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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 8 de septiembre de 2026

La Festividad de la Natividad de María Santísima de los Dolores en su Soledad, en Albaida del Aljarafe (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Festividad de la Natividad de María Santísima de los Dolores en su Soledad, en Albaida del Aljarafe (Sevilla).   
     Hoy, 8 de septiembre, es la Fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María, de la estirpe de Abrahán, nacida de la tribu de Judá y de la progenie del rey David, de la cual nació el Hijo de Dios, hecho hombre por obra del Espíritu Santo, para liberar a la humanidad de la antigua servidumbre del pecado [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte Festividad de la Natividad de María Santísima de los Dolores en su Soledad, en Albaida del Aljarafe (Sevilla).
     En Albaida del Aljarafe el ocho de septiembre se celebran las fiestas en honor a la Natividad de la Virgen de los Dolores. 
     Esta festividad tiene dos elementos claves, uno es la celebración de una romería al Monasterio del Loreto y el otro la procesión de la imagen el ocho de septiembre. Conocidos como "Soleanos" y representados por el color morado, la celebración se enmarca, en un contexto común en los pueblos del Aljarafe, y donde la población se divide de forma equitativa entre dos principales hermandades. Esta división de evidencia en una rivalidad simbólica que tiene como punto álgido la celebración de septiembre. En el caso de Albaida, junto a los Soleanos, nos encontramos con los Cruceros.
     Aunque la celebración se extiende durante una semana, las principales actividades de esta celebración son la romería del día seis de septiembre y la procesión del día ocho. El traslado de la imagen desde la iglesia, lugar donde permanece todo el año, hasta el Oratorio de la Hermandad tiene lugar el 4 de septiembre y se entiende como el inicio de la celebración. El día siguiente tiene lugar el rezo del Rosario y la exaltación de la Romería.
     El seis de Septiembre a las siete de la mañana, después de que la noche anterior se terminaran de preparar las carretas, se inicia la romería. Se recoge el Simpecado en la capilla y se pone en la carreta, que tirada por bueyes, lo llevara hasta Loreto para volver entrada la noche. Participantes y soleanos que no pueden asistir a la romería (es día laboral), acompañan la comitiva detrás del Simpecado hasta la salida de la población. El tamborilero va tocando delante de los bueyes avanzando de forma independiente y después los  participantes van detrás del Simpecado cantando. El orden de la romería por tanto es el siguiente: primero, los caballistas, seguidos del tamborilero que anda a la par que los boyeros o carreteros que llevan la carreta del Simpecado, a continuación las personas que realizan el camino a pie, seguidos de los charrets, los remolques adornados (con papel cortado a tiras) y finalmente los remolques que se adornan de forma más aleatoria. Durante el camino, que transcurre al paso que marcan los bueyes, gran parte de los participantes van en el remolque, mientras comen y beben e invitan amigos y allegados. 
     Al llegar al santuario de Loreto, se lleva a cabo la ofrenda y misa. Paralelamente a este acto, buena parte de los asistentes a la romería preparan el espacio donde se acomodarán en la explanada situada al lado de la ermita. Después de la celebración religiosa, los asistentes se reparten a lo largo de la explanada y comparten comida y bebida. Por la tarde la comitiva vuelve al pueblo y se realiza una ofrenda floral.
     El día ocho es el día principal de la celebración. A primera hora de la mañana sale la Diana por las calles de Albaida y durante un par de horas la banda de música recorre las principales calles del pueblo. A las doce se lleva a cabo la Solemne Función Principal en el oratorio de la Hermandad con la particularidad de la participación del coro flamenco de la hermandad. A las siete de la tarde la banda de música del Carmen de Salteras realiza un pasacalles anunciando el inicio de la procesión. La imagen de la Virgen de los Dolores en su Soledad procesiona en un trono lleno de nardos que son donados por los miembros de la hermandad. Los momentos de mayor intensidad la salida del oratorio, el paso por el arco de la calle Cervantes y la entrada. La procesión es el momento más relevante de la festividad y por eso junto a la romería, es el acto de mayor participación.
     El último día se realiza el traslado de la imagen desde el Oratorio de la Hermandad hasta el altar mayor de la Iglesia del pueblo y la quema de un castillo de fuegos artificiales (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía sobre la Natividad de la Bienaventurada Virgen María;
   Se ignora no sólo la fecha, fijada arbitrariamente el 8 de septiembre (El Sol, explican los teólogos, en esta fecha entra en el signo e Virgo, así como Cristo entrará en el vientre de María), sino también el lugar de nacimiento de la Virgen: unos opinan que fue en Jerusalén, otros en Nazaret o Belén.
   A causa de la ausencia de detalles tópicos, los artistas copiaron la Natividad de la Virgen de la Natividad de Cristo.
   Santa Ana está acostada o sentada en su cama, asistida por dos mujeres que vierten agua con un aguamanil sobre sus manos. En Dafni, una de ellas, de pie detrás de la cabecera de la cama, agita un matamoscas encima de su cabeza.
   Es posible que esas tres mujeres sean una supervivencia de las tres Parcas de la mitología  griega, siempre presentes cuando un niño abre los ojos a la luz.
   Como en la Natividad de Jesús, el motivo bizantino del Baño de la niña persistíó a lo largo tiempo. Las comadronas bañan a la pequeña María en una cuba, jofaina o pila con forma de copa.
   En la pintura realista del siglo XV, esta nota de intimidad y esta búsqueda de lo pictórico se exageran a expensas del sentimiento religioso. Las vecinas acuden para visitar a la parturienta, charlar con ella y llevarle regalos. Calientan el agua del baño y sacan pañales del arcón. La Natividad  de la Virgen se convirtió en una escena de género.
     A partir del siglo XVI se puso de manifiesto una reacción contra esta concepción burguesa y prosaica de la leyenda mariana. Altdorfer transportó el lugar de la escena de una habitación de parturienta a la nave de una iglesia. Regresó a tradición popular según la cual los ángeles habrían descendido del cielo para celebrar el nacimiento de su futura Reina. Éstos vuelan hacia su cuna, describen una alegre ronda encima de su cabeza y cantan en su honor.
    En el siglo XVII, en la iconografía  inspirada por el concilio de Trento casi siempre se ven ángeles afanados alrededor de la Virgen recién nacida, como para elevar su nacimiento al mundo divino. Sin embargo este motivo es muy anterior al concilio, puesto que ya aparece hacia 1520 en la Ronda de los ángeles de Altdorfer (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María;
     Primera fiesta relativa a la infancia de María, con unos orígenes bastante oscuros. Debió surgir como conmemoración en la basílica levantada en su honor en Jerusalén junto a la piscina probática, que está atestiguada a partir del siglo V y confirmada por la arqueología, en el lugar que el apócrifo Protoevangelio de Santiago señala su nacimiento, sobre esta época. 
     Los cruzados levantaron allí la Basílica de Santa Ana4. La fecha del ocho de septiembre debió fijarse porque al ser el principio de la Obra de la Redención, era oportuno colocarla al principio del año eclesiástico, según el Menologium Basilianum. Condicionó posteriormente la del ocho de diciembre de la Inmaculada. Existe un himno escrito por Romano el Meloda hacia el 550 en honor de la Natividad de la Virgen María, pero se duda de que fuera compuesto para la liturgia, aunque habla de la celebración de la fiesta. En Oriente adquirió pronto notorio auge, y ya en el periodo justinianeo se la atestigua en Bizancio.  En el siglo VII fue introducida en Occidente. Aparece en el calendario de Sonnacio, Obispo de Reims (614-631). Sergio I (+701) prescribe en Roma letanías en esta fiesta, como en las demás marianas, con procesión que partía desde San Adriano (edificio de la Curia en el Foro Romano) hasta Santa María la Mayor. 
