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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 16 de noviembre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de la Inmaculada Concepción, Santuario de Nuestra Señora de la Estrella, Castillo - Iglesia de San Pedro - Ayuntamiento, Ermita de San Roque, Museo Matías Prats, Casa Museo Manolete, Museo Histórico Municipal "Casa de las Cadenas", Casa de la Tercia, Puente Romano sobre el río Salado, y Puente del Diablo) de la localidad de Villa del Río, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Inmaculada Concepción, Santuario de Nuestra Señora de la Estrella, Castillo - Iglesia de San Pedro - Ayuntamiento, Ermita de San Roque, Museo Matías Prats, Casa Museo Manolete, Museo Histórico Municipal "Casa de las Cadenas", Casa de la Tercia, Puente Romano sobre el río Salado, y Puente del Diablo) de la localidad de Villa del Río, en la provincia de Córdoba.
     Villa del Río, primer pueblo cordobés que se encuentra quien baja a Andalucía desde Madrid es, por tanto, recibidor de la provincia.
     La carretera y el ferrocarril aprisionan el alargado casco, vigilado por la rojiza torre de la parroquia que emerge entre tejados. Desde una cercana colina lo ilumina su Virgen de la Estrella, mientras que la voz de Matías Prats, su hijo predilecto, lo pregonaba desde los micrófonos.
     Villa situada al este de la provincia, junto a la autovía de Andalucía.
     Distancia a Córdoba: 52 Km.
     Altitud: 168 m.
     Extensión: 21,7 Km2
     Habitantes: 7.433.
     Gentilicio: Villarenses.
     Mancomunidad: Alto Guadalquivir
     Tras su conquista por Fernando III, poco antes de 1236, esta población recibió el nombre de Aldea de Orabuena y pasó a depender del concejo de Córdoba, que llevó a cabo su repoblación. A mediados del siglo XVI cambiaría su nombre por el de Aldea del Río, que en 1635 volvió a modificar por el ya definitivo de Villa del Río, tras obtener de Felipe IV este rango. Algunos historiadores sitúan aquí la población romana de Ripa, que no está documentada (Diputación Provincial de Córdoba).
     Aunque se ha identificado con el recinto fortificado de Ripa, su origen se documenta en época musulmana. Reconquistada por Fernando III en el siglo XIII, aparece ya en el XIV como Aldea del Río. En el XV dependió un tiempo de la Casa de Montemayor, pero fue siempre del cabildo de Córdoba. Felipe IV le otorgó la categoría de Villa en 1635 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     En Villa del Río, última localidad de la provincia de Córdoba en dirección a Madrid, además de encontrar buenos muebles, puede verse la iglesia de la Inmaculada Concepción (Rafael Arjona. Guía Total, Córdoba. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2009).

Iglesia de la Inmaculada Concepción.-

     Es un edificio ecléctico, construido en 1907 por Adolfo Castiñeyra y Boloix, con tres naves y cabecera plana. El patrimonio parroquial sufrió destrucción casi completa en los sucesos del año 1936. El testero se decora con un mosaico de Pentecostés y seis ángeles mancebos, obra de Antonio Povedano y Rufino Martos, de hacia 1970. Preside una talla moderna de la Inmaculada Concepción.
     La cabecera izquierda tiene un retablo de primer tercio del siglo XVIII que procede de la vieja iglesia. La Virgen del Carmen, que sigue la estética de comienzos del XIX, tiene corona de plata fechada en 1704. En la nave se pueden ver dos imágenes de 1940, el Resucitado, de Martínez Cerrillo, y el Yacente, de Juan Cristóbal.
     La nave derecha empieza con el retablo de la Virgen de la Cabeza, del artesano local Manuel Campoo el Pintorcillo. La Virgen de la Soledad, es de Martínez Cerrillo, de 1953. Siguen dos murales neocubistas de Blas Moyano y el grupo de la Oración del Huerto, de Manuel Luque Bonillo, de 1997. Pasada la puerta se hallan el Cristo de los Estudiantes, de serie, y Nuestra Señora de los Dolores, obra de Sebastián Montes de 2005. La Magdalena es de Campoo, de 1945. También puede verse un retablo pequeño que enmarca un lienzo de la Virgen del Carmen con las Ánimas, obra de Martínez Cerrillo. A los pies de la nave se ha dispuesto un altar en 1993 con la Virgen de la Paz y Esperanza, obra de Miguel Ángel González Jurado en 1996.
     Entre la orfebrería conservada merecen recordarse varias piezas de Damián de Castro, especialmente la custodia procesional del Corpus, de 1785, con el viril entre nubes, sostenido por un ángel, figuras de los evangelistas y relieves eucarísticos (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
       Poco más arriba del Ayuntamiento se asoma a la calle principal la Parroquia de la Inmaculada Concepción, que refleja en su arquitectura el eclecticismo propio de la época de su construcción, 1907.
     Consta de tres naves separadas por arcos de medio punto, sustentados por pilares; en la cabecera de la del evangelio conserva un retablo barroco que procede probablemente de la antigua parroquia.
     Al exterior muestra el templo una rojiza fachada de molinaza, centrada por la torre (Diputación Provincial de Córdoba).

Santuario de Nuestra Señora de la Estrella.-
     La actual iglesia se construyó entre 1738 y 1749, y se reedificó en la década de 1840. Es de nave única, cubierta por cañón con lunetos y bóveda de media naranja sobre pechinas en el presbiterio. El camarín es de fines del XVIII y el retablo, de hacia 1800, imitando jaspes, se recompuso tras los destrozos de 1936. La imagen titular es de Martínez Cerrillo. A sus pies, hay una urna con San Juanito, de hacia 1800, donado por el pintor Pedro Bueno; a su legado pertenecen también la pequeña Maternidad, firmada en 1978, y la bella Santa Ana con la Vir­gen Niña. Ésta última, junto con una Virgen Dolorosa con ángeles, del XVIII, se custodian actualmente en la parroquia. Hay también obras de Blas Moyano, como la Asunción, errónea­mente calificada de Ascensión, y un bajorrelieve de San Francisco (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
       Ubicada a las afueras del núcleo urbano junto al colegio del mismo nombre y dedicada a la patrona de la villa. El edificio es de una sola nave con planta rectangular, dividida en cuatro tramos con testero plano. Tras el altar mayor se encuentra la sacristía de planta rectangular y bóveda de aristas. La cubierta de la nave es de medio cañón con lunetos. El camarín es de planta rectangular y se cubre con casquete semiesférico, decorado con aplicaciones de yesería. En cada tramo de la nave existen pequeñas hornacinas. A los pies en alto se sitúa el coro.                
     A la ermita se accede mediante dos puertas, una lateral con portada y otra situada a los pies sin ningún valor que comunica con un pórtico actualmente cerrado por cristales, junto a esta existe una placa de piedra con inscripción ilegible. La portada lateral se encuentra flanqueada por dos pilastras rematadas por pináculos y unidas por un frontón partido que alberga una hornacina con la imagen de la Virgen. La espadaña es de ladrillo, presenta dos cuerpos, el inferior de dos vanos y el superior de uno, está fechada  en 1899.                                                                                                        
     El 8 de septiembre tiene lugar la fiesta patronal, con actos culturales y religiosos, la Virgen baja a la parroquia regresando el segundo domingo de octubre.                                                                                        El 25 y 26 de julio tiene lugar la velada de Santiago y Santa Ana.
     A finales del siglo XV, en un lugar llamado Monte Real existía una fuente donde aseguran que unos segadores vieron brillar una estrella, allí encontraron una imagen de la Virgen entre los matorrales, edificándose en el lugar la ermita.                 
     Actualmente la ermita que se conserva data de 1738, siendo reedificada en 1841. Durante la guerra civil el edificio sufrió algunos desperfectos. El retablo fue destruido completamente, del antiguo sólo se conservaron algunos elementos decorativos que se han reaprovechado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Ermita de la Virgen de la Estrella es el Templo dedicado a la patrona de Villa del Río.
     Se encuentra en las afueras de la localidad, donde según la tradición se produjo la aparición de la Virgen.
     La iglesia actual presenta rasgos principalmente barrocos (Diputación Provincial de Córdoba).

