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jueves, 5 de febrero de 2026

El Relieve de Santa Águeda, de Duque Cornejo, en los armarios de la Antesacristía, o paso a la Sacristía Mayor, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Relieve de Santa Águeda, de Duque Cornejo, en los armarios de la Antesacristía, o paso a la Sacristía Mayor, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.   
     Hoy, 5 de febrero, Memoria de Santa Águeda, virgen y mártir, que en Catania, ciudad de Sicilia, en Italia, siendo aún joven, en medio de la persecución mantuvo su cuerpo incontaminado y su fe íntegra en el martirio, dando testimonio en favor de Cristo Señor (c. 251) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Relieve de Santa Águeda, de Duque Cornejo, en los armarios de la Antesacristía, o paso a la Sacristía Mayor, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
    En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Antesacristía [nº 051 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Esta capilla, que sirve de tránsito o paso a la Sacristía Mayor, no parece haber tenido nombre específico. En ella existen dos grandes armarios de madera que labró, en 1743, Pedro Duque Cornejo (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
        La Sacristía Mayor está precedida por unos armarios que fueron realizados por Pedro Duque Cornejo en 1743 (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     Los grandes armarios, situados en el tránsito de la Sacristía Mayor, fueron decorados por Pedro Duque Cornejo y Roldán, en 1743, con relieves sin policromar, tallados en madera. 
     Figuran allí tres escenas bíblicas: Moisés y el éxodo de Egipto, Moisés y Aarón (miden 1,29 x 1,12 mts.) (identificadas por Vi­llar como el Maná y el Milagro de la peña), Adán y Eva en el Paraíso Terrenal y veinte figuras de Santas Mártires, singularizadas o agrupadas por parejas. No todas se pueden identificar, por haber perdido o no ha­ber tenido, sus símbolos parlantes; allí están las Santas Catalina de Alejandría, Inés, Cecilia, Águeda, Lucía, Leocadia, Rosa de Lima, Catalina de Siena y otras (miden 1,16 x 0,65 mts., 1,16 x 0,75 mts., y 1,16 x 0,52 mts.).
     El conjunto es de diversa calidad, sin pormenores; no obstante es de advertir que el artista cuidó más las imágenes femeninas, para no caer en monotonía. Las cuatro primeras muestran dinámica indumentaria y más acertada composición (José Hernández Díaz, Retablos y Esculturas, en La Catedral de Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1991).
     Los Relieves de los Armarios es una obra documentada de 1753, realizada en madera tallada, con unas medidas de 129 x 112 cm las escenas bíblicas, 116 x 65 y 116 x 75 cm las parejas de santas y 116 x 52 cm las santas, en la Antesacristía de la Sacristía Mayor de la Catedral de Sevilla.
     Son los últimos trabajos documentados de Pedro Duque Cornejo para la Catedral de Sevilla, para la cual estuvo trabajando desde 1724 cuando comenzó los trabajos escultóricos de las cajas de los órganos. Se tratan de diferentes relieves tallados en diversas puertas de grandes armarios que se ubican a ambos lados del tránsito de acceso a la sacristía mayor de la Catedral. En estos armarios el cabildo Catedral ha guardado parte de su inmenso ajuar litúrgico, tanto textil como de orfebrería.
     Para dichas puertas Pedro Duque talló veinte figuras de santas mártires y tres escenas bíblicas. Todos los relieves son rectangulares pues se adaptan a los casetones que conforman las puertas de los armarios. Son altorrelieves que se muestran sin policromar.
     Las santas se representan solas o por parejas, todas con marcos laterales de finas guirnaldas de frutas. Diversos historiadores han señalado la diferente calidad del conjunto, intuyendo diferentes manos además de la del maestro. Algunas de las santas no se han podido identificar por haber perdido sus símbolos. Con seguridad están representadas Santa Águeda, Santa Inés, Santa Catalina de Siena, Santa Catalina de Alejandría, Santa Cecilia, Santa Lucía, Santa Leocadia y Santa Rosa de Lima. Las figuras son de correcto dibujo y composiciones más comedidas a lo que nos acostumbra Cornejo, quizás por hallarse algo "encajonadas" por los rectos marcos en que se inscriben. Los rostros son de muy elegante y fina factura, característicos de las figuras femeninas de Cornejo, muy similares entre ellos.
     Mucho más pictóricas son las tres escenas bíblicas, todas ellas pertenecientes al Antiguo Testamento: Moisés haciendo brotar el agua de la peña, La Recogida del maná y Adán y Eva en el Paraíso. En estas sí se advierten composiciones más complicadas y dominio de la perspectiva mediante la utilización gradual del altorrelieve al plano (Álvaro Dávila-Armero del Arenal, José Carlos Pérez Morales, Carlos María López-Fe y Figueroa, y Guillermo Ramírez Torres. Pedro Duque Cornejo, Ed. Darte, Sevilla, 2019).
Conozcamos mejor la Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Águeda, virgen y mártir;
LEYENDA
     Virgen siciliana nacida en Catania, al pie del Etna. El prefecto Quintiano, al no poder someterla a sus deseos y persuadirla para que ofreciera sacrificios a los dioses, la hizo conducir a un prostíbulo administrado por la cortesana Afrodisia, para que se la sometiera a una violación ritual. Pero al igual que santa Inés, conservó la virginidad milagrosamente.
     Después, en prisión, el prefecto la amenazó con azotes, la ató a una columna cabeza abajo, le hizo retorcer y luego arrancar los pechos o los pezones (pectoris papillatollitur) con tenazas. Fue curada por san Pedro que se le apareció en el calabozo, compareció ante el tirano, éste ordenó que alfombraran su celda con una capa de trozos de vidrio y brasas y que la acos­taran allí, desnuda.
     En el momento de su muerte, que habría tenido lugar en 251, y cada año, el día de su aniversario, el Etna vomita torrentes de lava. Un ángel colocó en su tumba una placa de mármol con la promesa de que a partir de entonces santa Águeda sería protectora de Sicilia.
     Según los mitologistas de la escuela de Usener, santa Águeda sería una divinidad pagana: Agathé Thea, Bona Dea, heredera de Perséfone, venerada en Enna, Sicilia, que habría sido cristianizada. La Bona Dea ya tenía mamas, emblema de fecundidad, como atributos.
     La tradición popular le aplicaba la leyenda griega de Penélope. Ella había pro­metido casarse cuando hubiese acabado una tela que tejía. Consiguió retrasar el plazo de manera indefinida destejiendo por las noches lo tejido de día.
CULTO
     Sus reliquias, que habían sido transportadas a Constantinopla, fueron devueltas a Catania en 1126, en cuya catedral se conservan un seno y su re­licario.
     En su ferviente devoción por la patrona, la ciudad de Catania puso bajo su advocación al menos tres iglesias: Santa Agata la Vetere, la antigua catedral donde se encuentra su sarcófago, Santa Agata alla Fornace y Santa Agata al Carcere, levantada en el antiguo emplazamiento de la cárcel donde estuvo presa.
     En Sicilia occidental, sobre todo en Palermo, el culto de santa Águeda com­pite con el de santa Rosalía.
     Desde Catania, la veneración de la mártir siciliana se difundió por toda Italia. En Roma, el papa Símaco le dedicó una basílica y san Gregorio Magno, en 591, puso bajo su advocación una iglesia llamada Santa Águeda de los Godos, en conmemoración de sus antiguos poseedores. A esa iglesia se su­man S. Agata al faSuburra y Santa Agata in Trastevere. Rávena puso una de sus basílicas bajo la advocación de Santa Agata Maggiore.
     Después de Catania, el centro de culto más importante de esta santa es Cremona. La iglesia de Santa Águeda de esa ciudad poseía, además de su omóplato, la famosa Tavola angelica que depositara la mano de un ángel sobre su tumba. Sobre esa insigne reliquia se leía la inscripción: Mentem sanctam, ho­norem Deo et patriae liberationem.
     Además, Santa Águeda era patrona de Malta. Se atribuía a su intercesión el mérito de una victoria contra la flota turca.
     Francia, España y Alemania también adoptaron a la Buena Diosa o la Buena santa de Catania. En Francia, su culto puede probarse en Crépy en Valois, Longuyon (Lorena) y Salins (Franco Condado), donde hay colegiatas puestas bajo su advocación. La iglesia de Saint Merry, en París, poseía uno de sus senos conservados en un relicario de plata. Pero no era el único exhibido.
     Como las mamas de santa Águeda eran muy estimadas, los comerciantes de reliquias falsas las multiplicaron. Debía creerse que tenía muchas, alineadas como la Isis egipcia o la Artemisa de Éfeso, puesto que si se tenían por bue­nas las que conservaban las diferentes iglesias cristianas, se contaban por lo menos seis.
