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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 15 de abril de 2026

Un paseo por la calle "Chicuelo", en el Recinto Ferial

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle "Chicuelo", en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 15 de abril, es el aniversario del nacimiento (15 de abril de 1902) del torero Chicuelo, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Chicuelo, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle "Chicuelo" es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Tablada, del Distrito Los Remedios; y va de la calle Espartero, a la calle Pascual Márquez, formando parte del Recinto Ferial.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es una calle que tiene un comentario muy sencillo, puesto que al pertenecer al Recinto Ferial, sólo tiene sentido en esa semana de la Feria de Abril, en la que cobra vida, al trasladarse a ella (como también ocurre con el resto del callejero de la Feria de Abril) toda la vida de la ciudad.
     Es atravesada por las calles Gitanillo de Triana, Joselito el Gallo, y Juan Belmonte.
     En ella se encuentran innumerables casetas que la conforman. 
     En el reverso del rótulo de la propia calle podemos leer lo siguiente:
"MANUEL JIMÉNEZ MORENO. "CHICUELO"
Nació en la calle Betis del Barrio de Triana (Sevilla) en 1902
Se retira de los ruedos el 1 de Noviembre de 1951, en Utrera (Sevilla), otorgando la alternativa
a Juan Doblado y Juan Pareja Obregón. Muere en Sevilla el 31 de octubre de 1967.
Curiosidades: Además de la chicuelina, también introdujo el pase de costadillo y
el delantal. Pero ante todo, con su toreo con los pies juntos, es el precursor de la escuela sevillana.
Conozcamos mejor la Biografía de Manuel Jiménez Moreno "Chicuelo", a quien está dedicada esta vía;
     Manuel Jiménez Moreno, "Chicuelo". (Sevilla, 15 de abril de 1902 – 31 de octubre de 1967). Torero.
     Hijo del matador del mismo nombre y apodo, padre del matador y banderillero Rafael y del subalterno Manuel, y abuelo del novillero y banderillero Manuel y del novillero Curro (debutó con picadores en 2005), su hermano y sus tres descendientes también han llevado el apodo familiar.
     Al morir su padre de tuberculosis cuando sólo tenía cinco años, Chicuelo fue tutelado por el matrimonio formado por una hermana de su madre y por el banderillero Eduardo Borrego Zocato. Dice Cossío: “En el hogar modesto del banderillero no oyó el niño Manolo hablar más que de toros y de cuanto se relaciona con la fiesta”. Su tío le dirigió sus primeros pasos como becerrista y novillero, alcanzando ya de niño mucha fama en los tentaderos de su región. Añade Cossío: “Pronto fue conocida la gracia y el arte del niño en los cortijos y en el ambiente taurino sevillano, en el que su tío contaba grandes amistades y simpatías”. Chicuelo toreó con frecuencia en la “Huerta del Lavadero”, la placita que la familia de los Gallo tenía en Gelves, y en abril de 1912, con diez años, estoqueó su primer becerro en Dos Hermanas, en la placita de recreo que allí tenía el industrial Antonio Pickman. Como alumno de la Escuela Taurina de Sevilla, al año siguiente lidió con gran éxito otro becerro en la “Venta taurina”. Pronto viajó a las ganaderías salmantinas, donde coincidió con el jerezano Juan Luis de la Rosa, con el madrileño Eladio Amorós y con el valenciano Manolo Granero, que entonces estaba dando sus primeros pasos en la profesión. Una foto famosa dejó constancia de aquel encuentro de los aprendices de torero. Más adelante, estos torerillos actuaron bastantes veces juntos en varias localidades cercanas a Salamanca, y también en Valladolid, Burgos y Zamora.
     Chicuelo vistió por primera vez de luces el 24 de junio de 1917 en Tejares (Salamanca), alternando con Juan Luis de la Rosa y Bernardo González. Rodeado ya de una gran fama de torero precoz y con muchas posibilidades, en Salamanca actuó en compañía de Granero y De la Rosa. El 1 de septiembre de 1918 actuó en Zaragoza mano a mano con Antonio Márquez.
     Convertido ya en algo más que una promesa de los novilleros, el 16 de febrero de 1919 comenzó la temporada en Barcelona, llegando a hacer en esa plaza once paseíllos. En Madrid se presentó el 8 de agosto de ese mismo año, alternando con García Reyes y Joselito Martín. Repitió el siguiente día 15, dejando también esa ocasión un excelente ambiente. Se despidió de novillero el 22 de septiembre en Écija, toreando ese día con Pepete y Juan Luis de la Rosa.
     El 28 de septiembre de 1919 tomaron la alternativa en Sevilla De la Rosa y Chicuelo, el primero en la plaza Monumental y el segundo en la Maestranza. El jerezano se doctoró media hora antes que el sevillano, como dejó constancia en una crónica magistral Gregorio Corrochano, en la que relató su viaje de ida y vuelta de una plaza a otra para estar presente en ambas ceremonias. Así lo contó el crítico en el diario ABC: “A pesar de que la competencia de las dos plazas separa los toreros que desearíamos ver juntos y acumula los acontecimientos de más interés para un mismo día, hemos logrado ver la alternativa de La Rosa y la de Chicuelo. La circunstancia de lidiarse ocho toros en la plaza Monumental hizo que esta corrida empezara media hora antes. La cortesía del ganadero don Fernando Villalón, que nos ofreció su automóvil, hizo lo demás. Así pudimos estar a las cuatro y media en la Monumental y a las cinco en la Maestranza. Las alternativas tuvieron poco que ver. No fueron los toros fáciles para el lucimiento ni a propósito para el éxito clamoroso; pero tampoco respondieron los toreros a lo que de ellos esperábamos”. Juan Belmonte, en presencia de su hermano Manolo Belmonte, le cedió a Chicuelo la lidia y muerte del toro “Vidriero”, de Santa Coloma. De la Rosa recibió el doctorado de manos de Gallito, siendo los padrinos de la ceremonia Camará y Varelito. El toro de la ceremonia se llamó “Celeste”, y pertenecía a la vacada del marqués de Guadalest. De la Rosa, el antiguo compañero de tentaderos y novilladas de Chicuelo y Granero, el torero que también estuvo presente junto a Marcial Lalanda en la corrida en la que el propio Granero resultó mortalmente corneado en Madrid, fue asesinado por unos milicianos en plena calle de Barcelona en septiembre de 1936.
     El primer gran triunfo de Chicuelo como matador en la Maestranza tuvo lugar el 30 de septiembre de 1919, sólo dos días después de tomar la alternativa con diecisiete años. Un día antes, el 29, había resultado herido de poca consideración al entrar a matar en esa misma plaza sevillana a su primer toro de Albaserrada.
     Manuel Jiménez confirmó la alternativa en la Corrida de la Prensa de Madrid el 18 de junio de 1920. Rafael El Gallo fue el padrino de la ceremonia, con la presencia de Juan Belmonte y Fortuna. El toro de la confirmación se llamó “Volandero”, y pertenecía a la ganadería de Veragua. Chicuelo salió ese día a hombros de la plaza. Al año siguiente, instalado ya en la elite del toreo, sumó setenta corridas de toros. Debido tanto a una enfermedad como a su propia voluntad, en los años siguientes actuó en un número menor de tardes, pero siempre sin ver mermada su categoría y prestigio. Al finalizar la temporada española de 1924 viajó a México, “y adquiere allí —escribe Cossío—, en virtud de su brillantísima labor, el mayor y mejor cartel que lograra torero peninsular alguno”. Sólo Manolete, y después Paco Camino y Niño de la Capea alcanzaron un reconocimiento similar. En esa época surge en México la denominación de “chicuelina” al lance que en España se conocía (y aún hoy se conoce) como “navarra”, y que pasó a llamarse “chicuelina antigua” una vez que, a partir de 1922, Manuel Jiménez llevó a aquel país la famosísima “chicuelina” por él inventada en la plaza de Valencia el 9 de abril de 1922, en un quite al toro “Muleño”, de la ganadería de Guadalest y cuya lidia pertenecía a Manuel Granero. El tercer espada de ese festejo fue Manuel Varé Varelito.
