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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 25 de septiembre de 2025

Los principales monumentos (Castillo, Carnicerías Reales, Huerto de las Infantas - Arco de San Bernardo, Iglesia de San Pedro, Iglesia de San Juan de Dios, Iglesia de las Angustias, Casa-Museo Lozano Sidro - Museo Histórico Municipal, e Iglesia de las Mercedes) de la localidad de Priego de Córdoba (II), en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo, Carnicerías Reales, Huerto de las Infantas - Arco de San Bernardo, Iglesia de San Pedro, Iglesia de San Juan de Dios, Iglesia de las Angustias, Casa-Museo Lozano Sidro - Museo Histórico Municipal, e Iglesia de las Mercedes) de la localidad de Priego de Córdoba (II), en la provincia de Córdoba.


Castillo.-

     Entre las obras de patrimonio civil que atesora Priego, merecen destacarse el Castillo, de origen islámico, muy reformado en los siglos XIII y XIV (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El castillo de Priego se encuentra ubicado dentro del actual casco urbano de la ciudad, incluido en los límites del Conjunto Histórico del Barrio de la Villa. Su disposición topográfica, que mantiene la misma cota que su entorno urbano más próximo, hace de la fortificación un edificio conexionado a la población, integrado en ella, como digna heredera de sus orígenes como alcazaba islámica de la medina del Priego hispanomusulmán. Por el lado sureste, orientado a la Villa, no muestra desnivel alguno, mientras que junto al lado Noroeste el Tajo del Adarve, mediando el corredor de la Calle Santiago, garantiza su inexpugnabilidad por este sector, con un desnivel que ronda los 30 metros. Geológicamente, el substrato está compuesto por una gran placa de travertino o piedra tosca, base pétrea sobre la que se asienta el casco urbano prieguense.
     Desde el punto de vista descriptivo, tras la incorporación de las novedades más significativas aportadas por las campañas arqueológicas realizadas en 1997 y 1998 por el Servicio Municipal de Arqueología, el castillo está formado por un perímetro amurallado torreado que delimita un espacio interior ocupado por una Torre del Homenaje con patín de acceso, dos aljibes, una edificación de dos plantas, actualmente usada como vivienda y almacén, y que no ha sido objeto de donación, y una estructura de planta rectangular y uso indeterminado. Además de estas estructuras de cronología fundamentalmente bajomedieval, se conservan numerosos restos arqueológicos contemporáneos, o bien pertenecientes a episodios anteriores o posteriores de la edificación (por ejemplo, los baños o la necrópolis andalusíes, y otros espacios o dependencias).
     El perímetro amurallado es de tendencia pentagonal, tras las modificaciones incorporadas a la planimetría original en época moderna, y se encuentra flanqueado por un mínimo de ocho torres, todas cuadrangulares, a excepción de dos cubos (T4 y T8). La distribución de éstas es la siguiente: tres torres en el lado sureste (T1, T2, T3), una en el noreste (T4), otra en el noroeste (T8), y tres en el suroeste (T5, T6, T7), las dos primeras protegiendo una poterna actualmente inutilizada. La orientación de las estructuras, tanto alineaciones de murallas como torres, mantiene un marcado sentido noreste/suroeste o bien noroeste/sureste.
     Las dos técnicas edilicias que predominan son la sillería (con despiece de sillarejos de travertino y, en menor medida, arenisca) y la mampostería, principalmente de piedra caliza (margocalizas), aunque también se emplee el travertino con esta técnica, con diferencias a su vez dentro de cada una de las fábricas.
     Tras las actuaciones arqueológicas se han descubierto fábricas encofradas, con tapiales de distintas calidades, y otras mixtas. En la mayor parte de los casos, estas diferencias se corresponden con indicadores cronológicos.
     La alcazaba, en cuanto arquitectura defensiva, está representada por los lienzos L10 y L11 y en la torre T8, todos en la alineación noroeste, con fábrica claramente adjudicable a época omeya. Por el momento, no se han identificado otras alineaciones pertenecientes a este período. Tras los trabajos realizados para la apertura del vial peatonal (2003) se han incorporado también episodios andalusíes de arquitectura defensiva -de época  omeya, principalmente, y almohade- en los lienzos L6 y L7, además de bajo las torres T8 y T5. 
     No será hasta la construcción de la Torre del Homenaje y de los lienzos L4 y torre T4, perteneciente al período de ocupación de la Orden de Calatrava (1246-1327), cuando de nuevo se reconozca, en el estado actual de conocimiento, las siguientes aportaciones al sistema defensivo. La Torre del Homenaje, o Torre Gorda, se sitúa descentrada en el patio. 
     Realizada con mampostería de piedra caliza, con esquinas reforzadas con sillares, su altura es considerable, acercándose a los 30 metros (para una planta de unos 187 metros cuadrados), parte de los cuales son subterráneos en la actualidad. Consta de tres plantas cubiertas con bóvedas de cañón con rosca de ladrillo o lajas de piedra: una inferior, sin acceso original desde el exterior; otra media, que se emplearía como almacén y que recibía una pobre luz natural desde unas grandes aspilleras, hoy sensiblemente aumentadas; y una superior, identificable como residencia adornada en sus vanos con cuatro ventanas o aljimeces con doble arco de herradura y columna central con capitel de mocárabes de tipo nazarita. La comunicación original entre plantas no es la actual (escalera de caracol de tipo mallorquín) aunque hay evidencias de su ocupación por los pasos de entresuelo, abovedados en ladrillo, conservados. El acceso original de la torre, mediante vano dovelado de medio punto y pasillo abovedado, se situaba a la altura de la planta mediana, varios metros sobre el nivel del suelo primitivo, para facilitar la defensa de la construcción. 
     Todo apunta a que ya en estos momentos (1246-1327) se configura la antepuerta del sector noroeste, si bien se completaría su disposición actual con posterioridad (finales del siglo XIV). El único acceso documentado en este punto es el correspondiente al lienzo interior (L10) mientras que aún no se ha localizado el perteneciente al exterior (L4 o L9).
     La altura de las torres perimetrales llega a alcanzar los 20 metros, siendo su estado de conservación excelente en los casos de dos de las situadas en el lado sureste (T2 y T3), orientadas hacia El Llano. Éstas son macizas hasta la altura de los adarves, cuando se abren sendas estancias abovedadas con rosca de medio punto, dotadas de cámaras de tiro y aspilleras, y desde ellas se accede a una segunda planta o azotea, actualmente sin parapeto ni merlatura. Una de estas torres (T2) cuenta además con una espécula situada en su coronamiento aprovechando el garitón de salida de las escaleras, dispuesta para las labores propias del control del espacio geográfico entorno del castillo. Cronológicamente se podría situar la edificación o remodelación de estas torres, al igual que la fábrica de sillarejos con marca de cantería, en la segunda mitad del siglo XIV, tras la conquista alfonsina de 1341, después de que la villa de Priego fuera dada en señorío a González Fernández de Córdoba, en 1370, por el rey Enrique II. En el estado actual de conocimiento se las puede adscribir al siglo XV, posiblemente en su primera mitad.
     Las tres torres del lado suroeste (T5, T6, T7) son de más difícil determinación cronológica hasta los trabajos realizados en 2002, fueron edificadas en algún momento del último cuarto del siglo XIV. Por su interés destaca la torre central (T6), con cámara con rosca de cañón abierta al adarve y azotera, ya que es la única que conserva restos del parapeto y merlatura originales, con aspilleras en el primero coincidiendo con la protección de cada merlón.
      La entrada principal actual al castillo se ubica en el lado sureste, bajo la protección de una ladronera con faldones abierta a la altura del adarve. El corredor de acceso consta de dos arcos de herradura apuntados, uno de ellos doble, enmarcados con un alfiz, con portón al exterior y ranura para el deslizamiento de un rastrillo. Hasta hace escasas décadas, sobre esta entrada, venía campeando el escudo de la Casa de Aguilar. Además de este acceso, se conserva una poterna en el lado suroeste y otro acceso más, documentado durante las excavaciones arqueológicas, en el noroeste.
     Además de los elementos referidos, dentro de la cerca del castillo, se localizan otros elementos de interés: dos aljibes, uno situado frente a la entrada actual de la torre del Homenaje, y que presenta planta rectangular con dos bóvedas vaídas de ladrillo, arco de descarga central y paramentos enlucidos con mortero hidráulico de cal pintado a la almagra; y un segundo próximo al anterior, también de planta rectangular, y con fábrica de mampostería y bóveda de cañón de ladrillo; y una gran estancia rectangular de dos plantas, adosada al lado suroeste, funcionalmente interpretado como viviendas (uso actual) y uso no doméstico (almacén, lagar, bodegas¿), y cuya adscripción cronológica es posterior al siglo XVII.
     En definitiva, el castillo es ante todo un castillo bajomedieval cristiano, que ocupa, aproximadamente, el mismo lugar de una alcazaba musulmana anterior, destruida, amortizada o parasitada hasta hacerla irreconocible, entre los siglos XIII al XV, sin contar con alteraciones sustanciales anteriores o posteriores a estas fechas.
     En la esquina suroeste de la Torre del Homenaje existen sendas inscripciones romanas altoimperiales reutilizadas como sillares (CIL II2/5, 253 y 260) (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El Castillo de Priego de Córdoba es una antigua fortaleza árabe reformada en los siglos XIII y XIV, de carácter esencialmente militar, austero, como corresponde a las razones defensivas que marcaron su origen.
     Es un gran recinto fortificado envuelto por varias torres, la mayoría de ellas cuadrangulares y una cilíndrica.
     La más emblemática e importante de ellas es La Torre del Homenaje, declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional desde 1943. Se ubica descentrada en el patio de armas, su altura es de 30 metros, parte de los cuales son semisubterráneos en la actualidad.
     Cronológicamente, esta torre, llamada también Torre Gorda, puede datarse de la segunda mitad del siglo XIII, cuando la villa de Priego era una encomienda de la Orden de Calatrava, aunque la presencia de los capiteles nazaritas en los ventanales nos indican la posibilidad de ser un añadido de la primera mitad de siglo XIV cuando Priego volvió a estar bajo el dominio islámico (Diputación Provincial de Córdoba).

