Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 6 de marzo de 2026

El tondo cerámico "Beata Rosa de Viterbo", de Pedro Millán, en la Portada de la Iglesia del Convento de Santa Paula

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el tondo cerámico de Beata Rosa de Viterbo, de Pedro Millán, en la portada de la Iglesia del Convento de Santa Paula de Sevilla.   
     Hoy, 6 de marzo, en Viterbo, lugar de Toscana, en Italia, Beata Rosa, virgen de la Tercera Orden Regular de San Francisco, que, asidua en las obras de caridad, a los dieciocho años de edad consumó prontamente el breve curso de su vida (1253) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el tondo cerámico "Beata Rosa de Viterbo", de Pedro Millán, en la Portada de la Iglesia del Convento de Santa Paula, de Sevilla.
     El Convento de Santa Paula [nº 36 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 74 en el plano oficial de la Junta de Andalucía] se encuentra en la calle Santa Paula, 3-5-7-9; en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo.
      En el Convento de Santa Paula, encontramos la excepcional portada de la iglesia. Terminada en 1504, es una perfecta conjunción de elementos góticos (es portada ojival que sigue otros modelos sevillanos anteriores), de recuerdos mudéjares (como el empleo de ladrillos bícromos como material) y de elementos del primer Renacimiento (los tondos cerámicos importados de talleres florentinos o los realizados aquí con la técnica italiana). Su aspecto más novedoso radica en la decoración cerámica, debida fundamentalmente a dos autores: el italiano Francisco Niculoso Pisano y el escultor local Pedro Millán, que supo actuar en el arte sevillano como elemento de transición entre el Gótico y el primer Renacimiento. Al centro, en la clave, un tondo cerámico central procedente del taller florentino de los Della Robbia, con el tema de la Sagrada Familia y los característicos tonos blancos y azules. Florencia en Sevilla. Probablemente es el modelo de los demás, que representan a Santa Elena, San Antonio de Padua y San Buenaventura, San Pedro y San Pablo, Santa Rosa de Viterbo, los Santos Cosme y Damián y San Sebastián con San Roque, todos ellos de Pedro Millán. El fondo de grutescos y motivos renacentistas es obra de Niculoso Pisano, introductor de la técnica del azulejo plano en Sevilla, que adquirió un enorme desarrollo a lo largo del siglo XVI. En el tímpano aparece el escudo de los Reyes Católicos, coronando la portada ángeles de recuerdo gótico y flameros alternados con cabezas de querubines. 
     Centrando la composición se encuentra la santa colocada de pie vistiendo el hábito franciscano. En el manto lleva rosas que sostiene con ambas manos. A ambos lados se han representado árboles y montes, tras los que se encuentra un cielo blanco con nubes azules. La escena se enmarca con una laurea de flores y frutas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Beata Rosa de Viterbo, virgen
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   Terciaria franciscana del siglo XIII, nacida en 1235 y muerta a los dieciocho años, en 1252.
     Los mendrugos de pan que ocultaba en su delantal se transformaron en rosas. Taumaturga precoz, a los trece años resucitó a una de sus tías. Para convertir al cristianismo a una maga, ascendió a una hoguera cuyas llamas se apartaban de su cuerpo.
     Canonizada en 1457, es la patrona de Viterbo en cuyo convento de las clarisas, Santa María de las Rosas, fuera inhumada.
     Las mujeres embarazadas usaban cinturones puestos en contacto con su relicario para tener un parto fácil.
     Tiene como atributo o armas parlantes, rosas, que presenta en un cesto o en un pliegue de su manto (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
        Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el tondo cerámico "Beata Rosa de Viterbo", de Pedro Millán, en la Portada de la Iglesia del Convento de Santa Paula, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Convento de Santa Paula, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 4 de septiembre de 2021

El tondo escultórico "Nuestra Señora de Consolación", anónimo, en el sepulcro del obispo Baltasar del Río, en la Capilla de Scalas, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el tondo escultórico "Nuestra Señora de Consolación", anónimo, en el sepulcro del obispo Baltasar del Río, en la Capilla de Scalas, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.   
     Hoy, 4 de septiembre, la Orden de San Agustín celebra la Solemnidad de Nuestra Señora de la Consolación, una semana después de la solemnidad de San Agustín, con el rango de solemnidad, y como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado.
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el tondo escultórico "Nuestra Señora de Consolación", anónimo, en el sepulcro del obispo Baltasar del Río, en la Capilla de Scalas, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.   
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de Scalas [nº 062 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; La capilla de la "Consolación y los doce Apóstoles", recibe el nombre del título episcopal honorífico de su patrono; la misma advocación ha sido denominada de la "Venida del Espíritu Santo"; anteriormente fue de san Felipe y Santiago. Contiene hoy una "Virgen de la Granada", que estaba en la capilla de su nombre, en la aljama, situada probablemente por donde hoy está el altar del Sagrario. Es necesario advertir que esta advocación, "de la Granada", ha estado duplicada y quizás triplicada en el edificio (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
     En la Capilla de Scalas de la Catedral de Santa María de la Sede, en el sepulcro del Obispo Baltasar del Río existe un poco conocido tondo marmóreo, que muy probablemente será obra de talleres ligures. Representa una delicada y fina Madonna italiana de media figura. En contraste con la aristocrática prestancia de su Madre, el Niño muestra un anatomía hercúlea, manierista. Dos antorchas llameantes y dos cabecitas de querubines, enmarcar por fuera el tondo. Se sabe que el conjunto escultórico finalizó de colocarse en 1539. La verdadera advocación de esta Capilla es Nuestra Señora de Consolación y doce Apóstoles. Po tanto, dicho título de Consolación hay que considerarlo extensivo a la presente imagen (Juan Martínez Alcalde. Sevilla Mariana, Repertorio Iconográfico. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1997).