     En Barcelona se le dedicó la capilla palatina de santa Águeda, y en Alemania, iglesias en Colonia, Maguncia y Munich.
PATRONAZGOS
   Los numerosos patronazgos de santa Águeda se dividen en dos apartados, según se refieran a su martirio mamario o a su atribuido poder de frenar las erupciones del Etna.
1. Patronazgos mamarios
   Como los verdugos le arrancaron los senos que después san Pedro volvió a pegarle al torso, se convirtió en patrona de las nodrizas y de las madres que amamantan a sus hijos. Se la invoca para la curación de abscesos, mastitis y cáncer de mama. En España se la llamaba «abogada del dolor de pechos». En Catania, su busto relicario está recubierto de exvotos de plata o cera con forma de senos.
2. Patronazgos ignífugos
   La ostensión del relicario de santa Águeda había detenido en el acto una erupción del Etna que vomitaba torrentes de lava hacia Catania. La intercesión de la santa se consideró por ello muy eficaz contra las erupciones volcánicas y los seísmos que las acompañan. En Catania ella tiene el mismo papel contra las erupciones del Etna que san Jenaro en Nápoles contra las del Vesubio.
   Por un fenómeno de extensión muy corriente en hagiografía, pronto se invocó su protección contra toda forma de fuego: incendios, rayos, llamas del Purgatorio... Como protectora contra los incendios, en el sur de Alemania se la asocia con san Floriano. En un amuleto llamado Agathazett el estaba inscrita esta plegaria: «Ignisalaesura protegenos, o Aghatapia.» Se la llamaba «die Feuermagd». En Italia, su velo, que se conserva en el tesoro de la catedral de Florencia, se llevaba en procesión para apagar los incendios.
   A veces los dos géneros de patronazgos se confunden, como en el caso de las campanas. Se ha observado que el nombre de santa Águeda, o su epitafio angelical (Mentem sanctam) se encuentra en gran número de ins­cripciones grabadas en las campanas, los fundidores de campanas la adoptaron como patrona.
   Se han propuesto numerosas explicaciones válidas para el fenómeno: la colada del bronce fundido recuerda las corrientes de lava del Etna, y además los fundidores estaban expuestos a las quemaduras; pero también, sin duda, porque la forma de las campanas recuerda la de los senos cortados a la santa. No debe olvidarse tampoco que durante la Edad Media era costumbre ha­cer sonar las campanas para alertar a la población cuando se desataba un in­cendio.
   En la región de Toulouse estaba prohibido hilar o hacer la colada el día de su fiesta. Quizá porque santa Águeda había reemplazado a una divinidad pagana que personificaba la mala estación: se creía que la rotación del huso provo­caba torbellinos de viento y la agitación del agua de las fuentes llamaba a la lluvia.
ICONOGRAFÍA
   Santa Águeda carece de atributos en la procesión de los santos de San Apolinar il Nuovo de Rávena, al igual que en los mosaicos de Monreale. Durante largo tiempo sólo se le concedió el atributo impersonal de la palma del martirio.
   Una antorcha o un cirio encendido en la mano aluden a su poder contra el fuego. Dicho cirio con frecuencia se ha tomado por un cuerno de unicornio, símbolo de la virginidad.
   Para aludir a la protección de la santa contra los incendios, el pintor suabo Fr. Herlin la representa, formando pareja con san Floriano, con una casa en llamas sobre la palma de la mano.
   Pero el emblema habitual que permite reconocerla son sus dos senos arrancados con una tenaza o puestos sobre una bandeja. Esos pechos se han confundido con panes; el día de su fiesta, los fieles llevan al altar panes sobre una bandeja.
   Para que los senos queden más visibles, un escultor portugués del siglo XIV los representa ingenuamente aplicados sobre una bandeja vertical, despre­ciando las leyes del equilibrio.
   Las dos escenas que se encuentran representadas aisladamente son el Martirio y la Curación de santa Águeda por san Pedro.
Martirio de santa Águeda: Los pechos cortados
   Un verdugo le arranca los senos con tenazas o los corta con cizallas en pre­sencia de Quinciano, a quien ella grita: «¿No te avergüenza amputar del pecho de una mujer lo que has mamado cuando tu madre te amamantaba?» (Non es confusus amputare in femina quo dipses uxisti in matri?)
Curación de los senos de santa Águeda por san Pedro
   Durante la noche, san Pedro, acompañado por un ángel que lleva una antorcha, visita a la santa en la cárcel. Le aplica un bálsamo sobre el pecho en­sangrentado que cicatriza y recupera su forma. A veces, quien opera la cu­ración y vuelve a pegar los senos arrancados es un ángel (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Duque Cornejo, autor de la obra reseñada;
     Pedro Duque Cornejo, (Sevilla, 14 de agosto de 1678 – Córdoba, 1757). Escultor y arquitecto.
     Perteneciente a una de las estirpes de artistas más importantes del barroco andaluz, Duque Cornejo, representa el máximo exponente y culmen de las escuelas sevillana y granadina en la escultura barroca.
     Además de escultor de tallas, trabajará como arquitecto de retablos, fundamentalmente realizando el diseño o traza, y también conociéndose obras suyas en pintura y grabado. Se le considera el imaginero y entallador más destacado del siglo XVIII en Andalucía.
     En su figura confluyen factores importantes, como es una rica formación en varias disciplinas artísticas, que le permiten no dedicarse exclusivamente a la talla; y la culminación de la idea de artista que ejerce las tres artes, que está presente en la tradición andaluza desde la figura singular de Alonso Cano. Conocedor de su propia valía, siempre tuvo un alto concepto de sí mismo, e intentó por ello la consecución del título de escultor de cámara del rey, que no logró nunca, aunque sí obtuvo el de escultor de la reina, así como privilegio de hidalguía, concedido por la Real Chancillería de Granada en 1751. Dejó muestra de su trabajo por gran parte de Andalucía, fundamentalmente Sevilla, Granada y Córdoba, y también trabajó en Madrid. Sus esculturas se van a caracterizar por las poses afectadas y el impulso barroco conseguido con las grandes ondulaciones de las telas, en sus retablos va a ser constante la aparición del estípite, como elemento definitorio de las arquitecturas.
     Sus padres fueron el escultor de origen granadino José Felipe Duque Cornejo y Francisca Roldán Villavicencio, pintora de oficio e hija a su vez del escultor Pedro Roldán. Pedro Duque Cornejo se formará en el entorno del taller familiar de su abuelo, al que hay que considerar su maestro, ya que su padre fue un escultor mediocre. El taller de Pedro Roldán era el más activo de la Sevilla del último cuarto del siglo XVII, y estaba nutrido por toda la saga familiar dedicada a oficios artísticos, como su tía Luisa Roldán, la Roldana. En este ambiente aprendería todo lo concerniente a la escultura y a la pintura y policromía de las imágenes. Su dedicación a la arquitectura vendrá algo más tardía, por el trabajo conjunto con dos arquitectos importantes, Jerónimo Balbás en Sevilla y Francisco Hurtado Izquierdo en Granada, figuras importantes para entender la obra retablística de Duque Cornejo.
     Sus primeras obras se fechan en torno a 1702, dedicándose en estos primeros momentos a la escultura de tallas y a los grabados. Empieza a granjearse cierta fama en Sevilla, lo que hace que se le encarguen las esculturas del retablo mayor de la iglesia del Sagrario de Sevilla (desaparecido en el siglo XIX), la parte arquitectónica corrió a cargo de Jerónimo Balbás, insistiendo el cabildo catedralicio en la participación de Duque Cornejo, esta empresa ocupó al escultor entre 1706 y 1709.
     En 1709 contrae matrimonio en Sevilla con Isabel de Arteaga, con la que tendrá un total de siete hijos, algunos de ellos dedicados a la pintura y escultura, van a destacar Enrique, José y María, que trabajarán como ayudantes en el taller paterno.
     Este trabajo junto a Balbás le anima a emprender su carrera como arquitecto y en 1711 contrata su primera obra como maestro arquitecto y escultor, el también desaparecido retablo de la iglesia parroquial de San Lorenzo de Sevilla; en sus retablos va a hacer gala de un barroquismo exaltado. Durante este período no deja de realizar también encargos propiamente escultóricos.
     En 1714 está documentado su traslado a Granada, ciudad en la que permanecerá hasta 1719. Su principal encargo es para la iglesia de la Virgen de las Angustias, donde va a realizar la transformación de la imagen titular y añade en la nave de la iglesia esculturas monumentales de tamaño superior al natural.
     También se le encarga la realización del retablo de la Virgen de la Antigua en la catedral granadina, donde se va a ocupar del diseño y ejecución de la arquitectura y escultura. Su diseño es deudor de Hurtado Izquierdo.
