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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 17 de mayo de 2023

Los principales monumentos (Casa-Palacio Matrera Abajo; Casa-Palacio García de Veas; antiguo Convento de Franciscanos Descalzos (Iglesia de Mª Auxiliadora); Hospital de la Caridad; Puente de San Miguel; Iglesia de San Francisco; Ermita del Cristo del Romeral; y Yacimiento de Sierra Aznar) de la localidad de Arcos de la Frontera (y VII), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa-Palacio Matrera Abajo; Casa-Palacio García de Veas; antiguo Convento de Franciscanos Descalzos (Iglesia de Mª Auxiliadora); Hospital de la Caridad; Puente de San Miguel; Iglesia de San Francisco; Ermita del Cristo del Romeral; y Yacimiento de Sierra Aznar) de la localidad de Arcos de la Frontera (y VII), en la provincia de Cádiz.

Casa-Palacio Matrera Abajo
     Pertenecía a la familia Veas.
     La fachada principal tiene portada de piedra rematada por un escudo heráldico pétreo y que corresponde al linaje García de la Zarza Real de Veas.
     El interior, al que se accede mediante zaguán, mantiene el pavimento original y aparece ordenado en torno a un patio central que conserva dos galerías, destacando la de la primera planta que se compone de ocho arcos de medio punto rebajados, que descansan sobre columnas de mármol.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Casa-Palacio García de Veas
     Ubicada en la Plaza Modesto Gómez, 1 (Barrio Bajo) y construida en el siglo XVIII.
     La fachada del edificio conserva portada de piedra coronada por blasón labrado en piedra y timbrado de corona de marqués, que representa los apellidos García, Veas, Gómez, Guerra, Sevillano, Lara y Ayllón.
     En el interior se ubica un patio central que ordena el espacio.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

antiguo Convento de Franciscanos Descalzos (Iglesia de Mª Auxiliadora)
     El convento de franciscanos descalzos se fundó en el lugar que ocupaba la ermita de la Virgen de la Cabeza a expensas de Isabel de Palacios Espinosa, cuya familia obtuvo el patronato de la capilla mayor. En 1644 se inauguró el conjun­to, que tras la desamortización de Mendizábal quedó abandonado hasta que a finales del siglo XIX. Se instalaron en él los salesianos. En 1931 el conjunto fue saqueado e incendiado, por lo que posteriormente el templo hubo de ser reconstruido en su práctica totalidad. 
     A mediados del siglo XX pasó a convertirse en parroquia. La iglesia actual presenta una nave rectangular de techumbre plana y presbiterio cuadrangular cerrado por cúpula semiesférica sobre pechinas. El retablo mayor procede de la iglesia de San Miguel y es una pieza academicista en madera, actualmente repintada en blanco, con un cuerpo y ático sustentados por columnas corintias. En la nave hay una imagen dieciochesca de candelero de la Virgen de la Fuensanta, titular de una ermita hoy en ruinas, y una talla de san Pedro de Al­cántara fechable a comienzos del siglo XVIII. En el lado de la epístola del presbiterio se conserva la capilla del sagrario, único resto del antiguo convento, pieza de mediados del siglo XVIII con planta cuadrada cubierta por cúpula rebajada so­bre pechinas decorada con yeserías geométricas. La preside un retablo de madera dorada y policromada, realizado hacia 1740 compuesto por un cuerpo sustentado por estípites y ático, cuya traza se relaciona con la producción de Agustín de Medina y Flores. En las dependencias parroquiales se conserva una talla de la Virgen con el Niño que presidía la capilla que se abrió durante el siglo XVIII en el arco de Matrera. Es una obra barroca muy reformada a mediados del siglo XX por Juan Luis Vasallo Parodi (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Este convento se construye gracias a Isabel de Palacios Espinosa, quien deseaba fundar una casa de frailes apartada del comercio, ya que su deseo era que le sirviera de sepultura a su familia.
     Se inauguró en el 1644 y desde el principio se impartía Arte y Teología. Su fachada, precedida de un pequeño jardín, se encuentra encuadrada por dos pares de pilastras estriadas y en el centro se ubica el vano de acceso, coronado con frontón y hornacina que alberga una pintura de San Juan Bosco con niños. Todo el conjunto parece rematado por una espadaña.
     La planta del edificio es rectangular con cubierta plana, mientras que el presbiterio es cuadrangular. La cabecera aparece presidida por un retablo que procedía de la iglesia de San Miguel.
     En el interior se conservan varias imágenes entre la que destaca la de San Pedro de Alcántara y la de candelero de la Virgen Fuensanta, siglo XVI.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Hospital de la Caridad
     En su origen, hacia 1600, se levantó en este solar una ermita regentada por la hermandad de la Caridad, junto a la cual se dispuso un cementerio para las víctimas de las epidemias. En 1757 el prioste de la cofradía Manuel Simón Ayllón de Lara y su mujer María Josefa Roldán y Pavón decidieron levantar a su costa una nueva iglesia y hospital de convalecientes, cuyas obras concluyeron en el año 1769 y, aunque no existe constan­cia documental al respecto, sus trazas se pueden relacionar con el estilo de Antonio Matías de Figueroa. Tras un largo período de abandono du­rante el siglo XIX, volvió a ser habilitado como centro asistencial para la tercera edad a inicios del siglo XX.
     Centra el conjunto hospitalario la iglesia que tiene planta octogonal con muros articulados por pilastras corintias sobre las que va una cornisa mixtilínea y cubierta de bóveda rebajada con lunetos entre fajas, cuya superficie está comple­tamente decorada al fresco con elementos rococó y diversas escenas de la vida de distintos santos especialmente relacionados con la caridad, entre los que se incluye un retrato de Simón Ayllón y su mujer. Cuenta con tres capillas, la mayor de plan­ta rectangular y ábside semicircular, las latera­les con planta semicircular y cubiertas de cuarto de esfera. A la nave y el presbiterio se abren tribunas de movida planta con bases decoradas por rocallas realizadas en yesería, cierres de forja y celosías de madera. Sobre las tribunas del presbiterio se sitúan los escudos de los mecenas.
     Los tres retablos que presiden las capillas son de madera oscura y presentan planta cóncava con movidas formas rococó que pueden re­lacionarse con la producción del ensamblador Gabriel de Arteaga. El mayor tiene un cuerpo de una sola calle con camarín central flanqueado por parejas de columnas corintias situadas en distintos planos y ático a modo de gran cascarón rematado por un pabellón con cortinajes fingi­dos sustentados por ángeles niños que parten de un doselete central.
     El camarín es de espejos y tarjas de madera dorada y alberga la talla de candelero de la Virgen de la Caridad, obra del siglo XVII, con niño de mediados del XVIII, y en el ático se sitúa una talla en madera oscura de san Pedro apóstol contemporánea del retablo.
     Los retablos colaterales son gemelos y presentan un cuerpo flanqueado por parejas de colum­nas corintias y ático. Tanto la disposición expansiva de las columnas como la complejidad de las cornisas y otros elementos arquitectónicos confieren a estas interesantes piezas un acentuado sentido teatral. Ocupan las hornacinas principales las tallas policromadas de san José y san Miguel, obras contemporáneas de los retablos que proceden de talleres genoveses. Sobre el vano de acceso al templo se dispone un lienzo exvoto.
     Cuenta esta iglesia con algunas piezas de platería rococó destacables, como la lámpara que cuelga ante la capilla mayor, coronas y cetro de la Virgen de la Caridad y las sacras de los retablos colaterales. A ambos lados de la iglesia se sitúan sendos patios, el correspondiente al lado del evangelio es de formas sencillas con galerías abovedadas sustentadas por pilares y el del lado de la epístola con arcos de medio punto sostenidos por columnas de mármol y galerías también abovedadas. Remata el conjunto una balaustrada de cerámica.
     En el centro del patio hay un brocal de mármol con herraje dieciochesco, que es réplica del original conservado en otras dependencias. Sus frentes se decoran con la alternancia de em­blemas de la hermandad de la Santa Caridad y motivos geométricos. En una de las crujías hay una pequeña fuente de mármol de colores con pinjantes, contemporánea del conjunto, y en el muro frontero se conserva un panel de azulejos sevillanos con el emblema de la Caridad con inscripción que recuerda a Manuel Ayllón donde figura la fecha de 1777. Toda la zona trasera del edificio está ocupada por el jardín, al que se abre una galería de tres frentes con arcos de medio punto sustentados por pilares.
     La fachada principal está centrada por la iglesia, a la que precede un pórtico de tres arcos de medio punto sustentado por columnas de már­mol al que cierra una reja de forja diecioches­ca. El remate de este pórtico, al igual que ocurre en las alas laterales, presenta un característico y ondulante perfil mixtilíneo, que protagoniza la composición del conjunto.
     El vano de acceso al templo se enmarca también por un complejo baquetón de formas sinuosas y a ambos lados del cuerpo de la iglesia van dos pequeñas espadañas cuyo vano, rematado en medio punto, está flanqueado por pilastras toscanas que sustentan un complejo frontón triangular. Entre ellas se dispone un pequeño edículo que repite formas similares. El ala derecha pre­senta la portada de acceso a las dependencias, cuya fábrica es de ladrillo visto. Se compone de dos cuerpos, el inferior flanqueado por colum­nas dóricas y rematado por frontón triangular roto, y el superior centrado por una hornacina flanqueada por columnas y pilastras toscanas que sustentan un frontón curvo, donde se sitúa una alegoría en piedra de la Caridad.
     Los vanos laterales van rematados por grandes frontones triangulares también de ladrillo visto. La fachada del lado izquierdo es más sencilla y presenta sobre el vano de acceso una hornacina de ladrillo visto rematada por frontón curvo que alberga un panel de azulejos dieciochescos en el que se representa a Jesús Nazareno (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se trata de un conjunto arquitectónico de planta rectangular organizado en torno a dos patios laterales, disponiéndose en el centro la iglesia. Esta es de planta octogonal, con dos capillas semiesféricas en los laterales y la mayor rectangular.
     La cubierta se resuelve mediante cúpula semiesférica. Con lunetos en el cuerpo de la iglesia. Las capillas presentan planta semicircular con cubierta de cuarto de esfera y la capilla mayor es de planta circular con cúpula semiesférica. Los muros se articulan mediante pilastras corintias. Los patios se resuelven mediante arcadas de medio punto que descansan bien sobre columnas toscanas o bien sobre pilares.
     Al exterior presenta dos portadas laterales que se corresponden con los patios. Estas, al igual que los vanos que las flanquean, se decoran con columnas adosadas rematadas por frontón triangular. La iglesia presenta un pórtico compuesto por una triple arcada de medio punto sustentada por columnas toscanas. Todo el frente se remata por murete con perfil mixtilíneo. Ante la cúpula se sitúan dos espadañas gemelas, flanqueadas por pilastras toscanas.
     Este conjunto fue construido en la segunda mitad del siglo XVIII, respondiendo a la estética tardo barroca (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Conjunto arquitectónico construido en la segunda mitad del siglo XVIII.
