fragmentos de cerámica común, algunos con cocción alterna, varios amorfos de cerámica tosca gris (posiblemente de cocina), un borde de olla y algunos fragmentos de ánforas; como elemento constructivo se encuentra un fragmento de ladrillo.
Alcolea del Río V. Este sitio se emplaza en la margen norte del Cordel de Maribenito (conocido como Cordel de la Dehesilla según el Mapa del Instituto Geográfico y Catastral de 1947) y junto a una importante garganta generada por un curso de agua estacional. 
     Se encuentra afectado por el cultivo de frutales, edificaciones contemporáneas y la erosión. 
     Los materiales arqueológicos son muy escasos y generan ciertas dudas acerca de su adscripción cronológica.
     Por noticias orales se conoce que en las salidas de la ciudad de Canama (Las Mesas) hacia Villanueva del Río se han encontrado numerosas estructuras funerarias, como es el caso de la necrópolis del Florindo. Por este motivo, se podría pensar en la posibilidad de una extensa área de necrópolis en la que estaría incluido este sitio arqueológico. 
     Por otro lado, se conoce que en esta zona fueron hallados una escultura que representaba a un león íbero-romano y varios sillares. La existencia de varios sillares junto a las edificaciones podrían relacionarse con este sitio. 
     Los materiales arqueológicos que se observan en superficie son los siguientes:
     De época romana se observan algunos amorfos de cerámica común y tosca y una tégula. En la cercanía se encuentran 6 sillares.
     También se ha localizado un punzón con huellas de retoque, de cronología en torno al Paleolítico Medio.
Sillar próximo a Alcolea del Rio V. Se encuentra un sillar en una edificación contemporánea situada al este del Cordel de Maribenito (conocido como Cordel de la Dehesilla según el Mapa del Instituto Geográfico y Catastral de 1947). Posiblemente procedan de otros sitios cercanos como los denominados Alcolea del Río Norte V, al este, o Villanueva del Río Norte-Este, al oeste (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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lunes, 18 de agosto de 2025

Los sitios arqueológicos Agujetero, en Osuna (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Agujetero, en Osuna (Sevilla).         
Agujetero Alto: En un cerro a unos 500 metros al sur del cortijo se encuentra esta villa de abundantes restos constructivos y cerámicos. 
     Collantes lo cita también con el nombre de Cahices del Villar.
Agujetero Bajo: A 1100 metros al sur del cortijo Agujetero Bajo, en el cerro de 348 metros de cota se ubicaría un poblado protohistórico actualmente desaparecido, del cual tan solo nos queda material escasísimo en la cima y numeroso en sus vertientes, sobre todo en la norte, a modo de derrubio de escorrentía: algo de cerámica a mano tosca, así como numerosas moletas y molino de granito (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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jueves, 23 de enero de 2025

Los sitios arqueológicos Los Álamos, en Fuentes de Andalucía (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Los Álamos, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).  
Los Álamos I. El yacimiento se emplaza en el subconjunto Sur de los Cerros de San Pedro, en una colina situada al Este del cortijo de Los Álamos. Rodríguez Temiño halló materiales que apuntan a un Calcolítico sin determinar. Fernández Caro realiza un análisis más exhaustivo del yacimiento, detectando una ocupación neolítica no muy intensa pero sí significativa, intensificándose a juzgar por el número de restos durante el Calcolítico inicial y abandonándose el yacimiento hasta su reocupación durante algún momento del Bronce Reciente. Este mismo autor localiza industria tallada de Paleolítico Medio y un cuantioso volumen de ítems líticos tallados pertenecientes al Paleolítico Superior. En la excavación de urgencia realizada en 1995 por Arteaga y Cruz Auñón se diagnosticó la total destrucción del yacimiento a causa de una cantera de arena.
     En el transcurso de la visita girada al yacimiento en 1999, tan sólo se han podido observar restos que revisten un cierto interés paleontológico (amonites, etc.).
Los Álamos II. El yacimiento se emplaza en una ladera de suaves lomas sobre terreno arenoso, situadas en el extremo Sur del conjunto de los Cerros de San Pedro.
