Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 20 de mayo de 2026

El sitio arqueológico El Ejido, en El Garrobo (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico El Ejido, en El Garrobo (Sevilla).  
   Pequeño poblado prehistórico, posiblemente amurallado con un aparejo ciclópeo conservado parcialmente. En época romana se aprecia una importante reocupación que sin duda se corresponde con la fase más intensa, acaso como una granja o pequeño fortín (turris).
     Los materiales son muy rústicos en general, además la pésima visibilidad ha condicionado que no se hallaran materiales diagnóstico que permitiesen afinar la cronología dentro del periodo romano (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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miércoles, 29 de enero de 2025

El Dolmen del Toril, en El Garrobo (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Dolmen del Toril, en El Garrobo (Sevilla).  
   Se trata de una tumba megalítica de la Edad del Cobre. El dolmen está muy deteriorado y ha perdido la cubierta, encontrándose saqueado todo el tramo de la cabecera. El túmulo tiene 18 metros de diámetro y 1,50 metros de altura. Es un dolmen de galería con forma trapezoidal, teniendo una longitud de 3 metros. La cabecera está cubierta por una sola losa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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viernes, 23 de febrero de 2024

El sitio arqueológico Casa Corchal, en El Garrobo (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Casa Corchal, en El Garrobo (Sevilla).  
   Se trata de una pequeña superficie de materiales romanos (tégulas, ladrillos, vajilla común) que se distinguen claramente de su entorno inmediato y que constituiría un pequeño foco de actividad de carácter incierto alrededor del asentamiento de El Garrobo. 
     No obstante, los materiales romanos se encuentran asociados, en mayor extensión, a materiales contemporáneos del cercano casco urbano de El Garrobo y podría tratarse de una deposición secundaria de origen desconocido (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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martes, 6 de septiembre de 2022

La Casa Herrera, de MGM Arquitectos, en El Garrobo (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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   La Casa Herrera, de MGM Arquitectos, se encuentra en la calle Juan Carlos I, s/n; en El Garrobo (Sevilla).
     El sorprendente contraste con toda la edificación que la rodea acentúa el singular carácter de esta pequeña vivienda que ofrece, tanto en su interior como en sus afueras, la irrenunciable mirada desde su tiempo a la arquitectura residencial. La dulzura con la que el material trabaja los espacios interiores, creados para la sucesión de visiones, siempre acompañadas por la manera de introducir y dirigir la luz entre esos recintos íntimos de la casa, se contrapone a la fuerza de unos volúmenes que anuncian con seguridad la calidad de sus formas, que se construyen con el acertado estudio de unas proporciones reproducidas en los huecos que se abren y en las carpinterías con las que se formalizan los mismos.
     Los materiales asoman al exterior la compleja sencillez alcanzada en esta intervención entre 1996 y 1999 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El proyecto pretende reunir el espacio y su molde en una única acción. Se toman como límites del ejercicio arquitectónico las medianeras existentes, a partir de las que la casa construye un gran vacío al que asomarse; este vacío-estancia, protegido del exterior y apenas coloreado por el tránsito de la luz natural, contribuye a fijar el lugar propio de cada estancia. La casa, por otra parte, se desmonta frente al paisaje, a partir de la descomposición de su propia unidad y de la organización de un complejo engranaje de piezas que facilitan la resolución del diálogo de la arquitectura con el entorno; se pretende, además, que esta relación entre interior y exterior pueda ser modificada y graduada, según el transcurso de las estaciones y el deseo de sus ocupantes por enlazar los espacios interiores con el atractivo paisaje exterior (On Diseño).
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lunes, 14 de febrero de 2022

La Fuente de Nuestra Señora de la Estrella y Lavaderos, en El Garrobo (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Fuente de Nuestra Señora de la Estrella y Lavaderos, en El Garrobo (Sevilla).  
   La Fuente de Nuestra Señora de la Estrella y Lavaderos, se encuentra en la calle Camino de la Fuente, 9; en El Garrobo (Sevilla).
     Se encuentra en el borde noreste del casco urbano, en el camino antiguo de la venta El Alto. Está señalizada con un cartel del Ayuntamiento en el que reza que la construcción de la fuente se produjo en 1928. El manantial del que procede el agua suministra al pueblo y existe un lavadero que ya no se utiliza pero está bien conservado.