     La iglesia octogonal está flanqueada por dos amplios patios cuadrados limitados al exterior por paramentos con remate ondulado y mixtilíneo. Comunica con el interior por un pórtico de triple arcada de medio punto sobre columnas y cancela de forja.
     Dos espadañas gemelas se sitúan ante la cúpula.
     Los patios conservan dos portadas rematadas por frontón triangular, aunque la izquierda está incompleta. Es un conjunto de estilo colonial y quizás una de las más gratas sorpresas que nos tiene reservadas Arcos.
     El interior de la iglesia es ovalado y de elegantes proporciones, destacando algunas interesantes imágenes italianas y la Virgen de la Caridad en el retablo Mayor con capilla de cristales de colores y espejos.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Puente de San Miguel
     Puente de estructura metálica sobre el río Guadalete, situado a la entrada del municipio por la carretera comarcal 344.
     Se inauguro el día 14 de octubre de 1920. Cubre, en un solo tramo, una luz de 63,50 metros entre apoyos, con tablero inferior, mediante dos vigas principales de cordón inferior recto y superior parabólico. Es de celosía metálica tipo BowString arriostrada y apoyada sobre estribos de fábrica. Las barandilla y aceras son metálicas.
     El puente tiene una longitud total de 63,50 metros, una altura máxima rasante de 10 metros y la anchura del tablero es de 6 metros. Se encuentra en uso y en buen estado de conservación (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El actual Puente de San Miguel o Puente de Hierro, se inauguró el día 14 de octubre de 1920, siendo alcalde Juan José Velázquez-Gaztelu. Presidió el acto el Cardenal de Sevilla Enrique Almaraz, quien acompañó a la comisión municipal a Madrid para conseguir la consecución de la obra por parte del Ministerio de Fomento. Anterior a la construcción de este puente de hierro, hubo muchos proyectos que intentaron solucionar el paso del río Guadalete. Los anteriores puentes habían sido de madera y sucumbían a las numerosas crecidas del río teniéndose que solventar el paso con barcazas. Es en el siglo XVII cuando se pretende realizar el primer puente de cantarería, aunque contó con numerosos problemas y no es hasta que el año 1868 cuando se inaugura el puente de cantería que será destruido, años más tarde (1917), por una riada. A partir de este momento se inician los trámites para la construcción del actual, finalizándose en la primera década del siglo XX (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Iglesia de San Francisco
     El convento de San Francisco tiene su origen en una ermita dedicada a san Antonio que en 1508 levantó fray Antonio de Zamora. Dos años más tarde el mismo religioso fundó en dicha er­mita un convento de franciscanos a expensas de la duquesa de Arcos. La comunidad se mantuvo hasta la desamortización de Mendizábal, cuando comienza un prolongado período de crisis para este convento, del que sólo se conserva en nuestros días la iglesia. El templo primitivo era de estilo tardogótico y constaba de una nave a la que se adosaban varias capillas. En torno a 1660 se emprendieron grandes obras de remodelación y ampliación que se completaron con otras más puntuales realizadas a mediados del siglo XVIII y dieron como resultado el predominante aspecto barroco que presenta hoy el templo, si bien en algunas zonas aún son visibles importantes muestras de la fábrica primitiva. La única nave, de gran longitud está cubierta por bóveda cañón rebajado con lunetos y arcos fajones que descansan sobre pinjantes, que debe corresponder a la intervención dieciochesca. La capilla mayor es de planta rectangular cubierta con bóveda de ca­ñón con lunetos y ante ella se levanta una cúpula semiesférica sobre pechinas que descansa sobre pilastras corintias, tramo al que se abren dos ca­pillas conformando un falso crucero. Tanto este ámbito como el presbiterio presentan una abigarrada decoración de yeserías a base de motivos carnosos, tarjas, escudos, ángeles, alegorías y es­cudos nobiliarios en las pechinas, que recuerdan el estilo de los hermanos Borja y pueden fecharse hacia 1660. A los pies de la nave se sitúa el coro, que descansa sobre una bóveda de crucería abierta a la nave por un arco carpanel sustentado por columnillas, respondiendo toda esta estructura a la fábrica gótica original. Desde el exterior se accede por un pórtico columnado fechable en la segunda mitad del siglo XVII, al que se abre la portada principal, pieza tardogótica de cantería resuelta mediante un gran arco rebajado que descansa sobre columnillas y queda enmarcado por un baquetón rectangular. A su lado se abre otra portada de la misma época, hoy transforma­da en hornacina, que debe corresponderse con el acceso original a las dependencias conventuales. La hornacina, que presenta decoración rococó, está ocupada por la imagen de Jesús de los Pobres, talla dieciochesca de tipo popular. Sobre el pórtico hay un panel de azulejos sevillanos del siglo XVIII que representa a San José.
     Toda la nave y el presbiterio tienen un zócalo de azulejos sevillanos de la segunda mitad del si­glo XVII, interesante obra de motivos vegetales y geométricos de tonos azules sobre fondo blanco, en el que apoyan un Vía Crucis y otras tarjas con escudos franciscanos, emblemas de María y floreros. En la capilla mayor, que fue patronato de la familia Maldonado, se levanta el retablo mayor sobre el mencionado zócalo de azulejos, aquí con los escudos franciscano y dominico flanqueados por ángeles. El retablo es un políptico fechable hacia 1660, con banco que alberga pinturas de diferentes santos, un cuerpo sustentado por delgadas columnas salomónicas y ático. Preside la calle central una talla de la Inmaculada de es­cuela sevillana del siglo XVIII, muy cercana al estilo de Pedro Duque Cornejo. Sobre ella hay un lienzo que representa a san Antonio de Padua atribuido a Francisco Meneses Osorio. En las ca­lles laterales otros lienzos contienen el Jubileo de la Porciúncula y una alegoría de la Inmaculada Concepción. Centraba el ático un altorrelieve de Jesús caído, hoy desaparecido, sobre el que va el escudo franciscano. Los lunetos laterales representan a santa Clara con los sarracenos y el martirio de santa Rosalía. Este conjunto de pinturas puede relacionarse con la producción de Juan Loaysa, que trabajó para el convento en 1667. Los ángeles lampareros pueden fecharse hacia 1770 y presentan el dinámico estilo de los Acosta. En los laterales del presbiterio se levantan retablos gemelos de madera dorada dedicados a san Bernardino y san Francisco, realizados por Juan Navarro en 1744. Constan de un cuerpo sustentado por estípites y ático. El que preside san Bernardino, talla de candelero, tiene a sus lados las imágenes de los arcángeles san Rafael y san Miguel, mientras que en el de san Fran­cisco, expresiva talla dieciochesca, lleva en los laterales a santa Bárbara y santa lucía. Los áticos están ocupados por los corazones de Jesús y de María.
     La capilla que se abre al lado del evangelio está presidida por un retablo de mediados del siglo XX que ocupa la imagen del Cristo de las Tres Caídas, talla de candelero realizada por Antonio Castillo Lastrucci en 1953, quien también talló la dolorosa en 1963. En el lado de la epístola se abren tres capillas, la primera, inmediata al presbiterio está dedicada a santa Ana, que preside un retablo de estuco policromado realizado hacia 1660, con un cuerpo dividido en tres calles por columnas adosadas de orden corintio y ático tripartito, rematado por complejo frontón. Está ocupado por imágenes de candelero, si bien parece estar concebido para albergar pinturas. En el muro frontero hay un retablo rococó en madera oscura, obra de complejo diseño fechable hacia 1760 atribuible a Cayetano de Acosta.
     Ocupa su hornacina una talla policromada del Niño Jesús pasionario de mediados del siglo XVIII. En el testero frontal se abre una hornaci­na de talla policromada realizada hacia 1660 que contiene la imagen de la Virgen de la Bella, talla sevillana de la primera mitad del siglo XVIII. Las dos capillas siguientes son de traza gótica, correspondientes a la fábrica original y se cubren por bóvedas de crucería. La primera es de la cofradía del Cristo de la Columna, cuyo retablo de madera policromada imitando mármoles puede fecharse a mediados del siglo XVIII. Tiene tres calles separadas por estípites y ático y está presi­dido por la imagen del Cristo de la Columna, ta­lla de finales del siglo XVII, restaurada en 1927 por Ramón Chaveli.
     En las calles laterales van las imágenes de can­delero de san Antonio y san Juan Evangelista, contemporáneas del Cristo. En el ático hay un relieve con la Imposición de la casulla a san Ildefonso. Frontero a este retablo hay un marco rococó que contiene una pintura dieciochesca del Ecce Homo y en el testero frontal hay un retablo rococó con la dolorosa de la Paz, talla de candelero de finales del siglo XVII.
     La capilla siguiente es la de las Ánimas y her­mandad del Dulce Nombre. Fue restaurada por Diego Núñez de Castilla en 1721, fecha a la que debe corresponder el retablo de estípites realizado en madera policromada a imitación del mármol que la preside. Su único cuerpo esta ocupado por un gran altorrelieve de las Áni­mas, obra contemporánea del retablo que puede relacionarse con la producción de Diego Roldán o su círculo. En el testero frontal se encuentran las imágenes de la cofradía del Dulce Nombre, crucificado de madera realizado en 1585 por Miguel Adán y muy modificado en 1735 para representar con él la escena del descendimiento. La Virgen de la Quinta Angustia es una dolorosa de candelero de la primera mitad del siglo XVII y el Niño Jesús del Dulce Nombre es una talla dieciochesca procedente de Roma, donada en 1766 por Clemente Antonio Baena.
     En la nave se disponen varias pinturas diecio­chescas que representan a san Juan Nepomu­ceno, san Benito de Palermo, una alegoría del dogma de la Inmaculada Concepción y las Jerarquías angélicas. También hay un panel de azu­lejos sevillanos del siglo XVIII que representa a San Cristóbal.
     El sotocoro está presidido por un retablo de madera dorada sustentado por columnas salomónicas fechable hacia 1670, presidida por una talla de candelero de la Virgen del Rocío. En uno de los muros laterales hay un lienzo de la Inmaculada Concepción, obra de hacia 1750 que pue­de relacionarse con José Timón Ferrari.
     En las cercanías de la iglesia de san Francisco se levanta la capilla de la Virgen de las Aguas, que en  1693 levantaron los hermanos del Rosario de san Francisco. Su sencilla estructura de tipo popular tiene gran valor ambiental (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Es el único resto conservado del antiguo convento de este título. Se trata de una iglesia de una nave rectangular. La nave, de paramentos lisos, se cubre por bóveda de cañón con lunetos, ante la capilla mayor se sitúan dos capillas rectangulares con la cubierta de nervios estrellada. El color se sitúa a los pies de la nave, en alto, la bóveda del sotocoro es de nervios, sustentada por arcos carpaneles sobre columnillas.
     Al exterior presenta un pórtico de arcos de medio punto sobre columnas toscanas. En su interior se sitúan dos portadas.
     Ambas de arco de medio punto flanqueados por columnillas de cardina.