     De vuelta en Sevilla, recibe el encargo de dos retablos para la cartuja de Santa María de las Cuevas, primer contacto con la Orden cartuja, que le proporcionará otros dos encargos importantes: la realización de las esculturas para la cartuja de Granada y para la de El Paular en Madrid. Las esculturas de Granada las realizará en su segunda estancia en la ciudad entre 1723 y 1728, trabajando junto con los mejores escultores granadinos del momento. Mientras realiza el encargo granadino, recibe el de Madrid, donde viajará en 1725, alternando los dos proyectos. En ambos, la arquitectura corre a cargo de Hurtado Izquierdo. Las esculturas para las cartujas de Granada y El Paular son consideradas el mejor exponente de la escultura de Duque Cornejo.
     En estos años alternará su estancia en Granada y Madrid, con estancias también en Sevilla, donde realizará encargos importantes en la catedral.
     Durante la permanencia de la Corte de Felipe V en Sevilla, el llamado “Lustro Real”, entre 1729 y 1733, Duque Cornejo intenta entrar en la órbita de los artistas cortesanos, consiguiendo el nombramiento de escultor de la reina Isabel de Farnesio, gran aficionada a las Bellas Artes. La intención del artista es conseguir el nombramiento de escultor de cámara, que no logrará.
     En 1731 recibe su encargo más ambicioso: la realización de la arquitectura y las esculturas de los retablos de la iglesia de San Luis de los Franceses de Sevilla y de la capilla de los Novicios, para los Jesuitas. El retablo de la capilla de los Novicios es considerado su mejor intervención en el campo de la retablística.
     A partir de este momento, Duque Cornejo recibirá multitud de encargos de retablos, como los sevillanos de San Leandro o el de la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación de Umbrete (Sevilla). En 1734 se ocupa del encargo de la realización del retablo de la Virgen de la Antigua de la catedral y del sepulcro del arzobispo Salcedo y Azcona, para situarlo en la misma capilla. El retablo es una realización en piedra.
     La obra que va a ocupar los últimos años en la vida del maestro es el encargo del coro de la catedral de Córdoba. Primero se le encomendará la ejecución de los laterales y luego el frente a modo de retablo, concertando lo primero en 1747 y el frente en 1752.
     Duque Cornejo diseña tanto la arquitectura como la escultura de esta inmensa obra repleta de ornamentación, relieves y esculturas de bulto. Cuando el coro se inauguró el 17 de septiembre de 1757, Duque Cornejo había fallecido unos meses antes, siendo enterrado en la misma catedral cordobesa (Cipriano García-Hidalgo Villena, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Relieve de Santa Águeda, de Duque Cornejo, en los armarios de la Antesacristía, o paso a la Sacristía Mayor, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Antesacristía, o paso a la Sacristía Mayor, de la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 30 de octubre de 2023

Los principales monumentos (Iglesia de San Bartolomé; Convento de San Juan Bautista; Hospital de la Misericordia; Capillas de las Cruces; Ermita de Santa Águeda; y Edificios civiles) de la localidad de Villalba del Alcor, en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Bartolomé; Convento de San Juan Bautista; Hospital de la Misericordia; Capillas de las Cruces; Ermita de Santa Águeda; y Edificios civiles) de la localidad de Villalba del Alcor, en la provincia de Huelva.
Ubicación
     Situada en la Comarca de la Costa de Huelva, a 161 metros del nivel del mar.
Reseña histórica breve
     No hay casi restos arqueológicos que confirme la presencia humana hasta la época romana, en una zona conocida como El Giraldo.
     La dominación islámica la sitúa en zona fronteriza entre los Reinos de Niebla y Sevilla, y a comienzos del s. XII se construyó el Castillo de Ostia en la ladera de la Sierra, con fines defensivos. En 1248 Fernando III conquistó la localidad aunque quedó como zona fronteriza hasta 1262, cuando se reconquistó el Reino de Niebla. Tras la Reconquista las tierras y su castillo quedaron deshabitadas, comenzando en 1327 un período de repoblación. En 1588 se fundó un Convento de Frailes Carmelitas y en 1618 se funda otro de monjas Carmelitas Calzadas, que traerían consigo el auge socioeconómico del lugar.
Patrimonio cultural y artístico
     Iglesia Parroquial de San Bartolomé, del s. XV, declarado Monumento Nacional, en cuyo patio se encuentra una Lápida de Marco Calpurnio.
     El Convento de las Carmelitas, de finales del s XVI.
     Existen varias fachadas del s. XVIII en algunas casas del pueblo, con escudos heráldicos como los del Caserío de la Calle Palomar.
     La Torre del Alambique.
     Los Llanos de Santa Águeda, a 1 Km. del pueblo.
Fiestas y tradiciones
     La Fiesta Patronal de Santa Águeda, el día 5 de enero.
     Las Fiestas del Tostón, el 13 de febrero.
     Las Cruces de Mayo, todos los domingos de mayo.
     Fiestas de la Virgen del Carmen, a finales de Agosto y principios de septiembre, en donde se celebra la Fiesta del "Toro de Cuerda".
     Fiestas de Santa Águeda, primera quincena de julio.
Recursos económicos y sociales
     Se basa principalmente en la agricultura.
Gastronomía
     Se ofrece el jabalí en adobo, el lomo en manteca y el tostón con sardinas. La repostería del lugar sobresale por los brazos de gitano, las empanadillas y los roscos fritos (Diputación Provincial de Huelva).
      Situada en la carretera nacional 431, y próxima a la línea férrea Sevilla-Huelva, a una altura de 161 m. sobre el nivel del mal, dista de la capital onubense 50 Km., y casi otros tantos de Sevilla. Cuenta con una población de 3.422 habitantes, y presenta una economía de tipo agrícola. La industria principal es la de la elaboración vinícola (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     
Iglesia de San Bartolomé
     El edificio, declarado Monumento Nacional en 1931, es uno de los más singulares de la provincia de Huelva. Se trata de una iglesia inscrita en una fortaleza, de tradición almohade. Está compuesto por un rectángulo flanqueado por cuatro torreones, y dividido en dos zonas, formando ángulo recto en torno al patio central: la primera ocupada por el templo, y la segunda destinada a vivienda y dependencias parroquiales.
     La nave principal, o nave sur, dispone su ca­becera a levante, y los pies a poniente, corriendo en sentido longitudinal en paralelo al muro exterior del lado sur. Cuenta con dos puertas de acceso: uno a los pies, en el eje longitudinal, y otra al centro de la nave, en eje acodado respecto al presbiterio. La nave se compone de siete tramos de arcos transversales apuntados, que apean directamente en los machones de arista viva o en el muro perimetral, sin imposta que marque la transición de la línea curva a la recta y vertical. Entre los arcos se crean pequeñas bóve­das de aristas en ladrillo. La nave tiene a sus pies la puerta de poniente, y en el ángulo sudoeste, el núcleo de la torre campanario. Esta nave se dirige hacia la capilla mayor, abierta en la Torre Llana. La Sacristía se encuentra situada en el ángulo sudeste, a espaldas de la capilla mayor y contigua a la Capilla de los Barrera. Desde la capilla mayor, por una puerta de arco rebajado con cancela de hierro se accede a una estancia rectangular antigua capilla de Santa Ana, cuyo volumen se refleja al exterior. Iluminada por un pe­queño óculo, la estancia se cubre con bóveda de ocho paños sobre trompas, y sirve hoy de reserva eucarística. Una segunda nave discurre de sur a norte. Consta de cuatro tramos, que, siguiendo el modelo compositivo de la anterior nave, son formados por arcos transversales de ladrillo, que crean entre ellos fragmentados espacios, cubiertos con bóvedas de variado tipo: el primer tramo, dos cruces de bóvedas con nervaduras; el segundo, bóveda esquifada; el tercero y el cuarto, bóveda de cañón apuntada. Una rica variedad de arcos y bóvedas, que pueden fechar las obras en los siglos XIV y XV. Al muro de levante, en su primer tramo, abre la Capilla de los Barrera. Tiene cubierta de ocho paños sobre trompas. Al tercer tramo abre la puerta de levante, que ostenta al exterior el escudo del cardenal Mendoza (1486-1502).
     Llamaba la atención de Rodrigo Caro las muchas naves. En efecto, simétricamente a las dos principales naves discurren otras dos, una que sirve de deambulatorio, paralela a la nave sur, y otra que es Capilla Sacramental, paralela a la nave de levante. Entre estas dos últimas hay dos ámbitos espaciales propios. El primero sirve de Capilla de Ánimas: abre a la nave a través de un arco de herradura apuntado con alfiz, sobre machones achaflanados y capiteles estalactíticos, y se cubre con bóveda esquifada de cuatro paños. El segundo sirve de enlace entre la nave de le­vante y la de deambulatorio, contrapuestas entre sí en sentido ortogonal. En este ámbito encontramos dos arcos de herradura apuntados, de diferentes formas y proporciones.