     Una parte del yacimiento fue destruida por una cantera de arena, actualmente inactiva. En el sector destruido únicamente se observan actualmente escasos fragmentos de sílex. Por el contrario, en el sector del yacimiento que aún se conserva se aprecian tres núcleos de concentración de materiales arqueológicos de distintas épocas. En el sector Suroeste, junto al camino de Los Álamos, se detecta un núcleo muy pequeño donde se localizan cerámicas modernas, fundamentalmente comunes y vidriadas, junto a ladrillos y tegulae, materiales constructivos romanos muy probablemente reutilizados. Este pequeño núcleo correspondería a una casilla rural de época moderna.
     Subiendo por la ladera se observa una primera loma donde se detecta un asentamiento medieval islámico, predominando materiales correspondientes a un contexto califal. En esta loma se encuentran restos de materiales constructivos romanos reutilizados (ladrillos y tegulae) junto a cerámicas islámicas de diverso tipo: varios fragmentos amorfos de cerámica emiral, un fragmento de marmita emiral, un fragmento de jofaina vidriada con manganeso bajo cubierta melada adscribible entre época califal y almohade, un lebrillo califal con almagra, una cazoleta califal con pestaña, un vaso con engobe de almagra, un galbo de una jarra de asas califal con decoración pintada en blanco sobre negro, un fragmento de cubilete califal con almagra bruñida sólo al exterior, fragmentos de cerámica pintada con digitaciones en rojo o negro adscribibles entre época emiral y almohade y, por último, un fragmento de candil islámico.
     En tercer lugar, se observa lo que podría ser una posible necrópolis romana en la loma más alta, donde se localizan fundamentalmente materiales constructivos romanos compuestos por tegulae, ímbrices y ladrillos, algunos de éstos últimos de grandes dimensiones, junto a escasos fragmentos de cerámica común romana y aún más escasos fragmentos de cerámica ibérica pintada muy dispersos. La dispersión de materiales llega prácticamente hasta el camino de Los Álamos, posiblemente por rodamiento.
     Se sabe también, según informa Fernández Caro en su Carta arqueológica, que en Mayo de 1984 con motivo de la rectificación del camino de Los Álamos, el apero destruyó una tumba del tipo bustum que contenía dos ollas de borde vuelto hacia afuera, con restos de osamenta en el interior. En la pared del camino aún se podía ver, en el momento de la prospección de Fernández Caro, el perfil de la tumba, de forma semielíptica con tierra ennegrecida. Encontró varios fragmentos de ladrillos y tegulae, así como ladrillos completos (28 x 17 x 4,2 centímetros), las dos ollas de borde vuelto hacia afuera (Vegas 1) y un fragmento de borde de terra sigillata clara (Hayes 49). Asimismo, Fernández Caro menciona que según los buscadores de monedas, era frecuente el hallazgo de monedas en la zona, todas ellas romanas del Bajo Imperio, sin especificar. Por la poca densidad de los materiales, por el hallazgo de la tumba y las noticias por parte de los propietarios de haber aparecido otras años atrás, Fernández Caro interpreta este sector como una necrópolis activa durante el Bajo Imperio.
Los Álamos III. Se emplaza sobre tierra de suave pendiente dirigida hacia la Vega de Carmona y con recursos hídricos. El sitio arqueológico es casi imperceptible pues apenas se observa una pequeña dispersión de restos en superficie consistentes en algunos fragmentos de ladrillos y tegulae, así como fragmentos de cerámica vidriada, restos insuficientes para inferir una atribución cronológica y funcional al sitio.
     Según Fernández Caro, tendría dos períodos de ocupación distintos, en el Bronce Final y en el período islámico, extremo que no se ha podido constatar sobre el terreno ante la escasez de los restos observados (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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viernes, 26 de julio de 2024

El sitio arqueológico Santa Ana del Sorvito, en Alcalá de Guadaira (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Santa Ana del Sorvito, en Alcalá de Guadaira (Sevilla).
     Hoy, 26 de julio, Memoria de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, cuyos nombres se conservaron gracias a la tradición de los cristianos [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día que hoy, para ExplicArte el sitio arqueológico Santa Ana del Sorvito, en Alcalá de Guadaira (Sevilla).