     A la obra primitiva del siglo XVI pertenecen las capillas de la nave lateral, la bóveda del coro y las portadas, todo de formas góticas tardías. La capilla mayor es fechable en la primera mitad del siglo XVII, con decoración del primer barroco, y la bóveda de la nave mayor es igualmente barroca, pero de mediados del siglo XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Esta edificación se realizó por fundación de la Duquesa de Arcos, Beatriz Pacheco, para un convento de Franciscanos Observantes y se inició a principios del siglo XVI en el lugar ocupado por una antigua ermita dedicada a San Antonio de Padua. A finales del siglo XVII se convirtió en colegio de Propaganda Fide, seminario de misiones en España, Filipinas y Ultramar. En el año 1835, con la Desamortización de Mendizábal, quedó extinguido el convento pero continuó la iglesia. El edificio presenta una portada sencilla precedida por una arquería compuesta por arcos de ladrillos que descansan sobre columnas de mármol enmarcadas por alfices. El interior dispone de una nave central con crucero rematado por una cúpula de media naranja a la que se le anexan tres capillas de diferentes estilos (Gótico, Flamígero y Barroco). Cabe destacar el zócalo de azulejos sevillanos del siglo XVII,  la talla de la Purísima (siglo XVIII), un Niño Jesús atribuido a la Roldana, así como el relieve de la capilla de las Ánimas.
HORARIO DE VISITAS:
      Lunes a viernes: 11.00 – 13.00 h / 17.00 – 20.00 h (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Ermita del Cristo del Romeral
     Se levantó en las afueras de la población, en el camino de Bornos, en 1765, para reemplazar a otra anterior situada en las cercanías junto a una cueva, donde la tradición dice que se encontró la imagen del crucificado al que está dedicada. Es una sencilla construcción de planta rectangular con cabecera plana. La nave se cubre por bóveda de medio cañón con lunetos y arcos fajones que descansan sobre pinjantes.
     La capilla mayor es cuadrangular y se cubre por cúpula semiesférica sobre pechinas. Al exterior las líneas son muy sencillas. Originalmente contó con un retablo pintado de tipo rococó, del que aún pueden observarse algunos restos que sobresalen sobre el actual, obra neoclásica del siglo XIX realizado en madera policromada a imitación del mármol, con un cuerpo dividido en tres calles por pilastras y columnas dóricas, rematándose la central por frontón curvo.
     Preside el retablo la pequeña imagen del Cristo del Romeral, talla policromada del siglo XVIII que se aloja en una vitrina rococó de madrea do­rada realizada en 1765 y cuya hechura se puede atribuir a Andrés Benítez. En la zona trasera lleva una pintura que representa la escena de la aparición milagrosa de la imagen (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La primitiva ermita se situaba al borde del arroyo, junto a la cueva donde se halló el Cristo. Debido a que las aguas del arroyo destruían los cimientos y gracias a la donación de D. Andrés Cabrera Mármol, se construyó la actual ermita en 1765.
     El relicario que guarda la venerada imagen, data de 1766.  En septiembre se celebra la Romería en honor al Santísimo Cristo del Romeral.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Yacimiento de Sierra Aznar
     En el término municipal de Arcos, a unos 10 km. de la población, se localizan los restos de una ciudad romana situada en la ladera de la sierra.
     Entre los numerosos restos que afloran en el terreno ocupado por el yacimiento se pueden distinguir con claridad los correspondientes al primitivo recinto amurallado y otros que por su entidad pudieron pertenecer a edificios importantes de la trama urbana.
     La necrópolis se extiende por la zona norte de las murallas y en ella se han localizado algunas tumbas. Pero el conjunto más interesante está integrado por un extraordinario complejo hidráulico. Se construyó aprovechando el desnivel del terreno calizo, a través del cual se filtra­ban las aguas de lluvia, para recogerlas en una sucesión de depósitos, que servían, además para la canalización de las aguas, para su limpieza y posterior  distribución.
     El primer depósito destinado a la captación de aguas podía llegar a almacenar hasta dos millones de litros (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se localizan murallas, bastionadas de más de dos metros de altura y un primer recinto amurallado atribuibles al Bronce Final. En época romana se amplió el recinto amurallado y se construyó un importante conjunto de cisternas para la captación de agua. El sistema hidráulico de Sierra Aznar representa hoy, junto al acueducto de Gades, las manifestaciones más monumentales y complejas de la ingeniería del agua, proyectadas desde el poder político imperial en la organización del conventus Gaditanus. En Sierra Aznar se ha identificado un castellum aquae que estaría integrado principalmente por una cisterna de almacenamiento, unas piscinas limarias y una cisterna de distribución.
     En su ladera Oeste se conservan restos del Castellum Aquae, del cual aún se observan restos de la muralla que lo circundaban, conservando una altura superior a los 5 metros en algunos tramos, así como restos de una de las puertas de entrada en su lado Norte, frente a la necrópolis.
     En la parte más alta del cerro existe una estructura en forma de cono invertido, llamado por los lugareños "cucurucho", que ha sido fechada su construcción en el Bronce Final-Orientalizante (GUTIÉRREZ et alii, 2000) y que permite la recogida del agua de lluvia que es conducida, a través de una sima, a una cascada natural, a cuyos pies se localiza un depósito de una sola cámara, que estuvo destinado a la captación de agua y que es conocido comúnmente como "Baño de la Reina".
     Presenta dos cuerpos de forma cuadrangular y tallado, en parte, en la roca natural. Los muros de fábrica descansan directamente sobre el terreno natural y tanto paredes como suelos se encuentran revestidos con opus signinum, material con el que también se realizaban los cordones hidráulicos. El agua de este depósito pasaría a otro recinto donde se llevaría a cabo la depuración por decantación a través de un conjunto de 10 cámaras rectangulares, comunicadas entre sí, dispuestas longitudinalmente. Además, en sentido transversal, se localizan dos cámaras más que poseen en sus esquinas registros o aliviaderos de agua intercomunicados por medio de tuberías de plomo.
     En una terraza inferior, se encuentra una pileta que tiene la función de distribuir el agua y que difiere de las demás en su planta, ya que ésta es trapezoidal. En su frente Este presenta una comunicación hacia el exterior en forma de arco de medio punto, que podría interpretarse como salida de agua. Conserva además restos de un canalillo vertical, indicando que recibiría agua de la parte superior de la estructura.
     Estos depósitos de mayor envergadura se encuentran acompañados de otros que se distribuyen por toda la ladera, dispuestos en diferentes terrazas, y que se ubican en la parte más baja sirviendo de cimientos a los edificios actuales, así como el la zona circundante de donde se encuentra el pozo que abastece de agua al cortijo.
     En el área circundante del cortijo aún pueden visualizarse restos de muros y piletas que se extiende hasta el borde mismo de la carretera, lo que sin duda supone su continuidad al otro lado de ésta, ya en la delimitación del yacimiento de Canillas.
     En la ladera Norte de este cerro aún pueden observarse los restos de una de las puertas de acceso al recinto amurallado, que está orientada a la zona de necrópolis. A los pies de este acceso, concretamente en la confluencia con la elevación que da nombre al yacimiento, discurre la Cañada del Moro, camino secundario que parte de la cañada de Arcos a Ubrique. En el área destinada a enterramientos se conservan siete estructuras de planta rectangular con muros realizados en opus caementicium con orientación Norte, algunos de ellos con alturas conservadas de hasta 2 metros.
     Esta zona de necrópolis se extiende hacia su parte más baja que la constituyen los yacimientos de Canillas y Cárdenas.
     La información oral aportada por compañeros de profesión indican la presencia de cuevas talladas en la parte que discurre por encima de los elementos descritos y que actualmente se encuentran destruidos por acción de la explotación de una cantera.
     Se debe apuntar también la existencia de los restos de una torre, en mal estado de conservación, en la que aún se puede observar una saetera y que corresponde al periodo medieval. Esta torre, en la segunda mitad del siglo XVII, aún se mantenía en pie según la descripción dada por P. de Gamaza.
     Se conserva una ermita del siglo XVI-XVII.
     Tradicionalmente, aunque sin base epigráfica que lo haya confirmado, al yacimiento de Sierra Aznar se le ha adjudicado el nombre de Calduba, ciudad citada por Ptolomeo dentro del Conventus iuridicus gaditanus. Esta adjudicación la instituyó, en los años 20, el erudito arcense M. Mancheño, debido a los restos que se apreciaban y a la aparición de diverso material arqueológico. No obstante, también dentro de este mismo conventus y cercanas a la zona, Plinio cita otras dos ciudades aún no identifcadas con seguridad, Regina y Laepia Regia, que Thouvenot ubica en el curso inferior del Guadalete. Otras ciudades de la zona, de las que se conoce sus nombres como Saguntia y Lacca, han sido adscritas a yacimientos arqueológicos situados en Gigonza y cortijo de Casablanca.
     A día de hoy no existen pruebas de que este lugar sea efectivamente Calduba, desconociéndose también su estatuto administrativo y organización interna ya que los numerosos restos que asoman en superficie se observan sólo parcialmente e inconexos, sin reconocerse un diseño básico de un modelo urbano.
     Pedro de Gamaça Romero (1634), Fray Pedro Mariscal (1729) y ya más adelante eruditos locales como Mateo Francisco de Rivas y Miguel Mancheño y Olivares se hacen eco de hallazgos causales en la zona acontecidos a principios del siglo XIX y en la transición entre los siglos XIX y XX respectivamente. Mancheño aporta el dato del arrasamiento que sufrió el yacimiento, al servir como cantera para las edificaciones circundantes como el caserío edificado al pie de la sierra e incluso la que hoy es la Basílica Menor de Santa María de Arcos. Consta en la Colección Mancheño donada al Museo de Cádiz tras su muerte, una cabeza de guerrero sobre pórfido rojo hallada en Sierra Aznar.
     Posteriormente las referencias se limitan a Enrique Romero de Torres (1934) y César Pemán (1954). El primer estudio más completo que se escribió fue por parte de Lorenzo Perdigones tras la realización de la carta arqueológica de Arcos de la Frontera en 1986. En el planteó que las construcciones hidráulicas de Sierra Aznar debían formar parte del sistema de captación y distribución de aguas del acueducto romano de Cádiz. Posteriormente trabajaría en el yacimiento Gener Basallote donde también identificaría dichas estructuras como un castellum aquae, posiblemente también como recurso extra al suministro de agua del acueducto del Tempul.
     Impulsados por la Ruta Arqueológica de los Pueblos Blancos (1997-2003) numerosas fueron las investigaciones por parte de colaboradores del proyecto. Entre ellos, Richarte planteó la posibilidad de que tal cantidad de agua sirviera para el riego de explotaciones agrícolas de las zonas, ya que se constata la existencia de numerosas villas romanas.