     Los antiguos sacramentarios, excepto el Leoniano, ofrecen ya formularios para una fiesta del nacimiento de la Virgen. Fue dotada de octava por Inocencio IV Fieschi en 1243, como cumplimiento de un voto hecho por los cardenales en el cónclave de 1241, cuando estuvieron presos tres meses del Emperador Federico II. Gregorio XI Beaufort ha hizo preceder de vigilia en 1378. Declarada fiesta de precepto, perdió este carácter en la reforma de San Pío X Sarto, y actualmente tiene el rango litúrgico de fiesta.  En cuanto a la elección del día, hay quien opina que se impuso esta fecha porque, al considerar el nacimiento de María el principio de la culminación de la Obra de la Redención, se impuso septiembre por ser el comienzo del año litúrgico de los griegos. No obstante, otras fechas se registran para la fiesta: el antiguo calendario jeronimiano le señala el diez de agosto; los coptos la celebraban el veintiséis de abril y ahora el uno de mayo; los abisinios la conmemoraban durante treinta y tres días seguidos bajo el título de Semilla de Jacob. La consolidación y generalización de la fecha del ocho de septiembre parece deberse a que, instituida la de la Inmaculada Concepción el ocho de diciembre por ella, al retrotraerse nueve meses de gestación, al popularizarse, incidió reflejamente en la de la Natividad (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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sábado, 22 de agosto de 2026

La Romería de la Virgen de la Estrella, en El Garrobo (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Romería de la Virgen de la Estrella, en El Garrobo (Sevilla).  
   La Romería se suele celebrar el penúltimo sábado del mes de agosto, en tanto que el día 26 es el dedicado en honor a la patrona, la Virgen de la Estrella. 
     La Romería de la Virgen de la Estrella, que se enmarca en la celebración de las fiestas en honor a la patrona de El Garrobo, representa el ritual principal del ciclo festivo de la localidad. El libro de institución de la Cofradía de Nuestra Señora de la Estrella nos proporciona información acerca del origen de este ritual. 
     Hasta 1601 la patrona del pueblo fue la Purísima Concepción. En este año la peste y la lluvia incesante afligieron el pueblo muy gravemente. El alcalde de ese entonces, devoto de la Virgen de la Estrella, pidió al cura el permiso de llevar la imagen de la Virgen en procesión, petición que fue acogida positivamente. Sin embargo, el día establecido para la procesión, siendo el domingo posterior al día del Corpus Christi, el cura se negó a que saliera la imagen a causa de la fuerte lluvia que seguía azotando al pueblo. Frente a la insistencia del alcalde, el cura tuvo que consentir que se sacara la Virgen a la calle, a pesar del mal tiempo, y antes de salir el paso de la última puerta el agua empezó a amainar y por todo el recorrido brilló el sol sobre el pueblo. Así mismo, la peste cesó algunos días después. En señal de profunda gratitud por los milagrosos acontecimientos, los aldeanos decidieron adoptar la Virgen como patrona del pueblo, fundándose la cofradía de la Virgen de la Estrella en 1606. 
     Si bien no se sabe con exactitud cuando se empezó a realizar la Romería así como se la conoce hoy en día, los vecinos mayores de la localidad relatan de cómo ya sus abuelos salían en romería a finales del siglo XIX.
     Los preparativos de los cultos en honor a Nuestra Señora de la Estrella empiezan la semana anterior a su celebración. Por un lado, la Hermandad se hace cargo de la organización formal de los actos de culto, mientras que los vecinos del pueblo organizan las comitivas de romeros, encentradas en la preparación de las carretas, de los grupos de caballistas y de los actos de comensalismo.
     Tras la función religiosa acompañada por el coro de romeros de Nuestra Señora de la Estrella, cerca de las nueve y media de la mañana sale de la puerta de la Iglesia el Simpecado de la Hermandad, que es izado en una carreta blanca ubicada en la puerta de la Iglesia, tirada por dos bueyes previamente engalanados para la ocasión. Las carretas, las carrozas y los caballistas se reúnen alrededor de la Iglesia esperando la salida del cortejo. 
     Una vez fijado el simpecado, las campanas anuncian el comienzo de la romería encabezada por los caballistas que abren el cortejo y seguidos por el tamborilero que con su música acompaña cada año el simpecado. Van detrás del simpecado los romeros a pie, las carretas y las carrozas. Tras tres horas de camino por la carretera que une El Garrobo a Aracena los romeros llegan hasta un paraje conocido como Fuente Abades, donde se distribuyen alrededor de las encinas diseminadas por la escampada para transcurrir una tarde de abundante comensalismo, cante y baile.
     En la tarde los caballistas llevan a cabo la tradicional carrera de cinta de caballos. Se trata de una competencia lúdico deportiva que remonta a la Edad Media. Tiene sus orígenes en las "Justas y Torneos" medievales durante los cuales los caballistas trataban de conseguir en la competición los lazos de las damas que amaban. Si bien esta costumbre ha perdido su función original, la modalidad de su realización se ha mantenido sustancialmente invariada. A tal fin, se cuelgan las cintas de colores confeccionadas por las muchachas del pueblo en argollas colgadas a una cuerda tendida a lo largo del recinto previamente delimitado para llevar a cabo la competición. Los caballistas salen entonces al galope uno tras otro sosteniendo una pica de unos quince centímetros de largo terminada en punta con la cual tratan de ensartar las cintas. El ganador, el caballista que ha logrado acumular el mayor número de cintas, es premiado con un trofeo. Todos los romeros y especialmente las romeras se reúnen alrededor del recinto para admirar la habilidad de los caballistas, sosteniendo la competencia con gritos de júbilo.  
     Cerca de las ocho de la tarde, la comitiva de romeros empieza a prepararse para volver al pueblo, donde cerca de la medianoche se despide del simpecado en la puerta de la Iglesia.  
     No se registran particulares trasformaciones en la realización de este ritual, caracterizado por la simplicidad de sus principales actos. El cambio principal concierne la fecha del día de la celebración de la Romería, que desde el mes de septiembre ha sido anticipada al mes de agosto para consentir la participación de los aldeanos que residen en otras localidades y que cada año vuelven al pueblo durante el verano.
     El espacio del ritual corresponde al trayecto que une la Iglesia Parroquial de El Garrobo con el escampado situado a tres kilómetros del pueblo, próximo al manantial de Fuente Abades.
     Con motivo de la Romería de Nuestra Señora de la Virgen de la Estrella, desde esta parroquia sale el Simpecado de la Hermandad tras la celebración de la misa de romeros.
     El trayecto recubre un pequeño tramo del casco urbano de la localidad hasta entrar en la carretera N.433 en dirección de Aracena, donde a unos tres kilómetros se encuentra el paraje denominado Fuente Adabes. Durante el recorrido los romeros efectúan varias paradas durante las cuales cantan y bailan.
     Fuente Abades es un paraje ubicado en la finja "La Garranchosa", próxima al manantial de Fuente Abades, del cual toma su nombre. Aquí los romeros transcurren una tarde dedicada al comensalismo, al baile, al cante y a las carreras de cintas de caballo con motivo de la Romería de la Virgen de la Estrella en El Garrobo.
     El Simpecado en El Garrobo Se trata del estandarte de la Hermandad que substituye la función de la imagen durante la Romería. La imagen de la Virgen no es llevada en romería en cuanto no dispone de una ermita en la localidad (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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La pintura "Coronación de la Virgen en el Templo", de Pedro de Campaña, en el Retablo Mayor, de la Iglesia de Santa Ana

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Coronación de la Virgen en el Templo", de Pedro de Campaña, en el Retablo Mayor, de la Iglesia de Santa Ana, de Sevilla.
     Hoy, 22 de agosto, Memoria de la Bienaventurada Virgen María, Reina, que engendró al Hijo de Dios, Príncipe de la paz, cuyo reino no tendrá fin, y que es saludada por el pueblo cristiano como Reina del cielo y Madre de misericordia [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "Coronación de la Virgen en el Templo", de Pedro de Campaña, en el Retablo Mayor, de la Iglesia de Santa Ana, de Sevilla.
    La Iglesia de Santa Ana [nº 86 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 29 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plazuela de Santa Ana, s/n (también tiene acceso por las puertas laterales en las calles Párroco Don Eugenio -antigua Vázquez de Leca-, y Bernardo Guerra); en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito Triana.  