     Manuel Jiménez fue un torero que debe considerarse clave en la evolución del toreo hacia la modernidad.
     Chicuelo dio carta de naturaleza al belmontismo que en Juan Belmonte había sido, según Néstor Luján, “sólo una deformación genial”. Chicuelo no inventó la ligazón en el toreo, aunque su tauromaquia supuso un jalón fundamental en la consolidación de esta condición inexcusable del toreo moderno. Su faena al toro “Corchaíto”, de Graciliano Pérez Tabernero, el 24 de mayo de 1928 en la plaza de Madrid, ha quedado como uno de los grandes hitos del toreo contemporáneo. A partir de ese día, pero sobre todo a partir de Chicuelo, el toreo comenzó a ser otro. Sobre su toreo, su estética y su importancia en la Fiesta, Néstor Luján escribió: “Chicuelo ha sido un artista excepcional. Con la capa y la muleta, su presencia en el toreo ha sido definitiva. Su flaco fue la espada, si bien, cuando se entonaba, daba buenas estocadas.
     [...] Chicuelo ha sido, además, creador del ritmo de torear moderno, del encadenamiento suave y fluente de las faenas, con una ensambladura invisible. Todas las faenas —las buenas faenas, se entiende— de Chicuelo, poseían una ligazón impalpable que, unida a la perfección delicada que imprimía a sus pases, dieron lugar a aquella radiante armonía que ha quedado como modélica. Su influencia personal, técnica y estética sobre Manolete, fue enorme [...]”.
     Sobre la faena a “Corchaíto”, Pepe Alameda escribió: “La faena, que fue una maravilla en sí misma, tuvo sobre todo el don de la oportunidad. El de haberla hecho en Madrid y precisamente cuando el público intuía, sentía, «necesitaba» que a los toros ya más afinados se les hiciera otro toreo: el toreo ligado, enlazado, que permitía la unidad de la obra y la prolongación de la faena, sacándola del reducido molde belmontino en que venía manteniéndose. [...] Creo que fue aquel momento uno de los más importantes de esta historia [la evolución del arte del toreo]”.
     Apartado de los ruedos en 1944, Chicuelo regresó en 1948. En 1951 toreó tres corridas, la última el 1 de noviembre en Utrera (Sevilla), en el festejo en el que dio la alternativa a Juan Doblado y a Juan de Dios Pareja Obregón. De esa corrida, la revista El Ruedo, al tiempo que sitúa entre interrogaciones el término “matador de toros” de los nuevos espadas (quizá porque torearon unos ejemplares escasísimos de presencia), ofrece la fotografía de una verónica en la que el diestro sevillano conserva todo empaque, la clase y la compostura de quien fue uno de los toreros más importantes del siglo XX (José Luis Ramón Carrión, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Chicuelo, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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martes, 14 de abril de 2026

Un paseo por el Barrio de Tablada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Barrio de Tablada, de Sevilla, dando un paseo por él.
     Hoy, 14 de abril, es el aniversario de la inauguración de la Base Aérea de Tablada (14 de abril de 1923), por Alfonso XIII, núcleo originario del Barrio de Tablada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Barrio de Tablada, de Sevilla.
     El Barrio de Tablada es, en el Callejero Sevillano, un barrio que se encuentra en el Distrito Los Remedios, delimitado por las vías SE-30, cauce dársena del río Guadalquivir, avda. Sanlúcar de Barrameda, c/ Curro Romero, c/ Antonio Bienvenida, avda. Flota de Indias, avda. Alfredo Kraus, y gta. Carlos Cano.
     El Barrio de Tablada lo componen las vías siguientes: c/ Aeródromo de Tablada, c/ Alfonso de Orleáns y Borbón, c/ Antonio Bienvenida, c/ Barberán y Collar, ctra. del Batán, c/ Chicuelo, camino Cortijo de Torrecuéllar, c/ Costillares, lugar Dehesa de Tablada, ctra. de la Esclusa, c/ Esparteroc/ Gitanillo de Triana, c/ Guillermo Jiménez Sánchez, c/ Hispano Aviación, c/ José Delgado "Pepe Hillo", c/ José Delgado Brackenbury, c/ Julia Rómula Híspalis, avda. de la Maestranza Aérea, c/ Pascual Márquezc/ Pepe Luis Vázquezc/ Ricardo Torres "Bombita", avda. San Juan Pablo II, grupo Tablada Barrio Viejo, y avda. de Tablada.
     El Barrio, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, siendo el conjunto de vías urbanas con características homogéneas, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     El Barrio, está dedicado a la Base Aérea de Tablada, que vertebra y centraliza. La historia, vicisitudes, y demás reseñas de interés están explicadas en las distintas vías que lo conforman, especialmente en la calle con la misma denominación.
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miércoles, 8 de abril de 2026

Un paseo por la plaza de las Buñoleras en el Real de la Feria

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza de las Buñoleras, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 8 de abril, es el Día Internacional del Pueblo Gitano, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la plaza de las Buñoleras, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La plaza de las Buñoleras es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Los Remedios, del Distrito Los Remedios; entre los números 21 y 23 de la calle Manolo Vázquez, formando parte del Recinto Ferial.
      La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es una plaza que tiene un comentario muy sencillo, puesto que al pertenecer al Recinto Ferial, sólo tiene sentido en esa semana de la Feria de Abril, en la que cobra vida, al trasladarse a ella (como también ocurre con el resto del callejero de la Feria de Abril) toda la vida de la ciudad.
     Parte de la calle Manolo Vázquez, entre los números 21 y 23.
     En ella se encuentran los puestos de las Buñoleras, tradicionalmente regentados por mujeres de la etnia gitana.
Conozcamos mejor la Conmemoración del Día Internacional del Pueblo Gitano;
     El Día Internacional del Pueblo Gitano se conmemora el 8 de abril. Esta fecha recuerda el Primer Congreso Mundial romaní/gitano celebrado en Londres el 8 de abril de 1971 en el que se instituyó la bandera y el himno gitano.
     La bandera es verde y azul, simbolizando el cielo y el campo, con una rueda de carro roja en el centro, que simboliza el camino desde la India y la libertad. El himno gitano, Gelem, gelem (Anduve, anduve), fue compuesto por Jarko Jovanovic y recuerda a los gitanos y gitanas víctimas del nazismo.
     En el 4º Congreso Internacional Gitano en Serok, Polonia se designó el 8 de abril como Día Internacional del Pueblo Gitano en recuerdo de aquel Congreso de Londres.
     Desde hace unos años la fecha del 8 de abril está adquiriendo gran notoriedad, sirviendo de ocasión para distintas celebraciones y comunicaciones por parte de múltiples instituciones nacionales e internacionales.
     La Ceremonia del Río es una de estas celebraciones que se realiza en muchas localidades. En ella las mujeres arrojan pétalos de flores en los ríos y los hombres encienden velas en recuerdo de los antepasados (Fundación Secretariado Gitano).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza de las Buñoleras, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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sábado, 21 de marzo de 2026

Un paseo por la calle Gitanillo de Triana, en el Recinto Ferial

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Gitanillo de Triana, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 21 de marzo, es el aniversario del nacimiento (21 de marzo de 1915) del torero Gitanillo de Triana, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Gitanillo de Triana, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Gitanillo de Triana es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Tablada, del Distrito Los Remedios; y va de la calle Antonio Bienvenida, a la calle Costillares, formando parte del Recinto Ferial.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es una calle que tiene un comentario muy sencillo, puesto que al pertenecer al Recinto Ferial, sólo tiene sentido en esa semana de la Feria de Abril, en la que cobra vida, al trasladarse a ella (como también ocurre con el resto del callejero de la Feria de Abril) toda la vida de la ciudad.