Conozcamos mejor la Festividad de Nuestra Señora de la Consolación
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   Esta advocación es muy antigua en el seno de la Orden agustina y fue declarada su Patrona. Según la leyenda, Santa Mónica derramaba muchas lágrimas ante Dios en favor de su hijo San Agustín, desviado de la fe que ella le transmitiera en su infancia, y la Virgen la consoló en su oración ferviente anunciándole la vuelta de su hijo a la Iglesia y le exhortó a expresar su penitencia vistiendo hábito negro y ciñéndose con una correa del mismo color.  Según los datos históricos, en su origen, ningún lazo especial relaciona a esta advocación con la Orden Agustiniana. Consta que a mediados del siglo XV los agustinos veneraban en el norte de Italia una imagen de María bajo este nombre.  En 1439 obtuvieron los agustinos la facultad de erigir para los laicos la Cofradía de la Cintura. En 1575 el Prior General Tadeo Guidelli unió la cofradía fundada en Bolonia para dar culto a la Virgen de Consolación, que había sido fundada en 1495, a la de los Cinturados de San Agustín, con la ratificación de Gregorio XIII Buoncompagni. La archicofradía adoptó entonces el título de Cinturados de San Agustín y de Santa Mónica bajo la advocación de Nuestra Señora de la Consolación.  Al año siguiente el mismo papa, boloñés de nacimiento, le otorgó numerosas indulgencias y el título de archicofradía con poder de agregar a otras cofradías, reservando la concesión de las patentes de agregación al General de la Orden. Se le concedió así mismo a la Orden fiesta de este título mariano con misa y Oficio propios. A partir de entonces la devoción y el culto a esta advocación se propagaron constantemente, favorecidos por los papas y por el celo de los agustinos, aún en lugares donde no había conventos de la Orden.
   La iconografía tradicional nos muestra a la Virgen con el Niño en brazos, ofreciendo la correa del hábito agustino a San Agustín y a su madre Santa Mónica, ambos arrodillados a sus pies.  La Orden de San Agustín en sus tres ramas celebra en su liturgia propia la festividad de la Virgen bajo su advocación de Nuestra Señora de la Consolación el día cuatro de septiembre, una semana después de la solemnidad de San Agustín, con el rango de solemnidad (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e  Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad 
 Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques. 
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres. 
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
  Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. 
   En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
   En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
   De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
    El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el tondo escultórico "Nuestra Señora de Consolación", anónimo, en el sepulcro del obispo Baltasar del Río, en la Capilla de Scalas, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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jueves, 7 de enero de 2021

El tondo de San Raimundo de Peñafort, de Carmen Jiménez, en la portada de la antigua Facultad de Derecho, de la Universidad de Sevilla (antigua Fábrica de Tabacos)

   Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el tondo de San Raimundo de Peñafort, de Carmen Jiménez, en la portada de la antigua Facultad de Derecho, de la Universidad de Sevilla (antigua Fábrica de Tabacos), de Sevilla.  
     Hoy, 7 de enero, Memoria de San Raimundo de Peñafort, presbítero de la Orden de Predicadores, eximio maestro en derecho canónico, que escribió de modo muy acertado sobre el sacramento de la Penitencia. Elegido maestro general de la Orden, preparó la redacción de las nuevas Constituciones, y tras llegar a edad muy avanzada, se durmió en el Señor en la ciudad de Barcelona, en España (1275) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el tondo de San Raimundo de Peñafort, de Carmen Jiménez, en la portada de la antigua Facultad de Derecho, de la Universidad de Sevilla (antigua Fábrica de Tabacos), de Sevilla.
     La Universidad de Sevilla (antigua Fábrica de Tabacos) [nº 61 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 38 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Fernando, 4; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
   En la antigua Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla (avenida del Cid, s/n, en el Barrio de El Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur), destaca su monumental portada realizada en 1956 por Antonio Cano, en piedra de Novelda.
   En el año 1954 se inició el traslado de la Universidad de Sevilla desde la calle Laraña al edificio de la antigua Fábrica de Tabacos.
   Para adecua el edificio a las nuevas necesidades, fue preciso abrir tres puertas (Derecho, Ciencias y Filosofía), adjudicando el proyecto a los arquitectos Alberto Balbontín y Antonio Delgado Roig, y las esculturas y motivos ornamentales, a los escultores Juan Luisa Vasallo, Carmen Jiménez y Antonio Cano.
   En la portada de Derecho, Antonio Cano realizó los siguientes trabajos: Relieve del fuste de las cuatro columnas, compuesta por desnudos de niños enlazados entre sí mediante cintas, apoyados en cartelas y nubes, con decoración floral, ocupando toda la superficie.
   En la parte baja se encuentran cabezas de ángel con alas y motivos frutales modelados con naturalidad decorativa.
   También realizó los motivos alegóricos de las Tablas de la Ley y la Balanza de la Justicia, situados en la parte baja en los laterales izquierdo y derecho respectivamente.