   Uno de los retablos mayores de mayor interés artístico de la ciudad. Se ordena en torno a un banco, tres cuerpos de siete calles y ático, combinándose el empleo de esculturas, relieves y un excelente programa pictórico sobre tabla. La arquitectura y las tallas del conjunto fueron realizadas por Nufro Ortega y Nicolás Jurate, correspondiendo las quince pinturas sobre tabla al pintor de origen flamenco Pedro de Campaña. Su contrato de realización se firmó en 1542, realizándose desde esa fecha, de forma conjunta, la talla y las pinturas. En 1557 se contrató la policromía, que se concluyó en 1565. Preside el camarín central, fruto de una remodelación del siglo XVII, el grupo de Santa Ana y la Virgen con el Niño, talla de candelero de la segunda mitad del siglo XIII que fueron retocadas por Francisco de Ocampo en el siglo XVII y en otra intervención llevada a cabo en el siglo XVIII. La iconografía del retablo se basa en curiosas historias apócrifas alusivas a la vida de Santa Ana. En el banco aparecen relieves con los Evangelistas y ángeles pasionarios. En el primer cuerpo junto a tallas de San Pedro y San Pablo y un relieve de la Santa Faz, se disponen las escenas pictóricas de San Joaquín abandonando su casa por estéril y el Anuncio milagroso al santo. En el segundo cuerpo hay tallas de Santiago y de Judas Tadeo que enmarcan las escenas del Abrazo ante la Puerta Dorada, el Nacimiento y Presentación de la Virgen y la Educación de la Virgen por los ángeles. En el tercer cuerpo se representa el Nacimiento de Cristo, la Visitación, San Jorge, el Nacimiento de San Juan y los Desposorios de María y José. La complicación llega en el ático donde se representa a María Salomé y a María Cleofás con sus hijos, serían las otras hijas de Santa Ana, que, según los Apócrifos, casó con Joaquín, con Cleofás y con Salomé. La Asunción de la Virgen es la escena que corona este último registro (Manuel Jesús Roldán, Iglesias de Sevilla. Almuzara, 2010).
     El Retablo [Mayor] destaca fundamentalmente por la calidad de las pinturas, constituyendo uno de los mejores exponentes del renacimiento español. Pedro de Campaña, por entonces uno de los mejores pintores de la ciudad, debió ejecutar las tablas entre 1550 y 1556, con un mayor acento expresivo de la pintura italiana, del clasicismo en sus composiciones, dejando atrás el riguroso expresionismo nórdico que había caracterizado sus primeros años en la ciudad. Campaña fue un excelente pintor, reconocido por sus compañeros, así como también fue reconocido por su erudición y conocimiento. Francisco Pacheco cita a Campaña en varias ocasiones en su Arte de la Pintura para alabarlo como un pintor "docto", a la altura de Vasari, Durero, "que puede competir en las letras y erudición con todos los antiguos, León Batista Alberto, Maese Pedro, y nuestro Luis de Vargas". No en balde el regreso de Luis de Vargas, después de sus dos viajes a Italia y de su contacto en Roma con los seguidores del círculo de Rafael, reforzaría un mayor gusto hacia formas clasicistas en los nuevos contratos que se realizan por una clientela que abandera este cambio en los grandes contratos por ejemplo en la Catedral, as como también en los propios maestros sevillanos que reorientan su producción, incluido Campaña, al que no debió resultarle lejano por cuanto había conocido de primera mano este canon artístico en sus años italianos.
     La variedad de los temas descritos en el retablo permite a Campaña recrear un amplio repertorio de recursos técnicos que acreditan su excepcional calidad como pintor, haciendo gala de un manierismo romanista que exhibe en un dibujo sólido, en el canon alargado de sus figuras y en la indumentaria de los personajes donde se centra en los pegados de tipo clasicista. Campaña emplea unos contrastados juegos de luces y sombras para reforzar la expresividad física y emocional de los distintos pasajes que describe. También suele valerse del recurso de ir graduando los elementos arquitectónicos y personajes en distintos planos de profundidad para obtener la sensación de una profunda perspectiva, así como la disposición de atrevidos escorzos en numerosas figuras. Son habituales los detalle naturalistas en muchas de las pinturas, apareciendo en ellas actividades hogareñas. Para reforzar esta idea, Campaña incluye una descripción atenta y minuciosa de muebles, ajuares y animales vinculados a la actividad doméstica.
    Pedro de Campaña ejecutó quine tablas formando un conjunto único y excepcional en la pintura sevillana del renacimiento. Las obas se caracterizan por la madurez del artista que las ejecutó con gran seguridad, caracterizada por la soltura del trazo y por una acuciada transparencia en la pincelada que permiten sobresalir al vivo cromatismo que el maestro flamenco empleó en ellas.
     El artista desarrolló un programa iconográfico que narra la vida de San Joaquín y Santa Ana, la vida de la Virgen y la genealogía de Jesús a través de quince pinturas sobre tabla. El retablo lo presiden las esculturas de Santa Ana, la Virgen y el Niño Jesús, titulares de la parroquia, y una pintura dedicada a San Jorge, que se justifica su presencia por ser el antiguo patrón de la primera iglesia de Triana que estaba ubicada en el castillo de San Jorge. El programa iconográfico está basado en varios textos sagrados extraídos del protoevangelio de Santiago, el Pseudo Mateo y los apócrifos de la Natividad que narraban de manera hagiográfica algunos episodios de la vida de la Virgen María. De estos derivan muchas creencias tradicionales sobre la Virgen como el nombre de sus padres, Ana y Joaquín. Las pinturas destacan por su calidad pictórica, pero también por su ortodoxia de su representación iconográfica. En este sentido, Francisco Pacheco, teórico y pintor, alaba en su Arte de la Pintura, la correctísima manera en la que maese Pedro, a quien denomina "insigne artífice", pues era considerado como "uno de los más cuidadosos artífices en la parte del decoro". En este sentido, y refiriéndonos a la obra ejecutada en este retablo, Pacheco alabó la mera en la que Campaña había representado la escena del abrazo de San Joaquín y Santa Ana. Los santos son pintados como venerables ancianos, algo mayor San Joaquín , como de sesenta y ocho años, y Santa Ana de algo menor edad, como dictaba la tradición y que el propio Pacheco expresaba con estas palabras: "ya muerta la sangre y frío el calos natural". 
     La Coronación de la Virgen en el templo se dispone en la quinta calle del segundo cuerpo. En La Leyenda Dorada, Santiago de la Vorágine recoge a mediados del siglo XIII numerosos textos apócrifos que tratan sobre la vida de la Virgen, como El Liber de Infantia Salvatoris y el Libro de la Natividad de María. La tradición señala que la Virgen vivió en el templo hasta su boda, con las doncellas, sus compañeras y con ángeles que la servían. Al terminar su formación en el templo, la Virgen es coronada por los ángeles. La Virgen aparece en un interior donde se puede apreciar el fondo de la escena el Arca de la Alianza y el candelabro de siete brazos. La joven María está en el centro de la composición, sentada en un escabel y rodeada de seis ángeles que la coronan con una guirnalda de flores sobre su cabeza (Luis Méndez Rodríguez, La colección pictórica de la Parroquia de Santa Ana, en Santa Ana de Triana: Aparato histórico-artístico. Real Parroquia de Santa Ana de Triana. Sevilla, 2016).
     Según las leyendas populares de las que el arte se inspira, la Virgen vivió en el templo hasta su boda, con las doncellas, sus compañeras y los ángeles sus fieles servidores. Esta escena se ha representado en la iconografía cristiana en escasas ocasiones. La coronación de la Virgen en el templo por los ángeles se desarrolla al terminar su ciclo formativo, cuando terminó su educación al servicio de Dios.