     El sitio arqueológico se sitúa sobre una suave loma que cae hacia la vega del arroyo Guadairilla, y se caracteriza por una mediana dispersión de restos cerámicos de época protohistórica. 
     Se han documentados varios fragmentos de gálibos realizados a mano, encuadrables en el Bronce Final. Son más numerosos los restos de recipientes de época orientalizante y turdetana, representados por varias asas amorcilladas, fondos de cuencos, bordes de ánforas y cerámica a mano con la superficie alisada. En menor proporción se encuentran escasos fragmentos con decoración pintada monócroma.
     En la cima de la loma los restos cerámicos se hallan entremezclados con los restos constructivos de un cortijo derruido (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).     
Conozcamos mejor el Ciclo de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios;
EL CICLO DE ANA Y JOAQUÍN
Las fuentes apócrifas

   Los Evangelios canónicos no nos dicen nada del nacimiento ni de los años de infancia y juventud de la Virgen María con anterioridad a la Anunciación, que es lo único que que les interesa. Ni siquiera registran el nombre de sus padres.
   Para satisfacer la curiosidad de los fieles, esas lagunas de la crónica oficial han sido colmadas por los Evangelios apócrifos. Los mejor informados acerca del tema son:
1. El Protoevangelio de Santiago.
2. El Evangelio del Seudo Mateo (Liber de ortu beatae Mariae Virginis et infantia Salvatoris).
3. El Evangelio de la Natividad de la Virgen.
   Estos relatos fueron popularizados en el siglo XIII por Vincent de Beauvais, en su Speculum  Historiae y por el arzobispo hagiógrafo Santiago de Vorágine en la Legenda aurea (Leyenda Dorada). Pero los que se refieren a los padres de la Virgen inspiraron a los artistas occidentales hacia las postrimerías  de la Edad Media, gracias al culto tardío de santa Ana.
La formación de la leyenda
   La piadosa novela de los Evangelios apócrifos puede resumirse así: Después de veinte años de matrimonio con Ana, Joaquín seguía sin descendencia. Ahora bien, la esterilidad entre los judíos se consideraba una maldición divina. Además, el sumo sacerdote se negó a aceptar la ofrenda que Joaquín quería dedicar al templo. Desesperado por esa afrenta, éste se retiró en soledad, junto  a sus pastores.
   Pero enseguida el arcángel Gabriel se le apareció, al igual que a su mujer que estaba sola en Jerusalén, para predecir a ambos el nacimiento de un niño.
   Los viejos esposos se encontraron en la Puerta Dorada y se abrazaron llenos de alegría: del beso que se dieron nacería la Virgen Inmaculada, madre del Redentor.
   La falta de historicidad de esta fábula se anuncia en numerosos indicios.
   En principio, los nombres Ana y Joaquín no designan, como ya lo observara Lenain de Tillemont en el siglo XVII, a personajes reales, se trata de denominaciones simbólicas: Ana significa Gracia en hebreo, y Joaquín, Preparación del Señor.
   Por otra parte, todos los elementos de esta historia de los Evangelios apócrifos fueron tomados del Antiguo Testamento. La leyenda de Ana no es más que una ampliación de la historia de su homónima Hanna, madre de Samuel, de los dos primeros capítulos del Libro de los Reyes. El tema de los viejos esposos que después de largos años de matrimonio estéril son gratificados con un niño por la gracia divina, reaparece muchas veces en la Biblia que a su vez lo ha tomado de la leyenda universal. Es la historia de Abraham y de Sara, padres tardíos de Isaac, de Manuc, padre de Sansón, de Zacarías e Isabel, padres de Juan Bautista. Los Evangelios apócrifos se limitaron a copiarlo aplicándolo a los padres simbólicos de la Virgen.
Iconografía
   En las representaciones de la leyenda pueden distinguirse los ciclos y los episodios aislados.
   1. La ofrenda de San Joaquín rechazada
   Protoevangelio de Santiago. El sumo sacerdote dijo a Joaquín: «No te está permitido ser el primero en depositar tus ofrendas, porque no has engendrado en Israel.»