     Por último, y al hilo de la última canalización localizada en la ladera meridional, se vienen dando una serie de investigaciones por parte de Zuleta Alejandro y Mata Almonte que sitúan Sierra Aznar como un posible centro minero, caso excepcional en toda la región (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa-Palacio Matrera Abajo; Casa-Palacio García de Veas; antiguo Convento de Franciscanos Descalzos (Iglesia de Mª Auxiliadora); Hospital de la Caridad; Puente de San Miguel; Iglesia de San Francisco; Ermita del Cristo del Romeral; y Yacimiento de Sierra Aznar) de la localidad de Arcos de la Frontera (y VII), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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domingo, 14 de mayo de 2023

Los principales monumentos (Casa-Palacio de los Virués de Segovia e Inestal; Casa-Palacio de los Núñez de Prado, antigua Casa-Palacio de los Marqueses de Torresoto; Casa-Palacio Juan de Cuenca y Farfán de los Godos; Ermita de San Antonio Abad; Iglesia de San Agustín; restos antigua Muralla Almohade; y Puerta Matrera) de la localidad de Arcos de la Frontera (VI), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa-Palacio de los Virués de Segovia e Inestal; Casa-Palacio de los Núñez de Prado, antigua Casa-Palacio de los Marqueses de Torresoto; Casa-Palacio Juan de Cuenca y Farfán de los Godos; Ermita de San Antonio Abad; Iglesia de San Agustín; restos antigua Muralla Almohade; y Puerta Matrera) de la localidad de Arcos de la Frontera (VI), en la provincia de Cádiz.

Casa-Palacio de los Virués de Segovia e Inestal
     Esta Casa Palacio del siglo XVII ocupa la totalidad de una manzana trapezoidal y perteneció a la familia Virués de Segovia. La fachada es de piedra y sobre el dintel de la puerta se localiza un escudo ovalado y partido de mármol que representa a la casa de Virués de Segovia e Inestal. En el exterior se observan columnas en las esquinas que sirven de refuerzo. El interior se estructura en torno a un patio donde destaca el brocal calizo del pozo.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Casa-Palacio de los Núñez de Prado
     Casa Palacio del siglo XVII que en los últimos años del siglo XIX pasó a manos de particulares, que la desmantelaron. En los primeros años de la década del siglo XX fue tostadero de café y fábrica de harinas.
     Su fachada es de piedra, aunque conserva parte de su fábrica en ladrillo visto. Presenta entablamento y frontón partido que alberga un escudo circular de mármol que representa los apellidos Moreno, Núñez de Prado y López Maldonado.
     El interior se estructura en torno a un patio conservando aún la galería de la planta baja de arcos carpaneles sustentados por columnas.
     Actualmente es casa de vecinos.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

antigua Casa-Palacio de los Marqueses de Torresoto
     Al mismo período (tardogótico) pertenecen los restos de la primitiva portada del palacio de Torresoto, situado en la calle del mismo nombre, que presenta en el cuerpo superior de su portada vano geminado con tracería. En su interior barroco destaca el patio columnado al que se abre un pequeño oratorio de mediados del siglo XVIII, con azulejería sevillana y un retablo de madera dorada sustentado por estípites que contiene la imagen de la Divina Pastora (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Fue el primer palacio de los Marqueses de Torresoto. Del edificio destaca la noble portada del S.XVIII con escudo de armas cuartelado que representa los apellidos de las diferentes familias que habitaran la casa, Andino, Gamaza, Bohórquez y Quintanilla. En 1831 paso a ser propiedad del Marqués de Torresoto. A la derecha de la fachada se observa un azulejo del  S.XVIII que evidencia que sus propietarios fueron familiares de la Santa Inquisición. Se sitúa frente a la Plaza del Cananeo que fue escenario de Autos Sacramentales. Esta pequeña plaza  conserva aún la solera del viejo Arcos.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Casa-Palacio Juan de Cuenca y Farfán de los Godos
     Casa Palacio del siglo XVII, ocupa todo el trazado de la calle homónima en referencia a este militar que participó en el socorro de Cádiz en 1625 ante el ataque de los ingleses.
     La fachada está compuesta por una portada de piedra rematada con un entablamento decorado y frontón partido que alberga un escudo con las armas de la familia Cuenca y Farfán de los Godos.
     El inmueble se estructura en torno a dos grandes patios comunicados a través de una gran escalera. Los patios poseen galerías abiertas con dos alturas compuestas por arcos que descansan sobre columnas de mármol.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de San Antonio Abad
     El origen de esta ermita data del siglo XVI, pero en 1681 fue  reconstruida, formando parte de un hospital de convalecientes, denominado de Santa Teresa. Los trabajos de construcción se completaron en 1715 y desde 1744 albergó a la cofradía de los servitas y en 1767 quedó bajo el patronato de los duques de Arcos. A mediados del siglo XX, tras hundirse las bóvedas, quedó en estado de ruina, situación en la que aún permanece.
     Es de planta rectangular y consta de una nave cubierta por bóveda de medio cañón con lunetos y cúpula semiesférica sobre pechinas en la capilla mayor. El retablo, conservado parcialmente, es de madera dorada y policromada y comenzó a construirse en 1744, pero presenta importantes modificaciones de la segunda mitad del siglo XVIII a las que responden las decoraciones rococó que ocupan gran parte del primer cuerpo. Consta de un cuerpo sustentado por estípites y ático tripartito (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     En 1681 los hermanos de San Antonio Abad solicitan al cabildo el traslado de la ermita a este lugar, antiguo barrio de Zarahonda y comienzan las obras en 1682. En 1767 quedó bajo el patronato de los Duques de Arcos y el edificio estuvo en uso hasta 1787 por la Orden Hospitalaria de San Antonio Abad.
     El edificio entró en ruina en 1950 y en 1961 la bóveda se hundió definitivamente, situación en la que ha permanecido hasta hace escasos años en que ha sido restaurada.
     La fachada del edificio se estructura en torno al vano de entrada flanqueado por pilares con basa que sustentan un entablamento y un frontón partido en cuyo centro se alberga el corazón de Jesús. El conjunto se remata con una espadaña. La planta del edificio es rectangular y consta de una nave con cubierta de bóveda de medio cañón con lunetos realizada con ladrillos.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Iglesia de San Agustín
     En 1586 los padres agustinos fundaron este convento, en el solar donde se había establecido en 1539 el convento de san Juan de Letrán, que también fue beaterio de las Emparedadas. Inmediatamente levantaron las dependencias con­ventuales y un nuevo templo, que en 1686 fue reedificado con la ayuda de Juan Ayllón de Lara y Pedro Angulo Bohórquez, a quienes dieron el patronato de la capilla mayor. Con la desamortización de Mendizábal se abandonó el convento y desaparecieron las dependencias, de las que sólo restan en la actualidad algunos fragmentos poco significativos. La iglesia ha mantenido el culto gracias a la cofradía del Nazareno, fundada en 1564 y establecida en el convento desde sus primeros años.
     El templo es de una nave y presenta planta de cruz latina con cabecera plana. A la nave, cubierta por bóveda de cañón con lunetos, se abren capillas comunicadas entre sí por pequeños va­nos y sobre ellas van tribunas en forma de balcón, en el crucero hay una cúpula semiesférica sobre pechinas con yeserías que albergan los escudos de los patronos de la capilla mayor. Tras el terremoto de 1755 quedó muy dañada y hubo de ser reconstruida. En la fachada lateral se abren dos portadas gemelas, una de ellas tapiada en la actualidad, de sencilla composición cuyos vanos se enmarcan por molduras planas y se rematan por frontón triangular roto en cuyo centro hay hornacinas planas. La espadaña presenta dos cuerpos articulados por pilastras toscanas, entre los que se abren vanos rematados en medio punto; el primer cuerpo se corona con frontón triangular roto, solución que se repite en el segundo. El retablo mayor, de madera oscura, puede fecharse hacia 1740 y presenta un cuerpo articulado por estípites con ático. El cuerpo central está presidido por una hornacina con la imagen de candelero de san Agustín de carácter popular y sobre ella se sitúa el manifestador. Las imágenes de las calles laterales también son de candelero y ajenas al programa iconográfico original del retablo. En el ático, un gran relieve contemporáneo del retablo representa a san Agustín entre Cristo crucificado y la Virgen. Los testeros fron­tales del crucero presentan dos retablos gemelos de madera dorada y policromada construidos por la cofradía de Jesús Nazareno hacia 1690. Ambos constan de un cuerpo flanqueado por columnas salomónicas pareadas y ático rematado por frontón curvo. En la hornacina del situado en el lado del evangelio se encuentra la imagen de candelero de Jesús Nazareno, obra de pasta policromada, realizada en 1600 por el escultor genovés residente en Cádiz Jácome Velardi.
     Ante el Nazareno hay dos pequeños ángeles pasionarios de talla fechables en el primer tercio del siglo XVIII. La pintura del ático, contem­poránea del retablo, representa al Ecce Homo. En el lado de la epístola ocupa la hornacina la imagen de candelero de la Virgen del Mayor Dolor, obra anónima de la primera mitad del siglo XVIII. El ático está ocupado por una pintura que representa el Encuentro en la calle de la Amar­gura. Los testeros frontales del crucero también tienen retablos gemelos de madera dorada y po­licromada sustentados por estípites y fechables hacia 1740. El correspondiente al lado del evangelio está ocupado por una imagen de candelero de santa Rita y en el de la epístola hay una talla policromada de san José, obra genovesa de la segunda mitad del siglo XVIII cercana al estilo de Jácome Vaccaro.
     La primera capilla del lado del evangelio está dedicada a san Nicolás de Tolentino, imagen de candelero que preside un retablo en madera oscura de estípites fechable hacia 1740. A continuación se encuentra la capilla de san Nicolás de Bari, cuyo retablo de madera dorada y sustentado por columnas salomónicas se puede fechar hacia 1690. La talla policromada del titular, obra del círculo roldanesco, es contemporánea del retablo. La tercera capilla presenta un retablo de dinámico diseño rococó en madera oscura sus­tentado por estípites, que puede fecharse hacia 1760, y es atribuible al tallista Andrés Benítez. Está presidido por una Virgen de candelero del siglo XVIII. Las capillas tercera y segunda del lado de la epístola presentan retablos gemelos de madera policromada y dorada, sustentados por columnas salomónicas y fechables hacia 1690. Están ocupados por la imágenes de candelero de un santo agustino y la Virgen del Carmen, obras que no parecen corresponder al programa origi­nal, mientras que las pinturas de los bancos que representan la Dormición de la Virgen y el Sueño de san José y las de los áticos con san Pedro y san Andrés, son contemporáneas de los retablos. La primera capilla está dedicada a santo Tomás de Villanueva, talla de candelero de tipo popular que ocupa un retablo de madera oscura de finales del siglo XVII.
     La cofradía de Jesús Nazareno conserva algunas piezas de artes suntuarias de interés, entre ellas la cruz procesional, con chapas de carey y cantos de plata, fechable a mediados del siglo XVIII, y unas potencias del siglo XVII. También posee un  importante conjunto de piezas bordadas para las imágenes e insignias en los siglos XVIII y XIX (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Su fundación data de 1539, como Convento de San Juan de Letrán. En él vivieron el “Beaterio de las Emparedadas” hasta la finalización de las obras del Convento de la Encarnación en el que se refunden.