     De ella parten las calle Pepe Hillo, y Bombita; y la atraviesan las calles Pepe Luis Vázquez, y Chicuelo.
     En ella se encuentra la Caseta de los Niños Perdidos, como elemento más destacable, además, por supuesto como las innumerables casetas que la conforman.
     En el reverso del rótulo de la propia calle podemos leer lo siguiente: 
"RAFAEL VEGA DE LOS REYES "GITANILLO DE TRIANA"
Nació en el Barrio de Triana (Sevilla), el 21 de marzo de 1915
Alternativa: el 19 de Agosto de 1933, en Málaga, de manos de Domingo Ortega, con toros de Villamarta.
Murió en accidente de automóvil el 24 de mayo de 1969 en Belichón (Cuenca), en compañía de su yerno, el también torero Héctor Álvarez."
Conozcamos mejor la Biografía de Rafael Vega de los Reyes "Gitanillo de Triana", a quien está dedicada esta vía
;
     Rafael Vega de los Reyes, también conocido con el seudónimo de Gitanillo de Triana (Sevilla, 21 de marzo de 1915 - Belinchón, 24 de mayo de 1969 ), fue un torero español. 
     Utilizó el mismo seudónimo "Gitanillo De Triana" utilizado por su hermano mayor Francisco Vega de los Reyes (Curro Puya), también torero, que murió en Madrid el 31 de mayo de 1931 tras una cornada de toro. 
     Hijo de Manuel Vega Romero (1868) y Carmen de los Reyes García (1872), nació en Sevilla en el barrio de Triana de una familia muy numerosa de origen gitano. Penúltimo de diez hijos, tuvo 3 hermanas y 6 hermanos. Comenzó su carrera en Madrid en 1933 como "novillero" (principiante) al tratar con el ganado de Villamarta con Florentino Ballesteros González y Pericás, también toreros. En 1937 contrajo matrimonio con Rosario Rojas Monge "la Borbona" ​​(1920-2010), hija de la célebre bailaora de flamenco Pastora Rojas Monje, más conocida como Pastora Imperio, y de Fernando Sebastián de Borbón y Madán, primo del rey Alfonso XIII reconocida en un principio como hija del torero Rafael Gómez Ortega 'El Gallo'. 
     La pareja tuvo cinco hijos: Francisco (Curro) padre de la actriz Pastora Vega, María Del Carmen (Carmen), Pastora, Rafael y Charo. Reapareció en los carteles taurinos en la temporada de 1944, junto al torero Manolete. Tenía un estilo de toreo muy puro pero a veces demasiado reservado, donde los triunfos se mezclaban a menudo con los fracasos en paradójicos enfrentamientos. En la temporada de 1947 participó en 43 corridas gracias a una importantísima victoria que obtuvo en Madrid el 10 de octubre de 1946 con un toro de Buendía. Repetitivo en incongruencias y problemas de espada, bajó a 22 corridas en 1948, 5 en 1949, 3 en 1950, y 2 en 1951 y 1952, por lo que nunca llegó al nivel de logros de su desgraciado hermano mayor Francisco Vega de los Reyes ”Gitanillo de Triana" muerto por el toro "Fandanguero" de Pérez Tabernero en mayo de 1931. Es interesante señalar que a lo largo de los años alternó varias veces con Manolete y Luis Miguel Dominguín. 
     El destino quiso que en agosto de 1947 Manolete muriera durante una corrida de un toro propiedad de don Eduardo Miura, conocido como Islero, que lo arrollara en la plaza de toros de Linares, causándole la muerte el 28 de agosto de 1947. El evento se conoce como "cartel de Linares de 1947". Una de las últimas corridas en las que participó fue la de Pamplona el 18 de julio de 1948, durante la fiesta nacional del Alzamiento nacional. En el programa taurino se presentaron tres toreros de origen gitano: Cagancho, Gitanillo y Albaicín. 
     Tras retirarse del mundillo taurino, abrió El Duende, uno de los tablaos flamencos más famosos de Madrid, junto a su suegra Pastora Imperio. Los máximos exponentes del flamenco y la posterior rumba catalana actuaron aquí en los años 60, entre ellos Peret y Antonio González Batista "El Pescaílla". En la madrugada del 24 de mayo de 1969, él y su yerno Héctor Álvarez, torero venezolano, fallecieron en un accidente de coche, al chocar con un camión, en Belinchón (Cuenca) tras pasar la noche en una fiesta organizada por el torero Luis Miguel Dominguín en su finca de Villa Paz. 
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Gitanillo de Triana, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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sábado, 14 de marzo de 2026

Un paseo por la calle José Delgado "Pepe Hillo" en el Real de la Feria

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle José Delgado "Pepe Hillo", en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 14 de marzo, es el aniversario del nacimiento (14 de marzo de 1754) del torero José Delgado Guerra "Pepe Hillo", así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle "Pepe Hillo", en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle José Delgado "Pepe Hillo" es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Tablada, del Distrito Los Remedios; y va de la calle Gitanillo de Triana, a la calle Pascual Márquez, formando parte del Recinto Ferial.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es una calle que tiene un comentario muy sencillo, puesto que al pertenecer al Recinto Ferial, sólo tiene sentido en esa semana de la Feria de Abril, en la que cobra vida, al trasladarse a ella (como también ocurre con el resto del callejero de la Feria de Abril) toda la vida de la ciudad.
     La atraviesan las calles Joselito el Gallo, y Juan Belmonte.
     En ella se encuentran innumerables casetas que la conforman, destacando entre ellas las del Mercantil y la del Labradores, las dos más grandes del Recinto Ferial.
     En el reverso del rótulo de la propia calle podemos leer lo siguiente: 
"JOSÉ DELGADO GUERRA. "PEPE HILLO"
Nació en Sevilla, el 14 de Marzo de 1754
Alternativa: 1774, en Málaga de Manos de Juan Romero.
Murió el 11 de Mayo de 1801 en la plaza de toros de Madrid, como consecuencia de una
cornada mortal que le asestó el toro "Barbudo"
Conozcamos mejor la Biografía de Pepe Hillo, a quien está dedicada esta vía;
José Delgado Guerra, "Pepe-Hillo". (Sevilla, 14 de marzo de 1754 – Madrid, 11 de mayo de 1801). Torero.
     El apodo de José Delgado ha sido motivo de discrepancia, pues de él, aun siendo esencialmente el mismo, se ofrecen varias versiones: Pepe-Hillo, Pepe- Illo, Pepe-Yllo y Pepeíllo. También es frecuente que los distintos autores se refieran al torero sevillano eliminando el sustantivo (Pepe) y dejando cualquiera de las tres primeras posibilidades del diminutivo.
     Según Manuel Chaves Nogales, en los carteles de la época el nombre más usado, aunque no único, era Yillo. No obstante, conviene dejar constancia de que el torero siempre firmaba sus documentos personales (testamentos, contratos, etc.) como Joseph, Illo, y que cualquiera de los otros nombres, por mucho que hayan tenido fortuna y se den como definitivos, son distintos del que el propio diestro utilizó en su vida privada.
     También fue motivo de discusión entre los autores antiguos su fecha y lugar de nacimiento. La duda quedó totalmente despejada en el último tercio del siglo XIX, cuando —y así lo cuentan Don Ventura, Cossío, Rivas y Chaves Nogales, entre otros— el periodista Doctor Thebussem (seudónimo de Mariano Pardo de Figueroa) publicó en 1886 en la revista La Lidia un famoso artículo en el que, entre otros documentos de interés, reproducía su partida de bautismo.