Carnicerías Reales.-
     Las Carnicerías Reales, edificadas entre 1576 y 1579 y atribuidas a Francisco del Castillo (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Próximo a la Iglesia de San Pedro  se encuentra el edificio de Las Viejas Carnicerías, realizado entre 1576 y 1579 y atribuido al arquitecto Francisco del Castillo, maestro de las obras de Martos. El edificio estaba destinado al sacrificio de reses como matadero y mercado en el siglo XVI.
     El inmueble se articula en una planta cuadrada alrededor de un patio columnado, con galerías de arcos de medio punto sobre columnas de piedra de gran rusticidad y torres en sus ángulos. Una bella escalera de piedra en espiral comunica con el nivel inferior que se destinaba al sacrificio de reses.
     Al exterior destaca la portada de fuerte diseño manierista, con fustes anillados, entablamento roto y frontón incurvado, que se basa en modelos de Serlio y Vignola (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Matadero y mercado del siglo XVI.
     Diseñadas por Francisco del Castillo con una portada de estilo manierista de ascendencia italiana.
     En ella utiliza columnas de fuste almohadillado sobre la que se sitúa un frontón triangular curvado en su centro, rematado por pirámides sobre bola.
     Edificio de planta cuadrada con patio central, con galerías de arcos de medio punto sobre columnas de piedra de gran rusticidad y torres en sus ángulos.
     Una bella escalera de piedra en espiral comunica con el nivel inferior que se destinaba al sacrificio de reses (Diputación Provincial de Córdoba).

Huerto de las Infantas - Arco de San Bernardo.-
      Construcción que delimita una zona ajardinada de inspiración romántica. Relativamente reciente -posterior a 1850-. 
     Fábrica de sillarejos (60x35, 30x30, 43x35 centímetros, etc.).
     Puerta-acueducto con fábrica de sillería de travertino, que consta de un paso abovedado de medio punto de unos 2,28 metros de ancho, quebrado en planta, en el que se conservan huellas de los encastres de la puerta. El nivel del suelo actual (a 2,20 metros del intradós de la bóveda), con pavimento de guijarro, se presenta sensiblemente sobreelevado sobre la cota original. Unos 1,70 metros por encima de la bóveda de paso se conserva un arco apuntado ciego, a modo de contrafuerte de 1 metro de saliente, posiblemente destinado a reforzar el paso del caz de agua que discurre por encima de la puerta. La longitud interior de la puerta es superior a los 5 metros. 
     Según la historiografía decimonónica, el arco de San Bernardo conectaba con el castillo a través de un camino cubierto, actualmente desconocido.
     La Puente llovía no sería lo mismo que el Arco de San Bernardo, estaría próximo al la Puente, pero no sería el mismo lugar.
     La Puente llovía se sitúa extramuros, no comunica directamente con el interior de la ciudad amurallada, sino que inicia el camino que paralelo al adarve enlaza con la Puerta del Sol.
     El Catastro del Marqués de la Ensenada (Documento nº 2), de 1754, dice que existía un molino de harina "en el sitio de la Puente llovida". Se podría interpretar que este lugar podría formar parte del acueducto o caz inmediato a un molino harinero que aprovechaba la fuerza del agua para mover las dos piedras de la que constaba (al menos, en el siglo XVIII. Y el paso abovedado conservado en la actualidad salvaba un camino público que debía mantenerse expedito en su paso.
     Hay numerosos ejemplos en los que un caz de un molino de harina tradicional es soportado por un elevado muro (en muchas ocasiones, formando una auténtica "muralla"¿) que a través de un arco o varios deja libre el paso por un camino que se ve obligado a cruzar en su trazado. En este sentido, se podría decir que la puente llovía es una puerta, porque es una zona de paso pero no sería la puerta del recinto amurallado  (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Pedro.-

      Fue en origen la iglesia de un convento de alcantarinos establecido en la villa en 1662. Construida entre 1661 y 1690, se terminó de restaurar en 1992. La planta es de cruz latina con crucero, habitual en la tipología conventual masculina.
     El retablo mayor se terminó en 1701 por Jerónimo Caballero y Jerónimo Sánchez de Rueda, con probable proyecto de Francisco Hurtado Izquierdo. La reforma que se le hizo en 1739 se atribuye a Juan de Dios Santaella. La talla de la Inmaculada es obra documentada de José de Mora, de 1696. Es anónima Santa Rosa de Vi­terbo, y la Santa Rosalía se hizo en Madrid en 1681 por encargo del Ayuntamiento; en el ático figura San Pedro. Lleva también dos lienzos de la Anunciación y la Sagrada Familia. A los lados del presbiterio cuelgan un cuadro de San Sebastián y otro de la Virgen de la Sierra con San Antonio, San Luis Obispo y el donante, de 1796, donado por Luis Antonio Carrillo Ramírez. En los lunetos hay cuadros de San Pedro de Alcántara y otros santos franciscanos.
     Los frentes de los brazos del crucero tienen dos retablos gemelos, también obra de Jerónimo Caballero y Jerónimo Sánchez de Rueda, con proyecto de Francisco Hurtado Izquierdo. El de la izquierda es de San .José, talla de Diego de Mora, con cuadro de Santa Clara en el remate y urna con Niño Jesús pasionario, del círculo de Risueño, en el banco. El de la derecha es de San Francisco de Asís, obra realizada por José de Mora hacia 1700; el lienzo del ático muestra a Santa Teresa escritora y la urna inferior guarda una pequeña talla de la Virgen Niña, de bellísima factura, obra temprana de José Risueño. En los machones del presbiterio hay dos urnas de rocalla con imágenes pasionarias del Niño Jesús, de seguidores de Pedro de Mena.
     En el brazo izquierdo, junto a la entrada de la capilla de la Soledad, está el monumento fúnebre de don José Manso y Velasco, conde de Superunda, Virrey del Perú, muerto el 5 de enero de 1767, y encima un lienzo con el Nazareno; en la pared de la izquierda se ve un buen cuadro de la Sagrada Familia, de estética académica de fines del XVIII. En el testero del brazo derecho está el retablo de San Benito Negro, con un Niño Jesús Dormido en el banco y arriba un lienzo con la Inmaculada. En las paredes hay otros cuadros con San Francisco, San Buenaventura y San Juan de Capistrano, del XVIII.
     La capilla  de la Virgen de la Soledad y Santo Entierro de Cristo es la del Sagrario; construida en los comedios del siglo XVII, se reformó en el XVIII y en el XIX. El camarín es obra de Manuel y Antonio Álvarez, de 1748, pero se adornó con entallados de madera en 1780, una vez hecho el retablo de 1770, todo ello atribuido a Francisco Javier Pedrajas. La Virgen de la Soledad es imagen granadina del XVII, pero con retoques posteriores. De las restantes piezas que guarda esta capilla pueden destacarse la imagen del Crucificado, que fue también Yacente, realizado por el escultor sevillano Juan Fernández de Lara en 1629, y San Juan Evangelista, obra de un seguidor de Pablo de Rojas, de cali­dad, pero repintada.
     En la nave central destaca el púlpito, junto a una serie de lienzos repartidos por los  muros, entre ellos, Jesús a la Columna, de escuela granadina y Santa Clara de taller local, de hacia 1700. Santa Inés y Anunciación, de fines del XVII. La primera capilla de la izquierda tiene a la entrada una urna de rocalla con la Virgen de la Candelaria. Está dedicada a San Pedro de Alcántara, con imagen de José de Mora, de hacia 1700, y retablo de Jerónimo Sánchez de Rueda de hacia 1730. La siguiente es de San Antonio de Padua, con retablo del mismo autor e imágenes laterales de Santa Ana con la Virgen y San Joaquín y, arriba, un lienzo de la Inmaculada de escuela grana­dina del XVIII. Bajo el coro hay un medio punto con el Cristo de las Mazmorras, del siglo XVIII, restaurado por Rafael Barrientos.
     Al lado derecho está la capilla de San Pascual Bailón, con retablo semejante al de San Pedro de Alcántara e imagen del titular, también de José de Mora; tiene en el remate la Virgen Niña con sus Padres. En los pilares de la capilla cuelgan dos cuadros con el Ecce Homo y el Santo Ros­tro. En la siguiente se encuentra hoy la urna del Santo Entierro, con muy bella imagen de Cristo Muerto, obra manierista de Pablo de Rojas, de hacia 1593, restaurado en 2003. A continuación se ven las imágenes de la cofradía de la Entrada en Jerusalén: la Pollinica, obra murciana de hacia 1950, y Nuestra Señora de la Encarnación, de Niceto Mateos Porras en 1993 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      Iglesia de reducidas dimensiones con muros muy gruesos. Su planta es de cruz latina con capillas laterales, comunicadas entre sí, cubiertas con bóvedas de medio cañón con lunetos, el crucero se cubre por cúpula de media naranja sobre pechinas.
     Yeserías barrocas del siglo XVII y XVIII.
 Camarín de la Purísima de planta octogonal coronado por media naranja con linterna ciega -Borrominesca- (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La iglesia se erige sobre la antigua ermita de San Pedro, finalizando las obras en 1690.
     Se construye junto a ésta el convento de los alcantarinos, en el solar que actualmente ocupa el mercado de Abastos. Posee planta de cruz latina, con capillas laterales y cubierta de bóveda de medio cañón con lunetos. 
     El crucero se cubre con cúpula de media naranja sobre pechinas.
     En su interior se encuentra la primera decoración de yeserías con motivos de hojarasca del barroco prieguense.
     En el siglo XVIII se realizan una serie de reformas que le confieren el aspecto barroco actual y es en este momento cuando se añaden los escudos y las decoraciones de las claves de los arcos.
     También se construye el camarín, que alberga una bella imagen de la Inmaculada de José de Mora, que destaca por su rica policromía (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia de San Juan de Dios.-
     Fundado en 1637, la iglesia no se construyó hasta el siglo XVIII. Se hizo en varias fases, la primera, entre 1696 y 1717, dirigida por Francisco Hurtado Izquierdo, y otras dos en las décadas de 1720 y 1760, en las que intervinieron los maestros locales Sánchez de Rueda, Pedrajas y Santaella. Es iglesia de una nave con crucero levemente señalado, cubierta de cañón y bóveda semiesférica. Las pechinas se adornan con pinturas de los Evangelistas y en los paños de la bóveda se ven los Padres de la Iglesia y tondos con la Virgen de las Angustias, la Visión de San Francisco Javier, San Juan Nepomuceno y San Juan de Dios.