   En el centro o clave del arco, realizó el mascarón o cabeza de angelote que con las alas rodea su cabeza, tratada con un gran sentido del volumen, tanto en el modelado de su rostro como en el tratamiento del plumaje de las alas.
   En la parte superior central del arco, modela una gran cartela formada por hojas y volutas de líneas ondulantes.
   En la parte lateral, a ambos lados de la cartela, se encuentran dos desnudos de jóvenes en posiciones simétricas, portando guirnaldas de flores, tratados en formas simplificadas muy definidas, con un buen concepto del relieve y la composición.
   Igualmente, Antonio Cano modeló las diferentes cartelas con motivos de palomas y grupos frutales situadas alrededor del arco, así como la decoración floral de la puerta del balcón, y todos los florones que coronan la portada.
   Los medallones del arco con las cabezas de Raimundo Peñafort, Alfonso X el Sabio, San Isidoro, y Francisco Suárez, los modeló Carmen Jiménez, y las dos figuras femeninas de la parte alta de la portada las modeló Juan Luis Vassallo.
   En la portada de Ciencias, Antonio Cano realizó el modelado de dos niños desnudos en posición simétrica, situados en la parte superior, acoplados entre las cornisas que sostienen las columnas de la portada. También modeló los florones que adornan la parte alta de dicha cornisa.
   Juan Luis Vassallo modeló los dos ángeles de la parte del arco de la puerta.
   La portada de Filosofía no tiene decoración ornamental.
   Todos los motivos decorativos realizados por Antonio Cano en estas dos portadas, están influenciados por el estilo barroco de todo el edificio y sobre todo de la portada principal del rectorado, pero actualizados por el estilo personal del artista (Mari Carmen Cano. Antonio Cano, escultor y pintor granadino).
   Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Raimundo de Peñafort, presbítero
   Dominico catalán nacido en el castillo de Penyafort, cerca de Barcelona, en 1175.
   Después de haber estudiado derecho canónico en Bolonia, en 1222 ingresó en la orden de los Hermanos Predicadores (dominicos), junto a san Pedro Nolasco fundó la orden de la Merced (mercedarios).
   Para uso de los confesores escribió una Summa de los casos penitenciales; repertorio de casos de conciencia. El papa Gregorio IX le encargó más tarde que se ocupase de la compilación de las Decretales, es decir, de la clasificación de las cartas de los papas que reglamentan los temas relativos, a la disciplina.
   Cuando iba en el séquito del rey de Aragón, a quien acompañó a la isla de Mallorca, cayó en desgracia ante el soberano. El rey le negó la autorización de embarcar. Entonces, san Raimundo de Penyafort extendió su manto sobre el mar, y empleando el báculo como un mástil, navegó en su improvisada y milagrosa embarcación hasta la costa de Cataluña. Al desembarcar en el puerto de Barcelona, después de seis horas de travesía, retiró el manto del mar, que estaba milagrosamente seco, lo echó sobre sus hombros, y apoyándose en el báculo regresó a su convento.
CULTO
   Fue canonizado en 1601, cuando ya se lo veneraba en Barcelona y en la orden de los dominicos desde hacía mucho tiempo. Es patrón de los doctores en derecho canónico.
   Los peregrinos recogían en su tumba un polvo que curaba a los enfermos.
ICONOGRAFÍA
   A veces sostiene una llave de sacerdote penitenciario; pero casi siempre está representado navegando desde Palma de Mallorca hasta Barcelona, ya sobre su manto, ya en una barca a la que su manto sirve de vela (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Raimundo de Peñafort;
     San Raimundo de Peñafort, (¿Villafranca de Penedés (Barcelona)?, c. 1175-1185 – Barcelona, 6 de enero de 1275). Santo, teólogo, tratadista, canonista, maestro de la Orden de Predicadores (OP).
     Nació, según se cree, en el castillo de Penyafort, cercano a Vilafranca del Penedès (Barcelona), c. 1175- 1185. El 20 de noviembre de 1204 actuaba en Barcelona como escribiente del juez eclesiástico Ramón de Rosanes, lo que hace pensar que estudiaba por entonces en la escuela de la catedral. Cursó Derecho Civil y Canónico en Bolonia; una vez obtenido el título, abrió allí una escuela durante breve período de tiempo; pudo conocer a santo Domingo de Guzmán en aquella ciudad. En Bolonia se dice que compuso una Glosa o explicación del Decreto de Graciano; actuó allí como testigo de un préstamo (24 de abril de 1218).
     Es probable que regresara a Barcelona en el verano de 1219; el 7 de agosto de 1220 se hallaba ciertamente en la ciudad condal, e hizo de testigo de una donación de Guillermo de Caldes al obispo de Barcelona y al Cabildo catedral. Raimundo, “catalán y profesor de derecho canónico”, como se presentaba, compuso por entonces una obra, sin título, pero que se conoce como Summa de iure canonico. Se difundió en códices manuscritos, pero no se editó hasta 1945.
     Rius Serra realizó una edición en esta última fecha a partir del codex Burghesianus n.º 261 de la Biblioteca Apostólica Vaticana. Con posterioridad se descubrió otro manuscrito en la Staatsbibliotek de Bamberga, can. 19. Los profesores claretianos Javier Ochoa y Luis Díez la editaron de nuevo en 1975, a partir de los dos manuscritos mencionados.