     La fuente se compone de un manadero con tres caños, un recinto amplio ligeramente rectangular que formaba el salón donde tantas mujeres platicaron, y el abrevadero. A unos 25 metros se encuentran los lavaderos compuestos por 16 piezas con lanchas de granito en las que se lavaba de pie.
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viernes, 30 de julio de 2021

La localidad de El Garrobo, en la provincia de Sevilla

     Por Amor al  Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la localidad de El Garrobo, en la provincia de Sevilla.
Datos del Municipio
     Situación: Situado en una cañada, en las estribaciones de Sierra Morena.
     Coordenadas GPS: x = -6.172372021  -  y = 37.62550569
     Extensión: 45 km2
     Distancia a Sevilla: 39,5
     Altitud: 275 m
     Entorno: Localizado en la Sierra de Zapateros.
Datos del Ayuntamiento
     Dirección: Plaza de la Constitución, 12, CP. 41888
     Teléfono: 954 13 00 01
     Fax: 954 13 00 05
     Email: garrobo@dipusevilla.es
     Web: www.elgarrobo.es
Información turística
     Poco se sabe de su más remoto pasado. Los primeros indicios de asentamiento humano en la zona son del periodo calcolítico, en el que se encuentran dos enterramientos megalíticos: uno el Dolmen del Toril y Túmulo del cerro Cabeza del Moro.
     En una visita a El Garrobo es importante la Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción, con dos partes claramente diferenciadas: una mudéjar, de los siglos XV y XVI y otra más moderna, del siglo XVIII.
     No te puedes perder...   la Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción (Diputación Provincial de Sevilla).
   Está situado en las estribaciones de la Sierra de Aracena. En su término municipal han aparecido diversos utensilios de piedra correspondientes a culturas calcolíticas (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
El Garrobo, la esencia de un pueblo
   El Garrobo está a 39 km de Sevilla capital, en la comarca de la Vía de la Plata. Su entorno se encuentra en la Sierra Morena sevillana.
   El Garrobo, pertenece a la Comarca de La Vía de la Plata, con una extensión de 45'00 km², a una altitud de 275 m. sobre el nivel del mar, y con 789 habitantes.
   La historia de esta localidad ha estado unida hasta hace poco tiempo a la del municipio de El Castillo de las Guardas, al que pertenecía como aldea. Los primeros indicios de asentamiento humano en la zona son del periodo calcolítico, en el que se encuentran dos enterramientos megalíticos: uno el Dolmen del Toril y Túmulo del cerro Cabeza del Moro, aunque el punto de partida de la actual población puede situarse en tiempos de los visigodos.
   Tras la dominación musulmana y la posterior conquista por parte cristiana, la zona comienza un lento desarrollo. En torno a 1500 El Garrobo fue edificado y poblado en privilegio del rey Fernando III.
   El primer amojonamiento se llevó a cabo en la villa de El Garrobo el 2 de agosto de 1650. El municipio fue incendiado por los franceses en 1810 al resistirse sus habitantes a los invasores. Posteriormente fue reconstruido.
   Si buscas un lugar tranquilo en el que disfrutar de la naturaleza y de una exquisita gastronomía, tienes que visitar El Garrobo. Es uno de los pueblos más pequeños de la provincia de Sevilla y eso lo hace único en su esencia. En él sentirás que el tiempo se para mientras recorres su hermoso entorno bañado por los ríos Guadiamar y Rivera de Huelva.
   Esta pequeña localidad ha sido desde siempre lugar de paso en la antigua Vía de la Plata, de ahí que encuentres una oferta gastronómica inmejorable. Sus especialidades culinarias son el pestorejo, el menudo y los guisos. Los platos son elaborados con carne de caza y cerdo ibérico de la zona. Todo un deleite.
   Además, este rincón tan pintoresco enclavado en las estribaciones de Sierra Morena, es famoso por sus rutas senderistas. Aunque, si lo prefieres, también puedes recorrerlas en bicicleta. Para el reloj y disfruta de la naturaleza y gastronomía de uno de los pueblos más pequeños de Sevilla.
   Si vas en coche desde Sevilla debes coger por la autovía A-66, la Ruta de la Plata hasta la salida 782. Ahí te incorporarás a la N-630 para enlazar con la N-433 que te llevará a tu destino.