     La nave dedicada a Capilla de Sagrario, se dispone longitudinalmente de sur a norte, y se cubre con bóveda de cañón con lunetos. Por último, la nave de paso y de iluminación corre de oeste a este, situándose a sus pies la Capilla Bautismal, separada de la nave por cancela de hierro e iluminada por vidriera con el Bautismo de Cristo. Un portón comunica con el patio, del que se tomó este espacio de tránsito.
     Desde el exterior apreciamos los volúmenes simples, cúbicos, elementales. Si prescindimos de los pocos adornos barrocos, el edificio es un armónico juego de principios geométricos puros, de líneas verticales y horizontales, de prismas de desigual anchura y altura. Su carácter de fortaleza y templo, común a otros dos grandes monumentos onubenses del s. XIV; San Antón de Trigueros y Santa Clara de Moguer, le convierte en arquetipo de los conventos e iglesias fortificadas en la arquitectura mexicana.
     La fachada principal pertenece al muro sur, que, en la hipótesis de su previa estructura de mezquita, correspondería al muro de la qibla. La flanquean dos torres: la del campanario y la llamada Torre Llana, en cuyo interior se alberga la bóveda central. A su vez, el paramento se subdivide por medio de pequeños contrafuertes o bastiones cúbicos.     
     La portada principal la forma un cuerpo ligeramente adelantado. El vano de la puerta tiene el mismo grueso del muro, escalonándose tan sólo las jambas. Presenta arco apuntado, con baquetones en sus ángulos, y se enmarca con alfiz rehundido, sobre el que aparece un azulejo polícromo donde figura el mártir San Sebastián. Todo ello se corona con un movido remate, que enlaza con sus curvas los elementos verticales de los extremos y el eje central con bolas cerámicas superpuestas.
     Le sigue el cuerpo de la Torre Llana, a la que se adosa un campanil barroco. Entre los contrafuertes de la torre se alberga la capilla de Santa Ana, que oculta el volumen de su bóveda esquifa­da tras una secuencia de almenas de gradas. Dos arcos rebajados horadan los muros, apreciándose un arco de herradura apuntado y ciego entre los referidos machones. Se prolonga la fachada con la sacristía, que ocupa el lugar de la torre del ángulo sudeste, derribada en el siglo XIX, según testimoniaba en 1910 el anciano párroco.
     En la fachada de levante, que en principio se hallaría delimitada por los dos torreones angulares, se aprecia la agregación del volumen de la Capilla de los Barrera, apareciendo la Sacristía como un adosado a la Torre Llana. Por encima de estos aditamentos, se ven diversos modelos de arcos de herradura y apuntado con abocinamiento. El perfil superior lo marca el adarve o pasillo de ronda. La portada que da paso a la nave de levante es de ladrillo agramilado y azulejos de cuenca, con el escudo del cardenal Mendoza, arzobispo de Sevilla. Presenta arco apun­tado y abocinado, de dos arquivoltas, con gran desarrollo de su releje de coronación y sin alme­nas. El muro norte carece de vanos, y se halla flanqueado por dos torres.
     Por fin, el lado de poniente, presenta puerta de acceso al patio y dependencias parroquiales, y portada de ladrillo limpio, que abre al templo en eje longitudinal, abocinada, de arco apuntado al exterior y acarpanelado de tres lóbulos muy anchos al interior, las albanegas decoradas por olambrillas sesgadas, coronada de almenas curvilíneas. Portada que, por su morfología y por su misma situación, debe considerarse como del siglo XVI avanzado. Enlaza con la fachada sur por medio de la torre campanario en su ángulo. Junto a las puertas del sur y de levante se encuentran sendas pilas de agua bendita, en mármol rojo, con pie de movido perfil, del s. XVIII. Los apliques, para iluminación eléctrica del edificio, las placas que reciben los interruptores, y el Vía Crucis, todo ello en chapa de hierro labrada, fueron diseñados por el orfebre sevillano Fernando Marmolejo Camargo, en 1966. Preside el presbiterio el Cristo de la Vera Cruz, escultura en madera policromada, obra de Manuel Cerquera Becerra, de 1948. De la bóveda de la capilla mayor pende una lámpara de hierro diseñada por Fernando Marmolejo, en 1966, cuyas doce luminarias simboliza el Colegio Apostólico; al centro de ella, en una mandorla, un Cristo, escultura de cartón piedra, de líneas tardomanieristas, fechable en los comienzos del siglo XVII.
     En el lado frontero a la nave de levante, dentro del espacio de la capilla mayor se conserva un paño de cerámica de lacería, del s. XIV. El ambón fue tallado en 1966, según diseño de Fernando Marmolejo.
     En la antigua capilla de Santa Ana se encuentra la reserva eucarística, en un tabernáculo de plata, de Fernando Marmolejo, realizado en 1966 en forma de arqueta. Desde el patio se ha trasladado a este ámbito un cipo romano de mármol, dedicado a la diosa Juno por el prefecto de la clase pretoriana de Rávena, Marco Calpurnio, de la primera mitad del siglo II de nuestra era.
     A la capilla de los Barrera se accede a través de una cancela de hierro con balaustres, instalada por Francisco de Paula Zambrano y Salas en 1886. El ámbito autónomo de la capilla que­ da centrado por un retablo barroco sevillano de hacia 1730-1750, con relieves de la Oración del Huerto y el Beso de Judas. En su hornacina central, se venera a la Virgen de los Dolores, también conocida como Virgen de la Soledad, de cande­lero para vestir, obra de Antonio Illanes, 1949. Bajo sus pies, un Cristo yacente, de Cerquera, de 1948. La frontalera del altar es una pintura al óleo sobre lienzo con la escena de la Oración en el Huerto, restaurada por Marta Ortiz González de Canales en 2003. En un arco de medio punto rehundido, se venera una imagen de vestir del Señor Cautivo, obra de 1950 de Joaquín Moreno Daza.
     A los pies de la nave de levante, existe un mag­nífico retablo de estípites y rocallas de Julián Jiménez, construido en 1756, y dedicado a Jesús Nazareno. El  Nazareno es una obra escultórica de gran calidad artística, realizada por Antonio Illanes, en 1941. El retablo adapta sus perfiles a la forma de arco apuntado del testero. Presenta un solo cuerpo con estípites, y ático en el que destaca un gran relieve con la Verónica y dos escudos heráldicos sobre el eje de las pilastras. En­tre el camarín y los soportes, hay dos repisas con pinturas de San Miguel y San Rafael, firmadas por Rafael Blas Rodríguez. El retablo se expande lateralmente por dos aletones con los relieves de Santo Domingo de Guzmán y San Ignacio de Loyola, bajo los que se sitúan dos puertecitas, una de las cuales da acceso al ca­marín. Sobre la  mesa de altar neoclásica, una imagen de candelero para vestir, de la Virgen del Socorro, firmada por Illanes en 1945, imagen que hereda la corona de plata del s. XVIII y la peana de Lastortres, de 1890, de la anterior titular de la Hermandad. En una pequeña hornacina se muestra, de modo alterno, un Niño Jesús, dieciochesco, o la figura de Virgen del Rocío, en plata y marfil, de 1986, que luce en el simpecado de la Hermandad durante la romería.
     La capilla de Ánimas, fundada en 1645, la preside un cuadro de la Virgen del Carmen soco­rriendo a las almas del purgatorio, en un marco readaptado, que muestra elementos de rocalla y medias columnas salomónicas con el tercio inferior cilíndrico. A sus pies, una lápida recuerda a Rafael Tenorio y Santo Domingo, fundador de un patronato local de beneficencia (+l897).
     La capilla del Sagrario se abre a la nave de deambulatorio por medio de una cancela de hierro forjado, con balaustres renacentistas de fuste acanalado, crestería superior de roleos y flores, simétricamente dispuestos en torno a una cruz central. Preside la capilla un retablo barroco de columnas salomónicas, readaptado en 1945. La portezuela del tabernáculo es de plata de fines del XVIII y presenta los punzones de Amores y García, de Sevilla. La decoración pictórica del retablo y de la capilla es obra de Rafael Blas Rodríguez de 1945. Muy interesante es el zócalo polícromo, con el personalísimo estilo y técnica de Enrique Orce, quien reproduce motivos eucarísticos, como dos figuras del Buen Pastor, el Cordero místico; cáliz con la hostia; y dos escenas de Cristo sacerdote. Luce en la Capilla una magnífica lámpara central de plata, de la segunda mitad del s. XVIII con los punzones sevillanos de Cárdenas. Una lámpara lateral, tam­bién de plata, tiene los punzones de Manuel Guerrero de Alcántara.