Castillo - Iglesia de San Pedro - Ayuntamiento.-

     El castillo medieval, fue cedido por Carlos I para que sirviera como parroquia de San Pedro.
     La transformación corrió a cargo de Hernán Ruiz el Viejo, entre l531 y l537. Conserva la bella portada gótico humanista, con las armas del obispo fray Juan Álvarez de Toledo. En 1988 el arquitecto José Luis Lope y López de Rego adaptó el edificio para Casa Consistorial (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
       Torreón del antiguo castillo árabe del siglo XIII, con reformas en los siglos XIV y XV.
      Portada de antigua Iglesia de San Pedro de estilo gótico manuelino. Conjunto mudéjar.
      Habilitado y restaurado para nuevo Ayuntamiento.
      De la antigua Iglesia sólo se conserva la portada, algunos muros y trazas de aras y bóvedas en la fachada posterior del nuevo Ayuntamiento (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En la céntrica plaza de la Constitución se alza el interesante edificio del nuevo Ayuntamiento, que fue antes castillo e iglesia.
     La fortaleza primitiva, existente ya en época musulmana, fue ampliada en el siglo XV por Fernán Pérez de Montemayor, y en el siglo XVI se insertó en ella la parroquia de San Pedro, cuyas obras dirigió Hernán Ruiz I, a quien se atribuye la bella portada gótica que hoy pervive como puerta principal de las Casas Consistoriales, en las que también se integran dos torreones laterales de la antigua fortaleza.
    Poco más arriba del Ayuntamiento se asoma a la calle principal la parroquia de la Inmaculada Concepción, que refleja en su arquitectura el eclecticismo propio de la época de su construcción, 1907.
     Consta de tres naves separadas por arcos de medio punto, sustentados por pilares; en la cabecera de la del evangelio conserva un retablo barroco que procede probablemente de la antigua parroquia.
     Al exterior muestra el templo una rojiza fachada de molinaza, centrada por torre (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de San Roque.-
     Los restos de la ermita de San Roque fueron reedificados en 1824, agregándosele en 1874 el Hospital de Jesús Nazareno. En esta capilla se venera la bella imagen de Jesús Nazareno, obra firmada por Amadeo Ruiz Olmos en 194l (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

Museo Matías Prats.-
     De titularidad municipal. Está dedicado a un genio de la comunicación, el periodista y locutor de radio y televisión, natural de Villa del Río, Matías Prats (1913-2004).
     Cuenta con dos salas de exposiciones, distribuidas en 200 metros, que nos invitan a descubrir la trayectoria profesional del personaje.
     Sala 1, dedicada a archivo fotográfico, ilustrado con fotos particulares, familiares y con figuras destacadas de la época, todo ello se complementa con grabaciones y vídeos que toman aquí protagonismo, y nos ilustran sobre momentos estelares de la comunicación, sobre la importancia de la radio y la televisión en la historia de la comunicación de masas.
     Sala 2, se exponen objetos personales donados por él, además de las distinciones y premios que fue recopilando a través de su brillante y dilatada carrera profesional, destacando los premios Ondas obtenidos (Diputación Provincial de Sevilla).

Casa Museo Manolete.-
     El Museo de Manolete, de Paco Laguna, ubicado en la calle Federico García Lorca, 3 de Villa del Río, es uno de los archivos más importantes que hay en el mundo de la figura de Manuel Rodríguez “Manolete”.
     Independientemente de dichos archivos, la casa de Paco Laguna expone grandes fondos, de los que han salido unas quince obras literarias. Se trata de cien años de la historia de España a través de las corridas de toros.
     Paco Laguna es la única persona en el mundo que ha salido conservar con celo cualquier mínimo detalle de la figura de Manolete y el mundo de los toros en España, siendo su casa despierta al visitante una sensación especial, como si el propio Manolete estuviera presente y compartiendo esa experiencia de su historia con su propio espíritu.
     Es algo sublime lo que el visitante puede sentir en este Museo Vivo de Manolete, que guarda la esencia de esta figura del toreo, con la que Paco Laguna se siente entusiasmado por el resultado final. Con orgullo nos muestra el pantalón de Guillermo, que se empapó de sangre de Manolete cuando fue cogido mortalmente en Linares. Su capote de paseo, sus zapatos, su mechero, el corbatín, su traje de luces, y decenas y decenas de recuerdos que, para un buen amante de la cultura debe ser una visita obligada.
     Paco Laguna, que lleva toda su vida coleccionando detalles de Manolete, abre las puertas de su casa, que, en sus tres plantas, se ha quedado minúscula, aunque todo está encajado perfectamente en el espacio. Merece la pena descubrir este museo, que está ubicado en Villa del Río, el pueblo que “abre la puerta grande de Córdoba”. Aún hay más secretos que contar, pero es mejor verlo porque no hay palabras para expresar lo que el visitante se encuentra en un recorrido por esta vivienda. (Diputación Provincial de Sevilla).

Museo Histórico Municipal «Casa de las Cadenas».-
     Denominada así por tener concedido, por el rey Felipe V, el privilegio de cadenas.
     Situado en la calle Blas Infante nº 17, es un edificio de traza barroca, reconstruido en el siglo XVIII. Cuenta con dos zonas, una dedicada a exposiciones temporales, planta baja, en donde la oferta siempre cambiante nos puede sorprender por su calidad artística y humana. Otra dedicada a exposiciones permanentes, planta 1ª, dividida a la vez en dos secciones: una con piezas de Paleontología y Arqueología, en donde encontramos fósiles animales y vegetales, y útiles que abarcan desde el Paleolítico a la Edad Media. Y la otra sección dedicada a Bellas Artes, pintura contemporánea de diversos artistas: Blas Moyano (Villa del Río 1913-2001), -sobresalen sus óleos sobre paisajes-. Beppo (Inglaterra 1899-1989) y Abdul Wahad (Túnez 1889-1962).
     Estos últimos dos importantes artistas contemporáneos integrantes de la Escuela de París y unidos a Villa del Río por una estrecha relación. Destacan sus acuarelas y serigrafías, cargadas de color y armonía, además de sus dibujos. Modigliani (Livorno 1884-1920), el museo cuenta con un dibujo del mismo (Diputación Provincial de Sevilla).