     En 1586, La Orden de San Agustín de la Observancia, funda el convento de frailes agustinos calzados y construyen una iglesia mejor que se bendice en 1587, ultimando el retablo mayor un carpintero y tallista local, Martín Hernández. El Convento tuvo una vida floreciente y contaba con 20 religiosos predicadores que enseñaban Gramática, Arte y Filosofía en los inicios del Siglo XVIII. Los eruditos locales nos cuentan cómo el claustro grande contaba con 28 columnas de jaspe negro. Su decadencia se inicia a partir del S. XIX cuando cuentan tan sólo con seis agustinos y ya en 1835 la desamortización les obliga a irse.
     Tras su abandono, el convento se fue convirtiendo en ruinas, permaneciendo la Iglesia. En ella, debemos centrar nuestra atención en la imagen de Jesús Nazareno, pues goza del fervor y la pasión popular de todo el pueblo. Su hermandad se crea en 1564 impulsada por los padres agustinos. En 1600 encargan a Jacome Velardí, un Cristo de “estatura de dos varas, con su cruz gruesa de color parda y parihuelas y peanas”. La madrugada del Viernes Santo recorre sus calles seguido de un gran número de devotos.
HORARIO DE VISITAS:
     Lunes a viernes: 10.30 a 13.00 h / 16.00 a 18.30 h
     Sábados: 10.30 a 13.00h
     Domingos cerrado (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

restos antigua Muralla Almohade
     Desde época musulmana Arcos contó con un potente perímetro amurallado, aunque las características topográficas de la población hicieron innecesarios su construcción en algunas zonas cuyo escarpe suponía ya un elemento  defensivo natural. Se extendió a lo largo de la peña entre las puertas de Jerez y de Matrera. Son pocos los lienzos de muralla visibles actualmente, aunque buena parte de ellos pueden conservarse embutidos en construcciones posteriores. A lo largo de la historia el recinto fue sometido a diversas reformas y la última posiblemente fuera realizada en el siglo XV por los Ponce de León (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     En algún momento de los siglos XI- XII se erigiría la muralla de Arkûs, una población andalusí de 14,5 hectáreas de superficie, aunque no existe confirmación de que todo el terreno incluido dentro de ella estuviera consolidado por la edificación. Este poblamiento fue definido mayoritariamente como hisn por las fuentes islámicas, y por dos veces fue cabeza de efímeros estados independientes, alcanzando su período de mayor esplendor en época almohade (Viguera Molins, 2003: 40-41).
     Los restos más importantes de la muralla urbana se han conservado en el entorno de la Puerta de Matrera, al sureste de la población. También se han preservado algunos lienzos correspondientes a la Alcazaba, que fueron incorporados al castillo, reedificado en el siglo XV. Es muy probable que otros vestigios se encuentren enmascarados en las edificaciones actuales, que pueden custodiar restos de construcciones andalusíes, como el arco lobulado que apareció en el inmueble nº 9 de la calle Boticas, con interesantes bajo-relieves de lacería e inscripciones en árabe.
     El frente sureste de la cerca contaba con ocho torres en época andalusí, de las que se han conservado seis, al menos un acceso acodado ¿denominado actualmente como Puerta del Cómpeta¿ y una torre albarrana cercana al cantil norte (Alonso Ruiz y García-Pulido, 2013). En este frente, se han documentado al menos tres fases edilicias en época andalusí.
     La primera se corresponde con tres tipologías, una de tapias eminentemente terrosas, otra de tapias con algo de cal y arenisca, y una tercera fábrica encofrada que contiene sillarejo de arenisca dispuesto a soga y tizón, documentado en el muro o coracha que une la torre albarrana a la cerca (García Pulido y Alonso Ruiz, 2013: 37-52). En las diferentes tipologías de tapias documentadas desde el siglo XI hasta el XVIII en la muralla medieval arcense y en los edificios que a lo largo del tiempo se han ido adosando a la misma, es de destacar el empleo de la tierra, tanto per se cómo junto a otros materiales constructivos.
     Tras la conquista castellana y durante la Baja Edad Media, desde finales del siglo XIV existe documentación relativa a serias reformas efectuadas en el castillo y la muralla (Pérez Regordán, 2002: 44). Será precisamente en estos momentos o ya entrado el siglo XV, cuando se reconstruya totalmente la puerta en recodo de la Torre del Cómpeta bajo unas pautas plenamente mudéjares, puerta que, aparte de la posible poterna junto al cantil, debió ser la única existente para este frente de la villa durante estos momentos. Se constata por primera vez el reaprovechamiento de la tierra de la muralla andalusí, en este caso como núcleo macizo del alzado de la torre que cierra la cerca junto al cantil norte.
     Durante la Edad Moderna, una vez desaparecida la realidad de la Frontera, tuvieron lugar importantes procesos de transformación urbana que cambiarán profundamente la fisonomía de Arcos de la Frontera en su frente suroriental, produciéndose la ruina y abandono paulatino de la muralla, al menos a partir de la mitad del siglo XVI, en paralelo al surgimiento de nuevas casas que invadieron diversas zonas de la misma, adosándose a ella y reaprovechando sus materiales constructivos. A partir del siglo XVI, Arcos dejará de ser una colonia militar, mostrándose como un asentamiento más estable que hace surgir una cierta vida urbana. Durante toda esta época, el núcleo no rebasa las murallas por razones defensivas. Será a finales del siglo XVIII, cuando la ciudad se desarrolle definitivamente fuera del recinto amurallado. Al amparo de las medidas ilustradas de saneamiento, higiene y colonización urbanística, se produjo un nuevo rebaje de la Peña de Arcos junto a la Torre del Cómpeta y se amortizó definitivamente el adarve de la muralla debido a la presencia de un camarín con la imagen de la Virgen del Pilar. Sería entonces cuando definitivamente se consolide el caserío extramuros en torno a la calle Matrera Abajo, y se configure el actual Barrio Bajo tal como ha llegado hasta nuestros días (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Los escasos vestigios que aún se conservan corresponden a la cerca amurallada de época almohade. La construcción estaba realizada en tabiya (mezcla formada por tierra, cal, piedra y agua) y aún pueden observarse las huellas de las agujas o cárceles que sujetaban los tableros que servían de moldes para su construcción. La muralla conservada presenta diferentes espesores dependiendo de su ubicación, así en las zonas de difícil acceso como las peñas, presenta un grosor menor que las ubicadas en las áreas más bajas o de paso. El recinto amurallado contaba con tres puertas principales: la Puerta de Jerez (oeste), la Puerta de Carmona (norte) y la Puerta de Matrera (sureste), que es la única que se conserva (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Puerta Matrera
     La úni­ca conservada es la puerta de Matrera, que originalmente estuvo defendida por cuatro torres de las que aún se conservan importantes restos, entre ellos los de la llamada Torre de la Traición. El arco fue muy reformado durante el siglo XVIII, para instalar sobre él una capilla pública dedicada a la Virgen que se cubre por cúpula so­bre pechinas (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Comunica el casco antiguo de Arcos con el Barrio Bajo.
     Fue clave en la defensa de la ciudad al Oriente y estaba constituida por cuatro torres, un cubo central y el flanqueo de un par de torreones del que solo subsiste el de la izquierda a la bajada, llamado la Torre del Homenaje.
     Fue reconstruida en el S. XVII y XVIII, y desde ella pueden apreciarse restos de muralla encajonados entre las casas. Desde el exterior aparece un arco rodeado de viviendas, con una capilla de sencilla bóveda con linterna que guarda en su interior una buena talla, restaurada recientemente de la Virgen del Pilar.
HORARIO DE VISITAS: Libre (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

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martes, 9 de mayo de 2023

Los principales monumentos (Jardín Andalusí; Palacio del Mayorazgo; Calle Cuna; Capilla de la Misericordia; Convento de los Jesuitas - Colegio Ntra. Sra. de las Nieves; e Iglesia de San Pedro) de la localidad de Arcos de la Frontera (V), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Jardín Andalusí; Palacio del Mayorazgo; Calle Cuna; Capilla de la Misericordia; Convento de los Jesuitas - Colegio Ntra. Sra. de las Nieves; e Iglesia de San Pedro) de la localidad de Arcos de la Frontera (V), en la provincia de Cádiz.

Jardín Andalusí
     El Jardín Andalusí es consecuencia de una reforma realizada a inicios de este siglo XXI en la parte trasera de la Casa Palacio del Mayorazgo, que correspondía a las caballerizas y lugar de recreo. En este espacio se funden dos elementos que son indispensables en la cultura andalusí y en la nuestra propia, como son el agua y la flora, que unidos al entorno en el que se ubica, nos traslada a tiempos pasados.
     HORARIO DE VISITAS:
     De lunes a viernes: 10:30 a 13:15 h / 16.00 a 19.15h
     Sábados y domingos: 11.00 a 13.45 h
     Lunes y festivos: Cerrado
     Información: Delegación de Cultura: Tlf: 956 70 30 13 / cultura@arcosdelafrontera.es (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Palacio del Mayorazgo
     El palacio del mayorazgo es una de las mues­tras más sobresalientes de la arquitectura civil arcense. Fue levantado en las últimas décadas del siglo XVIII por la familia Ayllón de Lara y después fue residencia de la familia Núñez de Prado, que fundó un mayorazgo de donde procede su denominación popular. En la actualidad es sede de distintos servicios municipales. Las de­pendencias se organizan en torno a dos patios. El principal, de planta cuadrangular presenta en el cuerpo inferior arcos de medio punto sus­tentados por columnas toscanas de mármol en tres de sus frentes, mientras que el cuarto está ocupado por un vano de arco rebajado. El segundo cuerpo dispone  la misma solución sobre esta crujía, que se abre frente al salón principal, y en las tres restantes hay vanos rectangulares enmarcados por fajas. El segundo patio es de líneas más sencillas, con dos frentes sustentados por columnas toscanas de mármol. Los arcos de medio punto fueron reformados a finales del siglo XIX, cuando se les superpuso una moldura apuntada. El salón principal y otras dependencias conservan armaduras de madera de lima bordón con tirantas decoradas por lacerías. A principios del siglo XVIII corresponden las hojas de algunas puertas, con decoración geométrica y vegetal, entre las que se disponen motivos heráldicos. La portada principal es de cantería y se ubica en un quiebro de la fachada y consta de dos cuerpos, el inferior flanqueado por columnas parea­das de orden toscano, y el superior por pilastras del mismo orden que sustentan un frontón triangular roto, cuyo centro alberga el escudo de los propietarios. Todo el conjunto presenta decoración carnosa con elementos vegetales y zoomor­fos. Sobre la portada se levanta un mirador de planta cuadrada y cubierta a cuatro aguas, en cuyos frentes se abren triples arcadas con alfices sustentadas por columnillas toscanas. Junto a la portada se ubica un pequeño panel de azulejos sevillanos del siglo XVIII con la imagen de Jesús Nazareno (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se trata de una edificación de planta sensiblemente rectangular, con dos cuerpos, organizada interiormente según dos patios. El principal presenta planta rectangular con dos plantas, las crujías de la primera planta están sustentadas en tres de sus frentes por arcos de medio punto sobre columnas toscanas y el tercero por arco rebajado sobre pilares. El segundo cuerpo se articula mediante fajas entre las que se abren vanos rectangulares. A esta dependencia se abre la escalera principal, cubierta por bóveda de aristas. El segundo patio es más sencillo, presentando tres de sus frentes porticados, resueltos mediante arcos de medio punto sobre columnas toscanas. Los salones de la planta alta se cubren en ocasiones por artesonados de tradición mudéjar.