     La Summa de iure canonico fue redactada con toda probabilidad en Barcelona entre 1222 y 1224, cuando tocaba a su fin el magisterio que ejercía en la escuela de derecho del Cabildo catedral; se la pidieron con insistencia y quiso plasmar en ella “como un memorial de su trabajo”, antes de ingresar en la Orden de Santo Domingo. Resultó útil para el alumnado y el clero en general. En el proemio adelantaba el extenso campo que pensaba abarcar: estudio de las diferentes clases de derecho, cuestiones relativas a los ministros eclesiásticos, orden judiciario, contratos y asuntos de las iglesias y de los clérigos, crímenes y penas, sacramentos, procesión del Espíritu Santo. Sin embargo, en los dos códices que se conocen, se hallan tan sólo los tratados de las diferentes clases de Derecho, y cuestiones que afectan a la vida y ministerio de los clérigos.
     Su entrada en la Orden dominicana se verificó en Barcelona —en la casa de Pedro Gruny, primera morada de los frailes predicadores, situada en el carrer de Sant Domènec del Call—, el viernes santo de 1223 ó 1224.
     Entre 1225 y 1227 hizo una primera redacción de la Summa de pænitentia, conocida con diferentes títulos: Summa Raymundiana, Summa casuum, Summa de casibus, Summa de casibus pænitentiæ, entre otros. La compuso en el Convento de Santa Catalina de Barcelona, a ruegos del provincial Suero Gómez. La revisó por los años 1235-1236 adaptándola a la codificación de las Decretales de Gregorio IX. Su objetivo era prestar ayuda a los confesores en el ejercicio del ministerio sacramental. Está dividida en tres libros: I. De los pecados que principalmente se cometen en relación a Dios; II. Pecados en referencia al prójimo; III. De los ministros irregulares, irregularidades, impedimentos para recibir órdenes sagradas, dispensas, sentencias, penitencias y remisiones. De ella han hecho también nueva edición —como por lo demás de sus otras obras— los profesores ya nombrados, Ochoa y Díez; ofrecen aquí directa y principalmente el texto de la segunda redacción, con anotaciones oportunas para indicar cuál fue el texto de la primera. Copias manuscritas se encontraban en la mayor parte de las bibliotecas de Europa. En el capítulo provincial de la provincia de España, celebrado en Toledo (1250), se mandó que estuviera en las bibliotecas de todos los conventos. Se conocen ediciones impresas en Roma (1600, 1603, 1619), Aviñón (1715), Lyón (1718), París-Lyón (1720), Verona (1744). Bien puede decirse que se advierte en este libro un esfuerzo por hallar solución adecuada a las diferentes cuestiones; el equilibrio y buen sentido aparece por doquier: los predicadores debían exponer la fe con razones y dulzura, y no con aspereza, “sin obligar, porque el servicio que es fruto de coacción no es del agrado de Dios” (I, 4).
     Al comienzo de la primavera de 1228 llegó a España como legado del papa Gregorio IX el cardenal Juan d’Abbeville, Halgrin o Alegrin, antiguo regente de la facultad de teología de París, arzobispo de Besançon (1225), y patriarca latino de Constantinopla (1226); tenía por entonces el título de cardenal-obispo de la diócesis suburvicaria de Sabina. Asoció a Raimundo de Peñafort a su legación en calidad de “penitenciario” con el encargo especial de oír confesiones y predicar al pueblo. Tuvo ocasión de enriquecerse en contacto con reyes y nobles, obispos, cabildos canonicales, monasterios, y toda clase de gentes en ámbitos geográficos muy diversos. Desde finales de marzo de 1228 o principios de abril emprendieron un viaje para el que se precisaba resistencia por encima de lo normal. Estuvieron en el monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña (10 de junio), Segovia (16 de julio), Ávila (20-21 de julio), de nuevo en San Pedro de Cardeña (8 de agosto), Carrión de los Condes (20 de agosto), Astorga (septiembre), Pola de Gordón (León, 29 de septiembre), Oviedo, Santiago de Compostela (3 de noviembre), Valladolid (diciembre). Entraron después en tierras de Portugal, quizás por Zamora: Guimarães, Oporto, Tojal y Coimbra (7 de enero de 1229). La siguiente ciudad visitada fue Salamanca (5 de febrero), Zaragoza (20 de marzo), Lérida (29 de marzo), Tarazona (29 de abril), Tudela (1-2 de mayo), Calatayud (20 de mayo), Huesca (fin. de mayo), Ocaña (Toledo, 3 de junio), San Lorenzo de la Parrilla (Cuenca, 14-20 de junio), Sigüenza (17 de julio), León (6 de agosto), Lerma (17 de agosto), Ágreda (26 de agosto), Zuera (31 de agosto), Martorell (Barcelona, 10 de septiembre), Barcelona (11-19 de septiembre), Vic (20 de septiembre), Gerona (25-26 de septiembre).