Casa de la Tercia.-
      Edificio de planta rectangular en lo que hoy se podría interpretar como el núcleo original de la tercia. Este edificio presenta una crujía perpendicular a fachada y un patio posterior, más otras dependencias que conforman en conjunto una planta ciertamente irregular y de las cuales no se sabe si alguna pudo formar parte de la tercia original o si son fruto de compras y añadidos a lo largo del tiempo. 
     Al no haber sido posible pasar al interior, nos hacemos eco de las referencias que ha sido factible recoger. Por un lado, testigos oculares afirman que tras la portada principal se encuentra una nave perpendicular a fachada, cubierta con una bóveda de cañón reforzada mediante arcos fajones de medio punto. Esta nave desemboca en el patio y carece de elementos ornamentales. Esta referencia viene a ser completada con la que se da en el libro "Pósitos, Cillas y Tercias de Andalucía" (p. 246), en el  que se dice que el interior está estructurado en "triple crujía, con separaciones por arcos", lo cual concuerda con esa bóveda de cañón que debe estar dividida por tres fajones para descarga de los empujes. Por encima de esta planta existen dos entreplantas: una, el sobrado, que se acusa en fachada por una ventana con dintel ligeramente curvo; y otra, el doblado, de vano recto. Ambas ventanas carecen de cerramiento, lo cual hace posible comprobar desde la calle que, efectivamente, se trata de cámaras para secadero de productos agrícolas y parece que aún tienen esta función. 
     La fachada es bastante sencilla. Tiene un zócalo corrido, sobresaliente y realizado en piedra, aunque hoy está pintado en marrón oscuro. El único vano de la planta baja es la portada, que fue ensanchada en tiempos bastante recientes para permitir la entrada de vehículos y utilizar esta parte de la tercia como cochera. Eso hizo que se perdieran las jambas originales, que, según testigos, eran de piedra monolítica. También contaba con dintel pétreo y juntos ennoblecerían la portada que hoy tiene una apariencia desguarnecida al quedar el frontón sin nexo con la puerta. El frontón es partido y se halla decorado con remates piramidales y bolas. A ambos lados y en sendas lápidas se encuentran grabadas las siguientes inscripciones:
     En la izquierda: "TERCIA DECIMAL DE GRANO I ACEITE".
      En la derecha: "SE HIZO POR EL MAESTRO PEDRO AGUDO. AÑO DE 1802".
     Toda la fachada aparece encalada y no es posible distinguir el material empleado. Como curiosidad, aún conserva una arandela que cuelga a la derecha para atar las caballerías. Corona la fachada con una cornisa muy característica en este tipo de construcciones: la de cuello de paloma o talón. Por encima, se encuentra la cubierta de teja árabe, cuya cumbrera es paralela a la línea de fachada.
     Las lápidas con inscripciones más arriba transcritas- fechan su construcción en 1802 e identifican a su autor como Pedro Agudo. 
     Hasta ahora no se sabe si se trataba de una tercia señorial o eclesiástica, en cualquier caso queda claro su uso para recoger el pago del diezmo con grano o con aceite. En el centro de la parte horizontal del frontón queda huella de haber existido con anterioridad lo que suponemos que sería un escudo o un emblema. Muchas veces, las tercias señoriales tienen en esta parte visible de la portada el blasón del propietario; no hay que olvidar que Villa del Río aún conserva bastantes casas con fachadas de entidad, en las que luce uno o incluso dos escudos. Pero esto no es óbice para considerar la otra posibilidad y es que fuera tercia de la iglesia. En tal caso, era común que figurara una cruz o algún emblema cristológico.
     Además de la tercia, existieron dos pósitos en la localidad: uno en la calle Hierro, paralela a la de la tercia, y otro en la calle Real, junto a las Casas Capitulares. En 1777, cuando se hizo el nuevo ayuntamiento (hoy Bar la Estrella), se incorporó el solar del pósito colindante y el concejo adquirió una casa en la calle de las Aguas para albergar el pósito desplazado. Todavía seguía funcionando el pósito en 1824 y, aunque no se sabe con exactitud la fecha en que dejó de hacerlo, en 1866 ya estaba en ruinas. En el Registro de la Propiedad de Montoro consta:
      "Solar de casa situado en la calle de Las Aguas de villa del Río sin número. Linda su fachada principal, por la parte de Poniente, con Plazuela que da a la repetida calle; por Levante con corrales de Don José Obrero Arellano y Don Juan Madueño Fernández; por el Sur con casa de Don Esteban Rueda Laynez y por el Norte con otra de Don Diego Molina Peral".
      Ocupaba una superficie de 245,83 m2, a lo que se añadía 37,15 m2, correspondientes a una lonja o cerca de piedra unida al edificio, sumando un total de 282, 98 m2.
     Constaba de tres naves y sus techos llegaron a estar arruinados. En 1866 fue adquirido para edificar en el solar la Casa Teatro de Villa del Río, finalidad para la que estuvo sirviendo hasta 1959 en que se convirtió en cine. En 1993 se encontraba en estado ruinoso y fue adquirido con la intención de restaurarlo para devolverle su función como teatro (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Puente romano sobre el río Salado.-
     Se trata de un puente cuya fábrica está realizada en piedra molinaza, una arenisca roja muy común de esta zona. Los sillares romanos se encuentran almohadillados, indicativo de la alta calidad y lujo de esta construcción. Aquellos pertenecientes a reconstrucciones son de caras planas, por lo que es de fácil diferenciación.
     Consta de 4 ojos: uno central, dos medianos a ambos lados y otro pequeño en el lado oriental, por lo que hablamos de un puente asimétrico. El arco faltante, documentado por varios indicios, fue destruido en algún momento de la historia y ese espacio quedó cerrado. Entre el arco central y los medianos se sitúan dos pequeños aliviaderos. 
     Este puente presenta 3 recursos arquitectónicos poco usuales en la historia de la construcción de puentes: 
     - El engatillado de las dovelas. El dovelaje presenta una pequeña muesca que evita cualquier posible movimiento de las piezas del arco.
     - El apoyo de los arcos medianos en el trasdós de los aliviaderos. Los arcos medianos carecen de salmer en su lado interno, siento este ocupado por dovelas de los arquillos de aligeramiento.
     - Invasión del arco central en los pilares internos de los arquillos de aligeramiento. Debido al que el espacio del pilar es insuficiente para las dos pilas del puente, los pilares internos de los aliviaderos se estrechan a medida que apoyan en la base para dejar espacio a la rosca del arco central. 
     El Puente Romano de Villa del Río es un curioso ejemplo de arquitectura civil romana, datado actualmente en el mandato del emperador Augusto (27 a. C.-14 d. C), aunque algunos estudiosos lo sitúan en época republicana. Salva el arroyo Salado de Porcuna a pocos kilómetros de su desembocadura en el Río Guadalquivir. Se trata del monumento más antiguo de la localidad. 
     Desde su construcción, dio continuidad a la Vía Augusta a su paso por la antigua ciudad de Ripa, situada en los alrededores de Villa del Río.
     Sobre él se perciben reparaciones medievales, modernas y del siglo XX. Aún así, y gracias a que estas reparaciones no han afectado a la fisionomía original, el puente fue clasificado como el puente romano mejor conservado del sur de España (Thouvenot, 1940).
      Actualmente el puente se encuentra en riesgo de ruina por avenida, habiendo avanzado su degradación considerablemente desde los años 60. Desde entonces, diversas acciones humanas han ido perjudicando directa e indirectamente el monumento:
     - Desvío del arroyo Las Cañas en 1986, desembocando a escasos metros aguas arriba del puente, aumentando las inundaciones en periodos de lluvia.
     - Construcción del puente de la Autovía en 1992, lo que elevó el cauce del arroyo al actuar este puente de presa.
     - Desbordamiento del arroyo de 1997: esta inundación fue especialmente perjudicial, pues derribó más de sesenta pretiles de encima del tablero del puente, no habiendo sido repuestos en ningún momento. 
     - Intervención en 1999, que coloca losas de hormigón en las pilas del puente, disminuyendo su capacidad de desagüe (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Puente del Diablo sobre el arroyo Cañetejo.-
      Construcción militar de estilo neoclásico del siglo XVIII. Consta de dos arcos rebajados en piedra molinaza con intradós de ladrillo.
     El estado general de conservación es aceptable, aun requiriendo reparaciones y reposiciones puntuales de piedras. La sedimentación de tierras y vertidos de escombros en el entorno inmediato del puente hace que este quede parcialmente enterrado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

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Más sobre la provincia de Córdoba, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 26 de junio de 2023

Los principales monumentos (Iglesia de Santiago; Casa de las Cadenas; Iglesia de San Agustín; Diputación Provincial; y Plaza de España - Monumento a las Cortes) de la localidad de Cádiz (V), en la provincia de Cádiz


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santiago; Casa de las Cadenas; Iglesia de San Agustín; Diputación Provincial; y Plaza de España - Monumento a las Cortes) de la localidad de Cádiz (V), en la provincia de Cádiz.