   No tiene estación de tren, pero puedes ir en autobús desde la Estación de Plaza de Armas.
   El Garrobo es un pueblo ideal para caminar, pasear y hacer senderismo por su hermoso entorno natural. También puedes llevarte tu bicicleta para recorrer sus senderos.
   Disfruta de la tranquilidad de este pintoresco rincón sevillano. Aquí vas a desconectar de todo.
   Si te gusta el turismo gastronómico, aquí vas a gozar de exquisitos platos a base de carne de caza y cerdo ibérico. Prueba el pestorejo, especialidad culinaria de este pueblo.
   Recorre las diferentes rutas que te ofrece su entorno natural o realiza alguna actividad al aire libre.
   No te pierdas en agosto la Fiesta de la Patrona y la romería de Fuente Abades. Durante la peregrinación, se cruza el río Guadiamar.
   Degusta los embutidos y derivados del cerdo ibérico elaborados en El Garrobo.
   En esta pequeña localidad puedes visitar la Iglesia Parroquial de la Concepción. En su puerta se recuerda la destrucción que sufrió el pueblo durante la invasión francesa en el siglo XIX. Este templo mudéjar alberga a la Virgen de la Estrella, patrona de El Garrobo, cuyas fiestas y romería en agosto son todo un acontecimiento local.
   Si paseas por las calles verás casas encaladas con ese sabor añejo que tanto encanto ofrece al pueblo. La Plaza de la Constitución es el centro y punto de encuentro de los vecinos de esta villa, en la que se ubica el Ayuntamiento. Pero si hay algo que conserva El Garrobo son los antiguos lavaderos, donde las mujeres acudían a lavar a mano la ropa.
   Eso sí, lo mejor de esta localidad es la naturaleza que la rodea. Para ello anímate a realizar alguna ruta senderista o en bicicleta. Por ejemplo, a tres kilómetros del pueblo tienes el manantial de Fuente Abades, en la conocida como finca La Garranchosa. Un lugar muy querido porque en él se celebra la Romería de la Virgen de la Estrella. Otro sendero es el que va hasta las Pajanosas o el camino de Guillena. En ambos verás dehesas y ganaderías de toros bravos (Turismo de la Provincia de Sevilla).
         Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la localidad de El Garrobo, en la provincia de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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La localidad de El Garrobo, al detalle:
El Garrobo
- Iglesia parroquial de la Concepción
Lavaderos y Abrevadero, en la avenida de Gerena
- Romería de la Virgen de la Estrella
Túmulo del Cerro Cabeza del Moro

domingo, 11 de octubre de 2020

La imagen "Llanto sobre Cristo muerto", de Pedro Millán, en la sala I del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "Llanto sobre Cristo muerto", de Pedro Millán, en la sala I del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
      Hoy, domingo 11 de octubre, como todos los domingos, ha de considerarse como el día festivo primordial para la Iglesia. Es el primer día de cada semana, llamado día del Señor o domingo, en el que la Iglesia, según una tradición apostólica que tiene sus orígenes en el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el Misterio Pascual.
   Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la imagen "Llanto sobre Cristo muerto", de Pedro Millán, en la sala I, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
   En la sala I del Museo de Bellas Artes, podemos contemplar la imagen "Llanto sobre Cristo muerto", de Pedro Millán (activo en la 2ª 1/2 del siglo XV), siendo una imagen en barro cocido en estilo gótico, realizada hacia 1490, con unas medidas de 0'62 x 1'23 x 0'45 m., y procedente de la parroquia de la Inmaculada Concepción de El Garrobo (Sevilla), aunque antes de entrar a formar parte del Museo estuvo depositada en la Capilla de San Laureano de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla, siendo adquirida por el Estado en 1970. 
    Composición cerrada en torno al sepulcro sobre el que descansa el cuerpo yacente de Cristo, que depositan envuelto por una sábana José de Arimatea y Juan Nicodemo, puntos extremos de la composición. Se encuentra centrada por el grupo de María y las Santas Mujeres.