     El recorrido por una parte tan extensa de la Península Ibérica le dio oportunidad de comprobar las grandes necesidades que afectaban a la Iglesia, y lo oportunas que resultaban para remedio de las mismas las disposiciones promulgadas por el IV concilio de Letrán (noviembre de 1215). El cardenal legado dejó ordenaciones que intentaban atajar la ignorancia del clero y elevar su nivel moral; quería que en las diócesis se abrieran escuelas para su formación, que se predicara y se animara a la frecuencia de sacramentos, que se cuidaran y distribuyeran de manera equitativa los recursos económicos que respaldaban los cargos eclesiásticos, y se residiera en los mismos; pedía que se celebrara con decoro el culto divino, que las órdenes religiosas tuvieran capítulos al menos cada tres años, y se congregaran sínodos provinciales y diocesanos.
     En Zaragoza trataron, en conformidad con el mandato papal, de la validez o no del matrimonio entre Jaime I de Aragón y Leonor de Castilla, hija de Alfonso VIII. Raimundo “penitenciario del señor legado” fue testigo del juramento de los Monarcas en la iglesia de San Juan, en la Casa-Hospital. En esta ciudad tuvieron también ocasión de comprobar cómo se deterioraban las negociaciones del rey de Aragón con el rey moro de Valencia, y conocieron el proyecto que tenía el primero de dirigir sus ejércitos a la conquista de las Baleares. Se conservan las actas del concilio que presidió el legado en Valladolid en el otoño de 1228 con asistencia de obispos de Castilla y León.
     Lo mismo cabe decir para el de Lérida, iniciado el 1 de abril de 1229, en el que se congregaron prelados de la provincia tarraconense.
     Vuelto el cardenal d’Abbeville a la curia papal, entonces en Perusa, y oída su relación, decidió Gregorio IX escribir el 29 de noviembre de 1229 al prior del convento de dominicos de Barcelona y a fray Raimundo, para que animaran con su predicación a los fieles de las provincias de Arlés y Narbona a contribuir con sus ofertas a la guerra contra los moros en las “islas de Mallorca”. No se sabe si esta predicación se llevó a cabo; Mallorca cayó en poder de las tropas de Jaime I el 31 de diciembre de 1229.
     Raimundo declinó la invitación de seguir al cardenal legado hasta la Corte pontificia. De su informe positivo, sin embargo, se siguió la decisión de Gregorio IX de llamarle a su lado. Hacia mayo de 1230 estaba ya en Roma y obtuvo el nombramiento de “capellán y penitenciario del Papa”. Recibió, además, el encargo de hacer una nueva compilación de las decretales pontificias. Parece que a comienzos de 1231 estaba ya ocupado de lleno en el trabajo y en esta tarea permaneció unos tres años, hasta 1234.
     Gregorio IX deseaba ofrecer a la Iglesia una compilación de las diferentes constituciones y cartas decretales de sus predecesores, dispersas hasta entonces en diversos volúmenes o colecciones. Se dispondría así de un buen medio para discernir entre lo equitativo y lo inicuo, y para dar a cada uno lo que le correspondiera en justicia. La compilación se ofrecía dividida en cinco partes: primera, Compendio de la doctrina acerca de la Trinidad y de la fe católica presentada por Inocencio III en el IV concilio de Letrán; también de los oficios y ministros eclesiásticos; segunda, De los testigos y de otros asuntos relativos a los juicios; tercera, De los eclesiásticos; cuarta, Del vínculo matrimonial; quinta, De los crímenes y penas. La compilación Raimundiana fue promulgada por Gregorio IX el 5 de septiembre de 1234. Afirmaba el Papa en la bula Rex pacificus de manera textual: “Para común y máxima utilidad de los estudiantes se decidió redactar [la compilación de las diversas constituciones y cartas decretales] en un solo volumen por obra del amado hijo fray Raimundo, capellán y penitenciario nuestro, cortando lo superfluo, añadiendo las constituciones y decretales nuestras, por las cuales se declaraban algunas cosas que en las anteriores eran dudosas”. Las cinco partes mencionadas constituyen otros tantos libros divididos, a su vez, en 185 títulos que comprenden 1971 capítulos. Realizó el trabajo con amplios poderes del Papa. Éste, cuando lo juzgó necesario, promulgó constituciones especiales para discernir temas confusos o controvertidos; parece que las constituciones circunstanciales alcanzaron la cifra de 65.
     La aprobación pontificia convirtió la obra en texto legal auténtico para toda la Iglesia. Naturalmente, será texto de enseñanza en las escuelas de Derecho.
     Participó en la Corte papal en la canonización de santo Domingo, realizada en Rieti el 3 de julio de 1234. Se cree que al año siguiente Gregorio IX lo nombró arzobispo de Tarragona, pero no aceptó el cargo. Poco después de septiembre de 1234 reunió seis decretales de Gregorio IX y las envió a los frailes predicadores de los diversos conventos de España para que les sirvieran en su tarea de aconsejar y en la administración de la penitencia; las tomó de la nueva compilación hecha por él, y las seleccionó en razón de su novedad y utilidad; versaban acerca de la excomunión, simonía, usura, y clérigos excomulgados, depuestos o que ejercían bajo entredicho. Compuso también por entonces una colección de constituciones nuevas, en que se recogían las decretales promulgadas por Gregorio IX a petición del propio Raimundo entregado a la tarea de compilar las Decretales, para llenar lagunas del derecho, o solucionar dudas cuando no había sólidos fundamentos jurídicos.
     En 1235 continuaba en la curia papal. Por entonces dio respuesta a una serie de preguntas que le formuló el prior provincial de la provincia dominicana de Dacia.
    Creytens ha publicado el manuscrito en 1980.