     Es una obra de Pedro de Campaña, de 1557-63, en óleo sobre madera, con unas medidas de 1,56 x 1,13 mts. Se muestra a la Virgen convertida en una joven adolescente sentada en un escabel en el centro de la composición vestida con túnica color jacinto y manto azul, rodeada de seis ángeles que le colocan una corona de flores sobre su cabeza. En el fondo de la composición se puede apreciar el Arca de la Alianza sobre un altar con mantel blanco y más al fondo el candelabro de siete brazos.
     Se trata de una tabla de formato rectangular, dispuesta en posición vertical. Es una representación de un episodio de la Vida de la Virgen de curiosa iconografía. La Coronación de la Virgen en el templo por parte de unos ángeles es una  escena que debe ser entendida como una consagración divina de las virtudes que María demostraba ya desde temprana edad. 
     La escena ha sido representada en el interior del templo, del que se aprecia, al fondo y a la izquierda, una serie de columnas de capitel jónico y fuste entorchado, captadas en perspectiva. La composición se encuentra centrada por la figura de la Virgen, quien aparece arrodillada con las manos cruzadas ante el pecho en devota actitud. Vestida con túnica rosa y manto azul, lleva la cabeza cubierta por un velo. Se encuentra rodeada por cinco ángeles -dos a la izquierda y tres a la derecha- que reflejan, en sus rostros y gestos, la intensidad del momento vivido. Todas las figuras se encuentran encerradas dentro de una clara estructura compositiva de tipo piramidal. Los dos ángeles que respaldan a la Virgen portan en sus manos sendas palmas y una corona de flores que sitúan sobre la cabeza de ella. Tras las figuras se dispone, a la derecha, una mesa de altar cubierta por un baldaquino rojo, mientras a la izquierda se aprecia el Arca de la Alianza y el Candelabro de los siete brazos.
     En esta pintura pueden apreciarse, resumidas, las principales características del estilo desarrollado por el pintor de origen flamenco Pedro de Campaña. Así, se advierte la influencia ejercida por la pintura renacentista italiana, especialmente la de Rafael, tanto en el preciso dibujo, como en la corporeidad y tipos físicos de los personajes. Igualmente, se refleja la formación flamenca del pintor en la intensa expresividad, tanto física como emocional, que transmiten los personajes. En esta pintura pueden apreciarse, igualmente, algunas de las principales preocupaciones mostradas por Campaña en las pinturas del retablo de Santa Ana. En primer lugar, la búsqueda de contrastados efectos de luces y sombras, a través del potente foco de luz que penetra en la escena desde la izquierda. En segundo lugar, el interés por captar elementos arquitectónicos en perspectiva que permitan al pintor la creación de un grandioso escenario.
     Gracias al hallazgo de documentación notarial se conoce que el Provisor del Arzobispado sevillano encargó la arquitectura de este retablo al entallador Nufro de Ortega en 1542. El 28 de julio del citado año Nufro de Ortega subarrendó la mitad de las obras, a excepción de la talla, a Nicolás Jurate. En 1557 concertaron la pintura y dorado del retablo los pintores Pedro de Campaña, Andrés Ramírez, Andrés Morín, Antón Pérez, Antón Sánchez y Pedro Jiménez. El 30 de diciembre de 1564 todos estos pintores ratificaron la obligación contraída, a excepción del fallecido Antón Sánchez -quien fue sustituido por su yerno, el pintor Blas Hernández- y Pedro de Campaña, quien regresó a Bruselas en 1562. 
     Esta obra se sometió en 2010 a un estudio e intervención en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH).
     El deterioro más acusado era la acumulación de polvo, depósitos superficiales y hollín. El oscurecimiento se acentuaba con la oxidación de los barnices. Sobre el soporte pictórico las variaciones higrotérmicas habían ocasionado daños como consecuencia de los cambios de volumen por efecto de la dilatación y contracción. Destacaban los problemas de adhesión de estratos con peligro de desprendimiento. Las pérdidas del color original más abundantes se localizaban en el perímetro. Las pérdidas de pintura en algunas de las tablas abarcaban grandes extensiones, aunque afortunadamente no afectaba a las zonas más importantes de la representación pictórica. Uno de los agentes de deterioro más perjudiciales era el ataque de insectos xilófagos que afectaba principalmente a las uniones de los paneles. Se observaba una pequeña curvatura en algunos de los paneles: es una deformación natural por el tipo de corte de los paneles, inapreciable y sin consecuencias negativas para su conservación. En determinados casos, el deterioro y envejecimiento de los componentes pictóricos ha estado directamente relacionado con el momento de ejecución de las pinturas. Durante la construcción de los soportes, se interviene sobre daños que presentan las maderas. El propio artista o su taller realizó tareas de saneamiento, resanes, etc. A través del estudio radiográfico se constató que algunas fendas ya existían desde el origen de la construcción del soporte. Para subsanar el deterioro estas grietas se habían cubierto por el anverso con un enlenzado local. Por la cara posterior dichas grietas se repararon con aplicación de aparejo y estopa. Las intervenciones anteriores habían sido contraproducentes y provocaron un desequilibrio cromático al añadir un conjunto de estratos no originales compuestos por barnices, estucos y repintes que ocultaban la superficie original.
     Tras el desmontaje de las pinturas, se procedió a su embalaje y traslado a las dependencias del IAPH para su restauración. En los talleres se efectuó una desinsectación por atmósfera controlada. Una vez realizada la adhesión y cohesión entre los diferentes estratos, se efectuó la retirada de barnices oxidados, depósitos residuales, manchas de cera, hollín, polvo y cualquier sedimento adherido al original, así como repintes, retoques y estucados de mala ejecución. La prevención, conservación y restauración de los soportes fueron imprescindibles para garantizar la conservación del retablo y su estabilidad estructural. Por otro lado, el alto porcentaje de perdidas obstaculizaban la lectura iconográfica de las mismas. Con el estucado de estas pérdidas y su reintegración cromática se consiguió restablecer la visión del conjunto. El criterio elegido fue el de la reintegración mediante técnica de rigatino, discernible del original. La actuación sobre las tablas finalizó con la aplicación de un barniz de protección (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).     
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Coronación de la Virgen;
La Coronación de la Virgen
   Este motivo tan popular del arte cristiano es, al contrario de lo que podría creerse, completamente extraño a las Escrituras. Su fuente es un relato apócrifo atribuido a Méliton, obispo de Sardes, que fue popularizado en el siglo VI por Gregorio de Tours, y en el siglo XII por Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada.
   Antes de estudiar el origen y la evolución de este tema iconográfico, no resultará superfluo prevenir una confusión cometida con frecuencia, entre la Coronación y la Glorificación de la Virgen.
   En un mosaico bizantino del siglo VI, que se encuentra en la basílica de Parenzo en Istria, se ve la Mano de Dios sosteniendo una corona encima de la cabeza de la Virgen, que reina con el Niño Jesús sobre las rodillas. Por otra parte, un cuadro muy conocido del Museo de Colonia, pintado hacia 1460 por un maestro anónimo, llamado Maestro de la Glorificación de la Virgen (Meister der Verherrlichung Maria), presenta a la Virgen sentada sobre un trono, coronada por dos ángeles, entre Dios Padre y la paloma del Espíritu Santo, mientras que encima de ella, aparece Cristo simbolizado por el Cordero que vierte su sangre en un cáliz.
   A pesar de las apariencias, estas representaciones no forman parte de la iconografía de la Coronación; porque la Virgen tiene al Niño Jesús sobre las rodillas, lo cual nunca hace en la escena de la Coronación, donde Cristo, que es quien la entroniza en el cielo, siempre está representado adulto.
Origen francés del tema de la Coronación
   Este punto merecía ser esclarecido, puesto que es justamente el mosaico de Parenzo lo que ciertos iconógrafos alegaron como prueba del origen bizantino de la Coronación. No comprendieron que se trataba de una glorificación simbólica, intemporal, de la Madre de Dios, representada como Virgen de Majestad, y no de la escena de la Coronación, que es un acontecimiento de la vida celestial de la Virgen, que sigue inmediatamente a su Asunción.