     El retablo mayor, de 1768, es obra del maestro Francisco José Guerrero; en el banco tiene lienzos con Santa Inés y Santa Catalina de Alejandría. Salvo la Virgen de las Mercedes, que es moderna, las obras restantes son coetáneas del retablo. En las calles laterales se hallan imágenes de San José y San Juan de Dios y pinturas con San José y San Antonio de Padua; en el remate, lienzos del Calvario al centro, y de San  Carlos Borromeo y San Nicolás a los lados. En el muro derecho del presbiterio cuelga un lienzo de comienzos del XVII con la Virgen y el Niño entregando el Rosario a Santo Domingo.
     Los cinco retablos que adornan la nave son, probablemente, diseño de Guerrero, pero realizados por un maestro anónimo local, y responden todos a una misma tipología. Las calles la­terales llevan registros para lienzos, y el centro aloja una imagen escultórica. El primero de la izquierda tiene a Santa Rita de Casia, de vestir, del siglo XVIII, y en el remate un pequeño San Agustín; en los registros laterales figuran los santos Ramón y Lucía, Gregorio Magno y Luis de Francia, Domingo y Apolonia, Pedro y Pablo. El siguiente retablo alberga una imagen de Santa Clara, de un seguidor de Pedro de Mena, de hacia 1700.
     En el lado derecho, el primer retablo está de­dicado a San Expedito y en el segundo hay un bellísimo busto de la Virgen con el Niño, de mediados del XVIII y atribuida a Duque Cornejo. A continuación se halla en un pedestal la imagen de Jesús Preso, firmada y fechada por Niceto Maceos Porras en 1990, y finalmente, un retablo de pinturas compuesto por medio punto con la Virgen del Carmen y Ánimas y lienzos de los santos Joaquín y Ana, José y Bárbara, Francisco de Asís y Francisco de Paula; en la hornacina se venera Nuestra Señora del Mayor Dolor, de candelero con rostro de barro y manos de madera, origina­ria de fines del XVII y restaurada hacia 1986 por Niceto Mateos (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El hospital de San Juan de Dios se funda en 1637, bajo la advocación de San Onofre.
     La primitiva iglesia se sustituye por otra de nueva planta que responde a dos fases constructivas; la primera, a finales del siglo XVII, y una segunda, a principios del siglo XVIII.
     Posee nave única articulada con pilastras sobre las que corre una cornisa movida e intenta crear un crucero mediante la inserción de una cúpula de media naranja con franjas radiales que anticipan las cúpulas gallonadas.
     El retablo es obra de Francisco José Guerrero y se ejecuta en 1768.
     La fachada, inacabada, data de finales del siglo XVIII, al igual que la espadaña (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia de las Angustias.-
      La ermita se construyó entre 1773 y 1775 y en 1787-88 se le añadió el colegio anejo, hoy regido por las religiosas Hijas del Patrocinio de María. La obra se ha atribuido a Juan de Dios Santaella. La iglesia tiene nave única y cabecera con cúpula de gallones; en las pechinas figuran lienzos con Santo Domingo, San Francisco, San Antonio Abad y San Antonio de Padua.
     De gran interés son los tres retablos del presbiterio. El mayor se fecha entre 1773 y  1775 y es obra de Santaella; en las hornacinas del banco hay dos terracotas de la Virgen con el Niño y San José con el Niño de José Risueño, fechables entre 1712 y 1732. Preside en su camarín la Virgen de las Angustias, del taller granadino de los Mora de hacia 1670, con importantes retoques. En las calles laterales están la Inmaculada y San Felipe Neri; arriba, San Agustín  y, como remate, una pintura del Ecce Homo. El conjunto fue restaurado por Niceto Mateos. El retablo de la izquierda, de hacia 1790, tiene pintura de la Anunciación sobre tabla, de autor anónimo local, y el de la derecha, un lienzo de fines del XVIII con Aparición de la Virgen a San Antonio, firmado por Fernando Marín.
     Sigue en el muro derecho el antiguo comulgatorio, de la fecha de la iglesia, con relieve del Buen Pastor pasionario, con la cruz a cuestas; se venera aquí una reliquia del fundador de la comunidad religiosa, Padre Luis Pérez Ponce. En los muros se ven lienzos con San Francisco de Paula, San Pedro Penitente y el Crucificado, de primera mitad del XVIII. En las dependencias hay una interesante talla del Crucificado, de hacia el año 1600 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      La Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias da fachada a una de las vías principales de Priego de Córdoba, la calle Río, y hace esquina a otra que en ella desemboca, mientras que los otros dos laterales del templo quedan embutidos entre medianeras. El carácter religioso del edificio se explicita en su rica portada, la espadaña y el tambor octogonal que alberga la cúpula que se eleva sobre el presbiterio. La portada, realizada en piedra caliza blanca y mármol negro, constituye uno de los elementos más valiosos del edificio. Se articula en torno a un arco de medio punto con rosca moldurada y clave resaltada con un elaborado diseño de placas recortadas, al que flanquean pilastras cajeadas con motivos mixtilíneos a base de curvas y contracurvas. El cuerpo superior, separado por voluminosas cornisas de líneas curvas y quebradas, y enmarcado por una moldura mixtilínea, ofrece una hornacina también de medio punto -que alberga una imagen en piedra de la Virgen- entre estípites de dinámica y compleja conformación con unos capiteles de rocallas trabajadas en la piedra a trépano para acentuar los claroscuros. Los mencionados estípites sustentan una cornisa integrada por múltiples listeles en cuyo centro figura una cartela circundada de rocalla con un anagrama mariano.
     Son de destacar las puertas que cierran el vano de ingreso, fechadas en 1775 por una inscripción, e integradas por dos hojas realizadas en madera noble con una decoración de rehundidos mixtilíneos y clavos dorados de cabeza cónica. La única nave que constituye el templo aparece subdividida en dos tramos más el presbiterio. Cada uno de los tramos se cubre con bóvedas de aristas con lunetos y el presbiterio con cúpula gallonada sobre pechinas y cornisa de líneas muy movidas.
     A los pies se emplaza un coro alto sobre vigas de madera que sustentan, a modo de atlantes, dos angelotes de yeso policromado. En el lado de la epístola se abre una sencilla puerta con carpintería de madera, que comunica con el colegio contiguo.
     El presbiterio alberga tres retablos. Los laterales se cobijan por arcos mixtilíneos decorativos apoyados sobre pilastras. El retablo mayor deja ver a través de su hornacina central el camarín en el que se halla el grupo escultórico de Nuestra Señora de las Angustias. Los paramentos del camarín se articulan por pilastras cajeadas que sustentan arcos de medio punto sobre los que discurre un ancho friso, integrado por varias molduras de diferentes motivos, que sirve de tambor o base para una cúpula de yeso de cuarto de esfera. La decoración se concentra en las partes altas de los muros y en las bóvedas, apareciendo las inferiores totalmente desnudas. Bóvedas y cúpula se revisten de pinturas con dorados y yeserías muy planas, de delicado diseño, en cuyo repertorio la rocalla cobra especial protagonismo, pero en la que también aparecen hojarascas y elementos figurativos, tales como símbolos pasionistas.
     La cúpula apoya sobre pechinas con pinturas decorativas, otras figurativas de simbología mariana y cuatro tondos ochavados con lienzos en los que se representan santos. En una inscripción junto a la cúpula aparece el recordatorio de la edificación de la Iglesia por doña María Josefa del Mármol, la devota a cuyas expensas se levantó el templo para dar culto a la Virgen de las Angustias cuya ermita se hallaba en muy mal estado de conservación (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Iglesia fundada en 1773 con el fin de albergar la imagen de la Virgen de las Angustias que se veneraba en otra ermita.
     Se ha venido atribuyendo a Juan de Dios Santaella, al presentar soluciones que este mismo autor emplea en otros monumentos de Priego.
     Junto a la iglesia, se edifica el colegio de las Niñas Educandas, en lo que fue una antigua mansión. Fue terminado en 1778, si bien ha sufrido transformaciones posteriores.
     Del exterior de la iglesia destaca la volumetría de su cúpula y su fachada barroca, de mármoles policromos y concebida como si de un retablo se tratase, con dos cuerpos: el inferior con estípites apilastrados y cornisa movida, y el superior con una hornacina con la escultura de la Virgen de las Angustias.
     Interiormente, el templo cuenta con una nave única cubierta con bóveda de arista con lunetos y cúpula gallonada en la cabecera, que apoya en una cornisa. Destaca la decoración de yeserías policromadas con motivos de rocalla que forman la decoración de las zonas altas, así como los lienzos de las pechinas. 
     Los retablos son obra de Santaella y en el camarín se venera el grupo escultórico de Las Angustias, obra de finales del XVII, siendo el Cristo del círculo de José de Mora.
     Son de una gran belleza los barros de S. José y la Virgen con el Niño, del artista granadino Risueño (Diputación Provincial de Córdoba).

Casa-Museo Lozano Sidro - Museo Histórico Municipal.-
     Deben destacarse también el Museo Histórico Municipal, con material arqueológico procedente de yacimientos locales, y, sobre todo, la colección del famoso ilustrador prieguense Adolfo Lozano Sidro (1872 - 1935) (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El Museo Histórico Municipal de Priego de Córdoba se centra en la arqueología de la comarca de Priego, abarcando las etapas desde Paleolítico Inferior hasta la Edad Media.
     Cabe destacar, de entre todas sus colecciones, los ajuares funerarios ibéricos de armamento y materiales medievales (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia de las Mercedes.-
     Fue originalmente una ermita dedicada a San Antón. Aunque no hay documentación acerca de la autoría de esta iglesia, por sus caracteres formales se ha atribuido a Francisco Javier Pedrajas. Realizada entre 1780 y 1789, en 1800 se le añadió la portada neoclásica, obra de Nicolás Duroni. Desde 1994 este templo comparte parroquia­lidad con el de Nuestra Señora del Carmen.