    Eran varias las preguntas que se hacían y a todas contestó con claridad y equilibrio. Se le interrogó acerca de las facultades del maestro de la Orden para determinados casos, obligaciones y facultades de los que ingresaban, de las excomuniones, absoluciones, restituciones, conocimiento de lo establecido por la Iglesia, fórmula esencial de la consagración eucarística, indulgencias, y usura.
    Desde la ciudad de Perusa donde se encontraba la curia pontificia dio respuesta, el 17 de enero de 1235, a una serie de cuestiones que plantearon al papa misioneros franciscanos y dominicos del norte de África; se encontraban en la región de Túnez y Marruecos desde hacía diez años y habían recibido facultades especiales de Honorio III. Pero la complejidad de los problemas les impulsaba a pedir aclaraciones sobre el modo de proceder. Gregorio IX encargó la respuesta a su “penitenciario” Raimundo; éste, desde sus profundos conocimientos jurídicos, contestó a cada uno de los puntos, anteponiendo el planteamiento de los misioneros. El documento constituye una buena fuente de información sobre determinadas relaciones de cristianos y musulmanes en la zona. Genoveses y españoles mantenían relaciones comerciales en aquella región, contactos que se extendían no sólo a la venta o intercambio de víveres en tiempo de guerra, sino que existía también un verdadero comercio de armas, como espadas, lanzas, cuchillos o materiales para fabricar maquinaria bélica. Cristianos había que, asimismo en tiempo de confrontación, hacían de transportistas a favor de los musulmanes desde zonas fértiles de las regiones norteafricanas a territorios de escasos recursos; se daba, igualmente, la venta de esclavos promovida a veces por los cristianos.
     Compuso también una Summa de matrimonio en torno a 1235-1236, para acomodar la materia relativa a este sacramento a la nueva legislación contenida en las Decretales. Viene a ser un complemento de la Summa de pænitentia, y no es extraño que se haya considerado con frecuencia como su última parte; a finales del siglo xiii los frailes predicadores del Reino de Aragón daban a esta obra el nombre de “Summula”, o breve tratado añadido a la Summa de pænitentia, muy provechosa para confesores y otras personas. En realidad es una acomodación de la Summa de matrimonio de Tancredo de Bolonia al nuevo derecho eclesiástico.
     Realizó esta tarea a petición de sus hermanos de orden y de confesores. No se dispensó de acudir a las fuentes en que se apoyaba el libro del maestro boloñés y reelaboró, cuando era necesario, los tratados que precisaban ajustarse a la normativa vigente. Consta de tres partes: primera, De los esponsales y matrimonio; segunda, De los quince impedimentos para el matrimonio, y tercera, Cómo proceder en el contrato o disolución del vínculo matrimonial, de los hijos legítimos, y de las dotes. Se advierte orden y claridad; cuando acerca de un problema se ofrecían varias soluciones no rehusaba dar su parecer con modestia, anteponiendo éstas o similares expresiones: “Me parece, salvo juicio mejor”, o “No creo que esto sea verdad”.
    Se utilizó ampliamente esta obra dentro y fuera de su Orden. Se le atribuyen dos Súmmulas, o breves tratados, uno sobre la consanguinidad y otros sobre la afinidad. Para la consanguinidad procede por líneas ascendentes, descendentes y transversales; ofrece definiciones, aclara las líneas, y compone árboles para facilitar la inteligencia del tema.
     Hacia mediados de 1236 regresó a su convento de Barcelona con la salud quebrantada. El 15 de octubre de 1236 se hallaba en las Cortes generales convocadas por Jaime I en Monzón (Huesca). Gregorio IX siguió encomendándole asuntos; el 5 de febrero de 1237 la absolución de la excomunión en que había incurrido Jaime I por haber impedido el paso por Huesca al obispo electo de Zaragoza. El 7 del mismo mes y año le mandaba que participara en la elección del arzobispo de Tarragona; un día más tarde en la absolución de Bernardo de Castro Rosellón. El 11 de febrero de 1237 le facultó para que dispensara de un impedimento de consanguinidad en orden a la celebración de un matrimonio. El 11 de julio de 1237, le comisionó para que interviniera en la elección del obispo de Mallorca, en la aceptación de la renuncia del de Tortosa y en la elección del de Huesca. Gregorio IX continuó nombrándolo como “capellán y penitenciario nuestro”, y lo propio hicieron Inocencio IV, Alejandro IV, Urbano IV y Gregorio X, es decir, le dieron este título de por vida. Aunque con poca salud intervino en múltiples asuntos. Así, por ejemplo, respondió al obispo de Urgel sobre el modo de proceder contra determinados herejes (julio de 1238).
     En mayo de 1238 fue elegido maestro de la Orden, aunque en julio de 1238 permanecía todavía en Barcelona, y aprobó el pacto entre el prior del convento de Lyon, Humberto de Romans, y el Monasterio de St. Martin d’Anay, sobre el emplazamiento del nuevo convento en terrenos dependientes de dicha abadía. En 1239 presidió el capítulo general de París. Por las actas del mismo se comprueba el trabajo orientado a mantener la Orden en el ideal primitivo, en cuanto a la sencillez y austeridad de vida, pobreza, distanciamiento de los asuntos temporales y estudio. A este respecto determinaron que los profesores no fueran elegidos priores ni tampoco representantes de la provincia en el capítulo general, a no ser que éste se celebrara en el territorio de su provincia. Se conserva un breve esquema con los puntos que desarrolló en un sermón ante el clero de París en la iglesia de Saint Jacques.