   En realidad, si la Dormición lleva la marca de Bizancio, y la Asunción la impron­ta italiana, la Coronación de la Virgen parece una creación del arte francés del siglo XII, y tal vez, más precisamente, una creación de Suger, como lo conjeturara Émile Mâle. Sea como fuere, este es un motivo propio del arte de Occidente que no debe nada a los modelos bizantinos: se trata de un caso bastante excepcional, que por ello merece señalarse. Y sin ninguna duda fue en la escultura francesa de la Edad Media, en los tímpanos de Senlis y de Notre Dame de París, más tarde en la puerta del castillo de La Ferté Milon, donde alcanzó su completo desarrollo.
   El simbolismo prefigurativo asocia la Coronación de la Virgen con dos prefiguraciones del Antiguo Testamento:
1. Betsabé invitada por su hijo Salomón a sentarse sobre un trono a su derecha.
2. Ester elevada a la dignidad de reina por Asuero.
   Pero la mujer coronada de estrellas del Apocalipsis también ha servido de prototipo de la reina de los cielos.
Evolución del tema
   La muy interesante evolución de este tema iconográfico puede resumirse o esquematizarse de la siguiente manera:
l. La Virgen, ya coronada, está sentada a la derecha de Cristo que la bendice. 
   Es la fórmula empleada en el arte del siglo XII (Senlis).
2. La Virgen es coronada por un ángel.
   El ejemplo más conocido de este segundo tipo adoptado en el primer tercio del siglo XIII, es el tímpano de Notre Dame de París.
3. La Virgen es coronada por Cristo.
   Aquí es necesario diferenciar tres variantes. En los siglos XIII y XIV, la Virgen está sentada (Reims); a principios del siglo XV está arrodillada ante su Hijo (La Ferté Milon). Por una singularidad iconográfica única en la escultura de la Edad Media, está representada de pie en el tímpano de la portada pintada de la catedral de Lausana.
4. La Virgen es coronada por Dios Padre.
   Esta fórmula se ve especialmente en la pintura italiana del siglo XV (Filippo Lippi, Botticelli).
5. La Virgen es coronada por la Trinidad.
   Este tipo, que aparece en España, Italia y Francia desde principios del siglo XV (Pedro Nicolau, 1410; Antonio Vivarini, 1444; Enguerrand Quarton, 1453), predominó en todo el arte europeo hasta el siglo XVII.
   La Santísima Trinidad está representada mediante tres personas semejantes o diferentes. El Espíritu Santo generalmente tiene forma de paloma.
   A veces Cristo está solo, pero designado como representante de la Santísima Trinidad por las tres coronas que los querubines de alas doradas mantienen encima de su cabeza.
   Así, en cada etapa, asciende la dignidad de la Virgen: en principio es coronada por un ángel, luego por Cristo, por Dios Padre y finalmente por la Santísima Trinidad completa, que se moviliza para admitirla en su seno. Este crescendo iconográfico es una confirmación impresionante del progreso de la mariolatría.
   A los personajes esenciales e indispensables se suman, para destacar aún más la solemnidad de la Coronación, asistentes que forman parte de la corte celestial, ángeles, serafines y querubines, y hasta santos, introducidos a pesar del anacronismo que ello comporta, a causa de su devoción por la Virgen particularmente ardiente. Son, casi siempre, San Bernardo, San Francisco de Asís y San Antonio de Padua. Fra Angelico les agrega los apóstoles y los evangelistas, y, naturalmente, los santos de su orden: Santo Domingo, San Pedro Mártir y Santo Tomás de Aquino.
   La Asunción y la Coronación con frecuencia están superpuestas y hasta fundidas en el mismo retablo o en la misma tela: los dos temas están estrechamente conectados. En el grabado de Durero se confunden en uno solo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Realeza de la Virgen María
     Aunque ya en los congresos marianos de Lyon de 1900, de Friburgo en 1902 y de Einsiedeln de 1906 se había solicitado la instauración de una fiesta de la realeza universal de María como colofón del mes de mayo mariano,  su creación fue paralela a la de Cristo Rey, instaurada por Pío XI Ratti en 1925. En 1933 María Desideri fundó en Roma el movimiento internacional Pro regalitate Mariae con ese fin, y se recogieron innumerables peticiones, entre ellas de obispos y personalidades católicas, que se presentaron en doce volúmenes al Venerable Pío XII Pacelli. Finalmente este papa, tras publicar la Encíclica Ad coeli Reginam del once de octubre de 1954, instituyó la fiesta el uno de noviembre de dicho año, con motivo del I centenario de la definición dogmática de la Inmaculada, para el treinta y uno de mayo, como culminación del Mes de María.  En la reforma del calendario de 1969 fue transferida del treinta y uno de mayo a la Octava de la Asunción. El Papa Pablo VI Montini justifica perfectamente el cambio de fecha: “la solemnidad de la Asunción se prolonga jubilosamente en la celebración de la fiesta de la Realeza de María, que tiene lugar ocho días después, y en la que se contempla a aquélla que sentada junto al Rey de los siglos, resplandece como Reina e intercede como Madre" (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016). 
Conozcamos mejor la Biografía de Pedro de Campaña, autor de la obra reseñada;
     Peter van Kempeneer, Pedro de Campaña. (Bruselas, Bélgica, 1503 – c. 1580). Pintor.
     La presencia de artistas extranjeros en el ámbito de la pintura sevillana del Renacimiento fue un hecho constante y beneficioso en el proceso cultural de dicha ciudad, porque introdujeron en ella novedosas corrientes creativas que elevaron notablemente la calidad de los pintores. Este es el caso de Pedro de Campaña, que llegó a ser el más célebre pintor del siglo XVI en Sevilla, donde trabajó a lo largo de casi treinta años.
     Ninguna noticia se posee sobre el proceso formativo de este pintor, que hubo de acontecer en Bruselas, en el seno de una familia de artistas. La primera referencia documental que de él se conoce data de 1529 cuando, con veintiséis años, se encontraba en Bolonia participando en la realización de uno de los arcos de triunfo levantados en dicha ciudad con motivo de la coronación imperial de Carlos V; posteriormente se sabe que estuvo en Venecia, trabajando al servicio del cardenal Grimani. Desde Italia, Campaña viajó hacia España, estableciéndose en Sevilla poco antes de 1537, pues en dicho año ya consta su presencia en esta ciudad trabajando al servicio de la catedral. En Sevilla desarrolló su actividad ininterrumpidamente hasta 1563, año en que regresó a su patria donde vivió algunos años más hasta el momento de su fallecimiento.
     Pocos datos biográficos se poseen de este pintor y éstos fueron recogidos por Francisco Pacheco en su Libro de los retratos. Pacheco no llegó a conocer personalmente a Campaña, pero hubo de recoger testimonios de personas que le habían tratado en Sevilla y con ellos realizó una descripción de su personalidad que él configura como un hombre de grandes cualidades, señalando que “fue benigno, casto, corregido y que no se halló mentira en su boca aunque fuese burlando; no se le conoció enfermedad mientras vivió pues amó grandemente la abstinencia y templanza, y a esta causa se apartaba de la comunicación particular de sus naturales; fue hombre animoso, valiente y medianamente diestro con las armas; tuvo singular agudeza y donaire en el decir; fue amado y estimado por muchos príncipes”.
     Los conocimientos artísticos de Campaña estuvieron apoyados en una sólida formación humanística, puesto que, aparte de su notable dedicación a la pintura, practicó también la escultura y la arquitectura.
     Poseyó también amplios conocimientos científicos y fue, como buen flamenco, atento observador de la realidad. Su formación se fundamentó en primer lugar en la tradición artística de los Países Bajos y después en una notoria y elevada asimilación de los principios renacentistas que hubo de ver en su estancia italiana; conoció Campaña, sin duda, el fecundo panorama artístico que en Roma protagonizaron los discípulos de Rafael y de Miguel Ángel. Estos vínculos artísticos produjeron en Campaña la configuración de un estilo en el que se advierte una marcada tendencia a distorsionar las formas e igualmente a mostrar intensas manifestaciones anímicas en la expresión de sus personajes. Ambos aspectos contribuyeron a incrementar la emotividad dramática de sus escenas, especialmente cuando describe temas vinculados a la pasión y muerte de Cristo.