   La ofrenda rechazada de Joaquín es, ya un cordero, ya una suma de dinero. A veces, el donante estéril es brutalmente expulsado por el sumo sacerdote que lo hace rodar por los peldaños de la escalera. Pero casi siempre se retira con una tristeza llena de dignidad, seguido por su criado que lleva el cordero.
   2. Joaquín entre los pastores
   3. Anunciación a San Joaquín

   Un ángel le anuncia que su mujer parirá una hija de la cual nacerá el Mesías. 
    Esta escena corre el riesgo de ser confundida con la Anunciación a los Pastores. Pero Joaquín está solo con su rebaño y se arrodilla frente al ángel que se le aparece.
   A causa de un error la Zarza ardiendo de Nicolas Froment ha sido interpretada como la Anunciación a Joaquín. En realidad se trata de Moisés, como lo prueba, la inscripción.
   4. Anunciación a Santa Ana
   Abandonada por su esposo, Ana entristece en su jardín donde está con su criada Judit. Envidia la fecundidad de una pareja de pájaros que ve en las ramas de un laurel y pide angustiosamente a Dios que le conceda un hijo como a Sara, la vieja esposa estéril del patriarca Abraham.
   Un ángel se le aparece súbitamente y le anuncia que el Señor satisfará su ruego: parirá una hija que se llamará María. Ana promete consagrarla a Dios.
   De acuerdo con otra versión, una paloma habría besado los labios de Ana y por ese beso del Espíritu Santo habría sido concebida la Santa Virgen. En el arte copto, la historia de Ana y de la paloma se confunde con la leyenda pagana de Leda y el cisne.
   La Anunciación a Ana no puede confundirse con la Anunciación a María, porque la primera ocurre al aire libre, bajo un laurel.
   5. El encuentro en la puerta dorada
   Los dos viejos esposos, avisados separadamente, se encuentran en la Puerta Dorada de Jerusalén y se abrazan tiernamente, «de mutua visione et de prole promissa laetati», dice la Leyenda Dorada.
   Esta escena es, con gran ventaja, la más popular del ciclo de Ana y de Joaquín, porque en la Edad Media se veía en ella no sólo el preludio del Nacimiento de la Virgen, sino, además, el símbolo de la Inmaculada Concepción. Los teólogos enseñaban que la Virgen «Concebida por un beso sin semen de hombre (ex osculo concepta, sine semine viri)» había nacido por ese beso compartido frente a la Puerta Dorada, asimilada a la Puerta cerrada de la visión de Ezequiel.
   Así interpretado, el Encuentro en la Puerta Dorada, coincidente con la concepción de la Virgen, aparece como la redención del Pecado original, la reparación de la falta de Eva. Este episodio adquiere por ello una importancia capital en el misterio de la Salvación.
   Por ello, el Encuentro de Ana y Joaquín en la Puerta Dorada frecuentemente se asocia con la Natividad de la Virgen, porque la concepción señala el principio del proceso que conduce al nacimiento o Natividad de la Virgen. Por eso en un fresco de Ghirlandaio en S. Maria Novella, se ve a los dos esposos abrazarse en lo alto de una escalera que desciende a la habitación de la parturienta donde santa Ana acaba de parir a la Virgen.
   La Puerta Dorada tiene en sí misma un significado simbólico. Según una Biblia en verso del siglo XIV, es el emblema de la Puerta del Paraíso.
          Cette porte qui fut dorée, 
          Sur les autres plus honorée, 
          Signifiait, si com je cuide,
          Que la filie qu 'engendreraient 
          Et que Marie nomeraient 
          Serait porte de Paradis
   (Esta puerta que fue dorada / Es de todas la más honrada / Significaba, como creo / Que la hija que engendrarían / Y que María llamarían / Sería la puerta del Paraíso.)
Iconografía
   El arte de la Edad media representa el Encuentro de Ana y Joaquín de acuerdo con el modelo de la Visitación de la Virgen. Como María y su prima Isabel, lo dos viejos esposos se arrojan cada uno en brazos del otro y se felicitan mutuamente por el feliz acontecimiento anunciado por el ángel Gabriel. A veces Ana cae de rodillas frente a Joaquín, como Isabel frente a María.