El dramatismo, la expresividad en los rostros y actitudes, conectan al maestro con las más puras formas borgoñonas. Sobre el frente del sepulcro aparecen los símbolos pasionarios, y el naturalismo del maestro se deja sentir en las flores de cardo que enmarcan una filacteria con la firma del autor (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
    No demasiado conocida es la figura de Pedro Millán, este maestro imaginero gótico hispalense, discípulo y colaborador de Mercadante, que trabajó a caballo entre los siglos XV y XVI, y que supo aunar, con cierta pericia, dos mundos estéticos diferentes: por un lado las influencias foráneas, sobre todo borgoñonas, y por otro, las raíces indígenas, dotando a su producción escultórica, aún poco identificada, de un cierto eclecticismo entre el iconografismo hispano y el influjo flamenco.
   Muy pocos son los datos de que disponemos para narrar su vida, pues, pese a los estudios de Gestoso y Pérez-Embid, casi nada tenemos documentalmente avalado. Sabemos, no obs­tante, que colaboró con Mercadante en la decoración escultórica, en barro, de las portadas del Nacimiento y del Bautismo, de la Catedral hispalense, allá por la década de los sesenta del siglo XV, que su última obra fechada lo está en 1504 y que debió fallecer antes de 1526, año en que su viuda contrae segundas nupcias.
   Aunque su producción es fundamentalmente de piezas de barro cocido, no descuidó los demás materiales, dotando a su obra de los rasgos comunes de la escultura de la época de los Reyes Católicos, tan expresiva, espiritual y detallada, con gruesos plegados, ricas  telas y ostentosa pedrería. La nómina de su quehacer va desde las pequeñas figuras de Profetas de las ya aludidas portadas catedralicias sevillanas, hasta la portada de la iglesia del monasterio hispalense de Santa Paula, donde colabora con el ceramista Francisco Niculoso Pisano. Entre ambas, la bellísima Virgen del Pilar catedralícia o la ecijana del Rosario, cargada de goticismo; el pequeño San Miguel londinense, minucioso y casi sacado de una tabla flamenca; los grupos procedentes de El Garrobo, hoy en el Museo; la obra magna para el cimborrio de la catedral de Sevilla, desaparecida casi totalmente en 1512; el conjunto de figuras de Cristo atado a la columna, de robusta ejecución, uno de cuyos mejores ejemplares se conserva en el Museo, y la delicadísima Santa Inés, en madera. Sus obras, de carácteres bastante definidos, ostentan en buena parte la firma P. MILLAN, lo que facilita su estudio. Sin embargo, son muy pocos aún los definitivamente adscritos a su trabajo directo, ofreciéndosenos hoy la posibilidad de estudiar un buen número de imágenes, sin firma ni documentación, cercanas a Millán o a su círculo de colaboradores.
   Una de las mejores obras trabajadas en barro por Pedro Millán es este grupo del Entierro de Cristo o Llanto sobre Cristo muerto, que ingresó en el Museo en 1970 procedente del retablo de la Virgen de la Estrella de la iglesia parroquial de El Garrobo (Sevilla), donde fue llevado desde su lugar de origen en la Capilla de San Laureano de la catedral de Sevilla. Sobre el recio sepulcro se deposita el cuerpo de Cristo, envuelto en una sábana que sostienen José de Arimatea y Juan de Nicodemo, a quienes acompañan María y las santas mujeres, formando un grupo ondulante, lleno de movimiento, y en cuyos rostros se refleja todo el gesto y el rictus de la escultura de este momento. Es de destacar el tratamiento naturalista del cuerpo de Cristo y la expresión serena de su rostro.
   Sobre la peana del frente del sarcófago se depositan los símbolos pasionarios de los clavos y la corona de espinas, centrando el tablero frontal una filacteria con la firma P MILLA IMA, en letra gótica abreviada, entre sendas matas de cardos, una florecida, muestras del naturalismo del escultor (Enrique Pareja López, Escultura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del tema de la Lamentación sobre Cristo muerto
LAMENTACIÓN SOBRE CRISTO MUERTO
   Esta escena, que se intercala entre la Deposición de la cruz y el Enterramiento no está relatada en ninguno de los Evangelios. Y es desconocida en el arte cristiano primitivo.
   Fue en el siglo XII cuando apareció, por la influencia de las meditaciones de los místicos, salvo que se haya inspirado simplemente en el rito popular de las Lamentaciones fúnebres que perdura hasta hoy en el oriente mediterráneo y en Córcega.