Iglesia de Santiago
          Originariamente existió en su lugar una ermita bajomedieval dedicada a este Santo, donde se estableció la Compañía de Jesús en 1564, cuyo primitivo edificio fue destruido durante el asalto anglo-holandés de 1596. La construcción actual fue trazada por Alonso Romero en 1635, dentro de los cánones arquitectónicos de tipo manierista y con los rasgos propios de los edificios jesuíticos, apreciándose en algunos de sus detalles ornamentales la influencia de la personalidad artística de Francisco Bautista .
     Tiene planta de cruz latina inscrita en un rectángulo y consta de tres naves. La prin­cipal se divide en tres tramos mediante pilastras de capitel mixto, toscano y corintio, y sobre las laterales se disponen tribunas que se abren a la nave mayor por medio de arcos de medio punto. Las cubiertas son de bóvedas vaídas y de aristas, levantándose en el crucero una cúpula semiesférica sobre pechinas rematada por linterna. El coro alto, que ocupa el primer tramo, se sitúa a los pies de la nave.
     El exterior tiene sus paramentos articulados por pilastras toscanas de orden gigante, entre las que se sitúan vanos y hornacinas. La portada principal, inscrita en un gran arco de medio punto, está realizada en mármol y fue importada de Génova, respondiendo su traza a las formas de tradición manierista. El vano está enmarcado por pilastras jónicas, de fuste estriado, remata­das por un frontón roto, en cuyo centro se dispone un segundo cuerpo con el escudo real dieciochesco, que suplanta el primitivo jesuítico. La portada lateral, que responde a la misma estética que la principal, es obra fechable a mediados del siglo XVII y está realizada en mármol blanco. Se articula en dos cuerpos sustentados por columnas dóricas pareadas, que flanquean sendos vanos superpuestos con escudos a los lados del segundo y rema­te en frontón triangular. En el ángulo de confluencia de las dos fachadas se eleva la torre, dividida en dos cuerpos; el primero fue construido en las mismas fechas que el templo, por lo que continúa la articulación apilastrada de la zona inferior, mientras que el segundo fue realizado a mediados del siglo XVIII, por lo que sus formas, barrocas, son más movidas. Tiene planta octogonal con pilastras en los ángulos y cubierta de chapi­tel bulboso y su resolución recuerda los trabajos de Torcuato Cayón.
     El retablo mayor, de madera dorada, fue realizado entre 1651 y 1653 por el entallador Ale­jandro Saavedra, ejecutando su dorado Juan Gómez Couto en 1670. Es una pieza barroca de grandes proporciones en la que se advierte un acentuado contraste entre la articulación de sus cuerpos, de marcado sabor manierista, que van sustentados por columnas entorchadas, y las dos grandes columnas salomónicas de orden gigante y profusamente decoradas con pámpanos, en clara alusión eucarística, que enmarcan todo el con­junto. Las hornacinas dispuestas en sus tres calles se alternan con vitrinas  de reliquias, habiendo sufrido una reforma, la principal, a mediados del siglo XVIII, ocupada desde entonces por una talla de la Inmaculada, que responde a la estética habitual en la obra de Pedro Duque Cornejo. A ambos lados, en las calles laterales, se sitúan las imágenes de San Joaquín con la Virgen Niña y San José con el Niño Jesús, obras contemporáneas del retablo, atribuibles a José de Arce. El segundo cuerpo tiene en el centro un grupo escultórico que representa a Santiago en la batalla de Clavijo y a los lados las tallas de Santa Isabel y Santa Ana, rematando todo el conjunto un calvario también de talla. Todas estas esculturas son obras de escuela sevillana, de cronología similar a la del retablo. Los laterales del presbite­rio presentan portadas de mármol, sobre las que van dos tribunas superpuestas a cada lado, cuyos antepechos se decoran con rocallas de madera dorada. Cuatro ángeles lampareros flanquean este ámbito; son cuidadas tallas policromadas, de movidas líneas dieciochescas, vinculables a la producción de Pedro Duque Cornejo.
     En los testeros del crucero se sitúan dos gran­des retablos gemelos, obras realizadas por Juan González de Herrera en 1674. Se componen de banco, un cuerpo dividido en tres calles por columnas salomónicas y ático; toda su superficie está adornada con una rica decoración polícroma, que puede atribuirse a Juan Gómez Couto. Las hornacinas están ocupadas por imágenes de santos jesuitas, contemporáneas de los retablos, si bien algunas de las que ocupan el retablo del lado de evangelio evidencian una intervención dieciochesca en las cabezas y manos, que pudo estar a cargo de Duque Cornejo. Por su parte, el San Francisco Javier que preside el del lado de la epístola pudo ser realizado hacia 1728 por José Montes de Oca.
     Formando conjunto con estos retablos se si­túan otros dos en los muros frontales, cuyas características son similares a las de los anteriores; en el banco del situado en el lado de la evangelio hay un busto del «Ecce-Homo», obra sevillana del siglo XVIII, cercana a Montes de Oca, y en la hornacina una talla dieciochesca, de candelero, de la Virgen del Poder Divino. En el retablo del lado derecho hay un expresivo crucificado, tam­bién de escuela sevillana, que debió ser realizado por José de Arce en torno a 1660. Sobre estos retablos van dos lienzos ovalados que representan a San Pedro y San Pablo, que están enmarcados por yeserías y molduras doradas, todo ello de mediados del siglo XVII.
     En el segundo tramo de la nave del evange­lio, hay un retablo neoclásico con la imagen de candelero del Cristo de la Humillación, obra de fines del siglo XVII, vinculable al círculo roldanesco. El último tramo está ocupado por la ca­pilla de la cofradía del Cristo de la Piedad, que perteneció al gremio de los panaderos. El grupo escultórico representa un calvario, con las imá­genes contemporáneas de candelero; la Virgen de la Consolación, de Luis González Rey (1997), San Juan y la Magdalena, de Francisco Buiza, quien también talló en 1958 la imagen de la Virgen de las Lágrimas. El crucificado de la Piedad, es una notable obra del genovés Francisco María Maggio, que la talló en 1754, correspondiendo la policromía al también genovés Francisco Ma­ría Mortola.
     En el lado de la Epístola el segundo tramo tiene un retablo rococó de madera dorada con la imagen de la Virgen del Carmen, obra de candelero de factura contemporánea, y el siguiente está ocupado por una dolorosa, también con­temporánea, del escultor granadino Domingo Sánchez Mesa (1955).
     En la nave central hay cinco pequeños retablos de madera dorada, adosados a las pilastras con decoración rococó y fechables a mediados del siglo XVIII. Dos de ellos contienen los grupos escultóricos de Tobías y el Ángel y la apari­ción de la Virgen del Pilar a Santiago, de factura genovesa. El frontero al púlpito tiene un lienzo que representa la Trinidad, obra manierista de procedencia inglesa, con especial significación histórica, pues fue salvada de las persecuciones que tuvieron lugar bajo Enrique VIII y en 1596 sufrió diversas cuchilladas durante el asalto anglo-holandés a la ciudad. El púlpito es una destacable pieza italiana, en mármoles de colores, con decoración a base de taraceas, que recuerda los trabajos florentinos. El tornavoz y la escalera están realizados en madera tallada y policromada y se decoran con esculturas y relieves, con­junto realizado a mediados del siglo XVIII en estilo rococó.
     Entre las piezas de artes suntuarias conservadas en este templo, cabe destacar las vestiduras bordadas en oro a fines del siglo XVIII y del XIX, que pertenecen a las imágenes de la cofradía del Cristo de la Piedad (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La iglesia se construyó hacia 1563 y pertenecía al Colegio de Jesuitas. Fue destruida en 1596 cuando el saqueo inglés.
     Posteriormente fue restaurada. Al exterior, sobre un zócalo de sillería visto que recorre toda esta fachada, se alzan pilastras que compartimentan todo el paramento. En cada extremo dos columnas pareadas flanquean dos ventanas: la del piso bajo muy sencilla, bajo frontón triangular y sobrepuesta, otra de frontón quebrado con volutas coronado por carteles. La portada se halla descentrada en un lateral de la iglesia. Esta es adintelada y se flanquea por columnas gemelas de orden toscano. Sobre el entablamento se abre un hueco de ventana que repite parecida composición a menor escala y con frontón quebrado. Sobre una cornisa saliente existe una ventana rematada en frontón de volutas albergando cartela. Esta se encuentra bajo una cornisa en ángulo que debió ser el remate del primitivo hastial. La torre se alza en la esquina se compone de dos cuerpos cuadrangular, el primero y rematado por airosos pináculos en esquinas y ochavado el segundo, coronado por chapitel en piedra de perfil bulboso.
     El interior consta de tres naves adornadas con retablos de rocalla. La nave central posee bóveda de cañón reforzado por arcos fajones. Los laterales tienen bóveda aristas.
     Posee además un sótano primitivo cementerio de la Compañía cuya cubierta es de bóveda de cañón. El material es la piedra vista (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Este templo se encuentra en la misma plaza de la Catedral, haciendo esquina con la calle Compañía. Su edificación, que data de 1635, se llevó a cabo sobre las ruinas de otro anterior levantado en 1564 y destruido en 1596 por la escuadra anglo-holandesa.
      La fachada que da a la plaza es la lateral. Su fábrica se organiza mediante pilastras toscanas de orden gigante, entre las que se inscriben ventanas, hornacinas y la portada. Ésta se compone de dos vanos a dintel y enmarcados por pares de columnas dóricas. La portada principal da a la calle Compañía. Es manierista y consiste en un gran arco de medio punto en mármol de Génova en el que se inscribe el vano de acceso, enmarcado a su vez por pilastras corintias coronadas por un frontón partido sobre el que se sitúa el escudo real.
     En la unión de ambas fachadas, se alza la torre, que tiene dos cuerpos, uno inferior, de base cuadrada y del momento de la construcción del templo, y el otro, en el que van las campanas, octogonal, rema­tado por un chapitel bulboso, datando su construcción del siglo XVIII.
     El interior presenta cruz latina, con tres naves y crucero, sobre el que se alza una voluminosa cúpula de media naranja obre pechinas. Una cornisa perimetral recorre la nave central y los brazos del del crucero a la altura de la que parten las bóvedas, baídas. Por debajo de esta cornisa se abren sobre la nave central tribunas con arcos de medio punto. El manierista retablo mayor es una sólida pieza alzada entre dos colum­nas salomónicas de orden gigante sumamente decoradas, entre las que se abren tres calles, con hornacinas y relicarios, enmarcadas a su vez por columnas entorchadas. Su ejecución se fecha en 1653, siendo el artista Alejandro Saavedra. El dorado lo realizó Juan Gómez Couto en 1670. En la hornacina principal se sitúa una imagen de la Inmaculada del siglo XVIII de magnífica mano, posiblemente la de Pedro Duque Cornejo, la misma que, casi sin duda, talló los ángeles lampareros que se ven en el presbiterio. A José de Arce se atribuyen el San Joaquín con la Virgen niña y el San José con el Niño Jesús que, desde sus correspondientes horna­cinas, flanquean a la Inmaculada.
     En la nave del evangelio se sitúa la capilla del Cristo de la Piedad, perteneciente a la cofradía del mismo nombre que, antaño, era la del gremio de los panaderos. El Crucificado, de solemne a la par que notable estampa, es obra del imaginero genovés Francisco María Maggio, quien lo dio por concluido en 1754. El resto de las imágenes son contemporá­neas, aunque no por ello menos artísticas. La Virgen de la Consolación la talló Luis González Rey en 1997, en tanto Francisco Buiza es el autor de San Juan, de la Mag­dalena y de la Virgen de las Lágrimas, fechada en 1958 (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