     La Sacristía del templo queda presidida por una espléndida pintura mural del Calvario, obra de gran ponderación y equilibrio de formas y expresión, fechable hacia 1550. Al centro, una mesa de mármol con motivos de rocallas, del XVIII. Decoran sus paredes unos lienzos de época barroca, de la Adoración de los Pastores, y del Crucificado. Frente a la cajonera se dispone un aguamanil, que adopta la forma de fuente parietal adosada, a modo de hornacina, con venera por cubierta.
     Es muy rica su orfebrería. De estilo bajorrenacentista, de fines del XVI, es un cáliz de plata dorada, ricamente ornamentado con rombos, rosetas, capullos y querubines entremezclados con cartelas. Unas crismeras de plata, con cruz de brazos abalaustrados y Crucifijo, decoración de querubines, guirnaldas, cartelas, son del mismo estilo.
     A la primera mitad del XVII se adscribe un esbelto cáliz de plata dorada, cuyas superficies se decoran con motivos florales punteados, sobre los que aparecen cabezas de querubines y pares de nervios. Cercano a los modelos manieristas es el magnífico ostensorio de plata dorada, con sol de rayos agudos y flameantes, decoración de asitas y cabujones en basa y astil. La cruz parroquial de plata se halla fechada en 1690.
     De comienzos del siglo XVIII es un copón de plata dorada, con rica ornamentación repujada, que cubre con sus relieves toda la superficie. De la misma época, otro copón de plata, más sencillo. Y la concha de bautismo, de plata, en forma de caparazón de tortuga. De la segunda mitad del Setecientos es un cáliz de plata, de nudo campaniforme, con el punzón de Juan Ruiz. Un cáliz de plata, de formas tradicionales, pero recubiertas con rocallas, tiene la inscripción de Vera y Cárdenas. Una naveta de plata, obra de Vicente Gargallo y Alexandre, de 1789; tiene forma de galeón. Un portaviático, en forma de arqueta de perfil ondulante, y coronado por un pelícano; en su interior se halla un pequeño cáliz dorado liso, sujeto al fondo.
     Un cáliz de plata sobredorada, de principios del s. XIX, con el punzón de Barcelona, intro­duce el estilo neoclásico sobre el recuerdo de las formas mixtilíneas del rococó. En el siglo XIX se labró el cáliz de plata, neoclásico, con el punzón de Ramos y Cabrilla. Un cofre de plata, para las llaves del sagrario, con los punzones de Rojas y Palomino. Las llaves del sagrario son de la mis­ma época: tiene la cabeza oval compuesta por ces, rematada en gran florón de rocallas. El incensario de plata, de 1852, lleva el punzón de Palomino. Un vaso de óleos de plata de forma globular, con el punzón de Méndez, está fechado en 1883. Del s. XIX son también los ciriales, con decoración de hojas de laurel.
     En el patio se conservan algunas piezas arqueológicas. Vemos una pieza granítica de época visigoda, con decoración de rosetas cuadrifolias elementales. Sobre el muro exterior de la capilla del Sagrario se encuentra un Crucifijo sobre cruz de brazos cilíndricos, de barro cocido y vidriado en blanco, de principios del XVI, procedente del antiguo Hospital de la Misericordia. Algunas lápidas funerarias fueron trasladadas a estos paramentos: la Diego de Herrera (+ 1660), y la de Diego de Ossorno y Campos (+ l863) (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La iglesia es el resultado de un proceso que, como mínimo ha durado setecientos años. Dibuja en planta una figura aproximadamente rectangular de 30 x 39 metros., cuyas masas arquitectónicas son prismas yuxtapuestos en los que el predominio del ladrillo es absoluto, aunque no faltan zonas de tapial, sillería y mampostería.. En los ángulos que miran al noroeste y nordeste existen dos torres de planta cuadrada que sobresalen del rectángulo proporcionando la imagen militar del conjunto. En la parte de Poniente está la llamada Torre Llana. De esta planta básica sobresalen dos grandes estribos, ubicados entre el campanario y la Torre Llana y los tres que esta posee actualmente, aunque es posible que en su época tuviese un cuarto. El resto de los volúmenes que rebasan aquella forma son posteriores y todos ellos muy renovados. Los acceso fundamentales son la Puerta de la Plaza, la inmediata al campanario y la del Sol.
     El espacio interno se organiza en dos naves, adosadas a los flancos este y sur, y articuladas por medio del ámbito contenido en la Torre Llana en función del presbiterio.
     La Torre Llana, es un espacio típicamente mudéjar aunque de proporciones colosales, pues su hermosa cúpula esquifada sobre trompas cubre un cuadrado de diez metros de lado. Por su costado norte un gran arco apuntado a una nave de considerable altura y luz articulada mediante tres arcos transversales entre los que cabalgan cuatro bóvedas; la primera es doble y ojival, la segunda es de espejo y las otras dos son de cañón con arcos de atajo. Los citados arcos transversales apoyan en el muro de Levante y en unos estribos muy profundos, tanto que hoy alojan unas capillitas cúbicas muy altas, cerradas a la nave por medio de arcos de herradura que se construyeron más tarde para acodalar los distintos arcos transversales.. El muro exterior aparece perforado por la Puerta del Sol, datada entre 1486 y 1502.
     Por el lado de Poniente un arco similar al del otro costado comunica el espacio de la Torre Llana con la nave principal. La nave está organizada mediante seis arcos transversales apuntados que apoyan en el muro de la plaza y en unos estribos de 2,80 metros de profundidad, de extraña constitución. De arco a arco se trazaron unas bóvedas de aristas encadenadas, salvo en el tramo inmediato a la torre que, además de llevar bóveda de cañón, es más estrecho que los demás, de los que destaca el central por su anchura. Los estribos conforman unos espacios muy elaborados con un arco de estribo a estribo por el lado de la nave principal, otro por la nave del Pozo y en medio grupo de boveditas de arista.
     Es evidente que el edificio actual parece un castillo, pero no lo es menos que se trata de una iglesia en uso, cuya organización es tan extraña que sólo la función cultual que hoy desarrolla, sugieren la posibilidad de que fuese templo cristiano en origen; pudiera haber sido mezquita, pero también de un tipo formal de los más anómalo. Hoy además, alberga una vivienda dotada de un hermoso patio que la relaciona con el templo. Por otra parte su repertorio de masas y espacio es de procedencia islámica, y más concretamente almohade, pero hay datos para sospechar que algunas formas se fabricaron tres siglos después que el último moro saliera de Villalba y su comarca. Si hay en toda Andalucía Occidental un edificio medieval que presenta serios problemas artísticos e históricos es precisamente este (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Convento de San Juan Bautista, de MM. Carmelitas
     Situado en la calle Real, se encuentra el Con­vento de las Carmelitas Calzadas o de la Antigua Observancia, de clausura o vida contemplativa. Fue fundado por el ilustre villalbero indiano, licenciado García Jiménez Franco, beneficiado de la Santa Iglesia Catedral de Cuenca, en la provincia de Quito, en el reino del Perú, por escritura datada en 1618.
     El perfil del flanco meridional del convento, paralelo a la calle, lo componen el torreón del coro alto, con tejado a cuatro aguas y ángulos apilastrados; la espadaña de dos cuerpos, con frontón partido y dos vanos el primero, y de frontón curvo y un solo vano el segundo; la techumbre de la nave; la cubierta de la bóveda, de movido contorno y nervios blancos sobre la teja árabe; y, por último, el muro perimetral, que en su primer tramo se corona con almenas de capuchón en losange. En el banco de la espadaña se encuentra un azulejo polícromo de San Rafael Arcángel. La imagen que el convento da al exterior es fruto, en gran parte, de las obras de reedificación llevadas a cabo tras el terremoto de Lisboa de 1755. Sobre el muro exterior del templo se ha situado una lápida de mármol, que conmemora la dedicación de la antigua iglesia de los PP. Car­melitas en 1602.
     A la iglesia conventual se ac­cede desde la calle a través de una portada de piedra vista, rectangular con el escudo de San Juan Bautista grabada en el dintel adovelado, sobre dos pilastras dóricas. Arriba hay un azulejo de la Virgen del Carmen. El acceso se verifica por eje acodado, sirviendo de espacio de transición un cancel de madera con la heráldica de Josefa Romero y Fernández de Landa, que lo donó en 1886.
     El templo es de planta rectangular, de una sola nave, cubierta con madera a dos aguas, y con la capilla mayor abovedada. La nave se cubre con armadura mudéjar de madera, en forma de artesa con dobles tirantas adornadas con lazos, des­tacando al centro de ella un almizate, con labor de lacería, y piña de mocárabes en su eje. La ca­pilla mayor, reedificada en 1776, se abre con un majestuoso arco toral, enriquecido con yesería mixtilínea, pinjantes, cestillas de rosas y hojarasca. En la clave del arco campea un tondo timbrado de corona imperial, con el cordero místico sobre el libro de los siete sellos, en su interior. En el centro del intradós del arco sobrevuela la figura de la paloma del Espíritu Santo. A la altura de la imposta aparecen dos ángeles lampareros barrocos, de mediados del siglo XVIII, que introdu­cen un interesante contrapunto escenográfico de contraluz al retablo; sostienen sendas lámparas de plata: la del lado del evangelio, de principios del XVIII; la del lado de la epístola, donada a mediados de aquella centuria por Francisco de Cepeda, cuyo escudo figura grabado en la lámpara. El presbiterio se cubre con bóveda elíptica sobre pechinas. Tanto los muros como las pechinas y nervaduras, se decoran con los motivos barrocos que hemos visto en el arco triunfal.