     El interior ofrece un espacio plenamente barroco, con planta de una sola nave dividida en dos tramos, uno de los cuales está destinado a coro. Las cubiertas son bóvedas de arista en los tramos, de gallones en el crucero y de venera en los brazos. La original cornisa ondulada introduce gran dinamismo. En los ejes de la bóveda se asientan esculturas de escayola de la Virgen de la Merced y San Ramón Nonato y los terciarios San Luis y San Elseario arrodillados. Sobre las pechinas se disponen esculturas monumentales de los cuatro arcángeles.
     El retablo mayor lo hizo Francisco Javier Pedrajas entre 1787 y 791; en las calles laterales tiene imágenes de San Ramón Nonato y Santo Tomás de Aquino y en el remate, Santa Catalina. El camarín es obra anterior, de 1753, y guarda la pequeña imagen de vestir de la Virgen de las Mercedes. Los dos retablos laterales son obra del mismo autor, de 1791. El de la izquierda se de­dica a San Felipe Neri. El de la derecha tenía un pequeño camarín con imagen de San Antón, hoy desplazada por el Señor de la Oración del Huerto, de 2001. En el primer tramo de la nave lucen en la pared relieves de escayola con la Asunción y la Epifanía, también de Francisco Javier Pedrajas. En el coro se ve una talla del Crucificado de hacia 1390, regalado por el arzobispo de Valladolid Félix Romero Mengíbar hacia 1973.
     En la sacristía pueden verse, entre otros, el cuadro de la Inmaculada del siglo XIX, que sigue modelos de Antonio del Castillo, y el de Nuestra Señora del Cariño, del último tercio del XVIII, inspirado por la pintura granadina del siglo anterior (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La iglesia está definida por una planta de cruz latina, si bien con algunas peculiaridades, pues su longitudinalidad está muy mermada, dado que el pequeño eje longitudinal de la nave aparece excesivamente comprimido respecto a su anchura. El coro ocupa uno de los dos tramos de la nave, que prácticamente funciona como vestíbulo, acentuándose aún más su acortamiento. Todo ello contribuye a vitalizar la centralidad del crucero, favorecida por la fuerte presencia y gran entidad de la cúpula, consiguiéndose así fusionar la centralidad con la longitudinalidad. Por  otro lado, el crucero no se ajusta a las tradicionales estructuras de muros dispuestos en ángulo recto, sino que sus brazos y cabecera tienen en planta una forma de artesa.
     En correspondencia con la originalidad de la planta está el tratamiento de las superficies, que aparecen modeladas por los gallones de las cubiertas y por las dinámicas cornisas de múltiples moldurajes. El resultado es un espacio dinámico y sugestivo. En conseguir este efecto también coopera la luz, que entra a raudales por todo el templo, aunque resulta más abundante en el crucero. Completa el conjunto una finísima y elegante decoración de yeserías que sólo ocupa unos puntos muy determinados, dejando libres amplias áreas y se organiza según bellísimas composiciones asimétricas.
     Al exterior, las severas líneas y el purismo volumétrico del exterior de esta iglesia en nada advierten la disolución espacial del interior. Su fachada principal se concibe como un muro limpio al que se superponen dos torres gemelas y se añade una portada de traza neoclásica, que no corresponde con el fausto interior. Los chapiteles de las torres, tienen basamento octogonal y una decidida verticalidad en las cubiertas.
     La ermita ya existía antes del siglo XVIII, bajo la advocación de San Antonio Abad, pero el prestigio de la cofradía de la Virgen de las Mercedes y la devoción de esta imagen han hecho que la iglesia se conozca comúnmente como de las Mercedes. En torno a 1780 se rehace de nuevo la iglesia, dado el mal estado en que se encontraba esta. En 1789 estaba concluido el interior de la iglesia. Las obras de la fachada principal se prolongaron más tiempo. 
     El autor de esta iglesia es Francisco Javier Pedraxas, aunque sólo está documentada su autoría en los retablos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La iglesia fue construida en 1780, atribuyéndose su autoría a Francisco Javier Pedrajas, por los paralelismos estilísticos y formales de la construcción con el Sagrario de la Iglesia de la Asunción.
     Cuenta con planta de cruz latina, el crucero se cubre con armadura y nave central con dos tramos de bóveda de arista y cúpula central gallonada, que apoya en pechinas.
     La decoración del conjunto se realiza a partir de yeserías rococó en blanco, aplicándose dorados en puntos concretos del paramento.
     La existencia de sectores sin ornamentar y la potencia de elementos como la cúpula, determina que en el conjunto predomine lo arquitectónico sobre lo decorativo.
     Destaca la cornisa movida que recorre la parte superior del muro, decorada con ángeles y arcángeles y que se deposita en pilastras con capitel de yeserías.
     La fachada se construye en el siglo XIX y responde a trazas neoclásicas (Diputación Provincial de Córdoba).
 
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viernes, 2 de febrero de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz.
     El término de Villamartín, como el del resto de las poblaciones serranas, está salpicado de asentamientos antiguos. Por su dimensión es de destacar el conjunto megalítico de Alberite, que se compone de siete monumentos al menos, siendo destacable el gran dolmen de galería, con los ortostatos decorados con pinturas e incisiones. Varias aras funerarias testimonian la presencia romana y visigoda, en tanto que una fortaleza del siglo X en el sitio de Matrera rememora la ocupación de los musulmanes.
     El castillo con sus términos fue donado a la orden de Calatrava en 1256 y fue un importante enclave para el control territorial que ocasionó una repoblación casi inmediata. En 12584 Villamartín aparece mencionado como uno de los lugares cedidos a la ciudad de Sevilla junto con el castillo de Matrera que, desde 1342, formaba parte de su sistema defensivo, la Banda Morisca. Sin embargo, la dificultad de poblar el Campo de Matrera hizo que el concejo sevillano concertara con algunos particulares su establecimiento permanente. En 1503 la ciudad de Sevilla concede a Villamartín la Carta Puebla, inaugurando una época de litigios por la propiedad de la tierra que terminará con el fallo de la Real Chancillería de Granada, en 1558, favorable a Villamartín. La difícil repoblación del término tendrá un último episodio en la segunda mitad del sigo XVIII, coincidiendo con el proceso activado por Pablo de Olavide y que supuso el nacimiento de las poblaciones de Almajar y Prado del Rey en el término de Villamartín. De entonces data la casa palacio de los Topete, cuya blasonada portada es de líneas muy austeras y conserva en la escalera una imagen de la Virgen con el Niño, atribuible a Pedro Millán, escultor sevillano de mediados del siglo XV (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El término municipal está cuajado de asentamientos primitivos, pero la población actual se formó a partir del castillo de Matrera, no consiguiendo su Carta Puebla hasta 1503.
     Desde la plaza del Cabildo, donde se encuentra el Ayuntamiento, se ve la torre-fachada de la iglesia parroquial de Santa María de las Virtudes, compleja edificación en la que llegaron a intervenir artistas de tanto renombre como Martín de Gainza o Hernán Ruiz II. Tiene tres naves y crucero y en ella sobresale el espléndido retablo mayor, en madera sin policromar, obra del cordobés Dionisio de Ribas, siendo las imágenes de Pedro Roldán.
     La iglesia de San Francisco, construida a principios del siglo XVII, formó parte del antiguo convento de los franciscanos, del que apena queda el claustro. En el altar mayor se encuentra el Cristo de la Vera Cruz, un extraordinario Crucificado tallado en el siglo XVI y atribuido a Roque Balduque.
     La iglesia de Nuestra Señora de las Angustias perteneció al convento de franciscanas clarisas, hoy desaparecido. Tiene un buen retablo mayor de carácter barroco.
     Villamartín cuenta, además, con un conjunto de buenas casas palaciegas distribuidas por el casco urbano. Uno de los mejores ejemplos es la conocida como palacio de los Topete, en la calle Luis y Andrés Mozo, que perteneció a los Austria-Bohórquez (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).  
     Importante ciudad de carácter agrícola, con campos muy ricos gracias a la abundancia de sus aguas.
     Su fundación es moderna, del año 1503, y tiene su origen en el castillo de Matrera, entregado por Alfonso XI a la ciudad de Sevilla en 1342 para premiar su esfuerzo en la guerra contra los musulmanes. Desde la plaza del Cabildo, donde se encuentra el Ayuntamiento, se ve la esbelta torre de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Virtudes. Levantado en el siglo XVI, es éste un notable edificio de corte renacentista con gran presencia del barroco. Posee tres naves y crucero y en ella sobresale el precioso retablo mayor, obra del cordobés Dionisio de Ribas.
     La iglesia de San Francisco se construyó en 1828 bajo el patrocinio de Fernando VII. Es barroca y posee un buen retablo rococó con la imagen del titular. La iglesia de las Angustias fue en su día la del convento de las Franciscanas Clarisas, hoy desaparecido. Tiene un artístico retablo mayor y una imagen de la Virgen con Cristo yacente de mucha calidad, obra de Juan de Britto. En la calle Luis y Andrés Mozo se levanta el palacio de los Topete, interesante ejemplo de la arquitectura civil de carácter burgués de la zona (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 

Iglesia de Santa María de las Virtudes
     Iglesia de planta basilical, de tres naves con crucero, sostenidas por pilares de sección cuadrangular, sobre los que cabalgan arcos apuntados. La bóveda que cubre la nave central es de cañón apuntado y las laterales de aristas. El transepto se eleva por encima del resto, estando abovedado con medio cañón y cúpula en el crucero. La desigual altura se aprecia al exterior, con una gran cabecera de sobresaliente volumetría y compleja composición, formada por el ábside ochavado, sostenido por contrafuertes, la sacristía alta o sala del secreto y la caja de la escalera. Tiene tres portadas, dos de ellas son de sencilla factura y están abiertas en los extremos de la nave del transepto. La principal corresponde a los pies del templo, bajo la torre fachada, está coronada por una imagen de la Virgen y flanqueada por las esculturas en terracota de San Pedro y San Pablo, modeladas en Sevilla por el maestro Gómez en 1565. La larga historia de este edificio puede dividirse en tres etapas. La construcción de una iglesia gótica-mudéjar sobre una base musulmana, época de la que datan los arcos formeros de la nave que cabalgan sobre pilares cruciformes y la bóveda de crucería de la capilla sacramental o del Dulce Nombre de Jesús, enterramiento de los Álvarez de Bohórquez desde 1525. En la reforma renacentista de la segunda mitad del siglo XVI se añadió el crucero y la capilla mayor, que se cubren con bóvedas de medio cañón, con decoración geométrica, y cúpula. Martín de Gainza aparece como responsable de esta fase constructiva, que sería rematada por la torre-fachada, realizada entre 1562 y 1565, bajo la dirección de Hernán Ruiz II. Suya es una pieza excepcional en el arte de la cantería y la montea, la escalera que comunica las sacristías alta y baja, asimismo obras suya, compuesta de peldaños monolíticos que no tienen apoyo central. La última etapa corresponde a las obras emprendidas tras el terremoto de Lisboa, dirigidas por Fernando Rosales ya en la segunda mitad del siglo XVIII, que se prolongaron hasta 1809, cambial el aspecto final de la decoración interior, construyéndose además el coro, el cuerpo superior de bóvedas de aristas de las naves laterales. A todo ello hay que añadir una intervención moderna que ha consistido en sustituir la vieja armadura mudéjar por una bóveda de cañón.