   En el dintel de la portada Santa Ana de Notre Dame de París, Joaquín llega a caballo a la Puerta Dorada de Jerusalén, que se asemeja a la puerta fortificada de una ciudad medieval. Se ha creído reconocer allí, erróneamente, a san José a quien jamás se ha representado a caballo. Ese rasgo vuelve a encontrarse en una miniatura alemana del siglo XII que ilustra la Vida de la Virgen de Wernher (Biblia de Berlín): en vez de abrazar a Ana, Joaquín se echa a sus pies.
   Un rasgo común es la presencia de un ángel alado que conduce a Joaquín hacia Ana, o bien planea por encima de los dos esposos a quienes convocó por separado, quienes acercan sus labios para el beso procreador. Ese detalle se encuentra en Italia, en Giottino, Nardo di Cione, y en Vivarini, y también en un cuadro de la Escuela provenzal del siglo XV (hacia 1499) del Museo de Carpentras. En la escuela española del siglo XVI este tema aún se trataba con frecuencia.
   Puede observarse que el beso en los labios no está representado casi en ninguna parte más, en el arte de la Edad Media; ni siquiera en el arte profano de los marfiles. Así, por ejemplo, en las valvas de espejos y cofrecillos, la ternura de los esposos se expresa más discretamente, mediante una caricia en el mentón o la coronación del amante. En el siglo XVI el beso adquirió derecho de ciudadanía en el arte. El beso de los dos viejos esposos, representado desde principios del siglo XIV por Giotto, es una anticipación que se volvió tan común que ya no asombra a nadie, salvo a quienes están familiarizados con la iconografía medieval.
   A partir de la Contrarreforma, la popularidad de este tema se arruinó por la competencia con el nuevo símbolo de la Inmaculada Concepción, evocada por la Virgen de las Letanías descendiendo del cielo.
La ofrenda aceptada
   6. Joaquín y Ana, rehabilitados entregan al sumo sacerdote un cofrecillo

   Esta escena de la Ofrenda aceptada, muy infrecuente, forma pareja con la Ofrenda rechazada. Santa Ana, de rodillas, ofrece al sumo sacerdote un cofrecillo lleno de oro y joyas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Leyenda, Culto de Iconografía de San Joaquín padre de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios;
   Esposo de Santa Ana y padre de la Virgen María.
   Es el patrón del León X (Giocchino Pecci) quien elevó su fiesta al doble ri­tual de 11ª clase.
   Su atributo habitual es un cesto con dos palomas, la ofrenda ritual en el templo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Ana, madre de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios;
   Los Evangelios canónicos ni siquiera citan su nombre (en la Biblia sólo se habla de Ana, madre de Samuel y de Ana la profetisa que asiste al viejo Simeón a la Presentación del Niño en el templo). Sólo la mencionan los Apócrifos: el Protoevangelio de Santiago y el Evangelio o Tradiciones de Matías.
CULTO
   El culto de Santa Ana en Occidente ha sido tardío y efímero: se desarrolló a finales de la Edad Media, en relación con la creencia en la Inmaculada Concepción de la Virgen. Entró en decadencia y se extinguió, salvo en Bretaña y en Canadá, a partir del siglo XVI.
   Sus orígenes deben buscarse en Oriente. En Jerusalén se puso bajo la advocación de Santa Ana una iglesia edificada en el presunto lugar del nacimiento de la Virgen. Según Procopio, el emperador Justiniano le habría dedicado otra en Constantinopla, en el siglo IV.
   Pero Occidente la ha ignorado durante mucho tiempo. Ni San Agustín ni San Jerónimo mencionan a Santa Ana. En el siglo XII, Bernardo de Claraval, que tanto contribuyó a la expansión del culto de la Virgen, no habla de su madre.