   Los himnógrafos de esa época atribuyen a la Virgen lamentos desgarradores: «Permite a tu madre besar tu diestra. Oh, amada mano que he tenido tantas veces, a la que me aferro como la hiedra al roble. Oh, queridos ojos, y tú, boca bien amada.»
   En todo caso, se trata de un motivo del arte bizantino -en donde esta elegía fúnebre se denomina treno-; desde allí, el tema pasó al arte italiano del Trecento, y luego al de los países del norte de Europa.
   En la iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén, entre el Gólgota y la tumba, se venera una piedra de mármol amarillo manchado, cuyas manchas conservaría la huella de las lágrimas de la Virgen. Fue sobre esa piedra de la unción, recubierta por un lienzo como si fuese un altar, donde el cadáver de Cristo habría sido depositado después del Descendimiento de la cruz.
   Alrededor del muerto, extendido sobre la piedra por José de Arimatea y Nicodemo, se lamentan la Virgen, San Juan y la Magdalena. La Virgen siempre permanece junto a la cabeza de Cristo, mientras que la Magdalena suele situarse a sus pies, en conmemoración de la Unción en casa de Simón. El dolor maternal de María se expresa de la manera más conmovedora. En las Grandes Horas de Rohan (siglo XV), quiere echarse sobre el cadáver de su Hijo; San Juan la coge por medio del cuerpo para impedírselo. Extraviada por el dolor, se vuelve con expresión de reproche hacia Dios Padre, como si lo hiciera responsable de la tragedia. Si Dios no permitió el sacrificio de Isaac -parece decir- ¿cómo ha podido permitir el asesinato de su propio hijo? En su cuadro del Louvre, Le Rosso muestra a la Virgen abriendo los brazos como una cruz viva. Rubens la representa cerrando los ojos de su Hijo y quitando una espina que se ha clavado en la frente ensangrentada de Jesús.
   A veces, incapaz de resistir el dolor que la abruma, se desmaya otra vez (Botticelli, Lorenzo Lotto).
   A la Virgen y a la Magdalena se suman las Santas Mujeres, José de Arimatea y Nicodemo, llevan vasos de bálsamos en la mano. A veces un enjambre de ángeles se une al duelo.
   En la Iglesia griega, esta escena decora un palio litúrgico llamado epitaphios. Ese sudario bordado tiene un importante papel en el oficio del Viernes Santo. Se lo lleva a la iglesia hacia las dos y se lo despliega a la hora de la muerte de Cristo. Permanece expuesto bajo el antimension hasta la Ascensión.
   En Occidente, este tema se reserva sobre todo a las predelas de los retablos de la Crucifixión, cuyo rectángulo horizontal se presta para enmarcar un cadáver.
   En la época del Renacimiento, del grupo de la Lamentación sobre Cristo muerto, a veces se conserva sólo el cadáver de Cristo, y se suprime a las Llorosas. De esa manera el tema pierde su carácter religioso, y ya no es más que un pretexto para un estudio de la anatomía y del escorzo. Los Cristos muertos de Mantegna (Brera) y de Holbein (Basilea), por otra parte, han servido de modelos a Rembrandt para su Clase de anatomía.
   El arte católico de la Contrarreforma, esencialmente sacramental, dio a esta escena un nuevo significado. En su cuadro de la Pinacoteca de Bolonia, Guido Reni muestra el cadáver de Cristo acostado sobre la piedra de la unción como sobre un altar. La Virgen uniendo las manos, asistida por dos diáconos que son ángeles, parece una sacerdotisa celebrando el oficio de difuntos. El acento ya no está puesto en la aflicción de la Madre desconsolada, como en la Edad Media, sino en el sacerdocio de la Virgen (Virgo sacerdos), quien, al ofrecer a su Hijo en holocausto, preside la Institución del sacrificio de la misa y el acto simbólico del sacerdote que consagra la Hostia.