     Al exterior destaca la portada principal, compuesta par dos cuerpos, el primero flanquea el vano rectangular por columnas pareadas de orden toscano y el segundo lo hace por sendas pilastras igualmente toscanas, de fuste estriado.
     Se remata por frontón triangular roto, que alberga un escudo. Sobre el ámbito de la entrada se dispone un mirador de planta cuadrada, sus frentes resueltos mediante triple arcada de medio punto enmarcado por alfiz, que descansan sobre columnas toscanas. La cubierta es a cuatro aguas.
     El conjunto fue realizado en el siglo XVII y responde a la estética barroca, observándose elementos de tradición mudéjar en la cubiertas y mirador (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Su fachada es suntuosa y herreriana. Fue construido en el S. XVII. La portada principal está compuesta por dos cuerpos, el primero con columnas pareadas de orden toscano a ambos lados del hueco rectangular de la puerta. El segundo presenta dos pilastras toscanas de fuste estriado. Se remata con un frontón triangular roto que contiene un escudo con yelmo y lambrequines de la familia Núñez de Prado. En la parte superior, un mirador de planta cuadrada con elementos de tradición mudéjar, tres arcos de medio punto enmarcados por un alfiz y cubierta a cuatro aguas.
     De sus esplendores pasados detectamos en su interior dos patios columnados, y los artesonados de amplios salones.
     Actualmente es la sede de la Delegación Municipal de Cultura y sus diferentes espacios se dedican a exposiciones temporales o permanentes, como la “Sala de la Molinera y el Corregidor, la “Sala de Antonio el Bailarín”, el “Rincón de los Poetas y Escritores” o la “Sala de la Fundación Víctor Marín”.
     En su parte baja se sitúa la Pinacoteca Municipal y el Jardín Andalusí.
HORARIO DE VISITAS:
     De martes a viernes: 10:30 a 13:15 h /16.00 a 19.15
     Sábados y domingos: 11.00 a 13.45 h
     Lunes y festivos: Cerrado (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Calle Cuna
     Se llama así por estar en ella la entrada de la fundación de niños expósitos. En esta calle se asentó el viejo pósito instaurado por los Reyes Católicos. Fue elegida por M. Utrillo para ser reproducida en  el “Pueblo Español” de Barcelona (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Capilla de la Misericordia
     La capilla de la Misericordia formó parte del hospital de mujeres y niños abandonados fundado por los marqueses de Cádiz en 1490, que desapareció en el siglo XVII, si bien la construcción del templo actual puede situarse hacia 1530. En 1653 Ana de Trujillo funda allí un colegio de la Compañía de Jesús denominado de Santa Catalina, más tarde trasladado al actual Colegio de las Nieves. Desde el siglo XIX el recinto ha sufrido importantes etapas de abandono, en el trans­curso de las cuales se perdió la armadura de la nave. En nuestros días ha sido rehabilitado por el Ayuntamiento como sala de usos culturales. De las dependencias sólo se conservan escasos restos integrados en viviendas, entre ellos algunos va­nos de tipo mudéjar enmarcados por alfices.
     La capilla tiene planta rectangular y consta de una nave cuyos laterales van articulados por triples arcadas ciegas de arcos peraltados que descansan sobre pilares ochavados. La cubierta original era una armadura de madera, que ha sido reemplazada por una bóveda de medio cañón. La capilla mayor es una pieza de planta cuadrangu­lar de cuidado diseño, cuya bóveda de crucería, de nervios combados, presenta un acentuado peralte y descansa sobre pilares entre cuyos baquetones corre una red de molduras diagonales. En el lateral de la epístola se abre un vano ciego de arco carpanel sobre columnillas  cuyos capiteles presentan decoración figurativa con elementos grotescos y zoomorfos.
     La portada principal es obra tardogótica labrada en piedra, del primer tercio del siglo XVI, cuyo diseño presenta ciertas afinidades con la de los pies de Santa María. Está enmarcada por dos baquetones con columnillas adosadas rematadas en pináculos. El vano es rectangular y las jambas van decoradas con cardinas y arquillos entrecruzados. Sobre él se dispone un arco apuntado ciego a modo de tímpano, que alberga una hornacina coronada por doselete. Remata el conjunto un piñón escalonado, fruto de una intervención posterior, centrado por un panel de azulejos sevillanos del siglo XVIII que representa el Calva­rio. El exterior de la capilla mayor es de cantería y está rematado por una crestería gótica. En uno de sus lados se alza una sencilla espadaña (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Fue fundada en 1490 por los Marqueses de Cádiz para niños abandonados y como casa y hospital de mujeres.
     Su portada es de estilo gótico gentil y en su interior, esculpidos en capiteles, los dos únicos retratos que se conservan de los Marqueses de Cádiz. Son dos pequeños bustos escoltados por un friso de animales alegóricos, D. Rodrigo aparece con barba puntiaguda, melena, cuerpo y garras de león y gorro servol en la cabeza; Dña. Beatriz ostenta corona de marquesa, cetro y rueca.
     Actualmente se usa como salón de exposiciones, presentaciones de libros, conferencia…etc.
     HORARIO DE VISITAS: Consultar.
     Información: Delegación de Cultura: Tlf: 956 70 30 13 / cultura@arcosdelafrontera.es (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Convento de los Jesuitas (Colegio Ntra. Sra. de las Nieves)
     Fue fundado en 1675 por Diego de Virués para trasladar aquí el colegio de santa Catalina, que hasta entonces había permanecido en el antiguo hospital la Misericordia. Tras la expulsión de los jesuitas fue ocupado por los mercedarios al abandonar en 1785 su convento que se encontraba en ruinas. A partir de entonces tomó el nombre de la Virgen de las Nieves, por la imagen que llevaron los mercedarios, quienes permanecieron allí hasta la exclaustración de Mendizábal.
     Las dependencias del colegio, realizadas a par­tir de 1675 se disponen en torno a un patio rectangular de tres crujías, cuyo piso inferior está sustentado por columnas dóricas de mármol con alto cimacio, sobre las que van arcos de medio punto, y el segundo articulado por fajas entre las que se abren vanos con marcos decorados por ménsulas. La escalera principal es de tipo con­ventual con desembarco de doble arcada sustentada por columna toscana. La cubierta es una ar­madura de lima bordón, con lacerías en almizate. Cubierta similar presenta uno de los salones de la planta superior. Al exterior hay una portada en mármol blanco que se compone de dos cuerpos, el primero enmarcado por pilastras toscanas y el segundo rematado por frontón triangular. Junto a ella se abre otra de menores proporciones, que daba acceso a la primitiva iglesia. Está realizada en ladrillo visto, que se resuelve me­diante un ancho marco con remate mixtilíneo en el que se sitúa un escudo real en mármol de cuidada decoración rococó.
     En 1759 se comenzó a construir la iglesia nueva, cuyas obras quedaron paralizadas con la expulsión de los jesuitas en 1767. La fábrica se levantó hasta una altura de unos tres metros y en la actualidad su solar está ocupado en parte por el mercado de abastos. El proyecto preveía la construcción de un templo de planta de cruz latina con una nave, cuyos pilares se decoran con motivos geométricos. Tiene dos portadas, la de los pies flanquea el vano por dos columnas de complejo fuste sobre pedestales y en la lateral se utilizan pilastras. Las características de la fábrica construida permiten relacionar su diseño con la producción de Antonio Matías de Figueroa (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Fundado en 1675, se encargan de él los padres jesuitas de la Misericordia. Lo dotó D. Diego de Virués y les dejó para ello su propia casa.
     Con la expulsión de los jesuitas, lo habitaron los mercedarios por concesión del rey en 1785 hasta la desamortización de Mendizábal.
     El dintel de su fachada ostenta el Escudo de España y las flores de lis de los Borbones. Es de severo porte, y sencilla y clásica fachada.
     En el interior, dos interesantes artesonados, uno en la escalera y otro en el piso alto.
     Actualmente se utiliza como colegio público.
     HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Iglesia de San Pedro
     Las noticias más antiguas sobre la existencia de este templo datan de los años centrales del siglo XIV y hay noticias de que durante el siglo XV fue colegiata. En 1679 dio comienzo un prolon­gado y famoso litigio entre esta parroquia y la de Santa María, por la antigüedad y preeminencia, que no se resolvió definitivamente hasta que en 1764 se dictaminó en Roma a favor de la última. Diversos indicios arquitectónicos permiten suponer que entre finales del siglo y comienzos del XV pudo comenzar a levantarse la fábrica actual, que se plantearía  según los esquemas mudéjares al uso en la zona sevillana. A este periodo inicial pertenece en la capilla mayor, la sacristía y algún resto aislado, como el vano geminado conserva­do en la zona de la cabecera, que presenta arcos apuntados con decoración lobulada, muy similar a los existentes en algunos templos mudéjares de Jerez de la Frontera. Durante el primer cuarto del siglo XVI se levantó el actual cuerpo de la iglesia, que posiblemente responda a un cam­bio de planes en el que se reemplazarían las tres naves habituales en los templos de su tipo por un amplio cuerpo. Debieron trabajar en su construcción durante este periodo Alonso Rodríguez, Juan Gil de Hontañón y posteriormente Diego de Riaño, cuya presencia esta documentada, si bien se aprecia la intervención de Martín Gainza. En 1595 Pedro Díaz de Palacios realizó un diseño para  la torre y portada lateral, que no llegó a realizarse.
     A finales del siglo XVII se levantará la amplia capilla del sagrario, según diseño realizado por Diego Moreno Meléndez, y durante el XVIII se llevaron a cabo grandes intervenciones en el templo. La primera se proyectó en 1713 y consistió en la ampliación de la nave, con un trascoro, según proyecto del maestro cantero Lorenzo Fernández de Iglesias, aprobado en 1714 por Diego Antonio Díaz. En 1728 se comenzó a construir la torre-portada lateral, bajo la dirección del maestro cantero Manuel Gómez, autor de las trazas, si bien se ha querido ver en su disposición fuertes ecos del estilo de Diego Antonio Díaz. Cuando aún no se había concluido esta empresa, el terremoto de 1755 dañó gravemente la estructura de la torre, aún no terminada, que sufrió graves daños, por lo que tuvo de ser reconstruida, momento que se aprovechó para añadirle el cuerpo de campanas. Estos trabajos estuvieron a cargo de Pedro de Silva, quien los comenzó en 1759, quedando interrumpidos definitivamente en el año 1765.