     En 1546 aparecen firmados los primeros testimonios pictóricos conocidos dentro de la producción de Pedro de Campaña. El primero de ellos se conserva en la iglesia parroquial de San Isidoro de Sevilla y representa a San Antonio Abad y San Pablo, ambos en su condición de ermitaños. Los dos personajes están captados en primer plano y arrodillados con figuras de carácter monumental, en el momento en que reciben el pan que les trae en su pico un cuervo como señal de que el cielo les protege y ampara en su dedicación a la vida retirada y penitente. Sus expresiones, especialmente la de san Pablo, están revestidas de una gran tensión emocional, recurso bien manejado con frecuencia por Pedro de Campaña. El sentido dramático de la escena se apacigua con la aparición al fondo de un dilatado paisaje que señala una profunda perspectiva.
     Un similar sentido dramático preside la representación de la pintura de Cristo atado a la columna con san Pedro y dos donantes, que se conserva en la iglesia de Santa Catalina de Sevilla. Es obra también firmada y fechada por Pedro de Campaña en 1546 y en ella la figura de Cristo muestra un espléndido estudio anatómico del que emana un intenso sentimiento patético.
     Muy marcada es también la doliente expresión de las figuras que se encuentran ante la presencia de Cristo, resueltas en dos magníficos retratos, masculino y femenino; sobre la cabeza de la mujer aparece una inscripción que la identifica con santa Mónica, posiblemente realizada con posterioridad, al igual que el halo de santidad que figura sobre la cabeza del varón con la intención de sugerir quizás que se trata de san Agustín.
     Dos espléndidas representaciones de El Descendimiento de la Cruz se conservan respectivamente en el Museo de Montpellier y en la catedral de Sevilla, realizadas por Pedro de Campaña. La primera procede de la capilla del jurado Luis Fernández que hubo en la desaparecida iglesia de Santa María de Gracia de Sevilla; esta pintura, realizada hacia 1545-1546, está inspirada en un grabado de Raimondi, aunque Campaña recreó de forma personal su disposición compositiva.
     En la escena destaca la emoción colectiva de los santos varones y de las santas mujeres en el momento en que a Cristo se le baja de la Cruz para depositarlo en brazos de su madre. Un marcado ritmo piramidal vincula a todos los personajes en un ámbito geométrico y organizado, dentro del cual impera un profundo dolor y un intenso patetismo, descrito con una expresividad hasta entonces desconocida en el panorama de la pintura española.
     En el contrato que se formalizó para que Campaña hiciera o pintase en 1547 El Descendimiento de la cruz que, procedente de la iglesia de Santa Cruz, se conserva en la catedral de Sevilla, se recomienda que esta pintura fuese tan buena o mejor que la que años antes había pintado para Luis Fernández, hoy en Montpellier.
     En efecto, el pintor realizó una excepcional versión, de similar orden compositivo y de superior nivel de tensión espiritual y dramatismo.
     Otra de las obras maestras de Pedro de Campaña se conserva actualmente en la catedral de Sevilla, lugar para donde fue pintada. Se trata del conjunto pictórico que se encuentra en el retablo de la capilla de la Purificación, contratado por el artista en 1555 con el mariscal Diego Caballero. Son diez las pinturas que se integran en este retablo y que el artista hubo de realizar en el breve plazo de ocho meses, por lo que forzosamente tuvo que utilizar a un colaborador que fue Antonio de Arfián. Destacan en este conjunto pictórico los retratos que aparecen en el banco, donde efigió a Diego Caballero, a su hermano Alonso y a su hijo en una tabla, y en otra a Leonor de Cabrera, su hermana Mencía y a sus dos hijas; estos retratos muestran una perfecta captación de las características físicas y psicológicas de los personajes que, al mismo tiempo, muestran semblantes serenos y concentrados.
     Con respecto a la tabla que preside el conjunto ha de señalarse que representa a La Purificación, advirtiéndose en ella que Campaña conocía perfectamente el espíritu artístico de Rafael y que por ello pudo acertar a resolver con eficiencia una compleja composición que tiene como protagonista a la Virgen en el momento de entregar al Niño Jesús al sacerdote que le recibe en sus brazos. Muy interesante es el repertorio de figuras femeninas que acompañan a María, en las cuales el artista personificó a las distintas virtudes que adornan a la Virgen como la Caridad, la Templanza, la Fortaleza, la Prudencia, la Fe y la Esperanza. En las calles laterales del retablo figuran representaciones de El apóstol Santiago en Clavijo, La imposición de la casulla a san Ildefonso, Santo Domingo y San Francisco.
     Mal conservado en nuestros días se encuentra el retablo que en 1556 contrató Pedro de Campaña para la catedral de Córdoba, en cuyos dos cuerpos se representan La Anunciación, La Adoración de los Reyes, La batalla de los ángeles, La Virgen en gloria y Los mártires cordobeses, advirtiéndose en algunas de estas tablas la participación excesiva de sus ayudantes.
     De excepcional calidad ha de considerarse el conjunto pictórico compuesto por quince tablas que se integran en el retablo mayor de la iglesia de Santa Ana de Sevilla, obras que Pedro de Campaña realizó en 1557. Estas pinturas narran episodios de la vida de santa Ana, san Joaquín y la Virgen María y en ellas el artista acertó a recrear un amplio repertorio de episodios generalmente respaldados por escenarios arquitectónicos en perspectiva, en los cuales los personajes se integran con una admirable interrelación en sus gestos y actitudes. También en estas escenas se constata la aparición de detalles naturalistas, sobre todo en las que tienen carácter doméstico con inclusión en ellas de muebles, ajuar y animales (Enrique Valdivieso González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
         Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Coronación de la Virgen en el Templo", de Pedro de Campaña, en el Retablo Mayor, de la Iglesia de Santa Ana, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Iglesia de Santa Ana, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 23 de mayo de 2026

La pintura de la Virgen orando, copia anónima de la obra de Sassoferrato, en la sala IV del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura de la Virgen orando, copia anónima de la obra de Sassoferrato, en la Sala IV del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.  
     Hoy, sábado 23 de mayo, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura de la Virgen orando, copia anónima de la obra de Sassoferrato, en la sala IV del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
     El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala IV del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses podemos contemplar la pintura de la Virgen orando, copia anónima de la obra de Sassoferrato, siendo un óleo sobre lienzo en estilo barroco, con unas medidas de 0,48 x 0,37 mts., y procedente del Hospital de San José, Casa Cuna.
     La pintura devocional italiana de la Contrarreforma tuvo mucho éxito en la Sevilla del Barroco entre coleccionistas y oratorios domésticos. Así, es posible encontrar todavía en las iglesias de nuestra ciudad copias y versiones de los principales artistas italianas que cultivaron el pequeño formato para la devoción privada y que en muchas ocasiones fueron donadas finalmente a nuestros templos. En los Venerables podemos ver una réplica original y en otras capillas e iglesias sevillanas podemos hallar este tipo de obras. Especialmente significativo es el retablo mayor de la iglesia de San Luis que contiene la colección del canónigo sevillano Francisco Lelio Levanto en su oratorio, con copias de los más afamados artistas italianos del Renacimiento y del Barroco.
     Esta pintura es una copia del original conservado en el Hermitage realizada por Giovanni Battista Salvi da Sassoferrato (1609-1685) que formaba pareja con la obra anteriormente comentada, registradas ambas en la sala de juntas de la Casa Cuna en 1976. La Virgen se representa en oración con extremo recogimiento, rostro de belleza idealizada, como en toda la producción de Sasoferrato, y con las manos en actitud orante, la mirada introspectiva incitando a la meditación y reflexión.