Casa de las Cadenas
     Este edificio, actualmente sede del Archivo Histórico Provincial, fue levantado por iniciativa de Don Manuel de Barrios a finales del siglo XVII. El origen de su construcción radica en una curiosa historia ocurrida durante la procesión del Corpus de 1692, cuando cayó una fuerte tor­menta de agua que obligó a refugiar la Custodia en esta casa. Manuel de Barrios, decidió levan­tar una nueva casa de aspecto más suntuoso en el mismo emplazamiento. La fachada, que sufrió algunas reformas en el período neoclásico, conserva una monumental portada barroca de már­moles genoveses cuyo vano de acceso se flanquea por columnas salomónicas pareadas, situándose sobre el dintel una lápida conmemorativa del suceso antes citado. El segundo cuerpo enmarca un vano por pilastras jónicas pareadas y se remata por un frontón curvo, cuyo tímpano está decorado con un bajorrelieve alegórico de la Eucaristía. El patio presenta cuatro crujías divididas en dos cuerpos con arcos rebajados, sustentados por columnas toscanas de mármol blanco en cada frente, y la escalera, que es de tipo conventual, se cubre por bóveda elíptica sobre pechinas, con decoración calada a base de yeserías, en las que aparecen motivos eucarísticos. El edificio tiene una torre-mirador articulada por pilastras toscanas, en cuyo friso se lee la siguiente leyenda realizada con pintura de almagra: «Doy gracias y alabo al Santísimo Sacramento del altar». Remata el conjunto una balaustrada de mármol blanco firmada por Ponsonelli, a quien también se atribuye la ejecución de la portada (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El edificio posee cuatro pisos, construidos en sillarejo de piedra ostionera, revocada y encalada a partir de la planta noble.
     Su portada en mármol es de un barroco exuberante. Las columnas son salomónicas, pareadas con capiteles corintios.
     Estas flanquean la puerta adintelada, que lleva una gran lápida de mármol, donde se lee una inscripción. Sobre los capiteles gravitan entablamentos reducidos que contornan la lápida y que a su vez, sustentan un balcón protegido con antepecho de balaustres de piedra. Sobre éste se abre la ventana del segundo cuerpo de la fachada que queda flanqueada por dos pilastras jónicas a cada lado con estrías en sus fustes. Los huecos entre pilastras se llenan con cabezas de niños y guirnaldas, motivo que se repite en los extremos de las pilastras que se rematan en volutas sobre el barandal.
     Un original frontón curvo cubre toda la composición.
     La torre mirador con que se corona este palacio es de estilo casi herreriano, con altas pilastras toscanas adosadas que acentúan la impresión de verticalidad.
     Con vistas a su adecuación como archivo, se conservaron aquellos elementos considerados de mayor valor: la fachada barroca, el patio con cuatro columnas toscanas y arcos carpaneles junto a su galería acristalada, la escalera principal, de dos tramos y cubierta con una excepcional cúpula, y la torre. El resto del edificio fue demolido y reconstruido.
     La intervención contemporánea fue una apuesta por la legibilidad del edificio, y se basó en la apertura, mediante un arco, de un nuevo patio anexo al original, que desde la planta baja permite la observación de la torre a través de una montera de vidrio. De esta manera, el corazón del edificio se inunda de luz, gana en transparencia y permite la contemplación de una vista completamente inesperada.
     Este patio anexo, recubierto con una celosía de madera pintada en blanco, sirve de apoyo en el desempeño del nuevo programa, localizándose en él el acceso a las nuevas estancias de servicio, aseos y las nuevas salas de archivo situadas en el fondo del solar. La introducción de este patio adicional compone un espacio central ambiguo y de enorme riqueza, que sirve de acceso a las dos estancias de mayor representatividad que se localizan en la planta baja de la crujía de fachada: el salón de actos, al que se accede por el nuevo patio, y la sala de laboratorio y tratamiento de papel, a la que se accede desde el patio principal. Ambas estancias son de doble altura, debido a la supresión de la entreplanta de la antigua casa.
     A través de la escalera barroca situada en la esquina del patio original, se accede a la planta noble de la casa, en la que destaca el cierre vidriado de la galería. En ella se albergan los usos administrativos y públicos, que son localizados asimismo en la crujía de fachada. El acceso desde la galería a esta área lleva a un espacio distribuidor, que cuenta con estanterías de madera de dos metros y medio de altura en sus cuatro lados, en las que se integran las puertas de paso a la biblioteca y a los diferentes despachos, que se iluminan naturalmente desde la fachada a la calle. Por encima de la estantería, vidrios hasta el techo permiten la entrada de luz a este distribuidor.
     El espacio cuenta con suelo de corcho y con un falso techo de escayola, en el que se abren foseados circulares para integrar la iluminación artificial. Suelo, techo y estanterías se repiten en la biblioteca, que se sitúa encima del espacio del salón de actos, y se abre hacia el nuevo patio y hacia la fachada. En la biblioteca es de destacar la presencia de mobiliario originalmente diseñado por los arquitectos; la mesa del bibliotecario y las mesas de consulta, en madera y con detalles de acero inoxidable en sus pies. Una mesa de similares características, aunque de menor tamaño, se sitúa en el distribuidor anteriormente mencionado.
     La estructura de la intervención busca resolver los requerimientos de sobrecargas propios del nuevo uso, así como a las necesidades de espacios diáfanos. Para ello, se recurre a un forjado reticular de hormigón armado, que queda visto y pintado en blanco en los laboratorios, mientras que en el salón de actos se recubre con un techo acústico de placas de corcho. Los elementos portantes de la nueva estructura, de gran sección, se integran de manera natural en la nueva distribución. En las dos plantas superiores se localizan los depósitos de documentos, a los que se accede a través de los nuevos núcleos de escaleras asociados a los patios. Por necesidades de espacio, estos archivos se sobreelevan respecto a la altura original del edificio, si bien este remonte no es perceptible desde lo angosto de la calle.
     El Archivo Histórico Provincial de Cádiz se ubica en un edificio que fuera propiedad de D. Diego Barrios de la Rosa, conocida como "Casa de las Cadenas", bello ejemplo de lo que tipológicamente en la arquitectura gaditana se denomina "Casa del Cargador de Indias". En el año 1987, culminaron una serie de actuaciones encaminadas a la reforma y adaptación del edificio para su uso como Archivo, ello ha hecho posible que actualmente cuente con 14 kilómetros de estanterías que contienen más de 85.000 unidades que lo hacen ser uno de los archivos de esta naturaleza de mayor volumen de Andalucía, continuamente sus fondos se ven incrementando con los documentos que ingresan las distintas Consejerías y Organismos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     En el número 12 de la calle Cristóbal Colón aparece la casa de las Cadenas, sede hoy del Archivo Histórico Provincial. Este extraordinario palacio barroco lo construyó el arquitecto italiano Juan Antonio Ponzanelli para el prócer Diego de Barrios. Este magnate del comercio ordenó derribar la casa en la que vivía y construir ésta, mucho más ostentosa, después de que el día del Corpus de 1692 la custodia se refugiara en su domicilio como consecuencia de una aparatosa tromba de agua. Esta circunstancia confirió a la vivienda el privilegio de lugar sagrado, por lo que, al igual que ocurría en las iglesias, no se podía detener a nadie que en ella se refugiara. En memoria de estos hechos, el nuevo edificio tuvo durante bastante tiempo unas cadenas en la fachada, de las cuales procede el nombre por el que es conocido. La fachada, de tres plantas, fue retocada siguiendo pautas neoclásicas, pero conserva intacta la portada. Conformada en dos cuerpos, presenta en el inferior un dintel enmarcado entre sendos pares de airosas columnas salomónicas sobre firmes pedestales y, en el segundo, un gran balcón abalaustrado entre pilastras jónicas estriadas, sobre las que cabalga un frontón curvo de considerables dimensiones en cuyo tímpano figura un relieve con una alegoría de la Eucaristía. En el interior, es memorable el patio, con cuatro crujías a base de amplios arcos rebajados sobre columnas toscanas, y la espléndida escalera, cubierta con una cúpula elíptica sobre pechinas, en cuya decoración de yeserías aparecen de nuevo los motivos eucarísticos. Corona el conjunto una torre mirador con pilastras toscanas que soportan un friso en el que aparece el siguiente rótulo pintado a la almagra: "Doy gracias y alabo al Santísimo Sacramento del altar" (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