     Con anterioridad se había especulado con que José Delgado vino al mundo en el pueblo de Espartinas, en la finca Villa-Albilla, del infante don Gabriel, en los años 1755 o 1768. En el artículo, luego recogido en el libro Un triste capeo, Doctor Thebussem se ocupa con detenimiento de este asunto, señalando y rebatiendo con documentos notariales las diferentes fechas ofrecidas por los distintos autores. Asimismo, aclara la confusión provocada por la existencia de otros José Delgado, contemporáneos de Pepe-Hillo pero distintos del torero, y alguno de ellos venido al mundo en Espartinas. En esta localidad, precisamente, acabó comprando tierras Hillo. En su momento fue un debate interesante, porque hacía referencia al origen de uno de los padres fundadores del toreo, pero que está superado desde hace muchos años. Hillo nació, pues, en Sevilla en 1754, el mismo año en que, en Ronda, vino al mundo Pedro Romero, su gran rival.
     “Es una de las más grandes figuras con que cuenta el toreo —escribió Don Ventura—; de cuanto se lee de él se saca en consecuencia haber sido uno de esos hombres que ejercen, al mismo tiempo, sobre las almas y sobre las cosas, una influencia innegable; impulsor y regulador de la fiesta, dominó sobre las multitudes por su valor y su alegría ante las reses, como dominó sobre los corazones por el secreto hechizo de su carácter, por una atracción personal indefinible que le permitió competir con su maestro Costillares y, después, en rivalidad más enconada, con Pedro Romero, no obstante superarle ambos. Disfrutó de una popularidad que ningún otro torero había alcanzado hasta entonces y habrían de pasar muchos años hasta que otros la obtuvieran en igual medida; la leyenda se mezcló con su historia y ha servido de fuente de inspiración a poetas, músicos, pintores y autores dramáticos; fue el prototipo del torero gallardo, siempre sediento de palmas, dechado de gracia y simpatía, rumboso y caritativo, y tras haberse visto elevado a la categoría de ídolo de las multitudes, su trágica muerte contribuyó no poco a que aumentara considerablemente el nimbo de celebridad que rodea su nombre.” Respecto al papel de Costillares como maestro de Pepe-Hillo conviene dejar constancia de que Luis Toro Buiza y Bruno del Amo Recortes rechazaron (aunque el segundo la había aceptado con anterioridad) la tradición que se expresa en este sentido, y señalan que ambos toreros coincidieron en los ruedos siendo ya los maestros del toreo.
     La cogida y muerte de Pepe-Hillo en 1801 en Madrid, fue recreada por Francisco de Goya en varias estampas de su Tauromaquia. Entre otros artistas, también Eugenio Lucas pintó el percance que acabó con la vida del diestro sevillano. Respecto a su faceta de “impulsor y regulador de la fiesta”, como la denomina Don Ventura, hay que resaltar que José Delgado inspiró (o quizá dictó, pero no escribió, pues apenas sabía poner su firma) la primera Tauromaquia de la historia, titulada Arte de torear, que vio la luz en Cádiz en 1796, en la imprenta de Manuel Ximénez Carreño. Siempre se ha dado por bueno que el autor material del texto fue José de la Tixera (que sólo figuró como autor de las correcciones en la edición madrileña de 1804), dirigido sin duda alguna por Pepe-Hillo. En palabras de Néstor Luján, “el libro fue el catecismo de los lidiadores hasta la aparición del tratado de Francisco Montes [la Tauromaquia de Paquiro], en 1836”.
     El Arte de torear de Hillo es, al mismo tiempo que un verdadero manual de uso del toreo, un tratado sobre tauromaquia. Dividido en dos partes, en la primera el autor pone todo su conocimiento y experiencia para explicar las suertes utilizadas en aquellos momentos (en realidad, sólo se empleaban las básicas y algunas de adorno, muy pocas en comparación con las que se emplean en el toreo moderno) y cómo debía comportarse el lidiador teniendo en cuenta la diferente condición de los toros (franco, revoltoso, bravucón, que se ciñe...); la segunda parte se ocupa de las suertes a caballo, tanto las de picar como las que más adelante se emplearon exclusivamente en las labores camperas.
     El libro de Illo, como toda buena Tauromaquia, no es una mera relación enumerativa o descriptiva de suertes del toreo, sino que hay un fondo de técnica y estética.
     José Delgado, que realizaba un toreo en el que primaba la estética, va más allá, y cuenta cómo es la técnica del toreo, por mucho que en aquella época no se emplease esta palabra. Su Tauromaquia, primordial en su momento, fue superada cuando los diestros comenzaron, más de un siglo después, a ligar (unir uno detrás de otro) los muletazos. A partir de la Tauromaquia de Guerrita, la ligazón se convirtió en un concepto fundamental del toreo contemporáneo, una idea que Hillo rechazó, pues la consideraba como una muestra de “miedo y poca destreza”.
     Escribe Cossío que la tradición señala que Pepe-Hillo era hijo de tratantes de vinos y aceites del Aljarafe.
     Asimismo señala que de niño le colocaron a trabajar en el obrador de un zapatero o maestro de obra prima. Según Velázquez y Sánchez, “su desaplicación rebelde, su inclinación tenaz al toreo, las reprensiones infructuosas de su padre, sus escapatorias al matadero, sus conexiones de discípulo con Joaquín Rodríguez (Costillares)” fueron frecuentes. Así pues, el matadero sevillano se sitúa, lo mismo que en otros toreros anteriores y posteriores a José Delgado, en el origen de su afición y primeras andanzas taurinas. Cossío reproduce una frase, recogida en un manuscrito conservado en la biblioteca de Ortiz Cañavate, que dice que en aquel centro “se le vio torear con su propia camisa, por no tener la capa que para hacerlo usaban los demás”. Costillares debió de conocer en el matadero a Pepe-Hillo y, antes de presentarle como medio espada en Córdoba en 1770, le llevó por diversas plazas con objeto de que fuera aprendiendo la profesión. Y añade Cossío: “Conquistaba por entonces la voluntad de los públicos su deseo de practicarlo todo: su valor, su ligereza de pies y, sobre todo, el simpático corte de su figura, la gracia y armonía de sus movimientos, que había de hacer exclamar a su rival, el hercúleo Pedro Romero: ‘Lo que Dios te ha quitado de fuerza, te lo ha dado de gracia’”. Hillo tenía en esos momentos dieciséis años. Recoge Cossío, pero no da por cierto, el dato que ofrece un autor anónimo, y que señala que el 3 de mayo de 1768, cuando contaba catorce años, lidió en Sevilla, por percance de otros toreros, más de veinte toros, en sesiones de mañana y tarde.
     Boto Arnau documenta sus años de formación: siendo un niño toreó en Cádiz en la cuadrilla de Cándido; en 1769 actuó en Madrid formando parte de la de Juan Romero; en 1770 toreó en Córdoba en la de Damián Gallo; en 1771 salió en Sevilla de nuevo con Cándido y en 1774 toreó en Madrid como banderillero de Costillares. En 1775, según Chaves Nogales, figura como “jefe de cuadrilla y primer espada en Sevilla”. Se sabe que en 1777 toreó en la localidad toledana de Talavera de la Reina (el contrato se conserva en el archivo municipal, y en él se comprometía a banderillear y matar, los días 11 y 12 de septiembre, dieciséis toros en la plaza de Nuestra Señora del Prado, cobrando 200 reales de vellón por toro, además de cebada para las mulas, un carnero y un pellejo de vino) y que en 1778 compitió por primera vez con Pedro Romero en Cádiz, con quien mantuvo una gran competencia profesional y de quien acabó siendo muy amigo. En este festejo, según Boto Arnau, “el espectáculo de un Pepe-Hillo tirando la muleta para matar, recibiendo al toro con su castoreño, después de desatar la pasión de los tendidos con su jugueteo ante el toro, sus quiebros, sus vistosas banderillas y la locura de su toreo de capa, debía ser inenarrable”.
     Y añade este autor: “John F. Peyron, viajero inglés que visitó Cádiz esos años, se asombra de la popularidad de Pepe-Hillo, a quien llama ‘toreador famoso’ y al que vio cómo le aplaudían en el teatro gaditano cuando acudió a una comedia, convaleciente de una cornada”.