     Antes de pasar al sector conventual, trataremos de los bienes muebles del interior del templo. Junto al cancel, un lienzo del siglo XVII, de grandes dimensiones con los Desposorios místicos de Santa María Magdalena de Pazzi. Otro lienzo de escuela sevillana de hacia 1700, representa la Sagrada Familia o las dos Trinidades. Dentro de la sacristía, un óleo de un Cru­cificado, de la primera mitad del XVII. Hay, además, un lienzo de San José y otro de Santa Teresa, de factura popular. En un ángulo se sitúa la tribuna volada del órgano, de movido perfil dieciochesco.
     En aquella pared aparecieron, a lo largo de las obras de reparación llevadas a cabo en marzo de 1986, a ambos lados del antiguo retablo del Niño Jesús, dos arcos rehundidos o nichos de altar, el primero totalmente decorado en su intradós y en su fondo con pinturas de hojas, fechable a fines del XVII, y tomando plantilla de tales motivos decorativos, el pintor Antonio Martínez Fernández los reprodujo en el otro hueco. En­tre ambos se encuentra el mencionado retablo, hoy dedicado al Sagrado Corazón, datable hacia 1740, ocupando otro arco rehundido igual a los anteriores, formando su arquitectura lignaria dos hornacinas superpuestas, y coronado con el escudo carmelitano. La mesa de altar tiene forma de cuello de paloma, con decoración de rocallas talladas, y pinturas chinescas de pájaros y flores. A su vez, en los espacios que median entre los arcos, dos lienzos de principios del XVIII, con temas a juego: un Ecce Homo de medio cuerpo sobre fondo escenográfico, y una Dolorosa arrodillada  entre  ángeles.
     Preside el presbiterio, un retablo de columnas salomónicas, realizado por Fernando de Barahona entre 1683 y 1686. Se compone, de banco, cuerpo central, y ático de coronamiento. Verticalmente se divide en tres calles, separadas por las susodichas columnas salomónicas y ménsu­las. El núcleo central lo constituye el camarín, abovedado y decorado con pinturas del s. XVIII en su interior. En él se alberga la imagen de la Virgen del Carmen, sedente, con el Niño, firmada en la nube por Moreno Daza en 1986. El ce­tro, de fines del XVII, la corona, escapulario y media luna, así como las potencias del Niño, son de plata, de la segunda mitad del XVIII. Aba­jo, un gran tabernáculo de movidos perfiles, con cuatro columnas talladas en su fuste, que flanquean hornacinas laterales. La portezuela es de plata repujada de estilo rococó, representando un ostensorio entre espigas. Sobre el camarín, una hornacina con San Elías profeta. El ático lo ocupa un gran relieve del Bautismo de Cristo. En las calles laterales se sitúan, a la altura del banco, las puertas de acceso al camarín y hospe­dería pequeña. En el ático, dos esculturas originales, de San Alberto de Sicilia y de nuevo San Alberto de Trápani. El tabernáculo de plata es de estilo rococó.
     Es de destacar el magnífico sillón o sede, con  decoración dorada de rocallas y guirnaldas de flores, fechado en 1784. En los paramentos lucen dos lienzos del siglo XVII: un Nazareno y un Cristo Buen Pastor. Al bajar las gradas del presbiterio, observemos la lápida de los patronos, García Jiménez Franco y Francisco de Paula Zambrano y Ponce de León.  
     Aún podemos ver un retablo más en la nave, en el lado de la epístola, dedicado a Santa Teresa de Jesús. Hermoso ejemplar, de estípites, decorado con el habitual repertorio ornamental del barroco sevillano. Corona el conjunto un relieve con el éxtasis de la Santa carmelita. Su construcción fue promovida en 1747 por la familia Cepe­da. Al pie del altar figura una lápida de mármol del s. XIX, que así lo recuerda. La imagen actual, de madera policromada, procedente, al parecer, del extinguido convento de PP. Carmelitas de Escacena, es obra de la segunda mitad del XVII. En la repisas laterales, aparecen San Eliseo, del siglo XVII, y el beato holandés Tito Brandsma, carmelita (+ l942).
     La orfebrería pudo salvarse del saqueo y destrucción de 1936. Por lo que hoy conservan, con una pulcritud inigualable, una espléndida colección de platería, dedicada casi exclusivamente al culto eucarístico. Comencemos por la arqueta eucarística de plata, tal vez la que donara el fundador en 1618. En 1625 mandó hacer la priora doña María de Lasarte un juego de vinajeras: se conserva el plato oval, mientras que las vasijas son de finales del mismo siglo. De la primera mi­tad del siglo XVII, continuadores de los esquemas del Bajo Renacimiento, es la cruz procesional. El incensario, de plata, tiene cuerpo central cilíndrico y las partes superior e inferior semiesféricas; éstas se decoran con gallones planos, y el cilindro, con asitas. La naveta tiene forma de galeón, con dos grandes volutas a popa y a proa. Un relicario ostensorio en forma de cruz de altar, con espejo ovales que contienen reliquias en su interior. De la segunda mitad del siglo XVII, con ornamentación de mayor relieve y carnosidad, es una bandeja de plata y un cáliz, de plata repujada, con ornamentación barroca sobre estructura arcaica. De fines del siglo XVII es el cetro de la Virgen del Carmen, con dos cañones cilíndricos y remate en forma de asitas.
     De la primera mitad del siglo XVIII son dos cálices y una corona, decorada en su canasta con espejos ovales y roleos vegetales de acusado relieve. Otras dos coronas de plata tienen elementos de los comienzos del Setecientos, aunque fueron completadas a finales del mismo siglo.
     Gran interés por su abundancia y calidad presentan las obras de la segunda mitad del s. XVIII, todas ellas en la línea decorativa del rococó. Del punzón GNA son un atril de chapa de plata cala­da, dos pequeños blandones, la diadema de San Elías y las vinajeras de plata sobredorada. Del punzón de Cárdenas se cuentan seis blandones de plata. Los punzones sevillanos de Cárdenas, Amat y Pedradas, aparecen en las piezas quizás más hermosas: un copón de movido basamento y nudo envolvente, con rica y cuidada ornamentación de rocallas. Y, sobre todo, el ostensorio, en el que destaca el pelícano con las alas abiertas nutriendo a sus polluelos. De Gargallo y Gar­cía son los dos hermosos ciriales, con pértiga de seis cañones y macolla de forma tradicional, de 1790. Asimismo, dos pequeños blandones, con peana triangular sobre garras. Unas vinajeras, con el punzón de Amat, y su bandeja, de sencillas formas, que tiene los punzones de Juan Guerrero y D. Cárdenas. Otras piezas menores llevan punzones dudosos: una chapa de plata, decorativa, de forma semicircular sobre terciopelo rojo, con el monograma de María, lleva los punzones de Zeda, Leo, Antonio o Lorenzo Lecaroz. Y una diadema de San Elíseo, que podría corresponder a Zuloaga. Piezas sin marcas, pero con caracte­rísticas morfológicas propias de la segunda mitad del siglo XVIII, son las siguientes piezas: Un copón de plata sobredorada, con motivos de espigas mezclados con rocallas. Una corona de plata, de la Virgen del Carmen, que muestra el punzón de Ávila. La cubierta de un misal. Varias diademas, dos sacras, y la puerta de un sagrario portátil, con el Cordero místico. Por último, pueden inscribirse en el siglo XIX dos blandones, y un copón con el punzón de Martos.
     A la zona conventual se accede por un portalón abierto en un muro coronado de almenas. Un patio distribuye el ingreso a la hospedería, locutorios, viviendas de la mandadera y del capellán. Se entra en la zona clausura por el patio de la portería, pasillo porticado, a cuyo fondo se sitúa el patio denominado El Paraíso, con una imagen del Corazón de Jesús, de Moreno Daza. A la derecha queda el archivo, sencilla habitación con un magnífico armario, fechado en 1750, con un penacho en el que aparece el signo de María entre exuberante hojarasca barroca. A la izquierda se enlaza con el claustro principal.