     El formato y el enfoque cercano obliga a concentrar la mirada del espectador en su rostro. Su veracidad expresiva está concebida para la contemplación cercana en ambientes íntimos. La clave del éxito de estas copias esta en el extremo clasicismo de Andrea Sacchi con raíces en la tradición de Perugino, Rafael y Guido Reni, eliminando todo lo pagano y decorativo de aquellos referentes para centrarse en la visión directa y casi mística de la imagen, creando unos nuevos iconos donde la Virgen aparece recortada en fondos neutros, para que nada estorbe a su contemplación. Son pinturas de pincelada muy precisa frente a la soltura de la pincelada barroca de nuestra escuela, aunque los juegos de luz que la resaltan son claramente barrocos a ello acompañan un refinamiento y una coloración contrastada, vibrante y rica, todo ello para seducir y resaltar la delicadeza del rostro, destacando las manos del primer plano que llaman a la oración, a la resignación y la adoración. Un resplandor en torno a la cabeza sugiere un nimbo que proclama la sacralidad del icono (Enrique Muñoz Nieto, en Patrimonio Histórico de la Diputación de Sevilla 1500-1900. Arte y Beneficencia. Diputación de Sevilla. Sevilla, 2025).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Bienaventurada Virgen María;
Los nombres de la Virgen

     Los vocablos que se emplean para invocar a la Virgen María son tan numerosos como los que designan a Cristo. Los más difundidos son María, Madre de Dios, Virgen Santa, Nuestra  Señora.
1. María
     María es la transcripción latina del nombre hebreo Miriam (Mariam), que significa "gorda" y en consecuencia «bella» (speciosa), de acuerdo al ideal de belleza de los judíos y de los orientales en general.
     Ese nombre, impuesto a la Virgen quince días después de su nacimiento, como era la costumbre con las mujeres, fue elegido en homenaje a la hermana de Moisés, la única mujer llamada así en el Antiguo Testamento.
     El nombre de pila provenzal Mireille, forjado por el poeta Mistral, nada tiene en común con Miriam o María.
     En la mayoría de las naciones cristianas María, cuyo patronazgo se consideraba más poderoso que el de cualquier otra santa, es el nombre de pila femenino más usual. Se le da no sólo a las mujeres sino también a los hombres, asociado con otro nombre masculino (vgr. José María, Juan María). No obstante, en dos países muy católicos, España y Polonia, estaba prohibido emplearlo porque se consideraba tabú al igual que el de Jesús.  
   Por eso, el nombre María fue reemplazado en España por alusiones indirectas a sus fiestas y a las órdenes que le están consagradas. Esos sustitutos reverenciales son muy numerosos: Concepción, cuyo diminutivo es Concha, recuerda a la Inmaculada Concepción; Dolores o más familiarmente Lola, a los siete Dolores de la Virgen; Asunción alude a la asunción de la Virgen; Carmen y Mercedes son homenajes a las órdenes del Carmelo y de La Merced, que se consagraban especialmente a Nuestra Señora; el nombre Pilar conmemora la devoción a la célebre virgen del Pilar de Zaragoza. Todos esos nombres de pila femeninos se sobreentienden sin que se deba pronunciar el santo nombre de María, oculto pero presente, como la hostia en el tabernáculo, y en verdad significan María del Carmen, de las Mercedes, de los Dolores, del Pilar. Agreguemos que Soledad recuerda a la Virgen de la Soledad, Rosario la devoción del Rosario, Consuelo a la Virgen de la Consolación.
     Lo mismo ocurrió en Polonia, donde por reverencia  a la Santísima Virgen, estaba prohibido dar a las niñas el nombre María. Cuando el rey Ladislao IV se casó con María Luisa de Nevers, en el contrato matrimonial estipuló que su esposa renunciaría a su primer nombre que resultaba chocante para los polacos, y que sólo conservaría el segundo, Luisa.
     El nombre María es frecuente en la onomástica geográfica o toponimia. En Francia numerosas localidades se llaman Dammarie Donnemarie (Domina Marie). En Alemania, además de las formas habituales: Marienburg, Marienwerder que son legión, también se encuentran casos en que Marien se disimula bajo las formas Märgen, Mergen. Por ejemplo en Mergentheim, o más simplemente Mar en Markirch, transcripción alemana de Santa María de las Minas, en Alsacia.
     Los Padres de la Iglesia y los teólogos de la Edad Media, muy apasionados con las etimologías fantásticas (porque entonces la etimología no era más que una forma del juego de palabras), emplearon su ingenio para adivinar el origen del nom­bre María.
     La mayoría de ellos pensó, naturalmente, en la palabra latina mare, mar. Para san Anselmo, María significa señora o soberana de la mar (Domina maris). Según san Jerónimo y san Bernardo, sería la estrella del mar (Stella Maris); el vocablo hebreo Miriam o Mariam se dejaría interpretar más bien como Stilla maris, gota del mar (iam: mar en hebreo).
     Otros han buscado conexiones, igualmente infundadas, con mirra, perfume de oriente que servía para embalsamar a los muertos y volver incorruptibles sus cuerpos.
     Los teólogos no se contentaron con estas fantasías etimológicas. Con las cinco letras combinadas del nombre María compusieron letanías o laudes en forma de acrósticos, en honor de la Santa Virgen.
     Gracias a ese sistema de prestidigitación verbal, muy del gusto de la Edad Media, pueden extraerse de las letras de María tomadas como iniciales, por ejemplo los nom­bres de sus cinco prefiguraciones del Antiguo Testamento: Mirian, la hermana de Moisés que cantó la liberación del pueblo hebreo después del paso del mar Rojo; Ana, madre de Samuel que consagró su hijo al Señor; Raquel, que lloró a sus hijos; Judit, que liberó su nación  decapitando  a Holofernes;  Abigail,  que supo aplacar la cólera del rey David.
     Con esas mismas letras, san Buenaventura divide un rosario de alabanzas de la Virgen a la que saluda con los títulos mediatrix, auxiliatrix, reparatrix, illuminatrix, advocata.
     Otros se ingenian para extraer nombres de flores: margarita, ancolía, rosa, eglantina.
     Finalmente, el dominico Pedro de Udine compuso con las letras del nombre María un brillante ramo de piedras preciosas: margarita (perla), adamas (diamante), rubinus (rubí), iaspus (jaspe), amethistus (amatista).
2. La Madre de Dios
   Con frecuencia María es invocada con el nombre de Madre de Dios. Los griegos la llamaban Theotokos, los latinos Mater Dei, Deipara, Dei Genetrix. En francés arcaico se deáa La Mère-Dieu, que corresponde al latín Mater Dei, con Dios en genitivo como en La Chaise-Dieu (Casa Dei), Hotel-Dieu (Hospitium Dei). En italiano Madre di Dio, en castellano Madre de Dios, corresponden al inglés Godmother, al alemán Muttergottes, Gottesgebärerin, al polaco Matka Boska. La transcripción rusa de Theotokos es Bogomater o Bogoroditsa.
3. La Santísima Virgen
     Esta  tercera  denominación  está representada en griego por Parthenos o Panagia (la santísima), en latín por Sanctissima Virgo. Los italianos dicen Maria Vergine, los españoles La Santísima Virgen, los ingleses The Blessed Virgin, los alemanes Die heilige Jungfrau, los holandeses De Heilige Maagd, los rusos Presviataia Deva.
4. Nuestra Señora

     La Edad Media tomó al fin el bello nombre de Nuestra Señora del lenguaje caballeresco. Con él, todos los cristianos se reconocían como vasallos de la Madre de Cristo. Esta denominación fue popularizada por san Bernardo y la orden del Cister. Bajo ese nombre (Notre Dame) están todas las iglesias de Francia consagradas a la Virgen.
     Todas las lenguas han adoptado esa expresión de homenaje que en italiano se convirtió en Nostra Signora, en castellano Nuestra Señora, en inglés Our Blessed Lady, en alemán Unsere Liebe Frau, en holandés Onze Lieve Vrouw, en danés Vor Frue. En Alemania se llama Liebfrauenkirchen a las iglesias dedicadas a Nuestra  Señora.