   En el siglo XVII, el dolor de la Virgen se vuelve más teatral. Eleva los ojos y los eleva al cielo, no para ofrecer su dolor a Dios, sino con una expresión de reproche y hasta de rebelión contra la crueldad del Padre Eterno que deja consumir el sacrificio de su Hijo. Esta concepción coincide con la del autor de las trágicas ilustraciones de las Grandes Horas de Rohan, donde San Juan parece increpar al todopoderoso (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "Llanto sobre Cristo muerto", de Pedro Millán, en la sala I del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la sala I del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 16 de febrero de 2020

La imagen "Cristo Varón de Dolores", de Pedro Millán, en la sala I del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "Cristo Varón de Dolores", de Pedro Millán, en la sala I del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   Hoy, domingo 16 de febrero, como todos los domingos, ha de considerarse como el día festivo primordial para la Iglesia. Es el primer día de cada semana, llamado día del Señor o domingo, en el que la Iglesia, según una tradición apostólica que tiene sus orígenes en el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el Misterio Pascual. 
   Y que mejor día que hoy, día del Señor, para ExplicArte la imagen "Cristo Varón de Dolores", de Pedro Millán, en la sala I del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala I del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la imagen "Cristo Varón de Dolores", obra de Pedro Millán (hacia 1485-1503) [firmada en una cartela a los pies de Cristo: "Pº MILLAN YMAGINERO"] realizada en barro cocido y policromado en estilo gótico, con unas medidas de 1,61 x 1.08 x 0,50 m., y procedente de la iglesia parroquial de la Inmaculada de El Garrobo, tras pasar por la Capilla de San Laureano de la Catedral de Santa María de la Sede.
   Es una composición escultórica que representa a Cristo Varón de Dolores. El Señor figura en el centro, ceñido a un lado y al otro por sendas figuras de ángeles. El cuerpo de Cristo se representa esbelto, marcado por las huellas de la Pasión: la llaga, abierta y tintada de rojo, los agujeros de los clavos en las manos y la gruesa corona de espinas, advirtiéndose éstas bajo la piel de la frente. Figura con la cabeza inclinada y ligeramente vuelta hacia la izquierda, con los ojos entreabiertos y la boca cerrada. Su rostro es de carácter enjuto, marcado por una fina y alargada nariz. Tiene barba corta y bífida, modelada a base de pequeños rizos. Su larga y negra cabellera se extiende por la espalda y los hombros en ondulados mechones. Figura cubierto por el paño de pureza, resuelto éste a base de múltiples y angulosos pliegues y manto largo que cae sobre sus hombres hasta los pies y va sujeto con un broche sobre el pecho. Apoya los pies sobre un suelo de relieve anguloso, sembrado con unas pocas matas de cardos.
   Los ángeles figuran simétricos uno a cada lado del Señor, con la misma postura y actitud, medio reclinados sujetando el manto que cubre a Cristo. Visten túnica larga y blanca resuelta en numerosos y angulosos pliegues sobre el suelo y manto rojo ceñido con un broche. Figuran tocados con una cinta adornada con joyel y sostienen pequeños recipientes. A los pies de Cristo figura el racionero Antonio Imperial, a menor tamaño que las figuras de los ángeles, arrodillado y en actitud de oración, mirando hacia la esbelta figura del Señor. (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
   No demasiado conocida es la figura de Pedro Millán, este maestro imaginero gótico hispalense, discípulo y colaborador de Mercadante, que trabajó a caballo entre los siglos XV y XVI, y que supo aunar, con cierta pericia, dos mundos estéticos diferentes: por un lado las influencias foráneas, sobre todo borgoñonas, y por otro, las raíces indígenas, dotando a su producción escultórica, aún poco identificada, de un cierto eclecticismo entre el iconografismo hispano y el influjo flamenco.
   Muy pocos son los datos de que disponemos para narrar su vida, pues, pese a los estudios de Gestoso y Pérez-Embid, casi nada tenemos documentalmente avalado. Sabemos, no obs­tante, que colaboró con Mercadante en la decoración escultórica, en barro, de las portadas del Nacimiento y del Bautismo, de la Catedral hispalense, allá por la década de los sesenta del siglo XV, que su última obra fechada lo está en 1504 y que debió fallecer antes de 1526, año en que su viuda contrae segundas nupcias.