     En los años siguientes toreó fundamentalmente en Andalucía. La primera vez que López Izquierdo documenta el nombre de Pepe-Hillo en Madrid es el 27 de agosto de 1781, si bien hay abundantes lagunas en la documentación de años anteriores e incluso de esa misma temporada. Ese día actuó junto a Costillares.
     A partir de ese momento, la presencia de Hillo en los carteles de Sevilla y Madrid es muy frecuente, si bien hay años en que su nombre no aparece. Tras la competencia vivida en 1778, Pedro Romero y Pepe-Hillo no se encontraron en la plaza de Madrid hasta 1789, con motivo de las funciones reales celebradas por la jura de Carlos IV, renovándose la rivalidad entre ambos toreros. “Competencia que —según Chaves Nogales— llegó poco después a su período más álgido y dio lugar a infinitas disputas y acaloradas discusiones, algunas de las cuales terminaron de la manera más estrepitosa”. Según este autor, en ese momento Delgado había alcanzado el cenit de su fama, como se desprende de este otro párrafo de esa misma biografía: “Continuó Pepe-Illo alentando aquellas rivalidades en algunas plazas de las provincias donde trabajaba, y cuando volvió a Madrid después de algunos meses de ausencia, se encontró festejado por el pueblo, distinguido por personas de elevadas clases y haciendo un papel que nunca pensó iba a representar. Las mujeres le dispensaban grandes favores y más de algunas riñeron por ser objeto de sus galanteos; si tenía alguna cogida, el pueblo se agrupaba a la puerta de su posada y las imágenes más devotas contaban con multitud de fieles que pidiesen por la salud del diestro; su frecuente trato con diversas personas de alta posición le hacían aparecer hasta como hombre influyente para muchos asuntos, y cuando en los alegres días de toros se dirigía por la mañana y tarde a la plaza vestido lujosamente, sentado en su ligero calesín que arrastraba airoso un potro adornado de borlas y cascabeles infinitos, los chisperos le jaleaban, siguiéndole corriendo los muchachos y las mozas de bronce nunca dejaban de pararse al encontrarle de camino”.
     Hasta la fecha de su muerte, Hillo mantuvo el prestigio como torero y la fama como personaje público.
     En 1796 se publicó su Tauromaquia o Arte de torear y en 1799 se retiró Pedro Romero, su gran competidor.
     Siendo Costillares ya un diestro mayor para ejercer con facultades su profesión (había nacido en 1748), José Delgado se quedó como el centro casi absoluto del toreo. Como en todos los personajes populares, su muerte estuvo envuelta en la leyenda. Se ha escrito, sin que nada pueda demostrar que sea cierto, que una gitana le leyó las rayas de la mano y le dijo que no matase toros negros, porque uno de éstos iba a causarle la muerte; también se ha escrito que la víspera de la corrida en que resultó mortalmente herido se acercó a ver los toros que iban a lidiarse, que pastaban apaciblemente en el Arroyo Abroñigal y, señalando uno negro zaíno que sobresalía de la manada, pidió que se lo reservaran para él... En fin, se han escrito leyendas que adornan la historia de un personaje popular, muy querido y admirado por el pueblo, y que supo codearse con las capas más altas de la sociedad.
     Lo que es seguro es que Hillo se anunció en Madrid el lunes 11 de mayo de 1801, en compañía de José Romero y Antonio de los Santos, en funciones de mañana y tarde, para lidiar dieciséis reses de José Gijón, Manuel García Briceño, José Gabriel Rodríguez, Díaz Hidalgo, Juan Antonio Hernán y Vicente Bello.
     El percance sobrevino por la tarde, y el toro que provocó la muerte de Hillo, séptimo de la corrida, se llamaba Barbudo y pertenecía a la ganadería de José Gabriel Rodríguez, de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca). Sobre el cartel del festejo, Cossío y don Ventura señalan, y lo corrobora López Izquierdo, que con Hillo torearon José Romero y Antonio de los Santos, si bien Manuel Chaves Nogales indica de manera errónea que actuó Juan Romero; además, señala, y esto sí es posible, que estaba anunciado Costillares, que finalmente no toreó. El pormenorizado relato de la cogida se reproduce de la Carta de José de la Tixera: “Barbudo sólo recibió tres o cuatro varas, a las que entró siempre huyendo de los caballos, por ser de estos demasiado cobarde. Después, con mucha maestría, le clavó un par de banderillas el aplaudido Antonio de los Santos, y seguidamente le clavaron otros tres pares Joaquín Díaz y Manuel Jaramillo. Luego se presentó a matarle José Delgado; le dio tres pases de muleta, dos por el orden común (o despidiéndole por su izquierda), y el restante de los que llaman al pecho; con el cual se liberó del apuro contra los tableros, en que le encerró la mucha prontitud con que se revolvió el toro, algo atravesado de resultas de haberle dado el segundo pase no hallándose puesto aquél en la mejor situación. Estando ya a la derecha del toril, a corta distancia de él y con la cabeza algo terciada a la barrera, se armó el matador para estoquearle; lo tanteó, citándole o llamándole la atención con la muleta (deteniéndose y sesgándole algo más de lo regular), se arrojó a darle la estocada a toro parado, y le introdujo superficialmente como media espada por el lado contrario o izquierdo. En este propio acto le enganchó con el pitón derecho por el cañón izquierdo de los calzones y le tiró por encima de la espaldilla al suelo, cayendo boca arriba. Bien porque el golpe le hizo perder el sentido, o por el mucho con que pudo estar para conocer que en aquel lance debió quedar sin movimiento, es lo cierto que, careciendo de él, se mantuvo en dicha forma ínterin le cargó el toro con la mayor velocidad, y ensartándole con el cuerno izquierdo por la boca del estómago, le suspendió en el aire y campaneándole en distintas posiciones, le tuvo más de un minuto, destrozándole en menudas partes cuanto contiene la cavidad del vientre y pecho (a más de diez costillas fracturadas), hasta que le soltó en tierra inmóvil y con sólo algunos espíritus de vida. Ésta la perdió enteramente en poco más de un cuarto de hora, en cuyo intermedio se le suministraron todos los socorros espirituales que son posibles a la piedad más religiosa”. Tras ser velado el cadáver en el Hospital General, y serle allí mismo practicada la autopsia, Pepe-Hillo fue enterrado en la mañana del 12 de mayo en la iglesia parroquial de San Ginés, en la madrileña calle del Arenal.
     Sobre la importancia y el significado de la figura de Pepe-Hillo, Néstor Luján escribió: “Todo lo quiso practicar y a todos ansió emular y, como delante de él tenía un torero de características totales como lo fue Pedro Romero, al que respondían todos los oscuros resortes que rigen el misterioso juego de la lidia de los toros, topó siempre a pecho abierto con las astas que le buscaron el alma hasta veinticinco veces en cogidas graves. La última fue mortal de necesidad. Cuantas suertes se conocían en los toros, quiso no sólo practicarlas, sino practicarlas mejor que nadie, con una palpitación sangrienta y a la vez alegre y propia. Así la navarra de Martincho y Leguregui, y el lance de la tijera típico de la escuela sevillana de los Palomos, y el galleo que inventó, con sus mil variantes ágiles y movidas, el Africano. Asimismo quiso torear mejor que Pedro Romero a la verónica, aunque no pudo vencerle en esta templada suerte a la que es tradición que el diestro rondeño imprimía una plateada majestad.