   El culto de Santa Ana apareció en Occidente en la época de las cruzadas, gracias a las pretendidas reliquias traídas desde Tierra Santa o de Constantinopla. Una de las más célebres era el velo de Santa Ana del cual se enorgullecía la catedral de Apt, en las proximidades de Aviñón, que pretendía poseer el cuerpo de la madre de la Virgen llevado a Provenza por Magdalena y su hermano Lázaro. En verdad se trata, como lo prueban y atestiguan las inscripciones descifradas que se observan en la tela, de un tejido árabe de lino y seda fabricado en Egipto a finales del siglo XI, por encargo de un califa de la dinastía de los fatimitas.
   En Chartres, que después de Apt y antes de Sainte Anne d'Auray fue el principal centro de su culto en Francia, se veneraba la cabeza de Santa Ana traída por el conde Luis de Blois desde Constantinopla en 1204, después de la cuarta cruzada, y que se donó a la catedral de Notre Dame, "con el objeto de que la cabeza de la madre reposara en la casa de la hija".
   Si se creyese en las pretensiones de las diferentes iglesias de la cristiandad, la madre de la Virgen habría tenido tantas cabezas como la hidra de Lerna. Una segunda cabeza de Santa Ana se veneraba en Cluny, una tercera en la abadía de Ourscamp, cerca de Noyon, una cuarta entre los capuchinos de Colonia, una quinta en Düren, Renania, una sexta en Annaberg, Baja Austria.
   A falta de cabeza, se contentaban con los menores huesos, divididos en múltiples fragmentos. El rey Renato donó a la catedral de Angers una costilla de Santa Ana. Sus brazos estaban embutidos en relicarios conservados en Génova y Tréveris; su mano derecha había caído en suerte a la iglesia de Santa Ana en Viena, el pulgar, traído de Rodas, fue donado por el elector de Sajonia Federico el Sabio a la iglesia de Annaberg, en 1493.
   En el siglo XIV, Santa Brígida llevó reliquias de la abuela de Jesús a Suecia, desde Roma y el convento de Vadstena, casa matriz de las órdenes de santa Brígida, se convirtió en el centro escandinavo del culto de Santa Ana.
   La princesa Ana de Lituania fundó en Wilno una iglesia de Santa Ana.
   La devoción a Santa Ana que se desarrolló en esta época es un corolario de la Mariolatría: se basa en la doctrina de la Inmaculada Concepción de la Virgen, sostenida a partir del siglo XIII por la orden de los franciscanos y que, a pesar de la oposición de los dominicos, fue aprobada en 1439 por el concilio de Basilea, y ratificada más tarde, en 1483, por el papa Sixto IV.
   Los carmelitas han tenido un papel igualmente importante en la difusión del culto de Santa Ana.
   El más ardiente propagador de la devoción a Santa Ana a finales del siglo XV fue el humanista alemán Tritemio, es decir, de Trittenheim, cerca de Tréveris, donde naciera en 1462. Cuando se convirtió en abad del monasterio benedictino de Sponheim, publicó en Maguncia, en 1494, un tratado cuyo título es De laudibus sanctissimaes matris Annae tractatus (Tritemio sostiene que Santa Ana es tan inmaculada como su hija: concepit sine originali macula, peperit sine culpa ¿Por qué olvidar a la madre si honramos a la hija? Beatus venter qui Coeli domina portavit). A este libro, al cual se debe el impulso de un culto hasta entonces poco difundido (quasi novum), aludía Lutero cuando en 1523, en uno de sus sermones, declaraba: "Se ha comenzado a hablar de Santa Ana cuando yo era un muchacho de quince años, antes no se sabía nada de ella."
   Desde entonces, las cofradías de Santa Ana se multiplicaron. Un curioso indicio de su popularidad fue que Ana se convirtió, igual que María, en un nombre de pila masculino muy frecuente en el siglo XVI: basta recordar al condestable Ana de Montmorency. El nombre de María Ana, o Mariana, es una combinación del nombre de la Virgen con el de su madre.
   Dos reinas de Francia, Ana de Bretaña "bis regina" y Ana de Austria, favorecieron el culto de su patrona, al igual que la hija de Luis XI, Ana de Beaujeu, que se casó con el duque Pedro de Borbón.