     El templo presenta una sola nave dividida en tres tramos y cabecera poligonal articulada en dos tramos. Las bóvedas son de nervadura de terceletes con espinazo tanto en la nave como en el primer tramo de la cabecera y descansan sobre estrechos pilares a los que se adosan baquetones. Las capillas se abren a la nave por me­dio de arcos apuntados entre los que corre una cornisa que se quiebra en forma rectangular sobre las claves de los arcos, siguiendo un esquema frecuente en la arquitectura tardogótica de Jerez de la Frontera. Los vanos son apuntados y están sustentados por columnillas y sobre el arco toral va un rosetón con tracerías flamígeras. La zona inferior del hastial de los pies, reformada por Fernández de Iglesias se resuelve mediante una triple arcada enmarcada por pilastras compuestas cajeadas, cuyos laterales dan paso al trascoro, cubierto en los tramos laterales por bóvedas de aristas y en el central por un cuarto de esfera avenerada.
     Al exterior destaca el lateral abierto al patio de San Pedro, donde se levanta la portada principal del templo. Se trata de una torre fachada en la que se abre una monumental portada de cantería que consta de dos cuerpos, el primero articulado en tres calles por columnas corintias sobre alto pedestal, ocupando la central el vano rectangular de acceso, que está enmarcado por baquetón mixtilíneo, y las laterales hornacinas superpuestas con las esculturas de los cuatro evangelistas. El segundo cuerpo lo preside la imagen del titular del templo, albergada en una hornacina adintelada sobre la que se dispone un vano abalaustrado. Enmarcan el conjunto sendas columnas salomónicas. El cuerpo de campanas presenta triples vanos, más amplio el central, que van rematados en medio punto con molduras quebradas y frontones, todo ello flanqueado por pilastras jónicas. Corona la torre una sencilla espadaña que sustituye el remate proyectado y que no llegó a construirse.
     El exterior del lado del evangelio es de formas más sencillas y en algunos de sus ángulos se embuten fustes y capiteles romanos de mármol. Destaca el exterior de la capilla del sagrario, que aún conserva la decoración dieciochesca, pintada y esgrafiada y en la zona trasera un panel de azulejos sevillanos fechado en 1782 centrado por una gran tarja de rocallas en cuyo centro aparece un ostensorio adorado por dos ángeles niños. En la fachada de los pies del templo hay otro panel de igual cronología y procedencia que representa a la Virgen del Socorro.
     El retablo mayor se construyó entre 1538 y 1547 en madera dorada y constituye una de las muestras más destacadas de la retablística tardogótica andaluza. Está documentada la in­tervención en su hechura de  Pedro  Fernán­dez de Guadalupe, Antón Sánchez de Guadalupe y Hernando de Esturmio, si bien se ha apuntado también la posible intervención de Nicolás de León en la parte escultórica. Es una estructura ochavada articulada en siete calles, con banco y dos cuerpos, enmarcados por sendas polseras laterales, rematándose por un amplio guardapolvo coronado por cresterías. La calle central, más ancha y alta que las laterales, presenta en la zona inferior un sagrario añadido a mediados del siglo XVII articulado por columnillas entor­chadas sobre el que va una hornacina con la talla de san Pedro y a continuación un manifestador con puerta de dos hojas y decoración de tipo plateresco, lo que permite pensar en una autoría diferente a la del resto del retablo. Las puertas presentan relieves con los evangelistas y en el interior se disponen símbolos de la Pasión. Remate esta calle una gran hornacina con el grupo escultórico de la aparición de Cristo a María Magdalena, obra, que al igual que el san Pedro se relacionan con la producción de Antón Vázquez.
     El resto del programa iconográfico está com­puesto por pinturas sobre tabla a las que rematan complejos doseletes. En las polseras aparecen san Pedro, san Pablo y los evangelistas; el banco recoge escenas de la pasión de Cristo y escenas de la vida de la Virgen y Jesucristo.
     Las calles de los extremos están dedicados a escenas de la vida de san Pedro y san Pablo, en el lado de evangelio las lágrimas y martirio de san Pedro y en el de la epístola la conversión y el martirio de san Pablo. En las restantes calles del primer  cuerpo  aparecen  el Bautismo  de Cristo, la Presentación en el templo, san Jerónimo penitente y el arcángel san Miguel y en el segundo cuerpo la adoración de los pastores, la Asunción de María, la Epifanía y la Encarnación. En las polseras del remate hay dos pequeñas pinturas con san Agustín y san Gregorio. De todo el conjunto pictórico, pueden  relacionarse con la obra de Esturmio las que representan la Piedad, el entierro de Cristo, la Resurrección, la conversión y el martirio de san Pablo, la Epifanía, la presentación en el Templo, el Bautismo de Cristo y la Asunción de María.
     La mesa de altar y zócalo del presbiterio presentan paneles de azulejería sevillana del siglo XVI y en los muros laterales se sitúan dos pinturas de finales del siglo XVII que representan a la Virgen dolorosa y san Ignacio de Loyola. Las lámparas de plata y los blandones son barrocos del siglo XVIII. Ante el arco toral del presbiterio se disponen sendos retablos rococó gemelos realizados en 1769 para contener los cuerpos inco­rruptos de los santos mártires Víctor y Fructuoso, que trajeron desde Roma Manuel Simón Ayllón y María Josefa Roldán. Su dinámica estructura anástila está resuelta a base de rocallas y su estilo es muy cercano al de Cayetano de Acosta. En los bancos se abren vitrinas con los cuerpos de los mártires que habitualmente estaban ocultas por sendos lienzos, con rica decoración rococó, donde se representa a los santos mártires en igual posición a la que tienen sus reliquias. Estas pinturas, hoy ocultas, se abatían sólo en ocasiones solemnes. Sobre las vitrinas van grandes hornacinas con las tallas policromadas de la Inmacu­lada Concepción y san José, mientras que en los áticos se sitúan los de san Francisco de Paula y santo Tomás de Aquino, todas ellas contemporá­neas del retablo.
     El coro se sitúa a los pies de la nave y su con­figuración actual obedece a la reforma llevada a cabo bajo la dirección de Lorenzo Fernández de Iglesias, quién dispuso un muro de cierre exterior realizado en cantería y articulado por pilastras toscanas. La sillería, de madera de caoba, fue tallada en 1725 por el tallista arcense Fran­cisco de Morales y consta de dos cuerpos. El inferior presenta asientos con decoración geométrica combinada con menudos motivos vegetales, elementos que se repiten en la superior, pero en este caso aparecen grandes respaldos cuadrados que se articulan mediante columnas salomónicas. Los relieves que ocupan estos respaldos representan escenas de la historia evangélica y de la vida de algunos santos, todo ello con equilibradas composiciones derivadas de fuentes impresas. Sobre los respaldos van cartelas con inscripciones alusivas a las escenas representadas y sobre el muro de cierre corre una crestería tallada. El facistol es del mismo artífice, quien dispuso en su base tres leones y como remate un templete sustentado por columnas salomónicas que alberga una imagen de la Inmaculada. Cierra el coro una reja de forja realizada, también en 1725, por Fran­ cisco y Sebastián Rivero. A los muros exteriores se adosan confesionarios de madera tallada con abundante decoración rococó y en el trascoro hay un pequeño retablo dorado atribuible a Mo­rales y presidido por un lienzo de la Inmaculada, obra también contemporánea del conjunto. Bajo él una vitrina contiene un pequeño nacimiento dieciochesco de barro policromado de probable origen napolitano.
     La primera capilla del lado del evangelio es la de los Ayllones, quienes la fundaron en 1502, aunque las obras se prolongaron hasta 1623. Fue sagrario de la parroquia hasta el siglo XVIII. Se cubre con bóveda de crucería y de sus muros colgaron hasta hace pocos años banderas que recordaban la intervención de la familia Ayllón en una batalla de la Guerra de Granada. Preside la capilla el retablo del Cristo de los Remedios, obra en madera dorada de hacia 1740, compuesto de un cuerpo sustentado por estípites y ático. Ocupa la hornacina central el crucificado de los Remedios, imagen de pasta del siglo XVII y a sus lados van las tallas de san Juan Nepomuceno y santa Ger­trudis, mientras en el ático hay un san Miguel, todas ellas contemporáneas del retablo.
     En uno de los muros laterales se levanta un retablo dedicado a san Pedro, realizado a mediados del siglo XVI y relacionado con el estilo de Roque Balduque. Consta de dos cuerpos y ático y toda la superficie de su estructura arquitectónica está cubierta por una delicada decoración de grutescos. El primero esta sustentado por columnas de orden compuesto entre las que se abren hornacinas superpuestas donde se situaban alegorías de las virtudes, que en las inferiores han desaparecido. La hornacina central fue reformada en torno a 1728 para colocar la actual imagen de candelero de san Pedro sedente, que procede de talleres jerezanos y porta tiara y cruz de plata realizadas en esa misma fecha.
     El segundo cuerpo está enmarcado por balaustres y lo ocupa un gran altorrelieve de la Última Cena y el ático, de disposición tripartita, está articulado también por balaustres. En las horna­cinas laterales van las imágenes de san Pedro y san Pablo y en la central la escena de la Resurrección, mientras que el tímpano, de frontón triangular que remata el conjunto, está ocupado por un busto del Padre Eterno. Habitualmente se identifica la imagen de Cristo resucitado con la concertada en 1575 con Pedro de Heredia para la cofradía de la Soledad, pero es evidente que ésta es contemporánea del retablo y, por tanto, algo anterior. Frente al retablo de san Pedro hay un altar presidido por la Virgen de los Dolores, titular de la V.O.T. de servitas. Es una talla de candelero sedente que se relaciona con la estética jerezana de la primera mitad del siglo XVIII. El tramo siguiente se corresponde con la puerta lateral y presenta planta cuadrada cubierta por cúpula semiesférica sobre pechinas, todo ello de cantería y con decoración de hojarasca en las pechinas. En los muros laterales se sitúan dos grandes lienzos dieciochescos que representan a san Cristóbal y san Jerónimo. La capilla del Bautismo, situada a continuación, fue reconstruida en 1550 por su patrono, el regidor Alonso Ruiz Mancheño, quien financió también la reja, el retablo y la pila de bautismo. La reja es una interesante muestra plateresca, estilo al que también pertenece el retablo, obra en madera dorada y policromada cuya superficie ha sido parcialmente repintada, desvirtuando así su evidente calidad, y que se vincula a los maestros italianizantes activos por aquella fechas en el círculo sevillano. Consta de banco, un cuerpo flanqueado por las superposición de parejas de balaustres y ático tripartito también articulado por balaustres. Toda la superficie presenta una menuda decoración de grutescos. En el banco dos pinturas sobre tabla representan la Adoración de los pastores y la Epifanía y en las calles laterales se sitúan cuatro relieves con las santos Antón, Miguel, Sebastián y Andrés. La hornacina principal fue renovada interiormente a mediados del siglo XVIII para albergar la imagen de candelero de la Virgen del Socorro, que hasta entonces había presidido una ermita situada en la calle que lleva su nombre. Centra el ático un gran altorrelieve de la Coro­nación de la Virgen y a sus lados dos lienzos de san Pedro y san Pablo se fechan en torno a 1640. La pila bautismal es de sencillas líneas abalaus­tradas y está realizada en mármol blanco.