     Practicó, y en esto sí que no tuvo rival en sus días, los recortes, el quiebro y el cuarteo con el capote plegado al brazo en los quites, encuentros y regates. E inventó, por fin, el lance a la aragonesa o el capeo de espaldas [llamado de frente por detrás, antecedente de la gaonera]” (José Luis Ramón Carrión, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle José Delgado "Pepe Hillo", en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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viernes, 20 de febrero de 2026

Un paseo por la calle Ricardo Torres "Bombita", en el Recinto Ferial

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Ricardo Torres "Bombita", en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 20 de febrero, es el aniversario del nacimiento (20 de febrero de 1879) del torero Ricardo Torres "Bombita", así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Ricardo Torres "Bombita", en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Ricardo Torres Bombita es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Tablada, del Distrito Los Remedios; y va de la calle Gitanillo de Triana, a la calle Pascual Márquez, formando parte del Recinto Ferial.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es una calle que tiene un comentario muy sencillo, puesto que al pertenecer al Recinto Ferial, sólo tiene sentido en esa semana de la Feria de Abril, en la que cobra vida, al trasladarse a ella (como también ocurre con el resto del callejero de la Feria de Abril) toda la vida de la ciudad.
     La atraviesan las calles Joselito el Gallo, y Juan Belmonte.
     En ella se encuentran innumerables casetas que la conforman.
     En el reverso del rótulo de la propia calle podemos leer lo siguiente: 
"RICARDO TORRES REINA. "BOMBITA"
Nació en Tomares (Sevilla), el 20 de febrero de 1879
Alternativa: Las Ventas el 24 de septiembre de 1899. Padrino: José García, Algabeño
Curiosidades: Jamás usó la espada simulada o de madera en la faena. El 19 de octubre de 1913 anuncia su retirada en Madrid, lidiando con los dos Gallos, Joselito y Rafael, y Regaterín (que sustituía a Juan Belmonte)
Falleció en Sevilla, el 29 de noviembre de 1936.
Conozcamos mejor la Biografía de Ricardo Torres "Bombita", a quien está dedicada esta vía;
     Ricardo Torres Reina, "Bombita Chico". (Tomares, Sevilla, 20 de febrero de 1879 – Sevilla, 29 de noviembre de 1936). Torero.
     Hermano de los matadores Emilio y Manuel, los tres se apodaron Bombita. Mientras coincidieron en los carteles, utilizaron un adjetivo o un ordinal que les diferenciaba: Bombita (Emilio, también conocido como el Bomba), Bombita Chico (Ricardo) y Bombita III (Manuel). No obstante, a pesar de la coincidencia de apodo, la historia del toreo reconoce como Bombita a Ricardo, por mucho que éste no usase ese sobrenombre mientras su hermano Emilio estuvo en activo.
     Durante su infancia, Ricardo no mostró deseos de ser torero, si bien Emilio, que era cinco años mayor, había adquirido cierto nombre como novillero. No siguió las pretensiones paternas de que cursara estudios elevados, aunque entró a trabajar en una imprenta, en la que a base de inteligencia logró ascender de chico de los recados a corrector de pruebas, pasando por los estadios intermedios de cuartillero y cajista. Sin embargo, el toreo acabó cruzándose en su camino, influido tanto por las andanzas de su hermano mayor como porque pasaba gratis a los festejos celebrados en la Maestranza acompañando a su padre, que era proveedor de útiles para el desolladero de la plaza.
     Toreó por primera vez una becerra en el matadero sevillano, “a hurto —dice Cossío— de administrador y empleados, pues el matadero no era ya la academia taurina de principios de siglo, como si quisiera recibir su bautismo torero en lugar de tan rancia tradición”. Y añade: “Burlando la vigilancia de su familia, y en especial de su madre, comenzó a hacer sus escapadas por fiestas de pueblos y cerrados, y en uno de éstos tropezó con su hermano Emilio, ya torero famoso, que no sólo no vio con malos ojos las disposiciones del hermano, sino que resueltamente comenzó a favorecerlas. A ello debió Ricardo en adelante no conocer las angustias, privaciones y desamparos de los principiantes. Emilio le llevaba consigo a los tentaderos, y últimamente a las corridas de Madrid, en una becerrada en la plaza de la Corte (contaba Ricardo trece o catorce años) mató, y de mala manera, un becerro alternando con mister Valm, famoso cocinero de la marquesa de Manzanedo”.
     Pérez López indica en su relación de festejos que en 1892 (año en que Ricardo tenía trece años) no hubo becerradas en Madrid, al tiempo que señala que Emilio se presentó en esa plaza el 8 de diciembre. En 1893 hubo tres becerradas: el 6 de marzo (a beneficio de la Asociación General de Empleados de Ferrocarriles de España), el 12 de septiembre (organizada por la Sociedad Taurina Unión Cordobesa) y 14 de septiembre (celebrada por la Sociedad Caridad Taurina); quizá Bombita Chico participó en alguna ellas, en un año en el que Emilio toreó nueve novilladas picadas en Madrid (fue el torero que más paseíllos hizo en esa plaza), acercándose su situación a la de “torero famoso” descrita por Cossío.
     Ricardo se estrenó como banderillero el 10 de agosto de 1895 en Jerez de los Caballeros (Badajoz), en la cuadrilla de Juan Domínguez Pulguita chico. Indica Cossío que debutó como novillero en la plaza lisboeta de Campo Pequeño, festejo del que no se habla en la biografía de Don Ventura ni tampoco en la incompleta monografía sobre Ricardo Torres publicada sin firma de autor en 1907 en la biblioteca “Sol y Sombra”. En 1896 formó junto a Domínguez una cuadrilla de “niños sevillanos” que tuvo buena aceptación en plazas de provincias. Bombita y Pulguita se presentaron en Madrid el 7 de marzo de 1897 (Cossío dice de manera errada que fue el día 3), con novillos de Tiburcio Arroyo, de la localidad madrileña de Miraflores de la Sierra. El crítico Achares escribió acerca del debut de Ricardo Torres en la revista El Enano: “El hermano de Bombita, que tiene una figura simpática y atractiva, descubre, lo mismo por su estatura que por otras condiciones, ser un torero que puede dominar a las reses y que, persuadido de lo que dan de sí sus facultades, las domina ya. Paradito y fresco pasando, da, sobre todo, los naturales con el arte y la conciencia de un torero hecho y derecho; torea de capa con reposo; es activo y oportuno cuando de hacer quites se trata, y entra a herir con guapeza y buscando con serenidad el sitio de la muerte, aunque no siempre cuidando de la manera de salir de la suerte”. En ese festejo, Bombita Chico lidió en primer lugar el novillo Espejito y vistió un terno de color miel y oro.
     A la afición madrileña debió gustarle más Ricardo Torres que Juan Domínguez, pues Bombita repitió en esa plaza en las siguientes cuatro novilladas, mientras que Pulguita no regresó al ruedo de la capital hasta el 28 de noviembre, alternando con José Gordón Gordito, en un festejo en el que se anunció una “lucha feroz” entre el tigre César y el toro Regatero. Siguió Bombita toreando los dos años siguientes como novillero, haciendo cada temporada cuatro paseíllos en Madrid y sufriendo dos cornadas graves, el 6 de noviembre de 1898 y el 12 de marzo de 1899, por los novillos Greñudo y Ropero, respectivamente. Da la casualidad de que en esos dos festejos alternó con Antonio Olmedo Valentín.
     Su carrera como novillero fue muy accidentada, pues también resultó herido de consideración en Sevilla y Valencia, además de sufrir otros accidentes, tales como clavarse una astilla y una puya, o padecer la rotura de una pierna y un fuerte pisotón en la ingle. Dice Cossío: “Tal era su mala fortuna, que es fama que sus amigos, al despedirle, en lugar del consuetudinario, Buena suerte, solían decirle, con deseo más módico, Que no sea mucho. La estadística de sus cogidas durante esa época de novillero es impresionante. Cuarenta y cinco cogidas, hiriéndole dieciocho veces los toros. Pese a estos contratiempos, que no hicieron sino contrastar su valor y fuerza de voluntad, el cartel del novillero era insuperable” (José Luis Ramón Carrión, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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domingo, 18 de enero de 2026

Un paseo por la calle Espartero, en el Recinto Ferial

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Espartero, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 18 de enero, es el aniversario del nacimiento (18 de enero de 1865 ó 1866) del torero Manuel García y Cuesta "Espartero", así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Espartero, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Espartero es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Tablada, del Distrito Los Remedios; y va de la confluencia de la calle Antonio Bienvenida con la avenida Flora de Indias; a la confluencia de las calles Gitanillo de Triana, y Ricardo Torres "Bombita", formando parte del Recinto Ferial.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es una calle que tiene un comentario muy sencillo, puesto que al pertenecer al Recinto Ferial, sólo tiene sentido en esa semana de la Feria de Abril, en la que cobra vida, al trasladarse a ella (como también ocurre con el resto del callejero de la Feria de Abril) toda la vida de la ciudad.