   Después del concilio de Trento esta devoción entró en decadencia, aunque no se extinguió todavía, puesto que la famosa peregrinación de Sainte Anne d'Auray en Bretaña, se remonta al siglo XVII. En 1623 un campesino bretón desenterró en su campo una estatua pagana de la Bona Dea (la comparación entre la Bona Dea del Museo de Rennes y la Santa Ana de la puerta de Saint Malo en Dinan, demuestra que una deriva de la otra) amamantando dos niños que los carmelitas hicieron pasar por una imagen de Santa Ana con la Virgen y el Niño sobre las rodillas. El recuerdo de la buena duquesa Ana, última soberana de la Bretaña independiente, que se casó con Carlos VIII y luego con Luis XII, favoreció el nacimiento de esta devoción, localizada por las romerías populares en La Palud, cerca de Douarnenez, y sobre todo en Sainte Anne d'Auray, en la región de Morbihan. Un conocido refrán dice "Muerto o vivo, a Sainte Anne d'Auray todo bretón debe ir alguna vez".
   Los bretones se llevaron consigo a Canadá el culto de su patrona, en dicho país se organizó la peregrinación de Sainte Anne de Beaupré.
   Puede señalarse una última oleada de esta devoción a principios del siglo XVIII. Santa Ana fue adaptada en 1703 por los habitantes de Innsbruck, en el Tirol, porque la ciudad fue liberada de los bárbaros el día de su fiesta.
Patronazgos
   El número de patronazgos de Santa Ana es la mejor prueba de su popularidad.
   Algunos de estos patronazgos, de escasa justificación a primera vista, necesitan de una explicación.
   Era patrona de los carpinteros, ebanistas, torneros, que quizá veneraban en ella a la suegra de su colega San José, pero es más probable que se la haya considerado el tabernáculo vivo de la Virgen, concebida en su vientre.
   Cabe preguntarse por qué la reclamaban los mineros, y por qué tantos centros mineros de Alemania se bautizaron Annaberg (Mons divae Annae). Fue porque a Santa Ana se había aplicado este versículo del Evangelio de Mateo: "Es semejante al reino de los cielos a un tesoro escondido en un campo...". y al parir a la madre del Redentor, había dado a la humanidad su mayor tesoro, y como los mineros extraían los tesoros ocultos en el vientre de la tierra, se pusieron, al igual que los carpinteros, bajo la protección de Santa Ana.
   Se comprende con menor facilidad por qué se convirtió en la patrona de los caballerizos y palafreneros (la pequeña iglesia de Santa Ana, en Roma, próxima al Vaticano, se llama Santa Anna dei Palafrenieri), toneleros, tejedores, orfebres y fabricantes de escobas.
   En cambio resulta más comprensible que haya recibido el homenaje de las madres de familia preocupadas por la buena crianza de sus hijos ¿Acaso ella no había formado a la más perfecta de las hijas? Se la invocaba para tener niños, por ello Ana de Austria hizo una peregrinación a Sainte Anne d'Apt para tener un príncipe heredero. Se la creía capaz de facilitar los partos laboriosos. Como había enseñado a coser a la Virgen, era la patrona de las costureras, costureras de ropa blanca y encajeras. También es la patrona de los guanteros, porque según la leyenda, tejía guantes.
   Hombres y mujeres se dirigían a ella con tanta confianza como a San José, para obtener la gracia de una buena muerte, porque Santa Ana, en su lecho de agonizante, pudo contar con la asistencia de su nieto Jesús, que habría suavizado su deceso y evitado las angustias de la agonía. De ahí que la capilla funeraria de los ricos banqueros Fugger de Ausburgo estuviese dedicada a Santa Ana.
   En Bretaña se la invocaba para las cosechas de heno, a causa del color verde de su manto.
   El martes le estaba especialmente consagrado porque según la tradición ella habría nacido y muerto ese día.
ICONOGRAFÍA
   Tiene el aspecto de una matrona. Está representada con manto verde porque lleva en su vientre la esperanza del mundo, y el verde es el color de la esperanza.
   Es infrecuente que se la represente sola. Casi siempre suele vérsela asociada con la Virgen María (grupo de Santa Ana enseñando a leer a su hija), con la Virgen María y el Niño (grupo trinitario) e incluso con las tres Marías y toda su parentela (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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