     En el tramo de los pies se levanta el retablo de Ánimas, obra de finales del siglo XVIII realizada en madera jaspeada. En su cuerpo, que se flanquea por columnas y pilastras corintias, se sitúa un gran altorrelieve policromado de las Ánimas, obra contemporánea del retablo, de tipo popular. El ático, rematado por frontón triangular, contiene una talla dieciochesca de santa Teresa de Jesús. Los tramos siguientes de la zona del trascoro están decorados con discretos lienzos die­ciochescos que representan escenas de la vida de Cristo.
     La capilla del Sagrario se abre al tercer tramo del lado de la epístola y es la de mayores proporciones del templo. Fue levantada en 1688 a expensas de la cofradía de la Soledad, que residía en este templo desde finales del siglo XVI y su construcción estuvo a cargo de los maestros albañiles de Carmona, Antonio Caballero, Tomás González y Juan López, siempre bajo la supervisión del maestro Diego Moreno Meléndez, con quien puede relacionarse la autoría de las trazas. El terremoto de 1755 afectó a su estructura y hubo de ser restaurada en 1764. Es de planta rectangular, dividida en dos tramos, el primero cubierto por una bóveda de cañón rebajado con lunetos y el segundo con media naranja sobre pechinas decorada con yeserías rococó que se realizaron durante la reforma de 1764.
     El retablo mayor fue concertado en 1692 con el ensamblador gaditano Juan Terreño Soriano y el dorado estuvo a cargo, en 1703, de Fernando Alonso de Villalba. Si bien en la escritura de concierto Juan Terreño se comprometía a aprovechar los restos del antiguo retablo del sagrario, es evidente que la obra presenta una coherencia que indica que finalmente no se llegó a reaprovechar nada. Consta de un cuerpo sustentado por columnas salomónicas sólo en la calle central. Las laterales presentan una superposición de tarjas donde van símbolos de la Pasión y en la central se abre el camarín de la Virgen de la Soledad, reformado a finales del siglo XVIII. La dolorosa, de candelero, es la titular de una cofradía penitencial fundada a mediados del siglo XVI y su hechura puede datarse en los últimos años de dicho siglo. El ático es tripartito y en la hornacina central se sitúa una cruz vacía con las toallas, mientras que en las laterales van las imágenes de san Juan evangelista y santa María Magdalena,  ambas contemporáneas del retablo. A ambos lados del presbiterio hay dos retablos rococó gemelos, fechables en 1764 y realizados por Andrés Benítez. Constan de un cuerpo flanqueado por columnas de orden corintio y ático flanqueado por estípites. Las grandes hornacinas contienen en el lado del evangelio a una talla de candelero dieciochesca de la Virgen de la Peña y en el de la epístola la antigua urna del Santo Entierro, obra de madera dorada realizada en torno a 1730 que contiene una imagen de Cristo yacente de finales del siglo XVI. En los áticos hay un relieve de Cristo resucitado y una representación del Corazón de Jesús respectivamente. En el lado de la epístola de la nave hay un retablo academicista realizado en madera policromada imi­tando mármol a inicios del siglo XIX, cuyo cuerpo se sustenta por columnas corintias pareadas y el ático lo hace con el mismo tipo de soporte, rematado en frontón curvo. El programa iconográfico está formado por lienzos de escuela sevillana contemporáneos del retablo que representan a san Joaquín y san Silvestre. Sobre la mesa de altar se sitúa una talla policromada de santa Catalina, que procede del antiguo colegio de los jesuitas. Es una cuidada imagen realizada en torno a 1740 muy cercana al estilo de Pedro Duque Cornejo. El retablo frontero, de madera dorada, se realizó hacia 1740 y presenta un cuerpo dividido en tres calles por estípites y ático flanqueado por el mismo tipo de soportes. Ocupa la hornacina principal una talla de santa Bárbara y en el ático otra de san Rafael, ambas contemporáneas del retablo; también dieciochesca es la delicada talla del Niño Jesús dormido situado en el banco. Ante el retablo mayor cuelga una lámpara de plata realizada a mediados del siglo XVII y bajo las cornisas corre una galería de madera tallada realizada en 1764, fecha a la que también deben corresponder diversos marcos rococó con pintu­ras contemporáneas situados en los muros late­rales y las tres tarjas que hay sobre el arco de acceso a la capilla. En el intradós de dicho arco de acceso hay un lienzo que representa a san Jerónimo penitente, obra sevillana de hacia 1640 cercana al estilo de Pablo Legot.
     A continuación se abre una de las puertas colaterales, cerrada por un cancel tallado por José López en 1770. Sobre el vano va el órgano, asentado sobre una movida tribuna rococó decorada con yeserías y realizada también en 1770. El órgano se construyó entre 1745 y 1746 y su caja, de madera oscura, presenta abundante decoración de cardina entre la que se distribuyen ángeles músicos.
     La primera capilla del lado de la epístola, dedicada originalmente a la Virgen de los Reme­dios, fue levantada a partir de 1513 por Bartolomé González de Espinosa y se concluyó hacia finales del siglo. En 1736 se fundó la hermandad de la Divina Pastora y la familia Virués levantó un retablo a dicha imagen, que adquirió gran devoción y en 1749 fue nombrada patrona del clero de este templo. El retablo, de madera do­rada presenta un cuerpo dividido en tres calles por estípites y ático. Ocupa la hornacina central la imagen de la titular, talla sevillana cercana al estilo de Pedro Duque Cornejo, la acompañan ovejas de plata y un niño Jesús pasionario que porta una antorcha apagada como símbolo pre­monitorio de su martirio. A los lados van las tallas de san Joaquín y santa Ana y en el ático san Miguel, todas ellas contemporáneas del retablo y procedentes de talleres genoveses. Remata el conjunto el escudo de la familia Virués. En uno de los muros laterales una contiene el simpeca­do de la hermandad, obra de mediados del siglo XVIII realizada en terciopelo bordado en oro con pintura central que presenta marco de plata. 
     En el muro frontero se sitúa un lienzo exvoto dedicado en el siglo XVIII a la Divina Pastora. En los muros de la nave se distribuyen trece lienzos que conforman un apostolado, obras sevillanas fechables en el primer tercio del siglo XVII, si bien han sufrido diversos repintes posteriores. Entre la capilla de los Ayllones y el tramo de la portada lateral se encuentra el púlpito, realizado en forja a inicios del siglo XVIII, si bien el tornavoz es de madera tallada y dorada.
     La sacristía está adosada al lado de la epísto­la de la cabecera y su fábrica, de tipo mudéjar, puede fecharse en el siglo XV. Consta de dos tramos cubiertos por sencillas bóvedas de crucería con nervios de ladrillo. Las cajoneras, de madera oscura tallada, son del primer tercio del siglo XVIII y sobre ellas va un gran lienzo con la Última Cena, de inicios del XIX. El tesoro parroquial guarda una importante colección de piezas de orfebrería. Al siglo XVI pertenece un cáliz de plata dorada y del primer tercio del XVII la cruz parroquial manierista realizada en plata con relieves de la vida de Cristo.
     La mayor parte de las piezas corresponden al XVIII y entre ellas cabe destacar un ostensorio rococó con pedrería, realizado a finales del siglo y bandejas, candelabros, portapaces, etc., y un re­licario de plata del Lignum Crucis. Especial relevancia presenta el altar portátil para la exposición del Santísimo, obra en plata realizada en la segunda mitad del siglo, de grandes dimensiones. Se compone de un dosel y peana central, todo ello decorado con abundantes rocallas. Entre las piezas de tejido y bordados podemos destacar una de las banderas del siglo XV, procedente de la capilla de los Ayllones y diversos ternos de los siglos XVII al XIX (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se trata de un templo de planta rectangular con una sola nave dividida en tres tramos y cabecera poligonal. Las cubiertas son de bóvedas nervadas que descansan sobre pilares baquetonados. En cada tramo se abren sendos arcos apuntados que dan acceso a las capillas laterales.
     Este conjunto corresponde a la obra original, realizada en estilo gótico durante el siglo XVI. Posteriormente se le añadieron las capillas, que son de los siglos XVI y XVII, tanto renacentistas como barrocas, y un tramo a los pies también barroco. El acceso principal se sitúa en un lateral, y se resuelve mediante una torre-fachada que alberga en la zona inferior la portada. Todo este conjunto fue realizado a lo largo del siglo XVIII en estilo barroco de escuela sevillana.
     La portada consta de dos cuerpos, el primero se articula mediante columnas corintias de fuste estriado entre las que se sitúan hornacinas. El vano es rectangular decorado por complejo baquetón. El segundo cuerpo se centra por una hornacina rectangular flanqueada por sendas columnas salomónicas, rematándose por frontón curvo que alberga en su tímpano un vano en forma de balcón. El cuerpo de campanas es de planta cuadrada, articulado por pilastras jónicas. Los vanos de campanas se resuelven mediante triple arcada de medio punto. En el frontón se levanta una espadaña de doble vano (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Edificio del siglo XVI, fue colegiata en el Siglo XIV y se asienta sobre los restos de una fortaleza hispanomusulmana posiblemente de época almohade y de la que se conserva parte de una torre poligonal que está integrada en la cabecera de la iglesia.
     La planta del edificio es rectangular de una sola nave dividida en tres espacios y con ábside poligonal con cubierta de bóveda de crucería con gruesos nervios. La cubierta del resto del templo es de triple bóveda de crucería. Posteriormente se le añaden seis capillas, tres en cada muro lateral de la nave central, correspondientes a los siglos XVI y XVII, con sus respectivos estilos renacentista y barroco.
     La fachada principal fue realizada en el siglo XVIII por Manuel Gómez y Pedro de Silva en estilo barroco y con influencia de la escuela sevillana. Se estructura en tres cuerpos, en el primero de ellos se encuentra la portada flanqueada por columnas pareadas. El segundo cuerpo aparece separado por un friso con cornisa y donde se ubica una hornacina con la imagen de San Pedro enmarcada por columnas salomónicas y rematadas con un frontón curvo. En el último cuerpo se ubican las tres campanas dentro de una triple arcada de medio punto con balaustrada y rematado con espadaña de doble vano.
     En el interior destacan varios elementos como el retablo mayor trazado por el escultor Antón Vázquez y ejecutado por los pintores Antón Sánchez, Hernando de Sturmio y Pedro Fernández de Guadalupe en 1547 y que es muestra del arte hispano de influencia flamenca de la primera mitad del S. XVI.
     Igualmente destacar la Capilla de los Ayllones, con un excelente retablo plateresco, así como la imagen de la Divina Pastora atribuida a La Roldana, que es patrona del clero de S. Pedro desde 1749.
HORARIO DE VISITAS IGLESIA:
     Lunes a viernes:             10.30 a 13.30 h/ 17:00 a 19:00 h
     Sábados:    11.00 a 17.00 h
     Domingos: 11:00 a 18:00 h
     Martes cerrado /Jueves tarde cerrado
HORARIO TORRE:
     LUNES Y VIERNES: 10:30 a 13:30 h /17:00 a 19:00 h
     SÁBADOS:   11:00 a 17:00 h
     DOMINGOS: 11:00 a 18:00 h
     Precio: 2 € pax Templo y 2 € pax Torre (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

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