     En ella comienzan las calles Antonio Bienvenida, Pepe Luis Vázquez, Chicuelo, y Bombita.
     Junto a su inicio, aunque ya en la calle Antonio Bienvenida, se encuentra la Portada de la Feria, como elementos más destacables, además, por supuesto como las innumerables casetas que la conforman. 
     En el reverso del rótulo de la propia calle podemos leer lo siguiente: 
"MANUEL GARCÍA CUESTA. "EL ESPARTERO"
Nació en Sevilla, el 18 de enero de 1865.
Alternativa: en Sevilla, el 13 de Septiembre de 1885, de manos de Antonio Carmona "El Gordito"
Muere el 27 de mayo de 1894, como consecuencia de la cornada que recibió en Madrid
por el astado "Perdigón", de la ganadería de Miura"
Conozcamos mejor la Biografía de Manuel García y Cuesta "Espartero", a quien está dedicada esta vía;
     Manuel García y Cuesta "Espartero", (Sevilla, 18 de enero de 1865 o 1866 – Madrid, 27 de mayo de 1894). Torero.
     Los biógrafos consultados de Espartero coinciden en el día y en el mes de su nacimiento, si bien difieren en el año: José María de Cossío, Natalio Rivas, Fernando Claramunt y Daniel Tapia afirman que vino al mundo en 1865, mientras que Don Ventura, Néstor Luján y Luis Nieto opinan que nació en 1866.
     Ninguno de los textos vistos menciona o desmiente la otra fecha en litigio, y tampoco ningún autor afirma haber tenido en su poder la partida de bautismo o nacimiento del torero sevillano. A falta de otros datos más concretos, algo de luz sobre este tema puede ofrecer un párrafo, recogido por Cossío y Nieto Manjón, de la crítica que Antonio Peña y Goñi hizo en la revista La Lidia de la corrida de la confirmación de alternativa del Espartero, el 14 de octubre de 1885. En ese texto, el escritor habla del Espartero como de “un niño de diecinueve años”, lo que hace pensar que, de ser cierto ese dato, Manuel García y Cuesta tuvo que nacer en 1866. Resulta paradójico, no obstante, que Cossío recoja este texto y, al mismo tiempo, sostenga que vino al mundo en 1865.
     Superada esta inicial discrepancia, a partir de aquí todos los autores están de acuerdo en que Espartero fue un torero de enorme valentía que, con su muerte en la plaza de Madrid, no sólo entró a formar parte de la leyenda negra de la ganadería de Miura, sino que se convirtió en un modelo de héroe de trágica leyenda.
     Manuel García tomó el apodo de la profesión de su padre, espartero, oficio que él mismo ejerció durante su juventud. Asegura Cossío que en 1881 tuvo su primera aventura taurina: tras debutar en Guillena (Néstor Luján dice que fue en Alcalá del Río), siguió como banderillero acompañando a José Cineo, Cirineo, en las localidades de Bollullos del Condado, Alcalá de Guadaira y Castilblanco de los Arroyos. Al mismo tiempo, como era norma entonces, por la noche acudía a los cerrados de las ganaderías.
     Asegura Luján, quizá para redondear el círculo trágico de la vida del Espartero, que sus primeros capotazos los dio, con la sola luz de la luna como testigo, precisamente en la ganadería de Miura.
     “Si me ha da matar un toro, quiero que sea de Miura”, dicen que dijo Manuel García, imbuido de lo que Luján considera “una fatalidad invisible”.
     En Sevilla se presentó, todavía como banderillero de Cirineo, el 8 de octubre de 1882. De novillero toreó, compaginando esta faceta aún con la de subalterno, sus primeros festejos en 1884. En Cazalla de la Sierra mató dos toros de Manuel Cubero el 12 de junio de 1884, y en Sevilla toreó como banderillero el 27 de julio. La fama de torero valiente que ya entonces se había labrado le granjeó la simpatía del famoso matador Manuel Domínguez, Desperdicios, que le regaló una espada y se convirtió en su consejero y protector.
     El año 1885 fue muy importante en su carrera: toreó y triunfó en Sanlúcar de Barrameda y Cáceres, y en la Maestranza hizo su debut el 12 de julio, con novillos de Anastasio Martín. A partir de ese momento su trayectoria adquirió una gran velocidad, convirtiéndose su figura en lo que Cossío denomina “una sugestión colectiva”. José María de Cossío copia una frase de la época: “Se come a lo Espartero, se fuma a lo Espartero, se anda a lo Espartero, se peina a lo Espartero y, en una palabra, el Espartero llega a ser para la tercera parte de los moradores de Sevilla no el hombre del día, sino el de siempre, el de todas horas”.
     En ese ambiente de entusiasmo, y después de actuar en siete novilladas, tomó la alternativa en Sevilla el 13 de septiembre de ese mismo año 1885, de manos de Antonio Carmona, Gordito, que le cedió la lidia y muerte del toro Carbonero, del marqués de Saltillo, al que hizo una gran faena, siendo aún mejor la que realizó a Señorito, otro de los toros de su lote.
     De manera incomprensible para el aficionado contemporáneo, cuatro días después, el 17, toreó una novillada en Zalamea la Real, en la que resultó herido.
     Al regresar al ruedo sevillano el 11 de octubre se generó una cierta (y lógica) polémica en la prensa sobre su condición o no de matador de toros, y sobre si había perdido sus derechos como diestro de alternativa al torear una novillada después de la ceremonia del doctorado. Por ese motivo, en los carteles del 11 de octubre se anunció que la alternativa del 13 de septiembre había sido válida, pero que “para que queden desvanecidas aquéllas [las dudas], volverá a darle la alternativa el mismo Antonio Carmona”. Los toros del segundo doctorado pertenecieron al hierro de Miura, con los que el Espartero no estuvo especialmente lucido.
     La gran fama conquistada en Sevilla no le favoreció a Manuel García de cara a su presentación en Madrid, anunciada para el 14 de octubre de 1885.
     No pocos aficionados pensaron (incluidos los responsables de la revista La Lidia) que tanto la alternativa como la inminente confirmación del doctorado fueron muy precipitadas, y por ese motivo se escribieron artículos de tanta dureza como poca paciencia con el torero sevillano. Sin embargo, lo peor estaba por llegar, de la mano de Antonio Peña y Goñi, en la crítica de la corrida de su confirmación del doctorado.
     Entre otras cosas, el texto señalaba: “¿Qué es el Espartero? Pues es pura y simplemente un niño de diecinueve años, desprovisto de facultades físicas, y dotado del desatinado valor que presta una ignorancia absoluta del peligro, y un desconocimiento total de las reglas más elementales del toreo. Ni más, ni menos”.
     Como en tantas otras ocasiones, los revisteros tomaron partido a favor o en contra del torero, y si por un lado estaban Peña y Goñi y La Lidia, en sentido contrario iban Eduardo del Palacio (que firmaba Sentimientos), la revista El Toreo, el crítico Pirracas en La Nueva Lidia y, naturalmente, la prensa sevillana (con la revista El Loro a la cabeza), que tomaron como una afrenta personal las críticas a su paisano.
     El 14 de octubre de 1885, Fernando, el Gallo (aún apodado Gallito) confirmó la alternativa en Madrid al Espartero, con toros de Teresa Núñez de Prado.