     Tan importante es la arquitectura de esta iglesia como el conjunto de los bienes muebles. El retablo mayor merece un lugar destacado en la historia del arte sevillano. Adaptado al ochavo de la cabecera, se estructura en banco, dos cuerpos y ático, con tres calles entre columnas salomónicas. Construido en 1678 por Francisco Dionisio de Ribas, con esculturas de Pedro Roldán, está sin policromar y entre 1754 y 1759 fue suplementado hasta sellar la separación del mueble y el muro, bajo la dirección del maestro Matías Navarro. En el sagrario del banco están representados los Evangelistas Juan y Mateo. En el primer cuerpo, San Pedro y San Pablo, con los santos Lucas, Marcos y Juan Bautista; en la hornacina central o manifestador, que es giratoria, por estar preparada para la exposición del Santísimo, una imagen de la Virgen de las Virtudes, obra del imaginero sevillano Juan de Astorga. En el siguiente cuerpo comparten espacio los relieves de los Padres de la Iglesia, San Ambrosio, San Agustín, San Gregorio Magno y San Jerónimo; San Joaquín, Santa Ana y finalmente la Coronación de la Virgen.
     En el testero de la nave de la izquierda hay un retablo de estípites, de mediados del siglo XVIII, construido por Matías Navarro, presidido por un Crucificado que se conoce como de "de Ruy Díaz", en consideración al supuesto autor. En realidad más parece una imagen de principios del siglo XIX cercana a la producción de Juan de Astorga. A los lados se sitúan San Juan y la Virgen, tallados en la época del altar en madera de su color. Entre los lienzos del muro contiguo destaca un busto de Santo Tomas pintado en la primera mitad del siglo XVIII. A continuación se ubica la capilla sacramental, con decoración neogótica y cubierta por una bóveda de terceletes, que se cierra con una interesante reja renacentista de dos cuerpos y remate. El retablo es moderno y está presidido por la imagen titular de una cofradía, un Nazareno de vestir, que pertenece a Francisco de Ocampo y sus discípulos (1623-1645). En los laterales dos cuadros que representan la Adoración de los Pastores y los Desposorios, realizados a fines del siglo XVII al igual que las dos lámparas que cuelgan de las jambas. El púlpito es una valiosa obra de la cerrajería barroca, realizada en 1760 por Juan Mensías, y cubierta por un tornavoz de Juan Alonso de Burgos fechado en 1759. También la crujía de hierro es del mismo maestro herrero sevillano.
     El altar de María Auxiliadora, con Domingo Sabio y San Juan Bosco, en retablo neobarroco, está vinculado a los Salesianos. Es moderno y sin interés. Junto a la puerta lateral del templo hay dos cuadros barrocos; uno representa a la Virgen del Rosario, fechada en 1638, y otro es la Oración en el Huerto, técnicamente deficiente y bastante deteriorado. A continuación se sitúa el altar de las Ánimas, con el tema principal pintado en el siglo XIX, y los lados dos esculturas modernas de la Milagrosa y San Sebastián.
     El último tramo de la nave presenta una elaborada composición simbólica en un retablo neoclásico; en el nivel inferior se sitúa una Virgen muerta en su urna, delicada escultura de fines del siglo XVIII que aparece vestida, con corona de plata  los pies calzados. Sobre ella se ha colocado una pintura del siglo XIX representando su Asunción a los cielos. En el testero de los pies se encuentra un altar de fábrica, moderno, que alberga actualmente la talla de San José con el Niño, magnífico conjunto realizado por Francisco de Ocampo en 1622.
     Sobre la puerta de los pies hay un lienzo de escuela mexicana de la Virgen de Guadalupe, pintado en el siglo XVIII. En el trascoro cuelga la interesante talla del Crucificado de las Aguas, del sigo XVII, de pequeño tamaño y articulado. El coro fue obra del ensamblador José Pecio, que lo realizó en 1767 junto con la reja, que era de madera y fue sustituida en 1804 por otra de hierro, como recuerda una inscripción situada al pie de la misma. Ocupa el lugar de otro contratado por Miguel Cano en 1618, de acuerdo a las trazas del maestro mayor Diego López Bueno. Posee una rica decoración rococó y aun conserva algunas de las misericordias de los estalos. En el facistol, de época se exponen cuatro libros corales fechados en 1626. En el escalón de acceso al recinto se encuentra una sepultura, de 1570, perteneciente a Pedro García Toledano, su esposa Catalina Díaz y herederos.
     La capilla bautismal, primera de la nave de la derecha, es amplia y guarda un lienzo del Bautismo de Cristo pintado en el siglo XVII por un desconocido Juan de Vargas. También las esculturas de una Sagrada Familia recompuesta, formada por la pareja dieciochesca de San José con el Niño y una Inmaculada con el escapulario carmelita, de la primera mitad del siglo XVII. Ya fuera de la capilla y sobre el muro de la nave de la derecha, un retablo compuesto con restos de otros está presidido por una talla de Cristo resucitado, atribuido a Jerónimo Hernández, con dos cuadros pequeños en el banco, que representan a Santiago y a un santo franciscano de desconocida procedencia.
     El retablo siguiente fue realizado a mediados del siglo XVIII, ha perdido el banco y en la hornacina principal se aloja una pequeña Virgen del Carmen, de candelero. En el ático un lienzo de Santa Catalina del siglo XVII y a los lados dos cuadros de San Luis Gonzaga y de Santa Teresa. Sigue un retablo neogótico de escaso interés, dedicado al Sagrado Corazón.
     El altar de Santa Ana se estructura en banco, cuerpo y ático, con una arquitectura que se impone sobre cualquier otra consideración de índole decorativa. Es de Pablo Legot, lo mismo que los dos lienzos situados en los intradoses del nicho central, con imágenes de San Lorenzo y San Pablo. De las esculturas que ocupan la hornacina, al menos Santa Ana parece de la época. El San José del ático es más moderno, relacionado quizás con la fecha que figura en el basamento de la pilastra derecha: 1858. Inmediato en el muro de la nave se sitúa el lienzo de San José con el Niño, pintado por un maestro de la escuela murillesca a fines del siglo XVII.
     Más antiguo es el cuadro que representa a San Joaquín con Santa Ana y la Virgen, pero destaca de manera muy especial el gran lienzo que representa el Martirio de San Sebastián, de mediados del siglo XVII. Por último, el retablo que remata la nave fue realizado por Matías Navarro, como el que se ubica en el testero de la izquierda; su iconografía guarda relación con la hermandad de sacerdotes de la que eran titulares las imágenes y está presidido por la escultura de la Virgen del Rosario, atribuida a Jerónimo Hernández, flanqueada por las esculturas de San Juan Nepomuceno y San Pedro. 
     En la sacristía hay que mencionar el cancel que la separa de la iglesia y presenta vistosa peinacería, así como la gran cajonera realizada en la segunda mitad dl siglo XVII, decorada con columnillas salomónicas.
     La parroquia posee una rica colección de plata, en la que sobresalen las crismeras de nudo en forma de templete y baso lobulada, documentadas como obra de Francisco de Alfaro (h. 1588); dos coronas de plata y una aureola de principios del siglo XVII, marcada por el sevillano Melchor de Silva (MS). La custodia de pie, de plata sobredorada y decoración de esmaltes, con nudo arquitectónico, pertenece al platero Martín Alonso del Castillo (1637) y posee la inscripción: "Este sol mando hacer el licenciado Pedro Lavajos siendo mayordomo de la Cofradía del Santísimo Sacramento. Acabose el año 1673". El cáliz de esmaltes, con nudo de jarrón, se ha atribuido al maestro Alonso y el de los querubines, más moderno, se vincula con Juan Laureano de Pina. La mitad inferior de la cruz de altar se asocia con la producción de Hernando de Ballesteros "El Mozo". Llamativo es el trono de la Virgen de las Montañas, de fuste helicoidal, que también se relaciona con el artífice Cristóbal Pérez, que trabajaba en la iglesia en 1622. Del siglo XVIII abundan también las obras sevillanas, como la cruz de manga sin gallones, de Manuel de Hoces; el acetre y los ciriales, de Antonio Salinas; y los blandones de Nicolás de Cárdenas. Los estilos rococó y neoclásico están representados por otro extenso conjunto de piezas sevillanas y cordobesas, siendo de destacar el cáliz de plata sobredorada que podría ser de Vicente Gargallo, la custodia de sol de José Guzmán o las vinajeras de Mateo Martínez Moreno (1789).
     Los tejidos que conserva la parroquia son igualmente de primera calidad y, entre ellos, destaca el terno realizado hacia 1700 y compuesto por casulla, capa pluvial y dos dalmáticas de terciopelo rojo bordado en oro y seda de colores. Asimismo, el terno de San Pedro procedente de la antigua hermandad de sacerdotes, y una rica colección de palias (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Iglesia comenzada a construir en el siglo XVI. Portada con templete greco-romano, una hornacina en medio con una inscripción en su interior. Retablo del Siglo XVII. La actual edificación es el resultado de diversas reconstrucciones. La obra primitiva era del siglo XVI y se trataba de un edificio gótico mudéjar de tres naves separadas por arcos apuntados sobre pilares, esta zona se conserva actualmente en lo correspondiente al cuerpo de la nave, si bien las actuales cubiertas encamonadas de aristas responden a una reforma neoclásica de fines del siglo XVIII. El crucero y capilla mayor responden a una reforma renacentista de la segunda mitad del siglo XVI, los brazos se corren por bóvedas de medio cañón y la capilla mayor por bóveda abocinada, la cúpula es semiesférica sobro pechinas.