     De París se trasladó a Italia; seguramente se encontraba ante Gregorio IX en Anagni el 25 de octubre de 1239, y obtuvo una bula en que se prohibía que, sin licencia especial del Papa, no pudieran otras Órdenes llevar el hábito de la dominicana. El 16 de noviembre, ahora ya desde el palacio de Letrán en Roma, concedió el Pontífice a los frailes predicadores, entregados a iluminar a las gentes con la luz de la divina sabiduría y a fin de no impedir su misión, que no estuvieran obligados al oficio de corregir o visitar monasterios o iglesias, como tampoco a la ejecución de causas y denuncias de excomuniones, o encargarse del cuidado de religiosas. Hacia finales de 1239 o enero de 1240 fue el propio Raimundo quien se dirigió por carta al Monasterio de Sant’Agnese de Bolonia; exhortaba a las hermanas a aceptar las pruebas como una muestra del amor divino, a la vez que se manifestaba pronto a prestarles ayuda.
     Parece que permaneció en Roma hasta mediados de mayo de 1240. El 8 de febrero consiguió de Gregorio IX que los obispos pudieran absolver de toda censura a los dominicos. El 11 de mayo el papa prohibió a los frailes que abandonaran la Orden sin permiso del superior; el mismo día concedió al maestro de la Orden y a los miembros de la misma que no estuvieran obligados a recibir comisiones de causas o a ejecutar sentencias; todavía el mismo día mandó a los prelados de la Iglesia que no acogieran a frailes apóstatas y excomulgados; asimismo que fuera de las ciudades pudieran servirse de altar portátil para la celebración de la eucaristía, y que no se vieran afectados por documento apostólico alguno a no ser que se mencionara expresamente su Orden.
     El 12 de mayo concedió al maestro y a los priores facultades para absolver con ciertas condiciones de censuras a los que quisieran entrar en la Orden; pedía a todos respeto y obediencia a los obispos, excepto en la institución o destitución de priores, y recomendaba, en fin, la Orden a los prelados de la Iglesia.
     Por el mes de mayo de 1240, y coincidiendo como de costumbre con la fiesta de Pentecostés, se celebró capítulo general en Bolonia; se repitieron diferentes ordenaciones del anterior, se precisó cuanto afectaba al uso y traslado de libros de los profesores, y se concretaron puntos que afectaban a las constituciones.
     En este capítulo, a los dos años de su elección, presentó la renuncia al cargo, por no encontrarse con fuerzas para la misión que cargaba sobre sus hombros.
     Le fue aceptada y se estableció que después de su muerte gozara de idénticos sufragios que el maestro de la Orden. Durante el generalato hizo una nueva redacción de las constituciones; colocó las diferentes disposiciones bajo ciertas distinciones y títulos, agrupó materias que hasta entonces se presentaban de forma confusa, suprimió e introdujo disposiciones que se añadieron al texto más antiguo. Su labor fue aprobada por el capítulo de 1241. En sus líneas generales duró hasta la codificación de 1924.
     Terminado el oficio regresó a Barcelona. Aunque su salud no era buena, y de ello hablaba más de una vez, se mantuvo en activo. Los papas siguieron confiándole asuntos. Inocencio IV en marzo de 1247 le comisionó, junto con otros, para que averiguara si el conde de Toulouse había dado señales de arrepentimiento a la hora de la muerte. Al año siguiente, también en marzo, le encargó tomar parte en la elección de obispo de Lérida. En octubre quiso que el prior provincial de los dominicos de España se pusiera de acuerdo con él para mandar inquisidores a la Narbonense, y que el arzobispo de Narbona le enviara información sobre la forma de proceder contra los herejes en aquellas tierras. En febrero de 1253 le facultó para que confirmara la elección del abad de Tavèrnoles, y en agosto del mismo año recibió delegación para que aceptara la renuncia del abad de Ripoll, impedido por una enfermedad incurable.
     Alejandro IV, en mayo de 1255, le pidió que en su nombre aceptara la dimisión del obispo de Lérida, anciano y enfermo, y que dispusiera de los bienes de aquella iglesia. En julio del año siguiente le confió la reforma del Cabildo Catedral de Vic. En julio de 1259 le pidió que recibiera la renuncia del abad de Sant Joan de les Abadesses; en julio de 1260 le otorgó facultades para introducir en el norte de África misioneros dominicos.
     Urbano IV le pidió en febrero de 1263 que aconsejara eficazmente al conde de Urgel para que recibiera por mujer a Constancia, nieta de Jaime I, con la cual había contraído matrimonio “in facie Ecclesiae”. En marzo de 1266 fue Raimundo quien escribió a Clemente IV planteándole el asunto del matrimonio del mencionado conde; con esta ocasión manifestaba que estaba afectado por enfermedades múltiples y gran debilidad corporal. En agosto de 1266 Clemente IV tuvo en cuenta su opinión a la hora de nombrar arzobispo de Toledo. Gregorio X, en agosto de 1274, le confió arbitraje en una controversia entre franciscanos y mercedarios.