     Víctor Pérez López ofrece unos datos curiosos de la actuación del diestro sevillano: “Hizo una faena breve y ceñida al toro de la confirmación, tras cinco muletazos mató con acierto y escuchó palmas. Con el cuarto estuvo tan animoso como desafortunado con la espada (3 pinchazos, 3 estocadas y 2 descabellos) y pesado con la muleta (90 muletazos), escuchó un aviso y división de opiniones en 25 minutos [de lidia del toro]. Con el sexto estuvo valiente y bueno en algunos pases, mató de corta y entera, ambas buenas y tuvo palmas. Voluntarioso en brega y quites”.
     Los días 29 de octubre y 15 de noviembre de ese mismo año lidió en la Maestranza, “su casa”, un toro en cada corrida, cedidos por cortesía de Frascuelo y Bocanegra. Se reprodujo la polémica, se desató la pasión, se llegó a las manos y, caso insólito, aficionados anónimos y conocidos firmaron una carta-manifiesto no tanto a favor de su torero o contra la prensa madrileña, sino contra la afición de la capital de España.
     Al año siguiente, 1886, Manuel García toreó en las principales plazas, sumó muchos triunfos y contabilizó hasta quince percances. Uno de ellos, el que tuvo lugar el 11 de julio en El Puerto de Santa María, le ocasionó al Espartero no pocas molestias, físicas y de otro tipo, debido al altercado que sus familiares tuvieron con los médicos de la plaza. Se instruyeron diligencias judiciales, a resultas de las cuales el torero, debido al tono que empleó con el juez en sus respuestas, fue condenado a un mes y medio de arresto mayor, que tuvo que cumplir en la cárcel de Sevilla.
     Entre otras muchas actuaciones, en 1887 triunfó de manera apoteósica en Ronda y estuvo desafortunado en la corrida de beneficencia madrileña. Ese año toreó una sola tarde en Madrid, por las cuatro en que había actuado en 1886 y las cinco que iba a torear en 1888.
     En todas ellas dio tantas muestras de valor como de impericia manejando los aceros.
     En los años siguientes, Espartero toreó y triunfó mucho, no librándose tampoco de los percances. La llegada de Rafael Guerra al escalafón de matadores avivó el toreo creándose una competencia entre estos toreros, pero ésta no era posible por las grandes facultades del cordobés y lo limitadas que eran las del sevillano.
     En 1891, año en que por primera vez entró en los carteles del abono madrileño, completó Espartero una buena temporada en la capital de España. En especial, en la corrida del 7 de junio (Cossío dice que fue el 7 de julio, pero ese día no hubo toros en Madrid). En tarde de mucho viento y lluvia, Manuel García toreó al cuarto toro (Cossío dice que fue el sexto, pero Pérez López documenta que el festejo se suspendió a la muerte del cuarto) con el barro hasta los tobillos, cuajando probablemente su mejor faena en esta ciudad. Los toros fueron de Agustín Solís, y el festejo lo toreó, mano a mano, con Luis Mazzantini. Ese año 1891, Espartero hizo catorce paseíllos en Madrid; Mazzantini, veintitrés, y Guerrita, diecinueve. En cuarto lugar quedó Francisco Bonar, Bonarillo, con seis actuaciones.
     Antes del fatídico percance del 27 de mayo de 1894, ese año en Madrid había toreado cinco corridas, que fueron, según Cossío, “si no fracasos, actuaciones que más bien desmerecían de su fama que cooperaban a mantenerla”. Antes del 27 de mayo toreó los días 24 y 25 de marzo, y 13, 17 y 20 de mayo, y además se suspendieron por lluvia las corridas anunciadas para el 8 y el 15 de abril. En este mes hizo el paseíllo en Sevilla los días 18, 19 y 20. Tras la corrida del 20 de mayo en Madrid, festejo en el que compartió cartel con Guerrita y Antonio Fuentes, actuó en Córdoba los días 25 y 26, y regresó a la capital en tren para torear el día 27. Según Cossío, sus amigos debieron presentir la tragedia, porque trataron de disuadirle de que hiciera el viaje, pero Manuel García “no les atiende, monta en un coche de primera y acude a cumplir su compromiso, que obligaba más a su pundonor por lidiarse toros de Miura”, añade el mismo autor.
     El 27 de mayo de 1894 estaban anunciados en Madrid, con toros de Eduardo Miura, Espartero, Carlos Borrego, Zocato (que sustituía a Antonio Reverte), y Antonio Fuentes.
     El festejo dio comienzo a las cuatro y media de la tarde.
     El primer toro en saltar a la arena fue Perdigón, colorado, ojo de perdiz, listón, delantero de pitones y astifino. Según Pérez López, Espartero, que lidió a Perdigón, estuvo “muy decidido con la muleta ante un bicho descompuesto y que se acostaba; al entrar a matar, le avisó dándole un revolcón sin consecuencias. Una vez cuadrado el toro entró a matar por segunda vez con valentía, siendo enganchado en el embroque por el vientre, saliendo despedido a corta distancia.
     El diestro, al caer, contrajo todo su cuerpo, intentó levantarse y ya no pudo hacerlo. Trasladado a la enfermería, el parte facultativo decía que Manuel García y Cuesta (Espartero) llegó en estado de profundo colapso, mostraba una herida de más de cuatro centímetros de abertura cerca del ombligo [el pitón le perforó el hipogastrio]. Todos los intentos por reanimar al herido fueron inútiles, falleciendo a las cinco y cinco minutos de la tarde y veinte de su ingreso en la enfermería”.
     Así fallecía uno de los diestros más valientes de la historia del toreo. El matador que, a pesar de recibir veintitrés cornadas a lo largo de su carrera, dejó dicha una de las frases más famosas del toreo: “Más cornás da el hambre”. El mismo torero que representa el paradigma del valor absoluto, en estado puro, reflejado en otra frase no menos famosa: “Tiene más valor que el Espartero”, que suele aplicarse a los diestros de los que se quiere alabar su valor.
     Tras su muerte, la figura del Espartero fue glosada de manera elogiosa, aunque tampoco se libró de las críticas que le habían acompañado mientras estaba vivo. Entre éstas, cabe destacar el texto que José Sánchez de Neira publicó en La Lidia explicando no sólo lo que el torero hizo —resumido en tres graves errores—, sino lo que debería haber hecho. Con el artículo, el autor respondía a las acusaciones de la prensa sevillana que señalaban a la afición y los periodistas madrileños como causantes del percance debido a sus cada vez mayores exigencias.
     Néstor Luján retrata con precisión qué supuso Espartero en la historia del toreo: “Su valor fue inmenso.
     No podía con los toros más que a fuerza de corazón, y, por primera vez en la historia de la Fiesta, hizo de la sugestión de la muerte del hombre la protagonista invisible del espectáculo. Los espectadores sabían que Espartero moriría en la plaza, porque se metía entre las cornadas más aviesas [...], sabían que llevaba la muerte relumbrándole en los ojos, y que cada toro que salía para él de los toriles sentía la muerte del Espartero en los pitones. No tenía conocimientos suficientes para dominar a los toros, y se medía con ellos cegándose con la muleta en unos trasteos sobrehumanos, venciendo de una manera febril. Y en cada paseíllo llevaba una cruz de ceniza sobre los labios”.
     En parecidos términos se expresó Aurelio Ramírez Bernal, P. P. T., añadiendo a sus palabras, además del romántico determinismo de los toreros predestinados a morir jóvenes, el exaltado ambiente taurino en el que, según el autor, Espartero vivió y murió: “He ahí al hombre destinado al martirio y a quien las masas empujaron al suicidio, obligándole con sus locos aplausos y ovaciones delirantes a sostener lo imposible contra el arte: la temeridad por norma, lo absurdo por instituto, vencer pereciendo” (José Luis Ramón Carrión, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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