   Aunque su producción es fundamentalmente de piezas de barro cocido, no descuidó los demás materiales, dotando a su obra de los rasgos comunes de la escultura de la época de los Reyes Católicos, tan expresiva, espiritual y detallada, con gruesos plegados, ricas  telas y ostentosa pedrería. La nómina de su quehacer va desde las pequeñas figuras de Profetas de las ya aludidas portadas catedralicias sevillanas, hasta la portada de la iglesia del monasterio hispalense de Santa Paula, donde colabora con el ceramista Francisco Niculoso Pisano. Entre ambas, la bellísima Virgen del Pilar catedralícia o la ecijana del Rosario, cargada de goticismo; el pequeño San Miguel londinense, minucioso y casi sacado de una tabla flamenca; los grupos procedentes de El Garrobo, hoy en el Museo; la obra magna para el cimborrio de la catedral de Sevilla, desaparecida casi totalmente en 1512; el conjunto de figuras de Cristo atado a la columna, de robusta ejecución, uno de cuyos mejores ejemplares se conserva en el Museo, y la delicadísima Santa Inés, en madera. Sus obras, de carácteres bastante definidos, ostentan en buena parte la firma P. MILLAN, lo que facilita su estudio. Sin embargo, son muy pocos aún los definitivamente adscritos a su trabajo directo, ofreciéndosenos hoy la posibilidad de estudiar un buen número de imágenes, sin firma ni documentación, cercanas a Millán o a su círculo de colaboradores.
   Relata el profeta Isaías el papel de Jesús como Varón de dolores y ésa es la iconografía aquí representada por Mi­llán, con la figura de Cristo resucitado, esbelta y desnuda, dotada de espléndida cabeza, sostenida por sendos­ ángeles ricamente ataviados. El grupo, firmado, se completa con la pequeña figura orante del donante, el racionero Antonio  Imperial, quien dotó, entre 1485 y 1503, la Capilla de San Laureano de la Catedral hispalense (Enrique Pareja López, Escultura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de Cristo Varón de Dolores;
   Es una tipología cultual, simbólica o eucarística, que en latín se designa con el nombre de Imagines pietatis.
   Las dos representaciones del Varón de dolores que consiguieron la mayor popularidad a finales de la Edad Media son el Cristo de Piedad de la Misa de san Gregorio y el Cristo de las cinco llagas (o heridas).
El Cristo de la misa de San Gregorio
   Esta representación del Varón de dolores, cuyo significado sacramental es evidente, derivaría de un icono bizantino ofrecido por el papa Gregorio Magno a la basílica romana de la Santa Cruz de Jerusalén, llamada así porque la emperatriz Helena la había hecho transportar desde la tierra del Gólgota.
   Se la explica por una visión; pero resulta más verosímil creer que fue a título de autor del Sacramentario que san Gregorio fue representado celebrando el sacrificio de la misa frente al propio Cristo que aparece sobre el altar.
   Es una variante del Ecce Homo, porque el Cristo desnudo lleva un cetro de caña y la corona de espinas. Pero se distingue por dos caracteres. En primer lugar, en vez de estar de pie sobre un estrado, como un rey irrisorio expuesto a la vista del populacho judío, sólo emerge el busto de un sarcófago dispuesto sobre el altar. En segundo lugar, tiene las palmas de las manos y el costado agujereados, por lo tanto se lo ha representado muerto, después de la crucifixión.
   Ese tema, que apareció en Occidente a partir de mediados del siglo XIII, sobre todo se adaptó al arte francés y al italiano. El Varón de dolores a veces aparece solo sobre el altar, como una hostia viva; pero casi siempre su cadáver es sostenido de las axilas por dos ángeles, o incluso por la Virgen y san Juan que lo enmarcan, como al pie de la Cruz.
El Cristo de las Cinco Llagas
   El arte alemán prefirió, por el contrario, representar al Varón de dolores de pie y vivo.
   Es el tipo popular del Cristo de las cinco llagas, difundido por las cofradías de la Santa Sangre; por los flagelantes, que invocaban las «cinco rojas llagas» de Jesús contra la muerte súbita; por la Orden de santa Brígida de Suecia, que había adoptado como insignia cinco pequeños discos rojos que imitaban gotas de sangre.
   Pueden distinguirse dos tipos principales del Varón de dolores: ya con los brazos cruzados sobre el pecho, ya mostrando él mismo la herida del costado, ya abriendo los labios de ésta, otras veces hundiendo el dedo, como santo Tomás, y en ocasiones hasta recogiendo en un cáliz su propia sangre (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "Cristo Varón de Dolores", de Pedro Millán, en la sala I del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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