Iglesia de San Agustín
     El Convento de San Agustín, fundado en 1617, ha sufrido diversas reformas a lo largo de su his­toria. Las dependencias conventuales, que fueron exclaustradas en el siglo XIX y actualmente están ocupadas por un Instituto de Secundaria, se organizan en torno a un claustro. Presenta planta cuadrada con tres cuerpos, el primero con arcos de medio punto, sustentados por columnas toscanas de mármol, reflejando todo el conjunto el gusto decorativo de la segunda mitad del siglo XVII.
     Construida en la primera mitad de dicho siglo, la iglesia presenta planta de cruz latina, inscrita en un rectángulo con tres naves. La nave principal tiene cinco tramos, separados por pilastras toscanas y sobre las naves laterales se disponen tribunas abiertas a la principal por medio de balcones; se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos y arcos fajones, mientras que las laterales presentan bóvedas de aristas. En el crucero se dispone una cúpula de media naranja con lune­tos sobre pechinas; el coro, situado en alto, ocupa los dos primeros tramos de la nave.
     En la fachada principal se abre una portada de mármol, mandada construir en Génova por el vasco Sancho de Urdanibia en 1647, cuyas trazas pueden obedecer a un diseño de Alejandro de Saavedra. Se articula en dos cuerpos; el primero tiene pilastras pareadas de fuste cajeado, que sustituyen los capiteles por ménsulas, y está rematado por frontón curvo roto, que alberga un segundo cuerpo centrado por una hornacina con la imagen de San Agustín, rematándose el conjunto por frontón triangular. Al lateral derecho se abre otra puerta secundaria, también en mármol, de sencilla composición con la imagen de San Nicolás de Tolentino.
     Todo el interior presenta hoy gran sobriedad, como resultado de una sustancial reforma realizada en época neoclásica, si bien se pueden observar algunos restos de la primitiva decoración barroca, a base de yeserías  en la cúpula y en el sotocoro. Casi todos los retablos corresponden también a la citada reforma. El mayor, de elegantes formas academicistas, fue realizado a partir de 1783 por Pedro Ángel Albisu, autor a quién también se atribuyen el resto de los retablos neoclásicos de la iglesia. Está realizado en madera policromada imitando mármoles, constando de un cuerpo dividido en cinco calles por grandes columnas y pilastras compuestas de fuste estriado. En los laterales se sitúan pinturas de Domingo Álvarez Enciso, que representan escenas de la vida de Santa Rita y San Agustín y tallas de santos de la orden agustiniana, que, al igual que las situadas en el ático, pertenecieron al anterior retablo y fueron realizados en 1666 por Alonso Martínez, aunque aparecen repintadas imitando bronce dorado. En la hornacina central se sitúa una imagen contemporánea de la Virgen del Buen Consejo. El conjunto se remata por un arco abocinado, decorado con casetones en cuyo centro hay una gran ráfaga con el Espíritu Santo. Flanquean el ámbito del presbiterio dos ángeles lampareros de madera policromada, realizados a mediados del siglo XVIII y de probable origen genovés. En los muros frontales del crucero se sitúan dos retablos neoclásicos de idéntica traza, realizados en mármoles de colores a finales del siglo XVIII. Sus hornacinas están ocupadas por el Cristo de la Humildad y Paciencia en el de la izquierda, talla realizada por Jacinto Pimentel en 1638, cuya policromía es obra probable de Francisco de Zurbarán. Es titular de una cofradía penitencial, fundada por los vizcaínos residentes en la ciudad, quienes obtuvieron a finales del siglo XVII el patronato de la capilla mayor de templo, como queda reflejado en los escudos de las provincias vascas situados en las pechinas que sustentan la cúpula. El del lado derecho cobija a la Virgen del Mayor Dolor, talla de candelero de la escuela neoclásica gaditana, realizada a finales del siglo XVIII. Los áticos presentan dos lienzos atribuidos a Juan Rodríguez «el Panadero».
     El testero del lado izquierdo del  crucero lo ocupan dos lienzos, anteriormente  situados en el coro, que representan escenas de la vida de San Agustín. Son copias de Murillo atribuidas a Bernardo Lorente Germán. Las dos primeras capillas del lado del evangelio tienen retablos neoclásicos idénticos, de los que el primero contiene el grupo escultórico de la Sagrada Familia, obra en madera policromada realizada por el es­cultor genovés Antonio Molinari en 1752, titular de la antigua cofradía de los carpinteros que tuvo su sede en el desaparecido Convento de la Candelaria. La siguiente tiene un Corazón de Jesús contemporáneo en la hornacina principal y un Nazareno caído en el banco, talla relacionable con la producción del escultor barroco napolitano Nicolás Fumo. El siguiente tramo también tiene un retablo neoclásico, en cuya hornacina va una talla policromada del siglo XVIII de la Virgen de la Consolación, de escuela genovesa; en la vitrina del banco hay un pequeño grupo escultórico que representa la visión de San Antonio, atribuible a Luis Salvador Carmona. En la siguiente capilla se sitúa un retablo de movida composición barroca, realizado en mármoles genoveses a me­diados del siglo XVIII, cuya hechura puede relacionarse con la producción de Alessandro Aprile y está presidido por la talla policromada de San Nicolás de Tolentino, de cronología similar. La última capilla tiene un retablo neoclásico, con una imagen dieciochesca de candelero que representa a Santa Rita.
     En la nave de la epístola, la capilla situada a los pies posee un retablo en madera dorada de mediados del siglo XVII, que contenía originalmente un lienzo de la Virgen de Regla y en la actualidad está presidido por la imagen de candelero de la Virgen de la Amargura, obra contemporánea de Sebastián Santos (1967).
     A continuación se sitúa un retablo, también barroco, decorado con estípites, de mediados del siglo XVIII, presidido por la imagen contemporánea de Santa Mónica. Las dos capillas siguientes presentan retablos neoclásicos, de iguales características, que albergan las imágenes de la Virgen del Carmen, obra contemporánea, y San Juan Bautista, talla de la escuela sevillana, realizada en las décadas centrales del siglo XVII.
     En el testero del lado derecho del crucero, bajo un sencillo dosel, se sitúa el Cristo de la Buena Muerte, crucificado de madera policromada rea­lizado en 1649 para presidir la capilla de enterramiento de los frailes, por lo que originalmente se le conocía como Cristo de Ánimas o de San Agustín. Su perfecto estudio anatómico y barroquismo compositivo, hacen que esté considerada como una de las obras cumbres de la escultura española del siglo XVII, cuya resolución evidencia la inspiración en modelos rubenianos, a la vez que se hace eco de las innovaciones escultóricas de Bernini. De autor desconocido, los especialistas coinciden en señalar que su estética se halla próxima a maestros cercanos a las formas de plenitud del barroco, como Alonso Cano, Fe­lipe de Ribas, Alonso Martínez o José de Arce.
     En el coro se sitúan dos cajas de órgano, realizadas a mediados del siglo XVIII, con decoración rococó y en los muros hay diferentes pinturas barrocas. De otras dependencias cabe destacar una interesante colección de azulejos holandeses y una cruz de carey y plata, realizada en la segunda mitad del siglo XVII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La portada lateral es de estilo manierista realizada en 1647. La puerta adintelada se flanquea por pares de pilastras cajeadas. El entablamento presenta cartela con escudo del Sagrado Corazón. Sobre él va un frontón curvo albergando en su centro una hornacina bajo venera con imagen del santo. Un frontón triangular, con flores remata la composición. En planta la Iglesia presenta tres naves con cinco tramos. Las cubiertas son de cañón en la nave reforzada con arcos fajones y de arista las laterales. La cúpula del crucero está decorada por fajas en ella se elevan lunetos en los que se han colocado las ventanas. Pilares cruciformes son los soportes utilizados. Sobre las naves laterales se asientan las tribunas.
     El Coro está sobre los dos últimos tramos de los pies.
     La Torre tiene tres cuerpos, el primero rectangular con ventanas adinteladas en las que la clave se utiliza como elemento ornamental, el segundo y tercer cuerpo está ochavado colocando en sus chaflanes pilastras cajeadas, se remata con pequeña cúpula.
     El antiguo convento hoy patio del instituto presenta arquería en sus cuatro frentes en el piso bajo, de medio punto que cabalgan sobre columnas toscanas Una parte de estos arcos han sido cegados para acondicionar habitaciones adicionales, en cuyos muros se abren óculos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Hacia abajo, la calle Cristóbal Colón desemboca en la calle Nueva. Si se dobla a la izquierda, esta calle se prolonga enseguida en la calle de San Francisco, vía principal del casco antiguo, hoy peatonal, con una larga historia sobre ella, que tiene también notables edificios. Uno de ellos es el número 3, levantado en el siglo XIX por Torcuato Benjumeda, con sus fachadas ricamente dotadas de pilastras. En el número 14, del siglo XVII, sobresale la portada en mármoles de Génova y el patio con arcos de piedra sobre columnas de idéntico mármol. En el número 21, lo mejor es el patio, también barroco y del mismo siglo.
     Caminando calle arriba, enseguida se llega a la preciosa plaza de San Agustín, enchinada y con su farola en el centro, en la que se levanta la iglesia de igual nombre, templo que fuera del desaparecido convento de San Agustín, fundado en 1617, desamortizado en el siglo XIX y reconvertido actualmente en centro de enseñanza. El templo es barroco, aunque sufrió una profunda reforma que lo adaptó al neoclásico. A la plaza ofrece una sencilla fachada a base de sillares de piedra, en parte enfoscados, en la que sobresale el alero, sobre ménsulas que recuerdan capi­teles toscanos y la portada. Donada en 1647 por el comerciante vasco Sancho de Urdanibia, quien la mandó traer de Génova, dicha portada tiene dos cuerpos: el inferior, compuesto por dos pares de pilastras cajeadas entre las que se abre el dintel de acceso, y el superior; coronado por un frontón curvo partido en el que se encaja una hornacina con la imagen de san Agustín. A la derecha, en la esquina, se eleva la torre, cuyo cuerpo inferior forma parte de la fachada, prolongándose por encima de ésta en otros tres, de base cuadrada, pero los dos superiores girados cuarenta y cinco grados con respecto al primero. El inte­rior inscribe una cruz latina sobre una superficie rectangular, con tres naves, la principal con balconcillos y bóveda de cañón con lunetos sobre arcos fajones, y las laterales con bóvedas baídas. El crucero se cubre con una cúpula semiesférica sobre pechinas, encontrándose el coro a los pies y en alto. En el presbiterio, el altar mayor es una pieza de líneas academicistas ejecutado por Pedro Ángel Albisu hacia 1783 en madera policromada que imita el mármol. Lleva cinco calles en el cuerpo principal, con una hornacina en la central en la que se sitúa la Virgen del Buen Consejo, imagen contemporánea de autor anónimo. Las pinturas de los lados muestran escenas de la vida de san Agustín y santa Rita. Fueron realizadas por Domingo Álvarez Enciso para el retablo anterior que ocupó este mismo sitio. Sobre el ático, en el que se ven otras pinturas, éstas pertenecientes a Alonso Martínez y fechadas en 1666, también originales, se dispone un gran arco abocinado con casetones en cuya clave se ve al Espíritu Santo. En los brazos del crucero se veneran dos imágenes de muy buena factura. En el del lado de la epístola, la Virgen del Mayor Dolor, talla de candelero, de autor anónimo, aunque perteneciente a la escuela neoclásica gaditana de finales del XVIII. En el lado del evangelio, el Cristo de la Humildad y Paciencia, obra de Jacinto Pimentel fechada en 1638. La mejor imagen de este templo es el Cristo de la Buena Muerte*, considerada como la talla barroca más importante que la ciudad atesora, obra principal de la imaginería española del siglo XVII, cuyo autor se desconoce, aunque se relaciona con Alonso Cano, José de Arce, Alonso Martínez o Felipe Ribas (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