     En el primer tramo de la nave derecha se abre la capilla con cubierta de crucería perteneciente a la fábrica primitiva.
     Al exterior destaca la Torre- Fachada, que en la zona baja alberga la portada. Esta se compone de dos cuerpos sustentados por columnas jónicas do fuste estriado que albergan hornacinas rematándose el segundo por frontón curvo. 
     Esta pieza fue diseñada a mediados del siglo XVI por Hernán Ruiz II. Los cuerpos de campana son de planta cuadrada con vanos de medio punto y rematados por chapitel piramidal recubierto de cerámica. Esta última no corresponde a la reforma de fines del siglo XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Francisco
     Los franciscanos observantes llegaron a la localidad de Villamartín a fines del siglo XVI, adquiriendo la ermita de la Vera Cruz y unas casas anejas sobre las que levantaron su iglesia primero y las dependencias conventuales en 1630. Todavía conserva parte de las viejas estructuras, como la portería, abovedada de aristas, el claustro y la iglesia. Ésta es de una sola nave, cubierta con bóveda de cañón con lunetos y cúpula la capilla mayor, con el coro a los pies, una fachada decorada por un azulejo dieciochesco, rematada en espadaña y una portada de sencillez decorativa. El altar neoclásico de la capilla mayor, que fue donado por Fernando VII, está presidido por la excepcional talla del Crucificado del siglo XVI, que se ha vinculado con Roque Balduque. A los lados se sitúan las esculturas del Arcángel San Rafael, moderna, y de San Juan de Dios realizada en el siglo XVIII. Dentro de la misma capilla un lienzo decimonónico reproduce la imagen de Santa Rita. El púlpito se abre inmediato al pilar toral en el propio muro de la izquierda, según el tipo conventual. A su lado se halla el retablo de San Antonio, de estípites y con un cuerpo de tres calles, donde la escultura titular fue tallada en 1644 por el sevillano Martín Moreno. A su lado, en una hornacina abierta en el muro, una talla de Jesús de la Humildad y Paciencia, obra del siglo XVII con una importante reforma decimonónica.
     En el muro de enfrente se ubica el cuadro de las Ánimas, con Santo Domingo y San Francisco como intercesores, en su retablo neoclásico. A los pies una urna con un Cristo yacente. En el siguiente altar se encuentra la Virgen de la Soledad en su retablo de estípites de la primera mitad del siglo XVIII. Santo Tomás se encuentra en la capilla inmediata al presbiterio, cuya bóveda está pintada con rocallas y contiene un retablo rococó, con columnas de orden compuesto, de fines del sigo XVIII.
     A este patrimonio hay que añadir un cáliz de plata en su color, sin decoración y astil con nudo troncocónico, de principios del siglo XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La Iglesia de San Francisco se encuentra en la calle del mismo nombre y forma parte de lo que fue convento.
     De su interior destaca el retablo de estilo neoclásico donado por el Rey Fernando VII que está situado en el altar mayor y que fue colocado en 1828.
     El Cristo de la Veracruz situado en este altar es una magnífica talla del siglo XVI y era el titular de la primitiva ermita. Se atribuye al escultor y retablista flamenco Roque Balduque.
     Destacan un retablo Rococó con la imagen de Santo Tomás, una imagen de Nuestra Señora La Soledad, del siglo XVII y una magnífica imagen de Humildad y Paciencia de Jesús. También son dignas de mención una talla de San Antonio con el niño, realizada en cedro por Martín Moreno en 1644 para la Cofradía de San Antonio y las imágenes de San Juan de Dios y San Rafael que se encuentran en el Altar Mayor.
     En esta iglesia se leyó y juró la Constitución el día 6 de septiembre de 1812, poco después de la retirada de las guarniciones francesas de la localidad. Ese día se celebró una misa solemne y se cantó en señal de gracias al Señor un Solemne Tedeum, como aparece en Actas Capitulares (Ayuntamiento de Villamartín).

Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias
     Fue la capilla del convento de las concepcionistas franciscanas, construida a comienzos del siglo XVII. Es de una sola nave y cabecera plana, con una sencilla portada y posee en un lateral la espadaña. La sobriedad exterior se corresponde con un interior de similar acabado en el que contrasta el retablo mayor barroco. La imagen titular, con Cristo muerto en el regazo de la Virgen, es del autor contemporáneo Juan Bernabé Britto. Además, guarda la capilla las imágenes del Nazareno y la Virgen, que proceden de la capilla de la Virgen de los Reyes (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El templo de Las Angustias se encuentra en la Plaza del Ayuntamiento. Comenzó a construirse a comienzos del siglo XVII. Tiene una sola nave y cabecera plana. Su portada es simple, con un arco rebajado entre sencillas pilastras que sostienen un entablamento. La espadaña lateral es el único elemento que rompe la uniformidad de su composición, con dos cuerpos con vanos de medio punto entre pilastras y frontón triangular de remate. En su interior, también sobrio, destaca su magnífico retablo mayor, de trazado barroco.
     En su origen la capilla formó parte del convento de Franciscanas Menores Observantes de la Concepción. En la misma se encuentran una imagen de la Virgen de Los Reyes y otra de Jesús Cautivo.
Preside el Altar Mayor una imagen de la Virgen de Las Angustias con Jesús yacente en su regazo que fue realizada hacia 1951 por Juan Bernabé de Britto (Ayuntamiento de Villamartín).

Santuario de Nuestra Señora de las Montañas
     La ermita de la Virgen de las Montañas se encontraba construida en 1563 para alojar la imagen, aparecida entre la maleza, a principios del mismo siglo. Las reformas posteriores han modificado el aspecto primitivo de la fábrica. La iglesia es de planta de salón, con una sola nave, cubierta por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones y cúpula sobre la capilla mayor. La cornisa que recorre todo el recinto está decorada con guirnaldas, por lo que podría considerarse una reforma que dotó al recinto de la imagen que hoy conocemos entre los últimos años del XVIII y primeros del XIX. En el testero se encuentra la Virgen de las Montañas en su tabernáculo de plata. A los pies un retablo de cerámica trianera reciente, con las imágenes monocromas de San Antonio y la Virgen con el Niño, según el modelo de Murillo. En la sala de las velas hay otro retablo cerámico centrado por la Virgen de las Montañas, realizado en Villamartín por Antonio Linares, en conmemoración del Año Santo Mariano (1989) (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El Santuario de La Virgen de las Montañas está situado a unos 8 kilómetros de la localidad. Es centro de peregrinación mariano de toda la comarca, celebrándose la Romería cada año el día 8 de septiembre.
     La Antigua Ermita está consagrada a la Virgen de las Montañas y a San Ginés, patrón de los viticultores. Precisamente, el origen de esta ermita era el prestar atención espiritual a los viticultores de la zona de Pajarete.
     A poca distancia está situada la Fortaleza de Matrera.
     Real el Ilustre Hermandad de Nuestra Señora de las Montañas Coronada
     Santuario de Pajarete
     Apartado de correos 120 11650 Villamartín
     Correo electrónico:  santuariopajarete@gmail.com
     Horario de visitas al Santuario Verano: Mañanas de 09.00 h. a 14.00 h. Resto del año: Mañanas de 10.00 h. a 14.00 h. y tardes de 16.00 h. a 18.00 h.
     A partir del mes de octubre la celebración de la Misa en el santuario tiene lugar todos los domingos a las 12.30 h. (Ayuntamiento de Villamartín).

Cortijo de la Chirigota
     Villamartín posee una notable serie de cortijos y haciendas, con edificios de envergadura e interés artístico. En el cortijo de la Chirigota el granero se refuerza en las esquinas con cilindros, que recuerda el modelo de la campiña sevillana (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
       Caserío de considerable envergadura asociado a una finca de 500 ha. de sembradura de secano. Dispone de varias edificaciones situadas en lo alto de dos lomas que caen hacia el sur. El núcleo principal del cortijo es de estructura cerrada con un patio central rectangular en torno al cual se organizan las dependencias "vivienda, graneros, cuadras, palomar", utilizándose únicamente la primera mientras el resto se halla sin uso. Destaca sobre todo la voluminosa pieza del granero, de dos alturas, planta rectangular, muros de gran espesor, huecos abocinados con arco rebajado de regular distribución, esquinas redondeadas y cubierta a cuatro aguas. La viguería de la planta inferior apoya en un cargadero central de fundición sostenido por columnas también de hierro, mientras la planta superior, subdividida en trojes mediante muretes de poca altura, se cubre con armadura de madera en artesa con tirantes. 
     A unos doscientos metros del cortijo se encuentra la estancia, un gran establo de disposición longitudinal con contrafuertes cilíndricos en las esquinas. Ha de reseñarse el empedrado que sirve de pavimento al patio y que rodea así mismo las zonas edificadas.
      Según la información directa aportada, debió construirse en el tránsito del siglo XIX al XX. Ausente del mapa del Catastro de 1898, la Chirigota es consignada ya por el Nomenclátor de 1900 como "cortijada con tres edificios", y bajo la acepción "cortijo" en la cartografía militar de 1917 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel
     El monumental tinado del cortijo Tierras Nuevas del Cuartel es de tres naves separadas por pilares sobre los que cabalgan arcos de medio punto (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Caserío de estructura cuadrangular con patio, dividido en la actualidad en dos mitades de sendos propietarios. El sector de fachada consta de dos crujías resueltas mediante bóvedas de arista en planta baja, al igual que tantas edificaciones agrícolas tradicionales "cerealistas sobre todo" del campo gaditano. Las cubiertas son a dos aguas.
     Destaca la estancia o tinahón de los bueyes de labor, una dilatada pieza de 30 m. de longitud y 6 de anchura dividida interiormente en tres naves "la central más estrecha a modo de andén o pasillo para el "pensaor"" mediante arquerías de medio punto sobre pilares cuadrados "entre los que se disponen los pesebres, circulares y rectangulares" unidas por arcos transversales apuntados donde descansa el caballete de la cubierta. La techumbre se resuelve con armadura de parhilera que prolonga los faldones de teja de la cubierta hasta los muros perimetrales de poca altura con numerosos ventanucos cuadrados para la aireación del establo.