     Jaime I hizo testamento en su presencia en 1241 y le nombraba consejero en la ejecución del mismo. Seguramente en 1258 escribió una carta a este mismo rey tratando un asunto por el que se había interesado el Monarca. En enero de 1259 absolvió a Ferrer de Vilanova a instancias de fray Raimundo. En octubre de 1260 el infante don Pedro le hizo testigo de una protesta secreta contra donaciones hechas por el rey de Aragón. En agosto de 1263 Jaime I ordenó a los judíos que eliminasen de sus libros frases que a los cristianos sonaban como blasfemias y para ello pidieran parecer a Raimundo. En julio de 1266 hizo de testigo en un acto del infante don Pedro. En septiembre de 1268 lo fue de una sentencia de Jaime I en la cuestión de la herencia del judío Bonasc de Besalú; el 21 de octubre de 1269 testificaba la declaración hecha por el mismo Rey sobre cambio de moneda.
     En 1242 el arzobispo de Tarragona Pedro de Albalat le consultó sobre el modo de proceder en la Inquisición contra los herejes; respondió con un Directorium, verdadero manual apoyado en la legislación pontificia. Intervino en varios testamentos, reparto de bienes, ventas, permutas, arbitrajes, composición de litigios, asuntos matrimoniales, concordias, actos de obediencia, tanto del clero como de religiosos y seglares. El 15 de octubre de 1243 estuvo presente en el Monasterio de Sant Cugat del Vallès en la entrega que hizo el arzobispo de Tarragona del hábito dominicano al obispo de Barcelona Pedro de Centelles. En marzo de 1262 escribió a la priora dominica de Santa María de Castro, en San Esteban de Gormaz —hoy en Caleruega (Burgos)—, informándole que había recibido comisión del maestro de la Orden, Humberto de Romans, para averiguar los derechos que tenían para ser atendidas por los frailes predicadores; llevó el caso con gran diligencia y eficacia. Mérito suyo fue la promoción de Estudios o Escuelas de lenguas de hebreo y árabe para la formación de misioneros: Túnez (1250), Barcelona (c. 1259), Murcia (1265).
     Falleció en el Convento de Santa Catalina de Barcelona, el 6 de enero de 1275. En los funerales tomaron parte los reyes de Aragón y Castilla, así como varios obispos, clero y ciudadanos. El 13 de diciembre de 1279 el concilio provincial de Tarragona —formaban parte de él, además de los obispos de Cataluña, los de Zaragoza, Huesca y Valencia— suplicó al papa Nicolás IV su canonización. El rey Pedro III el 8 de agosto de 1281 pidió de nuevo a Martín IV la canonización.
    La política que mantenía el rey de Aragón en tierras de Italia y que le llevó a la excomunión papal obstaculizó el proceso. Volvieron con su petición a Bonifacio VIII el 10 de noviembre de 1296 los consejeros de Barcelona; daban fe de la gran devoción popular que se manifestaba en torno al sepulcro, para el que se estaba construyendo una capilla en 1299, en el interior de la iglesia de Santa Catalina.
     El 13 de junio de 1298 pidieron la canonización las ciudades de Zaragoza, Barcelona, Lérida, Tarragona, Huesca, Calatayud, Valencia, Játiva, Tortosa y Gerona.
     A esta instancia se unieron los frailes predicadores de Barcelona; la devoción y el concurso de fieles ante el sepulcro iba en aumento. Por entonces suplicaron también el comienzo del proceso los conventos dominicanos de Barcelona, Zaragoza, Huesca, Calatayud, Lérida, Mallorca, Valencia, Tarragona, Gerona, Urgel y Játiva. El concilio de Tarragona volvió a plantear el tema el 18 de enero de 1317 y, parece que en el mismo año, las Cortes celebradas en Perpiñán; los frailes predicadores reunidos en capítulo general habían pedido al rey Jaime II que postulara la canonización. Pedro IV de Aragón acudió también al Papa con una súplica fechada en Valencia el 21 de julio de 1349.
     Sin embargo, habrá que esperar doscientos años para que el papa Pablo III concediera en 1542 autorización a la provincia dominicana de Aragón para celebrar su fiesta litúrgica, el 7 de enero. Se volvió a emprender la causa en 1587. Felipe II pidió la canonización el 22 de junio de 1596 y, por el mismo año, también el emperador Rodolfo de Habsburgo, el arzobispo de Tarragona, los obispos de Barcelona y Vic, los consejeros de Cataluña y Barcelona, y el capítulo general de la Orden dominicana. Lo canonizó, al fin, Clemente VIII el 29 de abril de 1601. En 1648 Inocencio X lo declaró patrono de la ciudad de Barcelona.
     Su sepulcro se veneró en una capilla especial de la iglesia Santa Catalina hasta la exclaustración de 1835. En 1838 se trasladó a una capilla lateral de la Catedral de Barcelona, donde se venera en la actualidad.
     Son abundantes las representaciones iconográficas a partir del sepulcro realizado en el siglo xiv. Aparece a veces en atuendo de doctor; el beato Angélico lo pintó en San Marcos de Florencia entre los maestros de la Orden. En el siglo xvii Ludovico Carraci, basado en una leyenda del siglo xvii, lo pintó atravesando el mar valiéndose de su capa; muy frecuentemente aparece con las Decretales en su mano o con una llave, símbolo del sacramento de la penitencia (Vito Tomás Gómez García, OP, en Biografías de la Real Academia dela Historia).
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