Diputación Provincial
     El actual palacio de la Diputación provincial de Cádiz fue construido entre 1770 y 1784, según diseño del ingeniero militar Juan Caballero, como sede de la Aduana. Formaba parte de un proyecto de mejora urbana, que pretendía aprovechar el espacio delimitado por los baluartes de Santa Cruz y San Antonio para construir dos grandes edificios dedicados a la administración comercial de la ciudad, la Aduana y la Casa de la Contratación. De ellos sólo se construyó el primero, que contemplamos en un contexto muy diferente al original tras el derribo de las murallas que lo ceñían.
     Por su porte monumental fue elegido como palacio de la Regencia durante el asedio de las tropas napoleónicas y años más tarde, en 1862, sirvió de residencia a la reina Isabel II durante su visita a la ciudad. El 19 de marzo de 1812 fue el punto de partida de la procesión cívica que proclamó la Constitución y ante él se realizó la primera lectura pública del texto constitucional. En 1978 se constituyó en su salón regio la Junta de Andalucía.
     El conjunto está concebido con la sobriedad característica del academicismo castrense. Tiene planta rectangular y organiza sus dependencias en torno a dos patios cuadrangulares. En el exterior las fachadas van articuladas por medio de pilastras gigantes de fuste estriado, dispuestas sobre un alto zócalo que engloba la planta baja, entre las que se abren vanos rematados por frontones. Los frentes Este y Oeste presentan una calle central, con triple arcada de acceso al interior, sobre la que se sitúan balconadas abalaustradas, rematándose por un ático con inscripciones relativas a la construcción del edificio. Entre las dependencias interiores destaca el Salón Regio, realizado bajo la dirección de Juan de la Vega en 1862, con motivo de la visita de la reina Isabel II. Está profusamente decorado, siguiendo el gusto ecléctico, con elementos de talla realizados por Juan Rosado y pinturas de Juan Bautista Vivaldi.       En los jardines de Canalejas, ante una de las fachadas de la Diputación, se sitúa actualmen­te el triunfo de la Virgen del Rosario, levantado por la ciudad tras el maremoto de 1755, cuyo primitivo emplazamiento fue la explanada del Hospicio, lugar por donde penetraron las aguas. El proyecto es obra de Torcuato Cayón y en él trabajaron el tallista Gonzalo Pomar y el escultor genovés Jácome Vaccaro. La imagen de la Virgen va sobre una columna salomónica con zócalo de decoración rococó, todo ello realizado en mármol blanco (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Diputación Provincial de Cádiz se encuentra emplazada en la antigua aduana. Pertenece al estilo neoclásico, de época de Carlos III. Es un edificio de planta cuadrangular, con tres plantas de altura, la baja en sillería almohadillada y las restantes enlucidas y encaladas, salvo pilastras y cornisas en piedra vista. Los huecos se distribuyen simétricamente en las tres plantas. En la primera o planta noble, se protegen con balaustrada de piedra y se rematan en frontones triangulares y muros alternadamente.
     Sendas pilastras dividen la fachada en distintos ejes verticales. Las de la planta baja son almohadilladas y las superpuestas que se prolongan hasta la cornisa de la última planta, son estriadas y continúan la línea estriada de piedra vista hasta el remate del antepecho de la azotea.
     El interior del palacio posee un patio también neoclásico en torno al cual se articulan las diversas dependencias.
     En dicho edificio estuvieron situados los despachos del Consejo de Regencia, representantes del monarca ausente durante los años de la Guerra de Independencia, coincidiendo con el periodo en el que las Cortes se reunieron en la ciudad de Cádiz (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Junto a la plaza de España, pero ya en la avenida de Ramón de Carranza, se encuentra la Diputación Provincial, un solemne edificio, de gusto neoclásico castrense, construido por el ingeniero militar Juan Caballero entre 1770 y 1784 para sede de la Aduana. El proyecto inicial, encuadrado en la reforma de la muralla del puerto, incluía la construcción del Consulado y de la Casa de Contratación, aunque al final, por distintos motivos, sólo se edificó la Aduana. En 1810, durante el cerco de las tropas francesas, se utilizó como palacio de la Regencia y, posteriormente, en 1862, fue residencia de Isabel II durante su visita a la ciudad. El edificio, de tres plantas y azotea, se organiza sobre una superficie rectangular en torno a dos patios cuadrangulares. Levantado en piedra ostionera, la sobria fachada se articula a base de pilastras estriadas de orden gigante que enmarcan los distintos vanos, un trío de arcos para el acceso y ventanas con arcos rebajados en la planta baja, balcones con frontón triangular y balaustres en la primera y ventanas cuadradas en la segunda. Con ocasión de la citada visita de Isabel II, el interior fue reformado y embellecido a fondo. Prueba de ello es el magnífico salón Regio, que se conserva tal y como quedó tras la restauración realizada por Juan de la Vega. De planta rectangular, muestra una rica decoración de carácter ecléctico, en la que se mezclan sin recato elementos renacentistas y manieristas, plasmados en las pinturas del techo, los mármoles del suelo y el mobiliario, a base de espejos, relojes, candelabros, lámparas y el trono. Gran interés tienen también el salón de Recibo, el salón de Carlos IV y el antiguo salón de Plenos (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