     El nombre del cortijo hace referencia al paraje donde se ubica, conocido en su conjunto por Tierras Nuevas, área de remoto poblamiento donde se han encontrado restos ibero-romanos, ligado a la fortaleza de Matrera y otros asentamientos próximos, que posiblemente fuese colonizada hacia el siglo XVIII, completándose su denominación con la posible alusión a la existencia de un cuartel de guardias para vigilancia de la zona, próxima a las dehesas de Prado del Rey, célebres en los siglos XVIII y XIX por los continuos asaltos y la presencia de bandoleros. Este cortijo se contabilizaba en el "caserío con diez edificios" que recoge el Nomenclátor de 1900 para el sector de Tierras Nuevas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda de la Granja
     La hacienda de la Granja surge de una granja que perteneció a los jerónimos de Bornos. El edificio principal fue reconstruido en torno a 1940 por Juan Talavera y Heredia (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La edificación que hoy se contempla responde a la completa reconstrucción de un antiguo caserío del siglo XIX y representa de manera ejemplar el "estilo andaluz", o "andalucista", que desarrollaron el arquitecto autor de la obra y otros colegas coetáneos entre la década de 1920 y la postguerra, inspirándose en las construcciones rusticas tradicionales de la Baja Andalucía.
     La hacienda, asociada a una finca de 140 ha. de sembradura de secano, pastos y monte bajo, está caracterizada por la presencia dominante del señorío, que aporta al conjunto un aspecto de villa residencial.
     La construcción se trata de un bloque de dos alturas con un pequeño patio interior doméstico, con pautas de la arquitectura campesina, con paramentos en blanco combinado con recursos estilísticos propios del lenguaje neobarroco.
     Un espectacular jardín, que ha de contarse entre los más destacados de la arquitectura rural andaluza, rodea la edificación de la hacienda, a base de terrazas escalonadas, detalles ornamentales en cerámica, un estanque con fuente, flores, árboles de gran porte, con un carácter que lo vincula a la reactivación de la tradición del jardín arábigo-andaluz emprendida en la primera mitad del siglo XX.
     En origen se trataba de una hacienda de olivar, viñas y tierras calmas. Tras su reforma, en el edificio predomina el carácter de villa residencial (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda del Rosalejo
     Se trata, sin duda, de una de las piezas de mayor envergadura y más elaboradas de la arquitectura rural de las comarcas septentrionales de la provincia, a pesar de las numerosas y profundas transformaciones de que ha sido objeto a lo largo del tiempo. Representa ejemplarmente la idea clásica de la hacienda andaluza, con dependencias productivas en origen para múltiples aprovechamientos "viña, olivar, ganadería,"" y un sector residencial de gran empaque y representatividad que domina el conjunto revestido de recursos estilísticos propios de la arquitectura culta.
     La edificación se organiza sobre una planta rectangular alrededor de un patio cuadrado enmarcado por construcciones de dos y tres crujías, de una y dos alturas bajo cubiertas de teja árabe. La fachada principal original presenta una monumental composición de orden urbano y porte palatino: la entrada en el centro con portada de piedra a base de pilastras, arco adintelado con escudo de armas en la clave y gran cornisa de rico molduraje sobre la que se sitúa un balcón con pilastras y entablamento. A los lados se disponen series de cuatro huecos a eje en cada planta, ventanas salientes con tejadillo, reja y poyete en la inferior y balcones con recercado de molduras mixtilíneas en la superior, huecos que resultan ser fingidos en una de las alas con la intención de equilibrar la composición del conjunto. La fachada se realza con una escalinata de piedra enfilada hacia la portada que desciende a las terrazas de un jardín delantero. El cuerpo de fachada, cuya construcción de doble crujía ocupa sólo dos tercios de su longitud, acoge el señorío, con amplios salones y escalera en un lateral. El zaguán, bajo bóveda de arista, comunica a través de un arco trilobulado con uno de los elementos más llamativos de la edificación, una galería también bajo bóveda de arista y zócalo de azulejos que se abre al patio mediante tres arcos trilobulados mixtilíneos de acentuado movimiento, el central más ancho y rebajado, apeado en columnas pareadas de mármol, solución que se relaciona con obras domésticas del barroco tardío de Andalucía occidental. El patio, carente de sentido utilitario, está ajardinado, con dos estanques rectangulares y andén central.
     Las construcciones de tres crujías en fondo de los laterales del patio alojaron antaño diversas dependencias productivas, habiéndose remodelado casi en su totalidad para cometidos residenciales y de servicio. Uno de los costados, con acceso propio de arco elíptico en piedra, se articula en tres naves separadas por arquerías. En su extremo trasero destaca una antigua torre de contrapeso con cubierta de teja a tres aguas rematada por pináculos bulbosos con cruces de forja. Aún se observa la capilla bajo el contrapeso, con arco de descarga de ladrillo, propia de una viga para prensa de aceite o de lagar. En la esquina opuesta de la trasera se eleva otra torre gemela, mera réplica de intención compositiva sin aplicación funcional. Entre ambas discurre otra pieza de uso residencial, en la que se localizaban con anterioridad el trujal, gañanía y otras dependencias.
     El costado restante, asimismo muy reformado y compartimentado, se divide en tres naves de altura descendente hacia el patio, con una esbelta arquería de arcos apuntados sobre pilares con arcos de medio punto superpuestos para aligerar el muro donde descansa la cumbrera y otra arquería de medio punto sobre pilares. La mayor parte de este espacio está ocupado por las cuadras, con departamentos para pienso y guadarnés. Bajo este lateral, salvando la diferencia de cota, se dispone un cuerpo de bodega de gran interés, con tres naves de bóvedas de arista sobre gruesos pilares circulares de piedra, con arcos formeros y perpiaños perfilados. Aunque sólo alberga un reducido número de botas, presenta las trazas de una bodega de crianza, con suelo terrizo. A su lado se ha levantado en época reciente una nave industrial para el procesado y envasado de vinos. 
     El Rosalejo ocupa una escogida posición en el Campo de Matrera, donde se localiza el pago de Pajarete, antaño uno de los más renombrados de la provincia por la calidad de su viñedo, acompañado de olivares.
     Presumiblemente, los antecedentes del Rosalejo se remonten a un caserío con lagar, molino de aceite y otras dependencias reconstruido y ampliado con posterioridad hasta adquirir las formas y proporciones que hoy lo caracterizan. Con todo, no son muy prolijas y sistemáticas las noticias sobre la edificación. En el mapa que acompaña a las respuestas del Interrogatorio de Tomás López, iniciado en 1776, se dibuja el pago del Pajarete con cuatro caseríos, uno de los cuales puede situarse en el emplazamiento actual del Rosalejo y quizás corresponderse con él al representarse uno con dilatada fachada, abundantes huecos y una torre que se distingue de los otros tres, de trazado mucho más sencillo. 
     Una primera mención específica del Rosalejo, recogida por A. Hernández Parrales, data del 19 de agosto de 1794, al aparecer en un informe del Cabildo de Sevilla referente a la vecina ermita de Nuestra Señora las Montañas, indicándose que "las nuevas poblaciones inmediatas a aquel pago tienen Misa los días festivos en las haciendas del Rosalejo y de la Granja, poco distantes de la hermita", lo cual hace suponer la existencia por entonces una capilla en su caserío. En 1807, el francés barón de Bourgoing recoge en su relación de viajes en España una alusión "citada por J. y J. de las Cuevas" a las bodegas del Pajarete propiedad del marqués de las Amarillas, en las que se atisba una posible identificación entre éstas y el Rosalejo: "Famosas por su vino, están a cuatro leguas de Ronda, y pertenecen a M. Girón, uno de los principales habitantes de Ronda, oficial distinguido, conocido en la última guerra bajo el nombre de marqués de las Amarillas". Años después, Frasquita Larrea, que relata su viaje de Bornos a Ubrique en 1824, glosa la calidad del vino del Pajarete, "afamado por toda la Europa" y escribe que "cada una de esta viñas tiene su casa y entre ellas sobresalen las ruinas de la del Rosalejo, hermosa posesión que labró, embelleció y habitó la Marquesa de las Amarillas, y fue quemada en la guerra de la independencia por haberse guarnecido en ella una partida de guerrilla española que se dejó abrasar antes de rendirse".
     El Rosalejo aparece, así, relacionado desde al menos el siglo XVIII con una de las más influyentes familias de la nobleza de Ronda, de apellidos Ahumada y Girón, marqueses de las Amarillas y desde 1835 duques de Ahumada, cuyos titulares ejercieron altos cargos del ejército y la administración: Agustín Ahumada Villalón (1760), marqués de las Amarillas, fue virrey de Nueva España, Pedro Agustín Girón (1842), I duque de Ahumada, ministro de la Guerra y miembro del Consejo de Regencia, y Francisco Javier Girón (1870), II duque, senador, ministro de la Guerra y fundador de la Guardia Civil en 1844. Es probable que la monumental obra se erigiese a fines del siglo XVIII "a tenor de la cita de F. Larrea y del barroquismo tardío del edificio", reconstruyéndose quizás en época de los primeros duques, propietarios de grandes posesiones rústicas en el área de la provincia de Cádiz cercana a la serranía de Ronda "como el cortijo de la Ahumada". El blasón que ostenta la portada del Rosalejo, timbrado por corona que parece ducal, representa en sus cuarteles las heráldicas de los apellidos Ahumada "cinco estrellas y cruz de Calatrava en el primero y tercero" y Girón "mediante cinco jirones en el cuarto", mostrando en el segundo una torre con remate (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda de los Huertos
      El edificio que hoy se contempla, muestra de primer orden de los caseríos de olivar de la provincia gaditana por la calidad de su trazado, es resultado de la reconstrucción efectuada en 1910 a partir de un molino aceitero preexistente, probablemente una construcción más modesta y de menor envergadura, a tenor de los indicios de un molino con prensa de viga que cabe detectar enmascarados en el conjunto de la obra. La edificación, que ha sido estudiada por G. Florido en el apartado que dedica a las casas de olivar de la depresión del Guadalquivir, define un plano cuadrado con torreones en tres de sus ángulos y construcciones de dos plantas, en su mayor parte, cerrando el vacío de un patio. Ante el área de acceso empedrada se dispone la fachada, regida por la simétrica composición de cuerpos y vanos. En las esquinas destacan sendas torres con huecos superpuestos a eje "el superior un óculo circular sólo señalado mediante el recercado" y cubiertas de pabellón de teja árabe con pináculos en los vértices. Entre las torres se desarrolla el cuerpo frontal con el acceso de arco rebajado en el centro bajo un balcón y ventanales con reja en voladizo a los lados. Un zaguán con arcos de medio punto que perforan los muros maestros conduce al patio. 