     Éste presenta planta rectangular con dos cuerpos superpuestos, encalados en un blanco cegador. Al centro, una fuente octogonal con la imagen de la Virgen del Carmen. Los ar­cos, de medio punto enmarcados en  sus correspondientes alfices, apean sobre pilares ochavados, cuya blancura resalta aún más sobre el fondo azul de los azulejos de lacería tradicional. Las paredes interiores del cuerpo inferior se decoran con una colección de grabados del Vía Crucis, de la segunda mitad del s. XVIII, sin firma, excepto las estaciones IV, V y VI, que han sido dibujadas a plumilla por Antonio Martínez Fernández.
     A la crujía septentrional abren la Capilla de Profundis, el Refectorio, la Sala Capitular y la Enfermería. La primera presenta arco rebajado con pinjantes. El Refectorio es la dependencia que más interés arquitectónico ofrece. Edificado en 1732, es de planta rectangular, cubierto con bóveda de cañón con lunetos, subdividida en cuatro tramos por arcos fajones pareados que acaban en la imposta, pendiendo de ella sendos pinjantes; el púlpito para las lecturas se abre en el muro lateral izquierdo con arco trilobular y antepecho facetado. En la Sala Capitular hay una urna vi­trina con una pequeña Virgen del Carmen, de taller valenciano del siglo XIX. La enfermería está presidida por un Cristo crucificado, en madera policromada, de la segunda mitad del XVIII.
     Al fondo de la crujía se levanta la amplia escalera que da acceso al claustro alto. En el rellano, se halla una hornacina con la Virgen del Carmen, imagen de vestir, de Antonio Illanes Rodríguez en 1953, con Niño Jesús, del siglo XVII. Unos óleos del Ecce Homo, Nazareno y San Juanito, de factura popular, decoran sus paredes.
     El lugar del antiguo coro, a los pies de la igle­sia, se habilitó para sacristía interior. En ella, un lienzo con el apóstol San Judas Tadeo, con la alabarda del martirio, de fuertes tonos rojo y verde. Se conserva en ella la imagen de la Virgen del Rosario, de candelero para vestir, obra de Antonio Illanes Rodríguez, de 1947. El coro se sitúa actualmente en un ala del claustro que comunica, a través de las canónicas rejas, con la Capilla Mayor del templo. En el antecoro se con­templa un lienzo del s. XVII, que representa a la Inmaculada, de pie sobre la luna y cobijada por la paloma del Espíritu Santo, destacando su celeste silueta sobre una mandorla de sol y fondos dorados. En el coro, una imagen en madera policromada de la Virgen del Carmen, firmada por José A Díes, en 1965.
     Otras piezas menores, existentes en la clausura del convento, son una imagen de la Virgen de la Anunciación o de la Encarnación, de vestir y otra de la Virgen de la Expectación, también de candelero para vestir ambas del siglo XIX (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Se trata de un edificio barroco andaluz que ocupa casi una manzana completa en este término municipal enclavado en su totalidad dentro del espacio declarado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía como Conjunto Histórico Artístico. Su fachada principal, que es la de mayor interés, es lo único que al respecto se remite documentación gráfica, ya, que al tratarse de un convento de clausura, no se ha podido visitar, a fin de enviar un reportaje gráfico pormenorizado y según fecha solicitada (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Portada de la Capilla y Hospital de la Misericordia
     De la capilla del Hospital de la Misericordia resiste aún en pie la sencilla portada, en la calle Real. Su arco apuntado y abocinado, en ladrillo agramilado, nos remite a una fecha próxima a 1500. En la calle Misericordia, esquina a Pérez Murga, puede verse parte de lo que sería el centro benéfico, o una edificación contigua al mismo (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Antiguo Hospital de la Misericordia dedicado al cuidado de enfermos y pobres, hoy en ruinas.
     Data del siglo XVI y de él sólo queda una entrada lateral, hoy cegada, y la portada principal de la Iglesia.
     Su fisonomía nos habla de un templo de tipo gótico-mudéjar. La portada tiene arco de medio punto y se remata por un vano que albergaba un crucifijo en marfil del siglo XVII, hoy en la Parroquia. Más tarde sirvió de granero y hoy para mercancías agrícolas (Ayuntamiento de Villalba del Alcor).
 
Capillas de las Cruces
     La capilla de la Santa Cruz de la calle del Cerrillo, fue edificada por el maestro constructor Diego Pérez, en 1957. Preside la capilla un retablo-hornacina, dorado y jaspeado, con ángeles y querubines, donde se expone una imagen de vestir de Santa Elena, obra de Joaquín Moreno Daza, de 1977. La Cruz es de espejos, con símbolos eucarísticos y pasionistas. De Moreno Daza son también los ángeles, en gracioso escorzo. El juego de insignias es de Villarreal, Sevilla.
     En la plaza de la Trinidad se alza la capilla de la Santísima Trinidad y de la Santa Cruz, popularmente conocida como la Cruz de la calle Ba­rriztraga. La capilla se levantó de nueva planta, sobre el solar de la anterior, en 1984, según pla­nos del arquitecto Joaquín Gómez Albenca. Da nombre a la capilla un lienzo de la Stma. Trinidad, de escuela sevillana de hacia 1700. El reta­blo ha sido tallado en madera por Manuel Guzmán Bejarano, en 1992. En la hornacina central se expone la Cruz de la Trinidad, en madera tallada y dorada.
     Otras capillas son las de la Cruz de la calle Real, la de la calle Reliquias, y la calle Paterna (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
Capilla del Cerrillo. La capilla de la Cruz del Cerrillo fue construida en el siglo XX. La capilla es sencilla en la fachada, y queda rematada por una espadaña presidida por una cruz. En su interior se alberga la imagen de Santa Elena, titular de esta Hermandad, que data de 1977 y atribuida a Joaquín Moreno Daza, celebrándose sus fiestas en agosto.
     El techo de la capilla contiene pinturas contemporáneas de gran valor, realizadas por Manuel Travado y restauradas recientemente a cargo de Antonio Hermosilla. Dichas pinturas junto con las del zócalo representan un Vía Crucis.
     Sus orígenes son desconocidos, ya que no hay constancia de una ermita derruida y la posterior devoción a la Santa Cruz. Es una de las cruces más populares de este pueblo. Esta cruz tiene la peculiaridad de estar realizada en cristal y procesiona también con arco de flores sobre un trono donado por una hermandad de Sevilla que data del siglo XIX. La cruz data de 1880 y es de autor desconocido (Ayuntamiento de Villalba del Alcor).
Capilla de la Santísima Trinidad
. La actual capilla fue realizada en 1977, aunque anteriormente existió otra. La capilla es de grandes dimensiones. Tiene planta rectangular, decoración cerámica en su interior y desde hace pocos años tiene un emblemático retablo, obra de Guzmán Bejarano. Como dato peculiar hay que decir que este retablo tiene un cuadro del s. XVII de gran calidad artística dedicado a la Santísima Trinidad y perteneciente a la antigua ermita. La fachada es amplia con una pequeña cruz fundida en hierro, vidriera dedicada a la Santísima Trinidad y en su lado izquierdo un azulejo dedicado a la Santa Cruz.
     Esta Cruz presume de ser la más antigua de la localidad. Sus orígenes se deben a que antes (s. XVII), estaba ubicada en esta plaza la antigua Ermita de la Santísima Trinidad. Tras las demoliciones del s. XIX se realiza una peana con una cruz que recuerda que ese territorio era zona sagrada. Ahí empiezan a proliferar las fiestas a esa cruz que más tarde tuvo una capilla propia y una cruz en madera.
     El acceso se realiza a través de la Plaza de la Trinidad. Se puede entrar desde la puerta principal o desde la sacristía. La capilla permanece cerrada durante todo el año, excepto para las fiestas.
     Se sitúa junto a una de las arterias del pueblo (la Avenida de Andalucía) que se une en este tramo a la Plaza de la Trinidad. Hoy día hay dos restaurantes que ponen sus mesas en esta Plaza formada por bancos y árboles. Ambos negocios le dan mucha vida al entorno (Ayuntamiento de Villalba del Alcor).
Capilla calle Real
. La capilla es de planta de salón, sencilla en proporciones y se remata por una pequeña cruz de hierro. En su portada, tiene una cerámica que relata el milagroso suceso. Esta Cruz es la primera en procesionar en el mes de mayo, y es la única que lo hace sin arco de flores. 
     Sus orígenes se remontan a una cruz en peana que había en este lugar y a la que se realizaban sus Fiestas de Mayo. En 1942, un accidente provocado por un caballo en el Romerito de la Cruz, del que se salvaron milagrosamente los accidentados, hizo que se erigiese esta ermita.
     Se llega a ella a través de una pequeña plazoleta que está a la entrada del pueblo, también desde la calle Carmen o calle Real. La vista es excepcional porque en el centro donde se encuentra ubicada hay suficiente espacio para poder contemplarla (Ayuntamiento de Villalba del Alcor).