Plaza de España. Monumento a las Cortes
     El derribo de las murallas en la zona del puer­to, a comienzos del siglo XX, permitió crear este amplio espacio ajardinado, que consolidó su configuración en 1929, coincidiendo con la in­auguración del Monumento conmemorativo de la Constitución de 1812. Su entorno urbano está integrado por edificios significativos de la evolu­ción experimentada por la arquitectura civil gaditana a lo largo del siglo XVIII, como lo muestra el conjunto barroco de las casas de las Cuatro y Cinco Torres, en contraste con los sobrios diseños academicistas de la antigua Aduana (Diputación Provincial) o el barrio de San Carlos.
     Los diputados integrantes de las Cortes de Cádiz, conscientes de la trascendencia histórica del documento que habían redactado, propusieron levantar un monumento que perpetuase su memoria en un lugar destacado de la ciudad. Tuvieron que pasar muchos años para que esta idea se pusiera en marcha y la ocasión surgió con motivo de la conmemoración del primer centenario de la Constitución. Se eligió entonces un diseño realizado por el arquitecto Modesto López Otero, con esculturas de Aniceto Marinas.
     Está concebido como un gran hemiciclo, en cuya zona central se alza un alto pilar a modo de triunfo. Todo su repertorio iconográfico está ideado como un homenaje a la labor de las cortes. En el centro del  hemiciclo, bajo el escudo real, un trono con las armas de la familia Borbón simboliza la legitimidad de Fernando VII. Ante él una tribuna con el nombre de Argüelles evoca al redactor del articulado y sirve de base al triunfo de la Constitución, identificada con la Justicia.
     Dos figuras ecuestres en bronce, que simbolizan la Guerra y la Paz, enmarcan todo el conjunto y a ambos lados del pilar central se sitúan los grupos escultóricos de los ciudadanos marchando a la guerra y los frutos de la paz, acom­pañados de otros grandes relieves que recuerdan hechos significativos relacionados con las Cortes. En la zona trasera completa el conjunto la figura de Hércules, representando  a la ciudad de Cádiz, y otros elementos iconográficos e inscripciones que recuerdan a los diputados y la dimen­sión americana del acontecimiento.
     En las cercanías de la plaza se localizan diver­sas muestras interesantes de arquitectura civil.
     El tramo de la Avenida Ramón de Carranza, frontero a la Diputación Provincial, presenta varias casas de estilo isabelino, entre las que sobresale la número 11-12, vivienda burguesa del siglo XVIII, reformada en 1840 por José Armario. En la calle Doctor Zurita 1, se levanta una vivienda dieciochesca con sencilla portada de mármoles y patio, al que se abre una compleja escalera barroca. El número 18, de la calle Manuel Rancés, se construyó a finales del siglo XVII, con portada barroca de mármol importada de Génova y patio de galerías con grandes vigas de madera (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se trata de un monumento de estilo ecléctico, realizado en mármol, piedra caliza y bronce. De gran envergadura, aúna escultura y arquitectura en sus formas. Es un gran espacio que presenta planta de media luna, simulando un hemiciclo con gradas presidido por un trono vacío. Tras él, se eleva un monolito central de gran altura, resuelto por cuatro pilastras adosadas, y coronado por figuras alegóricas sobre pedestal que sostienen el texto constitucional. Repartidos por todo el monumento encontramos relieves, grupos escultóricos y elementos decorativos clasicistas con inscripciones alusivas a la Constitución de 1812 y nombres de algunos de los diputados que participaron en las Cortes que se pasan a describir:
     El cuerpo central del conjunto presenta cuatro enormes pilastras jónicas coronadas por un entablamento con cornisa volada y rematado por cuatro figuras que sostienen sobre sus cabezas el texto constitucional. En el centro se encuentra el sillón vacío sobre tribuna decorado con tres flores de lis en relieve, que alude a la figura del monarca exiliado, que se eleva sobre la escalinata donde se puede ver una inscripción en bronce en la que se lee ¿Argüelles¿. Tras el sillón aparece una estatua sobre pedestal, en el cual se puede leer ¿Constitución¿ y el relieve del escudo de las Cortes. Representa una matrona clásica con unos atributos que simbolizan la época de la Constitución y la Guerra como son la ley escrita en la mano derecha y la espada en la izquierda. Lleva la imagen un prendedor para sujetar la túnica con el escudo de España, y sería esta estatua y el trono, el eje que articula simétricamente el monumento.
     Los grupos escultóricos que flanquean este eje principal están dispuestos para que a la izquierda aparezcan los grupos que tienen un carácter bélico, mientras que las de la derecha sean figuras con un componente más político y de Paz. El grupo escultórico de la izquierda corresponde con la ciudadanía, con personajes de distinta clase social que marchan a la guerra. Una figura femenina con el pelo suelto guía con fuerza el caballo, que lleva un jinete con casaca. También se ve un soldado portando un tambor, un abanderado, y una mujer con niño despidiendo a su marido que marcha a la guerra. En la parte posterior del grupo aparece una cartela donde se pueden leer algunos logros constitucionales como son:
     DERECHOS DE CIUDADANÍA - ABOLICIÓN DEL SANTO OFICIO - LIBERTAD DE IMPRENTA.
     A la derecha otro grupo que corresponde con la Agricultura, donde un par de bueyes tiran de un carro triunfal gobernado por una figura femenina, que corresponde con Ceres, diosa de la agricultura en la mitología griega, la cual aparece coronada con espigas. Tirando de los bueyes aparece un campesino en actitud decidida, así como una mujer a cada lado, donde destaca una de ellas amamantando a su niño, símbolo de la fecundidad de la tierra. Este grupo escultórico alude a la agricultura como uno de los principales recursos de la economía española, y uno de los grandes temas de la constitución de Cádiz. Estas medidas legislativas aparecen detrás del grupo en una cartela donde se lee: 
     ABOLICIÓN DE LOS SEÑORÍOS - ORGANIZACIÓN DE LA HACIENDA - PROTECCIÓN DE LA AGRICULTURA.
     A ambos lados y en la parte cóncava del monumento se encuentra un altorrelieve con dos temas diferenciados. La parte de la izquierda donde se ofrece una obra inspirada en el cuadro de ¿La Junta de 1810¿ de Rodríguez Barcaza, donde se ofrece el momento de la jura contra los franceses delante de la fachada del ayuntamiento gaditano. En la parte de la derecha, aparece el acto de la Jura de Constitución por parte de los diputados delante del Oratorio de San Felipe Neri el 19 de marzo de 1812, y donde aparecen numerosos personajes conocidos como los diputados Muñoz Torrero o Argüelles, y con letras de bronce aparece escrito: 
     LAS CORTES DECLARAN SOLEMNEMENTE QUE EN ELLAS RESIDE LA SOBERANIA NACIONAL.
     A ambos lados del hemiciclo, aparecen dos figuras alegóricas a caballo que simbolizan la Paz y la Guerra. La Paz, situada a la izquierda del hemiciclo se representa portando una cruz con su mano derecha y las riendas del caballo, que aparece con una actitud reposada, con la izquierda. Por su parte, a la derecha aparece la Guerra, un personaje masculino ataviado como Marte que porta una Victoria Alada en su mano derecha, y el caballo que aparece en una posición más tensionada, a galope. El cañón que aparece bajo sus pies no hace sino acentuar esa posición bélica de caballo y jinete.
     La parte trasera del conjunto es un homenaje a la importancia de Cádiz y América en la Cortes. Para ello se debe destacar en primer lugar la figura central de Hércules y los leones, símbolo de la ciudad. A la derecha de éste, un relieve donde aparecen representados personajes como Cristóbal Colón e Isabel la Católica. Los personajes indianos que aparecen en este lado quieren hacer ver la idea de la importancia del papel desarrollado por América no sólo en las Cortes gaditanas, sino también durante el Sitio, ya que de allí seguían llegando aprovisionamiento a la ciudad, vital para el aguante y desarrollo de la guerra. Al otro lado de Hércules, aparecen diputados vestidos a la usanza de la guerra que simbolizarían a la ciudad de Cádiz. A ambos lados, y en la parte convexa de los brazos del hemiciclo, aparecen cartelas con los nombres de algunos diputados.
     El 27 de marzo de 1812 el Municipio gaditano solicitó su construcción al Congreso Nacional, siendo la petición leída y aprobada en la sesión de Cortes que tuvo lugar al día siguiente. Con este Monumento se querían conmemorar los trascendentales acontecimientos para la vida política española que por aquellas fechas se habían desarrollado en Cádiz.
     Durante la Guerra de la Independencia, ante el avance de las tropas francesas, la Junta Central de Gobierno se trasladó a Cádiz en 1810, realizándose la inauguración de las Cortes en la Isla de León (San Fernando), el 24 de septiembre del mismo año. Posteriormente pasan a la capital gaditana donde reanudan sus sesiones y elaboran la Constitución de 1812.
     La ciudad de Cádiz fue elegida como sede de las Cortes debido a que sus poderosas murallas la hacían prácticamente inexpugnable y, también, por el ambiente liberal que en ella se respiraba. El ejército francés sitió la ciudad en febrero de 1810 y, tras sucesivos e infructuosos ataques, hubo de retirarse el 24 de agosto de 1812. Así pues, en esta ciudad sitiada es donde se desarrolló el capítulo más importante de la Edad Contemporánea española.
     Con la construcción del Monumento el Municipio gaditano quería eternizar en piedra estos hechos. Sin embargo, los posteriores acontecimientos políticos de la Nación impidieron su realización. Había de transcurrir un siglo y ello no fue factible hasta el año 1910 en que la Comisión Provincial de Monumentos y la Real Academia Hispano-Americana de Cádiz pidieron al Gobierno el cumplimiento de lo dispuesto.
     Con este fin se convocó en Madrid, en 1911, un concurso de proyectos, exigiendo la convocatoria que en su realización fueran asociados un arquitecto y un escultor, estableciéndose el premio en un millón de pesetas. El concurso debió ser bastante reñido y, el Jurado llegó a plantearse dejarlo desierto. Su emplazamiento fue elegido en parte por ser un lugar abierto al mar que permitiría que el símbolo de la libertad fuera visto desde el mar por los barcos que llegaban al puerto de Cádiz (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Gran espacio ajardinado, creado a principios del siglo XX gracias al derribo de parte de las murallas de San Car­los para la ampliación del puerto, un espacio que se enriqueció poderosamente en 1929 con la erección del monumento a las Cortes de 1812. Este monumento fue dise­ñado en 1912 por el arquitecto López Otero, procediendo a su ejecución el escultor Ani­ceto Marinas. Consiste en un gran hemici­clo en el centro del cual se alza un elevado triunfo coronado por unas figuras alegóricas que sostienen el texto constitucional. Debajo, una gran matrona representa el triunfo de la Constitución, a la que se iden­tifica con la Justicia, mientras a sus pies, bajo el escudo real, aparece un trono con las armas de los Barbones, simbolizando la legitimidad de Femando VII. En los muros del hemiciclo, a un lado a y otro de la columna, una sucesión de relieves repre­sentan a ciudadanos que van a la guerra y los frutos de la paz, simbolizados en su conjunto por los dos jinetes a caballo, en bronce, que aparecen en los extremos sobre robustos basamentos. En la parte trasera se alza la figura del Hércules gaditano, así como una serie de inscripciones y de figuras que homenajean a los diputados, al tiempo que recuerdan la importancia que en esta Constitución se le daba a la América colonial.
     La plaza reúne además un espléndido caserío, en el que destaca la casa de las Cinco Torres, conjunto barroco de la segunda mitad del siglo XVIII que, como en el de las Cuatro Torres, constituye una edificación unitaria, gracias, principalmente, a la unión de unas casas con otras mediante muretes y pretiles mixtilíneos (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

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