     En este primer cuerpo se encuentran, en planta baja, la vivienda de caseros, cocina y guadarnés, a un lado, y al otro, almacenes y la escalera de subida a la planta principal, que aloja graneros y el señorío, con solería hidráulica y decoración de pinturas murales de aire modernista en los techos, prolongándose sobre el lateral adyacente a lo largo de diversas salas y una galería acristalada sobre el patio. Bajo este último lateral se halla la bodega de aceite con tinajas empotradas en el suelo y la nave de prensa "con una galería porticada junto al patio para los trojes" terminada en una torre, cuya base de gruesos muros parece identificarse con la capilla del contrapeso de una antigua prensa de viga. En posición perpendicular respecto a esta nave, ya en el costado trasero del patio, está el trujal, el espacio con el empiedro, sobre el que se sitúa la gañanía, en la planta superior, y, a continuación, las cuadras de mulos, de una sola altura, divididas por una esbelta arquería atirantada de medio punto sobre pilares con hileras de pesebres rectangulares. El flanco restante del patio acoge la cuadra de caballos de monta, la antigua cochera de carruajes, almacenes y talleres. Una zona ajardinada con arbolado se extiende junto a la cara exterior de este lado. Las cubiertas de teja árabe con las cumbreras y aristas encaladas y la pintura de zócalos y embocaduras en almagra y albero sobre los paramentos blanqueados aportan un vivo juego cromático al conjunto.
     Toma el nombre de un pago de olivar que se extiende junto al arroyo Serrecín al pie de la sierra de Santa Lucía, al este del término de Villamartín, área donde tradicionalmente se localizaban molinos aceiteros y donde a partir del último tercio del siglo XIX se levantaron y renovaron molinos y haciendas con almazaras industriales, al mejorarse y expandirse el cultivo a costa, por ejemplo, de las tierras de monte y dehesa del Grullo y Cuatro Mojones. P. Madoz aporta ya noticias tocantes a los Huertos hacia 1846 al describir el camino de Puerto Serrano a Villamartín: "se continua por un encadenado de monte bajo, cuya estensión es de 1/2 [legua], por el olivar de los Huertos de 1/4 [de legua, unos 1,4 km.] de travesía, donde hay un molino de aceite enmedio"". Más tarde, el mapa del Catastro de 1898 representa la edificación de "Los Huertos, molino aceitero", reiterada en la cartografía militar de 1917 como "Molino de los Huertos", apareciendo por último en la edición de 1975 bajo el título de "Hacienda de los Huertos" (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Dolmen de Alberite
     Alberite I, es un dolmen del tipo galería de 23 metros de longitud y planta trapezoidal con una anchura variable entre los dos metros de la entrada y cuatro en la cabecera. Algunos de los ortostatos están decorados con pinturas esquemáticas en ocre y grabados. Toda la estructura estaría cubierta con un túmulo del que se conserva un anillo de piedras de 50 metros de diámetro que lo delimitaba. Este anillo exterior estaba construido con un murete de piedras de pequeño tamaño reforzado con otra serie de tirantes concéntricos en el interior del túmulo, cuya finalidad era contener los empujes del túmulo y mantenerlo agrupado, evitando los efectos de la erosión.
     Antes de acceder al interior de la cámara se atraviesa un atrio de 10 metros de extensión cuyo inicio se encuentra marcado por dos monolitos que conformarían una entrada monumental. En este atrio se localizaron cuatro estelas decoradas con motivos antropomorfos, una de ellas con nariz y ojos grabados, lo cual parece estar en relación con un espacio ritualizado en el que posiblemente se produjeran ceremonias en honor de los ancestros. El acceso se produce desde el este.
     Las piedras utilizadas son de caliza y arenisca procedentes de la zona del río Alberite y cerros próximos. El interior del dolmen estaba recubierto de una capa de color rojo, incluso el suelo estaba recubierto de una gruesa capa de ocre. En todos los ortostatos hay símbolos, la mayoría pintados, otros grabados, concentrándose especialmente en lugares destacados, como el inicio y el final de la cámara. La temática responde a una iconografía preconcebida. En esta construcción se ha podido comprobar que la decoración de los ortostatos se realizó antes de su colocación defnitiva, ya que muchos se encuentran decorados en las caras no visibles. Los temas representados son muy variados: motivos geométricos, zigzag, hachas, cuchillos, soles, serpientes y antropomorfos.
     La mayor parte de los grabados se encuentran en la pared derecha, curiosamente juntos por pares y relacionados por temática. Una vez superado el primer tramo de corredor el espacio se ensancha formando una cámara, pero justo al inicio de ese ensanche aparecen unas piedras en vertical que interrumpen el sentido longitudinal y que conforman una antecámara junto a la pared sur. Esta antecámara tiene una fuerte carga ideológica, apoyada por la presencia de un ídolo betilo y zonas de fuego, quizás para iluminación o ritual: las jambas o estelas que la definen, labradas en forma rectangular, muestran figuras antropomorfas acompañadas de armas y serpientes, como si se tratase de representaciones de una divinidad protectora, guardiana de la cámara funeraria.
     Al fondo de la cámara se define otro espacio reservado al colocarse delante otras dos jambas que interrumpían su visión desde la entrada. En este lugar se localizaron los enterramientos de un hombre y una mujer de edad adulta. Sus huesos estaban cubiertos de ocre y algunos presentaban huellas de descarnado intencionado. El ajuar funerario lo componían 1600 cuentas de collar de variscita, hueso y concha, una paleta caliza para ocre, cuatro machacadores en caliza para ocre, una azuela y una gubia pulimentadas, cuatro láminas de sílex y un gran prisma de cuarzo de 20 centímetros de longitud (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Fortaleza de Matrera
     El Castillo de Matrera está situado en la Sierra de Pajarete, a 523 metros sobre el nivel del mar, en el camino de Villamartín a Prado del Rey. Se encuentra en una pequeña explanada en la cumbre de un altozano. Es de origen andalusí y fue mandado construir por Omar Ben Hafsun, a finales del siglo IX para defender la ciudad de Iptuci, en la frontera de la Cora de Ronda. El recinto está dividido en dos zonas diferenciadas, la Torre principal o del Homenaje, defendida por un recinto amurallado y el Patio de Armas también rodeado de murallas y con dos puertas la Puerta de los Carros y la Puerta del Sol. El Albácar o Patio de Armas es de grandes dimensiones y de planta elíptica. El recinto amurallado superaba los 500 metros y constaba de numerosas torres, ya desaparecidas.
     El castillo estaba formado por un gran recinto amurallado de más de 500 metros de perímetro, que rodeaba el patio de armas, al que se accede desde la Puerta del Sol al este y la Puerta de los Carros al oeste, ambas flanqueadas por torres. 
     A lo largo del lienzo de muralla se sitúan varias de éstas, destacando la torre principal en el norte. Esta era de planta rectangular, de 15 x 10 metros, conservando tres saeteras. 
     Contaba con un proyecto de consolidación, pero en el año 2013 quedó afectada por un colapso del muro norte y dos bóvedas como consecuencia de las intensas lluvias. Recientemente se ha llevado a cabo en el mismo una polémica intervención.
     El castillo es de propiedad particular, aun cuando se ha constatado el aterrizaje y despegue periódico de helicópteros de gran tamaño pertenecientes al ejército.
     En 2013 se derrumbó gran parte de la torre debido a las escasas labores de reparación de los problemas estructurales detectado décadas atrás. La posterior obra de preservación en 2016 ha resultado ser muy polémica, recibiendo tanto críticas como el premio en la categoría de "Preservación" de los premios neoyorquinos A+Architizer.
     Aunque el Monte Pajarete ha constituido un lugar de asentamiento humano desde la Antigüedad, la fortaleza medieval fue construido en el siglo IX por Omar ibn Hafsun para defender a Iptuci, la ciudad más avanzada de la Cora de Ronda.
     En el siglo XIII fue conquistado por San Fernando, quien lo reconstruyó. Sin embargo a principios del siglo XIV volvió a manos nazaríes, siendo tomado definitivamente por Alfonso XI en 1341. Al estar situado en plena Frontera o Banda morisca fue asediado por los musulmanes granadinos en 1408 y en 1445 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Museo Histórico Municipal
     El Centro cultural de Villamartín constituye, sin lugar a dudas, una de las muestras más destacadas de la arquitectura brutalista en la provincia de Cádiz. El edificio se sitúa en el parque municipal, en un emplazamiento caracterizado por una acusada diferencia de cota entre la calle Extramuros, más alta, y el paseo de la Feria. El edificio resolvía originariamente la diferencia de nivel para el tránsito peatonal, ofreciendo además un mirador público en cubierta hacia el paisaje, si bien la erección reciente de un vallado ha hecho que esta función se pierda.
     La presencia del edificio en el pueblo viene marcada por la cuestión topográfica mencionada, ya que si bien se muestra con cierta modestia hacia la calle Extramuros, el hecho de mantener la cota superior como coronación hacia el paseo hace que aparezca con una rotundidad notoria con sus cinco plantas de altura.
     Esta rotundidad se confirma con el empleo de materiales que seguían las corrientes arquitectónicas más en boga en el momento de la construcción del edificio. La piedra aparece en mampuesto, conformando los muros con los que el edificio se posa en el paseo inferior, así como en los muros que se elevan en dirección perpendicular a la longitudinal del parque. Carpinterías de acero y vidrio cierran los huecos que en ellos se abren. El hormigón visto se emplea en los elementos salientes; en el gran volumen proyectado hacia el paseo de la planta cuarta, en los antepechos de los balcones de las plantas tercera y segunda, y en las marquesinas que marcan diferentes puntos de acceso al edificio, mostrando la textura rugosa del encofrado entablillado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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