Capilla calle Niche. Los orígenes de esta Cruz de Mayo se remontan a una cruz sobre peana que había en el entorno de la capilla. Ésta, más tarde se eliminó y se hizo una cruz en madera con capilla propia. La antigua cruz situada en peana, se realiza una vez que se derriba la antigua ermita de las Reliquias, tras las desamortizaciones del s. XIX. Por ello, surgen estas fiestas en el Llano de la Fuente, también dedicada a Ntra. Sra. de las Reliquias, de la que posee una pequeña réplica.
     Las dimensiones de la Ermita son pequeñas, de planta de salón y el exterior se compone de la puerta, decorada por cáliz sobre ella y se remata por una pequeña cruz de hierro. Las fiestas se celebran en el mes de mayo y la cruz procesiona sobre paso y enmarcada por un arco de flores.
     A la capilla se llega desde la céntrica calle Santa María, pasando por Reliquias y terminando en el Llano de la Fuente (Ayuntamiento de Villalba del Alcor).
Capilla calle Paterna. La capilla de la Cruz de la calle Paterna se construye en el último tercio del siglo XX. Es una capilla de pequeñas proporciones de planta de salón, fachada sencilla y rematada por espadaña.
     En su interior se encuentra el santo Madero realizado por el imaginero Joaquín Moreno Daza. Esta hermandad cuenta con un rico patrimonio mueble entre el que destaca la talla de Ntra. Sra. de los Ángeles (Ayuntamiento de Villalba del Alcor).

Ermita de Santa Águeda
     La devoción a Santa Águeda, Patrona de Villalba, proviene, según Infante-Galán, de los repobladores castellanos y leoneses que se asentaron en Andalucía por los dominios de la Orden de Calatrava, y que obtuvieron carta-puebla para Villalba en 1327. La ermita, se encuentra al pie de la villa, en un llano junto al arroyo Giraldo, a la izquierda de la carretera de La Palma. Llama la atención por su singular forma de planta cen­tral y la bóveda, que recuerda la del Duomo de Florencia, de Brunelleschi.
     Documentalmente consta que la ermita esta­ba siendo edificada en 1891 por el maestro de obras Manuel Vargas, bajo la dirección e inspección del arquitecto Juan Talavera, y que se sufragaba con limosnas de los fieles. La ermita es una edificación neogótica de un solo cuerpo octogonal, como la bóveda de ocho paños, que descansa sobre arcos apuntados. Preside la imagen titular, de vestir, obra de Antonio Illanes, de 1951. A ambos lados aparecen suspendidos sendos ángeles lampareros. En sus paramentos pue­den verse diversos óleos sobre lienzo. Cuatro de ellos, con escenas bíblicas, son debidos a un autor sevillano próximo a Antolínez o Iriarte, de fines del XVII. Del XIX, inspirado en estampas de Rubens, es el de la colación del primado o la entrega de las llaves de Cristo a San Pedro. Del primer tercio de aquel siglo es un interesante lienzo de Cristo Buen Pastor entre dos niños con perros, a mitad de camino entre la pintura religiosa y el retrato de caza. Carece de mérito un San Jerónimo penitente. En la sacristía pue­de verse una treintena de exvotos, pintados al óleo sobre lienzo, de los siglos XIX y XX (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Este curioso edificio octogonal de estilo neogótico y que evoca la cúpula de la catedral de Florencia, es la ermita de Santa Águeda, Patrona de Villalba del Alcor, que data del s. XIX. Esta planta tiene añadido un cuerpo de campanas y una sacristía, a la que se le añaden la casa de la santera y las dependencias de la Hermandad de Santa Águeda. Todos los vanos del edificio son apuntados y el principal de entrada está rematado por una escultura de la Patrona con los pechos en una bandeja y la palma en la otra, que simbolizan su martirio.
     La leyenda cuenta que fue disputada a Manzanilla en un lugar llamado “Lapa de Sta. Águeda” y que, finalmente, la adquirió este pueblo y la situó en los Llanos de la Vega, a 500 metros de Villalba. Se tienen noticias de la existencia de una imagen gótica del s. XIV, pero sólo conocemos una imagen del s. XVIII atribuida a Cristóbal Ramos y que fue perdida durante la Guerra Civil, siendo sustituida por otra de Antonio Illanes. La devoción a Santa Águeda es conocida en toda la comarca y tiene muchos fieles, además es venerada por los afectados de cáncer de mama, prueba de ello son la Asociación Onubense de Cáncer de Mama Santa Águeda. Celebra sus fiestas el 5 de febrero y, también, durante la feria del pueblo, en julio.
     Se accede a la Ermita por un camino que parte de la carretera que une Villalba y La Palma del Condado. El paraje, conocido como Los Llanos de Santa Águeda, ofrece una magnífica panorámica de la ermita, que destaca sobre la sequedad de los Llanos y los campos circundantes.
     Un paraje inédito, el que componen los Llanos de Santa Águeda. Desde este insólito paraje la ermita mira al pueblo y a los campos que la rodean (Ayuntamiento de Villalba del Alcor).

Edificios civiles
     La antigua sede del Cabildo municipal de Vi­llalba del Alcor se halla en la Plaza de la Constitución, nº 1, construido a partir de 1861. Contigua a la entrada  principal del Ayuntamiento, en el ángulo de la pequeña plaza de la Constitución, se conserva una portada dieciochesca. Bajo el moldurón mixtilíneo se ha colocado un azulejo con la Virgen de los Dolores entre ángeles y querubines, devoción familiar de los Osorno. De la antigua casa solariega se conserva una magnífica puerta tallada, con el escudo nobiliario de la familia en su centro.
     En abril de 1995 quedó inaugurado el nuevo edificio del Ayuntamiento, construido bajo la dirección del arquitecto José María Herrero de Tejada, en la Plaza de España, sobre el solar del antiguo Pósito, rehabilitando la parte antigua que se conservaba y edificando de nuevo el resto, según el estilo precedente. Por el lateral que da a la calle San Bartolomé se ha conservado la fachada de una antigua casona barroca de los Pacheco. En la calle Rafael Tenorio se encuentra la Plaza de Abastos, fechada en 1930. Las antiguas e ilustres familias villalberas tenían casas de cierta prestancia arquitectónica, muchas de las cuales, afortunadamente, han llegado hasta  nosotros. La Casa de los Pacheco, que hoy forma parte del complejo municipal como Hogar del Pensionista, es un ejemplo de casa solariega de dos pisos con hornacina en lugar de balcón.
     Un destacado miembro del linaje familiar de los Pacheco, Álvaro Pacheco, construyó en los albores del Ochocientos una casona, frontera a la iglesia parroquial, en la calle Real, esquina a la calle Santa María. La puerta adintelada se en­marca con pilastras toscanas, entablamento con triglifos, frontón triangular partido, y hornacina con moldurón mixtilíneo, en cuyo interior se re­presenta la Asunción y Coronación de la Virgen por la Stma. Trinidad, en azulejo polícromo.
     La casa, que fue de los Tenorio, y hoy es de la familia de los Calero, es uno de los más interesantes edificios del pueblo, tiene un espacioso patio con galería de estilo mudéjar del XVI.
     Otro ejemplo del tipo de casa solariega de dos pisos con hornacina en lugar de balcón es la nú­mero 3 de la antigua calle Real, conocida como la casa del cañón, por la pieza de artillería que protege su esquina derecha. En la hornacina, bajo arco de medio punto sobre cajeadas pilastras, se expone un azulejo con el arcángel San Rafael.
     En la calle Real, esquina a la calleja del Molino está la casa que fue de Romero Botejón y de sus descendientes, los Pacheco Romero. Casa de sabor decimonónico, con fachada de dos pisos y de traza neoclásica. La casa de la calle Real, nº 17 tiene fachada de estilo regionalista, según los cá­nones imperantes en la Sevilla de la Exposición Iberoamericana.
     En la calle de la Fuente existe uno de los ejem­plares de la arquitectura civil, de carácter indus­trial, más notable de la comarca. Se trata del antiguo molino de los Fernández de Landa, de finales del siglo XVIII. En la antigua calle Real, esquina a la de la Fuente, se conserva otro antiguo molino aceitero o almazara. Su arquitectura, comparada con el ejemplar anterior, refleja una mayor impronta popular.
     La bodega del Diezmo se encuentra en la calle de la Fuente y fue construida por iniciativa del Cabildo Metropolitano de Sevilla para recibir en ella el diezmo del vino, en el siglo XVII. En la calleja del Molino perdura la torre de la antigua almazara del convento de San Juan Bautista de Villalba, del siglo XVIII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Bartolomé; Convento de San Juan Bautista; Hospital de la Misericordia; Capillas de las Cruces; Ermita de Santa Águeda; y Edificios civiles) de la localidad de Villalba del Alcor, en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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