5. La Madona
     Es necesario subrayar, no obstante, la preferencia de los italianos por Madonna (Mi Señora, o Mi Dama), que pasó al francés en el siglo XVII, hacia 1640, bajo la forma Madone. La fortuna de esa breve y armoniosa expresión ha sido tal que en la época moderna casi ha suplantado a Notre  Dame.
     Esta lista no agota el onomástico de la Virgen María que también es invocada con otros nombres. Los bizantinos le dedicaron iglesias bajo los títulos de Panagia, Hodigitria, Nikopoia e incluso Pantanassa (la Virgen Reina, la Reina de las Reinas). Peribleptos (La Brillante), se encuentra en la advocación  de dos iglesias de Mistra, en  el Peloponeso (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano;
    Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
     De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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sábado, 2 de mayo de 2026

Las Fiestas de la Virgen del Buen Suceso, en Los Corrales (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte las Fiestas de la Virgen del Buen Suceso, en Los Corrales (Sevilla).  
    Junto a la romería del domingo próximo al día de San José, los vecinos de Los Corrales profesan devoción a la Virgen del Buen Suceso también en sus fiestas patronales del primer fin de semana de mayo. El venerado lienzo, reconstruido con una pieza original del siglo XVII tras su quema en la contienda civil española, es sacado en procesión por calles con balcones engalanados con la imagen de la Virgen, dedicándose a ésta triduos y actos litúrgicos, mientras que una reproducción puede ser visitada en la conocida como ""Casa de la Virgen"" de la Calle Cruz. Actuaciones musicales se suceden en la caseta municipal instalada en la Plaza Diamantino García Acosta, así como competiciones deportivas y actividades lúdicas que atraen a vecinos emigrados, gozando la actividad de gran participación y, con ello, de continuidad. 
     La devoción generalizada por la Virgen del Buen Suceso en la localidad de El Rubio alude a una leyenda que narra el modo en que fue adquirida la imagen. Según cuenta, la advocación primero intercedió evitando que un niño fuera arrastrado por un remolino que misteriosamente apareció, ante la expectación de su padre. Tras ser salvado, el niño contó la aparición de la Virgen y fue tal el deseo del padre de adquirir una imagen para su devoción que acudieron a un taller de Antequera y encontraron el cuadro que mostraba su rostro y al cual desde entonces se veneraría. Un segundo hecho milagroso sucedió cuando padre e hijo, que tomaron el cuadro para sí, escaparon de sus persecutores, autores de la pieza que decidieron después cobrarla, presenciando cómo la orilla del riachuelo se separaba y dejaba a éstos atrás. Y, finalmente, un tercer hecho milagroso acaeció cuando nuevamente salvó a ambos de una terrible tormenta en el campo.
     Al cabo de los años, el cuadro de la Virgen del Buen Suceso fue trasladado a la Iglesia parroquial de Santiago el Mayor, donde sigue siendo muy venerado. Durante la última contienda civil fue destrozado, pero se pudo salvar el centro del mismo, que es un pequeño recuadro que contiene los rostros de la Virgen y el Niño y que afortunadamente fue posible restaurar y devolver a su lugar original en una de las capillas del templo parroquial.
     Los preparativos se realizan en el último domingo del mes de abril con los triduos en honor a la Virgen, que se celebran el jueves, viernes y sábado a las ocho y media de la tarde.
     El Ayuntamiento se encarga de la organización de los preparativos para los festejos, mientras que el grupo  denominado las "Mujeres de la Virgen" se encargan del arreglo del paso, así como de la decoración de éste (flores, cortinas, etc.). 
     Estos días los corraleños realizan ofrendas de flores para adornar el paso.
     El sábado comienzan los festejos con diversas actividades lúdicas y competiciones deportivas, como es el caso de una carrera popular, una concentración de caballistas, carreras de cintas a caballo o la degustación de una paella organizada por la Concejalía de Festejos del Ayuntamiento. Ya a las nueve y media de la noche se produce el encendido del alumbrado y comienzan las actuaciones musicales y baile en la caseta de la Plaza y los distintos bares y pubs de la población.
     El domingo es el día grande de estas fiestas y comienza con la diana floreada y la celebración de la misa en honor de la Patrona en la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, donde las mujeres van vestidas de flamencas.
     A las cinco de la tarde comienza la procesión que recorre las calles del pueblo hasta la madrugada .Tras esta procesión, una orquesta ameniza la caseta municipal, dando por concluida en la madrugada la actividad ritual.
     Durante muchos años las fiestas de la Virgen del Buen Suceso sólo comprendían el primer domingo de mayo. Ese día comenzaba con la diana floreada por parte de la banda de música de El Saucejo. Por la mañana se celebraba la misa y por la tarde, a las cinco, una procesión recorría todas las calles del pueblo. Por ese motivo, los músicos de la banda tenían que quedarse en las casa del pueblo, repartiéndose para ello entre distintas familias. Tras la procesión había un paseo por la Calle La Jara, que es la vía que da entrada a la vecina localidad de Martín de la Jara a solo dos kilómetros de distancia, por lo que esta fiesta es conocida por los vecinos jareños como "Mayo", de ahí que la gran afluencia de la vecina localidad hacía que la fiesta se compartiera entre los dos pueblos. Por la tarde transcurría "El Paseo" por la citada calle, donde solo había dos bares. Ya a las doce de la noche se lanzaban los cohetes, siendo común la expresión "el día la Virgen, chivo, arroz con leche y cohetes y para casa". El martes siguiente se iba a comer a la Fuente del Esparto, lugar donde en la actualidad se celebra la Romería de Los Corrales en honor a la Virgen del Buen Suceso.
     En el domingo siguiente, es decir, segundo domingo de mayo, se celebraba la octava en la que la Virgen salía nuevamente en procesión, aunque con un itinerario mucho más corto que comprendía la salida de la iglesia, la Calle La Jara, daba una vuelta por el campo (lo que hoy es la Avenida de Andalucía), salía a la Calle La  Sangre, Calle La Cruz, casa de la Virgen, la Calle Larga y terminaba con el recorrido de vuelta por las mismas calles.
     Corre a cargo de un grupo de mujeres constituido informalmente.
     El Ayuntamiento financia la banda de música y los gastos de la feria. El grupo de mujeres recauda fondos con rifas, venta de loterías, etc.
     Los espacios en los que se desarrolla la actividad son la Iglesia Santiago Apóstol, las calles por las que transcurre la procesión y la Plaza Diamantino García Acosta donde se instala la caseta municipal.
     Ante las quejas de los vecinos, cada año se hace un recorrido distinto para que la procesión pase por todas las calles del pueblo, ya que el crecimiento de la localidad hacía que la duración de la procesión se alargara hasta en once horas, con la consiguiente queja de la banda de música, que en los últimos años se niega a terminar semejante recorrido, de ahí que el Ayuntamiento adopta la solución de alternar las calles por donde pasa la procesión cada año. El recorrido registrado corresponde al año 2009 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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domingo, 15 de marzo de 2026

Experiencia Explicarte Sevilla, en la visita cultural a Lora del Río (Sevilla), organizado por el Excmo. Ayuntamiento de Burguillos (Sevilla)

     Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de la visita organizada para la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayto. de Burguillos, con vecinos de la localidad, organizamos la visita a Lora del Río, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     La visita se inició en la Ermita de Nuestro Padre Jesús, donde contemplamos su impresionante arquitectura y decoración rococó a base de yeserías, desde la que nos adentramos en el casco histórico de Lora del Río, pasando sucesivamente por la Casa de las Columnas (Casa de la Virgen), Convento de la Inmaculada Concepción, Ermita de Santa Ana (Biblioteca), Ayuntamiento, Casa de los Leones, e Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, donde contemplamos asimismo su interior de raigambre mudéjar. 
     Se dio tiempo libre para la comida, que transcurrió en la Feria de la Tapa, y posteriormente poner rumbo de vuelta a Burguillos.
     Os dejamos una serie de fotografías de dicha experiencia, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.










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